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EL DEVOTO DEL PURGATORIO

O SEA

MISA Y ORACIONES

EN FAVOR DE

LAS BENDITAS ÁNIMAS

CONTINENE ADEMÁS

ORACIONES PARA RECIBIR


LOS SANTOS SACRAMENTOS DE
LA PENITENCIA Y SAGRADA COMUNIÓN,
EL VIA CRUCIS, ETC.

Por el
R. P. ANTONIO DONADONI
De La Compañía de Jesús

Edición Especial

Con licencia del ordinario

México D.F. 1951

~1~
LA SANTA MISA

Al arrodillarse

S eñor, deseo ganar las indulgencias concedidas a esta Santa Misa que voy a oír y oraciones
que voy a rezar, todas las que ofrezco con todas las Misas que se han dicho, que se están
diciendo y que se dirán hasta el fin del mundo, y con los méritos e intercesión de tus Ángeles,
Santos y Justos, a quienes invoco con todo mi corazón; y es mi voluntad poner estas
indulgencias en manos de la Santísima Virgen María, para que por su amor y honra se sirva
aplicarlas a las almas del Purgatorio que fueren de su benigno agrado y elección. A este fin, te
ruego por la exaltación de nuestra santa fe católica, extirpación de las herejías, paz y
concordia entre los príncipes cristianos, conversión de los infieles, herejes y pecadores, por
los enfermos, agonizantes y caminantes, descanso de las benditas ánimas del Purgatorio y
demás piadosos fines de nuestra Madre la Iglesia. Amén.

Al ir el sacerdote al altar

P ermíteme, Señor, permanecer ante tu augusto acatamiento; ya que me diste licencia de


penetrar en tu santa casa, lléname de temor reverencial y profundo respeto, para que
con las disposiciones necesarias ofrezca, juntamente con el sacerdote, el inefable sacrificio a
que voy a asistir. Y pues que tu misericordia infinita se complace en ser invocada a favor de
los menesterosos y de los que sufren, yo me atrevo a levantar con humildad, pero también
con fervor, mi voz en obsequio de tus muy amadas esposas las benditas ánimas que en el
Purgatorio penan. Que mi indignidad no sea causa de que deseches mis pobres oraciones,
porque bien sabes, Señor, que los méritos de tu sacratísima vida, Pasión y muerte que voy a
ofrecer, exceden, y con mucho, a la multitud de mis culpas, que espero me serán perdonadas
ya que las detesto sólo por ser ofensas a tu bondad sin límites. Amén.

La confesión

Q
¿
ué podré decirte ¡oh mi Dios! cuando con tanta claridad estás mirando escritas en mi
corazón todas mis culpas? Yo te las confieso penetrado de dolor y confusión, e
invocando el perdón para mí, juntamente te ruego que disminuyas la confusión que padecen
las ánimas del Purgatorio, acordándote de lo que te hicieron sufrir tus enemigos cuando te
acusaron falsamente en los tribunales. Amén.
~2~
Los Kiries

A
¡
y mi Dios! Aunque toda mi vida invocara tu misericordia, hiriendo con dolor mi
pecho, jamás quedaría tranquilo, atentas la enormidad y multitud de mis pecados; pero
si me levanto hacia ti mis ojos y te veo en mi obsequio sufrir mansamente que escupan y
abofeteen tu precioso rostro, entonces no sólo me atrevo a pedirte que me sublimes a la
honra de hijo tuyo, sino también que lleves a las ánimas del Purgatorio a cubrir en el cielo sus
rostros con los resplandores de la gloria. Amen.

Al Gloria

L os Ángeles, Señor, los Bienaventurados celebran gozosos la magnificencia de tu gloria;


pues no sea menor tu piedad para con los que en este valle de lágrimas desfallecemos
oprimidos con el peso de nuestra carne, ni para con las almas que en el Purgatorio
penetradas de vivos dolores; antes bien haced que unos y otros, libres de nuestras respectivas
miserias, logremos pronto reuniros en el cielo a cantar eternamente tus misericordias. Amén.

La Epístola

L os Patriarcas de tu pueblo suspiraban fervientes por ti, dulce Jesús mío, y los Profetas
anunciaban al pueblo escogido tu venida en carne mortal. ¡Ojalá que los viadores que
creemos que estás ya entre nosotros sacramentado, nos unamos a ti por gracia, y que las
almas santas del Purgatorio, que suspiran por ti llenas de amor y amargura, se reúnan en el
cielo por gloria! Amén.

El Evangelio

T odos los Ángeles están alrededor del trono…, y postrándose sobre sus rostros, adoran a
Dios, diciendo: Amén, así sea; nosotros, miserables pecadores, nos agrupamos
alrededor del trono de tu soberanía, y acordándonos de la ley que diste a nuestros padres
cuando viviste en el mundo, te pedimos la gracia de ejecutarla para merecer tu benevolencia,
y clamamos: Amén, así sea; y como vemos también a las almas santas del Purgatorio
esperando ansiosas su libertad (y que la Sangre del Cordero sin mancha las redima del reato
de sus culpas, abreviando sus espantosos sufrimientos), redoblamos nuestras súplicas en su
obsequio, no dudando que tu bondad les permita entonar luego con todos tus Ángeles el

~3~
himno que perpetuamente éstos cantan: Bendición, gloria, honra y poder y fortaleza a
nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Al Credo

C reemos, Señor, firmemente todo lo que Tú revelaste y la Iglesia nos enseña. Y he aquí
que elevamos nuestros corazones al cielo, pidiéndote gracia y perdón para nosotros,
porque dejaste escrito en tu Evangelio: Pedid y se les dará; y levantamos también nuestras
manos, intentando abrir también las puertas de la Gloria a las almas del Purgatorio, según
aquellas tus consoladoras palabras: Llamen y se les abrirá. Haga el honor tu palabra que no
queden defraudadas nuestras esperanzas. Amén.

Al Ofertorio

A cepta ¡Oh mi Dios! este pan y este vino que deben convertirse pronto en el Cuerpo y
Sangre de Jesucristo tu Hijo, que te ofrecemos, cual víctima adorable, en memoria y
continuación del sacrificio sangriento de la Cruz, y ponemos en tus manos su inmenso valor
en pago de la gracia que para nosotros pedimos, y de la gloria que solicitamos para tus
esposas que gimen en la cárcel del Purgatorio. Amén.

Al Orate fratres

R ecibe ¡Oh Señor! este sacrificio que te ofrecemos por las manos de tu venerable
sacerdote, para alabanza y gloria de tu nombre, para la utilidad de toda la iglesia,
particular nuestra y descanso de las benditas almas del Purgatorio. Amén.

Al Prefacio

V erdaderamente que es digno, justo, equitativo y saludable que ahora y siempre, y en


todo lugar, te demos gracias por los innumerables beneficios de que nos has llenado,
¡Oh Dios misericordioso y bueno! Atrae, pues, nuestro corazón, y permite que, juntamente
con las benditas almas del Purgatorio, libres de nuestro destierro, unamos nuestras voces a
las de tus Ángeles y bienaventurados en el cielo, y todos sin cesar te cantemos: ¡Santo, Santo,
Santo es el Señor Dios de los ejércitos! Llenos están los cielos y la tierra de la majestad de tu
gloria. Amén.

~4~
Al primer memento

A cuérdate, Señor, de todos mis bienhechores, entre los que sin duda ocupan un principal
lugar las ánimas del Purgatorio, que agradecidas te ruegan continuamente por mí. Para
pagarles los favores de que me llenan, te suplico que las colmes de bendiciones hasta llevarlas
al cielo, donde yo logre reunirme con ellas a fin de amarte y alabarte eternamente. Amén.

La Consagración y elevación de la Hostia

O
¡
h Señor! Tú que diste a tus ministros la potestad de convertir el pan en tu cuerpo
adorable, dígnate hacer por esta conversión que se cambien los dolores que sufren las
almas del Purgatorio en goces celestiales, y que con nosotros, que asistimos a este tremendo
sacrificio, unan sus voces desde el cielo, diciendo (al elevar la Hostia): Sea alabado y dense
gracias en todo momento al Santísimo y divinísimo Sacramento. Amén.

Consagración y elevación del Cáliz

O
¡
h Dios omnipotente y misericordioso que te complaces en multiplicar sobre nosotros
tus beneficios, no obstante nuestras continuas ingratitudes! Has, por los méritos de
esta Sangre preciosa, que pronto vamos a adorar presente, que ella nos bañe con abundancia,
para que nosotros obtengamos gracia, y las ánimas benditas del Purgatorio descanso en sus
penas, y un entero descanso, y que todos unidos levantemos nuestras voces repitiendo sin
cesar (al elevar el Cáliz): Se alabado y dense gracias en todo momento al Santísimo y
divinísimo Sacramento. Amén.

Segundo memento

V uelve ¡Oh dulce Jesús! desde tu excelso trono tus ojos de clemencia hacia el seno
profundo de la cárcel del Purgatorio; esposas tuyas son las que allí están purificándose;
están marcadas con el sello de la Trinidad; son precio de tu sangre, son tierno objeto de tu
amor. Un fuego terrible las acrisola; una privación temporal de la vista de tu hermosura las
aflige sobremanera; suspiran con ansia por el feliz momento en que han de ir a unirse
contigo. Que se apresure, pues, instante tan dichoso, que salgan en breve a gozar de su
Esposo amado; que tu Sangre preciosa las lleve al refrigerio; que tu grande misericordia las
conduzca al descanso; que en la perpetua paz brille sobre ellas la eterna luz. Así, Señor, te lo

~5~
pedimos por aquella amarga hora en que entregaste tu santo espíritu en manos de tu Eterno
Padre. Amén.

Pater noster

P adre nuestro, que estás en los cielos: haz que a ellos vayan las almas del Purgatorio a
santificar con sus alabanzas tu nombre; que tu reino las acoja, cumpliéndose luego la
misericordiosa voluntad que tienes de librarlas de sus penas. Con el pan de la eterna
bienaventuranza darles hartura en las bodas celestiales y perdónales todas sus deudas, así
como a nosotros pecadores. Según t grande clemencia, no dejes que decaiga nuestra
confianza en Ti, antes bien levántala muy alto, y que así consigamos por tus imperitos y
bondad vernos libres de todo mal. Amén.

Pax Domini

D ales, Señor, el descanso eterno y que las ilumine la eterna luz.- Del poder del Infierno
libra, Señor, sus almas. Descansen en paz. Amén.

Agnus Dei

O
¡
h Dios benignísimo, de quien únicamente procede la verdadera paz! Concédenos
clemente, que por medio de una santa vida obtengamos la paz de nuestras
conciencias, y que nuestras humildes oraciones sean poderosas a obtener de tu misericordia
el eterno descanso de las benditas ánimas del Purgatorio. Amén.

Domine, non sum dignus

V erdaderamente, Señor, que no hay hombre alguno que sea digno de parecer en tu
presencia; pero basta que digas una sola palabra, para que, libres de nuestros pecados e
imperfecciones, quedemos espléndidamente adornados con la preciosa vestidura de la gracia.
Pronúnciala, Señor, en obsequio nuestro y de las benditas ánimas del Purgatorio, y luego
quedaremos capaces de presentarnos en el Cielo a adorarte por toda la eternidad. Amén.

La comunión

O
¡
h Dios, que después de tu sangrienta Pasión quisiste que tu adorable Cuerpo fuese
sepultado, y tu Alma amabilísima bajó al seno de Abraham a consolar a las almas
~6~
santas que esperaban tu grato advenimiento! Concédenos piadoso a los viadores, que con tu
gracia bajes a visitarnos en el abismo de nuestros pecados para santificarnos; y a las almas del
Purgatorio acudas con tu Sangre para apagar el fuego que las devora; y a todos nos lleves
cuanto antes a sentarnos en la mesa del eterno convite de los Cielos. Amén.

Última oración

D esde el profundo abismo en que estoy caído, clamo a Ti, Señor; no seas, Dios mío,
inexorable a mi voz. Dígnate escuchar los ruegos de un infeliz que no tiene otro
recurso que tu misericordia. Sé, Dios mío, cuan culpable soy ante tus ojos; mas si examinas
con rigor nuestras iniquidades, ¿quién podrá sufrir tus juicios? Si en nosotros solo
encontrarás delitos para perdernos, en Ti hallaremos motivos para salvarnos; te impusiste la
ley de no resistirte a nuestras lágrimas, y esto me obliga, Señor, a esperar confiado en tu
bondad. Nunca me he olvidado de las promesas del Señor, que me han alentado en lo más
fuerte de mis males: he esperado siempre en Él. Así, no deje Israel de esperar, pues recibirá
por la noche el socorro que no haya conseguido por el día. Porque es infinita la misericordia
del Señor, que sabe hallar en los tesoros de su poder remedio para nuestros males. Amén.

La bendición

B endice ¡oh Dios mío! por la mano de tu ministro a nosotros y a las almas santas del
Purgatorio, como bendecirás el último día a tus escogidos; y que los efectos de tu
bendición queden eternamente en nosotros, logrando que, libres de toda deuda a tu justicia,
unidos cantemos en el Cielo incesantemente: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al
Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

El último Evangelio

D ios Creador y Redentor de las almas: acuérdate de tus siervos y siervas que satisfacen a
tu divina justicia padeciendo las penas del Purgatorio, y anhelan por el momento de
gozar de la eterna bienaventuranza que esperan: yo te suplico que te dignes mitigar sus
penas, y que hagas que vayan a gozar presto de tu divina presencia, y en particular te ruego
por las lamas de mis padres, hermanos, parientes y bienhechores, y de todos los demás que
son mi obligación y por quienes ni puedo menos que rogar por su alivio. Así lo espero. Por
Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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Dales, Señor, el descanso eterno, y que les ilumine la eterna luz.
Del poder del infierno libra, Señor, sus almas.

Descansen en Paz. Amén.

EL SANTO ROSARIO

MISTERIOS GOZOS

PRIMER MISTERIO

De la anunciación del Ángel y Encarnación del Verbo


en las entrañas virginales de María

O
¡
h María Dulcísima, consuelo de las almas! Este Padrenuestro y diez Avemarías te
ofrecemos por el gozo que tuviste cuando, saludada del ángel, te anunció la
Encarnación del Hijo de Dios en tus entrañas; por él te suplicamos que el alma de nuestro
hermano N., y las demás del Purgatorio, reciban de los Ángeles, por tu intercesión, alegres
nuevas de la Gloria, adonde vayan a descansar por todos los siglos. Amen.

SEGUNDO MISTERIO

Visitación de nuestra Señora y santificación del Bautista

O
¡
h María, refugio de pecadores! Este Padrenuestro y diez Avemarías te ofrecemos por
el gozo que tuviste cuando, visitando a Santa Isabel, fuiste de ella reconocida por
Madre de Dios, y el niño Juan, libre de las prisiones de la culpa; por este gozo te suplicamos
visites y consueles el alma de nuestro hermanos N., y las demás del Purgatorio, y las libres de
las prisiones que padecen y salgan libres a la gloria. Amén.

TERCER MISTERIO

El nacimiento del Hijo de Dios

O
¡
h María, estrella del mar, norte fijo de la Iglesia! Este Padrenuestro y diez Avemarías
te frecemos por el gozo que tuviste cuando, naciendo de tu vientre, como de la

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aurora, el Sol de Justicia, Cristo, alumbró a los que estaban en tinieblas; por Él te
suplicamos que el alma de nuestro hermano N., y las demás del Purgatorio, merezcan por Ti
salir de las tinieblas de aquella obscura cárcel a los resplandores de la gloria. Amén.

CUARTO MISTERIO

Presentación del Niño Jesús en el templo y Purificación de Nuestra Señora

O
¡
h purísima María, que sin obligarte la ley de la Purificación presentaste a tu
Santísimo Hijo en el templo, con especial gozo de verle reconocido por verdadero
Dios! Este Padrenuestro y diez Avemarías te ofrecemos, suplicando por el alma de nuestro
hermano N., y las demás del Purgatorio, sean purificadas para entrar en el templo de la
gloria. Amén.

QUINTO MISTERIO

El Niño Jesús perdido y hallado en el templo

O
¡
h María, seguro medio para hallar a Jesús! este Padrenuestro y diez Avemarías te
ofrecemos por el gozo que tuviste hallando en el templo al Niño Dios, sin culpa tuya
perdido; por Él te suplicamos que el alma de nuestro hermano N., y las demás del
Purgatorio, tengan por tus ruegos el alivio de sus penas, mirando a Jesús en el templo de su
gloria. Amén.

MISTERIOS DOLOROSOS

PRIMER MISTERIO

La oración en el huerto

O
¡
h dolorosísima Madre de Jesús, quien, despedido y apartado de tu compañía, oró con
mortales agonías en el huerto, donde por un Ángel fue confortado! Este
Padrenuestro y diez Avemarías te ofrecemos, suplicándote que por tu intercesión el alma de
nuestro hermano N., y las demás del Purgatorio, sean confortadas por los Ángeles en sus
penas. Amén, Jesús.

~9~
SEGUNDO MISTERIO

Desnudo Jesús, es cruelmente azotado

O
¡
h María, mar de dolores! Este Padrenuestro y diez Avemarías te ofrecemos en
memoria del gravísimo dolor que tuviste viendo desnudo y azotado cruelmente al
Hijo de tus entrañas; por Él te suplicamos que el alma de nuestro hermano N., y las demás
del Purgatorio, sean libres de los azotes que allí padecen de la Divina Justicia, por virtud de
los azotes que Jesús llevó por su misericordia. Amén, Jesús.

TERCER MISTERIO

Coronan a Jesús de espinas

O
¡
h María, cárdeno lirio entre espinas! Este Padrenuestro y diez Avemarías te
ofrecemos en honra del agudísimo dolor que tuviste viendo a tu amado Hijo, hermoso
lirio de los valles, afeado y coronado de espinas; suplicámoste por este dolor, que el alma de
nuestro hermano N., y las demás del Purgatorio sean libres de las espinas de penas que
padecen, y coronadas en la gloria.

CUARTO MISTERIO

Jesús condenado a muerte y con la Cruz a cuestas,


se encuentra con María, su tierna Madre

O
¡
h María, traspasada de dolor en la calle de la amargura por encontrar en ella a tu
inocente Hijo, sentenciado a muerte y agobiado con el grave peso dela Cruz! Este
Padrenuestro y diez Avemarías te ofrecemos suplicándote que el alma de nuestro hermano
N., y las demás del Purgatorio, por tus ruegos sean libres de la cruz de penas que padecen.
Amén, Jesús.

QUINTO MISTERIO

Crucifixión de Jesús y soledad de María

O
¡
h desconsolada Reina, afligida Madre y desamparada Virgen! Este Padrenuestro y
diez Avemarías te ofrecemos, pidiéndote, por el agudo dolor que atravesó tu amante

~ 10 ~
corazón al ver morir entre tantas afrentas y dolores a tu Santísimo Hijo para redimir con su
muerte al género humano, que el alma de nuestro hermano N., y las demás del Purgatorio,
donde están solas y afligidas; loa Sangre de tu Hijo les alivie las penas y su muerte les dé vida
de gloria. Amén, Jesús.

MISTERIOS GLORIOSOS

PRIMER MISTERIO

La resurrección del Señor

O
¡
h María, Señora, alegría de los justos y consuelo de los pecadores! Este Padrenuestro
y diez Avemarías te ofrecemos en memoria de la alegría que tuviste viendo resucitado
y glorioso a tu Santísimo Hijo; suplicámoste, que así como con la presencia de Jesús
recibieron alegrías las almas de los Santos Padres en el Limo, la tengan el alma de nuestro
hermano N., y las demás del Purgatorio. Amén, Jesús.

SEGUNDO MISTERIO

Ascensión de Cristo Nuestro Señor a los cielos

O
¡
h María, Madre de Dios, llena de sumo gozo en la suida a los cielos de tu Santísimo
Hijo, en compañía de los Santos Padres que libertó de la oscura cárcel del Limbo,
llevándolos consigo a la gloria! Este Padrenuestro y diez Avemarías te ofrecemos,
suplicándote que el alma de nuestro hermano N., y las demás del Purgatorio, sean libres de
aquellas penas, y llevadas por manos de los santos Ángeles a la gloria. Amén, Jesús.

TERCER MISTERIO

Venida del Espíritu Santo

O
¡
h María, dulce esposa del Espíritu Santo! Este Padrenuestro y diez Avemarías te
ofrecemos por el gozo que tuviste cuando bajó el Divino Espíritu sobre Ti y sobre
todos los Apóstoles, para que con la ausencia de Jesús no quedasen huérfanos; por Él te
suplicamos que el alma de nuestro hermano N., y las demás del Purgatorio, salgan a gozar
de los brazos de su Esposo Jesús en la gloria. Amén, Jesús.

~ 11 ~
CUARTO MISTERIO

Dichoso tránsito de María Santísima

O h dichosísima María, que entregaste tu purísimo espíritu en la hora de la muerte, en


manos de tu Santísimo Hijo, y después unido al cuerpo, resucitaste gloriosa! Este
Padrenuestro y diez Avemarías te ofrecemos pidiéndote que el alma de nuestro hermano N.,
y las demás del Purgatorio, sean libres de sus penas y te acompañen en la gloria. Amén, Jesús.

QUINTO MISTERIO

Asunción y Coronación de María Santísima

O
¡
h soberana Virgen María, Madre de Dios, que, resucitada en cuerpo y alma, fuiste
sublimada a la gloria y coronada por Emperatriz de los Ángeles y de los hombres!
Este Padrenuestro y diez Avemarías te ofrecemos, suplicándote que el alma de nuestro
hermano N., y las demás del purgatorio, merezcan por tus ruegos ser libres de las penas que
padecen, para que sean coronadas de gloria, y que en compañía de tu Santísimo Hijo te amen
por todos los siglos. Amén, Jesús.

OFRECIMIENTO

P or estos misterios santos, de que hace el alma recuerdo, te pedimos ¡Oh María! con
tierno y devoto pecho de nuestra fe sacrosanta, la conservación y aumento. Torna tus
divinos ojos hacia tu cristiano pueblo, da a tu Iglesia la victoria, y al mundo gratos sosiego;
serena las tempestades que airado descarga el cielo. Y del Pontífice augusto mitiga el dolor
acero; las terrenas potestades sigan de Dios los preceptos, porque la justicia torne y al bien
vayan sus esfuerzos. Que a Dios el gentil conozca y, su error abjure el soberbio, que de la
verdad aparta corazón y entendimiento. Que la culpa nos inspire dolor profundo y perfecto,
halle puerto el navegante y la salud el enfermo. Las almas del Purgatorio gozosas vayan al
cielo; y aqueste santo ejercicio tenga ¡Oh Madre! tal aumento en todo el orbe cristiano que
fiel adora al Dios bueno, que de continua alabanza sean tus glorias objeto y por tu amor
merezcamos gozar del eterno premio.

~ 12 ~
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
POR EL PAPA LEÓN XIII

S an Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra las acechanzas y


perversidades del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde
súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido,
arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la
perdición de las almas. Amén.

V. Cor Iesu Sacratíssimum.


R. Miserére nobis.

D ios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen purísima y castísima antes
del parto, en tus manos encomendamos nuestra fe para que la alumbres. Llena eres de
gracia…

D ios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima y castísima en el
parto, en tus manos encomendamos nuestra esperanza para que la alientes. Llena eres
de gracia…

D ios te salve, María Santísima, Esposa del Espíritu Santo, Virgen purísima y castísima
después del parto, en tus manos encomendamos nuestra caridad para que la inflames.
Llena eres de gracia…

D ios te salve, María Santísima, Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad,


Virgen concebida sin la mancha del pecado original.

D ios te salve Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te
Salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas. ¡Ea! pues Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos y después de este destierro, muéstranos a Jesús fruto bendito de tu purísimo
vientre. ¡Oh Clemente! ¡Oh Piadosa! ¡Oh Dulce Siempre Virgen María! Ruega por
nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de
Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

~ 13 ~
LETANÍAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Señor,…………………..Ten piedad de nosotros.


Cristo,…………………..Ten piedad de nosotros.
Señor,……………………Ten piedad de nosotros.
Cristo,…………………..Óyenos.
Cristo,…………………..Escúchanos.

Dios Padre celestial,…………………………………Ten piedad de nosotros.


Dios Hijo redentor del mundo,…………………Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo,…………………………………Ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios,…Ten piedad de nosotros.

Santa María,………….................Ruega por nosotros

Santa Madre de Dios, Virgen poderosa,


Santa Virgen de las vírgenes, Virgen misericordiosa,
Madre de Cristo, Virgen clemente,
Madre de la divina gracia, Virgen fiel,
Madre purísima, Espejo de justicia,
Madre castísima, Trono de la eterna sabiduría,
Madre virgen, Causa de nuestra alegría,
Madre inmaculada, Vaso espiritual de elección,
Madre amable, Vaso precioso de la gracia,
Madre admirable, Vaso de verdadera devoción,
Madre del buen consejo, Rosa mística,
Madre del Creador, Torre de David,
Madre del Salvador, Torre de marfil,
Madre de la Iglesia, Casa de oro,
Virgen prudentísima, Arca de la alianza,
Virgen venerable, Puerta del cielo,
Virgen laudable, Estrella de la mañana,

~ 14 ~
Salud de los enfermos, Reina de los Mártires,
Refugio de los pecadores, Reina de los Confesores,
Consuelo de los afligidos, Reina de las Vírgenes,
Auxilio de los cristianos, Reina de todos los Santos,
Reina de los Ángeles, Reina concebida sin pecado original,
Reina de los Patriarcas, Reina subida al cielo en cuerpo y alma,
Reina de los Profetas, Reina del Sacratísimo Rosario,
Reina de los Apóstoles, Reina de la paz,
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.
Óyenos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad y misericordia de nosotros.

ORACIÓN

P
¡
adre Eterno, soberano Dios! Envía a tus Ángeles a sacar del Purgatorio esta alma por
quien es mi intención rogar; te suplico la presentes en tu Loria, y te pido, Señor, que la
parte que le falte satisfacer por sus culpas se la perdones por los méritos de las penas de tu
Hijo, mi Señor Jesucristo, y te ruego mi Criador misericordiosos, no seas riguroso en mi
juicio, y no nos dejes caer en la tentación, librándonos de todo mal. Amén, Jesús.

ORACIÓN

D
¡
ios las salve, ánimas cristianas! Jesucristo las redimió con su preciosísima Sangre,
tenga por bien librarlas de sus penas, y les dé lugar y asiento entre los coros de los
Ángeles, donde se acuerden de nosotros, y supliquen a Dios que nos lleve a su compañía para
ser coronados en el Cielo. Amén, Jesús.

Otra

S eñor mío, Jesucristo, que no viniste a perder sino a librar las almas de los hombres, de
quienes te constituiste remedio y libertad dando tu vida por su rescate; humildemente

~ 15 ~
imploramos tu clemencia y misericordia inefables, para que te apiades de todas las almas de
los fieles difuntos, que son atormentadas en las penas del Purgatorio, a fin de que las que
justamente son por sus pecados afligidas, sean por tu benignidad perdonadas; y pues las has
redimido con tu preciosa Sangre, consigan por los méritos e intercesión de la Beatísima
Virgen María, y de todos tus Santos, que las libres de las penas que sufren y las lleves a la
gloria, donde te alaben y gocen por los siglos de los siglos. Amén.

Soneto

S eñor, Dios de bondad, en tu presencia tienes un alma que, por su malicia, mereciera tal
vez que tu justicia la condenara a sempiterna ausencia; mas Tú la redimiste y tu
clemencia por esto es fuerza que le sea propicia mandando que la angélica milicia de su
perdón promulguen la sentencia.

P ues si eres justiciero y riguroso con el impío que muere impenitente, también eres
benigno y generoso con aquel que te invoca reverente, oye, pues, nuestra súplica
piadoso, y haz que esta alma te goce eternamente.

DEVOCIÓN A LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

E sposas muy queridas del Señor, que, arrojadas en la cárcel de indecibles penas, carecen
de la presencia del Amada hasta que sean purificadas, como el oro en el crisol, de las
reliquias que dejaron sus culpas; ustedes que desde esas voraces llamas claman con mucha
razón a sus amigos “¡Misericordia!”, yo que me compadezco de su dolor, y quisiera tener
caudal suficiente para satisfacer su deuda; pero ya que soy más pobre que ustedes mismas,
apelo a la piedad de los justos, a los ruegos de los bienaventurados, al tesoro de las
indulgencias, a la intercesión de María Santísima y a la preciosa Sangre de Jesucristo, para
que por este medio logren el deseado consuelo, y yo, por su intercesión, gracias para
arrepentirme de mis culpas, y al fin de la vida eterna gloria. Amén.

O
¡
h Jesús, siempre justo en la sentencia! Por las almas benditas yo te ofrezco todo
ayuno, vigilia o abstinencia, y cualquier obra buena en que merezco; todo el rezo, el
trabajo, la indulgencia, los trabajos que sufro y que padezco, y ofrezco por alivio de sus
quebrantos los méritos de Cristo y de sus Santos.

~ 16 ~
ORACIÓN

D
¡
ios mío! Tú me has llevado a la persona que más amaba en este mundo; me has
privado de ella para siempre; pero Tú lo has dispuesto de esta suerte, cúmplase en
todo tu santísima voluntad, así sobre ellas como sobre mí. El grande consuelo que me queda
es la esperanza de que Tú la has recibido en el seno de tu misericordia, que te dignarás,
algún día, de unirme con ella. Si la entera satisfacción de sus pecados la detiene aún en las
penas sin que haya ido todavía a unirse contigo , yo te ofrezco por ella todas mis oraciones y
buenas obras, y más principalmente mi resignación en el sentimiento de su pérdida; haced,
Señor, que esta resignación sea entera y digna de Ti.

A
¡
rbitrio supremo de nuestra suerte, dueño absoluto de nuestro destino! Dispón
soberanamente de nosotros y de nuestros días. No somos de nosotros mismos, sino de
Ti sólo; no has hecho sino tomar lo que te pertenecía y me has prestado por algún tiempo.
Sean benditas a doradas las disposiciones de tu providencia.

E sta muerte que me hace derramar tantas lágrimas, debe producir en mí un efecto más
sólido y saludable; ella misma me advierte que llegará mi hora, que debo prepararme
sin dilación y estar pronto en todos los instantes de mi vida; haz ¡oh Dios de bondad! que
cuando llegue mi último momento, me encuentre en estado de poder presentarme delante
de Ti, y de reunirme a la persona que he perdido, para bendecirte y alabarte eternamente con
ella. Amén.

Jaculatoria

Si con tu Sangre preciosa,


Señor, las has redimido,
que las perdones te pido
por tu Pasión dolorosa.

~ 17 ~
ORACIÓN A SAN LORENZO

O
¡
h Señor! Concédenos tu auxilio, y por la poderosa intercesión de tu mártir San
Lorenzo, dígnate admitir el alma de tu siervo N., al goce de la bienaventuranza. Por
Jesucristo Señor Nuestro. Amén.

F ieles almas cristianas, les dé a todas descanso Aquél que es verdadera holganza,
Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, el cual nació de Virgen Santa María por nuestra salud y
de todo el mundo, y nos redimió con su preciosísima Sangre; Él les dé su bendición, las libre
y resucite en el día santo de la resurrección y del juicio final, haciéndolas participantes de la
compañía de los santos Ángeles y suya, con gozo para siempre. Amén, Jesús, María y José.

Padrenuestro y Avemaría

T
e rogamos y pedimos, omnipotente Dios nuestro, que ya que por nuestros pecados
justamente merecemos castigo, por la gloria de tu santísimo nombre seamos libres de
todas nuestras culpas y maldades. Que vives y reinas en todos los siglos. Amén.

~ 18 ~
ORACIÓN A SAN LORENZO
POR LA LIBERACIÓN DE UN ALMA DEL PURGATORIO
Viernes

S eñor, concédenos tu auxilio y por la poderosa intercesión de tu mártir San Lorenzo,


dígnate admitir a tu siervo(a) N., al goce de la bienaventuranza. Por Jesucristo Nuestro
Señor. Amén.

F ieles almas cristianas: les dé a todas descanso Aquel que es verdadera holganza,
Jesucristo, Hijo de Dios vivo, el cual nació de la Inmaculada Virgen María por nuestra
salud y de todo el mundo, y nos redimió con su Preciosísima Sangre: Él les dé su bendición,
las libre y las resucite e el día santo de la resurrección y del juicio final, haciéndolas partícipes
de la compañía de los Santos Ángeles y suya, con gozo para siempre. Amén, Jesús, María y
José.

ORACIÓN

S eñor mío Jesucristo, que no quieres que ninguno perezca, y a quien nunca se pide, sino
con una esperanza segura de tu misericordia pues por tu misma boca santa y bendita
dijiste: “Cuantas cosas pidan en mi nombre al Padre celestial, se les concederán” . Te suplico,
Señor, por tu santo nombre de Jesús me concedas en el artículo de la muerte entero juicio,
uso en mi habla, vehemente contrición de mis culpas, fe verdadera, esperanza ordenada y
caridad perfecta para decirte de todo corazón: En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
y que seas alabado por los siglos de los siglos. Amén.

~ 19 ~
DEVOCIÓN
A LA
SANTÍSIMA PASIÓN
POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

ORACIÓN

Mírame ¡oh mi amado y buen Jesús! Postrado ante tu santísima presencia; te ruego con el
mayor fervor imprimas en mi corazón los sentimientos de Fe, Esperanza y Caridad, dolor
de mis pecados y propósito de jamás ofenderte, mientras que yo, con todo el amor y con toda
la compasión de que soy capaz, voy considerando tus cinco llagas, comenzando por aquello
que dijo de Ti ¡oh mi Dios! el santo profeta David: “Han taladrado mis manos y mis pies, y
se pueden contar todos mis huesos”.

OTRA

O
¡
h santísima Cruz! ¡Oh inocente y piadoso cordero! ¡Oh pena grave y cruel! ¡Oh
pobreza de Cristo mi Redentor! ¡Oh llagas muy lastimadas! ¡Oh Corazón
traspasado! ¡Oh Sangre de Cristo derramada! ¡Oh muerte de Cristo amarga! ¡Oh dignidad
de Dios, digna de ser reverenciada! Ampáranos, Señor, para alcanzar la vida eterna. Amén.

~ 20 ~
ORACIONES DE SAN GREGORIO

PRIMERA

O
¡
h Señor mío Jesucristo, que por redimirme fuiste azotado, coronado de espinas y
crucificado! Yo te adoro y suplico que tu Cruz me defienda del enemigo malo.

Padrenuestro y Avemaría

SEGUNDA

O
¡
h Señor mío, Jesucristo, que por redimirme pasaste tantos tormentos y bebiste hiel y
vinagre! Yo te adoro y suplico que esos tormentos sean remedio de mi alma.

Padrenuestro y Avemaría

TERCERA

O
¡
h Señor mío Jesucristo! Por aquella amargura que por mis pecados sufriste en la
Cruz, principalmente en la hora que tu noble alma se separó de tu sagrado Cuerpo, te
suplico tengas misericordia de mi alma cuando de este mundo parta.

Padrenuestro y Avemaría
~ 21 ~
CUARTA

O
¡
h Señor mío Jesucristo, que por redimirme fue tu sagrado Cuerpo ungido con mirra,
embalsamado y puesto en el sepulcro! Yo te adoro y suplico que tu muerte sea mi
vida.

Padrenuestro y Avemaría

QUINTA

O
¡
h Señor mío Jesucristo, que descendiste al Purgatorio y al Limbo, y sacaste de allí a
los que estaban cautivos! Yo te adoro y suplico no consientas que mi alma sea cautiva
en el Infierno.

Padrenuestro y Avemaría

SEXTA

O
¡
h Señor mío Jesucristo, que con tu poder resucitaste y subiste a los cielo, donde estás
sentado a la diestra del Padre! ¡Ruégote tengas misericordia de mí!

Padrenuestro y Avemaría

SÉPTIMA

O
¡
h Señor mío Jesucristo, Buen Pastor! Defiende a los justos, alumbra a los pecadores,
ten misericordia de los fieles difuntos y sé manso para mí que soy gran pecador.

Padrenuestro y Avemaría

OCTAVA

O
¡
h Señor mío Jesucristo, que vendrás a juzgarnos para llevar a los justos a la Gloria,
coronarlos en ellas y apartar a los malos al Infierno! Yo te adoro y suplico que tu
Pasión me libre de toda pena y me lleve a la vida eterna.

Padrenuestro y Avemaría

~ 22 ~
NOVENA

O
¡
h amantísimo Padre! Yo te ofrezco la inocente muerte de tu Hijo y el amor de su
Divino Corazón por las penas que yo, el mayor de los pecadores, merezco por mis
culpas; te ofrezco asimismo su Pasión y cordial amor por todos mis parientes y amigos,
enemigos y encomendados; ten piedad de ellos.

Padrenuestro y Avemaría

OFRECIMIENTO

E stas oraciones te las ofrezco, Padre Eterno, por los méritos de la Pasión y muerte de
Nuestro Señor Jesucristo, por quien suplico las recibas en descuento de mis culpas, y
de lo que gane, es mi voluntad que Tú, Dios nuestro Señor, elijas lo que te pareciere ser
bastante para sacar del Purgatorio el alma que fuere más de mi obligación y gloria tuya y de
la Santísima Virgen María, a quien suplico sea mi abogada ante tu Divina Majestad. Amén.

ORACIÓN

O
¡
h Señor mío Jesucristo, Padre dulcísimo! Por el gozo que tuvo tu querida Madre
cuando te le apareciste la noche de tu Resurrección, y por el gozo que tuvo cuando te
vio lleno de gloria y majestad, te pido me alumbres con los dones del Espíritu Santo, para
que pueda cumplir tu voluntad todos los días de mi vida, pues vives y reinas con Dios Padre,
en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

OTRA

V uelve ¡oh dulce Jesús! Desde tu excelso trono tus ojos de clemencia hacia el seno
profundo de la cárcel del Purgatorio; esposas tuyas son las almas que allí están
purificándose; están marcadas con el sello de la Trinidad; son precio de tu Sangre, son tierno
objeto de tu amor. Un fuego terrible las acrisola; una privación temporal de la vista de tu
hermosura las aflige sobremanera; suspiran con ansia por el feliz momento en que han de ir
a unirse contigo; que se apresure pues, este instante tan dichoso que tu Sangre preciosa las
lleve al refrigerio; que tu grande misericordia las conduzca al descanso; que en la perpetua
paz brille sobre ellas la eterna luz. Así, Señor, te lo pedimos por aquella amarga hora en que
entregaste tu santo espíritu en manos de tu Eterno Padre. Amén.
~ 23 ~
SUDARIO

S eñor Dios, que nos dejaste las señales de tu Pasión Santísima en la sábana santa, en la
cual fue envuelto tu Cuerpo Santo cuando por José de Arimatea fuiste bajado de la
Cruz: concédenos ¡oh piadosísimo Señor! que por tu muerte y sepultura santa, y por los
dolores y angustias de tu Santísima Madre María, Señora Nuestra, sean llevada las almas del
Purgatorio a la gloria de tu resurrección, donde vives y reinas con Dios Padre, en unidad del
Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

~ 24 ~
Devotísimo ofrecimiento
de la
SAGRADA PASIÓN
DE
NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
por las benditas almas del purgatorio
distribuido en los siete días de la semana.

Ofrece los gravísimos afanes, tormentos, angustias y dolores que padeció el Señor en el
huerto, diciendo:

DOMINGO

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, uno por uno, todos los
tormentos de tu Pasión santísima, la muerte penosísima de cruz y la Preciosa Sangre que
derramaste por la salvación eterna de nuestras almas.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos grandes pasmos y
terrores que asaltaron tu angustiado corazón en el huerto; porque representándose en tu
imaginación todos los martirios que al día siguiente habías de padecer, Tú sufriste en el
cuerpo y el alma un mortal dolor.

~ 25 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio aquella tan fiera tristeza que
te ocasionó el horror de la muerte que te amenazaba, faltándote muy poco para expirar de
dolor, como lo expresaste a tus amados discípulos con aquellas palabras: “Triste está mi alma
hasta la muerte”; esto es, afligida con tristeza mortal.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel acto humilde y devoto
con que en las más graves angustias, queriendo orar a tu Eterno Padre, te pusiste de rodillas
postrado sobre la tierra por reverencia al Padre, y por las mortales ansias y congojas que
oprimían tu Purísimo Corazón.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella oración resignada
con que pediste a tu Padre que si era posible te dispensase el amargo cáliz de tu muerte y
conformando tu humana voluntad con la divina, dijiste: “Cúmplase tu voluntad y no la mía”.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella ardiente caridad con
que visitaste a tus amados discípulos, estando anegado en un mar de angustia, exhortándolos
a la vigilancia y a la oración para que de la tentación no fuesen vencidos.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella confortación
misteriosa que te hizo el Ángel, hallándose tu alma santísima llena de tantas congojas y
dolores, que bastaban a quitarte la vida.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las lamas del Purgatorio, aquel gran conflicto que te
puso en mortales agonías, explicando tu grande aflicción con aquellas palabras: “El espíritu
está pronto; pero la carne lo resiste”.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella firme perseverancia
en la oración, estando en el colmo de tus aflicciones, agonizando en mortales angustias, por
el remedio y salvación eterna de los pecadores.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella Sagrada y Preciosa
Sangre que, a fuerza de intenso dolor, sudaste en tanta abundancia que corrió hasta la tierra.

~ 26 ~
LUNES

Ofrece las penas y tormentos que el Señor padeció desde que fue preso hasta que lo
presentaron al pontífice Anás, diciendo:

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella prontitud de ánimo
que mostraste para morir cuando, levantándote de la oración bañado del sudor de sangre,
saliste a encontrar a tus enemigos, diciendo que Tú que eras aquél a quien ellos buscaban.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, el gran dolor que sentiste por
la gravísima culpa de la traición de Judas, vendiéndote a los judíos por treinta dineros, y con
el fingido ósculo de paz entregándote en manos de tus enemigos; dolor tan agudo y sensible,
que es uno de los mayores que atravesaron tu piadosísimo Corazón.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos actos de heroica
piedad con que diste lugar a tus crueles enemigos que se levantasen de la tierra, y curaste la
oreja que tu fervoroso discípulo había cortado con celo de tu defensa al indigno siervo del
Pontífice que te venía a prender.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella gravísima tribulación
que padeciste cuando fuiste embestido en el huerto por tanto número de soldados que te
prendieron y ataron con tan inhumana crueldad, que es imposible comprenderla con
humano discurso.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella admirable paciencia
con que sufriste tantos golpes, oprobios y baldones, hasta arrancarte los cabellos te tu
Sacrosanta Cabeza, están Tú como cordero humildísimo sin responder palabra alguna.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos actos internos que
en medio de las opresiones hacías de amor a Dios, de tolerancia y resignación, ofreciendo
siempre al Eterno Padre todos aquellos malos tratamientos que te hacían, en satisfacción de
nuestros pecados.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel dolor vivísimo que te
atravesó el Corazón cuando, en medio de tales tribulaciones, te hallaste solo y abandonado
de tus más caros amigos, los cuales, cuando te vieron preso y atado, huyeron todos.
~ 27 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas aflicciones y dolores
que sufriste desde el huerto hasta la casa de Anás, por tantos golpes que te daban y las
blasfemias que te decían los verdugos, haciéndote aminar con tanta prisa y desprecio por
fuera y dentro de la ciudad.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel acto de humildad y
mansedumbre cuando delante del pontífice Anás estuviste con las manos atadas en forma de
reo, oyendo los cargos que te hacías y las falsas acusaciones que daban contra Ti, como si
fueras el más facineroso y más malo del mundo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella cruelísima bofetada
que te dio aquel hombre vilísimo con tan infernal furia, que te desfiguró la mejilla, y la
indecible paciencia y mansedumbre con que hablaste a aquel indino pontífice.

MARTES

Ofrece los tormentos que el Señor padeció en la noche de su Pasión en la casa de Caifás,
diciendo:

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel grande ultraje con que
fuiste llevado y puesto en la presencia del pontífice Caifás, quien te recibió con una infernal
indignación, hecho blanco de sus iras y de los ministros y soldados que estaban con él.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, las acusaciones inicuas y
falsos testimonios que te levantaron aquellos hombres vilísimos, no habiéndose testificado
cosa alguna contra tu inocencia.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel admirable silencio
tuyo, no respondiendo ni una palabra para defenderte de tantas falsedades, injurias y
calumnias como te imponían; dejándonos ese ejemplo admirable para seguirte en nuestras
adversidades.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel tormento y
escandaloso conjuro que te hizo el soberbio Caifás para que respondieras si eras Hijo de
Dios, a quien con profundísima humildad, por reverencia al Padre, respondiste que sí, y que
con grande majestad vendrías a juzgar al mundo.
~ 28 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella injuriosa afrenta que
te hicieron aquellos ministros infernales, después de haber oído tu respuesta, y debiendo
postrarse y adorarte como verdadero Dios, te publicaron por blasfemo y hombre merecedor
de una afrentosa muerte.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel rabioso furor con que
los pérfidos judíos te embistieron después que confesaste ser Hijo de Dios vivo, hiriendo con
crueles bofetadas tu Divino Rostro y maltratando tu Cuerpo Santísimo con fieros golpes,
llevando con tanta mansedumbre estas ofensas horribles, que no se te hoyó la menor queja.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel oprobio vilísimo de
escupirte en tu Soberano Rostro con tantas y tan hediondas salivas, que no se hallan palabras
para explicar tan gran desprecio.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella injuriosa burla y
mofa con que te trataron los pérfidos judíos, cuando te vendaron los ojos con un paño muy
sucio, y dándote muchos golpes, decían: “Profetiza y adivina quién te ha herido”, pues te
preciaban por profeta.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, las tres negaciones ingratas
de tu apóstol San Pedro, y la grande compasión que de él tuviste cuando con tanta piedad le
miraste, que volvió en sí, se dolió y comenzó a llorar amargamente su pecado.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, todas aquellas penas y
ultrajes que padeciste en toda aquella tristísima y funesta noche, habiendo quedado al
arbitrio de tus enemigos y de gente vilísima, para ser atormentado a su voluntad, no cesando
de afligirte con todos aquellos géneros de tormentos, afrentas y desprecios que te hicieron
con su diabólica crueldad.

MIÉRCOLES

Ofrece los tormentos y desprecios que el Señor padeció en casa de Pilato y Herodes, hasta el
grande tormento de los cruelísimo azotes y dirás con devoción lo siguiente:

~ 29 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas falsas acusaciones
que los judíos dieron contra Ti a Pilato; esto es, que engañabas a los pueblos, que mandabas
no se pagase tributo al César y que te hacías rey de los judíos.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella grande humildad con
que te dejaste llevar atado por las calles públicas de Jerusalén, y presentarte como malhechor
al rey Herodes, quien hizo burla y escarnio de tu inocencia y grandeza divina.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel vilísimo desprecio con
que te trató aquel soberbio rey, cuando mandó ponerte a vestidura blanca como a un loco, y
presentarte así delante de los príncipes, escribas y fariseos, y de un concurso muy grande.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos gravísimos escarnios
que sufriste de todo el pueblo, cuando en las calles de Jerusalén te llevaban con la vestimenta
blanca y te llenaban de injurias y baldones.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas horribles voces de
los impíos judíos cuando decían: “¡Muera, muera; crucifícale!”; y daban por libre a Barrabás
hiriendo con tan cruel sentencia tu purísimo Corazón y el de tu Santísima Madre.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, por aquellos pasos que diste
hacia la columna donde habías de ser azotado, y aquella grandeza de amor y humildad con
que te ofreciste a tan cruelísimo tormento.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel gran rubor y
vergüenza que tuviste cuanto te desnudaron para el tormento, y así mismo aquellos
vivísimos dolores que te causaron las ligaduras de los brazos y las manos fueron de fuerte
mortificación.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, uno por uno, todos aquellos
fuertes azotes que dieron a tu Sacratísimo Cuerpo aquellos verdugos infernales, rompiendo
tus carnes santísimas y derramando con grande copia tu Preciosísima Sangre.

~ 30 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel imponderable dolor
que tuvo tu Santísima Madre por este tormento; pues cuantos golpes dieron en tu
delicadísimo Cuerpo, tantos puñales atravesaron sus purísimas entrañas.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos horribles dolores
que te causaron por todo tu Cuerpo Santísimo, y las llagas que te hicieron con más de cinco
mil azotes, y aquel desmayo tan grande que al último tuviste por el intenso dolor y falta de
sangre, cayendo en tierra como difunto.

JUEVES

Ofrece el acerbísimo tormento de la coronación de espinas como sigue:

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos pasos dolorosos que
diste cuando te llevaban al puesto y lugar de la coronación de espinas, todo lleno de heridas y
llagas que destilaban tu Sangre Preciosísima, después de la áspera y cruel flagelación.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel vivo dolor que sentiste
cuando te desnudaron por segunda vez, renovando las llagas de los azotes al despegar la
túnica de tu Santísimo Cuerpo con una inhumana crueldad.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella rigurosa crueldad
con que los soldados asentaron sobre tu Santísima Cabeza una tirana corona, apretándola
con fieros golpes, para que penetrasen las espinas causándote tan intenso dolor, que se deja a
la piadosa consideración.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella Sangre Preciosa que
salió de tu Divina Cabeza, corriendo hasta la tierra, estando Tú con humildad profundísima
sujeto a esos cruelísimos tiranos, ofreciendo al Eterno Padre, por nuestra salvación eterna,
tan atroz tormento.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos afrentosos golpes
que te dieron sobre la corona de espinas con la misma caña que te pusieron por cetro para
que penetrasen más sus puntas y fuesen más profundas las heridas.

~ 31 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos oprobios, injurias y
baldones que te hicieron los soldados cuando, puesto de rodillas, te dieron tantas bofetadas,
saludándote tan ignominiosamente con aquellas irrisorias palaras: “¡Dios te salve, rey de los
judíos!”, como si fueses rey de burlas.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella grande afrenta,
cuando con sucias y hediondas salivas mancharon los soldados insolentes tu Divino Rostro,
con tanta copia, que te desfiguraron del todo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella virginal y angelical
erubescencia que sentiste cuando en aquella lamentable forma, casi desnudo, te mostró
Pilato al numeroso pueblo, diciendo: “Ecce homo”.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel grito diabólico del
pueblo judaico cuando clamó diciendo: “¡Crucifícale, crucifícale!”, llenado de pavor y
espanto mortal a tu Purísimo Corazón con la sangrienta muerte a que te condenaban.

VIERNES

Ofrece lo que padeció Nuestro Señor con el grave peso de la Cruz, hasta ser en ella
crucificado, y dirás:

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella grande fatiga de
llevar la Cruz, tan pesada, que te hizo una grande llaga en el hombro, sobre las muchas que
tenías en tu Santísimo Cuerpo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas mortales congojas
que tuviste y te ocasionaron los saldados en el camino al Calvario, tirando cruelmente de la
soga, y los desprecios que te hicieron con las injurias, baldones y blasfemias del ingrato
pueblo, y con tan malos tratamientos como si fueras el hombre más malvado del mundo que
llevaban al suplicio.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas tres caídas que
tuviste con el grave peso de la Cruz, como debilitado y sin fuerzas, y asimismo te ofrezco
aquella grande impiedad con que te levantaron del suelo, tirando de las sogas con que te
llevaban atado.
~ 32 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel sumo desprecio con
que fuiste sacado de la ciudad, cargando con la Cruz, atado, escarnecido y vituperado de
todo el pueblo, y acompañado de unos ladrones, como el más facineroso del mundo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella pena y dolor con que
tu Santísima Madre te iba buscando por las calles de Jerusalén, y habiéndote hallado, la
apartaron luego de tu presencia, haciéndote caminar aprisa al monte Calvario.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella gran flaqueza y
desmayo que sentiste, y no pudiendo por ellos cargar el grave peso de la Cruz, te dieron al
Cirineo, para que te ayudase a llevarla hasta el Calvario.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel intenso dolor que
sentiste cuando con tanta impiedad te arrancaron y quitaron la túnica, que estaba pegada a
las llagas de tu Santísimo Cuerpo, y se renovaron todas las heridas, arrojando por todas ellas
mucha copia de sangre, y en especial de la cabeza, por haberse movido la corona de espinas.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos mortales dolores
que sentiste en las manos en los pies, cuando te clavaron en la Cruz, y asimismo los dolores
de tu Santísima Madre, cuando veía poner los clavos y sentía los golpes.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella oferta sacrosanta que
Tú mismo hiciste al Eterno Padre en el altar de la Santísima Cruz, para redimir al hombre y
abrirnos las puertas del cielo.

SÁBADO

Ofrece los que padeció Nuestro Señor en la Cruz mientras en ella estuvo vivo y pendiente.
Dirás como sigue:

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella suma de todos los
grandes dolores que en tu Divino Cuerpo padeciste, desde los pies a la cabeza, sin haber
parte que no padeciese y fuese atormentada con pena vehementísima.

~ 33 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas tres horas que
estuviste vivo pendiente en la Cruz, con aquellos sumos dolores de las manos, pies y cabeza
por las heridas de los clavos y las espinas.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos terribles dolores que
te ocasionaban las principales llagas de tu Divino Cuerpo, como la del hombro, del espinazo,
de las espaldas, de las rodillas, de los ojos y de algunos huesos fuera de sus lugares.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos dolores mortales
que atormentaban tu piadosísimo Corazón singularmente viendo a tu Santísima Madre al
pie de la Cruz, al amado discípulo y a la penitente y amorosa Magdalena.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas palaras injuriosas
que te gritaban los judíos ingratos, estando clavado en el madero santo de la Cruz.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas fervientes lágrimas
con que estando en la Cruz rogabas al Eterno Padre que perdonase a tus enemigos.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella sed ardientísima que
te atormentaba las entrañas, cuando exclamaste diciendo: “Tengo sed”.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella bebida amarga de
hiel y vinagre que te dieron en una esponja, y gustándola, llenaste de amargura tu santísima
boca.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel doloroso clamor que
diste viéndote desamparado del Padre, de los amigos y discípulos amados, explicando tu
dolor con aquellas palabras: “¡Dios mío, Dios mío¡ ¡¿Por qué me has desamparado?!”

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, la amorosa queja que diste a
tu Eterno Padre, fundada en no te enviaba algún consuelo y alivio para entretener más tu
vida, para que los tormentos y penas que padecías no la acabasen de quitar, por el ardiente
amor y deseo que tenías de estar más tiempo padeciendo en el sagrado leño de la Cruz, en
servicio de tu Padre y provecho de los hombres.

~ 34 ~
Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel sumo y último dolor
que sentiste al separarse tu alma santísima del Cuerpo, encomendando el espíritu en las
manos del Eterno Padre, con aquellas palabras: “Padre mío, en tus manos encomiendo tu
espíritu”.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, todos los dolores, angustias y
trabajos que padeció nuestra Madre Santísima al pie de la Cruz, en su soledad, en la herida
del costado y en tu entierro, hasta que te vio resucitado.

ORACIÓN

Para cada día después de los ofrecimientos para ganar las santas indulgencias concedidas por
cada una de ellos.

D ios Eterno, por tu inmensa clemencia, y en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los
méritos de su Pasión Santísima, te suplico concedas eterno descanso a las afligidas
almas que están detenidas en las acerbísimas penas del Purgatorio, para que cuanto antes
gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También te pido humildemente, Dios
mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo, que perdones los
pecados que yo y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des verdadero
arrepentimiento, para enmendarnos y observar tu divina ley, con los auxilios de tu gracia que
necesitamos, para mejor servirte en esta vida y alabarte por tu infinita misericordia. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN

O
¡
h Dios, Criador y Redentor de las almas! Concede a las de tus siervos y de tus siervas
la remisión de todos sus pecados, para que consigan, por las piadosas oraciones de tu
Iglesia, la indulgencia y el perdón que siempre necesitarán. Por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

~ 35 ~
ORACIÓN A SAN NICOLÁS DE TOLENTINO

O
¡
h glorioso Taumaturgo y Protector de las almas del Purgatorio, San Nicolás de
Tolentino! Con todo el afecto del alma te ruego que interpongas tu poderosa
intercesión en favor de éstas almas benditas, consiguiendo de la divina clemencia la
condonación de todos sus delitos y sus penas, para que saliendo de aquella tenebrosa cárcel
de dolores, vayan a gozar en el cielo de la visión beatifica de Dios. Y a mí, tu devoto siervo,
alcánzame, ¡oh gran Santo!, la más viva compasión y la más ardiente caridad hacia aquellas
almas queridas. Amén.

¡NO OLVIDEN A LOS DIFUNTOS!

Propaganda piadosa del rosario por los difuntos

N o existe, que nosotros sepamos, un Rosario especialmente dedicado a sufragar por las
ánimas enditas del Purgatorio, y que, digno de la aprobación de la Iglesia, pueda ser
adoptado por la piedad de los fieles. Por esto hemos imaginado este Rosario especial, que,
recitado en pro de los difuntos, sea medio permanente de animar y extender tan santa y útil
devoción. Proponemos un Rosario cortísimo, e igualmente muy rico en indulgencias
aplicables a las almas de los finados, conciliando así (con la facilidad que se rece diariamente)

~ 36 ~
el mayor bien de éstas y el seguro aprovechamiento de sus bienhechores. Compónese de
cuatro decenas, es decir, de cuarenta cuentas pequeñas, en honra y memoria de las cuarenta
horas que después de su afrentosa muerte permaneció Nuestro Señor Jesucristo en el
Limbo, o seno de Abraham, a fin de consolar y sacar de él a las almas de los justos que
esperaban su santo advenimiento, y llevarlas consigo a los Cielos. A cada decena acompaña
una cuenta gruesa, y del todo pende una Cruz o medalla.

El modo de rezarlo es el siguiente: Tomada la Cruz o medalla en la mano, se dice el salmo


De profundis (los que lo ignoran rezarán en su lugar un Padrenuestro y un Avemaría), y
luego, al repasar las cuentas, dirán en las gruesas los actos de Fe, Esperanza y Caridad y

V. Dales, Señor, el descanso eterno.


R. Y que las ilumine la eterna luz.
V. De la puerta del Infierno.
R. Libra, Señor, sus almas.
V. Descansen en paz.
R. Amén, Jesús.
En las pequeñas, esta invocación:

“Dulce Corazón de María, ¡sálvame!”

Concluye el Rosario con el De profundis o el Padrenuestro y Avemaría.

Como se ve, este Rosario a la vez es muy corto y está enriquecido con muchas indulgencias,
porque lucra el que lo reza 23,300 días de indulgencias. En efecto: por los actos de Fe,
Esperanza y Caridad se ganan toties quoties; es decir, todas las veces que se digan, siete años
y siete cuarentenas de perdón; y como tales actos se repiten cuatro veces, es claro que se
obtienen con ellos 11,300 días de indulgencias.

De la misma manera, por la invocación “Dulce Corazón de María, salvadme”, se consiguen


300 días (Pío IX, Breve de 30 de Septiembre de 1852) por cada vez que se rece, y como esto
se hace cuarenta veces, resultan 12,000 días de indulgencias.

~ 37 ~
Ahora bien: no siendo necesaria una fórmula determinada para obtener las indulgencias
anexas a la enunciación de los actos de Fe, Esperanza y Caridad, en gracia de la brevedad nos
basta producirlos así:

Dios mío, creo en Ti, porque eres la misma verdad. Espero en Ti, porque eres infinitamente
bueno, y te amo con todo mi corazón y sobre todas las cosas, porque eres infinitamente
perfecto, y por amor a Ti amo a mi prójimo como a mí mismo.

Con tan pocas palabras, se expresa perfectamente el objeto y fin de tales actos, condición
necesaria y bastante para ganar las indulgencias que les están anexas. ¡Quiera Dios que las
personas piadosas procuren con empeño propagar la devoción de este Rosario por los
difuntos, a quienes tanto bien alcanza, siendo el mismo tiempo saludable a los que lo rezan!
Santo Tomás afirmaba que la oración por los muertos es la mejor de todas, y San Francisco
de Sales nos enseña que la caridad con las almas del Purgatorio contiene en sí solas, por su
grande excelencia juntas, todas las obras de caridad.

100 días de indulgencia por cada vez que se diga y responda:

V. Alabado sea Jesucristo.


R. Sea por siempre bendito y alabado.
(Sixto V. Bula Reddituri, de 15 de Julio de 1587)

ROSARIO DE DIFUNTOS MÁS FÁCIL

Postrado en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, pídele te asista en el rezo de
este santo rosario.

Por la señal de la Santa Cruz.

D ispón, Señor, mi corazón con la abundancia de tu gracia, para que con sentimientos de
Fe, Esperanza, Caridad y compasión, penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio,
pueda procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios, que redunde en favor
suyo, gloria tuya y provecho de mi alma. Amén.

~ 38 ~
ACTO DE CONTRICIÓN

A dorable Señor y Redentor mío: humildemente postrado ante tus soberanas plantas,
suplico que te dignes atender a las plegarias de este pobre pecador que, arrepentido de
sus culpas, espera misericordia y gracia. Te lo pido, Señor, para gloria tuya, bien de mi alma
y para que este Rosario te sea agradable y sirva para alcanzar sufragios, que te ofrezco en
favor de los fieles difuntos.

V. Dios mío, atiende a mi socorro.


R. Señor, ayúdame prontamente.
V. Gloria al Padre Eterno, Gloria al Hijo Soberano y Gloria al Espíritu Santo por siglos
infinitos.
R. Amén.
I

C onsideremos en este primer decenario el vivísimo deseo con que estaban las almas del
Purgatorio esperando el feliz momento de ser consoladas con la visita del Redentor
después de su muerte; y meditemos que las almas que al presente se encuentran en aquellas
atrocísimas llamas, están con igual anhelo esperando de nuestra piedad sufragios en
abundancia, que sean capaces de satisfacer por ellas y hacerlas enteramente felices. Pidamos,
por tanto, al Señor y a la Santísima Viren que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones,
que puedan apagar enteramente las llamas en que se abrasan aquellas pobres almas.

Padrenuestro y diez Avemarías.

V. Réquiem aeternam dona eis, Dómine.


R. Et lux perpetua luceat eis.
V. Requiestcant in pace.
R. Amén.
II

C onsideremos en este segundo decenario la dulce sorpresa que experimentaron las almas
del Purgatorio cuando, al comparecer en medio de ellas el Redentor, vieron apagarse el
fuego que las abrasaba, cesando todas las penas que las habían atormentado por tanto

~ 39 ~
tiempo; y meditemos que con nuestros sufragios podemos también nosotros apagar aquellas
llamas tan ardientes y poner fin a aquellas penas que tan fieramente las atormentan.
Pidamos, por tanto, al Señor y a la Santísima Virgen, que concedan tanta eficacia a nuestras
oraciones, que las produzcan el mismo efecto.

Padrenuestro y diez Avemarías.

V. Réquiem aeternam dona eis, Dómine.


R. Et lux perpetua luceat eis.
V. Requiestcant in pace.
R. Amén.
III

C onsideremos en este tercer decenario el gran consuelo que experimentaron las lamas
del Purgatorio cuando vieron por la gracia del Redentor disiparse las tinieblas de
aquella profunda prisión del Limbo, y resplandecer de tanta luz cada una de ellas, que no
quedó mancha alguna de las antiguas culpas; y meditemos que con nuestros sufragios
podemos también nosotros disipar aquellas tinieblas y purificar aquellos espíritus hasta
borrar toda mancha y satisfacer las deudas de sus pasados defectos. Pidamos, por tanto, al
Señor y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que puedan
hacerlas perfectamente dignas a los ojos de Dios.

Padrenuestro y diez Avemarías.

V. Réquiem aeternam dona eis, Dómine.


R. Et lux perpetua luceat eis.

V. Requiestcant in pace.
R. Amén.

IV

C onsideremos en este cuarto decenario la inmensa gloria de que se inundaron las lamas
del Purgatorio cuando fueron sacadas por el Divino Redentor de aquel abismo de
dolores y conducidas gloriosamente a la bienaventuranza; y meditemos que también

~ 40 ~
nosotros, con nuestros sufragios, podemos librarlas de aquella horrenda prisión y hacerlas
felices para siempre en la Gloria celestial. Pidamos, por tanto, al Señor y a la Santísima
Virgen, que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones que puedan abrirles las puertas del
Purgatorio e introducirlas en el deseado gozo del Cielo.

Padrenuestro y diez Avemarías.

V. Réquiem aeternam dona eis, Dómine.


R. Et lux perpetua luceat eis.

V. Requiestcant in pace.
R. Amén.

ORACIÓN

O
¡
h Jesús! ¡Oh María! ¡Esperanza, salud y felicidad de todos los fieles! Desde lo
profundo de sus miserias a ustedes se vuelven las desconsoladas almas del Purgatorio e
imploran el beneficio tu Sangre ¡oh Jesús! y el fruto de tus dolores ¡oh María! Esta Sangre,
estos dolores, que fueron de tanta eficacia la primera vez en el Calvario, y que rompieron
todo lazo de iniquidad en el mundo, libren de sus penas a las almas del Purgatorio y por los
méritos de tan Preciosa Sangre sean salvadas de tan acerbos dolores y conducidas libres al
Cielo aquellas pobres prisioneras, y especialmente el(las) alma(s) de N., N., por la(s) cual(es)
te pido con todo el fervor de mi espíritu.

LETANÍAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Señor,…………………..Ten piedad de nosotros.


Cristo,…………………..Ten piedad de nosotros.
Señor,……………………Ten piedad de nosotros.
Cristo,…………………..Óyenos.
Cristo,…………………..Escúchanos.

Dios Padre celestial,…………………………………Ten piedad de nosotros.


Dios Hijo redentor del mundo,…………………Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo,…………………………………Ten piedad de nosotros.

~ 41 ~
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios,…Ten piedad de nosotros.

Santa María,………….................Ruega por nosotros

Santa Madre de Dios, Vaso precioso de la gracia,


Santa Virgen de las vírgenes, Vaso de verdadera devoción,
Madre de Cristo, Rosa mística,
Madre de la divina gracia, Torre de David,
Madre purísima, Torre de marfil,
Madre castísima, Casa de oro,
Madre virgen, Arca de la alianza,
Madre inmaculada, Puerta del cielo,
Madre amable, Estrella de la mañana,
Madre admirable, Salud de los enfermos,
Madre del buen consejo, Refugio de los pecadores,
Madre del Creador, Consuelo de los afligidos,
Madre del Salvador, Auxilio de los cristianos,
Madre de la Iglesia, Reina de los Ángeles,
Virgen prudentísima, Reina de los Patriarcas,
Virgen venerable, Reina de los Profetas,
Virgen laudable, Reina de los Apóstoles,
Virgen poderosa, Reina de los Mártires,
Virgen misericordiosa, Reina de los Confesores,
Virgen clemente, Reina de las Vírgenes,
Virgen fiel, Reina de todos los Santos,
Espejo de justicia, Reina concebida sin pecado original,
Trono de la eterna sabiduría, Reina subida al cielo en cuerpo y alma,
Causa de nuestra alegría, Reina del Sacratísimo Rosario,
Vaso espiritual de elección, Reina de la paz,

~ 42 ~
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.
Óyenos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad y misericordia de nosotros.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en
favor de las benditas almas del Purgatorio, y líbralas de sus penas, ¡oh Virgen siempre
gloriosa y bendita!

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.


R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Oración

¡Oh Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres!
Imploramos tu clemencia para que por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, y
por la de todos los Santos, hagas que lleguen a participar de la eterna bienaventuranza todos
nuestros hermanos, parientes y fieles difuntos que han pasado de esta vida a la otra. Por
Nuestro Señor Jesucristo, tu Divino Hijo. Amén.

~ 43 ~
OCHO SÚPLICAS
A
NUESTRO PADRE JESÚS
POR LAS
ALMAS BENDITAS DEL PURGATORIO

O
¡
h piadosísimo Jesús mío! Por aquel sudor de sangre que padeciste en el huerto de
Getsemaní, apiádate de la Benditas Almas del Purgatorio, y en particular de aquellas
que fueron más devotas del misterio de la Santísima Trinidad.

Pater, Ave, Requiem.

II

O
¡
h piadosísimo Jesús mío! Por los cruelísimos tormentos que padeciste en el misterio
de los azotes, apiádate de las Ánimas Benditas, y en particular de aquellas que fueron
más devotas de tu Preciosísima Sangre. ¡Oh Padre amantísimo! Ten piedad de ellas.

Pater, Ave, Requiem.

III

O
¡
h piadosísimo Jesús mío! Por los dolores intensos que sufriste en tu penosísima
coronación de espinas, apiádate de las Ánimas Benditas, y en particular de aquellas
que fueron más devotas de tu Divino Corazón. ¡Oh Padre amantísimo! Ten piedad de ellas.

Pater, Ave, Requiem.

IV

O
¡
h piadosísimo Jesús mío! Por las angustias que sufriste al subir cargando con la Cruz
por el camino del Calvario, apiádate de la Ánimas Benditas, y en partículas de aquellas
que están por salir de tan triste y dura cárcel. ¡Oh Padre amantísimo! Ten piedad de ellas.

Pater, Ave, Requiem.

~ 44 ~
V

O
¡
h piadosísimo Jesús mío! Por los desmayos que sufriste en tu cruelísima crucifixión,
apiádate de las Ánimas Benditas, y en particular de aquellas que fueron más devotas
de tu Santísima Madre. ¡Oh Padre amantísimo! Ten piedad de ellas.

Pater, Ave, Requiem.

VI

O
¡
h piadosísimo Jesús mío! Por las penas que padeciste en la Cruz durante las tres horas
de tu amarguísima agonía, apiádate de la Benditas Ánimas y en particular de aquellas
que se hallan más abandonadas de sufragios. ¡Oh Padre amantísimo! Ten piedad de ellas.

Pater, Ave, Requiem.

VII

O
¡
h piadosísimo Jesús mío! Por el intenso dolor que padeciste cuanto tu alma se separó
del cuerpo, apiádate de la Benditas Ánimas, y en particular de aquellas que fueron
más devotas de Dolorosísima Pasión. ¡Oh Padre amantísimo! Ten piedad de ellas.

Pater, Ave, Requiem.

VIII

O
¡
h piadosísimo Jesús mío! Por los vivísimos dolores y angustias mortales que sufrió tu
Santísima Madre al pie de la Cruz durante tus agonías, apiádate de las Benditas
Ánimas, y en particular de aquellas por la cuales tengo más obligación de orar. ¡Oh Padre
amantísimo! Ten piedad de ellas.

Pater, Ave, Requiem.

V. Señor, atiende mi oración.


R. Y mis clamores lleguen hasta Ti.

~ 45 ~
OREMOS

S eñor Dios, Criador y Redentor de todos tus fieles: concede a las almas de tus siervos el
perdón de todos sus pecados, a fin de que por nuestros piadosos ruegos alcancen de Ti la
indulgencia que siempre desearon. Hazlo, Señor Jesucristo, Tú que vives y reinas con Dios
Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN

Antes de la meditación

Preparación remota. Evita la soberbia, sensualidad y disipación de ánimo. Adquiere las


virtudes contrarias: mortificación, humildad y recogimiento interior.

Preparación próxima. Léase la meditación el día antes. En despertando, sea el primer


pensamiento sobre lo que has de meditar. Procura ir con ánimo tranquilo. Fomenta afectos
conforme a la meditación.

En la meditación

PRINCIPIO

Puesto de pie, piensa que tienes a Dios presente. Adórale de rodillas. Oración preparatoria.

Preludios. Piensa brevemente lo que vas a meditar. Pide a Dios la gracia especial de que te
ilumine el entendimiento y te mueva la voluntad.

MEDIO

Memoria: Repasa en tu memoria la materia de la meditación.

Entendimiento: 1° ¿Qué debe considerar? 2° ¿Qué resoluciones debes inferir? 3° ¿Por qué
motivos? Decente, útil, fácil, agradable, necesario. 4° ¿Cómo lo has observado hasta ahora?
5° ¿Qué debes hacer en adelante? 6° ¿Qué obstáculos has de apartar? 7° ¿Qué medios
escoger?

Voluntad. Durante la meditación excita afectos más con el corazón que con la boca.
~ 46 ~
Haz propósitos: Al fin de cada materia práctica.- Prácticos.-Particulares.-Acomodados al
presente estado.-Fundados en motivos sólidos.-Humildes.-Pidiendo el auxilio divino.

FIN

Resumen de los propósitos confirmándose en ellos.-Ramillete sacado de la Sagrada


Escritura o de los Santos Padres, si fuese posible, con el cual se recuerde toda la materia
meditada.- Coloquio a Jesucristo, a la Virgen María o a otro Santo.

Después de la meditación

Concluida, se examina: si hallas faltas, para enmendarlas; sino, para dar gracias a Dios y
proseguir de la misma manera.

Las faltas pueden ser, entre otras, las siguientes:

Si no preparé u oí los puntos con atención.- Si no previene los preludios y el fruto que había
de sacar.-Si antes de dormirme y al despertarme ni recapacité los puntos brevemente (se
entiende para la meditación de la mañana siguiente).-Si al empezar no adoré a Dios
profundamente con un acto de fe.-Si no hice la oración preparatoria.-Si omití la
composición del lugar.-Si la petición.-Si no estuve exteriormente con la debida
compostura.-Si no ejercité el entendimiento discurriendo y reflexionando detenidamente.-Si
no apliqué lo que meditaba a mi utilidad y ventaja.-Si no ejercité particularmente la voluntad
excitándome a los afectos que el asunto requería o a que me sentí movido.-Si no descendí a
resoluciones o propósitos particulares.-Si no hice uno o más coloquios.-Si no estuve
distraído, y por qué.-Si no me detuve cuando hallé devoción, o tuve ansia de pasar adelante.-
Si no estuve con particular respeto en el tiempo de los afectos y coloquios.- Si he sentido
desconsuelo, aridez o turbación, cuáles y de dónde procedieron.-Si no completé la hora o
tiempo señalado, y si no gasté algo más por lo mismo que me sentía con pesadez y dificultad.

En seguida se escriben brevemente los pensamientos, deseos y propósitos.

PRÁCTICA DE LOS EXÁMENES GENERAL Y PARTICULAR

Puesto, en pie, y alzando por un instante el corazón a Dios, considera que está presente y te
mira. Hazle reverencia.

~ 47 ~
1° Dar gracias por los beneficios recibidos de Naturaleza: Creación, conservación y benéfica
providencia.

Gracia, redención, justificación, sacramentos, admirable paciencia y misericordia, de la


vocación a la fe, por las gracias particulares del día.

Gloria en la otra vida.

2° Pedir la luz de Dios para conocer los pecados, faltas e imperfecciones, y gracia para
dolerse de ellas y extinguirlas.

3° Examen particular.-Pide a tu alma cuenta, examinándote hora por hora, del pecado o falta
particular de que quieres corregirte. Examina si en despertando, o después del examen de la
mañana, propusiste guardarte diligentemente de caer en este defecto o falta: si cada vez que
faltaste te pusiste la mano en el pecho, doliéndote de haber caído. Apunta las faltas y coteja el
examen de la noche con el de mediodía y el del día anterior, y el de esta semana con el de la
otra anterior.

Examen general.-Examínate también, hora por hora, de los pecados cometidos en el día por
pensamiento, palabra y obra.

Por la mañana: levantarse, ofrecer obras, meditación, con sus adivinaciones y examen, visitas
al Santísimo, desayuno, rezo, estudio, clases.

Por la noche.-Comida, recreación, estudio, clases, rosario, lectura espiritual, visitas al


Santísimo, recreación, letanías, puntos.

4° Pedir perdón a Dios de las fallas.-Motivos de dolor. Las penas del Purgatorio, los grados
de gloria perdidos, el peligro de caer en faltas mayores y de no llegar jamás a ser perfecto, con
daño propio y de muchas almas; tu ingratitud con Dios, al suma bondad, majestad de Dios…

Afectos de temor, confusión, dolor, odio, amor y confianza.

Pedir a Dios perdón por el Sagrado Corazón de Jesús, por intercesión del Corazón
Inmaculado de María, de los Santos Ángeles, Patronos, San Ignacio y demás Santos de la
Compañía de Jesús, y por el Santo del día.

~ 48 ~
5° Propósitos.-Propón la enmienda con la gracia de Dios, averigua las raíces de los pecados y
faltas, las ocasiones en la vida poco ordenadas y los remedios necesarios. Propón reformarte
con más diligencia. Invoca como testigos, y para que te ayude en tus propósitos, a Nuestro
Señor Jesucristo, a María Santísima, a San José, los Santos Ángeles, Patronos, San Ignacio y
demás Santos de la Compañía de Jesús que gozan de Dios en el Cielo.

ORACIÓN
Por las benditas almas del Purgatorio

D ígnate, adorable Salvador mío, por tu Preciosa Sangre, por tu dolorosa Pasión y
cruelísima muerte, por los tormentos que tu augusta Madre sufrió al pie de la Cruz,
cuando te vio exhalar el último aliento: dígnate dirigir una mirada de piedad al seno
profundo del Purgatorio y sacar de allí las almas que gimen privadas temporalmente de tu
vista, y que suspiran por el instante de reunirse contigo en el Paraíso celestial.
Principalmente te pido por el (las) alma(s) de N., N., y de aquellos por quienes más
particularmente debo pedir. No desoigas, Señor, mis ruegos, que uno a los que por todos los
fieles difuntos te dirige nuestra Santa Madre la Iglesia Católica, a fin de que tu misericordia
las lleve allá donde con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén, Jesús.

ORACIÓN
para ofrecer las indulgencias por
las benditas almas del Purgatorio

S eñor Dios mío, te ofrezco estas indulgencias por el ánima de N., y lo que ellas no hubiere
menester de esta satisfacción te suplico lo apliques, como se lo aplico, al ánima que,
según el orden de caridad, más cerca está de salir del Purgatorio, o al ánima que más
necesidad y desamparo tiene; y en caso de igualdad, escojo y prefiero a la que Tú, mi Dios,
sabes que me inclinaría si delante la tuviera. Amén, Jesús.

~ 49 ~
Devoción
de los
“CIEN REQUIEM”
en sufragio de las almas del Purgatorio

M ucha son las gracias que se refiere haberse obtenido por mediación de las benditas
almas del Purgatorio, mediante la devoción carmelitana de los Cien Requiem, que se
practica generalmente en Italia, cuya relación copiamos de un librito titulado: Origen,
privilegios, deberes e indulgencias del Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen.

Una persona devota escribía sobre esto lo que sigue: “Creería faltar a la gratitud que me
merecen las almas del Purgatorio si guardase silencio acerca de una gracia que obtuve por
intercesión de las mismas.

“Dedicado como me hallo al comercio, durante cuatro semanas me encontré en gravísima


angustia, atendiendo que hallándome comprometido con el próximo vencimiento de
empeños y otros compromisos del negocio, por circunstancias imprevistas me encontraba
imposibilitado de satisfacerlos. Con la siguiente agitación expliqué mis congojas a una
persona piadosa, a cual me aconsejó que implorase la asistencia de las almas del Purgatorio, a
las que yo ya confesaba mucha devoción. Dicha persona me enseñó que recitara cada día los
Cien Requiem a las benditas almas, pidiéndoles la gracia de verme socorrido. Practiqué con
gran fervor dicho piadoso ejercicio, y por medios del todo inesperados, que nadie había
podido imaginar, me he encontrado provisto y socorrido de tal manera, que a su debido
tiempo he podido cumplir todos los vencimientos de mi establecimiento. Continúo recitando
cada día los Cien Requiem, y he hecho celebrar cinco Misas en sufragio de los muertos, y
aún mandaré celebrar más para atestiguar mi gratitud a aquellas almas benditas”

Santa Catalina de Bolonia dejó escrito que muchas veces se obtienen más fácilmente las
gracias que deseamos por medio de las lamas buenas que están en pena, que por la
intercesión de los Santos.

~ 50 ~
MODO DE REZAR LOS 100 REQUIEM

Esta saludable práctica consiste en 10 Padrenuestros y 100 Requiem. Para esto, cada cual
puede servirse del Rosario común o de 5 decenas, recorriéndolas 2 veces, con lo que se forma
el centenar.

Después de la señal de la santa Cruz, se empieza con esta deprecación:

“Ánimas santas, almas que están purgando, rogad a Dios por mí, que yo suplicaré por
ustedes a fin de que, cuanto antes, se os conceda la gloria del Paraíso”

En seguida, se dice 1 Padrenuestro, Avemaría, Gloria Patri y luego 10 veces:

“Requiem æternam dona eis, Dómine. Et lux perpetua luceat eis ”

Finalizada la primera decena se repite Padre nuestro y se dice la segunda, y así sucesivamente
hasta que se completen los 10 Padrenuestros y 100 Requiem, añadiendo al último el salmo
De profundis clamavi, etc., con otro Requiem al final.

Seguidamente será muy útil añadir en sufragio de las propias almas las siguientes oraciones o
jaculatorias, en memoria de los 7 principales derramamientos de la Preciosa Sangre de
Nuestro Señor Jesucristo:

1° ¡Oh dulcísimo Jesús! Por el sudor de Sangre que padeciste en el huerto de Getsemaní,
tened piedad de las almas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N. N., y de la
que más se halle olvidada… Requiem, etc.

2° ¡Oh dulcísimo Jesús! Por los dolores que sufriste en tu cruelísima flagelación, ten piedad
de as lamas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N. N., y de la que se
encuentre más olvidada… Requiem, etc.

3° ¡Oh dulcísimo Jesús! Por los dolores que padeciste en tu agudísima coronación de espinas,
ten piedad de las benditas almas del Purgatorio, especialmente de la de N. N., y de la que
esté más abandonada… Requiem, etc.

~ 51 ~
4° ¡Oh dulcísimo Jesús! Por los dolores que experimentaste al llevar la Cruz a cuestas hasta
el Calvario, ten piedad de las almas benditas del Purgatorio, especialmente de la de N. N., y
de la que sea tenida en mayor olvido… Requiem, etc.

5° ¡Oh dulcísimo Jesús! Por los dolores que aguantaste en tu crucifixión tan cruel, ten
piedad de las benditas almas del Purgatorio, especialmente de la de N. N., y de la que se halle
más olvidada… Requiem, etc.

6° ¡Oh dulcísimo Jesús! Por los dolores que hubiste de padecer en la agonía que pasaste
sobre la Cruz, ten piedad de las benditas almas del Purgatorio, especialmente de la de N. N.,
y de la que se encuentre menos socorrida... Requiem, etc.

7° ¡Oh dulcísimo Jesús! Por aquel dolor inmenso que sufrió tu alma santísima cuando expiró
sobre la Cruz, ten piedad de las benditas almas del Purgatorio, especialmente de la N. N., y
de que obtenga menos sufragios… Requiem, etc.

Por último podrá terminarse tan propio como provechoso ejercicio recitando la siguiente:

~ 52 ~
ORACIÓN
EN SUFRAGIO DE LAS ALMAS DE
LOS COFRADES DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

T
e ofrezco ¡oh piadosísimo Jesús! en beneficio de las almas de los Hermanos y de las
Hermanas de la Cofradía de la bienaventurada Virgen del Carmen, todos y cada uno de
los sufrimientos de tu dolorosísima Pasión, tu muerto oprobiosa en la Cruz y la Preciosa
Sangre que derramaste para nuestra redención. Y Tú ¡oh Santísima Virgen! que con tantos
favores las distinguiste en la tierra y las aceptaste en tu Hermandad, seles ahora propicia,
acordándote de la promesa que tienes hecha a cuantas hubiesen llevado devotamente el
Sagrado Escapulario, que Tú misma les bajaste del Cielo. Líbralas de aquella cárcel de
tormentos y condúcelas a la Gloria, en donde puedan cantar eternamente las divinas
misericordias. Amén.

1 Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri, De Profundis.

V. De las puertas del infierno.


R. Líbralas ¡Oh Señor!

~ 53 ~
V. Descansen en paz.
R. Así sea.

V. Señor, oye mi oración.


R. Y mi clamor llegue a Ti.

ORACIÓN

O
¡
h Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres!
Imploramos tu clemencia, para que, por la intercesión de la Bienaventurada siempre
Virgen María, y por la de todos los Santos, hagas que lleguen a participar de la eterna
bienaventuranza todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores difuntos que han
pasado de esta vida a la otra. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.

V. Señor, dales eterno descanso.


R. Y luzca para ellos la luz perpetua.

V. Descansen en paz.
R. Así sea.

ORACIÓN

Pío VII, en 10 de abril de 1821, concedió indulgencia plenaria, aplicable a un alma del Purgatorio, a los
que, confesados y comulgados, digan devotamente la oración que sigue ante una imagen de Cristo
crucificado. Y los que, confesados cada 8 días, comulgasen más a menudo, podrán ganarla cada día que
comulguen, según consta del decreto del mismo Pontífice (12 de junio de 1822). Mas confirmando Pío
IX esta indulgencia, ordena que por algún espacio de tiempo se ruegue a la intención de su Santidad (31
de julio 1831).

M írame ¡oh mi amado y bue Jesús! postrado en tu santísima presencia; te ruego con el
mayor fervor imprimas en mi corazón los sentimientos de Fe, Esperanza y Caridad,
dolor de mis pecados y propósito de jamás ofenderte, mientras que yo, con todo el amor y
con toda la compasión de que soy capaz, von considerando tus cinco llagas, comenzando por
aquello que dijo de Ti ¡oh mi Dios! El santo profeta David: “Han taladrado mis manos y mis
pies, y se pueden contar todos mis huesos”.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

~ 54 ~
CONFESIÓN Y COMUNIÓN

ORACIÓN
para antes de la confesión

T e adoro, Salvador mío, compareciendo delante de tu Padre, abrumado bajo el peso de


mis pecados, como si Tú mismo los hubieses cometido. Yo soy, Dios mío, el culpable;
¿no es también justo que lleve la vergüenza que devore su amargura? Dame ánimo para
declarar todos mis pecados sin disimulo alguno, a fin de que satisfaga a la divina justicia y
evite la condenación eterna. ¡Ay! Tú vez mi alma toda desfigurada por la fealdad del pecado,
vuelve a estampar en ella tu imagen por la virtud del sacramento de la Penitencia, has que
encuentre en él el perdón de mis faltas y las luces para portarme bien en adelante. Amén.

ORACIÓN
para antes del examen

E n tu presencia, Dios mío, voy a considerar las llagas que el pecado ha hecho en mi alma,
ven, Señor, en mi ayuda, que sin Ti no las podría descubrir. Espíritu Santo, eterna luz
disipa mis tinieblas, muéstrame todo lo que te desagrada en mi corazón, y has que conozca
mis infidelidades y mis ingratitudes, y vea mis pecados como Tú mismo los vez. Amén.

Sentimientos de contrición

P
¡
equé, Señor, pequé! ¿Cómo al pensarlo no se me parte de dolor mi corazón? ¿Cómo no
se deshacen mis ojos en lágrimas? ¡Haber ofendido a un Dios tan bueno, tan amable,
tan benéfico; haberle ofendido después de promesas tantas veces reiteradas de no volver a
ofenderle; haber hundido la lanza en el Corazón de Jesús que es la misma bondad y amor, y
no morir de pesar! ¡Corazón herido por mis pecados! Traspasa el mío de dolor, hiere este
corazón de piedra, y has salir de él lágrimas de una viva contrición. ¡Dios mío! Detesto todas
mis infidelidades, renuncio a ellas de todo corazón… ¡Ah! Aparta tu vista de mis ingratitudes;
atiende tan sólo a mi dolor o más bien al dolor que de ellas tuvo Jesucristo, mi Salvador;
contempla sus lágrimas, su Preciosa Sangre, sus llagas, su Corazón, y en vista de todo ello
perdóname mis pecados. Amén.

~ 55 ~
Después de la confesión

B endice, alama mía, al Señor, y todo lo que haya en mí rinda homenaje a su adorable
Corazón. Él es quien perdona nuestros pecados, quien cura nuestros males, quien nos
libra de la muerte y nos colma de sus beneficios. Su paciencia es grande y su bondad infinita.
Él conoce nuestra flaqueza y se acuerda de que no somos sino polvo.

¡Justicia de mi Dios! Yo no tengo con qué satisfacer por mis pecados; pero yo te ofrezco los
méritos de mi Salvador, que son de un valor infinito.

Te presento el Corazón de Jesús; y si no tengo todo el dolor que exigen mis culpas, mira el
dolor que de ellas tuvo este adorable Corazón. Esa llaga profunda y la Preciosa Sangre y
Agua que de ella manan, abogan por mí y dan testimonio de que el Verbo Divino ha
satisfecho por todas mis faltas.

¡Dios mío! Perdona mi vanidad y orgullo en consideración de la humanidad de tu Hijo;


perdona mis aversiones y mis iniquidades a causa de su inmensa caridad; perdona mis
impaciencias por su mansedumbre, y mis mortificaciones por la sed que padeció en la Cruz.
¡Oh Corazón de Jesús! Sé mi Redentor, como eres mi fortaleza y sostén.

Si aún exiges de mí, Dios mío, alguna otra satisfacción, me someto a tu voluntad y acepto sin
reserva todas las aflicciones, todos los males que durante la vida me puedan sobrevenir. Ya
vengan de Ti, ya de parte de las criaturas, todo lo acepto según las disposiciones de tu Divina
Providencia. Con el mismo espíritu acepto la penitencia que me ha impuesto el confesor, y la
acepto con un verdadero deseo de reparar tu honor ultrajado por mis pecados, uniéndolo
todo, Salvador mío, a los dolores de tu Santísima Pasión y muerte. Que la abundancia de tus
méritos y la inmensa caridad de tu Corazón suplan la imperfección y la insuficiencia de mis
obras. Amén.

~ 56 ~
¡DÓMINE NON SUM DIGNUS!

Señor, yo no soy digno


de que en la vil morada
de mi abatido pecho
te llegue a hospedar;

En tu presencia santa, te rendirá, entusiasta,


soy alma desgraciada, sublime oración.
soy átomo impalpable,
¡Señor, yo no soy digno!...
soy menos que la nada;
Ignoro cómo puedo ¡Oh grandes maravillas
llegarme hasta tu altar. Misterio soberano
de amor, de paz, de gloria,
¡Señor, yo no soy digno!...
de inmensa caridad!
Los cielos y la tierra, ¡Oh dulce Sacramento
tu inmensidad sublime que al pobre ser humano
no pueden contener; infundes nueva vida,
es polvo cuanto el orbe y desde el polvo vano
de noble y grande encierra lo elevas hasta el Cielo
si a Ti se le compara: con noble majestad!
tu Majestad me aterra,
¡Señor, yo no soy digno!...
¡Tu Majestad, que apenas,
acierto comprender! Cuando asombrado admiro
la gloria que atesoras
¡Señor, yo no soy digno!...
y al hombre comunicas
Pero con ansia ardiente, con infinito amor,
con gran afán te busca, olvídome del mundo…
te llama el corazón: deslízanse las horas
Señor, una palabra veloces como el rayo…
pronuncia solamente, y dulces, seductoras,
y el alma recobrando visiones inefables,
sus fuerzas de repente, consuelan mi dolor.

~ 57 ~
¡Señor, yo no soy digno!... pero te adoro humilde,
y toda mi existencia
Entonces aborrezco
la diera por tu gloria
lo que antes adoraba,
que siempre ambicioné.
conozco lo que vales,
comprendo lo que soy; ¡Señor, yo no soy digno!...
suspiro por la dicha
¡Ven, pues, delicia pura,
feliz que no se acaba…
del serafín ardiente,
recuerdo que la gracia
encanto de los Ángeles
constante me llamaba
que en torno del altar
desde mi edad temprana,
te adoran noche y día!...
y el corazón te doy.
con ansiedad creciente
¡Señor, yo no soy digno!... te busco fatigada,
Señor omnipotente:
Que Tú eres el compendio
¡Tú solo eres quien puede
de cuanto grande admiro,
mi espíritu llenar!
y en Ti su omnipotencia
reconcentró el Señor. ¡Señor, yo no soy digno!...
Allí adentro el Santuario,
Grandeza incomprensible,
oculto en el retiro
desciende de la nada,
existes ¡oh prodigio
desciende hasta tu sierva,
de amor que yo aspiro,
y elévala hasta Ti,
y a quien celebra el Cielo
¡oh, ven, dulce consuelo
con cántico de amor!
del alma acongojada,
¡Señor, yo no soy digno!... la vida de mi vida,
la prenda idolatrada
Señor, como ninguna
del alma que te adora
soy pobre en tu presencia;
con ciego frenesí!
desnuda de virtudes,
en Ti las hallaré… ¡Señor, yo no soy digno!...
Mi pequeñez es tanta
Ven, y reposa amante
cual es tu omnipotencia,
dentro del pecho mío,

~ 58 ~
anímame en la lucha la huella de tu planta;
terrible contra el mal; Señor, has que existiendo,
sostenme sin vacilo, tan sólo para amarte,
que en tu bondad confío, repose el corazón.
bajo tu dulce amparo
¡Señor, yo no soy digno!...
las penas desafío
y espero resignada Y que al llegar la muerte,
la gloria celestial. la dulce mensajera,
que nadie sin espanto
¡Señor, yo no soy digno!...
contempla junto a sí,
Ven, y con flecha ardiente gozosa te reciba,
mi corazón hiriendo, con dicha placentera,
despréndame de todo, dulcísimo amor mío,
consuma en Ti mi unión. para que alegre muera…
Que amante cual ninguna, ¡La muerte de la vida,
feliz vaya siguiendo pues nos acerca a Ti!

DESEOS DE COMULGAR

O
¡
h gran Señor! ¡Quién tuviera los deseos de todos los Santos y Santas que con más
fervorosos afectos han deseado recibirte; los de Santa Marta, para hospedarte, y los de
su hermana, para no apartarme un punto de tus pies!

¡Quién tuviera los encendidísimos deseos y afectos de la Santísima Virgen, para recibirte,
agradarte y servirte!

¡Quién tuviera la grandeza de los Cielos, al pureza de los Ángeles y el abrazado amor delos
Serafines!

¡Quién poseyera todas las virtudes, para convidarte, Señor, que vinieras a mi morada!

¡Oh, qué dichoso fuera yo, si en gracia recibiera al Autor de la vida, para tenerle en mi alma!

¡Qué rico estuviera yo poseyéndote en gracia y con pureza!

~ 59 ~
¡Venid, Señor, a mí, pues puedes; que si yo pudiera, no saldrías de mí eternamente!

¡Oh Señora mía benditísima! ¡Alcánzame este bien de tu Hijo!

Virgen Santísima, Serafines, almas que aman a Dios con puro amor,, comuníquenme sus
afectos, para que haga la compañía que debo a mi amado Señor.

PARA DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

D ios mío y Señor mío, te doy gracias por el favor que me has hecho de venir a habitar en
mi pobre alma; yo quisiera darte un agradecimiento digno de tu Majestad y del grande
honor que me has hecho.

M i Madre y Señora María Santísima, Santos mis abogados, Ángel de mi guarda, almas
que viven abrasadas en el amor de Dios, vengan a ver y admirar el excesivo favor que
ahora me hace, y denle por mí las gracias.

ACTO DE OFRECIMIENTO

S
¡
eñor! Ya que te dignaste visitar la pobre casa de mi alma, te la ofrezco con toda mi
libertad y voluntad; Tú me has entregado todo, y yo quiero dar todo a Ti; sí, mis
potencias y sentidos sean ya todo tuyos, para que no se empleen sino en tu obsequio; el
entendimiento sólo me sirva para pensar en tu infinita bondad, y la voluntad sólo para
amarte.

También te consagro y ofrezco todo cuanto tengo, mis pensamientos, mis afectos, mis
deseos, mis gustos, mis inclinaciones y mi libertad. En fin, mi cuerpo y mi alma.

Acepta ¡oh Majestad infinita! El sacrificio que de sí mismo te hace el pecador más ingrato
que hay sobre la tierra; pero que ahora se entrega y pone todo sin reserva en tus divinas
manos. Has, Señor, de mí lo que te agrade. ¡Ven, oh fuego consumidor, oh amor divino!
Destruye en mí todo lo que no agrada a tus purísimos ojos; has que de hoy en adelante sea
todo tuyo, y viva solamente para cumplir y obedecer, no sólo tus preceptos y consejos, sino
también tus santos deseos y tu mayor gusto. Amén.

~ 60 ~
EJERCICIO
DEL

SANTO VÍA CRUCIS

Congregados los que hubiesen de practicar este piadosísimo ejercicio en el lugar de la primera estación y de
rodillas, besarán la tierra, y hecha la señal de la Cruz, dirán el siguiente:

ACTO DE CONTRICIÓN

S eñor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser
quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, pésame en el alma y con todo mi
corazón de haberte ofendido; propongo firmemente von tu gracia nunca más pecar, y
apartarme de toda ocasión de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere
impuesta: ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y confío en
tu divina bondad y misericordia infinita que me perdonarás por los méritos de tu
Preciosísima Sangre, Pasión y muerte, y me darás la gracia para enmendarme y perseverar en
tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Así sea.

Luego el que ofreciere, dirá en voz alta (acompañándole los demás con el corazón) el
siguiente:

~ 61 ~
OFRECIMIENTO

A
mantísimo Jesús, Redentor, salud y vida de nuestras almas: en unión de aquella divina
intención con que en la tierra oraste a tu Eterno Padre, te ofrezco y presento (por mí y
por todos mis prójimos) este espiritual ejercicio, en memoria, honor, reverencia y culto de tu
Sagrada Pasión y muerte, y de cuantos pasos diste ¡oh amantísimo Dios! por nuestro
remedio y rescate. Y pretendo ganar todas las indulgencias que han concedido tus Vicarios
en la tierra, y te lo ofrezco todo en remisión de mis pecados y de las penas merecidas por
ellos, o por las almas de mis mayores obligaciones, y sobre todo, por las Almas Benditas del
Purgatorio, según el orden de caridad o justicia que debo y puedo hacer. Finalmente, te
suplico, dueño y Señor mío, por el remedio de todas las necesidades comunes y particulares
de la santa Iglesia, por la exaltación de nuestra santa fe católica, paz y concordia entre los
príncipes cristianos, extirpación de las herejías, conversión de los infieles y pecadores, y
cuanto sea conforme a tu divino beneplácito y espiritual aprovechamiento nuestro, para que,
empleados en servirte, imitando tus divinos pasos, sea nuestro fin en tu amistad y gracia para
alabarte en eternidad de gloria. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

~ 62 ~
PRIMERA ESTACIÓN

Besan la tierra todos, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Considera, alma, en esta primera estación que es la casa de Pilatos, donde fue
rigurosamente azotado el Redentor del mundo, coronado de espinas, y sentenciado a muerte.
Breve meditación

ORACIÓN

O
h suavísimo Jesús, que quisiste ser tenido como vil esclavo delante del sacrílego
¡ pueblo, esperando la sentencia de muerte que contra Ti daba el tirano Juez! Te
suplico, Señor mío, que por esta mansedumbre tuya, mortifique yo mi soberbia, para que,
sufriendo con humildad las afrentas de esta vida, logre gozarte en la eterna gloria. Amén.
V. Señor pequé, ten misericordia de mí.
R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

SEGUNDA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Considera, alma, en esta segunda estación, cómo es el lugar donde a nuestro amado Jesús
le pusieron en sus lastimados hombros el grave peso de la Cruz.
Breve meditación

~ 63 ~
ORACIÓN

O
h Rey supremo de los cielos, que sufriste ser entregado a la voluntad de los judíos
¡ para ser cruelmente atormentado, y recibiste el grave peso de la Cruz. Ruego,
Señor, me des favor para que tome gustoso la Cruz de la penitencia, a fin de que pueda verte
y te abrace en el Cielo! Amén.
V. Señor pequé, ten misericordia de mí.
R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.


TERCERA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Considera alma, en esta tercera estación, cómo es el lugar donde caminando el Señor con
la Cruz a cuestas, gimiendo y suspirando, cayó en tierra debajo de la Santa Cruz.

Breve meditación
ORACIÓN

O
¡
h amabilísimo Jesús, que fatigado con la Cruz te obligó a caer en tierra el grave peso
de ella, para que conociésemos la gravedad de nuestros pecados figurados en ese
sagrado madero! Ruego a tu divina clemencia me des gracia para que me levante de la culpa,
y que esté siempre firme en el cumplimiento de tus mandamientos. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

~ 64 ~
CUARTA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Considera alma, en esta cuarta estación, cómo es el lugar donde caminando el Señor con
la Santa Cruz a cuestas, se encontró con su Santísima Madre triste y afligida.

Breve meditación
ORACIÓN

O
¡
h Señora, la más angustiada de las mujeres! Por el cruel dolor que traspasó tu corazón
mirando a Jesús tu Hijo, afeado su rostro, denegrido su Cuerpo, y hecho oprobio de
los hombres; te ruego, Madre afligida, que pues fui la causa de tus dolores, los llore
amargamente. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

QUINTA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla alma, en esta quinta estación como es el lugar donde alquilaron a Simón
Cirineo, para que ayudase a llevar la Cruz a Nuestro Redentor, no movidos de piedad, sino
temiendo se les muriese en el camino, por el grande peso de la Cruz.

Breve meditación

~ 65 ~
ORACIÓN

O
¡
h amantísimo Jesús! Pues por mi amor llevaste la muy pesada Cruz, y quisiste que en
persona del Cirineo te ayudásemos a llevarla, te suplico, Señor, me abrace con la cruz
de mi estado, para que, siguiendo tus pasos consiga los gozos eternos. Amén

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

SEXTA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla, alma, en esta sexta estación cómo es el lugar donde la mujer Verónica, viendo
a Jesús tan fatigado, y su rostro obscurecido con el sudor, el polvo, las salivas y las bofetadas
que le dieron, se quitó un lienzo, con que le limpió.

Breve meditación

ORACIÓN

O
¡
h hermosísimo Jesús, que siendo afeado tu rostro con las inmundas salivas, te limpió
el sudor aquella piadosa mujer con las tocas de su cabeza, y quedó impreso en ellas!
Te suplico, Señor, que estampes en mi alma la imagen de tu santísimo rostro, y que la
conserve siempre. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

~ 66 ~
SÉPTIMA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla, alma, es esta séptima estación cómo es el lugar de la puerta Judiciaria, en


donde cayó el Señor segunda vez, por habérsele hecho en el hombro una llaga muy grande y
mortal.

Breve meditación

ORACIÓN

O
¡
h suavísimo Jesús, que por la fatiga de tu delicado cuerpo caíste segunda vez con la
Cruz! Te suplico, Señor, me hagas conocer el inmenso peso que tienen mis pecados y
me des tu gracia para que no me arrastren a la eterna pena. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

OCTAVA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla, alma, en esta octava estación cómo es el lugar donde unas piadosas mujeres,
viendo al Señor que llevaban a crucificar, lloraron amargamente de verle tan injuriado.

Breve meditación

~ 67 ~
ORACIÓN

O
¡
h Maestro soberano, que viendo a las piadosas mujeres que se dolían de tus trabajos,
las enseñaste a que llorasen por sí y por sus culpas! Concédeme, Señor mío, que con
fervorosas lágrimas de contrición lave mis pecados, para que esté siempre en tu amistad y
gracia. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

NOVENA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla, alma, en esta novena estación cómo es el lugar donde cayó el Señor tercera
vez en tierra hasta llegar con su santa boca en el suelo y queriéndose levantar, no pudo; antes
volvió a caer de nuevo.

Breve meditación

ORACIÓN

O
¡
h benignísimo Jesús, que sufriste atropellaran tu divina persona, y que te hicieran
tercera vez dar en tierras con la Cruz! Suplícote, Señor mío, que sufra las desmesuras
de mis enemigos, y que teniendo paciencia en mis trabajos, te goce en los contentos eternos.
Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

~ 68 ~
DÉCIMA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla, alma, en esta décima estación cómo es el lugar donde, habiendo llegado el
Señor al monte Calvario, le desnudaron y le dieron a beber vino mezclado con hiel.

Breve meditación

ORACIÓN

O
¡
h pacientísimo Jesús! Pues sufriste te quitasen tus vestiduras y que renovasen todas
tus llagas, quedando desnudo delante de todos, te ruego, Señor, que estos dolores, y
por el que sentiste cuando te ofrecieron el vino mezclado con hiel, que no beba yo los
deleites, que mezclados con hiel de mis culpas, me ofrece el mundo. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

UNDÉCIMA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla, alma, en esta undécima estación cómo es el lugar donde fue clavado el Señor
en la Cruz, y oyendo su Santísima Madre el primer golpe de martillo, quedó como muerta
de dolor; y le volvieron a poner la corona de espinas con gran crueldad y fiereza.

Breve meditación

~ 69 ~
ORACIÓN

O
¡
h clementísimo Jesús! Pues sufriste ser extendido en la Cruz, y que clavasen tus pies y
manos en ella, te ruego, Señor mío, que por tu inefable caridad no extienda yo mis
pies y manos a maldad alguna, sino antes viva crucificado en tu santo servicio. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

DUODÉCIMA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla, alma, en esta duodécima estación cómo es el lugar donde, ya crucificado el


Señor, le dejaron caer de golpe en el agujero de una peña.

Breve meditación

ORACIÓN

O
¡
h divino Jesús que, crucificado entre dos ladrones, fuiste levantado a la vista de todo el
mundo y padeciste tormentos insufribles! Ruégote, Señor mío, que sanes mi alma y
que sólo a Ti quiera y por Ti muera. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

DÉCIMATERCER ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
~ 70 ~
V. Contempla alma en esta décimotercera estación cómo es el lugar donde José y Nicodemus
bajaron de la Cruz el Santo Cuerpo y lo pusieron en brazos de la Santa Virgen.

Breve meditación

ORACIÓN

O
¡
h Madre de misericordia! Por aquellas penas que padeciste cuando pusieron a tu muy
amado Hijo en tus brazos, y fue ungido por Ti, te suplico me alcances un gran dolor
de haberle ofendido, y compasión de tus muchas penas. Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN

Besan todos la tierra, y dicen:


V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

V. Contempla, alma, en esta última estación cómo es el lugar donde la Virgen María, Señora
nuestra, puso el Cuerpo de su querido Hijo en el santo sepulcro.

Breve meditación

ORACIÓN

O
¡
h purísima Señora! Por la grande pena que padeciste cuando quitaron de tus brazos a
tu soberano Hijo para ponerlo en el santo sepulcro, te suplico me alcances de Su
Divina Majestad ablande mi corazón y coloque en él un amor grande para amarle y servir.
Amén.

V. Señor pequé, ten misericordia de mí.


R. Pecamos y nos pesa, ten misericordia de nosotros.

~ 71 ~
Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

RESPONSORIO

V. Por las agonías del huerto y prisión del Señor.


R. Bendito y alabado sea nuestro gran Señor.

V. Por las bofetadas y golpes que padeció el Señor por nosotros.

V. Por las afrentas, falsos testimonios y desprecios que con tanto amor sufrió por nosotros.

V. Por las muchas salivas y blasfemias que con tanta paciencia toleró por nosotros.

V. Por el escarnio y la mofa que padeció el Señor cuando le cubrieron su santísimo


rostro, vistieron de púrpura y le pusieron por cetro una caña como a rey de burlas.

V. Por la corona de espinas que traspasó su santísima cabeza.

V. Por la vergüenza que sintió el Señor, cuando después de azotado, le mostró Pilatos al
pueblo, diciendo: “Mirad aquí el hombre”.

V. Por la sangre y las lágrimas que vertió el Señor en su santísima Pasión.

V. Por la sentencia de muerte que por nuestro remedio con tanto amor admitió.

V. Por la Cruz que por nuestras culpas cargó el Señor, y por las caídas que dio en el
camino del Calvario.

V. Por los dolores que sintió cuando, despojado de sus vestiduras para crucificarle, le
renovaron todas sus llagas.

V. Por los dolores que sintió cuando, con tanta crueldad le clavaron sus santísimos pies y
manos.

V. Por el dolor que sintió cuando le levantaron clavado en la Cruz.

V. Por la hiel y vinagre que gustó por nosotros.

~ 72 ~
V. Por su santísima muerte, por la lanzada con que atravesaron su santísimo costado, ya
difunto, y por la sangre y agua que de Él salió.

V. Por el entierro y sepultura, y por todo cuanto padeció el Señor en su santísima


Pasión.

Bendito y alabado, etc.

B endito sea siempre tan gran Señor: alábenle los Ángeles por el amor con que tanto
quiso padecer por nosotros: y pues nuestros pecados fueron causa de tantas penas,
digan todos con íntimo dolor de haberle ofendido: “Señor, pequé; ten misericordia de
mí. Pecamos y nos pesa: ten misericordia de nosotros”.

MODO DE OFRECER LA VISITA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Para ganar las indulgencias de las cuarenta horas

ORACIÓN

S eñor, deseo ganar las indulgencias concedidas por el Sumo Pontífice y demás Prelados
de la Iglesia a los que os visitan expuesto, en este santo ejercicio; por eso te ruego por la
exaltación de nuestra santa fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos,
extirpación de las herejías, salud y acierto en el gobierno de la Iglesia al Sumo Pontífice y
demás Prelados de ella, a cuyos fines te ofrezco esta visita.

ACCIÓN DE GRACIAS

TE DEUM LAUDAMUS

A ti, Dios, te alabamos; a ti, Señor, te confesamos.

A ti, Padre Eterno, toda la tierra te venera.

A ti, todos los Ángeles; a Ti, todos los cielos y todas las Potestades.

A Ti, los Querubines y Serafines te aclaman sin cesar; Santo, Santo, Santo es el Señor Dios
de los ejércitos. Llenos están los Cielos y la Tierra de la grandeza de tu gloria.
~ 73 ~
A Ti, el glorioso coro de los Apóstoles.

A Ti, el loable número de los Profetas.

A Ti, te alaba el inocente y numeroso ejército de los Mártires.

A Ti, la Iglesia Santa te confiesa en todo el mundo: Padre Eterno de inmensa majestad.

Y a tu adorable, verdadero y único Hijo, engendrado en la sustancia del Padre.

Y también al Espíritu Santo consolador, que procede del Padre y del Hijo.

Tú ¡Oh Cristo! Eres el Rey de la gloria.

Tú eres el Hijo Eterno del Padre.

Tú, para librar al hombre, te humanaste, y no te desdeñaste de encarnar en el vientre de una


Virgen.

Tú, después de haber quebrantado el aguijón de la muerte, abriste a los creyentes el reino de
los Cielos.

Tú estás sentado a la diestra de Dios, en la gloria del Padre.

De donde creemos que vendrás como juez a juzgar a los vivos y muertos.

Por tanto, te rogamos, Señor, que socorras con tu asistencia a tus siervos, que has redimido
con tu Preciosa Sangre.

Haz que seamos del número de tus Santos en la gloria eterna. Salva, Señor, a tu pueblo y
bendice tu heredad.

Y rígelos y ensálzalos eternamente.

Todos los días te bendecimos y alabamos tu nombre eternamente, y por los siglos de los
siglos.

Dígnate, Señor, preservarnos de caer este día en pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

~ 74 ~
Descienda, Señor sobre nosotros tu misericordia, porque e Ti hemos puesto nuestra
esperanza.

En Tí, Señor, espero; no sea jamás confundido. Amén.

HIMNO
DE
SANTO TOMÁS DE AQUINO

Adórote, mi Dios, devotamente,


oculto en ese cándido accidente:
a Ti mi corazón está rendido
y contemplando en Ti, desfallecido.
La vista, el tacto, el gusto se equivoca,
el oído al acento fiel provoca:
Creo firme y constante cuanto dijo
la verdad infalible de Dios Hijo.
En la Cruz la Deidad estaba oculta,
aquí aun la humanidad amor sepulta;
uno y otro creyendo y confesando,
pido lo que el ladrón pidió penando,
como Tomás, la llaga no percibo,
más por Dios te confeso eterno y vivo;
haz que a Ti crea siempre más constantemente,
en ti espere y te sea fino amante.
¡Oh excelso Memorial de tu tormento!
Pan vivo que a los hombres das aliento;
concédeme que mi alma en Ti viva.
Y tu dulce sabor siempre perciba.
Con tu Sangre, Pelícano sagrado,
lávame de las manchas del pecado,
pues una sola gota es suficiente
para salvar al mundo delincuente.
¡Oh Jesús, que con velo ahora te miro!
Hágase lo que tanto yo suspiro,
para que sea el verte claramente
en la gloria dichoso eternamente. Amén.

~ 75 ~
ORACIÓN
para pedir la bendición del Santísimo Sacramento

D ivino Salvador de nuestras almas, que te dignaste dejarnos tu Precioso Cuerpo y


Sangre en el Santísimo Sacramento del Altar. Yo te adoro con un profundo respeto, y
te doy humildes gracias por todos los favores que nos concedes; y porque eres la fuente de
todas las bendiciones, te suplico encarecidamente las derrames hoy sobre mí y demás por
quienes tengo intención de rogarte.

M as, para que nada paralice el curso de estas bendiciones, arranca de mi corazón
cuanto te desagrada ¡Oh Dios mío! Perdona mis pecados; los aborrezco sinceramente
por tu amor, purifica mi corazón, santifica mi alma, bendíceme, Dios mío, igual como lo
hiciste con tus discípulos cuando te separaste de ellos para subir al Cielo. Dame una
bendición queme cambie, me consagre y me una perfectamente a Ti, y que, llenándome de
tu espíritu, me sea desde esta vida una prenda segura de la que preparas a tus elegidos. Te lo
pido en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DEVOCIÓN A JESÚS, MARÍA Y JOSÉ


PARA EL DÍA PRIMERO DE CADA MES

Acto de contrición

P adre Eterno, Padre clementísimo, Señor Dios de las misericordias, Dios piadoso, Dios
benigno, Dios de todo consuelo, Dios único, refugio de los grandes pecadores; yo, el
mayor de todos ellos, vengo ante Ti y me postro en tu divina presencia y con todo el vigor
de mi espíritu confieso delante de tu Majestad mis ingratitudes, mis iniquidades y mis
abominaciones.

S eñor y Dios mío, no soy digno de llamarme ni aun criatura tuya. Tú, Dios omnipotente,
me sacaste de la nada, y me acogiste entre infinitas criaturas que te hubieran servido
mejor que yo. Tú, gran Dios, has multiplicado esta bondad conservándome la vida en todos
los instantes en que me he atrevido a pecar delante del Cielo y de la Tierra. Tú, Dios
misericordioso, me has sufrido, me has tolerado en éste último mes, sin embargo de que,
ingrato, he marcado quizás todos mis días con algún crimen: confieso, Dios benignísimo,
que en todas sus horas y en todos sus instantes he sido acaso infiel a mis promesas, he

~ 76 ~
quebrantado mis propósitos, y que, lejos de llorar y hacer penitencia de mis pasadas
iniquidades, he añadido un pecado tras otro y he puesto delito sobre delito. ¿Qué penitencia
será bastante para lavar y purificar tantos y tan monstruosos crímenes? Ninguna, Dios y
Señor mío. Para satisfacerte y evitar mi perdición, no tengo otro refugio ni otra esperanza
que la de postrarme ante el trono de tu misericordia, suplicarte que me concedas las gracias
de un verdadero dolor de mis culpas, y protestarte delante de tus Ángeles y de los hombres,
que me pesa, y que me arrepiento de haberte ofendido; que les tengo y les tendré un odio
implacable a mis pecados, y que quisiera deshacerlos, sacrificando en tu honor mil vidas que
tuviera. Padre Eterno, escucha mis clamores, no me arrojes de tu presencia, no retires de mí
tu Divino Espíritu; aparta tu santo rostro de mis iniquidades, vuelve a mí tus ojos de piedad,
no veas al hombre pecador, mira el rostro ensangrentado de tu Hijo Jesús, mira todo el
mérito de su Santísima Madre María, atiende a los servicios de su casto esposo San José y
por su piadosa intercesión vivifícame, restitúyeme a tu gracia, y pon a tus espaldas todas mis
iniquidades; fortalece mi fragilidad, sofoca mis pasiones, arranca mis vicios, concédeme la
paz del corazón, el gusto en la observancia de tu ley santa, el sufrimiento en los trabajos, al
conformidad con tu divina voluntad, la abnegación de mí mismo y la perseverancia final,
para gozare por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN

S agradas persona de Jesús, María y José; nombres dulcísimos, sin cuya intercesión no se
puede conseguir la salud, rueguen por mí, suplíquenle al Padre de las misericordias que
me perdone todos los pecados que he cometido en este último mes. Jesús amorosísimo,
manifiesta al Eterno Padre tus cinco llagas, y pídele que no se pierda en mí el fruto de la
perfecta satisfacción que con ellas le diste. Virgen Santísima, por las entrañas sagradas que
abrigaron al mismo Hijo de Dios, y por los pechos virginales que alimentaron a tu Hijo
Jesús, te suplico que ruegues por mí y que me alcances el perdón de mis culpas. Gloriosísimo
Señor San José, que fuiste exaltado a la dignidad de ejercer en la tierra las funciones del
Padre Eterno respecto de Jesús, y las del Espíritu Santo respecto de María: intercede por
mí, ruega por mí y dispénsame tu poderosa protección. Jesús, María y José, nunca se ha oído
que quede desamparado quien implora su clemencia, abran, pues, para mí las entrañas de su
misericordia; no permitan que sea yo confundido; intercedan, para que se borren mis
iniquidades y me alcancen un perfecto dolor de ellas, para que en el presente mes no les

~ 77 ~
disguste con mis infidelidades, sino que les ame, les sirva, les adore, les bendiga y les alabe
por los siglos delos siglos. Amén.

Se hace la petición.

ORACIÓN

O
¡
h Jesús! ¡Oh María! ¡Oh José! ¡Oh Madre amabilísima de Dios hombre! ¡Oh José,
Padre de Jesús y Esposo de María! ¿A qué poder más grande que el suyo podré
recurrir para alcanzar las gracias espirituales y temporales que necesito este mes? Ustedes
están en el bien de los hombres, los aman con un amor sumo y perfecto y desean su completa
felicidad. Jesús María y José, según los decretos del Altísimo, están constituidos para ser los
protectores, los abogados, los defensores, los ministros, los únicos y seguros conductos por
donde se nos dispensan sus bondades. El Dios grande e infinito no quiere franquearlas por
otras manos, se complace y tiene verdadera satisfacción en que todas las impetremos por
mediación de ustedes. ¿Qué otro patrocinio, pues, debo ni puedo buscar sino el suyo? No; no
queda en mi libertad para solicitar otros abogados. Jesús, María y José, con todo gusto me
veo necesitado a recurrir a su protección. Si vuelven a mí su piadoso, con sólo esta gracia
vendrán a mí todas las que necesito este mes; con su auxilio domaré mis pasiones, triunfaré
de mí mismo, me apartaré de lo malo y practicaré lo bueno, buscaré la paz y la hallaré; y
entonces, mi alma, mi corazón, mis potencias y sentidos serán dignos de sus bondades. ¡Oh
Jesús! ¡Oh María! ¡Oh José! Deseo transformarme en ustedes, deseo no tener más corazón
que para amarles, y no deseo otro espíritu sino el mayor para servirles. ¡Oh Dios
todopoderoso! Usa conmigo de misericordia, has que muera, que se aniquile en mí todo el
amor propio, toda la inclinación a los vicios y todo el afecto a las criaturas para que no haya
en mí otro amor que el de Jesús, María y José, y para que en todas horas del presente mes
mis palabras, mis obras y hasta mis últimos pensamientos sean en Jesús, por Jesús y para
Jesús. ¡Oh Sagrada e incomparable Familia! ¿Qué cosa pueden pedir al Altísimo que no se
los conceda? Ustedes son los plenipotenciarios del Cielo. Una súplica suya impele al Padre
Eterno, como que le obliga y pone en necesidad de otorgar sus peticiones. Jesús Divino, Tú
eres el primer Pontífice constituido para ser abogado de todos los hombres. Tú, María
Santísima, fuiste criada para ser Madre de Dios y de los pecadores. A Ti, glorioso Señor San
José, encomendándote el cuidado de Jesús y de María, se te encargó en esto mismo la

~ 78 ~
protección del género humano. Desempeña estos honrosos y amorosos oficios protegiendo a
toda la congragación de la Iglesia Santa; atiende a sus necesidades actuales, escucha sus
clamores, defiéndela de sus enemigos, y conserva pura y sin mancha nuestra Santa Religión.
Protege también, ilumina y fortalece a todos los jefes del Estado. ¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Oh
José! Amparen a todos los que en este mes imploren sus dulcísimos nombres; confórtenlos en
sus servicios, para que les bendigan y les amen en la tierra y después gocen y alaben por toda
la eternidad en el Cielo. Amén.

JACULATORIAS

Jesús amorosísimo, bendito seas, alabado, ensalzado y glorificado porque te quedaste en el


Santísimo Sacramento del Altar por nuestro amor. Virgen purísima, en Ti sea bendito,
alabado, ensalzado y glorificado el Santísimo Sacramento del Altar, porque aquel Cuerpo y
aquella Sangre los formó el Espíritu Santo en tus virginales entrañas. José gloriosísimo, en
Ti sea bendito, alabado, ensalzado y glorificado el Santísimo Sacramento del Altar, porque
cargaste en tus brazos y alimentaste con el sudor de tu rostro aquel Cuerpo y aquellas
Sangre que nos sustenta y fortalece.

ORACIÓN
al Dulce Nombre del Señor San José la cual se puede decir todos los días

P atriarca felicísimo José, abogado fidelísimo de los mortales, José santo, José justo, José
inocente, José Bienaventurado ¡Quién pudiera tener siempre en la boca tu nombre y no
despedir un solo aliento, una respiración sino acompañada de tu nombre santísimo! ¡Quién
pudiera nombrar siempre a José con aquel puro amor y con aquella gracia con que lo
pronuncia María Santísima, su Esposa! Acuérdate, José mío, de aquella prontitud con que
acudías a ver a tu Esposa cuando te llamaba, y date prisa a acudir a mi mayor necesidad en la
hora de la muerte, para que, ahuyentando al demonio, despida yo el último aliento envuelto
en tu nombre y en el nombre de Jesús y de María. Amén.

~ 79 ~
TRES CREDOS
A
LA SANTÍSIMA TRINIDAD
PIDIENDO UNA BUENA MUERTE
Y QUE NOS LIBRE DE LOS MALES
SEGÚN SE EXPRESA
EN LO OFRECIMIENTOS QUE VAN AQUÍ.

Dios y supremo Señor,


Rey de los Cielos y Tierra,
del hambre, la peste y guerra,
líbranos por tu amor.

A DIOS PADRE

Creo en Dios Padre Todopoderoso, etc.

T e suplico, Dios Padre, me libres de muerte súbita y desapercibida y de pecado mortal;


haz que se auxiliado con los Santos Sacramentos y buena disposición. Amén.

A DIOS HIJO

Creo en Dios Padre Todopoderoso, etc.

T e suplico, Dios Hijo, Criador y Redentor mío, que, pues eres mi único Juez, ordenes mi
vida de manera que te dé buena cuenta cuando me la pidas. Amén.

A DIOS ESPÍRITU SANTO

Creo en Dios Padre Todopoderoso, etc.

T e suplico, Dios Espíritu Santo, me des gracia santificante hasta la muerte y me libres de
las penas del infierno. Amén.

D ios Padre, yo te ofrezco mis pensamientos buenos: haz que todos lo sean. Dios Hijo, yo
te ofrezco mis palabras buenas: haz que todas lo sean. Dios Espíritu Santo, yo te
ofrezco mis obras buenas: haz que todas lo sean. Bendita y alabada sea la Santísima
Trinidad, que crió a María Santísima para tanto bien y remedio nuestro. Amén.

~ 80 ~
OFRECIMIENTO

A ltísima Trinidad, Dios y Señor mío, conozco que nada soy, que nada tengo, ni me es
posible tener; sólo lo que tú, Divina Majestad, me has dado y quieras concederme. De
todo te doy infinitas gracias y alabanzas, y me ofrezco todo tuyo y por tu esclavo ahora y
siempre, protestando estar a tu voluntad santísima en esta vida hasta ir a cantar tus
misericordias en la gloria.

Un Avemaría por las personas que mandaron a hacer esta impresión.

ORACIÓN A LA DIVINA PROVIDENCIA

T
¡
uyo soy, oh Dios mío, tuyo soy! Yo me arrojo a tus brazos, dispón de mí según tu
voluntad. Haz de mí todo aquello que quieras; los sucesos y lances de mi vida quiero
que todos corran por tu cuenta. Si es de tu agrado enviarme prosperidades, yo as recibiré
agradecido y usaré de ellas como de unos dones venidos de tus manos; si prefieres que pase
mis días y mis noches en la amargura de la adversidad, enhorabuena, yo te bendeciré porque
así me visitas. Si me concedes ser estimado de los hombres, yo te daré gracias, porque has
conservado mi honor, cubriendo mis flaquezas; si, por el contrario, dispones que ellos me
aborrezcan, yo te ensalzaré por la dicha que me otorgas de parecerme a tu Santísimo Hijo, a
quien profesó el mundo un odio el más cruel. ¿Qué temeré yo por nada ni de nadie, si Tú
eres mi ayuda? ¿Ni cómo podrá asustarme la presencia del mal estando mi corazón lleno de
Ti, que eres el sumo bien? Más no sólo deseo conformarme con lo que quieras, sino
acostumbrarme también a no considerar a las criaturas sino como unos instrumentos de tus
disposiciones. Así yo, lejos de pretender algún mal a los que me dañan, los recomiendo a tu
piedad y los perdono. No quiero que haya en mi alma un solo afecto que pueda disgustarte,
ni un solo pensamiento que desdiga de la dichosa convicción en que estoy de que debo
descansar con toda confianza en tu Divina Providencia.

Tu Divina Providencia
se extiende a cada momento,
para que nunca nos falte
casa, vestido y sustento.

~ 81 ~
DEVOCIÓN A LA DIVINA PROVIDENCIA

Invocándola por medio de los Sagrados Corazones de Jesús y María para alcanzar
remedio de toda especie de necesidades y para implorar su protección todos los
días.

ORACIÓN

P rovidencia Divina, que elegiste el Sagrado Corazón de Jesús para fuente perenne de
todos los bienes que concedes a los hombres, y a su Madre Santísima para dispensadora
universal de ellos: a Ti recurro animado de la confianza que me inspira la bondad paternal
con que me has criado, y me conservas el amor con que ese mismo Corazón se ofreció a los
tormentos y a la muerte por mí, y confiando también en la bondad con que esa Madre de
misericordia me ha concedido tantos beneficios, sin pretenderlos ni aun conocerlos yo;
concédeme, pues, lo que te pido, si es para tu mayor gloria, honra suya y provecho de mi
alma. Amén.

Díganse 3 Avemaría en reverencia del Tránsito de la Santísima Virgen María.

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA PARA LA HORA DE LA MUERTE

O
¡
h dulcísima Madre de Misericordia! ¡Oh única esperanza de los pecadores! ¡Oh eficaz
atractivo de nuestras voluntades! ¡Oh María! ¡Oh Reina! ¡Oh Señora! Vuelve a
nosotros esos tus ojos misericordiosos; recibe estas tres Avemarías que con afecto de mi
corazón he rezado en honor de tu felicísimo tránsito, y por él te pido que en el trance y
agonía de mi muerte, cuando ya trastornados los sentidos, turbadas las potencias,
quebrantada la vista, perdida el habla, levantado el pecho, postradas las fuerzas y cubierto el
rostro con el sudor de la muerte, esté luchando con el terrible final del paroxismo, cercado
de enemigos innumerables que procurarán mi condenación y que estarán esperando que
salga mi alma para acusarla de todas sus culpas ante el tremendo tribunal de Dios; allí,
querida de nuestras almas; allí, única esperanza de nuestros corazones; allí, amorosísima
Madre; allí, vigilantísima Pastora; allí, María, ¡oh dulce nombre!; allí, ampárame; allí,
María, defiéndeme; allí, asísteme como pastora a sus ovejas, como madre a sus hijos, como
reina a sus vasallos; aquel es el punto de donde depende la salvación o la condenación

~ 82 ~
eterna; aquel es el oriente que divide el tiempo de la eternidad; aquél es el instante en que se
pronuncias la final sentencia que ha de durar para siempre; pues si me altas entonces, ¿qué
será de mi alma, cuando tantas culpas he cometido? No me dejes en aquel riesgo; no te
retires en aquel horrible trance. Acuérdate, amabilísima Señora, que si Dios te eligió para
Madre suya, fue para que fueses medianera entre Dios y los hombres; por tanto, debes
ampararme en aquella hora, ¡Oh María! ¡Oh segurísimo sagrado refugio mío! Pues puede ser
que entonces no tenga fuerzas ni sentido para llamarte; desde ahora, como si ya estuviera en
la última agonía, te llamo; desde ahora te invoco; desde ahora me acojo para librarme de los
merecidos rigores del Sol de Justicia, Cristo, y desde ahora, como si ya agonizara, invoco tu
dulcísimo nombre; y esto que ahora te digo lo guardo para aquella hora; María,
misericordia; María, piedad; María, clemencia; María, en tus manos santísimas encomiendo
mi espíritu, para que por ellas pase al Tribunal de Dios, donde intercedas por esta alma
pecadora; en Ti confío, en Ti espero. Ya, ya voy a expirar; misericordia, Madre de mi
corazón; misericordia, María, misericordia.

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS

O
¡
h María, sin pecado concebida! Por los dolores que tu Santísimo Hijo sufrió en la
Cruz por redimir nuestras culpas, vuelve a mí tus piadosos ojos y escucha mis súplicas.
Confío en tu infinita bondad, Madre Santísima; me atrevo a dirigirte mis plegarias, no las
desoigas, y consuela mis aflicciones en este valle de lágrimas y amarguras; te ofrezco un
propósito firme de enmienda, Madre y Señora mía, porque a T i te debo mucho y soy tan
pecador que nada merezco. Estoy confiado en tu inefable bondad; y ¿cómo no reconocer tu
grande misericordia y dedicarte los días que me restan de vida para amarte? Sí, Madre
Santísima, no me abandones; dirige mis pasos; dame tu amparo y protección; líbrame de mis
enemigos visibles e invisibles, de la maledicencia y la calumnia, e ilumina mi entendimiento
para alabarte y bendecirte por tantos sacrificios como te debo. Amén.

ACTO DE SUMISIÓN

D ios mío, venerando profundamente los designios de tu providencia, dejo a tu


disposición mis bienes, mis esperanzas, mi honra, mi salud, mi vida, cuanto poseo,
cuanto amo, cuanto necesito y cuanto soy, humildemente resignado en todo a tu voluntad
santísima; sólo te pido y espero de tu infinita bondad y de tu infinito amor, como mi Dios,

~ 83 ~
mi Criador, mi Bienhechor y mi Padre, que te dignes concederme los auxilios de tu divina
gracia, para que lleve con modestia la prosperidad, con paciencia las adversidades, con
fortaleza las tribulaciones, y que, cumpliendo puntualmente en cualquier estado y condición
tus preceptos en la tierra, merezca acompañarte y bendecirte por toda la eternidad entre los
bienaventurados en el Cielo. Amén.

JESÚS EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

O
¡
h Divino Jesús, solitario por las noches en tantos tabernáculos sin quien te visite ni
adore! Yo te ofrezco mi solitario corazón, y deseo que cada una de sus pulsaciones
sean otros tantos actos de amor tuyo. Tú estás siempre vigilando bajo los velos
sacramentales, tu amor nunca duerme y jamás te cansas de cuidar a los pecadores. ¡Oh
amante Jesús, oh solitario Jesús! ¡Ojalá mi corazón fuera una lámpara, cuya luz brillara y
despidiera rayos de amor para Ti solo! Vela, sacramental Centinela; vela por el dormido
mundo, por las almas extraviadas y por tu pobre y solitaria hija. «Yo conozco que los
sufrimientos presentes no pueden ser comprados con la gloria venidera que nos será
revelada» (San Pablo). Paciencia por hoy, alma mía, el día de mañana será como Dios
quiera; entre tanto hagamos su santa voluntad. El día de ayer pasó ya, y todo lo que he
sufrido pasó también; nada quedó sino el mérito ganado, si he llevado mis sufrimientos con
mérito. Después de todo, los días son muy cortos. Mi Dios, yo no puedo menos que ofrecerte
los afectos, los sufrimientos y las fatigas de un corto día. ¡Ojalá, mi Divino Maestro, que lo
que yo tengo que padecer en él sea por tu amor! Amén.

ORACIÓN A LA PRECIOSA SANGRE DE CRISTO

Santísimo Padre Eterno: yo te ofrezco la Preciosísima Sangre, vida, Pasión y muerte de tu


Santísimo Hijo, en satisfacción de todos los pecados y penas que por ellos temo y he
merecido; lo mismo te ofrezco por cada uno de mis hermanos pecadores en Él redimidos, y
ofrezco también las virtudes, penas y amarguras de María Santísima y de todos los Santos,
por cada una de las Almas del Purgatorio. Señor, por todo esto danos el perdón y la paz, y
líbranos de los enemigos de tu Iglesia. Amén.

~ 84 ~
ORACIÓN
A LA PRECIOSA SANGRE DE CRISTO
POR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES

S antísimo Padre Eterno: yo te presento la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo,


su tierno y amante Corazón, su santísima vida, Pasión y muerte, los méritos de María
Santísima y su Purísimo Corazón, y hago intención de hacerte este ofrecimiento tantas veces
cuantas gotas de agua tiene el mar, arenas la tierra, hojas las plantas, estrellas el
firmamento, criaturas el universo, átomos el sol, y otras tantas cuantas te la han ofrecido las
almas justas en la tierra y los bienaventurados en el Cielo, y te ofrezco y presento estos
infinitos méritos por todas las necesidades presentes, enfermos, agonizantes, caminantes,
navegantes y cautivos, por nuestro Santo Padre el Papa, por nuestros Obispos, Sacerdotes y
Religiosos, por los que nos gobiernan, por todos los príncipes cristianos, por los que están en
pecado mortal y en alivio y descanso de la benditas Almas del Purgatorio. Amén.

ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

R endido a tus pies ¡Oh Jesús mío! Considerando las inefables muestras de amor que me
has dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo tu adorable Corazón, te
pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo, para
hacerme digno de los favores y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te
conocen, aman y sirven. ¡Mira que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Ti, como
el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! ¡Mira que soy muy rudo, oh soberano
Maestro, y necesito de tus divinas enseñanzas para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mira que
soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los abandonados, y caigo a cada paso y necesito
apoyarme en Ti para no desfallecer! Sé todo para mí, Sagrado Corazón, socorro de mi
miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda
necesidad. De Ti lo espera todo mi pobre corazón; Tú lo alientas y convidas, cuando con
tiernos acentos dijiste repetidas veces en tu Evangelio: «Vengan a Mí… aprendan de Mí…
Pidan… Llamen». A las puertas de tu Corazón vengo, pues, hoy y llamo, pido y espero. Del
mío te hago ¡Oh Señor! Firme, formal y decidida entrega. Tómalo y dame, en cambio, lo
que sabes me ha de hacer bien en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

~ 85 ~
Aquí rezará 3 Padrenuestros, Avemaría y Gloria, en recuerdo de las 3 insignias: Cruz, Corona y
Herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

CONSIDERACIONES
PARA ASISTIR
AL
SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

El Sacerdote va al altar

Considera a Jesucristo caminando para el huerto de Getsemaní con sus Apóstoles, lleno de
tristeza.

Al principio de la Misa

Considera a Jesucristo orando a su Eterno Padre por la redención del género humano; pero
con tanto amor, que lo fuerte de la oración le hizo sudar sangre. ¡Oh amor!

Besa el Sacerdote el altar

Considera que Jesucristo fue entregado a sus enemigos por un beso que le dio el traidor
Judas. ¡Oh traidor!

Pasa el Sacerdote al lado de la Epístola

Considera a Jesucristo preso como un ladrón facineroso. ¡Oh crueldad!

En el Introito

Considera a Jesucristo en la presencia de Anás: éste trata de examinar al Inocente, y un


sayón levanta la mano, armada con guante de hierro, y le da tan fuerte bofetada, que le hizo
reventar la sangre por mejilla, ojos, nariz, boca y oídos. ¡Qué dolor!

En los Kyries

Considera a Jesucristo en la presencia de Caifás: en este tribunal le tratan de blasfemo, le


escupen su hermoso rostro, le tiran unos de su venerable barba, y otros de sus cabellos, y
todos le tiene por digno de muerte. ¡Oh crueldad!
~ 86 ~
En el Dominus vobiscum

Considera que Jesucristo se vuelve a Pedro y le convierte, porque le había negado. ¡Oh
piedad!

En la Epístola

Considera a Jesucristo en la presencia de Pilato; éste le tuvo por inocente y le remitió a


Herodes. ¡Oh paciencia de Jesús!

Pasa el Sacerdote al medio del altar

Considera a Jesucristo en la presencia de Herodes: en este tribunal le tratan y visten de loco,


y con burlas y risas se lo vuelven a Pilato. ¡Oh humildad!

Descubre el Sacerdote el Cáliz

Considera a Jesucristo otra vez en la presencia de Pilato, el cual, viendo que Jesucristo es
tenido por peor que Barrabás, le mandó desnudar para que le azotasen. ¡Oh Juez, que por
condescender tuerces la vara de la justicia!

Al ofertorio de la Hostia

Considera a Jesucristo atado a una columna, y como quien descarga el rigor de la furia
contra una cosa insensible, así descargaron millares de azotes en el Sagrado Cuerpo de Jesús,
remudándose de dos en dos aquellos facinerosos, hasta que, rompiéndose los cordeles, cayó
en el lago de su sangre sin aliento. ¡Oh crueldad del pecador!

Al cubrir el Cáliz

Considera la dura y penetrante corona de espina que pusieron a Jesús en su delicadísima


cabeza, por cetro una caña en la mano, y doblando una rodilla delante del Señor, le decían
por mofa: Dios te salve, Rey de los judíos. Le escupían a la cara y le decían miles de
oprobios. ¡Oh hombre, no sabes lo que haces!

~ 87 ~
En el Lavatorio

Considera que Pilato se lavó las manos para dar la sentencia de muerte contra el
inocentísimo Jesús. ¡Oh juez malo!

Al Orate fratres

Considera a Jesucristo hecho todo una llaga, llevado al balcón por Pilato, en el cual le
presentó al pueblo, diciendo: ¡Ecce Homo! ¿Qué respondes, pecador?

En el Prefacio

Considera que el pueblo ingrato grita a voces que muera, que muera Jesús crucificado, y
Pilato, sin más detención, le sentenció a muerte de cruz. ¡Ah hombre ingrato! Sentencias al
inocente por librar al pecador. ¡Oh jueces!

En el primer memento

Considera que cargan la Cruz sobre los lastimados hombros de Jesús; le ponen una soga muy
pesada que le impedía la respiración; y estando su cuerpo hecho pedazos, así camina al
monte Calvario, cayendo y levantándose. Sírvele de Cirineo, pecador, y acompaña a su
Santísima Madre en el doloroso encuentro.

Pone el Sacerdote las manos sobre el Cáliz

Considera que encontró la Verónica a Jesús, y le movió tanto a compasión, que se quitó un
lienzo y le limpió su hermoso rostro, y en premio de su piedad, quedó impreso en tres parte
de él. Llega tú, pecador, e imita a la Verónica.

El Sacerdote hace cruces sobre la Hostia y el Cáliz

Considera que, llegando Jesús al monte Calvario, ponen la Cruz en el suelo, y en ella se
acuesta el humildísimo Cordero Jesús para que le claven pies y manos. Corre tú, pecador, a
desclavarle.

~ 88 ~
Al alzar la Hostia

Considera que, ya clavado Jesús, le levantan en alto para que el carnicero pueblo viera
cumplidos sus deseos en el Inocente. Levántate, pecador, y dile a Jesús: Señor, pequé; ten
misericordia de mí.

Al alzar el Cáliz

Considera la Sangre Preciosísima que por último derramó al pie de la Cruz tu amante Padre,
tu querido Hermano y tu fiel amigo Jesús. Corre a alzarla tú, bienaventurado, antes que el
pecado la pise.

En el momento por los difuntos

Considera que Jesucristo ruega a su Eterno padre por el género humano. Pecador, pide a
Jesús por el alivio de las Almas del Purgatorio.

Dase el Sacerdote un golpe de pecho

Considera que Jesucristo, a pesar de estar en agonía en la Cruz, pide a su Eterno Padre
perdone a los que le habían crucificado. Pecador, ahora es tiempo que perdones a tus
enemigos, porque no perdona Dios al que a otro no perdona.

Al alzar la Hostia y el Cáliz

Considera que dijo Jesucristo: Tengo sed; y para más atormentarlo, le dieron a beber hiel y
vinagre. ¡Oh pecador, qué amargos son los deleites del mundo!

El Sacerdote dice el Pater noster

Considera las siete últimas palabras que dijo Jesucristo, vida nuestra, en la Cruz.

Primera palabra: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Segunda palabra: Hoy serás conmigo en el Paraíso.

Tercera palabra: Hé ahí a tu hijo; hé ahí a tu Madre.

Cuarta palabra: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?

~ 89 ~
Quinta palabra: Tengo sed.

Sexta palabra: Consumado está.

Séptima palabra: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

El Sacerdote parte la sagrada Hostia

Considera a Jesús muerto en la Cruz. ¡Oh Señor, cuánto te ha costado mi amor!

Echa el Sacerdote una partícula en el Cáliz

Considera que Jesús bajó al Limbo a sacar las lamas de los Santos Padres. Y tú, pecador, no
dejes de sacar fruto de estas consideraciones.

Al Agnus Dei

Considera que muchos de los que crucificaron a Jesús se arrepintieron de sus pecados. Si tú,
por los tuyos, fueres uno de ellos, te suplico no se pase este momento sin que hagas lo
mismo, porque no sabes si será el último de tu vida.

A la comunión

Considera que bajaron el Santo Cuerpo del Salvador, y o depositaron en los brazos de su
dolorosísima Madre, lo embalsamaron y pusieron en un sepulcro nuevo. Pídele tú a este
divino Señor te limpie de tus pecados, y depositándole en tu corazón, experimentarás lo
dulces que son las penas sufridas por Él.

A la Consumación

Considera que ponen una losa en el santo sepulcro del Señor. Pon tú otra en el sepulcro de
tu corazón, para que no entre el enemigo, tu contrario.

Después de la Consumación

Considera que Jesús se parece glorioso a sus Apóstoles. Aparécete tú en gracia para le vayas a
acompañar en la Gloria.

~ 90 ~
A las postreras oraciones

Considera que Jesucristo duró cuarenta días después de la Resurrección, los cuales gastó en
conversar con sus Apóstoles. Arrodíllate a los pies del Señor, conversa con Él, dile tus
pecados y pídele al Señor no vuelvas a caer en la culpa.

A la bendición

Considera que al tercer día bajó el Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico. Suplícale al
Eterno Padre te mande un rayo de su Espíritu, para que guíe tus pensamientos, palabras y
obras, Amén.

OFRECIMIENTO DE LA SANTA MISA

D ulcísima María, Madre de Dios y Madre nuestra: por la gracia que me ha querido
conceder tu Santísimo Hijo, he venido a este santo sacrificio de la Misa; yo te suplico,
Madre mía, ofrezcas por mí a tu Eterno Padre esta Santa Misa que acabo de oír, pidiéndole
por tu Santísimo Hijo remedie las necesidades de la Santa Iglesia, dé la paz entre los
cristianos, la obediencia a nuestros superiores, y a éstos el acierto en su gobierno. Las
indulgencias que hago intención de ganar sean para alivio de las benditas Almas del
Purgatorio, principalmente por aquellas por quienes tengo obligación de pedir. Amén.

~ 91 ~
DEVOCIÓN ADMIRABLE
DE LOS SIETE DOLORES
QUE MARÍA SANTÍSIMA SINTIÓ EN
LA VIDA Y MUERTE DE SU AMANTÍSIMO HIJO

PRIMERO

S eñor mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi
Señora, la Virgen María, cuando le profetizó Simeón que te habían de quitar la vida: por
este dolor te pido conocimiento y contrición de mis culpas. Pater noster, Avemaría.

SEGUNDO

S eñor mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora,
la Virgen María, al saber la crueldad con que Herodes intentaba quitarle la vida, y por
los trabajos que padeciste en el camino y destierro a Egipto: por este dolor e pido una santa
resinación en todas las tribulaciones que te dignes enviarme. Pater noster, Avemaría.

TERCERO

S eñor mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora,
la Virgen María, cuando te perdió tres días: por este dolor te pido remisión de mis
pecados. Pater noster, Avemaría.

CUARTO

S eñor mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora,
la Virgen María, cuando te vio cargando con el infame madero de la Cruz yendo dócil al
suplicio: por este dolor te pido las virtudes que por el pecado perdí. Paternóster, Avemaría.

QUINTO

S eñor mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora,
la Virgen María, cuando te vio crucificado: por este dolor te pido el don de la gracia y
antes de mi muerte tu cuerpo en comida. Paternóster, Avemaría.

~ 92 ~
SEXTO

S eñor mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora,
la Virgen María, al tenerte en sus brazos y contemplar tus mortales heridas: por este
dolor te pido una verdadera devoción a tu Pasión y muerte. Paternóster, Avemaría.

SÉPTIMO

S eñor mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora,
la Virgen María, con la amarga soledad en que quedó al ser sepultado tu sacratísimo
cuerpo: por este dolor te pido verte en mi muerte asistiéndome con los auxilios necesarios de
tu gracia, para que así me recibas en los goces de la vida eterna. Paternóster, Avemaría.

ORACIÓN

M írame ¡Oh mi amado y buen Jesús! Postrado ante tu santísima presencia: te ruego con
el mayor fervor imprimas en mi corazón los sentimientos de fe, esperanza y caridad,
dolor de mis pecados y propósito de jamás ofenderte, mientras que yo, con todo el amor y
con toda la compasión de que soy capaz, voy considerando tu cinco llagas, comenzando por
aquello que dijo de Ti ¡Oh mi Dios! El santo profeta David: «Han taladrado mis manos y
mis pies y se pueden contar todos mis huesos».

OFRECIMIENTO

Jesús mío crucificado, Salvador de los hombres, que por redimirnos de la culpa quisiste
derramar tu Sangre Preciosa: te ruego, amado Jesús de mi corazón, te compadezcas de mí,
y olvidando mi ingratitud, oigas la súplica que te hago; yo te propongo por mi intercesora a
tu amante y dolorosa Madre, ofreciéndote sus siete dolores, y te pido por ellos me alcances
favorable despacho en mi petición, y la gracia en esta vida para gozar de tu compañía en la
gloria. Amén.

Una Salve a la Santísima Virgen de los Dolores.

~ 93 ~
TRISAGIO A LA SANTÍSMA TRINIDAD

V. Abre mis labios, Señor, y anunciaré tu alabanza.

R. Atiende a mí sin tardanza; dame tu auxilio y favor.

V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

R. Como era al principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

ACTO PREPARATORIO AL EJERCICIO

B enignísimo Dios, uno en esencia y trino en Personas: aquí tienes una de tus humildes
criaturas, que reconoce en sí la venerable imagen de tu Trinidad Santísima. Confieso
que no he cumplido con las obligaciones a que me empeña el honor de esta divina semejanza.
He pecado, Dios mío; pero nunca negué, sino he creído constantemente en el Padre, en el
Hijo y en el Espíritu Santo; que el Padre no tiene ningún principio, que el Hijo es
producido por el Padre, a quien es consubstancial, y que el Espíritu Santo procede del Padre
y del Hijo, de cuyo amor recíproco es término también consubstancial a ambos; que el Padre
no es primero que el Hijo, ni los dos primero que el Espíritu Santo. Adoro al Padre como
Dios, al Hijo como Dios y al Espíritu Santo como Dios, con todo, en los tres sólo creo y
adoro un solo Dios. Yo no entiendo, Señor, este misterio; pero cautivo mi entendimiento en
obsequio de la fe, para mayor gloria tuya y mérito mío. Ofrezco estos profundísimos
sentimientos de religión, de reverencia y amor, como unos votos gratísimos a tu Santidad,
para que por ellos perdones tantas ofensas cometidas por mí contra tu Majestad increada.
¡Oh Trinidad beatísima! A Ti suspira la trinidad miserable de mis potencias. Mi memoria,
muy enferma de fragilidad; mi entendimiento, atestado de ignorancia; mi voluntad,
contagiada de inclinación al mal. Sánala, santifícala, y dame auxilios para que jamás falte a
los propósitos que te has dignado inspirarme; que yo protesto de todo corazón dedicarme
desde hoy en adelante a mantener la nobleza de costumbres que corresponde al carácter de
Ti mismo con que me has sellado, y hacer todo el aprecio que me sea posible de tu gracia, y
a valerme para conservarla de la devoción al misterios de tu augustísima Trinidad, en quien
espero hallar misericordia, piedad y beneficencia para siempre. Amén.

~ 94 ~
HIMNO

Ya se va el Sol de fuego;
Tú, Unidad, Luz perenne,
Trinidad Santa, infunde
tu amor en nuestra mente.
De mañana y de tarde
rogamos que nos lleves
a alabarte en el Cielo
con himnos reverentes.

Al Padre, al Hijo y a Ti, Divino Espíritu,


siempre la gloria que hasta aquí,
sea dada eternamente. Amén.

Un Padrenuestro y Gloria Patri.

Con los Serafines

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.
Con los Querubines

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.
Con los Tronos

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.
ORACIÓN A DIOS PADRE

O mnipotente y sempiterno Dios Padre, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu
Santo eres un solo Dios, uno en la esencia y trino en las Personas. Yo te adoro, venero
y bendigo con las tres angélicas Jerarquías; y con los tres Coros de la primera, amantes,
~ 95 ~
Serafines, sabios Querubines y excelsos Tronos, te aclamo Santo, Santo, Santo, Poderoso y
Eterno, Padre del Verbo Divino, principio del Espíritu Santo, Señor de los Cielos y Tierra,
a quien sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro y Gloria Patri.

Con las Dominaciones

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.
Con las Virtudes

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.
Con las Potestades

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.
ORACIÓN A DIOS HIJO

S abio y Soberano Dios Hijo, hecho hombre por nosotros, que con tu Eterno Padre y el
Divino Espíritu eres un solo Dios, uno en la esencia y trino en las Personas. Yo te
venero, bendigo y adoro con las tres Jerarquías de los Ángeles; y con los tres Coros de la
segunda, Dominaciones, Virtudes y Potestades, te clamo Santo, Santo, Santo, Omnipotente
Verbo Divino y unigénito Hijo de Dios, principio del Espíritu Santo, Señor de los Cielos y
Tierra, a quien sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Con los Principados

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

~ 96 ~
Con los Arcángeles

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.
Con los Ángeles

V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos


R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.
ORACIÓN A DIOS ESPÍRITU SANTO

A mante Dios, Espíritu Santo, Amor Divino, que con el Eterno Padre y su unigénito
Hijo eres un solo Dios, uno en la esencia y trino en las Personas. Yo te bendigo, adoro
y venero con las tres Jerarquías angélicas; y con los tres Coros de la tercera, Principados,
Arcángeles y Ángeles, te aclamo Santo, Santo, Santo, Divino Amor y suavísima unión del
Eterno Padre y del Hijo, procediendo en amor de uno y otro, Señor de los Cielos y Tierra,
a quien sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona

Tres son los que dan testimonio en el Cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos
tres son una misma cosa.

V. Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

R. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos. Amén.

Oración Altísimo e incomprensible Dios, que dentro del santuario de tu divina naturaleza,
donde nadie entra, tienes encerrado el misterio de tu Trinidad Santísima, a quien no se
puede correr el velo para verla de lleno, sino que todas las criaturas debemos adorarla
profundamente desde fuera: dígnate admitir nuestros humildes votos, deprecaciones y
alabanzas, que presentamos reverentemente al pie del trono de tu inefable Majestad, por los
merecimientos de Nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu
Santo Dios, pro todos los siglos de los siglos. Amén.

~ 97 ~
GOZOS A DIOS TRINO Y UNO

¡Señor Dios! En tu dulce canto


te alaban los Querubines,
y Ángeles y Serafines
dicen Santo, Santo y Santo.

Eterna y pura Deidad


de incomparable excelencia,
que en la Unidad de tu esencia
encierras la trinidad:
de nuestra fe la humildad
te adora en sencillo canto.

Ángeles, etc.

Tu piedad y tu ternura
van diciendo las edades,
y en el mar de tus bondades
se pierde toda criatura.
Tú disipas la amargura
y enjugas el triste llanto.

Tú del hombre delincuente


tiernas suspiros recoges,
y sus plegarias acoges,
porque eres Padre clemente.
¿Quién, amándote, no siente
trocarse en dicha e quebranto?

Nuestros padres celebraron


con sus cánticos de gloria
de tus prodigios la historia,
que gozosos admirarlo.

~ 98 ~
La fe, Señor, nos legaron,
que es nuestro escudo y encanto.

Cuando tu justa venganza


con plagas al hombre aterra,
y haces estremecer la tierra,
y airada sus rayos lanza,
la luz de nuestra esperanza
es tu nombre sacrosanto.

Tus excelsas bendiciones


derrama pródigo y tierno,
y a tus hijos ¡Dios Eterno!
Colma de inefables dones.
Para su dicha dispones
tanto bien, prodigio tanto.

¡Quién del amante Isaías


ardiera en el sacro fuego,
para alzar su humilde ruego
en divinas melodías!
Supla a nuestras voces frías
la tierra, el mar entretanto.

Por el misterio que adora


¡Oh Dios! Tu escogida grey,
siga tu divina ley,
y de la muerte en la hora,
con su sombra bienhechora
nos cubra tu regio manto.

¡Señor Dios! En dulce canto


te alaban los Querubines,

~ 99 ~
y Ángeles y Serafines
dicen Santo, Santo y Santo.

Antífona

B enditas seas, Santísima Trinidad y Unidad indivisible de nuestro Dios; nosotros


confesamos este misterio augustísimo de tu Ser con cuanta reverencia podemos, porque
no cesas de ejercitar en nosotros tu misericordia.

V. Bendito eres, Señor, en el firmamento del Cielo.

R. Y llena está de tu gloria toda la Tierra.

OREMOS

O mnipotente y sempiterno Dios, que has concedido a tus siervos la gracia de conocer en
la conexión de la verdadera fe la gloria de la eterna Trinidad de tus Personas y de
adorar en el poder de la majestad la Unidad de tu incomprensible naturaleza: nosotros te
suplicamos que por la firmeza de esta misma fe seamos libres de todo género de adversidades.
Por Nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios
por todos los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN

D ios, de quien viene la santidad en los deseos, la rectitud en los consejos y la justicia en
las obras: concede a tus siervos la paz que el mundo no puede dar, para que,
entregados nuestros corazones a la observancia de tus mandamientos, y desterrado el miedo
de todo enemigo, tengan con tu protección los tiempos tranquilidad. Por Nuestro Señor
Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

~ 100 ~
DÍA DIEZ Y NUEVE
DEVOCIÓN AL PATRIARCA SEÑOR SAN JOSÉ

Oración al Eterno Padre

T odopoderoso y eterno Dios, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que
atendiendo al bien de los hombres determinaste que tu unigénito Hijo se hiciese
Hombre en las virginales entrañas de María Santísima por la virtud de tu soberano Espíritu,
y con altísima providencia elegiste entre todos los santos al Señor San José, para que fuese
verdadero esposo de la Madre Virgen, y haciendo de legítimo Padre los oficios, educase al
Hijo de Dios, para cuyo fin le enriqueciste con los abundantes tesoros de la gracia, y ahora
le tienes en el Cielo cobre un eminentísimo trono de gloria: siendo este Santo felicísimo mi
especial abogado, te suplico queme atienda tu inmensa bondad como a cosa suya, y
recibiendo los afectos con que lo reconoce mi devoción, uses conmigo de misericordia,
perdonándome mis culpas y dirigiendo mis pasos al fin de una muerte preciosa a tus divinos
ojos, que sea principio de la bienaventuranza. Amén.

Aquí se rezan 7 Padrenuestros y Avemarías en honor de sus dolores y gozos.

Oración

P oderosísimo Patrón del linaje humano, amparo de los pecadores, seguro refugio de las
almas, eficaz auxilio de los afligidos, agradable consuelo de los desamparados: José
gloriosísimo, el último instante de mi vida ha de llegar sin remedio, y mi alma sin duda ha de
agonizar terriblemente acongojada con la formidable representación de mi mala vida y mis
muchas culpas; el paso a la eternidad me ha de ser sumamente espantoso; el demonio, el
común enemigo, me ha de combatir terriblemente con todo el poder del Infierno, a fin de
que yo pierda a Dios eternamente; mis fuerzas, en lo natural, han de ser ningunas; yo no he
de tener en lo humano quien me ayude; desde ahora para entonces te invoco, Padre mío; a tu
Patrocinio me acojo; asísteme en aquel trance, para que yo no falte en la fe, en la esperanza
y en la caridad. Cuando tú moriste, tu Hijo y mi Dios, tu Esposa y mi Señor ahuyentaron a
los demonios para que se atreviesen a combatir tu espíritu; por estos favores, y por los que en
esta vida te hicieron, te pido, José gloriosísimo, ahuyentes a mis enemigos y que acabe yo la
vida en paz, y la acabe amando a Jesús y a María y a Tí, José del alma mía. Amén.

~ 101 ~
HUMILDE ROGATIVA
AL
GLORIOSO SAN ANTONIO DE PADUA

T e saludo, Antonio Santo de Padua, padre mío espiritual, por la gran fe que yo he tenido
y tengo en tu criador y mío Jesucristo, a quien lealmente serviste, y en su Sacratísima
Madre, la siempre Virgen María, que tanto amaste, y por el dulcísimo Niño Jesús, que en tu
aposento hallaste; por los treinta y tres años que vivió, y después murió en la Cruz por
nuestro amor, y por los tres años que estuviste en el desierto deseoso de hallar a aquel
supremo Señor, que se te apareció y te dijo aquellas dulces palabras: Antonio, siempre estaré
a tu lado, sellaré tu corazón; por el hábito que vestiste, por el cordón que ceñiste, por los
muchos milagros que ha obrado y obra todos los días por medio tuyo, por la gran confianza
que tengo en tu intercesión, te suplico postrado en tierra con humilde corazón quieras
interceder delante de Nuestro Señor Jesucristo para que me conceda por tu medio la gracia
que deseo, y hágase su santa voluntad, a la cual me remito totalmente, por la salud de mi
alma. Señor mío Jesucristo: así como por los méritos e intercesión de tu siervo Antonio, por
quien las cosas olvidadas son recordadas, las ausentes se hacen presentes, las perdidas se
hallan, las justas propuestas son aceptadas y las empezadas son acabadas; resucitaste a los
muertos y libraste a su padre, así yo te ruego, Dios mío potentísimo, que por esos méritos e
intercesión, me concedas aquella gracia que deseo, si es conforme a tu santa voluntad.

Padrenuestro y Avemaría

D ios mío, amado Jesucristo, por tu infinita misericordia te pido que aquietes las
angustias de mi corazón, para que, viviendo y muriendo, pueda siempre alabarte,
bendecirte y loarte. Amén.

T e saludo, Antonio santo de Padua, por aquellas oraciones que en el campo hiciste
confesando y predicando la fe de Cristo Nuestro Señor; por aquellos tres años que en
el monte oraste, y perdiendo el breviario fue hallado por el Niño Jesús; por la revelación
que tuviste del Cielo para ir a libertar a tu padre, de falsos testigos acusado y condenado a
muerte, de que le libraste; libérame, glorioso Santo, de falsos testigos, de malas compañías y
de condenaciones injustas; y por aquellas tres horas que Jesús estuvo en tu pecho,
revelándote los misterios de la santa Pasión; y por aquella gracia que pediste al Señor, que lo

~ 102 ~
perdido se hallase, lo olvidado se acordase, lo propuesto se aceptase y lo empezado se
acabase, te suplico, Santo mío, que me alcances del Señor, que quiera alegrar mi corazón
concediéndome la gracia que te pido, si es conforme a su santa voluntad, con la cual me
conformo totalmente.

3 Padrenuestros al Niño Jesús y 3 Avemarías a la Beatísima Virgen.

RESPONSORIO DE
SAN ANTONIO DE PADUA

Si buscas milagros, mira


muerte y error desterrados,
miseria y demonio huídos,
leprosos y enfermos sanos.
El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
El peligro se retira,
los pobres van remediados,
cuéntenlo los socorridos,
díganlo los paduanos.
El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
Gloria al Padre,
gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo.
El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.

~ 103 ~
Ruega a Cristo por nosotros,
Antonio divino y santo
para que dignos así
de sus promesas seamos. Amén

Este responso litúrgico tradicional procede del Oficio rítmico


compuesto por Julián de Spira, Hermano menor del poeta, y músico,
hacia 1235 .

ORACIÓN

G loriosísimo Antonio: por el ardiente afecto que tuviste a tu amante Jesús, y por la
Santísima dulzura que infundió el Niño Jesús en tu corazón con sus halagos, que te
concedió para hacerte tan loable y respetado del Cielo y de la Tierra, te suplico te dignes
favorecerme en todas mis necesidades con tu eficaz patrocinio, y en particular te ruego que
me alcances la gracia que deseo. Ea, Antonio santo; muévete a piedad de esta alma
acongojada que en ti puso sus esperanzas; líbrala, te ruego, de sus miserias ¡oh Santo de
milagros!; alivia la congoja de mi corazón; haz que yo viva como verdadero amante de mi
Jesús, para poder después gozarle en el Cielo. Amén.

GOZOS
AL
GLORIOSO SAN ANTONIO DE PADUA

Pues vuestros santos favores


dan de quién sois testimonio,
humilde y glorioso Antonio
ruega por los pecadores.

Vuestra palabra divina


forzó a los peces del mar
que saliesen a escuchar
vuestro sermón y doctrina;
y pues fue tan peregrina

~ 104 ~
que extirpó diez mil errores,
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

Vos sois de la tempestad


el amparo milagroso,
del incendio riguroso,
agua de la caridad,
puerto de seguridad
del mar y de sus rigores,
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

Sanáis mudos y tullidos,


paralíticos, leprosos,
endemoniados furiosos,
restituís los sentidos,
volvéis los bienes perdidos
y curáis todos los dolores,
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

Sanáis de gota coral,


ciegos, contrahechos, llagados,
consoláis desconsolados,
y curáis de cualquier mal,
cual médico celestial
a quien hace Dios favores,
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

De tres días ahogados

~ 105 ~
resucitaste diez niños,
y dos, cual bellos armiños,
de sucesos desastrados,
porque sus padres amados
lloraban por sus amores,
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

De una que no creía


que la perdonase Dios,
tomasteis vos sobre vos
la pena que merecía;
y al tomarla el mismo día
la hizo Dios mil favores,
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

Vos libráis a cualquier reo


de sus grillos y cadenas
y el que os clama se enajena
del pecado sucio y feo;
y pues sois divino Orfeo
de Jesús, Flor de las flores,
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

A la que con santo celo


y fervorosa oración,
el fruto de bendición
os pide por su consuelo,
vos se lo alcanzáis del cielo,
y aún otras cosas mayores,

~ 106 ~
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

Sois de Jesús tan amado


que a solas con él jugáis
haciéndoos porque le amáis
su profeta regalado,
su celador estimado
y luz de sus confesores,
humilde y glorioso Antonio,
ruega por los pecadores.

Y pues aquestos favores


dan de quién sois testimonio,
humilde y glorioso Antonio,
rogad por los pecadores.

ORACIÓN

D ios y Señor mío, alegre a tu Iglesia la intercesión votiva de San Antonio tu confesor,
para que siempre se halle fortalecida con socorros espirituales y merezca alcanzar los
goces eternos, por los merecimientos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Padrenuestro y Avemaría.

VOTO EN FAVOR DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO

La devoción que tiene este nombre es un acto heroico de caridad, y consiste en hacer
oblación voluntaria en favor de las Almas del Purgatorio, de todo el fruto satisfactorio de
todas nuestras obras en vida y de todos los sufragios que por nosotros se hagan después de
nuestra muerte. Este voto está aprobado y agraciado con muchas indulgencias por los sumos
Pontífices Benedicto XIII, Pío VI y Pío IX.

~ 107 ~
Primeramente, los sacerdotes que le hacen gozan del indulto de altar privilegiado personal
en todos los días del año.

En segundo lugar, todos los fieles que hagan este voto ganarán indulgencia plenaria
aplicable solamente por las Almas del Purgatorio.

1° Siempre que reciban la Sagrada Comunión, con tal que visiten una iglesia u oratorio,
rogando la intención del Sumo Pontífice.

2° Todos los lunes del año, oyendo la Santa Misa en sufragio de las Almas del Purgatorio, y
haciendo lo antes indicado.

En tercer lugar, todas las indulgencias que se ganen son en favor de las Almas del
Purgatorio.

Este voto no obliga bajo pecado, y el que lo ha hecho puede retractarse sin pecar cuando lo
tenga por conveniente.

Los que no puedan comulgar, pueden hacer la obra que les indique el confesor.

Los que no puedan oír la Santa Misa el lunes, pueden aplicar la del domingo.

Para hacer este voto puede emplearse la siguiente fórmula:

Yo, N. de N., cedo en sufragio de las Benditas Almas del Purgatorio todo el fruto
satisfactorio de todas cuantas obras hiciere en toda mi vida y de los sufragios que por mí
hicieren después de mi muerte. Y para mayor acierto, pongo todo este fruto satisfactorio en
manos de la Santísima Virgen María, para que ella le distribuya según su voluntad.

~ 108 ~
Para hacerlo en salud y renovable a la hora de la muerte

Siendo innumerables los peligros a que está sujeta la vida humana, y conociendo, yo
pecador, que he nacido para morir, y no sé la hora con el fin de que no me halle la muerte
desprevenido, he determinado disponerme con la ayuda de Dios; y así, postrado a los pies
de mi Señor Jesucristo, crucificado por mi amor, declaro a todas las criaturas del Cielo y
de la Tierra que mi última voluntad es la que aquí explico en la forma siguiente:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

P rimeramente digo que, como fundamento de mi salvación, protesto en presencia de Dios


omnipotente, de la Virgen Santísima, Madre suya, y de toda la Corte celestial, que mi
voluntad es vivir y morir obediente a la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica, Romana,
creyendo firmemente, como creo, todos los artículos de la fe enseñados por los santos
Apóstoles, como los propone y explica nuestra Santa Madre Iglesia. Así, pues, si alguna vez
me ocurre alguna cosa contra ellos, la tengo desde luego por error y por tentación del
enemigo. Y si, lo que Dios no permita, dijere o hiciere algo que sea contrario, en virtud de
esta cláusula lo revoco y anulo, y es mi voluntad que se tenga por no dicho no hecho.

D eclaro, por esta mi última voluntad, que en mi muerte deseo recibir el Santo
Sacramento de la Penitencia, confesándome de mis pecados; y si por algún accidente
no me pudiere confesar en mi voluntad confesarme y dolerme de todos ellos y llorarlos
amargamente, no tanto por el temor de las penas eternas, cuanto por haber ofendido al
Sumo Bien., a quien debo servir y amar sobre todas las cosas, lo cual ahora propongo
firmemente con Divina gracia todo el tiempo que me resta de vida.

E s mi voluntad recibir también el santo Viático; y su por alguna causa no pudiera ser,
declaro que mi voluntad es recibirle a lo menos espiritualmente, adorando de corazón a
mi Señor Jesucristo Sacramentado, y suplicándole que se digne acompañarme en tan
peligroso viaje, defenderme de los enemigos infernales y llevarme al puerto seguro de la
eterna bienaventuranza.

D eclaro asimismo que mi voluntad es pasar de esta vida habiendo recibido el sacramento
de la Extremaunción, y no pudiendo recibirle, ruego a mi Dios y Señor se digne
ungirme con el óleo santo de la misericordia, perdonándome los pecados que cometí con los
cinco sentidos corporales.

~ 109 ~
T ambién es mi voluntad acabar la vida esperando de la infinita misericordia de Dios el
perdón de todos mis pecados y la salvación de mi alma, teniendo como tengo por
infalible la palabra de mii Señor Jesucristo, que dijo: No he venido a llamar a los justos, sino
a los pecadores.

C onfieso que aun las obras buenas las hice siempre con muchas imperfecciones y
negligencias. Y para que el demonio quede confuso, declaro que no presumo por olas
mis obras merecer el Cielo, sino principalmente por los infinitos merecimientos y Preciosa
Sangre de mi Señor Jesucristo, derramada por mi salvación eterna.

E s mi voluntad padecer con paciencia y conformidad hasta el último aliento de mi vida,


en unión de lo que mi divino Salvador padeció por mí, cualquier enfermedad y dolor
que Dios me envíe; y si por fragilidad y miseria caigo en alguna impaciencia inmoderada,
desde ahora me arrepiento de la culpa y mal ejemplo que dé, sea de obra, sea de apalabra,
rogando a Dios que no me desampare en aquel peligroso y último trance.

P erdono todas las injurias que me hayan hecho los hombres, rogándoles que también elle
me perdonen a mí; y a Dios que de ellas no les tome cuenta, sino que les ayude y asista
con su gracia, usando con todos de indulgencia y piedad.

D oy gracias al Señor por todos los beneficios que me ha dispensado, así espirituales
como temporales, particularmente por los de la creación, redención y vocación a su
santo conocimiento, y también por haberme hasta ahora esperado a penitencia, habiendo
merecido que me castigase mil veces con penas eternas. Sea para siempre bendita su bondad
y misericordia.

D eseo que de esta mi última voluntad sea ejecutora la gloriosísima Viren María, abogada
de pecadores, el glorioso Patriarca San José y mis principales abogados y protectores
San N. y San N., a los cuales ruego que me favorezcan en aquella hora, pidiendo al Señor se
digne por su infinita clemencia recibir mi alma en la paz eterna de los Santos.

C onstituyo y nombro por defensor de mi alma al Santo Ángel de mi guarda, en el


tribunal de Dios, cuando se vea mi causa y se pronuncie sentencia definitiva, rogándole
que, pues Nuestro Señor le encomendó mi alma, poniéndola bajo tutela y amparo en esta
vida, la proteja y coloque por sus manos en las moradas eternas de la gloria.

~ 110 ~
R uego por las entrañas de Jesucristo a todos mis parientes y amigos que me ayuden con
oraciones en el santo sacrificio de la Misa, como medio, entre todos el más eficaz, para
que si, por la misericordia de Dios, fuere mi alma destinada a las penas del Purgatorio, se
libre pronto de ellas, y vuele a gozar de la vista de Dios, que yo les ofrezco no ser ingrato a
tan gran beneficio.

F inalmente, rindiendo humildes gracias al Señor, por haberme hasta ahora conservado la
vida, protesto y declaro ser mi ánimo aceptar la muerte en cualquier modo y hora en
que la ande, recibiéndola humildemente en satisfacción de mis pecados, y conformando en
esto y en todo mi voluntad a la suya santísima y amabilísima, de la que rendidamente le
suplico no permita que me aparte jamás. Amén.

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