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REFERENCIA BIBLIOGRAFICA: MEDELLIN PEREZ Iris.

La gente del sancocho Nacional:


Experiencias de la militancia barrial del M19 en Bogotá, 1974-1990. Bogotá: Editorial
Universidad del Rosario, 302 págs.
BIOGRAFIA DEL AUTOR Y CONTEXTO DEL LIBRO:
Iris Medellín Pérez es historiadora con mención en Sociología de la Universidad del
Rosario, fue joven investigadora dentro del programa “Jóvenes Investigadores e
Innovadores por la Paz” de Colciencias y actualmente se desempeña como profesora
asistente en la Universidad del Rosario.
El texto “La gente del sancocho nacional: Experiencias de la militancia barrial del M19 en
Bogotá, 1974-1990” surgió, en primer lugar, de un interés personal de la autora que
conoció la realidad de la militancia guerrillera a través de la pertenencia de su madre al
M19. Este hecho le permitió, además, acercarse a ex militantes de base que le brindaron
sus testimonios para la construcción de la investigación.
En segundo lugar, la autora identifico un vacío historiográfico dentro de los estudios sobre
las organizaciones guerrilleras. De acuerdo con Medellín, estos estudios sitúan a las
guerrillas dentro de “un contexto mayor de confrontación” 1, es decir, como una arista más
dentro del conflicto armado. A su vez, estas son entendidas como organizaciones
“completas, coherentes y monolíticas”2 lo que ha llevado a una simplificación de los
actores.
En este sentido, la autora pretende generar un aporte realizando una lectura desde la
perspectiva de la microhistoria con el objetivo de reconocer la heterogeneidad y el
dinamismo al interior del M19 a partir de las acciones y decisiones individuales de los
militantes que son comprendidos como sujetos activos y no solo como simples agregados
de una organización mayor.

ESTRUCTURA DE LA OBRA (RESUMEN):


La obra se compone de nueve capítulos en los cuales Medellín aborda las trayectorias de
vida de los militantes desde el momento previo de su vinculación al M19 hasta la
coyuntura posterior al proceso de desmovilización en 1990. El análisis de estas
trayectorias está guiado por dos categorías principales: la categoría de género y la
categoría de clase que le permiten realizar una lectura de la heterogeneidad de la
organización y, de igual forma, comprender los elementos específicos que marcaron la
experiencia de cada militante antes y después de su pertenencia al M19.
En el primer capítulo la autora realiza una caracterización de los doce militantes
entrevistados a partir de los elementos sociales y familiares que componen cada una de
sus trayectorias. Estas historias individuales fueron asociadas entorno a tres grupos: “los
1
MEDELLIN PEREZ Iris. La gente del sancocho Nacional: Experiencias de la militancia barrial del
M19 en Bogotá, 1974-1990. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, pág. 2.
2
Ibíd., pág. 1.
intelectuales”, “las familias de la Anapo” y “los muchachos del barrio”, teniendo en cuenta
que existen “similitudes comparables” entre ellas. El primer grupo hace referencia a
aquellos militantes que tuvieron una formación académica anterior a su ingreso en el
M19, el segundo grupo a quienes militaron en la Alianza Nacional Popular (militancia que
implicaba las redes familiares) y transitaron hacia el M19 en una relación que Medellín
define como “indiscutible”, y finalmente el tercer grupo, a aquellos jóvenes que se
vincularon al M19 como consecuencia de la influencia que logró consolidar la organización
en los barrios3 de la ciudad.
En el segundo y tercer capítulo Medellín presenta la etapa de ingreso a la organización y
de formación de los militantes. En relación con la etapa de ingreso aborda aspectos
relacionados con la forma de vinculación inicial con el M19, los compromisos políticos
particulares, la vida familiar y las motivaciones que impulsaron la militancia con el objetivo
de comprender como el contexto previo determino cada experiencia.
De igual forma, la autora encuentra similitudes en cada uno de los tres grupos que
componen el estudio, para el caso de “los intelectuales” menciona un compromiso político
previo a la militancia que los llevo a buscar un contacto que los vinculara a la organización
en una etapa temprana en la cual aún prevalecía la clandestinidad.
Para el caso de “las familias de la Anapo” habla de un tránsito a través de la pertenencia a
los comandos barriales (de la Anapo al M19) y de una militancia que se desarrolló en la
cotidianidad familiar y vecinal y en cuanto a “los muchachos del barrio” hace referencia a
una búsqueda por parte de la organización en espacios como el barrio y los colegios y una
militancia vinculada a la vida cotidiana de los jóvenes.
Por otro lado, los procesos de formación de militantes evidencian uno de los puntos
centrales del trabajo: demostrar que lo consignado en los documentos de la organización
dista de las experiencias cotidianas de los militantes, de forma que, de manera oficial se
planteaba la existencia de espacios “formales” para la capacitación, pero los relatos
indican que estos espacios no eran una regularidad o una norma, sino que lo que
proliferaba eran los espacios “informales” que se construían dentro de lo domestico y
cotidiano.
Además, existía una diferenciación en este proceso relacionada con el “capital cultural” de
cada militante que determinaba la vinculación con lo político y la vida misma de militancia,
por lo que aquellos que tenían una trayectoria previa en el mundo académico y eran más
cercanos a la lectura y la discusión lograron convertirse en “capacitadores” o en lideres
visibles dentro de la organización mientras otros desarrollaban una vinculación más
“practica” con el mundo de lo político.

3
De acuerdo con la autora el trabajo político y militar del M19 en los barrios de Bogotá estaba divido en
cuatro áreas urbanas: Suroriente (barrios Guacamayas, Malvinas, San Martin de Loba, Quiroga, Restrepo,
Molinos, entre otros), Ciudad Bolívar (abarcando buena parte de dicha localidad, aunque su tamaño en 1984
no era el mismo que en la actualidad), Suroccidente (todo el territorio de las localidades de Bosa y Kennedy)
y la localidad de Suba.
En el cuarto y quinto capítulo se hace referencia a la jerarquía y el orden interno de la
organización y a las expresiones más personales de la vida en de los militantes. En cuanto
a la jerarquía y la organización interna la autora menciona como a pesar de existir una
organización de tipo vertical a partir de la cual se pretendía mantener una delimitación
entre los diferentes compromisos y acciones de los militantes, en la práctica esta era
difusa e imperfecta y dejaba espacios para la movilidad. Esto se producía como
consecuencia de factores como el carácter mismo de clandestinidad de la organización, la
dificultad para mantener un control y la falta de recursos para financiar militantes, lo que
coaccionaba el grado de compromiso con la vida organizativa.
Sin embargo, esto no quiere decir que no existiera un reconocimiento mutuo de la
pertenencia a un rango u otro que determinaba el grado de participación que podía tener
cada uno en las decisiones de la organización y cierto “bienestar económico” respecto a
otros miembros.
En lo referente a la vida en común de los militantes la autora aborda aspectos
relacionados con la sexualidad, las relaciones de socialización, la vida emocional, la
convivencia en los espacios domésticos, la vida familiar y las relaciones afectivas. En este
punto se destaca como dentro de los espacios cotidianos de convivencia y socialización se
reproducían comportamientos y actitudes que llegaban a reafirmar los estereotipos de
género presentes en la sociedad, por ejemplo, en situaciones de acoso sexual, en la
concepción de la maternidad, en los juicios morales sobre la vida sexual de las mujeres o
en la exclusión en cierto tipo de tareas por cuestiones de género.
El sexto y séptimo capítulo se enmarcan dentro de la etapa posterior a los diálogos de paz
con Belisario Betancour que dieron inicio a la tregua entre el gobierno nacional y la
organización en 1984. Dentro de este contexto el M19 logro consolidar un proceso de
trabajo con las comunidades a través de los campamentos urbanos que establecieron en
cinco puntos de los barrios populares de la ciudad.
Como resultado de este proceso se generó un impacto sobre la experiencia de militancia
en cuanto surgieron espacios en los cuales se puso en práctica lo que Medellín denomina
“la voluntad de ser gobierno”, así como las capacidades organizativas y políticas de los
miembros:
“El contacto con las necesidades vecinales, la participación en asambleas y reuniones
organizativas con los vecinos y el trabajo comunitario para solucionar problemas locales
(como la instalación de redes improvisadas de acueducto y el arreglo de vías) les brindó a
los militantes una oportunidad de experimentar los procesos organizativos y las formas de
vida comunitarias que querían poner en práctica.”4
También se resalta la conformación de una nueva generación de militantes, en su mayoría
jóvenes pertenecientes a aquellos barrios en donde se desarrollaba el trabajo
comunitario, y posteriormente, tras el fracaso de las negociaciones y el abandono de los

4
Ibíd., pág. 97.
campamentos urbanos, un proceso de recrudecimiento de la guerra que recayó en gran
medida sobre la población civil.
En los dos últimos capítulos se exponen las experiencias de encarcelamiento (1984- 1985)
y desmovilización de los militantes (1988- 1990). Como lo menciona la autora tras la
ruptura de las negociaciones con el gobierno se dio un periodo de persecución en el que
fueron encarcelados varios de los militantes, muchos de ellos sometidos a detenciones
arbitrarias y en algunos casos a torturas, además, sus familias tuvieron que vivir con el
temor latente de la desaparición forzada. Uno de los aspectos que se resalta en esta
experiencia es la forma como la cárcel se convirtió en un espacio político y de socialización
en donde los militantes se encontraron con miembros de otros grupos guerrilleros y con
personas cuyos delitos no estaban asociados a la insurgencia.
Finalmente, se presentan la experiencia de los militantes tras el proceso de
desmovilización del M19 en 1990 en donde Medellín resalta la consolidación de una visión
“hegemónica” sobre el proceso de paz como un hecho “positivo y democrático”, sin
embargo, los relatos le permiten entrever otro tipo de posiciones en las cuales se refleja
una vivencia de vacío e incertidumbre, especialmente para aquellos que habían asumido
la militancia como un proyecto de vida (como fue el caso de aquellos que ingresaron a la
organización siendo muy jóvenes). También se abordan otros aspectos como las formas
particulares en que cada militante “salió” de la organización e intento construir un nuevo
proceso dentro de la vida civil.

FUENTES Y METODOLOGIA:
Como se mencionó anteriormente este estudio parte de la reducción de la escala de análisis con el
objetivo de obtener otra mirada del movimiento guerrillero, una que se distancie de la historia
tradicional del conflicto armado basada en “información demográfica y macro sociológica” 5. En
este sentido la autora propone el uso de la microhistoria y de la metodología derivada de la
historia oral para acercarse no solo a las experiencias de militancia sino también a las trayectorias
biográficas de los miembros de la organización.

Así, la fuente principal para el desarrollo de la investigación fue la fuente oral, que la autora
recolecto por medio de la realización de doce entrevistas semiestructuradas a diferentes
militantes del M19 en la ciudad de Bogotá, en su mayoría pertenecientes a rangos de base dentro
de la organización (solo dos de ellos ocuparon un rango medio). De igual forma, las entrevistas
fueron contrastadas con otro tipo de fuentes como “comunicados públicos de la organización,
documentos privados, informes y estatutos” 6, por otro lado la documentación hemerografica le
permitió a Medellín reconstruir con mayor profundidad los contextos a los cuales se hacía
referencia en los relatos.

Se debe resaltar que gran parte de la documentación fue obtenida a través de los archivos
personales de los militantes entrevistados, así como del archivo personal de la madre de la autora.

5
Ibíd., pág. 8.
6
Ibíd., pág. 2.

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