Está en la página 1de 11

Buscaba a los 43: lo asesinaron

El COMANDANTE MIGUE
MORIR SOLO Y
TRAICIONADO
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

Por carlos acuña • @esecarlo


FOTOGRAFÍA: reuters

30
31
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015
Miguel Ángel Jiménez Blanco murió por los 43, fue asesinado por
tratar de quitarse la bota del narco del cuello, cayó cuando encabezaba
la búsqueda de los cientos de desaparecidos de Iguala.
Fornido e imprudente, así era. Buscaba a los normalistas de Ayotzinapa
como si fuera un experto, aunque no tenía mucho más que unas inagotables
ganas de ayudar, así no comiera, no viera a sus hijas e impregnara
con su ausencia su muy modesta casa.
Miguel Ángel, comandante de la policía comunitaria de Guerrero,
padre de siete, taxista, rastreador de fosas, murió en su auto por el impacto
de dos balas. Había recibido desaires: lo habían “corrido” de Iguala,

M
lo expulsaron de la policía comunitaria. Su funeral fue tristísimo, casi
nadie acudió. Murió solo y traicionado. Como si no hubiera existido.

Miguel Ángel Jiménez Blanco tenía menos miedo de mo- de fosas donde la PGR recuperó cerca de 100 cuerpos.
rir que de desaparecer. Sus ojos se hartaron de ver duran- En su última fotografía, que circuló en algunos perió-
te meses tantos huesos troceados, tantos cuerpos tortu- dicos de nota roja, Miguel Ángel Jiménez Blanco aparece
rados con tal saña que no tardó en entender que la dentro de un taxi, recostado sobre su lado derecho. Sus
muerte, en Guerrero, no era el peor de los destinos. manos, separadas del volante, están rendidas a sus cos-
En aquel páramo mataron a cuatro, le confiaban. En tados. Tiene los ojos cerrados, la boca abierta. Si no fue-
este árbol dicen que colgaron a una mujer de las muñecas. ra por la sangre que tiñe de rojo su camisa blanca, pare-
A los hombres gordos, fíjese, don Migue, los cercenan cería que duerme.
con un hacha porque el machete no logra entrar en la “Cuando me maten, por favor, recojan mi cuerpo de
carne. Cada que subía a esos montes agrestes que rodean inmediato. No dejen que me lleve nadie, no les den tiem-
a Iguala, tenía que escuchar esas historias. Entonces du- po”, repitió siempre a sus compañeros comunitarios.
daba que la crueldad humana conociera límites. Sabía que iba a morir, sí, sólo quería que fuera rápido: que
Desde octubre de 2014, Miguel Ángel Jiménez Blanco no lo torturaran, que no lo humillaran. Le aterrorizaba
se dedicó a subir y bajar por el cerro de La Parota, por el que su cuerpo quedara en el limbo, a la deriva; que su
cerro del Tigre, por los montes de La Laguna; allí, más familia, su esposa, sus siete hijos, pasaran la vida como
allá de los sembradíos y las casas de los campesinos, el él lo hizo durante el último año: desenterrando cadáveres.
crimen organizado había convertido todo en un enorme Pero no. En el suelo de la carretera se encontraron dos
cementerio clandestino. casquillos. Sus asesinos huyeron luego de dispararle di-
A las pocas semanas de la desaparición de los 43 nor- rectamente en la cabeza. Lo dejaron allí, a la orilla de la
malistas de Ayotzinapa, Jiménez Blanco llegó a Iguala carretera de Acapulco, justo en la entrada de Xaltianguis,
por órdenes de la Unión de Pueblos Organizados del su pueblo natal. Ni siquiera el Ministerio Público se acer-
Estado de Guerrero (UPOEG), organización que, con la có a levantar un acta, ni a recoger el cuerpo. Fueron sus
meta de detonar el desarrollo social de los pueblos, creó familiares, su mujer, sus primos, quienes lo sacaron del
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

sus propios grupos de autodefensa —policía comunitaria, auto y lo llevaron a casa. Tal y como él quería.
le llaman ellos—, y hoy tienen presencia en casi 30 mu- Su esposa, Silvia Hipólito, una muchacha de piel bron-
nicipios del estado. ceada, había soportado su ausencia durante los últimos
Decidieron participar en la búsqueda cuando se ente- años, sin entender qué hacía su esposo ayudando a otra
raron que 17 de los estudiantes desaparecidos eran ori- gente y descuidando a sus hijos. En diciembre, apenas
ginarios de Tecoanapa, uno de los primeros municipios ocho meses antes, Silvia había parido su tercer hijo, un
en donde la UPOEG comenzó a operar. niño con los mismos ojos rasgados y la misma piel blan-
Los pobladores le confiaron a Jiménez Blanco lo que ca de su padre. Fueron las últimas semanas que Silvia
nunca se atrevieron a denunciar ante las autoridades: que se sintió acompañada. Hoy está más sola que nunca.
no sólo eran 43, que también ellos tenían un familiar Miguel Ángel Jiménez Blanco, el hombre que organi-
perdido y que la tragedia era inmensa, incuantificable. zó a la gente de su pueblo para expulsar al narcotráfico,
En pocos meses, Jiménez Blanco rastreó y señaló decenas el que dedicó sus últimos años a promover y organizar la
32
policía comunitaria en los rincones más inhóspitos de las a patrullar y enseñarles a disparar, para que ustedes,
Guerrero, el que le quitó el miedo a cientos de familiares cabrones periodistas, voltearan a ver a Xaltianguis.
de desaparecidos en Iguala, el hombre que destapó las Entonces, Jiménez Blanco no tenía manera de saber
fosas donde el narco se deshacía de los cadáveres, murió que dos años después estaría removiendo la tierra y
solo. A su funeral asistieron pocos, casi nadie. Algunos buscando a 43 muchachos desaparecidos. De su ten-
vecinos, familiares, un par de amigos cercanos. dencia al escándalo y su carácter impulsivo, los medios
Después, el mundo entero pareció olvidarse de su locales estarían ya advertidos y no fueron pocos los que
existencia. lo retrataron como un hombre agreste que, en su afán
por ayudar, cometía errores graves como contaminar

*** las fosas que encontraba, disfrazar los rumores de no-


ticias, arriesgar a sus informantes o convertirse, él mis-

L
a primera vez que el mundo conoció su rostro —un mo, en un blanco fácil.
semblante amable, de ojos rasgados y sonrisa fá-
cil— fue en agosto de 2013. Ese mes, decenas de
reporteros viajaron a un pueblito ubicado a las orillas de ***
J
la autopista a Acapulco, un lugar que jamás habría apa- iménez Blanco llegó a Iguala un par de días antes
recido en el mapa de no ser por una noticia demasiado de que la PGR anunciara una recompensa de 65
tentadora para dejarla pasar: allí, en Xaltianguis, un cen- millones de pesos a quien diera información útil
tenar de mujeres se decidió a tomar las armas y combatir para localizar a los estudiantes. No fueron pocos los que
el narcotráfico, los secuestros, las extorsiones. encontraron en ese dinero una explicación para su acti-
Todos las vieron. Maquilladas, algunas en tacones y vismo. ¿De qué otra forma se explicaba que un hombre
mallas, posando con armas largas en las calles de tierra, de la Costa Chica, de 45 años, con siete hijos y ningún
las mujeres de Xaltianguis se consagraron como sinóni- familiar desaparecido se arriesgara de esa forma?
mo de coraje. Ancianas, amas de casa, madres solteras, —No, hermano —dice Jorge Popoca, un líder de ven-
algunas todavía adolescentes; un comando de patrulleras dedores ambulantes que lo conoció bien durante aquellos
tropicales y bravías, dispuestas a detener, de una vez por días—. Muchos, muchos se aprovecharon de lo que pasó
todas, la violencia absurda de los machos mexicanos. aquí, pero Miguel no. A mí me consta que él no quería
Jiménez Blanco les explicó a los reporteros: cansadas dinero.
del crimen, de los secuestros y las violaciones, las mu- Jorge Popoca perdió a su esposa y a sus tres hijos un
jeres habían decidido unirse a la lucha armada. Satisfe- mes antes de que Iguala se convirtiera en el centro de
chos, los reporteros tomaron las últimas fotos y se reti- atención de todo el país. Aunque Ileana García, la sub-
raron del lugar, con prisa por buscar la siguiente nota. procuradora de Derechos Humanos, Prevención del De-
Ninguno sospechó que aquello fue sólo un señuelo lito y Servicios a la Comunidad de la PGR, insiste en que
bien cebado, una puesta en escena. se trató de un autosecuestro, que su esposa lo abandonó
Conocí a Jiménez Blanco un par de meses después, después de años de maltrato, él no acepta esa versión y
cuando todos los periodistas se habían ido de Xaltianguis Jiménez Blanco fue de las pocas personas que creyó su
y la seguridad y las armas habían vuelto a ser asunto de historia hasta el final.
hombres. Después de pasar una semana a su lado, escu- Durante meses, juntos denunciaron la ineptitud de la
chando su historia dentro de la UPOEG, me confesó con Gendarmería, de la PGR y de la Marina en la búsqueda
una risotada franca: “¿Cómo crees que vamos a dejar que y resguardo de las fosas clandestinas, además de las irre-
nuestras viejas se anden arriesgando por nosotros?”. gularidades en sus investigaciones. Como líder de ven-
En ese entonces, Jiménez Blanco vivía acuartelado dedores en Iguala, Popoca conocía de cerca no sólo a los
en una lechería Liconsa abandonada en donde había políticos locales, sino al bajo mundo del hampa; ávido
improvisado una comandancia. Estaba rodeado siempre lector de diarios, sacaba rápidas conclusiones sobre lo
por hombres que dormían amontonados sobre colcho- ocurrido la noche del 26 de septiembre. Por eso, aunque
nes raídos, sin soltar nunca sus escopetas de cacería. la gente lo miraba con desconfianza, se convirtió en uno
Pequeño y fornido como un perro bulterrier, solía pa- de los hombres más cercanos de Jiménez Blanco.
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

searse por el pueblo con la barbilla siempre tensa. Sus Buscar a los normalistas, sin embargo, no era la única
desencuentros con las policías ministerial y municipal, misión de Jiménez Blanco. Después de que se demostra-
a quienes acusaba de ser aliadas del crimen organizado ra la complicidad de la policía municipal con el crimen
de la zona, eran parte de su rutina diaria. organizado, la seguridad de Iguala había quedado en
Por supuesto, cuando decidió darle una escopeta a su manos del ejército y la Gendarmería. Por eso, cuando no
propia esposa y obligarla a patrullar por las calles del pue- subía al monte a desenterrar cadáveres, a Jiménez Blan-
blo, todos pensaron que estaba loco. co se le podía encontrar recorriendo las colonias, casi
—Mira, cuando una mujer toma un arma es porque un desesperado por convencer a los igualtecos de adherirse
cabrón no tuvo los huevos para hacerlo —me dijo cuando a su organización y crear una policía comunitaria.
insistí en el asunto—. Lo hicimos pa’ ver si a los hombres —No sean agachones, ¡carajo! —exclamó un día, a prin-
les quedaba un poco de vergüenza. Pero además hubo cipios de noviembre de 2014, a punto de perder el control
otra razón. Tuvimos que hacer estas chingaderas, poner- en la casa de Jorge Popoca, frente a una decena de maes-
33
tros que insistían en que las cosas no eran tan sim-
ples—. Los guachos se van a ir tarde o temprano y
ustedes se van a quedar con los mismos de siempre.
Junten a 100 personas en caliente y con esas empe-
zamos.
El furor parecía su única brújula. Hablaba de los
logros de la UPOEG en otros municipios —seguridad,
desarrollo, unión entre los pueblos—, con el pecho
hinchado de orgullo, sin detenerse, sin mostrar debi-
lidad. Pero lejos de la gente, cuando anochecía, apa-
recían las dudas.
—Crear un grupo de policía comunitaria aquí pue-
de ser considerado un golpe de Estado —se sinceró
una noche, con los ojos pelados y tratando de ocultar
su temor detrás de una risa de niño, como si todo fue-
ra una travesura—. Estamos a tres patadas de Chil-
pancingo, la capital. Vamos a valer madre, güey.
El Comité de Los Otros Desaparecidos de Iguala
fue fundado en esas mismas fechas, en la iglesia de
San Gerardo Mayela, que comenzó a operar como
centro de reunión para los familiares de los desapare-
cidos. Además de planear las búsquedas de fosas jun-
to con Jiménez Blanco, se comenzaron a organizar
acciones legales para exigir la compensación del daño
a los familiares y el trato digno a las víctimas. Fue en-
tonces que el discurso radical de Jiménez Blanco co-
menzó a ser incómodo.
Todo terminó el 13 de febrero, fecha en que un par
de motociclistas asesinó a tiros a Norma Angélica
Bruno Román, en las afueras del panteón municipal.
La mujer vivía enfrente de la iglesia de San Gerardo
y había participado en algunas de las búsquedas. Ji-
ménez Blanco se apresuró a emitir la alerta: un miem-
bro del grupo había sido asesinado a pesar de la pre-
sencia de la Gendarmería, la PGR y el ejército. Al día
siguiente, los miembros del Comité de los Otros Des-
aparecidos se apresuraron a deslindarse de ella. Bas-
tante trabajo les había costado quitarle el miedo a las
familias, para que un asesinato hiciera que todos se
alejaran de nuevo.
—¿Cómo te deslindas de una muerta? —pregunta Fotografía: Christian Palma
Popoca, sentado en la mesa de un restaurante del
centro de Iguala—. ¿No te parece un poco sucio eso?
Nosotros les reclamamos y ese mismo día dieron una
conferencia y se deslindaron de Miguel y de mí. no buscaba dinero. A veces no tenía ni para la gasolina.
—Miguel había iniciado las búsquedas, ¿por qué se Cuando no dormía en la plaza, en el suelo, dormía en mi
deslindaron de él? casa. Mientras tanto, hubo quien prefirió callarse, olvi-
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

—La Comisión Ejecutiva para la Atención a Víctimas darse de sus familiares a cambio de limosnas.
(CEAV) comenzó a nombrar líderes, a dividirnos —Po-
poca termina su cerveza de un trago y pide otra botella.
Continúa su charla con los ojos cada vez más enrojeci- ***
P
dos—. Comenzaron a contratar a quienes eran más hábi- or la ventana del departamento de Julia Alonso,
les rastreando fosas y les ofrecían despensas y dinero a el mar de Acapulco se traga al sol con lentitud.
los familiares, cada semana, a cambio de callarse. Miguel Miguel Ángel, dice ella, era un hombre impru-
siempre se opuso a eso. Por esta razón él había decidido dente, en efecto, con más buenas intenciones que me-
retirarse, meses atrás. Regresó cuando pasó lo de Norma todología. Pero en los siete años que se ha dedicado a
porque quería seguir, pero el sacerdote lo expulsó. A Mi- buscar a su hijo Julio Alberto López Alonso, durante los
guel lo empezaron a dejar solo porque él se opuso a que cuales ha pertenecido a varias organizaciones, desde el
se aprovecharan de la necesidad de la gente. No, Miguel Movimiento por la Paz de Javier Sicilia hasta Ciencia Fo-
34
la BÚSQUEDA
DE LOS 43
Miguel Ángel
tenía más miedo
a desaparecer
que a morir.

rense Ciudadana, nunca conoció a alguien capaz de de- iba muy pegado al otro carro ya no pudieron tratar de
jarlo todo por ayudar a la gente. detenerme, pues al otro carro lo dejé atrás en los topes y
Cuando el cuerpo de Miguel Ángel fue encontrado sin el otro estaba esperando más adelante (…) nunca había
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

vida en la carretera, el 8 de agosto, adentro del taxi en visto ese Tsuru que se me pegó demasiado. Fue muy cla-
donde trabajaba para, Julia Alonso fue de las primeras en ro, la verdad. Me avisaron que me cuidara, que se estaban
enterarse. Semanas antes, Miguel Ángel ya le había ad- preparando contra mí”.
vertido que había recibido amenazas en Xaltianguis. Apenas un año antes, Julia Alonso había creado Cien-
“Hoy vi a varios jóvenes en una curva donde han asal- cia Forense Ciudadana con el objetivo de entregar prue-
tado y se quedaron viendo mi taxi —le escribió Miguel bas de ADN a personas con familiares desaparecidos,
por whatsapp—. Vi cosas raras. Que venía en un taxi, el para que pudieran corroborar que los cuerpos que el
1134 se me pegó demasiado, con las luces muy altas, gobierno les entrega realmente correspondan a los de
quería rebasarme. Logré pasar unos topes que están an- sus seres queridos. “Sucede que muchas veces las au-
tes del lugar donde podían atacarme y alcancé a un carro toridades entregan un cuerpo que no es el de tu familiar,
que iba muy rápido. Y pasamos a un carro que estaba con sino el de otra persona”.
varios hombres echando luz con una lámpara (…). Y como Julia conoció a Miguel en los días en que los desapa-
35
recidos de Iguala se contaban ya por cientos. Le ofreció Mario Vergara conoció a Jiménez Blanco enfrente del
500 pruebas para las personas que acudían con él a de- Palacio Municipal de Iguala, también consumido por el
nunciar la ausencia de un hermano, una hija o un esposo. fuego durante las protestas que siguieron a la desapari-
—Tuvimos muchas confrontaciones, él y yo —dice Ju- ción de los 43. Allí, el 16 de noviembre de 2014, Jiménez
lia—. Yo subí dos veces con Miguel a las fosas. Era un Blanco convocó a 30 familias de los poblados cercanos
hombre demasiado impulsivo y muy crédulo con la gen- para subir al cerro a buscar fosas. En poco menos de me-
te. Todo se le hacía fácil. Pese a todo, siempre me causó dia hora, Jiménez Blanco les compartió su método para
una buena impresión. detectar fosas:
Julia duda un segundo antes de seguir, desvía la mira- —Donde vean que la tierra se pandea, allí puede haber
da hacia su ventana y contempla el mar por un minuto. algo. Si golpean la tierra y sienten que vibra, también.
—Uno de esos días, en Iguala, lo noté raro. Le pregun- Fíjense si hay bordes, porque el cuerpo ocupa un espacio
té dónde se estaba quedando. Él me dijo que se quedaba y entonces va a quedar tierra removida en los bordes de
con Popoca. Después me dijo: “Disculpe, señora; no he la fosa. Allí es donde hay que escarbar.
comido desde ayer, no tengo dinero ni para un taco”. Eran Esas sencillas instrucciones bastaron para localizar
las cinco de la tarde. “¿Cómo que no has comido desde cerca de 15 fosas esa mañana, sin ayuda de las autori-
ayer? ¿Pero por qué entonces estás aquí, Miguel? Tienes dades que tenían dos meses buscando infructuosamen-
familia, ¿cómo están ellos si tú no tienes con qué comer?”. te. Dos días después, la PGR se apersonó en la iglesia
Se le escurrieron las lágrimas. “Yo estoy aquí nomás por- de San Gerardo. Las familias ofrecieron a los agentes
que quiero ayudar”. Me conmovió, la verdad, me dio llevarlos al área de las fosas pero ellos evadieron el tema:
ternura ese hombre. Desde entonces siempre le reclamé no había tiempo, ni equipo, ni permiso. Las familias
que fuera candil de la calle y oscuridad de su casa. Él era decidieron regresar por su cuenta, acompañadas de
así. Siempre puso por delante las causas, antes que a él reporteros. Se encontraron con que la PGR ya estaba
mismo. Por eso es que no tenía miedo de que lo mataran. exhumando los cuerpos y miembros de la Gendarmería
Por eso mismo es que la UPOEG, todos sus compañeros, les negaban el paso.
dejaron de apoyarlo. Porque él se dio cuenta, con el paso —Tuvimos mucha desconfianza porque nos habían
del tiempo, que había muchas cosas torcidas al interior. dicho que no podían subir ese día. Y allí estaban y no nos
Ellos sabían que estaba bajo amenaza y no hicieron nada. dejaban pasar —recuerda Vergara, quien más tarde fue
Lo dejaron morir. contratado por la Unidad de Desaparecidos de la PGR
como “experto en fosas”, luego de que perfeccionara los

*** métodos de Jiménez—. Entonces Miguel sacó su teléfono


y marcó un número. “Oye, fulano de tal”, dijo gritando:

C
uando Jesús Murillo Karam presentó como pro- “Júntate ya esas 300 gentes que tenemos en Iguala por-
curador general su informe y declaró que los 43 que esto ya valió madres. Estos cabrones no nos dejan
estudiantes habían sido quemados en el basurero entrar, nos están engañando. Vamos a quemar la fiscalía”
de Cocula, Miguel Ángel fue uno de los primeros en se- —Mario ríe con desparpajo al recordar esto—. Así fue
ñalar que esa versión era insustentable. Jiménez Blanco como nos dejaron pasar. Yo siempre me río de eso porque
no tenía los conocimientos de un perito, ni era un exper- Miguel nunca tenía crédito en su teléfono, ¿ve, usted? Era
to en el comportamiento del fuego, pero conocía su tierra. muy mentiroso, muy exagerado… pero decía mentiras
Guerrero es un lugar donde hasta la misma vegetación chingonas. Por eso a mí siempre me cayó bien.
es violenta. El extremo calor, su cercanía con el mar, la
tierra fértil dotan a la naturaleza de un carácter salvaje.
Para vivir aquí es apremiante domar el monte o resignar- ***
P
se a subsistir bajo su yugo. Cuando llega el otoño, por arecía encontrar placer en ello. Encarar a una au-
ejemplo, los patios de las casas se llenan de tantas hojas toridad de alto nivel, sin temor, insultarlo en su
que se vuelve imposible caminar. cara y dejarlo en ridículo era, para Jiménez Blan-
—En algún momento, tenemos que quemar todas esas co, una mínima satisfacción después de las horas de des-
hojas, ¿ve? —muestra Mario Vergara, un hombre enjuto, velo y ayuno. Sus reclamos eran válidos: mientras la
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

de bigote ralo y piernas largas que busca a su hermano gente de Iguala se arriesgaba a subir al monte, territorio
Tomás, desaparecido en Huitzuco, un pueblito olvidado de sicarios y secuestradores, para descubrir las fosas que
a 40 minutos de Iguala—. Cuando usted quema una pila después entregaría a la PGR, los agentes solían dejar los
de hojas debajo de un árbol, al poco tiempo las ramas que restos abandonados durante meses. Las evidencias —
estuvieron expuestas al humo se secan. Eso lo sabemos ropa ensangrentada, restos de comida, credenciales—,
todos aquí. Miguel fue al basurero en octubre. Yo lo acom- incluso los cuerpos, quedaban sin vigilancia, y en no po-
pañé en noviembre. Y mire, allí los árboles estaban ver- cas ocasiones las fosas fueron profanadas y hasta relle-
des, hasta se asomaban hacia el agujero ese donde dicen nadas con nuevos cadáveres frescos.
que los quemaron. Que no mamen, allí no quemaron Su arrebato más furioso sucedió a finales de noviem-
nada. Vaya allá a la Perota, donde encontraron las prime- bre, cuando Manelich Castilla, el jefe de división de la
ras fosas y 30 cuerpos calcinados. Allí sí que quemaron Gendarmería Nacional, le reclamó que hablara mal de él
cuerpos, los árboles todavía, a estas fechas, están secos… en los medios de comunicación.
36
Jiménez Blanco se convirtió en una metralleta de
insultos: “Hagan su pinche trabajo, ustedes nomás se Cuando Jorge Popoca miró dentro del ataúd,
están haciendo pendejos. Bola de huevones, incom-
petentes”. Durante varios minutos discutieron, hasta la mañana del domingo 9 de agosto, sintió
que Manelich decidió dar la batalla por perdida y le
dio la espalda. “Ah, no, cabrón, ahora me vas a escu- pena. Miró el rostro pálido, regordete, de su
char hijo de la chingada”, le gritó Jiménez Blanco y
comenzó a enumerar todas las irregularidades que amigo y supo que nadie había preparado su
había visto en las últimas semanas.
—Ese día me di cuenta que Miguel no le tenía mie-
do a nadie —recuerda Jorge Popoca—. ¿Quién pues se
cuerpo: un hilo de sangre escurría aún.
atreve a ponerse así con una autoridad tan grande?
Decir lo que todos pensaban, sin disimulo ni falsa
diplomacia, era su sello. Denunciar en la radio o en la los hace responsables de cualquier cosa que pudiera
televisión la incompetencia de las autoridades era una ocurrirle a él o a su familia.
costumbre tan arraigada que muchos creían que su acti- A finales de 2013, Miguel Ángel Jiménez fue desti-
vismo no era sino un protagonismo, un hambre de fama tuido de la comandancia de Xaltianguis. Según su ver-
que no podía disimular. “Nada de eso, compañeros, la sión, la confrontación constante con los altos mandos
prensa es nuestro seguro de vida”, respondía él. de la UPOEG, así como sus prácticas oscuras, le habían
Cuando la televisora francesa France 24 emitió un quitado la confianza de la gente. Meses después, una
reportaje en el que informaba que 31 estudiantes habían escisión de la UPOEG, el Frente Unido para el Desarro-
sido levantados y desaparecidos en Cocula, basado en llo del Estado de Guerrero (Fusdeg), tomó el control del
un testimonio falso y por el cual tuvo que publicar un pueblo bajo las órdenes de Plácido Macedo, a quien
desmentido semanas después, todos señalaron a Miguel Miguel Ángel había acusado repetidas veces de traficar
y a Jorge Popoca como responsables del engaño. con goma de amapola.
En una entrevista con Adela Micha, Miguel Ángel re- La FUSDEG se apresuró a deslindarse de su muerte.
conoció a medias su falta de rigor: “El caso es el siguien- “Salvador Alanís, dirigente del Frente Unido para el De-
te: no son 31 jóvenes que levantaron de un solo golpe. sarrollo del Estado de Guerrero, aseveró: ‘Miguel Ángel
Fueron 17 en una ocasión y 14 en otra. Y hay muchísimos tenía varias cuentas pendientes; cuando estaba en la
más levantados. El detalle no es que sean 31, ni que sean UPOEG cometió abusos y atropellos. Lo acusaron de
estudiantes, sino que levantaron gente. Mira, la verdad levantar a una señora, a la que supuestamente torturaron,
esto es un relajo”. y la dejaron media muerta’”, publicó el diario La Jornada.
A partir de entonces, también los periodistas dejaron El objetivo del video, sin embargo, no fue sólo señalar
de responder sus llamadas. a sus posibles asesinos, sino también, de alguna extraña
manera, confesarse.

*** “Una vez estábamos haciendo un retén, en la noche


(…) cuando me hablan preocupados el comandante Ne-

C
uatro días después de su asesinato, se difundió ftalí y el comandante Garza. Me dijeron: ‘Consíguenos
en algunos medios de comunicación un video una bolsa negra’. (…) ‘Migue, échanos la mano, ayúdanos
grabado a principios de 2013. Jiménez Blanco para que no vean que vamos a sacar el carro’, me dijeron.
aparece en la pantalla, vestido con una camiseta roja, Ya después me enteré que al comandante Neftalí se le
los ojos fijos en la cámara, nerviosos. había ido la bala; le dio un tiro en la cabeza al conductor
“Si yo llegara a morir es por el comandante Neto, él es de un taxi. Después me enteré a quién le había disparado:
un peligro”, dice en los primeros segundos a un camaró- era mi primo (…). Mi tía anduvo buscando a su hijo mucho
grafo que lo interroga fuera de cuadro. tiempo. ¿Por qué tenía yo que callar eso? Yo no entendía.
Se refería a un compañero suyo: Ernesto Gallardo, co- Pero hablar, cuando eres parte de un movimiento, signi-
mandante regional de la UPOEG, un hombre originario fica traición. Donde más me dolía a mí era cuando mi tía
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

del Mesón, famoso por su actitud bélica: “Él es el más nos llevaba de comer, porque ella apoyaba el movimien-
involucrado en todo, sus grupos que tiene él, las fuerzas to. Mi primo, según Neftalí, era el responsable de un di-
especiales, son los que han causado los asesinatos. (…) Y funto (…); cuando Neftalí lo interrogó, mi primo les con-
como lo declaré, me he convertido en su enemigo”. tó que era sicario (…). Él decía que merecía morir. No soy
En poco más de 10 minutos, Jiménez Blanco denuncia de esa idea”.
la infiltración del narcotráfico, la corrupción y las prácti- Hasta el día de su muerte, Jiménez Blanco fue para
cas delincuenciales de la UPOEG, una organización cuyo todos un hombre que ayudaba a los familiares de los des-
origen fue, precisamente, combatir al narco, la corrup- aparecidos sin tener, él mismo, un ser querido ausente.
ción y la delincuencia en Guerrero. Acusa de asesinato, Un tipo que desenterraba cadáveres con una dedicación
de robo y de vínculos con la delincuencia a los coman- que ni su propia organización lograba entender. Hasta
dantes Neftalí Villagómez Herrera, Isidoro Pineda y Mel- entonces, nadie conocía la historia de su primo. Quizás,
quiades Urióstegui Pineda, que operan en Xaltianguis, y todo lo que Miguel Ángel Jiménez Blanco hizo durante
37
plena faena
El comandante
Migue, de playera
amarilla,
encabezó el
hallazgo de más
de 100 cuerpos.

el último año de su vida fue una forma de peniten- jaba un taxi y de acarrear pasaje de un pueblo a otro es
cia, una manera desesperada de ganarse la reden- que su familia se mantenía a flote. Murió a bordo del
ción por lo que había visto, por lo que había callado. Tsuru blanco que le daba de comer. Ese día, ni uno sólo
de los compañeros taxistas se asomó por allí. Fue un

*** funeral desolado, silencioso y con poca gente. De Igua-


EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

la sólo llegó Jorge Popoca y un par de personas más.

C
uando Jorge Popoca miró dentro del ataúd, la También fue Citlalli Miranda, la misma mujer que jun-
mañana del domingo 9 de agosto, no sintió nada to con el sacerdote lo expulsó del grupo de los Otros
más que pena. Miró el rostro pálido, regordete, Desaparecidos. La familia Vergara organizó una peque-
de su amigo Miguel Ángel y supo que nadie había prepa- ña colecta que le hicieron llegar a su viuda: reunieron
rado su cuerpo: un hilo de sangre escurría aún por su apenas 5 mil pesos. Sólo eso.
nariz. Lo recordó entonces lavando su ropa en el patio de Tampoco apareció un solo elemento de la UPOEG. En
su casa, en Iguala. No tenía más de un año de conocerlo otras ocasiones, en otros municipios, el secuestro o la
y, sin embargo, sintió que había perdido a un amigo muy muerte de algún comisario era suficiente para que cientos
antiguo. El mundo, pensó, es un lugar horrible en donde de elementos armados se presentaran a tomar el pueblo.
poco importa dar la vida por los otros. “Lo que nos hacen a uno, nos lo hacen a todos”, era el
En los últimos años de su vida Jiménez Blanco mane- lema de la organización. Pero al funeral del comandante
38
—Quieren endilgarnos a nosotros la muerte de Mi-
guel —dice Bruno cuando se le cuestiona sobre su
olvido—. Pero eso es falso. La razón de su muerte es
una desobediencia. Él no tenía nada que hacer en
Xaltianguis. No tenía que aparecerse por allí. Pero ya
sabes cómo era él. “No pasa nada”, decía.
Plácido llegó esta mañana a la Ciudad de México.
Hace unos meses, se lanzó como candidato a diputa-
do federal por parte del Partido Humanista, pese a
que durante años negó que tuviera interés en alcanzar
un puesto político. La familia de Jiménez Blanco sos-
pecha que el protagonismo de Miguel Ángel, además
de su postura radical, era ya un estorbo para las aspi-
raciones políticas de los líderes de la UPOEG.
—A su funeral no asistió nadie de la organización
—se le insiste.
—Ya nos habían matado a Miguel, ¿querías otros 10
muertos en Xaltianguis? —Plácido chasquea los labios
y remueve los cubiertos de su plato—. Las cosas allí
ya no son como antes. El Fusdeg es un cuerpo creado
por Gobernación para confrontarnos. Ellos tienen
cuernos de chivo, nosotros escopetas.
—¿Eran ciertas las denuncias de Miguel hacia la
UPOEG?
—¿Cómo vas a evitar que se infiltre alguien si la
mayoría de la gente está maleada? Narcotráfico, tra-
ta de personas, corrupción, venta de órganos —Bruno
Plácido suspira y baja la mirada con enojo—. Imagina
que te doy un baño y te dejo limpio, pero a tu alrededor
todo está lleno de mierda. Y entonces te digo: “¡No te
ensucies!”. ¿Cómo le haces? Tienes que limpiar la
mierda en la cabeza de la gente, pero eso no se logra
con armas. Por eso nosotros insistimos en que el pro-
blema de fondo es la pobreza.
Unas semanas antes de morir, Jiménez Blanco se
reunió con el Alto Comisionado de Naciones Unidas
para presentar un informe sobre las desapariciones
en la Costa Chica y en los alrededores de Iguala. Du-
Fotografía: Christian Palma rante 10 meses había reunido una cantidad inmensa
de información con respecto a los estudiantes desa-
parecidos y había colaborado con los expertos inde-
pendientes de la CIDH. No había terminado. A finales
Miguel Ángel Jiménez Blanco no llegó nadie, ni un solo de mayo, él y Bruno Plácido habían reunido suficientes
policía comunitario se presentó a rendir condolencias a testimonios para sospechar que algunos de los cuerpos
su familia. Nadie se despidió de él. de los normalistas habían terminado dentro de unos po-
zos en Apipilulco, cerca del basurero de Cocula.

*** —Él tenía la orden de pedir medidas cautelares inter-


EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

nacionales antes de hacer nada, porque era muy delicado


No escribas todo lo que te cuentan. La gente —explica Plácido— . Pero se adelantó.
juzga fácil a los que somos actores sociales. A mediados de junio, Jiménez Blanco pidió apoyo a
Es fácil criticar cuando eres un espectador. Julia Alonso y a Jorge Popoca. En pocos días se armaron
El que habla, sin ocultar una mueca de fastidio, es de sogas, una planta de luz, bombas y mangueras que
Bruno Plácido, líder y fundador de la UPOEG. Este mo- servirían para extraer el agua de los pozos. Cuando lle-
reno chaparrito, de barba espinosa y mirada torva, fue garon al área, le dijeron al guardia que eran inspectores
uno de los hombres que Jiménez Blanco más admiró en de sanidad con la orden de revisar la presencia del mos-
vida. “Si crees que yo me chingo, deberías ver a Bruno. quito chinkungunya en el agua estancada. “Dos de los
Ese hijo de la chingada no descansa nunca”, repetía con pozos apestaban a muerto —dice Julia Alonso—, también
fervor. Sin embargo, Bruno fue uno de los grandes au- encontramos larvas en el agua, larvas muy parecidas a
sentes en su funeral. las que habíamos visto en las fosas”. Durante varias horas
39
se enfocaron en drenar el agua, pero el lodo o algún otro propiedad en donde niños y perros se amontonan sin
residuo, hizo que las mangueras se atascaran. orden. Más allá, al fondo de la casa, dos niñas morenas
Regresaron al otro día, pero Jiménez Blanco no so- y esbeltas corretean. Tonatiuh, de nueve años, y Zeltzin,
portaría la tentación de llamar a los medios: “Un miem- de 14, también son hijas de Miguel Ángel. Sus risas se
bro del comité Los Otros Desaparecidos, que es parte mezclan con el estruendo minúsculo de los insectos que
del equipo de excavadores de fosas clandestinas que revolotean en la hierba.
trabaja con la PGR, informó a los reporteros que el do- “Algún día vas a entenderme, mujer”, le decía Miguel
mingo descendió al pozo hasta el nivel del agua, a unos Ángel a Silvia cuando ésta le reclamaba sus constantes
seis metros, y con unas varas y ganchos de metal encon- ausencias, la falta de dinero y esa necedad tan bruta de
tró a unos tres o cuatro metros de profundidad al menos andar ayudando a todo el mundo, siempre lejos de casa.
tres bolsas de plástico, las cuales se rompían por el peso, “Al final todos te van a dejar solo, Migue. Algún día nos
y volvían a caer a lo más profundo”, publicó El Sur de vas a hacer falta a nosotros”, le reprochaba ella. Ahora
Acapulco el 3 de julio. lamenta que sea verdad.
—Miguel no entendió nunca que teníamos que actuar —Cuando formó la policía comunitaria, aquí en Xal-
con sigilo —dice Bruno Plácido con parquedad—.Tenía tianguis —dice Silvia—, siempre dijo que todo esto lo
la orden de no informar nada. Cuando Miguel regresó a hacía por sus hijos, por nosotros. Pero nosotros sufrimos
los pozos por tercera vez, ya no encontraron nada. su ausencia. Cuando fue lo del huracán Manuel, él se
Bruno Plácido se levanta de la mesa y da la entrevista fue a levantar puentes, a sacar las cosas de la gente que
por terminada. Antes de despedirse, enuncia las únicas vivía al lado del río. Mientras tanto, la casa donde ren-
palabras amables hacia su ex compañero asesinado: tábamos se estaba inundando. “Qué haces allá, ven con
—Mucha gente tiene dinero, pero no tiene tiempo. tus hijos, se nos va a caer el techo encima”. Él decía que
Miguel dio todo su tiempo por nada. Eso lo hacía más estaba haciendo una labor para dejarle una herencia a
valioso que cualquier otro. Hay muchos que ven cómo sus hijos. Y mire, no nos dejó nada.
la gente muere a su alrededor y piensan que nunca les —¿En verdad, nada?
va a pasar a ellos. Eso se llama mezquindad. Miguel —Ni siquiera una casa propia. Pero le voy a decir una
podía tener todos los errores del mundo, pero no era cosa: mis hijas están orgullosas de su papá. Ellas no sa-
mezquino. Sólo por eso es un héroe. Gracias a él, mucha bían lo que su papá andaba haciendo. Ahora, con todo lo
gente está viva. que pasó, lo vieron en los periódicos, lo vieron en la tele.
Mi hija mayor, Zeltzin, va a cumplir 14 años y se emocio-

*** na cuando habla de él. Cuando yo lo conocí, él ya tenía


otros cuatro hijos. Ellos también están orgullosos.

E
n su regazo, Silvia Hipólito carga a un niño de ocho Pero hay recuerdos que no sanan. Silvia Hipólito re-
meses que no para de hacer rabietas. Tiene la piel cuerda cuando su esposo llegaba por la noche, con los
blanca, los rasgos duros y una cara cuadrada de pies llagados de tanto caminar, el olor a tierra y a muerto
donde brotan dos ojos oscuros con forma de nuez. Miguel todavía en la ropa. Lo miraba dormir mal, entre pesadillas
Ángel tiene el mismo rostro de su padre, de quien tam- y sobresaltos. No podía evitar llorar cuando notaba que
bién heredó el nombre. sus pies no dejaban de moverse, como si siguiera allá, en
Los ojos de Silvia, dos ranuras bravas sobre un rostro el monte, siempre lejos.
moreno y suave, se ensombrecen. Dice que su esposo Por eso Silvia no perdona a la gente. Cuando sale a la
no les dejó nada. Que entregó su vida a los otros y que calle evita las miradas de todos, no quiere sus falsas con-
nunca se preocupó por dejarles un patrimonio a sus hi- dolencias. Le duele recordar a Miguel Ángel levantándo-
jos. Lo conoció, recuerda, hace poco más de 15 años. se todos los días y ver que, lo primero que hacía, era po-
Él era entonces un vendedor de productos naturistas nerse la playera de la UPOEG.
que creía con fervor en los beneficios de una alimenta- —Lo abandonaron. ¡Lo abandonaron todos! —dice
ción sana, de una nutrición bien planeada. ahora, como reprimiendo un grito—. Es como si él nunca
—Cuando era joven, él estuvo muy enfermo —cuen- hubiera existido para ellos. Ni se aparecieron por aquí
ta Silvia, sentada en una silla de plástico, mientras in- cuando murió, ni una llamada, ni un mensaje. Nada.
EMEEQUIS | 05 de octubre de 2015

tenta calmar el llanto de su bebé—.Tenía problemas del Anochece en Xaltianguis. Silvia Hipólito se lleva una
riñón, problemas de la vista. Los médicos no le daban mano a los ojos para ocultar la amargura. Dice que en el
mucho tiempo de vida. Entonces encontró la medicina pueblo han regresado también los malos tiempos. Los
natural y, como por milagro, se recuperó. Desde enton- narcos que cobran piso, los secuestros, los asesinatos.
ces le gustó organizar redes para distribuir productos “¿De qué sirvió, dígame, todo lo que hizo él si ahora todo
naturales, para que la gente formara sus propios nego- vuelve a ser igual?”.
cios. Pero él no obtuvo nada de eso tampoco, organiza-  Silvia guarda silencio y mira a Miguel Ángel, su hijo
ba redes y luego se iba a otra empresa. Pasó de vender de ocho meses. Lo acaricia con la punta de la nariz y aprie-
Omnilife, a vender Oxinet, a vender Royal Comfort. Y ta los ojos, los labios, con ganas de guardar las lágrimas
nunca quiso hacer su propio negocio. y el rencor para sí misma. Al contrario de su esposo, a ella
Silvia habla desde el pórtico de una pequeña casa, no le gusta hablar con los reporteros, ni exponer su vida.
cerca del centro de Xaltianguis; la trastienda de una Para qué.
40