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EL ASALTO

A LA
BANCA
MARIBONA
ARTICULOS PUBLICADOS SOBRE EL ASUNTO EN LA VOZ DE ASTURIAS DE LA
ÉPOCA

Llegaba a la redacción al mediodía de ayer, una noticia sensacional; una de esas noticias
a las que ya podíamos estar acostumbrados a fuerza de repetirse en España: un atraco a
mano armada en un Banco de Avilés… Un atraco de pistoleros, en el que habían jugado
todos los elementos que intervienen en estos sucesos, tales como secuestro de un chófer,
robo de un automóvil, cloroformo... acorralamiento de empleados, mordazas... hasta gritos
de mujeres. No había que perder mucho tiempo, en gracia a la información que habrían
de exigirnos nuestros lectores. Marchamos enseguida a Avilés y he aquí la serie de
relatos y detalles que hemos recogido en la vecina villa,
El teatro tuvo sus cambios de decoración. Habríamos de empezar por el relato del chófer,
que es curioso, peliculesco y muy de folletín, pero llegamos antes a la Banca de
Maribona, y aprovechando el tiempo entramos en el establecimiento.
Varias personas se apiñan ante las ventanillas de despacho. El gerente don José
Maribona atiende tranquilo a la clientela. Logramos hacernos ver:
– ¿Ya ustedes ahí? Les esperábamos, aunque nos desagrade que a este suceso se
le de una importancia tan grande.
– La que es preciso dar, no sólo para saciar la curiosidad de los lectores, cuanto por
lo necesario que creemos no ocultar entre las noticias sin importancia, estas que
pueden causar estado de opinión y despertar la conciencia colectiva contra hechos
de esta naturaleza
– Pasen ustedes, aunque no les puedo atender inmediatamente.
Ante la mesa del jefe general de la casa se sientan varias personas y unas distinguidas
damas, se hallan alrededor de un anciano señor, que habla con serenidad a los
circunstantes. Es don Francisco Maribona, el jefe general de la casa. Sus hijas le rodean y
todos sonríen a nuestro arribo, por adivinar el objeto de la visita. Algunos de los que
rodean al señor Maribona nos conocen y no hace falta hacer presentación ni exponer
motivos de la visita. Una hermosa joven de acento americanizado, bella morena, de
expresivos y negros ojos, ha sido testigo presencial, figura de la escena primera;
protagonista en suma, porque el hecho de ser mujer le daba un especial relieve en el
suceso:
– ¿Tiene usted la bondad de decirnos su nombre?
– María Suárez
Es solterita, tiene 23 años, y vive en Santiago del Monte. Nos va diciendo así:
– Serían las once de la mañana. Yo me había acercado aquí para hacer unas
operaciones. Había otras personas en la sala del público; no puedo precisar
cuantas, pero no creo que más de cuatro. Entraron unos jóvenes, a los que no di
importancia. Todos ellos se situaron alrededor de la mesa que ojearon objetos... No
tenía importancia para mi lo que pudieran hacer y no les preste atención. Pero, de
repente oí, mas que vi, como penetraban en el interior, en las dependencias de la
casa, y amenazaban a alguien. Miré y vi que una pistola me encañonaba... Quise
gritar; mejor dicho, grité pidiendo auxilio, pero uno de los pistoleros, de los que
habían quedado en la sala del público, se abalanzó sobre mi tapándome la boca
con una boina. Aquel sujeto al tiempo de taparme la boca, me decía al oído.- Si no
calla la mato. Entonces también escuché que uno de los que estaban dentro, acaso
el que hacía de jefe de la banda, decía al que me tapaba: - No asustar a la señora.
Que se siente y se calle. Al mismo tiempo, a las otras personas que se hallaban
donde yo, las amenazaban con las armas de fuego y las obligaban a recogerse a
uno de los rincones; el mas al fondo de la estancia. Allí permanecieron minutos de
siglo, hasta que abandonaron la banca. En medio del aturdimiento me quedaron
frases de los atracadores como esta: - Es poco pero bueno, que le vamos a hacer.
Se referían a la cantidad de dinero que llevaban, que, al parecer, no eran lo que
contaban llevarse.
– ¿Cuantos eran?
– Yo creo que eran siete. Jóvenes todos, de unos veinte años.
– ¿Que tiempo invirtieron en el atraco?
– No se bien; me pareció mucho entonces, pero no habrán sido mas de diez minutos.
Lo que dice Don Francisco Maribona:
– Estaba sentado, donde ustedes me ven ahora. Este mi sitio habitual (la mesa del
señor Maribona se halla casi frente a la entrada, un poco a la derecha). Me hallaba
aquí con Don José Galán González, a quien tengo el gusto de presentarle, porque
es este mismo señor que está aquí. La hora fue la de las once u once y cuarto de
la mañana. Sentí, hacia afuera, algún movimiento extraño y al mirar a la puerta, la
vi abrirse y a pareció la figura de un individuo que me apuntó con una pistola,
cerca, muy cerca, al tiempo que me decía: - Si se mueve lo mató. Ni que decir
tiene que no me moví. Observé, con bastante calma, eso si, y vi como los otros que
entraron, otros tres, apuntaban con las pistolas a mis empleados y les invitaban a ir
hacia la estancia que está en el fondo, que es la de contabilidad y archivo, donde
los metieron a todos. Tardaron en operar unos veinte minutos. Cuando marcharon
abrí el balcón y Don Alejandro Bango, que pasaba en aquel momento, le dí cuenta
rápida de lo que pasaba y le mandaba avisar a la policía.
Don Francisco nos cuenta que en una dependencia, a la que se entra por el salón del
público, estaba un dependiente. Allí entró un pistolero, al tiempo que los demás lo hacían
en la sala general de servicio, y obligó al dependiente mencionado a reunirse con los
demás, lo que así hizo. Fue un acorralamiento rápido, que no permitió hacer nada para
evitarlo
– ¿Que dependientes había en la sala?
– El Gerente, don José Maribona,el apoderado don Florentino Arribas, don Fernando
Aza, don Celso Carreño, don Bernardo R. Maribona, don Alfredo maribona, don
José García del Viso, don Aurelio F. Olamendi, don José Luís Orobio, don Luís
Corujo, don José García Dosal, el cajero don Casimiro Valdés. El cobrador don
Aurelio Alonso, se hallaba en la calle de servicio.
Aprovechando la ocasión de hallarse con don Francisco, don José Galán González, que
fue también sorprendido por los pistoleros, le hicimos algunas preguntas. Tiene 77 años y
es de Castrillón. Confirma cuanto ha dicho el señor Maribona, y dice que él no intentó ni
moverse. No dio la vuelta siquiera, para ver como operaban los atracadores. Tal como
estaba sentado, así permaneció, que era espalda a la sala de empleados.
Otro señor de edad,de otros 77 años, don Francisco Menéndez de Corvera, ha sido
testigo de parte de los hechos: “Entré al banco, y lo primero que advertí fue que una mujer
lloraba; mas antes de que pudiera darme cuenta de lo que allí pasaba, me vi amenazado
por un sujeto que me encañonaba con una pistola, al tiempo que me mandaba pasar
hacia el rincón donde estaban los otros, a lo que obedecí sin vacilar.
Otro entró en el banco y se tropezó con una pistola que le atisbaba desde detrás de la
puerta. Era el sorprendido Ramón Gormilla, fabricante de salazón de Avilés. Le
interrogamos también, es hombre fuerte, con cara de no asustarse fácilmente, y nos dice:
– Pero amigos míos, los argumentos fueran tan rápidos y contundentes... Entré y lo
primero que vi fue una pistola que me apuntaba; oí que se me invitaba a reunirme
con los demás arrinconados y al mismo tiempo que me registraba, sacándome una
cartera en la que guardaba 175 pesetas. Cumplido este requisito pasé al rincón
como todos, y en él permanecí hasta que tuvieron a bien desalojar el
establecimiento, cosa que no tardaron en hacer.
Don Florentino Arribas es el apoderado de la casa, como hemos dicho, su mesa se
encuentra detrás de la puerta de entrada. Es decir, que al abrir, queda su mesa tapada
por la hoja de la puerta:
– En el momento en que entraban los atracadores, yo extendía un recibo por la
cantidad de ciento treinta y cinco pesetas con cuarenta céntimos, que aquí las tiene
usted. Aquí estaba cuando me apuntaban con la pistola y me mandaban pasar a
donde iban acorralando a los demás, Me hallaba en aquel momento con don
Fernando González, amigo mio. Esta cantidad estaba en billetes del Banco de
España y en papel de la Deuda Perpetua, había 7500 pesetas.
Por cierto que al entrar ellos, como lo hacían con precipitación dije:
– Que salvaje será el que entra,
El salvaje me apuntó rápido, por haber hablado, pues de otro modo no me hubieran visto
Hablamos con el resto de los empleados. Todos coinciden en el relato, si bien haya
algunas diferencias de apreciación, en cuanto al número de pistoleros y lugares que
registraron; pero en general, hay uniformidad en los relatos.
Don José García del Viso, que se hallaba en la mesa del fondo de la estancia nos dice:
– Oí ruido hacia la puerta, miré y no tuve mas tiempo que a levantar los brazos, como
todos, y como todos ir andando hacia atrás, hasta entrar en esa dependencia, que
es la de contabilidad.
– ¿Y aquella puerta que hay en el fondo de esta estancia de los servicios de
contabilidad?
– Da a la calle y está atrancada. No es posible hacer uso de ella en poco tiempo.
De cinco a seis minutos nos dicen los dependientes de la banca que tardaron en operar
los chavales
– Como los chavales ¿eran muchachos?
– De no más de veinte años. Vestidos correctamente. Uno de nosotros cuando
entraban dijo: “Estos aldeanos hacen lo que los pavos; entran en bandada...”
¡Buena bandada fue! ¡Que nadie se mueva! , oímos gritar a las puertas de las
oficinas... Entraron tres. Fuera había mas porque amedrentaban al público y
escuchábamos voces ordenando ir hacia un rincón a todo el mundo. Al cabecilla le
llamaban Enrique
– ¿Les vieron ustedes si estaban nerviosos, indecisos?
– Nerviosos no. Operaban con una gran serenidad. Fueron hacia la caja, hacia los
cajones de pago... metían en una bolsa lo que cogían... Indecisos puede ser, pues
que sobre esta mesa había la cantidad de 570 pesetas (nos dice don Aurelio F.
Olamendi, que es el que las tenía a su cargo)... tuvieron que verlo.
– ¿Donde estaba usted?
– En la caja, precisamente. Iba a abrir, cuando sentí ruido, me volví y me encontré
con las pistolas apuntando. En la caja no robaron. Se llevaron el dinero que había
situado en los cajones del mostrador de servicio y un cesto con monedas de oro,
de la caja. No registraron más ni se llevaron las cantidades que había en plata.
Unos recogían el dinero; los otros nos cuidaban
– ¿Puede decirnos que cantidad se llevaron los atracadores?
– No es posible de momento; porque hay que hacer el arqueo. Hasta la hora de
cerrar las operaciones del día, no podrá saberse; pero pueden ser unas ciento
cincuenta mil pesetas. Como se llevaron monedas de oro y plata, aunque no en
cantidad, lo más seguro es que lo robado ascienda a ciento cincuenta mil pesetas.
El Gerente nos sigue informando:
– Yo creo que eran unos nueve los que intervinieron. Tres o cuatro entraron en el
interior de las dependencias y lo menos cinco o seis estaban conteniendo al
público. En la caja se hallaba el pagador, don Casimiro Valdés. Vimos que lo
primero que hicieron fue dirigirse al teléfono y rompieron los hilos. Después sólo se
preocuparon de recoger lo que había en el mostrador.
Preguntamos a los empleados si conocieron a alguno de los pistoleros
– No, pero uno de ellos parece ser que anduvo por Avilés estos días. Todos ellos son
muy jóvenes, algunos vestían bastante bien y otros con la camisa abierta
despechugados.
La banca que fue atracada se halla en la calle de Pedregal, esquina a Alfonso VII.
Inmediatamente que salieron a la calle, entraron en el automóvil que los esperaba al
volante del cual había un sujeto. Velocísimamente emprendieron la marcha. El público
dice que tiraron hacia la carretera de Grado; poco más tarde se confirmaba la noticia.
Fuimos en busca del chófer Rodrigo González. Le encontramos en uno de los cafés de la
villa avilesina. Es joven, demuestra ser hombre de gusto en el vestir. No pone reparo a
nuestras pretensiones. Sólo nos pide que le dejemos hacer el relato, para que no le
vayamos a aturdir con preguntas, accedemos gustosos y nos cuenta así:
– Llegaron a mi casa dos sujetos como a las diez de la mañana, y me pidieron
servicio para ir a San Juan de Nieva a ver a “David el Carnicero”
– ¿Existe ese señor?
– Si, si. Prepare el coche de la matrícula de Oviedo num. 5036 y salimos para San
Juan de Nieva. Por el camino me mandaron detener el coche y se acercaron otros
tres, que entraron en el vehículo también. Fuimos a casa de Gaspara a Salinas,
que es un chigre, y preguntaron allí por David. No estaba. Entonces fuimos a la
propia casa de David, donde tampoco se hallaba y donde ellos sostuvieron una
viva conversación con la mujer, que se empeñaba en saber para que querían a
David. Íbamos por la zona de los pinares, cuando a pretexto de una urgencia,
mandaron que parase. Lo hice así y ellos descendieron del vehículo, quedando uno
cerca. Al poco tiempo se acercaron, pero ya acompañados de otros. Abrieron la
portezuela de la dirección y vi que una pistola me apuntaba al vientre. Uno de ellos
me dijo: Apéese... No perdamos tiempo... Apéese y venga con nostros. No le va a
pasar nada ni tampoco le pasará nada al coche, que ha de recobrar. Venga
enseguida – al mismo tiempo que me sujetaban por un brazo. Salí del coche y me
dí cuenta de que había unos siete individuos.
– Yo contemplaba como uno de ellos abría un paquete del que sacaba unas cosas.
Otro destapó un frasco en el que empapó un pañuelo. Comprendí que todo aquello
era para mí... en efecto, el que empapo el pañuelo se me acercó y me lo aplicó a la
cara, amordazándome y atándolo fuerte atrás. Otros me ataron los pies y las
manos. Pronto el efecto del cloroformo se apoderó de mí. Pero antes de perder el
conocimiento, pude escuchar unas frases, que se me quedaron grabadas “Quítale
el reloj de pulsera y méteselo en el bolsillo para que no lo rompa al caer...” Yo no
sentí mas... Al despertar estaba en el interior de los pinares. Pronto reproduje todas
las escenas en la memoria. Lo primero que hice fue usar de las manos, que atadas
las pude llevar hasta la boca, para deshacerme del pañuelo. Poco a poco libré las
manos. Me acordé del reloj y lo busque en el bolsillo. Miré la hora. No eran más
que las once y media. Supuse que no podían estar muy lejos y me apresure a
librarme de las ligaduras de las piernas, lo que conseguí forcejeando por quitarme
los zapatos, tiré del pantalón hacia abajo, con lo que las ligaduras quedaron flojas y
entonces terminé de desembarazarme de ellas. Medio borracho por los efectos del
cloroformo, salí a la carretera y me fui al puesto de la Guardia Civil de Salinas y
luego a mi casa, pues tengo la familia en dicho sitio. Una cosa me llamó la
atención: no me faltaba la cartera, y eso que en ella guardaba cuatrocientas
cincuenta pesetas... No tengo más remedio que reconocer que conmigo se
portaron muy bien.
Si no abundase el relato de los hechos, pudiéramos servir al lector un emocionantísimo
trozo de la película con el relato que ahora vamos a empezar: Fue la persecución de los
atracadores.
Inmediatamente que los atracados pudieron dar cuenta a las autoridades,las fuerzas de la
Guardia Civil de Castrillón, que manda el teniente Francisco Estévez, se dispusieron a
salir en persecución de los pistoleros. Dábase aviso a Grado para que las fuerzas de la
benemérita de allí coadyuvaran con las de Castrillón, así como se avisaba a las de
Miranda, Salinas y Avilés se disponían a idéntico servicio.
El automóvil era ya conocido,por que el conductor de él había dado el número a la
Guardia Civil de Piedras Blancas.
Poco después salían los primeros en automóvil hacia la carretera de Grado. No muchos
kilómetros anduvieron, cuando dieron vista a un automóvil que marchaba velocísimo.
Había que darle alcance... Pronto estuvieron a distancia que hacía posible mirar la
matrícula... ¡Era el que buscaban! La lucha se entabló por los conductores. Mucho
corrían: ellos, que uno de los atracadores le conducía y le colgaba del pelo logra
escaparse, Mucho corrió el que conducía a los guardias, cuyo nombre hemos de recoger.
Pero de pronto lo imprevisto. La providencia en forma de carro se interpuso a los
pistoleros en el kilómetro 10 de la carretera de Grado a Luanco.
Como decimos un campesino conducía un carro. La pareja se asustó y se interpuso. Los
pistoleros trataron de escabullirse. Imposible; al otro lado había un guarda cantón y contra
él fueron a estrellarse. De rechazo tropezaron con un árbol. La Guardia Civil se fue
encima. Ya estaban cerca; pero los muchachos no se arredraron. Rápidos como el viento,
se echaron fuera del coche y se tiraron a los prados inmediatos, huyendo a campo
traviesa, en dirección a los vecinos montes. El lugar pertenece a Grullos.
Los guardias también bajaron del automóvil y se fueron en persecución de los fugitivos.
Ya habían llegado a las inmediaciones del suceso las fuerzas de Grado, y combinados
entraron en el monte tras los pistoleros.
La Guardia Civil se dio cuenta, de que dada la agilidad de los mozos, podrían escaparse.
Hicieron unos cuantos disparos, no con intención de herirles
Los disparos dieron resultado, pues que tres de los que huían tremolaron sus blancos
pañuelos en señal de que se entregaban.
Brazos en alto permanecieron hasta que los guardias los rodearon. Jadeaban todos. Por
los rostros de guardias y detenidos corría el sudor a torrentes. Volvieron a los coches y en
ellos acomodaron, esposados a los tres. La detención fue realizada por el sargento
Calixto Piniella y el número Antonio Hernández de Piedras Blancas.
Ante el juzgado, a donde fueron conducidos, se congregó una gran cantidad de gente en
pocos momentos. El juez don Manuel Isern Salvadores, se constituyó enseguida y
comenzó la declaración de los sujetos. Hemos de consignar antes de seguir adelante, que
el señor Gobernador de la provincia, acudió a Avilés a la primera noticia. Dispuso que no
se escatimara cuanto fuese preciso: autos para la Guardia Civil etc. encomendó el mayor
interés y diligencia en la captura de los malhechores. El resultado pronto se vio. Como
decíamos el juez empezó a actuar y tan pronto le fueron presentados los detenidos los
sometió a interrogatorio. Vamos a comenzar nosotros por el relato del que apareció como
cabecilla de la cuadrilla de pistoleros. Se llama José Molina Martínez de 26 años. Dijo ser
escribiente, soltero y natural de Gijón, en cuya población vivía en la calle de García
número 4 bajo. Es hijo de Juan y de Claudia. No podemos conocer el secreto del sumario,
pero si lo bastante para saber que ha dicho. Había estado en Avilés el pasado lunes
estudiando la manera de operar en alguna cosa. Se dio cuenta de que el atraco a la
banca Maribona era cosa de fácil realización, con un poco de maña, algo de valor y quien
ayudase eficazmente. Para buscar la ayuda había que tener cuidado, elegir bien. Pensó
en la cuenca minera y se marchó a La Felguera. Ya allí habló con varios a los que no
conoce. Algunos le hicieron caso, les pareció bien y se sometieron a sus órdenes.
Entonces dispuso que fueran a esperarle ayer en el Parque de Avilés, a donde el habría
de llegar para darles instrucciones. Por la mañana de ayer marchó al Musel, en donde
tomó el tranvía de Avilés, llegando en las primeras horas de la mañana. En Avilés le
esperaba el resto.
Muy lejos llevó su relato. Nada menos que lo entroncó con el bombardeo del “Badem”,
ocurrido como nuestros lectores saben en Río de Janeiro. Dice que un practicante de
aquel barco, que falleció, por cierto en el bombardeo, le había facilitado en Gijón, un
frasco de cloroformo, el que usaron para dormir al chófer. Se llamaba el practicante en
cuestión Emilio Remis. La pistola que llevaba era la “Star” y la había adquirido él.
Pasamos al ovetense, José María Castro. Un buen orador. Dice que hace días José
Molina se le acercó en Gijón para proponerle el atraco a la banca Maribona. Le pareció
bien el golpe y aceptó. Ayer fue desde Gijón a Avilés con Molina Martínez, juntándose en
dicho pueblo con los demás, gentes todos de la cuenca minera, y conformes con el
atraco. En lo demás coincide. José María Castro Feito es de Oviedo, tiene 19 años, es
soltero y es hijo de Antonio y Herminia y vive en Gijón, en la carretera de Villaviciosa
número 101 bajo. Llámase el otro detenido Vicente Gutiérrez Fernández, de 23 años y
natural de San Claudio, en Oviedo y vivía en La Felguera, en La Campa. Tampoco aporta
más luces sobre los hechos. Se ve que todos ellos estaban bien convenidos en realizar el
hecho, que lo estudiaron a fondo, y lo practicaron meditadísimo.
Cada detalle es precioso a la película que para si quisieran los americanos. Los cacheos
fueron muy interesantes, porque se les ocuparon diversos objetos, todos ellos usados en
el suceso y codicia que a él los impulsó. Tres pistolas: marca “Star” “F.N:” y “Vincitor”.
Cinco cargadores de repuesto. Un rompe cabezas de aluminio. Un antifaz negro, que
verlo sobre la mesa imponía. Montoncitos de monedas de oro, entre las que abundaban
las peluconas... Billetes ¿Cuanto en junto? En billetes del Banco de España veinte mil
seiscientas cincuenta pesetas. En monedas y plata no sabemos bien, pero todo ello
alrededor de las veinticinco mil pesetas. Recibos del Socorro Rojo. Poco después de
prestadas las declaraciones, el juez los incomunicaba y mandaba encarcelar en la cárcel
de Avilés. El público siguió a los detenidos y comentaba el suceso de modo distinto y
según las inclinaciones o psicologia del comentarista.
De las señas que dió el José Molina, se sabe que hablaba de otro mas bien alto, luego
decía que medía unos 174 cm moreno de 25 o 26 años, traje gris claro. Otro estatura
regular, grueso, pelo castaño, afeitado, con traje azul marino. Tiene una cicatriz que le
cruza el lado derecho del cuello hasta la oreja. Otro de igual estatura que el anterior, traje
color café, delgado, moreno, de 22 o 23 años, y un último es bajo, delgado, traje color
café, moreno y de unos 23 o 24 años. En el registro que hizo el director de la cárcel a los
que le habían sido entregados, hubo un nuevo hallazgo. A José Molina Martínez, le
encontró 400 pesetas más y dos peluconas; una de Carlos III y una de Carlos IV, 15 duros
y dos cuponiquel extranjeros. Iba a ver si las salvaba del naufragio.
Como dejamos dicho, la Guardia Civil del puesto de Grado y otros lugares, no de jó la
pista de los que se habían internado en el monte y los siguió cerquísima. Los atracadores
debieron verse perdidos, porque de pronto rompe el silencio un disparo. La Guardia Civil
contesta, seguidamente otro y otro disparo que salían de entre los árboles y otro y otro
que la Guardia Civil y los agentes de policía que llegaron de Gijón a reforzar a las fuerzas,
se hicieron ya sin interrupción. Así de aquí ahora, luego del lado contario, como en
instintiva táctica de guerrilla, se generalizaron los tiros... Hay un ¡ay! De dolor y un bulto
que rueda. La Guardia Civil se acercó al hombre. Cesaron los disparos y huyeron los
demás. Recogido el herido y conducido al coche, se le trasladó a Avilés. El juez dispuso
que pasara al hospital para ser curado y para que los médicos dijesen si había que dejarlo
hospitalizado o podía pasar a la cárcel. En el hospital le apreciaron dos heridas de arma
de fuego, probablemente de pistola, una en la rodilla izquierda y otra en la cadera
derecha. Parece ser que además hay otra herida en la cadera, producida por rebote de
bala. Llámase este sujeto Enrique Baragaña Ménendez, tiene 22 años y es vecino de
Jove, en Gijón. Está casado. Según nos informan, cuando el Guardia Civil le sacaba a
hombros del coche para subirlo al hospital, Enrique decía:
– Total, dentro de ocho días estamos en la calle.
Seguimos recibiendo noticias y de otras nos informa el señor gobernador a las doce de la
noche: Los fugitivos hállanse refugiados en los montes de Murias, en Candamo. La
Guardia Civil cada vez les anda más cerca. Es posible que antes del amanecer estén
todos en poder del juez que instruye el sumario, con lo que termina el último episodio de
este suceso lamentable que nos embargó durante el día de ayer, y al que concedemos
toda la importancia que tienen que tener estos sucesos en los momentos actuales, porque
es preciso ponerles rápidamente cortapisas. Lo mas probable es que se trate de un caso
aislado.
El importante suceso que dejamos ayer descrito, del atraco al banco Maribona, de Avilés,
tocaba a su fín desde el punto y hora en que los autores del hecho iban cayendo en
manos de las autoridades. Eran el primer día cuatro, herido uno de ellos, por la pertinaz
insistencia de los mozalbetes a entregarse de una vez. Las fuerzas del espíritu iban
aparejadas con las de la materia y todo fracasaba en ellos. No había preparación
suficiente, no se habían curtido en el delito, para tamaña empresa. Anduvieron mas lejos
con la imaginación que con la resistencia y fracasaron. Pobres alucinados por las
enseñanzas al día: influenciados por lecturas y accesibles grupos en que se cultiva la
semilla del delito. Quedaron, pues, detenidos cuatro en la noche del suceso. Los cuatro
pasaron en disposición del juez de Avilés y el herido fue hospitalizado en la misma villa.
Pero tres de los siete autores del atraco, se habían internado en las montañas. La
Guardia Civil los perseguía muy de cerca, a las veces se encendía un trozo de oscuridad
para dar camino a una bala. Así la noche, hasta muy entrada. Todos empapados en agua,
cansados, más los muchachos que acaban de ponerse al margen de la ley. Los tres
mozuelos anduvieron la noche por el monte, cansándose a más no poder. Así llegaron a
una aldea llamada el Campillin, a través de los montes de Valduno, ya cerca de Peñaflor,
en el concejo de Grado, En una casa llamaron. Salió una mujer.
– ¿Puede usted albergarnos por esta noche? Nos perdimos en el monte y estamos
cansados, y uno de nosotros se encuentra enfermo.
La mujer les abrió una panera, en donde se refugiaron los mozos. Lo curioso del caso, es
que al parecer la Guardia Civil había estado en el pueblo del Campillín, de la parroquia de
Cuero y preguntó si habían visto por allí a unos jóvenes... Tal como para que los vecinos
entrasen en sospecha al presentarse los tres mozos. No fue ello obstáculo para que una
mujer les diese albergue y la misma mujer les facilitase un almuerzo bastante confortable.
Ya repuestos por el descanso y reforzados por el almuerzo, disponiánse a emprender la
marcha. Habían encendido un pitillo y, optimistas, se disponían a marchar, cuando dos
observaron que el tercero había desaparecido... Salieron... Le llamaron... Nada.
– Ese huyó de nosotros, prefiere valérselas sólo.
Unos guardias del puesto de Miranda, llamados Anacleto Sánchez, Esteban Blanco, y otro
del de Grado: Emilio García, marchaban juntos haciendo registros por entre los matorrales
y los bosques, realizando pesquisas cerca de los paisanos cuando de repente, se toparon
don dos jóvenes, cuyas señales de fatiga y de derrota eran elocuentísimas. Previeron los
guardias que el final de la jornada se había puesto al alcance de la mano. Circuló en las
primeras horas el rumor de que los pistoleros habían hecho frente a la Guardia Civil. No
hubo tal cosa. Ya habían perdido los muchachos toda energía, y en el fondo, sentían
deseos de apaciguar el ánimo, entregándose a la Guardia Civil. La ocasión la
aprovecharon sin vacilar:
– Somos nosotros, dijo uno de ellos; Nosotros que hemos tomado parte en el atraco
al banco de Avilés.
Comenzó el cacheo y el interrogatorio. Los nombres que dieron son los siguientes:
Domingo García Blanco, de 20 años, vecino de Jove, en Gijón; Faustino Álvarez Martínez
de 23 años, también vecino de Gijón, ambos solteros. Los guardias realizaron un
minucioso cacheo y les ocuparon cantidades de dinero, que en principio se dijo que
ascendían a 800 pesetas y se daba el número de billetes del siguiente modo: once de
cincuenta pesetas y cuatro de 25, y el resto en monedas de plata. También llevaban
pistolas y unos cargadores que pasaron a las mochilas de los guardias. Los guardias
civiles tenían a su disposición automóviles para realizar cualquier urgente diligencia. Así,
una vez maniatados convenientemente, se pusieron en marcha con ellos para entregarlos
al juez de Avilés. Una hora mas tarde, como a las doce de la mañana, ya prestaban
declaración ante el señor Salvatores. Ni que decir tiene que no negaron su participación
en los hechos. Como detalle curioso hemos de consignar que Faustino se obstinaba en
decir que el no había tomado parte directa en el atraco, que no había entrado en la
Banca, ni siquiera llevaba pistola, y que su misión, quedaba reducida a conducir el
automóvil.
En busca del “Teta”: Debe ser un sujeto mas avispado que sus compañeros. Por lo menos
la vida le curtió mas, pues que vivió en América varios años, siendo la República
Argentina el país donde permaneció mayor tiempo. De Buenos Aires había traído
influencias de “última hornada”. El “Teta” ha creído conveniente seguir resistiendo... No es
cuestión del cuerpo, es cosa del espíritu; el del “Teta” se haya unos codos por encima del
de sus pobres compañeros de fechorías, en eso de saber sobreponerse. Sin embargo no
es de esperar que pueda resistir mucho tiempo. Cada vez se estrecha mas el cerco de la
Guardia Civil a su alrededor. Despreocupados de buscar a otros, los guardias
desplegaron todas sus actividades en la pista del último de los atracadores. Como se
sabe que ha tomado una determinada dirección hacia los montes del interior, por todas
partes se le estrecha el paso... No es acorralarlo, es buscarlo para que responda de sus
actos. Hacemos votos porque no se resista y no le cueste un disgusto irreparable. Todo es
de temer de su porfiada huída.
José María Castro Feito tiene familia en Oviedo. Este mozuelo hace tiempo que tiene a la
familia viviendo las angustias de un presentido final. Su madre fue asistenta de
conocidísima y honorable casa de esta ciudad. Hoy lo es su hermana que está casada
con un guardia municipal. La familia había de tener una cruz y fue la que a cuestas les
echó el mozuelo José María. Cierto que su infancia ha sido de consentimientos por parte
de sus familiares. Mientras la vida no le pedía mas que juegos infantiles, facilmente los
satisfacía; pero una vez despertó en regiones remotas a la infancia, hubo que buscar
dinero para vicios... No había que esperar que trabajase, porque no estaba acostumbrado
a trabajar. Y marchó de su casa. Supieron su madre y su hermana que estaba por Gijón y
supieron también, que había sido detenido una vez por repartir hojas clandestinas de
carácter comunista. En el hogar paterno se le lloró desde entonces, presintiendo un fin
funesto. Cuando los periódicos daban la primera noticia del hecho, alguien apuntó a la
hermana de José María:
– No se porque presiento que tu hermano está en esta danza
Ciertamente noticias posteriores confirmaron la sospecha. José María es el orador de los
pistoleros de anteayer. En una calle céntrica de la ciudad, vimos ayer a una señora, a la
que acompañaba persona de nosotros conocida. Buscaban el coche para ir a Avilés. ¿Y a
que irá a Avilés esta señora con nuestro amigo? Amigo cuya profesión está al servicio del
orden y la tranquilidad social. Y pronto lo supimos. Aquella señora había oído en Oviedo,
una conversación sostenida por un grupo de gente joven, en la que se hablaba de
atracos, pìstolas, dinero. La señora se fijó en ellos, y ellos que se dieron cuenta se
alejaron de ella, no ocultando el disgusto que les proporcionó haber sido escuchados. La
señora, en cuestión, iba a Avilés a ver si reconocía alguno de los detenidos como
coopartícipe de la conversación que sorprendiera. En caso contrario hay que pensar que
se fraguaba otro atraco, pudiera ser que tuviese relación con aquel hecho acaecido no
hace mucho tiempo, en que jugó importante papel otro conductor de la localidad Feliciano
Gach. Y en esto de nuestros pensamientos, llegamos al Gobierno Civil con el objeto de
visitar al señor Gobernador, por si de él lográramos mas noticias. En el antedespacho se
hallaba Gach. Ni que preguntar siquiera. Sin preguntar nos dio la conversación que
momentos después sostuvo con el Gobernador, la noticia que ya sospechamos.
– ¿Iré hoy? Porque ya no hay automóvil, y no se como regresar, en cualquier forma.
No vaya ser que me pase como cuando fui a Lena, que tuve que hacer unos
gastos, de los que no se me resarció.
El señor Gobernador le calma en ese aspecto y le dice:
– Puede usted ir mañana. Yo avisare al señor juez, no tendrá importancia un
pequeño retraso, dado que están detenidos la mayor parte.
Pues de uno de ellos esperaban noticias las autoridades. No es ninguno de los detenidos
y no queda esperanza de que lo sea el que falta. Sin embargo, no es un delincuente
vulgar el que se busca, y acaso sea el que dicen que es el “Teta”. No tuvimos mas
remedio que indagar por teléfono, a distintos puntos de las inmediaciones, de lo que fue
hasta ahora el teatro de los hechos. Nos decía la señorita encargada de la central del
teléfono de Grado, que los rumores por allí circulados, daban por cierto que había habido
una lucha entre el que quedaba por detener y la fuerza de la Guardia Civil. Que el
pistolero se había internado en los montes de Valduno. Claramente dejaba señales de
haber sido herido, porque la sangre se manifestaba, a las veces, fresca aún, entre ramas
protegidas de la lluvia – nos informó otra persona.
Llamamos a la estación de ferrocarril del Vasco en Grado:
– No hay nada aún, señor. La Guardia Civil le sigue, pero se cree que marchó por el
monte hacia Oviedo. No está herido.
Luego nos decían que hubo tiroteo, pero sin saber si había sido entre el fugitivo y la
Guardia Civil. Hay que suponer que los guardias tratan de meterle el miedo en el cuerpo,
mas que una bala. Tenemos referencias de que los agentes de la plantilla de Gijón se
trasladaron a Avilés para ver si alguno de los detenidos es conocido. Desde luego
podemos afirmar que el José Molina Martínez, es conocido por el sobrenombre del
“Comandante”, y que la policía le conoce de Gijón. El Castro Feito también es cara que
conocen los agentes de verle por Gijón. Desde luego tenían filiación izquierdista extrema;
pero no parece confirmarse que haya entronque entre la idea y el delito. El juez señor
Isern, no cesa en sus trabajos de indagaciones e investigaciones. Las lleva por todos los
caminos posibles, bien ordenadas y certeras; pero como son tantos los que intervinieron
en el hecho, son también muchos los cabos que hay que atar. Hacia la cuenca minera se
dirigieron ayer, principalmente las investigaciones, ya que los que vivían en Gijón no es
dificil, que desde el primer momento, señalen una ruta fija y segura. Padres o madres o
hermanos, mientras no se pruebe que hayan tenido intervención (y eso no se prueba por
no haberla) no tienen porque jugar papel en este asunto. No obstante, el señor juez, tiene
sus confidencias, sus conocimientos de antecedentes. Echarse a discurrir sobre si fue allí
o aquí donde se fraguó el plan, es fácil. No ocultan todos ellos en decir que los ha reunido
la casualidad. José Molina principal aglutinante de estos delincuentes, trazó el plan
principal, estudió el terreno y buscó a los que habrían de acompañarle. Con los gijoneses
les fue fácil entenderse; con los de la cuenca minera no dificil, puesto que, en fin de
cuentas, todos eran conocidos entre sí. Ayer recogíamos la impresión de que tres de los
detenidos, los que lo fueron en el día de los autos, iban a ser trasladados a Oviedo para
que en la Comisaría de Policía les hagan la ficha. Como los delitos que se les han de
apreciar pueden ser de varias clases y hasta de doble carácter social y común, es posible
que tenga visos de credibilidad la noticia. De todos modos como se les trasladará a la
cárcel modelo, acaso sea cierto el rumor.
Recordarán nuestros lectores que hace algunos días, acaso medio mes, dimos la noticia
de que cerda del puerto de Pajares, había sido maniatado a un chófer, llamado Feliciano
Gach y otro mecánico que le acompañaba. Que ambos fueron arrojados a unos prados
inmediatos a la carretera, mientras los atracadores huían en el automóvil, camino de
León. De como en León abandonaron el coche, por haberse metido por un callejón sin
salida. Pues se dice que algunos de los atracadores que intervinieron en los sucesos
acaecidos en Avilés anteayer, son los mismos que intervinieron en aquel otro hecho. Por
lo menos se sospecha del que conducía el automóvil, y hasta del José Molina y del “Teta”,
que falta por detener. A eso se encaminan las gestiones del juez, a esclarecerlo. Por eso
se espera con interés que Gach vaya a Avilés a ver si los reconoce.
A las diez de la noche volvió a circular el rumor de que en los montes de Santullano
habían detenido al “Teta”. Poco después volvíamos a confirmar que la noticia era
inexacta. Y así circularon mil versiones durante todo el día, pero lo cierto es que muy
avanzada la noche aún no se tenía noticia sobre la detención del que falta.
Ayer quedaba totalmente localizada la personalidad del pistolero que aún anda escondido
por los montes- Ya se sabe que es de Lada, en el concejo de Langreo, que tiene 23 años
y que se llama José Roces Cueto y trabajó en el pozo “Fondón” hasta el pasado sabado.
Otra de las noticias que ha quedado bien confirmada, es que el José Roces recibía estos
últimos días sospechosas visitas. No le eran hasta ahora, pero conocida su participación
en el asalto a la banca Maribona, se aclara el perfil de sus amistades, no conocidas ni en
La Felguera ni en Sama. Estas visitas seguramente eran las hechas por José Molina y
José María Castro. Es hombre que no frecuentaba amistades en el trabajo, apenas, y
frecuentemente marchaba de Lada.
Todavía no es posible determinar cuanto ha sido lo que falta en la banca Maribona. Nos
afirmaban ayer que no pasaban de 30.000 pesetas; otros lo hacían ascender a 50.000;
como nosotros recogimos de labios del gerente don José Maribona en el día de los
sucesos la cifra de 125.000 en un cálculo aproximado, sabemos a que carta quedarnos.
Más de las 30.000 pesetas han sido recogidas a los detenidos. Se dice que José Roces
guarda el fuerte de lo robado, y que las cantidades que se ocuparon a los detenidos
pertenecen a un aprovisionamiento hecho a todo correr, sin reparto definitivo, por si
tuvieran que separarse y para atender cada uno a sus necesidades. Lo que se dice que
quedó en poder de José Roces se hace ascender a cincuenta o sesenta mil pesetas. Si
es así, puede asegurarse que lo robado pasó de las cien mil pesetas.
¿Vive José Roces? No asustarse, José Roces vive, porque se sabe casi con certeza que
está en las montañas próximas a Oviedo, entre Grado y Trubia. Pero es que por aquellos
contornos ha circulado una versión, de la que no queremos recoger más que la parte
superficial, guión de la leyenda. José Roces no aparecerá, decían, porque alguien lo hizo
desaparecer. Hasta se hablaba de que a su vez fue robado. Pero como decimos, todo
esto es simple fábula, José Roces ha sido visto ayer mismo, huyendo por el monte. No
podemos dar crédito a otra de las versiones: José Roces está en Avilés, de donde no ha
salido desde el día del asalto al banco. Los que esto aseguran se basan en que en el Alto
de Miranda había un sujeto esperando el paso del automóvil, al que desde el coche le
arrojaron un voluminoso envuelto y cuyo envuelto eran los miles de duros que se dice
retiene José. No tendría nada de particular que en un atraco bien preparado haya todo
esto, el que nunca aparece en el teatro de los sucesos ni anda con los protagonistas... Es
decir lo que pudiéramos decir el “julai” de la pandilla. Solo que en estos casos el “julai” no
se compromete a nada, es el director, el preparador de todo, el “Al Capone” de la banda.
Como que capitanea; el cabecilla debe estar bien guardado... ¿Que sería del barco sin
dirección?
Otra figura se destaca entre los siete simbólicos muchachos: es la de José Molina. Este
se empeña, al parecer, en todas sus declaraciones, en aparecer como el único promotor,
como único inspirador y preparador del golpe. No lo creemos. Será un megalómano, uno
de esos que no puede pasar sin que se hable de ellos. Lo cierto es que obstina en decir
que nadie tiene culpa mas que él. Lo difícil es quitarla a los que contribuyeron atener por
la pata. No creemos, sin embargo, que sea Molina el único promotor. José Roces está
haciendo méritos para que se le designe como cabeza visible y pulsador de los hilos del
tinglado que se derrumbó.
Decíamos que una señora, cuyo nombre hay interés en ocultar, y el chófer Feliciano
Gach se habían trasladado a Avilés en la mañana de ayer para ver si reconocían a los
detenidos. La primera como los conversadores que en Oviedo planeaban un golpe, cuyos
pormenores ella escuchó. El segundo por si reconociese en ellos a alguno de los que le
atracaron y ataron en la carretera del puerto de Pajares. Pues dícennos que la señora ha
señalado a varios de ellos, y en cuanto a Gach, también nos afirmaban que había
reconocido a dos o tres. Pero con Gach era preferible entrevistarse y así lo hicimos.
Estaba en el puesto de la Escandalera, al volante de su magnífico coche
– ¿Es cierto que usted reconoció hoy a alguno de los detenidos en Avilés como
autores del atraco de que fue usted objeto en la noche del 30 de junio?
– No se que decirles... Cuando me atracaron a mí era de noche; no puedo precisar
mucho.
– Sin embargo, nos afirman que uno de los detenidos al verle a usted hizo un gesto
de desagrado. Creemos que fue Faustino.
– No, no, Mas bien fue Molina el que hizo el movimiento de contrariedad y me miró
fijamente.
– ¿Le recuerda usted bien?
– Ya le digo... Bien... era de noche, Si parece que coinciden las señas de él y de
otros, pero afirmar, afirmar...
– Bueno, suponemos que no le estará permitido decírnoslo a nosotros; pero si ha
depuesto ya ante el juez..
– Pues al señor juez le pueden preguntar. Yo no puedo decirles mas.
– Si podrá decirnos al menos, si los fue viendo uno a uno, o a todos juntos
– A todos juntos, los sacaron al patio, y allí los fui examinando detenidamente
Este caso de la banca Maribona cuantos. Si no, al tiempo. Los mil detalles que van
apareciendo, lo dicen claramente. Algunos de estos mozos puede ser que sepan algo de
otros sucesos no menos importantes, que irán poco apoco esclareciéndose. Por lo menos
la policía va tirando del hilo y no es dífícil que salga el ovillo entero.
Por el inspector de policía urbana, ha sido detenida en una casa de lenocinio de Avilés la
pupila Josefa Aguado de 35 años, natural de Valladolid, quien, según nos manifestó mas
tarde, tiene relaciones íntimas con Faustino Álvarez Martínez, desde hace un año, en que
le conoció en Gijón. A nuestras preguntas contestó que desconocía el asunto en que
estaba metido el Faustino. También sabemos que este llegó a esta villa el sábado último,
a las nueve de la noche, estando en compañía de Josefa hasta el domingo a las cuatro de
la tarde. En la habitación que ocupa Josefa, así como en el resto de la casa, practicó el
señor Dominguez, auxiliado por un guardia, un minucioso registro, que no dio otro
resultado que el hallazgo de varias fotografías de Faustino. Josefa, después de declarar
ante el juez, fue puesta en libertad.
Adquiere cada vez mas cuerpo el rumor circulado desde los primeros momentos de
verificarse el atraco, de que en las afueras de esta villa, en el lugar conocido como Río
San Martín, se apeó del coche de los atracadores un individuo que portando un paquete
bajo el brazo, desapareció por una calleja que va a dar a la Magdalena, con lo que viene a
robustecerse también la versión de ser ocho los atracadores. Respecto a este rumor, por
lo visto hay tres testigos que dicen que declararan hoy.
Recordarán nuestros lectores, que hace algunos años en México, se cometieron unos
audaces robos, en que jugó importante papel un automóvil gris, en el que algunas veces
había sido vista paseando una famosa artista. Aquella artista, la Conesa famosa, resultó,
a la larga robada. Un capital en alhajas había desaparecido de sus habitaciones en que
habitaba en México. Los policías mejicanos, el gobierno, todo el mundo se echó a la calle
en busca de los autores de robos audaces, entre los que ya quedaba catalogado el de la
famosa artista, unos años mas tarde triunfó un movimiento revolucionario y subió al poder
el general Calles. Poco tiempo después, viajaba rumbo a España un general mejicano, un
general de aquellos que surgían antes en aquel país al soplo de cualquier revolución.
Aquel cabecilla tenía su papel importante en las aventuras del automóvil gris. Desde
entonces todo robo audaz en el que haya un automóvil, una precipitada fuga, etc. , etc
lleva aparejado el color gris para el coche.
– Huyeron en un automóvil gris... Ya esta también rodando por Avilés y por las
carreteras de Asturias un gris automóvil. El color está pasadísimo de moda, ya no
se usa. Quedan así pintados algunos viejos carruajes que no sirven para
precipitadas fugas. Pero el vulgo quiere que haya un automóvil gris en este
episodio del asalto a la banca Maribona, y si no lo hay lo inventa.
Se decía, y ese es el rumor, que al asunto se le quería dar una derivación social, y que ya
andaban en busca de abogado por la capital de la provincia. Y se llegó a más, se llegó a
hacernos creer, que el que ahora es considerado como cabecilla de todo, el llamado José
Roces Cueto, “Seta” o “Teta”, como quieran decir, estuvo en Oviedo y se entrevistó con un
letrado. No lo creemos, pero lo consignamos. El “Seta” dicen que está en Avilés. Dicen
que está en los montes de Langreo, muy conocidos de él, y que por ellos le han visto
personas que también conocen al “Seta”. Quien afirma que se halla en Oviedo, quien que
pasea por las calles de Gijón. Y no faltó quien nos dijo: El “Seta” ha pasado la frontera
portuguesa, andando los montes. No sería el primer caso, sino recordamos mal lo hizo el
“Turón”, una de las veces que hicieron su historia, olvidada por el mismo. Lo que desde
luego descartamos es el profesionalismo de los asaltantes. Ni la edad de los mas, o la
escuela de los mas, ni la historia de los mas, aconsejan suponerlo. La mayoría de ellos no
salieron de Asturias. No recordamos tantos atracos a los bancos en cuadrilla, para darles
un puesto en ellos que permita suponer una pericia, que por otra parte no quedó
demostrada en el caso que nos ocupa. Cierto que algunos de ellos fueron reconocidos
como autores del atraco al chófer Feliciano Gach en la carretera de León. Aquello no tiene
mas alcance que el de jugar a los ladrones. Lo que pasó en la moral de esos
muchachotes, fue que las lecturas folletinescas, las de los sucesos que trean las agencias
de por el mundo, esos sucesos audaces y profesionales en los que flota la mano de un
genio del robo que nos dicen que existen en Norteamérica, agrandada la figura de esos
héroes del delito por el afán de sobrepasarse a si mismos, que tienen los pueblos de
América, les empujó a la popularidad. Vagos de profesión, no pueden ser bien vistos en
ninguna organización social, porque su contribución perjudica y desprestigia. Jugaron al
robo, les salió bastante bien y se decidieron a salir oficialmente, actuando en Avilés.
La noticia mas saliente de hoy es que los agente de policía de las plantillas de Gijón y
Oviedo, están actuando desde anteayer. Ayer salieron para Avilés dos agentes de la
plantilla de Oviedo, porque el juez los pidió al señor comisario de la provincia. De Gijón
también hay otros agentes, porque los de Gijón pueden ser auxiliares poderosos, dado
que conocen a muchos muchachos del tipo de los que dieron el atraco. Se ha extendido
una red de indagaciones desde Avilés a Oviedo, a Sama, a Gijón, etc.
El caso es que si faltan doce mil duros de lo robado sin recuperar, hay que echarles un
galgo. Esos doce mil duros tenían un destino premeditado. Lo que se les ocupó a los
detenidos fue el viático que les dejaron por si tenían que separarse del grupo. Es decir, el
grupo no le importaba al que guarda los doce mil duros, porque él supo separase a
tiempo, dado el caso de que alguna vez hubiese formado en él. Ya lo hemos dicho en
nuestra pasada información: fue un listísimo tonto el “julai” de la pandilla de losn
atracadores del banco Maribona. Si las autoridades logran capturarlo, puede decirse que
han realizado una labor magnífica y afiligranada.
Cuando de primera intención no es cogido un delincuente en esta tierra, casi nunca
aparece. Por lo menos en múltiples casos que nosotros recordamos de hechos vulgares,
en que no hay por parte del delincuente preparación ni costumbre. Recordemos el crimen
de Sariego, el de Arbazal, de Villaviciosa, el de Noriega, de Llanes, etc. La muerte de un
ingeniero en Sama, el de la calle de San José en Gijón... De cualquier índole que sea el
hecho, como a la primera no caiga el delincuente, adios que te guarde el cielo y que te
vaya bien. El gobernador interino don Valentín Álvarez, recibió la visita del coronel de la
Guardia Civil, con el que habló de extremos determinados en relación con la captura de
José Roces Cueto. Decía el gobernador interino, que era preciso intentar la captura
cuanto antes, para lo que si era preciso concentrar fuerzas de la benemérita que se
hiciese, al objeto de realizar un registro minucioso por todos los caseríos y rincones de los
montes, en los que se da por hecho que se halla escondido. Consecuencia de la
entrevista de dichas autoridades ha sido el que el coronel jefe del tercio, considerase
conveniente hacer una concentración de fuerzas para realizar ese registro A tal efecto
para esta misma madrugada estaban dadas las órdenes de escudriñar minuciosamente
rincones y barrancos, casas y escondrijos. No queremos llamarlo batida, porque no es
ese el ánimo de las autoridades, tampoco; pero como de algún modo hemos de dar
gráfica expresión de lo que ha de hacerse, puede emplearse la palabra batida para mejor
determinar. Eso es lo que habrá hecho la Guardia Civil para el momento en que el
periódico salga a la calle.
Tanto se rumoreó la presencia de un octavo atracador en el asunto de la banca Maribona,
que ya se hizo del dominio público, no sólo en Asturias, sino en toda España. Incluso se
interesa ya la Dirección General de Seguridad por la busca y captura de un sujeto cuyo
nombre da y cuyo nombre ocultamos nosotros, porque darlo sería entorpecer la labor de
la policía.
Por el juzgado que instruye las diligencias por el atraco al Banco Maribona y para las
operaciones necesarias para precisar la cantidad robada han sido nombrados peritos los
contables don Joaquín Díez y don José Fernández. Ayer mañana y por los armeros dosn
Jesús Ruíz y don José Ramón Gutiérrez Trapa, se verificó la prueba pericial de las armas
recogidas a los atracadores y cuya prueba dió el resultado siguiente: La pistola ocupada
al detenido Molina es nueva y no se ha disparado nunca. Otras dos de las pistolas, las
pertenecientes a Castro y a Gutiérrez demuestran tener mucho uso y haber sido
adquiridas hace tiempo. Las otras dos, una de Baragaña y otra de García Blanco, tienen
señales de haber sido disparadas recientemente.
Hay la creencia corroborada por detalles importantes, de que el dinero que falta, no lo
tenga el atracador que aún no ha sido detenido, pues de ser 100.000 las pesetas robadas,
es seguro ya, que la cantidad recuperada, y eso lo sabemos de una manera cierta, es
alrededor de unas 27.000 pesetas, haya otros complicados en este asunto, ya sea el
individuo, a quien según dos testigos, vieron descender del auto de los atracadores en
Río San Martín u otros a quien muy bien desde el mismo coche pudieron haberles tirado
el dinero, quedándose solamente los atracadores con la cantidad recuperada, y algo más
que pudiera llevar el “Seta”, para atender a sus necesidades durante la huída.
Por otra parte, los dos testigos citados en el juzgado hoy, una mujer y un muchacho,
afirma la primera haber visto descender de un automóvil en el lugar ya citado, a un
individuo con un paquete, reforzando esta hipótesis, el haberse observado en el mismo
lugar, señales de haberse detenido allí un automóvil, en cuanto al muchacho afirma
también haber visto correr por la calleja que va a dar a la Magdalena, a un individuo.
Ayer publicamos que la policía buscaba a un sujeto, por disposición de la Dirección
General de Seguridad. Ocultábamos su nombre, por no entorpecer la acción de la policía,
ya que dar el nombre equivalía tanto como avisar al buscado. Era Antonio Muñíz.
Cuando la policía se presentó en el domicilio de Muñíz, en Gijón, como no llevaban
mandamiento judicial, no pudieron detenerlo, y mientras iban a buscarlo el Muñíz se
escapó.
La policía practicó un registro en el domicilio del “Seta”, que no es de Lada, como se dijo
en un primer momento, sino del pueblo de la Nava, en el concejo de Langreo. De este
registro salieron algunos detalles importantes, al pàrecer, y sobre todo, apareció un retrato
que la policía recogió y trajo al gabinete de Oviedo. No es tan joven como en principio se
dijo, tiene más de los 18 años que se le suponían y parece hombre fuerte, de gran
prestancia varonil.
El juez sigue tomando declaraciones a unos y a otros. Los mil testigos que van
apareciendo en todo suceso. Uno que vió al Muñíz en determinado lugar, otro que fue al
“Seta” al que vió marchar sólo. El caso es que cada vez parace confirmarse mas que los
interventores directos fueron siete, aunque guardando las espaldas hubiese otros dos o
tres. Los peritos contables designados por el juzgado, han emitido su informe en el
sentido de que el dinero llevado por los atracadores son 118.000 pesetas, de las cuelas
hay que deducir 26,017' 22 recuperadas a los detenidos, quedando por tanto reducida la
cantidad que falta a 91.982' 78 pesetas, descontando de esta última cantidad, los pagos
que hubiera hecho la banca durante la hora y pico que estuvo abierto el establecimiento
hasta el momento del atraco.
El individuo que se apeó del auto en Río San Martín, sabemos que es Manuel Muñíz
Abando, vecino de Gijón, a quien la policía desde los primeros momentos siguió la pista,
habiendo sido visto en el Musel a las tres de la tarde del lunes. Cuando los agentes, ya
provistos de la orden judicial, fueron a detenerle, el Muñíz se escapó, descolgándose por
una ventana. El “Seta” sigue sin aparecer.
El día de ayer, lo dedicó el señor juez, en trasladarse al lugar donde fue cloroformizado
Rodrigo González. Registrando por entre la maleza, se encontró un frasco que fue de
cloroformo, con la etiqueta de una casa – laboratorio de León. No es frecuente el uso en
Avilés de productos de ese laboratorio y se supone que fue adquirido en León.
En el mes de septiembre de 1932 se produce un pequeño motín en la cárcel modelo de
Oviedo, cuyos cabecillas eran los asaltantes a la Banca Maribona de Avilés.
El 7 de abril de 1933 tiene lugar la vista de la causa del asalto al banco Maribona de
Avilés, en la que aparecen procesados seis individuos que fueron detenidos por la
Guarcia Civil y que, como recordarán nuestros lectores, el que se cree que llevaba el
dinero robado está declarado en rebeldía por no haber sido capturado. El fiscal pide para
José Molina Martínez y sus cinco compañeros la pena de seis años de presidio mayor.

EL JUICIO
Desde muy temprano acudieron personas de todas las clases sociales a las
inmediaciones de la audiencia, en la que a las once de la mañana habría de verse la
causa seguida contra los procesados: José Molina, José María Castro, Faustino Álvarez,
Enrique Baragaño, Vicente Alonso y Domingo García Blanco, a los cuales el fiscal
acusaba de dos delitos de robo a mano armada y otro de tenecia ilícita de armas, para los
que solicitaba por cada uno de los delitos de robo la pena de seis años y un día de prisión
mayor, y por el otro de tenencia la de cuatro meses y un día de arresto mayor. El fiscal
decía en su escrito de conclusiones provisionales que el 18 de julio de 1932 se
presentaron los procesados en unión de otros dos, que no han sido habidos, pero cuyas
señas figuran detalladas en el sumario, en la banca de los señores Maribona, en la que
después de atemorizar pistola en mano a las personas que se encontraban en la misma,
se apoderaron de 125.000 pesetas. Realizado el asalto desparecieron en un automóvil, a
cuyo conductor, después de cloroformizarlo lo arrojaron del coche y lo abandonaron en
unos pinares cerca de Avilés. Los agentes de la autoridad recuperaron en la detención de
los procesados la cantidad de 20.000 pesetas.
Prestan declaracion:
José Antonio Miguel Molina – Dice que tiene 27 años y que jamás ha sido procesado. A
preguntas que le va haciendo el señor fiscal, el procesado declara que días antes de
efectuar el asalto a la Banca Maribona le fueron a ver a Gijón unos individuos, titulándose
de la misma organización a la que el pertenecía, proponiéndole la realización de un asalto
a aquella casa bancaria que mejores garantías de éxito ofreciera, al objeto de destinar
cuanto dinero se lograra a costear la propaganda y lo que fuera en la provocación de un
movimiento contra el gobierno socialista. Que él en un principio, se había negado a las
pretensiones de los individuos, para él desconocidos, pero como aquellos le insinuaran
que podía costarles muy caro de no secundarlas, accedió a acompañarles. Niega que los
compañeros de banquillo aceptaran el plan que por encargo de los desconocidos el les
propusiera, opinando todos que lo que planeaban, era poco menos que intentar
suicidarse. El fiscal le interroga que si no era mas cierto que el había sido quien había
alquilado el coche. A lo que el procesado contestó solamente : “No”. El día de autos dice
que se fue con los dos individuos en cuestión a un bar, en el que desayunaron y que los
que hicieron el asalto fueron sus acompañantes, quedándose el en la calle al soplo de lo
que viniera.
– ¿Donde se juntó usted a los dos forasteros?
– Me recogieron en Avilés y de allí nos dirigimos a la banca. Consumado el hecho –
agrega – me hicieron montar en el coche y tomamos la dirección de la Magdalena,
en donde hicieron la entrega del dinero a los demás compañeros que celebraban
en aquel momento una reunión clandestina. Niega que los demas procesados
tuvieran participación en el hecho.
– ¿Y como en la declaración prestada por usted ante el juez habló de la participación
en el asalto de sus compañeros?
– Es cierto que he dicho eso, pero fui obligado por la coacción de la Guardia Civil.
Termina su declaración diciendo que uno de los asaltantes, al darse cuenta del
dinero que llevaba, les dijo sorprendido ¡Y para esto vine yo! ¡Esto no es dinero!
Jose María Castro – tiene 19 años y es vecino – dice – de Gijón. No conoce a Molina mas
que de vista. Que cuando le propusieron el asunto a realizar se negó rotundamente. A
juzgar por lo que le advierte el fiscal, también se contradice este procesado con la primera
declaración prestada ante el juez que instruyó el sumario. Este dice, que tiene que culpar
de que mintiera en la primera declaración al haberle amenazado de palabra la Guardia
Civil. Que fue en el tren a Avilés y sólo con el propósito de asistir a una reunión
clandestina para la que había sido solicitado. Esta reunión había de tener lugar en la
Magdalena. Que cuando le detuvo la Guardia Civil como a los demas, le dijo uno de estos
guardias que si no se hacía responsable del robo, no iba a quedar un solo comunista en
Asturias. Niega que el haya tomado parte en el asalto a la banca. El señor fiscal pide a la
presidencia les sean aflojadas las esposas a los acusados, al objeto de que puedan
declarar con mas naturalidad y menos violencia. El presidente dice al fiscal que la
custodia de los presos es cosa de la Guardia Civil, y a ella corresponde atender o no a
esa petición. Uno de los guardias se levanta y afloja las esposas a todos los procesados.
Faustino Álvarez Martínez – es también de Gijón. Conoce a los procesados solamente de
vista. Que el Molina y los otros dos individuos le dijeron que si quería prestar un servicio
con un automóvil y que les dijo que no había incoveniente. Que se dirigió a Avilés en el
tren y completamente sólo, trasladandose a la Magdalena sitio en el que había de tener
lugar la reunión.
Enrique Baragaño Menéndez – declara ser vecino de Gijón y tener 23 años. Resultó
herido cuando les persiguió la Guardia Civil. Niega que el hiciera frente a dichas fuerzas y
pone como justificante de lo que asegura el haber sido herido por la espalda.
Vicente Alonso – Es de la Felguera, de oficio metalúrgico. Tampoco sabe nada de lo que
aconteció en la banca de los señores Maribona. Recuerda que estuvo en el pinar de
Salinas.
Domingo García Blanco – de Gijón y cuenta 20 años. Dice poco mas o menos lo de los
cinco compañeros, manteniéndose en que cuando molina le propuso realizar el hecho, a
base del cual se organizaría un movimiento contra los tres ministros socialistas, el
rechazó la participación, diciendole al Molina que él en un movimiento revolucionario
intervendría siempre, pero no en un asalto a la propiedad.
Don José Rodríguez Maribona, gerente de la banca, es quien comparece primero en
estrados. Preguntado por el señor fiscal si recordaba la fisonomía de todos o alguno de
los asaltantes a su banca, el señor Maribona da media vuelta y frente de los seis
procesados, señala con el índice a Faustino Álvarez, al mismo tiempo que le dice.
– ¡Este fue quien me encañono! y ese otro -señalando al Molina – otro de los que
estaban en la nave central. Añade el testigo que el tal Faustino Álvarez le hizo
pasar pistola en mano a un departamento, desde el cual oyó gritos. Afirma que no
se le hizo daño alguno, ni que sonara disparo alguno dentro de la banca. También
declara el señor Maribona que recuerda que días antes de los hechos estuvo en la
banca con pretexto de cambiar moneda o algún cheque el propio Molina.
Casimiro Valdés – cajero de la banca. Que estaba trabajando tranquilamente, cuando
repentinamente diose cuenta de que le apuntaba con una pistola un individuo para él
desconocido. Recuerda haber visto dos pistoleros dentro del local, uno en la puerta y
otros tres por lo menos en la calle.
Florentino Aguilar – Dice que se le figura reconocer como uno de los asaltadores al
Faustino, pero no está seguro, pues confiesa que la sorpresa de verse apuntado de cerca
por una pistola, le privó del conocimiento para observar todos los detalles.
María Suárez Álvarez – esta joven se encontraba en el banco haciendo una operación,
cuando sobrevino el golpe. Dice que como gritara al dase cuenta de la presencia de los
pistoleros, uno de estos le tapó la boca con una boina, pudiendo oir que uno de ellos
decía: “Si grita, mátala”. A lo que contestó otro rápidamente: “Matarla no hombre, que falta
hace matarla” No sabe mas de nada.
Rodrigo González López – posee servicios de coches de punto en Avilés. Avisado por uno
de sus empleados que habían llamado por teléfono para hacer un servicio a Salinas, se
dispuso el a prestarlo, dirigiéndose con los dos desconocidos a Salinas. Cuenta que al
regresar, al llegar a la altura de los pinares de San Juan, unos cuantos pistola en mano le
invitarona bajar del coche, hablándole así: “Apeese y no tenga miedo, que a usted no le
ocurrirá nada” Que le internaron en el pinar y como viese que algo malo se disponían a
hacer con él, les dijo que se llevaran si querían el coche, pero que no le hicieran nada.
Que narcotizado ya no supo de mas. Declara que 90 duros y un reloj que llevaba lo
encontró en los bolsillos cuando recobró el sentido.
Terminada la prueba testifical, el fiscal eleva definitivas sus conclusiones provisionales, y
mantiene la acusación para todos los procesados en la misma forma que antes hemos
dicho. El letrado de la defensa los modifica en el sentido de reconocer que no existe mas
que un delito de robo a la Banca de Maribona, y que con arreglo a la escala de penalidad
no todos son responsables del delito en el mismo grado, y por lo tanto considera al José
Antonio Miguel Molina autor de un delito de complicidad, y al resto de los procesados
como encubridores, negando la existencia del delito de robo del automóvil, por cuanto
había un convenio previo de alquiler.
Los informes fueron extensos, tanto del fiscal, señor Quintano, como del defensor, señor
Barriobero, y el primero fundándose en las pruebas practicadas y muy especialmente en
el reconocimiento por parte de algunos testigos de varios de los procesados y de la
ocupación en poder de los mismos del dinero procedente del robo y de las armas con que
efectuaron el asalto, afirma la culpabilidad de los seis en el mismo grado, negando que
estos procesados obrasen a impulso de un sentimiento político social, sino con perfecto
ánimo de lucro. Termina advirtiendo al jurado que los dos forasteros que jugaron en el
desarrollo de la prueba sólo existen en la fantasia de los procesados, y pide un veredicto
de culpabilidad con arreglo a sus conclusiones.
El señor Barriobero va elocuente examinando el informe del fiscal para llevar al ánimo del
jurado la impresión de cuanto se ha dicho por sus defendidos es rigurosamente cierto, y
afirmando que el procesado Molina fue víctima de esos dos sujetos, que no pueden ser
fantásticos, por cuanto en el sumario se habla también de otros dos desaparecidos, y que
se dejaron embaucar porque les hablaban al sentimiento político que para estos
elementos representa una religión, a la que prestan todo el apoyo que se les pide.
Por la tarde los jurados se retiraron a deliberar. El veredicto constaba de 25 preguntas, en
las cuales iba la participación que en los hechos tuvo cada procesado. La contestación
fue en el sentido de reconocer como autor de un delito de complicidad al José Miguel
Molina y a los otros de encubridores del delito. Abierto el juicio de derecho, el fiscal pidió
para el primero la pena de dos meses de arresto mayor y 125 pesetas de multa a cada
uno de los restantes. Como llevaban en prisión preventiva mucho mas tiempo, quedaron
puestos en libertad inmediatamente.
El 23 de Mayo de 1935, en el puente llamado de Buenavista, en la avenida Fuertes
Acevedo de Oviedo fue detenido José Roces Cueto alias “El Seta”. Este sujeto había
logrado fugarse y pasar a Rusia, llevándose consigo 60.000 pesetas. Después en Rusia
fue protagonista de un hecho de sangre y marchó a la Argentina. Hace cinco días que
llegó a Oviedo y la policía que tenía sospechas de la presencia de este individuo en la
ciudad, lo buscó hasta detenerlo.

FOTOGRAFIAS DEL SUCESO

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