Está en la página 1de 16

Pág. 140 | Debates y Combates Debates y combates | Pág.

141

la soberanía recuperada a través de políticas como el desen-­


deudamiento, la acumulación de reservas, la intervención en
HOPHUFDGRFDPELDULR\ODUHJXODFLyQGHORVµXMRVGHFDSLWD-­
les de corto plazo. La posibilidad y efectividad de usar estos NOTAS  PARA  UNA  CARACTERIZACIÓN  DEL  KIRCHNERISMO
instrumentos debe ser asumida por las economías emergen-­ por  Eduardo  Rinesi
WHVD´QGHTXHTXHGHGH´QLWLYDPHQWHHVWDEOHFLGRTXHHVWDV
(GXDUGR5LQHVL
políticas son parte esencial del conjunto de instrumentos que Filósofo, doctor en Filosofía
permite un desarrollo sostenido y socialmente inclusivo. por la Universidad de San
Pablo, Brasil. Ensayista. Rector
de la Universidad Nacional de
General Sarmiento (UNGS),
Argentina.

Resumen Abstract

El  kirchnerismo  ha  sacudido  nuestros   Kirchnerismo  has  shaken  our  habitual  ways  
modos  habituales  de  pensar  en  la  Ar- of  thinking  Argentina,  placing  politics,  rights  
gentina  volviendo  a  poner  en  el  centro   and  State  in  the  centre  of  the  scene  again.  
de  la  escena  a  la  política,  los  derechos   The  atypical  kirchnerista  thinking  admits  
y  el  Estado.  El  atípico  pensamiento   ^IZQW][TQVMIOM[IVLQVÆ]MVKM["_Q\PQVQ\
kirchnerista  reconoce  variados  linajes   democratic,  republic,  liberal  and  Jacobin  
MQVÆ]MVKQI["MVuT[MIZ\QK]TIVMV\ZM traditions,  among  others,  are  articulated  in  
otras,  las  tradiciones  democrática,   a  combination  which,  far  away  from  being  
republicana,  liberal  y  jacobina,  en  una   [\I\QKIVLLMÅVMLWVKMIVLNWZM^MZPI[[MMV
combinación  que,  lejos  de  ser  estática   \PZW]OPW]\\PM[MaMIZ[IUWLQÅMLZMTI\Q^M[QO-
aLMM[\IZLMÅVQLILM]VI^MbaXIZI VQÅKIVKMWN \PMQZLQNNMZMV\KWUXWVMV\[5WZM-
[QMUXZMPIQLW^QMVLWUWLQÅKILII over,  it  proposes  a  novelty  way  of  considering,  
lo  largo  de  estos  años,  la  importancia   after  the  big  crisis  of  2001  and  2002,  the  
relativa  de  sus  distintos  componentes.   problem  of  the  relationship  between  those  two  
Y  propone  un  modo  novedoso  de   central  elements  of  the  political  life  of  the  en-
considerar,  tras  la  gran  crisis  de  2001  y   \QZM[WKQM\a_PQKPIZMJW\PWZLMZIVLKWVÆQK\
2002,  el  problema  de  la  relación  entre  
esos  dos  elementos  centrales  de  la  vida   Key  words:  
política  de  toda  sociedad  que  son  el   kirchnerismo,  democratic,  republic,  liberal  and  
WZLMVaMTKWVÆQK\W Jacobin  traditions

Palabras  clave:  
kirchnerismo,  tradición  democrática,  
republicana,  liberal  y  jacobina.
Pág. 142 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 143

E l 27 de octubre del año pasado, la Argentina amaneció


con la noticia, tan inesperada como conmocionante, de
que Néstor Kirchner había muerto. La noticia era en efecto in-­
tiblemente singular, y estudiarse después, quién sabe, como
VHHVWXGLDXQDQLPDOH[yWLFRRXQKHFKRPiVRPHQRVFXULRVR
del pasado, mientras la vida, tras ese accidente inesperado
esperada, casi tanto como lo había sido, algunos pocos años y singular, seguía su curso normal. La sensación de que la
antes, el propio Kirchner, la propia elección –quiero decir– muerte de Kirchner venía a clausurar un ciclo, a cerrar un pa-­
de Kirchner para ocupar la Presidencia, las propias decisio-­ réntesis, a terminar una época (“Kirchner marcó una época”,
nes y la orientación general que este “presidente inespera-­ tituló Clarín, y no hay duda de que lo que ese título quería
do” (como se lo llamó) imprimiría a la política argentina, y el decir también es que Kirchner había marcado una época que
modo en que la política argentina cambiaría tras su paso y se moría con la muerte del que la había signado), la sensación
gracias a su paso por la primera magistratura. Y fue conmo-­ de que la muerte de Kirchner venía a volvernos, por así decir,
cionante, porque Kirchner había seguido ocupando, después a la normalidad, está sin duda en la base de una importan-­
de cumplir su período como presidente, un lugar central en te cantidad de intervenciones, más o menos desafortunadas,
la escena política nacional, en la dinámica del gobierno y en pero en todo caso verosímiles, producidas en los primeros
el complejo “armado” político sobre el que éste se sostenía, y momentos que siguieron a esa noticia inesperada.
su muerte dejaba vacante un sitio que a nadie se le escapaba En efecto: en esos primeros momentos que siguieron a la
que tenía una importancia extraordinaria. Como sea, Kirchner muerte del ex presidente, muchas voces, que sin duda convi-­
se fue de nuestras vidas –que es lo que me importa destacar YtDQFRQLQFRPRGLGDGFRQODVGLYHUVDVSULPLFLDVTXHHONLUFK-­
acá– del mismo modo en que había llegado a ellas, de repen-­ nerismo había traído a la vida política argentina, se apuraron
te y sin aviso, dejándonos en ese paso arrollador, y por efecto a levantarse para predicar que una era había terminado, para
de esa misma sorpresa, una sensación de intensidad, de vér-­ proceder inmediatamente, tras ese diagnóstico, a explicarle
tigo, de juego a todo o nada, de abismo, que es sin duda uno buenamente a la presidenta de la Nación que ahora había que
de los rasgos más notorios del estilo que él imprimió, o que dar vuelta la hoja y volver a la normalidad: “llevar tranquilidad
él contribuyó a imprimir, a la vida política del país en estos a los mercados”, “disolver odios”, “promover el diálogo”, “in-­
años. Que fueron, en efecto, años de cambio, de novedad, de WHQWDUFRQVHQVRV«ªSDFL´FDU«7RPRWRGDVHVWDVH[SUHVLRQHV
renovación muy acelerada de las cosas, de discusiones muy de la edición del gran diario argentino del día posterior a la
importantes y transformaciones muy profundas. muerte del ex presidente, donde Ricardo Kirchbaum y Mariste-­
Hay algo de H[FHSFLRQDO, en efecto, en estos años tan inten-­ lla Svampa declaraban el inicio de una nueva era, Susana Viau,
sos y tan interesantes, y un problema derivado del hecho de Liliana de Riz y Eduardo van der Kooy se preguntaban cómo
que la muerte de Kirchner se haya producido tan repentina-­ sería el gobierno de Cristina Fernández tras la muerte de su
mente como su aparición, unos pocos años antes, en el cen-­ marido y guía, y Rodolfo Terragno y Hugo Quiroga llamaban a
tro de la vida política nacional, es que esa circunstancia pudo la prudencia y a la reconciliación de los espíritus. Vuelto a leer
ayudar, siquiera en un primer momento, siquiera en las pri-­ ese diario menos de un año después, es difícil saber si lo que
meras horas o en los primeros días que siguieron a su muerte, más llama la atención es la impericia de la hipótesis de que la
a reforzar la sensación de que el breve y original período de presidenta de la Nación iba a cambiar el decidido rumbo del
nuestra historia más reciente que transcurre entre esos dos gobierno que encabezaba y encabeza a causa de la muerte de
eventos, de que el breve e intenso ciclo político signado sin su esposo o la magnitud del prejuicio (irritante cuando lo sos-­
duda entre esos dos momentospor la ostensible centralidad tienen santos varones argentinos, grotesco cuando lo levantan
GHVX´JXUDSRGtDTXL]iVPXHUWR.LUFKQHUUHFRUWDUVHGHOµX-­ féminas de orgullosa independencia de criterio) que implicaba
MR KLVWyULFR HQ HO TXH HVWDED LQVHUWR H[WLUSDUVH GH pO FRPR suponer que un cuadro político de su envergadura estaba allí
DOJRGHORUGHQGHODUDUH]DGHORH[WUDYDJDQWHRGHORLUUHSH-­ repitiendo el libreto que le dictaba su marido.
Pág. 144 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 145

Entre paréntesis, y sólo porque el prejuicio inverso también necesario combatir. Como una anomalía, es decir, como algo
existió alguna vez, me apuro a subrayar que tampoco me pa-­ que se escapa de las normas, y que por lo mismo se sitúa más
rece verosímil la leyenda según la cual Néstor Kirchner era un allá o más acá de la necesidad –o incluso de la posibilidad– de
tierno cordero patagónico gobernado por una Lady Macbeth ser pensado. Me gustaría decir algo muy breve sobre esto:
inescrupulosa y sanguinaria. Mucho más razonable que estas sobre las anomalías, sobre la propia palabra anomalía. La
dos pavadas, simétricas, complementarias, y complementa-­ hemos leído bastante últimamente. La habíamos leído unos
riamente prejuiciosas, es admitir que el matrimonio Kirchner años atrás en el título de un libro de Antonio Negri que había
reunía a dos dirigentes de inusual capacidad, que presidieron circulado bastante, entre nosotros, en ciertas zonas de la dis-­
el país en momentos diferentes (sucesivos, pero diferentes), FXVLyQ´ORVy´FRSROtWLFDLa anomalía salvaje, se llamaba ese
en circunstancias que también (producto en parte de esa libro, que se refería a la doble excepcionalidad de la situación
misma sucesión) fueron distintas, y con estilos que tampoco de la república holandesa en medio de la Europa monárquica
eran iguales, pero que se mostraron, ambos, adecuados a las GHOVLJOR;9,,\GHODREUDGH%DUXFK6SLQR]DFRQFHELGDHQ
tareas que uno y otro quisieron encarar. Alguna vez, pregun-­ esa república tan excepcional. Una anomalía, allí, se enlazaba
tado en un reportaje por el gobierno de su esposa, Néstor con otra, y acaso la explicaba. Y la hemos leído también, hace
Kirchner señaló que era mejor y más avanzado que el que él menos tiempo, en el título de un libro, y luego de un artícu-­
mismo había encabezado. Yo no creo que se tratara de una lo, de nuestro amigo Ricardo Forster. La anomalía argenti-­
galantería: creo que era así y que es así, que el gobierno de na, se llama el libro, escrito antes de la muerte de Kirchner y
Cristina Fernández es mejor y más avanzado que el de Néstor que discute la situación del país durante los últimos años. “La
Kirchner, aunque esta comparación no sea el tema de estas DQRPDOtD NLUFKQHULVWD« VH OODPD HO DUWtFXOR HVFULWR GHVSXpV
UHµH[LRQHV\HQUHDOLGDGLPSRUWHSRFRDHOODV(QWRGRFDVR\ de la muerte del ex presidente y que trata sobre los aspectos
por supuesto, entre ambas presidencias hay una continuidad más destacados de su gobierno sin duda original. También
esencial, explícita y todo el tiempo declarada, y por eso pue-­ acá, una anomalía se inscribe dentro de otra, y esta otra la
GHOODPDUVHFRQXQPLVPRQRPEUH ªNLUFKQHULVPR«HVHOTXH abarca y tal vez también la explica.
suele usarse y el que yo mismo estoy usando en este escrito) Por mi parte, yo estoy dando vuelta también, aquí, alrededor
al ciclo integrado por las dos. de esta idea de una “anomalía”, del lugar y el problema que
Pero en realidad a lo que yo quería referirme aquí era a otra representan, en general, las anomalías, para el pensamiento
cosa. No a los inaceptables prejuicios que desde el inicio de la sobre la política o sobre cualquier cosa. Porque aquí estoy
gestión de la actual Presidenta vienen contaminando muchos tratando de pensar la noción de anomalía no (o no apenas)
de los dictámenes que se emiten sobre su tarea, ni tampoco como el nombre de lo que resulta excepcional o extraño, ex-­
sobre el previsible apuro por declarar cerrada una cierta eta-­ traordinario, sino sobre todo (un poco en el sentido en que
pa por parte de los voceros más ostensibles de los intereses pensaba esta noción de anomalía, en un librito clásico, el vie-­
económicos que durante esa etapa se han visto más nítida-­ jo Thomas Kuhn) como el nombre de aquello que no tenemos
mente cuestionados por el poder político estatal, sino a las instrumentos para conceptualizar, de aquello que se hurta a
GL´FXOWDGHV TXH FLHUWDV H[SUHVLRQHV de las ciencias sociales nuestras categorías y a nuestros esquemas de pensamiento
argentinas han tenido y siguen teniendo para pensar la origi-­ y de comprensión del mundo, y que nos resulta, por lo tanto,
nalidad y la riqueza de esta expresión política tan novedosa impensable. La anomalía como lo que no podemos pensar.
TXH HV HO NLUFKQHULVPR DO TXH XQD SDUWH LPSRUWDQWH GH ORV /DVDQRPDOtDVQRVHSLHQVDQHQHIHFWRVRQSRUGH´QLFLyQ
más acreditados practicantes de nuestras disciplinas se obs-­ lo que no se piensa, lo que no se deja pensar, lo que no te-­
tinan en seguir pensando, en cambio, como una forma de la nemos elementos teóricos para conceptualizar y por eso,
equivocación o del error (cuando no incluso del mal) que es porque estamos convencidos de que nuestros instrumentos
Pág. 146 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 147

teóricos no pueden estar mal y de que por lo tanto el proble-­ ¿Qué tipo de novedad, entonces, representa en la historia
ma sólo puede ser del mundo, nombramos como “anomalía”. política argentina el fenómeno al que damos el nombre de
Quiero decir: que no hay anomalías “en-­sí”. Que lo que llama-­ NLUFKQHULVPR" 3DUHFH LPSRUWDQWH WUDWDU GH UHVSRQGHU HVWD
mos anomalías son siempre desafíos intelectuales excesivos pregunta para empezar a entender también, primero, por
para un cierto paradigma que, demasiado seguro de sí mis-­ TXp KXER WDQWD GL´FXOWDG SDUD SHQVDU \ SDUD SHQVDU DGH-­
mo, no quiere o no puede revisarse, y que porque no quiere cuadamente, este fenómeno tan importante de nuestra vida
RQRSXHGHUHYLVDUVHSUH´HUH WRUSHDUURJDQFLDGHODUD]yQ política presente;; segundo, por qué hubo, inmediatamente
teórica) declarar anómalo aquello que no entiende. Por eso después de la muerte de Kirchner, tanto apuro por espantar
odiamos las anomalías, que son nuestras impugnadoras per-­ esta experiencia, la imagen misma de esta experiencia, como
manentes, nuestra mala conciencia, el límite externo contra a una pesadilla: por encerrar esa pesadilla entre dos fechas y
HOTXHVHHVWUHOODQODV´QJLGDVVHJXULGDGHVGHQXHVWURSHQ-­ GHFODUDUODSRU´QDJRWDGDFRQFOXLGD\WHUFHURSRUTXpHVWH
samiento. Las anomalías son el hecho maldito de la plácida sueño reaccionario y torpe también va a fracasar, por qué
comarca en la que reinan, seguras de sí mismas, las líneas ya fracasó, porque formaba parte de una mala comprensión
claras y las formas puras de las teorías con las que nos hemos de lo que ha cambiado en la Argentina en estos años. ¿Qué
acostumbrado a descifrar el mundo. Por eso no nos gustan novedad, entonces, qué tipo de novedad representa, en la
las anomalías, y por eso queremos que las anomalías, cuan-­ política argentina, el importante movimiento de renovación
do no hemos tenido más remedio que reconocerlas, salgan iniciado en el país en 2003, a la salida de la gran crisis de los
prontamente de la escena, que las cosas vuelvan a ser como dos años anteriores? A mí me parece que, de manera gene-­
eran antes, como cuando podíamos entenderlas, como cuan-­ ral, puede decirse que se trata de una novedad hecha de una
do se adecuaban, sin importunarlo, al paradigma con el que serie de recuperaciones, o de la recuperación de una serie
conseguíamos pensarlas. de elementos durante demasiado tiempo olvidados, despre-­
Por eso, a mí me parece que, además de políticamente con-­ ciados o subordinados en la política argentina. En la política
servador, era conceptualmente conservador y necio el gesto argentina y en el pensamiento teórico sobre la política argen-­
apurado de pretender declarar cerrada, ante el primer accidente tina, que es parte de lo que aquí nos interesa. Pues bien, el
que asomaba en el horizonte, y por más importante que fuera, es primero de esos elementos es quizás la política misma. Quie-­
cierto, ese “accidente”, la interesantísima experiencia política – ro decir: que la experiencia iniciada en el país en 2003 puso
VLQGXGDRULJLQDOVLQGXGDDQyPDOD¨TXHHVHONLUFKQHULVPRTXH de nuevo en el centro de la escena a la política (a la actividad
tanto trabajo ha dado, da y seguirá dando, sin duda, a la teoría política, a la voluntad política, a la decisión política, al dis-­
social y política argentina, que todavía no se ha mostrado ca-­ curso político) como herramienta para la transformación del
paz, me parece, de pensarlo bien. Pero que debería empeñarse mundo. El segundo es la idea de que los sujetos de esa vida
en ese necesario ejercicio, antes que andar levantando el dedo política recuperada son y deben ser sujetos de derechos. No
para explicar cómo debería hacerse para que las cosas vuelvan “de derecho”, en el sentido formal y abstracto de que gozan
a su curso, para que todo lo que ha ocurrido de renovador y en principio de los derechos establecidos en la Constitución
de avanzado retroceda y ya no se note, para que la novedad y en las leyes, sino GH GHUHFKRV GH XQ FRQMXQWR HVSHFt´FR
¨HQ´Q¨GHVDSDUH]FD(QORTXHVLJXHWUDWDUpGHSHQVDUHQTXp y creciente de derechos que les permiten ejercer una forma
FRQVLVWHHVDQRYHGDGHVDRULJLQDOLGDGGHONLUFKQHULVPR\OXHJR efectiva y cierta de la ciudadanía. El tercero es la idea de que
intentaré mostrar cómo se inscribe esta novedad en la historia esos derechos, y esa ciudadanía, no se ven amenazados, sino
de las grandes tradiciones político-­culturales argentinas. –al revés– garantizados, por una activa presencia y un con-­
junto de acciones efectivas del Estado.
‡‡‡ Primero, entonces, la cuestión de la política. Vuelta a poner
Pág. 148 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 149

entonces en el centro de una escena de la que había sido sociales. Pienso acá en ejemplos tan obvios como la incor-­
desplazada en los años anteriores por varias otras fuerzas poración de cientos de miles de personas (entre ellas, por
que, actuando de manera conjunta y combinada, la habían ejemplo, pero no únicamente, de muchísimas empleadas do-­
desalojado de allí y trasladado hacia una esquina desprecia-­ PpVWLFDV DORVEHQH´FLRVMXELODWRULRVGHORVTXHHVWDEDQDOH-­
ble y menor: el poder de las corporaciones, el discurso de los MDGDVDEHQH´FLRVTXHKDEtDPRVQDWXUDOL]DGRTXHOHVIXHUDQ
economistas y la estética de los medios masivos de comuni-­ FRPSOHWDPHQWHDMHQRV2FRPRODUHFXSHUDFLyQGHXQFRQ-­
cación. No voy a explayarme sobre esta cuestión o esta se-­ junto de derechos laborales que se habían perdido durante
rie de cuestiones, sobre las que existe una vasta bibliografía los infaustos años en los que se generalizaron las situaciones
(me limito a indicar los excelentes trabajos producidos en su GH SUHFDUL]DFLyQ \ SpUGLGD GHO HPSOHR 2 FRPR HO HVWDEOH-­
PRPHQWR SRU 2VFDU /DQGL \ PiV FHUFD QXHVWUR SRU 5LFDU-­ cimiento, extraordinariamente importante, de la Asignación
GR $URQVNLQG \ SRU *DEULHO 9RPPDUR  SHUR Vt PH JXVWDUtD Universal por Hijo, que parte del reconocimiento de que la
proponer una rápida comparación, en torno a tres aspectos posibilidad de alimentar y educar a los hijos es y debe ser
diferentes y complementarios, entre la situación que tenía-­ un derecho universal, y no una prerrogativa de un sector de-­
mos hace diez o quince años y la que tenemos hoy. Piénsese terminado de la sociedad ni una contingencia sometida a las
en efecto, en primer lugar, en la distancia entre un gobierno OH\HVGHOPHUFDGR2FRPRODXQLYHUVDOL]DFLyQGHODOLEHUWDG
colonizado por las corporaciones económicas y uno que ha de contraer matrimonio con quien a uno se le dé la gana, una
decidido dar combate a, por lo menos, unas cuantas de ellas;; conquista fundamental, extraordinariamente avanzada, en
piénsese también, en segundo lugar, en la distancia entre una cualquier perspectiva de ampliación de los derechos ciuda-­
situación en la que casi todos los políticos parecían esforzar-­ danos. Todas estas medidas han tendido en efecto a genera-­
se por hablar como economistas, porque suponían que ésa lizar ciertos derechos, pero al mismo tiempo, al hacerlo, han
era la única forma de hablar de política de manera seria y generado las condiciones para que esos derechos puedan ser
responsable, y una situación en la que, al revés, incluso los percibidos por los ciudadanos como derechos, al tiempo que
economistas han adoptado el tipo de discurso propio de la como condiciones para hacer pensables, exigibles y efectivos
comprensión de la naturaleza política de los problemas de otros derechos que sobre la base de esas conquistas prime-­
los que se ocupan;; piénsese por último, en tercer lugar, en la ras pueden ir incorporándose ahora a un repertorio cada vez
distancia entre el triste espectáculo de una dirigencia política más exigente y vasto.
haciendo cola para aparecer en la televisión (para almorzar El tercer elemento recuperado por la experiencia política ar-­
FRQ0LUWKD/HJUDQGSDUDFRPHU´GHRVFRQ7DWR%RUHVSDUD gentina de los últimos años es el Estado. La comprensión de
ir a la cama con Moria Casán) y la mucho más digna situación que, tanto para garantizar los derechos que mencionábamos
de una televisión que hoy tiene que ir de nuevo a recoger las recién como para promover el desarrollo económico y social
novedades que debe transmitir a los espacios propios de la que permita ampliar ese rango de derechos y garantizar su
actividad política, incluso a veces a los espacios más forma-­ vigencia efectiva, es necesario que la sociedad cuente con
les y solemnes de la vida política institucional. un Estado fuerte y activo. Esto también habíamos dejado de
El segundo de los tres elementos que ha recuperado la ex-­ pensarlo hacía un buen tiempo, e incluso nuestras ciencias so-­
periencia política abierta en la Argentina en 2003 es –decía– FLDOHVGLJiPRVORKDEtDQOOHJDGRDMXVWL´FDUHVWHDEDQGRQR
la idea de la centralidad de los derechos en la vida pública el abandono de este tema fundamental de las grandes tradi-­
del país. Se trata de derechos de distinto tipo, desde los que FLRQHV´ORVy´FRSROtWLFDVGHORV~OWLPRVWUHVRFXDWURVLJORV
solemos llamar “humanos” (campo en el que las políticas gu-­ aceptando la bastante pobre teoría según la cual, después de
bernamentales del último lustro y medio han sido, como es la exitosa transición del autoritarismo a la democracia en los
notorio, especialmente activas) hasta los civiles, políticos y años 80, nuestras sociedades debían todavía realizar, para
Pág. 150 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 151

bien de todos, una segunda transición: la que nos iba a llevar “ambiciones” hegemónicas y “sed” de cooptación (subrayo
de una organización todavía asociada a la presuntamente ve-­ ambiciones, subrayo sed), y del otro conciencias fácilmente
tusta centralidad del viejo Estado a otra, más ágil y más libre, PDQLSXODEOHV\ªDGKHVLRQHV«PiVELHQLUUHµH[LYDV&RPRODV
GRQGHHO(VWDGRVHUHWLUDUDSRU´QSDUDGDUOXJDUDODVIXHU-­ de los bichos a la miel, como la de las serpientes a las artes
zas económicas y sociales que esperaban por su liberación. de sus encantadores. Pero pensamiento, ideas, teoría: nada.
Vista en perspectiva, es fácil comprender esta idea como una <HVRHVXQHUURUPX\JUDQGHSRUTXHHQHONLUFKQHULVPRsí
naturalización, perfectamente ideológica, del programa de KD\ \KD\PHSDUHFHSRVLEOHD´UPDUHQXQJUDGRDOWRLQ-­
destrucción del patrimonio colectivo y de los derechos so-­ XVXDOPHQWHDOWR XQDHODERUDGDUHµH[LyQWHyULFDVREUHODQD-­
ciales operado en el país en los años 90. Vista en esta misma turaleza del proyecto que se intenta llevar adelante, así como
perspectiva, es evidente la importancia de que los gobiernos XQDUHµH[LyQKLVWyULFDWDPELpQ HYHQWXDOPHQWHSRFRVXWLOR
argentinos posteriores a 2003 hayan rechazado esta torpe muy sesgada, es cierto, o diferente aquí o allá de la que no-­
naturalización de las cosas: sin la activa participación del Es-­ sotros mismos podemos proponer: pero esto, que sin duda
tado, ninguna de las importantes transformaciones llevadas es un problema, es un problema que solamente podemos en-­
adelante desde ese año habría sido posible. carar si aceptamos que estamos discutiendo en el plano de
las ideas, y no que ese plano es esencialmente extranjero al
‡‡‡ IHQyPHQRTXHFRQVLGHUDPRV XQDUHµH[LyQKLVWyULFDGHFtD
entonces, sobre el modo en que ese proyecto hereda otros,
Ahora bien: ¿cómo se articularon estas tareas de recupera-­ anteriores y por cierto muy diversos, que le abrieron el paso
ción (de la política, de los derechos, del Estado) en el pensa-­ y le prepararon el camino.
PLHQWRSROtWLFRTXHSUHVLGLyWRGRVHVWRVFDPELRV"2GHRWUR  +D\ HQ HIHFWR HQ HO NLUFKQHULVPR HQ OD DEXQGDQWH \ ULFD
modo, ¿qué tipo de pensamiento es éste? ¿Cómo podría es-­ GLVFXUVLYLGDGTXHVRVWLHQHODH[SHULHQFLDNLUFKQHULVWDXQGLi-­
SHFL´FDUVHVLHVTXHWXYLpUDPRVTXHKDFHUORHOpensamien-­ logo muy fuerte con algunas de las mayores tradiciones cul-­
to político GHO ªNLUFKQHULVPR«" š< WHQHPRV HQ HIHFWR TXH turales, ideológicas y teóricas de la historia política argentina.
LQWHQWDU HVWD HVSHFL´FDFLyQ" 0iV š(V QHFHVDULR SRVWXODU OD 6L HVWR HV DVt VL HVWDPRV GLVSXHVWRV D SHQVDU DO NLUFKQHULV-­
existencia de un “pensamiento NLUFKQHULVWD« \ WUDWDU GH FD-­ mo, no como un pintoresco episodio de una historia hecha
racterizarlo? Yo creo que sí, porque me parece que una de las de ambiciones, prebendas y manipulación de las voluntades,
UD]RQHVTXHHVWiHQODEDVHGHODVGL´FXOWDGHVGHODFLHQFLD sino como un capítulo de una posible historia de las ideas
SROtWLFD DUJHQWLQD SDUD SHQVDU HO NLUFKQHULVPR HV OD VXSRVL-­ políticas en la Argentina, puede ser un ejercicio interesan-­
FLyQ FLHUWDPHQWH IDOVD GH TXH HO NLUFKQHULVPR no tiene, él te el de tratar de situar esas ideas en la intersección entre
PLVPRXQSHQVDPLHQWR'HTXHQRKD\DKtHQHONLUFKQHULV-­ varias de esas tradiciones, el de tratar de preguntarnos qué
mo (como sí había en cambio, por ejemplo, y como nadie ne-­ GLVWLQWDV \ YDULDGDV OtQHDV GH IXHU]D UHFRJH HO NLUFKQHULVPR
garía que había, en el liberalismo político del alfonsinismo, en GHOSDVDGRSROtWLFROLWHUDULR\´ORVy´FRDUJHQWLQRFRQHOTXH
el neoliberalismo económico del menemismo o incluso en el está todo el tiempo –basta escuchar los discursos de la Presi-­
republicanismo conservador de la muchachada de la Alianza) denta para percibirlo– dialogando. El de tratar de ensayar, en
un pensamiento que deba ser pensado, una teoría que deba ´Q¨FRPRSURSRQHHOWtWXORGHHVWDVOtQHDV¨XQDcaracteriza-­
ser confrontada, sino apenas un conjunto de pasiones más o ción XQDFDUDFWHUL]DFLyQWHyULFDWHyULFRSROtWLFD´ORVy´FR
menos desenfrenadas y de apetitos más o menos inconfesa-­ SROtWLFD GHONLUFKQHULVPR4XHQRHVORPLVPRPHJXVWDUtD
bles. No estoy exagerando. Ábrase el último libro de nuestro sugerir, que ensayar una GH´QLFLyQGHONLUFKQHULVPR3RUTXH
colega y amigo Hugo Quiroga, La república desolada, y se HQVD\DUXQDGH´QLFLyQ GHONLUFKQHULVPRRGHFXDOTXLHUFRVD 
HQFRQWUDUiODLGHDGHTXHHQHONLUFKQHULVPRKD\GHXQODGR exigiría tratar de decir qué cosa es HVRTXHVHEXVFDGH´QLU
Pág. 152 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 153

LGHQWL´FDUSRUHMHPSORHOªJpQHUR«DOTXHHVRTXHVHEXVFD se anudan, elementos muy diversos. Elementos: tradiciones,


GH´QLUSHUWHQHFHRFRUUHVSRQGH\GHVSXpVVLDFDVRODªGL-­ ideas, valores, categorías o sistemas teóricos de interpreta-­
IHUHQFLD HVSHFt´FD« TXH OR GLVWLQJXH GHQWUR GH HVH JpQHUR ción del mundo. En lo que sigue me gustaría sugerir cuáles
PD\RU'HFLUSRUHMHPSORªHONLUFKQHULVPRHVXQSRSXOLVPR« son algunos de esos sistemas, algunas de esas tradiciones o
y eventualmente agregar “un populismo así y asá”. “Un popu-­ conjuntos de ideas y valores, que nutren y se encuentran en
OLVPR ODWLQRDPHULFDQR FRQWHPSRUiQHR« SRU HMHPSOR 2 ªXQ ODH[SHULHQFLDDODTXHOODPDPRVNLUFKQHULVPR
populismo de izquierda”. Éste es un modo frecuente y posi-­ Y bien: sin duda una primera tradición teórico-­política que
EOHPHQWH LQHYLWDEOH GH SHQVDU /DV GH´QLFLRQHV VLUYHQ SDUD LQVSLUDODH[SHULHQFLDNLUFKQHULVWD\HQODTXHpVWDUHFRQRFH
pensar porque ordenan el mundo y nos ayudan a saber dón-­ su fuente posiblemente principal, su origen y su orientación
de estamos parados. más evidente, es la gran tradición democrática popular que
El problema es que a veces también nos impiden compren-­ se encarna en los grandes movimientos de masas de la polí-­
der que el mundo está organizado menos aristotélicamente WLFDQDFLRQDOGHOVLJOR;;\HQWUHHOORVHQSULPHUOXJDUHQHO
que eso. Y nos invitan a deslizarnos, en general sin darnos peronismo. La idea de ampliación de la ciudadanía, de incor-­
cuenta, de la idea de la categoría que nos ayuda a poner or-­ poración de los sujetos más postergados en la vida pública
den en el mundo a la idea del arquetipo al que después po-­ del país, de ampliación de los derechos sociales, civiles y po-­
demos llegar a suponer que el mundo tiene alguna obligación líticos, el estímulo a la participación organizada de los traba-­
de parecerse o de “corresponder”. Quiero decir: que si yo di-­ jadores (o de los trabajadores desocupados, como ocurrió
jera, por ejemplo (y vamos a decirlo, sólo que vamos a decirlo VREUHWRGRDOLQLFLRGHOFLFORNLUFKQHULVWD HQODGHIHQVDGHVXV
con cuidado), que el kirchnerismo es un populismo, podría intereses y en la puja por la distribución del ingreso, la noción
correr el riesgo de suponer que el “populismo” es menos una de que el Estado es el que debe garantizar o incluso promo-­
categoría ordenadora que me ayuda a pensar y a problema-­ ver estas conquistas, permiten situar la experiencia y la ideo-­
tizar algunos rasgos de la vida política de algunas sociedades ORJtDNLUFKQHULVWDVHQUHODFLyQFRQHOJUDQWURQFRGHORVSHQ-­
(o acaso incluso de toda sociedad: no es éste el lugar para samientos que acompañaron los movimientos democráticos
ingresar en esta discusión) que el nombre de un modelo de de las masas argentinas a lo largo del siglo pasado, y hacer
sociedad, de un tipo de sociedad perfectamente recortado GHONLUFKQHULVPRXQDIRUPDGHUHFXSHUDFLyQ\GHDFWXDOL]D-­
y diferente de los otros, que señalaría un conjunto de rasgos ción de esas “raíces cuestionadas” de nuestra democracia de
o de características que después todas las sociedades a las las que hablaba hace ya un cuarto de siglo, en el título de un
que yo designara con ese nombre tendrían que compartir y librito dedicado a combatir los prejuicios de la teoría políti-­
que las distinguirían de otros tipos de sociedades diferentes. ca del alfonsinismo hacia esa tradición democrático-­popular,
Y no: el ejercicio que quiero proponer acá es el que consis-­ Daniel García Delgado.
te en suponer que una cierta experiencia política compleja  6LQHPEDUJRHVIiFLOYHUTXHHONLUFKQHULVPRTXHHQHIHFWR
FRPRpVWDTXHDFiTXLHURHVWXGLDUHONLUFKQHULVPRQRFRQV-­ bebe sus fuentes más notorias en la tradición democrático-­
tituye un “ejemplo” ni una “ilustración” ni un “caso” de nin-­ popular (o, como se la llama a veces, según sugerí hace un
gún género mayor en cuyo interior habría que pensarlo, sino momento, populista) de la Argentina del siglo pasado, a la
que articula necesariamente un conjunto amplio y plural de que al mismo tiempo aggiorna y actualiza, incorpora también
HOHPHQWRVHQFX\DSUREOHPiWLFDLQWHUVHFFLyQGH´QHVXVSUR-­ a su pensamiento algunos otros elementos que provienen,
pios contornos. Que más que “ser” –digamos– un populismo claramente, de otros orígenes políticos, teóricos y doctrina-­
al que habría que adjetivar, accesoriamente, indicando este rios. Entre ellos, quiero decir dos palabras acá sobre su de-­
o aquel rasgo particular, es la expresión de un cierto modo cidida deuda con la gran tradición republicana, lo cual me
singular en que se combinan o en que se conjugan, en que parece tanto más importante cuanto que se ha generalizado
Pág. 154 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 155

en ciertas zonas de la discusión pública, política, periodísti-­ tres rasgos que vale la pena comentar. En primer lugar, per-­
ca y también académica argentina la disparatada pretensión tenece en efecto al corazón de esta tradición republicana en
GH TXH HO NLUFKQHULVPR VHUtD HVHQFLDOPHQWH DMHQR H LQFOXVR ODTXHHVWR\VXJLULHQGRTXHSXHGH\GHEHLQVFULELUVHDONLUFK-­
hostil a los valores de esa tradición, a la que se tiende a in-­ nerismo una valoración por lo público, por la “cosa” pública,
terpretar, de un modo parcial y muy poco informado, como por esa “cosa” que es de todos y que importa a todos, que
esencialmente incompatible con los valores del populismo al muchas de las medidas más notorias que han tomado los dos
que obstinadamente se la contrapone. En efecto, se ha vuel-­ JRELHUQRV NLUFKQHULVWDV H[SUHVDQ FDEDOPHQWH 3LHQVR HQ HO
to un lugar común de nuestras discusiones la oposición de impulso al saneamiento de la Corte Suprema de Justicia, en
principio entre lo que designarían las palabras “populismo” la reestatización de empresas públicas cuyos concesionarios
y “republicanismo” (o aun “república”), lo cual constituye un no mostraban haber velado adecuadamente por el interés de
modo particularmente pobre de pensar las tradiciones y los todos, en el desmantelamiento del escandaloso negocio pri-­
cuerpos de teoría que se mentan cuando se las usa. Es cier-­ vado de las AFJP.
to que estamos aquí ante un problema, porque mientras la En segundo lugar, sin embargo, y en tensión con este primer
palabra populismo, con todas sus conocidas ambigüedades, rasgo al que acabamos de aludir, pertenece también al cora-­
no deja de señalar un cierto tipo de organización de la vida zón de esa misma tradición republicana (de esta misma for-­
SROtWLFDGHODVVRFLHGDGHV RVLVHSUH´HUHXQFLHUWRrasgo de ma de ser republicano en la que estoy diciendo que hay que
la organización de la vida de toda sociedad, pero un rasgo LQVFULELU DO NLUFKQHULVPR  OD FRPSUHQVLyQ GH TXH HVD ªFRVD«
EDVWDQWHFODUDPHQWHLGHQWL´FDEOH FRQODSDODEUDrepública, pública es una cosa peliaguda, que ese “campo” común que
en cambio, lo que ocurre es que a lo largo de la historia se la es la res publica es un campo... de batalla. La pretensión (con
ha utilizado en sentidos tan diferentes que es casi imposible ODTXHDPHQXGRVHFRQGHQDHOªFRQµLFWLYLVPR«NLUFKQHULVWD 
adosarle uno que le sea efectivamente propio. En efecto, “re-­ de que las luchas de intereses son el lado malo de la historia,
pública” ha sido, en momentos diferentes de la historia de las y no –como la mejor tradición republicana supo siempre– la
ideas políticas, desde el nombre mismo del cuerpo social (lo savia vital de la historia de los pueblos, es ideología pura, e
que ha permitido hablar de “república” incluso en países, por ideología anti-­republicana. (Hace varias décadas, cuando una
ejemplo, monárquicos) hasta un WLSRHVSHFt´FRGHRUJDQL]D-­ parte de las impugnaciones al ideario peronista provenían del
ción política de una sociedad (en general opuesta al tipo de XQLYHUVRFRQFHSWXDOGHOFRPXQLVPR-RKQ:LOOLDP&RRNHHV-­
organización monárquica, o a otras formas “no republicanas” cribió que “En la Argentina los comunistas somos nosotros,
de organización), lo que quiere decir que a lo largo de la his-­ los peronistas”. Quería decir que el ánimo emancipatorio que
toria se ha podido ser republicano de muy diversos modos. asociamos con la palabra “comunismo” no se encarnaba aquí
Lo que en todo caso querría sugerir a continuación es que en los militantes del PC, sino en los del gran movimiento de
no hay ninguna razón para negar la evidente familiaridad del las masas populares argentinas. Quizás hoy, cuando una par-­
NLUFKQHULVPRFRQXQFRQMXQWRGHHOHPHQWRVFHQWUDOHVGHpor te importante de las impugnaciones al “populismo” guberna-­
lo menos uno de estos muy diversos modos en los que a lo mental provienen de un sector político e intelectual que re-­
largo de la historia se ha podido ser republicano (y uno, por clama para sí el mote de republicano, habría que decir que en
cierto, bastante decisivo e importante, que enhebra un puña-­ la Argentina los republicanos somos nosotros, los populistas,
do de nombres fundamentales de la historia del pensamiento porque a poco que se las examine, las ideas de los soi-­disants
político occidental: desde Cicerón hasta Hegel, desde Ma-­ “republicanos” argentinos tienen de republicanas mucho me-­
quiavelo hasta Jefferson, desde Spinoza hasta Marx, desde nos que lo que pretenden.)
los revolucionarios franceses de 1789 hasta los rioplatenses Así, también (y para terminar con este asunto), pertenece al
de dos décadas después), al que pertenecen por lo menos núcleo de lo que solemos llamar tradición republicana –por
Pág. 156 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 157

ORPHQRVHQHVWDLQµH[LyQGHHVDWUDGLFLyQTXHDFiHVWDPRV no se trata de un republicanismo de salón ni de un liberalismo


recuperando– la comprensión del Estado como el garante y de buenas maneras, sino de un republicanismo agonista y de
el guardián del bien de la república, como la realización de un liberalismo de avanzada. Pero sólo el conservadurismo y
la comunidad, como el punto culminante de su desarrollo y la pobreza intelectual que dominan ciertas zonas de la vida
el encargado de velar por su interés. Y no hay duda de que DFDGpPLFDDUJHQWLQDSXHGHQSUHWHQGHULGHQWL´FDU FRPRVH
este “estatalismo” ha sido y es un lado importante del ideario lo hace hoy con frecuencia) el republicanismo y el liberalismo
\GHODSUiFWLFDGHORVGRVJRELHUQRVNLUFKQHULVWDVFULWLFDGRV con sus formas conceptualmente más desprovistas y políti-­
por eso (lo curioso es, de nuevo, que en nombre de los valo-­ FDPHQWH PiV UHWDUGDWDULDV \ QHJiQGROH DO NLUFKQHULVPR VX
res de la república) por un pensamiento anti-­estatalista que obvio vínculo con ambas tradiciones, arrojarlo fuera del cam-­
proviene mucho más de las tradiciones de reivindicación de po de los pensamientos políticos respetables. Cuando Juan
las bondades del libre mercado que de cualquier vertiente de habla de Pedro dice más de Juan que de Pedro, y cuando la
XQUHSXEOLFDQLVPRTXHPHUH]FDHVDGHQRPLQDFLyQ(ONLUFK-­ SROLWRORJtDDUJHQWLQDSRQHHQSHQLWHQFLDDONLUFKQHULVPRSRU
nersimo, que es un populismo, es también un republicanismo, antirrepublicano y por antiliberal lo único que hace es con-­
y entre esas dos dimensiones de su ser no hay ninguna con-­ fesar sus propias, graves y ya consuetudinarias limitaciones.
tradicción, “por la simple razón” –como se dice– de que no $ Pt PH SDUHFH SHUIHFWDPHQWH SRVLEOH D´UPDU contra este
hay ninguna contradicción entre lo esencial de esas dos tra-­ VHQWLGRFRP~QWDQOLPLWDGRTXHORVJRELHUQRVNLUFKQHULVWDV
GLFLRQHVTXH\DWXYLHURQHQODKLVWRULDGHODVLGHDVGH2FFL-­ han sido en muchos sentidos los gobiernos más liberales que
dente (no es el tema de esta nota, pero déjeseme mencionar hemos tenido en el país en mucho tiempo.
el ejemplo notorio que representa el pensamiento de John Por cierto, también pertenece a esta tradición del liberalis-­
/RFNH QXPHURVDVRFDVLRQHVGHPDQFRPXQDUVH mo la tendencia a reemplazar la participación deliberativa y
 (QWHUFHUOXJDUHONLUFKQHULVPREHEHXQDSDUWHQRGHVSUH-­ activa de los ciudadanos por la voz legítima de sus represen-­
ciable de sus fuentes de una tradición importantísima en la tantes que, como expresa la liberal Constitución Nacional de
historia de las ideas argentinas, que es la liberal. Hay mucho 1853-­94, son, en la Argentina, los que deliberan y gobiernan
GHOLEHUDOHQHIHFWRHQHONLUFKQHULVPRPiVVLQGXGDGHOR en su nombre. De hecho, esta reivindicación de la legitimidad
que se acepta reconocerle desde fuera, y más también, posi-­ de la voz de los representantes asumió un carácter militante
blemente, que lo que él mismo estaría dispuesto a reivindicar. HQ RFDVLyQ GHO FRQµLFWR DOUHGHGRU GH OD IDPRVD 5HVROXFLyQ
¿Pero en qué otra tradición si no es en ésa hay que inscribir 125, cuando la Presidenta contraponía, en sus discursos, la
ODQRWDEOHGHFLVLyQGHHOLPLQDUOD´JXUDGHODVLQMXULDV\FD-­ voz ilegítima y particularista de los dirigentes de las corpo-­
lumnias del mapa de los controles posibles sobre la libertad raciones a la voz, legítima y tendiente a la defensa del bien
de expresión en la Argentina? Se trata ésta de una medida común, de los representantes del pueblo elegidos en las ur-­
notable, que encuentra evidente inspiración en la mejor ver-­ nas, y cuando la propia sentencia constitucional que estable-­
sión del pensamiento liberal, y que ningún gobierno de los ce que “Los ciudadanos no deliberan ni gobiernan sino por
llamados a sí mismos “liberales” se había atrevido nunca an-­ medio de sus representantes” lucía en grandes caracteres de
tes a tomar. ¿Y qué decir de la decisión, absolutamente origi-­ pintura negra sobre las paredes de lona de la carpa instala-­
nal en la historia política argentina, de garantizar que todo el da en apoyo del punto de vista del gobierno en la Plaza del
mundo pueda expresar en la calle lo que se le dé la gana sin Congreso. Pero si no hay duda de que es siempre más justa
tener que temer la intervención de las fuerzas represivas del la voz del representante de la ciudadanía que la del represen-­
(VWDGR"(QHONLUFKQHULVPRGRQGH¨FRPRGHFtDUHFLpQ¨KD\ tante de un interés particular, eso no elimina la posible crítica
un fuerte componente republicano, hay también, me gustaría (que también era frecuente hacerle, hace un cuarto de siglo,
subrayar ahora, un muy fuerte componente liberal. Claro que al liberalismo alfonsinista) de que lo que en esa operación se
Pág. 158 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 159

elide, en nombre de la reivindicación de la voz de los repre-­ que, tan inopinada y sorpresiva –decíamos también– como
sentantes legítimos del pueblo, es la voz del pueblo mismo: la su llegada al centro de la escena unos pocos años antes, po-­
posibilidad de escuchar, sin tantas mediaciones y de manera dría volver entonces a poner las cosas sobre rieles de mayor
más directa, la voz del pueblo soberano. previsibilidad y menos estremecimientos. Eso es lo que un
Cuando a este sustitucionismo, a este reemplazo de la voz amplio conjunto de notas aparecidas en algunos diarios, y de
del pueblo por la voz de sus dirigentes, se le añade una vo-­ comentarios oídos en la radio y en la televisión, recomenda-­
cación de redención social muy acentuada y la pretensión ban, por cierto, a la presidenta de la Nación: que ahora (aho-­
de que el sujeto encargado de llevar adelante ese rescate ra que Kirchner ya no estaba, ahora que el desaforado, que
del pueblo en nombre de ese mismo pueblo es una élite es-­ el loquito, había salido de la escena, ahora que la anomalía
pecialmente lúcida, situada, por así decir, “a la izquierda de había terminado) que ahora, digo, adoptara un rumbo más
la sociedad” e instalada en la cima del aparato del Estado, tranquilo, más moderado, menos peleador. Que buscara los
estamos en el corazón de lo que solemos llamar jacobinismo, consensos antes que las diferencias, que tratara de hacerse
que es la cuarta y última de las tradiciones políticas en las amiga y de bajar los decibeles. En otras palabras: que se rin-­
TXHHONLUFKQHULVPRUHFRJHLQVSLUDFLyQ(QHIHFWRHONLUFKQH-­ diera. A veces esos consejos, esos pedidos de rendición, iban
rismo es también, entre otras cosas, un jacobinismo (el año acompañados de la inaceptable, cuasi-­golpista sugerencia,
pasado, en el contexto de las celebraciones del bicentenario impertinente y absurda, de que si la Presidenta se decidiera a
de la Revolución de Mayo tuvimos ocasión de pensar y de adoptar esa calma línea de acción que se le recomendaba to-­
GLVFXWLUEDVWDQWHVREUHHVWR \VLGHHVHMDFRELQLVPRNLUFKQH-­ dos deberíamos ayudarla a que terminara su mandato, como
rista muchas cosas nos pueden resultar reivindicables y hasta si una alternativa diferente a ésa cupiera, o pudiera caber, en
entusiasmantes, es fácil ver la tensión que existe entre este la cabeza de alguien.
componente y otro de los que ya hemos señalado: el primero, Ya he dicho que todo esto era un disparate, y que lo era
el que indicamos como su marca más evidente y más visible: se debe haber vuelto evidente para los autores de estas ri-­
HOHVStULWXGHPRFUiWLFRTXHDVRFLDDONLUFKQHULVPRDODJUDQ dículas recomendaciones apenas unos pocos días después
tradición nacionalista popular en la Argentina. de haberlas formulado, no sólo ante las impresionantes ma-­
nifestaciones de respaldo popular a la Presidenta y ante los
‡‡‡ PDVLYRV SHGLGRV GH D´UPDFLyQ GHO FXUVR DGRSWDGR SRU VX
gobierno, sino también ante las propias y enfáticas declara-­
Es posible que a este cuadro le falten todavía varias pin-­ ciones y decisiones de la primera mandataria en esa direc-­
celadas, pero en todo caso lo que hemos dicho hasta aquí ción. Esos apoyos, esas insistencias, esas declaraciones, estas
puede alcanzar para destacar lo inconveniente de despreciar decisiones –que se han venido repitiendo desde la muerte del
HVWD HVSHFt´FD \ SRU FLHUWR PX\ ULFD IRUPD GH DUWLFXODFLyQ H[ SUHVLGHQWH FRQ PXFKD FRQWXQGHQFLD¨ QRV SHUPLWHQ D´U-­
GH LGHDV \ WUDGLFLRQHV ´ORVy´FRSROtWLFDV TXH OODPDPRV NLU-­ mar hoy algo que ya han entendido los mayores enemigos
chnerismo como a algo que no debería tener un lugar dig-­ GHOSURFHVRHQPDUFKDTXHHVTXHVHDORTXHVHDHONLUFK-­
no de nuestra consideración en el mundo de los fenómenos QHULVPRVHDFRPRVHDTXHGH´QDPRVHVWHIHQyPHQRSROtWL-­
políticos pensables, como a un error histórico, como a una FRWDQRULJLQDOTXHHVHONLUFKQHULVPRFRQWRGDSUREDELOLGDG
rareza producida por los fervores de un único individuo más WHQHPRV NLUFKQHULVPR SDUD UDWR 3HUR MXVWDPHQWH TXH HVWR
o menos exaltado, como de algún modo se quería suponer vaya a ser así, justamente que esta anomalía que es –dijimos–
en algunos de los comentarios –como decíamos al comienzo HO NLUFKQHULVPR QR YD\D D VHU VHJ~Q WRGR SHUPLWH SUHYHU
de estas notas– que circularon por acá en los días inmediata-­ un fenómeno fugaz de la vida política argentina, justamen-­
mente posteriores a la muerte del ex presidente. Una muerte te que esta anomalía parezca destinada a permanecer entre
Pág. 160 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 161

nosotros, con nosotros, un buen rato, revela la importancia principio de la perfecta igualdad de cualquiera con cualquie-­
de tratar de responder una pregunta, de averiguar una cosa UD\TXHDOKDFHUORFRQVWLWX\HXQRUGHQ2HQWUHFRPRGLUtD
que todavía no hemos logrado terminar de presentar bien, y Ernesto Laclau, un momento de apertura de un cierto orden
que es la siguiente: ¿por qué no conseguimos pensar bien el hegemónico (de aparición, entre las grietas de ese orden, de
NLUFKQHULVPR"šSRUTXpHONLUFKQHULVPRGHVDItDQXHVWURVPR-­ un conjunto de demandas que el mismo no puede atender),
dos habituales de pensar los fenómenos políticos y se vuelve, y un momento de cierre, de constitución, sobre la base de
por ese motivo, esa “anomalía” que es? la articulación de estas demandas novedosas, de un nuevo
8QDUHVSXHVWDIiFLOSHURSDUFLDOHLQVX´FLHQWHVHUtDODTXH orden hegemónico, siempre precario, siempre frágil, siempre
SRVWXODUDTXHHQHONLUFKQHULVPRFRPRVHKDGLFKRPXFKDV UHQRYDGR(QUHDOLGDGKDFHWLHPSRTXHHOFRQµLFWRHVWiHQHO
YHFHV KD\ XQD FHQWUDOLGDG PX\ JUDQGH GHO FRQµLFWR \ TXH FHQWURGHODGLVFXVLyQVREUHODSROtWLFDGHODGH´QLFLyQPLVPD
HVWR HOFRQµLFWRODFHQWUDOLGDGGHOFRQµLFWR HVDOJRFRQOR de lo que merece el nombre de política, en las corrientes más
TXHODFLHQFLDODWHRUtD\DXQOD´ORVRItDSROtWLFDWLHQGHQDQR UHQRYDGRUDVGHODWHRUtD\OD´ORVRItDDFWXDOHV
llevarse bien. Esto último es cierto: las líneas dominantes del Si esto es así, si hace tiempo que el pensamiento teórico
pensamiento teórico sobre la política no se llevan bien con el sobre la política viene dando gran importancia y centralidad
FRQµLFWR\TXHUUtDQSHQVDUTXHQRHVpVDODPDWHULDGHODTXH D OD LGHD GH FRQµLFWR VL HV FLHUWR TXH KDFH WLHPSR TXH ODV
está hecha la vida social. La teoría política es en general un líneas más renovadoras del pensamiento teórico sobre la po-­
pensamiento sobre los órdenes políticos, sobre el buen orden OtWLFDQRVYLHQHQGHVD´DQGRDSHQVDUODSROtWLFDDQLPDGDSRU
de la polis, y no sobre los movimientos que perturban, sacu-­ XQQ~FOHRFRQµLFWLYRDJRQDOTXHOHVHUtDLUUHGXFWLEOH\VLSRU
den y desestabilizan ese orden. Toda la historia de la teoría lo tanto no puede aceptarse que sea solamente la importan-­
política, ha escrito Sheldon Wolin en un texto clásico, es la FLDRODFHQWUDOLGDGGHOFRQµLFWRHQHOPRGRNLUFKQHULVWDGH
historia de pensamientos producidos en contextos de crisis pensarse y hacerse la política lo que nos resulta tan difícil de
para pensar contra la crisis: ningún teórico político piensa SHQVDU OR TXH KDFH DO NLUFKQHULVPR XQ REMHWR WDQ GLItFLO GH
ODFULVLVHOFRQµLFWRODUHYROXFLyQSHUPDQHQWHGHODVFRVDV pensar, ¿qué es (vuelvo a preguntar y a preguntarme) lo que
FRPRXQHVWDGRLGHDO\DQLQJXQROHVHGXFHTXHHOFRQµLFWR nos incomoda, lo que nos perturba y lo que nos fascina tanto
ocupe todo el tiempo el centro de la escena. Sin embargo, a FXDQGRGLULJLPRVQXHVWUDPLUDGDDONLUFKQHULVPR"<RWHQJR
pesar de este remanido dictamen, es cierto también que hace una conjetura, una sospecha. Me parece que lo extraordina-­
ya bastante tiempo que todos nosotros venimos leyendo a ULDPHQWHSHUWXUEDGRUTXHWLHQHHONLUFKQHULVPRLQFOXVRSDUD
una cantidad de autores que, a contrapelo de esta tendencia quienes comulgan con perspectivas teóricas bien dispuestas
JHQHUDOGDQDOFRQµLFWRXQOXJDUIXQGDPHQWDOHQVXFRQFHS-­ DGDUDOFRQµLFWRXQOXJDUFHQWUDOHQODGH´QLFLyQPLVPDGH
tualización de la política. De la política o de lo político, como lo que puede ser caracterizado como político, es el tipo de
se dice a veces, o de la política como un campo de tensiones dinámicaGHHVHFRQµLFWRHOPRGRHQTXHHVHFRQµLFWRHQ
entre, como se ha dicho, un poder constituyente, que surge HONLUFKQHULVPRYLHQHDVDFXGLU\DGHVHVWDELOL]DUHORUGHQHO
para renovar las cosas y sacudir las estructuras, y un poder sitio desde el que llega para hacerlo y el sitio desde el que,
constituido que tiende a absorber esas energías renovado-­ frente a esta situación, se levantan las voces más enérgicas
UDV\DFRQ´JXUDUODIRUPDGHXQQXHYRRUGHQHQWUHXQPR-­ que pretenden conjurarlo. Me parece que un modo de decir
PHQWR GH QHJDWLYLGDG UHVSHFWR DO RUGHQ GH D´UPDFLyQ GH esto es indicar que lo que me parece más extraordinariamen-­
una igualdad que ese orden postula pero no puede realizar, WH SHUWXUEDGRU GHO NLUFKQHULVPR HV HO PRGR HQ TXH VH DUWL-­
un momento político en sentido propio o fuerte, como diría FXODQHQHOPRGRGHDSDULFLyQ\UHVROXFLyQGHORVFRQµLFWRV
Jacques Rancière, y un momento policial, político en sentido políticos que lo animan, lo que más arriba llamamos sus com-­
impropio o débil, que postula pero al mismo tiempo niega el ponentes jacobino y democrático.
Pág. 162 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 163

Quiero decir: que en la Argentina, sobre todo en la Argentina es el de una situación de fuerte politización de las luchas (es
SRVWHULRUDOJUDQGHVEDUDMXVWHGH´QGH HQODTXHSRUXQ decir: de visibilización de lo que hasta entonces estaba ex-­
lado nos mostramos más atentos a los procesos de manifes-­ cluido, de reclamo de igualdad entre lo que hasta entonces
WDFLyQFRQµLFWLYDGHYDULDGRVDFWRUHVGHQXHVWUDVRFLHGDG\ era desigual, de expansión de las fronteras y corrimiento de
por otro más receptivos a estas posiciones del pensamiento los límites) impulsada, no “desde abajo”, no desde una socie-­
´ORVy´FRSROtWLFRDODVTXHPHUHIHUtDUHFLpQ QRVKDEtDPRV dad civil movilizada, activa y crítica, sino desde arriba: desde
habituado a pensar la política como la tensión, o acaso el mo-­ los poderes establecidos del Estado, que en esta voltereta
vimiento, entre la acción instituyente, política en un sentido de la historia se vuelven, ellos mismos, instituyentes, consti-­
propio o fuerte, de este o aquel actor social, de este o aquel tuyentes de una nueva realidad. Estábamos acostumbrados
sujeto surgido de las contradicciones y tensiones del cuerpo a pensar (y hasta aquí la teoría política, no la teoría política
de la sociedad y cuya aparición intempestiva, creadora, en más convencional, pero sí la teoría política más renovadora,
la escena pública, logra democratizar más o menos violenta nos iba acompañando) que el orden social y político es un
o sorpresiva o bulliciosamente el cuerpo social, imprimiendo orden inestable que está en un movimiento de apertura y de
una lógica de la igualdad sobre las relaciones entre los que cierre permanente, que sufre sístoles y diástoles perpetuas,
hasta entonces no aparecían como iguales, dando voz a los pero hasta aquí veníamos pensando que ese orden siempre
que no tenían voz, obligando a contar a los que no contaban, frágil y precario se abría por abajo y se cerraba por arriba,
a tener en cuenta a los que no entraban en la cuenta, siempre que –como puede leerse en un libro reciente de María Anto-­
fallada, del poder, y una reacción, o contra-­acción (o con-­ QLD0XxR]¨HOFRQµLFWRVHGHVSOHJDEDSRUIXHUD\HQJHQHUDO
tracción, que es la contracción de contra-­acción: una reduc-­ impugnando las convenciones de la representación territorial
ción, una disminución, un debilitamiento, un achicamiento de y funcional, y no –como es fácil advertir que ha sido el caso
las posibilidades que abría esa acción instituyente), un mo-­ muchísimas veces a lo largo de estos años– desde dentro y
vimiento policial, político en un sentido impropio o débil, de promovido desde la misma cima de esas instituciones de la
recuperación y anulación de esas energías desatadas. Y nos representación formal.
habíamos acostumbrado a pensar, complementariamente,  4XHOHMRVGHFRQVWLWXLUDKRUDHOPRPHQWRSRVLWLYRD´UPD-­
que aquella acción instituyente era siempre protagonizada WLYRGHVXSHUDFLyQGHOFRQµLFWRRGHclausura de las poten-­
por los sujetos (generalmente colectivos) de la protesta po-­ cialidades abiertas por la acción negativa o crítica de los
lítica y social frente al Estado y a las instituciones, y que esta actores de la sociedad civil, se convierten en cambio en las
UHDFFLyQ R FRQWUDDFFLyQ QXOL´FDQWH R LQVWLWXFLRQDOL]DGRUD encargadas de operar el movimiento negativo de subversión
desmovilizante, en cambio y al contrario, es llevada adelante, y dislocación de lo social al que damos el nombre de política.
no sin cierta malicia y perversión, por los generalmente odio-­ 'XUDQWHORVDxRVNLUFKQHULVWDVHO(VWDGRVHKDFRQYHUWLGRHQ
sos responsables de la administración de las instituciones del HODFWRUSULQFLSDOGHOPRYLPLHQWRGHSURPRFLyQ\D´UPDFLyQ
Estado. Nos habíamos acostumbrado, como digo, a pensar de la igualdad en el que –como diría Ranière– consiste la po-­
todo esto en estos años. lítica, mientras que han surgido del seno de la sociedad (por
En cambio, estamos menos preparados para pensar este supuesto: de los sectores más privilegiados de esa sociedad,
PRYLPLHQWRSDUDSHQVDUHOFRQµLFWRTXHHVHODOPD\HOPR-­ o cuyo compromiso con ciertas situaciones de desigualdad
tor de este movimiento, cuando las cosas pasan al revés. Y es más importante) los movimientos más vivos de rechazo
yo tengo la impresión de que es eso (que las cosas pasan al a la ampliación de esta lógica igualitarista, democrática, de
revés) lo que viene ocurriendo en la Argentina durante los expansión de derechos y universalización de la ciudadanía.
DxRV GH ORV GRV JRELHUQRV NLUFKQHULVWDV 4XLHUR GHFLU TXH (O(VWDGRVHKDYXHOWRHOJUDQSURPRWRUGHORVFRQµLFWRVTXH
el espectáculo sorprendente al que asistimos en estos años han abierto hacia nuevas posibilidades el orden de la socie-­
Pág. 164 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 165

dad, mientras que los sectores más conservadores de esta activamente la instauración de la Asignación Universal por
sociedad son los que no han cesado de reclamar que esos Hijo que fueron después asumidos como una política de Es-­
FRQµLFWRV VHDQ VXSHUDGRV R LQFOXVR UHSULPLGRV ([SOLFDQGR WDGR4XHSRUVXSXHVWRQRIXHURQORVJRELHUQRVNLUFKQHULVWDV
la conocida hipótesis de Rancière que presentábamos hace los que inventaron las diversas reivindicaciones de los gru-­
un momento, María Antonia Muñoz nos recuerda que hay po-­ pos piqueteros a los que los gobiernos anteriores se habían
lítica cuando la distribución de las partes y de las funciones ocupado de mantener a una prudente distancia del centro
es perturbada por la inscripción de una parte de los que no de la vida política, y a la que estos dos últimos gobiernos, en
tienen parte, de una parte de los “sin parte”. Pues bien, pre-­ cambio, llevaron a instalar en el centro mismo del aparato del
gunto: ¿no es exactamente a esta inscripción a lo que han Estado.
apuntado, muchas veces con éxito, algunas de las decisiones Pero en todos estos y otros casos sí fueron los gobiernos
más interesantes del gobierno nacional en la Argentina de NLUFKQHULVWDVORVTXHWRPDURQODGHFLVLyQGHLPSOHPHQWDUODV
los últimos siete años? Digámoslo con un solo ejemplo, en-­ medidas por las que quizás otros venían bregando desde an-­
tre muchos otros que también serían posibles: no fueron las tes, los que convirtieron en políticas de Estado este o aquel
mucamas organizadas las que le arrancaron a un Estado reti-­ reclamo de tal o cual sector de la sociedad. Por eso decía
cente, a través de su lucha, la conquista de la ampliación de hace un momento (e insisto en que esto es una hipótesis,
sus derechos laborales y previsionales: fue desde el Estado pero me parece que es una hipótesis que no está nada mal)
que se promovió la expansión de la lógica de la igualdad y de TXH OR TXH FDUDFWHUL]D DO NLUFKQHULVPR \ OR KDFH WDQ GLItFLO
la universalización de esos derechos hacia esa desprotegida de pensar, lo que hace de él esa anomalía tan inaprensible a
zona de la ciudadanía. la que nos hemos referido, HVODHVSHFt´FDIRUPDHQTXHVH
Se dirá que este ejemplo que acabo de presentar es un ejem-­ articulan, en él, los dos polos de esta relación: la sociedad y
plo extremo. Cierto: en general no se trata, en el conjunto de HO(VWDGRRPHMRUODOyJLFDGHPRFUiWLFDGHODH[SDQVLyQGH
ODVPHGLGDVPiVLQWHUHVDQWHVTXHORVJRELHUQRVNLUFKQHULVWDV derechos y la lógica jacobina de funcionamiento del Estado.
tomaron a lo largo de estos años, de iniciativas gubernamen-­ Desentrañar esta forma de articulación entre estas dos lógi-­
tales adoptadas, de modo cabalmente jacobino, “de arriba a cas, entre estas dos tradiciones, en el seno de la experiencia
abajo”, sino de distintos modos en los que el gobierno, es-­ política más original de la Argentina de las últimas décadas
tos dos últimos gobiernos argentinos, se hicieron cargo de debe ser una tarea para nuestro pensamiento teórico sobre
muchas iniciativas o demandas que habían surgido del seno la política. En todo caso, reconocer que tenemos aquí un pro-­
de la sociedad pero que, emanadas de algunos grupos parti-­ EOHPDLQWHUHVDQWHXQHQLJPDGHVD´DQWH\GLItFLOGHSHQVDU
cularmente dinámicos de la misma y nunca antes recupera-­ resulta bastante menos necio que querer conjurar nuestra
das después desde el Estado, eran ahora convertidas en di-­ VRUSUHVD\HVSDQWDUQXHVWUDLQFRPSHWHQFLDSRQWL´FDQGRXQD
mensiones centrales de un programa gubernamental. Quiero vez más, como cada vez que la historia nos sorprende, que
GHFLU TXH SRU VXSXHVWR TXH QR IXHURQ ORV JRELHUQRV NLUFK-­ son todos feos, sucios y malos, y que las cosas deberían tener
neristas, sino los organismos de derechos humanos, los que la amabilidad de ser de otra manera.
desde hacía mucho tiempo venían sosteniendo un tipo de
discurso y un conjunto de reivindicaciones que estos gobier-­ ‡‡‡
QRVNLUFKQHULVWDVGHVSXpVWRPDURQDVXPLHURQFRPRSURSLDV
y convirtieron en un eje importante de su propio discurso y Vuelvo un momento sobre la idea de que es posible pensar
de su propia identidad. Que por supuesto que no fueron los DONLUFKQHULVPRFRPRXQPRYLPLHQWRFRPSOHMR\SOXUDOTXH
JRELHUQRVNLUFKQHULVWDVVLQRKDFtD\DEDVWDQWHVDxRVOD&7$ articula en una unidad determinada componentes provenien-­
y otros grupos asociados a ella los que habían promovido WHVGHGLIHUHQWHVWUDGLFLRQHVSROtWLFDVWHyULFDV\´ORVy´FDV
Pág. 166 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 167

de distintas “culturas políticas” (ese concepto “sutilmente un poco, por lo menos, más adelante que ella en sus expec-­
DPELJXR« TXH VROtD XWLOL]DU HQ VXV HVFULWRV 2VFDU /DQGL  \ tativas y en sus atrevimientos, e incluso sería difícil de acep-­
sobre la sugerencia de que hay cuatro grandes tradiciones o tar como legítimo o como conveniente a un líder que apenas
culturas que es posible reconocer operando de diversos mo-­ se limitara a expresar el estado de opinión de una sociedad
dos en su seno: la democrática, la republicana, la liberal y la que a veces puede ser muy conservadora, incapaz de pensar
jacobina. Lo primero que habría que decir, ahora, es que por para sí misma horizontes diferentes de aquellos a los que se
supuesto estas cuatro tradiciones o culturas no agotan el rico ha habituado. Lo que llamamos “jacobinismo” nos presenta
XQLYHUVR FRQFHSWXDO GHO NLUFKQHULVPR HQ HO TXH HV SRVLEOH entonces en forma condensada, extrema, una diferencia, una
encontrar también las evidencias del impacto de otros lina-­ separación, que si por un lado no podemos festejar ingenua-­
jes y ascendencias. Así, no sería difícil encontrar en la abun-­ mente ni puede resultarnos un modelo de vínculo político de-­
GDQWHGLVFXUVLYLGDGGHONLUFKQHULVPRODVHYLGHQFLDVGHOSHVR seable, por otro no deja de interesarnos vivamente, porque
que han tenido, en la forja de los ideales que lo animan y tenemos la sensación de que es justo gracias a esa diferencia,
de los instrumentos conceptuales con que piensa, numero-­ a esa separación, a ese hiato, que una sociedad puede a ve-­
sos elementos provenientes de otras tradiciones: la socialis-­ ces sacudirse algo de su modorra e ir planteándose nuevos
ta, la comunista, la desarrollista. Si he subrayado las cuatro desafíos. El problema que parece importante plantearse es
que acá nos ocuparon fue, primero, para discutir la absurda cuánto tiempo puede esa sociedad avanzar en el camino de
SUHWHQVLyQVHJ~QODFXDOHONLUFKQHULVPRVHUtDHVHQFLDOPHQWH realizar esas nuevas tareas que va descubriendo que tiene
extranjero respecto a dos universos conceptuales y políticos por delante, y de consolidar los logros que va teniendo en
desde cuya tan altisonante como parcial recuperación tiende esa marcha, si el discurso “jacobino”, osado y entusiasta de
a atacárselo, injustamente, con mucha frecuencia: el liberal sus líderes no va dando en cierto momento señales ciertas
y el republicano, y, segundo, para hacer notar la tensión que de reconocer (por así decir: “del otro lado” de sí mismo) la
H[LVWHHQHOVHQRGHOXQLYHUVRWHyULFRSROtWLFRNLUFKQHULVWDHQ-­ presencia efectiva y viva de ese pueblo que lo sostiene y que
tre lo que podríamos llamar su “componente” democrático y OR MXVWL´FD (Q TXp PRPHQWR HQ RWUDV SDODEUDV HO FRPSR-­
su “componente” jacobino. He indicado más arriba el proble-­ nente jacobino de ese discurso sobre el pueblo (en el doble
ma que representa la pretensión de los representantes del sentido de acerca del pueblo y de por encima del pueblo) va
pueblo de poder encarnar la volonté géneral de ese pueblo al dejando aparecer en su lugar un reconocimiento del pueblo
que a veces el ímpetu de un liderazgo personal puede incluso como sujeto con voz propia. Pues bien: a mí me parece que
aspirar a sustituir. He indicado también, en contrapartida, que algo de ese reconocimiento viene apareciendo últimamente
cuando ese “pueblo” (o una parte importante de ese “pue-­ en los discursos más logrados de los principales dirigentes
blo”) está animado por todo tipo de temores, inhibiciones o del gobierno nacional y de la propia Presidenta, y me gusta-­
cautelas, por impulsos conservadores y una escasa disposi-­ ría sugerir que lo viene haciendo especialmente desde que
ción a transformar las cosas, la decidida voluntad de cambio hace algunos meses fue convocado el importante, masivo y
de esos representantes puede volverse una fuerza particular-­ exitoso acto que tuvo lugar en el estadio de Huracán bajo la
mente importante y aun reivindicable. consigna, que me parece particularmente feliz, de “Pueblo o
Por eso deberíamos cuidarnos de poner demasiado rápido Corporaciones”.
al “jacobinismo” del que ya hablamos del lado malo de la his-­ Que es una consigna muy notable, en efecto, porque se
toria, o –para el caso que aquí nos interesa– del lado de los apropia de lo mejor de las distintas tradiciones que, según he
Gp´FLWVGHORVJRELHUQRVNLUFKQHULVWDVTXHHVWDPRVLQWHQWDQ-­ WUDWDGR GH DUJXPHQWDU DTXt DQLPDQ HO LGHDULR NLUFKQHULVWD
do caracterizar: es evidente el interés que tiene siempre que tomando de la tradición nacional y popular lo mejor que sin
los políticos que lideran o conducen a una sociedad estén duda tiene, que es su reivindicación del pueblo como suje-­
Pág. 168 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 169

to de la historia, pero emancipando esa idea de pueblo del que encabeza Cristina Fernández radica precisamente en la
corset corporativo con el que muchas veces, en la historia fuerza de movilización de esas dirigencias sindicales, pero el
nacional, y en la historia del propio peronismo, se vistió esa contenido de lo que dijo ahí la Presidenta es perfectamente
ideología populista. Y no sólo emancipando esa idea del pue-­ consecuente con la fuerte inspiración anticorporativa que ve-­
blo de la idea de las corporaciones, sino incluso contrapo-­ nía dando a su gobierno, que alcanzaba ahora (después de
niéndola a ella. “Pueblo o corporaciones” es una consigna haberlo hecho, ya lo dije, a militares y policías, a la corpora-­
que por supuesto se dirige contra las corporaciones patro-­ ción judicial y a la eclesiástica, a las cámaras empresarias del
nales y especialmente rurales y posiblemente militares y se-­ campo y la ciudad) a los dirigentes de algunos grandes sindi-­
guramente eclesiásticas. Pero también es una consigna que catos del país, que en las últimas semanas, además de haber
se dirige contra cierta modulación de la historia del propio expresado por todos los medios su deseo de ver incorporado
SHURQLVPRKLVWRULDDODTXHHONLUFKQHULVPRSHUWHQHFHSHUR DDOJ~QKRPEUHGHVXV´ODVDODIyUPXODSUHVLGHQFLDOTXHGLV-­
en la que esta frase de un populismo silvestre, anarquizan-­ putaría las elecciones en el mes de octubre, habían prota-­
te, busca y consigue establecer una torsión muy sugestiva. gonizado algunas medidas de fuerza, en procura de mejores
Democratismo sin corporativismo, entonces. Eso de un lado. FRQGLFLRQHV ODERUDOHV SDUD VXV D´OLDGRV TXH KDEtDQ FDXVD-­
Del otro, la consigna toma lo mejor del liberalismo que algu-­ do grandes trastornos y complicaciones para los usuarios de
na vez encarnó, más tímida y desprovistamente, el alfonsi-­ servicios fundamentales como los trenes, aviones y provisión
nismo de los años iniciales, que también tuvo que vérselas de combustible. El discurso de José C. Paz, en síntesis, com-­
con la fuerza de las corporaciones empresarias, castrenses y plementa el de Huracán de un par de meses antes terminan-­
religiosas. Y sindicales, desde ya. Pero que lo hizo a medias do de redondear lo que aquí traté de presentar como una
y sin éxito, porque lo hizo con miedo al pueblo y excesiva conjunción de principios particularmente compleja y también
FRQ´DQ]DHQODvirtù de sus representantes. La consigna del particularmente interesante. Si tuviera que sintetizarla diría
alfonsinismo era –si pudiéramos decirlo así– “Corporaciones que se trata de la combinación de un democratismo popular
RUHSUHVHQWDQWHV«/DGHONLUFKQHULVPRORIXHWDPELpQUHSLWR y plebeyo con un liberalismo anticorporativo y con un repu-­
durante la discusión sobre la 125. Hoy ya no lo es, y ésa es blicanismo de avanzada. Ésa va siendo, me parece, la combi-­
una gran noticia. Hoy lo que la consigna estampada en los nación, la mezcla.
FDUWHOHV NLUFKQHULVWDV RSRQH D ODV FRUSRUDFLRQHV QR VRQ \D Que es la forma (digo: la combinación, la mezcla) que tie-­
los representantes del pueblo, sino, por así decir, el pueblo nen siempre las cosas, si lo que sugería más arriba no está
mismo. “Pueblo o corporaciones” expresa entonces, no ya un mal, en el mundo de las luchas sociales y políticas: combina-­
anticorporativismo liberal, sino un anticorporativismo demo-­ ciones, mezclas, argamasas de elementos diferentes que se
crático. No ya el anticorporativismo de la república liberal, articulan de maneras peculiares y –además– cambiantes en el
sino el anticorporativismo de la república democrática. tiempo. Ésta a la que damos el nombre singular de kirchne-­
Que es el mismo principio que sostuvo la presidenta de la rismo es sin duda una de las más originales, por su capacidad
Nación, cinco o seis semanas después del acto de Huracán, para reunir diferentes tradiciones y linajes, que ha conocido
en el muy programático discurso que desgranó en otro mitin la vida política argentina últimamente. Lo que aquí he queri-­
ampliamente comentado, desarrollado en José C. Paz, en el do sugerir es que esa original combinación requiere también
conurbano bonaerense, donde reaccionó con mucha fuerza una teoría, un pensamiento teórico-­político en condiciones
contra lo que llamó las “extorsiones” de algunas dirigencias de dar cuenta de esa novedad. No parece ser ése el pensa-­
sindicales sobre el poder político. Ese discurso llamó mu-­ miento que domina en las zonas más visibles de la politología
cho la atención, porque es sabido que una parte importante universitaria, y por eso es posible que haya que ir a buscar
del poder de convocatoria y del sostén masivo al gobierno inspiración a otros lugares, diferentes del mainstream de esa
Pág. 170 | Debates y Combates Notas para una caracterización del kirchnerismo. Por Eduardo Rinesi | Pág. 171

disciplina, para poder dar cuenta de la novedad que tenemos


que pensar. Y que tenemos que pensar con lucidez, para no
dar por ella menos que lo que ella misma vale (lo cual parece
a veces ser el caso de algunos discursos bien dispuestos ha-­
cia ella o incluso emergentes de su mismo seno, pero que en
el mismo movimiento por el cual la reconducen a una sola de Bibliografía
sus inspiraciones –por ejemplo, a su dimensión nacionalista
SRSXODU¨ OD HPSREUHFHQ \ OD VLPSOL´FDQ  \ SDUD SRGHU GDU Aronskind,  Ricardo,  Controversias   Kuhn,  Thomas,  
y  debates  en  el  pensamiento  económico   4IM[\Z]K\]ZILMTI[ZM^WT]KQWVM[KQMV\yÅKI[
cuenta también de las transformaciones ideológicas, políti-­ argentino. 5ILZQL".+-! !
cas y discursivas que en su mismo movimiento va operando. Buenos  Aires:  UNGS-BN,  2008.
En este año de elecciones y en los cuatro que sigan, que sin Laclau,  Ernesto,
GXGDVHUiQGHD´UPDFLyQ\FRQVROLGDFLyQSHURWDPELpQGH Aronskind,  Ricardo,   La  razón  populista.  
Riesgo  país. Buenos  Aires:  FCE,  2005.
nuevos desafíos, asistiremos con seguridad a más de una de Buenos  Aires:  Capital  Intelectual,  
estas transformaciones, a través de las cuales se continuará 2008. Landi,  Oscar,  Reconstrucciones.  Las  
fraguando la que ya puede caracterizarse como una de las nuevas  formas  de  la  cultura  política.
identidades políticas más originales, más novedosas y más Aronskind,  Ricardo  y  Vommaro,   Buenos  Aires:  Punto  Sur,  1988.
interesantes de la historia argentina contemporánea. Gabriel  KWUX[
Campos  de  batalla.  Las  rutas,  los  medios  y   Natanson,  José,  El  presidente  
TI[XTIbI[MVMTV]M^WKWVÆQK\WIOZIZQW. inesperado.
Buenos  Aires:  UNGS-Prometeo,   Rosario:  Homo  Sapiens,  2004.
2011.
Negri,  Antonio,  La  anomalía  salvaje.  
Forster,  Ricardo,   Ensayo  sobre  poder  y  potencia  en  B.  
La  anomalía  argentina. Spinoza,
Buenos  Aires:  Sudamericana,  2010. Barcelona:  Anthropos/UAM,  1993.

Forster,  Ricardo,     Quiroga,  Hugo,  La  república  desolada.


“La  anomalía  kirchnerista”,  Página  12,   Buenos  Aires:  Edhasa,  2010.
Buenos  Aires,  11-11-2010.
Rancière,  Jacques,  El  desacuerdo.  
García  Delgado,  Daniel,  Raíces   8WTy\QKIaÅTW[WNyI.  
cuestionadas:  la  tradición  popular  y  la   Buenos  Aires:  Nueva  Visión,  1996.
democracia.  
Buenos  Aires:  CEAL,  1989. Vommaro,  Gabriel,  Mejor  que  
decir  es  mostrar.  Medios  y  política  en  la  
González,  Horacio,   democracia  argentina.  Buenos  Aires:
El  kirchnerismo:  una  controversia  cultural. UNGS-BN,  2008.
Buenos  Aires:  Colihue,  2011.
?WTQV;PMTLWVPolítica  y  perspectiva.  
Jaume,  Lucien,   Continuidad  y  cambio  en  el  pensamiento  
El  jacobinismo  y  el  estado  moderno. político  occidental.  
Madrid:  Espasa-Calpe,  1990. Buenos  Aires:  Amorrortu,  1973.