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Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo   

3 de junio de 2018

La homilía de Betania

1.- LA CENA NUPCIAL DEL SEÑOR

Por Antonio García-Moreno

2.- CELEBRAR LA FIESTA DEL CORPUS ES CELEBRAR LA FIESTA DEL CUERPO GLORIOSO Y DEL CUERPO MÍSTICO DE
CRISTO

Por Gabriel González del Estal

3.- JESÚS SE PARTE Y SE REPARTE POR NOSOTROS

Por José María Martín OSA

4.- ¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡Y NOSOTROS CON ÉL!

Por Javier Leoz

5.- JESÚS PERMANECE CON NOSOTROS Y MUY CERCA

Por Ángel Gómez Escorial

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

EUCARISTÍA ALIMENTO ESPIRITUAL

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- LA CENA NUPCIAL DEL SEÑOR

Por Antonio García-Moreno

1.- LA SANGRE DE LA ALIANZA.- Los ritos ancestrales de la Pascua judía hunden sus raíces en ritos aún más antiguos,
aunque adquieren un sentido nuevo y prefiguran al mismo tiempo el sacrificio por excelencia, el sacrificio definitivo, el
sacrificio de Cristo. La sangre ha sido siempre un elemento que ha estremecido al hombre, al mismo tiempo que ha visto
en ella una fuerza misteriosa.

Al relacionarla con la alianza se pone el acento en la unidad. En cierto modo es una realidad que también hoy está en
vigor. Y así se dice que los hermanos tienen la misma sangre, o se establece una especial relación entre quien da su
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sangre y el que la recibe. Así al participar los pactantes de la misma sangre se establecía entre ellos una estrecha unión.

2.- LA SANGRE DE CRISTO.- El Misterio de la Redención alcanza cotas muy altas en la Eucaristía. Hemos de recordarlo de
modo especial hoy, día en que se celebra la gran fiesta del Corpus Christi, en la que los cristianos rendimos adoración al
Santísimo Sacramento del altar, le tributamos el culto supremo a Jesús sacramentado. Él quiso derramar su sangre en
sacrificio de expiación por nosotros. Antes esta realidad el hagiógrafo exclama: "Si la sangre de los machos cabríos...
tienen el poder de consagrar a los profanos, ¡cuánto más la sangre de Cristo que, en virtud del Espíritu eterno se ha
ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto
del Dios vivo!"... Sangre de Cristo, embriágame.

3.- CRISTO, CORDERO DE DIOS.- Los ázimos es el nombre que recibían los panes preparados sin levadura, para comerlos
durante los días de la Pascua. El pan de días anteriores, confeccionados con levadura, tenía que haberse consumido ya o
ser destruido, pues se consideraba que la fermentación de la masa ludiada era una especie de impureza, incompatible
con la fiesta pascual.

Pero más importante que el pan ázimo era el cordero inmolado en esa fiesta. Se recordaba así la sangre de aquellos
corderos con la cual se tiñeron los dinteles de las casas de los hebreos, librándolos así de la muerte...En la nueva fiesta
pascual, en la Pascua cristiana, Jesucristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como lo recordamos
antes de la comunión de su Cuerpo y su Sangre, Alma y Divinidad. En ese momento se nos recuerda, con palabras del
Apocalipsis, que estamos invitados a la cena nupcial del Señor.

2.- CELEBRAR LA FIESTA DEL CORPUS ES CELEBRAR LA FIESTA DEL CUERPO GLORIOSO Y DEL CUERPO MÍSTICO DE
CRISTO

Por Gabriel González del Estal

1.- Que la lengua cante al cuerpo glorioso de Cristo. Así rezamos en las vísperas del día de la Fiesta del Corpus y así lo
hemos cantado (pange lingua gloriosi corporis misterium) miles y miles de veces los cristianos en procesiones solemnes, o
arrodillados ante el Santísimo Sacramento. El cuerpo glorioso de Cristo es el cuerpo de Cristo resucitado; es realmente la
persona de Cristo, tal como vive junto al Padre, después de haber resucitado. Es un cuerpo que ya no está sometido a las
leyes físicas del tiempo y del espacio, ni de la carne, ni de la sangre, un cuerpo inmortal y glorioso. No resulta fácil a
nuestros sentidos corporales, físicos y carnales, imaginar, ni entender, cómo es y cómo vive este cuerpo glorioso, por eso
decimos en el mismo himno religioso que “la fe debe suplir el defecto de los sentidos”. Pero para nosotros es suficiente
con que cada vez que adoramos a Cristo en la Eucaristía sepamos y creamos que estamos adorando al mismo Cristo que
vivió, murió y resucitó aquí en nuestra tierra, para redimirnos, para salvarnos y para enseñarnos el camino que debemos
seguir para llegar hasta Dios, nuestro Padre. Es nuestra fe, más que nuestros sentidos corporales, la que debe alimentar
nuestra unción y nuestro agradecimiento cada vez que adoramos al Cuerpo, a la persona de Cristo, en la eucaristía. No
importa tanto lo que vemos, es fundamentalmente lo que creemos lo que debe dirigir nuestras celebraciones del cuerpo
glorioso de Cristo.

2.- El pan que partimos nos une a todos en el cuerpo místico de Cristo. Según san Pablo el mismo cuerpo glorioso de
Cristo es, para todos los cristianos, el cuerpo místico de Cristo, del que todos formamos parte. Es decir, que cuando
comulgamos con Cristo estamos comulgando con todos los miembros de Cristo, con todos los cristianos. Por eso, san
Agustín les decía a sus fieles que cuando después de comulgar respondían <amén>, estaban diciendo que ellos eran lo
que respondían, es decir, el cuerpo de Cristo. No se puede comulgar con Cristo, si no se comulga al mismo tiempo con los
hermanos de Cristo. Por esta razón san Pablo se enfadó tanto con los cristianos de Corinto cuando le llegaron noticias de
que se reunían para celebrar la cena del Señor y los más ricos no compartían su comida con los más pobres. Estáis
profanando, les dijo, el cuerpo de Cristo. Esto debe hacernos pensar seriamente a nosotros si cuando celebramos
nuestras eucaristías no estamos dispuestos a compartir nuestros bienes con los más necesitados. Es verdad que hoy
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nuestras comunidades cristianas están organizadas y estructuradas de una manera muy distinta a como lo estaban en
tiempos de san Pablo. Realmente nuestras eucaristías dominicales y festivas hoy son demasiado multitudinarias y los que
participamos apenas nos conocemos unos a otros. Nos unen más nuestra misma fe y los ritos, que los bienes que cada
uno de nosotros tenemos. Pero esto en ningún caso nos dispensa de pensar que comulgar con Cristo nos obliga a estar
dispuestos a comulgar con nuestros hermanos en lo que somos y en lo que tenemos.

3.- El que me come vivirá por mí. El sacramento de la eucaristía no es un sacramento estático, sino dinámico. Comulgar
con Cristo, comer a Cristo, supone dejar que sea Cristo el que dirija mi vida. Si cuando salimos del templo, después de
comulgar, no salimos con la decidida intención de que sea Cristo el que dirija y gobierne nuestra vida, es que no hemos
comulgado conscientemente con Cristo. Comulgar con Cristo y con los hermanos es mucho más que tragar y comer la
forma consagrada. La comunión no termina con el acto físico de comer el pan consagrado, sino que supone un esfuerzo
continuado de vivir con Cristo y con los hermanos de Cristo, con nuestros hermanos, especialmente con los más
necesitados. Ya sé yo que esto lo sabemos todos los cristianos, en teoría, pero no está mal que en este día de la fiesta del
Corpus Cristi lo pensemos una vez más y tratemos de llevarlo a la práctica.

3.- JESÚS SE PARTE Y SE REPARTE POR NOSOTROS

Por José María Martín OSA

1.- La Antigua Alianza de Dios con el pueblo no elimina la culpa. El fragmento del Libro del Éxodo cuenta la aceptación
de la Alianza por parte del pueblo: “Haremos todo lo que dice el Señor”. El pacto de la Alianza será sellado con la sangre
de las vacas derramada sobre el altar y sobre el pueblo. Pero el pueblo fue enseguida infiel al adorar el becerro de oro.
Posteriormente, la liturgia judía del día de la expiación expresaba de una manera grandiosa la conciencia de culpa del
hombre y el anhelo por descargarla y alcanzar la reconciliación con Dios. El Sumo Sacerdote atravesaba el velo del
templo, penetraba él sólo en el "recinto santísimo" y ofrecía en sacrificio la sangre de animales para expiar sus faltas y las
del pueblo. Después salía para tener que recomenzar otro año el mismo ritmo. La culpa del hombre no era totalmente
suprimida.

2.- La Nueva y definitiva Alianza. Jesús es a la vez sacerdote, víctima y altar. Jesús, nos dice la Carta a los Hebreos, ha
penetrado en el santuario del cielo una vez por todas, para llegar a la presencia de Dios. Lo ha hecho con el sacrificio de
su pasión, es decir, en virtud de su propia sangre. La eficacia de este acto permanece para siempre. La esperanza de los
hombres de alcanzar el perdón de sus pecados y lograr la comunión con Dios queda cumplida real y definitivamente en el
misterio de la muerte y exaltación de Jesucristo, el Hijo de Dios. La liberación conseguida en virtud de la sangre de Cristo
se mantiene inagotable. La sangre de Cristo sella una alianza nueva para siempre. Cristo es mediador de una nueva
alianza. En efecto, Jesús es el enviado de Dios a los hombres (apóstol) y tiende un puente (pontífice) para hacer posible la
unión entre ambos. Jesús manifiesta la última voluntad (testamento) de Dios para con los hombres, y la cumple
ofreciéndose a sí mismo en la cruz.

3.- Jesús se entrega por nosotros. Según nos lo presenta Marcos, la última cena de Jesús fue una cena de Pascua. En la
cena, primeramente, todo discurre con normalidad, como era costumbre. Jesús, como presidente ("padre de la familia o
de la casa"), pronuncia la bendición sobre el pan. Después, Jesús parte el pan y acontece lo sorprendente. Mientras que
lo normal era que el "padre de la casa" no dijera nada al entregar el pan bendecido y partido, Jesús dice: "Tomad, esto es
mi cuerpo". Y como los discípulos ya sabían que, hablando del "cuerpo", uno se refería al hombre entero, comprendieron
perfectamente que Jesús, su Señor, se les quería entregar en ese pan.

4.- Pan bendecido y partido. Cuando Cristo bendijo el pan, lo partió, y al partirlo nos recordó que su cuerpo también se
rompería por nosotros. Ahora el signo se potencia. No sólo en el pan; presencia y alimento, sino el pan partido, que
significa entrega y pasión. Tendríamos que asumir las mismas actitudes del que se dejó partir. Entonces, “cada vez que
partís el pan y bebéis la copa” me hacéis presente, comulgáis mi espíritu, revivís mi vida, anunciáis mi muerte, profetizáis
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mi vuelta, anticipáis mi Reino. Al mundo egoísta se le ofrece este signo de altruismo supremo. Un gesto que debe
repetirse. Si cada vez que comemos de este pan recordamos su muerte por amor, también nos comprometemos a
partirnos amando, a gastarnos dividiéndonos y a vivir muriendo. Es Pan compartido y comido tiene una nueva dimensión:
la solidaridad y la común-unión, la urgencia del compartir y del convivir, la necesidad de poner en común los bienes, las
capacidades, los sentimientos y las personas.

5.- “Tu compromiso mejora el mundo”. Este es el lema de la Campaña de Día de Caridad de Cáritas. Celebramos el Día de
Caridad coincidiendo con el Día del Corpus Christi, la celebración de la Eucaristía. Es un día especial para nosotros, porque
celebramos que nuestro compromiso nos hace salir de nosotros mismos, de nuestra vida acomodada, tranquila y de la
zona de confort para acudir al encuentro de los demás. Queremos echar una mano a los “descartados” por los poderes
de este mundo. Este fue el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de los Pobres:

“Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las
manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas
de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin peros ni condiciones: son manos que
hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios”.

Sigamos estas palabras del Papa Francisco y sintámonos llamados a ese compromiso que nace del Amor de Dios, de la
predilección por los pobres y necesitados. Juntos lograremos que la solidaridad sea un compromiso de vida, un
compromiso que lleve al cambio y la mejora de tantas personas y familias rotas y necesitadas.

4.- ¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡Y NOSOTROS CON ÉL!

Por Javier Leoz

La Eucaristía es "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). En este día del Corpus Christi nuestros ojos se
concentran totalmente en el núcleo de la custodia. En ella, ante el mundo, manifestamos públicamente que sólo el
Señor es digno de ser adorado. Que, sólo el Señor, va por delante de nosotros indicándonos con su vida entregada,
radicalmente sacrificada llamándonos a ser custodias del Amor Divino, pregoneros de su presencia, brazo prolongado
de su inagotable caridad allá donde la Iglesia tenga que salir al paso de la pobreza y necesidades.

1. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡Y NOSOTROS CON ÉL!

Celebramos, saboreamos, vivimos y adoramos la Eucaristía. Sigue siendo, y siempre lo será, un alimento imprescindible
para todos los cristianos. Si ya de por sí es difícil mantener el tipo de una vida evangélica con el auxilio de este
Sacramento, qué difícil resulta –por no decir imposible- dar testimonio de una fe (convencida, contrastada no
descafeinada) sin el Pan de los Ángeles. La primera consecuencia de que hemos celebrado el “Dios aquí” es que, a
continuación, las consecuencias son comprometedoras:

-Donde existe odio, trabajaremos por el entendimiento

-Donde brota la venganza, ofreceremos el perdón

-Donde surgen las distancias, buscaremos el abrazo y la unión

-Donde brilla el egoísmo, propondremos siempre la caridad

2. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ Y NOSOTROS CON ÉL!

Nadie, pero nadie, puede poner en duda nuestra pertenencia al Cuerpo de Cristo (su Iglesia). Como cristianos no
podemos confundir la caridad con la solidaridad.

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-La caridad no entiende de límites (todo ser humano tiene la puerta abierta a ella). La solidaridad, por el contrario, puede
ser utilizada como instrumento ideológico e ideologizante

-La caridad apunta más allá de las personas (no espera recompensa). La solidaridad, en algunos momentos, si no es
agasajada y aplaudida, va decreciendo hasta desaparecer.

-La caridad viene de Dios (surtidor inagotable de amor). La solidaridad puede surgir espontáneamente pero morir allá
donde nace.

-La caridad es consecuencia de la vida cristiana (del encuentro con Cristo). La solidaridad, a golpe de sentimiento, viene
condicionada por una situación puntual y sin más perspectiva futura.

Quien se ha encontrado con Dios, en el pan multiplicado, está llamado a ser caridad viva, caridad continua e
incomprendida, pensamiento y palabras, con las manos abiertas y el corazón abierto.

3. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ Y NOSOTROS CON ÉL!

Pero, también el Señor, tiene derecho a nuestra caridad. En este día del CORPUS CHRISTI le decimos que Él es la
inspiración de muchas iniciativas de la Iglesia (incluida Cáritas). Que, nuestros amores humanos, sirven de poco y se
debilitan pronto cuando lo intentamos arrinconar en la sacristía o reducirlo a la esfera de lo privado.

En este día del Corpus, los católicos, nos vestimos de gala por fuera para decir al mundo que, nuestra fiesta, es vivir con el
Señor y en el Señor. Que nuestra vida, sin la Eucaristía, no sería la misma. Que nuestra opción por los más necesitados (y
la Iglesia es vanguardista como nadie en ese terreno) no es por simple altruismo o solidaridad: nos urge y nos empuja el
amor de Dios que, dentro de una custodia, nos invita a ser trampolines de amor y de justicia.

El día del Corpus Christi es un día en el que, el Señor, sale a nuestras calles y plazas para dar un poco de vista al ciego,
oído al sordo, pan al hambriento, fe al incrédulo, vida al que hace tiempo la ha cambiado por el pesimismo, la depresión o
el desencanto.

El día del Corpus Christi, hoy más que nunca, es una llamada a poner al Señor en el centro de nuestras miradas. Siempre
será esencial el amor al prójimo (mandamiento de obligado cumplimiento) pero ¿acaso Cristo no se merece, por un día,
por unas horas…miradas de amor, pétalos de rosa, incienso y adoración, campanas y regocijo, música y romero, cantos y
silencio, oración y contemplación?

Porque, Dios está aquí, hoy sentimos la necesidad de estar nosotros con Él.

-Si el Señor va en la custodia, nosotros estamos llamados a custodiar su testamento espiritual: el amor

-Si el Señor salta del sagrario a las calles y plazas para encontrarse con la humanidad, también nosotros tendremos que
ser más ambiciosos para proponer y presentar la fe más allá de los muros de un templo

-Si el Señor es aclamado en este día como Rey de reyes, también nosotros tendremos que descubrir en el rostro de los
más sufridos o perseguidos, el tesoro que en este día desfila a lo largo y ancho de nuestro mundo en la procesión del
Corpus: el amor infinito de Dios en la Eucaristía.

¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡VAYAMOS NOSOTROS CON ÉL!

4.- TAN CERCA Y TAN LEJOS, SEÑOR

En el cielo, pero sin olvidar lo que dejaste en la tierra

Al hombre, que a veces te sigue pero se pierde

al mundo, que viniendo de tus manos, dice vivir sin Ti.

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TAN CERCA Y TAN LEJOS, SEÑOR

En la mano que se abre, porque sabe que es mano tuya

y en el corazón que se cierra

porque hace tiempo que olvidó o no sabe ya amarte

En los labios que, pronunciando tu nombre,

consiguen que los ojos brillen de emoción

y en los pies que, por ser exigentes tus caminos,

decidieron desertar y desviarse hacia otros destinos

TAN CERCA Y TAN LEJOS, SEÑOR

En el paladar que, con veneración recibe tu Cuerpo

y en el lama del que, sabiéndose pequeño,

se siente inmensamente grande cuando entras en ella

En el pensamiento, cuando sólo en Ti piensa

o en la mente que se siente iluminada por tu presencia

TAN CERCA Y TAN LEJOS, SEÑOR

Hoy, cuando divisas nuestras calles y nuestras plazas,

cuando ves nuestras miserias y nuestra fiesta

nuestra pobreza y nuestra crisis económica y moral

te sentimos, Señor, cerca y lejos a la vez.

Cerca, cuando a Ti confiamos nuestro futuro

y, lejos, cuando nos empeñamos

en desterrarte de lo inmediato

Cerca, cuando en Ti ponemos nuestras esperanzas

y, lejos, cuando nos sentimos señores de la existencia

Cerca, cuando a Ti sólo adoramos y cantamos

lejos, cuando nos postramos ante otros dioses y amos

Cerca, cuando miramos al cielo buscando respuestas

lejos, cuando clavamos los ojos en la efímera tierra

¡TAN CERCA Y TAN LEJOS, SEÑOR!

No dejes, con tu Cuerpo y con tu Sangre

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de alimentar los huesos y las venas de nuestro mundo

No dejes, con tu Palabra, de animar nuestro decaimiento

No dejes, con tu mirada, de guiar nuestros pasos inciertos

No dejes, con tu mano, de sacarnos de tanta incertidumbre

¡Nos haces falta tanto, Señor!

Hoy, porque queremos tu Bendición, Santa y Eterna

te hemos sacado del templo donde tu gloria habita

Para que tiñas con la esperanza a este pueblo que te ama

para que pongas futuro allá donde todo parece fracaso

para que siembres en nosotros testimonio y valentía

para que nos hagas ser custodias de carne y corazón

para que, hoy que te dignas pisar nuestras calles de cemento,

nos ayudes a buscar y nunca perder

aquellas otras que conducen hacia la Ciudad del Cielo

¡Gracias, Señor, por tu presencia!

¡Gracias, Señor, por tu inmenso amor!

¡Gracias, Señor, por tu pan multiplicado!

¡Gracias, Señor, por tu entrega sin tregua!

¡Gracias, Señor, por llamarnos al amor con tu AMOR!

5.- JESÚS PERMANECE CON NOSOTROS Y MUY CERCA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Hoy es un día muy especial para reflexionar sobre un milagro permanente, sobre un signo que Jesús hizo ante sus
discípulos hace más de dos mil años y que permanece. Nos referimos a su presencia real en la Eucaristía. Y, obviamente, a
nosotros, aquí y ahora, lo que más nos interesa es ese pensamiento fuerte sobre la presencia de Jesucristo es el
Sacramento del Altar. No puede eludirse el hecho de que Dios se ha quedado en la Tierra en forma aparente de pan y
vino y que está dispuesto para ser alimento espiritual de las almas. Esto puede dar un cierto rubor "modernista" el
afirmarlo de manera tajante, pero, sin embargo, dejarlo fuera, o atenuarlo en una especie de valoración legendaria, es
una dejación absurda. Incluso, de una manera un tanto cazurra bien podría decir que si tenemos una cosa buenísima para
qué vamos a prescindir de ella.

2.- La recepción del Cuerpo del Cristo, el diálogo íntimo con el Recién Recibido, las charlas --internas y distendidas-- en la
proximidad del Sagrario y la profunda convicción de la presencia de Dios en ese pan y vino de vino es, en sí mismo, un
grandísimo bien que preside nuestra vida de cristianos. Y si alguno le faltase fe, al respecto, la solución es muy fácil: pedir
a quien se quiso quedar en la Eucaristía que nos aumente la fe.

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3.- Y en cuanto al contenido litúrgico de nuestra celebración de hoy hemos de decir que esta solemnidad comenzó a
celebrarse en Bélgica, en Lieja, en 1246. Sería el Papa Urbano VI quien motivo que de extendiera por toda la Iglesia. El
Pontífice buscaba que esa idea, generalizada y admitida en toda la cristiandad, de la presencia real de Jesús en la
Eucaristía, tuviese mayor resonancia por la dedicación de una fiesta universal. No obstante, ya en esos tiempos, se
celebraban las procesiones eucarísticas que han llegado a nuestros días. El Papa Urbano VI deseaba que hubiese un día
específico para reflexionar en ese acto de generosidad de Cristo que es quedarse realmente junto a nosotros.

4.- Con la perfección en los contenidos que marca siempre la Sagrada Liturgia tenemos que decir las lecturas que hemos
proclamado ayudan a mejor comprender el misterio que hoy, especialmente, adoramos. Y en el Libro del Éxodo, en su
capítulo 24, leemos una frase que va a recordar bastante la consagración que hizo Jesús en la Cena del Jueves Santo. Son
palabras de Moisés que dice: “Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos esos
mandatos.” El Amigo de Dios, el gran Moisés estaba profetizando, al menos la forma, de lo que sería la alianza más
directa de Dios con el hombre. La sangre de su Hijo Unigénito sería el principio de una nueva Alianza de Amor y de
permanencia física en el mundo, a través de todos los tiempos. A su vez en la Carta a los Hebreos, se plasma una de las
grandes novedades realizadas por Cristo en las relaciones con Dios Padre Todopoderoso. Su sacrificio va a ser el último y
el definitivo dirigido a Dios. Por un lado se clausura una acción litúrgica sacrificial y se abre el nuevo culto con el recuerdo
y presencia permanente de Jesús, que es víctima y altar. Dice la Carta a los Hebreos que Jesús “no usa sangre de macho
cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la
liberación eterna”

5.- El Evangelio de San Marcos nos narra con su brevedad y precisión acostumbradas todos los momentos de la
celebración de Sagrada Cena con la consagración eucarística dicha en su final. Y los términos utilizados por Jesús en el
relato de Marcos en lazan directamente con los otros textos bíblicos leídos hoy que marcan esa nueva alianza de amor y
de reconciliación, oficiada por el Hijo, y admitida por el Padre. Todos los días, a todas las horas, celebramos y festejamos
la Eucaristía, la presencia real de Jesús en el pan y el vino consagrados, pero en esta fiesta grande del Cuerpo y de la
Sangre del Señor debemos de hacer un esfuerzo para tener ese misterio más cerca de nosotros y que nos sirva de
alimento para el complejo camino diario del seguimiento de Nuestro Señor Jesús.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

EUCARISTÍA ALIMENTO ESPIRITUAL

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- No hay que olvidar que el Señor, en su última cena, lo que dijo al instituir la Eucaristía fue: tomad y comed. O tomad y
bebed. Ambas cosas dentro de una liturgia probablemente propia de celebración pascual, o Seder de Pesaj. (Lo advierto
para que nadie piense que se limitara a decir: mirad esto y miradlo bien, que en precioso estuche se guardará y exhibirá).
La Eucaristía es fundamentalmente un alimento espiritual. Permitidme ahora, mis queridos jóvenes lectores, que os
repita lo que uno de estos días les decía a unos chiquillos que pronto empezarán a comulgar. (Lo de primera comunión no
me gusta, suena a lo que tantas veces acontece: primera y última, obsequios y convites a mansalva con motivo de la
correspondiente fiesta).

2.- Ante la lógica reflexión de que una cosa tan pequeña como es la Eucaristía de pan, difícilmente, al modo de ver de los
niños, puede ser tan importante como se les dice, les enseñaba yo unos medicamentos. Uno de ellos eran unas pastillitas
de cuatro milímetros de diámetro y uno de espesor. Miniaturas, pues. Les decía que una persona podía en un
determinado momento, sufrir temblores, miedos o angustias y que tragando algo tan pequeño, diminuto respecto a su
tamaño corporal (pensemos en lo que representan 4 milímetros respecto a 1,60 metros de estatura), al cabo de poco,

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sentiría calmada su molesta ansiedad. A simple vista era incomprensible que tan poca materia, produjera tal paz. La
madre de uno de ellos, médico de profesión, con la vista, corroboraba lo que yo decía. Les enseñaba también otra tableta
y les decía que una persona, sufriendo un ataque cardíaco que le podía suponer la muerte, depositándola bajo su lengua,
seguramente, en pocos minutos recobraría la regulación y fortaleza del ritmo de su corazón.

3.- No debemos juzgar las cosas por su tamaño o por la propaganda que ofrezcan los medios. Lo entendieron, ellos y sus
padres que también escuchaban. Y lo entenderéis sin duda también vosotros, mis queridos jóvenes lectores. Muy
acertadamente, tal es mi parecer, se ha incluido en el rezo del rosario de los jueves, la institución de la Eucaristía.
Aprovecho la ocasión para comentaros, mis queridos jóvenes lectores, que atribuyo mi salud y vida espiritual, a veces
vacilante, otras desganado o perezoso, pero nunca olvidada y siempre vivita y coleando, a que diariamente comulgo. En
mi caso, es en la celebración de la misa, con frecuencia en la soledad de mi iglesita.

4.- El prodigioso “invento” fue cosa que antecedió poco rato antes de marchar a Getsemaní y sufrir grave angustia,
perdiendo de inmediato la libertad. Ahora bien, el Jueves Santo, su “decorado espiritual” está teñido de la Pasión de
Cristo, que ese día se inicia. Convenía, pues, dedicar una jornada a la Eucaristía como genial iniciativa, alimento espiritual.
A esto obedece la solemnidad del Corpus Christi.

5.- Ahora bien, no hay que olvidar que en la Biblia también se dice que “quien coma el pan o beba la copa del Señor
indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la
copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo” (1Co 11,27). Consecuentemente
con ello, la Iglesia se hizo consciente de que, además de alimento espiritual, que en determinadas circunstancias no es
apto recibirlo, la Eucaristía era presencia, que merecía respeto y adoración, aun para aquellos que sus anómalas
situaciones, le impidiesen comulgar.

6.- Y lo que había sido una simple “caja fuerte” donde se guardaba para atender a “enfermos y prisioneros” se convirtió
en Sagrario, cerca del cual nos podemos situar a orar. Me gusta al entrar en casa, asomarme a la iglesita, hacer
genuflexión, signo de adoración, besar el sagrario, señal de amor y, recientemente, he incorporado el tocarlo con mi
frente, solicitando del Señor que me ayude, proteja e inspire durante el día. Os he explicado esta mi experiencia, aunque
estoy convencido de que no podrá ser la vuestra. Un sagrario a escasos metros del pasillo de mi casa, difícilmente podréis
disponerlo vosotros. Pero algo habréis aprendido, estoy seguro. Y le agradezco al Maestro que yo os lo haya podido
contar.

7.- Me acuerdo que cuando estudiaba bachillerato, la celebración de la misa solo estaba permitida durante la mañana.
Era costumbre de muchos de nosotros, al salir de clase, antes de ir a pasear con amigos o amigas por la Plaza Mayor,
pasar por una iglesia, en aquel tiempo estaban siempre abiertas, entrar un momento, rezar un poquitín y salir
alegremente a disfrutar de la amistad. A mi padre, que por su profesión le era imposible asistir a misa diariamente, le
había visto muchas veces entrar en una iglesia, arrodillarse ante un crucifijo y, brazos en cruz, rezar devotamente una
oración, sin dejar, antes de salir de acercarse al sagrario y rendir el tributo de adoración que supone la genuflexión.

8.- De las procesiones propias de este día no os hablo. Merecen respeto, pero me temo que se haya introducido mucho
adorno. Por nuestros pagos “mucho ruido y pocas nueces”, como se dice vulgarmente. Y excluyo el proceder del Papa
que da ejemplo de devoción, participando en la que se inicia en su catedral, bendice y predica con acierto. Lo apropiado,
vuelvo a repetiros, es comulgar. Un substituto, un buen suplente, es lo que me he detenido a explicaros.

9- Mi admirado Guy de Larigaudie, cuando quiere dar razón de cómo en sus desplazamientos, en sus encuentros con el
mundo de la cinematografía famosa de su época, la despampanante Joan Harlow incluida, los potentados de EEUU y de
los ambientes animistas de África por donde se movía experimentando la aventura de su vida, dice que si fue capaz de
conservar siempre la Gracia, fue porque cada mañana asistía a la misa de un misionero y la comunión le daba fuerzas.

10.- Recuerdo también unos chicos de la China continental, de la Iglesia clandestina, que nos decían que se levantaban a
las 4.30h para ir en bicicleta a misa diaria, en invierno a 20º bajo cero. Lo hacían porque a aquella hora la policía dormía y
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no los ficharía. Ellos también en tales adversas circunstancias, conservaban la Fe y la Gracia.

No tengo tiempo de comentaros las lecturas litúrgicas de este domingo, pero estoy seguro de que lo que os he contado
concuerda con ellas.

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