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ENTRE MUJERES I

(Selección de Relatos Eróticos escritos por mujeres para mujeres)


MI INICIACION

Era mi primer año de universidad, era medio tímida por lo que no me


relacionaba con mucha gente.
En el ramo de Administración, se nos hizo hacer grupos de a dos
personas como mínimo, no sabía con quién hacerlo, en eso se me acercó
una chica llamada Valeria y empezamos a trabajar juntas.
A esta chica no se le acercaba mucha gente, puesto que era media
"extraña", algo ruda; no se vestía bien, no se maquillaba, jamás usaba
faldas, siempre vestía de manera deportiva, en pocas palabras, era poco
femenina.
Al semestre siguiente tomamos ramos juntas. Nos tocó uno algo
complicado: Finanzas, así que me invito a estudiar a su departamento
Domingo por medio.
Ella era de situación acomodada, su familia era de otra provincia y le
alquilaban un departamento en la capital para que pudiese estudiar en la
universidad, ella vivía sola con una prima.
Nos comenzamos a juntar y nos empezamos a llevar demasiado bien,
nuestras notas subieron considerablemente, fruto del esfuerzo. Cada semana
me terminaba quedando más tiempo con ella, salíamos de compras al
Supermercado, cocinábamos juntas, etc.…
Ella era muy graciosa, a veces me tomaba de la mano y hacia bromas
como que éramos pareja. En el fondo de mí, esto me provocaba algo de
incomodidad, puesto que en la Universidad se rumoreaba que ella era
lesbiana.
El segundo Domingo de Junio, llegué a eso del mediodía a su
departamento sin siquiera avisar, ya era se estaba transformando en algo
rutinario. En dos días más teníamos el examen final, así que estábamos
bastante preocupadas y ansiosas. Como de costumbre, aparqué mi coche en
el estacionamiento de visitas, tomé mi bolso, saludé al guardia y subí al piso
15, en donde ella vivía.
Toqué el timbre y me abrió la puerta, puse mis cosas en la mesa,
me senté y le dije:
Valeria, no me siento preparada para el examen, vi el programa de
estudios y evaluarán una materia que no hemos estudiado, esto está
difícil.
Ese día el estudio no rindió como esperábamos y con las horas ya nos
empezamos a cansar.
En eso sale su prima del dormitorio, me saluda y se despide diciendo:
Voy a la casa de mis viejos, vuelvo mañana.
Yo ya estaba agotada, así que tomé el notebook, me metí a revisar el
correo y encontré un mail del profesor en donde nos avisaba que el examen
se corría una semana más. Emocionada y feliz le dije a Valeria:
¡¡¡Vale!!! ¡¡Adivina, nos corrieron el examen para la semana que
viene!!
En eso ella se me acerca, lee el mail, sonríe y me dice:
Jessica, ¡qué buena! Ahora tenemos el día libre para hacer lo que
queramos.
Me tomó el rostro con sus dos manos y me dice:
Estoy tan feliz que te daría un beso.
Se me empezó a acercar, me quede helada, no reaccioné, esperaba que
me lo diera, pero retrocedió y riendo dice:
- Te la creíste! Jajajajajaja.
Se aleja y me ofrece que veamos una película. Así que nos sentamos en
el sillón, apagamos las luces y nos pusimos a ver una de terror.
En un instante me miró a los ojos, apoyo su cabeza en mi hombro, me
sentí muy incómoda, pero luego me gustó la sensación de sentirla tan cerca,
su respiración. Luego puso su mano izquierda sobre mi pierna derecha, y se
dejó caer de apoco, para apoyar su cabeza en mis piernas. Pero mientras iba
resbalando, paso a llevar uno de mis pechos, sensación que me gustó aún
más.
En ese momento se pasaron mil ideas por mi mente, estábamos solas, los
rumores de que ella era lesbiana… ¿serían reales?
Terminó la película, ya era tarde, así que le dije que me iría a casa, a lo
que ella me responde.
Jess, no te vayas. ¿Por qué no te quedas esta noche? Mi prima no
está y no me gustaría quedarme sola.
Pero Valeria, no traje ni pijama.
Jess, no te preocupes, yo te presto algo.
Bueno, está bien. Me quedo.
Me invitó a pasar a su habitación para que me cambiara. Ella por su
parte se desabrochó la blusa para ponerse su ropa de dormir, eso dejaba ver
parte de su sostén y sus redondeados pechos. Pensamientos sucios pasaron
por mi mente: "Qué me está pasando?"
Luego se sacó su pantalón dándome la espalda, su ropa interior ajustada
se incrustaba en la línea que formaban sus perfectas nalgas. Volteó hacia mí
y se quitó el sostén, pude apreciar sus pezones duros, se me acercó, y yo
como imbécil me quedé inmóvil. Pasó por mi lado tomando su pijama y
dice:
¡Jess! ¿Cámbiate o piensas dormir así?
Disculpa Vale, voy al baño y regreso.
Salí de la habitación, entré al baño, me miré al espejo y estaba
enrojecida. ¿Qué me pasa? Estoy excitada, Valeria me atrae, sus pechos….
¿Qué pasará esta noche? ¿Será lesbiana como dicen las malas lenguas?
Me saqué el pantalón y llevé mis dedos entre mis piernas, estaba
húmeda…
Volví a la habitación y le dije:
¿Valeria, donde voy a dormir? ¿En la habitación de tu prima?
De ningún modo, a ella no le gusta que entren allí, duerme
conmigo.
Me saqué mi blusa, me senté en el borde de la cama, saqué mi pantalón,
quedé en ropa interior. Ella con el torso desnudo se sienta a mi lado, me
mira a los ojos y me da un beso. No aguanté más y me dejé llevar, la besé
también.
Se pone de pie frente a mí, se acerca y me saca el sujetador, me empuja
hacia atrás y se apoya sobre mí, nos volvimos a besar. El roce de sus pechos
contra los míos me excita cada vez más. Con suma facilidad desabrocha mi
sostén. Yo la freno, la empujo y me apoyo sobre mis brazos, sus pechos
quedan a la altura de mi rostro, sus pezones están duros, no puedo evitarlo y
se los beso, se los succiono.
Ella me termina de sacar el sostén y empieza a morder suavemente los
pezones, nos besamos en los labios, suavemente baja al suelo y arrodillada
frente a mí me separa las piernas, siento su respiración entre ellas, mi
clítoris está que estalla. Ella lo lame, lame mi vagina, lame mi sexo, muerde
mi clítoris, lo chupa, lo succiona, introduce dos dedos. En eso se detiene y
busca algo bajo la cama, era un vibrador, lo enciende y suavemente me lo
introduce, vuelve a succionar mi clítoris. Yo estoy que exploto, acaricio mis
pechos, me retuerzo de placer… un orgasmo, el orgasmo más intenso que
haya experimentado jamás se apodera de mi cuerpo y caigo rendida.
Ella se acerca y se acuesta a mi lado.
Jess, hace meses que soñaba con este momento. ¿Te gustó?
Vale, no sé qué hemos hecho, esto es una locura…
Nos acomodamos en la cama y se quedó dormida. Yo no podía dormir,
me sentía extraña. Pero el roce de su cuerpo desnudo en la cama me volvió
a excitar, acaricie sus pechos, y me subí a ella, se los empecé a besar. Ella
despierta y comienza a agitar su sexo contra el mío. Nos acomodamos de tal
manera que nuestras vaginas y clítoris se acoplaban entre ellos. El sonido de
la clamosidad, sus gemidos, mis gemidos, era un éxtasis total.
Yo era una bestia y nada me importaba, solo dejarme llevar por el
placer…
Jess, lámeme…
Bajé a su entrepierna, con temor el empiezo a lamer, el sabor salado de
su sexo me excita aún más. El tamaño de su clítoris me impresiona y se lo
empiezo a succionar… tomé el vibrador y se lo introduje.
Su clítoris erecto me daba la sensación de un pene pequeño, el cual
quería sentir entre mis piernas…
Volví a poner mi sexo a la altura de el de ella, mis movimientos cada vez
fueron más violentos, sólo quería sentir su clítoris entre mis piernas, ese
pequeño pedazo de carne frotándose contra el mío… al mismo tiempo en
que le metía y sacaba el vibrador con violencia… gritando entre espasmos
de placer, caemos rendidas…
Al despertar, tomé mis cosas y me marché en silencio, mientras ella
dormía.
Nos volvimos a ver el día del examen, pero a penas la saludé.
No respondí sus llamados, me desaparecí de la faz de la tierra y cuando
quise volverla a ver me enteré que se había marchado del país…

Por: Jennifer Dawson


NO TE QUIERO QUERER…

"No te quiero querer". Eso fue lo que ella supuso que sería el final digno
de una breve, aunque intensa relación.
Y en lugar de gritarle, enfadarme, largarme o escupirle, me eche a reír.
Me parecía totalmente surrealista que me dijera eso, de esa forma,
cogiéndome la mano y besándome. "No quiero querer a nadie, quiero estar
sola".
Y yo venga a reír, no daba crédito a lo que oía. Encima de decirme eso,
se enfadaba conmigo por la reacción...
"No te rías, lo digo de verdad, no quiero estar contigo como pareja. No
es por nada, solo que, no quiero estar con nadie". Y un nudo en el pecho me
hizo soltar otra sonora carcajada. No sé qué clase de reacción fue esa, pero a
veces nos sorprendemos a nosotros mismos con cosas sin sentido, como por
ejemplo lo que me estaba viendo obligada a escuchar.
Era un miércoles y eran las 12 de la noche y yo a 47 kilómetros de mi
casa, en mi coche, al lado de un río, con mi "no sé muy bien lo que", que
me estaba dejando poniendo unas excusas irracionales y cada vez más
enfadada. Y yo muerta de la risa.
"Vamos a tomarnos un café". Durante el trayecto no podía dejar de
pensar en lo que estaba pasando, no sabía que pensar, que decir. Sigo sin
saber muy bien cómo se debe reaccionar ante determinadas cosas.
Sé que siguió hablando y siguió diciendo mil y un motivos para zanjar el
"asunto", y solo consiguió hacerme reaccionar cuando dijo lo de "lo hago
porque sé que es lo mejor para ti". Lo mejor para mí, y lo sabía ella, claro.
Porque soy pequeña y no se tomar decisiones, claro. Porque soy una
persona estable y fuerte, claro. Porque soy yo la que no sé lo que quiere,
claro. Entonces, y solo entonces, consiguió molestarme y hacerme hablar.
Uff, dije un montón de cosas. Cosas malas, buenas, graciosas, dolorosas,
absurdas y coherentes. Y como broche final dije: "aunque, no se para que
digo nada, la decisión es tuya no mía, así que me voy a mi casa".
La llevé a su casa y me dijo si me tomaba un café con ella arriba. Y
como ya eran las 3 de la madrugada y aún tenía que coger el coche, le dije
que sí. Allá nos fuimos en ese ascensor tan lento que tanto juego nos había
dado, pero esta vez era más parecido al juego de las 4 esquinas. Preparó el
café, lo bebimos con calma, siguió hablando y yo mirándola sin poder salir
de mi asombro, y me dijo que me quedara a dormir, que no le gustaba que
me fuera así de noche. Sorprendida, dije que sí.
Colocó la cama nido pegada a la suya y me lanzó una camiseta. Nos
tumbamos y sin saber porque, me vi bajo ella. Me estaba besando de
manera suave. Me abrazaba y yo estaba totalmente pasiva. No era capaz de
reaccionar. Se quitó la ropa y me la sacó a mí también, con prisa, casi de
manera agresiva. Me dejé hacer. En mi cabeza solo daba vueltas el
surrealismo de la situación q estaba viviendo. Escuchaba sus palabras como
un eco en mi cabeza y al mismo tiempo sentía sus labios aferrados a mi
cuello. No entendía nada.
Sus manos se apoderaron de toda mi anatomía y no dejaba ni un solo
centímetro de piel sin tocar y su lengua seguía un camino descendente,
encendiéndome. Cerré los ojos mientras su mano me acariciaba ya entre las
piernas, y solo veía la imagen de hacía unas horas "no te quiero querer". Me
escuchaba suspirar y escuchaba cada roce. Puso mi pierna entre las suyas y
empezó a moverse contra ella, gimiendo suavemente al dado de mi oído. No
podía abrir los ojos, ni apartar sus palabras de mi cabeza. Ni tampoco podía
dejar de sentir sus dedos en mi interior provocándome esas deliciosas
sensaciones, ni sus dientes mordiendo suavemente mis pezones.
Abrí los ojos y me estaba mirando, se acercó y me besó mientras me
acariciaba el clítoris haciendo que los instintos más primarios de mi cuerpo
se sublevasen y me llevasen a un intenso orgasmo. Oí como me susurraba
cosas al oído, eran cosas bonitas y dulces. Agarró mi mano y la dirigió a su
pubis para que le devolviera el favor, aunque yo no tenía ganas. Me sentía
sumamente descolocada. No sabía nada.
Comencé a cogerla, porque no le hice el amor, ¡no! Me la cogí, como si
fuese una de esas desconocidas de un rato de una noche. La penetré con un
par de dedos con saña mientras me aferraba a sus pechos con uñas y dientes
mirándola directamente a los ojos y viendo su cara de placer. No entendía
nada. Mis dedos cada vez iban más deprisa y a los dos que había les añadí
otro, y sentí un gemido placentero escapar de sus labios. No sé si quería
hacerle daño o no, pero si era que sí, no lo iba a conseguir. Por lo que decidí
darle el mejor orgasmo que nadie le fuera a dar nunca.
Así que bajé la cabeza hasta su clítoris y se lo empecé a comer como si
fuera la última vez que fuera a estar con una mujer. Escuchaba sus gemidos
que eran casi como gritos. No podía parar de follarla con los dedos, cada
vez más rápido, cada vez más fuerte, cada vez más intenso, hasta que
empecé a notar como mis dedos empezaban a ser prisioneros de su vagina y
su clítoris cada vez más hinchado.
Y explotó la mujer en un increíble orgasmo aferrada a las sábanas y a mi
cabeza, me agarró, me subió hasta sus labios e intentó besarme… me
aparté, me aparté de ella, me levanté, cogí mi ropa mientras ella me decía
que estaba haciendo, que porque me iba, que si me parecía normal.
Me vestí sin prisa mientras ella seguía diciendo cosas, me puse de pie, la
miré y sentí pena.
"¿Sabes? Solo estoy haciendo lo que hacen las putas, vienen, follan y se
van, pero al contrario de ellas, no te voy a cobrar esta vez."
Salí de su casa temblando y oyendo de fondo su voz gritándome cosas
que en ese momento me sonaron incoherentes. Subí al coche con los ojos
inundados en lágrimas, y vi cómo se asomaba a la ventana. Arranqué y me
fui sin mirar atrás pensando sin parar en lo surrealista que había sido todo.
La amaba o al menos eso creía pero realmente no la comprendía como
un momento me podía decir que no me quería y al otro decirme mil cosas
de amor al oído realmente la amaba pero vamos que esperaba de mi
recuerdo que Salí desecha de su apartamento diciendo que no la volvería a
buscar.
Pero como todo ser humano, siempre tropezamos en la misma piedra…

Por: Camile Conrad


LAS COSAS NO SON COMO PARECEN

Soy una mujer bisexual, rubia, de piel muy blanca, cara de finas y
delicadas facciones, a la que algunos describen como angelical y al mismo
tiempo excitante; soy de estatura media, trasero provocador, senos tamaño
normal y bonitas piernas; tengo 27 años y desde hace más de tres años
experimento la extraordinaria sensación de estar con otra mujer; creo que
no hay mujer completa sino ha estado nunca piel a piel con otra hembra.
Soy venezolana, periodista y tengo una pareja, hombre, con el que vivo
desde hace casi cuatro años; él no solo es el amor de mi vida, sino mi
maestro, mi creador, mi más fiel y complaciente amigo… mi todo. Gracias
a él no solo pude experimentar el maravilloso mundo de la bisexualidad,
sino que pude aflorar mis más sinceros, profundos y secretos deseos.
¿Cómo me inicié con otra mujer? será interesante contarles, pero creo
que el principio de todo no radica en mi primera experiencia sexual lésbica,
sino el origen de aquellas sensaciones.
Quizás como a muchas de las que hoy me leen, me gustan las mujeres
desde muy joven, aunque no siempre supe asimilar aquello con naturalidad;
después que pasa el tiempo, es que comienzas a entender cada sensación,
cada duda, cada sentimiento, cada confusa atracción.
La primera chica que me gustó fue a los 10 años, era una amiga del
colegio, estudiaba conmigo 5to grado, mi mejor amiga. Ella era alguien
verdaderamente especial para mí y eso me costaba entenderlo, yo era solo
una niña por lo tanto era una locura. Fue entonces, cuando entendí o creí,
que algo andaba mal en mí, y pensaba… ¿será que soy cachapera??? Es así
como le llaman en mi tierra a las mujeres homosexuales, de manera
despectiva y burlesca y para ese entonces mis oídos jamás habían siquiera
escuchado la palabra lesbiana, mucho menos iba a saber qué era la
bisexualidad, por lo tanto, decidí negarme a esa realidad y sacar eso de mi
vida y de mi mente para siempre… (Como si fuera posible)…
Fui creciendo y experimentando sensaciones al mirar a las chicas, pero
aun así no daba rienda suelta a mis sentidos.
Siempre he sido una mujer de mucho sentir … me masturbo desde muy
joven, primero lo hacía de manera suave y delicada, solo tocándome y
rozando mis partes más íntimas; años más tarde me atrevía a frotar cuerpo y
mi sexo un poco más fuerte contra cualquier cosa que me produjera
satisfacción, y de esta manera un día sentí algo maravilloso… algo que
llegó a mi cabeza y abarcó todos mis sentidos como una explosión que iba
recorriendo por todo mi cuerpo y me hizo delirar durante varios minutos…
fue mi primer orgasmo, tenía 13 años.
Después de esa inigualable y hasta entonces desconocida sensación,
aquello se convirtió en una adicción y unas ansias de volver a sentir lo que
llamé "la explosión", pues ignoraba que se llamara orgasmo.
Pasaron los años y me hice mujer, me consideraba una persona normal
(heterosexual, eso pensaba que era normal), pues, aunque nunca me dejaron
de llamar la atención las mujeres y las miraba siempre más de lo normal,
nunca había me había atraído sexualmente una chica, por eso acreditaba mi
atención por ellas, como solo curiosidad eventual.
Sin embargo, a los 17 años, viví por primera vez de cerca lo que es
desear a una mujer. Trabajaba de cajera en un supermercado y allí trabajaba
ella, era la jefa de seguridad, vestía un uniforme parecido al de los policías
pero con camisa blanca, pequeña y tan ajustada que aunque cubría por
completo sus senos, estos se dibujaban hermosos a través de la ropa;
pantalones azules ceñidos al cuerpo, que dejaban ver su espectacular
trasero, labios carnosos y sensuales y una mirada demasiado inquietante
para mí. Desde la primera vez que la vi me quedé fascinada con ella, la
observe disimuladamente de arriba abajo, no podía dejar de mirarla, allí
comenzó mi delirio; la pensaba todos los días, ansiaba llegar al trabajo solo
para verla; yo rotaba todos los días entre las diversas cajas registradoras y
ella que también rotaba a distintos lugares del local; a veces quedaba en la
puerta que estaba a mi espalda y la sentía detrás de mí, en ocasiones creía
que me estaba mirando, volteaba disimulando mi interés y la observaba ahí,
con una sonrisa malvada en sus labios mirando mi boca y mis ojos, yo volví
a mi rostro asustada, nerviosa, comenzaba a sentir que algo subía por todo
mi cuerpo, la imaginaba cerca de mí, la suspiraba, pensaba en sus labios
carnosos, provocativos muy cerca de los míos. Un día pasó caminando
frente a mí, me dirigió una mirada, paso la lengua por sus labios, se sonrió y
siguió su camino, me atemoricé de pensar que se había dado cuenta de mi
atracción hacia ella y que se burlaba de mi o peor aún que me estaba
provocando en serio, porque si era así yo sabía que no podría contenerme,
pues me gustaba mucho esa mujer; en ese momento cerré mis ojos e
imaginé que la besaba, pero no dulcemente, no, con pasión y deseo, la
mordía, la arropaba con mi lengua, jugueteaba con sus labios… hasta que
con un suspiro abrí nuevamente mis ojos despertando ruborizada ante mi
realidad, cuando una señora que esperaba por pagar sus productos me llamó
la atención; nerviosa y excitada como estaba, comencé a hacer mi trabajo
sin dejar de pensar en lo ocurrido, entonces en ausencia de mi misma pase
un producto dos veces por el láser lo que provocó un error en la cuenta y
hubo que llamar al jefe de seguridad para arreglar el problema, nunca había
tenido esos errores pues era muy eficiente en mi trabajo… sin embargo eso
la atraía hacia mí, avise al de seguridad más cercano quien la llamo por la
radio y mire a mi alrededor buscándola, la esperaba con ansias cuando sentí
su mano rozando mi cuerpo al pasar hacia el teclado, estaba parada detrás
de mí, yo sentada en la silla de cajera quedaba más o menos a su altura ya
que era una silla alta, ella, despiadada, acercó su boca a mi oído y mientras
marcaba su clave en mi computador me preguntó casi en un susurro… -
¿Qué te pasó...? – una corriente recorrió por todo mi cuerpo al sentirla tan
cerca, podía tocar su respiración con mi cuello, su boca en mi oído me
electrizaba y los flujos corrían por mi vagina… después de un inevitable
suspiro pude decir – eh… estaba distraída – la miré a los ojos y

quedamos muy cerca, ella lanzó una mirada provocadora a mis labios y
ojos y luego con una irresistible sonrisa, se marchó.
Ese día no pude dormir, estaba muy excitada y confundida, más bien
muy clara, ya no cabía duda ni podía seguir con esa farsa… me gustaban las
mujeres, me encantaban y eso me aterraba. Deje el trabajo para no caer en
ese juego que me estaba matando y cometer lo que creí sería un grave error.
Pero decidí no seguirme negando mi realidad… comencé a pensar en
mujeres abiertamente sin perturbaciones, me acercaba más de la cuenta a
mis amigas, buscaba estadísticas, información que pudiera nutrirme y
tranquilizarme al saber que no estaba sola, que había muchas más en mi
situación y que sentir eso no era nada malo. Me metía en chats lésbicos,
conocía a mujeres y de esa manera desahogaba un poco ese deseo reprimido
de estar con otra mujer. Me sentía cómoda y pensaba que podía
perfectamente disfrutar de todo aquello sin tener que hacer nada, solo con
mi mente… además no me creía capaz de hacerle sexo oral a una mujer y
pensaba que esa era la certeza de que nunca lo haría, que lo viviría solo en
mi mente, ese sería mi secreto, solo mío… hasta que lo conocí.
Él era inteligente, atractivo, interesante, hábil, un poco mayor que yo,
que ya para ese entonces tenía 22 años. Era un hombre de mucha
experiencia; heterosexual, pero de mente muy abierta, hablaba de todo con
mucha precisión, argumentando sus palabras con innumerables ejemplos…
éramos solo amigos, pero nos la llevábamos demasiado bien juntos… un día
estando conversando en grupo, tomándonos unas cervezas y hablando de
todo un poco, salió el tema de la homosexualidad… allí escuche su versión
tan amplia sobre lo que siente el ser humano, las diferentes tendencias que
existen y que cada quien debe complacer sus propios deseos, etc. … pero lo
más impresionante fue la manera como enfocó el tema de las mujeres,
según su versión, eso estaba en la naturaleza femenina, que una mujer
gustara o disfrutara de otra mujer ya ni siquiera radicaba en la
homosexualidad o bisexualidad; qué era un don común, por eso las chicas
podían mirarse y piropearse mutuamente sin que eso significara algo
extraño, iban al baño juntas, se abrazaban y besaban, cosa que no pasaba
con los hombres; por otro lado, "ver a dos mujeres juntas haciendo el amor
es la escena más excitante y sensual que pueda existir, por lo tanto eso
debería ser aceptado como algo normal, porque lo es…" aquellas palabras
fueron música para mis oídos, era como la respuesta exacta que necesité
durante todo el tiempo que había guardado aquello, no era necesario
confesar nada, porque lo que había oído era suficiente para no culparme
más por mi conducta, por mis deseos, así podría seguir sintiendo aquello, a
escondidas, pero sin culpas.
Después de un año de conocernos, comenzamos esta excelente relación
que con casi cuatro años, me hace vivir y disfrutar cada día de nuevas
sensaciones. Desde que comencé mi relación con él supe que era la persona
adecuada para contarle mi secreto, ya de que además de que lo quería y era
mi pareja, nadie podría comprenderme como él, pero mi cobardía me hacía
huirle al tema, aun cuando él lo propiciaba. Cuando teníamos
aproximadamente cuatro meses juntos, me pidió que le confesara algo que
nunca le hubiera dicho a nadie, algo que me diera mucha pena contar…
entonces me arme de valor y suavizando lo más que pude mi confesión, le
dije… -quiero saber que se siente hacerlo con otra mujer… tengo esa
fantasía" él se sonrió y me dijo que me amaba, que siempre lo supo, que
podía verlo en mi actitud, en mi rostro cuando se tocaba el tema y que
agradecía haberle dicho la verdad, me preguntó si quería materializar ese
sueño y le dije que sí, que lo deseaba más que nunca, pero que no estaba
lista… con él comencé a experimentar cosas fantásticas, cuando hacíamos
el amor, me sentaba sobre él mientras me penetraba a mi gusto con su pene
súper erecto y me decía que pensara en mujeres, en las que quisiera y de la
forma que quisiera, que le diera rienda suelta a mi imaginación, que me
expresará, que dijera lo que sentía, lo que quería, que la llamara por su
nombre; me estimulaba tanto que no podía contener los orgasmos que solo
con mis masturbaciones había alcanzado, pero ahora eran múltiples.
Un día, después de tres meses de haberle confesado mi secreto,
estábamos en una fiesta de la alta sociedad, muy elegantemente vestidos y
yo, enloquecida con todas las mujeres del lugar; estaba demasiado excitada,
me acerque a él y le dije al oído, quiero que sea esta noche, no aguanto más,
quiero estar con una mujer y quiero que tu estés ahí conmigo. Recuerdo que
me dijo que eso no era tan fácil como escoger a cualquiera y llevarla a la
cama, que eso llevaba un proceso, a menos que quisiera pagarle a alguien
para hacerlo… le dije que no quería hacerlo así, que quería ir a algún lugar
nocturno, de repente allí conocíamos a alguien, él aceptó, pero me dijo que
no me hiciera muchas ilusiones que disfrutara el momento y si se daba
bien…
Llegamos a un lugar, el ambiente era aceptable, no había tanta gente por
lo que conseguimos puesto en la barra, todas las personas nos miraban, ya
que además de apuestos los dos, estábamos demasiado elegantes para la
ocasión, pero no me importó, yo solo quería lo que había venido a buscar…
de repente él me hace seña de dos chicas que estaban bailando muy cerca de
la barra, una era rubia de mi tamaño y la otra morena un poco más alta y
más delgada, se divertían moviendo sus cuerpos por separado y tomando de
sus vasos de licor, él me dijo al oído que me animara y me uniera a ellas en
el baile y les hablara, yo del susto no atinaba a palabra, además que no soy
demasiado extrovertida, pero mis ganas podían más, me acerque a ellas
bailando y comencé a buscarles conversación… después de un rato, unas
cervezas más y entre conversaciones al oído por la fuerte música y los
bailes que no cesaban, nuestros ritmos se fueron haciendo más
provocadores, la rubia se acercaba cada vez más a mí y me coqueteaba con
su cuerpo, labios y mirada, mientras yo hacía lo propio, ambas sin dejar de
bailar, a todas estas la amiga morena, solo nos seguía lo que para ella era un
juego y para nosotras se estaba convirtiendo en algo más… el baile se hizo
más íntimo, nos juntábamos las tres pegábamos nuestros cuerpos, nos
acariciábamos con las manos y a pesar de la oscuridad del lugar, no tardó en
hacerse un círculo a nuestro alrededor para estimular aquel baile erótico que
a mí me estaba matando de placer, no sabía de mí, era la primera vez que
hacía un espectáculo como ese en mi vida… ya no aguantaba más, entonces
en un momento que la rubia recostaba su culo a mi cuerpo, acerque mi boca
a su oído y le dije:
-Nena me tienes muy caliente ¿Qué quieres hacer???- No puedo
olvidar lo que sentí cuando se volteó y me respondió casi poniendo
su boca sobre la mía,
- "lo que tú quieras"
- yo estoy con mi novio y quiero que vengas con nosotros – le
dije, ella me miraba con lujuria y solo repetía, "lo que tú quieras", le
pregunté - ¿y tu amiga?
– no lo sé pregúntale a ella, nunca hemos tenido sexo juntas, ya
hubiera querido yo, pero ni siquiera sé si le gusta hacerlo con
mujeres, aunque ella sabe que yo soy bisexual-
…entonces mi mente se desbordó… "dos mujeres" pensé, sería aún
mejor… me acerque hasta donde estaba la morena y le dije que su amiga se
iría conmigo y con mi novio, que si quería unirse para pasar un buen rato, lo
que rechazó sutilmente con un… "hoy no, tal vez otro día"… le dije a la
rubia, vámonos tu amiga se queda…
- No puedo dejarla, debo llevarla a su casa, ella anda conmigo…
No lo podía creer, quería irme ya, estaba desesperada. Mi novio que
desde la barra había observado todo el movimiento, se levantó me pasó por
un lado y me dijo al oído:
-No esperes más, sino no va a pasar nada, las espero en el carro,
no te demores.
Entonces me acerqué a la rubia, y le dije:
-Vámonos ya, a tu amiga la enviamos en un taxi—
Entonces reaccionó de repente y dijo, nosotras estamos con un amigo y
él tiene nuestros bolsos en su carro, debemos buscarlos, cuando giro su
mirada hacia donde habían dejado a su acompañante exclamó:
-no puede ser, se fue y ahora que hacemos, no tenemos dinero, ni
documentos, todo está en las carteras
Dioooooosss, no lo podía creer, yo no podía más y como imaginaba que
la rubia estaba tan excitada como yo, le dije ¿te vienes conmigo o te
quedas…? entonces vi regresar su mirada excitante y me dijo,
-quiero irme contigo…
salimos como pudimos de aquel lugar que ardía con nuestros roces,
esquivando las miradas, comentarios e insinuaciones en el camino a la
salida… le dije a la morena móntate, (señalándole el puesto detrás del
piloto), te llevaremos a una línea de taxi y antes de montarme yo en el
puesto del copiloto, quise asegurarme de que la rubia no se me escapara y
se montara en el puesto que quedaba detrás de mí, cuando me acerque a
ella, me abrazó con una excitación evidente y me dijo ¡Te deseo mucho,
haremos lo que tú quieras, me estoy quemando por dentro! - estaba muy
cerca su rostro del mío y se movió tan rápido que no pude evitarlo y tan
provocador que no quise rechazarla y me beso, succionando mis labios
fuertemente… uyyyyy… eso no me lo esperaba debo confesarlo, recibir un
beso lésbico y de paso el primero de mi vida, en medio de la ciudad
nocturna frente a un local lleno de gente, sí que fue una sorpresa que
aunque me asustó, me encendió aún más… la monte rápidamente y opté por
montarme con ella en la parte de atrás del vehículo, dejando el puesto del
copiloto vacío. Una vez dentro y el carro andando con los vidrios ahumados
arriba, comenzamos a besarnos desesperadamente, pase mi lengua por todos
los rincones de su boca, deseaba comérmela toda, saborear cada parte de
ella, mi cuerpo estaba en plenas llamas, estaba delirando de placer, mientras
con mi mano izquierda apretaba su cabeza hacia a mí como poseyéndola,
mi otra mano comenzó a acariciar su sexo por encima de la ropa, la
apretaba como toda una experta, como si hubiese hecho aquello toda mi
vida, no era así, pero si lo había deseado he imaginado siempre… mientras
la escuchaba jadear observe de reojo como la morena que estaba al lado de
ella, (la rubia estaba en el medio de las dos), miraba la escena como
boquiabierta, nerviosa y de manera disimulada, pero evidentemente
excitada, entonces saque mi mano de la entrepierna de la rubia, y la metí en
la entrepierna de la morena, como convencida de que no me rechazaría,
comencé a acariciar su sexo, lo cual ella aceptó inmediatamente como si lo
hubiera estado esperando, mordiendo sus labios y abriendo más sus piernas
para facilitarme el trabajo.
Entonces allí estaba yo, besando a una mujer y tocando el sexo de otra;
separé mi boca de la rubia para unirme en un fogoso beso con aquella
morena que ahora se me hacía aún más apetecible que al principio, la rubia
en el medio de las dos, primero quedo sorprendida ante la reacción de su
amiga, ya que ella no había notado que estaba acariciando el sexo de esta y
luego comenzó a bajarme la tira del vestido hasta descubrir uno de mis
senos, el cual beso con infinita pasión yo hice lo mismo con la morena,
deleitándome por primera vez con los senos de una mujer; aquel pezón
puntiagudo, lleno de excitación, lo lamía, mordisqueaba y saboreaba con
tanto gusto que la rubia acerco su senos a los de la morena para que yo los
besara también junto a los de ella, antes de hacerlo, las mire a los ojos a las
dos, y les pregunte,
-De verdad nunca lo han hecho juntas
-No, nunca, no sabía que a ella le gustaba-, dijo la rubia, a lo que
la morena respondió
-Me encantan las mujeres, en especial tú, pero nunca me había
atrevido a hacerlo
Miro fija y lujuriosamente a la rubia y comenzaron a besarse
desenfrenadamente, yo me quede perpleja ante aquella escena, era lo más
exquisito que había presenciado en mi vida, dos mujeres comiendo sus
bocas, pero además dos amigas, que se deseaban en secreto y yo había
hecho aquello realidad, entonces devoré aquellas tetas sin contemplación
mientras ellas se besaban, luego acercaron sus bocas a la mía dándonos un
beso triple… no podía creer que fuera posible sentir algo mejor que lo que
estaba sintiendo, con esas dos mujeres rozando sus lenguas con la mía y
tocando sus tetas y sus vaginas calientes… cuando de repente miré el espejo
retrovisor y lo vi… vi sus ojos llenos de amor y emoción de verme disfrutar
lo que tanto había deseado… me dejo ver su sonrisa a través del espejo para
que notara como su felicidad era producto de la mía y allí entendí que ahora
sí había llegado al máximo sentir, no importa lo que faltara por disfrutar.
Entré con ellas al apartamento mientras él estacionaba el carro. Una vez
allí dentro, la lujuria se apoderó aún más de nosotras, comenzamos a
desvestirnos entre las tres como pudimos, formando con la ropa un camino
desde la sala hasta la habitación, a la cual llegamos completamente
desnudas. Seguíamos besándonos turnando nuestras bocas, con nuestras
tetas y tocándonos por todas partes, sin dejar de mover nuestras manos. La
morena se acostó en la cama con las piernas abiertas, dejándome ver su
sexo que brillaba por el flujo que habían logrado nuestras caricias, esa
imagen me embriago y quise con locura probar de aquella miel que se me
antojaba por primera vez, como algo que deseaba con desesperación, sin
perder tiempo me eche en la cama encima de ella, probé sus labios y baje
besando sus ricas tetas morenas, luego descendí hasta su abdomen, metí mi
lengua en su ombligo y demoraba mi llegada a su sexo como queriendo que
ella lo ansiara tanto como yo, bese delicadamente su entrepierna y fui
rodeando su ingle con la punta de mi lengua, hasta tocar su clítoris, fui
saboreando poco a poco su botoncito y movía mi lengua lentamente sobre
él, luego fui deslizando mi inexperta pero hábil lengua por todo su sexo,
devorándome todos sus jugos los cuales me supieron exquisitos, la rubia,
que hasta entonces había estado masturbándose a un lado nuestro tocando
las tetas de la morena y comiendo su lengua, se puso detrás de mí y empezó
a lamerme las nalgas, y a apretarlas fuertemente con sus pequeñas manos,
lamió la comisura de mi ano haciéndome dar un brinco de placer, mientras
yo seguía lamiendo a mi morena, entonces la deliciosa rubia metió su
lengua en mi culo como si me estuviera cogiendo con ella mientras con su
mano me tocaba el clítoris que estaba completamente empapado, yo
mientras más sentía, más rápido movía mi lengua, lo cual provocó en la
morena grandes espasmos traducidos en un orgasmo que gritó a todo el
edificio, yo entonces me eche en la cama boca arriba a su lado, y abrí mis
piernas para dejar que la rubia me comiera el coño, que ya pegaba gritos de
auxilio.
Una vez acostada en mi cama, miré hacia la puerta y allí estaba mi amor,
una vez más observando lo que para él, según dijo después, era la escena
más maravillosa que había visto, y eso, tomando en cuenta la experiencia
que tenía y que ya lo había hecho en varias ocasiones con más de una mujer
a la vez, era todo un halago. Mientras la rubia me chupaba, con mis dedos
hice una seña llamando a mi novio hacia a mí, quien se acercó sentándose a
mi lado izquierdo, me beso primero dulce y luego apasionadamente en la
boca; con mi mano derecha acerqué hacia nuestras bocas a la morena para
unirla en nuestro beso y luego me retiré para observar cómo se besaban
frente a mí, eso fue demasiado excitante, seguí observando aquella escena
mientras la rubia me chupaba sin cesar todo mi sexo y metía sus dedos
penetrándome y marcando un ritmo que seguía con mis caderas. Toda esta
escena junta me llevó a un fabuloso clímax, llenándole la boca a mi querida
rubia quien se bebió todos mis jugos, luego se acercó a mi novio y comenzó
a acariciarle el huevo por encima del pantalón y lo besaba; entre las dos, le
quitaron el pantalón y lo acostaron en la cama, comenzaron a lamérselo de
abajo hacia arriba una por cada lado de aquel delicioso pene y yo
expectante de tal espectáculo, continué con mi mano lo que la rubia me
había hecho con la lengua en mi sexo jugoso y les pedía que no parasen, -
mámenlo, quiero que se lo mamen entre las dos, quiero ver como penetra
sus bocas ese rico huevo-entonces lo comieron una a una, esperando
ansiosas su turno para meterlo lo más a adentro que podían; yo me acerque
a ellas y les presionaba la cabeza con mi mano hacia el huevo y con la que
me quedaba libre les daba palmadas en las nalgas y les acariciaba el coño,
entonces la rubia no pudo más con las ganas y se sentó sobre él
penetrándose de un solo tirón, empezó a moverse rápidamente a un ritmo
lujurioso, no sé cuántas veces la escuche acabar hasta que quedó agotada.
Luego fue el turno de la morena, quien fue un poco más suave, sus
movimientos eran sensuales y excitantes y mi novio disfrutaba con la suma
de todo lo que ocurría en la habitación, pero lo que más le satisfacía era mi
inigualable rostro de excitación y placer.
Yo parecía toda una experta, nunca dejaba de moverme, o de tocar o
besar, todo esto, producto de lo que sentía, siempre hubo lujuria, calor y
humedad entre los cuatro.
Ya un poco cansadas y aquel pene aun erecto le dije a la rubia que se
pusiera en cuatro para que él la penetrara por el culo, ya que era las más
osada, ella acepto de inmediato e indique a la morena que se colocara
debajo de ella para que le lamiera su sexo, yo comencé a besar a mi amor
mientras lo acariciaba, hasta que escuche y observé cómo se corría en el
agujero negro de mi rubia, quien gritaba de placer por ambos lados, los
cuatro caímos rendidos en la cama, nos fuimos bañando uno a uno y luego
nos quedamos dormidos hasta el amanecer, en la misma cama.
Como a las ocho de la mañana, las chicas me despertaron…
-Ey catira, tenemos que irnos, se nos hace tarde y necesitamos
saber que ha pasado con nuestras pertenencias.
Les presté el teléfono, hicieron unas llamadas, luego pedimos un taxi.
Antes de abrirles la puerta les di un beso a cada una en los labios y les dije,
-Gracias, me han hecho pasar una noche maravillosa-ellas me
respondieron:
-Todo fue gracias a ti, tu eres la de la experiencia y habilidad y
creo que todos disfrutamos mucho, además tu novio está muy rico y
también gracias a ti pudimos probarlo…
Yo sonreí con gusto y les dije – yo no tengo experiencia, nunca antes
había estado con una mujer, solo me deje llevar por mi instinto y el placer
que me invadía.
Nunca más supimos de ellas, no hubo intercambio de números de
teléfono; ni posteriores visitas; ni casuales encuentros, pero siempre
recordaré esa maravillosa experiencia, aunque después de esa ha habido
muchas otras (que en otros relatos les contaré), la primera, por ser primera,
siempre tiene un toque especial, sobre todo si es por partida doble.

Por: Stephanie Benson


CONVERSACIONES PRIVADAS

Conversación entre dos amigas


¿Dices que ambos estaban desnudos? ¿Y qué hiciste cuando les
descubriste en el despacho?
Cecilia apenas podía dar crédito a lo que le contaba su amiga, pero como
Lara le juraba y le perjuraba que todo aquello era cierto, no debía dudar de
ella.
¿Dices que ambos estaban desnudos? ¿Y qué hiciste cuando les
descubriste en el despacho?
Cecilia apenas podía dar crédito a lo que le contaba su amiga, pero como
Lara le juraba y le perjuraba que todo aquello era cierto, no debía dudar de
ella.
Bueno, ¿qué querías que hiciera? ¿Qué podía hacer ante
semejante espectáculo? –preguntó sin poder evitar una sonrisa
aviesa. Me uní a ellos evidentemente, me quité la falda y la blusa,
eché a un lado al tonto de Simón y empecé a besar a nuestra querida
directora. Esa mujer no es tan dura como puede parecer. Entre mis
brazos se entregó como una gatita, te lo puedo asegurar. Sólo hay
que saber tratarla….
La joven cajera aprovechó una breve pausa para coger la copa de vino
que le ofrecía su compañera y dio un largo sorbo. Necesitaba refrescarse los
resecos labios para poder continuar con su relato.
Simón es un maldito estúpido; tan solo supo dejarnos solas, se
escondió en un rincón del despacho, se sentó sobre el frío suelo y se
quedó mirándonos mientras se acariciaba su flácida polla. Realmente
resultaba patético verle allí tirado en el suelo. ¡Qué asco me dio! Si
hubiera sido Ricardo estoy segura que se hubiera unido a la fiesta,
pero en cambio ese tonto….
Cecilia ingirió de un solo trago el contenido restante de su copa, agarró
la botella de aquel caro vino francés y volvió a llenar las dos copas. Ya
debía irse a casa, su marido y su hijo estarían esperándola. Lara había ido a
su mesa a chismorrear un rato tal como solía hacer a menudo, siempre se
quedaban solas preparando las últimas cosas para el día siguiente o
disfrutando de la compañía de un buen cigarrillo. A la muchacha le gustaba
relajarse una vez acabado el agotador día de aquella oficina bancaria.
Aquella tarde el tema de conversación era muy diferente al de aquellos
otros diálogos que acostumbraban a mantener, debía de reconocer que le
resultaba mucho más interesante… y pensó que valía la pena quedarse unos
minutos más en compañía de su compañera Lara para enterarse de la
aventura entre la taimada y retorcida directora del banco y su querida
amiga.
La guapa muchacha intuía que Lara era bisexual o, al menos, que se
sentía atraída por las mujeres. En más de una ocasión la había cazado
inspeccionando la figura de alguna atractiva clienta o incluso mirándola a
ella misma de forma seductora. Jamás había hecho caso a las miradas que le
lanzaba la bella cajera.
Aquella era la primera vez que Lara le confesaba sin ambages que podía
excitarse con una mujer. Cecilia pensó que no tenía que incomodarse ante
aquella revelación, pero realmente aquella era una situación un tanto
incómoda incluso para ella. Más que las palabras de Lara eran sus
particulares pensamientos los que la tenían confundida.
Se sentía nerviosa hablando con su amiga de aquellas cosas. No quería o
más bien no podía reconocerlo de forma abierta pero aquella chica le
gustaba enormemente. Pensaba en su matrimonio, en su hijo y en el
escándalo que supondría si se supiera que estaba liada con otra mujer, con
una compañera de trabajo. Sin embargo, se sentía terriblemente atraída por
el fresco perfume que envolvía a su compañera, por aquella rubia cabellera
rizada, por aquellos grandes y risueños ojos azules que la hipnotizaban cada
vez que la miraba, por aquellos húmedos labios con los que imaginaba que
la besaba de un modo sensual…
Lara, ¿puedo hacerte una pregunta? –balbuceó con voz temblorosa.
Pues claro mujer, dime ¿de qué se trata? – respondió como si
estuviera muy segura de sí misma.
Verás, es que es algo que quizá te pueda molestar… ¿Eres
lesbiana verdad? –preguntó sin pensarlo dos veces, asombrada de lo
fácil que le había resultado preguntárselo.
¡Al fin te diste cuenta! ¡La verdad es que no pensé que te costara
tanto! Sus ojos brillaban de un modo especial, jamás le había visto
ese brillo en sus bellos ojos. La muchacha la miraba divertida.
Querida Cecilia, pese a ser la chica más lista de la oficina has
tardado mucho tiempo en descubrir mi secreto.
Lo imaginaba hace tiempo, pero pensaba que no querías que se
supiera….
Tras sus palabras Lara lanzó una sonora carcajada riendo con ganas. Sus
labios, perfectamente delineados gracias al pintalabios de tono rojizo con el
que acababa de perfilarlos, se mostraban más provocativos que nunca.
Cecilia sintió un pequeño escalofrío recorriéndole todo el cuerpo.
Querida, no creo que sea algo que deba ocultar. Sería una
solemne tontería. ¿No lo crees así? No, no, por supuesto –replicó
Cecilia un tanto turbada.
Para ser completamente sincera contigo te diré que realmente no
soy lesbiana sino más bien bisexual –se sinceró mientras encendía
un cigarrillo y recostaba la espalda sobre el sillón de piel echándose
totalmente hacia atrás. Aprovecho todo lo bueno que puede
ofrecerme cada sexo. Si no dispongo de ningún atractivo hombre,
puedo disfrutar del cuerpo de una mujer si se presenta la ocasión…
Cecilia tembló de emoción ante las palabras de su compañera, el dardo
lanzado era demasiado evidente como para no darse cuenta de los lujuriosos
propósitos que poblaban la mente de Lara. Pese al deseo que la embargaba
se sentía aturdida y confundida. Su compañera Lara era preciosa y poseía
un cuerpo estupendo pero una extraña inquietud la cohibía. Imaginaba que
el contacto con aquel cuerpo la haría estremecer, se dejaría perder entre sus
brazos y sus labios, pero el recuerdo de su esposo y su hijo la retenían.
Anhelar a una chica, apetecer el contacto con su húmeda boca, el contacto
de sus manos sobre su cuerpo, de su sexo completamente empapado de
líquidos… aquello era más de lo que nunca hubiese podido imaginar, como
traspasar una barrera infranqueable en busca de placeres desconocidos.
Sin embargo, Cecilia era muy cotilla cuando algo le interesaba. Podía
indagar e indagar hasta satisfacer por completo su malsana curiosidad. Y
sabía que la historia entre su compañera Lara y la astuta directora podía
resultarle altamente interesante.
Me gustaría que me contaras qué tal lo pasaste con la bruja de
Aurora. No puedo aguantar la impaciencia, debo admitir que
realmente me pica la curiosidad por saber todo lo que ocurrió entre
vosotras dos –dijo después de acabar con el contenido de la copa.
Pues verás… la verdad es que detrás de esa fachada de mujer sin
escrúpulos y que sólo piensa en los negocios, se esconde un alma
apasionada y llena de sexualidad. Cualquiera que la vea en su rutina
diaria no podrá imaginar ni por asomo todo lo que esa madura mujer
guarda en su interior… puedo asegurártelo Cecilia. Es como una
bomba de relojería que en cualquier momento puede explotar.
Los pezones de la muchacha se marcaban como si quisieran traspasar la
sutil tela del diáfano vestido marrón que se había puesto ese día y que tan
bien remarcaba su bonita figura. Evidentemente no llevaba sujetador pues
Cecilia sabía que su compañera raramente solía llevarlo. Lara era muy
coqueta y le gustaba provocar con su cuerpo y con su vestimenta; varios de
los clientes podían dar buena fe de ello. Cecilia supo reprimir las ganas de
abalanzarse sobre su amiga y empezar a mordisquearle con dulzura aquel
par de duros pezones.
Lara explicó paso a paso el agitado encuentro que tuvo con Aurora, la
madura directora de la oficina bancaria. Parecía restarle importancia a su
lésbica aventura pese a su animada narración. Descubrir el bello cuerpo de
otra mujer y degustar cada poro de su anatomía le resultaba lo más común
del mundo. Besar su tentadora boca, su cuello, masajearle y chuparle los
senos, masturbarla con furia frotando el clítoris y de ahí pasar a su agujero
posterior y que luego su acompañante hiciera lo mismo con ella era el mejor
de los placeres para la dulce cajera.
Cecilia no quería perderse el más mínimo detalle de la traviesa aventura
de su amiga. Lara le explicó con pelos y señales cómo le había chupado el
cuello a la distante Aurora haciéndola gemir de emoción, cómo se había
hecho con sus firmes pechos devorándolos con verdadero frenesí y cómo se
había montado a caballo sobre su boca ofreciéndole su apetitosa vulva para
que se la comiera. La hermosa muchacha suspiraba mientras iba contando
su erótico relato. Cecilia fantaseaba con la idea de haber sido ella la
agraciada, haber sido ella quien hubiese seducido a la fría mujer que tan
malos ratos les hacía pasar.
Sin embargo, quien centraba su máximo interés en esos momentos era su
querida amiga Lara. Quizá más adelante hubiese ocasión de retozar con la
directora… ¿quién sabe?
–pensó para sí misma. Pero en aquellos instantes a quien tenía más a
mano era a la deliciosa Lara. Cecilia dejó la copa encima de la amplia mesa
de roble llena de papeles de hipotecas, supervisiones de inversiones de
clientes, asesoramiento sobre seguros de vida, etc. La cabeza le dolía,
seguramente había bebido demasiado. Sacó una pastilla del bolso y la
engulló con rapidez deseando que aquel horrible dolor que le golpeaba la
cabeza desapareciese lo antes posible.
Imaginó que su amiga Lara abría sus labios y le ofrecía su sabrosa boca
uniéndola a la suya. Sus labios ardían en deseo por recibir la juguetona
lengua de la cajera. Aquella boca la seducía a más no poder, la calentaba
hasta límites insospechados. Era ella quien lamía su cuerpo con descaro sin
dejar un solo centímetro de su joven cuerpo por recorrer. El desnudo cuerpo
de Cecilia vibraba gracias a la caricia de los habilidosos y expertos dedos de
su amable compañera.
Los pensamientos que recorrían la cabeza de Cecilia la martirizaban sin
descanso. Por un lado, deseaba continuar con aquel juego que tanto le
gustaba pero, al mismo tiempo, tenía miedo pensando en adónde podría
llevarla todo aquello. Entreabrió los ojos tratando de decir algo, pero
rápidamente volvió a cerrarlos para seguir escuchándola. Se notaba excitada
por el relato de Lara, su erótico tono de voz atormentaba sus sentidos.
Aurora iba sin sostén –susurró apenas Lara siguiendo con su
aventura, sólo la blusa blanca de raso, sólo eso…Tuve unas ganas
tremendas de retorcerle los pezones hasta hacer que chillara de dolor,
devolverle todos y cada uno de los improperios, de los desaires que
me había hecho sufrir. Sin embargo, cuando empecé a hacérselo la
zorra de Aurora empezó a volverse loca, a delirar de placer. ¿Puedes
imaginarlo? Se retorcía como una guarra y sólo hacía que pedir más
y más mientras me ayudaba a meterle mi mano en su empapada
vulva. Yo creía que era muy ardiente y fogosa pero puedo asegurarte
que esa tía es una máquina sexual, nunca tiene bastante. Debió
correrse al menos unas cinco veces entre mis labios encadenando un
orgasmo detrás de otro y aun así todavía quería que siguiera.
¡Realmente portentoso! ¿No lo crees así? –preguntó profundamente
emocionada.
Cecilia no pudo contestar, la pasión la embargaba y necesitó morderse el
labio inferior para sofocar su creciente deseo. La cabeza le daba vueltas, su
amiga la estaba poniendo a cien con su relato y ahora sí necesitaba
urgentemente que la hiciera suya, entregarse entre sus brazos…Observó con
detenimiento a su hermosa compañera, se fijó en su dorada cabellera rizada
que aquel día llevaba recogida en una graciosa coleta que la hacía parecer
mucho más joven, centró su atención en aquel rubio mechón que le caía
sobre los ojos y que tanto encanto le daba…..ya no oía lo que le decía su
amiga, tan solo la miraba tratando de que se percatase de la lujuria que la
consumía. Deseaba entregarse a aquel cuerpo tan próximo, a aquellas
curvas femeninas tan deseables… recibir aquella lengua tan grande, sinuosa
y húmeda….
Lara cariño, por favor no sigas –simplemente pudo balbucear sin
saber cómo expresar lo que sentía en esos momentos.
La experimentada cajera la miró divertida desde el otro extremo de la
mesa. Tiró con exquisita suavidad del coletero que le sujetaba el cabello
aprovechando para 1introducirlo entre sus dedos y se quitó las gafas
dejándolas sobre la mesa de manera descuidada. Sus ojos centelleaban
como dos diamantes azules bajo la luz de la lámpara. Lara comprendía
perfectamente lo que su compañera solicitaba de forma muda. La tenía
completamente entregada, estaba segura que aquella encantadora mujer
casada se iba a rendir a ella sin pensarlo más, rompiendo con todos los
tontos convencionalismos sociales que la refrenaban desde hacía tanto
tiempo.
Sabía que Cecilia la deseaba desde hacía mucho tiempo y al fin había
llegado el momento de amarse sin cortapisas. Se levantó de la butaca
mostrándose altiva y adoptó una actitud un tanto autoritaria. Parecía saberse
vencedora de aquel duelo entre ambas. Debía ser la que llevara las riendas
de aquella relación pues temía que Cecilia pudiese echarse atrás en
cualquier instante.
Se acercó con paso lento a su amiga soltando el nudo que sujetaba por
detrás del cuello su vestido marrón que tan bien hacía resaltar su larga
melena rubia y lo dejó caer al suelo como sin prestar atención. Cecilia
escuchó el dulce taconeo de su compañera mientras se acercaba a ella. El
tiempo parecía haberse detenido en la oficina. Lara se dobló sobre ella
mirándola fijamente como si quisiera traspasarla con la mirada. Aquella
guapa muchacha la tenía totalmente dominada.
Mi niña, mi dulce niña –dijo Lara soltando uno a uno los botones
de la blusa de su compañera mientras la miraba a los ojos
profundamente como la serpiente que trata de hipnotizar a su presa.
Eres realmente deliciosa, debo admitirlo. Siempre me gustaste…
desde el primer día que te vi entrar a la oficina.
Su boca de dentadura perfectamente cuidada se fusionó con la de Cecilia
consiguiendo hacerle abrir mínimamente los labios para así poder introducir
su lasciva lengua en el interior de la cavidad bucal de su amiga. Sus manos
se dirigieron hacia los redondeados pechos de la muchacha haciéndola
emitir un leve gemido.
Aquel beso enérgico, pero tan comedido al mismo tiempo le encantó a
Cecilia. Lara se comportaba como el elemento masculino y dominante de la
pareja. La trataba con infinita sutileza, no con la tan conocida brusquedad
de su marido. Al notar como Lara se hacía con su anhelante boca besándola
con pasión contenida, imaginó por un segundo que era Nacho, su querido
esposo, quien la besaba, que era él quien cubría su cuerpo de aquel modo
tan perturbador.
Sin embargo, su esposo no lograba encandilarla con aquel par de tersos y
apetitosos senos con los que su amiga podía obsequiarla. Su cuerpo no olía
a aquella fragancia femenina tan terriblemente subyugante. Igualmente
carecía de aquella larga melena cuyos bucles rozándole la espalda la hacían
estremecer de un modo desconocido. El cuerpo de su esposo era fuerte y
varonil mientras que el de Lara era delicado como correspondía a una bella
mujer. Ahora Cecilia era plenamente consciente de que le sería imposible
decantarse por uno de ellos. Sin embargo, en un breve momento de lucidez
percibió con total claridad que era su amiga Lara la que la abrazaba y la
besaba.
Cecilia cariño, te deseo, te deseo desde hace tanto tiempo… –le
susurró al oído haciéndola notar su caliente aliento. Tanto tiempo
deseándote en silencio por miedo a que me rechazaras…deseando tu
cuerpo, tus espléndidos pechos. Si supieras cuánto te he deseado…
tanto tiempo observándote a escondidas.
Tras quitarle el sujetador agarró entre sus manos los sugerentes senos de
la muchacha masajeándolos con dulzura.
¡Tienes un cuerpo tan bonito! –murmuró tímidamente. Le
oprimió con fuerza aquel par de refinadas tetas y después le pellizcó
los pezones entre sus dedos. Cecilia se agitó de emoción con aquella
caricia.
Le gustaba que le acariciaran los pechos, era una de las zonas más
sensibles de su curvilíneo cuerpo. A Nacho le volvían loco y disfrutaba
manoseándolos una y otra vez. Ahora era ella la que se volvía loca con las
caricias que le prodigaba su experimentada amiga. Era un placer tan
diferente, mucho más plácido y reposado, un placer desconocido para ella.
A punto de pedirle que siguiera con aquel dulce tormento sintió como la
rubia cabeza de su amiga descendía buscando su oscuro pezón empezando a
sorberlo con gran deleite. Chupaba con ganas brindándole un tratamiento
tan exquisito que no pudo menos que agarrarle la cabeza con sus manos
mientras lanzaba su cuerpo hacia atrás sollozando de felicidad. Jamás había
sentido esa sensación con su marido, ni en el mejor de sus sueños.
Lara la trataba de un modo bronco pero encantador al mismo tiempo;
ella también hacía mucho tiempo que deseaba aquello, sentirse amada por
aquella magnífica mujer, que la hiciera retorcerse entre sus brazos. Cecilia
se mostró un tanto dubitativa pero finalmente se decidió a rozar levemente
la espalda de su amiga. El cuerpo de Lara estaba sudoroso y desprendía
sexo por los cuatro costados de su anatomía. El olor penetrante de aquella
hembra joven y caliente la embriagaba por completo haciéndole imaginar
las escenas más tórridas junto a ella. Notaba como la respiración de Lara iba
aumentando de ritmo haciéndose cada vez más y más dificultosa.
Por favor cariño, desnúdate rápido. No me hagas esperar más –le
suplicó Lara observando con detenimiento sus redondas formas.
Tienes un cuerpo exquisito querida, eres una mujer muy hermosa y
atractiva. ¡No sabes cómo envidio a tu marido! Poderse acostar cada
noche contigo, abrazarte, amarte hasta la desesperación. Me gustaría
besarte la boca, mordisquearte el cuello y las orejas, seducirte con mi
voz, meterme entre tus piernas y comerte tu delicioso coñito,
emborracharme con tus jugos. Hacerte correr como una perra.
Rieron y se besaron apasionadamente mientras se iban desnudando con
urgencia. La joven cajera ronroneó como una dulce gatita al ver como la
falda de Cecilia caía pesadamente a sus pies. Se agachó a por la prenda y la
lanzó lejos al tiempo que tumbaba a su amiga de espaldas sobre la mesa.
Retiró a un lado la tela de la braguita y empezó a juguetear con la
encharcada vulva de Cecilia. Le encantaba verla entregada a ella de aquel
modo tan sumiso.
Cecilia gimoteó débilmente al notar como las uñas de su amante rozaban
sus labios vaginales. Los débiles gemidos dieron paso a auténticos gritos de
placer cuando sintió el dedo hurgando sobre su diminuto botón el cual ardía
de deseo. El pequeño clítoris aumentó de tamaño en segundos gracias a las
caricias con las que le obsequiaba la guapa muchacha. Lo frotaba y lo
apretaba con decisión consiguiendo arrancarle verdaderos aullidos de
satisfacción. Lara sabía qué puntos debía tocar para ofrecerle el mayor
placer, ningún hombre la había acariciado de aquel modo tan placentero.
Lara se arrodilló a sus pies acomodándose lo mejor posible para dar el
máximo placer posible a su amante. Le abrió bien las piernas apoyándolas
sobre sus hombros y se sumergió en ese frondoso bosque humedeciéndolo
con su lengua. Cecilia se estremeció con dicho contacto. Tiró al suelo unas
carpetas y unos libros que había sobre la mesa. Temas importantes
seguramente, pero en esos momentos tan solo sentía la lengua de Lara
indagando en su vagina. La rubia muchacha se chupó el dedo llenándolo de
saliva y lo introdujo meticulosamente en el hambriento coño de Cecilia.
El cerebro de Cecilia explotó en mil demoledoras sensaciones. Se corrió
con el dedo de su amiga en su ardiente agujero. Empezó a llorar de emoción
agradeciendo todo el placer que le daba su compañera. Aquel dedo se
movía en su interior de manera infatigable como si fuera una pequeña polla
que le hiciera el amor sin descanso. Un segundo orgasmo todavía más
devastador acompañó al primero dejándola desfallecida. La caricia
combinada entre aquel diabólico dedo y la lengua de Lara tenía la ventaja
sobre un miembro masculino de que nunca se cansaba, podía estar largo
tiempo acariciándola sin apenas fatigarse con lo cual el placer recibido se
multiplicaba hasta límites insospechados.
Sus músculos internos estrecharon con fuerza al encantador forastero.
Sus gritos resonaban en la oficina bancaria, testigo mudo de la unión sexual
entre las dos mujeres. Agarró el cabello de su amiga como si no quisiera
dejarla escapar y jadeaba con energía tratando de recuperar el aliento. Lara
sacó el dedo de su coñito y lo sustituyó por su lengua la cual presionó sobre
aquellos dilatados labios intentando abrirse paso dentro de ella.
Lo que su amiga le hacía no era simplemente el amor sino que la estaba
follando de un modo salvaje. Se sentía entregada a ella por entero. Aquel
placer era muy superior al que sentía con Nacho, un placer que nada tenía
que ver con aquellas primitivas y toscas posesiones masculinas. Su amiga
era amable y considerada con ella. Su boca se mostraba voraz e incansable
y su dedo parecía encontrar sus más recónditos rincones, aquellos que
ninguna polla llegaría jamás a degustar.
Cecilia se sentía abatida, exhausta, hechizada por su amiga, pero aquella
sensación le encantaba. Se sentía frágil estando en su poder, pero también
poderosa y radiante gracias al increíble placer que le daba.
Vaya, vaya… así que te gusta que te folle una mujer, ¿eh? –
preguntó con su voz seductora. Has gozado como una perra. ¿Te
gusta que te haga esto? –preguntó mientras la penetraba con el dedo
hasta el fondo.
Cecilia no pudo menos que confirmar sus palabras antes de encogerse
sobre sí misma y volver a correrse nuevamente. Mientras su cuerpo se
convulsionaba mojando los dedos de Lara con sus últimos jugos notó cómo
ella actuaba de un modo mucho más rudo y grosero, como si necesitara
comportarse con ella de una manera mucho más despiadada y cruel. La
muchacha supuso entusiasmada que el sexo entre dos mujeres tenía el
mismo empuje y agilidad que entre un hombre y una mujer. Pensó que su
amante representaba en esos momentos el papel masculino de la pareja
mientras que ella era su codiciado trofeo. Aquella sexualidad tan fresca y
natural la enloquecía por momentos. Un nuevo orgasmo la arrastró entre
aquellos pensamientos que atormentaban su linda cabecita.
Consiguió recobrar la noción del tiempo bajo una catarata de besos. Una
catarata de insignificantes y sutiles besos sobre la cara y el cuello que la
hicieron volver a la realidad. Meneó con dificultad sus rotundos muslos y se
percató que su tesoro vaginal había sido abandonado durante unos
interminables segundos por su amiga. Extrañó enormemente la brusca
caricia del dedo que la estuvo torturando durante tan largo período de
tiempo. Con sus ojos llorosos y todavía cerrados, alargó la mano a ciegas
tratando de encontrar la sedosa cabellera de su amante.
Lara se levantó con cierta dificultad del suelo y ayudó a la otra
muchacha a sentarse sobre la mesa. Ambas sudaban copiosamente debido al
calor asfixiante de la oficina. Ambas rieron con ganas y Lara la dejó sola
durante unos breves instantes para ir a encender el necesario aire
acondicionado.
Así está mucho mejor, me estaba asando –dijo sonriéndole
mientras volvía a acercarse a ella. Ahora cariño, prepárate para una
sorpresita que sin duda te va a encantar.
Cecilia la miró con gesto interrogante intentando adivinar lo que su
compañera se proponía. No tardó mucho en descubrirlo… Bajo la débil luz
de la lámpara del escritorio vio cómo su traviesa amiga extraía del bolso un
brillante consolador de tamaño nada despreciable el cual estaba cogido por
los lados a un par de correas. Aquel temible instrumento representaba
perfectamente una polla masculina. El glande con la piel del prepucio
echada hacia atrás, las venas marcándose igual que en un verdadero pene,
las dos bolsas de los testículos.
¿Qué pretendes hacer con eso? –preguntó temerosa imaginando
lo que la cajera deseaba.
¿Acaso no te lo imaginas? –le respondió mirándola de manera perversa.
Cogió el arnés y se lo ajustó a la cintura con extrema tranquilidad. Una
vez lo tuvo bien amarrado la obligó a agacharse entre sus piernas.
¿Qué te parece cariño? ¿Alguna vez imaginaste una mujer con
una polla entre las piernas? Vamos, empieza a chupármela,
humedécela con tus labios y tu boca. Luego te follaré hasta que
revientes.
Cecilia al principio sintió algo de repulsa hacia aquel miembro de látex
pero Lara la animó acercándoselo a la boca. Le pidió que se la chupara y
ante la inicial negativa de su compañera le cogió la cabeza con una mano y
le obligó a1 introducírsela en la boca mientras Lara empezaba a acariciarse
un pezón. Cuando el consolador estuvo bien lubricado la levantó con
decisión del suelo y la puso apoyada en la mesa de espaldas a ella.
Ahora ábrete bien de piernas. Vas a gozar como una loca, ya lo verás.
Cecilia no pudo hacer otra cosa que apoyar el pecho sobre la fría mesa
mientras esperaba el momento en que la muchacha entrase en ella.
Realmente deseaba que Lara la penetrase, que no demorase más tiempo
aquel horrible suplicio. La joven cajera apoyó la cabeza del consolador
sobre sus lubricados labios y empezó a metérsela con sumo cuidado. Poco a
poco fue entrando todo el aquel colosal aparato hasta golpear con los falsos
testículos sobre sus nalgas. Cuando su amante dilató levemente su conducto
empezó a empujar con más fuerza, se la metía y se la sacaba como si fuera
un hombre. Por un momento imaginó que estaba con su marido y no con su
compañera del banco, que era él quien le hacía el amor. Cecilia gemía con
cada embestida que la muchacha le propinaba. La cogió con fuerza de las
caderas y comenzó a percutir una y otra vez con aquel falso pene. Lara se
movía en su interior cada vez más rápido, el ritmo se hacía desesperante
pues no había la posibilidad de explosión como en un hombre.
Evidentemente no existía la posibilidad de que se corriese y la llenase de
semen.
¿Te gusta cariño? Dime que te gusta, me encanta oírlo –le dijo
mientras dirigía sus dedos hacia el empapado coñito de Cecilia.
Sí, así… sigue follándome. ¡No te pares, fóllame, fóllame fuerte!
Voy a correrme otra vez.
¡Sí, me corro! Dios, qué bien me lo haces mi amor –apenas pudo
decir corriéndose nuevamente.
Lara no la dejó recuperarse de este último orgasmo y aprovechando la
indefensión de su pareja le sacó el consolador y lo llevó hacia la entrada de
su oscuro ano sin avisarla.
No… por ahí no. Es demasiado grande, me lastimarás –le suplicó
con voz quejumbrosa.
¿Acaso tu marido no te folla por ahí? –indagó imperiosamente
Lara al oído de la muchacha. Por favor, házmelo despacio. No me
hagas daño, es demasiado grande…
Tranquila querida, seré lo más delicada que pueda. Ya verás que
te gustará, sólo disfruta… yo me encargo de todo.
Cecilia trató de relajarse y se agarró al borde de la mesa esperando la
entrada del consolador en su estrecho agujero. Su amiga presionó con
fuerza intentando superar la resistencia del anillo anal el cual fue
dilatándose sin dificultad recibiendo gustoso la presencia de aquel terrible
invasor. Paso a paso fue entrando todo el consolador hasta llenarla por
completo. La muchacha respiraba con dificultad buscando el aire que le
faltaba. Notaba cómo los huevos de Lara se aplastaban contra sus nalgas al
tiempo que apoyaba sus manos sobre sus caderas. Inició un lento
movimiento de caderas el cual fue adquiriendo mayor velocidad a cada
segundo que pasaba. La hizo incorporarse haciéndola volver la cabeza hacia
ella hasta que ambas mujeres se fundieron en un salvaje beso, mezclando
sus lenguas con pasión.
¿Te gusta cómo te follo? –preguntó Lara segura del placer que
estaba experimentando su compañera en aquellos momentos.
¡Fóllame más deprisa! ¡Dame más fuerte! ¡Dios, qué placer
siento! –gritaba loca de satisfacción.
Lara siguió sodomizándola una y otra vez haciéndola correr nuevamente
gracias al balanceo que le ofrecía. Se la clavó de un solo golpe, haciendo
que Cecilia gritara de nuevo. La martilleaba sin cesar, fuerte, duro y
profundo agarrada a sus pechos los cuales estrujaba brutalmente. La agarró
del cabello haciéndola echarse hacia atrás y se la fue metiendo y sacando de
golpe. Ahora le resultaba mucho más fácil pues el ano de la joven estaba
completamente dilatado.
Me matas, me matas. No aguanto más. Vas a hacer que me corra
otra vez. Me corro cabrona –chillaba mientras caía rendida sobre la
mesa.
Lara sacó el consolador del dolorido ano y con una sonrisa de
satisfacción le dijo:
¿Qué te ha parecido? ¿Lo has pasado bien, eh bribona? –exclamó
mientras empezaba a soltarse las correas del arnés.
Con voz entrecortada únicamente pudo emitir estas palabras:
Ha sido fantástico. Nunca imaginé que pudiera sentir tanto placer.
La guapa cajera buscó su boca y la besó con infinita ternura. Cecilia se
estremeció entre sus brazos. Miró hacia la ventana y vio que empezaba a
oscurecer.
¡Dios mío! ¿Qué hora es? –gritó buscando el reloj con
impaciencia. ¡Debo irme, ya son las siete! Mi marido y mi hijo me
estarán esperando en casa. Además, el vigilante de seguridad no
tardará en llegar –hablaba con rapidez mientras se iba abrochando
los botones de la blusa. Al mismo tiempo, Lara se ponía el vestido
atándolo por detrás del cuello y luego se puso los zapatos de tacón
con exquisita delicadeza.
¿Volveremos a repetirlo? –le preguntó con voz acuciante.
Recuerda que me debes una.
Seguro que sí –confirmó muy segura de sí misma. Tú no te has
corrido y te lo debo. Pero deberemos ser discretas. Si mi marido se
enterara……
Descuida por eso, preciosa. Podemos vernos en mi apartamento
siempre que quieras. Lo último que pretendo es que tengas
problemas con él –le aseguró mientras la agarraba por detrás del
cuello y la volvía a besar en un último beso delicioso.

Por: Carla Orlando


IRRESISTIBLE

En los meses de mayor calor, en un litoral muy concurrido, de blancas


arenas y playas con agua cristalina y templadas Verónica, se disponía a
pasar sus vacaciones junto a su familia, su rostro se ilumino con la luz del
sol y sus ojos brillaron de alegría al divisar unos metros más allá, tirada en
la arena a Angélica, aquella chica de 27 años que tan solo con mirarla le
revolvía todo en su interior, jamás había sentido una atracción así y menos
por una chica, ella que se consideraba completamente heterosexual, amante
de Leonardo DiCaprio y Tom Cruz, ahora perdida por una mujer. Camino
pausadamente contemplando cada milímetro del cuerpo de Angélica, sus
senos, ni muy grandes ni muy pequeños, del tamaño normal pero muy
deseables, su pelo liso, castaño, que cubría a medias sus hombros, esos
labios finos y cálidos, dulces y rojos, unos ojos encantadores, cafés y
brillantes, pero que a veces ocultaban una gran tristeza, y que en muchas
ocasiones querían gritarle algo pero que bruscamente cambiaban de parecer,
y por ultimo esa cintura delicada, ese ombligo que señalaba el principio de
un camino que deseaba conocer a fondo, internarse en él y perderse en lo
más profundo de su interior.
Hola Verónica. – Aquel saludo la sacó de sus pensamientos y el
rubor asomo a sus mejillas. Hola Angélica, que lindo el sol – atino a
decir, mientras su mirada se perdía observando el astro para evitar
que viera su rostro avergonzado.
¿He??… si… claro – respondió ésta un tanto desconcertada. ¿Y
cómo estás?
Bien, gracias – Angélica le hizo un ademán para que se sentara en
el otro extremo de la toalla.
¿Y vas a ir a la fiesta de Carolina esta noche?
Su fiesta, se me había olvidado y ¿Quién más asistirá?
Bueno, haber… Andrea, Pamela, Susi, Carla, los hermanos
Herrera, sus vecinos, los Pizarro, y … Patricia.
¿Qué Patricia?! Patricia Donoso.
¡¡¡¡QUE!!!, pues si va ella yo no pienso ir.
Pero Angélica, por qué esa rivalidad con Patty, ella es una buena
amiga, todos las quieren mucho, y ella también, no te entiendo.
No es necesario que lo hagas no iré a la fiesta de todas maneras,
además lo que pase entre ella y yo no te incumbe.
Angélica, se levantó y camino hacia el mar para refrescarse un poco,
Verónica se quedó allí sentada mirándola como se sumergía entre las olas.
No la conocía mucho, pero tampoco se dejaba conocer, hace dos semanas
que había llegado a esa parte del litoral, sus padres una familia cariñosa y
amable estaban descansando por tres meses allí, Verónica se había hecho
amiga, bueno casi amiga de Angélica que la atrajo desde el primer día que
la vio, ella tenía un grupo de amigos en donde Verónica había sido integrada
con gran recibimiento, no tardo en ambientarse y todos la empezaron a
querer mucho por su amabilidad, sinceridad y ese gran espíritu de ayudarlos
en todo lo que le fuera posible, siempre alegre y alegrando al resto.
Angélica desde el primer día se ofreció como su guía, mostrándole todos los
rincones que conocía y tratando de que ella se sintiera lo mejor posible.
Pero había algo en Angélica, algo que no la dejaba darse a
conocer por completo y Verónica lo había notado, además esa
rivalidad entre ella y Patricia, le preocupaba, no sabía las razones de
esa enemistad, pero era evidente que algo muy fuerte hubo entre
ellas, trataba de averiguarlo preguntándoselo, pero Angélica siempre
cambiaba de tema. Verónica sentía que algo le ocultaba quizás su
imagen fuerte y sus sentimientos hacían que callase sus problemas y
aflicciones, sin querer en cierto modo, que nadie la ayudase, pero
Verónica deseaba romper esa barrera, que comprendiese que podría
confiar en ella y que ella la ayudaría.
Un día Verónica decidida a averiguar qué era lo que pasaba por la
mente de Angélica viéndola sola y pensativa sentada en unos de los
bancos de la plaza se le acercó.
Angélica ¿Qué piensas? Cosas.
¿Qué cosas?
Ya te dije, cosas.
¿Por qué no quieres contarme?, se de ti tan poco y me gustaría
saber mucho más.
Angélica la miro a los ojos, esos ojos que desde que se posaron en los
suyos se apoderaron de su corazón.
Vero ¿a qué has venido?
Ya te dije quiero conversar contigo.
¡Ah! ¿Y desde cuándo que te bajo esa curiosidad por mi
persona?, además me andas siguiendo o que.
Verónica se sonrojó nuevamente, al parecer había sido muy evidente al
querer encontrar a Angélica como de casualidad, pero no podía resistir el no
estar a su lado, admirándola, aunque no le dijera nada como ocurría en
varias oportunidades, el tan solo respirar su aroma la trasladaba a lejanos
parajes en donde sus fantasías se hacían realidad.
¡Disculpa por preocuparme por ti, tratare de no toparme contigo!
– Verónica se levantó raudamente e intento retirarse, pero Angélica
la cogió de la mano.
No te vayas – dijo casi en un susurró, el corazón de Verónica latía
a mil por hora, sentir la calidez de Angélica en su mano la
transportaba, pero sintió temor de aquel sentimiento y la retiro
bruscamente.
Disculpa, no fue mi intención ofenderte - respondió Angélica al
ver la reacción de Verónica.
Está bien, solo que me preocupa, bueno al resto del grupo
también les preocupas, verte tan pensativa, como si algo ocurriera en
tu interior, además…. como no te llevas nada de bien con Patricia.
Patty… Patty… Patty…, no sabes el daño que me ha causado….
Jamás se lo perdonare…. Yo se lo di todo y ella me pago de una
forma tan horrible…. En ese momento quería matarla, pero fue
mayor el cariño que le tenía que solo calle.
Verónica la escuchaba atentamente deseaba saber que había pasado entre
ellas dos, y así de alguna forma aliviar su propio corazón.
Al día siguiente Verónica esperaba encontrar a Angélica en la playa pero
ésta no aparecía por ninguna parte, sin darse cuenta unas manos le
cubrieron los ojos y un voz suave y calidad susurro en su oído "quién soy",
su piel se erizó por completo, sentía la cercanía del otro cuerpo, sentía como
sus senos rozaban su espalda desnuda por el bikini que llevaba, sentía como
una respiración agitada soplaba en su cuello a la espera de la respuesta,
quiso darse vueltas y sin querer dio un paso atrás tropezando con un
montículo de arena, las manos dejaron sus ojos libres y se apoderaron de su
cintura, para evitar la caída, pero solo lograron amortiguar un tanto el golpe.
¡¡Angélica!!!
No se vale, se supone que debías adivinar antes de verme
Verónica estaba bajo Angélica y sus ojos se toparon, sentía el peso de su
cuerpo y esa respiración agitada, ahora mucho más, su mano aun
aprisionaba su cintura y asía que su cuerpo se pegara más al de ella,
Angélica la miraba como queriendo decirle algo, de pronto su rostro se
ruborizó y se incorporó.
Vamos a nadar – Extendió la mano hacia Verónica para ayudarla a
levantarse, y sin mirarla siquiera, necesitaba un chapuzón urgente.
Ok.
Ambas se metieron al agua y nadaron un rato, de vez en cuando sus
miradas se topaban, pero Angélica la retiraba rápidamente sumergiéndose
en las olas, Verónica no entendía que pasaba. Luego de un rato en el agua
decidieron salir, Verónica caminaba adelante y sentía la sensación de que la
estaban observando, miro para atrás y vio como los ojos de Angélica la
contemplaban, nuevamente se ruborizó, y lo mismo ocurrió con Angélica al
toparse con sus ojos, se sentaron en las toallas en silencio, Angélica cubrió
su rostro con otra toalla y se quedó así, muchas veces pasaban horas sin
decirse una sola palabra hasta que una decidía retirarse. Esta vez le tocó el
turno a Verónica.
Angélica. Si.
Hace cuanto que vienes para acá.
Bueno siempre hemos venido a vacacionar aquí hace como 10
años, luego empezaron a llegar las otras chicas y chicos del grupo y
nos fuimos conociendo y siempre al terminar las vacaciones nos
decíamos "EL PRÓXIMO AÑO AQUÍ TE ESPERO", y así era,
hasta que apareció Patricia hace como 2 años y entonces todo
cambió.
Cambio en qué sentido.
En el que ya no me importaba estar con las chicas, solo me
bastaba con Patricia, la pasábamos súper bien, yo la …. Quería, pero
ya todo se acabó.
Debió haberte hecho algo muy malo, quizás si hubiera sido otra
persona, si no la hubieses querido tanto, no lo habrías sentido tanto.
¿Y qué te hizo?
El silencio se apoderó de la playa y solo el graznar de unas gaviotas
peleando por su comida se sentía en aquel bello paraje, Angélica tomo aire
para dar la respuesta, pero se contuvo al escuchar los gritos de las chicas
que corrían por la orilla de la playa, se acercaron con sus tollas y les
hicieron compañía, hablando todas al mismo tiempo, Angélica se levantó y
comenzó a caminar por la orilla, Verónica intentó acompañarla, pero Susi se
lo impidió.
Mejor déjala sola.
¿Por qué?
Es lo mejor confía en mí.
Verónica se quedó con las ganas de seguir aquella conversación tan
importante para ella.
En la noche todos se reunieron en casa de Carla para conversar un poco.
¿Y viste a Verónica con Angélica?
Si, parece que se han hecho "buenas amigas".
A ver si así se olvida de lo que le hizo Patricia y la perdona.
No, no creo, se ve que le dolió mucho aquella traición.
Sí, pero Verónica es diferente, tiene algo que atrajo a Angélica.
No sé, pero Angélica tiene que estar muy herida, y dudo que
vuelva a confiar en alguien a tener otra chica.
Yo no sé, sé que con Verónica será distinto.
Solo espero que a Vero no se le ocurra hacerle lo mismo.
Se ve que no la conoces bien, ella sería incapaz de hacerlo.
Mmmm acaso sabes algo que nosotras no??? Ha… no… como
creen
Susi, habla ya, que escondes. Nada, nada, en serio chicas.
¡¡¡¿¿¿Seguro???!!!! Mira que si descubrimos que ocultas algo te
ira muy mal Chicas por favor no, en serio.
De pronto entró Angélica, traía un par de cervezas que acerco a su
grupo.
Hola chicas, ¿qué hay?
Nada nuevo y Verónica aún no llega.
Gracias Susi por la información. –Dijo Angélica guiñándole un
ojo.
Angy, podemos hablar.
Claro Carla.
Ambas se alejaron del resto y se sentaron en unos sillones, Patricia que
aparecía en ese momento las vio y siguió su camino en busca del otro grupo
reunido en el comedor.
Y dime que deseas decirme.
Es de Verónica.
Qué pasa con ella – y sorbió un trago largo de su cerveza.
Estás enamorada de ella ¿cierto?
¡¡¡Que!!!! – Esa pregunta hizo que se atorara derramando un poco
de cerveza en su blusa – Quien te dijo esa barbaridad.
Nadie, te sale por los poros.
De que hablas.
De tu mirada, de tu cuerpo, noto como tu rostro cambia y tus ojos
brillan cada vez que la vez, cada vez que hablan tu mirada se pierde
en su figura, podría decir que aun más que como mirabas a Patricia.
Estás loca.
Mírame y dime que no le amas. – Angélica le miro, pero no pudo
responder. – no quiero que sufras otra vez.
No lo haré.
Sabes que a Verónica no le gustan las chicas, ella es Hetero.
Lo se
Entonces
Pero Carla que puedo hacer si yo no mando en mi corazón.
En realidad, te enamoraste
Si, la amo, y la deseo como nunca he deseado a una chica.
¿Cómo deseabas a Patricia?
No ella era diferente, era otro amor, quizás más sexo que otra
cosa, pero con Verónica es diferente, desde que la vi por primera vez
me fascino, su caminar tan elegante, su sonrisa dulce y tierna y esos
ojos verdes encantadores, y qué decir de su figura esbelta, delgada,
sensual.
¡¡¡Ya para!!!!
Disculpa.
Entiende es ¡¡HÉTERO!!!, no le gustan las ¡¡¡CHICAS!!!, ella
busca ¡¡¡HOMBRES!!!
Pero….
Pero nada, olvídate de ella antes que sea demasiado tarde.
Ya es tarde Carla.
Y que piensas hacer. No lo sé.
En eso entra Verónica, la mirada de Angélica se pierde en su figura,
vestía una blusa blanca corta desabotonada dejando ver el peto que cubría
sus senos, aquellos senos redondos y excitantes, su pelo largo caía a sus
costados y el cual arreglaba con sus manos de tras de la oreja izquierda, en
su cuello colgaba una pequeña gargantilla, sus labios lucían un leve brillo
que resaltaba aún más sus ojos verdes, su ombligo descubierto para dar paso
a los jeans ajustados, marcando su trasero firme y parado, sus piernas largas
terminaban en unas sandalias bajas y cómodas se veía tan hermosa, un
Ángel caído del cielo.
De pronto Patricia pasa por delante de Verónica y la mirada de Angélica
cambia bruscamente, toma un sorbo más de cerveza y se levanta rumbo al
patio, Verónica al ver aquella reacción sintió oprimir su corazón.
Ey Verónica ven siéntate con nosotras.
Hola chicas que hay.
Bien acá pasándola, ¿gustas cerveza?
Si gracias – y de un sorbo casi se la acaba toda.
¡Ey! Tranquila, ¡al parecer tienes sed!
Vero te ves preciosa. – susurra Susi a su oído.
Gracias – y el rubor cubre su rostro
Ya te vio Angy.
Si.
Y, y, y
Se fue al patio.
¡¿Qué?!
Me vio y se fue.
Pero ¿cómo, qué onda?
Yo que se – y sorbió otro trago más.
Pero, pero, no entiendo.
Ni yo, creo que no fue una buena idea.
Pucha Verónica, no sé qué pensar.
¿Qué tanto cuchichean ustedes dos?
Nada, Nada, otra cerveza chicas la noche es larga, animo
Verónica.
Está bien.
Mientras tanto Carla aun conversa con Angélica.
¡¡¡Dios!!! Se ve tan hermosa
Oye sí, no recuerdo que se halla vestido tan, tan, provocativa, ha
claro, mira hay esta la respuesta.
De que hablas
Vez a Fabián, vez como se ríen, vez que ella no es para ti.
Pero.
Angy métetelo en la cabeza, a Verónica no le gustan las chicas de
seguro que se vistió así para atraer a Fabián, y lo ha logrado.
Ya veo.
Vamos adentro esta fría la noche.
Déjame un rato más.
Ok, pero no vayas a pescar un resfrió.
Si, mama
Si, después dices que tus amigas no te quieren y no sé qué más.
Ya está bien, está bien.
Carla, la dejo afuera y entro al grupo de sus amigas, Verónica hablaba
animadamente con Fabián, pero no podía evitar mirar en la dirección de
Angélica, la veía como conversaba con la otra chica, y pensaba que fue lo
que hizo mal para que no se fijara en ella, trato de seguir al pie de la letra lo
que Susi le había dicho, pero aun así no pudo atraer la atención de Angélica.
Verónica puedes ir por más cervezas, están afuera.
Ha…, que… cerveza… Si claro.
No te preocupes Verónica yo voy.
No Fabián, deja que Verónica valla – y Susi la miro sería
asiéndole una pequeña seña en dirección de Angélica
Si, vuelvo en seguida.
Verónica se levantó y camino en dirección del patio, miro y a unos
metros más allá estaba Angélica mirando las estrellas, se dirigió a donde
estaban las cervezas y saco tres, miro a Angélica nuevamente y se topó con
sus ojos encantadores y esa sonrisa tierna que la invitaba a acompañarla,
también le sonrió y se dispuso a marcharse pero el ademán de su mano le
expreso que se acercara, su corazón latió más rápido, no comprendía porque
estaba tan nerviosa, de pronto unos chicos que pasaron corriendo por su
lado la empujaron, Verónica perdió el equilibrio y las cervezas cayeron al
suelo, ella en los brazos de Angélica.
¿Estás bien?
Si, gracias.
Al parecer mi destino es atraparte en mis brazos. – Verónica le
miro y se ruborizó, suerte para ella que a la luz de la luna no se notó,
Angélica estaba perdida en sus ojos, Verónica sintió que su cuerpo
era atraído aún más al cuerpo de Angélica y eso la desconcertó.
¡Te manché!
¿Qué?
Tu blusa te la manche – una enorme mancha de cerveza crecía en
la blusa de Angélica.
Oh, vaya, ahora sí que huelo mal
Lo siento.
No es tu culpa, es de estos imbéciles que no se fijan por donde
van.
Si… Si gustas, puedes cambiarte en mi casa, tengo algo que te
puede servir.
No es mucha molestia.
No para nada, vamos queda cerca de acá.
Está bien.
Salieron rumbo a la casa de Verónica, no quedaba muy lejos solo un par
de cuadras.
No quiero molestar a tus padres, ya es tarde.
No te preocupes fueron a jugar cartas con una vecina y llegaran
tarde.
Sola en su casa, solo ella y yo, quizás no tenga otra oportunidad, deseo
tanto tenerla en mis brazos, pero ¿si me rechaza?, al menos le diré que no
puedo dormir sin pensar en ella, que mi corazón se sobresalta cada vez que
estoy a su lado, y que lo que siento en mi pecho es puro amor.
En qué piensas Angy.
Ha, no, nada, nada en especial.
Bueno ya llegamos, en el segundo piso está mi habitación, ven
vamos.
Si.
Angélica no había estado en casa de Verónica y menos en su cuarto, a
solas, el deseo se apoderó de su cuerpo una vez más.
Esta blusa te quedará bien, toma pruébatela. Gracias.
Angélica comenzó a desabrocharse los botones de su blusa manchada,
pero el nerviosismo de la situación la traicionó y sus dedos se pusieron
torpes, una suave mano la socorrió. - Déjame ayudarte con eso – lentamente
Verónica desabotono uno a uno los botones de su blusa hasta que esta quedó
completamente abierta sus senos asomaron tímidamente reprimidos por el
sujetador, Verónica se voltio una sensación invadió su cuerpo y se sentó en
el borde de la cama, Angélica le miro pero ésta mantenía los ojos cerrados,
aquella sensación se hizo más fuerte en Verónica y un calor invadió su
cuerpo, tanto deseaba a esa mujer, tanto deseaba que la hiciera suya…..,
sintió sus manos en su cuerpo, sus caricias eran abrasadoras, tocando, si
tocando su silueta, su pelo sus hombros, sus senos, queriendo entrar, si
entrar bajo su peto y apoderarse de sus pezones ya duros por la excitación, y
el susurro en su oído Verónica, Verónica, ¡¡¡¡VERONICA!!!!.
¡¡HA!! Que… que … pasa…
Te estoy hablando, es Fabián que está tocando y quiere entrar.
¿¿¿Tocando??? ¿¿¿Entrar???, si, si, dile que pase está abierto.
¿Vero estas bien?,
Si…, Si…, no es nada
Estas sudando.
¡Estoy bien te dicen!
Ok, Ok.
Fabián subió las escaleras en dirección de la alcoba de Verónica.
¿Dónde está Vero?
En el baño, ¿qué quieres?
Solo vine a ver si estaba bien.
Hola Fabián que deseas
Vero, es que desapareciste de repente de la fiesta y vine a ver si
estabas bien
Solo vine a prestarle una blusa a Angélica que se manchó con la
cerveza que le derrame.
Pero ¿todo está bien?
Si ¿por qué la pregunta?
Bueno…. No se… tu sola en casa con Angélica.
¡¡¡¡Ya córtala Fabián quieres!!!! – Angélica furiosa lo increpó,
aun no le confesaba a Verónica su tendencia sexual y no era la mejor
forma de que se enterara.
¿Qué tiene, Angy es mi amiga Solo tu amiga?
¡¡¡¡Basta ya te dicen!!!!
Disculpa Angélica, pero si Verónica te considera su amiga debería
decirle que te gustan las chicas.
Maldito – susurró Angélica entre dientes. Eso ya lo sabía.
¡¿Qué?! – Angélica se sorprendió con esa respuesta y miro a
Verónica atónita.
Entonces también sabrás lo que paso entre ella y Patricia su ex.
Fabián porque te metes en lo que no te incumbe, gracias
Verónica, es mejor que me valla ya.
Y sin decir más abandonó la habitación dejando a Verónica y Fabián
solos, Verónica sintió un escalofrió en su corazón, al fin sabía que era lo que
tenía tan triste a Angélica, era obvio que aún la amaba, miro por la ventana
como se alejaba rumbo a la playa y una lagrima rodó por su mejilla.
Tres días pasaron en los cuales Angélica no se apareció por la playa,
Verónica preguntó, pero nadie le había visto, sin resistir más se dirigió
rumbo a su casa, regando el jardín se topó con su madre, quien muy
cordialmente la invito a entrar y señalo la habitación donde se encontraba,
golpeando la puerta
¿Quién es?
Yo, Verónica – un silencio se produjo. Pasa.
Hola.
Hola
¿Estás enferma?, hace días que no te veo.
¿Vienes por tu blusa?
Ha, ¿mi blusa?, aja. – Angélica dejo el libro que estaba leyendo
se levantó de la cama y se dirigió a la cómoda, abrió el primer cajón
y la saco, pensaba quedársela, pero ahora no lo podría hacer.
Toma y gracias. – se acostó y retomo su lectura.
No es nada, … este… abra una fiesta hoy en la noche…
¿vendrás?
No lo creo.
Fabián te pide disculpas por entrometerse.
Al parecer están saliendo más seguido.
Bueno…. un poco…. si.
Ya veo.
También va a ir Patricia. – Angélica levanto su mirada.
Y
Podrías… Podrías… hacer las paces con ella
¿Las paces?
Si.
No lo creo
Como sabes si Patricia está arrepentida de lo que te hizo.
Lo dudo
Pero nada pierdes con probar
Lo sé, pero no lo sé.
Pero si ella se arrepiente y te pide disculpas
¿se las darás?
No lo sé
Si o no
No lo se te digo, tendría que hablar con ella muy bien
Vamos que te cuesta darle otra oportunidad.
Esas palabras quedaron dando vueltas en la cabeza de Angélica, jamás
había pensado en perdonarla, jamás había pensado en que ella estaría a lo
mejor arrepentida de haber hecho lo que hizo.
En la tarde todos se reunieron orilla de la playa, Angélica decidió salir
de su encierro para pasear en lancha, Verónica y Patricia también estaban
allí. Todos felices en la lancha la cual iba a gran velocidad, pero el mar
comenzaba a ponerse bravo y el sol a esconderse, el lanchero decidió
emprender el regreso, pero el oleaje hizo tambalear la embarcación
bruscamente, las chicas gritaron asustadas y el cuerpo de Patricia fue
lanzado al mar, ¡horror! se ahogaba. Dos personas más se lanzaron al agua,
todas gritaban y la desesperación las invadía, el lanchero hizo todo lo
posible por mantener la barca estable.
¡¡¡No la veo!!! - gritó Angélica que luchaba con las olas.
Yo tampoco – respondió Verónica que se hundía una y otra vez.
En ese instante una ola levantó el cuerpo de Patricia la cual logro
articular la palabra socorro, las chicas se lanzaron a gran nado hasta el lugar
de aquel grito y lograron salvarla, Patricia estaba casi desvanecida.
Subieron a la lancha y se dirigieron a toda velocidad a la playa. Ya a salvo
en tierra firme Patricia agradeció a Angélica el haberle salvado la vida.
Las gracias se las tienes que dar a Verónica – respondió fríamente
Angélica debemos hablar.
¿Hablar de qué?
De lo arrepentida que estoy contigo, por favor perdóname. Sé que
lo que te hice no merece perdón, pero he meditado mucho, hace
tiempo que quería hablar de esto, pero tenía mucho miedo, en serio
créeme por favor, recuerda lo que pasamos juntas, aquellos hermosos
momentos vividos.
Angélica no sabía que decir, estaba totalmente atónica, la miraba y
quería creerle, aquellos ojos no podían estar mintiendo, la conocía y sabía
que estaba totalmente arrepentida y debía perdonarla. Verónica las miraba, y
sentía que su corazón se partía en mil pedazos, no sabía cómo había llegado
a amar tanto a esa mujer, pero jamás podría competir con Patricia, aquella
hermosa mujer que en esos momentos se cobijaba bajo los brazos de su
amada. Angélica sentía los brazos de Patricia en su cintura, aun tiritaba de
frio, miro y divisó como Fabián tapaba con una brazada a Verónica, - Te he
perdido, susurro tristemente… Continuara.
EL MASAJE

Como cualquier miércoles último de mes, tengo cita en la peluquería de


Nuria, el hecho que el mes pasado no hubiese podido ir hace que unas
crecientes ganas me invadan, sentarme en el lava cabezas y abandonarme al
masaje capilar que mi amiga me ofrece, hacen que apriete el paso hasta
llegar a mi destino, ese local familiar en el que una vez entras consigues
olvidarte de todo y es como si allí dentro no existiera el mundo exterior.
Aparentemente está abierta, llego hasta la puerta y ésta está cerrada, leo
un cartel en el que indica que hay que entrar por otra puerta, (¿Qué otra
puerta? pienso) sigo las indicaciones de la flecha…
Ha abierto el local de al lado que estaba en obras, no me había
comentado nada Nuria, no sabía que lo había comprado, abro la puerta y leo
un gran cartel "Inauguración nuevo centro estilista", una recepcionista me
pregunta que deseo...
Buenos días ¿en qué puedo ayudarla?
Busco a Nuria, la peluquera ¿está aquí?
Sí, ¿quién la busca?
Soy Alexis tenía una cita con ella…
Un segundo por favor
OK. - Asiento
De pronto se oyen unos pasos que se dirigen hacia la entrada, veo
aparecer a Nuria con una clienta comentando algo sobre la reforma y que le
encantaba el nuevo local... se despiden...
Hola Alexis, ¿qué tal estas? - Me dice a la vez que me da dos
besos.
Hola Nuria, vaya sorpresa me he llevado, qué cambio ha dado
esto…
¿Te gusta?, es fantástico, ven que te lo enseño. - me coge del
brazo y me lleva al interior del local. Al entrar se ve una amplia sala
de espera que distribuye hacia la peluquería, la cabina de rayos uva y
el centro de masajes. Las paredes son de un color morado pastel y las
puertas blancas.
Ahora no te puedo enseñar la sala de rayos uva que está ocupada,
pero ven que te presento a nuestra fisioterapeuta, te va a encantar, es
genial y además por ser buen clienta hoy te da un masaje gratis…
¡Qué bien! La verdad es que lo necesito. – Digo entre risas.
Se encamina hacia la puerta, llama y la abre:
Leo ¿estás ahí?
Sí, ya salgo. - contesta desde detrás de un biombo.
Ven que te voy a presentar a una buena clienta, además de amiga.
- Me sonríe.
¡Hola! ¡Soy Leo! - Dice según se acerca, se me queda mirando
fijamente parada, me mira de arriba abajo…
¡Hola! Soy Alexis. - Consigo decir. Nos damos los dos besos de
rigor, estoy totalmente petrificada, noto como mis mejillas se
sonrojan, miles de imágenes y fantasías se agolpan en mi cabeza, ¡es
ella! La chica que vi en el tren. Intento contener la respiración y
tranquilizarme, noto como los latidos de mi corazón retumban en
mis oídos. Ahí parada, no lo puedo creer, tengo la sensación de tener
abiertos los ojos todo lo que puedo.
¡Ey! ¿Qué os pasa? - Interrumpe Nuria.
Nada. - Dice Leo. Creo que la conozco, me suena mucho su cara.
Afirma con seguridad.
Sí a mí también me suena tu cara. - Digo de la manera más
natural que puedo.
Pues no sé. - continúa Nuria. Puede que os hayáis visto por ahí,
esta ciudad es tan pequeña…
Supongo que sí. -Contesto.
Bueno luego habláis y averiguáis de dónde os conocéis. Leo, me
la llevo al salón y luego te la traigo para que le des un masaje ¿vale?
¡Hoy invita la casa!
Vale. - asiente Leo sin dejar de mirarme. Luego te veo. - Sonríe.
Si, hasta ahora. - me despido.
Salimos de la sala y cruzamos de nuevo la sala de espera, entramos en el
salón de peluquería…
Bueno esta sala ya la conoces. - dice Nuria.
Sí, ¡jajaja!
Ven que te lavo el pelo, pero antes dame el bolso que te lo
guardo.
Todo tuyo. - Le digo en el momento en que le doy el bolso.
Este es nuevo, no te lo conocía. - Dice señalando al bolso.
Sí lo compré hace una semana. La verdad que no me puedo creer
que te acuerdes de todos mis bolsos.
¡Hija la costumbre!
Me siento en el asiento del lavadero, y me noto diferente, una extraña
sensación de sorpresa y nerviosismo me invade, aún no lo podía creer era
ella, recuerdo las fantasías que tuve en el tren, la imagen de sus gestos, sus
manos, ese aroma me llena… he de tranquilizarme me digo, o se me va a
notar demasiado. Discuto conmigo misma, me impongo autocontrol, intento
pensar en otra cosa, intento abandonarme al masaje capilar que me ha
comenzado a hacer Nuria, siempre balsámico, adormecedor, pero tengo su
imagen presente, esa mirada que me encoge, esa terrible atracción que me
posee…
Estás distinta ¿qué te pasa? - Inquiere Nuria.
Nada, ando un tanto distraída…
No me mientas, estás muy sonrojada. - Dice riéndose.
Vamos, de verdad, no pasa nada. - Insisto.
Bueno, me vas a decir de qué conoces a Leo o te lo tengo que
preguntar…
¡¡¡Cotilla! ¡¡¡Jajajaja!!! ¡Todo lo quieres saber! - Exclamo y rezo
para que no continúe preguntándome por ella.
¡Jajaja! Se lo preguntaré a ella entonces…
¿Qué tal con tu marido? ¿Y la casa nueva? –
Desvío el tema…
Bien, ahora iremos a mirar unos muebles para la nueva casa…
¿El mismo corte de siempre?
¡Sí! - Afirmo y suspiro por haber conseguido distraer a Nuria.
Deberías pensar lo de las mechas que te comenté, te quedaría
muy bien.
No me convence, pero quizás la próxima vez…
¡¡¡Siempre me dices lo mismo!!!
Ja Ja Ja Tienes razón. - Sonrío.
La conversación con Nuria sigue por temas triviales, mientras pienso que
se acerca el momento de ir al masaje con Leo, ¿estoy nerviosa, excitada,
abrumada? Ni siquiera sé cómo me siento. El poder de atracción que tiene
sobre mí me supera, no sé cómo manejarlo, siento que mi voluntad es suya
y no soy capaz de negarle…
¡Estás guapísima! -Dice Nuria
Es que tienes unas manos… ¡Siempre me das el toque!
¡Venga que te dejo con Leo, y me voy!
OK.
Deshacemos el camino andado, y volvemos a la sala de Leo, la veo
sentada ojeando una revista, al fondo de la habitación, a un lado queda el
biombo, y la camilla a otro un pequeño vestuario con batas colgando de
algunas perchas, tiene un perfil bellísimo, ¡es una Diosa!
Leo, aquí te la dejo, dale luego sus cosas
¡Ok! Hasta luego Nuria. - Se despide.
Hola de nuevo. - Digo.
Pasa, no te quedes ahí. - dice acercándose, con sus andares
felinos. Necesito que te quites la ropa, y ponte por favor una de las
batas que están ahí… - Continúa señalando hacia las batas.
De acuerdo. - estoy temblando, me desnudo quedándome sólo
con las bragas puestas, me pongo una de las batas, que son como los
camisones de los hospitales, de esas que se abrochan por detrás, y
me dirijo hacia la camilla. Leo está cogiendo unas cremas…
¡Qué batas más sexys! - Bromeo.
¡Cierto jajaja! - Me ofrece la camilla. Por favor túmbate y dime
por donde quieres que empiece.
Me sonrojo de manera inusitada, mi imaginación se empeña en volver a
las fantasías creadas con ella. Afortunadamente me da tiempo a tumbarme
sin que vea mi turbación, estoy tan tensa y nerviosa que lo notará en cuanto
me ponga la mano encima. Junto bien las piernas y me tumbo lo más
derecha que puedo, tengo la sensación de ser una tabla…
No quiero entretenerte mucho, sólo un masaje en la espalda…
Me refiero si notas tensión en alguna parte en particular, el cuello,
la espalda, los hombros, las piernas…
Si el cuello se me carga mucho. - Qué ridículo estoy haciendo
pienso.
Está bien.
Se unta un poco de aceite en las manos y las refriega con suavidad y
firmeza, esas manos firmes y seguras, ahora brillantes por el aceite,
expertas, con las que me quisiera fundir, ser recorrida y acariciada por ese
tacto…
Oye tú eres la chica del tren ¿verdad?, te parecerá una tontería,
pero creo que te conozco de ahí. Un día por la mañana, te sentaste en
mi asiento… ¿lo recuerdas?
Cómo olvidarlo. - Pienso. Sí, soy yo, vaya despiste que tenía. -
Sonrío.
Se acerca con las manos impregnadas, su aroma invade mis sentidos,
toma mis muñecas y coloca cada uno de mis brazos a cada lado de mi
cuerpo para que los hombros queden rectos, se agacha y me susurra al oído:
Ahora relájate y no pienses en nada… Posa sus manos sobre mis hombros,
como dos mariposas que se posan en una flor para extraer su esencia, mis
sentidos están concentrados en el pedazo de piel que abarca sus manos, noto
como me deshago por cada poro, un leve escalofrío recorre mi espina dorsal
haciendo que mi piel se erice, soy incapaz de contener mis reacciones, mi
cuerpo la llama, la ruega que continúe, una bocanada de aire alivia el cálido
placer que son sus manos, me sumerjo en un mundo de sensaciones nuevas
a una velocidad vertiginosa, me siento envuelta en su poder, absorbida por
su presencia, concentrada en ella, en sus manos, transportada a un mundo
en el que sólo existen sus manos sobre mi piel…
Estás un poco tensa. - Dice en tono profesional, sacándome de mi
ensoñación.
Ajam. - Asiento. Recapacito e intento tranquilizarme, pienso en el
trabajo y en cualquier cosa trivial que me ayude a mantener la mente
fría…
Pues, aquel día en el tren me alegraste la mañana…
¿Ah sí?
Si, - Me interrumpe. No sé si decirte esto, pero me sentí halagada,
sentí que me deseabas, no sé una complicidad… no sé cómo
explicarlo
Verás, me llamaste la atención. - comencé a decir eligiendo mis
palabras. No te ha pasado alguna vez, que te llaman la atención los
gestos de alguien, su expresión, sus facciones, pues algo así me pasó
contigo aquel día. Que por cierto tengo que preguntarte el perfume
que llevabas. ¡Me encanta! Es como una parte de tu personalidad,
como tu tarjeta de presentación jajaja.
Realmente no es ningún perfume, es una crema que uso que tiene
un olor muy particular… ¿Realmente sólo te llamé la atención?
Es una manera de decirlo, no sé por qué, no podía evitar mirarte,
estaba impactada. Eres muy atractiva. - Dije por fin con un poco de
miedo, esperaba no haber cometido un error por haber hecho tal
confesión.
Vaya ¡muchas gracias! - Sonrió. Pues yo creo que tu poder está en
tu mirada, en tu expresión corporal, das confianza.
¡Qué va! - ¿Poder? Imposible no delante de ti pensaba
continuamente. No sabía por dónde continuar la conversación, y no
quería provocar un mal entendido, me gustaba, me atraía como nadie
lo había hecho, sentía que teníamos una química especial, algo
diferente, como animal, un instinto primario que se apoderaba de mí
al verla…
¡Continúo por las piernas no te muevas!
No de verdad, si te parece lo dejamos para otro día, creo que se
está haciendo tarde y además tú también tendrás que comer ¿¿¿no???
- Dije intentando huir para evitar continuar con aquella
conversación…
¿Seguro?, mira que a mí no me importa, por mí no lo hagas. -
Dice sorprendida por mi reacción.
La próxima vez Leo, vengo con más tiempo y bueno, me das un
masaje en todo el cuerpo. - Balbuceo incorporándome. He de irme
de verdad.
¡Está bien! ¡Espero no haber dicho nada que te haya molestado!
No mujer, me he sentido muy a gusto y me has dejado nueva.
¡Así que repetiré!
OK, pues mientras te vistes voy a recoger tus cosas.
De acuerdo.
Me dirijo al vestuario y comienzo a vestirme, una extraña sensación de
culpabilidad empieza a invadirme, no quería irme así pero tampoco podía
quedarme mucho tiempo y seguir hablando de aquel día. Abrocho mis
pantalones y me pongo la camisa, cuando entra por la puerta con mi bolso
en su mano, noto como me mira el escote, ha sido una fugaz mirada que me
ha encendido, respiro profundamente en el último intento por
controlarme…un silencio incómodo se está apoderando de la habitación,
noto su presencia de pie, no demasiado cerca de mí, la miro de reojo y
siento sus ojos mirándome, me siento observada por ella, y me encanta, de
una extraña manera está consiguiendo que me sienta excitada. Son
imaginaciones mías me repito continuamente.
Aquí tienes tu bolso. - Extiende su mano, con el bolso colgando
de sus dedos.
Gracias, lo recojo. Dime cuánto te debo.
¡Nada! ¡Hoy era gratis! Pero la próxima vez prepárate Ja Ja Ja. -
Sonríe intentando romper ese hielo que se ha instalado entre
nosotras, o mejor dicho que he puesto entre nosotras…
Lo estaré. - Me acerco y la doy dos besos fugaces, muy cerca de
la comisura de sus labios. ¡Hasta otra! - Me despido.
¡Ciao! - Contesta.
Llego a casa, diciéndome de todo, hablando conmigo misma,
sintiéndome ridícula por cómo me he ido, por cómo me he comportado,
pensando que soy la mujer más absurda de la historia. Decido prepararme la
comida y no darle más vueltas, consulto el contestador y no hay mensajes,
el correo electrónico: nada. ¡Mejor!
Tras la comida, me recuesto sobre el sofá con la tele de fondo, me
abandono a un sueño vespertino, una siesta que repare mi autoestima,
dándole un descanso a mi cerebro y mi conciencia, varada como barca en el
mar, sin dirección ni destino, sumida en los brazos de Morfeo y acunada por
el duende de los sueños…
Como una ninfa emerge del mar, con la piel dorada, la mirada líquida y
penetrante, un pequeño bikini acompañado de un pareo, apareces ante mí,
serena, segura, sensual y seductora te acercas, noto la cálida humedad que
desprendes, tus brazos rodeando mi cintura apresándome contra ti,
inmovilizada por esos ojos tuyos que hipnotizan cual péndulo del mejor
prestidigitador, dueña y señora de mis deseos, de mis sentidos y anhelos que
están dispuestos a servirte, y así te presentas ante mí… ¡Leo! Mi propia voz
me despierta del sueño, abro los ojos y tardo apenas unos instantes en
ubicarme de nuevo, es mi salón, mi sofá, mi casa, era un sueño… ¡lástima!
Son apenas las 7 de la tarde, me preparo un café y voy a coger el móvil
que lo tengo en el bolso, en ese momento suena el teléfono fijo de casa, con
el bolso en la mano voy hacia la mesita del teléfono…
¿Diga? - contesto
¿¿Alexis?? ¿Eres tú? - Inquiere la voz al otro lado del aparato.
Si, la misma. - es voz me resulta familiar, pienso.
Oye, soy Leo, perdona que te llame así, pero se debió caer el
móvil del bolso y bueno lo tengo aquí.
Espera. – Rebusco en el bolso y no está el aparato. Vaya gracias,
¿puedo pasarme a buscarlo?
Claro, estamos a punto de cerrar, pero si vienes te espero. -
Contesta.
k.o. en 20 minutos estoy allí.
Está bien ahora nos vemos.
Me visto y me dirijo rápidamente hacia la peluquería, aparco el coche
muy cerca, afortunadamente encontré pronto sitio. Llamo al timbre y no
contesta nadie, acerco mi cara al cristal de la puerta y miro hacia el interior,
no parece que haya nadie, vuelvo a llamar y de pronto aparece Leo, con
unos vaqueros ajustados y una camiseta también ajustada….
¡Hola!, pasa un momento por favor, lo tengo dentro.
¡Hola! La sigo sin poder apartar la mirada de su trasero. -
Perdóname, pero soy un desastre. - Intento llevar una conversación.
Las prisas… Contesta.
Se dirige hacia un armario, lo abre y coge el Telf. Que estaba dentro, se
da la media vuelta y se acerca a mi diciendo cada vez en tono más bajo…
Perdona que haya mirado en el móvil, no sabía de quién era…
¿Si hubieras sabido que era mío no hubieras mirado? - Me
sorprendo ante mis propias palabras…
Supongo que sí. - Susurra. Coloca el Telf. Sobre mis manos
rozando con las yemas de sus dedos la palma de mis manos.
Además, quería verte. - ME dice con voz débil al oído.
¿Para? - Acierto a articular, mientras estoy concentrada en ese
leve roce, perdida en su mirada, notando como poco a poco
irremediablemente mis labios luchan por acercarse a los suyos, un
instante que parece eterno, el tiempo detenido….
Para esto. - Contesta aproximándose a mis labios, me roza con los
suyos, se retira apenas unos centímetros, por la inercia la sigo, abro
los ojos y veo una breve sonrisa apenas perceptible si no fuese por lo
cerca que estaba de ella.
Con sus manos toma mi cara como para que no me escape, y me da un
beso más largo e intenso, noto como su piel pasa a rozar mi piel, para entrar
con su lengua en mi boca, roza mi lengua con la suya, despacio, muy
lentamente, como si fuese su último beso, disfrutando y haciéndome
disfrutar de cada instante, transportada a otro lugar, siento como me elevo…
Según aumenta el ritmo y la intensidad del beso, nuestra respiración
comienza a entrecortarse, nuestra pasión comienza a desatarse, me toma de
las muñecas y me acerca a la camilla, sin separar sus labios de los míos,
hace que me siente sobre la camilla.
Dejo caer el bolso, y mis manos comienzan a buscarla, a explorar sobre
la ropa ese cuerpo tan deseado, con el que tanto he fantaseado. Mis dedos
hábiles consiguen colarse por debajo de su camiseta, rozo su piel, seda
ardiente entre mis manos. Mi camisa ya está desabrochada, noto como mi
interior arde, como la sangre fluye rápidamente por mis venas, el corazón
bombea fuertemente, mi pecho sube y baja al intentar tomar un poco de
oxígeno, oxigeno que no es suficiente…
Me recuesto sobre la camilla y la traigo hacia mí, se coloca sobre mi
cuerpo semidesnudo, su camiseta vuela por encima de nuestras cabezas,
comienzo a besar su cuello, sus hombros, saborear cada milímetro de piel
desnuda que tengo a mi alcance. Ella comienza a moverse lentamente sobre
mí, pequeños mordiscos me arrancan leves gemidos que van incrementando
su volumen y su profundidad….
Hemos conseguido quitarnos toda la ropa, sentadas frente a frente, ella
sobre mí, con mis dedos deslizándose por su sexo húmedo, navegando entre
oleadas de un mar cálido, penetrando en cuevas sin explorar, reconociendo
un terreno que me lleva a la locura de un placer sin límites… degustando el
manjar gemelo, deseando poder fundirme con ella, acompasando sus
movimientos y sus embestidas, sus dedos clavados en mi espalda, la suya
arqueada ligeramente hacia atrás, continuando con un ritmo endiablado que
la lleva al éxtasis y a mí con ella, orgasmo traducido en flujo saliendo de su
interior, orgasmo contestado a su entrega, simbiosis de dos cuerpos que se
atraen irremediablemente y que se entienden en la mejor danza de todas….
Su cuerpo rendido sobre el mío, recuperando el aliento, susurra,
despacio, arrastrando las palabras, ¡¡esto es el puto cielo!! Baja despacio y
segura lamiendo mi cuerpo desde el cuello hasta mi sexo, entreteniéndose
con mis senos, jugando con mi ombligo, enredando mi escaso vello púbico,
haciendo pequeñas incursiones en mí, apenas rozando con la punta de la
lengua mi clítoris ya muy hinchado. Viaja despacio, entre el clítoris y el ano
pasando por la entrada de la vagina, cual serpiente sigilosa se desliza,
dibujando miles de rutas y caminos de un lugar a otro, dándome oleadas de
intenso calor, de placer creciente, los gemidos comienzan a oírse, banda
sonora gutural que pide más, idioma que comprende y responde con
acciones más decididas, más rápidas, más intensas… Se ayuda con sus
manos, noto como me ha penetrado por el ano, apenas me molestó, la
dilatación y lubricación que ha conseguido que tenga hace que cada
movimiento sea suave y placentero, más dedos en la vagina y su lengua
marcando el ritmo sobre mi clítoris, mis caderas cobran vida propia y
comienzan un baile salvaje, un movimiento en busca del placer extremo,
todas mis sensaciones se agolpan a ese movimiento, mi cuerpo responde a
sus actos, concentrada en su saber hacer, retorciéndome de gusto, exprime
todo mi ser y una explosión en forma de orgasmo la invade, mis jugos salen
hacia ella, pequeños terremotos me invaden y un último gemido retumba en
toda la sala.
Agotadas, extasiadas, vencidas y adormecidas, acompasamos la
respiración, nos miramos, no hablamos, las miradas sustituyen las palabras,
calma después de la tormenta de sensaciones, enredadas aún permanecemos
respirando la una de la otra...

Por: Patricia Stevenson

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