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CAPITULO 01

DERECHO PROCESAL PENAL- NOCIONES GENERALES

1.- POLITICA CRIMINAL

Desde una perspectiva “política” (se trata del poder, no de la ciencia), la política criminal puede
visualizarse como un conjunto de decisiones de la autoridad pública sobre el delito.

Más precisamente podría decirse que la política criminal es el sistema de decisiones estatales (de
todos los poderes, incluido el Constituyente) que, en procura de ciertos objetivos (que deberán ser la
protección de los derechos reconocidos al individuo por su condición de tal o como miembro de la
sociedad), define los delitos y sus penas (u otras consecuencias) y organiza las respuestas públicas
tanto para evitarlos como para sancionarlos, estableciendo los órganos y los procedimientos a tal fin,
y los límites en que tales decisiones se deberán encausar.

Del sistema Constitucional (Constitución Nacional y tratados internacionales incorporados a su


mismo nivel, art. 75 inc. 22 CN), pueden extraerse las condiciones básicas a que debe ajustarse
cualquier programa elemental de política criminal. Por un lado, ese sistema establece los valores y
bienes individuales (la vida, la libertad, etc.) y sociales (la seguridad pública) que reconoce como
tales, a la vez que dispone las formas de su tutela y reparación (si son vulnerados) dándole contenido
y límites a los poderes que a tal fin instituye.

Para ello admite, incluso, que algunas conductas de los individuos puedan ser prohibidas y aun
castigadas, pero sólo si perjudican a terceros, individualmente o en su organización social y siempre
que así se determine, por ley, antes de su acaecimiento.

Por otro lado, organiza las funciones estatales de definir tales conductas, investigar su posible
acaecimiento, juzgarlas y aplicar las consecuencias jurídicas previstas para su comisión (que no
siempre son punitivas) poniendo tales tareas a cargo de órganos públicos (y a veces de particulares,
v. gr., querellante) diferentes, a los que indica cómo deben hacer para prohibir, perseguir, juzgar y
punir.

Las decisiones que integran la política criminal deberían tomarse dentro del mismo marco
ideológico–político, que servirá de inspiración y de límite a cada una de ellas, de modo que exista
coherencia entre todas las que se adopten.

Ese marco lo proporciona el sistema Constitucional, que si bien –en tutela de intereses generales o
derechos individuales– reconoce el poder penal del Estado (prohibir y penar), lo concibe como
extrema ratio para la tutela de los bienes que protege, y le impone límites infranqueables a su
ejercicio, derivados de la dignidad de la persona humana y de los derechos que se le reconocen a
ésta por su condición de tal o por la situación de afectado potencial o real por aquel poder punitivo,
que el sistema constitucional subordina a estos valores e intereses. Si bien estos límites en la práctica
muchas veces no se respetan, tal desvío también puede considerarse que integra la política criminal
práctica pues, aun cuando sea repudiable por ilegal, expresa decisiones de la autoridad estatal, tanto
formales (v. gr., establecer un delito de simple opinión) como informales (v. gr., aprehensiones
ilegales) que no pueden tolerarse y deben ser denunciadas y corregidas.

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No puede concebirse la formulación de una política criminal aislada o indiferente de otras políticas
públicas, porque el fenómeno delictivo está relacionado con los procesos históricos y políticos de un
país, y las políticas sociales y económicas, ya que se encuentra inserto en los primeros y condicionado
por las segundas.

2.- CONCEPTO DERECHO PROCESAL PENAL

Se ha dicho que el Derecho Procesal Penal es la rama del orden jurídico interno de un Estado, cuyas
normas instituyen y organizan los órganos públicos que cumplen la función judicial penal del Estado y
disciplinan los actos que integran el procedimiento necesario para imponer y actuar una sanción (o
una medida de seguridad penal), regulando así el comportamiento de quienes intervienen en é.

Es el conjunto de normas que regulan la actividad jurisdiccional del Estado para la aplicación de las
leyes de fondo y su estudio comprende la organización del Poder Judicial, la determinación de la
competencia de los funcionarios que lo integran y la actuación del juez y de las partes en la
sustanciación del proceso.

De este concepto se desprende que el Derecho Procesal Penal se ocupa de dos aspectos:

1. Por un lado, el de la organización judicial y de la acusación (y aun defensa) estatales


2. Por el otro, de los sujetos que deben actuar y de los actos que deben o pueden llevar a cabo
para la imposición de una pena (o medida de seguridad) por la participación en un delito
El derecho procesal penal dentro del marco que le fijan la Constitución y los tratados incorporados a
ella, regulará en forma conjunta con el derecho penal, el poder punitivo del Estado.

El derecho penal definirá en abstracto los comportamientos punibles, la pena que merecen, y las
causas que pueden excluir o modificar a ésta; y el derecho procesal determinará las condiciones que
deben observarse para que la sanción se aplique legítimamente, fijando los requisitos de quién y
cómo, que deberán satisfacerse para intentar acreditar y poder dar por acreditada la existencia
concreta de un hecho delictivo y la participación culpable del acusado, y, en caso afirmativo,
imponerle y hacer cumplir la sanción que corresponda.

Como consecuencia de que el derecho penal no puede aplicarse sin proceso previo (art. 18, CN), el
derecho procesal debe permitir la canalización de la pretensión penal emergente de la noticia de la
comisión posible de un delito, y garantizar que los tribunales competentes puedan resolver sobre su
fundamento fáctico y jurídico, e imponer la pena que corresponda.

El proceso tendrá que regularse de modo tal que permita su puesta en marcha frente a la afirmación
(que deberá estar razonablemente fundada) de que se ha cometido un delito; y que en su desarrollo
los órganos de la acusación puedan demostrar su existencia, sus circunstancias penalmente
relevantes, las relacionadas con la fijación de la pena, y lograr la individualización de los partícipes,
todo para lograr la condena de los culpables.

Es decir, el derecho procesal debe permitir que la actividad de persecución penal se desenvuelva
hasta lograr el dictado de una sentencia definitiva, en la cual se decida si existe en el caso concreto la
posibilidad de sancionar a un culpable, garantizando, en caso afirmativo, que la pena pueda ser
cumplida efectivamente.

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También hay limitaciones que, por imperio de la Constitución, el derecho penal le impone al derecho
procesal. De esta perspectiva, el derecho penal condiciona al procesal estableciendo el requisito
mínimo para la iniciación y subsistencia del proceso penal: éste sólo podrá iniciarse y desarrollarse
fundado en la posible comisión de un hecho delictivo, definido como tal por la ley antes de su
acaecimiento, y siempre que se encuentre vigente (que no se haya extinguido) la posibilidad de
perseguirlo.

Es decir, ni la autoridad pública encargada de la persecución penal (policías y fiscales) ni la encargada


de juzgar y aplicar la pena (los jueces) podrán ejercer sus poderes sin invocar razonablemente, como
sustento de su ejercicio, una posible infracción a la ley penal (es la proyección procesal del principio
de legalidad penal).

3.- CARACTERES DEL DERECHO PROCESAL PENAL

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4.- CONTENIDO

5.- FUENTES DEL DERECHO PROCESAL PENAL

Si la Constitución Nacional acuerda al Congreso (art. 75 inc. 12) la atribución de dictar el Código
Penal; si atribuye su aplicación a los Tribunales del Poder Judicial –art 108– federales o provinciales
según las cosas o las personas caigan bajo sus respectivas jurisdicciones (art. 75 inc. 12); si la
imposición de las penas que el Código Penal prevé se condiciona a que previamente se lleve a cabo
un juicio (art. 18) basado en una acusación (art. 60), que no puede estar a cargo de cualquier

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tribunal, sino de uno cuya competencia esté fijada por ley con anterioridad al "hecho del proceso",
que sea independiente e imparcial (juez natural, art. 18, CN); si la actuación de éste (en caso de
acción pública) debe ser promovida por el Ministerio Público (art. 120) que tendrá a su cargo la
preparación y formulación de la; si durante el juicio es inviolable la defensa del imputado (art.18)
quien debe ser respetado en su dignidad personal y no puede ser considerado ni tratado como
culpable antes de ser declarado tal (art.18), surge evidente la necesidad de un conjunto de normas
jurídicas reglamentarias que den vida práctica a estas disposiciones constitucionales y a los principios
jurídico–políticos que las inspiran.

Estas normas reglamentarias deben abarcar el doble aspecto señalado.

Primero estableciendo los órganos públicos que se deberán ocupar, por un lado, de la preparación,
formulación, sostenimiento y acreditación (prueba) de una acusación (persecución penal) que
concrete el reclamo estatal de que se imponga una pena al partícipe de un delito; y, por otro, los
organismos que deberán encargarse de conducir la realización de un proceso hasta su conclusión
que, con resguardo pleno de la defensa del imputado, culmine luego de un juicio con una decisión
definitiva sobre la acusación (sentencia), que resuelva el caso concreto a través de la aplicación de la
norma penal, civil o constitucional, condenando o absolviendo, según corresponda.

Segundo, adecuando la organización, funciones, atribuciones y deberes de todos estos sujetos a


aquellos principios que ceñirán su actuación, y regulando los actos que deben o pueden cumplir para
el desempeño de esas actividades, programando previamente su forma, oportunidad, secuencia y
efectos.

Este es el contenido del Derecho Procesal Penal, que en el marco de las aludidas normas
constitucionales, se integra con las leyes de organización del Ministerio Fiscal y los Tribunales
Penales, y con los Códigos Procesales Penales, pero que más precisamente se refleja en éstos.
También estatuirá lo concerniente a la defensa, en los casos que deba ser provista por el Estado, y
reglamentará la participación de simples particulares en la actividad acusatoria (ej. querellante),
jurisdiccional (ej. jurados) o defensiva (ej. defensor particular), estableciendo sus funciones,
atribuciones y deberes.

6.- LÍMITE DE LAS LEYES PROCESALES

Las leyes son dictadas para ser aplicadas a conductas, pero puede ocurrir que varias normas quieran
regular la misma conducta, lo cual traería un conflicto de normas. Para evitar dicho conflicto se hace
necesario determinar los límites de o aplicación de las normas, tomando en consideración el espacio,
el tiempo y la manera de ser de la norma.

A.- LÍMITE ESPACIAL (O POR NACIONALIDAD)

Como principio general, las normas tienen la nacionalidad del país cuyo territorio se dictaron o para
el cual se dictó y se aplican en el territorio de ese país. Esto, es también aplicable a las leyes
procesales dictadas por un Estado provincial, las leyes dictadas por una provincia se aplican dentro
del territorio de la misma.

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La ley tiene efecto dentro del territorio sobre el cual se extiende, de donde resulta que sólo tiene
eficacia dentro de esos límites, como tampoco la tiene, dentro de ellos, una ley extranjera.

Art. 18. CPPN - La competencia penal se ejerce por los jueces y tribunales que la
Constitución Nacional y la ley instituyan, y se extenderá a todos los delitos que
cometieren en su territorio, o en el alta mar a bordo de buques nacionales, cuando éstos
arriben a un puerto de la Capital, o a bordo de aeronaves en el espacio aéreo y de los
delitos perpetrados en el extranjero cuando sus efectos se produzcan en nuestro país o
fueren ejecutados por agentes o empleados de autoridades argentinas en el desempeño
de su cargo. Es improrrogable y se extiende al conocimiento de las contravenciones
cometidas en la misma jurisdicción.
El mismo principio regirá para los delitos y contravenciones sobre los cuales corresponda
Jurisdicción federal, cualquiera que sea el asiento del tribunal.

B.- LÍMITE TEMPORAL

La legislación tiende a consagrar la contemporaneidad entre la conducta y la norma que la habrá de


regular.

Habrá contemporaneidad entre norma y conducta, cuando a ésta se le aplique la ley presente. Por el
contrario habrá extracontemporaneidad entre ellas cuando se aplique una ley pasada (derogada) o
bien una ley futura (una ley que ha sido sancionada después de haberse iniciado el proceso o la parte
del proceso de que se trate).

Las conductas deben ser reguladas por leyes en vigencia y no por leyes que ya han sido derogadas o
que tendrán vigencia más adelante, y en caso de conflicto entre una presente y otra derogada o
futura, debe prevalecer la norma vigente.

Los procesos están formados por muchos actos procesales. Se inicia un proceso y se cumplen algunos
de esos actos procesales de acuerdo a las leyes vigentes. Se tiene por un lado actos cumplidos, y por
otro, actos pendientes de ser realizados. Si justo en ese momento se dictan nuevas leyes procesales
que sustituyen a las que estaban vigentes se plantea un interrogante: se sigue aplicando la ley
derogada a los actos pendientes o se aplica la nueva ley a todos los actos, los cumplidos y los
pendientes?

La solución está dada por la contemporaneidad ente el proceso y la ley vigente, por lo cual los actos
cumplidos ya no se podrán tocar, pues en su momento acto y norma fueron contemporáneos, en
tanto que, los actos pendientes habrán de ser regulados por la nueva ley, pues entre ésta y aquellos,
hay contemporaneidad.

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C.- LIMITE PERSONAL

La CN establece que todos los hombres son iguales ante la ley. Sin embargo, en nuestro
ordenamiento jurídico existen limitaciones fundadas en la persona que se debe someter a la ley
penal o procesal.

Los diputados y senadores no pueden ser perseguidos por los posibles delitos que puedan
cometer en sus opiniones o discursos
El Presidente, vicepresidente, jefe de gabinete, ministros y miembros de la CSJN, antes de ser
sometidos al proceso penal deben ser previamente destituidos mediante el juicio político Los
menores imputados de la comisión de un delito, debido a su inmadurez intelectual y
consecuentemente inimputabilidad, reciben un trato especial de la ley de fondo y también
de las leyes procesales.

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7.- FUNCIONES DEL DERECHO PROCESAL

8.- LA REALIZACIÓN MEDIATA DEL DERECHO PENAL

Como consecuencia de que el derecho penal no puede aplicarse sin proceso previo (art. 18, CN), el
derecho procesal debe permitir la canalización de la pretensión penal emergente de la noticia de la
comisión posible de un delito, y garantizar que los tribunales competentes puedan resolver sobre su
fundamento fáctico y jurídico, e imponer la pena que corresponda.

El proceso tendrá que regularse de modo tal que permita su puesta en marcha frente a la afirmación
(que deberá estar razonablemente fundada) de que se ha cometido un delito; y que en su desarrollo
los órganos de la acusación puedan demostrar su existencia, sus circunstancias penalmente
relevantes, las relacionadas con la fijación de la pena, y lograr la individualización de los partícipes,
todo para lograr la condena de los culpables.

Es decir, el derecho procesal debe permitir que la actividad de persecución penal se desenvuelva
hasta lograr el dictado de una sentencia definitiva, en la cual se decida si existe en el caso concreto la
posibilidad de sancionar a un culpable, garantizando, en caso afirmativo, que la pena pueda ser
cumplida efectivamente.

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Y hay que enfatizar que, en virtud de su carácter reglamentario de las garantías constitucionales, el
derecho procesal operará como un condicionador de los modos para procurar y lograr la satisfacción
de la pretensión represiva del Estado.

Pero también hay limitaciones que, por imperio de la Constitución, el derecho penal le impone al
derecho procesal. De esta perspectiva, el derecho penal condiciona al procesal estableciendo el
requisito mínimo para la iniciación y subsistencia del proceso penal: éste sólo podrá iniciarse y
desarrollarse fundado en la posible comisión de un hecho delictivo, definido como tal por la ley antes
de su acaecimiento, y siempre que se encuentre vigente (que no se haya extinguido) la posibilidad de
perseguirlo.

Es decir, ni la autoridad pública encargada de la persecución penal (policías y fiscales) ni la encargada


de juzgar y aplicar la pena (los jueces) podrán ejercer sus poderes sin invocar razonablemente, como
sustento de su ejercicio, una posible infracción a la ley penal (es la proyección procesal del principio
de legalidad penal).

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CAPITULO 02
EL PROCESO PENAL

1.- CONCEPTO

Puede conceptualizarse al proceso penal como una serie gradual, progresiva y concatenada de actos
disciplinados en abstracto por el derecho procesal, y cumplidos por órganos públicos y por
particulares obligados o autorizados a intervenir, mediante el cual se procura investigar la verdad
sobre la acusación de un delito y actuar concretamente la ley penal sustantiva.

Se alude a serie gradual, progresiva y concatenada de actos, vale decir, a una serie de actos que
están enlazados unos con otros, hasta el punto de que los primeros son el presupuesto formal de los
siguientes (por ejemplo, la declaración del imputado es un presupuesto del procesamiento; éste lo es
con respecto a la elevación a juicio; la acusación es presupuesto del juicio; el debate lo es de la
sentencia).Esta serie de actos no quedan al arbitrio del Tribunal o de los otros sujetos actuantes, sino
que están disciplinados singular y colectivamente por el Derecho Procesal: éste prescribe las formas
que se deben observar en la ejecución de cada uno de ellos, y el orden de proceder, o sea, una
especie de programa o método de actuación.De esto resulta que salvo vicios o defectos sustanciales
–amenazados con sanciones procesales-, el procedimiento no puede retrotraerse a una fase anterior.
Una preclusión automática lo impide.

La mención de órganos públicos predispuestos por el derecho (constitucional y procesal), enfatiza la


posición activa que el Estado asume en materia penal, distinta de la pasiva que ocupa en el orden
civil. Ante un hecho aparentemente delictuoso, el Estado reacciona de oficio, por propia iniciativa, sin
esperar reclamo alguno de los particulares ofendidos por el delito, salvo casos excepcionales.

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La Constitución legitima el poder del Estado de aplicar penas a los ciudadanos al autorizar al
Congreso Nacional el dictado del Código Penal (art. 75 inc. 12), el que definirá en abstracto las
hipótesis en que se podrá penar y con qué alcances. Pero el sistema constitucional (art. 18, 75 incs.
12 y 22, CN) también establece, como límites al ejercicio concreto de aquel poder y en garantía de los
ciudadanos, quién lo aplicará y cómo debe hacerse para aplicarlo.

Respecto qué autoridad pública debe decidir sobre la legitimidad de la aplicación del derecho penal
en un caso concreto, se deja claramente establecido que es el Poder Judicial, a través de los
"tribunales" (art. 75 inc.12, CN) competentes, independientes e imparciales (v. gr, C.A.D.H. art. 8.1),
provinciales o nacionales, según las cosas o las personas caigan bajo sus respectivas jurisdicciones
(art. 75 inc. 12, CN), excluyendo expresamente al Poder Ejecutivo del ejercicio de funciones judiciales
(art. 109, CN), e implícitamente al Poder Legislativo (art. 60 in fine, CN). Queda así claro, que la
coerción propia del derecho penal sólo es jurisdiccionalmente aplicable (es decir, por decisión de los
tribunales).

El art. 18, CN establece que para la imposición de una pena por la comisión del delito, antes debe
sustanciarse un juicio: "Nadie podrá ser penado sin juicio previo". Esto importa la consagración del
proceso (tal la acepción más amplia que tiene la voz juicio) como instrumento inevitable y no
sustituible por ningún otro (ni público ni privado) para la aplicación de una sanción penal a una
persona, en cualquier caso y en todos los casos (nadie significa: ninguna persona).

2.- GARANTÍAS EN EL PROCESO PENAL

Las garantías procuran asegurar que ninguna persona pueda ser privada de defender su derecho
vulnerado (por el delito) y reclamar su reparación (incluso penal, lo que es incuestionable en casos de
acción penal privada, mientras avanza la idea para el caso de la acción pública) ante los tribunales de
justicia.

Asimismo, las garantías procuran asegurar que ninguna persona pueda ser sometida por el Estado, y
en especial por los tribunales, a un procedimiento ni a una pena arbitraria (“acto o proceder
contrario a la justicia, la razón o las leyes, dictado sólo por la voluntad o el capricho”) en lo fáctico o
en lo jurídico, tanto porque el Estado no probó fehacientemente su participación en un hecho
definido (antes de su acaecimiento) por la ley como delito, como también porque no se respetaron
los límites impuestos por el sistema constitucional a la actividad estatal destinada a comprobarla y a
aplicar la sanción.

O sea que, en el proceso penal, las garantías se relacionan con quien ha resultado víctima de la
comisión de un delito, a quien se considera con derecho a la “tutela judicial” del interés (o derecho)
que ha sido lesionado por el hecho criminal, y, por lo tanto, con derecho a reclamarla ante los
tribunales penales, actuando como acusador, aun exclusivo. También se erigen como resguardo de
los derechos del acusado, no sólo frente a posibles resultados penales arbitrarios, sino también
respecto del uso de medios arbitrarios para llegar a imponer una pena.

Luego de la incorporación a la Constitución Nacional de los principales tratados sobre derechos


humanos, y de situarlos a su mismo nivel (art. 75 inc. 22, CN), puede hablarse de un nuevo “sistema
constitucional” integrado por disposiciones de igual jerarquía "que abreva en dos fuentes: la nacional

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y la internacional". Sus normas, "no se anulan entre sí ni se neutralizan entre sí, sino que se
retroalimentan" formando un plexo axiológico y jurídico de máxima jerarquía (Bidart Campos), al que
tendrá que subordinarse toda la legislación sustancial o procesal secundaria, que deberá ser dictada
"en su consecuencia" (art. 31, CN). Además, la paridad de nivel jurídico entre la Constitución Nacional
y esa normativa supranacional, obliga a los jueces a "no omitir" las disposiciones contenidas en esta
última "como fuente de sus decisiones", es decir, a sentenciar también “en su consecuencia”.

Este sistema constitucional diseña un esquema de garantías para los derechos que reconoce, las que
se proyectan sobre el proceso penal.

Todo esto forma un verdadero “bloque de legalidad” de máximo nivel jurídico que debe presidir la
formulación de las normas procesales penales y, sobre todo, su interpretación y aplicación prácticas.

Estas garantías son de naturaleza jurídicopolítica, pues surgen de las leyes fundamentales, imponen
obligaciones a cargo del Estado y establecen límites a su poder.

Si bien los derechos que las garantías tutelan no son absolutos, pues están "limitados por los
derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bienestar general y
del desenvolvimiento democrático", las restricciones que con tales propósitos establezcan las leyes
que reglamenten su ejercicio por razones de interés general, deberán guardar directa relación con las
razones que las autorizan y no podrán alterarlos en su esencia (art. 28, CN).

Y aun cuando se funden en una ley, las restricciones podrán considerarse arbitrarias si fueren
incompatibles con el respeto de los derechos fundamentales del individuo por ser, entre otras cosas,
irrazonables, imprevisibles, o faltas de proporcionalidad. En otras palabras, la restricción arbitraria a
los derechos humanos es aquella que, aun amparándose en la ley, no se ajusta a los valores que
informan y dan contenido sustancial al Estado de Derecho”.

Las garantías se proyectan bilateralmente en el área de la procuración y administración de la justicia


penal, expresándose en salvaguardas que pueden ser, o comunes para las víctimas del delito que
reclaman justicia y para aquellos a quienes se les atribuye la comisión, o específicas para cada uno de
ellos.

A.- CLASES DE GARANTÍAS.

La normativa supranacional incorporada a la Constitución por el art. 75, inc. 22, hace expresas,
ratifica y amplía los alcances de muchas de las garantías acordadas exclusivamente al acusado, que
antes ya estaban contenidas o se deducían (garantías implícitas o no enumeradas) de la Constitución
Nacional.

Aunque tradicionalmente se la ha distinguido entre garantías penales y garantías procesales, desde


aquella nueva perspectiva se acrecienta la tendencia a considerarlas como un todo, agrupadas por su
común finalidad de limitar el poder penal del Estado. Es que ambas clases funcionan como directivas
o prohibiciones hacia el Estado, indicándole cuándo y cómo podrá condenar a una persona a cumplir
una pena, y cuándo y cómo no podrá.

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Pero hay que destacar que como el derecho penal vive y se encarna en su actuación judicial, todas
estas garantías procesales se combinan con las penales, influyéndose recíprocamente y
estableciendo unas los alcances y contenidos de otras, para el más pleno efecto garantizador de cada
una y del conjunto.

B.- GARANTÍAS PENALES

Estas garantías se utilizan en la conocida máxima "nullum crimen nullapoena sine


proevialegepoenali", expresamente receptado en nuestro sistema Constitucional (Art. 18).

Los principios de reserva y legalidad penal (nullum crimen sine proevialege) se proyectan sobre la
persecución penal, condicionando su iniciación y subsistencia a que se plantee la hipótesis de un
hecho que, al momento de su presunta comisión, se encuentre caracterizado como delictivo por la
ley sustantiva.

Funcionan así como una garantía, no ya frente al "momento final" de imposición de la pena en la
sentencia, sino al inicio de la persecución penal, y durante su desenvolvimiento posterior,
erigiéndose en obstáculos insalvables respecto a cualquier investigación sobre una persona que no
esté fundada en la supuesta infracción a una norma penal.

Quedará así también delimitada la órbita de la actuación investigativa y la actividad probatoria de los
intervinientes, que no sólo no podrá versar sobre hechos que no sean delictivos, sino que además
deberá circunscribirse sólo a éstos y a sus circunstancias jurídicamente relevantes: transponer tales
límites con la investigación estatal, comprometerá la zona de libertad del investigado, preservada por
el art. 19, CN

Consecuentemente, los actos de iniciación del proceso deberán señalar expresamente cuál es el
delito que se incrimina, es decir el encuadramiento del hecho atribuido en una figura penal
determinada.

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El sometimiento formal de una persona al proceso (que puede incluso determinar medidas de
coerción en su contra) tendrá requisitos añadidos. Será necesario, no sólo la posibilidad de encuadrar
la conducta en una figura penal, sino además que pueda pensarse, fundadamente, que su
participación en el hecho típico es también antijurídica, culpable y punible.

Complementariamente, deberá garantizarse que si luego de iniciada la actividad procesal se advierte


que el hecho no existió, o no fue cometido por el imputado, o no es punible por no encuadrar en una
figura penal, o por existir causas de justificación, inculpabilidad, inimputabilidad o excusas
absolutorias, habrá que cerrar (hacer cesar) el proceso a favor de aquél en forma definitiva e
irrevocable mediante el dictado del sobreseimiento, haciendo cesar las medidas de coerción que
pudieran habérsele impuesto.

Y si en la etapa del juicio, al momento de dictar la sentencia posterior al debate, la responsabilidad


del acusado por la comisión del delito que se le imputa, no se encontrase plenamente acreditada en
todos sus aspectos (tipicidad, antijuricidad, culpabilidad, punibilidad), se deberá absolver libremente
("in dubbio pro reo").

C.- GARANTÍAS PROCESALES

El sujeto a quien se le atribuye participación en un hecho delictivo, es decir, el imputado, es


reconocido por el sistema constitucional como titular de derechos que emanan de su condición de
persona humana, la que se valoriza en su dignidad. De allí que se le reconozcan derechos como tal y
se los proteja aun durante el proceso penal. Pero el sistema constitucional le confiere además otros
derechos y garantías (mínimas) especiales en virtud de su específica condición de penalmente
perseguido, procurando asegurarle un "juicio justo".

Esta concepción debe tener como reflejo una firme actitud de todos los poderes del Estado en el
marco de sus respectivas competencias, tendiente a evitar cualquier afectación a los derechos del
imputado que no pueden ser restringidos bajo ningún concepto (v. gr., la integridad física) durante el
curso del proceso, y a minimizar la restricción de aquellos que sí puedan verse limitados por razones
procesales, a la medida de lo estrictamente imprescindible, limitaciones que siempre serán de
aplicación e interpretación restrictiva.

Si bien la hipótesis fundada de que una persona pudo haber participado en un delito, autoriza la
iniciación de la persecución penal en su contra, esto no implica que con motivo de la iniciación o
durante el desarrollo de esta actividad estatal, aquella persona no conserve el ejercicio de todos sus
atributos y derechos. Aunque las necesidades del proceso penal pueden implicar la restricción de
algunos, esta posibilidad deberá restringirse a lo estrictamente indispensable para satisfacer aquéllas
razonablemente.

Por su bilateralidad, las garantías se relacionan también con quien ha resultado víctima de la
comisión de un delito, a quien se considera con derecho a la “tutela judicial” del interés (o derecho)
que ha sido lesionado por el hecho criminal, y, por lo tanto, con derecho a reclamarla ante los
tribunales penales.

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C.- IGUALDAD ANTE LOS TRIBUNALES.

Derivado de la dignidad personal y como corolario del principio de igualdad ante la ley, todas las
personas son iguales ante los tribunales y las cortes de justicia.

Ello requiere que se acuerde tanto a la víctima que reclama investigación y juicio, como al imputado,
durante el proceso penal, un trato que será igual, cualquiera sea su condición personal: no puede
haber ni privilegios ("ley privada") ni discriminación de ninguna naturaleza, ni por ninguna razón, ni
durante el proceso, ni en la decisión final.

A la vez, cualquiera que sea el sentido que ésta adopte, deberá ser equitativa e imparcial y fundarse
solamente en la prueba y en la ley. Esto exige que no se hagan (ni en la ley ni en la práctica)
excepciones personales respecto a la formación o a la prosecución de las causas penales, ni a la
posibilidad de intervenir en ellas, ni a su radicación ante los tribunales; ni que se impulsen procesos
por motivos exclusivamente personales, derivados sólo de quien es la persona que los impulsa, o
quien es la persona contra quien se promueven.

Tampoco podrá admitirse un tratamiento diferencial (ni mejor ni peor) de las víctimas que reclaman
penalmente, ni de los imputados, por razones económicas, sociales, religiosas, políticas o culturales,
etc.

D.- LA RESERVA DE LA INTIMIDAD.

El derecho a la intimidad, en sus diferentes expresiones, es otro de los reconocidos por el sistema
constitucional, porque emana de la dignidad personal del imputado. Protege todo aspecto de la vida
privada de un individuo que éste quiera preservar del conocimiento e intrusión de los demás. Si bien
puede verse restringido por el desarrollo del proceso penal, ello sólo podrá ocurrir bajo ciertas
condiciones que aquella legislación superior autoriza. Los datos obtenidos en violación de esta
garantía no podrán ser utilizados como prueba.

E.- EL ESTADO DE INOCENCIA

Por respeto a su dignidad personal, al imputado se le reconoce durante la sustanciación del proceso,
un estado jurídico de no culpabilidad respecto del delito que se le atribuye (que también se
denomina principio de inocencia o derecho a la presunción de inocencia) que no tendrá que acreditar
(aunque tiene derecho a ello), como tampoco tendrá que hacerlo con las circunstancias eximentes o
atenuantes de su responsabilidad penal que pueda invocar.

Puede formularse diciendo que todo acusado es inocente mientras no se establezca legalmente su
culpabilidad, lo que ocurrirá cuando "se pruebe" que "es culpable", en las condiciones de garantías
que se establecen en el sistema constitucional y en el Código Procesal Penal (art. 1).

Ello significa, que no se lo podrá penar como culpable (ni tratarlo como tal durante el proceso penal)
a quien no se le haya probado previamente su culpabilidad en una sentencia firme dictada luego de
un proceso regular y legal; que esa prueba deben realizarla los órganos encargados de la
preparación, formulación y sostenimiento de la acusación; que el imputado no tiene –ni, por lo tanto,

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se le puede imponer– la obligación de probar su inocencia; y que si la acusación no se prueba
fehacientemente por obra del Estado, el acusado debe ser absuelto.

Pero el principio de inocencia no es incompatible con las presunciones judiciales de culpabilidad que
se exigen para el avance del proceso penal con sentido incriminador, en la medida en que aquéllas no
se quieran utilizar para la imposición de sanciones anticipadas disfrazadas de coerción procesal.
Tampoco tiene ninguna connotación ética, pues sólo consiste en una situación jurídica de no
culpabilidad que el orden jurídico estatuye a favor de quien es imputado de un delito y en relación a
ese delito, hasta que se pruebe lo contrario.

La prueba de la culpabilidad del acusado (lo contrario de la inocencia) será responsabilidad, en caso
de delitos de acción pública, de los órganos estatales encargados de la persecución penal (policía,
Ministerio Público Fiscal), no de los jueces (aunque a veces también se incluye incorrectamente a
éstos. La responsabilidad probatoria conducente a la determinación de la responsabilidad del
inculpado, corresponde al Ministerio Público, pues corresponde "a la acusación la demostración de la
posición que haga procedente la aplicación de la sanción punitiva". Es que "al estar la inocencia
asistida por el postulado de su presunción hasta prueba en contrario, esa prueba en contrario debe
aportarla quien niega aquélla, formulando la acusación".

Ello no excluye, por cierto, el derecho del imputado a acreditar su inocencia mediante la introducción
de pruebas de descargo, ni tampoco autoriza a los órganos públicos a pasarlas por alto, ni mucho
menos a ocultarlas, como tampoco a investigar sin objetividad, o sólo según el sentido de sus
sospechas.

La prueba que aporten los acusadores, deberá versar sobre los hechos de la imputación, es decir,
sobre la conducta atribuida (acción u omisión), el elemento subjetivo (dolo o culpa) desde que no hay
responsabilidad penal objetiva, y sobre ciertas condiciones personales del imputado relevantes para
la calificación legal o la individualización de la pena. También tendrán que probar la inexistencia de
las circunstancias eximentes o atenuantes de la responsabilidad penal, invocadas por éste.

El juicio de culpabilidad deberá ser inducido de datos probatorios objetivos, nunca deducido de
presunciones que se pretendan inferir de la negativa expresa del imputado a colaborar con el
proceso, ni de su silencio, ni de explicaciones insuficientes o mentirosas, o de otras situaciones
similares. Es por esto, que el principio de inocencia será vulnerado tanto por una sentencia
condenatoria dictada sin la evidente y probada concurrencia de los extremos objetivos y subjetivos
de la imputación.

Sólo la convicción firme (certeza) y fundada (por inducción) en pruebas de cargo legalmente
obtenidas sobre la existencia del delito y la culpabilidad del acusado, permitirá que se aplique la pena
prevista, pues sólo así habrá quedado destruido el principio de inocencia. Tal destrucción no podrá,
por lo tanto, derivar de ficciones de culpabilidad ni de puros actos de voluntad, ni de simples
impresiones de los jueces, ni de sus "sentimientos personales", o "convicciones íntimas".

Podría afirmarse, sin exageración, que la condena sólo será legítima cuando las pruebas la hagan
inevitable. En otras palabras, cuando no haya más remedio.

Por cierto, que para condenar no será suficiente que los órganos de la persecución penal hayan
hecho el máximo de los esfuerzos para procurar aquellas pruebas de cargo, si estos esfuerzos no

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 16


fueron coronados por el éxito y la culpabilidad no pudo ser acreditada. En este caso el imputado
deberá ser absuelto: in dubio pro reo. Complementariamente, se establece que éste no podrá ser
nuevamente perseguido por ese delito: non bis in ídem. La sentencia absolutoria aunque obedezca a
la falta de certeza de culpabilidad, tendrá efecto de cosa juzgada, y no podrá ser revisada en el
futuro, aun cuando pudieran aparecer nuevas pruebas.

O sea, que "inculpabilidad probada" y "culpabilidad no probada" son situaciones jurídicamente


equivalentes a los fines de una absolución: en ambos casos se habrá absuelto a un inocente.

El principio de inocencia tiene varias derivaciones y repercusiones. Pero la principal, que es su


verdadera contracara, es el principio in dubio pro reo.

In dubio pro reo.

Por duda se entiende genéricamente la imposibilidad de llegar a la certeza (positiva o negativa): pero
esta imposibilidad tiene diferentes grados.

Stricto sensu, habrá duda cuando coexistan motivos para afirmar y motivos para negar, pero
equilibrados entre sí. Si los motivos para afirmar prevalecen, habrá probabilidad (positiva), la que si
bien se acerca a la certeza positiva, no la alcanza en virtud de la vigencia no superada de los motivos
para negar. En cambio, si son éstos los que prevalecen, habrá improbabilidad, la que se acerca a la
certeza negativa, pero no llega a ella en razón de la existencia, insuperable, de algún motivo para
afirmar. En estos últimos dos casos, la imposibilidad de arribar a la certeza permitirá incluir la
probabilidad y la improbabilidad en el concepto amplio de duda.

La duda –para ser beneficiosa– debe recaer sobre aspectos fácticos (físicos o psíquicos) relacionados
a la imputación. Se referirá especialmente a la materialidad del delito, a sus circunstancias
jurídicamente relevantes, a la participación culpable del imputado y a la existencia de causas de
justificación, inculpabilidad, inimputabilidad o excusas absolutorias que pudieran haberse planteado.

La influencia del principio "in dubio pro reo" se extiende, con distintos pero progresivos alcances,
durante todo el curso del proceso penal, y mientras más adelantado se halle éste, mayor será el
efecto beneficiante de la duda. Pero la máxima eficacia de la duda se mostrará en oportunidad de
elaborarse la sentencia definitiva, posterior al debate oral y público, pues sólo la certeza positiva de
la culpabilidad permitirá condenar al imputado. La improbabilidad, la duda stricto sensu y aun la
probabilidad (positiva) determinarán su absolución. Es en este momento donde impera con total
amplitud el principio in dubio pro reo, pues atrapa la totalidad de las hipótesis posibles de duda
como estados intelectuales excluyentes de la certeza.

Medidas de coerción procesal

El principio de inocencia que asiste al imputado durante el proceso impide la afectación de


cualquiera de sus derechos, incluso –y en especial– el de su libertad ambulatoria a título de pena
anticipada por el delito que se le atribuye, antes de que adquiera firmeza (por no haber sido
recurrida, o si lo fue, haber sido confirmada) una sentencia condenatoria en su contra.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 17


Naturaleza cautelar

Por tal motivo, la privación de libertad durante el proceso sólo encontrará excepcional legitimación
en cuanto medida cautelar, cuando existiendo suficientes pruebas de culpabilidad (que muestren
como probable la imposición de una condena cuyo justo dictado se quiere cautelar), ella sea
imprescindible (máxima necesidad) y por tanto no sustituible por ninguna otra de similar eficacia
pero menos severa-, para neutralizar el peligro grave (por lo serio y por lo probable) de que el
imputado abuse de su libertad para intentar obstaculizar la investigación, impedir con su fuga la
sustanciación completa del proceso (no hay entre nosotros juicio en rebeldía), o eludir el
cumplimiento de la pena que se le pueda imponer.

Para mantener su naturaleza puramente cautelar, el encarcelamiento procesal sólo puede durar un
cierto tiempo: el imprescindible para tramitar y concluir el proceso en el que se le ha dispuesto, bajo
el único argumento y con el único propósito de proteger sus fines. Más allá deberá cesar, aun cuando
la sentencia que procura cautelar no se haya dictado en ese lapso. Tanto la imposición
procesalmente innecesaria del encarcelamiento, como su prolongación más allá de lo razonable, lo
desnaturalizarán transformándolo en una ilegal pena anticipada, contraria al principio de inocencia.

Buen nombre y honor.

El principio de inocencia requiere que los órganos públicos no ocasionen esta vulneración, ni la
favorezcan. Para ello, será preciso que las leyes y las prácticas judiciales procuren restringir al
mínimo la posibilidad de que la reputación del imputado sea afectada más allá de lo que resulte
consecuencia inevitable de actos o decisiones adoptadas para el logro de los fines del proceso.

El requisito mínimo que debe respetarse, en este sentido, será el de preservar a las personas de
arbitrarios sometimientos a proceso, estableciendo determinadas exigencias que lo tornen
razonable, relacionadas fundamentalmente con la concurrencia de cierto caudal de pruebas de
culpabilidad.

Además, habrá que evitar la privación de su libertad si ella no es absolutamente indispensable pues,
en la realidad, nada afecta más la reputación de una persona que la privación de su libertad durante
el proceso. Cuando el encarcelamiento preventivo sea imprescindible, deberá practicarse del modo
que perjudique lo menos posible la reputación del afectado, evitando innecesarias severidades o
procedimientos espectaculares, y debe hacerse efectivo en establecimientos diferentes al de los
penados.

Revisión de la sentencia firme

Existe generalizada aceptación del derecho de quien considere que ha sido injustamente condenado
en un proceso penal, porque la convicción sobre su culpabilidad no fue obtenida del modo que exige
la normativa correspondiente, a intentar que se revise la sentencia en su favor, aun cuando se
encuentre firme. Parecería que en este caso, el principio de inocencia tuviese una eficacia ultraactiva.

La autoridad de cosa juzgada deberá ceder cuando haya sido lograda a consecuencia de un error
judicial, determinado por falsas pruebas o por prevaricato, cohecho, violencia u otra maquinación

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 18


fraudulenta, o si nuevas pruebas, solas o unidas a las ya examinadas hagan evidente que el hecho no
existió o que el condenado no lo cometió (o encuadra en una norma penal más favorable), o cuando
los hechos que determinaron la condena fueran inconciliables con los fijados por otra sentencia
penal.

Principio de inocencia y derecho de defensa.

El principio de inocencia se relaciona íntimamente con el derecho de defensa, pues proporciona a


éste su verdadero sentido. Si aquél no existiera, o existiera uno contrario (presunción de
culpabilidad) podría también existir derecho a la defensa, sólo que en este supuesto, la defensa
consistiría en garantizarle al imputado la "oportunidad de probar su inocencia" (concepto de mucha
difusión en la opinión vulgar), con la consecuencia de que si así no lo lograra, la condena sería poco
menos que inevitable.

Pero si a aquel sujeto se le reconoce un estado jurídico de inocencia, que no debe probar, sino que
debe ser destruido por la prueba de cargo aportada por los órganos de persecución penal del Estado,
el sentido de su defensa será otro: controlar el modo en que se pretende probar su culpabilidad, o
intentar acreditar, si quiere, su inocencia.

En ambos casos la defensa será resistencia frente a la pretensión penal: pero sólo en el primero
podrá ser eficaz siendo pasiva.

Prohibición de obligar a declarar y a actuar contra sí mismo.

Si durante el proceso el imputado goza de un estado jurídico de inocencia y nada debe probar, es
obvio que nadie puede intentar obligarlo a colaborar con la investigación del delito que se le
atribuye.

Por eso es que se establece que aquél no podrá ser inducido, engañado, constreñido o violentado a
declarar ni a producir pruebas en contra de su voluntad, pues el sistema constitucional así se lo
garantiza. Ello implica la exclusión de la coacción directa y también la "inherente" a ciertas
condiciones o circunstancias. Consecuentemente, la declaración del imputado debe ser considerada
un medio para su defensa y no un medio de prueba.

Además de prohibirse obligar al imputado a declarar contra sí mismo (art. 18, CN), se proscribe
igualmente imponerle su intervención activa como órgano de prueba (v. gr., en una reconstrucción
del hecho, en un careo, etc.).

De ello se sigue, naturalmente, que no se podrá utilizar como presunción de culpabilidad en su


contra (ni como circunstancias agravantes para la individualización de la pena que se le pudiere
imponer, art. 41, CP), que el imputado se abstenga de declarar, o que al hacerlo mienta, o el modo
en que ejerza su defensa, o que se niegue a actuar como órgano de prueba; tampoco lo dicho o
hecho por aquél en cualquier acto practicado con violación de tales reglas. Sólo cuando el imputado
actúe como objeto de prueba (lo que no significa que sea objeto del proceso) podrá ser obligado a
participar en el respectivo acto procesal (v. gr., en una inspección de su cuerpo).

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 19


F.- JUEZ NATURAL

El principio consiste en que nadie será juzgado (en ninguna instancia) por jueces o tribunales creados
o designados para intervenir especialmente en la investigación o juzgamiento del delito que se le
imputa o respecto de su persona en particular, después de que la presunta infracción haya sido
cometida; prohíbe así los tribunales ex post facto, designados especialmente para el caso (ad hoc).

La Constitución Nacional establece que nadie puede ser juzgado por comisiones especiales ni sacado
de los “jueces” designados por la ley antes del hecho de la causa (art. 18 CN). La legislación
internacional incorporada a nivel constitucional (art. 75 inc. 22 CN) coincide en general con el
derecho a ser "juzgado" por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido
con anterioridad por la ley.

Al establecer que los individuos deben ser "juzgados" por "jueces", se deja claramente establecido
que sólo tienen "jurisdicción" para llevar adelante el "juicio previo" y aplicar el Código Penal, los
tribunales federales o provinciales que integran el Poder Judicial (art. 75 inc. 12, CN). Esto resulta
coherente con la prohibición dirigida al Poder Ejecutivo de ejercer "funciones judiciales" (art. 109,
CN) y la precisa delimitación del único motivo por el que autoriza el Poder Legislativo la
consideración de delitos: el análisis de su incidencia sobre la responsabilidad política de altos
funcionarios públicos para removerlos de sus cargos (arts. 53 y 59, CN), a fin de que puedan quedar
luego sujetos a "acusación, juicio y castigo, conforme a las leyes, ante los tribunales ordinarios" (arts.
60 y 115, CN). Entonces, si no se tratara de un juez o tribunal del Poder Judicial, cualquier autoridad
que pretenda "ejercer funciones judiciales", configurará una "comisión especial" prohibida por el art.
18 de la Constitución.

Son tribunales del Poder Judicial los jurados previstos por los arts. 118 y concordantes de la
Constitución Nacional.

Pero no cualquier tribunal judicial dará satisfacción al principio de juez natural. Para lograrlo deberá
además haber sido creado por una ley, dictada antes del hecho de la causa, de modo que su
capacidad para entender en ese caso, derive del hecho de que ese caso es uno de los que, de modo
general y abstracto, esa ley dispone que deba ser juzgado por ese tribunal.

G.- LA IMPARCIALIDAD DEL TRIBUNAL

Si bien la imparcialidad del tribunal siempre fue considerada una garantía implícita (sin ella de poco –
o nada– servirían todas las otras), los tratados internacionales incorporados a la Constitución
Nacional a su mismo nivel (art. 75 inc. 22, CN) le han dado carácter expreso.

La “independencia” está actualmente expresada en el art. 114 inc. 6 de la Constitución Nacional.

La formulación de la normativa supranacional deja en claro que la garantía de imparcialidad es de


carácter bilateral, pues no sólo ampara al acusado penalmente, sino que también alcanza a cualquier
persona que procure una determinación judicial sobre sus derechos, de cualquier carácter que sean,
expresión que abarca sin duda, el derecho de la víctima a intentar y lograr –si corresponde– la
condena de los responsables del delito (derecho reconocido por los órganos supranacionales de
protección de los derechos humanos).

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 20


La imparcialidad es la condición de "tercero desinteresado" (independiente; neutral) del juzgador, es
decir, la de no ser parte, ni tener prejuicios a favor o en contra, ni estar involucrado con los intereses
del acusador ni del acusado, ni comprometido con sus posiciones, ni vinculado personalmente con
éstos; y la actitud de mantener durante todo el proceso la misma distancia de la hipótesis acusatoria
que de la hipótesis defensiva (sin colaborar con ninguna) hasta el momento de elaborar la sentencia.

Por cierto que la imparcialidad así entendida supone la independencia del Tribunal respecto de
cualquier tipo de poder o presión político o social, que impida o esterilice cualquier influencia que
intente desequilibrar "desde afuera" alguno de aquellos platillos. Debe tener plena libertad para
decidir el caso, estando sometido sólo a la ley y a la prueba, o la falta o insuficiencia de ella, de la que
"depende" (el adverbio “sólo” es la clave de interpretación correcta de la independencia).

H.- JUICIO PREVIO

El sistema Constitucional no sólo establece quién puede aplicar la pena (el juez del Poder Judicial,
“natural” e imparcial), sino que estatuye también el “cómo”: "nadie podrá ser penado sin juicio
previo fundado en ley anterior al hecho del proceso" reza el art. 18 de la Constitución Nacional, lo
que importa la consagración del proceso como condición ineludible para la realización del derecho
penal.

La garantía del "Juicio previo" significa, no sólo que él debe preceder inevitablemente a la pena, sino
que –además– no puede imponerse una pena por fuera del juicio, ni el proceso puede ser ocasión ni
pretexto para una indebida restricción de los derechos que al imputado se le reconocen como
inherentes a su dignidad humana (v. gr., intimidad), ni configurar una pena en sí mismo, sea por la
utilización de la prisión preventiva como sanción anticipada, sea por repercusión social
estigmatizante, etc.

I.- NON BIS IN ÍDEM.

Nuestro sistema constitucional recepta el principio non bis in ídem: ninguna persona puede ser
perseguida penalmente (y por cierto, tampoco juzgada) más de una vez en forma sucesiva, ni tener
contemporáneamente pendiente más de una persecución penal con relación al mismo hecho
delictivo.

Este límite al poder penal del Estado consiste, entonces, en que su ejercicio en un caso concreto se
puede procurar sólo una vez. Se lo ha fundamentado diciendo que el principio tiende a “preservar la
estabilidad del orden jurídico”, o resulta una “derivación necesaria de la presunción de verdad de la
cosa juzgada”, o así lo exige la “seguridad jurídica de quien ya fue objeto de la persecución penal del
Estado”.

El non bis in ídem significa que nadie puede ser condenado por el mismo hecho delictivo por el que
anteriormente fue sobreseído o absuelto, ni tampoco ver agravada, por una nueva condena, otra
anteriormente impuesta por su comisión; y ni siquiera ser expuesto al riesgo de que cualquiera de
estas hipótesis ocurra mediante una nueva persecución penal.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 21


Pero no sólo abarca la prohibición de una múltiple persecución sucesiva, sino también la de una
simultánea a una misma persona, por el mismo hecho, tal como ocurriría si se sustancia más de un
proceso ante órganos judiciales diferentes por la misma hipótesis fáctica.

Con las palabras persecución penal se comprende toda actividad oficial (policial, fiscal, e incluso
jurisdiccional –que no puede ser propiamente tal–) o privada (querella) tendiente a atribuir a una
persona participación en un hecho delictivo. Para que pueda hablarse de segunda persecución, será
necesario que la primera se esté desarrollando, o haya concluido por sobreseimiento o sentencia
(condenatoria o absolutoria). Aquélla no será tal, a los efectos del non bis in ídem, si el primer
intento persecutorio no logró abrir un proceso, como ocurriría en caso de desestimación de la
denuncia o archivo del sumario de prevención policial, por entenderse que el hecho en ellos
contenido carecía de tipicidad penal .Pero si el proceso iniciado se viera paralizado por la existencia
de algún obstáculo removible a la persecución penal (v. gr., privilegio del imputado que es juez) tan
pronto éste quede removido (v. gr., por renuncia, destitución, etc) la persecución podrá reanudarse,
pues se tratará de la misma que prosigue (porque no concluyó definitivamente), no de una nueva.

J.- EL DERECHO DE DEFENSA.

El derecho de defensa es otro de aquellos cuyo reconocimiento es unánime en el sistema


Constitucional vigente.

Importa, lato sensu, la posibilidad de cualquier persona de acceder a los tribunales de justicia para
reclamar el reconocimiento y protección, aun penal, de un derecho y demostrar el fundamento del
reclamo, así como el de argumentar y demostrar la falta total o parcial de fundamento de lo
reclamado en su contra. Dicho más específicamente, se trata de la posibilidad reconocida a los
sujetos privados del proceso, de demostrar el fundamento de la pretensión que ejercitan o la falta
total o parcial de fundamento de la ejercitada en su contra.

Es una garantía “bilateral”, común para la víctima y el acusado, que implica las garantías de “igualdad
ante los tribunales” y “acceso a la justicia”.

Esta garantía se cristaliza en normas constitucionales como el art. 18 de la Constitución Nacional que
dispone “es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos”, con lo que se deja
claramente establecido, además, que el juicio –es decir, el proceso– es el ámbito previsto para
intentar la defensa de “la persona y de los derechos”, y aquélla abarca la atribución de lograr el
reconocimiento y la protección del “derecho” (individual o social) que se afirme violado, o la
resistencia a la pretensión de restricción de derechos que implica la imposición de una pena.

El derecho de defensa no sólo es una emanación de la dignidad personal del imputado, sino, además,
un requisito indispensable para asegurar (a él y a la sociedad) el desarrollo de un proceso respetuoso
de la escala de valores del Estado de Derecho. Por eso, el sistema procesal debe asegurar todas sus
manifestaciones (la material y la técnica) desde el primer momento de la persecución penal y en cada
una de las etapas procesales. Sólo podrán tolerarse restricciones de origen legal y de carácter
reglamentario y a condición de que no lo afecten en su esencia, porque es un componente
insustituible del juicio previo (proceso) constitucional y un límite infranqueable a la búsqueda de la

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 22


verdad sobre la acusación de un delito, que sólo puede obtenerse legítimamente con el inexcusable
resguardo de la defensa del imputado.

O sea, que el ejercicio válido de la jurisdicción, con el mismo rigor que requiere de la acusación,
requiere de la defensa (porque necesita de ambas para legitimarse): Nemo iudex sine defensione.

3.- UBICACIÓN DEL PROCESO PENAL

Por imperio de la realidad normativa argentina (el Código Penal: sistema Constitucional), el delito
cuya comisión no ha podido prevenirse (es decir, evitarse), por regla general debe ser perseguido por
el Estado (salvo los casos de acción privada), juzgado imparcialmente y, si corresponde, penado en
las condiciones que establece el sistema constitucional y que reglamentan los Códigos Procesales
Penales: todo con igual resguardo de los intereses de la víctima y los derechos del acusado. Como un
segmento de la política criminal del estado, entonces, se ubica el proceso penal.

Es así que frente a la hipótesis de la comisión de un delito, el Estado, a través de sus órganos
persecutorios, impulsa su investigación en procura de verificar la existencia de la infracción que se
presume cometida y lograr el eventual examen posterior de los jueces sobre su punibilidad (actividad
acusatoria o de persecución penal). Superados afirmativamente estos interrogantes a través de un
juicio imparcial en el que se respete la dignidad del acusado y se garantice su defensa, se impone al
culpable una sanción (actividad jurisdiccional).

La actividad acusatoria (de persecución penal) es una función estatal (salvo las contadas excepciones
de acción privada o querella de acción pública) a cargo del Ministerio Público Fiscal, y la de
juzgamiento (y la de penar) es otra función estatal independiente, provocada por aquélla, pero de
naturaleza diferente, a cargo de tribunales imparciales del Poder Judicial (entre los que hay que
incluir también al jurado). Así surge de las normas del sistema Constitucional que les dan origen.

La diferenciación entre acusación, de un lado, y su juzgamiento o examen por un Juez, de otro,


ratifican el modelo de enjuiciamiento de la Constitución, y le agregan, expresamente, un

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 23


componente (implícito en el art. 18, CN): la imparcialidad de quien debe examinar y decidir sobre la
acusación, es decir, del Juez, orientada a la igualdad procesal entre acusador y acusado como
presupuesto de la defensa de éste.

La existencia de la acusación y su separación de la actividad de juzgamiento, es exigida por la


imparcialidad del juez, que es prenda de la igualdad entre acusador y acusado, y está en la base del
derecho de defensa de éste. Puede así decirse que no sólo no es posible penar sin juicio previo sino
que tampoco es posible penar sin acusación previa a ese juicio, y también, por cierto, sin previa
defensa.

El proceso penal debe ser capaz de evitar que la ley penal se aplique de un modo que no corresponda
ni a quien no se lo merece (porque se pudo probar que es inocente, o porque no se logró la
convicción de su culpabilidad fundada en pruebas legítimas), también debe permitir que la acusación
sea eficaz y demuestre, si puede, la existencia del delito, y que la ley penal sea correctamente
actuada respecto del culpable.

4.- LA EXTERIORIZACIÓN DEL PROCESO PENAL

El proceso penal se presenta en la realidad como una secuencia (sucesión ordenada) de actos
cumplidos por funcionarios públicos o simples ciudadanos en procura de permitir el conocimiento
sobre un hecho delictivo que es objeto de una acusación y una decisión jurisdiccional acerca de sus
posibles consecuencias jurídicas.

Esos actos consisten en expresiones de voluntad o conocimiento de aquellos sujetos, a cuya


realización se le acuerda efectos en orden a la iniciación, desarrollo y finalización del proceso: son los
actos procesales que la ley procesal regula en abstracto, predeterminando cuáles son los que se
deben o pueden cumplir, su estructura interna, el tiempo, forma y orden de su realización, quiénes
son los sujetos que los cumplirán a cada uno, sus condiciones de validez y las sanciones por la
inobservancia práctica de tales requisitos.

Se encuentra además un grupo de actos que constituyen una especie de "columna vertebral" del
proceso, que, para cumplir con el modelo constitucional, se encuentran ordenados a semejanza de
una cadena (eslabonados), de modo que cada uno es antecedente del siguiente y consecuente del
anterior, dependiendo la validez de todos de la regularidad de este encadenamiento: v. gr., no puede
haber sentencia sin que haya un juicio anterior; no puede haber juicio sin que exista una acusación
previa; etc.

5.- ETAPAS

El proceso penal, tiene por lo general, diferentes etapas, que si bien todas responden a los fines
últimos de aquél, cada una tiene objetivos propios.

Su desarrollo está programado como un recorrido que, desde un punto de partida que es la
afirmación hipotética de la comisión de un delito, va avanzando hacia un final que es el dictado de
una sentencia que resuelve definitivamente sobre aquélla y sus consecuencias jurídicas, sin que lo

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 24


transitado válidamente pueda serlo de nuevo: la etapa cumplida es etapa superada, y no puede
volverse a ella, salvo el caso de nulidad.

En orden cronológico puede señalarse:

Las etapas esenciales son aquellas que no pueden faltar en un proceso penal por delito de acción
pública para desenvolverse normalmente. La primera etapa es la de la Investigación Penal
Preparatoria (Instrucción). Ésta comienza cuando el Estado toma conocimiento de la comisión de un
delito (noticia criminis).

La segunda etapa tiene como función resolver el conflicto penal respecto al fondo de la cuestión. Es
en la etapa del Juicio en donde se va a dirimir la suerte del imputado. Es donde el Estado va a
determinar si este individuo que viene acusado por un hecho delictivo debe ser condenado (porque
es culpable) o absuelto (porque es inocente).

Las etapas eventuales son aquellas que pueden surgir o no durante el proceso penal, pero que su
ausencia no obstaculiza el desarrollo normal del mismo.

A.- LA INVESTIGACIÓN PENAL PREPARATORIA. INSTRUCCIÓN

Esta etapa comienza cuando el Estado toma conocimiento de la comisión de un delito (noticia
criminis).

La actividad que se desarrolla en la Investigación Penal Preparatoria o Instrucción, tiene como


principal objetivo reunir todos los elementos (pruebas) que sean necesarios para que el fiscal o juez
de instrucción pueda realizar una acusación (si logra reunir los elementos suficientes para sostener la
existencia del hecho delictivo) o para dictar el sobreseimiento (en el caso de que las pruebas
acrediten que el hecho no existió o que no fue cometido por el imputado).

La Investigación Penal Preparatoria se divide en dos momentos:

1. La investigación propiamente dicha: la recolección de las pruebas que el órgano judicial


considera oportunos para acreditar o no la investigación penal.
2. La fase crítica o clausura de la investigación penal preparatoria: cuando el juez o fiscal de
instrucción va a decidir a qué conclusión arriba luego de que ha recolectado todas las
pruebas.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 25


En la práctica es muy difícil separar el momento de la investigación de la fase crítica, por lo que
esta división es dogmática.

Teniendo en cuenta de que se tiene un modelo inquisitivo reformado, la investigación es:

Eminentemente Escrita: Todo lo que se hace en esta etapa debe tener su constancia por
escrito en el expediente. Aunque la declaración de los testigos es oral, sus dichos quedan
materializados en el expediente a través de constancias en actas.

Limitadamente Pública: Solamente van a tener acceso a lo que va ocurriendo en la


Investigación Penal Preparatoria las partes que se hayan constituido legalmente en el
proceso (el Ministerio Público Fiscal, el imputado, el querellante, el actor civil). Frente a
terceros ajenos, es secreto.

Limitadamente Contradictoria: Todas las facultades en materia de prueba las tiene el órgano
que lleva delante la investigación. El Fiscal de Instrucción es quien decide qué prueba buscar
y qué es lo que necesita. El imputado solamente controla. No tiene posibilidad de oponerse a
la prueba que el fiscal estima conveniente y su participación es facultativa (no está obligado a
participar en los actos probatorios). Esto es así porque se considera que es una etapa
provisional, por lo que no es necesario que el acusado participe en todos los actos que se
llevan adelante en esta investigación penal, salvo en el caso de la declaración del imputado
que es obligatoria.

Luego viene la fase crítica. Si se decide elevar la causa a juicio, porque la prueba recolectada es
suficiente para atribuirle al sujeto la comisión del delito, deberán requerir formalmente la elevación
de la causa a juicio. Una vez que queda firme, implica la clausura de la etapa de la Investigación Penal
Preparatoria y da paso a la etapa del juicio.

B.- JUICIO PLENARIO

Esta etapa comienza cuando el órgano instructor solicita la elevación de la causa a juicio. Es esencial:
no puede haber una condena a un imputado si no se ha desarrollado íntegra y formalmente un juicio.
Lo que el Estado va a verificar en esta etapa es el cumplimiento y la acreditación con un grado de
certeza de los extremos de la imputación delictiva.

Solamente la firme convicción de estar en posesión de la verdad, la certeza absoluta, es lo que


legitima que un Estado pueda aplicar una pena a un ciudadano. Por esta razón este es el momento
para que las partes (fiscal e imputado), en un plano de igualdad, discutan los extremos de la
imputación delictiva, esgrimiendo cuáles son sus pretensiones en este proceso. Dentro del juicio hay
tres momentos fundamentales.

Actos Preliminares

Los actos Preliminares tienen como finalidad preparar todas y cada una de las circunstancias que
sean necesarias para que el debate pueda desarrollarse de forma regular.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 26


Lo primero que tiene que hacer el tribunal cuando el órgano acusador ha remitido la causa a juicio es
verificar que no existan nulidades de la Investigación Penal Preparatoria que puedan llevar a
retroceder el proceso, volverlo a etapas anteriores. Se trata de nulidades absolutas, que pueden ser
declaradas de oficio.

Si no existen nulidades, lo que corresponde es, en segundo lugar, constituir el tribunal: informar a las
partes quiénes son los jueces que van a juzgar el caso para darle la posibilidad al imputado o a las
restantes partes de ejercer su derecho a recusación.

En tercer lugar, viene la citación de las partes a estar en juicio y se los invita a ofrecer todas las
pruebas que estimen convenientes para su defensa o para la acreditación de sus pretensiones en el
debate. La mayoría de los códigos procesales limitan la facultad de investigación autónoma del
órgano juzgador de que de oficio pueda producir prueba que no haya sido ofrecida por las partes.
Porque si el juez ofreciera prueba que no aportaron las partes, perdería la imparcialidad al momento
de resolver el caso. El Código Procesal Penal de la Nación aún conserva esas facultades de
investigación autónoma. Además, se deberán plantear todas las cuestiones incidentales que deban
ser resueltas para que el juicio se desarrolle de una manera válida.

Y, por último, los actos preliminares concluyen cuando el tribunal, luego de haber cumplido con
todas las actividades, designa la fecha y hora para la realización de la audiencia del debate.

Debate

El debate es la etapa medular. Es donde se va a discutir si la pretensión del Estado sobre la condena
tiene o no fundamento. El debate se desarrolla en forma oral, pública, continua y contradictoria.

Oral: Todo lo que sucede, toda la prueba, todos los recursos y todos los actos procesales que
tengan que hacerse en el debate, se realizan a viva voz para que todas las partes lo puedan
escuchar. Esto garantiza la inmediación de las partes con los actos procesales y con la
prueba. Si bien la oralidad es la regla, existen ciertas excepciones. Por ejemplo, si uno de los
testigos que declaró durante la Investigación Penal Preparatoria fallece o está enfermo y no
puede concurrir a comparecer, se autoriza a que lo que declaró en ese momento sea
incorporado por su lectura al debate, prescindiéndose de la oralidad.

Pública: Se permite que cualquier persona (aún cuando sea ajena al hecho delictivo) que
tenga interés en asistir a un debate, escuchar a un testigo, ver qué plantean las partes,
escuchar la sentencia pueda estar presenciando el debate (algo que no ocurre en la
Investigación Penal Preparatoria). Las excepciones a la publicidad del debate se dan, por
ejemplo, en los delitos contra la integridad sexual.

Continua: Todas las audiencias del debate en donde se van produciendo la prueba que va a
tener que valorar el juez al momento de dictar una sentencia, deben ser realizadas en
audiencias consecutivas, es decir, que sea un día tras otro. Esto es para garantizar la
inmediación entre la recepción de la prueba y la sentencia. Las audiencias no pueden
interrumpirse, salvo casos excepcionales por un plazo que no supere los 15 días, bajo pena
de nulidad.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 27


Contradictoria: Los intereses de las partes que se juegan en el debate son distintos. Las
partes están en un plano de igualdad.

Luego llega el momento de los Alegatos. Es la parte más importante. Allí las partes deberán emitir sus
conclusiones.

Deliberación y Sentencia

Lo que hace el tribunal es determinar a qué conclusión llega luego de haber escuchado toda la
prueba durante el debate. Esta decisión, luego de la deliberación, culminará en una sentencia. La
sentencia solamente podrá valorar los elementos de prueba que se hayan incorporado al debate.
Para que el Estado pueda aplicar una condena legítima debe arribar a la certeza absoluta respecto a
la culpabilidad del imputado. Si no arriba a esa certeza, tiene dudas: está obligado por imperativo
constitucional a dictar la absolución del imputado.

C.- RECURSOS

Puede haber un proceso penal completo sin que la parte haya interpuesto un recurso. Una vez que
las partes han ejercido esta potestad para pedir un nuevo análisis de una decisión que consideran
injusta, ilegal o agraviante. Cuando se plantea un recurso se abre esta etapa eventual que tiene como
finalidad resolver si este agravio o injuria merece o no ser atendido.

D.- FASE EJECUTIVA

La ejecución de la sentencia se entendía tradicionalmente que se aplicaba solamente cuando había


una sentencia de condena. Si el imputado era declarado culpable, la sentencia debía ejecutarse
estableciéndose cómo y de qué forma iba a cumplir la condena que le correspondía. En la actualidad,
se sostiene que aún en los casos de sentencia absolutoria hay una etapa de ejecución. Por ejemplo: si
se estaba juzgando a un imputado que estaba privado de su libertad y éste resulta absuelto, la
sentencia de absolución debe ser ejecutada poniéndoselo en libertad e informando de tal situación al
Registro de Reincidencia.

6.- SUJETOS

Las leyes procesales y las de organización del M.P. Fiscal y los Tribunales de Justicia, establecen
quiénes son los sujetos (públicos o privados) que deben o pueden intervenir en un proceso penal,
acordándoles en abstracto poderes, derechos y atribuciones, o imponiéndoles, también en abstracto,
deberes o sujeciones, que en muchos casos son recíprocos.

El ejercicio de aquellos y el cumplimiento concreto de éstos, comenzará a tener vida a partir de la


afirmación oficial sobre la hipótesis de la comisión de un delito, determinando en su desarrollo una
trama de vinculaciones entre todos los sujetos que intervienen en el proceso, generando entre ellos
lo que se conoce como relación jurídica procesal. Esta es autónoma de la existencia real del hecho
delictivo cuya hipótesis le diera origen, al punto que es posible (y además frecuente) que un proceso

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 28


sea desarrollado en su integridad, para concluir estableciendo que el delito que constituye su objeto
no existió (o no se pudo comprobar su existencia, que es lo mismo).

A.- SUJETOS ESENCIALES

Entre los sujetos que pueden participar en el proceso hay algunos cuya intervención es esencial para
su validez:

El actor penal, que inicia e impulsa la persecución penal preparando, formulando, y


probando la acusación
El tribunal que dirige el proceso, controla el respeto por los derechos del imputado (y de las
demás partes que hubiere), garantiza su igualdad con el acusador y resuelve provisional o
definitivamente.
El imputado, que es el particular contra quien se dirige o a quien afecta la persecución penal.

B.- SUJETOS EVENTUALES

Se admite también la participación de otros sujetos, como el querellante de acción pública, el actor
civil y el civilmente demandado, cuya intervención es eventual, pues no tienen influencia sobre la
validez del proceso, que puede desarrollarse sin que ellos intervengan.

7.- OBJETO

El proceso penal versará sobre la hipótesis de un "hecho que se presume criminoso", o lo que es lo
mismo, sobre una "posibilidad delictual". Sobre él recaerán la investigación preparatoria del
Ministerio Público Fiscal o el juez de instrucción (según el modelo que se adopte), la acusación, la
prueba, la defensa del imputado, los alegatos de las partes y la decisión del tribunal.

Este es el llamado objeto principal del proceso penal. El objeto secundario o accesorio es la
consideración del mismo hecho desde la óptica de sus efectos civiles (restitución o reparación del
daño).

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 29


CAPITULO 03
SISTEMAS PENALES PROCESALES. PRINCIPIOS Y FINES DEL
PROCESO PENAL

1.- SISTEMAS PROCESALES

Acusatorio Inquisitivo Mixto


Se deposita en el
monarca, príncipe o
emperador, y cuando el
número de casos no le
permite ejercerlo directa Es ejercida, durante la
Es ejercida en única y personalmente en instrucción –
instancia por una todos ellos, delega ese investigación preliminar-,
La Jurisdicción asamblea o un jurado poder en sus por un juez técnico, y
popular; es decir, por funcionarios y lo durante el juicio, por un
tribunales populares. reasume cuando es tribunal popular o
necesario para revisar los técnico.
fallos de los funcionarios
inferiores (doble
instancia).
Consiste en un debate
público, oral, continuo y
contradictorio. Los
Durante la etapa de la
jueces que integran el
tribunal perciben los Es escrito (investigación instrucción preparatoria,
medios de prueba, los cuyos resultados constan el procedimiento es
fundamentos y las en actas que, a la postre, escrito, limitadamente
pretensiones (alegatos) constituirán el material público y limitadamente
que ambas partes sobre la base del cual se contradictorio (se
Cómo es el introducen y deciden dicta el fallo), mantienen los
Procedimiento según esos elementos. Es absolutamente secreto principales rasgos del
decir, carece el juzgador (en virtud de las inquisitivo); durante el
de poderes autónomos necesidades de una juicio propiamente
dicho, es oral, público,
para investigar la verdad investigación sin debate) contradictorio y continuo
de los hechos, debiendo y no contradictorio. (perviven aquí todas las
limitarse a examinar las
formas acusatorias).
pruebas acerca de las
cuales había versado la
discusión de las partes.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 30


Es un derecho de
cualquier ciudadano La acción es ejercida por
(acción popular), y un procurador real, pero La acción penal es
pertenece al damnificado es promovida ex oficio ejercida por un órgano
cuando se trata de un por el propio magistrado estatal, el Ministerio
delito privado. La inquirente mediante el Público -considerado a
acusación es la base eventual concurso de veces un órgano
indispensable del una denuncia secreta, lo administrativo sui
proceso, que no se cual significa que la generis y otras como un
Acción Penal concibe sino a instancia acción se confunde con órgano judicial-, aunque
de parte, de suerte que la jurisdicción. Es decir, en algunos países se
el juzgador no puede el poder de perseguir acuerda también al
actuar de oficio y tendrá penalmente se confunde damnificado el derecho
como límites de su con el de juzgar y es de acusar, y éste puede
decisión el caso y las colocado en manos de la ejercer la acción civil
circunstancias misma persona: el resarcitoria que se basa
planteadas por el inquisidor. en el delito.
acusador.
Durante la instrucción
preparatoria, el juzgador
es el director de la
investigación, mientras el
Fiscal y las partes sólo
pueden proponer
pruebas que aquél
practicará si las
El juez tiene un poder considera pertinentes y
Tanto el acusador como absoluto de impulsión útiles; durante el juicio,
el acusado se encuentran del proceso e el juzgador actúa
en paridad jurídica, investigación de la generalmente como un
armadas de iguales verdad, mientras que el árbitro, y las partes
derechos, mientras el imputado es un objeto gozan de iguales
juzgador aparece como de persecución, siendo derechos. El imputado
Las Partes un árbitro del combate o obligado a incriminarse aparece como un sujeto
él mismo, mediante de derechos, cuya
litigio que se lleva a cabo métodos crueles para posición jurídica durante
entre aquéllas, es decir, quebrar su voluntad y el procedimiento se
carece de iniciativa obtener su confesión, corresponde con la de un
propia en la cuyo logro constituye el inocente, razón por la
investigación. centro de gravedad del cual es el Estado quien
proceso. debe demostrar con
certeza su culpabilidad.
El imputado goza de
entera libertad de
defensa, pero la ley,
durante la investigación
preliminar, limita sus
facultades en ese
sentido.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 31


Si bien hay medidas de La prisión preventiva y la La privación de libertad
coerción, su privación de incomunicación del del imputado durante el
El Acusado libertad durante el acusado es una regla sin procedimiento, aunque
enjuiciamiento es una excepción. es admitida, es
excepción. excepcional.
Predominio del sistema
El sistema de la prueba de valoración de la
Impera el sistema de la legal domina la prueba llamado de la
íntima convicción, valoración probatoria: la libre convicción o sana
conforme al cual los ley estipula la serie de crítica racional: el juez
Cómo se jueces deciden votando, condiciones para tener tiene plena libertad de
valora la sin sujeción a regla por acreditado un hecho. convencimiento, pero su
prueba alguna que establezca el Es decir, es la ley libertad tiene un límite
valor probatorio de los procesal la que prefija, infranqueable en el
medios de prueba y sin de modo general, la respeto de las normas
exteriorizar los eficacia conviccional de que gobiernan la
fundamentos de su voto. cada prueba. corrección del
pensamiento humano.
La sentencia es, por La sentencia del tribunal
definición, impugnable; de juicio es recurrible,
La sentenciahace cosa aparece la apelación y, pero, en general, tal
juzgada, y son en general, los recursos facultad está
desconocidos los contra la sentencia, fuertemente limitada. Lo
Sentencia recursos o ellos resultan íntimamente conectados ortodoxo es que sólo se
en ocasiones, concebidos con la idea de delegación permita el recurso de
a la manera de una del poder jurisdiccional casación. Se admiten
gracia o un perdón. que gobernaba la igualmente el de
administración de inconstitucionalidad y el
justicia. de revisión.

2.- DISEÑO PROVENIENTE DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES

El paradigma "mixto" o "inquisitivo mitigado" de enjuiciamiento penal, preponderante en Argentina,


no es respetuoso del modelo que impone la Constitución Nacional, sobre todo después de la
incorporación a ella, y a su mismo nivel, de los más importantes tratados internacionales sobre
derechos humanos (art. 75 inc. 22 CN) que han dejado fuera del campo de la interpretación jurídica y
de la libre reglamentación procesal muchos aspectos del proceso penal para transformarlos en texto
expreso e indiscutible.

Pero aquel virtual “bloque normativo-interpretativo” también deja perfectamente en claro otros dos
conceptos. El primero es que la razón principal por la que el Estado debe perseguir el delito es la
necesidad de dar cumplimiento a su obligación de “garantizar el derecho a la justicia de las víctimas”
a las que se reconoce la atribución de reclamarla ante los tribunales (derecho a la tutela judicial
efectiva); y el segundo, es que “por graves que puedan ser ciertas acciones y por culpables que
puedan ser los reos de determinados delitos, no cabe admitir que el poder pueda ejercitarse sin
límite alguno o que el Estado pueda valerse de cualquier procedimiento para alcanzar sus objetivos,
sin sujeción al derecho o a la moral”.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 32


Este nuevo paradigma esta “diseñado” sobre la base del equilibrio entre el monopolio del uso del
poder penal y la fuerza por parte del Estado, y las herramientas acordadas al ciudadano para requerir
la intervención estatal en protección o restauración de sus derechos vulnerados por el delito, o para
limitar aquel poder, o prevenirse o defenderse de sus excesos. A la par que rescata un papel central
para la víctima, amparando su actuación en el derecho a la tutela judicial efectiva expresamente
previsto en la normativa supranacional reconociendo a la lesión a su derecho o interés concreto
como la base primera e insustituible del ejercicio del poder punitivo estatal, también perfecciona y
hace expresos los derechos acordados al penalmente perseguido y sus garantías.

3.- PRINCIPIOS PROCESALES

A.- OFICIALIDAD

El principio de oficialidad trasciende de la jurisdicción para extenderse al ejercicio de la acción por


cuanto ésta tiene por titular al Estado, y aunque subsidiariamente, también a la defensa técnica.

B.- ESTATALIDAD

Implica el monopolio acusatorio o persecutorio del ministerio público en materia penal. Constituye
una excepción al monopolio del Estado en la persecución penal, la autorización para que algunos
delitos sean perseguidos por particulares o los llamados delitos de acción privada, con exclusión de
los órganos de persecución penal estatal y, por lo tanto, dejados a la iniciativa, autonomía de
voluntad y poder discrecional de aquellas personas privadas a quienes la ley faculta para ejercer la
acción penal.

La instancia privada, condición de perseguibilidad de algunos delitos, no constituye, en cambio, una


excepción a esta regla. Aunque el instituto derive del mismo principio que domina la acción privada,
no provoca los mismos efectos, pues la persecución penal sigue siendo pública (oficial) y
monopolizada por el ministerio público; la excepción reside, solamente, en colocar un obstáculo –
que releva la instancia privada- para el comienzo de la persecución penal estatal.

C.- OFICIOSIDAD

Ante la presunta violación de una norma jurídico-penal (norma de deber), el Estado reacciona
inmediata y espontáneamente para reintegrar el orden jurídico. El ejercicio de la acción penal debe
iniciarse cuando estén reunidas las condiciones legales, sin necesidad de excitación particular u
oficial. Pero la iniciativa de la investigación o el orden del proceso penal no están, en nuestro
sistema, reiteramos lo dicho, a cargo de todos los órganos públicos antes aludidos, sino tan sólo del
ministerio público –y de la policía judicial-. Es el denominado principio de oficiosidad, referido a la
actividad promotora de la persecución.

La regla o principio de oficiosidad, como puede advertirse, tiene un doble valor: disciplina el inicio de
la acción penal pública (no se considera la acción que la ley sustantiva llama privada) y el ejercicio de
la jurisdicción, mientras que, al mismo tiempo, impide toda influencia extraña. De tal suerte, por un

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 33


lado, los órganos competentes para la persecución penal (ministerio público y policía) tienen el deber
de proceder de oficio, por iniciativa propia, a promover la acción penal pública en las formas
establecidas por la ley, sin necesidad de ninguna excitación extraña, excepto los casos de acciones
dependientes de instancia privada: regla de la promoción de oficio.

Por otra parte, salvo excepciones, la voluntad de los particulares o de otros funcionarios públicos
carece de eficacia para enervar o evitar la promoción de la acción pública: regla de la inevitabilidad,
que se erige en nota característica del principio de legalidad.

D.- LEGALIDAD

Así, frente a la decisión de oficializar la persecución penal como regla general, se ha estimado
necesario imponer a los órganos encargados de la iniciativa de la investigación, el ministerio público,
y los funcionarios de la policía, por vía de principio, el deber de promover la persecución penal
(promoción necesaria), ante la noticia de un hecho punible, en procura de la decisión judicial que
solucione el caso por intermedio de alguna de las resoluciones previstas en la ley procesal.

De allí que, una vez promovida la persecución penal, ella no se pueda suspender, interrumpir o hacer
cesar, sino por el modo y la forma previstos en la ley procesal (irretractabilidad).

De tal suerte, ningún criterio de oportunidad (principio contrario) inspirado en criterios políticos de
conveniencia o de utilidad social autoriza, en principio, a prescindir de la persecución penal frente a
la noticia de la comisión de un hecho punible.

Conforme lo señalado, se puede conceptualizar al principio de legalidad como la automática e


inevitable reacción del Estado a través de órganos predispuestos (generalmente la policía o el
ministerio público fiscal) que, frente a la hipótesis de comisión de un hecho delictivo de acción
pública, se presenta ante los órganos jurisdiccionales, reclamando la investigación, el juzgamiento y,
si corresponde, el castigo del delito que se hubiera logrado comprobar.

En el Derecho positivo argentino, no hay normas constitucionales que impongan ni el principio de


legalidad ni el de oportunidad. Pero sí las hay de jerarquía legal. En efecto, el Código Penal, en su art.
71, elige una opción y establece el principio de legalidad como regla general. La falta de criterios de
oportunidad, esto es, de autorizaciones, más o menos extensas, para prescindir de la persecución
penal, según disposición del ministerio público, completa la regla: frente a la noticia de un hecho,
eventualmente punible, perseguible por acción pública, es obligatorio promover la persecución penal
y, tras el trámite procesal pertinente, arribar a la decisión judicial que solucione el caso según las
normas del Derecho Penal y ponga fin al proceso.

En apoyo de este principio, precisamente, el Código Penal, en su art. 274, amenaza penalmente al
órgano estatal competente para la promoción y el ejercicio de la acción penal, cuando “dejare de
promover la persecución y represión de los delincuentes”. Las leyes de procedimiento, como no
podía ser de otra manera, respetaron el principio: “La acción penal pública será ejercida por el
Ministerio Público, el que deberá iniciarla de oficio siempre que no dependa de instancia privada. Su
ejercicio no podrá suspenderse, interrumpirse ni hacerse cesar, salvo expresa disposición legal en
contrario”.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 34


E.- EL PRINCIPIO DE OPORTUNIDAD

El principio de oportunidad, precisamente, ha sido definido como la posibilidad que tienen los
órganos encargados de la promoción de la persecución penal, fundada en razones diversas de
política criminal y procesal de no iniciar la acción, o de suspender provisionalmente la acción iniciada,
o de limitarla en su extensión objetiva y subjetiva, o de hacerla cesar definitivamente antes de la
sentencia, aun cuando concurran las condiciones ordinarias para “perseguir y castigar”.

La limitación de la persecución penal, por intermedio de los criterios de oportunidad, puede brindar
una contribución útil a la solución de problemas actuales del sistema penal. Dos son los objetivos
principales para los que la aplicación de criterios de oportunidad se puede convertir en un auxilio
eficaz: la descriminalización de hechos punibles, en un intento por evitar la aplicación del poder
penal allí donde otras formas de reacción frente al comportamiento desviado pueden alcanzar
mejores resultados o donde resulte innecesaria su aplicación; y la eficiencia del sistema penal en
aquellas áreas o para aquellos hechos en los que resulta indispensable su actuación como método de
control social, en procura del descongestionamiento de una justicia penal sobresaturada de casos,
que no permite el tratamiento preferencial de aquellos que deben ser solucionados
indiscutiblemente por el sistema, y como intento válido de revertir la desigualdad que, por selección
natural, provoca la afirmación rígida del principio de legalidad.

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CAPITULO 04
DEFENSA EN JUICIO

1.- CONCEPTO

El derecho de defensa es otro de aquellos cuyo reconocimiento es unánime en el sistema


Constitucional vigente.

Se trata de la posibilidad reconocida a los sujetos privados del proceso, de demostrar el fundamento
de la pretensión que ejercitan o la falta total o parcial de fundamento de la ejercitada en su contra.

Es una garantía bilateral, común para la víctima y el acusado, que implica las garantías de igualdad
ante los tribunales y acceso a la justicia.

No hay defensa, ni siquiera genéricamente considerada, ajena a la idea de resistencia del imputado a
cualquier pretensión de restricción de sus derechos que las leyes puedan autorizar como
consecuencia de la comisión de un delito o de la realización del proceso. Tal resistencia podrá ser
activa o pasiva, y comprende la posibilidad de reclamar la vigencia de las garantías de juez natural,
juicio previo, etc.

Abarca la atribución de intentar evitar o resistir jurídicamente cualquier acto que, con motivo del
proceso o so pretexto de su desarrollo, pueda afectar o afecte sus derechos individuales fuera de los
casos y de los límites que la Constitución autoriza: es que si el "juicio" (proceso) es el ámbito para la
defensa de la persona y de los derechos, no puede ser, en vez, ocasión para su desconocimiento o
violación, debiendo evitarse o enmendarse cualquier afectación no permitida por la Ley y exigida por
la necesidad a la dignidad personal, seguridad, libertad, honra, intimidad, propiedad, etc.

Específicamente la defensa del imputado consiste en la posibilidad que se le debe acordar de


contradecir la imputación, proporcionando su versión sobre el hecho delictivo que se le atribuye, la
que tiene que ser objeto de consideración y de aceptación o rechazo expreso por parte de los jueces.
Tal versión puede consistir en la negativa de la existencia del delito que se le imputa o de su
participación (aspectos que, con contradicción o sin ella, tendrán que ser probadas por el acusador),
o sólo en la invocación de circunstancias que atenúen o excluyan su responsabilidad penal (cuya
inexistencia también deberá acreditar el acusador). Podrá también ofrecer pruebas, controlar la
ofrecida por el acusador, y alegar sobre su mérito para demostrar la carencia total o parcial de
fundamento de la pretensión de penarlo por razones fácticas (falta de pruebas suficientes) o
jurídicas, de fondo (v. gr., atipicidad del delito) o de forma (v. gr., nulidad de la acusación), e
interponer recursos. Integra la posibilidad de resistencia, el derecho irrenunciable del imputado de
contar con un abogado que lo asista y represente desde el punto de vista legal.

Pero es también parte del derecho de defensa, el de "no defenderse", es decir, el no desarrollar
ninguna de aquellas actividades, sin que esa posibilidad u omisión pueda ser considerada una
presunción de culpabilidad en su contra: si así no se estableciere, la posibilidad de no actuar, en vez
de ser un modo de defenderse, sería una forma de inculparse.

El derecho de defensa no sólo es una emanación de la dignidad personal del imputado, sino, además,
un requisito indispensable para asegurar (a él y a la sociedad) el desarrollo de un proceso respetuoso

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 36


de la escala de valores del Estado de Derecho. Por eso, el sistema procesal debe asegurar todas sus
manifestaciones (la material y la técnica) desde el primer momento de la persecución penal y en cada
una de las etapas procesales. Sólo podrán tolerarse restricciones de origen legal y de carácter
reglamentario y a condición de que no lo afecten en su esencia, porque es un componente
insustituible del juicio previo (proceso) constitucional y un límite infranqueable a la búsqueda de la
verdad sobre la acusación de un delito, que sólo puede obtenerse legítimamente con el inexcusable
resguardo de la defensa del imputado. O sea, que el ejercicio válido de la jurisdicción, con el mismo
rigor que requiere de la acusación, requiere de la defensa (porque necesita de ambas para
legitimarse): NEMO IUDEX SINE DEFENSIONE.

Nuestro sistema constitucional exige que la defensa del imputado se desarrolle en condiciones de
"plena igualdad" con la acusación, lo que se grafica con la alocución "paridad de armas". Esto ocurrirá
cuando aquél tenga, no sólo en teoría sino también en la práctica, las mismas posibilidades (reales)
que el acusador para influir en las decisiones de los jueces sobre el caso, lo que dependerá de las
garantías constitucionales, los derechos procesales, la equivalencia de conocimientos jurídicos, y los
recursos humanos y materiales con que ambos cuenten.

La desigualdad existente entre el Estado en función de acusador y el ciudadano en situación de


acusado también se procura nivelar a favor de éste con el principio de inocencia, con la
responsabilidad impuesta a aquél de probar la acusación, con la exclusión de toda exigencia al
imputado sobre la prueba de su inculpabilidad, y con la imposibilidad de condenarlo si el acusador no
logró acreditar ciertamente su responsabilidad sobre la base de las pruebas aportadas. Persigue
también la igualdad, el carácter de irrenunciable acordado a la defensa técnica y la obligación
subsidiaria del Estado de brindarla a su costa.

La paridad de atribuciones procesales entre el Ministerio Público Fiscal y el imputado es la


manifestación legal más expresiva de la igualdad. Su expresión acabada se encuentra en la etapa del
juicio (y también en la de los recursos), no así en la investigación preliminar en la que aquellos tienen
atribuciones desparejas, sobre todo en orden al secreto de períodos procesales (v. gr., las
actuaciones son secretas para el defensor hasta la declaración del imputado, pero no lo son para el
fiscal) o actos en particular (v. gr., la realización de un allanamiento domiciliario que no se comunica
previamente a la defensa y sí al fiscal). Si bien es cierto que por lo general bastaría con que la
igualdad exista durante el juicio, porque sólo sus actos y las pruebas allí recibidas pueden dar base a
la sentencia de condena, este argumento es más teórico que práctico si se repara que las leyes
autorizan la directa admisión en el debate de pruebas recibidas en la investigación preliminar, incluso
a espaldas de la defensa (v. gr., incorporación al debate por la lectura, del testimonio prestado sin
control de partes en esa etapa por una persona que luego falleció).

Desde otra óptica, puede considerarse que el criterio de objetividad que debe presidir la actuación
de los órganos encargados de la persecución penal (el Ministerio Público Fiscal y la Policía), que los
obliga a no desatender la prueba de descargo, y a requerir el sobreseimiento o la absolución del
imputado, o les permite recurrir en su favor cuando todas estas actitudes por derecho correspondan,
tiende también a favorecer la condición de igualdad.

Clásicamente se ha entendido que la defensa del imputado está integrada por diferentes expresiones
que se desarrollan a continuación, relacionadas con su intervención en el proceso y su posibilidad de
audiencia.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 37


A.- Hallarse presente (Intervención)

La defensa presupone el derecho del imputado de intervenir personalmente en su caso, de "hallarse


presente en el proceso". Por eso, si bien la investigación preliminar puede desarrollarse en ausencia
de aquél (lo contrario evitaría su identificación o recolección de las pruebas), no podrá producirse la
acusación, ni realizarse el juicio oral y público si la ausencia se mantiene. Se ha dicho que esta
prohibición tiene como fundamento la necesidad de verificar "de cuerpo presente" si el imputado
tiene capacidad para intervenir en el proceso (v. gr., no lo tendría si fuera demente)

Más recientemente, se ha sostenido que sería posible desarrollar el juicio en rebeldía "cuando la
ausencia es voluntaria" luego de conocida la existencia del proceso, siempre que al rebelde se le
designe un defensor con amplias facultades, y se acuerde un recurso de revisión amplio contra la
sentencia.

B.- SER OÍDO (AUDIENCIA)

El derecho a "ser oído", como elemento esencial de la defensa del imputado, admite la formulación
de preguntas como las que siguen: ¿sobre qué será oído?; ¿cómo se entera y cuándo, de aquello
sobre lo que puede ser oído?; ¿de qué forma y bajo qué condiciones deberá ser oído?; ¿quién deberá
oírlo y cómo? La respuesta de estos interrogantes precisará el contenido de este concepto.

La atribución a una persona de una acción u omisión que la Ley penal reprime como delito, es lo que
se conoce como imputación. Sobre ella debe permitirse al imputado ser oído, porque es contra lo
que deberá defenderse.

Si bien los requisitos que debe reunir la imputación van creciendo a lo largo del proceso, el núcleo
central de la conducta atribuida deberá mantenerse idéntico del principio hasta el fin. Esta identidad
(congruencia) es básica para el eficaz ejercicio de la defensa, porque de poco serviría ser oído sobre
una imputación que con posterioridad puede ser mutada en su esencia y convertirse, por tanto, en
otra diferente.

La imputación se exterioriza originariamente en los actos policiales o del Ministerio Público Fiscal que
atribuyen inicialmente al imputado una conducta delictiva durante la investigación preparatoria. En
cualquier caso, requerirá una descripción de los hechos atribuidos lo más clara y circunstanciada que
se pueda, con referencia expresa a su encuadramiento jurídico.

La imputación se perfecciona con el acto de acusación, consistente en atribuirle a una persona


debidamente individualizada, alguna forma de participación en un hecho delictivo, y el pedido de que
sea sometida a juicio oral y público por ese delito.

El documento acusatorio deberá contener la individualización del acusado y la descripción clara,


precisa, circunstanciada y específica del hecho, su encuadramiento legal y la fundamentación
correspondiente, sobre la base de las probanzas recogidas durante la investigación preparatoria: es
lo que se denomina en los códigos "requerimiento fiscal de citación a juicio". Con él quedará
delimitada la materia sobre la que debe versar la defensa del acusado y determinado el ámbito
fáctico dentro del que podrá ejercer su jurisdicción el tribunal de juicio. Estos requisitos deberán
también ser observados por la acusación a cargo de un particular (v. gr., querellante).

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 38


Para que el imputado pueda defenderse de la imputación, debe conocerla en todos sus elementos
relevantes, de modo que quede excluida cualquier sorpresa. El acto por el que se le informa de ella
se denomina en las leyes intimación. Ésta debe ser previa a cualquier declaración que se le pueda
recibir, detallada, con explicación de las causas de la acusación, es decir, los hechos que le dan base y
las pruebas existentes y su naturaleza, o sea, su encuadramiento legal.

Las leyes exigen que la intimación sea realizada por la autoridad judicial que debe recibir la
declaración del imputado, de modo previo a ella, tanto durante la investigación preparatoria como
en el juicio oral y público.

El derecho a ser oído (audiencia) se canaliza principalmente a través de la llamada "declaración del
imputado" (indagatoria), acto predispuesto por las leyes procesales para que aquél decida
libremente si prefiere ejercer su defensa material guardando silencio o a través de manifestaciones
verbales en descargo o aclaración del hecho que se le atribuye y que se le ha hecho conocer junto
con las pruebas existentes en su contra, en forma previa y detallada, y con el encuadramiento legal
recaído, porque sólo así podrá defenderse integralmente. Si el imputado ejerce su defensa
guardando silencio, esta actitud no podrá ser utilizada como presunción en su contra (manifestación
del derecho al comportamiento procesal pasivo), aspecto del que deberá ser informado debidamente
por la autoridad judicial responsable del acto.Si el imputado elige declarar, expondrá libremente lo
que estime conveniente en descargo o aclaración de los hechos, pudiendo proponer aquellos
elementos probatorios que estime útiles a su defensa, que el órgano judicial deberá procurar
incorporar (evacuación de citas).

La legislación internacional incorporada (art. 75, inc. 22 CN), enfatiza sobre el concepto de
imparcialidad del tribunal que debe oír al acusado, que se orienta a asegurar la igualdad procesal
entre éste y su acusador, y es considerada un presupuesto de la defensa: debe ser oído
imparcialmente.

C.- ASISTENCIA EXTRA LEGAL

La defensa deberá también integrarse con la posibilidad de asistencia estatal en materias que no
sean de carácter legal. Abarcará no sólo cuestiones técnicas, sino incluso, la colaboración para la
investigación que fuere necesaria para el acceso a fuentes de prueba.

D.- CONGRUENCIA

El derecho de defensa exige la identidad del hecho delictivo por el que se dicta la sentencia, con el
contenido en la acusación (en la originaria o en su ampliación), con el intimado al imputado al
recibírsele declaración y con el expresado en la requisitoria fiscal de instrucción (si existiere); entre
todos ellos debe existir una correlación fáctica esencial, en todas las etapas del proceso: es la
congruencia.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 39


E.- MOTIVACIÓN DE LA SENTENCIA

Es parte del derecho de defensa, el obtener una decisión jurisdiccional motivada sobre la causa, que
le ponga fin decidiendo el caso. Sobre todo, si se trata de una sentencia condenatoria, parece claro
que al ciudadano que se lo condena se le debe explicar a base de qué se lo hace.

F.- RECURSOS

Integra también el derecho de defensa del imputado, la posibilidad de recurrir contra las
resoluciones jurisdiccionales que les sean desfavorables, en especial, la sentencia condenatoria, lo
que ha determinado que hasta se replanteen los alcances del recurso de casación.

2.- EL IMPUTADO

Imputado es la persona indicada como partícipe de un hecho delictuoso en cualquier acto de la


persecución penal dirigido en su contra y desde el primer momento de ella. A partir de esa indicación
gozará del derecho de defensa en todas sus manifestaciones. Por ello, el otorgamiento a una persona
de la calidad de imputado, que significa reconocerlo como sujeto del proceso (y no mero objeto de
persecución penal), importa un indudable beneficio jurídico desde el punto de vista de su defensa.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 40


A.- DECLARACIÓN DEL IMPUTADO

La declaración del imputado es la oportunidad que se le otorga a éste, en virtud del derecho
constitucional de defensa en juicio, para presentar su versión de los hechos, ofrecer su descargo,
proponer pruebas y establecer un contacto directo con las personas que tienen a su cargo la
preparación de la acusación o el juicio. En consecuencia, la posibilidad de declarar del imputado debe
ser entendida del modo más amplio posible. La declaración del imputado, ciertamente, es un
derecho y no una obligación, por lo que aquél nunca puede ser obligado a declarar.

Para que las manifestaciones del imputado representen la realización práctica del derecho a ser oído,
como parte integrante del derecho a la defensa, la Ley Suprema ha prohibido toda forma de coerción
que elimine la voluntad del imputado o restrinja la libertad decidir acerca de lo que le conviene o
quiere expresar. Ésta es la verdadera ubicación sistemática de la regla que prevé que “nadie puede
ser obligado a declarar contra sí mismo” y suprime “toda especie de tormento”. Constituye al
imputado, como órgano eventual de información o transmisión de conocimiento, en un sujeto
incoercible del procedimiento, cuya libertad de decisión en este sentido debe ser respetada.

Paralelamente al derecho de declarar y presentar su versión de los hechos, el imputado tiene –como
ya adelantamos- otras facultades. Pude intervenir en todos los actos del proceso, puede presentar
prueba y puede examinar y controlar la prueba. Con esto se pretende que el proceso sea
verdaderamente contradictorio.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 41


Para poder ejercer su derecho plenamente, el imputado debe tener acceso a la imputación que se le
formula; debe tener la posibilidad de conocer cuáles son los hechos que se le imputan y en virtud de
qué pruebas se fundamenta dicha imputación. Cualquier restricción a tal derecho a la información
debe ser excepcional, debe ser limitada tanto en cuanto a su duración cuanto a los actos sobre los
cuales rige, y debe fundarse en verdaderas razones de urgencia o necesidad imperiosa con relación a
la eficacia de un determinado acto del proceso.

Una manifestación muy rica del derecho de defensa es el denominado “principio de congruencia”
entre acusación y sentencia, según el cual la sentencia sólo puede absolver o condenar por los
hechos que han sido objeto del juicio, es decir, aquellos hechos que han sido introducidos al juicio
por medio de la acusación.

La declaración del imputado puede ser a través de su silencio o de manifestaciones verbales,


referidas al hecho que se le atribuye y que se le ha hecho conocer, junto con las pruebas existentes,
en forma previa y detallada.

Como el imputado podrá ejercer su defensa guardando silencio, esta actitud (el silencio) no podrá ser
utilizada como presunción de culpabilidad en su contra, aspecto del que debe ser informado
debidamente por el órgano que lleva adelante el acto.

B.- DEFENSA TÉCNICA

La defensa del imputado también se integra con la actividad desarrollada por un abogado que lo
aconsejará, elaborará la estrategia defensiva y propondrá pruebas, controlará y participará en su
producción y en las de cargo que ofrezca el acusador, argumentará sobre su eficacia conviccional,
discutirá el encuadramiento jurídico de los hechos que se le imputan a su defendido y la sanción que
se le pretenda imponer, y podrá recurrir en su interés: es lo que se conoce como defensa técnica.

El defensor es el abogado que asiste y representa al imputado durante la sustanciación del proceso,
protegiéndolo e integrando su personalidad jurídica mediante el ejercicio de poderes independientes
de su voluntad, y cuyo ejercicio responde siempre a un interés parcial, la defensa del imputado.

3.- EXCEPCIONES

Las excepciones procesales son defensas, oponibles por el Ministerio Público y las partes, que sin
referirse al fondo del asunto (existencia del delito o responsabilidad del imputado), que tiene por
finalidad postergar el ejercicio de la acción penal en el proceso de que se trata o impedir
definitivamente ese ejercicio en el proceso.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 42


De las excepciones planteadas se correrá vista al Ministerio Público, querellante particular y a las
partes interesadas. El Tribunal resolverá por auto. Si se dedujera durante la investigación fiscal
preparatoria, efectuado el trámite vinculado a la recepción de la prueba y alegación de las partes, el
Fiscal elevará el incidente a resolución del Juez de Instrucción, con opinión fundada, en el término de
tres días. Si no hubiera prueba que recibir, elevará inmediatamente las actuaciones (art. 19). El
incidente se sustanciará y resolverá por separado, sin perjuicio de continuarse la investigación. La
resolución será apelable (art. 22).

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 43


CAPITULO 05
EL JUEZ NATURAL Y SU IMPARCIALIDAD

1.- CONCEPTO

El principio consiste en que nadie será juzgado (en ninguna instancia) por jueces o tribunales creados
o designados para intervenir especialmente en la investigación o juzgamiento del delito que se le
imputa o respecto de su persona en particular, después de que la presunta infracción haya sido
cometida; prohíbe así los tribunales ex post facto, designados especialmente para el caso (ad hoc).

Entonces, si no se tratara de un juez o tribunal del Poder Judicial, cualquier autoridad que pretenda
"ejercer funciones judiciales", configurará una "comisión especial" prohibida por el art. 18 de la
Constitución.

Son tribunales del Poder Judicial los jurados previstos por los arts. 118 y concordantes de la
Constitución Nacional.

Son derivaciones del principio de "juez natural" los siguientes aspectos:

Que su nombramiento se haya producido respetando las condiciones constitucionales (sobre


el órgano que la realiza, o los requisitos para el cargo) o legales (forma de intervención del
Consejo de la Magistratura)

Que si se trata de un tribunal colegiado, actúe integrado por el número (los tribunales de
juicio oral son regularmente compuestos por tres jueces) y la calidad de jueces que se
requieren (que se incorporen ciudadanos comunes cuando así se exija)

Que el juez no se encuentre comprendido por algún motivo que le impida actuar
imparcialmente, tanto funcional (haber intervenido en el proceso anteriormente como
fiscal), como personal (enemistad con algún interesado)

Que no exista delegación de cualquiera de las atribuciones propias del juez (recepción de
pruebas o preparación de resoluciones por funcionarios judiciales inferiores)

Que el juez que intervenga en el dictado de una sentencia condenatoria sea la misma
persona que conoció la acusación y la posición del imputado sobre ella, participó en la
producción de prueba y recibió las razones y alegatos del fiscal y la defensa (identidad física
del juez).

Esto no significa que la persona del juez deba estar designada en el cargo antes del hecho: basta con
que el tribunal haya recibido por Ley previamente su competencia, pudiendo sucederse en su
titularidad o integración distintas personas (v. gr., por ascenso) mientras esto no encubra una
maniobra para que el sucesor juzgue arbitrariamente en contra del imputado.

Exige, en cambio, que los jueces hayan sido establecidos con anterioridad, para entender y juzgar
ciertas categorías de delitos o de personas; y que esta capacidad futura surja de una Ley (nunca de la
voluntad de ninguna otra autoridad), ley que deberá ser respetuosa del derecho de todo acusado a
ser enjuiciado por el tribunal federal o provincial con asiento en la provincia en la que se cometió el

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 44


hecho objeto del proceso (proyección territorial del principio de juez natural, art. 18 de la
Constitución Nacional).

Hace también a la esencia del principio de juez natural que el caso permanezca bajo su órbita. Por
eso, se prohíbe trasladar una causa a otro tribunal distinto al competente para juzgarlo antes del
hecho, sea mediante la supresión sobreviniente al hecho de la competencia de éste, o por la
reasignación del caso a otro ya existente o creado al efecto.

2.- EL OFICIO JUDICIAL

Los jueces son “órganos” del Estado y en su función les incumbe, primordialmente, la solución
dirimente de conflictos. En el ejercicio de su Ministerio, son custodios de la actividad procesal, para
lo cual las diferentes leyes adjetivas les acuerdan la facultad de dirigir el proceso, ejecutar las
resoluciones e, incluso, instruirlo oficiosamente en determinados casos. La desviación en la función
procesal, violando el límite marcado por el respeto de los fines del proceso, configura ejercicio
irrazonable de las funciones estatales que se traduce, en este caso en particular –adelantamos- como
un excesivo rigorismo formal, que amén de injustificado, es inexacto en su faz literal.

3.- JURISDICCIÓN

A los fines de precisar una conceptualización de jurisdicción, se destacan dos aspectos


complementarios que la doctrina ha puesto de relieve: la consideración de la jurisdicción como
potestad acordada en abstracto por el Derecho Constitucional y Procesal a un órgano específico del
Estado (el juez natural), y su entendimiento en tanto actividad que ese órgano cumple,
concretamente, de acuerdo con el Derecho Procesal que la disciplina.

Es decir, se contempla a la jurisdicción desde el punto de vista subjetivo –examinando el atributo


conferido por el orden jurídico al sujeto que ejerce la jurisdicción-, y desde el punto de vista objetivo
-reparándose en la actividad jurisdiccional-.

La jurisdicción penal es la potestad de resolver un conflicto mediante decisión motivada y de


conformidad con la norma penal.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 45


A.- POTESTAD JURISDICCIONAL: NATURALEZA

En primer lugar, podemos definir a la potestad jurisdiccional como aquella potestad -atribuida por la
Constitución a un órgano específico del Estado y disciplinada por el Derecho procesal- de investigar la
verdad y actuar en concreto la Ley sustantiva, que se ejerce definitivamente cuando el Tribunal
decide el caso singular sometido a proceso y ejecuta la sentencia firme.

La jurisdicción es una potestad, que consiste en un poder complejo súper-partes, cuyo ejercicio es
obligatorio, de investigar la verdad y actuar concretamente la ley material, para verificar si ésta ha
sido o no transgredida, declarar la voluntad expresada en ella y, eventualmente, en caso afirmativo,
imponer al imputado la sanción conminada.

La potestad jurisdiccional no puede confundirse con la potestad represiva. La jurisdiccional es de


naturaleza instrumental o formal (no emana del Derecho sustantivo penal o civil), se ejerce durante
todo el proceso, es compleja y tiene un destino imparcial.

La represiva, en cambio, es de naturaleza sustancial, en cuanto está consagrada y definida por la Ley
material, y, en principio, es ejercida sólo eventualmente por el Tribunal de juicio, cuando dicta
sentencia condenatoria.

Y ambas potestades son ejercidas simultáneamente en el caso de que el Tribunal dicte sentencia de
condena, siendo el ejercicio de la potestad represiva consecuencia del resultado obtenido por aquél
al ejercer la potestad jurisdiccional.

Finalmente, hay que analizar, respecto de la jurisdicción desde el punto de vista subjetivo, las
manifestaciones de la potestad jurisdiccional:

Potestad de cognición: El Tribunal competente asume el conocimiento del hecho imputado,


produce, recibe y valora los elementos de prueba necesarios para resolver los problemas
(formales o sustanciales) que se suscitan en el proceso, interpreta las normas jurídicas
pertinentes y efectúa la diagnosis jurídica del caso propuesto.

Potestad coercitiva: Con el ejercicio (eventual) de la potestad coercitiva, el Juzgador asegura


la actuación efectiva de la Ley, sustantiva y procesal. Es la coerción personal del imputado:
tutela de la investigación, tutela de la realización del juicio y tutela del cumplimiento de la
pena.

Potestad decisoria: La potestad decisoria se ejerce cuando el Tribunal se pronuncia sobre


alguna cuestión formal o incidental, o sobre el fundamento de las pretensiones deducidas. La
potestad del Tribunal de juicio es amplia, pues él resuelve definitivamente las cuestiones que
constituyen el objeto del proceso-. La del Tribunal de casación queda limitada por los
motivos de este recurso extraordinario.

Potestad de ejecución: Por último, al ejercer la potestad de ejecución el Tribunal hace


efectiva la decisión adoptada una vez que ha adquirido firmeza. En sentido estricto
(ejecución penal o de sentencia condenatoria), ella compete normalmente al Tribunal de
juicio; por excepción, al de casación.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 46


B.- ACTIVIDAD JURISDICCIONAL: CARACTERES

Se puede definir como una actividad compleja que cumple un órgano específico del Estado, con
arreglo a un sistema instrumental predispuesto por el Derecho como garantía de justicia, estabilidad
del orden jurídico y seguridad individual, tendiente a investigar la verdad y a actuar la Ley sustantiva
en el caso concreto planteado por el promotor de la acción penal, mediante la que el Tribunal decide
motivadamente sobre la viabilidad y el fundamento de las pretensiones jurídicas deducidas y ordena
ejecutar la sentencia firme.

En términos generales, pueden predicarse como caracteres de la actividad jurisdiccional los


siguientes:

C.- JURISDICCIÓN FEDERAL: CARACTERES

Es constitucional

Implica que la explicitación jurídica de su "casuística" se encuentra en el mismo texto de la CN. Es que
la competencia federal constituye una porción de los poderes que las provincias delegaron
expresamente al gobierno federal (art. 121), en este caso los poderes jurisdiccionales al PJN, y que se
encuentran explicitados en los arts. 116 y 117. Esta estirpe constitucional significa que el art. 116
como norma cuadro fundamental, podrá ser reglamentada y explicitada por la legislación del

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 47


Congreso, pero en modo alguno puede ser alterada en la sustancia o ampliada en la casuística que
dicha norma prescribe, por la vigencia de la supremacía constitucional (art. 31) y de la subordinación
de la voluntad del poder legislativo constituido, respecto del poder legislativo constituyente. Las
leyes que dicte el Congreso, no pueden acordar a los tribunales federales, una jurisdicción más
extensa que la conferida por la CN.

Es de orden público constitucional

En nuestro ordenamiento la más suprema de las leyes es la C.N., por lo que congruentemente, el
orden público constitucional es supremo sobre el orden público legal. De allí su imperatividad tanto
para los poderes constituidos como para los individuos, y su inderogabilidad, irrenunciabilidad e
indisponibilidad, que impide que ni la voluntad de las partes ni la de la Ley, pueda conceder al PJN,
mayores atribuciones que las que la CN le ha otorgado.

Es contenciosa

Para la procedencia de la competencia federal, el art. 116 CN señala indistintamente la necesidad de


que exista una causa o asunto, vocablos entendidos como sinónimos de procesos, litigio, pleito o
contienda. Al reglamentar el tema, el art. 2° de la Ley 27 prescribe que la justicia federal nunca
procede de oficio y sólo ejerce jurisdicción en los casos contenciosos en que es requerida a instancia
de parte, lo cual se ha entendido como la necesidad de la existencia de una contienda o conflicto
jurídico entre encontradas pretensiones que las partes invocan como legítimas ante un tribunal. Este
principio general, hace excepción en los casos no contenciosos de jurisdicción voluntaria en que por
razón de la materia federal, sería procedente (ejemplo: el otorgamiento de las cartas de ciudadanía).

Es limitada y de excepción:

Es limitada, pues limitados y definidos son los poderes que las provincias delegaron en el gobierno
federal (art. 121), entre los cuales se encuentran las atribuciones jurisdiccionales que delegaron al
PJN (arts. 116 y 117). De allí que la competencia federal sólo esté referida a la casuística enumerada
concretamente en dichos artículos, Por lo tanto, siendo limitada y de excepción, su interpretación y
aplicación será siempre de carácter restrictivo.

Es privativa y excluyente

Para salvaguardar la supremacía del orden jurídico federal, la competencia material, no puede ser
resignada en favor de los tribunales provinciales, por tratarse de materias delegadas por las
provincias al gobierno federal, deben ser juzgadas de modo privativo y excluyente por los tribunales
federales, debiendo los provinciales, en caso de radicación de tales causas, apartarse aun de oficio
(arts. 116 de la Constitución Nacional y 1°, 2° y 3° de la Ley 48) (ej. impuestos aduaneros). En cambio,
la competencia federal personal, sí es prorrogable hacia los tribunales provinciales, por aquellas
personas en cuyo beneficio y garantía se ha establecido (ej. un extranjero, un vecino de otra
provincia, la Nación, etc.). Aquí la jurisdicción es concurrente entre los tribunales federales y

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 48


provinciales. Están excluidos de la justicia federal, los juicios universales de concurso de acreedores y
partición de herencia (art. 12, inc. 1 Ley 48).

Es inalterable

Es inalterable porque asumida correctamente la tramitación de una causa por un tribunal federal, las
modificaciones sobrevinientes sobre los elementos de la relación jurídica con posterioridad de
trabarse la litis, no pueden alterarla, es decir, cambiarla hacia los tribunales provinciales (ej. un
extranjero que demanda ante los tribunales federales a un argentino y más tarde se nacionaliza).

D.- CRITERIOS DE DIFERENCIACIÓN CON LA JURISDICCIÓN PROVINCIAL

Los criterios para determinar la competencia ordinaria –enseña Clariá Olmedo- difieren en cierta
manera de los tenidos en cuenta para determinar la federal aunque coincida el nombre.

Predomina el criterio territorial, el cual se resuelve en la división del territorio en diversas


circunscripciones. En cada una de ellas funciona el criterio material resuelto en la entidad del delito
manifestada fundamentalmente por la cantidad y calidad de la pena, y en los fraccionamientos que
produce aparece la determinación funcional para las etapas y grados del proceso.

Estos criterios se complementan con las reglas sobre conexión, en cuanto el efecto unificador del
proceso o del oficio produce alteraciones a las reglas de competencia material y territorial.

4.- COMPETENCIA

Desde una concepción subjetiva, la competencia penal ha sido definida como el poder-deber de un
juez de ejercer la jurisdicción que le es propia, con relación a un determinado asunto penal.

A.- ESPECIES

La tarea judicial se reparte, por obra de la Ley procesal, entre diferentes órganos jurisdiccionales
según varios –y clásicos– criterios, que determinan (pre–determinan) cuáles de aquellos son los que
pueden y deben intervenir en un caso concreto.

El lugar de presunta comisión del delito es la base de la competencia territorial; la clase o cantidad de
la pena, la naturaleza del delito (culposo o doloso), o de la acción ejercitada (pública o privada) y la
edad del imputado, son pautas para distribuir la competencia material; la etapa por la que transita el
proceso (investigación preparatoria; juicio) o sus grados (tramitación de recursos) atribuyen
competencia funcional. Y algunas de estas reglas pueden quedar sin efecto cuando, tratándose de
varios delitos, exista entre ellos alguna relación (subjetiva u objetiva) que requiera unificar la sede de
su tratamiento judicial: es la competencia por conexión.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 49


Territorial

La competencia territorial es el poder-deber de un juez penal competente en razón de la materia, de


conocer y juzgar un determinado delito por la relación que existe entre el lugar donde se cometió el
delito y el lugar sobre el que el juez ejerce su jurisdicción. Según lo que establecen los arts. 43 y 44,
será competente para intervenir:

• El Tribunal del lugar en que el hecho se hubiera cometido.

• En caso de tentativa, el del lugar donde se cumplió el último acto de ejecución.

• En caso de delito continuado o permanente, el de aquél donde comenzó a ejecutarse.

• Si fuere desconocido o dudoso el lugar donde se cometió el hecho, será competente el


Tribunal del lugar donde se estuviere practicando la investigación o, en su defecto, el que
designare el Tribunal jerárquicamente superior.

En cualquier estado del proceso, el Tribunal que reconozca su incompetencia territorial remitirá las
actuaciones al competente y pondrá a su disposición los detenidos que hubiere, sin perjuicio de
realizar los actos urgentes de investigación (art. 45). La inobservancia de las reglas sobre
competencia territorial sólo producirá la nulidad de los actos de investigación cumplidos después que
se haya declarado la incompetencia (art. 46).

Material

La competencia material es el poder-deber de un juez de conocer y juzgar un determinado delito en


razón de la entidad de ese delito. La entidad del delito se refiere a: la edad del imputado; la
naturaleza del delito, la cantidad y calidad de la pena del delito en cuestión; y la naturaleza de la
acción penal ejercitada.

Por eso, para determinar los criterios de procedencia de la competencia material, hay que tener en
cuenta primeramente:

• La edad del imputado

• La naturaleza del delito

• La cantidad y calidad de la pena

• La naturaleza de la acción

Es útil precisar que para determinar la competencia material se tendrán en cuenta todas las penas
establecidas por la Ley para el delito consumado y las circunstancias agravantes de calificación, no así
la acumulación de penas por concurso de hechos de la misma competencia.

La incompetencia por razón de la materia deberá ser declarada aun de oficio en cualquier estado del
proceso. El Tribunal que la declare remitirá las actuaciones al que considere competente y pondrá a
su disposición los detenidos, si los hubiere.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 50


La inobservancia de las reglas para determinar la competencia por razón de la materia producirá la
nulidad de los actos, excepto lo que sea imposible repetir. Esta disposición no regirá cuando un juez
de competencia superior hubiera actuado en una causa atribuida a otro de competencia inferior.

Funcional

Es el poder deber que el código acuerda a diferentes tribunales para intervenir en un proceso, según
sea la fase (v. gr., la investigación jurisdiccional o el juicio) o el grado (v. gr., recursos) en que el
mismo se encuentre.

El Código establece cuáles son los tribunales que deben intervenir en el juicio común o los juicios
especiales, y cuáles son los que deben intervenir en los recursos que se autorizan contra resoluciones
jurisdiccionales y en la ejecución.

Es posible que dos tribunales se declaren simultánea y contradictoriamente competentes o


incompetentes para juzgar un hecho: en tal supuesto el conflicto será resuelto por el Tribunal
jerárquicamente superior (art. 50).

El Ministerio Público y las partes podrán promover la cuestión de competencia, por inhibitoria ante el
Juez que consideren competente o por declinatoria ante el que estimen incompetente (art. 51).

La cuestión podrá ser promovida en cualquier momento hasta la fijación de la audiencia para el
debate (art. 52).

Las cuestiones de competencia no suspenderán la investigación. Al resolver el conflicto, el Tribunal


determinará, si correspondiere, qué actos del declarado incompetente no conservan validez.

Por conexión

Competencia por conexión es la potestad que tiene un juez para entender en diversos procesos que
se encuentran vinculados por razón de la persona o de los delitos, en forma de producir unificación
procesal, y que de acuerdo a los principios generales tomados esos delitos en forma aislada, no le
hubiera correspondido entender en todos los casos.

Es decir, las normas de competencia material y territorial se aplican cuando aparece un solo delito;
pero estas normas sufren variaciones cuando ocurren dos o más hechos delictivos que, aunque son
independientes, se vinculan entre sí por circunstancias objetivas o subjetivas. En esos casos se
produce la acumulación de causas, permitiendo conocer y juzgar en todos a un solo juez,
derogándose así las reglas sobre materia y territorio (excepción: art. 426).

Hay que tener en cuenta que la acumulación de causas por conexión sólo puede realizarse entre
jueces de la misma jurisdicción (Nacional o Provincial).

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 51


B.- DISTRIBUCIÓN DE CAUSAS: ACUMULACIÓN O SEPARACIÓN

La necesidad de unificar el oficio impone alterar las reglas de la competencia, conforme a su


determinación territorial y material, cuando aisladamente las causas conexas hubieran
correspondido a distintos tribunales.

La consecuencia de esto es que en todos los procesos investigue el mismo órgano judicial (criterio de
economía procesal, en cuanto evita la multiplicidad de trámite) y juzgue el mismo juzgado de
sentencia o correccional, o la misma cámara de juicio (criterio de unidad jurisdiccional, en cuanto
previene pronunciamientos contradictorios).

C.- ECONOMÍA Y CELERIDAD PROCESAL

El principio de economía procesal comprende las previsiones que tienden a la abreviación y


simplificación del proceso evitando que su irrazonable prolongación haga inoperante la tutela de los
derechos e intereses comprendidos en él.

El principio de celeridad, en tanto, impide la prolongación de los plazos y elimina trámites procesales
superfluos u onerosos.

Más que un solo principio es un conjunto de principios con los cuales se consigue aquél. Entre ellos
se encuentran:

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 52


D.- INHIBICIÓN Y RECUSACIÓN

La inhibición y la recusación de los jueces son los medios que aseguran la intervención de un juez
imparcial, es decir, un juez que resulte neutral en el caso concreto por carecer de vínculos con las
personas interesadas o de intervenciones previas en el proceso que enerven esa posición. Son
causales de inhibición y recusación de los jueces las siguientes:

• Cuando en el mismo proceso hubiera pronunciado o concurrido a pronunciar sentencia;


hubiera intervenido como Juez de Instrucción resolviendo la situación legal del imputado o
como funcionario del Ministerio Público, defensor, mandatario, denunciante o querellante; o
hubiera actuado como perito o conociera el hecho investigado como testigo.

• Si fuere pariente, dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad, de


algún interesado.

• Cuando él o alguno de sus parientes en los grados preindicados tengan interés en el proceso.

• Si fuera o hubiera sido tutor o curador; o hubiera estado bajo tutela o curatela de alguno de
los interesados.

• Cuando él o sus parientes, dentro de los grados referidos, tengan juicio pendiente iniciado
con anterioridad, o sociedad o comunidad con alguno de los interesados, salvo la sociedad
anónima.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 53


• Si él, su esposa, padres o hijos, u otras personas que vivan a su cargo, fueren acreedores,
deudores o fiadores de alguno de los interesados, salvo que se tratare de Bancos Oficiales o
constituidos por sociedades anónimas.

• Cuando antes de comenzar el proceso hubiera sido denunciante, querellante o acusador de


alguno de los interesados, o denunciado, querellado o acusado por ellos, salvo que
circunstancias posteriores demostraren armonía entre ambos.

• Si hubiera dado consejos o manifestado extrajudicialmente su opinión sobre el proceso.

• Cuando tenga amistad íntima o enemistad manifiesta con alguno de los interesados.

• Si él, su esposa, padres o hijos, u otras personas que vivan a su cargo, hubieran recibido o
recibieran beneficios de importancia de alguno de los interesados, o si después de iniciado el
proceso, él hubiera recibido presentes o dádivas aunque fueran de poco valor.

• Cuando en la causa hubiera intervenido o interviniere como Juez algún pariente suyo dentro
del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad.

• Cuando mediaren otras circunstancias que, por su gravedad, afectaren su imparcialidad.

Se ha propuesto, que los jueces que deban intervenir en el juicio también puedan ser recusados por
el querellante y el imputado si éstos consideran que la imparcialidad de aquellos puede verse
afectada por la existencia de un tratamiento periodístico intensivo sobre el caso que, excediendo la
objetividad de la información y el interés de la opinión pública, propusiera como prevalente alguna
hipótesis sobre el mismo; y que pueda también ser recusada cualquier autoridad judicial con
intervención en la investigación preparatoria por apreciaciones públicas que haya formulado, antes
de resolver la situación del imputado, en el sentido precedentemente indicado.

E.- COMPETENCIA FEDERAL

Es el límite que la ley señala para el ejercicio de la jurisdicción a cargo de los distintos órganos
jurisdiccionales.

El fundamento de la justicia federal es histórico-político, se manifiesta en principios que son puntales


de la organización nacional. El federalismo fue la base de la unión a través de la institución de un
poder central con dominio limitado sobre todo el territorio de la República para proveer a su
mantenimiento.

Entre los poderes delegados a este poder central se cuentan los judiciales en cuanto dirigidos a la
defensa de los intereses puestos a custodia del gobierno nacional, sin avasallar las autonomías
provinciales. Actúa dentro de lo que le ha sido expresamente delegado. De aquí que en materia penal
el fuero federal sólo puede ser asignado respecto de las causas determinadas expresamente por la
CN o por la leyes del Congreso dictadas en consecuencia de ella, o sea sin alterar los principios en que
se fundamenta el deslinde de poderes. La ley no puede aumentar ni disminuir el ámbito
constitucional del fuero federal.

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Por la justicia penal federal ha de satisfacerse un interés público de carácter general aunque se
superponga al de las provincias: delitos que afectan a la entidad Nación como poder central, por
atacar los intereses de la soberanía, sus rentas, propiedad, autoridades o representación extranjera,
que violan la Constitución o leyes especiales, que provocan conflictos con otras naciones, etcétera.

F.- COMPETENCIA ORDINARIA.- ART.43, 44, 45 Y 46

Consiste en la distribución de causas penales entre los tribunales que integran un determinado
órgano jurisdiccional, sea el de una provincia, sea el de la Nación.

Los criterios para determinar la competencia ordinaria difieren en cierta manera de los tenidos en
cuenta para determinar la federal aunque coincida el nombre. Predomina el criterio territorial, el cual
se resuelve en la división del territorio en diversas circunscripciones. En cada una de ellas funciona el
criterio material resuelto en la entidad del delito manifestada fundamentalmente por la cantidad y
calidad de la pena, y en los fraccionamientos que produce aparece la determinación funcional para
las etapas y grados del proceso. Estos criterios se complementan con las reglas sobre conexión, en
cuanto el efecto unificador del proceso o del oficio produce alteraciones a las reglas de competencia
material y territorial.

La ley asigna a los tribunales una circunscripción territorial para que ejerzan la jurisdicción con
respecto a todas las causas que se susciten dentro de ella. En nuestra provincia, la determinación de
la competencia del tribunal provincial atiende al lugar de comisión del hecho. Para hacer efectivo tal
criterio, el territorio correspondiente al órgano jurisdiccional de la provincia se divide en secciones o
circunscripciones por la ley orgánica, estableciendo en cada uno de ellas uno o más tribunales
penales entre los que se distribuyen las causas conforme a los otros criterios.

De tal suerte, será competente para el juzgamiento el lugar en que el hecho se hubiera cometido. En
caso de tentativa se tendrá por tal al lugar donde se cumplió el último acto de ejecución; en caso de
delito continuado o permanente, el de aquel donde comenzó a ejecutarse.

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En caso de que no surja claramente cuál es el lugar de comisión del delito, la ley establece: “Si fuere
desconocido o dudoso el lugar donde se cometió el hecho, será competente el Tribunal del lugar
donde se estuviere practicando la investigación o, en su defecto, el que designare el Tribunal
jerárquicamente superior”.

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CAPITULO 06
ACTORES

1.- EL ACTOR PENAL

Es el sujeto que inicia e impulsa la persecución penal preparando, formulando, y probando la


acusación.

2.- ACCIONES PENALES

Resulta así que la acción, en lo penal, se presenta como el poder de presentar y mantener ante el
órgano jurisdiccional una pretensión fundada en la afirmación de la existencia de un delito,
postulando una decisión sobre ese fundamento que absuelva o condene al imputado.

La relevancia del concepto de acción penal surge evidente ante la prohibición del procedimiento
penal de oficio, que exige la excitación extraña para que la jurisdicción pueda ejercitarse
válidamente. Esta regla no se satisface siempre para la instrucción penal.

La acción es un poder del Estado distinto al punitivo o diverso del derecho penal sustantivo cuya
actuación persigue en el proceso. Por el poder punitivo el Estado debe castigar al infractor de la Ley;
por el de acción debe exigir un pronunciamiento jurisdiccional acerca de si existe o no un infractor. El
primero se concreta cuando hay un culpable declarado por sentencia firme; el segundo, cuando se
dan las circunstancias fácticas de posibilidad delictual. El primero tiende al castigo del culpable; el
segundo, con criterio imparcial, persigue la decisión que dé paso o no a la pena, y en su caso que la
pena se ejecute, conforme su imposición y a la Ley penal.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 57


El poder de acción es autónomo del poder punitivo o norma que da relevancia jurídica penal al
fundamento de la pretensión, siendo indiferente la realidad de ese fundamento para la vigencia de la
acción. Sin embargo, para que esté realmente vigente como expresión del orden jurídico penal debe
presentarse la posibilidad de que haya un sujeto penalmente responsable.

Desde el punto de vista penal, el titular del poder de acción es siempre –por regla- el Estado, a
diferencia de lo que ocurre en lo civil en donde lo es el particular y en rarísimos casos el Estado a la
par de aquél. Esto sin perjuicio de que existan casos en que el ejercicio de la acción en lo penal se
concede al particular ofendido.

De aquí que la acción penal sea de ejercicio ineludible, dadas las condiciones para ello, lo cual no
ocurre con la acción civil.

Es el principio de promoción inevitable de la acción en el proceso penal, extendido también al


ejercicio posterior a lo largo del proceso conforme al principio que se conoce por de irrefragabilidad
de la acción: su ejercicio sólo podrá suspenderse, interrumpirse o hacerse cesar en los casos
expresamente previstos (art. 5).

La norma señalada, reglamenta las disposiciones contenidas en el del Código Penal, que establecen
como regla, precisamente, a las acciones públicas promovibles de oficio, y como excepción a las
acciones públicas promovibles a instancia privada y las acciones privadas (arts. 71 a 73).

3.- MINISTERIO PÚBLICO

Se puede definir al Ministerio Fiscal como una corporación de funcionarios públicos instituida y
legalmente organizada para la defensa de determinados intereses de la colectividad que deben ser o
están sometidos a la decisión de los jueces.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 58


4.- LA VÍCTIMA

Víctima del delito es la persona que ha sido perjudicada directamente por su comisión (o sus
herederos en caso de muerte).

El Código expresa (art. 96) que la víctima del delito o sus herederos forzosos, tendrán derecho a ser
informados acerca de las facultades que puedan ejercer en el proceso (artículos 7 y 24), de las
resoluciones que se dicten sobre la situación del imputado y, cuando la víctima fuere menor o
incapaz, se la autorizará a que durante los actos procesales sea acompañada por personas de su
confianza, siempre que ello no perjudique la defensa del imputado o los resultados de la
investigación.

También le permite actuar en el proceso como actora civil y como querellante.

Hoy se propone como conveniente, ampliar protagonismo de la víctima en el aspecto sustancial,


acordándole alguna posibilidad de condicionar o determinar la solución final del caso penal, lo que,
desde otro punto de vista, importará modificar algunos principios que rigen la persecución penal (v.
gr., legalidad) y restringir atribuciones de sus responsables oficiales (el Ministerio Público Fiscal).

5.- EL QUERELLANTE PARTICULAR

En forma genérica, se puede caracterizar al querellante como el particular que produce querella para
provocar un proceso penal o que se introduce en un proceso en trámite como acusador, estando
legalmente legitimado. De tal suerte, este sujeto procesal es siempre un acusador privado.

Para ser legitimado como querellante es de regla que se trate del ofendido, o sea del titular del bien
jurídico que el delito afecta, y puede extenderse al representante legal y a los herederos. Queda
excluido el simplemente damnificado, o sea el que por el hecho sufre solamente un detrimento
patrimonial o moral.

6.- ACCIÓN PENAL PRIVADA

La regla es que la acción penal sea ejercida por el Ministerio Público. Por excepción, en los casos
previstos por el artículo 73, del Código Penal, los órganos públicos no pueden ni promover ni ejercitar
la acción.

El Código Penal llama “acciones privadas” a las pretensiones que nacen de los delitos enumerados en
la norma mencionada, y por las cuales no deberá iniciarse de oficio la persecución conforme al inciso
2º del art. 71 del Código Penal.

ARTÍCULO 73. Son acciones privadas las que nacen de los siguientes delitos:
1. Calumnias e injurias;
2. Violación de secretos, salvo en los casos de los artículos 154 y 157;
3. Concurrencia desleal, prevista en el artículo 159;
4. Incumplimiento de los deberes de asistencia familiar, cuando la víctima fuere el cónyuge.

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 59


No puede iniciarse ni proseguirse de oficio el ejercicio de la acción penal en estos casos. Quien la
ejerza debe constituirse en querellante exclusivo, vale decir con exclusión del órgano público de la
acusación.

El interés individual subordina la realización jurídico-penal. Ésta queda condicionada a la pretensión


penal del ofendido, quien puede disponer de ella no ejerciendo la acción o abandonando su ejercicio,
y aun perdonando al condenado. Tanto este perdón como la renuncia son causales extintivas de la
persecución penal.

Respecto del perdón de la parte ofendida, el art. 69 del Código Penal, establece que el mismo
extinguirá también la pena ya impuesta por delito de acción privada, como así también que el perdón
a favor de uno de los partícipes del delito aprovechará a los demás.

Como puede advertirse, en las acciones privadas el Estado no se limita a conceder al ofendido el
poder jurídico de requerir la actuación de la Ley penal, sino que le acuerda un derecho que
condiciona y enerva por completo la potestad pública. La acción procesal le es concedida porque es
el único medio de hacer valer el derecho sustancial que la Ley le confiere: el derecho de provocar la
represión con exclusión de toda otra persona.

7.- EL QUERELLANTE EXCLUSIVO

Para un reducido número de delitos (art. 73 del Código Penal), la Ley penal sustantiva establece un
IUS PUNIENDI de excepción, prohibiendo el ejercicio de la acción penal por el órgano del Estado en
forma absoluta y otorgándoselo al ofendido por el delito, y en algunos casos a sus herederos
forzosos, guardadores o representantes legales.

Los titulares de la acción privada podrán ejercerla ante los tribunales penales haciendo uso del
derecho de querella, vale decir acusando en forma exclusiva. La denominación de esta clase de
querellante deviene evidente: ejerce el derecho de querella en forma exclusiva, no pudiendo acusar
el Ministerio Público.

En concreto, quienes pueden acusar con: el cónyuge ofendido en los delitos de violación a los
deberes de familia; el ofendido, o si fallece los herederos forzosos, en los delitos de calumnia e
injurias; el agraviado o su guardador o representante legal, en los delitos de violación de secreto y
concurrencia desleal (del Código Penal, 75 y 76).

Función genérica y específica

Este carácter dispositivo respecto de la pretensión penal implica que el ofendido tiene:

Un derecho de querellar, cuya falta de ejercicio impide toda persecución y punición.

Un poder de renuncia, cuyo ejercicio evita la sentencia por truncamiento del proceso que la
querella provocó.

Un poder de perdón, cuyo ejercicio evita la pena del condenado por la sentencia que con la
querella se requirió.

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En suma, el querellante exclusivo no es sino el sujeto esencial del proceso penal que, en su carácter
de titular del derecho a querellar, ejercita la acción penal privada, acusando en forma exclusiva,
mediante el único acto idóneo previsto por la Ley penal a tal efecto: la querella.

8.- ACCIÓN CIVIL

Se afirma que la acción civil resarcitoria es el poder jurídico formal destinado a hacer valer ante un
órgano del Estado una pretensión de resarcimiento.

Para que nazca el derecho subjetivo que se pretende hacer valer mediante la acción civil son
necesarios los siguientes presupuestos:

a. Que exista un delito penal (doloso o culposo) como fuente de la responsabilidad civil;
b. Que exista un daño privado, cierto y efectivo, y que implique la lesión de un bien que sea
objeto de un interés jurídicamente tutelado;
c. Que entre el delito y el daño medie un nexo de causalidad.

Sólo podrá ejercerse la acción civil en el proceso penal si se tratare de un delito doloso y en los
delitos culposos únicamente si se tratare de un homicidio o de lesiones gravísimas. Estas limitaciones
no regirán en los casos de conexión de causas en las que se imputen delitos dolosos y culposos, ni en

Manual de Derecho Procesal Penal–CafferataNores Página 61


los casos de conexión de causas en las que se imputen otros delitos culposos además de
los enumerados o mediare entre ellos un concurso ideal de delitos.

9.- EL IMPUTADO

Es el sujeto al que se le atribuye haber participado en la comisión de un delito, ya sea como autor,
cómplice o instigador del mismo.

La denominación imputado es genérica, ya que comprende otras denominaciones para el sujeto,


según sea la situación del mismo durante la persecución penal.

En el proceso penal, el imputado es fundamental en dos aspectos:

Es parte en el proceso, y como tal, tiene a su cargo todos los actos procesales que hacen a su
defensa, la cual puede llevar a cabo por sí mismo o por medio de un defensor letrado.
Es un elemento probatorio, dado que sobre él recaerá la actuación del juez a fin de llegar a la
verdad. Se lo utiliza como sujeto (cuando se le toma declaración indagatoria o se lo carea con
otra persona) y como objeto (cuando se lo coloca en rueda o fila para individualizarlo).

La calidad de imputado dura mientras dura el proceso y termina con la sentencia firme; si se
lo condena pasa a tener la calidad de condenado.

A.- DECLARACIÓN INFORMATIVA

Tiene como finalidad obtener informes acerca de los datos personales del imputado, para
identificarlo o individualizarlo, y para hacerle saber sus derechos y garantías.

La identificación es el procedimiento tendiente a establecer los datos personales del


presunto delincuente.

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La individualización es la diligencia tendiente a establecer si la persona a la cual se le imputa un delito
es físicamente la misma que se encuentra ante la autoridad.

B.- DECLARACIÓN INDAGATORIA

Cuando el juez tiene sospechas suficientes, por los elementos de convicción reunidos, de que la
persona imputada ha intervenido en el hecho debe proceder a tomarle declaración indagatoria.

La indagatoria es un acto personal, porque el imputado debe presentar personalmente la


declaración, no pudiendo ser reemplazado por otra persona. Solo pueden asistir su defensor, el
ministerio fiscal y el juez que recibe la declaración.

Para el juez la indagatoria es un deber porque siempre que haya motivos suficientes para tener a
alguien como sospechoso deberá tomarle indagatoria.

Para el imputado es un derecho y es por ello que puede negarse a declarar, dado que nadie puede
ser obligado a declarar contra sí mismo.

La indagatoria puede considerarse el primer acto de defensa del imputado porque tiene la
posibilidad de manifestar todo lo que tenga que decir para su descargo o para dar explicaciones de
los hechos.

También es un acto de fuente de pruebas, ya que lo declarado puede servir para que el juez oriente
la investigación y practique las diligencias probatorias correspondientes.

Siempre que hubiere elementos de convicción suficientes para estimar que existe un hecho
delictuoso y que aquél es culpable como participe de éste, el juez ordenará el procesamiento del
imputado.

El auto procesamiento debe ser fundado y deberá contener:

Los datos personales del imputado para su identificación


Enunciación de los hechos que se le atribuyen y motivos de la decisión fundada
La calificación legal del delito y las disposiciones aplicables

El auto procesamiento puede ir o no acompañado de prisión preventiva. En este caso el delito que se
imputa debe llevar una pena privativa de la libertad, y además no debe corresponderle la condena de
ejecución condicional.

C.- SOBRESEIMIENTO

El sobreseimiento es la resolución jurisdiccional que cierra definitiva e irrevocablemente el proceso


con relación al imputado a cuyo favor se dicta por carecer de fundamento o estar extinguida la
pretensión represiva que se hace valer.

El sobreseimiento puede ser total o parcial, desde el punto de vista objetivo o subjetivo.

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El sobreseimiento, desde el punto de vista objetivo, es total si se dicta en relación a todos los hechos
atribuidos. Será parcial cuando sólo se refiera a uno o alguno de los hechos que se investigan en la
causa.

El sobreseimiento, desde el punto de vista subjetivo, es total cuando se dicta en relación a todos los
imputados en el proceso penal concreto. Es parcial cuando se refiere a uno o algunos de los
imputados.

D.- FALTA DE MERITO

Se da cuando el juez estima que no hay mérito para ordenar el procesamiento ni tampoco para
sobreseer, sin perjuicio de proseguir la investigación, y dispondrá la libertad de los detenidos que
hubiere, previa constitución de domicilio.

Se trata de una libertad provisional, ya que el proceso y la investigación continúan en busca de


nuevas pruebas que definan la situación. El imputado continuará bajo el control del juzgado y deberá
presentarse cuando se lo requiera.

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CAPITULO 07
LA INSTRUCCIÓN

1.- CONCEPTO

Es la etapa del proceso penal en la cual se tiende a reunir todos los elementos de prueba posibles a
efectos de determinar la existencia del delito y de sus posibles autores, cómplices o auxiliadores.

En esta etapa se adoptan medidas cautelares, ya sea de cautela personal (para asegurar la persona
del presunto delincuente, por ej: detención) o de cautela real (para asegurar la responsabilidad
económica del mismo, como embargo de una propiedad).

2.- FINALIDAD

Esta etapa de Instrucción comienza desde que se tiene noticia de la existencia de un posible delito
hasta el momento en que se produce la clausura de la Instrucción, sea por haberse dictado
sobreseimiento firme o por elevarse la causa a la etapa de juicio, lo cual ocurre cuando el instructor
considera terminada su función presumiendo que tiene suficientemente acreditada la existencia del
hecho y la responsabilidad del imputado.

3.- CARACTERES DE LA INSTRUCCIÓN

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4.- JUEZ COMPETENTE

Instructor es el órgano encargado de llevar adelante esta primera etapa del proceso penal. El sistema
adoptado por nuestro CPP consiste en poner la instrucción a cargo del juez de instrucción, pero le
otorga al juez la facultad de decidir que la investigación de los delitos quede a cargo del fiscal.

Ya estando el fiscal a cargo de la instrucción podrá adoptar todas las medidas necesarias para lograr
los objetivos de la misma:

Citar a testigos
Requerir informes
Disponer las medidas que considere necesarias en el ejercicio de sus funciones
Practicar las inspecciones de lugares y cosas con la debida orden judicial.

Las partes le podrán proponer actos procesales o la obtención de medios de prueba en cualquier
momento de la investigación, que el fiscal llevará a cabo si los considera pertinentes y útiles.

Sin embargo, hay actos que él no puede hacer y que debe pedir, bajo pena de nulidad, al juez que
los realice, como ser:

La recepción de la declaración del imputado


Toda medida restrictiva de la libertad ambulatoria del imputado
Toda medida relativa al archivo de las actuaciones, a la suspensión de la persecución penal o
al sobreseimiento del imputado

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Al llegar al cierre de la instrucción, el fiscal peticiona al juez, en base a la prueba adquirida, que se
ponga fin al proceso o se eleve la causa a la etapa siguiente.

5.- FORMAS DE INICIAR LA INSTRUCCIÓN

A.- POR DENUNCIA

Denuncia es el acto por el cual una persona que ha tenido conocimiento de la perpetración de un
posible delito de acción pública lo comunica a las autoridades competentes, pero sin ejercitar la
acción penal.

La denuncia es un medio de inicio de instrucción cuando se trata de delitos de acción pública, pero
no cuando se trata de delitos dependientes de instancia privada. El que denuncia no ejercita la acción
penal, se limita a dar aviso de la existencia del hecho a la autoridad y con ello termina su función.

Para efectuar la denuncia no es necesario haber presenciado el delito, sino que es suficiente haber
tomado conocimiento del mismo por cualquier medio. Tampoco se requiere ser el damnificado por
el delito (salvo que se trate de un delito de instancia privada).

En general, la denuncia es voluntaria. Sin embargo hay casos en que la denuncia se presenta como
una obligación, como un deber cuya omisión acarrea responsabilidad penal. Así ocurre con los
funcionarios o empleados públicos y con los médicos, parteras, farmacéuticos y demás personas que
ejerzan cualquier rama del arte de curar. También hay casos en que por razones de parentesco y para
mantener la armonía familiar la denuncia está prohibida. Nadie puede denunciar a su cónyuge,
ascendiente, descendiente o hermano, a menos que el delito aparezca ejecutado en perjuicio del
denunciante o de un pariente suyo de grado igual o más próximo que el que lo liga con el
denunciado. Esta prohibición no rige cuando la víctima es el propio denunciante.

Juez Competente, Fiscal,


Policía

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La denuncia deberá contener:

La relación circunstanciada del hecho


La indicación de los partícipes, damnificados y testigos
La indicación de los demás elementos que puedan conducir a la comprobación del delito y
su calificación legal

B.- POR PREVENCIÓN

Es un medio de inicio de la instrucción que rige cuando se trata de delitos de acción pública, pero no
cuando se trata de delitos dependientes de la instancia privada, en cuyo caso sólo se deberá
proceder cuando se reciba la denuncia.

Consiste en una serie de diligencias preliminares, generalmente urgentes, que realiza la Policía u
otras fuerzas de seguridad con el fin de investigar un delito, reunir pruebas, establecer quienes son
autores, partícipes, testigos, etc., diligencias que deben ser comunicadas al Juez o Fiscal para que
impartan directivas. Este conjunto de diligencias se denomina sumario de prevención.

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C.- INICIO DE OFICIO

La iniciación de oficio de la instrucción tiene lugar cuando el mismo órgano instructor toma
conocimiento personal por algún medio de la comisión de un delito y procede a iniciar la instrucción,
aun cuando no haya habido denuncia ni prevención.

La iniciación oficiosa de la instrucción no corresponde al juez sino al fiscal, salvo que el delito sea de
instancia privada, pues en este el proceso se inicia por acusación o denuncia del agraviado o sus
representantes legales.

6.- MEDIOS DE PRUEBA

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7.- CLAUSURA DE LA INSTRUCCIÓN

En principio se puede hablar de una clausura normal y de una clausura anormal.

Clausura anormal: cuando el proceso se interrumpe sin posibilidad de continuar, tal el caso
de que se dicte sobreseimiento firme o se haga lugar a excepciones perentorias.
Clausura normal: con el dictado del auto de elevación de la causa a juicio que tiene lugar
cuando el instructor considera terminada su función por presumir que tiene suficientemente
acreditada la existencia del hecho y la responsabilidad del imputado

A.- CONDICIONES PARA EL AUTO DE ELEVACIÓN

Las condiciones son que el juez:

a. Haya dispuesto el procesamiento del imputado


b. Estimare que la instrucción está completa
c. Corra vista sucesiva al querellante y fiscal por el término de 6 días prorrogable por otros 6

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B.- ELEVACIÓN A JUICIO

Al contestar la vista, el fiscal y la parte querellante deben manifestar si consideran que


la instrucción está completa o incompleta.

Si la consideran incompleta deben decir las diligencias que consideran necesarias. Si la consideran
completas deben decir si corresponde sobreseer o elevar la causa a juicio (requerimiento).

Las causas se pueden elevar a juicio aun cuando haya recursos pendientes de resolución.

El requerimiento de elevación deberá contener:

Los datos personales del imputado


Una relación clara y precisa de los hechos y su calificación legal
Una exposición sucinta de los motivos en que se funda

El auto de elevación a juicio es inapelable; en cambio el auto de sobreseimiento podrá ser apelado
por el agente fiscal y el querellante en el término de 3 días.

8.- INSTRUCCIÓN SUMARIA

Es un instituto por el cual se disminuye considerablemente la duración de la instrucción siempre que


se den determinadas condiciones.

Así, cuando una persona haya sido sorprendida en flagrancia de un delito de acción pública, y el juez
considerare prima facie que no procederá la presión preventiva del imputado, la investigación
quedará directamente a cargo del agente fiscal.

El agente fiscal deberá hacerle conocer al imputado cuál es el hecho que se le atribuye y cuáles son
las pruebas existentes en su contra y lo invitará a elegir defensor.

El imputado podrá presentarse ante el fiscal para aclarar los hechos e indicar las pruebas que a su
juicio pueden ser útiles.

Estando reunidos los elementos probatorios respecto de los extremos de la imputación penal, el
agente fiscal correrá vista al querellante, si lo hubiere, luego de lo cual se expedirá si corresponde
sobreseer o elevar la causa a juicio.

Los aspectos más relevantes de la instrucción sumaria son:

a. Permite reducir notablemente la duración de la instrucción


b. La instrucción queda plenamente a cargo del Ministerio fiscal
c. Se suprime el auto de procesamiento y también la declaración indagatoria, salvo que el
propio imputado pida ser oído por el juez

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CAPITULO 08
EL JUICIO (O PLENARIO)

1.- CONCEPTO

Terminada la instrucción debe comenzar la etapa de juicio o plenario que se extiende desde la
citación a juicio hasta que se dicta sentencia y ella queda firme.

2.- ACTOS PRELIMINARES

Recibido el expediente por el Tribunal oral, el Presidente del mismo debe controlar que se haya dado
cumplimiento a todo lo requerido en la instrucción. Si hubiere faltas o defectos, la causa vuelve al
instructor para que los complete o subsane.

El Presidente del Tribunal debe citar al fiscal y a las otras partes (querellante, defensor, etc.) para que
comparezcan al juicio, para que examinen todo lo actuado en la instrucción, ofrezcan pruebas e
interpongan las recusaciones que estimen pertinentes.

El fiscal y las otras partes al ofrecer prueba presentarán la lista de testigos, peritos e intérpretes;
también podrán manifestar que se conforman con la lectura de las declaraciones de los testigos y
peritos de la instrucción. Si las partes están de acuerdo en ello y el tribunal lo acepta, no se citarán ni
testigos ni peritos.

A.- ADMISIÓN Y RECHAZO DE LA PRUEBA

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B.- INSTRUCCIÓN SUPLEMENTARIA

Es una instrucción complementaria de lo que se hizo en la etapa de instrucción, tal el caso de realizar
pruebas o actos de instrucción indispensables, denegados u omitidos anteriormente.

Es ordenada por el Presidente del Tribunal, de oficio o a petición de parte, debiendo dar noticia a
las partes y se debe realizar antes del Debate.

C- FIJACIÓN DE LA AUDIENCIA PARA EL DEBATE

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D.- SOBRESEIMIENTO DURANTE EL JUICIO O PLENARIO

El sobreseimiento se puede dictar en cualquier estado de la instrucción, sin embargo se contemplan


casos en que se puede dictar, de oficio u a pedido de parte, durante el juicio o plenario.

Los casos contemplados son:

Cuando por nuevas pruebas resulte evidente que el imputado obró en estado de
inimputabilidad
Cuando exista o sobrevenga una causa extintiva de la acción penal y para comprobarla no
sea necesario entrar al debate
Cuando el imputado quedara exento de pena en virtud de una ley penal más benigna

3.- EL DEBATE
El debate, segundo paso del juicio, está a cargo del Tribunal Oral.

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A.- AUDIENCIA DEL DEBATE

El fiscal y el defensor deben asistir obligatoriamente a la audiencia del debate. Si hay inasistencia sin
justificar corresponden sanciones disciplinarias y puede ser reemplazado.

En el caso del imputado:

Asistirá libre en su persona a la audiencia, pero bajo vigilancia para impedir su fuga o
violencias
Si no quisiere asistir o continuar en la audiencia, se lo pone bajo custodia en una sala
próxima y será representado por su defensor
Si fuese necesario que esté presente para su reconocimiento podrá ser obligado a ir a la
audiencia por la fuerza pública
Si está en libertad provisional se lo cita y si no concurre se lo detiene y se lo lleva a la
audiencia

Si en la audiencia se cometiere un delito de acción pública, como por ejemplo un falso testimonio, se
levanta un acta, se detiene inmediatamente al presunto culpable y se lo pone a disposición del juez
competente con todos los antecedentes necesarios del caso.

Quien dirige el debate es el presidente del tribunal, quien ordenará las lecturas, hará las advertencias
legales, recibirá los juramentos y declaraciones y moderará la discusión.

La audiencia se lleva a cabo en la sede del tribunal.

B.- ACTOS DEL DEBATE

La apertura se realizará el día, hora y lugar fijados para el debate y se:

1. Se constituirá el tribunal oral bajo la dirección del presidente


2. Se constatará la presencia de los que deben intervenir en el acto (imputado, defensor, fiscal,
testigos, peritos, intérpretes, etc.)
3. El secretario lee el requerimiento fiscal y, en su caso, del auto de remisión a juicio y se
explicarán los hechos atribuidos
4. A partir de allí se declarará abierto el debate.

Después de abierto el debate, serán planteadas y resueltas, bajo pena de caducidad varias
cuestiones:

Las nulidades que se hubieran planteados en el periodo preliminar del juicio


La cuestiones atenientes a la constitución del tribunal
La incompetencia en razón del territorio
La unión o separación de juicios
La admisibilidad o incomparecencia de testigos, peritos o intérpretes
La presentación o requerimiento de documentos, salvo que la posibilidad de proponerlas
surja en el curso del debate

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Estas cuestiones preliminares serán tratadas y resueltas todas en un solo acto, a menos que el
tribunal resuelva considerarlas sucesivamente o diferir alguna, según convenga al orden del proceso.

Luego, bajo pena de nulidad, el presidente debe tomarle indagatoria al imputado, es decir, debe
volver a indagarlo con todas las garantías de la declaración indagatoria, por ejemplo: se le debe hacer
saber que puede negarse a declarar, etc.

Si se negare a declarar o incurriere en contradicciones se le harán notar y el presidente ordenará la


lectura de lo que ha declarado en la instrucción. Se le podrán formular preguntas aclaratorias en
cualquier momento del debate.

El imputado puede ser interrogado por el fiscal, el tribunal y su propio defensor.

En el curso del debate el imputado puede efectuar todas las declaraciones que considere oportunas,
siempre que se refieran a su defensa, pero se le impedirá toda divulgación.

El imputado tiene derecho a hablar con su defensor, pero no lo podrá hacer durante su declaración,
ni antes de responder a preguntas que se le formulen. En estas oportunidades nadie le podrá hacer
sugerencia alguna, ni gestos, ni afirmaciones.

El fiscal puede ampliar la acusación si surgieren nuevos hechos, o circunstancias agravantes de


calificación que no estaban contenidos en la acusación primaria, pero vinculadas al delito que la
motiva.

En estas situaciones, el presidente – bajo pena de nulidad – le debe explicar al imputado los nuevos
hechos o circunstancias que se le imputan, e informar a su defensor que tiene derecho a pedir la
suspensión del debate para ofrecer nuevas pruebas y preparar la defensa. Si el defensor ejerce su
derecho, el debate se suspende por el término que fije prudencialmente el tribunal.

El presidente hará leer la parte sustancial del dictamen presentado por los peritos y éstos, cuando
hubieren sido citados, responderán bajo juramento a las preguntas que les sean formuladas por el
tribunal o por las partes.

El presidente procederá al examen de los testigos en el orden que estime conveniente, pero
comenzando por los de la víctima.

Los testigos no podrán comunicarse entre sí ni con otras personas antes de declarar, ni ver ni oír lo
que ocurre en la sala de audiencias.

Los testigos, lo mismo que los peritos, pueden ser preguntados por el tribunal o las partes, pero a
través del presidente, siendo éste el que decide si la pregunta se hace o no.

Si un testigo, perito o intérprete no compareciere a causa de enfermedad u otro impedimento


legítimo, podrá ser examinado en el lugar donde se encuentre por un juez del tribunal, con asistencia
de las partes para controlar el acto.

Si se presume que alguien incurrió en falso testimonio, se labra el acta, se lo detiene y se lo pone a
disposición del juez competente con todos los antecedentes necesarios del caso.

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Las declaraciones testimoniales no podrán ser suplidas, bajo pena de nulidad, por la lectura de las
declaraciones testimoniales hechas durante la instrucción, salvo en los casos en que el fiscal y las
partes hubieren prestado su conformidad, cuando el testigo no concurre, hubiere fallecido o
estuviere ausente del país, se ignorare su residencia o se hallare inhabilitado por cualquier causa
para declarar.

El tribunal, asimismo, puede resolver de oficio que se practique la inspección de un lugar, le que
podrá ser realizado por un juez del tribunal, con asistencia de las partes a efectos de controlar la
prueba.

Los elementos secuestrados oportunamente serán mostrados, según corresponda, a las partes y a los
testigos para que los reconozcan y declaren lo que sea pertinente.

Si en el curso del debate se tuviera conocimiento de nuevos medios de prueba manifiestamente


útiles, o se hicieren indispensables otros ya conocidos, el tribunal podrá ordenar, aún de oficio, la
recepción de ellos.

C.- DISCUSIÓN FINAL

Terminada la recepción de las pruebas, se entra en la discusión final para que las partes aleguen
sobre la prueba y produzcan la Acusación y la Defensa.

En consecuencia, al terminar la recepción de pruebas, el presidente concede sucesivamente la


palabra al:

Actor civil
Querellante
Ministerio fiscal Para que en ese orden aleguen sobre las
pruebas y formulen las acusaciones y defensas
Defensores del imputado
Defensores del civilmente demandado

D.- CIERRE DEL DEBATE

Expuestos los alegatos, la acusación y la defensa, se entra al tramo final o cierre del debate, cuando
el presidente pregunta al imputado si tiene algo que manifestar, luego convocará a las partes a una
audiencia para la lectura de la sentencia y cierra el debate.

El secretario levantará un acta del debate, bajo pena de nulidad, cuyo contenido es el siguiente:

Lugar y fecha de la audiencia con mención de las suspensiones ordenadas


El nombre y apellido de los jueces, fiscales, defensores y mandatarios
Las condiciones personales del imputado y de las otras partes
El nombre y apellido de los testigos, peritos e intérpretes, con mención del juramente y la
enunciación de los otros elementos probatorios incorporados al debate
Las instancias y conclusiones del ministerio fiscal y de las otras partes

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Las firmas de los miembros del tribunal, del fiscal, defensores, mandatarios y secretarios, el
cual previamente la leerá a los interesados

E.- DELIBERACIÓN. POSIBILIDAD DE REAPERTURA DEL DEBATE

Terminado el debate, los jueces que hayan intervenido en él pasarán inmediatamente a deliberar
en sesión secreta, a la que solo podrá asistir el secretario, bajo pena de nulidad.

El tribunal debe resolver todas las cuestiones que hubieran sido objeto del juicio:

1. Las incidentales que hubieren sido referidas


2. Las relativas a la existencia del hecho delictuoso
3. Participación del imputado
4. Calificación legal que corresponda, sanción aplicable
5. Restitución, reparación o indemnización más demandas y costas

Los jueces emitirán su voto motivado sobre cada una de las cuestiones, y votarán en forma conjunta
o individual.

El tribunal dictará sentencia por mayoría de votos, valorando las pruebas y los actos del debate
conforme a las reglas de la sana crítica, haciéndose mención de las disidencias producidas.

Cuando en la votación se emitan más de dos opiniones sobre las sanciones que correspondan se
aplicará el término medio.

Puede ocurrir que durante la deliberación el tribunal estime que es necesaria para dictar sentencia
debidamente fundada la recepción de nuevas pruebas o la ampliación de las recibidas. En este caso,
el tribunal podrá ordenar la reapertura del debate para recibir esas pruebas, y la discusión quedará
limitada al examen únicamente de dichas penas.

La reapertura del debate debe ser considerada como de absoluta necesidad para poder dictar una
sentencia fundada, justa y equitativa.

4.- SENTENCIA

Luego de que los miembros del tribunal han deliberado y votado se llega al acto con el cual se
concluye de modo normal el proceso: la Sentencia definitiva.

La sentencia es la resolución del tribunal por la cual se declara del derecho aplicable al asunto de
fondo y por la cual se le pone fin al proceso.

Redactada la sentencia, cuyo original se agrega al expediente, el tribunal se constituirá nuevamente


luego de ser convocadas las partes y los defensores. El presidente, bajo pena de nulidad, leerá la
sentencia ante los que comparezcan.

La lectura valdrá en todo caso como notificación para los que hubieran intervenido en el debate.

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Al dictar la sentencia, el tribunal podrá dar al hecho una calificación jurídica distinta la contenida en
el auto de remisión a juicio o en el requerimiento fiscal, aunque deba aplicar penas más graves o
medidas de seguridad.

Si resultare del debate que el hecho es distinto del enunciado en el auto de remisión a juicio o en el
requerimiento fiscal, el tribunal dispondrá la remisión del proceso al juez competente.

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CAPITULO 09
LOS RECURSOS EN GENERAL

1.- CONCEPTO

La sentencia es dictada por los jueces y éstos son falibles; por lo tanto es posible que puedan
equivocarse con relación al procedimiento o con relación a la apreciación de los hechos o a la
aplicación del derecho.

Los recursos son los medios de impugnación por los cuales las partes que se consideren agraviadas o
perjudicadas por la resolución judicial, pueden solicitar la revocación o modificación, total o parcial
de la misma, dirigiéndose para ello, según los casos:

Al mismo juez que la dictó (a-quo) para que él mismo revea la resolución que ha dictado. Así
sucede con los recursos de reposición y de revocatoria
Otro de mayor jerarquía (a–quem) como en los recursos de apelación, nulidad,
inconstitucionalidad, etc.

El derecho de recurrir o impugnar resoluciones judiciales no es sólo contra las sentencias definitivas,
sino también contra otros tipos de resoluciones como ser las providencias o los autos interlocutorios.

Las resoluciones se pueden recurrir únicamente por los recursos y en los casos que expresamente
establece la ley. La ley en cada caso indica quién es la persona o parte que tiene derecho a recurrir,
exigiéndole además tener un interés directo.

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2.-CLASIFICACIÓN DE LOS RECURSOS

3.- DESISTIMIENTO

Consiste en manifestar la voluntad de no continuar con el recurso interpuesto. Se puede desistir del
recurso interpuesto, pero el que desiste debe cargar con las costas.

El defensor para desistir debe tener mandato expreso de su representado. El fiscal puede resistir
pero debe expresar los fundamentos.

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CAPITULO 10
LOS RECURSOS EN PARTICULAR

1.- RECURSO DE ACLARATORIA

El recurso de aclaratoria tiende a logar que el mismo juez o tribunal que dictó la resolución corrija
errores materiales, supla omisiones o aclare conceptos oscuros (por ejemplo frase de difícil
interpretación o contradictorias, de modo que no se pueda saber con certeza qué quiso decir el juez).

Se persigue corregir errores materiales, aclarar conceptos o suplir omisiones pero sin modificar lo
sustancial de la resolución.

2.- RECURSO DE REPOSICIÓN

El recurso de reposición o de revocatoria tiene lugar contra las resoluciones dictadas sin
sustanciación y se interpone ante el mismo juez o tribunal que dictó la resolución con el fin de que
sea él mismo quien la revoque por contrario imperio. Esto significa que si ha tenido poder para dictar
la resolución, también tiene poder para revocarla.

Este recurso puede ser acompañado por el recurso de apelación en subsidio, siempre que la
resolución recurrida reúna las condiciones para ser apelable. De esta forma, al acompañarse la
apelación en subsidio, si el juzgador no hace lugar a la reposición, al recurrente le queda la apelación
para que se haga justicia.

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3.- RECURSO DE APELACIÓN

Es el medio por el cual se tiende a que una resolución judicial sea revocada o modificada por un
tribunal jerárquicamente superior (la Cámara de Apelaciones).

Procede contra:

Los autos de sobreseimiento dictados por los jueces de instrucción y en lo correccional


Los autos interlocutorios y las resoluciones expresamente declaradas apelables o que causen
gravamen irreparable

Se interpone ante el mismo tribunal que dictó la resolución, dentro del término de 3 días de
notificada la resolución (plazo perentorio).

Se puede interponer:

Por diligencia: cuando la parte apela en el mismo acto en que se le notifica la resolución,
dejándose constancia de ello en el expediente
Por escrito: cuando la parte, dentro del plazo correspondiente, presenta un escrito
interponiendo el recurso de apelación

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4.- RECURSO DE CASACIÓN

Es un recurso extraordinario que procede para cuestiones de derecho, sea por errores “in iudicando”
(por inobservancia o error en la aplicación de la ley de fondo) o “in procedendo” (inobservancia de
las leyes procesales establecidas bajo sanción de admisibilidad, caducidad o nulidad) para que un
tribunal de alta jerarquía – Cámara de Casación – anule total o parcialmente una resolución
(sentencia definitiva o auto asimilable).

Procede ante:

Inobservancia o errónea aplicación de la ley sustantiva


Inobservancia de las normas procesales que el código establece bajo pena de inadmisibilidad,
caducidad o nulidad, siempre que, con excepción de los casos de nulidad absoluta, el
recurrente haya reclamado oportunamente la subsanación del defecto, si era posible, o
hecho protesta de recurrir en casación

Las resoluciones recurribles son:

Las sentencias definitiva

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Los autos equiparables a la sentencia definitiva, porque ponen fin a la acción, a la pena, o
hagan imposible que continúen las actuaciones o denieguen la extinción, conmutación o
suspensión de la pena

El escrito deberá contener:

1. Se citarán las disposiciones legales violadas o erróneamente aplicadas


2. Se expresará cuál es la aplicación que se entiende correcta
3. Deberá indicarse separadamente cada motivo
4. Hacer constar que se hizo el reclamo de subsanar el defecto o la protesta de recurrir en
casación

El tribunal que dictó la resolución impugnada proveerá lo que corresponda – denegará o concederá
el recurso. Si lo deniega el recurrente podrá interponer el recurso de queja por denegación de
recurso. Si lo concede se emplazará a los interesados para que en el término de 3 días comparezcan a
mantener el recurso.

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5.- RECURSO DE INCONSTITUCIONALIDAD

Es el que se interpone contra las sentencias definitivas o los autos recurrible por casación cuando se
cuestiona la constitucionalidad de una ley, ordenanza, decreto o reglamento que estatuya sobre
materia regida por la Constitución, y la sentencia o el auto fuere contrario a las pretensiones del
recurrente, para que sea la Cámara de Casación quien resuelva sobre la constitucionalidad o
inconstitucionalidad de la disposición cuestionada.

Procede:

Contra las sentencias definitivas


Contra los autos recurribles por casación: autos que pongan fin a la acción, a la pena, o hagan
imposible que continúen las actuaciones o denieguen la extinción, conmutación o suspensión
de la pena

6.- RECURSO EXTRAORDINARIO FEDERAL

Es aquel por el cual las sentencias definitivas de los tribunales locales o federales que sean contrarias
a la CN, pueden ser llevadas en grado de apelación y en última instancia ante la CSJN para que ella
revise dichas sentencias definitivas a efectos de controlar su constitucionalidad. De este modo, se
mantiene la supremacía de la CN y se logra una interpretación uniforme de las normas
constitucionales.

Se interpone y fundamenta por escrito y se debe fundar concretamente y debe bastarse a sí mismo,
indicándose claramente de qué manera resulta violada la CN. La cuestión federal planteada debe
haberse mantenido en todas las instancias.

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7.- RECURSO DE QUEJA

Procede cuando un juez o tribunal ha denegado un recurso que procediere ante otro tribunal. En
estos casos, el agraviado podrá dirigirse en queja directamente al tribunal Superior del que denegó el
recurso, pidiendo que se revoque la resolución denegatoria, se declare mal denegado el recurso y se
ordene su tramitación.

8.- RECURSO DE REVISIÓN

El recurso de revisión es el que procede, en todo tiempo (sin plazo) y siempre a favor del condenado,
contra una sentencia condenatoria firme (cosa juzgada) cuando existen causas que demuestran que
ha sido condenado errónea e injustamente. Es una excepción al principio de cosa juzgada.

Su finalidad es que el tribunal de alzada revise la sentencia firme para que la revoque o modifique,
porque hay elementos que demuestran la inexistencia del hecho, o que el condenado no cometió el
delito, o porque falta totalmente la prueba en que se basó la condena, o porque existe una norma
penal más favorable al condenado o una ley penal más benigna.

Procede contra las sentencias firmes cuando:

1. Los hechos establecidos como fundamento de la condena fueren inconciliables con los
fijados por otra sentencia penal irrevocable.
2. La sentencia impugnada se hubiera fundado en prueba documental o testifical cuya falsedad
se hubiese declarado en fallo posterior irrevocable.

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3. La sentencia condenatoria hubiera sido pronunciada a consecuencia de prevaricato, cohecho
u otro delito cuya existencia se hubiese declarado en fallo posterior irrevocable.
4. Después de la condena sobrevengan o se descubran nuevos hechos o elementos de prueba
que, solos o unidos a los ya examinados en el proceso, hagan evidente que el hecho no
existió, que el condenado no lo cometió o que el hecho cometido encuadra en una norma
penal más favorable.
5. Corresponda aplicar retroactivamente una ley penal más benigna que la aplicada en la
sentencia.

Podrán deducir el recurso de revisión:

1. El condenado y/o su defensor; si fuere incapaz, sus representantes legales, o si hubiere


fallecido, su cónyuge, sus ascendientes, descendientes o hermanos.
2. El ministerio fiscal.

Una vez interpuesto el recurso se deben observar las reglas establecidas para el recurso de casación
en cuanto sean aplicables.

La cámara puede:

1. Disponer todas las indagaciones y diligencias que crean útiles, y delegar su ejecución en
alguno de sus miembros.
2. Suspender la ejecución de la sentencia recurrida y disponer, con o sin caución, la libertad
provisional del condenado.

Al pronunciarse en el recurso el tribunal podrá

1. Hacer lugar a la revisión y así anular la sentencia, remitiendo a nuevo juicio cuando el caso lo
requiera, o pronunciando directamente la sentencia definitiva.
2. Desestimar la revisión sin perjudicar el derecho de presentar nuevos pedidos fundados en
elementos distintos, pero las costas de un recurso desechado serán siempre a cargo de la
parte que lo interpuso.

Cuando la sentencia sea absolutoria, además de disponerse la inmediata libertad del condenado y el
cese de toda interdicción, deberá ordenarse la restitución de la suma pagada en concepto de pena y
de indemnización; esta última, siempre que haya sido citado el actor civil.

La sentencia de la que resulte la inocencia de un condenado podrá pronunciarse, a instancia de


parte, sobre los daños y perjuicios causados por la condena, los que serán reparados por el Estado
siempre que aquél no haya contribuido con su dolo o culpa al error judicial. La reparación sólo podrá
acordarse al condenado o, por su muerte, a sus herederos forzosos.

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CAPITULO 11
JUICIO ABREVIADO

Es un procedimiento especial introducido por la Ley 24.825, y consiste en abreviar los trámites del
proceso penal, eliminando la etapa del debate y la presentación de pruebas, si entre el Fiscal y el
imputado se llega a un acuerdo, comprometiéndose el Fiscal acerca de la pena a pedir, y el imputado
a reconocer el hecho, su responsabilidad y la calificación legal.

Si hubiere parte querellante, la misma dará su opinión, pero ella no será vinculante.

Desde el comienzo de la instrucción (pero después que el abogado defensor haya aceptado el cargo),
se puede ir gestando el acuerdo; incluso durante los actos preliminares del juicio y hasta el decreto
de designación de audiencia para el debate.

La presentación formal del acuerdo debe producirse en la oportunidad de formular el requerimiento


de elevación a juicio.

El pedido de juicio abreviado par ser admisible debe acompañarse con la conformidad del imputado.

El imputado debe dar su conformidad sobre la existencia del hecho y la participación de aquél,
descriptas en el requerimiento de elevación a juicio, y la calificación legal recaída.

Cuando hubiera varios imputados, el juicio abreviado sólo podrá aplicarse i todos ellos prestan su
conformidad.

El tribunal tomará conocimiento de vista del imputado y lo escuchará si éste quiere hacer alguna
manifestación. Luego acepta o rechaza el pedido de juicio abreviado.

Si lo rechaza se procederá con las reglas del procedimiento común, según corresponda,
remitiéndose la causa al juez que le siga en turno Si
lo acepta llamará a autos para oír sentencia

La sentencia, se debe dictar en un plazo máximo de 10 días. Si hubiera parte querellante, previo a la
adopción de cualquiera de estas decisiones, le recabará su opinión, pero ella no será vinculante.

La sentencia deberá fundarse:

En las pruebas recibidas durante la instrucción


En su caso en la admisión del hecho, participación, calificación legal

La sentencia no podrá imponer una pena superior o más grave que la pedida por el fiscal.

La sentencia, en el juicio abreviado, no resuelve sobre la acción civil, pero ella podrá ser
promovida en sede civil.

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CAPITULO 12
EJECUCIÓN PENAL

1.- EJECUCIÓN DE LA SENTENCIA

La ejecución penal comprende asimismo la ejecución de las sentencias absolutorias, como las
condenatorias y las que imponen medidas de seguridad. Cuando se llega al fin de un proceso en el
cual recayó sentencia firme, es necesario que la misma se ejecute por el tribunal que la dictó o por el
juez de ejecución, según el caso.

Si durante la ejecución se plantean incidentes (por el fiscal, el condenado o su defensor) se corre


vista a las partes y ser resuelve dentro del plazo de 5 días.

2.- COMPETENCIA DEL JUEZ DE EJECUCIÓN

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3.- SENTENCIA CONDENATORIA A PENA PRIVATIVA DE LA LIBERTAD

Si el condenado a pena privativa de la libertad no estuviere preso, se ordenará su captura; salvo que
la pena no exceda los 6 meses y no exista sospecha de fuga, caso en que se le notificará para que se
constituya detenido dentro de los 5 días.

Sí el condenado estuviere preso, ya sea porque se lo ha capturado o porque se ha presentado como


detenido, el juez de ejecución ordenará su remisión y alojamiento en la cárcel penitenciaria
correspondiente, enviando a la misma el cómputo y copia de la sentencia.

Dictada una sentencia condenatoria a pena privativa de la libertad por el tribunal del juicio hay casos
excepcionales en los cuales dicho tribunal puede suspender la ejecución de la pena.

En caso de enfermedad del condenado se lo atiende en el establecimiento donde está alojado, salvo
que no fuere posible atenderlo allí o que ello importara un grave peligro para su salud, en cuyo caso,
el tribunal de ejecución, previo dictamen de peritos, dispondrá su internación en un establecimiento
sanitario adecuado.

Los condenados sin distinción de sexo, podrán recibir visitas íntimas periódicas, las cuales se llevarán
a cabo resguardando la decencia, discreción y tranquilidad del establecimiento.

En caso de muerte o grave enfermedad de un pariente próximo de un condenado o procesado, el


tribunal los puede autorizar a salir del establecimiento carcelario en que se encuentren, para que
cumplan sus deberes morales, siempre que sea por un plazo prudencial, y que sean trasladados bajo
debida custodia. Estas salidas no implican suspensión de la pena.

A.- LEY 24.660 SOBRE EJECUCIÓN DE LA PENA PRIVATIVA DE LA LIBERTAD

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Régimen de libertad condicional

Los casos en que procede la libertad condicional y los requisitos están fijados en el art. 13 del código
penal

ARTICULO 13.- El condenado a reclusión o prisión perpetua que hubiere cumplido treinta y cinco (35)
años de condena, el condenado a reclusión o a prisión por más de tres (3) años que hubiere cumplido
los dos tercios, y el condenado a reclusión o prisión, por tres (3) años o menos, que hubiere cumplido
un (1) año de reclusión u ocho (8) meses de prisión, observando con regularidad los reglamentos
carcelarios, podrán obtener la libertad por resolución judicial, previo informe de la dirección del
establecimiento e informe de peritos que pronostique en forma individualizada y favorable su
reinserción social, bajo las siguientes condiciones:
1. Residir en el lugar que determine el auto de soltura;
2. Observar las reglas de inspección que fije el mismo auto, especialmente la obligación de
abstenerse de consumir bebidas alcohólicas o utilizar sustancias estupefacientes;
3. Adoptar en el plazo que el auto determine, oficio, arte, industria o profesión, si no tuviere
medios propios de subsistencia;
4. No cometer nuevos delitos;
5. Someterse al cuidado de un patronato, indicado por las autoridades competentes;
6. Someterse a tratamiento médico, psiquiátrico o psicológico, que acrediten su necesidad y
eficacia de acuerdo al consejo de peritos.

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Estas condiciones, a las que el juez podrá añadir cualquiera de las reglas de conducta contempladas
en el artículo 27 bis, regirán hasta el vencimiento de los términos de las penas temporales y hasta
diez (10) años más en las perpetuas, a contar desde el día del otorgamiento de la libertad condicional.

La libertad condicional será revocada cuando el penado cometiere un nuevo delito o violare la
obligación de residencia. En estos casos no se computará, en el tiempo de la pena, el tiempo que
haya durado la libertad.

B.- SITUACIONES ESPECIALES

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