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Unidad IV.

Los ministros sagrados o clérigos

1. La formación inicial de los clérigos


La Exhortación Apostólica post-sinodal de Juan Pablo II, "Pastores dabo vobis" del
25 de marzo de 1992 es el documento que de forma más integrada, sistemática y profunda
traza las líneas maestras de lo que debe ser la formación sacerdotal, en cuanto proceso
unitario y ambivalente, o con características propias.

Autoridad competente
La Iglesia tiene “el deber y el derecho propio y exclusivo” (c. 232). Se excluye todo
tipo de injerencia de la autoridad civil.

Fomento de las vocaciones (c. 233)


Toda la comunidad cristiana, especialmente las familias cristianas, educadores,
sacerdotes, párrocos, los Obispos diocesanos... con obras que ya existen con esa finalidad
(c. 233 § 1).
Vocaciones adultas (varones de edad madura): “especial interés” ayuda prudente y
preparación conveniente (c. 233 § 2).

Criterios para la selección de los candidatos


Se han de tener en cuenta las circunstancias familiares de los candidatos, sus
cualidades humanas, su manifiesta actitud de servicio, su vinculación eclesial a través de
las parroquias o grupos de apostolado. No conviene, pues, admitir en el Seminario a
jóvenes con motivaciones vocacionales inadecuadas o sin haber comenzado un proceso
serio de discernimiento y maduración espiritual.

Clases diversas de seminarios


a) Menores (c. 234). En el CIC 1917, siguiendo las indicaciones del Concilio de
Trento, se establecía como institución obligatoria para cada diócesis (c. 1354). Ahora, en
consonancia con OT 3a, no se establece ninguna obligación, si bien se lo recomienda con el
convencimiento de que es posible discernir desde la niñez ciertos signos de vocación divina
(PDV 63). Se distingue de un simple colegio católico por ser una institución vocacional por
definición.
b) Mayores (c. 235) son obligatorios (OT 4a; PDV 61), pero no necesariamente en
cada diócesis; “durante todo el tiempo de la formación o, por lo menos, durante cuatro
años” a juicio del Obispo diocesano (§1);
Posibilidad de la residencia legítima fuera del Seminario: encomendados por el
Obispo diocesano a un sacerdote piadoso e idóneo (c. 235 § 2).
c) diocesanos o interdiocesanos o diocesanos abiertos a otras diócesis (c. 237)
d) diaconado permanente (c. 236 y Normas para la formación de los aspirantes al
diaconado permanente de la CEA). Los jóvenes deben permanecer al menos tres años en
una residencia (excepción: razones graves), los hombres de edad madura según el plan de
tres años.
Los seminarios tienen personalidad jurídica ipso iure (c. 238) y están exentos del
régimen parroquial (c. 262). El rector o un delegado realiza la función de párroco, excepto
en lo que se refiere al matrimonio.

1.5. Admisión al Seminario (c. 241)


Depende del Obispo diocesano, a aquellos “capaces de dedicarse a los sagrados
ministerios de manera perpetua”... se deben presentar las partidas de bautismo y
confirmación. Cuando no existe el seminario menor, la legislación vigente no contempla
ninguna institución puente (período propedéutico) que garantice un mínimo de preparación
previa.

1.6. Formadores
El Obispo diocesano: decide lo que se refiere al régimen superior y administración;
debe visitarlo con frecuencia para supervisar la formación y obtener el conocimiento de la
vocación, carácter, piedad y aprovechamiento de los seminaristas en orden a conferirles las
sagradas órdenes (c. 259; para el § 2, cfr. c. 1025 § 1: “juicio del Obispo propio” y c. 1052
§ 1: tener constancia de la idoneidad del candidato).
El Rector: a quien compete la dirección inmediata de acuerdo con el Plan de
formación y el Reglamento (c. 239 § 1; c. 260);
El Vicerrector: si lo pide el caso (c. 239 § 1);
El Director Espiritual (c. 239 § 2): anima toda la vida espiritual del Seminario (o
del grupo encomendado) y a cada alumno que lo elige debe darle su parecer sobre la
idoneidad "ex suo officio" (el alumno, por un sentido de responsabilidad hacia su propia
vocación y por apertura sincera hacia los superiores, se encuentra obligado a comunicar a
los superiores del fuero externo el parecer de su director).
Confesores ordinarios y otros. Los alumnos podrán dirigirse siempre a cualquier
confesor (c. 240). Se deben salvar dos principios: la unicidad del Director y la libertad de
conciencia del seminarista.
Profesores (c. 239 § 1; c. 253) nombrados por el Obispo. Profesores distintos para
cada asignatura. La RFIS n. 33 determina que para las disciplinas sagradas sean
comúnmente sacerdotes, siendo los laicos una excepción. Deben ser conscientes que
ejercen un verdadero oficio eclesiástico en el "sensus ecclesiæ" y en la adhesión al
Magisterio.
Prefecto de estudios: para lograr la íntima unidad y armonía de toda la doctrina
(“ciencia única”) (c. 254 § 1).
Colaboración mutua de todos los formadores, participando de la responsabilidad del
Rector (c. 239 § 3)

Normativa del Seminario


Debe existir un Plan Nacional de Formación sacerdotal (c. 242) (en Argentina:
FMS); un reglamento propio de cada seminario para adaptar y precisar las normas (c. 243);
los alumnos deben cumplir perfectamente esas normas (c. 261).

Economía
+ cuidado del Seminario por parte del Obispo (c. 263);
+ posibilidad de imponer un tributo diocesano "pro-seminario" (c. 264);
+ en cada seminario debe existir un ecónomo (c. 239 § 1).

2. Normas básicas del itinerario formativo


“Es evidente que gran parte de la eficacia formativa depende de la personalidad
madura y recia de los formadores” (PDV 66). Lo más decisivo es el espíritu con que el
obispo afronte su grave responsabilidad en la materia, y los criterios que el propio obispo se
haya fijado sobre el formador ideal y sobre el modelo de sacerdote que quiere formar.

Formación equilibrada
Buscar la perfecta armonía entre la formación espiritual y la preparación doctrinal
(c. 244).

Formación humana
La formación de los futuros presbíteros tiende a que “aprendan a cultivar aquellas
virtudes que son más apreciables en la convivencia humana, de manera que puedan llegar a
conciliar adecuadamente los bienes humanos y los sobrenaturales” (c. 245 § 1). Se trata del
“necesario fundamento” (PDV 43).

Formación espiritual
+ virtudes básicas: espíritu misionero, fe viva y caridad: “mediante la formación
espiritual, los alumnos deben hacerse idóneos para ejercer con provecho el ministerio
pastoral” (c. 245);
+ vida de obediencia: “unidos con caridad humilde y filial al Romano Pontífice”
“adheridos al propio obispo” y espíritu fraterno (c. 245 § 2);
+ la fuente para el trabajo apostólico debe ser una profunda vida litúrgico-
sacramental, centrada en la Eucaristía (c. 246);
+ formación adecuada para el celibato (c. 247 § 1);
+ no se les ha de ocultar ninguna de las dificultades que lleva consigo la vida
sacerdotal (c. 247 § 2).

Formación doctrinal
+ para anunciar convenientemente la doctrina del Evangelio a los hombres de
nuestro tiempo (c. 248);
+ dominio de la lengua propia, de la lengua latina, y otros idiomas (c. 249);
+ los estudios de Filosofía-Teología: pueden hacerse sucesiva o simultáneamente,
deben durar al menos seis años (bienio de filosofía y cuadrienio de teología) (cc. 250; 251;
252).

Formación pastoral
+ aunque toda la formación es pastoral, debe darse una instrucción específicamente
pastoral (c. 255);
+ catequesis, homilética, liturgia, trato con los hombres, necesidades de la Iglesia
universal (c. 256);
+ espíritu misionero (c. 257);
+ iniciación en la práctica pastoral (c. 258).

3. La formación permanente
Se pueden ver las razones humanas y teológicas en PDV 70. Es un deber jurídico
del sacerdote (c. 279) que se corresponde con el derecho del Pueblo de Dios a recibir
adecuadamente los bienes salvíficos.

4. La adscripción o incardinación de los clérigos (PDV 18 y 31)


La incardinación no se agota en un vínculo puramente jurídico, sino que comporta
también una serie de actitudes y opciones espirituales y pastorales que contribuyen a
configurar un concreto arquetipo de presbítero.
Es uno de los institutos más antiguos de la organización eclesiástica. La
"intitulatio" existe como norma consuetudinaria antes del s. IV.

Necesidad y noción (c. 265)


La incardinación es la pertenencia de un clérigo:
a una Iglesia particular (diócesis, prelatura territorial, abadía territorial,
vicariato y prefectura apostólica, administración apostólica establemente constituida);
o a una prelatura personal;
o a un instituto religioso;
o a una sociedad clerical de vida apostólica;
o a un instituto secular por concesión de la Sede Apostólica;
o a un Ordinariato Castrense.
La excardinación es el cese de esa pertenencia, para incardinarse en otra Iglesia
particular, etc. No se admiten clérigos no incardinados.

Incardinante y condiciones
La excardinación, la incardinación y la licencia de traslado para el clero diocesano,
para los miembros de los institutos seculares y de las sociedades de vida apostólica que no
tienen facultad de incardinar sólo pueden ser concedidas por el Obispo diocesano; por el
administrador diocesano, con el consentimiento del Colegio de Consultores y sólo después
de un año de sede vacante (c. 272).
Los miembros de los institutos religiosos, de los institutos seculares y de las
sociedades de vida apostólica que tienen facultad para ello, se incardinan con su
incorporación perpetua o definitiva, a la que admiten los moderadores mayores.

Modos de incardinación
+ En una Iglesia particular o Prelatura personal (c. 266 § 1) se obtiene con la
ordenación diaconal. La diócesis propia de un clérigo secular es aquella en la que se
incardinó; su obispo propio es el de la diócesis propia; el obispo que tenía en virtud del
bautismo se hace irrelevante. El candidato al diaconado es libre para elegir la diócesis para
cuyo servicio se hace ordenar, y consiguientemente la diócesis de incardinación y el obispo
propio (c. 1016).
+ Los miembros de un instituto religioso y de una sociedad de vida apostólica (c.
266 § 2) clerical, para ser ordenados diáconos e incardinarse en ellos, tienen que estar ya
plena y definitivamente incorporados en el uno o en la otra; por lo que se refiere a las
sociedades, si lo prevén las constituciones, sus miembros pueden incardinarse también en
una Iglesia particular.
+ Los miembros de un instituto secular (c. 266 § 3) quedan incardinados con la
ordenación diaconal a la Iglesia particular a cuyo servicio son admitidos, a no ser que, en
virtud de una concesión de la Santa Sede, queden incardinados en el Instituto.

Cambio de incardinación:
El CIC 1917 mostraba cierto recelo por el traslado de los clérigos, pero el Vaticano
II muestra un cambio de mentalidad1:
+ de una Iglesia particular a otra, a petición propia (c. 267): para su validez se
requiere: carta de excardinación firmada por el Obispo diocesano de procedencia y carta de

1 Cf. LG 28b, PO 7, 10, CD 6, PDV 32.


incardinación firmada por el Obispo diocesano de destino. La excardinación no tiene efecto
si no se obtiene la nueva incardinación. Para la licitud el Obispo diocesano debe precisar
que el clérigo es necesario y útil a su Iglesia particular y que tiene la posibilidad de proveer
a su sustento; el clérigo debe declarar por escrito que quiere dedicarse al servicio de la
nueva Iglesia particular (c. 269, 1 y 3). El Obispo incardinante tiene que precisar, según
documento legítimo, la concesión de excardinación por parte del Obispo de la diócesis de
procedencia; debe tener además de éste, si es necesario bajo secreto, un testimonio sobre la
vida, conducta y estudios del clérigo (c. 269, 2);
+ de una Iglesia particular a otra, automáticamente (c. 268 § 1): mediante un
traslado legítimo, pasados cinco años, si ha mostrado por escrito al Obispo diocesano
propio y al del lugar donde se ha trasladado la intención de incardinarse si no se ha
producido en el plazo de cuatro meses una respuesta contraria escrita por parte de ninguno
de los dos Obispos;
+ El clérigo que se ha incorporado perpetua o definitivamente a un instituto de vida
consagrada o a una sociedad de vida apostólica, queda excardinado de su diócesis (c. 268 §
2).

Condiciones para excardinar (c. 270)


Puede concederse legítimamente sólo por justas causas, como el bien de la Iglesia y
del mismo clérigo. No puede denegarse a no ser por causas graves. El clérigo puede recurrir
administrativamente contra la decisión negativa del Obispo si la considera injusta.

Emigración a regiones necesitadas o licencia de traslado


+ no la niegue el Obispo diocesano, a no ser que lo necesite en su diócesis (c. 271 §
1);
+ acuerdo escrito estableciendo derechos y deberes (c. 271 § 1);
+ para tiempo determinado (c. 271 § 2);
+ revocación de la licencia (c. 271 § 3) por justa causa, respetando la equidad
respecto a los acuerdos que intervinieron con el obispo diocesano de la otra diócesis.
También por causa justa puede negarse la licencia de seguir permaneciendo en la diócesis
en la que el clérigo se encuentra.

Indulto de abandono de un Instituto


Un clérigo incardinado en un instituto de vida consagrada o en una sociedad de vida
apostólica puede recibir el indulto para abandonarlo, con el que queda también
excardinado, sólo si ha encontrado un obispo que lo incardine o al menos lo reciba a
prueba, por lo que después de cinco años queda incardinado en la diócesis por el propio
derecho, a no ser que el Obispo lo haya rechazado (cc. 693; 727 § 2; 743). La incardinación
en una prelatura personal es dada por el prelado; la excardinación de la misma, de modo
análogo a los religiosos, por el abandono (c. 295 § 1).
5. Obligaciones y derechos de los clérigos

Consejos evangélicos
a. Obediencia ministerial (c. 273)
+ especial obligación: en virtud de la naturaleza misma del Orden como de la
promesa pública hecha en el momento de la ordenación;
+ al Sumo Pontífice y al Ordinario propio;
+ no debe ser solamente una ejecución externa de la ley sino una adhesión
interior de la voluntad madura a los valores de los que es portadora la ley2;
+ se trata de la obediencia canónica: se extiende tanto cuanto se extiende la
potestad del superior, que puede mandar solamente en conformidad con el derecho
universal o particular y según los fines espirituales propios de la Iglesia.
+ Si el mandato del Ordinario va contra un derecho o una facultad reconocida
por el derecho universal, el clérigo tiene derecho al recurso (c. 221 § 1).
+ Si un clérigo quiere entrar en un instituto religioso o en una sociedad de
vida apostólica, el Ordinario del lugar debe ser consultado (cc. 644; 735 § 2), pero no se
requiere su consentimiento. El Ordinario sólo puede obtener que el clérigo retrase su
entrada en el instituto (por razones pastorales o por el oficio que el clérigo desempeña en la
diócesis), pero ha de proveer de forma que el clérigo quede libre cuanto antes.
Consecuencias canónicas de la obediencia
1) El clérigo debe aceptar y desempeñar fielmente la tarea que le encomiende su
Ordinario (c. 274 § 2), a no ser que exista un impedimento legítimo; por ejemplo, grave
incomodidad para el clérigo, pero considerada en relación con las necesidades de la Iglesia.
Si desobedece, después de una admonición, puede ser castigado con una pena justa (c.
1371, 2); si instiga a otros a desobedecer, puede ser castigado con penas más graves,
incluso con el entredicho (c. 1373).
2) Sólo los clérigos pueden obtener oficios eclesiásticos (c. 274 § 1), cuyo ejercicio
requieran la potestad de orden (se transmite a través de la ordenación) o la de gobierno
eclesiástico. No quiere afirmar la capacidad exclusiva de los clérigos para recibir tales
oficios, ya que hay cánones que prevén la incorporación de los laicos a los mismos, sino
que sólo los clérigos los pueden reclamar como un derecho: ningún clérigo es ordenado
para la nada, sino siempre para una utilidad de la Iglesia.
3) Obligación de la residencia en la diócesis: no pueden salir de la misma por un
tiempo notable, a determinar por el derecho particular, sin licencia, al menos presunta, del
Ordinario propio (c. 283 § 1). Al clérigo que viole gravemente esta obligación se le debe
imponer una pena justa, sin excluir, después de una admonición, la privación del oficio (c.
1396). Hay que compaginar esta obligación con el derecho a un “debido y suficiente tiempo
de vacaciones” durante el año (c. 283 § 2).
2 Cf. PO 15, PDV 28
El ámbito de la obediencia canónica y la disponibilidad se limita a las obligaciones
propias de los clérigos, según su grado, los deberes de su oficio, y en todo lo referente de
forma directa e inmediata al ministerio presbiteral o diaconal.
En todo lo demás (asuntos que nada tiene que ver con el gobierno de la diócesis, no
produzcan escándalo entre los fieles o nada tengan que ver con la acción pastoral), el clero
secular goza de gran autonomía (administrar sus bienes, ejercer sus derechos y libertades
cívicas, organizar su vida privada, espiritual, etc., salvo los límites que expresamente se
recogen en los cc. 273-289).
b. Celibato (c. 277)
+ continencia perfecta y perpetua;
+ por el Reino de los cielos;
+ sujetos a guardar el celibato;
+ don peculiar de Dios por el cual el clérigo se une más fácilmente a Cristo
con un corazón entero y se dedica con más libertad al servicio de Dios y de los hombres (c.
277 § 1).
Se trata de un don (carisma) de Dios, que la Iglesia pone como requisito para la
ordenación sagrada3. La obligación no surge simplemente de una ley eclesiástica impuesta
desde fuera, sino de la asunción libre y consciente del celibato casto después de años de
oración, reflexión y preparación. La ley eclesiástica sostiene esta obligación asumida
litúrgicamente.
Aunque el Concilio pone de relieve el carácter consecratorio del celibato 4, no habla
de voto, sino de ley5, y del canon desaparece toda mención del sacrilegio, en el caso de
violación del celibato, como hacía el c. 132 § 1 del CIC 1917: "Los clérigos... están
obligados a guardar castidad, de tal manera que, si pecan contra ella, son también reos de
sacrilegio".
La asunción del celibato se hace mediante una promesa realizada antes de la
ordenación diaconal, en un rito público (c. 1037) y en la misma ordenación6.
Están sujetos todos los clérigos, menos los diáconos permanentes casados, los
cuales, si quedan viudos, no pueden contraer segundas nupcias (c. 1087).

3 Cf. PDV 29, 50


4 Cf. PO 16b y OT 10b
5 Cf. PO 16c, OT 10a
6Los religiosos con votos perpetuos no están obligados al rito del c. 1037, pero asumen el celibato
en la ordenación, por lo tanto, si dejan el instituto, la dispensa de los votos y la del celibato son dos
actos formalmente diversos
El acceso al sacerdocio de hombres casados, salvo siempre el derecho del Romano
Pontífice7, no se admite ni siquiera en casos particulares8.
Consecuencias canónicas del celibato
1) quien se encuentra casado, salvo en el caso de quien está destinado al
diaconado permanente, tiene un impedimento simple para recibir la Ordenación (c. 1042,
1)9. Quien hubiera ilegítimamente recibido la Ordenación en estas condiciones está
impedido en su ejercicio (c. 1044 § 2, 1).
2) Las Órdenes recibidas son impedimento dirimente para el matrimonio (c.
1087) a no ser que medie la dispensa que la Congregación para el culto divino y disciplina
de los sacramentos podría conceder a los diáconos permanentes que han enviudado después
de haber recibido la Ordenación.
3) por atentar matrimonio, aunque sea sólo civilmente, el clérigo "ipso iure"
es removido de cualquier oficio eclesiástico (c. 194 § 1, 3) e incurre en la suspensión "latæ
sententiæ" (c. 1333); si, advertido, no se retracta y continúa dando escándalo, puede incurrir
gradualmente en distintas privaciones hasta llegar incluso a la expulsión del estado clerical
(c. 1394 § 1).
4) quien, impedido de contraer matrimonio a causa del Orden recibido, lo
atentase, aunque sólo sea civilmente, se convierte en irregular sea para recibir los otros
grados del Orden (c. 1041, 3) sea para el ejercicio de los ya recibidos (c. 1044 § 1, 3). Se
debe obtener la dispensa correspondiente.

7 Cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe "In June" del 1º de abril de 1981 sobre el ex
clero episcopaliano (anglicano) casado recibido en el clero católico: "la excepción a la norma del
celibato es concedida en favor de estas personas y no debe ser entendida como si implicase un
cambio en el pensamiento de la Iglesia sobre el valor del celibato sacerdotal, que sigue siendo la
norma, incluso para los futuros candidatos al sacerdocio pertenecientes a este grupo". También
Pablo VI, Sacerdotalis coelibatus 42: “…de la misma manera que por una parte queda confirmada
la ley que requiere la elección libre y perpetua del celibato en aquellos que son admitidos a las
sagradas órdenes, se podrá por otra permitir el estudio de las particulares condiciones de los
ministros sagrados casados, pertenecientes a Iglesias o comunidades cristianas todavía separadas
de la comunión católica, quienes, deseando dar su adhesión a la plenitud de esta comunión y
ejercitar en ella su sagrado ministerio, fuesen admitidos a las funciones sacerdotales; pero en
condiciones que no causen perjuicio a la disciplina vigente sobre el sagrado celibato”; Benedicto
XVI, Anglicanorum coetibus, VI §§ 1 y 2.
8 “En efecto, esta opción del sacerdote es una expresión peculiar de la entrega que lo conforma
con Cristo y de la entrega exclusiva de sí mismo por el Reino de Dios. El hecho de que Cristo
mismo, sacerdote para siempre, viviera su misión hasta el sacrificio de la cruz en estado de
virginidad es el punto de referencia seguro para entender el sentido de la tradición de la Iglesia
latina a este respecto… Junto con la gran tradición eclesial, con el Concilio Vaticano II y con los
Sumos Pontífices predecesores míos, reafirmo la belleza y la importancia de una vida sacerdotal
vivida en el celibato, como signo que expresa la dedicación total y exclusiva a Cristo, a la Iglesia y
al Reino de Dios, y confirmo por tanto su carácter obligatorio para la tradición latina. El celibato
sacerdotal, vivido con madurez, alegría y dedicación, es una grandísima bendición para la Iglesia y
para la sociedad” Benedicto XVI, Sacramentum caritatis n. 24
9 Se trata de un impedimento temporáneo, ya que cesa o con la muerte del cónyuge o con
dispensa de la Santa Sede, que no se concede a no ser que exista ya la separación y la esposa
consienta libremente (1047 § 2, 3).
5) el clérigo concubinario y quien con escándalo permanece en otro pecado
externo contra el sexto mandamiento debe ser castigado con la suspensión, y si persiste en
este delito, después de la amonestación, se pueden añadir gradualmente otras penas hasta la
expulsión del estado clerical (c. 1395 § 1); quien comete otros delitos contra el sexto
mandamiento, con violencia o amenazas, o públicamente, o con menores de 18 años, es
castigado con justas penas, sin excluir la expulsión del estado clerical (c. 1395 § 2).
6) la dispensa de la obligación del celibato es concedida sólo por el Romano
Pontífice, en los casos previstos por el derecho (c. 291). Tal reserva no admite ninguna
excepción (cc. 1078 § 2, 1; 1079 § 1-3; 1080 § 1).
7) de la obligación de observar perfecta continencia, se desprende que el
clérigo debe usar de la debida prudencia al tratar con personas, de ambos sexos, cuya
familiaridad podría resultar peligrosa o suscitaría el escándalo de los fieles (c. 277 § 2).
8) es competencia del Obispo diocesano dar normas al respecto (c. 277 § 3);
en los casos particulares, el clérigo debe someterse al juicio del Obispo.
c. Simplicidad de vida
a) Espíritu de pobreza
No hay establecida una obligación jurídica a vivir la pobreza material, aunque según
el c. 282 § 1, los clérigos “han de vivir con sencillez” y deben abstenerse de toda vanidad.
Los clérigos deben usar los bienes temporales sólo para aquellos fines a los que
pueden ser destinados, de acuerdo con las enseñanzas del Señor y del ordenamiento de la
Iglesia10.
Los bienes recibidos con ocasión del ejercicio de un oficio eclesiástico, que exceden
las necesidades del sustento y del cumplimiento de los otros deberes de estado, deben ser
empleados para el bien de la Iglesia y las obras de caridad (c. 282 § 2).
Los presbíteros y los obispos deben evitar todo lo que de cualquier forma pueda
mover a los pobres a apartarse de ellos, y por tanto deben eliminar toda huella de vanidad
de sus propias casas; su morada ha de ser modesta y estar accesible a todos11.
b) Remuneración y asistencia social (c. 281)
+ Derecho a una retribución conveniente a su condición: este derecho se afirma en
relación con el obispo, procedente de la misma incardinación, y en relación con los fieles.
Se evita el igualitarismo absoluto siendo los criterios la naturaleza del oficio que se
desempeña y las circunstancias de lugar y tiempo.
+ La remuneración debe ser suficiente para cubrir las necesidades de la propia vida,
para la justa retribución de los que dependen de él y para salir al encuentro de las
necesidades de los pobres.

10 Cf. PO 17b.
11 Cf. PO 17e; PDV 30.
+ La asistencia social (§ 2) está dirigida a los casos de enfermedad, invalidez o
vejez. Ante todo, los clérigos deben gozar de la asistencia social que les correspondería por
ley civil; para los que no pueden gozar de ella, hay que proveer mediante una institución
especial constituida por disposición de la conferencia episcopal (c. 1274 § 2). En nuestro
país sería FIDES y San Pedro.
+ Condición especial de los diáconos casados: se distingue entre los plenamente
dedicados al ministerio y los que ejercieron o ejercen una profesión civil (c. 281 § 3)
c) Prohibición de tener actividades económicas y comerciales (c. 286)
+ personalmente o por medio de otros;
+ tanto por interés propio como por interés ajeno;
+ a no ser que reciban licencia de la legítima autoridad eclesiástica (propio
ordinario)12
+ La prohibición se refiere al ejercicio que se tiene sólo cuando se ponen actos
repetidos o de costumbre
El c. 1392 establece una pena indeterminada para quienes violan esta prohibición y
el c. 1042, 2 habla de un impedimento simple para recibir las órdenes
Si no se da motivo de escándalo, la necesidad extrema, e incluso grave, tanto del
clérigo como de los que éste está encargado de sustentar excusa de la prohibición.

El traje eclesiástico (c. 284)


A excepción de los diáconos permanentes. Disposición de la CEA: usen los
sacerdotes "clergyman" o sotana, como signo distintivo de ser un consagrado a un
ministerio en la Iglesia.

Santidad de vida
a) Están obligados a buscar la santidad por una razón peculiar: se han consagrado a
Dios por el Orden y son administradores de los misterios del Señor en servicio de su pueblo
(276 § 1). Además porque tienen que vivir lo que predican13.
b) Los medios indicados (c. 276 § 2):
1. el cumplimiento fiel e incansable del ministerio pastoral;
2. la lectura de la sagrada Escritura y la celebración diaria de la Eucaristía;
3. la celebración diaria de la Liturgia de las horas 14, según los libros litúrgicos
(c. 1174 § 1), es una verdadera obligación moral o jurídica grave, asumida en el rito de

12 Cf. PO 17c.
13 Cf. PDV nn. 24-26.
14 Cf.: Respuestas acerca de la obligatoriedad de la recitación de la Liturgia de las Horas, del 15
de noviembre de 2000 de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos.
ordenación diaconal, que debe cumplirse no tanto para obedecer a una ley como por su
propia íntima naturaleza y su conveniencia pastoral y ascética (cf. c.1173). La obligación es
personal (debe cumplirse aunque no haya pueblo) y cotidiana. El objeto se refiere a todas
las horas y a la verdad del tiempo de las mismas (cf. c. 1175). La omisión de laudes y
vísperas es posible sólo por causa grave; la de las lecturas, que deben celebrarse fielmente,
por una causa justa y razonable; la de las horas medias y completas, cuyo rezo es muy
apreciable, por causa justa15. El clérigo que sin causa grave o justa abandona el rezo de la
liturgia de las horas por un cierto tiempo peca gravemente. Las disposiciones de la CEA:
los diáconos permanentes tendrán obligación de rezar laudes y vísperas de la Liturgia de las
Horas;
4. constituye verdadera obligación jurídica el participar en los retiros
espirituales, según las disposiciones del derecho particular;
5. no debe descuidarse la oración mental (todos los días), el sacramento de la
penitencia (frecuentemente) y la devoción a la Virgen María.

Relaciones con los otros en la Iglesia y en la sociedad civil

a. Entre los mismos clérigos


+ vínculo de fraternidad, de oración y de mutua cooperación (c. 275 § 1). De aquí
procede el consejo, que vale especialmente para los párrocos y sus vicarios, de practicar la
costumbre de la vida en común (c. 280) que puede asumir varias formas: desde la
convivencia hasta las comidas en común o las reuniones periódicas.

b. Con los laicos


+ deben reconocer y fomentar la misión de los laicos en la Iglesia y el mundo (c.
275 § 2). Deben por lo tanto, respetar su justa autonomía en la gestión de los asuntos
temporales, atender de buena gana sus exigencias, escuchar sus consejos y confiarles
oficios para el servicio eclesial, reconociendo y valorando sus carismas.

c. Derecho de asociación
El derecho sancionado en el c. 278 § 1, se basa en un derecho natural, reconocido a
todos los fieles. El canon se refiere sólo a los clérigos seculares, ya que los religiosos se
pueden adherir a las asociaciones sólo a tenor del c. 307 § 3, es decir, según las normas del
derecho propio, con el permiso del propio superior. La libertad de asociación está limitada
por los fines de la asociación: “que están de acuerdo con el estado clerical” (c. 278 § 1).
Han de preferir, las que teniendo sus estatutos revisados por la autoridad
competente, sirven de ayuda a la búsqueda de la santidad en el ejercicio del ministerio y
contribuyen a la unión mutua y con el propio obispo (§ 2).
Se consideran prohibidas las asociaciones cuyos fines y actividades son
incompatibles o sirven de obstáculo al ministerio sagrado (§ 3), como:

15 Cf. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Ssacramentos, Instrucción General
Publica et communis, 2 de febrero de 1971, nn. 28; 29 en EV 4/ 162-165.
+ las que son contrarias a la comunión jerárquica de la Iglesia y nocivas para la
vida sacerdotal y el ministerio;
+ las que están implicadas en actividades políticas;
+ las que asumen la forma de sindicato para diáconos y presbíteros;
+ la masonería (c. 1374);
+ los partidos políticos y los sindicatos (c. 287 § 2), si bien la autoridad
competente puede permitir la participación si lo requiere la defensa de los derechos de la
Iglesia o la promoción del bien común; esta prohibición no afecta a los diáconos
permanentes (c. 288).

Lo que desdice del estado clerical


Deben abstenerse de todo lo que es inconveniente a su condición, según las
disposiciones del derecho particular (c. 285 § 1).
Deben abstenerse de lo que es ajeno (extraño) al estado clerical, como:
+ asumir oficios públicos con participación en el ejercicio del poder civil (§ 3)
(no afecta a los diáconos permanentes);
+ la administración de bienes pertenecientes a los laicos y los oficios seculares
con la carga de rendir cuentas, sin licencia del Ordinario; el salir fiadores, incluso con
bienes propios, y el firmar letras de cambio, sin haber consultado al ordinario (§ 4) (no
afecta a los diáconos permanentes);
+ prestar el servicio militar voluntario, a no ser con licencia del Ordinario (289
§ 1);
+ ejercer cargos y oficios públicos civiles sin gozar de las exenciones
concedidas, a no ser que el Ordinario disponga otra cosa (§ 2).

6. Cesación del ministerio sagrado

Permanencia del Orden Sagrado (c. 290)


Se recoge un principio dogmático según el cual el sacerdote, si ha sido válidamente
ordenado, nunca deja de ser sacerdote: semel sacerdos, semper sacerdos, por la
consagración objetiva y el carácter que imprime el sacramento.
La validez de la ordenación depende de varios requisitos: varón bautizado (c. 1024),
intención, al menos habitual, de ser ordenado, utilizar la forma y la materia exigida por la
Iglesia (c. 1009 § 2) y ser ordenado por un Obispo (c. 1012). Si alguno fuera ordenado
violando alguno de estos requisito, su ordenación sería inválida. Esta invalidez puede ser
declarada por sentencia judicial o bien por decreto administrativo (cc. 1708-1712). Dado
que nunca ha habido sacramento esta declaración de nulidad libera al fiel del estado clerical
y de todas sus obligaciones y derechos, ya que nunca fue clérigo.
En cambio, el estado clerical puede cesar de dos maneras:
a) por la pena de dimisión o de expulsión irrogada legítimamente con
procedimiento penal (c. 290, 2);
b) rescripto concedido por la Sede Apostólica (c. 290, 3) a instancia del mismo
clérigo o aun del Ordinario, por graves causas (diácono) o por gravísimas (presbítero);
En estos dos últimos casos se pierde la condición de clérigo, o sea, los derechos y
deberes específicos, salvo la ley del celibato, que le sigue obligando, si no logra una
dispensa específica por parte del Romano Pontífice (c. 291).

Obligación del celibato (c. 291)


La dispensa del celibato no puede ser considerada un derecho del clérigo. Los casos
en que la Santa Sede la concede son:
+ sanación de situaciones irreversibles, después de mucho tiempo que se ha
dejado el sacerdocio;
+ falta de libertad o de responsabilidad en el momento de la ordenación;
+ falta de prudente valoración por parte de los superiores sobre la idoneidad
del candidato para abrazar el celibato16.
Desde el 1º de agosto de 2005 la concede la Congregación para el Clero por
decisión del Papa Benedicto XVI.

Pérdida de derechos y cese de obligaciones (c. 292)


Se le prohíbe al clérigo ejercer la potestad de orden (salvo la absolución en peligro
de muerte); queda privado de todos los oficios, funciones y de cualquier potestad delegada.
Queda en pie el celibato.

Readmisión (c. 293)


La readmisión del clérigo que ha perdido el estado clerical, depende de la Sede
Apostólica, que la concede después de un período de prueba y si su readmisión no produce
escándalo entre los fieles. El peticionario debe buscarse un Obispo dispuesto a recibirlo en
su diócesis. La mayor dificultad está en los casos en que el sacerdote haya contraído
matrimonio válido y tenga descendencia.

16 Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta circular "Per litteras ad universos" del 14 de
octubre de 1980; Normas procesales "Ordinarius competens".