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D e r e c h o P r o c e s a l C iv il

TOMO V
Medios Impúgnatenos

Alberto Hinostroza Minguez

J u r i s t a E d i t o r e s E . I . R . L .
A lberto H inostroza M inguez

DERECHO
PROCESAL
CIVIL
TOMO V
Medios Impugnatorios

J U R IS T A
DERECHO PROCESAL CIVIL
TOMO V: Medios Impugnatorios

ALBERTO HINOSTROZA MINGUEZ


JURISTA EDITORES E.I.R.L.
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2da. edición: Julio 2017 000423
Tiraje: 1,000 ejemplares

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N° 2016-08290


ISBN: 978-612-4184-99-4
978-612-4366-04-8
Derechos de Autor reservados.
Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio,
total o parcialmente, sin autorización expresa del autor.
Composición y Diagramación:
J urista E ditores
A A lejandro,
m i hijo y m otivo
de cuanto hago.
I ntroducción
Continuando con la colección de libros denominada DERECHO PROCESAL
CIVIL, corresponde presentar en esta oportunidad el Tomo V, que lleva por
título M ed ios im pugnatorios.

Los actos del proceso cumplen una determinada finalidad y se desarrollan


conforme a reglas preestablecidas. Si éstas fuesen pasadas por alto, deliberadamente
o por error, resultarían afectados aquéllos, dando lugar a su imperfección o
anormalidad, y, sobre esa base, a situaciones irregulares e injustas para las
partes.

Ello hace que emerja una actividad en procura del reexamen y posterior
modificación o anulación de los actos procesales que adolecen de vicio o alguna
deficiencia. Dicha actividad, que es la impugnativa, constituye el ejercicio de
la facultad de reclamación con que cuentan los justiciables, dirigida,
precisamente, a lograr la supresión de toda irregularidad que se produzca al
interior del proceso y eliminar así cualquier agravio que pueda sufrirse por tal
razón. Se busca de ese modo preservar el cumplimiento de los fines asignados
a los actos procesales y, en caso de infracción, el restablecimiento de su legalidad
a través de la rectificación o sustitución de los actos viciados o imperfectos.

El ordenamiento jurídico procesal precisa para la vigencia permanente


de sus normas de la existencia de instrumentos idóneos para enmendar
cualquier situación anómala que pueda determinar la invalidez del proceso o
se contraponga a la consecución de su finalidad. Tales instrumentos no son
otros sino los medios impugnatorios que materializan el poder de impugnación
y sobre los que reposa la actividad impugnativa. A través de ellos se persigue
entonces el cese del agravio inferido por los actos procesales que quebrantan
las normas positivas que los rigen, representando así una suerte de elementos
auxiliares de los intereses de las partes, sin los cuales existiría el riesgo de caer
en un estado de indefensión.
10 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

La importancia de la misión atribuida a tales mecanismos de reclamación,


así como la escasa bibliografía nacional sobre el tema, nos impulsaron a realizar
un análisis detenido sobre ellos a fin de hallar su verdadera significación y
alcances, cometido sumamente útil para su correcta interpretación y aplicación.
Fruto de la investigación efectuada lo constituye la presente obra, cuya
estructura doctrinaria es la siguiente:

PRIMERA PARTE: TEORIA GENERAL DE LA IMPUGNACION.


Consta de un solo Capítulo (I) en el que tratamos lo referente a las
nociones esenciales sobre la materia, esto es, la teoría general de la
impugnación, el fundamento de ésta, su objeto, finalidad y alcances,
las limitaciones al derecho de impugnar, las causales y presupuestos
de la impugnación, los medios impugnatorios y sus clases, los efectos
de la impugnación y la aclaración y corrección de resoluciones.
SEGUNDA PARTE: LOS REMEDIOS. En ella se examina lo
relacionado a los remedios en el ordenamiento procesal peruano
(Capítulo II), vale decir, su concepción, requisitos de admisibilidad
y procedencia, y las clases de remedios como son: la oposición, la
tacha y la nulidad de actos procesales.

TERCERA PARTE: LOS RECURSOS. En la cual estudiamos las


cuestiones preliminares acerca de los recursos (Capítulo III), el
recurso de reposición (Capítulo IV), el recurso de apelación
(Capítulo V), el recurso de casación (Capítulo VI), el recurso de
queja (Capítulo VII), así como las disposiciones especiales del
Código Procesal Civil referidas a los recursos (Capítulo VIII).
Además, en razón de la innegable trascendencia de la jurisprudencia
casatoria para los efectos jurídicos, se incorpora a esta obra un conjunto de
fallos -debidamente seleccionados- de la Corte Suprema de Justicia de la
República atinentes a los medios impugnatorios y que se hallan contenidos en
los puntos doctrinarios correspondientes (ya sea integrándolos o siendo citados
en forma aparte).

Se incluye también en este libro una sección de práctica forense relacionada


con el objeto de nuestro estudio, dirigida a servir de guía para la elaboración
de los escritos judiciales sobre el particular.

No resta sino manifestar nuestro reconocimiento a la Casa Editorial por


continuar con la difusión de la presente colección sobre Derecho Procesal Civil,
en su quinto Tomo, confiando que éste sea de utilidad para quienes indaguen
sobre aspectos referidos a la materia impugnatoria.

EL AUTOR
^ ■

PÜSI1ES1A PAUTE
TEORIA GENERAL DE LA
IMPUGNACION
CAPÍTULO I

NOCIONES ESENCIALES
SOBRE LA IMPUGNACION

1. TEORIA GENERAL DE LA IMPUGNACION


La teoría general de la impugnación implica la fiscalización de la
regularidad de los actos del proceso, sobre todo aquellos concernientes al órgano
jurisdiccional, representados a través de las correspondientes resoluciones.
Presupone el control de la actividad judicial encaminado a corregir los actos
irregulares o inválidos derivados de ella.
La teoría general de la impugnación trata el fenómeno de la denuncia
referida a la presencia de actos procesales imperfectos o ineficaces, así como el
estudio de los medios y procedimientos que el derecho positivo prevé con el
objeto de rectificar tales actos.
El ordenamiento jurídico procesal requiere para la vigencia constante de
sus normas de la existencia de medios idóneos que logren enmendar las
irregularidades cometidas en el proceso, poniéndoles término y restableciendo
los derechos vulnerados. Los medios en cuestión son precisamente los
impugnatorios, que no buscan sino el restablecimiento de los derechos materia
de quebrantamiento y la eliminación del agravio derivado del acto procesal
irregular, con el objeto de garantizar los derechos del sujeto perjudicado.
En suma, la teoría general de la impugnación abarca el estudio de las
causas o posibilidades impugnatorias, de los medios de impugnación aplicables
y del trámite respectivo.

2. ACTIVIDAD IMPUGNATIVA
Los actos procesales tienen una determinada finalidad y se desarrollan
de acuerdo a reglas preestablecidas. La no observancia de éstas, especialmente
si se afectan los fines del acto en mención, da lugar a la actividad impugnativa,
la misma que está dirigida a rectificar los vicios o defectos producidos.
16 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

En caso que los actos del proceso sean imperfectos o anormales no se


podrá obtener su finalidad (siempre que no puedan ser convalidados),
originándose así situaciones que los convierten en injustos o ilegales. Ello va
a dar nacimiento a un conjunto de actos procesales destinados a corregir los
actos imperfectos o viciados. Esta actividad -que es la impugnatoria- emerge
de la facultad de impugnación con que cuentan los justiciables encaminada a
suprimir el vicio o defecto en que se incurriera, con el objeto de que el acto
procesal cumpla con su finalidad y esté revestido de legalidad, lo cual descarta
todo posible agravio que perjudique al interesado.

Según Kielmanovich, «... los actos procesales de impugnación, son


aquellos que están dirigidos directa e inmediatamente a provocar la modificación
o sustitución -total o parcial- de una resolución judicial, en el mismo proceso
en el que ella fue dictada» (KIELMANOVICH, 1989:16).

Para Satta, «el término de impugnación es la calificación genérica de los


múltiples remedios que se dan contra los actos jurídicos: en efecto, impugnar
no significa otra cosa, latinamente, que contrastar, atacar...» (SATTA, 1971,
Volumen I: 397).

Liebman concibe a las impugnaciones como «... los remedios que la ley
pone a disposición de las partes para provocar por medio del mismo juez o de
un juez superior un nuevo juicio inmune del defecto o del error de la sentencia
anterior» (LIEBMAN, 1980: 440).

La actividad impugnativa emana -como se dijera- de la facultad del mismo


orden inherente a las partes. Dicha potestad procesal constituye un derecho
abstracto cuyo ejercicio no se encuentra supeditado a la existencia de un vicio
o defecto que invalide el acto, siendo suficiente la invocación de tal facultad
para que se desarrolle la actividad impugnativa, al término de la cual se acogerá
o desestimará la petición, dependiendo de la existencia o no de un acto viciado
o defectuoso, o, también, de la observancia o no de las formalidades exigibles
para el trámite impugnatorio.

3. FUNDAMENTO DE LA IMPUGNACION

La impugnación representa la forma idónea de procurar (a través de la


correspondiente revisión por el mismo o por otro órgano jurisdiccional)
suprimir los vicios que afectan a los actos procesales a fin de lograr su corrección
y restablecer su legalidad, eliminándose así el agravio inferido al impugnante.

La impugnación reposa entonces en el derecho vulnerado con el acto


viciado, el cual se pretende sea restablecido mediante el perfeccionamiento del
acto impugnado que puede alcanzar de esa manera su finalidad. Como el vicio
o defecto supone una transgresión del ordenamiento jurídico la impugnación
tiende a la correcta actuación de la ley.
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 17

La impugnación se funda en la necesidad de disminuir la posibilidad de


injusticia basada, principalmente, en el error judicial, el cual, si no es denunciado,
da lugar a una situación irregular e ilegal que, por lo mismo, causa agravio al
interesado. La revisión de los actos afectados de vicio o error, en que consiste
la impugnación, obedece, pues, a un perjuicio inferido al impugnante derivado
de la inobservancia de las reglas procesales o de una errónea apreciación al
resolver o de una decisión arbitraria o de una conducta dolosa. Por ello, a fin
de garantizar una resolución justa y la estricta aplicación de la ley, es que resulta
indiscutiblemente necesaria la impugnación de los actos procesales y la instancia
plural.

3.1 La instancia plural

Al dividirse el proceso en dos instancias o grados jurisdiccionales, se


atribuye competencia a un órgano jurisdiccional para conocer en la primera
instancia, y a otro órgano (generalmente colegiado) para conocer en la segunda
instancia. Existe así un doble grado de jurisdicción o pluralidad de instancias.
La función de los órganos jurisdiccionales de segunda instancia es la de revisar
las decisiones de los magistrados de primera instancia, siempre y cuando alguna
de las partes hubiese interpuesto el correspondiente medio impugnatorio. «En
sentido jurídico estricto cuando se habla de doble grado o de doble instancia
se hace referencia a un sistema de organizar el proceso en virtud del cual se
establecen dos sucesivos exámenes y decisiones sobre el tema de fondo
planteado, por obra de dos órganos jurisdiccionales distintos, de modo que el
segundo debe prevalecer sobre el primero. El doble grado o instancia permite
dos pronunciamientos sobre el objeto del proceso y sobre el objeto del debate»
(MONTERO AROCA; GOMEZ COLOMER; MONTON REDONDO; y BARONA
VILAR, 2003, Tomo II: 415-416).

La instancia plural o principio de doble instancia obedece a una concepción


política encaminada a disminuir la posibilidad del error judicial. A través de
la instancia plural se obtiene una mayor seguridad jurídica con el control que
ejercen los diferentes órganos jurisdiccionales.
La instancia plural es, pues, una garantía de una mejor justicia que se
logra con la fiscalización de los actos procesales impugnados (generalmente
resoluciones) que lleva a cabo el órgano judicial jerárquicamente superior, el
mismo que se pronuncia sobre su validez o invalidez, confirmando o revocando
-en ese orden- lo resuelto por el órgano jurisdiccional de inferior jerarquía.

Morales Molina manifiesta al respecto que la doble instancia «representa


una garantía para los asociados desde tres puntos de vista: a) En cuanto un
juzgamiento o juicio reiterado hace por sí posible la corrección de los errores
del inferior; b) En cuanto las dos instancias están confiadas a jueces diferentes,
lo que propicia la imparcialidad; c) En cuanto el superior se considera más idóneo
que el inferior por su preparación y experiencia, pues debe reunir mayores
requisitos para ejercer el cargo» (MORALES MOLINA, 1978, Tomo I: 542).
18 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Pese a que la instancia plural es un principio impuesto casi umversalmente


en los sistemas procesales, existen ciertas objeciones de las cuales nos informa
Véscovi, a quien citamos seguidamente:

«a) La mayor celeridad exige una sola instancia.

b) Si el tribunal de segunda instancia es el que predominará y, por


otra parte, es el que está mejor integrado (generalmente por la
colegialidad y mayor versación y experiencia de sus miembros),
¿por qué no se suprime, entonces, la primera instancia?, se ha
preguntado. En definitiva, se dice, conduce a la desvalorización del
juicio de primer grado y a la glorificación de los recursos.

c) Asimismo se ha dicho que los tribunales de segunda instancia,


integrados por magistrados de mayor edad, son más conservadores
(algunos dicen más aristocráticos) y cristalizan la jurisprudencia
que desarrollan los jueces de primera instancia.

d) Por último, se señala que puede evitarse la mayor irreflexibilidad


en el juzgar por el juez de primera instancia, por medio de un
órgano colegiado de instancia única. El cual, por otra parte, es el
único compatible con el régimen de oralidad que generalmente se
proclama entre los principios procesales» (VESCOVI, 1988: 27-28).

Sin embargo, las objeciones señaladas resultan insuficientes para desconocer


la importancia de la instancia plural como garantía de una buena administración
de justicia y, por ende, de decisiones judiciales expedidas conforme a derecho
y en atención al mérito de lo actuado y probado en el proceso. En efecto, el
doble examen significa menos probabilidades de error y mayores posibilidades
de subsanación o rectificación del acto viciado o defectuoso.

Véscovi indica sobre el particular que «en favor de la impugnabilidad


(en general) y de la segunda instancia (en lo que al recurso de apelación se
refiere), se dan múltiples argumentos. Frente a la celeridad, se levantan las
garantías; la impugnación (...) surge de un ansia natural de justicia; la mayor
experiencia de los magistrados superiores y la colegialidad, no significa límite
a las novedades jurisprudenciales de primera instancia, sino en la medida en
que ello es razonable y lógico, sopesando mejor las corrientes nuevas y evitando,
en cierto sentido, el esnobismo» (VESCOVI, 1988: 28).

En nuestro medio, el principio de la doble instancia tiene rango constitucional


al estar contemplado en el artículo 139 -inciso 6)- de la Constitución Política
de 1993. También se encuentra contenido en el artículo 11 de la Ley Orgánica
del Poder Judicial (Decreto Supremo Nro. 017-93-JUS) y en el artículo X del
Título Preliminar del Código Procesal Civil. Este último dispositivo legal -del
Código adjetivo- establece que «el proceso tiene dos instancias, salvo disposición
legal distinta».
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 19

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación al principio de


doble instancia o del doble grado de jurisdicción, ha establecido lo siguiente:

«... Una de las garantías constitucionales más importantes es la de


la 'pluralidad de instancias', la cual es un derecho público - subjetivo,
inscrito dentro del principio de la libertad de la impugnación;
mediante el cual el interesado puede cuestionar una sentencia o un
auto dentro el propio organismo que administra justicia; [...] para
que el derecho a la instancia plural se encuentre cumplido bastan
dos decisiones judiciales expedidas en un mismo procedimiento
por autoridades judiciales de diferente jerarquía. Este principio
constitucional ha sido reconocido como Principio General del
Derecho Procesal Civil, en el artículo décimo del Título Preliminar
del Código Adjetivo [C.P.C.], que establece: 'el proceso tiene dos
instancias...'...» (Casación Nro. 182-2004 / Cajamarca, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 01-08-2005, págs. 14411-14412).

«... El inciso 6o del artículo 139 de la Constitución Política del Estado


vigente, concordante con el artículo 11 del Texto Unico Ordenado
de la Ley Orgánica del Poder Judicial, consagran el derecho a la
pluralidad de instancias, el cual constituye una de las garantías del
debido proceso y se materializa cuando el justiciable tiene la posibilidad
de poder impugnar una decisión judicial, ante un órgano jurisdiccional
de mayor jerarquía y con facultades de dejar sin efecto lo originalmente
dispuesto, tanto en la forma como en el fondo; por lo tanto constituye
un derecho público-subjetivo incorporado dentro del principio de
la libertad de la impugnación. [...] Que, para que el derecho a la instancia
plural se cumpla, bastan dos decisiones judiciales expedidas en un
mismo proceso por órganos jurisdiccionales de diferente jerarquía...»
(Casación Nro. 185-2004 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-08-2006, pág. 16953).
«... Uno de los principios y derechos de la administración de justicia
lo constituye la pluralidad de la instancia, previsto en el artículo
139 inciso 6 de la Constitución Política del Estado. El derecho a la
pluralidad de instancias es una garantía consustancial del derecho
al debido proceso jurisdiccional. Mediante dicho derecho se persigue
que lo resuelto por un juez de primera instancia pueda ser revisado
por un órgano funcionalmente superior, y de esa manera permitir
que lo resuelto por aquél, cuando menos, sea objeto de un doble
pronunciamiento jurisdiccional. La exigencia constitucional de
establecerse funcional y orgánicamente una doble instancia de
resolución de conflictos jurisdiccionales está directamente conectada
con los alcances que el pronunciamiento emitido por la última instancia
legalmente establecida es capaz de adquirir: la inmutabilidad de
la cosa juzgada...» (Casación Nro. 420-2006 / Tumbes, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 31-05-2007, págs. 19568-19569).
20 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... El principio de la doble instancia consagrado en el artículo X


del Título Preliminar del Código Procesal Civil, está referido a la
instancia plural a través de la cual se obtiene una mayor seguridad
jurídica con el control que ejercen los diferentes órganos jurisdiccionales,
viene a ser una garantía que se logra con la fiscalización de los actos
procesales impugnados que lleva a cabo el órgano jerárquicamente
Superior, el mismo que se pronuncia sobre su validez o invalidez,
confirmando o revocando lo resuelto por el órgano de menor
jerarquía...» (Casación Nro. 215-2005 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-07-2007, págs. 20091-20092).

«... El principio de la doble instancia se encuentra consagrado en


el inciso 6o del artículo 139 de la Constitución Política, siendo
importante indicar al respecto, que el fundamento de la doble
instancia se encuentra ligado a lo falible de la conducta humana y
a la idea de un posible error en la resolución judicial; de allí que
[...] este principio constituye una garantía para los ciudadanos, ya
que la decisión judicial cuyo error se denuncia es llevada ante un
Colegiado especializado, a fin de ser analizada nuevamente...»
(Casación Nro. 1795-2008 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-12-2008, pág. 23459).

«... El derecho a la doble instancia, previsto en el inciso 6 del artículo


139 de la Constitución Política del Estado, constituye una de las
garantías del debido proceso y se hace efectivo con el pronunciamiento
del órgano superior sobre la resolución que es objeto de impugnación,
con la finalidad que la decisión judicial cuyo error se denuncia, sea
analizada nuevamente por un colegiado especializado...» (Casación
Nro. 2541-2007 / Ayacucho, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 02-09-2008, págs. 22778).

«... Al haberse denegado el recurso de apelación que es materia de


análisis, pese a que éste ha sido ejercido conforme a los preceptos
del Código Procesal Civil, se ha vulnerado el principio de la
instancia plural, y con ello se [...] está recortando el derecho de
defensa...» (Casación Nro. 182-2004 / Cajamarca, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 01-08-2005, págs. 14411-14412).

«... La tutela jurisdiccional efectiva tiene un contenido de derechos,


principios y garantías procesales que la integran, cuya infracción
podrá ocurrir de múltiples formas, siendo una de ellas, la aplicación
de excesivos formalismos que impiden el acceso a la jurisdicción a
través de la restricción del derecho a la doble instancia; claro está
que las formas procesales no son valores autónomos con sustantividad
propia, sino que sólo sirven en cuanto que son instrumentos
dirigidos a lograr la finalidad legítima de establecer las garantías
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 21

procesales necesarias para los litigantes...» (Casación Nro. 1211-2000 /


Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, págs.
6691-6692).
«... La recurrida [resolución de vista] analiza los errores de hecho
y derecho expuestos en la mencionada impugnación [apelación]
así como todo el proceso conforme a su facultad ex novo [del Ad
quem], constituyendo ello garantía del derecho a la doble instancia...»
(Casación Nro. 2447-2006 / La Libertad, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-10-2007, pág. 20890).
«... Las instancias de mérito aprecian prueba y establecen el juicio
de hecho, sobre el cual aplican el Derecho que estiman pertinente,
con lo que se satisface la pluralidad de instancias garantizada en
la Constitución...» (Casación Nro. 2765-2008 / Ancash, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2008, págs. 23464-23465).
«... El Juez se pronunció sobre la improcedencia de la demanda,
sin embargo el Colegiado, al declararla fundada, ha emitido
pronunciamiento sobre el fondo de la controversia materia de autos,
violando el principio de instancia plural consagrado en el inciso
sexto del artículo ciento treintinueve de la Constitución Política del
Estado, porque al no constituir las Salas Casatorias de la Corte
Suprema, instancias de mérito sólo existiría, en el presente caso,
una instancia judicial que se habría pronunciado sobre el fondo de
la controversia...» (Casación Nro. 2800-00 / Santa, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001, pág. 7217).
«... La Sala Superior [...] [que] ha revocado la sentencia apelada que
declaró improcedente la demanda y reformándola la declaró
infundada, no ha tenido en cuenta que la resolución de primera
instancia fue una sentencia inhibitoria, que no se ha pronunciado
sobre el fondo de la controversia, esto es no ha efectuado un análisis
de los hechos y pruebas aportados al proceso, los cuales le permitan
establecer fehacientemente si la pretensión formulada por la
demandante merece ser amparada; por tanto el Organo Superior
al emitir pronunciamiento revocando la sentencia de primera
instancia ha vulnerado el derecho a la pluralidad de instancia [sic
-léase instancias-] consagrado por el artículo 139 inciso 6) de la
Constitución Política del Estado; motivo por el cual debe ordenarse
expresamente que sea el Juez de Primera instancia el cual emita
nuevo pronunciamiento respecto al fondo de la controversia;
configurándose la afectación al debido proceso...» (Casación Nro.
615-2008 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
01-12-2008, págs. 23300-23301).
«... El Colegiado al haber fundado su decisión jurisdiccional en
hechos no alegados por las partes ha transgredido el principio de
22 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

congruencia procesal, y al haber sido la única instancia en haberse


pronunciado sobre tal situación ha dejado en indefensión a la parte
accionante violando el principio de instancia plural...» (Casación
Nro. 3692-00 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 31-07-2001, pág. 7455).

4. O BJETO DE IMPUGNACION

Objeto de impugnación es el acto procesal que adolece de vicio o defecto.


Por lo general -no siempre-, se trata de resoluciones, las mismas que son
revisadas por el órgano superior jerárquico a fin de determinar si procede o
no su impugnación.

El acto procesal puede ser impugnado en su integridad o de modo parcial.


Según Véscovi, «la impugnación del acto, por regla general, será total, esto es,
se referirá a su totalidad, pues generalmente constituirá dicho todo» (VESCOVI,
1988:39). Sin embargo -continúa Véscovi-,«... es posible la impugnación parcial
cuando no todo el objeto sea impugnado o no lo sea por todos aquellos a quienes
alcanza (o afecta). Es decir que podría haber una limitación objetiva en cuanto
se impugne una parte del acto (de una sentencia, por ejemplo) y otra subjetiva
cuando los impugnantes no son todos los afectados por el acto (por ejemplo,
la nulidad la pide uno solo de los litisconsortes)» (VESCOVI, 1988:40). Añade
el autor citado que «lo mismo si se trata de otro acto: una audiencia, una
inspección judicial, etc., cabe que se impugne una parte de dicho acto o que la
impugnación la realicen ambas partes o una sola y, aun, dentro de ésta, alguno
de sus integrantes» (VESCOVI, 1988: 40). Concluye Véscovi diciendo que en
este caso «... la impugnación podría tener un efecto reflejo, afectando inclusive
a quienes no la formularon...» (VESCOVI, 1988: 40).

5. FINALIDAD DE LA IMPUGNACION

La impugnación tiene por finalidad la revisión del acto procesal impugnado,


ya sea por el órgano jurisdiccional superior o por el magistrado que conoce en
primera instancia del proceso, a fin de que sea corregida la situación irregular
producida por el vicio o error denunciados, eliminándose de esta manera con
la revocación o renovación -en otros términos- del acto procesal en cuestión el
agravio inferido al impugnante.

Para Osvaldo Gozaíni, «la disconformidad se explicita en la impugnación


persiguiendo por esta vía que aquel resolutivo se corrija, revoque o reconsidere»
(GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 733-734). Agrega Gozaíni que «... la
impugnación tiende a corregir la falibilidad del juzgador, y con ello, a lograr
la eficacia del acto jurisdiccional» (GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 741).

A decir de Monroy Cabra, «la impugnación tiende a controlar la actuación


del juez cuando sus decisiones no se ajustan a la ley...» (MONROY CABRA,
1979: 331).
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 23

Por su parte, Fairén Guillén afirma que «todos los medios de impugnación
aparecen con objeto de evitar la posibilidad de que el error de un Tribunal
ocasione una resolución injusta...» (PAIREN GUILLEN, 1949: 248).

Tovar Lange asegura que «... el objeto de la impugnación es obtener la


alteración de un estado jurídico existente, y, cuando es dirigida contra una
sentencia, el obtener otra que anule o revoque la primera...» (TOVAR LANGE,
1951: 72).
En opinión de Briseño Sierra, «... la impugnación tiene una finalidad que
se puede distinguir en: censura, crítica y control...» (BRISEÑO SIERRA, 1966:
467). Dicho autor nos explica que:
«Quien censura, no se limita a detener los efectos, ni se queda en
la valoración. El censor acomete la anulación, hacp desaparecer la
conducta impugnada, la califica de nada jurídica o la lleva a su
desaparición» (BRISEÑO SIERRA, 1966: 467).
«La crítica tiene una particular manifestación. No sólo en el orden
jurídico, sino en el más general de la conducta humana, un crítico
es quien, colocándose en la posición del criticado, intenta rehacer,
reproducir su actividad (...). En el momento en que el crítico estudia
la materia impugnada, asume el papel que el criticado tuvo cuando
efectuó la resolución. Es por ello que el crítico puede llegar al mismo
resultado o a uno diverso...» (BRISEÑO SIERRA, 1966: 467).
«En el control a base de impugnaciones, la autoridad que analiza el
acto atacado, fiscaliza, no la elaboración interna, sino la consecuencia
alcanzada. En un control de sentencia, no se vuelve a enjuiciar, sino
que se contrapone lo mandado en la ley con lo obtenido en el caso
particular. Si existe ajuste, la resolución del controlador ha de ser
el rechazo de la impugnación; en el supuesto contrario, se llegará
al rechazo del fallo» (BRISEÑO SIERRA, 1966: 468).

6. ALCANCES DE LA IMPUGNACION

Los alcances de la impugnación prácticamente están subordinados al


denominado principio de la personalidad de los medios impugnatorios, según
el cual la impugnación se origina al formularla una de las partes y se
circunscriben sus efectos únicamente a ella y no se extienden a los otros sujetos
del proceso.

Es por ello que se restringe, además de la facultad impugnatoria, la


potestad de revisión del órgano jurisdiccional superior, cuyo conocimiento se
limitará a los agravios invocados por la parte impugnante.

No obstante lo expresado, existe otro principio cual es el del efecto


extensivo de la impugnación, que también influye sobre los alcances de ésta.
Según dicho principio -que se contrapone al señalado en el primer párrafo de
24 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

este punto-, la decisión del órgano jurisdiccional superior puede alcanzar a la


parte que no hizo uso de su facultad impugnatoria, al examinarse el vicio o
error de un modo estrictamente objetivo, aplicándose, en consecuencia, el
derecho que corresponda en caso de descubrirse alguna irregularidad.

Es de destacar que el principio de la personalidad de los medios impugnatorios


es el que predomina en los sistemas procesales, siendo considerado el principio
del efecto extensivo de la impugnación la excepción a la regla general representada
por el primero.

Otra excepción al principio de la personalidad de los medios impugnatorios


la constituye la elevación en consulta, llamada también apelación automática
o ex officio, por la cual, sin existir impugnación de parte, se produce la revisión
de lo resuelto por el Juez a quo a cargo del órgano jerárquicamente superior.
La elevación en consulta de lo actuado se da en casos especiales, en función
de la importancia del asunto ventilado en juicio o del estado vulnerable o de
desventaja en que se encuentra alguno de los justiciables en relación a la
contraparte.

7. LIMITACIONES AL DERECHO DE IMPUGNAR

El derecho de impugnar no es absoluto. Existen limitaciones al respecto.


Una de ellas está representada por el denominado principio de recurribilidad
de las resoluciones judiciales trascendentes, según el cual únicamente
determinadas resoluciones (que se caracterizan por su relevancia en el proceso)
son susceptibles de ser impugnadas, existiendo así actos procesales o resoluciones
inimpugnables. Ello obedece a la necesidad de evitar dilaciones inútiles del
proceso y de impregnarle a éste de mayor celeridad, sin que tenga que afectarse
por eso el derecho de las partes.

Suele limitarse, además, el derecho de impugnar atendiendo a la cuantía


o valor económico del petitorio. Así, el asunto ventilado por esa razón ante
órganos jurisdiccionales ubicados en los últimos lugares de la escala jerárquica
(Jueces de Paz y de Paz Letrados) hace imposible la interposición de medios
impugnatorios como el recurso de casación (procedente en nuestro ordenamiento
jurídico contra resoluciones expedidas por las Salas Superiores que, como
órganos de segundo grado, ponen fin al proceso: art. 387 -inciso 1)- del C.P.C.).
No podemos dejar de mencionar que tal limitación resulta sumamente
controvertida por cuanto -a nuestro modo de ver- no se debe dejar de administrar
justicia -a través de la resolución de los medios impugnatorios- por cuestiones
de orden económico, ya que, de ser así, habría una suerte de discriminación
que no comulga con la finalidad del proceso.

También existe limitación al derecho de impugnar en la prohibición del


doble recurso, no admitiéndose un nuevo medio impugnatorio respecto de un
acto que fue materia de impugnación anteriormente.
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 25

Otra limitación al derecho de impugnar sería la adecuación de los medios


impúgnatenos por la cual para cada acto procesal existe un determinado medio
impugnatorio preestablecido legalmente (remedio o recurso, en sus diferentes
clases).
El plazo para impugnar constituye otra limitación al derecho de impugnar.
En efecto, si se planteara extemporáneamente la impugnación, será declarada
INADMISIBLE de plano. Como bien señala Víctor De Santo, «la impugnación,
como todo acto procesal, debe ser ejercitada en tiempo oportuno, es decir en
el plazo legalmente previsto, ya que en su defecto el derecho a recurrir decae»
(DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 114). Al respecto, Redenti pone de manifiesto
que «la razón de encerrar dentro de ciertos límites temporales la posibilidad -
facultad de impugnar (...) es intuitiva: la de librar las sentencias ya pronunciadas
del peligro de previsibles ataques y consolidar su e fic a c ia y sus efectos...»
(REDENTI, 1957, Tomo II: 16).

8. CAUSALES DE IMPUGNACION

Las causales de impugnación pueden ser clasificadas en:

Vicios (o errores) in procedendo.


Vicios (o errores) in iudicando.

«... Puede ocurrir que la conducta de los sujetos procesales no se desarrolle


en el proceso de un modo conforme a las reglas del derecho objetivo, y que,
por tanto, uno o más de los actos coordinados en la forma antes indicada sean
ejecutados de un modo diverso de aquel querido por la ley, o, en absoluto,
sean, contra la voluntad de la ley, olvidados. Se produce entonces una
inejecución de la ley procesal, en cuanto alguno de los sujetos del proceso no
ejecuta lo que esta ley le impone (inejecución in omittendo), o ejecuta lo que
esta ley le prohíbe (inejecución in faciendo), o se comporta de un modo diverso
del que la ley prescribe: esta inejecución de la ley procesal constituye en el
proceso una irregularidad, que los autores modernos llaman un 'vicio de
actividad' o un 'defecto de construcción', y que la doctrina del derecho común
llamaba 'error in procedendo'...» (CALAMANDREI, 1961, Tomo II: 184).
Los vicios (o errores) in procedendo, llamados también vicios de la
actividad o infracción en las formas, constituyen, pues, irregularidades o
defectos o errores en el procedimiento, en las reglas formales.

El vicio in procedendo supone la inaplicación o aplicación defectuosa de


las normas adjetivas que afecta el trámite del proceso y/o los actos procesales
que lo componen.

Los errores in procedendo -sostiene Escobar Fornos- «... se dan en la


aplicación de la ley procesal, la cual impone una conducta al juez y a las partes
en el desenvolvimiento del proceso...» (ESCOBAR FORNOS, 1990:241). Agrega
el autor citado que «los errores de procedimiento producen la nulidad del
26 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

proceso y se pueden dar en la constitución del proceso (presupuestos procesales),


en su desenvolvimiento, en la sentencia y en su ejecución» (ESCOBAR FORNOS,
1990: 241).

Sobre el error in procedendo, Quinteros Velasco expresa que «... consiste


cuando actúa (el juzgador) contraviniendo las formas prescritas por la ley para
la resolución, afectándose la forma de la sentencia (...). Con tal desviación o
contravención se disminuyen las garantías de la litis y se priva a las partes de
una eficaz defensa de sus derechos. Esta falla recae sobre la exterioridad de los
actos...» (QUINTEROS VELASCO, 1962: 35).

D'Onofrio considera que «... errores in procedendo son los que se refieren
a la potestad del juez para pronunciar la sentencia, y a las formas procesales...»
(D'ONOFRIO, 1945: 276).

El vicio in procedendo o infracción a las formas acarrea, por lo general


-si fuese insalvable-, la nulidad del acto viciado. Ello conduce al «iudicius
rescindens», de carácter negativo, que implica la declaración de invalidez del
acto cuestionado y, como efecto secundario, el retrotraer el proceso al estado
inmediato anterior al de aquel en que se produjo el vicio (siempre y cuando
éste fuese determinante en el proceso).

«... Puede ocurrir que la voluntad concreta de la ley proclamada por el


juez como existente en su sentencia, no coincida con la voluntad efectiva de la
ley (sentencia injusta), porque, aun habiéndose desarrollado de un modo
regular los actos exteriores que constituyen el proceso (inmune, así, de errores
in procedendo), el juez haya incurrido en error durante el desarrollo de su
actividad intelectual, de modo que el defecto inherente a una de las premisas
lógicas haya repercutido necesariamente sobre la conclusión. En este caso, en
el que la injusticia de la sentencia deriva de un error ocurrido en el razonamiento
que el juez lleva a cabo en la fase de decisión, los autores modernos hablan de
un 'vicio de juicio', que la doctrina más antigua llamaba un 'error in
indicando'...» (CALAMANDREI, 1961, Tomo II: 185).

Coincidiendo con lo expresado, Gozaíni anota que, «... cuando el error


se traslada hacia el contenido del proceso, no a la forma, sino al derecho material
en juego, el vicio se trasunta en la mala conformación de los fundamentos del
resolutivo. La consecuencia que arroja esta imperfección se la conoce como
errores in iudicando» (GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 742).

Los vicios (o errores) in iudicando, denominados también vicios del juicio


del tribunal o infracción en el fondo, configuran así irregularidades o defectos
o errores en el juzgamiento, esto es, en la decisión que adopta el magistrado.

Escobar Fomos destaca que los errores in iudicando «... se dan en la


aplicación de la ley sustantiva, que es la que resuelve el conflicto de derecho
planteado en el proceso» (ESCOBAR FORNOS, 1990: 241).
Capítulo 1: Nociones esenciales sobre la impugnación 27

El vicio in indicando es aquel que afecta el fondo o contenido y está


representado comúnmente en la violación del ordenamiento jurídico (sustantivo)
que tiene lugar cuando se aplica al asunto controvertido una ley que no debió
ser aplicada, o cuando no se aplica la ley que debió aplicarse, o cuando la ley
aplicable es interpretada y -por ende- aplicada deficientemente. A la violación
del derecho (denominada también error de derecho) se suma el error de hecho
que afecta indiscutiblemente el fondo, formando también así parte del vicio in
indicando. El último tipo de error tiene que ver con la apreciación de los hechos
por el órgano jurisdiccional, la cual, de ser deficiente (como cuando no se valora
apropiadamente un medio probatorio), afecta la decisión del Juez (esto es, la
declaración de certeza sobre los hechos) y causa, por consiguiente, agravio al
interesado.
D'Onofrio estima que los errores in iudicando son «... los que se refieren
a la posición y a la interpretación de la norma en relación al caso concreto»
(D'ONOFRIO, 1945: 276).
Quinteros Velasco concibe al error in iudicando como un vicio que «... afecta
al contenido del proceso, al derecho sustancial que en él se controvierte (...), y
se realiza aplicando en la misma una ley inaplicable, aplicándola mal o dejando
de aplicar la ley correspondiente...» (QUINTEROS VELASCO, 1962:35). Añade
dicho autor que «... Los resultados de este vicio pueden alterar la justicia del
fallo, sin perjudicar la validez formal del mismo, el que desde este punto puede
estar correctamente pronunciado...» (QUINTEROS VELASCO, 1962: 35).

El vicio in iudicando genera la revocación, el «iudicium rescissorium»,


vale decir, la rectificación directa del vicio o error, dejándose sin efecto la
decisión que ocasionó el agravio y emitiéndose otra -esta vez adecuada y
correcta- que la supla.
Ya sea que se trate de vicios in procedendo o de vicios in iudicando, las
causales de impugnación en general deben constituir vicios o errores
trascendentes y no irrelevantes, y tienen que ocasionar agravio a alguno de los
sujetos procesales. En todo caso puede afirmarse que es causal para acceder a
la vía impugnativa la injusticia de la decisión adoptada por el juzgador.

9. PRESUPUESTOS DE LA IMPUGNACION

Acerca de los requisitos (o presupuestos) de la impugnación, Briseño


Sierra expresa lo siguiente:
«Los requisitos de la impugnación atañen al tiempo, forma y
contenido...» (BRISEÑO SIERRA, 1966: 466).
«Lo normal es que toda impugnación deba hacerse en tiempo cierto,
hay un plazo para instar...» (BRISEÑO SIERRA, 1966: 466).
«Además, se requiere una forma, una determinada consistencia del
acto que puede limitarse al anuncio (...) o alcanzar las exigencias
28 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

de una demanda (...). Por su forma, el acto se aparta de otras


instancias exteriormente» (BRISEÑO SIERRA, 1966: 466).
«... El contenido, es el dato que individualiza a la impugnación respectiva.
Unas veces queda en la simple manifestación de voluntad (...), pero
otras llega hasta la minuciosa expresión de hechos y fundamentos
de derecho: motivación, expresión de agravios, etcétera» (BRISEÑO
SIERRA, 1966: 466).

A nuestro modo de ver, son presupuestos de la impugnación:


A) El agravio.
B) La legitimidad.
C) El acto impugnable.
D) La formalidad.
E) El plazo.
F) La fundamentación.

A) El agravio.

El agravio o gravamen es el daño causado al impugnante derivado


del vicio (in procedendo o in iudicando) producido. Constituye
una situación de injusticia que provoca un perjuicio al interés de
alguna de las partes.

Para Alvarez Juliá, Neuss y Wagner, «... existirá gravamen toda vez
que la petición, cuya resolución se requiere del órgano jurisdiccional,
no ha tenido una favorable acogida ya sea en forma total o parcial...»
(ALVAREZ JULIA; NEUSS; y WAGNER, 1990: 316).

Kisch entiende por perjuicio o gravamen «... la suma o el objeto en


que la parte recurrente ha sucumbido...» (KISCH, 1940: 287).

Goldschmidt conceptúa al gravamen o perjuicio como «... una


diferencia injustificada, desfavorable para ella (la parte) entre su
pretensión y lo que le haya concedido la resolución que impugna...»
(GOLDSCHMIDT, 1936: 399).

Couture califica al agravio como «... la injusticia, la ofensa, el


perjuicio material o moral...» (COUTURE, 1985: 346).

Según Gozaíni, «... el agravio es el perjuicio concreto que sufre el


sujeto. Difiere del concepto de gravamen, pues éste pertenece al
terreno de lo estrictamente procesal (presupuesto para recurrir); en
cambio, se asocia con el interés, que resulta ser una proyección del
daño, o interés insatisfecho o menoscabado, dirigido principalmente
al ejercicio del derecho de impugnación» (GOZAINI, 1992, Tomo
I, Volumen 2: 745).
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 29

Enrique Falcón define al agravio como «... la injusticia, ofensa,


perjuicio material o moral entendido por quien fue condenado en
todo o en parte o se ha rechazado su pretensión, es decir el litigante
a quien la resolución perjudica, que acude al superior para expresar
los agravios que la misma le causa» (FALCON, 1978: 290).
Habrá agravio cuando no se satisface la expectativa que tiene el
sujeto procesal respecto de la pretensión objeto del proceso. No lo
habrá en cambio cuando la decisión judicial es plenamente favorable
y radique la disconformidad únicamente en los considerandos de
la resolución, a no ser que la motivación -sobre todo la jurídica-
pueda ser eventualmente perjudicial al justiciable. Lo importante
aquí es el resultado concreto del acto y las consecuencias que
produzca en relación al derecho alegado y la situación jurídica del
sujeto.

B) La legitimidad.
«... Para que la impugnación pueda después venir a ser objeto de
cognición y de decisión en lo que tiene de intrínseco, la ley exige
de ordinario un ulterior requisito o presupuesto procesal -
sustancial, a saber, que se pueda aducir un interés legítimo para
impugnar. Este, normalmente, está representado o constituido por
el vencimiento de la parte que quiere quejarse o 'gravarse7 de la
sentencia...» (REDENTI, 1957, Tomo II: 13).
La impugnación se desarrolla al interior de un proceso, razón por
la cual su ejercicio es realizado solamente por los sujetos que
integran la relación jurídica procesal, específicamente por aquellos
cuyo interés es lesionado por el acto viciado (incluyendo a los
terceros legitimados).
Gozaíni señala al respecto que «... para poder impugnar un acto
determinado resulta necesario haber tenido intervención directa o
mediata en él, o, en su caso, ser alcanzado por sus disposiciones de
manera tal que justifique el interés jurídico» (GOZAINI, 1992, Tomo
I, Volumen 2: 746).
Liebman puntualiza que «si bien no se puede negar la existencia
de un interés general en la anulación o en la reforma de las sentencias
viciadas, la ley, sin embargo, condiciona su satisfacción al interés
y a la iniciativa de la parte, que se consideran determinantes: si la
parte vencida no reacciona y no impugna, quiere decir que la
sentencia no aparece viciada a los ojos de la persona directamente
interesada, o por lo menos que su vicio no es considerado tan grave
como para justificar la prolongación de la lite. Y esto es lo que basta
para que, aun desde el punto de vista del interés público, prevalezca
la oportunidad de poner fin al proceso...» (LIEBMAN, 1980: 449).
30 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

En esa misma línea se encuentra Reimundín cuando indica que «es


de la esencia de los recursos y remedios procesales, el que éstos
funcionen por iniciativa de las partes a quienes corresponde la carga
de la impugnación. Son las partes las que deben decidir si existe o
no una anomalía procesal o si la sentencia es injusta» (REIMUNDIN,
1957, Tomo II: 76).

Cabe señalar que los representantes de las partes no requieren de


poder especial para impugnar un acto procesal, pudiendo hacerlo
también los abogados patrocinantes que cuenten con facultades
generales de representación.

C) El acto impugnable.

Por lo general, los actos procesales son susceptibles de ser


impugnados, salvo en contados supuestos previstos expresamente
por el ordenamiento jurídico. Por consiguiente, es presupuesto de
la impugnación que el acto comprendido en ella no esté calificado
por la ley como inimpugnable, caso contrario, deberá ser desestimada
de plano.

D) La formalidad.

La impugnación precisa de una serie de requisitos formales como


el plazo en que debe plantearse (de carácter perentorio), el pago de
la tasa judicial correspondiente, la adecuación del recurso al acto
que se impugna, la indicación expresa del agravio, la sustentación
de la pretensión impugnatoria, etc., los mismos que, si no se cumplen,
originan su rechazo.

E) El plazo.

«... Las impugnaciones, para que puedan surtir sus efectos y cumplir
con la finalidad para la cual han sido instituidas, han de tener
límites temporales en su proposición, que se llaman plazos para
las impugnaciones» (ROCCO, 1976, Volumen III: 319).

Así es, la impugnación está sujeta a un plazo perentorio dentro del


cual debe plantearla el interesado, siendo denegada si se formula
extemporáneamente.

«El plazo para la impugnación de las sentencias es un espacio de


tiempo, establecido por ley, dentro del cual debe ser propuesta
la impugnación, y transcurrido el cual no se la podrá proponer
útilmente por haberse verificado la decadencia» (ROCCO, 1976,
Volumen III: 319).

Dicho plazo se justifica porque la facultad impugnatoria no puede


ser perpetua, pues, de no haber un límite temporal para su ejercicio,
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 31

no adquirirían firmeza las decisiones judiciales y no habría entonces


seguridad jurídica.

El plazo se computa por días hábiles y es igual para todos los sujetos
procesales en virtud del principio de igualdad ante la ley. Ello no
obsta que sea computado en relación a cada una de las partes a
partir del día siguiente al de la notificación del acto que se impugna.
Puntualizamos que, pese a lo expresado, nada impide que la
impugnación pueda tener lugar antes de la notificación del acto
procesal cuestionado.

F) La fundamentación.

Otro presupuesto de la impugnación es su fundamentación. Así


es, no resulta suficiente que se denuncie algún v!v_iu o error (ya sea
in procedendo o in iudicando), sino que es exigióle, además,
señalar los fundamentos de hecho y de derecho que permitan llegar
a esa conclusión y que justifiquen la declaración de ineficacia o
invalidez, o sea, que persuadan al órgano jurisdiccional revisor de
la existencia del vicio, de su trascendencia y del agravio ocasionado
al impugnante.

10. LOS MEDIOS IMPUGNATORIOS

«A las partes intervinientes en el proceso, para corregir los errores in


procedendo o in iudicando, o sea los referidos a irregularidades ocurridas
durante la substanciación de la causa o respecto de la injusticia de la decisión,
se les acuerda medios para impugnar las resoluciones judiciales con la finalidad
de que se corrijan tales errores. Esos poderes conferidos a las partes, y
eventualmente a terceros legitimados, se denominan medios de impugnación.
Constituyen, pues, medios de fiscalización de las resoluciones judiciales...»
(CARLOS, 1975:150).

Los medios impugnatorios son actos procesales que se caracterizan por


ser formales y motivados. Representan manifestaciones de voluntad realizadas
por las partes (y aun por los terceros legitimados) dirigidas a denunciar
situaciones irregulares o vicios o errores que afectan a uno o más actos
procesales, y a solicitar que el órgano jurisdiccional revisor proceda a su
revocación o anulación, eliminándose de esta manera los agravios inferidos al
impugnante derivados de los actos del proceso cuestionados por él.

«Los medios de impugnación son (...) los instrumentos procesales


ofrecidos a las partes para provocar aquel control sobre la decisión del juez, y
este control es, en general (...), encomendado a un juez no sólo diverso de aquél
que ha emitido el pronunciamiento impugnado o gravado, sino también de
grado superior, aun cuando no esté en relación jerárquica verdadera y propia
con el primero. No se excluye, sin embargo, que en ciertos casos, en consideración
32 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

al tipo de control invocado, este último sea ejercitado por el mismo juez que
ha pronunciado la sentencia, objeto del control...» (MICHELI, 1970, Volumen
II: 266).
Enrique Falcón señala que «los medios de impugnación son una serie
de actos tendientes a atacar y modificar actos procesales y procedimientos.
Generalmente estos medios de impugnación se refieren al ataque sobre la
sentencia y las resoluciones judiciales» (FALCON, 1978: 285).
Dice Tovar Lange sobre el particular que «los medios de impugnación (...),
mediante un mecanismo, similar al de las acciones que tienen por objeto la
rescisión de un negocio jurídico anulable, tienden a restarle a la sentencia o su
efecto preelusivo para los Jueces de Instancia o el de fuerza de cosa juzgada,
con tal de que esta sentencia aparezca viciada de determinados defectos que
la hagan anulable...» (TOVAR LANGE, 1951: 69-70).
Los medios impugnatorios, una vez interpuestos, pasan por una etapa
denominada de admisibilidad, en la que se verifica el cumplimiento de los
requisitos formales respectivos (facultad impugnatoria, legitimidad e interés
para impugnar, observancia del plazo, de la fundamentación, entre otros).
Declarada su admisión se sigue el trámite correspondiente a fin de determinar
su fundabilidad o disponer su desestimación, el cual varía de acuerdo al tipo
de medio impugnatorio ante el cual se esté y según el efecto en que haya sido
concedido (tratándose en este último caso de la apelación).

En nuestro ordenamiento jurídico, los medios impugnatorios están


regulados en el Título XII («Medios impugnatorios») de la Sección Tercera
(«Actividad procesal») del Código Procesal Civil, siendo definidos aquéllos en
el artículo 355 de dicho cuerpo de leyes, el cual prescribe que:
«Mediante los medios impugnatorios las partes o terceros legitimados
solicitan que se anule o revoque, total o parcialmente, un acto procesal
presuntamente afectado por vicio o error».

11. CLASES DE MEDIOS IMPUGNATORIOS

De acuerdo a nuestro ordenamiento procesal los medios impugnatorios


pueden ser clasificados de la siguiente manera:

A) Remedios (art. 356 -primer párrafo- del C.P.C.):


A .l) Oposición (art. 356 -primer párrafo- del C.P.C. y otros).

A.2) Tacha (art. 356 -primer párrafo- del C.P.C. y otros).


A. 3) Nulidad (arts. 356 -primer párrafo- y 171 al 178 del C.P.C.).

B) Recursos (art. 356 -último párrafo- del C.P.C.):

B. l) Reposición (arts. 362 y 363 del C.P.C.).


Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 33

B.2) Apelación (arts. 364 al 383 del C.P.C.).

B.3) Casación (arts. 384 al 400 del C.P.C.).

B.4) Queja (arts. 401 al 405 del C.P.C.).

Tales medios impugnatorios serán estudiados con detalle en los Capítulos


que siguen.

12. EFECTOS DE LA IMPUGNACION

En opinión de Hitters, «la interposición de un medio de impugnación


produce diversos y variadas consecuencias, a saber: 1) interrumpe la concreción
de la res judicata; 2) prorroga los efectos de la litispendencia; 3) en ciertos casos
determina la apertura de la competencia del superior (pfcof~ devolutivo); 4)
imposibilita el cumplimiento del fallo (efecto suspensivo); y 5) limita el examen
del ad quem en la medida de la fundamentación y del agravio» (HITTERS,
1985:124).

A nuestro parecer, la impugnación tiene como efectos principales los


siguientes:
A) Efecto devolutivo.
B) Efecto suspensivo.
C) Efecto diferido.
D) Efecto extensivo.

A) Efecto devolutivo.

El efecto devolutivo, denominado también efecto de transferencia,


«... responde a una designación de origen histórico, que consiste
en el desprendimiento de la jurisdicción por el órgano que dictó el
acto y, frente a la impugnación, entrega la jurisdicción (facultad de
juzgar) al superior. Proviene de la época en que, por derivar la
facultad de juzgar del emperador y éste la delegaba en los jueces,
por lo que al recurrir ante aquél se producía realmente una
devolución de dicho poder» (VESCOVI, 1988: 55).
En sentido similar se pronuncia Prieto-Castro y Ferrándiz al expresar
que «... para mostrar la consecuencia que el recurso produce en
cuanto a las facultades del iudex a quo con respecto a las del tribunal
ad quem, desde antiguo se emplea la fórmula efecto devolutorio,
con lo que se quiere denotar el paso de la jurisdicción del primero
al segundo» (PRIETO-CASTRO Y FERRANDIZ, 1980, Volumen 1:248).

El efecto devolutivo es característico de la impugnación por cuanto


la revisión que se pretende al interponer el correspondiente medio
impugnatorio estará a cargo del órgano jurisdiccional jerárquicamente
34 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

superior (salvo cuando se trata del recurso de reposición, que


es examinado por el Juez que expidió o conoció la resolución
impugnada).
Es de resaltar que, estrictamente hablando, no hay en sí devolución
alguna sino remisión de los actuados al órgano judicial superior
con el objeto que los revise y emita su decisión. De esta manera la
jurisdicción se transfiere del Juez a quo al Juez ad quem, y, una vez
resuelto el medio impugnatorio, el primero de los nombrados
recupera su jurisdicción con el reenvío de los actuados a su persona
a fin de que se cumpla lo ordenado por el superior jerárquico.

B) Efecto suspensivo.
En líneas generales, el medio impugnatorio genera un efecto
suspensivo, es decir, impide -hasta tanto no sea resuelto- la ejecución
del acto procesal materia de impugnación. Esto no es sino la aplicación
del principio de «appelatione pendente nihil innovarum».
Para Prieto-Castro y Ferrándiz, con el efecto suspensivo «... se
quiere indicar la suspensión de la adquisición del carácter de cosa
juzgada (y de la ejecución de la sentencia impugnada), como
asimismo suspensión de las facultades de conocimiento del iudex
a quo...» (PRIETO-CASTRO Y FERRANDIZ, 1980, Volumen 1:248).
Según Véscovi, «la afirmación hecha de que la suspensión alcanza
al acto impugnado, significa que, en principio, no afecta los demás
actos, ni el desarrollo del procedimiento mismo, salvo que la
continuación de éste no sea incompatible con la impugnación o la
posible revisión del acto. Así, si se impugna un medio probatorio,
no será necesario detener el trámite de los demás medios. Tampoco
la impugnación de la sentencia definitiva impide al tribunal seguir
conociendo otros aspectos del procedimiento, sólo le impide
ejecutar su sentencia» (VESCOVI, 1988: 57).
Excepcionalmente, la impugnación puede concederse sin efecto
suspensivo, esto es, su formulación no detiene el cumplimiento del
acto procesal impugnado. Comúnmente este último efecto se da
tratándose de resoluciones que no sean la sentencia u otras que
dispongan la conclusión del proceso, y se funda en la necesidad de
evitar la dilación del litigio.

C) Efecto diferido.
En la hipótesis de que un medio impugnatorio hubiese sido
concedido sin efecto suspensivo, puede disponer el juzgador que
se reserve su tramitación para un momento posterior, en cuyo caso
se dice que tiene dicho medio la calidad de diferido. Ello ocurre
tratándose de actos procesales que carecen por lo general de
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 35

trascendencia. Se busca así que no se entorpezca el desarrollo del


proceso por cuestiones exentas de relevancia, las mismas que serán
conocidas por el órgano jerárquicamente superior conjuntamente
con alguna resolución que el magistrado señale con precisión (como
la sentencia) y que deberá también ser objeto de impugnación para
tal fin.

D) Efecto extensivo.

«El efecto extensivo (o comunicante) de la impugnación consiste


en que se extiende a la parte que no realizó el acto impugnativo,
pero que se halla en situación idéntica (mejor inescindible) de aquel
que presenta la impugnación» (VESCOVI, 1988: 58).

El efecto extensivo se presenta cuando la relación jurídica es


inescindible o se distingue por su unitariedad, porque, si no fuera
así, regiría el principio general de la personalidad de los medios
impugnatorios conforme al cual los alcances de éstos se contraen
a la esfera del impugnante.

El caso típico en que se puede apreciar el efecto extensivo de un


medio impugnatorio es en el litisconsorcio necesario, supuesto en
el cual la impugnación singular de uno de los litisconsortes trae
consecuencias en relación a los demás.

Debe distinguirse entre el efecto extensivo de la impugnación y el


de la resolución revisiva emitida por el órgano jurisdiccional
superior. Leone señala sobre el particular que «... el efecto extensivo
de la impugnación consiste en el derecho de una parte que no ha
propuesto la misma (o que ha renunciado a ella) a participar en el
juicio de impugnación promovido por otra parte, con la cual tenga
interés idéntico, afín o común. Y el efecto extensivo de la sentencia
consiste en la decisión con la cual el juez, al pronunciarse sobre la
impugnación de una parte, dispone la reforma o la anulación de la
sentencia, también respecto de otra parte que no ha ejercido su
derecho...» (LEONE; citado por VESCOVI, 1988: 58).

13. ACLARACION Y CORRECCION DE RESOLUCIONES

La aclaración y corrección de resoluciones constituye el objeto del


denominado recurso de aclaratoria existente en otros sistemas procesales. (En
nuestro ordenamiento jurídico no se emplea la vía impugnativa para obtener
dicha finalidad).
Levitán define al recurso de aclaratoria como «... un remedio procesal
mediante el cual, de oficio o a pedido de parte, los jueces o los tribunales pueden
corregir errores; suplir omisiones y clarificar sus propias resoluciones judiciales...»
(LEVITAN, 1986: 3).
36 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

A través de dicho recurso se pretende la aclaración por parte del juzgador


de alguna expresión ambigua, oscura o contradictoria contenida en una
resolución (sentencia o auto). El pedido de aclaración debe ceñirse al aspecto
formal o verbal y no extenderse al juicio o razonamiento del magistrado. El
recurso de aclaratoria persigue, además, la ampliación de la resolución
cuestionada, o sea, la inclusión de algún punto que debió ser comprendido en
dicha resolución y que, sin embargo, ha sido omitido. Finalmente, la aclaración
se dirige a lograr la corrección de los errores materiales (en los nombres,
direcciones, o cualquier otro yerro de índole numérico u ortográfico) en que
hubiese incurrido el órgano jurisdiccional al emitir su resolución. De ninguna
manera se podrá modificar mediante la aclaración o corrección de la resolución
el contenido sustancial de la decisión.
Levitán, refiriéndose al objeto de la aclaratoria, explica, respecto de los
errores materiales, la aclaración de conceptos oscuros y las cuestiones omitidas,
lo siguiente:
«a) ERRORES MATERIALES. Los errores materiales son de nombre,
de partes enjuicio o de cuentas.
1) Son de nombres, cuando se cambia el nombre de pila o el
patronímico de alguna de las partes del proceso. El equívoco
haría imposible ejecutar la sentencia.

2) Son de partes, cuando de acuerdo con los fundamentos de la


sentencia, corresponde condenar a la demandada y absolver
a la actora y en la parte dispositiva, en cambio, se condena a
la actora y se absuelve a la demandada.

3) Finalmente son de cuentas, cuando hay errores aritméticos


en la parte dispositiva de la sentencia, que no condicen con
los fundamentos. Es tan evidente este modo de desacierto
material, que hasta se lo puede corregir durante el trámite de
ejecución de la sentencia. En estos casos hay una verdadera
incongruencia entre lo que se dice en la parte dispositiva y
lo que se quiso decir, según los fundamentos.

b) ACLARACION DE CONCEPTOS OSCUROS. La aclaración de


conceptos oscuros se produce cuando, en el lenguaje, el juez o
tribunal no usa los términos adecuados, dando origen a confusiones
sobre lo que quiso decir verdaderamente.

c) CUESTIONES OMITIDAS. Las cuestiones omitidas tienen que


consistir en pretensiones deducidas oportunamente en el litigio y
discutidas en él, o dicho de otro modo, las pretensiones deben
haberse planteado oportunamente, en el sentido de constituir
cuestión litigiosa, por darse traslado en forma, para posibilitar la
controversia. Si corrido el traslado, no se impugna la petición,
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 37

igualmente se la debe considerar 'discutida7. No es necesario que


se haya contestado el traslado; lo esencial, es que se hubiese dado
el traslado en forma de ley. Es la bilateralidad del proceso lo que
hay que resguardar.
De tal manera que si existen omisiones, la sentencia es incompleta,
puesto que es esencial un pronunciamiento preciso y categórico al
respecto.
En cuanto a los límites, (...) no se pueden cambiar las fundamentaciones
de la sentencia. Ello no impide, en manera alguna, que si en la parte
dispositiva se deslizó un error material, consignando, por ejemplo, que
se revoca la sentencia, en vez de decir que se la confirma, la aclaratoria
sea válida, aunque modifique sustancialmente la decisión» (LEVITAN,
1986: 6-8).
Nuestro ordenamiento procesal no considera a la aclaración y corrección
de resoluciones como un medio impugnatorio, regulándola así en un título
aparte: Título XIII («Aclaración y corrección de resoluciones») de la Sección
Tercera («Actividad procesal») del Código Procesal Civil. Los numerales 406
y 407 de dicho Código se refieren a la aclaración y corrección de resoluciones,
respectivamente, estableciendo lo siguiente:
«Artículo 406°.-Aclaración.- El Juez no puede alterar las resoluciones después de
notificadas. Sin embargo, antes que la resolución cause ejecutoria, de oficio o a pedido
de parte, puede aclarar algún concepto oscuro o dudoso expresado en la parte
decisoria de la resolución o que influya en ella. La aclaración no puede alterar el
contenido sustancial de la decisión.
El pedido de aclaración será resuelto sin dar trámite. La resolución que lo rechaza
es inimpugnable».

«Artículo 407°.- Corrección.- Antes que la resolución cause ejecutoria, el Juez


puede, de oficio o a pedido de parte y sin trámite alguno, corregir cualquier error
material evidente que contenga. Los errores numéricos y ortográficos pueden
corregirse incluso durante la ejecución de la resolución.
Mediante la corrección las partes también piden al Juez que complete la resolución
respecto de puntos controvertidos pero no resueltos.
La resolución que desestima la corrección solicitada es inimpugnable».

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la aclaración


y corrección de resoluciones, ha establecido lo siguiente:

«... El artículo cuatrocientos seis y cuatrocientos siete del Código


Procesal Civil prescribe [sic] que la corrección, al igual que la
aclaración, son remedios procesales que otorgan tres facultades a
los magistrados: corregir errores, suplir omisiones y clarificar las
resoluciones que ellos expidan...» (CasaciónNro. 4876-2006 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-10-2007, págs. 20693-
20694).
38 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... El artículo cuatrocientos seis del Código Procesal Civil señala


que antes que la resolución cause ejecutoria, el Juez puede, de oficio
o a pedido de parte, aclarar algún concepto oscuro o dudoso
expresado en la parte decisoria de la resolución o que influye en
ella, lo que no conlleva una alteración o anulación del contenido o
sustancia de la decisión tomada por el Organo Jurisdiccional, sino
que persigue corregir defectos en el modo de expresarlos...» (Casación
Nro. 48-2003 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
01-12-2003, págs. 11148-11149).
«... El artículo cuatrocientos seis del Código Procesal Civil establece
que[:] 'El Juez no puede alterar las resoluciones después de
notificadas. Sin embargo, antes que la resolución cause ejecutoria,
de oficio o a pedido de parte, puede aclarar algún concepto oscuro
o dudoso expresado en la parte decisoria de la resolución o que
influya en ella. La aclaración no puede alterar el contenido sustancial
de la decisión. El pedido de aclaración será resuelto sin dar trámite.
La resolución que lo rechaza es inimpugnable'[.] [...] En virtud de
la norma glosada, se desprende que mediante la aclaración se
pretende por parte del juzgador aclarar alguna expresión ambigua,
oscura o contradictoria contenida en una resolución cuestionada,
pues éste [sic] pedido debe ceñirse al aspecto formal o verbal y no
extenderse al juicio o razonamiento del juez, pues no constituye un
medio impugnatorio porque con ello, en esencia, no se pretende
modificar en su [sic] sentido ni sustituir la resolución dictada...»
(Casación Nro. 2412-2006 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-01-2008, pág. 21246).
«... El plazo para interponer el recurso que proceda contra la
resolución aclarada se contará desde la notificación del auto en que
se haga o deniegue la aclaración. Esto es, producida la aclaración
-que es cuando la resolución tiene efecto y no antes- o denegado el
pedido, el plazo para recurrir comienza no desde aquel en que se
notificó la resolución aclarada, sino que se reabre, a partir de la
resolución que se pronuncia sobre la aclaración...» (Casación Nro.
48-2003 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-12-
2003, págs. 11148-11149).
«... El juzgador tiene la facultad de corregir las resoluciones y
completar la misma (sic) respecto a los puntos controvertidos pero
no resueltos» (Casación Nro. 1595-97 / Huaura, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 12-10-1999, pág. 3707).
«... Señala [el recurrente] que la Sala Superior actuó de oficio en
forma indebida al corregir el error material en que incurrió al dictar
la sentencia de vista, ya que la misma debió ser cuestionada mediante
los recursos pertinentes y a instancia de parte; sin embargo, se
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 39

advierte que parte de un argumento equivocado, pues resulta


inobjetable que la mencionada Sala ejerció la facultad de corregir
cualquier error material, prevista en el artículo cuatrocientos siete
de la Ley adjetiva [C.P.C.], ya que la recurrida no había causado
ejecutoria...» (Casación Nro. 1693-99 / lea, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 01-03-2001, págs. 6951-6952).

«... Los errores materiales no modifican el contenido sustancial de


la resolución en mérito del artículo 407 del Código Procesal Civil
[sobre la corrección de resoluciones]...» (Casación Nro. 3151-2006 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 04-12-2006, pág.
18189).

«... El error ortográfico es un error material que no varía el sentido


de la decisión final; lo que no constituye una afectación del derecho
al debido proceso...» (Casación Nro. 2979-2006 / lea, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 30-11-2006, pág. 17813).

«... El efecto del error material, conforme lo establece el artículo


cuatrocientos siete del Código Procesal Civil, es proceder a su
corrección, sea de oficio o a pedido de parte, pero su denuncia no
puede dar lugar a que se anule la sentencia recurrida, pues es
evidente que la subsanación del vicio no ha de influir en el sentido
de la resolución o en las consecuencias del acto procesal, tal como
se estipula en el cuatro [sic -léase cuarto-] párrafo del artículo ciento
setentidós del Código Procesal Civil...» (Casación Nro. 3892-06 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-01-2008, págs.
21398-21399).

«... La corrección al igual que la aclaración, son remedios procesales


que otorgan tres facultades a los magistrados: corregir errores,
suplir omisiones y clarificar las resoluciones que ellos expidan; [...]
estas facultades podrían considerarse que son de orden menor, esto
es, que por ninguna razón, se podrían [sic -léase se podría-] anular
un acto procesal, como lo es una sentencia, argumentando una
corrección en ella; en este caso, la Sala Revisora está cambiando la
resolución que resuelve el conflicto intersubjetivo de intereses, esto
es, esta [sic -léase está-] afectando la sustancia de la decisión judicial;
además, este hecho se agrava debido a que la propia Sala notificó
a las partes la sentencia que luego, el propio Colegiado, anularía;
[...] en consecuencia, se ha configurado expresamente la transgresión
al derecho a un debido proceso del recurrente, al expedirse una
resolución en flagrante violación a las disposiciones procesales que
generan la nulidad insalvable de la resolución [...] y la renovación
del acto procesal, con las consecuencias que ello genere...» (Casación
Nro. 3954-2001 / Santa - Chimbóte, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 31-07-2002, págs. 9043-9044).
40 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... Para que proceda la corrección [de resoluciones] debe cumplirse


con los requisitos que establece el artículo cuatrocientos siete del
Código Procesal Civil, situación que no se presenta en el caso
anotado [...], pues en él no se corrige ningún error material, sino
que por el contrario se emite un pronunciamiento de fondo que
importa la modificación del fallo, debiendo por tanto declararse su
nulidad [de la resolución que resuelve corregir la de vista]...»
(Casación Nro. 2662-2000 / Tacna, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 02-07-2001, pág. 7335).

«... En cuanto a la alegación formulada a que en la resolución [sentencia]


de vista se ha consignado un nombre que no le corresponde a la
recurrente, debe indicarse que dicho error mecanográfico de ningún
modo acarrea la nulidad de los presentes autos, por cuanto la
subsanación del mismo no ha de influir en el sentido del fallo...»
(Casación Nro. 133-2002 / Canchis - Sicuani, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 02-12-2002, pág. 9539).
«... El supuesto error en la consignación del nombre de una de las
demandantes [en la sentencia de primera instancia], además de que
por sí no constituye una afectación del derecho al debido proceso,
es un defecto ajeno al recurrente que no le agravia, por lo que no
está facultado a invocarlo...» (Casación Nro. 2214-2002 / Sicuani,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2002, pág. 9624).

14. JURISPRUDENCIA CASATORIA RELACIONADA CON ASPECTOS


GENERALES DE LOS MEDIOS IMPUGNATORIOS

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a los aspectos


generales de los medios impugnatorios, ha establecido lo siguiente:
«... El derecho a la impugnación [...] constituye uno de los medios
que tienen las partes de controlar la legalidad de las Resoluciones
Judiciales, sin embargo, su ejercicio está delimitado por la ley, sin
que esto signifique un recorte del mismo, sino que más bien se
apunta a proteger la seguridad jurídica que debe ofrecer todo
ordenamiento legal; [...] es por ello, que además de las exigencias
de carácter formal que se imponen al ejercicio de un medio
impugnatorio, se unen otras sin cuya concurrencia [...] no es posible
su procedencia...» (Casación Nro. 3436-00 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001, pág. 7236).
«... Se permite al justiciable un adecuado ejercicio de su derecho de
defensa a través del cuestionamiento idóneo de aquellos fundamentos
esbozados por las instancias de mérito, que a su parecer, no son
correctos, en consecuencia el derecho de impugnación como
plasmación del derecho de defensa, solo estará adecuadamente
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 41

garantizado en tanto y en cuanto las resoluciones judiciales se


encuentren tanto táctica como jurídicamente motivadas...» (Casación
Nro. 2758-01 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 02-07-2001, pág. 7337).

«... Los medios impugnatorios son los instrumentos con los que se
provee a las partes a fin de que puedan cuestionar la validez de un
acto procesal que presuntamente contiene vicio o error que lo
afecta...» (Casación Nro. 2662-2000 / Tacna, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 02-07-2001, pág. 7335).

«... El instituto procesal de los medios impugnatorios puede


definirse como el instrumento que la ley concede a las partes o
terceros legitimados para que soliciten al juez que el (sic) mismo u
otro de jerarquía superior realicen un nuevo examen del acto
procesal o de todo el proceso, a fin de que se anule o revoque éste,
total o parcialmente...» (Casación Nro. 709-99 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 23-11-1999, pág. 4118).

«... La utilización de los medios de impugnación tiende a satisfacer


el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva, que es a su vez
uno de los principios pilares sobre los que reposa el debido proceso»
(Casación Nro. 2212-99 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 07-04-2000, pág. 4977).

«...El recurrente ha hecho uso de su derecho de defensa e interpuesto


medio impugnatorio, por lo que la sola circunstancia de que el fallo
no le favorezca, no importa contravención al debido proceso...»
(Casación Nro. 2650-99 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 11-01-2000, pág. 4532).

«... Para que una resolución judicial sea modificada, revisada o


revocada tiene que ser objeto de impugnación por quien se siente
afectado por la misma en su pretensión o derecho...» (Casación Nro.
1145-99 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
20-11-1999, pág. 4028).

«... En materia de impugnación rige el principio dispositivo, según


el cual el Juez Superior solamente puede conocer los agravios
que han sido objeto de debate y pronunciamiento en las etapas
pertinentes...» (Casación Nro. 2687-2000 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-01-2001, pág. 6792).

«... En virtud del Principio Dispositivo en materia de impugnación,


los jueces solamente pueden conocer los agravios que fueron
invocados oportunamente por las partes y que fueron objeto de
debate contradictorio...» (Casación Nro. 92-2001 / Lambayeque,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-07-2001, pág. 7368).
42 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... En virtud al principio dispositivo de la impugnación la Sala no


tenía la obligación de pronunciarse respecto de un extremo no
recurrido...» (Casación Nro. 1640-01 / Camaná, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 05-11-2001, pág. 7861).

«... En vía de impugnación no pueden alegarse hechos nuevos no


discutidos en las instancias inferiores puesto que la absolución del
grado respectivo solamente está referido a lo que es materia del
proceso; ello en aplicación de los principios dispositivo y de
preclusión en materia procesal civil...» (Casación Nro. 2749-99 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 21-01-2000, pág.
4622).
«... Los recursos impugnatorios son actos voluntarios de los
justiciables y, por lo tanto, el órgano jurisdiccional no puede
sustituirse en defensa de una de las partes en litis...» (Casación Nro.
300-2006 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-
02-2007, págs. 18761-18762).
«... Las instancias de mérito no están impedidas de corregir
omisiones o irregularidades que adviertan al revisar los procesos,
para preservar la validez del procedimiento como la eficacia de los
actos procesales, aún (sic) cuando no hayan sido denunciadas...»
(Casación Nro. 882-99 / lea, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 19-08-1999, pág. 3246).
«... El artículo trescientos cincuentiséis del Código Procesal Civil
clasifica los medios impugnatorios en remedios, que proceden
contra actos procesales no contenidos en resoluciones, y los recursos
que proceden contra resoluciones judiciales, en ambos tipos de medios
impugnatorios rige el principio dispositivo de la impugnación, en
virtud del cual solamente puede conocerse y resolverse una
impugnación si es que las partes lo solicitan...» (Casación Nro. 2730-
00 / Callao, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-07-2001,
págs. 7336-7337).

«... Aquel acto procesal que no sea objeto de cuestionamiento


mediante un recurso impugnatorio se presume consentido, pues
la no objeción se entiende como conformidad...» (Casación Nro.
2662-2000 / Tacna, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-
07-2001, pág. 7335).

«... El declarar inadmisible cualquier recurso impugnativo por falta


del requisito de la tasa judicial, concediendo un plazo razonable
para la subsanación resulta un acto Constitucional que guarda
concordancia con el derecho de defensa, derecho de acceso a los
tribunales y a la instancia plural, los que forman parte del principio
Constitucional del debido proceso y el derecho a la tutela jurisdiccional
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 43

que tiene categoría de derecho fundamental, ello en razón de que


la omisión de presentar tasa o presentar arancel judicial diminuto
es subsanable...» (Casación Nro. 667-2000 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-10-2003, págs. 11050-11051).
«... Es principio de la Teoría General de los Recursos consagrado
en el artículo 358 del cuerpo legal aludido [C.P.C.], la declaración
de improcedencia de los medios impugnatorios que no estén
fundamentados a la luz de la ley, de la doctrina y de la jurisprudencia...»
(Casación Nro. 945-2002 / Chincha, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 31-10-2002, pág. 9432).
«... La característica principal para recurrir es que la resolución
impugnada perjudique al recurrente, es decir, que éste padezca un
gravamen, de lo que se colige que la legitimidad para impugnar
requiere de un interés estrictamente procesal que se deriva de la
resolución recurrida; en tal sentido, podemos definir el agravio
como el perjuicio derivado de la resolución cuestionada...» (Casación
Nro. 502-2004 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
28-02-2006, pág. 15415).
«... Definir el contenido del gravamen o agravio [...] sí ha motivado
opiniones dispares que se han visto reflejadas en dos teorías,
básicamente. Por un lado, la teoría formal del gravamen propone
cotejar lo formulado por las partes en sus escritos dispositivos con
lo que se haya concedido en la resolución impugnada; de otro lado,
la teoría material, considera que lo relevante es el perjuicio de los
intereses derivados de la posición jurídica del recurrente en la
realidad material...» (Casación Nro. 502-2004 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 28-02-2006, pág. 15415).
«... El agravio expresa la inconformidad de quien interpone un
medio impugnatorio contra el fallo que le es desfavorable...» (Casación
Nro. 793-2002 / Lambayeque, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-01-2005, págs. 13545-13546).
«... Un requisito de fondo de todo medio impugnatorio es el agravio,
no existiendo éste cuando se sustenta en un error en la cita de la
norma jurídica...» (Casación Nro. 3242-2000 / Junín, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001, pág. 7229).
«... El letrado [...] ha intervenido como abogado [...], lo cual lo faculta
para interponer recursos en nombre de su patrocinado, sin que sea
necesario que exhiba poder especial...» (Casación Nro. 3780-2006 /
Junín, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-12-2008, págs.
23322-23323).
«... No se ha atentado contra el debido proceso ni el derecho de
defensa, pues los abogados para el ejercicio de su profesión tienen
44 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

que observar las normas contenidas en los Estatutos del Colegio


Profesional al que pertenecen así como las de la Ley Orgánica del
Poder Judicial y del Código Procesal Civil; que al haber sido el
abogado del recurrente declarado hábiles (sic) en fecha posterior a
la que suscribieron los recursos impugnatorios, de modo alguno
subsana la deficiencia anotada por la Sala en la oportunidad en que
se dicta la resolución que se impugna, la misma que se emitió en
mérito a las certificaciones expedidas por el decano del Colegio de
Abogados de La Libertad...» (Casación Nro. 1515 - 97 / La Libertad,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 07-05-1998, págs. 915-
916).

«... Si bien es cierto los terceros legitimados pueden interponer


medios impugnatorios, ellos también deben satisfacer los requisitos
de admisibilidad y procedencia de los mismos...» (Casación Nro.
3388-2000 / Piura, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-
04-2001, pág. 7232).

«... La facultad de las instancias que tramitan los medios impugnatorios,


para evaluar las condiciones de admisibilidad y procedencia que
estos deben reunir, es propia del procedimiento y su ejercicio no
constituye infracción alguna a la Ley Adjetiva...» (Casación Nro.
3163-2000 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-
08-2001, pág. 7695).

«... Los requisitos de admisibilidad se aprecian en el momento de


la impugnación, y si bien el Juez no puede prorrogar el término
para interponer el recurso, porque equivaldría a conceder aquello
que la ley ha querido limitar, tampoco puede agregar otros
requisitos de forma» (Casación Nro. 2063-97 / Lambayeque,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 26-11-1998, pág. 2131).

«... Permitir la mejora o la posibilidad de subsanación no prevista


expresamente en la Ley efectuada después de vencido el plazo para
la interposición del recurso implica una violación al principio de
la inmutabilidad de la cosa juzgada...» (Casación Nro. 1580-01 /
Arequipa, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-05-2002,
págs. 8691-8692).

«... El incumplimiento de requisito formal al interponer medio


impugnatorio determina la improcedencia de éste...» (Casación
Nro. 3247-99 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
22-02-2000, pág. 4670).

«... Es principio y regla procesal que todos los vicios acontecidos


dentro de una audiencia se impugnan en ella, por los que asistieron
o dentro del plazo de Ley de haber sido notificado [sic -léase
notificados-] del contenido de la misma, para los sujetos que no
Capítulo I: Nociones esenciales sobre la impugnación 45

estuvieron presentes...» (Casación Nro. 346-2005 / Moquegua,


publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-08-2005, pág. 14560).
«... La resolución judicial es un acto de naturaleza procesal, y [...]
el Derecho Procesal, por el hecho de referirse a una de las funciones
esenciales del Estado (la función jurisdiccional), es un derecho
público, con todas las consecuencias que ello acarrea; es decir sus
normas son de orden público; no pueden derogarse por acuerdo
de las partes interesadas. Distinta es la naturaleza de las normas
que informan el Código Civil, y específicamente las comprendidas
en el Libro Segundo, es decir, Acto Jurídico, puesto que en este caso
se trata de normas de Derecho Privado, que tienen que ver con el
principio de autonomía de las partes. En consecuencia, resulta
manifiestamente improcedente pretender atacar la eficacia de una
resolución judicial mediante normas que están reservadas para
regular las relaciones de carácter privado. En todo caso, tal como
ha sido establecido en las instancias de mérito, existen medios
adecuados para impugnar un acto del tipo de resolución judicial
de adjudicación...» (Casación Nro. 2380-2006 / Arequipa, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 03-09-2007, págs. 20303-20304).
Medias üiipíiigiistarios

SEGUNDA PARTE
LOS REMEDIOS
CAPITULO U

«111111
ORDENAMIENTO
PROCESAL PERUANO

1. CONCEPTO DE REMEDIO

Los remedios son medios impugnatorios dirigidos a lograr que se anule


o revoque o reste eficacia, ya sea en forma parcial o total, a actos procesales
que no se encuentren contenidos en resoluciones. Así, a través de los remedios
es posible impugnar el acto de la notificación, oponerse a la actuación de un
medio de prueba, pedir la nulidad del remate, de la sentencia dictada en un
proceso fraudulento (este último es un caso especial de nulidad que opera en
vía de acción), etc. Por lo general, son resueltos los remedios por el mismo Juez
que conoció del acto procesal materia de impugnación.

Di lorio define a los remedios como «... los que se dan por vía de acción
o pretensión, ya sea contra actos aislados del proceso o contra el mismo proceso,
aunque haya recaído sentencia que goce de la autoridad de la cosa juzgada.
Pero no se los deduce contra las resoluciones judiciales» (DI IORIO; citado por
DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 91-92).

Similar posición tiene De Santo cuando afirma que los remedios «... se
conceden por vía de acción o pretensión, ya sea contra actos aislados del
proceso, que no configuren resoluciones judiciales, o contra el mismo proceso,
aunque haya recaído sentencia que goce de la autoridad de la cosa juzgada»
(DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 93).

Gozaíni sostiene que «... son remedios las impugnaciones que decide el
mismo tribunal cuestionado...» (GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 777).

Prieto-Castro y Ferrándiz manifiesta que «... se llama remedios a estos


recursos que no tienen carácter devolutivo por no conocer de ellos un órgano
superior» (PRIETO-CASTRO Y FERRANDIZ, 1980, Volumen 1: 242).
50 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Reimundín cataloga a los remedios procesales como aquellos que «... tienden
a la corrección de una anomalía procesal por el mismo órgano jurisdiccional...»
(REIMUNDIN, 1957, Tomo II: 75).
Fairén Guillén concibe a los remedios como «... medios impugnatorios
que han de ser conocidos y resueltos por el mismo Tribunal que dictó la
resolución impugnada...» (FAIREN GUILLEN, 1949: 252).

Quinteros Velasco asegura que los medios de impugnación son llamados


remedios «... cuando el daño se efectúa por errores que pueden ser subsanados
por el mismo juez que pronunció la resolución...» (QUINTEROS VELASCO,
1962: 36).

Enrique Falcón tiene la siguiente idea de los remedios: «Los remedios


son articulaciones que tratan de variar una resolución, o modificar el proceso,
o anularlo de algún modo, por el mismo juez que dictó el acto, o dentro del
mismo ámbito en el cual se realizaron los trámites» (FALCON, 1978: 285).

El artículo 356 del Código Procesal Civil, que versa sobre las clases de
medios impugnatorios, contempla prácticamente la concepción de los remedios
en la parte inicial de su primer párrafo, estableciendo así que:

«Los remedios pueden formularse por quien se considere agraviado por


actos procesales no contenidos en resoluciones...»

2. REQUISITOS DE ADMISIBILIDAD

En principio, cabe señalar que, de acuerdo a lo dispuesto en la segunda


parte del primer párrafo del artículo 356 del Código Procesal Civil, los remedios
sólo se interponen en los casos expresamente previstos en dicho ordenamiento
procesal.
Ahora bien, son requisitos de admisibilidad de los remedios los que a
continuación se indican:
Su interposición dentro del tercer día de conocido el agravio, salvo
disposición legal distinta (parte final del primer párrafo del art. 356
del C.P.C.).
Su interposición ante el órgano jurisdiccional que cometió el vicio
o error, salvo disposición en contrario. Así lo establece la primera
parte del art. 357 del C.P.C., que trata sobre los requisitos de
admisibilidad de los medios impugnatorios. (Puntualizamos que
el planteamiento de algún remedio no siempre obedecerá a vicio o
error atribuible al órgano jurisdiccional, como cuando se trata de
la oposición a la actuación de un medio probatorio, por lo que, en
casos como el indicado, la expresión correcta es la siguiente: su
interposición -del remedio- ante el órgano jurisdiccional que conoce
del litigio en donde se produjo el acto procesal cuestionado).
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 51

La observancia de las formalidades previstas en el Código adjetivo


para cada medio impugnatorio (léase remedio). Ello de conformidad
con lo normado en la parte final del artículo 357 del Código Procesal
Civil.

El incumplimiento de alguno de los requisitos determina la declaración


de inadmisibilidad del medio impugnatorio (remedio), mediante resolución
debidamente fundamentada. Así lo prescribe la primera parte del artículo 359
del Código Procesal Civil. Este numeral es concordante con el artículo 128
-parte inicial- del Código Procesal Civil, según el cual «el Juez declara la
inadmisibilidad de un acto procesal cuando carece de un requisito de forma o
éste se cumple defectuosamente...»

3. REQUISITOS DE PROCEDENCIA

Los requisitos de procedencia de los medios impugnatorios, entre los


que se encuentran los remedios, están regulados en el artículo 358 del Código
Procesal Civil, el mismo que establece lo siguiente:

«El impugnante fundamentará su pedido en el acto procesal en que


lo interpone, precisando el agravio y el vicio o error que lo motiva. El
impugnante debe adecuar el medio que utiliza al acto procesal que
impugna».

El incumplimiento de alguno de los requisitos de procedencia a que se


contrae el numeral citado determina la declaración de improcedencia del medio
impugnatorio (remedio), mediante resolución debidamente fundamentada.
Ello con arreglo a lo prescrito en la primera parte del artículo 359 del Código
Procesal Civil. Este último precepto guarda concordancia con la parte final del
artículo 128 del indicado Código, conforme a la cual el Juez declara la
improcedencia de un acto procesal si la omisión o defecto es de un requisito
de fondo.

4. CLASES DE REMEDIOS

Si bien el primer párrafo del artículo 356 del Código Procesal Civil enuncia
únicamente de un modo expreso a la oposición, de la definición de los remedios
contenida en dicho numeral podemos colegir que aquéllos son los siguientes:

La oposición.

La tacha.

La nulidad de actos procesales.

Cada uno de esos remedios será analizado en los puntos que siguen.
52 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

4.1 La oposición

4.1.1 Significado

En principio, teniendo en cuenta que la parte final del primer párrafo del
artículo 356 del Código Procesal Civil establece que la oposición y los demás
remedios sólo se interponen en los casos previstos en el mencionado Código,
la concepción de aquélla está vinculada a los medios probatorios, pues
prácticamente es en relación a éstos que el Código adjetivo prevé la oposición.

La oposición entonces es un instrumento procesal dirigido a cuestionar


determinados medios de prueba incorporados al proceso para así lograr que
no se lleve a cabo su actuación o que se evite asignarles eficacia probatoria al
momento de resolver.

Se puede apreciar que esta clase de remedio cumple dos funciones: 1)


impedir que se actúe un medio de prueba; y 2) contradecir éste a fin de
perjudicar su mérito probatorio.

La oposición, además de ser un remedio, representa una cuestión


probatoria, por lo que está regulada específicamente en el Capítulo X («Cuestiones
probatorias») del Título VIII («Medios probatorios») de la Sección Tercera
(«Actividad procesal») del Código Procesal Civil, en los arts. 300 al 304.

4.1.2 Casos en que opera la oposición

La oposición -reiteramos- se interpone en los casos expresamente previstos


en el Código Procesal Civil (art. 356 -primer párrafo- del C.P.C.). En consecuencia,
por mandato del artículo 300 de dicho cuerpo de leyes se puede formular
oposición a la actuación de:

Una declaración de parte.

Una exhibición.

Una pericia.

Una inspección judicial.

Un medio probatorio atípico.

4.1.2.1 Oposición a la actuación de una declaración de parte

La declaración de parte strictu sensu constituye un medio probatorio


consistente en una declaración de conocimiento efectuada por alguno de los
litigantes ante el Juez de la causa. Es la deposición que realiza el justiciable
concerniente a los hechos materia de controversia, la misma que puede ser
auténtica o no coincidente con la realidad.
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 53

La oposición a la actuación de una declaración de parte tiene por finalidad


impedir que tenga lugar la deposición de un sujeto procesal (demandante o
demandado) o lograr que se descarte dicho medio de prueba de la valoración
que haga el Juez del material probatorio.

Tal oposición puede fundarse en diferentes motivos como, por ejemplo,


la limitación legal de medios probatorios que excluya a la declaración de parte
para acreditar los hechos en cierta clase de procesos, la manifiesta inidoneidad
de dicho medio probatorio para esclarecer el asunto controvertido, etc.

4.1.2.2 Oposición a la actuación de una exhibición

La disponibilidad de un documento supone la posibilidad jurídica de


aportarlo al proceso como medio probatorio, ya sea acompañándolo en el escrito
respectivo, en original o en copia, o afirmando (describiendo su contenido) o
acreditando su existencia, solicitando, por consiguiente, su exhibición (indicando
con precisión el lugar donde se encuentra).
La exhibición se materializa con la entrega del documento pertinente o
de las copias certificadas del mismo. Tratándose de documentos públicos la
exhibición se concreta con la sola indicación por parte del obligado de la
dependencia en que se encuentra el original.

La oposición a la actuación de una exhibición está encaminada a obstaculizar


su práctica o hacer que el Juez no le otorgue eficacia probatoria a los documentos
suministrados al proceso en virtud de tal exhibición.
Pueden ser argumentos de la indicada oposición que la exhibición solicitada
sea de difícil o imposible realización (como cuando se trata de documentos
sobre los cuales se deba guardar secreto o confidencialidad), que los documentos
sobre los que esté referida sean impertinentes o inidóneos o inútiles, que no se
haya acreditado la existencia de los documentos en cuestión (cuando no se
hubiera presentado su copia o los datos identificatorios del mismo no fueran
suficientes para determinarlo), etc.

4.1.2.3 Oposición a la actuación de la prueba pericial

La pericia es un medio probatorio que se actúa por orden oficiosa del


Juez o a instancia de parte, y que la llevan a cabo personas ajenas a la relación
procesal, quienes, en razón de sus conocimientos especiales sobre determinada
ciencia, oficio, arte, técnica o industria, emiten opinión calificada respecto de
algún punto o materia que escapa al entendimiento adecuado del juzgador, y
que está destinada a formarle convicción al último.
La pericia puede ser concebida como un instrumento de percepción de
hechos que requieren para su determinación cierta aptitud o preparación con
las que no cuenta por lo general el Juez sino los peritos. Estos le comunican al
primero las comprobaciones y deducciones a las que llegan acerca de los hechos
54 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

sometidos a su análisis, las mismas que son recogidas en un informe al que se


denomina dictamen pericial.

La oposición a la actuación de la prueba pericial es aquella destinada a


impedir que los peritos procedan a examinar el asunto debatido en juicio y
emitir opinión al respecto, o sino a objetar el contenido del dictamen para de
esta manera tratar de anular su mérito probatorio.

La oposición a la actuación de la pericia puede deberse a la no aceptación


del cargo, al no cumplimiento de los requisitos exigidos para su ofrecimiento
(indicación clara y precisa de los puntos sobre los que versará el dictamen, la
profesión u oficio del perito y el hecho controvertido que se pretende esclarecer
con la pericia), a la inutilidad del peritaje por no requerir la materia que fuera
sometida a él de conocimientos calificados o de expertos para apreciarla en
toda su dimensión, a la parcialidad de los peritos, a la no correspondencia
lógica-crítica entre los fundamentos del dictamen y sus conclusiones, a la no
explicación del dictamen pericial, entre otras causales.

4.1.2.4 Oposición a la actuación de una inspección judicial.

La inspección judicial, llamada también reconocimiento o percepción


judicial, es aquel medio probatorio por el cual el Juez en forma directa y
mediante sus sentidos (vista, oído, olfato, tacto y gusto) puede apreciar los
hechos materia de debate procesal. Sirve, pues, este medio de prueba para
verificar hechos materiales (pueden ser bienes muebles, inmuebles, ruidos,
vibraciones, zonas húmedas, calurosas, etc.) y aun personas.

La oposición a la actuación de una inspección judicial está dirigida


a evitar que se lleve a cabo la verificación directa y personal del magistrado
de los hechos materia de conflicto entre las partes procesales. También se
dirige a cuestionar su desarrollo, buscando de este modo restarle su eficacia
probatoria.

La oposición a la actuación de una inspección judicial puede reposar en


razones como las siguientes: la limitación legal de medios probatorios que
descarta la práctica de la inspección judicial, la inidoneidad de este medio de
prueba para acreditar en forma debida un determinado hecho, la inutilidad
del reconocimiento judicial por haber quedado demostrado con otros medios
probatorios los hechos materia de litigio, la no constatación personal de los
hechos por parte del Juez (hipótesis de su sustitución por otra persona), etc.

4.1.2.5 Oposición a la actuación de medios probatorios atípicos

Los medios probatorios atípicos son aquellos que no se encuentran


contemplados en el ordenamiento jurídico, careciendo, por ende, de calificación
legal.
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 55

El artículo 193 del Código Procesal Civil preceptúa que los medios
probatorios atípicos están constituidos por auxilios técnicos o científicos que
permitan lograr la finalidad de los medios probatorios.

La oposición a la actuación de medios probatorios atípicos (que en nuestra


opinión no existen al quedar subsumidos dentro de la prueba pericial y de
documentos) tiene por finalidad entorpecer su práctica o enervar su fuerza
probatoria.

Tal oposición -en caso que se diera la actuación de esta clase de pruebas-
podría fundarse en la inidoneidad de los medios probatorios atípicos, la
exigencia legal de determinados medios de prueba para acreditar algún hecho,
la inutilidad por haber quedado suficientemente demostrado con otros medios
de probanza el asunto controvertido, entre otros supuestos.

4.1.3 Trámite de la oposición

En principio, cabe indicar que los plazos para plantear oposición a los
medios probatorios (declaración de parte, pericia, inspección judicial y pruebas
atípicas) o a la exhibición de documentos, o para absolverla, son los siguientes:

Cinco días para interponer oposiciones a los medios probatorios,


contados desde la notificación de la resolución que los tiene por
ofrecidos, tratándose de los procesos de conocimiento (art. 478 -inc.
1)- del C.P.C.).

Cinco días para absolver las oposiciones, computados a partir del


día siguiente de notificado el traslado, en el caso de los procesos de
conocimiento (art. 478 -inc. 2)- del C.P.C.).

Tres días para interponer oposiciones a los medios probatorios,


contados desde la notificación de las resoluciones que los tiene por
ofrecidos, si se trata de procesos abreviados (art. 491 -inc. 1)- del
C.P.C.).

Tres días para absolver las oposiciones, contados desde el día


siguiente de notificado el traslado, en el caso de los procesos
abreviados (art. 491 -inc. 2)- del C.P.C.).

En el momento de la audiencia única, para formular y absolver las


oposiciones que se susciten, en lo que atañe a los procesos sumarísimos
(arts. 553 y 555 -segundo párrafo- del C.P.C.).

En el momento de la audiencia única (la cual se realizará solamente


si hubiere contradicción a la ejecución y cuando la actuación de los
medios probatorios lo requiera o el Juez lo estime necesario), para
formular y absolver las oposiciones que se susciten, tratándose de
los procesos únicos de ejecución (arts. 555 y 690-E del C.P.C.).
56 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Si bien el Código Procesal Civil no regula expresamente el plazo en que


pueden formularse o absolverse las oposiciones que se planteen en los procesos
no contenciosos, creemos que -haciendo una interpretación sistemática de dicho
ordenamiento procesal- siendo la audiencia de actuación y declaración judicial
de trámite similar al de la audiencia única de los procesos sumarísimos, y no
contemplando el Código la improcedencia de las oposiciones, salvo cuando
los medios probatorios que las sustentan no sean susceptibles de actuación
inmediata, el plazo para proponer o absolver las oposiciones en los procesos
no contenciosos será el mismo al de los procesos sumarísimos, esto es, al tiempo
en que se desarrolle la audiencia (única) de actuación y declaración judicial
(arts. 754 y 761 -inc. 3)- del C.P.C.).

El trámite de las oposiciones es, según se infiere del artículo 301 del
Código Procesal Civil, el que se señala seguidamente:

La tacha u oposición contra los medios probatorios se interponen


en el plazo que establece cada vía procedimental, contado desde
notificada la resolución que los tiene por ofrecidos, precisándose
con claridad los fundamentos en que se sustentan y acompañándose
los medios probatorios respectivos. La absolución debe hacerse de
la misma manera y en el mismo plazo, anexándose los medios
probatorios correspondientes.

La tacha, la oposición o sus absoluciones que no cumplan con los


requisitos indicados serán declaradas inadmisibles, concediéndose
un plazo no mayor de tres días para subsanar los defectos. Estos
requisitos no se exigen a las absoluciones realizadas en el proceso
sumarísimo.

La actuación de los medios probatorios se realiza en la audiencia


de pruebas, iniciándose esta por la actuación de las cuestiones
probatorias (entre las que se halla la oposición).

El medio probatorio cuestionado (mediante oposición) será actuado,


sin perjuicio de que su eficacia sea resuelta en la sentencia, salvo
decisión debidamente fundamentada e inimpugnable.

4.1.4 Efectos de la oposición formulada maliciosamente

Todo litigante debe observar los deberes procesales de veracidad,


probidad, lealtad y buena fe, porque, de no ser así, se hará merecedor de
sanciones. Justamente, con relación a este tema, cabe señalar que al litigante
que obrando con malicia formule oposición, se le impondrá una multa no menor
de tres ni mayor de diez Unidades de Referencia Procesal, sin perjuicio de las
costas y costos de su tramitación. Así lo establece el artículo 304 del Código
Procesal Civil.
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 57

4.2 La tacha

4.2.1 Definición

Teniendo en cuenta que la parte final del primer párrafo del artículo 356
del Código Procesal Civil dispone que la oposición y los demás remedios (entre
los que se encuentra la tacha) sólo se interponen en los casos previstos en dicho
Código, la concepción de la tacha está vinculada a los medios probatorios, pues
es en relación a éstos que el Código adjetivo prevé aquélla.

La tacha es aquel instrumento procesal dirigido a invalidar o restar


eficacia a determinados medios de prueba, en razón de existir algún defecto o
impedimento respecto de ellos.

La tacha, además de ser un remedio, representa una clics dón probatoria,


estando regulada específicamente en el Capítulo X («Cuestiones probatorias»)
del Título VIII («Medios probatorios») de la Sección Tercera («Actividad
procesal») del Código Procesal Civil, en los arts. 300 al 304.

4.2.2 Casos en que opera la tacha

La tacha, como remedio que es, se interpone en los casos expresamente


previstos en el Código Procesal Civil (art. 356 -primer párrafo- del C.P.C.). Por
consiguiente, y de acuerdo al artículo 300 del Código adjetivo, puede ser
planteada contra:

La prueba testimonial.
La prueba documental.
Los medios probatorios atípicos.

4.2.2.1 Tacha de testigos

La declaración de testigos o prueba testimonial es aquel acto procesal


mediante el cual un sujeto ajeno a las partes brinda información ante el órgano
jurisdiccional acerca de sus conocimientos sobre determinados hechos
ventilados o no enjuicio. Puntualizamos que para la existencia del testimonio
no se requiere que los hechos materia de declaración del testigo sean
estrictamente los controvertidos. Si aquéllos versan o no sobre el objeto de
prueba, así como si son fidedignos o falsos, son aspectos que no influyen sino
en la eficacia o utilidad del indicado medio probatorio.

La prueba testimonial es el relato objetivo sobre hechos realizada por


terceras personas que presenciaron, oyeron o les consta algún suceso vinculado
al litigio. Significa la declaración que presta un sujeto extraño al proceso, a
petición de una de las partes o por mandato judicial, que reproduce de una u
otra manera lo acontecido, sin formular apreciaciones o juicios de ninguna
índole.
58 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

La tacha de testigos es un acto procesal facultativo por el cual los litigantes


pretenden enervar la eficacia de un testimonio a ser rendido por una persona
afectada por alguna causal de prohibición, impedimento o recusación, e,
inclusive, por manifiesta inidoneidad (como cuando se ofrece la declaración
de un testigo que tiene mermado el sentido -vista, oído, olfato, gusto o tacto-
con el cual se supone captó o apreció el hecho sobre el que atestigua).

Por disposición del artículo 303 del Código Procesal Civil, los testigos
pueden ser tachados por las causales previstas en los artículos 229, 305 y 307
de dicho cuerpo de leyes, en cuanto sean pertinentes. A continuación
procedemos a citar los numerales indicados:
«Artículo 229°.- Prohibiciones.- Se prohíbe que declare como testigo:
1. El absolutamente incapaz, salvo lo dispuesto en el Artículo 222° [del C.P.C.,
numeral que faculta al menor de edad a declarar en los casos permitidos por
la ley, como, por ejemplo, cuando se trata de asuntos de Derecho de Familia:
patria potestad, tutela, entre otros];
2. El que ha sido condenado por algún delito que a criterio del Juez afecte su
Idoneidad;
3. El pariente dentro del cuarto grado de consanguinidad o tercero de afinidad,
el cónyuge o concubino, salvo en asuntos de derecho de familia o que lo
proponga la parte contraria;
4. El que tenga interés, directo o indirecto, en el resultado del proceso; y
5. El Juez y el auxiliar de justicia, en el proceso que conocen».

«Artículo 305°.- Causales de impedimento

El Juez se encuentra impedido de dirigir un proceso cuando:


1. Ha sido parte anteriormente en éste;
2. El o su cónyuge o concubino, tiene parentesco dentro del cuarto grado de
consanguinidad, segundo de afinidad o de adopción con alguna de las partes
o con su representante o apoderado o con un abogado que interviene en el
proceso;
3. El o su cónyuge o concubino, tiene el cargo de tutor o curador de cualquiera
de las partes;
4. Ha recibido él o su cónyuge o concubino, beneficios, dádivas de alguna de las
partes, antes o después de empezado el proceso, aunque ellos sean de escaso
valor;
5. Ha conocido el proceso en otra instancia, salvo que haya realizado únicamente
actos procesales de mero trámite; o
6. Ha fallado en otro proceso, en un incidente o sobre el fondo de la materia, con
el cual tiene conexión.
El impedimento previsto en la segunda causal sólo se verifica cuando el abogado ya
estaba ejerciendo el patrocinio de la causa. Está prohibido al abogado asumir una
defensa que provoque el impedimento del Juez».

«Artículo 307°.- Causales de recusación.- Las partes pueden solicitar que el Juez
se aparte del proceso cuando:
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 59

1. Es amigo íntimo o enemigo manifiesto de cualquiera de las partes, demostrado


por hechos inequívocos;
2. El o su cónyuge o concubino o su pariente en la línea directa o en la línea
colateral hasta el segundo grado, primero de afinidad o adoptado, tienen
relaciones de crédito con alguna de las partes; salvo que se trate de persona
de derecho o de servicio público;
3. El o su cónyuge o concubino, son donatarios, empleadores o presuntos
herederos de alguna de las partes;
4. Haya intervenido en el proceso como apoderado, miembro del Ministerio
Público, perito, testigo o defensor;
5. Tiene interés directo o indirecto en el resultado del proceso; y,
6. Exista proceso vigente entre él o su cónyuge o concubino con cualquiera de
las partes, siempre que no sea promovido con posterioridad al inicio del
proceso».

4.2.2.2 Tacha de documentos

Documento «es todo escrito u objeto que sirve para acreditar un hecho»
(art. 233 del C.P.C.).

«Son documentos los escritos públicos o privados, los impresos, fotocopias,


facsímil o fax, planos, cuadros, dibujos, fotografías, radiografías, cintas
cinematográficas, microformas tanto en la modalidad de microfilm como en
la modalidad de soportes informáticos, y otras reproducciones de audio o
video, la telemática en general y demás objetos que recojan, contengan o
representen algún hecho, o una actividad humana o su resultado» (art. 234 del
C.P.C.).
La tacha de documentos es aquel acto procesal potestativo por el cual las
partes, alegando la nulidad o falsedad de la prueba documental, cuestionan
su validez o eficacia, a fin de que sea excluida de la actuación o valoración
probatoria.
La tacha de documentos puede fundarse -reiteramos- en su falsedad o
nulidad. La primera hipótesis implica la existencia de un documento no
auténtico por no guardar su contenido o la firma en él impresa correspondencia
o identidad con la realidad del acto o hecho acontecidos (especialmente si son
inexistentes) o con la persona a quien se le atribuye. La nulidad, en cambio,
supone la existencia de un documento inidóneo para surtir efectos jurídicos
por haberse inobservado en su elaboración los requisitos o condiciones exigidos
por el ordenamiento legal bajo sanción de nulidad.
La tacha de un documento declarada fundada por haberse acreditado su
falsedad trae como consecuencia la carencia de eficacia probatoria (art. 242 del
C.P.C.). El mismo efecto tendrá lugar tratándose de la copia (simple o certificada)
de un documento público o de un expediente declarado o comprobadamente
falso o inexistente (art. 244 del C.P.C.).
60 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

La tacha de un documento declarada fundada por la manifiesta ausencia


de una formalidad esencial que la ley prescribe bajo sanción de nulidad produce
como secuela la ineficacia probatoria de aquél (art. 243 del C.P.C.).

4.2.2.3 Tacha de medios probatorios atípicos

El último párrafo del artículo 300 del Código Procesal Civil faculta la
tacha de medios probatorios atípicos (que no se hallan contenidos en ninguna
norma legal), la cual tendrá por finalidad impugnar la validez o denunciar la
ineficacia de aquéllos por adolecer de algún defecto o pesar sobre los medios
de prueba atípicos cierto impedimento. Sin embargo, insistimos que este
supuesto difícilmente se podría concretar debido a que los medios probatorios
atípicos son prácticamente inexistentes al ser absorbidos por la prueba pericial
o la de documentos.

4.2.3 Trámite de la tacha

En primer lugar, hay que anotar que los plazos para formular tachas a
los medios probatorios (declaración de testigos, documentos y pruebas atípicas)
o absolverlas son los siguientes:

Cinco días para interponer tachas a los medios probatorios, contados


desde la notificación de la resolución que los tiene por ofrecidos,
tratándose de los procesos de conocimiento (art. 478 -inc. 1)- del
C.P.C.).

Cinco días para absolver las tachas, computados a partir del día
siguiente de notificado el traslado, en el caso de los procesos de
conocimiento (art. 478 -inc. 2)- del C.P.C.).

Tres días para interponer tachas a los medios probatorios, contados


desde la notificación de las resoluciones que los tiene por ofrecidos,
si se trata de procesos abreviados (art. 491 -inc. 1)- del C.P.C.).

Tres días para absolver las tachas, contados desde el día siguiente
de notificado el traslado, en el caso de los procesos abreviados (art.
491 -inc. 2)- del C.P.C.).

En el momento de la audiencia única, para formular y absolver las


tachas que se susciten, en lo que respecta a los procesos sumarísimos
(arts. 553 y 555 -segundo párrafo- del C.P.C.).

En el momento de la audiencia única (la cual se realizará sólo si


hubiere contradicción a la ejecución y cuando la actuación de los
medios probatorios lo requiera o el Juez lo estime necesario), para
formular y absolver las tachas que se susciten, tratándose de los
procesos únicos de ejecución (arts. 555 y 690-E del C.P.C.).
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 61

Si bien el Código Procesal Civil guarda silencio acerca del plazo en que
pueden formularse o absolverse las tachas que se planteen en los procesos no
contenciosos, creemos que -haciendo una interpretación sistemática de dicho
ordenamiento procesal- siendo la audiencia de actuación y declaración judicial
de trámite similar al de la audiencia única de los procesos sumarísimos, y no
contemplando el Código la improcedencia de las tachas, salvo cuando los
medios probatorios que las sustentan no sean susceptibles de actuación
inmediata, el plazo para proponer o absolver las tachas en los procesos no
contenciosos será el mismo al de los procesos sumarísimos, esto es, al tiempo
en que se desarrolle la audiencia (única) de actuación y declaración judicial
(arts. 754 y 761 -inc. 3)- del C.P.C.).

El artículo 301 del Código Procesal Civil regula lo concerniente al trámite


de las tachas (y oposiciones) del modo que a continuación se señala:

«La tacha u oposición contra los medios probatorios se interponen en el


plazo que establece cada vía procedimental, contado desde notificada la
resolución que los tiene por ofrecidos, precisándose con claridad los
fundamentos en que se sustentan y acompañándose los medios probatorios
respectivos. La absolución debe hacerse de la misma manera y en el
mismo plazo, anexándose los medios probatorios correspondientes.

La tacha, la oposición o sus absoluciones que no cumplan con los


requisitos indicados serán declaradas inadmisibles, concediéndose un
plazo no mayor de tres días para subsanar los defectos. Estos requisitos
no se exigen a las absoluciones realizadas en el proceso sumarísimo.

La actuación de los medios probatorios se realiza en la audiencia de


pruebas, iniciándose esta por la actuación de las cuestiones probatorias.

El medio probatorio cuestionado será actuado, sin perjuicio de que


su eficacia sea resuelta en la sentencia, salvo decisión debidamente
fundamentada e inimpugnable».

Es de destacar que, excepcionalmente, cuando se adquiere conocimiento


de la causal de tacha en momento posterior al plazo fijado por la ley para
interponerla, se informará al Juez por escrito de tal circunstancia, acompañando
el respectivo documento sustentatorio. El Juez, sin más trámite que el traslado
a la otra parte, considerará el hecho al momento de expedir su fallo. Ello de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 302 del Código Procesal Civil.

4.2.4 Efectos de la tacha formulada maliciosamente

El artículo 304 del Código Procesal Civil preceptúa que «al litigante que
maliciosamente formule tacha u oposición, se le impondrá una multa no menor
de tres ni mayor de diez Unidades de Referencia Procesal, sin perjuicio de las
costas y costos de su tramitación».
62 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Tal sanción responde a la necesidad de garantizar la observancia de los


deberes procesales de veracidad, probidad, lealtad y buena fe, así como de
evitar el comportamiento dilatorio y de obstrucción de quien indebidamente
y con malicia plantea alguna tacha (u oposición) sobre algún medio probatorio.

4.3 La nulidad de actos procesales

4.3.1 Configuración

De la definición de los remedios que contempla la parte inicial del primer


párrafo del artículo 356 del Código Procesal Civil, en el sentido que aquéllos
pueden formularse por quien se considere agraviado por actos procesales no
contenidos en resoluciones, se puede colegir que, dentro de esta hipótesis, la
nulidad constituye precisamente un remedio. Si el acto procesal afectado de
vicio o error se trata de una resolución, entonces el pedido de nulidad
correspondiente deberá adoptar la forma de un recurso (estando a lo dispuesto
en el último párrafo del artículo 356 del Código Procesal Civil).
La nulidad de un acto procesal significa su invalidez o ineficacia debido
a vicios o irregularidades que afectan al último. Tales vicios o irregularidades
pueden derivarse de una conducta culposa -generalmente omisiva- o dolosa.
La nulidad implica la falta de aplicación o la aplicación errónea de la
norma procesal, lo que da lugar a la invalidez de los efectos del acto procesal,
siempre que la causal que amerita tal sanción se encuentre establecida expresamente
en el ordenamiento jurídico o que el acto procesal en cuestión no reúna los
requisitos necesarios para la obtención de su finalidad.
Couture nos informa que «el prestigio del precepto nullum est quod
nullum effectum producit, parece no haber decaído sensiblemente, a juzgar
por su constante repetición. Pero es fácil advertir que definir la nulidad como
lo que no produce ningún efecto, significa, en todo caso, anotar sus consecuencias,
pero no su naturaleza» (COUTURE, 1985: 373). Añade dicho tratadista que «...
siendo el derecho procesal un conjunto de formas dadas de antemano por el
orden jurídico, mediante las cuales se hace el juicio, la nulidad consiste en el
apartamiento de ese conjunto de formas necesarias establecidas por la ley»
(COUTURE, 1985: 374). Concluye Couture diciendo que la nulidad «... no es
cosa atinente al contenido mismo del derecho sino a sus formas; no un error
en los fines de justicia queridos por la ley, sino de los medios dados para obtener
esos fines de bien y de justicia» (COUTURE, 1985: 374).
Alsina define a la nulidad como «... la sanción por la cual la ley priva a
un acto jurídico de sus efectos normales cuando en su ejecución no se han
guardado las formas prescriptas para ello...» (ALSINA, 1956, Tomo I: 627). El
mismo Alsina advierte que «... ésta es una definición provisoria, porque la
función específica de la nulidad no es propiamente asegurar el cumplimiento
de las formas, sino de los fines asignados a éstas por el legislador...» (ALSINA,
1956, Tomo I: 627).
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal pemano 63

Devis Echandía anota que «la nulidad impide los efectos jurídicos del
acto y se debe a defectos de forma, capacidad, representación o competencia»
(DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II: 674).

Luis A. Rodríguez entiende por nulidad procesal «... la sanción por


inobservancia de las formas de los actos procesales (definición de invalidación)
existentes (exclusión de los inexistentes) mientras la invalidez no haya quedado
convalidada (principio de relatividad)» (RODRIGUEZ, 1987: 89-90). Añade el
autor citado que «... un acto se encuentra viciado cuando no se observan las
formas procesales y la sanción por esa inobservancia es la nulidad. El acto debe
contener los elementos esenciales para ser considerado tal, porque en caso
contrario sería la nada jurídica (inexistencia)...» (RODRIGUEZ, 1987: 90).
Mario Alzamora Valdez, refiriéndose a las causas de nulidad del acto
procesal, señala que son diversas, a saber:
«... En primer lugar, son actos procesales nulos los afectos por
incumplimiento de los presupuestos procesales.
En segundo lugar, vician los actos procesales los defectos en la aplicación
y las violaciones de las reglas de procedimiento.
En tercer lugar, los vicios de voluntad (...) influyen en la validez del acto.
En cuarto lugar, el contenido mismo del acto, ya por inexactitud o por
ilegalidad, genera su ineficacia; y
Por último, los defectos estrictamente formales, dado el carácter público
del Derecho Procesal» (ALZAMORA VALDEZ, s/a: 317).

El Código Procesal Civil regula la nulidad de los actos procesales en el


Título VI de su Sección Tercera («Actividad procesal»), arts. 171 al 178.

4.3.2 Clases

Las clases de nulidad de actos procesales son las que a continuación se


señalan:

A) Nulidad absoluta.

Se da cuando los vicios que afectan al acto son tan graves que el
proceso es violentado o distorsionado en demasía. No puede ser
objeto de subsanación o convalidación. Una situación de nulidad
absoluta sería, por ejemplo, la derivada del vicio que afecta
presupuestos procesales como la capacidad de las partes.

Couture, al tratar de los actos absolutamente nulos, refiere lo


siguiente:

«El acto absolutamente nulo es (...) un grado superior en el


sentido de la eficacia.
64 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

(...)

Puede hablarse en él de existencia y de ese mínimo de


elementos requeridos para que un acto adquiera realidad
jurídica. Pero la gravedad de la desviación es tal que resulta
indispensable enervar sus efectos, ya que el error apareja
normalmente una disminución tal de garantías que hace
peligrosa su subsistencia. Se decide, entonces, a su respecto,
que una vez comprobada la nulidad, el acto debe ser invalidado,
aun de oficio y sin requerimiento de parte interesada; y
que una vez invalidado el acto, no es posible ratificación u
homologación.

El acto absolutamente nulo tiene una especie de vida artificial


hasta el día de su efectiva invalidación; pero la gravedad de
su defecto impide que sobre él se eleve un acto válido.

La fórmula sería, pues, la de que la nulidad absoluta no


puede ser convalidada, pero necesita ser invalidada»
(COUTURE, 1985: 378).

B) Nulidad relativa.

Se configura cuando las irregularidades que recaen en el acto


cuestionado no tienen trascendencia, es decir, no vulneran
formalidades esenciales del proceso. Puede ser objeto de subsanación
y convalidación, especialmente en aquellos casos en que los vicios
que afectan al proceso no son reclamados oportunamente por el
interesado. Una situación de nulidad relativa sería la representación
defectuosa del demandante, la misma que puede ser subsanada.

Couture indica al respecto que «el acto viciado de nulidad relativa


puede adquirir eficacia» (COUTURE, 1985: 379). Añade dicho
tratadista que «en él existe un vicio de apartamiento de las formas
dadas para la realización del acto; pero el error no es grave sino
leve. Sólo cuando haya derivado en efectivo perjuicio, podrá ser
conveniente su invalidación. Pero si no lo trajera aparejado, o si
trayéndolo, la parte perjudicada cree más conveniente a sus
intereses no acudir a la impugnación, el acto nulo puede subsanarse.
El consentimiento purifica el error y opera la homologación o
convalidación del acto. Sus efectos subsisten hasta el día de la
invalidación; y si ésta no se produjera, la ratificación da firmeza
definitiva a esos efectos» (COUTURE, 1985:379). Concluye Couture
afirmando que «la fórmula sería la de que el acto relativamente
nulo admite ser invalidado y puede ser convalidado» (COUTURE,
1985: 379).
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 65

Puntualizamos que, en relación con las clases de nulidad derivadas de


actos absoluta o relativamente nulos, existe una tercera categoría de actos o
hechos catalogados como jurídicamente inexistentes. Couture, acerca de ellos,
explica lo siguiente:
«La inexistencia del acto procesal plantea un problema anterior a toda
consideración de validez de él.
Es, en cierto modo, el problema del ser o no ser del acto. No se refiere a
la eficacia, sino a su vida misma. No es posible a su respecto hablar de
desviación, ya que se trata de algo que ni siquiera ha tenido la aptitud
para estar en el camino. Una sentencia dictada por quien no es juez, no
es una sentencia, sino una no sentencia (Nichturteil). No es un acto sino
un simple hecho.
El concepto de inexistencia se utiliza, pues, para denotar algo que carece
de aquellos elementos que son de la esencia y de la vida misma del acto;
un quid incapaz de todo efecto. A su respecto se puede hablar tan sólo
mediante proposiciones negativas, ya que el concepto de inexistencia es
una idea absolutamente convencional que significa la negación de lo que
puede constituir un objeto jurídico.
Cuando se trata de determinar los efectos del acto inexistente, se observa
que no sólo carece en absoluto de efectos, sino que sobre él nada puede
construirse: quod non est confirmare nequit.
La fórmula que defina esta condición sería, pues, la de que el acto
inexistente (hecho) no puede ser convalidado, ni necesita ser invalidado.
No resulta necesario a su respecto un acto posterior que le prive de
validez, ni es posible que actos posteriores lo conformen u homologuen,
dándole eficacia» (COUTURE, 1985: 377).

Devis Echandía hace notar que «... la separación del acto nulo y el
inexistente no es fácil, especialmente frente a las nulidades absolutas insaneables.
Sin embargo, estos actos nulos insaneables pueden llegar a producir efectos
jurídicos, cuando ya no procede su impugnación, ni hay oportunidad para
declarar su nulidad, y en derecho procesal tenemos el caso de la falta de
jurisdicción o de trámite equivocado o de haberse revivido un proceso concluido,
cuando no es alegada ni declarada dentro del proceso. En cambio, el acto
inexistente no se convalida por falta de impugnación. Por tanto, hay que
distinguirlos» (DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II: 676).

4.3.3 Principios que rigen la nulidad

La nulidad de los actos procesales se rige por una serie de principios,


cuales son:
El principio de legalidad.
66 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

El principio de trascendencia.

El principio de convalidación.

El principio de subsanación.

El principio de integración.

El principio de independencia.

Según el principio de legalidad, la nulidad se sanciona sólo por causa


establecida en la ley, siendo entonces inaplicable la analogía. (Ello se desprende
de la parte inicial del primer párrafo del art. 171 del C.P.C.).

Habrá nulidad en los siguientes casos previstos legalmente: a) inobservancia


del principio de inmediación (art. V -primer párrafo- del T.P. del C.P.C.); b)
omisión del Juez de fundamentar los autos y sentencias que expide (art. 50 -inc.
6)- del C.P.C.); c) actividad procesal realizada después que una de las partes
perdió la capacidad o titularidad del derecho discutido (sin que comparezca
el sucesor procesal), siempre que la actividad de que se trate le pueda haber
generado indefensión (art. 108 -último párrafo- del C.P.C.); d) omisión de
requisitos legales de las resoluciones judiciales (art. 122 del C.P.C.); e)
irregularidades respecto de la procedencia de la notificación edictal (art. 165
del C.P.C.)}j) falta de dirección por el Juez en la audiencia de pruebas (art. 202
del C.P.C.); g) emplazamiento defectuoso (art. 437 del C.P.C.); h) resolución
declarando fundada las excepciones de representación insuficiente del
demandado, falta de agotamiento de la vía administrativa, falta de legitimidad
para obrar del demandante, litispendencia, cosa juzgada, desistimiento de la
pretensión, conclusión del proceso por conciliación o transacción, caducidad,
prescripción extintiva o convenio arbitral (art. 451 -inc. 5)- del C.P.C.); i) defectos
en la notificación de la demanda de expropiación a tercero con derecho
registrado a su favor respecto del bien a expropiar (art. 521 -primer párrafo- del
C.P.C.); j) omisión de la publicidad del remate (art. 733 -último párrafo- del
C.P.C.); k) incumplimiento del adjudicatario en cuanto al pago del saldo del
precio del remate de bien inmueble (art. 741 -primer párrafo- del C.P.C.); l)
inobservancia de las formalidades del remate (art. 743 del C.P.C.); etc.

El principio de trascendencia (a que se contrae el art. 171 del C.P.C.)


tiene los siguientes postulados:

Será objeto de nulidad el acto procesal que carece de los requisitos


indispensables para la obtención de su finalidad. (Esto constituye
la excepción a la regla general que representa el principio de
legalidad).

Será válido el acto procesal que haya cumplido su propósito pese


a no haberse observado la formalidad prescrita por la ley, siempre
y cuando ésta no sancione con nulidad la inobservancia formal.
Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 67

Como bien sostiene Couture, «... no hay nulidad de forma, si la desviación


no tiene trascendencia sobre las garantías esenciales de defensa en juicio»
(COUTURE, 1985:390). «La antigua máxima 'pas de nullité sans grief' recuerda
que las nulidades no tienen por finalidad satisfacer pruritos formales, sino
enmendar los perjuicios efectivos que pudieran surgir de la desviación de los
métodos de debate cada vez que esta desviación suponga restricción de las
garantías a que tienen derecho los litigantes» (COUTURE, 1985: 390).

El principio de convalidación hace que la falta de impugnación por parte


del agraviado le dé firmeza al acto nulo, es decir, se revalida dicho acto con la
presunción de consentimiento o con la aceptación expresa del interesado. Para
ello no deberá tener la nulidad el carácter de absoluta. «Aunque la conclusión
parezca excesiva a primera vista, es menester no alejar de la consideración de
este problema la idea anotada en el comienzo de todo este desarrollo, de que
el derecho procesal está dominado por ciertas exigencias de firmeza y de
efectividad en los actos, superiores a las de otras ramas del orden jurídico.
Frente a la necesidad de obtener actos procesales válidos y no nulos, se halla
la necesidad de obtener actos procesales firmes, sobre los cuales pueda
consolidarse el derecho» (COUTURE, 1985: 391).

El artículo 172 del Código Procesal Civil señala tres casos en que puede
producirse la convalidación del acto nulo. Ellos son los siguientes:

Tratándose de vicios en la notificación, cuando el litigante procede


de manera tal que ponga de manifiesto haber tomado conocimiento
oportuno del contenido de la resolución (art. 172 -primer párrafo-
del C.P.C).

Cuando el acto procesal, no obstante carecer de algún requisito


formal, logra la finalidad para la que estaba destinado (art. 172
-segundo párrafo- del C.P.C.).

Cuando quien se encuentre facultado para plantear la nulidad no


formula su pedido en la primera oportunidad que tuviera para
hacerlo. Aquí habrá convalidación tácita (art. 172 -tercer párrafo-
del C.P.C.).

De acuerdo al principio de subsanación, contemplado en el cuarto


párrafo del artículo 172 del Código Procesal Civil, no habrá nulidad si la
subsanación del vicio no ha de influir en el sentido de la resolución o en las
consecuencias del acto procesal.

Por el principio de integración, el Juez podrá integrar o completar una


resolución cuando haya omitido pronunciarse sobre algún punto principal o
secundario. Precisamente, el penúltimo y último párrafos del artículo 172 del
Código Procesal Civil versan sobre este principio, estableciendo que:

«(...)
68 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

El Juez puede integrar una resolución antes de su notificación. Después


de la notificación pero dentro del plazo que las partes dispongan para
apelarla, de oñcio o a pedido de parte, el Juez puede integrarla cuando
haya omitido pronunciamiento sobre algún punto principal o accesorio.
El plazo para recurrir la resolución integrada se computa desde la
notificación de la resolución que la integra.
El Juez superior puede integrar la resolución recurrida cuando concurran
los supuestos del párrafo anterior».
En virtud del principio de independencia, la nulidad opera únicamente
respecto del vicio que la motivó, no invalidando éste la totalidad del acto, si
no se afectan todas las partes que lo conforman, así como tampoco se invalidan
los demás actos del proceso en la medida que éstos guarden autonomía en
relación al acto que adolece de vicio o error. Es por eso que:
La declaración de nulidad de un acto procesal no alcanza a los
anteriores ni a los posteriores que sean independientes de aquél
(art. 173 -primer párrafo- del C.P.C.).

La invalidación de una parte del acto procesal no afecta a las otras


que resulten independientes de ella, ni impide la producción de
efectos para los cuales el acto es idóneo, salvo disposición expresa
en contrario (art. 173 -último párrafo- del C.P.C.).

4.3.4 Interés para formular nulidad

Quien formula nulidad tiene que acreditar estar perjudicado con el acto
procesal viciado y, en su caso, precisar la defensa que no pudo realizar como
consecuencia directa del acto procesal cuestionado. Asimismo, acreditará
interés propio y específico con relación a su pedido. Así lo establece el artículo
174 del Código Procesal Civil.

4.3.5 Inadmisibilidad e improcedencia del pedido de nulidad

El artículo 175 del Código Procesal Civil se refiere a la inadmisibilidad o


improcedencia del pedido de nulidad en los siguientes términos:

«El pedido de nulidad será declarado inadmisible o improcedente, según


corresponda, cuando:
1. Se formule por quien ha propiciado, permitido o dado lugar al
vicio;
2. Se sustente en causal no prevista en este Código [C.P.C.j;

3. Se trate de cuestión anteriormente resuelta; o

4. La invalidez haya sido saneada, convalidada o subsanada».


Capítulo II: Los remedios en el ordenamiento procesal peruano 69

4.3.6 Tramitación de la nulidad


La tramitación de la nulidad de actos procesales (conforme al art. 176 del
C.P.C.) es como a continuación se indica:
El pedido de nulidad deberá ser formulado en la primera oportunidad
que el perjudicado tuviera para hacerlo (sino habría convalidación
tácita), antes que se emita la sentencia de primera instancia.
Una vez expedida la sentencia de primera instancia sólo podrá
alegarse la nulidad expresamente en el escrito sustentatorio del
recurso de apelación.
Si la nulidad se formuló antes de dictarse la sentencia de primera
instancia, el Juez resolverá previo traslado a la otra parte por tres
días.
Si la nulidad se planteó en el recurso de apelación, el órgano
jurisdiccional jerárquicamente superior resolverá oyendo a la otra
parte en auto de especial pronunciamiento o al momento de
absolver el grado.
Las nulidades por vicios ocurridos en segunda instancia serán
formuladas en la primera oportunidad que tuviera el interesado
para hacerlo (o se convalidarán tácitamente). El órgano judicial que
conoce del proceso en segunda instancia podrá resolver aquéllas
de plano u oyendo a la otra parte.
Las nulidades absolutas, es decir, las que tengan el carácter de
insubsanables, son susceptibles de ser declaradas de oficio. La
resolución -motivada- en ese sentido ordenará que se reponga el
proceso al estado que corresponda (o sea, al inmediatamente
anterior a la producción del vicio procesal).

4.3.7 Efectos de la declaración de nulidad


De conformidad con el artículo 177 del Código Procesal Civil, la resolución
que declara la nulidad:
Ordena la renovación del acto o actos procesales afectados.
Ordena las medidas efectivas para tal fin.
Impone el pago de las costas y costos al responsable.
A pedido del agraviado, la sentencia puede ordenar el resarcimiento por
quien corresponda de los daños causados por la nulidad (parte final del art.
177 del C.P.C.)

4.3.8 La nulidad de cosa juzgada fraudulenta


El instituto de la nulidad de cosa juzgada fraudulenta, previsto en el
artículo 178 del Código Procesal Civil, se distingue por lo siguiente:
70 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Se demanda a través de un nuevo proceso: de conocimiento.


Su objeto es pedir la nulidad de una sentencia con calidad de cosa
juzgada o el acuerdo de las partes homologado por el Juez que pone
fin al litigio.
Sólo procederá si el proceso del cual deriva la sentencia o el acuerdo
mencionados en el acápite anterior ha sido seguido con fraude, o
colusión, afectando el derecho a un debido proceso, cometido por
una, o por ambas partes, o por el Juez, o por éste y aquéllas.
El plazo para presentar la demanda vence a los seis meses de
ejecutada o de haber adquirido la calidad de cosa juzgada si no
fuere ejecutable la sentencia o el acuerdo de partes homologado
por el magistrado y que pone fin al proceso.
Pueden demandar la nulidad la parte o el tercero ajeno al proceso
que se consideren directamente agraviados por la sentencia o el
acuerdo mencionado líneas arriba. Tendrán que acreditar para ello
el perjuicio sufrido y el interés legítimo con que cuentan.
A fin de asegurar el derecho del accionante sólo pueden ser
concedidas las medidas cautelares inscribibles.
En caso de anularse la decisión judicial recaída en el proceso anterior
se repondrán las cosas al estado que corresponda. No obstante lo
expresado, la nulidad de ninguna manera afectará a los terceros de
buena fe y a título oneroso.

5. DESISTIMIENTO DE LOS REMEDIOS

Los remedios, como actos procesales -de impugnación- que son, pueden
ser objeto de desistimiento. Este no se presume, debiendo precisarse su contenido
y alcance en el escrito en el que se pide, legalizando su firma el proponente
ante el auxiliar jurisdiccional. Tal desistimiento no admite condiciones, es decir,
configura un acto puro. Además, sólo perjudica a quien lo hace (art. 341 del
C.P.C.).
El desistimiento de un remedio se interpone antes que sea resuelto por
el órgano jurisdiccional. Ello según lo dispuesto en el artículo 342 del Código
Procesal Civil, en el sentido de que el desistimiento del acto procesal (léase
remedio) «... se interpone antes que la situación procesal que se renuncia haya
producido efecto».
El desistimiento de un remedio trae como consecuencia que se deje sin
efecto la situación procesal favorable a su titular. Como medio impugnatorio
que es el remedio, su desistimiento tiene como efecto dejar firme el acto
impugnado, tal como lo preceptúa el artículo 343 -último párrafo- del Código
Procesal Civil).
1. DEFINICION

El recurso es un medio impugnatorio dirigido a lograr la revisión de una


resolución judicial afectada de vicio o error de forma o de fondo, a efecto de
que sea revocada o invalidada, total o parcialmente, por el órgano jurisdiccional
superior, que deberá emitir una nueva decisión al respecto u ordenar al inferior
jerárquico que lo haga de acuerdo a los considerandos del primero. (Es de
subrayar que, tratándose del recurso de reposición, la revisión de la resolución
recurrida la hará el mismo órgano jurisdiccional que la expidió -o conoció de
ella- y no el superior jerárquico, siendo entonces aquél quien confirmará dicho
acto procesal o lo revocará, resolviendo así la impugnación).

Como se aprecia, a través del recurso el agraviado con una resolución


que considera injusta pretende su revisión y posterior reforma dentro del mismo
proceso en que tal resolución ha sido expedida. De esa manera se salvaguarda
los derechos e intereses del justiciable y se excluye o disminuye la posibilidad
del error o la arbitrariedad judicial.

«... En sentido estricto los medios de impugnación se refieren a resoluciones


que no han alcanzado firmeza, incidiendo así sobre un proceso todavía
pendiente y prolongando su pendencia, por lo que impiden que llegue a
producirse la llamada cosa juzgada formal. Se trata de los verdaderos recursos,
en los que la impugnación se produce en un proceso aún pendiente, pidiendo
el recurrente que se produzca un nuevo examen de lo que fue resuelto en la
resolución que se recurre y en cuanto la misma le sea desfavorable, para que
se dicte otra resolución modificando la anterior o anulándola» (MONTERO
AROCA; GOMEZ COLOMER; MONTON REDONDO; y BARONA VILAR,
2003, Tomo II: 397).
74 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«Recurso quiere decir, literalmente, regreso al punto de partida. Es un


re-correr, correr de nuevo, el camino ya hecho. Jurídicamente la palabra denota
tanto el recorrido que se hace nuevamente mediante otra instancia, como el
medio de impugnación por virtud del cual se re-corre el proceso» (COUTURE,
1985: 340).

«... Los recursos se confieren siempre contra un acto procesal - resolución


judicial (sea providencia simple, interlocutoria o sentencia definitiva no pasada
en autoridad de cosa juzgada), se deducen en el mismo proceso en el cual se
dictó la resolución y no implican una pretensión o acción autónoma...» (DE
SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 93).

Rafael De Pina anota que «... los recursos son medios técnicos mediante
los cuales el Estado atiende a asegurar el más perfecto ejercicio de la función
jurisdiccional» (DE PINA, 1940: 213).

Según Ponce Martínez, «los recursos son reclamaciones que las partes
pueden ejercer con el fin de que se altere, en cualquier forma, lo decidido en
una providencia judicial...» (PONCE MARTINEZ, 1984:107).

A decir de Alsina, «... llámanse recursos, los medios que la ley concede
a las partes para obtener que una providencia judicial sea modificada o dejada
sin efecto...» (ALSINA, 1961, Tomo IV: 184).

Luigia Cattaneo conceptúa a los recursos como «... los modos o maneras
como se proyecta en la práctica el derecho de impugnación; mediante ellos el
litigante que se encuentra frente a un acto jurisdiccional que estime perjudicial
para sus intereses puede promover su revisión, a fin de que, dentro de los
precisos límites que la ley le confiera, se corrijan las irregularidades» (CATTANEO,
1984: 207).

Por su parte, Quinteros Velasco expresa en relación al tema que «recursos,


son los medios que la ley concede a los litigantes para obtener que una
providencia judicial sea modificada o dejada sin efecto por un tribunal superior
al que dictó la resolución impugnada...» (QUINTEROS VELASCO, 1962: 31).
Añade dicho autor que «... los recursos no son otra cosa que el medio para
fiscalizar la justicia de lo resuelto...» (QUINTEROS VELASCO, 1962: 31).
Quinteros Velasco termina señalando que los recursos «... son procedimientos
técnicos de revisión que emergen a raíz de la negativa a someterse, formulada
por la parte que sufrió el perjuicio, que alega contra la sentencia injusticia o
nulidad...» (QUINTEROS VELASCO, 1962: 32).

Para Gernaert Willmar, el recurso es «... el medio técnico de impugnación


y subsanación de los errores que eventualmente pueda adolecer una resolución
judicial, dirigido a provocar la revisión de ella, ya sea por el juez que la dictó
(incidente) o por otro de superior jerarquía (recurso en sentido propio...»
(GERNAERT; citado por DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 81).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 75

Ibáñez Frocham refiere que «... por el recurso se continúa la acción


normalmente ante otras instancias o grados de la jurisdicción, y es el recurso
el que abre y determina la competencia de estos otros órganos que, sin él, no
pueden tener ni noticias (salvo ciertas raras hipótesis de consulta de alguna
legislación), de la existencia del proceso: no hay juez superior...» (IBAÑEZ
FROCHAM, 1954: 277). Concluye Ibáñez Frocham diciendo que «... el recurso
es el medio de continuar el ejercicio de la acción» (IBAÑEZ FROCHAM, 1954:
277).
Fábrega define al recurso como «... la facultad que a los litigantes compete
de pedir la enmienda de una resolución judicial, algunas veces ante el mismo
Juez o Tribunal que la dictó, pero, generalmente, ante un Tribunal Superior...»
(FABREGA; citado por DE PINA, 1940: 214).

Goldschmidt asegura que «... recursos son los medios jurídicos procesales
concedidos a las partes, a los afectados inmediatamente por una resolución
judicial y a los intervinientes adhesivos para impugnar una resolución judicial
que no es formalmente firme, ante un Tribunal superior (efecto devolutivo), y
que suspenden los efectos de la cosa juzgada de la misma (efecto suspensivo)...»
(GOLDSCHMIDT, 1936: 398-399).

En opinión de Ramos Méndez, «... el concepto de recurso responde a


aquellos actos procesales de impugnación de una resolución judicial gravosa
para la parte...» (RAMOS, 1992, Tomo II: 705). Ramos Méndez subraya que el
recurso «... es un medio de pasar de uno a otro grado de la jurisdicción, sin
romper la unidad del proceso» (RAMOS MENDEZ, 1992, Tomo II: 706).

Enrique Falcón sostiene que «recursos son medios de atacar resoluciones


judiciales para que el tribunal superior los revoque o los modifique total o
parcialmente...» (FALCON, 1978: 286).
Rosenberg afirma que «... todo recurso es una petición de otorgamiento
de tutela jurídica contra una resolución que no la ha otorgado en todo o en
parte...» (ROSENBERG, 1955, Tomo II: 349).

En palabras de Lorca Navarrete, «el recurso puede ser definido como un


acto procesal de parte por el que se procede a la apertura de la instancia procesal
ad quem con la finalidad, de que una vez que la instancia procesal a quo ha
terminado, un tribunal distinto pueda llevar a cabo un nuevo examen del
enjuiciamiento en justicia verificado en la instancia procesal a quo mediante
una nueva resolución judicial en esa instancia procesal ad quem» (LORCA
NAVARRETE, 2000:1019).

Ortiz Zúñiga y Pinilla Orihuela califican al recurso como «... la facultad


que confiere la ley a los litigantes para pedir la enmienda o reparación de una
resolución judicial que le causa agravio, ya sea que se interponga ante el mismo
juez que la dictó, o ante un tribunal superior, en la casi generalidad de los
casos» (ORTIZ ZUÑIGA; y PINILLA ORIHUELA, 1993: 24).
76 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Lino Palacio apunta que los recursos son «... aquellos actos procesales en
cuya virtud quien se considera agraviado por una resolución judicial pide, en
el mismo proceso y dentro de determinados plazos computados desde la
notificación de aquélla, que un órgano superior en grado al que la dictó, o en
su caso este mismo, la reforme, modifique, amplíe o anule» (PALACIO, 1979,
Tomo V: 29).
Rafael Gallinal considera que «... los recursos son los medios que se
acuerdan a los litigantes, para hacer dejar sin efecto las resoluciones que les
perjudican, sea por el mismo juez o tribunal que las dictó, sea por el superior,
y también en ciertos casos, para poder obtener una resolución o para obtenerla
completa» (GALLINAL, s/a, Tomo II: 217).
Alvarez Juliá, Neuss y Wagner catalogan al recurso como «... el medio
por el cual la parte, cumpliendo los requisitos pertinentes, puede obtener que
el mismo juez u otro tribunal, según los casos, modifique, cambie, revea,
revoque o deje sin efecto la resolución que impugna» (ALVAREZ JULIA;
NEUSS; y WAGNER, 1990: 313).
Según Máximo Castro, «... los recursos judiciales son los remedios
mediante los cuales las partes pueden obtener la reparación o la modificación
de las sentencias que consideren injustas o no arregladas a derecho» (CASTRO,
1927, Tomo II: 211).
Schónke se ha formado la siguiente idea acerca del recurso: «... Es el
medio de someter una resolución judicial, antes de que adquiera el carácter de
cosa juzgada, a un nuevo examen en una instancia superior, deteniendo así la
formación de la cosa juzgada...» (SCHÓNKE, 1950: 299).
Gimeno Sendra refiere que «bajo el término de recursos cabe entender el
conjunto de actos de postulación, a través de los cuales la parte perjudicada
por una determinada resolución judicial, impugnable y que no haya adquirido
firmeza, puede obtener su revisión, bien por el mismo órgano judicial autor
de la misma, bien por otro superior con la finalidad de garantizar, en general,
que todas las resoluciones generales se ajusten al Derecho y, en particular, que
la Sentencia sea respetuosa con las exigencias del derecho a la tutela judicial
efectiva o derecho a la obtención de una Sentencia motivada, razonada en la
prueba, fundada en el Derecho aplicable al objeto procesal y congruente»
(GIMENO SENDRA, 2007, Tomo I: 551).
Arazi estima que «... los recursos son remedios procesales que la ley concede
a quien se considera perjudicado por una resolución judicial, para requerir, dentro
de un plazo determinado, que, en el mismo proceso, el órgano que la dictó u otro
de grado superior, la modifique o la deje sin efecto» (ARAZI, 1991: 300).
Kielmanovich entiende por recurso «... a todo acto procesal emanado de
parte, dirigido a alcanzar de un órgano judicial superior al que dictó la
resolución o de este mismo, su modificación o sustitución total o parcial, por
errores, vicios o defectos propios de la misma» (KIELMANOVICH, 1989:18).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos

Osvaldo Gozaíni señala sobre el particular que «el reconocimiento del


derecho a impugnar la decisión, se viabiliza en la senda de los recursos, que
son los medios de transferir la queja expresiva de los agravios que son
considerados presentes en la resolución cuestionada» (GOZAINI, 1992, Tomo
1, Volumen 2: 742).

El artículo 356 del Código Procesal Civil, referido a las clases de medios
impugnatorios, contempla en su último párrafo a los recursos, estableciendo
que «... pueden formularse por quien se considere agraviado con una resolución
o parte de ella, para que luego de un nuevo examen de ésta, se subsane el vicio
o error alegado».

2. FUNDAMENTO

El fundamento de los recursos consiste en la necesidad de, sino excluir,


al menos hacer que disminuya la posibilidad del error y/o arbitrariedad judicial
en el desarrollo del proceso. Por ello se brinda al interesado (agraviado) el
instrumento adecuado para obtener del órgano jurisdiccional una decisión
justa.

Los recursos se fundan, pues, en el interés -privado y público- de que


haya una buena administración de justicia y que el proceso culmine en la
correcta actuación de la ley, porque, de lo contrario, aquél difícilmente podría
lograr los fines para los cuales está destinado, afectándose de ese modo el orden
jurídico y social.

Al respecto, Luigia Cattaneo manifiesta que «el fundamento de todo


recurso radica en la falibilidad humana y en el interés social de que la justicia
se administre con acierto» (CATTANEO, 1984: 212).
Kielmanovich destaca que «... el fundamento de los recursos, parte de la
premisa de que en la delicada misión de administrar justicia no debe descartarse
apriorísticamente la existencia del error judicial» (KIELMANOVICH, 1989:22).

Según Alsina, «... su fundamento reside en una aspiración de justicia,


porque el principio de inmutabilidad de la sentencia, que constituye a su vez
el fundamento de la cosa juzgada, derivado de la necesidad de certeza para la
estabilidad de las relaciones jurídicas, cede ante la posibilidad de una sentencia
injusta...» (ALSINA, 1961, Tomo IV: 184-185).
Gómez de Liaño González y Pérez-Cruz Martín indican sobre el particular
que los fundamentos de los recursos son los siguientes:

«a) Medio de remediar el posible error o 'injusticia' de las resoluciones


judiciales que surge como consecuencia lógica y natural del
principio de falibilidad humana, en este concreto caso, de la
eventual equivocación del órgano judicial. El recurso, conforme a
este argumento, permitiría la denuncia de defectos en vicios de la
78 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

actividad procesal (error in procedendo) y/o vicios de juicio (error


in iudicando). Desde esta perspectiva, la posibilidad de impugnación
constituye la mejor garantía para las partes y para el propio Juez.
La impugnación es un medio de neutralización de los juicios de
valor del órgano jurisdiccional, sirve para que el Juez reflexione
sobre su propio juicio y controle a la vez la motivación de su
resolución.
b) Otro posible fundamento de los medios de impugnación se
basaría en el concepto de gravamen, como base objetiva que
obra a la vez como presupuesto del recurso. Una resolución es
recurrible fundamentalmente por resultar perjudicial para la parte,
independientemente de consideraciones objetivas como el considerarla
errónea o no ajustada a derecho» (GOMEZ DE LIAÑO GONZALEZ;
y PEREZ-CRUZ MARTIN, 2001, Tomo II: 602).
Enrique Falcón asegura que «... su fundamento reside en una aspiración
de obtener una modificación en la resolución dada por el juzgador, en virtud
de entender el agraviado que dicha decisión es injusta. Este es el fundamento
subjetivo» (FALCON, 1978: 289-290). Desde el punto de vista legislativo
-continúa dicho autor- «... se apoya en el criterio de que la revisión permite una
nueva apreciación del caso, donde se integra a la formación de la decisión, la
opinión del recurrente, lo que contribuye al correcto examen de la causa»
(FALCON, 1978: 290).
Para Rafael Gallinal, «la necesidad de los recursos para impugnar las
resoluciones, es manifiesta, por el fin del juicio y de la misma sentencia, fin que
se resume en la averiguación y declaración de la verdad jurídica. Por la
imperfecta defensa de las partes, o también por los posibles errores de todo
humano juicio, no siempre la sentencia de primera instancia llega a descubrir
y proclamar esa verdad. Para corregir estas imperfecciones, las leyes conceden
los recursos» (GALLINAL, s/a, Tomo II: 217).
A criterio de Lino Palacio, «el fundamento de los recursos reside (...) en
la conveniencia de satisfacer el anhelo dirigido a la obtención de resoluciones
judiciales que se conformen a la justicia en la máxima medida posible, aunque
corresponde tener presente que ese ideal de perfección jurídica pierde sentido,
para conducir a un mero ritualismo, frente a una irrazonable acumulación de
instancias e impugnaciones» (PALACIO, 1979, Tomo V: 34).
Gimeno Sendra, en lo que concierne al fundamento de los recursos, pone
de manifiesto lo siguiente: «Su fundamento descansa en la falibilidad del órgano
judicial y en la necesidad de evitar que la certeza, implícita en toda resolución
judicial, alcance su plenitud cuando la parte gravada por ella la estime
desacertada, para lo cual el ordenamiento procesal le otorga la posibilidad de
la impugnación, que el recurso supone. Esta misma razón justifica la limitación
del sistema de los recursos, tanto en cuanto a la existencia de recurso contra
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 79

concretas resoluciones, como en cuanto a la exigencia de determinados requisitos


o presupuestos para recurrir, limitación a través de la cual se pretende
cohonestar la seguridad y certeza de las resoluciones judiciales con la evitación
de la dilación que el ejercicio de todo medio de impugnación siempre supone»
(GIMENO SENDRA, 2007, Tomo I: 551).

3. CARACTERISTICAS

De Santo sostiene que son características fundamentales de los recursos


las que a continuación se indican:

« Io No cabe, mediante ellos, proponer al respectivo tribunal el examen


y decisión de cuestiones que no fueron sometidas al conocimiento
del tribunal que dictó la resolución impugnada;

2o Los recursos, tanto ordinarios como extraordinarios, no proceden


cuando la resolución ha alcanzado autoridad de cosa juzgada o se
halla preclusa» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 94).

Según Casarino Viterbo, los recursos tienen las siguientes características


generales:

«a) Por regla general, se interponen ante el mismo tribunal que dictó
la resolución recurrida; por excepción, se entabla ante el tribunal
que va a conocer de ellos (...);

b) Por regla general, se interponen para que conozca de ellos el


tribunal inmediatamente superior en grado jerárquico a aquél
que dictó la resolución recurrida; por excepción, el conocimiento
y fallo corresponde al mismo tribunal que dictó la resolución
recurrida (...);

c) Por regla general, se interponen en contra de resoluciones que no


tienen el carácter de firmes o ejecutoriadas, a fin de invalidarlas o
anularlas; por excepción, el recurso de revisión se entabla para
invalidar una sentencia firme o ejecutoriada;

d) Por regla general, se interponen dentro de un término fatal, cuyo


vencimiento extingue el derecho a deducirlo, por el solo ministerio
de la ley; por excepción, hay recursos que, por su propia naturaleza,
no tienen plazo, como los recursos de inconstitucionalidad y de
amparo; y

e) Por regla general, se interponen sin que sea necesario depositar


suma alguna en arcas fiscales; por excepción, hay recursos que
necesitan de este depósito para ser admitido a tramitación...»
(CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 222-223).
80 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

En opinión de Kielmanovich, son caracteres de los recursos:

«a) Que sólo proceden contra resoluciones judiciales (...).


b) Que proceden a petición de parte, esto es que las partes y
excepcionalmente los terceros deben de exteriorizar su voluntad a
través de la interposición o deducción de los recursos.

(...)

c) Que no proceden contra resoluciones judiciales que hayan alcanzado


la autoridad de la cosa juzgada formal o material, o contra
providencias simples o sentencias interlocutorias que se hallen
preclusas» (KIELMANOVICH, 1989:19-20).

Gimeno Sendra estima que las notas esenciales de los recursos son las
que enuncia a continuación:
«a) Como regla general sólo la parte perjudicada por la resolución
ostenta legitimación para recurriría, esto es, sólo en ella concurre
el interés para recurrir. Dicha legitimación, procedente del
''gravamen' que genera la resolución impugnada, suele coincidir
con quien ostenta el 'derecho de conducción procesal' (...), es decir,
la parte formal gravada por la resolución, si bien el ordenamiento
puede conferir también (...) legitimación a quien no ostente este
último requisito.

b) La interposición de un recurso no afecta a la subsistencia de los


efectos procesales de la litis, permaneciendo durante su tramitación
los efectos de la litispendencia. Pero, si el recurso es devolutivo,
la jurisdicción pasa a ostentarla el tribunal 'ad quem', con
independencia de que el 'a quo' pueda mantener su competencia
para la adopción de determinadas medidas provisionales.

c) La posibilidad de utilización de los recursos es independiente de


la posición que las partes ostenten en el litigio, pudiendo ser
recurrente, tanto el demandante, como el demandado, siempre y
cuando (...) experimenten un gravamen por la resolución impugnada.

d) A través de los recursos no cabe alterar los elementos esenciales


del objeto procesal que queda delimitado en los escritos de
alegaciones.
e) Los recursos han de ser interpuestos en los plazos y con las
formalidades en cada caso contemplados en la Ley. Si un
determinado recurso se interpusiera fuera del plazo preestablecido,
la resolución adquirirá 'firmeza' y gozará de plenos efectos de cosa
juzgada, pudiéndose instar su ejecución definitiva» (GIMENO
SENDRA, 2007, Tomo I: 554).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 81

Gómez de Liaño González afirma por su lado que los recursos se


caracterizan por lo siguiente:

«a) Los recursos constituyen un acto procesal de impugnación que


originan la continuación de la causa, de manera que prolonga su
desarrollo a través de otra fase. Por eso no se ejercita en el recurso
una nueva acción, diferente a la que dio nacimiento al proceso, sino
que es una manifestación de la misma dentro del derecho a la tutela
judicial efectiva que comprende no sólo el derecho de acudir a los
Tribunales, sino también el de recurrir y ejecutar la sentencia.

b) Es, además, un acto de parte perjudicada. El gravamen o perjuicio


viene a constituir un presupuesto necesario para recurrir, y en este
sentido aquella persona a la que se ha concedido en la resolución
cuanto había solicitado, no puede utilizarlo (...).

c) La resolución no ha de tener carácter firme, salvo en los supuestos


de recursos excepcionales.

d) El recurso es un acto formal que debe ir revestido en cuanto a su


preparación, interposición y sustanciación, de las solemnidades
exigidas para cada caso.

e) Existiendo pluralidad de partes, la actividad de cada uno es


independiente, ahora bien, en materia que afecta a varios de ellos,
lo conseguido a través del recurso de uno solo, alcanza a los demás»
(GOMEZ DE LIAÑO GONZALEZ, 1992: 511).

4. LEGITIMACION

Tienen legitimidad para interponer recursos los sujetos que integran la


relación jurídica procesal, es decir, las partes (demandante y demandado) e,
inclusive, los terceros legitimados (coadyuvantes o excluyentes).
Pero la legitimidad para recurrir no se configura tan sólo con la calidad
de parte o de tercero legitimado del sujeto impugnante, sino que es indispensable,
además, que el recurrente cuente con interés (material o moral), el cual deriva
precisamente del agravio (total o parcial) inferido por la emisión de una
resolución desventajosa, máxime si ésta es contraria a derecho. El agravio o
perjuicio que causa la decisión judicial injusta hace nacer, pues, un interés
dirigido a la corrección del fallo y que se traduce en la interposición del recurso
correspondiente. Como bien dice Devis Echandía, «puede aceptarse como regla
general que sin interés no procede recurso. Se trata del interés especial por
resultar perjudicado con la providencia» (DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II:
633). Añade Devis Echandía que «ese perjuicio puede ser material o moral, así
como puede serlo el interés para obrar en el proceso, pero concreto y actual
respecto del asunto materia de la providencia. No es suficiente un interés teórico
en la recta aplicación de la ley...» (DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II: 633).
82 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Gozaíni anota que «los recursos se articulan y desenvuelven a pedido de


parte, característica que demuestra, en primer lugar, la vigencia absoluta del
principio dispositivo» (GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 760). Agrega
Gozaíni que «sea cual fuere el vicio de la sentencia -o del acto procesal- la
iniciativa de revisión viene generada por el interés de quien resulta agraviado,
siendo por lo tanto, una vía opcional o facultativa» (GOZAINI, 1992, Tomo I,
Volumen 2: 760).
Couture subraya que los recursos «... son medios de fiscalización confiados
a la parte; el error de procedimiento o el error de juicio, sólo se corrigen mediante
requerimiento o protesta de la parte perjudicada...» (COUTURE, 1985: 350).
Precisa dicho autor que «... los recursos no son propiamente medios de
subsanación a cargo de la parte, sino que son medios de subsanación que
funcionan por iniciativa de la parte y a cargo del mismo juez (reposición) o
de otro ju ez superior...» (COUTURE, 1985: 350).

En cuanto a la legitimidad de los terceros para recurrir, dice Munita


Herrera que «... un tercero con interés en el pleito podrá impugnar una
resolución, pero siempre que ese interés sea demostrado (...), nadie puede negar
la necesidad de un obligado solidariamente, como ejemplo de tercero, a
impugnar una resolución que declara válida una obligación a la que está
comprometido. Aunque la acción no sea dirigida contra él, en último término
le afecta tanto a él como al obligado directo cual sea la resolución sobre el
particular...» (MUNITA HERRERA, 1968: 21-22).
Munita Herrera, refiriéndose a la hipótesis de la sucesión procesal,
manifiesta que «... es indiscutible el derecho de impugnar para las partes
sucesoras, si por cualquiera razón faltan las originarias, ya sea que la sucesión
sea a título singular o universal, entre vivos o por causa de muerte. Siempre
que hay una transmisión o transferencia de derechos, las partes sucesoras toman
el lugar de las originarias y, consecuentemente, todos sus derechos. Una
resolución injusta ataca directamente esos derechos y por lo tanto, tienen la
misma facultad para recurrir, que sus antecesores» (MUNITA HERRERA, 1968:
21 ).
El Código Procesal Civil trata genéricamente de la legitimidad para
recurrir al señalar en el segundo párrafo de su artículo 356 que «los recursos
pueden formularse por quien se considere agraviado con una resolución o
parte de ella...»

5. REQUISITOS

Son requisitos de los recursos los siguientes:

A) Existencia de una resolución judicial previa.

Los recursos únicamente proceden contra las resoluciones judiciales


(conforme al art. 356 -segundo párrafo- del C.P.C.), estando excluida
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 83

su interposición respecto de otros actos procesales (para los cuales


operan los remedios).
Las resoluciones judiciales que pueden ser objeto de impugnación
a través de los recursos son los decretos, autos y sentencias.

Mediante los decretos se impulsa el desarrollo del proceso,


disponiendo actos procesales de simple trámite (art. 121 -primer
párrafo- del C.P.C.). Los decretos son expedidos por los Auxiliares
jurisdiccionales respectivos y serán suscritos con su firma completa,
salvo aquellos que se expidan por el Juez dentro de las audiencias
(art. 122 -último párrafo- del C.P.C.).

Mediante los autos el Juez resuelve la admisibilidad o el rechazo


de la demanda o de la reconvención, el saneamiento, interrupción,
conclusión y las formas de conclusión especial del proceso; el
concesorio o denegatorio de los medios impugnatorios, la admisión,
improcedencia o modificación de medidas cautelares y las demás
decisiones que requieran motivación para su pronunciamiento (art.
121 -segundo párrafo- del C.P.C.).

Mediante la sentencia el Juez pone fin a la instancia o al proceso en


definitiva, pronunciándose en decisión expresa, precisa y motivada
sobre la cuestión controvertida declarando el derecho de las partes,
o excepcionalmente sobre la validez de la relación procesal (último
párrafo del art. 121 del C.P.C.).

B) Que la resolución judicial no tenga la calidad de cosa juzgada.

Los recursos -ordinarios o extraordinarios- no pueden ser planteados


contra resoluciones que han adquirido la calidad de cosa juzgada,
esto es, que son inmutables e irrevisables.

De acuerdo a lo previsto en el artículo 123 del Código Procesal Civil,


una resolución adquiere la calidad de cosa juzgada cuando:

1. No proceden contra ella otros medios impugnatorios que los


ya resueltos (art. 123 -inciso 1)- del C.P.C.).

2. Las partes renuncian expresamente a interponer medios


impugnatorios o dejan transcurrir los plazos sin formularlos
(art. 123 -inciso 2)- del C.P.C.).

La resolución que adquiere la autoridad de cosa juzgada es


inmutable, sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos 178 y 407
del Código Procesal Civil (referidos a la nulidad de cosa juzgada
fraudulenta y a la corrección de resoluciones, respectivamente).
Así lo establece el último párrafo del artículo 123 del Código
adjetivo.
84 Derecho Procesal Civil V : Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

C) Que el recurrente integre la relación jurídica procesal.

Se requiere para la interposición de un recurso que el sujeto


proponente sea parte en el proceso o tenga la calidad de tercero
legitimado (coadyuvante o excluyente).

D) La existencia de gravamen o perjuicio.

Para que un recurso sea admisible debe la persona que lo formula


contar con interés, el mismo que surge del gravamen impuesto en
la resolución o del perjuicio total o parcial que ella supone para el
recurrente.

Así lo considera Luigia Cattaneo cuando expresa que «presupuesto


común a todo recurso es la existencia de interés legítimo en el
impugnador, el que se concreta en el agravio que la providencia
atacada cause al recurrente» (CATTANEO, 1984: 212).

Similar parecer tiene Fairén Guillén al indicar que «un importantísimo


presupuesto de la incoación del recurso, que lo liga íntimamente
con la legitimación, es el de la existencia de un gravamen sufrido
por el recurrente a consecuencia de la resolución recaída; este
gravamen consiste en la diferencia entre lo solicitado por él y lo
declarado en la sentencia y supone la violación de una evidencia
de interés jurídico de dicha parte» (FAIREN GUILLEN, 1949: 282).
Este gravamen -prosigue Fairén Guillén- «... ha de aparecer
evidenciado en el acto procesal de interposición del recurso (...) y
si no, éste es repelido por inadmisible; tal como después puede
ser repelido como infundado si la evidencia de gravamen no se
comprueba y pasa a formar parte de la sentencia...» (FAIREN
GUILLEN, 1949: 282).

El gravamen se caracteriza por ser concreto y no genérico, y debe


resultar del pronunciamiento judicial. Puede verse, pues, como la
disconformidad entre la pretensión del interesado y lo resuelto por
el Juez, no en un plano abstracto sino -reiteramos- concreto (con
una connotación patrimonial o moral), porque, de no ser así, no
habría afectación alguna al interés del impugnante.

Sobre el particular, Gimeno Sendra refiere que «... sólo podrá


interponer un recurso quien haya sufrido un gravamen por la
resolución impugnada, bien porque no le otorgue la tutela judicial
de sus derechos o intereses materiales, bien porque no la otorgue
en la medida solicitada, con lo que el presupuesto del gravamen
como habilitante del recurso, es lo que hace nacer el interés en la
eliminación o sustitución del contenido de la resolución que se
impugna» (GIMENO SENDRA, 2007, Tomo I: 555).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 85

E) La observancia del plazo para recurrir.

Los recursos deben ser interpuestos dentro de los plazos que el


ordenamiento jurídico prevé para ellos, caso contrario, serán
rechazados por extemporáneos. Es de destacar que su no interposición
en tiempo oportuno da lugar a que las resoluciones contra las que
iban dirigidas adquieran la calidad de cosa juzgada, siendo entonces
irrevisables.
El plazo para interponer un recurso se caracteriza por ser perentorio,
lo cual implica que una vez transcurrido aquél fenece el derecho
para plantear dicho medio de impugnación.

El plazo para recurrir se computa por lo general a partir del día


siguiente al de la notificación de la resolución que se impugna. Sin
embargo, existen casos en que el recurso debe plantearse de inmediato,
como es el caso de los decretos y autos expedidos durante una
audiencia (arts. 363 -segundo párrafo-, 376 -inciso 2)- y 377 -primer
párrafo: que hace la remisión al art. anterior- del C.P.C.).
F) La competencia del órgano que emitió la resolución cuestionada
y la del revisor.
El recurso debe interponerse ante el órgano jurisdiccional
competente, vale decir, ante el que expidió la resolución materia
de cuestionamiento, el cual lo elevará al superior jerárquico (salvo
en lo que respecta al recurso de reposición que es resuelto por
aquél). Esta regla general se quiebra: a) en caso que el interesado
opte por interponer el recurso de casación ante la Corte Suprema
de Justicia y no ante el órgano jurisdiccional que emitió la resolución
impugnada; y b) tratándose del recurso de queja, que es formulado
directamente ante el órgano judicial que lo resolverá.
Asimismo, el órgano revisor no puede ser cualquiera sino que debe
estar autorizado para conocer de la impugnación y pronunciarse
al respecto, de acuerdo a las reglas sobre competencia contenidas
en la ley.
G) La adecuación del recurso.

La adecuación del recurso consiste en hacer uso del medio


impugnatorio previsto en el ordenamiento procesal (reposición,
apelación, casación o queja) para atacar determinada resolución.
No puede el interesado plantear un recurso distinto al dispuesto
por la legislación adjetiva, sino que debe -para que prospere su
impugnación- interponer el que corresponde de acuerdo a la
naturaleza de la resolución cuestionada y a lo ordenado en la norma
procesal. Por ejemplo, el recurrente está impedido de formular
apelación contra un decreto que afecta sus intereses, pues para
86 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

impugnar dicha clase de resolución el derecho positivo concede


especialmente el recurso de reposición.

En relación a la adecuación del recurso al acto procesal que se


impugna, Ramos Méndez apunta que «... el error en la elección del
recurso determina la pérdida del mismo. Sin embargo, (...) el mero
error en la designación del recurso (vgr. reposición / súplica) no
debe determinar su suerte adversa, si del contenido del escrito
resulta clara la finalidad de la parte...» (RAMOS MENDEZ, 1992,
Tomo II: 712-713).
El tema tratado en este acápite constituye el marco del principio de
unicidad o de impugnación excluyente. Este principio «... significa
que cada resolución, generalmente no admite sino un solo carril o
vía de impugnación y no varios, es decir que contra un mismo fallo
no pueden interponerse distintos recursos, salvo los casos de
impugnación conjunta...» (ORTIZ ZUÑIGA; y PINILLA ORIHUELA,
1993: 33). Este principio «... es una consecuencia del sistema de
legalidad de los recursos, en el sentido de que los medios impugnativos
deben estar determinados por ley, y cuando corresponde uno,
normalmente no se admite el otro...» (ORTIZ ZUÑIGA; y PINILLA
ORIHUELA, 1993: 33).

No podemos dejar de mencionar la vinculación que existe entre el


principio de consumación aplicable a los recursos y la adecuación
de éstos a los actos procesales que se impugnan. «... El principio de
consumación, significa que si el procedimiento de impugnación ha
sido interpuesto errónea o deficitariamente no puede volverse a
reproducir para enmendar los errores, salvo que el término no haya
vencido» (ORTIZ ZUÑIGA; y PINILLA ORIHUELA, 1993: 32-33).

H) La fundamentación.

Es requisito del recurso su fundamentación -ya sea en el escrito que


lo contiene o en otro posterior-. Para tal efecto, el interesado debe
precisar el agravio y el vicio o error que lo motiva, así como
consignar el respectivo sustento normativo (y su interpretación,
sobre todo si es que el recurso se funda en la deficiente aplicación
de la ley por parte del magistrado).

Como se observa, «... la admisibilidad de los recursos queda (...)


condicionada a que la parte que lo interpone lo fundamente. El que
la fundamentación se corresponda con la realidad de los hechos o
con la aplicación del derecho es algo que deberá decidirse en la
resolución que resuelve el recurso, pero la admisión del mismo se
condiciona a la que (sic -léase a que la-) fundamentación exista»
(MONTERO AROCA; GOMEZ COLOMER; MONTON REDONDO;
y BARONA VILAR, 2003, Tomo II: 404).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 87

I) El pago de la tasa judicial correspondiente.

Es requisito de admisibilidad de determinados recursos el pago de


una tasa judicial, siendo declarado inadmisible el recurso que no
acompañe el recibo correspondiente. Los recursos para los cuales
se exige el pago de dicha tasa son:
El recurso de apelación (contra autos y sentencias).

El recurso de casación.

El recurso de queja.
J) Que no se haya interpuesto otro recurso contra la resolución que
se impugna.

De conformidad con lo establecido en el artículo 360 del Código


Procesal Civil, «está prohibido a una parte interponer dos recursos
contra una misma resolución». En consecuencia, puede considerarse
como requisito de un recurso el que previamente no se haya
interpuesto otro contra la misma resolución a la que está dirigido.

Los artículos 357 y 358 del Código Procesal Civil están referidos a los
requisitos de admisibilidad y de procedencia de los medios impugnatorios
(estando incluidos, por ende, los recursos), por lo que pasamos a citarlos a
continuación:
«Artículo 357°.- Requisitos de admisibilidad de los medios impugnatorios.- Los
medios impugnatorios se interponen ante el órgano jurisdiccional que cometió el vicio
o error, salvo disposición en contrario. También se atenderá a la formalidad y plazos
previstos en este Código [C.P.C.] para cada uno».

«Artículo 358°.- Requisitos de procedencia de los medios impugnatorios.- El


impugnante fundamentará su pedido en el acto procesal en que lo interpone,
precisando el agravio y el vicio o error que lo motiva. El impugnante debe adecuar el
medio que utiliza al acto procesal que impugna».

Con arreglo al artículo 359 del Código Procesal Civil, el incumplimiento


de alguno de los requisitos determina la declaración de inadmisibilidad o de
improcedencia del medio impugnatorio, mediante resolución debidamente
fundamentada. Esta resolución sólo es recurrible en queja en los casos del
artículo 401 del mencionado cuerpo de leyes. Los casos a que se contrae el
último numeral son los siguientes:
Declaración de inadmisibilidad de un recurso de apelación.

Declaración de improcedencia de un recurso de apelación.


Concesión de apelación en efecto distinto al solicitado. (La apelación,
dicho sea de paso, puede ser concedida: a. con efecto suspensivo;
b. sin efecto suspensivo; y c. sin efecto suspensivo y con la calidad
de diferida).
88 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

6. FINALIDAD

La ley provee a los sujetos procesales (demandante, demandado y terceros


legitimados) de instrumentos que propician el control o fiscalización de las
resoluciones en aras de descartar o disminuir la posibilidad del error o
arbitrariedad judicial. Tales instrumentos procesales son los recursos.

Los recursos tienen por finalidad lograr que las resoluciones que adolecen
de vicio o error y que, por lo tanto, afectan a las partes interesadas sean revisadas
por el mismo órgano jurisdiccional que las expidió o por el superior en grado
y, luego de examinadas, corregidas a través de una nueva decisión que se
expide sobre el particular.

El fin que se quiere alcanzar con los recursos es la eliminación de los


agravios que provocan las resoluciones erradas, arbitrarias o contrarias a
derecho, así como lograr de los magistrados en general una adecuada
administración de justicia que sirva al mantenimiento del orden jurídico. Puede
observarse entonces que los recursos sirven a los fines particulares y a los de
interés público.

Rosenberg estima que «... los recursos están al servicio de los legítimos
deseos de las partes de sustituir la resolución que les es desfavorable por otra
más favorable. El Estado apoya esta tendencia, porque el examen mediante el
tribunal superior otorga mayor seguridad a la justicia de la resolución y
aumenta la confianza del pueblo en la jurisdicción estatal; y además le interesa
al Estado porque la jurisprudencia de los tribunales superiores sirve para dirigir
y formar a los inferiores, para elevar su administración de justicia y unificar
la aplicación del derecho...» (ROSENBERG, 1955, Tomo II: 352-353).

Para Rafael De Pina, «los recursos judiciales se establecen para garantizar


un doble interés: el de las partes y el general o público, vinculado a la necesidad
social de que la Justicia se administre con el máximo de seguridades de acierto
en los fallos» (DE PINA, 1940: 214).

Alvarez Juliá, Neuss y Wagner manifiestan al respecto que «... el objeto


del recurso, en general, no es otro que el de asegurar el mayor acierto en la solución
de los litigios sin eternizarlos...» (ALVAREZ JULIA; NEUSS; y WAGNER, 1990:314).
Luigia Cattaneo considera que «para corregir las eventuales anomalías
en que puede incurrir el juez, el ordenamiento procesal consagra diferentes
medios de impugnación, generalmente llamados 'recursos» (CATTANEO, 1984:
207).

Casarino Viterbo opina que «... los recursos procesales tienden a evitar
que las resoluciones judiciales adquieran el carácter de firmes e inmutables,
mientras exista la posibilidad de subsanar cualquier error o injusticia que
puedan contener, por haberse desviado el juez de los medios y de los fines
previstos por el legislador, al confiar el ejercicio de la jurisdicción a los órganos
judiciales» (CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 220).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 89

Lorca Navarrete, en lo que atañe a la finalidad del recurso, formula estas


observaciones:

«El recurso se haya caracterizado porque, a través de él, se accede a un


nuevo enjuiciamiento en justicia mediante la instancia procesal ad quem.

En efecto, la idea que surge pareja con el término 'recurso' es la de llevar


a cabo una crítica técnica desde la aplicación por la parte del principio de
legalidad sustantivo y procesal del enjuiciamiento en justicia realizado
en la instancia procesal a quo al poner en duda la 'autoridad de la cosa
juzgada', que aparece recogida en la resolución judicial que pone término
a la instancia procesal a quo.

Por tal razón, el recurso, en la medida en que pueda neutralizar esa


'autoridad' es garantía de acceso a la tutela judicial efectiva (...) mediante
un tribunal distinto...» (LORCA NAVARRETE, 2000:1022).

De Santo sostiene que el fin inmediato de los recursos «... es el lograr una
mejor justicia del caso individual» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 88). Añade
el citado tratadista que «... allí no concluye su finalidad, por cuanto al Estado
también le interesa que se alcance el grado más alto de justicia, pues, por una
parte, cuanto mejor resulte la composición de los intereses individuales más
se asegurará la paz social y, por la otra, contribuye al mantenimiento del orden
jurídico, es decir, a la defensa de la correcta aplicación de las normas que
regimentan la vida de la comunidad» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 88-89).
Concluye De Santo afirmando con razón que, «desde estos últimos puntos de
vista, la finalidad de los recursos trasciende los meros intereses y expectativas
individuales para convertirse en una defensa del interés público, que valora
positivamente la paz social y la inalterabilidad de la Constitución y de los
códigos y leyes...» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 89).

La finalidad de los recursos puede hallarse en el Código Procesal Civil,


en el segundo párrafo de su artículo 356, según el cual «los recursos pueden
formularse por quien se considere agraviado con una resolución o parte de
ella, para que luego de un nuevo examen de ésta, se subsane el vicio o error
alegado» (el subrayado es nuestro).

7. CLASES

Según la doctrina los recursos pueden ser clasificados en:

A) Recursos ordinarios y extraordinarios.

Son clasificados los recursos en ordinarios y extraordinarios, «...


criterio éste que atiende al carácter común o frecuente de su empleo,
en cuanto al primero, y de excepcional del segundo...» (CARLOS,
Eduardo B., 1975:150).
90 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

El recurso ordinario es aquel «... que se da con cierto carácter de


normalidad, dentro del proceso, tanto por la facilidad con que es
admitido, como por el mayor poder que se atribuye al órgano
jurisdiccional encargado de resolverlo...» (VESCOVI, 1988: 66).
Para De Santo, los recursos ordinarios «... han sido previstos para
los supuestos normales y su finalidad es reparar cualquier irregularidad
procesal (error in procedendo) o error de juicio (error in indicando)»
(DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 94).
Quinteros Velasco apunta que «se habla de recurso ordinario en el
sentido de que en ellos se examina el punto o puntos controvertidos
con toda la amplitud posible ya sea desde la apreciación de los
hechos o de la aplicación del derecho y se conceden contra cualquier
sentencia definitiva o Ínterlocutoria...» (QUINTEROS VELASCO,
1962: 44).
Ramos Méndez califica a los recursos ordinarios como «... aquellos
que no exigen causas específicas de admisión y no limitan los
poderes del tribunal ad quem...» (RAMOS MENDEZ, 1992, Tomo
II: 709).
Kielmanovich define a los recursos ordinarios como «... aquellos
que proceden contra toda clase de resoluciones judiciales sin
depender de causales específicas, sino por errores genéricos en la
apreciación judicial de los hechos, valoración de las pruebas o
aplicación del derecho; o debidos ya a la inobservancia de los
recaudos legales exigidos para la validez de aquéllas, como ser,
falta de mención del lugar, fecha, firma del juez, etcétera»
(KIELMANOVICH, 1989: 20).
En opinión de Di lorio, el recurso ordinario «... es aquel que puede
ser deducido en la secuela normal del proceso en los casos previstos
de modo general por la ley, constituyendo trámites comunes y
normales contra las decisiones judiciales según los distintos tipos
de procesos» (DI IORIO; citado por DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A:
94-95).
En palabras de Lorca Navarrete, «son ordinarios los recursos en los
que, a través de ellos, la instancia procesal ad quem asume un
conocimiento o competencia funcional ordinaria o amplia. No tasada
en motivos...» (LORCA NAVARRETE, 2000:1024).
Gómez de Liaño González precisa que los recursos ordinarios «...
no requieren motivos específicos en los que basarse, bastando el
mero gravamen o perjuicio para que la resolución pueda ser
recurrida, sin limitación de facultades del Tribunal 'ad quem' en
su decisión y conocimiento...» (GOMEZ DE LIAÑO GONZALEZ,
1992: 510).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 91

A criterio de Loutayf Ranea, «los recursos ordinarios son aquellos


que se dan con cierto carácter de normalidad dentro del
ordenamiento procesal. Y por tal circunstancia, por un lado, no se
exigen motivos específicos para su interposición y admisión; y por
el otro, los poderes jurisdiccionales del tribunal ad quem no están
limitados, sino que este tribunal tiene la misma amplitud para
conocer lo que es materia de recurso que la que tenía el juez a quo
para conocer del mismo asunto en primera instancia» (LOUTAYF
RANEA, 1989, Tomo 1: 57).
Ponce Martínez nos explica que «los recursos ordinarios son
aquellos que buscan enmendar los errores de cualquier género que
aparezcan en las providencias judiciales, mediante una nueva
oportunidad para examinar la cuestión litigiosa. El juez que decide
sobre los recursos ordinarios tiene las mismas atribuciones que
tuvo el juez que dictó la providencia impugnada. En tal virtud, en
el caso de recursos verticales ordinarios el juez ad quem (aquel que
resuelve el recurso) tiene facultades para examinar todos los
aspectos procesales, sean de hecho o de derecho e incluso la de
permitir que las partes actúen nuevas pruebas sobre los hechos por
ellas alegados. En razón de los recursos ordinarios, los procesos se
dividen en instancias, en virtud de las cuales los procesos son
revisados íntegramente por jueces de distinta jerarquía» (PONCE
MARTINEZ, 1984: 107-108). Los recursos ordinarios -prosigue
Ponce Martínez- «... se presentan o pueden presentarse sin que el
proceso se encuentre concluido. No caben recursos ordinarios si el
proceso se encuentra concluido. Los recursos ordinarios verticales
se los interpone ante el juez que dictó la providencia impugnada y
son conocidos y resueltos por el juez o tribunal inmediatamente
superior. Los recursos ordinarios horizontales se los interpone ante
el juez que dictó la providencia contra la cual se recurre y son
resueltos por el mismo juez, con las mismas facultades y atribuciones
que tenía al momento de dictar la providencia impugnada» (PONCE
MARTINEZ, 1984:108).

Ponce Martínez destaca que «... la esencia de los recursos ordinarios


radica en que el juez que debe resolver sobre la reclamación tiene
las mismas atribuciones que sobre tal reclamación o impugnación
tenía el juez que originalmente dictó la providencia contra la cual
se recurre, sin que su competencia se halle restringida, por ley, a
ninguna causa o motivo particular» (PONCE MARTINEZ, 1984:
108).

Los recursos extraordinarios «... se otorgan con carácter excepcional,


respecto de cuestiones específicamente determinadas por la ley»
(DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 95).
92 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Ramos Méndez concibe a los recursos extraordinarios como


«... aquellos que exigen motivos taxativos para su interposición y
en ellos existe limitación de las facultades del tribunal ad quem...»
(RAMOS MENDEZ, 1992, Tomo II: 709).
Kielmanovich asevera que los recursos extraordinarios «... son
aquellos que la ley acuerda contra una determinada clase de
resoluciones judiciales (sentencias definitivas o providencias e
interlocutorias asimilables a ellas), con fundamento en defectos, vicios
o errores específicamente indicados en aquélla...» (KIELMANOVICH,
1989: 20).
Gómez de Liaño González conceptúa a los recursos extraordinarios
como aquellos «... que precisan de la invocación de motivos
concretos y determinados, existiendo una limitación de facultades
del Tribunal 'ad quem' en estrecha relación con las causas que lo
originen...» (GOMEZ DE LIAÑO GONZALEZ, 1992: 510).
Lorca Navarrete estima que «es extraordinario el recurso con el que
la instancia procesal ad quem asume un conocimiento o competencia
funcional extraordinaria o restringida a casos taxativos, por lo que
a través de la preparación del recurso se accede a aquélla» (LORCA
NAVARRETE, 2000:1024).
Ponce Martínez dice de los recursos extraordinarios que son «... aquellos
que sólo pueden interponerse por causas expresamente establecidas
en la ley y que, generalmente, no han de ser resueltos ni por el
mismo juez ni por el juez o tribunal jerárquicamente superiores.
Suponen, además, los recursos extraordinarios que el proceso se
encuentra concluido. Estos recursos extraordinarios tienen por
objeto anular la providencia contra la cual se recurre con el fin de
que se dicte otra o se abra la posibilidad de un nuevo proceso»
(PONCE MARTINEZ, 1984:108).

B) Recursos principales y subsidiarios.


Esta distinción obedece «según se trate de recursos autónomos e
independientes que no admitan la eventualidad en su planteo; o
bien, de vías alternativas que se proponen para el caso de que no
prosperara el primer intento...» (GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen
2: 778).
Los recursos principales son, pues, aquellos que gozan de
autonomía, es decir, no están subordinados a la formulación de
algún otro recurso.
Así lo deja entrever Eduardo Pallares cuando indica que los recursos
principales «... son los que se interponen con el carácter de
autónomos y no presuponen la existencia de un recurso previamente
interpuesto, al cual se vinculen...» (PALLARES, 1989: 450).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 93

Los recursos subsidiarios son «... dependientes de otro medio e


interpuestos en reemplazo (subsidio) de otro entablado...» (VESCOVI,
1988: 67-68).

C) Recursos negativos y positivos.

«Desde el punto de vista del contenido de la resolución con que


culmina el procedimiento de los recursos, éstos pueden ser positivos
o negativos según que, respectivamente, aquélla reforme, modifique
o amplíe la resolución impugnada (iudicium rescissorium), o bien
se limite a anularla o a dejarla sin efecto (iudicium rescindens) y
a disponer el envío del proceso al órgano inferior o a otro de la
misma jerarquía para que dicte una nueva sentencia sobre el fondo
del asunto, o en su caso para que sustancie nuevamente el
procedimiento a partir del acto declarado ineficaz» (PALACIO,
1979, Tomo V: 37-38).

Los recursos negativos «... son aquellos que sólo hacen caer, anular,
casar, dejar sin efecto una resolución judicial, es decir, el iudicium
rescindens, dejando a otro tribunal el pronunciamiento de la nueva
resolución» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 96).

A decir de Véscovi, los recursos negativos «... buscan una revisión,


o sea, el solo iudicium rescindens (...). Se trata de medios más
drásticos, pero menos eficaces» (VESCOVI, 1988: 68).

Son recursos negativos -expresa Kielmanovich- «... los que en igual


supuesto aparejan la anulación de la resolución recurrida sin que
otra entre en su reemplazo (iudicium rescindens), por lo cual la
causa debe ser remitida a otro órgano, inferior o de igual jerarquía
que el que la anuló, para que por su intermedio se dicte una nueva
sentencia sobre el fondo del asunto, o se sustancie el procedimiento
anulado» (KIELMANOVICH, 1989: 21).

Los recursos positivos «... son aquellos que además del aspecto
negativo modifican, completan o sustituyen la resolución revocada
o anulada, es decir, el iudicium rescissorium» (DE SANTO, 1987,
Tomo VIII-A: 96).

Posición parecida tiene Véscovi al afirmar que los recursos positivos


«... tienen por objeto el iudicium rescissorium, esto es, la revisión
(reformar, modificar, ampliar...)» (VESCOVI, 1988: 68).

En la misma línea se encuentra Kielmanovich, quien asegura que


«son recursos positivos aquellos que en caso de ser admitidos
producen la modificación o sustitución de la resolución recurrida
por otra (iudicium rescissorium)...» (KIELMANOVICH, 1989:21).
94 Derecho Procesal Civil V: Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

C) Recursos con efecto suspensivo y sin efecto suspensivo.


Los recursos con efecto suspensivo son aquellos cuya concesión
acarrea la suspensión de la eficacia de la resolución recurrida.

Los recursos sin efecto suspensivo son aquellos que no provocan


la suspensión de la eficacia de la resolución impugnada, la misma
que se mantiene inclusive en lo que concierne a su cumplimiento.

D) Recursos de trámite inmediato y diferido.

Los recursos de trámite inmediato son aquellos que dan lugar a la


revisión sin dilación alguna de la resolución cuestionada.
Los recursos de trámite diferido son aquellos cuya tramitación no
se efectúa prontamente sino que se reserva para un momento
posterior. Generalmente son resueltos conjuntamente con la
impugnación de la sentencia u otra resolución que, para el efecto,
el Juez debe señalar.

E) Recursos horizontales y verticales.


Los recursos horizontales son «... aquellas impugnaciones que son
resueltas por el mismo juez que dictó la providencia impugnada»
(PONCE MARTINEZ, 1984:107).
Son recursos verticales «... las reclamaciones que son resueltas por
un juez distinto de aquel que dictó la providencia impugnada»
(PONCE MARTINEZ, 1984:107).

F) Recursos principales e incidentales.

«La distinción toma su base en la relación del recurso con la cuestión


principal del pleito: son recursos principales los dirigidos contra
las resoluciones que ponen término al pleito; incidentales, los
formulados contra las resoluciones interlocutorias» (RAMOS
MENDEZ, 1992, Tomo II: 710).

G) Recursos de instancia única y de instancia plural.


«Esta clasificación atiende al modo de fundamentar la pieza
recursiva. Cuando la impugnación debe plantearse y fundarse en
un mismo acto, hablamos de recursos de instancia única; en cambio,
si los pasos para interponer y fundamentar obran separados, los
recursos serán de instancia plural por la fragmentariedad apuntada»
(GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 778).

7.1 Los recursos en el Código Procesal Civil

Los recursos que podemos encontrar en el Código Procesal Civil son los
siguientes:
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 95

Reposición (Capítulo II del Título XII de la Sección Tercera del C.P.C.


Arts. 362 y 363).
Apelación (Capítulo III del Título XII de la Sección Tercera del C.P.C.
Arts. 364 al 383).
Casación (Capítulo IV del Título XII de la Sección Tercera del C.P.C.
Arts. 384 al 400).
Queja (Capítulo V del Título XII de la Sección Tercera del C.P.C.
Arts. 401 al 405).

8. RENUNCIA A RECURRIR

«... Si bien es cierto que el derecho al recurso obedece a una razón de


política procesal, su vía puede ser renunciada en tanto el derecho sea transigióle»
(GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 766). «Es decir, la estipulación concertada
para prestar conformidad con el fallo futuro puede aceptarse como derecho
disponible, pero si está afectada la libre concertación negocial, o existe adhesión
a cláusulas predispuestas, o bien en líneas generales, se vulnera el orden y
moral públicos, el acto presuntamente voluntario de sometimiento podría caer
por inoperancia de su básico compromiso con la buena fe contractual»
(GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 766).
El Código Procesal Civil prevé la renuncia de los sujetos procesales a
recurrir en su artículo 361, el cual preceptúa que:
«Durante el transcurso del proceso, las partes pueden convenir la renuncia
a interponer recurso contra las resoluciones que, pronunciándose sobre
el fondo, le ponen fin. Esta renuncia será admisible siempre que el derecho
que sustenta la pretensión discutida sea renunciable y no afecte el orden
público, las buenas costumbres o norma imperativa».
De renunciar las partes expresamente a interponer medios impugnatorios
contra una resolución (ya sea que ponga o no fin al proceso), ésta adquiere la
autoridad de cosa juzgada. Así lo establece el inciso 2) del artículo 123 del
Código Procesal Civil.

9. EFECTOS DE LOS RECURSOS

Se entiende por efectos de un recurso procesal «... la suerte que corre la


resolución recurrida, en cuanto a su ejecución o cumplimiento, pendiente el
fallo del respectivo recurso» (CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 234).
Los recursos tienen como efectos los siguientes:

A) Efecto devolutivo.
El efecto devolutivo «... transfiere la causa al superior para que
resuelva el diferendo» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 121).
96 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

El efecto devolutivo es consustancial a los recursos porque la


revisión a la que se aspira con la presentación de tales medios de
impugnación será realizada por el órgano superior en grado a aquel
que emitió la resolución cuestionada (salvo en lo que se refiere al
recurso de reposición, que es resuelto por el mismo Juez que expidió
o conoció de la resolución recurrida).

Puntualizamos que no hay strictu sensu devolución alguna sino


remisión de los actuados al superior jerárquico con la finalidad de
su examen y posterior decisión. La jurisdicción es transferida del
Juez a quo al Juez ad quem, recuperándola aquél, una vez resuelto
el recurso, con el reenvío de los actuados a efecto de cumplir lo
dispuesto por el órgano jurisdiccional superior.
De Santo hace notar que «en la terminología hispana, no obstante,
se habla de devolutivo en el sentido de que la providencia igual
cumple -provisoriamente- sus efectos pese a la objeción» (DE
SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 121). De Santo concluye diciendo que
el efecto devolutivo «... según los lugares, puede significar la
ejecutoriedad momentánea de la sentencia atacada, o la terminación
de la competencia del a quo, o la posibilidad de que la alzada
conozca ex novo la cuestión en disputa» (DE SANTO, 1987, Tomo
VIII-A: 124).
B) Efecto suspensivo.
La interposición de un recurso genera comúnmente un efecto
suspensivo, esto es, impide -mientras no haya un pronunciamiento
definitivo- la ejecución de la resolución impugnada. La eficacia de
la resolución recurrida es suspendida temporalmente, pudiendo
serlo de manera definitiva si fuese revocada o anulada. Ello no es
sino la aplicación del principio de «appelatione pendente nihil
innovarum».
Ortiz Zúñiga y Pinilla Orihuela entienden por efecto suspensivo
«... aquel que tiene la virtud de paralizar la jurisdicción del tribunal
inferior y, en especial, la ejecución o cumplimiento de la resolución
recurrida, mientras el recurso de apelación no termine por alguno
de los medios que señala la ley...» (ORTIZ ZUÑIGA; y PINILLA
ORIHUELA, 1993:112).
Según De Santo, un recurso tiene efecto suspensivo cuando «...
paraliza (o 'suspende') la ejecución del pronunciamiento...» (DE
SANTO, 1987, Tomo VID-A: 121).
Gozaíni comparte tal concepción al sostener que «el efecto
suspensivo genera la inejecución de la sentencia o del acto
impugnado hasta tanto sea resuelto el recurso que contra ella se
interpone» (GOZAINI, 1992, Tomo I, Volumen 2: 781).
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 97

Por excepción, un recurso puede ser concedido sin efecto


suspensivo, lo que se traduce en la no afectación -a causa de la
interposición del recurso- de la eficacia de la resolución recurrida.
Por lo general, este efecto se presenta tratándose de resoluciones
que no sean la sentencia u otras que ordenen la conclusión del
proceso, y adquiere sustento en la necesidad de evitar la demora
del trámite del proceso.

C) Efecto diferido.
Si un recurso es concedido sin efecto suspensivo, puede darse el
caso que el juzgador no disponga su trámite inmediato, reservándolo
para después. Tal es el efecto diferido que se justifica en resoluciones
de escasa importancia y que está dirigido a lograr la prosecución
del proceso sin admitir paralizaciones sino hasta que se produzca
la impugnación de resoluciones que lo ameriten. Un recurso
concedido sin efecto suspensivo y con la calidad de diferido será
puesto en conocimiento del órgano jurisdiccional superior en grado
conjuntamente con la impugnación de la sentencia u otra decisión
judicial que el magistrado que conoce del proceso debe señalar.

D) Efecto extensivo.
«... Existe un llamado efecto extensivo (o comunicante) de la
impugnación, que consiste en extender a la parte que no recurre
los beneficios tomados de quien impugna, por cuanto aquél se
encuentra en idéntica situación a la del recurrente» (GOZAINI,
1992, Tomo I, Volumen 2: 782).
Este efecto hace que se extiendan los alcances del recurso al litigante
que no participó de él, pero que forma parte de una relación jurídica
inescindible o unitaria integrada también por el recurrente.

De no existir tal relación inescindible o unitaria sería de aplicación


el principio de la personalidad de los medios impugnatorios que
postula la limitación de sus alcances, los cuales se contraen a la
persona de quien planteó el recurso.

El ejemplo característico de una situación en el que se dé el efecto


extensivo lo constituye el litisconsorcio necesario, hipótesis en la
cual la interposición del recurso por parte de uno de los litisconsortes
acarrea consecuencias respecto de los demás.

10. NATURALEZA JURIDICA DE LA SENTENCIA SUJETA A RECURSO

En lo concerniente a la naturaleza jurídica de la sentencia sujeta a recurso,


Colombo nos informa que «... las teorías existentes pueden clasificarse en dos
grandes grupos, a saber: a) las que consideran que la sentencia sujeta a recurso,
98 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

en realidad, no es la sentencia, sino algo que puede llegar a serlo, o sea, que
ella es un simple elemento de la verdadera sentencia, que será la de la última
instancia, la que ya sea irrecurrible e inmutable (o también ella misma, si es
consentida o si aun recurrida, el o los recursos son desistidos); b) las que
entienden que la sentencia sujeta a recurso, tiene desde su origen algunos o
todos los atributos de la verdadera y propia sentencia, pero que puede llegar
a perderlos, por efecto del o de los recursos» (COLOMBO, 1947: 504).
Colombo refiere que «en uno y otro campo hay argumentos poderosos:
para el primero es de mucho peso el argumento de que la suerte de la sentencia
sujeta a recurso queda a merced de la decisión del tribunal ad quem y, por
tanto, pareciera ser que sólo esta última configurara lo que ha de entenderse
por sentencia, en estricto y real sentido; para las segundas resulta claro que es
impropio denominar simple elemento o proyecto de verdadera sentencia a la
de primera instancia, que, con todas las limitaciones cuantitativas o temporales
que se quiera, produce, sin embargo, ciertos efectos que sólo una sentencia
puede producir, como tal (y no como simple equivalente de sentencia)»
(COLOMBO, 1947: 504).
Colombo concluye afirmando que «dentro del proceso la sentencia sujeta
a recurso es un acto sometido a la condición legal suspensiva de 'si no llega a
pronunciarse una nueva sentencia por el tribunal ad quem correspondiente';
pero en cuanto se la quiera valorar como expresión auténtica de la función
judicial, ella, mientras esa condición no se cumpla, es un simple elemento de
la verdadera y propia sentencia» (COLOMBO, 1947: 505-506).
Para Kielmanovich, «la sentencia sujeta a recurso o ya directamente
recurrida es (...) una sentencia de la misma naturaleza e importancia que la
definitiva de segunda instancia pero con efectos que le son propios, que no
dependen de su confirmación o revocación por el tribunal de segunda instancia,
salvo en cuanto a la autoridad de la cosa juzgada de la que inicialmente se
encuentra desprovista, en la medida que sea impugnada o que siéndolo no
resulte confirmada...» (KIELMANOVICH, 1989:114).
Sobre el particular, sostiene Micheli que «... la impugnabilidad de la
sentencia no excluye (...) la imperatividad de la misma y su propia normal
definitividad, de suerte que es necesario distinguir (...) las diferentes situaciones
en que la sentencia puede encontrarse, según las impugnaciones que pueden
proponerse contra ella» (MICHELI, 1970, Volumen II: 277).
En todo caso -continúa Micheli- «... es necesario acudir a los efectos que
la sentencia es idónea para producir no obstante la posibilidad de ser impugnada
y, a través de la impugnación, quitada de en medio. Ya que la sentencia que
será emitida en fase de desgravamen o en virtud del juicio de gravamen (...)
se sustituye a la sentencia impugnada, aun cuando la confirme. La sentencia
de primer grado queda como un acto del proceso, en su desarrollo a través de
las varias fases; acto que puede haber sido idóneo para producir determinados
efectos, pero que ha agotado actualmente su función, cuando es sustituido por
Capítulo III: Cuestiones preliminares acerca de los recursos 99

la sentencia que el juez ha pronunciado en la etapa de impugnación. Y para


definir esta concatenación de situaciones procesales, determinadas caso por
caso por el pronunciamiento de la sentencia de primer grado, de la producción
de ciertos efectos de la sentencia misma, de la impugnación de esta última y
de la decisión de la impugnación, no parece idóneo recurrir al concepto de
condición suspensiva que podría parecer idónea para describir la situación
creada por la declaración incompleta, creada por la sentencia de primer grado,
sujeta a la apelación o de condición resolutoria para explicar la eficacia completa
de la declaración de certeza de una sentencia, sin embargo, no pasada todavía
en autoridad de cosa juzgada. La verdad es que estas nociones, cuando son
sacadas del ámbito en que han surgido y con referencia a la determinación de
la voluntad del sujeto en el campo de la autonomía privada, pierden precisión
de contornos y su utilidad constructiva. La posibilidad, ofrecida a una de las
partes, de impugnar la sentencia no puede por eso ser configurada como
elemento para el cumplimiento de una condición referente a la eficacia de un
acto estatal, como es el del juez» (MICHELI, 1970, Volumen II: 277).

Termina Micheli aseverando que «... el ejercicio del poder de impugnación,


como por otra parte la falta de ejercicio de dicho poder, determinado por
cualquier causa, representa el presupuesto para la creación de una nueva
situación jurídica procesal, teniendo por objeto el control de una providencia
del juez. Puede parecer, por tanto, que el poder de impugnación, como figura,
o como un aspecto del poder de acción, entendido como poder procesal de
iniciativa, conduzca siempre a un pronunciamiento constitutivo (...), por estar
destinada a m odificar o a extinguir una precedente decisión del juez. Pero, en
realidad, las varias formas de control que pueden ser ejercitadas sobre la
sentencia, en el ámbito del ejercicio de la jurisdicción a través del proceso civil,
no deben vincularse, como se ha dicho, a un poder procesal, cuyo ejercicio está
dirigido a suscitar un control o la revisión del pronunciamiento del juez, en
cuanto dicho pronunciamiento es considerado injusto por la parte gravada que
es aquella a la que no se ha dado la razón y que por eso está interesada en la
reforma de la providencia con la cual se ha concluido, en todo o en parte, la
fase procesal precedente» (MICHELI, 1970, Volumen II: 278).

Por su parte, Couture sostiene que «... el problema de la sentencia


pendiente de recurso no es uno sino múltiple y que sólo puede ser resuelto
considerando por separado las distintas situaciones» (COUTURE, 1985: 341).

Couture explica tales situaciones y su significación respecto de la sentencia


sujeta a recurso del modo siguiente:

«Debe comenzarse por colocar en primer término la situación de la


sentencia durante el plazo dentro del cual las partes pueden interponer
los recursos (...). Dentro de este plazo, la sentencia es un acto jurídico
sometido a condición suspensiva. Si el recurso no fuere interpuesto, la
condición no se cumple y el acto se considera puro y simple desde el día
de su otorgamiento (...).
100 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Hecha esta distinción preliminar, debe distinguirse ahora la situación del


fallo cuando se ha interpuesto el recurso de apelación. En este caso la
sentencia no es, por sí misma, un acto perfecto. Constituye una sola de
las dos o más etapas en las cuales se desarrolla la obra de la jurisdicción.
Como numerosos actos del derecho privado (...) o del derecho público
(...) la unidad sólo se logra mediante el acuerdo doble de la voluntad
originaria y la voluntad confirmatoria. La voluntad originaria, por sí sola,
no completa el acto; la voluntad confirmatoria, por sí sola, sin el
antecedente de la voluntad originaria, tampoco constituye el acto. Sólo
la voluntad originaria y la confirmatoria lo completan.
De aquí surge que cuando el fallo de primera instancia resulta confirmado,
la función jurisdiccional sólo puede darse por cumplida a partir de la
sentencia de segunda instancia. Hasta ese momento sólo existe la voluntad
originaria; y sólo a partir de él se reúnen ambas voluntades necesarias
para completar el acto jurídico (...).
Así planteadas las cosas, debe tenerse una consideración especial para
el caso de que la sentencia de segunda instancia fuere revocatoria. En
este caso son más claros aún los efectos constitutivos del fallo de segunda
instancia. Nada hay de la sentencia de primera instancia que pertenezca
a la de segunda, ya que los resultados de ambas son opuestos. Solamente
debe subrayarse el carácter necesario de la sentencia de primera instancia
(sea cual fuere su conclusión) para la producción de la cosa juzgada. Los
efectos se producen aquí, inequívocamente, a partir de la sentencia de
segunda instancia, o eventualmente de tercera en los casos en que el
derecho positivo (...) autoriza esta nueva instancia.
Para concluir, debe, todavía, distinguirse la naturaleza de la sentencia
sometida a recurso, cuando la impugnación no se refiere al mérito de la
sentencia (...), sino a la forma (...).
En este caso, la situación varía. El acto impugnado queda sometido a
revisión en cuanto a su validez externa, no en cuanto a su contenido
intrínseco. Si la impugnación fuere infundada, el contenido queda intacto
y no depende para nada de la sentencia de segunda instancia. Los efectos
del fallo de primera instancia, quedan, pues, sometidos a condición
suspensiva durante la segunda instancia; y rechazado el recurso, cesan
los efectos suspensivos, adquiriendo el acto el carácter de puro y simple
desde la fecha de su expedición. Rechazada la nulidad, los efectos de la
sentencia de segunda instancia no son constitutivos, sino declarativos.
Las cosas se reintegran a su primitivo estado, tal como se hallaban antes
de la impugnación.
Si, por el contrario, la sentencia de segunda instancia anulara la sentencia
anterior, sus efectos son constitutivos y la invalidez del fallo supone
reintegrar las cosas al estado que tenían antes de ser éste dictado...»
(COUTURE, 1985: 341-344).
CAPITULO í¥

1. SIGNIFICADO

El recurso de reposición (denominado también recurso de retractación o


de reforma o de revocación o de reconsideración o de súplica -en este último
caso, si la resolución impugnada fue dictada por un Tribunal u órgano
colegiado-) es aquel medio impugnatorio dirigido contra una resolución de
mero trámite (decreto) con el objeto de lograr que sea modificada o revocada
por el mismo órgano jurisdiccional que la expidió o que conoce de la instancia
en que aquélla tuvo lugar (si es que hubiere sido emitida por el auxiliar
jurisdiccional).

Rafael Gallinal manifiesta sobre el particular que «... contra las providencias
mere-interlocutorias, cuando no traen gravamen irreparable, sólo se da el
recurso de reposición, entendiéndose por tal el que pretende utilizar el litigante
que se considera agraviado por una providencia de esta clase, para que sea
reformada o revocada por el mismo que la dictó, acordando en su lugar la que
proceda con arreglo a derecho; se llama de reposición por la fórmula empleada
de antiguo para utilizarla pidiéndole al juez que reponga por contra imperio
la resolución de que se trata, es decir, no poniéndola en vigor o modificándose
en lo justo, en virtud del principio de derecho ejus est tollere cujus est condere»
(GALLINAL, s/ a, Tomo II: 223-224). Añade Rafael Gallinal que «su significado
contiene en sí la idea del que insta hasta obtener la reposición de un acto, y la
del que es inducido a revocar el mismo acto. Lógicamente se necesitan dos
condiciones: una objetiva y otra subjetiva. Objetiva, que el error sea demostrado
con evidencia, que no deje lugar a dudas. Subjetiva, que el juez tenga honestidad
suficiente como para interrogar serena e imparcialmente su propia conciencia
y juzgar según la verdad» (GALLINAL, s/a, Tomo II: 224).
102 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Levitán cataloga al recurso de reposición como «... un remedio (...) en


virtud del cual las partes de un proceso pueden pedir al juez o tribunal que
dictó una resolución judicial, que la deje sin efecto» (LEVITAN, 1986:15).

A decir de Véscovi, el recurso bajo análisis «es un recurso para que el


mismo órgano y, por ende, en la misma instancia, reponga su decisión (la
reconsidere, la revoque) por contrario imperio» (VESCOVI, 1988: 85). Añade
Véscovi que «se trata, entonces, de un medio no devolutivo, lo que constituye
una excepción dentro de los recursos» (VESCOVI, 1988: 86).

Fernando Alessandri opina que «... la reposición es un recurso que se


concede a las partes para pedir la modificación de un auto o decreto, al mismo
tribunal que los dictó...» (ALESSANDRI, 1940:135).

Máximo Castro sostiene por su parte que «... este recurso que podríamos
llamar primario, se entabla ante el mismo juez que ha dictado la resolución, a
efecto de que, reconsiderándola, la reforme o la revoque por contrario imperio...»
(CASTRO, 1927, Tomo II: 217).

Enrique Falcón le da al recurso de reposición esta significación: «... Es un


remedio procesal por el cual se tiende a obtener la modificación de una
providencia simple, por el mismo juez que la dictó, cause ésta o no gravamen...»
(FALCON, 1978: 286).

Ramos Méndez señala al respecto que «el recurso de reposición es un


recurso ordinario, no devolutivo (remedio), contra las resoluciones interlocutorias
dictadas por un órgano jurisdiccional unipersonal. Mediante este remedio se
persigue la revocación de la resolución recurrida y su sustitución por otra, sin
limitaciones en cuanto a los motivos de impugnación» (RAMOS MENDEZ,
1992, Tomo II: 717).

Gómez de Liaño González aduce que el recurso de reposición «... es un


recurso ordinario no devolutivo que cabe contra las providencias y determinados
autos que dicten los Jueces de Primera Instancia, resolviéndose por el mismo
Juzgado que dictó la resolución recurrida» (GOMEZ DE LIAÑO GONZALEZ,
1992,511-512).

Montero Aroca, Gómez Colomer, Montón Redondo y Barona Vilar consideran


al recurso de reposición como «... un recurso no devolutivo, es decir, que se
atribuye su conocimiento al mismo tribunal que dictó la resolución que se
impugna, y procesal, esto es, que procede sólo contra resoluciones interlocutorias,
que son aquéllas por medio de las que, aplicando normas procesales, el tribunal
ejerce sus facultades de dirección del proceso» (MONTERO AROCA; GOMEZ
COLOMER; MONTON REDONDO; y BARONA VILAR, 2003, Tomo II: 409).

Gimeno Sendra refiere que «el recurso de reposición es un medio de


impugnación ordinario, no devolutivo, que se interpone contra resoluciones
interlocutorias y ante el mismo órgano judicial que la ha dictado, con la finalidad
de que dicho órgano la enmiende o remedie» (GIMENO SENDRA, 2007, Tomo
Capítulo IV : Recurso de reposición 103

I: 563). El mencionado jurista agrega que «desde tal definición se extrae su


consideración de medio de impugnación en sentido estricto, esto es, dirigido
a remediar o corregir vicios de la actividad y, de aquí, que un sector de la
doctrina lo califique de 'remedio', antes que de recurso en sentido propio, entre
otras razones, porque se plantea y se resuelve por el mismo órgano que dictó
la resolución recurrida. (...) (Se) lo ha calificado como remedio procesal e,
incluso en términos más estrictos, procedimental, es decir, procesal, de mero
trámite o de ordenación material del proceso...» (GIMENO SENDRA, 2007,
Tomo I: 563-564).

Alvarez Juliá, Neuss y Wagner anotan que «... contra aquellas providencias
dictadas sin sustanciación previa, en las que puede haberse deslizado algún
error se acuerda el recurso de reposición o de revocatoria» (ALVAREZ JULIA;
NEUSS; y WAGNER, 1990: 318). Dichos autores añaden que este recurso «... se
deduce frente al mismo tribunal que expidió la providencia para que la revoque
a contrario imperio» (ALVAREZ JULIA; NEUSS; y WAGNER, 1990: 318).

Según Gernaert Willmar, «... por este medio técnico se pretende que el
mismo tribunal, unipersonal o colegiado, que dictó la resolución impugnada
(únicamente providencia simple, que causa o no gravamen irreparable o
providencia dictada sin ponerle término a la instancia), la modifique o revoque
por contrario imperio: todo ello tendiente a evitar el recurso por ante un tribunal
de superior jerarquía, favoreciéndose la celeridad y economía procesales»
(GERNAERT; citado por DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 197).

Kielmanovich afirma que el recurso de reposición es «... un acto procesal


de impugnación dirigido a obtener que el mismo juez que dictó la providencia
simple, la revoque por contrario imperio» (KIELMANOVICH, 1989: 85).
Para Lino Palacio, «... el recurso de reposición o revocatoria constituye
el remedio procesal tendiente a obtener que, en la misma instancia donde una
resolución fue emitida se subsanen, por contrario imperio, los agravios que
aquélla pudo haber inferido» (PALACIO, 1979, Tomo V: 51).

A criterio de Lorca Navarrete:

«El recurso de reposición es un recurso no devolutivo pues en su


resolución no interviene una instancia procesal ad quem . Su ubicación
resolutiva ha preterido la devolución de la resolución a d qu em al órgano
jurisdiccional a quo.

El recurso de reposición es autorrevisorio: es el m ism o órgan o ju risd iccio n a l


qu e p ron u n ció la resolu ción ju d icia l su jeta a reposición el qu e d ecid e acerca de
la m ism a» (LORCA NAVARRETE, 2000:1036).

En nuestro ordenamiento jurídico, el recurso de reposición se encuentra


regulado en el Capítulo II («Reposición») del Título XII («Medios impugnatorios»)
de la Sección Tercera («Actividad procesal») del Código Procesal Civil, en los
arts. 362 y 363.
104 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

2. FUNDAMENTO

La reposición «es una manifestación ecuánime y prudente de la


administración de justicia, ya que procura la solución de una mala interpretación
legal o del error que sea, sin esperar a la solución del pleito, evitándose así a
los litigantes los gastos y demoras que supone la alzada al superior jerárquico
para obtener una reparación. Siempre el juez a quien se le presenta un texto
legal infringido o un error cometido, debe resolver y enmendar inmediatamente
la injusticia cometida» (GALLINAL, s/a, Tomo II: 224).

Alsina dice del recurso de reposición que «... mediante él se evitan las
dilaciones y gastos de una segunda instancia tratándose de providencias
dictadas en el curso del procedimiento para resolver cuestiones accesorias, y
respecto de las cuales no se requieren mayores alegaciones...» (ALSINA, 1961,
Tomo IV: 193-194).

El fundamento del recurso de reposición está constituido por los principios


de economía y celeridad procesales. Ello es así porque este medio impugnatorio
no entorpece o dilata el desarrollo del litigio al ser resuelto en forma expeditiva
por el mismo magistrado que dictó la resolución cuestionada o que conoce
directamente de ella (si hubiese sido expedida por el auxiliar jurisdiccional),
dilación que sí ocurriría de tener que acudirse a otra instancia para resolver la
impugnación planteada.
Se atentaría contra los principios mencionados en desmedro de una
pronta y eficaz administración de justicia si estuviera ausente el recurso de
reposición, justificable desde todo punto de vista, máxime tratándose de
resoluciones de mero trámite que son las que representan el objeto del indicado
medio de impugnación. El recurrir tales resoluciones no amerita, pues, la
realización de una serie de actos procesales que obstaculizan el trámite del
proceso, propios de impugnaciones relevantes, sino su simplificación dirigida
a un rápido examen y solución del recurso.
De Santo coincide con lo expuesto al señalar que «el recurso de reposición,
lo mismo que el de aclaratoria, tiene su justificación en los principios de
economía y celeridad procesal» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 199).
En la misma línea se encuentra Lino Palacio cuando asegura que «... el
recurso de reposición se halla instituido con miras a la enmienda de los errores
de que pueden adolecer las resoluciones que, dentro de la categoría de las
ordenatorias, son las que menos trascendencia revisten durante el curso del
proceso, y para cuya reconsideración resulta excluida la necesidad de un trámite
complejo y la intervención de órganos judiciales superiores en grado al que
dictó la resolución impugnada. De allí que el fundamento del remedio estriba,
esencialmente, en la conveniencia de evitar las demoras y gastos que implica
el trámite a desarrollar en una instancia ulterior, y, por ende, en razones de
economía procesal» (PALACIO, 1979, Tomo V: 53).
Capítulo IV : Recurso de reposición 105

3. FINALIDAD

La finalidad del recurso de reposición es conseguir la pronta modificación


o revocación de resoluciones de simple trámite a cargo del mismo Juez que las
dictó o que conoce de la instancia en que ellas se dieron (si se expidieron por
el auxiliar jurisdiccional), sin necesidad de paralizar o retardar el procedimiento
y sin acudir al órgano jerárquicamente superior.

Puede decirse que la finalidad del recurso es, además de satisfacer el


interés del impugnante (que se logra con el reexamen y corrección de la
resolución recurrida), favorecer la economía y celeridad procesales.

Acerca de la finalidad del recurso de reposición, Alvarado Velloso afirma


que, «siendo el fundamento de la reposición evitar las dilaciones y gastos
consiguientes a una nueva instancia respecto de las providencias que recaen
sobre diligencias o puntos accesorios del pleito, para cuya revisión no son
indispensables las nuevas alegaciones y plazos de la apelación, el objeto del
recurso -acorde con su fundamentación- es evitar la doble instancia mediante
el nuevo estudio de la cuestión por el mismo juez que dictó la resolución que
se considera injusta» (ALVARADO VELLOSO, 1969:19).

Devis Echandía refiere que «existe este recurso únicamente para los autos,
con el fin de que el mismo juez que los dicta los estudie de nuevo y los revoque,
modifique, aclare o adicione» (DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II: 636).

Ricardo Reimundín anota que el recurso de reposición «tiene por objeto


que el mismo tribunal que haya dictado la providencia, la revoque por contrario
imperio...» (REIMUNDIN, 1957, Tomo II: 79).

Así también lo considera Roland Arazi al sostener que el recurso de


reposición «... tiene por finalidad que el mismo juez o tribunal que dictó una
resolución la revoque o enmiende, dictando en su lugar otra nueva por contrario
imperio» (ARAZI, 1991: 307).

Rafael De Pina es del mismo parecer, pues manifiesta que «los recursos
de reposición y súplica tienen como finalidad la modificación total o parcial
de la resolución recurrida por el mismo órgano jurisdiccional que la ha
dictado...» (DE PINA, 1940: 214).

Prieto-Castro y Ferrándiz, coincidiendo con los autores citados en


los párrafos precedentes, apunta que con el recurso de reposición se persigue
«... que el Juez 'reponga' o 'reforme' su resolución 'por contrario imperio',
fórmula consagrada por el uso y con la que se quiere denotar que es por obra
del Juez mismo, autor de la decisión y no por la de un órgano superior, por lo
que la decisión se modifica o revoca...» (PRIETO-CASTRO Y FERRANDIZ,
1980, Volumen 1: 243-244).
106 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

4. PROCEDENCIA

El recurso de reposición procede únicamente contra las resoluciones de


mero trámite (decretos). El artículo 362 del Código Procesal Civil versa
precisamente sobre la procedencia de este medio impugnatorio preceptuando
que «el recurso de reposición procede contra los decretos a fin de que el Juez
los revoque».

Mediante los decretos se impulsa el desarrollo del proceso, disponiendo


actos procesales de simple trámite (art. 121 -primer párrafo- del C.P.C.). Se
caracterizan entonces los decretos por la simplicidad de su contenido y la
carencia de motivación. Son expedidos por los auxiliares jurisdiccionales,
siendo suscritos con su firma completa, salvo aquellos que se expidan por el
Juez dentro de las audiencias (art. 122 -último párrafo- del C.P.C.).

Levitán dice de las providencias simples (o decretos) que son «... las que
se adoptan sin sustanciación; o sea sin debate entre las partes. Habitualmente
son actos de mera ejecución y tienden a la prosecución del proceso» (LEVITAN,
1986: 253).

En relación a este punto, Véscovi nos explica lo siguiente:

«La resoluciones recurribles mediante el recurso de reposición no


son todas, sino solamente algunas; podríamos decir las de menor
importancia en la escala, porque, justamente, este medio impugnativo
se da, generalmente, en lugar de la apelación, o cuando no corresponde
la apelación. Y este último (...) corresponde, justamente, contra las
resoluciones más trascendentales: las sentencias.

La procedencia de la reposición o revocatoria aparece, generalmente


entonces, por exclusión, y referida a las resoluciones no susceptibles de
apelación.

Así, hay una primera exclusión que todos los códigos adoptan, y es la
sentencia definitiva, contra la cual no cabe la reposición. Tampoco se
admite, en general, contra las sentencias (o autos) interlocutorias.

O sea que se reserva la reposición para los autos o decretos de trámite,


de sustanciación, ordenatorios (según las diversas denominaciones).

Y por éstos se entiende, en general, las providencias simples, los llamados


autos ordenatorios, es decir, aquellos que no tienen otra finalidad que el
mero impulso procesal. No los que resuelven una incidencia, que
esencialmente deben considerarse sentencias (autos) interlocutorias»
(VESCOVI, 1988: 89-90).
Capítulo IV: Recurso de reposición 107

5. LEGITIMACION

«No cabe dudas, siguiendo los principios generales, de que son las partes
quienes pueden interponer este recurso como legitimados naturales» (VESCOVI,
1988: 91).
En efecto, tanto el demandante como el demandado se encuentran
facultados para formular dicho medio impugnatorio, teniendo, además, los
terceros legitimados en el proceso la potestad de presentar el recurso de
reposición.
Alvarado Velloso anota que «... puede deducir el recurso cualquiera
de ellas (las partes), con la única condición de encontrarse legitimada
sustancialmente (ad causam) para hacerlos» (ALVARADO VELLOSO, 1969:
18). Añade el autor citado que «... frente a la interposición de la reposición,
debe mediar siempre un interés genérico...» (ALVARADO VELLOSO, 1969:
18).
Como bien sostiene De Santo, «... sólo se hallan legitimados para
interponer este recurso aquellos que han recibido un agravio del pronunciamiento
impugnado...» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 212). Así es, el aspecto de la
legitimación para plantear el recurso de reposición no se completa solamente
con la calidad de parte o de tercero (legitimado en el proceso) que ostenta el
impugnante, sino que es indispensable, además, que tenga interés en recurrir,
el mismo que deriva del agravio que le provoca la resolución de simple trámite
sobre la cual recae el recurso. Es por ello que será desestimado el recurso de
reposición dirigido contra un decreto que no causa agravio alguno al recurrente.
En ese sentido se pronuncia Véscovi al cuando asevera que «conforme a los
principios generales, como para todo recurso, debe existir el agravio (gravamen)
por la decisión impugnada. Por eso se ha dicho que las providencias (simples),
que acceden a los petitorios de las partes, no pueden ser recurridas por quienes
así lo han peticionado» (VESCOVI, 1988: 92).
En el recurso de reposición -ni en ningún otro- no es exigible que el
gravamen que mueve el interés del recurrente tenga la calidad de irreparable,
bastando que se produzca algún perjuicio o agravio -por mínimo que pudiera
parecer- para legitimar la interposición del recurso. Al respecto, De Santo
puntualiza que «... la ausencia de gravamen irreparable no excluye la necesidad
de que el recurrente tenga un efectivo interés en obtener la reconsideración de
la providencia impugnada» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 213).

6. MOTIVACION DEL RECURSO

Al igual que con los demás recursos, el de reposición requiere ser


sustentado por el impugnante. Para tal efecto, éste debe fundamentar -seria y
concretamente- su pedido en el acto procesal en que lo interpone, precisando
el agravio y el vicio o error que lo motiva, de conformidad con el artículo 358
108 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

del Código Procesal Civil, que trata sobre los requisitos de procedencia de los
medios impugnatorios en general y que, por ende, resulta de aplicación al
recurso que estudiamos en el presente Capítulo.
El recurso de reposición debe ser fundamentado entonces en el escrito
en que se interpone, a no ser que la resolución de simple trámite recurrida fuese
expedida en el curso de una audiencia en cuyo caso, interpuesto dicho medio
impugnatorio verbalmente (de acuerdo al art. 363 -segundo párrafo- del C.P.C.),
la fundamentación -esto es, indicación del agravio y del vicio o error que lo
motiva- debe hacerse de igual forma (oralmente).
En relación a la motivación del recurso de reposición (o de revocatoria),
Podetti asegura categóricamente que «... lo diga o no la ley, el recurso de
revocatoria exige, como todo recurso, que se expresen las razones jurídicas y
de hecho por las cuales el recurrente no se conforma y no consiente la resolución
impugnada, pues no es posible que los jueces se vean avocados a adivinar los
motivos de un reclamo, de modo que a falta de ser éstos expresados deberá ser
desestimado sin sustanciación por ser inadmisible» (PODETTI; citado por DE
SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 214-215).
Similar posición adopta Alvarado Velloso cuando destaca que «... no
basta que se solicite simplemente el "sin efecto de una medida', pues resulta
necesario que el recurso se presente convenientemente fundado, indicándose
el error cometido en la resolución atacada o el agravio que la misma infiere al
recurrente, ya que no puede exigirse al juez que adivine los motivos del reclamo,
ni se concibe una fundamentación posterior, pues siendo el mismo tribunal
quien debe entender en la admisibilidad y fundabilidad del recurso, no puede
desdoblarse éste en dos etapas, como sucede, por ejemplo, en el recurso de
apelación» (ALVARADO VELLOSO, 1969: 22-23).
Según Lino Palacio, la razón por la cual el impugnante tiene la carga de
fundar el recurso de reposición reside en «... el hecho de que debiendo ser resuelto
el recurso por el mismo órgano que dictó la providencia cuestionada, éste no
se hallaría en condiciones de emitir pronunciamiento si no se le suministraran
los argumentos que sustentan la impugnación» (PALACIO, 1979, Tomo V: 59).

7. ORGANO JURISDICCIONAL COMPETENTE

«Sabido es que, ante la interposición de un recurso, el estudio de su


viabilidad se desdobla en dos aspectos: el de su procedencia extrínseca o
meramente formal y el de su procedencia intrínseca o de fondo. El juicio dado
sobre el primero de estos aspectos, recibe en doctrina la denominación de
'admisibilidad', y el dado sobre el segundo, la de 'fundabilidad» (ALVARADO
VELLOSO, 1969:19-20).
«A pesar de que en todo recurso que tenga propiamente la naturaleza de
tal, ambos juicios son dados por jueces o tribunales diferentes, en el caso que
nos ocupa es el mismo juez que dictó la resolución atacada, quien conoce y
Capítulo IV : Recurso de reposición 109

decide la admisibilidad del recurso (analizando si fue deducido en tiempo


oportuno, en forma, por quien se encontraba legitimado para hacerlo, etc.) y,
de ser viable este juicio, conoce y decide su fundabilidad (es decir, si la pretensión
jurídica sustentada procede o no conforme a derecho)...» (ALVARADO
VELLOSO, 1969: 20).
Así es, por tratarse de un recurso horizontal -y atendiendo a su
fundamento-, el órgano jurisdiccional competente para resolver la reposición
es el mismo que expidió la resolución impugnada o que conoce de la instancia
en la cual dicha resolución fue emitida (en este último caso, si el acto procesal
en cuestión fue expedido por el auxiliar jurisdiccional).

De Santo concuerda con lo expresado al señalar que «el recurso de


reposición (...) lo resuelve el mismo órgano judicial que emitió el pronunciamiento
impugnado...» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 216).

También conviene en ello Ramos Méndez cuando afirma que los recursos
de reposición «... se interponen ante el propio órgano jurisdiccional que ha
dictado la resolución y este mismo es el encargado de admitir el recurso y
sustanciarlo» (RAMOS MENDEZ, 1992, Tomo II: 718).
Otro autor que comparte lo expuesto es Lino Palacio, quien indica que
«... destinatario del recurso es (...) el mismo órgano judicial que dictó la
resolución cuya revocatoria o modificación se requiere...» (PALACIO, 1979,
Tomo V: 53). Advierte Lino Palacio que «el principio enunciado, sin embargo,
no debe entenderse en el sentido de que se requiere identidad física entre el
juez que pronunció la resolución y aquél a quien corresponde resolver el
recurso. Carece en efecto de incidencia, en lo que atañe a la admisibilidad de
la reposición, la circunstancia de que durante el lapso que transcurre entre el
dictado de la providencia y la sustanciación de aquélla se opere un cambio en
la persona del juez...» (PALACIO, 1979, Tomo V: 53-54).

Alvarado Velloso precisa que «... la circunstancia de conocer dos veces


el mismo juez en la sustanciación de la cuestión (una al dictar la resolución
recurrida, y otra al resolver el recurso), no importa un prejuzgamiento pues es
de la misma esencia de la reposición el ser resuelta por un juez único,
entendiéndose por tal no la persona física, sino el titular del tribunal o su
sustituto legal; así, si se produce un cambio del juez -por ascenso, renuncia,
enfermedad o recusación- el recurso de reposición debe ser resuelto por el
magistrado que los sustituya» (ALVARADO VELLOSO, 1969: 20).

Es de destacar que el artículo 1088 del Código de Procedimientos Civiles


establecía expresamente la competencia para conocer del recurso de reposición
al preceptuar que éste «... tiene lugar contra los decretos, a fin de que el mismo
juzgado o tribunal (el subrayado es nuestro) los modifique o revoque». El
Código Procesal Civil no hace lo propio al disponer en forma genérica en su
artículo 362 que «el recurso de reposición procede contra los decretos a fin de
que el Juez los revoque». Como se observa, dicho numeral no precisa qué Juez
110 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

resolverá el indicado medio impugnatorio. Puede suponerse que el término


«Juez» corresponde al de primera instancia y que, por ello, está sobreentendido
el hecho de que aquél es el mismo que expidió -o conoció- el decreto impugnado;
sin embargo, debe tenerse presente: a) que un Juez Civil puede conocer en
segunda instancia un proceso dirigido por el Juez de Paz Letrado (por lo que,
en rigor, el vocablo «Juez» no excluiría la posibilidad de alzada del recurso); y
b) que nada obsta que el recurso de reposición tenga lugar durante el trámite
del proceso en segunda instancia. Por consiguiente, de la lectura del artículo
362 del Código Procesal Civil no se puede establecer a ciencia cierta que el
mismo órgano jurisdiccional (unipersonal o colegiado) que expidió el decreto
impugnado sea el que resuelva el recurso de reposición.

El órgano jurisdiccional competente para conocer el recurso que nos ocupa


puede ser determinado, en cambio, apreciando el contenido el artículo 363 del
Código Procesal Civil, referido al trámite del recurso de reposición, del cual se
desprende que éste no es un recurso de alzada al no disponer dicho numeral
la elevación de los actuados al superior jerárquico. En consecuencia, no admite
dudas la competencia del mismo órgano jurisdiccional que dictó -o conoció- la
resolución impugnada para conocer del recurso de reposición.

8. TRAMITACION

El trámite del recurso de reposición, de acuerdo al artículo 363 del Código


Procesal Civil, es el siguiente:

El plazo para interponerlo (por escrito y debidamente f undamentado)


es de tres días, contado desde la notificación de la resolución.
Una vez interpuesto el recurso de reposición, si el Juez advierte
que dicho medio impugnatorio es notoriamente inadmisible o
improcedente, lo declarará así sin necesidad de trámite.
Interpuesto el recurso de reposición, si el Juez advierte que el vicio
o error de la resolución es evidente, la revocará.
No habiendo declarado (liminarmente) inadmisible o improcedente
el recurso de reposición, y si lo considera necesario, el Juez conferirá
traslado del recurso a la contraparte por tres días.
Absuelto o no el traslado y vencido el plazo a que se refiere el
acápite anterior, el Juez resolverá el recurso de reposición.
Si la resolución impugnada (decreto) se expidiera en una audiencia,
el recurso debe ser interpuesto verbalmente (lo que no excluye su
fundamentación) y se resuelve de inmediato, previo traslado a la
parte contraria o en su rebeldía.
El auto (motivado por su naturaleza) que resuelve el recurso de
reposición es inimpugnable.
Capítulo IV : Recurso de reposición 111

9. DESISTIMIENTO DEL RECURSO DE REPOSICION

El desistimiento del recurso de reposición es la declaración de voluntad


expresa del recurrente dirigida a dejar sin efecto dicho medio impugnatorio.
Su efecto es dejar firme el acto procesal impugnado, esto es, la resolución de
simple trámite o decreto. Ello se desprende de lo dispuesto en el segundo
párrafo del artículo 343 del Código Procesal Civil, que versa sobre los efectos
del desistimiento de actos procesales (y la reposición forma parte de ellos), y
que a continuación citamos:

«(■••)

El desistimiento de algún acto procesal, sea medio impugnatorio, medio


de defensa u otro, deja sin efecto la situación favorable a su titular. Si el
desistimiento es de un medio impugnatorio, su efecto es dejar firme el
acto impugnado, salvo que se hubiera interpuesto adhesión».
De la lectura de dicho precepto podemos colegir que el desistimiento del
recurso de reposición (o de cualquier otro medio impugnatorio), una vez
aprobado por el juzgador, produce la ineficacia de la situación procesal
favorable únicamente a su titular y no la de aquella que beneficia al adversario
o que eventualmente pueda hacerlo. Esto explica que no sea necesaria la
anuencia de la parte contraria respecto del desistimiento del acto procesal (en
que consiste el recurso de reposición) al no afectarle éste de modo alguno,
según lo prevé el citado artículo 343 del Código Procesal Civil, concordante
con la parte final del artículo 341 del mencionado Código, en la cual se señala
que el desistimiento sólo perjudica a quien lo hace.

10. EFECTOS DE LA RESOLUCION QUE RESUELVE EL RECURSO DE


REPOSICION

En relación a los efectos de la resolución que resuelve el recurso de


reposición, Alvarado Velloso nos informa que:

«... Doctrinariamente, se distinguen tres sistemas bien definidos respecto


de la recurribilidad de la resolución que decide una revocatoria:
a) El primero de ellos, acuerda contra tal resolución el recurso de
apelación autónomo, siempre que éste resulte procedente en cuanto
a la cuestión debatida (...).
b) Otro sistema, autoriza la apelación siempre que sea deducida
conjuntamente con la revocatoria y en subsidio de ella, haciendo
así aplicación al caso, del principio de eventualidad, que constituye
su fundamento (...).
c) El último sistema adopta -lisa y llanamente- la irrecurribilidad
del auto que resuelve la revocatoria...» (ALVARADO VELLOSO,
1969: 27).
112 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Acerca de la resolución que se pronuncia sobre el recurso de reposición,


Véscovi hace notar que «la resolución que recae causa ejecutoria, según la más
autorizada doctrina...» (VESCOVI, 1988: 96). Añade dicho autor que «es
indudable que no se puede admitir que se siga recurriendo, por razones de
abreviación, siendo suficiente garantía la de admitir el planteo del recurso por
una vez. Obviamente, porque se trata de cuestiones no trascendentales, pues
para éstas se otorgan los recursos de apelación...» (VESCOVI, 1988: 96).

Nuestro ordenamiento jurídico consagra de manera terminante como


efecto de la resolución recaída en un recurso de reposición el de causar ejecutoria
en lo concerniente a la cuestión planteada. Así es, el último párrafo del artículo
363 establece claramente que «el auto que resuelve el recurso de reposición es
inimpugnable». Por consiguiente, no podrá recurrirse la decisión judicial que
confirma (declarando inadmisible o improcedente la reposición) o revoca
(declarando procedente la reposición) el decreto materia de impugnación, la
misma que surtirá desde su notificación plena eficacia.
CAPITULO ¥

1. CONCEPTO

«... Etimológicamente la palabra apelación deriva de la voz latina


'appellatio', que quiere decir citación o llamamiento y cuya raíz es 'apello',
'appellare', habiendo conservado dicho origen en la mayoría de los idiomas.
Así, en francés se dice 'appel'; en inglés, 'appeal'; en italiano, 'appello'; en
alemán, 'appellation'; en portugués, 'apellacao', etc.» (CASARINO VITERBO,
1984, Tomo IV: 225).

La apelación es aquel recurso ordinario y vertical o de alzada formulado


por quien se considera agraviado con una resolución judicial (auto o sentencia)
que adolece de vicio o error, y encaminado a lograr que el órgano jurisdiccional
superior en grado al que la emitió la revise y proceda a anularla o revocarla,
ya sea total o parcialmente, dictando otra en su lugar u ordenando al Juez a
quo que expida una nueva resolución de acuerdo a los considerandos de la
decisión emanada del órgano revisor. Puntualizamos que el recurso de apelación
contiene intrínsecamente el de nulidad, sólo en los casos que los vicios estén
referidos a la formalidad de la resolución impugnada (conforme al art. 382 del
C.P.C.).
La apelación no constituye una renovación del proceso o reiteración de
su trámite o un novum iudicium, sino que representa su revisión. Así es, la
apelación supone el examen de los resultados de la instancia y no un juicio
nuevo. En virtud de dicho recurso no se repiten los trámites del proceso
principal, sino que se llevan a cabo otros notoriamente diferenciados y dirigidos
a verificar la conformidad de los resultados de la instancia primigenia con lo
previsto en el ordenamiento jurídico y lo actuado y probado en el proceso. De
esta manera el superior jerárquico examina la decisión judicial que se pone
a su consideración haciendo uso de los elementos incorporados al proceso
114 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

en su instancia originaria (y, en determinados casos especiales, de aquellos


introducidos en la segunda instancia), pero no revisando ésta en su integridad,
sino en lo estrictamente necesario.

Briseño Sierra señala que «... la naturaleza procesal de la apelación


reclama inmediatamente su definición a base de la bilateralidad de la instancia,
la trilogía de sujetos, la diversa posición de las partes y del juzgador y presupone
un verdadero proceso que ha sido calificado de impugnativo» (BRISEÑO
SIERRA, 1966: 469).

Según Alsina, «... el recurso de apelación es el medio que permite a los


litigantes llevar ante el tribunal de segundo grado una resolución estimada
injusta, para que la modifique o revoque, según el caso...» (ALSINA, 1961,
Tomo IV: 207).

Escobar Fornos asegura que «... la apelación es un recurso ordinario (...).


Por medio de este recurso, el tribunal vuelve a hacer un examen del pleito. Con
base en este examen podrá revocar, reformar o confirmar la sentencia apelada»
(ESCOBAR FORNOS, 1990: 222).

En opinión de Eduardo Pallares, «el recurso de apelación es el que se


interpone ante el juez de primera instancia para que el tribunal de segunda
modifique o revoque la resolución contra la cual aquél se hace valer...»
(PALLARES, 1989: 451).

Redenti anota que «... la apelación es un medio de impugnación contra


las sentencias de primer grado, y es sin duda el medio que más se utiliza, ya
que (...) boná tout faire. Se resuelve en una invocación al juez de grado superior
(de appellare, en el sentido de llamar en auxilio), a fin de que revise, reexamine
y cancele o repare defectos, vicios o errores, del procedimiento o de la
sentencia...» (REDENTI, 1957, Tomo II: 79).

Rafael De Pina conceptúa al recurso de apelación como aquel que «... se


propone obtener un nuevo examen y fallo de la cuestión debatida ante un
órgano jurisdiccional, por otro distinto y jerárquicamente superior» (DE PINA,
1940: 215-215).

Ramos Méndez sostiene que «el recurso de apelación es un recurso


ordinario, devolutivo, que procede contra las sentencias definitivas de todo
negocio y los autos resolutorios de excepciones dilatorias e incidentes (...) y
autos resolutorios de un recurso de reposición contra providencias y autos (...).
Es el recurso devolutivo por excelencia, mediante el cual el Tribunal ad quem
examina la corrección y regularidad de la resolución dictada por el tribunal a
quo, según los motivos de gravamen que aduzca el apelante» (RAMOS
MENDEZ, 1992, Tomo II: 722).

Para Levitán, «el recurso de apelación es un remedio procesal por el que


las partes reclaman al tribunal superior al que dictó una resolución judicial que
la deje sin efecto, dictando otra en su lugar, que repare los agravios que le
Capítulo V : Recurso de apelación 115

ocasiona la primera» (LEVITAN, 1986: 31). El recurso de apelación -continúa


Levitón-«... se interpone para que el tribunal superior al que dictó la resolución
la modifique o sustituya por otra, de signo distinto» (LEVITAN, 1986: 31).
Acerca de este recurso, Rafael Gallinal apunta que «... por apelación,
palabra que viene de la latina appellatio, llamamiento o reclamación, es un
recurso ordinario que entabla el que se cree perjudicado o agraviado por la
resolución de un juez o tribunal, para ante el superior, con el fin de que la
revoque o reforme» (GALLINAL, s/a, Tomo II: 229).
Paolo D'Onofrio afirma que «el juicio de apelación (...) se define como el
nuevo examen plenario p o r p a rte de un juez de grado superior de los capítulos
de la demanda impugnados ante él, propuestos ya por las partes en primera
instancia y decididos por el primer juez, con pérdida de la parte apelante»
(D'ONOFRIO, 1945: 267).
Couture concibe a la apelación como «... el recurso concedido a un litigante
que ha sufrido agravio por la sentencia del juez inferior, para reclamar de ella
y obtener su revocación por el juez superior» (COUTURE, 1985: 351).

Enrique Falcón indica que «... el recurso de apelación es un medio de


impugnación que tiene la parte para atacar las resoluciones judiciales, con el
objeto de que el superior las revoque total o parcialmente, por haber incurrido
el juez, en un error de juzgamiento» (FALCON, 1978: 291-292).
A juicio de Máximo Castro, «... se llama apelación, el alzamiento de un
litigante que se cree perjudicado por una resolución judicial, para ante el juez
o tribunal superior, con el fin de que la reforme o la revoque en todo o en parte»
(CASTRO, 1927, Tomo II: 220).
Micheli se ha formado la siguiente idea del recurso materia de nuestro
estudio: «La apelación es el medio de impugnación mediante el cual se puede
hacer valer cualquier vicio de la sentencia (...). La función de la apelación es,
pues, la de abrir una nueva fase procesal del mismo juicio, en la cual puede
continuar el proceso precedente y en la que se ve de nuevo cuanto el juez ha
decidido...» (MICHELI, 1970, Volumen II: 305-306).

Kielmanovich califica al recurso de apelación como «... el acto procesal


de impugnación mediante el cual la parte que se considera agraviada por una
resolución judicial entendida como injusta, solicita de un órgano jerárquicamente
superior al que la dictó, la deje sin efecto o la modifique, total o parcialmente»
(KIELMANOVICH, 1989: 25),

Prieto-Castro y Ferrándiz considera que «... mediante el recurso ordinario


de apelación se somete a un nuevo examen por un Tribunal superior el asunto
decidido ya en primera instancia, cuando el recurrente estima que la resolución
en ella dictada le reporta un perjuicio (gravamen), por no haber estimado en
absoluto o en parte las peticiones que en tal instancia hubiese formulado»
(PRIETO-CASTRO Y FERRANDIZ, 1980, Volumen 1: 250-251).
116 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Casarino Viterbo define a la apelación como «... aquel recurso ordinario


que la ley concede al litigante que se siente agraviado por una resolución
judicial, para recurrir al tribunal superior inmediato, a fin de que la revoque o
modifique, dictando al efecto la que considere más justa, con pleno conocimiento
de la cuestión controvertida» (CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 225).
Mattirolo dice de la apelación que es «... un recurso ordinario encaminado
a reparar los errores de hecho o de derecho en que pudieran incurrir en el juicio
de primer grado las partes al instruir la causa o el juez al dictar la sentencia...»
(MATTIROLO, s/a, Tomo II: 40).
Devis Echandía entiende por apelación «... el recurso ante el superior
para que revise la providencia del inferior y corrija sus errores...» (DEVIS
ECHANDIA, 1985, Tomo II: 637).
Calamandrei refiere que la apelación «... es el medio de gravamen típico,
que, correspondiendo al principio del doble grado (...), da siempre lugar a una
nueva instancia ante un juez superior (efecto devolutivo); la apelación es (...)
un medio de gravamen total (...), ya que produce en la segunda instancia la
continuación no sólo de la fase decisoria, sino también de la fase instructoria (...),
de manera que elimina, antes de que se forme la cosa juzgada, no sólo los
errores de juicio del juez a quo, sino también las deficiencias del material
instructorio derivados de la falta o mala dirección de la defensa de la parte
vencida...» (CALAMANDREI, 1961, Tomo II: 233-234).
A decir de Ponce Martínez, «... la apelación constituye, esencialmente,
un recurso tendiente a que se discutan todos los aspectos de la contienda legal
sometida a decisión, tanto los de hecho como los de derecho...» (PONCE
MARTINEZ, 1984:143).
Según Quinteros Velasco, «la apelación o alzada, es el medio de impugnación
que se concede a un litigante que se considera perjudicado por la sentencia del
juez inferior, para lograr que la misma sea revocada por mayor juez»
(QUINTEROS VELASCO, 1962: 36).
Gimeno Sendra apunta que «el recurso de apelación es un medio de
impugnación ordinario, devolutivo y, por lo general, suspensivo, por el que la
parte, que se crea perjudicada por una Sentencia o auto, por lo general,
definitivo, lleva a conocimiento de otro órgano judicial, jerárquicamente
superior, la cuestión o cuestiones de orden procesal o material, surgidas en el
proceso anterior y resueltas en la resolución recurrida, con el objeto de que
dicho órgano 'ad quem' examine la adecuación de la resolución impugnada al
Derecho, confirmando o revocándola, en todo o en parte, por otra que le sea
más favorable y delimitada por el contenido del propio recurso y del objeto de
la primera instancia» (GIMENO SENDRA, 2007, Tomo I: 569).
Agustín Costa asevera que la apelación es el «... remedio procesal que
tiene por objeto el control de la función judicial, y se funda en una aspiración
de mejor justicia, remedio por el cual se faculta al litigante agraviado por una
Capítulo V: Recurso de apelación 117

sentencia o interlocutoria, a requerir un nuevo pronunciamiento de un tribunal


jerárquicamente superior para que, con el material reunido en primera instancia
y el que restringidamente se aporte en la alzada, examine en todo o en parte
la decisión impugnada como errónea por falsa apreciación de los hechos o
equivocada aplicación o interpretación del derecho, y la reforme o revoque en
la medida de lo solicitado» (COSTA; citado por TAWIL, 1990: 40).
En nuestro ordenamiento jurídico, este recurso se encuentra regulado en
el Capítulo III («Apelación») del Título XII («Medios impugnatorios») de la
Sección Tercera («Actividad procesal») del Código Procesal Civil, en los
numerales 364 al 383. Precisamente, el artículo 364 del mencionado cuerpo de
leyes establece claramente que:
«El recurso de apelación tiene por objeto que el órgano jurisdiccional
examine, a solicitud de parte o de tercero legitimado, la resolución que
les produzca agravio, con el propósito de que sea anulada o revocada,
total o parcialmente».

2. OBJETO

Las resoluciones judiciales (autos y sentencias) constituyen el objeto del


recurso de apelación. Este es un acto procesal de impugnación dirigido a poner
en evidencia el error o vicio en que incurrió el órgano jurisdiccional y que se
halla contenido en una resolución, la misma que se espera sea modificada o
dejada sin efecto por el Juez ad quem.
Es objeto, pues, del recurso de apelación toda resolución judicial (auto o
sentencia) que adolece de vicio o error y que, por lo tanto, causa agravio a
alguno de los justiciables. Y aquélla puede ser apelada en todo o en parte,
sujetándose la impugnación a lo expresamente manifestado por el agraviado
en su recurso respecto de los alcances del vicio o error alegados por él.
Puntualizamos que cuando se habla de la resolución como objeto de la
apelación debe entenderse que se hace referencia no a sus partes expositiva y
considerativa, sino únicamente a la dispositiva o resolutiva, por cuanto el
pretendido agravio (concreto y justificante del recurso) no puede hallarse en
la motivación de la resolución sino en la decisión contenida en ella, que es la
que establece o fija el derecho de las partes. Se apela así lo ordenado en la
resolución y no el razonamiento lógico, jurídico y de hecho que opera como
antecedente y sustento de tal conclusión. Pese a lo señalado, advertimos que
el tema se presta a discusión, sobre todo en aquellos casos excepcionales en
que para determinar con exactitud la decisión contenida en la resolución es
preciso acudir a sus considerandos, existiendo así una suerte de nexo directo,
inmediato y subordinado entre ambas partes de la resolución.
En relación a lo expresado en el párrafo precedente, Loutayf Ranea nos
informa que «la doctrina y jurisprudencia nacionales (argentina) han destacado
que como principio, sólo es apelable la parte dispositiva de la sentencia. Y no
118 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

sus fundamentos, salvo supuestos excepcionales. En tal sentido se ha resuelto:


a) que el vencedor no tiene ni el deber ni el derecho de apelar los fundamentos
del fallo que en definitiva le dan la razón; b) que la apelación no procede contra
los considerandos de la sentencia, sino exclusivamente contra su parte
dispositiva, de suerte que el vencedor no puede apelar aunque aquéllos le
resulten agraviantes; c) que no existe gravamen y por lo tanto se carece de
interés para recurrir cuando se ha obtenido plena satisfacción de las pretensiones,
aun cuando puedan no coincidir los fundamentos expuestos por la parte y los
vertidos por el juez, en la medida que ellos no tengan efectos sustanciales; d)
que es apelable únicamente la parte dispositiva de la sentencia, por lo que las
consideraciones formuladas por el sentenciante en el fallo no pueden fundar
los agravios traídos a la instancia; e) que el recurso de apelación no resulta, en
principio, procedente, referido sólo a las motivaciones de un fallo, sino a su
parte dispositiva; f) que la apelación no procede contra los considerandos de
la sentencia, sino exclusivamente contra su parte dispositiva; g) que en principio
sólo es apelable la parte resolutiva de la decisión como norma individual que
es, y no los considerandos» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 317-318).

Agrega Loutayf Ranea que «si bien, en principio, los fundamentos o


considerandos del fallo no son apelables, tal regla de hermenéutica debe
aplicarse de acuerdo con las particularidades de cada caso; se trata de una
proposición que no es absoluta y admite excepciones. Así, se ha admitido la
apelación de los considerandos de una sentencia cuando lo dispositivo se remite
a ellos en forma expresa, o integran implícitamente la parte dispositiva
del pronunciamiento, o constituyen un antecedente lógico absolutamente
inseparable (cuestión prejudicial) de lo dispositivo, o influyen en la interpretación
de la parte dispositiva, o contienen directivas enderezadas a orientar el
cumplimiento de la sentencia, como ocurre cuando contiene las bases sobre las
cuales deberá hacerse la liquidación de los daños, o cuando la declaración de
derecho en favor del vencedor es de una naturaleza jurídica distinta de la
reclamada y puede resultar frustratoria de su interés (...), o cuando pueden
constituir cosa juzgada con independencia de la parte dispositiva, como ocurre
en los casos en que existe decisión sobre un punto de interés para las partes
emitida en los considerandos» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 318-320).

Loutayf Ranea concluye que «en general puede decirse como nota común
que cuando existe un perjuicio concreto derivado de lo expuesto en los
considerandos o fundamentos de una sentencia resulta admisible el recurso
de apelación» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 320).

Por último, cabe señalar que la resolución cuestionada no debe tratarse


de un proyecto sino que debe haber sido ya expedida para que sea materia del
recurso que analizamos, no importando si se produjo su notificación o no.
Capítulo V : Recurso de apelación 119

3. FUND AMENT O

Como bien dice Mattirolo, «... la institución de la apelación responde al


principio fundamental del doble grado de jurisdicción, por el que la causa no
está definitivamente terminada con la sentencia del primer juez, sino que, a
instancia de la parte condenada, debe recorrer un segundo estadio y sufrir un
nuevo examen y una nueva decisión del juez de apelación jerárquicamente
superior al primero» (MATTIROLO, s/a, Tomo II: 39).

Casarino Viterbo piensa con justa razón que «... el recurso de apelación
tiene fundamentos psicológicos y técnicos. Psicológicos, porque es de la
naturaleza humana rebelarse, alzarse, en contra de una solución que se estima
injusta, y también el hecho de poner mayor cuidado en una labor que, se sabe
de antemano, será revisada por una autoridad jerárquicamente superior; y
técnicos, porque mediante la doble instancia se consigue reparar los errores o
las injusticias que pueden cometer los jueces inferiores, lográndose, a la postre,
una mejor y más eficiente administración de justicia» (CASARINO VITERBO,
1984, Tomo IV: 226).

4. CARACTERISTICAS

El recurso de apelación se caracteriza principalmente por lo siguiente:


Es un recurso ordinario, porque no se exigen causales especiales
para su formulación y admisión.
Es un recurso de alzada, pues es resuelto por el órgano jurisdiccional
superior en grado a aquel que dictó la resolución recurrida.
Es un acto procesal sujeto a formalidades representadas por los
requisitos de admisibilidad (como el pago de tasa judicial,
presentación en el plazo de ley, etc.) y de procedencia (como la
adecuación del recurso y la indicación del agravio así como del
vicio o error que lo motiva).
Se presenta ante el Juez que emitió la resolución cuestionada y no
directamente al superior jerárquico.
No versa sobre cuestiones nuevas sino que está referido al contenido
de la resolución impugnada y a aquello que se debatió en el proceso.
Se dirige contra autos y sentencias siempre y cuando no hayan
adquirido la autoridad de la cosa juzgada.
Procede por iniciativa de las partes o de los terceros legitimados.
Se concede con efecto suspensivo (tratándose de la sentencia o de
autos que disponen la conclusión del proceso) o sin efecto
suspensivo (en los demás casos). Su tramitación puede ser también
diferida en las hipótesis expresamente establecidas en la ley.
120 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Es un recurso que contiene intrínsecamente la institución de la


nulidad, sólo si el vicio está referido a la formalidad de la resolución
recurrida.

A criterio de Casarino Viterbo, las características más sobresalientes de


la apelación son las que a continuación se señalan:
«a) Es un recurso ordinario, o sea, por regla general, procede en contra
de todas clases de resoluciones judiciales, salvo las limitaciones
propias de la naturaleza o de la cuantía del negocio judicial en que
se incide;
b) Es un recurso por vía de reforma, o sea, es conocido por el tribunal
inmediatamente superior en grado jerárquico de aquel que pronunció
la resolución recurrida;
c) Es un recurso que se interpone ante el mismo tribunal que dictó la
resolución recurrida y para ante el inmediatamente superior en
grado jerárquico;
d) Es una segunda instancia, o sea, permite al tribunal superior
conocer de todas las cuestiones de hecho y de derecho que se hayan
ventilado en la primera instancia; salvo que el recurrente, de propia
iniciativa, restrinja las atribuciones del tribunal superior, al fundar
su recurso;
e) Es un recurso que, por el hecho de ser ordinario, carece de causales
taxativamente enumeradas en la ley, teniendo como fundamento
o causal genérica el agravio o perjuicio del litigante en virtud de
infracciones a la ley; y
f) Es un recurso subsidiario cuando va unido a otros recursos; como
ser, a los de reposición y de casación en la forma, respectivamente»
(CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 226-227).

Gómez de Liaño González y Pérez-Cruz Martín consideran como caracteres


del recurso de apelación los que describen seguidamente:

«A) Es un recurso, es decir, un medio de impugnación que abre una


expectativa de desarrollo de la acción procesal dentro del processus
iudicii.

B) Es un recurso de carácter ordinario, en contraposición a los


denominados recursos extraordinarios, pues para la admisión y
posterior decisión de la apelación no se exigen legalmente unos
motivos determinados. Por otra parte, la apelación tiene carácter
ordinario porque los poderes del tribunal de apelación no quedan
limitados a priori, sino en función de la postura que adopte el
recurrente frente al propio recurso en virtud del principio tantum
apellatum quantum devolutum. Y, por último, su carácter ordinario
Capítulo V : Recurso de apelación 121

también se infiere porque la interposición del recurso no requiere


fundarse en motivos o causas tasadas.
C) Es un recurso devolutivo, en virtud del cual se produce una
transmisión, de hecho, de todo, o parte, del conjunto de las
actuaciones practicadas durante la instancia, a favor del tribunal
de apelación superior y diferente del tribunal que dictó la resolución
recurrida.
D) Se interpone frente a las sentencias y autos (...) dictados en primera
instancia.
E) El objeto del recurso de apelación puede ser procesal o material y,
en función de ello, variarán su contenido y sus efectos...» (GOMEZ
DE LIAÑO GONZALEZ; y PEREZ-CRUZ M ARTIN, 2001, Tomo
II: 621-622).

5. PROCEDENCIA

«El recurso de apelación, el más importante del procedimiento, por


múltiples razones, procede contra las sentencias; en principio contra las
definitivas, y también contra las Ínter locutorias o autos Ínter locutorios...»
(VESCOVI, 1988:114).
El artículo 365 del Código Procesal Civil trata sobre la procedencia del
recurso de apelación en los siguientes términos:

«Procede apelación:
1. Contra las sentencias, excepto las impugnables con recurso de
casación y las excluidas por convenio entre las partes;
2. Contra los autos, excepto los que se expidan en la tramitación de
una articulación y los que este Código excluya; y
3. En los casos expresamente establecidos en este Código [C.P.C.]».
Como se dijera, mediante la sentencia el Juez pone fin a la instancia o al
proceso en definitiva, pronunciándose en decisión expresa, precisa y motivada
sobre la cuestión controvertida declarando el derecho de las partes, o
excepcionalmente sobre la validez de la relación procesal (art. 121 -último
párrafo- del C.P.C.).
Levitan dice de las sentencias definitivas que «... terminan el proceso,
hacen lugar total o parcialmente a la demanda, o la desestiman, total o parcialmente»
(LEVITAN, 1986: 252). Agrega dicho autor que «si hay reconvención, hacen
lugar o la rechazan, total o parcialmente. Debiendo contener una decisión
expresa, positiva y precisa, sobre las pretensiones deducidas por las partes en
el juicio y un pronunciamiento sobre la carga de las costas» (LEVITAN, 1986:
252).
122 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Según Devis Echandía, «la sentencia es el acto por el cual el juez cumple
la obligación jurisdiccional derivada de la acción y del derecho de contradicción,
de resolver sobre las pretensiones del demandante y las excepciones de mérito
o fondo del demandado» (DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II: 515). Añade el
citado tratadista que «mediante la sentencia se convierte, para cada caso, en
voluntad concreta la voluntad abstracta del legislador que la ley contiene»
(DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II: 515). Concluye Devis Echandía asegurando
que «toda sentencia es una decisión y el resultado de un razonamiento o juicio
del juez, en el cual existen las premisas y la conclusión. Pero al mismo tiempo
contiene un mandato, pues tiene fuerza impositiva, ya que vincula y obliga.
Es, por lo tanto, el instrumento para convertir la regla general contenida en la
ley, en mandato concreto para el caso determinado. Pero no es por sí misma
un mandato, ya que se limita a aplicar el que contiene la ley» (DEVIS
ECHANDIA, 1985, Tomo II: 515-516).

Por otro lado, mediante los autos (o resoluciones interlocutorias) el Juez


resuelve la admisibilidad o el rechazo de la demanda o de la reconvención, el
saneamiento, interrupción, conclusión y las formas de conclusión especial del
proceso; el concesorio o denegatorio de los medios impugnatorios, la admisión,
improcedencia o modificación de medidas cautelares y las demás decisiones
que requieran motivación para su pronunciamiento (art. 121 -segundo párrafo-
del C.P.C.).

En relación a los autos o resoluciones interlocutorias, Véscovi nos enseña


que «la más antigua legislación española llamó interlocutorias, en general, a
resoluciones que se dictan durante el desarrollo del proceso y resuelven una
cuestión incidental» (VESCOVI, 1988:120). Continúa Véscovi informándonos
que «en algunos sistemas -tanto legislativos como doctrinales- se habla de
sentencias interlocutorias (...); en otros, de autos interlocutorios, también de
''interlocutorias', sin calificativo, o sólo de autos. En general se reserva el
nombre de sentencia para la definitiva...» (VESCOVI, 1988: 120). Termina
Véscovi diciendo que «este tipo de resoluciones (o providencias según unos
códigos) las situamos en un punto intermedio (tertium genus) entre las
sentencias definitivas y las providencias simples (ordenatorias, de trámite),
siguiendo la clasificación más generalizada...» (VESCOVI, 1988:120).

6. COMPETENCIA DEL ORGANO JUDICIAL REVISOR

«La alzada es un segundo grado jurisdiccional del mismo juicio que se


dilata en el tiempo, pero sin ampliarse su primitiva esencia y contenido jurídicos,
y en la cual la sentencia recurrida juega un papel fundamental, cuyo control,
en hecho y en derecho, corresponderá realizar al juez superior...» (LORETO,
1975: 681).

A través del recurso de apelación se pone en conocimiento del superior


jerárquico la cuestión que ha sido materia de la resolución recurrida. «... El
carácter de examen de segundo grado, o de nuevo examen, que la apelación
Capítulo V: Recurso de apelación 123

tiene por propia definición, conduce a excluir que ella puede confiarse al mismo
juez que ha pronunciado la sentencia impugnada; y la razón de carácter
exclusivamente práctica, es que aquel juez difícilmente estaría dispuesto a
reconocer el propio error...» (SATTA, 1971, Volumen I: 424).
«... El conocimiento del recurso de apelación por parte del tribunal
inmediatamente superior en grado jerárquico, es una consecuencia legítima y
natural de la organización judicial, a base de jerarquía o gradación de inferior
a superior, la cual entrega la primera instancia de determinados negocios
judiciales al tribunal inferior, y la segunda, al tribunal inmediato y superior en
grado jerárquico» (CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 232).
En razón de la naturaleza devolutiva de la apelación, el Juez ad quem
adquiere la potestad de revocación de la resolución impugnada dentro del
marco del recurso. Puede entonces el órgano judicial revisor confirmar la
resolución o revocarla en todo o en parte.
Se afirma que la apelación devuelve al órgano de alzada la plenitud de
la jurisdicción, teniendo éste igual condición que el inferior jerárquico en la
medida que goza de los mismos derechos y asume obligaciones idénticas.
Loutayf Ranea hace notar que «... el tribunal ad quem debe ceñirse, sí, a los
puntos objetados, pero dentro de ellos tiene amplias facultades, iguales a las
que sobre la materia tenía el a quo» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 74).
Paolo D'Onofrio indica, por su parte, que «... la apelación es remedio plenario,
en el sentido de que el juez ad quem puede hacer todo lo que habría podido
hacer el juez a quo para la recta decisión de la causa y, por tanto, substituir en
todas las afirmaciones de hecho y de derecho del primer juez y la decisión dada
por él...» (D'ONOFRIO, 1945: 268).
Agustín Costa sostiene que «... cuando el ataque a través de la apelación
es amplio y se cuestionan todos y cada uno de los puntos discutidos en primera
instancia, el superior cuenta con iguales poderes que el juez a quo; entonces,
el efecto devolutivo se produce plenamente y puede decirse, en cierto modo,
que la causa se conoce ex novo; no siendo así, precluye, se cierra el debate,
sobre todo aspecto del litigio no incluido en los agravios...» (COSTA; citado
por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 75). «... Puede, entonces, examinar los
hechos y el derecho con plena jurisdicción, también está facultado para
pronunciarse iura novit curia, calificando la acción intentada y encuadrando
jurídicamente los hechos expuestos por las partes; y, siempre dentro del marco
de los puntos objetados, tiene amplias facultades de fundamentación: así, el
juez de la apelación puede utilizar distintos fundamentos de derecho de los
invocados por las partes y por el juez de primera instancia» (LOUTAYF RANEA,
1989, Volumen 1: 75).
Como se ha visto, el recurso de apelación hace que el órgano judicial
revisor asuma la competencia respecto de las cuestiones objetadas, teniendo
plena potestad para resolverlas, salvo en situaciones excepcionales y
expresamente previstas en el ordenamiento jurídico en que dicha potestad
124 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

sufre limitaciones, como aquella referida al impedimento del Juez ad quem de


modificar la resolución recurrida en perjuicio del impugnante (a no ser que la
otra parte hubiese también recurrido la resolución o formulado adhesión a la
apelación o se trate de un menor de edad). Tampoco puede el órgano judicial
revisor apartarse del objeto del proceso (que fuera conocido en primera
instancia) e inobservar el principio de congruencia, estando impedido entonces
de ir más allá del petitorio o de fundar su decisión en hechos distintos de los
que han sido invocados por las partes, por lo que debe descartar todo asunto
extraño al contenido de la relación procesal y al de los escritos constitutivos
del proceso (salvo en supuestos excepcionales -previstos en la ley- en que se
admite la alegación de hechos nuevos acaecidos en momento posterior a la fase
postulatoria). Asimismo, el órgano judicial revisor se encuentra impedido de
examinar las cuestiones sobre las cuales ha precluido la posibilidad de recurrir
y que han adquirido firmeza (como aquellas no apeladas en su momento por
voluntad del justiciable o las que no fueron comprendidas al expresarse los
agravios).

Se puede apreciar que la competencia del órgano judicial revisor no


implica la renovación de todos los elementos introducidos en la primera
instancia, limitándose prácticamente a lo expuesto en el recurso de apelación
(o en la adhesión, si la hubiera) y a los concretos agravios en él consignados (y
también, por qué no, a su absolución), sin que ello signifique que no pueda
hacer uso de los elementos del proceso necesarios para decidir la causa,
especialmente aquellos que conforman el material probatorio.

La apelación «... no se trata de un nuevo juicio sino de un nuevo examen,


y por tanto, en la apelación sólo se puede fallar sobre lo que es materia del
recurso. Pero es claro que al revisar la sentencia el tribunal o juez de apelación
extiende su examen a los hechos y al derecho, actuando respecto de ellos con
plena jurisdicción y competencia...» (MONROY CABRA, 1979: 336).
En sentido similar se pronuncia Kielmanovich al considerar que el recurso
de apelación «... no da lugar a un nuevo juicio (novum iudicium) sino a un
nuevo examen, por lo que el tribunal superior se encuentra limitado por el
material fáctico y probatorio incorporado en la primera instancia, para el
análisis del acierto de la resolución recurrida, en base a una constatación que
parte y concluye en ella misma» (KIELMANOVICH, 1989: 26-27).

Sobre el particular, Véscovi explica lo siguiente:

«... El órgano de apelación sólo puede actuar dentro de las pretensiones


de las partes y el material fáctico de la primera instancia, salvo la prueba
en la segunda (...).

Cuando se produce el efecto devolutivo de la apelación, esto significa


que se transfiere al superior el conocimiento de la causa, pero dentro de
determinados límites, que son, en principio, los mismos que los de la
primera instancia, puesto que puede enunciarse el siguiente principio
Capítulo V : Recurso de apelación 125

negativo: el objeto del proceso en segunda instancia no puede ser distinto


al de la primera; no puede -en nuestros sistemas- ampliarse dicho objeto,
salvo los casos de excepción expresamente previstos (...). Dicho de otro
modo, el tribunal ad quem no puede conocer sobre cuestiones no
propuestas a la decisión del juez a quo.

( ...)

No obstante ello, la limitación no alcanza ni a los fundamentos de derecho,


que pueden variarse tanto por las partes, como por el tribunal (iura novit
curia), ni tampoco a aquellas cuestiones que habiendo sido articuladas
en la primera instancia no han sido consideradas por el juez a quo en la
sentencia (...). Resulta importante esta precisión para que la afirmación
de que la revisión de la segunda instancia lo es sólo de la sentencia judicial
impugnada, no implica encerrar el objeto de la segunda instancia
dentro de lo decidido por el a quo, ya que el contenido de la sentencia
no puede limitar el de la apelación. Además, el tribunal puede analizar
las pruebas y los hechos de la primera instancia, puesto que, si no, el
vencedor que no apela (ni lo puede hacer, pues carece de interés por no
haber sufrido agravio) quedaría desamparado en algunos casos. La única
duda que se plantea en estos casos es que a veces si el tribunal de segundo
grado juzga una cuestión no resuelta por el juez a quo (aunque dentro
de las pretensiones deducidas), de ese modo se saltea una instancia, y
por ello, a veces, más por razones prácticas que teóricas, se prefiere anular
el fallo y reenviar la decisión al inferior» (VESCOVI, 1988, Tomo V.
157-159).

En suma, y como bien apunta Loutayf Ranea, por la apelación «... el


tribunal de segunda instancia se encuentra circunscripto por lo que ha sido
objeto de apelación y de agravios; y para el conocimiento de aquello a que está
habilitado por la apelación, el tribunal ad quem está limitado por lo que ha
sido sometido a decisión del juez de primera instancia. No puede conocer (...)
de las cuestiones definitivamente juzgadas, es decir, que han quedado firmes
al haber precluido la posibilidad de impugnación. Pero están sometidos
implícitamente a su consideración las defensas y argumentos planteados
oportunamente por el apelado en la instancia en grado, que han sido rechazados
o no considerados por el a quo, y de los que no pudo apelar el interesado por
haberle resultado en definitiva favorable la resolución impugnada» (LOUTAYF
RANEA, 1989, Volumen 1: 79). Concluye Loutayf Ranea señalando que «en
todo lo que está habilitado para entender el tribunal de segunda instancia, tiene
plenitud de conocimiento como la tenía el juez en grado. Al tener el tribunal
de alzada la plenitud de jurisdicción, al igual que el juez de primera instancia,
para conocer de aquello que fue sometido por la apelación, puede examinar lo
que ha sido materia de apelación en todos los aspectos; es decir, asume
competencia plena sobre todo el material litigioso» (LOUTAYF RANEA, 1989,
Volumen 1: 79).
126 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

El artículo 370 del Código Procesal Civil versa sobre la competencia del
Juez superior en la apelación estableciendo simplemente que:
«El juez superior no puede modificar la resolución impugnada en
perjuicio del apelante, salvo que la otra parte también haya apelado o se
haya adherido o sea un menor de edad. Sin embargo, puede integrar la
resolución apelada en la parte decisoria, si la fundamentación aparece
en la parte considerativa.

Cuando la apelación es de un auto, la competencia del superior sólo


alcanza a éste y a su tramitación».

7. LOS PRINCIPIOS DE LA PERSONALIDAD Y COMUNIDAD DE LA


APELACION

De acuerdo al principio de la personalidad de la apelación, el


planteamiento de este récurso favorece tan sólo al recurrente en atención -según
se afirma- al carácter subjetivo del indicado medio impugnatorio que hace que
su formulación y alcances estén gobernados por una nota de individualidad,
la misma que, sin embargo, puede admitir determinadas excepciones como,
por ejemplo, cuando se está ante el litisconsorcio necesario, supuesto en el que
la apelación de uno de los litisconsortes puede ser aprovechada por el resto de
ellos.

Agustín Costa, defensor del principio de la personalidad de la apelación,


asegura que «... no pueden imponerse los resultados de la apelación a quienes
no han querido deducir el recurso, tanto más si no han intervenido en sus
trámites. Sería demasiado chocante (...) que quien ha consentido una decisión
pudiera ser llevado a soportar las consecuencias de un procedimiento rechazado.
Si el mecanismo judicial, por lo que hace al proceso civil, sólo se mueve a
impulso de la actividad privada, nada autoriza a sobreponerse a los intereses
propios de las partes. La sentencia de primer grado goza de una presunción
de verdad; con ella el Estado llena su función de administrar justicia; sus
resultados deben tenerse, en consecuencia, por firmes y definitivos con respecto
a quienes la han aceptado, sin que esto perjudique, en cambio, a los apelantes,
que podrán invocar las ventajas que logren en la instancia superior, en uso de
un derecho personal concedido en su exclusivo beneficio. Es exacto (...) que
por este medio puede llegarse a las sentencias contradictorias en un mismo
litigio, espectáculo poco edificante, pero esto es un derivado del principio
de la identidad de las partes que exige la cosa juzgada. Se presenta igual
situación (...) cuando diversas personas por causa o título común, son
demandadas por separado o sucesivamente ante distintos tribunales, sin que
se opere acumulación de acciones. Los pronunciamientos, aun siendo antagónicos,
no por eso dejarán de afectar únicamente a las partes que intervinieron en cada
uno de los juicios. El principio de la personalidad (...) es el que mejor armoniza
con el concepto actual del recurso, dentro de la corriente que tiende a convertirlo
en un instrumento de control de la sentencia, con carácter restrictivo, de manera
Capítulo Y : Recurso de apelación 127

que el que no ejerce el derecho no puede invocar los beneficios» (COSTA; citado
por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 82-83).
Acerca de la personalidad de la apelación, Couture nos ilustra de este
modo:
«La situación que da motivo a la aplicación de este principio es la
siguiente: A y B, herederos de C, demandan a D por reparación de un
acto ilícito que ha causado la muerte del padre de los actores; la sentencia
absuelve a D; A no apela de la sentencia y B lo hace en tiempo y forma;
la sentencia de segunda instancia revoca la sentencia de primera instancia
y condena a indemnizar a B el daño sufrido. ¿Aprovecha a A, que ha
consentido la sentencia absolutoria, el fallo dictado en favor de B?
La doctrina y la jurisprudencia se pronuncian por la negativa: la condena
obtenida por B no beneficia a A porque los efectos de la apelación son
personales y no reales. No existe, como en el derecho romano, beneficio
común, sino ventaja unilateral.
(...)

No disminuye el prestigio de esta solución la circunstancia de que


aparezcan dos cosas juzgadas contradictorias: que mientras para B haya
derecho de indemnización, A se vea privado de él. La razón no es tanto
de carácter lógico como sistemático. Sus fundamentos se hallan esparcidos
a lo largo de todos los principios del derecho procesal civil. En primer
término, el principio de que la voluntad crea y extingue derechos. Quien
consintió la sentencia de primera instancia es porque la consideraba justa;
el agraviado tenía dos caminos: consentir o apelar; si optó por el primero,
su voluntad lo liga definitivamente a ese consentimiento. Una segunda
razón emana del principio mismo de la cosa juzgada. Nada excluye en
derecho la posibilidad de dos sentencias contradictorias; las propias
evoluciones de la jurisprudencia demuestran que este riesgo es connatural
con el concepto de cosa juzgada. Una tercera razón fluye del principio
mismo de la apelación. El tribunal superior no tiene más poderes que los
que le ha asignado el recurso introducido; nada le autoriza a cambiar la
parte de la sentencia que desecha la demanda en lo que se refiere a A si
no ha mediado recurso a este respecto.
Se reserva, sin embargo, una solución distinta de ésta, en los casos de
solidaridad o de indivisibilidad material de la cosa litigiosa, ya que en
estos casos la sentencia beneficia o perjudica al deudor solidario o al
comunero. Pero esta circunstancia, impuesta por la fuerza misma de las
cosas, no altera el alcance del principio de la personalidad de la apelación»
(COUTURE, 1985: 369-370).
El principio de la comunidad de la apelación es antagónico al de la
personalidad, por cuanto postula que la interposición de dicho recurso por una
de las partes hace que sus efectos se extiendan a las demás.
128 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

El principio de la comunidad de la apelación reposa en la consideración


que asigna a la apelación una naturaleza objetiva y real, de manera tal que
quienes no ejercitaron su derecho de impugnación se benefician con la apelación
formulada porque, siendo único y equivalente el objeto litigioso y la resolución,
no es susceptible de división esa realidad reflejada en la decisión judicial,
máxime si ello puede dar lugar a la existencia en un mismo pronunciamiento
de dos posiciones contradictorias y, por ende, de dos cosas juzgadas que se
oponen entre sí.
Loutayf Ranea anota que «... el principio de la comunidad suele estar
referido al supuesto en que existen varias personas ocupando una misma
situación de parte (dos o más actores o dos o más demandados); se señala,
entonces, que la apelación interpuesta por uno de los litigantes aprovecha
también a todos aquellos que se encuentran ocupando la misma situación de
parte que el recurrente; es decir, habiendo apelado un actor tal recurso
aprovecha también a los otros actores; o, habiendo apelado un demandado, tal
recurso beneficia también a los otros demandados...» (LOUTAYF RANEA,
1989, Tomo 1: 83-84).
El principio de la comunidad de la apelación presupone, además -según
cierto sector de la doctrina-, que los efectos del recurso planteado por uno de
los justiciables se hacen extensivos al adversario (que no recurrió ni formuló
adhesión a la apelación), pudiendo éste ser favorecido con ellos hasta el extremo
de estar autorizado el superior jerárquico para modificar la resolución materia
de examen en perjuicio del apelante. Ello obedecería a la obligación impuesta
al órgano judicial revisor de velar por una buena administración de justicia
(inclusive cuando falta la iniciativa de los sujetos procesales) en virtud de la
cual procedería la revisión oficiosa de cada uno de los puntos consignados en
la resolución apelada (y no sólo de aquellos precisados como errados, viciados
o agraviantes) y la modificación de la misma aun en lo que fuere favorable al
impugnante.
Es de resaltar que el principio de la personalidad de la apelación -con
ciertas restricciones- es el que predomina en la mayor parte de ordenamientos
procesales (incluyendo el nuestro), manifestándose su vigencia en otros
principios de observancia casi rigurosa como el de tantum devolutum quantum
apellatum (por el cual el conocimiento del órgano de apelación se circunscribe
al contenido del recurso interpuesto) y el de la reformatio in peius (que impide
al superior jerárquico resolver el recurso en perjuicio del apelante, salvo que
la parte contraria también hubiese recurrido la resolución o formulado adhesión
a la apelación o se trate de un menor de edad).

8. EL PRINCIPIO «TANTUM DEVOLUTUM QUANTUM APELLATUM»

El conocimiento del órgano judicial revisor se enmarca dentro de las


pretensiones consignadas en los escritos constitutivos del proceso presentados
en su etapa postulatoria. Además, no puede superar el ámbito de la apelación
interpuesta, de la adhesión a ésta y de las respectivas absoluciones -si las
Capítulo Y : Recurso de apelación 129

hubiere- a las mismas. A esta última limitación al conocimiento del superior


jerárquico se refiere el principio «tantum devolutum quantum apellatum».
Tal como indica Véscovi, «dentro del principio dispositivo se incluye éste
que se menciona como el de T a n tu m d e v o lu tu m q u a n tu m appellatum', puesto
que significa que el efecto devolutivo, que traslada los poderes de decisión al
tribunal superior, está limitado por la apelación. También se expresa diciendo
que el agravio es la medida de la apelación» (VESCOVI, 1988:159).
En relación a lo expuesto, Loutayf Ranea afirma que «... el tribunal de
segunda instancia sólo puede conocer y decidir aquellas cuestiones a las que
ha limitado la apelación el recurrente. No tiene más facultades de revisión que
aquellas que han sido objeto del recurso; sólo puede ser revisado lo apelado:
tantum devolutum q u a n tu m apellatum. No puede dar más de lo pedido por
el apelante; pero tampoco puede resolver en perjuicio del apelante si no existe
recurso de la contraparte» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:117).

Advierte Ramos Méndez que «... si ambas partes apelan, el conocimiento


del Tribunal ad quem no queda limitado. Pero si recurre tan sólo una de ellas,
el contenido de la apelación es mucho más restringido: La Sala no puede entrar
en el examen de las cuestiones consentidas por las partes, o que no han sido
objeto de recurso. Tampoco puede, en principio, agravar la sentencia en
perjuicio del apelante (...), ni pronunciarse sobre pretensiones extemporáneas
o modificar la causa de pedir alegada» (RAMOS MENDEZ, 1992, Tomo II: 732).

Máximo Castro estima que «... la regla tantum apellatum quantum


devolutum, no puede interpretarse en la forma restrictiva y estricta con que la
sostenían los romanistas, pues cuando se ha apelado, se entiende que vuelven
a ser puestos en tela de juicio la totalidad de las razones, argumentos o motivos
que se han aducido en el pleito, es decir, tanto los que el juez ha invocado como
fundamento de su sentencia, como los que desechó por no creer que debía
tomarlos en consideración» (CASTRO, 1927, Tomo II: 233).

El principio «tantum devolutum quantum apellatum» se funda en el


principio dispositivo que rige lo concerniente a la impugnación. Por ello es que
se dice que el órgano de alzada está impedido de sobrepasar la jurisdicción
que le es devuelta por consideraciones basadas en la autonomía de la voluntad.
Es la iniciativa de las partes la que da origen al procedimiento impugnatorio
(correspondiéndoles a ellas la carga de la impugnación) y determina su objeto.

El principio «tantum devolutum quantum apellatum» reposa también


en el principio de congruencia, según el cual tiene que haber conformidad
(correspondencia o relación) entre el petitorio, los hechos alegados en juicio y
las partes y lo resuelto por el magistrado. Así es, el primero de los principios
enunciados implica la exigencia de correlación entre la resolución emanada
del superior en grado y los agravios expresados por el apelante o el adherente
(incluyéndose, además, las alegaciones contenidas en las correspondientes
absoluciones).
130 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

De la Rúa opina al respecto que el principio de congruencia «... tiene en


segunda instancia manifestaciones específicas; más limitantes y rigurosas,
porque el juicio de apelación tiene un objeto propio, que son las pretensiones
impugnativas de los recurrentes, y la voluntad de éstos limita o condiciona
más al juez del recurso. Sus agravios constituyen el ámbito exclusivo sobre el
cual debe resolver: tantum devolutum quantum apellatum. Su competencia
funcional está determinada por los motivos invocados por el recurrente en
función de los agravios por el perjuicio ocasionado por el fallo... Esto significa
que para habilitar al tribunal de alzada debe existir un recurso válido y deducido
por parte legítima que padezca un perjuicio e invoque un agravio, lo mantenga
y no lo desista, y verse sobre cuestiones propuestas en la instancia inferior...»
(DE LA RUA; citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:116).

Estrechamente vinculado al principio «tantum devolutum quantum


apellatum» y al de congruencia se encuentra el principio del doble grado de
jurisdicción. «... Se entiende por principio del doble grado el que limita los
poderes del tribunal de apelación, en el sentido de que no deberá examinar ni
resolver cuestiones litigiosas que no hayan sido propuestas en primera
instancia...» (PALLARES, 1989:465). «... El principio del doble grado no excluye
la admisión de nuevas razones ante el tribunal de alzada, pero prohíbe el de
nuevas pretensiones» (PALLARES, 1989: 465).

La limitación al conocimiento del superior jerárquico, que se circunscribe


principalmente al contenido de la apelación, no comprende la base jurídica de
ésta, pues, de acuerdo al principio iura novit curia, el juzgador debe aplicar el
derecho que corresponda al proceso, aunque no haya sido invocado por las
partes o lo haya sido erróneamente. Ello es así, porque la calificación jurídica
de las pretensiones de los justiciables le corresponde hacerla al Juez, no
vinculándole la fundamentación de derecho que hubiesen efectuado aquéllos.
Peyrano expresa sobre el principio iura novit curia que su aceptación «... se
traduce en la necesaria libertad con que debe contar el sentenciante para
subsumir los hechos alegados y probados por las partes, dentro de las
previsiones normativas que rijan el caso. Libertad que subsiste aun en la
hipótesis de que los litigantes hubieran invocado la aplicabilidad de otras
disposiciones...» (PEYRANO; citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:
189). Añade dicho autor que «... resulta pacífica la opinión de que el acogimiento
del principio sub examine implica conferirle al oficio la facultad de calificar
libremente la relación jurídica sub lite, sin parar mientes en que los contradictores
pudieran haber efectuado un encuadre diverso...» (PEYRANO; citado por
LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 189). El órgano jurisdiccional -prosigue
Peyrano-«... está encerrado, en principio, dentro del círculo de hierro formado
por los hechos alegados y probados por las partes, pero no se encuentra
constreñido a aceptar el encuadre normativo propiciado por éstas...»
(PEYRANO; citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 189). Concluye
Peyrano asegurando que «... al juez le está vedado, dentro de un esquema
procesal crudamente dispositivista, ser curioso respecto del material fáctico;
Capítulo V : Recurso de apelación 131

pero puede, y debe, emprender una búsqueda sin fronteras, tendiente a


subsumir rectamente aquél dentro del ordenamiento normativo» (PEYRANO;
citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:189).

La limitación al conocimiento del órgano judicial revisor instituida por


el principio «tantum devolutum cuantum apellatum» no alcanza a las omisiones
del Juez de primera instancia respecto de pretensiones de las partes no resueltas
en la resolución impugnada. En consecuencia, aun en el caso de no haber sido
objeto expreso de reclamación por los justiciables, el superior jerárquico puede
integrar la resolución apelada en la parte decisoria, si la fundamentación
aparece en la parte considerativa.

Por otro lado, en virtud del principio «tantum devolutum quantum


apellatum», el órgano de apelación se encuentra impedido de examinar y
pronunciarse sobre cuestiones que han quedado firmes en razón de la preclusión
o de la cosa juzgada. Ello obedece a la naturaleza misma de tales institutos y
también a la circunstancia de que está ausente la iniciativa privada necesaria
para que el superior jerárquico asuma la competencia del caso. Ramos Méndez
sostiene que «... no son objeto de apelación los extremos consentidos por las
partes, más que por razones de congruencia, por quedar amparadas por la
fuerza de la cosa juzgada. No obstante, aunque hayan sido consentidos, pueden
ser resueltos por el Tribunal los extremos que hayan quedado imprejuzgados,
por ejemplo, cuando hay omisión de pronunciamiento» (RAMOS MENDEZ,
1992, Tomo II: 728).

El principio «tantum devolutum quantum apellatum» guarda relación


con el de plenitud de la jurisdicción por cuanto ésta resulta afectada al
restringirse el conocimiento del órgano judicial revisor al marco de la apelación.
En lo concerniente a esto, Alsina señala que «... el principio de la plenitud de
la jurisdicción sufre una limitación en los casos en que el recurso se interpone
contra una parte de la sentencia, pues, entonces, el tribunal no puede
pronunciarse sino sobre lo que es materia del mismo. Es lo que se expresa con
el aforismo tantum devolutum quantum apellatum o sea que los poderes del
tribunal de apelación se hallan limitados por la extensión del recurso» (ALSINA,
1961, Tomo IV: 416).

9. LA PROHIBICION DE LA «REFORMATIO IN PEIUS»

Como se dijera, el conocimiento del órgano judicial revisor se circunscribe


a los alcances de la apelación (también a los de la adhesión a ella y a las
absoluciones del recurso y de la adhesión), siéndole prohibido ir más allá de
ese marco. En consecuencia, no puede beneficiar al recurrente en más de lo que
hubiera solicitado, estando, asimismo, impedido de perjudicar al apelante
despojándole de aquello que la resolución impugnada le hubiese otorgado o
reconocido. Esto significa que, de declararse fundado el recurso de alzada, el
superior jerárquico debe proceder a la reforma de la resolución reclamada
guardando correspondencia con lo efectivamente solicitado por el apelante,
132 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

sin exceder aquello que fue expresamente peticionado por éste. También supone
que la resolución recurrida no es susceptible de ser reformada en perjuicio del
apelante, vale decir, la decisión del órgano judicial revisor no puede desconocer
los extremos favorables al impugnante contenidos en la resolución del Juez a
quo, ni mucho menos imponer algo que no fue ordenado por este último en el
acto procesal cuestionado (a no ser que la parte contraria igualmente hubiese
impugnado la resolución o formulado adhesión a la apelación o se trate de un
menor de edad). La no modificación de la resolución recurrida en perjuicio del
-único- apelante constituye el postulado del principio de la prohibición de la
«reformatio in peius», denominado también de la limitación del objeto procesal
o de la prohibición del empeoramiento de la posición del apelante.
El principio de la prohibición de la «reformatio in peius» alude, pues, al
impedimento del órgano de apelación para modificar la resolución objetada
en perjuicio del apelante, salvo en los supuestos de existencia de otro recurso
de apelación contra la resolución del Juez a quo o de adhesión de la contraparte
a la apelación presentada o si se trata dicho sujeto procesal de un menor de
edad.
Escobar Fomos cataloga al principio que niega la reformatio in peius
como «... la prohibición del tribunal superior de empeorar la situación del
apelante, si no existe apelación o adhesión por parte del apelado...» (ESCOBAR
FORNOS, 1990: 224).
Couture estima que «la reforma en perjuicio (reformatio in pejus) consiste
en una prohibición al juez superior de empeorar la situación del apelante, en
los casos en que no ha mediado recurso de su adversario» (COUTURE, 1985:
367). Agrega Couture que «el principio de la reforma en perjuicio es, en cierto
modo, un principio negativo: consiste fundamentalmente en una prohibición...»
(COUTURE, 1985: 368).
El principio que prohíbe la reformatio in peius presupone -conforme
señala Luis Loreto- que «... el juez de alzada no puede reformar empeorando
la situación del apelante, principal, sino cuando la contraparte haya interpuesto
también apelación principal o adherido a la apelación contraria» (LORETO,
1975: 687).
Según De la R úa,«... esta prohibición significa que con motivo del recurso
y a falta de recurso contrario no se puede agravar, perjudicar o empeorar la
situación obtenida por el recurrente, de modo que se contraríe el objeto
defensivo del recurso y se lo prive de su finalidad específica de obtener una
ventaja o un resultado más favorable del proceso...» (DE LA RUA; citado por
LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:144).
Para De Santo, «la prohibición de la reformatio in peius (reforma en
perjuicio) significa que el órgano ad quem al conocer, no puede modificar el
fallo del inferior en perjuicio del propio recurrente, si la contraparte a su vez
no se alzó también contra el fallo» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 126-127).
Capítulo V : Recurso de apelación 133

El principio que analizamos encuentra justificación en el hecho de que


el impugnante de una resolución judicial aspira aliviar o perfeccionar su
situación procesal y resultaría sumamente ilógico e inconsistente que, en virtud
de su propia actividad dirigida a la obtención de tal finalidad, se vea agravado
su estado y se resuelva en contra suya a pesar que la contraparte consintiera
en la decisión del inferior jerárquico, máxime si se tiene en cuenta que la
apelación representa un derecho subjetivo concedido al interesado exclusivamente
para su protección.
De Santo considera que «este principio procesal halla su justificación en
cuanto quien ataca un pronunciamiento procura mejorar su situación en el
juicio y no empeorarla, cosa que ocurriría si mediante su propia impugnación
dicho pronunciamiento se alterara en su contra, máxime si el adversario lo
consintió» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 127).

El principio de la «reformatio in peius» le confiere, pues, al apelante la


posibilidad de solicitar la reforma de una resolución que considera injusta sin
el temor de que su pedido pueda ocasionarle un mayor perjuicio del que le
fuera impuesto en primera instancia. «... Si aquellos que considerándose
perjudicados por la sentencia de primera instancia -o por algún capítulo de la
misma- temieran interponer el recurso ante la posibilidad de verse empeorados,
la propia finalidad recursiva quedaría sin cohonestación práctica» (AZPELICUETA;
citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:145).

El principio de la prohibición de la «reformatio in peius» reposa en la


diferencia de objetos entre la primera y segunda instancia. Esta última no
comprende el objeto de la primera (encuadrado -principalmente- en la demanda
y su contestación) sino que abarca tan sólo el contenido de la pretensión
impugnatoria. De allí que no se pueda reformar la resolución recurrida en
perjuicio de quien propició la vía impugnativa y fijó sus alcances mediante el
correspondiente recurso de apelación (siempre que fuese el único).

El principio de la prohibición de la «reformatio in peius» deriva del


principio dispositivo que rige en materia impugnativa (pues la revisión en
segundo grado procede a instancia de parte) y representa, además, una
expresión del principio de la personalidad de la apelación, el cual, como hemos
visto, establece que el planteamiento de dicho recurso aprovecha únicamente
al apelante.
De Santo pone de relieve que la prohibición de la reformatio in peius
«... reconoce su fundamento en el principio dispositivo e implica, en definitiva,
una señalada reducción de los poderes de los jueces superiores, que no pueden
alterar el pronunciamiento sometido a su revisión en perjuicio del propio
recurrente» (DE SANTO, 1987, Tomo VIII-A: 135).

«La prohibición de reformatio in peius constituye también una aplicación


del principio de 'congruencia'; este principio alude a la correlación que debe
existir entre las resoluciones judiciales y las pretensiones o peticiones de las
134 Derecho Procesal Civil V : Medios Impngnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

partes. La medida de la apelación está determinada por los agravios (tantum


devolutum q u a n tu m apellatum) y el tribunal de alzada no puede ir más allá
de los límites marcados por el recurso y los agravios; por ello no puede modificar
la resolución en grado en perjuicio del único apelante, siendo que no ha existido
apelación de la otra parte tendiente a buscar tal resultado. Sería incongruente
y violaría el principio dispositivo la resolución del tribunal ad quem que
perjudicara al apelante en beneficio de la otra parte que no apeló; si esta última
hubiera querido o hubiera hallado motivos para apelar y procurar la
modificación en su favor de la resolución en grado, hubiera debido utilizar el
medio idóneo que el ordenamiento legal le concede para procurarlo; pero ello
depende de la iniciativa privada, y en caso de faltar esta iniciativa, el tribunal
de alzada no puede suplirla so riesgo de caer en violación del principio
dispositivo...» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:148).

El principio que estudiamos se explica en la presunción de que quien no


impugna una resolución está consintiendo no sólo lo favorable sino también
aquello que no lo es. De este modo, si se infringiera el principio de la prohibición
de la «reformatio in peius» se estaría introduciendo indebidamente un punto
no invocado en la instancia y, lo que es peor, se conocería -irregularmente- un
extremo de la resolución apelada sobre el cual consintieron los litigantes.

En relación al tema, Ramos Méndez asegura lo siguiente: «Por principio,


la sentencia de segunda instancia no puede agravar la condena en perjuicio
del apelante único, que es lo que significa la prohibición de reformatio in peius.
La regla se basa más que en la posible incongruencia de la sentencia, en que
los extremos consentidos por la parte que no ha apelado deben quedar incluidos
en la cosa juzgada...» (RAMOS MENDEZ, 1992, Tomo II: 732).

Loutayf Ranea hace notar que «... las defensas o argumentos del vencedor,
rechazados o no considerados por la sentencia de primera instancia, pasan
mediante el recurso de la otra parte a conocimiento del tribunal de apelaciones.
En tales casos, el hecho de que el ad quem esté habilitado para examinar tales
cuestiones rechazadas u omitidas no significa violación de la prohibición de
reformatio in peius. Los puntos de interés del apelante en ningún supuesto
son modificados en su perjuicio; solamente se analizan tales planteos del
vencedor, rechazados o no considerados en la sentencia de primera instancia,
para determinar si procede o no la apelación interpuesta por la otra parte; pero
nunca ello significa el dictado por la alzada de un pronunciamiento que resulte
más pequdicial para el apelante que el de la instancia en grado» (LOUTAYF
RANEA, 1989, Tomo 1:154).

Devis Echandía se manifiesta contrario al principio de la prohibición de


la «reformatio in peius» y expone -con respetables argumentos- lo siguiente:

«... Otro de los fósiles jurídicos, que contradice abiertamente los modernos
conceptos sobre el interés público en la justa decisión del proceso civil,
es el viejo principio de la reformatio in peius, que prohíbe al juez
Capítulo V: Recurso de apelación 135

agravarle la situación al apelante, aun cuando el error de la providencia


recurrida se encuentre, precisamente, en la parte que favorecía a éste.
Este sistema, que rige todavía en casi todos los países, consagra la
personalidad del recurso y le asigna un fin de exclusivo interés privado:
proteger al recurrente. Pero hoy es insostenible esa doctrina: si nadie
discute que el proceso, en general, tiene un fin primordialmente de interés
público, y que con él se persigue la paz y la armonía sociales, con base
en la justa resolución de los litigios y de las peticiones judiciales o
jurisdicción voluntaria, resulta insostenible negarle a los recursos
ordinarios de reposición y apelación ese mismo fin: controlar la justicia
de la providencia, primordialmente en interés público y secundariamente
en interés de las partes recurrentes.

Es impertinente objetar la tesis anterior, diciendo que reformar la


providencia apelada en lo no pedido por el recurrente es algo similar a
otorgarle al demandante en la sentencia lo que no pidió en la demanda.
De ninguna manera. Son dos situaciones totalmente distintas, porque la
apelación no altera la litis contestatio formada por las pretensiones y
excepciones, de manera que cuando el superior ajusta a derecho la providencia
recurrida, está actuando dentro de los límites de la congruencia que esa
litis contestatio le impone. Por otra parte, apelar es una actuación procesal
totalmente distinta a demandar, porque aquélla no implica pretensiones
nuevas y debe ser entendida como la solicitud al superior, para que corrija
los errores o las omisiones del inferior, de acuerdo con la demanda, las
excepciones y las pruebas que del proceso aparezcan» (DEVIS
ECHANDIA; citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 85).

En relación al principio de la prohibición de la reformatio in peius, el


Código Procesal Civil, en el primer párrafo de su artículo 370, establece con
precisión que:

«El juez superior no puede modificar la resolución impugnada en


perjuicio del apelante, salvo que la otra parte también haya apelado o se
haya adherido o sea un menor de edad. Sin embargo, puede integrar la
resolución apelada en la parte decisoria, si la fundamentación aparece
en la parte considerativa».

10. MOTIVACION DEL RECURSO DE APELACION

«... La fundamentación, contenido intelectual del acto, (...) lo reviste de


seriedad, puesto que al invocarse los motivos, que en concepto del impugnante
permiten destruir las bases o premisas del acto atacado, se deben, al menos,
en el deseo del legislador, terminar con las apelaciones infundadas, caprichosas
y se asegura en la segunda instancia efectivamente el principio de la igualdad,
puesto que al conocerse las razones de la impugnación queda en situación de
controvertirlas» (TAPIA WITTING, 1992: 56).
136 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Kisch refiere que «... el escrito de fundamentación debe contener, de una


parte, las peticiones de la apelación, es decir, las declaraciones relativas a la
extensión en que la sentencia debe ser anulada y en cuál modificada, y, de otra,
todos los hechos nuevos, medios de prueba y excepciones probatorias que
empleará el apelante. Las faltas de fundamentación llevan tras sí la desestimación
del recurso» (KISCH, 1940: 290).
Salas Vivaldi, al tratar sobre la petición impugnatoria concreta, señala lo
siguiente:
«... La exigencia de contener la apelación peticiones concretas, obedece
a dos claras finalidades que no pueden dejar de cumplirse:
a) Fijar de manera perfectamente delimitada la extensión de la
competencia del tribunal de alzada, puesto que no podrá extender
su fallo sino a aquellos puntos respecto de los cuales se han
formulado por el apelante las correspondientes peticiones; y
b) Asegurar en la segunda instancia la efectiva vigencia del principio
de la bilateralidad de la audiencia, esto es, permitir que cada parte
conozca oportunamente las pretensiones de la contraria y sus
fundamentos...» (SALAS VIVALDI, 1989: 56).
Agrega Salas Vivaldi que las peticiones en el recurso de apelación son
concretas si reúnen las siguientes menciones esenciales:
«a) La solicitud de revocación, modificación o enmienda de la sentencia
apelada o de alguna parte de ella; y
b) La indicación de cuál es la o las declaraciones que se pretende que
reemplacen a las contenidas en la resolución impugnada y cuya
revocación o enmienda se pide...» (SALAS VIVALDI, 1989: 57).
La motivación del recurso de apelación implica la exposición de los
fundamentos tácticos y jurídicos que ameritan, a juicio del recurrente, la
anulación o revocación de la resolución impugnada. La motivación del recurso
de apelación exige un análisis crítico, exhaustivo y razonado, punto por punto,
de los vicios o errores advertidos en la resolución que se objeta, ya sea en la
apreciación de los hechos, la interpretación del material probatorio o en la
aplicación del derecho.
En relación a la motivación del recurso de apelación, Levitán refiere y
aconseja lo siguiente:
«El lenguaje de la expresión de agravios no debe ser distinto del que se
usa en otras piezas jurídicas, dado que se trata de un escrito especial,
peculiar, debe ser muy cuidadoso, muy medido.
Repárese que se impugna con él una sentencia adversa. Por ello debe ser
esmerado el léxico, para no dejarse arrastrar por la pasión. Entendemos
que el lenguaje puede ser rudo y vibrante, pero sin llegar a ser injurioso.
Capítulo V : Recurso de apelación 137

No se pueden decir lindezas de una sentencia que se conceptúa total o


parcialmente arbitraria; pero así y todo, basta con una terminología sin
ambigüedades, cáustica; no es menester recurrir a un léxico indecoroso.

La calificación de sentencia arbitraria, absurda, caprichosa, sin fundamento


en derecho, es suficiente para descalificarla como acto jurídico válido. Si
a ello se agrega la cita oportuna de autores y jurisprudencia, que avalen
las tesis invocadas por el apelante, el juez que dictó la resolución judicial
acusará el impacto, sin necesidad de adicionar una terminología
inadecuada en un proceso.

Los dardos de la crítica deben dirigirse a la sentencia, no al juez que la


dictó; no hay necesidad de personalizar. El juez recibirá lo suyo por ser
autor de aquella sentencia; no hay por qué señalárselo. El propósito de
la expresión de agravios no es injuriar al juez, sino obtener la descalificación
de la sentencia. Producida ésta, el mismo juez se sentirá descalificado (...).

Los agravios expresados fijan el límite de la competencia del tribunal de


alzada. Es allí donde hay que centrar el fuego del apelante. Que cada
letrado sepa, al final de su carrera profesional, que es recordado por sus
colegas y por el poder judicial, por su corrección y mesura, por su
diligencia, y no por las sanciones de que fue objeto en el ejercicio de la
abogacía ni por deslices del lenguaje.

El litigante debe ser paciente; sobre todo, ante una sentencia arbitraria.
Que la contrariedad no lo obnubile, para poner toda su sagacidad de
jurista al servicio de la justicia. Frente a una sentencia absolutamente
injusta, se acrecientan la posibilidad y la probabilidad de que sea revocada
en la instancia superior; es el fin de casi todas ellas.

El litigante debe comprender que el litigio se dirige por las armas del
derecho, de la ley, de la justicia, de la razón. No mediante insultos,
injurias, violencias, así sean verbales. En definitiva, en los pleitos
prevalecen los que tienen a su favor la razón y saben alegarla; el derecho,
y saben invocarlo; las pruebas, y saben interpretarlas. Hay también
excepciones, pero el caso general es aquél. Los casos de excepción hay
que combatirlos, con vehemencia, pero sin injurias. Si la justicia no se da
en el caso, no atribuirla a venalidad, ni a incapacidad; simplemente, los
órganos judiciales no comparten nuestras tesis expuestas en la causa. En
derecho, todo es opinable; y las distintas opiniones, no siempre se concilian»
(LEVITAN, 1986: 85-86).

De Gregorio Lavié asegura que el concepto de crítica concreta y razonada


del fallo recurrido debe interpretarse así:

«a) La indicación, punto por punto, de los errores, omisiones y demás


deficiencias que se atribuyan a la sentencia;
138 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

b) Una demostración de los motivos que se tienen para considerarla


errónea, analizando la prueba, señalando los errores de apreciación
y la aplicación del derecho, demostrando que está equivocada;

c) Una pieza jurídica en la cual se puntualizan los errores de hecho y


de derecho y la injusticia de las conclusiones del fallo, mediante
articulaciones fundadas y objetivas sobre los errores de la resolución
recurrida...» (DE GREGORIO LAVIE; citado por VESCOVI, 1988:
161-162).

La motivación del recurso constituye un requisito de procedencia del


mismo. Su ausencia o deficiencia (al no precisarse el agravio) faculta al Juez
(de primera instancia) a declarar de plano improcedente la apelación (art. 367
-segundo párrafo- del C.P.C.).

El artículo 366 del Código Procesal Civil establece claramente al respecto


lo siguiente:

«El que interpone apelación debe fundamentarla, indicando el error de


hecho o de derecho incurrido en la resolución, precisando la naturaleza
del agravio y sustentando su pretensión impugnatoria».

11. EL IN TERES Y EL AGRAVIO EN LA APELACION

Dice Luis Loreto que «... para apelar y para adherir a la apelación contraria
es menester tener interés en ocurrir al tribunal de alzada, por estimarse que la
sentencia de primera instancia no ha satisfecho plenamente las respectivas
pretensiones de las partes. En realidad, el interés que las mueve a apelar y a
adherir, no es sino el mismo interés originario de la acción y la defensa, que la
sentencia recurrida dejó total o parcialmente insatisfecho...» (LORETO, 1975:
686). «Pero ese interés meramente procesal a la apertura de una nueva discusión
no basta por sí solo para legitimar la apelación. Es menester que el dispositivo
de la sentencia recurrida no satisfaga plenamente las pretensiones que hicieron
valer las partes en la primera instancia, de forma que, si la sentencia queda
firme, el litigante insatisfecho con la decisión sufriría un daño...» (LORETO,
1975: 686-687).

Para la procedencia del recurso de apelación es necesario que haya un


interés que amerite la interposición de dicho medio impugnatorio. Tal interés
representa un requisito de orden subjetivo y emana del agravio que la resolución
del Juez a quo produce al apelante. El interés que impulsa al apelante a plantear
el recurso que estudiamos deriva, pues, del agravio o gravamen causado al
recurrente mediante una resolución injusta y que abre la instancia recursiva.

El agravio constituye el perjuicio, ya sea patrimonial o moral, que la


resolución provoca al impugnante, y puede ser visto como la diferencia o
disconformidad entre lo solicitado y lo resuelto. El interés del recurrente en la
apelación es determinado por la existencia del agravio y la posibilidad de que
Capítulo V: Recurso de apelación 139

el mismo pueda ser reparado por el Juez ad quem cuando se pronuncie sobre
el recurso de apelación. La sola infracción de la ley que no ocasiona agravio
alguno a las partes no resulta suficiente para formar el interés necesario para
apelar.
Kielmanovich apunta que para apelar «... se exige la presencia de un
interés procesal (material o moral) y personal de quien apela, el cual se halla
representado por el perjuicio o gravamen que la resolución apelada le ocasione,
medido en general por la discordancia entre lo pedido por la parte y lo acordado
o decidido por el tribunal» (KIELMANOVICH, 1989: 32-33).
Según Véscovi, el agravio «es el perjuicio que, en virtud de la sucumbencia,
tiene que sufrir la parte para estar habilitada para introducir este recurso. Que
justamente tiene por finalidad esencial reparar dicho perjuicio...» (VESCOVI,
1988:106).
Se afirma que el vencimiento en la cuestión debatida es lo que hace nacer
el agravio del sujeto procesal vencido y su interés en conseguir, a través de la
formulación del recurso de apelación, que la situación gravosa sea remediada
por el superior jerárquico. Así lo deja entrever ,Rocco cuando expresa que «el
interés para apelar (...), como el interés para impugnar las sentencias, en general,
nace del vencimiento y es, por tanto, independiente de la naturaleza particular
del vicio de construcción de que pueda estar afectada la sentencia de primer
grado, y por cualquier vicio de que la sentencia pueda estar afectada» (ROCCO,
1976, Volumen III: 343-344). Similar modo de pensar tiene Liebman, quien
aduce que «la vía de apelación para obtener un nuevo juicio del juez superior
está abierta a la parte por el solo hecho del vencimiento y sin limitación de los
motivos que se puedan hacer valer para sostener que la sentencia de primera
instancia fue el fruto de errores de actividad o de juicio, o que, aun sin error
alguno, es diversa de la que debería ser para responder a la verdad de los
hechos y del derecho a ellos aplicable» (LIEBMAN, 1980: 478). En razón de lo
expuesto, el vencedor o favorecido con la resolución se halla impedido de
impugnarla al carecer de interés. Sin embargo, el vencedor, pese a beneficiarle
en líneas generales la resolución, puede recurriría si la declaración de derecho
en su favor contenida en ella es de naturaleza jurídica diversa a la peticionada,
por lo que no podría hacer efectivo su derecho o lo dificultaría enormemente.
Además, el vencedor está facultado para apelar la resolución que le favorece
de manera general cuando el Juez a quo omitió pronunciarse sobre alguna o
algunas de sus peticiones.
Sostiene acertadamente Loutayf Ranea que el agravio o perjuicio que
amerita la interposición del recurso de apelación «... puede devenir, ya porque
se han rechazado las pretensiones o peticiones del recurrente, o porque se han
acogido las pretensiones de la contraria que son desfavorables para el recurrente
(que también se da en el caso en que sin haber hecho ningún planteo la parte
por encontrarse en rebeldía es condenada en virtud de las pretensiones de la
contraria), o cuando se ha omitido pronunciamiento sobre las cuestiones
oportunamente planteadas...» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:199).
140 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

El agravio puede ser total o parcial, dependiendo de si la resolución en


su integridad o sólo parte de ella afecta al apelante. También se dice que aquél
será total cuando al impugnante no se le concede absolutamente nada de lo
peticionado, y parcial, si sus pretensiones fueron satisfechas en parte.
Por otro lado, el agravio no sólo es susceptible de ser patrimonial o
material sino que puede ser inclusive de índole moral.
El agravio tiene que ser personal, caso contrario, no procedería la apelación
interpuesta, pues no es posible alegar agravios de terceros si el impugnante
carece del poder de representación respectivo.
El agravio que amerita la apelación debe ser concreto y actual, esto es,
debe existir al tiempo de interponer dicho recurso y permanecer vigente hasta
la expedición de la resolución de segunda instancia. «La lesión o gravamen
debe ser actual, tomando para ello en consideración el tiempo en que se dictó
la resolución recurrida (no se admite el recurso contra resoluciones futuras) y
su contenido...» (KIELMANOVICH, 1989: 33). La eventualidad del perjuicio
implica la improcedencia del indicado medio impugnatorio, pues no cabe en
la apelación la decisión sobre agravios futuros, o hipotéticos. Es de destacar
que, de haber efectivamente interés en recurrir, si éste desapareciera, la cuestión
en debate se vuelve abstracta y escapa al dominio de los órganos jurisdiccionales,
los cuales, por ser su función solucionar conflictos de intereses o pronunciarse
sobre incertidumbres jurídicas, se hallan impedidos de emitir declaraciones
simplemente generales o abstractas.
El agravio que funda la apelación no se halla contenido en los considerandos
de una resolución (auto o sentencia), sino en su parte dispositiva, por cuanto
los perjuicios o gravámenes que dan lugar a la apelación están constituidos
por las decisiones adoptadas por el juzgador y no por su fundamentación. No
obstante, por excepción, son materia de impugnación las motivaciones de la
resolución cuando éstas significan directivas orientadas a interpretar o fijar el
marco de ejecución u observancia de la decisión (por lo que se asegura que
integran en forma implícita la parte dispositiva de la resolución). Kielmanovich
coincide con lo expuesto al manifestar que «... el agravio debe encontrarse
localizado, en principio, en la parte dispositiva de la sentencia, no siendo
apelables por lo tanto los 'considerandos', salvo cuando ellos inciden o
determinan su interpretación o suministran directivas enderezadas a orientar
su cumplimiento, o incurren en consideraciones extrañas o impropias al
contenido de la resolución» (KIELMANOVICH, 1989: 35).
«... El análisis sobre la existencia de interés o agravio que justifique la
apelación lo debe hacer el juez encargado de conceder o denegar el recurso.
Tal análisis, lógicamente, lo debe realizar el tribunal a quo en el momento de
dictar la providencia de concesión o denegación del recurso. Y ello sin perjuicio
de lo que en definitiva decida el tribunal de segunda instancia, dado que, como
juez del recurso, está habilitado para analizar sobre la existencia o no de
gravamen o interés» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 209).
Capítulo V : Recurso de apelación 141

12. LEGITIMIDAD EN LA APELACION

Atendiendo al principio dispositivo que rige en materia recursiva, la


apelación procede a iniciativa de parte, constituyendo una facultad de los
sujetos procesales (demandante, demandado y terceros legitimados) o de sus
representantes o de sus abogados patrocinantes (si cuentan, estos últimos, con
facultades generales de representación), quienes pueden ejercitarla o no.
La legitimidad para apelar no implica tan sólo reunir la condición de
parte o de tercero legitimado o de representante o de abogado patrocinante,
sino que es indispensable, además, que el impugnante tenga interés para apelar,
el cual, insistimos, deriva del agravio o perjuicio efectivamente producido por
la resolución recurrida. Es por ello que una resolución es susceptible de ser
apelada por una o por ambas partes, pues el agravio puede afectar a una sola
de ellas o también a las dos.
Al respecto, señala Levitán que «... el recurso de apelación puede
interponerlo cualquiera de las partes agraviadas, si ambas lo fueran; o bien
únicamente la parte agraviada, si sólo una lo ha sido» (LEVITAN, 1986: 37).
Según Véscovi, «la calidad de parte que se requiere, en general, para la
actividad impugnativa (...) es exigida para la apelación» (VESCOVI, 1988:107).
Añade dicho autor que «por supuesto que no cabe duda de que en tal carácter
debe entenderse a los representantes de dichas partes, pues actúan por ella»
(VESCOVI, 1988:107).
Kielmanovich estima que «sólo pueden interponer el recurso, por
principio, quienes revisten la calidad de partes, sus sucesores (individuales y
universales), los sustitutos y los peticionarios (en el proceso extracontencioso),
sea que actúen por sí o por intermedio de sus representantes voluntarios (Vgr.
procurador, letrado-apoderado) o necesarios (los padres, curadores, los órganos
de representación de las personas jurídicas, etc.)» (KIELMANOVICH, 1989:
31). Agrega Kielmanovich que «dentro del concepto de parte involucramos a
los terceros que han sido autorizados a intervenir en alguna de las formas que
la ley autoriza (partes accesorias), sea por su propia voluntad o a requerimiento
de alguna de las partes principales...» (KIELMANOVICH, 1989: 31).
A decir de Ortiz Zúñiga y Pinilla Orihuela, «... para apelar se requieren
dos condiciones: ser parte; y además, ser parte agraviada» (ORTIZ ZUÑIGA;
y PINILLA ORIHUELA, 1993:90). Añaden tales autores que «se debe considerar
también que las partes enjuicio pueden ser directas o indirectas o terceros. Son
partes directas, el demandante y el demandado, y las partes indirectas o terceros
pueden ser coadyuvantes y excluyentes. En consecuencia la calidad de
demandante o de demandado da derecho a apelar, así como la de tercero...»
(ORTIZ ZUÑIGA; y PINILLA ORIHUELA, 1993: 90).
Para Couture, «... sujetos titulares del recurso de apelación son las
partes...» (COUTURE, 1985:360). El indicado jurista hace notar que «... estando
subordinada la facultad de apelar al hecho de no haber visto satisfechas las
142 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

pretensiones deducidas enjuicio, se llega naturalmente a la conclusión de que


sólo puede hacer valer el recurso el que ha visto insatisfecha alguna de sus
aspiraciones. Si la sentencia rechaza totalmente una pretensión, es apelable
íntegramente; si la acoge sólo en parte, es apelable en cuanto desecha; si la
acoge totalmente, es inapelable» (COUTURE, 1985: 361).

Quinteros Velasco, refiriéndose a los terceros, precisa que «... el tercero


en su calidad de extraño a la litis no puede interponer el recurso, sino desde
que se incorpora a la relación procesal, porque en ese instante adquiere la
calidad de parte en el juicio. Tal conclusión se funda en que la apelación
normalmente es una facultad concedida al litigante' pues son ellos los que
soportan o aprovechan el agravio o beneficio que viene de la sentencia, siendo
los únicos afectados por la cosa juzgada...» (QUINTEROS VELASCO, 1962:38).
Continúa Quinteros Velasco diciendo que «generalmente la cosa juzgada no
alcanza a los terceros que no han intervenido en el proceso, pero excepcionalmente
puede ocurrir que la sentencia proyecte sus efectos sobre ellos; cuando se dan
estas situaciones, es que se concede la apelación al tercero en la medida en que
fue alcanzado y perjudicado. Aplicando lo dicho anteriormente se puede apelar
de la sentencia aun no siendo parte en el proceso, siempre que de ella venga
un perjuicio, si éste no existe se denegará el recurso» (QUINTEROS VELASCO,
1962: 38).

Puntualizamos que, para los efectos de la legitimidad para apelar, la


calidad de parte abarca no sólo a aquellos que intervinieron en el proceso, sino
que se hace extensiva a quienes, formando parte de la relación jurídica procesal,
y pese a no haber comparecido antes de la notificación de la resolución recurrida
(encontrándose en una situación de rebeldía), se apersonan al proceso, por sí
mismos o a través de representante, precisamente para impugnar la resolución
agraviante.

Tendrá legitimidad activa el apelante o apelantes (sea demandante o


demandado o tercero legitimado o sus representantes o abogados patrocinantes),
contando, en cambio, con legitimidad pasiva el o los apelados (el sujeto procesal
a quien favorece la resolución judicial recurrida, ya sea el actor o su adversario
o el tercero legitimado); nunca el Juez que emitió la resolución materia de
reclamo. En cuanto a la legitimidad para apelar, es indiferente la posición
procesal de demandante, demandado o tercero legitimado que ostente el
impugnante en el litigio, porque a todos ellos se les reconoce facultades
impugnatorias.

Carecerá de legitimidad para apelar el sujeto procesal favorecido


íntegramente por la resolución, pues no existe interés alguno que funde el
ejercicio de la impugnación. Sin embargo, estará legitimado para interponer el
recurso de apelación si sus pretensiones no fueron satisfechas a cabalidad sino
sólo parcialmente (como cuando el Juez a quo omitió pronunciarse respecto
de alguna pretensión). También podrá apelar una resolución quien resulte
favorecido -de manera general- con ella si la declaración de derecho
Capítulo V: Recurso de apelación 143

correspondiente es de naturaleza jurídica distinta de la solicitada, lo que puede


llegar a afectar su interés.
La calidad de parte o de tercero legitimado necesarias para interponer
un recurso de apelación se hallan previstas en el artículo 364 del Código Procesal
Civil, el mismo que preceptúa que «el recurso de apelación tiene por objeto
que el órgano jurisdiccional examine, a solicitud de parte o de tercero
legitimado (el subrayado es nuestro), la resolución que les produzca agravio...».

13. RENUNCIA Y DESISTIMIENTO DEL RECURSO DE APELACION

«Tratándose del recurso de apelación, al término 'renuncia7puede dársele


un significado amplio y otro restringido. La 'renuncia7 en un sentido amplio
comprende todos los supuestos de abandono del derecho a un nuevo examen
de la sentencia de primera instancia por parte del tribunal ad quem; dentro de
este concepto amplio cabe incluir a toda renuncia realizada antes o después de
dictada la resolución de primera instancia o de interpuesto un recurso
determinado. En cambio, con un significado restringido se entiende por
'renuncia7 el abandono de la facultad de recurrir realizado anticipadamente,
es decir, con anterioridad a la interposición del recurso...» (LOUTAYF RANEA,
1989, Tomo 1: 237).
La renuncia del recurso de apelación constituye la declaración expresa
emitida por los sujetos procesales en el sentido de no hacer uso de su poder de
impugnación respecto de las resoluciones que, pronunciándose sobre el fondo,
dan término al litigio. Tal declaración es efectuada antes de expedirse la
correspondiente decisión judicial, asignándose a ésta, en forma anticipada, el
carácter de firme, siempre que la renuncia provenga de ambas partes. Se
prescinde así, voluntariamente, del derecho que tienen los justiciables a recurrir
una resolución con el objeto de que sea reformada por el superior jerárquico.
Al ser la renuncia un acto procesal de disposición tienen que realizarla
las partes o sus representantes, siempre que éstos cuenten con facultades
especiales para tal fin.
Siendo una facultad del interesado el impugnar una resolución, la
apelación es un acto procesal opcional que puede realizar o no el interesado.
En consecuencia, nada obsta que se renuncie preliminarmente a esta facultad,
salvo si se está ante asuntos que tienen que ver con el orden público y las buenas
costumbres o que el ordenamiento jurídico prevé como irrenunciables.
Levitán anota que «... apelar una sentencia es el ejercicio de un derecho.
Pero no es imperativo que se ejerza. El agraviado puede o no apelar. Como la
apelación no atañe al orden público, puede renunciarse a ese derecho...»
(LEVITAN, 1986: 40).
Agustín Costa asevera que «... concebida la apelación como un derecho
subjetivo de control de la jurisdicción, la posibilidad de renunciar a este derecho
se explica con facilidad, puesto que la doble instancia no es un episodio fatal
144 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

y necesario, para el desenvolvimiento de la jurisdicción, sino que ésta queda


satisfecha con el primer fallo; el orden público no se altera por la falta de
ejercicio de este derecho, porque la obligación del Estado de administrar justicia
está cumplida con la sentencia de primera instancia, que goza de una presunción
de justicia» (COSTA; citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 239).
La renuncia a interponer recurso de apelación puede ser unilateral o
bilateral, en la medida que sea una o ambas partes, respectivamente, las que
la efectúen. Es de resaltar que nada impide que tal renuncia, como acto procesal
que es, pueda ser objeto de desistimiento o retractación, lo cual supone que,
una vez aprobado por el Juez, el (los) renunciante (s) recupera (n) su facultad
para apelar. Cabe señalar que la oportunidad para retractarse del acto procesal
en que consiste la renuncia a interponer apelación será hasta antes de expedirse
la resolución a que se contrae la renuncia, si ésta es bilateral, pues, en virtud
de la renuncia, una vez emitida la resolución sobre la que versa dicho acto de
disposición tendrá la calidad de firme, y, como se sabe, el desistimiento de un
acto procesal (léase retractación de la renuncia a recurrir) se interpone antes
que la situación procesal que se renuncia haya producido efecto. En cambio,
si la renuncia a apelar es unilateral, quien la hizo puede desistirse de ella hasta
antes que transcurra el plazo legal de apelación, pues, una vez vencido, habrá
surtido efecto la situación procesal que se renuncia al no ser ya posible recurrir
la respectiva resolución.
Véscovi se opone a la figura de la renuncia a los medios impugnativos
(como el de la apelación) y manifiesta que «... conforme al principio general
que las normas no pueden ser renunciadas anticipadámente, creemos que no
pueden admitirse como válidos los convenios entre las partes que así lo
resuelvan...» (VESCOVI, 1988: 53). La mayor parte de la doctrina, en cambio,
admite la figura de la renuncia a los medios de impugnación.

El Código Procesal Civil, en su artículo 361, regula la renuncia a recurrir


en general, es decir, dicho numeral es aplicable para toda clase de recursos,
incluyéndose así a la renuncia de la apelación. El citado artículo prescribe lo
siguiente:
«Durante el transcurso del proceso, las partes pueden convenir la renuncia
a interponer recurso contra las resoluciones que, pronunciándose sobre
el fondo, le ponen fin. Esta renuncia será admisible siempre que el derecho
que sustenta la pretensión discutida sea renunciable y no afecte el orden
público, las buenas costumbres o norma imperativa».

Por otro lado, el desistimiento del recurso «... es el abandono del recurso
ya interpuesto que hace el recurrente, a través de una declaración de voluntad
formulada ante el juez a quo o ante el tribunal ad quem, según el momento
del desistimiento. Es decir, el 'desistimiento' de recurso presenta la particularidad
de referirse a un recurso ya interpuesto, y de que la declaración de voluntad
se formula ante el órgano jurisdiccional» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1:
251).
Capítulo Y : Recurso de apelación 145

El desistimiento del recurso de apelación consiste, pues, en la declaración


expresa del apelante de dejar sin efecto el recurso interpuesto, por lo que, una
vez aprobado por el Juez, hace quedar firme la resolución recurrida, siempre
y cuando la otra parte no haya también apelado o formulado adhesión en cuyo
caso continúa el procedimiento impugnatorio en segunda instancia.

Dice Véscovi sobre el particular que «... es válida la renuncia al recurso


ya interpuesto, lo que se realiza por medio del desistimiento. En este sentido,
tanto puede desistirse antes o después de concedido el recurso» (VESCOVI,
1988: 54).

El desistimiento de la apelación no se presume. La manifestación de


voluntad en ese sentido tiene que ser clara, indubitable e incondicional y deben
observarse, además, los requisitos de ley (como, por ejemplo, su formulación
a través de un escrito o mediante acta, la legalización de firma, entre otros).

Suele decirse -no sin razón- que el desistimiento del recurso de apelación
puede concretarse de modo tácito, lo cual ocurre cuando, una vez expedida la
resolución que causa agravio, el interesado deja transcurrir el plazo legal para
apelar sin interponer el referido recurso.

Por tratarse de un acto procesal, el desistimiento del recurso de apelación


no precisa de la aceptación o conformidad de la contraparte, surtiendo sus
efectos desde que es aprobado por el órgano jurisdiccional.

Acerca de la unilateralidad del desistimiento de la apelación, Loutayf


Ranea expresa que «... en el desistimiento del recurso se requiere únicamente
la manifestación de voluntad de la recurrente que desiste y no resulta necesaria
la conformidad de la contraria...» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 252).
Agrega Loutayf Ranea que «es verdad que hay oportunidades en las que el
desistimiento de un recurso puede significar una renuncia al derecho material.
Sería el caso, por ejemplo, de que rechazada la demanda en primera instancia,
el actor encuentre una prueba o documento decisivo para la solución del pleito
a su favor que no pudo ser presentado ante el juez a quo; si luego desiste del
recurso que interpusiera contra la sentencia de primera instancia, lógicamente,
está renunciando al derecho de fondo que podía ser acogido por la sentencia
del tribunal de alzada. Incluso cuando se trata del desistimiento de un recurso
de apelación interpuesto contra una resolución que no es la definitiva, puede
llevar aparejado una renuncia al derecho material; ello ocurriría, por ejemplo,
cuando se ha denegado injustamente por el juez de primera instancia una
prueba decisiva para la solución del pleito a favor del recurrente; si éste desiste
del recurso que interpusiera contra la denegatoria del juez, con tal desistimiento
se estaría disponiendo prácticamente del derecho material...» (LOUTAYF
RANEA, 1989, Tomo 1: 252-253). Pero -termina diciendo Loutayf Ranea-, «... ya
sea que el desistimiento lleve aparejado o no una renuncia al derecho material,
en todo caso la unilateralidad del desistimiento del recurso se justifica. Si el
desistimiento del derecho puede realizarse unilateralmente (...), lo mismo debe
146 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

ocurrir lógicamente en caso de desistimiento del recurso de apelación cuando


ello implique una disposición del derecho material. Y en todo caso, debe
señalarse que no existe ninguna ventaja procesal que perdería la contraria
derivada del desistimiento del recurso; al contrario, ella se vería beneficiada
con la cosa juzgada en que pasa la sentencia definitiva, o al menos, que no
podrá modificarse en beneficio del desistente y en perjuicio de la contraria, en
el caso de que esta última haya interpuesto también recurso de apelación»
(LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 253).

El desistimiento del recurso puede ser total, si se quiere dejar sin efecto
todo el recurso, y parcial, en caso que el apelante se desista de alguna (s) de
sus pretensiones impugnatorias.

De la lectura de los artículos 341,342 -primer párrafo-, 343 -último párrafo-


y 373 -último párrafo- del Código Procesal Civil se puede colegir que el
desistimiento del recurso de apelación:

No se presume. El escrito que lo contiene debe precisar su contenido


y alcance (art. 341 -primer párrafo- del C.P.C.).

Requiere de la legalización de firma del proponente ante el secretario


respectivo (art. 341 -primer párrafo- del C.P.C.).
Es incondicional y sólo perjudica a quien lo hace (art. 341 -último
párrafo- del C.P.C.).

Se interpone antes que la situación procesal que se renuncia haya


producido efecto (art. 342 -primer párrafo- del C.P.C.), o sea, antes
que el recurso de apelación materia de desistimiento fuese resuelto.
Deja firme el acto impugnado, salvo que se hubiera interpuesto
adhesión (art. 343 -último párrafo- del C.P.C.) o, como es obvio,
que la otra parte apelara también.

No afecta la adhesión a la apelación (art. 373 -último párrafo- del


C.P.C).

14. LA ADHESION A LA APELACION

«Cada parte puede presentar su recurso de apelación separado o


independiente, en tanto en cuanto la sentencia perjudique a los dos. Pero es
posible también que la parte que inicialmente no hubiese apelado interponga
el recurso al observar que la otra parte lo ha interpuesto, pero entonces
adhiriéndose a ese otro recurso (apelación adhesiva o por adhesión). Puede
ser necesaria esta apelación si la parte pretende que se modifique la resolución
en perjuicio del primer apelante (reformatio in peius), y esta modificación no
podía pretenderla al haber omitido su apelación principal» (PRIETO-CASTRO
Y FERRANDIZ, 1980, Volumen 1: 254-255).
Capítulo V; Recurso de apelación 147

La adhesión a la apelación, llamada también apelación adhesiva o


derivada, es aquel instituto procesal que tiene lugar cuando una resolución
judicial produce agravio a ambas partes por lo que, planteado, concedido y
corrido traslado del recurso de apelación correspondiente, la otra parte o su
representante se adhiere a él dentro del plazo que tiene para absolver dicho
traslado, no coadyuvando a los intereses de quien interpuso tal recurso ni
simplemente contradiciendo los fundamentos o alegaciones contenidas en él
(lo que supondría su absolución), sino solicitando, al igual que el apelante, que
se modifique o revoque la resolución cuestionada en lo que resulte agraviante
o perjudicial para el adherente y en base a la propia fundamentación del último
o, inclusive, a la invocada por el apelante.

«El instituto de la adhesión a la apelación se resuelve en el poder procesal


conferido al apelado de solicitar en la alzada la reforma in melius de la sentencia
que le causa perjuicio, pudiendo residir los motivos de gravamen en los mismos
puntos materia del recurso principal o en otros diferentes u opuestos. Se otorga
así al apelado una facultad procesal amplia que debe necesariamente hacer
valer en la alzada para que el juez pueda tomarla en consideración, encontrándose
éste inhibido de mejorar su suerte de oficio, si el apelado no la ejerce...»
(LORETO, 1975: 689-690).

El adherente también impugna la resolución, en todo o en parte, si ésta


no reconoce sus pretensiones plenamente. De ahí que la apelación de la que
emana la adhesión es conocida como principal, en tanto que la figura que
examinamos es denominada por cierto sector de la doctrina apelación adhesiva,
secundaria o derivada.

Loutayf Ranea, refutando a quienes se oponen a la calificación de adhesión


a la apelación por presuntamente significar que se está de acuerdo con el recurso
interpuesto, indica que «... con un criterio un poco más amplio, podría resultar
adecuado el término 'adhesión' a la apelación, considerando que el apelado se
adhiere a la apertura de la jurisdicción de la alzada (aunque con sus propios
agravios) iniciada mediante la apelación principal» (LOUTAYF RANEA, 1989,
Tomo 1: 290).

Agustín Costa diferencia la apelación en principal, adhesiva e incidental:


«Apelación principal es la que deduce la parte dentro del tiempo útil señalado
para usar de ese derecho. Denomínase apelación adhesiva, cuando existiendo
pluralidad de actores o demandados, los que no recurrieron en el término legal
lo hacen adhiriéndose a la apelación de la parte que tiene igual interés en el
litigio. Por último, considérase apelación incidental el derecho que se concede
al apelado para adherirse al recurso de su adversario y pedir la reforma de la
decisión en contra del apelante y en su propio beneficio, sobre aquellos capítulos
de la demanda que en primera instancia no le fueron concedidos...» (COSTA;
citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 290).
148 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

En opinión de Rocco, «al lado de las impugnaciones, principales y


accidentales, está la impugnación (incidental) en vía adherente, en la cual quien
impugna la sentencia no propone motivos autónomos de impugnación, sino
que se adhiere y hace suyos, en el acto de impugnación, los motivos propuestos,
mediante impugnación principal o impugnación incidental, por otra parte»
(ROCCO, 1976, Volumen III: 319).

Monroy Cabra dice de la impugnación adhesiva que se da «cuando quien


impugna se adhiere y hace suyos los motivos de la apelación, en cuanto la
providencia le fuere desfavorable respecto de la impugnación principal o
incidental propuesta por la otra parte» (MONROY CABRA, 1979: 333).

Ortiz Zúñiga y Pinilla Orihuela entienden por adhesión a la apelación


«... la facultad del recurrido que no apeló de adherirse a la recurrencia de su
adversario» (ORTIZ ZUÑIGA; y PINILLA ORIHUELA, 1993: 166). Los
mencionados autores añaden que «la apelación adhesiva se configura cuando
la parte vencedora en primera instancia, pero no totalmente colmada en sus
pretensiones, intenta la plenitud de su satisfacción adhiriéndose al recurso que
interpone la parte vencida» (ORTIZ ZUÑIGA; y PINILLA ORIHUELA, 1993:
167).

A juicio de Kielmanovich, «... en la apelación adhesiva se pide un


pronunciamiento en favor del apelado que se suma al que ya fue materia de
estimación por parte del juez de la instancia anterior, colocando a aquél en
cierta medida en un mismo plano de igualdad que el apelante: es, si se nos
permite la expresión, como si ambas partes hubiesen apelado» (KIELMANOVICH,
1989: 64). El apelado -prosigue Kielmanovich- «... intenta aquí obtener la
modificación de la sentencia que en lo principal le fue favorable, en aquello
que le es perjudicial, aprovechando el recurso del contendiente derrotado»
(KIELMANOVICH, 1989: 64).

Ramos Méndez define a la adhesión a la apelación como «... un nuevo


recurso, subordinado temporalmente, por el cual el apelado recurre contra la
sentencia en aquellos extremos que le son perjudiciales. Sin perjuicio de
extenderse más tarde sobre los aspectos procedimentales de la adhesión a la
apelación, aquí interesa destacar que lo que es objeto de adhesión a la apelación
se convierte también en materia de recurso sometida al conocimiento de la
Sala...» (RAMOS MENDEZ, 1992, Tomo II: 730).

Según Casarino Viterbo, «adherirse a la apelación es pedir la reforma


de la sentencia apelada en la parte en que la estima gravosa el apelado...»
(CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 252). «Se trata, en consecuencia, de
una nueva y verdadera apelación interpuesta por el apelado, que no dedujo
apelación en tiempo y forma, y utilizando el recurso deducido por su contrario»
(CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 252). «La adhesión a la apelación
supone, pues, que el fallo de primera instancia agravia en parte al apelado, y
que éste, prima facie, se contentó con él; pero que, posteriormente, al ver que
Capítulo V: Recurso de apelación 149

su contrario ha apelado, desea también que dicho fallo sea enmendado en


conformidad a derecho en aquella parte o partes en que lo perjudica»
(CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 252).

Véscovi sostiene que «... el recurso adhesivo consiste en la facultad del


recurrido que no apeló de adherirse a la recurrencia de su adversario»
(VESCOVI, 1988: 173). «Es una posibilidad que se da a quien no ha usado de
determinado medio impugnativo para beneficiarse de él a consecuencia de la
recurrencia de su adversario, introduciendo, a su vez, su impugnación sobre
la base de los agravios que también a él causa la providencia» (VESCOVI, 1988:
173). «... Corresponde cuando la litis es divisible, esto es, que hay varias
pretensiones planteadas o resueltas por la sentencia recurrida y aparece
rechazada alguna del apelado que, por ese motivo, también se asocia (se
adhiere) a la apelación. Quiere decir, entonces, que la adhesión al recurso (en
el caso, a la apelación) amplía el objeto del proceso en la segunda instancia,
pues a los puntos que propone el apelante se agregan los que propone el
apelado. Inclusive se da el caso de que la adhesión se refiera sólo a las condenas
accesorias. Pero es natural que, siendo en definitiva una apelación, no puede
proponerse sobre los puntos que han beneficiado al adherente (que son los que
han perjudicado al apelante, y por ello apela sobre éstos)» (VESCOVI, 1988:
173-174).

La adhesión en referencia no se trata de otro recurso de apelación


(formulado por el apelado), pese a ser exigible también el pago de la tasa judicial
respectiva y la motivación de aquélla (que supone la indicación del agravio,
del vicio o error de la resolución que -se alega- lo provoca y la sustentación
debida), porque:
A) El examen de segundo grado es iniciado por la apelación interpuesta
y no por la adhesión del apelado.
B) No se produce dentro del plazo legal para apelar sino en momento
posterior (dentro del plazo para absolver el traslado del recurso de
apelación).

C) No se dirige al Juez a quo: el destinatario de la adhesión a la apelación


es el Juez ad quem (pues es éste el que confiere traslado del recurso
de apelación y que conoce de la apelación a partir del concesorio
del mismo y elevación de los actuados correspondientes).
La adhesión a la apelación representa otra oportunidad para el apelado
de impugnar la resolución que le causa agravio. Es por eso que dicha figura
jurídica es cuestionada, afirmándose que atenta contra la igualdad de las partes
el hecho de que se conceda al litigante que dejó transcurrir el plazo para apelar
una resolución otra vía o modo para impugnarla, dándosele así mayores
facilidades y/o ventajas a las que tiene el justiciable que sí observó el plazo
legal para recurrir la resolución que le produce gravamen. El adherente no
impugna entonces la resolución por propia iniciativa sino que se aprovecha de
150 Derecho Procesal Civil V : Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

la del apelante para cuestionar la decisión judicial aunque con otros argumentos
y en procura de salvaguardar sus intereses personales.

Acerca de la naturaleza y finalidad de la adhesión a la apelación, Loutayf


Ranea nos informa que «... dos son principalmente los criterios fundamentales
que existen. Por un lado, se opina que la adhesión a la apelación es un instituto
que se concede a quien la sentencia le ha sido parcialmente desfavorable, para
que exprese sus agravios en la alzada, cuando no quiso apelar en forma
originaria y principal, para no demorar el trámite de la causa y obtener la
sentencia -con la correspondiente cosa juzgada- que ponga fin a la cuestión
litigiosa» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 294). Este criterio -prosigue
Loutayf Ranea- «... parte desde el punto de vista que el adherente no ha querido
apelar originariamente para no prolongar el trámite de la causa; ello no significa
el reconocimiento de la 'justicia de la sentencia', sino una conformidad con ella,
valorando más apreciable tener una sentencia que dirima la cuestión -aunque
le resulte parcialmente desfavorable- a continuar el desarrollo del proceso, con
la pérdida de tiempo que ello implica. Pero, habiendo apelado la contraria, a
quien también perjudica parcialmente la sentencia, evidentemente el propósito
que tuvo el adherente para no apelar, se ven desvirtuados. Por ello se le da la
posibilidad de adherirse a la apelación de la contraria, y gozar de todos los
derechos que le hubieran correspondido en caso de ser el apelante principal»
(LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 295). La otra concepción -anota Loutayf
Ranea- «... parte desde otro punto de vista; la falta de apelación (en forma
principal) del adherente no es vista como el deseo de éste de no prolongar el
pleito; por el contrario, considera que ha sido una actitud negligente de la parte
en la defensa de su derecho. Por ello, los sostenedores de esta concepción no
son partidarios del instituto de la adhesión a la apelación; o al menos consideran
que la apelación adhesiva debe ser meramente accesoria o condicionada a la
principal, en el sentido de que no puede el adherente gozar de las mismas
ventajas y derechos que el apelante principal, porque ello sería premiar la
negligencia del primero...» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 295-296).

En relación a lo expresado, Véscovi enseña que «los argumentos en favor


y en contra de la adhesión son variados, pero en general fincan, por un lado,
para oponerse al instituto, en sostener que quien se considera perjudicado debe
apelar y no esperar la apelación de otro. Al contrario, se dice, en favor del
instituto, que quien no usó de la apelación, no lo hace solamente por considerar
la sentencia justa y beneficiosa, sino también, a veces, por el deseo de concluir
el litigio y no exponer el negocio a nuevas contingencias, ahorrándose gastos
y molestias. Se ha dicho que quienes defienden la adhesión lo hacen por
argumentos más bien sentimentales, pues técnicamente resulta inobjetable decir
que si el perjudicado no apeló no lo debe hacer luego, porque apela su
contraparte, basado en otros puntos. Pero, en realidad, no se trata de argumentos
sentimentales, sino prácticos, para evitar que quien obtuvo satisfacción (aunque
no total) de la sentencia, apelara 'por las dudas' que su contrario abra una
nueva instancia...» (VESCOVI, 1988:176).
Capítulo V : Recurso de apelación 151

Sobre el particular, Levitán refiere lo siguiente: «Cuando una parte, en


lo fundamental, resultó beneficiada con la sentencia, no puede apelar. Pero sí
puede apelar la sentencia la parte que resultó perdedora; en cuyo caso el
tribunal de alzada puede modificarla total o parcialmente, perjudicando los
derechos de quien no la había apelado, por la circunstancia antedicha. Por esa
razón, se faculta a la ganadora a que adhiera a la apelación de la contraria, sea
en primera instancia, o en segunda, al contestar la expresión de agravios de su
oponente, de manera que pueda replantear todas las defensas o rubros
desestimados en la sentencia de primera instancia que, como dijimos, le resultó
favorable (...). En efecto, quien ganó el pleito no puede apelar la sentencia, por
serle favorable en lo fundamental; pues las defensas suyas desestimadas, no
tuvieron entidad jurídica suficiente para enervar sus derechos a la totalidad
de los rubros demandados. Y sin agravio, no hay apelación» (LEVITAN, 1986:
38-39). Al apelar la contraria -concluye dicho autor-, la alz^dd ±ecupera plenos
derechos para estudiar todas las cuestiones planteadas por el apelado. Nada
más justo, por tanto, que la parte que no pudo apelar posteriormente haga la
defensa de sus derechos» (LEVITAN, 1986: 39).

A decir de Luis Loreto, «... los poderes del juez de alzada para conocer
y definir la causa, se hallan condicionados por las peticiones de los litigantes
y limitados por el gravamen que les causa la decisión. Tal sistema, si se
mantuviese en su rigidez absoluta, obligaría necesariamente a cada parte que
se sienta agraviada por el fallo, a interponer apelación principal dentro del
término perentorio establecido para ello, dejando sin protección alguna al
litigante perdidoso que no se alzó oportunamente. La fundamentación filosófica
y política de la adhesión a la apelación contraria se halla, precisamente, en esa
actitud pacífica del litigante perdidoso y en la seguridad que ella procura»
(LORETO, 1975: 678). Termina dicho autor haciendo hincapié en que «la
adhesión se fundamenta en idéntico interés del que sirve de móvil a la apelación,
y, como ella, persigue los mismos fines de reparar el agravio que causa el fallo
al adherente» (LORETO, 1975: 687).

En lo concerniente a los requisitos de la adhesión a la apelación, Casarino


Viterbo asevera que «... dos requisitos (...) deben concurrir para que pueda
tener lugar la adhesión a la apelación: que la sentencia de primera instancia
cause agravios al apelado; y que exista una apelación contraria pendiente»
(CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 253).
Luis Loreto concuerda con Casarino Viterbo al sostener que «el derecho
o poder de adherir presupone la existencia de dos requisitos, a saber: a) la
admisión de una apelación principal interpuesta por la parte contraria contra
una misma sentencia, y b) un gravamen (daño o perjuicio)» (LORETO, 1975:687).

Por su parte, Loutayf Ranea indica que los requisitos de la adhesión al


recurso de apelación son los siguientes:
«a) Que exista una apelación principal. Ella abre la instancia de la
alzada.
152 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

b) Que el apelado haya resultado parcialmente vencido en la sentencia


recurrida por la otra parte, quien, a su vez, resultará vencida
parcialmente también. Este requisito se justifica, teniendo en cuenta
que, para que la parte pueda expresar sus agravios, es necesario
que haya resultado vencida en algo; caso contrario -es decir, si
resulta vencedora en todo- no tiene de qué agraviarse y sólo debe
limitarse a contestar los agravios de la contraria (...). Es decir, al
igual que la apelación principal, debe existir 'gravamen' e 'interés'
que justifique la apelación adhesiva.
c) Que la apelación de ambas partes se dirija contra la misma sentencia.
d) (...) El que la resolución impugnada sea susceptible de apelación.
Y ello es lógico porque no sería razonable que se permitiera
impugnar, a través de la vía de la adhesión, lo que no se podría
hacer por medio de una apelación principal. Por otra parte,
tratándose de una resolución inapelable, por inadmisible no podría
haber una apelación principal a la cual adherirse.
e) (...) La inexistencia de una apelación principal previa del adherente
que haya sido desestimada por inadmisible o que, admitida, no
haya sido debidamente aprovechada (...). Sin embargo, la
interposición de un recurso principal fuera de plazo no debiera
impedir la adhesión posterior; en realidad, frente a la preclusión
de la etapa por vencimiento del plazo, poca importancia tiene el
que la parte interponga luego la apelación principal o no como para
negar la adhesión posterior en el primer caso y admitirla en el
segundo; la preclusión de la etapa sin aprovecharla es común para
ambos supuestos, y no se advierten motivos que justifiquen que
justamente a quien ha mostrado su interés en la impugnación,
interponiendo la apelación extemporánea, se lo castigue por tal
circunstancia negándole la posibilidad de la adhesión posterior.
Tampoco debería impedir la adhesión el hecho de que previamente
se hubiera interpuesto una apelación principal por quien no justificó
debidamente la personería; si este acto (la interposición de la
apelación principal) no puede resultar en beneficio de la parte al
no poder ser tenido como una apelación suya debido al defecto de
representación, tampoco puede redundar en su perjuicio como para
impedirle luego la adhesión a la apelación de la contraria»
(LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 1: 291-293).
El legitimado para formular adhesión a la apelación es el (los) apelado (s),
o sea, la contraparte de quien planteó el recurso de apelación. De ninguna
manera el litisconsorte del apelante puede adherirse a la apelación por
encontrarse en la misma posición procesal (activa o pasiva) que él.
Kielmanovich subraya que «... la apelación adhesiva deviene de todas
formas absolutamente inadmisible cuando el apelado ha resultado victorioso
en todas sus pretensiones, o inversamente si ha sido derrotado en todas sus
Capítulo V : Recurso de apelación 153

defensas, ya que en el primer caso no existiría agravio que permitiera adherir


al recurso; y en el segundo, un interés válido para su deducción por parte de
la contraria, quien en definitiva aparecería como el vencedor en la contienda,
que por tanto, al no poder apelar impediría adhesión alguna» (KIELMANOVICH,
1989: 64-65).
Es materia de discusión el determinar si la adhesión a la apelación es
autónoma o subordinada respecto del recurso del mismo nombre. Para unos
dicho instituto procesal reúne las características de todo recurso de apelación
sin serlo, por lo que, en consecuencia, es autónomo; su naturaleza adhesiva
supone que requiere de la apelación para poder emerger, lo que no le resta
autonomía en la medida que, una vez producida la adhesión, su eficacia no
está condicionada a la subsistencia del trámite correspondiente al recurso de
apelación. Para otros, en cambio, la adhesión no es una fieura independiente
por cuanto se halla subordinada a la apelación y, precisamente por ser accesoria
de ella, sigue su suerte. A nuestro parecer, la primera de las posiciones descritas
es la más acertada, máxime si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el desistimiento
del recurso de apelación no afecta el trámite de la adhesión a dicho medio
impugnatorio.
Para Goldschmidt, la adhesión a la apelación «... es accesoria, lo que
significa que deja de tener efecto si el recurso es retirado (desistimiento) o no
se admite (...). En cambio, la infundamentación del recurso no quita fuerza a
la adhesión...» (GOLDSCHMIDT, 1936: 410).
En la misma línea se encuentra Luis Loreto al señalar que el recurso de
apelación adhesivo «... va como adherido al principal y sigue formalmente el
progreso y destino de éste, del cual depende en su existencia y duración,
estando su estabilidad procesal supeditada a la del principal» (LORETO, 1975:
691). La adhesión a la apelación -continúa Luis Loreto- «... es un recurso de
naturaleza peculiar, por cuanto, a diferencia de lo que sucede con el recurso
de apelación principal, con el adhesivo el adherente no inicia una nueva
instancia que encuentra ya constituida, en la cual se injerta, aprovechando sus
efectos, y, siendo un auxilio que se deriva directamente de la ley apoyado en
la apelación contraria, no es menester que sea admitido por el juez; no tiene
efectos suspensivos ni devolutivos propios, aprovechándose de los ya
producidos por la apelación contraria. Conforme a la estructura y finalidad
que tiene y persigue la adhesión, es un remedio de naturaleza subordinada a
la del recurso principal, de forma que toda causa que ponga fin a éste, (...)
acarreará también el perecimiento del recurso adhesivo, que queda así falto de
base e igualmente ineficaz...» (LORETO, 1975: 691-692).
En cuanto a la dependencia o autonomía de la adhesión a la apelación,
Véscovi apunta lo siguiente:
«No cabe duda (...) de que la adhesión tiene cierta dependencia del
principal; dicho de otra manera, tiene, también, cierta autonomía. Puesto
que por un lado depende de aquél, si no se apela no hay adhesión, la
154 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

oportunidad para adherirse es cuando se contesta el traslado de la


apelación, puesto que la mayoría de los sistemas admiten que, aunque
haya vencido el plazo para la contraparte, al recurrir una de ellas, se abre
para la otra un nuevo plazo, al contestar el traslado. Al punto que se dice,
con razón, que si lo que se hace es apelar con posterioridad al otro, no
hay una verdadera adhesión; no hay apelante y adherente, hay primer
y segundo apelante, lo cual, inclusive, determina una diferencia en el
procedimiento (...). Por otro lado, el recurso (adhesión) tiene cierta
autonomía, no se refiere (...) a los puntos traídos a la segunda instancia
por el apelante, sino que plantea nuevos puntos (en esto consiste su propia
esencia), esto es, reclama respecto de los perjuicios que a él (adherente)
causó la sentencia. Es, entonces, una apelación diferente, sobre la cual se
da traslado, generalmente, al apelante, como de los agravios de éste se
da traslado a la contraparte. Hay entonces dos recursos, dos expresiones
de agravios y sus contestaciones y diversos objetos propuestos al tribunal
superior.

Ante esta dicotomía (dependencia-autonomía) se plantea un principal


problema práctico: si la apelación cae o se desiste de ella. ¿Qué sucede
con la adhesión? Por un lado, se dice: como es dependiente, también cae;
por el otro, invocando su autonomía, se dice que mantiene su efecto.

(...) La más relevante doctrina hace una distinción que consideramos


necesaria para la más correcta solución al problema. En este sentido
distingue la validez (la existencia) de la apelación principal, del simple
desistimiento del apelante. Este último se entiende, casi unánimemente,
que no hace caer la adhesión; ella es autónoma en el sentido de que una
vez interpuesta (...) no puede quedar al arbitrio de la otra parte; en cambio,
si el recurso carece de existencia porque fue introducido fuera del plazo
(caso más común, podría ser también por quien carece de legitimación...),
entonces la adhesión cae, porque ella nació como consecuencia de aquel
recurso. (...) Parece lógico que la independencia llegue hasta el punto de
impedir que el desistimiento del apelante haga caer la adhesión que
aparece como un verdadero recurso de apelación, dentro del (nuevo)
plazo concedido al apelado para recurrir; parece, a su vez, que la
dependencia, que hace abrir el nuevo derecho (plazo) frente a la apelación,
determine la extinción de la adhesión si la apelación carece de existencia
o se declara que no ha existido (porque fue interpuesta fuera de plazo
generalmente)» (VESCOVI, 1988:177-179).

La adhesión, como forma de impugnar que es (en la que debe precisarse


el agravio y el vicio o error que lo motiva, así como observarse determinadas
formalidades), presupone una manifestación de voluntad de carácter expreso
e indubitable. Del mismo parecer es Luis Loreto, quien destaca que «la voluntad
de adherir a la apelación contraria no se presume y ella debe aparecer de una
Capítulo V: Recurso de apelación 155

declaración expresa, o de actos concluyentes o inequívocos en tal sentido...»


(LORETO, 1975: 695). Sin embargo, «... se ha denominado también como
'adhesión a la apelación, pero en este caso 'implícita', a aquel supuesto en que
se encuentra el vencedor enjuicio respecto de aquellas cuestiones oportunamente
planteadas por su parte en primera instancia, que hubiesen sido resueltas en
su contra por la sentencia en grado o que se hubiese omitido su tratamiento en
atención a que la solución dada a las otras cuestiones hacía innecesario su
tratamiento. Como vencedor, esta parte no podría apelar del fallo que en
definitiva no le era desfavorable. Pero, tales cuestiones quedan implícitamente
sometidas, como consecuencia del recurso de la otra parte, al tribunal de alzada
quien, llegado el caso -es decir, si considera procedentes los agravios de la
apelante- debe también analizarlas y resolverlas...» (LOUTAYF RANEA, 1989,
Tomo 1: 308).
El Código Procesal Civil, acerca de la adhesión al recurso de apelación,
establece lo siguiente:
En los procesos de conocimiento y abreviado, al contestar el traslado
del escrito de apelación contra la sentencia (que se confiere por el
plazo de diez días), la otra parte podrá adherirse al recurso,
fundamentando sus agravios, de los que se conferirá traslado al
apelante por diez días. Si hubo adhesión, con la absolución del
apelante el proceso queda expedito para ser resuelto, con la
declaración del Juez superior en tal sentido, señalando día y hora
para la vista de la causa (art. 373 -tercer, cuarto y quinto párrafos-
del C.P.C.).
En los procesos de conocimiento y abreviado el plazo para adherirse
a la apelación de autos con efecto suspensivo y para su contestación
es de tres días de conferido el traslado del recurso o de la adhesión,
respectivamente. El Secretario de Juzgado enviará el expediente al
superior dentro de cinco días de concedida la apelación o la
adhesión -si la hubo-, bajo responsabilidad (de acuerdo a lo previsto
en el art. 376 -inciso 1) y cuarto párrafo- del C.P.C.).
En los procesos sumarísimos, de ejecución y no contenciosos la
adhesión a la apelación concedida con efecto suspensivo, se sujeta
a lo dispuesto por el artículo 376 del Código Procesal Civil (de
conformidad con los arts. 558, 691 -segundo párrafo- y 756 del
C.P.C.). Por consiguiente, el plazo para adherirse y para su
contestación, si la hubiera, es de tres días de corrido el traslado del
recurso o de la adhesión, en ese orden. El Secretario de Juzgado
enviará el expediente al superior dentro de cinco días de concedida
la apelación o la adhesión -si la hubo-, bajo responsabilidad (art.
376 -inciso 1) y cuarto párrafo- del C.P.C.).
La adhesión a la apelación de autos sin efecto suspensivo (en toda
clase de procesos) debe tener lugar dentro de tercero día de
156 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

notificado el concesorio de la apelación, pudiendo el adherente, de


considerarlo, pedir al Juez que agregue al cuaderno de apelación
los actuados que estime conveniente, previo pago de la tasa
respectiva (art. 377 -segundo párrafo- del C.P.C.).
La adhesión (a la apelación) que no acompañe el recibo de la tasa,
se interponga fuera del plazo, no tenga fundamento o no precise
el agravio, será de plano declarada inadmisible o improcedente,
según sea el caso (art. 367 -segundo párrafo- del C.P.C.).

El desistimiento de la apelación no afecta a la adhesión.


Puntualizamos que, no obstante estar incluida esta disposición
dentro del artículo 373 -último párrafo- del Código Procesal Civil,
que versa sobre el plazo y trámite de la apelación de sentencias,
resulta aplicable no sólo para la adhesión al recurso de apelación
dirigido contra una sentencia, sino que además lo es tratándose de
la adhesión a la apelación de autos con o sin efecto suspensivo. La
inclusión de dicha regla de carácter general en el citado artículo
obedece simple y llanamente a un error de técnica legislativa.

15. TRAMITE DEL RECURSO DE APELACION

15.1 Interposición del recurso

Según Loutayf Ranea, «... la interposición del recurso constituye el acto


procesal que inicia el procedimiento de apelación; generalmente la
fundamentación se realiza con posterioridad, en oportunidad de presentar la
expresión de agravios o los memoriales, pero es necesaria la interposición del
recurso para iniciar la instancia recursiva. Consiste en la declaración de voluntad
de la parte por la que pide la tramitación del procedimiento de apelación...»
(LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 43).

En opinión de Jaime Guasp, la interposición del recurso de apelación


«tiene como contenido fundamental el de dar vida al proceso de apelación, o
segunda instancia, del asunto judicial resuelto en la primera por el juez o
tribunal de cuya resolución se recurre. Es, pues, un auténtico acto de iniciación
procesal al que cabe llamar demanda, si a este término se le da el significado
amplio que verdaderamente merece. E incluso cabe observar que se trata de
una demanda pura y simple, y no mixta o compleja, porque el escrito de
interposición del recurso contiene la simple petición de que el proceso de
apelación dé comienzo y no encierra la pretensión procesal de fondo, de
eliminación y sustitución de la resolución recurrida, la cual queda reservada
para un momento ulterior de la tramitación» (GUASP, 1968, Tomo I: 739-740).

La interposición del recurso de apelación resulta ser entonces la


declaración expresa de voluntad de quien se siente perjudicado con alguna
resolución dirigida a introducir el indicado medio impugnativo al proceso a
Capítulo V: Recurso de apelación 157

fin de obtener la modificación de aquélla. Dicho acto procesal de introducción


del recurso, que adopta, por lo general, la forma escrita, inicia, pues, el
procedimiento de revisión de una resolución y se plantea ante el mismo órgano
jurisdiccional que la expidió. El recurso debe observar los requisitos de ley
porque sino su interposición sería inútil al devenir en ineficaz dicho medio
impugnatorio.

«El acto de interposición del recurso debe cumplir con los requisitos
formales y tiene el efecto de suspender la jurisdicción (salvo los casos de excepción:
efecto diferido, a un solo efecto)» (VESCOVI, 1988: 143). «Constituye (...) un
acto formal, y el no cumplimiento de dichas formas determinará el rechazo del
recurso» (VESCOVI, 1988:143). «... Es casi de la esencia del recurso de apelación,
que se interponga ante el tribunal que dictó la sentencia (a quo) para que sea
resuelto por el superior (ad quem)» (VESCOVI, 1988:143).

Casarino Viterbo destaca que «... la interposición del recurso de apelación


ante el mismo tribunal que dictó la resolución recurrida se funda en una
evidente necesidad de orden procesal; porque si se entablara, en cambio, ante
el tribunal que va a conocer del recurso, el tribunal a quo podría llevar adelante
el procedimiento, o sea, la ejecución del fallo apelado, por no tener noticias de
su interposición» (CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 231).

El escrito que contiene el recurso de apelación debe comprender el pedido


claro y expreso de revocación y/o anulación de una resolución judicial, así
como la fundamentación de hecho y de derecho correspondiente (de
conformidad con el art. 358 del C.P.C.), a no ser que la resolución recurrida se
trate de un auto expedido en una audiencia, en cuyo caso la apelación se
interpone de inmediato (verbalmente), pero su motivación y demás requisitos
pueden ser cumplidos en momento posterior y por escrito (de acuerdo con lo
previsto en el art. 376 -inc. 2)- y 377 -primer párrafo: por remisión al numeral
anterior- del C.P.C.).

En lo concerniente al plazo para interponer el recurso de apelación,


Loutayf Ranea dice que «... el plazo para apelar es individual y perentorio.
Individual en cuanto el plazo corre separada e independientemente para cada
parte, aun cuando se trate de un litisconsorcio en que el plazo corre
independientemente para cada litisconsorte...» (LOUTAYF RANEA, 1989,
Tomo 2: 60). «Perentorio, en cuanto a su vencimiento precluye fatalmente la
posibilidad de ejercitar el derecho, es decir, de apelar (...). Y al ser perentorio
el plazo, si la parte no ha ejercitado el derecho durante su transcurso no lo
puede hacer con posterioridad, aun cuando el juez de primera instancia haya
concedido el recurso y exista consentimiento de la parte contraria; a su
vencimiento se opera automáticamente la pérdida del derecho de apelar, y las
resoluciones quedan firmes y adquieren autoridad de cosa juzgada, no siendo
necesario, para que opere tal caducidad, petición de parte ni resolución judicial
que la declare» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 60-61).
158 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Véscovi, a su vez, sostiene que «para la interposición del recurso de


apelación -como prácticamente para todos los medios impugnativos- existe un
plazo perentorio y particular» (VESCOVI, 1988:130). Anota dicho autor que
«el plazo es perentorio en todos los códigos que conocemos, es decir que caduca
en forma automática, sin necesidad de ningún acto de la contraparte ni del
oficio judicial; en consecuencia, y transcurrido el plazo, las sentencias
(resoluciones, en general) dictadas quedan firmes (pasan en autoridad de cosa
juzgada si corresponde)» (VESCOVI, 1988: 130). «También, como sucede
normalmente con los plazos perentorios, es improrrogable...» (VESCOVI, 1988:
130). «Asimismo se trata de una plazo particular, es decir que corre normalmente
(en la generalidad de los códigos) a partir del día siguiente al que se efectuó la
notificación a cada parte» (VESCOVI, 1988:130). «Esta regla es aplicable aun
al caso de parte múltiple, es decir que el plazo es particular a cada uno de los
integrantes de esa parte, por lo cual si fueran notificados en días diferentes,
correrá en forma distinta...» (VESCOVI, 1988:130).

Casarino Viterbo refiere que «en doctrina el término para apelar no debe
ser ni muy largo ni muy corto; ni muy largo, porque deja inciertos los derechos
reconocidos por la sentencia por mucho tiempo; y ni muy corto, porque un
plazo breve impide a las partes analizar la sentencia y estudiar si conviene
recurrir de apelación o no» (CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 232). El
plazo para apelar -continúa Casarino Viterbo- «... es un plazo individual, o
sea, se comienza a contar desde la notificación de la resolución recurrida a la
parte que interpone el correspondiente recurso de apelación...» (CASARINO
VITERBO, 1984, Tomo IV: 232-233). Termina Casarino Viterbo diciendo que el
plazo para apelar «... es un término legal; en consecuencia, no admite prórroga,
porque solamente los términos señalados por el tribunal gozan de esta franquicia
y siempre que concurran determinados requisitos legales...» (CASARINO
VITERBO, 1984, Tomo IV: 233).

Apunta Quinteros Velasco que «... una vez concluido el término de la


apelación, se extingue la oportunidad procesal para realizar el acto, el cual ya
no podría realizarse más, habrá caducado el plazo, se perdería la facultad de
interponer la apelación, sin que fuera posible regresar a esta etapa del juicio
ya extinguida, operaría la preclusión, sería cosa juzgada, no podría revivirse
la disputa apoyándose en los mismos hechos bases del juicio, cuya sentencia
quedó firme» (QUINTEROS VELASCO, 1962: 45).
La apelación contra las sentencias se interpone dentro del plazo previsto
en cada vía procedimental, contado desde el día siguiente a su notificación (art.
373 -primer párrafo- del C.P.C.). Así tenemos que:

A. En los procesos de conocimiento, el plazo para apelar la sentencia


es de 10 días (art. 478 -inc. 13)- del C.P.C.).

B. En los procesos abreviados, el plazo para apelar la sentencia es de


cinco días (art. 491 -inc. 12)- del C.P.C.).
Capítulo V: Recurso de apelación 159

C. En los procesos sumarísimos, el plazo para apelar la sentencia es


de tres días (art. 556 -primera parte- del C.P.C.).

D. En los procesos únicos de ejecución, el plazo para apelar el auto


que resuelve la contradicción, poniendo fin a tales procesos (por lo
que dicha resolución se homologa a una sentencia), es de tres días
(art. 691 -primer párrafo- del C.P.C.).

E. En los procesos no contenciosos, el plazo para apelar la resolución


final es de 3 días (arts. 756 y 376 del C.P.C.).

La apelación contra los autos a ser concedida con efecto suspensivo o sin
él se interpone dentro de los siguientes plazos:
Tres días si el auto es pronunciado fuera de audiencia (arts. 376
-inc. 1)- y 377 -parte inicial del primer párrafo- del C.P.C.).

En la misma audiencia, si el auto fuera expedido en ella, pero su


fundamentación y demás requisitos serán cumplidos en el mismo
plazo que el acápite anterior (arts. 376 -inc. 2)- y 377 -parte inicial
del primer párrafo- del C.P.C.).

15.2 Admisibilidad y procedencia del recurso

El derecho de recurrir una resolución nace del interés privado por lo que
rige el principio dispositivo en materia recursiva. Los litigantes tienen la carga
de hacer uso del recurso correspondiente observando los requisitos de
admisibilidad y procedencia si es que no desean perder la posibilidad de la
revisión de una resolución en segunda instancia. Los órganos jurisdiccionales,
por su parte, deben velar por su competencia, excluyendo su participación en
los asuntos en que ella deviene en inadmisible o conociendo de los mismos si
es permisible su intervención. La cuestión referida a la competencia del órgano
judicial revisor, al ser de orden público, hace que no se pueda asignar al superior
jerárquico el conocimiento de un asunto que no ha guardado las condiciones
legales de admisibilidad y procedencia. Es por ello que al órgano jurisdiccional
de apelación no le vincula la petición impugnativa del litigante ni la resolución
del Juez a quo que dio inicio al procedimiento de apelación, pudiendo, en
consecuencia, anular el concesorio del recurso en caso de inobservancia de sus
requisitos de admisibilidad y procedencia.
Antes de que haya un pronunciamiento sobre la fundabilidad o no de
un recurso debe examinarse si éste reúne los presupuestos de admisibilidad y
procedencia exigidos por ley. El análisis de tales presupuestos corresponde al
Juez a quo, estando facultado también para ello el Juez ad quem.

La admisibilidad y procedencia del recurso de apelación suponen el


cumplimiento de los requisitos legales por parte del impugnante que hacen
posible el conocimiento de la cuestión de fondo formulada en el recurso por
160 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

el órgano superior en grado, quien deberá decidir si resulta fundado o


infundado. La admisibilidad y procedencia del recurso de apelación están
sujetas a la observancia de determinados requisitos o presupuestos como son:
el pago de la tasa judicial respectiva, su interposición dentro del plazo legal de
impugnación, que la resolución pueda ser objeto de apelación, que dicha
resolución haya causado agravio al recurrente, que quien planteó el recurso se
encuentre facultado para hacerlo, que el recurso esté debidamente fundamentado
y que contenga la petición concreta de anulación o reforma -en todo o en parte-
de la resolución impugnada.

El primer examen acerca de la inadmisibilidad o improcedencia del


recurso lo efectúa el órgano jurisdiccional que emitió la resolución impugnada
y ante el cual se presenta la apelación. Será aquél, pues, quien decida si hace
lugar a la apelación o la deniega, indicando, en el primer caso, el efecto en que
es concedida. El superior jerárquico -reiteramos-, además de resolver la
fundabilidad o no del recurso, también tiene potestad para pronunciarse sobre
su admisibilidad o procedencia.

Sobre el particular, Prieto-Castro y Ferrándiz asevera que «... la declaración


de admisión del recurso corresponde al Juez inferior, el cual examina solamente
la existencia de sus requisitos formales: procedencia, forma y tiempo, y expresa
si lo admite "en uno' o 'en ambos efectos'...» (PRIETO-CASTRO Y FERRANDIZ,
1980, Volumen 1: 256).

Véscovi aduce que «el juez a quo es quien juzga la admisibilidad,


analizando, uno a uno, los presupuestos del recurso: tempestividad,
formalidades, capacidad, personería, legitimación, apelabilidad de la decisión,
etc.» (VESCOVI, 1988: 145). «En caso de que ellos no se reúnan rechazará el
recurso dando lugar a la queja, o recurso de hecho ante el superior» (VESCOVI,
1988:145).

Kielmanovich indica que «el juicio de admisibilidad del juez de la primera


instancia es (...) provisorio y no vinculante para la Alzada, quien incluso de
oficio puede declarar su inadmisibilidad por ser ella el 'juez del recurso»
(KIELMANOVICH, 1989: 35).

Al respecto, señala Loutayf Ranea que «el tribunal de alzada es el juez


del recurso; es el que debe hacer el análisis definitivo de la admisibilidad; puede
conceder un recurso denegado (si el recurrente ha seguido las más legales para
llegar a la alzada) o denegar un recurso concedido; puede modificar la forma
o los efectos con que se ha concedido un recurso; puede analizar el trámite
seguido. En esta tarea puede actuar de oficio o a petición de parte, según sea
el caso; y (...) en esta tarea no se encuentra vinculado ni por la voluntad de las
partes ni por resolución del juez en grado por más que se encuentre consentida»
(LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 6). Añade Loutayf Ranea que «cuando el
recurso es inadmisible por darse circunstancias que impedían su concesión, si
el juez en grado no lo ha denegado, lo debe hacer el tribunal de apelaciones; y
Capítulo Y : Recurso de apelación 161

en tal caso, como está frente a un recurso concedido -aunque no debía haberlo
sido-, la declaración de inadmisibilidad se hace generalmente mediante una
resolución que, expresando los fundamentos, declara 'mal concedido' el recurso
(sin perjuicio de que también sería correcto utilizar la expresión genérica de
declarar 'inadmisible' el recurso). En este caso, la resolución del tribunal de
apelaciones que declara mal concedida una apelación tiene efecto de revocatoria
de la providencia del juez que la concedió» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo
2: 7-8).
El artículo 367 del Código Procesal Civil trata precisamente sobre la
admisibilidad e improcedencia del recurso de apelación en los siguientes
términos:

«La apelación se interpone dentro del plazo legal ante el Juez que expidió
la resolución impugnada, acompañando el recibo de la tasa judicial
respectiva cuando ésta fuera exigible.

La apelación o adhesión que no acompañen el recibo de la tasa, se


interpongan fuera del plazo, que no tengan fundamento o no precisen el
agravio, serán de plano declaradas inadmisibles o improcedentes, según
sea el caso.

Para los fines a que se refiere el Artículo 357° [del C.P.C., según el cual los
medios impugnatorios se interponen ante el órgano jurisdiccional que cometió
el vicio o error, salvo disposición en contrario; y se atenderá a la formalidad y
plazos previstos en el Código adjetivo para cada uno], se ordenará que el
recurrente subsane en un plazo no mayor de cinco días, la omisión o
defecto que se pudiera advertir en el recibo de pago de la tasa respectiva,
en las cédulas de notificación, en la autorización del recurso por el Letrado
Colegiado o en la firma del recurrente, si tiene domicilio en la ciudad
sede del órgano jurisdiccional que conoce de la apelación. De no
subsanarse la omisión o defecto, se rechazará el recurso y será declarado
inadmisible.

Si el recurrente no tuviera domicilio procesal en la ciudad sede del órgano


jurisdiccional que conoce de la apelación, tramitará la causa de manera
regular y será el Juez quien ordene la correspondiente subsanación del
error.

El superior también puede declarar inadmisible o improcedente la


apelación, si advierte que no se han cumplido los requisitos para su
concesión. En este caso, además, declarará nulo el concesorio».

15.3 Concesión del recurso

«La instancia de la apelación comienza con la interposición del recurso


(toda instancia se inicia con una petición, y la interposición del recurso
constituye la petición que inicia la instancia de la alzada). La providencia que
162 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

concede el recurso no inicia la instancia de la apelación sino que reconoce la


admisibilidad de esa instancia ya iniciada con la interposición del recurso; y
por el contrario, la resolución que deniega el recurso declara la inadmisibilidad
de esa instancia iniciada y que se pretendía recorrer; en ambos casos corresponde
un pronunciamiento porque ya existe justamente una petición inicial. El tribunal
que dictó la resolución impugnada es el que debe pronunciarse sobre la
concesión o denegación de la apelación (aunque sin perjuicio de las facultades
del tribunal de alzada como juez del recurso); y en principio, con tal
pronunciamiento se agotan las atribuciones del juez en grado en lo relativo al
recurso de apelación...» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 70).

Si el recurso de apelación reúne los requisitos de admisibilidad y


procedencia exigidos por el ordenamiento jurídico procesal, el Juez a quo
expedirá el auto que lo concede precisando su efecto. En la hipótesis de que
aquél rechace el medio impugnatorio interpuesto (declarándolo inadmisible o
improcedente) puede el Juez ad quem conceder el recurso de apelación si
declara fundado el recurso de queja correspondiente, dirigido precisamente a
lograr el reexamen y posterior revocación de la resolución que se pronunció
sobre la inadmisibilidad o improcedencia de la apelación (de conformidad con
los arts. 401 y 404 -segundo párrafo- del C.P.C.).

«La concesión del recurso permite la continuación del trámite de la


apelación, debiéndose cumplir los actos sucesivos según sea la forma o efecto
con que se ha concedido el recurso» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 69).

15.3.1 Efectos en que se concede el recurso

El recurso de apelación puede ser concedido:


Con efecto suspensivo.

Sin efecto suspensivo.

Sin efecto suspensivo y con calidad de diferido.

Loutayf Ranea asegura que «... cuando la ley dice que en un determinado
supuesto el recurso debe concederse en 'un solo efecto' o 'en efecto devolutivo'
sin señalar también el efecto suspensivo, debe entenderse que la concesión del
recurso es 'sin efecto suspensivo'. Cuando el recurso debe concederse 'en ambos
efectos', significa que también está incluido en esta expresión el efecto
'suspensivo» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 82). Levitán puntualiza que
«es común hablar de apelaciones concedidas en ambos efectos; pero ello
significa una contradicción evidente (...); pues si tiene efecto suspensivo no
puede tener efecto devolutivo. Y correlativamente, si tiene efecto devolutivo,
no puede tener efecto suspensivo» (LEVITAN, 1986:45-46). Añade Levitán que
«de todas maneras, con la mala terminología, la expresión 'ambos efectos'
significa que se suspende el cumplimiento de la sentencia hasta que se dicte la
de alzada. Si la sentencia se confirma, entonces quedará cumplida. Es curioso:
Capítulo Y : Recurso de apelación 163

'ambos efectos7 significa en un solo efecto: el suspensivo. Paradójicamente, se


usa también la expresión7en un solo efecto7, que significa que se concede sólo
en efecto devolutivo. La sentencia no se suspende en su cumplimiento, no
obstante hallarse apelada. Originariamente, el recurso de apelación se concedía
siempre en efecto suspensivo. La influencia del derecho eclesiástico hizo que
se introdujera el efecto devolutivo, al principio, para casos especiales, como en
juicios de alimentos. Más adelante la jurisprudencia amplió el efecto devolutivo
o no suspensivo, a los casos de cumplimiento de medidas precautorias»
(LEVITAN, 1986: 47).

El efecto suspensivo impide la ejecución o cumplimiento de la resolución


recurrida, quedando así suspendida su eficacia hasta tanto no quede firme la
decisión del Juez ad quem. Tal efecto hace que le esté vedado al inferior
jerárquico innovar la situación existente por lo que se encuentra impedido de
exigir el cumplimiento de la decisión sujeta al examen del órgano jurisdiccional
de alzada. El magistrado que emitió la resolución impugnada puede, sin
embargo, seguir conociendo de aquellos asuntos no comprendidos en la
reclamación como los tramitados en cuaderno aparte, así como ordenar medidas
cautelares destinadas a impedir que pueda tornarse ilusorio el derecho del
interesado.

Véscovi manifiesta que «la suspensividad se refiere a la ejecución de la


sentencia apelada y a las decisiones conexas, para lo cual queda suspendida,
entonces sí, la jurisdicción del juez apelado; en cambio, dicha suspensión no
se refiere a otros trámites, sean del propio recurso o no. Así, por ejemplo, cabe
la recurrencia ante el mismo juez sobre la forma de conceder el recurso (...);
también la expresión de agravios (o presentación de memoriales) en los sistemas
que lo admiten ante el inferior. En lo que se refiere a otras cuestiones, se puede
dar el desistimiento del recurso, el cambio de la capacidad de las partes (que
el capaz se haga incapaz, o viceversa), la muerte de una parte, la sustitución
del procurador, etc.» (VESCOVI, 1988:139).

A decir de Kielmanovich, «... cuando la ley habla de la concesión del


recurso7en ambos efectos7, debe entenderse con efectos suspensivo en cuanto
a la ejecutabilidad de la resolución recurrida...» (KIELMANOVICH, 1989: 44).

Luis Loreto precisa que «... el efecto suspensivo tiene necesariamente que
referirse a toda la causa, pues, si así no fuese, sería lógica y jurídicamente
inconcebible que el punto ejecutoriado pudiera ser sometido a un nuevo examen
por el juez ad quem en virtud del derecho de adherir a la apelación...» (LORETO,
1975: 684).

El efecto suspensivo -sostiene Levitán- «... es la manera más corriente de


concesión del recurso; significa que la sentencia no se cumple hasta que se
resuelva el recurso interpuesto y concedido. Es decir, la sentencia se suspende
en sus efectos hasta que en la superior instancia se resuelva la apelación»
(LEVITAN, 1986: 44-46).
164 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

A criterio de Eduardo Pallares, «el efecto suspensivo consiste en que no


pueda llevarse a cabo la ejecución de la sentencia o del auto apelado, respecto
de la cual el juez pierde su jurisdicción para hacerlo...» (PALLARES, 1989:458).

Casarino Viterbo entiende por efecto suspensivo «... aquel que tiene la
virtud de paralizar la jurisdicción del tribunal inferior y, en especial, la ejecución
o cumplimiento de la resolución recurrida, mientras el recurso de apelación
no termine por alguno de los medios que señala la ley...» (CASARINO VTTERBO,
1984, Tomo IV: 235). El efecto suspensivo -agrega Casarino Viterbo- es aquel
«... que tiene la virtud de deferir o remitir al tribunal superior la cuestión fallada
en la resolución recurrida, con la competencia necesaria para enmendar esta
resolución en conformidad a derecho» (CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV:
235). El mencionado autor destaca que la diferencia entre el efecto devolutivo
y el suspensivo «... cae de su propio peso: mientras el efecto devolutivo es
consecuencia forzada y lógica de toda apelación, puesto que mediante ella se
somete siempre a un juez superior el conocimiento y fallo de la cuestión que
ha sido objeto del recurso, o sea, es de la esencia del recurso de apelación; el
efecto suspensivo no es consecuencial y forzoso en dicho recurso para que el
recurrente alcance el objeto que persigue, cual es la enmienda de la resolución
apelada, siendo, de esta suerte, sólo de la naturaleza del referido recurso»
(CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 235).

Quinteros Velasco señala que «presentado el escrito en que se interpone


el recurso de apelación, se limitan al juez sus poderes a que sólo pueda declarar
si es o no admisible el recurso y en caso de estimarlo procedente a remitir los
autos al Tribunal Superior para rever la sentencia, estimando atentatoria
cualquier otra providencia; siendo la Segunda Instancia un trámite de revisión
de la sentencia que tiene por objeto corregir los errores de la misma, es natural
suspender su cumplimiento y tramitar en forma previa la apelación;
consecuentemente con lo expuesto deducimos que el efecto suspensivo consiste
en paralizar provisionalmente el cumplimiento de los efectos de la sentencia
(Apellatione pendente nihil innovandum)» (QUINTEROS VELASCO, 1962:
40).
Para Couture, el efecto suspensivo de la apelación «... consiste en el
enervamiento provisional de los efectos de la sentencia, una vez introducido
el recurso de apelación» (COUTURE, 1985:370). Interpuesto el recurso -continúa
Couture- «... no sólo se opera el envío al superior para la revisión de la sentencia,
sino que también, como complemento necesario, sus efectos quedan detenidos.
Según el precepto clásico, appellatione pendente nihil innovandum»
(COUTURE, 1985: 370). Esta consecuencia -destaca Couture- «... fluye
directamente de la esencia misma de la segunda instancia. Si ésta es (...) un
procedimiento de revisión sobre los vicios posibles de la sentencia, lo natural
es que tal procedimiento sea previo a la ejecución y no posterior, cuando la
sentencia se ha cumplido y sus efectos sean, acaso, irreparables» (COUTURE,
1985: 370). Concluye Couture afirmando que «el efecto suspensivo depara a la
sentencia apelada la condición de expectativa (...). Pendiente el recurso, no es
Capítulo Y: Recurso de apelación 165

una sentencia sino un acto que puede devenir sentencia: mera situación jurídica
a determinarse definitivamente por la conclusión que se admita en segunda
instancia» (COUTURE, 1985: 371).
El recurso de apelación concedido sin efecto suspensivo supone el
mantenimiento de la eficacia de la resolución recurrida, o sea, que resulta
exigióle su cumplimiento. Así es, tal efecto implica la ejecución provisional de
la resolución recurrida, sin perjuicio de lo que el superior jerárquico resuelva
al final. En consecuencia, si éste confirma lo decidido por el inferior en grado,
la ejecución de la resolución dejará de ser provisional y se convertirá en una
actuación procesal firme; por el contrario, si se revocara la resolución impugnada
ejecutada provisionalmente en mérito del efecto aludido, se anulará todo lo
actuado en relación al cumplimiento de dicha resolución, retrotrayéndose el
proceso al estado inmediatamente anterior a su expedición.
La apelación concedida sin efecto suspensivo (o con efecto devolutivo)
-dice Levitán- «... implica que la sentencia se cumple, a pesar de que esté
recurrida...» (LEVITAN, 1986: 45).
Según Véscovi, «en los casos en los cuales no se da el efecto suspensivo (...)
se admite peticionar la ejecución provisional de la sentencia, entonces ella
pasa a ser ejecutada por el juez a quo. Naturalmente que todas las medidas de
ejecución serán provisionales, en el sentido de que si el superior revoca la
decisión, todo lo actuado deviene inválido y debe restituirse a la situación
anterior, quedando a salvo los derechos de los terceros de buena fe...» (VESCOVI,
1988:139).
La apelación concedida sin efecto suspensivo y con calidad de diferida
significa que su trámite es reservado por el Juez a quo con la finalidad de que
el indicado medio impugnativo sea resuelto por el superior en grado
conjuntamente con la sentencia u otra resolución que el Juez debe señalar con
dicho objeto.
«El efecto diferido corresponde (...) sólo cuando la ley así lo dispone, e
implica la postergación de la etapa de fundamentación y resolución del recurso
a un momento ulterior desvinculado del de la interposición, ya que precisamente
tal efecto está dirigido a evitar la interrupción de los procedimientos de primera
instancia y su elevación a la Alzada, consecuencia diríamos 'normal' del recurso
de apelación» (KIELMANOVICH, 1989: 46).
Monroy Cabra afirma que «... en este supuesto (efecto diferido) se
suspenderá el cumplimiento de la providencia apelada, pero continuará el
curso del proceso ante el inferior en lo que no dependa necesariamente de ella»
(MONROY CABRA, 1979: 342).
A juicio de Enrique Falcón, «... la tramitación (del recurso de apelación)
es diferida si la interposición del recurso y su fundamento y tratamiento se
distancian en el proceso; el fundamento y el tratamiento del recurso se reservan
para una etapa posterior...» (FALCON, 1978: 293).
166 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Acerca del efecto diferido en que puede ser concedido el recurso de


apelación, Levitán expone que «... cuando la sustanciación del recurso y su
resolución por la alzada se difiere al momento de dictar la sentencia definitiva,
toma el efecto diferido...» (LEVITAN, 1986: 46). Algunos autores (como
Fenochietto y Arazi), prosigue Levitán, «... sostienen que la concesión del
recurso en efecto diferido no tiene sentido, pues de efecto (...) no tienen nada.
Manifiestan que lo que se difiere es la apelación, pero sin otorgarle efecto
alguno. No coincidimos con esa interpretación. Justamente, si como bien lo
expresan, se posterga la decisión del recurso, en eso consiste el efecto diferido.
Se difieren la sustanciación y el conocimiento del recurso, para cuando vaya
el expediente al tribunal superior para resolver la sentencia definitiva»
(LEVITAN, 1986: 46-47).

Sobre la apelación con efecto diferido, Loutayf Ranea anota que «... como
principio general, la concesión de un recurso de apelación se hace con efecto
inmediato, es decir, inmediatamente a la concesión se realizan todos los trámites
necesarios para su resolución. Como es el principio general, no se requiere
un pronunciamiento específico en el auto de concesión que establezca el
efecto inmediato» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 97). «Opuesto al efecto
inmediato está el efecto diferido, en donde, a diferencia del anterior, la
tramitación y resolución del recurso se reserva para una oportunidad posterior
a la concesión...» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 97). El fundamento de la
apelación en efecto diferido -subraya Loutayf Ranea- «... reside en la conveniencia
de evitar las frecuentes interrupciones que, en desmedro de la celeridad
procesal, sufre el procedimiento de primera instancia sometido exclusivamente
a un régimen de apelaciones inmediatas. Pero, si debiendo haberse concedido
el recurso en efecto diferido, el mismo ha sido tramitado inmediatamente a su
interposición, se han elevado los autos a la alzada y el tribunal de apelaciones
se encuentra en condiciones de resolver la apelación, por razones de economía
procesal corresponde tratar el recurso» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2:
97-98).

Véscovi refiere que «... dentro de los recursos sin efecto suspensivo, debe
incluirse el que se llama de efecto diferido, en cuyo caso (...), la introducción
de la apelación funciona como una reserva para el caso en que el expediente
sea luego elevado en alzada interpuesta contra la sentencia definitiva. Es,
entonces, como un recurso condicionado a la apelación principal, en cuyo caso
corresponderá tratar ambas (o todas) las apelaciones, lógicamente primero la
diferida, por referirse a algún trámite procedimental anterior a la sentencia»
(VESCOVI, 1988:141). Agrega Véscovi que «la finalidad de admitir esta forma
de recurrencia responde al principio de celeridad, evitando las continuas
interrupciones del procedimiento principal. Así se resuelve, en el mismo
sentido, sustanciar los incidentes en pieza separada y luego conceder las
apelaciones con efecto diferido» (VESCOVI, 1988:141).
Capítulo V: Recurso de apelación 167

El artículo 368 del Código Procesal Civil versa sobre los efectos del recurso
de apelación estableciendo así lo siguiente:
«El recurso de apelación se concede:

1. Con efecto suspensivo, por lo que la eficacia de la resolución


recurrida queda suspendida hasta la notificación de la que ordena
se cumpla lo dispuesto por el superior.

Sin perjuicio de la suspensión, el Juez que expidió la resolución


impugnada puede seguir conociendo las cuestiones que se tramitan
en cuaderno aparte. Asimismo, puede, a pedido de parte y en
decisión debidamente motivada, disponer medidas cautelares que
eviten que la suspensión produzca agravio irreparable.
2. Sin efecto suspensivo, por lo que la eficacia de la resolución
impugnada se mantiene, incluso para el cumplimiento de ésta.

Al conceder la apelación, el Juez precisará el efecto en que concede el


recurso y si es diferida, en su caso».
El artículo 369 del Código Procesal Civil está referido a la apelación
diferida y preceptúa que:

«Además de los casos en que este Código [C.P.C.] lo disponga, de oficio


o a pedido de parte, el Juez puede ordenar que se reserve el trámite de
una apelación sin efecto suspensivo, a fin de que sea resuelta por el
superior conjuntamente con la sentencia u otra resolución que el Juez
señale. La decisión motivada del Juez es inimpugnable.

La falta de apelación de la sentencia o de la resolución señalada por el


Juez determina la ineficacia de la apelación diferida».

Procede la apelación con efecto suspensivo contra las sentencias y autos


que dan por concluido el proceso o impiden su continuación, y en los demás
casos previstos en el Código Procesal Civil (art. 371 del C.P.C.). Advertimos,
sin embargo, que en el caso de la sentencia expedida en el proceso sumarísimo
de alimentos la apelación es concedida sin efecto suspensivo. Ello se desprende
del primer párrafo del artículo 566 del Código adjetivo el cual dispone que «la
pensión de alimentos que fije la sentencia debe pagarse por período adelantado
y se ejecuta aunque haya apelación. En este caso, se formará cuaderno
separado...» (El subrayado es nuestro).

Las apelaciones sin efecto suspensivo proceden en los casos expresamente


establecidos en la ley y en aquellos en que no procede apelación con efecto
suspensivo (art. 372 -primer párrafo- del C.P.C.).

Cuando el Código Procesal Civil no haga referencia al efecto o ala calidad


en que es apelable una resolución, ésta es sin efecto suspensivo y sin la calidad
de diferida (art. 372 -último párrafo- del C.P.C.).
168 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Una vez concedida con efecto suspensivo la apelación contra la sentencia,


se elevará el expediente dentro de un plazo no mayor de veinte días, contado
desde la concesión del recurso, salvo disposición distinta del Código Procesal
Civil. Esta actividad es de responsabilidad del Auxiliar jurisdiccional (art. 373
-segundo párrafo- del C.P.C.).

Apenas sea concedida con efecto suspensivo la apelación contra algún


auto (en los casos en que la ley autoriza dicho efecto), el Secretario de Juzgado
enviará el expediente al superior dentro de cinco días de concedida la apelación
o la adhesión, en su caso, bajo responsabilidad (art. 376 -cuarto párrafo- del
C.P.C.).

Concedida sin efecto suspensivo y sin la calidad de diferida la apelación


contra algún auto (en los casos en que la ley dispone dicho efecto), en la misma
resolución concesoria el Juez precisará los actuados que deben ser enviados al
superior, considerando los propuestos por el recurrente al apelar, sin perjuicio
de que la instancia que resuelva pueda pedir los documentos que considere
necesarios. Dentro de tercer día de notificado el concesorio, la otra parte puede
adherirse a la apelación y, de considerarlo, pedir al Juez que agregue al cuaderno
de apelación los actuados que estime conveniente, previo pago de la tasa
respectiva. El auxiliar jurisdiccional, dentro de cinco días de notificado el
concesorio, bajo responsabilidad, remite a la instancia correspondiente las
piezas indicadas por el Juez, debidamente escaneadas, formando un cuaderno
de apelación virtual, además del oficio de remisión firmado por el Juez,
agregando el original al expediente principal que eleva en cd y otro medio
magnético y dejando constancia de la fecha del envío. En los casos en que los
órganos jurisdiccionales no cuenten con la posibilidad de escanear, el auxiliar
jurisdiccional remite las fotocopias de las piezas procesales. En los casos que
una misma resolución haya sido apelada por varias partes o personas, se
formará un solo cuaderno de apelación, bajo responsabilidad. Así lo establece
el artículo 377 -parte pertinente- del Código Procesal Civil.

El concesorio del recurso de apelación que fija un efecto distinto al


solicitado por el recurrente puede ser impugnado a través del recurso de queja
a fin de que el superior jerárquico conceda el recurso con el efecto pedido por
el apelante. Ello de acuerdo a lo previsto en la parte final del artículo 401 del
Código Procesal Civil.

15.4 Procedimiento en segunda instancia

Dice Véscovi, acerca del procedimiento en segunda instancia, que «se


dispone remitir el expediente al superior, lo cual se cumple por diversas formas
que están en el uso forense y que no interesa entrar a detallar (correo, etc.). Lo
importante es que las leyes procesales, en general, establecen plazos breves y
sanciones específicas, para evitar que lo que no se hace directamente, por la
negativa en otorgar el recurso, para lo cual hay medios impugnativos, se pueda
Capítulo V : Recurso de apelación 169

lograr indirectamente, mediante la simple retención o demora en remitir el


expediente para permitir que comience a actuar el órgano superior, aquel para
ante el cual se apela» (VESCOVI, 1988: 146). «También se regulan las piezas
que se deben enviar; si es todo el expediente (...), o las copias o testimonios...»
(VESCOVI, 1988:147). «... En la mayoría de los sistemas existe un acto formal
del tribunal superior mediante el cual asume su jurisdicción, por auto que
normalmente produce el efecto de hacer comenzar a correr (una vez notificado)
los respectivos plazos...» (VESCOVI, 1988:147).
El procedimiento de apelación en segunda instancia se desarrolla -según
el Código Procesal Civil- de la siguiente manera:

a) Reexamen del concesorio por el Juez ad quem.


Recibidos los actuados por el superior jerárquico, éste, al igual que
el inferior en grado, puede declarar inadmisible o improcedente la
apelación, si advierte que no se han cumplido los requisitos para
su concesión. En este caso, además, declarará nulo el concesorio
(art. 367 -último párrafo- del C.P.C.).

b) Apelación de sentencias en los procesos de conocimiento y


abreviados.

En los procesos de conocimiento y abreviados, el superior


conferirá traslado del escrito de apelación por un plazo de
diez días (art. 373 -tercer párrafo- del C.P.C.).

Al contestar el traslado, la otra parte podrá adherirse al


recurso, fundamentando sus agravios, de los que se conferirá
traslado al apelante por diez días (art. 373 -cuarto párrafo- del
C.P.C.).
Con la absolución de la otra parte o del apelante si hubo
adhesión, el proceso queda expedito para ser resuelto, con la
declaración del Juez superior en tal sentido, señalando día y
hora para la vista de la causa (art. 373 -penúltimo párrafo- del
C.P.C.).

La designación de la fecha para la vista de la causa se notifica


a las partes diez días antes de su realización (art. 375 -primer
párrafo- del C.P.C.).

Dentro del tercer día de notificada la fecha de la vista, el


Abogado que desee informar lo comunicará por escrito,
indicando si la parte informará sobre hechos. La comunicación
se considera aceptada por el solo hecho de su presentación,
sin que se requiera citación complementaria. No se admite
aplazamiento (art. 375 -penúltimo párrafo- del C.P.C.).
170 Derecho Procesal Civil V : Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

Contra las sentencias de segunda instancia sólo proceden el


pedido de aclaración o corrección y el recurso de casación
(art. 378 del C.P.C.).

Resuelta la apelación, se devolverá el expediente al Juez de


la demanda, dentro de diez días de notificada la resolución,
bajo responsabilidad del auxiliar de justicia respectivo (art.
383 -primer párrafo- del C.P.C.).

c) Apelación de sentencias en los procesos sumarísimos y no


contenciosos.

En los procesos sumarísimos y no contenciosos el trámite de


la apelación de sentencias se sujeta a lo dispuesto por el
artículo 376 del Código Procesal Civil, referido al plazo y
trámite de la apelación de autos con efecto suspensivo (arts.
558 y 756 del C.P.C.).

Dentro de cinco días de recibido, el superior comunicará a


las partes que los autos están expeditos para ser resueltos y
señalará día y hora para la vista de la causa (art. 376
-antepenúltimo párrafo- del C.P.C.).

Es inadmisible la alegación de hechos nuevos (art. 376


-penúltimo párrafo- del C.P.C.).

La designación de la fecha para la vista de la causa se notifica


a las partes con anticipación de cinco días (art. 375 -segundo
párrafo- del C.P.C.).

Dentro del tercer día de notificada la fecha de la vista, el


Abogado que desee informar lo comunicará por escrito,
indicando si la parte informará sobre hechos. La comunicación
se considera aceptada por el solo hecho de su presentación,
sin que se requiera citación complementaria. No se admite
aplazamiento (art. 375 -penúltimo párrafo- del C.P.C.). Es de
subrayar que en los procesos sumarísimos no proceden los
informes sobre hechos, de acuerdo a lo preceptuado en el
artículo 559 -inciso 2)- del Código Procesal Civil.

La resolución definitiva se expedirá dentro de los cinco días


siguientes a la vista de la causa (art. 376 -último párrafo- del
C.P.C.).

Resuelta la apelación, se devolverá el expediente al Juez de


la demanda, dentro de diez días de notificada la resolución,
bajo responsabilidad del auxiliar de justicia respectivo (art.
383 -primer párrafo- del C.P.C.).
Capítulo Y : Recurso de apelación 171

d) Apelación de autos con efecto suspensivo.

En toda clase de procesos (procesos de conocimiento, procesos


abreviados, procesos sumarísimos, procesos únicos de
ejecución y procesos no contenciosos), tratándose de la
apelación de autos con efecto suspensivo, dentro de cinco
días de recibido, el superior comunicará a las partes que los
autos están expeditos para ser resueltos y señalará día y hora
para la vista de la causa (art. 376 -antepenúltimo párrafo- del
C.P.C.).
Es inadmisible la alegación de hechos nuevos (art. 376
-penúltimo párrafo- del C.P.C.).
En los procesos de conocimiento y abreviados, la designación
de la fecha para la vista de la causa se notifica a las partes
diez días antes de su realización. En los demás procesos, se
notifica con anticipación de cinco días (art. 375 -primer y
segundo párrafos- del C.P.C.).

Dentro del tercer día de notificada la fecha de la vista, el


Abogado que desee informar lo comunicará por escrito,
indicando si la parte informará sobre hechos. La comunicación
se considerará aceptada por el solo hecho de su presentación,
sin que se requiera citación complementaria. No se admite
aplazamiento (art. 375 -penúltimo párrafo- del C.P.C.). En los
procesos sumarísimos -reiteramos- es improcedente los
informes sobre hechos, con arreglo a lo previsto en el artículo
559 -inciso 2)- del Código Procesal Civil.

La resolución definitiva se expedirá dentro de los cinco días


siguientes a la vista de la causa (art. 376 -último párrafo- del
C.P.C.).
e) Apelación de autos sin efecto suspensivo.

En los procesos de conocimiento, abreviados, sumarísimos y


no contenciosos, tratándose de la apelación de autos sin efecto
suspensivo, recibido el cuaderno por la instancia que resuelve
la apelación, ésta comunica a las partes que los autos están
expeditos para ser resueltos. En este trámite no procede
informe oral, ni ninguna otra actividad procesal. Sin perjuicio
de ello, el Superior podrá de oficio citar a los Abogados a fin
que informen o respondan sobre cuestiones específicas
contenidas en la resolución apelada, (art. 377 -último párrafo-
del C.P.C.).
Resuelta la apelación, el secretario del superior notifica la
resolución a las partes dentro de tercer día de expedida. En
172 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

el mismo plazo, bajo responsabilidad, remite al Juez de la


demanda copia de lo resuelto, por facsímil o por el medio
más rápido posible. El cuaderno de apelación con el original
de la resolución respectiva, se conserva en el archivo del
superior, devolviéndose con el principal sólo cuando se
resuelva la apelación que ponga fin al proceso (art. 383 -último
párrafo- del C.P.C.).
En lo que atañe a los procesos únicos de ejecución, se
desprende de la parte final del artículo 691 del Código
Procesal Civil que si la apelación es concedida sin efecto
suspensivo, tendrá la calidad de diferida, siendo de aplicación
el artículo 369 de dicho Código en lo referente a su trámite.
Este último precepto legal establece: A. que, además de los
casos en que el Código Procesal Civil lo disponga, de oficio
o a pedido de parte, el Juez puede ordenar que se reserve el
trámite de una apelación sin efecto suspensivo, a fin de que
sea resuelta por el superior conjuntamente con la sentencia
u otra resolución que el Juez señale, siendo inimpugnable la
decisión motivada del Juez en ese sentido; y B. que la falta
de apelación de la sentencia o de la resolución señalada por
el Juez determina la ineficacia de la apelación diferida.
En cuanto al procedimiento en segunda instancia (salvo en lo concerniente
a la decisión, que se verá más adelante), ya sea ante la Corte Suprema o Cortes
Superiores, la Ley Orgánica del Poder Judicial prevé lo siguiente:
El proceso que deba elevarse en virtud de un medio impugnatorio,
se remite directamente por el Presidente de la Sala respectiva al
Presidente de la Sala que corresponda (art. 129 de la L.O.P.J.).
Los abogados de las partes pueden informarse del expediente por
Secretaría, hasta tres días antes de la vista de la causa (art. 130 de
la L.O.P.J.).
La Corte Suprema y las Salas Superiores ven las causas en audiencia
pública, por riguroso orden de ingreso, dentro de los treinta días
siguientes a que se hallen expeditas para ser resueltas. No es
necesario que la designación de día y hora para la vista conste en
resolución expresa (art. 131 -primer párrafo- de la L.O.P.J.).
El Presidente de la Sala hace citar con setenta y dos (72) horas de
anticipación a los abogados que hayan solicitado el uso de la palabra
para informar, así como a las partes que hayan pedido informar
sobre hechos, precisando el tiempo que tienen para hacerlo. El
abogado de la parte que no solicitó la palabra es igualmente citado
si señaló domicilio en la sede de la Corte. En los demás casos no es
necesario citar a los abogados o a las partes para la vista de la causa
(art. 131 -segundo párrafo- de la L.O.P.J.).
Capítulo V : Recurso de apelación 173

Tratándose de autos, quejas de derecho, contiendas de competencia,


procesos sobre alimentos, acciones de amparo y procesos que estén
por prescribir, la vista de la causa tendrá lugar dentro del quinto
día de hallarse expeditas (art. 131 -tercer párrafo- de la L.O.P.J.).

En todo caso, deben resolverse (las causas) en un plazo máximo


improrrogable de tres meses calendario, sin perjuicio de la
normatividad procesal expresa que señale un plazo menor,
especialmente en las acciones de garantía (art. 131 -penúltimo
párrafo- de la L.O.P.J.).

El informe oral a la vista de la causa sólo es procedente en grado


de apelación, consulta o casación de sentencia o resolución que
pone fin al proceso. El pedido se formula al Presidente de la Sala
por el abogado patrocinante o la parte que solicite informar sobre
hechos (art. 132 -primer párrafo- de la L.O.P.J.).

En los demás casos el informe oral sólo es procedente si es solicitado


por el abogado del patrocinante y concedido por mayoría de los
miembros de la Sala en consideración a la importancia del grado
según dé cuenta el Presidente. Esta decisión es inapelable (art. 132
-segundo párrafo- de la L.O.P.J.).

En ningún caso los abogados intervinientes pueden causar el


aplazamiento de la vista señalada, pudiendo ser sustituidos en
cualquier momento, hasta en el mismo acto del informe oral, por
otros (art. 132 -último párrafo- de la L.O.P.J.).

La vista de la causa sólo se suspende por no conformarse Sala. En


tal caso, ese mismo día el Presidente dispone una nueva designación
para que dicha vista se lleve a cabo dentro de los cinco días hábiles
siguientes. Incurre en responsabilidad el Magistrado que sin causa
justificada ocasiona la suspensión de la vista (art. 134 de la L.O.P.J.).

Se prohíbe toda manifestación de censura o aprobación en el recinto


de las Salas, debiendo ser expulsado el transgresor. En caso
necesario se hace desalojar el local, continuando la audiencia en
privado, sin perjuicio de someter a proceso a los infractores (art.
135 de la L.O.P.J.).

Los abogados están obligados a absolver las preguntas y aclaraciones


que deseen hacerles los magistrados en el curso de sus informes
(art. 136 -primer párrafo- de la L.O.P.J.).

El Presidente de la Sala llama al orden al informante que exceda


los límites del respeto y de la decencia, o si incurre en digresiones
ajenas a los hechos controvertidos, o se exceda en el tiempo señalado
para el informe (art. 136 -último párrafo- de la L.O.P.J.).
174 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

La vista de la causa sin informe oral, se inicia con la exposición del


Vocal ponente; continúa con la lectura y examen de las piezas del
expediente que indica el ponente o los otros Vocales; y, finaliza
previo debate del asunto, con la votación de la causa y la respectiva
resolución, o con la decisión de dejarla al voto, si requiere mayor
estudio (art. 139 de la L.O.P.J.).

En las audiencias públicas se prohíbe el ingreso de menores, salvo


autorización especial o que sean estudiantes de derecho (art. 137
de la L.O.P.J.).

15.4.1 La prueba en segunda instancia

Véscovi apunta que «... en la mayoría de las legislaciones que siguen


nuestros sistemas se admite, en forma excepcional, la apertura a prueba en
segunda instancia (y tercera donde existe), especialmente las referidas a hechos
nuevos y a aquellas probanzas que la parte no hubiera podido procurársela
pese a su diligencia. Diríamos: que sin culpabilidad no pudo agregar al proceso»
(VESCOVI, 1988:151). En todos estos casos -prosigue Véscovi- «... cabe referirse
a hechos relevantes o circunstancias decisivas; no se admite el diligenciamiento
de lo que se puede calificar de pruebas superfluas» (VESCOVI, 1988:151). «... En
la mayoría de los códigos que admiten la solicitud de pruebas en segunda
instancia, se acepta la apertura de un período probatorio que se rige por las
normas generales (de la primera instancia)» (VESCOVI, 1988:152). «En algunos
países se admite que la prueba se solicite con la misma expresión de agravios;
en otros, se debe hacer el petitorio en escrito separado, dentro del mismo
término» (VESCOVI, 1988:153). «Admitido un período de prueba, en algunos
sistemas se realiza la expresión de agravios; en otros, se convoca a una audiencia
final (en algunos sistemas esta audiencia es obligatoria, aunque no haya prueba)
donde las partes hacen sus exposiciones (o informan in voce, según el antiguo
sistema que mantienen muchos códigos latinoamericanos)» (VESCOVI, 1988:
153).

La apertura a prueba en segunda instancia es de carácter excepcional,


llegándose a afirmar inclusive que las hipótesis de admisibilidad se interpretan
restrictivamente. Al respecto, Loutayf Ranea nos informa que «el criterio
restrictivo en materia de pruebas en la alzada deriva de la concepción que se
tiene del recurso de apelación. Mientras la tesis o corriente llamada 'renovadora'
considera que la apelación es un proceso diferente y autónomo de la primera
instancia, y por tanto se permite la producción de nuevas pruebas y la alegación
de hechos nuevos (se llama 'renovadora' pues considera que con la apelación
se 'renueva' el juicio), la tesis opuesta llamada 'revisora' considera que mediante
la apelación sólo se puede 'revisar' el fallo dictado en primera instancia, pero
a la luz del material allí aportado; por tal circunstancia, entonces, se interpreta
restrictivamente todo lo vinculado a las pruebas en el recurso de apelación...»
(LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2:194).
Capítulo Y: Recurso de apelación 175

La prueba en segunda instancia se encuentra regulada en el artículo 374


del Código Procesal Civil, referido a los medios probatorios en la apelación de
sentencias, el cual preceptúa que:

«Las partes o terceros legitimados pueden ofrecer medios probatorios en


el escrito de formulación de la apelación o en el de absolución de agravios,
únicamente en los siguientes casos:

1. Cuando los medios probatorios estén referidos a la ocurrencia de


hechos relevantes para el derecho o interés discutido, pero acaecidos
después de concluida la etapa de postulación del proceso; y

2. Cuando se trate de documentos expedidos con fecha posterior al


inicio del proceso o que comprobadamente no se hayan podido
conocer y obtener con anterioridad.
Es inimpugnable la resolución por la que el superior declara inadmisibles
los medios probatorios ofrecidos. Si fueran admitidos y los requiriese, se
fijará fecha para la audiencia respectiva, la que será dirigida por el Juez
menos antiguo, si el superior es un órgano colegiado».

Al respecto, conviene señalar que el artículo 761 -inc. 5)- del Código
Procesal Civil establece la improcedencia del ofrecimiento de medios probatorios
en segunda instancia en los procesos no contenciosos.

15.4.2 La decisión de segunda instancia

«... La manera normal y corriente como puede terminar o extinguirse el


recurso de apelación es mediante la dictación del fallo de segunda instancia»
(CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 259).

La decisión de segunda instancia debe contener: a) la mención del lugar


y fecha; b) la referencia a las partes del litigio; c) la relación de las cuestiones
que representan el objeto del procedimiento de revisión; d) la fundamentación
del caso -táctica y jurídica- respecto de lo que es materia del recurso y de la
decisión adoptada (en lo que fuere suficiente y decisivo para dar solución al
asunto); e) la solución expresa y precisa del recurso (declarando el derecho de
las partes o anulando la resolución impugnada y ordenando al inferior
jerárquico que decida conforme a los considerandos del órgano revisor y/o
que renueve los actos procesales que correspondan); f) el pronunciamiento
sobre la condena en costas y costos; y g) la firma o firmas del Juez o Jueces que
emiten la decisión de segunda instancia.

Loutayf Ranea señala que, «tratándose de la sentencia de alzada que


decide un recurso de apelación, pueden presentarse dos situaciones: una,
cuando el tribunal de segunda instancia rechaza el recurso de apelación por
considerar infundados los agravios del recurrente; en este caso la decisión debe
limitarse a declarar tal circunstancia, quedando firme la sentencia en grado.
176 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

La otra situación se presenta en el supuesto de que el tribunal de alzada hace


lugar a la apelación (total o parcialmente); en este caso, si el acogimiento de la
apelación significa el rechazo de la demanda, la sentencia debe hacer ambas
declaraciones, es decir, hacer lugar a la apelación, y en su consecuencia, rechazar
la demanda instaurada; pero si el acogimiento de la apelación implica también
el acogimiento de la demanda, el tribunal de segunda instancia debe dictar la
sentencia dando todas las pautas relativas a la demanda que se acoge (la
declaración sobre el derecho que se reconoce, o la condena que se establece, el
monto, plazo para su cumplimiento, etc.); si el acogimiento de la apelación
significa solamente la modificación de algunos de los puntos de la sentencia
en grado, debe indicar en qué sentido se modifica la sentencia de primera
instancia...» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 293-294).

El órgano judicial revisor (unipersonal o colegiado) al resolver no puede


modificar la resolución impugnada en perjuicio del apelante, salvo que la otra
parte también haya apelado o se haya adherido o sea un menor de edad. Sin
embargo, puede integrar la resolución apelada en la parte decisoria, si la
fundamentación aparece en la parte considerativa (art. 370 -primer párrafo- del
C.P.C.).
Si la apelación fuese de un auto, la decisión de segunda instancia estará
referida sólo a él y a su tramitación, de conformidad con lo dispuesto en el
último párrafo del artículo 370 del Código Procesal Civil.

Hacemos notar que la nulidad o revocación de una resolución apelada


sin efecto suspensivo, determina la ineficacia de todo lo actuado sobre la base
de su vigencia, debiendo el Juez de la demanda precisar las actuaciones que
quedan sin efecto, atendiendo a lo resuelto por el superior (art. 380 del C.P.C.).

Si bien lo relativo a los aspectos sustanciales de la decisión de segunda


instancia (y del procedimiento de apelación en general) no difiere en caso de
ser unipersonal o colegiado el órgano judicial revisor, es necesario tener en
cuenta, respecto de este último supuesto (que fuese colegiado el superior en
grado), lo prescrito por la Ley Orgánica del Poder Judicial. Así tenemos que:

La votación de las causas puede producirse el mismo día de su vista


o dentro del plazo señalado por el artículo 140 de la Ley Orgánica
del Poder Judicial (15 días prorrogables por término igual por el
Presidente de la Sala a solicitud de alguno de los Vocales). La
deliberación es secreta, debiendo mantenerse reserva sobre las
opiniones vertidas durante el curso de la misma (art. 133 de la
L.O.P.J.).

En las Salas Especializadas de la Corte Suprema y Cortes Superiores


de Justicia, la resolución se vota y dicta previa ponencia escrita del
vocal designado para el efecto, sin perjuicio del estudio que realizan
los demás miembros (art. 138 -primer párrafo- de la L.O.P.J.).
Capítulo V : Recurso de apelación 177

La ponencia escrita debe contener fecha de emisión, de entrega,


firma y se archiva por el Relator (art. 138 -segundo párrafo- de la
L.O.P.J.).
La resolución puede reproducir la ponencia, ser contraria a la
misma, o recoger otras o mejores consideraciones de la Sala. Deben
consignarse expresamente los votos discordantes y los singulares
(art. 138 -penúltimo párrafo- de la L.O.P.J.).
El ponente responde por los datos y citas consignados u omitidos
en su ponencia (art. 138 -último párrafo- de la L.O.P.J.).
La causa dejada al voto, se resuelve en un plazo no mayor de quince
días prorrogables por término igual por el Presidente de la Sala, si
alguno de los Vocales lo solicita. El voto fuera de plazo se considera
falta de carácter disciplinario, sancionable de acuerdo con las
normas establecidas en la Ley Orgánica del Poder Judicial pero no
constituye causal de nulidad (art. 140 de la L.O.P.J.).
En las Salas de la Corte Suprema, cuatro votos conformes hacen
resolución. En las Cortes Superiores tres votos conformes hacen
resolución, tratándose de las que ponen fin a la instancia, y en los
demás casos bastan dos votos conformes (art. 141 -primer párrafo-
de la L.O.P.J.).
Los votos, incluso los singulares y discordantes, se emiten por
escrito, con firma de su autor. Todos se archivan juntamente con
una copia de la resolución (art. 141 -último párrafo- de la L.O.P.J.).
Los Vocales emiten su voto comenzando por el ponente y luego
por los demás siguiendo el orden del menos al más antiguo. Si
resulta acuerdo, la resolución se firma el mismo día de la causa,
salvo que quede al voto o se produzca discordia, de todo lo cual
da fe el Secretario. Si el fallo se dicta de conformidad con el dictamen
fiscal en el caso que proceda, los fundamentos del mismo se
consideran como su motivación; si se resuelve con lo expuesto por
el Fiscal, es indispensable consignar la fundamentación pertinente
(art. 142 -primer párrafo- de la L.O.P.J.).
En todo caso, el fallo contiene el análisis de las cuestiones en debate
y de los argumentos del impugnante (art. 142 -último párrafo- de
la L.O.P.J.).
Si alguno de los Vocales no considera suficientes los fundamentos
de resolución o discrepa de ellos pero no de su sentido, debe firmar
la resolución y fundamentar por escrito su voto singular (art. 143
-primer párrafo- de la L.O.P.J.).
Una vez emitidos los votos, no pueden ser modificados salvo que
el voto discordante concuerde con el voto del ponente, antes que
178 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

emita su voto el dirimente, de lo que se deja constancia en autos


(art. 143 -último párrafo- de la L.O.P.J.).

Si resulta discordia, se publica y notifica el punto que la motiva,


bajo sanción de nulidad. En la misma resolución se llama al Vocal
dirimente expedito y se señala día y hora para la vista de la causa
por él (art. 144 de la L.O.P.J.).

En los casos de discordia o impedimento de uno o más jueces, el


presidente procede a llamar a los jueces de la misma especialidad
de otras salas, si las hubiera, y luego, a los jueces de las salas de
otra especialidad, comenzando por el menos antiguo, en el orden
de prelación que establece el consejo ejecutivo correspondiente (art.
145 -primer párrafo- de la L.O.P.J.).

En todos los casos de discordia o impedimento sobreviniente de


un juez, los demás están obligados a redactar y suscribir sus votos,
los que son archivados en relatoría, dándose acceso a su lectura a
los abogados defensores (art. 145 -segundo párrafo- de la L.O.P.J.).

En caso de no completarse la Sala o de no resolverse la discordia


en la Corte Suprema por ausencia de Vocal expedito, se llama a los
Vocales más antiguos de la Corte Superior de Justicia de Lima en
su orden, siempre que reúnan los requisitos para acceder a la Corte
Suprema; y en defecto de aquéllos a los Vocales más antiguos de
las Cortes Superiores de la República, siempre que reúnan
igualmente los requisitos para acceder a la Corte Suprema (art. 146
de la L.O.P.J.).

En las Cortes Superiores de Justicia, en el supuesto del artículo 146


de la Ley Orgánica del Poder Judicial (referido al llamamiento en
caso de no completarse la Sala o de no resolverse la discordia por
ausencia de Vocal expedito) se llama al Juez Especializado Mixto
de la misma especialidad más antiguo del Distrito Judicial, en el
orden de antigüedad establecido en el artículo citado (y al que se
hace referencia en el acápite anterior). Así lo dispone el art. 147
-primer párrafo- de la L.O.P.J.

Si no hay Vocal expedito, se llama por orden de antigüedad a los


demás jueces de otras especialidades del mismo Distrito Judicial,
comenzando por los de la misma Provincia, y así en orden
sucesivamente, según la precedencia que establezca el Consejo
Ejecutivo correspondiente (art. 147 -último párrafo- de la L.O.P.J.).

En todas las causas vistas en discordia, los Vocales están obligados


a suscribir sus respectivos votos, comenzando por el ponente,
siguiendo por el menos antiguo y terminando por el Presidente,
Capítulo V : Recurso de apelación 179

dentro del término establecido en el artículo 140 de la Ley Orgánica


del Poder Judicial (15 días), sin lugar a prórroga, bajo responsabilidad
(art. 148 de la L.O.P.J.).
Los Vocales tienen la obligación de emitir su voto escrito en todas
las causas en cuya vista hubiesen intervenido, aun en caso de
impedimento, traslado, licencia, vacaciones, cese o promoción.
Dicho voto forma parte de la resolución, no siendo necesario la
firma de éstas por el Vocal referido (art. 149 -primer párrafo- de la
L.O.P.J.).
Si el vocal no cumple con emitir su voto dentro del término
correspondiente, el Presidente de la Sala puede integrarla con el
llamado por ley, sin perjuicio de la sanción disciplinaria pertinente
(art. 149 -último párrafo- de la L.O.P.J.).

15.4.2.1 Actos contra la sentencia expedida en segunda instancia

Contra las sentencias de segunda instancia sólo proceden el pedido de


aclaración o corrección y el recurso de casación, siempre que se cumplan los
requisitos de forma y fondo para su admisión. Ello de acuerdo a lo previsto en
el artículo 378 del Código Procesal Civil.

15.4.2.2 Cumplimiento de la sentencia de segunda instancia

Consentida la sentencia de segunda instancia que contiene un mandato


y, devuelto el expediente al Juez de la demanda, la sentencia adquiere la calidad
de título de ejecución judicial, procediéndose conforme a lo regulado en el
Capítulo V («Ejecución forzada») del Título V («Proceso único de ejecución»)
de la Sección Quinta («Procesos contenciosos») del Código Procesal Civil. Así
lo determina el artículo 379 del mencionado cuerpo de leyes.

15.4.2.3 Fijación de costas y costos en segunda instancia

En principio, las costas están constituidas por las tasas judiciales, los
honorarios de los órganos de auxilio judicial y los demás gastos judiciales
realizados en el proceso (art. 410 del C.P.C.).
Son costos del proceso el honorario del Abogado de la parte vencedora,
más un cinco por ciento destinado al Colegio de Abogados del Distrito Judicial
respectivo para su Fondo Mutual y para cubrir los honorarios de los Abogados
en los casos de Auxilio Judicial (art. 411 del C.P.C.).
Ahora bien, cuando la sentencia de segunda instancia confirma íntegramente
la de primera, se condenará al apelante con las costas y costos. En los demás
casos, se fijará la condena en atención a los términos de la revocatoria y la
conducta de las partes en la segunda instancia. Ello conforme a lo preceptuado
por el artículo 381 del Código Procesal Civil.
180 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Están exentos de la condena en costas y costos los Poderes Ejecutivo,


Legislativo y Judicial, el Ministerio Público, los órganos constitucionalmente
autónomos, los gobiernos regionales y locales. Así lo prescribe el primer párrafo
del artículo 413 del Código Procesal Civil.
Están exonerados de los gastos del proceso las Universidades Públicas,
quienes obtengan Auxilio Judicial y la parte demandante en los procesos de
alimentos dentro de los límites establecidos en la ley pudiendo ser condenados
al pago (en puridad, reembolso) de costas y costos (art. 413 -segundo párrafo-
del C.P.C.).
También está exonerado quien reconoce o se allana a la demanda dentro
del plazo para contestarla (art. 413 -in fine- del C.P.C.). En este supuesto resulta
evidente que no sería posible apelación alguna.
La imposición de la condena en costas y costos no requiere ser demandada
y es de cargo de la parte vencida, salvo declaración judicial expresa y motivada
de la exoneración. La condena en costas y costos se establece por cada instancia,
pero si la resolución de segunda revoca la de primera, la parte vencida es
condenada a reembolsar las costas y costos de ambas instancias. Este criterio
se aplica también para lo que se resuelva en casación. Si en un proceso se han
discutido varias pretensiones, la condena incide únicamente sobre las que han
sido acogidas para el vencedor. En los casos en que se hubiera concedido auxilio
judicial a la parte ganadora, la vencida es condenada a reembolsar las tasas
judiciales al Poder Judicial. La parte vencida en un incidente debe reembolsar
a la vencedora las tasas judiciales, los honorarios de los órganos de auxilio
judicial y demás gastos judiciales incurridos durante su tramitación. No se
considera los honorarios del abogado. La liquidación correspondiente se realiza
al finalizar el proceso (art. 412 del C.P.C.).
Cuando la parte condenada en costas y costos esté conformada por una
pluralidad de sujetos, la condena al pago los obliga solidariamente. De manera
excepcional, el Juez en resolución debidamente motivada regula la proporción
que debe pagar cada sujeto procesal atendiendo a la actividad procesal
desplegada. Por el mismo motivo, un sujeto procesal puede ser eximido de la
condena en costas y costos, por decisión debidamente fundamentada (art. 414
del C.P.C.).
Luego de quedar firme la resolución que impone la condena en costas la
parte acreedora tiene la carga de presentar una liquidación de éstas. La
liquidación atenderá a las partidas citadas en el artículo 410 (del C.P.C., numeral
referido al concepto de costas), debiendo incorporar sólo los gastos judiciales
realizados y correspondientes a actuaciones legalmente autorizadas. La parte
condenada tiene tres días para observar la liquidación, con medio probatorio
idóneo. Transcurrido el plazo sin que haya observación, la liquidación es
aprobada por resolución inimpugnable. Interpuesta la observación, se confiere
traslado a la otra parte por tres días. Con su absolución o sin ella, el Juez
resuelve. La resolución es apelable sin efecto suspensivo (art. 417 del C.P.C.).
Capítulo V: Recurso de apelación 181

Para hacer efectivo el cobro de los costos, el vencedor deberá acompañar


documento indubitable y de fecha cierta que acredite su pago, así como de los
tributos que correspondan. Atendiendo a los documentos presentados, el Juez
aprobará el monto (art. 418 del C.P.C.).

El reembolso de las costas y costos se exige ante el Juez de la ejecución y


se efectúa dentro del tercer día de quedar firme la resolución que las aprueba.
Vencido el plazo, la falta de pago genera intereses legales (art. 419 del C.P.C.).

16. ELEVACION EN CONSULTA POR FALTA DE APELACION

16.1 Concepto de consulta

«Otra excepción al principio dispositivo de nemo iudex sine actore, que


regula la impugnación, es el de la apelación automática o ex officio, que aparece
en algunos sistemas y respecto de ciertas partes a quienes se quiere proteger
o privilegiar. Dicho recurso aparece en otros países bajo el nombre de consulta»
(VESCOVI, 1988: 30). «Es decir que, aun sin impugnación de parte, se abre la
instancia revisiva» (VESCOVI, 1988: 30).

La consulta es un instrumento procesal de control de resoluciones


judiciales por el cual la instancia superior conoce en ciertos casos expresamente
contemplados en la ley lo resuelto por el inferior jerárquico, que no ha sido
objeto de impugnación por parte de los justiciables o sus representantes. Para
tal efecto son elevados los autos de oficio por el Juez a quo.
La consulta constituye un trámite obligatorio en los supuestos que
determina el ordenamiento jurídico y está dirigida a desterrar la posibilidad
del error judicial, que resultaría significativa si la cuestión litigiosa se debatiera
en una sola instancia. Opera en situaciones sumamente relevantes (como
cuando se aplican normas de rango constitucional) o en procesos en los que
puede producirse indefensión u otra situación grave para los intereses de
alguna de las partes.
La consulta es una institución de orden público (y, por tanto, irrenunciable)
por cuanto resulta un imperativo para el Juez a quo (quien se encuentra obligado
a elevar los actuados al superior en grado) en las hipótesis legales que la
contemplan. La consulta confiere al Juez ad quem competencia para conocer
de la resolución que se pronuncia sobre el asunto controvertido, pese a no
existir iniciativa de parte (comúnmente necesaria para determinar la competencia
del superior jerárquico).
Jesús Cuadrao advierte que «... la 'consulta' no es propiamente una
'consulta' que se hace al tribunal superior en el sentido de pedirle un parecer,
dictamen o consejo. Por el contrario, éste no emite consejos o dictámenes sino
que dicta 'sentencias' resolviendo los asuntos que se le someten con base en
este instituto...» (CUADRAO; citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2:
400).
182 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Para Loutayf Ranea, «... la 'consulta7 es una institución sui generis, es


decir, que tiene entidad propia; a través de ella se impone el deber al juez a
quo de elevar el expediente al tribunal ad quem, y a éste de efectuar un control
de la sentencia dictada en la instancia anterior, en los supuestos específicamente
señalados por la ley» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 401-402).

Según Devis Echandía, «tiene lugar la consulta de la sentencia cuando el


legislador dispone que sea necesaria y oficiosamente revisada por el superior,
sin lo cual no se ejecutoría...» (DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II: 641).

Sostiene Loutayf Ranea que «la consulta puede concebirse en un sentido


amplio. Ello ocurre cuando el deber de elevar el expediente surge en todos los
supuestos en que se haya dictado sentencia en determinada clase de asuntos
o juicios, expresamente previstos por la ley, cualquiera sea el sentido de la
resolución dictada en la instancia en grado, es decir, que resulte favorable a
una o a la otra parte. Consecuentemente, las facultades del tribunal de alzada
son amplias; y si no decide confirmar la resolución en grado, puede modificarla
ya en beneficio de una de las partes o de la otra, según el caso» (LOUTAYF
RANEA, 1989, Tomo 2: 402). Agrega dicho autor que «la consulta es más
restringida cuando se establece en beneficio de una de las partes, y por lo tanto
solamente se exige el control por la alzada en los casos en que el tenor de la
sentencia en grado resulte perjudicial para la parte en cuyo beneficio se ha
instituido. Las facultades del tribunal de alzada, consecuentemente, son más
restringidas dado que sólo puede reparar los agravios que advierta que la
sentencia ocasiona a la parte en cuyo beneficio se ha establecido la 'consulta'.
En el sentido restringido, entonces, la 'consulta' se equipara prácticamente a
la apelación de iure que algunas normas prevén en beneficio de una de las
partes...» (LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2: 402-403).

Peyrano refiere que «... la 'consulta' la formula un tribunal a su alzada


respectiva con el objeto de que ésta revise lo resuelto por el a quo, medie o no,
concomitantemente, un recurso de apelación interpuesto por parte interesada.
Es decir que emitido un cierto tipo de pronunciamiento, el tribunal emisor debe
elevar -por voluntad de la ley y no de las partes- lo actuado al superior para
que éste decida -en definitiva- sobre el mantenimiento o modificación de lo
resuelto por el inferior. Ahora bien, ¿qué tipo de pronunciamientos justifica tal
flagrante apartamiento de los principios comunes en materia de apertura de
la instancia de alzada (que habitualmente, se abre única y exclusivamente
mediante la deducción de los recursos de apelación y nulidad)? Pues tales
pronunciamientos son aquellos en los cuales no obstante haberse respetado
formalmente la garantía del 'debido proceso', de todos modos se corre el riesgo
de que en la realidad de los hechos resulte menoscabado el principio de
marras...» (PEYRANO; citado por LOUTAYF RANEA, 1989, Tomo 2:402-403).

La consulta se encuentra regulada en el Título XIV de la Sección Tercera


(«Actividad procesal») del Código Procesal Civil, en los arts. 408 y 409.
Capítulo V: Recurso de apelación 183

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la consulta,


ha establecido lo siguiente:

«... La consulta es un medio impugnatorio cuya procedencia está


específicamente prevista en la ley y se aplica en aquellos casos en
los que esté de por medio el orden público o las buenas costumbres,
así como la propia eficacia del sistema jurídico en los casos en que
el Juzgador ejerce las funciones de contralor de la constitucionalidad
de las leyes. (...) Que por tal razón, la consulta es de uso restrictivo,
obligatorio y se promueve de oficio» (Casación Nro. 230-96 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 12-05-1998,
pág. 1008).

«... La consulta es un mecanismo legal obligatorio destinado a la


revisión de oficio de determinadas resoluciones judiciales cuya
finalidad es la de aprobar y desaprobar el contenido de ellas
previniendo el cometer irregularidades, malas prácticas legales o
erróneas interpretaciones jurídicas, toda vez que la finalidad
abstracta del proceso es la de lograr la paz social en justicia...»
(Casación Nro. 2279-99 / Callao, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 17-09-2000, pág. 6299).

«... El Artículo trescientos sesenticuatro del Código Procesal Civil,


establece que el recurso de apelación tiene por objeto que el órgano
jurisdiccional superior examine, a solicitud de parte o de tercero
legitimado la resolución que le produzca agravio, con el propósito
de que sea anulada o revocada, total o parcialmente. (...) Que, la
situación de la consulta es diferente, porque se eleva el expediente
para que la sentencia de primera instancia sea aprobada o
desaprobada» (Casación Nro. 3154-98 / La Libertad, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 21-09-1999, págs. 3567-3568).

«... La consulta de una resolución procede cuando el legislador


dispone, en atención a determinados supuestos, que ella sea
necesaria y oficiosamente revisada por el Superior, sin lo cual no
se ejecutaría...» (Casación Nro. 1167-2000 / Huánuco, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág. 6691).

«... Representa (la consulta) el último acto procesal de aquellos


procesos que por mandato de la ley deben ser susceptibles de
revisión ante el Colegiado...» (Casación Nro. 2279-99 / Callao,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 17-09-2000, pág. 6299).

«... La consulta implica la revisión del fallo, la cual no se limita al


aspecto procesal y [...] procede de oficio en los casos que la ley lo
establece...» (Casación Nro. 1405-2002 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-01-2003, pág. 9929).
184 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... Si bien la elevación en consulta debe generar en principio la


aprobación o desaprobación de la resolución consultada, no existe
ningún impedimento para que se sancione una nulidad cuando
exista un vicio o defecto que la sustente de acuerdo al artículo 171
del Código Procesal Civil, resultando distinto el hecho de que el
vicio en que se sustente la resolución de vista no se configure o
carezca de apoyo legal, siendo importante considerar al respecto
el principio de trascendencia...» (Casación Nro. 249-2006 / Cañete,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-08-2007, págs. 20112-
20113).

«... Los autos deben elevarse en consulta al Superior (de no apelarse


la sentencia que declara el divorcio), tal como la norma antes
acotada (art. 359 del C.C.) indica, debiéndose advertir que esta
consulta responde al acatamiento de una norma de carácter
imperativo que no persigue la absolución del grado porque no hay
grado que absolver sino simplemente su examen o conformidad
con lo resuelto por el Juez inferior» (Casación Nro. 230-96 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 12-05-1998,
pág. 1008).

«... El Artículo trescientos cincuentinueve del Código Civil dispone


que si no se apela de la sentencia que declara el divorcio será
consultada. (...) Que, esa es la situación del proceso, porque al no
ser apelada la sentencia que declaró fundada la demanda de
divorcio se elevó en consulta al superior. (...) Que, a pesar de ello
la Sala Civil que conoció la consulta, desnaturalizando el proceso
consideró que se trataba de una apelación y resolvió como tal,
revocó la apelada y reformándola declaró infundada la demanda»
(Casación Nro. 3154-98 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 21-09-1999, págs. 3567-3568.).

«... De la revisión de lo actuado se advierte que mediante resolución


[...] se ordena que se eleve en consulta la sentencia de primera
instancia a la Sala Especializada de Familia de la Corte Superior de
Justicia [...] quien [sic] sólo debió aprobar o desaprobar dicha
sentencia en razón de apreciarse o no alguna infracción legal
procesal o sustantiva, en tanto que, la consulta tiene como
fundamento la protección del matrimonio y la familia, por ende,
no se requiere del interés privado sino del interés social; sin embargo
la Sala de Familia declaró nula la aludida sentencia de primera
instancia como si hubiese sido elevado [sic -léase elevada-] en grado
de apelación en el cual sí se puede pronunciar sobre los extremos
de la sentencia, confirmándola, revocándola y hasta anularla de
conformidad con el artículo 364 del Código Procesal Civil [...];
incurriéndose de esta forma en [...] contravención de las normas
Capítulo V : Recurso de apelación 185

que garantizan el derecho a un debido proceso...» (Casación Nro.


1637-2004 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 04-
07-2006, págs. 16524-16525).

«... El artículo cuatrocientos ocho del Código Procesal Civil establece


expresamente cuales [sic -léase cuáles-] son las resoluciones de
primera instancia contra las que procede la consulta en el caso de
no ser apeladas, entre las cuales no se encuentra la sentencia [...]
que declaró fundada una demanda de reconocimiento de derechos.
[...] Que, debido a ello, la resolución [...] ha infringido lo dispuesto
por la norma acotada al ordenar se eleve en consulta la sentencia
aludida...» (Casación Nro. 1167-2000 / Huánuco, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág. 6691).

«... Los Magistrados Superiores que conocieron de la causa en


consulta han estimado que es necesario solicitar un informe al
Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC) para
verificar el domicilio de los demandados, esto a fin de no vulnerar
su derecho de defensa, lo que constituye un criterio válido dentro
de su independencia como Juzgadores encargados de la dirección
del proceso conforme a los artículos 50 inciso 2 y 51 inciso 2 del
Código Procesal Civil, concordado con el artículo 16 del Texto Unico
Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial, según el cual los
magistrados son independientes en su actuación jurisdiccional
dentro de su competencia. [...] Que, en tal sentido la resolución de
vista en dicho extremo no padece de vicio alguno que la anule...»
(Casación Nro. 249-2006 / Cañete, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-08-2007, págs. 20112-20113).

16.2 Procedencia

El artículo 408 del Código Procesal Civil norma la procedencia de la


consulta en estos términos:

«La consulta sólo procede contra las siguientes resoluciones de primera


instancia que no son apeladas:

1. La que declara la interdicción y el nombramiento de tutor o curador;

2. La decisión final recaída en proceso donde la parte perdedora


estuvo representada por un curador procesal;

3. Aquella en la que el Juez prefiere la norma constitucional a una


legal ordinaria; y

4. Las demás que la ley señala.

También procede la consulta contra la resolución de segunda instancia


no recurrida en casación en la que se prefiere la norma constitucional.
186 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

En este caso es competente la Sala Constitucional y Social de la Corte


Suprema».

Los artículos 82, 306 y 508 del Código Procesal Civil y 359 del Código
Civil configuran hipótesis legales en las que procede la consulta. Tales numerales
los citamos a continuación:
«Artículo 82°.- Patrocinio de intereses difusos

Interés difuso es aquel cuya titularidad corresponde a un conjunto indeterminado de


personas, respecto de bienes de inestimable valor patrimonial, tales como el medio
ambiente o el patrimonio cultural o histórico o del consumidor.

Pueden promover o intervenir en este proceso, el Ministerio Público, los Gobiernos


Regionales, los Gobiernos Locales, las Comunidades Campesinas y/o las Comunidades
Nativas en cuya jurisdicción se produjo el daño ambiental o al patrimonio cultural y
las asociaciones o instituciones sin fines de lucro que según la Ley y criterio del Juez,
este último por resolución debidamente motivada, estén legitimadas para ello.

Las Rondas Campesinas que acrediten personería jurídica, tienen el mismo derecho
que las Comunidades Campesinas o las Comunidades Nativas en los lugares donde
éstas no existan o no se hayan apersonado a juicio.

Si se promueven procesos relacionados con la defensa del medio ambiente o de


bienes o valores culturales, sin la intervención de los Gobiernos Locales indicados
en el párrafo anterior, el Juez deberá incorporarlos en calidad de litisconsortes
necesarios, aplicándose lo dispuesto en los Artículos 93° a 95° [del C.P.C., numerales
referidos, respectivamente, al litisconsorcio necesario, litisconsorcio facultativo y a
las facultades del Juez respecto del litisconsorcio necesario].

En estos casos, una síntesis de la demanda será publicada en el Diario Oficial El


Peruano o en otro que publique los avisos judiciales del correspondiente distrito
judicial. Son aplicables a los procesos sobre intereses difusos, las normas sobre
acumulación subjetiva de pretensiones en lo que sea pertinente.

En caso que la sentencia no ampare la demanda, será elevada en consulta a la Corte


Superior. La sentencia definitiva que declare fundada la demanda, será obligatoria
además para quienes no hayan participado del proceso.

La indemnización que se establezca en la sentencia, deberá ser entregada a las


Municipalidades Distrital o Provincial que hubieran intervenido en el proceso, a fin de
que la emplee en la reparación del daño ocasionado o la conservación del medio
ambiente de su circunscripción».

«Artículo 306°.- Trámite del impedimento.- El Juez que se considere impedido


remitirá el expediente a quien deba reemplazarlo. Si éste estima que los hechos
expuestos por aquél no constituyen causal de impedimento, remitirá el expediente al
superior en consulta para que en el término de tres días y bajo responsabilidad,
resuelva sin más trámite sobre su legalidad. Aceptado el impedimento se enviará el
expediente al juez que deba reemplazar al impedido; en caso contrario, se devolverá
al Juez que venía conociendo.

En las Cortes, el juez que se considera impedido informará a la respectiva Sala


expresando la causal invocada. La Sala resolverá, sin trámite, integrándose con el
llamado por ley. Aceptada la abstención, pasa el conocimiento del proceso al que
corresponda. La resolución que resuelve la abstención es inimpugnable».
Capítulo V: Recurso de apelación 187

«Artículo 508°.- Consulta.- Cuando el dictamen del Ministerio Público, en el caso


del artículo 507, fuera contrario a la pretensión demandada y la sentencia que ampara
la demanda no fuese apelada, se elevará en consulta a la Corte Superior». (El art.
507 del C.P.C., al que hace referencia el art. 508 de dicho Código, se contrae a la
intervención del Ministerio Público en caso de emplazamiento a demandado
indeterminado o incierto o con domicilio o residencia ignorados, rebeldía del
emplazado, o tratarse el bien litigioso de predio rústico; en los procesos abreviados
de título supletorio, prescripción adquisitiva y rectificación o delimitación de áreas o
linderos).

«Artículo 359° [del Código Civil].- Si no se apela la sentencia que declara el divorcio,
ésta será consultada, con excepción de aquella que declara el divorcio en mérito de
la sentencia de separación convencional».

16.3 Trámite

El trámite de la consulta se halla previsto en el artículo 409 del Código


Procesal Civil, el cual preceptúa que:

«Cuando proceda la consulta, el expediente es elevado de oficio.

El Auxiliar jurisdiccional enviará el expediente al superior dentro de


cinco días, bajo responsabilidad.

La resolución definitiva se expedirá dentro de los cinco días siguientes


a la vista de la causa. No procede el pedido de informe oral.

Durante la tramitación de la consulta, los efectos de la resolución quedan


suspendidos».

17. JURISPRUDENCIA CASATORIA RELACIONADA CON EL RECURSO


DE APELACION

En los subpuntos que siguen procederemos a citar la jurisprudencia


casatoria relacionada con el recurso de apelación.

17.1 Jurisprudencia casatoria relacionada con los casos en que el


recurso de apelación contiene intrínsecamente el de nulidad

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a los casos en


que el recurso de apelación contiene intrínsecamente el de nulidad (vale decir,
cuando los vicios están referidos a la formalidad de la resolución impugnada),
ha establecido lo siguiente:

«... Con arreglo a lo prescrito en el artículo ciento setentiséis del


Código Procesal Civil, cuando se haya sentenciado el proceso en
primera instancia, el pedido de nulidad [...] sólo puede ser alegado
expresamente con el escrito sustentatorio del recurso de apelación,
que es la vía correcta para impugnar sentencias; [...] al no haberse
188 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

actuado así, se ha vulnerado también el principio de preclusión...»


(Casación Nro. 1999-2000 / Piura, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 30-01-2001, págs. 6813-6814).
«... Dicha articulación [nulidad de actuados] recién fue planteada
por la recurrente mediante escrito [...] cuando el Juez ya había
perdido competencia al haber concedido el recurso de apelación,
y cuando ya había transcurrido el plazo previsto por el artículo
quinientos cincuentiséis del Código Adjetivo [C.P.C.], razón por
la que carece de base real sostener que la recurrente planteó
válidamente la nulidad de actuados, en ese sentido no cabría
admitir su tramitación ni pronunciamiento al respecto...» (Casación
Nro. 404-01 / Junín, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
31-07-2001, págs. 7477-7478).
«... El artículo ciento setentiséis del Código Procesal Civil, dispone
en su segundo párrafo, que las nulidades por vicios ocurridos en
segunda instancia, serán formuladas en la primera oportunidad
que tuviera el interesado para hacerlo, debiendo la Sala resolverlas
de plano u oyendo a la otra parte; es decir, que la Sala no tiene la
obligación de correr traslado a la otra parte de la nulidad deducida,
puesto que puede, incluso, resolver la nulidad de plano, ello sin
oír a la otra parte; [...] siendo esto así, al haber resuelto la Sala Civil
[...] la nulidad deducida [...] respecto de la Resolución de Vista [...],
que anula la Sentencia de Primera Instancia por vicios procesales,
sin correr traslado al demandante, no se han contravenido las
normas que garantizan el derecho a un debido proceso...» (Casación
Nro. 2984-01 / Tacna, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
02-05-2002, págs. 8752-8753).

17.2 Jurisprudencia casatoria relacionada con el objeto de apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación al objeto de


apelación, ha establecido lo siguiente:

«... Se discute [...] si la apelación es un proceso distinto al de primera


instancia (tesis renovadora) o si, por el contrario, se trata del mismo
proceso dividido en distintos grados (tesis revisora). La tesis
renovadora confiere mayor amplitud a la apelación, admitiendo
pruebas y el ejercicio de distintas pretensiones en la segunda
instancia; mientras que la tesis revisora limita estas posibilidades
partiendo de la idea que en la alzada no se debe modificar la
sustancia que sirvió de base para la decisión primera, ni resolver
en perjuicio del apelante. Nuestro sistema jurídico sigue la tesis
revisora, como así resulta de lo dispuesto en el artículo 370 del
Código Procesal Civil...» (CasaciónNro. 2781-2005 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 03-10-2006, págs. 17190-17191).
Capítulo V : Recurso de apelación 189

«... [El recurso de apelación] importa una revisión de todo el


material de hecho como de las cuestiones de derecho contenidas
en la sentencia de primera instancia...» (Casación Nro. 558-01 /
Apurímac, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-07-2002,
pág. 8909).

«... A diferencia del recurso de apelación, que provoca un nuevo


examen del caso por parte del A Quem, tanto del aspecto fáctico
como del aspecto jurídico, el de casación únicamente admite la
posibilidad de llevar a cabo una revisión jurídica de la sentencia
de mérito, limitándose a la revisión del juicio de derecho contenido
en ella, lo cual determina que las conclusiones a que el tribunal de
mérito han llegado [sic -léase ha llegado-] sobre las cuestiones de
hecho y la valoración de los medios probatorios, no pueden ser
alteradas mediante este recurso...» (Casación Nro. 3280-2000 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001, pág.
7229).

17.3 Jurisprudencia casatoria relacionada con las resoluciones contra


las que no procede la apelación por ser inimpugnables

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a las resoluciones


contra las que no procede la apelación por ser inimpugnables, ha establecido
lo siguiente:

«... La resolución que incorpora a un tercero en la relación procesal


no es impugnable, salvo que se deniegue su apersonamiento según
lo dispone el artículo ciento uno segundo párrafo [del] Código
Procesal Civil...» (Casación Nro. 2488-03 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-04-2004, págs. 11863-11864).

«... El otorgamiento de auxilio judicial resulta ser una facultad


discrecional atribuida al Juez, la cual no resulta ser impugnable,
menos aún en sede de casación...» (Casación Nro. 1917-2004 /
Cajamarca, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-03-2005,
pág. 13798).

«... La inspección judicial con peritos fue ordenada de oficio [...], lo


que no es impugnable...» (Casación Nro. 2784-00 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2001, pág. 7026).

«... Con respecto a la falta de notificación a la recurrente de la


resolución [...] en que el A Quo ordena al Banco ejecutante presentar
el contrato de cuenta corriente, que obra en autos [...], dicha omisión
no es merecedora de sanción con nulidad, toda vez que no se
configura el perjuicio a que [...] hace referencia el artículo ciento
setenticuatro del Código Procesal Civil, ya que, de acuerdo al
190 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

artículo ciento noventicuatro del mencionado Cuerpo de Leyes, la


decisión del Juez que ordena la actuación de una prueba de oficio
es inimpugnable; es decir las partes se encuentran impedidas de
impugnar dicha resolución así como la prueba de oficio cuya
actuación es ordenada por el Juez...» (Casación Nro. 3270-2000 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001, pág.
7441).

«... Si bien es cierto, el Código Procesal Civil no lo dispone


expresamente, la doctrina se ha encargado de establecer [...] que el
auto admisorio [de la demanda] no resulta apelable. [...] Que, dicha
falta de regulación por parte de la citada norma adjetiva no impide
establecer que este auto es inimpugnable y en todo caso vigente...»
(Casación Nro. 1561-98 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 30-04-2001, págs. 7143-7144).
«... Dicho auto [admisorio de la demanda] es inimpugnable por las
siguientes razones: a) el emplazamiento válido ya produjo los
efectos que establece el artículo cuatrocientos treintiocho del Código
Procesal Civil; b) la parte demandada puede utilizar contra la demanda
admitida por el juzgado las defensas previas o excepciones [...]; y
c) de admitirse el recurso de apelación, como ha ocurrido en este
caso, resulta que el juzgador de Primera Instancia no se ha
pronunciado por la improcedencia de la demanda, sino que la ha
calificado positivamente, por lo que solo existiría como única
instancia la resolución de vista y como la Corte Suprema no es una
tercera instancia, no se produciría la pluralidad de instancia que
garantiza el inciso sexto del artículo ciento treintinueve de la Carta
Magna, máxime si el artículo cuatrocientos veintisiete del Código
Adjetivo [C.P.C.] establece la doble instancia para la improcedencia
de la demanda...» (CasaciónNro. 3248-02 / Lambayeque, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 30-05-2003, pág. 10584).

«... Al no ser susceptible de recurso de apelación el auto admisorio


[de la demanda], la Sala Superior ha cometido error in procedendo
[al pronunciarse sobre el recurso de apelación interpuesto contra
el auto admisorio de la demanda]...» (Casación Nro. 1561-98 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001, págs. 7143-
7144).

«... Sustenta su recurso [de casación] en la afirmación que hace el


recurrente en el sentido de que en la sentencia de vista no se ha
resuelto la apelación concedida [...] sin efecto suspensivo y con el
carácter de diferido [sic -léase diferida-], si bien dicho recurso ha
debido ser objeto de pronunciamiento en la sentencia de vista,
empero, dicho concesorio, por su naturaleza, no ha debido
concederse, en atención a que no es admisible la apelación contra
Capítulo V : Recurso de apelación 191

el auto admisorio de la instancia [demanda], por lo que carece de


trascendencia en este proceso. Declarar procedente el recurso [de
casación] por esta motivación sería atentatorio contra el principio
de celeridad procesal. Razones por las cuales el recurso [de casación]
debe desestimarse...» (Casación Nro. 3649-2000 / San Román,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001, pág. 7559).

17.4 Jurisprudencia casatoria relacionada con el plazo para interponer


el recurso de apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación al plazo para


interponer el recurso de apelación, ha establecido lo siguiente:
«... Cuando el recurrente conoció por los edictos que se había
expedido sentencia y dentro del tercer día solicitó se le notifique el
texto íntegro de la sentencia, el Juzgado accedió a dicha petición y
notificó la sentencia completa [...]; al haber interpuesto el recurso
de apelación [...] dentro del término que establece el artículo
seiscientos noventiuno del Código Adjetivo [C.P.C.], lo ha hecho
en tiempo hábil, porque el término debe contarse desde el día en
que el Juzgado notificó por cédula el texto íntegro de la sentencia...»
(Casación Nro. 426-2001 / Piura, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 01-10-2001, pág. 7731-7732).

«... Es principio y regla procesal que todos los vicios acontecidos


dentro de una audiencia se impugnan en ella, por los que asistieron
o dentro del plazo de Ley de haber sido notificado [sic -léase
notificados-] del contenido de la misma, para los sujetos que no
estuvieron presentes...» (Casación Nro. 346-2005 / Moquegua,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-08-2005, pág. 14560).

«... Si bien la recurrente interpuso recurso de apelación contra el


auto que desestimó las excepciones en el acto de Audiencia Unica
no corre en autos el respectivo concesorio del citado medio
impugnatorio, y ello es así por cuanto el Juez condiciono [sic -léase
condicionó-] a la impugnante a que cumpla previamente con los
demás requisitos del recurso, y al no haber satisfecho los mismos,
mal puede alegar la omisión que denuncia [omisión de pronunciamiento
sobre el recurso de apelación interpuesto en la audiencia única], lo
que revela la infracción del deber de veracidad con el que debe
actuar...» (Casación Nro. 3728-00 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-04-2001, págs. 7264-7265).

«... No se advierte la afectación al derecho de defensa de los


recurrentes, toda vez que las tachas formuladas por la demandante
respecto de los medios probatorios ofrecidos en la contestación han
sido declaradas fundadas en audiencia [única] [...], la que se
192 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

encuentra firme al no haber sido apelada por los recurrentes,


debiéndose acotar que es en la audiencia mencionada donde los
recurrentes debieron ejercer su derecho de impugnación respecto
a la aludida resolución, a tenor del segundo párrafo de artículo
quinientos cincuentiséis del Código Procesal Civil...» (Casación
Nro. 2138-2001 / Huaura, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 05-11-2001, págs. 7890-7891).

17.5 Jurisprudencia casatoria relacionada con el requisito del pago de


la tasa judicial por concepto de apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación al requisito del


pago de tasa judicial por concepto de apelación, ha establecido lo siguiente:

«... El pago de la tasa judicial es un requisito formal de inexorable


cumplimiento para viabilizar el recurso de apelación de sentencias...»
(Casación Nro. 3384-01 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-02-2002, pág. 8374).
«... El recibo del pago del arancel hace referencia al acto procesal
por el cual se ha hecho el abono; [...] cuando se trata de recurso de
apelación el recibo debe contener la precisión de que el pago se
hace por dicho concepto...» (Casación Nro. 1700-01 / Lambayeque,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-04-2002, págs. 8565-
8566).

«... No se satisface la exigencia de forma del artículo trescientos


sesentisiete del Código Procesal Civil respecto a la apelación de
una sentencia cuando no se acompaña el recibo de la tasa respectiva,
sino se acompañan tasas expedidas por conceptos distintos a la
apelación del referido acto...» (Casación Nro. 2343-2000 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág. 6665).

«... No ha cumplido [la recurrente] con un requisito de admisibilidad


del recurso de apelación [consistente en adjuntar la tasa judicial]
que legitima la revisión de la resolución por la instancia superior,
por lo que no resulta admisible la afirmación en el sentido de que
la resolución anulatoria del recurso infringe la garantía procesal de
la instancia plural...» (Casación Nro. 2900-00 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001, págs. 7221-7222).

«... No se da por satisfecho el requisito de admisibilidad a que se


refiere el artículo trescientos sesentisiete del Código Procesal Civil
cuando no se adjunta un recibo que acredite el pago del íntegro de
la tasa respectiva por cada una de las personas que hacen valer tal
derecho...» (Casación Nro. 2311-2000 / La Libertad, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág. 6663).
Capítulo V : Recurso de apelación 193

«... No existe afectación al debido proceso, cuando se exige que


cada apelante individualmente pague su tasa judicial, pues su
exigencia emana de la interpretación del artículo octavo del Título
Preliminar del Código Procesal Civil [...], concordante con el artículo
trescientos sesentisiete del precitado Código...» (Casación Nro.
1998-2000 / La Libertad (C-26050), publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 30-04-2001, págs. 7168-7169).

«... El número de apelantes se determina en el recurso y no en el


concesorio, y [...] el requisito de la tasa se entiende para cada uno
de los apelantes con prescindencia [de] si los recurrentes integran
una sola parte o sean litisconsortes [...], salvo el caso de los
cónyuges...» (Casación Nro. 2154-2000 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-01-2001, pág. 6859).

«... Los recurrentes cuando menos han litigado como litisconsortes


necesarios pues siendo avalistas de la ejecutada principal [...] tienen
un interés común en el resultado de la litis [...]. Que por consiguiente,
estando a ese interés común de haber actuado como una sola parte
en este proceso, cabe admitir que estén obligados al pago de una
sola tasa judicial, interpretación que en cada caso concreto debe
hacerse conforme a la luz de los preceptos establecidos en la
Constitución Política del Estado, en el sentido de entender los
requisitos y presupuestos procesales en el modo más favorable a
la plena efectividad del derecho a obtener una resolución sobre el
fondo, en este caso, a obtener la posibilidad de que el superior
pueda conocer de la sentencia apelada en virtud del principio de
la doble instancia...» (Casación Nro. 1211-2000 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, págs. 6691-6692).

«... Los cónyuges demandados [...] conforman una misma


parte, teniendo derecho e interés común respecto del bien que
defienden (patrimonio autónomo) y [...] actúan en forma conjunta,
representando a la sociedad conyugal, de acuerdo a lo dispuesto
en los artículos doscientos noventidós y trescientos quince del
Código Civil; [...] asimismo, el artículo sesenticinco del Código
Procesal Civil determina que la sociedad conyugal y otros
patrimonios autónomos es representada por cualquiera de sus
partícipes si son demandantes y si son demandados la representación
recae en la totalidad de los que la conforman; siendo así, no se
puede exigir que se recaude una tasa judicial [por concepto de
apelación] por cada cónyuge, pues el hacerlo constituiría un exceso
de parte de la administración de justicia, al exigir mayores requisitos
que los que la Ley señala...» (Casación Nro. 1835-99 / Junín -
Huancayo - Pampas, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
02-01-2002, pág. 8198).
194 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... El monto de las tasas [por concepto de recurso de apelación] se


fija en atención a la cuantía de la pretensión contenida en la
demanda...» (Casación Nro. 2457-2000 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, págs. 6672-6673).

«... Habiendo la recurrente pagado una tasa diminuta de arancel


para interponer el recurso de apelación, no ha cumplido con el
requisito formal que exige el artículo trescientos sesentisiete del
mencionado Código [C.P.C.], por lo que no hay afectación al
legítimo derecho de acción ni a la tutela jurisdiccional efectiva...»
(Casación Nro. 2796-2000 / La Libertad, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 01-03-2001, pág. 7027).

«... Refiere [el recurrente] que el auto de vista se ha emitido


transgrediendo el artículo trescientos sesenticuatro del acotado
Código [C.P.C.] ya que procesalmente es posible apelar sólo parte
de la sentencia o un extremo de ella; [...] sin embargo, la Ley Procesal
no prevé el caso de pago parcial de la tasa [por concepto de recurso
de apelación] en caso de impugnarse sólo un extremo de la sentencia
emitida...» (Casación Nro. 2733-2000 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-01-2001, pág. 6831).

«... Si bien en principio la cuantía de la pretensión se determina con


la demanda, mediante la suma del valor de todas las pretensiones
que ella contenga, como resulta del artículo once del Código
Adjetivo [C.P.C.], no es menos cierto que con la desestimación de
la pretensión acumulada de Indemnización en Primera Instancia
tal extremo en el proceso dejó de ser materia de pronunciamiento
al no haber sido impugnado por el demandante, razón por la que
no resulta coherente que se exija el monto de una tasa [por concepto
de apelación] por una cuantía o monto que ya no va a constituir
materia de debate, menos aún si la fijación de las tasas judiciales y
su graduación tienen por sustento la trascendencia económica del
asunto en litigio, el que reiteramos ya no se presenta...» (Casación
Nro. 1762-2001 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-01-2002, págs. 8235-8236).

«... La Sala de Revisión declaró nulo e insubsistente el concesorio


de apelación e inadmisible el recurso de su propósito por considerar
que los apelantes habían pagado una tasa diminuta atendiendo a
la cuantía de la pretensión sobre pago de frutos, pese a que [...]
dicha pretensión ya no constituía punto controvertido revisable
por la instancia superior; [...] habiéndose contravenido las normas
que garantizan el derecho al debido proceso al haberse evitado
irregularmente emitir pronunciamiento sobre el fondo de la litis...»
(Casación Nro. 3010-00 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 02-07-2001, págs. 7344-7345).
Capítulo V : Recurso de apelación 195

«... El Juez de la causa, al expedir la sentencia apelada [...], declaró


Fundada en parte la demanda interpuesta por el recurrente sólo
contra el codemandado [...] y ordeno [sic -léase ordenó-] que éste
indemnice al demandante [...]; en ese sentido, se advierte que la
pretensión económica de la demanda quedó reducida a dicho
monto, razón por la que, al apelar, el codemandado sólo tenía la
obligación de recaudar una tasa judicial equivalente a la pretensión
reevaluada...» (Casación Nro. 1678-02 / lea, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 31-03-2003, págs. 10310-10311).

«... La recurrente cumplió con acompañar el recibo de la tasa


judicial, observando el artículo trescientos sesentisiete del Código
Procesal Civil, y si ésta era diminuta, para que pueda ser declarado
Improcedente el recurso [de apelación] y Nulo el concesorio por la
Sala de Mérito, se tenía que haberla requerido otorgándole un plazo
perentorio [...] para que cumpla con reintegrar el monto faltante,
lo que no sucedió, y siendo esto así, se han afectado sus derechos
a la tutela jurisdiccional efectiva y al debido proceso, lo que debe
ser saneado en aras de una correcta administración de justicia...»
(Casación Nro. 2174-2001 / La Libertad, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 01-12-2003, pág. 11218).

«... La presentación de la tasa judicial para la interposición de un


recurso de apelación constituye sólo un requisito de admisibilidad
del mismo, cuya omisión no puede motivar la nulidad de lo actuado
sino sólo la subsanación de la omisión recurrida...» (Casación Nro.
2058-07 / Huánuco, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
02-09-2008, págs. 22701-22702).

«... El tercer párrafo del artículo 367 del Código adjetivo [C.P.C.]
establece que: 'Para los fines a que se refiere el artículo 357 -del
acotado cuerpo de leyes- se ordenará que el recurrente subsane en
un plazo no mayor de cinco días, la omisión o defecto que se pudiera
advertir en el recibo de pago de la tasa respectiva../. Por lo tanto,
se trata de una norma de observancia obligatoria e ineludible
cumplimiento por ser una norma de orden público y una garantía
de la administración de justicia; ya que el concesorio del recurso
de apelación se encuentra íntimamente ligado al principio
constitucional del derecho de defensa, pues en virtud de él se
permite que las partes puedan impugnar las resoluciones judiciales
con arreglo a un debido proceso. Por lo que, se contraviene el
derecho a la tutela judicial efectiva cuando se omite conceder un
plazo no mayor de cinco días, para subsanar la omisión o defecto
que se pudiera advertir en el recibo de pago de la tasa respectiva...»
(Casación Nro. 2813-2003 / Cusco, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 03-05-2005, págs. 14043-14044).
196 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... El A-quo al otorgar el plazo de un día a efectos de que la


impugnante cumpla con presentar la constancia del pago del
arancel judicial ha procedido con arreglo a lo que dispone el artículo
367 párrafo tercero; y al conceder la apelación luego de verificar el
cumplimiento de dicha omisión, ha procedido con arreglo a
derecho; no incurriendo por tanto en la causal de nulidad declarada
por la Superior Sala. [...] Que, siendo así la resolución de vista,
mediante la cual se declara nulo el auto [...], improcedente el recurso
de su propósito [apelación], y nulo el concesorio [...], restringe el
derecho a impugnar que le asiste a la actora, vulnerándose con ello
el derecho al debido proceso; lo que acarrea nulidad insalvable que
es necesario declarar, de conformidad con lo previsto en el artículo
171 del Código Procesal Civil, al no haberse observado como
corresponde la disposición contenida en el artículo 367 del citado
Código Adjetivo [C.P.C.], específicamente en su párrafo tercero...»
(Casación Nro. 561-2005 / Camaná - Arequipa, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-01-2007, págs. 18669-18670).
«... Al no haberse cumplido con regularizar el pago de la tasa
judicial, conforme [a] lo dispuesto por el A Quo, bajo apercibimiento
de no admitirse la apelación, no corresponde a la Sala de mérito
pronunciarse respecto de una apelación no concedida...» (Casación
Nro. 039-2000 / Cusco, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 30-04-2001, pág. 7289).
«... Por recurso [...] la recurrente planteó a la Sala Superior la
inadmisibilidad del recurso de apelación interpuesto por el
demandante, sustentado en haber pagado una tasa diminuta [...];
[...] la Sala Superior al emitir la sentencia de vista [...] no se ha
pronunciado sobre este pedido de inadmisibilidad del recurso de
apelación, incurriendo en la causal de nulidad contemplada en el
artículo ciento setentiuno del Código Procesal Civil, porque de
accederse a su petición, la sentencia de primera instancia quedaría
firme, lo que importa que era un aspecto procesal que merecía
pronunciamiento...» (Casación Nro. 318-2001 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 01-10-2001, págs. 7730-7731).

17.6 Jurisprudencia casatoria relacionada con las personas que pueden


interponer recurso de apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a las personas


que pueden interponer recurso de apelación, ha establecido lo siguiente:

«... El recurrente dejó consentir la resolución apelada; [...] quien


interpuso el recurso de apelación fue su codemandante, y no el
recurrente; [...] en el presente caso, la parte accionante formó un
litisconsorcio facultativo, razón por la cual los efectos de la apelación
Capítulo V: Recurso de apelación 197

sólo beneficia a quien lo interpuso...» (Casación Nro. 3321-2001 /


Madre de Dios, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-07-
2002, pág. 8996).

«... Se advierte que se trata de un típico caso en el cual habiendo


pluralidad de demandados, estos actúan en forma conjunta; por
tanto, estamos ante un supuesto de litisconsorcio facultativo, ello
quiere decir que las actuaciones individuales de cada litisconsorte
no favorecen ni perjudican a los demás. [...] en el presente caso, la
sentencia materia del recurso [de casación] evidentemente se ha
pronunciado de manera extra petita, sobre extremos que no han
sido objeto del recurso de apelación, y aún más sobre el derecho
de sujetos procesales que no han interpuesto el recurso de apelación
en contra de la sentencia [...], vulnerándose de este modo [...] lo
previsto en el artículo VII del Título Preliminar del Código Procesal
Civil en cuanto a la prohibición de los Jueces de fundar sus
decisiones en hechos diversos de los que han sido alegados por las
partes y de ir más allá del petitorio; por lo que [...] el recurso
extraordinario [...] debe ser amparado por esta causal; toda vez que
se ha pronunciado en forma extrapetita otorgando el derecho a
quienes no han hecho uso del recurso de apelación...» (Casación
Nro. 2477-2003 / Chimbóte - Santa, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 01-09-2005, págs. 14679-14680).

«... El artículo 290 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, dispone


que en los procesos en general el abogado, sin necesidad de la
intervención de su cliente puede presentar, suscribir y ofrecer todo
tipo de escritos, con excepción de aquellos para los que se requiere
poder especial con arreglo a ley, precisando que no se requiere de
poder especial para interponer medios impugnatorios, en
representación de su cliente. [...] Que leída así la norma debe
comprenderse que, para que el abogado pueda interponer apelación
por su cliente debe contar con las facultades generales de
representación del artículo 74 del Código Procesal Civil que pueden
ser otorgadas extrajudicial o judicialmente conforme a los artículos
72 y 80 del mismo cuerpo legal, pues sólo así se encontrarán
comprendidas dentro de sus facultades la de impugnación conforme
al artículo 290 de la Ley Orgánica del Poder Judicial. [...] Que contra
tal razonamiento no incide el artículo 364 del Código Procesal Civil,
que regula el objeto de la apelación señalando que tal medio
[impugnatorio] puede ser interpuesto a solicitud de parte o tercero
legitimado, pues [...] el artículo 290 de la Ley Orgánica del Poder
Judicial tan sólo precisa que la facultad de apelar por el abogado
se comprende dentro de las generales de representación que se
otorguen conforme al artículo 74 del Código Procesal Civil. [...] Que
198 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

en el caso sub-examine no se advierte delegación de facultades al


abogado conferidas conforme al artículo 80 del Código Procesal
Civil, ni se aprecia que extrajudicialmente se hayan otorgado dichas
facultades, de modo que el letrado que suscribe la apelación no se
encontraba facultado para ello...» (Casación Nro. 3811-2002 / San
Martín, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-08-2004, pág.
12682).

«... Del artículo 364 del Código Formal [C.P.C.] no se desprende


que el acto de apelación sea uno de disposición de derechos
sustantivos y de acuerdo con el artículo 290 de la Ley Orgánica del
Poder Judicial, el abogado no requiere poder especial para impugnar
por su cliente...» (Casación Nro. 2683-2003 / Sullana, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 28-02-2005, págs. 13694-13695).

«... Por resolución expedida por la Sala Civil [...] se declaró nulo el
concesorio de apelación [...] e inadmisible el recurso de su propósito
[...] por considerar que el abogado [...] no se encontraba facultado
para impugnar la sentencia expedida en primera instancia por no
contar con poder especial para interponer el respectivo recurso de
apelación; [...] el artículo setenticinco del Código Procesal Civil no
dispone que para la interposición de medios impugnatorios se
requiera del otorgamiento de facultades especiales; [...] la Sala al
haber declarado Nulo el concesorio de apelación e inadmisible el
recurso de su propósito vulneró el derecho de defensa del recurrente
al imposibilitarlo de acceder a la instancia superior...» (Casación
Nro. 2674-2000 / lea, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
30-04-2001, pág. 7208).

«... Pese a que en efecto, en materia de representación procesal rige


el principio de literalidad del poder por el cual las facultades
especiales no se presumen sino deben conferirse expresamente,
debe considerarse que el apoderamiento de quien tuvo a cargo la
interposición del recurso de apelación y que la Sala inferior reputa
como defectuosa o insuficiente (sic) para conseguir los efectos de
la impugnación, es un fenómeno jurídico dentro del proceso judicial
orientado a perseguir la realización de un acto procesal (impugnar
la sentencia) en nombre de su representada, por consiguiente, el
defecto del acto de apoderamiento no hace ineficaz el acto
impugnativo del apoderado cuando la propia representada, en este
caso, la empresa demandada (...), ratifica el medio impugnatorio,
tal como prescribe el Artículo ciento sesentidós del Código Civil,
norma aplicable al caso, por su carácter supletorio respecto de la
representación procesal regulado (sic) por el ordenamiento procesal»
(Casación Nro. 2483-99 / Amazonas, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 19-08-2000, págs. 6007-6008).
Capítulo V: Recurso de apelación 199

«... De los actuados en segunda instancia, es decir luego de que el


A quo concede el recurso de apelación interpuesto por la empresa
demandada a través de su apoderado (...), a quien la Sala inferior
considera no tener facultades para impugnar, otorga al letrado (...)
y otro un poder para juicio con las facultades generales y especiales
de representación judicial, entre éstas, la de interponer recurso de
apelación, lo que significa que está ratificando en forma clara y
directa su voluntad de impugnar la sentencia de primera instancia,
ratificación que de acuerdo al segundo párrafo del Artículo ciento
sesentidós del Código sustantivo tiene efecto retroactivo» (Casación
Nro. 2483-99 / Amazonas, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 19-08-2000, págs. 6007-6008).

«... La representación procesal es un acto procesal que tiene una


forma, y como tal, para el caso concreto, la forma requerida para
que la impugnación del representante se repute eficaz es que en el
poder se precise que está facultado también a apelar, sin embargo,
dicha forma no constituye un fin en sí mismo sino se explica en la
medida en que el acto procesal alcance su finalidad, siendo así, con
el acto de ratificación de la emplazada de su voluntad de apelar de
la sentencia a través de un apoderado con poder insuficiente se ha
alcanzado el fin querido...» (Casación Nro. 2483-99 / Amazonas,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 19-08-2000, págs. 6007-
6008).

«... Si el Abogado que autorizó el recurso de apelación no estuvo


habilitado para el patrocinio judicial por falta de pago de cuotas
gremiales, ello no es razón suficiente para anular el acto procesal
y los efectos que de él hayan derivado aún cuando el vicio resulta
manifiestamente reprochable por la conducta del letrado, resulta
de mayor interés considerar que la parte procesal o patrocinado
(sea actor o demandado) no se vea perjudicada en su derecho a la
doble instancia por la irregularidad administrativa anotada, pues,
el objeto o fin del medio impugnatorio referido es que el juez
(Colegiado) superior revise el fallo apelado, pues pese a que el
recurso es defectuoso al estar autorizado por el letrado inhabilitado,
ha cumplido con satisfacer la vigencia o tutela del derecho a
impugnar las resoluciones judiciales consagrado en la Constitución
Política del Estado como principio del debido proceso...» (Casación
Nro. 1332-2003 / Ucayali, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 31-03-2004, págs. 11751-11752).

«... Si bien es cierto los terceros legitimados pueden interponer


medios impugnatorios, ellos también deben satisfacer los requisitos
de admisibilidad y procedencia de los mismos...» (Casación Nro.
3388-2000 / Piura, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-
04-2001, pág. 7232).
200 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... El segundo párrafo del artículo 11 del Texto Unico Ordenado


de la Ley Orgánica del Poder Judicial dispone que la interposición
de un medio de impugnación constituye un acto voluntario del
justiciable, de lo que se desprende que para que el tercero coadyuvante
pueda impugnar válidamente una resolución, que a su criterio le
causa agravio, ésta previamente debe ser recurrida por la parte a
quien coadyuva y, no habiéndose verificado dicha condición, la
recurrente no se encuentra legitimada para recurrir vía casación de
la sentencia de vista...» (Casación Nro. 1729-2003 / Arequipa,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-06-2004, pág. 12259).

17.7 Jurisprudencia casatoria relacionada con la fundamentación del


recurso de apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la fundamentación


del recurso de apelación, ha establecido lo siguiente:
«... Es principio de la Teoría General de los Recursos consagrado
en el artículo 358 del cuerpo legal aludido [C.P.C.], la declaración
de improcedencia de los medios impugnatorios que no estén
fundamentados a la luz de la ley, de la doctrina y de la jurisprudencia...»
(Casación Nro. 945-2002 / Chincha, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 31-10-2002, pág. 9432).
«... Si bien es cierto el artículo 366 del Código Procesal Civil
[...] impone al apelante la carga de fundamentar su apelación,
indicando el error de hecho o de derecho en que incurre la
impugnada, precisando la naturaleza del agravio y sustentando su
pretensión impugnatoria, esta obligación no puede interpretarse
estrictamente, de tal manera que implique una privación al derecho
a la tutela jurisdiccional efectiva y al de la instancia plural. [...] Es
del caso precisar [...] que la exigencia contenida en el citado artículo
366 del Código Procesal Civil [...] no puede ser asimilada a la
contenida en el artículo 388 de dicha norma procesal [sobre los
requisitos de procedencia del recurso de casación], en la que
expresamente se le impone al recurrente la obligación de encausar
su pretensión impugnatoria dentro de ciertos parámetros
predeterminados [...] fijadas [entiéndase fijados] taxativamente en
el artículo 386 del mismo Código [sobre las causales de casación]...»
(Casación Nro. 2541-2007 / Ay acucho, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 02-09-2008, pág. 22778).
«... Los agravios para ser considerados como tales, deben ser
formulados indicando el error de hecho o de derecho, precisando
su naturaleza y sustentando la pretensión impugnatoria...»
(Casación Nro. 3780-2006 / Junín, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 01-12-2008, págs. 23322-23323).
Capítulo V : Recurso de apelación 201

«... La exigencia de la fundamentación del recurso de apelación


obedece a que ello determina el thema decidentum [sic], la materia
que el impugnante desea que el Ad Quem revise y resuelva,
estableciendo así la competencia de la función jurisdiccional del
Juez Superior; de allí que es necesario que el impugnante indique
el error de hecho o de derecho incurrido en la resolución impugnada
que le producen agravio; estableciendo en ese sentido el artículo
trescientos sesenticuatro del Código Adjetivo [C.P.C.], que el
recurso de apelación tiene por objeto que el órgano jurisdiccional
superior examine, a solicitud de parte o de tercero legitimado, la
resolución que les produce agravio, con el propósito de que sea
anulada o revocada, total o parcialmente; [...] ante el incumplimiento
de dicha fundamentación, que comporta la incertidumbre jurídica
de conocer cabalmente cuál es la competencia del Juez Superior, el
Código Procesal Civil ha regulado en su artículo trescientos
sesentisiete una sanción que consiste en la improcedencia del
recurso interpuesto, a ser declarada ya por el Juez de la causa o por
el Superior, siendo que en éste [sic -léase este-] último caso
debe declararse también la nulidad del concesorio del recurso;
sanción que en modo alguno comporta la violación del principio
constitucional [...] [de] pluralidad de instancias [...], sino que por
el contrario, garantiza el debido ejercicio del mismo, que es por
igual para ambas partes y no sólo del impugnante...» (Casación
Nro. 2420-2003 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-01-2005, pág. 13436).
«... El artículo trescientos sesentiséis del Código Procesal Civil,
cuando establece que quien interpone la apelación debe fundamentar
el agravio, no señala que tal fundamentación debe referirse
exclusivamente a hechos descritos y pruebas merituadas en la
sentencia recurrida; tal interpretación efectuada en la sentencia
recurrida [resolución de vista] introduce requisitos no previstos
expresamente en la norma y limita el derecho de defensa de la parte
agraviada; por ende, resulta contraria a las normas que garantizan
el derecho al debido proceso. [...] la simple interpretación de la
norma no puede amparar la arbitrariedad del Juzgador, más aún
cuando prohíbe o limita el acceso a la justicia, pues es contraria a
los fines del proceso...» (Casación Nro. 659-99 / Santa, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 01-04-2002, pág. 8654).

17.8 Jurisprudencia casatoria relacionada con la concesión del recurso


de apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la concesión


del recurso de apelación, ha establecido lo siguiente: «... El retardo en el
concesorio de la apelación [...] no origina [la] nulidad de actuados, sino en todo
202 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

caso proceso administrativo...» (Casación Nro. 2666-2002 / Huaura, publicada


en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2003, págs. 9757-9758).

17.9 Jurisprudencia casatoria relacionada con la declaración de


nulidad del concesorio de la apelación por el órgano judicial
revisor

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la declaración


de nulidad del concesorio de la apelación por el órgano judicial revisor, ha
establecido lo siguiente:

«... La facultad de las instancias que tramitan los medios impugnatorios,


para evaluar las condiciones de admisibilidad y procedencia que
estos deben reunir, es propia del procedimiento y su ejercicio no
constituye infracción alguna a la Ley Adjetiva...» (Casación Nro.
3163-2000 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-
08-2001, pág. 7695).

«... El Superior también puede declarar inadmisible o improcedente


la apelación, si advierte que no se han cumplido los requisitos para
su concesión, en este último caso, declarará nulo el concesorio.
[...] Que, en consecuencia, la facultad de las instancias que tramitan
los medios impugnatorios, para evaluar las condiciones de
admisibilidad y procedencia que estos deben reunir, es propia del
procedimiento y su ejercicio no constituye infracción alguna a la
Ley Procesal...» (Casación Nro. 3573-2000 / La Libertad, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001, pág. 7595).

«... No se contravienen las normas que garantizan el derecho a un


debido proceso cuando se declara nulo el concesorio e inadmisible
un recurso de apelación por no haberse dado cumplimiento a la
exigencia de forma del artículo trescientos sesentisiete del Código
Procesal Civil...» (Casación Nro. 2457-2000 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, págs. 6672-6673).
«... El Juez de la causa concedió el recurso de apelación [...] y el
expediente fue elevado ante la [...] Sala Civil [...], la que, mediante
resolución [...] declaró nulo el concesorio de la apelación e
improcedente el citado recurso, considerando que dicho medio
impugnatorio no tiene la firma del apelante ni la autorización de
abogado [...]. [...] Que, el Colegiado de mérito procedió a declarar
improcedente el recurso de apelación sin tener en cuenta que las
referidas omisiones son subsanables conforme a lo preceptuado en
el artículo 367 del Código Procesal Civil [...], no habiendo concedido
el plazo previsto en la norma citada para efectos de que se subsanen
las referidas omisiones, ni tenido en cuenta que los citados requisitos
son de carácter subsanable, por cuanto se trata de requisitos de
Capítulo Y : Recurso de apelación 203

admisibilidad. [...] Que, el artículo 132 del Código Procesal Civil y


el artículo 288 inciso 10° de la Ley Orgánica del Poder Judicial
establecen el requisito de la autorización del escrito por abogado,
pero dichas normas no prevén el citado requisito como uno de
procedencia del recurso, sino que la norma especial que regula el
recurso [de apelación] contenida en el artículo 367 del Código
Procesal Civil considera dicho requisito como uno de admisibilidad
y por tanto materia de subsanación. [...] Que, en consecuencia, [...]
se ha infringido los alcances de la norma procesal anteriormente
señalada, al no haberse concedido un plazo para que la parte
recurrente subsane las omisiones señaladas, contraviniéndose el
derecho a un debido proceso [...], así como la finalidad del recurso
de apelación destinada a que el recurrente tenga la oportunidad de
subsanar las omisiones señaladas y se absuelva el grado de apelación
con el objeto de garantizar el derecho a la pluralidad de la instancia.
[...] Que, siendo así, corresponde declarar nula la resolución de
vista...» (Casación Nro. 3349-2006 / Lambayeque, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-01-2007, págs. 18703-18704).

«... El acto procesal de que la causa se encuentre al voto no significa


que se hayan subsanado los vicios procesales [sobre requisitos para
la concesión de la apelación], puesto que la Sala [Superior] en
su resolución, de acuerdo a nuestra legislación adjetiva, se puede
pronunciar sobre ellos...» (CasaciónNro. 2379-2000 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág. 6667-6668).
«... Son recurribles en casación las resoluciones expedidas por las
Salas Civiles de las Cortes Superiores por las que declaran nulo el
concesorio de apelación, homologándolas a una resolución definitiva
por sus efectos prácticos que conducen necesariamente a tener por
concluido el proceso...» (Casación Nro. 2900-00 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001, págs. 7221-7222).

17.10 Jurisprudencia casatoria relacionada con la apelación concedida


con efecto suspensivo

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la apelación


concedida con efecto suspensivo, ha establecido lo siguiente:
«... El impugnante sustenta su recurso [de casación] [...] manifestando
que se ha vulnerado las normas que regulan el derecho al debido
proceso, por cuanto [...] se ha sustanciado la apelación del auto
definitivo como si fuera sin efecto suspensivo debiendo de haberse
tramitado como una apelación con efecto suspensivo. Que, el hecho
de que se haya substanciado como cuaderno aparte no implica en
forma alguna que no se haya tenido a la vista las piezas esenciales
del proceso, y que el hecho de que subsane las mismas no implica
204 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

que se vaya a variar la decisión, por lo que se ha producido la


convalidación en la forma de obtener la finalidad deseada del acto
procesal, como lo establece el artículo 172 del Código Procesal
Civil...» (Casación Nro. 4149-2001 / Cono Norte - Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2002, pág. 9557).

«... De conformidad con el artículo 368 del Código Procesal Civil,


cuando el recurso de apelación se concede con efecto suspensivo,
la resolución de la resolución recurrida queda suspendida hasta
la notificación de la que ordena se cumpla lo dispuesto por el
Superior; por ende, el Colegiado Superior debió resolver el recurso
de apelación [de auto] pendiente [...], antes de haber emitido
pronunciamiento de fondo sobre la cuestión controvertida mediante
la sentencia de vista; pues dicha conducta puede alterar
sustancialmente los fines abstracto y concreto del proceso y la
decisión que en él va a recaer. [...] Que, los hechos antes expuestos
configuran [...] contravención del derecho al debido proceso,
debiendo ser sancionada ordinariamente con la nulidad procesal...»
(Casación Nro. 4937-2006 / Pasco, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 03-07-2007, págs. 19959-19960).

17.11 Jurisprudencia casatoria relacionada con la apelación concedida


sin efecto suspensivo

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la apelación


concedida sin efecto suspensivo, ha establecido lo siguiente: «... De conformidad
con el artículo cuatrocientos noventicuatro del Código Procesal Civil en la
tramitación de los procesos abreviados tendrá efecto suspensivo la apelación
de la resolución que declara improcedente la demanda, la que declara la
invalidez de la relación procesal con carácter insubsanable, la que declara
fundada una excepción o defensa previa, y de la sentencia, estableciéndose de
manera expresa que las demás apelaciones se concederán sin efecto suspensivo
y tendrán la calidad de diferidas, salvo que el Juez decida su trámite inmediato,
por resolución debidamente motivada, constituyendo esta última parte uno
de los casos de excepción a que se refiere el segundo párrafo del artículo
trescientos setentidós del mismo cuerpo legal [C.P.C.]; [...] de lo expuesto
anteriormente, se aprecia que el Juez tiene la facultad de decidir la tramitación
inmediata de apelaciones concedidas sin efecto suspensivo, para lo cual debe
fundamentar esta decisión debidamente...» (Casación Nro. 1657-98 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001, págs. 7532-7533).

17.12 Jurisprudencia casatoria relacionada con la apelación con


cedida sin efecto suspensivo y con la calidad de diferida
La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la apelación
concedida sin efecto suspensivo y con la calidad de diferida, ha establecido lo
siguiente:
Capítulo V : Recurso de apelación 205

«... La apelación interpuesta [...] fue concedida sin efecto suspensivo


y con la calidad de diferida ordenándose se formase el cuaderno
correspondiente, en consecuencia, la eficacia del auto impugnado
se mantiene incluso para el cumplimiento de éste, tal como lo
establece el inciso segundo del artículo trescientos sesentiocho del
Código Procesal Civil, por lo que mal puede alegarse que el Juez
debió esperar el resultado de la apelación sin efecto suspensivo
para dictar sentencia, máxime si el Colegiado resolvió dicha
apelación antes de expedir la sentencia que puso fin a este proceso...»
(Casación Nro. 2425-2000 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-01-2001, págs. 6670-6671).

«... Si bien dentro de las obligaciones del auxiliar jurisdiccional esta


el de [sic -léase está la de-] formar el cuaderno de apelación cuando
esta se ha concedido sin efecto suspensivo y con la calidad de
diferida; también lo es, que esta situación no exonera a la recurrente
de interesarse removiendo los obstáculos hasta dejar expedita su
apelación...» (Casación Nro. 2178-2000 / Arequipa, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 30-01-2001, pág. 6861).

«... Obra la resolución [...] por la que se concede el recurso de


apelación interpuesto por los codemandados [...], sin efecto
suspensivo y sin la calidad de diferida, disponiéndose la formación
del cuadernillo correspondiente [de apelación] con copias
certificadas de las piezas procesales pertinentes a fin que sean
elevadas al Superior, debiendo la parte apelante facilitar las copias
en referencia. [...] Que, los citados apelantes no cumplieron con
realizar el trámite del pedido de copias de las piezas procesales
para la formación del aludido cuadernillo [de apelación] [...]. Que
siendo así, la inercia procesal en que ha incurrido la parte recurrente
no puede servir de sustento para alegar un vicio que este mismo
propició, a tenor de lo establecido en el inciso primero del artículo
ciento setenticinco del Código Procesal Civil, máxime [...] cuando
uno de los deberes de las partes es concurrir ante el Juez cuando
este lo cite y acatar sus órdenes en las actuaciones judiciales,
conforme lo establece el inciso quinto del artículo ciento nueve del
mismo cuerpo legal. [...] Que, por consiguiente, al emitirse la
sentencia recurrida no se ha incurrido en la afectación al debido
proceso que invoca el recurrente...» (Casación Nro. 949-2000 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-01-2001, págs. 6841-
6842).
«... Las apelaciones diferidas únicamente se encuentran en estado
de suspensión y la activación del trámite se produce con la sola
existencia de una sentencia apelada o de la resolución que el juez
señale, con prescindencia de la parte que ha planteado el medio
206 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

impugnatorio; [...] dicho criterio se corrobora cuando en el último


párrafo del artículo trescientos sesentinueve del Código adjetivo
[C.P.C.] se señala únicamente que la falta de apelación de la
sentencia determina la ineficacia de la apelación diferida, sin
precisar o distinguir la falta de apelación de qué sujeto procesal,
esto es, no señala que la falta de apelación de la sentencia de la
parte a quien se le concedió la apelación diferida sea la que produzca
la ineficacia de ésta [sic -léase esta-] apelación, la norma simplemente
establece la ausencia de apelación de sentencia de modo genérico;
[...] por consiguiente cuando la sentencia de primera instancia ha
quedado consentida porque ninguna de las partes la ha impugnado,
devendrá recién en ineficaz la apelación diferida; empero, cualquiera
que apele de la sentencia activa el trámite suspendido de la
apelación diferida y obliga al Organo Revisor a pronunciarse sobre
ella, conforme ha procedido el Superior Colegiado al dictar la
resolución de vista, sin que con ello se haya afectado el derecho al
debido proceso del recurrente...» (CasaciónNro. 1228-02 / Arequipa,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2003, pág. 9791).

«... Del análisis del primer párrafo del artículo 369 del Código
Adjetivo [C.P.C.], se puede inferir que las apelaciones diferidas
comportan simplemente la reserva de su trámite a fin de que, en
lugar de formar el cuaderno de apelación sin efecto suspensivo y
elevarlo inmediatamente a la instancia superior, sea resuelto por
dicha instancia conjuntamente con la sentencia u otra resolución
que el Juez señale, en aplicación de los principios de Celeridad y
Economía Procesal, lo que significa que las dichas apelaciones -las
diferidas- únicamente se encuentran en estado de suspensión y la
activación del trámite se produce con la sola existencia de una
sentencia apelada o de la resolución que el Juez señale, con
prescindencia de la parte que ha planteado el medio impugnatorio;
criterio que se corrobora cuando en el último párrafo de la norma
procesal ya glosada, se señala que únicamente la falta de apelación
de la sentencia o de la resolución señalada por el Juez determina
la ineficacia de la apelación diferida, sin distinguir una parte
procesal, esto es, no señala que la falta de apelación de la sentencia
de la parte a quien se concedió la apelación sea la que produzca la
ineficacia de la apelación diferida...» (Casación Nro. 2591-2006 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 05-01-2007, pág.
18371).

«... El artículo trescientos sesentinueve del [...] Código Procesal


Civil, establece que en el caso de las apelaciones que tienen la
calidad de diferidas, la falta de apelación de la sentencia determina
la ineficacia de la apelación diferida, por lo que [...] apreciándose
que [...] mediante resolución [...] se ha declarado consentida la
Capítulo V: Recurso de apelación 207

sentencia expedida en el expediente principal por no haber sido


impugnada, en consecuencia la apelación concedida [...] devino en
ineficaz, por lo que el superior jerárquico no podía pronunciarse
respecto de ella, dado que la condición para ello no había sido
observada por la recurrente con arreglo a Ley...» (Casación Nro.
1657-98 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-
2001, págs. 7532-7533).
«... Del análisis del artículo 369 del Código Procesal Civil [...] se
aprecia que la única causa para declarar la ineficacia de la apelación
concedida sin efecto suspensivo, y por tanto diferida, es que no
se haya apelado de la sentencia, porque evidentemente el
pronunciamiento de primera instancia no será revisado por el
superior; mas no puede considerarse motivo de ineficacia de dicho
concesorio cuando la sentencia es apelada por la parte contraria,
ya que evidentemente no corresponde apelar de un fallo favorable...»
(Casación Nro. 3003-2006 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-01-2007, págs. 18624-18625).
«... La sentencia recurrida ha declarado nula la sentencia apelada,
por lo que no cabe pronunciamiento sobre las apelaciones
concedidas con el carácter de diferidas, de acuerdo con lo dispuesto
en el artículo trescientos sesentinueve del Código Procesal Civil...»
(Casación Nro. 2724-2001 / Callao, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 02-01-2002, págs. 8266-8267).
«... En el trámite de la apelación sin efecto suspensivo en calidad
de diferida el superior jerárquico debe pronunciarse sobre ella
conjuntamente con la sentencia y [...] su omisión acarrea la
nulidad...» (Casación Nro. 2191-2007 / Puno, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-10-2007, pág. 20835).
«... Al emitirse la sentencia de vista no se ha resuelto la apelación
concedida sin efecto suspensivo y con la calidad de diferida,
incumpliendo con lo dispuesto por el artículo ciento veintidós inciso
cuarto del Código Procesal Civil, e incurriendo en la causal de
nulidad contemplada en el artículo ciento setentiuno del Código
acotado [C.P.C.]...» (CasaciónNro. 1409-2000 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, págs. 6696-6697).
«... Conforme es de verse de la resolución de vista [...], el Colegiado
Superior no se ha pronunciado sobre la apelación concedida [...]
sin efecto suspensivo y con la calidad de diferida, [...] por lo antes
anotado, se advierte que el Tribunal Superior no ha resuelto la
apelación interpuesta por el ejecutado, infringiéndose de este modo
el artículo 369 del Código Procesal Civil, afectando el derecho al
debido proceso del ejecutado...» (Casación Nro. 2191-2007 / Puno,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-10-2007, pág. 20835).
208 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... Puede verificarse de autos que, habiéndose emitido la resolución


[...] dicho pronunciamiento fue impugnado en apelación [...]
concedido [sic] por resolución [...] sin efecto suspensivo y con la
calidad diferida, con lo cual correspondía ser resuelto conjuntamente
con la apelación de la sentencia de acuerdo al artículo 369 del
Código Procesal Civil. [...] No obstante, en la sentencia de vista,
que confirma la apelada, se omite todo pronunciamiento respecto
a la apelación [...] incurriendo así en vicio que debe ser sancionado
de conformidad con el artículo 122 inciso 4 del Código Procesal
Civil, concordado con su artículo 171 de ese mismo texto legal, por
afectar los derechos de impugnación, a la doble instancia y a obtener
una resolución motivada del impugnante...» (Casación Nro. 2295-
2007 / lea, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-09-2008,
págs. 22490-22491).

«... Conforme lo establece el artículo 369 del Código Procesal Civil,


tal medio impugnatorio [apelación concedida sin efecto suspensivo
y con la calidad de diferida] debió haber sido resuelto en la
resolución de vista, antes de resolverse el fondo del asunto, lo cual
no se produjo por lo que se ha incurrido en un vicio que acarrea su
nulidad, conforme a lo dispuesto por el numeral 3 del artículo 122
y artículo 171 del Código Procesal acotado...» (Casación Nro. 1795-
2008 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2008,
pág. 23459).

«... Ambas impugnaciones [apelaciones] fueron concedidas sin


efecto suspensivo y con la calidad de diferidas, [...] sin embargo, el
Juez omitió pronunciarse sobre la elevación de dichas apelaciones
a fin de que sean resueltas conjuntamente con la sentencia
impugnada. [...] Que, ese error del Juez ha ocasionado que la Sala
Superior no se pronunciara en la sentencia de vista sobre las
apelaciones interpuestas [...], lo cual ha originado un vicio procesal
que no solamente infringe lo dispuesto en el artículo ciento veintidós
inciso cuarto del Código Procesal Civil, sino también la norma
contenida en el artículo trescientos sesentinueve del mismo Código
que establece que las apelaciones con la calidad de diferidas serán
elevadas conjuntamente con la sentencia u otra resolución a fin de
que sean resueltas por el Superior. [...] Que, en consecuencia, al
haberse incurrido en infracción de normas de carácter procesal se
ha configurado la causal por vicios in procedendo, por lo que en
virtud a lo dispuesto en el artículo ciento setentisiete del Código
adjetivo [C.P.C.] deben renovarse los actos procesales afectados,
de modo tal que el Juez de la causa debe pronunciarse sobre la
concesión y elevación de los recursos de apelación interpuestos [...]
de acuerdo a lo establecido en el artículo trescientos sesentinueve
Capítulo V : Recurso de apelación 209

del Código Procesal acotado [C.P.C.]...» (Casación Nro. 1271-2000 /


Santa, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág.
6693).

«... La Sala Superior al emitir la [resolución] impugnada no resuelve


las apelaciones formuladas [concedidas sin efecto suspensivo y con
la calidad de diferidas] [...], lo que conlleva a la transgresión del
artículo 122 inciso 4 del Código Procesal Civil, que establece que
las resoluciones deberán contener la expresión clara y precisa de
lo que se decide u ordena, respecto de todos los puntos controvertidos.
[...] Que, en consecuencia, se concluye que al expedirse la sentencia
de vista se ha incurrido en un fallo infra petita, es decir, se ha
concedido menos de lo pedido, lo cual necesariamente acarrea la
sanción de nulidad de la referida resolución, de acuerdo con la
facultad prevista por el artículo 171 del mencionado cuerpo legal...»
(Casación Nro. 3651-2000 / Piura, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-02-2002, pág. 8385).

«... En la audiencia correspondiente, se declara infundada dicha


articulación [nulidad] y remedios procesales [excepciones], contra
la cual los demandados impugnaron interponiendo apelación que
fuera concedida en dicha audiencia en calidad de diferida; [...] al
dictarse la sentencia de vista, no se pronuncia sobre esta apelación
e incidiendo dichas articulaciones sobre la relación jurídica procesal,
debió ser materia de pronunciamiento en la instancia superior,
omisión que acarrea una indefensión a los demandados, afectando
el derecho a un debido proceso al privársele de la doble instancia...»
(Casación Nro. 2322-2000 / Moquegua, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 31-07-2001, págs. 7432-7433).
«... La Sala Superior, al expedir la sentencia impugnada, no se ha
pronunciado respecto de la apelación de la recurrente [concedida
sin efecto suspensivo y con la calidad de diferida], toda vez que ha
considerado que no cabe emitir pronunciamiento en razón a que
la actora no ha apelado de la sentencia, habiendo quedado ineficaz
dicha apelación, de conformidad con el artículo trescientos
sesentinueve del Código Procesal Civil; [...] si bien es cierto el citado
artículo [...] establece que la falta de apelación de la sentencia o de
la resolución señalada por el Juez determina la ineficacia de la
apelación diferida; sin embargo, en el presente caso, se advierte
que la impugnante no apeló de la sentencia de primera instancia,
por cuanto ésta le fue favorable, no pudiéndosele exigir que
impugnara la misma, por cuanto esta exigencia contravendría el
principio [del derecho] a la tutela jurisdiccional efectiva, así como
la instancia plural y la revisibilidad de los fallos, [...] en consecuencia,
[...] se advierte que la Sala Revisora ha transgredido el derecho al
debido proceso de la recurrente, por lo que la misma [sentencia de
210 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

vista impugnada] debe ser sancionada con nulidad, conforme a lo


previsto por el artículo ciento setentiuno del Código Procesal
Civil...» (Casación Nro. 1712-03 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 03-05-2004, pág. 11956).

«... La resolución de vista [...] declaró improcedente el recurso de


apelación y nulo el concesorio por haber sido interpuesto el recurso
en forma extemporánea, por lo que no estaba obligada a resolver
la apelación concedida con la calidad de diferida, porque a falta de
apelación el artículo trescientos sesentinueve del Código Procesal
Civil, en su parte final dispone que ello determina la ineficacia de
la apelación diferida...» (Casación Nro. 2516-2000 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001, pág. 7191).
«... Si bien es verdad que la Sala de mérito no se ha pronunciado
sobre la apelación concedida sin efecto suspensivo y con la calidad
de diferida [...], el aludido vicio procesal no es de tal trascendencia
que vaya a influir de manera decisiva en el sentido de lo resuelto
por las instancias de mérito, modificando o alterándolo; no
evidenciándose violación al principio del debido proceso...» (Casación
Nro. 5094-2006 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 03-12-2008, págs. 23606-23607).

«... Mediante Ejecutoria Suprema [...] la Sala [Suprema] declaró la


nulidad de la sentencia de vista [...] y ordenó al Tribunal Superior
emita un nuevo fallo con arreglo a Ley; [...] tal pronunciamiento se
sustentó en que la impugnada no había resuelto la apelación
concedida con calidad diferida [...]; [...] no obstante lo ordenado
por esta Sala [Suprema], la Corte Superior emite la sentencia que
se viene impugnando sin emitir pronunciamiento respecto a la
citada apelación, reiterando el vicio por el que ya en la anterior
oportunidad hubiera conocido esta Corte [Suprema], causando la
dilación del proceso en perjuicio de las partes intervinientes; [...] si
bien en el fallo que se recurre aparece fundamentación respecto a
la aludida apelación en la parte considerativa, esta Sala Casatoria se
ve impedida a integrar el fallo al no ser una instancia de trámite [...];
[...] por lo anterior se tiene que la sentencia de vista no ha expresado
la decisión respecto a todos los puntos controvertidos, produciéndose
la vulneración del artículo ciento veintidós inciso cuarto del Código
Adjetivo [C.P.C.]; debiendo sancionarse la nulidad a tenor de lo
dispuesto en el artículo ciento setentiuno del acotado Código
[C.P.C.]...» (Casación Nro. 1114-2000 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 01-03-2001, págs. 7000-7001).
«... Por Resolución [...] se declara infundada dicha tacha [contra
documentos], pues la actora no ha acreditado la invalidez de los
mismos, no siendo suficiente la simple invocación, posteriormente
Capítulo V : Recurso de apelación 211

dichos documentos han sido adjuntados legalizados; en la misma


Audiencia, el abogado de la accionante formula apelación,
concedida [...] sin efecto suspensivo y con la calidad de diferida;
[...] la sentencia de vista [...] omite pronunciarse sobre la apelación
concedida, incidiendo dicha tacha sobre la pretensión sustantiva,
por lo que es menester pronunciarse sobre la validez, invalidez o
falsedad de dichos instrumentos, para no afectar el derecho del
debido proceso y la doble instancia de los justiciables...» (Casación
Nro. 2600-00 / Ucayali, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 30-04-2001, págs. 7200-7201).

«... Se aprecia [...] que la parte emplazada interpuso recurso de


apelación contra el extremo de la resolución expedida por el juez
que declaró infundada la excepción de falta de legitimidad para
obrar de la demandante, medio impugnatorio que fue concedido
sin efecto suspensivo y con la calidad de diferido, es decir que tal
apelación debía ser resuelta por el Colegiado [Superior] conjuntamente
con la sentencia, en consecuencia la articulación referida a la
excepción mencionada sólo podía ser considerada resuelta en sede
judicial cuando la Sala de Revisión se pronunciara respecto a ella,
es decir que la declaración de saneamiento del proceso estaba
condicionada a lo que el Colegiado [Superior] resolviera sobre el
medio de defensa referido; además de ello, debe tenerse en cuenta
que el último párrafo del artículo ciento veintiuno del Código
Adjetivo [C.P.C.] faculta a las instancias de mérito ha pronunciarse
[sic -léase a pronunciarse-] a través de las sentencias que expidan,
respecto a la validez de la relación procesal...» (Casación Nro.
604-01 / Santa, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-
2001, pág. 7496).

17.13 Jurisprudencia casatoria relacionada con la apelación de autos


expedidos en audiencias

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la apelación


de autos expedidos en audiencias, ha establecido lo siguiente:

«... Si bien el inciso 2o del artículo 376 del Código Procesal Civil [...]
establece que la apelación contra los autos expedidos en la audiencia,
debe ser interpuesta en la misma audiencia; debe entenderse que
esto es así en los casos en que el impugnante se encuentra presente
en la audiencia. [...] Que, a mayor abundamiento, no existe
prohibición alguna en nuestro ordenamiento procesal que impida
notificar al justiciable ausente con las resoluciones expedidas en la
audiencia...» (Casación Nro. 4963-2007 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 03-09-2008, págs. 22906-22907).
212 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

«... La garantía de la pluralidad de instancia debe ser adecuadamente


preservada y, si bien la recurrente no concurrió a la audiencia en
que se emitió la decisión contra la que interpuso recurso de
apelación, ello no significa que no pueda impugnar lo que se haya
resuelto en dicha audiencia, pues, lo normado en los artículos
376 y 377 del Código Procesal Civil debe ser interpretado
sistemáticamente con lo establecido en el artículo 155 del glosado
Código Adjetivo. [...] Que, bajo dicha línea de razonamiento, es de
concluir que si la recurrente no concurrió a la audiencia mencionada,
es legalmente posible que pueda impugnar cualquier actuación
realizada en la referida audiencia luego de haber sido notificada
con el contenido del acta correspondiente...» (Casación Nro. 3515-
2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-01-2008,
págs. 21423-21424).

«... La [...] recurrente ante el agravio producido por la referida


resolución dictada dentro de la Audiencia Unica interpone recurso
de apelación [...], por lo que la Sala [Superior] considera que ha
sido interpuesta de forma extemporánea por lo que deviene en
improcedente, y declara nulo el concesorio, toda vez que debió
impugnarse en la misma audiencia, a la que no asistió pese a que
fue correctamente notificada; [...] el artículo trescientos setentiséis
inciso segundo del Código Procesal Civil [...] señala expresamente
lo siguiente: 'La apelación contra los autos a ser concedida con
efecto suspensivo, se interpone dentro de los siguientes plazos: (...)
2.- En la misma audiencia, si el auto fuera expedido en ella, pero
su fundamentación y demás requisitos serán cumplidos en el
mismo plazo que el inciso anterior'; es decir en el plazo de tres días;
[...] sin embargo, lo vertido [...] sólo podrá ser exigido si la parte
apelante se encuentra presente en dicho acto procesal, caso contrario
se estaría vulnerando y recortando su derecho de defensa y a la
doble instancia [...], por lo tanto, el cómputo de los tres días deberá
hacerse desde el día siguiente de la notificación de la resolución
materia de cuestionamiento [...]. En consecuencia, el recurrente ha
interpuesto su recurso de apelación dentro del plazo establecido
por el propio ordenamiento procesal, lo que debe ser materia de
un nuevo pronunciamiento por parte de la Sala [Superior]; [...] por
las razones precedentes, se demuestra que en el presente caso se
ha infringido el debido proceso...» (Casación Nro. 1148-2004 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-06-2006, pág. 16067).

«... Acusa [la recurrente] la infracción del inciso tercero del artículo
ciento veintidós del Código adjetivo [C.P.C.], pues la recurrida ha
omitido con pronunciarse sobre el [...] punto de su escrito de
apelación, referido a que no se le notificó de la inadmisibilidad de
sus pruebas, y que fuera resuelta en la Audiencia Unica; [...] la
Capítulo V : Recurso de apelación 213

oportunidad para apelar de los autos que se emitan dentro de una


Audiencia, se realiza dentro de ésta, pero [...] su fundamentación
y demás requisitos se cumplirán dentro del tercer día de realizada
ésta, según lo prescriben los artículos trescientos setentiséis y
trescientos setentisiete del Código Procesal Civil; en consecuencia,
no hay afectación al debido proceso cuando la recurrente no asistió
a la Audiencia Unica, donde se declaró inadmisible la admisión de
sus medios probatorios...» (Casación Nro. 3370-2000 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2001, pág. 7066).

17.14 Jurisprudencia casatoria relacionada con el ofrecimiento de


medios probatorios en la apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación al ofrecimiento


de medios probatorios en la apelación, ha establecido lo siguiente:

«... El artículo trescientos setenticuatro [del C.P.C.] permite a las


partes que, en vía de apelación o en absolución de la misma, cuando
se advierta un hecho nuevo ocurrido con posterioridad a la etapa
postulatoria, o un hecho que, siendo contemporáneo a la citada
etapa, recién puede ser conocido por el interesado con posterioridad
a la misma, ofrezcan los medios probatorios pertinentes a fin de
sustentarlo...» (Casación Nro. 3764-06 / Junín, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 03-01-2008, págs. 21385-21386).

«... El ordenamiento procesal permite que las partes procesales


ofrezcan medios probatorios con motivo de la interposición del
recurso de apelación a fin de sustentar la ocurrencia de hechos
nuevos, sea mediante un medio probatorio propio, que acontece
cuando una circunstancia fáctica ocurre con posterioridad al inicio
de un proceso y que tiene relevancia para resolver la litis, o mediante
un medio probatorio impropio, que acontece antes del inicio del
proceso pero que recién pudo ser conocido por el interesado
con posterioridad, conforme lo establece el artículo trescientos
setenticuatro del Código Adjetivo [C.P.C.]...» (Casación Nro.
2726-01 / Tacna, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-07-
2002, pág. 8934).

«... Tratándose el presente incidente de una apelación sin efecto


suspensivo, ésta se tramita de conformidad con lo dispuesto por el
artículo 377 del Código Procesal Civil, el cual no prevé el
ofrecimiento de pruebas en segunda instancia, toda vez que tal
circunstancia está reservada sólo a las apelaciones de sentencias...»
(Casación Nro. 2695-2002 / Callao, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 02-08-2004, pág. 12469).
214 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... La empresa [...] se apersonó al proceso formulando contradicción;


sin embargo, mediante resolución [...] el Juzgado declaró improcedente
la misma por no fundarse en las causales previstas en el artículo
700 del Código Procesal Civil. [...] Habiendo precluido la etapa
postulatoria mal podría merituarse los documentos ofrecidos por
la empresa co-ejecutada en su escrito de apelación [...]. [...]
Consecuentemente con lo anterior se llega a la conclusión de que
la Sala Superior ha contravenido las normas que garantizan el
derecho al debido proceso al haber declarado nula la sentencia de
primera instancia, disponiendo que el Juez [...] tenga en consideración
la documentación presentada con el recurso de apelación...»
(Casación Nro. 465-2001 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-05-2002, pág. 8859).
«... Los documentos anexados al escrito de apelación [...] no reúne
[sic -léase no reúnen-] las formalidades del artículo 374 del Código
Procesal Civil, ya que no fueron ofrecidos como medios
probatorios...» (Casación Nro. 791-2001 / Tacna, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-11-2001, pág. 8008).
«... Tratándose de medios probatorios extemporáneos ofrecidos con
el recurso de apelación, el último párrafo [del] [...] artículo
trescientos setenticuatro del Código Procesal Civil [...] establece
que si el Superior los admite, se fijará fecha para la audiencia
respectiva, la que será dirigida por el Juez menos antiguo si el
superior es un órgano colegiado; lo que significa que debe existir
primero una resolución que califique la procedencia del ofrecimiento
extemporáneo de medios probatorios con el recurso de apelación,
tornándose entonces una obligación de ineludible cumplimiento
por parte del órgano jurisdiccional superior la emisión de dicha
resolución de calificación ya sea en sentido negativo o positivo pero
debidamente fundamentada...» (Casación Nro. 4062-2006 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-09-2008,
pág. 23198).
«... La Sala Civil omitió calificar la procedencia o improcedencia de
tal ofrecimiento probatorio [ofrecimiento de pruebas en el escrito
de absolución de la apelación], decisión [que] ha traído como
consecuencia que los instrumentos ofrecidos no sean debidamente
incorporados al proceso, contraviniéndose así normas de carácter
imperativo cuyo incumplimiento acarrea nulidad, de conformidad
con lo dispuesto en el primer párrafo del artículo ciento setentiuno
del Código Procesal Civil, pues se trata de un acto procesal que
carece de los requisitos indispensables para la obtención de su
finalidad; siendo así, la sentencia de vista ha sido expedida
transgrediendo el debido proceso y, particularmente, el derecho
de prueba del demandante [...], pues no se admitió o desestimó
Capítulo V: Recurso de apelación 215

formalmente la prueba ofrecida...» (Casación Nro. 3764-06 / Junín,


publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-01-2008, págs. 21385-
21386).

«... La actor a al apelar de la sentencia del a-quo también ofreció los


medios probatorios que a su derecho corresponde. En tal virtud,
atendiendo a la naturaleza del proceso y en estricta armonía a lo
previsto en el artículo 374 del Código Procesal Civil, es tarea de la
Sala Superior evaluar la pertinencia de dichos medios probatorios
para dirimir la litis. En el presente caso no existe ningún
pronunciamiento de la indicada Sala Superior sobre la pertinencia
o impertinencia de dichas pruebas, pese a que las mismas fueron
ofrecidas conjuntamente con el recurso de apelación. [...]
Consecuentemente, habiéndose determinado que la decisión
impugnada contraviene el debido proceso e infringe la norma
procesal antes enunciada, el presente medio impugnatorio [recurso
de casación] debe declararse fundado y casarse la sentencia
impugnada, ordenándose que se emita una nueva resolución...»
(Casación Nro. 875-2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 30-01-2008, págs. 21421-21422).

«... La mencionada norma [art. 374 del C.P.C., sobre ofrecimiento


de medios probatorios en la apelación de sentencias] establece que
en caso de que dichos medios probatorios sean admitidos, es decir
sean recepcionados por el Colegiado, declaración que no implica
una calificación de los mismos, se fijará fecha para una audiencia
especial probatoria...» (Casación Nro. 650-2001 / Lambayeque,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 05-11-2001, págs. 7906-
7907).

«... En aplicación del principio de contradicción o de bilateralidad,


el cual implica que todos los actos procesales deben realizarse con
el conocimiento previo y oportuno de las partes, los medios
probatorios que se ofrezcan con el escrito de apelación y que sean
admitidos por el Colegiado, deben ser puestos en conocimiento de
la otra parte, a fin de garantizar su derecho de defensa, en virtud
del cual puede plantear las cuestiones probatorias que estime
pertinentes o cuestionar la eficacia probatoria de los mismos en la
misma audiencia especial [probatoria]...» (Casación Nro. 650-2001 /
Lambayeque, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 05-11-
2001, págs. 7906-7907).

«... No obstante no existir pronunciamiento expreso a la admisión


o no de los medios probatorios ofrecidos por la demandada en su
escrito de apelación, y al no haberse llevado a cabo la audiencia
especial de pruebas, el Colegiado los valoró y fueron tomados en
cuenta a efectos de sustentar su decisión jurisdiccional, infringiendo
216 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

evidentemente el derecho a un debido proceso...» (Casación Nro.


650-2001 / Lambayeque, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 05-11-2001, págs. 7906-7907).
«... La Sala [Superior] declaró improcedente los medios probatorios
sobre copias del diligenciamiento de la prueba anticipada [...]
ofrecidas en segunda instancia a través del escrito de fojas [...], toda
vez que no fueron ofrecidos en el recurso de la apelación de la
impugnante, por tal razón tampoco puede alegarse falta de
valoración de la prueba ofrecida, cuando ésta no fue admitida...»
(Casación Nro. 460-01 / Cono Norte, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 31-07-2001, págs. 7483-7484).
«... Se denuncia [...] la afectación del derecho al debido proceso y
que no se proveyó ni se convocó a la Audiencia Complementaria
a que se refiere el artículo trescientos setenticuatro del acotado
ordenamiento procesal [C.P.C.] en virtud a los medios probatorios
nuevos presentados con su recurso de apelación; empero, debe
tenerse presente [...] que tratándose éstos sólo de documentos, su
valoración no requiere necesariamente de Audiencia Complementaria
y habiéndolos valorado la Sala Revisora sin considerarlos enervantes
del pronunciamiento del A-quo, en realidad no existe afectación
alguna del derecho al debido proceso...» (Casación Nro. 0093-99 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág.
6783).
«... La solicitud de intervención [en el proceso] de la recurrente fue
aceptada en segunda instancia por parte de la Sala Superior, siendo
que no es necesaria la actuación de los medios probatorios que
acompaña por tratarse de documentos...» (Casación Nro. 3642-2006 /
Junín, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2008, pág.
21199).
«... Pese a que los citados medios probatorios no habían sido
admitidos formalmente, la Sala de mérito en [...] la sentencia de
vista ha procedido a valorarlos, incumpliendo lo dispuesto en el
artículo trescientos setenticuatro del Código Procesal Civil [sobre
ofrecimiento de medios probatorios en la apelación de sentencias]
que exige que previamente los medios probatorios sean admitidos
conforme a ley; [...] en consecuencia, se ha incurrido en causal de
nulidad al haber valorado el Ad quem medios probatorios que no
han sido admitidos conforme a ley...» (Casación Nro. 430-01 /
Cañete, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 05-11-2001,
págs. 7903-7904).
«... El demandante [...] en su recurso de apelación de la sentencia
de Primera Instancia, [...] adjuntó en calidad de nueva prueba [...]
documentos [...], a fin de reforzar las anteriormente ofrecidas; [...]
Capítulo V : Recurso de apelación 217

recibido el expediente por el Superior se dio traslado del escrito de


apelación y luego de efectuado el mismo señaló día y hora para la
vista de la causa y ha expedido sentencia sin pronunciarse sobre la
prueba referida; [...] como prescribe el artículo trescientos
setenticuatro del Código adjetivo [C.P.C.], [...] las partes pueden
ofrecer medios probatorios en el escrito de apelación, en los dos
supuestos que indica, sobre los que la Sala de revisiones debió
pronunciarse, como prescribe el último párrafo de la norma citada;
y de admitirse los mismos, fijar fecha para la Audiencia respectiva;
[...] esa omisión configura una omisión procesal que conlleva
indefensión para el recurrente, y afecta su derecho al debido
proceso, por lo que debe ser sancionada con su nulidad...» (Casación
Nro. 3066-2000 / Piura, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 31-07-2001, pág. 7435).

«... En el presente proceso se ha incurrido en contravención de


normas que garantizan el derecho al debido proceso, por haber
omitido [...] el Colegiado Superior merituar los medios probatorios
ofrecidos en el recurso de apelación, conjuntamente con los demás
medios probatorios actuados en el proceso...» (Casación Nro. 2188-
06 / Nasca, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 29-02-2008,
págs. 21623-21624).

«... No obstante dicho ofrecimiento extemporáneo [ofrecimiento de


medios probatorios con el recurso de apelación], la [...] Sala Civil
de la Corte Superior [...] no emitió resolución de calificación alguna,
violando así flagrantemente el artículo trescientos setenticuatro, in
fine, del Código Procesal Civil, lo que acarrea la nulidad de la
sentencia de vista y todo lo actuado en segunda instancia...»
(Casación Nro. 4062-2006 / La Libertad, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-09-2008, pág. 23198).

«... En el presente caso, las pruebas que inicialmente fueron


desestimadas por el Juzgado han sido incorporadas por la Sala
Superior sin citación de la entidad recurrente, restringiéndose de
esta forma el derecho de defensa de las partes. Siendo que dicha
deficiencia procesal torna en inválida la resolución impugnada...»
(Casación Nro. 290-2006 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-05-2007, págs. 19565-19566).

«... Los recurrentes al interponer recurso de apelación adjuntaron


medios probatorios tendientes a acreditar que habían cumplido
con cancelar más del cincuenta por ciento del precio de venta del
bien sub litis, documentos que fueron admitidos por la Sala de
Revisión [...]; [...] dicho Colegiado al dictar la sentencia de vista, se
pronunció respecto a los medios probatorios señalados [...] pero
indicando únicamente que éstos no acreditaban el pago alegado
218 Derecho Procesal Civil V : Medios Impúgnatenos / Alberto Hinostroza Minguez

por los emplazados, sin explicar ni fundamentar tal apreciación


jurisdiccional, con lo que se imposibilita a los sujetos procesales
tener acceso al razonamiento lógico empleado por la Sala de revisión
en la merituación de los referidos documentos, que les permitiese
determinar [...] porque éstos [sic -léase por qué éstos-] no acreditaban
la alegación efectuada por la parte demandada, de esta forma la
sentencia de vista ha infringido el principio de motivación señalado
[principio de motivación de las resoluciones judiciales] [...]; [...] por
los considerandos expuestos [...] declararon: FUNDADO el recurso
de casación interpuesto [...], en consecuencia NULA la sentencia
de vista...» (Casación Nro. 496-2001 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 01-10-2001, pág. 7733).

17.15 Jurisprudencia casatoria relacionada con las facultades del


órgano judicial revisor respecto de las pruebas de oficio

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a las facultades


del órgano judicial revisor respecto de las pruebas de oficio, ha establecido lo
siguiente:
«... El Colegiado Superior se encuentra plenamente facultado para
disponer la actuación de medios probatorios de oficio, ello en caso
de que luego de efectuada la revisión de los autos, llegue a la
conclusión de que los medios probatorios ofrecidos y actuados
resultan insuficientes para emitir un pronunciamiento válido sobre
el fondo de la controversia...» (Casación Nro. 1999-99 / Chincha,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2002, pág. 9105).

17.16 Jurisprudencia casatoria relacionada con la vista de la causa y


el informe oral

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la vista de la


causa y el informe oral, ha establecido lo siguiente:
«... La vista de la causa constituye una audiencia, más aún cuando
se ha solicitado el uso de la palabra...» (Casación Nro. 3306-2000 /
La Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001,
pág. 7443).
«... Ni en la Ley Orgánica del Poder Judicial ni en el Código Procesal
Civil se ha contemplado norma alguna que disponga que las partes
deben ser previamente notificadas con la relación de los miembros
integrantes del Colegiado Superior que va a tener a su cargo la vista
de la causa y la consiguiente resolución del recurso de apelación...»
(Casación Nro. 186-07 / Lambayeque, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 30-05-2008, págs. 22188-22189).
Capítulo Y : Recurso de apelación 219

«... La vista de la causa es un acto trascendental que por su naturaleza


debe ser, inexorablemente, notificada a las partes a fin de que en el
ejercicio de su constitucional derecho de defensa previsto en el
artículo ciento treintinueve inciso catorce de la Constitución Política
del Estado, solicite y realiza [sic -léase soliciten y realicen-] el
informe oral correspondiente...» (Casación Nro. 268-2007 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-09-2008, págs. 22705-
22706).
«... El artículo trescientos setenticinco cuarto párrafo del Código
Procesal Civil establece que: 'Dentro del tercer día de notificada la
fecha de la vista, el Abogado que desee informar lo comunicará
por escrito, indicando si la parte informará sobre hechos. La
comunicación se considera aceptada por el solo hecho de su
presentación, sin que se requiera citación complementaria../; lo que
significa que se entenderá por garantizado el derecho a ser oído y
por ende a la defensa cuando el órgano jurisdiccional ha notificado
válidamente a las partes con la fecha para la vista de la causa y
permitido el uso de la palabra al abogado de la parte que lo peticionó
oportunamente...» (Casación Nro. 1332-2007 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2008, págs. 23538-23539).

«... El artículo trescientos setenticinco del Código Procesal Civil [...]


dispone que en los procesos de conocimiento y abreviados la
designación de la fecha para la vista de la causa en segunda instancia
se notifica a las partes diez días antes de su realización y en los
demás procesos con una anticipación de cinco días y que dentro
del tercer día de notificada la fecha de la vista, el abogado que desee
informar lo comunicará por escrito, indicando si la parte informará
sobre hechos; [...] a pesar de esta clara disposición legal y tratándose
de un proceso de conocimiento, la vista de la causa [...] se notificó
al recurrente [...] solamente dos días antes de la vista de la causa;
[...] resulta así que se ha infringido el artículo trescientos setenticinco
del Código Procesal Civil, afectando el derecho de defensa del
recurrente, el que ya no podía solicitar el uso de la palabra para su
abogado, por haberse vencido el término para hacerlo; e
incurriéndose en la causal de nulidad contemplada en el artículo
ciento setentiuno del Código acotado [C.P.C.]...» (Casación Nro.
4382-2001 / Ucayali, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
31-07-2002, págs. 9048-9049).

«... Habiéndose omitido notificar al recurrente con el día señalado


para la vista de la causa, se ha incurrido en la causal de nulidad
contemplada en el artículo ciento setentiuno del acotado Código
[C.P.C.]...» (Casación Nro. 1132-2001 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-11-2001, págs. 8126-8127).
220 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... Se advierte que no fue notificada [la demandante] para la vista


de la causa, [...] de modo que la Sala Civil [Superior] absuelve el
grado y expide la sentencia [...], declarando nula la apelada y nulo
todo lo actuado hasta realizar una nueva calificación de la demanda,
sin oír al abogado de la recurrente como lo había solicitado; [...] en
esta forma se ha configurado la [...] contravención de normas que
garantizan el derecho a un debido proceso, puesto que sin justificación
alguna la demandante ha sido privado [sic -léase privada-] de
ejercer su defensa por violación de la norma contenida en el artículo
ciento cincuenticinco del Código Procesal Civil...» (Casación Nro.
1972-2000 / Moquegua, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 01-03-2001, págs. 7008-7009).

«... La falta de notificación de las resoluciones antes indicadas [la


resolución que señala fecha para la vista de la causa, la resolución
que la reprograma y la resolución que concede el uso de la palabra
al abogado de la parte contraria], afecta sustancialmente el derecho
de defensa de la parte ejecutada, toda vez que lo sitúa [sic -léase la
sitúa-] en una posición de indefensión, afectando el derecho de toda
persona de acceder a un debido proceso, que constituye en sí mismo
garantía constitucional...» (Casación Nro. 2058-2000 / Sullana,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2001, págs. 7010-
7011).

«...E l concesorio para informe oral de las partes no conlleva a que


el Colegiado deba pronunciarse obligatoriamente respecto al fondo
de la cuestión de litis, en tanto la función jurisdiccional implica el
examen minucioso de la resolución venida en grado considerando
tanto el extremo formal como [el] de fondo...» (Casación Nro. 2987-
2000 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2001,
pág. 6989).

«... Una de las manifestaciones de este derecho [al debido proceso],


es el derecho de defensa en la modalidad del uso de la palabra en
todas las instancias del proceso, conforme a Ley. [...] Que, bajo ese
contexto dogmático, el sustento legislativo jurídico se encuentra en
el artículo 375 del Código Procesal Civil, que establece, entre otros
aspectos procesales, que sólo procede informe oral cuando la
apelación se ha concedido con efecto suspensivo, para lo cual,
dentro del tercer día de notificada la fecha de la vista, el Abogado
que desee informar lo comunicará por escrito, indicando, además,
de darse el caso, si la parte informará sobre hechos; y que la
comunicación se considera aceptada por el sólo [sic] hecho de su
presentación, sin que se requiera citación complementaria...»
(Casación Nro. 1529-2008 / Cañete, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 01-12-2008, págs. 23395-23397).
Capítulo V : Recurso de apelación 221

«... El artículo 131 de la mencionada Ley Orgánica [del Poder


Judicial] señala textualmente que: 'el Presidente de la Sala hace
citar con setenta y dos horas de anticipación a los abogados que
hayan solicitado el uso de la palabra para informar, así como a las
partes que hayan pedido informar sobre hechos, precisando el
tiempo que tienen para hacerlo. El abogado de la parte que no
solicitó la palabra es igualmente citado si señaló domicilio en la
sede de la Corte. En los demás casos no es necesario citar a los
abogados o a las partes para la vista de la causa'. [...] En este sentido,
es necesario señalar cuáles son los demás casos que la citada norma
considera y, según el análisis de la misma, se tiene que éstos están
referidos a los siguientes: cuando el abogado no ha solicitado el
uso de la palabra; cuando las partes no han pedido informar
sobre los hechos y cuando el abogado de la parte que solicitó
la palabra no señaló domicilio en la sede de la Corte Superior [...].
[...] Asimismo, el tercer párrafo del artículo 375 del Código Adjetivo
[C.P.C.] indica que dentro del tercer día de notificada la vista de la
causa, el abogado que desee informar lo comunicará por escrito y
que dicha comunicación se considera aceptada por el sólo hecho
de su presentación; por lo que se concluye que el derecho de
informar del abogado de las partes están reconocidos [sic -léase
está reconocido-] legalmente y no puede ser denegado por el
juzgador, menos aún sin motivación alguna que sustente dicha
decisión...» (Casación Nro. 3871-2000 / Amazonas, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-05-2002, págs. 8834-8835).

«... La concesión del derecho a informe oral fuera del plazo previsto
en el artículo trescientos setenticinco del Código Procesal Civil, no
está prevista como causal de nulidad debiendo tenerse en cuenta
que la nulidad se sanciona sólo por causal establecida en [la] ley [...];
no evidenciándose por ende la contravención al debido proceso...»
(Casación Nro. 780-2003 / Cajamarca, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 01-09-2003, pág. 10852).

«... Si se ha omitido citar para informar oralmente al abogado de los


ejecutados para la audiencia de la vista de la causa, resulta indudable
que se ha afectado el derecho al debido proceso, [...] incurriéndose
en la causal de nulidad contemplada en el artículo ciento setentiuno
del mismo Código [C.P.C.]...» (Casación Nro. 3306-2000 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001,
pág. 7443).
«... La secuencia de los hechos [...] evidencian una flagrante
vulneración al debido proceso y, particularmente, al derecho de
defensa del codemandado [...], quien no pudo tomar conocimiento
oportuno de las resoluciones expedidas en segunda instancia, tal
como lo establece el artículo ciento cincuenta y cinco del Código
222 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Procesal Civil, sobre todo de la que disponía señalar fecha para la


vista de la causa [...], toda vez que los actos procesales venían siendo
notificados en un domicilio procesal que ni la Sala Civil o la Sala
Civil Transitoria autorizaron, lo que igualmente restringió su acceso
al uso de la palabra para efectos de informar oralmente ante el
Colegiado Superior, conforme a lo previsto en el artículo trescientos
setenta y cinco del Código Procesal Civil, lo que acarrea la nulidad
de la sentencia emitida por contravenir, además, el derecho
constitucional de defensa reconocido en el inciso catorce del artículo
ciento treinta y nueve de la Carta Política vigente...» (Casación Nro.
864-07 / Huaura, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-
12-2008, págs. 23504-23506).

«... No se está frente a una válida notificación de la fecha de la vista


de la causa ni, consecuentemente, ante una arreglada a ley
desestimación del pedido de palabra, violándose el derecho a la
defensa y al debido proceso del demandado recurrente...» (Casación
Nro. 1332-2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 02-12-2008, págs. 23538-23539).

«... El mismo día de la notificación de la resolución que fija la fecha


de la vista de la causa, la recurrente solicitó se le conceda el uso de
la palabra a su abogado para que informe oralmente; [...] aún
encontrándose dentro del término de ley, la Sala [Superior] por
resolución [...] declaró sin lugar el pedido de informe oral, por estar
fuera del plazo previsto en el tercer párrafo del artículo trescientos
setenticinco del Código Procesal Civil; [...] en consecuencia, la Sala
Revisora ha contravenido las normas que garantizan el derecho de
la recurrente a un debido proceso mermando su legítimo derecho
de informar oralmente y alegar a favor suyo...» (Casación Nro.
3630-00 / Junín, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-
2001, pág. 7454).

«... En el caso sub materia el recurrente [...] y su codemandada,


fueron notificados con la resolución que fijó fecha para la vista de
la causa [...], según se advierte de los cargos de notificación [...],
realizándose la vista de la causa [...] al tercer día hábil de notificados
para la vista, sin que hubiera transcurrido el plazo [...] a que se
refiere el artículo trescientos setenticinco del Código Procesal Civil,
concordante con el artículo ciento cuarentisiete del acotado Código,
en cuanto establece que el cómputo de los plazos procesales se
efectúa en días hábiles; [...] en ese sentido, se ha infringido lo
dispuesto en el artículo trescientos setenticinco del Código Procesal
Civil, habiéndose incurrido en afectación del derecho de defensa
del recurrente por cuanto el abogado del mismo [...] no ha tenido
la oportunidad de solicitar el informe oral correspondiente, conforme
Capítulo Y : Recurso de apelación 223

a lo dispuesto en la norma anteriormente acotada; contraviniéndose


lo dispuesto en el inciso catorce del artículo ciento treintinueve de
la Constitución Política del Estado, en cuanto establece el principio
que nadie puede ser privado del derecho de defensa en ningún
estado del proceso; [...] siendo así, se ha configurado la [...]
contravención de las normas que garantizan el derecho a un debido
proceso...» (Casación Nro. 1230-2004 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 28-02-2006, pág. 15444).

«... Respecto al punto [de que se le ha privado al abogado del


recurrente del derecho de informar oralmente al creer que primero
debía resolverse el pedido de aclaración antes de solicitarse dicho
informe oral] no se le ha transgredido su derecho a la defensa
porque si el recurrente se abstuvo de que su ^bogado informe
oralmente es un hecho atribuible única y exclusivamente a su
conducta procesal y no a los magistrados, ya que de acuerdo con
el artículo cuatrocientos seis del Código Procesal Civil el recurso
de aclaración no modifica las resoluciones emitidas sino que sólo
se limita a precisar conceptos oscuros y dudosos...» (Casación Nro.
108-01 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-07-
2001, pág. 7370).

«... En las apelaciones sin efecto suspensivo, resulta improcedente


el informe oral, y si bien el artículo trescientos setentisiete del Código
Procesal Civil [...] faculta al Superior para que excepcionalmente
cite a los abogados para que informen oralmente, ello constituye
una facultad del juzgador, y en modo alguno una obligación; por
lo que [...] la falta de citación para informar oralmente en el presente
caso [...] no constituye afectación del derecho a la defensa del
recurrente...» (Casación Nro. 30-2004 / Cajamarca, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-05-2005, págs. 14186-14188).

«... Dicho informe [oral] fue evacuado por el propio codemandado [...],
quien según lo informado por Relatoría, también es Letrado y por
lo tanto, no resulta viable restringirle su derecho a la defensa, pues,
ello contravendría lo previsto en el artículo 139, inciso 14° de la
Carta Magna...» (Casación Nro. 5279-2006 / Cañete, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 03-07-2007, págs. 19936-19937).

17.17 Jurisprudencia casatoria relacionada con los poderes del órgano


judicial que resuelve la apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a los poderes


del órgano judicial que resuelve la apelación (lo que abarca, en resumidas
cuentas, lo atinente a su competencia, al principio tantum apellatum cuantum
devolutum, al principio de plenitud, al principio de la prohibición de la reforma
224 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

en perjuicio del apelante, a la potestad del órgano judicial revisor de integrar


la resolución recurrida en caso de omisión de pronunciamiento sobre algún
punto controvertido, etc.), ha establecido lo siguiente:
«... La calidad revisora del Juzgador Superior supone la facultad
para analizar los hechos, el material probatorio y el derecho aplicado
y en su caso exponer los que en su perspectiva están acreditados y
que [sic -léase qué-] normatividad legal es aplicable, no encontrándose
obligado por los argumentos que desde su óptica parcializada
invoca el apelante...» (Casación Nro. 2940-01 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 02-02-2002, pág. 8321).
«... En virtud al principio dispositivo en materia de impugnación
los Jueces Superiores solamente pueden conocer los agravios que
fueron invocados oportunamente por las partes y que fueron objeto
de debate contradictorio; no siendo posible por ende que en vía de
apelación se conozcan hechos nuevos por cuanto ello implicaría
una vulneración de lo previsto en el artículo sétimo del Título
Preliminar del Código adjetivo, que establece que el Juez no pude
[sic -léase no puede-] ir más allá del petitorio ni fundar su decisión
en hechos diversos de los que han sido alegados por las partes...»
(Casación Nro. 2647-2000 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 30-01-2001, pág. 6789).
«... La Sala Revisora, al amparo del artículo trescientos sesenticuatro
del Código Procesal Civil, tiene la obligación de examinar y
pronunciarse en si [sic -léase en su-] sentencia, respecto del recurso
de apelación interpuesto contra la resolución de primera instancia;
y no así [...] de los argumentos extemporáneos que deduzcan las
partes...» (Casación Nro. 2958-2002 / Jaén, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 31-01-2003, pág. 9949).
«... La revisión que efectúa [el Colegiado Superior] no implica un
'novum iudiciunT, más bien sus poderes se encuentran limitados
en función a la pretensión impugnatoria, es decir, que el Tribunal
no puede conocer fuera de los puntos recurridos, siendo esa la
razón por la cual al apelante se le exige que sustente su pretensión
impugnatoria, indicando el error de hecho y de derecho en que se
habría incurrido y precisando la naturaleza del agravio, lo que viene
a constituir el Thema decidendum' del Colegiado, ya que el agravio
constituye la base objetiva del recurso [de apelación], determina
los alcances de la impugnación y los poderes de los que goza la
Instancia Superior para resolver el tema...» (Casación Nro. 3353-
2000 / lea, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-02-2002,
pág. 8448).
«... Para los efectos del pronunciamiento sobre los agravios
puntualizados en un recurso de apelación, el respeto al principio
Capítulo Y: Recurso de apelación 225

de la congruencia procesal se encuentra concatenado con la atención


al denominado 'tantum devolutum quantum appellatum' [...]; de
manera que el Colegiado revisor deberá resolver en función a los
agravios, errores de hecho y derecho, así como el sustento de la
pretensión impugnatoria que haya expuesto el recurrente en su
escrito de apelación. En ese orden de ideas, es indispensable que
el recurso de apelación contenga una adecuada fundamentación
del agravio, indicando el error de hecho o de derecho incurrido en
la resolución impugnada, y precisando su naturaleza, de tal modo
que el agravio u ofensa fija el thema decidendum -la pretensión- de
la Sala de revisión; pues la idea del perjuicio debe entenderse como
base objetiva del recurso [de apelación]; por ende, los alcances de
la impugnación de la resolución recurrida determinará los poderes
de este órgano Colegiado Superior para resolver de forma
congruente la materia objeto del recurso [de apelación]...» (Casación
Nro. 611-2008 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 03-09-2008, págs. 22878-22880).

«... De acuerdo a los principios procesales recogidos en el artículo


370 del Código adjetivo [C.P.C.], el contenido del recurso de
apelación establece la competencia de la función jurisdiccional del
Juez Superior; toda vez que [...] aquello que se denuncie como
agravio comportará la materia que el impugnante desea que el Ad
Quem revise, dando así a entender que se encuentra conforme con
los demás puntos o extremos (no denunciados) que contenga la
resolución impugnada, en caso de existir; principio éste expresado
en el aforismo tamtun [sic] appellatum, quantum devolutum.
[...] Que, lo anterior significa también que el Organo Jurisdiccional
Superior está obligado a pronunciarse sobre el o los agravios
denunciados, sea a favor o en contra o desestimarlos in límine por
su improcedencia; obligación que se asimila al principio de motivación
escrita de las resoluciones...» (Casación Nro. 3120-2007 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-09-2008,
págs. 22826-22827).

«... En virtud al principio de congruencia procesal, el Juez debe


dictar sus resoluciones de acuerdo con el sentido y alcances de las
peticiones formuladas por las partes, y en el caso de la apelación,
corresponde al Superior resolver [...] en función a los agravios, los
errores de hecho y de derecho que sirven de sustento a la pretensión
impugnatoria que haya expuesto el recurrente, ya que de lo
contrario no sólo infringirá el deber de motivación, sino también
el derecho de defensa, el principio de congruencia y la doble
instancia que asiste al apelante...» (Casación Nro. 4686-06 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-09-2008, págs. 23147-
23148).
226 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... La Sala Superior sólo está obligada a pronunciarse sobre las


pretensiones expuestas en los actos postulatorios o los agravios que
contiene la pretensión impugnatoria (la apelación), pero no sobre
los consignados en un escrito presentado con posterioridad a la
vista de la causa y menos aún sustentar su fallo en medios probatorios
no ofrecidos oportunamente por las partes...» (CasaciónNro. 3558-
2006 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2008,
págs. 21198-21199).

«... Si bien la Corte Superior al absolver el grado de apelación de


una sentencia [...] conoce como instancia de todo el proceso, también
lo es que su facultad revisora se encuentra limitada a la expresión
de agravios formulados por los impugnantes, y únicamente [podrá]
pronunciarse de oficio cuando las nulidades procesales sean
insubsanables, por lo que no se configura el agravio relativo a que
en la recurrida se ha efectuado una apreciación parcial del proceso...»
(Casación Nro. 3377-2000 / lea, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-07-2001, págs. 7591-7592).

«... La sentencia de vista [...] al revocar la apelada declarándola


improcedente, [...] [ha] resuelto extremos que ya no eran materia
del proceso ni de competencia del Ad-quem, yendo más allá de lo
que las partes en conflicto alegan e incluso resolviendo en contra
de la autoridad de cosa juzgada que adquirió la sentencia cuando
la parte demandada renunció expresamente a interponer recurso
impugnatorio contra los otros extremos de la misma, [...] incurriendo
en causal de nulidad...» (Casación Nro. 1880-98 / lea, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 05-11-2001, pág. 7820).

«... En atención al principio quantum apellatum, tantum devolutum,


los organismos revisores se pronuncian sólo [sobre] lo que es objeto
de la apelación...» (Casación Nro. 2413-2007 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 03-09-2007, págs. 20381-20382).

«... El principio 'tantum devolutum, quantum appellatum', [...]


[consiste] en que el Colegiado deberá resolver en función a los
agravios, errores de hecho, de derecho y el sustento de la pretensión
impugnatoria que haya expuesto el recurrente en su escrito de
apelación...» (Casación Nro. 3551-2007 / Callao, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-01-2008, pág. 21469).

«... En virtud del principio tantum apellatum quantum devolutum


el órgano judicial revisor que conoce de la apelación sólo debe
avocarse sobre aquello que le es sometido en virtud del recurso,
siendo en segunda instancia que la pretensión del apelante al
impugnar la resolución es la que establece los extremos sobre los
que debe versar la revisión que [va a] realizar el Superior, no
Capítulo V: Recurso de apelación 227

pudiendo conocer extremo [sic -léase extremos-] que han quedado


consentidos por las partes...» (Casación Nro. 5353-2006 / Callao,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-06-2008, págs. 22385-
22387).

«... En virtud del principio tantum appellatum quantum devolutum,


el órgano judicial revisor que conoce de la apelación al absolver el
grado solo incide sobre aquello que le es sometido en virtud del
recurso [de apelación], no pudiendo avocarse al conocimiento de
cuestiones que han quedado firmes al no haber sido impugnadas
por las partes...» (Casación Nro. 4665-2006 / Callao, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 28-02-2007, págs. 18900-18901).

«... Conforme a lo dispuesto por el artículo 364 del Código Procesal


Civil, el juez superior tiene la facultad de poder revisar y decidir
sobre todas las cuestiones propuestas y resueltas por el juez inferior;
empero, la extensión de sus poderes esta [sic -léase está-] presidida
por un postulado que limita su conocimiento, recogido en el
aforismo 'tantum appelatum quantum devolutum', en virtud del
cual, el tribunal de alzada sólo puede conocer mediante la apelación
los agravios que afectan al apelante...» (Casación Nro. 2399-2007 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-09-2008, págs.
22495-22496).

«... El recurso de apelación [...] tiene una pretensión impugnatoria


[...] apoyada en concretos fundamentos de hecho y de derecho. [...]
En sede del recurso de apelación, la importancia de señalar cuál es
el contenido de la pretensión impugnatoria radica en que los
fundamentos que se exponen en el respectivo recurso, son los que
deberán de dar mérito a la confirmación, revocación o nulidad de
la decisión sometida a revisión. [...] Así, los fundamentos del recurso
de apelación deben ser acordes al contradictorio realizado, y en
base a éste se dictará la sentencia respectiva; siendo que el juzgador
debe sentenciar en base a los argumentos de defensa que se exponen
en el referido medio impugnatorio; límite que supone el respeto al
'principio de congruencia'; principio que implica el límite del
contenido de una resolución judicial, debiendo ésta ser dictada de
acuerdo con el sentido y alcances de la pretensión impugnatoria.
[...] Entonces, en el caso concreto del pronunciamiento de un recurso
de apelación, el respeto al principio de congruencia se encuentra
concatenado con el respeto al principio denominado 'tantum
devolutum quantum appellatum' [...]; de manera que [...] el
Colegiado deberá resolver en función a los agravios, errores de
hecho y derecho y sustento de la pretensión impugnatoria que haya
expuesto el recurrente en su escrito de apelación...» (Casación Nro.
2051-2008 / Loreto, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
02-12-2008, págs. 23473-23474).
228 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... La [resolución] recurrida ha infringido el principio aludido


[principio tantum apellatum cuantum devolutum] acerca de la
incongruencia incurrida, al pronunciarse sobre un agravio que no
era el impetrado en el recurso de apelación...» (Casación Nro. 717-
2000 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001,
pág. 6704).

«... Las decisiones jurisdiccionales deben versar sobre las cuestiones


controvertidas y alegadas por las partes, en ese sentido, en el caso
de un recurso de apelación los agravios formulados en este medio
impugnatorio constituyen el marco o límite para el pronunciamiento
del órgano revisor, pues, de lo contrario nos encontraríamos con
[...] una sentencia incongruente por exceso (al pronunciarse más
de lo pedido) o por defecto (al omitir pronunciamiento sobre lo
pedido) violándose de este modo el principio antes aludido, que
en el recurso de apelación aparece establecido en el aforismo tantum
appellatum quantum devolutum, recogido en nuestro Código
Procesal Civil en el artículo 370...» (Casación Nro. 1917-2007 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-09-2008, págs. 22849-
22850).
«... La Corte Superior al absolver el grado [apelación] conoce ex­
novo, es decir, conoce de todo el proceso como instancia, no estando
limitada en su conocimiento a los fundamentos que sirven de
sustento al recurso de apelación respectivo, sin embargo, no puede
modificar la resolución impugnada en perjuicio del apelante
conforme lo dispone el artículo trescientos setenta del Código
Procesal acotado [C.P.C.]...» (CasaciónNro. 1123-2000 / lea, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág. 6689).

«... El ordenamiento procesal ha adoptado como principio la


prohibición de la 'reformado in peius', prevista en el artículo 370
del Código Procesal Civil, de acuerdo al cual el Juez Superior no
puede modificar la resolución impugnada en perjuicio del apelante,
salvo que la otra parte también hubiera recurrido...» (Casación Nro.
1942-2007 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 30-06-2008, págs. 22355-22356).

«... Es principio procesal recogido en nuestro Código Adjetivo


[C.P.C.] el principio de la prohibición de la 'reformado in peius' y
que se encuentra contenido en el primer párrafo del artículo trescientos
setenta del citado Código Adjetivo [C.P.C.] [...]; [...] conforme a lo que
establece tal principio de 'reformado in peius', el Juez Superior está
prohibido de empeorar la situación del apelante, en los casos en
los que no ha mediado recurso de su adversario; siendo que la
instancia Superior, al resolver la apelación, no tiene más poderes
que los asignados en el propio recurso, no encontrándose autorizado
Capítulo Y : Recurso de apelación 229

a modificar el extremo de la sentencia no recurrida [sic -léase no


recurrido-]...» (Casación Nro. 314-2004 / Loreto, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 01-06-2006, pág. 16059).
«... El principio NON RENORMATIO [sic -léase NON REFORMADO-]
IN PEIUS, referente a la prohibición de la reforma en peor, tiene
como sustento el principio dispositivo del proceso civil, por el cual,
el proceso civil se inicia o promueve sólo a iniciativa de parte, y en
el caso materia de la impugnación, dicho principio se aplica en el
sentido de que el juez superior tiene conocimiento del proceso
por iniciativa del impugnante, por lo que [...] solamente puede
pronunciarse sobre los extremos de la apelación, no siendo viable
emitir pronunciamiento sobre extremos no impugnados en perjuicio
del apelante. En ese sentido, el artículo 370 del Código Procesal
Civil [...] recoge el principio de la prohibición de la reforma en peor
o 'reformado in penis', estableciendo que el juez superior no puede
modificar la resolución impugnada en perjuicio del apelante, salvo
que la otra parte también haya apelado o se haya adherido...»
(Casación Nro. 5507-2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 03-09-2008, págs. 22846-22848).

«... El presupuesto que justifica los medios impugnatorios contra


las resoluciones judiciales, es la posibilidad de la existencia del error
humano, lo que exige instancia de la parte que se considera
agraviada. Quien esta [sic -léase está-] conforme con lo resuelto no
lo impugna, en otros términos consiente lo resuelto. Por tanto, el
Juez superior, de revisión, debe respetar tal conducta procesal y no
puede resolver en perjuicio del apelante. Tal proceder se denomina
[...] como la reformado inPeius...» (Casación Nro. 633-2008 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-09-2008, pág. 22966).

«... Se ha resuelto en perjuicio de la apelante, infringiendo lo


dispuesto por el artículo trescientos setenta del Código Procesal
Civil e incurriendo en la causal de nulidad contemplada en el
artículo ciento setentiuno del Código acotado...» (Casación Nro.
192-2000 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-
04-2001, págs. 7151-7152).

«... La condavención de la 'prohibición de la reforma en peor' afecta


el derecho al debido proceso, toda vez que dicha institución tiene
enorme importancia en el recurso de apelación, ya que el Juez
Superior debió limitarse a los fundamentos del agravio del
recurrente que han sido expuestos en el escrito de apelación [...],
esto es, revisar el extremo que lo era [sic -léase que le era-]
desfavorable tal como expresamente [...] era solicitado; [...] estando
a lo considerado se ha configurado la contravención de las normas
que garantizan el derecho a un debido proceso; por lo que la
230 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

resolución recurrida es merecedora a la sanción con nulidad...»


(Casación Nro. 36-2001 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-07-2001, pág. 7460).

«... La resolución de mérito transgrede el proceso, toda vez que


resuelve en peor; estando prohibido al Ad-quem dictar sin iniciativa
de parte interesada una resolución que grave al recurrente más aún
que la apelada, debiendo limitarse a los extremos de la resolución
impugnada que resultan desfavorables al apelante; [...] en consecuencia
se afecta el derecho al debido proceso, conforme al artículo
trescientos setenta del Código Procesal Civil...» (Casación Nro.
4224-01 / Cajamarca, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
30-09-2002, pág. 9221).

«... El artículo 370 del Código Procesal Civil [...] determina la


competencia del Juez Superior, señalando que éste no puede
modificar la resolución impugnada en perjuicio del apelante, salvo
que la otra parte también haya apelado o se haya adherido. [...]
Que, en el caso de autos, [...] el demandante interpuso recurso de
apelación contra la sentencia expedida por el Juez de Primera
Instancia; no habiendo la parte demandada apelado contra la misma
ni tampoco presentado el recurso de adhesión; resultando de
aplicación al caso sub litis el principio que establece 'que sólo conoce
el Tribunal de apelación aquello que el apelante plantea'. Que,
siendo esto así, habiendo el organismo Superior modificado la
resolución impugnada en perjuicio del apelante, se ha contravenido
el derecho del actor a un debido proceso...» (Casación Nro. 2705-
2005 / Cajamarca, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-
10-2006, pág. 17189).

«... Se advierte que ciertamente se ha infringido el artículo trescientos


setenta del Código adjetivo [C.P.C.], que consagra la reformatio in
pejus, que es inmanente del principio dispositivo, pues el Superior
no puede modificar la resolución impugnada en perjuicio del
apelante, salvo que la otra parte también haya apelado o se haya
adherido, lo que no ha ocurrido en el presente caso...» (Casación
Nro. 1906-2000 / Cuzco, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 30-04-2001, págs. 7165-7166).

«... El Colegiado Superior tiene plenitud de poder revisar, conocer


y decidir sobre todas las cuestiones propuestas y resueltas por el
juez inferior, sin embargo, cabe precisar que la extensión de los
poderes de la instancia de alzada está presidida por un postulado
que limita el conocimiento del superior, recogido históricamente
en el aforismo: tantum appellatum quantum devolutum, en virtud
del cual el Tribunal de alzada solo puede conocer mediante la
apelación de los agravios que afectan al impugnante; [...] el
Capítulo V : Recurso de apelación 231

postulado referido funciona como una limitación al tema objeto


de la alzada que se manifiesta concretamente en el principio
denominado 'reformado in peius' por el cual no se puede modificar
la resolución impugnada en perjuicio del apelante, el mismo que
se encuentra recogido en el artículo trescientos setenta del Código
Procesal Civil, norma que se funda en la presunción iure et de iure
que quien no recurre consiente lo desfavorable de la resolución
dictada, aun cuando lo resuelto por el inferior le sea beneficioso en
líneas generales...» (Casación Nro. 36-2001 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001, pág. 7460).
«... Por el principio procesal [de] 'reformado in penis', se prohíbe
toda posibilidad de reforma de la situación jurídica definida en
primera instancia que no sea consecuencia de una pretensión frente
a la cual, aquél [sic] en cuyo daño se produce tal reforma, no
haya tenido ocasión de defenderse, por tanto, en la reformado in
peius [la] sentencia de apelación podrá 'empeorar' la situación de
alguien [...] siempre que lo haga dentro de un debate en el cual el
apelante hubiera ejercido su derecho a la defensa en forma
irrestricta, liberando al Superior en grado de los límites establecidos
por lo ya acordado en primera instancia...» (Casación Nro. 754-2004 /
Lambayeque, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-
2006, pág. 15690).
«... En este caso solamente el recurrente apeló de la sentencia, por
lo que no era legalmente válido que el fallo se modificara en su
perjuicio, de improcedente a infundado, afectando con ello su
derecho a un debido proceso...» (Casación Nro. 1942-2007 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-06-2008,
págs. 22355-22356).
«... Cabe analizar si la reforma de la sentencia de improcedente a
infundada implica una modificación que perjudica al apelante,
ahora recurrente; [...] la sentencia de primera instancia fue
inhibitoria, dado que el A-Quo al declarar improcedente la demanda
no proveyó el fondo de la litis, por su parte, la sentencia de vista,
modificando la apelada, sí contiene un fallo de mérito, relacionado
con el derecho pretendido; [...] aparentemente, ambas sentencias
-tanto la apelada como la de vista- son desfavorables al recurrente
pues en ninguna de las dos instancias obtuvo un fallo que responda
a las preces de su demanda; [...] sin embargo la impugnada al fallar
sobre el fondo del asunto conlleva que una vez consentida y
ejecutoriada, ésta adquiera la santidad de cosa juzgada y ello, a su
vez, tiene como efecto que la parte favorecida -para el caso la parte
demandada- tenga certeza de la inmutabilidad del fallo que ésta
contiene; [...] por su parte la declaración de improcedencia al ser
inhibitoria no afecta el derecho del recurrente a solicitar nuevamente
232 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

tutela jurisdiccional respecto a las mismas peticiones de su demanda;


de modo tal que, efectivamente la modificación que contiene la
impugnada es favorable a la parte demandada y por ende desfavorable
al recurrente...» (Casación Nro. 3464-2001 / Cusco, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 01-07-2002, pág. 8951).

«...L a prohibición de la reforma en peor se encuentra regulada en


el artículo trescientos setenta del Código Procesal Civil, que dispone
que el Juez Superior no puede modificar la resolución impugnada
en perjuicio del apelante, salvo que la otra parte también haya
apelado o se haya adherido; debiendo entenderse la citada norma
en el sentido que la prohibición de la reforma en peor está referida
al fondo del asunto, pero no a situaciones de índole procesal en
cuyo caso el Juez Superior está facultado para declarar la nulidad
de los actos procesales conforme a la facultad conferida en el
artículo ciento setentiséis del Código Procesal Civil...» (Casación
Nro. 2383-2001 / Camaná - Arequipa, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 01-06-2004, págs. 12067-12068).

«... Si bien es cierto que únicamente la entidad impugnante apeló


de lo resuelto por el a-quo y la Sala Superior absolviendo el grado
declaró la nulidad de la recurrida; también lo es [...] que en virtud
del principio de plenitud, consagrado en el artículo 364 del Código
Procesal Civil, el citado órgano jurisdiccional está facultado a
declarar la nulidad de la resolución materia de revisión si considerase
que en ella se ha incurrido en vicios procesales insubsanables; por
consiguiente, no se verifica la infracción del principio procesal [de
lareformatioinpeius]...» (CasaciónNro. 2039-2007 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 03-09-2007, págs. 20377-20378).

«... [Se] acusa la contravención de los artículos 370 y 376 del Código
Procesal Civil, señalando que la Sala Superior ha transgredido el
Principio de 'Reforma in Pejus' [...]. Examinado el contenido del
recurso se aprecia, que, en cuanto al artículo 370 del referido Código
Procesal, no puede ser amparado, por cuanto se advierte que el
Superior Jerárquico ha expedido una resolución que declara nula
la sentencia [apelada], por lo que se observa que no se ha perjudicado
al apelante...» (Casación Nro. 4259-2001 / San Román, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2003, pág. 9826).

«... La sentencia de vista en modo alguno viola el principio de


prohibición de reformatio in pejus contemplado en el artículo
trescientos setenta del Código Adjetivo [C.P.C.], debido a que
sencillamente no reforma la sentencia apelada en ningún modo,
sino que la confirma...» (Casación Nro. 580-2005 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 31-08-2005, pág. 14474).
Capítulo V : Recurso de apelación 233

«... El numeral 370 del Código Procesal Civil, recoge en su primer


párrafo el principio de la reformatio in pejus, en el sentido que el
Superior no puede modificar la resolución impugnada en perjuicio
del apelante; asimismo, tal principio constituye una limitación que
tiene el Colegiado encargado de la revisión de la resolución
impugnada, [...] limitación que incluso alcanza a las nulidades de
oficio, como facultad del Juez establecida en el segundo párrafo del
artículo 220 del Código Civil, ya que afectaría el principio de la
doble instancia...» (Casación Nro. 2529-2000 / Sullana, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 30-11-2001, págs. 8072-8073).
«... La instancia Superior tiene las mismas facultades que el inferior
para examinar la demanda en todos sus aspectos...» (Casación Nro.
1837-2007 / Lambayeque, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 30-06-2008, págs. 22330-22331).

«... El artículo 364 del citado Código Formal [C.P.C.] [...] recoge
el llamado principio de plenitud en virtud del cual, el órgano
jurisdiccional superior examina la solicitud [sic -léase examina a
solicitud-] de parte o de tercero legitimado, la resolución que le
produzca agravio, con el propósito de que sea anulada o revocada
total o parcialmente. Siendo evidente [...] que la aplicación del
citado principio procesal supone que el órgano revisor [de la
apelación] examine adecuadamente los fundamentos de hechos
[sic -léase fundamentos de hecho-] y derecho, así como los agravios
expresados por el impugnante...» (Casación Nro. 4301-2007 / Puno,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-03-2008, págs. 21704-
21705).

«... La Sala Superior por el Principio de Plenitud tiene la facultad


de revisar todos y cada uno de los hechos y pruebas admitidas en
el proceso, y excepcionalmente pronunciarse sobre la validez de la
relación jurídica procesal si el aquo no lo advirtió en su oportunidad,
salvo que el apelante haya limitado su recurso impugnando sólo
un extremo de la sentencia...» (Casación Nro. 3675-2007 / lea,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-01-2008, pág. 21415).

«... El recurrente denuncia la contravención a las normas que


garantizan el derecho a un debido proceso respecto al artículo 466
del Código Procesal Civil, bajo el argumento que cuando se
interpuso la demanda, el Juez no observó ningún requisito de
procedencia aceptando que existía legitimidad para obrar y
declarando saneado el proceso, por lo que después de ello precluye
toda petición referida directa o indirectamente a la validez de la
relación y por ende el Organo Jurisdiccional carece de facultad para
declarar improcedente una demanda. Que analizada la denuncia
se advierte que el recurrente cuestiona las facultades [de las] que
234 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

está investido el Colegiado para resolver una controversia; sin


embargo se debe dejar establecido que por el principio de plenitud
el Organo Superior tiene las mismas facultades que el inferior, de
tal manera que puede examinar la demanda en todos sus aspectos,
incluso analizar cuestiones no consideradas por el inferior, motivo
por el cual al declararse la improcedencia de la demanda no se ha
contravenido en forma alguna el debido proceso...» (Casación Nro.
457-2003 / Cusco, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-
03-2004, pág. 11554).
«... En virtud del principio de plenitud, consagrado en el artículo
364 del citado Código Formal [C.P.C.], la [...] Sala Superior esta
facultada a declarara [sic -léase está facultada a declarar-] la nulidad
de la [resolución] apelada si considera [...] la existencia de un vicio
procesal determinante para la solución del conflicto sub litis...»
(Casación Nro. 1725-2007 / La Libertad, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-07-2007, pág. 20040).
«... Elevados los autos a la segunda instancia, la [...] Sala Superior
está ampliamente facultada a declarar la nulidad de oficio si
considera [...] que existe un vicio procesal de carácter insubsanable,
lo que no implica atentar contra el debido proceso...» (Casación
Nro. 3157-2006 / Callao, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 03-07-2007, págs. 19932-19933).
«... De acuerdo a nuestra normatividad, el recurso de apelación
contiene intrínsecamente el de nulidad, como señala el artículo 382
del Código Adjetivo [C.P.C.], lo que permite al juez de revisiones
[...] declarar una nulidad sustancial, si fuera el caso...» (Casación
Nro. 2781-2005 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 03-10-2006, págs. 17190-17191).
«... Concedida la apelación, el Superior por el principio de plenitud,
tiene las mismas facultades que el inferior, de tal manera que puede
examinar la demanda en todos sus aspectos, analizando nuevamente
la prueba y aún [sic] admitir y analizar cuestiones no consideradas
por el inferior. [...] Empero, esa regla general queda limitada en
casos en que el recurso se interpone contra una parte determinada
de la sentencia, pues entonces, el revisor sólo puede pronunciarse
sobre lo que es materia del mismo, lo que se expresa en el aforismo
latino tantum devolutum quantum apellatum, circunscribiendo el
debate a los extremos apelados...» (Casación Nro. 2251-2007 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-06-2008,
págs. 22356-22357).
«... El Superior al momento de absolver el grado [en apelación] si
bien debe respetar dicho principio [de congruencia], al igual que
el inferior, está facultado a examinar la demanda en todos sus
Capítulo V : Recurso de apelación 235

aspectos, analizando nuevamente la prueba y aún [sic] admitir y


analizar cuestiones no consideradas por el inferior al amparo del
principio de plenitud, siendo la única limitación afectar al apelante,
debiendo acotarse que ello se produce cuando el juzgador expide
una sentencia de fondo, esto es, pronunciándose sobre el derecho
de las partes...» (Casación Nro. 118-2007 / La Libertad, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-09-2008, págs. 22703-22704).
«... Cuando la Corte Superior absuelva el grado de apelación de las
sentencias, conoce ex novo, como instancia, por lo que su
conocimiento no se limitará únicamente a los agravios invocados
en el recurso de apelación, pues de advertir alguna nulidad que
revista el carácter de insubsanable, la declarará de oficio; del mismo
modo, si advierte que no puede expedir un pronunciamiento de
mérito por encontrarse la demanda incursa en algunos de los
supuestos de improcedencia que prevé el artículo cuatrocientos
veintisiete del Cuerpo de Leyes procesales [C.P.C.], rechazará la
demanda sin declaración sobre el fondo...» (Casación Nro. 2720-01 /
Chincha, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-04-2002,
págs. 8582-8583).
«... Si bien el trámite que se dio al recurso de apelación fue como si [se]
tratara [de] uno sin efecto suspensivo, cuando lo era con efecto
suspensivo en virtud de la queja amparada por la Sala, tal vicio no
ha permitido que se lleve la vista de la causa con la posibilidad de
que la recurrente pueda realizar el informe oral, sin embargo, de
subsanarse el cargo no va a cambiar el sentido de la resolución ya
que [...] las alegaciones de la impugnante en el recurso de apelación
están referidas a aspectos que no se formularon en la etapa
correspondiente, de los cuales, al realizarse el informe oral no podría
apartarse la defensa, tampoco la Sala, en virtud del principio 'tantum
devolutum quantum appellatum,/es decir, que tanto el informante
con el [sic -léase como el-] ad-quem deben incidir sobre aquello que
es sometido en virtud del recurso, siendo así, pese al defecto anotado
éste es subsanable de conformidad con el artículo ciento setentidós
del Código Procesal Civil...» (CasaciónNro. 178-01 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-07-2001, pág. 7374).
«...E n virtud del principio de plenitud el A quem está facultado a
integrar la resolución del juez cuando omita algún punto principal
y accesorio; con dicha actuación en modo alguno se ha vulnerado
el derecho de defensa...» (CasaciónNro. 1705-2008 / Piura, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2008, págs. 23415-23418).
«... La integración [de la resolución] se puede efectuar ante la
omisión del pronunciamiento respecto a algún punto controvertido...»
(Casación Nro. 1681-2005 / lea, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 04-07-2006, pág. 16510).
236 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... Por el principio de integración procesal, no es que se falle sobre


extremos no cuestionados o apelados sino más bien se completa
un acto procesal que ha sido desarrollado, pero que el operador de
justicia ha omitido pronunciarse en la parte resolutiva de su
sentencia...» (Casación Nro. 4162-2007 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 03-12-2008, pág. 23629).

«... El artículo trescientos setenta del Código Procesal Civil, permite


al Juez Superior integrar la resolución apelada en la parte decisoria,
si la fundamentación aparece en la parte considerativa, lo que no
ocurre en este caso; [...] todo esto determina [...] que se ha incurrido
en la sentencia de vista en la causal de nulidad contemplada en el
artículo ciento setentiuno del acotado Código...» (Casación Nro.
2146-2000 / Lambayeque, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 01-03-2001, págs. 7013-7014).

«... De conformidad con el artículo trescientos setenta del Código


Adjetivo [C.P.C.], el superior puede integrar la resolución apelada
en la parte decisoria, solamente si su fundamentación aparece en
la parte considerativa, circunstancia que no ocurrió en el presente
caso y por ello no pudo hacer uso de esta facultad, como se aprecia
en la parte resolutiva de la [resolución] recurrida, por lo que debió
declarar nula la apelada disponiendo que el Juez de la causa emita
pronunciamiento expreso respecto de todos los puntos controvertidos,
por lo que siendo ello así, la sentencia de vista incurrió en causal
de nulidad del artículo ciento veintidós inciso cuatro del Código
Adjetivo [C.P.C.]...» (Casación Nro. 2050-98 / lea, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-05-2001, pág. 7321).

«... Si bien el Juez Superior tiene capacidad para integrar la


resolución apelada en la parte decisoria cuando la fundamentación
se hace en la parte considerativa; empero, no puede integrar una
resolución contraviniendo normas sustantivas de caducidad...»
(Casación Nro. 3754-2000 / Huaura, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 31-08-2001, págs. 7612-7613).
«... La sentencia de mérito [de vista] incurre en causal de nulidad
por resolver contra el texto expreso de la ley que expresamente
determina que no se puede modificar una sentencia, en todo caso
debió declarar la nulidad de la misma por no ser clara ni precisa la
parte resolutiva; [...] por las razones expuestas, la sentencia de
mérito ha contravenido el artículo trescientos setenta del Código
Procesal Civil, al alterar los considerandos de la sentencia recurrida,
incurriendo en causal de nulidad prevista por el artículo ciento
setentiuno del mismo Cuerpo Legal...» (Casación Nro. 3754-2000 /
Huaura, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-08-2001,
págs. 7612-7613).
Capítulo V: Recurso de apelación 237

«... Conforme a lo dispuesto en el segundo párrafo del artículo


trescientos setenta del Código Procesal Civil, cuando señala que
'Cuando la apelación es de un auto, la competencia del superior
sólo alcanza a éste y a su tramitación', el órgano judicial revisor
está limitado a lo que es objeto de cuestionamiento a través de los
agravios denunciados en el medio impugnatorio interpuesto, así
como [...] a ejercer, por las instancias de mérito, de manera
excepcional la revisión del proceso en caso de advertir nulidades
trascendentes e insubsanables que determinen la nulidad del
proceso...» (Casación Nro. 900-2004 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 28-02-2006, pág. 15422).

17.18 Jurisprudencia casatoria relacionada con la decisión del recurso


de apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la decisión


del recurso de apelación, ha establecido lo siguiente:

«... Cuando la sentencia deriva de un órgano o tribunal, son las


normas de derecho público las que regulan el modo como se forma
y producen sus efectos; así, de acuerdo a la Ley Orgánica del Poder
Judicial, se pueden advertir dos niveles de formación de sentencia
de un órgano colegiado: a) aquella emitida en el mismo día de la
votación o vista de la causa, conforme prevé el artículo ciento
treintitrés de la citada norma, y b) cuando es emitida una vez que
el Colegido [sic -léase el Colegiado-] decide dejar al voto en otro
momento para mayor estudio del caso de acuerdo al artículo ciento
treintinueve de la misma ley; [...] en ambos casos, se puede producir
el acto de discordia por el cual un miembro del Colegiado estima
no estar de acuerdo con el voto del ponente, expone su voto y las
razones que lo motivan, el mismo que según el artículo ciento
cuarenticuatro de la citada Ley se notifica el punto que determina
la discordia y en la misma resolución se llama al vocal dirimente
expedito y se señala día y hora para la vista de la causa que será
conocido [sic] por bajo su dirección; [...] en tal sentido, las normas
citadas describen el iter formativo de la decisión de un órgano
Colegiado, así los actos que se desarrollan en dirección al nacimiento
de la sentencia se promueven en una dinámica concatenada de
actos vinculados el uno al otro (lógico), en un espacio temporal
(cronológico) y orientado a [un] fin (teleológico): el nacimiento de
la decisión a través de la cual ésta sólo será válida si observa el iter
descrito que, por el significado social que tiene al resolver el
conflicto de intereses y asegurar la paz social en justicia [,] es de
interés público...» (Casación Nro. 678-2005 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-10-2006, págs. 17436-17437).
238 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... El artículo 141 de la Ley Orgánica del Poder Judicial [...] establece
que en las Cortes Superiores tres votos conformes hacen resolución,
tratándose de las resoluciones que ponen fin a la instancia; mientras
que en los demás casos, bastan dos votos conformes. El artículo 121
del Código Procesal Civil, en su parte principal señala que, mediante
los autos, el juez resuelve la admisibilidad o el rechazo de la
demanda o de la reconvención, el saneamiento, la interrupción, la
conclusión en general y las demás formas de conclusión especial
del proceso. La doctrina jurisprudencial, en su orientación
mayoritaria, asume que debe distinguirse los autos que no deciden
el fondo de la contradicción [sic], de aquellos que, resolviendo un
conflicto de intereses, de orden jurídico, ponen fin al proceso; y
que, por ende, en las Cortes Superiores se requiere de tres votos
conforme [sic -léase conformes-] cuando se trata de resoluciones
que ponen fin a la instancia; en cambio, los dos votos que hacen
resolución por mayoría relativa, son suficientes cuando se trata de
las demás situaciones incidentales o de trámite procesal relevante,
sin perjuicio de la motivación correspondiente en cada caso...»
(Casación Nro. 5619-2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 01-12-2008, págs. 23359-23360).

«... Resulta evidente que la resolución de vista recaída en autos ha


puesto fin a la instancia, por consiguiente, resulta de ineludible
cumplimiento que la misma contenga tres votos conformes, pues
de no ser así, la decisión se torna en inválida...» (Casación Nro.
4557-2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-
09-2008, págs. 22898-22899).

«... El A'quo declara infundada la contradicción [...], resolución que


es apelada [...] y la [...] Sala Civil [...], vista la causa [...], dos vocales
se pronuncian porque se confirme la [resolución] apelada y uno
porque se declare nula. [...] Conforme a lo dispuesto por el artículo
141 de la Ley Orgánica del Poder Judicial se requiere de tres votos
conformes para hacer resolución [tratándose de resoluciones que
ponen fin a la instancia]. [...] En consecuencia, [...] la resolución
impugnada de vista debe ser declarada nula...» (Casación Nro. 5455-
2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2008,
pág. 23438).
«... La sentencia [de vista] representa la decisión del Colegiado
integrado por los tres Vocales; [...] los considerandos contenidos
en el voto dirimente no son parte integrante de los fundamentos
de la resolución impugnada, por lo que no existe la contradicción
o incoherencia aludida por la recurrente...» (Casación Nro. 2256-
2000 / Callao, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-01-
2001, pág. 6866).
Capítulo V: Recurso de apelación 239

«... El Vocal Dirimente se adhiere al voto de los señores [Vocales] [...],


conforme se aprecia en la sentencia [...], haciendo suyos los
fundamentos que contiene la citada resolución [...]; [...] la Ley
Orgánica del Poder Judicial en sus artículos ciento cuarenticuatro
y ciento cuarenticinco, no exige una nueva motivación para la
adhesión al voto de otro Vocal...» (Casación Nro. 1396-2007 / Cusco,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2008, págs. 23533-
23534).

«... El voto del doctor [Vocal] [...] no forma parte de la sentencia de


vista, sino es un voto singular...» (Casación Nro. 2732-2000 /
Ayacucho, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-04-2001,
págs. 7213-7214).

«... De acuerdo al artículo ciento cuarentiuno del Texto Unico


Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial, en las Cortes
Superiores tres votos conformes hacen resolución, tratándose de
las que ponen fin a la instancia, y en los demás casos bastan dos
votos conformes; estableciendo el artículo ciento veintidós quinto
párrafo del Código Procesal Civil, que cuando los órganos
jurisdiccionales colegiados expidan autos, sólo será necesaria la
conformidad y firma del número de miembros que hagan mayoría
relativa; preceptos estos de los cuales se concluye indubitablemente
que en las Salas Civiles de las Cortes Superiores se requieren de
tres votos conformes para arribar a una sentencia; [...] en ese orden,
el artículo ciento cuarenticuatro de la misma Ley Orgánica [...]
prescribe que: 'Si resulta discordia, se publica y notifica el punto
que la motiva, bajo sanción de nulidad. En la misma resolución se
llama al Vocal dirimente expedito y se señala día y hora para la
vista de la causa por él'; lo que significa que la discordia se puede
producir sobre uno [o] más puntos de lo resuelto en la sentencia
impugnada; y si ello es así, la discordia en uno de dichos puntos
puede ser superada si se produce un voto conforme con otros dos
anteriores, haciendo resolución en ese punto o extremo, sin perjuicio
de continuar con la discordia respecto del otro u otros puntos hasta
que la discordia desaparezca en definitiva...» (Casación Nro. 1758-
2005 / lea, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-12-2006,
págs. 18046-18047).

«... En cuanto al voto discordante del Vocal [...], tal voto no es


susceptible de dejar sin efecto la votación en mayoría que ha dado
lugar a la resolución cuestionada [resolución de vista]...» (Casación
Nro. 3224-2006 / Cusco, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 03-01-2008, págs. 21372-21373).

«... Conforme lo establece el penúltimo párrafo del artículo ciento


treintiocho de la [...] Ley Orgánica del Poder Judicial, en las
240 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

resoluciones que emitan las Salas deben consignarse expresamente


los votos discordantes y los singulares. Tal mandato legal, sin
embargo, no se ha cumplido en autos, [...] en ese orden de ideas,
se concluye que la sentencia impugnada [sentencia de vista] se
encuentra viciada de nulidad, en atención a lo dispuesto en el
artículo ciento setentiuno del Código Procesal Civil, toda vez que
ha sido emitida en forma incompleta, con transgresión de las formas
esenciales para su validez y eficacia; siendo así no cumple con su
finalidad, como es el de [sic -léase como es la de-] otorgar garantías
mínimas que aseguren un juzgamiento imparcial y justo...»
(Casación Nro. 1554-04 / Piura, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 01-06-2006, págs. 16085-16086).

«... Se aprecia que por resolución [...] se corrigieron los votos


discordantes [...] pero sin sustento alguno, toda vez que de lo
actuado no aparecen los fundamentos de dichos votos, más aún si
se tiene en cuenta que ésta resolución [sic -léase esta resolución-]
no ha sido notificada a ninguna de las partes procesales; [...] se debe
agregar a ello, que el artículo ciento cuarentitrés, segundo párrafo,
del Texto Unico Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial
señala que: 'Una vez emitidos los votos, no pueden ser modificados
salvo que el voto discordante concuerde con el voto del ponente,
antes que emita su voto el dirimente, de lo que se deja constancia
en autos'; empero, en el presente caso no se advierte que se haya
presentado dicha situación a fin de que se justifique la alteración
de los votos tantas veces citados; [...] en tal sentido, se concluye que
las graves irregularidades incurridas por la Sala Superior importan
afectación al derecho de defensa y al debido proceso de la recurrente,
los que determinan la nulidad de la resolución...» (Casación Nro.
2924-2004 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-
12-2006, pág. 18036).

«... En el presente caso no se trata de que hay dos sentencias, sino


que al haber coincidido los señores vocales respecto de uno de los
extremos de la demanda y habiendo discordia sobre el otro extremo,
cuando se resuelve esta discordia, se complementa el fallo y
constituye uno sólo y en él se han resuelto todos los puntos
controvertidos, por lo que no existe infracción a las formas esenciales
para la eficacia y validez de los actos procesales...» (Casación Nro.
4024-2001 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
01-07-2002, págs. 8951-8952).

«... Los artículos 141 y 144 de la Ley Orgánica del Poder Judicial
[...] señalan que en las Cortes Superiores tres votos conformes hacen
resolución, precisando que en caso de existir discordia, se pública
[sic -léase se publica-] y notifica el punto que la motiva, bajo sanción
Capítulo V: Recurso de apelación 241

de nulidad, llamándose al vocal dirimente. [...] Que, en el caso de


autos, se aprecia que con la expedición del voto suscrito por el
Doctor [Vocal] [...] la opinión de confirmar la sentencia apelada en
el extremo que declaraba infundada la demanda de nulidad de acto
jurídico, contaba con tres votos válidos que hacían resolución, de
conformidad con el artículo 141 de la Ley Orgánica del Poder
Judicial. [...] Que, sin embargo al subsistir la discordia en cuanto al
extremo de la reconvención formulada por la recurrente, el vocal
llamado por Ley para dirimir dicho aspecto, omitió pronunciarse
sobre dicho punto, y contrariamente se adhirió a la opinión de que
la apelada sea declarada nula, lo que trajo consigo que se expidieran
dos resoluciones con decisiones contradictorias. [...] Que, siendo
ello así, es evidente que la Sala de mérito ha incurrido en infracción
de las formas esenciales contenidas en los artículos 141 y 144 de la
Ley Orgánica del Poder Judicial...» (Casación Nro. 1389-2001 /
Callao, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2002, págs.
8485-8486).

«... La expedición de la sentencia [de vista] impugnada se encuentra


viciada de nulidad, en atención a lo dispuesto en los artículos ciento
setentiuno y ciento veintidós inciso séptimo del Código Procesal
Civil, toda vez que ha sido suscrita por un Vocal que no ha
intervenido en la vista de la causa ni escuchado los argumentos de
defensa de la parte demandada, con transgresión de las formas
esenciales para su validez y eficacia; siendo así no cumple con su
finalidad, como es el de otorgar garantías mínimas que le aseguren
un juzgamiento imparcial y justo...» (Casación Nro. 2448-03 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-11-2004,
págs. 13118-13119).

«... Como es de verse de autos, se tiene que el doctor [Vocal] [...] ha


emitido su voto sin haber escuchado el Informe Oral [...], siendo
esto así la Sala Superior debió haber declarado nula dicha vista de
la causa y señalar con ello nueva fecha con los Vocales conformados [...],
lo que no ocurrió; por lo que se estaría vulnerando el Principio de
Inmediatez, que tiene por objeto que el Juez, quien en definitiva va
a resolver el conflicto de intereses o la incertidumbre jurídica tenga
mayor contacto posible con todos los elementos subjetivos (partes,
terceros) y objetos (documentos, lugares), que conformen el proceso,
por esta razón el Juez puede participar en la realización de
todos los actos procesales y es que la cercanía puede proporcionar
mayores y mejores elementos de convicción; [...] en consecuencia
[...] se [...] estaría recortando el derecho de defensa...» (Casación
Nro. 2848-2003 / Amazonas, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-01-2005, págs. 13459-13460).
242 Derecho Procesal Civil V : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«...E l llamamiento de un Juez de Primera Instancia para completar


Sala Superior, aun cuando sea temporal, es una promoción...»
(Casación Nro. 5941-2007 / Cusco, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 31-03-2008, pág. 21764).

«... El artículo ciento cuarentiuno del Texto Unido [sic -léase Unico-]
Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial establece que en
las Cortes Superiores tres votos conformes hacen resolución,
tratándose de las resoluciones que ponen fin a la instancia,
estableciendo ese mismo artículo que todos los votos se emiten por
escrito, máxime cuando se trata de la ponencia del Vocal Ponente
que a tenor de lo previsto en el artículo ciento treintiocho in fine
de la acotada ley debe constar por escrito, con la fecha de emisión,
de entrega y la firma respectiva; [...] en ese sentido, si bien el artículo
ciento cuarentinueve del Texto Unico Ordenado de la Ley Orgánica
del Poder Judicial establece que no será necesaria la firma del Vocal
en la resolución respectiva, ello es siempre y cuando obre en el
expediente el voto por escrito del Vocal respectivo, toda vez que
será ese voto el que formará parte de la resolución a emitir, no
siendo necesario en este caso nuevamente la firma del Magistrado
referido...» (Casación Nro. 1660-01 / Amazonas, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 02-02-2002, págs. 8338-8339).

«... Si bien es cierto que la sentencia de vista no ha sido suscrita por


el Vocal [...], sin embargo, en la misma resolución se deja constancia
que tal situación responde a que dicho Magistrado fue trasladado
a la Corte Superior de [...], pero es el caso que cumplió con emitir
su voto escrito, en consecuencia se ha cumplido con lo establecido
por el artículo ciento cuarentinueve de la Ley Orgánica del Poder
Judicial, consecuentemente no existe la irregularidad denunciada...»
(Casación Nro. 2835-2000 / San Román, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 30-01-2001, pág. 6801).

«... De los actuados y de las copias solicitadas por este Supremo


Tribunal [...] se advierte que [...] el señor vocal [...] dejó su voto
escrito y firmado en el sentido de que se confirme la sentencia
apelada que declara infundada la demanda en donde se advierte
también los votos de los señores vocales [...], en donde se adhieren
al voto del aludido magistrado; con lo que se evidencia que se dio
cumplimiento a lo estipulado en el artículo 141 de la Ley Orgánica
del Poder Judicial. [...] Que, el hecho que el señor vocal [...] no
firmara la resolución que hace sentencia final por motivo de su
fallecimiento, no la invalida por cuanto la Sala de mérito al
sobrevenir tal hecho, dio estricto cumplimiento a lo normado en el
artículo 149 primer párrafo del Texto Unico Ordenado de la Ley
Orgánica del Poder Judicial. [...] Que, además, es de acotar que los
votos de los señores vocales son archivados en Relatoría, votos que
Capítulo V : Recurso de apelación 243

sólo son consignados en el expediente principal hasta que se dirima


la causa, luego de lo cual son sacados los originales y archivados;
por lo que la Relatora cuando señala que el señor vocal [...] ha
dejado suscrito su voto se encuentra de acuerdo a los hechos [...].
[...] Siendo así, la resolución [...] se encuentra de acuerdo a ley y al
proceso, no siendo susceptible de causal de nulidad prevista en el
numeral 7 del artículo 122 del Código Procesal Civil...» (Casación
Nro. 1621-2004 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 30-10-2006, págs. 17329-17330).
«... La resolución de vista [...] que pone fin a la instancia tiene la
calidad de sentencia y se pronuncia sobre el fondo de la pretensión
controvertida; sin embargo aparece suscrita solamente por dos
magistrados [...]; no apareciendo el voto del Vocal Ponente [...], tal
como lo exige el artículo ciento treintiocho de la Ley Orgánica del
Poder Judicial que establece que la ponencia debe estar escrita y
firmada por el vocal designado; asimismo el artículo ciento
cuarentinueve del Texto Unico Ordenado de la Ley Orgánica del
Poder Judicial precitada establece que aún en el caso de impedimento,
traslado, licencia, vacaciones, cese o promoción, los Vocales tienen
la obligación de emitir su voto por escrito en las causas que hubieren
intervenido el que forma parte de la resolución, no siendo necesario
la firma de ésta por el Vocal referido, supuesto que tampoco se
produce en el caso de autos en el que no obra agregado a sus
antecedentes, el voto escrito del Vocal [Ponente] [...]. [...] Que, bajo
dicho aspecto, la sentencia de vista no cumple con el requisito
esencial que establece el artículo ciento veintidós, inciso sétimo, del
Código Procesal Civil concordado con el artículo ciento cuarentiuno
de la Ley Orgánica del Poder Judicial; [...] en consecuencia, se ha
incurrido en las causales de nulidad previstas en los incisos cuarto
y sétimo del artículo ciento veintidós del Código Procesal Civil;
por lo que siendo así y en virtud a lo preceptuado en el artículo
ciento setentiséis, in fine, del acotado Código Adjetivo, debe
declararse la nulidad de la sentencia de vista y renovarse el proceso
a fin de que la Sala Superior emita nueva resolución con arreglo a
ley subsanando los vicios procesales incurridos...» (Casación Nro.
1547-00 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
30-04-2003, págs. 10459-10460).
«... La sentencia de vista no cumple con la exigencia de contener el
número de firmas necesarias para hacer resolución, incurriéndose
por tanto en causal de nulidad prevista en el artículo ciento veintidós
del Código Procesal Civil, por lo que corresponde declarar la
nulidad de la citada resolución a pesar de no haber sido alegada
por el recurrente, ello en virtud a que se trata de una nulidad
insubsanable que atenta contra las normas de orden público, siendo
por ello aplicable la facultad de declarar de oficio las nulidades
244 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

insubsanables a que se contrae el artículo ciento setentiséis in fine


concordante con el artículo noveno del título Preliminar del Código
Adjetivo [C.P.C.]...» (CasaciónNro. 1660-01 / Amazonas, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-02-2002, págs. 8338-8339).

«... El hecho de no hacerse público el nombre el Magistrado sobre


el cual recae la ponencia de la sentencia [de vista] impugnada no
implica la transgresión del artículo ciento treintiocho de la Ley
Orgánica del Poder Judicial, pues esta norma no lo exige y tampoco
se considera como causal de nulidad; aún más, la carencia de tal
publicidad no impide a la recurrente iniciar las acciones que crea
conveniente contra el Vocal ponente de la mencionada sentencia...»
(Casación Nro. 3674-2002 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-03-2003, págs. 10324-10325).

«... Mediante resolución [...] se señaló nueva fecha para la vista de


la causa por haber sido devuelto el proceso sin resolver por el Vocal
Ponente que fue rotado a otra Sala, [y] ello no es mérito suficiente
para declarar vía casación la nulidad de la sentencia expedida, pues
si bien dicha irregularidad origina la aplicación de sanciones
disciplinarias contra el Vocal que omitió expedir su voto conforme
a ley, el proceso no se supedita a la voluntad del Vocal que incumple
sus obligaciones, pues ante tal omisión el Presidente de la Sala está
facultado a integrar el Colegiado con los llamados por ley, conforme
lo establece el segundo párrafo del artículo ciento cuarentinueve
del Texto Unico Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial...»
(Casación Nro. 1330-99 / Tumbes, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-05-2002, págs. 8665-8666).

«... Formulada la apelación el Superior puede anular, revocar o


confirmar la resolución materia de grado de acuerdo a lo que señala
el artículo 364 del Código Procesal Civil...» (Casación Nro. 2735-
2006 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-07-2007,
págs. 20087-20088).

«... La Sala Superior al resolver en grado de apelación conoce de la


causa ex novo, y puede según el caso confirmar, revocar o anular
la [resolución] apelada...» (Casación Nro. 1431-2007 / Arequipa,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-10-2007, pág. 20885).

«... Las Salas Superiores cuando conocen la apelación de un fallo,


deben confirmarlo, cuando están de acuerdo con lo resuelto en
primera instancia, o revocarlo y reformándolo cuando no coinciden
con el fallo [,] o declararlo nulo, pudiendo extender la nulidad hasta
el folio que se considere pertinente, pudiendo llegar inclusive a
declarar nulo todo lo actuado e improcedente la demanda...»
(Casación Nro. 3132-2000 / Eluánuco, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 31-08-2001, pág. 7607).
Capítulo Y : Recurso de apelación 245

«... Cuando la Sala [Superior] conoce en grado de apelación puede


anular, revocar o confirmar la resolución impugnada como resulta
del artículo 364 del Código Procesal Civil, que regula el objeto de
la apelación, pronunciamientos que respectivamente dependerán
de la existencia de un vicio que motive la anulación, de la
discrepancia con el pronunciamiento emitido por el a-quo o de su
concordancia con él, aún cuando se cuente con distinta motivación...»
(Casación Nro. 2309-2003 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 28-02-2005, pág. 13702).
«... Por mandato del artículo trescientos sesenticuatro del Código
Adjetivo [C.P.C.] el objeto del recurso de apelación es el reexamen
de la resolución que le produzca agravio al apelante con el objeto
de anularla o revocarla, total o parcialmente; pero nunca hacer
declarar las dos cosas a la vez...» (Casación Nro. 308-01 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001, pág. 7468).
«... Se constata de la resolución impugnada que su parte resolutiva
contraviene flagrantemente el [...] principio de plenitud, pues, es
un hecho incuestionable que el impugnante apeló contra la totalidad
de la sentencia [de] primera instancia por no encontrarla conforme
y no sólo sobre algunos aspectos de la misma, como equívocamente
ha considerado la Sala Superior al absolver el grado. Es que [...] de
la parte resolutiva de la sentencia de vista no aparece que se haya
confirmado, revocado o anulado la sentencia apelada, no bastando
para ello que se declare la improcedencia del recurso de apelación
para concluir en que el organismo revisor ha emitido una resolución
en plena observancia de lo prescrito en el artículo 122 inciso 4o del
Código Procesal Civil. [...] la resolución impugnada se ha tornado
en nula por la deficiencia procesal antes anotada, no existiendo
pronunciamiento válido...» (Casación Nro. 4301-2007 / Puno, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 31-03-2008, págs. 21704-21705).
«... La sentencia de vista [...] no ha confirmado, ni revocado ni
declarado nula la sentencia apelada, sino que pronunciándose como
si se tratara de un Juzgado especializado en lo Civil ha declarado
improcedente la demanda, ni tampoco ha citado el artículo
cuatrocientos veintisiete del Código Adjetivo [C.P.C.], ni el inciso
pertinente de dicho dispositivo, incurriendo en la causal de nulidad
contemplada en el artículo ciento setentiuno del Código acotado
[C.P.C.]...» (Casación Nro. 3132-2000 / Huánuco, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 31-08-2001, pág. 7607).
«... Los magistrados revisores tienen la facultad legal de confirmar
la sentencia venida en grado, modificando total o parcialmente [...]
las consideraciones utilizadas por el magistrado inferior...» (Casación
Nro. 2004-01 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
30-11-2001, págs. 8139-8140).
246 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

«... La Sala [Superior] resuelve confirmar la sentencia apelada de


primera instancia; en consecuencia ambas sentencias se integran
jurídica y tácticamente en lo que sea pertinente...» (Casación Nro.
1020-2001 / Lima, publicada en el Diario Oñcial El Peruano el 01-
10-2001, pág. 7747).

«... Si se revoca una sentencia, como la que es materia de autos, en


la parte que declara infundada la demanda, en la sentencia de vista
ha debido de precisarse la parte de la resolución que se revoca e
imponerse la decisión que corresponda si la posición de la Sala
Superior es la de decidir en sentido contrario al del Juez...» (Casación
Nro. 2185-2000 / Cusco, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 01-10-2001, págs. 7701-7702).

«... Nuestro ordenamiento procesal civil recoge el sistema de la libre


valoración de la prueba, si la Instancia Superior no está de acuerdo
con la valoración de los medios probatorios efectuados por el
Inferior Jerárquico, [...] le corresponde su atribución revocatoria
del fallo apelado, pero no puede disponer que éste varíe la
convicción a la que haya arribado, pues ello implicaría contrariar
su independencia...» (Casación Nro. 2653-2000 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 30-11-2001, pág. 8060).

«... Si bien la Sala [Superior] considera que no se ha cumplido con


compulsar en forma conjunta los medios probatorios, ello no puede
originar la nulidad de la sentencia, desde que en virtud de la
instancia plural consagrada en nuestra Carta Política en el numeral
precitado [art. 139], inciso sexto [,] debió emitir pronunciamiento
de fondo resolviendo el conflicto de intereses de las partes previa
compulsa conjunta de los medios probatorios y, en su caso, haciendo
uso de la facultad que le confiere el artículo ciento noventicuatro
del Código Procesal Civil, lo que no fue así, atentando de dicho
modo contra el principio de celeridad procesal al declarar nula la
apelada por consideraciones que pudo haber corregido en virtud
de la instancia plural, puesto que la Sala Superior de mérito
constituye una segunda instancia y no una Sala de Casación...»
(Casación Nro. 2394-2001 / lea, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 01-04-2002, pág. 8577).

«... Con el recurso de apelación el impugnante pretende que la


instancia superior anule o revoque la resolución porque ésta le
causa agravio. Más [sic -léase Mas-], [...] la Sala debe 'anular' o 'revocar'
(confirmar de estimar carente de sustento legal y/o fáctico lo
alegado), por lo que el pronunciamiento dependerá de si lo atacado
constituye una formalidad en la resolución impugnada o si más
bien se cuestiona la decisión...» (Casación Nro. 1846-2000 / Tacna,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2001, pág. 7005).
Capítulo V : Recurso de apelación 247

«... Entre otras, es facultad del Tribunal de mérito la valoración


jurídica del hecho y de las pruebas aportadas al proceso, en virtud
de lo cual puede emitir un pronunciamiento concordante, en todo
o en parte, o discordante con el emitido por el Juez de primera
instancia, asimismo, puede declarar la nulidad de éste cuando
concurran las causales previstas para ello en la norma adjetiva...»
(Casación Nro. 1798-2000 / Tacna, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 01-03-2001, pág. 7004).

«... Si el Colegiado Superior advertía prueba que desvirtuara el


derecho de la demandante, lo que le correspondía era emitir un
pronunciamiento de fondo y no sancionar una nulidad...» (Casación
Nro. 257-2005 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
01-12-2006, págs. 18014-18015).

«... Si el Colegiado Superior considera que la conclusión a la que


arribó el Juez de la causa es errada, pues debe resolver conforme a
lo que indique su criterio jurisdiccional y a lo que aparezca de las
pruebas incorporadas al proceso, pero no es viable declarar la
nulidad de una resolución por el hecho de tener una apreciación
diferente de los hechos...» (Casación Nro. 3672-2006 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-01-2008, págs. 21395-
21396).

«... La argumentación de la sentencia de vista [...] tiende a desvirtuar


la decisión tomada por la [resolución] apelada y por ello su fallo
debió estar dirigido a revocarla si lo consideraba pertinente y no a
anularla, por no tratarse de una cuestión de formalidad...» (Casación
Nro. 1846-2000 / Tacna, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 01-03-2001, pág. 7005).

«... La sentencia apelada tiene fundamentos de hecho y de derecho


y realiza la valorización de las pruebas de acuerdo al criterio del
juez y si la Sala Superior no está de acuerdo con dicha valoración,
ni con el criterio del Juez, estaba facultada a revocar la sentencia
apelada, con su propia valoración y criterio, pero no para anular
el fallo apelado, que no contenía ninguna causal de nulidad; [...]
todo esto determina que en la resolución de vista se ha incurrido
en la causal de nulidad contemplada en el artículo ciento setentiuno
del Código Procesal Civil...» (Casación Nro. 584-2002 / Cusco,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-10-2002, pág. 9314).

«... En la resolución de vista aparece que la Sala [Superior] anula


la sentencia apelada [...], pero en vez de anular los actos procesales
se pronuncia sobre el fondo del asunto [...]; en el presente caso la
Sala Superior [...] ha confundido la nulidad con la revocación. [...]
Que, en consecuencia, la resolución de vista ha infringido [...] el
248 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

artículo ciento veintidós inciso cuarto del Código Adjetivo [C.P.C.]


en la parte que exige que las resoluciones judiciales deben ser claras
y precisas respecto de lo que deciden u ordenan...» (Casación Nro.
1193-2000 / Moquegua, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 02-01-2001, pág. 6691).

«... Como se puede ver de la sentencia de vista la Sala [Superior]


emite pronunciamientos de fondo para declarar la nulidad de la
apelada, sosteniendo que el A Quo no ha resuelto de acuerdo al
mérito de lo actuado ni al derecho como lo dispone el inciso tercero
del artículo ciento veintidós del Código Procesal Civil; [...] dicha
argumentación [...] corresponde a un pronunciamiento de fondo,
pues resulta un atentado contra la lógica jurídica y contra la
argumentación jurídica que se utilicen fundamentos de fondo para
anular una resolución cuando lo correcto es que se dicte la resolución
correspondiente de acuerdo a la apreciación de la Sala revisora; [...]
siendo ello así, la segunda instancia, al momento de dictar la
sentencia inhibitoria ha vulnerado el Principio de Congruencia,
pues existe una fractura lógica entre lo considerado y lo resuelto
por la Sala Superior, incurriendo por su parte en infracción del
inciso tercero del artículo ciento veintidós del Código Procesal Civil,
en consecuencia se debe reponer el proceso al estado en que se
cometió el vicio...» (Casación Nro. 2054-2001 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 01-04-2002, pág. 8509).

«... Existe una afectación del debido proceso, cuando indebidamente


la Sala [Superior] pretende anular una sentencia cuyos defectos son
subsanables...» (Casación Nro. 1466-2005 / Lima, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 30-11-2006, págs. 17897-17898).

«... La sentencia de vista al pronunciarse conforma en un extremo


y anula en otro la apelada mandando a expedir un nuevo fallo, lo
que constituye una aberración jurídica pues genera una duplicidad
de sentencia que atenta contra toda lógica afectando el deber de
expresión claro y preciso que sobre todos los puntos controvertidos
debe contener una resolución...» (Casación Nro. 1846-2000 / Tacna,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2001, pág. 7005).

«... El Colegiado Superior, pese a señalar en la sentencia de mérito


que el Juez de la causa no ha llevado a cabo un examen profundo
para determinar el monto de los intereses moratorios y compensatorios
que se reclaman, no revoca la sentencia de primera instancia en
cuanto a dicho extremo y la reforma convenientemente, sino que
más bien la declara nula y ordena que el Juez de la causa expida
un nuevo pronunciamiento al respecto, confirmando los demás
extremos de la apelada; [...] conforme a lo señalado precedentemente,
el Tribunal de mérito estaba facultado para llevar a cabo una nueva
Capítulo Y : Recurso de apelación 249

valoración de los hechos y pruebas, por lo que carece de sustento


el declarar la nulidad parcial de la sentencia apelada, como ocurre
en el presente caso...» (Casación Nro. 1798-2000 / Tacna, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2001, pág. 7004).

«... La Sala de revisión al haber revocado una sentencia que ya no


era objeto de apelación y que aun más había sido anulada por la
propia Sala Superior, ha infringido lo dispuesto en los incisos tres
y cuatro del artículo ciento veintidós del Código Adjetivo [C.P.C.],
concordado con el artículo trescientos sesenticuatro del mismo
código, pues la sentencia de vista no se sujeta a mérito [sic -léase
al mérito-] de lo actuado en el proceso; [...] en consecuencia debe
ampararse el recurso de casación [...], debiéndose declararse nula
la sentencia de vista [...] a fin de que la Sala Superior expida nueva
resolución con arreglo a ley...» (Casación Nro. 3028-00 / Tumbes,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2001, págs. 7434-
7435).

«... El juzgador al expedir la nueva sentencia no está constreñido a


seguir el mismo criterio de la sentencia anulada, ya que ésta ha
quedado sin efecto alguno para el proceso, y al hacerlo nuevamente
es procedente que la dicte en un sentido distinto al anulado o puede
incluso coincidir con éste, dependiendo de la posición que asuma
luego de la valoración de la prueba fijando los hechos y aplicando
el derecho...» (Casación Nro. 1883-2000 / Arequipa, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, págs. 6654-6655).

«... Las anteriores resoluciones emitidas por la [...] Sala Civil [...] no
resultan vinculantes para los Magistrados que suscriben la [resolución]
recurrida, en razón de [...] tratarse de diferentes miembros de dicho
órgano jurisdiccional...» (Casación Nro. 1321-07 / Lambayeque,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2008, págs. 21256-
21257).

«... La sentencia de vista analizando los medios probatorios ha


llegado a la conclusión de que la demanda es infundada y con ello
no se afecta la tutela jurisdiccional efectiva, porque es una de las
formas de definir un proceso...» (Casación Nro. 3182-2000 / La
Libertad, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-03-2001,
pág. 7053).

«... La Sala Civil como instancia de mérito tiene dentro de sus


facultades de revisión, anular, confirmar o revocar los fallos
apelados y la existencia de la doble instancia no significa resoluciones
conformes, por lo que en tanto quede modificada la resolución
impugnada, siempre se asumirá una decisión nueva como de
primer grado y la garantía de la instancia plural no queda afectada
250 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

por la opción del recurso extraordinario de casación...» (Casación


Nro. 2278-00 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
30-01-2001, pág. 6868-6869).
«... No se ha resuelto uno de los extremos de la apelación,
incurriéndose en la causal de nulidad contemplada en el artículo
ciento setentiuno del Código Procesal Civil...» (Casación Nro. 1112-
2001 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-11-2001,
pág. 8126).

«... Ha existido sólo un pronunciamiento parcial en cuanto a los


agravios formulados por el apelante, lo que determina una
motivación deficiente de parte del Adquem al no circunscribirse a
los alcances del recurso de apelación interpuesto, lo que constituye
contravención de lo dispuesto en el artículo ciento treinta y nueve
inciso quinto de la Constitución Política del Estado, [...] en
consecuencia [...] habiéndose expedido la sentencia de vista sin
observarse lo dispuesto en el artículo ciento treinta y nueve inciso
quinto de la Constitución Política del Estado [...], la citada resolución
adolece de nulidad insubsanable conforme al artículo ciento setenta
y uno del glosado dispositivo procesal [C.P.C.], correspondiendo
en consecuencia declarar su nulidad...» (Casación Nro. 514-2007 /
Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2008, págs.
23560-23561).

«... La resolución de vista ha omitido pronunciarse respecto de los


agravios contenidos en el recurso de apelación; por tanto, queda
claro que se ha incurrido en [...] contravención de las normas que
garantizan el derecho a un debido proceso...» (Casación Nro. 2638-
2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-09-2008,
págs. 22813-22814).

«... Es nula la sentencia [de vista] que no se pronuncia sobre todos


los extremos que son materia de apelación, de conformidad con el
inciso 4o del artículo 122 del Código adjetivo [C.P.C.]...» (Casación
Nro. 1441-2001 / La Merced, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 01-03-2002, pág. 8463).
«... No obstante los argumentos expuesto [sic -léase expuestos-] por
el co ejecutado en su recurso de apelación, el Colegiado al absolver
el grado, ha omitido pronunciarse sobre todos los extremos allí
indicados, [...] lo que evidencia una afectación del derecho de
defensa como principio y garantía de la tutela jurisdiccional, que
conlleva la nulidad del fallo conforme establece el segundo párrafo
del artículo ciento veintidós en concordancia con el numeral ciento
setentiuno del Código Adjetivo citado [C.P.C.]...» (Casación Nro.
3670-2006 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-
09-2008, págs. 22653-22654).
Capítulo V: Recurso de apelación 251

«... En cuanto a los poderes de la instancia de alzada, estos están


precisados en el artículo 370 [del C.P.C.], de tal manera que al
pronunciar la sentencia superior no es obligatorio referirse y refutar
todos los argumentos formulados en la apelación, a la manera de
un ejercicio dialéctico...» (Casación Nro. 2888-2006 / La Libertad,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31-08-2007, págs. 20096-
20097).

«... La apelada se pronuncia sobre los puntos controvertidos, y el


grado, la instancia de apelación los ha absuelto, como se aprecia
de la [resolución] de vista [...]. La recurrente exige que la
fundamentación de la vista rebata uno por uno los argumentos de
[la] apelación. Tal planteamiento carece de sustento legal...»
(Casación Nro. 381-2006 / Cono Norte, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 31-01-2007, págs. 18616-18617).

«... Si bien el artículo ciento noventisiete del Código Procesal Civil


impone al Juzgador la obligación de valorar en forma conjunta
todos los medios probatorios, utilizando su apreciación razonada,
también lo faculta a que en su resolución exprese únicamente las
valoraciones esenciales y determinantes que sustentan su decisión,
consecuentemente, el hecho de que la sentencia no haga mención
a los fundamentos que sustentan el recurso de apelación no significa
que estos no hayan sido analizados; en consecuencia, no existe
recorte del derecho de defensa del demandado...» (Casación Nro.
18-2002 / Huánuco, publicada en el Diario Oficial El Peruano el
31-05-2002, págs. 8794-8795).

«... La Sala [Superior] al dictar sentencia en grado de apelación no


puede sustituir la vía procedimental, por cuanto cada vía exige
determinados requisitos; y [...] en el presente caso reúne lo previsto
en el artículo cuatrocientos veinticinco del Código Procesal Civil...»
(Casación Nro. 2736-2000 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 30-04-2001, pág. 7214).

«... No siempre la falta de mención de los argumentos expuestos


en el recurso de apelación puede significar la falta de pronunciamiento
sobre los mismos, cuando de los considerandos que sustentan un
fallo [...] subyace inexorablemente la expresión de lo que decide,
consecuentemente, no es exacta la afirmación que en la recurrida
no se han merituado los fundamentos del recurso de apelación...»
(Casación Nro. 1123-2000 / lea, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-01-2001, pág. 6689).
252 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

17.19 Jurisprudencia casatoria relacionada con la adhesión a la


apelación

La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la adhesión


a la apelación, ha establecido lo siguiente:

«... La figura de la adhesión a la apelación [...] es aquel instituto que


tiene lugar cuando se expide una resolución que produce agravio
a ambas partes, por lo que, planteado el recurso correspondiente,
la otra parte puede adherirse a él solicitando, al igual que el
apelante, que se pronuncie sobre extremos omitidos por el A Quo
o revoque la resolución cuestionada en lo que resulte agraviante o
perjudicial para el adherente...» (Casación Nro. 2187-2006 / lea,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-07-2007, págs. 20074-
20075).

«... La figura procesal de la adhesión a la apelación es aquel instituto


que tiene lugar cuando se expide una resolución judicial que
produce agravio a ambas partes, por lo que planteado y concedido
el recurso de apelación correspondiente, la otra parte o su
representante pueden adherirse a él, solicitando al igual que el
apelante que se modifique o revoque la resolución cuestionada en
lo que resulte agraviante o perjudicial para el adherente y en base
a la propia fundamentación del último o, inclusive, a la invocada
por el apelante...» (Casación Nro. 3032-2003 / Lima, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 28-02-2006, pág. 15398).

«... La adhesión a la apelación tiene una fundamentación autónoma,


pues obviamente el agravio que la sustenta difiere del que ampara
a la apelación; [...] además, la autonomía de aquélla se expresa en
que el desistimiento de la apelación [...] no la afecta...» (Casación
Nro. 3114-2000 / Huaura, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 01-03-2001, pág. 7048).

«... La ley concede mediante la adhesión [a la apelación] una nueva


oportunidad a la parte que ha sido vencida parcialmente o que ha
vencido parcialmente, que no apeló de la sentencia del A Quo pero
su parte contraria sí, de cuestionar también la sentencia apelada en
los extremos que la agravian y que lógicamente difieren de los del
impugnante [apelante]; lo que significa [...] que la Sala Revisora
está en la obligación de pronunciarse no sólo de los agravios
expuestos por el impugnante [apelante] sino también de los
introducidos por el adherente...» (CasaciónNro. 1066-2006 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-10-2007, págs. 20746-
20748).
Capítulo V : Recurso de apelación 253

«... En este caso, el recurrente interpuso recurso de apelación, el


que fue declarado inadmisible de plano por haber acompañado
una tasa judicial diminuta con relación a la cuantía y vía
procedimental; [...] a pesar de ello el recurrente se adhirió [...] al
recurso de apelación interpuesto por la parte demandante; [...]
resulta así que el recurrente ha interpuesto dos recursos de apelación
contra la sentencia dictada de primera instancia; [...] el artículo
trescientos sesenta del Código Procesal Civil prohíbe a una parte
interponer dos recursos contra una misma resolución; [...] en
consecuencia existe norma procesal que impide al que interpuso
recurso de apelación y se declaró inadmisible el mismo [...] adherirse
posteriormente al recurso de apelación presentado por la otra
parte...» (Casación Nro. 3624-2000 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 31-07-2001, pág. 7454).
1. CONCEPTO
«... La noción etimológica de la palabra 'casación' la encontramos en el
verbo latino 'cassare', que significa 'quebrar', 'anular', 'destruir', etc.; y en
sentido figurado, equivale a 'derogar', 'abrogar', 'deshacer', etc. En un sentido
restringido, y de acuerdo a los usos forenses, 'casar' significa 'anular',
'invalidar', 'dejar sin efecto', etc.» (CASARINO VITERBO, 1984, Tomo IV: 273).
El recurso de casación es aquel medio impugnatorio vertical y
extraordinario procedente en supuestos estrictamente determinados por la ley
y dirigido a lograr que el máximo tribunal (Corte Suprema de Justicia) revise
y revoque o anule las resoluciones expedidas por las Salas Superiores como
órganos de segundo grado (que pongan fin al proceso), que infringen la
normatividad material o procesal a tal punto que la referida infracción incide
directamente en la parte decisoria de la resolución de que se trate, provocando
así un fallo ilegal, irregular, indebido o injusto.
A través del recurso de casación se fiscaliza, por un lado, el quehacer
judicial en la aplicación de la ley, y, por otro, se salvaguarda la uniformidad
de ésta y la de la jurisprudencia nacional, resultando un instrumento de gran
utilidad para lograr la seguridad jurídica y la igualdad de las personas ante la
ley. Sirve entonces el recurso de casación, no para cautelar simplemente
intereses particulares y específicos de las partes, sino principalmente para velar
por la correcta aplicación del derecho objetivo y la integridad del ordenamiento
jurídico y de la jurisprudencia nacional vinculante, cumpliendo así una función
protectora del interés público.
Tovar Lange asegura que «el Recurso de Casación es un medio de
impugnación del cual conoce el órgano judicial supremo (...) con el objeto de
obtener la anulación de una sentencia de un juez inferior que rompa la unidad
de la jurisprudencia» (TOVAR LANGE, 1951: 45-46).
256 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Gómez de Liaño González sostiene que la casación «es un recurso


extraordinario de carácter jurisdiccional que cabe exclusivamente por motivos
determinados frente a resoluciones definitivas, también determinadas dictadas
por los Tribunales de instancia. No se trata de una tercera instancia, y en
consecuencia para poder ser utilizado precisa no sólo la lesividad o gravamen
de la resolución recurrida, sino la presencia de unos motivos determinados...»
(GOMEZ DE LIAÑO GONZALEZ, 1992: 525).

Humberto Cuenca define al recurso de casación como «... una acción de


nulidad contra la sentencia infractora de la ley y es dirigida contra el Estado
porque los errores cometidos en el fallo surgen por deficiencia del tribunal de
instancia...» (CUENCA, 1975: 207).

Según Sarmiento Núñez, «el recurso de casación es aquel por el cual


se impugna una sentencia ante el órgano supremo de la jerarquía judicial»
(SARMIENTO, 1962: 20). «... Es un recurso porque tiende a impugnar una
sentencia dictada dentro del mismo proceso» (SARMIENTO NUÑEZ, 1962:
21).
A decir de González-González, la casación «... es un medio extraordinario
de infirmar las decisiones judiciales a fin de impedir que éstas alcancen la
autoridad de la cosa juzgada...» (GONZALEZ-GONZALEZ, 1962:101).

Eduardo Pallares conceptúa a la casación como «... un recurso ordinario


cuya finalidad (...) no es revocar o modificar la sentencia definitiva sino nulificar
un procedimiento o dicha sentencia» (PALLARES, 1989: 488).

Prieto-Castro y Ferrándiz califica al recurso de casación como «... un


medio de impugnación, por regla general de resoluciones finales, esto es, de
las que deciden el fondo de los negocios, dictadas en apelación, y en algunos
casos en única instancia, a fin de que el Tribunal funcionalmente encargado
de su conocimiento verifique un examen de la aplicación del Derecho
realizada por el órgano a quo o de la observancia de determinados requisitos
y principios del proceso, que por su importancia se elevan a la categoría de
causales de la casación» (PRIETO-CASTRO Y FERRANDIZ, 1980, Volumen
1: 262).

Rocco afirma que «el recurso de casación implica, como todos los medios
de impugnación, un nuevo examen de la controversia objeto de la decisión del
juez de apelación, pero no con una jurisdicción plena acerca del examen y del
juicio sobre el hecho y sobre el derecho, como puede ser la del órgano de
segundo grado, sino con jurisdicción limitada a las solas cuestiones de
derecho...» (ROCCO, 1976, Volumen III: 391).

Izquierdo Muñoz concibe al recurso de casación como un «... medio de


impugnación para obtener la anulación de una sentencia que contenga un error
de derecho, una violación flagrante de la ley, que puede ser de fondo o de
forma...» (IZQUIERDO MUÑOZ, 1962:115). Añade dicho autor que «el recurso
Capítulo VI: Recurso de casación 257

de casación es (...) un recurso extraordinario, el medio procesal para hacer valer


contra una sentencia una acción de anulación autónoma, distinta de la acción
hecha valer en juicio acerca de la cual decidió la sentencia que se trata casar.
Se habla de anulación en sentido concreto, es decir en sentido de derecho a la
providencia favorable...» (IZQUIERDO MUÑOZ, 1962:116-117).

Ponce Martínez opina que «el recurso de casación tiene lugar cuando se
ha cometido un error de derecho en la providencia contra la cual se lo interpone,
con el fin de que el tribunal de casación anule la providencia...» (PONCE
MARTINEZ, 1984:120).

Montero Aroca, Gómez Colomer, Montón Redondo y Barona Vilar


refieren que « ... el recurso de casación controla el correcto entendimiento y
aplicación de las normas o jurisprudencia aplicables al fondo de litigios
concretos, al tiempo que unifica los criterios a seguir en la interpretación de
aquéllas cuando hubieran de aplicarse a situaciones similares» (MONTERO
AROCA; GOMEZ COLOMER; MONTON REDONDO; y BARONA VILAR,
2003, Tomo II: 445).

Mariano Arbonés cataloga al recurso de casación como «... un instituto


jurídico-procesal destinado a lograr una interpretación uniforme de la
legislación uniforme (error in iudicando) o el ejercicio de la función de
superintendencia jurídica sobre la administración de justicia (error in
procedendo), pero siempre limitado exclusivamente a la cuestión jurídica»
(ARBONES, 1990: 49).

Caravantes considera a la casación «... como un remedio supremo y


extraordinario contra las sentencias ejecutoriadas de los Tribunales Superiores
dictadas contra la ley o doctrina admitida por la Jurisprudencia o faltando a
los trámites esenciales del juicio, y su objeto no es tanto principalmente el
perjuicio o agravio inferido a los particulares con las sentencias ejecutorias, o
el remediar la vulneración del interés privado, cuanto el atender a la recta,
verdadera, general y uniforme aplicación e interpretación de las leyes o doctrinas,
a que no se introduzcan prácticas abusivas, ni el derecho consuetudinario por
olvido del derecho escrito, declarando nulas para estos efectos las sentencias
que violen aquéllas y que por constituir ejecutorias no pueden revocarse por
medio de apelaciones y demás recursos ordinarios» (CARAVANTES; citado
por DE PINA, 1940: 219-220).

Reol Suárez estima que el recurso de casación «... es un remedio


extraordinario que la ley da contra los vicios del proceso para remediar los
errores sufridos en el mismo, de hecho o de derecho, por el juzgador de
instancia, en la aplicación de la ley sustantiva o por infracción de las leyes de
procedimiento» (REOL SUAREZ, 1960: 467). Reol Suárez subraya que «no se
está, en realidad, en el recurso de casación en un debate entre las partes, como
ocurre en el proceso; aquí se va, en el recurso de casación, contra el juzgador
de instancia; en el proceso las partes van a decir al juzgador de instancia cuáles
258 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

son sus pretensiones para que decida con arreglo a derecho quién tiene razón
conforme a los preceptos legales vigentes; en la casación van a decirle al
Tribunal Supremo, no directamente, la pretensión de las partes, sino que
demandan al mismo juzgador de instancia para que el Tribunal de casación
subsane los errores cometidos por éste. De aquí lo extraordinario de este recurso
y la justificación plena de su rigorismo formal para su preparación e
interposición» (REOL SUAREZ, 1960: 467).

Para Carrión Lugo, «la casación constituye un recurso impugnatorio que


se propone contra resoluciones contra las cuales no es posible plantear un
recurso ordinario, como la apelación, por ejemplo. Es un recurso que
esencialmente tiene que ver con cuestiones de derecho y no de hecho; que
responde al propósito de mantener la correcta observancia de la ley y cumple
su cometido al revisar el juicio de derecho que contiene la sentencia o el auto
impugnados. Este recurso admite también la revisión de las actividades
realizadas en el desarrollo del proceso desde su comienzo hasta la emisión de
la resolución impugnada, permitiendo denunciar las nulidades que las afectan
y la infracción de la ley cuando alguna resolución haya sido pronunciada con
violación de la forma y solemnidad que señala el ordenamiento procesal»
(CARRION LUGO, 1997: 6). Agrega el autor nacional que «la palabra casación
surge del vocablo latino quassare, que significa anular, abrogar, deshacer,
suprimir, invalidar, quebrantar, romper, dejar sin efecto. Por tanto, el recurso
impugnatorio de casación tendrá por objeto anular una resolución judicial que
fue emitida por un organismo jurisdiccional dirimiendo la controversia»
(CARRION LUGO, 1997: 6).
Este medio impugnatorio se encuentra regulado en el Capítulo IV
(«Casación») del Título XII («Medios impugnatorios») de la Sección Tercera
(«Actividad procesal») del Código Procesal Civil, en los arts. 384 al 400.

2. FINES

Son fines de la casación el reexamen y la revocación o anulación de las


resoluciones (expedidas en segundo grado por las Salas Superiores y que
pongan término al proceso) que contengan vicios in iudicando o in procedendo,
vale decir, que, por error o arbitrariedad judicial, infrinjan normas de naturaleza
material o procesal, que incidan directamente en su parte decisoria y den lugar,
por lo tanto, a un fallo ilegal, irregular o injusto. A través del recurso de casación
se controla la labor judicial en la aplicación de la ley con el objeto de velar por
que se aplique en forma adecuada el derecho objetivo, y también se busca con
dicho medio impugnatorio la uniformidad de la jurisprudencia por la Corte
Suprema de Justicia de la República.

«... El juzgador de instancia puede equivocarse en la valoración que a los


hechos probados le da la ley. La casación corrige ese error y señala las
consecuencias que en derecho son propias del mismo hecho probado (con
identidad absoluta), que ha definido el juzgador. El Tribunal de casación, con
Capítulo VI: Recurso de casación 259

el máximo magisterio, le replica, ad hominem, al Tribunal de instancia: 'Si


dices que 'esos' son los hechos probados, las consecuencias debidas no son las
que afirmas, sino 'estas' 'otras'. La casación es el guardián del 'deber ser' de la
norma; da contenido eficaz a la estructura lógica de la norma. No trata de
valorar el derecho positivo -punto de vista metajurídico-, sino de valorar los
hechos con el metro de la norma, con la escala de valores de la ley (punto de
vista intrajurídico)» (NUÑEZ-LAGOS, 1959: 794).
Véscovi nos informa que, «luego de una revolución histórica en la cual
se ha producido alguna alteración de sus finalidades esenciales, hace ya más
de un siglo que la más relevante doctrina sobre el tema asignaba a nuestro
instituto estas dos finalidades esenciales: la defensa del Derecho objetivo y la
unificación de la jurisprudencia» (VESCOVI, 1988: 237). La primera finalidad
-continúa Véscovi- «... es la correcta aplicación de la ley en los fallos judiciales;
con ello se busca el imperio de la seguridad jurídica y la igualdad de los
ciudadanos ante la ley y la defensa de la supremacía del órgano legislativo.
Esta función perfila el carácter político del recurso y su naturaleza constitucional,
como surge de las fuentes romanas (ius constitutionis) y en algunos Estados
modernos...» (VESCOVI, 1988:238). Termina Véscovi señalando que «la función
de unificar la jurisprudencia se le agrega luego, y aparece también como
esencial, en la doctrina tradicional; inclusive (...) ha servido para conformar la
unidad jurídica en varios países (Alemania, Italia, etc.). Para ello se requiere
un único órgano de casación nacional. A esto responde el modelo clásico de
casación» (VESCOVI, 1988: 238).
Luigia Cattaneo anota que, «a decir de la doctrina, fue (...) la necesidad
de la defensa de la ley contra las sentencias violatorias de ésta, lo que inicialmente
determinó el fin esencial de la casación y la creación de un tribunal especial
encargado de desempeñar esta función» (CATTANEO, 1984: 208). «... No es la
tutela de la ley, sin embargo, el fin único que se atribuye a la casación: este
recurso se estableció también para lograr la 'unidad jurisprudencial»
(CATTANEO, 1984: 209). «No menos importante que fiscalizar la aplicación
de la norma jurídica es la necesidad de la unificación de su interpretación, a
tal punto que, en no pocos casos, ésta se convierte en el sendero obligado para
llegar a aquélla» (CATTANEO, 1984:209). «Al lado del fin propio de la casación,
que se traduce en la defensa del derecho objetivo y en la unificación de su
interpretación, la casación tiene también un INTERES PRIVADO, que consiste
en la enmienda del perjuicio o agravio inferido al particular por la sentencia»
(CATTANEO, 1984: 211). Luigia Cattaneo concluye así que la casación tiene
dos fines perfectamente diferenciables:
«- Un fin principal- que, por consistir en la tutela de la ley y en la
unificación de su interpretación, reviste carácter de eminente interés
público;
y un fin secundario- que mira al que concretamente persigue el
recurrente y que, por lo tanto, se funda en un interés privado o
particular» (CATTANEO, 1984: 211).
260 Derecho Procesal Civil Y : Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

Según Manresa, el recurso de casación tiene por misión la de «... enmendar


el abuso, exceso o agravio inferido por las sentencias firmes de los Tribunales
de apelación cuando han sido dictadas contra la ley o doctrina legal, o con
infracción de las formas y trámites más esenciales del juicio» (MANRESA;
citado por DE LA PLAZA, 1944:11).

En opinión de Devis Echandía, la casación persigue principalmente un


doble fin: «... la defensa del derecho objetivo contra el exceso de poder por
parte de los jueces o contra las aplicaciones incorrectas que de la ley hagan y
la unificación de su interpretación, es decir, de la jurisprudencia, necesaria
para la certidumbre jurídica y para que exista una verdadera igualdad de los
ciudadanos ante la ley. Sólo secundariamente tiene como fin otorgarle a la parte
agraviada con la sentencia o con el vicio de procedimiento, una oportunidad
adicional para la defensa de sus derechos» (DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo
II: 644).

Escobar Fornos afirma que «la casación se da con la finalidad de defender


a la ley contra las sentencias que la infrinjan. También tiende a uniformar la
jurisprudencia. Estos dos fines se complementan» (ESCOBAR FORNOS, 1990:
234). «En esta forma se pretende cumplir el principio de igualdad ante la ley,
a aplicarse a todos con el mismo alcance. Pero no debe desconocerse el interés
secundario de reparar el agravio del recurrente» (ESCOBAR FORNOS, 1990:
234).

Para Reimundín, «la casación como todos los recursos está destinada a
mantener la exacta observancia de la ley, pero lo que se busca es la uniformidad
en la aplicación de la ley por la decisión de un organismo superior» (REIMUNDIN,
1957, Tomo II: 82).

Schónke asevera que «el fin de este recurso es, sobre todo, cuidar de la
unidad jurídica y de la uniformidad de la jurisprudencia. Está por ello limitado
al examen de la cuestión de derecho de la resolución impugnada...» (SCHÓNKE,
1950: 315).

Humberto Cuenca sostiene que «... la casación contribuye fundamentalmente


a la seguridad del orden jurídico del Estado» (CUENCA, 1975: 208). «... Su
misión fundamental es evitar la contradicción del Estado consigo mismo cuando
la voluntad legislativa es desviada por otro de sus órganos...» (CUENCA, 1975:
228).

Méndez Brañas estima que la finalidad de la casación es «... mantener la


exacta y uniforme interpretación de una norma como mandato de carácter
general y abstracto...» (MENDEZ BRAÑAS, 1962: 50). La casación -destaca
dicho autor- «... responde a una alta necesidad jurídica y constituye la
más pura expresión del Derecho; (...) es una garantía para las partes y tiene
una indiscutible finalidad de carácter público...» (MENDEZ BRAÑAS, 1962:
57).
Capítulo VI: Recurso de casación 261

Monroy Cabra asegura que la casación tiene dos fines: «... a) Un fin de
interés público, que es la tutela del derecho objetivo y la unificación de la
jurisprudencia nacional; y b) un interés privado, que es la enmienda del agravio
o perjuicio inferido a la parte por la sentencia» (MONROY CABRA, 1979:350).

Rodríguez Alique considera que son finalidades de la casación, «... de un


lado, la ineludible necesidad de intentar y lograr, en la medida de lo posible,
la uniformidad de la doctrina jurisprudencial; y de otro, el mantenimiento de
la meta esencial de la Administración de Justicia: la seguridad jurídica»
(RODRIGUEZ ALIQUE, 1990: 45-46).

A criterio de Izquierdo Muñoz, «las finalidades del Recurso de Casación


son en definitiva de bien social, de utilidad pública, en tanto y en cuanto trata
de impedir la transgresión de la Ley, obligando al estricto cumplimiento del
derecho con la aplicación rectilínea de la Ley y la doctrina jurídica, partiendo
del principio de la igualdad de todos ante la ley» (IZQUIERDO MUÑOZ, 1962:
117). Agrega Izquierdo Muñoz que pueden sintetizarse «... en dos aspectos
fundamentales las finalidades del Recurso de Casación: selectivo y correctivo.
El primer aspecto lo demuestra en sus sentencias que determinan la uniformidad
de la jurisprudencia, mediante la selección de las diversas interpretaciones de
una misma norma, en casos diversos, para llegar a determinar la verdadera y
la justa, obligando a los jueces a que en la posterior no sólo corrijan sus errores,
sino que contribuyan a disciplinar y a unificar el derecho, que debe mantenerse
firme, mientras no medie entre la decisión y la convivencia social un estado de
desarmonía, de intranquilidad y perturbación de la paz social. Luego tenemos
el aspecto correctivo, que es de igual o superior importancia que el anterior,
pues, si el Estado ha confiado en la Función Judicial, la administración de
justicia, no es posible concebir que los jueces prevalidos de la potestad de juzgar,
sustrayéndose de las leyes pretendan hacer justicia a su antojo; es aquí donde
surge el Recurso de Casación, como la medida salvadora frente al Juez incorrecto,
al que lo sanciona moral y materialmente con la anulación de la sentencia injusta
y lo previene de ulteriores consecuencias, lo cual indefectiblemente redunda
en bien de la justicia, pues, el Juez se encamina en el orden legal o tiene que
dar paso a otros hombres» (IZQUIERDO MUÑOZ, 1962:117-118).

En relación al tema que se trata en este punto, Calamandrei expone lo


siguiente:

«... El poder de control jurídico propio de la casación se presenta (...) bajo


dos aspectos:

A) (...) Bajo un aspecto negativo, en cuanto tiende a impedir que los


órganos jurisdiccionales se valgan del poder de mandar en concreto
que el Estado ha delegado en ellos, sustrayéndose a la norma
fundamental, cuya observancia constituye la condición sine qua
non de aquel poder: desde este punto de vista la Corte de casación
reafirma la autoridad de la ley frente al juez, de un modo
262 Derecho Procesal Civil V: Medios Impugnatorios / Alberto Hinostroza Minguez

exclusivamente negativo, puesto que se limita a quitar vigor al acto


singular que el juez haya llevado a cabo saliéndose de los límites
de su poder;
B) (...) Bajo un aspecto negativo, en cuanto tiende a asegurar en el
Estado la uniformidad de la jurisprudencia y, por consiguiente, la
unidad y la igualdad del derecho objetivo, a través de la revisión
y de la selección de las diversas interpretaciones de una misma
norma jurídica, coexistentes en la jurisprudencia a causa de la
pluralidad simultánea de los órganos judiciales de un mismo grado:
desde este punto de vista, la Corte de casación no se limita a
destruir, sino que contribuye patentemente a disciplinar y a fijar la
fecunda obra de integración del derecho objetivo que se lleva a cabo
ininterrumpidamente por la jurisprudencia» (CALAMANDREI,
1961, Tomo II: 101-102).
Para Torres Gudiño, «la casación tiene como propósito la defensa de la
integridad del ordenamiento jurídico. En un determinado aspecto revisa el
proceso dentro de límites preestablecidos y trata (...) de corregir los vicios
incurridos en la decisión sometida a su alto ministerio. El recurso tiene como
finalidad el examen del derecho. El hecho carece de importancia, puesto que
su estimación llevaría al recurso de casación a constituirse en una tercera
instancia, en cuyo caso su esencia se desnaturaliza» (TORRES GUDIÑO, 1957:
18). Añade Torres Gudiño que «su ejercicio más que un medio de impugnación,
es una verdadera denuncia, que tiene como fin esencial, la restauración del
derecho violado por la errónea aplicación de un organismo de la jurisdicción...»
(TORRES GUDIÑO, 1957: 19-20). El recurso de casación -prosigue Torres
Gudiño- «... tiene la misión de recordar que el derecho es un todo orgánico y
en cuanto constituye la base fundamental de la administración de justicia, es
de orden procesal, pero tiene una influencia decisiva en todas las ramas del
derecho y en todas las actuaciones del estado, concebido en su orientación de
garantía y medio de control de la unidad del sistema jurídico imperante...»
(TORRES GUDIÑO, 1957: 20). Concluye el mencionado autor diciendo que
«... no es su fin esencial dotar a las partes de un recurso para que defiendan
sus intereses particulares, sino restablecer el imperio del derecho...» (TORRES
GUDIÑO, 1957: 21).
Sobre los fines de la casación, De la Plaza expresa que «... si reducimos
su cometido a la defensa del derecho objetivo (...), queda, doctrinalmente, fuera
del ámbito de la casación, cuanto tiende a lograr que la interpretación de las
normas, adquiera aquellos caracteres de unidad en que estriba la certeza, y
que es la más segura garantía de los justiciables que a los Tribunales acuden;
y si reputamos, por el contrario, que el instituto de la casación sólo está
concebido en contemplación del logro de este segundo objetivo, limitamos
extraordinariamente el campo propio del recurso, con olvido del móvil
fundamental a que su creación obedeció. Parece (...) que la suprema función
revisora de las actividades judiciales, que se atribuye al Tribunal de casación,
Capítulo VI: Recurso de casación 263

tanto tiende a defender el derecho objetivo, en su expresión formal, como a


vedar que, por los desvarios de una aplicación caprichosa, se quebrante aquella
unidad que, por obvias razones de conveniencia social y aun política, debe
presidir su interpretación...» (DE LA PLAZA, 1944:15-16).

Acerca de las finalidades del recurso de casación, Carrión Lugo llega a


las siguientes conclusiones:

«a) Primera conclusión. El órgano de casación, en el sistema puro u


ortodoxo, tiene que ver con actitudes que constan del proceso
relacionadas con la actividad que realizan los sujetos que intervienen