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La cábala.

En el presente trabajo se pondrán a la vista los temas relacionados con la


cábala para así desglosar este tan misterioso termino que lleva consigo ciertas
implicaciones enigmáticas con el fin de comprender este tema más fondo nos
hemos enfocado en el libro de José ángel Valente, las tres lecciones de
tinieblas puesto que en él se encuentra emergida una cábala propia y autentica
en materia a desarrollar. Cabe recalcar que el objetivo de este ejercicio no es
tratar de explicar la cábala puesto que sería una total ignorancia tratar de
explicarla como se explica una lección de clases puesto que este tema tiene
una particularidad enigmática (encerrada en una musicalidad simbólica).
Alef, la primera letra del alfabeto hebreo, el eje de las letras.

“En el punto donde comienza la respiración, donde el alef


oblicuo entra como intacto relámpago en la sangre: Adán,
Adán: oh Jerusalem.”

El “punto donde comienza la respiración” marca un principio, el Principio donde nada ha


comenzado ni inspiración ni espiración, es un umbral (“Schwelle” en alemán) que da título a un
libro de Celan (Von Schwelle zu Schwelle[1]) y a uno de los puntos centrales del discurso de
Heidegger sobre el Habla[2].
El “alef”, es decir, el inicio, entra en el torrente sanguíneo, se da a la vida comienza a existir la
palabra y con ella la Vida, Adán, el principio, el primer hombre. Jerusalem, la primera ciudad
santa. Marca la entrada en el mundo del lenguaje y la representación de lo irrepresentable.
Tres Lecciones de Tinieblas […] pueden leerse, pues, como un poema único: canto a la
germinación y del origen o de la vida como inminencia y proximidad.” (Valente, p.223: 2002) Es
este poemario pues, para el mismo autor un único poema, una Ursatz, que es el movimiento
primario de la vida y que conlleva el movimiento de todas las letras, del Signo.

Surge pues ante nuestros ojos un universo de imágenes que parten del umbral, del cero en la
primera letra, alef, junto con Adán, el relámpago, creación de todo lo terreno y la sangre, la
vida. 

la primera letra del alfabeto hebreo, "aleph", marca simbólicamente el


nacimiento del hombre. La primera letra entra oblícuamente en la sangre y se
(con)funde con la materia.5 Las letras adquieren metonímicamente una fuerza
condensadora de la historia de la humanidad y de la imaginación. El motivo de
la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada, "aleph", el motivo del primer
hombre, "Adán" y de la primera ciudad santa, "Jerusalén" no deben
malinterpretarse como un discurso totalizante y que mitifica un origen.
Nos explica el Zohar que las claves de los códigos cabalísticos se esconden
en los pliegues del alma y hay un axioma que dice que el que busca,
encuentra. Solo podemos escrutar lo que se esconde y, para llevar a cabo
esta tarea, en Kabbalah se utiliza el idioma sagrado, las 22 Letras y los
números y sus esencias; de ahí que la Numerología, la Gematria, el estudio
de las Letras Hebreas y el análisis de los 72 Genios nos aporten tanta
información acerca de quiénes somos desde el Génesis de la Creación, (los
secretos de la Torá). Hay un orden en todas las cosas y un sentido detrás
de cada vivencia. Hay un significado adscrito a cada fecha, a cada nombre
que designa las personas, las cosas, las situaciones.

La concepción del Mundo, según la Cábala pone en movimiento estados de


conocimiento que evolucionan en aspectos más y más perfectos, tratando de
establecer un código que nos lleve a integrar la existencia del universo, del
macrocosmos y el microcosmos. La unidad de trabajo de este Gran Estado de
conciencia es un conjunto semántico que nos descubre el Lenguaje Sagrado,
los Authiot, unos ideogramas que componen el Alfabeto Hebraico de 22
Letras alineadas a lo largo de los 10 Centros de Vida o Sephiroth del Árbol
Cabalístico.

Estos estados de conciencia nos permiten comprender el mundo en el que


estamos inmersos, su densidad, su propósito, su vibración y su estructura. Son
32 vías de experiencia, 10 números primordiales, (los 10 Sephiroth) y las 22
Letras Hebraicas. 32 funciones que nos abren a la vía de una percepción
trascendente de la experiencia de vida que nos permite conectarnos a esa
divinidad que hay dentro y fuera de nosotros. Se trata de una empresa
compleja y que remueve nuestros cimientos pero que nos lleva a la luz. La
Cábala nos orienta hacia un porvenir acorde con la autenticidad de nuestro
trabajo humano y es cuando de verdad llega la Revelación.

Acabamos de decirlo, la cábala no puede enseñarse sino que se comunica. Aquél que quisiera transmitirla bajo la forma
de cursillos o clases, demostrará su ignorancia. La cábala es universal. No hay únicamente una cábala judía; todas las
tradiciones implican una cábala. Así es como existe una cábala pitagórica, una cábala griega, una cábala latina, una
cábala cristiana poseída por algunos cristianos.

Su objetivo Es la reunificación del nombre de Dios. Según la tradición hebraica, en el momento de


la trasgresión de Adán y Eva, es decir, de la caída, el nombre de Dios fue partido en dos. El
problema consiste en reunificarlo.

Según la cábala, todas las palabras de la Biblia, los carros del Santo-bendito-sea, no son más que
nombres de Dios. El conocimiento de estos nombres de Dios reintegra al cabalista al paraíso
perdido.Observemos que, en hebreo, la palabra paraíso, PaRDeS, está compuesta por las iniciales
de las cuatro palabras que se refieren a los cuatro sentidos de la Escritura que constituyen el
paraíso:Pchat: el sentido sencillo; Remez: la alusión (signo); Derach: la explicación;Sod: el secreto,

No se trata de cuatro sentidos distintos, puesto que todos se vinculan al secreto, son como
peldaños que conducen a él. Incluso el primer sentido, el sentido sencillo, ya transmite el secreto.
Hallar el paraíso es leer la Escritura como debe ser leída. Aquél que lo consigue, se reintegra al
paraíso. Entrar en él es poseer los nombres de Dios, es haber revivificado el texto sagrado y
haberlo penetrado. He aquí el paraíso. No hay otro.

Para los discípulos de Hermes, el paraíso es el saber de Hermes, es Hermes sabido.