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CALLADA

¿Qué si me duele? Un poco, creo. No lo suficiente como para morir desangrada y


con cortadas en las muñecas. Tampoco es tanto el dolor como para tumbarme en la
cama y llorar hasta que mis ojos estén tan hinchados que no alcance a distinguir
alguna forma. Pero sí, me duele… ¿O que esperabas que sucediera? ¿Qué gritara de
felicidad mientras veo cómo te arrebatan segundos de atención de esa manera tan
sucia y tan patética? Pero sé que es tu culpa, por no poner las cosas claras desde
un principio.
Yo, Elena Katina, me siento tan herida que ni siquiera me dan ganas de
perdonarte, aun sabiendo que quiero que vengas a casa y cocines mi comida
favorita.
Tú, Yulia Volkova, eres una embustera, una maldita mentirosa que no ha hecho
más que desequilibrar mi vida a tal grado que ya no puedo ni concebirla sin ti.
Pero ya no hay más que hacer: te amo como jamás me imaginé amar a
cualquier otra persona. Sueño contigo, aun cuando estoy durmiendo abrazando tu
espalda pequeña que en ocasiones me parece tan fría. Y a veces hasta me sigo
imaginando ese futuro que jamás te has atrevido a prometerme.
Una idiota, eso soy en éste instante. Lejos de ti, imaginando las miles de cosas
que puedes estar haciendo sin discreción y sin cuidado, pues de cualquier modo, no
hay manera de que yo me entere de ellas. Aunque me jures que nunca podrías
mentirme. Y aunque me engañe a mí misma repitiendo que jamás me lastimarías,
como lo prometiste. Soy la misma tonta que confía en que dejarás de hacer lo que
sabes que no deberías ni de pensar. Soy la misma tonta que cree en tu palabra
más que en cualquiera. La misma que mentiría por ti, o moriría si fuera necesario
solo para salvarte y que puedas vivir bien al lado de esa que no deja de joderme.
Me amas… ¿estoy segura? Tus besos me dicen que sí. Tu cuerpo curvado que se
estremece por completo con mis caricias me dicen que sí. Tus palabras me dicen
que sí, pero tus ojos dicen que eres una maldita mentirosa con la que jamás llegaré
a nada.
"¿Ella te hace feliz?" me preguntó mi mamá. "Si es así, sigue adelante. Si ella no
te hace feliz, déjala. Puede ser algo frío lo que te digo, pero alguien que te lastima
tan frecuentemente no te puede hacer feliz. Y si no es capaz de hacerte feliz es
porque no quiere o no puede. Y si no quiere o no puede, no te ama". Me molesté
con ella. Giré la cabeza y subí a esa habitación donde las colillas de tus cigarros aún
están frente a mi computadora. Lloré como nunca, sintiéndome una idiota
romántica.
Mentirosa, eso eres. Una tonta que piensa que no me doy cuenta de las cosas
que suceden. Una mediocre que se conforma con solo mirarme a los ojos y decirme
que soy la única en su vida, sin tener el tacto de dejar de escribir mensajes a esa
persona que, según tus palabras, ya sacaste de tu vida.
Pero como te lo dije, ese asunto es tuyo. No lloraré por las estupideces que
llegues a cometer. Ya no me castigaré por cosas que no me corresponden,
simplemente te miraré, y callada, dejaré de amarte, porque amarte es lo que me
lastima. Callada me iré de tu vida, soltaré esa mano que me recorre con miedo, y
me resignaré a que aunque lo quise con todo mi corazón, no eres la persona con la
que pensé poder vivir mi propio cuento de princesas, en el que lo único que tendría
que importar sería pensar en qué desayuno prepararte cada mañana, para que te
sintieras cada segundo más enamorada de mí.

FIN