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El propio Santo Tomás reconoció que sólo algunos preceptos de la ley divina (el derecho

revelado positivo de Dios) son también preceptos de la ley natural (la ley de la razón,
'merced a la cual cada uno sabe, y tiene conciencia, de lo que es bueno y de lo que es
malo').

Aquellos preceptos de la ley divina que no constituyen preceptos de la ley natural no son
obligatorios para los no-cristianos. Indudablemente que cada vez que la Iglesia ha sido
poderosa, sus miembros se han visto tentados de imponer obligaciones religiosas a los no-
cristianos en nombre de la moralidad. Y cuando ha sido débil, sus miembros han optado
más bien por retirarse de la denuncia de los males morales bajo el pretexto de que los
pecadores se hallan al margen de la jurisdicción de la Iglesia.

La teoría escolástica de la ley natural provee, sin embargo, un fundamento para distinguir
el deber de obedecer a la ley moral, que para los cristianos es tanto moral como religiosa,
de obligaciones solamente religiosas que quedan al margen de la moral común.

Por este motivo vale la pena inquirir acaso la teoría escolástica podría convertirse en suelo
común para filósofos cristianos y no cristianos. Si Santo Tomás estuvo en lo cierto, no
habría razones para que así no fuera.

 
Teología escolástica que van del siglo VII al XV, tratan de construir un sistema filosófico
sobre los principios morales de la patrística cristiana; todo a partir de la filosofía griega,
sobre todo la aristotélica. En este tiempo se ponen las bases definitivas de lo que es la
moral cristiana. Su filosofía moral se caracteriza por su racionalismo. Intentan construir
una moral absoluta, cimentada en la esencia inmutable de Dios y del hombre. El principal
representante de este sistema es Santo Tomás de Aquino (1225 -1274).

Del siglo XVI al XVIII la escolástica llega a su plenitud. En este tiempo no se encuentra
cuestión alguna que no haya sido tratada. Sin embargo, permanecen presentes las
grandes aportaciones éticas de San Agustín y Santo Tomás de Aquino.

La filosofía moral escolástica ha permanecido hasta nuestros días gracias a la Iglesia


Católica que, al aceptar a Santo Tomás como el teólogo y filósofo oficial, ha mantenido
vivo el pensamiento de éste.

En la segunda parte de su obra monumental Suma Teológica, Santo Tomás de Aquino


propone su sistema ético. Inicia la problemática moral al tratar sobre el fin último del
hombre. El ser humano viene de Dios y hacia Él volverá. Por consiguiente, el fin último,
total y absoluto del hombre es Dios. El ser humano busca en todas sus acciones la bondad.
Jamás estará satisfecho hasta no encontrar un bien que satisfaga todas sus aspiraciones
de felicidad la cual logrará cuando encuentre un ser que contenga en sí toda bondad y sea
causa de todo lo bueno que existe en el universo. Ahora bien, este ser sólo puede ser Dios.
Luego Dios es el único objeto capaz de satisfacer plenamente al hombre y de realizarlo
como tal.

La filosofía moral de Santo Tomás es esencialista. La moralidad de una acción, se


determina por su objeto y por la intención. Las circunstancias, aún cuando
accidentalmente, pueden modificar la moralidad, nunca la pueden cambiar totalmente. Lo
único que cambia la moralidad es un vicio en el objeto o en la intención.

La norma de moralidad para el tomismo es la recta razón, es decir, la conformidad de un


acto humano con la naturaleza humana considerada esta última como es en sí. El hombre
no puede equivocarse cuando actúa de acuerdo a lo que es su naturaleza, ya que ésta es
una participación de la esencia divina, norma absoluta de todo proceder ontológico.