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CENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS SUPERIORES

LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA

MATERIA
“GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO”
ENSAYO

DOCENTE
LIZBETH HERNANDEZ BENITO

ALUMNO
JHONNY EMMANUEL DE JESUS ALVAREZ

NOVENO CUATRIMESTRE

CUERNAVACA, MORELOS, A 04 DE AGOSTO DEL 2018.


Sin conciencia: el inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean.
Robert D. Hare

En la actualidad, a pesar de los grandes avances que existen en el área de las ciencias de la
conducta y la basta bibliografía, siguen imperando errores a la hora de emplear ciertos
términos. Y estos errores no solo son cometidos por personas que tienen desconocimiento
en el área, sino que, también personas que se encuentran inmersas en el área como
psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales y psiquíatras, por nombrar a algunos, cometen
estos errores conceptuales.

Los conceptos a los que hago referencia y que comúnmente se cree que son sinónimos son:
psicótico, psicópata. Sin embargo hay criterios diagnósticos para diferenciar a cada una de
estas desviaciones. Lamentablemente, la gran diversidad de películas que han salido a la
pantalla grande y que tratan sobre asesinos sangrientos y violentos, favorecen el
fortalecimiento del uso psicópata para denominar a cualquier persona que cometa algún
asesinato e incluso le llaman enfermo mental o loco y aunado ha la confusión que dan los
films, la raíz etimológica del término “psicopatía” no ayuda mucho ya que como se plasma
en el libro “Sin conciencia de Robert D. Hare” esta proviene de psique [mente] y pathos
[enfermedad], lo cual podría indicarnos que se hace referencia a un “enfermo mental” o
“loco” como erróneamente les llama la sociedad. No obstante a la psicopatía no se le puede
entender como al resto de las enfermedades mentales, puesto que a diferencia de un
“psicótico” que es con el cual se confunde un psicópata, este último está totalmente
consciente de sus acciones, se encuentran plenamente orientados, no tienen alucinaciones ni
delirios como los podría tener un psicótico y el cual si comete una falta a las normas
establecidas por la ley no va a la cárcel, como sucede con el psicópata ya que este toma la
decisión deliberadamente de infringir las normas.

Incluso algunos clínicos e investigadores como lo plasma Robert D. Hare optan por utilizar
el término sociópata en lugar de psicópata, debido a que provoca menos confusión.

A raíz de estas confusiones, surge, por tanto, la necesidad de establecer un patrón de


conducta que nos lleve a identificar la psicopatía y para esto Robert D. Hare nos brinda
algo a lo que él denomina “retrato robot”:
a) Mente simple y superficial: los psicópatas son, muchas veces, ingeniosos y se expresan
muy bien. Pueden ser conversadores amenos y divertidos, con respuestas rápidas e
inteligentes. Frecuentemente, cuentan historias poco probables, pero de alguna manera nos
convencen de su veracidad. Ellos siempre quedan bajo la mejor luz. Pueden ser muy
efectivos a la hora de presentarse a los demás encantadores y amables. Para algunos, sin
embargo, son demasiado pulidos, se les nota poca sinceridad. Los observadores más astutos
suelen tener la impresión de que los psicópatas actúan, que mecánicamente «leen un
guión».
 
b) Personalidad egocéntrica y presuntuosa: los psicópatas tienen una visión narcisista de
la vida. Se creen el centro del universo, seres superiores a los que se debiera permitir vivir
según sus propias normas. «No es que yo no cumpla la ley –decía uno de nuestros sujetos–.
Es que sigo mis propias leyes. Éstas nunca las he violado». Acto seguido describía sus
normas como estrategias para «intentar ser a toda costa el número uno».
 
c) Falta de remordimientos o culpa: los psicópatas muestran una increíble falta de interés
por los devastadores efectos que sus acciones tienen en los demás. Frecuentemente, lo
admiten sin tapujos: no tienen sentimientos de culpa. No se arrepienten en absoluto del
dolor y la destrucción que han causado y afirman que no hay razón para preocuparse.
 
d) Falta de empatía: muchas de las características que muestran los psicópatas –
especialmente su egocentrismo, la falta de remordimientos, las emociones superficiales y la
proclividad al engaño– están asociadas a una profunda falta de empatía (o capacidad para
construir un «facsímil» mental y emocional de la otra persona). Parecen incapaces de
«ponerse en la piel» de los demás excepto en un sentido puramente intelectual. Los
sentimientos de los demás no son de su interés.
 
e) Persona manipuladora y mentirosa: engañar, mentir y manipular son talentos naturales
fipara los psicópatas. Dotados de una gran imaginación y centrados en sí mismos, los
psicópatas parecen increíblemente ajenos a la posibilidad –o incluso a la certeza– de ser
descubiertos. Cuando se les pilla con una mentira o se les inquiere con la verdad en la
mano, casi nunca se avergüenzan o muestran perplejidad, simplemente cambian de historia
o intentan reordenar los hechos de manera que parezcan consistentes con la mentira. El
resultado es una larga serie de contradicciones y un cada vez más confuso oyente. La mayor
parte de la mentira parece no tener otra motivación que lo que el psicólogo Paul Ekman
llama «el divertimento del engaño».
 
f) Portador de emociones superficiales: los psicópatas parecen sufrir una especie de
pobreza emocional que limita el rango y la profundidad de sus sentimientos. Suelen
aparecer como seres fríos y sin emociones, pero hay ocasiones en que muestran
sentimientos, pero apagados. Observadores entrenados, se llevan la impresión de que
actúan y de que no muestran lo que sienten. Por regla general dicen experimentar
emociones fuertes, pero son incapaces de describir las sutilezas de diferentes estados
afectivos.

Finalmente con los datos y aclaraciones conceptuales presentadas, se vuelve preciso


concluir que no todos los psicópatas son aquellos asesinos que se encuentran en la cárcel,
sino que al contrario, los podemos encontrar en la calle bien integrados a la sociedad,
gracias a su capacidad de desarrollar al máximo sus habilidades sociales, una inteligencia
incluso superior al promedio y su pensamiento racional. De hecho, no todos cometen
delitos graves como asesinatos, algunos son capaces de satisfacer sus necesidades tan solo
con acabar las vidas de las personas tanto económica, laboral, psicológica y
emocionalmente, permaneciendo en la sombra todos sus males cometidos a sus víctimas.
Bibliografía

D. Hare, Robert: Without Consciencie. The Guildford Press, New York and


London, 1993.