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El alto coste del desamor: las consultas de

divorcios se disparan durante la cuarentena


La intensa convivencia durante el confinamiento ha roto por
completo a muchas parejas, pero no todas podrán afrontar los
elevados gastos de una ruptura
PEDRO DEL ROSAL
MADRID - 30 MAY 2020 - 00:30 CEST

En algunos despachos las consultas para romper el vínculo matrimonial han llegado a
duplicarse.SKYNESHER / GETTY IMAGES

No es un tópico ni el argumento de una comedia de Woody Allen, conocido por su ácida


visión del matrimonio. El exceso de convivencia puede ser un potente corrosivo para las
relaciones de pareja. O, al menos, acelerar la degradación de aquellas que ya flaquean. Prueba
de ello es que la época en que los bufetes especializados en Derecho de familia reciben más
consultas sobre divorcios es la vuelta de las vacaciones de verano. Un efecto que se ha
disparado con el severo confinamiento provocado por la crisis del coronavirus.

“Hay quienes, literalmente, ya no se soportan”, describe la abogada Paloma Zabalgo, que


augura que lo que viene es mucho peor que cualquier mes de septiembre. “Las preguntas
sobre separaciones y divorcios son un 35% más que el año pasado por estas fechas. Y van a
más”, corrobora Delia Rodríguez, socia directora de Vestalia Asociados. La alerta la lanzó
hace unos días la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA): en algunos
despachos las consultas para romper el vínculo matrimonial han llegado a duplicarse.

La pandemia ha sido un duro examen para las parejas. El cóctel conformado por el teletrabajo,
los niños en casa, el incierto panorama laboral o la preocupación por la salud de algún
familiar ha dinamitado los puentes de muchas relaciones. Pero, ¿se convertirán todas esas
consultas en divorcios consumados? No está claro.

En el actual contexto conviven dos corrientes que tienen consecuencias contrapuestas en los
matrimonios. Así, mientras el confinamiento actúa como disolvente del amor, las dificultades
económicas son un potente adhesivo. Prueba de ello es el desplome que sufrieron las
separaciones y divorcios en la anterior crisis. Según los datos del INE, en 2006, los juzgados
certificaron 145.919 rupturas; en 2013 cayeron a 100.437.

Los sentimientos pesan, pero la cuenta bancaria también. Divorciarse es caro y la soltería
merma el poder adquisitivo. “Hay quien aguanta porque no le queda otro remedio”, resume
Zabalgo. No todos pueden permitirse el desamor. El precio de la tramitación de la ruptura
varía en función de la complejidad del proceso, el despacho contratado y el nivel de hostilidad
de los cónyuges. Si es de mutuo acuerdo, el divorcio costará de media entre 800 y 2.500
euros, a lo que hay que sumar el procurador, entre 200 y 350 euros. En este caso, además, la
expareja puede compartir abogado, una ventaja que no es posible si las posturas son
irreconciliables y toca litigar. El precio de un divorcio contencioso oscila entre los 2.000 y los
7.000 euros.
Como advierte la letrada Carmen Varela, “cuantos menos acuerdos, más caro será el
proceso”. Y no solo porque engrosará la factura del abogado, que cobra por horas. Las
discrepancias en la liquidación de la sociedad de gananciales obligarán a contratar un perito
que tase los bienes. Si el problema es la custodia, habrá que costear un informe psicológico. Y
así con cada desencuentro. Ello sin olvidar que la ruptura se saldará, al menos para uno de los
dos, con la búsqueda de una nueva vivienda y puede que con el pago de una pensión
compensatoria o de alimentos. Suma y sigue.

Asimismo, Rodríguez anticipa que la crisis provocará pleitos “más sangrientos” y los hijos
serán la excusa de muchas batallas económicas. “La custodia en exclusiva lleva aparejada el
uso de la vivienda y una pensión de alimentos, mientras que, con la compartida, a priori, no se
atribuye el domicilio a ninguno de los dos”. Muchas nóminas no pueden permitirse el
esfuerzo de pagar media hipoteca de una vivienda que no se usa y, además, un segundo
alojamiento. Ello explica, según la letrada, que la mayoría de las consultas que está recibiendo
estos días sean de personas “que no se han visto especialmente perjudicados por la crisis. Los
despedidos y los afectados por un ERTE ni se lo plantean”. En el desamor también hay clases.

Colapso judicial

Los pactos no solo abaratan la tramitación del divorcio, también la abrevian. “Uno de mutuo
acuerdo requiere entre tres y seis meses; la primera instancia de un contencioso, con suerte,
entre seis meses y un año”, estima Zabalgo, que anticipa, no obstante, que el colapso judicial
post-covid va a duplicar esos plazos.

Esta circunstancia, subraya Varela, convierte a la mediación familiar en una opción deseable
en muchos casos, aunque no todos la aceptan cuando las heridas aún están abiertas. Sin
embargo, la decana del Colegio de Barcelona (ICAB) y abogada de familia, Maria Eugènia
Gay, reclama realismo y pensar en los hijos menores de edad. “En muchos divorcios, los
cónyuges tienen unas expectativas judiciales que después no ven materializadas. Un proceso
de tres o cuatro años no solo es caro, sino que provoca un desgaste emocional que, a la larga,
comprueban que no compensa”.

Una alternativa a la incierta travesía por el juzgado es convalidar el convenio ante notario,
opción que permite la ley desde 2015 y a la que cada vez acuden más parejas (en 2019 fueron
9.601). Los requisitos son que exista mutuo acuerdo y no haya hijos menores de por medio.
“Basta con que las partes acudan al fedatario público con sus abogados”, explica José Corral,
portavoz del Consejo General del Notariado. “La cita se les dará en apenas dos o tres días y el
coste total es de unos 150 euros”.

SEPARACIONES ‘LOW COST’

Frente a los despachos convencionales, han surgido bufetes que ofrecen divorcios de bajo
coste a través de impactantes campañas de publicidad o un buen posicionamiento en Internet.
Es el caso Divorcieitor.com, que anuncia rupturas de mutuo acuerdo por 150 euros por
cónyuge. Alberto Castillo, su fundador, asegura que se trata de un precio cerrado, sin
sorpresas posteriores. “Los convenios son corta-pegas”, explica, “la clave es saber adaptarlo
al caso concreto”. Estas iniciativas, sin embargo, cuentan con el rechazo mayoritario de la
profesión, que las tildan de engañosas o de competencia desleal. “Por esa cantidad es
imposible dar un servicio de calidad”, cuestiona Carmen Varela, que pone como ejemplo una
expareja que llegó a su despacho con un convenio que mencionaba el régimen de gananciales
cuando el matrimonio se había regido por separación de bienes.

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