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Crisis y migración de población venezolana.

Entre la desprotección y la seguridad jurídica


en Latinoamérica
Universidad Nacional Autónoma de México

Dr. Enrique Luis Graue Wiechers


Rector

Dr. Leonardo Lomelí Vanegas


Secretario General

Dr. Alberto Ken Oyama Nakagawa


Secretario de Desarrollo Institucional

Dra. Luciana Gandini


Coordinadora del Seminario Universitario de Estudios sobre Desplazamiento Interno, Migración, Exilio y
Repatriación
Secretaría de Desarrollo Institucional Universidad Nacional Autónoma de México
Crisis y migración de población venezolana.
Entre la desprotección y la seguridad jurídica
en Latinoamérica

Luciana Gandini
Fernando Lozano Ascencio
Victoria Prieto

Coordinadores

Universidad Nacional Autónoma de México


México, 2019
Contenido
Introducción
1. El éxodo venezolano: migración en contextos de crisis y respuestas de los países
latinoamericanos
2. Crisis humanitaria y migración forzada desde Venezuela
3. Procesos recientes de movilidad humana entre Venezuela y Colombia: 2016-2018
4. De la frontera a la metrópoli: la experiencia migratoria de venezolanos en Brasil
5. Ecuador: de la recepción a la disuasión. Políticas frente a la población venezolana y
experiencia migratoria 2015-2018
6. Población venezolana en Lima: entre la regularización y la precariedad
7. “Arepas venezolanas a la orden”. La presencia cada vez menos silenciosa de la
migración venezolana en Cochabamba, Bolivia
8. De la estabilidad económica y la regularidad jurídica al ajuste socioeconómico y la
precariedad del trabajo: migración venezolana en la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires
9. Garantizada la protección jurídica, otros son los desafíos. Venezolanos en la ciudad
de Montevideo
10. Migración venezolana en Chile. La (des)esperanza de los jóvenes1
11. En búsqueda de la tranquilidad perdida. La inmigración venezolana reciente en el
Área Metropolitana de Asunción
12. “Aprender a ser migrante”. Bondades y tensiones que enfrenta la comunidad
venezolana en México
13. Los inmigrantes venezolanos en República Dominicana. Estatus migratorio y
situación sociolaboral
Acerca de los autores
Introducción

Luciana Gandini
Victoria Prieto
Fernando Lozano Ascencio

Entre finales de 2017 y comienzos de 2018 comenzamos a observar con asombro e inquietud la
salida de muchas personas de Venezuela, fruto de lo que desde entonces identificamos como una
“crisis” en distintas dimensiones, movimiento que poco tiempo después llegó a reconocerse como un
éxodo. Si bien derivado de sus raíces griegas y latinas, éxodo significa salida, la noción ha sido
históricamente utilizada cuando dicha salida o emigración de personas es masiva, en aquellos casos en
los que un pueblo se ha visto forzado a abandonar su tierra por una razón de fuerza mayor.
Ciertamente, una enorme diversidad de tipos de migraciones y movilidades han tenido lugar a lo
largo de la historia y en distintos lugares, pero migraciones de esta naturaleza han sido más bien
resultado de circunstancias caracterizadas por detonantes específicos, puntos de quiebre que
podemos identificar puntualmente en el tiempo. Sin embargo, algunas señales parecen sugerir que el
escenario migratorio contemporáneo destaca por una particular efervescencia de este tipo de
movimientos.
Así, nuestro interés en el fenómeno de la migración venezolana reciente no sólo tiene raíces en el
hecho de que desde entonces hemos advertido una nueva dinámica de movilidad que
particularmente afecta a la región latinoamericana y que nos interesa comprender, analizar y
conceptuar; sino también en una sensación de fuerte empatía con el pueblo venezolano mezclada con
el deseo de querer contribuir de alguna manera. Prácticamente todos los países de Latinoamérica han
atravesado, en algún momento por un abanico de situaciones políticas, económicas, sociales y
ambientales que provocaron migraciones: golpes de Estado, conflictos armados y guerrillas,
huracanes y otros desastres ambientales, profundas crisis económicas y políticas que generaron una
enorme inestabilidad; factores que provocaron migraciones, exilios y desplazamientos forzados. Por
ello, de alguna manera, a quienes vivimos en América Latina no nos resulta del todo extraña, al
tiempo que no deja de conmovernos la multifacética crisis por la que atraviesa Venezuela, siendo uno
de nuestros desafíos dimensionar la movilidad provocada y los efectos asociados a ella.
Así nació el proyecto de investigación que aquí se inaugura y que se plasma en la siguiente obra
colectiva. La convocatoria a un conjunto de colegas situados en 12 países, entre ellos la propia
Venezuela, tuvo una respuesta formidable, una afortunada combinación de interés académico con
una genuina empatía regional nos motivó a emprender una investigación intensa y rigurosa. El
compromiso ha sido la característica distintiva de este equipo, el que conjuntando esfuerzos y
recursos diversos, logró no solo analizar exhaustivamente las características de los contextos receptores
y sus apresuradas transformaciones sino, y fundamentalmente, recabar una amplia diversidad de
testimonios de personas venezolanas que son los que realmente nutren esta publicación.
Recientemente se han publicado diversos documentos y libros que analizan el tema de la crisis y la
migración de personas venezolanas, principalmente centrados en las causas, las circunstancias de la
salida y la experiencia durante el viaje. Trabajos de investigación como los de Paéz (2015), Arellano
(2018), Koechlin y Eguren (2018), así como el de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida
(ENCOVI) levantada anualmente desde 2014 (UCAB, 2014-2018), han sido medulares para entender el
carácter esencialmente forzado de la migración contemporánea venezolana, así como el drama mismo
de la salida, el desplazamiento y el trayecto hacia diversos destinos internacionales. Otros autores
como Acosta, Blouin y Freier (2019) y Selee, Bolter, Muñoz-Pogossian y Hazán (2019) han
revisado los marcos normativos y las reacciones políticas frente a la migración venezolana que
también aquí consideramos. Sin embargo, ninguna de estas contribuciones se ha centrado en el
objeto que persigue este libro, el cual se propuso analizar las respuestas que han dado diversos países
de América Latina y el Caribe a la comunidad venezolana que se ha visto obligada a abandonar su
país a raíz de la crisis. Más específicamente, el libro examina los marcos jurídicos en materia
migratoria (vigentes y excepcionales) que le han permitido a esta población el acceso a esquemas de
residencia temporal o permanente, visas humanitarias, formas de protección internacional –vía
otorgamiento de la condición de refugiado o asilo político– y, en general, las oportunidades en el
terreno laboral y de asistencia social. Para ello, se analizan los itinerarios de estatus migratorios
propios de cada contexto receptor, resultado del contrapunto entre las configuraciones normativas y
las reacciones políticas con las percepciones y valoraciones, a través de la voz de las personas
migrantes venezolanas situadas en los contextos de acogida.
Esta investigación recogió más de dos centenas de testimonios de personas migrantes venezolanas,
los que permitieron estudiar y comparar no solo las oportunidades y restricciones normativas –
preexistentes y emergentes– en materia migratoria de la región sino, y fundamentalmente, el
resultado de su implementación.

Aspectos metodológicos del estudio


Los resultados de la investigación que presentamos en este libro derivan de un estudio de casos
múltiples donde se privilegió el abordaje comparado, al partir de la aplicación de un instrumento
único, basado en un enfoque metodológico de tipo cualitativo. Aunque se utilizaron diversas fuentes
de información para la caracterización de la migración venezolana en cada uno de los casos, la
principal estrategia de recolección y análisis de información fue la de entrevistas semiestructuradas a
personas venezolanas de arribo reciente. En todos los contextos de acogida se aplicó el mismo guion
de entrevista y se sistematizó la información en una matriz común para el análisis de la información.
Los criterios de selección de las personas entrevistadas fueron: personas nacidas en Venezuela,
mayores de 20 años, que salieron de su país de origen a partir de enero de 2016 y que llevaban al
menos seis meses en el país de acogida –incluyendo a aquellos que vivían con anterioridad en otra
ciudad–. Dentro de la población con este perfil se especificaron cuotas por sexo, momento del ciclo
de vida y nivel educativo, a fin de configurar un grupo heterogéneo, realizando en promedio unas 20
entrevistas por país1. Al controlar las características del flujo (cuotas de perfiles sociodemográficos y
universo acotado al momento de llegada), el análisis se estructura en torno a las variantes que ofrecen
los contextos de acogida. Estas ciudades receptoras son disímiles en cuanto a su marco normativo,
sus regímenes de bienestar, niveles de protección social y su nivel de desarrollo humano.
Los contextos de acogida son delineados por los países –capitales de los países salvo en un caso–
que conforman este estudio: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana,
Ecuador, Paraguay, Perú, México y Uruguay. De manera que la unidad de referencia en la que se
asienta la comparación son estas once ciudades de América Latina. El motivo de esta selección
obedece a que, si bien los marcos normativos y las medidas excepcionales que se llevan a cabo para
atender esta población están regulados nacionalmente, delimitar el estudio a las ciudades capitales
permite incorporar mayores controles en la comparación, en la medida en que diversos factores –
territoriales, urbanos, políticos– se encuentran relativamente demarcados.
Como se refirió previamente, la migración venezolana reciente es un flujo que se dirige a una
multiplicidad de destinos, en donde el grueso se concentra en la región latinoamericana, por lo que
este diseño, además posibilita una contrastación entre contextos intra-regionales, dando cuenta del
acontecer reciente de las migraciones sur-sur. En prácticamente todos los casos, los países estudiados
son aquellos destinos de mayor concentración de la migración venezolana reciente (Selee, Bolter,
Muñoz-Pogossian y Hazán, 2019), aunque también se consideraron otros con menor presencia pero
que evidencian la amplia dispersión de este flujo. Además de la selección previa de los contextos
receptores, se incorporó un análisis general de Venezuela como contexto expulsor de población. Ello
permitió modular otro eje comparativo: el que se produce entre el contexto de salida y los de llegada.
El equipo de investigación estuvo conformado por más de una treintena de investigadores, autores
de los capítulos, y casi cincuenta participantes en total. Se trató de un proyecto coordinado por la
Red Migrāre Migraciones y Movilidades, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología ( CONACYT)
de México y el Seminario Universitario de Estudios sobre Desplazamiento Interno, Migración, Exilio
y Repatriación (SUDIMER) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que comenzó en
el mes de abril de 2018 y finalizó en diciembre del mismo año.
Durante el mes de octubre se realizó un seminario de trabajo en la Ciudad de México, en el que
participaron representantes de todos los equipos por países participantes en el estudio, la mayoría de
manera presencial y algunos vía remota. Dicho encuentro permitió tener una instancia de diálogo e
intercambio a fin de identificar y caracterizar los tipos de contextos receptores y la manera en que han
dado respuesta en el proceso de recepción e incorporación de la población venezolana de reciente
arribo.
Resulta de gran importancia notar que, por las características de lo que delinea a una migración en
contextos de crisis (véase capítulo 1), la velocidad de los cambios sociales –la dinámica y característica
del propio flujo, el continuo y persistente deterioro de las condiciones económicas y sociales de
Venezuela, y las características de los contextos receptores, tales como las modificaciones y
adecuaciones normativas, las prácticas, las reacciones de la sociedad, etc.– hacen que un estudio de
este fenómeno adquiera expresiones novedosas constantemente. Intentar incorporar la mayoría de las
transformaciones sociales –del propio flujo y de los marcos normativos migratorios– ha sido un
constante desafío metodológico y analítico. Esta dinámica cambiante continuamente no demerita esta
contribución, la cual se propone dar cuenta precisamente de ello y de cómo las transformaciones son
parte misma de este fenómeno social.

Estructura de la obra
Esta obra se organiza en trece capítulos. El primer capítulo, “El éxodo venezolano: migración en
contextos de crisis y respuestas de los países latinoamericanos”, persigue un doble propósito: en
primer lugar, discute y delimita conceptualmente lo que para quienes realizamos esta investigación
consideramos que se trata de una migración en contextos de crisis, de manera de situar al resto de los
capítulos, tanto en referencia a lo que acontece en el contexto de salida como en los de acogida. En
segundo lugar, realiza un análisis comparativo sistemático entre los once contextos receptores,
centrado en la comparación de las respuestas que han dado los marcos jurídicos disponibles, aquellos
que han implementado medidas excepcionales y prerrogativas específicas para la población
venezolana, así como lo acontecido en relación con los sistemas de asilo. El análisis en perspectiva
comparativa permite identificar un conjunto de buenas prácticas y logros, así como desafíos presentes
y futuros para la gestión de la migración en la región latinoamericana.
El segundo capítulo elaborado por Anitza Freitez, titulado “Crisis humanitaria y migración forzada
desde Venezuela”, es una pieza fundamental de esta obra donde se introduce al lector en el desgaste
de las condiciones de bienestar del contexto de salida de la migración venezolana. Este objetivo se
consigue conjugando una minuciosa descripción de los distintos hechos que han conducido al
deterioro actual de la institucionalidad de este país, con la evidencia que arroja la Encuesta de
Condiciones de Vida de Venezuela. La descripción permite comprender los determinantes
estructurales y coyunturales de la emigración venezolana, e identificar un contexto de salida crítico
donde emergen varias de las condiciones que definen a la migración venezolana como una
“migración en contexto de crisis”. Una de las contribuciones de este capítulo es que se elabora con
base en información inédita de la ENCOVI 2018 y, por lo tanto, ofrece una de las descripciones más
actualizadas del contexto de salida de la migración venezolana.
En el tercero y el cuarto capítulos se analizan los casos de Colombia y Brasil, los dos principales
contextos de acogida fronterizos de la migración venezolana, respectivamente. El caso de Colombia
constituye uno muy particular, por la propia historia común con Venezuela en cuanto a migraciones
y desplazamientos forzados, y porque es un país que se encuentra en la primera línea de los contextos
de acogida reciente, ya que alberga 40% de la emigración venezolana en América Latina y el Caribe
(R4V, 2019). En Colombia este flujo de venezolanos se conjuga con el retorno de colombianos, con
la movilidad de familias mixtas de colombianos y venezolanos, con patrones históricos de
circularidad y movilidad sobre una frontera sumamente permeable que ha debido adaptarse a las
distintas fases de una larga historia de intercambios poblacionales y de relaciones diplomáticas que
han adoptado múltiples tonos a lo largo de la historia.
Brasil es otro contexto de acogida fronterizo. Como ocurre en el caso de Colombia, este capítulo
pone un especial énfasis en el análisis del tránsito y de las propias características del viaje, pues ambos
son destinos finales, pero también territorios de tránsito para el resto del flujo que continúa el
trayecto hacia el cono sur o los países andinos. En el caso de Brasil, además, se presta especial
atención al reciente plan de interiorización del gobierno brasileño, que ha intentado desconcentrar la
frontera norte y minimizar el colapso de los servicios de asistencia humanitaria y de cualquier orden
de la respuesta.
El quinto y el sexto capítulos corresponden al estudio de los contextos de acogida de Perú y
Ecuador, donde reside casi la tercera parte de los venezolanos emigrados de América Latina y el
Caribe (R4V, 2019). Ambos países carecen de experiencia como contextos de acogida frente a la
inmigración, en general, y a la migración en crisis, en particular. Ambos capítulos reúnen junto con
el de Colombia casos de contextos donde la respuesta se ha dado desde la excepcionalidad, mientras
se ensaya la implementación de marcos normativos más complejos, lo que los torna en casos icónicos
en cuanto a la interacción entre estos dos niveles de respuesta e implementación.
En el séptimo capítulo corresponde a Bolivia como contexto de acogida. Este capítulo representa
una contribución novedosa en el tratamiento de los contextos de recepción y constituye una de las
primeras aproximaciones a un tema emergente e inesperado para los estudios migratorios que
involucran a Bolivia –casi siempre reconocido como país de origen de migrantes internacionales–.
Los capítulos ocho al diez corresponden, respectivamente, a Argentina, Chile y Uruguay. La
característica sobresaliente de la respuesta en estos países es la de una gobernanza compleja donde la
referencia al nivel regional del MERCOSUR es ineludible. Al mismo tiempo, los casos de Argentina
(capítulo ocho) y Chile (capítulo nueve) son únicos en cuanto a la oscilación de su respuesta teñida
de los vaivenes ideologizados de la relación bilateral con Venezuela, así como por los retrocesos
recientes en la implementación de marcos normativos que se consideraban consolidados. El décimo
capítulo, dedicado al caso uruguayo, también refleja un contexto de acogida donde rige una
gobernanza compleja más estable que la del resto de países del cono sur.
Los tres últimos capítulos de esta obra presentan los casos de México (capítulo 11), Paraguay
(capítulo 12) y República Dominicana (capítulo 13). Junto con Bolivia y Uruguay, estos tres países
comparten la condición de ser contextos de acogida novedosos para la migración venezolana, lo que
los convierte en capítulos particularmente interesantes y enriquecedores para la literatura sobre la
migración intrarregional.

Agradecimientos
Todas las publicaciones son posibles gracias al esfuerzo conjunto de muchas personas. Esta obra ha
sido privilegiada en ese sentido. De ninguna manera hubiera sido posible sin el maravilloso trabajo
del equipo que ha reunido a más de una treintena de investigadores de distintas universidades y
centros de investigación de América Latina y el Caribe, al que suma otro numeroso conjunto de
entrevistadores y asistentes. Todos los equipos nacionales han realizado un esfuerzo enorme en el
proceso de trabajo de campo y en la elaboración de los capítulos que conforman este libro. Ha sido
especialmente admirable el trabajo de nuestra colega Anitza Freitez, que en circunstancias más que
adversas y cada vez más difíciles durante el proceso de la investigación, ha puesto el mejor empeño en
retratar las condiciones del contexto de salida de la migración venezolana.
También va nuestro invaluable reconocimiento y agradecimiento a la generosidad de las personas
migrantes venezolanas que dedicaron su tiempo a participar de este estudio como entrevistados. La
labor de investigación en ciencias sociales es siempre deudora de la narrativa de los sujetos de estudio,
pero en este caso el reconocimiento ha de ser doble, considerando la dureza de las condiciones de
salida que enfrentaron casi todas las personas que entrevistamos a lo largo del trabajo de campo
realizado en once ciudades de América Latina y el Caribe.
Agradecemos los valiosos comentarios y sugerencias de los cuatro dictaminadores anónimos
designados por el Comité Editorial de la UNAM para revisar la obra completa. Asimismo, agradecemos
las observaciones y comentarios de los participantes del seminario abierto “Crisis y migración de
población venezolana” celebrado el 22 de octubre de 2018 en la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), donde compartimos resultados preliminares de este trabajo. En esa instancia
tuvimos una amplia respuesta del público integrado por estudiantes de universidades mexicanas,
activistas, funcionarios públicos y representantes de organizaciones internacionales. Por último, vaya
nuestro agradecimiento especial a Maria Eugenia Anguiano y Manuel Gerardo Delgado Lindero
quienes hicieron un exhaustivo trabajo de relatoría de las jornadas de trabajo del taller “Crisis y
migración en Venezuela” organizado por la Red Temática Migrāre Migraciones y Movilidades y el
Seminario Universitario de Estudios sobre Desplazamiento Interno, Migración, Exilio y Repatriación
(SUDIMER) de la UNAM.
Agradecemos especialmente a Marisol Franco y a Raziel Valiño por el incondicional apoyo y
asistencia permanente durante el proyecto de investigación, apoyo sin el cual esta obra no hubiera
llegado a su fin.
Mayo de 2019

Referencias
Acosta, D., Blouin, C. y Freier, L.F. (2019). La emigración venezolana: respuestas latinoamericanas, Fundación Carolina, Disponible en
https://www.fundacioncarolina.es/wp-content/uploads/2019/04/DT_FC_03.pdf
Arellano¸ Á. (Coord.) (2018), Florecer lejos de casa. Testimonios de la Diáspora Latinoamericana. Montevideo, Fundación Konrad-
Adenauer.
Koechlin, J. y Eguren, J. (2018). El éxodo venezolano: entre el exilio y la emigración. Lima: OBIMID.
Páez, Tomás (2015). La voz de la diáspora venezolana. Madrid: Catarata.
R4V-Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela. (marzo de 2019). América Latina y el Caribe, Refugiados y
Migrantes Venezolanos en la Región. Recuperado de: https://r4v.info/es/documents/download/68962
Selee, A.; Bolter, J.; Muñoz-Pogossian, B. y Hazán, M. (2019), “Creatividad dentro de la crisis: opciones legales para inmigrantes venezolanos
en América Latina”, Migration Policy Institute, 30 de enero de 2019.
Universidad Católica Andrés Bello, UCAB (2014-2018) Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI). Disponible en:
https://encovi.ucab.edu.ve/

1 Con el propósito de resguardar la identidad de la población entrevistada en todos los capítulos, sin excepción, se utilizan seudónimos.
El éxodo venezolano: migración en contextos de crisis y respuestas de los
países latinoamericanos

Luciana Gandini
Victoria Prieto Rosas
Fernando Lozano Ascencio

Introducción
El deterioro de las condiciones de vida y la velocidad con que éste se ha procesado en Venezuela no
conoce precedentes en la historia de este país que hoy vive un proceso inédito y exorbitante de
recesión, endeudamiento externo e hiperinflación. Estos procesos se traducen desde 2015 en una
innegable escasez de alimentos y medicinas, y en dificultades para el suministro de los servicios
básicos, como electricidad, agua y gas. Los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida ( ENCOVI)
realizada en Venezuela en 2018, revelan que 91% de la población venezolana vive bajo condiciones
de pobreza de ingreso, esto es, 50 puntos porcentuales más que en 2014 donde su incidencia era ya
muy elevada (41%). La edición 2017 de la ENCOVI mostraba que 8 de cada 10 hogares venezolanos
se encontraban en condiciones de inseguridad alimentaria, que en ese año se produjeron más de
5,000 defunciones de niños menores de 1 año que pudieron haberse evitado o que la población
venezolana ha perdido en promedio 3.5 años de esperanza de vida desde 2017. Es en este contexto
de crisis, que se retrata con sumo detalle en el siguiente capítulo y que aquí apenas adelantamos,
desde el que se produce la emigración que ocupa a esta obra y que en este capítulo nos proponemos
caracterizar.
Durante el último lustro hemos sido testigos de una profunda transformación en la dinámica
migratoria de la República Bolivariana de Venezuela (en adelante Venezuela) que pasó de ser un país
que históricamente atrajo población de diversas partes del mundo, sobre todo de su vecina
Colombia, a un país de emigración en términos netos. Tan solo en tres años −de 2016 a 2018− el
país transitó de tener un saldo migratorio positivo a uno negativo. La situación es tan dinámica, que
conocer la magnitud de la diáspora venezolana deviene un constante desafío, pues los periodos de
referencia y las magnitudes empleadas son tan diversos como los países entre los que se dispersan
(R4V, 2019b). A marzo de 2019, la población venezolana migrante, refugiada y solicitante de asilo
alcanzó la cifra de 3.7 millones en el mundo, de los cuales 3.0 millones residían en países de América
Latina y el Caribe (R4V, 2019a). Las diversas estimaciones coinciden en señalar que Colombia
seguido de Perú, Chile y Ecuador lideran el grupo de países receptores. Solo en Colombia residen
1.2 millones de venezolanos; mientras unos 700 mil lo hacen en Perú, casi 300 mil en Chile y 220
mil en Ecuador. Asimismo, en otros países como Argentina, Brasil, México, República Dominicana,
Bolivia, Paraguay y Uruguay, se ha dado un crecimiento inusitado de población venezolana, a partir
de 2015. Así, prácticamente todos los países de la región, limítrofes y no limítrofes, enfrentan
enormes desafíos al convertirse en receptores de esta población, abarcando desde el ámbito jurídico y
legal, hasta la dimensión logística que implica la atención a situaciones de emergencia y
vulnerabilidad social e involucra a la institucionalidad de nivel nacional y subnacional. El desafío es
mayúsculo pues muchos de estos países, que incluso tradicionalmente habían sido emisores de
población, ahora se enfrentan a una nueva situación desconocida de inmigración.
La salida de este contexto de crisis como el de Venezuela se procesa para muchos de manera
repentina y abrupta, y ello propicia que lo hagan en condiciones de inseguridad jurídica o en
situación irregular. Es este componente de huida desesperada de una crisis institucional y económica
generalizada lo que expone a una situación vulnerable, a diversas formas de explotación, abuso,
violencia y discriminación (McAdam, 2014; UNODC, 2018). Sin embargo, no podemos desconocer
que se trata de un flujo heterogéneo en cuanto al perfil sociodemográfico de sus protagonistas y en
cuanto a la voluntariedad del movimiento, integrado por migrantes y refugiados ( ACNUR 2018a; R4V,
2018 y 2019b). Las estrategias para emigrar en un contexto de salida como el descrito son diversas:
la población sale con o sin documentos, por aire o por tierra, en algunos casos sin medios de
transporte, con redes de apoyo o sin ellas, con o sin opciones de trabajo y de sobrevivencia en el país
de destino. Algunos aspiran a entrar a terceros países como turistas, para después modificar su
calidad migratoria; otros emigran con la idea de solicitar condición de refugiado o asilo político; otros
más con el propósito de obtener una residencia legal, pero con miras a desplazarse posteriormente
hacia otro país; otros van conociendo las opciones documentales que tienen a medida que transitan
fronteras o transcurre el tiempo en el destino final de su travesía. La estrategia migratoria adoptada
depende, entre otras muchas cosas, de la naturaleza del proyecto migratorio (individual o familiar),
las características propias del país de acogida, del tiempo de permanencia, de la trayectoria y las
aspiraciones laborales, y de las intenciones de retorno, pero sobre todo del tipo de documentos de
que se dispone. Migrar en un contexto de crisis como el que experimenta Venezuela imprime
restricciones a sus ciudadanos para poder obtener o renovar los documentos de identificación
−consecuencia del desabasto de recursos conjugado con una estrategia deliberada del gobierno para
dificultar la emigración. Esta situación manifiesta una diferencia con respecto a la mayoría de los
flujos de migración a nivel global, en donde las limitaciones más importantes se imponen para
arribar al destino, al tiempo que genera una violación al derecho a la identidad, uno de los derechos
fundamentales de todo ser humano, necesario para poder ejercer otros derechos, como el de la
movilidad. Por ello, una gran parte de esta población se debate entre situaciones de incertidumbre
legal, por la carencia de documentos del país de origen, y la imperiosa necesidad de contar con
protección y certeza jurídica en el país de destino.
Este capítulo tiene por objetivo conceptualizar al contexto de salida de la migración venezolana más
reciente y ofrecer un análisis comparado de la respuesta de los estados latinoamericanos a la reciente
migración venezolana. En primer lugar, se discute por qué consideramos a ésta una migración en
contextos de crisis y qué implicaciones tiene el uso de esta categoría para el estudio que recoge esta
obra. En segundo lugar, reconociendo este rasgo que afecta a ambos contextos −de salida y acogida−
como a la respuesta que se da a este flujo desde los estados que reciben a esta población, presentamos
una síntesis analítica de los rasgos comunales y únicos que tiene la gobernanza de la respuesta de los
once casos incluidos en este estudio.
El análisis que sigue fue realizado con base en una sistematización de los capítulos que abordan
cada caso-país a partir del contrapunto entre la revisión del marco normativo y de las medidas
administrativas vigentes, y los itinerarios documentales que se vislumbran, con base en los
testimonios de los migrantes venezolanos entrevistados en las once ciudades capitales de los países en
estudio. La principal contribución de este capítulo a la obra general es, como hemos dicho, la de
presentar el marco conceptual utilizado a lo largo de esta obra, así como de sistematizar y resumir de
alguna forma la evidencia recogida a nivel nacional que luego se analiza detalladamente en los
capítulos subsiguientes. El aporte más importante de este capítulo a la literatura reciente sobre la
migración venezolana y la respuesta de los estados es la identificación de desafíos y logros en la
implementación de la respuesta de los estados latinoamericanos a través de las huellas que deja la
gobernanza sobre las biografías de los migrantes.

La migración reciente de población venezolana ¿Crisis migratoria o migración en


contextos de crisis?
La masividad y rapidez de esta migración imprimen una serie de características y riesgos propios de
los flujos migratorios en contextos de crisis: (i) la diversificación de destinos migratorios más allá de
los destinos fronterizos, (ii) el colapso del sistema administrativo a cargo de la emisión de la
documentación necesaria para la migración; (iii) la emergencia y consolidación de redes de
corrupción que operan en torno al trámite de pasaportes, apostillas o al envío de remesas (Koechlin y
Eguren, 2018; R4V, 2019b); (iv) la transición desde un perfil de migrante con mayor escolaridad,
con recursos financieros y tiempo de preparar su emigración hacia otro donde priman aquellos con
escasos o nulos recursos materiales para emprender el viaje; (v) la emergencia de nuevas rutas
migratorias que llegan a durar más de dos semanas de viaje y donde se combinan distintos medios de
transporte terrestre, aéreo, incluidos los tramos a pie (R4V, 2019b); (vi) los desafíos asociados a la
atención de un flujo que huye de un contexto de emergencia alimentaria y sanitaria, de escasez de
alimento, de medicinas y servicios básicos de luz y gas, con los que se enfrentan los contextos de
acogida y tránsito.
La pérdida de bienestar relativo y el grado de amenaza a la subsistencia que sufre en la actualidad
esta población son alarmantes: por ejemplo, nueve de cada diez venezolanos manifiestan haber
perdido peso en los últimos años, al tiempo que se corrobora un retroceso de la mortalidad infantil a
los niveles observados dos décadas atrás (Freitez, 2017 y 2018; García, Correa y Rousset, 2019).
Todo ello configura el escenario de crisis humanitaria que se vive en ese país.
Ahora bien, ¿estamos ante una crisis migratoria o ante una migración a causa de la crisis? De
acuerdo con McAdam (2014) “la migración a causa de las crisis” debe entenderse como una
respuesta a una amalgama de factores sociales, políticos, económicos y ambientales que puede ser
provocada por un evento extremo, pero cuyas causas son anteriores y pertenecen a un orden de
desigualdad y vulnerabilidad más complejos que los propiamente coyunturales. La cronología de la
pobreza de ingresos y el deterioro de las condiciones de vida en Venezuela que se presenta en el
siguiente capítulo, coincide con la descripción del cuadro de desigualdades o fragilidades sistémicas
que según McAdam (2014) expone a la población afectada a una vulnerabilidad mayor en el
desplazamiento.
Martin et al. (2013) proponen una definición más restrictiva y apegada a las circunstancias
coyunturales o a la ocurrencia de un “evento crítico” para hablar de “migración de crisis” o
“migración en crisis” al referirse a las formas de movilidad (e inmovilidad) que se producen en el
marco de una crisis humanitaria. De acuerdo con los autores, además de responder a una causalidad
determinada, la migración en contextos de crisis implica la coexistencia de tres elementos: geografía,
temporalidad y vulnerabilidad.
En primer lugar, la migración en crisis tiene un fuerte componente de migración fronteriza y, en
este caso, tanto Colombia –destino final para más de un millón de venezolanos– como Brasil, se han
integrado al circuito de la movilidad fronteriza de Venezuela1. El desafío de la geografía fronteriza de
este flujo ha sido un tema recurrente dentro de las respuestas que ha dado Brasil. En segundo lugar,
la masividad del flujo venezolano se alcanzó a partir de 2015-2016 cuando los niveles de pobreza de
ingreso afectaron a más de la mitad de la población, las condiciones de asistencia sanitaria eran
inadecuadas y la institucionalidad vigente daba claros signos de colapso y debilidad administrativa.
En tercer lugar, es en estos años en los que no todos los que deben moverse pueden hacerlo (Martin
et al., 2013), cuando la migración venezolana integra a quienes se encuentran en las peores
condiciones para emprenderla (embarazadas, insulino dependientes, personas con algún tipo de
necesidad especial, personas que se movilizan sin documentos y/o sin recursos financieros, etc.). Se
aprecia un cambio en la composición de los flujos en cuanto al grado de (in)voluntariedad con que
sus protagonistas emprenden el movimiento ya que esta migración involucra desde personas que
prepararon su migración largamente acumulando capital financiero (ahorros, búsqueda de
propuestas laborales en el exterior), capital social (activación y reactivación de redes sociales propias o
heredadas de familiares y amigos) y previendo su situación documental (trámites de pasaporte,
apostillas, etc.) como se verá en los siguientes capítulos; hasta quienes salieron a pie con documento
nacional y sin rumbo preciso. La agudización de las condiciones que obligan a salir de Venezuela ha
llevado a muchas personas a emprender un viaje a pie por diversos países de la región, recorriendo
kilómetros bajo duras condiciones hasta llegar a su destino final, situación que documentamos en
algunos de los capítulos de este libro. En consecuencia, estas transformaciones vienen acompañadas
de un incremento sustantivo de la vulnerabilidad de los flujos más recientes que se dirigen hacia
países como Colombia, Perú, Brasil y Ecuador.
Las características de la movilidad venezolana presentada en los párrafos anteriores ratifican la
esencia de la “migración en contextos de crisis” para esta población y la diferencian de
categorizaciones vinculadas con el concepto de “crisis migratoria”. Al respecto conviene hacer algunas
distinciones conceptuales, apoyados en la literatura especializada sobre el tema. Aunque
terminológicamente la diferencia entre los conceptos de “migración en crisis (humanitaria)”, en inglés
crisis migration (Martin et al., 2013) o “migración en contextos de crisis”, en inglés migration in crisis
(McAdam 2014), y el concepto de “crisis migratoria”, migration crisis en inglés (OIM, 2012), pudiera
parecer tangencial, las implicaciones en el ámbito de la política migratoria son sumamente relevantes.
La migración en crisis o en contextos de crisis (humanitaria o de otro tipo), se entiende como una
respuesta racional, no necesariamente desesperada, de reacción frente a un evento desencadenante
que, por lo general, se inscribe en un contexto más amplio de adversidad (Menjivar et al. 2019;
McAdam 2014; Martin et al. 2013). En contraste, el concepto de crisis migratoria, acuñado
fundamentalmente por los medios de prensa y ciertos actores políticos, tiene connotaciones de
comportamiento irracional e implica una conceptualización limitante para la perspectiva analítica y
política. Esta expresión enfatiza las dimensiones de inmediatez y amenaza a la estabilidad del Estado
Nación de los países receptores −una entidad homogénea y estable por definición.
De este modo, un fenómeno natural y racional como la movilidad en reacción a, y en contexto de
adversidad, se torna como una respuesta anómala mereciendo la etiqueta de crisis. Menjivar et al.
(2019) advierten que cuando un flujo migratorio se entiende como una crisis, suponiendo con ello
que se trata de un evento puntual dentro de una historia más amplia, las respuestas institucionales y
políticas también se articulan en torno a la inmediatez, focalización y el corto plazo, desconociendo
los procesos más profundos de desigualdad que generan y perpetúan la movilidad humana. Como
veremos más adelante, las respuestas de los estados latinoamericanos a la migración en contextos de
crisis de la población venezolana han oscilado entre la inmediatez, con medidas excepcionales que
garantizan relativa seguridad jurídica por tiempo determinado –y breve, por lo general– y las
respuestas más consolidadas que otorgan garantías para la residencia permanente y habilitan procesos
de reunificación familiar y –con ellos– un marco digno para la planificación de las trayectorias de
vida en el contexto de acogida.

Respuestas de los sistemas de gestión de la movilidad regional. Entre la desprotección y la


seguridad jurídica
La respuesta de los estados a esta migración se ha articulado desde un escenario normativo en
transición. En los años transcurridos del presente siglo diversos países latinoamericanos han
experimentado un viraje jurídico al adoptar el enfoque de derechos humanos en sus marcos
regulatorios, particularmente, en los migratorios. Varios de ellos han incorporado los tratados
internacionales del derecho internacional de los derechos humanos en sus constituciones nacionales y
han reformado o sancionado nuevas leyes de migración e incluso marcos legales específicos, como
leyes comprensivas y expansivas para la población refugiada (Berganza, Blouin y Freier, 2018). De
manera que, en general, en muchos países de la región latinoamericana se cuenta con un marco
normativo y con políticas públicas relativamente favorables a la población migrante y al pleno
ejercicio de sus derechos. Sin embargo, aunque muchos de los avances que se evidencian en el
terreno de su positivización y reconocimiento formal son sustantivos, aún persisten desafíos
relacionados con la superación de la brecha que existe en su implementación ( OIM, 2009, 2018). Por
su parte, en otros países de la región, aún perdura una visión criminalizante de la migración, con
marcos jurídicos promovidos en épocas dictatoriales. A estos dos conjuntos de situaciones en materia
de protección se suman aquellos que, habiendo experimentado importantes avances jurídicos, los
han revertido mediante decretos u otras modificaciones. Así, en América Latina también han tenido
lugar retrocesos reales en la construcción multilateral de una agenda migratoria basada en el respeto
de los derechos humanos (Cerrutti, 2014).
La migración venezolana en contextos de crisis ha optado por dirigirse, entonces, a una región que
aún procesa una compleja transición –que incluye avances y retrocesos– de su política migratoria,
poniendo a prueba marcos normativos aperturistas que dicha transición ha ido instalando (Ceriani,
2018; Freier y Parent, 2019). Las respuestas dirigidas a garantizar la seguridad jurídica de las
personas migrantes venezolanas han sido múltiples y se mueven entre los dos planos no excluyentes
de (i) una matriz de respuesta institucional compleja y estable –anterior a la masificación del flujo
venezolano– y (ii) otra matriz de orden adaptativo, signada por la emergencia de instrumentos
excepcionales dirigidos a regularizar y ordenar el asentamiento y tránsito de los migrantes
venezolanos (Betts, 2014).
Comenzaremos por describir los marcos normativos vigentes para la gestión de la migración
internacional que forman parte de lo que Betts (2014) define como “régimen complejo” del
gobierno de la migración en crisis. Seguidamente discutiremos aquellas medidas excepcionales
adoptadas por algunos países de la región para atender a la migración venezolana, a las que valoramos
como respuestas adaptativas.

Respuestas desde el “régimen complejo” y su transición en curso

En el año 2003, tras la promulgación de la Ley de Migraciones N° 25.871*, Argentina inaugura un


ciclo de cambios normativos en la región. Con una retórica de la movilidad internacional con
enfoque de derechos humanos, es la primera legislación nacional en el mundo que reconoce a la
migración como un derecho humano (Acosta y Feline, 2015). Posteriormente se suman a este
proceso de reformas legislativas Colombia (2004), Ecuador y Uruguay (ambos en 2008). Desde
entonces todos los países que aquí se consideran como contextos de acogida de la migración
venezolana han aprobado o modificado las leyes que rigen la gestión migratoria sobre entrada,
permanencia y asilo. Con algunas excepciones –como en el caso de República Dominicana, Chile o
Paraguay– y en algunos casos solo de forma parcial, estas modificaciones han integrado las garantías
para el acceso igualitario –con independencia de la condición migratoria– al debido proceso en el
marco de los procedimientos migratorios y al ejercicio de los derechos de salud, educación, y
seguridad social. Dichas transformaciones posicionaron a la región a la vanguardia de una era de
legislaciones migratorias más próximas al enfoque de derechos humanos, a pesar de que muchos
como Ecuador, Perú, Chile o República Dominicana –por citar solo algunos ejemplos– aún no han
dejado total ni parcialmente los marcos normativos sustentados sobre doctrinas de seguridad
nacional –algunos incluso aprobados en dictadura–. Sobre las causas de esta transición, se ha argüido
que su retórica primero y su traducción normativa después, emergieron durante un periodo de fuerte
emigración extrarregional en dirección a España y Estados Unidos –en contraposición a las medidas
proteccionistas del bloque europeo y Estados Unidos, al tiempo que se manifestaron como reformas
legislativas durante la ola de gobiernos progresistas de izquierda (Acosta y Feline, 2015; Ceriani y
Freier, 2015).
Si bien la mayoría de los países de la región siguieron esta tendencia, es difícil valorar en qué
medida unos países han avanzado más que otros porque existe una amplia heterogeneidad en cuanto
a la jerarquía jurídica de los instrumentos adoptados, el grado de implementación conseguido, y la
ocurrencia o no de retrocesos recientes en el orden discursivo y administrativo. En primer lugar,
Argentina (2003), Bolivia (2013), Ecuador (2008, 2017), Uruguay (2008), Perú (2017) y México
(2011) han procesado estas transformaciones sobre la base de leyes migratorias integrales que
representan instrumentos más estables y de mayor rango dentro de la jerarquía del orden jurídico.
En cambio, otros como Colombia, han modificado articulados específicos dentro de legislaciones
aún vigentes. En segundo lugar, a la diversidad de instrumentos jurídicos se agrega la heterogeneidad
derivada de los modos y el tempo de la implementación. Argentina o Uruguay llevan casi un lustro de
implementación de los instrumentos normativos, mientras que otros países, como Perú, Ecuador o
Brasil apenas inician camino en este sentido. El caso de Ecuador es especialmente notorio pues se
trata de un país pionero en el proceso aperturista desde la reforma constitucional de 2008; sin
embargo, la Ley Orgánica de Movilidad Humana no se aprueba hasta 2017 y aún se trabaja en su
implementación.
Por último, en varios de los países que mostraron cierto grado de avance también se han verificado
retrocesos en materia de disposiciones administrativas y de narrativas que coinciden con el giro
político ideológico que dio la región en el último bienio. Por ejemplo, en un regreso hacia la
perspectiva de la seguridad nacional, el 30 de enero de 2017 el gobierno argentino del presidente
Mauricio Macri aprobó el Decreto Nacional de Urgencia, donde se redirecciona el marco normativo
vigente hacia una orientación centrada en el control y la criminalización de la migración, con
restricciones a los derechos de las personas migrantes obtenidos en la Ley 25.871 (2004). Sin
embargo, en este nuevo contexto regresivo y mientras se agudizaron los enfrentamientos políticos
entre este gobierno y el venezolano, el primero aprovechó las circunstancias para hacer un gesto
político favorable al colectivo venezolano promoviendo una serie de disposiciones dirigidas a
simplificar los trámites de residencia y homologación de titulaciones profesionales. Otro ejemplo
corresponde al caso de Chile. En este país aún rige la normativa aprobada durante la dictadura de
Augusto Pinochet, y el avance hacia marcos basados en el enfoque de derechos ha sido mínimo,
restringiendo a una serie de disposiciones adoptadas en el gobierno de Michelle Bachelet. La más
importante de ellas corresponde al año 2015 cuando se creó por vía administrativa la figura de visa
temporaria por motivos laborales que permitía entre otras cosas trabajar o estudiar durante su
vigencia, firmar un nuevo contrato cuando finaliza el vigente sin pedir una nueva visa, y reducía a un
año el tiempo de permanencia requerido para pedir la permanencia definitiva. Pero estas
prerrogativas fueron eliminadas tras el cambio de gobierno, con la asunción del actual presidente
Sebastián Piñera, quien dispuso la eliminación de dicha visa por motivos laborales, argumentando
que promovía la proliferación de contratos falsos y restringía indirectamente las condiciones de
negociación salarial y de condiciones laborales a los trabajadores migrantes que vuelven a ver su
derecho a la residencia atado a la tenencia o no de un contrato de trabajo. Por último, un tercer caso
de avance e inmediata regresión es el de Brasil. En el año 2017 se aprueba la nueva Ley de Migración
13,445 de 2017, donde se incorpora la perspectiva de derechos y se promueve explícitamente el
combate a la xenofobia y discriminación. Sin embargo, tras su asunción, el Presidente Temer puso
en riesgo la implementación de dicha ley vetando varios de sus artículos y aprobando el Decreto
9.199 de 2017 que representa una implementación parcial de la nueva ley donde, por ejemplo, se
eluden artículos como los que consagran la expedición de visados y permisos de residencia por
razones humanitarias.
Aún no está claro si estas contramarchas iniciarán un camino regresivo o si son medidas
coyunturales de corte populista conservador dentro del conjunto de los países de la región que
hemos considerado en esta obra, pero hay tres casos donde el avance de la transición identificada en
la última década es nulo o muy tímido. En el caso chileno las propias marchas y contramarchas hasta
aquí reseñadas se han dado exclusivamente en el plano administrativo, manteniéndose hasta ahora
sin cambios la legislación migratoria. Recién en abril de 2018 ingresó a discusión parlamentaria el
proyecto de Ley de Migraciones que busca terminar con el Decreto Ley Nº 1094, de 1975
promulgado en dictadura.
En Paraguay o en la República Dominicana las características de las transformaciones normativas
ocurridas en los últimos años no permiten incluir a estos países dentro de la transición hacia una
gobernanza de la migración con enfoque de derechos. Por ejemplo, si bien en 2009 con la Ley 3958
Paraguay flexibiliza las condiciones de acceso a la residencia permanente de los ciudadanos de
Estados parte del MERCOSUR, aún persisten fuertes restricciones para el acceso a la residencia precaria o
temporal y permanente entre los ciudadanos que no pertenecen a los países de este bloque –o que
como en el caso de Venezuela fueron expulsados. Algunos de estos requisitos –elitistas– definen
umbrales mínimos de capital educativo o económico. En el caso de la República Dominicana, en
2004 se aprueba La ley de Migraciones 285 que clasifica a los inmigrantes indocumentados como
migrantes “en tránsito” privando a sus hijos nacidos en la República Dominicana de ejercer el
derecho a la ciudadanía. En 2011, con la reglamentación de dicha ley se dificulta aún más la
obtención de un estatus legal a los inmigrantes que permanecen en el país vencido el visado de turista
o el periodo de estancia autorizado
Más allá de los marcos normativos que regulan la entrada y permanencia en el país a través de las
figuras de residencia, la gobernanza migratoria de la región también se sustenta en las legislaciones de
asilo, que asimismo han cursado una transición sustantiva durante los años noventa con reformas y
promulgación de leyes integrales. A finales del siglo pasado varios de los países de la región carecían
de legislaciones domésticas sobre dicha figura jurídica, pero en los últimos años América Latina ha
sido destacada como líder mundial en materia de protección de refugiados con enfoque de derechos
humanos (Freier, 2015). En una región donde las experiencias de acogida de víctimas del conflicto
armado y persecución política ha sido la norma, el giro hacia una migración en crisis como la
venezolana, donde son las condiciones de vulnerabilidad las que motivan la emigración, representa
una prueba de fuego y una primera oportunidad histórica para la utilización de los marcos de
protección internacional de esta región.
Aquí argüimos que la salida de población venezolana conjuga motivaciones múltiples, que abarcan
desde la búsqueda de una mejor calidad de vida hasta la huida por un deterioro generalizado de las
condiciones de vida en todos los estratos socioeconómicos (Prieto, 2018). El desafío de la
implementación del sistema de protección y de asilo vigente en los contextos de acogida se dirime en
el terreno de la definición de refugiado que necesariamente lleva a discutir si las causales mencionadas
ameritan o no el reconocimiento de tal condición.
América Latina ha adoptado una definición amplia de refugiado (Declaración de Cartagena, 1984
[ACNUR, 2019]) y varios países la han ido incorporando progresivamente a sus legislaciones: se trata
de una definición que tiene como objetivo proporcionar protección frente a riesgos situacionales o
grupales, es decir, se requiere demostrar la existencia de un riesgo que no debe ser necesariamente
individual. De manera que la definición tiene el espíritu de ser aplicada de manera masiva y no solo
individualmente (Berganza, Blouin y Frerier, 2018). Sin embargo, en la mayoría de la región no se
aplica tal definición, y ello a pesar de haber adherido a la Declaración, en algunos casos haber
incorporado la definición a sus legislaciones domésticas e incluso a pesar de las recomendaciones
emitidas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), orientadas a
garantizar los procedimientos de determinación de la condición de refugiado y de adoptar una
definición amplia (ACNUR, 2018b). El único país que la ha puesto en práctica ha sido México,
específicamente con la llegada de personas venezolanas al país, para quienes las tasas de aceptación
son muy altas –no ocurre lo mismo en relación al tipo de definición y las tasas de aceptación con
otros colectivos, como el centroamericano.

Las medidas excepcionales y las prerrogativas para la población venezolana

Más allá del marco de respuestas que se dieron desde el régimen general de gobernanza migratoria,
varios países latinoamericanos dieron respuesta a la recepción del éxodo venezolano mediante la
creación y adopción de acciones y medidas específicas. Esto constituye un rasgo distintivo de la
manera en que la región ha reaccionado a este inusitado flujo. Sin duda, una primera apreciación de
ello es valorar positivamente la rápida disposición (y la acción) por parte de varios países para tomar
riendas en este nuevo patrón migratorio. Sin embargo, ello también tuvo lugar en algunos contextos
en donde posiblemente no hubiera sido necesaria su creación, en virtud de que disponen de
categorías jurídicas que permiten el otorgamiento de visas de residencia y la regularización de esta
población.
Colombia, Brasil, Perú y Chile exhiben experiencias similares en la adopción de formas
alternativas de residencia y regularización. En los cuatro casos se adoptaron medidas que requirieron
ajustes y modificaciones sobre la marcha, conforme el fenómeno fue evolucionando; y a pesar de la
disposición a generar estas medidas ad hoc para esta población, también existieron intentos por
implementar medidas restrictivas, a modo de barreras o frenos al ingreso –como la exigencia de
pasaporte–, que finalmente revocaron o no llegaron a implementar.
En Perú, a pesar de disponer de categorías migratorias y de una multiplicidad de respuestas en la
normativa peruana en general (Blouin y Freier, 2019), se optó por crear una categoría jurídica
específica para la población venezolana. Este grupo nacional no figuraba en las estadísticas en 2012,
mientras que para 2017, una cuarta parte de la población extranjera que ingresó al país desde 1990
es de origen venezolano, dinámica que implicó un cambio en su saldo migratorio históricamente
negativo a positivo. A inicios de 2019, se contabilizaron más de 600 mil personas venezolanas en
dicho país.
La norma migratoria peruana (Decreto Legislativo de Migraciones 1350) aunque está basada en el
control migratorio, tiene algunas disposiciones novedosas: entre ellas una visa humanitaria. Sin
embargo, no se ha reglamentado. Ello es reflejo de que en la nueva política migratoria (Decreto
Supremo Nª015-2017-RE, 2017) se evidencia una tensión entre paradigmas: la promoción de los
derechos humanos y una visión proteccionista del Estado.
Perú dispone de opciones para regularizar y otorgar estancia a la población migrante. Sin embargo,
optó por generar una herramienta específica para la población venezolana: un Permiso Temporal de
Permanencia (PTP) por un año. Este permiso se creó por Decreto en enero de 2017 y aplica para
personas venezolanas que hubieran entrado antes de febrero de ese año. El devenir de la dinámica
migratoria venezolana hizo que se tuviera que ampliar este plazo en tres ocasiones más, con decretos
publicados en julio de 2017, enero de 2018 y agosto de 2018. El procedimiento para la obtención
del PTP se ha vuelto largo, con seis meses en promedio de espera. A modo de subsanar esta situación,
se optó por la creación del Acta de Permiso de Trabajo Extraordinario-Provisional, un documento
que les permite a los solicitantes de PTP, durante 60 días renovables de forma automática.
El PTP es un documento de identidad emitido por Migraciones. A diferencia de otras calidades
migratorias, no es una autorización de permanencia, por lo que quienes la poseen no son
considerados residentes y no pueden obtener el carné de extranjería.
El caso peruano presenta semejanzas con lo acontecido en Colombia. Su marco normativo vigente
sobre extranjería es reciente (Decreto 1067, 2016 y Resolución 6045, 2017) y no se inscribe en el
enfoque de derechos humanos, en su lugar otorga amplias potestades discrecionales a las autoridades
migratorias. Posiblemente por este enfoque, que no incluye mecanismos de regulación del estatus
migratorio, el gobierno optó por la creación de dos instrumentos para atender la llegada de la
población venezolana, al ser el país latinoamericano con mayor cantidad de personas de este origen: el
Permiso Especial de Permanencia (PEP) y la Tarjeta de Movilidad Fronteriza ( TMF). El PEP tiene una
vigencia de 90 días, prorrogables por dos años. En una primera ocasión contemplaba el ingreso hasta
julio 2017, posteriormente se modificó a febrero de 2018. La TMF se creó con otros fines: el de
regular el tránsito por el territorio, y aunque dejó de expedirse en febrero de 2018, en noviembre de
2018 se dispuso su otorgamiento de nueva cuenta. Adicionalmente, el gobierno colombiano
también dispuso la creación del Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos ( RAMV) (Decreto
0542, 2018), cuando el PEP se encontraba vencido y dispuso tres periodos de regularización.
También al igual que el caso peruano, el PEP colombiano es un documento de identidad que
permite la permanencia temporal de la población venezolana en el territorio y, en el mismo sentido,
las medidas excepcionales tenían plazos que debieron modificarse en el devenir del proceso.
En Brasil, por su parte, desde 2016 se implementaron múltiples medidas de distinto orden: ley,
disposiciones administrativas, resoluciones judiciales que facilitan u obstaculizan el flujo, su
asentamiento o distribución dentro del territorio. La particularidad de este contexto ha sido la
recepción de población venezolana en condiciones vulnerables –en eso se asemeja al caso
colombiano– que se asentó prioritariamente en Roraima, estado brasileño que hace frontera con
Venezuela. Por ello, implantó un grupo de trabajo, coordinado por el Ministerio de la Defensa,
firmó acuerdo de cooperación con ACNUR para el desarrollo de nuevos alojamientos, inició una
campaña de vacunación de los venezolanos en Roraima y puso en marcha el Programa de
interiorización, que busca trasladar de manera voluntaria a las personas venezolanas varados en la
zona fronteriza al interior del territorio brasileño.
En términos de regularización y condición de estancia, reeditó una nueva resolución normativa
para conceder visado de residencia temporal y, en marzo de 2018, dispuso una medida por la cual
las personas venezolanas podrían, luego de dos años de estancia temporal, acceder a la permanente.
En abril de 2018, el gobierno de Chile creó la Visa de Responsabilidad Democrática, que se
tramita en origen y es por tanto una visa consular orientada específicamente a la población
venezolana, con una vigencia temporal por un año, prorrogable por otro año más; aunque permitirá
solicitar la residencia definitiva, no queda claro cuánto tiempo debe pasar. Sin embargo, dos meses
después de su creación, en virtud de la importante llegada de originarios de Venezuela, se
incrementaron los requisitos para su obtención. A la fotografía y certificado de antecedentes penales
con vigencia de 90 días, se le suman los siguientes: se debe hacer por internet antes de ingresar al
territorio, no se acepta el pasaporte venezolano provisional –el pasaporte venezolano deberá tener una
vigencia mínima de 18 meses al momento de ingresar la solicitud–, a los menores de edad se les pide
el acta de nacimiento apostillada por el Ministerio de Relaciones Exteriores con código de validación.
Ello ha incrementado notablemente la dificultad para conseguir los requisitos establecidos, al tiempo
que existe mucha confusión en la implementación de esta visa, ya que su aprobación no elimina el
anterior procedimiento de entrar como turista para después solicitar una visa temporal.
El resultado de estos nuevos requisitos redunda en una tasa de aprobación cada vez más baja, un
alto número de rechazos, producto probablemente de las dificultades para obtener los documentos
requeridos y el incremento en los costos totales, ya que cada trámite requiere el pago a gestores.
Una mirada de conjunto a los cuatro casos permite apreciar similitudes y diferencias:
a. Costos: en Colombia y Brasil los trámites para los permisos son gratuitos –en este último caso
no era gratuito, pero al serlo, las solicitudes incrementaron sustancialmente–, mientras en Perú y
en Chile rondan los 12 y 30 dólares, respectivamente.
b. Requisitos: en Chile se exige haber ingresado de manera regular, en Colombia también, aunque
existe una alternativa para que la población irregular acceda y es haberse registrado en el RAMV, en
los dos primeros PTP en Perú se exigía ingreso regular mientras que los PTP 3 y 4 contemplan la
posibilidad de su obtención a quienes experimenten irregularidad devenida, en Brasil no es
requisito el ingreso regular. En Chile se exige la posesión de pasaporte al igual que en Colombia –
excepto para quienes aparecen en el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos, RAMV–,
mientras que en Perú y Brasil no. En Chile se exige el certificado de antecedentes penales, en Perú
también, pero se realiza desde ese territorio, en las oficinas de la Interpol, mientras que en
Colombia y Perú no se requiere.
c. Población objetivo: en todos los casos, excepto en Brasil, se delimitó la población venezolana que
podía acceder a estos permisos con base en las fechas de ingreso –y algunos requisitos adicionales
ya mencionados– una situación que debió reformularse en varias ocasiones, con el devenir de la
afluencia de venezolanas y venezolanos a cada contexto.
d. Acceso a derechos: Perú (trabajo), Colombia (trabajo, salud, educación).
Otro conjunto de países administró algunas medidas y disposiciones que, si bien no implican
nuevas categorías jurídicas, como tampoco medidas administrativas o procesos de regularización
especiales, fungieron como prerrogativas hacia la población venezolana. Tal es el caso de Argentina,
Ecuador y Bolivia.
En el caso argentino, se sancionó una serie de disposiciones especiales que fueron aprobadas tras la
expulsión de Venezuela del MERCOSUR (Disposición 594/2018, de la Dirección Nacional de
Migraciones, DNM) con la finalidad de agilizar los trámites de residencia, la Resolución 230-E/2018,
que permite la convalidación de credenciales educativas de personas venezolanas mediante
procedimiento unificado en virtud de la cantidad de trámites recibidos, incluso sin la existencia de
un convenio entre ambos países; y la Resolución 232-E/2018, que asegura acceso al sistema
educativo, a partir del establecimiento de un tratamiento preferencial en los trámites administrativos
de reconocimiento de estudios de la educación obligatoria y otras prerrogativas, como la no exigencia
de documentación probatoria sobre estudios aprobados.
En Bolivia, por su parte, se plantean tres requisitos para poder obtener la regularización: tener
certificado de no antecedentes penales de la interpol, del Registro Judicial de Antecedentes Penales,
REJAP y algún documento del país de origen, puede ser también certificado de nacionalidad o
pasaporte vencido, pero con sello del consulado. Esta flexibilidad en los requisitos es favorecedora a la
población venezolana. Sin embargo, a pesar de que existe una amnistía para toda la población
extranjera a fin de regularizar su situación, el periodo estipulado es de un año y aunque se condonan
multas, el costo del trámite es de alrededor de 155 dólares.
Ecuador, por su parte, desde 2010 combina medidas específicas para los y las venezolanos con
políticas generales hacia la población sudamericana. Existen al momento varios tipos de visados al
que accede la población venezolana. En primer lugar, está el Estatuto Permanente Ecuador-
Venezuela (visa 12-XI) que se instaura a través de un convenio firmado por los dos países en 2010 y
existe ahora. Se trata de una visa de trabajo con un costo de 450 dólares. Hasta 2016 este fue el
camino que tomaron la mayoría de migrantes venezolanos que no accedían a una visa profesional.
Con la promulgación de la Ley Orgánica de Movilidad Humana, en febrero de 2017, que establece
condiciones preferenciales para las personas provenientes de países que han firmado el acuerdo
UNASUR, entra en vigor la llamada Visa Unasur. Se trata de una visa temporal de dos años, renovable
por un periodo adicional que no requiere demostrar permanencia laboral ni ingresos, a diferencia de
la visa 12.XI. Desde esa fecha la gran mayoría de venezolanos han aplicado a la visa UNASUR para
regularizar su situación. Aunque se concibe como una visa preferente respecto a otras nacionalidades,
existe otra visa a la que no acceden los ciudadanos venezolanos que es la Visa Mercosur. Esta visa
favorece a ciudadanos de 8 países y no incluye Venezuela con el argumento de que ese país ya no
forma parte de Mercosur. A través de acuerdos bilaterales, los ciudadanos provenientes de Colombia,
Perú y Paraguay acceden a la visa Mercosur a un costo preferencial de 50 dólares americanos. Es
decir, en la práctica, mientras los ciudadanos colombianos, el primer grupo extranjero asentado en
Ecuador, obtienen una visa temporal de trabajo por 50 dólares, la población venezolana debe pagar
250 dólares por una visa con condiciones similares. En marzo de 2019 el presidente de Ecuador
tomó la decisión de salir de UNASUR bajo el argumento de la escasa utilidad del bloque regional. Este
proceso tomará varios meses para efectivizarse y se han empezado conversaciones para ver qué ocurre
con la visa UNASUR.
El cumplimiento del derecho humano al asilo en la región
Tal como hemos explicado previamente, en los últimos años se transformaron varios marcos
normativos domésticos en la región sobre el derecho de asilo. No obstante, respetar realmente este
derecho significa, no solo tenerlo incorporado en las legislaciones nacionales, sino también respetar el
derecho a solicitarlo por parte de cualquier persona, garantizar el debido proceso, así como el
principio de non refoulement, proporcionar una recepción digna, lo que supone garantizar un
conjunto de derechos (estipulado en el estatuto de refugiados). Es decir, se trata de garantizar el
derecho de asilo y no su vaciamiento (De Lucas, 2017).
Todos los países de la región que fueron contemplados en esta investigación, con excepción de
República Dominicana, incorporaron la definición ampliada de refugiado en sus legislaciones
domésticas, como marcos jurídicos, autónomos e independientes de la materia migratoria y de
población. Su incorporación inició en los años noventa y continuó hasta la actualidad: Argentina
(1998, 2006)2; Bolivia (1996, 2005, 2012)3, Brasil (1997)4, Colombia (2002 y 2013)5, Chile
(2010)6, Ecuador (1992 y 2017)7, México (1990 y 2011)8, Paraguay (2012)9, Perú (2002)10 y
Uruguay (2006)11.
Sin embargo, a pesar de este sustantivo avance regional en la positivización del derecho al asilo, con
normativas mayoritariamente progresistas y con definiciones ampliadas para la tutela de los derechos
de las personas solicitantes de asilo y refugiadas, se han dado pasos muy tibios en su implementación,
lo que con la llegada del éxodo venezolano se hizo evidente. En la mayoría de los casos, la poca
experiencia previa junto a la llegada masiva de flujos, sumado a instituciones débiles encargadas de su
implementación, hicieron que en la región se hablara del colapso del sistema de asilo.
No obstante, este denominado colapso tuvo distintas manifestaciones. En algunos casos ha sido
deficiente el proceso de aplicación; en otros, a pesar del seguimiento idóneo del procedimiento, las
instituciones no han tenido la capacidad material para procesar la magnitud de solicitudes recibidas;
otras experiencias manifiestan que las deficiencias se dan en el terreno de la interpretación,
argumentación y aplicación, propiciando no solo demoras sino altas tasas de rechazo; finalmente,
posturas políticas afectaron la posibilidad de acceder a este derecho.
Tal y como otros trabajos lo reconocen (Observatorio de Protección Internacional, 2019), México
no solo tiene una legislación progresista en materia de derecho de asilo, sino que, para el caso de la
población venezolana, la ha implementado prácticamente en todos los casos sustentada en la
definición amplia (Selee et.al, 2019). El número de solicitudes de la condición de refugiado por
parte de la población venezolana en México se incrementó significativamente en los últimos años. De
acuerdo con datos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR, 2018), en el año 2016
se ubicó en el cuarto lugar (361 solicitantes), después de Honduras, El Salvador y Guatemala. En
2017 se llegó al segundo lugar (4,042 casos), concentrando 28% de las solicitudes, lugar que
mantuvo en 2018 (4,249 solicitudes).
México fue el primer país latinoamericano en adoptar la definición ampliada de refugiado en su
legislación (Cartagena), incluso antes que la definición universal (Ginebra). Primero, en 1990 en el
cuerpo normativo de la Ley de Población y posteriormente, en 2011 al promulgarse la Ley
específica, donde ya se incorporan ambas definiciones.
Las tasas de rechazo de las personas venezolanas que presentaron solicitudes hasta inicios de 2018
han sido muy bajas y en gran medida se ha respetado la definición ampliada de refugiado12 lo que
exenta a la población solicitante de justificar una persecución individual. Cabe agregar que el respeto
de la definición ampliada de refugiado que se ha aplicado a la población venezolana no corre la
misma suerte cuando se trata de otros grupos migrantes, como el centroamericano). Desde entonces,
el sistema comenzó a colapsar por la cantidad de solicitudes, haciendo que la demora en el
procedimiento exceda con creces los tiempos estipulados por la ley (actualmente la resolución de los
trámites demora al menos ocho meses).
Los requisitos durante el procedimiento exigen la permanencia en el estado (entidad federativa) en
el que se realizó la solicitud, así como asistir una vez a la semana a firmar a la COMAR. Se trata de dos
restricciones que tienen una afectación muy alta a una población que ya se encuentra vulnerada,
fundamentalmente en la consecución de trabajo: no pueden aceptar ofertas fuera de la entidad y la
exigencia de la firma (en horario laboral) los confina a nichos de trabajo informales y en condiciones
precarias. En definitiva, aunque a mediano o largo plazo dicho procedimiento otorgará mayor
seguridad jurídica, durante el proceso los coloca en un amplio margen de inseguridad y precariedad
(Gandini, Lozano y Alfaro, 2019).
Perú, por su parte, es el país que más solicitantes de la condición de refugiado de origen
venezolano ha recibido y, además, se trata del destino a nivel global que concentra la mayor cantidad
de solicitantes provenientes de un solo país: cerca de 167,238 personas de origen venezolano hasta el
25 de enero de 2019. Estas personas deberían ser reconocidas bajo la definición amplia de
Cartagena, haciendo efectivo su marco protector, ya que incorporó su definición en 2002 en la Ley
Nº27891 “Ley del Refugiado” y en su Reglamento en 2003. Sin embargo, esto no ha ocurrido.
Entre 2014 y 2017 Perú solamente resolvió 971 casos (de los cientos de miles que hay esperando) y
de ellos, solo fue reconocida una cuarta parte (239 casos). La situación en Brasil es semejante: las
solicitudes han incrementado notablemente a pesar de existir un gran desconocimiento por parte de
la población venezolana, que llega al país, al ser Brasil junto con Colombia y Ecuador a donde arriba
la población en mayor condición de vulnerabilidad. En 2017, las solicitudes de personas venezolanas
representaban poco más de la mitad del total (33,866) y una tercera parte de las que estaban en
trámite. Sin embargo, al igual que en el caso peruano, se constata un bajo nivel de aprobación de las
solicitudes de refugio y se evidencia que la respuesta institucional por parte del Estado brasileño no
condice con el ritmo de su crecimiento: en la actualidad, prácticamente todas las solicitudes
efectuadas desde 2016 continúan en trámite (Zapata y Cuervo, 2019). Además, no se está utilizando
la definición ampliada para dar respuesta a las personas de Venezuela, como tampoco se hizo
anteriormente en el caso de las personas haitianas, que también huían de condiciones de vida
degradantes. Esta posición quedó formalizada en una Resolución del Consejo Nacional de
Inmigración de 2017, que permitió al Comité Nacional para los Refugiados (CONARE) negar el
estatus de refugiado a las personas migrantes que no se ajustan a la definición contenida en la
Convención de 1951 y al Protocolo de 1967, sin embargo, le permite reconocer que el solicitante de
asilo rechazado pueda permanecer en Brasil por razones humanitarias.
Colombia, el país de la región que más personas venezolanas ha recibido coincide con ser el
contexto donde menos solicitudes de condición de refugiado se han presentado y resuelto. En 2015
se procesaron 82 solicitudes, incrementándose a 212 para el año 2016, 575 para el año 2017, y 709
para el año 2018 (al 30 de junio). De ellas, se reconocieron 12 en 2015 (14.6%), 4 en 2016
(1.9%), 18 en 2017 (3.1%) y solo 3 (0.4%) para el primer semestre de 2018. Así, es claro que la
mayoría de las solicitudes son negadas, predominando la exigencia de demostrar persecuciones
directas, más enmarcadas en los términos de la Convención del 51 sobre el Estatuto de los
Refugiados, ignorando el tenor de la normativa interna, sustentada en la definición de Cartagena
(Cabrera, Cano y Castro, 2019). La situación en Chile es semejante, las barreras no solo se han dado
en los procesos burocrático-administrativos para las solicitudes de visa, sino que han operado en el
derecho de asilo, con una muy baja tasa de reconocimiento. A ello se agrega el establecimiento de una
entrevista de pre-admisibilidad que en la práctica se convierte en un primer filtro que termina por
desincentivar la solicitud de asilo por parte de las personas venezolanas (Stefoni, Silva y Brito, 2019).
En Ecuador, entre 2009 y el 2010 se aplicó una política de registro ampliado con la finalidad de
otorgar dicha figura a la población colombiana residente en el país con necesidad de protección
internacional que consistió en procesar las solicitudes de refugio en la zona de frontera y no
solamente en la capital con la finalidad de facilitar el proceso. Con dicha política se regularizó la
mitad de la población refugiada colombiana residente actualmente en el país: 30,000 personas
(Herrera y Cabezas, 2019). Sin embargo, este antecedente hasta el momento no ha sido tomado
como una buena práctica para agilizar y desconcentrar los procesos de regularización de la población
venezolana.
Los casos de Argentina y Uruguay difieren de los precedentes, en virtud del acuerdo de residencia
del MERCOSUR que permite a la población venezolana obtener su residencia temporal o permanente,
de manera relativamente fácil, evitando las limitaciones que impone la obtención del reconocimiento
de la condición de refugiado –entre ellas, la permanencia en el país donde se otorga– pero también el
estigma que para algunas personas supone, en particular para la población más selecta –que coincide
en general con el perfil que han recibido estos países–, tal como muestran en el capítulo de este libro
Gandini, Lozano y Alfaro. Este mismo patrón se observa en Paraguay, en donde quienes apelaron al
derecho de asilo fueron quienes sufrieron hostigamiento político en Venezuela y quienes no
disponían de los medios para tramitar la residencia, también valorado como último recurso por su
asociación a significados de huida o fuga.
El caso boliviano expresa cómo el cumplimiento del derecho al asilo se ve afectado no solo por la
definición normativa e institucional, sino también por la voluntad política de las autoridades
gubernamentales. Debido a la cercanía de signo político con el gobierno de Venezuela, “se
desconoce” la situación de crisis experimentada por aquel país y en su lugar se clasifica a las personas
venezolanas como “migrantes económicos”, que se mueven del país por una mejora en su calidad de
vida. Similar situación es la experimentada en República Dominicana en cuanto a la postura con
respecto al reconocimiento de una crisis humanitaria o situación de violencia generalizada y violación
masiva de derechos humanos, al tiempo que el otorgamiento de la condición de refugiado en el país
ha sido muy escaso (Mejía y Viloria, 2019).
En síntesis, aunque domina la incorporación en la normativa de la definición ampliada de refugio
en la región, solo se constata su aplicación extendida en el caso mexicano. Con independencia de esta
situación, en todos los casos donde se realiza el procedimiento de solicitud, los sistemas burocrático-
administrativos se han visto colapsados y en varios casos, las tasas de aceptación son bajas. En
México, donde prácticamente todas las solicitudes son aceptadas, el proceso es complicado, con
requerimientos que no siempre se pueden cumplir por la falta de recursos (de tiempo y dinero), al
tiempo que se han comenzado a observar otras estrategias implementadas para desestimar el
procedimiento.
Con todo, las dificultades de las normas, los problemas y limitaciones en su aplicación, así como el
colapso por el real desborde debido a los volúmenes para los cuales los sistemas de asilo no están
preparados y no cuentan con experiencia previa, América Latina ha respondido como nunca antes, y
hoy es observada por el resto del mundo como una región que ha dado un paso al frente.

Logros y desafíos presentes y futuros en la implementación de las políticas y acciones


migratorias regionales
En la todavía escasa literatura sobre el tema, existe un amplio reconocimiento en que los países de
América Latina han sido generosos con la recepción de población venezolana, de acuerdo con los
estándares internacionales. A pesar de su creciente volumen, la mayoría de los países se inclinan por
una política de puertas abiertas (Freier y Parent, 2019; Selee et al., 2019). No obstante que dicha
orientación ha prevalecido en la región, con el devenir del flujo migratorio masivo desde Venezuela,
la presencia de reacciones xenófobas en la población y la inexperiencia en muchos casos para manejar
estos inusitados niveles de movilidad humana, ha llevado a constantes redefiniciones de la política en
prácticamente todos los países. Los diversos capítulos que componen este libro apoyan la idea de que
los marcos jurídicos e institucionales en América Latina –aun aquellos que han sido recientemente
transformados y mejorados– manifiestan limitaciones en su capacidad para acomodarse a aquellos
que requieren protección, tal como sucede en situaciones migratorias denotadas por causa de las crisis
(Martin, et al., 2013).
El gran reto para los países receptores de población venezolana en la región latinoamericana es
convertir esta coyuntura migratoria en una oportunidad para desarrollar, innovar y poner en práctica
políticas migratorias de largo plazo, que evite que esta población caiga en situaciones de irregularidad,
al ofrecer opciones de residencia y de seguridad jurídica menos temporal y más permanente. De no
actuar con esa visión de mediano y largo plazos, existe el peligro de que se agudicen los problemas
derivados de la llegada masiva de migrantes, es decir, que los estados se vean rebasados por la
coyuntura. Los riesgos son mayúsculos. Respuestas circunstanciales o sólo asistenciales, sin ofrecer
seguridad jurídica de más largo plazo, puede derivar en acciones orientadas al rechazo, la no
aceptación, devolución y deportación de población venezolana, lo que indirectamente podría
alimentar situaciones de xenofobia y otras conductas anti-inmigrantes que desafortunadamente han
aparecido en muchos contextos de llegada durante la presente coyuntura.
Otro de los desafíos que deja planteado a la región latinoamericana la reciente migración de
venezolanos tiene que ver con su grado de preparación para la recepción de flujos de calificación
media alta y alta. La alta calificación de la migración venezolana es recurrente en todos los capítulos
de esta obra, especialmente en aquellos que tratan contextos de acogida no fronterizos; y es también
en algunos de ellos −especialmente en los que tienen mercados de trabajo más formalizados− donde
surge la preocupación de los entrevistados profesionistas por el ejercicio de su profesión. Las
condiciones institucionales necesarias para asegurar la traducibilidad de las credenciales educativas es
una materia pendiente en América Latina incluso dentro de espacios de integración regional como el
MERCOSUR, y su viabilidad no se salda con medidas excepcionales como las que por ejemplo puso en
práctica la República Argentina para atender específicamente a este flujo de origen venezolano. El
avance en materia de acuerdos bilaterales y regionales en este sentido es un requisito sine quanon para
que se asegure la movilidad −por fuera de los esquemas corporativos de empresas multinacionales
que tienen mecanismos aceitados en este sentido− de personas de calificación alta y muy alta.
Vale la pena señalar que, si bien la mayoría de los países que constituyen los contextos de acogida
analizados aquí exigen pasaporte para ingresar, siendo esto un requisito difícil de tramitar para los
venezolanos, dada la magnitud de la crisis administrativa y de institucionalidad que atenta contra el
derecho a salir de este contexto de crisis, ninguno de estos contextos de llegada exige tramitar una visa
de turista. Entonces, la principal dificultad del lado del contexto de acogida no está asociada a la
imposibilidad de entrada –como ocurre por ejemplo en los contextos del norte global– sino a la
permanencia. En otras palabras, la evidencia aquí revisada indica que el verdadero problema está a
posteriori del ingreso a fin de garantizar la permanencia. La permanencia es un andamiaje clave para el
desarrollo de proyectos individuales y familiares, pues da un marco temporal de referencia dentro del
mediano y largo plazo en la planificación de los proyectos de vida. Las modalidades de residencia
temporal atadas a permisos renovables son en este sentido un desafío para los planes de reunificación
familiar o de naturalización.
En este sentido, como hemos reseñado hasta aquí, los distintos instrumentos del marco complejo y
específico de gobernanza de las migraciones en la región son múltiples, pero existe una distancia entre
sus “buenas intenciones” y las implicaciones que tienen para los individuos la práctica administrativa
que llevan asociada. Por ejemplo, en el caso de Perú o Colombia donde las medidas excepcionales
han generado una sobreproducción de legalidad –o una complejización de los procesos de
regularidad–, que de alguna forma implica que el reino del Derecho atente contra el ejercicio real de
derechos que desde la narrativa y la letra formal propugnan varios de los marcos vigentes. Incluso en
los casos de estos dos países, las figuras temporales podrían haberse evitado si se hubiese optado por
aplicar los marcos más amplios vigentes. Ahora el desafío, en estos países, a los que se suman
Ecuador y Chile, es regular la permanencia garantizada por permisos temporales o visas humanitarias
que caducan y quedan obsoletas rápidamente.
A pesar de esta colusión entre las narrativas y medidas de “brazos abiertos”, y el desafío y colapso
administrativo de los contextos de acogida, hay una serie de buenas prácticas, que hacen que nuestra
apreciación del proceso de acogida de la migración latinoamericana en esta región del mundo sea
positiva, si se la compara, por ejemplo, con regiones como la europea. Las prácticas latinoamericanas
que articulan la respuesta se sustentan en un enfoque complejo que incorpora una visión de
gobernanza de las migraciones basada en pilares de prácticas regionales consensuadas, con
corresponsabilidad y colaboración interinstitucional.

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1 En el caso de Brasil, en octubre de 2018, los refugios o albergues temporales para personas migrantes y refugiadas en las ciudades de Boa
Vista y Pacaraima, en el estado fronterizo de Roraima, albergaron a más de 5 mil personas venezolanas (R4V, 2019b). Asimismo, el gobierno
federal inició el plan de interiorización con el propósito de descomprimir la presión presupuesta de los estados fronterizos y la conflictividad
social en esa región (Zapata y Cuervo, 2019).
2 Acta resolutiva Nº 465/98 del Comité de Elegibilidad para los Refugiados del 24 de febrero de 1998 y Ley N° 26.165. Ley General de
Reconocimiento y Protección al Refugiado del 8 de noviembre de 2006.
3 Decreto Supremo N° 19.640 del 4 de julio de 1983. Definición de Refugiado, Decreto Supremo Nº 28.329 del 12 de septiembre de 2005 y
Ley De Protección a Personas Refugiadas Nº. 251 de 2012.
4 Ley Nº 9.474 del 22 de julio de 1997. Que define mecanismos para la implementación del Estatuto de los Refugiados de 1951 y crea el
“Comité Nacional para los Refugiados”.
5 Decreto No. 4.503 del 19 de noviembre de 2009. Por el cual se modifica el procedimiento para el reconocimiento de la condición de
refugiado, se dictan normas sobre la Comisión Asesora para la determinación de la condición de refugiado y se adoptan otras disposiciones.
6 Ley Nº 20.430 de 8 abril de 2010, establece disposiciones sobre protección de refugiados.
7 Decreto N° 3.301 del 6 de mayo de 1992. Reglamento para la aplicación en el Ecuador de las normas contenidas en la Convención de
Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y el Protocolo de 1967 y Ley Orgánica de Movilidad Humana de 2017.
8 Reforma de 1990 a la Ley General de Población (1974) y Ley sobre Refugiados y Protección Complementaria, de 26 de enero de 2011.
9 Ley N° 1.938 del 9 de julio de 2002. Ley general sobre refugiados y Decreto 2840, Procedimiento para el Reconocimiento de la Condición
de Refugiado, se dictan normas sobre la Comisión Asesora para la Determinación de la Condición de Refugiado y otras disposiciones de 2013.
10 Ley Nº 27.891 del 20 de diciembre de 2002. Ley del Refugiado.
11 Ley Nº 18.076 del 14 de noviembre de 2006. Ley sobre el Estatuto de Refugiado.
12 De acuerdo con el Observatorio de Protección Internacional (2019), 84% de los reconocimientos de la condición de refugiados entre la
población venezolana se hizo con base en la definición ampliada. Sin embargo, el siguiente lugar en importancia es el de la población siria,
donde la definición se usó en 7% de los casos. En todos los demás casos, la proporción de refugiados bajo esta condición es menor.
* Las normativas jurídicas a las que se alude en este capítulo se encuentran en las referencias de los capítulos de cada uno de los países
analizados en este libro.
Crisis humanitaria y migración forzada desde Venezuela

Anitza Freitez1

Introducción
La transición de Venezuela de ser un país de inmigración a convertirse en un país expulsor de un
gran volumen de sus nacionales es un proceso que se fue gestando progresivamente, en la medida
que fue creciendo la incertidumbre sobre el futuro por la desconfianza respecto al modelo de
desarrollo productivo que se ha querido implantar; porque la convivencia en el país permanecía
alterada por el clima de conflictividad y polarización; por la falta de seguridad en todos los órdenes; y,
por el debilitamiento de la institucionalidad democrática. Respecto a esos aspectos, como se verá en
la primera sección de este capítulo, hay una cronología de eventos que, en nuestra opinión, no
pueden pasar desapercibidos, porque fueron configurando un cuadro de crisis que se agudizó
cuando el país entra en franca recesión económica, en un contexto muy adverso por los elevados
niveles de inflación que ya se acumulaban, el grado de endeudamiento externo, la reducción de las
importaciones, la escasez de alimentos y medicinas, pero también de muchos insumos para el
funcionamiento de un aparato productivo bastante venido a menos. Era de esperar, en consecuencia,
que los efectos sobre el bienestar de la población fuesen devastadores, particularmente en la medida
que entramos en un proceso hiperinflacionario que ha impactado tremendamente la capacidad
adquisitiva en los hogares y ha llevado al empobrecimiento generalizado de toda la población.
Esa combinación de eventos conduce a una situación de crisis que bien hemos calificado de crisis
humanitaria porque sus efectos amenazan la sobrevivencia y hasta la vida de las personas en
Venezuela. Frente a esa agudización de la crisis nacional, la respuesta de amplios sectores de la
población fue el desplazamiento a otros países para encontrar oportunidades de satisfacer sus
necesidades esenciales y ayudar a los familiares que permanecen en Venezuela. De este modo, en la
segunda sección se comienza con algunas consideraciones sobre la categorización de la crisis y de la
migración venezolana, entendiendo que estamos frente a una crisis humanitaria y una migración
forzada. El resto de su desarrollo se dedica a dimensionar y caracterizar la emigración reciente usando
como fuente principal la información recabada por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida
(ENCOVI)2, sin ignorar que la determinación del volumen de población que ha emigrado de
Venezuela en los años recientes tiene dificultades asociadas con las especificidades de las fuentes, el
uso de diferentes criterios definitorios de la migración y la celeridad e intensidad de estos
desplazamientos. A tales efectos, para valorar los resultados de la ENCOVI, hemos considerado las
estimaciones del stock de venezolanos en el exterior elaboradas por Naciones Unidas y las
actualizaciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
En seguida, en la tercera sección de este capítulo se presentan algunas evidencias de la
invisibilización del fenómeno de la emigración en las políticas migratorias de Venezuela, tanto en los
instrumentos regulatorios y programáticos como a nivel del discurso oficial. Se finaliza con algunas
reflexiones breves sobre el proceso emigratorio venezolano y sus perspectivas futuras.

Configuración del contexto de crisis nacional


Cómo se llegó a una crisis de las dimensiones que enfrenta Venezuela es una pregunta formulada
reiterativamente entre quienes vivimos en este país, pero también entre quienes nos ven desde afuera
y quieren entender cómo un país que, durante el régimen chavista, transitó por la bonanza de
ingresos más grande de su historia, se encuentra ahora sumergido en una profunda crisis en todos los
órdenes de la vida nacional. La crisis actual se fue configurando por los efectos de un agitado proceso
de cambios políticos, económicos, sociales e institucionales, que devino progresivamente en el
debilitamiento de la institucionalidad democrática, a fin de implantar imperativamente un modelo
político y socio-productivo, conocido como el socialismo del siglo XXI, en medio de un clima de gran
polarización y conflictividad.
Con el fin de presentar sintéticamente algunos hitos de ese proceso de configuración de la actual
crisis, se ha organizado esta sección en dos apartados: en el primero, se hace referencia a cambios de
orden político e institucional, que llevaron a transitar de un momento de grandes expectativas de
renovación con nuevos liderazgos, a la desesperanza actual frente a las formas autoritarias en el
ejercicio del gobierno; en el segundo, se alude, igualmente, al tránsito de una etapa prolongada de
bonanza petrolera –no acompañada de las reformas estructurales de orden económico y social que se
ameritaban para el aprovechamiento reproductivo de ese boom de ingresos– a la pérdida progresiva
de capacidades productivas, teniendo como corolario final el empobrecimiento generalizado de una
población que mayoritariamente no consigue satisfacer las necesidades más esenciales.

Entre la ilusión por una democracia renovada y la decepción frente al autoritarismo y la pérdida de la institucionalidad

Venezuela termina el siglo XX con la convocatoria a una Asamblea Constituyente, promovida por
Hugo Chávez, recién electo presidente de la República, y la aprobación de un nuevo texto
constitucional que significó una serie de cambios en la estructura del poder público y amplió la carta
de derechos que son garantizados (Lacruz, 2006). Durante los años inaugurales de su primer
mandato la atención de Chávez se centró más en las reformas institucionales relacionadas con la
Asamblea Constituyente, la nueva constitución, la reforma de los ministerios y los procesos
electorales, dejando un poco de lado las tareas propias de gobierno.
Luego, el golpe de Estado y el paro petrolero 2002-2003 obligan al gobierno a centrar su agenda
en la confrontación política, pero ante la inminencia de un posible referendo revocatorio y la caída de
los niveles de popularidad, el presidente Chávez se ve en la necesidad de replantear su política social
en un escenario económico que empieza a favorecerle por el aumento de los precios del petróleo. Ese
es el contexto donde surgen las misiones sociales. Estratégicamente se identificó inicialmente a la
salud, la educación y la alimentación como los focos de la acción social, así se comenzó con la Misión
Barrio Adentro en el área de atención primaria en salud con apoyo de personal cubano, la Misión
Mercal para atender los problemas de abastecimiento, y posteriormente se agregaron las misiones
educativas (Robinson, Ribas y Sucre) y la Misión Identidad (Alvarado, 2004; Lacruz, 2006; D’Elia
y Quiroz, 2010)3.
En el año 2004 se llamó al país a un referendo revocatorio del mandato del presidente Chávez
cuyos resultados fueron favorables a la continuidad en el ejercicio de su gobierno. En el año 2005 se
convocó a elecciones legislativas y las fuerzas opositoras con mayor representación popular decidieron
no participar en esos comicios por la desconfianza que existía sobre la imparcialidad del árbitro
electoral. En consecuencia, la Asamblea Nacional quedó casi enteramente conformada por
parlamentarios representantes de las organizaciones políticas oficialistas. Durante el periodo 2005-
2010 terminó de quebrarse el balance y la independencia de los poderes públicos porque el cuerpo
legislativo dejó de cumplir funciones contraloras del poder ejecutivo y se fue configurando un poder
judicial y un poder moral a la medida, que facilitó la absoluta concentración del poder en manos de
Hugo Chávez, quien fue reelecto en el 2006 para un segundo periodo de gobierno.
En agosto de 2007 el presidente Chávez planteó al país una reforma constitucional, por cuanto el
nuevo marco legal subyacente en la fundamentación del Plan de Desarrollo Económico y Social de la
Nación 2007-2013 en oportunidades se oponía a la Constitución de 1999. Esa reforma fue rechazada
mediante referendo, y aun así dicho plan fue aprobado por la Asamblea Nacional, presentándose
como el primer Plan Socialista4, donde quedaron establecidas las principales directrices que
apuntaron al desarrollo de un Modelo Productivo Socialista, el cual “...se fundamentó en la ampliación
(...) del papel del Estado en la economía como regulador y como empresario; (...) y en la aplicación
de una política económica basada en un intrincado sistema de controles de precios y de cambio, que
generó marcados desequilibrios macroeconómicos...” (Guerra, 2017: 13).
A fines de 2008 el presidente Chávez propuso una enmienda constitucional que permitiría la
reelección indefinida de su cargo y la de todos los cargos de elección popular, la cual fue aprobada en
el 2009. Hay nuevas elecciones legislativas en el año 2010 y, no obstante, la falta de imparcialidad y
credibilidad en el árbitro, las organizaciones políticas de oposición fueron a la contienda electoral y
lograron tener cierta representación en el órgano legislativo, pero el oficialismo se mantiene como la
fuerza política mayoritaria.
En el 2012 el presidente Chávez se postuló nuevamente a la reelección presidencial y los resultados
de esos comicios le favorecen, pero falleció al poco tiempo. Tras la inminente imposibilidad de
completar el nuevo mandato por su quebrantada salud, Chávez designó a Nicolás Maduro como el
candidato a sucederle para darle continuidad a su proyecto revolucionario. Maduro resultó electo
presidente de la República para el periodo 2013-2019 en unos comicios donde fue grosero el
ventajismo oficial en el uso de los recursos públicos en las actividades de la campaña frente a la
mirada complaciente del órgano electoral. El país entra así a otra etapa de inestabilidad política y de
pérdida de la institucionalidad democrática, ahora con el agravante de un contexto económico
recesivo.
A partir del año 2015 en Venezuela se profundizó el proceso de desinstitucionalización, cuando
los resultados de las elecciones legislativas significaron la pérdida de la mayoría parlamentaria del
oficialismo y la directiva saliente de la Asamblea Nacional decide renovar la composición del
Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sin ceñirse a la normativa constitucional para tales efectos. Este
nuevo TSJ conformado por magistrados identificados políticamente con el sector oficial fue tomando
una serie de medidas entre las cuales destacan: el desconocimiento de los resultados electorales del
estado Amazonas, dejándolo sin representatividad en la Asamblea Nacional; y, la declaratoria de la
Asamblea Nacional en desacato, desalojándola de sus funciones legislativas naturales y del ejercicio de
su papel contralor del poder ejecutivo. Además, el ventajismo se hizo parte del sistema electoral, y sin
pudor alguno se prohibió la realización de un referendo revocatorio del mandato del presidente
Maduro y se convocó una Asamblea Constituyente sin apegarse tampoco a la reglamentación
establecida en el texto constitucional.
Este tipo de medidas acabó por terminar de quebrar las bases del sistema democrático venezolano
y del Estado de derecho, configurándose un clima de inseguridad jurídica que hace improbable la
recuperación económica, si el país no restaura la institucionalidad democrática.

Entre la oportunidad más fabulosa del ciclo petrolero y el empobrecimiento absoluto

A la llegada de Chávez a la presidencia, Venezuela estaba sumergida en lo que se creía era uno de los
peores ciclos en materia de crecimiento económico de su historia, el cual devino luego de la
expansión económica de la década de 1970. Esa etapa se prolongó hasta el año 2004, cuando el país
volvió a mostrar señales de recuperación asociadas a los enormes incrementos de los precios del
petróleo, que permitieron aumentar la capacidad de gasto del gobierno. Durante el lapso 2003-2008
el PIB real se incrementó 1.62 veces, pero ya entre 2009 y 2012 el crecimiento del PIB tuvo fuertes
altibajos en razón de las fluctuaciones de los precios del petróleo y del conflicto socio-político. Ese
periodo, caracterizado por la abundancia de recursos en manos del Estado, fue adverso para el
control de la inflación, cuyo alto nivel significó la sobrevaluación de la moneda, debido a la política
cambiaria adoptada, la cual llevó a que se abarataran artificialmente las importaciones y que los
productos venezolanos resultaran caros en el mercado regional y mundial (Balza, 2010 y 2009).
El prolongado auge de los precios petroleros entre 1999 y 2015 5 permitió al país percibir ingresos
por 866,303 millones de dólares. Esta astronómica suma fue “la base sobre la cual se apoyó el
proyecto del socialismo del siglo XXI y que permitió financiar tanto el consumo privado como la
estatización de la economía” (Guerra, 2017: 15); no obstante, ante la imposibilidad de financiar el
creciente gasto público con ingresos corrientes, el déficit fiscal se acentuó y se incrementaron los
niveles de endeudamiento. La menor disponibilidad de divisas, debido al descenso en los precios del
petróleo, pero también por la reducción de su producción y el pago de deuda, significó una
disminución de las importaciones que se tradujo en una gran escasez (entre 70 y 80%, según el
rubro), dado que también la producción nacional estaba contraída luego de los procesos de
estatizaciones y confiscaciones de empresas. Todo ello redundó finalmente en una merma en los
niveles de consumo, al tiempo que se fue conformando un contexto de alta inflación que se ha
profundizado ante la negativa del presidente Maduro a modificar la política económica. Por el
contrario, se ha persistido en la impresión de dinero para cubrir el déficit fiscal y se han efectuado
modificaciones apreciables en la tasa de cambio oficial.
Entre 1999 y 2015 la inflación acumulada se ha calculado en 10,630% equivalente a una tasa
interanual de 31.7%, aunque para el periodo 2015-2017 ha sobrepasado los tres dígitos. Al cierre
del año 2017 se estimó una inflación de 2,586% (Guerra, 2017; Zambrano y Marotta, 2017; Vera,
2017). Según reportan Zambrano y Sosa con base a las estimaciones elaboradas por la Asamblea
Nacional, al término del año 2018 la tasa de inflación podría alcanzar 1 millón 700 mil%, más de
quinientas veces la tasa registrada en 2017. Estos autores bien advierten que “Venezuela, bajo
cualquier estándar, experimenta una hiperinflación, entre las más elevadas conocidas por la
humanidad en tiempos no bélicos y, también, una de las más duraderas” (Zambrano y Sosa,
2018:8).
Durante el periodo de expansión económica algunos indicadores socio-económicos evidenciaron
una mejora circunstancial asociada con la enorme expansión del gasto público. Se redujeron los
índices de informalidad laboral y la desocupación abierta, debido a una gran oferta de empleo
gubernamental y al incremento de la población inactiva que aminoró la presión sobre la demanda de
trabajo, aunque, por otro lado, creció la precariedad del empleo (Zúñiga, 2011). El nivel de pobreza
coyuntural cayó a 32% en el 2009 después de encontrarse cerca de 60% cuando Chávez llegó a la
presidencia6. Asimismo, mejoró la situación de desigualdad social, medida a partir del Coeficiente de
Gini, cuyo valor perdió 7 puntos en el periodo 2003-2008 al variar de 0.48 a 0.41 7. Esa
disminución importante en la concentración de los ingresos colocó a Venezuela como el país de
América Latina que exhibía en el 2008 una menor desigualdad (López y Lander, 2009), hecho
ligado a la elevación de las remuneraciones en el sector público y a los beneficios de las transferencias
económicas a los hogares a través de las misiones (programas) sociales.
En el curso de tres lustros (2000-2015) Venezuela tuvo una gran ocasión para ampliar las
oportunidades de alcanzar la universalización del acceso al Subsistema de Educación Básica en
conjunto (inicial, primaria y media) ofreciendo un servicio de calidad y, además, para crear las
condiciones que favorecieran la prosecución escolar y el logro de una escolaridad completa al menos
hasta la enseñanza media. En ese lapso es innegable que hubo una expansión de la población
matriculada que alcanzó su cúspide en el periodo 2006-2007, cuando se elevó a 13 millones 954
mil el número global de personas inscritas en todos los niveles en cualquier modalidad, luego que
registraba solamente 7 millones de inscritos a finales de los años noventa.
La fracción más importante del crecimiento de la matrícula se debe a la expansión del acceso a la
educación universitaria, a través de medidas como la creación de numerosas universidades, la
eliminación de la prueba de aptitud académica para la admisión en universidades, y la flexibilización
del sistema de evaluación en la educación básica. También sumó a esa matrícula global la cobertura
mediante las misiones educativas de la población que, por diversas razones, en el pasado no logró
completar su trayectoria escolar. Cuando excluimos la matrícula universitaria y la inscripción en los
programas de misiones se tiene que ha sido relativamente modesta la expansión de la matrícula del
Subsistema de Educación Básica, y además, rápidamente se tocó techo en el orden 7.5-7.7 millones
de inscritos, cuando todavía cerca de 1.5 millones de niños, niñas y adolescentes permanecían
desescolarizados (Freitez, 2016; Freitez y Duarte, 2013).
A nuestro juicio la expansión de la matrícula fue insuficiente, si se considera que el gobierno tuvo a
su favor la desaceleración de la demanda educativa potencial por efectos de la transición demográfica,
y unos ingresos cuantiosos que hubieran alcanzado para conseguir metas más ambiciosas y
perdurables en el tiempo, si se hubiesen emprendido reformas estructurales más profundas en
cuanto al desempeño global del sistema educativo y de las condiciones socio-económicas de los
hogares.
En materia de salud tampoco se compagina la inversión en el sector con los resultados observados.
Se creó una estructura de prestación de servicios, basada en la Misión Barrio Adentro en sus
diferentes niveles, paralela a la estructura tradicional del sistema de salud, ambas ineficientes. Entre
los programas destacables vale mencionar la distribución de medicinas de alto costo, que benefició
sin sectarismo político a pacientes con enfermedades crónicas, cáncer, VIH.
Durante la fase de recesión económica caracterizada por una caída del PIB per cápita estimada en el
orden de 53% para el periodo 2013-2017 (Zambrano y Sosa, 2018), hubo gran escasez de
productos básicos e hiperinflación, la capacidad adquisitiva de la población había tenido una merma
considerable, y se habían revertido los logros que se habían alcanzado en algunos índices de bienestar,
particularmente con respecto a la situación de pobreza medida a partir de los ingresos. Los resultados
de las cinco ediciones de ENCOVI levantadas entre 2014 y 2018 reportaron que la pobreza de ingresos
dio su primer salto de 25 puntos porcentuales entre 2014 y 2015, cuando el porcentaje de hogares
varió de 48 a 73%, para situarse luego en 82% en 2016, 87% en 2017 (España, 2017) y 91% en
2018. Estas cifras significan que en esos cinco años cerca de 43% de los hogares venezolanos fueron
desplazados de su condición de no pobres a la condición de pobres en la medida que los ingresos que
percibían no eran suficientes para satisfacer las necesidades básicas. Vale destacar que la mayoría de
ese 91% de hogares pobres califica en situación de pobreza extrema (67%), por cuanto los ingresos
percibidos no permiten cubrir las necesidades de alimentación.
Respecto a la situación de desigualdad medida a partir del Coeficiente de Gini también se puede
dar cuenta del retroceso experimentado en este corto tiempo, si se observa que según la ENCOVI’2014
dicho índice se estimó en 0.407, valor inferior al promedio de América Latina (0.491), mientras que
la medición basada en la ENCOVI’2017 ascendió a 0.681 (España y Ponce, 2018). Esa variación es
expresión de la profundidad de la brecha regresiva en la distribución de los ingresos ocurrida en tan
solo tres años y posiciona a Venezuela, bastante alejado del promedio regional (0.466), como el país
latinoamericano más desigual a una distancia considerable de Brasil (0.539), Colombia (0.511) o
Panamá (0.508) (CEPAL, 2019).
En cuanto a la situación alimentaria en los hogares se constató, en el año 2017, que cerca de 80%
de los hogares se encontraban en inseguridad alimentaria, porque combinaban condiciones donde
habían reducido las raciones o el número de comidas al día por insuficiencia de dinero para comprar
alimentos o por escasez de productos en los mercados, con una dieta monótona, de baja calidad, que
no cubre la ingesta necesaria de calorías y nutrientes (Landaeta et al., 2017) 8. Las deficiencias
alimentarias y nutricionales han aumentado los riesgos de morbilidad y mortalidad, especialmente en
sectores de mayor vulnerabilidad social, potenciados por un contexto donde el sistema de salud ha
colapsado por las deficiencias en la prestación de cualquier servicio, debido a la insuficiencia de
medicamentos e insumos médico-quirúrgicos, la escasez de personal médico y paramédico, la falta de
mantenimiento en los establecimientos de atención en salud, entre otras dificultades (Correa, 2017;
González y Rincón, 2017).
En consecuencia, las estimaciones de las tasas de mortalidad infantil (TMI) derivadas de ENCOVI y de
la aplicación de métodos indirectos ha permitido establecer que el descenso de la TMI tocó techo en el
año 2006 y a partir de 2010 empezó a repuntar llegando a 21 por mil nacimientos vivos registrados
en 2016, retrocediendo a la situación que teníamos a inicios de la década de 1990. Otra lectura de
ese resultado es que representa un exceso de mortalidad de aproximadamente 5,000 defunciones
infantiles. Se entiende que esos decesos no debieron producirse si se toma en cuenta que las TMI
implícitas en las proyecciones de población basadas en el censo 2011 calculaban para el año 2016
alrededor de 12 por mil (Correa, 2017). De continuar esta tendencia creciente de la mortalidad
infantil Correa pronostica, basándose en ENCOVI, que para el periodo 2017-2019 habría un
excedente de 20 mil defunciones de menores de un año atribuibles a la crisis, asimismo calcula que
hemos perdido 3.5 años en la esperanza de vida, un retroceso que no tiene referentes en América
Latina, solamente comparable a la regresión registrada por la República Popular de Corea y Kenia
(Correa, 2018).
Los logros que se habían alcanzado en cuanto al acceso a la educación también empiezan a
revertirse. Las ENCOVI dan cuenta del descenso en la cobertura educativa de la población de 3 a 24
años de 78 a 71% entre 2015 y 2017. Los jóvenes de 18 a 24 años son los primeros en dejar de
estudiar, como bien se evidencia en la variación de la tasa de asistencia de 48 a 38% en el último año.
Entre la población de niños, niñas y adolescentes (3 a 17 años) que en el año 2017 estaban
escolarizados solamente el 60% mantenía una asistencia regular a los centros de enseñanza, el resto
dejaba de asistir a clases algunas veces porque confrontaba una variedad de dificultades entre las que
se mencionaban la falta de comida en el hogar o en la escuela, las fallas en los servicios de suministro
de agua o de electricidad, los problemas de transporte, las protestas/huelgas, entre otros factores que
alteraban la cotidianidad de la vida escolar (Freitez, 2017a, 2018a). Según los resultados de la
ENCOVI’2018 la proporción de niños, niñas y adolescentes que llevan con normalidad su vida escolar
todavía es menor (51%), reportándose que cerca de 22% deja de ir a clases por falta de comida.

Crisis humanitaria y migración forzada desde Venezuela

En otros momentos de crisis registrados en los años ochenta y noventa la población venezolana
todavía vislumbraba oportunidades, y no tenía tanta incertidumbre sobre el nivel de vida futuro
como ocurre ahora, con un impacto inevitable sobre la movilidad de la población. Hubo pequeños
flujos emigratorios relacionados con un diferimiento generacional del retorno −venezolanos
descendientes de las corrientes migratorias ingresadas en los años cincuenta−, y también con el hecho
de que la población venezolana no ha escapado a la influencia de los procesos de globalización que
han estimulado la movilidad de los trabajadores, especialmente de quienes están altamente
calificados.
Esa percepción cambió en la medida que fue creciendo la desconfianza respecto al modelo de
desarrollo productivo socialista que se ha querido implantar en medio de una gran conflictividad
política y social, y un intenso proceso de desinstitucionalización que ha vulnerado a todas las esferas
de la vida ciudadana, incluyendo el ejercicio de los valores democráticos. Además, las dudas frente al
futuro no solo han generado frustración, particularmente entre la población joven con educación
universitaria, profesionales recién graduados, sino que ya ha abarcado todo el espectro social, toda vez
que la recesión económica y la hiperinflación han significado el empobrecimiento generalizado de
toda la población, y la respuesta ineficiente de las instituciones del Estado venezolano no garantizan el
acceso a servicios y la protección de la vida.
No dudamos en categorizar la crisis venezolana como “crisis humanitaria”, considerando que bajo
ese término se ha calificado a las situaciones en las que “existe una excepcional y generalizada amenaza
a la vida humana, la salud o la subsistencia” (Escola de Cultura de Pau, 2004: s/n). Este tipo de crisis
tiene su génesis por los efectos de desastres naturales o conflictos armados, pero también puede
generarse por el colapso total de las estructuras económicas y estatales que producen contextos de
pobreza extrema generalizada, precariedad alimentaria, intensificación de los riesgos de morbi-
mortalidad, desplazamientos forzados de la población dentro del país o hacia el exterior, y motivan
una movilización importante de ayuda internacional.
Es en este contexto de crisis humanitaria que se intensificaron los riesgos de movilidad de la
población venezolana, porque se impone la necesidad de buscar opciones para garantizar la
sobrevivencia cotidiana, y una de ellas es el desplazamiento a través de las fronteras (Freitez, 2017b,
2018b), quedando así vulnerado lo que llama Mármora “el derecho a no migrar”, entendido como el
derecho “que tiene toda persona a permanecer en el lugar donde habita y desarrollar su vida
económica y social sin necesidad de trasladarse a otra parte para mantener una sobrevivencia digna”
(Mármora, 2004: 111).
Compartimos así la opinión de Mármora en cuanto a que el derecho a no migrar contiene en sí
mismo derechos humanos, y es causa de migración forzada cuando el Estado no brinda garantías
para el ejercicio de esos derechos e incluso son violados por él, en la medida que las personas dejan su
lugar de residencia en contra de su voluntad, bien sea porque no pueden “… ejercer sus libertades
civiles o políticas, es decir, de expresión, opinión, conciencia, pensamiento o asociación…” ni pueden
“… gozar del derecho al bienestar económico y social, al trabajo, a una remuneración equitativa, al
descanso, a la protección contra el paro, a la libre sindicación o a la educación” (Mármora, 2004:
111).
A diferencia de los refugiados, quienes pueden beneficiarse del sistema de protección establecido
en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, los migrantes forzados no gozan de ese
reconocimiento. Este hecho ha instado a debatir sobre la necesidad de redefinir la migración forzada
ampliando las responsabilidades de los países receptores y de origen. A tales efectos, algunos autores
han sugerido considerar bajo esa denominación a las personas desplazadas por los efectos negativos
de proyectos de desarrollo, quienes se ven obligadas a escapar de la pobreza, de las carencias en el
acceso a un trabajo digno y a servicios de educación, salud, seguridad. Todo ello alude a violaciones
de derechos humanos, de modo que ese debería ser el enfoque de base para ampliar la definición de
la migración forzada (Cortizo,1993; Castles, 2003, Gzesh, 2008; Gómez-Jhonson, 2015).
En el caso venezolano puede establecerse que el fracaso de un modelo de desarrollo nacional ha
vulnerado la sobrevivencia de importantes sectores de la población que deben dejar forzosamente el
país en la búsqueda de alternativas para garantizar el sustento, de modo que desde el enfoque de los
derechos humanos se podría fundamentar el reclamo de estas personas (Freitez, 2018b). En esa
línea, puede decirse que ACNUR ha venido realizando esfuerzos coordinados con los gobiernos de la
región para “comprender mejor las necesidades humanitarias y de protección internacional de los
venezolanos que salen de su país” (ACNUR, 2017:45).
Teniendo como telón de fondo la conformación de un proceso de crisis que ha derivado en crisis
humanitaria, y considerando como migración forzada a los desplazamientos a otros países de personas
que huyen desde Venezuela, en esta sección se intentará dimensionar y caracterizar esa afluencia
emigratoria al exterior. Esta no es una tarea fácil, porque se confrontan muchas limitaciones en
cuanto a las fuentes de información dado que no se tiene acceso a las estadísticas oficiales como el
registro de control migratorio9. Frente a esas restricciones se decidió incluir en las dos últimas
ediciones de la ENCOVI (2017 y 2018) una sección destinada a recabar información en los hogares
sobre las personas que recientemente habían emigrado desde Venezuela10. Los resultados obtenidos
son presentados enseguida en cuatro apartados donde se da cuenta de la magnitud de la afluencia
emigratoria reciente, los principales países de destino, la razón principal de emigrar y algunas
características del perfil de los emigrantes11.

Dimensión de la emigración venezolana reciente

La dimensión del proceso emigratorio reciente no tiene parangón, es inédito. Venezuela se había
comportado como un país receptor de población, particularmente en los años cincuenta y setenta,
dos periodos de expansión económica donde pudo acoger, respectivamente, las oleadas de migrantes
procedentes de países de Europa y América Latina. La afluencia de emigrantes venezolanos fue
relativamente moderada en otros momentos de crisis (tabla 1), no así en el periodo 2015-septiembre
2018, durante el cual se ha calculado que el stock de originarios de este país residiendo en el exterior
varió en 1.95 millones según las estimaciones de Naciones Unidas y de OIM (OIM, 2018a y 2018b).
El reporte de OIM sobre las tendencias migratorias en las Américas informa que la cifra de venezolanos
en el exterior a septiembre de 2018 llegaba ya a 2 millones 648 mil, cifra que estaría representando
aproximadamente 8.3% de una población total de 31.8 millones.
Los resultados de la ENCOVI’2017 revelaron que en poco más de 616 mil hogares al menos uno de
sus integrantes emigró a otro país en el periodo 2012-2017. En total se contabilizó que casi 815 mil
personas decidieron emigrar al exterior en ese lapso (gráfico 1), de las cuales 90% lo hicieron en el
intervalo 2015-2017 (Freitez, 2018b). Al año siguiente la ENCOVI nuevamente trató de capturar esa
afluencia emigratoria, abarcando en esta ocasión el flujo registrado durante el último trimestre de
2017 y el primer semestre de 2018. En el curso de esos meses hubo señales de la continuidad de la
crisis migratoria que fueron recogidas por la ENCOVI’2018, al dar cuenta de casi un millón 130 mil
hogares donde al menos uno de sus miembros se estableció en otro país durante el periodo 2013-
2018, ello significa un incremento de más de medio millón de hogares en esa condición respecto a la
medición anterior. En términos de la población
Tabla 1. Venezuela. Distribución del stock de nacidos en Venezuela según principales países de destino. Años: 1990- 2017/2018. Actualizado
con el reporte de septiembre 2018 de la OIM-ONU.

Fuentes: 1990-2015: United Nations database, POP/DB/MIG/Stock/Rev.2015; 2017/2018: OIM (2018b).


1/ Obtenido de la American Community Survey 2017 en https://factfinder.census.gov/faces/nav/jsf/pages/index.xhtml.
2/ Obtenido del portal web del Instituto Nacional de Estadística de España (www.ine.es) 3/ Para el año 2017/2018 actualizamos las cifras del
stock de venezolanos en Estados Unidos y España con base en fuentes oficiales, por tal razón el stock total no coincide con la cifra reportada en
OIM (2018b) (2’648,509).
emigrada se calcula por encima de 1.6 millones, de los cuales 33% se fue del país
justamente en 2018. Para el periodo 2015-2018 la ENCOVI’2018 reporta que cerca de 1.5 millones de
personas dejaron sus hogares en Venezuela, cifra inferior a la de 1.95 millones estimada por
Naciones Unidas. Esa discrepancia, como se ha señalado antes, se debe a la subestimación de la
emigración reciente por la metodología empleada.
Gráfico 1. Venezuela. Número de personas emigradas reportadas en el hogar de origen según la ECCOVI 2017 y 2018.

Países de destino de los emigrantes

Hay aproximadamente una veintena de países que albergan a la mayor parte de la emigración
venezolana en el exterior. En el Continente Americano, Estados Unidos había figurado como el
principal receptor hasta que es desplazado por Colombia durante el año 2017 (tabla 1). Además del
país fronterizo, Chile, Perú, Argentina, Ecuador, Panamá, Brasil y México son los principales
destinos latinoamericanos. En el continente europeo es España de lejos el mayor receptor, seguido
por Italia y Portugal. Estos tres países tienen en común que sus nacionales fueron acogidos durante la
oleada migratoria de postguerra que recibió Venezuela. Los resultados de las ediciones de ENCOVI’2017
y 2018 han coincidido bastante con ese espectro de países que están acogiendo a este contingente de
migrantes venezolanos, como se verá enseguida (Freitez, 2018b).
Colombia figura actualmente como el primer destino de la emigración venezolana no obstante
que, durante los primeros tres lustros de este siglo, el país vecino no había capitalizado la progresiva
afluencia emigratoria venezolana al exterior, porque todavía enfrentaba serios problemas de seguridad
relacionados con el conflicto bélico interno, hecho que además tenía incidencias sobre las
oportunidades de desarrollo económico. Es a partir del año 2015 cuando personas de todo el
espectro social tienden a buscar en Colombia las oportunidades para trabajar y atender las carencias
de todo tipo que enfrentan en sus lugares de origen. Según la ENCOVI’2018 el número de emigrados
recientemente a Colombia se elevó a casi medio millón (gráfico 3). Es en este caso donde se observa
la mayor discrepancia respecto a la estimación de Naciones Unidas-OIM.
Gráfico 2. Venezuela. Distribución porcentual de población que emigró en el periodo 2013-2018 por año.
Fuente: elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI’2018 (UCAB-USB-UCV).

Después de Colombia, según la ENCOVI’2018 figura Perú como el segundo principal receptor de los
migrantes recientes venezolanos con 309 mil. Le sigue Chile con 173 mil, Ecuador con 125 mil,
Argentina con 91 mil y Panamá con 73 mil (gráfico 3). Con esta oleada migratoria venezolana hacia
países latinoamericanos Estados Unidos perdió su preponderancia como destino principal, aunque el
stock de nacidos en Venezuela residiendo en ese país repuntó su tendencia creciente estimándose en
casi 351 mil para el año 2017 (tabla 1) a partir de la información emanada de la American
Community Survey (ACS). De acuerdo con esa fuente, durante el periodo 2015-2017, se incrementó
en cerca de 96 mil el volumen de venezolanos residiendo en Estados Unidos, mientras que por su
parte la ENCOVI’2018 contabilizó 103 mil para el periodo 2013-2018 (gráfico 3). Asimismo, España
quedó relegada a la cuarta posición en el ranking de preferencia de la emigración venezolana, aunque
también ha escalado la presencia de nuestros nacionales en dicho país según lo revela la estadística del
padrón continuo. En el periodo 2015-2018 (julio) se adicionaron 108 mil efectivos a la comunidad
de migrantes venezolanos en el país ibérico (tabla1), mientras que la ENCOVI’2018 reportó poco menos
de 40 mil (gráfico 3).
Gráfico 3. Venezuela. Población que emigró al exterior en el periodo 2013-2018 según país de destino
Fuente: elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI’2018 (UCAB-USB-UCV).

Motivos para emigrar

Como bien se ha señalado en varios pasajes de este capítulo, el proceso hiperinflacionario ha


destruido la capacidad adquisitiva que se tenía a través de las remuneraciones por trabajo, en
consecuencia, para un número cada vez mayor de venezolanos la búsqueda de algún trabajo en otro
país por el cual pueda percibir algún pago en una moneda más fuerte que el bolívar resulta
imperativo. En la ENCOVI se ha indagado por la razón principal que motivó a la persona a emigrar a
otro país y los resultados de la medición en el año 2018 nos han dejado saber que de cada 3
emigrados hay 2 que decidieron irse con la finalidad de buscar trabajo o porque ya lo habían
conseguido. Esta razón está implícitamente relacionada con la necesidad de mejorar los ingresos para
cubrir las necesidades personales y contribuir a la economía familiar, si ese es el caso.
La violencia y la inseguridad, razones que fueron aludidas hace algunos años con bastante
frecuencia para justificar la predisposición a emigrar, en este tiempo han quedado relegadas a una
tercera posición como causal de la emigración venezolana, a la par de las razones políticas y después
de la reagrupación familiar. Puede verse en el gráfico 4 que las demás causas relacionadas con
problemas de salud y estudios fueron mencionadas con bastante menos frecuencia. Ese patrón es
idéntico al que habíamos conocido un año antes.
Gráfico 4. Venezuela Distribución de la población que emigró en el periodo 2013-2018, según la razón principal que le llevó a emigrar.
Fuente: elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI’2018 (UCAB-USB-UCV).

Perfil sociodemográfico de los emigrantes

Los antecedentes que se tenían de la presencia de nativos de Venezuela residiendo en países de


América Latina, Estados Unidos o España daban cuenta de un predominio del componente
femenino (CEPAL/CELADE, 2006; OEA, 2012). No obstante, la emigración más reciente está mostrando
cierta preeminencia de hombres. Es posible que la profundidad de la crisis económica que enfrenta
Venezuela esté llevando a que un mayor número de hombres tomen la decisión de salir del país en
búsqueda de alguna oportunidad que permita generar ingresos para ayudar a las deprimidas
economías familiares. Según la ENCOVI’2017 se estima que la relación de masculinidad entre los
emigrantes recientes asciende a casi 103 hombres por cada 100 mujeres. Al año siguiente la
ENCOVI’2018 reportó un desbalance de género todavía más acentuado, cerca de 109 hombres por cada
100 mujeres. En el futuro próximo faltará verificar si esa preeminencia de hombres se irá
balanceando debido a procesos de reagrupación familiar que estarían significando mayor estabilidad
de la emigración venezolana en los diferentes destinos. En cuanto a la edad, se tiene que esta mayor
afluencia de emigrantes registrada en 2018 observó una composición similar a la reportada por la
ENCOVI’2017, donde alrededor de 27% son adolescentes y jóvenes (15 a 24 años) y aproximadamente
60% se concentran en las edades adultas jóvenes (25 a 44 años).
Recientemente, el espectro social de los emigrantes se ha ampliado y se ha reconocido que la
población con menos capital educativo está aumentando su participación en este proceso. Debe
llamarse la atención sobre el gráfico 5 donde puede verse que en este pico de mayor afluencia
emigratoria observado en el año 2018 ha aumentado en mayor medida los segmentos extremos del
espectro educativo. Quiere decir que fue más intensa la emigración entre quienes tenían educación
universitaria completa y quienes no habían completado la enseñanza media. Sigue siendo notable el
peso de la migración calificada cuando se constata que poco más de un tercio de los emigrantes
recientes alcanzaron a completar la educación universitaria o la formación universitaria a nivel
técnico.
Otra evidencia de la transversalización del hecho migratorio a través del espectro social se tiene al
considerar el estrato socio-económico. Casi la mitad de los emigrantes se concentran en los quintiles
4 y 5 que corresponden a los segmentos socialmente más aventajados, hecho que corrobora su
relevancia en la composición social de la emigración venezolana, aunque ahora no se puede ignorar
que los quintiles 1 y 2, donde se concentra el 40% de los hogares más pobres, han expulsado el 26%
de los emigrantes

Gráfico 5. Venezuela. Distribución de emigrantes recientes a otro país, según nivel educativo alcanzado.

Fuente: elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI 2017 y 2018 (UCAB-USB-UCV).
recientes (gráfico 6). Asimismo, se ha podido observar que la distribución territorial de los hogares
que han registrado la emigración a otro país de uno o más de sus integrantes va permeando todos los
ámbitos geosociales. Aunque la Gran Caracas sigue siendo la principal emisora de emigrantes (33%)
no se puede perder de vista que una quinta parte de los hogares con emigrantes se reparten en
ciudades pequeñas y caseríos de todo el país y una proporción similar en ciudades medianas (gráfico
7).
Gráfico 6. Venezuela. Distribución de emigrantes recientes a otro país en el periodo, según estrato social.
Fuente: elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI’2018 (UCAB-USB-UCV).
Gráfico 7. Venezuela. Distribución de emigrantes recientes a otro país, según ámbitos geosociales.

Fuente: elaboración propia con base en la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI’2018 (UCAB-USB-UCV).

La emigración invisibilizada en las políticas migratorias de Venezuela


Desde el inicio de la década 2000 las acciones de política migratoria se orientaron básicamente a la
actualización del marco legislativo, prevaleciendo el enfoque de Venezuela como país receptor de
inmigrantes. El fenómeno de la emigración ha quedado así prácticamente invisibilizado en la acción
del Estado, se ha prestado poca atención a la elaboración de políticas dirigidas a la población
venezolana en el exterior, no obstante, la afluencia de nacionales traspasando las fronteras durante
este tiempo.
Con la entrada en vigencia de la constitución de 1999 se comenzó la derogación de los
instrumentos legales que databan de la primera mitad del siglo XX. En el año 2001 se aprobó la Ley de
Refugiados y Refugiadas, Asilados y Asiladas (LORRAA) y su respectivo reglamento, y se creó la Comisión
Nacional para los Refugiados. En el año 2004 se aprobó la nueva Ley de Extranjería y Migración pero a
la fecha no cuenta con el reglamento respectivo y tampoco se ha cumplido con la conformación de la
Comisión Nacional de Migración, de modo que no se cuenta con esa instancia asesora del ejecutivo
nacional. Esta Ley instituye el marco regulatorio para el ingreso y la permanencia de personas no
nacionales, a las cuales esta normativa define como extranjeros, y para el funcionamiento de las
instancias de gestión y control en esta materia. La Ley no contempla la otra cara de la moneda del
hecho migratorio, que es la emigración de los nacionales y, al respecto, no incluye ningún Título (o
Capítulo) referido al Registro de los Venezolanos Residentes en el Exterior y a la protección de sus
derechos.
En el año 2004 también se aprobó la Ley de Nacionalidad y Ciudadanía donde se instituyen las
nuevas normas relacionadas con la adquisición, opción, renuncia y recuperación de la nacionalidad
venezolana, así como con su revocación y nulidad. En febrero de ese año también se aprobó el
Reglamento para la Regularización y Naturalización de los Extranjeros donde se establecen los
parámetros para la regularización y naturalización de extranjeros dentro del territorio de la República
que cumplan con los requisitos, así como de aquellos que se encuentran en condición de “irregular”.
La invisibilización del fenómeno emigratorio también se hace evidente ante la decisión de no
divulgar estadísticas migratorias. Como se señaló antes, no hay acceso de ningún tipo a las estadísticas
oficiales sobre los movimientos de entradas y salidas del país. Un ejemplo más reciente al respecto se
tiene con la implementación de la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF) acordada por los gobiernos
de Colombia y Venezuela, luego del cierre de la frontera en el año 2015. Durante la vigencia del uso
de ese documento el gobierno venezolano no entregó ningún reporte, solamente la Oficina de
Migración Colombia divulgó estadísticas sobre la movilidad de ciudadanos venezolanos y
colombianos a través de la frontera diferenciando los movimientos de carácter pendular de lo que se
entiende como migración regular, y con ello se pudo ofrecer información sobre la magnitud de la
población que habitualmente se movilizaba a través de la frontera sin hacer ningún tipo de control
migratorio (Migración Colombia, 2017).
Durante el ejercicio de gobierno del presidente Chávez no se hizo reconocimiento público de la
emigración de venezolanos a otros países, no obstante que era de su conocimiento la emigración
notable de profesionales del petróleo y de la salud, por mencionar dos sectores. Una posición que es
asumida para no admitir que el modelo político y económico que se ha querido implantar genera
emigrantes. Se ignora su existencia, se desdeña su relevancia y se cercenan sus derechos fundamentales
cuando se les restringe el derecho al sufragio o se levantan barreras para la tramitación de
documentos de identidad (cédulas, pasaportes) o la legalización de documentos requeridos para
emigrar. Esta situación se ha agravado considerablemente en fechas recientes porque aumentó la
demanda de pasaportes debido a un mayor volumen de personas con la intención de emigrar y se
elevaron los costos de su tramitación. Ello en razón del alza de las tarifas oficiales, ahora cotizadas en
dólares, pero también por los procesos de corrupción en las oficinas a cargo de estos trámites donde
la entrega de estos documentos termina siendo discrecional.
Puede decirse que la primera vez que el presidente Nicolás Maduro hizo alusión pública a la
emigración de venezolanos fue el 3 de julio de 2014, en su programa radial En contacto con Maduro,
cuando reconoció la emigración de profesionales de la salud al señalar textualmente que
... hay problemas como ustedes saben con el personal médico especializado, porque mucho del
personal médico venezolano formado aquí nos los están sacando del país [¿sic?]. Les pagan no sé
cuántos miles en dólares y se los llevan para España y se los llevan para Europa, es lo que llaman la
fuga de cerebros, la fuga de personal especializado, así que bueno, nosotros estamos en un plan
especial de postgrado de formación de especialidades médicas que debemos nosotros mantener,
acelerar...12.
En su pronunciamiento el presidente Maduro no está reconociendo del mismo modo los factores
internos que impulsan la salida del país de profesionales de la salud, ligados a los severos problemas
de funcionamiento del sistema de salud, los cuales tienen que ver ciertamente con el deterioro de las
remuneraciones, además de la falta de insumos y equipos, el mal estado de las instalaciones, la falta
de seguridad personal, entre otros aspectos.
El gobierno nacional ha sido reiterativo en esa práctica de no reconocer su responsabilidad ante
determinados eventos, sino que los atribuye a ataques de cualquier ente externo contra Venezuela, o
simplemente manipula la información para cambiar la situación. En tal sentido, a inicios del año
2015, cuando se registraron deportaciones arbitrarias de colombianos, el Gobierno de Venezuela
reaccionó emitiendo un comunicado oficial13 en el cual señaló que durante los últimos 3 años habían
ingresado al país cerca de 500 mil colombianos sin cumplir los “procedimientos migratorios de ley”
calificándolo de “un éxodo sin precedentes”. En ese mismo comunicado se alude a la presencia de
5.6 millones de colombianos en Venezuela, cifra que se aleja considerablemente de los 722 mil
originarios del vecino país empadronados en el censo 2011.Una vez más se tiene que lamentar la
falta de acceso a fuentes oficiales que permitan corroborar la veracidad de la información ofrecida.
A partir de entonces, esa cifra millonaria de colombianos ha sido asumida por la vocería
gubernamental y se ha usado insistentemente en los últimos meses para minimizar el significado de
la emigración venezolana14. Por otra parte, desde agosto de 2018 el presidente Maduro lanzó el Plan
Vuelta a la Patria a través del cual están apoyando a ciudadanos venezolanos quienes al parecer
deseaban retornar al país y no contaban con los recursos para hacerlo. Hasta ahora han reportado la
realización de 15 vuelos donde se han movilizado a 8,116 personas, a través de una campaña
mediática donde transmiten mensajes sobre los malos tratos recibidos por venezolanos que ensayaron
buscar oportunidades en otros países y presentan a un presidente que los recibe con apertura.

A modo de reflexión final


En otros periodos de crisis vividos en el pasado, la población venezolana no percibía, como ocurre
hoy, que su nivel de vida futuro estaba en riesgo y tampoco sentía que forzosamente debía migrar a
otro país en la búsqueda de oportunidades para atender la satisfacción de sus necesidades básicas y las
de su grupo familiar, por consiguiente, en esos años nunca se registró una escalada de la afluencia
emigratoria de venezolanos hacia otros países como se viene observando en estos tiempos.
En el corto plazo la migración forzada desde Venezuela se mantendrá y su escala dependerá de
cuánto más se deterioren las condiciones de vida. El Estado venezolano es responsable de las garantías
al derecho de los ciudadanos a no migrar y debe ser sancionado por sus faltas a ese compromiso. Por
su parte, la comunidad internacional debe entender que los factores detonantes de esta crisis
migratoria son de la responsabilidad absoluta del gobierno nacional, el cual no da señales de
rectificación de las políticas que han derivado en la ruina del país; en consecuencia, los países deben
actuar considerando que las medidas de políticas migratorias concernientes a los venezolanos deben
brindar las garantías fundamentales que en materia de derechos humanos el sistema internacional de
protección establece para migrantes forzados o refugiados. En consecuencia, es muy importante la
continuidad de todos los esfuerzos que redunden en un mayor conocimiento sobre la dinámica
migratoria venezolana y sobre las necesidades de atención de las personas migrantes y sus familias.
Dada la relevancia que ha adquirido el fenómeno de la emigración venezolana es indiscutible que
se necesitan mayores esfuerzos para conocer sus dimensiones, identificar el perfil de la población que
ha dejado el país y analizar sus efectos en diversos ámbitos. A través del Proyecto ENCOVI se ha
intentado tener una fotografía de la población que recientemente dejó el país, no obstante, las
limitaciones que sabemos se tienen cuando la información se genera por el reporte de los hogares,
por cuanto se excluyen aquellos casos donde emigró el grupo familiar completo. Aun así, hemos
visto que la ENCOVI’2018 ha podido reflejar en alguna medida el importante crecimiento de la
emigración entre finales de 2017 y el transcurso de 2018 y hemos podido presentar aquí algunos
rasgos socio-demográficos de los emigrantes. Estos resultados nos auguran que debemos seguir
explorando esta alternativa para la obtención de información sobre el fenómeno migratorio, con la
finalidad profundizar en otros aspectos relacionados, por ejemplo, con el impacto sobre las
dinámicas familiares, la conformación de redes migratorias, y las ayudas económicas provenientes del
exterior.
Respecto a ese último tópico vale destacar dos reflexiones; el envío de ayudas económicas a familias
en Venezuela a través de los canales informales está significando un auxilio en la recuperación del
consumo cuya importancia sería interesante determinar. El gobierno nacional, urgido de captar
divisas, no se está beneficiando directamente con ese tipo de transferencias que no pasan por el
sistema financiero, pero se está oxigenando porque la presión social tiende a disminuir y puede ganar
tiempo para manejar las variables que aún sigue controlando.

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1 Deseamos expresar nuestro agradecimiento profundo a los coordinadores de la RED MIGRARE y a todos sus integrantes por su sensibilización
en relación con la crisis venezolana y sus procesos migratorios. Confiamos en que la suma de todos estos esfuerzos de compilación de
información y de un debate reflexivo puedan abonar en favor de su mejor comprensión y de la formulación de propuestas para la acción en esta
materia.
2 El Proyecto ENCOVI surgió en el año 2014, de una alianza con investigadores de las universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela
y Simón Bolívar (UACB-UCV-USB), para hacer frente al cerco gubernamental sobre las fuentes oficiales de información. La navegación a través
de los portales web de las instituciones responsables de la generación de estadísticas económicas y sociales permite constatar que, en términos
informativos, se quedaron congelados en los años 2012-2014. En el seno de este proyecto, coordinado desde el Instituto de Investigaciones
Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello, hemos levantado cinco encuestas a nivel nacional para investigar las condiciones
de vida de la población venezolana.
3 Se adoptaron programas de rápida implementación e impacto inmediato, y a tales efectos se decidió que no estarían adscritos a los ministerios
de pertenencia natural, sino que se crea una institucionalidad paralela a través de la constitución de fundaciones que permitían mayor discreción
en el manejo del presupuesto público y facilidades de trámites.
4 En julio de 2008, utilizando la vía constitucional de una Ley Habilitante, quedó autorizado el presidente Chávez para dar el ejecútese a un
conjunto de 26 leyes-decretos donde fueron recogidos algunos aspectos de esa reforma constitucional rechazada, contando así con todas las
facilidades para llevar adelante su proyecto de país basado en el socialismo del siglo XXI.
5 En 1999 el precio del petróleo venezolano se transaba en menos de 20 USD por barril, en el 2002 el barril había subido a 22 USD, un precio
que alcanzó a multiplicarse más de 4 veces cuando en el 2008 se colocó en 95.7 USD por barril. En el 2009 el precio del barril había caído de
nuevo a 57 USD. Fuente: Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo. http://www.mem.gob.ve/. En el periodo 2015-2017 el precio
del petróleo de la cesta venezolana se ubicó, en promedio, en alrededor 46 USD (Zambrano y Marotta, 2017).
6 SISOV. Indicadores de pobreza por ingresos. http://www.sisov.mpd.gob.ve/indicadores/IG0000090000000/ (consultado el 22-2-2011). SISOV
era un Sistema de Indicadores Sociales de Venezuela que funcionó por muchos años en el sitio web del Ministerio de Planificación y
Desarrollo. Hace algunos años fue retirada de dicho portal dejando un vacío importante en cuanto a la oferta de información social.
7 SISOV. Indicadores de desigualdad. http://www.sisov.mpd.gob.ve/indicadores/IG0002400000000/ (consultado el 22-2-2011).
8 La crítica situación alimentaria es reconocida de algún modo por el gobierno nacional cuando su principal programa de protección social está
centrado en esta materia y básicamente está reducido a la venta subsidiada de algunos rubros de alimentos a través de los Comités Locales de
Abastecimiento y Producción (CLAP). Los resultados de la ENCOVI’2017 pusieron en evidencia algunas debilidades de este programa para
atender los problemas de acceso a los alimentos por fallas en la focalización de los beneficiarios y la periodicidad en la distribución de las bolsas
de comida. A ellas pueden adicionarse otros problemas relacionados con la calidad de los productos y la selección de rubros que no cubren los
requerimientos calóricos y nutricionales del grupo familiar.
9 Desde hace muchos años el Servicio Autónomo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME) no divulga tales estadísticas que son de
carácter público, no obstante que se cuenta con una plataforma moderna, automatizada, que brinda facilidades para su recuperación y
procesamiento. En algún momento se justificó a través de una nota en su portal señalando que esa información estaba restringida al uso de las
altas autoridades del gobierno.
10 Una forma de aproximarse a la captación de la emigración internacional en forma indirecta, ensayada en diferentes países donde este
fenómeno se hace presente, es mediante la incorporación de una serie de preguntas en los censos de población o en las encuestas de hogares,
dirigidas a la identificación de los miembros que en los 5 años previos al empadronamiento o a la entrevista se fueron a vivir a otro país. Esta
modalidad fue adoptada en la ENCOVI, donde no solo se ha identificado al número de personas en los hogares que se fueron a vivir a otro país
durante el periodo de referencia, sino que además, se registran algunas características individuales como: edad, sexo, país de destino, nivel
educativo, razón de emigrar, y fecha de ocurrencia del evento.
11 Los resultados sobre emigración reciente reportada en los hogares de la ENCOVI’2018 son datos inéditos hasta ahora no publicados.
12 Extracto del video del programa radial En Contacto con Maduro (Noticias Venezuela, 2014).
13 Venezuela rechaza manipulación sobre asuntos migratorios con Colombia. Comunicado del Ministerio del Poder Popular para Relaciones
Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela, del 14 de mayo 2015. A continuación, se cita un extracto de ese comunicado: “... entre los
años 2012 a 2014, el número de ciudadanos colombianos que se establecieron en nuestro país sin cumplir los procedimientos migratorios de
ley, fue de 494,597 personas; siendo la migración anual de la siguiente forma: 160,984 (año 2012); 189,001 (año 2013) y 144,612 (año 2014).
Esto prefigura una crisis humanitaria de origen que ha generado un éxodo sin precedentes en la historia de nuestros países”. (Ministerio del
Poder Popular para
Relaciones Exteriores de Venezuela, 2015).
14 En rueda de prensa convocada en febrero de 2019 el Dr. Jorge Rodríguez, Ministro de Comunicación e Información eleva a 6.5 millones la
presencia de extranjeros, indicando de nuevo que 5.6 millones son originarios de Colombia, 500 mil de Perú y 400 mil de Ecuador. Señala,
además, que al menos 20% han sido beneficiarios de la Gran Misión Vivienda Venezuela y alrededor de un millón de familias reciben las cajas
de alimentación CLAP. Extracto de la rueda de prensa en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=3XkuDWQIPLk&feature=share
Procesos recientes de movilidad humana entre Venezuela y Colombia:
2016-2018

Donna C. Cabrera Serrano


Gabriela M. Cano Salazar
Alexandra Castro Franco

A manera de introducción
Colombia no se ha caracterizado históricamente por tener una política migratoria particularmente
abierta ni receptiva. Tampoco ha sido un país acostumbrado a la inmigración. De hecho, en las
últimas décadas, el saldo migratorio ha sido negativo1. Además, se ve a sí mismo más como un país
de emigrantes que como un país de destino. Todo esto, ha venido cambiando con la crisis
pluridimensional de Venezuela, uno de nuestros países vecinos.
Cabe poca duda de que la inestabilidad política, institucional y económica en Venezuela ha traído
efectos sobre la región, pero de manera especial, sobre Colombia como país, con el que comparte
más de 2,200 kilómetros de frontera. Estos efectos tienen varias escalas en Colombia; son
geopolíticos, a escala humana y cotidiana. La variabilidad del fenómeno no permite tener patrones
migratorios claros en términos socio demográficos ni geográficos, de manera que la magnitud y
características de esta inmigración varían de región en región y día tras día, haciendo mucho más
complejo e incierto su análisis.
Sin embargo, consideramos que el análisis de esta inmigración no debe centrarse únicamente en las
causas que la motivan, sino que debe trascender a la revisión de las condiciones, competencias
internas y el adecuado manejo de la migración de personas que tienen los Estados receptores, en este
caso, Colombia, como principal destino inmediato de esta migración.
El presente, trata entonces de un estudio de tipo exploratorio para aproximarse a la comprensión
del fenómeno migratorio de personas provenientes de Venezuela hacia Colombia entre el año 2016
y primer semestre del 2018, basado en el análisis de fuentes primarias y secundarias.
En cuanto a las fuentes de información primarias, son 28 entrevistas semiestructuradas realizadas a
partir de un muestreo no probabilístico por conveniencia2, distribuidas así: 18 entrevistas en la
ciudad de Bogotá3 (Distrito Capital), cinco en la ciudad de Tunja4 y cinco en la ciudad de Santa
Marta5, las cuales cumplieron con los siguientes criterios de selección establecidos en el proyecto:
personas nacidas en Venezuela, mayores de 20 años, que salieron de su país de origen a partir de
2016 y que llevan al menos seis meses en el país de acogida (incluyendo aquellos que vivían con
anterioridad en otra ciudad).
En cuanto a las fuentes secundarias, se trata de informes oficiales y de la sociedad civil que dan
cuenta del fenómeno migratorio venezolano en Colombia en el periodo comprendido entre el año
2016 y 2018.
El objetivo general de este análisis fue explorar el marco normativo y socio laboral con el que
Colombia cuenta actualmente para recibir a ciudadanos venezolanos que llegaron al país, durante el
año 2016 y primer semestre del 2018. Asimismo, los objetivos específicos fueron:

Establecer los posibles itinerarios de estatus migratorio que utilizaron las personas
entrevistadas en este estudio para ingresar al país y la relación de éstos con el marco
normativo migratorio nacional, resaltando las dificultades encontradas por estas personas,
los aciertos del marco normativo existente y los desafíos que persisten para lograr el acceso a
derechos y la integración de los migrantes.
Identificar posibles modalidades de ingreso de las personas provenientes de Venezuela hacia
Colombia durante el tiempo de este estudio.
Identificar, a partir del marco normativo colombiano, las opciones de naturalización, acceso
al estatus de protección internacional y posibilidades del ejercicio de los derechos sociales
con las que cuenta la población procedente de Venezuela que se encuentra en Colombia.

En cuanto a las estrategias de análisis, se utilizaron dos. La primera, tiene que ver con un análisis
situacional general de la inmigración venezolana en Colombia entre el 2016 y 2018, a través de
fuentes de información secundaria pública y oficial. Estas fuentes aportaron un marco general
fundamental para comprender la magnitud y características de este fenómeno social migratorio que
cambia día a día, según el “vaivén” de las medidas políticas, económicas y sociales adoptadas por el
actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, las cuales afectan no solo a los ciudadanos
venezolanos, sino también a las dinámicas fronterizas de ambos lados.
La situación de cambio permanente del fenómeno migratorio venezolano en Colombia,
anteriormente mencionado, hace que la información recabada mediante las entrevistas represente una
“fotografía” del momento en que se llevaron a cabo. Es por ello, que el equipo de investigación
decidió utilizar los aportes de los 28 relatos de los entrevistados, para ejemplificar aspectos relevantes
y específicos del fenómeno migratorio venezolano en Colombia, como segunda estrategia de análisis.
En cuanto al perfil sociodemográfico de las personas entrevistadas (Véase Anexo 1), se trata de 11
mujeres y 17 hombres con un promedio de edad de 37 años; es decir, una población adulta en etapa
productiva. La mayoría tiene pareja, vive con ella y sus hijos. El 100% de los entrevistados habita en
una vivienda alquilada. El 60% cuentan con educación terciaria (universidad/profesorado) y técnica
completa. A pesar de presentar un perfil calificado, se evidencia que tanto hombres como mujeres se
encuentran desempeñando labores en el sector informal; algunos como vendedores y
administradores de sus propios negocios y otros, apoyando labores en el sector formal sin que medie
un contrato de trabajo. Solo dos hombres manifestaron estar desempleados, uno de ellos, a pesar de
tener el Permiso Especial de Permanencia (PEP).

Contextualización General: Las relaciones geográficas e históricas entre Colombia y


Venezuela
“En el contexto del área fronteriza colombo-venezolana ocurren los mayores flujos migratorios de los países andinos” (Álvarez de Flores,
2004)

Con el fin de entender las dinámicas que se entretejen entre Colombia y Venezuela, y el contexto
dentro del cual se presenta la actual situación migratoria entre los dos países, presentaremos un
capítulo preliminar en el cual aportaremos información sobre la zona de frontera colombo-
venezolana y sus relaciones de vecindad históricas, así como sobre algunas particularidades de los
flujos migratorios. Para esto, resaltaremos algunos aspectos claves que resulta fundamental tener
presentes para entender las dinámicas migratorias entre ambos países.

El factor geográfico

La frontera que separa ambos países fue construida artificialmente ya que no fue determinada por
accidentes geográficos, sino por líneas establecidas mediante coordenadas geográficas cuya línea de
demarcación es inestable debido a que los ríos (como el Arauca y el Orinoco) alteran su curso
constantemente, y es porosa, ya que son muchas las personas que a diario pasan de un lado a otro a
buscar su sustento, abastecerse, ir a la escuela o visitar a sus seres queridos. Esta frontera abarca los
Estados de Zulia, Táchira, Apure y Amazonas, en Venezuela y los Departamentos colombianos de
Vichada, Arauca, Norte de Santander, Guainía, Cesar y La Guajira, con una geografía tan variada que
va desde desiertos hasta selvas pronunciadas.
Son más de 2,219 km separados por líneas invisibles donde tienen asiento comunidades indígenas
como los Wayuu, Yukpa y Bari y que cobran vida cuando las necesidades apremian siendo paso fácil
para el contrabando, el narcotráfico, el ingreso y salida de migrantes por puestos no controlados,
además, del accionar de los grupos delincuenciales que encuentran como “caldo de cultivo” para su
supervivencia, una ausencia significativa del Estado a lo largo y ancho de la frontera. En total, 26 de
los 1,102 municipios de Colombia comparten puerta con Venezuela (CNMH, 2015).

Flujos migratorios bilaterales

Entre los dos países han estado fuertemente influidas por los flujos migratorios, principalmente de
colombianos que se han trasladado al vecino país. Según los censos de población venezolanos,
históricamente se han registrado varios incrementos significativos en la llegada de colombianos; el
primero, hacia mediados de la década del 50 entre los años 1951 a 1971, pasando de 45,969
colombianos a 102,314 y el segundo, entre 1981 y 2001, periodo en el que los colombianos
representaban el 60% de la población total de extranjeros en Venezuela, gracias al denominado
“boom petrolero” (OIM, 2012).
En el periodo comprendido entre 1980 y 1990, Colombia aportó, respectivamente, el 83% y el
82% de todos los migrantes andinos, siendo ésta, la migración de mayor cuantía en América Latina
(Álvarez de Flores, 2004)
Esta migración de colombianos hacia Venezuela fue, en principio, de tipo laboral orientada por
razones económicas, inspirada por la bonanza económica que vivía el vecino país. Los colombianos
buscaban insertarse en el mercado de trabajo venezolano y con ello obtener mejores condiciones de
vida. Sin embargo, debido a los drásticos cambios sufridos por la economía venezolana en la última
década, ha habido disminución en la intensidad de estos flujos migratorios, y si bien el flujo de
colombianos nunca ha cesado, éste ha adquirido características diferentes.
Las migraciones de colombianos hacia Venezuela también han estado marcadas por el componente
de migraciones forzadas6. Las personas dejaron de salir por voluntad propia o en búsqueda de
mejores opciones de vida para hacerlo de manera involuntaria, como consecuencia de la agudización
del conflicto armado interno colombiano y el accionar de grupos al margen de la ley, particularmente
afianzados en las zonas de frontera (Cano Salazar, 2014).

Migración de retorno

Como otra particularidad de este fenómeno en el marco de la migración desde Venezuela, se ha


presentado un flujo de retorno de colombianos y familias colombo-venezolana7 que regresan al país.
Estas personas, presentan dificultades específicas a su situación relacionadas con el ejercicio de sus
derechos ciudadanos, su proceso de reintegración en la sociedad y asegurar su acceso a servicios
públicos: empleo, educación y salud (Gobierno de Colombia, Defensoría del Pueblo, Fenalper, y
UNGRD. 2018).

Vulnerabilidad de los inmigrantes venezolanos

El flujo reciente de venezolanos hacia Colombia se ha caracterizado por la particular condición de


vulnerabilidad de quienes han emprendido el viaje, a lo que se agrega la precaria situación de algunos
lugares de destino, sobre todo a partir del 2016 ( SJR et al. 2018). Personas enfermas, madres
gestantes, madres cabeza de familia acompañadas de sus hijos pequeños, grupos familiares enteros
que cruzan a pie y en muchas ocasiones siguen el camino durante cientos de kilómetros atravesando
carreteras, páramos y zonas peligrosas, para adentrarse en el territorio nacional. Se trata de un grupo
poblacional con necesidades de protección, en ocasiones presentando incluso cuadros de
desnutrición aguda tanto en personas mayores como en menores de edad (CIDH, 2018).
El Grupo Interagencial para los Flujos Migratorios Mixtos (GIFMM) que es conducido por la
Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y por el Alto Comisionado de Naciones
Unidas para los Refugiados (ACNUR), ha logrado identificar incluso casos de violencia basada en
género/sexo para poder sobrevivir por parte de ciudadanos venezolanos que han viajado en estas
condiciones, enfrentándose a riesgos de todo tipo.
Por otro lado, en las regiones (y barrios) donde se asientan estas personas preexisten necesidades
insatisfechas que agobian a diferentes grupos poblacionales como desplazados, pobres estructurales o
históricos y comunidades indígenas (Wayuu, Yukpa y Barí, especialmente), entre otros. También
presentan condiciones históricas de informalidad, desempleo, presencia de grupos armados y brechas
en el acceso a servicios públicos, que se constituyen en retos para la acogida de los recién llegados ante
la falta de disponibilidad de servicios y la poca capacidad de absorción de las comunidades de
destino.

¿Qué dicen las cifras y qué rutas siguen los venezolanos?

Como con todo flujo migratorio, existe una gran dificultad para aportar cifras definitivas sobre el
número de venezolanos presentes en el territorio nacional. De acuerdo con los datos de Migración
Colombia8, al 30 de septiembre del 2018, Colombia contaba aproximadamente con 1,032,016 de
venezolanos residiendo en su territorio, los cuales migraron al país, en gran parte, por la difícil
coyuntura económica, política y social de Venezuela. Esto ubica a Colombia como el principal país
receptor de la migración venezolana y hace que el estudio de la situación de los venezolanos en el
territorio sea necesaria.
En un lapso de 16 meses, la migración venezolana se ha más que quintuplicado, pasando de
171,783 migrantes en mayo del 2017 a 1,032,016 en septiembre de 2018 (DNP, 2018).
Los datos que son reportados de manera oficial se nutren del proceso de registro de migrantes
venezolanos, adelantado entre el 6 de abril y el 8 de junio de 2018, por parte de Migración
Colombia y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD)9. Este proceso fue
denominado Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos irregulares en Colombia (RAMV)10 y
partir del mismo se reportaron 442,462 migrantes venezolanos en situación administrativa irregular
en el territorio nacional.
Según el informe presentado, Bogotá es el lugar donde más se concentra la población venezolana al
contar con 23.5% de la misma; de allí que parte de nuestro estudio se haya enfocado en esta ciudad.
Vale la pena resaltar, sin embargo, que el impacto del flujo migratorio bajo estudio resulta distinto
según el lugar del territorio que se analice. Según los resultados del mismo proceso de registro, este
éxodo ha tenido un impacto desproporcionado en los departamentos del Norte de Santander, La
Guajira y Arauca, que por su ubicación geográfica fronteriza con Venezuela cubren la mayor parte de
la movilidad de los venezolanos.
Por otra parte, de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH)11 se extrae un total de 348,312
migrantes provenientes de Venezuela para el 2017. Según informe del Observatorio laboral de la
Universidad del Rosario (LaboUR, 2017), del total de migrantes reseñados, 184,226 (52.9%)
migraron a Colombia hace más de dos años y menos de 6 años (antes de 2015 y luego de 2011),
mientras que 164,086 (47.1%) migraron a Colombia entre 2015 y 2016. Este aspecto resaltaba la
dramática dimensión de la migración reciente, pues en dos años migraron tantas personas como
habían migrado en los cuatro años anteriores.
Como se puede notar, parece existir una falta de unicidad en las cifras que se reportan12. A
continuación, se muestran algunos datos tomados a partir de diferentes informes púbicos y privados,
en los que se hace evidente esta dificultad.
Figura 1. Tamaño de la población venezolana migrante según distintas fuentes de información disponibles.
Fuente: Elaboración de las autoras con base en: Fedesarrollo (2018).

Rutas seleccionadas

El diseño temático de la entrevista permitió identificar rutas de los desplazamientos migratorios de las
personas entrevistadas, desde sus localidades de origen en Venezuela hasta Colombia, además,
evidenció datos sobre las vinculaciones transnacionales que mantienen con Colombia y otros países,
especialmente con Chile y Perú. Para dar cuenta de ello, se pidió información sobre cuáles fueron las
rutas, medios e itinerarios desde Venezuela hasta Colombia y sus traslados dentro del país.
El 85% de los entrevistados manifestó haber hecho su desplazamiento vía terrestre, solo el 14%, lo
hizo en avión. Hay que decir que las rutas terrestres se llevaron a cabo de manera multimodal; es
decir, una parte de trayecto en automotor y otra caminando.
Se identificaron nueve trayectos terrestres de ingreso a Colombia desde Venezuela:
1. Maracaibo (Zulia)-San Cristóbal (San Antonio del Táchira), Venezuela / Cúcuta (Norte de
Santander)-Bogotá (Cundinamarca), Colombia.
2. Maracaibo (Zulia), Venezuela / Cúcuta (Norte de Santander)-Yopal (Casanare)- Bogotá
(Cundinamarca), Colombia.
3. Maracaibo (Zulia), Venezuela / Maicao (La Guajira)-Bogotá (Cundinamarca), Colombia.
4. Maracaibo (Zulia), Venezuela / Maicao (La Guajira)-Barranquilla (Atlántico)- Bogotá
(Cundinamarca), Colombia.
5. Maracaibo (Zulia), Venezuela / Maicao (La Guajira)-Valledupar (Cesar)-Bogotá
(Cundinamarca), Colombia.
6. Caracas-San Cristóbal (San Antonio del Táchira), Venezuela / Cúcuta (Norte de Santander)-
Bogotá (Cundinamarca), Colombia.
7. San Cristóbal (San Antonio de Táchira), Venezuela / Cúcuta (Norte de Santander)-Bogotá
(Cundinamarca), Colombia.
8. Valera (Trujillo), Venezuela / Cúcuta (Norte de Santander)-Bogotá (Cundinamarca),
Colombia.
9. Puerto la Cruz (Anzoátegui)-San Cristóbal (San Antonio del Táchira), Venezuela / Cúcuta
(Norte de Santander)- Bogotá (Cundinamarca), Colombia.
La ruta terrestre más recurrente entre las personas entrevistadas para este estudio es la que va desde
Maracaibo (Zulia) hasta San Cristóbal (San Antonio del Táchira) en Venezuela y desde allí a
Colombia por el Puente internacional Simón Bolívar13 en Cúcuta (Norte de Santander), para
terminar en Bogotá (Cundinamarca), la capital.
Este trayecto es conocido por los ciudadanos de ambos países como la “ruta histórica”, pues es una
de las más dinámicas de América Latina y la de mayor movimiento de personas y mercancías entre
ambos países. Incluso, desde el año 2005 se creó allí la Zona de Integración Fronteriza Táchira –
Norte de Santander (ZIF-TNS) para profundizar los procesos de integración que, según los actores
locales, se dan “de hecho” en la región.
Cúcuta y Maicao son puntos de entrada y sitios transitorios donde se busca acceder a los servicios
de salud, alimentación, vivienda y empleo en Colombia. Aunque Cúcuta es una ciudad que cuenta
con una infraestructura institucional y comercial más robusta que la disponible en Maicao, la oferta
de empleo y vivienda en ambas ciudades no es suficiente para absorber a toda la población que llega
desde Venezuela. Esta razón, sumada a la información que circula entre los migrantes sobre las
oportunidades disponibles en las ciudades grandes como Bogotá, explica la decisión de moverse
hasta este destino.
Solo cuatro personas manifestaron haber incluido una parte del trayecto en avión dentro de sus
itinerarios de viaje, dos, directamente desde Caracas hasta Bogotá y uno, desde Cúcuta hacia Bogotá.
Cuando se indagó sobre la preparación de la salida de Venezuela y sobre el porqué se escogió este
país como lugar de destino, la mayoría manifestó tener un amigo, un conocido o un familiar en
Colombia. Esto pone en evidencia la existencia de redes trasnacionales que funcionan también como
capital social que operan desde el origen (Venezuela), para trazar los desplazamientos migratorios y
que a su vez se convierte en un importante conocimiento previo del lugar o país de destino, en este
caso Colombia. Las personas entrevistadas también demostraron que la escogencia de Bogotá, Tunja
o Santa Marta se relacionaba con la posibilidad de acceso a un empleo o una actividad de generación
de ingresos.
Se podría hablar también de la existencia de una dinámica de “circuito migratorio trasnacional”
que se refiere a prácticas de traslado internacional terrestre entre países vecinos o cercanos. En este
circuito migratorio de la migración venezolana estarían Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Chile. Los
entrevistados demostraron su interés en moverse hacia otros países de la región, en particular Perú y
Argentina, y veían a Colombia como un país de tránsito que les permitiría subsistir, enviar dinero a
sus familias en Venezuela y ahorrar para seguir su trayecto migratorio. De esta manera, el camino de
ida se convierte también en camino de vuelta, solo que la “vuelta” no les lleva, necesariamente, hasta
el país de origen: los deja en Ecuador, Perú, Chile o Brasil, cumpliendo un ciclo que termina por
consolidar el circuito migratorio antes mencionado y convirtiendo a estos países fronterizos de
Venezuela en lugares de destino y tránsito al mismo tiempo.
A continuación, presentaremos el marco jurídico e institucional de acogida de los venezolanos en
Colombia. Partiremos de una aproximación general al marco jurídico nacional en materia de
extranjería para luego describir las medidas particulares diseñadas para atender a los migrantes
provenientes del vecino país y terminar, a modo de síntesis, con una descripción de los itinerarios
seleccionados por los entrevistados.

Marco Jurídico e institucional del contexto de acogida


Marco normativo migratorio colombiano

En Colombia, el marco regulatorio general en materia de extranjería y de visas está integrado por el
Decreto 1067 de 2015 y la resolución 6045 de 2017. Estas normas son aplicables a todos los
extranjeros en el territorio y tienen la particularidad de no referirse a cuestiones como los derechos de
los migrantes o los mecanismos de regularización del estatus migratorio, mientras que sí otorgan
amplias potestades discrecionales a las autoridades migratorias y contienen varios conceptos jurídicos
indeterminados a la hora de disponer las causales de admisión, inadmisión y rechazo de migrantes,
pero también de disponer sobre su deportación y expulsión (Castro y Milkes 2018).
En materia de visas, en la actualidad se diferencia entre aquellas que son de carácter temporal y
aquellas permanentes destinadas para los extranjeros que adquieren el estatus de residentes. Las visas
temporales pueden solicitarse por razones de trabajo, educación, refugio, visa de inversionistas, visa
para miembros de comunidades religiosas, de organizaciones sin ánimo de lucro (entre otras),
mientras que las visas de residente corresponden a aquellas personas que, habiendo gozado de una
visa temporal por cierto tiempo, o que siendo padres de colombianos deciden radicarse en el país.
Por ser un factor relevante para nuestra investigación, debemos mencionar que la expedición de
visas implica, entre otros requisitos, el sufragar un costo para los extranjeros, el cual corresponde a
aproximadamente 408.16 dólares. En particular, la visa de trabajo exige además que un empleador
acompañe la solicitud, con lo cual no puede ser tramitada antes de haber conseguido un puesto de
trabajo y al cambiar de empleador debe hacerse una notificación a las autoridades migratorias. La visa
de inversionista, por su parte, exige, entre otras cosas, demostrar solvencia económica mediante
extractos bancarios.
En cuanto a las visas de ingreso, salvo casos excepcionales en los que se exige visa de turismo para
ingresar a Colombia, los extranjeros pueden ingresar al territorio nacional portando su pasaporte y en
la frontera se decide su admisión al territorio en calidad de turistas por un periodo de 90 días
prorrogables hasta por 180. Una vez agotado este término, su permanencia en el territorio estará
condicionada a la expedición de las mencionadas visas temporales o permanentes. Ahora bien, el
ingreso como turistas no permite a los extranjeros trabajar, para hacerlo, se debe solicitar una visa de
trabajo, sufragando los costos correspondientes. Siendo estas las generalidades de la normativa
nacional en materia de visas, nos referiremos a continuación a algunas particularidades de los
itinerarios migratorios de los venezolanos en Colombia.

Medidas excepcionales para los venezolanos en Colombia

Ante el aumento exponencial en la llegada de venezolanos que se empezó a dar a partir del 2016, el
Estado decidió adoptar una serie de medidas tendientes a facilitar la circulación de las personas en
zona de frontera y su permanencia en el país generando así un marco regulatorio excepcional para
hacerle frente a la llegada de venezolanos quienes no podían optar por las categorías migratorias
existentes (OIM, 2018)14.
Este marco regulatorio sirve de mecanismo de regularización temporal de los migrantes
venezolanos presentes en el territorio nacional sin que corresponda a una alternativa definitiva para
estas personas. Como veremos, está integrado por medidas que se implementan de manera temporal
por lo que deben ser reimplementadas cada cierto tiempo, teniendo en cuenta que el fenómeno
continúa y el flujo de personas se intensifica. Así, veremos cómo se han dispuesto 3 Permisos
Especiales de Permanencia (PEP) (correspondientes a tres periodos diferentes) y 2 Tarjetas de
movilidad Fronteriza (TMF). Nos referiremos a cada una por separado.
La ley 1873 de 2017 (Artículo 140) determinó que existía una emergencia social en la zona de
frontera y dispuso que se diseñaría “una política integral de atención humanitaria y asignará los recursos
en la vigencia fiscal a través de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres”.
Como una primera medida se dispuso la creación del primer Permiso Especial de Permanencia
(PEP), y de la primera Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), mediante la resolución 5797 de julio de
2017 el PEP permitía a su beneficiario permanecer de manera regular en el territorio nacional,
trabajar, acceder a servicios de salud 15 y educación16. Esta Tarjeta funciona entonces como un
mecanismo de regularización para aquellas personas que habiendo ingresado en el territorio −en
calidad de turistas− quisieran permanecer dentro del mismo y trabajar, estudiar, etc., sin tener que
optar por la ruta migratoria tradicional y solicitar una visa de trabajo. Para obtener este primer
permiso se debía acreditar:

Encontrarse en el territorio colombiano a la fecha de publicación de la Resolución (es decir,


a julio de 2017)
Haber ingresado con pasaporte al territorio nacional por un Puesto de Control Migratorio
Habilitado (lo cual excluye a quienes hayan ingresado por trochas u otros pasos no
vigilados)
No tener antecedentes judiciales a nivel nacional e internacional
No tener una medida de expulsión o deportación vigente

Este PEP tiene una vigencia de noventa (90) días, prorrogables por periodos iguales, hasta por un
periodo de dos (2) años. El plazo máximo para obtenerlo fue hasta el 31 de octubre de 2017.
Luego encontramos un segundo PEP creado mediante resolución 0740 de 2018. El 5 de febrero de
2018 se determinó la apertura de un nuevo periodo de regularización para los ciudadanos
venezolanos que hubieren entrado al territorio nacional a fecha del 2 de febrero de 2018. Para este
segundo periodo se dispuso un plazo máximo hasta el 7 de junio de 2018 y se mantuvieron los
mismos requisitos descritos para el primero.
El tercer PEP se adoptó en 2018, mediante el Decreto 0542 de 2018. Este PEP correspondió con un
incentivo para quienes participaron en el proceso de Registro Administrativo de Migrantes
Venezolanos (RAMV), cuyas cifras aportamos en la introducción17. Así, se dispuso que aquellas
personas que habían acudido a registrarse podrían acceder al Permiso de Permanencia, sin tener
en cuenta si habían ingresado por un puesto migratorio controlado o con pasaporte.
El decreto dispuso algunas particularidades sobre el PEP (aplicables a todos los portadores del
documento sin importar en qué momento lo hayan adquirido), estipulando que el mismo “dada su
naturaleza jurídica, está dirigido a autorizar la permanencia de los nacionales venezolanos que se
encuentren en el territorio nacional sin la intención de establecerse, razón por la cual, no equivale a una
Visa, ni tiene efectos en el cómputo de tiempo para las Visas de Residencia Tipo ‘R’ y ‘M’”, dispuso,
además, unas causales de cancelación del Permiso especial de Permanencia18.
Finalmente, mediante la Resolución 1067 de 2018, se creó una nueva ventana de regularización
para los venezolanos que hubieren entrado al país hasta el 17 de diciembre de 2018, estableciendo
como requisitos los mismos previstos para los primeros dos PEP.
El cuadro 1 sintetiza los cuatro momentos en los cuales ha sido posible adquirir el permiso, sus
requisitos e implicaciones.
Cuadro 1. Normatividad del Permiso Especial de Permanencia, PEP.

Normatividad Objeto Plazo de Requisitos Vigencia Posibilidades


solicitud
Encontrarse en Colombia a 25 de Noventa Documento de identificación.
Noventa julio de 2017. Ingreso con días, Permanecer temporalmente y en
días a pasaporte por punto de control prorrogable condición regular. Acceder a
Resolución
Creación del partir del migratorio. No tener antecedentes por oferta en materia de salud,
5797 de 25
PEP 25 de judiciales. No tener una medida de periodos educación y trabajo.
julio de 2017
julio de expulsión o deportación vigente iguales hasta
2017 por dos
años.
Encontrarse en Colombia a 2 de Noventa Documento de identificación.
Cuatro febrero de 2018. Ingreso con días, Permanecer temporalmente y en
Resolución Establecimiento meses a pasaporte por punto de control prorrogable condición regular. Acceder a
740 de 5 de de nuevo partir del migratorio. No tener antecedentes por oferta en materia de salud,
febrero de término para 5 de judiciales. No tener una medida de periodos educación y trabajo.
2018 acceso al PEP febrero de expulsión o deportación vigente iguales
2018 hasta por
dos años.
Tener RAMV. No tener Noventa Documento de identificación.
antecedentes judiciales. No tener días, Permanecer temporalmente y en
2 de
una medida de expulsión o prorrogable condición regular. Acceder a
Decreto 1288 agosto a
Modificación deportación vigente por oferta en materia de salud,
de 25 de julio 21 de
del PEP periodos educación y trabajo. Atención de
de 2018 diciembre
iguales niños, niñas y adolescentes
de 2018
hasta por
dos años.
Encontrarse en Colombia a 17 de Noventa Documento de identificación.
Cuatro diciembre 2018. Ingreso con días, Permanecer temporalmente y en
Resolución Establecimiento meses a pasaporte por punto de control prorrogable condición regular. Acceder a
10677 de 18 de nuevo partir del migratorio. No tener antecedentes por oferta en materia de salud,
de diciembre término para 5 de judiciales. No tener una medida de periodos educación y trabajo.
de 2018 acceso al PEP febrero de expulsión o deportación vigente iguales
2018 hasta por
dos años.
Fuente: Elaboración de las autoras.

La tarjeta de Movilidad Fronteriza

Esta tarjeta se creó para regular el transito que históricamente ha existido en las zonas de frontera
como una forma de medirlo y llevar registro del mismo (autorizando un ingreso a los municipios
circunvecinos de la frontera dentro de una permanencia no mayor a 7 días continuos). Estaba
especialmente dirigida a la llamada “migración pendular”, término acuñado para referirse a las
personas que diariamente iban y venían con el fin de satisfacer las necesidades básicas, asistir a
escuelas, hospitales, comprar mercancía entre otros, es decir, para la población flotante en la zona de
frontera.
La tarjeta de Movilidad Fronteriza se creó en 2017 y dejó de expedirse en febrero de 2018 19; sin
embargo, quienes ya la habían obtenido podían seguir beneficiándose de la misma. No se trataba de
un documento de identificación, ni permitía a sus portadores trasladarse a zonas ajenas a la frontera.
El 23 de noviembre, el gobierno nacional, mediante el Documento CONPES 3950 dispuso
nuevamente el otorgamiento de la misma.
A continuación, haremos referencia a las virtudes y defectos de este permiso de permanencia
apoyándonos en las entrevistas y en la información recopilada.

Permiso Especial de Permanencia, virtudes y retos

La decisión del gobierno de otorgar un permiso especial para regularizar la situación de los
venezolanos en el país constituye un mecanismo favorable para facilitar su acceso al mercado laboral,
a servicios públicos y así palear su condición de vulnerabilidad, sin embargo, existen algunas
dificultades frente a su implementación y aplicación que se pueden evidenciar tanto en las entrevistas
efectuadas como en las realidades evidenciadas en la información secundaria. Dentro de estos
encontramos:

Los beneficiarios del PEP que lo solicitaron en las dos primeras oportunidades, pudieron
acceder al documento de manera rápida, con lo cual pudieron regularizar sus situación
migratoria (así lo reportaron todos los portadores del PEP entrevistados en Bogotá)20 salvo
aquellos que fueron registrados en el RAMV y quienes debieron esperar por turnos a ser
convocados para recibir el documento (este fue el caso de Laura de 37 años, quien
manifestó encontrarse en situación irregular en la espera de poder adquirir su PEP tras
haberse registrado en el RAMV).
El PEP le permite a los migrantes ejercer labores profesionales de manera regular, sin
embargo, la política no ha sido suficientemente socializada con empresarios y empleadores
en general, por lo que en muchas situaciones sus portadores no son contratados o deben
trabajar de manera informal. En ocasiones, y aun cuando el empleador esté dispuesto a
contratar a una persona portadora de PEP, se debe surtir otro proceso de socialización con la
Entidad Promotora de Salud, la Administradora de Fondo de Pensiones y Administradora
de Riesgos Laborales para que acepte el PEP como documento válido para realizar la
afiliación del trabajador21. Solamente una de las cuatro personas entrevistadas que cuentan
con PEP, consiguió un trabajo formal gracias al documento, otras dos personas trabajan de
manera independiente. José de 40 años, tienen su propio negocio de venta de frutas,
mientras que Gabriel de 45 tiene un negocio ambulante de venta de avena. Jesús de 33
años, es desempleado a pesar de tener el PEP, dice que las empresas no confían en el
documento por eso no lo contratan, ha trabajado, pero en condiciones de explotación
laboral y a pesar de ser comunicador social, no logra ubicarse laboralmente. Él manifiesta,
cuando se le pregunta qué podrían hacer las autoridades para mejorar su situación: “que las
empresas entiendan que esos acuerdos son para ser cumplidos, y que el gobierno los haga
cumplir” refiriéndose al PEP.
El PEP no es un mecanismo permanente de regularización, solamente se ha otorgado en
cuatro periodos temporales precisos. Hasta el momento de redactar este informe, el PEP no
constituía una herramienta permanente de regularización por lo que persisten los migrantes
irregulares en el territorio nacional.
El Registro de venezolanos tuvo varias dificultades, cuando se convocó se dijo que no
tendría fines de regularización, y en algunos lugares del país, la labor de entrevista fue
acompañada por la policía, por lo que algunos migrantes en situación irregular decidieron
no acercarse a completar el registro, y en esta medida quedaron por fuera de la oportunidad
de regularización que fue decidida posteriormente.
Según información de Migración Colombia, de los 442,500 venezolanos que se censaron
en el RAMV, solamente alrededor de 255 mil solicitaron su PEP (al 10 de diciembre de 2018
se había decidido prorrogar el plazo para su solicitud el cual inicialmente vencía el 2 de
diciembre). Bien sea por falta de información, de interés o porque ya habían abandonado el
país, esta situación muestra las dificultades tanto del sistema de registro como del PEP.

Los migrantes venezolanos que han ingresado por fuera de las oportunidades dispuestas para la
adquisición del PEP, o que no han cumplido con los requisitos para beneficiarse de esta medida,
tienen que acogerse a las reglas generales en materia de autorización de permanencia y visado, que ya
describimos, esto lleva a que haya una gran cantidad de migrantes venezolanos en situación
administrativa irregular, quienes se ven expuestos a deportaciones y expulsiones.
El 21 de agosto de 2018, el ministro de Relaciones Exteriores indicó que en adelante, Colombia
no exigiría pasaporte a los venezolanos que solicitan ingresar al país (El Nuevo Siglo, 2018), sin
embargo, las prácticas reportadas en frontera hablan de exigencias de tiquetes de bus para salir del
territorio como requisito para autorizarles su ingreso por los pasos formales22.

Itinerarios migratorios de los entrevistados

Con base en las entrevistas podemos identificar algunos itinerarios migratorios de la población
venezolana en Colombia. Dichos itinerarios, que se mencionan a continuación, se entienden como
los cambios en la modalidad migratoria a la que acceden los inmigrantes una vez que entran en
territorio colombiano.
Se percibe que la población ha transitado por dos estatus migratorios o que solo cuenta con uno.
En ocho casos las personas reportan tener solo el PEP, en cinco casos los informantes se encuentran en
situación migratoria irregular y en tres casos se ha hecho uso de la figura de turista. El cambio más
frecuente es el que indican seis personas que entraron a Colombia en condición de turistas y luego
adquirieron el PEP. Una persona que entró como turista luego adquirió una visa, y otras dos personas
que ingresaron bajo la misma condición reportan haber accedido en un segundo momento a la
ciudadanía colombiana.
Cuadro 2. Itinerarios migratorios de los entrevistados.
Estatus 1 Estatus 2 Número de entrevistados(as)
Irregular - 5

PEP - 8

Turismo PEP 6

Turismo Visa 1

Turismo - 3

Turismo Ciudadanía colombiana 1

Turismo Residencia permanente 2

Turismo Ciudadano (naturalizado) 1

Fuente: Elaboración propia.

Ingreso como turista


Los nacionales de Venezuela no requieren visa de turismo para entrar en territorio colombiano.
Algunos de los entrevistados demostraron haber entrado a Colombia haciendo uso de esta figura ya
que se habían informado sobre la posibilidad de entrar sin visado, solo con pasaporte, mientras
conocían mejor el contexto del país y reunían más información para desarrollar su proyecto
migratorio.
En algunos casos, como el de Jesús, de 33 años, las personas demostraron ingresar como turista,
aplicar al PEP, volver a Venezuela y luego retornar a Colombia ingresando bajo esta segunda categoría
migratoria. El ingreso como turista ha servido para algunos de los entrevistados como una manera de
indagar sobre las posibilidades de establecerse de manera temporal en Colombia, especialmente ver
cómo son las condiciones de vida en este país antes de decidir instalarse definitivamente.

Ingreso con visa/permiso laboral o de manera irregular

De las personas entrevistadas, pocos, fueron portadores de una visa de trabajo, esto puede explicarse
a partir del reciente tiempo de residencia en Colombia, o debido a que no todas las personas cuentan
con recursos sociales y económicos para garantizar un puesto de trabajo e iniciar la solicitud de la visa
de trabajo. La mayoría de los casos de las entrevistas se explican con el ingreso como turista o de
manera irregular buscando tener acceso al PEP de manera directa o a través de la inscripción al RAMV, o
simplemente, permaneciendo en la irregularidad y emplearse en el sector informal.
El ingreso sin documentos es un aspecto que se ha ido incrementando, parte de ello puede
explicarse a partir de las complicaciones tanto en tiempo como en dinero que tienen los ciudadanos
venezolanos en la solicitud de sus pasaportes23, pero también por la extensión geográfica de la
frontera y la facilidad de atravesarla de manera irregular. Esta situación se confirma con el RAMV
donde, del total de personas que se inscribieron, el 6.8% lo hicieron con pasaporte, el 4.4% con
Tarjeta de Movilidad Fronteriza, y el 4.1% con cédulas de extranjería vencidas. Colombia ha
decidido aceptar como documentos de identificación en el país los pasaportes venezolanos vencidos
(resolución 0872 del 5 de marzo de 2019). Esta medida reconoce la dificultad de acceso a dicho
documento y busca que los migrantes procedentes de Venezuela puedan acceder a través de los
puntos de control migratorio disminuyendo así el uso de los cruces de frontera informales.

Opciones de naturalización, reivindicación de la nacionalidad por nacimiento


En la emigración reciente desde Venezuela a Colombia se encuentran personas con vínculos
familiares en el país que pueden acceder a la naturalización siempre y cuando tengan una visa de
residente y al menos un año de residencia continua en el país24. Para estos casos, se puede explicar la
escogencia de Colombia como destino de la migración, sin embargo, ninguno de los entrevistados se
encontraba en esta situación, la naturalización parece una alternativa a mediano y largo plazo en la
cual ninguno había pensado por ahora, quizá por el mismo factor económico que limita la
adquisición de visas de residencia y el subsiguiente proceso de adquisición de la nacionalidad.
Ahora bien, como lo mencionamos en la introducción, dentro de los flujos desde Venezuela hacia
Colombia se encuentran aquellos de retorno de familias colombo- venezolanas, o de colombianos.
En este escenario, algunas personas nacidas en Venezuela, siendo hijos de colombianos, han buscado
acceder a la nacionalidad colombiana por nacimiento, en el tenor de lo dispuesto por la Constitución
Nacional en su artículo 96 (que los hijos de colombianos en el exterior serán colombianos cuando
quiera que los mismos se domicilien en territorio colombiano o se registren en una oficina Consular
de la República). En este proceso también han encontrado barreras, especialmente relacionadas con
la dificultad de presentar registros de nacimiento apostillados y otras pruebas de la nacionalidad 25.
Tal es el caso de Santiago, de 41 años, quien escogió a Colombia como destino porque puede
solicitar acceso a la nacionalidad debido a que sus padres son colombianos.

Acceso a derechos
La Constitución colombiana establece, en su artículo 100, que los extranjeros en el territorio nacional
gozarán de los mismos derechos civiles de los nacionales pero que los mismos podrán ser
condicionados o negados mediante una ley por razones de orden público. Adicionalmente,
Colombia ha ratificado los principales tratados internacionales en materia de Derechos Humanos,
incluyendo la Convención para la Protección de todos los trabajadores migrantes y miembros de sus
familias de 1990.
Ahora bien, el acceso a derechos de los migrantes está directamente ligado a su estatus migratorio
dentro del país, para los portadores de visas, según el tipo de visa que se trate se podrá acceder al
mercado laboral, servicios educativos, servicios de salud, etc. Evidentemente, aquellos migrantes en
situación administrativa irregular son los que cuentan con mayores barreras para acceder a sus
derechos más básicos y son más proclives a todo tipo de explotación.
Para el caso particular de los venezolanos en Colombia, tratándose de aquéllos portadores del PEP,
el decreto 0542 de 2018 dispone que todas las personas que lo posean podrán trabajar, además de
acceder a los servicios de orientación, información y remisión, prestados por la Red de Prestadores
del Servicio Público de Empleo. En materia de salud, podrán afiliarse al régimen de salud, así como
acceder a educación. Por el contrario, aquellos que se encuentren en situación irregular solamente
tienen garantizado el acceso a los servicios de urgencia en materia de salud 26.
El Ministerio de Educación ha desarrollado una serie de medidas para facilitar el acceso a
educación y agilizar los procesos de convalidación de títulos adquiridos en el exterior. Las medidas
tomadas, aunque han presentado avances, también han demostrado que se requiere una mejor
comunicación entre las entidades del orden central y territorial, y una transferencia de recursos a los
municipios con mayor participación de población migrante en edad escolar para garantizar el acceso
efectivo a la educación.
La matriz (Cuadro 3) describe el conjunto de derechos concedidos a la población venezolana en
Colombia.
A continuación, a partir de las entrevistas y de fuentes secundarias, se presenta una descripción de
la experiencia de acceso a salud, empleo y educación por parte de los migrantes venezolanos, antes de
detenernos particularmente en la situación de aquellos migrantes en situación administrativa
irregular.
Cuadro 3. Matriz social de protección a población venezolana en Colombia.
DERECHO NORMATIVA APLICABLE DISPOSICIÓN(ES) DERECHOS QUE SE
ESPECIAL(ES) PARA CONCEDEN
VENEZOLANOS

Ley 100 de 1993 Establece el principio de


universalidad en la prestación del servicio
Todo extranjero en el país
de salud.
independientemente de
Ley 1438 de 2011 dispone que toda estatus migratorio: Derecho
persona que resida en el territorio debe a atención en urgencias
estar afiliada al sistema general de salud Resolución 3015 de 2017 Establece
que el PEP es documento válido Venezolanos portadores del
Salud Ley 1751 de 2015 Determina que toda
para registrarse en el Sistema PEP o portadores de visas:
persona tiene derecho a recibir atención de
general de salud posibilidad de afiliarse al
urgencias.
sistema general de salud.
Decreto 780 de 2016 Establece requisitos Atención según el Plan
para afiliarse a la seguridad social, para los obligatorio de salud además
extranjeros dispone el pasaporte, de urgencias
salvoconducto, cédula de extranjería (art
2.1.3.5).

El decreto 1067 de 2015 establece la Las resoluciones resolución 5797 de Derecho a trabajo para
necesidad de contar con visa de trabajo julio de 2017, así como la 0740 de portadores del PEP.
para ejercer labores profesionales en el 2018 y el decreto 0542 de 2018 al
* Acceso a los servicios de
Trabajo país . Dicho decreto dispone igualmente la disponer el otorgamiento de PEP
orientación, información y
deportación de migrantes que trabajen sin establecen la autorización de
remisión prestados por la
la debida autorización para hacerlo. trabajo para sus portadores.
Red de Prestadores del
Servicio Público de Empleo.

El art. 44 de la constitución establece el Circular conjunta 01 del 17 de abril Se permite el ingreso de


carácter fundamental del derecho a la de 2017 se asegura el derecho a la NNA a la educación
educación. educación de todos los niños primaria y secundaria.
extranjeros independientemente de No se les exige registro de
El decreto 1067 de 2015 establece para los
su estatus administrativo. No se notas o registro civil en caso
extranjeros la necesidad de contar con visas
exigirán registros académicos de no tenerlo
Educación de estudiantes para poder ingresar a apostillados
instituciones educativas y la obligación de Se practican exámenes de
estas últimas de reportar a migración Decreto 0542 de 2018 invita al nivelación escolar
Colombia los estudiantes extranjeros en sus Ministerio de educación a
Las autoridades no serán
aulas. reglamentar medidas especiales para
sancionadas por recibir
facilitar la convalidación de títulos
extranjeros indocumentados
de educación superior.
en sus instituciones.

Fuente. Elaboración de las autoras.

Acceso a salud, trabajo y educación

Acceso a Salud
Pese a que los entrevistados saben que los pueden atender por urgencias, independientemente de sus
estatus migratorios, son muy pocos los que reportan haber acudido a
los servicios que se prestan. Algunos como Joaquín de 29 años, dice que cuando se ha enfermado
compra medicinas en las farmacias y que tiene una hija menor con una erupción en la piel pero no la
ha llevado al médico ya que se encuentra en situación administrativa irregular27.
Anastasia de 46 años, comentó que se vio obligada a asistir a los servicios de urgencia cuando fue
arrollada por una motocicleta, en este caso recibió tanto la atención médica como los medicamentos
para su recuperación. Laura de 37 años, aunque nunca ha usado los servicios de urgencia para ella,
expresó que su hermano quien llevaba tres días trabajando en un restaurante sufrió quemaduras de
gravedad y aunque fue atendido de urgencias y hospitalizado, le han exigido afiliación y el pago de
dinero para continuar siendo atendido.
En general, la percepción de la calidad de los servicios de urgencias, y las estrategias de acceso a los
mismos, dependen de la situación administrativa de los migrantes, pero también de su estado de
salud y, en particular, de su conocimiento sobre las posibilidades de acceso a los servicios. Si bien,
entre los entrevistados no se encontraban personas con enfermedades graves o catastróficas, en
Colombia si se reporta la llegada de personas en estas condiciones, quienes han requerido de
tratamientos urgentes que han encendido las alarmas sobre el impacto de la inmigración venezolana
sobre este sector en particular. Esta situación es directamente proporcional a la degradación de los
servicios de salud y el acceso a medicamentos en el vecino país.
Acceso a Trabajo
Un informe del Observatorio laboral de la Universidad el Rosario LaboUR (2017), destaca que la
participación de los venezolanos en el mercado de trabajo debe analizarse considerando el tiempo que
llevan residiendo en Colombia, ya que quienes cuentan con más de dos años de residencia en el país
tienen un porcentaje de ocupación más alto que quienes han migrado recientemente. Además, se
deben tener en cuenta los niveles históricos de empleo informal en el país28, así como la dinámica de
la sobre cualificación que ha aumentado en los últimos años, en el mercado de trabajo nacional
(Universidad Externado de Colombia, 2017)
En efecto, la alta informalidad en el país se puede entender a partir de dos hechos fundamentales;
en primer lugar, la inexistencia de suficientes puestos de trabajo formales para todos los buscadores
de empleo, y la ventaja que representa la informalidad en términos de generación de ingresos al corto
plazo acorde con las necesidades de supervivencia de las personas (Quejada, Yánez y Cano, 2014).
Es claro que quienes participan en la economía informal reducen su capacidad de aportar al Sistema
de Protección Social, por lo cual su acceso a Salud, Pensión y Riesgos Laborales es precario o
inexistente.
Los migrantes provenientes de Venezuela han encontrado en la economía informal una posibilidad
de generación de ingresos en el corto plazo, la cual está acompañada de los mismos vicios que se
presentan para la población colombiana. La economía informal también es una opción para los
venezolanos toda vez que no es necesario demostrar un estatus migratorio regular para emprender en
labores como ventas y puestos ambulantes.
Ahora bien, a partir de las entrevistas se recolectó información sobre la profesión y oficio, la
ocupación en Venezuela y la ocupación actual. De los 18 entrevistados en Bogotá, dos reportaron no
tener una ocupación por estar desempleados, una jubilada y dos se dedican a las labores del hogar.
Las trece personas ocupadas en su mayoría se desempeñan en el sector servicios, ya sea como
trabajadores independientes (cuatro personas) o como empleados.
En cuanto a la experiencia requerida, los entrevistados expresaron que para emplearse se les solicitó
demostrar de manera práctica la experiencia en la labor a desempeñar (los cocineros, carpinteros y
carniceros lo compartieron). Este hecho ejemplifica que aun cuando existen mecanismos de
certificación de competencias en el país, gerenciados por el Servicio Nacional de Aprendizaje-SENA,
algunos empleadores realizan una verificación personal de la capacidad laboral de los migrantes y así
determinan su capacidad de llenar la vacante. Vale la pena mencionar que el SENA ha expresado que
ha flexibilizado su proceso de certificación de competencias para la población migrante, con el
objetivo de contribuir en la mejora del perfil laboral de las personas. Esta es una de las medidas que
busca facilitar la inserción de los migrantes en el mercado laboral colombiano29.
La inexistencia de contratos formales de trabajo se presenta en el caso de cuatro personas,
Anastasia, de 46 años evidenció que, aunque trabaja lo hace “sin contrato laboral por ser venezolana,
sin papeles”, y otras dos personas, entre ellas Orlando, de 24 años, comentaron que el empleador no
ha podido vincularlos porque “es un restaurante que ha abierto recientemente y según ellos, aún
están tramitando permisos y por eso no contratan formalmente al personal”. Estos casos ejemplifican
que, aunque las personas estén vinculadas con empresas constituidas formalmente, su vinculación
laboral aún no cumple los estándares laborales y su remuneración no alcanza el Salario Mínimo Legal
Vigente (SMLV). La falta de un contrato laboral incide en la existencia de condiciones precarias de
trabajo y en la imposibilidad de acceder a las coberturas completas en salud, pensión y riesgos
laborales a las que tienen derecho los trabajadores en Colombia. Además, todas estas condiciones
resultan ser terreno fértil para la explotación laboral.
Las entrevistas permiten observar cuatro contextos particulares: hay un desconocimiento de los
empresarios sobre el uso del PEP como permiso de trabajo, hay desconfianza y desconocimiento de las
normas vigentes en los empleadores a la hora de contratar migrantes venezolanos, la remuneración
que se da a los entrevistados es baja y en ocasiones demora en ser pagada (entre 10 y 15 mil pesos
día, lo que equivale entre 3 y 5 dólares) y los entrevistados no ven como alternativa el acceder a la
visas de trabajo teniendo en cuenta el elevado costo de las mismas y la falta de voluntad de los
empleadores de acompañar estos procedimientos.
Por otro lado, vale la pena mencionar que todos entrevistados manifestaron enviar remesas a sus
familiares en Venezuela, bajo la modalidad de transferencia electrónica, sin dificultades. Asimismo,
expresaron enviar el dinero en efectivo con familiares o amigos o ellos mismos, cuando viajaban a sus
ciudades de origen. Teniendo en cuenta la baja remuneración que reportan los migrantes, en
ocasiones incluso inferior al salario mínimo estipulado por la ley, podemos concluir que las
condiciones de vida a la que se ven sometidos son muy precarias, ya que deben subsistir con muy
bajos ingresos y enviar dinero a su familia o amigos en origen para cubrir sus necesidades básicas.
Una práctica que, como mencionamos en la introducción, se ha identificado en la migración de
venezolanos a Colombia es la de su participación en el trabajo sexual. A esta nos referimos a partir de
fuentes secundarias de información, ya que ninguna de las personas entrevistadas reportó dedicarse a
estas actividades. Primero, la caracterización de personas que realizan Actividades Sexuales Pagadas
(ASP) en contextos de prostitución en Bogotá, llevada a cabo por el Observatorio de Mujeres y
Equidad de Género de Bogotá, OMEG, perteneciente a la Dirección de Gestión del Conocimiento de
la Secretaría Distrital de la Mujer (Secretaría Distrital de la Mujer y OMEG, 2017)30; evidenció que el
99.8 % de los extranjeros(as) que se involucraron en ese tipo de actividad, declararon Venezuela
como su lugar de nacimiento.
Segundo, ACNUR (2018) reporta casos de acoso sexual, estigmatización a trabajadoras sexuales y
explotación laboral en departamentos como La Guajira, entre otros. En Cúcuta, las mujeres
venezolanas están expuestas al estigma, discriminación y xenofobia pues se tiene la creencia popular
de que las mujeres venezolanas son prostitutas y en Arauca, las mujeres cuentan con muy pocas
oportunidades de empleo, lo cual les lleva a contemplar el trabajo sexual como alternativa de
subsistencia, en ocasiones, camuflado con la venta informal de tintos según informan representantes
y líderes sociales.
Acceso a Educación
En cuanto al acceso a educación, cuatro personas reportaron tener a sus hijos en Bogotá y haber
iniciado trámites para la inscripción educativa. Tres de ellos declaran que sus hijos asisten
actualmente a un centro educativo, uno de ellos tuvo problemas con la consecución del cupo escolar,
y otro expresó que, aunque su hijo fue aceptado de inmediato, frecuentemente le solicitan un
certificado de afiliación a salud que no ha podido conseguir ya que se encuentra solicitando la
nacionalidad colombiana por nacimiento y este proceso ha sido lento. El cuarto entrevistado reporta
que no ha conseguido cupo para sus hijos por no contar con pasaporte o permiso de estancia en el
país.
En relación al acceso a educación superior, Cristian de 21 años, no tenía concluidos sus estudios
universitarios y expresó que no veía posibilidades de continuar en Colombia, toda vez que los cupos
de acceso a la universidad pública son muy reducidos; por tanto, él considera continuar sus estudios
en Argentina cuando reúna el dinero suficiente para ir allí.

El acceso a derechos para migrantes en situación irregular

En Colombia, los migrantes en situación administrativa irregular pueden ser objeto de medidas de
deportación y expulsión31, dentro de la normativa migratoria nacional, no existen canales
permanentes de regularización con lo cual los extranjeros que se encuentran en esta situación tienen
como única alternativa, esperar a que se adopten medidas excepcionales de regularización. Por este
motivo, permanecen en estado de zozobra, trabajan de manera informal e intentan no acudir a
servicios médicos a pesar de tener derecho a atención de urgencias.
Esta situación varía según el lugar de destino, y según la presión migratoria que ejerzan los
migrantes en determinados pueblos y ciudades. Por ejemplo, en Bogotá, de las 18 personas
entrevistadas, 6 permanecen en situación irregular. Sus edades oscilan entre los 21 y 46 años, 3 son
mujeres y 3 hombres. Solamente uno de ellos dice estar desempleado, mientras que los otros
trabajan de manera informal. Las mujeres trabajan como ayudantes de cocina y ayuda doméstica. De
los hombres uno está desempleado,
Cuadro 4. Posibles barreras en el acceso y ejercicio de derechos según estatus migratorios.
¿POR FALTA DE LEGISLACIÓN? ¿POR ASPECTOS INSTITUCIONALES? ¿POR
SECTOR BARRERA IDENTIFICADA FALTA DE INFORMACIÓN?

Aunque la atención por urgencias está No todos los funcionarios de un centro médico, iniciando desde el portero, están al tanto
establecida por Ley, no todos los centros de la legislación que garantiza la atención en urgencias a todas las personas. Quienes llegan
médicos brindan la atención requerida, en sin documentos de identidad colombianos, incluidos visas y PEP, tienen más dificultades
especial para aquéllos en situación irregular. en la atención.

Aunque las personas en estatus irregular sean


Existen ajustes que se deben realizar para que el sistema de salud permita atender todas las
Salud atendidas en los centros médicos por
condiciones de salud con las que llegan los migrantes acorde con el funcionamiento del
urgencias, se diferencia el tratamiento que se
Sistema en Colombia y en cumplimiento de los estándares internacionales en la materia.
puede ofrecer y no siempre se garantiza el
Entre ellos se encuentra el problema del financiamiento de los tratamientos que se les
acceso a medicamentos. El proceso de
imparten. Se han interpuesto varias tutelas para garantizar el acceso a la salud y así poder
atención en salud a las personas con PEP y con
incluir a las personas sin documentos de identidad, PEP o visas colombianas, en las que se
visa es más conocido y expedito pero los
ha evidenciado la necesidad de solicitar fondos de financiamiento extraordinarios para
migrantes en situación irregular en muchas
poder cubrir los tratamientos en salud especialmente en zonas de frontera.
ocasiones no son atendidos.

Solo los migrantes en situación administrativa La apostilla de títulos es un aspecto en el que Ministerio de Educación Nacional está
regular pueden trabajar. Si son portadores de preparando un nuevo proceso considerando el alto costo para venezolanos. Los
visas, solo las visas de trabajo, inversionista, empleadores no están al tanto de los avances normativos en materia de migración.
cónyuge o residente así los estipulan.
Los venezolanos portadores del PEP también
pueden trabajar, sin embargo, en ocasiones
aún con el PEP no se puede acceder a un
trabajo porque los empleadores solicitan
títulos apostillados.
Trabajo
Quienes no han accedido al PEP y solo tienen El proceso de regularización no es permanente. Lo que hace que una gran cantidad de
la cédula venezolana no pueden tener un trabajadores migrantes deban trabajar de manera informal, lo que los hace más proclives a
trabajo formal o trabajan sin un contrato la explotación en todas sus manifestaciones.
laboral y con precarias condiciones laborales.
La información sobre migrantes en el mercado laboral puede analizarse a partir de los
Las personas que tienen una oferta de trabajo datos disponibles en el Registro Único de Trabajadores Extranjeros en Colombia-
pueden solicitar un visado. Contar con una RUTEC que gestiona el Ministerio del Trabajo.
oferta de trabajo implica que el empleador ya
ha verificado el cumplimiento de requisitos
por parte del trabajador y acompaña su
trámite de visa.

Los hijos de personas con PEP y visas son Aunque se tomen medidas en el sector Educación, las decisiones en cuanto a
recibidos en los centros escolares, pero se les documentación y acceso a Seguridad Social deben tomarse en paralelo para evitar
solicita contar con la afiliación vigente al problemas de índole administrativa.
Sistema de Salud, este proceso no siempre es
expedito y genera llamadas de atención a los
Educación padres de familia.

La falta de documentación, como pasaporte, El Ministerio de Educación ha expedido normas donde se declara la obligatoriedad de
visa o PEP, impide que los centros educativos recibir a los hijos de migrantes en los centros educativos. Es posible que sean necesarios
reciban a los estudiantes. más mecanismos de difusión y aplicación de las normativas vigentes.

otro trabaja en un taller de pintura y el otro en ventas ambulantes. Jorge de 21 y Ricardo de 22 habla
de las dificultades para regularizarse y de cómo estos procesos deberían estar abiertos para todos.
Anastasia, de 46 años, piensa que Colombia debería recordar que Venezuela recibió a los
colombianos durante mucho tiempo y ser solidarios con los venezolanos.
Las personas en situación irregular no pueden conseguir habitación cerca de sus lugares de trabajo,
porque no les alquilan o porque son muy costosas, lo que hace que tengan que vivir muy lejos,
recorrer grandes distancias y pagar transporte para llegar a sus lugares de trabajo. Gabriela de 39
años, dice que vive muy lejos, por lo que se levanta a las 3 am para llegar antes de las 8 am y sale muy
tarde, gana entre 10 y 15 mil pesos y con “eso tienen que vivir, enviar y ahorrar para hacer los
trámites (de regularización)”.
Estos testimonios nos llevan a pensar que, a pesar de haberse establecido medidas excepcionales
para atender la situación de los venezolanos, su implementación selectiva y temporal y las dificultades
propias del documento han llevado a que se presenten situaciones problemáticas32. Para hacer más
visibles las barreras de acceso a los derechos de los migrantes según su estatus migratorio se presenta
el cuadro 4.

Población especialmente vulnerable: refugiados, apátridas, población indígena

A pesar de no haber encontrado población en especial condición de vulnerabilidad entre los


entrevistados, consideramos que vale la pena tener en cuenta la situación particular de estas personas
que llegan al territorio colombiano, por los desafíos que representa su atención.

Refugiados

Las personas que entran en Colombia y que se encuentran en necesidad de protección internacional,
pueden solicitar refugio en el país acogiéndose a lo estipulado por el Decreto 2840 de 2013. Dentro
de los entrevistados no se encontró ningún caso que haya considerado acceder a esta medida, aun
cuando dentro de las razones de salida de Venezuela se evidencia la falta de protección del Estado en
cuanto al acceso a derechos básicos como alimentación, salud, educación y empleos decentes. Estas
condiciones podrían dar pie a que se analizara la aplicación de la definición de refugiado ofrecida por
la Declaración de Cartagena de 1984 (la cual incluye dentro de los motivos de persecución a ser
considerados para el reconocimiento del estatus de refugiado los casos en que la vida, seguridad o
libertad han sido amenazadas por violencia, agresión, conflictos internos, violación masiva de los
derechos humanos o alteración grave del orden público).
La definición ampliada de asilo que es ofrecida por la Declaración de Cartagena ha sido
incorporada dentro de la normativa interna de Colombia en el citado decreto33, sin embargo, la
práctica demuestra que la mayoría de las solicitudes que son presentadas terminan en respuestas
negativas y que a los solicitantes se les exige demostrar persecuciones directas (más enmarcadas en los
términos de la Convención del 51 sobre el Estatuto de los Refugiados, ignorando el tenor de la
normativa interna)34.
El reconocimiento de la condición de refugiado en Colombia da lugar a la expedición de una visa
temporal de refugiado con una vigencia de 3 años con la cual es posible trabajar, estudiar y registrarse
en los servicios de salud. El procedimiento presenta varios inconvenientes dentro de los que se
pueden señalar: la ausencia de una asesoría y representación legal en el proceso de solicitud 35, la
precaria situación de los solicitantes de asilo quienes, durante el trámite, permanecen en el territorio
nacional con un salvoconducto36 que en la práctica resulta ser un documento precario que les
impide, acceder a trabajo, dificultades en acceso a salud y educación pero, principalmente, la
imposibilidad de acceder a la nacionalidad colombiana para los hijos de solicitantes nacidos en el
territorio nacional.
Apátridas

El riesgo de apatridia es un aspecto de relevante importancia en el país, esto se entiende a partir de


dos hechos fundamentales: 1) las precarias condiciones de atención en salud en Venezuela han
motivado que madres gestantes entren a Colombia de manera temporal o permanente con el ánimo
de garantizar a sus hijos los controles médicos necesarios antes, durante y después del nacimiento, 2)
En Colombia, no aplica únicamente el JUS SOLII exclusivo como criterio para el otorgamiento de la
nacionalidad colombiana ya que se exige que al menos uno de los padres este domiciliado en
Colombia y el domicilio haya sido vinculado con la tenencia de una visa. El Permiso Especial de
Permanencia no constituye una prueba de domicilio, por lo que los hijos de los portadores del PEP, y
los hijos de venezolanos en situación irregular no son colombianos. Podrían ser venezolanos, pero en
la práctica no pueden acceder a la protección efectiva de las autoridades venezolanas frente a lo
engorroso de los trámites para ser venezolanos y la exigencia de documentos que no pueden obtener,
por lo que estos recién nacidos se encuentran en riesgo de apatridia37.
Comunidades indígenas
Otro de los temas que ha demandado un abordaje especial tiene que ver con las necesidades de
atención y protección especial de los grupos étnicos, particularmente indígenas, que viven en la
frontera entre los dos países, o que han migrado hacia Colombia. Los grupos Yukpa, Wayúu y Bari
enfrentan riesgos constantes en aspectos de seguridad alimentaria y altos índices de mortalidad y
desnutrición especialmente en menores de cinco años.
Los miembros del pueblo Wayuú, que en el pasado se trasladaron al territorio venezolano por
situaciones relacionadas con el conflicto armado en Colombia, están retornando a Colombia. Dicha
situación ha generado una presión socio ambiental porque parte del territorio está degradado, el
acceso a los medios de subsistencia tradicionales es restringido, lo que influye en la disponibilidad de
recursos y alimentos necesarios. El pueblo Barí, que también se ha visto afectado por el conflicto
interno en Colombia, ha retornado a resguardos en Colombia debido a la situación de
desabastecimiento en Venezuela, generando presiones sobre el territorio y con necesidades de acceso
a salud y educación que deben ser atendidas (CODHES, 2018).

Conclusiones generales
El aumento exponencial en la llegada de venezolanos a Colombia y el retorno de colombianos al
territorio nacional, ha fomentado un aprendizaje mutuo entre un país que no tenía experiencia
emigratoria (Venezuela) y otro, que no estaba acostumbrado a recibir un alto número de inmigrantes
(Colombia). Lo cierto es que ninguno de los dos será el mismo luego de esta experiencia, los dos
países históricamente unidos están construyendo una página nueva en su trayectoria de integración y
los aciertos y errores que se comentan con este proceso repercutirán en las políticas migratorias de
ambos países y en sus relaciones de vecindad.
A pesar de no contar con una gran experiencia en inmigración y de tener un andamiaje
institucional y normativo precario de base, el estado colombiano ha venido adoptando medidas
excepcionales para afrontar el fenómeno, consciente del fuerte impacto de esta migración y de su
carácter real e inevitable. Sin embargo, esta respuesta al día de hoy no logra aún abordar todas las
dimensiones del fenómeno.
El establecimiento de mecanismos de regularización temporales, la creación de una Gerencia de
Fronteras que coordine y monitoree la implementación de medidas a nivel nacional y territorial, y el
fortalecimiento de las autoridades institucionales; resultan medidas plausibles y necesarias para
afrontar el aumento exponencial en la llegada de venezolanos a Colombia; sin embargo, la puesta en
práctica de estas medidas ha soslayado aspectos fundamentales como la especial condición de
vulnerabilidad de algunos grupos poblacionales como niños y niñas migrantes, madres gestantes,
apátridas, comunidades indígenas, víctimas de trata, entre otros. Haciendo también evidente la
existencia de un rezago en la toma de decisiones a nivel central y su aplicación a nivel territorial.
Un ejercicio simple de contraste entre las medidas que se han desplegado por parte del Estado y su
nivel de efectividad nos permite resaltar que son muchos los desafíos que persisten para hacerle frente
a esta situación, que lejos de ser coyuntural, está llamada a perdurar. Se requiere, por ejemplo,
flexibilizar los plazos y condiciones para acceder a las ventanas de regularización, que existan canales
de difusión de información entre población venezolana, funcionarios de entidades públicas y
privadas, empleadores y población local sobre las medidas implementadas y las hojas de ruta de
acceso que se han diseñado a nivel local; y que se adopten medidas permanentes para facilitar la
correcta integración de la población venezolana y la reintegración de los retornados en la sociedad
colombiana.
También se hace evidente comprobar que a través de la Mesa de Estadísticas Sectoriales de
Migración que crea el Conpes 3950, se supla la necesidad de un sistema estadístico de registro e
identificación permanente de migrantes, refugiados y retornados que permita identificar tamaño,
tipologías, magnitud y tendencias de la migración. Asimismo, es necesario crear un mecanismo
estadístico adecuado para hacer estimativos de la migración, teniendo en cuenta no solo los costos de
la atención, sino además, los recaudos para el fisco por cuenta de las actividades económicas de los
migrantes.
Finalmente, debido al carácter regional de la movilidad venezolana y a los esfuerzos que cada país
ha implementado para atender a la población migrante, el diálogo e intercambio de recomendaciones
y buenas prácticas entre los países, es un aspecto que facilitará la toma de mejores decisiones para
generar condiciones en las que los migrantes venezolanos puedan restituir sus derechos y llevar a cabo
mejores proyectos de vida. Instancias como el Grupo de Lima y los otros espacios de integración
regional están llamados a reconocer los esfuerzos nacionales y armonizar una respuesta regional y
compartida a las necesidades de los migrantes provenientes de Venezuela.

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obra=legcol&document=legcol_a4f9138cc7d74a3d94ede22bda311fce
Resolución 10677 del 18 de diciembre de 2018. Disponible en
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18.pdf
Sentencia de tutela T-705 del 30 de noviembre de 2017. Disponible en http://legal.legis.com.co/document/Index?
obra=jurcol&document=jurcol_6864ccd89e014c0faf9d92eeeb799508
Anexo 1. Perfil sociodemográfico básico de las personas entrevistadas.
Nivel educativo Ocupación Última ocupación en Situación ¿Tiene
Ciudad Edad Sexo Profesión/oficio Estado civil
alcanzado actual Venezuela conyugal hijos?

Licenciado en
Comunicación
Jefe de compras en
Terciaria completa social, con
Bogotá 33 Masculino Desempleado Mega construcciones Soltero/a SD No
(universidad/profesorado) postgrado en
de occidente
mercadotecnia
social

estudiante
Terciaria incompleta Vive con su
Bogotá 22 Masculino administración mesero Gerente MacDonalds Unido/a No
(universidad/profesorado) pareja
de empresas

Oficial de Administrador
Bogotá 40 Masculino Secundaria completa Oficial de marino Soltero/a No tiene pareja SI
marina de tienda

Técnico en
Vive con su
Bogotá 24 Masculino Técnica completa cocina Cocinero cocinero Soltero/a No
pareja
profesional

Ayudante de
TCU en
empresa que
Terciaria completa Administración
Bogotá 39 Femenino comercializa Dueña de una librería Soltero/a No tiene pareja SI
(universidad/profesorado) de Recursos
pasteles y
Humanos
empanadas

Comunicadora
Social en
Terciaria completa responsable pautas Vive con su
Bogotá 34 Masculino menciones hogar Casado/a SI
(universidad/profesorado) publicitarias radio pareja
publicitarias

dueño de una
tienda de importación de
Técnico superior Vive con su
Bogotá 42 Masculino Técnica completa repuestos de celulares y aparatos Casado/a No
automotriz pareja
bicicleta y de tecnológicos
reparación

Bogotá 74 Femenino Secundaria completa Jubilada Jubilada Jubilada Divorciado/a No tiene pareja SI

Supervisor de Vive con su


Bogotá 41 Masculino Técnica completa Carpintero Asesor de ventas Casado/a SI
producción pareja

Terciaria completa Diseñadora Tuve una agencia de Está


Bogotá 57 Femenino Independiente Separado/a SI
(universidad/profesorado) Gráfica publicidad separado/enviudó

Mesera en un Vive con su


Bogotá 37 Femenino Secundaria incompleta Mesera/camarera Ama de casa Unido/a SI
restaurante pareja

Bogotá 46 Femenino Secundaria completa Cocinera Cocinera Cocinera Separado/a No tiene pareja SI

Técnico en
Vive con su
Bogotá 24 Masculino Técnica completa cocina Cocinero Cocinero Casado/a No
pareja
profesional

Servicios
Servicios automotrices Vive con su
Bogotá 29 Masculino Secundaria completa Servicio militar Casado/a SI
automotrices en taller de pareja
pintura

Carnicero y
Bogotá 21 Masculino Secundaria completa Desempleado Carnicero Soltero/a No tiene pareja SI
comerciante

Terciaria completa Ingeniero Vendedor Vive con su


Bogotá 45 Masculino Ingeniero mecánico Casado/a SI
(universidad/profesorado) mecánico ambulante pareja

empleado empresa
Vendedor
Técnico metalúrgica, Vive con su
Bogotá 32 Masculino Técnica completa comercio de Unido/a SI
metalúrgico representante de pareja
tecnología
ventas

Pareja vive en el
Terciaria incompleta Estudiante cajera en un
Bogotá 24 Femenino estudiante Soltero/a mismo país pero No
(universidad/profesorado) ingeniería supermercado
en otra vivienda

Abogada -
Coordinadora
Licenciada en
de la
Terciaria completa relaciones Directora empresa de Vive con su
Tunja 48 Femenino Fundación Casado/a SI
(universidad/profesorado) industriales y seguros pareja
cultural
recursos
Simón Bolívar
humanos

Terciaria incompleta Secretaria Vive con su


Tunja 30 Femenino Bachiller Ama de casa Casado/a SI
(universidad/profesorado) administrativa pareja

Terciaria completa Vive con su


Tunja 36 Masculino Psicólogo Vendedor Empresario propio Casado/a SI
(universidad/profesorado) pareja

Centro clínico
Técnico – Grencia
Dueña tienda Administrativa Vive con su
Tunja 47 Femenino Técnica completa Bachiller Unido/a SI
de barrio ECNICO – pareja
GERENCIA
ADMINISTRATIVA

Músico
(mariachi) y
Licenciado en trabajo
Terciaria completa particular con Docente estatal en Vive con su
Tunja 44 Masculino Educación Casado/a SI
(universidad/profesorado) especial niños de Escuela técnica pareja
educación
especial

Santa Terciaria incompleta Manicurista,


35 Femenino Técnico forense Técnico forense Soltero/a No tiene pareja SI
Marta (universidad/profesorado) mucama

Santa Trabaja en un Trabajaba con


SD Masculino SD Comerciante Soltero/a No tiene pareja No
Marta restaurante comida rápida

Santa
SD Masculino SD SD Músico SD Soltero/a No tiene pareja SI
Marta

Técnico en Técnico en
Santa
SD Masculino Técnica completa promoción a la SD promoción a la salud Soltero/a No tiene pareja No
Marta
salud (trauma) (trauma)

Santa Terciaria Comunicación


22 Femenino SD Mesera SD SD SD
Marta incompleta Social

1 Es decir, que el balance entre la inmigración y la emigración arroja una mayor emigración con relación a la inmigración de personas.
2 Hablamos de muestreo no probabilístico porque no se tuvo acceso a una lista completa de personas que formaron el marco muestral,
desconociendo la probabilidad de que cada individuo fuese seleccionado para la muestra. Es por conveniencia, puesto que el criterio de
selección fue la accesibilidad de las personas; es decir, los individuos participantes en la investigación se seleccionaron porque eran fácilmente
disponibles y no mediante un criterio estadístico.
3 En Bogotá (11 entrevistas) se realizaron a asistentes de la Tercera Jornada Humanitaria liderada por la asociación Fundacolven llevada a cabo
el 26 de julio de 2018.
4 Grupo HISULA, Facultad de Educación, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). Trabajo de campo liderado por el
docente Jaime Andrés Argüello Parra, con participación de estudiantes de pregrado.
5 Universidad Sergio Arboleda (sede Santa Marta), Facultad de comunicación social, asignatura de antropología y estudios culturales. Trabajo
de campo liderado por la docente Ana María Murillo, con participación de estudiantes de pregrado.
6 Migración forzada o involuntaria entendida como aquélla impulsada por factores externos ajenos a la voluntad del migrante que lo empujan a
abandonar su lugar de origen. En el caso en especie se refiere a factores ligados con el conflicto armado en Colombia y el accionar de grupos al
margen de la ley, el concepto se presenta por oposición al de migraciones voluntarias donde, en ejercicio del derecho a la libertad de
circulación, las personas tienen plena capacidad de tomar la decisión libre y sin presiones, de abandonar su lugar de origen.
7 Se entiende por “familias colombo-venezolanas” aquéllas integradas por miembros de ambas nacionalidades, en la mayoría de los casos,
parejas en las que uno es colombiano y el otro es venezolano, acompañados de sus hijos y en ocasiones incluso sus nietos (segundas y terceras
generaciones).
8 Migración Colombia es la entidad que ejerce actividades de vigilancia, control migratorio y extranjería en el país. Es un Departamento
Administrativo Especial, adscrito al Ministerio de Relaciones Exteriores. Anteriormente, las funciones de control migratorio eran ejercidas por
el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).
9 Siendo la primera vez que esta unidad ejerce funciones relacionadas con flujos migratorios.
10 Acudieron (voluntariamente) a los puntos de registro asignados para este fin (1,019), el registro se llevó a cabo en 30 de los 32
Departamentos y en 413 de los 1,122 municipios de Colombia, dando cuenta del primer diagnóstico de la migración irregular venezolana y
colombo venezolana en el país. Sobre las particularidades de este registro véase Supra.
11 Adelantada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, es “una encuesta mediante la cual se solicita información
sobre las condiciones de empleo de las personas (si trabajan, en qué trabajan, cuánto ganan, si tienen seguridad social en salud o si están
buscando empleo), además de las características generales de la población como sexo, edad, estado civil y nivel educativo, se pregunta sobre sus
fuentes de ingresos. La GEIH proporciona al país información a nivel nacional, cabecera - resto, regional, departamental, y para cada una de las
capitales de los departamentos”. (DANE, 2019).
12 Los datos proporcionados por el RAMV tienen los problemas propios de la autoselección: en casos como éste es posible que exista un grupo
de personas que, aun residiendo en el país, no se hayan acercado a los puntos de registro por diferentes motivos. Esto implica una potencial de
subestimación del tamaño de la migración irregular (Fedesarrollo, 2018). De la misma manera, es preciso señalar que, al no existir mecanismos
permanentes de registro de migrantes venezolanos, resulta difícil hacer mediciones certeras sobre este fenómeno y su impacto en todos los
sectores.
13 Allí se encuentra el Puesto de Control Fronterizo Terrestre (PCFT) de Migración Colombia.
14
Es importante aclarar que debido a la inexistencia de un marco normativo migratorio o una Política Pública Migratoria en Colombia, esta
migración masiva e inédita ha sido abordada desde la perspectiva de catástrofe natural bajo la ley 1523 de 2012 y una serie de decretos
transitorios como medidas de emergencia, que no dan acceso a derechos, invisibiliza la crisis humanitaria y desconoce el enfoque internacional
de derechos humanos.
15 Mediante la Resolución 3015 de 2017 proferida por el Ministerio de Salud y Protección Social, se incluye el Permiso Especial de
Permanencia, como documento válido de identificación en los sistemas de información del Sistema de Protección Social.
16 El decreto 1288 de 2018 establece que el Permiso Especial de Permanencia (PEP ) es un documento que sirve de identificación a los
nacionales venezolanos en territorio colombiano, el cual les permite permanecer temporalmente en condiciones de regularización migratoria y
acceder a la oferta institucional en materia de salud, educación y trabajo así como a otro tipo de servicios como la apertura de cuentas
bancarias, y en esa medida, es imperioso que todos los nacionales venezolanos inscritos en el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos
cuenten con este documento.
17 Organizaciones de la sociedad civil reportaron dificultades a la hora de adelantar el registro, como el hecho de que las autoridades
migratorias fueran acompañados de la policía y de miembros de la unidad de desastres a registrar a los migrantes, lo que desincentivaba la
participación de los migrantes en situación irregular quienes temiendo la deportación preferían no acercarse a completar el registro.
18 Donde, de manera similar a como ocurre con la normativa migratoria general, se incluyen conceptos indeterminados y amplias potestades
discrecionales, al establecer que el permiso podrá ser cancelado: “Cuando se considere inconveniente la presencia del extranjero en el territorio
nacional”.
19 Tras considerarse que se había dado el tiempo suficiente para que los ciudadanos venezolanos realizaran este trámite y se evidenciara, por

parte de Migración Colombia, “un mal uso de este documento por parte de algunos extranjeros” (Migración Colombia, 2018).
20 Cuatro personas de las 18 entrevistadas en Bogotá tienen el PEP (Migración Colombia, 2018).
21 Información presentada en la intervención del representante de Utravenco en el Conversatorio “Regularización migratoria y usos prácticos
del PEP” realizado en Bogotá, el 28 de julio de 2018 en las instalaciones de la Confederación General de Trabajadores – CGT.
22 Reunión Observatorio Migraciones Internacionales, Corporación Opción Legal, junio de 2018.
23 El diario El Espectador informaba en Febrero de 2018 que los venezolanos deben esperar hasta un año para la expedición del documento, la
página del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería - SAIME entidad encargada de la expedición de los documentos de
identidad presentaba fallas constantes en la asignación de la citas; y se puede agilizar el proceso a través de un pago adicional para conseguir un
“gestor” quienes por una suma entre 6,000 y 10,000 dólares pueden tramitar el pasaporte. (El Espectador, 2018).
24 El proceso de naturalización no es automático, los candidatos a la misma deben cumplir toda una serie de requisitos adicionales dentro de los
que se encuentra superar un examen de historia, geografía y cultura colombiana, encontrarse al día con las obligaciones tributarias y sufragar los
costos de estudio de solicitud (El Espectador, 2018).
25 La Registraduría Nacional del Estado Civil ha dispuesto medidas que han facilitado estos procedimientos, permitiendo la acreditación de la
nacionalidad por medio de testigos y eximiendo del requisito de la apostilla a los solicitantes (RNEC, 2017).
26 La determinación del alcance de estos servicios de urgencias y de si éstos incluyen o no tratamientos para enfermedades graves como el
cáncer, ha llevado a que se presenten acciones judiciales buscando que el Tribunal constitucional determine el alcance de estos derechos, entre
las providencias más destacadas encontramos: la sentencia de Tutela T 210 de 2018, la sentencia T 705 de 2017, entre otras (RNEC, 2017).
27 Los hospitales están en la obligación de reportar a Migración Colombia a los extranjeros que reciban en sus instalaciones. Este hecho puede
desincentivar la asistencia de los migrantes en condición irregular a los servicios de urgencias por temor a ser identificados.
28 Según información del DANE la proporción de ocupados informales en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue de 46.6% para el trimestre
julio-septiembre 2018. Cúcuta tiene una tasa de 68.4%, Santa Marta 64%, y Bogotá 41.2%.
29 Información presentada en la intervención del representante del SENA en el Conversatorio “Regularización migratoria y usos prácticos del
PEP ” realizado en Bogotá, el 28 de julio de 2018 en las instalaciones de la Confederación General de Trabajadores – CGT.
30 Se entrevistaron 2,758 personas que realizan ASP en las 19 localidades urbanas de Bogotá visitando más de 200 establecimientos y 25
espacios de ejercicio en calle y aplicando instrumentos semiestructurados de 117 preguntas que permiten captar un panorama integral de su
situación.
31 En circunstancias que en ocasiones podrían incluso ser consideradas como deportaciones masivas y arbitrarias, contrarias a lo dispuesto por
la Convención Americana de Derechos Humanos en su artículo 22.
32 Ante las precarias situaciones laborales que experimentan algunos venezolanos, el Ministerio del Trabajo ha expresado que está mejorando la
capacidad de incidencia de la Dirección de Inspección, Vigilancia y Control para sancionar a los empresarios que no cumplen con los
estándares laborales. El sindicato Utraven.co recoge las denuncias de los trabajadores y demanda soluciones en los espacios de diálogo social en
los que participa.
33 El artículo 1 del citado Decreto recoge también la protección que ofrece la Convención de las Naciones Unidas contra la tortura ofreciendo
así tres casos de protección de la siguiente manera: a) Que debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión,
nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa
de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales
acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él; b)
Que se hubiera visto obligada a salir de su país porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por violencia generalizada, agresión
extranjera, conflictos internos, violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente al orden
público, o c) Que haya razones fundadas para creer que estaría en peligro de ser sometida a tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o
degradantes en caso de que se procediera a la expulsión, devolución o extradición al país de su nacionalidad o, en el caso que carezca de
nacionalidad, al país de residencia habitual.
34 A partir de los datos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mayorquín (2019) hace un recuento del número de solicitudes presentadas por
ciudadanos venezolanos en Colombia, y del número total de reconocimientos hechos. Desde el año 2015 cuando se realizaron 82 solicitudes de
ciudadanos venezolanos, este número ha ido en aumento, presentándose 212 para el año 2016, 575 para el año 2017, y 709 para el año 2018
con corte a junio 30 de este año. En cuanto al número de reconocimientos se encuentra que para el año 2015, 12 venezolanos fueron
reconocidos como refugiados en Colombia, 4 para el 2016, 18 para el 2017 y solo 3 para el primer semestre de 2018.
35 Incumpliendo así con lo dispuesto por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en sentencia del caso Pacheco Tineo vs Bolivia
(sentencia del 25 de noviembre de 2013).
36 Otorgado por las autoridades de Migración Colombia en los términos establecidos por el Decreto 2840 de 2013 y 1067 de 2014.
37 Sobre este tema en particular véase (Cano et al., 2019).
*
Anteriormente existía en Colombia en el Código Sustantivo de Trabajo, una prohibición de contratar trabajadores extranjeros en una
proporción que superara el 10 o 20 por ciento por empresa según la labor a desempeñar. Este requisito fue eliminado en 2011.
De la frontera a la metrópoli: la experiencia migratoria de venezolanos
en Brasil

Gisela P. Zapata
Sulma Marcela Cuervo

Introducción
Las bases demográficas y sociales del estado-nación brasileño están asentadas en los procesos de
migración internacional. A partir de la llegada de los portugueses en el siglo XVI, el país se configuró
como un importador neto de personas, principalmente europeos y esclavos africanos, hasta la década
de 1930. Estos flujos migratorios fueron atraídos por la alta demanda de mano de obra agrícola e
industrial y por una combinación de políticas para incentivar la inmigración de europeos, en un
esfuerzo por “blanquear la raza”, y la extensión de subsidios para la ocupación (y defensa) de grandes
franjas del territorio nacional, principalmente en áreas de frontera (Levy, 1974). Luego de un largo
periodo de declive de los flujos migratorios internacionales, el tema fue perdiendo importancia en la
agenda demográfica, social y política del país, y la “gestión migratoria” se concentró en la movilidad
interna de trabajadores (Brito, 1995, 2006).
Esta dinámica migratoria comenzó a cambiar en la década de 1980 en el contexto de una dictadura
militar y una profunda crisis económica, cuando se invirtieron los flujos migratorios, al tiempo que el
régimen dictatorial erigía barreras a la entrada de inmigrantes internacionales (Patarra, 2005). En esta
época, el país experimentó una pérdida neta de población de aproximadamente 1.8 millones de
personas –1.6% del total de población en edades de 10 años o más–, para países como Estados
Unidos, Japón y Paraguay (Carvalho and Campos, 2006). Estas pérdidas de población ocurrieron
concomitantemente con el aumento de flujos migratorios provenientes de los vecinos suramericanos
como Bolivia, Perú, Colombia, Argentina y Paraguay (Oliveira, 2015; Patarra, 2005)1.
En las últimas décadas del siglo XX y principios de este siglo, se dio un cambio profundo en el
panorama migratorio brasileño, tanto en términos cuantitativos – debido al aumento del volumen–,
como en términos cualitativos –en razón de la diversificación en los orígenes y motivos de la
migración2. A partir de 2010, Brasil comienza a recibir haitianos –después del terremoto que azotó al
país–, sirios y africanos, principalmente senegaleses y bengalís, bajo las modalidades de visa
humanitaria y de refugiados. Las solicitudes de refugio, por ejemplo, pasaron de 966 en 2010 a
28,670 en 2015, un aumento de más de 2,500% (SNJ, 2017).
El resurgimiento de Brasil como destino atractivo de las migraciones internacionales se debe
fundamentalmente a la relativa estabilidad política y económica vivida por el país entre el cambio de
siglo y mediados de la década de 2010. Esta estabilidad estuvo apuntalada por el posicionamiento de
Brasil como la sexta mayor economía del mundo –proceso impulsado por el boom de los
commodities en los mercados internacionales–, por el crecimiento acelerado de inversiones públicas y
privadas en infraestructura, energía y petróleo, y por la expansión del mercado de consumo interno,
producto de las políticas de inclusión social y económica del grueso de la población históricamente
marginada (Zapata and Guedes, 2017). A esto se asocia también el re-direccionamiento de la política
exterior brasileña hacia un nuevo papel de liderazgo regional, la intensificación del proceso de
integración regional en el ámbito del Mercosur y la profunda recesión económica en los principales
países del Norte global, destino tradicional de los migrantes de la región. Asimismo, la alta visibilidad
de Brasil como anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol y de los Juegos Olímpicos también favoreció
la construcción de una imagen del país como una nueva tierra de oportunidades en el ámbito
internacional (ibid). Aunque la migración internacional no es un fenómeno masivo, dada la
dimensión del país, es un fenómeno importante que ha ganado fuerza en la agenda política nacional
y ha posicionado a Brasil como un país tanto de inmigración, como de emigración y de tránsito de
migrantes en el contexto de la globalización. La población de extranjeros residentes en Brasil en 2010
era de 599,934, es decir, el 0.3% de la población total (IBGE, 2010); mientras que se estima que hay
cerca de 3 millones de brasileños (un poco más del 1% de la población) residiendo en el exterior
(OIM, 2010).
En síntesis, en el contexto de un proceso de reestructuración económica local y global en los años
ochenta, y después de décadas como importador neto de población, Brasil experimentó una
inversión de sus flujos migratorios y entró en la ruta mundial de las migraciones internacionales.
Desde entonces, la migración internacional se ha convertido en un rasgo estructural de la sociedad
brasileña, un proceso en el cual las crisis financieras recurrentes, el lento desarrollo socioeconómico,
un creciente excedente de mano de obra –a medida que el país avanza en el proceso de transición
demográfica– y la ausencia de perspectivas de movilidad social, han provocado la salida de un
contingente importante de población del país (Brito, 1995; Patarra, 2005; Sales, 1999). Al mismo
tiempo, Brasil ha resurgido como un destino atractivo para migrantes tanto suramericanos como de
otras regiones, experimentando un cambio profundo tanto en términos cuantitativos como
cualitativos en su dinámica migratoria.
Aunque la crisis de carácter social, económico y político es el marco de análisis que convoca este
esfuerzo comparativo sobre las migraciones venezolanas en la región, las especificidades
institucionales, normativas, políticas, geográficas y culturales de los Estados receptores configuran
escenarios complejos para comprender la situación de las personas migrantes de origen venezolano.
El objetivo de este capítulo es ampliar la comprensión de dicho fenómeno en el contexto brasileño.
Así, este capítulo está estructurado de la siguiente forma. En primer lugar, analizaremos la dinámica y
el perfil sociodemográfico de las migraciones venezolanas hacia Brasil en las últimas tres décadas.
Enseguida, examinaremos el contexto jurídico e institucional de las migraciones internacionales, con
énfasis en las migraciones venezolanas; para después concentramos en el análisis de las experiencias
vividas por la población venezolana en la ciudad de São Paulo. Finalmente, presentaremos algunas
consideraciones sobre los principales hallazgos, los desafíos para la integración efectiva de los
migrantes a la sociedad brasileña y las perspectivas futuras.

Características de la inmigración venezolana a Brasil


Brasil no ha sido históricamente uno de los destinos favoritos de la emigración venezolana. La
frontera entre Brasil y Venezuela tiene 2,199 km de extensión, se caracteriza por su baja densidad
demográfica y está delimitada en su mayoría por áreas de floresta y reservas, tanto biológicas como
indígenas, lo que históricamente ha limitado el contacto entre los dos países (Silva, 2018). En la
historia reciente, la presencia de venezolanos en territorio brasileño puede ser dividida en dos grandes
etapas. Una primera etapa de “inmigración moderada” que va desde 1991 hasta mediados de la
década de 2010 y una segunda etapa de “inmigración de crisis” que comprende desde 2016 hasta la
fecha3.
Los últimos tres censos de población contabilizaron 1,225 nacidos en Venezuela en 1991; 2,162
en 2000 y 2,869 en 2010. Aunque la población venezolana en Brasil se incrementó en poco más de
30% en el periodo 2000-2010, en términos absolutos su volumen continuó siendo modesto, y su
ritmo de crecimiento fue ampliamente superado por otros países limítrofes como Colombia, Bolivia
y Perú (OIT, 2016). Los datos para esos treinta años dan cuenta de una población relativamente
equilibrada en términos de sexo, concentrada en edades productivas, pero con una participación
importante de niños y jóvenes entre 5 y 19 años de edad (entre 17 y 30% de la población
venezolana residente en Brasil en este periodo). La mayoría de estos venezolanos poseía altos niveles
de escolaridad, con personas con 10 años o más de estudio representando 97% del total en 2010, y
se encontraba ocupando cargos directivos en diversas ramas de actividad, principalmente como
profesionales, científicos e intelectuales (IMILA, 2018). Esta tendencia se mantuvo hasta 2014, con estas
categorías ocupacionales agrupando más de la mitad los inmigrantes venezolanos con algún vínculo
formal de trabajo4. Esta población estaba geográficamente concentrada en los estados de São Paulo y
Río de Janeiro, donde residía 60% del total (RAIS, 2018).
Las cifras oficiales sugieren que para el periodo 2013-2016 hubo un ingreso relativamente
constante de venezolanos al territorio Brasileño, en torno a las mil personas por año (SINCRE, 2018).
Desde entonces se comienzan a delinear los contornos de la actual etapa de “inmigración de crisis”,
caracterizada por un crecimiento sin precedentes de la población venezolana en territorio brasileño.
Según datos oficiales, esta población pasó de 3,425 en 2015 a 85,000 en octubre de 2018 (IOM, 2018;
R4V, 2018). El inicio de esta nueva dinámica migratoria comienza a evidenciarse en 2014 5 y se
intensifica en la segunda mitad de 2016, cuando se observan ciudadanos venezolanos cruzando la
frontera en busca de bienes de consumo de primera necesidad, debido a la escasez alimenticia e
intensificación de la crisis sociopolítica en territorio venezolano.
A partir de 2017, estos movimientos de población se ven claramente reflejados en los datos
oficiales, cuando se registraron 6,901 personas, un incremento del 660% con respecto a 2016 6. Esta
población es mayoritariamente masculina7 y cada vez más joven: entre 2013 y 2016, se constata una
población concentrada entre los 30 y 39 años, mientras que, en 2017, el mayor peso relativo lo tiene
el grupo de 20 a 29 años (gráfico 1). Además, este contingente de población está compuesto
principalmente por personas solteras –77% del total en 2017–, en contraste con una proporción en
torno de 50% entre 2013 y 2016.
Gráfico 1. Brasil, 2013-2017: Distribución relativa de edad de la población nacida en Venezuela por año de registro en el SINCRE.
Fuente: Elaboración propia, a partir de SINCRE (2018).
Otra característica importante de la etapa de inmigración de crisis es la ruta empleada para ingreso
al país: si en el pasado la mayor parte de los venezolanos ingresaba a Brasil por los estados de São
Paulo y Río de Janeiro (muy probablemente por vía aérea), a partir de 2017, Roraima se posiciona
como el principal punto de entrada, pasando a recibir 84.6% de los inmigrantes venezolanos (gráfico
2). Este contingente de población ingresa al territorio brasileño por la frontera terrestre entre las
ciudades hermanas de Santa Elena de Uairén (Venezuela) y Pacaraima (estado de Roraima), el único
corredor –de unos 15 kilómetros de distancia– donde hay estaciones de bus que conectan los dos
países.
Gráfico 2. Brasil, 2013-2017: Distribución absoluta de la población nacida en Venezuela, por año de registro, según estado de entrada al país.

Fuente: Elaboración propia, a partir de SINCRE (2018).


En contraste con lo que ocurre en otros países de la región, los venezolanos en Brasil tienden a
establecerse en las áreas de frontera por donde ingresan, principalmente en las ciudades de Pacaraima
y Boa Vista (capital del estado de Roraima) 8. Así, en 2017, 71.2% de los venezolanos se encontraba
residiendo en Roraima, mientras que solo un 9.3% vivía en São Paulo, 2.4% en Río de Janeiro y el
resto residía en otros estados del país.
Esta inmigración de crisis también se caracteriza por su inminente “temporalidad” –deseada o no
por los mismos migrantes–, lo cual se ve reflejado en el fuerte crecimiento de la concesión de visas de
residencia temporal, especialmente en los últimos dos años. Así, mientras que en 2015 menos de
40% de inmigrantes nacidos en Venezuela accedió a una visa de residencia temporal, en 2017 este
tipo de visa representaba el 93.2% de las visas otorgadas (SINCRE, 2018).
Por fin, otra característica importante de esta última etapa migratoria es el crecimiento exponencial
del número de solicitudes de refugio por parte de ciudadanos venezolanos: CONARE recibió un total
de 22,278 solicitudes entre 1998 y 2017. En este sentido, mientras que antes de 2013 se registraron
solo 25 solicitudes, en 2015 se realizaron 822, en 2016 y 2017 se registraron, respectivamente, un
total de 3,375 y 17,865 solicitudes. Así, si en 2015 los venezolanos representaron 2.9% del total de
solicitudes de refugio en Brasil, en 2017 éstos ya respondían por 53% del total y 33% de todas las
solicitudes en trámite (SNJ, 2018, 2017). Hasta octubre de 2018 ya se habían realizado 43,322 pedidos
(R4V, 2019). Además, se constata una respuesta institucional que no acompaña el ritmo de crecimiento
de demanda, dado que prácticamente todas las solicitudes efectuadas desde 2016 continúan en
trámite9 (CONARE, 2018; SNJ, 2018).
En síntesis, las estadísticas oficiales dan cuenta de un nuevo y cambiante patrón en el
comportamiento migratorio desde Venezuela hacia Brasil, caracterizado por un abrupto aumento en
volumen, por vía terrestre, a partir de 2016, una alteración en la composición de la estructura sexo-
edad y del nivel de calificación de los nuevos migrantes y un crecimiento exponencial del número de
solicitudes de refugio por parte de ciudadanos venezolanos10. Como se ilustrará en la próxima
sección, la respuesta institucional ante este nuevo panorama migratorio ha sido insuficiente y
reactiva11.

Marco jurídico e institucional en Brasil: entre la ambivalencia y la esperanza


La primera política migratoria brasileña data de 1815, época del gobierno imperial de Dom Pedro I.
Sus principales objetivos eran la ocupación y defensa del vasto territorio nacional, la implantación y
desarrollo del sector agrícola y la formación de una nación civilizada “blanca, culta y capaz”. Este tipo
de políticas migratorias impulsadas por necesidades económicas e ideas eugenísticas dominaron la
agenda normativa hasta la década de 1930, época en que surgen las primeras medidas restrictivas
para la entrada y permanencia de extranjeros en el territorio nacional12 (Seyfert, 2002).
Luego de un periodo de aislamiento social y económico con el resto del mundo, tras la I Guerra
Mundial y la Gran Depresión, la cuestión migratoria resurge con la sanción del Estatuto do
Estrangeiro –Ley 6.815 de 1980–, durante la dictadura miliar13. Esta ley veía al inmigrante como
una “amenaza a la seguridad nacional”, suprimía el reconocimiento de los derechos fundamentales de
los no-ciudadanos y sujetaba la entrada de inmigrantes única y exclusivamente a los intereses
económicos del país, cerrando las puertas a cualquier otro tipo de inmigración, excepto el de mano
de obra calificada (Silva, 2018).
A pesar de violar algunos preceptos de la Constitución Federal de 1988 promulgada luego después
de la redemocratización del país, la cual prevé igualdad de tratamiento y acceso a servicios públicos a
todos los residentes en territorio brasileño, sean ciudadanos o inmigrantes, y de algunos acuerdos
internacionales humanitarios ratificados por el estado Brasileño (Vedovato y Assis, 2018), este
Estatuto estuvo en vigencia hasta el año 2017. Además del Estatuto, el marco jurídico en materia
migratoria está enmarcado por la Ley de Refugio de 1997. Esta ley incorporó al ordenamiento
jurídico brasileño la Convención de Ginebra de 1951 relativa al Estatuto de los Refugiados, su
Protocolo de 1967 y la Declaración de Cartagena de 1984, la cual amplió la definición de refugiado
con el fin de extender protección a las “personas que han huido de sus países porque su vida,
seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los
conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan
perturbado gravemente el orden público” (Declaración de Cartagena, 1984). Como se detallará en la
próxima sección, estos dispositivos legales no están siendo usados para lidiar con el reciente flujo
migratorio venezolano, ni tampoco lo fueron anteriormente en el caso de los haitianos, que también
huían de condiciones de vida intolerables y de la incapacidad del estado de garantizar sus derechos
humanos básicos. Curiosamente, la Resolución del Consejo Nacional de Inmigración (CNIg)14 8 de
2017, permite al Comité Nacional para los Refugiados (CONARE) negar el estatus de refugiado a las
personas que no se ajustan a la definición contenida en la Convención de 1951 y el Protocolo de
1967, al tiempo que permite que el solicitante de asilo rechazado pueda permanecer en Brasil por
razones humanitarias.
En un contexto de cambios profundos en el panorama migratorio brasileño, y de viejas y nuevas
demandas y presión por parte de la sociedad civil, fue promulgada la nueva Lei de Migração 13,445
de 2017. Esta nueva ley, implementada en diciembre de 2017, establece derechos y deberes para
inmigrantes y turistas en Brasil y, por primera vez, incorpora explícitamente a los brasileños que
residen en el exterior a la política nacional. La ley avanza significativamente en el tratamiento de la
cuestión migratoria y representa una clara ruptura con relación a las legislaciones anteriores, ya que
reconoce al inmigrante, independientemente de su nacionalidad, como un sujeto de derechos y
promueve el combate a la xenofobia y la no discriminación como principios centrales de la política
migratoria brasileña. La Ley también reconoce, entre otros, la contribución histórica y actual de los
migrantes al desarrollo económico y cultural de Brasil, moderniza el sistema de recepción y registro
de migrantes y contempla la concesión de residencia para apátridas. Aunque la ley no contempla el
derecho al voto para los inmigrantes, prevé su derecho a manifestarse políticamente, algo
expresamente prohibido en legislaciones pasadas. Además, también garantizaría a los pueblos
indígenas el derecho a la libre circulación en tierras tradicionalmente ocupadas, independientemente
de las fronteras creadas posteriormente (Vedovato and Assis, 2018).
Sin embargo, dada la delicada situación sociopolítica y económica por la que atraviesa el país,
donde asistimos a un proceso de erosión de las bases del estado de derecho15, la implementación
completa de la Lei de Migração se encuentra gravemente amenazada. Esto quedó claro no solo con
los 18 vetos impuestos por el Presidente Temer, sino también porque el Decreto 9.199 de 2017 que
la reglamenta, viola el espíritu y los principios de protección de derechos contemplados en la propia
ley y en la Constitución Federal. El Decreto no solo implementa parcialmente la nueva ley, sino que
posterga por plazo indefinido la reglamentación de artículos importantes como la expedición de
visados y permisos de residencia por razones humanitarias16, una de las insignias de la política
migratoria brasileña (Vedovato and Assis, 2018).
A pesar de que la Ley creó nuevas categorías de residencia y simplificó los procedimientos para la
obtención de residencia en Brasil, el Decreto también dificulta o inclusive elimina la posibilidad de
obtención de visados temporales para trabajo, investigación o extensión académica y realización de
inversiones, así como para la reunificación familiar (Ramos et al., 2017). Asimismo, el Decreto
mantiene la terminología de “inmigrante clandestino” (en su artículo 172) y permite a la Policía
Federal fijar el plazo y lugar de estancia del inmigrante, medida contraria al artículo 123 de la propia
ley, según la cual nadie puede ser privado de su libertad por razones migratorias (Vedovato and
Assis, 2018).
De esta forma, una de las grandes contradicciones de la nueva ley es precisamente el hecho de que
la Policía Federal continúa responsable del control de las fronteras y de la implementación de la
política migratoria (concesión de visados y permisos de residencia, entre otros), lo que refuerza una
lógica de seguridad nacional con relación a la gestión migratoria. Así como el antiguo Estatuto forjado
en la época de la dictadura, las acciones y omisiones presentes en el Decreto persisten en la
institucionalización de un alto margen de discrecionalidad por parte de las autoridades federales en
cuanto a la gestión migratoria (Ramos et al., 2017).
Dada la fragmentada implementación de la nueva política migratoria, actualmente, los principales
instrumentos jurídicos disponibles para un extranjero conseguir residencia Brasil continúan siendo:
pedir refugio –medida de carácter humanitario concedida por el CONARE del Ministerio de Justicia,
con base en la Ley de Refugio de 1997; pedido de asilo –medida de carácter político concedida por
la Presidencia de la República y; realizar un pedido basado en una finalidad específica de una lista
variada que incluye casarse con un brasileño, tener una oferta de trabajo, práctica religiosa y realizar
un tratamiento de salud, entre otras.
En síntesis, aunque la nueva Ley de Migración representa un avance significativo en pro del
reconocimiento y respeto de los derechos fundamentales de los migrantes, y se configura como un
paso importante, especialmente dado el perverso proceso de criminalización de las migraciones
alrededor del mundo, es evidente que el Estado mantiene fuertes mecanismos de control político
sobre la movilidad transnacional (Zapata and Fazito, 2018).

Opciones específicas para la población venezolana

Como se ha señalado anteriormente, la nueva dinámica migratoria entre Venezuela y Brasil se


comenzó a dibujar en 2016. En ese momento, llamó la atención el hecho de que los nuevos
movimientos fronterizos eran compuestos por indígenas de la etnia Warao, especialmente porque el
territorio tradicionalmente habitado por ellos está situado en la región caribeña del delta del Río
Orinoco, lejos de la frontera internacional con Brasil (MPF, 2017). Además de desplazarse en busca de
alimentos y otros productos de primera necesidad, mientras una parte del grupo familiar permanece
en el origen, los Warao viajan con la intención de buscar trabajo, de acceder a servicios de salud y de
conseguir dinero por medio de la venta de sus productos artesanales o del pedido de donaciones –
algo que consideran como una forma de trabajo digno para garantizar su autonomía (MPF, 2017). Dado el
rápido crecimiento de este contingente de población, principalmente en las calles y terrenos baldíos
de Pacaraima y Boa Vista, el gobierno del estado de Roraima en asociación con ONG y otros órganos
públicos, estableció el Centro de Referência ao Imigrante (CRI) en Boa Vista en noviembre de 2016.
Aunque la población Warao en Brasil es fluctuante y ya muestra una tendencia a la baja, se estima
que actualmente hay más de 400 indígenas Warao –de unos 700 a 800 residentes en Roraima17–
abrigados en el CRI (Simões et al., 2017). En la figura 1 se recoge, de manera esquemática, la
respuesta institucional del estado brasileño frente al flujo de venezolanos.
Figura 1. Brasil, 2018: Legislación migratoria vigente para ciudadanos venezolanos. Una política reactiva.
Fuente: elaboración propia.
Frente a la intensificación del flujo migratorio en la segunda mitad de 2016, el Gobierno Federal
enfocó sus esfuerzos en proporcionar apoyo técnico y financiero al estado fronterizo de Roraima, a
través de la articulación de diversos órganos del Gobierno Federal, organizaciones de la sociedad civil
y diversas agencias de la ONU tales como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados (ACNUR), la Organización Internacional para las Migraciones ( OIM), el Fondo de
Población de las Naciones Unidas ( UNFPA) y la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO).
En vista del acelerado crecimiento de los pedidos de refugio por parte de los venezolanos que
ingresaban al país –única alternativa legal hasta entonces disponible en la legislación nacional, dada la
naturaleza forzada de la mayor parte de los flujos– y de la falta de capacidad instalada del CONARE para
procesar estos pedidos, el Concejo Nacional de Inmigración (CNIg) pasó la Resolución Normativa
(RN) 126 en marzo de 2017. Esta resolución autoriza la residencia temporal a migrantes oriundos de
países fronterizos que hayan ingresado al territorio nacional por vía terrestre, y para los cuales aún no
estaba en vigor el Acuerdo de Residencia para Nacionales de los Estados Partes del Mercosur y
Asociados (ARM)18, en su momento, Venezuela, Guyana, Guayana Francesa y Surinam.
En efecto esta medida extendió el ARM a este contingente de población. Como quedó establecido
en la resolución, “el extranjero que desee beneficiarse de la presente Resolución Normativa y haya
solicitado refugio en Brasil deberá presentar a las unidades de la Policía Federal, declaración de
preferencia de regularización de su estancia indicando como fundamento de su solicitud esta
Resolución Normativa” (DOU, 2017). Es decir, el inmigrante venezolano que estuviera esperando una
respuesta a su pedido de refugio, podría acogerse a esta medida abdicando de tal pedido19. Hasta
noviembre de 2017 habían sido expedidos 3,015 permisos de residencia bajo esta nueva modalidad
(IOM, 2017). Posteriormente, en diciembre de 2017, el estado de Roraima se declaró en estado de
emergencia social.
Esta respuesta contrasta con aquélla dada al intenso flujo de haitianos que llegó a Brasil a partir de
2010, cuando el gobierno brasileño reconoció que estos requerían protección humanitaria, incluso si
no se encajaban explícitamente en la estricta definición de refugiado de la Convención de 1951. Así,
por medio de las Resoluciones Normativas 97 de 2012 y 102 de 2013, el gobierno decretó la
concesión de visados permanentes por razones humanitarias –por un periodo de 5 años–, debido al
agravamiento de las condiciones de vida de la población haitiana como consecuencia del terremoto
que azotó al país en enero de 2010 (DOU, 2012, 2013).
Luego de una serie de intervenciones puntuales, especialmente por medio de la transferencia de
recursos para reforzar el sistema de salud de los municipios más afectados por la ola migratoria, Boa
Vista y Pacaraima, e inumerables pedidos por parte de los dirigentes del Estado de Roraima, el
Gobierno Federal tomó un conjunto de medidas, agrupadas bajo la “Operación Acogida”, para
“federalizar” la gestión de los flujos migratorios de venezolanos. En este sentido, se proclamó la
Medida Provisional 820 de 15 de febrero de 2018, y subsecuentemente la Ley 13684 de 2018, las
cuales establecieron mecanismos de asistencia con carácter de emergencia para personas en situación
de vulnerabilidad fruto de migraciones en gran escala, incluidos los venezolanos. Estos mecanismos
incluyen acciones en pro de la protección social, la promoción de salud y educación y la protección
de los derechos humanos de los migrantes. Además, el 15 de febrero de 2018, se promulgó el
Decreto 9.285, que reconoció la delicada situación migratoria en el estado de Roraima como una
crisis humanitaria, y el Decreto 9.286 que creó el Comitê Federal de Assistência Emergencial. Este
comité es co-liderado por ACNUR y OIM Brasil y es responsable por “coordinar las acciones de
asistencia y acogimiento de los inmigrantes en situación de vulnerabilidad”. Este conjunto de
medidas buscaba facilitar la asistencia a los niños no acompañados, a las víctimas de la trata o de
explotación laboral y a las personas a las que se les hubiese concedido la residencia por motivos
humanitarios (Casa Civil, 2018). Aunque muchas de estas iniciativas no tratan explícitamente de la
población venezolana, es claro que surgieron como una respuesta a su creciente presencia en territorio
brasileño.
En medio de tensiones en torno de la recepción y acogimiento de inmigrantes venezolanos en
Roraima, intensificadas en un año de elecciones20, en abril de 2018, el gobierno brasileño instituyó
una política de “interiorización”. El objetivo de esta política es disminuir la presión poblacional en el
estado, ofrecer una mejor estructura de acogimiento para los inmigrantes, y distribuir la búsqueda de
oportunidades de trabajo en otros estados brasileños. Los venezolanos que eligen ser reubicados
deben poseer documentación como refugiados o permiso de residencia temporal.
Por otro lado, en junio de 2018, comenzaron a operar los Puestos de Recepción e Identificación,
Triaje y Atendimiento Médico en Pacaraima, una cooperación entre los gobiernos municipal, estatal
y federal, ACNUR, UNFPA y OIM. Los centros servirán como puestos de registro, control migratorio –
inclusive para solicitación de residencia y refugio–, información sobre el programa de interiorización,
y de atendimiento social y de salud a los inmigrantes.
Posteriormente, en el marco del Día Mundial del Refugiado –21 de junio de 2018–, fueron
firmados acuerdos de cooperación entre ACNUR, el SENAC (Servicio Nacional de Aprendizaje
Comercial) y el Tribunal de Justicia de Roraima. En el ámbito de estos acuerdos, serian ofrecidos
cursos de portugués y de cualificación profesional y se crearía un servicio judicial itinerante para
homologar acciones civiles sin necesidad de traducción de documentos al portugués. Cabe resaltar
que tanto la sociedad civil organizada, como la Defensoría Pública da União (DPU) y el Ministerio
Público Federal (MPF) vienen ejerciendo un papel fundamental en pro del respeto a los derechos
fundamentales de los venezolanos en territorio brasileño. Finalmente, en septiembre de 2018, fue
inaugurado un Puesto de Triaje en Boa Vista, cerca de la estación internacional de autobús.
Todas estas acciones y tentativas de articulación de una respuesta humanitaria a la migración
venezolana vienen ocurriendo en paralelo con una serie de medidas de control, e inclusive de
prevención, de estos movimientos de población. Por ejemplo, en julio de 2018, aprovechando la
visita del ministro de justicia a la ciudad de Pacaraima, un grupo de manifestantes bloqueó una
carretera federal para protestar contra el intenso flujo de inmigrantes con letreros que pedían socorro
y más compromiso del gobierno federal. Un mes después, en agosto de 2018, hombres y mujeres
armados con piedras, palos y bombas de gas caseras, incendiaron un acampamento de venezolanos
en Pacaraima, mientras entonaban el himno nacional y gritaban frases xenofóbicas. Según la Policía
Federal, después del ataque, unos 1200 venezolanos se vieron obligados a cruzar la frontera para
retornar a Venezuela21.
Además, en el último año hubo una serie de pedidos oficiales para el cierre de la frontera terrestre
Brasil-Venezuela por parte de la gobernadora del estado de Roraima, Suely Campos. Estos pedidos
fueron negados tanto por la Presidencia de la Republica como por el Supremo Tribunal Federal,
citando que tal medida es contraria a la Constitución Federal y a los tratados internacionales
ratificados por Brasil y, por tanto, ilegal. Sin embargo, en agosto de 2018, una decisión judicial de
primera instancia mantuvo la frontera cerrada por un periodo de 17 horas22. Asimismo, en agosto de
2018, el presidente decretó el uso de las fuerzas armadas en Roraima para reforzar la seguridad del
estado, en vista de las tensiones generadas por el gran flujo de venezolanos.
Dada la naturaleza fluida de la situación sociopolítica y económica en Venezuela y, por
consiguiente, de los flujos migratorios en dirección a Brasil, el estado continúa desarrollando y
adaptando sus mecanismos de respuesta programática, así como sus esfuerzos, aunque precarios,
para facilitar la integración socioeconómica de los venezolanos en el país. Finalmente, aunque en los
últimos años Brasil viene siendo reconocido internacionalmente como una referencia en términos de
acogida humanitaria, es claro que las políticas migratorias se vienen haciendo de forma reactiva y con
poca planificación de largo plazo, lo que amenaza la integración efectiva de los inmigrantes a la
sociedad brasileña, en condiciones dignas, seguras y adecuadas que respeten sus derechos humanos.

El contexto de acogida
Entre la frontera y la gran metrópoli: la experiencia migratoria de venezolanos bajo el programa de interiorización en Brasil

En el ámbito del programa de interiorización promovido por el gobierno brasileño, los venezolanos
son transportados en aviones de la Fuerza Aérea Brasileña, desde Roraima hacia ciudades de otros
estados, donde son recibidos en abrigos administrados principalmente por ONG nacionales e
internacionales y organizaciones religiosas, tales como la Missão Paz y el Instituto Migrações e
Direitos Humanos – IMDH– (orden de los Scalabrinianos en Brasil), Cáritas, el Centro de Apoyo y
Pastoral del Migrante (CAMI) y Aldeias Infantis SOS (Children’s Villages SOS). La OIM brinda su apoyo
en el proceso de identificación y orientación previo a la partida, monitorea el traslado y también asiste
a los migrantes cuando llegan al destino. Entre abril de 2018 y enero de 2019, habían sido
reubicados 4,564 venezolanos, principalmente en los estados de São Paulo (16.3%), Rio Grande do
Sul (18.1%), Amazonas (11%) y Paraná (9%) (OIM, 2019).
Las acciones interinstitucionales en los estados de acogida se orientan a atender las necesidades
básicas de los inmigrantes como alojamiento, alimentación, acceso a los servicios de salud y
educación (para los niños); así como otras acciones de mayor complejidad como facilitar la
integración de los recién llegados al mercado de trabajo. Esto implica toda una estructura de
acompañamiento, inevitablemente desbordada, mediante la oferta de cursos de portugués,
orientación psicopedagógica y de un programa de intermediación entre los migrantes en busca de
empleo y el sector empresarial y productivo.
Los 20 venezolanos entrevistados provienen de la Región Nororiental de Venezuela, en particular
de ciudades como Maturín y Caripito (Monagas), el Tigre, Anaco y Puerto de la Cruz (Anzoátegui),
e Isla Margarita (Nueva España), estados donde se localizan los principales yacimientos petrolíferos
del continente. La mayoría hicieron parte de la primera etapa del proceso de interiorización y, al
momento de la investigación, llevaban entre seis meses a un año residiendo en Brasil y tres meses
residiendo en São Paulo en Centros Temporales de Acogimiento (CTA) dispuestos por la Alcaldía de
São Paulo, y en la Casa del Migrante de la Misión Paz, donde pueden permanecer hasta un año23.
Así como la mayoría de los venezolanos en Brasil, las personas entrevistadas ingresaron al país por
vía terrestre por el control fronterizo conocido como La Línea, que separa los municipios de Santa
Elena de Uairén (Venezuela) y Pacaraima (Brasil). Es allí en donde comienzan las largas filas para
mostrar la documentación y solicitar el permiso de ingreso al país. Este largo trayecto24 es marcado
por dificultades y altos niveles de ansiedad debido a la escasez de recursos y al temor que supone
llegar a la frontera y no poder ingresar a Brasil. En vista de las limitadas opciones que ofrece esta
pequeña ciudad fronteriza, la mayor parte los migrantes se desplaza hasta Boa Vista, donde se
encuentra la oficina de la Policía Federal, a donde deben presentarse para regularizar su situación
migratoria para permanecer en el país.
Mapa 1. Brasil, 2018: Municipios de origen y trayectorias migratorias de venezolanos en Brasil.

Fuente: Elaborado por las autoras con base en OIM (2019) y de los relatos de los entrevistados. Colaboración técnica de David Echavarría
(Universidad Central del Ecuador).

A pesar de la precariedad que enfrentan en Boa Vista, ante la confluencia masiva de migrantes en
busca de recursos para la sobrevivencia, hay quienes encuentran favorable la localización fronteriza
por la proximidad con los seres queridos que permanecieron en el origen y frente a la contingencia de
responder a sus necesidades más urgentes como alimentos y medicinas. En este escenario, la
dinámica de movilidad de venezolanos hacia la frontera sea que crucen o no el límite internacional,
ha dinamizado paralelamente una región que históricamente tuvo un intercambio comercial y
financiero limitado. Si existen venezolanos que no se suman a emprender la “aventura de la
interiorización” es justamente por los costos que para ellos representa alejarse del punto fronterizo.
En el mapa 1 se presentan los municipios de origen de los entrevistados y las trayectorias migratorias
de venezolanos en Brasil, incluyendo los estados que han recibido parte de esta población en el
ámbito del programa de interiorización.
La proximidad geográfica se configura como un factor decisivo del proyecto migratorio,
particularmente cuando en la decisión son ponderados los costos y la duración del viaje frente al
hambre, la salud y la opción por la sobrevivencia familiar. Además, la decisión de migrar está pautada
por los riesgos a la integridad física, malos tratos y explotación durante el trayecto, así como por
rumores de xenofobia hacia los migrantes de origen venezolano en los países vecinos. Estos elementos
tienden a relativizarse, no obstante, cuando existe la posibilidad concreta de entrar y transitar en el
nuevo territorio. La opción por Brasil fue determinada por rumores de facilidades de entrada al país,
inclusive para aquellos que contaban con algún familiar o conocido en otros destinos, ya que la
mayoría no contaba con pasaporte vigente u otros documentos de identidad,
además de la cédula venezolana, requeridos por otros países de la región. Como fue relatado por
Miguel, 35 años:
No, realmente no pensé en Colombia, se hablaba muy feo de los venezolanos en Colombia, ¿ves?
de qué si no hay trabajo, que la xenofobia, que los van a matar, tanto que yo iba con un niño, yo
dije uy no, no Colombia no (…) De Brasil ya se escuchaba al igual que Colombia la xenofobia,
más siempre me guié, no di marcha atrás, por la bendita opción que me daban, de que podía pasar
solo con la cédula. Esa era la gran opción, era la oportunidad. Solo por eso (Miguel, 35 años).
Sin duda, la migración de venezolanos a Brasil se configura como una estrategia de sobrevivencia
individual y familiar en un contexto de crisis que consiste no solo en no dejarse morir por inanición,
sino en no sucumbir ante el dolor de la separación abrupta de los seres queridos. En su relato,
Alfredo, 52 años, nos permite dimensionar el significado de la separación:
Es frustrante para muchos hombres sentarnos aquí, con techo y con comida, y pensar en la familia
que tenemos allá pasando necesidades. Hay problemas emocionales, hay problemas psicológicos,
hay una intranquilidad en el espíritu de muchos hombres, porque siempre tenemos la angustia
sobre que estarán comiendo los míos que están allá. Hay veces que nos ataca la nostalgia por no
poder estar con nuestra familia (Alfredo, 52 años).
Pero, la estrategia de sobrevivencia no se reduce solo a la migración y a la separación de las familias,
sino que además involucra su fragmentación. A dejar “pedacitos”. Esos “pedacitos” que se dejan casi
siempre son los hijos repartidos, especialmente de mujeres solteras o madres cabeza de hogar que no
solo no pudieron partir con sus hijos, sino que además se vieron obligadas a “repartirlos” entre
abuelos, tíos, amigos y vecinos, e incluso a dejarlos solos. De modo que el dolor de la separación es
por partida triple, como se evidencia en la historia de Libia, 25 años:
(…) fue tremendo, sí fue tremendo, porque primero al pequeño tenía que dejarlo porque no
podía traérmelo estaba muy pequeño, no tenía cómo, él nunca mamó leche materna, porque no
gustó de eso, tenía que comprar un pote de leche, no tenía para eso, entonces tuve que dejarlo.
Bueno, y con toda la tristeza del alma lo dejé y tuve que partir, sí todo fue organizado así, lo dejé…
El mayor está en Boa Vista con mi madre, y los otros dos en Venezuela, los más pequeños (Libia,
25 años).
La reconfiguración espacial de las familias que conlleva la migración como estrategia de
sobrevivencia en el contexto de la crisis, enlazada entre el origen en Venezuela, la frontera
internacional y el destino final, en este caso, São Paulo, recíprocamente propicia nuevos mecanismos
de comunicación y de sustento, que se ven amenazados cuando los migrantes no acceden al mercado
de trabajo y a ingresos regulares.
La principal forma de ayuda de quienes emigran consiste en el envío constante de dinero, a través
intermediarios venezolanos y brasileños localizados en la frontera, denominados “trocadores”,
quienes cobran una comisión por la transacción. El dinero debe ser distribuido entre los hijos,
quienes los cuidan, los familiares enfermos que no cuentan con descendencia o ascendencia directa
para la migración, y entre quienes cumplen alguna de las actividades de soporte en el origen, desde
cuidar las casas hasta acompañar a las familias. Como fue expresado por Luz Myriam, 42 años:

¡Ay! Toda la familia (depende económicamente de mi). Porque yo me vine para acá con esa
meta. En Venezuela quedó mi hermana con su esposo y tiene dos niñas. Están en una situación
crítica. Mi hermana ayer me llamó para decirme que se quería venir porque están en una situación
crítica de salud y no se consigue tratamiento. Todos sabemos la crisis que está pasando. Pero ahora
no puedo traerlas porque no estoy trabajando. ¿Cómo me las traigo? Dependen mis hermanos que
están allá trabajando. Y mi mamá también depende de mí. Ella está en Boa Vista y quiere subir
hasta acá. Casi toda la familia depende de mí y de mi hija que estamos aquí. Ellos ven en nosotras
como una esperanza (Luz Myriam, 42 años).
Los testimonios de los migrantes dejaron en evidencia que la localización inicial en la frontera
conformó una ventaja relativa para quienes dejaron a sus hijos, esposas o padres enfermos, en tanto
les permitía una mayor movilidad entre la fuente de la crisis y la fuente de recursos que no solo se reduce
al dinero, sino que incluye alimentos, medicinas, ropa e incluso, soporte emocional. En este sentido,
el principio de non- refoulement expreso en la Convención de Ginebra de 1951, al pretender
resguardar a los solicitantes de refugio de los riesgos que supone su retorno al país de origen, acaba
propiciando entre los venezolanos otros riesgos para la sobrevivencia y la calidad de vida de quienes
permanecen en el origen. Este no sería aparentemente un dilema para quienes se acogen al programa
de interiorización, en tanto las posibilidades de viajar a Venezuela se tornarían impensables por los
elevados costos de los pasajes, inclusive para quienes cuentan con el permiso de residencia temporal y
no tienen restricciones de movilidad internacional. Estas posibilidades se reducen críticamente para
quienes tienen mayores dificultades de encontrar trabajo, particularmente los adultos mayores con
hijos dependientes en edades menores y adolescentes.
Dada esta dinámica, es plausible que los flujos de venezolanos hacia Brasil se intensifiquen en el
mediano y largo plazo, no solo por las redes de migrantes que progresivamente serán instauradas,
sino por los esfuerzos que las familias realicen para su reunificación.

Las bondades y contradicciones del proceso de regularización de los migrantes en Brasil


Por tratarse de personas que en su mayoría se encontraban vinculadas a actividades económicas
informales en el mercado de trabajo venezolano, reflejo de su nivel bajo y medio de cualificación, y
frente a la decisión de contingencia de huir de la crisis, los inmigrantes contaban solo con su cédula
de identidad como documento de reconocimiento civil. Por un lado, buena parte de los inmigrantes
nacieron en municipios diferentes a su último lugar de residencia, de modo que tramitar o trasladarse
al lugar natal para solicitar y esperar por el certificado de nacimiento se traducía en costos
impensables de asumir para este segmento de la población. Asimismo, éstos no contaban con los
recursos, el tiempo o la información necesaria para tramitar otros documentos de identificación civil
como el certificado de nacimiento, el pasaporte y los antecedentes judiciales para efectos de control
migratorio.
En general, los entrevistados no tenían claridad suficiente sobre cuál tipo de estatus solicitar, toda
vez que su mayor preocupación era ingresar de manera regular y proseguir en la búsqueda urgente de
recursos para sí y para su familia. Así, en su pasaje por el control migratorio, quienes contaban apenas
con la cédula de identidad venezolana recibieron el estatus de “solicitação de refugio” por un año,
aunque hay quienes contaban con el certificado de nacimiento y también recibieron el estatus de
solicitud de refugio con la expectativa de que una vez pasado el año podrían solicitar el estatus para
residente temporal.
Por su parte, el permiso de residente temporal (por dos años) fue concedido a quienes lo solicitaron
siempre que presentasen la cédula de ciudadanía venezolana, la partida de nacimiento y, en algunos
casos, el pasaporte. Entre las veinte personas entrevistadas en São Paulo solo cuatro obtuvieron el
permiso de residencia. La historia de Carlos, 42 años, ilustra la falta de claridad sobre la
documentación requerida para la regularización migratoria:
Los comentarios que había escuchado de amigos que me llamaban y los pocos que se
comunicaban conmigo me decían: −tú lo que necesitas aquí es la partida de nacimiento, porque
ellos necesitan saber quiénes son tus padres. De ahí no sabían para qué más. Yo fui al pueblo
donde había nacido y saqué mi partida de nacimiento, en una parroquia que está en Anaco como a
10 minutos del pueblo, fui y saqué mi broma en la alcaldía y me dieron mi papel y lo traje, y más
nada (Carlos, 42 años).
Los relatos de los migrantes indican que parece haber una inversión de la lógica de la legislación
internacional de refugio, ya que el estatus migratorio que les fue concedido responde a lo que “la
Policía Federal les sugirió que solicitaran”, mas no a un pedido justificado de protección
internacional ante los riesgos de permanecer en Venezuela.
Sin embargo, el proceso de regularización en el caso de Brasil no se circunscribe a la obtención del
permiso de residencia temporal o de solicitud de refugio, que han sido factibles por el papel
articulado de las instituciones de control migratorio como la Policía Federal, el CONARE y ACNUR. Una
vez regularizado, el migrante debe obtener un documento de identificación para fines de control
tributario conocido como “Cadastro Pessoa Física” (CPF). Este documento y el permiso migratorio
permiten al migrante tramitar la “Carteira de Trabalho e Previdência Social” (CTPS), obligatoria para
quien presta servicios laborales y profesionales en Brasil. Todos los entrevistados tenían cartera de
trabajo, mas no todos la habían utilizado. Por tanto, del punto de vista legal, el ingreso legal al
territorio brasileño concede acceso a los sistemas universales de salud y educación y al mercado de
trabajo formal.
¿Cuáles particularidades reviste la situación de los venezolanos en Brasil, y especialmente en São Paulo?

Dos aspectos son fundamentales para comprender y dimensionar la situación de la población


venezolana en São Paulo. En primer lugar, los integrantes del programa de interiorización son ante
todo migrantes pioneros y, por tanto, no contaron con redes de apoyo previas a su llegada que les
ayudara a reducir los costos financieros y emocionales de instalarse en una ciudad de las dimensiones
de São Paulo.
En segundo lugar, para los entrevistados, la elección de la ciudad de São Paulo no obedeció a un
análisis concienzudo o más ponderado de lo que significaría un movimiento de tan amplia escala.
Ello ha acentuado las dificultades para la búsqueda de trabajo, la mayor dependencia de las
instituciones involucradas en el programa de interiorización y la necesidad urgente de aceptar oficios
y trabajos –incluso degradantes que ponen en riesgo su salud física y emocional–, frente a la
necesidad de sobrevivencia familiar transnacional.
Por su parte, el perfil educacional y ocupacional del flujo migratorio analizado no ha sido favorable
para el éxito del proyecto migratorio, lo que se refleja claramente en las dificultades para competir en
el mercado de trabajo brasileño. De los 20 entrevistados apenas 4 cuentan con formación
universitaria completa y solo uno de ellos había accedido a un empleo formal, para el cual no le fue
reconocido su título profesional. Con el nivel de formación de secundaria y terciaria incompleta, que
la mayoría posee, los trabajos a los cuales habían accedido eran de corta duración y mal pagos, por lo
que 15 aún se encontraban buscando trabajo25. Entre los desafíos imperantes para la inserción en el
mercado laboral predominan, el desconocimiento de la ciudad y del idioma, los costos de
desplazamiento, el peligro inminente de las zonas por donde transitan cotidianamente26, y el
desconocimiento de contactos y redes de apoyo en la búsqueda de empleo, además del que ofrecen
las instituciones participantes del programa como CARITAS, la Alcaldía y las instituciones religiosas. La
experiencia laboral de Tomas, 22 años, ilustra estos desafíos:
He pasado currículos en todas partes. He trabajado aquí con los bolivianos de costurero. Pero dejé
el trabajo porque eran como muy forzoso… Era difícil. Me cansaba más que todo porque uno
tenía que agacharse para costurar bien y se me hacía muy difícil porque yo tengo dos hernias en la
columna, y si hacías una cosa mala ellos te gritaban. Y como yo no me dejo, yo también los gritaba.
No duré mucho, duré como tres días y no quería ir más (…) He ido en una parte que le dice
“Poupa Tempo”; Ahí me registré para buscar cupos de empleo (…) las dificultades aquí son más
que todo porque estamos llegando muchos y se nos está poniendo más chiquitico. He metido
currículo y todavía nada que nada. Más que todo es porque ellos dicen que es el idioma también.
Ellos dicen que no pueden contratar un venezolano porque no van a entender lo que dicen los
clientes (Tomas, 22 años).
Las condiciones que tornan al inmigrante venezolano susceptible de experimentar abusos de
explotación e irrespeto a sus derechos fundamentales, aun cuando cuenten con documentos legales
para vivir en Brasil, residen en la ausencia de garantías de acceso a la justicia, y de las garantías de
acceso al mercado de trabajo formal. Sin estos elementos, se imposibilita tanto la capacidad creativa y
productiva como individuo, su sentido de servicio y su agencia como actor sujeto de derechos, lo que
en esencia se traduce en recuperar y ejercer autoconfianza, sentido de dignidad y de respeto.
Lo bajos niveles de cualificación de los inmigrantes venezolanos condicionan la aceptación de
trabajos con bajos salarios, de trabajos de corta duración en condiciones precarias y de contratos
verbales que no necesariamente se cumplen. A esto se suman la discriminación para aquellos que se
encuentran en un rango de edad que supera la edad más atractiva del mercado, pero que se aleja de la
edad de jubilación, y los problemas de salud que dificultan encarar las exigencias de una ciudad de
las dimensiones de São Paulo. Los riesgos que suponen la no inserción al mercado de trabajo para la
salud física, mental y emocional de los migrantes, sumado a los impactos incalculables de la
discriminación, la explotación, la soledad, el abuso y el miedo, hace parte de los desafíos que no
alcanza a responder la institucionalidad no solo en Brasil sino en otros territorios al que el inmigrante
difícilmente se “integra”. Así, cuando el sistema no necesariamente garantiza el acceso a derechos y a
los mecanismos de protección y acceso a la justicia, ellos se encuentran en mayor condición de
vulnerabilidad frente a su necesidad de sobrevivencia.

Consideraciones finales
La dinámica de los flujos migratorios recientes entre Venezuela y Brasil puede ser mejor entendida a
través del concepto de “migración de crisis” (McAdam, 2014:10). En este sentido, la migración de
venezolanos a Brasil tiende a ocurrir no en función de un evento en particular, sino más bien por una
serie de procesos estructurales acumulativos, una suerte de crisis en múltiples dimensiones, que
llevan a puntos de inflexión en términos de la (in)capacidad de las personas de garantizar la
sobrevivencia de la familia (nuclear o extendida) localmente. Con la intensificación de la crisis
sociopolítica y económica en Venezuela, se inició un proceso de difusión de los movimientos
migratorios, lo que se constata en la creciente diversificación en cuanto al nivel socioeconómico y, por
tanto, de clase social de los venezolanos que aportan al territorio brasileño. La mayor parte de estos
migrantes nunca pensó en salir de Venezuela, pero se vieron forzados a hacerlo, teniendo que
“aprender a ser migrantes”, una experiencia por veces dolorosa y humillante. Así, es claro que,
aunque los factores macro-estructurales tienen un impacto directo en las decisiones micro-
individuales, el papel de la agencia es esencial para planear y organizar el proyecto migratorio, aun
cuando éste se configura como una estrategia de sobrevivencia.
La elección de Brasil como destino está condicionada por la proximidad geográfica, los bajos costos
y duración del viaje, y por redes de información que atentan contra la facilidad de entrada al país –
solo con la cédula venezolana–, inclusive para aquellos que ya tienen redes familiares o personales en
otros países vecinos como Colombia. Estos migrantes, en su mayoría, salen de Venezuela con la
perspectiva de retorno y, por tanto, tienden a concentrarse espacialmente en el área de frontera, aun
cuando demuestran un entendimiento de la complejidad y alta probabilidad de prolongamiento de
la crisis por la que atraviesa el país. Así, los proyectos migratorios tienden a ser fluidos y se
reconfiguran en función de las necesidades y prioridades del entorno familiar: la reunificación
familiar, el envío de remesas, la compra de vivienda para garantizar la reproducción familiar, etc.
A partir de las especificidades de la inmigración venezolana en la ciudad de São Paulo podemos
concluir que estos flujos no pueden reducirse a la simple relación de expulsión y atracción que
derivan, de un lado, de la crisis estructural sociopolítica y económica en Venezuela y, de otro, de las
posibilidades de acceso legales que el Estado brasileño concede a quienes huyen en busca de
sobrevivencia. Estos nuevos flujos migratorios son esencialmente una estrategia de sobrevivencia
individual y familiar en un contexto de crisis que se sustenta en tres pilares: 1) en la separación de las
familias nucleares, frente a la imposibilidad de la movilidad espacial que suponen los problemas de
salud de algunos de los miembros y los costos del proyecto migratorio internacional; 2) en la
dispersión de las familias nucleares en el origen, frente a los costos que encierra la misma separación y
la necesidad de distribuir dichos costos entre miembros de las redes de parentesco y amistad aún
situadas dentro del territorio venezolano y 3), en la circulación, de bienes de consumo y de capital y
de los propios migrantes como condición de auxilio y soporte a quienes permanecen en el origen.
Esta dinámica ya comienza a traducirse en una reconfiguración del espacio migratorio en la frontera
norte de Brasil (Baeninger and Silva, 2018).
Sin duda, el deseo de recomenzar la vida en busca de mejores oportunidades se superpone a los
problemas estructurales en los lugares de acogida, como los factores de desigualdad social y
económica propios de la sociedad brasileña, y las rigideces del mercado y de la plataforma productiva
para absorber formalmente a la población en edad activa27.
Por su parte, aunque ya existen una serie de dispositivos legales en el ordenamiento jurídico
brasileño para acoger a estos nuevos migrantes, como la Convención de 1951 relativa al Estatuto de
los Refugiados, su Protocolo de 1967 y la Declaración de Cartagena de 1984, e inclusive la visa
humanitaria –que fue usada en el pasado para lidiar con el flujo de haitianos– éstos no han sido
usados para lidiar con el creciente número de venezolanos que está arribando al país. Más bien, la
política migratoria para los ciudadanos venezolanos se ha distinguido por su carácter ambiguo y
reactivo, materializada por medio de la creación de mecanismos excepcionales para resolver
cuestiones específicas como la extensión (implícita) del Acuerdo de Residencia de Mercosur, con el
fin de aliviar las presiones al sistema de asilo; la militarización de la frontera y la declaración de estado
de emergencia social en Roraima, para reforzar la seguridad debido a las tensiones generadas por el
grande flujo de inmigrantes; y la política de interiorización, cuyo fin explícito es el de disminuir la
presión ejercida por los venezolanos en los estados fronterizos, principalmente en Roraima.
En la práctica, esto ha generado una notable heterogeneidad en la implementación de las políticas
públicas y una estratificación de derechos entre este colectivo de migrantes, lo cual se ve reflejado en
la existencia de diversos estatus migratorios, inclusive al interior de una misma familia –normalmente
en función de la documentación con la que se contaba al momento de llegada al país. Esta dinámica
probablemente se verá reflejada en el tipo de incorporación que esta población logrará en la sociedad
brasileña, una vez que los tipos específicos de exclusión experimentados por inmigrantes y
refugiados, como el acceso precario a servicios, la falta de derechos políticos, el estatus de residencia
insegura y el racismo y la xenofobia, tienden a aumentar su vulnerabilidad a la exclusión social
(Castles et al., 2002). Así, aunque el estado viene garantizando la integración de jure (Jacobsen, 2001)
de los venezolanos, proporcionándoles documentación legal para su permanencia temporal en el
país, la integración de facto (ibid) de estos migrantes es aún incierta.
Considerando que la actual situación sociopolítica y económica de Venezuela difícilmente será
superada en el corto y mediano plazo, y que, con el pasar del tiempo, los venezolanos establecerán
sus propias redes migratorias e iniciarán procesos de reunificación familiar, no es difícil concebir una
intensificación de los flujos migratorios de Venezuela hacia Brasil. Sin embargo, ya se perfilan
cambios radicales en las políticas migratorias por parte del nuevo gobierno en 2019, inclusive la ya
anunciada revocación de la Nueva Ley de Migración por parte del presidente electo, cuyos pilares son
el respeto a los derechos humanos de los migrantes y el combate a la xenofobia.
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Anexo I. Perfil Sociodemográfico de migrantes venezolanos entrevistados.
Seudónimo Sexo Edad Nivel Hijos Situación Estatus Entrada a Brasil (DD/MM/AAAA)
educativo laboral migratorio

Carmen F 18 Secundaria 1 Ama de casa Solicitante de 20/11/2016


Refugio
Incompleta

Libia F 25 Secundaria 3 Buscando Trabajo Solicitante de 04/02/2018


Refugio
Completa

Elizabeth F 27 Técnico 3 Comerciante Residencia 29/01/2018


Temporal
Completo

Sara F 30 Terciaria 1 Ama de casa Solicitante de 16/02/2018


Refugio
Incompleta

Graciela F 36 Terciaria 4 Servicio Restaurante Solicitante de 07/03/2018


Refugio
Completa

Adriana F 38 Terciaria 2 Ama de casa Solicitante de 03/01/2018


Refugio
Incompleta

Luz Myriam F 42 Terciaria 3 Buscando Trabajo Solicitante de 01/01/2018


Refugio
Completa

Clara F 44 Secundaria 3 Auxiliar Cocina Solicitante de 15/12/2017


Refugio
Incompleta

Tomas M 22 Secundaria 0 Buscando Trabajo Solicitante de 12/01/2018


Completa Refugio

Germán M 24 Terciaria 0 Buscando Trabajo Solicitante de 17/04/2017


Incompleta Refugio

Jaime M 31 Terciaria 2 Buscando Trabajo Irregular 04/12/2017


Completa

Miguel M 35 Terciaria 4 Buscando Trabajo Solicitante de 22/03/2018


Completa Refugio

Daniel M 37 Terciaria 0 Operador Maquina Solicitante de 22/03/2018


Completa Refugio

Ruben M 37 Terciaria 1 Operador Maquina Residencia 17/02/2018


Incompleta Temporal
Carlos M 42 Secundaria 2 Buscando Trabajo Residencia 20/03/2018
Completa Temporal

Alfredo M 52 Secundaria 3 Buscando Trabajo Solicitante de 04/02/2018


Incompleta Refugio

Arturo M 58 Secundaria 1 Buscando Trabajo Solicitante de 22/02/2018


Incompleta Refugio

Ramiro M 58 Secundaria 4 Buscando Trabajo Solicitante de 17/12/2017


Incompleta Refugio

Camilo M 63 Secundaria 2 Buscando Trabajo Solicitante de 23/12/2017


Completa Refugio

Manuel M 65 Secundaria 1 Buscando Trabajo Solicitante de 22/12/2017


Completa Refugio

Fuente: Entrevistas realizadas entre junio y julio de 2018 en São Paulo (Brasil).

1
Así, por ejemplo, los censos de 1980 y 2000 registraron un aumento del stock de bolivianos de 12,980 a 20,753, de peruanos de 3,830 a
10,850 y de paraguayos de 17,575 a 29,518 (OIT, 2016).
2 Por ejemplo, en el periodo 2000-2010, el stock de bolivianos en territorio brasileño se incrementó en 78% (de 20,753 a 36,856), el de
colombianos en 88% (de 3,765 a 7,089) y el de cubanos en 72% (de 1,157 a 1,989). Asimismo, el stock de ciudadanos de países como China
creció 91% (de 10,279 a 19,608) y el de estadounidenses en 70% (de 13,957 a 23,695) (OIT, 2016).
3 Los datos de esta sección provienen de fuentes de información primaria como los Censos de Población realizados por el Instituto Brasileiro de
Geografía e Estatística –IBGE– (1991, 2000 y 2010), y registros administrativos como el Sistema Nacional de Cadastramento de Registro de
Estrangeiros (SINCRE) de la Policia Federal, la Relação Anual de Informações Sociais (RAIS) del Ministério de Trabalho e Previdência Social y
del Comitê Nacional para Refugiados (CONARE). Agradecemos enormemente la colaboración de Vicente Tapia en la compilación, tratamiento y
análisis de estos datos.
4 Entre 2011 y 2014 se concedieron un total de 2,352 autorizaciones de trabajo a venezolanos. Esta población es mayoritariamente masculina:
por cada 100 mujeres con vínculo formal de trabajo, hay cerca de 200 hombres en la misma situación (CGIg, 2018).
5 En ese año, 33 indígenas Warao en situación de indigencia fueron deportados por la Policía Federal. Las deportaciones continuaron hasta
2016, cuando una orden judicial, apuntando las violaciones de derechos implícitas en deportaciones en masa, revirtió la deportación de 450
Warao que ya estaban camino a Venezuela por vía terrestre (MPF, 2017).
6 Este dato no incluye los solicitantes de protección internacional, los cuales son contabilizados en los registros del CONARE, institución federal
que recibe y analiza las solicitudes de refugio.
7 El índice de masculinidad pasó de 107.8 en 2013 para 127.6 en 2017. Además, en términos relativos, la migración registrada en 2017

presenta una concentración marcadamente mayor en el grupo específico de hombres entre 20 y 29 años, inclusive respecto a la registrada en
2016, pasando de 12.1% para 20.3% (SINCRE, 2018).
8 Roraima, históricamente una de las regiones más pobres y olvidadas del país y con serias deficiencias en la oferta de servicios públicos, solo se
convirtió en estado de la Federación con la Constitución de 1988. Se estima que, en 2018, la población de los municipios de Pacaraima y Boa
Vista era de, respetivamente, 15,580 y 375,374 habitantes (IBGE, 2018).
9 CONARE tiene 14 funcionarios para procesar toda esta demanda (a finales del 2017, eran solo 6) y el tiempo promedio de evaluación de los
pedidos es de 2 años. A pesar de la larga espera, una vez efectuado el pedido, los solicitantes reciben un “protocolo” de pedido de refugio
provisional y un “Documento Provisorio de Registro Nacional Migratorio” que les garantiza inmediatamente la obtención de un permiso
(carteira) de trabajo, acceso a los sistemas públicos de salud, educación y asistencia social, posibilidad de abertura de una cuenta bancaria, etc.
(DOU, 2018).
10 Este perfil sociodemográfico es similar al encontrado por Simões et al. (2017).
11 En un país con esta extensión, población y burocracia estatal, podría afirmarse que la respuesta se ha dado en tiempo récord.
12 En esta época se promulgaron dispositivos como la Ley de los 2/3, que obligaba a las empresas a reservar esa proporción de puestos de
trabajo a los nativos, y se implementaron cuotas para el número de extranjeros presentes en el país (Oliveira, 2015).
13 Brasil fue gobernado por una dictadura militar autoritaria por 21 años (1964-1985), resultado de un golpe de estado orquestado por las
Fuerzas Armadas contra la administración del presidente João Goulart, quien había asumido la presidencia tras la renuncia del presidente
democráticamente electo Jânio Quadros.
14 El CNIg es un órgano cuatripartito formado por representantes del gobierno, los sindicatos, los empresarios y la comunidad científica,
encargado de la formulación y coordinación de la política migratoria brasileña.
15
Brasil está inmerso en una intensa crisis sociopolítica desde el turbulento, y para muchos truculento, proceso de impeachment y retirada de
la presidente electa Dilma Rousseff en mayo de 2016, cuando el vicepresidente Michel Temer asumió el poder.
16 De acuerdo con la Lei de Migração, la visa humanitaria debe “ser concedida al apátrida o al nacional de cualquier país en situación de grave
o inminente inestabilidad institucional, conflicto armado, calamidad de gran proporción, desastre ambiental o de grave violación de derechos
humanos o del derecho internacional humanitario, o en otras hipótesis” (artículo 14).
17 La población Warao en territorio venezolano es de alrededor de 49,000 (MPF, 2017).
18 Este acuerdo –Decreto 6.975 de 2009– permite a los ciudadanos de estos países obtener permisos de residencia legal temporal en Brasil –por
un periodo de hasta dos años–, mediante la comprobación ante la Policía Federal de ciudadanía de uno de los estados partes y de un certificado
limpio de antecedentes judiciales. Después de dos años, este permiso temporal puede transformarse en permanente, mediante pedido formal
para tal fin (Casa Civil, 2009).
19 En agosto de 2017, una medida judicial determinó la exención de las tasas cobradas para la emisión de los permisos de residencia para los
venezolanos que pudieran comprobar carencia de recursos. La tasa vigente era de R$311,22 (unos US$83) – una fortuna para este grupo de
población.
20 Las elecciones para presidente, Congreso y gobernadores fueron realizadas el 7 de octubre de 2018. En la disputa por votos, los candidatos
de derecha se aprovecharon, discursivamente, de la tensión generada por la llegada masiva de venezolanos al estado fronterizo para conquistar
electores.
21 https://www.bbc.com/portuguese/brasil-45242682
22 https://brasil.elpais.com/brasil/2018/08/07/politica/1533653914_220633.html
23 Este proyecto de investigación fue aprobado por el Comité de Ética em Pesquisa de la Universidad Federal de Minas Gerais (Protocolo
CAAE 95576918.6.0000.5149). El acceso y contacto con nuestros entrevistados fue posible gracias al apoyo del Padre Agnaldo, Director del
Servicio Jesuita a Migrantes y Refugiados en Brasil y al Padre Paolo Parise, Director de la Misión Paz en São Paulo. En total fueron
entrevistados 8 mujeres y 12 hombres con edades entre los 18 y los 65 años, 17 declararon tener hijos, y de éstos, 12 reportaron hijos menores
dependientes directos. Entre estos últimos, 9 tuvieron que dejar a sus hijos en Venezuela y apenas 3 llevaban a sus hijos consigo. Del total de
entrevistados 7 declararon ser casados, pero apenas 2 se encontraban junto con su núcleo familiar completo en Brasil. El perfil
sociodemográfico de los entrevistados se encuentra en el anexo I.
24 La distancia entre Puerto de la Cruz, en el litoral venezolano y Santa Elena, cerca de la frontera con Brasil, es de aproximadamente 1,000
km. La distancia entre el municipio de Santa Elena y La Línea es de 28 km, unos 40 minutos en auto o 4 horas caminando. Una vez cruzada la
frontera, la distancia entre los municipios de Pacaraima y Boa Vista (en el estado de Roraima), es de 214 km, alrededor de de 4 horas en auto o
2 días caminando.
25 El perfil sociodemográfico de los entrevistados se encuentra en el anexo I.
26 La alcaldía dispuso nueve locales para albergar a inmigrantes venezolanos, algunos de los cuales estaban proyectados para la recepción de
habitantes de la calle. La mayoría están localizados en barrios alejados del centro de la ciudad lo que impone algunas dificultades de
desplazamiento frente a la urgente necesidad de articulación de los recién llegados a servicios sociales y al mercado de trabajo.
27 A pesar de las mejorías observadas desde el cambio de siglo, el mercado laboral brasileño aún exhibe altos niveles de empleo informal, el cual
responde por más del 30% de los trabajadores del país (Holanda y Moura, 2015). A pesar de las dificultades de inserción en el mercado laboral
brasileño, los venezolanos se convirtieron, después de los haitianos, en el segundo colectivo más dinámico en el mercado de trabajo formal con
un saldo positivo de 1,287 contrataciones en el primer semestre de 2018 (Cavalcanti et al., 2018)

SNJ (2018). Refúgio en Números - 3a Edição. En: Secretaria Nacional de Justiça (ed.) Refúgio en Números Brasília: Ministério da Justiça.
Vedovato, L. S. R. y Assis, A. E. S. Q. (2018). Os vetos à nova Lei de Migração brasileira. a interpretação como um passo necessário En:
Baeninger, R. et al. (eds.) Migrações Sul-Sul. Campinas: Núcleo de Estudos de População –Elza Berquó.
Zapata, G. P. y Fazito, D. (2018). Comentário: O Significado da Nova Lei de Migração 13.445/17 no Contexto Histórico da Mobilidade
Humana no Brasil Revista UFMG, 25.
Zapata, G. P. y Guedes, G. R. (2017). Refúgio e modalidades de deslocamentos populacionais no século XXI: tendências, conflitos e políticas.
Revista Brasileira de Estudos de População 34.
Ecuador: de la recepción a la disuasión. Políticas frente a la población
venezolana y experiencia migratoria 2015-2018

Gioconda Herrera
Gabriela Cabezas Gálvez1

Introducción
Hasta hace veinte años Ecuador fue un país con poca tradición migratoria. Por un lado, mantenía
una inmigración transfronteriza histórica con Perú y Colombia y, por otro lado, desde los años
1960, se empezaron a conformar redes migratorias entre Ecuador y Estados Unidos que permanecen
hasta la actualidad, principalmente en el Sur del país. Venezuela fue también un destino importante
para los ecuatorianos en los años 1970 y 1980.
A partir de finales del siglo anterior se producen transformaciones importantes en la dinámica
migratoria que ha repercutido en cambios en el terreno de las políticas migratorias. En primer lugar,
el Ecuador experimenta un éxodo hacia el sur de Europa y los Estados Unidos de alrededor de dos
millones de personas que salen en un lapso de tiempo bastante corto, entre 1998 y 2008. En
segundo lugar, se produce la llegada de grandes contingentes de refugiados colombianos que huyen
del recrudecimiento de la violencia en el país vecino en la primera década de 2000. Hasta el 2017, el
Ecuador ha reconocido a 60,253 refugiados, de los cuales 57,325 son colombianos, y entre 1983 y
2015 los solicitantes de refugio alcanzaron las 233,049 personas (Ramírez et al., 2017). En tercer
lugar, a partir de 2008, empiezan a llegar nuevas migraciones a Ecuador procedentes del Caribe –
cubanos y haitianos– y también de países africanos y asiáticos introduciendo al país a circuitos de
migraciones sur-sur hasta entonces muy escasas. Finalmente, la llegada de migrantes del Norte, tanto
de Estados Unidos, en calidad de migrantes residenciales de la tercera edad, como de migración
calificada desde España, sobre todo a la ciudad de Quito, cambiará el rostro de la ciudad andina, más
acostumbrada hasta ese entonces a ver salir a su gente al extranjero que a ver llegar nuevos habitantes
(Herrera, 2019). Como resultado de estos cambios, en esos veinte años Ecuador empieza a
reconocerse como un país de múltiples movilidades −de emigración, inmigración, refugio y tránsito
de personas (Herrera et al., 2012).
La importancia que asume tanto la salida de ecuatorianos al exterior como la llegada de población
extranjera al país sacudirá las polvorientas políticas migratorias ecuatorianas y donde el Estado
empieza a tener un papel más proactivo en relación con la migración. Esto se vio reflejado en la
Constitución de 2008 en la cual se reconocen derechos importantes tanto para los migrantes en el
extranjero como para los inmigrantes (Góngora et al., 2014). También se promulgarán políticas
favorables a la libre circulación como el decreto presidencial de junio de 2008 que elimina el
requisito de visado para todos los países del mundo. Además, se pondrán en marcha distintas
acciones por parte del Estado y de la sociedad civil para atender a la población refugiada.
A pesar de esta apertura en materia de políticas migratorias, la sociedad ecuatoriana tiende a
mostrar una actitud negativa frente a los inmigrantes. Estudios sobre la representación de las
poblaciones cubanas, haitianas y colombianas en Ecuador muestran procesos de estigmatización de
varios grupos, especialmente colombianos y haitianos (Céja, 2014; Correa, 2014; Ortega y Ospina,
2012; Santacruz y Vallejo, 2012). Además, encuestas sobre la representación que se hace a la
población ecuatoriana de los migrantes muestran actitudes negativas hacia la migración sur-sur2.
La llegada de la población venezolana a Ecuador se produce entonces en un entorno de
inmigraciones recientes, con un Estado que empieza a asimilar su nuevo papel como receptores de
migrantes y una sociedad con una predisposición más bien negativa hacia los inmigrantes. Pero,
además, este nuevo flujo adquiere características especiales respecto a los grupos anteriores. Por un
lado, sorprende su velocidad. Al momento se estima que alrededor de 250,000 3 venezolanos residen
en Ecuador y han llegado en los últimos tres años, cifra que han alcanzado los inmigrantes
colombianos en veinte años. Además, la dolarización es un factor de atracción para la población
inmigrante en general, y venezolana en particular, que no se encuentra en otras naciones
latinoamericanas. Por último, esta migración ocurre en un contexto de desaceleración económica que
afecta considerablemente las oportunidades laborales de las y los inmigrantes. En efecto, durante la
década de 2000, el PIB creció a tasas inusuales con picos de 6.4 en 2008, 7.2 en 2011 debido a la
bonanza petrolera, que desciende drásticamente a partir de 2015, año en el cuál la economía creció a
0.3%. Para 2018, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha pronosticado
un crecimiento de 1.5%.
El objetivo de este capítulo es analizar las políticas del Estado ecuatoriano frente a la migración
venezolana entre 2015 y 2018, examinando tanto los obstáculos que han encontrado las y los
migrantes para acceder a un estatus migratorio, así como sus estrategias para sortear dichos
obstáculos. Para ello, presentamos en primer lugar, las principales características socio demográficas
de esta migración y su rápida diversificación en los últimos tres años en que pasa de ser una
migración calificada y planificada a ser un flujo que adquiere los rasgos de un éxodo masivo. En
segundo lugar, describimos la evolución de la política migratoria a medida que el flujo iba creciendo
y las crecientes dificultades a las que se enfrenta la población venezolana. Finalmente, revisamos
algunas de las experiencias laborales y de integración social de esta migración a un contexto
económico cada vez más recesivo que afecta sus oportunidades laborales. Cabe señalar que la
combinación de estas dos dimensiones –dificultades en el proceso de regularización migratoria de la
población venezolana y un contexto económico adverso para la integración económica– nos lleva a
sostener que estamos frente a una migración que está volviéndose cada vez más vulnerable, a pesar de
contar con niveles educativos más altos que el promedio de la población receptora y que enfrenta
procesos crecientes de irregularización. Pero, además, las cortas trayectorias laborales de este flujo
muy reciente muestran que al momento el estatus migratorio regular no garantiza necesariamente el
acceso a un mejor trabajo. Al mismo tiempo, se trata de una migración muy conectada con otros
países de América Latina y en algunos casos de Europa y que hace un uso activo de la tecnología y las
redes sociales para comunicarse e informarse. Sostenemos que, bajo las condiciones estructurales
actuales del Ecuador, las dificultades en el proceso de regularización y el carácter interconectado de
esta migración son factores que en lugar de promover el asentamiento en el país estarían empujando
a la población venezolana a moverse a otras ciudades del territorio nacional o a otros países de la
región, en condiciones de vulnerabilidad creciente. En este marco, se observa que las respuestas del
Estado han adquirido progresivamente un carácter disuasivo frente a la migración venezolana que,
junto con un contexto laboral restringido y la xenofobia, configuran condiciones de creciente
vulnerabilidad para esta población.
En términos metodológicos, este estudio está concebido dentro de un proyecto comparativo a
nivel regional, por lo tanto, el grueso de la investigación se basa en instrumentos cualitativos como un
cuestionario único utilizado en todos los países, mismo que se aplicó en la ciudad de Quito, entre
mayo y octubre de 2018. Las entrevistas fueron semiestructuradas y se realizaron con contactos tanto
a través de las redes sociales como por medio de relaciones personales establecidas aleatoriamente en
comercios o en la calle, usando la estrategia de bola de nieve y con bastante facilidad dada la
magnitud de la presencia de personas venezolanas de reciente arribo en la ciudad. Para caracterizar
aún más a esta migración, utilizamos complementariamente las pocas fuentes estadísticas disponibles
al momento (que son los datos de entradas y salidas migratorias del Ministerio del Interior), mientras
que para el análisis del perfil demográfico usamos el saldo migratorio, así como los datos de títulos
profesionales de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Senescyt) con el
fin de tener una aproximación de las características escolares de las personas migrantes venezolanas.
La muestra levantada en Ecuador estuvo compuesta de 30 entrevistas semi estructuradas (anexo
1): 15 hombres y 15 mujeres. La mayoría de las personas entrevistadas están entre los 20 y 40 años
(23 entrevistados), tan solo 7 personas tienen más de 40 años. El promedio de edad fue de 36 años,
en el que la persona más joven alcanzó los 20 años y la personas con mayor edad 70 años. Con
respecto a la escolaridad, en su mayoría contaban con un nivel universitario o técnico superior (25
personas), lo que equivale al 83.3% de nuestra muestra, y tan solo 5 personas tienen nivel de
bachillerato (16.7%). Con respecto a la estructura familiar, en nuestra muestra se registraron cinco
parejas con hijos e hijas menores de edad e inclusive menores de 10 años. Además, dos personas que
llegaron con hijos e hijas adultos y con sus hogares respectivos.

La migración venezolana en Ecuador


La presencia de la población venezolana en Ecuador fue poco significativa hasta 2015. De acuerdo
con los datos censales de 2001 y 2010, alcanzaba apenas 3,691 personas para el primer año y 4,944
para el siguiente año censal. La distribución por sexo era bastante equilibrada entre hombres
(alrededor del 48%) y mujeres (aproximadamente 52%) para los dos años censales. A partir del
2015 asistimos a un incremento constante. De acuerdo con los datos del Ministerio del Interior
sobre entradas y salidas, presentados en el gráfico 1, entre 2013 y diciembre de 2018, se disparan los
números tanto de arribos como de salidas a partir de 2016. Esto indica que el Ecuador no solamente
es un contexto de acogida para esta población sino un país de tránsito hacia otros destinos más al sur
del Continente. De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en
diciembre de 2018, solo el 34.4% de la población encuestada en Rumichaca –la frontera de Ecuador
con Colombia consideraba– quedarse en el país, el 55.4% tenía como destino principal Perú y en
menor medida Chile (8.6%), Argentina (0.8%) y un menor porcentaje para otros destinos de
América del Sur (OIM, 2018)4.
Podemos notar en el gráfico 1 que la brecha entre las entradas y salidas se agrandó sobre todo en el
2018, este saldo migratorio puede significar población que considera permanecer un tiempo más
largo en Ecuador. Según las estadísticas emitidas por el Ministerio del Interior, en el año 2018 (31
de diciembre) ingresaron a Ecuador 954,217 y salieron 799,838 lo que dejó un saldo migratorio de
154,379. El saldo migratorio promedio desde el 2013 al 2018 es de 251,223, y entre 2015 a 2018
es de 246,721. Se deduce que el incremento más fuerte de esta migración ha sido en estos últimos
tres años.
Gráfico 1. Evolución de salidas y entradas de la población venezolana desde 2013 a 2018.

Fuente: Elaboración propia con datos del Ministerio del Interior, Subsecretaria de Migración 2013-2018.

Según estadísticas presentadas por el Ministerio del Interior, de igual manera, los migrantes
venezolanos se transportan vía terrestre; durante el año 2017, el 79% de venezolanos que ingresaron
al Ecuador lo hicieron por el Centro Binacional de Atención Fronteriza de Rumichaca, en la frontera
con Colombia tomando diferentes rutas que atraviesan Colombia desde Venezuela (mapa 1).
Las entrevistas de nuestra muestra confirmaron la tendencia de la población venezolana de
atravesar por tierra Colombia con diferentes rutas, ya sea en transporte público, privado e inclusive a
pie para algunas personas. Las rutas migratorias que siguen pueden durar varios días, semanas, e
inclusive varios meses: Yo llevo 9 meses aquí y 2 meses viví en Colombia, entonces fue hace 11
meses atrás. En julio del 2017, del año pasado” (Julia, 26 años).
Mapa 1. Rutas terrestres de la migración venezolana que llega a Ecuador.
Fuente: Elaboración propia con base en los testimonios de rutas de la población entrevistada en la muestra de la investigación de campo. Junio-
octubre 2018.

Las entrevistas de nuestra muestra confirmaron la tendencia de la población venezolana de


atravesar por tierra Colombia con diferentes rutas, ya sea en transporte público, privado e inclusive a
pie para algunas personas. Las rutas migratorias que siguen pueden durar varios días, semanas, e
inclusive varios meses:
Yo llevo 9 meses aquí y 2 meses viví en Colombia, entonces fue hace 11 meses atrás. En julio
del 2017, del año pasado (Julia, 26 años).
Cuando salí de Venezuela supe que Valledupar se hacían actividades propias de un pueblo,
servicios, ventas ambulantes y cosas así. En el viaje, como me habían robado mi teléfono, me
compré un teléfono e iba hablando con mi hermana que estaba aquí en Ecuador. Yo le dije que
ahora iba para Valledupar porque es lo más cerca, y mi hermana me dice que ahí vive un ex novio
de ella. Eso es lo bueno de tener varios ex cuñados [risas]. Resulta que el papa de mi sobrina estaba
ahí y otro ex novio de ella estaba ahí, él ya se radicó. Me quedé casi 3 meses trabajando ahí
reuniendo para venir a Ecuador (Julián, 31 años).
A diciembre de 2018, el promedio de ingreso diario por los pasos de Rumichaca y San Miguel, en
la frontera con Colombia fue de aproximadamente 2,179 personas, luego de alcanzar un pico de casi
5 mil personas en la primera semana de agosto de 2018 (Ministerio del interior, 2018).
La población venezolana que se instala en Ecuador es bastante joven, presenta porcentajes similares
entre hombres y mujeres y se encuentra en edades productivas, como apreciamos en el gráfico 2. En
el año 2018, el 76% de los ciudadanos venezolanos tenían entre 18 y 55 años, alrededor de 21% de
la población es menor de edad y casi el 11% de la población tenía menos de 10 años. Podemos
hablar de dos perfiles migratorios: por un lado, de personas solteras o divorciadas, sin hijos y, por
otro, parejas jóvenes con hijos menores de edad. De acuerdo con las entrevistas realizadas, vemos dos
patrones migratorios, el primero, una forma de migración escalonada, con la llegada de un miembro
de hogar, generalmente el varón, que se instala para traer a los otros miembros de la familia; segundo,
asistimos a la migración de toda la familia en un lapso temporal muy corto e inclusive de la familia
ampliada. Si bien entre nuestros entrevistados existen familias nucleares separadas, esto más bien se
debe a divorcios anteriores. Además, todas las personas entrevistadas indicaron que remesan a
Venezuela de manera regular a varios miembros de la familia ampliada y generalmente sumas de
dinero bastante bajas (30.5 dólares mensuales).
Gráfico 2. Pirámides de edades de la población venezolana en Ecuador de 2015-2018 (porcentajes la misma escala).

Cuadro 1. Total de títulos de educación superior registrados por personas de nacionalidad venezolana.
Años 2013 2014 2015 2016 2017 2018 Total

Mujeres 79 307 2,314 4,005 3,938 3,529 14,172

Hombres 63 257 2,124 3,399 3,095 2,598 11,536

Total 142 564 4,438 7,404 7,033 6,127 25,708

Fuente: elaboración propia con datos del Registro de títulos extranjeros de la Secretaria Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología-
SENESCYT.

Respecto a los niveles educativos al momento no contamos con información estadística para toda
la población residente en Ecuador, mucho menos para Quito. Sin embargo, de acuerdo con algunos
estudios cualitativos realizados recientemente (Moreno Núñez, 2018), así como los datos de la
Secretaria Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (SENESCYT), entre 2013 y 2018 se
han reconocido 25,708 títulos profesionales de venezolanos y venezolanas, de los cuales 55.13%
corresponden a mujeres.
Como lo muestra el cuadro anterior, entre el 2014 y el 2015 se ve un aumento importante de
reconocimientos de títulos universitarios de personas venezolana, ya en 2015 alrededor de 4,500
venezolanos registraron su título universitario, que es uno de los requisitos para la obtención de una
visa profesional y de un trabajo en el sector público, especialmente para médicos y enfermeras. Esta
información corrobora lo obtenido en las entrevistas a venezolanos que arribaron a Ecuador antes de
2016 que nos han comentado que las primeras migraciones estuvieron conformadas por
inversionistas y también profesionales. Es a partir de 2017 que se empieza a diversificar la migración
en términos educativos.5
Más allá de los números, todavía imprecisos y escasos, las narrativas de los trayectos migratorios y
los motivos para venir a Ecuador revelan algunos elementos relacionados con la potencial
construcción de redes transnacionales que facilitan la llegada a Ecuador o posibilitarán movilidades
ulteriores. En primer lugar, debido a la temprana migración de ecuatorianos a Venezuela en los años
1970 y 1980, periodo en el cuál existieron procesos de reclutamiento de población extranjera
especialmente para la producción petrolera (Banda y Lesser, 1987), algunos de nuestros
entrevistados escogen venir a Ecuador porque son hijos o nietos de emigrantes ecuatorianos a
Venezuela. Por un lado, pueden optar por acceder a la nacionalidad ecuatoriana como una forma de
regularización de su situación migratoria y cuentan con familiares y activos fijos de sus parientes
migrantes que les ayudan al inicio del proceso migratorio. También las entrevistas arrojaron la
presencia de familiares de origen colombiano, ahora nacionalizados venezolanos, especialmente
personas mayores que han venido traídos por sus hijos. Es decir, existe un imaginario migratorio que
probablemente estuvo oculto durante largos años que la crisis actual está reactivando.
En segundo lugar, todos los entrevistados manifestaron tener familiares y amigos, en uno o más
países, además de Ecuador, Chile y Perú son los países más frecuentemente nombrados y también se
mencionaron Argentina, Uruguay, Estados Unidos, España, Australia, Alemania, Panamá, Uruguay,
y por supuesto, Colombia. Pero además de la existencia de contactos concretos, el imaginario de
dónde pensar una futura residencia es bastante abierto e, incluye una gama aún más amplia de países
como Nueva Zelanda, Suiza o Canadá. Es decir, el imaginario de la migración no solamente tiene
raíces intergeneracionales, de la experiencia andina en Venezuela de los años 1970 y 1980, sino que
adquiere un carácter regional y global. Por tanto, la migración a Ecuador debe entenderse en el marco
de la conformación progresiva de una diáspora venezolana que está interconectada y cuyas redes están
empezando a consolidarse. Esto puede jugar un papel importante al momento de decidir volver a
partir, si es que las condiciones estructurales del país de acogida se deterioran. Por ejemplo, algunos
de nuestros entrevistados al momento de cerrar este texto ya no están en Ecuador.
A mí no me vienen a hablar de Colombia, yo no iba a vivir ahí… no quiero radicarme en
Colombia porque es súper difícil. Incluso creo que tampoco en Ecuador. Para mí esto es un
trampolín. Yo creo que de aquí no sé si me voy a Europa, a EE.UU., tal vez Canadá… tal vez en
diez años más [...] (Juan, 20 años).
Respecto a los motivos para salir, desarrollados más extensamente en otro capítulo de este libro, a
pesar del perfil heterogéneo de nuestros entrevistados, éstos son bastante parecidos; por un lado,
tienen que ver con la devaluación permanente de sus salarios que volvía cada vez más difícil la
reproducción social cotidiana, como es el caso de Hugo y María, sin estudios universitarios, que
actualmente trabajan como vendedor informal y manicurista, respectivamente:
El dinero. Lo que se podía trabajar un mes alcanzaba para comer una semana. Si nos llegábamos a
enfermar no había medicamentos. Entonces todo se volvió así, desesperante. Si no hay comida, no
hay medicamentos, no hay repuestos para el vehículo. Estamos trabajando, pero con lo que
trabajamos o comemos o le compramos un repuesto al carro, entonces (dijimos): “¿Qué vamos a
hacer? Tenemos que irnos. (Hugo, 37 años y María, 37 años).
Pero sus motivaciones también se relacionan con una falta de expectativas a futuro en el lugar de
origen y con temas de inseguridad. Este es el caso de Octavio, quien estudió contabilidad en
Venezuela, pero no terminó, trabajó en un supermercado antes de venir, y ahora es mesero en un
restaurante en el norte de la ciudad de Quito, fue el porvenir de sus hijos lo que le hizo migrar.
Yo no me vine por economía, me vine por mis hijos. Gracias a Dios en el minimarket conseguía
todo lo que necesitaba, ganaba suficiente para pagar todo, si tenía que pagar sobreprecio lo pagaba.
Fue más por el crecimiento de mis hijos, porque crecieran en una sociedad normal, en un país
donde estudiar valga la pena, donde hay que superarse, donde la gente es educada, donde ellos
puedan salir a un parque, jugar, tener amigos. Allá no podían hacerlo por la inseguridad. No
quedaban ya niños en la calle [...] ponerlos a jugar en la calle es un peligro. No hay un parque
donde puedan jugar. Íbamos a centros comerciales y no funcionaban las escaleras eléctricas.
Pasaban todo el día en casa viendo televisión. Aquí es muchísimo más diferente, vamos a un
parque distinto cada fin de semana (Octavio, 37 años).
En definitiva, estamos frente a una migración cuyo crecimiento y diversificación ha sido muy
veloz, con presencia importante de menores de edad y de familias nucleares y ampliadas, con perfiles
educativos relativamente altos. Si bien las redes personales y familiares han jugado un papel
importante, sobre todo para la llegada y primera vivienda, la gran mayoría de los entrevistados hacen
uso extensivo de las redes sociales para buscar vivienda, trabajo, tramitar papeles, conseguir muebles
y demás. Asimismo, son las redes sociales las que les permiten mantenerse informados de lo que
sucede en otros países como Argentina, Chile, Perú. Sus motivaciones oscilan entre la inseguridad y
la crisis económica. No se trata de un perfil de personas que provengan de situaciones de pobreza
extrema o de zonas rurales, se trata más bien de servidores públicos, empleados privados y
comerciantes, de ciudades de provincia, que nos recuerdan mucho el perfil de los y las ecuatorianas
que salieron a finales del siglo anterior para España.

Política migratoria ecuatoriana hacia la migración venezolana


Al igual que en muchos países de América Latina, la política migratoria ecuatoriana estuvo hasta
finales del siglo pasado marcada por una visión de seguridad nacional en la que predominó una
perspectiva selectiva, de migrantes deseables y no deseables, siendo los primeros generalmente los
provenientes del norte europeo y estadounidense y los segundos los provenientes de otros
continentes como la migración china (Ackerman, 2014; Ramírez, 2013).
Como lo mencionamos anteriormente, el éxodo migratorio ecuatoriano, así como la llegada de
inmigrantes y refugiados en la década de 2000, trajo cambios importantes a esta política que se
reflejaron en los derechos adquiridos por la población migrante en la Constitución de 2008, en la
cual se reconoce la libre movilidad de las personas en el planeta, la ciudadanía universal y la
progresiva extinción de la condición de extranjeros (sección 6, artículo 416). La Constitución
también proclama que las personas extranjeras gozan de los mismos derechos que los ciudadanos
ecuatorianos en el territorio nacional y otorga el derecho al voto a los inmigrantes luego de cinco años
de residencia en el país. (Góngora-Mera et al., 2014).
Sin embargo, estos derechos no se plasmaron sino parcialmente en la Ley Orgánica de Movilidad
Humana, aprobada casi diez años después, en febrero de 2017, especialmente en lo concerniente a
los inmigrantes. En este periodo, al no contar con una Ley actualizada, el Estado ecuatoriano aplicó
parcialmente los mandatos constitucionales y reaccionó de manera selectiva y casuística frente a la
llegada de distintos grupos de migrantes. Así, apenas seis meses después de la eliminación del visado
para todos los ciudadanos del mundo que se promulgó en junio de 2008, se reinstauró el visado
para la población china. Lo propio ocurrió para nueve nacionalidades asiáticas y africanas en
noviembre de 2010 y de manera más reciente, desde diciembre de 2015 se exige visado a la
población cubana. En ese mismo año, se empezó a exigir a la población haitiana su inscripción en el
sistema de registro turístico, que es una manera disfrazada de pedir un visado (Herrera, 2019). Cabe
señalar también que en 2016 se produce la deportación de 121 ciudadanos cubanos que habían
solicitado un permiso de tránsito humanitario que les permita llegar a la frontera con México con el
fin de cruzar la frontera hacia Estados Unidos, tal como ocurrió en el caso del gobierno de Costa
Rica. Tanto en el caso de la población cubana como de la haitiana, al tomar estas medidas restrictivas,
el Estado ecuatoriano ha argumentado la necesidad de proteger a los ciudadanos extranjeros frente a
las redes de trata y tráfico de personas.
Respecto a la población colombiana, entre 2009 y 2010 el país aplicó una política de refugio
ampliado que consistió en ir a los territorios donde se encontraba la población en necesidad de
protección internacional y procesar in situ la aprobación de su condición de refugiado. Con esa
política se regularizaron alrededor de 30 mil personas, es decir, más del 50% de los 58 mil
refugiados colombianos que actualmente viven en el país6. Para 2012, con el decreto 1,182, el
Ecuador restringe la definición de persona refugiada al eliminar el contenido de la Declaración de
Cartagena (1984) y retomar la definición de la Convención de Ginebra. Ello significaría una
disminución considerable
del reconocimiento del asilo para personas en necesidad de protección internacional provenientes de
Colombia a partir de esa fecha.
Por otro lado, desde el 2014, se instaura la visa Mercosur que otorga la residencia por dos años en
el país a todas las nacionalidades signatarias de este convenio. Además, a través de convenios
bilaterales con Colombia, Perú y Paraguay, los ciudadanos de estos países se benefician de la
gratuidad de esta visa y solamente deben cubrir un costo de 50 dólares por su aplicación. Esta ha
sido la forma en que han podido regularizarse hasta la actualidad muchos ciudadanos colombianos
en el país que llegaron después de 2010, huyendo de la violencia y que ya no pudieron acceder a la
condición de refugiados. De acuerdo con Ramírez, Coloma y Céja (2017), entre abril 2014 y marzo
2016 se entregaron 33,846 visas Mercosur de las cuales 80% correspondió a ciudadanos
colombianos. Como veremos a continuación, los y las migrantes venezolanos/as no acceden a esta
visa.7
Pensamos que tanto el retorno paulatino hacia políticas restrictivas dirigidas a la inmigración sur-
sur como la política ad hoc hacia la población colombiana son antecedentes importantes para
entender las acciones del Estado ecuatoriano frente a la población venezolana. Para Acosta y Freier
(2015), las contradicciones y brechas existentes entre un discurso que se fundamenta en los derechos
humanos y la progresiva aplicación de políticas restrictivas ha producido una paradoja que consiste
en sostener un discurso público de apertura para los migrantes y de facto aplicar políticas que
excluyen a los inmigrantes del Sur. Es decir, la tendencia ha sido actuar de manera selectiva, y
dirigida para cada flujo a pesar de los preceptos de la Constitución.
En este marco, la población venezolana que ingresó al país desde 2010 a 2016 se benefició de un
convenio firmado entre los dos estados en marzo de 2010: el Estatuto Permanente Ecuador-
Venezuela, a través del cual los ciudadanos venezolanos podían obtener una visa de trabajo (visa 12
XII) luego de tres meses de permanencia en Ecuador. Los requisitos para obtener esta visa son
demostrar una continuidad laboral de al menos cuatro meses y un ingreso de al menos un salario
básico unificado al mes. El costo asciende a 450 dólares. Esta visa apuntaba a ciudadanos con
trabajos relativamente estables y permanentes pertenecientes al mercado laboral formal, situación que
en este momento comparten muy pocos ciudadanos venezolanos, como lo veremos más adelante. De
acuerdo con la información de la Cancillería, entre marzo de 2013 y marzo de 2016, se habrían
entregado 8 mil visas 12 XII a través del Estatuto Permanente Ecuador Venezuela. Durante nuestra
investigación en 2018 ninguno de nuestros entrevistados había accedido a esta visa, pero en una
investigación realizada en 2016, ésta fue la vía de regularización más común del primer flujo
migrante. (Herrera, 2019).
A partir de enero de 2017, con la promulgación de la Ley Orgánica de Movilidad Humana, los
venezolanos han regularizado su situación a través de la llamada visa UNASUR que surge del
reconocimiento en la Ley de la libre circulación de ciudadanos sudamericanos8. Esa visa no requiere
demostrar permanencia laboral, ni ingresos y tiene un costo de 250 dólares9. De acuerdo con la
Cancillería, entre enero y julio de 2018 se entregaron 24,616 visas y en 2017; 23,059 visas. El
promedio de entrega fue de 3,500 visas por mes en 2018 mientras que en 2017 fue de 1,900 por
mes. De las visas entregadas el 93% correspondió a visas UNASUR de residencia temporal. Los últimos
datos entregados por la Cancillería indican que al momento 120,000 mil venezolanos contaban con
visas de permanencia temporal o permanente y alrededor de 50 mil estaban tramitándola.
Por otra parte, la Ley Integral de Movilidad Humana prevé ciertas multas por distintos tipos de
incumplimientos por parte de los extranjeros residentes en el país que se empezaron a implementar a
partir de febrero de 2018 con el acuerdo ministerial 904. Estas multas migratorias tienen efectos
disuasivos evidentes. Dicho acuerdo fija una primera multa por “realizar actividades económicas que
su visa no permite”. Es decir, que se sanciona lo que todo migrante hace al llegar al país de acogida
que es ponerse a trabajar cuanto antes con su visa de turista que en el caso del Ecuador le dura 180
días. De acuerdo con la entrevista realizada a un funcionario de Cancillería, no se ha puesto en
práctica esta multa pues afectaría a grandes contingentes de población venezolana, sin embargo, el
hecho de que conste en la ley y se haga efectiva a través de este Acuerdo Ministerial significa una
vulnerabilidad latente para los migrantes venezolanos. Una segunda multa, de dos salarios básicos
(aproximadamente 770 dólares), se cobra a aquellas personas que han sobrepasado los 180 días que
otorga la visa de turismo y no han tramitado su visa de residencia temporal. Es decir, para una
persona que ha sobrepasado los seis meses de estadía, su regularización resulta extremadamente
costosa y se convierte en una quimera si se trata de una familia. Como veremos, este es un
mecanismo que provoca que los migrantes entren a un espacio de irregularidad del cual es muy
costoso salir con las reglas actuales. A partir del mes de enero se implementó una visa electrónica.
Esta visa pretende otorgar más celeridad al proceso de tramitación de la visa y, además, le permite al
Estado contar con un documento informático de
seguimiento a la población extranjera pues, por ejemplo, se activan alertas indicando los plazos
cercanos a la finalización de la visa.
En agosto de 2018, se produce un giro adicional en la política migratoria ecuatoriana, a raíz del
incremento de la llegada de venezolanos a la frontera con Colombia. Por un lado, Ecuador declara
estado de emergencia para las provincias fronterizas de Carchi, Pichincha y El Oro10 medida que se
ha prolongado hasta el cierre de este texto. Esta declaración activa protocolos que permite al Estado
tener presencia y servicios de atención para población venezolana, especialmente aquella que se
encuentra en tránsito hacia la frontera sur del país11. Luego de este anuncio, las autoridades
ecuatorianas impusieron la exigencia del pasaporte para ingresar al país. Al igual que en los casos
anteriores, la visa para la migración haitiana y la deportación de migrantes cubanos, el estado
argumentó esta medida como una forma de combatir la trata de personas y el tráfico de migrantes.
Esta medida fue revocada el viernes 24 de agosto por un juzgado de Quito, el cual admitió las
medidas cautelares propuestas por la Defensoría del Pueblo del Ecuador. El uso del discurso de la
trata de personas para tomar medidas de control migratorio es un tema recurrente que ha sido
analizado, sobre todo en el contexto del trabajo sexual migrante (Kempadoo, 2007; Ruiz, 2015). En
el caso de la política migratoria ecuatoriana este uso se extiende al tratamiento que se ha dado a la
migración sur-sur en estos últimos años. Finalmente, a raíz de un episodio de violencia de género, en
que una mujer fue asesinada por su pareja de origen venezolano, el Estado sacó un decreto exigiendo
la presentación del pasado judicial apostillado para los ciudadanos en la frontera. Esta medida fue
suspendida por la Corte Constitucional, el pasado 27 de marzo de 2019 amparados en la
Constitución de 2008 y la Ley Orgánica de Movilidad Humana. Es decir, si bien el poder ejecutivo
a tratado de endurecer las medidas para la entrada de población venezolana, éstas han sido revocadas
en seguimiento a la normativa vigente hacia la población sudamericana. Así, la migración venezolana
ha visibilizado las tensiones internas entre los distintos estamentos del Estado en torno a las políticas
migratorias.
A partir de estas medidas, el Estado ecuatoriano ha tomado una posición más proactiva a nivel
internacional y tuvo la iniciativa de convocar a una reunión de 13 países para discutir medidas
regionales. Hasta ahora, se han realizado tres reuniones, en septiembre y en noviembre de 2018 y
abril de 2019 que han arrojado acuerdos orientados fundamentalmente a conseguir recursos de la
cooperación internacional que financien tanto la atención humanitaria como ciertos procesos de
integración social y se ha reconocido el liderazgo de OIM y el Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Refugiados (ACNUR) en estos procesos.
Finalmente, el Estado también ha convocado una Mesa de Movilidad Humana, que reúne a todas
las instituciones gubernamentales que se relacionan con la población extranjera, a organizaciones de la
sociedad civil nacionales e internacionales, así como asociaciones de la población venezolana que han
nacido a partir de esta migración. Al momento esta Mesa se han realizado ocho encuentros donde se
ha empezado a dialogar en torno a las trabas que encuentra la población venezolana en los procesos
de regularización.
En definitiva, la llegada de la población de Venezuela ha puesto a prueba la Ley Integral de
Movilidad Humana, visibilizando algunas de sus limitaciones para atender esta situación de
emergencia, mostrando las tensiones entre la normativa y su implementación, y que ha significado la
activación de protocolos de atención humanitaria. Sin embargo, no se percibe todavía cómo va a
actuar el Estado de cara a dos procesos fundamentales: la regularización de los migrantes que han
sobrepasado su tiempo de estadía en calidad de “turistas” o no cuentan con ningún estatus
migratorio y la integración social de aquellos que se han asentado en Ecuador. En el primer caso,
existirían alrededor de 120,000 personas que al momento no han accedido a regularizar su estatus
migratorio. En el segundo, existen todavía muy pocas políticas orientadas hacia la inclusión social y
éstas son impulsadas generalmente por ONG con coberturas muy bajas.

Obstáculos y estrategias de la población venezolana frente a la política migratoria


Con el fin de entender las experiencias y estrategias de los y las migrantes venezolanas vinculados a
sus procesos de regularización en Ecuador, es necesario tener una mirada que trasciende el espacio
nacional y que permita entender estas experiencias en un campo transnacional pues los migrantes
están marcados por las políticas y realidades institucionales de dos estados a la vez. Como veremos a
continuación, sus estrategias no solamente están dirigidas hacia la sociedad de recepción, sino que
deben transitar en un ir y venir con el estado de salida. De ahí que las vivencias de los migrantes
venezolanos en Ecuador son muy distintas a la del refugiado, quien, por definición, no depende de
su país de origen pues se asume que no puede volver ni mantener contactos. En el caso de los
venezolanos en Ecuador, la consecución de la visa temporal depende estrechamente de la posibilidad
de obtener dos documentos claves en su natal Venezuela, que son el pasaporte y el pasado judicial
apostillado. Esto que en situaciones normales pueden constituir requisitos sencillos son serios
obstáculos en la actualidad y no lo eran necesariamente dos años atrás.
En efecto, las experiencias frente a la regularización difieren entre los migrantes que han salido
antes de 2016, y aquellas personas que decidieron salir a partir del 2017 o 2018. Para los primeros,
la obtención de documentos en Venezuela fue relativamente fácil. Algunas personas recurrieron a
gestores12 en su país de origen, y el tiempo de espera para los documentos y el costo fue menor que
para las personas venezolanas que salieron después (2017-2018).
En línea con lo anterior, nuestra información señala que, para un primer grupo de entrevistados, la
salida fue un proceso relativamente planificado, que implicó búsqueda por internet y con amigos
para escoger el destino, revisión de los requisitos de visado, recolección de toda la documentación
necesaria e inclusive varios aplicaron para el reconocimiento de sus títulos universitarios y para sus
visas desde Venezuela. Este es el caso de Katya, odontóloga, que aplicó a un programa del Ministerio
de Salud de Ecuador y planificó su venida con mucha anticipación.
En 2015, (el pasaporte) nos lo sacamos rapidito. Me acuerdo de que yo también me saqué el
pasaporte, mi mamá me pidió la cita por el teléfono y pagué, todo maravilloso, y me lo entregaron
en menos de un mes… Nosotros nos trajimos las partidas de nacimiento certificadas y apostilladas,
nos trajimos las notas certificadas, pero no las utilizamos, nos trajimos el título apostillado y
legalizado, nos trajimos los antecedentes penales. Nos trajimos hasta carta de soltería, pero ni
siquiera la legalizamos ni nada, porque yo no me voy a casar. Solamente que eso era lo que nos
pedían. En ese momento para el registro de Senescyt nos pedían nada más copia a color del título,
del pasaporte y una planilla. Yo venía ya investigando bastante, desde Venezuela. Yo me vine con
un plan. Yo sabía que yo tenía que venir, cuándo tenía que presentar la prueba, qué requisitos
necesitaba, y luego de eso, qué requisitos necesitaba para la rural. Todo eso lo fui haciendo para yo
poder presentar e irme a la rural en diciembre (Katya, 28).
Los migrantes con más información fueron quienes pudieron regularizar rápidamente su estadía
en el contexto de llegada: acudieron a las páginas web de las distintas instituciones ecuatorianas,
aprovecharon la información de las redes sociales, consiguieron los documentos necesarios.
Hasta finales de 2017 la regularización no era demasiado difícil. Sin embargo, en 2018 varios
factores coadyuvan para transformar este proceso en una quimera. Así, a partir de enero de 2018, la
obtención de los dos documentos requisitos para el visado como son el pasaporte y los antecedentes
penales apostillados en Venezuela colapsan. Así, los testimonios indican que, a diciembre de 2018, la
obtención de un pasaporte puede demorar más de dos años y el costo para obtener los antecedentes
penales de manera expedita, utilizando vías informales, oscila entre 75 y 100 dólares, monto que es
absolutamente inalcanzable en este momento para cualquier ciudadano venezolano.
Esto a su vez significa que muchos venezolanos no obtienen sus documentos a tiempo antes del
vencimiento de sus visas en Ecuador y esto desata un ciclo de irregularización del cual, al momento,
con las leyes y reglamentos vigentes se convierte en un callejón sin salida.
El caso de la familia de Jaime expresa bien esta situación. Él llegó a Ecuador en enero de 2017 y su
esposa, con tres hijos pequeños y su madre, lo siguieron en septiembre de 2017. Al momento todos
están con sus visas de turista vencidas y, además, los niños no tienen pasaportes. Para poder acceder
al proceso de regularización necesitarían cancelar las multas y costear la visa, es decir,
aproximadamente 6 mil dólares. Jaime maneja un taxi vía Uber y su esposa acaba de conseguir un
puesto de profesora en una escuela privada a medio tiempo por lo que recibirá 193 dólares
mensuales, equivalente a la mitad del salario mínimo vital legal. Es prácticamente imposible que
Jaime y su familia acceda a un estatus migratorio regular en estas condiciones.
Este caso demuestra la progresiva irregularización a la que se ven abocadas las familias venezolanas
debido a las políticas migratorias y administrativas de los dos estados: los venezolanos deben
satisfacer los requisitos del país receptor y para ello dependen en gran medida del país que dejan.
El siguiente testimonio ilustra esta situación compleja que atraviesan actualmente las familias
venezolanas en donde se contrasta al interior de una misma familia, estos dos momentos de la
migración, el peso de las nuevas políticas migratorias y dos experiencias migratorias diferentes:
Realmente nosotros no teníamos esa visión de salir de Venezuela al principio, mi hermana sí, mi
hermana es licenciada en enfermería y estuvo planificando su salida de Venezuela al menos un año
porque ella ya estaba sintiendo la crisis del país, pero cuando a ella le faltaba poco tiempo para
venirse se pone a hablar conmigo y “te lo digo para que te animes y te vengas conmigo debido a
cómo está la situación” y ciertamente nosotros también estábamos sintiendo la situación pero
nosotros vivíamos relativamente bien. Y me traje solamente 50 dólares eso fue lo único que traje
porque yo dejé todo allá para la familia y la liquidación de mi trabajo no fue nada, por yo estar aquí
pues me estafaron. Mi hermana si se vino con el dinero para sacar la visa y tenía todo preparado.
Ella envió sus documentos a la Senescyt estando en Venezuela e hizo la visa estando acá en
Ecuador y le salió rápido como en 20 días, para aquel entonces era rápido porque no había tanta
conglomeración de venezolanos (Jaime, 35 años).
Por otro lado, un aspecto sentido por varios de los entrevistados es el trato que reciben respecto a
los migrantes colombianos y peruanos debido a la diferencia en el costo de las visas. En efecto, como
lo señalamos anteriormente, nacionalidades como: Colombia, Perú y Paraguay se benefician de
convenios bilaterales a través de los cuales obtienen sus visas temporales por 50 dólares y se les
exoneran 200 USD. Esto es percibido como una discriminación por la población venezolana que tiene
que cancelar 250 dólares por cada visa.
Yo pienso que deberían bajar los costos porque realmente para el venezolano es muy costoso,
porque para el colombiano son 50 USD en cambio para nosotros son 250 USD, si me gustaría que
fuera mucho más accesible. Es lo más difícil de sacar y por eso yo no había sacado la visa porque al
llegar aquí al segundo mes yo ya tengo los antecedentes e incluso no se me han vencido porque yo
no he pisado suelo venezolano… Pero esa fue la primera traba porque esos 250 me servían para
enviarlos a Venezuela y esa era mi conflicto… y también me servía para comprar cosas acá para
cuando ellos (su familia) llegaran. Por otra parte, no podía dejar de enviar dinero y ganando 10
USD diarios también es complicado…porque acá tenía que pagar arriendo y comida, a veces dejaba
de comer para ahorrar. Y también como mi último hijo venía en camino tuvimos que pagar un
hospital privado (en Venezuela) porque allí si había los insumos para poder atender el parto
porque en el público obvio no hay insumos y se hizo ese esfuerzo para que pudiera nacer en una
clínica (Jaime, 35 años).
En nuestras entrevistas, la gran mayoría de personas que han regularizado su situación lo han
hecho a través de la visa UNASUR y algunos, aquellos que llegaron en 2017 o antes, han tramitado una
visa profesional. Sin embargo, también hay un grupo que no cuentan con documento alguno y
actualmente se encuentran sin un mecanismo claro para resolver esta situación debido a la escasez de
recursos. Este es el caso de Yolanda (34 años), casada con un ciudadano naturalizado ecuatoriano
quien en una situación normal podría aplicar a la residencia e inclusive a la nacionalidad ecuatoriana.
Sin embargo, puesto que no ingresó por una frontera oficial y, por tanto, no cuenta con documento
alguno en donde esté sellada su entrada, ella no puede obtener sus papeles pues tendría que primero
demostrar su fecha de entrada y luego pagar las multas migratorias por haber superado la fecha
autorizada. Yolanda no tiene actualmente ninguna salida para regularizar su estatus migratorio.
En definitiva, encontramos tres experiencias diferentes: la primera y menos problemática es aquella
de la migración anterior a 2017 y que fue planificada. La obtención de la regularización ha sido
relativamente sencilla, aunque ello no signifique que esto asegure la integración económica, como lo
veremos en la siguiente sección. La segunda situación se presenta cuando crece el flujo y los motivos
de la salida se acercan a la sobrevivencia, por lo que la regularización se convierte en una quimera
debido a las condiciones económicas de los migrantes que deriva en la imposibilidad de conseguir los
requisitos para el visado. En este caso, lo que presenciamos son procesos de progresiva
irregularización. Por último, también hay un grupo de población que no tiene la manera de cumplir
con los requisitos formales para la obtención de visado por otros motivos. Por ahora, este tercer
grupo no ha sido dimensionado, pero podemos afirmar que es el que podría ser susceptible de
obtener una visa de refugiado, si es que el Estado los reconociera como población en necesidad de
protección internacional, lo cual al momento no sucede. De acuerdo con la información de
cancillería, si bien las aplicaciones para el reconocimiento de la condición de refugiado han crecido
considerablemente, el país no ha reconocido todavía ningún caso.

Inserción laboral y acceso a derechos en Quito


En este acápite analizamos la inserción laboral de la población migrante venezolana, así como el
acceso que tienen a ciertos derechos sociales como la escolarización y la salud específicamente en el
contexto de la ciudad de Quito.
Inserción laboral

Los debates contemporáneos que han abordado el binomio inserción laboral-migración se han
concentrado en los contextos receptores de países desarrollados, dentro de lo que se ha llamado la
migración sur-norte, así como su relación con el desarrollo local. A rasgos generales, los
planteamientos expresados manifiestan que los inmigrantes llegan en busca de mejores condiciones
de vida, oportunidades de empleo e ingresos más altos, y que la inserción repercute tanto en los
mercados laborales de los países receptores como en los de los países de procedencia gracias al envío
de remesas. Además, manifiestan que la inserción laboral ocurre en mercados de trabajo fuertemente
segmentados y globalizados, sobre todo en ciudades globales, y que los migrantes se insertan en
empleos no calificados (Sassen, 1991; Delgado Wise y Márquez Covarrubias, 2007; Khoudour-
Castéras, 2007; Solimano y Alledes, 2008; De Haas, 2010; Delgado Wise y Márquez Covarrubias,
2010). Otros aportes más recientes sobre esta relación han sido las investigaciones de la inserción
laboral de migrantes retornados en países de América Latina. Estos trabajos han mostrado, de
manera general, que la inserción laboral de los migrantes de retorno no solo depende de su
experiencia migratoria en el contexto de donde regresan, sino también, y en algunos casos, de forma
acentuada, de la situación del mercado de trabajo local donde regresan (Cobo, Giorguli y Alba,
2010; Prieto y Koolhaas, 2013; Rivera, 2013; Herrera y Pérez Martínez, 2015; Vela Peón y Cabezas
Gálvez, 2015; Cabezas Gálvez, 2017).
Para analizar la inmigración venezolana en Quito debemos tomar en cuenta que estamos
considerando una relación de migración sur-sur, la que ocurre además dentro de una misma región.
Si bien existen algunas coincidencias argumentativas al tipo de migración sur-norte, se aprecian
diferencias importantes, ya que en este caso hablamos también de mercados de trabajo segmentados,
pero menos globalizados, en donde la informalidad funciona como uno de los motores principales
de la economía local. Coincidimos en parte con lo señalado por los trabajos citados anteriormente en
el sentido de que, el flujo de población venezolana a Quito responde a una inmigración laboral, dado
el alto porcentaje en el rango de edades de mayor productividad y que, además, ocurre como
resultado de la búsqueda de mejoras en sus condiciones de vida. Asimismo, como se señala en los
estudios citados, el contexto laboral del lugar de llegada influye fuertemente en la inserción laboral de
las personas migrantes venezolanas. Pero es importante considerar que estamos analizando una
“migración en contextos de crisis”, como explican Gandini, Prieto y Lozano (2019), en el primer
capítulo de este libro. Personas huyendo de una crisis donde se convive a diario con escasez
alimentaria, falta de medicinas, inseguridad y empobrecimiento diario, y llegando a un contexto en
crisis económica desde 2014. Por lo anterior, apreciamos que la búsqueda de empleo de la migración
venezolana está condicionada por dos factores: por una parte, debido a la dinámica del mercado
laboral y las especificidades de la economía local; y, por otra, por la necesidad de encontrar
rápidamente un trabajo que les permita sobrevivir y enviar dinero a los familiares que se quedaron en
el contexto de salida.
Considerando lo anterior, y a pesar de que las normativas ecuatorianas con respecto a los derechos
laborales indican que el Estado tiene la responsabilidad de garantizar el trabajo digno y la justa
remuneración tanto para ecuatorianos como para inmigrantes (Briones, 2014), la inserción laboral
de la población venezolana llegada desde 2014, se produce en un contexto de crisis económica con
cifras de subempleo y desempleo crecientes en el Ecuador. En efecto, a partir de 2014, con el
descenso del precio del petróleo que es la principal fuente de ingresos del país, se produce una
desaceleración del crecimiento económico que el país venía experimentando desde el 2004 y que
coincidió con el auge económico a nivel regional (Martín Mayoral, 2012). Si bien, los escenarios
reales del mercado laboral según los datos oficiales muestran que el empleo global ha mantenido una
relativa estabilidad, las cifras entre trabajo formal e informal13, indican un descenso del primero entre
el 2014 y el 2018 pasando de 50.9 a 48.3 (INEC, 2018). Además, en la ciudad de Quito, la segunda
ciudad con mayor empleo adecuado14 del país, este indicador muestra también una disminución
importante entre 2014 y 2018 pues pasa de 70.8% a 58.9% 15. Si bien el subempleo es una
condición estructural, es claro que la recesión económica que vive el país desde 2014 ha impactado
fuertemente en el empleo16. Así, podemos decir que la mayor parte de la población empleada es
urbana, pero las condiciones de empleo inadecuado están creciendo (Olmedo, 2018). Las diferencias
de género en contexto de crisis laboral se hacen más visibles, la población empleada en condiciones
adecuadas o en subempleo es mayoritariamente masculina, mientras que las mujeres están
desempleadas. La diferencia salarial entre hombres y mujeres está muy presente a pesar de una leve
disminución entre 2007 y 2017 (Olmedo, 2018).
Las personas migrantes venezolanas tienen varias estrategias para insertarse en el mercado laboral,
una de estas es revalidar sus títulos universitarios para obtener la visa profesional e insertarse en el
sector adecuado a su nivel de educación. Como lo vimos con anterioridad, la mayor parte de las
personas entrevistadas en nuestra muestra tienen niveles de escolaridad de tercer nivel, es decir,
universitario o técnico superior (anexo 1). Al mismo tiempo, en el Ecuador se reconocen con
bastante facilidad los títulos universitarios venezolanos gracias a los acuerdos bilaterales entre
gobiernos para el reconocimiento y revalidación de los títulos, siempre y cuando hayan podido
apostillarlos en Venezuela. De las entrevistas realizadas, algunos migrantes profesionales que lograron
preparar los papeles con tiempo en Venezuela, lograron que la SENESCYT les reconozca en poco tiempo
sus títulos universitarios. Sobre todo, estos reconocimientos fueron bastante fáciles para los primeros
llegados entre los años 2012 al 2017 porque pudieron hacer los trámites a tiempo en Venezuela,
como lo describen Luis y Ana llegados en 2016 y 2017 respectivamente:
El primer mes cuando llegué, lo primero que hice fue meter los títulos en el (sic) Senescyt.
Primero me dijeron que tenía que consignar el título base, el de la licenciatura de ingeniería.
Consignar es introducir en la institución. Y luego los títulos más altos (Ana, 44 años).
La visa la obtuvimos mediante el título. La Universidad del Zulia tenía convenios con el Senescyt
aquí, y entonces al registrar el título nosotros podíamos acceder a solicitar la visa profesional.
Nosotros ingresamos con visa turista, y durante ese tiempo solicitamos la visa profesional (Luis, 34
años).
Sin embargo, dado el contexto económico, la inserción laboral de las personas venezolanas se
produce sobre todo en trabajos no cualificados y mal remunerados, a pesar de tener títulos
universitarios, lo que podría considerarse como “desperdicio formativo o desperdicio de cerebro”
(Lozano y Gandini, 2010). En este contexto laboral, la regularización de la situación migratoria
tampoco garantiza la inserción laboral en un empleo adecuado, menos aún en una ocupación acorde
con los niveles de estudios y experiencias profesionales. Asistimos de forma general a una movilidad
laboral descendiente. Inclusive para las personas que sacaron su visa profesional, acceder a trabajos en
acuerdo con sus estudios y trayectorias laborales en Venezuela es complicado. Este es el caso de Ana,
quien es ingeniera agrónoma, pero, realiza trabajos como empleada doméstica luego de intentar
varios oficios:
Mi primer trabajo aquí fue haciendo limpieza en una casa porque la señora estaba embarazada.
Entonces después él (esposo) decía que había tenido empleadas que hacían de todo, y yo les
preguntaba por qué no seguían, y me decía que porque habían tenido roces. Yo al final dije que
como ninguno estamos contentos y quiero hacer el trabajo bien, le ofrecí la posibilidad de
trabajarles limpieza dos veces a la semana, en realidad eso era lo que yo quería. Me dijeron que
no... Después sin trabajo ni dinero…conseguí trabajo en un restaurant de unos venezolanos. Ahí
fue bien gracioso. Más o menos conozco el manejo de restauración, no tengo la experiencia, pero
tengo la capacitación porque hice un curso de un año. Les dije que estaban trabajando a perdida.
Les dije que se organizaran mejor, que buscaran otras estrategias. El arriendo era caro, en el
triángulo. Yo ahí hacía de todo, pero les fue mal y cerraron. Luego trabaje en una empresa de
eventos, pero al final el evento no se realizó y no me pagaron. Ahora estoy haciendo la limpieza de
un departamento de una chica dos veces por semana (Ana, 44 años).
Aún más difícil es para las personas que no han logrado regularizar sus documentos, como es el
caso de Javier, quien tiene un título en administración de empresas, llegó en el 2015, está irregular
sin visa desde ese año porque no logró regularizar:
Al mes de llegar, la persona con la que estaba viviendo, consiguió trabajo momentáneo con una
vecina que teníamos que tenía una agencia de festejos, y la ayudaba, y con eso nos manteníamos a
veces. Mi amiga, al tercer día, consiguió trabajo en la Foch y sigue trabajando en el mismo lugar.
Trabaja en una barra de un bar: jueves, viernes y sábado, y ahí está, todavía. Yo empecé a
endeudarme con ellas porque le pedía para copias, pasaje, comida, y pasó un mes y lo pagamos.
Gracias a Dios este chamo con el que vivía consiguió trabajo en el sur, en Chillogallo, y yo
conseguí trabajo a la semana en una panadería en atención al cliente, hacía de todo, pero me
gustaba. En la panadería no sé qué pasó, de la noche a la mañana, no me querían y me
despidieron. Tuve un inconveniente antes de eso, un viernes, y era que un billete de $20 falso me
lo metieron, y como era el único extranjero, a lo mejor había sido yo que había traído ese dinero de
afuera, y me botó. Ahí duré un mes, hasta septiembre. Luego de eso todo lo que agarré fue para
pagar algo de comida. Actualmente trabajo en ventas, pero me pagan sólo si vendo (Javier, 28
años).
Como vemos con el testimonio anterior los migrantes se insertan mayoritariamente en el mercado
de trabajo informal o en empleos informales dentro de la formalidad y mantienen trayectorias
laborales inestables, con periodos cortos de trabajos y periodos largos de desempleo. Este también es
el caso de Jaime, llegado en 2016 y actualmente sin papeles. En Venezuela, Jaime trabajaba de cajero
en un banco. En Ecuador, sus primeros trabajos fueron en locales de comida rápida donde duró
pocos meses sin contratos ni prestaciones, luego pasó a vender jugos en la calle junto a su hermano y
unos meses más tarde empezó a trabajar en una lavadora de autos. Ahora está manejando un auto
como chofer Uber. Jaime ha pasado de la informalidad con sus ventas ambulantes a empleos en
locales comerciales donde tiene una relación de dependencia laboral pero no le reconocen ninguna
prestación social. Por su estatus de indocumentado, teme realizar reclamos a sus empleadores o
poner una denuncia en las instituciones pertinentes como el Ministerio de Trabajo:
Pues yo al día siguiente que llegué pues salí a entregar currículos, claro yo venía con una visión de
que iba a conseguir un buen trabajo …pero a la vez también estaba dispuesto a conseguir lo que
sea, entregue currículo en todos lados y al séptimo día conseguí en un puesto de shawarmas cerca
de aquí donde vivo. Luego de ahí llegó mi hermano, renuncié para hacer jugos de naranja y vender
en las esquinas de los semáforos, luego nos contrató un policía que tenía una lavadora de autos y
ahí me quedé unos meses hasta que mi hermano se regresó a Venezuela (Javier, 35 años).
Existen ciertos nichos de trabajo donde se insertan preferentemente con cierta facilidad los
hombres venezolanos como son las lavadoras de autos, el trabajo de construcción y la venta
ambulante de comida. Las mujeres en cambio se concentran en las estéticas, la restauración y la venta
en locales comerciales. Situación que la recogen también algunos estudios cualitativos recientes sobre
ésta y otras poblaciones inmigrantes en Ecuador (Herrera, 2019; Robalino, 2018):
Tengo una vecina que me comentó que un vecino estaba aquí, me dieron el Whatsapp de la
esposa. Según, nos íbamos a venir un grupo de amigas, pero yo veía que ellas estaban atrasadas, se
nos hizo desesperante, entonces me puse en contacto con ese vecino, me dijo que estaba acá en
Quito, en el norte, y que aquí era difícil para los hombres, pero que a las mujeres se les hacía más
fácil conseguir empleo. Que si yo sabía algo de belleza me podía ir por esa parte. Cuando llegué
vendí empanadas en la calle con mi hijo, pero luego conseguí trabajo en un spa de belleza y me iba
bien, pero me embaracé y tuve que dejar de trabajar (María, 37 años).
Una investigación reciente sobre la inserción laboral de los inmigrantes en Quito indica que
posiblemente los inmigrantes no firman contratos porque existe una práctica laboral, sustentada por
las normativas laborales, a la que recurren los empleadores que se llama el periodo de prueba, que tiene
una duración de tres meses. Dentro de este periodo los empleadores pueden despedir y no tienen la
obligación de pagar la seguridad social de sus empleados (Célleri, 2019). Luego de este periodo, los
empleadores están obligados a contratar. Sin embargo, según las entrevistas realizadas, generalmente
son despedidos/as o se cambian de trabajo antes de cumplir los tres meses límites de prueba. Al
parecer, es una práctica bastante común en el mercado de trabajo para la población local o
inmigrante, sobre todo en el tipo de empleos no cualificados. Además, según las entrevistas, en
algunos casos les pagan menos del salario mínimo, no les pagan y/o son explotados/as trabajando con
más horas laborales de las establecidas legalmente:
Mi esposa cuando llegó consiguió un trabajo como secretaría en una constructora sin contrato
porque teníamos la visa de turista, trabajo solo un mes y no le pagaron porque disque no tenían
dinero, pero a la final la empresa estaba en mora con el ruc17 y estaban con otro nombre de una
empresa ficticia y tenían alquilada tremenda oficina y también le debían el alquiler de la oficina
(Jaime, 35 años).
Generalmente, según las entrevistas, estamos frente a una población calificada que trabaja en
sectores que no corresponden con su nivel de instrucción ni a su experiencia en Venezuela, y el hecho
de tener documentos no les da ventajas para la inserción laboral dado los trabajos que realizan y los
mecanismos del mercado laboral. Así, tenemos el caso de tres entrevistados que estaban trabajando el
mismo empleo de ventas de eventos ganando por comisión y para la misma empresa, pero con
estatus migratorios muy diferentes: Daniel (33 años) con una maestría en Administración de
Empresas y Finanzas, con visa UNASUR y llegado en 2018, Ana (44 años), ingeniera agrónoma, con
visa profesional y llegada en el 2017 y Javier (28 años), licenciado en Administración de Empresas,
irregular sin documentos y llegado en 2015. En estos casos, el evento que estaban vendiendo no se
realizó y no les pagaron y las dos personas con visas no reclamaron porque no tenían contrato que les
respaldará.
En otro aspecto vinculado a la inserción, los migrantes se enfrentan a la xenofobia creciente de la
población ecuatoriana. Así, una encuesta de opinión con validez a nivel nacional, levantada en abril
de 2018 mostraba que el 81.2% de las personas encuestadas consideran que la presencia de
venezolanos reduce las oportunidades laborales de los ecuatorianos y que la falta de empleo es el
principal problema del país con 29%. Además, por primera vez, la migración es señalada en la lista
de los principales “problemas” y alcanza el 7% en la ciudad de Quito (Opinión Pública Ecuador, 7 y
8 de abril de 2018). Para agosto de 2018, el 60% consideraba que la migración venezolana produce
inseguridad en la vida diaria (Opinión Pública Ecuador, 25 y 26 de agosto de 2018) y el 79% en la
ciudad de Quito, tradicionalmente la más xenófoba del país18.
En el contexto hostil de llegada, la nacionalidad venezolana es la principal característica
discriminatoria y hace que esta población se enfrente a ilegalidades, así como a abusos en los horarios
de trabajo y a pagos inferiores a lo marcado por la ley. En algunos casos estos abusos han sido
denunciados y hemos encontrado un caso en que la denuncia en el Ministerio de Trabajo permitió
obtener el pago adeudado y una indemnización.

Acceso a derechos en salud y educación

De acuerdo con la Constitución, el Estado ecuatoriano es responsable de garantizar los derechos de


salud y educación sin discriminación alguna19. La población migrante tiene acceso gratuito a la
escolaridad de menores de edad y a la salud pública ecuatoriana, independientemente del estatus
migratorio. Sin embargo, según lo dicho por nuestros entrevistados se suscitan algunos problemas de
atención relacionados con falta de información y el trato discriminatorio de ciertos prestadores de
servicios.
En cuanto a la salud, una gran parte de los y las entrevistados/as no tenía información de que podía
acceder a servicios médicos gratuitos en los diferentes centros de salud pública. Se tiene la idea errada
de que el acceso es posible solamente cuando tienen las prestaciones laborales. Ciertamente, en el
sistema de salud, el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), proporciona los servicios de
salud únicamente a los afiliados, pero el sistema de salud a nivel nacional de Ministerio de Salud
cubre la demanda de todas las personas no afiliadas e inclusive afiliadas al IESS. De la muestra de las
entrevistas, pocas son las personas que se han hecho atender por algún problema de salud, entre ellas
tenemos a: Jaime de 35 años, irregularizado, ha tenido varios problemas de salud relacionados al
estrés de su situación migratoria entre los cuales cuenta una gastritis y parálisis facial. Él se hizo
atender en un centro de salud y en un hospital; Gloria de 22 años, con visa turista y en proceso de
obtener la visa UNASUR, se hizo atender en un centro de salud de la localidad donde vive para
realizarse un control de rutina e inclusive le atendió el dentista; Raúl de 37 años, con visa UNASUR
llevo a su mamá que llegó de visita desde Venezuela con visa turista y le detectaron que tenía cáncer,
fue operada dos veces y regresó a Venezuela; finalmente, Lucia de 60 años que es sobreviviente de
cáncer y que debe hacerse controles regulares porque sufre varios problemas de salud que se
empeoraron en Venezuela los últimos años. Generalmente, estas personas se quejan de la atención
recibida, como lo describe el testimonio de Lucía:
Yo estoy agradecida, aunque tuve muchos tropiezos, muchas dificultades. Yo a la de SOLCA20 le dije:
“No me morí allá y me voy a morir aquí”, porque me trataron muy mal las dos veces que fui.
Tenía la tensión en 190, me sentía muy mal, me llevó mi nuera al “Pablo Arturo”, y la doctora me
trató muy mal, me dijo que eso no era una emergencia. Yo al principio me sentí muy mal.
Después fui a Salud “al Paso”, en La Carolina, y ellos dijeron que yo tenía la tensión alta y me
derivaron a “La Ofelia”. Cuando llegué, que me fueron a preparar para atenderme, cuando vieron
que tenía la tensión tan alta me metieron de una vez a emergencia y andaba yo sola. Me empezaron
a tomar la tensión, me hicieron un montón de exámenes, me hicieron de todo. Me empezaron a
atender allá, me enviaron a un médico general, me puso un medicamento que sí me normalizó la
tensión, y esta doctora me envió al cardiólogo (Lucía, 60 años).
En cuanto a la educación, los niños, las niñas y adolescentes venezolanos y venezolanas, tienen
derecho al acceso gratuito de la escolaridad en el nivel que les corresponde. Además, desde que se ha
reconocido la problemática de la movilidad humana a nivel nacional se han implementado políticas,
acuerdos, resoluciones y ordenanzas para garantizar la inserción escolar de hijos e hijas de personas en
situación de movilidad humana internacional e interna. Sin embargo, no existen estrategias
adecuadas desde las políticas públicas para una correcta inclusión de niños, niñas y adolescentes
migrantes (Sánchez, 2013). Dado este contexto, la población migrante venezolana se enfrenta a varias
dificultades en el acceso a la educación. Por un lado, de orden administrativo, porque la llegada de la
población no coincide necesariamente con el inicio del año escolar, y en muchos casos les envían a
escuelas y/o colegios lejos de sus residencias, por lo tanto, dada la lejanía y el desconocimiento de la
ciudad prefieren dejar a sus hijos e hijas sin escolaridad hasta que empiece el nuevo año.
Por otro lado, se enfrentan a malos tratos por parte de docentes que tienen un cierto imaginario
sobre el comportamiento de niños y adolescentes venezolanos. Sánchez (2013) describe ya este
fenómeno en su estudio sobre la inserción escolar de los hijos y las hijas de población inmigrante en
Quito. De nuestra muestra, casi todas las personas entrevistadas con hijos escolarizados en el sistema
educativo indican haber tenido enfrentamientos con los funcionarios de las instituciones por malos
tratos hacia los niños y las niñas:
Mi hijo fue a la escuela, sólo le pidieron pasaporte para entrar. A él le fue fuerte. El entró a inicial
II. Le fue bastante difícil. Yo digo que la maestra no nos ayudó, porque ella decía que son niños
criados de manera diferente, que en Venezuela son hiperactivos, hacen lo que quieren, acá son
calmaditos, son más obedientes. Yo pienso que mi hijo pasó por un proceso de cambio muy
fuerte. Yo tenía 2 años de viuda, cuando conocí a Hugo, mi hijo tenía 2 añitos cuando se quedó
sin papá, y un año después me lo traigo para acá. Lo saqué de la comodidad de su casa, de vivir
con su hermana, de salir a la calle a vender comida, de vivir con gente que no conocíamos, en sitios
que decía que eran feos, que no se parecían a su casa, de pasar de niñera en niñera, entonces se lo
expliqué a la maestra y mi hijo siempre llegaba quejándose, que lo castigaban, entonces solo los
niños ecuatorianos se portaban bien, y él era el que se portaba mal, entonces mi mamá prefiero
llevárselo nuevamente a Venezuela (María, 37 años).

Conclusiones: ¿integración o disuasión?


Las condiciones sociales y migratorias de los y las venezolanas han empeorado drásticamente en el
último año, tanto por el decrecimiento de la economía como por la xenofobia creciente y las
dificultades y demoras de los procesos de regularización. Así también, por la dificultad de insertarse
en el mercado de trabajo con un empleo estable y adecuado que les procure una tranquilidad tanto
económica como emocional.
A diciembre de 2018, el Estado ha otorgado un importante número de visas, pero también ha
provocado irregularización. Si bien, el estado ecuatoriano sostiene el discurso de la trata y el tráfico de
personas como argumento para el control migratorio, la narrativa de los migrantes sobre su itinerario
muestra la presencia de una industria de la migración para conseguir los papeles de salida y para el
viaje, pero esto no se asemeja al uso de coyoteros o de redes delictivas transnacionales. Por otro lado,
las actuales disposiciones en torno a la regularización migratoria pueden actuar como elementos
disuasivos y más bien empujar a la población a la irregularidad.
Al ser una “migración en contextos de crisis”, la inserción laboral de la población venezolana se
encuentra condicionada por dos aspectos. Por un lado, su trayectoria migratoria es dada por una
crisis generalizada en el lugar de origen que empuja a una salida masiva de la población; por otro
lado, un mercado de trabajo en condiciones de crisis económica en el lugar de llegada, el cual no
logra cubrir la demanda laboral de la misma población nativa. Por lo tanto, la población venezolana
se logra insertar tanto en el mercado de trabajo informal, así como de manera “informal” en el
mercado formal, pero con violaciones a sus derechos laborales.
Encontramos también, por lo descrito en cuanto al mercado laboral, que existe una movilidad
ocupacional constante que provoca una suma de trabajos en un corto periodo de tiempo, dando
como resultado inestabilidad laboral y económica. Además, se comprobó que el hecho de estar
regulares, y/o con el reconocimiento de sus títulos universitarios, no garantiza el acceso a empleos
estables y acorde con sus niveles de estudios. Lo que resulta en una constante movilidad ocupacional
descendiente y el evidente desperdicio formativo, ya que a pesar de ser una población con niveles
educativos universitarios y haber tenido ocupaciones consecuentes con sus estudios en Venezuela
solo logran insertarse en ocupaciones no cualificadas.
Los problemas con la regularización, combinados con un deterioro del mercado laboral están
produciendo cambios en los proyectos migratorios y nuevas movilidades. Es probable que la
situación socioeconómica conjuntamente con las dificultades para la regularización se convierta en
alicientes para dejar el país. Esta posibilidad, sin embargo, no está disponible para todos los
migrantes.

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Anexo 1. Características de la población venezolana entrevistada en Quito. Junio-octubre 2018.

No. Nombre Sexo Edad Estado Nivel Educativo Fecha de entrada a Estatus migratorio
civil Ecuador

1 Lucía M 60 Divorciada Terciaria completa – Universidad 26/11/2017 Visa turista - proceso de visa UNASUR

2 Juan H 20 Soltero Secundaria completa – 21/11/2017 Visa turista - proceso de visa UNASUR
Bachillerato

3 Fabiola M 51 Divorciada Terciaria completa – Universidad 02/03/2018 Visa turista

4 Graciela M 23 Soltera Terciaria completa – Universidad 02/03/2018 Visa turista – proceso de visa UNASUR

5 Hugo H 37 Unión Terciaria completa – Universidad 21/05/2017 Visa UNASUR


libre

6 María M 37 Unión Secundaria completa – 27/04/2017 Irregularizada - pasaporte


libre Bachillerato

7 Oscar H 35 Casado Terciaria completa – Universidad 06/01/2018 Visa turista

8 Raúl H 37 Casado Técnica completa 17/11/2017 Visa UNASUR

9 Simón H 39 Casado Terciaria completa – Universidad 17/04/2018 Visa turista

10 Julián H 31 Soltero Técnica completa 14/11/2017 Visa UNASUR

11 Rosa M 47 Divorciada Técnica completa 30/08/2017 Visa UNASUR


12 Fátima M 60 Divorciada Técnica completa 27/04/2018 Visa turista

13 Daniel H 33 Divorciado Terciaria completa – Universidad 31/03/2018 Visa UNASUR

14 Ernesto H 59 Divorciado Terciaria completa – Universidad 06/09/2017 Visa UNASUR

15 Javier H 28 Soltero Terciaria completa – Universidad 02/07/2015 Irregularizado - pasaporte

16 Jaime H 35 Casado Secundaría completa – 26/11/2016 Irregularizado - pasaporte


Bachillerato

17 Katya M 28 Unión Terciaria completa – Universidad 01/04/2016 Visa profesional 9V permanente


libre

18 Luis H 34 Unión Terciaria completa – Universidad 01/04/2016 Visa profesional 9V permanente


libre

19 Herman H 40 Casado Terciaria completa – Universidad 01/02/2018 Solicitante Visa UNASUR

20 Julia M 26 Unión Terciaria completa – Universidad 01/11/2017 Solicitante Visa UNASUR


libre

21 Eduardo H 34 Casado Técnica completa 25/05/2016 Visa UNASUR

22 Gloria M 22 Soltera Técnica completa 01/03/2018 Solicitante Visa UNASUR

23 Valeria M 21 Soltera Secundaria completa – 13/10/2017 Solicitante Visa UNASUR


Bachillerato

24 Octavio H 37 Casado Secundaria completa – 05/04/2018 Visa UNASUR


Bachillerato

25 Carla M 33 Casada Terciaria completa – Universidad 16/05/2017 Visa UNASUR

26 Ana M 44 Soltera Terciaria completa – Universidad 30/06/2017 Visa profesional 9V permanente

27 Gladis M 26 Casada Terciaria completa – Universidad 12/05/2016 Visa UNASUR

28 Yolanda M 34 Casada Terciaria completa – Universidad 07/02/2013 Irregular

29 Hernán H 36 Casado Terciaria completa – Universidad 07/02/2013 Naturalizado

30 Diana M 35 Casada Terciaria completa – Universidad 28/10/2017 Irregular

Fuente: elaboración propia a partir del trabajo de campo realizado en la ciudad de Quito y sus alrededores. Junio-otubre 2018.

1 Las autoras agradecen la colaboración de Carmen Bolívar y Mishel Álvarez, estudiantes de la Maestría de Estudios de Género y de Sociología
en FLACSO -Ecuador, quienes participaron en el levantamiento de información y edición de este texto. Así también, nuestro agradecimiento a
José Salazar, geógrafo exalumno de la maestría de estudios urbanos de FLACSO -Ecuador, por colaborar en la construcción del mapa de las rutas
migratorias.
2 La Encuesta “Las Américas y el mundo: Ecuador”, aplicada en 2010, 2012, y 2014 en todo el país, es decir, antes de la llegada de la población
venezolana, muestra que alrededor de un 60% de la población considera que los y las extranjeras son demasiados, que el 60.2% considera que
los extranjeros les quitan empleo a los ecuatorianos, un 65% consideran que generan inseguridad y el 92.8% favorece el aumento de los
controles fronterizos (Zepeda y Carrión, 2015).
3 Cifra aproximada usando el saldo migratorio de las personas migrantes venezolanas (entradas-salidas), levantado por el Ministerio del Interior
y el Instituto Nacional de Estadística y Censos –INEC, lo que podemos considerar como una aproximación al acervo migratorio actualizado al
31 de diciembre 2018.
4 Tercera ronda de monitoreo de flujo de movilidad humana a en tres lugares (2 puntos fronterizos y 1 ciudad) entre el 14 de noviembre y el 3
de diciembre de 2018.
5 Esto contrasta con el otro flujo más importante de población inmigrante en Ecuador que es la colombiana. De acuerdo con el estudio de
Ramírez, Coloma y Céja (2017) únicamente el 6% de los portadores de visa Mercosur de nacionalidad colombiana tenían educación superior,
mientras que el 45% alcanzaron el bachillerato. Este estudio analiza una encuesta aplicada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados (ACNUR) en 2016 a población colombiana portadora de la visa Mercosur, población refugiada y población indocumentada.
6 La política del Refugio Ampliado podría ser un ejemplo de buena práctica que podría retomarse en el caso de la población venezolana para
agilitar y desconcentrar los procesos de regularización de la población venezolana.
7 A diferencia de Argentina y Uruguay que sí otorgan visas a ciudadanos venezolanos bajo el convenio Mercosur, Ecuador considera que al no

ser parte de Mercosur no pueden acogerse a esta visa.


8 El artículo 83, capítulo IV de la Ley Integral de Movilidad Humana dice “son ciudadanos suramericanos en Ecuador las personas nacionales

de otros países suramericanos pertenecientes a la UNASUR”. El artículo 84 menciona que estos ciudadanos podrán ingresar, circular y salir del
Ecuador con su documento de identificación nacional y que no podrán ser deportados. Además, estos ciudadanos podrán solicitar una
residencia temporal de dos años, renovables por una vez. Esta es la base legal para la emisión de la visa UNASUR a la cual acceden
mayoritariamente los y las venezolanas en Ecuador.
9 Los requisitos para la obtención de esta visa son 1) tener un pasaporte válido, 2) antecedentes penales en el país de última residencia,

apostillados el formulario de aplicación y el pago de 50 dólares al momento de la aplicación y de 200 dólares al momento en que se otorga la
visa.
10 A través de la Resolución No. 105-2018 del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana.
11 Por medio de esta declaración se han movilizado recursos y servicios hacia la población venezolana por parte del Ministerio de Salud debido
a la condición de vulnerabilidad con que llega de dicho contingente de personas que realiza el tránsito a pie y por transporte terrestre, el
Ministerio de Inclusión Económica y Social ha priorizado, por su parte, la atención a mujeres embarazadas y a niños/as, de los gobiernos
autónomos descentralizados de las dos provincias fronterizas y de Pichincha donde se encuentra la ciudad de Quito, igualmente se ha dado la
apertura de un mayor número de ventanillas de migración por parte del Ministerio del Interior, así como la participación directa de organismos
internacionales como ACNUR y OIM en la prestación de servicios.
12 Palabra utilizada por la población migrante venezolana que designa a las personas que se encargan de tramitar los papeles en Venezuela y
enviarlos a cambio de un costo monetario. Estos gestores suelen ser entre algunas profesiones nombradas, según los diferentes testimonios,
notarios y abogados.
13 De acuerdo con la definición el trabajo formal es aquel registrado ante la autoridad tributaria, es decir el Servicio de Rentas Internas del
Ecuador (SRI) y el informal es aquel no registrado en el SRI.
14 Desde 2014 el INEC define el empleo adecuado como aquel de 40 horas semanales con un ingreso que alcanza el salario mínimo vital,
actualmente en 386 USD.
15 Diario El Comercio, 18 de octubre de 2018 citando cifras del INEC a septiembre de 2018.
16 Cabe anotar que 2014 marca el punto más alto de empleo adecuado históricamente hablando en la ciudad de Quito que tuvo un incremento
de 10% desde 2008.
17 Se refiere al Servicio de Rentas Internas del Ecuador. La entidad encargada de cobrar impuestos.
18 Es interesante anotar que en esta misma encuesta de agosto 2018 el 50% de la población considera que el gobierno sí debería entregar ayuda
humanitaria a los migrantes venezolanos y el 62% está de acuerdo con que la población venezolana busque alternativas económicas en otro país.
Estos resultados plantean preguntas interesantes que deben ser investigadas con mayor profundidad para pensar en estrategias de combate a la
xenofobia y mejoramiento de la convivencia.
19 Art. 3.-Son deberes primordiales del Estado: 1. Garantizar sin discriminación alguna el efectivo goce de los derechos establecidos en la
Constitución y en los instrumentos internacionales, en particular la educación, la salud, la alimentación, la seguridad social y el agua para sus
habitantes.
20 Hospital Oncológico Solón Espinosa Ayala.
Población venezolana en Lima: entre la regularización y la precariedad

Cécile Blouin
Luisa Feline Freier1

Introducción
Este capítulo aborda el tema de la inserción laboral de ciudadanos venezolanos que han migrado a
Perú, especialmente a la ciudad de Lima. Para el Estado peruano, la inmigración venezolana
representa un verdadero reto. En primer lugar, esto se debe a la magnitud del flujo migratorio. Según
el último informe de la OEA, Perú es el segundo país que más migrantes y refugiados venezolanos ha
recibido (700 mil), después de Colombia (1.2 millones) (OEA 2019: 3). El número de solicitudes de
condición de refugiado, sigue aumentando, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados (ACNUR) fueron casi 170 mil a fines de enero de 2019 (ACNUR, 2019a), sobre todo desde
que terminó el plazo para solicitar la condición regular especial otorgado a ciudadanos venezolanos
por el Estado peruano, el Permiso Temporal de Permanencia. Perú es un destino atractivo para los
migrantes, ya que permite un acceso relativamente sencillo a algún tipo de documentación legal y al
mercado informal de trabajo. Por otro lado, la inmigración venezolana es también un reto porque el
Perú, como muchos países en la región, históricamente, no ha sido un país receptor de grandes
cantidades de inmigrantes. Por el contrario, en la historia peruana reciente, la inestabilidad
económica y la violencia asociadas al conflicto armado interno fueron causantes de una importante
emigración de peruanos hacia otros países latinoamericanos, Estados Unidos y Europa (Altamirano,
1999).
Habiendo establecido este contexto, presentamos una caracterización de los inmigrantes
venezolanos, tanto en número como en información sociodemográfica, siempre teniendo en cuenta
la variación de estos datos en el tiempo. Para ello, nos apoyamos principalmente en fuentes como las
cuatro rondas de la Matriz de Seguimiento de Desplazamiento de la Organización Internacional para
las Migraciones (OIM), las cifras publicadas por el ACNUR y la información pública brindada por la
Superintendencia Nacional de Migraciones del Perú (en adelante Migraciones). A continuación, nos
concentramos en la respuesta legal y política del Estado peruano frente a la inmigración venezolana.
En este punto afirmamos que, pese a que existen repuestas migratorias en la normativa peruana
general que hubiesen podido ser útiles para responder al reto de la inmigración venezolana, el Estado
optó por mecanismos ad hoc. En este sentido, tal como se indicó en el capítulo 1 de este libro,
encontramos que la respuesta del Estado partió del entendimiento de la inmigración venezolana
como una crisis y, por ende, consistió en una serie de medidas excepcionales y de corto plazo que no
contemplaron, como señalan Menjivar et al. (2019), los aspectos más profundos ni las implicaciones
a mediano y largo plazo del fenómeno de la movilidad humana.
Finalmente, centramos el análisis en cómo esta respuesta del Estado peruano ha impactado en la
inserción laboral de los inmigrantes venezolanos. Para ello, nos basamos en 20 entrevistas llevadas a
cabo en la ciudad de Lima, entre marzo y septiembre de 2018 a hombres y mujeres de nacionalidad
venezolana que llevaban por lo menos seis meses viviendo en la ciudad. La información detallada
acerca de ellos se encuentra en el Cuadro 1 de este capítulo. En esta parte final del capítulo, ponemos
énfasis en la precariedad de los empleos en los cuales los migrantes se desempeñan, así como en las
situaciones de incertidumbre, dificultades administrativas y corrupción que ellos tenían y tienen que
enfrentar.
Concluimos que, dada la falta de una respuesta estatal integral, la regularización y el empleo formal
terminan siendo demasiado costosos y no siempre convenientes para los inmigrantes venezolanos
desde un punto de vista práctico; por lo tanto, lo que se está logrando con ello es una preocupante
perpetuación de su vulnerabilidad socioeconómica y legal.

Problematización del caso y nota metodológica


Perú: país de inmigración, emigración y migración en tránsito

El Perú es un país de inmigración, emigración y migración en tránsito. Reflejando la tendencia


regional de América Latina, en las últimas dos décadas prevaleció el fenómeno de la emigración. La
década de los noventa estuvo marcada por una profunda crisis económica, y la violencia política y
social en el contexto del conflicto armado interno entre el Estado y los grupos terroristas Sendero
Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. El PIB per cápita cayó a su nivel más bajo en el
año 1992, lo cual se tradujo en un deterioro de los ingresos de los estratos medios y medios bajos.
Esto, aunado a la falta de empleo, propició la salida de muchos peruanos al exterior en busca de
mejores condiciones de vida (OIM, 2012).
El Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú (INEI, 2018) revela que, entre 1990 y
2017, el número de peruanos y peruanas que salieron del país y no retornaron, fueron más de 3
millones, lo que representa el 10% de la población total de acuerdo con las cifras obtenidas en los
Censos Nacionales del año 2017. En el 2010, cerca del 90% de los peruanos emigrantes se
concentraron en siete países del mundo: 31.5% en Estados Unidos, 16.0% en España, 14.3% en
Argentina, 10.1% en Italia, 8.8% en Chile, 4.1% en Japón y 3.8% en Venezuela, cifra que
representa a 100 mil personas (ibid.).
Perú sigue siendo un país de alta emigración –en su mayoría de migrantes económicos– que se
trasladan principalmente a Estados Unidos, así como a otros países de la región latinoamericana y a
Europa. La tasa de emigración es alta, los destinos son diversos y el perfil de los emigrantes en
términos étnicos y socioeconómicos también lo es (Takenaka et al. 2010). Según el INEI, un
promedio anual de 110 mil peruanos sale del país y no regresan. Las remesas que envía esta
población representan 1.4% del PIB. Solo en 2017, las remesas totalizaron 3,051 millones de
dólares americanos, cifra superior en 5.8% en comparación con la del 2016 (INEI, 2018).
Al mismo tiempo, la inmigración al Perú empezó a tener protagonismo en los años 2000. Hubo
un incremento de casi el doble en el año 2007, en comparación con el año 2006, y entre 2008 y
2010 ingresó el 40% de los 63 mil extranjeros que residieron en el país en 2010 (OIM, 2012). Este
aumento significativo respondió al crecimiento económico del Perú, el cual rondaba un promedio
anual del 7% del PIB en los años 2000. Ello lo hizo atractivo para la llegada de españoles y argentinos
que huían de la crisis económica en sus países de origen. Según un informe editado por la
Organización Internacional para las Migraciones ( OIM) en 2015, en el Perú hubo un incremento
significativo de inmigrantes españoles en los años inmediatamente posteriores a la crisis económica de
la zona euro. Así, en el año 2008 se pasó de 720 a 4,400 inmigrantes de dicha nacionalidad; y en el
año 2012 fueron 11,300 personas que dejaron España para instalarse en el Perú ( OIM, 2015: 128). El
crecimiento económico también motivó el retorno de algunos peruanos a su país de origen. Se
calcula que en el periodo 2000-2017, retornaron 313,708, con un promedio anual de 17,400 luego
de residir más de un año en el exterior (INEI, 2018).
Con respecto a los países de origen de los inmigrantes en el Perú más importantes, hasta el 2012,
Estados Unidos encabezó la lista con 11.6%, seguido de China (7.7%), Ecuador (7.5%), Bolivia
(6.4%), Colombia (5%). Esta población migrante se caracterizaba por contar con estudios
superiores (62.5%) y por estar ocupada laboralmente (97.5%), ya sea de manera dependiente en
una empresa o institución, o independiente, manejando su propio negocio o como proveedor de
bienes y servicios. Ello le confería buenas posibilidades de adaptarse a la realidad peruana y
contribuir al crecimiento económico interno, así como a su progreso personal y familiar (OIM, 2012).

Elementos metodológicos específicos

La falta de datos confiables acerca del tamaño de la población venezolana y sus características afecta al
Perú de igual manera que a otros países en la región y plantea desafíos para las instituciones
regionales, la sociedad civil y los actores gubernamentales que buscan gestionar estos flujos y abordar
las necesidades de los migrantes. La Matriz de Seguimiento de Desplazamiento (DTM por sus siglas en
inglés) de la OIM es una herramienta importante en este sentido. En el caso del Perú, la OIM ha
implementado cinco rondas de esta matriz. En este capítulo nos basamos en las cuatro primeras: la
Ronda 1 entre septiembre y octubre de 2017 (en la frontera norte y la frontera sur del país), la
Ronda 2 entre diciembre de 2017 y enero de 2018 (en la frontera norte y la frontera sur del país, así
como en puntos de Lima Metropolitana con alto flujo de migrantes), la Ronda 3 entre abril y mayo
de 2018 con el mismo alcance geográfico de la anterior, y la Ronda 4 entre septiembre y octubre de
2018 con el esquema inicial. La data de la Ronda 5, que se realizó en febrero y marzo de 2019,
todavía no se encontraba disponible al momento de redactar este capítulo.
Existe también como fuente de información la base de datos del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Refugiados ( ACNUR) así como la página web específica sobre la situación de
Venezuela (ACNUR, 2019a). Esta fuente, sin embargo, no siempre está actualizada debido a que no
todos los gobiernos entregan sus informaciones más recientes. A continuación, presentamos una
caracterización de la migración venezolana en el Perú con base a las cuatro rondas de DTM, así como
los reportes de Migraciones, investigaciones en campo realizadas por Cáritas Perú, y algunas otras
fuentes que indicamos en el texto.

Caracterización de la inmigración venezolana en el Perú


El incremento de la inmigración venezolana

Cabe recalcar que en el informe Perfil Migratorio del Perú 2012 de la OIM, Venezuela todavía no
figura como país de origen. Según las cifras reportadas por la Superintendencia Nacional de
Migraciones (MIGRACIONES), entre 2014 y 2016, el ingreso al país de personas venezolanas fue de
alrededor de 50 mil personas cada año; no obstante, para 2017, esta cifra se incrementó a más de
223 mil personas por año, en comparación con la cantidad de salidas del país (113,340). De los 150
mil extranjeros que ingresaron al Perú entre 1990 y 2017 el 24.6% proviene de Venezuela2. (INEI,
2018)
A raíz del Decreto Supremo 001 con fecha de enero de 2018, que extendía el plazo para la
obtención del Permiso Temporal de Permanencia ( PTP) a los ciudadanos venezolanos que entraran a
Perú hasta el 31 de diciembre de 2018, las cifras de entrada se incrementaron de forma acelerada. De
acuerdo con Migraciones, al día ingresaron por el paso fronterizo de Tumbes cerca de 3,500
venezolanos. A ese ritmo, la población venezolana en Perú alcanzó las 400 mil personas para agosto
de 2018, lo que representa el flujo migratorio más grande, en más corto tiempo, que se ha registrado
en la historia del Perú.
Ello llevó al gobierno de Martín Vizcarra a rectificar y a emitir el Decreto Supremo 007 para
controlar la migración venezolana. No solo se comenzó a exigir el pasaporte como requisito
obligatorio de entrada al país a partir del 25 de agosto de este año, sino que se redujo el plazo de
entrada al país hasta el 31 de octubre de 2018 como fecha límite para acogerse al beneficio del PTP,
medidas que se discutirán más adelante. Sin embargo, esta restricción generó cifras aún más elevadas
de entradas diarias. De acuerdo con datos de Migraciones, un total de 558 mil venezolanos
ingresaron a Perú hasta el 31 de octubre de 2018 (Notimérica, 2018). En febrero de 2019 residían
700 mil venezolanos en el Perú (OEA, 2019). Asimismo, según los resultados del Censo de 2017, el
86.6% de la población venezolana residente en Perú se encuentra en Lima y Callao (Gestión,
2018a). Finalmente, comentar que los migrantes venezolanos que llegan al Perú provienen
principalmente del estado de Caracas (Distrito Capital), y los estados de Táchira, Carabobo, Lara,
Zulia y Aragua.

Estatus migratorio de las personas venezolanas

Una gran parte de los ciudadanos venezolanos que se encuentran en el Perú están en condición de
turistas, lo cual les da un máximo de 183 días de permanencia autorizada en el país sin posibilidad
de trabajar regularmente. El documento principal de viaje es el pasaporte. En las primeras rondas de
la DTM, entre el 72% y el 85.5% entraron por la frontera norte en Tumbes con pasaporte. Este
porcentaje bajó a 51% en la ronda 4 lo que se puede explicar por el cada vez más difícil acceso al
pasaporte en Venezuela.
Hasta el 31 de diciembre de 2018, último día de plazo para solicitar el PTP, 170 mil venezolanos ya
contaban con este permiso y 234 mil estaban en proceso de obtenerlo (Gestión, 2018b). Aunque el
monitoreo de la OIM constata que la gran mayoría de los venezolanos entran al territorio de manera
regular, se sabe que el número de inmigrantes irregulares también está aumentando, especialmente
en el caso de los niños. Esto se debe a la agravación de la crisis humanitaria y el aumento de los
niveles de desnutrición en Venezuela.
Respecto a las personas refugiadas y solicitantes de la condición de refugiado, el ACNUR indicó que,
para el año 2016, en el Perú residían 1,649 personas refugiadas y 4,892 solicitantes de la condición
de refugiado. A consecuencia del incremento del flujo migratorio venezolano, al 25 de enero de
2018, se identificaron cerca de 170,000 personas venezolanas solicitantes de la condición de
refugiado, lo que constituía el mayor número de solicitudes en un solo país de destino. Este número
está aumentando rápidamente, dado que para la gran mayoría de los venezolanos que llegaron al
Perú después del 31 de octubre de 2018 –fecha límite para poder solicitar el PTP– una solicitud de
refugio es la única forma de conseguir un estatus migratorio regular, aunque sea precario. En este
contexto, es importante destacar que, entre 2014 y 2017, Perú solamente recibió 971 solicitudes, de
las cuales 239 fueron aceptadas y 548 fueron rechazadas (ACNUR, 2019b).

Características sociodemográficas

En la selección de entrevistados buscamos representatividad con respecto a la variedad de sus


características sociodemográficas –como lugar de origen, edad, sexo, educación– y su estatus
migratorio o (doble) nacionalidad que las cuatro rondas de la DTM han demostrado. Con respecto a
las características de los inmigrantes venezolanos en el Perú, se nota la feminización del flujo (el
porcentaje de mujeres ha aumentado de 37.4%, entre septiembre y octubre de 2018, a 47% en
noviembre del mismo año), así como una diversificación en cuanto a los grupos de edad. Mientras
en la primera ronda 67% fueron jóvenes entre 18 y 29 años, en las rondas dos a cuatro fueron
solamente alrededor de 55%. Al mismo tiempo, el porcentaje de personas mayores de 40 años
aumentó de alrededor de 9% en la primera ronda a 16% en la última encuesta.
Asimismo, conforme avanza el tiempo y, por ende, la crisis en Venezuela se agrava, se observa que
la migración de personas venezolanas al Perú pasa de ser una experiencia principalmente individual
para convertirse en familiar y colectiva. Mientras que en la segunda ronda de la DTM las personas
solteras constituían un grupo claramente mayoritario en los puestos fronterizos de Tumbes y Tacna
(72.9%) y en Lima Metropolitana y Callao representaban el 58.3%, en la cuarta ronda se observa
que el número de personas casadas o convivientes (49%) se ha vuelta ligeramente mayor que el
número de personas solteras (46%). Asimismo, cada vez hay mayor cantidad de migrantes que
realizan el viaje llevando consigo a sus hijos u otro tipo de familiares menores de edad –muchos de
ellos caminando durante gran parte del trayecto– lo cual implica mayor vulnerabilidad tanto por las
dificultades que estas personas atraviesan en el viaje y la necesidad más urgente que ellas pueden tener
para encontrar un empleo en el país de llegada.
Respecto al empleo, observamos de manera consistente que las personas migrantes suelen haber
sido en Venezuela trabajadores, ya sea dependientes o independientes (58.7% dependientes y 20.3%
independientes en la ronda 2; 52.4% dependientes y 29.1 % independientes en la ronda 3). La
proporción de personas desempleadas, estudiantes y personas jubiladas no supera en ningún caso el
15%. Asimismo, los datos más actuales, es decir, los de la cuarta ronda de DTM, nos muestran que las
carreras profesionales mayoritarias entre las personas migrantes son aquellas vinculadas a la
administración de empresas (29%) y a las ciencias e ingeniería (17%).
En el último año, tal como indican los datos de la cuarta ronda de DTM, ha habido una
diversificación de ciudades de destino dentro del Perú. Además de Lima, también aparecen como
destinos La Libertad, Arequipa, Piura, Tumbes y Ancash. Asimismo, se encontró que el 2.7% de los
encuestados en dicha ronda cuentan con una segunda nacionalidad. Esto último es relevante, ya que
implica una mayor facilidad en el acceso a derechos que están reservados solo para los ciudadanos
nacionales.

Marco jurídico de acogida


Ley de Migraciones, Ley del Refugiado y sus reglamentos

Por mucho tiempo, las políticas migratorias no parecieron una prioridad para el gobierno peruano.
La Ley de Extranjería de 1991, la cual nunca fue reglamentada, era una norma obsoleta y carente de
un enfoque de derechos humanos (Defensoría del Pueblo, 2009: 119; Comisión Andina de Juristas,
2015: 10). No es hasta 2015 que se aprueba una normativa nueva y más integral en materia
migratoria, la cual, si bien se centra en el control migratorio, incluye también una serie de
disposiciones novedosas para la protección de grupos vulnerables. La normativa crea una nueva
calidad migratoria: humanitaria, que debe ser otorgada a las personas que no pueden acceder a la
condición migratoria de refugiado pero que necesitan un estatus migratorio en el país por encontrarse
en una situación de vulnerabilidad 3.Esta calidad migratoria es una forma de protección
complementaria (Gualano de Godoy en Lettieri, 2012: 313). Sin embargo, esta ley nunca entró en
vigencia por falta de reglamentación.4
En 2017 se promulgó la nueva Ley de Migraciones, y su respectivo reglamento, el Decreto
Supremo Nº 007-2017-IN. Además, se aprobó la Política Nacional Migratoria 2017-2025, la cual
tiene como finalidad garantizar una eficiente articulación interinstitucional e intergubernamental de
la gestión migratoria. Sin embargo, Freier y Aron (2019) destacan las limitaciones de estos avances,
dado que la ley también incrementa el tiempo de expulsión de una persona, y permite la
intervención de la Policía Nacional del Perú en algunas etapas del procedimiento administrativo
sancionador, así como en la ejecución de las sanciones impuestas. En ese sentido, la política
migratoria peruana puede definirse como “una política de control con rostro humano” (Domenech,
2013:3) que reconoce derechos para las personas migrantes y, al mismo tiempo, plantea medidas de
control migratorio rígidas.
En relación con la población venezolana, nos interesa ahondar en dos calidades migratorias. La
primera, la calidad humanitaria, depende directamente del Ministerio de Relaciones Exteriores y
debido a su falta de reglamentación específica no se aplica en la actualidad (Véanse Blouin y Button
2018: 75; IDEHPUCP, 2017:12). De acuerdo con fuentes oficiales, al momento de escribir este
capítulo, el gobierno estaba trabajando en la reglamentación5.
La segunda, creada por la Ley de Migraciones, es la calidad migratoria especial que es otorgada a
personas que no pueden acceder a otra calidad migratoria y que, por su situación de vulnerabilidad,
necesitan permanecer en el país. Esta calidad es otorgada por Migraciones por la duración de un año
y renovable previo informe técnico6. Esta calidad ya se encuentra operativa. Tanto la calidad
humanitaria como especial son calidades de “residentes” y por lo tanto, una vez otorgadas, la persona
recibe un carné de extranjería, el cual es el documento que acredita la identidad y residencia en el
territorio peruano7 (Blouin y Button 2018, 75). Como se puede observar, existen dos vías de
regularización para la población en situación de vulnerabilidad mediante la normativa general de
migraciones.
En cuanto al tema de protección internacional, el Perú cuenta desde el 2002 con una Ley del
Refugiado y su Reglamento. Esta norma define a las personas refugiadas de acuerdo a la Convención
de 1951, y a la definición ampliada de Cartagena. Todas las personas que soliciten ser reconocidas
como refugiadas deben ser evaluadas mediante el procedimiento establecido por ley8, a través del cual
se evaluará si su situación se enmarca en la definición de refugiado asumida por el Perú, primero con
base a la Convención de 1951 y, posteriormente, a la Declaración de Cartagena. Sin embargo, en la
actualidad no se aplica esta última definición, lo cual implica una serie de retos en cuanto a la
protección internacional de personas venezolanas (Berganza, Blouin y Freier, 2018).
Cabe mencionar que, en el caso peruano, las personas solicitantes de la condición de refugiado
tienen derecho al trabajo9. Para garantizarlo, el Ministerio de Relaciones Exteriores les emite un carné
para acreditar esta condición10. Sin embargo, en la práctica, teniendo en cuenta el alto número de
solicitantes de la condición de refugiado y el consecuente colapso del sistema de registro de
solicitudes, existe una demora considerable en la emisión del carné de solicitante. Ello ha generado
que la Comisión Especial para los Refugiados (CEPR) entregue de manera provisional una carta de
Autorización de Trabajo. Cabe recalcar que la emisión de este documento no cuenta con una base
legal y, por lo tanto, no sirve para formalizar una situación laboral a través de un contrato registrado
ante la autoridad de trabajo en el país, sino solo para demostrar que tiene el derecho al trabajo. Ello,
como lo han informado un conjunto de organizaciones y universidades, expone a las personas
solicitantes a la informalidad (Encuentros, IDEHPUCP, UP y UARM, 2018a:10).
La ley de Migraciones determina además que las personas refugiadas no requieren ni visa, ni
calidad migratoria para su ingreso y permanencia en el país11. En el caso de las personas venezolanas,
hasta agosto de 2018, podían ingresar al país con cédula de identidad de conformidad con la
normativa del Mercosur. Sin embargo, la Superintendencia Nacional de Migraciones, en una
resolución del 4 de agosto, dispuso la obligatoriedad del pasaporte para el ingreso de personas
venezolanas12. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos interpuso un Hábeas Corpus,
alegando que esta medida vulneraba, entre otros, el derecho a la libertad de tránsito de las personas
venezolanas. Cabe mencionar que, de acuerdo con la información dada por Migraciones en su
recurso de apelación, las personas venezolanas solicitantes de la condición de refugiado han ingresado
al territorio peruano con su cédula de identidad 13.
Como se puede observar existe una multiplicidad de respuestas en la normativa peruana general:
diversas formas de protección complementaria y la calidad de refugiado con base a la definición de
Cartagena. Sin embargo, el Estado peruano optó por crear otra categoría jurídica ad hoc para el caso
de la población venezolana.

EL PTP como mecanismo de regularización para la población venezolana

El Estado peruano optó por establecer un mecanismo de regularización específico, el PTP, de acuerdo
a lo establecido en el reglamento del DL 1350 14. El PTP es un documento de identidad que emite
Migraciones por el plazo de un año y que autoriza a trabajar15. Sin embargo, a diferencia de la calidad
migratoria especial (aunque se otorgue por la misma duración), las personas venezolanas que lo
obtienen no son consideradas residentes y no pueden obtener un carné de extranjería sino que
acceden a un carné de PTP distinto al anterior. El anexo 1 resume las características de las cuatro
normativas sobre los PTP, así como los requisitos que se exigen para su otorgamiento.
Con la alta demanda desde el primer PTP en enero 2017, obtener el PTP se volvió un
procedimiento largo con un promedio de seis meses de espera. La obtención de la ficha de canje
internacional Interpol generó una demora importante, ya que la oficina de Interpol se encontraba
desbordada frente a las solicitudes que debía atender (IDEHPUCP, UARM, UP y Encuentros, 2018a:10).
Frente a ello, Migraciones optó por brindar un documento nombrado “Acta de Permiso de Trabajo
Extraordinario-Provisional” que permita a las personas solicitantes del PTP poder trabajar por cuenta
propia o ajena durante 60 días renovables automáticamente.
Desde el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, también se publicó una resolución que
detalla el régimen laboral para las personas venezolanas. Se mantienen las limitaciones establecidas en
la Ley de Contratación de Trabajadores Extranjeros, la cual limita la contratación a 20% de la
planilla y las remuneraciones al 30% del total de la planilla de sueldos y salarios16. Adicionalmente,
se establece que los contratos de trabajo deben tener como vigencia la duración del PTP o Acta de
Permiso de Trabajo Extraordinario-Provisional.
Finalmente, es necesario mencionar que, de acuerdo con el Reglamento del Decreto Legislativo Nº
1350, las personas venezolanas que hayan obtenido el PTP bajo cualquiera de los decretos supremos
mencionados, al vencimiento de éste, obtendrán la Calidad Migratoria Especial Residente por un
año17. Según información de Migraciones, a inicios de 2019, alrededor de 20 mil ciudadanos
venezolanos habían recibido una visa especial después del vencimiento de su PTP18.
Para concluir sobre el marco normativo, se puede observar cómo el Estado peruano creó un
régimen excepcional de regularidad para las personas venezolanas, hasta el 31 de octubre de 2018
mediante el PTP. Al igual que la irregularidad es producto de la normativa migratoria, la regularidad
también es producida por ella (De Genova, 2002: 424), y en el caso peruano puede afirmarse que
hay una sobreproducción de “legalidades” migratorias con las distintas categorías existentes: calidad
migratoria especial, humanitaria y PTP. Ello es problemático ya que cada categoría tiene requisitos
distintos y acarrea consecuencias jurídicas distintas, por ejemplo, en el caso del caso del PTP, no se
obtiene residencia en el país lo que implica no contar con el carné de extranjería. Veremos más
adelante que ello tiene consecuencias directas sobre el ejercicio de derechos por parte de la población
venezolana. Adicionalmente, la multiplicidad de categorías migratorias genera confusión e
incertidumbre en la misma población que también analizaremos en el apartado siguiente.
Finalmente, debemos agregar que además de estas calidades “migratorias”, existe la categoría
precaria de solicitante de la condición de refugiado que se usa cada vez más en el contexto peruano,
incluso bajo recomendación de los funcionarios de Migraciones, quienes aconsejan solicitar refugio
en la frontera en caso de que los migrantes no cuenten con la documentación necesaria para entrar
regularmente al país, como el pasaporte.

Regularización e inserción socio laboral en el Perú


Documentación en el Perú: entre el acceso y la incertidumbre

Las experiencias respecto al proceso de regularización migratoria varían entre los venezolanos
entrevistados. Muchos sintieron ambivalencia entre la posibilidad de la regularización facilitada por el
PTP y la incertidumbre latente por los distintos tipos de documentos ( PTP, carné de extranjería,
solicitud de refugio) y los cambios en la normativa para el ingreso al territorio.
Dos personas entrevistadas manifestaron haber entrado al Perú con la cédula de identidad, ante la
imposibilidad de obtener un (nuevo) pasaporte en Venezuela. Algunos entrevistados, además,
experimentaron dificultades como actos de corrupción y amenazas por parte de los oficiales
venezolanos al salir del país. Alex19, un ex trabajador de construcción de 23 años relata que cuando
fue a solicitar su pasaporte en Venezuela, los funcionarios le dijeron que su huella digital no se podía
imprimir correctamente porque el oficio al que él se dedicaba había maltratado sus manos; sin
embargo, esto era solamente una excusa para obstaculizarle la salida.
Le dije “háblame con la verdad cuánto hay que pagar” me dijo “usted es la juventud de Venezuela
no le vamos a dar pasaporte” (Alex, 23 años).
Al final, él tuvo que ingresar al Perú solo con la cédula de identidad, luego de haber hecho un largo
viaje en bus que financió con dinero prestado.
La exigencia del pasaporte para el ingreso al país, en agosto 2018, generó desesperación entre
quienes ya se habían embarcado en el viaje antes de conocerse esta medida, y venían en camino hacia
el Perú solamente con cédula de identidad. Ana que entró al Perú en marzo de 2018 cuenta:
Nosotros tuvimos que esperar, pero no fue lo traumático y desesperante de las personas que han
venido recién. Cayeron en la desesperación porque se habló que ya nadie podía entrar aquí sin
pasaporte y hay muchos que no tienen. Y les tocó venirse caminando literalmente y hasta correr.
Porque cuando vieron que se acercaba el día tope para acceder sin pasaporte, las personas tomaron
la decisión de venirse caminando, correr, ni siquiera esperar buses, solo para poder entrar (27
años).
Esta medida también afectó a quienes fueron víctimas de delitos o, por alguna otra circunstancia
ajena a su voluntad, no pudieron presentar el pasaporte al momento de cruzar la frontera peruana.
Sin embargo, como se ha mencionado anteriormente el Estado peruano está autorizando el ingreso
de personas que solicitan ser reconocidos como refugiados20. En este contexto llama la atención el
caso de Cristian. Él salió de Venezuela con su pasaporte y su cédula de identidad. Sin embargo, al
subir a un autobús en Guayaquil, Ecuador, le robaron su bolso con los documentos y los pocos
dólares que tenía para su llegada a Lima. Cristian durmió varias noches en las bancas del paso
fronterizo entre Ecuador y Perú en abril de 2018, hasta que los oficiales de migración le hicieron
pasar solamente con las fotocopias indicándole que tenía que pedir refugio –lo que no había hecho,
por falta de información y miedo, al momento de realizar la entrevista. Este caso refleja el fenómeno
que hemos descrito anteriormente: desde la introducción del requisito del pasaporte para la entrada
de ciudadanos venezolanos en agosto de 2018, aconsejar a los inmigrantes venezolanos que llegan al
país sin pasaporte que soliciten refugio se ha vuelta una práctica común para las autoridades
peruanas, ya que ésta es una alternativa viable para regularizar su situación migratoria.
Anteriormente, la opción más fácil para ingresar de manera regular era hacerlo como turista.
Diecisiete de los veinte entrevistados ingresaron al Perú de esta manera. Sin embargo, el problema
con ello es que ingresar como turista, en la práctica, no otorga certeza acerca de cuánto tiempo se
podrá permanecer en el país. Ello es propio de los sistemas de control migratorio, la autoridad
migratoria es la que define finalmente cuántos días otorgará a la persona, y es así que los controles
suelen ser arbitrarios y discrecionales21. Por lo tanto, los días otorgados de permanencia varían
considerablemente entre una y otra persona. Así, por ejemplo, Marta relata:
Conozco gente que les han sellado por 14 o por 80 días, sobre todo en el aeropuerto. Cuando es
por tierra, tengo entendido que te dan por 180 muy fácilmente (Marta, 24 años).
Continuando, ahora, con el tema del trámite del PTP, en general las entrevistas dan cuenta de una
serie de dificultades, sobre todo con lo referente a la obtención de la ficha de canje de Interpol, por el
aumento de la demanda a raíz del incremento en los flujos de migrantes entre 2017 y 2018. Sobre el
PTP, solo una persona comentó que era muy fácil obtenerlo:

Aquí hay mucha facilidad respecto a la documentación. Es el país más fácil (…) es sin vergüenza
no sacar la documentación (Diana, 23 años).
Varias de las personas entrevistadas no pudieron pedir de inmediato el PTP porque llegaron en un
momento en el cual no había PTP vigente. Asimismo, se refirieron a las complicaciones para obtener
una cita en Interpol, ante lo cual era necesario actuar rápido para inscribirse; pero, aun así, las citas
podían darse para dentro de varios meses. Alex comenta su experiencia respecto a ello:
En abril yo estaba en la casa de mi tío y escucho yo que ‘abrieron la página del Interpol’.
Empezaron a comunicar por el Facebook, Twitter. Yo estoy metido en un grupo de WhatsApp de
venezolanos (...). Me conecté rápido en el computador, pude hacer yo la cita, me salió para el 7 de
septiembre. Eso fue como en abril (Alex, 23 años).
Las trabas burocráticas también propiciaron actos de corrupción con el objetivo de acelerar los
trámites en Interpol. Así lo reporta uno de nuestros entrevistados:
Una vecina (...) sí fue, sacó lo del Interpol y pagó el Interpol 80 soles al Banco de la Nación (...) y
en el Interpol unos policías le cobraron 150 soles y se lo dieron el mismo día (Martín, 30 años).
En el caso de familias, cada miembro de la familia (incluyendo niños y niñas) tiene que solicitar
una cita para el PTP y hacer su propio trámite. Es decir, el PTP no se extiende a los miembros de la
familia (pareja, hijos o hijas), sino también debe realizarse el trámite en su integralidad, excepto en el
caso de menores de dieciocho años, se exige el trámite de Interpol. Ello lleva a dificultades prácticas
comentadas en las entrevistas, cuando las citas para el PTP se dan en días distintos para cada miembro
de la familia, e implican desplazamientos y costos adicionales para el grupo familiar.
Las personas entrevistadas que todavía no han solicitado PTP alegaron algunas razones para no
haber hecho el trámite, como el manejo de información falsa. Ese fue el caso de Adriana (43 años),
quien pensaba que el trámite costaba 180 dólares. También la falta de documento de identidad,
como le pasó a Cristian (25 años).
En lo que respecta a la solicitud de la condición de refugiado, se ha identificado un estancamiento
en el procedimiento. Ninguna de las siete personas que son solicitantes ha avanzado a la etapa de la
entrevista. Esto puede deberse a que, tal como nos indicó una fuente en la Comisión Especial para
los Refugiados22, la política que sigue el Perú no es procesar las solicitudes de refugio de los
ciudadanos venezolanos, sino mantenerlos como solicitantes. El estatus del solicitante de refugio les
brinda casi los mismos derechos que si tuvieran el PTP. Los y las solicitantes pueden trabajar, pero no
tienen un documento válido por un año, sino solamente un carné de solicitante que debe renovarse
cada 60 días. Adicionalmente, existe inseguridad jurídica dado que la mayoría de los casos se podrían
rechazar, si no se aplica la definición de refugiado de Cartagena (Berganza, Blouin y Freier, 2018).
Los solicitantes de refugio viven constantemente a la espera de saber cuál va a ser su situación, y si su
caso se va a decidir pronto. Así lo refiere, por ejemplo, Angélica:
Solicité refugio cuando llegué hace 11 meses, pero nunca obtuve respuesta. Llamaba a preguntar,
pero siempre me decían que su trámite estaba en curso (Angélica, 29 años).
Se evidencia incertidumbre entre las personas entrevistadas sobre lo que viene después del PTP, o
cómo será su nuevo estatus migratorio al cumplirse el año de permanencia en el Perú. Una muestra
de la falta de orientación por parte de las instituciones migratorias:
No tengo contrato, ni estoy en planilla, ni recibos por honorarios. (…) Eso me preocupa porque
no sé qué va a pasar cuando tenga un año con el PTP, y voy a necesitar justificar mi estadía aquí en
Perú, y no tengo cómo justificar mi sueldo. Tengo que presentar un justificativo de qué hiciste este
año, o bien sea tu contrato, o bien sea tu recibo por honorarios. Y eso muestra que sí te han
pagado, y que sí aportaste al Perú porque si no para qué te queremos volver residente si no hiciste
nada (Marta, 24 años).
Luego del PTP, las personas deben tramitar su calidad migratoria “especial”, y para ello deben
justificar sus ingresos durante el año. Ello se ve dificultado, ya que las personas migrantes tienen
empleos informales. Si bien, Migraciones ha facilitado este trámite con la posibilidad de presentar
una declaración jurada de ingresos23, las personas entrevistadas no habían sido informadas de esta
posibilidad y expresaron su temor e incertidumbre frente a esta situación.

Trayectorias migratorias de las personas venezolanas entrevistadas

El cuadro 1 intenta evidenciar las trayectorias de estatus migratorios de las personas entrevistas: de
turista a PTP, de PTP a trabajador, entre otros. Como se puede observar, la gran mayoría luego de
entrar al territorio con la categoría de turista ha buscado regularizarse y obtener el PTP. Algunas
personas entrevistadas, han solicitado ser reconocidos como refugiados. Solamente en tres casos, las
personas cuentan con una calidad migratoria de residente. Además, se observa que varias personas
tienen varios estatus migratorios, en estos casos se ha encontrado que las personas que son solicitantes
de la condición de refugiado han, al mismo momento, solicitado el PTP.
Los que eligieron no solicitar la condición de refugiado lo explican por varios factores. Uno de ellos
es el hecho de no poder volver a regresar a Venezuela por ser solicitante o refugiado. Otro es que
obtener el PTP es mucho más rápido. Por otro lado, solamente dos de las personas entrevistadas no
empezaron ningún trámite para regularizar su situación, una por el hecho de no contar con
información certera sobre los trámites y otra persona, por falta de documentos. El resto de personas
entrevistadas estaban en este momento tramitando algún tipo de regularización en el país mediante la
figura del refugio o alguna opción migratoria, o bien contaban con residencia o con PTP. El cuadro 1
refleja la multiplicidad de opciones de regularización en el país, sus complejidades y las posibilidades
de duplicidad.
Ello confirma la idea que el estatus migratorio más que ser inmutable es variable en el tiempo y, la
línea entre la regularidad y la irregularidad es borrosa (González Cámara 2010:674). Es así que las
personas venezolanas transitan entre las categorías o estatus migratorios con la finalidad de regularizar
su situación en el país y poder ejercer sus derechos, en especial trabajar en el país.
Ahora bien, es interesante analizar cómo estas distintas categorías migratorias no garantizan el
acceso a derechos de las personas migrantes, teniendo en cuenta como ya comentamos que cada una
de ella tiene repercusiones jurídicas distintas. En este trabajo,
Cuadro 1. Trayectorias migratorias de las personas venezolanas entrevistadas. Perú, 2018.
Entrevistado/a Ingreso Estatus migratorio (1) Estatus migratorio (2) Estatus migratorio
anterior

María Turista Solicitante de PTP Solicitante de la condición de


refugiado

Alex Turista Solicitante de PTP Solicitante de la condición de


refugiado
José Turista PTP Solicitante de la condición de
refugiado

Martín Turista Autorización excepcional y temporal de


trabajo

Andrés Turista PTP Solicitante de la condición de


refugiado

Carol DOBLE NACIONALIDAD

Diana Turista PTP

Marta Turista PTP

Ana Turista PTP

Juan Turista PTP

Cristian Sin sello de


ingreso

Luis Turista Solicitante de PTP

Alberto DOBLE NACIONALIDAD

Manuel Turista Carné de extranjería con calidad PTP


migratoria especial

Brenda Turista Solicitante de PTP

Adriana Turista

Jesús Turista Carné de extranjería con calidad Solicitante de la condición de


migratoria trabajador refugiado

Angélica Turista Solicitante de PTP Solicitante de la condición de


refugiado

Elsa Turista PTP Solicitante de la condición de


refugiado

Jorge Turista Carné de extranjería con calidad PTP


migratoria especial

nos centramos únicamente en el derecho al trabajo. Sin embargo, es claro que las consecuencias
superan este ámbito. Como principal hallazgo, vemos que, si bien la mayoría de personas
venezolanas entrevistadas cuentan con un estatus regular de acuerdo con la normativa peruana, no
pueden acceder a trabajos en el ámbito formal. Como lo veremos en el apartado siguiente, en el caso
peruano la regularidad no es suficiente para garantizar el acceso a un trabajo formal.

Regularización migratoria: el caso de la inserción laboral

La teoría del mercado dual del Trabajo plantea cómo los trabajadores migrantes se insertan en un
mercado secundario caracterizado por bajos salarios, condiciones de trabajo precarias y posibilidad de
ascender casi nulas. (Herranz 2007:133-134). En el contexto peruano este mercado secundario es
más importante que el mercado primario. De acuerdo con el INEI, el 66.4% de la población
económicamente activa ocupada en las zonas urbanas trabaja en el mercado informal (INEI
2018:17)24. El empleo informal es mayor en las mujeres, ya que el 70.9% son empleadas
informales. Al mismo tiempo, es más frecuente entre la población joven menor de 25 años de edad,
cuya proporción de empleados informales asciende al 82.3%, teniendo una distancia significativa de
las personas con 45 años o más (64.3%) y con 25 a 44 años (62.5%). El empleo informal es más
común entre las personas con bajo nivel educativo: 89.4% de aquellas que solo hicieron primaria y
75% de quienes completaron la secundaria trabajan en este segmento (INEI 2018: 20)
Como se puede observar, el contexto de acogida es muy propicio a la inserción laboral informal
para las personas venezolanas, en especial para las mujeres y personas jóvenes. La mayoría de las
personas entrevistadas no cuentan con contrato laboral y trabajan en el mercado informal como
vendedores, vigilantes de edificios, encargados de limpieza, empleada del hogar, entre otros. La
precariedad del estatus migratorio y la necesidad de trabajar ya han sido identificados en otros
contextos como factores que faciliten la aceptación de los empleos informales por parte de la
población migrante (Stefoni, Leiva y Bonhomme 2017: 100, Herranz 2007:135). La relación entre
documentación y trabajo resultó difusa para las personas venezolanas. Tal como señalan Freier y
Zubrzycki (2019) para el caso argentino, en países con un amplio mercado informal, como es
también el caso del Perú, la regularización de la documentación migratoria, si bien impacta
positivamente en el bienestar subjetivo de los migrantes, no suele ser determinante para su acceso al
mercado laboral formal.
En el caso de los migrantes venezolanos que entrevistamos, hubo gran disparidad en cuanto a los
requisitos documentarios que los empleadores les solicitaron. Algunos empleadores solicitaron copia
del pasaporte, otros el Permiso Temporal de Permanencia o, en su defecto, carné de extranjería. El
permiso de trabajo extraordinario que emite Migraciones no era recibido en un caso. Las expectativas
a partir de la aprobación del PTP, aparte, se ven limitadas por el hecho de que no es un documento
que habilita la residencia de las personas venezolanas. Elsa lo resume de la manera siguiente:
Al obtener el PTP supuestamente tendríamos más oportunidades de trabajo. Pero resulta que tú vas
a buscar el empleo, te preguntan: ¿tienes PTP? Si dices no, entonces te responden que tienes que
tener el carné de extranjería. Por todos lados nos trancan. De cualquier manera, te sacan y no te
dan la oportunidad (Elsa, 38 años).
El empleador de Ana, por su lado, no le pidió ningún documento:
Trabajé en una lavandería. No me pidieron papeles, no me pidieron permisos de trabajo, nada
(Ana, 27 años).
Varias de las personas entrevistadas que son solicitantes de la condición de refugiado comentaron
que necesitaban la constancia de la solicitud para conseguir trabajo.
Pedí refugio apenas llegué, porque me dijeron que así conseguí más fácil trabajo. Y así fue. Yo
conseguí trabajo con mi carta de refugio. Luego tramité mi PTP (Elsa, 38 años).
A partir de diciembre de 2018, agentes de Migraciones y de la Policía Nacional empezaron a
realizar operativos de fiscalización para verificar la situación migratoria de las personas extranjeras en
Lima, así como el cumplimiento de la Ley y Reglamento de Migraciones (El Comercio, 2018). Así
lo confirmó una entrevistada, quien presenció un operativo en el Mercado de Productores:
Iban directo a los venezolanos sin escucharlos hablar ni nada. Mi equipo solo estaba volanteando.
Hacían chequeo de las huellas y veían. Si estabas en trámite del PTP, no pasaba nada. Si no tenías
los papeles, te llevaban en un carrito y supuestamente, no tengo a nadie que le haya pasado, te
mandaban de vuelta a Venezuela (Marta, 24 años).
En cuanto a las condiciones laborales, las personas entrevistadas expresaron su malestar ante las
condiciones laborales precarias, principalmente acerca de la excesiva carga de trabajo que les impide
desarrollar otras actividades como la alimentación o el descanso:
Me molesta y me sorprende que no se respeten los derechos laborales. Trabajo 6 días a la semana y
mi jornada es más de 8 horas (lo establecido por ley). También trabaja en feriado y no le pagan lo
que dice la ley (Jesús, 40 años).
En varias entrevistas se comentó las diferencias en las condiciones laborales entre Venezuela y Perú
señalando que en este último las jornadas son mucho más largas y en varios casos no había ni un día
de descanso a la semana.
Trabajé en una lavandería. (…) El trabajo era de 8:30 de la mañana a 8:30 de la noche, de lunes a
domingo. Solo tenía un momentito al mediodía para la comida, pero solo un momento, no como
para relajarte e ir a comer. Los días libres solo eran los feriados. (Aquí) se trabaja mucho. Y lo
valoro, en serio (Ana, 27 años).
Me recomendó para un trabajo en el Mercado de Productores. Me hicieron una entrevista en una
tienda naturista, era para trabajar sola. Estuve tres meses trabajando ahí. Trabajaba 12 horas, de
lunes a lunes, entraba a las 7 am y comía ahí mismo. Los lunes solo trabajaba hasta la 1 de la tarde.
Me pagaban 900 soles. Pero estaba agotada, nunca había trabajado así. Me fue bien, pero me
mataba el horario. Sentía que me estaban explotando (Diana, 23 años).
Otro hallazgo importante fue que la posibilidad de contar con un contrato no es visto como algo
deseable, a pesar de que sería lo correcto desde el punto de vista legal. Esto ocurre porque, en la
práctica, tomando en cuenta las necesidades económicas de las personas entrevistadas, formalizar su
estatus laboral disminuiría sus ingresos:
¿Contrato? No me conviene. Son 250 soles que no voy a ver yo (Alex, 23 años).
Otra dificultad para la contratación formal de personas venezolanas es la retención de al menos
30% del sueldo a las personas consideradas no domiciliadas, de acuerdo con la Ley de Impuesto
sobre la renta25. Marta nos comenta al respecto:
Intenté conversar la semana pasada (con la chica del trabajo). Me dijo que sí me podía meter en
planilla, pero me pagaría sueldo mínimo y me resta por ser extranjero el 30% y me restaba el
seguro social y mi sueldo terminaba casi en 600 soles. Y me puse a pensar: “Dios mío, qué hago
con 600 soles... no, no me interesa estar en planilla (Marta, 24 años).
Como se puede ver, existen una serie de obstáculos a la contratación formal que la vuelve poco
atractiva tanto para los empleadores como para las personas migrantes. Es por ello por lo que los
migrantes suelen permanecer en el sector informal, que les ofrece una oportunidad económica y,
además, está muy extendido en el Perú.
Regularización migratoria: salud y educación

Por otro lado, en cuanto al acceso a derechos como salud y educación, se observa en las entrevistas
que la calidad migratoria no parece tener un impacto directo en la facilidad para acceder a dichos
derechos en el sector público. Existen trabas burocráticas y casos de discriminación que afectan a
migrantes venezolanos de diversos perfiles, incluyendo a quienes han conseguido una
documentación regular. O incluso, si llegan a acceder al servicio, éste suele ser de baja calidad,
costoso (cuando, por ser público, no debería serlo) o innecesariamente complicado.
Así, por ejemplo, Marta (24 años), quien cuenta con PTP, relata que su padre es un paciente
oncológico y recibió un trato deficiente en el Hospital de la Solidaridad, ya que los médicos no
accedieron a tratarlo según su condición especial, sino que pretendían tratarlo como a un paciente
ordinario. Debido a ello, debió retirarlo y llevarlo a una clínica, donde gastó gran parte de sus
ahorros. Por su parte, Jorge (38 años), comenta que, a pesar de contar con carné de extranjería, tuvo
que aceptar que su hija retroceda un año de estudios en la escuela pública. En este sentido,
encontramos que, al margen del estatus migratorio que nuestros entrevistados puedan tener,
persisten todavía serias dificultades en el trato que les brinda la administración pública peruana.

Conclusiones y recomendaciones
El flujo migratorio proveniente de Venezuela ha aumentado notoriamente en los últimos dos años en
el Perú. Revisando las estadísticas más recientes, podemos ver que los flujos se han diversificado
incluyendo a personas menos preparadas profesionalmente, familias y, otros grupos que necesitan
una atención especial. Tal como señalamos anteriormente, el Perú es atractivo para los inmigrantes
venezolanos porque ofrece un fácil acceso al trabajo dada la magnitud de su mercado laboral
informal. Además, a pesar de que la regularización migratoria es un proceso confuso debido a la gran
cantidad de documentos y procedimientos requeridos, en la mayoría de los casos, ésta se logra por
alguna de las varias vías disponibles. Finalmente, el asentamiento paulatino de población venezolana
en el país es un factor atractivo para la población venezolana que busca un destino migratorio.
Como hemos visto, el Estado peruano optó por desarrollar un marco jurídico específico mediante
el PTP a pesar de la existencia de respuestas migratorias adecuadas tales como la calidad migratoria
humanitaria en el marco jurídico general. El PTP, siendo una medida temporal y excepcional, no
constituye una respuesta integral. Adicionalmente, los numerosos cambios en relación con la
documentación necesaria para el ingreso al territorio y los límites en el otorgamiento del PTP han
generado en la población venezolana un sentimiento de incertidumbre. Otro punto que destacó en el
estudio es la multiplicidad de los documentos entregados a la población migrante venezolana para
acreditar su residencia o el hecho de estar tramitando una residencia: carné de extranjería, carné PTP,
carné de solicitante de la condición de refugiado, carta de autorización de trabajo, entre los
principales.
En cuanto al tema laboral, se ha observado que la inserción es mayoritaria en el sector informal y se
caracteriza por una precariedad aguda. A pesar de encontrarse trabajando en el mercado informal, la
mayoría de los empleadores exigen una documentación que acredite la regularidad migratoria de la
persona migrante. Asimismo, tal como hemos mostrado a través de los testimonios, los migrantes
perciben que están siendo víctimas de explotación laboral, sobre todo por la cantidad de horas que
trabajan en relación con el insuficiente ingreso que reciben.
Ante este panorama, una primera recomendación para el Estado es evitar la creación de medidas ad
hoc temporales y usar su propio marco normativo tanto desde lo migratorio como desde la
protección internacional. En ese sentido, es urgente reconocer a las personas venezolanas como
refugiadas con base en la definición ampliada de Cartagena prevista en la Ley del Refugiado. Ello
daría una protección integral a este grupo garantizando su residencia en el país mediante el carné de
extranjería que facilita el acceso al empleo formal y a otros tipos de servicios.
La aplicación de la definición de Cartagena debe ser complementado con medidas migratorias
integrales y duraderas. En ese sentido, urge implementar la calidad migratoria humanitaria. Esta
calidad debe ser usada como “protección complementaria” hacia toda la población que no podría
verse reconocida en el estatus de refugiado. La implementación de esta calidad evitaría crear nuevos
mecanismos ad hoc para la misma población venezolana o cualquier otra población en una necesidad
de protección que llegaría al país. Con ello, se cumple con lo previsto en la ley y se garantiza una
seguridad jurídica para la población migrante.
Por otro lado, en el ámbito laboral, es urgente fiscalizar la informalidad y los abusos que derivan de
ella. Adicionalmente, la normativa sobre contratación de trabajadores extranjeros debe ser modificada
para facilitar la inserción laboral de personas extranjeras y evitar su inserción en el mercado informal
Finalmente, los funcionarios públicos y la ciudadanía deben estar informados acerca de las
diferentes calidades migratorias disponibles para las personas venezolanas y, en general, para las
personas migrantes desde un enfoque de derechos humanos.

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Normativa

Decreto Legislativo N° 689 Ley de contratación de trabajadores extranjeros


Decreto Legislativo N° 703 - Ley de Extranjería 14 de noviembre de 1991. Publicado en el Diario Oficial el Peruano el 14 de
noviembre de 1991
Decreto Legislativo N°1130 - Ley que crea la Superintendencia Nacional de Migraciones
Decreto Legislativo N° 1236. Publicado en el Diario Oficial el Peruano el 26 de septiembre de 2015.
Decreto Legislativo N°1350 - Decreto Legislativo de Migraciones
Decreto Legislativo de Migraciones N° 1350. Publicado en el Diario Oficial el Peruano el 7 de enero de 2017
Decreto Supremo N° 007-2017-IN. Reglamento del Decreto Legislativo N° 1350, Decreto Legislativo de Migraciones. Publicado en
el Diario Oficial el Peruano el 29 de marzo de 2017.
Decreto Supremo Nº 015-2017-RE - Decreto Supremo que aprueba la Política Nacional Migratoria 2017-2025
Decreto Supremo N° 119-2003-RE, Reglamento de la Ley del Refugiado. Publicado en el Diario Oficial El Peruano el 14 de octubre
de 2003.
Decreto Supremo N.° 179-2004-EF Ley del Impuesto a la Renta
Ley del Refugiado, Ley N° 27891. Publicado en el Diario Oficial El Peruano el 23 de diciembre de 2002.
Mercosur. Acuerdo sobre residencia para nacionales Estados Partes Mercosur. Adoptada el 05 de marzo de 2014.

De carácter específico: personas venezolanas

Corte Superior de Justicia de Lima Cuarta Sala Penal Especializada para Procesos con Reos Libres, EXP. Nº 6488- 2018- 0 HABEAS
CORPUS, 27 de noviembre de 2018
Decreto Supremo Nº 002-2017-IN - Aprueban lineamientos para el otorgamiento del Permiso Temporal de Permanencia para las
personas de nacionalidad venezolana. Publicado en el Diario Oficial el Peruano el 3 de enero de 2017
Decreto Supremo Nº 023-2017-IN - Aprueban lineamientos para el otorgamiento del Permiso Temporal de Permanencia para las
personas de nacionalidad venezolana. Publicado en el Diario Oficial el Peruano el 29 de julio de 2017
Decreto Supremo Nº 001-2018-IN - Aprueban lineamientos para el otorgamiento del Permiso Temporal de Permanencia para las
personas de nacionalidad venezolana. Publicado en el Diario Oficial El Peruano el 23 de enero de 2018.
Decreto Supremo N° 007-2018-iN - Modifican Lineamientos para el otorgamiento del Permiso Temporal de Permanencia para las
personas de nacionalidad venezolana, aprobados por Decreto Supremo N° 001-2018-IN. Publicado en el Diario Oficial el Peruano el
19 de agosto de 2018
Poder Judicial, Quinto Juzgado Penal de Lima, sentencia el 5 de octubre de 2018 (Exp. N° 06488-2018-0-1801-JR-PE-05).
Resolución de Superintendencia Nº 0000043-2018-Migraciones - Aprueban la Directiva “Lineamientos para la obtención de la
Calidad Migratoria Especial Residente para personas de nacionalidad venezolana con Permiso Temporal de Permanencia”
Resolución de Superintendencia N°000261-2018 de 16 de agosto de 2018 “Lineamientos para la expedición del Acta de Permiso de
Trabajo Extraordinario y Provisional PTP”, aprobado por la Resolución de Superintendencia N° 0062-2018-GG-MIGRACIONES
Superintendencia Nacional de Migraciones (Migraciones), Resolución de Superintendencia No. 000270-201. 24 de agosto de
2018.

Anexo 1. Cuadro resumen del Permiso Temporal de Permanencia (PTP).


o
N Normativa Plazos Condiciones Derechos
PTP Ingreso al país hasta antes del 2 de febrero de Haber ingresado
1 2017 regularmente al país
Plazo ciento veinte (120) días hábiles para Estar en situación
presentar la solicitud. irregular por vencimiento
de su autorización de
permanencia o estando en
situación regular optar
por el PTP
No tener antecedentes
penales o judiciales a nivel
nacional e internacional
PTP Decreto Supremo Nº 023- Ingreso al país hasta antes del 31 de julio de Haber ingresado
2 2017-IN, publicado el 29 de 2017, quienes tendrán como plazo ciento veinte regularmente al país
julio de 2017, que aprobó (120) días hábiles para presentar su solicitud. Estar en situación
los lineamientos para otorgar irregular por vencimiento
el PTP a personas de su autorización de
venezolanas permanencia o estando en
situación regular optar
por el PTP
No tener antecedentes
penales o judiciales a nivel
nacional e internacional
PTP Decreto Supremo Nº 001- Ingreso al país hasta antes del 31 de diciembre Estar en situación
3 2018-IN, publicado el 23 de de 2018, quienes tenían como plazo para irregular por vencimiento
enero de 2018, que aprobó presentar su solicitud hasta el 30 de junio de de su autorización de
los lineamientos para otorgar 2019. permanencia o estando en
el PTP a personas situación regular optar
venezolanas por el PTP
No tener antecedentes
penales o judiciales a nivel
nacional e internacional
“PTP Decreto Supremo Nº 007- Modificó los lineamientos del Decreto Supremo Estar en situación
4” 2018-IN publicado el 19 de anterior y, en ese marco, redujo los plazos irregular por vencimiento
agosto de 2018 aplicables tanto para el ingreso al país, hasta el de su autorización de
31 de octubre de 2018, como para presentar la permanencia o estando en
solicitud del PTP, hasta el 31 de diciembre de situación regular optar
2018. por el PTP
No tener antecedentes
penales o judiciales a nivel
nacional e internacional

Procedimiento para la solicitud del Permiso Temporal de Permanencia (PTP)


En cuanto al procedimiento de la solicitud del PTP, se debe cumplir con determinados requisitos que son similares en los distintos
decretos1: copia simple del pasaporte o cédula de identidad; pago del derecho de trámite (S/ 41.90)2; declaración jurada de no poseer
antecedentes policiales, penales y judiciales a nivel nacional e internacional, excepto para menores de edad y personas con discapacidad3;
ficha de Canje Internacional - Interpol, solo para mayores de edad con derechos y obligaciones civiles; y, en caso de menores de edad, se
presentará también la partida o acta de nacimiento apostillada, o una declaración jurada de autenticidad del documento4. La persona
debe solicitar una cita en línea y, luego de presentados todos los documentos a Migraciones, cuenta con un plazo máximo de treinta (30)
días hábiles para emitir la resolución administrativa en la cual se otorga o deniega el PTP. 5
Procedimiento para el acceso a la calidad migratoria “especial”
Para obtener esta calidad migratoria, la persona venezolana debe cumplir con los siguientes requisitos: no registrar antecedentes judiciales
o policiales; no haberse ausentado por más de ciento ochenta y tres (183) días consecutivos o alternados desde su última salida como
beneficiaria del PTP sin autorización de Migraciones; haber informado de sus actividades durante la vigencia del PTP; y, haber pagado la
deuda por el derecho de obtención del PTP. 6 La solicitud debe presentarse en un plazo de treinta (30) días calendarios anteriores al
vencimiento del PTP otorgado. Cabe mencionar que la persona deberá volver a solicitar su ficha de canje internacional de Interpol y
deberá justificar las actividades que viene desarrollando en el país (laborales, estudios u otros) o en su defecto declaración jurada, entre
otros requisitos.7 En un plazo máximo de sesenta (60) días hábiles, Migraciones da respuesta mediante resolución sobre la solicitud y, en
caso esta sea favorable, podrá emitir el carné de extranjería correspondiente8. Ahora bien, las personas pueden optar por cualquier otra
calidad migratoria prevista por ley.

1
Artículo 8 de los Lineamientos para el otorgamiento del Permiso Temporal de Permanencia para las personas de nacionalidad
venezolana.
2
El monto es el mismo en los cuatro PTPs.
3
De las cuatro normas que regulan el otorgamiento y los plazos para otorgar el PTP, la primera contempla solo a “interdictos”, mientras
que las demás contemplan a “personas con discapacidad”.
4
De las cuatro normas que regulan el otorgamiento y los plazos para otorgar el PTP, la primera no contempla la posibilidad de presentar
una declaración jurada de autenticidad de la partida o acta de nacimiento en caso no sea apostillada, mientras que la demás sí lo hacen.
5
Artículo 9 de los Lineamientos para el otorgamiento del Permiso Temporal de Permanencia para las personas de nacionalidad
venezolana.
6
Sección 5.1 de los Lineamientos para la obtención de la calidad migratoria especial residente para personas de nacionalidad venezolana
con permiso temporal de permanencia.
7
Véase el Anexo Nº 02 de los Lineamientos para la obtención de la calidad migratoria especial residente para personas de nacionalidad
venezolana con permiso temporal de permanencia mediante Resolución de Superintendencia Nº 0000-043-2018-MIGRACIONES,
publicada el 31 de enero de 2018.: solicitud debidamente llenada; copia simple del pasaporte o cédula de identidad vigente o constancia
de inicio de trámite; antecedentes penales, judiciales y policiales a nivel nacional (solo para mayores de edad con derecho y obligaciones
civiles); declaración jurada de no registrar antecedentes penales, judiciales y policiales a nivel internacional o alertas registradas en el
sistema de INTERPOL, y de no estar incurso en las causales de inadmisión establecidas en el artículo 48 del Decreto Legislativo Nº 1350;
y, documentación que acredite
8
Cuarta Disposición Complementaria Final del Decreto Supremo Nº 007-2017-IN.
Decreto Supremo Nº 002-2017-IN1, publicado el 3 de enero de 2017

1
Se publicó una fe de erratas al Decreto Supremo Nº 002-2017-IN el jueves 5 de enero de 2018 en el diario oficial El Peruano.
Regularización migratoria durante un año Acceso al trabajo

1 Las autoras agradecen a Valeria Arón, Soledad Castillo, Mirelis Morales Tovar del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico y
Ariana Jáuregui del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (IDEHPUCP) por su apoyo en
la recolección de información primaria, búsqueda bibliográfica y revisión del texto.
2 Seguido de Colombia (15,3%), España (7,3%) Estados Unidos (6,8%), Ecuador (5,3%), Argentina (5,2%), Chile (4,7%) Brasil (4,2%), China
(3,7) y Bolivia (3,5%).
3 Artículo 59.2 del DL 1236.
4 La norma establece que entrará en vigencia a los noventa (90) días hábiles de la publicación del Reglamento de la Ley en el Diario Oficial El
Peruano a la excepción del título preliminar y los artículos relacionados al proceso de regularización y los controles de ingreso que entran en
vigencia al día siguiente de la publicación del DL en el Diario Oficial El Peruano.
5 Comunicación personal con oficiales de Migraciones (1 de marzo de 2019).
6 Artículo 2.2 y Artículo 230.3 del Reglamento de la Ley de Migraciones.
7 Artículo 17 del Decreto Legislativo 1,350.
8 La Comisión Especial para Refugiados es “el órgano encargado de recibir, estudiar, procesar, resolver lo correspondiente a la solicitud de
reconocimiento de refugio y revisar periódicamente las calificaciones; decide sobre el tratamiento, y la aplicación del estatuto a que tiene
derecho el así declarado y vela por que todas las entidades intervinientes en materia de refugio cumplan con los acuerdos contenidos en los
instrumentos internacionales signados por el Perú.“ (Artículo 7 de la Ley del Refugiado).
9 Artículo 14 de la Ley del Refugiado.
10 Ibidem.
11 Artículo 39 del DL 1,350.
12 Superintendencia Nacional de Migraciones (Migraciones) Resolución de Superintendencia No. 000270-2018 24 de agosto de 2018 Quinto
Juzgado Penal de Lima sentencia el 5 de octubre de 2018 (Exp. N° 06488-2018-0-1801-JR-PE-05) Corte Superior de Justicia de Lima Cuarta
Sala Penal Especializada para Procesos con Reos Libres EXP. Nº 6488- 2018- 0 HABEAS CORPUS 27 de noviembre de 2018. El 5 de octubre, se
declaró fundada en parte dicha solicitud por justamente vulnerar este derecho y se dejó sin efecto la referida resolución. No obstante,
Migraciones y el Ministerio del Interior apelaron dicha sentencia, haciendo que la exigencia del pasaporte permanezca, y reformaron el Hábeas
Corpus, declarándolo improcedente. El Poder Judicial con un nuevo fallo ha revocado completamente su resolución. Al momento de escribir
este capítulo, este caso se encontraba en el Tribunal Constitucional.
13 Al momento de editar este texto se cuenta con un nuevo cambio migratorio mediante la imposición de la visa humanitaria para las personas
venezolanas que ingresan al territorio peruano. Esta visa puede ser tramitada desde los Consulados Generales de Perú en Caracas y Puerto
Ordaz (Venezuela); los de Bogotá, Medellín y Leticia (Colombia); y Cuenca, Guayaquil, Quito, Machala y Loja (Ecuador). Esta medida entró en
vigencia para el ingreso de venezolanas y venezolanos a territorio peruano a partir del día 15 de junio de 2019. Mediante la Resolución de
Migraciones n°000177-2019-, se plantearon algunas excepciones a la visa para algunos grupos tales como niños y niñas. Esta nueva medida tiene
repercusiones claras en el ejercicio de derechos de las personas venezolanas y, en concreto de sus posibilidades de ingreso al territorio. De
acuerdo a la información recibida por las autoras sobre la situación en fronteras, el Estado peruano está haciendo “pre-entrevistas” a los
solicitantes de asilo antes de autorizar el ingreso al territorio lo cual en la práctica ha resultado en rechazos en fronteras de personas venezolanas.
Es así que esta última información contradice lo encontrado al momento de realizar la investigación (Blouin, 2019).
14 Artículo 230.1. Las Autoridades Migratorias expedirán los documentos y/o permiso temporal de permanencia a las personas extranjeras en
situación de vulnerabilidad, previo informe técnico de la unidad orgánica especializada en la materia; medidas que incluyen el otorgamiento de
ampliaciones de plazo y exoneración de multas y derechos de tramitación estipulados en la normatividad migratoria vigente u otros, que
faciliten la atención a las circunstancias especiales de cada caso en concreto.
15 Artículo 6 de los Lineamientos para el otorgamiento del Permiso Temporal de Permanencia para las personas de nacionalidad venezolana.
Decreto Supremo Nº 001-2018-IN.
16 Artículo 4 del Decreto Legislativo n° 689, del 4 de noviembre de 1991, dictan la ley para la contratación de trabajadores extranjeros ley de

contratación de trabajadores extranjeros.


17 En un principio, la asignación de la calidad migratoria especial residente solo contemplaba a quienes hayan obtenido el PTP bajo el Decreto
Supremo Nº 002-2017-IN; no obstante, esta medida se extendió a aquellos que hayan obtenido el PTP bajo los Decretos Supremos Nº 023-
2017-IN y Nº 001-2018-IN.
a. Decreto Supremo Nº 007-2017-IN. Cuarta Disposición Complementaria Final.- Migraciones […] asignará la Calidad Migratoria Especial
residente a quienes se les haya otorgado el Permiso Temporal de Permanencia en el marco del Decreto Supremo Nº 002-2017-IN.
b. Decreto Supremo Nº 001-2018-IN. Tercera Disposición Complementaria Final.- Precísese que lo previsto en la Cuarta Disposición
Complementaria Final del Decreto Supremo Nº 007-2017-IN, respecto de los PTP emitidos en el marco del Decreto Supremo Nº 002-
2017-IN, resulta también de aplicación respecto de los referidos documentos expedidos al amparo de la presente norma y del Decreto
Supremo Nº 023-2017-IN.
18 Comunicación personal a Migraciones (1 de marzo de 2019).
19 Por motivos de confidencialidad, todos los nombres de las personas entrevistadas son ficticios.
20 Ello ha sido comentado por parte de Migraciones en su recurso de apelación ante el quinto Juzgado Penal 06488-2018-0-1801-JR-PE-05.
21 Véanse, entre otros, el artículo 79 de la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y
de sus familiares adoptada por la Asamblea General (18 de diciembre de 1990 Resolución 45/158), Corte IDH (2003). Opinión Consultiva
OC-18/03 “Condición Jurídica y Derechos de los Migrantes Indocumentados” de 17 de septiembre de 2003, solicitada por los Estados Unidos
de México. Disponible en: http://www.corteidh.or.cr/docs/opiniones/seriea_18_esp.pdf.
22 Comunicación personal con un miembro de la Comisión Especial para Refugiados (8 de diciembre de 2018).
23 Resolución de Superintendencia 0000 043 del 30 de enero de 2018 que adopta la directiva de los lineamientos para la obtención de la calidad
migratoria especial residente para personas de nacionalidad venezolana con permiso temporal de permanencia.
24 Son 8 millones 548 mil personas trabajando informalmente es decir de acuerdo al INEI los ocupados sin beneficios sociales o que trabajan
en unidades de producción no registradas.
25 Texto Único Ordenado de la Ley del Impuesto a la Renta, aprobado por el Decreto Supremo N.° 179-2004-EF, publicado el 8.12. 2004 y
normas modificatorias (en adelante, LIR).
“Arepas venezolanas a la orden”. La presencia cada vez menos silenciosa
de la migración venezolana en Cochabamba, Bolivia

Yolanda Alfaro A.
Alejandra Ramírez S.

Introducción
“Arepas venezolanas a la orden” es el grito que marca la irrupción de la migración venezolana en el
escenario económico y sociocultural boliviano. Específicamente, en el departamento de
Cochabamba, la presencia de venezolanas(os) es cada vez menos silenciosa pues ante las
circunstancias de su llegada a Bolivia, la alternativa laboral que han encontrado para respaldar su
supervivencia está en las calles, en el comercio informal ambulante.
A pesar de que la cantidad de población venezolana en Bolivia es mínima en relación con otros
países de la región andina, cobra significativa relevancia en la reconfiguración de los flujos migratorios
regionales. De acuerdo con las valoraciones que las y los propios migrantes hacen respecto a las
condiciones económicas de otros países (por ejemplo, Argentina) o las crecientes restricciones
migratorias implementadas en países vecinos (como Perú y Ecuador) las ciudades de Santa Cruz, La
Paz y Cochabamba se vislumbran como nuevos destinos o nodos de conexión migratoria. Así,
Bolivia se convierte, ya no solo es un país expulsor de migrantes (su característica tradicional), sino
que su dinámica migratoria ahora encierra condiciones de país de origen, retorno, tránsito, destino y
refugio.
La entrada y permanencia de venezolanas/os en el país no solamente se vislumbra en ascenso sino
que está marcando una reconfiguración del espacio local que plantea un gran desafío en dos ámbitos:
por una parte, en lo que se refiere a la pertinencia (y los vacíos) del marco jurídico de extranjería en
funcionamiento y, por otra, en lo que atañe a la respuesta de la población en su conjunto frente a la
llegada de personas de origen extranjero con las que también tienen que compartir la escasa
infraestructura de servicios públicos, sociales (salud, educación) e, incluso, económicos.
El objetivo general de este capítulo gira en torno a descubrir las particularidades de la reciente
migración de población venezolana a Cochabamba, Bolivia. Por lo que un aspecto que vale la pena
resaltar desde el inicio, ya que enmarca una de las particularidades del caso boliviano, es la afinidad
política que existe entre los gobiernos de Venezuela y Bolivia. En reiteradas oportunidades ambos
presidentes manifestaron abiertamente la hermandad entre los pueblos que representan. Como
veremos a lo largo del capítulo, este hecho, lejos de influenciar en la decisión de elegir a Bolivia como
lugar de destino, ha repercutido de manera negativa en las percepciones de los migrantes venezolanos
sobre el país, influyendo en sus odiseas migratorias y en sus diversas adaptaciones a la vida cotidiana
de las ciudades bolivianas donde se instalan.
Además, de esta particularidad nos interesa distinguir las características del asentamiento,
residencia temporal o tránsito de la comunidad venezolana a partir de la inserción laboral en el
comercio informal callejero en Cochabamba. Para dicho propósito dividimos este capítulo en cuatro
partes. A manera de problematizar nuestro objeto de estudio, empezamos brindando información
general sobre la migración venezolana en Bolivia y específicamente en Cochabamba. Posteriormente
pasamos a construir un perfil de las y los venezolanas/os entrevistados, previa caracterización de las
olas de llegada de inmigrantes venezolanos a la zona. En una tercera parte analizamos los problemas y
dificultades que confrontan en el contexto de acogida las y los migrantes venezolanos, desde el
problema jurídico, laboral y de orden institucional. Y, por último, centramos la atención hacia los
problemas que acarrea para esta comunidad la hermandad entre el gobierno venezolano y boliviano.

Apuntes metodológicos

Debido a que Bolivia no cuenta con un registro oficial público sobre las dinámicas de la migración
venezolana, ni otras fuentes de datos, el trabajo realizado constituye una aproximación exploratoria
para empezar a comprender la problemática. En tal sentido, el enfoque de este capítulo es netamente
cualitativo y se sustenta en las siguientes técnicas de recolección de datos: (a) Revisión bibliográfica y
documental, (b) revisión hemerográfica1, (c) entrevistas a 21 migrantes venezolanos en Cochabamba
y (d), talleres transdisciplinarios2. Cabe señalar que esta última técnica nos ha permitido abrir
procesos de otra índole, como el impulso a una mayor atención y movilización de las organizaciones
de la sociedad civil frente a la problemática.

Bolivia: ¿De país expulsor a país receptor?


En Bolivia la migración se reconoce como uno de los hechos sociales que marcaron gran parte la
conformación del Estado-Nación (Calderón, 2000). Es así que en los distintos periodos históricos
del siglo XIX y XX las migraciones internas, transfronterizas, intrarregionales e internacionales fueron
marcando a Bolivia en el imaginario regional como un país únicamente expulsor de población.
La concepción de un país “expulsor” ha definido una trama de significaciones particulares sobre el
carácter económico político, social y demográfico de la migración intrarregional de América del Sur,
es así que en los estudios sobre las diferentes etapas de conformación del sistema migratorio de
América del Sur, Bolivia se caracteriza por ser un país con un perfil de país preponderantemente
emigratorio (Pellegrino y Macadar, 2001; Bengochea, 2018) y dentro los movimientos
intrarregionales, la población boliviana se inserta en las dinámicas de migración laboral fronteriza. Tal
como señala Pellegrino (2003), en el escenario intrarregional los movimientos transfronterizos
responden a relaciones y vínculos históricos devenidos de la proximidad geográfica y cultural; en tal
sentido, desde la década de los setenta, Argentina es el principal destino de población de origen
boliviano3.
La condición de “país expulsor” se ha mantenido preponderante en el tiempo, y dado que en la
última década se han abierto nuevos destinos de migración intrarregional hacia Brasil y Chile, el
enfoque de las políticas migratorias está orientado a la atención de la comunidad boliviana en los
lugares de destino (y desde el 2008, a las y los bolivianos “retornados”4) dejando un gran vacío en
cuanto a normativas de atención y tratamiento de inmigrantes. Como señala Veizaga: “Normalmente
hemos sido un país de expulsión e históricamente esto es evidente, aunque los destinos han
cambiado. Esta nueva dinámica responde a que Bolivia, pese a ser un país con bajos niveles de
desarrollo y de economía tuvo un pequeño auge en algún momento de mediados de la década pasada
con el aumento de ingresos por la producción y exportación de hidrocarburos y materias primas.
Desde ese momento, llegó una gran cantidad de migrantes sobre todo peruanos” (Los Tiempos,
12/11/2017).
Aunque el flujo inmigratorio en Bolivia se ha visto como inexistente (Pereira, 2011), es preciso
señalar que más bien ha sido ignorado, relegando su importancia, debido a que no representa una
cantidad significativa en relación con la emigración; no obstante, haciendo un recuento de Bolivia
como lugar de destino, se observa que las inmigraciones más tradicionales son: (a) La migración
peruana en la ciudad de El Alto; o la de Argentina a la ciudad de Tarija en el sur del territorio. En
ambos colectivos, se trata de una migración histórica, transfronteriza e informal, en el sentido en que
“van y vienen” permanentemente; (b) Pequeñas migraciones europeas, a mitad de siglo, vinculadas a
la segunda guerra mundial, que se instalaron en las tres principales ciudades bolivianas: La Paz,
Cochabamba y Santa Cruz. En las última dos décadas, la situación del país como receptor de
población extranjera cambió al registrar el ingreso y asentamiento progresivo de otros colectivos; (c)
Estudiantes brasileños/as hacia Santa Cruz y Cochabamba. Este flujo no solo se destaca por ser
fronterizo, sino también por producirse a partir de la oferta que abren instituciones públicas y
privadas para realizar estudios en medicina. Y (d), pequeños flujos de japoneses/as y colombianos/as,
a Santa Cruz y, en menor medida, a Cochabamba.
En los dos últimos años, la situación del país como receptor de población extranjera se complejiza
aún más debido a que se contraponen diferentes escenarios políticos y económicos en la región. Por
una parte, las políticas económicas públicas del actual gobierno atrajeron a colectivos extrarregionales.
Tal es el caso de una creciente migración asiática, sobre todo de China (Ricaldi, De La Fuente y
Saldomando, 2017). Por otra parte, frente al actual contexto de crisis en algunos países de
Suramérica, aumenta sustancialmente la migración desde Argentina y se abre un nuevo flujo
migratorio con el ingreso de la diáspora venezolana desde diferentes fronteras y hacia las tres
principales ciudades del país.
Es importante denotar que, pese a que existe una diversidad de colectivos extranjeros en el
territorio boliviano, las proporciones de las mismas son muy pequeñas. Como podemos ver, en el
último Censo del 2012 5 existía un total de 120,570 habitantes extranjeros: 87,809 provenientes del
sur y centro américa (es decir, 73% del total de inmigrantes); 6,443 de Norteamérica; 18,878 de
Europa y 7,440 de otros lugares del mundo.
Comparando por departamentos, Santa Cruz es el primer departamento que recibe extranjeros
(casi 43%), Cochabamba aparece como el segundo (17%)6 y La Paz el tercero (16%). En cuanto a
la distribución de migrantes latinoamericanos, el Censo 2012, esboza la siguiente composición: 38%
reside en Santa Cruz, 17% en Cochabamba y 16% en La Paz. Siguiendo los datos del Censo 2012,
es posible señalar que los principales orígenes migratorios son: Argentina (las personas que vienen de
ese país representan el 44% de los migrantes latinoamericanos), Brasil (26%) y Perú (12%). Los
lugares donde se asientan mayoritariamente la población brasileña son Santa Cruz (más de la mitad),
Cochabamba y luego La Paz. Las preferencias de la comunidad argentina siguen el mismo orden,
pero con mayor equilibrio en su repartición (incluyendo también como importantes lugares de
destino a Potosí y Tarija). En contraste, la migración peruana se asienta tradicionalmente en el
departamento de La Paz, específicamente en El Alto, aunque tienen notable presencia en Santa Cruz
y Cochabamba.
Hasta el 2012, el número de migrantes de origen venezolano era muy bajo. Según los datos del
último Censo, existían 97 venezolanos/as en todo el territorio nacional. Es interesante destacar que
dado que la mayoría tenía un perfil profesional se insertaron en rubros ocupacionales
correspondientes a “cientistas profesionales”, “técnicos de nivel medio” y “Fuerzas Armadas”; muy
pocos lo hacían en el sector del comercio o como trabajadores en construcción.
En la actualidad este escenario ha ido cambiando sustancialmente. Aunque no se cuenta con
información oficial al respecto, en primera instancia, es posible señalar que la población venezolana
en el país ha empezado a crecer de manera vertiginosa. Actualmente, los cálculos más bajos plantean
que existirían alrededor de 3,000 venezolanos en el país, aunque según datos que manejan
organizaciones de venezolanos en Bolivia que coinciden con las estadísticas de la Organización
Mundial para las Migraciones (OIM), “el número de ciudadanos venezolanos en Bolivia ha subido en
los últimos tres años de 2,000 a 5,000” (Página Siete, 2/09/2018). En el Conversatorio:
“Visibilizando la crisis migratoria y los regímenes jurídicos de Asilo y Refugio”, realizado en
noviembre de 2018 (CESU-IDEI 2018), el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores a nivel
departamental declaró que en Bolivia hay más o menos 10,000 ciudadanos venezolanos en el país.
Concretamente, según datos proporcionados por voceros de relaciones exteriores a la prensa, las
olas de llegada de venezolanos se dieron de la siguiente manera: del 2014 se tiene un registro de
entrada de 3,959 venezolanos7, el 2015 sube a 4,796 personas; en el 2016 se registran 5,987; y en el
2017 alcanzan un total de 7,355. Solo entre enero y marzo del 2018, el número de venezolanos que
entran al país es de 3,499.
Estas cifras son registros de “entrada de personas” al territorio nacional, y no de venezolanos
residentes en el país, por lo que queda un vacío respecto a cuántos se asentaron en el país, o cuántos
simplemente estaban transitando hacia Argentina o Chile. De hecho, muchos venezolanos declaran
estar “de paso”, ya sea porque están ahorrando para proseguir hacia el Sur8 o porque están esperando
que la situación en su país cambie para volver, o porque no se acostumbran a ser migrantes:
…No me acostumbro, mis hijos tampoco… mis papás me han dicho que me vuelva nomás, que
entre todos nos vamos a ayudar” (Sarita, 32 años).
Dado que los datos disponibles son solamente estimaciones, el gobierno promulgó el Decreto
Regulatorio Nº 3676 el 3/10/2018 (Estado Plurinacional de Bolivia, 2018), que consiste en
promover la regularización migratoria de todas las personas extranjeras que se encuentren en
situación irregular. Esta iniciativa constituye uno de los mecanismos oficiales para obtener datos
exactos sobre la población venezolana en Bolivia, porque, tal como se comprobó con las entrevistas,
la mayoría de las y los venezolanos actualmente se encuentran en situación de irregularidad
migratoria, lo que ha llevado a subestimar la problemática por parte del gobierno y sus instituciones.
Tal como señaló el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores a nivel departamental,
“no es primera vez que se lanza este tipo de decreto, ya ha habido ‘tres o cuatro’ antes”, no obstante,
en el lapso de un año (cuando finalice el periodo de regulación) se podrá dimensionar
cuantitativamente el problema de la inmigración en Bolivia y proyectar acciones de política pública.

La migración venezolana a Cochabamba


Una revisión histórica de la migración venezolana a Cochabamba

A partir del trabajo de campo realizado, hemos podido clasificar algunas etapas de llegada de
venezolanos a Bolivia. Es indudable, que un antecedente previo importante para comprender el
creciente ingreso de venezolanos al país, tiene que ver con la migración (en realidad asilo político) de
bolivianos a Venezuela durante la década de los setenta9; es en esa década en que se forjaron los
primero vínculos migratorios entre bolivianos y venezolanos:
En los años 70, cuando las dictaduras militares de derecha castigaban a gran parte de los países de
Sudamérica, cientos de miles de exiliados y fugitivos se refugiaron en Venezuela. Incluso una serie
de canciones, como la célebre cueca “la Caraqueña”, de Nilo Soruco10, recuerdan aquel drama
humano. Hoy la historia parece repetirse de manera invertida. Cientos de miles de fugitivos
venezolanos huyen de un gobierno izquierdista y cruzan los Andes o la Amazonía en busca de
abrigo, refugio y sobre todo comida (Los Tiempos, 27/08/2018).
Además, durante el periodo de 1973-1984, Venezuela se encontraba en uno de los momentos de
mayor bonanza económica debido al boom del petróleo. Tal como señalan De la Torre y Alfaro
(2008), al igual que muchos otros trabajadores agrícolas de la región, los campesinos del Valle Alto
de Cochabamba migraron a diferentes regiones petroleras de Venezuela para emplearse en
actividades vinculadas a dicho rubro. Una de las entrevistas realizadas para este trabajo señaló que
muchos de los cochabambinos que se establecieron allá, debido a la crisis actual, tuvieron que
emprender el retorno, trayendo consigo a toda su familia para solicitar la nacionalidad boliviana11:
Mi padre es boliviano, migró a Venezuela cuando era joven. Allí hizo su casa y construyó su
familia. Cuando éramos chicos veníamos de vacaciones con él. En el momento que decidimos que
para sobrevivir teníamos que salir del país, mi hermana se fue a Costa Rica con su esposo, mi papá
prefirió quedarse en Caracas, y yo decidí venir a montar mi empresa aquí en Bolivia. Sabía que
podía solicitar la nacionalidad y que eso me ayudaría en los trámites de mi empresa… logré
obtener la nacionalidad, pero no logre reactivar mi empresa (Javier, 38 años).
Ambos antecedentes dan cuenta de que existe un vínculo migratorio previo entre Bolivia y
Venezuela que permitió la consolidación de varios lazos sociales que sirvieron como redes para la
llegada actual de venezolanos al país; sobre todo durante la primera ola de llegada al país desde el
inicio de la reciente diáspora venezolana.
En este sentido, una primera característica de la población venezolana en Bolivia, es que flujos que
llegaron a Bolivia entre el 2014-2015 lo hicieron porque tenían amigos o familias en este país, o por
haber trabajado en Bolivia anteriormente:
Cuando trabajaba en una empresa petrolera vine por trabajo, Entonces luego cuando me divorcié
y decidí venirme con mi hijo ya conocía a gente aquí. Ahora mismo estoy alojada en la casa de una
de las personas que conocí (Ana, 31 años).
Ello también se evidencia en los distintos relatos recogidos por la prensa durante el 2017, entre
migrantes que llegaron en la primera ola del 2014, como, por ejemplo, el siguiente:
Al verse obligada a buscar un futuro mejor, Mónica tuvo que replantearse dónde vivir. Teniendo
familia boliviana, escogió a La Paz como su nuevo hogar. (Página Siete, 7/08/2017).
De acuerdo con los reportes de la prensa, así como las entrevistas realizadas, si bien las personas
que primero llegaron a Bolivia, y específicamente a Cochabamba hasta el 2017, eran profesionales
vinculados a familias específicas o a actividades económicos concretas (como denotaban los datos del
CENSO 2012); a partir de ese año el perfil de los migrantes que llegan empieza a cambiar, siendo éstos
de clases más populares, con menor nivel educativo y en muchos casos, sin contacto previo en la
región.
Tomando en cuenta las declaraciones de los representantes de las organizaciones de venezolanos,
pareciera haber una suerte de división por departamentos en el país: las personas con mayores niveles
de escolaridad tienden a irse hacia Santa Cruz y La Paz, mientras que las personas que llegan a
Cochabamba (en los periodos más recientes) se vinculan más al comercio y a los servicios. De hecho,
muchos declaran que eligieron “probar suerte” en Cochabamba por lo barato que es el costo de vida
(sobre todo en lo que se refiere a alimentos y vivienda) y por poder insertarse en el comercio informal
o el sector de servicios, también informal.
Ello resalta cuando recuperamos los relatos levantados en las entrevistas, y se pone evidencia en los
análisis que presentamos a continuación.

Perfil de migrantes venezolanos entrevistados en Cochabamba

En lo que se refiere a las características generales de las personas que entrevistamos cabe señalar que se
trata de un grupo de 13 hombres y 8 mujeres, en su mayoría menores de 41 años. La mayor parte
de ellos declara tener hijos y estar casado o en una relación de convivencia, es decir, se trata de una
población que está buscando insertarse en otra sociedad con una familia a cuestas. Respecto al nivel
educativo, es interesante ver que todos tienen por lo menos el bachillerato, 8 (de 21 personas
entrevistadas) cuentan con una licenciatura y 4 personas con acreditaciones de posgrado.
Como se mencionó en párrafos anteriores, en las entrevistas se confirmó que las personas que
contaban con parientes –locales– o contactos previos aquí (por trabajo o por conocidos) son las que
más temprano llegaron al país. En muchos casos, también son los que cuentan con mayores niveles
de formación.
No obstante, sobre todo en el caso de las personas cuyos contactos no eran de parentesco, las redes
previas fueron de poca utilidad para su establecimiento en esta ciudad; y en algunos se presentaron
incluso como hasta peligrosas. Es el caso de algunos de los entrevistados quienes señalaron que
llegaron a Bolivia a través de “contactos de trabajo”. Al respecto destacamos el siguiente relato:
Un amigo me contactó con un peruano que hacia los trámites para que vengas a trabajar en
Bolivia. Yo soy chef y barista… […] me dijo que me podía acomodar en un restaurante. Acepté la
oferta porque él cubría todos los gastos de mi viaje. Me vine por avión vía Brasil […] Cuando
llegué el trabajo era de barman en una discoteca. Allí me encontré con muchos panas venezolanos
que llegaron antes, igual que yo… todos con el mismo contacto. Unos trabajan de strippers, otros
de meseros, guardias de seguridad. No solo trabajamos en la discoteca, sino que vivimos en la
misma casa …que nos presta el dueño de la discoteca (Ramón, 38 años).
Este testimonio da cuenta de que la situación de desesperación en la que se encuentran las/los
venezolanas/os estaría siendo utilizada por las redes de trata y tráfico de personas.
Dado que los estereotipos y la exotización sexual construidos social y culturalmente sobre las
personas caribeñas está directamente relacionada con condiciones de explotación laboral y sexual.
Consideramos que este tema en específico amerita otra investigación.
Por otro lado, también pudimos encontrar entrevistados que llegaron sin ningún contacto previo.
Uno de ellos, una mujer, recuerda que su proyecto migratorio se desprendió de una invitación a
participar en un seminario internacional sobre diseño. Al ser profesional consiguió trabajo en una
empresa; tras el cierre de ésta empezó a trabajar de mesera tratando de ahorrar lo máximo posible
para ayudar a su familia. En el momento de la entrevista se había traído a su mamá y a su hermana:
Yo postulé con una ponencia para participar en un seminario internacional en diseño. El evento
tenía que ser en Argentina, no sé por qué, pero resultó que cambiaron la sede del evento a
Cochabamba. La situación estaba poniéndose difícil y dije no importa si me quedó allá sola, pero
yo no vuelvo a Venezuela. Y así fue. Me quedé. (Belén, 32 años).
Si bien la mayor parte declaró haberse venido directamente a Bolivia, algunos de los entrevistados
tuvieron experiencias previas. Entre ellos, destacan los siguientes casos: Nubia, quien antes de la crisis
venezolana vivía en España, en una de sus visitas al país decidió quedarse con su familia, sin poder
predecir qué tiempo, después las cosas se agravarían y ella no pudo volver a España debido al
vencimiento de su pasaporte.
Llegué a Bolivia sin pasaporte. No me quedaba de otra. Tenía que salir como sea, donde sea. Aquí
tenía unos tíos que se vinieron unos meses antes que yo (Nuvia, 25 años).
Manuel, por su parte, relata que antes de llegar a Bolivia vivió en Perú, Brasil, y antes de llegar a
Cochabamba vivió en la frontera de Bolivia y Brasil y en Santa Cruz.
Me fui moviendo porque no había trabajo. Aquí hay menos competencia, por eso puedo vivir
vendiendo arepas (Manuel, 35 años).
Diego, para dar un último ejemplo, es el de un joven que primero migró a Perú y luego se fue a
trabajar a Cochabamba, gracias a una prima que se había venido antes:
Yo primero me fui a trabajar de albañil a Perú. Ahí estaban mi papá y un hermano, pero la cosa se
puso fea, entonces nos trataban muy mal. Entonces mi prima que ya vivía aquí, me dijo que viniera
(Diego, 19 años).
Lo importante a destacar de estos casos es que su llegada a Bolivia se debe a que en la primera
experiencia migratoria no lograron cumplir con su proyecto migratorio, ya sea por la imposibilidad
de regularizarse y obtener un permiso de trabajo, o por las dificultades de conseguir un medio de
vida. Los relatos también sacaron a la luz la conformación de varios proyectos migratorios paralelos al
interior de una misma familia. Frente a la acelerada profundización de la crisis, el costo del traslado a
cualquier país de América Latina se incrementó sustancialmente, y a la par, la incertidumbre de
ingresar y permanecer de forma regular en el país fue haciéndose mucho más desesperante, de
manera que las familias haciendo uso de la extensión de sus redes de parentesco y de amistad en todo
en el territorio latinoamericano, se vieron obligadas a desarrollar estrategias de sobrevivencia en
destinos diferentes. Es el caso de Boris:
Mi familia está repartida. Yo estoy en Cochabamba, mi hermana está en Cuenca, mis padres en
Caracas, mi madre en Mérida cuidando a mi abuela, mis primos… dos en Perú, uno en Chile, ya
se casó con una chilena, mis primas la semana pasada partieron hacia Buenos Aires. Van a hacer
algunos trayectos de Perú caminado, debido que el dinero que disponen no les alcanzará para
hacer un viaje continuo y después van a tomar bus hasta Buenos Aires, aunque yo les digo que
busquen una ciudad pequeña, que no se queden en la capital (Boris, 27 años).
¿Cuáles fueron las rutas utilizadas para arribar hasta este lugar de destino? Los reportes de prensa
dan cuenta de las trayectorias que las y los venezolanos siguen para llegar hasta el país.
Pasaron exactamente 15 días desde que Mariluz dejó su hogar en Isla Margarita –Caribe
venezolano– hasta llegar a Cochabamba, Bolivia. El viaje lo hizo acompañada de sus hijos […]. A
la travesía se sumaron 12 de sus paisanos buscando, quizá, los mismos sueños que motivó a la
mujer de 29 años a marcharse de su país […] [la ruta realizada fue] Venezuela, Brasil por tierra,
barco hasta Guayamerín (río) y luego tierra: Santa Cruz-Cochabamba (Los Tiempos, 12/11/2017).
Entre los relatos recopilados en las entrevistas, destacaron dos casos principales de ingreso al país:
por Perú (el Desaguadero12) hacia La Paz y luego Cochabamba, y por Brasil, pasando por Santa
Cruz.
Ya que Bolivia no es un país de destino, se quiso averiguar si la población venezolana que llegaba a
la ciudad estaba de paso o buscaba quedarse. Se pudo apreciar al respecto, que los que tienen visa o
doble nacionalidad, ven oportunidades en Cochabamba, lo que les permite proyectar su vida en esta
ciudad e, incluso, pensar en traer a sus parientes. Mientras que quienes están viviendo en condiciones
de irregularidad migratoria no descartan posibilidades de irse a probar suerte a otro país de
Sudamérica. Asimismo, aquellos que han logrado tener un trabajo regular y /o formal constituyen
otro grupo que también ve posibilidades de quedarse y traer a sus familiares:
Yo he llegado por mi prima, pero ya tengo trabajo. Al principio me fui a Perú, trabajaba de albañil
con mi papá y mi hermano. Pero ahí nos trataban muy mal. Esta difícil para los venezolanos allá.
Ahora quiero traer a mi papá y mi hermano primero y luego a mi mamá y el resto de mi familia
(Diego, 19 años).
Del mismo modo, la prensa da cuenta de otras personas que están queriendo traer a sus parientes a
Cochabamba:
Hasta marzo del 2018, se calcula que radicaban en Cochabamba 300 personas, según un grupo
de whatsapp. Sin embargo, los migrantes en Cochabamba contaron que, como la situación en
Venezuela está empeorando, convocaron a algunos de sus familiares a emprender un viaje hacia
la Llajta13. Otros están reuniendo dinero para costear sus pasajes por vía terrestre y, también
regularizar su situación. […] El endeudamiento, el trabajo informal y la comida barata es lo que
le espera a la mayoría de los venezolanos que llega a Cochabamba, pero eso y ‘todo es mejor que
Venezuela’” (Flores, 25/03/2018).
Sobre la base de este primer pantallazo de las características de la población venezolana, a
continuación, describimos los principales problemas que estos migrantes están teniendo en esta
ciudad de destino.

Pericias y dificultades en la adaptación en la ciudad de destino


Las limitaciones del marco jurídico actual
Como argumentamos en un principio, Bolivia no tiene desarrollado –mucho menos actualizado– un
marco jurídico que facilite la recepción de inmigrantes extranjeros. De ahí que la Dirección Nacional
de Migración se rige por la Ley 370 del 13 de marzo del 2014 y, específicamente por decreto Nº
1923, el cual plantea los procedimientos que “regulan el ingreso, tránsito, permanencia y salida de
personas en el territorio del Estado Plurinacional de Bolivia, y establece espacios institucionales de
coordinación que garanticen los derechos de las personas migrantes bolivianas y extranjeras”. Esta
Ley se enmarca en “el Parágrafo V del Artículo 14 de la Constitución Política del Estado, la cual
determina que las leyes bolivianas se aplican a todas las personas, naturales o jurídicas, bolivianas o
extranjeras, en el territorio boliviano [definiendo así] que las extranjeras y los extranjeros en el
territorio boliviano tienen los derechos y deben cumplir los deberes establecidos en la Constitución,
salvo las restricciones que ésta contenga”.
La ley, asimismo, define las distintas formas de visa existentes, entre las que se incluyen: Visa en
tránsito, Visa de cortesía, Visa de estudiante, Visa Humanitaria, Visa de objeto determinado, Visa
múltiple y la Visa de Turismo o visita, la cual “Es otorgada por treinta (30) días calendario, con el
propósito de descanso o esparcimiento que no implique el ejercicio de actividad remunerada o
lucrativa por cuenta propia o ajena y habilita a tramitar la permanencia transitoria por turismo o
visita ante la Dirección General de Migración por dos (2) periodos similares. La estadía para turistas
es de noventa (90) días calendario como máximo por año”.
Como muestran los reportes de prensa (elemento que ha sido corroborado en las entrevistas) en el
caso de los venezolanos, éstos no han accedido a la Visa humanitaria14, sino que: “El Estado
Plurinacional de Bolivia autoriza a esos extranjeros, y a otros que ingresan al territorio con solo
presentar su carné, que permanezcan hasta 90 días haciendo actividad turística. Luego de ese plazo,
pueden presentar una solicitud de permanencia temporal por trabajo, familia u otra cuestión. No
obstante, si bien la Dirección Distrital de Migración les da esas posibilidades, los venezolanos no
siguen el proceso, otra vez, por razones económicas. Algunos ciudadanos justificaron que los
requisitos que les solicitan para otorgarles la visa de permanencia temporal en Cochabamba son
“difíciles de cumplir”. Los venezolanos que no siguen el trámite y permanecen en territorio nacional
luego de los 90 días de autorización, pagan 27 bolivianos de multa por cada jornada. La Dirección
Distrital de Migración de Cochabamba informó que “en 2017 solo 129 venezolanos presentaron
una solicitud de permanencia. Además, las autoridades pueden retornarlos a su país en caso de que,
durante los 90 días, sean encontrados ejerciendo otras actividades que no sean turísticas” (Flores,
25/03/2018).
En caso de que quieran conseguir una autorización de trabajo, los venezolanos en el país deben,
además, adjuntar el contrato laboral de la institución visado por el Ministerio de Trabajo, junto con
una copia simple del acta de constitución, el Número de Identificación Tributaria (NIT), certificación
electrónica, Registro de Comercio u otro documento similar. “El contrato puede ser reemplazado
por una carta notariada o un contrato civil con reconocimiento de firmas. Además, se les pide un
formulario de declaración jurada y pasaporte vigente, entre otros requisitos. El proceso dura, en el
mejor de los casos, ocho días” (Flores, 25/03/2018). De acuerdo con los testimonios recabados, el
trámite de solicitud de nueva condición migratoria es imposible de cumplir debido a que no tienen
los requisitos necesarios y/o el costo es elevado y su permanecía en Bolivia es irregular. De hecho, un
aspecto que destaca es que la mayoría se encuentra en situación irregular y han ido acumulando una
multa de 27 bolivianos por cada día de permanencia irregular.
Yo no puedo regularizarme porque lo que gano a penas me alcanza para vivir, no tengo cómo
ahorrar para pagar la multa. Por día de estar irregular tengo que pagar… ya tengo aquí casi un año.
Imagínate cuánto debo, de toda mi familia (6 personas). ¡Simplemente no puedo! Y no encuentro
otra opción (Juan, 52 años).
Reconociendo que el costo para regularizarse es uno de los motivos por los que se desconoce la
cantidad de venezolanos que residen en Bolivia, el Estado Plurinacional de Bolivia ha lanzado en
octubre de este año el Decreto Regulatorio Nº 7,633. Tal como explicaba el representante de la
Dirección Departamental de Migración (perteneciente al Ministerio de Relaciones Exteriores). “Este
decreto estipula que para poder regularizarse solo se plantean tres requisitos: tener antecedentes de la
interpol, del REJAP y algún documento del país de origen, puede ser también certificado de
nacionalidad o pasaporte vencido, pero con sello del consulado […]. Se busca con ello regularizar a la
mayor cantidad de migrantes para que las condiciones laborales sean protegidas (ya que uno de los
grandes problemas identificados es el abuso hacia los migrantes irregulares)15” (CESU-IDEI, 2018).
En términos del marco jurídico, la dirección departamental de migración, a través de su
representante, mencionó que, para regularizar a la población migrante venezolana también pueden
servir los convenios y tratados del Mercosur ya que uno de los puntos es la permanencia. Sin
embargo, como señala un análisis de la prensa, Venezuela ya no entra en esta figura:
Por el tratado de Mercosur, el único requisito para que los venezolanos ingresen a Bolivia es el
carné de su país. El requisito no ha cambiado en la frontera, aunque Venezuela fue suspendida del
bloque económico internacional el pasado 5 de agosto, con demanda incluida al gobierno de
Nicolás Maduro para que restaure la democracia. En general, los venezolanos llegan a Bolivia como
turistas y tienen prohibido trabajar. Como todos los extranjeros, pueden permanecer en el país por
90 días antes de presentar una solicitud de permanencia. Si no regularizan su situación, son
multados por Migración por jornada (Página Siete, 02/09/2018).
Más allá de los vacíos y las medidas coyunturales que se han puesto en marcha para que las y los
venezolanos residiendo en Bolivia puedan regularizar su estancia en el país, en la práctica, como
analizamos a continuación, han ido apareciendo otros actores sociales preocupados por la
problemática.

Más allá de la implementación del marco normativo

El representante de la Pastoral de Movilidad Humana, Gualberto Ticona, planteó (en el


Conversatorio Visibilizando la crisis migratoria y los regímenes jurídicos de Asilo y Refugio,
14/11/2018), lo siguiente: “Aunque el número de migrantes venezolanos aquí es relativamente bajo
en relación con otros lugares, tiene impacto. ¿Estamos preparados para recibir migraciones masivas
forzosas? ¿Qué proyectos se han activado? No se sabe”. En este sentido, frente al decreto de
regularización, que podría ser uno de los proyectos activados, hay que matizar su impacto ya que:
“Por más de que mediante la amnistía de regularización migratoria para todos los extranjeros, éstos
tienen un año para regularizar su situación, ello es difícil […] Se les condena las multas, es cierto,
pero por más de que se les condene las multas el costo es demasiado elevado para las personas, ya que
además de los casi 800 bs16 que hay que pagar, hay que invertir en otros gastos… de ahí que se
plantea la necesidad de buscar otras alternativas o ayudas” (Conversatorio Visibilizando la crisis
migratoria y los regímenes jurídicos de Asilo y Refugio, 14/11/2018).
Estas ayudas tienen que venir de otras entidades que no sean estatales. Entre ellas destacan:
organizaciones de la sociedad civil, como la católica (La Pastoral de la Movilidad), la oficina de la
Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB), algunas ONG, las iglesias cristianas
(cuyas ayudas son más específicas, dirigidas a sus miembros17) y las organizaciones de los mismos
venezolanos, inicialmente impulsadas por venezolanos (o personas con doble nacionalidad) que se
habían venido a vivir hace muchos años al país.
Según un reporte dado por Gualberto Ticona a la prensa “La Pastoral de Migración del
Arzobispado de Cochabamba colabora a un promedio de cuatro familias venezolanas por día,
quienes buscan ayuda humanitaria y asesoramiento legal. […] [sobre todo respecto a] temas de
legalización y acompañamiento de trámites [para ello se están coordinando] acciones con la oficina de
Migración y la Comisión Nacional del Refugiado (CONARE)” (Los Tiempos, 5/10/2018). Además de
esta tarea a nivel departamental, la pastoral ha emprendido otras tareas, sobre todo de información:
“Lo que sí hemos hecho es abrir centros de atención y acogida para inmigrantes en las fronteras con
Chile, Brasil, Perú, donde se da una primera orientación: ¿Dónde ir? ¿Qué requisitos se necesitan
para regularizar su situación migratoria? ¿Qué procedimientos administrativos seguir?, etc. Centro
sobre todo de información […] [y es que] la pastoral está dispuesta a acompañar procesos con
información y con temas de adaptación de migrantes al lugar de destino. Para ello hay que construir
una cultura que permita no ser indiferente frente a los peruanos, venezolanos, ecuatorianos, africanos
y haitianos que están llegando” (Conversatorio: Visibilizando la crisis migratoria y los regímenes
jurídicos de Asilo y Refugio, 14/11/2018).
Otra organización que ha asumido también un papel importante (vinculado al taller que este
estudio impulsó en septiembre) es la APDHB que, según su representante en Cochabamba, están
impulsando “un censo entre los venezolanos para saber cuántos son y las necesidades que tienen”
(Los Tiempos, 5/10/2018). También algunas ONG se están involucrando con la problemática. Es el
caso del Centro de Apoyo a la Mujer y a la Niñez ( CAMN) la cual se está ocupando de dar apoyo
emocional (psicológico) sobre todo a mujeres y niños(as) venezolanas para a enfrentar las situaciones
de desarraigo o de discriminación con las que se están encontrando. Por último, el Consultorio
Jurídico Popular de la Universidad Mayor de San Simón, ha empezado a guiar a jóvenes venezolanos
que quieren tramitar sus papeles para empezar a estudiar en Cochabamba.
A la par de estas acciones de la sociedad civil, el colectivo de venezolanos está impulsando
iniciativas, organizándose mediante la utilización de las Tecnologías de la Información y la
Comunicación (TICS). De hecho, existe una página de Facebook de la comunidad de migrantes
venezolanos en Cochabamba, y varios grupos de WhatsApp que sirven para comunicarse e
informarse respecto a, por ejemplo, personas que viajan para mandar remesas, temas jurídicos,
oportunidades de trabajo, entre otros.
En general, este primer acercamiento del marco jurídico e institucional en el que se desenvuelve la
comunidad venezolana en Cochabamba, muestra un inicio de cambio de actitudes frente a la
problemática. Como se planteó en un inicio, hasta hace poco, no solo no existían marcos jurídicos
desarrollados para tratar con la temática de la población extranjera en el país, sino que tampoco había
interés, ni de las instancias públicas ni de la sociedad civil, para enfrentar el tema. A partir del boom
de la llegada venezolana, y la visible presencia de ésta en las calles, ha empezado a darse un cambio
que a la vez está marcado por una preocupación visible acerca de la poca capacidad jurídica,
estructural y emocional que tiene la población local para convivir con otros ciudadanos del mundo.
Es en este escenario, plagado de nuevos retos jurídicos, pero también económicos y emocionales, que
los venezolanos están enfrentando sus problemas cotidianos, algunos de los cuales describimos a
continuación.

Los desafíos socioeconómicos: la precariedad laboral


Si bien la mayoría de los entrevistados señala que tenía trabajo antes de migrar, ya sea en un negocio
propio o como empleado, sus emprendimientos quebraron al acentuarse la crisis, por lo que no
vieron más remedio que salir de Venezuela. José nos cuenta:
La caída del turismo a la isla me estranguló. Despedí a todos mis empleados, vendí lo que pude y
salí de Venezuela. Todo eso quedó ahí, sin valor (Juan, 52 años).
Por su parte, Elisa recuerda:
Yo tenía un carrito hamburguesero que me daba de vivir. Saqué adelante a mis hijas con mi trabajo
en ese carrito. Todo se me vino abajo cuando ya no podía encontrar los productos para hacer las
hamburguesas o si los encontraba en el mercado negro con los bachaqueros el precio era cinco veces
más… y no me salía el negocio (Elisa, 52 años).
Para otros, fue ese negocio previo el que les sirvió de pasaporte para llegar hasta esta ciudad:
Vinimos a Cochabamba porque el pariente de un amigo de un sobrino le dijo que aquí nos
podían ayudar. Ellos nos ayudaron con algo de los pasajes. […] Pero una vez aquí no nos fue bien.
Creo que ellos creían que íbamos a invertir todo lo que teníamos [ya que vendimos una empresa
de embutidos que teníamos allá], pero ya no nos quedaba mucho, entonces tuvimos algunos
problemas (Sarita, 32 años).
En general, cuando llegaron a Cochabamba a pesar de tener muchos de ellos un nivel
relativamente alto de formación, y tomando en cuenta su situación irregular, la mayor parte se inserta
en el sector informal (ya sea de comercio o servicios). Al momento de la entrevista solo tres personas
declaraban tener un contrato de trabajo, recibir un salario acorde con sus credenciales educativas y
percibir algunas prestaciones sociales; el resto estaba empleado de manera informal en alguna
actividad vinculada a servicios o se dedicaba al comercio ambulante. No obstante, hay que hacer
notar que esto no es de extrañar en Cochabamba, departamento en el que se calcula que 66% de su
población trabaja de manera informal (Ciudadanía, 2017) 18. Aunque, para el caso de los
venezolanos en situación irregular, ello implica mayores obstáculos.
Por ejemplo, debido a que su presencia en las calles ya no pasa desapercibida, se encuentran en
constante riesgo de ser detenidos, y consecuentemente, deportados. Los funcionarios de la Distrital
de Migración de Cochabamba suelen organizar “batidas” (operativos migratorios) en puntos
estratégicos de la ciudad para identificar a quienes no cuentan con un documento de permanencia
temporal. Por lo general, este tipo de acciones solo sirven para amedrentar al colectivo o para
aprovechar de sacar una “coima” (cantidad de dinero):
Un par de veces me han interrogado. Me pidieron mis papeles. Yo les dije que se me olvidó en
casa (mentí). No me creyeron y me querían llevar detenida. Una vez tuve que ofrecerles arepas y
otra vez una señora que pasaba vio lo que estaba pasando y me ayudó. Les insultó … y se fueron.
Pero desde entonces prefiero vender en la mañana y en un mercado que está cerca de mi casa
(Cristina, 41 años).
A pesar de los riesgos, la mayoría de las y los entrevistados señalaron que, en su situación, el
comercio ambulante de comida (arepas, “tisanas”, postres, jugos) es la única opción de trabajo que
tienen.
Las dificultades se acrecientan para los venezolanos, ya que en Cochabamba los comerciantes
informales están organizados en sindicatos y gremios que controlan y regulan la incorporación de
cualquier competencia. Así, por más de que “no vendan los mismos productos” son vistos, por los
grupos organizados, como competencia y en muchos casos son físicamente “botados” (desplazados)
de ciertos lugares específicos de las calles cochabambinas:
Nosotros vendíamos arepas en la zona de la salida de la Universidad, pero nos hemos tenido que
mover, porque las mujeres que tienen sus kioskos, se han reunido y nos han botado… Entonces
ahora vendemos tisanas, aquí en el mercadito de Cala Cala (Joel, 27 años).
En otros casos, se ven amenazados por otros comerciantes de ser reportados ante las Oficinas de
Migración:
Empezamos a vender tisana frente a un colegio y la señora que vende dulces se enojó, nos empezó
a insultar y luego nos amenazó con llamar a migración. Tuvimos que irnos más allá (Diego, 19
años).
En general, sin duda la irrupción de los venezolanos en el escenario de comercio informal ha
despertado varias interrogantes en la población cochabambina. “Así lo relata Magy, al recordar que
sus clientes frecuentemente le preguntan si es verdad que la situación en Venezuela es como se ve en
los noticieros televisivos. ‘Yo aprieto el corazón para responder que es peor’, señala. Aunque asegura
que nadie probó preguntarle abiertamente si ella y su familia vinieron a quedarse definitivamente en
Bolivia, sabe que es una pregunta que ronda en la cabeza de todos quienes no pasan desapercibida su
presencia: sus clientes frecuentes y esporádicos, los comerciantes ambulantes que acompañan su día
de trabajo, sus vecinos, la maestra de sus hijas e incluso quienes en el transporte público reconocen
que su acento es venezolano. “Yo sé que no nos quieren aquí”, fue la frase que agregó Magy, para
narrar que en variadas ocasiones confrontó situaciones de rechazo y discriminación por parte de la
sociedad cochabambina (Flores, 25/03/2018).
Por último, también están los otros problemas socioeconómicos con los que los migrantes
venezolanos se deben enfrentar en su vida cotidiana, tales como la salud, conseguir colegios, ingresar
(retomar) los estudios universitarios o conseguir alojamiento, todo ello, enviando también remesas
hasta Venezuela. “La mayor parte consigue un departamento que entre tres o cuatro personas pagan.
También tienen dificultades para conseguir trabajo y varios de ellos deben enviar dinero a sus
familias en su país de origen” (Los Tiempos, 5/10/018).
Todo lo relatado nos da cuenta de una historia no formal y peliaguda de construcción de
ciudadanía desde abajo19. Y es que más allá de la normativa, lo cierto es que los itinerarios
migratorios se los construye desde abajo, a partir de la misma agencia ciudadana de los migrantes
(Ramírez, 2012), que mediante su accionar y las interrelaciones que van entretejiendo con los otros
ciudadanos y con otras organizaciones en el lugar de destino, van también aportando, de manera
formal o informal, a la consecución de sus derechos ciudadanos. De ahí la necesidad de comprender
cualquier proceso migratorio, no solo desde las normas y leyes, sino, sobre todo “poniendo el acento
en las prácticas locales que se dan en la construcción de espacios de poder y de democratización,
insistiendo en limitar la definición de la ciudadanía y los derechos formales” (Yepez y Bach, 2012:
34).

Bolivia: ¿futura Venezuela?


“No, no, no. No me da la gana vivir en dictadura como la venezolana”, es el estribillo con el que
marchan miles de bolivianos en las principales ciudades del país, en señal de protesta por la
habilitación a una re-elección del presidente Morales20. Traemos a colación este hecho, porque tiene
que ver con el último punto que queremos abordar para caracterizar a la población migrante
venezolana en Bolivia. En estas marchas, a las que se han sumado muchos venezolanos, aparece como
un fantasma mayor la similitud y la amistad existente entre el gobierno venezolano y el boliviano,
elemento que ha sido fuertemente destacado en muchas de las entrevistas, así como en los reportes de
prensa21.
Entre los muchos impactos que esta relación amistosa tiene en la cotidianidad de los venezolanos
que residen en el país, destaca las dificultades que la misma implica para regularizar la situación
migratoria: “Y es que cuando fui me dijeron que no podía solicitar visa humanitaria, porque
Venezuela no estaba mal, y que si me venía era porque quería” (Mariluz, 32 años). Así, las veces que
se ha logrado presentar papeles para refugio humanitario, uno de los requisitos es no contar a nadie
lo que había hecho, o lo que me habían preguntado. No tenía que pasar la voz con el tema
(Vladimir, 45 años).
Del mismo modo, muchos venezolanos empiezan a percibir (en sus imaginarios) algunas
tendencias similares a lo que empezó a ocurrir en Venezuela hace algunos años:
los precios empezaron a subir, y también empezaron a escasear algunos productos” (Manuel, 35
años). Pero más allá de estos síntomas económicos, algunos destacan la similitud política: “Vemos
con preocupación que muchas de las cosas que sucedieron en su país, y que lo obligaron a emigrar,
están sucediendo en Bolivia. […] Entre las similitudes están que las elecciones son un fraude. En
Venezuela: ‘Ellos controlan todos los órganos del Estado, presionan a la gente con cupones, la gente
allá no cree lo que ha pasado con su país’, dijo. El chavismo cambió las normas y leyes de su país a su
favor de a poco, y, cuando se dieron cuenta, ya era tarde: ‘Hay muchas similitudes en los modelos
políticos, pero aquí en Bolivia todavía se está a tiempo para definir su futuro. Nosotros, como
residentes, no intervenimos políticamente, eso es decisión de los bolivianos, pero miren nuestra
experiencia, los resultados son por demás conocidos’ […] A mí se me eriza la piel cuando veo una
protesta contra la reelección. Siento igual a lo que sentía cuando empezaron los problemas en
Caracas. Allá no reaccionamos a tiempo, ahora espero que no pase lo mismo aquí. ¿Dónde iría?” (Los
Tiempos, 22/05/2018).
Por último, tras la decisión del Supremo Tribunal Electoral del Estado plurinacional, de aceptar la
candidatura del presidente Morales (4/12/2018), ha empezado a circular en las redes sociales, una
carta que esboza las principales preocupaciones de la población venezolana que ahora –sea de paso o
de manera permanente– reside en Cochabamba:
Un venezolano les habla a sus hermanos Bolivianos: ESTÁN A TIEMPO. Los comentarios que leo sobre
la ratificación de la re-postulación de Evo, inevitablemente me llevan a sentir esa frustración que
hace unos años los venezolanos empezamos a vivir. Sin embargo, necesito decirles a todos mis
amigos bolivianos que las acciones que ha estado tomando el gobierno, son un juego (de todos los
gobiernos autoritarios) que trata de medir hasta qué punto pueden quebrar la integridad, la moral
y sobre todo la lucha y esperanza de la población para lograr sus intereses cuando el escenario se
torna adverso. […] Sinceramente, me apena leer a algunos diciendo: ‘ha muerto la democracia’,
‘empezó la dictadura’, ‘ahora somos Bolivizuela’. NO, NO Y NO señores. […] Ahora es cuando para
luchar por su patria, este momento representa para ustedes el momento de acción […] La
democracia no ha muerto en Bolivia porque aún hay tiempo para salvarla... […] Al corazón de
Sudamérica no lo deben dejar morir. Venezuela está sumida en la desgracia y en algún momento
saldremos de ello; la diferencia con Bolivia es que aquí aún hay tiempo de evitar lo peor. Amigos
bolivianos, NO SON VENEZUELA, deben ser la antítesis de ello, y por fortuna aún pueden cambiar el
rumbo de la historia, porque está en sus manos. Me duele cuando se comparan con Venezuela
porque sí, mi país está inexplicablemente mal, pero, ¿saben qué? no se comparen, sean la diferencia
de Venezuela (Carta de un venezolano que circula por las redes).
Reflexiones finales
Bolivia tiene cinco fronteras territoriales lo cual da cuenta de que la situación de la emigración
intrarregional presenta patrones de mayor complejidad que vislumbran una reconfiguración del
sistema migratorio de América del Sur. Tal como señala Bengochea, basándose en la ronda censal de
2010, actualmente existe un aumento en los flujos de migración intrarregional y un descenso de la
emigración extrarregional. La reciente emigración de población venezolana da cuenta de que frente a
las recientes transformaciones políticas, económicas, sociales y territoriales de la región, se está
configurando una nueva cartografía migratoria sobre el sistema migratorio de América del Sur, pues
la mayoría de los países que lo conforman están presentando cambios sustanciales en su perfil
migratorio.
El caso de la migración venezolana a Bolivia, adquiere, como hemos visto, su propia especificidad a
nivel regional debido a que se trata de un flujo migratorio que se asienta (a corto y largo plazo) en un
país tradicionalmente no preparado para recibir migrantes. Es más, se ha caracterizado –y sigue
haciéndolo- por ser un país expulsor de población y ello debido a varios motivos: la falta de empleo
formal, la inadecuada infraestructura de servicios sociales (entre ellos, sobre todo, el educativo); la
falta de oportunidades –sobre todo económicas formales– para mejorar la calidad de vida de su
población.
En ese contexto presenta varios vacíos jurídicos para los inmigrantes, cuando han empezado a
llegar, desde el 2014, contingentes de migrantes venezolanos. Las primeras olas, producto de los
lazos creados durante la década de los setenta y ochenta, se caracterizan por ser una suerte de retorno
de las llamadas “terceras generaciones” o amigos de bolivianos que se establecieron previamente en
Venezuela. Todos ellos, con alto nivel de formación profesional, que, al ser pocos, se insertaron
rápidamente en sectores productivos de la región. Sin embargo, con la masificación de la migración
venezolana, empiezan a llegar nuevas olas de migrantes, muchos de ellos “de paso” buscando seguir
sus caminos hacia la Argentina o Brasil. Otros, a “los que nos les queda otra” que eligen la ciudad por
el bajo costo de la comida y de la vivienda. Y, por último, otros, que empiezan a ver mayores
oportunidades de vida en este lugar y que, incluso, empiezan a traer a sus parientes, hasta que “la
situación en Venezuela mejore”.
Una de las oportunidades laborales que encuentran está dada por la dinámica informal de la
economía de una ciudad en la que cerca del 70% de su población funciona en este sector. Éste es el
segundo punto que hay que destacar como característica, pues ello ha hecho que los migrantes
venezolanos puedan fácilmente ingresar en esta economía, sobre todo vendiendo comida típica
venezolana que les permite obtener ingresos que, aunque son bajos, les posibilita sobrevivir e,
incluso, enviar remesas a sus parientes en Venezuela.
No obstante, la gran economía informal funciona sobre un engranaje de organización colectiva
gremial o sindical que regula y protege los intereses de todos los trabajadores informales. Ello se ha
presentado como un obstáculo para la población que llega de Venezuela y opta por insertarse en el
mercado ambulante, pues su presencia, cada vez menos silenciosa, ha sido captada por los
comerciantes locales como una “amenaza” o una “competencia” que estaría afectando a sus estrategias
de sobrevivencia.
Otro tema que incide en las características que adquiere la población venezolana migrante en
Bolivia y Cochabamba, es el lazo de solidaridad política que existe entre el gobierno boliviano y el
venezolano. Ello ha sido importante para la inserción de esta población a nivel nacional. Una de las
recomendaciones recibidas cuando se hacían las entrevistas, era que por favor no se divulguen los
nombres de las personas que entrevistamos por miedo a esta cercanía de pareceres políticos entre los
dos países. Ello también ha perjudicado la realización de trámites de regularización (especialmente
para los que solicitan asilo y/o refugio), sobre todo, debido a una política de desinformación
voluntaria de los funcionarios públicos, quienes plantean que la llegada de los venezolanos se debe a
que buscan simplemente mejorar su calidad de vida y no por la situación de crisis humanitaria que
vive su país.
Esta “afinidad” política entre los dos gobiernos provoca el temor y preocupación de muchos
venezolanos de que “Bolivia está siguiendo los pasos” de su país, haciendo referencia al control de los
tres poderes por parte del ejecutivo, al desconocimiento del voto popular, a la voluntad –ya
encaminada– del presidente de permanecer en el poder; sin desmerecer los problemas económicos
que empiezan a aparecer (la subida cotidiana del costo de vida, por ejemplo).
Sin entrar a debatir sobre si es factible o no este camino (muchos analistas argumentan que la
población boliviana es demasiado combativa como para que Bolivia siga los pasos venezolanos), lo
cierto es que este contexto político también está influyendo en la dinámica cotidiana que adquiere la
vida de los migrantes venezolanos en Bolivia.
Por último, otra característica a la que se debe enfrentar la población migrante venezolana que se
instala en Bolivia, es la falta de información existente tanto desde el Estado como desde la sociedad
civil. Justamente porque el marco jurídico es débil, porque no se tienen datos exactos acerca de la
magnitud de la población venezolana que se encuentra en Bolivia, ni sobre dónde se encuentran, y
porque hay una postura ambigua (desde las instancias gubernamentales) sobre cómo tratar con esta
población, no hay ninguna fuente de información fidedigna y formal que permita guiar las odiseas
migratorias de las personas que están llegando.
Este estudio no solo ha permitido empezar a conocer la problemática, sino que ha valido de excusa
para movilizar a redes de organizaciones que trabajan hace años con el tema de la diáspora boliviana,
para que empiecen a preocuparse de los extranjeros en condición vulnerable que están llegando al
país. A partir de esta iniciativa, se ha logrado contactar a sectores de migrantes venezolanos con
organizaciones que les puedan dar información y coadyuvar a que su estancia en esta pequeña ciudad
se dé en condiciones cada vez menos silenciosas.
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————(2014). Reglamento de la Ley de migración, DS Nº 1923, 13 de marzo de 2014. La Paz: Estado Plurinacional de Bolivia.
————(2018). Decreto Supremo N° 3676. La Paz: Estado Plurinacional de Bolivia.

1 Considerando que la prensa es un instrumento muy importante, no solo por tener mayor información (frente a la ausencia de los datos
oficiales) sino por rescatar los imaginarios sociales tanto de la población venezolana como de la boliviana –frente a la primera– se han revisado
los periódicos siguientes: a nivel nacional: Página Siete, y a nivel local: Los Tiempos y Opinión. El periodo de revisión ha sido desde el 2016
hasta octubre de 2018.
2 Se desarrollaron dos talleres: El primero, surgió motivado por la preocupación de los venezolanos entrevistados que no tenían información (o
eran desinformados por algunos funcionarios públicos siguiendo la idea de que el Gobierno de Venezuela era gobierno amigo) sobre las
opciones que tenían para regularizar su situación. A raíz de ello, el 10 de septiembre de 2018, se realizó un taller que contó con la participación
de 23 personas de origen venezolano. Habiendo trabajado durante muchos años el tema de la migración de bolivianos (y la de retorno), se
cuenta con una Red de Investigación sobre Migración, la que, a raíz de este estudio, se reactivó, focalizando la atención hacia la población de
inmigrantes que se encuentra en situación de vulnerabilidad a nivel local, como la venezolana. De ahí que, en este taller, participaron varios
miembros de esa Red. También se invitó al representante departamental del Ministerio de Relaciones Exteriores en Cochabamba, pero –pese a
haber confirmado su asistencia– no se hizo presente. En esa ocasión, los(as) venezolanos(as) expusieron sus preguntas y dudas, así como sus
principales problemas (que incluían desde trámites de regularización, procesos de discriminación, hasta vivencias de traumas psicológicos entre
los niños). Los representantes de las organizaciones invitadas brindaron información y se inició un contacto para que empiecen a trabajar de
manera conjunta (uno de los resultados queda plasmado en el reporte de prensa: “4 familias venezolanas por día buscan ayuda en la Pastoral
de Cochabamba” (Los Tiempos, 5/10/2018). El segundo taller se realizó el 14/11/2018. Denominado “Conversatorio: Visibilizando la crisis
migratoria y los regímenes jurídicos de Asilo y Refugio” (CESU-IDEI 2018) contó con la participación del responsable de la Pastoral de
Movilidad, el director departamental del Ministerio de Relaciones Exteriores y el representante del Instituto de Derecho Internacional. En esa
ocasión, también participaron venezolanos, así como de población local interesada en la temática.
3 Bengochea (2018) en acuerdo con varios autores, reconocen que desde la década de los años ochenta Argentina y Venezuela conformaron el
epicentro de los movimientos migratorios intrarregionales debido a las favorables condiciones económicas que les representó el surgimiento
industrial de Argentina y el desarrollo petrolero en Venezuela, una década antes.
4 Aunque, como se planteaba en estudios anteriores, en Bolivia no existe un retorno definitivo de su población. La migración se presenta

siempre como circular (Pozo –coord., 2012), buscando nuevos destinos. No obstante, a pesar de ser una población con costumbres migratorias,
la boliviana no es una población que sepa recibir a migrantes. Tampoco está preparada la estructura física de servicios sociales disponibles en el
país, en lo que se refiere, por ejemplo, a escuelas, servicios de salud, viviendas, etc. Temas que luego veremos, destacan como obstáculos para
la población venezolana que está llegando al país.
5 Según el mismo Censo, en Bolivia en 2012, habitaban 10,389,913 personas; es decir, ese año, menos del 2% de la población era extranjera.
6 Vale aclarar que, según el Censo, el Departamento de Cochabamba tiene solamente 1,141,094 habitantes de los cuales 880,297 se concentran
en la llamada Región Metropolitana de Cochabamba, que corresponde al área en la que luego se asienta la población venezolana.
7 No olvidemos que en 2012 solo había 97 personas de nacionalidad venezolana residiendo en el país.
8 Empezando por Santa Cruz, para luego seguir hacia la Argentina: “nos queremos ir, a la Argentina es lo que queremos, pero empezar por

Santa Cruz, dicen que es más parecido a nuestra tierra” (Nuvia, 25 años).
9 Periodo de la dictadura del militar Hugo Bánzer. Un segundo periodo importante para la migración de bolivianos a Venezuela fue al principio
de la década de los ochenta, durante el gobierno de facto de García Meza.
10 Nilo Soruco es uno de los muchos bolivianos que se fue a Venezuela (Caracas) para escapar de la dictadura: la letra de la Caraqueña dice:
“Que lejos estoy de mi ansiedad, mi río mi sol mi cielo llorando estarán… Pero he de volver, no llores mi amor, nadie le pondrá murallas a
nuestra verdad. Nunca el mal duró, cien años ni hubo, pueblo que resista. Ya la pagaran, no llores prenda pronto volveré”.
11 De hecho, entre algunos de los que pudimos entrevistar, hay cuatro casos (de 21 entrevistas) que tienen doble nacionalidad: venezolana y
boliviana.
12 Desaguadero es un puesto fronterizo con gran movimiento poblacional venezolana. Según “La oficina boliviana de Migración en la frontera
de Desaguadero (…) A diario entran de 12 a 15 venezolanos a Bolivia y salen del país entre cinco a ocho ciudadanos de ese país” (Página
Siete, 2/09/2018).
13 “Tierra, pueblo” en quechua, nombre que los cochabambinos utilizan para referirse a la región.
14 Es de carácter gratuito y es otorgada por treinta (30) días calendario, por las siguientes razones humanitarias: (a) Necesidad de protección
internacional amparadas por el principio de no devolución; (b) Víctima de trata y tráfico de personas u otras modalidades de explotación; (c)
Ser acompañante de persona enferma que requiera tratamiento médico.
15 Aunque, en el mismo conversatorio, ante una pregunta de un venezolano, el mismo representante señaló que “independientemente de ser
regular o no, todos los trabajadores estaban amparados por la ley del trabajo que solo tenían que ir a las oficinas del trabajo a quejarse”.
No obstante, en ese caso, como plantearon algunos de los asistentes, esta población puede también ser descubierta como irregular en el país y,
por lo tanto, ser susceptible de ser detenida y deportada.
16 Alrededor de 114 dólares americanos.
17 Una de las personas entrevistadas que era de religión cristina, contaba que, en su inserción a la sociedad local, la iglesia cristiana había sido
la más importante, para conseguir casa, colegio para sus hijos e incluso trabajo para su marido y para ella (limpieza de casas).
18 A nivel nacional, según el último informe del Fondo Monetario Internacional, 62.3% de la población tiene empleo informal (El Deber, 23 de
julio de 2018).
19 Una, además, que lucha contra despliegues agencias ciudadanas conflictivas de los otros ciudadanos con los que interactúan.
20 La Constitución Política del Estado, permite la reelección en solamente una oportunidad. En febrero del 2016, el gobierno organizó un
referéndum para modificar esta situación de manera a que una persona pueda ser reelegido las veces que considere conveniente. En el
referéndum ganó el “no” a esta propuesta. Sin embargo, en noviembre del 2017, el tribunal constitucional de Bolivia aprobó la posibilidad de
que Morales se vuelva a presentar, apelando a su “derecho humano de candidatear”. Desde entonces, se han dado varias marchas que repudian
este desconocimiento tanto de la Constitución como de los resultados del Referéndum. El 4 de diciembre de este año, el Tribunal Supremo
Electoral, ha habilitado formalmente una nueva candidatura del actual presidente boliviano para las elecciones nacionales del 2019.
21 Una noticia que ha preocupado a la comunidad de venezolanos en el país es la siguiente: “Gobierno expulsa a venezolanos por estar
involucrados en “tareas conspirativas” (Los Tiempos, 18/03/2019), en el mismo artículo se relata que: “Estas acusaciones fueron negadas por el
padre Lic. Griz, responsable de la Pastoral, quien en breve contacto con Los Tiempos manifestó que se decidió no hablar con nadie debido a
malinterpretaciones que se realizaron. “Han venido, los sacaron. Dónde estarán. Pero en ningún momento hicieron lo que dicen (actos
conspirativos). Hay familias enteras, parejas de jovencitos a quienes ofrecemos asistencia integral, ropa, alimentos, todo de manera gratuita,
porque como cualquier migrante requieren ayuda y se las brindamos”, dijo. Eso a la vez ha llevado a que venezolanos “prefieran callar (…dos
miembros de la comunidad venezolana que viven en Cochabamba comentaron a Los Tiempos que la situación los obliga a ser más cautos con
sus acciones y que, en adelante, ya no harán apariciones mediáticas ni públicas”.
De la estabilidad económica y la regularidad jurídica al ajuste
socioeconómico y la precariedad del trabajo: migración venezolana en la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Claudia Pedone
Ana Mallimaci
Jessica Gutiérrez
Antonella Delmonte

Introducción
Al igual que en muchos países de América Latina, en Argentina, los movimientos migratorios son
parte constitutiva de la conformación del Estado y la sociedad nacional. El rasgo específico de la
historia migratoria del país radica en la importancia relativa que los migrantes tuvieron en la
composición de la población total (alcanzando a un tercio de la población en 1914, proporción que
llega al 50% en la ciudad de Buenos Aires). A este periodo excepcional relacionado con las
migraciones europeas se le suman dinámicas migratorias provenientes de los países suramericanos,
especialmente los limítrofes, estables y continuas a lo largo de la historia nacional. Balan (1992) ha
definido la existencia de un “sistema migratorio del Cono Sur” para explicar estas dinámicas
migratorias regionales en el cual Argentina ha sido tradicionalmente un país de destino.
Así, la migración proveniente de Paraguay, Bolivia y Chile tiene una presencia constante a lo largo de
los siglos XIX y XX, mientras que la migración peruana comienza a ser relevante a partir de la década de
1980.
En términos estadísticos, se registran personas oriundas de América Latina desde el primer censo
nacional realizado en el país en 1869. Desde ese momento y hasta la actualidad, ha habido un
proceso constante y estable en el stock cuantificable de migrantes regionales, representando entre el 2
y el 4% del total de la población argentina (Instituto Nacional de Estadística y Censos). El último
“Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas”, realizado en el año 2010, muestra que a pesar
del aumento absoluto del número de la población extranjera (que asciende a 1,805,957 personas) la
proporción sobre la población total se mantiene estable: 4.5%. El grupo proveniente de países de
América Latina representa el 81.2% sobre el total de personas extranjeras. La mayoría de la
población migrante está concentrada en dos jurisdicciones de la Argentina: la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires (CABA) donde reside el 21.1% y la provincia de Buenos Aires que recibe al 52.2% de
los y las migrantes (Benencia, 2012).
Frente a estas dinámicas estables, a partir del nuevo siglo se presencian novedades en términos
migratorios. A principios de los años 2000, Argentina registró transformaciones ventajosas para los y
las migrantes latinoamericanas que buscan destinos alternativos a los países del Norte. La devaluación
del peso argentino la erigió como un lugar atractivo con buen nivel académico y mucho más
económico que otros destinos tradicionales como Estados Unidos, Canadá y algunos países de
Europa. Posteriormente, entre el año 2003 y 2012, se asistió a un paulatino proceso de crecimiento
económico e incrementos en los niveles de empleo, al mismo tiempo que se producían cambios en
materia de política migratoria a partir de la sanción de una ley que se centró en los derechos humanos
y estableció vías de regularización para ciudadanos de países de la región. El año 2004 fue un punto
de inflexión puesto que se promulga la nueva Ley de Migraciones N° 25,871/2004 y se establece
que los ciudadanos de países miembros del MERCOSUR o de Estados asociados pueden obtener
residencia regular mediante la sola acreditación de su nacionalidad y la carencia de antecedentes
penales (Novick, 2005, 2010, 2011, 2012; Domenech, 2009, 2010; Magliano, 2009; Magliano y
Domenech, 2009; Nejamkis y Rivero, 2010). Estos cambios funcionaron como incentivos para el
arribo de migrantes provenientes de Ecuador y Colombia a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
(CABA). Se trata de una población joven que, preferentemente, viene a realizar sus carreras de grado y
de posgrado e insertarse en el mercado de trabajo (Pedone, 2018).
Sin embargo, en los últimos años el contexto nacional vuelve a modificarse. El cambio del modelo
económico que se inicia en el 2016 produce una importante crisis de algunos sectores económicos,
una caída en el poder adquisitivo de la mayor parte de la población, cambios en el mercado de
trabajo y una profunda devaluación del peso argentino. En materia normativa, en enero de 2017 se
sanciona el Decreto Nacional de Urgencia (DNU) N.º 70/2017, firmado por el presidente Mauricio
Macri, que restringe derechos a la población migrante obtenidos en la Ley 25,871. Los cambios
sancionados se concentran en el artículo 29 de la ley de migraciones y facilitan las condiciones para la
expulsión de extranjeros/as. Esto se acompaña con campañas mediáticas y discursos que refuerzan la
asociación entre migraciones y delitos.
Es en este contexto político y socioeconómico que se observan nuevas dinámicas migratorias cuya
principal característica se ve representado por el flujo proveniente de Venezuela que, tal como se
describe en la introducción de este libro, aumenta su caudal en los últimos años especialmente hacia
América Latina.
A continuación, presentamos algunos hallazgos de un estudio llevado a cabo en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires entre mayo y septiembre de 2018. Aunque la investigación llevada a
cabo fue más amplia en cuanto a dimensiones, técnicas y números de casos analizados, el contenido
del capítulo se limita a presentar los aspectos comunes al proyecto colectivo que forma parte de esta
publicación.
Nuestro muestreo fue de tipo cualitativo, intencional y teórico, es decir, que se realizó con el fin de
encontrar aquellas categorías de personas que se desea explorar con mayor profundidad y nos ayuda a
determinar qué grupos analizar, dónde encontrarlos y también precisar qué datos solicitarles
(Pedone, 2004). Los cuatro principales criterios para llevar a cabo esta primera etapa de la
investigación fueron: sexo, edad, momento de llegada (2008-2018) e inserción laboral en destino.
Las estrategias metodológicas llevadas a cabo fueron: a) entrevistas en profundidad; b) contactos
periódicos con informantes clave por WhatsApp, Facebook e Instagram para discutir temas
emergentes y seguir por las redes las trayectorias migratorias por el continente y dentro del país; c)
observación participante en bares y restaurantes donde trabaja población venezolana; d) búsqueda de
noticias sobre la migración de la población venezolana en los medios de comunicación de Argentina
y e); buceo virtual a partir de los y las youtubers venezolanos que producen audiovisuales sobre el
hecho migratorio.
Luego de una descripción sobre el flujo migratorio venezolano en Buenos Aires y el contexto
normativo argentino, se presentarán los resultados correspondientes al análisis de veinte entrevistas en
profundidad: diez realizadas a mujeres y diez a varones con un promedio de edad de 33 años. Siete
entrevistados/as tienen entre 20 y 30 años, diez entre 31 y 40 años y 3 más de 40 años. El más joven
tiene 24 años y el mayor 52 años. La procedencia regional de los/as entrevistados/as es: Maracay,
Barquisimeto, Carabobo, Ciudad. Bolívar, Valencia, Upata, Maracaibo, Falcón, Mérida, Miranda y
nueve de los/as entrevistados/as residían en Caracas. El nivel educativo más bajo alcanzado por los/as
entrevistados/as es el de “terciario incompleto” (en dos casos) el resto ha alcanzado estudios terciarios
completos. En cuanto a la ocupación actual, la mayor parte se encuentra inserta en empleos
informales (trece) mientras que el resto pudo ocuparse en empleos formales. Aun así, debe aclararse
que el hecho de poseer algún tipo de contrato de trabajo no siempre se traduce en empleos no
precarios. En relación con el tiempo de residencia en Argentina, el promedio es de casi 4 años. Sin
embargo, pudieron identificarse dos grandes grupos: aquellos que llevan varios años en el país, entre
diez y cinco años, y un segundo grupo que tiene una permanencia entre tres años y seis meses.

Características de la inmigración venezolana en Argentina


Según el último Censo Nacional de Población (realizado en el año 2010), la población migrante que
reside en Argentina proviene en su mayoría de Paraguay (550,713 personas), en segundo lugar, de
Bolivia (345,272 personas), luego Chile (191,147 personas) y Perú (157,514 personas) (Benencia,
2012).
Tal como lo señalamos, en los últimos años, se observan nuevas dinámicas migratorias, una de
ellas representada por el flujo proveniente de Venezuela. De acuerdo con las estimaciones de la
Dirección Nacional de Migraciones (DNM) y del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto,
actualmente residen alrededor de 95,000 personas venezolanas en el territorio nacional.
Se trata de un fenómeno novedoso que no llega a ser registrado por el último censo y que no
alcanza la representatividad necesaria para figurar en las encuestas de población realizadas en el
último periodo.
En julio del año 2018, la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) realiza junto con la
DNM un “monitoreo del actual flujo de población venezolana” utilizando un sistema de la OIM
definido como “Seguimiento de Desplazamiento” (DTM, por sus siglas en inglés). Las encuestas se
realizaron en el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, en el Aeroparque Internacional Jorge
Newbery y en el Puente Internacional Tancredo Neves, ubicado en la Triple Frontera con Paraguay
y Brasil. Si bien sus resultados no son representativos, pueden ser considerados como indicios del
perfil de quienes ingresan en la actualidad al territorio argentino. En este sentido, el informe revela
que el 60% de las personas encuestadas afirmó tener dependientes económicos. Dentro de este
grupo, el 70% declaró que los mismos se encontraban en la República Bolivariana de Venezuela.
Según nuestras entrevistas, el peso de los padres dependientes sería muy importante. En cuando a la
edad, el 37% tiene entre 26 y 35 años, 22% entre 18 y 25 años, 20% entre 36 y 44 años y 22%
más de 45 años. Por otra parte, 58% declara estar soltero, 36% casado, 4% divorciado y el 1%
viudo (OIM, 2018).
A nivel estatal, los datos registrados por la DNM sobre radicaciones iniciadas y otorgadas a la
población venezolana resultan uno de los escasos datos confiables sobre este nuevo flujo migratorio.
Recordemos que, al pertenecer a país “asociado” al Mercosur, la población venezolana tiene el
derecho en Argentina a solicitar una radicación en el país por “criterio de nacionalidad”.
Según datos elaborados por la DNM, durante el año 2017, las radicaciones otorgadas a la población
venezolana (31,167) ocupan el tercer lugar entre el origen nacional de los y las solicitantes, después
de Paraguay (61,342) y Bolivia (48,165) que, como ya señalamos, son los principales grupos
migratorios desde mediados del siglo XX en Argentina. Si bien el dato no nos informa sobre el “stock”
de población venezolana residente en el país, puede tomarse como un indicador confiable del
aumento del ingreso de personas venezolanas a la Argentina en los últimos años y su aceleración
desde el año 2017.
Si la llegada de población venezolana es una de las principales novedades de las dinámicas
migratorias de Argentina, su impacto se siente especialmente en la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires (CABA). Según datos de la DNM, el total de radicaciones iniciadas1 en el año 2017 en la ciudad de
Buenos Aires fueron 27,597 y, al mes de mayo, durante el 2018 se iniciaron 14,767. Para
comprender el aumento significativo que este número representa, es necesario situar la cifra en la
línea histórica de residencias iniciadas, tal como se muestra en el Gráfico1.
Los datos registrados por la DNM permiten esbozar algunos rasgos sobre el perfil de la población
venezolana que solicita su radicación en la ciudad. Así, es posible indicar que la proporción entre
mujeres y varones es muy similar con una leve ventaja a favor de los varones. Esta proporción se ha
mantenido estable a lo largo de los años, aun con el aumento significativo de población venezolana
en la ciudad.
El nivel educativo es, sin duda, una de las especificidades de la migración venezolana que arriba a la
ciudad de Buenos Aires. Si bien con algunos cambios, a lo largo de la serie histórica registrada, la
población que declara contar con estudios universitarios completos supera al 50%. El aumento de las
radicaciones en los últimos años se relaciona con una disminución de la cantidad de población
universitaria y el aumento de la categoría de quienes “no poseen” estudios2. Sin embargo, es posible
que se trate de una categoría que aumenta por la falta de documentación probatoria de estudios o
niños sin edad para acceder a la escuela.
Gráfico 1. Buenos Aires, 2013-2018: Número de residencias iniciadas por venezolanos.

Fuente: Tabulados especiales provistos por la Dirección Nacional de Migraciones a partir del pedido de informe realizado por el proyecto
“Crisis y migración de población venezolana” a cargo de la Red Temática MIGRĀRE Migraciones y Movilidades en el año 2018 (proyecto
CONACYT-México No. 295843-18).

Para conocer de manera más precisa la proporción de universitarios, calculamos la proporción


entre los solicitantes de radicación mayores a 21 años (Gráfico 2). De esta manera, se constata que
más del 60% de la población venezolana mayor a 21 años que solicita su radicación en la ciudad
cuenta con estudios universitarios. Esta particularidad hace que los procesos vinculados a la
convalidación, revalidación y homologación de los títulos universitarios se conviertan en uno de los
temas de mayor interés para la población venezolana residente en Buenos Aires.
Gráfico 2. Buenos Aires, 2013-2018: Porcentaje de universitarios en el total de solicitantes de radicación mayor a 21 años de la Ciudad de
Buenos Aires.

Fuente: Tabulados especiales provistos por la Dirección Nacional de Migraciones a partir del pedido de informe realizado porel proyecto
“Crisis y migración de población venezolana” a cargo de la Red Temática MIGRĀRE Migraciones y Movilidades en el año 2018 (proyecto
CONACYT-México No. 295843-18).

En cuanto a la edad de quienes solicitan su radicación, más de la mitad en todos los años
registrados corresponden a jóvenes entre 22 y 35 años (Gráfico 3). En los últimos años se observa un
aumento de los y las menores de 14 años lo que podría indicar el mayor peso de migraciones
familiares. Si en el 2013 la proporción de menores de 21 años solicitantes de residencia asciende a un
12%, este porcentaje aumenta a más del 20% en el 2017 y en los meses registrados del año 2018.

Marco jurídico e institucional en Argentina en materia de migración


Argentina cuenta en la actualidad con una Ley de Migraciones (N° 25.871) que fue promulgada a
principios de 2004, y reglamentada en el año 2010 por medio de un Decreto del Poder Ejecutivo
Nacional (No. 616). Con su sanción, el país vuelve a contar después de 130 años con una ley
migratoria lograda a través de un trámite parlamentario regular dado que la ley anterior, sancionada
en 1981, fue promulgada durante la
dictadura militar (Pacecca y Courtis, 2007). Según diversos autores y autoras, esta ley
refleja una transformación en las dinámicas de la relación establecida entre el Estado.
Gráfico 3. Buenos Aires, 2013-2018: Estructura de edades de los solicitantes de radicación en la Ciudad de Buenos Aires.

Fuente: Tabulados especiales provistos por la Dirección Nacional de Migraciones a partir del pedido de informe realizado porel proyecto
“Crisis y migración de población venezolana” a cargo de la Red Temática MIGRĀRE Migraciones y Movilidades en el año 2018 (proyecto
CONACYT-México No. 295843-18).
y la cuestión migratoria. Tal como lo señalan María Inés Pacecca y Corina Courtis (2007), la ley se
estructura en base a dos criterios principales: primero, asegurar los derechos básicos a todos los
extranjeros residentes en Argentina, independientemente de la regularización o no de su situación
migratoria; segundo, incorporar un encuadre regional, reconociendo que en la actualidad la mayor
parte de las personas extranjeras proviene de los países de América Latina.
De acuerdo con el sistema clasificatorio que establece el Estado argentino, los migrantes pueden
acceder a una “residencia permanente” o a una “residencia temporaria”. A partir de la sanción de la
ley, las personas que provienen de los Estados parte del Mercado Común del Sur (Mercosur) o sus
Estados Asociados, tales como Venezuela, podrán solicitar la residencia temporaria por dos años en
virtud del criterio de nacionalidad, es decir, que el derecho a solicitar la residencia se funda en su
propia nacionalidad de origen (art. 23. inc. l). Los requisitos son presentar el documento de
identidad, el certificado de carencia de antecedentes penales, el certificado de domicilio y el pago de
las tasas correspondientes. Una vez solicitada la residencia se obtiene un “certificado de residencia
precaria” que regulariza la situación migratoria a la espera de la resolución sobre la solicitud (artículo
20). Para acceder a la residencia permanente, uno de los requerimientos es haber gozado de una
residencia temporaria de al menos dos años continuos o más para el caso de los nacionales de los
países del Mercosur y Estados asociados; y de tres años continuos o más para el resto de los países
(artículo 22).
La ley reconoce y garantiza también un conjunto de derechos básicos para la población extranjera
en todo el territorio nacional sin importar la nacionalidad y cualquiera sea la situación migratoria de
la persona: el derecho a la educación –en todos los niveles y jurisdicciones–; el derecho a la salud, la
asistencia o la atención sanitaria.
Estos derechos son de cumplimiento obligatorio, es decir, que todas las instituciones públicas
tienen la obligación de inscribir, atender o recibir denuncias de personas extranjeras, sin importar su
situación migratoria (OIT, 2015).
El cambio de gobierno del 2015 inaugura una nueva etapa en materia migratoria. Una de las
primeras decisiones políticas del Gobierno de Mauricio Macri en relación con estos temas, fue el
Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) (30/01/2017) mediante el cual se modifican algunos
artículos de la Ley de Migraciones referidos a las condiciones para la expulsión de extranjeros/as.
Asimismo, se observa desde el año 2016 un cambio de paradigma en el discurso de funcionarios
estatales sobre las migraciones (especialmente de aquellos encargados de la administración de la
política migratoria) que enfatiza la asociación entre delito y migración, haciendo del control
migratorio la principal actividad Estatal en la materia. Sin embargo, la población venezolana ha
quedado exenta del giro simbólico en la visión de las migraciones. Por el contrario, se han sancionado
resoluciones especiales para facilitar la integración de la población venezolana que, al igual que la
población siria, se define como una migración por causas “humanitarias”.
A partir de la expulsión de la República Bolivariana de Venezuela del Mercosur, propulsada por
Mauricio Macri y Michel Temer el 5 de agosto de 2017, aparecen una serie de disposiciones
especiales para la población migrante venezolana. Desde el mes de febrero de 2018 se simplifican y
se agilizan los trámites para que la población venezolana pueda radicarse en la Argentina. En este
sentido, la llegada de Mauricio Macri al poder y su discurso beligerante contra el Gobierno de
Nicolás Maduro alentó la migración de población venezolana a la Argentina y esta postura se anunció
mediáticamente con la disposición 594/2018 de la Dirección Nacional de Migraciones (DNM)
publicada el 16/02/2018 en el Boletín Oficial: “Con la firme voluntad de ayudar al pueblo
venezolano brindando una real posibilidad de acceso a la residencia”. Con esta disposición, el
gobierno argentino dispuso que se simplificaran y agilizaran los trámites administrativos “con el fin
de regularizar la situación migratoria” de los miles de venezolanos que llegan a la Argentina (Infobae,
2018).
Por un lado, estas disposiciones son claras demostraciones del pulso político que se mantiene con
el gobierno de Venezuela, lo cual generaría una estratificación de derechos entre la población
inmigrante residente en el país. Por otro lado, en la práctica los y las inmigrantes venezolanas hasta el
momento no han visto reflejadas estas medidas en los trámites de radicación.
En este contexto de posturas políticas que apuntan a la restricción de los flujos migratorios, en
general, y de estratificación de derechos por nacionalidad, a partir de septiembre del 2018 el
gobierno argentino implementó el Sistema de Identificación de Migrantes en Línea (SIMEL), el cual ha
creado una creciente polémica puesto que se trata de una herramienta de control de las poblaciones
migrantes con documentación irregular. Este lanzamiento está a cargo de la Dirección Nacional de
Migraciones y se utilizará para detectar inmigrantes en situación irregular a través de una aplicación
en el celular. Esta aplicación permitirá arrojar datos sobre el tipo de residencia del migrante, sus
antecedentes penales, incluso si trasciende el ámbito nacional –por ejemplo, si es buscado por la
Interpol o por alguna causa en el Ministerio de Seguridad– y conocer cuáles han sido sus tránsitos
migratorios en los últimos años. Esta aplicación podría ser utilizada por la policía o por doctores en
hospitales.
Por último, en la actualidad cabe resaltar que en la Dirección Nacional de Migraciones no había
turnos para tramitar la regularidad jurídica hasta el mes de marzo de 2020. Frente a esta situación, en
el mes de noviembre de 2018 se implementó un nuevo sistema de “radicación a distancia”,
denominado RADEX. A partir de ese momento, todas las nuevas solicitudes, sin excepción, se inician
por la web. A través del sistema se pagan las tasas correspondientes del DNI, del certificado de
antecedentes penales y, en el caso de que la persona así lo desee, un extra para obtener un turno
preferencia (500 dólares a valores de diciembre 2018). Finalizado el trámite, el sistema envía por
correo electrónico el certificado de residencia precaria.
Ilustración 1. Argentina, 2018: Normativa migratoria.

Modalidades de ingreso de las personas entrevistadas

En cuanto a los trámites migratorios, se observa que las personas entrevistadas ingresan al país como
turistas. Según la normativa vigente, tienen tres meses para tramitar la residencia temporaria cuya
vigencia es de dos años (con posibilidad de ser renovada). De esta manera, se siguen los recorridos
típicos para obtener la residencia. En el caso de quienes tuvieron más de dos años de residencia
temporaria, han tramitado con éxito la residencia definitiva.
De esta manera, todos/as los/as entrevistados/as se encuentran en situación jurídica regular en Argentina,
nueve tienen residencia permanente, nueve temporaria, una persona posee el certificado precario de
residencia y una entrevistada estaba esperando el turno en la Dirección Nacional de Migraciones. Los
testimonios aluden a que los trámites se realizaron de manera independiente, sin la necesidad de
gestores. Una gran mayoría pidió la cita para tramitar el Documento Nacional de Identidad (DNI) en
la Dirección Nacional de Migraciones de forma online desde Venezuela; esta información es una de
las que más circula entre las redes migratorias y en las producciones audiovisuales que muestran las
ventajas de migrar a la Argentina.
Investigamos por internet todo lo que teníamos que traer, pasaporte vigente, antecedentes penales
legalizado y apostillado, títulos, certificados de estudios. Nosotros pedimos el turno para hacer el
trámite de los papeles como tres meses antes de viajar, eso también salía en las redes, te
recomiendan que lo pidas con anticipación para que cuando llegues lo tengas rápido y puedas
empezar a buscar trabajo, porque acá en Argentina si no tienes el DNI no puedes trabajar (Alcides,
31 años).
No obstante, esta situación de facilidad en la entrada y primeros trámites ha cambiado en los
últimos meses debido a que la Dirección Nacional de Migraciones ya no dispone de turnos hasta
marzo de 2020. Esto significa que quienes ingresen actualmente como turistas podrán permanecer
en ese estatus administrativo durante los tres primeros meses y quedan a la espera de la residencia
temporaria en un estado precario que les impedirá buscar trabajo registrado. El sistema de
“radicación a distancia” implementado por la DNM permitiría agilizar los trámites. Si bien presenta
serias dificultades para gran parte de la población migrante en Argentina (por el desigual acceso a
computadoras, correos electrónicos e internet), en el caso de la población venezolana se lo señala
como una ventaja respecto al sistema anterior.
Trámites de reconocimientos de títulos universitarios para el ejercicio profesional

Teniendo en cuenta el peso de la población venezolana universitaria, a lo largo de las entrevistas un


tema recurrente ha sido el de la posibilidad de poder ejercer profesionalmente en Argentina a partir
del reconocimiento del título universitario. Existen organizaciones de venezolanos en Argentina
dedicadas exclusivamente al tema y, en el último año, se han realizado diversas charlas informativas
sobre la temática. Según la normativa del país, existen dos modalidades posibles para el ejercicio
profesional: la convalidación o la reválida de los títulos universitarios. Para el caso de países con los
que la Argentina ha firmado un Convenio de Reconocimiento de Títulos Universitarios, el trámite a
realizarse es una “convalidación” del título académico, la cual se realiza de manera virtual
(http://convalidaciones.siu.edu.ar/) en el Ministerio de Educación y es totalmente gratuito. Los
países con los que la Argentina ha firmado convenios son Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador,
España, Perú y México. Para el caso de títulos universitarios de otros países se debe solicitar a las
universidades nacionales su “reválida”. Un requisito para la revalidación del título es poseer la
residencia permanente en el país.
De esta manera, hasta el año 2018 la población venezolana solo tenía acceso a revalidar sus títulos.
Sin embargo, en febrero de este año y con el fin de “simplificar el trámite” se emitieron dos
resoluciones del Ministerio de Educación (resoluciones 230/2018 y 232/2018) que resuelven dar
un trato “preferencial” a la población venezolana y siria por “las crisis que atraviesan ambos países”.
En la resolución 230-E/2018 se permite que puedan convalidarse títulos venezolanos aún sin
convenio firmado entre ambos países. Se explica que la decisión parte de la evidente “crisis
institucional” venezolana, pero también, afirma que “permitirá la incorporación a la matriz cognitiva
nacional la experticia de estos profesionales a fin de complementar la oferta profesional, llenando los
vacíos que los sectores socio productivos demandan”.
La resolución indica que: “el volumen significativo de solicitudes de revalidaciones de títulos
universitarios extranjeros provenientes de la República Bolivariana de Venezuela, ponen en evidencia
la compleja situación política, económica y social que presenta esta nación en la actualidad. Que
corresponde conforme a la Constitución de la Nación Argentina y por razones netamente
humanitarias otorgarles una solución a estos profesionales para que puedan ejercer lícitamente su
profesión y continuar formándose en nuestras instituciones universitarias”.
La resolución 232 se justifica en “la decisión sobre la suspensión de la República de Venezuela en
el Mercosur” y “Que es necesario posibilitar a los alumnos la prosecución en el país de sus estudios
realizados en la República Bolivariana de Venezuela. Que, por haber emigrado de la República
Bolivariana de Venezuela en situación de urgencia, las personas podrían no tener en su poder la
documentación educativa probatoria de sus estudios en condiciones, o carecer de ellas”. Ante ello, se
resuelve dar un tratamiento preferencial en los trámites administrativos de reconocimiento de
estudios de la educación obligatoria, tanto completos como incompletos, cursados en Venezuela, a
los fines de permitir el ingreso y egreso de estudiantes a los establecimientos educativos de toda la
República Argentina exceptuándolos del requisito de la legalización. En el caso de los alumnos que
carezcan de toda documentación educativa probatoria, se brinda la posibilidad de rendir un examen
global en el Servicio de Educación a Distancia del Ministerio de Educación ( SEAD), a fin de posibilitar
la prosecución de sus estudios.
A pesar de estas simplificaciones, en las entrevistas y en los materiales digitales compartidos en las
redes por parte de organizaciones de venezolanos en Argentina se da cuenta de la persistencia de
algunas dificultades prácticas. Por ejemplo, para la convalidación de títulos se requiere un “informe
de acreditación de calidad” de la carrera y de la universidad no emitido en Venezuela. Sin embargo,
según se indica en las charlas informativas a las que acuden funcionarios del gobierno argentino, la
población venezolana estaría exceptuada de presentar el informe. Solamente una de nuestras
entrevistadas consiguió convalidar su título de médica, pero esto fue porque lo hizo hace 10 años,
ninguno de los/as que migraron recientemente pudieron hacerlo pese a que según las disposiciones
tendrían más facilidad para llevarlo a cabo. En contraparte, la información que circula sobre el trato
“preferencial” a la población venezolana ha sido en algunos casos el incentivo para decidir migrar a
Buenos Aires.
La contemporaneidad de los procesos que estamos analizando, impiden poder definir el éxito o el
fracaso de estas medidas extraordinarias tomadas por el gobierno argentino.

Diseño del proyecto migratorio e itinerarios: la estabilidad económica en Argentina


representada en las redes sociales
El análisis de las trayectorias de la población venezolana para migrar y establecerse en Argentina, más
concretamente en la ciudad de Buenos Aires, nos conduce necesariamente a abordar las
representaciones sociales que los y las migrantes tenían en un inicio y cómo fueron cambiando a
partir de la información que circula en las redes migratorias y en las redes sociales virtuales acerca de
la llegada a este lugar de destino. Estas representaciones están atravesadas por el género, la edad, por
los proyectos migratorios –autónomos o familiares– y se construyen, en gran parte, a partir de la
comparación de Argentina con otros destinos en América Latina en lo referido a las posibilidades de
empleo, los niveles de inflación, pero también, en las facilidades para obtener la regularidad jurídica.
Los y las pioneras de esta migración a Buenos Aires, que en nuestro estudio llegan a partir del año
2008, en el momento de la decisión de migrar estaban insertos/as en origen en un mercado laboral
acorde con sus cualificaciones. Si bien comenzaba la crisis socioeconómica en origen, el mayor
inconveniente era el deterioro del salario. Aún podían acceder al sistema CADIVI3 para comprar dólares
y muchos de los testimonios aluden a que fueron parte de los ahorros con los cuales organizaron su
migración. En una gran mayoría, salieron con toda la documentación necesaria para insertarse en
Argentina: pasaporte, antecedentes penales y titulaciones académicas apostilladas. De esta manera,
una de las representaciones sociales sobre Argentina y, específicamente, sobre la Ciudad de Buenos
Aires en un principio, era su estabilidad económica (en relación con Venezuela) y las posibilidades de
adquirir la regularidad jurídica en un corto tiempo y sin necesidad de presentar más documentación
que la personal (pasaporte o cédula de identidad) y los antecedentes penales. Ambas características
garantizaban una llegada sin mayores complicaciones comparadas con otros países de la región:
Al siguiente día de la ruptura con mi esposa decido viajar a Buenos Aires. Tenía que evaluar cuatro
cosas, uno, facilidad de papeles, dos, el idioma, tres, que hay una ciudad, un país más cosmopolita,
más abierto a la migración, había oído mucho de Argentina cuando era niño, había leído mucho
Ernesto Sábato, había leído a Martín Fierro, tenía una enciclopedia gigante de Argentina, de todas
las zonas de Argentina y siempre había querido venir a Argentina, además, tengo una amiga en
Santa Rosa, La Pampa (Roberto, 32 años).
Yo siempre dije que quería vivir dos años en Argentina y dos años en Italia, no sé por qué, pero
eran los países que me gustaban. Mi prima se vino para acá y yo quise venir de vacaciones y no
pude por el pasaporte y me quedé con la espina. Cuando renuncié a mi trabajo salí al mundo
exterior y no tenía nada. Iba a lo privado siendo chavista radical, no estaba muy contenta pero
jamás en la oposición. Para mí fue una época de mucha crisis porque me estaba encontrando con
que todo lo que había defendido no estaba funcionando. El método que tenía que ir trabajar era lo
que criticaba, nutrición para la élite. Hice un curso de nutrición deportiva con un nutricionista
famoso de argentina, fui coach de nutrición en un banco, le llevé el comedor a un equipo de
rugby. Dejé el trabajo en agosto y en septiembre me enteré de que mi novio estaba con otra chica,
fue una crisis enorme. Ahí me buscó y me dice vámonos y decidimos migrar. Nos íbamos a ir
primero a Panamá porque mi hermana estaba allá y teníamos una amiga, teníamos dos primos allá
y el pasaje era más barato, pero nos empezamos a enterar que allá había mucha xenofobia (Jeanette,
28 años).
Lo cierto que recuerdo que una tarde estaba en la computadora, mis padres en la cocina, volteo y
les digo me voy pa’ Argentina. Empecé a mirar en internet economía en Perú, economía en
Argentina, empecé a ver y dije me gusta, dije Argentina, pero no un sitio específico. Mis viejos me
decían que estaba loca, pero ya hablamos de que se quedan con la nena en este momento. En la
noche me ven que sigo buscando, mi papá dijo tú eres peligrosa, porque a ti te arrancan la cabeza,
pero no una idea y me preguntó cuándo me pensaba ir, y le dije en agosto, era el año 2013 (Coro,
31 años).
A partir del año 2015 este perfil de migrante joven con proyectos migratorios autónomos se ve
modificado y comienzan a llegar al país personas con proyectos migratorios familiares, tanto en el
desplazamiento como en la organización transnacional del cuidado. Los hallazgos del trabajo de
campo remarcan que ya en ese periodo se vive una situación de crisis grave en Venezuela donde la
escasez de alimentos y medicamentos junto con la inseguridad son esgrimidos como dos de los
principales detonantes para emprender la migración.
Las trayectorias migratorias dejan la linealidad y el carácter directo del desplazamiento Caracas-
Buenos Aires, para dar paso a rutas más complejas con la finalidad de ahorrar recursos económicos
en la migración. En este sentido, aparecen los recorridos por tierra, activando el Corredor del Oeste
(Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina) y del Este (Brasil, entrando por la Triple Frontera).
En los últimos tiempos, encontramos migrantes con menos información en relación con la
documentación necesaria para realizar los trámites de residencia y para estudiar, a ello se le sumaba la
falta de recursos (papel, tinta para imprimir la documentación) en Venezuela que demoraba los
trámites y la entrega de pasaportes, antecedentes penales y apostillados. Los testimonios ilustran de
qué manera esta ineficiencia y falta de recursos alimentó la corrupción y lo que denominamos “el
comercio de la migración” en Venezuela.
Me dicen que tengo pagar y cada trámite estiraba el tiempo y me llevaba como tres meses y yo dije
esto no está bien, voy bajando las escaleras y digo esto no está bien yo tengo que lograrlo antes.
Mira la corrupción que hay en Venezuela, estaba una señora de la limpieza, me dice hija que
necesita, y le digo necesito pasaporte porque tengo pasaje comprado, mentira aún no lo tenía, y
necesito el de mi hija también, me dije bueno, tírame algo en el bolsillo y yo te hago sacar el
pasaporte para ayer. Fui a casa y busqué el dinero le compré el almuerzo a ella y a sus compañeros,
y les compré golosinas también. No nada más me hicieron los trámites ese día, y no nada más
estuvieron los pasaportes a los 8 días, ¡sino que me lo dieron a los 4 días! Ella me llamó y me dice
ya vi tu pasaporte en una caja (Coro, 31 años).
Es oportuno resaltar que, en este perfil, el diseño del proyecto migratorio contempla la dimensión
familiar donde se tiene en cuenta la organización del cuidado y de la llegada de remesas. Un dato
llamativo es que el centro de esta organización y los proveedores de remesas son mujeres y varones
jóvenes que, en su mayoría, serán los que se hagan cargo de la sobrevivencia de los padres que quedan
en Venezuela y de la posible reagrupación en destino.
Mi hermano gana el sueldo mínimo y solo le alcanza para menos de un kilo de queso y los pocos
ahorros que tenía en dólares antes de venirme los tuve que usar en comida para la casa, mi
hermano estaba desempleado, llegó casado y con dos hijos de vuelta a Maracaibo y no tenían qué
comer. Ahora los ayudo desde aquí, aunque él consiguió un empleo, pero no les alcanza, mando
3,000 o 4,000 pesos por mes, depende de las necesidades de ellos. Ayudo a mi hermano, a mi
madre [se pone a llorar] es difícil estar acá tener de todo, tener qué comer y ellos allá nada [énfasis del
entrevistado]. Por eso trato de enviarles todas las semanas (Alcides, 31 años).
Aunque la extrema situación de precariedad, escasez e inseguridad urbana en diferentes ciudades
de Venezuela son las principales causas de salida, ello no debe hacernos perder de vista que los
proyectos migratorios también están diseñados teniendo en cuenta elementos simbólicos. En el
siguiente testimonio, Alcides resalta las condiciones que buscaban en un lugar de destino y también
corrobora el control social transnacional que se da entre las primeras articulaciones y dinámicas de las
redes migratorias (Pedone, 2006):
Con mi pareja empezamos a investigar por YouTube para ver cuál era el mejor país y empezamos
a ver los pros y los contras de las ciudades, que tuviera el mismo idioma, que se pudiera ganar
buen dinero para guardar, comprar cosas y enviar a nuestra familia. Tuvimos la fuerte decisión de
escoger entre Buenos Aires o Santiago de Chile, durante los 5 meses que planificamos la
migración, mientras hacíamos el papeleo. Nos decidimos por Buenos Aires porque en Maracaibo
todo el mundo estaba migrando a Chile y no queríamos ir a donde iba todo el mundo, queríamos
una ciudad donde como pareja gay fuésemos aceptados y acá es mejor que en Santiago. Y la verdad
que hasta el momento no hemos tenido problemas de ningún tipo (Alcides, 31 años).
Las redes sociales como Facebook e Instagram funcionan como un medio para ofrecer servicios,
productos u opciones de hospedaje, pero también son utilizadas por algunos migrantes venezolanos
para comunicarse con personas que salieron de su país previamente. Solicitan información sobre los
requisitos para tramitar pasaporte y otros documentos oficiales, tanto para salir del país como para
ingresar a algún otro, también consultan sobre posibles rutas de viaje, costos, hospedajes, trayectorias.
Este tipo de referencias han sido denominadas como “mapas orales” (Parrini Roses y Flores Pérez,
2018).
En algunos casos han llegado a construir algunos vínculos de primer contacto para tener con quién
llegar al país de destino. Este medio también es utilizado para hacer denuncias públicas en contra de
la xenofobia que viven durante el proceso migratorio en los diferentes países por los cuales han
transitado. Además, hemos podido apreciar posteos sobre algunos obstáculos en el proceso
migratorio. Incluso observamos cómo algunas personas documentaron su propia trayectoria
migratoria a través de la narración de sus experiencias de viaje, acompañadas de fotografías (sobre
todo en aquellos casos en los que la salida se realizó por tierra). Otro tipo de casos tiene que ver con el
uso de las redes sociales para convocar a otras personas que quieran organizar su salida del país por
tierra.
Los testimonios aluden a que la mayoría ha utilizado alguna vez estos espacios virtuales sin que ello
signifique contacto presencial entre ellos. Cuando existen reuniones, son por alguna fecha específica,
para conseguir algún recurso necesario para algunos migrantes de la comunidad (principalmente
abrigo) y en el caso de reuniones institucionales para informar sobre la reválida de titulaciones
académicas, como explicamos anteriormente.
El cambio político en Argentina en diciembre de 2015 significó el pasaje de un gobierno nacional
popular a un gobierno de derecha que modificó radicalmente las condiciones socioeconómicas de la
población y la calidad de vida. Un ajuste mucho más violento que el realizado en la década de 1990,
se tradujo en despidos masivos, aumentos de tarifas de los servicios básicos, de los alquileres, el
deterioro del sistema educativo y sanitario, entre otras consecuencias, llevaron a que estos ajustes
recayeran aún más sobre la población migrante. Estos cambios circulan entre las redes migratorias de
manera parcial, con análisis comparativos con la situación socioeconómica en Venezuela. Por lo cual,
las representaciones sociales, se confunden, se solapan y se yuxtaponen a partir de otras miradas de la
población venezolana ya instalada en destino. Este hecho, lleva a que mucha población decida migrar
porque ya no está en el poder la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, definida en los discursos
de una mayoría de la población venezolana “como dictadora y comunista igual que Chávez” y una
tranquilidad aparente por la llegada de Macri al poder.
Yo estaba aquí cuando estaba Cristina, me asustaba su política, yo al principio iba y venía, pero
luego estuve un año entero, y sería una irresponsabilidad opinar, pero ayer y hoy, Cristina me
hacía acordar a Chávez y Maduro, tanto con Cristina como con Macri, Argentina es un paraíso, el
simple hecho de poder ir a un supermercado y elegir una marca, la comparación es difícil, hablar
de política cuando tienes solo un año y no conoces la historia. Sé lo del corralito, los admiro
porque los argentinos no se la dejaron montar, pero mi pueblo se acomodó, se resignó (Coro, 31
años).
Queríamos irnos a Panamá porque se gana en dólares, pero los papeles eran muy caros,
2,000/3,000 dólares y nos íbamos a descapitalizar muy rápido. Averiguábamos por internet y por
los youtubers, también vimos en Uruguay que si bien no hay inflación no hay fuentes de trabajo.
En Chile era un problema con los papeles. Mi hermano no quería venir para acá porque estaba
Cristina y era “otro Chávez más” pero le decíamos “vamos con dólares a un país donde valen más”
y empezamos a analizar que es otra cosa, cultura, más abierto, los papeles no son tan complicados y
decidimos por Argentina (Abigail, 36 años).
No obstante, el deterioro de las condiciones de vida sorprendió a una gran parte de la población
venezolana que llegó en el último tiempo, esto se traduce en una mayor dificultad para insertarse
laboralmente, sobre todo, en los mismos niveles de cualificación profesional. En cuanto a los trabajos
sin cualificación, se agudizan las condiciones de precariedad dentro del trabajo no registrado.
Los hallazgos de nuestro trabajo de campo nos indican que dieciocho de los/as veinte
entrevistados/as tienen educación universitaria completa e incluso algunos llegaron con títulos de
posgrado. Las disciplinas a las que corresponde su profesión son: medicina, radiología, medios
audiovisuales, telecomunicaciones, psicología, odontología, ingenierías, nutrición, artes plásticas,
economía y arquitectura, solo dos de los/as entrevistados/as tienen una formación universitaria
incompleta en turismo y en idiomas (japonés e inglés).
Solamente aquellos que emigraron hace más de 5 años lograron convalidar sus estudios y ejercer su
profesión, sobre todo aquellos que están relacionados con la medicina. El resto está en el proceso o ni
siquiera lo ha intentado por las complicaciones que implica. Como explicamos anteriormente,
existen disposiciones del gobierno argentino “que favorecerían” a la población venezolana; no
obstante, en nuestro trabajo de campo encontramos que persisten las dificultades para revalidar las
titulaciones y algunos/as migrantes se desplazan hacia otras provincias donde tienen noticias que estos
trámites son más rápidos y llegan a buen término.
En este sentido, la información que circula entre las redes migratorias y algunas noticias de
iniciativas políticas específicas para la población venezolana llevan a migrantes venezolanos/as a
desplazarse a otras provincias argentinas. Por ejemplo, hacia la Provincia de Jujuy donde algunos/as
profesionales de la salud han migrado para poder revalidar sus títulos y lograr una inserción laboral
cualificada.
Es el caso de María que migra a Buenos Aires y logra trabajar de médica, pero en condiciones muy
precarias. Ejercer la medicina sin matrícula supuso tensiones éticas y un fuerte impacto personal.
Asimismo, significa aceptar condiciones precarias de trabajo e, incluso, peligrosas en términos legales.
Son trabajos ilegales, eso también se está tratando de corregir, de no trabajar de esa forma porque
no es legal y nos pone en riesgo a cada uno. Estamos como llenando huecos que el Ministerio
tiene, a nosotros no nos da nada a cambio de lo que estamos haciendo, nos hacen presión para que
no trabajemos (María, 38 años).
Nuestras estrategias metodológicas etnográficas y de corte longitudinal nos permitieron seguir su
trayectoria hacia el Noroeste argentino. En Jujuy, según notas periodísticas, es el Ministerio de Salud
el que fomenta la contratación de médicos/as extranjeros/as para “llevar más y mejores prestaciones
médicas a la población del interior de la provincia que históricamente ha padecido la carencia de
profesionales médicos” (Declaraciones del Ministro de Salud, en diario Jujuy al día, 21 de agosto de
2018).
Dos colegas médicos venezolanos instalados en Jujuy obtuvieron ayuda por parte del gobierno
provincial para su convalidación y matrícula, ante estas noticias cuando María recibe el DNI le
informan que puede sumarse a un grupo de 25 médicos venezolanos/as que parten hacia la
provincia. Primero, la reciben en una vivienda colectiva (tipo hostal) en donde vive con su hija y sus
compañeros/as. Unas semanas después se reencuentra con su marido, proveniente de Santiago de
Chile y logran alquilar una vivienda en las afueras de la capital jujeña. En noviembre, María
comienza a trabajar por “un convenio especial con el Ministerio de Salud”.
De esta manera, las expectativas previas sobre una “rápida” y “exitosa” regularización son
satisfechas gracias a la normativa argentina en materia migratoria. Sin embargo, como veremos a
continuación, esto no significa necesariamente lograr inserciones laborales acordes con el nivel de
estudio alcanzado en el país de origen. La ciudad de Buenos Aires, señalada como la tierra de las
oportunidades de trabajo, no les ofrece las condiciones laborales a las que aspiran y por ello
comienzan a entreverse estrategias de desplazamientos internos dentro del territorio argentino.

Trayectorias laborales y patrones de asentamiento en la Ciudad de Buenos Aires:


diferencias económicas y simbólicas de pertenencia a clase social
En nuestro estudio, para abordar la inserción laboral de la población venezolana en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, utilizamos la noción de “trayectoria” que supone un tipo de herramienta
teórica-metodológica que permite vincular las características de la estructura social y del mercado de
trabajo local, es decir, su etnificación, racialización y generización que organiza el horizonte de
posibilidades laborales (Tizziani, 2011) con las trayectorias biográficas, migratorias, familiares y
laborales de las personas. A partir de esta premisa, la noción de trayectoria supone otorgarle un rol
central a la secuencia de acontecimientos presentes a lo largo de la vida laboral de las personas que
considera el paso del tiempo, la sucesión de acontecimientos y la forma en que son percibidos
(Muñiz Terra, 2012).
Destacamos una mirada compleja de las clases sociales, en la cual se puede incorporar la población
migrante en los mercados laborales, pero no se restringe solamente a ellos, sino que existen otras
esferas y dinámicas de la vida social que emergen como relevantes para definir “valoraciones sociales”
de las propiedades de los sujetos y ubicarlos en un espacio relacional de posiciones (Jiménez Zunino,
2010).
La pertenencia de clase social en origen, la inserción laboral y el momento de salida determinan las
modalidades de los proyectos migratorios, la disponibilidad de recursos económicos para migrar y las
condiciones en las cuales se emprendieron los desplazamientos hacia Argentina. También permiten
una mayor o menor amplitud de redes de inserción laboral entre origen y destino.
Como evidencian los datos estadísticos, el perfil de nuestros/as entrevistados/as es el de una
población joven con alta proporción de universitarios/as. Los hallazgos de nuestro trabajo etnográfico
nos permitieron distinguir dos perfiles de migrantes con una inserción laboral diferenciada según la
pertenencia de clase social en origen, los momentos de salida y de llegada:

Perfil de migrantes pioneros/as cualificados/as, con proyectos migratorios autónomos e


inserción laboral profesional en destino.
Perfil de migrantes recién llegados/as, caracterizado por una mayor diversidad en cuanto a
cualificación y pertenencia a clase social, donde aparecen también los proyectos migratorios
familiares, con una inserción laboral en destino más precaria.

Para el primer grupo de migrantes, con una pertenencia de clase social media media-alta en origen,
Argentina y concretamente la Ciudad de Buenos Aires se presentaban como un lugar cosmopolita,
“abierto” y con facilidades de entrada. Su llegada se relacionaba con trayectorias formativas de
posgrado o con contactos laborales para insertarse en el mercado de trabajo local en empleos acordes
a su cualificación profesional. La mayoría llegaba con recursos necesarios para establecerse y, en
algunos casos, vínculos políticos entre origen y destino para poder insertarse en dependencias
públicas.
Actualmente, están insertos/as en empresas privadas o en algunas dependencias del gobierno de
CABA en sectores profesionales como ingeniería, arquitectura, planificación regional y de transporte,
con ingresos mensuales comparables a los ingresos de la clase media, media alta en Argentina. Un
ejemplo ilustrativo es el relato de Alejo:

Trabajo en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, me contrataron sin DNI, vine como
recomendado de Venezuela, por un nexo, por un vínculo de allá de amigos… Pasé dos meses y
medio en trámites administrativos. No porque no tenía DNI, sino porque ahí se tardan dos meses y
medio sin cobrar un centavo y trabajando. Luego como monotributo y rindiendo honorario, son
las inconsistencias… El trabajo no es precario, pagan bien pero no tienes los beneficios de una
relación de dependencia. ¿Qué quiere decir eso? que simplemente el día que prescindan de tus
servicios te dan una patada por el rabo y te sacan. Es un tema político también, es en el ámbito
público y el año que viene hay elecciones. Ahora gano 37,000 pesos, pasé cuatro meses en
Planificación Urbana y no estaba haciendo absolutamente nada, o sea, sentía que me estaban
haciendo un favor, entre comillas porque no me estaban pagando. Después entré en el área de
procesos, aquí ya empiezo a hacer un trabajo que no era en mi área, pero trabajando a nivel
profesional y apareció una oportunidad ahorita en la Dirección General de Obras y me pasé
porque es mi área (Alejo, 34 años).
Este hecho también marcó patrones de asentamiento en la ciudad en barrios acomodados de
sectores medios y medios altos como Palermo y Núñez. En estos barrios hay una oferta de
departamentos amueblados temporarios, donde no se requieren las garantías de propiedad solicitadas
habitualmente y se subsana su ausencia con uno o dos meses de depósito de alquiler.
Sin embargo, los relatos de los y las migrantes hacen referencia a diferenciaciones simbólicas intra e
interclase que demuestran que dentro de una misma pertenencia nacional existe una heterogeneidad
que, en numerosas ocasiones, es invisibilizada en los estudios migratorios internacionales y que dan
lugar a estratificaciones socioeconómicas que marcan la dinámica de las relaciones sociales de una
población migrante de una misma nacionalidad en los lugares de destino.
Yo trato de no juntarme con otros venezolanos, no quiero saber nada de Venezuela, salvo de mi
familia. El perfil de venezolano que he conocido es lo que yo llamo “las células cancerígenas” que
esa la última camada que está llegando o es el hiper cheto4 que le dicen aquí cheto sifrino, es una
realidad totalmente distinta una valoración de la realidad totalmente distinta que yo no comparto,
entonces los rechazó automáticamente. No sé es que cuando yo escucho que –me quiero comprar
un iPhone. Pensaban que llegando se iban a comprar un iPhone o tenemos un departamento en
Recoleta. Son cosas que yo rechazo y en la otra parte está la célula cancerígena que consigue un
trabajo en un kiosco y se va, abandona el trabajo saca el dinero de la caja y empieza a contaminar a
la sociedad argentina. Iba a pasar evidentemente que la percepción que tiene la sociedad argentina
de una iba a cambiar, no tienes que ser sociólogo antropólogo para saberlo, es un tema de sentido
común. Acá llegó una persona de afuera e inmediatamente empezó a contaminar tu sociedad
evidentemente lo querés botar (Alejo, 34 años).
Otro perfil de migrantes, de reciente llegada, pertenece a una clase media, media- baja. Si bien
cuentan con un nivel formativo medio y alto, la situación crítica en origen los/as llevó a diseñar sus
proyectos migratorios con escasos recursos, incluso con trayectorias migratorias por tierra. El
momento de llegada, en pleno ajuste socioeconómico en destino, con una alta retracción del empleo,
les ha permitido insertarse solo en trabajos no registrados, con condiciones precarias y largas jornadas
laborales. Las personas que tienen menos tiempo en el país se encuentran en el ámbito de los
servicios, ya sea como vendedores o empleados en comercios, los/as cuales reciben parte de sus
ingresos como trabajo no registrado, por ejemplo, la inserción dentro del sistema de taxis Uber y
diversos trabajadores de plataformas digitales, otros trabajan en locales de comida, venta de artículos
y en el sector de la construcción como albañiles. También hay que destacar una inserción laboral
vinculada al género, donde las mujeres predominan en trabajo de cuidados y de estética.
Yo doy cursos de cosmetología, el lunes tengo una argentina, una colombiana, una dominicana y
cuatro venezolanas. Los talleres son de 6 horas, y los cursos un mes o dos meses todos los sábados.
El taller sale en 2,000 pesos con materiales, siempre les doy los materiales para que practiques y
puedas generar dinero, porque mi experiencia, si pagas el taller y si después tenés que comprar
materiales no se puede (Coro, 31 años).
En este perfil, se observan fuertes procesos de desclasamiento social donde se deben ensayar nuevas
estrategias vitales para insertarse en un mundo socioeconómico desconocido hasta el momento antes
de migrar. Así lo describe un profesor universitario que, además, realizaba viajes por rutas del arte
por Europa:
Yo llego hoy tengo que adelantar el arroz, picar tomate, cebolla, lechuga, organizar todo, que, si hay
brócoli, hay tempura, qué pasó con el salmón todo eso, ya tengo cuatro meses en ese empleo (…)
Entonces ya dejas de hablar de filosofía e historia, arte antiguo y trabajas con varios locos que hoy
trabajan y se van pa’ un boliche, se van con las prostitutas a gastarse todo (Roberto, 32 años).
Es oportuno destacar que, dentro del mundo del trabajo de la población migrante, hay algunas
posibilidades de trabajo que presentan altos niveles de precariedad. En el barrio de El Once, por
ejemplo, predomina el comercio informal y aparecen figuras como la del “franquero” y “franquera”
tal como se denomina en algunos negocios a los y las empleados/as que cubren las horas laborales de
aquellas personas que tienen el día de descanso semanal. Estas son prácticas laborales con muy bajos
ingresos.
Debido al alto costo de los alquileres, se han puesto en marcha dos tipos de estrategias
residenciales: hay quienes comparten habitaciones amuebladas con otros migrantes, sobre todo entre
aquellos/as jóvenes y con trayectorias migratorias individuales y, en otros casos, con trayectorias
migratorias familiares y con reagrupación del núcleo familiar, han cruzado una frontera territorial y
simbólica hacia el conurbano bonaerense donde los alquileres son más asequibles.

Acceso y ejercicio de derechos sociales: la universalidad en cuestión


Como describimos anteriormente, la Ley de Migraciones en Argentina garantiza el derecho universal
al acceso a la salud y a la educación. En cuanto a los testimonios de la población entrevistada, es
posible apreciar que acceder a estos servicios no ha sido un inconveniente. Actualmente, existe una
minoría de proyectos familiares con inserción de niños y niñas en la escuela primaria que han tenido
una inclusión inmediata en las instituciones, incluso cuando llegaron a mediados de año o con el
ciclo escolar avanzado.
Solo dos entrevistados/as que pertenecen al grupo de los y las migrantes pioneras han realizado
trayectorias formativas de posgrado en universidades públicas de Buenos Aires, uno de ellos becario
de un programa de cooperación internacional del gobierno de Venezuela, como beneficiario de la
beca tiene el retorno programado a Caracas, donde debe reembolsar el estipendio recibido con tres
años de trabajo en la universidad.
En cuanto al acceso a los servicios de salud, es oportuno resaltar que en nuestra muestra hay
migrantes con una inserción laboral de trabajo registrado con altos salarios que acceden a obras
sociales de una clase media-alta en Argentina. En cuanto aquellos migrantes con una inserción
socioeconómica precaria, algunos de ellos han accedido al sistema de salud pública argentina y no
han tenido inconvenientes. Aunque hemos encontrado un caso de un migrante que sufrió
discriminación en los trámites para gestionar su libreta sanitaria necesaria para efectivizar su contrato
de trabajo.
No obstante, dentro de este último grupo de migrantes se observa que muchos de ellos no acuden
a los servicios por las condiciones laborales que no les permiten conciliar los horarios y otros
prefieren continuar las consultas con sus médicos y terapeutas de cabecera en Venezuela a través de
conferencias por Skype.

Conclusiones
La migración venezolana en Argentina ocupa el tercer lugar después de Paraguay y Bolivia en cuanto
a volumen de residencias solicitadas en los últimos años. Los hallazgos de nuestro trabajo de campo
indican que dieciocho de los/as veinte entrevistados/as tienen educación universitaria completa,
algunos con títulos de posgrados. Además, podemos observar que uno de los principales incentivos
para decidir migrar a Argentina es el trato “preferencial” a la población venezolana y la “facilidad en
los trámites”, la cual se ve reflejada en que una gran mayoría pidió la cita para tramitar la residencia
desde Venezuela en el portal online de la DNM. Es por ello por lo que no se ven en la necesidad de
contratar gestores para que les ayuden con los trámites migratorios ante las estancias
gubernamentales.
La población venezolana entra al territorio argentino como turista y a partir de ahí puede tramitar
la residencia temporaria, y pasados dos años la residencia permanente. Hasta mediados de 2017 este
trámite se realizaba gracias a las facilidades que le otorga la Ley de Migraciones por “criterio de
nacionalidad”, debido que era un Estado Asociado al Mercosur. Debido a las decisiones políticas de
los gobiernos regionales de expulsar a la República Bolivariana de Venezuela del Mercosur, el
gobierno argentino ha publicado disposiciones especiales que facilitan los trámites a la población
procedente de Venezuela que iguala su trato a los países del Mercosur.
La mayoría de nuestros/as entrevistados/as tienen una situación de regularidad jurídica con
residencia temporaria o permanente en el país. No obstante, en el último tiempo, comenzamos a
observar itinerarios de irregularidad jurídica, debido a que la DNM dispone de turnos para realizar los
trámites a partir del marzo de 2020. Un nuevo sistema online para iniciar las solicitudes de
residencia fue inaugurado con el fin de acelerar el proceso.
Abordar el estudio de la migración venezolana hacia Argentina, en general, y a la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, en particular, mediante el análisis de proyectos migratorios puestos en
marcha en la última década (2008-2018) nos permitió concluir que este flujo está caracterizado por
la pertenencia de clase social en origen, los momentos de salida (estadios de la crisis socioeconómica y
política en Venezuela) y de llegada (cambios socioeconómicos y políticos en Argentina), la edad y el
género. En este sentido, identificamos dos perfiles:

Perfil de migrantes pioneros/as profesionales con proyectos migratorios autónomos e


inserción laboral cualificada en destino.
Perfil de migrantes recién llegados/as, caracterizado por una mayor diversidad en cuanto a
cualificación y la pertenencia a clase social, donde aparecen también los proyectos
migratorios familiares, con una inserción laboral en destino más precaria. En este perfil se
observan procesos más agudos de desclasamiento social tanto en origen como en destino.

Consideramos importante continuar analizando en profundidad las consecuencias psicológicas y


socioeconómicas de los procesos de desclasamiento que ha implicado el hecho de que los/as
migrantes venezolanos/as no puedan ejercer sus respectivas profesiones, sobre todo para aquellos
que están migrando actualmente. Esto puede verse en las disparidades entre lo que se difunde por
las redes sociales o a través de los mapas orales sobre la facilidad para tener una vivienda, la facilidad
para viajar a Argentina y trabajar, lo cual genera altas expectativas, en contraste con lo que ocurre
realmente.
Asimismo, es prioritario analizar la discrepancia entre los discursos que supuestamente facilitan las
condiciones para el ingreso de la población venezolana y la convalidación de sus estudios con aquello
que en la práctica ocurre con los operadores de las burocracias de migraciones y la población
migrante.

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1 Se toman las residencias iniciadas y no las resueltas dado que el objetivo del análisis es esbozar un perfil de la población venezolana en la
ciudad de Buenos Aires en los últimos años. Las residencias resueltas pueden englobar migrantes arribados en diferentes momentos.
2 La DNM presenta los datos de nivel educativo para la totalidad de radicaciones solicitadas, sin importar la edad de quien la iniciara.
3 CAVIDI: organismo gubernamental venezolano encargado de vender dólares a bajo costo bajo ciertas condiciones y limitación. Creado en el
año 2003, el sistema se cerró en abril de 2015.
4 Hiper cheto: caracteriza a una persona de clase media o alta en Argentina que tiene una performance de su pertenencia de clase

diferenciándose en su forma de hablar, vestir, y apropiarse de espacios públicos y privados.


Garantizada la protección jurídica, otros son los desafíos. Venezolanos
en la ciudad de Montevideo

Camila Montiel
Victoria Prieto

Introducción. Uruguay como contexto de acogida de la migración venezolana


El incremento en el número de residencias concedidas a ciudadanos venezolanos en Uruguay a partir
de 2015 debe interpretarse en función de al menos tres marcos de referencia. En primer lugar, es
consecuencia de las condiciones de acceso a la residencia permanente que la legislación uruguaya
brinda a los ciudadanos de los estados miembro y asociados del MERCOSUR (OIM, 2018). En segundo
lugar, se inscribe dentro de los intercambios poblacionales entre ambos países iniciados con la
emigración a Venezuela y el posterior retorno de uruguayos durante la década de los setenta y
ochenta (Bidegain, 1987). En tercer lugar, ocurre en el contexto de agudización de la crisis que se
inicia en Venezuela hacia el año 2013 (Freites, 2018; R4V, 2019).
La inmigración venezolana en Uruguay forma parte del “éxodo venezolano” que se dirige
fundamentalmente al resto de América Latina, pero desde la perspectiva de este país de acogida,
también, es parte de un fenómeno mayor de incremento generalizado de la inmigración proveniente
de países no limítrofes. Este último proceso cobró relevancia a partir de 2012 con participación
destacada de Colombia, Cuba y República Dominicana ( MIDES, 2017). Dentro de este grupo más
amplio, Venezuela ocupa hoy el primer lugar y destaca como uno de los orígenes con mayores
niveles de calificación.
El atractivo de Uruguay como contexto de acogida para este origen obedece fundamentalmente a
las oportunidades de acceso a la residencia legal permanente que reconoce a los ciudadanos de países
comprendidos en el Acuerdo de Residencias del MERCOSUR y estados asociados (en adelante “acuerdo
de residencias”). A ello se suman otros factores de atracción como la seguridad, la estabilidad
económica y política, o su calidad de vida de Uruguay. La valoración de estas cualidades es recurrente
entre los venezolanos y emerge en la consideración de la elección del destino migratorio cuando se
contrapone a Uruguay con otros países dentro de América del Sur, como Argentina, Chile o
Colombia. Además, dentro de la región latinoamericana, Uruguay destaca por el enfoque de
derechos de su marco normativo. Recientemente, la OIM ha destacado la articulación de la
implementación del acuerdo de residencias en este país (OIM, 2018), y son numerosas las referencias al
grado de apertura de la política migratoria de este país dentro del concierto regional (Acosta y Freier,
2015; Ceriani y Freier, 2015; Ceriani, 2018).
En este capítulo nos proponemos comprender la emergencia de Uruguay como contexto de
acogida de la migración venezolana, describir las condiciones de vida de los venezolanos y valorar la
articulación entre seguridad jurídica y acceso efectivo al ejercicio de derechos de trabajo, salud,
educación y vivienda. Para ello nos apoyamos en el análisis de entrevistas semiestructuradas con
inmigrantes venezolanos y en la revisión de datos secundarios que incluyen series anuales de
residencias, flujo de pasajeros por puestos fronterizos, y microdatos de la Encuesta Continua de
Hogares del Instituto Nacional de Estadística. Las entrevistas, que constituyen el principal insumo de
este capítulo, fueron realizadas entre julio y setiembre de 2018 a un total de veinte personas nacidas
en Venezuela que en su mayoría llegaron a vivir a Montevideo a partir de 2016. En la selección de
entrevistados se utilizaron contactos personales y se privilegió la heterogeneidad de edades, sexo y
ocupaciones. Todos los participantes eran residentes permanentes al momento de ser entrevistados,
con excepción de un ciudadano uruguayo que heredó la ciudadanía uruguaya de sus abuelos
radicados en Venezuela desde los años setenta. Varios de los entrevistados pueden considerarse
pioneros, en tanto han promovido la migración de sus familiares y amigos. La mitad de las
entrevistadas son mujeres, catorce de ellos tenían estudios terciarios y apenas seis no completaron
estudios superiores.
A continuación, se presentan las principales tendencias del flujo venezolano y su perfil
sociodemográfico. Inmediatamente, se introduce el marco normativo vigente en materia migratoria y
las condiciones de acceso a la residencia legal de los migrantes venezolanos. Después, incluimos un
análisis exhaustivo de las entrevistas realizadas con foco en la preparación de los documentos para la
emigración en Venezuela y las condiciones de vida en Uruguay, respectivamente. Por último, se
presentan las principales conclusiones y recomendaciones de este estudio de caso.

Antecedentes, tendencias recientes y perfil de la inmigración venezolana en Uruguay


Como para la mayoría de los países del cono sur, aquí la inmigración venezolana es un fenómeno
ciertamente reciente y novedoso. Los lazos migratorios entre ambos países se limitaron hasta la
década anterior a la emigración de uruguayos hacia Venezuela y al retorno de este mismo flujo
acompañado de hijos o cónyuges venezolanos.
La emigración de uruguayos hacia Venezuela data de la década del setenta y ochenta, tiempo en
que este segundo país integra el grupo de países de acogida de la emigración calificada que dejaba
Uruguay durante la dictadura por razones fundamentalmente políticas (Bidegain, 1987).
Estimaciones con base en censos de población de aquel país arrojaban que en 1970 eran apenas 793
los uruguayos que vivían en Venezuela; ya iniciada la dictadura militar, hacia 1980, esta cifra
superaba las siete mil personas y, una vez restaurada la democracia, la ronda censal de 1990 arrojaba
una cifra algo menor (5,454) que indicaba que el intercambio poblacional entre ambos países se
había detenido y, en cambio, se había iniciado el retorno de varios uruguayos (Cabella y Pellegrino,
2005).
En lo concerniente a Uruguay como contexto de acogida de la migración de origen venezolano, los
datos publicados por la plataforma de Investigación de la Migración Internacional en Latinoamérica
(IMILA) para el censo de Uruguay en 1996 indican que en ese año eran apenas 737 los venezolanos
que residían en Uruguay; veinte años más tarde la Encuesta Continua de Hogares de 2017 arroja
que este contingente se aproximaba a las 3,773 personas. A pesar de sus imperfecciones, los registros
administrativos de residencias coinciden y ratifican el incremento exponencial del flujo de
venezolanos especialmente a partir de la reglamentación del acuerdo de residencias (OIM, 2018). Previo
a su implementación, entre 2009 y noviembre de 2014, el volumen acumulado de residencias
otorgadas a todos los ciudadanos de países del MERCOSUR y Estados Asociados fue de 8,841, cifra
inferior al número de residencias otorgadas anualmente en los últimos dos años (Gráfico 1).
Gráfico 1. Residencias concedidas a nacionales del MERCOSUR y Estados Asociados. Uruguay, 2009-2017.

Fuente: elaboración propia a partir de estimaciones OEA-SICREMI (2017) e información sobre residencias temporales tramitadas en la
Dirección de Migración (Ministerio del Inferior).

De este incremento participaron tanto venezolanos como otros orígenes incluso ya asentados en el
país que aprovecharon la implementación del acuerdo de residencias para regularizar su situación
documental (MIDES, 2017). De todos modos, la población de origen venezolano ha ido consolidándose
como el principal origen dentro de las solicitudes de residencia, primero dentro de las permanentes
acogiéndose al acuerdo de residencias y más recientemente, tras el colapso de solicitudes recibidas por
la Oficina de Asuntos Consulares y Vinculación, dentro de las residencias temporales (Gráfico 2).
Esto último es especialmente llamativo, ya que desde la vigencia del Acuerdo los ciudadanos
venezolanos podrían acceder a la residencia permanente sin costo ni probatoria de medios de vida, en
contraposición a la solicitud de residencia temporal donde sí se exigen estos requisitos. Ocurre que
mientras las residencias permanentes por acuerdo de residencias se tramitan en la Oficina de Asuntos
Consulares y Vinculación del Ministerio de Relaciones Exteriores, la residencia temporal se puede
obtener de manera más ágil en la Dirección Nacional de Migración donde concurren los orígenes
extra-MERCOSUR que continúan siendo una minoría dentro del total de la inmigración reciente. Ésta es
una de las estrategias que recientemente han encontrado los inmigrantes recién llegados a Uruguay,
incluso los venezolanos, para poder acceder rápidamente a la cédula
Gráfico 2. Proporción de las solicitudes de residencia que han sido otorgadas a ciudadanos venezolanos tras la implementación del Acuerdo de
Residencias MERCOSUR y Estados Asociados en Uruguay, 2015-2017.
Fuente: elaboración propia a partir de estimaciones OEA-SICREMI (2017) e información sobre residencias temporales tramitadas en la
Dirección Nacional de Migración (Ministerio del Interior).
de identidad provisoria que se emite una vez iniciado el trámite de residencia legal. La relevancia de
este documento radica en que solo su exhibición habilita al acceso a las prestaciones sociales derivadas
de las contribuciones del trabajador a la seguridad social1.
En cuanto al perfil sociodemográfico de la población venezolana en Uruguay, cabe señalar la
particularidad del perfil de edad y sexo de este origen (Tabla 1). Previo a la entrada en vigor del
acuerdo de residencias, y en tiempos donde la afluencia de venezolanos era poco significativa se
identificaba un flujo mayoritariamente masculino, pero más recientemente (2015-2017), el
incremento del flujo ha traído consigo un incremento de la participación femenina que supera el
50%. La inmigración venezolana se distingue del resto de la inmigración reciente por la reducida
presencia de niños y jóvenes, su fuerte concentración en las edades activas, y un alto nivel de
calificación que se mantiene incluso a pesar del incremento del flujo y su esperable masificación. El
promedio de años de estudio de este grupo supera por tres años al promedio de años de estudio de la
inmigración reciente y en más de cinco años al de la población nativa.
En lo concerniente a los indicadores más elementales de la actividad laboral, la inmigración
venezolana también se distingue del resto de orígenes por los altos niveles de actividad y ocupación, y
el reducido impacto del desempleo, aunque la incidencia de éste es superior en este grupo que entre
la población nativa (Tabla 1). En consecuencia, podría pensarse que la relativamente baja cobertura
del Sistema Nacional Integrado de Salud dentro de este grupo (91.7% en 2015-2017) sea
consecuencia de esa mayor incidencia del desempleo entre la población venezolana, para la que la
cobertura es cinco puntos porcentuales menor que la de la población nativa. En la comparación entre
los niveles de cobertura pública y privada antes y después de 2014 −punto de inflexión en los niveles
de inmigración de este origen y de entrada en vigor del acuerdo de residencias−, se aprecia un cambio
de composición en el tipo de cobertura. Cuando la inmigración de venezolanos era más limitada
apenas el 8.4% se atendía en la salud pública y más del 90% optaba por un seguro de salud privado,
mientras que en la actualidad dos de cada diez venezolanos se atienden en los servicios de salud
pública.
En síntesis, los indicadores hasta aquí presentados indican que el colectivo venezolano se encuentra
en una mejor posición respecto al conjunto de la inmigración reciente.
Tabla 1. Características sociodemográficas seleccionadas de la población venezolana, inmigrante reciente de otros orígenes y nacida en Uruguay.
Uruguay, 2012-2017.

Venezolanos Inmigrantes recientes Nativos


2012-14 2015-17 2012-14 2015-17 2012-14 2015-17

N (anual) 1,047 2,563 14,817 18,680 3,210,704 3,322,044

Mujeres (%) 46.9 53.3 51.0 48.5 51.9 51.6

Menores 18 años (%) 8.06 12.8 40.2 31.4 27.3 26.4

12.9 13.6 8.9 10.1 7.7 7.9


Media años de estudio (error estándar) (0.078) (0.054) (0.031) (0.026) (0.002) (0.001)

Pobl. en edad de trabajar (%) 94.6 87.7 59.1 69.4 64.2 65.1

Tasa de actividad (por cien) 85.4 87.9 72.4 80.1 75.7 74.8

Tasa de ocupación (por cien) 77.6 79.8 63.6 69.4 70.7 68.8

Tasa de desempleo (por cien) 9.1 9.5 12.1 13.3 6.4 7.7

Pobl. con derechos vigentes en el Sistema Integrado


93.9 91.7 86.3 89.9 98.1 98.6
de Salud (%)

Pobl. que atiende su salud en el sector público (%) 8.4 20.5 24.2 25.8 31.8 30.9

Pobl. que se atiende en el sector privado y otros


91.6 79.5 75.8 74.2 68.2 69.1
(%)

Fuente: elaboración propia con base en las Encuestas Continuas de Hogares 2012-2017 (Instituto Nacional de Estadística).

Marco jurídico e institucional de la inmigración en Uruguay


En diciembre de 2005 Uruguay sanciona la Ley 17,927 2 e incorpora definitivamente en su
legislación nacional los Acuerdos de Residencia del Mercosur, siendo uno de los primeros países de
la región en internalizarlos. A partir del 28 de agosto de 2014, con la aprobación de la Ley 19,254,
se avanza incluso más allá de lo previsto por el Acuerdo de Residencia, y se simplifica el trámite de
residencia permanente para los extranjeros cónyuges, concubinos, padres, hermanos, nietos de
uruguayos y a los nacionales de los Estados Partes del MERCOSUR y Asociados.
De este modo se ponen en marcha las transformaciones necesarias para asegurar la concesión de
residencias permanentes de forma “ágil y simple”, eliminando el prerrequisito de residencia temporal
a todos los ciudadanos del MERCOSUR y Estados Asociados, que así lo soliciten desde el territorio
nacional o desde el exterior. Concretamente, se eliminaron los requisitos de tiempo mínimo de
permanencia en el país, carné de salud (certificado médico), documentos probatorios de medios de
vida, la tasa retributiva, así como el certificado de residencia en origen y en el país de residencia
anterior. En consecuencia, el certificado de residencia que se debe presentar es solo el correspondiente
a los lugares de residencia de los últimos cinco años y no de todos los países de residencia anteriores.
Además de reducirse el número de requisitos, se define un tiempo teórico de 30 días para la
resolución. También se establece la creación de oficinas especiales en la órbita del Ministerio de
Relaciones Exteriores (MRREE), concretamente de la Oficina de Residencias dentro de la Dirección
General para Asuntos Consulares y Vinculación (DGACV) en Montevideo, en el interior del país y en
las oficinas consulares del exterior. De esta forma se modifican las disposiciones de la Ley 18,250, en
sus artículos 27 y 33, al asignar también esta competencia al MRREE, y no solo a la Dirección Nacional
de Migración (DNM) del Ministerio del Interior.
En Uruguay no se adoptaron medidas excepcionales de orden jurídico para atender a la situación
de ciudadanos venezolanos, posiblemente porque la llegada de este flujo se produjo cuando se
estaban implementando las transformaciones adscritas al acuerdo de residencias, y porque el
volumen de la inmigración de este origen –si bien es significativo– no ha sido tan espectacular como
en otros países de la región donde sí se adoptaron figuras específicas. Además, a diferencia de otros
países que también adoptaron el acuerdo de residencias su marco jurídico, Uruguay ha sido el único
que continuó con el mismo tratamiento para los venezolanos incluso tras la suspensión de Venezuela
del bloque3.
Conviene recordar que las facilidades para acceder a la residencia permanente que tienen los
ciudadanos de los países que adoptaron el acuerdo de residencias introducen una fractura sustantiva
respecto a las condiciones de acceso a la residencia legal para el resto de los orígenes. Concretamente,
en el caso uruguayo, los inmigrantes procedentes de Cuba o de la República Dominicana deben
sacar una visa para ingresar a Uruguay y permanecer por el régimen de residencia temporal, lo cual
supone una dificultad mayor para estar de forma legal y acceder a distintos servicios sociales.
El acceso a los derechos sociales del régimen de protección uruguayo –en igualdad de condiciones
con la población nacional– está garantizado por el artículo 1° de la Ley 18,250 4. Sin embargo, la
cédula de identidad que se emite incluso cuando la residencia o el refugio están en trámite, es el
documento que habilita en la práctica al pleno ejercicio de los derechos de salud o educación. En el
caso particular de los venezolanos, las demoras en la agenda de citas para obtener el certificado de
residencia en trámite que es necesario para tramitar la cédula de identidad provisoria superan los diez
meses y con ello atentan contra el ejercicio efectivo de estos derechos.
Este tipo de demoras y la difusión que las autoridades nacionales dieron al trámite de residencia
permanente desde el exterior5, alentaron a que una parte importante de las solicitudes de residencia
de los ciudadanos venezolanos se iniciaran en Caracas y Brasil, aunque se desconoce qué porción de
las residencias otorgadas fue tramitada desde estos puntos.
También la recuperación de ciudadanía uruguaya (natural) por vía de ancestría ha sido un
mecanismo presente entre la inmigración venezolana, especialmente desde que esta inmigración
coincide con la extensión de la ciudadanía natural uruguaya hacia los nietos de uruguayos. De
acuerdo con la Constitución uruguaya pueden solicitar la ciudadanía legal6 uruguaya quienes lleven
hasta cinco años de residencia –tiempo que se reduce a tres años si constituyen familia en Uruguay–
o hubieran hecho una contribución sustantiva a la cultura, ciencias o política nacionales. La amplia
mayoría de los entrevistados manifiesta interés en tramitar la ciudadanía legal uruguaya en los
próximos años.

Estrategias de emigración en situaciones de crisis. La preparación de documentos


Uno de los pasos más desafiantes dentro de la preparación de la emigración es la obtención de los
documentos necesarios para tramitar la residencia o el acceso a los centros educativos. En este
sentido, los entrevistados coinciden en señalar que hay grandes demoras para conseguir apostillar
documentos (títulos y partidas) o sacar partidas de nacimiento o matrimonio, y el certificado de
antecedentes penales. Las demoras se procesan primero para obtener la cita y luego una vez iniciados
los trámites. Por ejemplo, una de las entrevistadas de 50 años llegada en 2015, explica que para
conseguir cita para la apostilla en la partida de nacimiento y el certificado de antecedentes penales
“había que estar pegado a la computadora día y noche, a las dos de la mañana, a las tres de la
mañana, a las cinco de la mañana, para ver cuándo se desocupa o cuándo abren la página porque está
colapsada”. Además, hace dos años que su familia en Venezuela está intentando sacar el acta de
matrimonio para luego apostillar.
A las demoras recién mencionadas, se suma el problema de la emisión de apostillas falsas por parte
de las instituciones públicas venezolanas (Facal y Casal, 2018). Uno de los integrantes de la
organización no gubernamental (ONG) Manos Veneguayas destaca que la existencia de dicho fraude es
una traba importante para acceder a la residencia permanente en los países de destino como lo es
Uruguay.
Las apostillas son también uno de los documentos necesarios para el reconocimiento de los años
de estudio superiores o para la homologación de titulaciones. Del lado venezolano se tarda bastante
tiempo en obtener las apostillas y antes de eso “el pensum” (grilla con las materias cursadas) y la
escolaridad. Por ejemplo, Cristina (22 años, llegada en enero de 2016), señala que los preparativos
fueron “un viaje” en sí mismo. Nueve meses antes de irse de Venezuela empezó a preparar el
expediente que incluía materias cursadas, calificaciones obtenidas, y plan de estudios. En su caso
tenía dos años aprobados de la carrera de arquitectura, y cuando decide irse de Venezuela le informan
que los papeles necesarios para poder revalidar los estudios iban a demorar seis meses, a lo que luego
se debe añadir el tiempo de legalización y apostillado que demoraba otros cuantos meses. Como en
ese momento su facultad entró en huelga, no pudo solicitar los documentos antes de su partida y si
bien podría haber dejado algún apoderado para que realizara el trámite consideró que era más
práctico empezar de cero sus estudios en Uruguay. Juan (28 años, llegado en enero de 2016)
también considera que es muy difícil apostillar la documentación en Venezuela, y en su caso dedicó
su último año allí a conseguir el programa de la carrera y a apostillar su título. Sin embargo, no
consiguió traer consigo la documentación que certifica el cursado de posgrado, papeles que recibió
finalmente hace unos meses.
Ante los obstáculos descritos para acceder a la documentación y las apostillas se emplean diferentes
estrategias que permiten agilizar el proceso, tales como sobornos, contactos personales, gestores o
poderes notariales. Por ejemplo, Fernando (25 años, llegado en abril de 2016), quien poco tiempo
antes de migrar se había recibido de abogado, dejó un poder notarial a su madre para que pudiera
terminar los trámites de obtención del título universitario y los programas de estudio. La misma
estrategia fue utilizada por Pedro (66 años, llegado en junio de 2017), quien salió de Venezuela y
dejó un apoderado civil para que se encargue de apostillar la documentación. Algunos de los
entrevistados añaden que en algunos casos las demoras se pueden sortear únicamente a través de
sobornos. Facundo (21 años, llegado en octubre de 2017) señala que el problema no tiene que ver
con el costo real de los trámites en referencia al apostillado de documentos, sino con que terminan
pagando hasta tres veces el valor real en concepto de sobornos que se hacen necesarios para acelerar
los procesos de tramitación. Por último, ciertos entrevistados identifican a los gestores como un
mecanismo para minimizar las demoras: “Ellos lo que hacen es que, conocen a alguien dentro de la
institución y pasas por la vía rápida, lo cual no es muy legal pero bueno, es una solución si quieres
irte rápido” (Raquel, 39 años, llegada en abril de 2015).

Ingreso y permanencia
Modalidades de ingreso y documentación

Dentro de los entrevistados, se pueden identificar tres modalidades de ingreso como: (i) solicitante
de residencia permanente, (ii) residente permanente y (iii) como turista. Las dos primeras
modalidades corresponden a quienes inician el trámite desde Venezuela a través del sitio web de
agenda en línea del Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se puede optar por realizar el trámite
en Uruguay o en el Consulado uruguayo en Caracas. La principal distinción entre las dos primeras
modalidades es que a los segundos (ii) ya le otorgaron la residencia y a los solicitantes (i) no. Por
ejemplo, Felipe (29 años, llegado en junio de 2017) ingresó a Uruguay en calidad de solicitante de
residencia permanente (i), tras haber entregado las partidas de nacimiento apostilladas, los
certificados de antecedentes penales y completado los formularios consulares en Caracas. Si bien
podría haber esperado la resolución del trámite de residencia en Venezuela, consideró que esperar
hasta ocho meses era muy difícil considerando su situación en Venezuela y prefirió continuar el
trámite en Uruguay solicitando la cita a través del sitio web. Un ejemplo de la segunda modalidad de
ingreso es el de Juan (28 años, llegado en enero de 2016), uno los entrevistados que más tiempo
lleva en Uruguay. En su caso, en 2015 pidió una de las pocas citas disponibles de la agenda del
Consulado de Uruguay en Venezuela con la partida de nacimiento, el certificado de antecedentes
penales apostillados, y documento de identidad venezolano. Tres meses después le notificaron que la
residencia permanente estaba aprobada y recién ahí emprendió el viaje.
No es casualidad que los casos de quienes ingresan con la residencia permanente aprobada o en
trámite sean los menos recurrentes dentro de este estudio donde nos concentramos en las personas
que llegan al Uruguay a partir de 2016, cuando la urgencia por huir de un contexto de crisis
humanitaria era mayor y las agendas de los consulados y de las oficinas en territorio uruguayo ya
estaban colapsadas. Por este motivo, la modalidad de ingreso más recurrente entre los entrevistados
ha sido la de aquellos que ingresaron como turistas (iii). Una de las entrevistadas explica que, si bien
es posible iniciar la solicitud de residencia permanente desde Venezuela, prefirió entrar al país como
turista y pedir la cita al llegar a Uruguay porque en el Consulado uruguayo en Venezuela le pedían
una constancia de domicilio en dicho país. El trámite de dicha constancia implica lidiar con la
administración venezolana; mientras que para iniciar el trámite estando en Uruguay no era necesario
ese requisito (Susana, 37 años, llegada en septiembre de 2016). Por lo tanto, en un contexto de
colapso administrativo en origen y en destino, al que se suma un contexto de emergencia
humanitaria hacia 2017, es más que conveniente minimizar los pasos administrativos optando por el
ingreso como turista y el inicio del trámite de residencia desde Uruguay.
Una vez que se concreta la cita, obtienen un certificado de residencia en trámite y con ello tramitan
la cédula de identidad provisoria. Este hito en el estatus migratorio es clave, pues al tener la cédula de
identidad, la inserción en el mercado laboral se ve facilitada, es decir, es más probable que se obtenga
un empleo formal. Lo mismo sucede con el sistema de atención sanitaria donde si bien los atienden
con la presentación del pasaporte, como relatan algunos entrevistados, la posesión de la cédula de
identidad allana el camino. En otras palabras, la obtención de la cédula provisoria se convierte en una
garantía clave para el acceso y ejercicio de derechos sociales.
Por otra parte, los entrevistados resaltan que, a diferencia del proceso para obtener los documentos
apostillados en Venezuela, el trámite para obtener la residencia legal en Uruguay es sumamente ágil y
fácil. Cristina (22 años, llegada en enero de 2016) refleja esta situación y cuenta que el proceso de
regularización de su estancia en Uruguay fue fácil y “es seguir un paso a paso que si lo haces al pie de
la letra puedes obtener el documento (residencia)”; en cambio, en Venezuela “por más que sigas el 1,
2, 3 igual no tienes el papel”. Rodrigo (30 años, llegado en mayo de 2017) enfatiza la buena
experiencia y explicita: “si a todas las personas les tocara emigrar, ojalá les tocara como me tocó a mí”.
Del mismo modo, Lautaro (25 años, llegado en marzo de 2017) destaca la facilidad con que se
obtiene la cédula de identidad: “aquí llegas, dices hola, y te dicen aquí está tu cédula”.
No obstante, se observan algunos casos donde una de las mayores dificultades fue obtener la cita
para iniciar el trámite de residencia, especialmente entre los que llegaron más cerca de esta fecha o
tienen familiares que llegaron en el transcurso del último año y medio. Por ejemplo, Raquel (39 años
y llegada en abril de 2015) relata que su madre vino en diciembre de 2016 pero no pudo tramitar la
residencia ya que no había vacantes en la agenda de la División General de Asuntos Consulares y
Vinculación del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Entrar, permanecer y ¿optar por la ciudadanía (legal) uruguaya?

Los entrevistados llevan apenas tres años, como máximo, residiendo en el país, por lo que aún no se
encuentran en posición de iniciar el trámite para obtener la ciudadanía legal uruguaya, con excepción
de uno de los entrevistados que es ciudadano natural por la extensión de la ciudadanía natural a los
nietos de uruguayos. No obstante, es muy recurrente entre los entrevistados el interés por tramitar la
ciudadanía legal uruguaya, sobre todo por la posibilidad de acceder a una documentación para viajes
internacionales (pasaporte) ya que en Venezuela es cada vez más dificultoso sacar o renovar el
pasaporte.
Si bien todos reconocen que con la cédula de identidad pueden desplazarse por los países del
MERCOSUR, entienden que el pasaporte les habilitaría a transitar por un espacio más amplio. Una
segunda razón, es que tienen pensado vivir en Uruguay en el mediano plazo (cinco a quince años) y
obtener la ciudadanía facilita la entrada al empleo público o a los estudios en la Universidad de la
República. No obstante, en las entrevistas surgen dos motivos que pueden llevar a repensar la
permanencia en Uruguay: el resultado de las elecciones nacionales en octubre de 2019 y la
legalización de la marihuana. Aída (31 años, llegada en mayo de 2017) cree que en los próximos
años estará viviendo en Montevideo, pero dicha situación puede ser diferente si el Frente Amplio
gana las elecciones nacionales, ya que ve al Uruguay de hoy como era Venezuela hace algunos años
atrás. Asimismo, algunos de los entrevistados más jóvenes manifiestan no haber venido con la
intención de quedarse por largo tiempo, y ahora que tienen cada vez más familiares y amigos por el
mundo les resulta atractivo “seguir viaje” y conocer otros países. En estos casos, a pesar de que hay un
trasfondo de crisis en la primera migración que los trajo a Uruguay, ven a la movilidad futura como
“una experiencia” de crecimiento personal, una aventura para tener mejores oportunidades
profesionales.
La incorporación al mercado de trabajo
Todos los entrevistados señalan que entraron a trabajar teniendo en trámite la residencia y, por ende,
consideran que su inserción laboral no estuvo condicionada a tener o no la residencia. En cambio,
enfatizan que lo que es clave para acceder al mercado de empleo uruguayo es la cédula de identidad,
no el otorgamiento de la residencia legal. Por ende, conseguir la cita para iniciar el trámite de la
residencia y de esa manera acceder a la cédula provisoria, cobra una importancia mayúscula en el caso
uruguayo. Por ejemplo, Eduardo (34 años, llegado en septiembre de 2017) cuenta que en sus
primeros meses en Uruguay tuvo inconvenientes para conseguir empleo ya que nadie lo quería
contratar mientras no tuviera la cédula de identidad. Susana (37 años, llegada en septiembre de
2016) resalta la importancia de tener cédula de identidad, diciendo que esperó a tenerla para buscar
trabajo, pues incluso en las plataformas informáticas de búsqueda de empleo, como
“Computrabajo”, se pide ingresar un número de identificación y entiende que si en un buscador de
empleo se registra con su número de pasaporte las empresas no la llamarán.

Trayectorias de incorporación

La mayoría de los entrevistados que participaron de esta investigación están ocupados. Las
ocupaciones de quienes trabajan en la actualidad son diversas, pero se podrían nuclear dentro del
sector servicios (vendedores, cocineros y mozos), profesionales dentro del ámbito jurídico, la gestión
de recursos humanos o la administración (contadores y administradores), profesionales de las
tecnologías de la información (ingenieros de sistemas), artistas, educadores e investigadores.
La inadecuación entre la calificación alcanzada y la calificación demandada por las ocupaciones
actuales no es un fenómeno tan generalizado dentro de la población entrevistada en este caso, a pesar
de que los niveles de sobrecalificación entre la población inmigrante con menos de cinco años en
Uruguay afecta a una de cada cuatro mujeres y dos de cada diez varones (Prieto, Robaina y Koolhaas,
2016). Juan (28 años, llegado en febrero de 2015), quien a los cinco días de haber llegado tenía la
cédula de identidad, explica que en su caso el mayor desafío que le tocó enfrentar en Uruguay se
asocia al desajuste entre el capital humano que traen los venezolanos y las oportunidades de empleo
que encuentran en Uruguay. Cuando llegó tuvo una entrevista de trabajo con una empresa de
seguridad, y cuando se enteraron que era abogado, le dijeron que no recomendaban que un
profesional trabaje como seguridad. Luego tuvo otra entrevista en la que optó por decir que era
bachiller y fue así que consiguió su primer empleo. De este modo, vemos que no solo las
condicionantes son de índole jurídico/documental, sino que hay otras fuentes de obstáculos para
insertarse al mercado de trabajo.
Dentro de las narrativas de los entrevistados identificamos dos tipos de trabajadores con una
inserción laboral inadecuada para su calificación; por una parte, hallamos a quienes sufren la
sobrecalficación por primera vez en Uruguay; por otra, aquellos que ya tenían una ocupación para la
que estaban sobrecalificados antes de llegar a Uruguay. Un ejemplo de la primera situación que
describimos puede ser el caso de Eduardo (34 años, llegado en septiembre de 2017), quien ejercía su
profesión de agrónomo en Venezuela y en la actualidad se desempeña como vendedor en una tienda
de ropa de cama.Un ejemplo de la segunda situación es el caso de Aída (31 años, llegada en mayo de
2017) quien egresó de la Licenciatura en Química, pero nunca ejerció su profesión. En la actualidad
es ama de casa y artesana, mientras que en Venezuela conjugaba estas dos actividades con la dirección
de coros.
El paso por las actividades del sector más precario de la economía es casi obligado para varios de los
entrevistados que finalmente logran insertarse dentro de las ocupaciones que son acordes a la
calificación alcanzada. Por lo tanto, el análisis de la adecuación educativa de la ocupación actual de los
inmigrantes venezolanos en Montevideo no puede hacerse sin tener en cuenta el tiempo transcurrido
desde la llegada y el enfoque de trayectorias laborales (antes y después de la migración).
A partir de las entrevistas realizadas se pudieron identificar tres tipos de entrelazamientos entre la
trayectoria laboral y la migración. Para las personas aquí entrevistadas la migración implica: a) el
inicio de la vida laboral; b) un episodio laboral más en una trayectoria laboral iniciada en Venezuela,
y c) la interrupción o alteración del sentido de las trayectorias de movilidad ocupacional, que podrían
seguir procesos de descenso o ascenso inmediatamente después de la migración.
El primer tipo corresponde a los casos donde la entrada al mercado de trabajo ocurre luego de
haber migrado y es propio de los entrevistados más jóvenes que como Cristina (22 años, llegada en
enero de 2016) están estudiando y trabajando a la vez.
El segundo tipo donde la migración no se comporta como un episodio disruptivo corresponde a
quienes continúan trabajando dentro del sector donde se ocupaban antes de dejar Venezuela. En este
grupo identificamos a quienes tienen una inserción que demanda niveles de calificación muy altos y
donde la propuesta laboral actual fue recibida antes de iniciar la migración. Lógicamente, entre
quienes gozan de una inserción que demanda un nivel de calificación adecuado a la educación
alcanzada, las valoraciones respecto a la inserción laboral actual son positivas, aunque hay elementos
críticos que surgen con recurrencia y aluden a que la remuneración es insuficiente en un contexto
donde “Uruguay es caro”. A su vez, estos entrevistados consideran que su experiencia laboral en
Venezuela ha sido valorada a la hora de buscar empleo en Uruguay.
El tercer tipo de entrelazamiento entre trayectoria laboral y migración corresponde a las trayectorias
en las que el evento migratorio sí implicó una disrupción, y ésta tuvo al menos dos formas. La
primera se asocia a situaciones donde la migración supuso un descenso en términos de prestigio de
las ocupaciones respecto a la trayectoria laboral en Venezuela y una posterior recuperación; la
segunda a situaciones donde la recuperación aún no ha ocurrido. Un ejemplo de lo primero se
reconoce en el caso de Fernando (25 años, llegado en abril de 2016) quien, tras varios episodios de
trabajo como mesero, reponedor y peón en locales comerciales, se desempeña actualmente como
asistente de recursos humanos. Fernando entiende que la falta de apostilla en su título fue lo que
demoró su inserción dentro de ocupaciones relacionadas con su profesión. Otro ejemplo, donde aún
no se ha producido una recuperación de la trayectoria de movilidad ocupacional tras el impacto
inicial de la migración, lo aporta Eduardo (34 años, llegado en septiembre de 2017), quien trabajaba
como ingeniero agrónomo en Venezuela, y ahora se desempeña como vendedor en una tienda.
Probablemente, en su caso, el tiempo transcurrido desde su llegada no haya sido suficiente para que
éste se revierta. En casos como éste, donde la calificación de los entrevistados es superior a la
demandada por las tareas de la ocupación actual, las valoraciones en relación con la ocupación actual
son muy críticas y giran en torno a la remuneración insuficiente y a la falta de reconocimiento de la
experiencia laboral anterior.

El ejercicio de los derechos sociales de salud, educación y vivienda según estatus


migratorio
Asistencia sanitaria

El informe de la OIM sobre la implementación del acuerdo de residencias en Uruguay indica que en
este contexto de acogida cualquier ciudadano puede ser antes usuario que beneficiario (OIM, 2018). Por
ejemplo, ello quiere decir que quien llega a puerta de emergencia de las instituciones de asistencia en
salud puede ser atendido incluso sin estar afiliado a la institución. En Uruguay se puede optar por la
afiliación al sistema público, a través de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE),
o por el sistema privado. En el segundo caso el acceso puede ser por copago dentro de las
Instituciones de Asistencia Médica Colectiva (IAMC) o por seguro de salud privado. Sin embargo, las
distintas opciones de asistencia y el funcionamiento general del sistema nacional de salud no son tan
evidentes para quien recién llega. De hecho, algunos de los entrevistados señalan que no contaban
con toda la información necesaria para optar por un prestador apenas llegaron. Raquel (39 años,
llegada en abril de 2015) da cuenta de esta situación, comentando que no sabía cómo elegir la
mutualista a la cual afiliarse, y las personas que vivían con ella –uruguayos– le recomendaron la que
ellos eran socios.
Por otro lado, hay testimonios que narran situaciones de dificultad de acceso a la atención en salud
asociadas al tipo de documentación migratoria. Juana (31 años, llegada en mayo 2017), cuenta que
cuando recién llegó tuvo inconvenientes para que atendieran a su bebé en ASSE porque no tenía
cédula de identidad, pero finalmente lo registraron con el pasaporte luego de discutir con los
funcionarios de ASSE. Actualmente, se atienden en una IAMC salvo su esposo que se atiende en ASSE.
Otra entrevistada plantea que mientras no tenía la cédula de identidad, se pudo inscribir en la
seguridad social (Banco de Previsión Social) “pero no tienes derecho a nada. En cambio, cuando
obtienes la cédula de identidad tienes el derecho a atenderte en una mutualista (IAMC)” y asociar a
cónyuge e hijos.
Quienes se atienden en las mutualistas o IAMC –mixto público privado– son quienes encuentran
más diferencias respecto a Venezuela tanto en cuanto a costos, trato médico paciente, las rutinas del
examen clínico, y la velocidad y disponibilidad de agendas. Al comparar a Venezuela con Uruguay
consideran que en los aspectos antes enumerados la asistencia de salud en Venezuela es superior. En
cambio, quienes se atienden en el servicio público de salud, en la órbita de ASEE, destacan haber
recibido un buen trato y estar muy conformes con la atención.
En la revisión de las entrevistas se aprecia cierto consenso sobre la necesidad de mejorar la
información pública sobre el Sistema Nacional Integrado de Salud, para guiar mejor la elección de
mutualistas. En este sentido, se advierte que con anterioridad al inicio de la gestión de residencias de
ciudadanos del Mercosur y Asociados en la DGACV, el trámite del carné de salud 7 que expiden la
División de Clínicas Preventivas del Ministerio de Salud Pública (MSP) o las instituciones médicas
particulares autorizadas, era la primera instancia obligatoria de contacto con el sistema sanitario para
los inmigrantes. Es posible que ahora el acceso a la información sobre asistencia en salud no sea
inmediato –próximo a la llegada– y merezca reforzarse.

Educación pública

En cuanto al acceso a los servicios de educación pública, podría decirse que las mayores adversidades
que enfrentan los venezolanos y los inmigrantes en general se concentran en la educación superior. La
normativa de acceso a la principal institución educativa superior, la Universidad de la República,
establece que los ciudadanos extranjeros pueden inscribirse de forma gratuita con un mínimo de tres
años de residencia legal en el Uruguay, a menos que se encuentren comprendidos en alguna de las
categorías especiales a las que se exonera de este requisito8. En el caso de una de las entrevistadas el
proceso de acceso a la carrera de arquitectura fue tan o más difícil que el de obtención de la
documentación de los cursos realizados en Venezuela. Tras revalidar sus estudios de bachillerato en
Uruguay, se valoró que debía cursar algunas materias del liceo para ingresar a la universidad. Una vez
que terminó todas las materias de bachillerato exigidas en Uruguay, inició los trámites para ingresar a
la Facultad de Arquitectura, pero en aquél entonces llevaba menos de tres años de residencia.
Mediante abogados y escribanos intentó probar arraigo y su disposición a permanecer en Uruguay
por los próximos años. Este proceso insume mucha dedicación de tiempo y dinero, porque en su
caso no había antecedentes de un ingreso en condiciones semejantes dentro de la Facultad de
Arquitectura. Finalmente, logró inscribirse bajo una de las categorías excepcionales (“núcleo
familiar”) una vez que sus padres habían llegado a Uruguay. Para quienes iniciaron el proceso dentro
de la misma facultad luego de su caso, la experiencia fue más sencilla gracias a su antecedente.
Varios entrevistados que abandonaron sus estudios tiempo antes de salir de Venezuela, no
necesariamente por la migración, manifiestan el deseo de continuar estudios en Uruguay. De hecho,
la valoración positiva de las condiciones de acceso gratuito y sin prueba de ingreso o cuota a la
Universidad de la República resulta atractivo para los inmigrantes venezolanos más jóvenes, quienes
planifican retomar o iniciar estudios terciarios. Algunos de ellos ya lo han hecho, como Eduardo (34
años, llegado en septiembre de 2017), que se inscribió en agrimensura y señala que el trámite fue
relativamente sencillo. Análogamente, varios entrevistados están cursando estudios de posgrado
dentro de la Universidad de la República y están muy satisfechos con la experiencia.
Con respecto al acceso a los servicios de educación secundaria, primaria y preescolar, no se tiene
suficiente información como para explorar el acceso. Apenas seis de los entrevistados tenían hijos y
solo dos de ellos son padres de menores en edad preescolar y escolar. El hijo de una de las
entrevistadas concurre a un jardín preescolar público al que accedió sin dificultad alguna. En el
contexto de otras investigaciones cualitativas, donde se consulta a informantes de la sociedad civil por
el acceso a los niveles básicos de educación, se aprecia una amplia conformidad con las condiciones
de acceso y el funcionamiento de las instituciones de educación pública. Incluso se añade que los
niños venezolanos consiguen ingresar pasada la mitad del año lectivo sin dificultades9 y que dentro
del ámbito de educación Primaria son frecuentes las inscripciones sin documento de identidad
nacional (con pasaporte).

Vivienda

El acceso a la vivienda es una de las mayores dificultades que deben enfrentar los inmigrantes en
Uruguay, como consecuencia del costo de la renta y de las condiciones exigidas por los
arrendadores10. Laura (27 años, llegada en febrero de 2016) señala que en su caso pudo alquilar por
el régimen que aplica a funcionarios públicos (popularmente conocido como alquiler por la
¨Contaduría General de la Nación¨), pero a quien está empleado en el sector privado o carece del
dinero suficiente para un depósito “le ha tocado bastante difícil ese tema”. Añade que “hay pensiones
o residencias que te alquilan una camita por 4 mil o 5 mil y duermes con muchas personas y son
zonas inseguras”. En el caso de Aída (31 años, llegada en mayo de 2017) y su familia, los obstáculos
para conseguir la garantía de alquiler hicieron que su estadía en una pensión se prolongue tres meses
más de lo que imaginaban o deseaban.
Algunos de los entrevistados recurrieron a sus redes sociales para solventar esta dificultad. Los más
jóvenes, como Cristina (22 años, llegada en enero de 2016), han pedido préstamos a familiares que
residen en Venezuela para pagar el depósito de hasta seis meses de alquiler. Otros, como Pedro (66
años, llegado en junio de 2017), acudieron a las redes de amigos en Uruguay. Este entrevistado
explica que los alquileres están pensados para alguien que reside en Uruguay: “¿de dónde sacas tu seis
meses de depósito?”. Además, sus amigos lo ayudaron a comprar los muebles para equipar el hogar:
“vas a comprar una cama (...) y puedes comprarla al contado, que no teníamos para gastar ese dinero,
o a crédito (...) entonces ahí teníamos que ir con mucha vergüenza a decirle a una amiga o amigo
¿puedes sacar un crédito por nosotros? y nosotros nos comprometemos a pagarte”.
A partir de estas narrativas, entendemos que el acceso a la vivienda no es un problema de índole
documental sino tiene que ver con aspectos propios de la condición migratoria, que implica una falta
relativa de capital social entre los recién llegados. Así, por ejemplo, Pedro consiguió sortear estos
obstáculos gracias a los lazos de colaboración profesional y amistad que mantuvo con uruguayos por
casi treinta años; mientras que Cristina recurrió a lazos primarios de familiares que contaban con el
capital financiero para apoyar su asentamiento en Montevideo. Quienes no cuentan con estos activos,
como Aida, se ven forzados a hacer un paso casi obligado por las pensiones, o en el mejor caso, a vivir
en pisos compartidos. Alternativamente, algunos de quienes llevan más tiempo en Uruguay han
conseguido asociarse con otros en igual situación, como los venezolanos que formaron una
cooperativa de vivienda por ayuda mutua para cumplir así con el sueño de la casa propia. La
Cooperativa de Vivienda Venezuela República Oriental del Uruguay (COVIVENEROU) reúne a más de
30 familias venezolanas asentadas en Montevideo en el barrio de Nuevo París desde 2017 (La
Diaria, 2018).

Conclusiones
La migración de venezolanos hacia Uruguay es muy reciente y su ocurrencia es simultánea al
incremento de la inmigración de otros orígenes caribeños. Las motivaciones que explican la decisión
de dejar Venezuela son comunes a las encontradas entre los venezolanos que actualmente viven en
otros países sudamericanos y remiten al estado de crisis y deterioro de las condiciones de vida en
aquel país. Sin embargo, la particularidad de Uruguay como contexto de acogida se sustenta sobre
una amalgama de singularidades que incluyen su estabilidad económica y política, su “tranquilidad”,
su pequeñez geográfica y demográfica, y un marco jurídico que gobierna a la migración desde el
enfoque de derechos. Como se ha visto hasta aquí, estos elementos intervienen en la elección de
Uruguay como destino emergente del éxodo venezolano.
El perfil del migrante venezolano que reside en Montevideo es muy diverso; abarca desde jóvenes
recién egresados o con estudios superiores avanzados que viven la migración como un proceso de
emancipación del hogar familiar primario mientras se constituyen en migrantes pioneros dentro de
sus familias; hasta personas avanzadas en el ciclo de vida que deciden concluir su carrera profesional
en Uruguay. La revisión de fuentes secundarias de orden cuantitativo permitió identificar un perfil
de migración de adultos jóvenes, equilibrada por sexos, y donde priman las calificaciones media y
alta. Además, la inmigración venezolana continúa siendo en promedio más educada que la de otros
orígenes de inmigrantes recientes, muestra mejores desempeños en el acceso al mercado de trabajo
(menor desempleo, mayores niveles de actividad y ocupación), y es el origen que más ha contribuido
al incremento de las residencias permanentes otorgadas a partir de 2015. Entonces, la comparación
con otros grupos de origen en cuanto a los perfiles sociodemográficos, los resultados de la
incorporación sociolaboral y el tratamiento recibido dentro del marco normativo vigente, los
posiciona en un lugar relativamente más privilegiado.
En gran medida la posición destacada de este origen en cuanto a los indicadores de resultados
mencionados hasta aquí responde a características propias de este flujo de calificación alta y media.
No obstante, la revisión del marco normativo y las valoraciones que los entrevistados hacen sobre su
implementación, indican que parte de esta ventaja es resultado del trato “preferencial” que la
legislación vigente da a los orígenes del acuerdo de residencias. Uruguay ha seguido una
interpretación e implementación radical del acuerdo de residencias, incluso alcanzando a los orígenes
que no han implementado este acuerdo –en directa alusión a Venezuela– (OIM, 2018).
El análisis de las entrevistas deja ver que el marco normativo que rige a este contexto de acogida no
solo es aperturista en términos formales, sino que su implementación es valorada muy positivamente.
El proceso de acceso a la residencia es considerado “ágil”, “fácil”, digitalizado, al que no ven nada que
objetar; y este es un aspecto destacado dentro de la apreciación general de la experiencia migratoria.
Este proceso es definido por oposición con el proceso de obtención de la documentación de viaje
(apostillas, pasaportes, partidas de nacimiento o matrimonio, titulaciones y expedientes académicos)
en Venezuela, proceso que se caracteriza como “costoso”, “largo” y tedioso.
La respuesta de Uruguay a la inmigración venezolana en contextos de crisis se sitúa del lado de la
seguridad jurídica. Sin embargo, aún persisten rigideces institucionales que atentan contra el acceso
efectivo a derechos sociales que consagra el marco normativo vigente (Ley 18,250). Concretamente,
en el análisis de las entrevistas emergen tres grandes desafíos para la inclusión social, algunos de los
cuales se sitúan en la órbita de las inconsistencias entre legislación migratoria e implementación, y
otros dentro de la órbita más amplia de la desigualdad socioeconómica que afecta en general al
conjunto de los residentes en Uruguay.
Dentro del primer grupo de inconsistencias entre marco normativo e implementación
institucional, ubicamos a (i) las dificultades de acceso al reconocimiento de titulaciones que afectan
fundamentalmente el ejercicio de algunas profesiones liberales (abogados, escribanos, médicos,
enfermeros) y podría explicar –al menos parcialmente– la inadecuación educativa de la inserción
laboral de los inmigrantes recientes; y (ii) las restricciones vigentes dentro de la ordenanza
universitaria para el pleno ejercicio del derecho a la educación superior gratuita y pública. En
referencia a lo primero, en tanto no hay acuerdos bilaterales vigentes entre la Universidad de la
República (entidad ejecutora de los procesos de homologación y única con competencias para ello en
el país) y las universidades del país de quien inicia el trámite (en este caso venezolano/a), el proceso
de homologación de titulaciones continúa siendo especialmente lento (entre tres y diez años
dependiendo de la profesión), confuso y engorroso. A ello se suman los costos de obtener y traer
documentación académica apostillada desde Venezuela. Por otro lado, varios de los entrevistados
manifestaron su interés por continuar estudiando en Uruguay, pero la ordenanza universitaria que
rige las inscripciones en este nivel condiciona el acceso a un periodo mínimo de residencia legal en el
país. Si bien hay iniciativas intergubernamentales en este sentido, su accionar es muy reciente11.
Decíamos que el segundo grupo de desafíos para la inclusión social es independiente de la
condición migratoria, y en este caso incluimos a las dificultades de acceso a la vivienda digna. Las
dificultades de acceso a la tenencia de vivienda en régimen de renta descansan en dos factores que
incluyen el costo de la vivienda y las exigencias económicas y/o de capital social que impone el
régimen de garantía. Las modalidades de garantía por depósitos demandan una cuantía de efectivo
muy elevada para el capital de una población que llega saliendo de una situación de crisis como en
este caso, en la que en muchos casos fue preciso invertir dinero de ahorros individuales o familiares,
hipotecar o vender bienes, e incluso pedir préstamos para costear el viaje. Si bien esto último aplica
solo a la población migrante, en Montevideo las dificultades de acceso a vivienda barata en régimen
de alquiler se extienden también entre los nativos y han sido destacadas como una de las principales
dificultades que encuentran los jóvenes uruguayos en su tránsito a la adultez. De hecho, el
crecimiento reciente de los hogares compuestos por personas a las que no unen lazos de parentesco
(hogar compartido) es un fenómeno creciente entre inmigrantes y cohortes más jóvenes. En el caso
de los segundos se ha interpretado como una elección de estilo de vida entre los estratos con mayor
nivel educativo enmarcada en las transformaciones de la segunda transición demográfica (Ciganda y
Pardo, 2014). En cambio, y para el caso de los inmigrantes, los estudios migratorios de orden
cualitativo coinciden en que ésta es una modalidad de acceso adoptada por familias extendidas que
deben compartir una misma vivienda o habitación de pensión con otras familias (Fossatti y Uriarte,
2017).
La inmigración reciente de venezolanos en Uruguay cuenta a favor con un marco normativo que
habilita el relativamente rápido acceso a un estatus de seguridad jurídica documental, sea a través de
la residencia permanente o temporal –último recurso para quienes se han enfrentado al colapso de la
agenda de citas para el inicio del trámite de residencia permanente. En cualquier caso, el camino a la
residencia legal está asegurado para este origen y con ella el derecho a obtener la ciudadanía legal
uruguaya tras cinco (o tres según el caso) años de residencia continuada.
A partir del caso uruguayo podemos concluir que la seguridad jurídica no necesariamente protege
contra los desafíos y problemas en el acceso al trabajo y la vivienda, que también enfrentan los
uruguayos. Como se ha visto en este capítulo, los venezolanos hacen una valoración generalmente
positiva de su experiencia en Uruguay y se posicionan como un grupo que no presenta mayores
dificultades para acceder al empleo o a los servicios públicos de salud y educación básica, pero la
inclusión social de este grupo no está libre de desafíos. La sobrecalificación en el empleo, junto a la
falta de proyección profesional y el alto costo de vida en Uruguay, están en el primer plano de sus
preocupaciones actuales.
Si bien este capítulo no aborda las características de la inclusión socioeconómica de los venezolanos
comparándola con la de otros grupos de origen, la revisión del marco normativo vigente permite
llamar la atención sobre una cierta estratificación de los migrantes según origen nacional. La
seguridad jurídica de la que gozan los ciudadanos venezolanos en Uruguay no es compartida por
otros orígenes que, como los cubanos o dominicanos, quedan excluidos del acuerdo de residencias.
Una sociedad inclusiva en términos sociales exige que se reduzcan las asimetrías entre orígenes
nacionales que consagra indirectamente la propia legislación. En el caso de los otros orígenes
sudamericanos eso implica la modificación del marco normativo vigente y la eliminación de visados
que afectan a cubanos y dominicanos; pero también garantizar el ejercicio pleno de derechos de
vivienda de todos los residentes (nativos e inmigrantes de cualquier origen), el acceso en igualdad de
condiciones entre nativos e inmigrantes a la educación gratuita y pública dentro del nivel superior. El
acceso a subsidios de garantía de alquiler y la difusión de las prácticas de cooperativismo para el
acceso a vivienda por ayuda mutua; la eliminación de las exigencias de tiempo de residencia
permanente que limitan el acceso a la única institución pública de enseñanza terciaria; y la
implementación de acuerdos bilaterales o regionales que faciliten la homologación de titulaciones
entre países sudamericanos, constituyen un trinomio de recomendaciones a tener en cuenta en la
agenda de la política migratoria nacional e intrarregional. Los avances en este sentido podrían
contribuir positivamente a la mejora de las condiciones de vida de toda la población inmigrada en
Uruguay con independencia de su origen nacional.

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1
Si bien aún los empleadores pueden dar de alta a un trabajador en el Banco de Previsión Social (entidad responsable de la seguridad social en
este país) con el documento del país de origen del trabajador migrante, y en este sentido puede decirse que el acceso al empleo formal no está
condicionado a la cédula de identidad; ocurre que el trabajador no podrá acceder a los beneficios que le corresponden por sus contribuciones a
la seguridad social. Un trabajador puede ser dado de alta con su pasaporte, pero no podrá cobrar el seguro de desempleo, las asignaciones
familiares, ni optar a una institución de asistencia médica colectiva (IAMC) para atender su salud, hasta que tenga el documento de identidad
nacional (cédula de identidad).
2 En artículo único de esta ley se establece “Apruébense los Acuerdos sobre Residencia para Nacionales de los Estados Partes del MERCOSUR y
sobre Residencia para Nacionales de los Estados Partes del MERCOSUR, Bolivia y Chile, hechos en la ciudad de Brasilia, República Federativa
del Brasil, el 6 de diciembre de 2002.” (Ley 17927, 2005).
3 Véanse las disposiciones especiales que toman Argentina y Paraguay tras la suspensión de Venezuela del MERCOSUR, en los capítulos
dedicados a estos países.
4 En el artículo 1º de esta ley se establece “El Estado uruguayo reconoce como derecho inalienable de las personas migrantes y sus familiares sin
perjuicio de su situación migratoria, el derecho a la migración, el derecho a la reunificación familiar, al debido proceso y acceso a la justicia,
así como a la igualdad de derechos con los nacionales, sin distinción alguna por motivos de sexo, raza, color, idioma, religión o convicción,
opinión política o de otra índole, origen nacional, étnico o social, nacionalidad, edad, situación económica, patrimonio, estado civil,
nacimiento o cualquier otra condición.” (Ley 18,250, 2008).
5 Los ciudadanos de los países incluidos en el acuerdo de residencias pueden iniciar el trámite e incluso completarlo desde los consulados
uruguayos situados en ciudades de Argentina, Paraguay, Venezuela, Brasil, y en tres puestos fronterizos.
6 Esta figura se deriva de la distinción entre nacionalidad y ciudadanía que hace la Constitución uruguaya. Sin embargo, esta diferenciación
entre ciudadanía legal y natural no es exclusiva de Uruguay, aunque representa una práctica explícita de discriminación (Acosta, 2016).
7 De acuerdo con la guía del inmigrante preparada por la Junta Nacional de Migración con apoyo de OIM y el MRREE “El carné de salud es el
documento que permite ingresar a un trabajo formal (Ley 9,697). A la vez, es una oportunidad para realizar un chequeo general para prevenir y
controlar su salud. El carné de salud “para radicación o residencia legal en el país” es uno de los requisitos exigidos para el trámite de
residencia” (MRREE, 2013: 27). Esto último a partir de la reglamentación de la Ley 19,254 (2008) ya no aplica para los ciudadanos del
Mercosur y Asociados.
8 La legislación universitaria (Universidad de la República) exige que la inscripción de ciudadanos extranjeros cumpla con tener revalidados los
estudios secundarios cursados y se encuentre en alguna de las siguientes situaciones: a) demostrar haberse visto obligado a interrumpir sus
estudios en el país de origen por razones de persecución política, ideológica, gremial, religiosa o racial; b) sean funcionarios diplomáticos,
consulares y otros funcionarios de estados extranjeros u organismos multilaterales en cumplimiento de misiones en el país; c) quienes puedan
probar residencia continuada por tres años en Uruguay; y d) quienes llegaron a Uruguay como “consecuencia necesaria de la instalación en el
país del núcleo familiar directo que integraba el solicitante.” (UdelaR, 2019).
9 Nótese que el año lectivo en Venezuela se inicia en el mes de septiembre mientras que en Uruguay comienza en marzo y finaliza en diciembre.
10 El acceso a viviendas en régimen de alquiler exige al inquilino presentar la siguiente documentación: un informe que emite la Dirección
General Impositiva donde conste que la persona está libre de deudas privadas y públicas (informe “Libre de Clearing”); referencias personales y
laborales; constancia de ingresos (último recibo de sueldo o certificado de ingresos emitido por Contador Público); y una garantía. Es
precisamente en relación a la obtención de una garantía de alquiler donde se presentan los mayores desafíos para la población aquí considerada.
Las garantías pueden tener cuatro formas: 1) un depósito contado al Banco Hipotecario del Uruguay por valor de cinco meses de renta por
adelantado; 2) una propiedad inmueble libre de embargos, interdicciones y gravámenes cuyo propietario pone en garantía a riesgo de hipoteca
para avalar a quien arrienda; 3) el aval de la Contaduría General de la Nación que solo se otorga a funcionarios públicos (recuérdese que
acceder a la función pública implica tener al menos tres años de residencia legal o ser ciudadano uruguayo); y 4) una garantía de alquiler
otorgada por las dos empresas del mercado que cobran un determinado porcentaje tanto al inquilino como al propietario por el servicio.
11 Se viene trabajando en este sentido en el Grupo de Trabajo Interinstitucional de Educación y Migración creado por la dirección de
educación del MEC con la participación de la Universidad de la República (UdelaR) y la Administración Nacional de Educación Pública, o
dentro del área social de la propia UdelaR, pero los avances son aún muy tímidos en este sentido.
Migración venezolana en Chile. La (des)esperanza de los jóvenes1

Carolina Stefoni
Claudia Silva
Sebastián Brito

Problematización general y específica del caso


Entre Venezuela y Chile existe una historia que, si bien no ha sido numéricamente significativa, sí ha
permitido tejer redes entre ambos países, las que durante los últimos 10 años favorecieron el arribo
pausado de venezolanos. Sin embargo, 2017 marcó un punto de inflexión en el movimiento
migratorio desde ese país producto de un crecimiento exponencial de personas que arribaron a Chile.
La información estadística da cuenta de que se trata de una migración en promedio más joven que
otros colectivos, que estaría experimentando un lento proceso de masculinización y que mantiene el
alto nivel de educación que lo caracteriza.
Por otra parte, la información recopilada a través de las entrevistas nos permite afirmar que en la
medida en que se incrementa la migración, se observa una mayor multicausalidad en las razones
esgrimidas para migrar a Chile. Las entrevistas a su vez dan cuenta de las dificultades para regularizar
los papeles debido a una serie de restricciones que operan en el país de origen y en el de llegada,
situación que genera mayores problemas en la inserción social y laboral. En tercer lugar, observamos
que el contexto de salida y la crisis por la que atraviesa Venezuela repercute y disminuye las
expectativas de retorno al país de origen.
El propósito del presente capítulo, por tanto, es realizar un análisis preliminar de la migración
venezolana hacia Chile, siguiendo los lineamientos planteados en el proyecto Migrāre. Este análisis
permitirá identificar tendencias generales y ciertas particularidades. La primera parte entrega una
caracterización sociodemográfica de este grupo, la segunda parte analiza algunos de los lineamientos
centrales de la política migratoria y en específico las medidas orientadas a la migración venezolana. La
tercera parte analiza la experiencia subjetiva de los migrantes, los detonantes de salida y los procesos
de inserción social y laboral a la sociedad chilena. Finalmente se entregan las principales conclusiones
del estudio.

Especificaciones metodológicas
El análisis combina diversas fuentes de datos: Registro Censal 2017, estimaciones de población
realizadas por el Departamento de Extranjería y Migración (DEM) y el Instituto Nacional de
Estadísticas (INE) con posterioridad al censo 2017, registros administrativos de solicitudes de
permisos de permanencia definitiva registradas en el DEM y finalmente entrevistas en profundidad
realizadas a migrantes venezolanos.
Algunas consideraciones necesarias de señalar respecto al uso de estas fuentes son las siguientes. En
el caso del Censo, las fotografías tomadas a través de este instrumento tienen 15 años de diferencia
(2002-2017), lo que dificulta observar los cambios paulatinos que experimenta esta migración. La
segunda limitación es que el Censo se realizó en abril de 2017, sin embargo, ese año y todo el 2018
fue cuando se produjo el mayor incremento en el ingreso de venezolanos. De ahí que la estimación
publicada por el INE en conjunto con el DEM (febrero 2019) sea más actualizada y necesaria de ser
considerada. Para efectos de este estudio se solicitó, además, la base de datos de solicitudes de visa
por primera vez con ingreso de turista, entre los años 2005 y 2017 2.
El estudio contempló la realización adicional de 14 entrevistas a migrantes venezolanos residentes
en Chile (10 mujeres y 4 hombres). Las fechas de llegada incluyen a personas llegadas antes de 2015
y con posterioridad a la implementación de la Visa de Responsabilidad democrática establecida por
el actual presidente Sebastián Piñera (abril 2018). Se utilizó la pauta compartida del proyecto
Migrāre y se accedió a los entrevistados a través de contactos previos, bola de nieve y redes sociales. El
siguiente cuadro resume las características de los entrevistados:
Cuadro 1. Características de los entrevistados.
Entrevistado Seudónimo Años en Chile (al 2018) Sexo Tipo de visa Edad

Entrevistado 1 Horacio Menos de 1 Hombre Turista con trámite de residencia temporal por motivos laborales 29

Entrevistada 2 Yolanda 1 Mujer Visa temporaria ne

Entrevistada 3 Jina 2 Mujer Solicitante refugio 25

Entrevistada 4 Lorena 4 Mujer Residente permanente 30

Entrevistada 5 Ángeles 2 Mujer Residente permanente 32

Entrevistada 6 Luisa 1 Mujer Residente permanente 31

Entrevistada 7 Sabina 12 Mujer Residente permanente 21

Entrevistado 8 Leandro Menos de 1 Hombre Visa temporal en trámite 31

Entrevistada 9 Lucrecia Menos de 1 Mujer Turista con trámite de residencia temporal por motivos laborales 30

Entrevistado 10 Sandro 10 Hombre Residencia permanente 36

Entrevistada 11 Nancy 8 Mujer Nacionalidad chilena (sin visa) 22

Entrevistada 12 Carolina 2 Mujer Residencia permanente 45

Entrevistado 13 Guido 10 Hombre Nacionalidad chilena (sin visa) 22

Entrevistada 14 Marcela 2 Mujer Residente permanente 25

Nota. Las entrevistas fueron realizadas previa firma de un consentimiento informado por parte de los participantes.

Caracterización de la inmigración venezolana en Chile


Las características de la migración venezolana en Chile difieren de los patrones de movilidad
observados para otros casos de migración relativamente recientes en el país. Una primera
característica que encontramos es el pronunciado crecimiento entre 2017 y 2018. Si el Censo de
Población contabilizó hasta abril de 2017, 83,045 personas de origen venezolano, las posteriores
estimaciones realizadas por el INE y el DEM señalan que entre abril de 2017 y el 31 de diciembre
2018, ingresaron y realizaron el primer trámite administrativo para obtener una residencia, un total
de 209,854 personas, lo que entrega un total de 288,233 venezolanos, convirtiéndose en la primera
mayoría migrante en el país, con el 23% del total, desplazando así a la migración peruana. Un
segundo elemento es que se trata de una población relativamente joven en donde el rango etario 25-
29 años representa el 23.5% del total de venezolanos en comparación con el 18.3% que representa
para el total de migrantes. Un tercer elemento indica relación con el alto nivel de educación que tiene
esta población, muy por sobre el promedio que presenta la población local. Finalmente, la
información preliminar sobre lugares de residencia indicaría qué parte importante de esta migración
reside en Santiago y en comunas de sectores medios. Profundizaremos a continuación estas y otras
características demográficas.
La información censal indica un incremento de 4,338 a 83,045 de personas venezolanas entre
2002 y 2017 (Tabla 1). Este incremento implicó que pasara del noveno al tercer lugar de los
colectivos principales después de Perú (25.2%) y Colombia (14.1%). Venezuela representa el
11.1% de acuerdo con los datos censales 2017.
El crecimiento de la migración venezolana es reciente. El Censo 2017 señala que el 93.1% de los
inmigrantes venezolanos residentes llegaron a Chile entre 2010 y 2017, y que el 76% de esos casos
se concentraron en el último año y fracción, es decir, entre el 2016 y abril de 2017 (Instituto
Nacional de Estadísticas, 2018). El registro con base en visas otorgadas confirma este hecho y
especifica que su crecimiento se produce de manera progresiva a partir del 2014, pero son los años
2017 y 2018 en los que este crecimiento se dispara.
Tabla 1. Población migrante total y venezolana residente en Chile según datos censales 2002-2017.
2017 2002

Total nacionales extranjeros residentes en Chile 746,465 100.0% 184,464 100.0%

Nacionales de Venezuela residentes en Chile 83,045 11.1% 4,338 2.2%

Fuente: Censo 2002 y 2017 a través plataforma Redatam disponible en www.ine.cl

Gráfico 1. Población de inmigrantes nacidos en Venezuela según periodo de llegada a Chile, 1990-2017.
Fuente: INE, “Características de la inmigración internacional en Chile, Censo 2017” 2018:51 http://www. ine.cl/docs/default-
source/demográficas-y-vitales/inmigración/documento-inmigración.pdf?sfvrsn=4

Gráfico 2. Número de visas otorgadas entre 2009 y 2018 a personas extranjeras y residentes provenientes de Venezuela.

Fuente: Departamento de Extranjería. Estadísticas Migratorias 2019. https://www.extranjeria.gob.cl/estadis- ticas-migratorias/


En cuanto a la distribución por sexo el Censo indica que existe una distribución bastante
equilibrada con una leve superioridad en la presencia masculina (51% versus 49%). Esta diferencia se
profundiza un poco más al considerar a la población que llegó después del 2017, en donde la
distribución pasa a ser 52% versus 48%.
Al analizar y comparar la distribución según tramos de edad de la población migrante y de la
población nacida en Venezuela, observamos ciertas similitudes, aunque también algunas diferencias.
Por una parte, se observa una alta concentración en edad laboral, algo coincidente con los
movimientos migratorios globales. Sin embargo, para el caso venezolano la concentración es más
pronunciada ya que el 70% de toda la migración se encuentra entre 20 y 39 años (37% más 33.2%
en Tabla 2), mientras que para el resto de la migración este rango etario concentra solo el 54% (27%
más 27% en Tabla 2).
Un segundo elemento es que la población venezolana tiende a ser más joven que el resto de los
colectivos de migrantes, lo que podría explicarse por el envejecimiento de colectivos más antiguos (el
caso de la migración peruana, boliviana y argentina, por ejemplo) y también porque llegan personas
venezolanas de menor edad. En interesante constatar que en otros países también se destaca lo joven
de esta emigración, puntualizando los problemas que ello puede generar al interior de ese país
producto de la salida de población joven y altamente calificada (Baldwin, 2017). En tercer lugar, se
observa una menor presencia de población sobre 40 y la mínima presencia de personas sobre los 50
años (Tabla 2).
Tabla 2. Chile. Población migrante y población nacida en Venezuela según tramo etario, 2017.
Migrantes Venezolanos Total migrantes (excluye a venezolanos)

Tramo etario Población Porcentaje Población Porcentaje

0-9 8,002 9.4% 41,999 6%

10 - 19 5,027 5.9% 65,280 9%

20 - 29 31,596 37.0% 187,008 27%

30 - 39 28,395 33.2% 189,120 27%

40 - 49 7,446 8.7% 113,827 16%

50 - 59 3,001 3.5% 57,259 8%

60 - 69 1,497 1.8% 25,423 4%

70 - 79 383 0.4% 11,622 2%

80 - 89 83 0.1% 5,742 1%

90 - 99 17 0.0% 1,747 0%

100 y más 14 0.0% 197 0%

Fuente: Censo 2017 a través plataforma Redatam disponible en www.ine.cl

Al comparar el nivel de estudios se confirma el alto nivel educacional de este colectivo3. Lo primero
que destaca en este sentido es que el 50% de la población migrante tiene un nivel profesional de 4
años o más de estudios y que si se suman las categorías técnico superior y posgrados (magister y
doctorado), llegan al 64%, lo que contrasta con el 32% que alcanza la población migrante no
venezolana para este mismo nivel de estudios. A su vez, la población con educación básica es menor
que para el total de los migrantes (7% versus 18%). El nivel educacional de los venezolanos también
es superior al que tiene la población local (Martínez y Orrego, 2016). La información recogida a
través de las entrevistas confirma que se trata de personas jóvenes profesionales que terminaron hace
poco sus estudios (en algunos casos migraron en cuanto los terminaron).
Tabla 3. Chile. Nivel educacional de población nacida en Venezuela y población migrante (de aquellos que lo declararon), 2017.

Nivel Educacional Migrantes venezolanos Total migrantes, excluidos venezolanos

Población % Población %

Sala cuna o jardín infantil 1,774 2% 6,691 1%

Pre kinder 1,054 1% 4,750 1%


Kinder 1,392 2% 7,610 1%

Especial o diferencial 62 0% 929 0%

Educación básica 6,089 7% 123,726 18%

Primaria o preparatoria (sistema antiguo) 82 0% 4,037 1%

Científico-humanista 8,693 10% 207,010 31%

Técnica profesional 6,377 8% 93,878 14%

Humanidades (sistema antiguo) 101 0% 4,141 1%

Técnica comercial, industrial/normalista (sistema antiguo) 52 0% 1,508 0%

Técnico superior (1-3 años) 10,779 13% 61,280 9%

Profesional (4 o más años) 41,503 50% 125,880 19%

Magíster 4,363 5% 21,331 3%

Doctorado 621 1% 6,092 1%

Total 82,942 100% 668,863 100%

Fuente: Censo 2017 a través plataforma Redatam disponible en www.ine.cl

En relación con los lugares de residencia, el Censo de 2017 indica que los venezolanos se
concentran en un 83.6% en la Región Metropolitana, seguida muy de lejos, por la Región de
Valparaíso (4.6%). Al analizar las 10 principales comunas de residencia, la información Censal
indica que 9 de ellas se encuentran en la Región Metropolitana, y la décima en la región de
Valparaíso. Se trata de comunas de sectores medios (como es el caso de Santiago centro) y medio-alto
como son Ñuñoa, Las Condes o Providencia. Ahora bien, Santiago Centro presenta uno de los
porcentajes más altos de población inmigrante en general (28%)4, lo que la convierte en una de las
comunas más atractivas debido a la buena conectividad que posee, acceso a transporte público y
acceso a viviendas antiguas y nuevas (Contreras, Ala-Louko y Labbé, 2015; Margarit, 2015;
Margarit y Bijit, 2014).
Tabla 4. Chile. Principales comunas de residencia población venezolana, 2017.
Comuna Porcentaje

Santiago centro 41.0%

Independencia 5.3%

Ñuñoa 5.1%

Estación Central 3.9%

Las Condes 3.7%

Providencia 2.4%

La Florida 2.4%

San Miguel 2.3%

Macul 1.5%
Viña del Mar 1.4%

Otras 31.0%

Fuente: INE, “Características de la inmigración internacional en Chile, Censo 2017” 2018:48 http://www. ine.cl/docs/default-
source/demográficas-y-vitales/inmigración/documento-inmigración.pdf?sfvrsn=4

El contexto de acogida: normativa y medidas especiales adoptadas hacia la migración


venezolana
Chile cuenta con el marco normativo en materia migratoria más antiguo de la región. El marco
regulatorio específico de los temas migratorios y los asuntos de extranjería está conformado por dos
normas principales gestadas durante la dictadura militar: la Ley de Extranjería (Decreto Ley N°
1,094, de julio de 1975) y su reglamento respectivo (Decreto Supremo N° 597, de junio de 1984)5.
Se trata de una norma que, como se ha señalado, tiene un marcado carácter regulatorio
(administrativo e infraccional) del ingreso de extranjeros al país y las condiciones para su
permanencia (Stefoni et al., 2010). Es una normativa con un perfil restrictivo y discriminatorio, de
clara orientación policial y enfocado en el control y la seguridad del territorio (Cano, Soffia y
Martínez, 2009; Tijoux, 2007; Stang, 2012), con el fundamento ideológico de la Doctrina de la
Seguridad Nacional. Este énfasis explica la ausencia de consideración de los derechos de los migrantes
(CDH-UDP, 2010).
Decreto de ley ha experimentado modificaciones menores con la intención de recoger algunos de
los compromisos asumidos por el país a nivel internacional y adaptar la norma al nuevo escenario
migratorio. En abril de 2018 el presidente Piñera ingresó un nuevo proyecto de Ley para ser
discutido en el Congreso6.
En términos de las disposiciones de ingreso, la normativa vigente establece que todas las personas,
con excepción de República Dominicana, Haití, Cuba y algunos otros países, ingresan a Chile como
turistas, sin necesidad de estar en posesión de una visa consular de turismo. Aquellos que deseen
quedarse podrán solicitar una visa temporaria o una visa sujeta a contrato dentro del país. En el caso
de la visa temporaria podrán optar a una permanencia definitiva después de un año y en caso de la
visa sujeta a contrato, después de dos.
La ley establece cuatro tipos de permisos de residencia temporal, a saber: estudiante, sujeta a
contrato, temporaria, residente con asilo político o refugiado. Sin embargo, todo lo que respecta a
materia de refugio, hoy está regulado por la Ley 20,430 del año 2014 7, por lo que en rigor son tres
las posibilidades de visa temporal, y de ellas la más utilizada históricamente por los migrantes es la
visa sujeta a contrato.
Esta visa requiere la existencia de un contrato de trabajo con ciertas cláusulas especiales: que el
empleador pague el pasaje de vuelta al país de origen al trabajador y su familia una vez terminada la
relación laboral (cláusula de viaje) y establece que el trabajador debe completar dos años como titular
de visa sujeta a contrato para solicitar un permiso de permanencia definitiva (Rojas y Silva, 2016).
En caso de cambio de empleador se debe solicitar una visa con el nuevo empleador en un plazo
máximo de 30 días para no quedar en situación migratoria irregular. Esta situación genera una
aceptación de condiciones laborales muchas veces abusivas y un desincentivo para cambiar de trabajo
ya que ello implicaría comenzar nuevamente a contabilizar dos años de trabajo con un mismo
empleador (Rojas y Silva, 2016).
Es por tal razón que, en 2015, durante la administración de Bachelet, se creó por vía
administrativa una visa temporaria por motivos laborales. Esta visa permitía trabajar con uno o más
empleadores –la anterior solo permitía trabajar con la persona jurídica o natural respecto de la que se
habían hecho los trámites en Extranjería–, cambiar de empleador sin un costo adicional, desarrollar
cualquier actividad lícita durante su vigencia (trabajo, estudio, prestación de servicio, etc.), firmar un
nuevo contrato cuando finaliza el vigente sin pedir una nueva visa, y solicitar la permanencia
definitiva después de un año de trabajo (antes se pedían dos). Durante la administración de Bachelet
también se eliminó la exigencia de la cláusula de viaje en el contrato.
Sin embargo, una vez que asume el actual presidente Sebastián Piñera (2018-2022) se adoptaron
una serie de medidas, entre ellas la eliminación de la visa por motivos laborales (abril 2018). Los
argumentos esgrimidos fueron que esta visa había fomentado los contratos falsos, algo debatible
puesto que la existencia de contratos falsos es anterior a dicha visa y su crecimiento puede haber sido
reflejo simplemente del crecimiento general de la migración en los últimos años. La eliminación de la
visa por motivos laborales generó un retorno de los problemas que enfrentaron durante años los
migrantes, esto es el amplio poder que se entrega al empleador ya que el trabajador migrante estará
dispuesto a cumplir con todas las exigencias de modo de no perder el contrato laboral, pues ello
imposibilitaría dar continuidad a la solicitud de una permanencia definitiva.
La eliminación de la visa por motivos laborales se anunció en conjunto con otras medidas
administrativas anunciadas en abril de 2018 y que se enmarcaron bajo el slogan de la “necesidad de
ordenar la casa”, en alusión a un aparente caos y desorden que habría dejado la administración de
Bachelet. Las medidas administrativas anunciadas por el presidente Piñera fueron cuatro e incluyó
una medida específica para los venezolanos:
a. Reformulación del sistema de visados: se eliminó la visa por motivos laborales y se crearon nuevas
visas: una visa Temporaria de Oportunidades, que debe ser solicitada fuera de Chile y orientada a
todos aquellos que quieran migrar y otorga un permiso para residir y trabajar por un año,
prorrogable a otros 12 meses; una Visa Temporaria de Orientación Internacional para personas
con posgrados en alguna de las mejores universidades del mundo, según ranking que se establecerá
para dicho efecto; una Visa Temporaria de orientación nacional posible de solicitar en Chile y que
será otorgada automáticamente a migrantes que obtengan posgrado en universidades chilenas
acreditadas. Estas visas comenzaron a regir a partir del 1 de agosto de 2018.
b. Se determina la exigencia de un visado consular de turismo simple por un periodo máximo de 30
días a ciudadanos haitianos. Se estableció un visado humanitario de reunificación familiar con un
tope de 10 mil visados humanitarios al año.
c. En el caso de Venezuela, se crea una Visa de Responsabilidad Democrática que debe ser solicitada
en Venezuela y que otorga un permiso de residencia temporal por un año, prorrogable por una vez
(Recuadro 1).
d. Inicio de un proceso de regularización para todos aquellos que se encuentran en situación
irregular.
Como se observa en las medidas implementadas y en el proyecto de Ley, uno de los objetivos de la
administración de Piñera es eliminar la posibilidad de solicitar residencia dentro del país y la
obligación de hacerlo desde los consulados respectivos. De ahí que la visa de Responsabilidad
Democrática deba tramitarse en los consulados chilenos en Caracas y Puerto Ordaz a través de una
plataforma en línea.
Uno de los principales problemas mencionados en relación con esta visa, en las entrevistas y blogs
de venezolanos, es la dificultad para conseguir los requisitos establecidos. Los requisitos iniciales eran:
Certificado de antecedentes penales con vigencia de 90 días, debidamente apostillado con código de
verificación legible (se exceptúan los menores de edad para este requisito); pasaporte vigente y una
fotografía de estudio a color 5 x 5, fondo blanco. Sin embargo, la información en la cuenta twitter
del consulado chileno en Venezuela el 21 de junio de 2018 confirmó la inclusión de dos nuevos
requisitos: el pasaporte deberá tener una vigencia de 18 meses (no se aceptan pasaporte provisional),
y los menores de edad deberán presentar acta de nacimiento apostillada con su código de validación.
Recuadro 1. Visa Responsabilidad Democrática.
PASOS A SEGUIR:
1.- Para solicitar la Visa de Responsabilidad Democrática, debe acceder a la siguiente dirección electrónica del Sistema de Atención Consular
(SAC): https://tramites.minrel.gov.cl
2.- En esta dirección electrónica debe hacer clic en la pestaña VISA y se abrirá el formulario de DATOS DE VIAJE. Al seleccionar el tipo de
visa, debe elegir la alternativa “Visa de Residente Temporario, Responsabilidad Democrática”.
3.- Ahí deberá completar sus datos personales, escanear y adjuntar la siguiente documentación como requisitos OBLIGATORIOS: -
Certificado de Antecedentes Penales (con vigencia de 90 días), debidamente Apostillado con código de verificación (legible). Se exceptúan los
menores de edad para este requisito. - Pasaporte vigente. - 1 fotografía de estudio a color 5 x 5, fondo blanco.
4.- Una vez enviada esa información y verificada la correcta recepción de los documentos solicitados, se le enviará un correo electrónico
informando respecto de la aprobación o no del proceso de su solicitud. Solo en caso de que su solicitud sea aprobada, deberá efectuar el pago
de la Visa. Su costo es de Bs 3,276,000 (sujeto a cambio según Dicom).
5.- Para pagar este costo, solo en caso de ser aprobada su solicitud, el consulado le informará los datos y mecanismo para concretar este
pago.
6.- Asimismo, con el propósito de estampar la Visa de Responsabilidad Democrática, el Consulado respectivo le asignará una cita, ocasión en
la que deberá traer el correspondiente comprobante de pago de la transferencia bancaria y los documentos solicitados en el Punto N° 2, en
original y copia. Cabe señalar que este trámite es estrictamente personal tanto para mayores, como para menores de edad. Notas: - Se
recomienda contar con la Visa de Responsabilidad Democrática aprobada y estampada en su respectivo pasaporte antes de adquirir pasajes
aéreos o terrestres. - La visa de Responsabilidad Democrática solo será tramitada y otorgada por el Consulado General de Chile en Puerto
Ordaz y el Consulado General de Chile en Caracas. Esta visa no será otorgada en Chile ni en otros Consulados de Chile en el exterior. - El
visado de Responsabilidad Democrática es para aquellas personas que desean residir en Chile. Aquellas personas de nacionalidad venezolana
que deseen ingresar para hacer turismo por hasta 90 días, no necesitan de visado.
El resultado de esta medida, por tanto, es una tasa de aprobación cada vez más baja, un alto
número de rechazos, producto probablemente de las dificultades para obtener los documentos
requeridos y el incremento en los costos totales, ya que cada trámite requiere el pago a gestores.
Los anuncios del presidente Piñera se hicieron bajo la consigna “ordenar la casa”, en tanto se
remarcaba que en Chile la migración había sido ignorada y la clase política no se había hecho cargo
de legislar respecto a la población migrante que estaba llegando al país. Meses antes se generó una
gran campaña mediática apuntando al desorden migratorio, a la irregularidad y los problemas de la
migración haitiana. Esta campaña se tradujo en un apoyo ciudadano a las medidas implementadas,
incluidas las restricciones a la migración de origen haitiano ( CADEM, 2018). Esto ha llevado a que
algunas organizaciones sociales y analistas sostengan el uso político que se le está dando al tema
migratorio (La Tercera, viernes 17 de mayo 2018).

Elementos de análisis: trayectorias de inserción social y laboral de migrantes venezolanos


en Chile
Las entrevistas realizadas a inmigrantes venezolanos permiten acercarnos a las realidades que
enfrentan en Chile y que marcan ciertas singularidades necesarias de ser consideradas en el estudio de
los movimientos migratorios. A continuación, pasaremos a revisar algunos de estos elementos.

Razones para migrar


Las principales razones señaladas por los entrevistados son la inseguridad, la falta de oportunidades y
falta de expectativas de vida. La situación en Venezuela para muchos se ha transformado en un tema
de sobrevivencia, marcada por la ausencia de comida y de enseres básicos. Esta situación no guarda
relación con la experiencia de bonanza experimentada por la mayoría de quienes hoy salen del país.
La gran mayoría reconoce que proviene de familias donde no había este tipo de carencias. Sus padres,
pertenecientes en su mayoría a una clase media. El deterioro de la situación para algunos comenzó
hace ya varios años y para otros es una situación que se agudizó en el último tiempo. En esta
entrevista Marcela refiere a la imposibilidad de acceder a productos básicos fuera del mercado negro y
las dificultades que genera la presencia de los bachaqueros:
Entrevistada: ya por lo menos cuando ustedes se vinieron, ya lo que se hacía uno tenía que
madrugar para ir a hacer las colas, para ver qué alimento se podían conseguir, para que se podía
conseguir... este si es que los bachaqueros, porque habían o hay un grupo de personas que influyen
mucho en el gobierno que se llaman los bachaqueros que ellos llegan al supermercado y ellos son
los que primero compran, si la gente está en las colas ellos son los primero de la cola, para revender
los alimentos, sí. Y entonces si uno llegaba tarde, ¡ya! se acababan los alimentos y no había.
(Marcela)
El relato de Leandro ejemplifica por otra parte la drástica caída del estándar de vida que observan
estos jóvenes en sus propias familias, y que los lleva a adoptar la decisión de migrar.
Entrevistado: mi padre pasó de... no quiero que suene, no quiero que suene de una manera
denigrante, realmente quiero que lo vea y se interprete como que mi padre es una persona
luchadora, una persona que no desiste a pensar de la crisis, mi padre pasó de ser un economista de
tener cuatro empresas a actualmente manejar un camioneta que ya se le está dañando, como un...
allá se le dice carro por puesto, que son carros de ruta donde agarran pasajeros, sueltan pasajeros o
sea no es denigrante como tal, pero es lo que le queda (Leandro)
Ahora bien, en este contexto de desesperanza la experiencia de asaltos, violencia y secuestros
muchas veces detona la decisión final de emigrar. Ángeles nos explica que, si bien la idea de salir del
país e irse a España era algo que habían conversado con su pareja, la experiencia de un secuestro
exprés fue lo que determinó la decisión de emigrar:
Entrevistador: ¿Cuál diría usted que fue “la gota que derramó el vaso”?
Entrevistada: Si, el 2012 secuestraron a mi novio, secuestro exprés, yo estaba en clases en el
posgrado, él fue a trotar al parque, al que siempre íbamos, seis de la tarde, y bajándose del auto lo
encañonaron, muy jóvenes, lo metieron a la parte atrás del auto, le pidieron las llaves y la cartera.
Se lo llevaron hacia la carretera, vía la playa, donde yo vivo es cerca de la costa, se lo llevaron vía la
playa, obviamente le pedían las cuentas de crédito, las claves, que hace tu familia, etc. Ese
momento que te preguntan, robaron el auto, le sacaron plata de las cuentas, al final llegó a un
caserío y pudo llamar a la familia. Yo venía saliendo de clases cuando me llamó, y después de vivir
eso, me planteo y me dijo –igual ya lo habíamos discutido– la posibilidad de irnos a España. Pero
este evento detonó que programáramos los papeles. Él me dijo que se iba a estudiar a España, no
vuelvo a poner en riesgo mi vida, por doscientos mil pesos de mi tarjeta, no lo quiero volver a vivir
y si quieres te vas conmigo. (Ángeles)
Esto último es fundamental para los países de destino, en este caso Chile, en tanto los venezolanos
no solo deben lidiar con el complejo proceso de la migración, y todo lo que este conlleva, sino que
también con los traumas, violencia física y psicológica a la que están expuestos. En este sentido resulta
importante visibilizar aquellos aspectos vinculados con la salud mental, ya que provenir de contextos
altamente violentos puede implicar la presencia de diferentes trastornos mentales (Ochoa, Vicente y
Lozano, 2005), lo que se suma al estrés que se produce por el hecho de migrar, en tanto se enfrentan
a pautas y códigos culturales diferentes en el país de destino (Trillo, 2009).

Migrantes cada vez más jóvenes


Un aspecto que destacamos y que resulta coincidente con la información recopilada en la primera
parte, es que se trata de una población más joven que el promedio de edad de otros grupos de
migrantes que llegan al país. Esto se traduce en que son personas que recién terminaron de estudiar
un posgrado, una carrera e incluso algunos que no llegan a terminar sus estudios universitarios.
Entrevistadora: ¿en qué trabajabas o qué hacías cuando estabas allá en Venezuela?
Entrevistada: yo estuve estudiando, estuve como que sacando el titulo para venirme, como que era
el objetivo: graduarme apostillar el título y venirme, eso ya lo tenía planificado con un año de
anticipación. (Marcela)
Para este grupo etario la falta de oportunidades se transforma en un factor clave, incluso en
aquellos sectores que cuentan hoy día con recursos para mantenerse.
Entrevistada: Sí, pero no necesariamente. Porque mis papás tenían muy buena posición
económica, y ellos podían mantenerme. Era más bien un tema motivacional, que yo me sentía
como estancada en Venezuela, que no podía aspirar a algo mejor. Y siempre iba a tener que ser
mantenida pues.
Entrevistador: No fue que te faltara algo, pero si todo este tema de autorrealización.
Entrevistada: Si, estaba estancada, yo sabía que nunca iba a poder tener un buen trabajo en
Venezuela ni iba a poder ser independiente. (Lorena)
Entrevistado: (...) de hecho yo tenía planeado venir antes a Chile, pero una de las cosas.
Entrevistadora: ¿en qué año?
Entrevistado: en el año 2016, más o menos, pero una de las primeras cosas que me dijo mi padre
y mis padres hicieron énfasis en esto fue de que terminara mi carrera, y me fuera con un título para
tener más oportunidades, bien entonces bueno básicamente lo que hice fue terminar de sacar mi
carrera y apenas saqué mi carrera, empecé lo que es el papeleo, que cuando hablo del papeleo me
refiero a actualización del pasaporte actualización de la cédula de identidad mía este... ahorrar el
dinero. (Leandro)
La salida de gente joven plantea un problema de grandes proporciones para Venezuela porque
significa una profunda descapitalización de su recurso humano y una disminución importante de su
fuerza laboral. La alta calificación, sin embargo, no se traduce directamente en mejores empleos en el
país de destino. El alto costo para convalidar títulos, la falta de redes para obtener empleos de mayor
calificación y la urgencia por encontrar un trabajo dificultan una inserción laboral acorde con los años
de estudio.

Dificultades para organizar el proyecto migratorio: reunir el dinero y conseguir los


documentos
En la primera parte de este capítulo señalamos que el incremento de la inmigración venezolana se
produjo a partir del 2015, pero es en 2017-2018 cuando alcanzó un crecimiento exponencial. Estas
cifras han tenido consecuencias en el propio proceso migratorio ya que en la medida en que aumenta
la emigración hacia Chile, ésta se vuelve una experiencia cada vez más compleja, costosa e incierta.
Para quienes lo hicieron antes del 2015 el proceso migratorio era lento, pero abordable. El primer
paso era reunir los documentos requeridos por el gobierno de Chile, apostillar los certificados, reunir
el dinero del pasaje y establecer idealmente los vínculos y redes con familiares y conocidos en el país
de destino. En algunos casos existían familiares chilenos que ayudaron con la salida y llegada. Este es
el caso de Guido, quien es nieto de chilenos los que, al momento de la entrevista, todavía vivían en
Venezuela. Guido junto a su madre y padrastro llegaron a Chile el 2008. Perteneciente a una familia
acomodada en Venezuela, comenzaron a observar algunos pequeños cambios en su estándar de vida
lo que los llevó a tomar la decisión de salir del país y aprovechar las redes familiares que tenían en
Chile. No tuvieron dificultades para emigrar. Su madre se matriculó en un posgrado y él en esa
época era menor de edad por lo que era dependiente. Realizaron los trámites en la embajada de Chile
en Caracas y reunieron algo de dinero para mantenerse el primer tiempo. Migraron los tres juntos.
Sin embargo, en 2017-2018 el proceso se tornó más difícil. Por una parte, la constante
devaluación de la moneda dificulta el ahorro, y por otra, los papeles necesarios de obtener (pasaporte,
documentos apostillados) se hicieron mucho más difícil de conseguir. Si antes del 2015 las
estrategias para reunir el dinero consistían en vender algún bien (por ejemplo, un auto), utilizar
ahorros o reunir entre la familia el dinero suficiente, hoy en día las personas utilizan múltiples
estrategias para reunir el dinero y lo que ocurre es que salen con prácticamente lo justo para llegar a
Santiago y solventar los gastos de instalación. Quienes deben obtener pasaporte y/o documento de
antecedentes apostillados, la situación se hace extremadamente compleja. Con los servicios
gubernamentales desbordados es prácticamente imposible realizar los trámites sin tener que recurrir a
algún gestor que tramite los documentos por una vía no oficial. Una entrevistada señala:
Entrevistada: Mira, en Venezuela... el trámite para... para venirse o sea si acá es engorroso, porque
acá es un poco engorroso, ella es triplicado, allá no hay nada… bueno cuándo en ese entonces se
podían hacer cosas legalmente hoy día ya no hay nada legal todo está cerrado todo se puede hacer
por medio de un…
Entrevistador: ¿tramitador o algo así?
Entrevistada: …de un gestor que llamamos nosotros, que esos gestores no son más que son la
amiga de la hermana que trabaja dentro y le pasas y esos, de hecho, allá está cobrando todo por
dólares, ellos no están cobrando nada en bolívares. Entonces para hacer un trámite… de que mi
esposo quiere traer a su hijo y para refrendar la parte de nacimiento son 40 dólares, claro acá 40
dólares son bien, perfecto no pesa nada, pero para una persona que quiera salir de Venezuela 40
dólares es brutal, para apostillar un título 400 dólares. (Jina)
Rutas
Junto con las mayores dificultades para salir y el incremento de las medidas de control en los
distintos países de América Latina, las personas enfrentan rutas cada vez más complejas, difíciles y
riesgosas. Si antes del 2015 muchos ingresaron por el aeropuerto, hoy en día la mayoría de las
personas salen de Venezuela en bus hacia Colombia, de ahí Ecuador, Perú e ingresan por el norte de
Chile. Una de las entrevistadas señala:

Entrevistada: Me vine con una amiga, la ruta que tomé fue desde el estado Lara, Barquisimeto
hasta el estado San Cristóbal que es frontera con Colombia y ahí crucé la frontera hasta Cúcuta; en
Cúcuta busqué gestores, me ubicaron un autobús que me iba a llevar por tres días hasta Bogotá.
De Bogotá, tomé otra ruta hasta Ecuador (estuve como dos días), luego tomé otra ruta para Perú,
de Perú hice una estadía de un día para descansar y luego continué hasta el norte de Chile.
(Lucrecia)
Esta ruta presenta riesgos, de ahí que algunas personas prefieran pagar por un guía que va
acompañando el proceso. Sin embargo, el ingreso al país no está garantizado. Leandro señala que de
cinco personas jóvenes que venían con él desde Perú, en la frontera con Chile solo dejaron pasar a él
y a su primo.

Uso de redes sociales para definir el proyecto migratorio


La decisión de optar por Chile es producto de un conjunto de criterios que se evalúan en el
momento. El país goza de una imagen de estabilidad económica y política, lo que se traduce en
oportunidades de trabajo. Por otra parte, contar con familiares y amistades permite tener apoyo para
orientar en la búsqueda de trabajo, regularizar los papeles y contar con un lugar para vivir por un
tiempo, entre otras cosas.
Entrevistadora: ¿y por qué Chile?
Entrevistada: porque... mi hermana vino primero, o sea ella llegó ya tenía como un año aquí ella, y
antes de eso, ella ya estaba como que buscando, así como “cuál es el mejor país así como que hay
mejores oportunidades” y bueno o sea Chile en ese momento, yo creo que todavía, como era el…
era el mejor posicionado como el que estaba dando más oportunidades el que nos estaba abriendo
las puertas a lo profesional. (Marcela)
Las redes permiten no solo salir del lugar de origen, sino redefinir constantemente el proyecto
migratorio. En la siguiente cita Ángeles señala que sus dos hermanos habían emigrado, ella a Lima,
su hermana a Argentina y su hermano menor a Santiago. Después de unos años y dadas las
dificultades que encontraron en los otros destinos, las hermanas deciden emigrar a Santiago.

En ese año y medio, que estuve en Lima, empezó a llegar mucho más extranjero acá, conocidos de
la universidad, del colegio, de la empresa que estaba en Venezuela. Mi hermana estaba en
Argentina y mi hermano se había decidido venir a Santiago, somos tres. Mi hermano es el menor,
no terminó su universidad en Venezuela y se vino solo, no soportaba estar más allá así que decidió
venirse a Santiago con unos amigos. Nos habló súper bien de Santiago, mi hermana en Argentina
ya tenía cuatro años, estaba super fastidiada allá, la cosa –aparte– en Argentina estaba cada vez más
complicada, económicamente. Así que empezamos a conversar y decidimos venirnos, yo dije que a
mi tampoco me gustaba Lima así que, tampoco a ti Argentina, entonces vámonos a Santiago.
(Ángeles)

Si bien la información que entregan personas conocidas es fundamental, actualmente existe una
fuente enorme de información que orienta de manera decisiva la forma que se adopta el proceso
migratorio. El uso de facebook, instagram y de múltiples redes sociales permite acceder a información
actualizada, hacer preguntas y en función de ello, tomar decisiones. Quisiéramos compartir la
experiencia de Carolina, una mujer venezolana proveniente de una familia de clase media
acomodada, quien emigró sola a Chile y planificó cada uno de los pasos a seguir utilizando
información que obtenía de internet. Ella llegó en avión en 2016 y comenzó a planificar en cuanto
supo que quería emigrar. En un cuaderno comenzó a anotar toda la información que recopilaba
respecto a cada uno de los países que veía como opción. Cuando se decidió por Chile comenzó a
planificar su arribo, qué ciudad escoger, dónde dormir las primeras noches, cómo salir del
aeropuerto, el dinero exacto que necesitaría para las primeras semanas. Luego registró información
sobre posibles contactos laborales para desempeñarse en su área de estudios. Identificó a algunos
actores relevantes, incluso lugares para conocer en el tiempo libre que dispondría. Sus redes
familiares y personales en el país eran más bien lejanas, aunque le sirvieron para buscar trabajo y
dónde dormir el primer tiempo, pero la confianza en su cuaderno de notas es lo que le permitió
enfrentar la incertidumbre que puede provocar un lugar desconocido y desarrollar entonces un
proyecto migratorio en el sentido más literal del término. La principal fuente de información para
responder a todas sus preguntas es la página en facebook de venezolanos en Chile y un blog de una
persona venezolana dedicado a compartir experiencias de cómo migrar y cómo insertarse en el país.
Las historias que entregamos permiten dimensionar la importancia del uso de las redes sociales
para tomar una serie de decisiones en el trayecto migratorio. Sin embargo, al igual que en las redes
familiares y de conocidos, hay diversos temas que no se abordan. En las experiencias de nuestros
entrevistados si bien la situación que encuentran en Chile se ajusta a sus expectativas, reconocen no
haber sabido sobre las dificultades para encontrar un empleo acorde a su nivel de calificación, las
dificultades para regularizar los papeles, el alto costo de la vida, y el frío que se siente durante el
invierno.

Búsqueda de trabajo: la urgencia de pagar deudas y la necesidad de conseguir una visa


Conseguir trabajo es sin duda el objetivo prioritario de quienes llegan a Chile. Se trata de un proceso
que muchos saben tiene un alto costo en la primera etapa, ya que la urgencia de trabajar y no contar
con papeles los lleva a aceptar trabajos con altos niveles de explotación. El tiempo en que permanecen
en esta situación es variable y dependerá del estatus migratorio que tengan, las redes y recursos
económicos disponibles, una dosis de suerte y la imagen y representación que tenga la población
venezolana en el país.
Actualmente la inmensa mayoría de los migrantes venezolanos que recién llegan a Chile, deben
aceptar trabajos de baja calificación debido a que no tienen los documentos al día, no cuentan con las
redes necesarias, no tienen los certificados apostillados o bien sus calificaciones no son reconocidas en
el mercado laboral local. En todos los casos la ausencia de documentos y del registro del Rol Único
Tributario (RUT) es el principal problema para acceder a trabajos con condiciones laborales dignas.
Entrevistado: Entonces, en eso cuando no tienes RUT tiene muchas dificultades. Primero, en poder
abrir una cuenta bancaria, poder alquilar un departamento tranquilamente y después entrar a
trabajar. De hecho, yo tenía una amiga que estuvo cuatro meses sin poder sacar el RUT, trabajó en
negro, trabajaba siete días a la semana y le pagaban como 250 mil (350 dólares aproximadamente)
y vivía de allegada en una casa de unos amigos, y hasta que sacó el RUT su sueldo llegó a ser como
sueldo mínimo (Guido).
La falta de RUT (número de identificación nacional) deja a los migrantes en una situación muy
difícil ya que la legislación establece que, para solicitar residencia temporal, deben presentar un
contrato laboral, pero cuando van a pedir trabajo, el empleador le solicita que sus papeles estén al día
(residencia temporal o definitiva) pues de lo contrario arriesga multa.
Entrevistador: En su opinión ¿Cuáles son las barreras para encontrar trabajo en Chile? ¿Cuáles son
los facilitadores para hacerlo? ¿Tuvo algún contrato falso?
Entrevistado: Tener tu documentación por lo mínimo, tu permiso de trabajo. (…), por su puesto,
porque de nada vale tener el empleo, pero no te van a aceptar sino cuentas con tu RUT, con tu
permiso. (Leandro)
Entrevistada: …no mira, no tanto así, lo que pasa es que el amigo de nosotros, decía que “no que
se gana super bien” yo no sé porque, yo le hablo tan claro a la gente de allá todavía, o sea se puede
vivir pero tampoco es como te lo pintan, aquí uno llega y se encuentra con otra realidad, mis
amigos “si, si te consiguen entrevistas” porque mi esposo… todo el mundo piensa venir a buscar
trabajo profesional y nadie piensa que va a venir a limpiar pisos, nadie piensa eso. (Jina)
Aquellos que ingresan con la visa de responsabilidad democrática, tienen su RUT desde antes de
llegar a Chile, pero quienes ingresan como turistas deben iniciar el proceso de regularización de los
papeles. Para ello, deben adjuntar un contrato de trabajo que se consigue en la medida en que
alguien esté dispuesto a contratarlos sin los documentos, aumentando con ello las posibilidades de
engaños y abusos.
La puerta de entrada al mundo laboral son trabajos en el sector servicios, retail, restaurantes,
ventas, entre otras. La convalidación de títulos es un proyecto de muy largo plazo y que requiere
disponer de tiempo y recursos, por lo que el alto nivel de calificación no necesariamente se traduce en
mejores empleos.
Entrevistadora: ¿Cuántos trabajos ha tenido en el país? ¿Cuáles? ¿En qué han consistido?
Entrevistada: el primero de ejecutiva de cobranza…solo hacer cobranza y el segundo de atención al
cliente en pastelería y hasta ahorita asistente de despacho; me encargo de hacer supervisión de
todos los despachos que salen, en una empresa que fabrica cortinas, todo lo que es lencería…
Entrevistadora: ¿Cómo se siente en la ocupación actual? ¿Le gustaría trabajar en otra cosa?
Entrevistada: Me gustaría trabajar en otra cosa en mi área, me siento bien, pero no es mi área, no es
mi fuerte en lo que estoy preparada (Lucrecia)
Lo que se observa en el estudio es que una vez que se obtienen los documentos y el RUT se logra
ingresar a trabajos con mejores remuneraciones y más estables, aunque no necesariamente acordes al
nivel de calificación que tienen. Es interesante constatar que la sobrecalificación en este caso puede
jugar en contra de la posibilidad de acceder a mejores empleos. En la siguiente cita Lucrecia señala
que tuvo que inventarse un CV para acceder a trabajos de menor calificación.
Mmmhhhh… pensé que iba a ser más fácil conseguir trabajo sin el RUT, con el RUT en trámite, así
me lo vendieron. Yo no pude empezar a trabajar, como profesional, hasta los seis meses que llegó
mi RUT. Trabajé en una cafetería, en una torre Titanium y trabajé en una tienda en paseo Estado.
Todo con un CV falso a todas estas, me puse que era vendedora, que lo había hecho toda la vida. El
fenómeno, que se empezó a ver aquí y que lo ve un dueño de tienda, cuando contratas a un
venezolano, es que si yo me presento con el CV que tengo, tu no me vas a dar trabajo en tu tienda,
porque es obvio que cuando yo tenga mis documentos es obvio que se va a ir (...) me inventé un
CV de vendedora falsa, que llegué directo desde Caracas, con estudio técnico, muy diferente a lo
que soy. Esto me ha permitido tener un trabajo en cafetería, hasta que llegó mi RUT. Por su puesto
fui a otras 18 entrevistas profesionales, fui a Sodimac, LG, UNAB, Laboratorios Pfizer, empresa de
frutos… todo muy bien, pero preguntando por mi RUT. Y bueno a los tres meses esperando en
Santiago que no lo logro, es que decido buscar trabajo informal en una tienda. Empecé en cafetería
y después tienda y cuando sale mi RUT, entro al laboratorio Pfizer, en RRHH en un proyecto por 6
meses. (Lucrecia)
Esta cita da cuenta de cómo muchos migrantes venezolanos han comenzado a adaptar los relatos
respecto de sus propias biografías en función de aquello que la sociedad receptora espera de ellos. Se
trata de un uso estratégico de las expectativas de la sociedad de llegada, quienes reconocen en el
debate público la buena preparación que tienen los migrantes venezolanos. El problema es que este
reconocimiento resulta valorado para empleos que requieren menor calificación, y no así para
empleos acorde a sus estudios y su experiencia profesional.
Un problema que explotó el 2018 refiere a la lentitud para solicitar y obtener la residencia. El
incremento de la población migrante ha sobrepasado la capacidad administrativa de las oficinas
públicas. Todos los entrevistados refieren a las larguísimas colas para lograr ser atendidos, la falta de
información clara y la demora excesiva en obtener respuestas. El problema es que estas demoras
muchas veces generan que las personas quedan en situación irregular puesto que los papeles no llegan
a tiempo.
En cuanto a situaciones de refugio, el gobierno actual ha disminuido drásticamente el
reconocimiento de refugio, por lo que hoy en día no es una opción.

Remesas
La urgencia de encontrar trabajo se relaciona también con la necesidad de enviar remesas a los
familiares en Venezuela. Una diferencia respecto de otros grupos de migrantes es que, en los relatos
recogidos, la gran mayoría señala enviar remesas a sus padres y no a sus hijos. Probablemente el
hecho de que se trate de una migración más joven puede incidir en este punto. La responsabilidad
que tienen muchos entrevistados respecto al bienestar de familiares –o amigos– en Venezuela toma
un protagonismo importante, en tanto las condiciones en Venezuela cada día se presentan con un
peor pronóstico. No nos encontramos con el uso de remesas para proyectos productivos.
Entrevistador: y me decía que le envía a sus papás
Entrevistada: a mi papá, claro porque mi mamá está en Colombia y yo la ayudo desde allá, mi
papá está en Venezuela con los hijos de mi hermana que también está en Colombia más dos
hermanos
Entrevistador: ¿y a quien más ayuda?
Entrevistada: como le digo, gracias a Dios tengo la posibilidad de ayudar a cuatro amigas que esa
vez compré por pack como le digo y sacrifiqué un pack de harina, una de arroz y una de azúcar y
como trae por 25 le di como a cuatro amigas y a mis dos tías, o sea sacrifiqué y ayude, porque tuve
la posibilidad. (Jina)
Las remesas tienen por objetivo principal proveer de alimentos, remedios o alguna emergencia que
surja con la familia en Venezuela.
Una de las preocupaciones es que la casa no puede quedar sola porque hay riesgo de perderla, de
ahí que los padres se queden para poder cuidarla. Para los hijos apoyar a los padres es una forma de
devolver lo que ellos recibieron como hijos. En ocasiones los hermanos han migrado a distintos
destinos y cada uno apoya desde donde está para mantener a sus padres.
Entrevistado: básicamente esa sería la meta, comprar una propiedad aquí y que mis padres
trabajen, que mis padres trabajen por su puesto yo trabajando con ellos, pero que realmente mis
padres no sean un estorbo porque realmente ellos lo que realmente me han enfatizado “Leandro,
no quiero llegar y que me paguen todo” pienso que sería lo más justo, darle a ellos lo que ellos me
dieron mi momento cuando yo era muy pequeño ¿ya? y yo creo que como ellos siempre me
inculcaron lo que es la importancia del trabajo y los estudios y los valores, pienso que ya es el
momento que ellos disfruten entonces yo con un documento legal que me permita adquirir
propiedades o adquirir otro tipo de beneficios que pueda hacer parte a mis padres pues sería
estupendo para mi. (Leandro)
Las regulaciones nacionales que impiden recibir divisas, el cierre de bancos, la hiperinflación y los
esfuerzos por controlar el mercado cambiario por parte del Estado, han hecho imposible el envío de
remesas por vía regular. No operan oficinas tradicionales de envío de remesas, como Western Union
y los bancos tampoco pueden recibir depósitos en dólares desde el extranjero. El hecho de que el
cambio fluctúa tanto día a día logra que los venezolanos tengan suma precaución a la hora de enviar
dinero. En este escenario la forma que han encontrado las personas para enviar dinero es a través de
intermediarios que se dan a conocer a través de las redes sociales. Las personas depositan pesos
chilenos a una cuenta en Chile o en algún banco de otro país, y esa persona transfiere el dinero a la
familia destinataria en Venezuela desde un banco venezolano. El uso de las redes para enviar remesas
da cuenta de cómo estas comunidades virtuales sostienen parte del proyecto migratorio, así como el
importante componente de confianza que la sustenta.

Incertidumbre respecto del futuro


Un aspecto que nos ha llamado la atención es la ausencia, al menos en la narrativa, de un proyecto de
retorno. En trabajos previos sobre migración, la idea de retorno muchas veces está presente, aunque
no necesariamente se concretice. La literatura internacional da cuenta de las dificultades que tiene el
retorno, el cual muchas veces se vive como un nuevo proyecto migratorio (Cavalcanti, 2015;
Jáuregui, Recaño y Ávila, 2015; Rivera Sánchez, 2013). Sin embargo, en las entrevistas realizadas no
se avizora el retorno ni en el mediano ni tampoco muchas veces en el largo plazo. Cuando se
argumenta que las razones para salir del país fueron la ausencia de oportunidades y la incapacidad de
desarrollar un proyecto de vida, los inmigrantes señalan que no creen que la situación vaya a cambiar
en el mediano plazo al punto de revertir las condiciones que propiciaron la salida.
Entrevistado: entonces yo te digo que a pesar de que haya un cambio de gobierno, maten o
derroquen a Maduro, no sé lo que vaya a pasar primero, yo particularmente no me regresaría
porque yo calculo que son como unos 20 años de cambio social que hay que hacer, una limpieza
mental que hay que hacer de nuevo, y bueno yo a mis 30 años no tengo intenciones de regresar al
país y empezar de cero. (Leandro)
Al consultar sobre dónde se ven viviendo en tres años más, la mayoría señala que les gustaría estar
en Chile, con sus documentos al día, trabajando en lo que estudiaron y poder traer a quienes todavía
están en Venezuela. Asimismo, también se encuentran relatos que mencionan a Chile como un país
que, si bien presenta una estabilidad que no encontrarían en Venezuela, éste se enmarca en un
destino que pudiese ser de paso, por el hecho de que podrían migrar a otro país –como Estados
Unidos o Europa– en el futuro. Sin embargo, existe cierto consenso respecto a la opinión que se
tiene sobre Chile, en tanto es un país que presenta oportunidades para desarrollar una vida tranquila.

Conclusiones
Los datos y la información aquí presentada dan cuenta de algunas características que asume la actual
migración venezolana. Si bien hay una historia migratoria que une a ambos países, especialmente de
chilenos que emigraron a Venezuela durante la dictadura o bien atraídos por el desarrollo de la
industria petrolera, hoy en día la situación escapa a los estándares más tradicionales de movimiento
de personas. El 2017 marca un antes y un después. Previo a esa fecha se venía produciendo un
incremento sostenido de la migración, sin embargo, en 2017 la cifra se incrementó
exponencialmente. Junto con ello la política migratoria en el país tiene un vuelco importante. De una
relativa inacción observada en los gobiernos del bloque de centro izquierda, se pasó a una política que
busca modificar profundamente las condiciones de ingreso al país, estableciendo que las residencias
temporales deberán tramitarse desde el país de origen, imponiendo restricciones para ciertas
nacionalidades y condicionando algunos derechos sociales. Es necesario recordar que la actual
administración de Sebastián Piñera no suscribió el Pacto Migratorio de Naciones Unidas.
En el caso particular de Venezuela se implementó una Visa de Responsabilidad Democrática, la
que generó altas expectativas (y postulaciones), sin embargo, un bajo número de resoluciones. Los
venezolanos siguen ingresando como turistas y deben conseguir un contrato de trabajo para poder
solicitar una visa temporal.
Esta situación deja a los venezolanos en una situación muy vulnerable ya que para obtener los
documentos deben presentar un contrato, pero para obtener el contrato, deben tener los
documentos al día. Este escenario tiene dos consecuencias, por una parte, se les empuja a tener que
aceptar cualquier tipo de trabajo, sin ninguna posibilidad de negociar o exigir mejores condiciones
laborales, y por otra, en caso de que no encuentren un empleo, recurrir a otro tipo de mecanismos
para obtener una visa temporal, como, por ejemplo, suscribir un contrato laboral sin que
necesariamente haya un trabajo de por medio. En el mejor de los escenarios este contrato puede ser
suscrito por un conocido o familiar dispuesto a hacerlo, pero en muchos otros casos, se trata de
personas que buscan lucrar con la necesidad de los migrantes, solicitando dinero a cambio. Con ello,
los migrantes se exponen a que, en caso de ser detectados por funcionarios, se invalide todo el
proceso de regularización.
Tal como ha funcionado el sistema de regularización de visas hasta ahora, muestra que el principal
problema para regularizar los papeles es el tiempo que toma, que pueden ser años, y la pésima
atención por parte del Departamento de Extranjería ya que no entrega información oportuna, las filas
para atención dan vueltas y vueltas por las calles, las respuestas demoran meses, incluso se pierden
papeles, entre otros aspectos. Sin embargo, está por verse cómo el giro en la política migratoria que
busca consolidar el presidente Piñera, a través del proyecto de Ley impulsado, generará nuevos y más
drásticos cierres.

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Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

1
Este estudio contó con la colaboración de las siguientes personas: Ivisa Rubio, Flavio Salgado, Pía Mundaca, Florencia Saffirio, Carolina
Flores y Carolina Cancino.
2 Las solicitudes de visa por primera vez con ingreso de turista corresponden a la primera visa que piden las personas después de haber arribado
a Chile en calidad de turistas. Ahora bien, un individuo puede ser contabilizado más de una vez en caso de que ingrese como turista, solicite
una visa con permiso de trabajo, retorne a su país (en caso de que no estampe la visa, ésta quedará sin efecto) y luego vuelva a ingresar como
turista y solicite nuevamente una visa con permiso laboral, esto puede darse preferentemente en el caso de la migración fronteriza. En el caso de
la migración venezolana, suponemos que las repeticiones de personas en la base de datos deben ser menores, pues las condiciones de ese país no
permiten un ir y venir constante.
3 Los microdatos censales presentan ciertas variaciones al analizar el nivel educacional, ya que la suma de todas las respuestas no coincide con el

total de población migrante venezolana señalada más arriba. Probablemente se debe a no respuestas que aún no han sido codificadas como tales.
4 Dato publicado por el portal de noticias 24 Horas, con base en el Censo del 2017. Publicado el 5 de mayo del 2018.
5 Deben considerarse, además, otras normas que forman parte de este marco regulatorio: el decreto que delega en autoridades de Gobierno de
Interior atribuciones relativas a extranjeros (Decreto Supremo N° 818, de 1983); la resolución que establece el valor de los derechos por
concesión de visas de residentes a extranjeros (Resolución N° 296, de 1995) y el decreto que fija el texto refundido de Normas sobre
Nacionalización de Extranjeros (Decreto Supremo N° 5142, de 1960).
6 Los principales elementos del proyecto de ley son los siguientes: a) contempla la creación de un Consejo de Política Migratoria y la creación
de un Servicio Nacional de Migraciones; b) Catálogo flexible de las categorías migratorias. Se contempla una Residencia Temporal para quienes
busquen radicarse en Chile por un tiempo limitado (de 24 a 48 meses para trabajar o estudiar), y una Residencia Definitiva para quienes
busquen radicarse indefinidamente, y después de haber pasado por la categoría anterior. Al cabo de 5 años se podrá solicitar la nacionalidad
chilena; c) Se garantiza el acceso a la salud en las mismas condiciones que todos los chilenos, sin importar su condición migratoria; d) Garantiza
a los menores de edad, independiente de la condición migratoria de sus padres, el acceso a la educación preescolar, básica y media en las
mismas condiciones que los chilenos; e) Establece que los migrantes tendrán igualdad de acceso que los chilenos a beneficios sociales, exigiendo
eso sí, que tengan residencia regular mínima de 2 años en el país; f) Moderniza el sistema de revalidación y reconocimiento de títulos
académicos y profesionales; g) Crea un Registro Nacional de Extranjeros; h) El proyecto cambia radicalmente la forma de obtención de
residencia temporal, estableciendo que ésta solo podrá ser solicitada fuera de Chile, poniendo fin a la posibilidad de cambio de visa de turista a
temporal dentro del país; i) El proyecto agiliza el proceso de expulsión, estableciendo un plazo máximo de 7 días para tramitar recursos legales.
7 La Ley de Refugio define el concepto de refugiado en base a los estándares internacionales y regionales, y consagra legalmente el Derecho
Humano a buscar y recibir asilo. Establece principios fundamentales de protección: No Devolución, Excepcionalidad de la Expulsión, No
Sanción por Ingreso Clandestino o Residencia Ilegal, Reunificación Familiar, Confidencialidad y No Discriminación. Consagra los derechos y
obligaciones de los refugiados. Establece los organismos competentes: la Comisión de Reconocimiento de la condición de refugiado, su
Secretaría Técnica y la autoridad llamada a decidir sobre la solicitud de asilo.
En búsqueda de la tranquilidad perdida. La inmigración venezolana
reciente en el Área Metropolitana de Asunción

Sebastián Bruno
Edith Arrúa

El abordaje de la inmigración venezolana en un país de matriz emigratoria como Paraguay


Según la periodización de la historia demográfica paraguaya, a partir de la ocurrencia de la Guerra
civil de 1947 se estructuró una matriz emigratoria que aún hoy se encuentra vigente (Bruno, 2013 y
2015). Desde el mencionado año se registra en Argentina una población migrante paraguaya
equivalente a proporciones entre 5% y 9% de la población total de Paraguay. En la década del 2000,
la emigración paraguaya hacia España experimentó un crecimiento inaudito, al pasar de un stock de
2,113 en el año 2001 a 79,849 en 2011. Arrúa (2018) estimó que hacia 2010 la población
migrante paraguaya en los cuatro principales países de destino (Argentina, España, Brasil y Estados
Unidos) equivalía al 11.4% de la población de Paraguay proyectada para dicho año.
En cuanto a la inmigración, Paraguay se caracterizó por ser un país con un patrón limitado de
recepción de contingentes migratorios provenientes de Europa y Asia en el siglo XIX y las primeras
décadas del siglo XX, si se lo compara con las experiencias regionales de Argentina, Brasil y Uruguay1.
Desde hace varias décadas, la inmigración se ciñe prácticamente a la presencia de población
proveniente de Brasil –siendo protagónica del poblamiento de la región nordeste del país en la
segunda parte del siglo XX, pero actualmente en declive– y Argentina –con tendencia creciente y
compuesta en una importante proporción por familiares de migrantes paraguaya/os de retorno–
(Arrúa, 2011; Bruno, 2012). Hacia el año 2002 (último censo de cobertura completa), la población
nacida en otro país comprendía al 3.3% de la población total. Entre la población migrante, el 87%
estaba compuesto originario/as de Argentina y Brasil.
En el escenario descrito, la inmigración venezolana reciente constituye fenómeno sin antecedentes.
Aunque solo comprenda a una magnitud limitada, tal como se anticipó en el capítulo introductorio
del presente libro, Paraguay se integra como país de destino en el proceso emigratorio masivo de la
población de Venezuela con destino a los diferentes países de América Latina y el Caribe. Tomando
en referencia ese marco, la migración venezolana hacia Paraguay forma parte del conjunto de países
constituidos como destino inédito y donde no se han tomado medidas de fondo en la política
migratoria (Gandini, Prieto y Lozano Ascencio, 2019).
En su inserción en Paraguay, la población migrante venezolana se enfrenta a las rigideces de una
normativa migratoria históricamente “autista”2 (López, 2009); donde incluso no puede acogerse a las
facilidades estipuladas para la población originaria de países del MERCOSUR, al estar Venezuela
suspendida en la organización. En ese marco, durante el desarrollo del trabajo de campo en el
segundo semestre de 2018, se observó que las dificultades en la obtención de certificados visados en
origen estaban derivando a un reforzamiento de la utilización de la figura del refugio como
instrumento de regularización de la estadía.
A escala analíticamente sustantiva, la inmigración venezolana implica una interpelación social (no
solo estatal) en cuanto a la (auto)percepción de Paraguay como país que también es “de
inmigración”, además de ser un país “de emigración”. Como fenómeno emergente, cuestiona la
clasificación binaria descrita y cuestionada por Sayad (2010) en cuanto a la ubicación de países de
inmigración/emigración, que implican asimismo marcos analíticos (ciencias) de inmigración y de
emigración.
En el presente abordaje a la migración venezolana en Asunción (y por extensión relativa, a
Paraguay, en general) convergen una serie de desafíos:

1. Contextualizar las particularidades de la migración venezolana en Paraguay como parte


integrante de un proceso mayor de escala regional, sobre el que da cuenta el capítulo en
particular en el marco mayor de esta publicación-investigación colectiva;
2. Estudiar una corriente inmigratoria en el marco de una sociedad trazada por la emigración,
lo que implica limitaciones en cuanto a fuentes de información, instituciones, experiencia
acumulada, incógnitas sobre las representaciones sociales de la inmigración, etc.;
3. A través del análisis normativo y de los testimonios de la población migrante, reactivar dos
discusiones nodales en la vinculación Estado-Migrante-Sociedad: las condiciones de acceso
a la regulación documentaria –y por extensión, a los derechos sociales–; y el lugar social de
la población migrante en el marco de las relaciones sociales, operacionalizado aquí en la
inserción en el mercado de trabajo y en las relaciones de solidaridad (o rechazo) percibidas
por la propia población migrante.

La respuesta a estos desafíos será por ahora exploratoria; elaborada a partir de fuentes de
información limitadas para la medición de este fenómeno (como los censos de población recientes y
los registros administrativos de entradas y salidas); el análisis normativo y, principalmente, el
desarrollo de 21 entrevistas semiestructuradas a personas migrantes de origen venezolano, llegadas
recientemente a Paraguay. Siguiendo las pautas del proyecto marco, se procuró conformar un
conjunto heterogéneo de personas entrevistadas en cuanto a género, edad, capitales educativos,
segmentos temporales de llegada, y situación documentaria (véanse perfiles en el anexo).
En cuanto a los contenidos del capítulo, primeramente, se da cuenta de la importancia relativa de
la inmigración venezolana en el marco de los registros censales recientes. En el segundo apartado se
analiza el marco normativo paraguayo por el que debe atravesar la población migrante venezolana
para la obtención de su radicación, así como las estrategias desarrolladas por la/os migrantes
entrevistada/os. En tercera instancia se despliegan las diferentes dimensiones sociales de migración,
desarrollada a partir de la sistematización de las entrevistas. Particularmente, se desarrollan apartados
sobre el proceso de decisión de Paraguay como destino migratorio; los patrones de itinerarios
territoriales; las percepciones sobre la primera fase de inserción en el país; la inserción en el mercado
de trabajo; el acceso a los derechos a la salud y la educación; la participación en redes de
connacionales; y la inserción percibida y prospectiva de la población migrante. Por último, en las
conclusiones se destacan los elementos centrales identificados en la investigación.
La migración venezolana contemporánea en perspectiva histórica
La presencia poblacional venezolana hasta el último relevamiento censal ha sido prácticamente
testimonial. En los registros de resultados anteriores a 1992 quedaban incluidos en el grupo residual
“otros orígenes de Sudamérica”, con excepción del año 1962, donde se contabilizaron 11 personas
nacidas en Venezuela. Entre 1992 y 2012 la población migrante venezolana osciló en un centenar de
personas, lo que evidencia la inexistencia de redes previas al éxodo actual de la población venezolana
en la región.
De acuerdo con información provista por la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos
(DGEEC, 2018), la población de origen venezolano en 2012 3 (88 personas) se distribuye por sexo de
manera simétrica, predominando los jóvenes y adultos de 20 a 39 años. Esta pequeña colectividad se
distinguía por un alto nivel de estudios (61 personas tenían una titulación de educación superior) y
una inserción laboral en los estratos más altos de las ocupaciones.
La participación de Paraguay como destino migratorio en el éxodo venezolano contemporáneo
puede observarse, por aproximación, en los saldos de entradas y salidas del Registro que lleva la
Dirección General de Migraciones (DGM; gráfico 1). Si bien este tipo de fuente tiene sus limitaciones
para la estimación de la magnitud de la migración, se considera que para el caso paraguayo la
información tiene una precisión relativa aceptable, dado que se trata de ingresos de personas
provenientes de un país no limítrofe, con requisito de presentación de pasaporte y la serie histórica
toma un periodo acotado (2016-2018).
Gráfico 1. Paraguay, 2016-2018: Saldos mensuales de ingresos y egresos de personas con documentación venezolana.

Fuente: Elaboración propia con base en Dirección General de Migraciones, Registros de entradas y salidas.
Salvo excepciones puntuales, asociada a la movilidad estacional de las fiestas de navidad y fin de
año (diciembre), los saldos mensuales son positivos. Si se toma en cuenta el acumulado entre enero
de 2016 y diciembre de 2018, el saldo positivo alcanza a 2,109. Si bien se trata de un volumen
pequeño en el contexto de la región, implica una magnitud mayor a 21 veces el stock poblacional
observado en los últimos tres censos de población. Para la dinámica migratoria venezolana a
Paraguay, estos indicios marcan un cambio radical en los patrones históricos, que probablemente
quedarán confirmados en el próximo operativo censal.

Normativa migratoria y los caminos de acceso a la regularización documentaria


Normativas
La normativa de migraciones en Paraguay se rige por la Constitución Nacional de 1992 y la Ley
978/96 General de Migraciones, complementada por la Ley 3958/2009. Asimismo, para la
tramitación de los ciudadanos del MERCOSUR, rige lo establecido en los Acuerdos de residencia entre
los Estados parte.
La Ley general de migraciones contempla todos los pasos que menciona el Acuerdo de Residencia
del MERCOSUR con la diferencia que con el régimen general se puede optar a postularse directamente a
la residencia permanente sin pasar previamente por la residencia temporal. Siendo un inmigrante de
los países que firmaron el acuerdo, es más ventajoso solicitar la residencia temporal por los requisitos
que son apenas 4, pero la desventaja es que deben pasar dos años para postularse a la residencia
permanente y recién después de contar con esta residencia se está habilitado para comenzar a
gestionar la Cédula de identidad. Con la Cédula de identidad paraguaya, se puede acceder a la
realización de trámites administrativos, comerciales e institucionales en general como un ciudadano
de Paraguay. De allí que la práctica habitual de los postulantes sea la aplicación a la residencia
permanente por medio de la Ley 978/96.
La posesión de algún tipo de residencia, temporaria o permanente, es necesaria para el desarrollo
de actividades laborales en el país; en tanto que existen flexibilidad en cuanto al acceso al derecho de
la educación. El acceso a la salud pública es irrestricto.
Por otro lado, para acceder a la nacionalización por naturalización en Paraguay, la persona de
origen extranjero deberá contar con un mínimo de tres años residiendo en el país, en calidad de
Residente Permanente. El trámite para la obtención de la Carta de Naturalización se realiza en la
Corte Suprema de Justicia.

Tipos de residencia

La persona extranjera puede optar por fijar su residencia en el país, con el ánimo de permanecer en
él, cuyo acceso depende del perfil y del país de origen4. Excluida de las facilidades estipuladas en las
Residencias para originarios de países del MERCOSUR, hasta enero de 2019, la población migrante
venezolana podía aplicar a la residencia temporaria o permanente del régimen general (Ley 978/96)5.
Cabe resaltar que la normativa tiene una visión utilitarista de la migración, por lo que se exigen
requisitos clasistas para el acceso a la residencia (cuadro 1), con umbrales mínimos de capital
educativo o económico, denominado eufemísticamente como “demostración de solvencia
económica”6. La crítica al carácter clasista de la normativa migratoria fue desarrollada por Carvallo
(2011), quien concluye que la gran mayoría de la población nativa paraguaya no podría aplicar como
migrante internacional en Paraguay.
Hacia el cierre de la edición del presente capítulo, en el marco del endurecimiento de la política
exterior paraguaya respecto del gobierno de Maduro (que incluyó el cierre de las relaciones
diplomáticas y el retiro de la embajada en Venezuela), la DGM estableció un régimen de residencia
temporaria especial para la población de origen venezolano (Resolución DGM 062/2019). El
mencionado régimen estipula la aceptación de documentación de origen vencida o sin apostillado; la
facilitación del trámite de antecedentes policiales internacionales ante Interpol (lo gestiona la propia
DGM); el reemplazo del requisito de certificado de salud por otro de cobertura de vacunación; y la
flexibilización del requisito de demostración de solvencia económica, el cual es cumplido a través de
una declaración jurada donde la persona migrante se compromete a ejercer una profesión u oficio en
Paraguay. Se trata de una residencia temporal excepcional con una duración acotada a 1 año, con
posibilidad de renovaciones. Con esta disposición reciente, Paraguay
Cuadro 1. Paraguay, 2018: Requisitos para acceder a permisos de residencia temporaria y permanente en la República del Paraguay.
Temporaria Permanente

Requisitos Generales

1 Documento de Identidad vigente del país de origen: SI SI

2 Visa Consular o En Arribo; en el caso de los países que la requieran. SI SI

3 Certificado de Nacimiento, expedido por el país de origen o por la representación diplomática SI SI


del país de origen en Paraguay.

4 Certificado de Antecedentes Policiales o Penales vigente (Requerido a partir de los 14 años de SI SI


edad)

5 Certificado de Antecedentes para Extranjeros vigente, expedido por el Departamento de SI SI


Informática de la Policía Nacional del Paraguay.

6 Constancia de Estado Civil, expedida por la autoridad competente del país emisor Opción 1: SI SI
Certificado de Matrimonio. Opción 2: Sentencia de Divorcio. Opción 3: Certificado de
Defunción.

7. Certificado de Vida y Residencia vigente, expedido por una Comisaría Jurisdiccional en SI SI


Paraguay.

8 Certificado Sanitario, expedido por un médico clínico habilitado por el Ministerio de Salud del SI SI
Paraguay, en el que conste que el/la solicitante goza de buena salud física, mental y carece de
enfermedad infecto-contagiosa.

9 Declaración Jurada de Cumplimiento del Art. 23 de la Ley 978/96, expedida ante Escribanía NO SI
Pública en Paraguay, que manifieste expresamente; respetar y cumplir los mandatos de la
Constitución Nacional, las Leyes, Decretos y demás disposiciones legales que rijan en el
territorio de la República del Paraguay

10 Demostración de solvencia económica* SI SI

Fuente: Dirección General de Migraciones.


Nota: En cuanto a la población menor de 18 años, se solicitan los documentos de los progenitores; poderes especiales ante la ausencia de un/a
progenitor/a; y constancia de estudios si la persona solicitante está cursando estudios primarios o secundarios en Paraguay.
se incorpora a aquellos países que dispusieron medidas ad hoc para la cobertura normativa de la
migración venezolana (Gandini, Lozano Ascencio y Prieto, 2019)7.

Solicitantes de condición de refugiado

En Paraguay el marco legal que trata sobre refugiados está establecido por la ley N° 1938/2002. Con
esta Ley se estableció la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE), que está integrada por
representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio del Interior, Dirección General de
Migraciones, Ministerio de Justicia, la Comisión de Derechos Humanos de ambas cámaras del
congreso, una ONG y ACNUR (con voz, pero sin voto).
La agencia socia que actualmente está a cargo de la implementación de programas del ACNUR es
“Semillas para la Democracia”. Por lo tanto, los trámites de solicitud de refugio se realizan a través de
dicha ONG.

Gestión documentaria, refugio y expectativa de naturalización


El universo de entrevistados se divide en cuatro grandes grupos en cuanto a su condición
documentaria.
El primer grupo, conformado básicamente por la/os más recientes, se encuentran bajo el estatus de
turista, ya sea con vigencia (dentro de los 90 días posteriores al último ingreso a Paraguay) o ya
caducado (posteriores a los 90 días y sin renovar dicha condición). Respecto de quienes están en esta
situación, existen dos elementos claves que marcan los alcances y límites del acceso a derechos. Por
un lado, el Estado no tiene como prioridad la persecución de quienes se encuentren en situación
migratoria irregular. El elemento punitivo se ciñe a pagar una multa al salir del país o al iniciar sus
trámites de radicación, cuyo valor asciende a tres jornales mínimos (aproximadamente 40 USD). Por
otra parte, la limitante principal es la imposibilidad de acceder al empleo formal o de constituirse
como cuentapropista formal, el cual requiere de su inclusión como contribuyente, trámite que a su
vez requiere el encuadramiento como residente temporario o permanente. Dada la tolerancia ante la
irregularidad y la informalidad mayoritaria del mercado de trabajo, los migrantes recientes no están
preocupada/os por su condición migratoria; manejando la información que la misma se soluciona
con el pago de una multa de un monto reducido.
Por el costo de Escribanía y luego la tasa de la DGM no he presentado aún mis documentos, además
no necesito todavía. En la DGM me contaron que debo pagar solo la multa de haber pasado los 90
días de turista para gestionar la residencia (Valeria).
Estuve bastante como turista. Tuve que pagar una multa para hacer la permanente. Me decían que
vaya a Clorinda8, pase y me sellen, así tengo 90 días más. Si no haces eso me decía iba a tener
quilombo. Pero al averiguar en migraciones me dijeron que podría estar hasta 40 años como
turista. La única diferencia es que la multa sería igual a que si te quedes 91 días como turista. Ahí
nos quedamos tranquilos, trabajo, pago la multa y listo (Julio, ya es residente permanente).
El segundo grupo refiere a personas que se encuentran en situación de trámite de residencia. Eso
comprende a quienes están en proceso de gestión de la documentación requerida de Paraguay, así
como aquellos que ya han ingresado su documentación y están a la espera de la expedición de la
residencia. Toda/os la/os entrevistados de este grupo coincidieron en considerar “normales” o
“comprensibles” los requerimientos de documentación solicitados por la normativa paraguaya;
ninguno los consideró excesivos (aunque sí identificaron como tales a los alusivos a copias
autenticadas). Las críticas están centradas en (1) el costo que supone la expedición de los trámites y
especialmente que todos los certificados deben acompañarse por una fotocopia autenticada por
escribanía (cuyo precio estándar aproximado es de 0.80 USD por hoja); (2) el vencimiento de la
documentación, que por lo general es de 60 o 90 días (certificados de antecedentes), resultando un
periodo limitado en virtud de la demora en gestionar las documentaciones restantes. Esto deriva en
un vencimiento de las primeras documentaciones generadas mientras se están finalizando las últimas,
por lo que varios migrantes tuvieron que gestionar nuevamente los primeros documentos. Por
último, (3) la dispersión territorial que implica la tramitación de los requisitos, ya que se obtienen en
oficinas distantes entre sí y con horarios acotados.
Teníamos los documentos, pero se nos vencieron. Tenemos que pasar el martes a Interpol y a la
parte informática, que es lo que nos falta para los documentos. El de salud ya lo tenemos, el de los
antecedentes penales de nosotros, apostillados y la certificación de vida y residencia. Nosotros
arrancamos en octubre del año pasado y en febrero se nos vencieron casi todos y en ese momento
no estábamos trabajando (Sofía).
Los requisitos están bien. Pero hay que considerar la fecha de vencimiento de los documentos. Es
lo que me pasó cuando introduje, mis documentos estaban vigentes. Los mismos requisitos tenés
que llevar a identificaciones para la cédula, pero los documentos estaban vencidos. ¿Por qué?
Porque en vez de durar los tres meses, se extendió. […]. Tuve que volver a hacer otra vez. Ahí es
donde digo que no es culpa mía y me dicen que no pueden hacer nada. Los papeles solo duran 3
meses. El tiempo, el costo, autenticar de nuevo (Julio).
La cuestión del costo de los trámites es crítica. La gestión de los certificados internos requeridos, los
visados de la documentación venezolana en el Ministerio de Relaciones Exteriores, la autenticación de
fotocopias de certificados de Paraguay y las declaraciones juradas requeridas (por ejemplo, de
compromiso de desarrollar la profesión declarada y de cumplimiento de las leyes paraguayas) tienen
un costo aproximado de 300 USD. En tanto que la tasa de ingreso del expediente con la
documentación y la posterior expedición del certificado de radicación (necesario para la gestión de la
Cédula de Identidad Civil ante la Policía Nacional) tiene un costo aproximado de 260 USD. Al
relacionar esto con la prohibición de desarrollo de actividad laboral formal retroalimenta un círculo
negativo por el cual no se puede acceder a la documentación por falta de dinero y, por lo tanto, no se
puede contar con un trabajo decente por ausencia de la radicación. De allí que la capacidad de
acumulación de recursos a través del mercado laboral informal sea más limitada, demorando en el
tiempo la posibilidad de presentar la documentación.
Por último, cabe destacar que quienes ingresaron su expediente de radicación reciben un
certificado que acredita a tal condición. El mismo tiene una validez de 90 días y permite salir y entrar
al país, pero no trabajar. El plazo de validez es tomado por las autoridades migratorias como la
unidad de medida de la duración total del trámite, expresándole a los migrantes esta pauta. El
testimonio de varia/os migrantes que se encuentran con residencia en trámite, así como de aquella/os
que ya tienen la residencia dan cuenta que ese plazo nunca se cumple, siendo lo más frecuente plazos
de 120, 150 o 180 días; afectando con ello el acceso al derecho de trabajo de manera extendida.
Quienes tienen residencia accedieron a la de tipo permanente. Esa pauta es la que sigue la gran
mayoría de los migrantes en Paraguay, aprovechando la oportunidad que genera la Ley N° 978/1996
de acceder de manera directa a la residencia permanente, sin tener que pasar por una instancia de
residencia temporaria anterior. El sesgo clasista de los requisitos de residencia permanente ya
descripto es superado por la mayoría de los migrantes venezolanos a través de su capital educativo
formal. Dado que buena parte son graduada/os universitaria/os, la tenencia de título permite sortear
el requisito que de otra manera requiere sumas de dinero que no son accesibles por el contexto de
salida.
Una vez que acceden a la residencia permanente, la expedición del certificado de residencia habilita
a la gestión de la Cédula de Identidad Civil. El trámite de expedición de la cédula para la población
extranjera dura entre 20 y 30 días, periodo donde resulta difícil acceder al mercado formal, ya que se
necesita asentar el número de cédula en los registros laborales o en el Registro Único del
Contribuyente (RUC, en el caso de los cuentapropistas). Ya con la cédula, el migrante goza de todos
los derechos económicos para el desarrollo de la actividad laboral, en igualdad con la población
nativa.
Quienes ya accedieron a la residencia permanente evocan el tiempo que les llevó y las dificultades
de acceso al trabajo previas. En algunos casos, tuvieron que acudir a la solidaridad o sociedad con
personas nativas para facturar por un trabajo o montar un negocio propio. En la actualidad
consideran que no tienen más obstáculos y se sienten respaldados por la documentación.
Aquí [la DGM] te da una hoja que es bien explícita. Realmente cumpliendo con lo que allí se dice,
los trámites se hacen sin ningún contratiempo. No hemos tenido acá ningún problema. Lo que
tiene que tener es el dinero y tus papeles. Acá no usamos ges