Está en la página 1de 2

CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO...

(Karl Barth)

"El misterio de la encarnación se desenvuelve hasta convertirse en el misterio del


Viernes Santo y de Resurrección. Y sucede nuevamente lo mismo que tantas veces
en todo este misterio de la fe, o sea: es preciso ver ambos aspectos en conjunto, es
necesario entender el uno partiendo del otro. No puede negarse que en la historia de
la fe cristiana siempre ha sido así, que el peso del conocimiento del cristiano ha
gravitado más sobre un lado que sobre otro. Es factible hacer constar como la Iglesia
de Occidente muestra decidida inclinación por la theologia crucis, es decir, por hacer
resaltar y por subrayar que Cristo fue entregado a causa de nuestras transgresiones.
La Iglesia Oriental, en cambio, acentúa más el ¡Resucitó para justificación nuestra!;
con esto se inclina esta Iglesia más hacia la tipología gloriae.

Carecería de verdadero sentido el enfrentar en esta cuestión ambas actitudes. Es


sabido que Lutero desarrolló desde un principio intensamente la actitud occidental,
poniendo en alto la theologia crucis y no la theologia gloriae. Y Lutero tenía razón.
Sin embargo, no se debe construir y fijar el contraste, toda vez que no hay theologia
crucis posible sin su complemento que es la theologia gloriae. Ciertamente, no hay
resurrección sin Viernes Santo; pero igualmente seguro es que no hay Viernes Santo
sin resurrección. Con la mayor facilidad se construye en el cristianismo demasiada
tribulación y con ello también aspectos que huelen a aposento cerrado. En cambio, si
la cruz es la cruz de Jesucristo y no una especulación sobre la cruz, que, en el fondo,
cualquier pagano también podría llevar a cabo, entonces será imposible olvidar y
pasar por alto que el crucificado resucitó al tercer día de entre los muertos. Siendo
esto así, se celebrará el Viernes Santo de una manera completamente distinta e
incluso quizás fuera conveniente no cantar el Viernes Santo los himnos,
melancólicos y tristes, de Pasión, sino los himnos de resurrección. Lo sucedido el
Viernes Santo no es algo digno de lamentaciones, pues Él ha resucitado. He querido
decir esto de antemano, y ruego que lo que hemos de exponer acerca de la muerte y

1
Pasión de Cristo no vaya a entenderse abstractamente, sino mirando ya por encima
de ello al lugar donde se revela su gloria.

La antigua Teología describía este centro de la Cristología bajo los dos conceptos
principales: exinanitio y exaltatio de Cristo. ¿Qué significa, sin embargo,
humillación (abajamiento) y glorificación o exaltación?

La humillación o abajamiento de Cristo todo lo encierra en sí, empezando por


"padeció bajo Poncio Pilatos" y manifestándose decididamente en "crucificado,
muerto y sepultado, descendió a los infiernos". Indudablemente, primero es la
humillación de ese hombre que sufre y muere y entra en las más profundas
tinieblas. Pero lo que da importancia a su humillación y entrega de ese hombre es
que El es Hijo de Dios, o sea, que no es otro sino Dios mismo humillándose y
entregándose en su Hijo.

Y si frente a esto se alza como misterio de Resurrección la exaltación de Cristo, esta


glorificación es, sin duda, una auto glorificación de Dios, es su gloria la que triunfa:
"Dios se levanta con júbilo". Sin embargo el verdadero misterio de Resurrección no
consiste en que Dios sea glorificado, sino que tiene lugar una glorificación del
hombre y que éste sea elevado hasta la diestra de Dios y pueda triunfar sobre el
pecado, la muerte y el diablo.

Teniendo presente todo esto, la imagen que se nos muestra es la de un trueque


incomprensible, una katalage, o sea, un cambio. La reconciliación del hombre con
Dios sucede cuando Dios se pone en lugar del hombre y éste es colocado en lugar de
Dios, realizándose todo ello pura y absolutamente como un acto de la gracia.

Precisamente este milagro incomprensible es nuestra reconciliación".

También podría gustarte