Está en la página 1de 2

 Woolf, Virginia

A Room of One's Own


Ed. cit.

Una habitación propia


Traducción del inglés de Laura Pujol.

Barcelona, Seix Barral, 2005.

ISBN: 84-322-1695-X D.L.: B.39.615-2005

Cuanto podía ofreceros era una opinión sobre un punto sin


demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una
habitación propia para poder escribir novelas; (...) las mujeres y
las novelas siguen siendo, en lo que a mí respecta, problemas sin
resolver.

sinopsis
Virginia Woolf nos revela en esta obra, básicamente, la evolución de su pensamiento feminista en
relación con la literatura. El libro empieza planteándonos una pregunta: ¿Qué necesitan las mujeres
para escribir buenas novelas? La respuesta la irá plasmando y argumentando a través de la exposición
de situaciones diferentes, en ocasiones inventadas o supuestas, donde predominarán las mujeres. La
conclusión final es que para que las mujeres escriban buenas novelas necesitan independencia
económica y personal, es decir, una habitación propia.

reseña
Una habitación propia es una obra en la que Virginia Woolf reflexiona ampliamente sobre las mujeres
y la literatura, dos temas que le apasionan. Para abordar este tema se plantea una serie de
cuestiones. Una de ellas es destacar la directísima relación que existe entre la realidad y la literatura.
Realmente, la literatura es o tendría que ser un reflejo directo y sin distorsiones de la realidad en que
vivimos. Pero no es así del todo, según nos cuenta, ya que el mundo de la literatura está gobernado
por hombres que imponen su punto de vista.
Aparece en el libro una imagen metafórica muy representativa que compara a la mujer con un espejo
mágico que distorsiona la realidad a favor del hombre: la aparente inferioridad de la mujer hace que
el hombre se crezca, viéndose más fuerte, inteligente y poderoso de lo que realmente es.

Según la autora, ¿con qué dificultades se encuentran tanto hombres como mujeres para escribir
buenas obras? Con el tiempo, el espacio y la concentración. Si para los hombres ya era complicado
adquirir la estabilidad mental adecuada, para las mujeres aún era mucho más difícil. No disponían de
habitación propia, indispensable para respirar tranquilidad y poder concentrarse. Además, la mujer
estaba obligada a superar algún que otro obstáculo más para poder ser escritora: la idea
estereotipada y absurda de la sociedad de la época de que la mujer, aunque albergara mucho talento,
no podía escribir una novela.

Uno de los personajes (por supuesto femenino) más representativos del libro es Mary Beton, una chica
corriente de clase media que tiene la suerte de poder disfrutar de dos circunstancias muy importantes
para la supervivencia de una mujer en un mundo donde sólo hay cabida para hombres: el derecho a
voto y el disponer de una herencia de quinientas libras al año durante toda su vida. Sin duda, lo que le
pareció más importante fue la adquisición de unos ingresos dignos que le permitiesen olvidar el miedo
y la amargura de los días en que había de vivir de la miseria que ganaba realizando trabajos que no la
satisfacían, y que era lo único que a una mujer se le permitía llevar a cabo hasta 1918.

Después de polemizar acerca de los valores y de los puntos de vista masculinos y femeninos en la
novela, Virginia Woolf nos plantea un esbozo ideal de un plano del alma en el que hay dos poderes: el
masculino y el femenino. El estado ideal para escribir, dice, sería el de la fusión de ambos, donde los
dos poderes puedan vivir juntos en armonía.