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¿Qué es la revelación pública y qué es la revelación privada?

La Revelación pública designa la acción reveladora de Dios


destinada a toda la humanidad que ha encontrado su expresión
literaria en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo
Testamento. La Revelación Pública es válida para todos los
tiempos y encuentra su cumplimiento con la vida, muerte y
resurrección de Jesucristo. Por ello se enseña que la Revelación
pública ha terminado con la muerte del último de los apóstoles y, a
partir de allí la Iglesia está vinculada con historia de la salvación
y la palabra de la Biblia que garantiza e interpreta esa historia.
La Revelación Pública es:
– Realizada progresivamente por Dios a partir de Abraham y,
mediante los profetas, hasta Jesucristo.
– Testimoniada en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el
Nuevo Testamento.
– Destinada a todos los seres humanos y a todo el ser humano,
de cualquier tiempo y lugar.
– Distinta radicalmente, por esencia y no sólo de grado, de las
llamadas revelaciones privadas (de las que se hablará
sucesivamente).
– Concluida con Cristo en el Nuevo Testamento, al cual la
Iglesia se siente vinculada.
Se llama “revelación” porque en ella Dios se ha dado a conocer
progresivamente a los hombres, hasta el punto de hacerse Él
mismo hombre, para atraer a Sí y para reunir en Sí a todo el
mundo por medio del Hijo encarnado, Jesucristo. Se trata de un
proceso vital en el cual Dios se acerca al hombre que no se da a
través de comunicaciones intelectuales.
La Revelación Pública es también un proceso en el que se
manifiestan contenidos que tienen que ver con la inteligencia y
con la comprensión del misterio de Dios. Quien guía esta obra de
crecimiento de la comprensión es el Espíritu Santo.
Revelación pública y privada
La Revelación alcanza su culminación en Cristo, Verdad que
salva. El mismo Señor Jesucristo mandó a los apóstoles predicar a
todos los hombres el Evangelio como fuente de toda la verdad
salvadora y de toda norma de conducta, comunicándoles así los
bienes divinos.
La trasmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo
de dos maneras de parte de los apóstoles : oralmente y por escrito.
Estos confiaron a sus sucesores la tarea de transmitir hasta el fin
de los tiempos. Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu
Santo, es llamada Tradición en cuanto distinta de la Escritura
pero ligada estrechamente a ella.
Por todo esto, el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 66
nos recuerda que:
Sin embargo, aunque la Revelación haya terminado, no está por
eso completamente explicitada; tocará a la fe cristiana conocerla
mejor, profundizarla siempre más, encarnarla continuamente,
testimoniarla a todos con fidelidad y coraje. Se podrá así
encontrarle gradualmente todo su alcance a través de los siglos.
¿Qué es la revelación privada?
Revelación Privada es toda aquella revelación (aparición, visión,
milagro…) que se verifica después de la conclusión del Nuevo
Testamento. Son las apariciones de Jesús, de María o de los
santos, así como los mensajes por ellos entregados o los milagros
por ellos realizados o en su nombre ocurridos en los siglos
sucesivos.
Todos estos hechos extraordinarios (verdaderos o presuntos)
pertenecen al género de las revelaciones privadas.
Han sido reconocidas, en un número exiguo, por la autoridad de
la Iglesia, que no reconoce la mayor parte de ellas (por ejemplo,
según algunos cálculos deberían ser más de 1.800 las apariciones
marianas individuadas: de esas sólo una docena tienen el
reconocimiento oficial).
La Iglesia acepta el hecho de que pueda existir la revelación
privada .La función de estas no es la de completar, ni la de
agregar, ni la de cambiar en cualquier aspecto a la Revelación
Pública. Solamente ayudar a vivirla más plenamente en una cierta
época de la historia,
El criterio de verdad y de valor de una revelación privada, es su
orientación a Cristo. Cuando ella nos aleja de Cristo, cuando se
hace autónoma o, más aún, cuando se hace pasar como otro y
mejor designio de salvación, más importante que el Evangelio,
entonces no proviene ciertamente del Espíritu Santo.
San Pablo enseña:
“No extingan la acción del Espíritu; no desprecien las
profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno” (1 Tes 5,19-
21).
Si estuviéramos ante un caso de «visiones» o «aparición» se
trataría de percepción interior o visión imaginativa, donde
coincide un elemento externo, suprasensible, con el elemento
subjetivo que traduce la experiencia. Por ello, el discernimiento de
la Iglesia para interpretar el fenómeno de la visión aparece
ciertamente necesario, puesto que el riesgo del subjetivismo es
mucho mayor. Esto exige que la Iglesia en sus investigaciones
estudie con mucho detenimiento el fenómeno y recurra al auxilio
de las ciencias (entre las que no se ha de excluir la psicología)
para conseguir un acercamiento lo más objetivo a la realidad.
Revelación Pública y Privada
Por ello, las revelaciones privadas no pertenecen al depósito de la
fe, del cual la Iglesia saca la propia certeza sobre la verdades
reveladas. Ninguna de tales revelaciones privadas (sean aprobadas
o no) forma parte de cuanto el cristiano está obligado a creer para
llamarse y ser cristiano.
¿Qué elementos contiene la aprobación eclesiástica de una
revelación privada?
a) Que el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra
la fe y las buenas costumbres.
b) Que es lícito hacerlo público.
c) Que los fieles están autorizados a darle su adhesión en forma
prudente.
¿Cual es la relación entre Revelación Pública y privada?
La Iglesia acepta la existencia de las revelaciones privadas.
Reconoce su existencia el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 67)
que nos enseña que algunas de ellas han sido reconocidas por la
autoridad de la Iglesia. Su función es la de ayudar a vivir la
Revelación de Cristo en una determinada época de la historia. Sin
embargo la autoridad de las revelaciones privadas es
esencialmente diversa de la única Revelación pública. Nunca
puede reemplazar o substituir a la Revelación Pública.
Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro
evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os
predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
Gálatas 1:8-10.
Una característica que es necesario resaltemos, es que el
contenido de revelaciones privadas no puede exigir el mismo nivel
de adhesión que el de la Revelación Pública.
Además, la práctica o la aceptación de lo manifestado por medio
de una revelación privada, no es necesaria para la salvación de los
fieles, pero sin embargo se considera una herramienta de la que se
sirve el Espíritu Santo para orientarnos mejor y establecer el
camino a seguir en algún determinado momento.
A nadie se le puede exigir creer en una revelación privada, incluso
aquellas aceptadas por la Iglesia.
Todo lo anterior, no significa que yo no crea en revelaciones
privadas. Lo que busco con este programa es que adquiramos
discernimiento. Creo en Fátima, La Salette, Akita, y muchas otras
aprobadas, y en no aprobadas o que no necesitan ya de una
aprobación, como Rosa Mística en Montichiari-Fontanelle,
Garabandal, Padre Gobbi, Pedro Regis y muchas otras que son
muy valiosas.
Pero, me es imposible creer en tantas otras que han comenzado a
aparecer en diversos lugares del mundo. En Radio Rosa Mística
Colombia se reciben llamadas, mensajes, fotografías, videos, de
personas que aseguran tener manifestaciones del cielo: que Dios
Padre les habla y deja ver su rostro; que la Virgencita les dice algo
y se deja ver, que el arcángel San Miguel se manifiesta o San Pío
de Pietralcina y hasta el beato Juan Pablo II.
El formato siempre es el mismo:
- Una voz trascendental que anuncia algo muy importante.
Unas veces de entrada dicen “yo recibo mensajes del cielo
que quiero que usted conozca, porque el Señor me dijo que
es usted quien debe promover lo que él me está diciendo”.
- A continuación viene el discurso de la obediencia a Dios o a
la Virgen.
- Obviamente el paso a seguir es “por favor envíeme lo que
pueda y yo lo reviso”.
- La persona insiste en una especie de monólogo que puede
convertirse en horas hablando porque siente que no se le
cree nada, comienza a soportar lo que habla con textos,
videos, fotos, etc. Que envía durante horas y se puede notar
el desespero porque uno no le responde o porque uno no da
una aprobación. Yo soy un periodista católico. No soy una
autoridad eclesiástica que pueda dar una opinión, y en esta
época de incredulidad clerical es muy difícil encontrarla.
- Por último llega el mensaje amenazante supuestamente
dicho por el Señor o la Virgen: “si quien se entere de estos
mensajes no los promueve verá o sentirá o experimentará, la
ira de Dios, y será fuertemente reprendido por mí”. Uff.
Aparecen desde diversos lugares del mundo y las historias y
características son muy similares: Algunos aunque simulan
piedad, sencillez y humildad son muy ególatras e impositivos.
Quieren que se les escuche todo el tiempo. Que se les crea todo.
Que se les haga figurar, son escogidos de Dios, como así que no
les creen.
Pero es que hay casos verdaderamente inverosímiles que de
entrada uno piensa: ¿Esto qué es? ¿Qué sucede acá con esta
persona? Están ansiosos de que se les crea todo.
Hay casos de escritura automática: Es cuando la persona
comienza a escribir a una velocidad tal que ni sabe que está
escribiendo. Asegura que Dios lo toma de la mano y se la lleva
escribiendo. Eso es espiritismo. Eso no es de Dios. Me lo
explico muy bien en 1988 el padre Emiliano Tardiff.
Hay casos en los que la persona cree ver cosas en una lámpara,
en una vela, en un pétalo, en el firmamento, en un árbol.
En una oportunidad el doctor Ricardo Castañón, un científico
boliviano quien ha estudiado a fondo los milagros eucarísticos
vino a Bogotá. La reunión era en un colegio. Yo fui y quería
hacerle una pregunta: ¿Cómo hago para saber si en verdad una
persona es un vidente, o si está fingiendo, o si no lo es, o tiene
alguna otra dificultad emocional o hasta psicológica?
La pregunta no hubo necesidad de formularla, porque
Castañón comenzó su conferencia diciendo: “Llevo dos
semanas en Colombia y ya me han hablado de más de 450
videntes entre Bogotá y Medellín. Definitivamente este es un
país muy bendecido”. Claro lo dijo con sorna.
Yo creo lo mismo. Actualmente, no sé si por la situación que
estamos viviendo de cuarentena por el coronavirus, la ausencia
de la misa y los sacramentos, la ansiedad espiritual, las
dificultades económicas que ya comienzan a aparecer, la
soledad, los miedos, las noticias, etc, etc, han comenzado a
surgir personas que dicen hablar en nombre de Dios y de la
Virgen dese hace cuatro o tres años. Todos creen saber con
claridad las causas de lo que está sucediendo en el mundo y
tienen la fórmula perfecta para sobrellevar la situación.
Hay que tener discernimiento para poder identificar cuando es
verdad o no que una persona es o no un vidente:
1.- El testimonio de la persona como católico. Es decir que sea
un católico practicante, temeroso de Dios, pero sin ningún
rasgo de fanatismo. Que no tenga dificultades para
relacionarse con los demás, ni afán de figuración.
2.- Que los mensajes que recibe tengan rigor bíblico. Es decir
que puedan ser soportados 100% con la Palabra de Dios.
3.- Que los mensajes que recibe estén rigurosamente ajustados
al sano magisterio y la sana doctrina católica.
4.- Que los mensajes que recibe sean coherentes.
5.- Que el autodenominado vidente no presente actitudes de
transtornos emocionales, psicológicos o comportamentales.
Como ustedes notan no es nada fácil. Hay personas que repiten
lo que los grandes videntes ya han comunicado. Hay otros que
creen recibir mensajes y que Dios y la Virgen les hablan. Hay
otros que deliran queriendo que los vean y acepten como
videntes. Hay otros con una imaginación desbordada. Otros que
ven al Señor y a la Virgen por todos lados y a toda hora y otros
que dizque reciben hasta 80 mensajes diarios, como un
mexicano.
Hay que tener mucho cuidado. Pidamos ayuda al Espíritu
Santo. Muchos “videntes” a quienes en alguna oportunidad les
creímos que dizque el Señor y la Virgen hablaban a través de
ellos están apoyando y defendiendo a Bergoglio. Es decir nunca
fueron ni son verdaderos. Son falsos profetas.
El tesoro más grande e inmortal que tenemos es nuestra alma.
Cuidémosla. Solo de nosotros depende la salvación de nuestra
alma.
Dios les bendiga.