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Estaban de obras por la universidad.

Levantaban toda la vía perimetral para colocar los


llamados guardias tumbados, esos coloridos badenes que brotan por nuestras ciudades
como las setas en otoño. Según tengo entendido, su utilidad reside en conseguir,
eficazmente, que el conductor reduzca la velocidad en determinados puntos (que no
entre ellos). Camuflados de pasos de peatones, estratégicamente colocados, se extienden
por toda la infraestructura urbana “controlando” de manera impositiva la velocidad.

Este cambio, forzado e irrevocable a corto plazo, merece algunas reflexiones. Hace
algunos años recuerdo que con el mismo descaro e intencionalidad la ciudad de Murcia
pobló las aceras de todo el centro con pivotes anti-aparcamiento. Este curioso
paralelismo pone de relieve la forma de actuar de las administraciones. Aquí no se trata
de educar, de convencer al conductor sobre la valía del código de circulación, de darle
la oportunidad de interiorizar las normas y que las asuma libremente, sino de imponer
físicamente la prohibición.

Supongo que esta forma de actuar se basará en algún entramado doctrinal, algún
conjunto de ideas que dirijan tales decisiones. Si es así, es posible que esa misma forma
de pensar se aplique a otras facetas de nuestra sociedad, y ante el fracaso de
convencer/educar al ciudadano sobre los beneficios de la sociedad, ésta se le tenga que
imponer.

En el caso particular de los guardias tumbados es que ni tan si quiera están bien
pensados. En el sur de Francia, para conseguir el mismo efecto se estrechan
considerablemente los laterales de la calle. A veces, en la entrada de un pueblo la
calzada se divide, y la parte en dirección al pueblo presenta una curva cerrada que rodea
un jardín. Además de la estética presenta una ventaja: un conductor adiestrado, como el
de una ambulancia o policía puede maniobrar para pasar rápidamente por este tipo de
obstáculo, cosa imposible con el badén. Parece como si este inconveniente no se
hubiese tenido en cuenta. Me parece lógico y bien tomar medidas para reducir los
accidentes mortales, pero se deben de tener en cuenta otros factores, incluidas
excepcionalidades como los vehículos de emergencia, para precisamente lo mismo,
evitar más muertes y seguir teniendo una red de carreteras funcional en cada
circunstancia.

Un sistema adaptable, que se puede comportar de manera diferente según las


circunstancias es eficaz en un mayor rango de condiciones. Antes nuestra circulación
urbana presentaba esta adaptabilidad, evidentemente no estaba pensada e implementada,
sino que a falta del impedimento físico, ante circunstancias en las que las normas no
funcionaban, se establecían otras ad hoc para adaptarse a la nueva situación. Esto ahora
es imposible, o bastante difícil. Imaginemos un incendio en las instalaciones de la
universidad. Si la magnitud fuese considerable, implicando bomberos, policías,
ambulancias, evacuación, el avance a trompicones por toda la vía perimetral sería
negativo y perjudicial. Sin embargo, un sistema sin impedimentos físicos, basado en una
población que ha asumido el código y lo respeta por convencimiento propio (como ya
hace en cierto grado, todos vamos por la derecha) ante esta eventualidad puede
adaptarse, porque las normas, la forma de operar, puede cambiar y el recurso, en este
caso la red de carreteras urbanas, puede explotarse mejor y de distintas maneras.

Se puede contrastar el comportamiento con otros ejemplos. La mayoría aceptamos


muchas normas sociales. Aunque cuentan con un sistema de penalización, no están

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físicamente impuestas. Podemos matar, robar, golpear, romper, humillar… aceptamos
que ese comportamiento es negativo en y para la sociedad (y probablemente para el
mismo individuo que lo acomete) y establecemos unas normas para reducir (que no
eliminar) su práctica. Sin embargo no está físicamente impedido, y si en alguna
circunstancia, como la guerra, la hambruna, la defensa propia, requiere de un cambio de
normas, la sociedad es adaptable a esa nueva situación.

Aunque investigaciones sobre el comportamiento social, muchas llevadas a cabo tan


sólo con fines de marketing, demuestran que la sociedad tiene patrones de
comportamiento influenciables, parece como si se hubiese perdido toda esperanza en la
educación de la sociedad. Masa, masa incontrolada con la que no se puede tratar, a la
que es imposible aleccionar, educar, dirigir sino es mediante el uso de la fuerza física.

El tráfico es una expresión en miniatura de la compleja relación de los individuos con


un sistema de normas, en él podemos ver reflejados problemas virtualmente iguales a
aquellos con los que se enfrenta o se enfrentará la sociedad. Si la imposición física es la
solución adoptada para hacer cumplir una norma, pronto nos podemos enfrentar con una
administración pública prepotente, altiva y sorda que hace cumplir sus normas por la
fuerza y en la que los ciudadanos no asumen las normas manifestando así su aprobación
y conformidad, sino que se ven sometidos a ellas.