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La trata de personas, una vertiente Lic.

Eva Giberti*
de la esclavitud actual

L
a globalización no es tan solo un proceso económico-financiero y cultural-
comunicacional propiciado por la revolución digital. También constituye
una realidad política que ejerce diversas formas de dominación; una de
ellas es la trata laboral y prostibularia de personas, que transitan desde
un país a otro. Es una de las razones por la cual el ejercicio de los derechos
humanos reclama la formalización de marcos jurídicos regionales y locales.
También es necesario incorporar criterios éticos explícitos para fundamen-
tar las decisiones políticas y la convocatoria a la comunidad, a la que es pre-
ciso sensibilizar. Incluso, desde la Bioética se formulan advertencias que
deben tenerse en cuenta.
Al respecto, conviene introducir un aporte de Marciano Vidal1:

El campo bioético involucra mucho más que el estudio de la filosofía moral aplica-
da a la biomedicina; de hecho abarca todo el ámbito de la filosofía práctica. Biode-
recho y biopolítica, por caso, son dimensiones insoslayables para configurar la bio-
ética, que no debe caer en un evasivo dualismo de lo “ético” y lo “social” frente a su
objeto complejo y problemático. O sea, es imposible eludir el contexto normativo
de la bioética, el cual compromete más allá de su campo ético-filosófico, los campos
jurídicos y políticos.

Asistimos a una redefinición de los derechos, y en particular, de los dere-


chos humanos vinculados con la historia de la trata de personas en la
región, así como a la resignificación de los procesos sociales, intelectuales,
económicos y morales que –como pudieron– se opusieron al ejercicio de
tales derechos.

Algunos datos históricos, y un planteo


de índole doctrinaria

1] La identidad política de un país (que es ajena a la confusa idea del ser


nacional) se construye mediante el conjunto de valores, principios y pro-
cedimientos que sus ciudadanos defienden o proponen, además de la crea-
ción de leyes, y que se rastrean en la historia de esos países.
En su origen, la trata de personas responde al sistema esclavista, ya cono- 1
6
cido en la Edad Media, cuando bandas organizadas, de distintas localidades,
con posibilidad de contar con armamentos propios de la época, asaltaban a

9
poblaciones que vivían –según los saqueadores– en estado de salvajismo (es
decir, con una cultura que éstos no reconocían como tal, particularmente,

* Coordinadora del programa Las Víctimas


contra las Violencias - Ministerio del Inte-
rior de la Nación.
1 Vidal, M.: Bioética. Estudios de bioética
racional, Madrid, Tecnos, 1999.
Lic. Eva Giberti

porque no producían bienes económicos redituables para la época, sino solo


para la subsistencia).
Las poblaciones, cuasi marginales, no podían defenderse, y sus miembros
eran arrastrados para ser vendidos como esclavos a los traficantes, que los
conducían a regiones donde se encontraban los compradores. Esta es la
perspectiva comercial de una sociedad esclavista –tal como funcionó en la
Edad Media– que no nos resulta ajena hoy en día.
Los tratantes “venden” a las mujeres, y del otro lado, los clientes o usua-
rios compran sus servicios. Estos servicios son parte de la expoliación de la
capacidad de las mujeres para producir placer en el sujeto masculino.2
Entre nosotros, el 23 de septiembre de 1913, por iniciativa del legislador
socialista Alfredo Palacios, se aprobó la Ley N° 9143, que implementa el
delito de lenocinio (proxenetismo); es la primera ley que tiende a proteger a
las víctimas de explotación sexual, que penaliza a sus responsables, y coloca
a la Argentina a la vanguardia legislativa de la época3.
Recordemos que las mujeres europeas poblaron los burdeles de Buenos
Aires en el periodo culminante de la emigración transatlántica, entre 1870 y
la Primera Guerra Mundial4. Según datos aportados por la policía de aquella
época : “El comisario auxiliar Miguel Costa ordenó el 15 de junio de 1885 a
los comisarios de Sección, que debían hacer saber a las prostitutas que podí-
an abandonar las casas aunque tuvieran deudas contraídas con los dueños
(del prostíbulo) y que en cualquier circunstancia encontrarían apoyo en la
autoridad para resistir los malos tratos o violencia de que fueran objeto”5.
Esta disposición describe nítidamente la condición de trata en la que se
encontraban sumergidas las víctimas, al mencionar la deuda económica que
debían asumir con los rufianes, quienes les cobraban por la vivienda, la
ropa, la comida y otros gastos que ellas generaban mientras se encontraban
esclavizadas. Deuda que, difícilmente, lograba saldarse.
En la misma obra histórica, se menciona la cantidad de prostíbulos que
funcionaban en la Ciudad de Buenos Aires en 1933 (233 oficializados), y se
menciona a los proxenetas responsables de la prostitución callejera, a quie-
nes individualiza diciendo “cuando eran extranjeros”, y enuncia sus nacio-
nalidades. Luego eran expulsados, de acuerdo con lo que establecía la Ley

1 de Residencia.
Años más tarde, por medio de un Decreto-ley de 1957, y una ley de 1960,

7
el país ratificó El convenio para la represión de la trata de personas y de la
explotación de la prostitución ajena, aprobado por las Naciones Unidas el 2

0
de noviembre de 1949. Luego, durante décadas, hubo ausencia de decisio-
nes políticas sobre el tema, por parte de los sucesivos gobiernos. En la

2La intermediación (proxenetismo) se pro- habían esclavizado trasladándolas hacia


duce entre tratantes cuando las “venden” distintas localidades de la zona.
desde un prostíbulo rumbo al otro, como 3 Tras la media sanción de la Cámara de
quedó públicamente expuesto en los medios Diputados, el 23 de septiembre de 1913,
de comunicación en la historia del denomi- apenas seis días después, el Senado de la
nado caso Bell Ville, en la provincia de Cór- Nación lo trató y aprobó sin modificaciones.
doba (año 2006) cuando los dueños de los Ese día es recordado por la Coalición Inter-
prostíbulos cambiaban a las mujeres que nacional contra el Tráfico de Mujeres,
La trata de personas, una vertiente de la esclavitud actual

actualidad, es posible reconocer la preocupación y las decisiones guberna-


mentales ante un problema que compromete las responsabilidades éticas y
políticas del Estado.

2] Las víctimas son las que, etimológicamente, dieron sentido a la nomen-


clatura de la trata. Sabemos que es una palabra derivada del latín traho,
traxi, tractum: tirar hacia sí, arrastrar, llevar con fuerza y por la fuerza. En el
siglo XVII, se comenzó a hablar de traite des nègres, y en el siglo XX por
extensión y oposición, traite des blanches. En estos ejemplos, la derivación es
de tracta, también asociada a tractum.
La palabra ‘tráfico’, que deriva del mismo origen en su versión de ‘traji-
nar’, remite a ‘trasladar los negocios y las cosas de los negocios de un lugar
a otro’ –y de aquí el deslizamiento entre ‘trata’ y ‘tráfico’–, pasar de mano en
mano. Asociada con esta nomenclatura, se rastrea, en una palabra del fran-
cés antiguo, una expresión que se utilizó en el siglo XIV y en el siglo XV: trai-
née, que quiere decir ‘niña’ o ‘hija de la calle’. Actualmente, se dejó de utili-
zar ‘tráfico’ para sustituirlo por ‘trata’.
La vulnerabilidad de las víctimas se reconoce porque denota una imposi-
bilidad de defensa frente a los hechos traumatizantes o dañinos debido a la
insuficiencia de recursos defensivos personales o institucionales; además,
pone de manifiesto una incapacidad o inhabilidad para adaptarse al nuevo
escenario generado por los efectos de esos hechos externos que desordenan
y, a veces, agobian.
La perspectiva social y económica es la que describe la vulnerabilidad
como dependencia inevitable de las desigualdades sociales, que incluye la
asimetría de poder entre los sexos, o entre los géneros.
Podemos ensayar una analogía retomando, como referencia, la cita inicial
acerca de las prácticas durante la Edad Media: las poblaciones que, en aquella
época, no solo eran vulnerables sino que estaban desvalidas, se asemejan a la
que suponemos una mayoría de mujeres secuestradas y cautivas, provenien-
tes de la miseria o de la pobreza extrema, cuyo secuestro pudo haberse origi-
nado no solo en el hecho violento de arrastrarla físicamente, sino mediante
engaños o falsas promesas de trabajo, paradigmáticas en estos hechos.
Como forma del secuestro psíquicamente diseñado, los tratantes repre-
sentan socialmente a estas mujeres como sujetos inferiores, inútiles e inser- 1
7
vibles para otra actividad como no sea el servicio sexual.
Esta representación es la que les permite a los tratantes mantener una

1
relación de índole particular con sus víctimas, denigrándolas, vejándolas y
dañándolas permanentemente, a ellas y, en caso de gravidez, a sus hijos.

como una de las jornadas históricas en la Aires, Editorial La llave, 1999.


lucha contra la rufianería, y así lo declaró
en su Congreso Mundial de Dacca, Bangla-
desh, en enero de 1999.
4 Pareja, E. La prostitución en Buenos Aires.
Editorial Tor, 1937.
5 Rodríguez, A. E. y Zappiettro, E.J.: Histo-
ria de la Policía Federal Argentina, Buenos
Lic. Eva Giberti

Como toda relación de esclavitud está fundada en el principio de propie-


dad: las víctimas son propiedad de los rufianes y, a partir de esta relación, se
genera un sistema que funciona de manera organizada y permanente, y que
impone un modo de producción, que se institucionaliza con el nombre de
‘trata’, cuyas características reproducen el modelo esclavista.
Al ser insertadas en la institucionalización de la red de trata, las víctimas
quedan privadas de parentesco (dejan de ser hijas, o esposas, etc), del dere-
cho a reproducirse, y de todos los derechos humanos.
Las mujeres víctimas de trata constituyen, entonces, una clase que se
reproduce por secuestro y reducción a la servidumbre; ambas formas de
violencia adquieren nivel de institucionalización en el rubro institucional-
mente reconocido como tal, denominado trata.
También pierden sus lazos con la sociedad externa a la red de la mafia en
la que han sido insertadas, lo que coadyuva para que, en caso de ser resca-
tadas, carguen con el estigma de su historia al intentar la resocialización.
Las comunidades no les dan la bienvenida. Podríamos decir que rescatadas
arriesgan una nueva agonía, ahora en otro plano.
Las patologías psíquicas6 que sobrellevan comienzan con la distorsión de
la subjetividad y la despersonalización: atravesadas por el deterioro de su
identidad sexual, transformadas en siervas de la necesidad de otro, sus apti-
tudes y funciones sexuales quedan traducidas en clave de servilismo.

Los usuarios o clientes de la trata en el ámbito


7

de la niñez y la adolescencia
Un informe de ECPAT (End Child Prostitution in Asian Tourism)8 señala que
no se puede asumir sencillamente que todos los clientes son pedófilos o indi-
viduos que abusan, preferentemente, de niños y niñas. Varias investigacio-
nes indican que, dependiendo del marco en el que trabajan, las criaturas
menores de edad:

[…] “atienden” entre dos y treinta clientes a la semana, es decir, aproximadamente

1 entre cien y mil quinientos clientes al año. Incluso, si se aceptan las estimaciones
más bajas sobre el número de clientes, el total de las víctimas de la prostitución
infantil sigue ascendiendo a millones de personas al año.
7
2
Estos millones de clientes forman un grupo muy dispar, según la nacionali-
dad, nivel socioeconómico, cultura y religión. La mayoría de estos hombres

6 Giberti, E.: Vulnerabilidades y malos tra- en objeto al sujeto) cosificando a la víctima.


tos contra niñ@s en las organizaciones 8 Estos párrafos corresponden a los docu-
familiares, Editorial Noveduc, Buenos Aires, mentos base que complementaron los deba-
2005. tes y talleres del Congreso Mundial de Esto-
7 Corresponde revisar esta nomenclatura. colmo (1996) y fueron circulados globalmen-
Sería pertinente hablar de explotadores y/o te antes del Congreso.
cómplices de la trata, ya que cliente y usua-
rio arriesgan reificar (es decir, transformar
La trata de personas, una vertiente de la esclavitud actual

Quienes recurren a
la trata sexual
son, primero y sobre todo, usuarios de los niños y de niñas, niños y
las niñas que prostituyen y no pedófilos o hebéfi-
los que usan la prostitución como un medio para adolescentes pien-
establecer relaciones sexuales con niños.
Quienes recurren a la trata sexual de niñas, san que ambos
niños y adolescentes piensan que ambos sirven
para producir dinero y placer. De este modo, las sirven para producir
víctimas son convertidas en sujetos activos, pro-
ductores de bienes para quienes los ofrecen, y dinero y placer.
para quienes los solicitan. Unos y otros cuentan
con la complicidad de una sociedad regulada por De este modo,
ideologías patriarcales, que autoriza a disponer
de las niñas y adolescentes como si fuera un dere- las víctimas son
cho masculino, así como a explotarlas en nombre
de las leyes del mercado. Debemos añadir la pre- convertidas en
sencia de familias arrasadas por la indigencia
que entregan a sus hijos e hijas para que “se sujetos activos,
ganen la vida” sometiéndose a estas prácticas9.
Una simplificación ingenua intentó describir a productores de
los clientes o usuarios como enfermos, tal vez algu-
nos podrían encuadrarse en esa categoría. Sin bienes para quie-
embargo, las investigaciones que se han llevado a
cabo evidencian otra índole de características que nes los ofrecen,y
definen a estos sujetos. Una de ellas, buscar satis-
facción en el abuso de poder que se ejerce contra para quienes los
estas criaturas inermes y, paradójicamente, acti-
vas en su “trabajo”. Es decir, que construyen su solicitan.
disfrute dañando a quien no puede defenderse, tal
como sucede con los torturadores. Se trata de dañar a un ser humano y no a
un objeto. Por eso, calificamos el procedimiento como perversidad, que se
refiere a la destrucción de un ser humano a diferencia de la perversión, que se
focaliza en la búsqueda de satisfacción sexual. Los clientes disfrutan, más allá
de la práctica sexual, sabiendo que están maltratando a una persona. ¿Igno-
ran los padecimientos de sus víctimas? Habitualmente y de manera vil afir-
man: “están acostumbradas”. 1
7
Otro nivel de análisis los describe como sujetos genitalmente inmaduros,
que precisan entablar una relación sexual en la que se sienten poderosos

3
ante quien los acompaña, al mismo tiempo que intentan descubrir cuál es el
efecto de sus prácticas sobre la sensibilidad de esas criaturas.

9 Giberti, E.: “La Victimización de las Niñas


mediante la Trata y la Explotación Sexual
Comercial de Sus Vidas”. En: Giberti, E.,
Garaventa, J. Lamberti, S.: Vulnerabilida-
des y malos tratos contra niñas y niños en
las organizaciones familiares, Buenos Aires,
Editorial Noveduc, 2005.
Lic. Eva Giberti

Es necesario enunciar los efectos de estas prácticas contra las niñas y


adolescentes que han sido entrenadas para ofrecerse como garantía de pla-
cer en “buen estado de salud” (dado que aún no padecen infecciones de nin-
guna clase, a diferencia de las niñas de otros países en los que el turismo
sexual que utiliza criaturas se ha tornado peligroso, debido al VIH que dicho
turismo introdujo).
La violencia inscripta en todas estas prácticas, más allá del compromiso
corporal de las niñas y adolescentes, reside en la degradación de su condi-
ción de seres humanos, para convertirse en esclavas destinadas al placer de
los adultos.
La invisibilización de la demanda y de los demandantes responde a nece-
sidades sociales que tienden a silenciar la existencia de un supuesto básico:
los varones pueden disponer del cuerpo de las mujeres, cualquiera que sea
la situación en la que ellas se encuentren. Entonces, visibilizar al cliente
–que probablemente sea un familiar, un conocido cercano o un sujeto posi-
cionado en la vida pública– arriesga dañar a la sociedad, tornarla vulnera-
ble ante sus propias producciones porque los clientes resultarían desparra-
mados y distribuidos entre diversos ámbitos sociales. Por lo tanto, silenciar e
invisibilizar es una estrategia social “protectora” del ordenamiento social.

De los lugares y de los espacios de las víctimas


Las víctimas, mientras dura su cautiverio, ocupan un espacio específico que
no es el que corresponde al lugar donde funciona el prostíbulo, al cual han
sido asignadas. El traslado desde un prostíbulo hasta otro, que constituye
una táctica rufianesca destinada a impedir un contacto sostenido entre las
víctimas y sus clientes, modifica el lugar geográfico, pero no el espacio
–cualquiera que sea la habitación en la cual desarrollan su práctica– ya que
el espacio corresponde al posicionamiento como esclava.
Los espacios que resultan de tal posicionamiento están saturados por sus
características simbólicas, es decir, por lo que representan en el psiquismo
de la víctima, por las experiencias que resultan de ese posicionamiento, que

1 están acompañadas por pensamientos y vivencias acerca de ella misma: la


que trabaja atendiendo clientes, se prostituye, y es violada en cada encuen-

7
tro sexual impuesto por su condición”. El espacio se crea mediante tales
pensamientos y vivencias articuladas con el registro del tiempo que transcu-

4
rre, los días que la víctima asume su cautiverio. No se trata de un espacio10
que ubica el lugar geográfico donde se encuentra alojada, sino de un espacio

10 Foucault, M.: Estética, ética y hermenéu-


tica, Barcelona, Editorial Paidós, 1999.
La trata de personas, una vertiente de la esclavitud actual

que se define por un tiempo interminable que recomienza cada día median-
te la rutina de la esclavitud sexual. Un espacio interno sostenido por el psi-
quismo que está conminado a incorporar dimensiones nuevas, como efecto
de la cotidianidad que la víctima transita.

Tratados internacionales, impunidades y rescates 11

En la actualidad, en el plano internacional, aparentemente disponemos de


un marco de referencia colectivo, aportado por los Tratados. Pero solo apa-
rentemente, porque lo que hasta ahora ha demostrado ser colectivo es la
tolerancia a la impunidad con la que cuentan los rufianes, y la indiferencia
comunitaria ante el problema.
Cuando digo ‘hasta ahora’, recurro a una categoría temporal, cronológi-
camente compartida; lo que se ha hecho, lo que no se ha realizado y lo pen-
diente. Si me remito a mi primera cita acerca de la Ley Palacios, es notoria
la falta de continuidad en el proceso que se inició entonces. Si no se constru-
yen continuidades, persistencias en la realización de los proyectos, las impu-
nidades mantendrán su eficacia. Esas continuidades son responsabilidad de
los Estados, que los gobiernos deben sostener.Y se refieren a la duración de
los proyectos, opuestos a los eventos políticos, coyunturales e inciertos.
Desembocamos así en una aspiración de eticidad en las políticas de Esta-
do. Y, si hablamos de ética, nos referimos a principios y a valores, tal como lo
enuncié en los primeros párrafos de esta disertación.
Esta aspiración no parte de una idealización ingenua de lo que es posible
en política, sino que se refiere a la eticidad que puede exigirse cuando se
violan o conculcan todos los derechos humanos de las víctimas.
La atención a las víctimas, y la prevención de este delito que compromete
la seguridad nacional y la que se considera identidad del país –tal como lo
vimos cuando, a fines de la década del 80, Buenos aires, y la Argentina en
general, gozaban de pésima fama en los circuitos internacionales– no puede
ni debe ser un momento político coyuntural, sino incorporarse al sistema
jurídico con las debidas garantías para su puesta en acto, conjuntamente
con la responsabilidad ciudadana. Me refiero a la responsabilidad ciudada-
na porque me remito al axioma: “sin clientes no hay prostitución”. 1
7
Esta expresión, que reduce y simplifica la complejidad del asunto, apun-
ta a uno de los núcleos del problema, porque informa a la ciudadanía acer-

5
ca de su responsabilidad. No pueden mantenerse todas las acciones deriva-
das del delito en el ámbito de la justicia, ya que las leyes no abarcan todos

11 Giberti, E.: “Trata de personas, con pers-


pectiva de esclavitud sexual”. En: Seminario
De Capacitación para la Prevención y la
Lucha contra la Trata de Personas. MERCO-
SUR, Dirección Nacional de Inteligencia Cri-
minal, Ministerio del Interior, 2007.
Lic. Eva Giberti

los aspectos de la convivencia social, menos aún, anticipan los sucesivos


acontecimientos que, progresivamente, se instalan en la cotidianidad. Y en
la cotidianidad proceden los rufianes y sus cómplices, los clientes o usua-
rios (cuyo nombre correcto debería ser explotadores).
Estimo que los principios éticos y los valores que regulan los procedi-
mientos nacionales –y que se definen en el ámbito de la democracia y de los
derechos humanos– deben ser nombrados, mencionados como soporte del
proyecto político, que actualmente avanza en el tema.

Procedimientos y aplicaciones técnicas


Tales principios éticos, que enuncio sin clasificar de acuerdo con sus conte-
nidos, demandan:

› Transformar las condiciones que permiten negar y naturalizar la exis-


tencia de la trata de personas, particularmente en el ámbito sexual y ,
en cambio, convertirla en un problema social.
› Contar con una legislación de Prevención de la Trata, Asistencia a las
Víctimas y sanciones a los delincuentes, de carácter federal.
› Crear un Programa Nacional vinculado internacionalmente en sistema
de redes.
› Incluir, como ejercicio moral, el reconocimiento del sufrimiento de las
víctimas de esclavitud, y la complejidad de su recuperación como suje-
tos capaces de convivir socialmente.
Para ello, es preciso asumir que son víctimas de un inframundo que
funciona a la vista para facilitar el consumo de los usuarios (o clientes).

Cualquiera de estas medidas se asienta en la tarea interministerial, con edu-


cación, salud pública, con las fuerzas de seguridad, policías, en forma de
redes. Si en Salud Pública no se entrena a los médicos para reconocer al
rufián que llega a un hospital de provincia con los documentos de cinco o
seis adolescentes o jóvenes para solicitar un turno para el día siguiente,

1 “porque las chicas trabajan, y no pueden venir a pedir turno a esta hora”, no
estamos aplicando el principio que reclama un estado de alerta, en particu-

7
lar, por parte de los profesionales.
Si, en educación, las docentes no les explican a sus alumnas qué quiere

6
decir la Convención de los Derechos del Niño, y su protocolo Facultativo,
cuando habla de explotación sexual comercial, estamos desestimando el
La trata de personas, una vertiente de la esclavitud actual

soporte de un principio que nos impone informar –de acuerdo con la Con-
vención– a los niños y niñas respecto de los temas que los comprometen;
porque ellos mismos, o sus familiares o compañeras de clase, pueden resul-
tar víctimas de la trata.
Si las policías y fuerzas de seguridad pasan por alto el conocimiento de
prostíbulos en las rutas y, aun convencidos del deber de denunciar, anticipan
que no contarán con la bienvenida del juez en turno, y se mantienen pres-
cindentes, se quiebra el principio de responsabilidad que moralmente les
compete.
Los ejemplos que ilustran estos principios pueden ser múltiples.
En cuanto a aplicaciones técnicas, podrían considerarse puntos funda-
mentales para proyectos sustentables en materia de trata:
› la federalización del delito.
› la capacitación de las fuerzas de seguridad, policía y funcionarios.
› la creación de un Plan Nacional, y la planificación de redes internas,
interprovinciales.
› la creación de una conciencia ciudadana respecto de la esclavitud
moderna que la trata significa.

Este planteo general, lejos de pensarse como únicamente nacional, corres-


ponde que sea compartido por las naciones que forman el MERCOSUR, debi-
do a la globalización y mundialización del tema trata.
Haber mencionado los principios focaliza dos ejes de las acciones desa-
rrolladas por el Ministerio del Interior12.

1] Uno de los ejes es la decisión política que Argentina puso en marcha, al


haber subrayado la necesidad de enfatizar la prevención de la trata, con
particular énfasis en niños y en niñas. La indicación del señor Ministro
del Interior se orientó, prioritariamente, hacia la niñez y la adolescencia
como víctimas de la trata y, de ese modo, dicha política se incluyó en la
redacción del Proyecto de Ley de Trata de Personas que fue enviado al
Senado junto con el Proyecto que la Cámara alta sancionó posteriomente
(noviembre 2006). En la actualidad, este Ministerio, mediante el Progra-
ma las Víctimas contra las Violencias, ha producido un Decreto Ley –en
este momento en espera de la firma presidencial– que se ocupa de crear 1
7
un programa de prevención de la trata y asistencia de sus víctimas.

2] En consonancia con el Proyecto de Ley referido a la trata de personas,


surgió la Brigada Niñas destinada a intervenir en Ciudad de Buenos Aires. 7
12 La siguiente enunciación reproduce un
segmento del texto solicitado por la Revista
del MERCOSUR de próxima edición.
Lic. Eva Giberti

Su tarea consiste en localizar –en la calle– a sujetos que intentan recurrir a


la explotación sexual comercial de niñas (la Brigada cuenta con una camio-
neta no identificada y está constituida por dos oficiales de Policía Federal
y dos psicólogas). Como parte de su actividad, al mismo tiempo, instaló un
número de teléfono destinado a recibir las denuncias que, asociadas con
la explotación sexual comercial de niñas fuesen sospechosas de trata.
Estos procedimientos focalizados en la victimización de niñas y de adoles-
centes es indicador de una política de Estado que se encuentra tanto en la
Convención de los derechos del Niño como en el Protocolo Facultativo,
más allá de la redacción de un Proyecto de Ley dirigido a la trata de per-
sonas en general, acorde con el Protocolo de Palermo.
O sea, los principios sustentados por esta política de Estado proponen un
margen específico de protección integral para niñas y adolescentes en
situaciones de riesgo. Se materializa la intervención expresada en el discur-
so. Localiza su acción en la prevención y en la sanción de los transgresores.

3] El otro eje corresponde a la obligación que le cabe al Ministerio, como


responsable de la Policía y las Fuerzas de Seguridad, de reforzar los pro-
gramas de capacitación en lo referente al tema trata –en los que intervie-
ne el Programa las Víctimas contra las Violencias– así como la adecua-
ción y refuerzo de los equipos técnicos e informáticos.

4] En este momento, se ha contratado personal especializado en el rastreo de


redes mafiosas y de intervención en situaciones asociadas con la trata de
personas, a varios profesionales que forman parte de agrupaciones que
comparten la consigna Alto a la Trata y al Tráfico con Niños, (Coalición
Alto a la Trata, al Tráfico de Niños y al ESCI –Explotación Sexual Comer-
cial Infantil–) lo cual facilita el allanamiento de prostíbulos, y mantiene el
alerta en una zona de frontera, conjuntamente con la actividad de la
Dirección de Migraciones y Gendarmería.

5] Desde el Programa las Víctimas contra las Violencias se ha realizado una


acción conjunta con el Ministerio de Educación, para crear y enviar

1 material esclarecedor acerca de la trata, destinado a las docentes de las


distintas provincias de nuestro país. El diseño del material está a cargo

7
de UNICEF, y propicia el diálogo referido al tema en las escuelas. Cabe
recordar que tanto la Convención de los Derechos del Niño como su pro-

8
tocolo Facultativo remiten a la trata y a la explotación sexual comercial,
de modo que corresponde informar a las niñas al respecto.
La trata de personas, una vertiente de la esclavitud actual

6] Como parte de la capacitación que lleva a cabo el Programa hemos


realizado cuatro seminarios-talleres referentes a la trata, con interven-
ción de las fuerzas de seguridad y la Policía Federal.

7] Se realizó una Jornada, por invitación de la Asociación de Magistrados y


Funcionarios de la Justicia de Menores, en el mes de junio 2007, en la
provincia de Chaco.

8] Inclusión del tema trata de personas, en especial mujeres y niñas –según


el texto del Protocolo de Palermo– en el Primer Congreso Internacional, y
IV Curso de Actualización: Víctimas de Delitos Contra la Integridad
Sexual (junio 2007).

9] Ídem en Jornadas y Congresos programados para desarrollarse en 2008.

10] Programa de radio semanal de doce minutos en Radio Nacional, con


alcance en todo el país.

11] Producción de un cortometraje dirigido por Sofía Vaccaro, promovido por


la Coalición Alto a la Trata (Posadas), que muestra los caminos de la cap-
tación de adolescentes. La misma coalición produjo un sistema de publici-
dad mediante afiches, carteles y remeras. Firma de un Convenio de ética
hotelera con establecimientos de la provincia de Misiones.

12] Como parte de las actividades del Programa las Víctimas contra las Vio-
lencias se realizan, desde setiembre 2006, actividades reguladas por una
mesa de trabajo cuya tarea es articular las actividades que, referidas al
tema trata, se llevan a cabo en otros ministerios.

A estas actividades debe añadirse la relación que establecemos con otras


áreas de gobierno que se ocupan de la trata, a partir de lo cual hemos inter-
venido en situaciones consideradas de urgencia respecto de adolescentes y
niñas víctimas de diversas formas de trata, sexual y laboral.
Las palabras de Norberto Bobbio cobran particular relieve cuando se
aborda la responsabilidad nacional en el tema trata: 1
7
Cada nación es responsable por aquello que produce y por lo que omite y ese es el
espacio que separa y distingue la acción política orientada por principios y valores,
y la acción política guiada por los resultados que obtiene o las consecuencias que
resultan13. v 9
13 Bobbio, N.: “Razón de Estado y Democra-
cia”. En: Elogio de la Templanza.

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