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Violencia de género contra las mujeres (Parte I)

En este capítulo y en el siguiente, trabajaremos sobre las diversas formas de violencia contra las mujeres, así como en sus ámbitos de producción. Estas
definiciones han sido delineadas luego de un arduo trabajo en diferentes conferencias sobre los derechos de la mujer y los mecanismos de su
vulneración, y se han visto plasmadas como definiciones en tratados internacionales y han sido receptadas por leyes locales en diversos países del
mundo.

Entre el mapa consuetudinario y las relaciones de poder de las estructuras de género

Tipologías

Violencia física

Violencia psicológica

Violencia económica o patrimonial

Violencia simbólica

Referencias
LECCIÓN 1 de 7

Entre el mapa consuetudinario y las relaciones de poder de las estructuras de género

En la lectura anterior hemos visto que a lo largo de la producción de trabajo y análisis sobre la violencia contra las mujeres se encontraron diversas dificultades
relativas a la confiabilidad de los informes, la falta de datos estadísticos sobre la dimensión de la problemática, la dificultad para elaborar variables de recolección
de datos, etcétera. A su vez, también hablamos de la dificultad que existe para visibilizar la violencia de género y, en particular, contra las mujeres, en el sentido de
que muchas actitudes, acciones y manifestaciones en las relaciones sociales, que implican violencia contra las mujeres, son vistas como normales o naturales.

Adentrarse en esta dificultad permite comprender el impacto que tiene la constitución simbólica de la feminidad en las relaciones de género. Muchas formas o
expresiones de la violencia contra las mujeres se encuentran consolidadas dentro de los patrones patriarcales de la sociedad, los que, como hemos visto, se van
reactualizado y reacomodando a los nuevos escenarios socioculturales. El emplazamiento de la mujer en lo privado por mucho tiempo marcó la posición política de
la mujer en la sociedad, la familia, el Estado, el mercado de trabajo y la educación.

Las causas de la violencia suelen encontrarse en el modelo de familia patriarcal. Durante siglos las mujeres han estado sujetas a la autoridad del
padre que luego la depositaba en manos del marido. Ambos tenían derecho a controlar su vida e incluso a decidir su muerte. Las religiones han
tenido un rol clave para consolidar esta sujeción ya que, en general, han elaborado justificaciones morales del modelo patriarcal… (Chiarotti, 2012,
https://goo.gl/3Ed4Cs).

La visibilización por parte del movimiento feminista de las diversas formas de subalternización de las mujeres con base en el género fue poco a poco logrando
grandes avances. Por ejemplo, la modificación de los cuerpos legales donde se encontraba la prohibición de las mujeres de administrar sus bienes, la prohibición
de ser consideradas herederas de los bienes familiares, la prohibición del divorcio, la prohibición del derecho al voto, la prohibición del acceso a la educación; así
como muchas otras prohibiciones que, si bien no estaban consagradas en códigos legales, se desprendían como consecuencia de estos o como consecuencia
del sesgo negativo de género del rol o posicionamiento subalterno de las mujeres en la sociedad y la familia, tales como la prohibición de realizar determinados
trabajos, la inaccesibilidad a ocupar cargos públicos de decisión, la falta de oportunidad en el mercado laboral para ocupar puestos jerárquicos o
predominantemente vistos como masculinos, etcétera.

Ahora bien, a la par de estos avances en la accesibilidad de las mujeres a diversos campos y escenarios sociales, muchas de estas prohibiciones legales (ya
derogadas) y sociales siguen vigentes en el imaginario patriarcal de nuestras sociedades y se manifiestan en situaciones de desigualdad e inequidad por razones
de género, como ser: menor salario que los compañeros varones por igual tarea, menor estabilidad laboral en los años de la vida reproductiva de las mujeres, doble
jornada laboral, pues las actividades de cuidado del hogar y los hijos, en gran medida, siguen siendo vistas como una responsabilidad o deseo de las mujeres,
desigualdad en el acceso a la competencia de cargos públicos (en Argentina existe la ley de cupo que obliga a los partidos políticos a integrar sus listas de
candidatxs con un porcentaje determinado de mujeres), el control sobre el cuerpo, la estigmatización sobre el disfrute de la sexualidad, la limitación de circulación
por determinados espacios, etcétera.

Figura 1: Viñeta sin título sobre el papel de la mujer en la historia


Fuente: Quino, 2001, Recuperado de https://goo.gl/khmLq3

Otro de los grandes distractores para identificar la violencia de género contra las mujeres surge del espacio mismo de las relaciones afectivas. La idea tradicional
de amor/pasión –que deja de lado un espacio para el deseo– atraviesa múltiples manifestaciones de violencia entendidas como normales, deseables o
esperables como demostración última de afecto. Así, los celos, el control, la burla y la subestimación se confunden con actitudes que desencadena la pasión
incontrolada de los sujetos por el objeto amado. En un mismo marco, la violencia sobre la sexualidad también se desdibuja en la coerción de mandatos que
grafican todo lo que por amor se hace o todo lo que por amor se tolera.

 "Para las mujeres de entre 15 y 44 años la violencia es la principal causa de muerte y discapacidad. Más del 80% de las víctimas del tráfico de
personas son mujeres" 

(Chiarotti, 2012, https://insgenar.files.wordpress.com/2012/ 04/manual- violencia.pdf).

Construir espacios sin violencia no depende sólo de la voluntad individual de las personas sino de muchos factores. Entre los obstáculos más
importantes, se encuentran los conceptos, prejuicios y prácticas que consideran a la mujer inferior o validan actitudes discriminatorias y/o
violentas hacia las mujeres. (Chiarotti, 2012, https://goo.gl/3Ed4Cs).

Por lo que tomar conciencia sobre los mecanismos y praxis de la violencia de género, así como del entretejido social en el que circulan, es una tarea necesaria para
construir espacios, relaciones y vinculaciones libres de violencia de género.

Existen muchas dificultades para visibilizar la violencia de género contra la mujer, ya que muchas de ellas se ven como "normales" o "naturales". En este video
podrás conocer acerca de su concepto, tipologías y modalidades.

Video 1: Violencia de género contra la mujer


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LECCIÓN 2 de 7

Tipologías

La violencia contra las mujeres logró reconocimiento como una violación fundamental al derecho humano de las mujeres a una vida libre de violencia a través de
tratados internacionales que fueron suscriptos por diversos países, y de una posterior adecuación de las leyes locales a las normas sobre respeto a una vida sin
violencia que estos tratados recogían.

La Convención interamericana para la prevención, sanción y erradicación de la violencia contra la mujer, “Convención de Belém do Pará” brinda, en su artículo
primero, una definición de violencia contra la mujer: “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o

psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”1.

Se trazan dos tipificaciones: se puede ejercer violencia tanto por acciones concretas como por determinadas conductas. Aquí la distinción es importante, pues
larga es la historia de la falta de credibilidad en el testimonio de la mujer sobre las situaciones de violencia.

[1] Artículo 1. Convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, “Convención de Belém do Pará”. (1994). Organización

de los Estados Americanos. Recuperado de http://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/a-61.html

Acción: implica poner en acto, en movimiento, un evento violento en contra de una mujer por el hecho de serlo, que puede significar golpes o
diversos tipos de agresiones. Basta con una sola acción para configurar violencia, no se requiere que esta se presente por un período de
tiempo determinado; es decir que un golpe, una agresión es violencia.

Conducta/s: implica que no necesariamente hay que configurar el paso al acto de una acción que cause daño, muerte o sufrimiento, pues
estas situaciones también pueden provocarse a través de una conducta que exponga a la mujer a situaciones de discriminación,
desvalorización, desigualdad, inequidad, en el marco de las diversas relaciones sociales (insultos, control, persecución, chistes inapropiados,
etc.).

 Para que exista un hecho de violencia de género contra la mujer, no es requisito indispensable la existencia de una marca física visible.

La Convención insta a los países suscriptores a readecuar sus respectivas legislaciones locales para que respetan las normas y definiciones de la Convención,
como también a que adopten políticas públicas necesarias para modificar gradualmente los patrones socioculturales de subalternización de las mujeres debido a
los prejuicios o sesgos negativos de género.

Argentina sancionó la Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus
relaciones interpersonales (Ley 26.485) en el año 2009 y sumó al concepto de la violencia contra la mujer, además de las acciones y conductas, la figura de la
violencia por omisión. Dicha Ley establece que:

... se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público
como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica

o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes.2
[2] Artículo 4. Ley 26.485. (2009). Ley de protección Integral a las mujeres. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de

http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000- 154999/152155/norma.htm

Quedan definidas, a través de la Convención y de la Ley de Protección Integral, diferentes tipologías de violencia contra la mujer:

Violencia física

“La que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato agresión que
afecte su integridad física”3.

Este tipo de violencia hace referencia a la que se imprime sobre el cuerpo de la mujer. Tiene una línea de gravedad o escalada que se relaciona
con el menoscabo de la integridad física de la persona y que puede comenzar con empujones, cachetadas, golpes de puños, golpes con
objetos contundentes, quemaduras con cigarrillos, con ácidos, heridas con objetos, armas blancas o armas de fuego, hasta llegar al punto
máximo de violencia que es provocar la muerte de la mujer, en cuyo caso nos encontramos frente a un femicidio.

Es importante tener en cuenta que, a pesar de que este ejercicio de violencia se interseca muchas veces con otros delitos registrados en los
códigos penales (lesiones leves, lesiones graves), tanto para la ley nacional como para los tratados internacionales, todo acto de violencia
contra las mujeres es una violación a los derechos humanos y el hecho de que no sea constatable físicamente no disminuye su gravedad. Es
decir, una cachetada es grave, no es lo mismo que la muerte, pero no por ello debe dejar de ser atendida, investigada y trabajada
interdisciplinariamente como ocurrida en el marco de la violencia de género. Por tanto, debemos tener presente que la gravedad no debe ser
requerida como condición exclusiva o excluyente de la configuración de un hecho de violencia. No recae sobre las mujeres la responsabilidad
de acreditar la lesión o dar cuenta de sus actos, no se trabaja –ni se debe trabajar– con la idea de violencia provocada o merecida.

[3] Artículo 5. Ley 26.485. (2009). Ley de protección Integral a las mujeres. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de
http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000- 154999/152155/norma.htm

Figura 2: 40 años de felicidad de Kostas Satlanis. Concurso de la Unión Europea en el marco del Día Internacional
de Eliminación de la Violencia contra la Mujer
Fuente: Adaptado de Saltanis, s. f., https://goo.gl/vLjkLx

Cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de
la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas,
coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras
relaciones vinculares o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada,
explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres.4

La violencia sexual ha sido, históricamente, una forma de ejercer una particular dominación sobre las mujeres, su cuerpo y su sexualidad. Existen múltiples formas
de ejercer violencia sexual contra las mujeres como tocamientos, coerciones para realizar determinados actos sexuales con o sin acceso genital, prostitución
forzada, trata de personas (el 80 % de las víctimas son mujeres y niñas), etcétera. La forma extrema de violencia sexual es la violación y existen regulados diversos
agravantes relativos a la forma de su producción, a la reiteración en el tiempo, a la cantidad de agresores, etcétera.

En un pasado no tan lejano (siglo XX), las leyes que regulaban la institución matrimonial consentían la existencia de una figura llamada débito conyugal que devenía
del derecho canónico. Esta figura se refería a la obligación recíproca entre los esponsales de tener relaciones sexuales durante el matrimonio. Sin embargo, esta
obligación recaía principalmente sobre la mujer y su cuerpo, en un doble estándar moral (al igual que la obligación de fidelidad) que por mucho tiempo sirvió para
invisibilizar la violencia sexual y las violaciones dentro del matrimonio. Si bien esta figura no existe actualmente en los códigos legales (como el argentino), se
encuentra aún impregnada en el pensamiento moral, social y religioso que rodea al imaginario conservador de los deberes y obligaciones que tienen las mujeres en
el matrimonio.

Se incluye también la violencia sexual en el marco de diversos tipos de relaciones o vinculaciones


afectivas (noviazgos, parejas, encuentros casuales), como también la ejercida por miembros de la familia
nuclear o extensa.
El acoso sexual es también un tipo de violencia sexual, el cual puede darse en el ámbito de diversas relaciones, como las laborales, donde se pueden condicionar
ascensos o la continuación misma de la relación laboral a la obligación de soportar en silencio propuestas con contenido sexual. Puede consistir también en la
persecución reiterada con chistes, imágenes, acercamientos inapropiados, comentarios incómodos, etcétera, en el ámbito laboral. Generalmente, implica una
relación de poder desigual (jefx- empleadx) pero también puede existir horizontalmente entre compañerxs de trabajo.

Otro ejemplo de relaciones con desequilibrio de poder entre lxs sujetxs en las que puede darse acoso sexual es el vínculo entre docentxs y alumnxs.

En tiempos de guerra la violencia sexual adquiere determinadas formas de ejercicio: “los patrones de violencia y discriminación contra las mujeres se agravan en
tiempos de conflictos armados. Las mujeres se convierten en objetivo para castigar al grupo o comunidad que se considera enemigo” (Chiarotti, 2012,
https://insgenar.files.wordpress.com/2012/04/manual- violencia.pdf).

Violencia psicológica

La que causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal o que busca degradar o
controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación,
deshonra, descrédito, manipulación aislamiento. Incluye también la culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia, sumisión,
coerción verbal, persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de
circulación o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación.5

[5] Artículo 5. Ley 26.485. (2009). Ley de protección Integral a las mujeres. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado
de http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000- 154999/152155/norma.htm

Este tipo de violencia muchas veces pasa inadvertida, pues gran parte de sus expresiones o formas de ejercicio se encuentran normalizadas y
en ocasiones, hasta legitimadas.

Por ejemplo:

cuando la pareja de una mujer le indica en una reunión social que ya ha comido suficiente;

cuando la mujer quiere ascender en su trabajo y su pareja la ridiculiza tildándola de ambiciosa, la culpabiliza
porque sus hijos necesitan más de ella o pone en duda sus capacidades (autoestima) manifestando que el
trabajo le va a costar mucho esfuerzo;

el caso de un noviazgo en el que se comienza a controlar la ropa a través de chistes o el estilo de vestir
marcando qué es lo ubicado y lo desubicado, se controlan horarios y salidas;

el caso en el que se menoscaban las potencialidades de la mujer y de sus opiniones mediante frases como:
“cállate, que vos de esto no sabes nada”, “siempre ella quiere tener la razón en todo”, “cállate, que de esto yo
sé más que vos”, etcétera.
LECCIÓN 3 de 7

Violencia física

“La que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato agresión que afecte su integridad

física”3.

Este tipo de violencia hace referencia a la que se imprime sobre el cuerpo de la mujer. Tiene una línea de gravedad o escalada que se relaciona con el menoscabo
de la integridad física de la persona y que puede comenzar con empujones, cachetadas, golpes de puños, golpes con objetos contundentes, quemaduras con
cigarrillos, con ácidos, heridas con objetos, armas blancas o armas de fuego, hasta llegar al punto máximo de violencia que es provocar la muerte de la mujer, en
cuyo caso nos encontramos frente a un femicidio.

Es importante tener en cuenta que, a pesar de que este ejercicio de violencia se interseca muchas veces con otros delitos registrados en los códigos penales
(lesiones leves, lesiones graves), tanto para la ley nacional como para los tratados internacionales, todo acto de violencia contra las mujeres es una violación a los
derechos humanos y el hecho de que no sea constatable físicamente no disminuye su gravedad. Es decir, una cachetada es grave, no es lo mismo que la muerte,
pero no por ello debe dejar de ser atendida, investigada y trabajada interdisciplinariamente como ocurrida en el marco de la violencia de género. Por tanto, debemos
tener presente que la gravedad no debe ser requerida como condición exclusiva o excluyente de la configuración de un hecho de violencia. No recae sobre las
mujeres la responsabilidad de acreditar la lesión o dar cuenta de sus actos, no se trabaja –ni se debe trabajar– con la idea de violencia provocada o merecida.

[3] Artículo 5. Ley 26.485. (2009). Ley de protección Integral a las mujeres. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de
http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000- 154999/152155/norma.htm

Figura 2: 40 años de felicidad de Kostas Satlanis. Concurso de la Unión Europea en el marco del Día Internacional
de Eliminación de la Violencia contra la Mujer
Fuente: Adaptado de Saltanis, s. f., https://goo.gl/vLjkLx

Cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de
la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas,
coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras
relaciones vinculares o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada,
explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres.4

La violencia sexual ha sido, históricamente, una forma de ejercer una particular dominación sobre las mujeres, su cuerpo y su sexualidad. Existen múltiples formas
de ejercer violencia sexual contra las mujeres como tocamientos, coerciones para realizar determinados actos sexuales con o sin acceso genital, prostitución
forzada, trata de personas (el 80 % de las víctimas son mujeres y niñas), etcétera. La forma extrema de violencia sexual es la violación y existen regulados diversos
agravantes relativos a la forma de su producción, a la reiteración en el tiempo, a la cantidad de agresores, etcétera.

En un pasado no tan lejano (siglo XX), las leyes que regulaban la institución matrimonial consentían la existencia de una figura llamada débito conyugal que devenía
del derecho canónico. Esta figura se refería a la obligación recíproca entre los esponsales de tener relaciones sexuales durante el matrimonio. Sin embargo, esta
obligación recaía principalmente sobre la mujer y su cuerpo, en un doble estándar moral (al igual que la obligación de fidelidad) que por mucho tiempo sirvió para
invisibilizar la violencia sexual y las violaciones dentro del matrimonio. Si bien esta figura no existe actualmente en los códigos legales (como el argentino), se
encuentra aún impregnada en el pensamiento moral, social y religioso que rodea al imaginario conservador de los deberes y obligaciones que tienen las mujeres en
el matrimonio.

Se incluye también la violencia sexual en el marco de diversos tipos de relaciones o vinculaciones


afectivas (noviazgos, parejas, encuentros casuales), como también la ejercida por miembros de la familia
nuclear o extensa.

El acoso sexual es también un tipo de violencia sexual, el cual puede darse en el ámbito de diversas relaciones, como las laborales, donde se pueden condicionar
ascensos o la continuación misma de la relación laboral a la obligación de soportar en silencio propuestas con contenido sexual. Puede consistir también en la
persecución reiterada con chistes, imágenes, acercamientos inapropiados, comentarios incómodos, etcétera, en el ámbito laboral. Generalmente, implica una
relación de poder desigual (jefx- empleadx) pero también puede existir horizontalmente entre compañerxs de trabajo.

Otro ejemplo de relaciones con desequilibrio de poder entre lxs sujetxs en las que puede darse acoso sexual es el vínculo entre docentxs y alumnxs.

En tiempos de guerra la violencia sexual adquiere determinadas formas de ejercicio: “los patrones de violencia y discriminación contra las mujeres se agravan en
tiempos de conflictos armados. Las mujeres se convierten en objetivo para castigar al grupo o comunidad que se considera enemigo” (Chiarotti, 2012,
https://insgenar.files.wordpress.com/2012/04/manual- violencia.pdf).
LECCIÓN 4 de 7

Violencia psicológica

La que causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal o que busca degradar o controlar sus acciones,
comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación aislamiento.
Incluye también la culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia, sumisión, coerción verbal, persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos
excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de circulación o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la

autodeterminación.5

[5] Artículo 5. Ley 26.485. (2009). Ley de protección Integral a las mujeres. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de

http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000- 154999/152155/norma.htm

Este tipo de violencia muchas veces pasa inadvertida, pues gran parte de sus expresiones o formas de ejercicio se encuentran normalizadas y en ocasiones, hasta
legitimadas.

Por ejemplo:

cuando la pareja de una mujer le indica en una reunión social que ya ha comido suficiente;

cuando la mujer quiere ascender en su trabajo y su pareja la ridiculiza tildándola de ambiciosa, la culpabiliza porque sus hijos necesitan más
de ella o pone en duda sus capacidades (autoestima) manifestando que el trabajo le va a costar mucho esfuerzo;

el caso de un noviazgo en el que se comienza a controlar la ropa a través de chistes o el estilo de vestir marcando qué es lo ubicado y lo
desubicado, se controlan horarios y salidas;

el caso en el que se menoscaban las potencialidades de la mujer y de sus opiniones mediante frases como: “cállate, que vos de esto no sabes
nada”, “siempre ella quiere tener la razón en todo”, “cállate, que de esto yo sé más que vos”, etcétera.

… se observa que a través de la cultura oral o escrita se difunden estas nociones erróneas de lo que es el amor de la pareja, poniendo a los celos
y la persecución del otro como indicadores de pasión profunda. Esto dificulta la detección de este tipo de violencia, así como su prevención y
erradicación. (Chiarotti, 2012, https://goo.gl/3Ed4Cs).

Cuando esta dinámica de violencia psicológica (que también puede escalar en gravedad y en la que su prolongación en el tiempo daña la integridad y la autoestima
de la persona) se replica en los modelos familiares, se convierte en una forma normalizada de vinculación.
LECCIÓN 5 de 7

Violencia económica o patrimonial

La que se dirige a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la mujer, a través de:

1. La perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes;

2. La pérdida, sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y
derechos patrimoniales;

3. La limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida
digna;

4. La limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario menor por igual tarea, dentro de un mismo lugar de trabajo.

[6] Artículo 5. Ley 26.485. (2009). Ley de protección Integral a las mujeres. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de

http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000- 154999/152155/norma.htm

Esta violencia también es difícil de detectar, ya que se encuentra intersectada con los modelos de una «masculinidad proveedora».

Este tipo de violencia va recortando las posibilidades de las mujeres para bastarse económicamente a sí mismas o respecto al ejercicio de la administración de
sus ingresos, por lo que comienza a trazar una dependencia, en muchos aspectos de la vida, a lo que su pareja le dé. Sumado al alejamiento de redes y lazos con
su familia y amigxs, es uno de los modos de aislamiento y control que más dificulta la salida de las mujeres del círculo de la violencia. Por ejemplo, a la hora de
querer dejar una pareja violenta, estar fuera del mercado laboral por largos períodos de tiempo implica un complejo desafío que deben sortear las mujeres en esta
situación.

Otros casos de violencia económica constituyen la negación de las cuotas alimentarias o el desapoderamiento de bienes gananciales para no darle a su cónyuge
la proporción que corresponde ante un divorcio.
LECCIÓN 6 de 7

Violencia simbólica

“La que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las

relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad”7.

[7] Artículo 5. Ley 26.485. (2009). Ley de protección Integral a las mujeres. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de

http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000- 154999/152155/norma.htm

La violencia simbólica es aquella que podríamos ejemplificar como una violencia invisible, que está en el entramado mismo de las relaciones de poder con base en
la desigualdad de género, pues implica la imposición cultural e histórica de las reglas socioculturales normativas de género, que gestionan una determinada visión
del mundo, roles sociales, formas de pensar y expectativas de acción que las mujeres deben cumplir por el hecho de ser mujeres.

Es difícil identificar las diversas formas de violencia simbólica ya que no se notan y por ello pueden mantenerse mucho más tiempo en acción sin
ser descubiertas. Pueden ir disfrazadas de chistes, como los que hablan de la maldad de las suegras, o de que a las mujeres les gusta que las
violen, o los que muestran a las mujeres como inferiores, tontas o descerebradas. La violencia simbólica crea hábitos a través de los que se
desarrolla la reproducción cultural y la naturalización de determinados comportamientos y valores. Las personas naturalizan e interiorizan las
relaciones de poder, convirtiéndolas así en evidentes e incuestionables, incluso para las sometidas. (Chiarotti, 2012, https://goo.gl/3Ed4Cs).
LECCIÓN 7 de 7

Referencias

Chiarotti, S. (2012). Por el Derecho a un vida sin violencia. Rosario: Instituto de Género, Derecho y Desarrollo (INSGENAR). Recuperado de
https://insgenar.files.wordpress.com/2012/04/manual-violencia.pdf

Convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, “Convención de Belém do Pará”. (1994). Organización de los Estados
Americanos. Recuperado de http://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/a-61.html

Ley 26.485. (2009). Ley de protección Integral a las mujeres. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de
http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000- 154999/152155/norma.html

Quino (2001). Viñeta sin título, Mafalda 5. En Toda Mafalda. Buenos Aires. Ediciones de la Flor pp.299. Recuperado de
https://udlerlorena.wordpress.com/2015/03/08/8-de-marzo-dia-internacional-de-la-mujer-algunos-recursos-para-pensar-junts-en-la-escuela/

Saltanis, K. (Fotógrafo) (s. f.). 40 años de felicidad [Fotografía]. Recuperado de http://www.animalpolitico.com/2011/11/%E2%80%9Celiminacion-de-la- violencia-
contra-la-mujer%E2%80%9D-en-carteles/