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 Leé el siguiente cuento, y prestá atención a las palabras resaltadas:

APETENCIA
(Por: Graciela Beatriz Ingaramo)

El embarazo de la luna, que esa noche era sólo suya, se desnudó en sus ojos, suscitando un brillo
casi oblicuo y despiadado en ellos. Gemidos metamorfoseados se le agazapaban en la garganta,
peleando por cobrar vida. Y una fuerza indómita, desconocida para él, lo empujaba a esconderse del
mundo, por mera supervivencia.
La sigilosa entrada no ocasionó reparo alguno. En el hogar del vestíbulo, las lenguadas ardientes
adelantaban el cambio de estación e invitaban a arrebujarse en ellas. Algo se movió entre las sábanas,
y un cuello cisne quedó a la deriva de sus sueños y al alcance de apetencias ajenas. Una turbia
ansiedad por recorrerlo bífidamente, acortó la distancia que lo separaba de este.
Próximo a su meta, su vórtice energético detectó una señal química diferente en el aire.
Estupefacto, advirtió la vibración. Los vericuetos yugulares de Diana pasaron del reposo a la
dilatación, en fracciones de segundos. Luego de una pequeña incisión, la succión se hizo audible.
Aparentemente satisfechas, unas alas desplegadas cruzaron la habitación, tañendo zumbidos
rojiondulantes. En la sedosa piel, un puntito color púrpura (¿o eran dos?) se contaminó de estrellas,
incitándolo a verificar sus conjeturas más de cerca.
Diana volvió a moverse y él recapituló su pasado. Por antonomasia, recordó que también había
luna llena la noche en que la conoció. Solo que el peligro, inexistente entonces, se tornaba inminente
ahora. La posición central de la diosa satelital aceleró lo irremediable. Podía sentir su cálido aliento. Su
amada viajaba en uno de esos sueños que, de tan placenteros, delinean una sonrisa en el soñador.
Daba pena, incluso, despertarla. Mas, la comisura de su boca cobraba tanta sed… ¿Cómo frenar a
esos resolutos afilados que, alunados, centelleaban?
Un escozor subepidérmico comenzó a alterarlo. Entre ralos duendes y mosquitos, la grávida
plateada se hacía más grande todavía. Sintió el peso de aquel suplicio y, reptando, oscilante, se vio en
el vestíbulo, donde las lenguadas ardientes adelantaban el cambio de estación e invitaban a
arrebujarse en ellas. Cuatro miembros de carne y hueso estrenaban nueva piel y se le arremolinaban
en anillos constrictores, cubriendo su largométrico cuerpo.
En el cuarto, la bella durmiente desperezó los brazos. En un acto de somniloquia, balbuceó: “Algo
se está quemando”. Por acto reflejo frunció el entrecejo ante el fétido olor, y se acomodó mejor en la
almohada, que ya empezaba a dar muestras nítidas de los nocturnos círculos purpúreos.
 Ahora, teniendo en cuenta lo que estudiamos sobre las inferencias conectivas
denominadas relacionales, vas a unir con flechas la palabra funcional que aparece a la
izquierda con el enunciado de la derecha que le corresponde. Te dejo una pista, para
que te guíes.

La almohada
ellos
Del protagonista

De Diana
algo
Un cisne

Del sueño
este
De la diosa satelital

Diana
la
Los gemidos

La bella durmiente
su
A Diana

Del cuello
su
Del hogar

Los ojos
se
A la luna

Justificación:

La actividad que desarrollé trabaja este tipo de inferencias, porque en la lista de la izquierda están
las palabras funcionales, que sirven como referentes de las palabras de contenido —“escondidas” en
la columna de la derecha—, las cuales deberán ser conectadas mediante flechas.

Para resolverla, el alumno deberá detectar mediante una lectura retrospectiva, cuál es el vocablo
omitido en el enunciado, reponiendo la información faltante con los datos que aporta el texto. Los
mismos pueden aparecer, tanto antes como después del pronombre referencial. Las preguntas que lo
ayudarán a inferir la correferencia, son: ¿Quién/Qué? ¿A/cómo/de/hacia/por/para qué/quién?