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Buenas prácticas con familias de jóvenes que han sido condenados por PAS

Por Natalia Jara, Delegada.

En mi trabajo como Delegada, Trabajadora Social, a cargo de intervenir con


jóvenes que han cometido prácticas de agresión sexual y sus familias, las
actividades de intervención que desarrollo se enfocan principalmente en el ámbito
familiar, puesto que la intervención en las temáticas relativas a la violencia
sexual o el evento de agresión sexual mismo a nivel individual es abordado por la
psicóloga de la dupla. El modelo de intervención en el cual se fundamentan las
prácticas que a continuación se describe, corresponde al desarrollado por ONG
Paicabí a partir de la experiencia adquirida desde año 1996 en la reparación
especializada para NNA que han realizado prácticas abusivas sexuales. Así, las
principales actividades utilizadas en el proceso de intervención con las familias,
se orientan a la consecución de los siguientes objetivos comunes a la mayoría de
las familias con las cuales he trabajado:

1. Acoger los sentimientos de tristeza, angustia, confusión, rabia y/u otros


malestares emocionales asociados al acto de agresión sexual, el proceso de
judicialización, los quiebres familiares derivados en algunos casos, el estigma
social o las distintas consecuencias para el desarrollo de la personalidad y la
vida del adolescente condenado por la práctica abusiva sexual y la familia.

Realizando preguntas abiertas o esperando a que las madres inicien la


conversación sobre la temática que les preocupa, permitiendo el silencio o espacio
necesario para la expresión de emociones. Se invita a compartir lo que ellas
sientan que necesitan compartir a su propio tiempo. Ofreciendo espacios para la
distensión, o realizando actividades para reincorporarse luego de la expresión
emocional.

Las respuestas de la familia ante estas estrategias varían según el tiempo


transcurrido desde que ocurrió la denuncia del evento abusivo y también en
función del nivel de reconocimiento y apoyo familiar recibido por parte de los
referentes significativos para afrontar la situación. Los referentes significativos
responden a estas estrategias con un aumento de su disposición a participar en
el proceso de intervención, frecuencia de asistencia y confianza al sentirse
escuchadas y contenidas. Todo esto posible gracias a la adecuación de estas
estrategias de escucha y contención a los tiempos de cada referente.

2. Desarrollo de dinámicas familiares saludables y prevención de nuevos


episodios de agresión sexual a partir de la exploración del evento de agresión
sexual desde el punto de vista de las oportunidades de crecimiento que ofrece
para el joven y la familia.

Luego de realizada la acogida y exploración de los sentimientos y temores


asociados al evento de agresión sexual, se invita a las madres y referentes,
mediante la entrega de orientaciones o propuestas de perspectivas distintas para
observar el evento de agresión sexual y promover la extracción de conclusiones o
ideas que favorezcan la comprensión del evento desde un punto de vista más
saludable y menos perjudicial emocionalmente para ellas y la familia,
considerando el evento de agresión como una crisis no normativa.

Al finalizar el proceso de contención es lo que permite que las personas adopten


una actitud más receptiva respecto de la intervención y permite el paso al
abordaje de temáticas psicoeducativas y preventivas. Este objetivo se considera
como el cierre del proceso de contención y acogida, y para su desarrollo es
necesario que la familia se encuentre más estable y con mayor disposición a la
intervención. En un caso particular, luego de este proceso, la madre de un joven
experimentó alivio y esperanza respecto de la posibilidad de cambio y esperanza
en prevenir nuevos episodios similares, apreciándose un aumento paulatino del
nivel de bienestar y confianza en sí misma.

3. Fomentar la esperanza sobre el proceso de recuperación e intervención.

Naturalizando aquellas expresiones emocionales o conductuales que son


esperables ante la develación o asimilación de los eventos de agresión sexual
ocurridos y fomentando su expresión a lo largo del proceso de intervención. Estas
actividades también permiten que las interventoras estén al tanto de los eventos
que podrían no ser esperables frente a estas situaciones y así poder intervenirlos
y orientar a las referentes frente a ellos (por ejemplo, la presencia de
enfermedades de salud mental o el desarrollo de comportamientos auto lesivos).

Este punto se encuentra estrechamente ligado al proceso de cierre de la acogida y


comprensión del evento como oportunidad de desarrollo, sin embargo, sus
características están orientadas a pensar el futuro de una manera esperanzadora.
Un elemento a destacar de esta práctica, es el hecho de que algunas personas,
llegada a esta etapa, manifiestan un importante nivel de alivio y esperanza,
señalando que tienen seguridad de que pueden recuperarse del impase y que
podrán superar los eventos asociados.

4. Promover la toma de medidas de prevención para disminuir el riesgo de una


nueva ocurrencia de agresión sexual al interior de la familia.

Se abordan temáticas relativas al manejo del espacio y el tiempo como factores


protectores, identificando espacios y horarios ciegos o con baja supervisión
adulta; promoviendo el desarrollo de actividades grupales en espacios de fácil
supervisión, como livings o patios; instando a que los niños y niñas no jueguen a
solas en los dormitorios; educando sobre el uso de los baños, las camas
individuales o las duchas y otras medidas para el manejo y educación de la
familia ante el uso de los espacios familiares y la privacidad. Otra forma de
prevención, es la visualización de las dinámicas de poder entre los miembros del
subsistema filial, para favorecer que los adultos promuevan un desarrollo de
dinámicas de poder horizontales entre los miembros de ese subsistema y
promoviendo dinámicas de poder verticales desde el subsistema parental al
subsistema filial. Se destaca en este punto la necesidad de promover que los
miembros del grupo familiar visualicen formas de implementar las medidas de
prevención en sus contextos particulares, y permitir que propongan nuevas
medidas para evitar la ocurrencia de abusos.

Inicialmente se pueden presentar dificultades para implementar o reconocer la


importancia de estas medidas por parte de los referentes, pero conforme el
proceso avanza y se logran adecuar las orientaciones a las características
particulares de cada familia, los referentes se muestran más receptivos y
esperanzados de poder implementar distintas medidas de prevención, incluso
desarrollando mecanismos de supervisión por su propia cuenta.

5. Desarrollar la habilidad de los referentes significativos adultos de orientar y


comunicarse asertivamente con todos los miembros del grupo familiar en
temáticas relativas a su desarrollo sexual, favoreciendo así el desarrollo
sexual saludable de todos los miembros del grupo familiar.

Conversando con los adultos y adultas sobre temáticas relativas a la sexualidad


de manera concreta, lúdica y con material de apoyo con el fin de favorecer la
desinhibición de los mismos para abordar las temáticas, problemáticas, dudas o
situaciones vividas por los diferentes miembros de la familia en torno al
desarrollo de su vida sexual, favoreciendo la resolución de dudas en el ámbito de
educación sexual y disminuyendo la ansiedad que pueda provocarles el abordaje
de estas temáticas con los demás miembros. En este abordaje se pone especial
acento en los sentimientos y emociones relacionados a la sexualidad.

Las reacciones más comunes de los referentes significativos ante estas estrategias
son el aumento en el percatarse de la importancia de hablar de estos temas, de la
falta de conocimiento de cómo las temáticas relativas a la sexualidad son
abordadas en el colegio o en otras instancias educativas y les ayuda a conversar
con mayor facilidad con los niños, niñas y adolescentes. Es común que refieran
vergüenza, pero que el material de apoyo (videos, textos, imágenes, etc.) modelan
formas de abordar estas temáticas y favorecen el aumento de la confianza.
Señalan que la conversación es un espacio para reconocer qué cosas viven los
hijos en relación a estas temáticas. Se aprecia que los referentes luego de estas
intervenciones son más sensibles al estado de la comunicación familiar y
reconocen su importancia no sólo en temáticas de sexualidad, sino que en
temáticas relevantes para cada miembro de la familia.

6. Desnaturalizar las prácticas de violencia sexual derivadas de eventos


transgeneracionales o de la cultura familiar referente a temáticas de agresión
sexual según el contexto.
Acogida y utilización de las experiencias de eventos transgeneracionales de
violencia sexual (si los hay) vividas en el pasado por otros miembros de la familia,
para el establecimiento de dinámicas familiares y desarrollo sexual favorable en
los miembros y prevención o interrupción de dinámicas de riesgo de agresión
sexual en el futuro. Análisis crítico de los mensajes culturales derivados de la
interacción con el contexto inmediato, la publicidad u otros medios de
comunicación de masas en que se naturaliza o minimizan los actos de agresión
sexual en los distintos niveles (simbólico, verbal, físico, etc.). Se considera el
análisis crítico de distintas prácticas violentas al interior de la familia, puesto que
la disminución de la violencia en general y el aumento de las habilidades de las
personas para poder reconocerla e interrumpirla son un factor protector ante
agresiones sexuales, por ser estas otra forma de expresión de violencia.

Inicialmente las personas se muestran resistentes a desnaturalizar las prácticas


de violencia, precisamente porque se encuentran arraigadas en su
funcionamiento cotidiano; precisamente por este hecho, es que he observado que
las familias se encuentran mucho más dispuestas a analizar las distintas formas
de violencia presentes en la cotidianidad, luego de avanzado el proceso de
reconocimiento y realizada la acogida.

7. Promover las reflexiones y manejo de problemáticas asociadas a la sexualidad


y/o la violencia desde una perspectiva de género de manera transversal a
todas las conversaciones de intervención.

A lo largo de cada conversación, se mantiene un especial énfasis en el análisis de


las posibles implicancias de los estereotipos de género en las dinámicas
familiares, con el fin de evitar la invisibilización de la violencia de género.
También se desmitifican las creencias familiares, mitos populares u otras
aseveraciones que pongan en evidencia dinámicas poco saludables basadas en
creencias erróneas de género; se da énfasis en las redes de apoyo con las que
cuentan las personas ante la percepción de vulnerabilidad y desesperanza
derivadas de la instauración de dinámicas de violencia en el presente o el pasado.

El trabajo sobre estas temáticas se aborda de manera paulatina, cotidiana y


constante en las conversaciones, cuestionando y analizando las prácticas de
género cotidianas, desde ejemplos cercanos a su propia vivencia (como el porqué
los hombres se saludan de la mano y las mujeres de beso). Sin embargo, el
énfasis está puesto en cómo estas prácticas de género las hace sentir a ellas,
puesto que no por el hecho de que sean tradicionales son necesariamente
perjudiciales. En ese sentido, se pone énfasis en cómo se sienten y cómo les
gustaría sentirse en estos escenarios. Por lo tanto, la reacción de los referentes
ante estas intervenciones dependen en primera instancia del nivel de vínculo y
acogida, pero también de cuál sea el punto desde el cual se problematiza. Es
decir, que mientras la problematización se realice desde su sentir, la respuesta al
análisis crítico de estas pautas de género es mucho más positiva y movilizadora.

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