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Traducción:

Florcita
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¿Puede su romance interestelar prevenir una guerra galáctica?

Donde ningún humano ha ido antes

Isabella Parker se dirige a la estación Vortex en respuesta a un mensaje


misterioso en su datapad. Espera encontrar respuestas a las preguntas
que la han atormentado durante toda su vida: ¿Quiénes eran sus padres?
¿Por qué desaparecieron cuando era una niña? ¿Y qué es esa misteriosa
marca en forma de triángulo en su muñeca?

Antes de que pueda llegar a la estación, se encuentra en un acorazado


Zoran con el General Drax. Él es el hombre más sexy que ha conocido,
pero solo han comenzado a explorar su abrumadora química cuando el
infierno se desata.

El agujero negro de la venganza.

Drax encuentra irresistible a la rubia y curvilínea humana... pero su


honor de Zoran exige que vengue un ataque cobarde contra su nave y
su tripulación. Cuando él e Isa llegan a la estación Vortex, pronto se ven
envueltos en un atolladero diplomático que debe resolverse antes de
que estalle la guerra.

Trono en pugna

Cuando Isabella recibe noticias impactantes sobre su herencia, se abren


nuevas posibilidades increíbles - y la ponen a ella y a Drax en conflicto.
¿El general Zoran buscará venganza a costa de proteger a su pareja y al
niño por nacer? ¿O pueden él e Isa derrotar a las fuerzas que intentan
sumir a todos en la Estación Vortex a la guerra?

Alien Guardian's Baby es el libro 4 de la serie Zoran Warriors, pero


puede leerse como un libro independiente. ¡No hay suspensos, y si un -
Feliz por Siempre- garantizado!
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ISA

-Por favor, permanezca en su asiento. Xxerth erltty tu xrrynng.


Bbbrzt tiizr birrzz bbr. Por favor, permanezca en su asiento-.

La voz automatizada, acompañada por un sonoro claxon, me


despierta de mi sueño. La voz mecánica circula a través de varios
idiomas diferentes (Universal, Xythian, Terulian) para todos los
diferentes tipos de alienígenas a bordo.

La primera vez que me las arreglo para caer en un sueño


realmente profundo en las semanas que he estado en esta nave
de transporte superpoblada, y la alarma se dispara. Qué mala
suerte la mía.

Me acurruco firmemente en mi asiento y me tapo los oídos con


las manos, pero la alarma de tono alto la atraviesa. Estaba
teniendo el sueño perfecto: estaba de vuelta en la Tierra,
haciendo un picnic con mis padres. Podía sentir la hierba falsa
entre los dedos de mis pies como si estuviera realmente allí otra
vez, y podía ver el Vonnegut, la estación espacial de la Tierra,
orbitando en lo alto. Un recuerdo lejano.

El único que tengo de ellos.

Intento aferrarme a la sensación un momento más, pero se


desliza entre mis dedos. Todo lo que siento es hambre, mal
humor y dolor. Me duelen las articulaciones al estar doblada en el
asiento gastado durante un mes entero. Miles de alienígenas han
usado este asiento antes en las últimas décadas, asegurándose de
que cuando llegó mi turno de usarlo, estuviera prácticamente
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arruinado. Pensar que no estamos ni a la mitad de nuestro


destino...

A regañadientes, abro los ojos.

-Brughtsts! ¡Globvers glob glob! -

El extraterrestre grande, redondo y gris a mi izquierda está


discutiendo con uno de los mayordomos. Las aletas de su piel se
estremecen y se sacuden con cada movimiento de su cabeza en
forma de balón de baloncesto mientras intenta hacer un punto.
No tengo idea de cómo se llama su especie, y eso se aplica a la
mayoría de los alienígenas aquí. Es una cacofonía de gritos,
lamentos, gruñidos y gemidos cuando todos los alienígenas a mí
alrededor tratan de dar sentido a lo que está sucediendo.

Los auxiliares de vuelo Suricat, seres pequeños y peludos, como


los suricatos, solo que ellos pilotean naves espaciales, están
haciendo todo lo posible para calmar a todos, pero no puedo
escuchar sus chirridos sobre todos los gruñidos. Cuando una
pasa, yo extiendo mi brazo.

-¡Espera! ¿Qué está pasando?-

-Por favor, no te muevas, humano-, dice la pequeña criatura en


Universal. Lleva un uniforme azul oscuro, como una azafata de
verdad, y sus grandes ojos marrones están mirando a los míos. -
La ayuda está en camino.-

La Suricat trata de pasar por encima de mí, pero yo me paro y le


bloqueo el paso.

-¿Qué quieres decir? ¿Estamos varados? ¿Llegaremos a la


estación Vortex a tiempo?-
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Asiente con la cabeza muy rápido, y habla aún más rápido. -Sí, sí,
sí, por supuesto, sí, no pasa nada, por favor vuelva a su asiento-.

El pequeño ser corre entre mis piernas, corriendo hacia un pasillo


que solo es lo suficientemente grande para los cuerpos delgados
de su especie. Cierro mis manos y golpeo el cojín. Nunca debí
haber subido a esta basura.

No es que tuviera mucha elección.

El Mangoose era la única nave que se dirigía hacia la Estación


Vortex, el único lugar en el universo que tiene las respuestas que
estoy buscando. Y si pierdo mi cita, la verdad se me escapara
para siempre...

Necesito una bebida.

Me deslizo entre la multitud de extraterrestres que llenan el


pasillo, maldiciendo en sus propios idiomas. Me dirijo hacia la
cantina, pero encuentro el camino bloqueado por una banda de
Silverbacks.

Así es como he llamado a los extraterrestres como gorilas. No


hablan nada de Universal, así que no tengo ni idea de quiénes son
ni de dónde vienen. Todo lo que sé es que me dan escalofríos. Hay
una manada completa de ellos a bordo, y todo lo que parecen
hacer es ronronear conspirativamente entre ellos y lanzar
miradas desde debajo de esas cejas grandes y fruncidas.

-¿Disculpa?-

Ninguna respuesta. El gorila grande me bloquea el camino, de


espaldas a mí, mientras grita algo ininteligible, el sonido áspero
me hace estremecer.

No estoy lo suficientemente despierta para esto.


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-¿Disculpa?- Repito, golpeando al gorila en su espalda.

Se levanta de un salto, girándose, con los ojos rojos muy abiertos


por la ira. Él ruge en mi cara, rociándome con su saliva, con una
mano golpeando su pecho. Su otra mano apunta hacia el
dispensador de comida. Otros tres Silverbacks están reunidos
alrededor de la máquina, todos mirándola con una mezcla de
asombro y enojo mientras presionan sus botones al azar.

Me limpio el escupitajo de la cara, mi temperamento aumenta


poco a poco.

-El hecho de que no puedas operar el dispensador de alimentos no


es mi culpa, tú... ¡bufón!-

Empujo al simio hacia un lado y avanzo a zancadas hacia la


máquina. Las bestias se dispersan con los ojos desorbitados
cuando me ven acercarme. Toco unos pocos botones y, segundos
después, le doy a los Silverbacks una taza de agua a cada uno.

Los cuatro están apiñados a mí alrededor, elevándose sobre mí, y


mientras mi ira disminuye, me doy cuenta de lo tonta que estoy
siendo. Estas bestias podrían partirme por la mitad con sus
meñiques, y aquí estoy, empujándolos y sermoneándolos como una
bibliotecaria de mal humor.

Hago estupideces cuando tengo hambre.

Si mi mejor amiga, Barb, me viera ahora, me regañaría. Me


advirtió innumerables veces sobre los peligros del espacio, pero
ni siquiera ella podía detenerme. Dejarla atrás en Chicago fue la
decisión más difícil de mi vida, pero oportunidades como esta no
se presenta dos veces en la vida.
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Ambas somos mecánicas, o monos grasientos, como ella nos llama,


empleadas de la Federación para reparar sus lanzaderas. Somos
tan cercanas que somos prácticamente familia, pero cuando
recibí el mensaje, tuve que seguir esa pista.

Espero que ella pueda encontrar en su corazón perdonarme.

-Aquí-, digo mientras le doy una taza golpeando su pecho. -Por


favor, no me comas, ¿de acuerdo?-

El simio toma el agua, casi aplastando la taza con sus fuertes


manos. Se traga la taza entera, plástico y todo, y me mira con
una sonrisa de satisfacción. Satisfechos, se tambalean,
caminando con sus puños tanto como con sus pies.

Seres extraños. ¿Cómo pueden viajar por el espacio cuando ni


siquiera pueden hacer una bebida?

Para mi consternación, los Suricats no llevan café ni nada


parecido a bordo. Lo más cerca que puedo estar de la cafeína es
un sucio líquido rojo brillante que huele a azufre. Mantengo la
nariz cerrada mientras me la trago, la cosa quemándome hasta el
fondo. Las náuseas pasan rápidamente, y me siento un poco más
alerta que antes. Rápidamente devoro una barra nutricional y
vuelvo a mi asiento, mi hambre se ha calmado.

Los altavoces crepitan con la voz familiar y aguda de nuestro


capitán Suricat.

-Hemos perdido la potencia del motor-, dice, -pero todos los


sistemas de soporte vital todavía están en línea, así que no se
preocupen. Hemos enviado una llamada de socorro, y se ha
recogido. La ayuda llegará en aproximadamente en seis horas. Por
favor, mantengan la calma-.
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El mensaje se repite entonces en Xythian y Terulian. Puedo


escuchar un gemido colectivo pasar a través de la nave mientras
se realiza el peor miedo de todos.

Bueno, no es nuestro peor miedo, pero está en la cima. Si el


sistema de aire no funcionara correctamente o el casco se
rompiera, todos podríamos estar muertos antes de que lo
supiéramos... pero perder motores en la inmensidad del espacio
tampoco es nada fácil.

Estamos a la deriva sin rumbo ahora. Un meteorito extraviado


podría romper la nave en pedazos, y no hay nada que podamos
hacer para evitarlo. Sin embargo, prefiero tomar un meteoro en
la cara que ser abordada por los piratas.

La estación Vortex, nuestro destino, es famosa por su ilegalidad.


La piratería corre desenfrenada en ese sector, y nosotros somos
un blanco fácil. He escuchado horribles historias sobre piratas
más de las que me gustaría. Todos los que sabían que me dirigía a
Vortex me dijeron lo mismo: -Los piratas emboscaran tu nave y
matarán a todos. Si tienes suerte, te echarán por la escotilla y te
concederán una muerte rápida. Si no tienes tanta suerte... te
usarán como alimento-.

Gracias, Barb, por esa advertencia. Me hace sentir muy feliz


ahora mismo.

Se me pone la piel de gallina sólo de pensar en los piratas. Sé que


el espacio es un entorno hostil; después de todo, siempre estás a
solo un fallo catastrófico del sistema remoto que pueda
conducirse a la muerte, pero nunca entenderé cómo alguien puede
cometer actos tan horribles.
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Me dirijo a mi asiento y cierro los ojos, frotándome las sienes


con los dedos. Si somos excepcionalmente afortunados, la -
ayuda- que está en marcha no sea de piratas sin escrúpulos, sino
de comerciantes de buen corazón de camino a Vortex.

Esa es la única manera en que me reuniré con mi contacto para


obtener las respuestas a las preguntas que han plagado toda mi
vida. Echo un vistazo a la marca en forma de triángulo en el
interior de mi muñeca izquierda, que arde con fuerza, y
rápidamente me bajo la manga, cubriéndola.

Todavía no tengo idea de lo que significa, pero soy lo


suficientemente inteligente como para no llamar la atención
sobre ello. Cualquiera que lo haya visto alguna vez me ha tachado
de mounstro, al no envejecer rápidamente como los demás.

Levanto mi datapad e intento, una vez más, descifrar el mensaje


encriptado que recibí hace varios meses. Hasta ahora, todo lo
que he conseguido es -Vortex Station- y mi nombre. Tengo que
descifrar el resto y rápido, o habré viajado hasta aquí por nada.

Varias horas más tarde, los excitados graznidos de los


Silverbacks me sacan de mi flujo de trabajo. Apuntan a una de
las ventanillas que bordean la pared de la nave mientras saltan y
golpean sus pechos. Mi estómago se hunde cuando veo el terror
en las caras de mis compañeros de viaje.

Por favor, no dejes que sean piratas...


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2
DRAX
MI ESPADA BAJA a toda velocidad y desarmo a mi oponente
antes de que pueda reaccionar. Su arma cae a su lado y se queda
indefenso frente a mí. Su pecho bermellón sube y baja con cada
respiración. Contra su buen juicio, él levanta sus puños hacia mí.
Con mi espada puedo acabar con su vida en un instante, pero su
determinación me divierte.

-Muy bien-, le digo, tirando mi espada a un lado. -Ven.-

El hombre de color rojo fuego carga hacia adelante, ambos puños


levantados en el aire. Me pongo de rodillas y golpeo rápidamente,
con mi puño golpeando su abdomen. Cae, agarrándose la cintura.

-No lo suficientemente rápido, Vukota-, digo, ayudando a mi


segundo al mando a ponerse de pie. -El Cuhla corre por tu cuenta
esta noche, otra vez-.

Mis hombres aplauden las noticias. Cuando su general y su


segundo al mando tienen su combate semanal, ganan de cualquier
manera, ya que el perdedor tiene que comprar una ronda para
toda la nave. Hasta ahora, el sistema automatizado del nave ha
cobrado varios miles de bebidas a la cuenta de Vukota, mientras
que yo todavía no tengo que pagar por una gota de la bebida
alcohólica negra picante.

-Te atraparé la próxima vez-, gruñe, con una mano frotando el


lugar donde mi puño le golpeo. -La próxima vez.-

-Zyn, ¿cuál es el puntaje?- Le pregunto a mi mecánico por el


comunicador.

-Treinta y cuatro a cero, señor-, ríe la voz en mi oído.


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-Eso es lo que dije; La próxima vez.- Vukota me sonríe. Él venda


su brazo donde mi espada lo golpeó, causando un gran corte
carmesí. En mi nave, luchamos de verdad. El entrenamiento es
inútil si no sobrevives. Es la única manera de prepararse para una
pelea adecuada. Es por eso que mis soldados tienen el índice de
bajas más bajo de todas las flotas en el ejército de Zoran, y ese
número incluye la fatalidad de entrenamiento callejero.

Me limpio la nariz ensangrentada. Vukota consiguió un buen golpe.


Me volví descuidado; engreído. Por un momento, pero eso es todo
lo que se necesita. Es un buen recordatorio de mantener la
guardia en alto todo el tiempo, o acabaré ensangrentado tarde o
temprano.

Ese pensamiento aún está en mi mente cuando mi auricular cruje


con estática una vez más. -Señor, por favor, preséntese en el
puente. Hemos recibido una llamada de socorro-, dice mi piloto,
Sern.

-Afirmativo, Sern-, le contesto. -En camino.-

Asiento hacia Vukota, y él me entiende de inmediato. Hemos


servido juntos durante años, luchado en innumerables batallas
juntos, un asentimiento es todo lo que necesitamos para
comunicarnos.

Caminamos a través de mi nave de clase acorazado, el Eternity, y


nos dirigimos hacia el puente. Una llamada de socorro es una mala
noticia de cualquier manera. Estamos siguiendo a un fugitivo: el
traicionero senador Bogdan de Zoran, y si nos detenemos a
ayudar, podríamos perder su rastro. Sin embargo, la ley
intergaláctica es muy clara al respecto. Las llamadas de socorro
no pueden ser ignoradas.
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-¿De quién es la señal?- Le pregunto a mi piloto mientras camino


hacia el puente.

-Es de un transportador de Clase C llamado el Mangoose-, dice


Sern. -Varios cientos de personas a bordo. Ha perdido todo
empuje. Se dirige directamente hacia un grupo de meteoros,
señor-.

-¿El Mangoose? ¿Qué clase de nombre es ese? -Pregunta Vukota.

-Es una nave Suricat-, explica mi piloto.

-Suricats-, dice, sacudiendo la cabeza. -Comadrejas avariciosas-


espaciales-.

-¿Alguna otra nave en las cercanías?- Pregunto.

Sern sacude la cabeza. -No señor. Somos el nave más cercano en


un millón de kilómetros-.

-Déjalos-, dice Vukota. -Esos Suricats probablemente apagaron


los motores cuando vieron que estábamos cerca. Apuesto a que
están intentando conseguir un viaje gratis, para ahorrar algo de
combustible-.

Mi frente se frunce. -Tu desconfianza hacia ellos es bien


conocida, Vukota-, gruño, -pero no podemos romper la ley
intergaláctica-.

-Somos Zoran-, dice Vukota. -Podemos hacer lo que queramos.-

-El hecho de que podamos no significa que debamos-, le digo a mi


segundo al mando. -Si los dejamos allí, los meteoritos los harán
pedazos mucho antes de que otra nave los alcance. O peor aún,
serán esclavizados por piratas. No deberíamos esforzarnos por
hacer enemigos-.
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Los ojos de Vukota arden con desprecio por los alienígenas. -¿En
serio? ¡¿No puedes honestamente pensar que los Suricats alguna
vez nos serán útiles?! -

Yo sonrío. -Todavía estás enfadado porque le compraste una


chatarra a un mercader Suricat que pasaba por Exon Prime-.

-¡Pagué por un River Racer, maldita sea!- Vukota frunce el ceño. -


¡Quiero lo que pagué!-

Golpeé un nervio. -Déjalo ir, Vukota. Ha pasado una década-.

-Nunca-, gruñe. -No lo olvido. Si estamos haciendo esto, estoy


sacudiendo hasta el último Suricat en esa maldita nave. ¿No
están todas esas comadrejas relacionadas? Uno de ellos debe ser
su primo o algo así-.

Sacudo la cabeza Vukota es un excelente guerrero, el mejor bajo


mi mando, pero su actitud precipitada es la razón por la que
nunca será un general. Se necesita algo más que pura capacidad
de lucha para liderar.

-Fija curso para el Mangoose-, le digo a mi piloto. -Vukota,


prepara la bodega de carga. Si no podemos reparar sus motores,
es posible que tengamos que llevar a algunos cientos de invitados
a bordo. Los quiero alimentados, y sobre todo, contenidos-.

-No puedes hacer...-

-Eso es una orden, Vukota-.

Mi segundo oficial de piel roja se pone derecho cuando me ve que


le miro con el ceño fruncido. -Sí señor.-
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Apoyo mi mano en el hombro de mi piloto. -Mantén un ojo en el


radar, Sern. Si ves más que un parpadeo, te paras de inmediato,
¿entiendes?-

-Señor, sí señor.-

-Zyn, dame una actualización de estado-.

-El motor del Mangoose está totalmente frito, señor. Este bebé
nunca volverá a volar. Ella ha visto mejores cosas, eso es seguro.
Ha estado a mitad del universo y de regreso, por su aspecto-,
dice mi mecánico.

Los mecánicos siempre se vuelven extrañamente afectuosos con


las naves. Una peculiaridad que viene con el trabajo, supongo.
Pasan toda su vida cuidando maquinaria y no es una sorpresa que
se forme un vínculo.

-Entendido. Vuelve al Eternity. Drax fuera-.

Es lo que temía. Tenemos que llevar a todos los pasajeros de


Mongoose a bordo, los doscientos cincuenta y uno de ellos. Casi
esperaba que fuera una especie de trampa; una emboscada,
estamos en un espacio no controlado, después de todo, pero esto
parece ser el verdadero negocio.

Cualquiera que intente emboscar a un Acorazado Zoran Cruiser


moriría antes de darse cuenta, a pesar de todo.

Abro un canal de comunicaciones con Vukota mientras camino


hacia la bahía de acoplamiento.

-Prepárate para llevarlos a bordo, Vukota. Todos ellos.-


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Él suspira profundamente. -Sí, general-.

Tomo mi puesto en la entrada. Alineados a ambos lados del amplio


pasillo están docenas de mis hombres. Cada una mide dos metros
de altura y están armados con un rifle. No espero problemas de
nuestros huéspedes, pero esto sigue siendo un buque militar, y
quiero que lo sepan.

-Abre la puerta-, le hago una señal a Vukota.

Ingresa el código y se abre la escotilla que separa las dos naves.


He oído a Vukota entrenarles desde atrás para que sigan
moviéndose en una sola fila. Los extraterrestres llegan a mi nave,
más que nada aterrorizados de estar en una nave Zoran.

-No tienen nada de qué preocuparse-, les digo. -Volverán a un


puerto seguro-.

Se arrastran, y nadie se atreve a mirar hacia arriba y mirarme a


los ojos. Los pasajeros son una tripulación variada. Primero están
los Xythians: altos, delgados y pálidos. Todos están vestidos de
cuero negro, con el pelo blanco en cascada sobre sus hombros.
Bastardos engreídos, de orejas puntiagudas.

A continuación están los Terulians reptiles, verdes oliva,


robustos. Ellos silban entre ellos al pasar, sus pesadas pisadas
retumban en las paredes de metal. Después de eso viene un
contingente de Suricats: criaturas pequeñas y peludas. Tengo que
agacharme todo el camino para estrechar la mano del capitán.
Tengo que tener cuidado de no aplastar a toda la criatura a mi
alcance, son tan pequeños comparados con nosotros los Zorans.

En la parte posterior del grupo hay una manada completa de


Prymetas: seres peludos de hombros anchos, conocidos en todo el
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universo por su agresión y ferocidad. Miro a Vukota y el mensaje


es claro. Tenemos que vigilar de cerca a estos alienígenas.

-¿Eso es todo?- Pregunto.

-Creo que eso es todo…, no espere, tengo uno más-, dice Vukota.

Mi corazón parece saltarse un latido cuando mis ojos caen sobre


la criatura más hermosa que he visto en mi vida. Ella me mira con
sus grandes ojos azules, sin tener el sentido común de evitar mi
mirada de acero como todo el mundo.

¿Una hembra humana?

¿Aquí?

Parpadeo otra vez para asegurarme de que mi mente no me esa


engañando, pero cuando abro los ojos, todavía está parada frente
a mí. Detecto una pizca de una sonrisa mientras bebe de mi gran
cuerpo.

-¿Qué estás haciendo aquí?- Gruño.

Ella levanta su ceja hacia mí. -No es de tu incumbencia, Zoran-,


dice con frialdad. -¿Nos llevas a la estación Vortex?-

-Vortex?- Yo resoplo. -Nunca. Ese lugar está lleno de nada más


que escoria-.

Su sonrisa se convierte en un ceño fruncido, y me pasa por


delante, su hombro chocando contra mí. Me doy la vuelta y la veo
alejarse, completamente cautivada por cómo se balancean sus
caderas.

-Ella es problemática-, dice Vukota.


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-Ella es ciertamente algo-, digo, mis ojos todavía pegados a su


curvilínea figura.
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3
ISA
-¿DISCULPA? ¡Esta es mi cama! ¡Oye!-

El extraterrestre grande, como una mancha, gime mientras se da


vuelta en su sueño, y tengo que saltar de mi cama para evitar ser
aplastada debajo de toda su grasa.

Tonta de mí. Y yo que pensé que el Mangoose estaba abarrotado.


Eso fue puro lujo comparado con la bodega de carga en la que los
Zoran nos han dejado. ¡Esos guerreros alienígenas nos
rescataron, y supongo que es mejor que ser esclavizados por los
piratas, pero nos pusieron en el mismo espacio reducido, todas
las razas y especies mezcladas, con nada más que unos pocos
colchones en el piso para que los usemos!

El olor de todos ellos mezclados es difícil de describir, pero


imposible de olvidar.

Necesito desesperadamente una ducha larga y caliente.

Al menos los Suricats tuvieron la previsión de mantener a los


Silverbacks y Terulians separados en diferentes compartimentos
de la nave. Aquí, siguen gruñendo y silbándose los unos a los
otros, y me está dando un fuerte dolor de cabeza. Los Zorans
creen que su presencia dominante es suficiente para mantener a
todos a raya.

Son tan tercos, con sus cuerpos altos, de hombros anchos y


musculosos.

Especialmente ese general. No tengo idea de cómo se llama, pero


no puedo dejar de pensar en su piel de color azul y en esos ojos
penetrantes de color amarillo girasol. Parecía sorprendido de
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verme, como si un humano no perteneciera a este lado de la


galaxia.

Lo admito, soy una anomalía. Podría muy bien ser el primer ser
humano que haya venido por aquí, no lo sé y, francamente,
tampoco me importa mucho. Estoy en una búsqueda y no estoy
dejando que nada se interponga en mi camino.

Ni siquiera un general Zoran de dos metros y medio de altura. El


hecho de que sea uno de los guerreros más temidos de la galaxia
no me impresiona... mucho.

Frotando el sueño de mis ojos, paso de puntillas por la bodega de


carga, asegurándome de no pisar a ningún alienígena dormido
mientras lo hago.

-¿Puedo tomar algo de beber?- Le pregunto al guardia de Zoran


en la puerta. Su piel es plateada y, mientras que es casi tan alto
como su general, carece de la mandíbula cincelada del general y
su mirada de acero. Admito que todos estos Zorans son
atractivos, pero hay algo especial en ese general del color del
océano.

Él sólo tenía este aire de confianza; de control total. Pude ver la


sorpresa en sus ojos cuando me negué a responder a su pregunta.
Él no es un hombre que está acostumbrado a ser ignorado.

Odio lo mucho que me gusto la forma en que me miraba. Podía


sentir sus ojos arder en mi espalda mientras me alejaba, y por
razones que no entiendo muy bien, hizo que mi estómago se
agitara.

-No-, dice el guardia enérgicamente. -Ve a dormir.-

-No puedo dormir así-, le digo.


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El guardia de Zoran me mira con desprecio, como si dijera: ¿ese


es mi problema?

Detrás de mí, el silbido Terulian se convierte en un ladrido, y


cada chasquido fuerte de sus mandíbulas hace latir mi cabeza.

-¿Ves?- Digo. -¿Cómo puedo dormir con este ruido?-

-¡Bajen la voz!-, Dice el guardia de Zoran, pero su mensaje se


pierde en los Terulians. Los Silverbacks responden con chillidos y
gritos, y de repente, la bodega de carga se convierte en una
pelea gigantesca. Los Suricats se dispersan cuando las grandes
bestias se atacan, el aire se llena de gruñidos y gritos. Los
Silverbacks superan en número a los reptiles Terulians de tres a
uno, pero los reptiles son muy duros. Se encogen de hombros
ante los golpes que habrían derribado a cualquier humano como si
no fueran nada.

Nota para mí misma: No te metas en una pelea a puñetazos con


ninguna de estas dos especies. O cualquier otro alienigena, para
el caso.

Estoy contenta de haber llegado a la puerta, ¡o me hubieran


golpeado en medio de la acción! Presiono mi espalda contra la
puerta de la bodega de carga, haciendo todo lo posible por
mantenerme alejada de ella. Un puñetazo de esos gorilas y me
quedaría inconsciente, permanentemente.

Caigo hacia atrás cuando la puerta se abre y entra un pelotón de


guerreros Zoran. Están armados con lo que parecen ser picanas
eléctricas, y se abalanzan sobre los extraterrestres en combate,
restaurando el orden.

Una oportunidad perfecta para que me escabulla.


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Con todos distraídos por la pelea, nadie se da cuenta cuando me


escabullo de la bodega de carga. Avanzó sigilosamente por los
largos pasillos de la nave, tratando de encontrar la cafetería. La
nave es tan grande que me pierdo rápidamente, ¡todos los
pasillos son iguales!

Los sonidos de pies en marcha sacuden mis sentidos, y


rápidamente me meto en una habitación, presionándome contra la
pared, cerrando los ojos y conteniendo la respiración. No me
atrevo a exhalar hasta que escucho que los sonidos se apagan en
la distancia.

Si los Zoran me encuentran merodeando, ¿quién sabe qué harían


conmigo? No son exactamente famosos por su hospitalidad... Es
como dije: hago estupideces cuando tengo hambre.

Abro los ojos y mi corazón salta en mi garganta cuando me doy


cuenta de que me encontré con un almacén.

¡Lotería!

Hay salchichas hechas de criaturas que nunca antes había visto,


quesos que huelen tan fuerte que finalmente puedo olvidar el
hedor extraño que se adhiere a mi ropa y plantas de todas las
formas y tamaños de las que nunca había oído hablar.

No puedo controlarme. Después de la comida replicada de la que


he estado viviendo durante el último mes, esto es demasiado
bueno para dejarlo pasar. Lleno mi boca con la mayor cantidad de
comida humanamente posible, probando todos los artículos.

Este debe ser el alijo privado del general: ningún gruñón come
tan bien como éste. Me siento un poco culpable por robar toda
esta comida, pero no lo suficiente como para dejar de comer, por
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supuesto. Se lo compensaré, de alguna manera. Hay más que


suficiente de todo, de todos modos.

Cuando estoy absolutamente llena, me siento contra la pared. Con


mi apetito saciado, mi sentido común regresa a mí, y me doy
cuenta de que la cagué. A lo grande. Si los Zorans me encuentran
aquí, me encerrarán, o peor. Tengo que volver a la bodega de
carga, y rápido. Abro la puerta, pero me agacho inmediatamente
cuando veo a más guerreros marchando por el pasillo.

Mierda. ¿Me vieron?

Me escabullo contra la pared, sopesando mis opciones.


Simplemente podría entregarme... pero si hago eso, nunca llegaré
a Vortex a tiempo. Mis ojos aterrizan en el ascensor de servicio
que está al otro lado de la habitación.

¡Si mi sospecha de que este es el almacén privado del general es


correcta, entonces ese elevador me llevará directamente a sus
habitaciones personales!

Prefiero que me encuentre él que uno de sus soldados. Los


soldados me miran como si ni siquiera estuviera allí, pero el
general se fijó en mí. Lo pude ver en sus ojos de color de la
puesta de sol.

Antes de darme otro momento para considerar mis opciones,


subo al elevador de servicio y este asciende. Es un lugar bastante
cómodo, ya que las comidas de Zoran son tan grandes como los
mismos Zoran, en comparación con los humanos.

La puerta se abre con un ping y mi corazonada queda confirmada.


Tengo que pellizcarme el brazo para ver si no estoy soñando.
¡Estoy en los aposentos privados de un general Zoran! ¡Barb nunca
me va a creer!
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La habitación es amplia y redonda, con paredes de color negro


azabache. En el centro de la habitación hay una cama redonda, lo
suficientemente grande como para que quepan una docena de
humanos. Las sábanas se ven tan suaves y acogedoras, no puedo
detenerme. Me subo a la cama y es tan suave y agradable como
esperaba.

Miro hacia arriba para ver las estrellas volar a mi lado. Justo
encima de la cama hay un tragaluz, la luz de las estrellas ilumina
la habitación oscura. Me quedo ahí por un segundo, saboreando la
sensación mientras dura. Después de un mes entero en ese
asiento de mierda en el Mangoose, merezco un poco de lujo.

Me siento y miro a mi alrededor. El general no tiene demasiadas


pertenencias personales, pero veo una puerta que me llama la
atención. ¿Podría ser…?

Sí.

¡El baño es casi tan grande como su dormitorio! Dudo por un


segundo, pero la perspectiva de tener una ducha caliente es
demasiado buena para dejarla pasar. Ya he llegado hasta aquí,
¡podría ir hasta el final! Me quito toda la ropa y la cuelgo en el
toallero. Con suerte, el vapor sacará algo del hedor de los
Silverback de mi ropa.

Estoy feliz de ver que la ducha no tiene un diseño extraño y


alienígena, sino dos palancas perfectamente normales. Giro el de
la derecha, y estoy empapado en agua gloriosamente caliente. El
cabezal de la ducha es absolutamente enorme - estoy segura de
que pueden caber varios Zoran si el general estuviera inclinado,
así que eso es como diez de mí.
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Extiendo los brazos y giro, disfrutando del agua tibia, mientras


lava todo el estrés. Por un segundo puedo sacudir todas las
preocupaciones de mi mente y disfrutar solo del momento.

Entonces, veo algo azul en la esquina de mi ojo y me detengo en


seco, con los brazos abiertos.

-¿Te estás divirtiendo?-

De pie en la entrada está la figura absolutamente desnuda, y


absolutamente perfecta, del general Zoran. Su piel es azul
celeste, pero un toque de color abajo es lo que realmente llama
mi atención.

La cabeza de su polla es amarilla, como un topacio brillante y


resplandeciente. Su polla también es grande. Larga y gruesa.

Trago el nudo en mi garganta, incapaz de apartar los ojos de su


enorme polla, y todavía sigue creciendo.

Hay un charco caliente en mi bajo vientre e inconscientemente


me lamo el labio inferior.

¿Qué demonios me pasa? Ese es un general Zoran. Estoy mirando


al hombre más peligroso... y más perfecto del universo...
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4
Drax
NECESITO UNA DUCHA CALIENTE.

Vukota me ha estado cuestionando todo el día, peleando conmigo


en cada decisión. Como mi segundo al mando, es al único al que le
permito criticar mis órdenes, pero hay un límite, y está
peligrosamente cerca de alcanzarlo.

Yo tampoco estoy contento de aceptar un cargamento de


autoestopistas. De hecho, es un desastre absoluto. Me está
costando horas de trabajo y recursos que prefiero invertir en la
búsqueda de Bogdan. Y justo cuando todos parecían estar
acomodados, los Terulians y Prymetas convierten mi bodega de
carga en una pelea de bar de algún planeta exterior.

Le he ordenado a Vukota que segregue las diferentes especies.


Lo peor de todo: la hembra humana está desaparecida. Según la
lista del Mongoose, su nombre es Isabella Parker, pero no
contiene más información que esa.

¿Qué está haciendo una mujer humana en este lado de la galaxia?


¿Y por qué, en nombre de Zora, quiere ir a la estación Vortex?
No puedo pensar en un lugar más peligroso en todo el universo
para una mujer humana sola desprotegida. Será vendida como
esclava antes de que abandone los muelles...

Parece que no puedo dejar de pensar en la humana bien formada,


a pesar de las muchas otras preocupaciones que presionan en mi
mente. La extraña viajera debería estar al final de mi lista, pero
ella ocupa cada uno de mis pensamientos.

La forma en que sus ojos azules me miraban tan desafiante... era


como si no temiera a nada.
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Cada criatura en el universo conoce el miedo, y todos los que se


encuentran con nosotros saben que deben temer al Zoran; ¿Cómo
es que está tan tranquila? Ella es un misterio para mí.

Espero que una ducha caliente me libere de estos pensamientos.


Mañana dejaremos a nuestros huéspedes no deseados y
podremos volver a nuestra misión principal.

Entro en mis habitaciones privadas y me quito la armadura de


obsidiana. Debajo de la fina capa de materiales de protección,
estoy desnudo. Prefiero la máxima flexibilidad. El sonido del agua
corriendo llega a mis oídos, y me doy cuenta de que puedo haber
encontrado al polizón. La hembra humana está dando vueltas en
mi ducha, con los brazos abiertos, brindándome una excelente
vista de su cuerpo desnudo y mojado. El agua brilla traslucida en
su piel pálida, deslizándose por sus muchas curvas. Veo cómo se
desliza una gota entre sus pechos redondos y llenos, y siento que
mi polla crece.

Nunca antes había sentido una atracción así, es como si una


fuerza poderosa nos estuviera acercando más.

-¿Te estás divirtiendo?-

Ella deja de girar y me mira con la boca abierta, sus mejillas se


sonrojaron instantáneamente de un rojo brillante. Sus pezones se
endurecen y mis sentidos perceptivos perciben el olor de su
excitación.

La humana se siente atraída por mí.

Sus ojos azules caen hasta mi cintura, fijándose en mi creciente


erección. Le doy un momento para beber de mi forma perfecta.
Su ritmo cardíaco aumenta y su respiración se acelera, ella
quiere aparearse.
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-¿Me estabas esperando?- Pregunto mientras doy un paso


adelante.

La hembra recupera sus sentidos y, para mi consternación, cubre


su cuerpo desnudo con las manos.

-N-no-, balbucea ella. -Yo, yo estaba, uhm, yo estaba...-

Sonrío cuando la veo vacilar ante mi grandeza. No puedo culparla.


Me detengo a un pie de ella, mirándola. Si tuviera que moverme
incluso una pulgada hacia adelante, mi palpitante y dura polla se
rozaría contra ella. Sus ojos están fijos en mi miembro, su boca
abierta.

Le quito un mechón de su cabello rubio dorado de su cara,


pasando mi pulgar por su mejilla. Su piel es cálida y suave.
Agradable.

-Levanta tus manos-, gruño. -Quiero verte.-

Ella me mira, sus grandes ojos azules llenos de miedo, sorpresa y


excitación. Lentamente, una sonrisa se extiende por su hermoso
rostro, y ella mueve sus manos hacia un lado. Al instante, mis
manos se levantan y agarran sus pechos redondos y llenos. Mis
dedos se hunden en su suave piel, y un gemido escapa de sus
labios.

-Suave-, dice ella, la sonrisa maliciosa todavía fija en sus labios. -


Son sensibles-.

Se sienten tan bien en mis manos. Quiero sentirlos en mi boca.

La agarro por su cintura y la levanto sin esfuerzo, para que su


pecho esté al nivel de mi cara. Ella grita de sorpresa, pero sus
manos descansan sobre mis hombros para apoyarse, traicionando
su buena voluntad. Me inclino y chupo su pecho en mi boca, mi
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lengua rodea su pezón rígido. Ella gime y se retuerce bajo mi


hábil lengua, sus uñas clavándose en mi nuca cuando beso un
pecho y luego el otro.

La deslizo hacia abajo, sus piernas se deslizan alrededor de mi


cintura, y mi boca encuentra la de ella. Sus labios son suaves y
cálidos al tacto, y disfruto de la sensación increíble, previamente
desconocida. Nuestras lenguas se entrelazan, y la cabeza de mi
polla roza su montículo.

Nunca me he emparejado, mi vida está dedicada a la caza, y mi


especie se aparea de por vida - pero cada centímetro de mi ser
anhela el placer de estar dentro de la hembra humana. Nunca he
sentido un hambre, una necesidad tan grande.

¿He encontrado a mi compañera de vida?

Me inclino hacia atrás para mirar bien a la hembra. Quiero


saborear el momento, guardarlo en mi memoria. Ella está
jadeando, su pecho subiendo con cada respiración, una mirada
salvaje y lujuriosa en sus ojos azules. Agarro sus muñecas y las
coloco sobre su cabeza con una sola mano, haciendo que su cuerpo
esté completamente disponible para mí.

Mis manos viajan por su cuerpo, desde sus caderas redondas


hasta sus pechos llenos, hasta ¿la... marca brillante en su
muñeca?

-¿Qué es eso?- Pregunto, frunciendo el ceño. Parece familiar,


pero no puedo ubicarlo.

-Oh, mierda-, ella maldice, la mirada lujuriosa en su rostro


desaparece al instante. En cambio, ella se ve petrificada. Se
retira de mi alcance y retrocede unos pasos, con la mano
cubriendo la marca.
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-Eso... no es nada-, dice ella, evitando mi mirada. -Olvídalo.-

Ella se gira para irse, y yo alcanzo y agarro su muñeca.

-Quédate-, gruño. -No he terminado contigo todavía-.

Sus ojos arden contra los míos, pero ahora no hay lujuria ni
miedo, solo ira.

-Ya he terminado contigo-, dice ella, alejándose de mí. -¡Ni


siquiera sé tu nombre!-

-Drax-.

-¿Qué?'

-Mi nombre es Drax-.

-Eso es un comienzo-, dice ella, con los brazos cruzados sobre su


pecho.

No entiendo. Un momento ella estaba lista para aparearse, ¿y


ahora está furiosa conmigo? ¡Humanos!

-Tú eres Isabella Parker-, le digo.

Sus ojos azules se iluminan. -¿Cómo lo supiste? ¿Qué más sabes?-

-Sé cómo se siente tu cuerpo desnudo contra el mío-.

El rubor vuelve a sus pálidas mejillas.

-Sé que quiero más de eso-, gruño, dando otro paso adelante. Veo
que su ira se desvanece de nuevo cuando sus ojos encuentran mi
polla una vez más.

Puede que no entienda completamente a esta hembra humana, con


sus secretos, su extraña marca, su extraño viaje, su repentina
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aparición en mi ducha, desnuda y mojada.... pero sí sé que mi polla


la hipnotiza.

Justo cuando estoy a punto de inclinarme y besarla una vez más,


la comunicación cruje con actividad.

-¿General?-, dice la voz familiar de mi piloto. -Va a querer ver


esto.-
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5
ISA
EL GENERAL DRAX ME SOBREPASA, su enorme polla azul y
amarilla tan cerca que casi me toca. Hace solo unos momentos
sentí que presionaba contra los labios de mi coño. Podía sentir los
poderosos latidos de su polla contra mi clítoris, conduciéndome
hacia la pared. Anhelaba sentirlo dentro de mí, llenándome con su
polla azul.

Es la más grande que he visto en mi vida.

Y parece que no puedo mirar hacia otro lado. Una vena amarilla
corre por su longitud, pulsando de energía, y un destello de
presemen moja la cabeza dorada de su polla. Inconscientemente
me chupo los labios.

¿A qué sabrá una polla Zoran?

Entonces, vio mi maldita marca, y el estado de ánimo se arruinó.


Sus ojos se agrandaron cuando la vio como si reconociera los
extraños símbolos alienígenas, pero a diferencia de cualquier
hombre humano, no me había llamado monstruo.

Sus dedos encuentran mi barbilla, inclinándola hacia arriba,


obligándome a mirar fijamente a sus ojos de colores brillantes.
Se inclina y cierro los ojos, esperando que sus labios firmes
aplasten los míos...

-¿General?- La comunicación cruje. -Va a querer ver esto-.

Drax cuadra sus hombros, con un ceño fruncido formándose en su


fuerte frente. Toca un botón en la pared, abriendo
comunicaciones. -Habla, Sern. ¿Es urgente?-
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-Sí, señor-, responde Sern. -Estoy viendo múltiples objetos no


identificados emerger en el radar, aparentemente de la nada. No
están respondiendo a mi saludo, pero de acuerdo con mis
lecturas, se están preparando para atacar-.

Los labios de Drax forman una línea, todos sus rasgos se tensan.
-Naves furtivas-.

-¿Naves furtivas, señor?- Responde el piloto vacilante. -¿En este


sector? ¿Pensé que sólo nosotros poseíamos esa tecnología?

El general Zoran teclea un código en el panel de la pared y un


claxon fuerte comienza a sonar, las luces en el techo parpadean
en un rojo intenso.

-Espera aquí-, dice.

¡Como el infierno que lo hare!

Se desliza dentro de su armadura de obsidiana fácilmente, el


extraño material se ajusta perfectamente a su musculatura,
como si la hubieran vertido sobre él. Saca un hacha de color
escarchada de un cajón y la desliza en la funda de su cadera.

-¿Qué está pasando?- Le pregunto a Drax mientras me seco y me


visto lo más rápido que puedo, el incesante sonido de la alarma
casi ahoga mi voz.

-Toma esto-, dice Drax, ignorando mi pregunta. Él pone una


pistola de plata en la palma de mis manos. -Si alguien que no sea
yo entra por esa puerta, tú disparas-.

Antes de que tenga la oportunidad de reaccionar, el general


alienígena sale de la habitación, la puerta negra y metálica se
cierra con un chasquido detrás de él. Puedo escuchar
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innumerables pasos que marchan por los pasillos, y mi estómago


cae.

Golpeo mis puños en la puerta, pero es inútil. Vuelvo corriendo al


ascensor que sube aquí, pero la puerta de metal tampoco se
abre. Estoy encerrada aquí.

Me siento en la cama de Drax, sosteniendo la pistola de plata en


mi mano. Apenas pesa nada. Lo mantengo apuntando directamente
a la puerta, respirando profundamente para calmar mis nervios.

Si hay algún lugar en la galaxia que sea seguro, los cuartos


privados de un general Zoran deberían estar en la parte superior
de la lista...

... pero una explosión repentina sacude el nave , y mi sangre corre


fría.

Desearía estar de nuevo en los brazos de Drax.


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6
Drax
-Ponme al día, Sern-.

-Tengo seis fantasmas, señor. Se están acercando rápido-.

-¿Tienes contacto visual?-

-Negativo, señor, pero lo tendré en un minuto-.

Toco mi comunicador, abriendo una línea con Vukota, que está


abajo en el hangar de armas. -¿Estás viendo esto?-

-Sí-, gruñe en mi oído. -¿Quieres que abra fuego?-

-Afirmativo-, le digo. -Disparar torpedos-.

Estoy parado en el puente, detrás de Sern, mirando las lecturas


en la multitud de pantallas frente a mí. Vukota está tratando de
atacar a los naves entrantes, y está fallando.

-Están atacando nuestros objetivos-, ladra en mi auricular. -


¡Imposible!-

Todos los hechos me dicen lo mismo. Estamos luchando contra los


cruceros secretos del Zoran. Los Thundercats.

Nadie más tiene esta tecnología, excepto nosotros. Lo único en el


universo que puede amenazar al Eternity es un escuadrón de
cruzeros furtivos altamente maniobrables, y eso es exactamente
lo que parece estar acercándose a nosotros.

-Sern, ¿siguen rechazando nuestras llamadas?-

-Sí señor. Están a treinta segundos de distancia y nos están


apuntando con sus sistemas de armas-.
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-Vukota, dispara una descarga de torpedos, y luego prepárate


para cambiar al control manual del cañón. Dales con todo lo que
tenemos-.

-Creo que puedo fijarlo-, dice Vukota. -Estoy cerca. Dame cinco
segundos más.-

-No voy a hacer que nos maten a todos porque quieres salvar
unos cuantos torpedos-, dije. -¡Dispáralos todos!-

-Sí, señor-, responde Vukota.

Un momento después, los torpedos son disparados y bañamos al


cielo con fuego nuclear.

-¿Los conseguimos?- Pregunto.

-Negativo-, responde Sern.

Maldigo en voz baja.

-Tenemos contacto visual, señor-, dice Sern.

Desde un punto de vista táctico, no tiene mucho sentido que las


naves se acerquen lo suficiente para que podamos obtener una
lectura visual. Eso los pone al alcance de nuestros cañones,
mientras que lo más probable es que estén equipados con un
montón de armamento de largo alcance.

A menos que planeen abordarnos.

Las pantallas se llenan con imágenes de los naves que caen sobre
nosotros. Para mi sorpresa, no son Thundercats, aunque el diseño
es inquietantemente similar. Sus alas en forma de V están
decoradas con un círculo rojo, con una barra a través de él. El
diseño es descuidado, como si alguien lo hubiera pintado a toda
prisa.
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Es el símbolo del Colmillo Llameante, una organización criminal


bien conocida, aunque no deberían poseer tal poder de fuego. Sus
miembros son exclusivamente Prymetas... de los cuales ya
tenemos una manada al completo a bordo.

Mierda.

-Vukota, adelante,- le digo. -¡¿Vukota?! -

La nave se sacude con una explosión repentina, inclinándonos unos


grados a estribor.

-El sistema de armas está caído. Eso vino de adentro-, dice Sern.
-Los naves no nos golpearon-.

-¡Vukota, adelante!- Grito en mi comunicador.

-Tenemos una situación aquí, Drax-, gime Vukota. Escucho


disparos en el fondo, sobre el sonido de mis hombres gritando.

¿-Los Prymetas-?

-Sí-, dice sin aliento. -Ellos invadieron la armería-.

Vukota tenía razón, esto era una trampa. Tal vez debería haber
confiado en él y dejar que el Mangoose se deslizara por el
espacio... pero nunca hubiera conocido a Isabella. Vukota me
llamará estúpido por haberla armado y dejarla en mi habitación
privada, pero tengo la inquietante sensación o corazonada de que
ella es importante. Más de lo que incluso ella sabe. Ese símbolo en
el interior de su muñeca me resulta extrañamente familiar, pero
no puedo ubicarlo. Está en la punta de mi lengua.

Pero ahora no tengo el lujo de pensar en eso. Estamos siendo


abordados, y mis sistemas de armas están caídos. Si los
invasores toman el puente o la sala de máquinas, el nave será una
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causa perdida. Los Prymetas tendrán acceso a todos los secretos


que los militares Zoran pueden ofrecer: como un buque insignia,
la base de datos de la Eternity contiene información sobre todas
nuestras operaciones, todos los diseños de nuestros naves, todas
nuestras debilidades.

Eso no puede suceder. Ninguna nave Zoran ha sido abordada con


éxito.

No planeo ser el primer general en soportar esa vergüenza.

-¿Puedes llegar a la sala de máquinas?-

-Ya estoy en camino-, responde Vukota.

-Los naves nos están abordando, señor-, dice Sern. -Y estoy


obteniendo lecturas de que hay más de camino. ¡Espere, estoy
recibiendo una transmisión! La estoy conectando, señor.-

Un gran simio de pelo plateado aparece a la vista. Lleva una


armadura de cuero hecha girones y un collar de dientes cuelga
alrededor de su cuello. Una gran cicatriz recorre su ojo
izquierdo. Él gruñe, mostrando sus grandes colmillos, antes de
gruñir algo ininteligible.

Un momento después, el traductor automático transmite su


mensaje.

-Ríndete, Zoran. El poderoso Colmillo Llameante te ha puesto de


rodillas. Ríndete, y quizás te dejare vivir.-

Sern se vuelve hacia mí. -¿Quiere responder, señor?-

Sacudo mi cabeza, mi mandíbula apretada cerrada. -No.-

Saco mi hacha de su funda. Si algún simio planea tomar el puente,


tendrá que hacerlo sobre mi cadáver.
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7
ISA
EL SONIDO de los disparos se acerca cada vez más, y tengo mi
dedo apoyado en el gatillo de la pistola plateada. Mis palmas
están sudorosas, y mi corazón se siente como si estuviera
latiendo dentro de mi garganta.

De repente, las puertas de metal se abren, y aprieto el gatillo tan


rápido como puedo. Una luz blanca y brillante se enciende y el
poder de la explosión me hace caer hacia atrás.

-¿Te parezco un simio?-

Miro hacia arriba para ver a Drax elevándose sobre mí. Está
goteando sangre, su armadura cubierta de marcas de mordidas y
rasguños, su pecho agitado. El tiro que disparé rebotó en su
pecho como si no fuera nada.

-¿A qué te refieres?-, Pregunto. -¿Que está pasando?-

Para responder mi pregunta, un Silverback corre alrededor de la


esquina en sus manos y pies e intenta saltar sobre Drax desde
atrás. Con un rápido movimiento, Drax se gira y planta su hacha
de color plateado en la frente de la bestia. Se desploma al suelo,
muerto.

-Hemos sido abordados-, dice Drax. -Tenemos que evacuar-.

La puerta se cierra detrás de él, y él camina hacia la cama.

-¿Evacuar? ¿Cómo?- Pregunto. No puedo creer lo que estoy


escuchando. El Eternity es el buque insignia de los militares
Zoran, ¿verdad? ¿Cómo es posible que se haya perdido?

Drax llega hasta su mesita de noche y pulsa un interruptor que no


sabía que estaba allí. De repente, la cama redonda se eleva con un
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zumbido, exponiendo un cilindro de metal con una escotilla. ¡La


cama está construida sobre una cápsula de escape!

-Así,- dice Drax, abriendo la escotilla. -Ven.-

Toda la nave se sacude por otra fuerte explosión, esta incluso


más cerca que la anterior. Salto al transbordador y Drax cierra
la escotilla detrás de mí.

Sus dedos llegan a su auricular. -Vukota, estoy en posición-.

Podía escuchar la voz tensa y sin aliento de Vukota incluso desde


donde estoy sentada.

-La tienes, Drax. Ha sido un honor servir a su lado, señor-.

-Igualmente, Vukota. Igualmente. Drax fuera-.

Drax saca el auricular y lo tira tan fuerte al suelo que se rompe.


Presiona un botón rojo al lado de la escotilla, y la cápsula
comienza a retumbar. Una voz femenina y mecánica comienza a
contar.

-Diez segundos para el lanzamiento...-

-Ponte el cinturón-, gruñe Drax.

-Ocho…-

Me muevo con las correas, me tiemblan los dedos. -¿Qué está


pasando?-

-Seis…-

-Vukota está iniciando la autodestrucción-, responde Drax con


frialdad, su voz carente de cualquier emoción. Su rostro esta
inmóvil, como el granito. Su mirada parece atravesarme.

-Cuatro...-
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¡¿Autodestrucción?! ¿Va a volar al Eternity? ¿Cómo…?

-¿Qué pasa con los demás?- Pregunto.

-Dos…-

Los ojos de Drax encuentran los míos, pero sus ojos son como el
hielo.

-No hay supervivientes-.

-Ignición-.
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DRAX
Nos lanzamos desde el Eternity con una fuerza enorme. El
tragaluz sobre mi cama se ha abierto, expulsando todas mis
pertenencias personales en el vacío del espacio, a raíz de nuestra
apresurada salida. Echo un vistazo a una pequeña ventanilla al
lado de la lanzadera, echando una última mirada a la grandeza del
Eternity.

-Adiós-, digo en voz baja.

Un segundo después, todo el cielo se ilumina con un destello


brillante y deslumbrante, mientras los motores gigantescos se
sobrecargan y explotan.

Matando a todos a bordo al instante.

Descanso mi cabeza en mis manos, mi conversación con Vukota


jugando en mi mente una y otra vez.

-No podemos retenerlos, ¡tienes que evacuar!-

-¡No te voy a dejar atrás!-

-Drax! ¡Escúchame! ¡Perdimos! ¡Da la orden !-

-Yo...- Por primera vez en todo el tiempo que había estado al


mando, dudé. Sabía que Vukota tenía razón. Sabía que tenía que
dar la orden. Sacrificaría a toda mi tripulación, y a la nave , para
mantenerla fuera de alcanze de nuestros enemigos. Siempre he
sabido que eso era una posibilidad... pero dar esa orden es la
decisión más difícil de mi vida.

-... hazlo, Vukota-.

-Lo tienes.-
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Corrí hacia la cápsula de escape en mis aposentos privados, Sern


a mi lado, el combate a corta distancia que tenía lugar en todos
los niveles de mi nave. Los cazas de los Prymetas ya habían
destruido todas las cápsulas de escape normales, excepto la
secreta, atrapando a mi tripulación a bordo. Una de las bestias
llegó a Sern, atacándolo por detrás. Le rompieron el cuello antes
de que me diera la vuelta.

General Drax. El primer general Zoran en perder una nave


acorazada. Y ni siquiera tuve la decencia de hundirme con mi
nave.

Miro hacia arriba para ver a la mujer humana mirarme, con los
ojos bien abiertos y la mano delante de su boca.

-Lo siento mucho-, dice ella. -Toda esa gente...-

-Tenía que hacerse-, le respondo.

Espero que eso sea verdad.

-¿Estamos a salvo?-

Asiento con la cabeza. -Esta cápsula de escape está equipada con


tecnología de encubrimiento. En lo que respecta a sus lecturas,
somos solo otra pieza de escombros arrojados por la explosión.
Estamos a salvo.-

-¿Qué... qué pasó?- Pregunta ella.

Ojalá lo supiera.

Me levanto y bajo por la escotilla. Esta lanzadera tiene cuatro


niveles diferentes: podría albergar a un escuadrón, si fuera
necesario. Ahora solo somos yo y la humana. Me sirvo un cuhla y
lo bebo de un sólo trago. Y otro. Y otro.
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La humana me sigue, y le doy un vaso.

-Bebe.-

Ella lo huele, y hace una mueca como si un Ygg acabara de orinar


en el vaso.

-Por nuestros camaradas caídos-.

Chocamos nuestras copas, y ella vacilante toma un pequeño sorbo,


solo para escupirlo un momento después. Sonrió, para mi propia
sorpresa.

-Bueno, ¿eh?-

Se limpia la boca, escupiendo. -Ugh! ¡Eso es lo más desagradable


que he probado! -

-Entonces aun no has probado nada-, le respondo, tomando otro


trago de la bebida picante, negro azabache antes de estrellarla
contra la mesa.

-Entonces, Isabella Parker. ¿Te importa explicar por qué estabas


en una nave llena de miembros de Colmillos Llameantes? -, Digo.

-¿Qué?-, dice ella. -¿Me estás acusando?-

-No te estoy acusando, sólo estoy exponiendo los hechos. Acabo


de perder mi nave por Prymetas, que estaban en el Mangoose. Al
igual que tú. ¿Qué hacías a bordo?-

Ella evita mi mirada inquisitiva, sus dedos jugueteando con las


mangas de su chaleco. Su marca. Es excelente ocultándola, pero
recuerdo lo que vi. Un triángulo ardía en su muñeca, brillando
intensamente.
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-Me dirijo a la estación Vortex-, dice ella, su voz apenas un


susurro. -Eso es todo.-

-Acabas de presenciar la mayor pérdida de la flota militar Zoran


en toda su historia-, digo yo. -Necesito una respuesta mejor que
esa.-

-¿Cómo sé que puedo confiar en ti?-

-Acabo de salvarte la vida-, gruño, mi puño golpeando la mesa. -


Toda mi tripulación está muerta. Vukota, Sern, Zyn, y cientos
más. Todos ellos. Desaparecidos. Muertos. Tomado por un grupo
de simios que de repente poseen suficiente potencia de fuego
para derribar una nave acorazada. Y en medio de todo esto
encuentro a una hembra humana, a años luz de casa, ¡¿que ni
siquiera me dice qué demonios está haciendo ahí?! No. No puedes
elegir si confías en mí. Demasiados hombres han pagado el precio.
Algo está pasando, y sabes más de lo que dices. Vas a decirme
todo lo que sabes ahora mismo, o puedes pasar el resto del viaje
encerrada-.

Isabella se levanta de su asiento.

-No-, dice ella.


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9
ISA
-NO. No puedes hablarme así, Drax. Te agradezco que hayas
salvado mi vida, pero no soy tu prisionera-.

Mis puños están cerrados, la marca en mi muñeca arde. Cada vez


que me pongo sentimental, estalla. Las lágrimas brotan de mis
ojos, pero las empujo hacia atrás. No estoy llorando frente al
general Zoran.

-Lo siento por tu pérdida, de verdad que sí, pero no tuve nada
que ver con ello. Estaba en el lugar equivocado en el momento
equivocado, nada más-.

Drax se levanta y su pecho choca contra el mío. Él me mira con


una mirada de acero.

-¿Es eso cierto?- Él gruñe, su voz baja. Está de pie tan cerca que
su aliento hace cosquillas en mis oídos, el aroma picante del cuhla
persistente en el aire.

-Sí-, le digo, apoyando mi mano en su amplio pecho. Puedo sentir


su corazón latiendo a través de la delgada armadura, y eso me
tranquiliza. -¿Cómo puedes pedirme que confíe en ti si no confías
en mí?-

Cubre mi mano con la suya, nuestros dedos entrelazados.

-Nadie me ha hablado así-, dice. Parece que hay más admiración


que ira en su voz en este punto.

-Bueno, no me habías conocido todavía-.

Las esquinas de sus gruesos labios se curvan hacia arriba en una


sonrisa que llega hasta sus ojos color del girasol. ¿Estoy ganando
al gran alien azul?
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-Si establezco un curso para la estación Vortex, ¿hablarás


conmigo?-

Mi corazón palpita de esperanza. -¿Podemos estar allí en cuatro


semanas?-

Drax se ríe. -Mucho más rápido-, dice. -Los Prymetas que nos
atacaron eran miembros del Colmillo Llameante, uno de los
muchos grupos criminales que operan desde la Estación Vortex.
Voy a buscar respuestas-.

Me muerdo el labio inferior. -¿No deberías... pedir ayuda, o algo


así?-

Los ojos de Drax pierden su calor. -No-, dice resueltamente. -No


me enfrentaré a otro Zoran hasta que personalmente haya hecho
caer al Colmillo de rodillas. La vergüenza es demasiado grande-.

Gira mi muñeca, su mano alzando mi manga hacia arriba,


exponiendo mi marca a él. Intento alejarme, pero su agarre es
demasiado firme. Estudia la marca en forma de triángulo,
levantando las cejas.

-Ahora, dime qué es esto y por qué ibas a Vortex-.

Tiro de mi brazo hacia atrás y me siento, cruzando mis brazos.


Odio cuando la gente mira mi marca, me siento cohibida. Fea.
Odiada. Demasiados malos recuerdos... Y cuando la tocan, es aún
peor. Tengo este dolor de cabeza que me rompe la mente, al
instante. Es por eso que no he dejado entrar a ningún hombre en
mi vida durante años... pero tal vez debería confiar en Drax. Él
me salvó la vida después de todo, y me vendría bien un aliado en
Vortex. Todavía no tengo idea a lo que me estaré enfrentando
allí. Incluso podría ser capaz de ayudar a descifrar el mensaje
que recibí.
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-Está bien-, le digo. -Te diré. Pero necesitaré una bebida. Nunca
he... nunca le he dicho a nadie-.

Drax agarra una botella de cuhla, y me estremezco.

-¿Tienes algo menos... vil?-

El guerrero alienígena sonríe. -No-, dice. -Es lo que beben los


guerreros-.

Oh hombre. ¿Qué pasa con un buen vino blanco? ¿Por qué los
extraterrestres no pueden beber eso?

Empujo mi copa hacia el guerrero zoran. -Bien. Llénalo.-

Agito el líquido negro en mi vaso mientras busco las palabras


correctas. Ni siquiera sé por dónde empezar sin contarle la
historia de toda mi vida. Drax espera pacientemente, sus ojos
fijos en mí.

-Sucedió cuando yo era un niña-, comienzo. -No sé cuántos años


tenía. ¿Dos? ¿Tres? No importa. Ellos se llevaron a mis padres-.

-¿Ellos?-

-Extraterrestres. No sé quién, ni por qué. Sólo recuerdo una luz


brillante, figuras esbeltas, mis padres gritando. Lo siguiente que
recuerdo es que vivía en un orfanato-.

Tomo un trago de mi bebida, el líquido arde hasta el fondo. El


calor se extiende a través de mí, disminuyendo un poco mi
ansiedad.

-Esto fue antes de que incluso hiciéramos el primer contacto.


Nadie sabía que no estábamos solos en el universo. Nadie me
creyó. Ellos pensaron... pensaron que yo estaba loca-.
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No puedo evitar resoplar ante el absurdo de decirle a un


guerrero general alienígena que me molestaron por creer en los
extraterrestres toda mi vida.

-Me mudé de un hogar de acogida a otro. Nadie quería a la niña


loca de las extrañas cicatrices-.

Inconscientemente mi mano descansa en mi muñeca, ocultando la


marca. Lo he estado haciendo toda mi vida; Es una segunda
naturaleza para mí. Pero esta vez levanto mi manga,
mostrándoselo a Drax.

-Yo tampoco sé lo que es-, le digo. -Todo lo que sé es que a veces


brilla, y cuando alguien lo toca, duele como el infierno, así que por
favor no lo hagas. Creo que tiene algo que ver con el secuestro.
Por eso voy a Vortex. He estado buscando respuestas durante
toda mi vida, y hace medio año recibí un extraño mensaje
encriptado. Fue enviado directamente a mi datapad desde algún
servidor externo, redirigido lo suficiente como para que no
pudiera rastrear la señal. Casi lo borro, pensando que solo era
basura, pero algo me detuvo. Lo pase a través de algunos
programas por una corazonada, y encontré una imagen de un
símbolo. El mismo en mi muñeca. Junto con mi nombre y las
coordenadas de la estación Vortex-.

Respiro hondo, echando haciendo fondo blanco con el resto de mi


cuhla.

Todavía puedo ver perfectamente la cara enojada de Barb


cuando le conté mi plan. Su cara estaba tan roja como sus rizos.
¡¿Vas a ir a dónde?! ¡¿Estás loca de remate?! A pesar de las
súplicas y gritos de mi mejor amigo, dejé la Tierra. Tuve que
hacerlo.
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Espero que ella esté bien.

Respiro profundamente, mis palmas sudorosas. Lo hice. Confié en


otro ser humano, bueno, Zoran en este caso, con mis mayores
secretos. Sólo Barb me ha apoyado, así que me pregunto cuánto
tardará en dejarme.

-Eso es todo-, le digo. -Eso es todo lo que sé. Te dije que no iba a
ser de mucha ayuda-.

Drax se inclina hacia adelante, tomando mis manos en sus


grandes y enormes palmas. Sus manos son al menos el doble del
tamaño de las mías, si no más. Nuestros dedos se entrelazan, y él
sostiene mis manos con fuerza.

-Lamento lo que te pasó, Isabella Parker.-

-Llámame Isa-.

-Isa.-

No puedo reprimir una sonrisa. Los Zoran se lo toman todo tan


literalmente, es un bienvenido descanso de la sociedad humana,
donde todo se siente en una niebla de intenciones ocultas. Con
Drax, lo que ves es lo que obtienes: Un gigante, testarudo,
ferozmente protector, alienígena de color azul celeste, con un
cuerpo por el que morir.

-Puedo pasar el mensaje a través de la computadora de la nave, si


lo deseas-, ofrece. -Estoy seguro de que descifrará cualquier
encriptación que haya. Podría decirnos con qué estamos tratando-
.

-Eso estaría bien. ¿Crees.... crees que todo está conectado? Mi


mensaje, el Colmillo Ardiente, ¿todo?-
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Drax asiente con decisión. -Algo está pasando-, dice. -Algo no


está bien. No sé cómo ni por qué, pero estaremos llegando al
fondo de esto-.

Su mano aprieta mi mano.

-Juntos.-

Un calor se extiende a través de mí. En un día, Drax ha pasado de


mi captor, a mi casi amante, a mi salvador, a mi amigo. Quizás
ahora, que estamos solos, podemos rectificar lo parte de -casi -.

Me gustaría eso. Mucho.


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10
DRAX
-DEBES PERMITIRME limpiar tus heridas-.

Trazo un curso para la estación Vortex e introduje el mensaje


cifrado de Isa a la computadora. Esperaba que la computadora
escupiera las respuestas en un nanosegundo, pero para mi
sorpresa, me está diciendo que podría llevar todo el día. El hecho
de que Isa lograra descifrar partes de ello usando solo sus
herramientas humanas es nada menos que extraordinario.

Me encojo de hombros, mirando hacia abajo a mi armadura


abollada. Todavía hay marcas de mordida de Prymetas en mis
brazos y rasguños en la espalda, pero en unos días volverá a su
forma original.

-No es nada-, le digo.

-Esto no es nada-, responde Isa. -¡Todavía estás sangrando!-

La hembra humana es testaruda. Estoy acostumbrado a que mis


órdenes sean obedecidas sin cuestionar, ¿pero ella? Ella tiene
una mente propia.

Y, para mi sorpresa, disfruto de nuestras discusiones.

-Sabes que me lesiono más que esto en el entrenamiento todos


los días, ¿verdad?-

-¡No me importa! Quítatelo para que pueda ayudar -, responde la


hembra humana, colocando un botiquín sobre la mesa de la cocina.

-Bien,- gruño. -Si insistes-. Agarro mi armadura y la arranco de


mi cuerpo con un tirón, el material cede instantáneamente.
Debajo, estoy totalmente desnudo. Los ojos de Isa se abren
mientras bebe de mi gloriosa forma una vez más.
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-¿C… cómo?- Ella tartamudea.

-¿Esto? Es un semilíquido-, le digo mientras lo tiro sobre una


silla. -Proporciona la máxima flexibilidad. Mientras esté en mi
cuerpo, es casi impenetrable, pero si lo quiero fuera, bueno... -

Los ojos azules de Isa viajan por mi cuerpo, desde mis anchos
hombros y mi estómago cincelado hasta mi polla. Ella toma una
respiración cuando me ve crecer duro.

Ah sí, mi polla. Casi había olvidado el poder hipnotizador que


tenía sobre la hembra humana.

-S-sí, bueno, siéntate, ¿por favor?- pide Isa.

Yo no puedo evitar sonreir. Su actitud rebelde se derrite como la


nieve bajo el sol cuando está cara a cara con mi miembro.
Debería haberme quitado la armadura hace horas.

-Esta fue una buena idea-, digo, estirando los brazos por encima
de mi cabeza. -Esto se siente mucho mejor-.

Isa da palmaditas en la silla, sus mejillas arden tan rojas como el


sol. Me siento, estirando mis piernas, mi polla cuelga libremente
entre ellas. Sin decir una palabra, toma un paño y comienza a
limpiar mis heridas, sus ojos no dejan mi cuerpo esculpido ni por
un segundo.

Tiro la cabeza hacia atrás y casi cierro los ojos, observándola


trabajar a través de las rendijas. Su cabello huele a flores, y su
toque me calma. El estrés de mi misión y la vergüenza de mi
derrota desaparecen, y me permito disfrutar del momento.

-Voy a aplicar el medi-gel ahora-, dice ella mientras echa el


líquido en la palma de sus manos. -Esto podría estar frío-.
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Asiento, y ella aplica el gel transparente directamente sobre mis


bíceps. Hay un indicio de una sonrisa en su rostro cuando sus
manos se mueven a través de mis músculos, untando el gel. Su
toque es cálido, y cada caricia envía una descarga de electricidad
directamente a través de mi cuerpo, hasta mi polla.

Ahora ha alcanzado su dureza total, subiendo y bajando a medida


que mi sangre se precipita a través de ella. Una gota de pre-
semen se ha formado en la parte superior.

La boca de Isa se abre mientras arrastra sus manos hacia mi


pecho, las puntas de sus dedos se detienen en mi abdomen. Su
lengua moja sus labios, sus orejas brillan de un rojo brillante. Su
respiración es superficial, sus pezones duros y puedo oler su
humedad.

Ella me desea.

Sin embargo, justo cuando pensé que estaba en control total, ella
me sorprende una vez más.

Sin decir una palabra, se inclina y planta un beso justo en la


cabeza amarilla brillante de mi polla.

-¿Qué estás haciendo?- Pregunto.

Isa lame sus labios, una amplia sonrisa de oreja a oreja fija en su
cara.

-Melocotón-, dice ella.

-¿Qué?-

-Melocotón. Eso es a lo que sabe tu polla. Tenía curiosidad.-

-¿Qué es el melocotón?- Pregunto.


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Ella sonríe. -Es delicioso.-

Ella se inclina hacia abajo, abriendo su boca y envolviendo sus


labios alrededor de la cabeza de mi polla. Su lengua se
contorsiona, rodea la cabeza, toca la hendidura en la parte
superior y un placer previamente desconocido para mí recorre
mis venas.

-No puedo procrear contigo de esta manera-, gimo. Quiero que se


detenga antes de derramar mi semilla, pero el sentimiento es
demasiado fuerte.

-Sabes tan bien-, dice ella, su voz vibrando contra mi polla. -


Podría chuparte todo el día-.

Mis manos encuentran su cabello, mis rodillas se doblan y mi polla


se desliza más abajo por la garganta de la hembra humana. Un
gemido bajo y animal deja mis labios mientras Isa sube y baja su
cabeza por mi polla.

La humana está llena de sorpresas. No tenía idea de que su boca


pudiera hacerme sentir así.

Su mano derecha trabaja mi eje mientras que la izquierda ahueca


mis bolas. Apenas caben en su pequeña mano, pero su agarre se
siente maravilloso. Tan maravilloso que apenas puedo aguantar.

-Para,- gruño.

Isa me mira, su labio inferior aún presionado contra la cabeza de


mi polla, una hebra de saliva que nos conecta a ambos.

-No debería derramar mi semilla-, le digo con un fuerte suspiro.


Me levanto de mi asiento, la tiro sobre la mesa y le arranco la
ropa.
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-Voy a procrear contigo-.


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11
ISA
DRAX SE ELEVA sobre mí con su cuerpo azul celeste. Lo miro,
absorta, desde sus fuertes tobillos y poderosos muslos hasta sus
anchos hombros, su mandíbula cincelada y su mirada penetrante.

Y luego de vuelta a su enorme polla.

Es tan azul como él, pero las venas largas y palpitantes que
recorren su longitud son tan amarillas como el sol. La cabeza de
su polla, brillante con mi saliva, está aún más brillante, como una
joya perfecta.

Voy a procrear contigo.

Él realmente dijo eso. No solo va a joderme con esa gran polla


azul, va a procrear. Hay algo tan tabú, tan prohibido, tan caliente
al respecto. Mis entrañas lo anhelan, mis muslos ya empapados
con mi propia humedad.

Estoy desnuda, lista y esperándolo, acostada en la mesa. Sus ojos


arden con lujuria, su polla palpita. No sé si puedo soportarlo todo,
pero lo intentaré.

El guerrero alienígena toma mis rodillas y las empuja hacia mi


pecho, dejandome completamente expuesta para él. En lugar de
separar mis piernas y entrar en mí, él baja la cabeza,
arrastrando sus dientes por mis muslos.

Para mi vergüenza él inhala el olor de mi coño.

-¿Q... qué estás haciendo?- Pregunto, mis mejillas ardiendo de un


rojo brillante.

-¿Melocotón?- Sonríe.
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-No tengo sabor a melocotón-.

Pasa su lengua a lo largo de mi abertura y un gemido


desenfrenado escapa de mis labios.

-Sabes dulce-, dice, con una sonrisa arrogante en su rostro


cincelado. -Me encanta tu olor-.

Se sumerge nuevamente, su lengua se desliza a través de mis


labios, entrando en mí, empujando dentro de mí lo más lejos
posible. Ningún hombre me ha dicho que amaba mi aroma antes, y
me encanta.

-Y tu gusto-, gruñe, sus labios se mueven sobre mí, chupándome,


lamiéndome, saboreándome. Él me mira con sus ojos amarillos, sus
grandes manos azules que sostienen mis muslos, mi culo,
apretándome.

Su boca encuentra mi clítoris y me estremezco, moviendo mis


caderas hacia arriba. Nunca he sentido un placer como este.
Chupa mi hinchado y palpitante clítoris, cada movimiento de su
lengua me acerca más y más al clímax.

Sacudo mis caderas mientras mi orgasmo me consume. El mundo a


mí alrededor desaparece, no hay nada más que él y yo. El gran
extraterrestre azul es mi mundo. Cierro los ojos y me muerdo la
lengua para no gritar cuando el éxtasis puro recorre por mis
venas.

Cuando abro los ojos de nuevo, encuentro a Drax sonriéndome


entre mis piernas. Él coloca otro beso mojado, con la boca
abierta en mi clítoris, y tiemblo. Intento alejarme, la sensación
es demasiado abrumadora, pero no me deja. Sus fuertes manos
me mantienen inmovilizada, y su maravillosa lengua se dobla hacia
abajo.
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Puedo sentir mi clítoris latiendo como un corazón, y cuando la


boca de Drax lo envuelve, otra ola de felicidad se estrella contra
mí y pierdo todo el control.

-Por favor-, gimo, mi voz baja y ronca. -Por favor.-

-¿Por favor qué?- Drax gruñe, su voz retumbando contra mi


clítoris.

-Por favor, follame-, gimo.

El guerrero azul se levanta, mis piernas se deslizan alrededor de


su cintura. Siento el calor proveniente de su piel, y quiero
sentirlo por todo mi cuerpo. Me acerco a él y él agarra mis
brazos, sin esfuerzo me levanta, sus brazos se deslizan
alrededor de mi cintura, abrazándome.

Mi boca encuentra su clavícula, y suavemente lo muerdo mientras


sus manos encuentran mi culo, y su polla encuentra la entrada a
mi coño mojado.

Un empujón más tarde y él está dentro de mí. Su dureza me


llena, cada empuje de sus caderas enviando su polla más
profunda, pulgada tras pulgada, hasta que está completamente
dentro de mí.

Cada pulgada de su dura, dura como una roca, azul y amarilla polla
de guerrero.

Nunca he sentido algo como esto. Nunca. Drax es mi dueño, en


cuerpo y alma. Él sabe exactamente qué hacer, cómo moverse,
cómo empujar, cómo gruñir, morder y mirarme como si fuera
suya. ¡Empuja todos mis botones, incluso los que no sabía que
tenía!
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He tenido relaciones sexuales antes en la Tierra, pero no se


puede comparar. El guerrero Zoran tiene sus grandes manos
sobre mi culo, levantándome arriba y abajo de su inmenso eje,
golpeando su polla contra mí repetidamente. Todo lo que puedo
hacer es rodar mi cabeza hacia atrás y gemir con todo mientras
me golpea con todo lo que tiene.

¿Cuáles fueron sus palabras de nuevo?

Voy a procrear contigo.

Sí. Sí. Procrea con migo. Engendra conmigo, gran alienígena azul.
¡Hazme tuya!

-F… follame-, gimo, las palmas de mis manos descansando en su


enorme y en bien formado pecho. Me siento liviana mientras me
folla, y es increíble. Su polla golpea justo el lugar correcto, una y
otra vez, y siento que los dedos de mis pies se doblan cuando se
construye otro orgasmo.

-Voy a criar contigo-, gruñe en mi oído, su aliento caliente me


hace cosquillas. -Eres mía, Isa-.

-¡Sí!- Grito. Mis manos vuelan alrededor de su cuello y mi boca


encuentra la suya, nuestras lenguas se entrelazan, cuando siento
que su polla se hincha dentro de mí. -¡Yo… yo soy tuya! ¡Hazlo,
lléname! -

Los labios de Drax se elevan en esa irresistible y arrogante


sonrisa. La que nunca podré olvidar. La que hace que me
humedezca con solo mirarlo. Sus ojos del color del atardecer
están llenos de pura lujuria, solo por mí y para mí.
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Gruñe en mi boca, un sonido bajo, animal, y sus dedos se hunden


más en mi piel mientras acelera sus empujes aún más. Él golpea su
gran polla contra mí, las sensaciones abruman todos mis sentidos.

-¡S… sí!- Gimo lujuriosamente, otro orgasmo se cierne sobre mi. -


¡SÍ!-

Drax deja escapar un gruñido furioso mientras explota dentro de


mí, su carga caliente me llena. Siento que su calor se extiende
por todo mi núcleo, y mi propio orgasmo le sigue
instantáneamente, la dicha recorre cada una de mis venas, desde
mi clítoris hasta mis dedos enroscados y mis orejas al rojo vivo.

El guerrero Zoran sigue disparando, un viril, potente disparo tras


otro. Cada uno envía ondas de placer a través de todo mi cuerpo,
hasta que lo único que veo son las estrellas.

Cuando abro los ojos de nuevo un minuto después, veo que Drax
nos ha llevado a su cama, y estoy acostada sobre su pecho, su
polla todavía dentro de mí, tan dura como siempre. Perfecto. No
quiero moverme nunca.

Cierro los ojos, el latido de su corazón me adormece es el mejor


sueño de mi vida.
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12
DRAX
EL PITITO INCESANTE de la nave me despierta de mi sueño.
La cabeza de Isa descansa sobre mi pecho desnudo, y paso mis
dedos por su suave y dorado cabello. Siento su aliento contra mí,
sus suaves piernas aún enredadas con las mías.

Beso la parte superior de su cabeza, bebiendo en su maravilloso


aroma. Nunca me había sentido así antes. Tan conectado. Así
tan... en paz. Ella es mi compañera. Mi mano se desliza por su
espalda, ahuecando las mejillas de su culo.

A estas alturas, ya está embarazada de mi hijo. No tengo ninguna


duda al respecto. Lo siento en mis huesos.

Nunca pensé que iba a aparearme, y ciertamente no con una


humana. Me he dedicado al Imperio Zoran. Puse mi propia vida en
juego, día tras día, para que mi gente esté a salvo. Ahora, en un
abrir y cerrar de ojos, eso ha cambiado.

Todavía sirvo a mi gente, pero nada es más importante para mí


que Isa y nuestro hijo por nacer. Moriría por ella. Se siente como
si una bestia dentro de mí se hubiera despertado, y es
ferozmente protectora.

El pitito continúa. Sé que tengo que comprobarlo, pero quiero


disfrutar de este sentimiento solo un momento más. Isa cambia
su peso, acariciando mi pecho, y mi polla se mueve.

-Buenos días-, le digo, mordisqueando su oreja izquierda.

-Mmmhm-, gime ella. -¿Ya es de mañana?-

-Eso depende-, le digo. -Estamos en el espacio, por lo que puede


ser en cualquier momento del día que quieras-.
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-¿Así que puedo dormir para siempre?-

Yo sonrió. -Si eso es lo que quieres, entonces sí-.

-Eso es lo que quiero-, dice ella, estirándose. Sus manos se


deslizan sobre mi pecho y brazos, descansando sobre mis fuertes
bíceps. -Eres una cama bastante buena, ¿lo sabías?-

-Eres una manta fina-, respondo, mis manos cavando en su piel


suave y cálida.

Ella se agacha, pasando su pulgar a lo largo de mi polla


endurecida. -Puedo sentir esto-, dice ella con una sonrisa. Sus
dedos rodean mi longitud, apenas lográndolo. Es un milagro que
encaje dentro de ella tan bien como lo hago, pero nuestros
cuerpos se sienten hechos el uno para el otro.

Gimo mientras ella acaricia mi longitud, despertando


completamente a mi bestia interior. No hay nada que quiera
hacer más que deslizar mi polla en su entrada cálida y húmeda...
pero realmente debería revisar la computadora del nave .

-Mantén ese pensamiento-, le digo mientras saco a Isa


suavemente de mi cuerpo desnudo y me levanto de la cama.

Ella gime juguetonamente, tratando de alcanzarme.

Estiro mis brazos sobre mi cabeza. Cuando abro los ojos de


nuevo, encuentro que Isa me está mirando, con una sonrisa
desconcertada en sus labios.

-¿Qué?- Pregunto.

-No actúes como si no lo supieras-, dice ella.

-¿Saber qué?-
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Ella pone los ojos en blanco. -Que eres perfecto-.

-Mira quien habla-, le digo. Me resulta imposible apartar los ojos


de su belleza. Desde los hoyuelos en sus mejillas hasta las pecas
en su nariz, desde sus pechos redondos y grandes, hasta sus
caderas curvas y asombrosas, aprecio cada parte de ella.

Ella frota su espalda sobre la suave cama, ronroneando como un


gatito. -Vuelve-, ella arrulla. -Hace frío sin ti-.

-Sólo un segundo-, le digo. Subo la escalera de la nave hasta el


piso superior, donde están los controles principales, los pititos
agudos se hacen más fuertes a medida que me acerco. -¿Por qué
arruinaste un momento perfectamente bueno, lanzadera?-

DESCIFRADO COMPLETO.

-Isa-, rujo. -¡La computadora descifro tu mensaje!-

Ella sube la escalera más rápido de lo que sabía que los humanos
podían moverse. En un instante, ella está de pie detrás de mí,
completamente desnuda, inclinada sobre mi hombro. El
transbordador solo tiene un asiento en la cabina, por lo que no
puede ver la pantalla muy bien.

-¿Qué dice?-

Agarro su cintura y la levanto sobre mi regazo para que podamos


leer juntos el mensaje. Envuelvo mis brazos alrededor de su
cintura mientras beso la parte posterior de su cuello. Sus ojos
recorren la pantalla, y siento que su corazón se acelera.

ISABELLA PARKER. ESTACION DE VORTEX. NIVEL 42, 4to


CUADRANTE, # 183.

NO SE LO DIGAS A NADIE.
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N.

Ella lee el mensaje una y otra vez. -Eso es... ¿eso es todo?-
Pregunta ella, sonando desanimada.

-Eso es todo.-

-Eso no puede ser correcto-, dice ella. -Hay más. Tiene que haber
más. ¡El archivo tenia megabytes de datos!

-Todo era interferencia para ocultar el mensaje-, le respondo. -


Esta es la única información, confía en mí-.

Ella se da vuelta, sus ojos azules ardiendo de ira. Su dedo pincha


mi pecho, sus mejillas se sonrojaron. -¡Debes haber cometido un
error! ¡Tiene que haber más! No puedo... yo... pensé que
finalmente obtendría algunas respuestas... -

La ira se filtra fuera de ella, y es reemplazada por el dolor.


Agarro sus muñecas, doblando mis dedos alrededor de ellas,
asegurándome de no tocar su marca. -Encontraremos a este 'N',
Isa, confía en mí. Te conseguiremos todo lo que buscas. Una vez
que lleguemos a la estación Vortex, obtendremos todas nuestras
respuestas-.
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13
ISA
DRAX me mece sobre su regazo, sus grandes y azules brazos se
envuelven a mí alrededor como una cuna. Por primera vez en mi
vida, dejé libres mis emociones. Las lágrimas corren por mis
mejillas, goteando en el tenso pecho de Drax.

Cuando recibí ese extraño mensaje, pensé que sabía con certeza
que contenía algunas respuestas, algunos indicios de mi propia
historia, pero en cambio, todo lo que recibí fue una dirección y
más preguntas. ¿Quién es N? ¿Por qué no le puedo decir a nadie?
¿Estoy involucrada de alguna manera en alguna conspiración
intergaláctica?

¿Por qué no pude haber crecido con mis padres? ¿Por qué no
puedo tener una vida normal? Estas preguntas no son nada
nuevas; Me he estado preguntando lo mismo toda mi vida. Pero en
este momento estas preguntas son más fuertes y más
prominentes en mi mente de lo que han sido en mucho tiempo.
Quizás porque, por un tiempo, pensé que estaba tan cerca de las
respuestas.

La mano de Drax recorre mi espalda, sus dedos haciendo


pequeños círculos en mi piel desnuda. La nave está fría, pero su
cuerpo está caliente, y acaricia mi pecho contra él. El sonido de
sus latidos me tranquiliza.

Soy cautelosa al confiar en la gente -y especialmente en los


extraterrestres, con mis padres secuestrados y todo eso-, pero
hay algo en el guerrero Zoran que me tranquiliza. Cuando habla,
siento que dice la verdad. No hay intenciones ocultas, ni
significados ocultos. Él habla desde su corazón.
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Incluso si esta búsqueda no me lleva a ninguna parte, todavía


estoy agradecida por el mensaje porque me entregó en sus
fuertes brazos azules.

-¿Por qué eres tan amable conmigo?- Pregunto, mirando sus ojos
de colores brillantes.

Los labios de Drax se curvan en una sonrisa. -¿De qué estás


hablando?-, Dice. -Tú eres mi compañera. Es mi deber
protegerte-.

-¿Qué quieres decir exactamente cuando dices 'compañera'?-

Mis gran azul alienígena sonríe. -Significa que eres mía, y yo soy
tuyo. Significa que lucharé y moriré por ti. Significa que somos
uno-.

-Pero soy solo una humana-, le digo. -Tu tipo es más grande, más
fuerte, más rápido...-

Me calla con un beso. -No hay nadie con quien prefiera estar que
tú, Isa-, dice.

Y yo le creo.

Por primera vez en mi vida, siento que pertenezco a algún lugar.

Es solo mi suerte que ese lugar esté en un transbordador en el


espacio, probablemente siendo perseguidos por una manada de
gorilas Silverback extraterrestres que intentan matarnos, y nos
dirigimos directamente a su cuartel general...

Me siento culpable. Aquí estoy, sintiéndome miserable por mi


infancia, mientras que Drax perdió ayer a toda su tripulación.
¡Debería ser yo quien lo consuele!

-¿Estás... estás bien?-, Pregunto.


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Drax levanta las cejas, como si la pregunta en sí fuera ridícula.

-¿Qué quieres decir?-

-Ya sabes-, le digo. -Has pasado por mucho. ¿Quieres hablar


acerca de ello?-

-¿Hablar acerca de qué?-

-Tus emociones-.

El sacude la cabeza -Esa no es la manera Zoran-.

-Bueno, es la forma humana-, le digo. -Quiero que hables


conmigo-.

-No.-

-¿No?-

-No.-

-Si vamos a ser compañeros, quiero que confíes en mí-, le digo. -


Tienes sentimientos. ¡Exprésalos!-

-Somos compañeros-, gruñe Drax. -Y es mi deber protegerte a ti,


no al revés-.

Mis ojos se ensanchan. -¿Así es como ves esto?- Pregunto. Me


levanto de su regazo y doblo mis brazos sobre mi pecho. Trata de
alcanzar mis caderas, pero retrocedo un paso, mi trasero
presionando la palanca de control de la nave.

-Me gustas, Drax, pero no necesito tu protección-, le digo. -Me


he cuidado toda mi vida y no tengo la intención de ser tu trofeo...
compañera o lo que sea-.

Sus ojos amarillos primero se llenan de sorpresa, y luego de ira.


Él también se levanta de su asiento, elevándose sobre mí, su
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amplio pecho presionando contra el mío. El pequeño


compartimento de esta nave no es el lugar perfecto para tener
nuestra disputa.

-¿Te avergüenzas?- Gruñe. -¿Te resistes a mi protección?-

Flexiona todos sus músculos y su gran polla azul. Palpita entre sus
piernas, la cabeza grande presionando contra mi estómago.

¿Por qué estamos teniendo esta discusión desnudos otra vez? Es


difícil concentrarse cuando siento su dureza...

-No me resisto a nada-, le digo, mirando a su polla azul.

Eso es una mentira.

Se me hace agua la boca cuando recuerdo lo bien que sabía su


miembro. Es casi injusto: Drax es el hombre más alto y más
fuerte que he visto, ¿y su polla sabe a melocotones? Nunca tuve
una oportunidad.

Coloco mi palma abierta sobre su pecho duro como una roca. -No
sé nada acerca de los Zorans-, digo, -pero en la Tierra, los
compañeros son iguales-.

Sus manos se mueven a mis pechos. Probablemente debería


abofetearle las manos, pero debo admitir que me gusta cómo se
siente.

-¿Iguales?-, Pregunta, frunciendo el ceño.

Maldición. Su ceño fruncido no debería excitarme tanto... pero lo


hace.

-Sí-, digo, mi voz pierde un poco de su furia, mientras mi ira se


convierte en excitación. -Iguales-.
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-No entiendo-, dice, sus pulgares frotando mis sensibles pezones.


El toque envía una descarga eléctrica a través de mi cuerpo,
directamente a mi núcleo. -Tú eres mía-.

Su polla roza mi montículo, y tengo que morderme el labio para


evitar gemir. El hecho de que este gran guerrero azul tenga
problemas para entender que no me posee no es algo que se
supone que debo disfrutar. Yo creo.

Mi cuerpo no está de acuerdo.

Él se inclina, apoyando su frente contra la mía, y su aliento


caliente me hace cosquillas. -Soy tuya-, le digo en un gruñido
gutural, -pero tú también eres mío-.

Me besa, su lengua se desliza en mi boca. Le devuelvo el beso,


nuestras lenguas se entrelazan. Su suave labio inferior es lo
mejor que he probado en mi vida, excepto por su polla.

Sus manos se mueven a mi trasero, y me levanta sin esfuerzo,


como si fuera tan ligera como una pluma. Mi espalda desnuda está
presionando contra la ventana, la cabeza de su polla frotando
contra mi humedad, y un suave gemido escapa de mis labios.

Si alguien nos ve desde el espacio, tendrá una buena vista, pero


no me importa.

Su posesividad es un afrodisíaco para mí.

Coloco mis manos contra la ventana mientras sus fuertes y azules


manos recorren mi cuerpo. Arqueo mi cuerpo, dolorido, rogando
por su toque. Drax me sonríe, esa misma sonrisa arrogante con la
que no puedo parar de desear.

Entonces, para mi sorpresa, de repente me levanta y me da


vuelta. Grito de sorpresa, mis manos apoyadas contra la ventana,
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sus manos apoyadas en mi cintura, mis muslos en sus hombros.


Afuera tengo una vista hermosa, con estrellas brillando
intensamente hasta donde alcanza la vista, pero no puedo
concentrarme en eso ahora. No cuando siento el aliento caliente
de mi Zoran entre mis piernas.

-¿Q… qué estás haciendo?-, Balbuceo, pero al momento siguiente


siento que su hábil lengua se desliza a través de mi abertura, y sé
exactamente lo que está haciendo.

Empuja su lengua larga y hábil hasta el fondo de mi vagina,


saboreando, bebiendo mi aroma. Es vergonzoso estar tan
expuesta a él, pero cuando su lengua se curva y golpea mi punto
G, olvido rápidamente mi modestia.

-O… oh s… si-, gimo, mi cuerpo como masilla en sus manos. -¡Oh!


Oh! ¡Oh!-

Él gruñe con aprobación mientras me lame, explorando cada


pulgada de mí.

No puedo aguantar.

En unos segundos siento que mi orgasmo se construye y aumenta,


las olas de placer se hacen más fuertes cuando su lengua me
golpea en el lugar correcto. Aprieto mis muslos cuando el placer
se vuelve demasiado, pero Drax continúa, sin dejarse intimidar
por mis contorciones y quejumbrosos gemidos.

Yo me vengo. Me vengo gritando y gimiendo, todo mi cuerpo


temblando. Me quedo inerte, pero las fuertes manos de Drax me
sostienen. Con mis piernas todavía temblando, Drax baja mi
cintura hasta que está al nivel de la suya.
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Sigo flotando en el aire, con las manos apoyadas en la ventana,


pero al guerrero Zoran no le importa. Me siento tan ligera como
una pluma mientras coloca la cabeza de su polla contra mi coño
mojado, la cabeza grande separando mis labios. Con un fuerte
gruñido empuja hacia delante, su grosor me llena, me extiende,
me satisface.

No creo que alguna vez me acostumbre a lo grande y bueno que


se siente dentro de mí.

Él me golpea por detrás. Sus manos se envuelven alrededor de mi


cintura, me sostienen fácilmente mientras su polla me golpea, sus
grandes bolas azules golpean contra mí con cada empuje. Todo lo
que puedo hacer es gemir cuando recibo la follada de mi vida, mi
cuerpo es para usarlo.

Me empuja hacia adelante con cada empuje hasta que mi cara se


presiona contra el vidrio. Mi boca se abre y mis ojos se cierran
de puro placer.

¡Si alguien está ahí afuera, están teniendo una buena vista!
Aunque no me importa. No puedo. No puedo hacer nada más que
ser follada por Drax, ser tomada por este gran guerrero azul,
con su cuerpo esculpido y su perfecta polla.

Su respiración es laboriosa y pesada, y siento que su polla se


hincha dentro de mí.

-Sí-, gimo. -¡Lléname!-

Quiero su carga dentro de mí.

Él gruñe como un animal cuando se acerca, viniéndose en lo más


profundo de mí, su polla enterrada hasta la empuñadura en mi
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coño. Siento que todo su cuerpo palpita mientras dispara su carga


caliente y potente.

Soy suya. Mi cuerpo y mi corazón le pertenecen.

Después de varios minutos me da la vuelta, y al instante salto a


sus brazos, besando a mi guerrero azul. Me lleva a nuestra cama,
donde continuamos otra sesión, una y otra vez... y otra vez...
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14
DRAX
ESTACION VORTEX.

La gigantesca estación espacial gira frente a nosotros, flotando a


través de la nada del espacio. Tiene la forma de un dardo: largo y
delgado, pero más ancho en la parte superior. Su casco es un
mosaico de metales de diferentes colores. Millones de personas,
de todas las especies y razas, lo llaman hogar. Parece de mala
calidad y cutre, y lo es. Es un lugar sin ley, el último lugar en el
universo en el que debería estar un Zoran, pero es el único lugar
al que necesito ir.

Voy a encontrar a ese Prymeta de cabello plateado que lideró el


asalto al Eternity y le hare pagar por lo que hizo. Sus naves
portaban la bandera del Colmillo Llameante, una de las muchas
pandillas que llaman a la Estación Vortex hogar.

Detrás de la estación, el vórtice se cierne. Un agujero negro


gigante, tragando todo lo que se encuentra en su camino.

-Whoa-, dice Isa, presionando su nariz contra la ventana. -¿Es lo


que creo que es?-

-¿Por qué crees que lo llaman Estación Vortex?-

-Yo... nunca lo pensé-, admite con una expresión de culpabilidad


en su rostro. -Pensé que era sólo un nombre. No me mires así-.

-¿Cómo qué?-

-¡Así!-

-¿Sabes algo de esta estación?-


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Ella me lanza una mirada de fuego. Estoy tentado a molestarla un


poco más para poder tener una confrontación sexual increíble,
pero ahora no es el momento. La estación Vortex se está
acercando y no estaremos seguros en esa estación. Ni siquiera
por un segundo. Ella necesita estar preparada.

Estos últimos días han sido absolutamente increíbles, he estado


dentro de Isa por lo que parece ser cada momento de vigilia,
pero ahora hemos llegado a nuestro destino. Ya no podemos
escondernos en los brazos del otro. Tenemos que enfrentar a
nuestros enemigos de frente.

-La estación fue construida hace milenios por los Elohians. Has
visto varios de su tipo en el Mangoose. Los Xythianos son una de
las razas Elohi. Alto, delgado, pelo blanco, orejas puntiagudas.
Arrogante. No puedes fallar-.

-Correcto-, asiente Isa. -Los elfos.-

-¿Elfos?-

Me hace señas con la mano para que me olvide de mi pregunta. -


Continúa-.

-Elohi era un planeta antiguo que se componía de varias especies


diferentes: Xythians, Terulians, Prymetas y los Ama, que vivían
bajo el agua. Hace miles de años estaban unidos por Rayatol
De'Tsa, su emperador y jefe, y durante un tiempo prosperaron-.

-¿Qué especie era él?-

-Todas las especies han afirmado que De’Tsa era una de las suyos
y, sinceramente, no estoy seguro de cuál es la correcta. Ahora,
los Elohians construyeron la Estación Vortex para estudiar el
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agujero negro que lleva su nombre. Querían aprovechar su poder-


.

-¿Para qué?- Pregunta Isa.

Me encogí de hombros -Propósitos nefastos, sin duda.


¿Perversión intergaláctica? ¿Viaje en el tiempo? ¿Quién sabe?
¿A quién le importa? Ellos fallaron. Catastróficamente-.

-¿Viajar en el tiempo?- Dice Isa. -¿Es tal cosa posible?-

-En teoría, sí-, le contesto. -Según algunos. Pero no importa. El


Emperador de Elohian vino a visitar la estación y su nave voló
demasiado cerca del agujero negro. Se desviaron más allá del
horizonte del suceso-.

-Quieres decir que él...-

-La nave , y el propio Emperador, fueron absorbidos por el


agujero negro. Su alianza se vino abajo, el Imperio Elohian se
desmoronó, ya que todas las especies compitieron por el control
del trono. La Estación Vortex se llenó de refugiados, ya que su
planeta fue reducido a escombros. Ahora, es el hogar de más de
quince millones de personas, gobernadas por las diferentes razas
Elohi que están en una guerra perenne entre sí.-

-¿Ahora entiendes por qué no estaba tan interesado en ir allí?-

Los ojos de Isa se ensanchan. -¿Me estás diciendo que podríamos


ser absorbidos por esa... cosa?-

-¿El agujero negro? Posiblemente, sí, pero no te preocupes. La


posibilidad de que nos maten los piratas es mucho, mucho mayor-.

Mi compañera me da un puñetazo en el hombro. -No digas cosas


así-.
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-¿Pensé que no necesitabas mi protección?-

Ella cruza sus brazos, frunciéndome el ceño. Se ve adorable


cuando está enojada.

-Puedes protegerme esta vez-, dice ella. -Si tú quieres.-

-¿Puedo, ahora?-

-Sí. Piensa en ello como un regalo.-

-¿Un regalo? Bueno, te sientes caritativa-.

-Esa soy yo-, sonríe Isa.

Por supuesto, protegería a Isa con mi vida, ya sea que ella lo haya
pedido o no, pero me doy cuenta de que la hembra humana se
vuelve recalcitrante cuando le digo que es mía. No lo entiendo,
pero tal vez eso es lo que obtengo por aparearme con un humano.

Ella aprenderá.

Llamo a la estación y solicito permiso para abordar. El sistema


automatizado me asigna un muelle, y dirijo la lanzadera hacia
nuestro destino. La estación, que al principio era solo una mancha
en el cielo, ahora tiene millas de largo. Innumerables naves de
todas las formas y tamaños nos pasan, sin prestarnos atención
por un momento. Mantengo los ojos abiertos para ver si hay
naves con la insignia del Colmillo Llameante, pero no veo ninguna.

Cuando se lleva a cabo el proceso de acoplamiento automático,


desciendo la escalera. Isa está caminando por la habitación.
Siento que mi discurso la ha puesto nerviosa. Bien.

-Lleva esto-, le digo, y la ayude a envolver su cuerpo en un paño. -


Llamarás demasiado la atención. No creo que nadie aquí haya
visto a un humano antes.-
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-¿Llamaré la atención?- Dice Isa. -¡Eres un gigante azul! ¿No


crees que el Colmillo Llameante se enterará de que un Zoran se
ha metido en su estación?-.

Cruzo mis brazos, mirando a Isa. La hembra humana tiene un


punto. Nunca he tenido que esconderme ni por un momento en mi
vida, pero esta misión requerirá un subterfugio. Finura.

-Tienes razón.-

-¿Qué fue eso?-

-Tienes razón-, gruño.

-Lo siento, ¿no pude escucharte?-

-No tientes a la suerte-, le digo. -Apuesto a que puedo conseguir


un buen precio por ti en los mercados de esclavos.-

La sonrisa juguetona de Isa se desvanece, su rostro pierde su


color. -¿Hay mercados de esclavos aquí?-

-No te preocupes, estaba bromeando. Sobre venderte. -

-No, lo entiendo -, dice Isa con los ojos cerrados. Ella saca las
sábanas de la cama y confecciona una capa, envolviéndola
alrededor de mi cuerpo. -Simplemente no pensé que ese tipo de
cosa todavía existiera...-

Agarro los hombros de mi compañera, mirando sus profundos


ojos azules. -Hay cosas incluso peores que las que acechan en la
estación Vortex. Mantente cerca de mí todo el tiempo, ¿de
acuerdo? Necesitamos movernos en silencio y evitar llamar la
atención sobre nosotros mismos-.

Ella asiente con decisión. -Lo tengo.-


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Presiono la pistola de plata que le había dado en el Eternity en


sus manos. -Ten. No la dispares si no tienes que hacerlo. Y no
vuelvas a dispararme-.

Ella sonríe nerviosamente, atándola a su cintura.

El pitido de la nave se apaga, lo que indica que la escotilla está


a punto de abrirse. La mano de Isa encuentra con la mía,
nuestros dedos entrelazados.

-Drax, tengo miedo-, susurra ella.

-No te preocupes-, le respondo. -Estoy aquí.-


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15
ISA
EL MERCADO DE LA ESTACION VORTEX está lleno de
actividad. Hay innumerables extraterrestres pregonando sus
productos, desde armas desconocidas a extrañas especias y
polvos, hasta partes del cuerpo que todavía gotean sangre. Drax
tenía razón: este es un paraíso para los proscritos.

Un puesto de venta de globos oculares hace que mi estómago se


revuelva, y rápidamente miro hacia otro lado. Intento olvidar la
vista, pero el hedor perdura.

Agarro la mano de Drax lo mejor que puedo mientras él me


arrastra a través de la multitud. Tengo que dar dos pasos para
coincidir con cada uno de los suyos, y él tiene prisa, por lo que
casi estoy corriendo.

-Espera-, le digo, mi respiración pesada. Es increíblemente cálido


aquí en la estación, y la tela con la que estoy cubierta se aferra a
mi piel. Quiero arrancarla, pero sé que no puedo.

-Tenemos que darnos prisa-, susurra. -Estamos llamando la


atención-.

-No, tú estás llamando la atención-, le susurro de vuelta. -Ve más


despacio.-

Un extraterrestre grande, como una burbuja, bloquea nuestro


camino. Su piel es de color verde claro y ligeramente
transparente, y la criatura es tan redonda como una bola de
boliche.

-Muévete-, Drax gruñe, su voz baja.


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El blob no intenta moverse y, impaciente, Drax la empuja a un


lado y me arrastra a su lado. Un zarcillo sale disparado y se
envuelve alrededor de mi pierna en un instante,
resquebrajándose como un látigo.

Me tropiezo. La tela se rompe, mi pelo rubio se libera. La


multitud jadea.

-¡Drax!- Tartamudeé cuando el zarcillo se envolvió alrededor de


mi muslo, arrastrándome hacia la mancha. Intento aferrarme a
algo, cualquier cosa, pero no sirve de nada.

El guerrero azul se gira, sus ojos amarillos ardiendo con fuego. -


Déjala ir,- él ruge. Dos pasos más tarde y él está a mi lado, con
su hacha de color plateado estirada, y en un instante corta el
zarcillo del monstruo, liberándome.

O eso pensé. El zarcillo sigue vivo, manteniéndose aferrado a mí.


Lo cavo con mis uñas, desgarrandolo con todas mis fuerzas.

Escucho un sonido horrible, gorgoteante, como el de un baño


drenado, y cuando miro hacia arriba, toda la sangre mancha mi
cara.

El blob redondo ha creado más zarcillos, más de los que puedo


contar, y están flotando a nuestro alrededor. Drax está
protegiendo mi cuerpo con el suyo, su hacha en la mano.

La voz del monstruo suena como un burbujeo estomacal. -La


pequeña es mía-, dice, aunque no veo ninguna boca moviéndose. -
No tienes poder aquí... Zoran-.

Una gran multitud se ha reunido a nuestro alrededor, aunque


nadie intenta interferir.
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Los zarcillos de la bestia vuelan hacia adelante y Drax los golpea,


uno por uno, pero hay demasiados. Pronto hay correas verdes de
color enfermizo envueltas alrededor de sus piernas, sus brazos,
su hacha, su garganta. Él es elevado en el aire, pateando y
luchando, mientras la bestia se ríe, sus aletas tiemblan. Suena
como dos piedras que se rompen juntas, y hace que mi piel se
erice.

-Corre-, Drax jadea cuando un zarcillo serpentea alrededor de su


garganta, cortando su suministro de aire. -¡Vete!-

¿Y dejarlo atrás? Nunca.

Me acerco por detrás y agarro ciegamente lo primero que


encuentran mis dedos, tirándolo directamente al blob. Es un
transpondedor, y en el momento en que golpea al monstruo verde
todo su cuerpo se convulsiona. El aire está lleno del olor a
plástico quemado, y todos los zarcillos se aflojan, Drax cae al
suelo desde una gran altura.

-¡Drax!-

Me apresuro, mi corazón late en mi garganta. Todavía hay un


zarcillo envuelto con fuerza alrededor de su cuello, y lucho para
arrancarlo. La piel debajo está magullada y casi negra.

-¡Abre los ojos, Drax, por favor!-

Su cuerpo está flojo, sus ojos cerrados. Golpeo sus mejillas,


golpeo su pecho, respiro en su boca, todo en un frenesí. Abre los
ojos, Drax. ¡Por favor!

Mi compañero azul jadea por aire, sus ojos se abren de par en


par. Se sienta derecho, tosiendo, su mano moviéndose hacia su
garganta.
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-Me salvaste la vida-, dice en voz baja, su voz apenas un susurro.

El alivio inunda mis venas. Por una fracción de segundo pensé que
lo había perdido y estaría completamente sola otra vez. No puedo
lidiar con eso. No otra vez. No después de que encontré al
hombre que aparentemente me completa.

Mi alivio es de corta duración. Levanto la cabeza y noto que la


multitud todavía está reunida alrededor de nosotros. El variado
surtido de extraterrestres susurra entre ellos, apuntándome con
sus dedos o garras.

Tanto para mantener un perfil bajo. Toda la estación ahora sabe


que estamos aquí.

La multitud se separa, y la última esperanza que me queda se ha


agotado. Ocho manchas verdes más ruedan hacia nosotros,
dejando un camino resbaladizo en el suelo mientras se acercan,
sus zarcillos ya se están volviendo frenéticos.

Mierda.

Tenemos que correr.

-Drax, ¿puedes ponerte de pie?-

Intento ponerlo de pie lo mejor que puedo, pero no sirve de nada.


No está en condiciones de ir a ninguna parte.

Me levanto, mi puño levantado en el aire. Tendrán que pasar por


mí primero.

-Se acabó el show, amigos-.

Una Terulian hembra cae desde arriba, con un bastón largo y


negro en sus manos. Los extremos brillan con electricidad, y
arrastra el bastón por el suelo, provocando enormes chispas. Las
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manchas se detienen en seco, sus zarcillos aún ondean


amenazantes sobre sus cuerpos.

-Lo digo en serio-, gruñe el reptil.

Los monstruos parecen dudar por un segundo antes de volver y


arrastrarse. La multitud murmura en decepción, sin duda que
querían ver un poco de sangre derramada, mientras todos
regresan a sus puestos.

La alienígena se da vuelta, el palo de obsidiana cuelga suelto a su


lado. Ella es diferente de todos los demás Terulianos que he
visto. Los del Mangoose eran bajos y robustos, pero ella es alta y
delgada. Su piel es de color verde oscuro, como la mayoría de los
Terulianos, pero la aleta en la parte superior de su cabeza es de
color amarillo brillante. Su uniforme azul marino tiene un círculo
metálico sujeto a su pecho, como una especie de insignia.

-Ahora, ¿Van a decirme qué hace un Zoran y un...- Su ardiente


ojo rojo me mira, con el ceño fruncido. -... lo que seas... en mi
estación?-
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DRAX
-¿QUÉ ES ESTE LUGAR?- Gruño.

-Esta es nuestra estación, aquí en Vortex Security-, responde la


mujer Terulian. -Y aquí, yo hago las preguntas-.

La hembra nos condujo a su base de operaciones: un agujero


pequeño y estrecho en la pared, con apenas un lugar suficiente
para que yo estirara las piernas. Me froto el cuello, la piel aún me
duele, y el collar electrónico que Terulian colocó alrededor no me
está ayudando. Capturado por los lagartos. ¡Vergüenza!

La valentía de Isa me salvó la vida, lo que me avergüenza aún más.


Debería haber sido yo quien la salvara, le diera las respuestas
que buscaba y vengara a mi tripulación caída, pero fallé a los
cinco minutos de aterrizar en Vortex. Por un momento, todo se
oscureció cuando los zarcillos del monstruo me ahogaron. Pensé
que todo había terminado.

Ahora entiendo lo que ella había dicho en el transbordador


acerca de ser iguales. No lo vi en ese momento, pero ella tenía
razón. Ahora estamos a mano, en lo que respecta a salvar la vida
del otro. Tal vez debería confiar en su sabiduría más a menudo....

Si Vukota pudiera oírme ahora, nunca me dejaría vivir así. ¡¿Un


humano?! Aullaría. Sin embargo, no conoce a los humanos como yo.
Él no conoce su fuerza, su valentía, su obstinación, su
inteligencia, su humor. A los Zorans les resulta natural vernos a
nosotros mismos como superiores. Después de todo, nuestro
ejército, como nuestra destreza física, es incomparable.

Quizás no somos tan buenos como creemos que somos...


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Pero, de nuevo, tal vez el veneno del blob todavía corre por mis
venas, nublando mi juicio.

La Terulian nos trae algo de beber, y luego se sienta detrás de su


escritorio. Hago girar el sucio líquido rojo sangre en mi taza
antes de criticar otra vez.

-Me llamo Tsula-, dice después de un momento de silencio. -¿Y


ustedes son?-

-Isabella-, dice mi compañera. -Y este es…-

Levanto mi mano para silenciarla. Estoy seguro de que mi pareja


tiene buenas intenciones, pero no debemos hacer que nuestros
enemigos sean más sabios de lo necesario. Y en este momento, no
sabemos lo suficiente sobre esta misteriosa mujer.

-¿Seguridad Vórtice?- Digo. -¿Desde cuándo esta estación tiene


seguridad?-

-Desde hace más o menos medio siglo-, responde ella. -No vienes
aquí a menudo, ¿verdad, Zoran?-

-Esto es una guarida de proscrito-, me burlo.

-Esto es mucho más que eso-, responde Tsula, golpeando su


escritorio con el puño. -Es un hogar para millones. Sí, nuestras
leyes pueden ser más laxas que algunas, pero alojamos a mujeres,
niños. Nosotros tenemos escuelas. Tenemos hospitales. Y
tenemos tanto derecho a una buena vida como tú, Zoran-.

Sus palabras están llenas de veneno. Está claro que este


problema es profundo.

-Está gobernado por criminales de guerra-, digo con frialdad.


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-Pagamos a nuestros gobernantes y, a cambio, nos mantienen


seguros. ¿En qué se diferencia eso de pagar impuestos a tu
gobierno, Zoran? De todos modos, quien eres para hablar de
gobernantes. Lo último que supe es que derrocaste tu propio Alto
Mando por traición. ¿No es así? -

Mis labios están apretados en una línea fina. La Terulian no se


equivoca.

-Así que, te lo pregunto de nuevo. ¿Quién eres y por qué estás


aquí?

-No te puedo decir eso-.

-¿Por qué no?-

-Tu vida estaría en peligro si lo supieras. De hecho, ya te pusiste


en peligro al recibirnos. Te conviene dejarnos ir y olvidar que
alguna vez nos viste -, gruño.

La Terulian me sonríe, enseñando sus muchos dientes. -Soy una


policía en una estación gobernada por criminales de guerra, como
tú lo dices. Ahora cierra la boca por un segundo. No me asustas,
Zoran-.

Mis labios quedan sellados.

-Bien,- suspira Tsula. Ella toca un botón, y la pantalla en la pared


se ilumina con imágenes de restos flotando en el espacio. Mi
sangre se enfría cuando reconozco lo que estoy mirando.

Los restos del Eternity.

-No sé lo que sucedió ahí afuera, pero estoy dispuesta a apostar


la paga de un año que tienes algo que ver con eso, y ahora estás
aquí, trayendo ese problema a mi estación-. No me gusta eso -,
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gruñe ella. -Ya tenemos mucho de qué preocuparnos. No necesito


este dolor de cabeza extra. Dime quién eres y por qué estás aquí,
o te llevaré al primer carguero que salga de este basurero,
¿entendido?-

Ella maneja un negocio duro y mis fichas están bajas. Si el veneno


del blob no hubiera debilitado mis músculos, simplemente podría
salir, y no hay nada que Tsula pueda hacer para detenerme, pero
desafortunadamente, ese no es el caso.

-Creo que deberíamos confiar en ella-, me dice Isa. -Ella salvó


nuestras vidas-.

-No la conocemos-, gruño. -No sabemos para quién trabaja-.

Isa apoya su mano en mi rodilla. -¿Confías en mí?-

-Por supuesto.-

-¡Entonces confía en mí en esto!-

Si Vukota pudiera verme ahora, tendría un ataque. ¿Poner


nuestras vidas en manos de un Terulian? Cómico. Sin embargo,
parece que no me quedan otras opciones. Oh, mi vergüenza está
creciendo a cada minuto que pasamos en esta maldita estación.

-Bien,- gruño, mi mandíbula apretada. -Bien. Mi nombre es Drax.


General Drax. Comandante de esa nave-, digo asintiendo a la
pantalla. -El Eternity-.

Los ojos rojos y reptiles de Tsula se agrandan. -¿Eres un General


zoran?-

-Sí,- gruño.

-¿Capturé a un maldito General Zoran?- Dice ella, apenas


conteniendo el aturdimiento en su voz.
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-¿Quieres que confíe en ti o qué?-

-Lo siento-, dice ella, enderezando su espalda. Ella agarra su


bebida, haciendo todo lo posible para parecer profesional. -Por
favor continua.-

-Fuimos emboscados por el Colmillo Llameante-.

Tsula casi escupe su bebida. -E…E…Espera-, ella balbucea. -¿El


colmillo llameante? ¿Hizo que?-

-Sí,- gruño, impacientándome. -Y estamos aquí para descubrir


cómo y por qué-.

-¿Estás absolutamente seguro?-

-Positivo. Hablé con su líder. Piel plateada, cicatriz en el ojo.


Cadena de dientes alrededor de su cuello-.

Ella asiente. -Eso suena como Bokito-.

Tsula se inclina hacia atrás en su silla, apoyando sus botas en su


escritorio. Está perdida en sus pensamientos por un momento
mientras disemina la información que acabo de entregarle. Isa no
dice una palabra, mira nuestra conversación con gran
expectación. No planeo mencionar el misterioso mensaje que
recibió, no es pertinente para el asunto que nos ocupa.

-Entonces, ¿vas a hacer la llamada?- Pregunto. -¿Entregarnos,


conseguir ese ascenso? ¿Recibir una estrella de oro?-

-No-, dice Tsula pensativamente, con la cabeza apoyada en sus


manos. -No trabajo para el Colmillo Llameante-.

-¿Para quién trabajas, entonces?-


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-Técnicamente, el Ojo esmeralda paga mi salario-, dice ella, -pero


trabajo para la gente de la Estacion Vortex, en primer lugar. Y si
lo que dices es verdad... entonces son malas noticias para todos
nosotros-.

Asiento, pero Isa se ve terriblemente confundida.

-¿Qué significa eso?- Pregunta ella.

-El Ojo esmeralda es otra pandilla de señores de la guerra-,


respondo. -Dirigido por los Terulians-.

Tsula asiente. -No se llamarían a sí mismos una banda, pero no te


equivocas. La Estación Vortex está a cargo del consejo de los
cuatro: el Árbol de Plata, el Colmillo Llameante, el Ojo Esmeralda
y el Sin Nombre. O más sencillamente: Xythians, Prymetas y
Terulians. Los sin nombre, bueno, nadie sabe quiénes son, de ahí
el nombre.

-Después de siglos de guerra, ahora existe una paz precaria


entre las diferentes facciones. Por lo general, se mantienen en
sus propios niveles y las disputas se manejan con diplomacia, en
lugar de con balas. Si algo fuera a alterar ese equilibrio, por
ejemplo, Prymetas tengan suficiente potencia de fuego para
derribar a una nave acorazada Zoran, eso sería malo. Muy malo.-

Tsula endereza su espalda, mirándome a los ojos. -Tenemos que


movernos. Rápido. Después del espectáculo en el mercado, toda la
estación sabe que estás aquí. Si lo que dices es verdad, entonces
vendrán por ti-.

Asiento con la cabeza. -Así que quítanos los collares de choque y


déjanos ir-.
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La Terulian se pone de pie, vacilando por un segundo. -Estoy


arriesgando mi culo por ustedes dos-. Ella desengancha los
collares y me entrega una pequeña caja negra. -Vieja tecnología.
Podré contactarte sin que el Colmillo Llameante me escuche-.

Luego toca un botón debajo de su escritorio. La pared detrás de


ella se mueve, abriéndose hacia un estrecho espacio de acceso.

-Tienes que salir por allí-, dice ella. -Es más seguro.-

Levanto las cejas. -No encajo ahí.-

Tsula gira sus ojos de reptil. -¡Inténtalo!-

Los gritos de primates nos llegan desde afuera. Simios.

-¡Deprisa!-

Isa lidera el camino y la sigo de cerca, mi cuerpo atascado en el


espacio estrecho. La puerta se cierra detrás de nosotros con un
chasquido, que nos sella en la oscuridad, y ni un momento
demasiado pronto, escucho a los Prymeta irrumpiendo en la
oficina de Tsula no más de un segundo después.
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17
ISA
EL ESPACIO DE GATEO en el que estamos es largo y oscuro.
Nos movemos lo más silenciosamente que podemos, y después de
media hora de movimiento en nuestras manos y pies, el espacio se
abre en un pasillo de mantenimiento mal iluminado.

-¿Crees que Tsula está a salvo?- Pregunto.

Drax asiente. -Ella parece capaz de hacerse cargo. Estoy seguro


de que ella habló para salir de esto.-

Justo cuando se está formando un hoyo oscuro en mi estómago,


el comunicador que ella nos dio crepita a la vida.

-¿Estás ahí?- Dice ella, su voz distorsionada por la estática. -


¡Adelante!-

-Estamos aquí-, responde Drax.

-¡Bueno! Sospechan de algo, pero les dije que te envié unos


niveles más abajo para procesarte. ¿Dónde están ahora?-

Drax me mira en busca de ayuda. Echo un vistazo alrededor, pero


aquí no hay más que tubos. Después de buscar, encuentro un
número grabado en la pared que está encima de nosotros, está
tan descolorido que apenas es legible.

-Quédense allí-, dice Tsula. Diez minutos después, la escotilla


sobre nosotros se abre, y la cara verde y amarilla de Tsula nos
sonríe. -Los tengo-.

Ella merodea alrededor antes de soltar dos gruesas chaquetas de


seguridad Vortex. -Usen esto, debería proporcionar un poco de
camuflaje-, dice ella. -No tenemos tallas Zoran, pero espero que
se ajuste. Saben, tenía miedo de haberlos perdido allí por un
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momento. Esos túneles se prolongan por millas, y mi comunicador


solo tiene una recepción de unos pocos cientos de yardas-.

-¿A dónde vamos ahora?- Drax pregunta mientras trata de


ponerse la chaqueta. Es demasiado pequeño para él, y rasga el
material en el momento en que empuja su brazo musculoso.

-Lo suficientemente bueno-, dice Tsula. -Llevaré a los dos a mi


casa a mientras se nos ocurre una idea de cómo lidiar con este
desastre. Sígueme y mantén tu cabeza baja. Y lo digo en serio, no
más trucos como en el mercado, ¿entiendes eso? -

-Sí, señora-, dice Drax, para mi sorpresa. ¡Ni siquiera contestó!

Tsula es tan ruda.

Ella nos guía a través de la Estación Vortex, a través de muchos


callejones pequeños y oscuros pasillos. Con su autorización de
seguridad, puede abrir la mayoría de las puertas, por lo que
podemos evitar los caminos principales ocupados. Ella se mueve
tan rápida y fácilmente como el agua corriente y tengo que
correr a toda velocidad para seguir el ritmo.

-Aquí es-, dice de repente, deteniéndose frente a una puerta de


metal anodina. Ella muestra su tarjeta de acceso y la puerta se
abre.

-¡Mami!-

Una niña pequeña sale corriendo y salta a los brazos de Tsula. Es


como una versión en miniatura de ella: tiene las mismas escamas
de color verde oscuro y la misma aleta amarilla brillante en la
parte superior de su cabeza. La única diferencia es que la niña
pequeña tiene algunas escamas rojas alrededor de su nariz, algo
así como pecas.
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Tsula le da a una adolescente de aspecto Terulian un puñado de


monedas y la empuja fuera de la puerta: la niñera, yo supongo.

-Yona, saluda a los amigos de mamá-, dice Tsula.

La pequeña nos mira, sus ojos rojos y reptiles se agrandan.

-Hola-, dice ella suavemente.

-Hola-, le digo. Mi corazón se derrite cuando miro a la niña


extraterrestre. Si mi bebé es como este paquete de alegría, no
puedo esperar. Aunque espero menos escamas...

Me doy cuenta de que no tengo ni idea de cómo sería un bebé


humano / Zoran. ¿Tendría mi piel clara o el color azul de Drax?
¿Sería nuestro hijo un pequeño Zoran o un gran humano?

Drax me aseguró que estoy embarazada de su hijo en el


transbordador, pero desde que aterrizamos aquí en la estación,
hemos estado corriendo de una pelea a otra, sin ningún momento
para tomar un respiro y pensar.

Tal vez podamos encontrar un momento de paz en la casa de


Tsula... aunque sé que me estoy engañando a mí misma. Estamos
en la guarida del león. No estaremos a salvo hasta que salgamos
de esta estación.

-Siéntense, déjenme prepararles algo de beber-, dice Tsula


mientras la puerta se cierra detrás de ella.

Su casa es pequeña, pero acogedora. Huele a rosas, para mi


sorpresa.

-¿Qué es ese olor?-


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Tsula apunta hacia su ventilación. -Auto-ambientador-, dice ella. -


Puedes obtener cualquier olor que desees. Ayuda a deshacerse
del olor a aire reciclado-.

Yona se aferra a los brazos de su madre, obviamente aturdida


por los dos extraños que han llegado a su casa. Apuesto a que
nunca ha visto a un Zoran o un humano antes, para ella, somos los
alienígenas.

-¿Por qué no vas a hacer un dibujo a nuestros invitados?-,


Pregunta Tsula. -¿Puedes hacer eso por mí?-

La niña asiente con la cabeza y, después de que Tsula la pone en


el suelo, corre a su habitación.

-Ella es hermosa-, le digo.

-Gracias-, responde Tsula. Nos sirve una bebida de color morado


intenso y suspira profundamente cuando se sienta frente a
nosotros en la mesa de la cena. Drax apenas cabe en el asiento
pequeño, pero no se queja. -Aquí-, dice ella. -Es Gowe. Lo mejor
que puedo hacer, al menos aquí en la estación-.

Con cuidado, tomo un sorbo del extraño líquido. Después de que


Drax me dio un vaso de la bebida Zoran Cuhla de color negro
azabache picante, no estoy tan interesada en probar bebidas
extraterrestres, pero no quiero ser grosera. Estoy feliz de
encontrar que sabe a frambuesa y menta. -Es delicioso-, le digo.

Tsula asiente. -Gracias. Me recuerda a mi hogar-.

En la pared, junto a la mesa, cuelga un cartel que muestra un


planeta alienígena púrpura y verde. La descripción a continuación
que se lee es Elohi.

-¿Es es…?-
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-Sí-, responde ella. -Mi mundo natal-.

-¿Puedo preguntar por qué viniste a vivir a Vortex?-

Tsula mira hacia abajo, evitando mis ojos mientras hace girar la
copa en su vaso. -Es una larga historia.-

-Lo siento, no quise entrometerme-, le digo. Tsula es una mujer


increíble. Nunca olvidaré cómo ella se dejó caer y salvó nuestros
traseros de esas horribles burbujas, pero verla hacernos un
trago y jugar con su hija hace mas fácil el socializar. Frunce el
ceño, y me doy cuenta de que, sin querer, golpeé un nervio.

-No es de mi incumbencia-, agrego.

-No, está bien. Solo... tal vez en otra ocasión. Tenemos mucho de
qué hablar-, responde Tsula.

-De acuerdo-, dice Drax. -Necesitamos formular un plan de


acción-.

-Tengo un plan. De alguna manera-, dice Tsula. -Creo que podría


llevarlos a ustedes dos a una reunión del consejo.-

-¿El Consejo de los Cuatro?- Pregunto.

Tsula asiente. -Los mismísimos.-

-¿No estará allí también el Colmillo Llameante?-

-Ese es exactamente mi punto-, dice Tsula. -Podríamos encontrar


una solución diplomática para todo esto-.

Drax gruñe. -Imposible. No saldré de esta estación sin Bokito


como mi prisionero-.

Yona regresa a la sala de estar, con un dibujo en la mano. -Aquí-,


dice ella, poniéndola sobre la mesa. Ella nos dibujó a mí y a Drax,
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soy rosa y él es azul, por supuesto. Ella nos dibujó tomados de la


mano. ¿Es nuestro vínculo tan obvio que incluso una niña pequeña
puede verlo?

-Gracias, cariño-, dice Tsula. -¿Nos puedes hacer otro?-

-Está bien-, espetó ella, corriendo de nuevo.

Tsula se vuelve hacia Drax, sus ojos rojos son fríos y de


negocios. -Sé que quieres venganza-, dice ella. -Entiendo eso.
Pero incitar a una guerra no es la respuesta-.

-No incité una guerra-, dice Drax, con su voz tan fría como el
hielo. -El Colmillo Llameante lo hizo-.

-¿Tiene hijos?-

-¿Qué?- Dice Drax. -No. Todavía no-. Sus ojos amarillos se


vuelven hacia mí, con un toque de sonrisa en ellos.

-Yo sí-, dice Tsula. -Y me gustaría verla crecer. Y si derrotas al


Colmillo Llameante, eso te llevará a un vacío de poder, y las otras
facciones irán a la guerra mientras intentan obtener un pedazo
del pastel. La Estación se disolverá en caos. Miles morirán. Soy
una policía, seré la primera en irme-.

-¿Qué otra opción tenemos?- Drax gruñe, su voz ronca y baja. -


¿Hacer nada? El Colmillo tiene acceso a luchadores furtivos que
rivalizan con los Zoran. Ya son demasiado fuertes, es solo una
cuestión de tiempo antes de que derroquen al Consejo y tomen
Vortex para ellos mismos-.

-Por eso creo que necesitamos diplomacia-, dice Tsula. -Si


podemos hablar con el consejo, podríamos tener a todos de
nuestro lado. Si le mostramos al Colmillo que estamos unidos,
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retrocederán. Nadie gana si nos destruimos unos a otros. Si no


queda nadie por explotar, tampoco pueden obtener ganancias-.

-No me voy sin Bokito-, dice Drax. -Él mató a mi tripulación.


Perdí innumerables buenos hombres. Eso no es algo que pueda
perdonar-.

Tsula suspira profundamente. -Tal vez eso puede ser una de


nuestras demandas. No creo que renuncien a su líder, pero...
¿estás de acuerdo en que al menos deberíamos intentar razonar
con el consejo? -

Los labios de Drax se juntan en una línea apretada. -¿Qué


piensas, Isa?-

-¿Yo?- Digo. -Uhm, no... no lo sé-.

Vine a Vortex para buscar respuestas, ¡no para decidir si y


cuándo comenzar una guerra en toda la estación! Esta es una
decisión imposible de tomar.

-Es tu decisión-, dice Drax.

¡¿Que se supone que debo decir?!


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DRAX
-VAMOS A DORMIR-, responde Isa.

La miro fijamente, mi cara inmóvil. Mi honor exige que me vengue.


Se lo debo a Vukota, a Zyn, a Sern, a todos los soldados que
sirvieron en el Eternity. No puedo dejar que tal acto quede
impune. Prefiero morir antes de alejarme de esta pelea con
Bokito.

Al mismo tiempo, mi mente y mi alma están unidas a Isabella


Parker. Nuestro hijo está creciendo en su vientre, y protegerla
es mi máxima prioridad.

Hacer malabares con esos dos objetivos, aunque parecen ser


mutuamente exclusivos, me están volviendo loco.

-Bien-, dice Tsula. -Pueden pasar la noche, aunque me temo que


no tengo una cama libre-.

-Eso no es un problema-, le digo. -Gracias, Tsula. Eres muy


amable.-

-No estoy haciendo esto por ti. Estoy haciendo esto por mi bebé-
.

Yona regresa corriendo a la habitación como si fuera una señal.


La pequeña niña lagarto me da un dibujo de mí y ella juntos. -
Aquí-, dice ella. -Somos amigos ahora, ¿de acuerdo?-

Asiento con la cabeza. -Gracias, Yona-.

Nunca me interesaron mucho los pequeños, pero con Isa


embarazada de nuestro hijo, tengo todos estos sentimientos
nuevos y confusos. Tal vez Tsula tenga razón. Sumergir la
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estación en la guerra no es lo mejor para nadie... pero dudo que el


Colmillo Llameante se rinda solo porque lo pedimos amablemente.

Sin embargo, por el bien de Yona, tenemos que intentarlo.

-Di buenas noches a nuestros amigos-, dice Tsula mientras


recoge a su hija.

-Adiós-, responde la niña, agitando sus manos escamosas hacia


nosotros.

-Buenas noches,- Isa y yo decimos antes que su madre la saque


de la habitación. Mi compañera apoya su cabeza en mi hombro, y
envuelvo mi brazo alrededor de ella.

-¿Crees que nuestro bebé será tan lindo?-, Pregunta.

-Indudablemente.-

-¿Estás seguro de que estoy embarazada?-

-Estoy seguro-, gruño en su oído mientras pongo mi mano en su


estómago. -Puedo sentirlo. Será un gran guerrero, con mi fuerza
y tu ingenio-.

Ella cubre mi mano con la suya. Nos sentamos en silencio por un


momento, disfrutando de la paz, antes de que Tsula regrese con
una manta.

-Aquí-, dice ella. -Pueden dormir en el sofá, aunque no creo que


encajes. Voy a ver a Yona dormir por un tiempo, antes... ya
sabes... todo se vaya al infierno. Buenas noches.-

-Duerme bien-, dice Isa.

Me levanto y abro un poco de espacio en el piso de la sala. El sofá


no es una opción, así que dormiré en el piso, e Isa puede dormir
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encima de mí. Quiero sentir su cuerpo desnudo presionado contra


el mío, solo una vez más antes de enfrentarnos a nuestros
enemigos mañana.

-Que estas…-

Mi compañera se queda en silencio en el momento en que me quito


la armadura. Estoy completamente desnudo, y sus ojos recorren
mi forma perfecta.

-Joder, eres perfecto-, suspira en voz baja mientras se levanta y


envuelve la manta alrededor de mi cintura. -¿Qué pasa si Tsula
vuelve?-

-Entonces ella me vera. ¿Cuál es el problema?-

-Eres mío-, Isa susurra mientras su mano se desliza en la manta,


sus dedos se arrastran a lo largo de mi polla. -No quiero que
nadie más te vea desnudo, nunca-.

Mis labios se levantan en una sonrisa. -Tú y tus extrañas


costumbres humanas. Es solo mi cuerpo, no mi mente. -Abro la
manta, envolviéndola alrededor de Isa también, para que
nuestros cuerpos se presionen juntos. Beso la parte superior de
su cabeza, y ella apoya su cabeza contra mi pecho desnudo.

-Simplemente no quiero que nadie más te vea-, susurra. -Soy


posesiva con lo mío-.

-Entonces la ceremonia de unión será un problema-.

Ella me mira con las cejas levantadas. -¿Qué es eso? ¿Y por qué?-

-La ceremonia de unión es una tradición Zoran, que difiere de un


clan a otro. Dos compañeros declaran su vínculo ante su
comunidad-.
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-¿Ah, como una boda de algún tipo?-

-Supongo que sí. Es la tradición de mi clan que los dos


compañeros estén completamente desnudos-.

Una mirada de asombro llena sus ojos azules. -¿Qu…qué?-

Asiento, su expresión me hace reír. -Significa que los dos


compañeros no tienen nada que ocultar de su comunidad-.

-No estoy haciendo eso-, dice ella, su voz se eleva un tono.

-¿No?- Digo, levantando una ceja. -Es costumbre para mi gente,


Isabella Parker. ¿Qué pasa si te digo que es importante para mí?

Frustrada, ella sacude la cabeza. -Yo… yo no...-

-Está bien-, sonrió. -No tenemos que hacerlo. Es solo una


ceremonia. Ya eres mi compañera, con o sin la ceremonia de unión.
-

Ella apoya su cabeza contra mi pecho otra vez, el calor se levanta


de sus mejillas.

-Tengo miedo, Drax-, dice después de un momento de silencio.

-No hay nada que temer-, le respondo mientras le quito la ropa.


Un momento después, ella está tan desnuda como yo, su cálida
piel presionando contra la mía. Me tumbo en el suelo y la pongo
encima de mí, envolviendo la manta alrededor de los dos.

-No quiero perderte. No puedo-.

-No lo harás-, le digo.

-No lo sabes-, dice ella, sus dedos dibujando círculos en mi amplio


pecho. -No puedo criar a este bebé sola. No quiero que crezca sin
su padre. Nunca tuve una... familia real. Me fue arrebatada. Si
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estoy teniendo este bebé, necesito que me prometas que estarás


allí para mí. Para él.-

-¿Qué quieres que te diga, Isa? Mi vida es tuya. Tú lo sabes.-

Ella me mira, una mirada herida en sus hermosos ojos. Son el


color del mar, su cabello es el color del sol. Nunca he visto una
criatura más maravillosa; más fascinante que ella.

-Sé que eres un guerrero, Drax-, dice ella. -Sé que quieres
vengarte. Puedo sentir la ira en ti. Y entiendo... pero por mi bien,
y por el bien del bebé, debes dejar ir esa ira-.

Mi expresión se congela, mis labios se tensan en una línea


apretada. Escucho lo que dice y una parte de mí está de acuerdo
con ella, pero la bestia que está dentro de mí no. He sido un
guerrero mucho más tiempo que un amante o un padre. La batalla
está en mi sangre. No podré, no puedo, descansar hasta que haya
corregido las cosas.

-Lo… intentaré.-

Isa suspira, la decepción clara en su voz. Ella apoya su cabeza en


mi pecho y cierra sus ojos, dejando que mi respiración la guíe a
dormir. La sostengo con fuerza, saboreando la sensación de su
cuerpo contra el mío.

Mañana, todo podría cambiar.


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ISA
-BUENOS DÍAS.-

Froto el sueño de mis ojos para encontrar a Tsula ya en su


cocina, preparándonos el desayuno. Yona está sentada en su
asiento, trabajando en otro dibujo. Drax todavía está dormido
debajo de mí, su polla presionando contra mi muslo interno.
¡Estoy agradecida por la manta que nos cubre!

-¿Estás haciendo… panqueques?- Pregunto, sin creer lo que mi


nariz me está diciendo.

-¿Qué son los pahn-cahkes?- Pregunta Tsula. -Estoy haciendo


asugudela-.

Vuelvo a ponerme la ropa, lo mejor que puedo debajo de la manta,


y me uno a Yona en la mesa. Esta vez nos está dibujando a los
cuatro en lo que parece una ola gigante.

-¿Qué estás haciendo?-

Ella me sonríe, se forman hoyuelos en sus mejillas, y mis entrañas


se derriten. -Estos somos nosotros cuando vayamos a Elohi-.

Miro hacia arriba a Tsula, quien está volteando lo que yo diría que
son los panqueques. -Le prometí que la llevaría a casa-, dice ella. -
Algún día.-

-¿Vamos a ir este año, mamá?-

-No, cariño-, dice Tsula, pasando su mano por el rostro de su hija.


La aleta amarilla de Yona vuelve a estar en forma. -No este año.-

-Oh…-
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-¿Qué es ese olor?-

Me doy vuelta en mi silla y casi me caigo al suelo cuando veo que


Drax está de pie, con los brazos sobre la cabeza mientras se
estira, completamente desnudo. Su erección matutina esta
erguida y orgullosa, y salto de mi asiento y levanto la manta en un
instante.

-Drax-, le susurro con enojo. -¡Hay una niña aquí!-

Mi guerrero azul se disculpa con una sonrisa tímida en su rostro,


mientras Tsula se echa a reír.

-¿Qué es gracioso?- Pregunta Yona, pero no se lo explicamos. Tal


vez en veinte años, recordará este día bajo una nueva
perspectiva, pero por ahora, la ignorancia es una bendición.

-Oh, vamos-, dice Tsula, con su amplia sonrisa mostrando sus


muchos dientes afilados. -Te traigo a mi casa, te doy de comer,
al menos podrías dejarme dar un vistazo a esas golosinas azules-.

-De ninguna manera-, digo, mis mejillas son rojas como una rosa. -
¿Podemos cambiar el tema?-

Drax se sienta a mi lado, la manta envuelta alrededor de su


cintura, su pecho tenso descubierto. Tsula apenas puede apartar
sus ojos de su forma impresionante, y se forma un pozo de celos
en mi estómago. La Terulian es una guerrera mucho mejor que yo.
¿No sería ella una mejor pareja para Drax?

Sin embargo, el Zoran de color azul solo tiene ojos para mí.

-¿De qué estaban hablando ustedes dos?-

-Panqueques-, miento.

-Asugudela,- me corrige Tsula.


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-Eso es lo que dije.-

Ella llena nuestros platos con un pastel redondo y abundante.


Tomo un bocado con entusiasmo, y mis sospechas están
confirmadas. Si parece un panqueque, y sabe a panqueque, ¡así es
como lo voy a llamar!

-Mmm, estos son buenos-, dice Drax mientras devora


rápidamente su porción. -Más.-

Tsula se ríe. -Eso fue todo. Mi cocina no está hecha para las
comidas Zoran, Drax-.

Me siento celosa de nuevo. ¿Están coqueteando o estoy leyendo


demasiado en esto? ¿Puedo hacer una comida que le guste? ¿Me
odiará una vez que se dé cuenta de que soy una pésima cocinera?

¿Qué pasa conmigo?

Nunca soy así. Toda mi vida nunca me he preocupado por lo que


piensan los demás. Siempre he sido independiente. ¡Y ahora
mírame! Estoy actuando como una reina del drama de la escuela
secundaria, desesperada por el afecto de Drax.

¿Podrían ser mis hormonas del embarazo?

Oh Dios. No estoy lista para ser madre. ¡Tengo muchos


problemas para cuidarme a mí misma!

-¿Isa?-

-¿Qué?- Digo, saliendo de mis pensamientos.

-Te pregunté si te gusta la comida-, dice Tsula.


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He estado tan perdida en mis pensamientos que me olvidé de


comer, ahora eso es algo que no sucede muy a menudo. -Es genial,
lo siento-, le digo. -Solo estaba pensando.-

Un fuerte golpe en la puerta interrumpe nuestro pequeño


desayuno, y mi corazón salta en mi garganta.

-¿El Colmillo llameante?- Pregunto.

Tsula sacude la cabeza, maldiciendo por lo bajo. -Peor. Mi vecina.


Ella llega temprano-.

Yona se levanta de su asiento y agarra la pequeña mochila más


linda, se la cuelga de los hombros y camina hacia la puerta.

-Agáchense-, sisea Tsula. Drax y yo caemos de rodillas,


escondiéndonos debajo de la pequeña mesa de la cocina. Encajo
bien, pero ¿el gran cuerpo azul de Drax? Vamos a necesitar una
mesa más grande si queremos esconderlo.

-Hola,- dice una voz aguda en el momento en que la puerta se


abre. -¿Cómo estás?-

-Estoy bien-, contesta Tsula, con voz fría. -Me tengo que ir, un
gran caso hoy…--

-Oh, tenemos tiempo para una taza, ¿no?-

-No, en realidad no, como dije, yo...-

-Hice nuevos amigos-, Yona interviene.

-¿De Verdad? ¿Quien?-

-Un Zoran y un hu-mano-, responde la niña.

-Un Zoran? ¿Aquí en la estación?- Dice la vecina, sonando


sospechosa.
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-Algún tipo de espectáculo nuevo en el holo-deck-, dice Tsula,


acompañando a Yona por la puerta. -Gracias por llevarla a la
escuela. ¡Adiós!-

Nosotros dos, ¿un programa de televisión? Me pregunto quién


sería el compañero en ese escenario... Isa y Drax, luchando
contra el crimen y las fuerzas del mal... ¡ciertamente hemos
pasado lo suficiente como para competir con cualquier
espectáculo de holo-deck!

La puerta de metal se cierra de golpe, y Tsula apoya su espalda


contra ella.

-Pensé que nunca se iría-, dice ella mientras pasa su mano por la
aleta amarilla brillante en la parte superior de su cabeza. -Mi
vecina es agradable, pero ella no sabe cuándo dejar de hablar.
Nunca-. La hembra Terulian se desliza dentro de su chaqueta de
Securidad Vortex y agarra su baston eléctrico de combate. -Por
supuesto, no sabría qué hacer sin ella. Ella ayuda a cuidar de
Yona. Sin ella, estaría perdida. Pero, ella también es una bocazas,
y si los vio a ustedes dos aquí... -Tsula se estremece ante el
pensamiento.

-Voy a tirar de algunas cuerdas, a ver si puedo hacer que los dos
entren a la reunión del consejo. Quédense aquí, ¿de acuerdo?

Asiento con la cabeza. -Por supuesto.-

-Regreso más tarde.-

-Buena suerte.-

En el momento en que la puerta se cierra detrás de Tsula, Drax


se gira hacia mí.

-¿Estás pensando lo que estoy pensando?-


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-¿Nivel 42, cuadrante 4, # 183?- Digo, recitando la dirección que


encontramos en el mensaje cifrado.

-Exactamente. Esta es nuestra oportunidad de descubrir quién


es esta N y lo que él o ella quiere de ti-.

-¿De verdad crees que es una buena idea, sin embargo? Tsula nos
pidió que esperáramos... -

-Tenemos que arriesgarnos-, dice Drax. -Todo podría estar


conectado. ¿Y no es esto para lo que viniste a la estación Vortex?
Viajaste a la mitad del universo para esto. Esta podría ser la
única oportunidad que tenemos para descubrir la verdad. Si los
Prymetas comienzan una guerra... puede que no quede una
estación-.

-Tienes razón-, le digo, respirando profundamente. -Tienes


razón. Vámonos.-
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DRAX
-ES AQUÍ.-

Nos envolvimos en gruesas sábanas para ocultar nuestra piel y


caminamos lentamente, haciendo todo lo posible para evitar
llamar la atención. Sigo a Isa desde lejos, y aunque el Colmillo
Llameante está en alerta máxima, no encontramos Prymetas en
nuestro camino.

Me doy cuenta de que varios Xythianos, sin duda miembros del


Árbol de Plata, montan guardia en las intersecciones. Con sus
cuerpos delgados, su pelo blanco y sus orejas puntiagudas, son
difíciles de perder. Su armadura es de color negro azabache,
hecha de muchas correas y capas, y todas llevan espadas de plata
curvadas en la espalda.

Respeto a un guerrero que lucha en lugares cerrados.


Afortunadamente, no parecen estar atentos a nosotros.

Nivel 42. Cuarto cuadrante. # 183.

Encontrar la ubicación fue muy fácil. Tsula vive en el nivel 38, así
que solo había que subir unos pocos niveles. Averiguar a dónde ir
no tomó demasiado tiempo, las direcciones están claramente
marcadas. Eficiencia Elohian.

El pasillo por el que estamos caminando está desierto, las luces


parpadean. Hay un extraño olor a cobre en el aire. Es un lugar
perfecto para una emboscada. Mantengo una mano apoyada en mi
hacha, por si acaso.

-181... 182... 183. Aquí es-, dice Isa, deteniéndose frente a una
puerta.
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La puerta de metal está corroída, la luz sobre la puerta está


rota.

Podríamos estar caminando directamente hacia una trampa, pero


solo hay una forma de averiguarlo. Si tuviera a mi equipo conmigo,
podríamos hacer un barrido adecuado, pero en este momento es
la suerte de la lotería.

Isa golpea el panel de datos de la puerta y se abre con un


crujido. Está muy oscuro para ver dentro. Llevo mi dedo a mis
labios y le hago un gesto a Isa para que retroceda. Con mi hacha
estirada entro, mis orejas pican, mis ojos se ajustaron a la
habitación oscura. Huelo... a nadie.

-Está vacío.-

Isa entra, encendiendo una linterna en la oscuridad.

-No hay nada aquí-, dice ella, sonando desmoralizada. -¿Hemos


venido todo este camino por nada?-

Señalo un único datapad conectado a la pared. Está sentado en la


esquina, su pantalla rota. En cualquier otra circunstancia lo
habría pasado por alto, pero creo que es una señal.

-Ahí.-

Isa lo recoge. -Es sólo una fuente de la programación de holo-TV-


, dice ella. -Anuncios-.

-Podría ser un señuelo. Intenta ingresar un código-.

-¿Un código? No sabría cual-.

-Tendrá algo que ver contigo, personalmente. Algo que solo tú


sabrías. Tu cumpleaños.-
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-¿Por qué piensas eso?-

-Soy un General Zoran, Isa. Mi trabajo es pensar así-.

-Punto a favor. A ver... no, no pasa nada-.

-¿Recuerdas algo de tus padres, por casualidad? ¿Algún número


que usaron? -

-No... ¡Espera!- Sus ojos se iluminan. -Tal vez...- Con una mirada
de concentración total, escribe algunos números, y no pasa nada.

Los hombros de Isa se desploman. -Acabo de recordar esta


extraña canción de cuna que mi madre solía cantar, con todo tipo
de números. Pensé con seguridad que sería eso-.

-Bien hecho-, dice una extraña voz detrás de nosotros.

Me giro, apretando el agarre de mi hacha.

Tres figuras encapuchadas están de pie en la puerta: una hembra


alta y flaca, flanqueada por dos guardias masculinos. Están
armados con lanzas, una mala elección de armas para lugares tan
cerrados.

-Guarda esa cosa-, dice la mujer. -No lo necesitamos aquí-.

-¿Quién eres?- Gruño, la adrenalina corre por mis venas. -


Identifícate.-

La mujer da un paso adelante, hacia el rayo de la linterna de Isa,


y mi respiración se detiene.

-El Ama-, le digo. -Pensé que era un mito-.

Los ojos de la mujer son de un azul helado, su cuerpo cubierto de


escamas como los peces. Las aletas están unidas a sus brazos y
piernas, sus dedos palmeados y la parte posterior de su cabeza
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se extiende en un triángulo. Un vestido similar a las algas marinas


que la cubre desde sus delgados hombros.

-No lo soy, Zoran-, dice con frialdad.

-¿Qué está pasando?- Pregunta mi compañera.

-Ella es Ama-, le digo, asintiendo a la mujer con aspecto de pez


que está frente a nosotros. -La gente del agua. Uno de los
muchos tipos diferentes de Elohians-.

-Correcto-, dice la mujer. -Puedes llamarme Nyva. Ven, tenemos


mucho que discutir-.

Isa da un paso adelante, pero coloco mi mano en su hombro.

-No vamos a ninguna parte-, gruño. -Empieza a hablar.-

-Este no es el lugar, Zoran-, Nyva se burla. -No es seguro aquí-.

-¿Y a donde nos llevas?-

-Sí-, dice ella, enseñando sus muchos dientes. -Estamos


perdiendo el tiempo aquí. Isa, todo se aclarará. Sígueme.-

Mi compañera se vuelve hacia mí, sus ojos azules me suplican. No


quiero seguir a estos peces extraterrestres, pero entiendo que
quiera sus respuestas. Una vez más, estoy confiando en su juicio.

Espero que no nos maten.


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21
ISA
El paseo en ascensor es largo. Estamos amontonados en la
pequeña caja metálica: yo, Drax, Nyva y los dos guardias
silenciosos.

Aprovecho el momento para mirar sus escamas. Son hermosos,


anillos de escamas azules oscuras entrelazadas, como una
armadura de cota de malla de antaño en la Tierra. Me pregunto
cómo se siente, pero creo que tocarlos sería bastante grosero.

¿Quiénes son? ¿Fueron ellos los que me enviaron el mensaje?


¿Saben lo que les pasó a mis padres?

Las puertas se abren con un pitido, y mi boca casi toca el suelo.

Se acabó el aspecto desaliñado, sucio y oxidado de la estación


Vortex. La puerta se abre hacia un estanque prístino, el agua
hasta los tobillos, las paredes hechas de roca.

-¿Dónde estamos?-, Balbuceo. Esto ya no se siente como una


estación espacial, sino como una cueva.

-Este es nuestro nivel-, responde Nyva. Su voz es melódica, como


si cantara cada respuesta. Ella se mete en el agua y,
tentativamente, la sigo, Drax caminando cerca de mí. Se da la
vuelta y me entrega un pequeño dispositivo negro.

-Pon esto en tu boca. Te ayudará a respirar bajo el agua-.

Me puse el pequeño dispositivo en la boca y, un momento después,


los dos guardias me agarran los brazos y se sumergen bajo el
agua, tirándome con ellos. Giro mi cabeza para ver a Drax
siguiéndonos de cerca. Nadamos más y más profundo en la
oscuridad, mi corazón va un millón de millas por minuto.
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Después de pasar por el túnel submarino, salimos a la superficie


del otro lado. Hay algas creciendo en el agua, las paredes
cubiertas de musgo. ¡Este lugar tiene su propio ecosistema auto
sostenible! Me sorprendería la ingeniería necesaria para crear
esto, si mi corazón no estuviera lleno de preguntas.

Nyva se sienta en un trono hecho de hueso, los guardias toman


sus posiciones a sus lados. Ella nos hace un gesto para que nos
sentemos frente a ella. Quiero preguntarle qué demonios está
pasando, pero ni siquiera sé por dónde empezar.

-Estoy muy feliz de que hayas venido, Isabella-, comienza. -No


estábamos seguros de que estuvieras viva para recibir nuestro
mensaje-.

-¿Así que fuiste tú quien lo envió?-

Ella asiente. -Hiciste bien en venir aquí. Podrías cambiar el curso


de la historia misma-.

Me estoy cansando de estas palabras vacías y vagas


insinuaciones, quiero respuestas. -¿Qué pasó con mis padres? ¿Y
qué es esto? -Pregunto, subiendo mi manga para mostrar la marca
en forma de triángulo en mi muñeca izquierda.

Los ojos de Nyva se ensanchan. -La marca de De’Tsa! ¡Realmente


eres la elegida!-

-¿La elegida?-

Los Ama charlan entre ellos, lo que suena como los chillidos de
delfines. Drax apoya sus brazos en los míos. Se ha atado el hacha
al cinturón, pero su mano todavía flota sobre ella, listo para
golpear en cualquier momento.
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-Muy bien, entonces iré directo al grano, Isabella. ¿Conoces la


historia de la estación Vortex y la gente de Elohian?

-En parte-, le digo. -Refresca mi memoria-.

-Esta estación fue construida hace dos milenios por nuestro


Emperador, el gran Rayatol De’Tsa, Jefe de Todos, Unificador de
Tribus. Reunió a las diferentes personas de Elohian, los
Xythianos, Prymetas, Terulians y Ama, y nos llevó a la
prosperidad.

-Él construyó esta estación para que pudiéramos aprovechar el


poder del vórtice. Debería haber traído grandeza, pero en
cambio, nos trajo la ruina. Cuando desapareció en el agujero
negro, nuestro imperio se derrumbó. Las tribus se enfrentaron y
hemos estado divididas desde entonces. Sin embargo, no mucha
gente sabe que Rayatol no murió cuando entró en el agujero
negro. No. Fue transportado a través del tiempo y el espacio-.

Ella apunta su largo y escamoso dedo hacia mí.

-A la tierra.-

-¿Qué estás insinuando?- Drax gruñe. -Eso es imposible.-

-Ni siquiera los Zoran han desentrañado todos los misterios del
universo-, dice Nyva. -¿Quién eres tú para decir lo que es
imposible?-

Estoy tratando de envolver mi cabeza alrededor de sus palabras,


pero todavía no tienen ningún sentido para mí.

-¿Qué estás diciendo?-

-Estoy diciendo, mi querida humana, que no eres tan humana como


crees que eres-.
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¿Qué?

-Rayatol y su equipo estaban varados en una Tierra que aún no


poseía la tecnología para aventurarse en las estrellas. Los
humanos, sin embargo, poseen la extraordinaria cualidad de
aparearse con diferentes tipos de alienígenas-, dice ella, con los
ojos fijos en Drax por un segundo.

-Así que produjo descendencia. Y tú, Isabella, eres esa


descendencia. El emperador Rayatol es tu tatarabuelo. Y esa
marca en tu brazo lo prueba. Ven aquí y te lo demostraré-.

Lentamente voy hacia la mujer pez, la duda me llena hasta el


fondo. No puedo creer lo que está diciendo... pero eso explicaría
mucho.

-Muéstrame tu marca-.

Ruedo mi manga. El triángulo está pulsando y ardiendo.

-¿Alguien lo ha tocado alguna vez?-

-Sí-, le contesto. -Duele.-

Nyva asiente. -¿Has visto algunas visiones?-

¿Visiones?

-N… no-, le contesto.

-Muy bien-, dice Nyva con frialdad. -Prepárate entonces.-

Nada podría haberme preparado para lo que suceda a


continuación. Ella coloca uno de sus dedos huesudos en la marca,
e instantáneamente mi mente se inunda con imágenes, sonidos,
sabores, olores. Me transportan a través del tiempo y el espacio,
mientras vivo una vida entera en un abrir y cerrar de ojos.
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Lentamente, me las arreglo para juntar las imágenes confusas y


superpuestas. ¡Estoy viendo la vida de Nyva proyectada ante mis
propios ojos!

Se entremezclan imágenes del que debe ser Rayatol De’Tsa.


Breves destellos, meros destellos, pero él está ahí. El emperador.

Me caigo de espaldas, mi cabeza estalla de dolor, y Drax me


atrapa antes de que tropiece contra el suelo.

-¿Qué hiciste?- Gruñe.

-Nada-, dice Nyva. -Le mostré la verdad-.

-¿Q…q… qué fue eso?- Tartamudeo cuando Drax me ayudó a


levantarme. -Te vi... tú... y yo... y un nave ... y el vórtice...-

Los fríos ojos de Nyva están sonriendo. -Hicimos lo que nuestro


tipo llama una fusión mental, y las dos somos las primeras en mil
años en hacerlo. Tu marca te da el poder de ver la vida de
cualquier Elohian. Todo lo que tienes que hacer es tocarlo.
Aunque tengo que advertirte; También estás abriendo tu propia
mente a ellos-.

Estoy teniendo problemas para envolver mi dolorido cerebro


alrededor de esto. ¡¿Tengo poderes ahora?!

-Probablemente viste destellos de mi vida... mientras tanto, vi


todo el legado familiar de De’Tsa, como estoy segura, lo hiciste.
Esto lo prueba. Eres la heredera de De'Tsa-.

Siento como si tuviera un aneurisma. ¿Soy un extraterrestre? ¿O


al menos en parte? ¡¿Cómo, qué, por qué?!

-¿Qué significa eso? ¿Y qué les pasó a mis padres?-


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Nyva se sienta derecha, en la punta de su trono. -Significa que


tienes el poder de unir a todas las especies, las tribus, una vez
más. Algunas personas no quieren eso, y han estado librando una
guerra secreta durante siglos, mientras intentan erradicar el
legado de Rayatol de la existencia. Tus padres huyeron de la
Tierra por tu seguridad.-

¿Yo? ¿Una emperatriz? ¿Qué?

-¿Eso significa que mis padres todavía están vivos?-

La mujer Ama sacude la cabeza. -No. Lo siento.-

Tan rápido como aumentaron mis esperanzas, se derrumban. Mis


padres se han ido. Siempre lo supe en el fondo de mi mente, pero
me aferré a un poco de esperanza, solo... porque lo necesitaba. La
idea de reunirme con ellos un día me hizo seguir.

Y ahora que la posibilidad se ha ido.

Drax envuelve su brazo alrededor de mi hombro. -No estamos


interesados en tus juegos de poder-, dice. -¿La atrajiste aquí
para ayudarte a pelear tus guerras por ti?-

-No entiendes-, dice Nyva, levantando la voz. -¡Ella puede traer la


paz! ¡Es la legítima Emperatriz! ¡Debe reclamar su lugar!-

-¡Ella no tiene que hacer nada!-

Drax se levanta de su asiento. Los dos guardias Ama dan un paso


adelante, pero Drax se eleva sobre ellos. Él mira a los dos, y ellos
dan un paso atrás.

-Nos vamos-, dice mi compañero azul, poniéndome de pie. -Ven.-

-No puedes-, grita Nyva.


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-¿O qué? ¿Matarás a tu Emperatriz? Vámonos.-

Drax me levanta en sus brazos y me lleva lejos, de vuelta a


través del túnel bajo el agua, hacia el ascensor, hacia los niveles
de la Estación, hasta la casa de Tsula.

Mientras tanto, no pronuncio una sola palabra.

Mis padres. Se han ido de verdad.


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22
DRAX
YO PASEO DE UN LADO A OTRO por el apartamento de Tsula,
repitiendo la conversación en mi mente una y otra vez. Isa, la
madre de mi hijo, ¿descendiente del emperador Elohian?
¿Heredera al trono? Eso complica las cosas.

Las relaciones de Elohian y Zoran son complicadas. Su poder


rivalizaba con el nuestro hasta que su emperador desapareció y
sus tribus se dividieron. Algunos de los suyos nos culparon,
pensando que nosotros lo habíamos planeado todo. Hubo algunas
pequeñas escaramuzas, pero los Elohians no eran rival para la
fuerza Zoran mientras estaban ocupados en las luchas internas.

No veo cómo los Elohians podrían estar unidos en este momento,


después de una guerra civil que se ha prolongado durante tanto
tiempo. Todas las especies se han traicionado entre sí en algún
momento de los últimos dos milenios, lo que no es una buena base
para la confianza.

Los Ama, los Terulians, los Prymetas, los Xythians, ¿tiene mi


compañera el poder de reunirlos a todos?

Isa está acurrucada en el sofá, envuelta en una manta. Ella no ha


dicho una palabra desde que salimos de esa cueva.

-¿Cómo te sientes?- Pregunto.

Ninguna respuesta.

Me siento a su lado, apoyando la mano en su espalda. -Bebe algo-,


le digo, dándole un vaso de agua. -Me estás preocupando, Isa-.

Ella toma un sorbo por mi insistencia, y un poco de color vuelve a


sus pálidas mejillas.
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-Mis padres-, dice ella, casi ahogándose con las palabras. -


Desaparecidos.-

-Tienes que ser fuerte-, le digo. -No sólo por ti, sino por mí. Y
por nuestro bebé-.

Ella se vuelve hacia mí. -Nuestro bebe.-

Pongo mi mano sobre su barriga. -En este momento, nuestro


pequeño está creciendo dentro de ti. Vamos a ser los mejores
padres posibles, tú y yo. Vamos a darle la vida perfecta.
Estaremos allí para él. Los dos. Siempre.-

-¿Lo prometes?-

-Te lo prometo, Isa. Te lo prometo por tu planeta y por el mío, y


por las propias estrellas. Me quedaré a tu lado para siempre-.

Una sonrisa vuelve a sus labios, llenándome de calor. La tomo en


mis brazos y la beso, calentando su cuerpo con el mío. Ella
devuelve el beso, y por un momento nos perdemos en el tiempo y
el espacio.

Solo somos nosotros dos. No podemos resolver todos los


problemas intergalácticos. No podemos traer paz a todo el
universo conocido. Pero podemos formar una unión perfecta.
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23
ISA
LAS PUERTAS SE ABREN CON UN ZUMBIDO, y Tsula
prácticamente corre hacia su apartamento.

-Bien, todavía están aquí-, dice ella, jadeando por respirar. -Hay
una reunión del consejo en este momento. ¡Deberíamos ir! -

Mi cabeza descansa sobre los hombros de mi compañero, sus


manos acunan mi estómago. Nuestro beso apasionado me dio un
momento de alivio de toda la nueva información que han estado
bombardeando en mi cerebro, y una vez que la niebla del amor se
disipo, tuve una nueva perspectiva sobre todo.

Si soy capaz de traer paz a los Elohians, esa es una oportunidad


que tengo que tomar. Ciertamente no me siento como una
Emperatriz, pero la fusión mental lo demuestra. Las cosas que
vi... tengo que hacerlo. No por el bien de Nyva, ni siquiera por el
mío, sino por Tsula. Por Yona. Para los millones de personas que
viven aquí en la Estación Vortex, tratando de construir una vida
mejor para sus familias.

Si puedo establecer algo de orden en esta estación, podría


deshacerme de los mercados de esclavos, los puestos sórdidos,
los criminales, los asaltantes. Puedo devolverles a estas personas
sus hogares, el hogar que nunca tuve.

-Está bien-, digo, levantándome sobre mis pies. -Lidera el camino-

Drax y Tsula están en silencio. Lo único que escucho es el suave


zumbido del ascensor a medida que nos eleva, más y más alto,
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hacia el punto más alto posible en toda esta estación, donde se


reúne el Consejo. Tengo que saberlo.

-Tsula, ¿cómo te sientes acerca del Ama?-

Ella se vuelve hacia mí, levantando las cejas.

-¿El Ama? ¿Por qué debería preocuparme por ellos?-

-¿Confías en ellos?-

Ella se encoge de hombros. -Tendría que conocer a esa Ama en


particular. No creo que las acciones de una sola persona hablen
de toda su especie. ¿Porque lo preguntas?-

Levanto mi manga, mostrando mi marca a la Terulian. -¿Esto


significa algo para ti?-

Sus cejas se fruncen, su lengua bífida se desliza fuera de su


boca. -Ese es el símbolo de la De’Tsa-, dice ella. -¿Por qué tú...
quién eres?-

Ella me mira, sus ojos rojos llenos de incredulidad. -¿Tú eres


la...la... la elegida?-

Me encojo de hombros -Tal vez-, le digo mientras tiro la manga


de vuelta.

-¡Santo Elohi! ¡Tu! Tú, eres la elegida! ¡¿Cómo?!-

-Aparentemente, el Emperador viajó a través del tiempo y el


espacio cuando entró en el agujero negro, terminó en la Tierra, y
oh sí, es mi tatarabuelo o algo así-, le digo. -No lo sé.-

Ella me mira como si el agua se estuviera quemando. -¿Drax?-


Pregunta ella. -¿Estoy alucinando esto?-
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El Zoran gruño. -Parece que Isa está diciendo la verdad. Una Ama
llamada Nyva nos dijo.-

Tsula hace girar su cuello. -¿Conociste a Nyva?! ¡¿Cuando?! ¿Qué


está pasando?-

-Hicimos un pequeño viaje hoy, mientras estabas fuera-,


responde Drax. -No te preocupes por eso-.

Tsula se apoya contra la pared del ascensor con una mano. -Esto...
lo cambia todo-, dice ella. -¿Que planeas hacer?-

Todavía no lo había pensado del todo. Pensé que si aparecía en el


consejo y agitaba el brazo, me coronarían o algo así.

Hombre. Estoy en camino, muy por encima de mi cabeza.

-No lo sé-, lo admito. -Nyva me dijo que tengo que... reunir a las
tribus... pero no sé cómo. O si debería. ¿Qué piensas?-

-Creo que... wow. Solo soy una oficial de seguridad, no un político.


No lo sé.-

-Conoces Vortex mejor que cualquiera de nosotros-, le digo. -


Somos extraños aquí. ¿Crees que puedo hacer el bien? -

-Yo… yo...- Tsula respira hondo, pasando su mano por su aleta


color sol. Lentamente, una sonrisa se extiende por su rostro. -Sí-
, dice ella. -Sí. Las únicas personas que podrían protestar son los
Colmillos Llameantes, pero, de nuevo, estamos aquí para tratar
con ellos a pesar de todo. Tenía miedo de la agitación a la que
podría conducir un vacío de poder, pero si la heredera de De’Tsa
está de vuelta... entonces tal vez se pueda prevenir.

-Ya tienes al Ama a tu lado, y los Terulians también se alinearán.


Los Xythianos serán difíciles, pero se unirán cuando vean hacia
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dónde sopla el viento. El único problema que veo son los


Prymetas-.

-Entonces los aplastaremos-, gruñe Drax.

El ascensor reduce su velocidad de ascenso, lo que indica que


estamos cerca de llegar a nuestro destino.

Espero estar haciendo la elección correcta.


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DRAX
-¡ESTÁN PLANEANDO UNA INVASIÓN! ¡Tenemos que
movilizarnos, ahora!-

Una voz familiar me detiene en seco. Le hago un gesto a Isa y


Tsula para que dejen de moverse. Quiero escuchar el resto del
discurso de este hombre antes de acercarme. Estamos parados
frente a la oficina del Consejo, detrás de unos vitrales. La gente
que está dentro no puede vernos, pero podemos escuchar cada
palabra.

-He hecho un aliado importante, que nos ayudará, a todos


nosotros, a lograr nuestra gloria anterior, a salvaguardar nuestro
futuro. Sin embargo, tenemos que atacar, y cuanto antes mejor.
No podemos demorarnos. No podemos entretenernos. Los Zoran
están llegando. -

-Todos hemos escuchado los informes sobre la perturbación en el


nivel inferior. El espía Zoran ya está entre nosotros.-

Bokito. Reconocería su voz áspera en cualquier parte. Esa bestia


está al otro lado de la sala, tratando de incitar a los Elohians a
una guerra intergaláctica con los Zorans. Agarro mi hacha con
fuerza, todos los músculos de mi cuerpo se tensaron hasta su
límite. Sé que si me meto en esa habitación y le abro la cabeza,
solo estaría confirmando su teoría descabellada, y eso es lo único
que me impide hacerlo.

-Ahora, me gustaría presentar a mi buen amigo, quien explicará


esto con más detalle-.
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-Estimados miembros del Consejo-, dice una voz nueva y


extrañamente familiar. -Tengo en mi poder información secreta
sobre los planes militares de Zoran que los sorprenderán.-

Ese tono meloso, esa voz nasal... que solo pueden ser de una
persona.

El Senador Bogdan.

El mismo traidor al que vinimos aquí a arrestar en primer lugar.

Por supuesto. Todo tiene sentido. Esa comadreja. ¡Ese gusano que
se alimenta por el trasero! Huyó a los brazos de los Prymetas: les
suministró la tecnología necesaria para desarrollar a esos
luchadores furtivos, y planeó el ataque al Eternity. Bokito no es
más que su títere; Alguien nuevo para manipular, para controlar.

Las caras de mi tripulación brillan ante mis ojos. Puedo escuchar


las palabras de Vukota haciendo eco en mi oído como si estuviera
justo a mi lado.

Fue un honor servirle, señor.

Para mí también, Vukota. Igualmente.

Antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo, pateé la puerta


con el hacha en la mano. Todas las caras se vuelven hacia mí.

La vista fuera de la cúpula es impresionante, pero no tengo


tiempo para admirar el remolino, del negro vórtice afuera. Mi
atención se centra únicamente en el senador Bogdan. Su cara
verde se vuelve blanca en el momento en que me ve.

-G… guardias-, balbucea. -¡Vean! ¡Vean! ¡Los Zorans ya están aquí!


-
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Doy dos pasos y estoy frente a él. Lo levanto por la nuca,


agitando las piernas sin poder hacer nada. -Hola, Bogdan-, gruño.
-Qué sorpresa.-

-Drax,- escupe, con su sonrisa sonriente en su rostro. -Has caído


directamente en mis manos, tonto. Mira a tu alrededor, has
perdido-.

Rápidamente miro a mí alrededor y noto la perturbación que he


causado. Todos, excepto los Ama, han sacado sus armas, y todos
están apuntando hacia mí.

Los Xythians de pelo blanco apuntan sus espadas curvas hacia mí


y los Terulians sostienen sus picas. Esos no me importan. Son los
Prymetas en la esquina con los rifles los que me tienen
preocupado.

-Ahí es donde te equivocas, Bogdan-, gruño en su oído. -Tu


pequeño juego terminó, y vas a pagar por lo que hiciste-.

-¡¿Qué significa esto?!-, un Terulian de edad avanzada, vestido


con cerdas purpura. -¡Todos, bajen sus armas! ¡Tú, Zoran! ¡Suelta
a ese hombre y explícate! -

-Nunca-, rujo. -Viajé a través de la mitad de la galaxia por esto.-

Los Prymetas amartillan sus armas, apuntándolas directamente


hacia mí. Mi armadura puede tomar el golpe, pero me pregunto si
la cúpula de cristal en la que estamos es tan resistente. Un
pequeño pinchazo y todos estamos siendo absorbidos al espacio.

-Espera, Jefe Kanuna- dice Tsula. -Podemos explicarlo-.

-¿Tsula?- Responde el anciano Terulian. -¿Por qué estás


involucrada con estos rufianes?-
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-Por favor, señor, yo puedo...-

-Mátenlo-, Bokito gruñe, su voz sonando como un motor rugiendo.


-¡Mátenlos a todos!-

-¡No!- Grita Tsula, saltando delante de mí. -¡Vas a tener que


pasar por encima de mí!-

-Muy bien-, dice Bokito con una sonrisa torcida. -Si insistes.
Hombres.-

-Bokito, ¿estás loco?-, dice el anciano Terulian. -¡Retírense!-

Mientras la reunión se intensifica, Isa está de pie en la esquina,


observando cómo se desarrolla la acción, con los ojos muy
abiertos. Según Nyva, solo ella tiene el poder de unir a todas
estas tribus, pero en este momento la paz parece estar más lejos
que nunca.

Señalo con el dedo al mono plateado. -Tú eres el siguiente-, le


digo. -Dile a esta gente lo que hiciste. ¡Diles!-

Los Prymetas tienen sus dedos en los gatillos, y los Terulians


ahora apuntan sus bastones a los monos. Mientras tanto, los
Xythians están parados confundidos, y los Ama todavía están
sentados, viendo cómo se desarrolla este desastre.

-¡Diles cómo atacaste mi nave! ¡Diles cómo mataste a mis


hombres!-

-¿De qué está hablando, Bokito?- Dice Kanuna.

-Nada más que las divagaciones de un hombre muerto-, responde


el mono plateado. -Hombres-, dice, levantando la mano.

-No.-
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Nyva se levanta de su asiento, con un movimiento elegante y


fluido. La sala queda en silencio, ella exige respeto. -No
convertirás a nuestro Consejo, que ha sido la base de esta
estación durante generaciones, en un matadero, Bokito. No lo
permitiré. Ahora, creo que tenemos una visitante que quiere
hablar con nosotros. Esto nos concierne a todos-.

Ella gira su cabeza hacia Isa, y la sala entera la sigue. Puedo ver
como se abren sus ojos, dudo que la mayoría haya visto a un
humano antes. Nyva extiende su mano hacia ella, y mi compañera
da un paso vacilante.

-Hola,- dice Isa. -Mi nombre es... Isabella Parker-.

-¿Quién es esta?- Bokito ladra.

-Déjala hablar-, dice Kanuna, sus hombres con sus picas


apuntando a los Prymetas.

Nyva asiente. -Muéstrales, Isa. Muéstrales la marca.-

Isa se levanta lentamente la manga, la marca en forma de


triángulo en su muñeca izquierda arde brillantemente. La
sostiene para que todos lo vean, y la sala explota con sonidos.

Los Xythians se están gritando entre ellos, los Terulians están


conmocionados y los Prymetas gruñen y gritan. Mientras tanto,
todavía tengo mi mano envuelta firmemente alrededor de la
garganta de Bogdan, sus pies colgando en el aire.

-¿Ves eso?- Le digo. -Esta humana va a unir a las tribus Elohians-.

-Imposible-, escupe.

-Improbable, sí, ¿pero imposible? No. Tu estratagema ha fallado,


Bogdan.-
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-¿Eso es...?- El jefe Kanuna jadea.

-Sí-, responde Nyva, su voz melódica llenando toda la cúpula. -


Isabella Parker es la descendiente directa de Rayatol De’Tsa, el
Unificador de Tribus, el Jefe de Todos. Ella es nuestra legítima
gobernante, y bajo su mando tendremos una vez más la paz-.

El delegado de Xythian, un hombre viejo y frágil con cabello


blanco que llega hasta su vientre, abre su boca por primera vez. -
¿Es esta otra estrategia de Ama para tomar el poder?-,
Pregunta, con voz aguda.

-No-, responde Nyva con resolución, sus ojos azules tan fríos
como el hielo. -A los Ama no les importa el poder. Todo lo que nos
importa es la paz, paz que está siendo amenazada por las
personas que se sientan entre nosotros, que han bebido con
nosotros, que han compartido comidas con nosotros. Se sientan
en nuestra mesa, pero traman la guerra. Isa, cuéntales lo que
pasó en la Eternity.-

Isa se aclara la garganta mientras todos los ojos - reptiles,


parecidos a elfos, primates y gente peces - se vuelven hacia ella.
Ella me mira, y yo le hago un pequeño gesto con la cabeza. Tú
tienes esto.

-EL Eternity, de la cual yo era una pasajera, fue atacada y


destruida... por Prymetas con el símbolo del Colmillo Llameante-.

-Mentirosa-, Bokito se agita, pero él es ignorado. La habitación


está colgada de cada palabra de Isa.

-El General Drax me salvó la vida, pero no pudimos salvar a su


tripulación. Drax estaba en este sector persiguiendo al senador
Bogdan, quien es buscado por el Zoran por alta traición-.
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Puedo ver la confianza de Isa creciendo con cada palabra que


sale de sus labios. Ella será un excelente gobernante, puedo
sentirlo. Le viene naturalmente a ella.

-El mismo senador que resulta ser el aliado de Bokito-, dice ella. -
El mismo dúo que, momentos antes, intentaba convencerles de
una guerra intergaláctica con los Zoran-.

-No la escuchen-, grita Bokito, golpeando su puño contra su


pecho. -¡Ella es una wata!- Él hace un gesto para que sus hombres
ataquen, pero se detienen. La marca de Isa impone poder, incluso
sobre los hombres más leales de Bokito.

-La verdad es clara, Bokito-, dice Isa. Ella está mirando


fijamente al simio enojado a los ojos, no intimidada por él en lo
más mínimo. -Los Zoran son nuestros aliados. Los únicos
promovedores de guerra aquí son usted y el Senador. Podemos ir
a su hangar y encontrar los cazas secretos que ha construido con
la ayuda del senador, o puede rendirse ahora mismo y ahorrarnos
el problema-.

-¿Es eso cierto?- Pregunta Kanuna, los ojos rojos del anciano
Terulian tan abiertos como pueden estarlos. -Si el Colmillo tiene
naves que no han revelado al consejo... ¡eso es una gran ofensa!-

-Eso es sólo una ofensa de muchas-, dice Isa. -Tu reinado de


terror termina aquí, Bokito. Mi primera acción como Jefe de
Todos es acusarte de traición. Arresten a ese hombre-.

-Esta impostora está tratando de tomar el control-, ladra Bokito.


-¡Deben matarla! Si ustedes cobardes no lo hacen, lo haré yo!
¡Hombres!-
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El mono de pelo plateado se vuelve hacia sus hombres, pero han


bajado sus rifles. -Si ella es verdaderamente la Jefa de Todos...-
dice su segundo al mando, la duda en su voz es clara.

-Argh! ¡Cobarde! -Gruñe Bokito. Con un rugido atronador, salta


hacia adelante, saltando sobre la mesa, su gran cuerpo plateado
descendiendo sobre Isabella.

Todos alcanzan sus armas una vez más, pero yo soy más rápido.
Dejo caer al senador al suelo y salto hacia adelante, atacando al
mono en el aire. Chocamos contra la mesa, y se rompe bajo
nuestro peso. Sus grandes colmillos se hunden en mi cuello y la
sangre brota, sus poderosos brazos dificultan mi escape.

Lo golpeo en los costados con todas mis fuerzas, y la bestia se


dobla, jadeando por aire.

-Esto es por Vukota-, gruño al dar otro golpe. Y entonces otro y


otro. -Esto por Zyn. ¡Esto es por Sern!-

Mi visión se vuelve roja mientras golpeo al líder Prymeta sin


sentido. Estoy perdido en una furia de batalla, actuando por puro
instinto.

Suaves manos envuelven mi cara, una cara familiar que me llama a


mis sentidos.

-Está bien, Drax-, oigo. -Ganaste. Lo lograste. Detente-.


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ISA
INTENTO sacar a Drax del cuerpo ensangrentado de Bokito. Se
ha perdido en un frenesí, sus puños azules lloviendo sobre el
mono, dándole golpes sin sentido.

Por un segundo me temo que lo va a matar. Sé que Drax me


protege, pero nunca me di cuenta de lo que es capaz de hacer.
Debería - él es un general Zoran; él es líder de los guerreros más
feroces del universo, pero solo lo conozco como un gigante
cariñoso y amable.

Un gigante que destruirá a cualquiera que me amenace a mí y a mi


bebé.

-Vuelve-, le susurro a los oídos a mi compañero. -Por favor.-

Sus ojos amarillos están empañados de rabia, una neblina roja


que cubre sus pupilas, pero se levanta en el momento en que
escucha mi voz.

-¿Isa?- Pregunta, con su voz en un gruñido animal y bajo.

-Sí-, le digo, envolviendo mis brazos cuidadosamente alrededor


de su cuello. -Estoy aquí-. Beso la parte superior de su cabeza
azul. Mi codo se siente tibio y mojado, y me doy cuenta de que la
sangre fluye por su cuello.

-¡Estás herido!- Rasgo un trozo de tela de mi camisa y lo uso para


presionar su herida hacia abajo para detener la hemorragia.

A nuestro alrededor, los miembros del consejo están congelados


en su lugar, sin saber qué hacer. Estoy tan en la oscuridad como
lo están ellos, nunca he liderado nada en mi vida, por no hablar de
una coalición de razas diferentes que han estado en guerra
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durante siglos, pero no puedo demostrarlo ahora. Tengo que ser


fuerte y decidida, como Drax.

Si puedo hacer eso, entonces tal vez el sacrificio de sus hombres


no haya sido en vano. Si puedo llevar la paz a esta estación,
evitar una guerra entre los Elohians y los Zorans y proporcionar
un lugar seguro para la hija de Tsula y para mi bebé, entonces
habré hecho una diferencia.

Habremos hecho una diferencia.

Me doy cuenta de que el senador se está escabullendo hacia la


puerta, utilizando el caos para intentar escapar.

-Arreste a ese hombre-, le digo, señalando al Prymeta que está


más cerca de él, haciendo mi mejor esfuerzo para mantener mi
voz tranquila y firme.

Me alegra que el Prymeta siga mi orden, aunque con una ligera


vacilación. Él bloquea la puerta, y Bogdan se derrumba,
derrotado.

Me pongo de pie, mirando a los diferentes líderes con sus ojos


alienígenas multicolores. Veo maravilla, asombro y miedo en sus
ojos. ¡Si tan solo Barb pudiera verme ahora, Isabella Parker, la
mona de la grasa, la Emperatriz! Jefa de todos ¡Quien sabe!

Ruedo mi manga, extendiendo mi brazo. Si voy a liderar, necesito


tener su confianza. Incondicionalmente Si eso significa sufrir a
través de la fusión mental... que así sea.

-Adelante-, le digo, mirando al jefe Terulian a los ojos. -Ve por ti


mismo.-

Camina hacia mí lentamente, paso a paso. La marca en mi muñeca


palpita, y muerdo el interior de mi mejilla, preparándome para el
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dolor. La habitación está llena de susurros, pero mi mirada no


vacila.

Extiende un dedo verde oscuro y lo coloca en la marca de De’Tsa.


Al instante, mi mente vibra de dolor mientras mi cerebro se
inunda de imágenes. Nuestras mentes se funden juntas. Kanuna
Ma’Tza es su nombre. Nació hace más de 120 años, aquí en la
estación. Puedo oler la comida de su madre, siento su mano cálida
en mi frente. Me siento a salvo.

Al mismo tiempo, experimento los recuerdos que Kanuna está


viendo. Sintiendo. Experimentando. Mi infancia, mezclada con
imágenes antiguas, sueños febriles de mi historia familiar. La
historia de De'Tsa. Historia real.

De repente, mi mente se dirige a Drax. Mi guerrero azul celeste,


orgulloso, majestuoso. Mi compañero. Mi amante. Lo veo en toda
en su gloria desnuda, de pie, con su gran polla azul palpitando de
energía...

-¡Por Elohi!- Kanuna jadea mientras camina hacia atrás como si


fue golpeado por la electricidad.

Mis mejillas están ardiendo, mi respiración pesada.

¿Vio las mismas cosas que yo?

¡Necesito tener bajo control este poder de fusión mental, o de lo


contrario todos verán mis sueños sexuales!

-¡Es cierto!- Dice Kanuna. -¡Ella es la descendiente de Rayatol’s!


¡Ella es la Jefa!- El reptil anciano cae sobre una rodilla,
jurándome su lealtad. -Mientras el sol arda, los Terulians estarán
a tu lado, oh gran Elegida-.
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Asiento, aceptando su oferta. Al menos, creo que así es como se


acepta una promesa de lealtad. Mientras nadie se dé cuenta de
que no tengo idea de lo que estoy haciendo, todos estaremos
bien...

El líder Xythian da un paso adelante. -Imposible-, dice, y


extiende su dedo huesudo hacia mí. Me estremezco ante la idea
de fusionar la mente con el hombre de pelo blanco y aspecto
altanero, pero es un pequeño precio para pagar por la paz.

Un segundo después nuestras mentes están conectadas. Me


sorprende saber lo de este hombre, se llama Xylol’ltan, y... ¡tiene
más de mil años! Su aldea fue destruida, y siento el dolor de
perder su hogar como si fuera el mío, y mi pecho se siente como
si fuera a estallar.

Afortunadamente, esta vez me he ahorrado la vergüenza de


compartir mis fantasías sexuales en forma de un Zoran con un
extraterrestre parecido a un elfo. Retira su dedo hacia atrás, su
cara tan sorprendida como la de Kanuna.

-Imposible-, dice de nuevo, -¡pero aquí estás! ¡La Unificadora ha


regresado! -Él camina hacia atrás, murmurando para sí mismo.

-¿Xilol?- Pregunta Nyva. -¿Prometes tu lealtad a la Jefa de


Todos, como los Ama y los Terulians?-

-Sí, sí, por supuesto-, dice, como si fuera una simple formalidad.
-Extraño; Muy extraño, sí-.

Esto deja a los Prymetas. Con Bokito incapacitado, todos


recurrimos a su segundo al mando: Aybo. Este simio es más
pequeño, su pelaje es más jengibre que plateado. Extiendo mi
brazo hacia él, pero él retrocede.
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-N… no-, balbucea. -Yo creo. Yo creo. No hay fusión. No, no, no,
no.-

Se deja caer de rodillas, colocando las palmas de las manos sobre


el suelo. Estoy aliviada de que no quiera fusionar mentes. Es
agotador, vergonzoso y doloroso.

-Está bien-, le digo. -Acepto.-

Nyva aplaude con sus manos. -Excelente-, dice ella, entrelazando


sus dedos escamosos juntos. -¡Excelente! ¡Las tribus están
unidas! -
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EPÍLOGO

Isa
-LA ESCLAVITUD HA SIDO una piedra angular de la economía
de la Estación por décadas; no puedes... -

-Puedo y lo haré-, le digo, cortando el blob verde malicioso. -Está


prohibido. Permanentemente. En todo este sector. Todos tus
esclavos han sido liberados, y eres expulsado para siempre de
esta estación. Si alguna vez te vuelvo a ver en este sector, no
seré tan indulgente. Ahora vete.-

El blob se aleja, dejando un rastro verde enfermizo en el suelo.


Durante todo el día recibí visitas en mi sala del trono, y el aluvión
constante de preguntas me está agotando. ¿Quién sabía que ser
un líder intergaláctico era un trabajo tan duro?

-¿Quién es el siguiente?- Le pregunto a Tsula. La nombré mi


consejera principal. No hay manera de que pudiera haber hecho
nada de esto sin que ella trabajara incansablemente a mi lado.
Ella es alucinante. Solo han pasado unas semanas, pero ya hemos
logrado mucho. Bokito está en prisión, esperando su juicio,
mientras que los Prymetas han condenado a todos los
instigadores de guerra.

Liberamos a los esclavos, y la mayoría de los criminales,


asaltantes y esclavistas empacaron y se fueron cuando vieron que
la marea estaba cambiando.

-Hay una delegación de Suricat que quiere su ayuda para salvar al


Mangoose, y después de eso, la delegación Zoran está aquí para
recoger al Senador Bogdan...-
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Los Zorans. Me trago el nudo en la garganta. Drax h permanecido


obedientemente a mi lado, pero lo siento cada vez más inquieto.
Él es un guerrero de corazón, y la vida aquí en la estación Vortex
no es para lo que está hecho. Me temo que se va a ir con los de su
clase, y no creo que pueda culparlo...

... bueno, excepto por el hecho de que nuestro bebé está dentro
de mí. Ya tengo un bulto de bebé, ¡este creciendo como la col!

-Envía a los Suricats-.

Drax
-Luka!-

Mi viejo amigo Zoran viene caminando por el pasillo de la Estación


Vortex, sus brazos color rojo fuego se abren para mí. Él está
aquí para llevar al senador Bogdan a Exon Prime para su juicio.

-Drax! ¡Es bueno verte!-

Me abraza con fuerza, quitándome el aire. Él es tan alto como yo,


a juego con mi impresionante musculatura golpe a golpe.

-Temíamos lo peor cuando oímos hablar del Eternity-.

-La muerte no puede tomarme tan fácilmente-, respondo.

Él agarra mi hombro, apretándolo fuerte. -Eres un bastardo


duro. Nuestro Rey Guerrero Vinz está organizando una ceremonia
en tu honor; estarás contento-.

-Sobre eso-, le digo. -Ven. Hay alguien a quien quiero que


conozcas-.
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Guío al Zoran a través de los pasillos de la estación Vortex


mientras le cuento mi viaje. En las últimas semanas esta estación
ha cambiado algo en mí. Toda una vida en el ejército Zoran me
había inculcado cierto desprecio por otras especies. Los
Xythians, los Terulians, los Prymetas y, por supuesto, los
humanos... ¡Los veía como salvajes, a quienes les faltaba disciplina
y control.

¡Qué equivocado estaba! Isa me ha abierto los ojos. Ella es tan


fuerte, tan inteligente, tan capaz como cualquier Zoran que haya
conocido. Lo que le falta en pura fuerza física lo compensa con
su ingenio y determinación. Ella está tomando el liderazgo con
fluidez tal como un Ama nada en el agua.

No podría estar más orgulloso de llamarla mi compañera.

Y es por eso que estoy rescindiendo mi título militar.

Mi lugar está aquí, a su lado.

-Luka, me gustaría que conocieras a Isabella Parker-, le digo


mientras entramos en nuestros cuartos personales. -Isa, este es
mi amigo, Luka-.

Isa está sentada en el sofá, junto a Tsula, preparando una


reunión con los Xythians. Esas dos son una pareja perfecta, ya
que son ambiciosas y determinadas. No creo que ninguno de ellas
haya tomado un momento de descanso en semanas.

Mientras tanto, Yona está tendida en la alfombra, balbuceando


para sí misma. Ella será una amiga perfecta para nuestro pequeño
guerrero.

-Ah, Isabella. La nueva gobernante de la Estación Vortex -, dice


Luka mientras extiende su mano.
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Isa lo sacude, su pequeña mano empequeñecida por el gran Zoran.


-Prefiero jefa-, dice ella. -Gobernante suena tan... aristocrático-.

-Mis disculpas, jefa-, dice Luka con una inclinación de cabeza.

Me gusta estar cerca de otro Zoran para variar, ¡todas estas


otras especies son tan pequeñas! Me hace sentir como un gigante.
Saboreo el momento, porque estaré cerca de los pequeños
durante mucho tiempo por venir.

-Luka, hay algo que tengo que decirte. A ustedes dos, de hecho.
Renuncio como general en el ejército de Zoran, con efecto
inmediato-.

La mandíbula de Isa se abre, y Luka me mira como si acabara de


diluir mi cuhla.

-¿Estás seguro?- Pregunta Isa. Ella se levanta del sofá y camina


hacia mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura.

-Estoy seguro-, le respondo. -Mi lugar está aquí, contigo.- Pongo


mi mano sobre su estómago, sintiendo sus acentuadas curvas.

-Pero eres un guerrero-, dice Isa. -No quiero que sacrifiques


toda tu carrera por mí-.

-Isa, no estoy sacrificando nada-, le digo. Caigo sobre una rodilla


para que nuestras caras estén niveladas, y ella pueda ver la
honestidad en mis ojos. -Tú eres mi compañera de vida. Quiero
esto.-

Luka vuelve a prestar atención. -No puedo decir que entiendo,


pero acepto tu decisión, Drax. Informaré de inmediato a nuestro
Rey. Él no estará contento. Eres un guerrero formidable-.
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-Vinz tiene que preocuparse por su propia compañera humana-, le


digo con una sonrisa. -El entenderá. ¿Tal vez puedas tomar mi
lugar, Luka? Serías un buen general-.

Él asiente rápidamente. -Gracias, Drax. Debo irme ahora, hay


mucho por hacer. Algunas... ceremonias tienen que ser
canceladas.- Se inclina hacia Isa y Tsula antes de salir por la
puerta.

-Estás loco-, dice Isa. -¿Renunciar a tu rango? ¿Así? Eso es una


locura.-

-Estoy loco-, le contesto. -Por ti.-

-Oh, hermano-, dice Tsula. -Puedo ver a donde va esto.


Permítanme darles un momento-. Agarra a Yona y se dirige a la
puerta mientras llama a la delegación Xythian, diciéndoles que la
Jefa Isa saldrá unos minutos tarde.

Que sea una hora.

Levanto a mi compañera en el aire, mi boca encuentra la de ella


mientras envuelve sus brazos alrededor de mi cuello.

-Dije que me quedaré a tu lado para siempre-, gruño mientras le


quito la ropa. Estoy desesperado por sentir su piel contra la mía -
Esa fue una promesa que tengo la intención de cumplir-.

-Oh, Drax-, Isa suspira felizmente. -Te amo.-

-Yo también te amo, Isabella Parker. Yo también te amo.-

Fin