Está en la página 1de 78

,,T '

/
JORDI FERRER BELTRÁN

LA VALORACIÓN
RACIONAL
DELA PRUEBA

Prólogo de
Larry Laudan

Marcial Pons
MADRID l BARCELONA I BUENOS AIRES
2007

:\· - -
,, ¡

!
/
!

La colección Filosofía y Derecho publica aquellos trabajos que han superado una
evaluación anónima realizada por especialistas en la materia, con arreglo a los estándares
usuales en la comunidad académica internacional.
Los autores interesados en publicar en esta colección deberán enviar sus manuscritos en
documento Word a la dirección de correo electrónico manuscritos@filosofiayderecho.es. Los
datos personales del autor deben ser aportados en documento aparte y el manuscrito no debe ,i
¡)
contener ninguna referencia, directa o indirecta, que permita identificar al autor. /
l
1

Para Anna, que me dijo «papá» mientras


yo ordenaba las palabras de este libro.

Para Laia, que me recordó hace tiempo


que « ¡Porque no!» no es una razón.

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del


«Copyright», bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de
esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento
informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

© Jordi Ferrer Beltrán


© MARCIAL PONS
EDICIONES JURÍDICAS Y SOCIALES, S. A.
San Sotera, 6 - 28037 MADRID
Telf.: 91 304 33 03
ISBN: 978-84-9768-499-6
Depósito legal: M-54190-2007
Fotocomposición: MEDIANIL COMPOSICIÓN, s. L.
Impresión: ELECÉ, INDUSTRIA ÜRÁFJCA L
J.
c/ Río Tiétar, 24 - Algete (Madrid)
MADRID, 2007
l
!:

i
l
¡~
'~
·/
i'

1
j

¡
./'

ÍNDICE

PRÓLOGO..................................................................................... 15

INTRODUCCIÓN......................................................................... 19

PRIMERA PARTE: EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DE-


CISIONES SOBRE LA PRUEBA EN EL PROCESO JU-
DICIAL............................................................................... 23
l. INTRODUCCIÓN.................................................................... 23
2. NOTAS DEFINITORIAS DEL CONTEXTO DE LA PRUEBA
JURÍDICA................................................................................ 29
2.1. El objetivo institucional es la averiguación de la verdad 29
2.2. Se determina (normalmente) la ocurrencia de hechos pa-
sados............................................................................... 32
2.3. El derecho incluye un buen número de reglas jurídicas so-
bre la prueba ............................................. ................ ...... 35
2.4. La toma de decisiones sobre la prueba en el proceso está
sometida a estrictas limitaciones temporales .................. 36
2.5. Las partes intervienen en el proceso............................... 38
2.6. La justificación de la decisión adoptada es relativa a un
conjunto determinado de elementos de juicio................. 40
2.7. La decisión que se adopte está dotada de autoridad........ 40
3. RECAPITULACIÓN: TRES MOMENTOS DE LA ACTIVI-
DAD PROBATORIA EN EL DERECHO................................ 41
3.1. La conformación del conjunto de elementos de juicio o
pruebas............................................................................ 41
I,/
I
12
ÍNDICE ÍNDICE 13

3.2. La valoración de los elementos de juicio o pruebas ....... . 45 El momento de la decisión sobre los hechos probados ... 139
2..
3
3.3. La adopción de la decisión sobre los hechos probados .. . 47 2.3.1. Un estándar de prueba para el proceso penal .... . 144
4. UNAANALOGÍAESTTh1ULANTE: LA TOMA DE DECISIONES
CLÍNICAS ............................................................................... . 49 BIBLIOGRAFÍA .......................................................................... . 153
5. EL DERECHO A LA PRUEBA COMO EXIGENCIA JURÍ-
DICA DE RACIONALIDAD................................................... 52
5.1. Los elementos que integran del derecho a la prueba....... 54

SEGUNDA PARTE: ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN


RACIONAL SOBRE LA PRUEBA........................................ 61
l. INTRODUCCIÓN.................................................................... 61
2. DE NUEVO SOBRE LOS MOMENTOS DE LA ACTIVIDAD
PROBATORIA EN EL PROCESO........................................... 66
2.1. El momento de la formación del conjunto de los elemen-
tos de juicio..................................................................... 68
2.1.1. La relevancia...................................................... 68
2.1.2. La admisibilidad................................................ 77
2.1.3. Los controles procedimentales sobre la práctica
de la prueba que inciden en la riqueza del con-
junto de elementos de juicio............................... 86
2.2. El momento de la valoración de la prueba...................... 91
2.2.1. Conceptos de probabilidad................................. 93
2.2.2. El razonamiento probatorio en el momento de la
valoración de la prueba ...................................... 96
2.2.2.1. La probabilidad estadística de la hipó-
tesis como modelo de razonamiento
probatorio........................................... 98
2.2.2.2. La probabilidad subjetiva como mode-
lo de razonamiento probatorio ........... 108
2.2.2.3. La probabilidad lógica o inductiva de
la hipótesis como modelo de razonamiento
probatorio........................................... 120
2.2.2.3.1. La metodología de la co-
rroboración de hipótesis... 126

¡,

!
1
Ll
--

INTRODUCCIÓN

El libro que usted, lector, tiene entre las manos es fruto de un


proyecto de investigación iniciado en el año 2000 acerca del con-
cepto de prueba en el derecho. Una primera fase de la investiga-
ción, de corte conceptual, vio la luz en el libro Prueba y verdad
en el ~erecho ~FERRER,,2002). Allí sostuve que los enunciados pro- (í
batanas, del tipo «Esta probado que p», que comparecen en el ra- i\
zonamiento judicial sobre los hechos son sinónimos de «Hay ele-
mentos de juicio suficientes a favor de la aceptación de p como
ver~adera». Esta tesis supone la asunción de algunos compromi- j
~portantes.
En primer lugar, la inscripción del trabajo en lo que se ha dado /
en llamar la ~cionalista acerca d e l ~ . A su vez, esta (
pertenencia a la tradición racionalista conlleva la defensa de algu- 1
nas tesis centrales: a) la averi uación de la verdad como ob·etivo ins- !
~ional~cti_yi~oba~~n el proceso ju~icial, b) la,acep- ¡/,¡t., !
~c1on del concepto de verdad como corresp_ondencia, por ser este el
1
más adecuado para dar cuenta de las exigencias de la aplicación del 1
derecho: aplicar la norma que prescribe una consecuencia jurídica\
para el caso en que se dé el hecho h requiere que se haya producido j
h y, por tanto, que los enunciados que se declaran probados en el pro- ,.
ceso se correspondan con lo ocurrido en el mundo; e) el recurso a !
las metodologías y análisis propios de la epistemología general para\
la valoración de la prueba, por ser éstos los mejores instrumentos 1
!
disponibles para maximizar las probabilidades de que la decisión adop-
tada sobre los hechos se corresponda con la verdad. Todo ello, cla-¡
l''
r _)

20 ~,../
JORDI FERRER BEL1RÁN INTRODUCCIÓN 21

ro, con la condición de que nos encontremos en el ámbito de la ¡¡. a la que responde una teoría de la valoración de la prueba es ¿cuál
bre valoración de la prueba.
es la forma racionalmente adecuada de valorar la prueba? (ANDER-
En segundo lugar, so~~a_yinculación de la noción SON-SCHUM-TWINING, 1991: 80). Y la respuesta a misma e s ~
de prueba con l~tamlidad d~ 1~ ve~da.q7ctel enunciado que s~~te.:.
~ara prob~do, fundada en la suficiencia de los elementos de juicio
a su favor. Esto implica una ~nculación entre prueba y verdad que
tiva
r '
en el mismo sentido en que lo es la epistemología 1 o la...,,..._...._,~-0..
gramá-
~a(COHEN ,0 L. J., 1~86: _63?)· La ,teoría no P;etend~ d_esc!--ibir c~rño
deciden los 3ueces smo mdicar como debenan decidir si se qmere
l
ng_ hace de la segunda un_requisit.9 conce·Qtual de la primera. c0;-- que sus decisiones sean racionales.
ceptualmente cabe la posibilidad de que un enunciado esté probado Antes de todo esto, no obstante, analizaré en la primera parte las
Y que, contemporáneamente, sea falso y empíricamente esa combi- características definitorias de la adopción de decisiones sobre la
nación se da ~n no pocas ocasiones. Es más, nunca podemos tener prueba en el proceso judicial y las distintas actividades o momentos
la certeza racional de que un enunciado empírico es verdadero. Por en que ésta se puede descomponer. Esto debería permitir circunscribir
e~lo, ~riterio de a~eptabili?-füln.Q...QUede ser sustantiY.o_sinQp~ adecuadamente las especificidades jurídicas de ese ámbito de adop-
dimenfal. Un enunciado sera aceptable como verdadero si tiene su- ción de decisiones y los espacios que quedan a la aplicación de la
fifüt'iVes' elementos de juicio a su favor o más estrictamente si está epistemología general.
suficiente~ente ~o~o.lJOr~do por los ele~entos de juicio exístentes
~n _el expediente Judicial. Esta es, pues, una noción epistémica y ob-
/ jetiva de prueba (ACHINSTEIN, 2001: 19 ss.):-\Testoeslci"mé}or que
* * *
pode~os hacer para maximizar las probabilidades de correspon- , No quiero terminar esta introducción sin mostrar mi más since-
dencia entre lo que se declara probado y lo verdaderamente ocurri- ro agradecimiento a Larry LAUDAN, Josep Lluis MARTÍ, Daniel MEN-
do en el mundo.
DONCA, Diego Martín PAPAYANNIS, Giovanni RAITI y Jorge RODRÍ-
Con esos mimbres, puede utilizarse una noción de racionalidad GUEZ. Todos ellos han leído versiones preliminares de este libro y
teleológica para juzgar tanto el diseño procesal de cada sistema ju- me han permitido mejorarlo sustancialmente. Daniel GoNZÁLEZ LA-
rídico Y cada ~n.a de sus reglas sobre la prueba, como la forma de GIER, Michele TARUFFO y Larry LAUDAN han sido, además, perma-
adoptar l~s dec1S1on~s sobre los hechos en el proceso judicial por par- nentes puntos de referencia durante la elaboración de las ideas aquí
te de los Jueces y tnbunales. En ambos casos la racionalidad impli- expresadas. Las discusiones con los tres espero que sean de verdad
ca?ª evalúa la adecuación de medios a fines de esas normas y de esos interminables: de ellos he aprendido mucho, me han hecho pensar,
metodos de toma de decisiones respecto de la finalidad de la averi- corregir, reafirmar, revisar y abandonar mil veces ideas bien o mal
~uación de la verdad en el proceso. Ésta será la noción de raciona- concebidas; y también divertirme mucho con mi trabajo 2•
hd~~ .ª la que haré referencia de forma exclusiva en lo que sigue .
..., .~ l t(il ,')>t/'"11'.... \
~n Prueba y verdad en el derecho, en cambio, no presenté una
teona de la valoración de la prueba ni tampoco de la suficiencia de
los elementos de_j~i,cio a los efectos de que sea aceptable como pro-
b,ada una proposic10n sobre los hechos. Los rudimentos de esa teo- 1
Podría sostenerse también una versión del argumento general que respondiera a la/
na pueden encontrarse ahora en el capítulo segundo de este libro, estructura de una regla técnica: «Si quiere adoptar decisiones racionales sobre los he-
con lo que espero completar el argumento iniciado en Prueba y ver- chos, entonces debe seguir estas indicaciones epistemológicas».
2
La elaboración de este libro ha contado con el apoyo financiero de dos proyectos
da1 ~n. el derecho. Con ello, el estatus del discurso del libro que aho- de investigación del Ministerio de Educación y Ciencia (SEJ 2004-07136-C02-02/JURI)
ra micia cambia respecto del precedente. La pregunta fundamental Yde la Generalitat de Catalunya (2005SGR-00374), respectivamente.
PRIMERA PARTE

EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES


SOBRE LA PRUEBA EN EL PROCESO JUDICIAL

l. INTRODUCCIÓN

Uno de los presupuestos habituales en los estudios sobre la prue-


ba jurídica, especialmente en la doctrina de los países de civil law,
es que la prueba jurídica no puede ser estudiada desde la perspecti-
va de la noción general de prueba, propia de la epistemología gene-
ral y, por ejemplo, de las ciencias naturales. La prueba en el derecho 1
tendría tantas e importantes particularidades que harían necesario ela-
borar una noción específicamente jurídica de prueba. En ocasiones,
incluso, esta fragmentación se lleva hasta el extremo de sostener la
necesidad de contar con una noción propia y específica de prueba
jurídico-penal, distinta de la jurídico-civil o administrativa, etc. 1
Como fundamento de esta fragmentación, se aportan normalmente
dos razones: a) el proceso judicial puede ofrecer sustento única-
mente a verdades aproximadas; la información disponible en el mis-
mo acerca de los hechos a probar es deficiente, tanto por su fiabili- 1
~
dad relativa como por su carácter necesariamente incompleto. Nunca
f
el proceso judicial podrá ser un adecuado instrumento para la ad-
quisición de información completa que pueda justificar una decisión r
sobre los hechos que vaya más allá del carácter aproximativo. Por
24
JORDI FERRER BELTRÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ... 25
e:lo, ~a decislión que en él se adopte sobre la prueba de los hech
a ega os por as partes se caracteriza necesari os es más o menos riguroso, el resultado es siempre el mismo: no se tra-
~n un contexto de incertidumbre. Por otro l~ente por su pr,oducción ta ya de una búsqueda de la verdad material sino de un proceso de
fijación formal de los hechos (CARNELUTII, 1947: 33-34. Las cursi-
;;adue el desarrollo de la actividad probatori~º~s~l :~;~:~::iev:;: vas son del autor).
. o, est~ es, que no estamos frente a una actividad libre sin
J~e.ces y tnbunales están sometidos a un buen , o q.ue Las tesis teóricas de CARNELUTTI, que acaban de citarse, han te-
ndicas q~~
regulan su pr.ác~ica 1• Ésta sería una :::~~~::::~: ~~: nido una importantísima repercusión en la dogmática procesal ita-
~:~:t~tI~1d.ad probatona J~rídica y la actividad probatoria general liana y también en la española y latinoamericana 2 y pueden también
defen:o: ;:~cs~m~n~e a los ~mperativos epistemológicos. Un clásic~ encontrarse fácilmente tesis análogas en la literatura anglosajona.
la noción d a tt1ma tesis y de la consiguiente fragmentación de No es el objetivo de este trabajo abundar en estos planteamientos
e prue ª e s ~ ' quien sostiene que: ni tampoco discutir si es o no la mejor interpretación que cabe atri-
buir a la concepción de tal o cual autor. Basta, por el momento, con
dad~= J~~~ gen~r~I: probar significa, en efecto, demostrar la ver- asumir que las ideas señaladas hasta aquí han tenido y siguen teniendo
el control dp opos1c10n afinnada. En cambio, en el ámbito jurídico
. e l?s hechos controvertidos por parte del J·uez pueden~ una muy considerable aceptación entre los teóricos, especialmente dog-
rea lizarse mediante Ja b , d d máticos, que han escrito sobre la prueba en el derecho.
cedimientos de fi' . , ~sque a e su verdad, sino mediante los pro-
cesos bajo el IJ;c10n onnal [... ]. Si la ley da cuenta de esos pro- Ahora bien, creo que este enfoque no es el único posible ni el
del vocablo e~~f!ere de P1:1e~a'. esto supone que el contenido propio que más rendimiento explicativo puede ofrecer para dar cuenta de la
efecto . . nguaJe Jund1co se altera y se deforma. Probar, en toma de decisiones en materia de hechos probados en el proceso ju-
vertid' ya_no sigmfi~ará demostrar la verdad de los hechos contro-
dicial. Además, y esto es quizás lo más relevante, tampoco es el más
1 termi,~:d:~no _det~·~u~zar ofijarforma!mente los hechos mediante de-
deseable, puesto que limita muy considerablemente las posibilida-
l del autor). pmce muentos. (CARNELUITI, 1947: 55. Las cursivas son
des de introducir criterios de racionalidad para esa toma de decisio-
nes (FERRER, 2002: 34 ss.)3. Y esa preferencia, por otro lado, no es
Es más, para CARNELum · únicamente propia de una determinada ideología del proceso judi-
jurídicos a la b , d d ' no importa el alcance de los límites
noción jurídica ~sque ª e la verdad para que debamos escindir la cial, sino que es parte de las exigencias normativas impuestas al de-
otro ámbito de 1 e prue~a d_e la noción general propia de cualquier bido proceso por el derecho a la defensa y, más en particular, por el
a expenencia: denominado derecho a la prueba 4• Por ello, resulta imprescindible
realizar un análisis algo más detallado de las especificidades del
para[~Jebe~s;~ ~n lín~ite ~zínimo a la libertad de búsqueda del juez contexto jurídico para la decisión sobre los hechos probados, de for-
0

so formal de fi. es.~ _e busqueda de verdad degenere en un proce-
diferente para faª~~t~~ ~n otros ténnmos, la medida del límite es in·
o es pura O no d ª eza del proceso. La verdad es como el agua: 2
Véase una crítica de las tesis de CARNEL\JITI en SENTÍS MELENDO, 1979: 114 SS., y
está limitada ei!ter ~~- Cuando la búsqueda de la verdad material DEVIS ECHANDfA, 1981: 29-31.
3
caso y mediante se7ti .° ~e qu~ ésta n? puede ser conocida en todo A parecidas consecuencias llevan las concepciones que atribuyen carácter consti-
cua quie, medw, con mdependencia de si el límite tutivo a la decisión judicial sobre los hechos. La más conocida de esas tesis es la de KEL-
SEN. Véase, por ejemplo, KELSEN, 1960: 248-249. En España, recientemente, puede en-
i Obsei:va esta misma tendencia e . . . contrarse una idea parecida en NIETO, 2000: 248-249. Puede verse un análisis más
de que los Juristas tiendan a preocu g ner~l ':fARUFFO, qmen le atnbuye la consecuencia detallado de este punto en FERRER, 2002: 20 ss.
P~ebas, olvidando O abandon d Pfrse u~icamente por el estudio del derecho de las ' No insisto aquí en este punto por razones de brevedad. Puede verse una detallada
°
d1cas del problema véase TA an e estudw de las nociones no específicamente jurí·
. RUFFO, 1992; 303, 317-318.
justificación de esa preferencia normativa en FERRER, 2003, y en los epígrafes 5 y 5.1
de esta primera parte del libro.

/,j~
-
>.
J
¡' /~
~/
26 JORDI FERRER BELTRÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ... 27 ¡
i

ma qu~ p_u~da evaluarse adecu~damente el alcance de las mismas y ámbito. Entiéndase bien: no quiero decir que no pueda atribuirse va-
las pos1b1hdades de control rac10nal de esa toma de decisiones. lor de verdad a las proposiciones que se declaran probadas en un pro- i

Pero, antes de realizar ese análisis, quisiera añadir algunos co- ceso; quiero señalar, más bien, que el conjunto de pruebas de que se
mentarios respecto del carácter incierto y normativo del contexto de disponga en el mismo permiten ~amente atribl.lir un determinadQ 1
! /::
la prueba jurídica. _grado de confirma9Q!l..Q._9.§..P.[9_Q-ª.bili.aacl-d~s~ropo_ggón sea j,;
~ ( p o r todos, TARUFFO, 1992: 35 ss.; GASCÓN, 1999: 44-:2i.-:sJO:- (
1
No parece discutible la corrección de considerar que la decisión
judicial sobre los hechos probados se produce en un contexto de in- Es, en muchas ocasiones, la insatisfacción ante la imposibilidad /
certidumbre y que, por ello, no puede alcanzarse un conocimiento de alcanzar la certeza del conocimiento la que ha llevado a negar toda
cierto acerca de las proposiciones sobre los hechos que se declaran racionalidad cognoscitiva. Pero ello no es más que un salto de una
probadas (FERRAJOLI, 1989: 23 ss.; TARUFFO, 1990: 431; 1992: 217 posición epistemológica extrema a otra tan inasurnible corno la pri-
~s-~. ~o~a bien, por un lado, esto no es algo exclusivo del ámbito mera 7. Para decirlo de nuevo en palabras de RESCHER (1988: 86):
1 3und1co smo que, con mayor o menor grado, puede decirse de cual-
El argumento del escéptico es una espada de doble filo que cor-
/ quier ámbito del conocimiento. Por otro lado, de la constatación de ta ambos caminos y se inflige a sí misma mayor daño. No tiene sen-
1 ~ue n?s encontramos ante un contexto de toma de decisiones bajo tido imponer sobre una cosa condiciones de calificación que no pue-
! mcertidumbre no se puede derivar sin más que a él no le sean apli- den ser satisfechas por la misma naturaleza de la cosa. En este punto,
1cables las reglas de la racionalidad 5 ni que deba construirse un es- un análogo del viejo precepto legal romano resulta operativo: uno no
\ pecífico concepto de prueba jurídica distinto e independiente de la
j noción de prueba usada en otros ámbitos del conocimiento. Como
/ ha señalado RESCHER (1988: 84): .
está jamás obligado más allá de los límites de lo posible (ultra pos-
se nema obligatur). No se puede requerir racionalmente que haga-
mos más que lo mejor posible en determinada situación, incluyendo
¡
lo cognoscitivo. (La cursiva es del autor).
Cuando buscamos información, como cuando buscamos comida,
no tenemos más opción que la de conformamos con lo mejor que EQ.:_ En el caso del carácter reglado de la torna de decisiones sobre la
''"' ~ ¡1;) ~ º s obtener en un determinado momento. Incluso pÜclemos hallamos prueba en el derecho sucede algo parecido a lo dicho respecto de la
,,'' D(:'k., en una srtuac1ón en que la conjetura y a adivinanza deban contar como incertidumbre. Ésa es también una característica innegable de la
,, 0i,\111l conocimiento, pero esto es racionalmente aceptable si representa cier-
l'"'v>\.\ prueba jurídica, pero no creo que de ella se pueda inferir sin mayor
i, tamente lo mejor que podemos hacer.
precisión ninguna conclusión que excluya la aplicación de criterios
y controles de racionalidad general a ese ámbito 8. En esa línea, TA-
Lo único que.parece razonable derivar de la nota de incertidum-
b;~ que caracteriza la toma de decisiones en el ámbito de la pruebaju-
6
nd1ca es, pues, una relativización de la confirmación del valor de ver- Cuál sea ese grado dependerá de las pruebas disponibles, tanto de su número como
del tipo de pruebas, pero, en cualquier caso, sí puede decirse que, a diferencia de la no-
dad que podemos atribuir a las conclusiones que alcanzamos en ese ción de verdad, la de prueba y la de probabilidad son graduales. De otro modo, por ejem-
5
plo, no tendría sentido hablar de prueba suficiente como umbral a partir del cual se pue-
La_H.teratura acerca de la racionalidad de la toma de decisiones bajo incertidumbre de destruir la presunción de inocencia en el ámbito penal. 1
es amphs1ma Y no puede ser reproducida aquí. Por el momento puede decirse que en 7
Estamos ante la figura del pe,feccionista desilusionado del que habla 1\V!.NING (198~:~.
bu~na P~rte ~upone la apli~~ción de alguna noción de probabilid;d como mecanismo de 96-97), que es en el ámbito del proceso judicial lo que en el ámbito de la ep1stemologia
rac10nahzac1ón de las dec1SJones. La noción de probabilidad sin embargo no es en ab- general POPPER (1963: 279) denomina el verificacionista desengañado.
soluto. umvoca
' Y pue den 1'd ent1ficarse
· al menos dos grandes ' tradiciones al' respecto: la 8
GASCÓN distingue entre reglas epistemológicas, o garantías de verdad, Yreglas con-1
bayesiana Yla baconiana. Respecto de la primera de ellas puede verse RAIFFA 1968, Y traepistemológicas, para dar cuenta de que no todas las reglas jurídicas sobre la pru_eba
respecto de la segunda, CoHEN, L. J., 1977 y 1989b. Volveré ampliamente sobre ~ste pun- pueden entenderse como obstáculos epistemológicos impuestos por el derecho. Vease
to en la segunda parte. GASCÓN, 1999: 115, 125 SS.
29
28 JORDI FERRER BELTRÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ...

RUFFO ha identificado dos grandes concepciones, que denomina, res- 2. NOTAS DEFINITORI~S DEL CONTEXTO
pectivamente, concepción cerrada y abierta de la prueba. La concepción DE LA PRUEBA JURIDICA
cerrada se caracteriza por la defensa de la fragmentación de la no-
ción de prueba que ya ha sido mencionada anteriormente. La con- A partir de lo dicho hasta el momento, puede co~p~?b~rs~ que
cepción abierta, en cambio, que se remonta a clásicos como THAYER, ni la incertidumbre que caracteriza la toma ~e dec1S1on_ JUndica
BENTHAM y WIGMORE 9, se caracteriza por sostener que: sobre la prueba ni el carácter reglado de la_ misma_ permiten con-
· · mayor detenimiento que no es posible aplicar a esa toma
c1mr sm · · d ·
a) la prueba es, ante todo, un fenómeno que pertenece a la es- de decisiones las categorías y los criterios de raciona~ida propi~s
fera de la lógica y de la racionalidad o, al menos, de la razonabilidad de la epistemología general. Por ello, resulta co~vemente un ana-
(ya sea en la versión «de sentido común» o en la más sofisticada que lisis más detallado de las características que defmen e~e cont~xto
hace referencia a modelos lógicos y epistemológicos), mientras que de toma de decisiones a los efectos de evaluar esa posible aplica-
sólo algunos aspectos de ese fenómeno están previstos y regulados
por normas. Es incluso discutible la utilidad de esas normas, que era bilidad.
negada por Bentham, y en todo caso prevalecen las tendencias a re· Creo que pueden identificarse, al menos, siete cara~ter!s!icas re-
ducir al mínimo indispensable la regulación normativa de las prue- levantes que permiten definir el contexto de la prueba Jundica.
bas w. b) Como consecuencia de ello, no se plantea siquiera el pro·
blema de la admisibilidad de las pruebas atípicas, dándose por
descontada y obvia la respuesta positiva. e) Las normas en materia
de pruebas no sirven para definir y delimitar el concepto jurídico de 2.1. El objetivo institucional es la averiguación de la verdad
"> .:::. dtl f<º u"J D
prueba porque cualquier cosa que sirva para establecer un hecho es
una prueba. Su única utilidad (al menos, en principio) es excluir la VAN FRAASSEN (1980r24), en el contexto de la discusión de l?s
admisibilidad de algunos medios de prueba cuando existan razones objetivos o finalidades~~ncfaJ, ha ,se_ñalado ~ue _es ~~cesano
específicas de exclusión. d) Dado que la prueba, también en el sen- determinar cuáles son las condic10nes de exito de la mstitu~ion_ ~orno
tido jurídico del término, es cualquier cosa que sea útil para la de- método para determinar cuáles son sus objetivos. La aplicac10n de
terminación del hecho, el contexto que a ella se refiere es «abierto» este esquema al análisis de la que he denominado en otro lugar «re-
en el sentido de que es obvio y lícito emplear nociones, conceptos Y lación teleológica entre prueba y verdad» (FERRER, 2002: 62) puede
modelos de análisis provenientes de otros sectores de la experiencia,
ya sean de carácter científico o extraídos del sentido común o de la resultar muy fructífera.
racionalidad general. La definición de la prueba y de los conceptos Seguramente no se discutirá que una de las funciones principa-
correlacionados se sitúa, pues, más bien en una perspectiva episte- les del derecho es dirigir la conducta de sus destinatarios. ~e dayor
mológica que en una dimensión exclusivamente jurídica (TARUFFO, supuesto que lo que pretende el legislador al dictar normas Jurídicas
1992: 319).
prescriptivas es que sus destinatarios realicen o se abstengan de re-
alizar determinadas conductas (i. e.: pagar impuestos, n~ ro?ar, etc.).
9
Véase, al respecto, una detallada presentación en Tw!NING, 1990: 32 ss., 178 ss. Para conseguir motivar la conducta, el legislador suele anadir la am~-
10
También TwINING ha insistido en que no debe magnificarse la incidencia de las re- naza de una sanción para quien no cumpla con la conducta prescn-
glas sobre la prueba en las posibilidades de conocimiento de los hechos en el proceso . · 'd" desa
ta. Pero, para que ello resulte efectivo, los sistem~~ JUfl ic?s -
judicial. TwINING (1990: 196 ss.) utiliza la sugerente imagen del queso gruyere, en el
qu~ el queso sería ocupado por las reglas sobre la prueba y los agujeros, mayoritarios, rrollados prevén la existencia de órganos espe~iflc?s -Jueces Y
ser!an los espacios para_ la libre valoración, de modo que las reglas jurídicas ocupan, e.n tribunales- cuya función principal es la determmación de la o~u-
su 1mag~n, un lugar residual. No en vano, esas reglas en el ámbito anglosajón se conc!· rrencia de esos hechos a los que el derecho vincula co~secuenci_as
ben habitualmente como excepciones jurídicas a la libre valoración según la racionah·
dad general. jurídicas y la imposición de esas consecuencias a los suJetos previs-

--.

'
1 .1
¡ 30
1
JORDI FERRER BELTRÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ... 31

t~s por el propio ~er~cho ll. Siendo así, resulta claro que, prima Ja- chos que se declaran probadas son verdaderas (en el mismo sentido,
ez e, son las descnpciones de aquellos hechos las que se deben in- entre otros muchos, BENTHAM, 1823: 21-22; CALAMANDREI, 1939:
corporar al razonamiento judicial a los efectos de la aplicación de 117-118; TARUFFO, 1992: 373-374; UBERTIS, 1995: 4-5; ANDRÉS lBÁ-
las normas (JACKSON, 2004: 124). 3
ÑEZ, 1998: 395; GASCÓN, 1999J8~: fo el / (';~-~,"~{(u,?·~~)-
0
'{_'

.j Pensemos por un momento en una alternativa radical a esta re-


Ahora bien, si parece ~~r6 ya que ~~;~M.gfl$1l.:1f)~_,y~r§g}!
cons~cción. Supongamos que la consecuencia jurídica prevista (la
sanc10n, en este caso) se atribuya aleatoriamente. Así, los órganos ~1-9.~JeJiy9,,~llW~9,~~~.~~~~~!LYicl;1}?f St1?,~!,?L~,&1!
.. .. ~l.P.T2ErJ.0_
zy~1,sial 14, también lo es gue ese no es el u~ico ob1et1vo. Como ~am-
encarg~dos de la adjudicación jurídica podrían realizar un sorteo para bién señala VAN FRAASSEN ( 1980: 24 ), dec1r que algo es la finahdad .
determ1?ar cada mes quién debe ser sancionado, fijando un número de una instit11ción o actividad, no excluye _gue existan otras fi~!:_
de s.anc10nes también aleatorio. Está claro que, en esa situación, no dades o propósitos. Y éste es el caso de la regulación jurídica de la
habiendo ninguna vinculación entre las conductas de cada uno de prueba, que en muchos casos puede ser entendida como la imposi-
los miembros de esa sociedad y la probabilidad de ser sancionado ción de excepciones a las reglas de la epistemología general en aras
no hay t_ampoco razón alguna para comportarse de acuerdo con 1~ de la protección de otros valores, que comparten protección jurídi-
establecido por las normas jurídicas. Dicho de otro modo sólo si el ca con la averiguación de la verdad (BENTHAM, 1823: 395; RESCHER
~~udicial cumple la función de determinar la verdad de r;" y JOINT, 1959: 568; TWINING, 1990: 205). Así, por ejemplo, puede
(@ prc>'P_O~ic~~os-fiech9.§_filQJi;~fg"i1md.r.;i aj_cJ.~r-~s_ho te- mencionarse el interés por la celeridad en la toma de una decisión
ner ~xito ~~o m_ecanism? .Pe~ado ~~!!.~_gir la_~l}_du~~ que resuelva el conflicto planteado y que lo haga definitivamente, la
~t}nam,g._9_§. . Solo podra influirse en la conducta de los hombres
Ym~j~res para que no maten si, efectivamente, eLPJ.~ cumple la,
~ de averiguar quién mató y le impone laToncionprevlStapor 13
En un brillante trabajo sobre los distintos modelos de proceso, ~AMASKA (19_86:
el derecho. 123, 160) distingue entre un modelo de proceso concebido como mecamsmo para la im-
plementación de políticas públicas y un modelo de proceso, más yropio ~e los sistem~s
Por todo ello, la prueba como actividad tendría la función de com- de common law, como método de resolución de conflictos. DAJvlASKA sostiene que el pri-
probar ~a producción de los hechos condicionantes a los que el de- mero de esos modelos sí tiene como objetivo la averiguación de la verdad, pero que ese
objetivo es incompatible con el segundo modelo de proceso (en contra, véase TARUFFO,
re~ho vmcula consecuencias jurídicas o, lo que es lo mismo, deter- 1992: 18-19, 22-23). En mi opinión, en cambio, la vinculación teleoló~ica entre prueba
mmar el. valor de verdad de las proposiciones que describen la y verdad resulta inescindible de la concepción del derecho como conJunto compuesto
o~~rrencia de esos hechos condicionantes. y el éxito de la institu- (aunque no exclusivamente) de normas generales y abstractas, que nec~si~a~ de la fun-
ción judicial para poder cumplir su objetivo de motivar las conductas md1v~duales. En
c10n probatoria se produce cuando las proposiciones sobre los he- un trabajo posterior, DAMASKA (1997: 122) presenta los dos i:nodelos como mteresados
en distintos grados en la averiguación de la verdad, pero ya sm oponer el modelo de re-
11 solución de conflictos a ese objetivo. Otra cosa será si estamos frente~ un ~o~e.lo par-
• H¿.~T (1961: 93-94) considera la introducción de la función judicial y de las re· ticularista de toma de decisiones, propio en la teoría jurídica del realismo Ju_nd1co ex-
g_las Jundi~a~ que la prevén como una de las características que marcan el paso de un tremo y de corrientes como los Critica/ Legal Studies. Y no hay nada extrano en esto
sistem,a pnm1ti~o a u~ sist_ema jurídico desarrollado, superando así el defecto que su· último, por cuanto es común entre los teóricos que estudian los método! _de ADR (Al-
pondna
12 la presión social difusa como único método de sanción J·urídica. ternative Dispute Resolutions) destacar que éstos tienen en su favor el me.nto de ofrecer
Queda claro qu tá
. e es presupuesta una noción de verdad como correspondencia (TARS· una solución adaptada a cada conflicto individual sin pretender generalizar esas solu-
K'., 19~1), propia de la que TWINING (1984: 132; 1990: 71 ss.) denomina tradición ra· ciones.
<;w~,ali_s: s_o~~e la prueba Y GASCÓN (1999: 51 ss.), paradigma cognoscitivista de lafi· 14
Lo que no significa, desde Juego, que necesariamente sea '?I o~jetivo de las_ partes
;acwn;u
1 89 ic,a e los hechos. En la misma línea, pueden verse, entre otros muchos, FERRAJOU, del proceso. Lo que se sostiene es que es el o~jetivo de 1~ in~t1tuc1ón probat_ona; Del
?d = ~O ss.; UBERTIS, 1992: 10-11; TARUFFO, 1992: 143 ss. (que incluye amplias con- mismo modo, puede distinguirse entre los objetivos de la ciencia y los. de los c1ent1ficos
si erac10nes sobre la noción de d d , d .
'ó · d' . ver a mas a ecuada para dar cuenta de la detenmna- o de los de un determinado científico (que puede ser ganar un premio Nobel, hacerse
c1 n JU icia1de los hechos); también DAMASKA, 1997: 94-95. rico, alcanzar reconocimiento en su comunidad, etc.).
A;,, L ¡ 1 I/ 1 /º"' 1"--~f,, ....,ho!p...,,l{.t,l-f<--r ' ' ~ e
V {<t.,~-,. E O(,¡ º!CJ<J., J,,- •Juo/\ C' ;,,.d,;,:, r.-..,,.:,-,c'--b"- v"- fi_\ 1'<'v-"'-- a. !11., ~' 1 .
Xí' f,¡Q,lt Jq"'C('- r - 1i C"'-•r
,._.._J ' ' de
r l hflhr t' Si'"'-f/Q""'- ~15""1',,
5C ;o r (O l r J,·"""~
Jc..d.t, ' ti ,,csyo c,.,"'Jc.,..e_ch ¡'Oc"' jv L. b:..- ii',t,, ~1 hlc,L, €> p.
•. ,_ ..t+~. 1h 5Q( l-•-~-2

'j
<,.. e
35
34 EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ...
JORDI FERRER BELTRÁN
1 electrodinámica teórica), deben tomar
cede típicamente, por otra parte, en importantes campos de la investigación, considerarse puras (como ª , . a fonna de aportar fundamento
como es el de las hipótesis arqueológicas o el de la teoría de la evo- en cuenta casos particularesl co~~~;~~encias ideográficas deben usar
lución. empírico a las leyes gener~ es, y o de las determinaciones de suce-
Poniéndose énfasis en la determinación de hechos pasados por par- leyes generales como fun am~nt ue resulta más relevante para
te del juez o tribunal, se ha usado profusamente la analogía entre la la- sos individual:s: ~n resumen. c~eot q robatorio el elemento de que
bor del juez y la del historiador. Resulta interesante observar que pue- un correcto anahs1s dehl raz_ond~~d1ena~~ irrepetibles que el elemento
de encontrarse esa analogía tanto en trabajos de juristas (CALAMANDREI, se trata de probar hec os m 1v1 u
1939; MuÑoz SABATÉ, 2001: 27 ss., entre otros muchos) como de fi- de que se trata de hechos pasados.
alogía más fructífe-
lósofos de la ciencia (COHEN-NAGEL, 1934: II vol., 154 SS. y esp. 181 Por ello, creo que se puede pr~s~ntar una ª:e ueda darse entre
ss.; RESCHER-JOINT, 1959). Y también ha sido sometida a convincen- rapara el análisis de 1~ prueba Jund1ca que la ~ tef individual de los
tes análisis críticos, entre los que pueden destacarse los de RESCHER- juez e historiador, pomendo el_ acento en el c~ac De. aré su presenta-
JoINT (1959), TwINING (1984: 106 ss.) y TARUFFO (1992: 310-315). hechos que constituyen el obJeto. de la prue ª· J
Por mi parte, no pretendo abordar aquí cuán fructífera pueda resultar ción para el epígrafe 4 de esta pnmera parte.
esa analogía. Simplemente señalaré que creo que existen importantes
diferencias entre las actividades del juez y del historiador, algunas de
las más relevantes pueden comprobarse aquí al ponerse de manifies-
2.3. El derecho incluye un buen número
to que muchas de las características definitorias del contexto de la toma
de reglas jurídicas sobre la prueba
de decisiones en el ámbito de la prueba jurídica no se dan en el traba-
jo del historiador (HERNÁNDEZ MARÍN, 2005: 199) 17 •
.. t ·onnente la decisión
La ratio que parece fundar, en cambio, la analogía es que ambas Como ya ha sido puesto de mamfiesto an en h h 'robados no
actividades pueden incluirse en el ámbito de las ciencias ideográfi- que debe adoptar el juez o tribunal acerca de los ec .ºsdp reglas que
.
es enteramente hbre. E1 derech o 1a somete a una senemoe el proceso
cas (GASCÓN, 1999: 116 s.). Las ciencias ideográficas tendrían como
finalidad el conocimiento de sucesos únicos e irrepetibles, por opo- regulan tanto la decisión final, en algunos cas?s, co reo que pue-
por el que puede llegarse a esa dec1s· 10
· , n • En

parucu1ar, eobre la prue-
sición a las ciencias nomotéticas, cuya finalidad sería la determina-
ción de leyes generales referidas a eventos repetibles indefinida- den identificarse fundamentalmente tres u pos ~e tg1ªi8 s sobre la ac-
mente. No obstante, conviene señalar que, como ha mostrado NAGEL ba, en función del objeto sobre el que vers~n. ~ reg :~a y e) reglas
(1961: 492 ss.), la distinción entre esos dos tipos de ciencias es más tividad probatoria; b) reglas sobre los medios e plru ·ncluye reglas
. El pn·mer
so bre el resultado prob atona. . .tipo
. defase
reg de
as 1rueba y en el
bien gradual. Esto es, las ciencias nomotéticas, aun las que podrían
que establecen el momento en que se imcrn la d J 10 deben pro-
que finaliza, los momentos procesales en q~e pue e~en corresponde
inductivo, puede perfectamente preexistir a la formulación de la hipótesis que se con- ponerse las pruebas para. su admisión, los ~uJetosª qts define los me-
realizar esa proposición, etc. El segundo upo de r~g ~ 'bles en un de-
firma. Véase una buena presentación en QUESADA, 1998: 251 ss. Este aspecto será de-
sarrollado en la segunda parte, epígrafe 2.2.2.3.1.
17
El historiador no está sometido a limitaciones temporales en su estudio, su activi-
dad no está reglada ni se excluyen de su análisis elementos de juicio relevantes episte-
dios de prueba, determina c.uáles de ellos son ª t 1
~~unos de ellos,
terminado procedimiento o excluye expresamden ~ ª r qué resultado
mológicamente, etc. RESCHER y JOINT (1959: 568, 577) han sostenido que es, precisa- . de reg1as m . d' al órgano ec1so
mente, la pluralidad de objetivos de la prueba jurídica la que la distingue de la prueba
histórica, dado que esta última tendría como única finalidad la averiguación de la ver-
dad, mientras que la primera, como se ha visto, intenta compatibilizar ese objetivo, prin-
etc. El tercer Upo 1c~
rd. te procesal de al-
debe extraer a partir de la presencia ~n el expe 1 libertad jurídica
gún medio de prueba específico ~ ~i~n le co~~e aedisponibles. Evi-
cipal, pero no único, con otros objetivos institucionales. para que valore los elementos de JUICIO que g
/
i';,' ..
EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ... 37
36 JORDI FERRER BEL1RÁN

dentemente, estos distintos tipos de reglas no inciden del mismo sultados de una investigación en la que ha podido determinars~, d,e~-
modo en las posibilidades de determinar los hechos probados de for- pués de veinte años d~ intens? estudio, que en u~ ?1?me~to h1ston-
ma coincidente con la verdad 18 • O, dicho de otro modo, no todas las co detenninado sucedieron ciertos hechos. Es facll 1magmar al au-
reglas sobre la prueba inciden del mismo modo en las posibilidades ditorio aplaudiendo después de la pres~nta~ión ~ alab~do l.ª, tenacidad ,/

de que coincida el valor de verdad del enunciado probatorio («Está del historiador en el estudio. En cambio, si la misma situac1on se plan-
probado que p») y el del enunciado que se declara probado («p» ). teara por un juez, es difícil suponer que la reacción social fuera lau-
De forma general, no obstante, pueden ser entendidas como ex- datoria.
cepciones impuestas por el derecho a los principios generales de la La razón de esta diferencia cabe encontrarla, claramente, en uno
prueba 19 • Estos principios, no específicamente jurídicos, impondrí- de esos objetivos concurrentes con la averiguación ~e la verdad a los
an por ejemplo, la admisión y práctica de toda prueba que pueda apor- que se hacía referencia en el apartado 2.1.: la celendad en la adop-
tar algún elemento de juicio, aunque su peso sea mínimo, para de- ción de una decisión jurídica (CELANO, 1995: 1.4?-150; SUMM~RS,
terminar la verdad o falsedad de las proposiciones que deben probarse; 2000: 290-291). Es común advertir que una justicia lenta no es Jus-
impondrían también, por ejemplo, que la valoración de la prueba debe ticia. Con ese aforismo se quiere señalar, entre otras cosas, que.es
realizarse de acuerdo con las reglas de la racionalidad general, etc. un interés jurídico primordial que la solución para las controversias
No es casualidad, pues, que en el seno de la tradición racionalista se produzca en un plazo de tiempo razonablemente corto, de modo
muchos autores se hayan declarado explícitos adversarios del dere- que se resuelva el conflicto social o personal subyacente Y que no ,se
cho probatorio, propugnando la vigencia de aquellos principios ge- alargue la inseguridad jurídica (JACKSON, 2004: 125-127). Ademas,
nerales y su sometimiento al menor número de excepciones posibles si se tiene en cuenta la función de motivación de la conducta a la que
(BENTHAM, 1823: 303-304; SENTÍS MELENDO, 1978: 336, quien afir- se ha hecho referencia con anterioridad, se podrá decir también que
ma tajantemente que «derecho y probatorio( ... ] son términos anta- cuanto más se dilate la aplicación judicial de las consecuen_cias ju-
gónicos. La prueba es libertad ( ... ]») 20• rídicas previstas por el derecho para el caso ,en que ~e r~~hce o se
omita la conducta condicionante, menor sera la mot1vac10n que la
norma en cuestión será capaz de producir. Por todo ello, p~rece ~la-
2.4. La toma de decisiones sobre la prueba en el proceso ro que el interés por la averiguación de la verdad, que por.si. solo JUS-
está sometida a estrictas limitaciones temporales tificaría largas investigaciones (y quizás un proceso d~c~~idamente
inquisitivo) debe ponderarse con el interés por una dec1S1on adopta-
Un ilustrativo ejemplo de FORIERS (1981: 371) puede dar cuen- da en un corto lapso temporal.
ta de esta limitación: supongamos que un historiador presenta los re- Este interés por obtener una resolución en un pla~o ~elativam_ente
corto de tiempo incide, además, en todo el proceso: hn:iit~, por eJe~-
18
Una exposición más detallada de estos distintos tipos de reglas y de su incidencia plo, los plazos para proponer y practicar la prueba, hm1ta la ~~ntl- L
en la relación entre prueba y verdad, puede verse en FERRER, 2002: 45 ss.
19
En m_uchas ocasiones, precisamente, esas excepciones contraepistemológicas tie- dad de recursos que pueden interponerse frente a un~ ~e~olucion Y,
nen la finahdad de proteger otros valores considerados jurídicamente relevantes hasta el finalmente en un momento determinado, da por defm1uva la reso-
punto ~e sacrificar, aunque sea parcialmente, el valor de la averiguación de la verdad lución ado~tada, confiriéndole fuerza de cosa ju~gada Yno ad?ütiend~,
(DAMASKA, 1997: 12 ss.).
20 D'
ice, en este sentl'd o, TwINING (1990: 211, nota 3) que «La concepción de Thayer
salvo casos excepcionales, un nuevo planteamiento de la misma ca -
del derecho de la prueba como una serie de variadas excepciones al principio de liber- sa (FERRER, 2002: 64-66).
ta? ~-e prueba es es~ncialmente correcto si «libertad de prueba» se interpreta como re-
m1s10n del razonamiento acerca de las cuestiones de hecho en el proceso a las modali- Habría que añadir que el proceso para llegar a la ad.opción ~e ~na
dades generales o de sentido común( ... )». decisión sobre la prueba se desarrolla en muchas ocasiones baJO im- ¡
'i
I:i', \

.J
. ié'
·I
r<
¡,
¡
i;
! ¡
39 (!
38 JORDI FERRER BEL1RÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ...
1
l 1
i
portantes limitaciones de recursos, tanto humanos como materiales. 510 ss.; GARCIMARTÍN, 1997: 133). Esto es así especialmente en la ¡ l
i;
Por supuesto, esta característica es contingente y, en ese sentido, debe jurisdicción civil y tiene importantes limitaciones en el ámbito pe- l'
11
considerarse que no es definitoria del contexto de toma de decisio- nal. De forma general, no obstante, dependerá del alcance que se dé 1 •

! 1
nes sobre la prueba en el proceso. No obstante, creo que vale la pena al principio dispositivo (G ARCIMARTÍN, 1997: 129-131), de forma que 1!
reseñarla, por cuanto adquiere una especial importancia en combi- en algunos procesos, aun en la jurisdicción civil, se limita la capa- l,j

nación con el resto de características señaladas. Así, resulta claro que cidad dispositiva de las partes en protección del interés público (por i:
también en otros contextos, como la investigación científica en cual- ejemplo, en procesos que afecten a menores o en procesos de inca- 1 i
:!
quiera de sus ámbitos, pueden darse y de hecho se dan esas limita- pacitación, etc.).
ciones. Ello puede producir, por ejemplo, que los resultados de la in- Pero no sólo las partes delimitan el objeto de la prueba, sino
vestigación se empobrezcan o que la investigación se prolongue que intervienen en su proposición y práctica. En todo caso, las par-
durante un tiempo adicional considerable. Ahora bien, en esos con- tes pueden proponer la admisión de las pruebas que consideren ne-
textos, los resultados siempre podrán ser reevaluados a la luz de nue- cesarias para aportar fundamento a sus alegaciones. Esta capaci-
vos elementos de juicio o de investigaciones posteriores. La limita- dad puede no ser exclusiva, de modo que también el juez o tribunal
ción de recursos humanos y materiales en esos ámbitos sólo tiene el pueda ordenar la práctica de pruebas no solicitadas por las partes,
efecto de disminuir las posibilidades de alcanzar un adecuado co- pero puede considerarse que su reconocimiento forma parte del de-
nocimiento de la realidad o de retrasarlo. En cambio, en el proceso recho de defensa y del derecho a la prueba que corresponde a todo
judicial las consecuencias son más graves. La necesidad de adoptar ciudadano que es parte en un proceso (DAMASKA, 1986: 119 ss.;
una decisión en un lapso temporal relativamente corto y, especial-
FERRER, 2003: 28 ss.).
mente, de que esa decisión adquiera carácter definitivo hace espe-
cialmente necesario que se cuente con los medios necesarios para La intervención de las partes en este punto tiene particular im-
que la información disponible para el juez en el momento de deci- portancia, puesto que hace posible que defiendan sus propios inte-
dir sea lo más rica posible. reses, que no necesariamente tienen que coincidir con el descubri-
miento de la verdad 22 • Esa defensa puede suponer perfectamente la
manipulación del material probatorio: sea directamente, a través de
2.5. Las partes intervienen en el proceso la presentación de medios de prueba adulterados (por ejemplo, una
declaración testifical falsa) o mediante la omisión de presentar me-
En todo proceso judicial hay una intervención decisiva de las par- dios de prueba que pudieran resultar perjudiciales para los intereses
tes en lo que se refiere a la prueba. Esa intervención puede ser ma- subjetivos de la parte, aunque pudieran ser útiles para la determin~-
yor o menor, compartida con otros sujetos (i. e. el juez) o exclusiva, ción de la verdad sobre lo ocurrido (JACKSON, 2004: 126). La post-\
dependiendo de cada ordenamiento y de cada tipo de proceso, pero bilidad de que el juez ordene la práctica de pruebas no solicit~d~s
se da en todo caso. Algunas veces, la primera intervención consiste por las partes, en los procesos en que esté prevista, puedevcontnbmr
en determinar qué hechos deben ser probados, lo que depende de las a paliar ese problema. En definitiva, como sostiene DAMASKA ( 1986:
alegaciones realizadas por una y otra parte 21 (CHIARLONI, 1987: 505, 122; 1997: 75 ss., 85 ss., 99-100), el hecho de que, por ejemplo, ~l
proceso propio del common law deje en manos de las partes la actl-
21
• La selección de los hechos que deberán probarse depende no sólo de qué hechos
ha°: sido alegados por las partes, sino que en muchas ocasiones se considera que no ne- 22 FERRAJOLI (1989: 555) advierte, en este sentido, que la búsqued~ de la verd~d ha \
cesitan p11;1eba los hechos alegados que sean admitidos por todas las partes en litigio y de tener un carácter necesariamente desinteresado. Por ello, puede dec¡rse que la inter-
los denominados «hechos notorios» (MuÑoz SABATÉ, 2001: 123 ss., 143 ss., 149 ss.; GAR· vención de las partes en la proposición y práctica de la prueba supone uvna limitación al
CIMARTÍN, 1997: 129 ss.). objetivo del conocimiento de la verdad sobre los hechos del caso (DAMASKA, 1997: 101).

L
40 JORDI FERRER BELTRÁN

vidad probatoria, supone un acicate para que el legislador pretenda


regular ex ante la admisión y práctica de las pruebas, evitando así en
parte el efecto de su falta de neutralidad.
EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ...

gano competente según el ?rdenjurídico haya establecido, conforme


a un procedimiento determmado por ese orden, 9~~ un hom?re ha co-
metido un homicidio, lo que configura la cond1c10n estatmda por el
41

l
orden jurídico[ ... ] (KELSEN, 1960: 249).

En mi opinión, no obstante, esta tesis supone negar la falibilidad


2.6. La justificación de la decisión adoptada es relativa del juez en la determinación de los hecho~ p~obados y, Pº: t~to, las
a un conjunto determinado de elementos de juicio ?e
posibilidades de control racional ~u. dec1s10n. El reconoclffi~ento de
que una decisión produce efectos 3und1cos no c.º?}leva nec~san~ente ;>
Puede decirse que los enunciados probatorios del tipo «Está pro- que deba negarse la posibilidad de que esa dec1s1on sea erronea : Otra
bado que p», son, en realidad, enunciados relacionales (MENDONCA, cosa es que, por efecto de la cosa juzga~a, a part_ir ~e _un determmado
1997: 77-78). Su formulación completa debería, pues, hacer re- momento la decisión ya no pueda ser d1scut1da]Lmd1camente.
ferencia al conjunto específico de elementos de juicio sobre cuya base
se considera probado p. Así, si varía el conjunto de elementos de jui-
cio puede variar perfectamente el resultado probatorio, de modo que 3. RECAPITULACIÓN: TRES MOMENTOS DE LA
aquello que no estaba probado pase a estarlo o a la inversa. ACTIVIDAD PROBATORIA EN EL DERECHO
Ahora bien, es conveniente destacar que los elementos de juicio
que deberán ser tenidos en cuenta para la adopción de la decisión so- Una vez identificadas las características que definen el contexto
bre los hechos probados son sólo aquellos que han sido presentados y de la toma de decisiones jurídicas en materia de hechos probados, es-
admitidos en el proceso. De este modo, la decisión del juez o tribunal tamos en mejores condiciones para situar la esp~ci[i,cidad de la pi:ue-
estará basada en un conjunto de elementos o pruebas que es, a su vez, ba en el derecho. Para realizar con mayor prec1s10n este cometido,
un subconjunto del conjunto de todos los elementos de juicio dispo- conviene distinguir tres momentos fundamentales en ese proceso de
nibles: el formado por aquéllos de estos últimos que han ingresado en toma de decisiones. Antes de identificarlos, no obstante, debo a~ver-
el expediente judicial. Volveré sobre este punto más adelante. tir que se trata de tres momentos lógicamente distintos y sucesivos,
aunque en los procesos de toma de decisione~ :eales pue.den presen-
tarse entrelazados. Se trata de a) la conformac10n del conJunto de ele-1
2.7. La decisión que se adopte está dotada de autoridad mentos de juicio sobre cuya base se adoptará la de~~sión; b) la .v~~o-
ración de esos elementos; y e) propiamente, la adopc1on de la dec1s10n.
A diferencia de lo que sucede en otros ámbitos del conocimien-
to, la decisión que se adopte en el proceso judicial acerca de los he-
chos probados está dotada de autoridad. Esto ha llevado a un buen 3.1. La conformación del conjunto de elementos
número de autores a considerar que en el derecho es verdad aquello de juicio o pruebas
92e dice el juez que es verdad, dado que esto y no otra cosa será lo
1
que produzca efectos jurídicos. Es muy claro, en este sentido, KEL- En primer lugar, el desarrollo del proceso J~. · 1, a trave's de la
· d'1cm
íl
SEN, quien dice que:

/ La determinación del hecho condicionante, por parte del tribu-


( nal, es, por lo tanto, constitutiva en todo sentido. [ ... ]No es el hecho
proposición y práctica de las pruebas debe perm1trr conforn_iai: un co~-
junto de elementos de juicio que apoyen o refuten las drstmtas ht- l)
¡1f",;
,. en sí, el haber muerto un hombre a otro, sino el hecho de que un ór- 23 Para un análisis más detallado, véase FERRER, 2002: 20 ss. Y34 ss. l. ·u
' l'i
! ·n
1 j·;

______....._______ ~
rh.¡';
!

L.
EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ... 43
42 JORDI FERRER BELTRÁN

pótesis sobre los hechos del caso. Y aquí se da ya una de las especi- deba excluirse por aplicación de alguno de los filtros adicionales im-
ficidades jurídicas de mayor calado, que puede resumirse en la má- puestos por las reglas jurídicas 26 • La, dif~rencia c2~ ?tros á1?b~tos ~--.
xima quid non est ÍJlf!Eis no1z_estjn mundo. Es decir, a los efectos la experiencia es que en e~tros ambitos es comunqye ese sea el
de la decísTóñjurídica el córijllnto de elemelltos de juicio que podrá ~particularidad jurídica es que se.añade un buen nú-,
y deberá ser tomado en consideración está formado únicamente por mero de reglas jurídicas de exclusión: no se admiten las prue?as ob-
las pruebas aportadas y admitidas al proceso 24, @pudiéndose tomar tenidas en violación de derechos fundamentales; no se admiten los
.en cuenta, por parte del órgano decisor, aquellas informaciones o ele:- testigos de referencia; no se admiten, con salvedades, las p~ebas ~ue
mentos de juicio de los que disponga <~rivadamente» (STEIN, F., 1893: no puedan practicarse en el curso del proceso c~n la debida ªfl~ca-
71 ss., 150 ss.; DAMASKA, 1986: 30, 138, 170-171) o aquellos que, ción del principio de contradicción, etc. En ocas10nes, se explicitan
habiéndose aportado al proceso han sido excluidos, por ejemplo, por listas tasadas de.medios de prueba admisibles, no incorporándose las
su carácter ilícito (GASCÓN, 2001: 112-113; MARTÍNEZ GARCÍA, 2003: informaciones que puedan obtenerse mediante las denominadas
38 ~ESTRAMPES, 1999: 55 ss.). Ésta es, insisto, la clave «pruebas atípicas». Además, algunos sujetos cuentan con lo qu~ la
de ~~a prueba jurídi~a. Creo que puede decirse7in doctrina anglosajona denomina «privileges»: esto es, se les exime
excesivo nesgo oe error que en todos los demás ámbitos del cono- de aportar información relevante para el caso (abogados-respecto
cimiento, el conjunto de elementos de juicio que puede y debe ser de la información obtenida de sus clientes-, sacerdotes -respec-
analizado para adoptar una decisión racional es igual al total de las to de la información obtenida en confesión-, cualquier sujeto res-
informaciones disponibles y relevantes para el caso 25 • En el caso de pecto de la información que pueda incriminar~e, !amiliares di!~ctos
la prueba jurídica, en cambio, el conjunto de elementos a valorar es -respecto de informaciones que puedan perjudicar.º benefic~ar a
un subconjunto del conjunto formado por la totalidad de los elementos esos familiares-, etc.). Finalmente, pero sin menor importancia, Y
disponibles: aquellos de ellos que han sido incorporados al expediente sin ánimo de exhaustividad, conviene señalar que también los pro-
;; judicial. pios plazos procesales juegan un papel de regla de exclusión: se ex-
cluye toda información -aunque sea relevante- que se presente me-
De este modo, adquiere una relevancia destacada el estudio de . t 27
<liante pruebas aportadas fuera de los plazos expresamente previs os .
los filtros para la admisión de pruebas en el proceso. Un primer fil- ¡
~~~Ei~!!-.~P.!.~te,?!ológif.Q.,~rescribe l~ai!filsi_gn ~q~_P_fl!eba Como ya señaló BENTHAM (1823: 391, 395), buena parte de esas
-~-l!ROrJ:~.@QQTIJ\C::.!Q\l!~l~.Y~~-~-sg.Qre.los)lefhos.@..~.~jyzgarL(BEN-:-- reglas que excluyen elementos de juicio lógicamente relev~t~s se
THAM, 1823: 391; TARUFFO, 1992: 337 ss.; GASCÓN, 1999: 115). Una justifican en la protección por parte del derecho de valores d1stmtos
prueba es relevante si aporta apoyo o refutación de alguna de las hi- a la averiguación de la verdad: la intimidad y otros derechos funda-
pótesis fácticas del caso a la luz de los principios generales de la ló- mentales, la autonomía individual, las relaciones familiares, etc. En}
gica y de la ciencia (TWINING, 1990: 179). Puede considerarse este
filtro, en realidad, como un principio general de inclusión. Funcio- 26 Éste es el punto de vista de THAYER (1898: 266 ss.), del que pu~?e ver~e un_a bue-
na exposición en McNAMARA, 1986. Contra esta tesis de la concepc10~ :ac10nahsta de
naría, así, prescribiendo la admisión de toda prueba relevante que no
la prueba puede verse STEIN A. 2005: 108 ss. En mi opinión, el anáhs1s de STEIN s~-
fre la confusión de no disting~ir ~ntre los distintos momentos de la actividad probatona
'6 · 'd' ada uno de ellos
24
A las que habrá que añadir, en su caso, los hechos admitidos por todas las partes Y Y, correspondientemente entre los efectos de la regu 1ac1 nJun 1ca en c • ·
27 Desarrollaré este p~nto con detalle en la segunda parte, epígrafe 2.1. Cfr. DA~IAS~A,
los denominados «hechos notorios», de los que suele decirse que no necesitan prueba.
25
P_cir ello, como he justificado con mayor detalle en FERRER, 2002: 90 ss., no pue- 1997: 65 ss., quien advierte las diferencias que a este resp~cto supon~ la orgamzac~~~
de explicarse el resultado de la valoración de la prueba en el derecho mediante la noción procedimental del proceso judicial bajo el modelo denominado day 111 court, conc
de convicción judicial o de creencia. La creencia, por decirlo de un modo simple, es siem· trado en una sola audiencia, y el modelo de desarrollo en diversas sesiones más exten-
pre ali things considered, mientras que el resultado de la valoración de la prueba es siem- didas en el tiempo, que permitirían una reevaluación de las pruebas, así como la apor-
pre contextual: su justificación es relativa a ese conjunto de elementos de juicio. tación de nuevas pruebas a la luz del análisis de las ya aportadas, etc.
\
1b, Q.><c/us,h de •1"'.1il,; JQ ¡7(J(b..-"- iv> ('J(¡11fJ'W;\·. (r}o.. ob~
EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE... 45
7i 44 JORDI FERRER BEL1RÁN

otros casos, en cambio, se excluyen elementos de juicio por consi- tivación de la decisión sobre los hes_hos, el j~..9g.9._q_~_as_~g11rar
(
derarlos de bajo valor epistemológico ante el peligro de que una mala normativamente que no se tome la d~f.i.s.iól} sobre la b.ªS~-d.~P-r.u.Y.bél_~--
valoración tienda a darles más valor del que tienen (TWINING, 1997: p~oco oñcfffnrahlis·e~~'Cfii-ectame!).t~.~xcluirlas del con~unt_o.~~ _ele:
---:---:---·--·--. 29
14 ss.). Éste es el caso, por ejemplo, de la exclusión del testigo de ñíentos de juicio dispomble_s _.
1 referencia. El número y el alcance de las reglas jurídicas que regu-
lan la conformación del conjunto de elementos de juicio varía en fun-
- - - - · - -. . . . - - . . .,, . . . . . ~ ~·,. Á • • • • • • -.-,.•' ~·· • '

ción de los distintos ordenamientos y, dentro de ellos, en función de 3.2. La valoración de los elementos de juicio o pruebas
los tipos de proceso y jurisdicción. Quizás pueda decirse, de forma
general, que son más abundantes y detalladas en los ordenamientos A partir de ahí, llegados al mo~e?t.o en que se :ierra la compo-
de common law, respecto de los que se ha desarrollado, además, una sición del conjunto de elementos de Jmcio que deberan valorarse (con
vasta literatura. DAMASKA (1997: 41-46) sostiene la tesis de que la una simplificación quizás excesiva, pero elocuente: una vez decla-
falta de una exigencia jurídica de motivación del juicio sobre los he- rado el proceso visto para sentencia), se pasa al segundo 1.11?1?en!º·
chos en los ordenamientos de common /aw explica la especial pro- Debe ahora procederse a la valoración de los elementos de Jmcio _dis-
liferación en ese ámbito de reglas jurídicas que excluyen pruebas que ponibles en el proceso. También esa valoración puede est~ gmada
se considera que aportan información poco fiable para evitar que en jurídicamente y hasta puede el derecho imponer un ~etermmado re-
la valoración de las mismas se les otorgue un peso excesivo 28• En al- sultado probatorio. Estaremos, en ese caso, ante un sistema de p~ue-
gún sentido, estas reglas pretenden garantizar ex ante una mayor ra- ba legal o tasada (que puede ser más o m~nos estricto); Ahora bien,
cionalidad general de las decisiones sobre los hechos a costa de ex- si el sistema jurídico prevé para el caso la hbre valorac10n de la _P1:1~-
cluir elementos de juicio que, aun con un valor relativamente escaso, ba, entonces deberá valorarse el apoyo que cada elemento de JU~c10
pudieran aportar informaciones relevantes. En los ordenamientos de aporta a las hipótesis en conflicto, de forma individual Y en conJun-
civil law, en cambio, el control de la racionalidad de la decisión se to Con ello deberá obtenerse un resultado que nos permita saber el
\ realizaría ex post mediante e l ~de ~l'!).,Q_!!~ci9.11 (IGARTUA, 2003b: gr~do de co~firmación del que dispone cada una de esas hipótesis.
135). Así, por ejemplo, ante una prueba o un tipo de prueba de muy
Deben hacerse aquí dos observaciones import~tes: en primer lu-
baja fiabilidad, el control de racionalidad podrá funcionar a posteriori
gar, el resultado de la valoración de la prueba es siempre conte~t~~l,
siempre que se exija al decisor sobre los hechos probados que justi-
esto es referido a un determinado conjunto de elementos de JUIClO
fique por qué ha declarado probados esos hechos y cuál ha sido el
(MEND~NCA, 1997: 77-78). Si cambia el conjunto, por adición o sus-
apoyo empírico en el que ha basado su decisión. Podrá comprobar-
tracción de algún elemento, el resultado puede perfectament~ :er otro
se, entonces, si el decisor ha otorgado un peso excesivo a una prue-
(FERRER, 2002: 104 ss.). En segundo lugar, la libre valorac10n de_ la
ba cuya fiabilidad resulte cuestionada. En cambio, ~i~o ~
prueba es libre sólo en el sentido de que no está sujeta a normas .l.!:!:
28
rídicas que predeterminen el resultado de esa valoración. La opera-
Pero no es éste el único motivo que explica la tradicional proliferación de reglas cióñconsistente en juzgar el apoyo empírico que un conjunto ~e e_le-
de exclusión de pruebas en los sistemas de common law. Hay que añadir también, por
ejemplo, la presencia generalizada (quizás en decadencia) de la institución del jurado mentos de juicio aportan a una hipótesis está sujeta a los entenas
compuesto exclusivamente por legos (DAMASKA, 1997: 53-54) como órgano decisor so- generales de la lógica y de la racionalidad (entre otros muchos, RES-
bre los hechos del caso y al que se pretende instruir detalladamente sobre las reglas que
deben guiar su función. PAPADOPOULOS (2003: 128), por su parte, concluye quizás de un
modo excesivamente contundente, que «no es exagerado decir que hay en el common 29 •
A pesar de ello en ausencia •
de mottvac1 º6 n deta11 ada no hay forma de comprobar
.
law una verdadera fijación en las reglas procesales, a las que se remiten para «encontrar ' d · · , p odrá sólo controlarse. s1, a 1a 1uz
1as razones que se han usado para adoptar 1a ec1s10n.
los hechos». El common law se interesa menos en la verdad misma que en el buen mé- de los elementos de juicio disponibles en el proceso, esa dec1·sión resulta
. suficientemente
todo para llegar a ella». justificada o no, realizando para ello una nueva valoración de los mismos.
&l[¡~o Q~rn.....,\. S, <'" e/ 4: ~íl-,,,_·/, ¡u, r~e fr,.-~r~:,L, d .,..J,rd.: (~-. [:
~ ...--1,¡·,·r Yi.J'\«i..-rv--o-Jr,f_____,.o(,~{r,"'Mie.focp f/i_:,~1,i>l'," 1
rÍJ) yo., "-' /1" l'ªl t) 1 _ 1 ¡ I¡ . / ¡ ¡ '°
46
~Q:_c( -\~ l.;- i v" <.ola,p k. lJ,.,1c Je/ ,I:.. -- Je l<-.,; '- Je'/ ,__..,,,.___"'~"
,.fe ..__ o•<-""- ~, f"""t"- ,_· /
JORDI FERRER BELTRÁN ,..,...ELCOl'{~JxTO DE LA TOMA,DE ?EC!SIONES SOBRE.) "-{J,.,., 5r ~~"': 47 ·/ "' t""'- i
CHER-JOINT, 1959: 565; DAMASKA , 1986: 55; idem, 1997: 21; Twr-
NING, 1990: _194; TARUI:FO, 1990: 429). Puede advertirse que ese
Í
.,crl,.°" lv ~uo/._,J,. S, (" f,.,r.,•"·' .,d f- ~ " ~ " r,_,.t-:-1 o'c 1,ro.,._r,.,,f f.,,!1':ír 1
En diversas ocasiones he señalado ya que la actividad probato-
ria en el derecho está informada por ~~~~riq,s,_y~.1..<~.f,~§ .:!-! g!?J~.ttvos_:.fil.
1/ :.

ap~yo empmco ofrecera un grado de corroboración que, como ya principal de ellos, porque de él depende la capacidad motivador~ \
senalara POPPER, nunca será concluyente, pero, como él mismo ad- propio derechO:-es la averigµació_n de t?-~rdag.,_pg~l-ú~...!E.9_.
vierte también, «~a]u_nque no podamos justificar una teoría[ ... ], po- Ahora vale la pena advertir que esos dive1:_~yalorésjuegan tam- !@
demos, a veces, Justificar nuestra preferencia por una teoría sobre bién en momentos distintos. Y.el-momento pertinente en el que rei- !
otra; por ejemplo, si su grado de corroboración es mayor» (POPPER p-~-~-~···--.. ·-·~,---------·-·--...........
na sin competencia·el'valor de la averiguac10n de la verdad es_..tl de 1
j

1974: 140). . ' ia;ióracio]:}_{1[P.rÜe~~;·inféñi;;;qué1osdemás valores u objet8f 1


Si el prim~r~ ~e los momentos, la conformación del conjunto de
/vos rigen en el primero y en el tercero de los momentos 30 • r/ /
e~ementos de JUICIO, acoge la gran mayoría de especificidades jurí- ii//ej>i'(.....->~<t.. \''?~1df'2.!r~J 1 fC" cl~J"."--.\,y /lJr/'< rt/~J :jf,iv·-•·')~'-F-,.r'
.i.

dicas, este segundo momento (siempre que estemos en el ámbito de ("'¡,,,"""',{¡, 1.-yrcdi..,,.....,, 1 y n~, J/~ ,--" '-·· ./.w·,, ''-"""''- y ..;,, l,"I /... ,hrr:,(J "{,,.,[ .«:.,v,..·
la libre valoración de la prueba) es el momento de la racionalidad 3.3. La adopción de la decisión sobre los hechos probados..0 /u rn-·-
s---J
~Tfü~YER, 1898: 2_75!. Se trata aquí, iñsisto, ~ o e~-~~alquier ~
~mbito del conocimien!º: ~e ~~~~~PJX.~~ppJ~iS~tg:t,!~!l.<;_Ql!: Por último, el tercer momento es el que corresponde a la toma de
~to de~~~Jmcio ~ortan a una determinada hipótesis o la decisión. La valoración de la prueba habrá permitido otorgar a cada
a su contr~~a. Si te~go, pues, razón en esto, n~gar -la p~~ibilidadde una de las hipótesis en conflicto un determinado grado de confirmación
~~p~ decismnes racmnales en este momento, a pesar de las especificidades que nunca será igual a la certezaaosoIUfü:HaDrá"que Cfeéidir ahora
Jundicas que puedan regir en el primero y el tercero de los momen- si la hipótesis h puede o no declararse probada con el grado de con-
tos ?e ~a prueba jurídica, supone necesariamente acoger argumentos firmación de que disponga. Esto depende del estándar de prueba que
esceptlcos generales ante la posibilidad del conocimiento o más es- se utilice. Así, por ejemplo, es muy usual sostener (especialmente
trictamente,?~ ~a decisión racional. En otras palabras: no ~e puede en la cultura jurídica anglosajona) que en el ámbito civil opera el es-
negar la posibilidad de adoptar decisiones racionales en el ámbito tándar de la prueba prevaleciente, de modo que una hipótesis está
de la prueba jurídica por razones específicamente jurídicas cuando probada si su grado de confirmación es superior al de la hipótesis
no hay reglas jurídicas que limiten la libre valoración de la prueba. contraria. En cambio, en el ámbito penal, operaría el estándar que
exige que la hipótesis e·sté confirmada «más allá de toda duda razo-
· Así pues, las limitaciones jurídicas que excluyen pruebas relevantes nable». Es claro que aquí, de nuevo, la elección de uno u otro es-
e~ el momento de la conformación del conjunto de elementos de jui- tándar es propiamente jurídica y se realiza en atención a los valores
c10 hacen qu~ el conjunto sea epistemológicamente más rico o más
po~re. Del mismo modo, inciden ahí buena parte de las notas defini- 30
Por ello, creo que tiene razón MIRANDA EsTRAMPES cuando sostiene que la vigen-
tor~as del c~nt~xt~ de la prueba jurídica expuestas en el epígrafe an- cia del principio de libre valoración de la prueba no incide en modo alguno en la cues-
terior. Las limitaciones temporales, las limitaciones de recursos hu- tión de si deben ser o no utilizables en el proceso las pruebas ilícitas. La admisibilidad
manos Y materiales, la falta de neutralidad de la intervención de las o no de las pruebas ilícitas es cuestión que se plantea en el momento de la confonnación
del conjunto de elementos de juicio, mientras que el pincipio de la libre valoración de
partes. al aportar elementos de juicio, etc., producen, en general, que
la prueba rige, precisamente, en el momento de la valoración del conjunto ya fonnado.
/( el conJunto ~e elementos de juicio disponible sea más pobre. Pero una La objeción que me merece la tesis de MIRANDA ESTRAMPES es que, para sostener esto,
1 vez, ese conJunto está ya delimitado, la operación de valorar lo que no es necesario en absoluto debilitar o negar la relación teleológica entre prueba Y ver-
l/ de el se p~ede racional~ente inferir no difiere en nada de la que se dad, como él si supone. Basta, eso sí, con observar que la averiguación de la verdad no
\¡ pue?e realizar en cualqmer otro ámbito de la experiencia y está so-
es el único valor que importa al derecho a la hora de regular los filtros que admiten o re-
chazan la incorporación de pruebas al conjunto. Véase MIRANDA EsTRAMPES, 1999: 53
., metida a los controles de la racionalidad general (GASCÓN, 1999: 49). ss. y la bibliografía allí citada.
48 JORDIFERRERBELTRÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ... 49

en jue~o e? .cada tipo de proceso (STEIN, A., 2005: 121-122) Así difícil que ocurra en el ámbito penal, si en él se aplica el estándar de
puede
l Justificarse
· la mayor exigencia probatoria en los c asos· pe-' la prueba «más allá de toda duda razonable», que difícilmente va a
na es, por eJemp1o, en una especial protección del derecho a lar. ser inferior al estándar científico, pero sí es perfectamente posible
bertad. 1
en el ámbito de la jurisdicción civil.
Conviene insistir en que el resultado de la valoración de la prue-
ba que se obtenga en el segundo momento no implica por sí solo nada
4. UNA ANALOGÍA ESTIMULANTE: LA TOMA
r~sp~~to de la ~ecisi?n a adoptar. Para ello, es necesaria la interme-
~1ac10n de a!gun estand~.r de prueba. Y ni siquiera puede darse por DE DECISIONES CLÍNICAS
descontado que la, hipótesis que haya resultado más confirmada es
Como ya he señalado anteriormente, es muy común plantear la
l ague.na que debera darse por probada. Si se observa bien el funcio-
analogía entre la actividad del juez en el momento de la determina-
namiento. ~el estándar que exige una confirmación de la hipótesis de
ción de los hechos probados y la labor investigadora del historiador.
la culpa~ihdad, en un proceso penal, «más allá de toda duda razo-
Esa analogía no está exenta de fundamento pero también tiene im-
nable~>, este supone que la hipótesis no se considerará probada aun-
portantes limitaciones (RESCHER-JOINT, 1959; TWINING, 1984: 106
que ~isponga de un apoyo empírico mayor que la hipótesis de l~ ino-
ss. y TARUFFO, 1992: 310-315) y ha sido ya ampliamente explorada.
ce?cia (salvo que ese apoyo ofrezca una corroboración muy alta a la
pnmera), de ~orma que se presumirá la verdad de la hipótesis menos No insistiré, por ello, en ese camino.
confirmada (z. e., la de la inocencia). Si tomamos en cuenta, no obstante, la ratio de esa analogía, creo
que puede explorarse algún otro camino interesante. En mi opinión,
Por otra parte, la incorporación al proceso de pruebas científicas es central aquí el carácter de ciencia ideográfica que comparten tan-
puede d~ lu~ar ~ ~lgun~s consecuendas paradójicas, especialmen- to la actividad de determinación judicial de los hechos como la his-
te en el ambito cml. Asi, la prueba científica tiene la particularidad toriografía. Y también, como me propongo mostrar, la clínica diag-
de q~~ supone la asunción de la práctica de una prueba y de su va-
nóstica 31 •
lorac10n por estándares no jurídicos, i. e., científicos. De este modo,
dado que, en muchas ocasiones, el razonamiento científico tiene Para presentar la analogía de la toma de decisiones en clínica acer-
una estructura inductiva y es, por tanto, de carácter probabilístico ca de la enfermedad que sufre un paciente p en un momento m con
al r_esultado de la prueba científica en cuestión le será aplicado u~ el análisis de los hechos en el proceso judicial, resultará útil la pre-
estandar, de prueba cienti'fico que permitira
· · , d eci'd'ir si· czentíficamen-
. , sentación que se ha realizado anteriormente del contexto de la toma
te esta prob~do o no determinado enunciado (por ejemplo, que las de decisiones. Así, procederé punto por punto observando si cada una
?uellas dactilares presentes en un objeto son de un determinado su- de las características defmitorias del contexto de la toma de decisiones
Jeto o que la causa de una enfermedad que aflige a un gran número en la prueba jurídica se comparte o no en el caso de la toma de de-
de personas es o no su exposición o ingestión de un determinado cisiones clínicas.
pr~d_u~to). Pues bien, dado que el estándar científico de prueba que En primer lugar, vale la pena señalar que la decisión clínica diag-
ex~gi~a _un determinado grado de confirmación no tiene po; qué nóstica está típicamente referida a un hecho individual e irrepetible:
comcidrr
co . con
. , el estándar JUn
· 'd'ico, puede suceder ' que el grado de la presencia de una determinada enfermedad en un paciente. Ese he-
. nflrmacion alcanzado no sea suficiente para considerar la hipóte-
sis como
. proba da c1ent1,¡1camente,
· m pero en cambio sí lo sea para 31 La misma sugerencia se encuentra en IGARTUA, 2003b: 137-141. Un buen análisis
considerar
, la hipótesis como pro ba da Jundicamente
. ', . '
(por . .
aphcac1ón de las semejanzas y divergencias, de autoría multidisciplinar, puede verse en VICENTI,
de1 estandar de la probab'l'd d 1 · · .
i i a preva eciente, por eJemplo). Esto es 2000.

t
:..\É...,,"<
"'1
51
50 JORDI FERRER BELTRÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ...

cho individual no es accesible de forma directa para el médico, de . d previ·amente Ello lleva, en muchas ocasiones, a no in-
detennma o · . 1· d e-
nto de J. uicio al conJunto, no rea izan o una pru
forma que éste únicamente puede percibir otros hechos (síntomas, corporar un eleme b· , · ·
reacciones a estímulos, pruebas diagnósticas, declaraciones del pa- ba diagnóstica de alto coste económico 32, etc. Tam ien Juegan un i~-
ciente, historial clínico, etc.) a partir de los cuales deberá obtener in- rtante papel consideraciones de tipo ético, como el respeto a la autonomia
po . t
ferencias respecto de la enfermedad (Sox et al., 1988: 28) Y la de- individual del paciente, e c.
cisión diagnóstica se debe adoptar también en un contexto de La actividad diagnóstica no está regida únicamente ~orlas reglas
incertidumbre (entre otros muchos, WEINSTEIN, M.C., et al., 1980: de la racionalidad, sino que inciden en ella, u~ buen nu~ero de ~e-
2; Sox et al., 1988: 27; PETITTI, 1994: 20; EDDY, 1996: 308 ss.). Esto
glasJ'urídicas deontológicas y protocolos medicos que gman la prac-
es, la información disponible para el médico en el momento de adop- ,
tica médica, tanto en la recogida d e m· f ormacio· 'n como
. en. la valora-
, .
tar la decisión no es completa ni perfecta. Además, las pruebas diag- ción de la información disponible y postenor diagnostico
nósticas no ofrecen (casi) nunca una información concluyente, en el
(B UGLIOLI-ÜRTÚN, 2001: 26-27). De modo que no sólo ~dstambos ~toe 11,H,¡,, .•.
sentido de que raramente permiten identificar con certeza qué en- · · , d · certi um re sm
un contexto de toma de decisiones en situacion e ~. , hasta
fermedad sufre el paciente (WEINSTEIN, M.C., et al., 1980: 132; JUEZ también en un contexto en que esa toma de dec1S1ones esta,
MARTEL-DfEZ VEGAS, 1997: 49).
cierto punto, reglada.
Creo que puede decirse claramente que el objetivo de la activi- Está claro también que la decisión qu~ ~l m_édico debe adoptar
dad clínica diagnóstica es la averiguación de la verdad acerca del es- está condicionada por importantísimas limitaciones temporales y
tado de salud del paciente: esto es, que aquello que se declara pro- también (contingentemente) de recursos materiales Yhum~?~ (B~~
bado coincida con la realidad del mundo, de modo que la verdad del LEY, 1993: 120 ss.). Si en el derecho se dice ~ue u~a dec1S1on .t:e ~a
enunciado probatorio («Está probado que el paciente p sufre la en- no hace justicia en la clínica el tiempo es aun mas relevante. . ,
fermedad e») coincida con la verdad del enunciado que se declara celeridad en la ;dopción de una decisión, además de la correccion
probado («el paciente p sufre la enfermedad e»). También en la clí- de la misma, depende la salud del paciente.
nica, como en la decisión jurídica sobre los hechos probados, hay .
que distinguir entre la corrección de la decisión diagnóstica y la ver- Por otro lado el paciente, como 1as partes en el proceso . ' tiene
. . ' . ,
una importante mtervenc10n en 1a con ormac f ión del. con Junto de e1e-
dad del enunciado que se declara probado. Puede perfectamente ser . . . . · nes de bienestar o de ma-
verdadero el enunciado probatorio y no serlo el enunciado que se de- mentos de Jmcio. Transmite sus sensacio .. y esa
clara probado (FERRER, 2002: 108 ss.). Esto es debido a que también !estar al médico informa de sus antecedentes fam.ihares, et~.
información puede , estar viciada,
. . ya sea vo1untaria o mvoluntanamente
la valoración de los elementos de juicio disponibles y su plasmación
en enunciados probatorios diagnósticos en el ámbito clínico es con- (BUGLIOLI-ÜRTÚN, 2001: 12).
textual. Si varía, por adición o sustracción de algún elemento de jui- Finalmente también la decisión clínica diagnóstica puede dedsc~~-
cio, el conjunto de elementos disponibles, el resultado de la valora- , nf · ' de los elementos e JUI-
ponerse en tres momentos: a) co 01:11acion d' , sticas) b)
ción puede variar también (BRADLEY, 1993: 58). En cambio, está claro cío (recogida de información y práctica de pruebas rngn~ . , 'de
que la enfermedad que realmente sufra el paciente no variará con la valoración individual y conjunta de esos elementos Y e)ª opc~o~ )
variación del conjunto (varía nuestro conocimiento, no la realidad). una decisión diagnóstica (que precede a la decisión del tratamien °·
Ahora bien, también en la actividad diagnóstica están implica- . . t acciones médicas que puedan pro-
dos otros objetivos que concurren con la averiguación de la verdad 32 Porque, por ejemplo, se prefiere mvertir en° ras . en eneral -aunque pueda
6
ducir más beneficios en térmi~os de s~lud de la po~lac~s~ (lox et al., 1988: 317 ss.;
y, en ocasiones, priman ante él. Así, hay que considerar el objetivo ser perjudicial para un determmado numero de pacient
de maximizar la relación coste-beneficio a partir de un presupuesto EDDY, 1996: 156 ss.).
/'
/1
52 JORDI FERRER BELTRÁN ( EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE... 53
1,

. . Com~ p~~de observarse, los esquemas fundamentales de la \dicos_Y. gué eswcios 9!1~~~11.Para la !2!.~~.9Q..l}...@J.e.glct.§...g~Jl~ª1~.s- s'::::"'-
c~s10nes Jund1cas sobre los hechos probados y de 1 d . . s d~- de la epistemolog~~ la raqionalidad general_. En lo que sigue, no :::.,; t:_1
mcas sobre el diagnóstico coinciden en gran medidaas Se~1S1ones ch-
la analo ' d . . · 1 esto es así
obstante, quiero presentar un argumento algo más fuerte. Sostendré f
gia entre esas os actividades debería permiti . ' que es el propio sistema jurídico, a través del denominado «derecho f, 1, ~,
e~ ~erecho ~l~unos de los instrumentos de control racr;:J~:r:r:ª a la prueba», el que exige la aplicación de esas reglas de la episte- utd,.
ClSlones chmcas 33 y, en especial, poner en cuestión la asunción e- mología o la racionalidad generales (que desarrollaré en la segunda ¿ Y!!
35
neral entre los juristas de que la prueba J·urídica es s · . ge- parte del libro) para la valoración de la prueba • No es casualidad -'t
pecto del ra · uz genens res-
~on~m1ento probatorio que se da en cualquier otro ámbito que en general se considere el derecho a la prueba como una espe- ~
36
de 1a expenencia 34 • cificación, un derivado, del derecho a la defensa • Así lo expresa Vcq.
literalmente el art. 24 de la Constitución española, que reconoce a 111-
. Esa línea de estudio comparativo no obstante debe d
tamb'' d 1 d't · ' , ar cuenta todo aquel que es parte en un proceso el «derecho[ ... ] a utilizar los
. . , ien , ~ a 1 erencia fundamental entre la justificación de la de
medios de prueba pertinentes para su defensa». También se recono-
c~s1on chmca y la justificación de la decisión jurídica sobre los he:
ce expresamente en el art. 6.3.d) del Convenio Europeo para la Pro-
c o~ p~oba?os .. En efecto: esos dos ámbitos decisorios difieren en un tección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamenta-
puno e vital imp~r~ancia: en la actividad diagnóstica el con·unto
les 37. En otros casos, aunque no se formula constitucionalmente de
ie ~~men~~s de JUICIO a considerar es igual al total de los ele~en- fonna expresa un derecho a la prueba, la jurisprudencia constitucional
os. isp?m .les, cosa que no sucede en la decisión jurídica Por ello 38
\ y la doctrina lo han derivado también del derecho a la defensa •
\ ~:J~~1fic~c1ón de la d~c!s~ón ?iagnóstica será relativa al· conjunt~
\ . , os e ementos d~ JUICIO disponibles en el momento de la deci- 35 Esta afirmación, claro está, necesita de dos matizaciones: 1) Su alcance se limita
,~10~ en tanto que la Justificación de la decisión jurídica sobre los a los supuestos de aplicación del principio de la libre valoración de la prueba, y 2) su
aplicabilidad se limita a los sistemas jurídicos que reconozcan el derecho a la prueba o
fle;~o:f~obados será relativa a un subconjunto de esos elementos:
una versión del derecho a la defensa que lo incluya.
~ 1 o por los elementos que han sido incorporados al proceso. Un argumento distinto es el que supone que las posibilidades del derecho de dirigir la
') Íu O oJ { L- ¿l. f<'fl~ v(., ei iv,
,&--0lr>-,,,._.1t,
·
1
, r r,, '(-'-•l::C'-·
• ·, 1 l ,- / )
¡' Q...,~JA<1-c0\'I"-
J ...
conducta de los destinatarios pasan por hacer que sea previsible para éstos que se aplica-

rán las consecuencias jurídicas previstas por el derecho a los casos identificados por él y
que no se aplicarán a los supuestos en que esos casos no se den. Y esto exige de nuevo que
S. EL J:?ERECHO A LA PRUEBA COMO EXIGENCIA las decisiones aplicadoras del derecho sean racionales en el sentido de seguir un método
JURIDICA DE RACIONALIDAD que permita aproximarse lo más posible al conocimiento de la verdad. Pero, en este caso,
el argumento ya no es propiamente jurídico sino de racionalidad del propio sistema.
H ta.ª~~1' he presentado
· 36 En ese sentido, puede verse, por ejemplo, GIMENO SENDRA, 1988: 100-101; DíAZ
en mi~ los lineamientos principales que caracterizan CABIALE, 1992: 62, y Picó, 1996: 35-38. También la jurisprudencia constitucional es-
pmwn. el ~~ntexto de la decisión sobre los hechos probados pañola se manifiesta en esa línea. Cfr, por todas, las SSTC 97/1995, 246/1994, 30/1986.
en 1
de ela proceso
actividadJudicial
d · Con ell.0 espero h aber mostrado qué espacios
37 Conviene señalar que el derecho reconocido en el Convenio Europeo se refiere
literalmente a la prueba testifical y al ámbito penal. Sin embargo, la doctrina ha inter-
Y e1razonamiento probatorio son Jlropíamente JUrí- pretado ese derecho como parte de una garantía genérica al due process y, en consecuencia,
lo ha extendido a todo tipo de pruebas y a toda jurisdicción. Véase DENTI, 1994: 674;
33 E Picó, 1996: 31; VELU, 1973: 326; WALTER, 1991: 1195. También la jurisprudencia del
filosofíanha
contraste,
prestadoBRADLEY
al métod(1993·
, : 23) constata con desagrado la poca atención que la Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha acogido esa interpretación amplia, por ejem-
34 E . o c1mico.
s muy mteresante observar tambié , plo, en la Sentencia del caso Bonisch (de 6 de mayo de 1985).
batorio en la clínica diagnóst' n como :n el debate sobre el razonamiento pro· 38 Así, por ejemplo, en Italia los primeros estudios que hacen referencia al derecho
te jurídico: el recurso a la no~~~ s~ presenta~ ?PC!Ones teóricas análogas a las del deba· a la prueba datan de los años 70 (véanse, entre otros, CoMOGLIO, 1970: 148 ss., Y CAP·
so a metodologías inductivist:s n e probabilidad subjetiva de raíz bayesiana, el recur·
la justificación de la decisión
FEDERSPIL-VETioR (2000).
cli~:rechazan,la aplicab~lidad del cálculo matemático a
a, etc. Vease, por eJemplo, ScANDELLARI (2000) y
PELLETII-VIGORITI, 1971: 637 s.). También la jurisprudencia de la Corte Costituzionale
c?nsidera que el derecho a la prueba es parte esencial del derecho a la defensa, recono-
cido, éste sí, expresamente por la Constitución italiana.
3

55
54 JORDIFERRERBELTRÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ...

La idea fundamental es que el ciudadano tiene de h aportadas por las partes 40. Es decir, deberán ser admitidas todas aque-
mostrar la verdad de los hechos en los que funda s rec .~ a «de- llas pruebas que hipotéticamente puedan ser idóneas para aportar,
cesal (TARUFFO 1984· 77_7 8) 39 E u pre!ens10n» pro- directa o indirectamente, elementos de juicio acerca de los hechos
, · · n otras palabras el cmdada ·
ne derecho ª. probar que se han producido, 0 no, lo~ hechos a ~~ tre- 1 que deben ser probados (TARUFFO, 1970: 54 ss.). Por otro lado, tam-
del derecho· vmcula consecuencias. J·urídicas · So'lo d e es te mo dO pue-
que bién supondría una violación del derecho a la prueba la limitación a
e garantizarse una correcta aplicación del derech la posibilidad de aportar pruebas relevantes impuesta, no ya por el
ment ' , d 1 o Y, como argu-
are mas a e ante, una adecuada seguridad jurídica. órgano juzgador, sino legislativamente. En ese sentido, deben con-
siderarse inconstitucionales aquellas limitaciones a la posibilidad de
A~ora b~en, si esto es así conviene analizar más detalladamente aportar pruebas que no resulten justificadas en la protección de otros
en que consiste ese derecho
. . .
. a la prueba y las 1,mp 11cac10nes .
que tie- derechos fundamentales en conflicto 41 • Finalmente, conviene tener
ne respecto de la propia noción de prueba judicial En particular
en cuenta que el mecanismo legislativo de imponer presunciones iu-
tendo sostener que sólo a través de una concepc.ión racionalis~f ~;
ris et de iure puede suponer también una forma disimulada de im-
la prueba (que rechace la vinculación entre prueba y conven 1. 1.
pedir ilegítimamente la prueba de un hecho relevante para la pretensión
~~éhura7ente p~icológico del juez) es posible hacer efectiv~ ~ ~:: de una de las partes (GOUBEAUX, 1981: 297). Convendrá, pues, es-
el de~e:h:p:~: :e:e:~~~o su alcance y, consiguientemente, también tudiar la justificación de la imposición de una presunción que no ad-
mita prueba en contrario a la luz de una posible violación del dere-
cho a la prueba.
5.1. Los elementos que integran del derecho a la prueba 2) El segundo elemento que integra el derecho a la prueba es
el derecho a que las pruebas sean practicadas en el proceso. Resulta
d A~ ini~iar el análisis de los distintos elementos que integran el obvio que no tiene sentido la sola admisión de los medios de prue-
. edrec ºd~ ª prueba es necesario advertir que esos elementos no son ba propuestos por las partes si ésta no va seguida de una efectiva prác-
m epen 1entes _entre sí·· para que cad a uno de ellos tenga sentido tie- tica de la prueba en el proceso. Así se ha manifestado reiteradamente
ne que acompanarse de los siguientes. la doctrina (véanse PERROT, 1983: 108 ss.; TARUFFO, 1984: 92 ss.;
Prcó, 1996: 21-22) y también la jurisprudencia. El Tribunal Cons-
b 1)d El primer . elemento es e1 d e,.ech o a utzlzzar
.. todas las prue- titucional español, por ejemplo, ha dicho claramente que «el efecto
asd e qlue se dzs~~ne para demostrar la verdad de los hechos que
fiun an a pretenswn
ue sól d · . · · Por supue st0 , se trata de un derecho subjetivo
q o pue e eJercer el su ·eto q . . . 40 Éste es uno de los puntos cruciales en la protección del derecho: conviene con-
La única limita · , . , 3 ue es parte en un proceso Judicial. trolar que el juicio de relevancia sobre las pruebas propuestas que debe realizar el órga-
la prueba crnn mtnnseca ªlaque está sujeto es la relevancia de no juzgador no sea utilizado como mecanismo indebidamente restrictivo que impida el
propuesta. De este modo p 0 d , t . ejercicio del derecho y, en consecuencia, altere el debido proceso. Al respecto, VIGORI-
recho para aco , . ' na re ormularse el prop10 de-
TI, 1970: 97; GOUBEUAX, 1981: 281 y TARUFFO, 1984: 78. Por supuesto, una prueba pro-
tes a los efecto!el u~1camente la utilización de las pruebas relevan- p~esta por alguna de las partes puede serrelevante y, a pesar de ello, superflua si el e~un-
. e emostrar la verdad de los hechos alegados. ciado que afirma la ocurrencia del hecho que se pretende probar ya ha sido probado mediante
La debida protección d t d o~ras pruebas. En ese caso, claro está, la inadmisión de la prueba superflua no supone
los jueces y tribunales el d ; es e er~c?o supone que se imponga a violación alguna del derecho a la prueba (FERRUA, 1994: 494; LAUDAN, 2006: 121 ss.).
e er de admitir todas las pruebas relevantes En todo caso, este punto será desarrollado extensamente en la segunda parte.
• ~1 Como ha señalado TARUFFO (1984: 80), la limitación de los medios de prueba ad-

l . r m1S1bles puede conllevar un impedimento absoluto para la parte procesal d~ probar los
nt e.
39 En esa línea, la Corte Costituzio
la garantía del derecho a la defe
I
ita _iana ha manifestado que «es contrario a
Cost. 146/1987, de 23 de abril). nsa ª imitación de la búsqueda de la verdad» (S. C.
hech_os en los que funda su pretensión cuando las únicas pruebas de que dispone son,
precisamente, del tipo que legalmente no se considera admisible.

f \
3

56 57
JORDIFERRERBEL'fRÁN ELCONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ...
de la inejecución de la prueba es o puede ser el mismo que el de su . como violaciones al derecho a la prueba
inadmisión previa[ ... ]» (STC 147/1987). deberían ser considerados d 1 pruebas admitidas y practicadas
n que algunas e as d ·
los supuestos e .d . , nen el momento de la ec1-
Cabe añadir que una concepción robusta del derecho a la prue- no hayan sido tomadas en cons1 erac10
42
ba no puede conformarse con cualquier forma de práctica de la prue- sión , •
ba en el proceso. En ese sentido, deberá maximizarse la partici- , claro ue no basta con tomar en cons1de~~-
Por otro lado, esta .q f adas Es necesario tamb1en
pación de las partes a través del principio de contradicción, dando ción todas las pruebas admitidas yyrd~c .1dcual y.conJ·unta se adecue a
en todo momento a cada parte la oportunidad de contra-probar lo ale-
gado por la parte contraria (TARUFFO, 1984: 98; PICÓ, 1996: 22). ªr
. , d 1 mismas m 1v1 ,
que la valorac10n . e 1d d 43 sólo así podrá entenderse que se res-
las reglas de la rac10na ª · b sto es a producir un deter-
tf 1\-~i:¡J 3) El tercer elemento definitorio del derecho a la prueba es el peta el derecho de las part~s ª pro.:~ ~e fun<lamento a sus preten-
P:i ·:-1, derecho a una valoración racional de las pruebas practicadas. Es minado resultado probatorio que .81 los hechos probados a los
a:1 J 'habitual considerar que el derecho a la prueba no supone un dere-
. E
s10nes. s mas,
, sólo si se garantiza que
h
que se aplicará el dere.c~o. an s1 o
.d obtenidos racionalmente a par-
roceso uede garantizarse
1.,-,- ol cho a un determinado resultado probatorio. Por ello, y por una exa-
~ a, le,, gerada devoción a la discrecionalidad del juez en la valoración de la tir de los elementos de JUICIO aportados:~ p de segJridad jurídica.
..,_,.J·,i:_: prueba, no es extraño que la doctrina y la jurisprudencia consideren, también un nivel mínimamente acepta e .,,. ,,.
u. ;,,J, a menudo, que el alcance del derecho a la prueba se agota en 1os dos
)A!) mite dotar del alcance\,(, .. "
4) Finalmente, el último eleme~Z1ru:i~~l de motivar las deci- ~ ! ~
;:\.__. elementos anteriores. Sin embargo, en mi opinión, esa limitación es debido al derecho a la prueba es la ,g hacer referencia a este as-
,¡1 r· "" manifiestamente insatisfactoria.
siones judiciales. Aunque es poco.c~mun encuentro razón alguna
)'"~º Como ha señalado TARUFFO (1984: 106), el reconocimiento del pecto en términos de derecho subJetivo, no decisión suficiente y ex-
derecho de las partes a que sean admitidas y practicadas las pruebas para no hablar de un derechoª obtene¡ ~n; ) En el ámbito del ra-
12
relevantes para demostrar los hechos que fundamentan su pretensión, presamente justificada (TARUFFO, ~9 4.fi· • ; deberá versar tanto
. b 1 hechos esa JUSti 1cac10n
es «una garantía ilusoria y meramente ritualista si no se asegura el zonam1ento so re os • b dos como sobre los he-
sobre los hechos que el juez declare pro ª
efecto de la actividad probatoria, es decir, la valoración de las prue-
bas por parte del juez en la decisión». chos que declare no probados. . ..
. te las decisiones Judiciales
Esta exigencia de valoración racional de las pruebas puede des- La obligación de motivar expres.am~n orno la española (art.
componerse en dos elementos distintos: por un lado, se exige que las ha sido incorporada a algunas constitucio~;s, ~el Convenio Europeo
120.3), y también está p_resente en el art. · · de las Libertades Fun-
pruebas admitidas y practicadas sean tomadas en consideración a los para la Protección de los Derechos Humanos Y
efectos de justificar la decisión que se adopte. Por otro lado, se exi-
ge que la valoración que se haga de las pruebas sea racional. La pri- - declarado expresamente que«[ ... ]
i2 En cambio el Tribunal Constitucional espanol ha d na de las pruebas aporta-


mera de las exigencias es a menudo incumplida a través del recurso La Constitución 'no garantiza el derecho a q~e todas Y ca-¡~ ~s explícito y diferenciado
a la denominada «valoración conjunta de las pruebas» (MONTERO ARo- . . . h ayan de ser objeto
das por las partes del ht1g10 . de un tanala1sConstitución
. no ve d ampo. _
c~: ;988: 251; PICÓ, 1996: 28). Debe advertirse que, si bien. ~na de- Por parte de los J·ueces y tribunales a los que, ciertamen ed, s [ ]» (Auto 307/1985).
. d ¡ ruebas aporta a .... d ¡
dría vedar la apreciación conjunta e as P. . 'd' puede estar sujeta, y a menu o 0

l c1s1on sobre los hechos no puede realizarse sin esa valorac10n con-
junta, ésta no puede ser utilizada para evitar la valoración concreta
I de cada una de las pruebas aportadas. Es más, sólo después de va-
43
La valoración de la prueba en el ámbito JU1; ic 0
· lar' conviene
está, a otros tipos de reglas. E n particu d
¡ ·dar la existencia en buena
noasO de
vi prueba legal o tasa da, q ue
parte de los sistemas jurídicos contemporáneos e norm rtir de un determinado dato fác-
\t1 lorad~~ indi~idualmente las pruebas podrá hacerse con rigor una va- indican al juez qué resultado probatorio deb~ extraer¡ ª px~o está limitado una vez más al
. previo.
hco . En cua1qmer . caso, ¡0 que se dice en e 1e
l lorac10n conJunta de las mismas (IGARTUA, 2003b: 151 ss.). Por ello, ámbito de la libre valoración de la prueba.

z
59
58 JORDI FERRER BELTRÁN EL CONTEXTO DE LA TOMA DE DECISIONES SOBRE ...

. , de la prueba (tendente a la arbitrariedad cuando están au-


damentales 44 • No es extraño al planteamiento que presento en este va1orac1on ancia con lo
trabajo que el Tribunal Constitucional español haya declarado reite- sentes los controles), etc. En s_~gundo lug:, y;nhco~:º;robado mar-
radamente (véanse,porejemplo, SSTC 14/1991, 55/1988 o 13/1987) anterior se opera con una noc1on de prue a y e ec ,
que la obligación de motivar las sentencias expresa «la vinculación cadame~te subjetivista que no distingue entre qu~ un hech~ est~ p4~o-
del juez a la ley». En otras palabras, está en relación con la obliga- bado y que haya sido declarado probado por un Juez o un Jura o .
ción del juez de aplicar el derecho 45 , que es, a su vez, como fue se- Para atender a estas necesidades, en la segun?ª parte se presen:
ñalado al inicio, la función principal del proceso. tarán los rudimentos epistemológicos de una te~na t.e;1dente a lama
Sin embargo, la jurisprudencia constitucional y ordinaria no ha ximización de las probabilidades de la determmac10n de la verdad
sido muy exigente a la hora de controlar la falta de motivación en ma- sobre los hechos en el proceso judicial.
,, ./ I "
teria de hechos probados. Tampoco la doctrina procesal mayoritaria 1 [':¡,..; ,~~ 1.,__ vin.i'~ ·
/ ') ·' rJc• 1~ ¡1rVCbo.. 4 "'-' · . ,. _.¡. _
ha ido mucho más allá 46 • Creo que ello es debido a dos tipos de ra- t,1"'-t"'' .,, ;
n
c......, (Aí , ,_J>.{,.h / ,, ' . J·,
-"> L,m ... ,~.... '"" v('r~ 1 {'
"''"' <..-""' 1,,.,....,cJ.
zones: en primer lugar, a la falta de una teoría que establezca algu-
nos criterios de racionalidad que rijan en el ámbito de la libre valo-
'l
i,): \'Q..l,,ct:.7" ,v r•Je Pv-•n- dd f·i~J
y,;,,~- l., .• (,n0t:,.,"1 , j ,
ración de la prueba. A falta de esos criterios claros, se tiende a
, • ¡ '' f ,J 1, x • ti ('l1~~,r..,¡ t~c>l),-pr,i
1\ (.,) : t?A,Jl- tÍc J.::tJ l; H, ~ ~ J..o,'W""•\,-L C.. lh r {X,44-• ' ,,í
maximizar el carácter libre de la valoración, su vinculación a la ínti- r.l cf ''," d.J<b:11 (f!J (('O -

ma convicción del juez 47 , la discrecionalidad judicial en materia de / -1 crft JU l/ (''"¡;(;P recJ,,-.


¡
f.,vo:. e dt11Lvb,;,,___. ,Í¡> 1 ,._, \/Cf()..ü9 ""ª fv I t b • Je t._ vud.,..Á C'J

44 o~te
J ,
í?Ji,"\CrJ~ /o U1"1n:,f1º -"-e <:(Cu:,
j /· ,
t"' ·: ..
·r .J .. ,.J_:.,J I! i:-reJl" f'"'"
v-/!.-,i(?(l/o,f· ;,t). !_, e,.-tr-/, ~r ,,_
J
Éste es seguramente el elemento más idiosincrásico de los que han sido presenta-
dos. Responde, fundamentalmente, al modelo de los sistemas de civil /aw, mientras que ~¡;/~ l.,,¡ fi"C\ t'.
1 e•own, ,•r<D h'" ;v....J I fónnulaslingüísticas •-r
en el mundo anglosajón, en cambio, la exigencia de motivación es muy limitada y, en procedimiento penal). Es destacable, por otra partedqu; ena ~~ decisiones acerca de
se traslucen las distintas fonnas de entender el m_o O e omd matiz subjetivista en la
Yt
algunos casos, como el juicio por jurado, inexistente en el ámbito de la decisión sobre
los hechos.
45
Esa obligación de motivar las decisiones no ha sido, en cambio, vinculada por la
jurisprudencia constitucional al derecho a la prueba, sino, de fonna más general, al de-
los hechos. En este sentido, mientras que se aprecia ~n ~~ca. ºseweiswuerdigung, que
intime conviction, no es así en la fórmula ale?_lan;
acentúa, en cambio, la libertad de la valoracion e prue
ª r~ie (frente a los sistemas de
zamento parece subra-
tª ª

~l~-?~:
recho a la tutela judicial efectiva (véase, por todas, la STC 122/1991). prueba legal). Finalmente, la fó_nnula ~taliana ~el prudtte fPre:ión de las pruebas. Re-
46
Sirva como muestra lo dicho recientemente por un importante procesalista espa- yar la razonabilidad como guía a seguir po~ el JUe,z en b~ :~ la presentación del sis-
ñol: «no es exigible, ni legal ni racionalmente, que toda sentencia dé cuenta detallada sulta especialmente significativa de la versión mas su 1~ 146) quien sostiene que
1
del porqué de cada declaración de certeza positiva de un hecho (eso es la declaración tema de libre convencimiento que lleva a cabo Cou~rE . tu c;nciencia te lo diga,
de "hecho probado") (y, en su caso, muy raro pero posible, de las declaraciones de cer- con esa fónnula el legislador le dice al juez: «Tú ª as co~o rueba de autos» Final-
teza negativa: certeza de la inexistencia de un hecho): no es tampoco legal ni racional- con la prueba de autos, sin la prueba ~e .autos Y aun .c~:~~:e: ~el sistema de lib;e apre-
11;ente exigible que se explique ponnenorizadamente por qué unos hechos han sido con- mente, puede verse un análisis de las d1stmtas denomm
siderados dudosos ("no probados") pese al esfueizo probatorio que haya podido desplegarse. ciación de la prueba en DE SANTO, 1988: 613 ss. . d rueba como íntima con-
I
No es razonable imponer a los órganos jurisdiccionales unos esfuerzos expresivos má- Hay que señalar, además, que a pesar de ~ue la id~a e ~ pde la libre valoración de
ximos, en cada sentencia, que desconozcan la carga de trabajo( ... ) que sobre ellos pesa vicción psicológica se apoya en mu~has ocasi?nes ~ te;~:KI por ejemplo, sostiene ;J;
Y que resulten contrarios a impartir justicia a todos de manera satisfactoria. Y tampoco la prueba no está lógicamente imp_hcada por e_sta. . R !~de res~mirse así: (a) el tribu-
p~rece razona?le_ pedir que se exprese lo que pertenece a los internos procesos psicol6- que «[l]a teoría de la libre valoración de la evide~crn P b ese fin debería usar to-
,g1cos de conv1cc1ón, muchas veces parcialmente objetivables, sí, pero también parcial- nal debería ~etenninar la «verdad o~jetiva (maten~!)»~~~ ~~~~encia relevantes: (c) se
mente pertenecientes al ámbito de lo inefable» (DE LA OLIVA, 2002: 514). Las cursivas dos los medios para obtener el conJun~o de enu~ci~~o d uerdo con Jas reglas acep-
son del autor. valora la evidencia al margen de cualqm~rn~nna 1u1;dic(~ e;cLEWSKI 197 5: 211. Véase
47 8
Est~ fo~a d~ entender la prueba ha tenido muy diversas manifestaciones a lo lar- tadas por la ciencia empírica y la expenencrn comun» R '
go de la_h1sto~rn y tlene,h~y una amplia difusión en la dogmática procesal y en lajuris- también GASCÓN, 1999: 157 ss.). . 2001 : 86 ss. y ampliamente
41 Puede verse una crítica a esa concepción en FERRER,
P;11dencia. La 1~ea d~I «mtlmo convencimiento», en su versión actual, procede de la Fran-
cia postrevoluc10nana (véase, por ejemplo, la Ley 16-29 de septiembre de 1791, sobre en FERRER, 2002. _¡ . _, ,¡ o< / oL¡·-,~r L,~,.,.,_.:
' { l~·
' 1 (,-<,->--"'"' ,_..._ ¡_v.. t
j; JI íl{-,-'(r(., "-' l"~ibo.. 1 Y""' "' ~ 1
1 1 ,f.· ..-1 ,,o(/fn "" ~ "-
/ '/ H" ,.hr•J-"1~ Ji lr <•rQle ~ '1,
Vtr,t,,,/. f,,, ~-ti,., 1, í' e) r},•~
1
j7 • l'JC 1 /
J l b
/ 't ,J '
, . , , ,~ el '
el ol> ,-,e, V~'0!>-'1, I'
t,,'? IJ,-, ¡·
p<Jt¡ r,rf ,¡ obV;n $' k.. .t.(,j--;J•li,J '1 ¡itv ( L 1
1 "-
,JU.úÁ <j.¡ ) µ~l 'i:I• l.._, ti
~- -
I~ p....,\,w.c/ J;I (' 0
1 Jo , k,y fl ¡,ítt"C" ti ¡ ,,Ac~I
lt'-- c,1,, • J, 11"-"", ~ (

f•v<L .._' (''º ""' J,\ r•J(1'J<>- f,i ~,, "'''


SEGUNDA PARTE

ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN


RACIONAL SOBRE LA PRUEBA

l. INTRODUCCIÓN

El objetivo de este capítulo es presentar los rudimentos de una


teoría de la valoración racional de la prueba en el proceso judicial.
Este objetivo general, sin embargo, exige algunas precisiones iniciales
que no quisiera olvidar.
En primer lugar, conviene advertir que lo que aquí diré esypli- r ,
~~ble únicamente a los sistemas gue acogen el de~min~do princi- e Ir;.,.,,'
p10 de la libre_y_aloración de 1ª.m:.Yeba...(y a las decisiones adoptadas eJ Q_f\ ~
bajo ese principio). En sustancia, creo que ese sistema podría versd~d
c?mo ~n modelo de juicio que supone la confianza_s!tlkgislador ha;.;....... ~i?/-?
~ el Juez en lo que atañe a la decisión sobre los hechos. Por ello,
será el juez, o en su caso el jurado, quien decida sobre los hechos
probados del caso, a la luz de los elementos de juicio aportados al
proceso, y sin indicaciones legales que le prescriban el resultado que
debe atribuirse a la presencia de elemento de juicio alguno.
Absolutamente distinta es la situación si nos enfrentamos a siste-
mas (o a decisiones reguladas bajo el sistema) de prueba legal o tasa-
da. En este modelo, que podría entenderse como ctedesconfianza del
.. f

¡
62 JORDIFERRERBELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 63

legislador hacia el juez, es el primero no 1 . mediación, de modo que se reserva casi en exclusividad al juez de
~n resultado probatorio a los distintos' ~ediis ~:gundo, qmen a~buye primera instancia la valoración de la prueba; e) exigencias de moti-
unportante impacto en la estructura d 1 _prueba. Esto tiene un vación muy débiles o inexistentes respecto de la decisión sobre los
puede de ninguna forma decidir sobreeeti:on~~e~to: el legislador no hechos; y d) un sistema de recursos que dificulta extraordinaria-
reglas de prueba legal dictadas serán sie so md1v1~ual, co? lo que las mente el control o revisión del juicio sobre los hechos en sucesivas
s?s. La decisión judicial tomada bajo este~r~ ;efendas a tipos d~ ca- instancias. Como puede observarse, la combinación de estas distin-
sunplemente producto del cumplimient d º1 e o, en ~o~~ecuencia, es tas notas nos sitúa ante un modelo 12.erfectamente coherente, Rllº ca:-.
. . o e a prescnpc10n legal 1.
1 Ahora bien, en la tradición ·urídi . ~ ~ - g d~s~!9_E~':.'.~E.!J2ist~_mol9gi~Q-~:
acento en la libertad de valoraciin de ~: con~nental se ha puesto el No analizaré aquí la vinculación de la prueba con la íntima con-
1FERRAJOLI (1998· 118) ha d . d prue a, dando lugar a lo que
· enomma o «una de 1 , . ,. vicción o las creencias del juez y los problemas que ello conlleva, pues-
mente más amargas e institucionalme , as.pagmas pohtJca- to que ya lo he hecho en otros lugares (FERRER, 2002: 80 ss.). Sí qui-
toria de las instituciones en 1 2 nt~ mas dep:1mentes de la his- siera insistir, en cambio, en la coherencia interna de los distintos
0 0
d
libre valoración de la pru~a ~ee;> As1, se conc1b~ el principio de elementos de esta concepción. Así, por ejemplo, resulta significativo
cultad para que juzgue se , ~ue ?torga al Juzgador una fa- que el acento en la convicción judicial como criterio de decisión so-

! vicciones, sin ningún tipog;n/u ~onc1encia, su entender o sus con-


nímodo en materia de pruebea. imites a un poder que se concibe om-
bre la prueba se acompañe de la defensa de una concepción muy fuer-
te del principio de inmediación. Esto tiene pleno sentido, dado que si
lo que importa es producir la convicción judicial entonces el mejor
te d;~::~:~:;ci~~e~:: la li~~e valoración de la prueba forma par- método para conseguir esa convicción es la práctica de la prueba ante
siva» (véase por todos p amp ia que podría denominarse «persua- el juez, garantizando la presencia directa del juzgador, por ejemplo,
, . ' , ERELMAN 1963· 8 SS) L ante la declaración testifical. Hasta aquí, parece una exigencia bas-
nstlcas de la concepción . ' · · · as notas caracte-
apelación a la íntima con!~r~~as1va ?e la prueba serían, pues: a) la tan~e razonable. Pero la otra cara de esta ~ón fuerte delPEE~E!9-
cisión 3; b) la defensa d cwn ~~I Juez como único criterio de de- de mmediación es, sin embargo, excluyente: en nombre de este prin-
e una verswn muy fuerte del principio de in- cipio se impide la posibilidad de revisión de la valoración de la prue-
1 No olvido que pueden presentarse mu h . . ba realizada por el juez de primera instancia, suponiendo que siem-
la regla de prueba legal que hag c. os problemas en el mvel mterpretativo de
. an que Ia aphcac1ón d ¡ · pre Yen cualquier caso aquél estará en mejor posición epistemológica
ma 1sta y mecánico que elimine la d' . . e a misma no sea un proceso for·
bl l . . 1Screc10nahdad 1·ud' · ¡ s· ,
ema que qms1era dejar ahora al M . icrn · m embargo, este es un pro- que cualquier otro juez o tribunal que pudiera revisar la valoración
car cuál es el objeto del razonamit:rgen. 1 e importa en este punto únicamente desta· 5
el juez deberá motivar (expresamen~/~
sobre los hechos probados se just'fi
!~ e mode! 0 de la libre valoración de la prueba,
'~ependiendo de los sistemas) que su decisión
de la prueba realizada en la primera instancia •
Y ahora, ¿por qué es habitual la débil o nula exigencia de moti-
proceso; en el modelo de laprueb111ca al partir de los elementos de juicio incorporados al
d rá que JUstJficar
· · a ega o dtasada ' ene amb'10, e ¡ Juzgador
que se da el anteced · únicamente ten-
vación respecto de la decisión sobre los hechos? Pues bien, ésta re-
1
car su consecuencia prevista (por e·e:t~ e ª regla.de prueba legal a los efectos de apli-
lador ha previ~to como consecuencia ~~¡ que se dispone de una confesión, si el Iegis· se ~cuda a un estado mental del juez, normalmente reconducible a la creencia, como cri-
n_iuestre, por cierto, que un sistema q d O confesado hace prueba plena). Esto quizás teno (a veces también como objetivo a lograr) para adoptar la decisión sobre los hechos
siempre deberá realizar una activida~uJ~ v:i pru~ba legal o tasacia no es posible: el juez del caso. La decisión judicial, así, deviene conceptualmente infalible puesto que para
do que se cumple el antecedente de la 1 ~ración de la prueba para considerar proba- controlar su corrección se carece de criterios externos a la propia decisión.
2 Lo mismo vale, en mi • •ó reg ª e P1:1eba legal. 4 Intentaré justificar esta crítica un poco más adelante.
O
3 Aunque la expresión «íJitm1anc, pai:a c_uóalqmer otra jurisdicción. 5 De forma muy clara, en este sentido, sostiene HERRERA ABIÁN (2006: 171-177) que
nami en tos contmentales
. ¡ mis onv1cc1 n» y sus vanantes
· . de los orde-
son propias el control del razonamiento probatorio en segunda instancia constituye un atentado a las
0
lan, por ejemplo, a la au~encia ~~ v~ Ie para los ordenamientos anglosajones, que ape· garantías procesales de las partes. Sobre las lecturas irraciona!istas del principio de in-
se LAUDAN, 2006: 29 ss.; FERRER g ~.r;~~n;ble como estándar de prueba penal (véa·
'2 0 · - 97). Aquí lo relevante es el hecho de que
mediación, véanse, por todos, ANDRÉS !BÁÑEZ, 2003 e IGARTUA, 2003a.
fr, 0 ,, o ¡ve~ l.,_ .,__(u'.:v \'1 _EJ-/~ ..,,.....,, ~t, k \' ff.. el .--~,·~/..
/¡/ L-.1,,\ Je [Q_,~-~l:,~¡,h é.\1,,-:~tlu,r/,o ¡'-' v- ¡'/(r,..C(';:, !~,--\'"-'
64 ei Qj .;{,¡ Joiu,u,,11~ ir!/... '/rrÁ,:.) ¡,
JORDI FERRER BEL'fRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 65
sulta una consecuencia casi obligada si se vincula 1
adquisición del estado mental de convicció ~ prueba con la de un sistema de recursos que ofrezca un campó§p..!i() ara el con-/
J·uzgad or. Corno señala claramente DE LA ÜLIVA
n o creencia por parte del
(2002· 514) trol de la decisión y su revisión en instancias superiores.
rece razonable pedir que se exprese lo ue . _no «pa- No analizaré ahora con detalle este modelo porque, como puede
procesos psicológicos de convicción !uc~:;tenece a los_mtemos ya el lector adivinar, será el objeto de atención en lo que resta de este
0
~b~eeti~oª~~:}~~r~~~~0~ª~~:é1:r !~~:~~~~: fii:i.~~~fe~:~~~I:~:~ libro. Sí, en cambio, creo que vale la pena realizar unas pocas con-
sideraciones preliminares. La concepción racionalista basa la justi-
pio DE LA ÜLIVA, esta concepción ersuasiva de nen, como el pro- ficación de la decisión sobre los hechos probados en el método de
¡ la motivación a la explicación de lis causas que ~::~::adie~~cen la corroboración de hipótesis, no en la creencia de sujeto alguno, sino
¡ :a~reder en la ocurr~ncia del hecho en cuestión. Pero expresar ~~~~ 1:s en si está suficientemente corroborada la hipótesis sobre lo ocurri-
1 e una creencia en el caso de d h do que·se declara probada. Es cierto que nadie puede escapar a sus
! distinto de justifica: una decisión. que pue a acerse, es algo muy creencias; ahora bien, la pregunta relevante es: ¿qué justifica la de- ¡
l Finalmente la con ce · ,
titucional ue / .
· .
p~~on persuasiva se cierra con un diseño ins-
i sed d q m ~ o dificulta extraordinariamente la revisión en
cisión, el hecho de tener la creencia o el hecho de que el contenido ,
de ésta, la hipótesis, esté corroborada? Optando por la segunda al- \
¡ e e recursos de la decisión sobre lo h h d -:- temativa podemos empezar a diseñar métodos de valoración de la \
. mera instancia Está 1 ----;-- ----~LQ.!l, a optada en la pn- prueba y dispondremos, por otra parte, de criterios para juzgar si el l
prueb 1 . e aro qu~ si se sostiene que la finalidad de la
juez se equivocó o no en la valoración de la prueba realizada. Esto
321 · eª enTÉe pDroceso es producir la convicción judicial (GUASP 1956·
• OR S OMÍNGUEZ GIMENO SE M ' ' no nos lleva a rechazar el principio de inmediación, pero supon~.,c!~=-
231; CABAÑAS 1992. 21 ,' NDRA Y ORENO CATENA, 2000: bilitarlo en buena meEls!,a. No se puede rechazar el principio de in-
vez ésta es alc~nzad~ , TONINI, 1997: 50, e?tre otros muchos), una mediación porque, por ejemplo, éste exige la presencia del juez en
decisión Un tribunal no q_uedl~ ~ucho espac10 para la revisión de la la producción de la prueba, lo que es, obviamente, adecuado para los
· supenor lillltado por el prin · · d · d' ·,
y con la escasa mot' ., ' cip10 e mme iac10n efectos de la valoración de la fiabilidad de un testigo, etcétera 9. Pero
cho más ue decir iv~c10n,norma~mente disponible, no tendría mu- se asume una versión debilitada del principio puesto que la posibi-
re de la d~l 1·uez d, i:nas all~ de un maceptable «mi convicción difie- lidad de control sobre la valoración de la prueba realizada impide la
e mstancia Y yo mando más».
apelación a la inmediación como forma de excluir precisamente ese
Frente a esta concepción .
cepción racionalista de la r pe:s~asiva puede formularse una ~ control (IGARTUA, 1995: 112-115). Por otro lado, la concepción ra-
notas características . P ue a · En este modelo destacan como cionalista supone la exigencia de una detallada motivación judicial
a) el recurso al mét~lg~al7ente cohere~t,es entre sí, las siguientes: sobre la decisión adoptada. Y esta motivación no es ya una explica-
sis 7 como forma de i°e. ~ corroborac10n Y refutación de hipóte- ción sino una justificación en sentido estricto. No importa, pues, el
iter psicológico del juez que lo llevó a la decisión, sus creencias o
sión débil O limitad:~ ~rae!ºº. d~ la p~eba; b) la defensa de una ver-
i gencia de motivación dee iar~~~~p~~ de ibnme diación; e) una fuerte exi- prejuicios; la motivación debe basarse en las pruebas que justifican
1S1on so re 1os hechos 8; y d)la defensa
9
Al respecto, puede verse también !GARTUA, 2003b: 176-177, quien cierra su razo- l
La expresión «concepción racion r
6 . namiento con una clara y acertada conclusión: «En resumen: la inmediación es una téc-
ss.) denomina «tradición raci·onal' t
0
ª ista» eqmvale aquí a lo que TwINING (1994: 32 nica para la formación de las pruebas, no un método para valorarlas» (las cursivas son
•cepc1'6 n cognoscitiy~, (véase is a». . tros autore s, en camb'10, prefieren hablar de <$Qll:. del autor). Una vez practicada la prueba, corresponde valorar lo que de ella se infiera. Y
7 Sobre el conc~pto de hi 6' P?r ejemplo, GASCÓN, 1999: 47 ss.).
habrá que poner también atención a las inferencias que van de lo percibido a la inter-
. s Ésta es una característic~ r~!~~· vé,as_e por todos, Bu'.'1GE, 1967: 194-198. p'.etación de lo percibido, tanto por los testigos mismos como en relación con lo perci-
exige la motivación expresa de la diva .u?icam~nt~ ~ los sistemas jurídicos en los que se bido por el juez durante la práctica de la prueba (gracias a la inmediación). Al respecto,
s ec1S1ones Judiciales.
véase GüNZÁLEZ LAGIER, 2000: 72-78.
66 JORDIFERRERBELTRÁN
- ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 67

s~ dec~sión. Es un razonamiento fundado en los elementos de juicio cuación de medios a fines. Dos cursos de acción, por tanto, pueden
. , . en el proceso que permitan corroborar de 1,¡,orma sufiiciente
dispombles · ser perfectamente racionales aunque se~n absolutamente contr.~ios
1a h ipotesis aceptada como probada. si obedecen a la persecución de fines diversos. Por eso, la califica-
ción como racional o no de los distin!os métodos de vajoración de-,
. Finalment~,. ~sta concepción exige el diseño de recursos que per-
~mebat de las regíasclue establecen imperativam~nte exigencias
mitan una revISion o control de la decisión sobre los hechos pr b _
d_os adoptada en primera instancia, con independencia de si ést~ ~
probatorias al juez o a las partes, etc., debe hacerse ~empre en r ~
ción con el fin perseguido por la actividad probatoria en el proceso ,
sido favorable al actor o al demandado, al acusado O a la acusac·,
et~. El c?ntrol es, ahora sí, posible debido al juego combinado
exigencias de est~ ~oncepción: se pueden conocer las razones por
d:~;~ ~ l . Así pues, sólo después de presuponer que el fin último de
la institución probatoria en el proceso judicial es el conocimiento de
la verdad de los enunciados fácticos que describen los hechos del
las que se ha decidido, porque se dispone de una motivación deta-
caso, poaemos juzgar las distintas reglas probatorias y los distintos
llad~ ~e 1~ decisión que da cuenta del proceso de corroboración de
métodos de valoración de la prueba como racionales o irracionales
la hipotesis que se declara probada y de las que, si es el caso se ha-
yan refutado 10. '
(TWINING, 1994: 185). Todo ello en la medida en que sean adecua-
dos o no para alcanzar la finalidad propuesta.
De est.~ forma, para la concepción racionalista, el hecho de que
Desde esta perspectiva, conviene volver a la distinción entre dis-
la valoracion de la prueba se declare libre por el derecho denota sim-
tintos momentos de la actividad probatoria que fue presentada en el
pl~mente que no rigen regl~s de prueba legal o tasada que predeter-
capítulo anterior 12 • Allí propuse distinguir entre el momento de la
m~en el resultado probatono de forma vinculante para el juez (DA-
formación del conjunto de elementos de juicio con el que se toma-
MASKA, 1~86: 55; TARUFFO, 1992: 369-370). Pero esa libertad no es
rá la decisión, el momento de la valoración de la prueba Y el mo-
, smo que es t,a ¡·imi·tada por ¡as reglas generales de la episte-
absoluta
mento de la decisión sobre los hechos probados. Una de las venta-
molo~i~ 0 , 7°m? gu~ta de decir la jurisprudencia, de la racionalidad
1 jas de esta clasificación es, en mi opinión, que permite observar m~s
Y la l?~ica · Mas aun, puede entenderse el principio de la libre va-
1orac10n de la prueba como un man d ato a los Jueces
. fácilmente dos cuestiones que, a menudo, pasan inadvertidas. En pn-
para que deci-.
mer lugar, como ya señalé en su momento, permite percibir la dife-
d~ sobre los hechos en los casos que se les planteen mediante los
rente incidencia que tienen las reglas jurídicas sobre la prueba en cada ,f)
metodos de la epistemología general (en el mismo sentido WRóBLEWSKI
1981: 186 ss.; TARUFFO, 1992: 375; FERRUA, 1999: 224). , uno de esos momentos o fases. Es habitual enfatizar la especificidad
de la prueba jurídica respecto de la que se produce en cualquier ot~o '
J
ámbito de la experiencia argumentando que la actividad probatona Q
jurídica está sometida a un gran número de reglas jurídicas qll:e 1
2. DE NUEVO SOBRE LOS MOMENTOS DE LA
h~cen de ella una actividad reglada ~ui .~eneris respecto de la acti-
ACTIVIDAD PROBATORIA EN EL PROCESO
vidad probatoria general. Esta apreciac10n normalmente exage_rada
(TWINING, 1994: 196 ss.) puede ser.rel~tiv_izada si se c,ontextuahza a/
ide Eld lector
. recordará
. que a¡ mic10
· · · de este libro hice expresa la
cada uno de los momentos probatonos md1cados. Y, asi, puede obs~r-
n ~, e racio~ahd~d que subyace a todo el trabajo. Se trata de una v~.se cómo las especificidades jurídicas (pr?ducto de las reglas J~- \
oc10n de rac10nahdad teleológ_ica o instrumental, que juzga la~- 1
nd1cas sobre la prueba) se producen en el pnmer y, en meno~ m~d. - [
10 Y, si no es así, aparece una bu
da, en el tercer momento. El segundo, en cambio, si opera el pnncip10
ta de motivación. ena razón para anular la sentencia recurrida por fal-

(R ~ rtnJ!'!oº~ ejemplod las sentencias del Tribunal Supremo de 15 de abril de 1989


· 3 ' º
e enero e 199 (R. 460) Y de 8 de octubre de 1990 (R. 7816). 12
Véase epígrafe 3.1.
1
68
JORDI FERRER BELTRÁN
·- ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 69
1 de la libre valoración de la prueba carece or d . .,
ficidadesjurídicas. Por ello, al mo~ento d:la va~;~:ic_i?nJetpeci- se impondría la necesidad de adoptar el criterio de la relevancia pro-
¡ba le s~rán de aplicación sin más las teorías enerale~10n e a prue- batoria como único filtro para la admisión de pruebas en el proce-
ba urdidas en la epistemología general. g sobre la prue- so 15 (BENTHAM, 1827, vol. V: 255; THAYER, 1898: 264 ss.; GASCÓN,
1999: 129; LAUDAN, 2006: 121 ss., entre otros muchos,). 1 {
En segundo lugar, esta clasificación en distintos o·,: >f' ",~1-1,.-h,c.i.5" p<obu+anc.,'• ,_,la, l"- Lor J. ~.,,.,..,,1i-o:- ..

::~c~:J:
~~t!:ii!:~~:~b;!ºr~~i~~:~:dt:~~~éanu::ªd;~;:c~~~
tos. Dado que la actividad ue e esos momen-
~i;:~ l I Me éxplicaré mejór: una vez asumido que la finalidad de la ins-
\ ~ n probatoria en el E!,OC~§.Q_judicial (cualquiera sea la jurisdic-
ción) no puede ser otra gue la averiguación de la verdad~ podemos
s~stan~ialmente distinta, ta~bié~~oc:~~~~s !e .ellos .se realiza es juzgar la racionalidad (en el sentido de adecuación de medios a fi-
c10nahdad impone. Veámoslo. xigencias que la ra- nes) de las distintas reglas jurídicas sobre la prueba que operan en
el momento de la formación del conjunto de elementos de juicio. Una /}
regla sobre la prueba será, pues, irracional como medio para canse-
2.1. El momento de la formación del conjunto
. de los elementos de juicio (KEYNES, 1921: 77). KEYNES sostiene que el peso que una prueba E aporta a la hipóte-
sis H mide la suma del apoyo favorable y desfavorable que E da a H, mientras que la
2 /1. La relevancia probabil\dad mide la diferencia entre uno y el otro (véase también CoHEN, L. J., 1985:
lPqTf"-J-~tJ+Q...-! Ed, <') J., 5' r•.J¡,:.•UL l~ vu<Wf_ l:J-""'° otj. f•,..:{q.,,..,11•/ 264). Como se verá más adelante (véase nota 19), uno de los problemas de las teorías

C
que proponen el cálculo de probabilidades para el análisis de la prueba es que ignoran
El principio fundamental d b , . el peso de la prueba sobre la que fundan el cálculo de probabilidades.
el de obte . que e ena regir en este momento es
rico posib:r ;;i~i:nto de ~l~m~ntos de juicio (o pruebas) lo más
que facilite la incorp , d~~eral disenarse el proceso judicial de modo
15
Es más, dado que el juicio sobre la relevancia de la prueba debe realizarse nece-
sariamente ex ante respecto de la práctica de la prueba misma, se tratará de un juicio
hipotético acerca de su resultado. Es decir, el juicio consiste en conjeturar si la prueba,

1bas relevantes 13
1
orac~on a proceso del máximo número de prue-
. . .. Como bien ha señalado LAUDAN (2006· 122 124)
~s errores Judiciales respecto de los hechos d. . . , . 1' ,
en el caso de resultar exitosa, tendrá o no incidencia en la probabilidad de la hipótesis.
Pero si se desconoce cuál es el objeto de la prueba (por ejemplo, qué se pretende pro-
bar con una prueba testifical), puede suceder que el juzgador deba adoptar una decisión
dida en que eljuz ad d' ismmmran en a me- acerca de la relevancia de la prueba sin conocer si ésta resultará, a la postre, relevante.
del caso Ést g or isponga de los elementos de juicio relevantes Un ejemplo claro de este problema se presenta en el caso de las pruebas testificales y
· e parece ser un principio · t , . . . . es, en cambio, menor en el caso de las documentales (cuando estén a disposición del·
cuanta más inform . , epis emo1ogico mdiscutible: juzgador en el momento de decidir sobre su relevancia). Por ello, creo conveniente aña-
acion re 1evante está ad' .. , d .
decidir mayor probab T d d d . ISposicion e qmen debe dir a lo dicho en el texto, que el filtro de relevancia debería tender a la admisión en caso
' i i ª e acierto en la decisión 14 • Y siendo así, de duda sobre la relevancia final de la prueba. Sin embargo, este principio pro-admi-
sión puede presentar el problema de que finalmente se conforme un conjunto de ele-
mentos de juicio sobre-inclusivo (i. e., que incluya elementos de juicio que no deberían
ll El legislador español y la juris rud . estar, por irrelevantes). Cuando esta sobre-inclusión es mínima, no resulta importante
para referirse a lo que aquí deno . P encia ~san a menudo el término «pertinencia» puesto que el juzgador puede perfectamente ignorar el elemento de juicio irrelevante a
I
de 10 de abril). Tratándose no 0::~~ te ;vancia» (véase, por ejemplo, la STC 51/1985,
más asentado el uso del té;mi t
e, <; un filtro de carácter epistemológico, resulta
la hora de la valoración de la prueba. Pero si la sobre-inclusión es muy grande-lo que
pudiera deberse, por ejemplo, a una estrategia de alguna de las partes- se corre el pe-
14 !f.ªY que estar atentos a:~ ::n::~~f ia», que prefiero. .. ligro de producir confusión por sobrecarga de información. Por ello, autores clásicos
la dec1s1ón con el aumento de la b b . .dr el aume?to de la probab1hdad de acierto de como THAYER (1898: 429) proponían un principio inverso al defendido aquí: en caso
11
bar. El incremento de elemento p~o .ª. .1 ad de la hipótesis fáctica que se pretende pro· de duda sobre la relevancia de la prueba, inadmisión. Quizás un procedimiento ade-
a lo que en filosofía de la cien/ tJUI?IO sobre los que tomar la decisión corresponde cuado para salvar estas tensiones fuera disponer legislativamente una vista en el pro-
1
mina incremento del peso de 1 ª siguiendo la obra de KEYNES, 1921: 71-78) se deno· ceso en la que las partes deban proponer la prueba justificando lo que se espera obte-
basado en una cantidad mayor~prue ªb
«Un argumento tiene más peso que otro si está ner de cada una de las pruebas propuestas, de modo q,ue la decisión del juez sobre la
que otro si el balance de prueba e prut ª relevante. [ ... ] Tiene una mayor probabilidad relevancia se pueda adoptar con mayor información. Este es, precisamente, el esque-
ª su avor es mayor que el balance de prueba del otro» ma del preliminary hearing anglosajón.
7-1 í ·

(
m
U", ) ,Jic.-~"- -f-J JIO~ 1Íj-1 '"- (>~ .¡... ¡,'4.~
i (( O- li ".)

JORDIFERRERBEL'fRÁN
,v:.{ t
.
·- "-·-·

ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA


, - -----

71
. . ,
¡
1
1
1

!
¡J guir
la finalidad de la averiguación de la ve d d · derecho probatorio). Y, para decirlo en pocas palabras, un elemento
l para maximizar las posibilidades de alcanz: e~a ;~:fi;:d~1ecuada de juicio es~~~~ para la decisión sobre la prueba de un enun- 1

Sobre esta base, muchos de los a t 1, .


la tradición racionalista como BEN;H::s; as1cos pertenecientes a
sido muy críticos con el derecho de la pru~b:(1ER oVWIGMORE, han
SWIFr 2000 2437) fu
·

AMASKA, 1997· 149·


ciado fáctico si, y sólo si, permite fundar en él (por sí solo o con-
juntamente con otros elementos) una conclusión sobre la verdad 19
enunciado fáctico a probar (TARUFFO, 2007 a: epígrafe 20) • Esto in-
del

cluye, como resulta claro, tanto la prueba directa (i. e., la prueba que
1 1
/.
1
/,
¡

en el ~und~ anglos~j~n) ~~=~~:e~te puedde verse (especi~ent; versa sobre enunciados existenciales del hecho al que el derecho atri-
. . . onJunto e reglas que excepc· buye consecuencias jurídicas) como la prueba indirecta (esto es, la
nan ~.1prmc1p10 general de que cualquier prueba relevan IO-
adm1t1da al proceso (TARUFFO, 1992: 332 341) 17 E te debe ser prueba que versa sobre enunciados existenciales de otros hechos,
20
de
gumento fuerte sostiene ue n , . . '. . . n resumen, el ar- los que pueden realizarse inferencias sobre los primeros) •
te la ex --.---·--:-··-,..q.__Q_~§.l'!lll§_t1!\c_ªQ·ª··~P~.~t-~mológicameñ:
·-.____1§Jmcrn de nmguna regla jurídica de ex 1 . ; , 19 La regla 401 de las Federal Rules of Evidence norteamericanas define la relevan-
C_!Q!}~1lLprin.cipio._general de aa-.-.~~~-~~-~~~ cia de la prueba en los siguientes términos: «»Relevant evidence» means evidence ha-
(TILLERS-WIGMORE ··--- . miswn e toda prueba relevante ving any tendency to make the existence of any fact that is of consequence to the deter-
108 ss , 1~~3. 630 ss. Al respecto, véase STEIN,A., 2005: mination ofthe action more probable or less than it would be without the evidence». Una
., que habla, cnt1camente, del movimiento abolicionista del definición de este tipo apela claramente a la estructura probabilística y relacional del jui-

¡ ----
cio de relevancia. Una prueba no es relevante o irrelevante en sí misma, sino en relación
GASCÓN (1999: 125-134) distin ue
16 . con un enunciado fáctico que se pretende probar (JAMES, 1941: 689, 696; ANDERSON-
prueba con fundamento epistemol, _g ' en este sentido, entre reglas jurídicas sobre la SCHUM-T\VINING, 1991: 90; GARDENFORS, 1993: 37; SCHUM, 1994: 69). En ténninos pro-
si tienen como funci6n coadyuvar ~~~c~/ ~g_bl~-~~Eistemol6gj_<;J!.§.~ en función de babilísticos (sobre los que volveré más adelante) esto supone que estamos ante una pro-
un obstáculo para ese fin. Por afán de co~nguac16n de!ª verdad o suponen, en cambio, babilidad condicionada, de modo que podría decirse que un elemento de juicio E es irrelevante
\
en todo caso, las reglas jurídicas sob pl~ud, habna que agregar a la clasificación, para la prueba de un hecho H si Ja P(H) es igual a la P(H/E) y es relevante cuando esas
ta epistemol6gico. re Iª prue ª que son neutrales desde el punto de vis-
1
, 11 V'
~m:.o.habilidade~f..Qin<;_i_dentes (FRIEDMAN, 1996: 1814-1815). POPPER ha mos-
ease una buena presentaci6n de ell Tw¡ trádo alguñas de las paradofasáf;;;que da lugar una interpretación de la relevancia en
lo~ clásicos hispano-americanos, SENTfs Mo en NING,. 1990: 186-196; también, entre términos de cálculo de probabilidades subjetivas. Así, por ejemplo, su~óngas~ ~ue se
pnmeros párrafos de este capítulo . á EL~DO, 1978. 336. Como he señalado en los quiere conocer la probabilidad de que salga cara si se tira una moneda bien eqmhbrada
el tratamiento que da el legislado; qtz s¡;judieran encontrarse dos grandes tendencias en al aire (H). Por hip6tesis, la probabilidad absoluta de H atribuida a priori es 0,5 (en el
de confianza ante el juez y otro de dees~:o fi ema de la ~al?raci6n de la prueba: un sistema sentido de grado de confianza en que salga cara). Sup6ngase ahora que nos ofrecen un
maneras, pero dos son segurament n. a~za. Este ultimo puede expresarse de muchas informe estadístico (E) basado en la observación de millones de tiradas, ~egún el cual
I
civil /aw, el legislador «desconfiad~»~aprnncii::ales: en_ I~ tradici6n propia de los países de por cada mill6n de tiradas ha salido cara en 500.000 (± 20 casos). Pues bien, podemos
prueba legal que sustraen ia valora . , dectmdo tradicionalmente al dictado de reglas de ahora detenninar que la P (H/E) es 0,5. Siendo así, resultaría que el infonne E es irrele-
de common law, en cambio la sol u c~?n e, ª I:1:1eba de l~s manos del juez. En los países vante. Pero «esto es un poco sorprendente: pues quiere decir[ ...] que el llamado «grado
elementos de juicio valorabie po et-1ºn m~s Ulihzada ha sido la de excluir del conjunto de de creencia racional» en la hip6tesis [H] no tendría que resultar afectado en modo algu-
fácilmente a errores en su valorar., Juez O Jurado aquel!as pruebas que pudieran llevar más no por el conocimiento proporcionado por los datos [E] que he~os acumulado: que la
aun cuando se trate en sentido ;;~;c~~ºJ sobrevalorac16n de su fiabilidad, nonnalmente), ausencia de todo dato estadístico [...] justifica precisamente el mismo «grado_ de creen-
679 ss.; DAMASKA 1997· 41 46· e pruebas relevantes (TILLERS-WIGMORE !983: cia racional» que el peso de los datos suministrados por millones de obs;rv~c10nes que,
. ' · - , entre otros muchos) Vé . '
mente Io dispuesto por la regla 403 d F. · ase,. en este sentido muy clara- prima facie, apoyan o confirman nuestra creencia». (POPPER, 19~5: apen~1~e _IX, 379-
~ue de común tienen los dos siste e Ias edera/ Rules ofEv1dence norteamericanas. Lo 380). Puede verse una discusi6n de los distintos modos de defimr probab1hst1camente
Jurado pueda realizar de las prueb:ª1 ~s Iª desc,onfianza ante la valoraci6n que el juez o la noción de relevancia y sus problemas en GARDENFORS, 2003.
Por otro lado, .quizás conven a m:ti~aso. Vea.se GIULIANI, 1959: 244, n. 35. Es importante advertir, de nuevo, que el juicio de relevancia de la prueba ~o supone \
ba son reglas de exclusi6n En to~ rr la tesis general de que las reglas de la prue- en absoluto una valoraci6n adelantada de la prueba. La estructura del raz?nam1e~to debe
mer momento probaton·o · el d °
casof, 0 son la mayoría de las que operan en este pri-
e 1a con partir de la suposici6n de que la prueba se practique exito_sa!11e~te YconJeturar s1, en ese
pero no lo son, en cambio,' las reglas onnac'ó
sobre 1 n deJ conJunto
· de elementos de juicio; caso, tendrá alguna incidencia en la probabilidad de la h1potes1s. a probar. .
mentos restantes: Ja valoraci 6n d 1ª prueba_ que. regulan aspectos de los dos mo· 20 Esta distinci6n refleja, respectivamente, lo que en el ámbito anglosaJ6n se deno-
adoptar la decisi6n sobre los h eh 1a prueba Y la aphcac16n de estándares de prueba para mina materiality vs. relevancy. Al respecto, véase, por todos, TARUFFO, 1970: 23 ss.; TI-
1s M h ec os.
uc as veces denominado «principio de inclusi6n». LLERS-WIGMORE, 1983: 655 SS.
72
JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 73

Ahora bien, quizás esta tesis fuerte ad . se la decisión. En ese sentido, obligar al periodista a revelar sus
En _efecto, hay ocasiones en que el le isl:;ita algun~s excepciones.
fuentes de información (como ocurre con cualquier otro ciudadano)
de !~pedir cierto abuso estratégico d! la dor, P?; eJem~lo, preten-
mac10n. Así, puede excluir la b poses1on de cierta infor- parecería la regla epistemológicamente adecuada. Ahora bien, si
posteriores instancias si ésta esia~: df que. se presente en segunda o adoptamos un punto de vista dinámico (teniendo en cuenta el efec-
mento procesal oportuno durante I . sr~mble p~a la p_arte en el mo- to sobre posibles hechos futuros) y no estático (que tomaría en cuen-
ta únicamente el hecho que se juzga en ese caso), resulta interesan-
ase, por ejemplo, el art. 795.3 de ~aJf:10 de pr~~e:a I~stancia (vé-
nal). De este modo se busc . . Y de EnJmc1am1ento Crimi- te observar los efectos previsibles de las distintas reglas. Así, una regla
p~ebas disponible~ por las ~~~~:~~1;~ la presentación de todas las que obligue al periodista a revelar sus fuentes podría desincentivar
dieran favorecerles) en el proc d' . a menos de aquellas que pu- que en el futuro otros sujetos revelen al periodista informaciones re-
. , .. e 1m1ento de prime · . levantes que permitan, no sólo hacer públicas las comisiones de de-
Clf, paradoJ1camente la ratio d ra mstancia. Es de-
cer el conjunto de eledientos d . ~ ~sta regla de exclusión es enrique- terminados delitos, sino también perseguirlos penalmente. De este
Siendo así, podría quizás a e J~1c10 desde el inicio del procedimiento. modo, esa regla estaría epistemológicamente justificada desde el
exclusión justificada cuyo /e~ arse que esta.mas ante una regla de punto de vista estático (de un concreto procedimiento), pero injus-
, un amento es epistemológico. tificada desde el punto de vista dinámico (que pretende maximizar
Pero no es este el único ti o d la información disponible en el conjunto de los casos posibles). Una
recidos. Algunos de los d P . e reglas que producen efectos pa- regla que otorgue, en cambio, el derecho al periodista de no revelar
vileges pueden funcionar denommados en el ámbito anglosajón pri- sus fuentes de información produciría los efectos contrarios: empo-
e una manera an 'I
PI o, del derecho del periodista ª oga. E seleas o, por ejem- brecería el conjunto de elementos de juicio disponibles para el juez
fundamento de un derech ª no revelar sus fuentes. ¿Cuál es el en el caso presente, pero podría incentivar que en el futuro otros ciu-
, .
emocraticos? En m· o. como
. , ese ' reco noc1·d o en muchos países
d 21
1 opm10n puede dar t b', dadanos confiaran la información de que dispusieran a un periodis-
·, ·
c10n epistemológica a es . .• . se am ien una justifica- ta para que se hiciera pública y, así, pudiera conocerse la perpetra-
uentes en un procedi· . e pnvi1eg10 del peno · d'1sta de no revelar sus 23
f. miento penal · ·1 ción de delitos que de otro modo hubieran permanecido ocultos •
tigo22. Es claro que la negati~a del o c~v1 : en el que actúe como tes-
sobre la fuente de alg . + penodista a aportar información Más allá de la discusión sobre los concretos ejemplos mencio-
una m1 ormaci , I nados, y de su aplicación en todo o en parte a los distintos ordena-
brece el conjunto de elementos . o_n _re evante para el caso empo-
de JUICIO con el que deberá adoptar- mientos jurídicos, mi pretensión en este punto es únicamente la de
mostrar que el principio general de que ninguna regla de exclusión
21 La regulación jurídica de este d
está justificada epistemológicamente, salvo la regla de la relevancia,
versos en función de los países En Eere:ho, su reconocimiento y alcance son muy di- debe ser matizada. Para ello, podría resultar útil la distinción entre
mente por e 1art. 20 .l.d) de la Constit
· spana
·, se trata de u n d erec h o reconocido
'. expresa-
~ollo legislativo que no se ha llevad ucto\de l978. En ese artículo se ordena un desa-
~~U honrar.11.n valor o.un princ~Q_i~~da en el ámbito.
f.
\ c~ncreción del derecho. En especi:l ª1 c~ Esto produce algunos problemas graves
E
~~ el periodista alcanza a Ja Ley de ~ .ª .ta d_e desarrollo legal del secreto profesio-
• 23 Deben entenderse excluidos los supuestos en que la misma acción de revelar una
tsta del deber de declarar como testi nJutctam1ento Criminal, que no exime al perio-
~o le resta vigor al derecho, por efect;~ e~ u~pro:edi?1iento penal. No obstante, ello Información al periodista es un delito, como en el caso de la revelación de secretos de
ARRILLO, 1993: 175 ss. e ª e tcacia directa de la Constitución. Véase Estado. La justificación epistemológica del privilegio del periodista exige, en rigor, al-
El valor que pueda t . gunas condiciones adicionales. En primer lugar, es condición necesaria que estadística-
miento e_spec1'fitco en este
ener 1
e eJemplo,
. . o aquel orden en. cualqu·
. ter caso, no es debido a su reconoci- mente la información aportada a los periodistas por sus fuentes y publicada sea mayoritariamente
s1 s1tuac1one
. . s como éstas son post"bl amiento Jurídi co. se trata de evaluar más bien verdadera. En segundo lugar, es necesario también que no dispongamos de otra forma
e 1prm · es conceptu 1 ' ' de conseguir los mismos efectos desde el punto de vista dinámico sin pagar el coste de
ltpto general de inclusión de tod b ª mente Y, en su caso, el impacto sobre
22
unque no es la única justificaci~t~:ib~ rel~van!e para el proceso. empobrecer el conjunto de elementos de juicio del concreto proceso p. Este último pun-
p e m, qu1zas, la más habitual. to será aclarado enseguida.
:1 Gl.\ ¡--•1~''cMt._('./''"i",:,"'--'··, i'~t:: /,__''°._,,-h._:;,,,:-..'"·'- r=i1°r"-c..o,¡e~
I' uc-1.·. J~ .du~~..._ y! "JcJ 1,,;,-.._ ( · C' ~ ,1..-.•. .- l ' '·"~·· '.·1 f•', 1>u ,(A,ól, · c · 1'
1 N- 1 u-. r1-1Ú J... 1 ;
1 '1.w

/ (! 1 ' e .l
?(';' ,T. re""" ( .1.,¡,t,
1·", ft'Jclv,r/n_".L,,-·•
J-, • ' ¡•'Ser d ~'-e,··c-0(.f,r.r'-'e/f;Ü.j,
~ - , c h ! ) , . . . : , 'v·J.JORDIFERRERBELTRÁN ÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 75
¡'JC ¡f•7:,i
•' •v
','-
__,...jli'._,..\1j (_"J.,,..__J .... / • ""' l ( 'So/.,1{,'),-1.-r;,..(/!7. ELEMENTOS PARA UNA DECISI . .

de
_ .la
- ,filosofía -.-.....,.....,~.,pot_
~ . . - - -:QOlítica .... - PE.TI.L(19.89-.:-----.;.
117).. Así, un valor o un d ólvora propios de qmen ha d1s-
las manos de Juan tienen rastrbos e p <litan lo misrno2s y, en ese sen-
principio son honrados si se actúa conforme a ellos en cada caso. En Ambas prue as acre . . , en
cambio, es perfectamente posible prorriover un valor o un principio parado un arma: dundantes. Una segunda s1tuac1on, .
tido, podría decirse que ~on ;ehecho de que las pruebas sean del m1s-
vulnerándolos en un caso concreto si con ello se consigue maximi-
zar su aplicación en el futuro. La distinción, que corre paralela a las cambio, añade a lo ~nt~r~~ e 1 es el de la reiteración de pruebas tes-
teorías deontológicas y consecuencialistas, puede ilustrarse con un
mo tipo. El caso mas ,ª
1 u~
tificales. Así, dos o mas testigos . e
d 1 mismo suceso son propuestos
ejemplo: el valor de la paz (o el principio de evitar las guerras) es a declarar que vieron a Juan disparar.
respetado si, y sólo si, se evita declarar o participar en una guerra; par . .ones deberá encontrarse un a~e-
en cambio, puede ser promovido con la declaración de una guerra si Para dar respuesta a estas s1tuac1 . , . o' n La primera m-
Tb . ntre dos ideas en tens1 .
con ello se consiguiera disminuir las guerras futuras, aumentando cuado punto de eqm 1 no e . , de una hipótesis aumenta con el
así el quantum de paz global. Siguiendo esta idea, podríamos decir dica que el grado de corroborac1on 1 ntrastación y ello nos con-
que una regla de exclusión de prueba relevante (o un privilegio) es- número de resultados favorables d~ a ~o te puesto.que superaría el ¡:
taría también justificada epistemológicamente en la medida en que duce a la admisión de la prueba r~d un an e' la abundancia de infor-
. L segunda 1 ea es qu
pueda mostrarse que tienda a maximizar la información relevante dis- test de la relevancia. ª . d . ¡·gro de desborde» en su
· el denomma o «:Qe 1- -. ·
ponible en los procesos, aunque tenga el efecto de empobrecer la in- mación puede producir . , . t mií. de decisiones. y para ev1-
formación disponible en algún concreto proceso. Ello, claro está, con tratamiento 26, haciendo muy dificil~~, o . sternológicarnente excluir
la condición de que no pueda alcanzarse el mismo quantum de in- tar este peligro es aconsejable t_arn ~:~:~~ erfluas todas las pruebas
formación «global» de algún otro modo que no produzca esos efec- las pruebas superfluas. Ahora bien, l, p ativa Cuando un segun-
tos negativos en el concreto proceso. redundantes? La respuest~ es clara.mente n:~n tes~igo anterior, s~ de-
do testigo declara haber v~s~o 10 rnis;~:arado por el primero, 1. e.,
claración aumenta la fiab1hdad de 1. añade, a su vez, un nuevo gra-
Por otro lado, puede suceder que una prueba que es relevante, si
se analiza de forma aislada, resulte redundante con otras pruebas ya que vio a Juan disparar. El tercer ~estlgo p o es de destacar que se
incorporadas al conjunto de elementcFs'ct~--:Íiiicio (al expediente, si se . , y , uces1varnente. er
do de corroborac10n. as1 s b ión aportado de manera
prefiere). Se podría hablar en esos casos de irrelevancia por super- Produce una curva en el grado de corrdo ora~ente de las n~evas prue-
24
fluida.d , lo que conllevaría la exclusión de la prueoaen cuestión. que se puede hablar de rend imien
· · to decrec1 de ellas aporta un grado
Ahora bien, resulta conveniente de nuevo observar el problema con
algo más de detalle. bas: a partir de la primera prueba, c;. ;;r~EMPEL, 1966: 58; Se~,
de corroboración menor (POPPER, 1~3 · 'r gro de desborde de la~-
¿Por qué una prueba redundante debería ser excluida? ¿Siempre? 1994· 126 ss.). Siendo así, para evitar e1 pe 1 ble poner algún lím1-
. . l ' .carnente razona
Para responder a estas preguntas deberemos atender a los efectos que formación, parece ep1stemo og1 de este tipo 21. Otra cosa
este tipo de pruebas pueden producir en el razonamiento decisorio. te a la admisibilidad de pruebas redundantes
Una primera situación de redundancia se da cuando dos o más prue- unda acredita que
d't ue Juan disparó y 1a seg . d' ecta
2s En sentido estricto, la primera acre I a q 'lt'ma se utiliza para probar m ir -
bas versan sobre el mismo enunciado fáctico, acreditando directa o ,
tiene restos de polvora en 1as manos • pero esta u 1 . -
indirectamente lo mismo. Así, por ejemplo, una prueba testifical po- mente que Juan dispar· 6. . to de mfonnac1
a el procesam1en . , 6n,n
dría considerarse redundante con una prueba pericial si ambas tu- 26 Causado por la básica limitación hu~a~~yarprocesal de dictar una reso 1uc10n e
así como por la necesidad específicamente JUn ico- , d ,
vieran por objeto probar que Juan disparó. En ese caso el testigo de-
un plazo limitado de tiempo. blemas reseñados en la nota l5 · 1,·Comopo ra
las decla-
clara que vio que Juan disparó y la prueba pericial nos acredita que 21 De nuevo aquí se plantearán los pro dundantes antes de que
el i·uez determinar que dos prueb as testificales son relas propone JUStl
. "fique
1 su propues-
2 raciones se produzcan s1. no se exige
. que la parte que .
' Se presentan aquí los mismos problemas analizados en la nota 15. ta y la utilidad de las mismas?
76
JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 77
es detenninar el punto en que deb .
e situarse ese l' ·t
creo que pueda darse una respuesta eneral D 1m1, e, para lo que no 2.1.2. La admisibilidad
al caso co:1creto, en el que el juzgad!r tend. , ebera, pue~, atenderse
punto se sitúa el equilibrio entre las ex. .ra due detennmar en qué En el epígrafe recién concluido he pretendido mostrar la vigen-
hipótesis y la economía procesal. 1genc1as e corroboración de la cia, con algunas excepciones, del principio general de que cualquier , ¡.1
La situación es, en cambio distin elemento de juicio relevante para la adopción de una decisión debe
du~dancia se dé entre pruebas de dist:t~~i e~ ~~puesto en que la re- ser admitido como prueba en el proceso judicial. Entiendo que este
en Juego una regla epistemológica disf p . ~n ~sos casos entra principio general se justifica epistemológicamente en la medida en
finnación de una hipótesis no depend m~~ que nos m~1ca que «la con- que garantiza la mayor probabilidad de que los enunciados que se
vorables de que se dispone, sino tam~·~º ~dela c~tidad de datos fa. declaren probados coincidan con la verdad. Hay una razón adicio-
yor sea la variedad ma or se , ien e su vanedad: cuanto ma- nal, esta vez jurídica, que justifica la adopción de ese principio: el 1
\
58). La razón que ;uste~ta es;::; ?ºYº resultant~» (HEMPEL, 1966:
yor es la variedad de experime t g ªts bastante simple. Cuanto ma-
derecho a la prueba, como parte del derecho a la defensa, que mu-
chas constituciones y tratados internacionales conceden a todo ciu- 1
,i
mayores son las posibilidades ~/su: os que se somete una hipótesis, dadano 30. n;1L , /
sea falsa. y por ello otorg q . sea refutada en caso de que ésta Ahora biel),da averiguación de la verdad es un fin en algún sen-
' , a mayor mvel de b .,
que el resultado de las distint b co~~ orac10n en caso de tido riorit~~del P.roceso~en~ateria de erueba 31 , pero no es e_n_ª11~,

1
S. as prue as sea positivo para la hipótesis
iendo así las cosas la cuestión . . solufoe umco. La celeridad en la toma de decisiones, la protección
ba por redundancia co~ ot es s1 cabe la exclusión de la prue- de derechos fundamentales, la protección de secretos de Estado, el
las pruebas sean de distint:~.s ya[ropuestas y/o practicadas cuando secreto de las relaciones abogado-cliente, etc., son también fines ha-
10
ceptualmente la misma que e ~ · . ª re~puesta, en mi opinión, es con- bitualmente reconocidos en la gran mayoría de ordenamientos jurí-
bas eran del mismo tipo) S n a ~1tuac1ón anterior (en la que las prue- dicos (LIEBMAN, 1955: 276-277; RESCHER y JoYNT, 1959: 568; WEINS-
las nuevas pruebas La d:"' e pr~ uce un rendimiento decreciente de TEIN, J. B., 1966: 241 ss.; DAMASKA, 1986: 160 ss.; idem, 1997:
· herencia enti d 12 ss.; POSNER, 1990: 206; y TARUFFO, 1992: 336-337; STEIN,A., 2005:
presenta ese rendimiento 1 , , en o, es que la curva que re-
. d a canza mas tarde , · . 110; entre otros muchos). Por ello, para garantizar la obtención de
tir el cual decrece Si 1 b ., su max1mo mvel, a par-
absoluta, entonces ~uev:sco::oeborac10n .de una hipótesis nunca es esas otras finalidades, los ordenamientos establecen reglas jurídicas
claro) pueden ser siempre rJevan~s confinnatorf as (y refutado.ras, procesales (aunque no sólo procesales) que funcionan como un .Q!:__
do punto de equilibrio la inca es ..f'_ero a Partir de un determma- ~o de admisibilidad de la prueQ_a, adicional y posterior_aLjJ.J.id.Q...dJL_
matorias supone un gr;do d' .rporacwn de nuevas pruebas confir- relevancia. Resulta claro que la racionalidad instrumental de esas re-
. a 1c10nal de corr b ·, - glas jurídicas no puede ser evaluada teniendo en mente la finalidad
mientras crece el peligro d d b o orac10n muy pequeno,
ción por parte del juzgado ~ ;s arde en el manejo de la informa- de la averiguación de la verdad, sino la finalidad a la que en cada
lógicamente la exclusi'o' dr · n ese punto, se justificará epistemo- c~so respondan. Pero ello significa también que las reglas que per-\
n e 1a prueba. siguen la garantía de esos otros fines del proceso o del derecho pue-
2s Ob.
den imponer algún sacrificio epistemológico, en el sentido de que
v1amente, en ese caso sólo ued h pueden ser contraproducentes para el objetivo de la averiguación de
res~l~ado probatorio de las diversa/pru ~ aber redundancia desde el punto de vista del
act1~1dad. e as Y no desde el punto de vista de la prueba·
SCHUM (1994· 127 129 . .
va La · · Y ) distmgue entre red d · Jo Al respecto, véase el epígrafe 5 de la primera parte.
· , pnmera no supone un problema de ~n ancrn corroborativa y acumulati· Se trata seguramente del único fin funcionalmente necesario para que sea posible
re1evancrn de la prueba redundante, mientras
JI
que si lo hace la segunda.
la aplicación del derecho y, por ello, para que el derecho como instrumento de control
social pueda también funcionar.
78 PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 79
JORDI FERRER BELTRÁN NTOS
ELEME , . /
. or sacrificar el valor epistemolog1co
la verdad. En general es así, en efecto, cada vez que la protección 0 creta, pero el leg1sla?,or ~p~~f derechos fundamentales 34.
maximización de esos otros fines del proceso supone la exclusión de afavor de la protecc1on e .,
pruebas relevantes para el caso que debe decidirse. Esto no implica . este tipo de reglas de exclus1on es-
que sea imposible alcanzar una determinación verdadera de los he- Para evaluar en cada caso s1 . nalidad teleológica aten-
. d h brá que juzgar su rac10
chos ocurridos, sino, más modestamente, que las probabilidades de tán justifica as, a . , medios para alcanzar los fines a 1os
que ello ocurra, dado que el conjunto de elementos de juicio será más diendo a su adecuac10n como d do ue entran en conflicto con
pobre, serán también más bajas. Y siendo consciente de ese coste, el que responden. Y, ade~ás, e~~lua~~l~ctag, srestán disponibles
legislador deberá decidir en cada caso de conflicto entre la maximi- la finalidad de la a~guac10p f ue no conlleven este conflic-
zación de los fines epistemológicos y de cualquier otro que se quie-
otrosmedios para alcanzar esos i~:s ~s
to (evitando así la regla de exclus10n) . .,
ra proteger, en qué medida se sacrifican unos y otros (WRóBLEWSKI, l uier regla de exclus1on de
1981: 183). Ahora bien, resulta evidente que cu~ q ue ha pasado el filtro de
este tipo supone el rechazo de una prue a q
Un caso paradigmático de este tipo de conflictos es el que se pre-
senta en el supuesto de la admisibilidad de la denominada Erueba ilí.:
--
1 medida en que ese sacrificio epistemo-
cjta (MIRANDA ESTRAMPES, 1999: 17 ss.; MARTÍNEZ GARCÍA, 2003: 31 Esta operación Pº?rá estar justificad~ en á: eficaz) para proteger el o los d~rechos
. . en lo'gico sea el único med10 eficaz (o el med10 m d' e tamb'1e'n medidas alternativas a la
38 ss., entre otros muchos). Se trata, por ejemplo, de s1tuac10nes fundamentales en cuestión. Por eso, de,berán estu ficaziarsor ejemplo, la sanció~ al po r1c1~ , m-
·
que una prueba, que es relevante para la decisión sobre los hechos simple inadmisión de la prueba. ¿Podna ser e lt 'ie'7 No quiero pronunciarme aqm so-
del caso que se juzga, ha sido obtenida ilegalmente, infringiendo de- fractor sin necesidad de inadmitir la prue?~ r~!~a!~do. pero sí señalar que deben ser ab?r-
rechos fundamentales como son la inviolabilidad de la correspon- breestas cuestiones, que merecen un ~áhs1~. . nales ~on relación a si la regla de exc!us1ón
dadas.Además, se plantean otras cuestiones a 1c10A , or ejemplo, si la policía reahza un
1 dencia o de las comunicaciones, la inviolabilidad del domicilio, etc.
La doctrina prevaleciente y la mayoría de los sistemas jurídicos oc-
ha de afectar por igual a las partes del proc~s,o. d s1i pregla de exclusión (i. e., la ?rotec-
registro domiciliario ilegal, la fu?~~me?ta~10n
ción de la inviolabilidad del dom1ciho) JUStifi_ca bq'
n! :e las pruebas de cargo obtenidas n~
también pruebas de descargo·•
cidentales, protegen esos derechos imponiendo la inadmisibilidad de ., ero 1,· y s1 •se o tienen ésta no son deseabe¡¡ adas · En
Puedan ser usadas por la acusac10n, P
la prueba así obtenida 32 • De este modo, se pretende tomar procesal- ..
¿pueden ser uuhzadas por ¡a detens a'7· Situaciones. como , puede rearizar un re-
la policia
1
mente inútiles esas pruebas e, indirectamente, desincentivar la bús- un caso en el que hay diversos coimputados, po~ eJemp º~cuentren pruebas de cargo con-
queda de esas pruebas mediante prácticas que vulneren aquellos de- gistro ilegal en el domicilio del imputado 1:- ~ne qbu~ése eruebas de descargo respecto del
· dos, Pero qmzas tam I nP · · ado .en el
rechos fundamentales 33• Es evidente que una prueba obtenida en un tra cualquiera de los imputa . t do B que no ha part1c1p
imputado B. Siendo así, ¿podría la defensa del im~u ª de d~scargo obtenidas? Enuendo
registro domiciliario ilegal o una grabación ilegal de una conversa- registro ni tiene nada que ver con él, usar las prue. ~s (en el mismo sentido, MIRANDA
ción telefónica pueden resultar de gran relevancia en un caso con- que la respuesta tiene que ser necesariame · nte pos111vaacífica en la doctrina). S · ¡ i~ ón
ESTRAMPES 1999: 107-109, pero la respuesta n~ e~/ 'ta en este caso es desincentivar la
~nda~enta la re_g!_ul,s:_~ión ~~ ~a prue_ ª ~ ~~ntido excluir el uso de la~ prue~as
1
vmlaéión de la inviolabilidad del domiciho, no uen sa exclusión sería soj?~us_iva
32 " de B •.puesto que e~pohcía .,....,--,--
La realidad, como no podía ser de otra manera, es algo más compleja. Así, se pue- de descargo por parte de 1a de1ensa reahza un registro 1le-
den registrar dos tendencias distintas respecto del momento de producción de efectos de res2ecto de la ratio de la no!]ll.Jk E s más • disponer b que .dassipero sí las de descargo, parece
. un
la ilicitud de la prueba. Puede funcionar propiamente como regla de exclusión de la prue- gal no podrán utilizarse las pruebas de cai;go_ 0 tem r .ales. En cambio, todo el discurso
ba, de manera que se inadmite en el momento de su proposición, o como regla que pro- 1
modo adicional de desincentivar esas prac~ica~lº ~~n de la inutilizabilidad de la P1:1~-
híbe la valoración de la prueba ilícita y su utilización para fundar el fallo. Al respecto, debe ser replanteado si se considera que la JUSdtJ cae! aproveche de sus propios actos Jdh-
véase GJMÉNEZ PERICAS, 1992: 287-288. . , . es un imperativo
ba 1hc1ta · · e't'1co de que el Esta o ético no seprevalece siempre
. sobre el valor
b e
citos. Se estaría entonces diciendo que ese ".ªIor . , de éste y otros argumentos so re 1ª
33
Para desincentivar más fuertemente esas prácticas, se instaura, además, la doctri-
na de la fruta del árbol envenenado, que prevé que no sólo sean inadmitidas las pruebas la averiguación de la verdad. Una buena di sc usi ons d'
5
directamente obtenidas en violación de derechos fundamentales sino también todas prueba ilícita pueden verse en CARRI ó • 1984·· 30 . s · lados con la prueba 1·¡'1c1't ª ylas is-
35
aquellas a las que se haya llegado usando información obtenida e~ esas mismas condi- Un excelente panorama de los problemas vmcu zucKERMAN, 1989: cap. 16.
ciones. .
tmtas . para su tratam1en
estrategias , to puede verse en
80
JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 81
la relevancia y que, por tanto, tiene a su fa 1 . . .
inclusión de toda prueba relevante E d :ºre prmc1p10 general de (STEIN,A., 2005: 121-122). Establecer el umbral a partir del cual el
su~onen que existe un conflicto ~nt:e ~~~~i::s reglas de e~clusión
valiosos por el derecho. Así, por e ·em 10'·1~... -~-~-~-~~~
nivel de corroboración de una hipótesis es suficiente supone tomar
una decisión sobre el reparto del riesgo de error. Así, en efecto, si el
~~~~ la.in0.Qlabilidad de la~ 0 p ' ª ~ ~ r - estándar de prueba en el proceso penal es más exigente se produci-
de la regla ciee·x··c·1--.-;-----~- rre.sp_o.r1-<i~.e.:...La Justificación rán menos condenas falsas y más absoluciones falsas, mientras que
us10n no es en esos ca '1
racionalidad teleológica. Tiede tamb., sos, so o una cuest~ón de el efecto será exactamente el contrario si el estándar se sitúa en un
gr~ im~ortancia. Se trata de la orden:~ó:nd:srecto /alorativo de punto menor de exigencia. Pues bien, ésa es una decisión que queda
mita decidir por uno o por otro os va ores que per- absolutamente en el ámbito político-moral sobre el que la epistemo-
una cuestión d · · . en caso_ de conflicto. Y é~J<J_ya no es

i
logía no tiene nada que decir. Para ello es necesario, pues, que se pro-
~--d-;-:--~@~!Q!!.'!J.idad smo valorativa. El legislador deber ;--=-:-:--d
ar una ec1s10n respecto de la orden . , a a op- nuncie el derecho.
to y esa decisión sólo podrá . dac10n de los valores en conflic- 2) En segundo lugar, como hemos visto, el denominado prin-
ser Juzga a desde patrones valorativosl6.
cipio de inclusión impone la admisión de toda prueba relevante para
Alex STEIN ha insistido m h .
(2005· 118 ss) uc o, en un reciente e importante libro la decisión sobre los hechos que debe tomarse en el proceso. O, di-
· · , en que no se da aqu' ff
1logía (entendida como acf 'd d I un con icto entre la epistemo- cho de otro modo, el principio implicaría, tomado estrictamente, la
lorativo) y ciertos valores :~~i:le~eutral desde el punto de vista va- dero~ación de las reglas probatorias que excluyen pruebas relevan-
0 tes. Esta es la clásica formulación de BENTHAM (1827, vol. 5: 255)
de proteger, sino, en último té . morales qu~ el derecho preten-
~ distintos valores que el ~~uin~, ~orno he ~enalado, un conflicto y tiene su fundamento en que la probabilidad de alcanzar una deci-
solver el conflicto E~ e g s.ª or ?,ebera ordenar si quiere re- sión correcta respecto de la verdad sobre los hechos aumenta en la
· s, 1
~~~~g!:!ac10n de la verdad____ es tam b1en
·, medida en que lo hace la información sobre lo ocurrido. La riqueza
1
un va or ~a el derecho A parf d -----------------.
ra un d bl ·-----,..-~....: ir e esta constatación STEIN elabo- o peso del conjunto de elementos de juicio sobre el que se adopte la
o e argumento contra el q d . .' .
c_ignista» del derecho m:oJ:2ator· ue e_nomma «movimiento aboli- decisión estaría en directa relación con la probabilidad de que la de-
THAM y THAYER-t· -.!.Q, que, liderado entre otros por BEN- cisión sea correcta. La objeción de STEIN, en cambio, ataca precisa-
'--.-;-·-·- ' sos iene que la valoración d l b - mente el fundamento del principio de inclusión:
c~l!rnm~nte eJ?istemoló 1 ------------~- ---~--l?!".1-!~.-~~~-~na
ría bien en n · · ··-:~·· ~·--·---_;--g_s_aJe_spe~tp_ c_l~ la que el derecho ha- «Mientras la información de que disponga el decisor sobre los
('
-· --· - -· - -- -o-mm1scmrse
-~-----
(vease CoHEN, L . J.,--------
1983: -- -- 21):
·----------
hechos siga siendo incompleta, la adquisición de información adi-
:; 1) En pnmer lugar la epist l , ,
: minar el grado de probabilidad emo ogrn s.ol? n~s sirve para deter- cional con credenciales inciertas puede no mejorar su posición epis-
;-' sea verdadera pero nada d. de que una hipotes1s sobre los hechos témica. La llegada de nueva información podría sólo sustituir el ries-
;" lidad es suficíente para a~º\ ice sobre el punto en que esa probabi- go de error existente hasta el momento por un nuevo riesgo de error,
f cir, la epistemología no p e~ ~como. verdadera la hipótesis. Es de- vinculado a la credibilidad de la nueva información. Más aún, no hay
., '--------::-::'.-::::::.._ _~e --~..--:~~~~~r los estándai:~s.d.~_p_rueb<1:11 garantía de que el nuevo riesgo de error sea menor que el anterior.
N . . . ----·- -··
36
o qmero entrar aquí en la espinosa cu . .
r~s Y ~n la ordenación de los mismos. Tam i~tión de si h~y o no ~bjetividad en los valo-
[... ] [M]i tesis simplemente refuta la intuitiva (pero falaz) idea )j
s1 el discurso valorativo admite la c lifi fó0 en la cuestión, parcialmente vinculada de
de que el aumento de información necesariamente produce mayor
1 a 1cac1 n de ra · 1 · · ' exactitud en la determinación de los hechos» (STEIN, A., 2005: 123.
ar un punto en que sí cabe sin duda u ál' . cw~a o 1rrac1onal. Sólo quisiera seña·
de las elecciones valorativas real' dn an isis en térmmos de racionalidad: la coherencia
31 A iza as por el pro · ¡ · 1 La cursiva es del autor). r,,c lrd,}7 Je d,,1b-:1rd.r '
unque nos aporta los inst pio eg1s ador en sus distintas nonnas.
es~ánda: una vez se han tomado de~:tos meto~o.lógicos necesarios para formular el 38

1exigencia. nadas deciswnes valorativas sobre el nivel de su


Como se habrá advertido, ese movimiento teórico coincide fundamentalmente con
las tesis de la concepción racionalista de la prueba, defendida en este libro, Y que otros
autores han denominado movimiento «Free proof».

\
-~~-¡
; ·1,
~

.
1.

'( \. j
rJ·1, 5"
,,
,•.v(,"'-
J (.JIÍ\C'<ltf
>
1 (''C ¡ ¡,._
' J•.-.....¡·lf,"'-.
. 1
~
{ ,,.L .,_J
':> ),J f V,.,.._,- ¡
'
e1 \. . .,; •
!)l fJ• J
, r !~ l _- f "
u ,.,,~; '
J, / HJ 1 1,..----·
1 ( 1
' .
,"-
,• .._nJU r· l
!• / ,¡cr ve< , """"
·::c,osc--1º J., ~r.' ..,UNA DE~ISIÓN RACIONAL sbBRE LA PRUEBA 83
~ b l'
~ sistem~ n~ pu~de ff-"(Í~,.,
82 JORDIFERRERBELTRÁN ELEMENTOS PARA . I·
\ -~ ¡t 7
~i'•-J"\l./\"'11"' ~
1
d' ·de la averiguac ón de la verdad como o . \
, .
Pues bien, creo que el desafío de STEIN al movimiento abolicionis- ;stm rreso (y por tanto, (!t;..tiL~licación del dere- ¡? 1
ta 38 debe ser cuidadosamente analizado. Tiene razón el autor cuando jetivo msutuc10na e proc d 1'sistem~'cclapsaría)Esto no le otorg~ '.
plantea que la averiguación de la verdad es un valor más que el dere- h ) esto que de otro mo o e - , ,·
e o 'pu al a la averiguación de a veraad, pero muestra ~u-1 \
cho persigue y que puede entrar en conflicto con otros valores asumi- unmayorv_alormor b' t'vo del derecho y otros posibles obJet~- ,
dos por el mismo derecho 39• En esos casos, evidentemente, estaremos en el confbcto entre ese O Je i . l ue hace que no Que¡.· Af" .
el primero tiene una prefer~n,s;i~.~-~mwJur~ q ),.·····--· .......,..., ..11 1- i"-
ante un conflicto de valores que habrá que resolver. Y la decisión que vo ,,_ -·-:----.,,.·-·:-- .. ·- ..... --· , de las ocas10nes.
S .,.,r ·
se adopte no será en ningún caso informada por la epistemología sino da ceder siempre (m en 1a m-ªYQ[HL--···- '¡ /}J 1
1
· --- t ahora de carác1ei:.jurídic.o,.p.arJl~ '...w
, por la política y la moral. Sin embargo, conviene tener en cuenta que, Por otro lado hay otro arggrr@!.
.', . e n c ~ v o deJa.ªY..~flfilUWJ9Jl,; "',
de º'·--------- · · ·'
en mi opinión, el valor o la finalidad de la averiguación de la verdad no
tiene estructuraimeñieTamTsñJ;_p.osicTóllfiüe"loscte~~cOmo ya he ~-R~.~~~..,-- tracto en clap;rt~do 5.2. de la pri- j
~ verct~_p. comu c~pero hab~~ mas levante uede afectar al \'
sostenido anteriormente 40, el objetivo institucional de la prueba en el mera parte, cualqmer exclusion de prueba ~~o comopderecho funda- .@
proceso es la averiguación de la verdad. Y ello no puede ser de otra ma- derecho a la prueba, normalmente reconoci TARUFFO, 1984: 74 ss.).
, nera, puesto que ese objetivo es estructuralmente necesario para que mental que integra el dere_c,hoda la d~ens~~ deberá hacerse ennom- ¡
l funcione el propio derecho como mecanismo de motivación de la con- Por ello, cualquier afectaclOn e e~e , e:ec a al menos el mis- /
j ducta 41 • Sólo si las consecuencias jurídicas previstas por el derecho para bre de algún otro valor u objetivo JUndicol q~e }eng y a la prueba. JI
, ¡ acciones determinadas se aplican efectivamente a esas acciones (ideal- mo rango que el derecho fundamental a a e ensa ri
\ 1 mente siempre a esas acciones y nunca a otras), los ciudadanos tendrán . t de STEIN es perfecta-
\i motivos para actuar conforme a lo prescrito por el derecho y éste po- Dicho esto, creo que el pnmer ar~ume~ mostrar también más º,
:¡\ drá cumplir su función de mecanismo de resolución de conflictos. Esta mente correcto. Efectivamente, c?mo mtenfai:e cia probatoria no es
·¡] faceta estructural no es compartida por otros valores con los que la ave- adelante42, la decisión sobre el mve_l de su ici;n uede ayudar a
i riguación de la verdad puede entrar en conflicto. Un sistema jurídico en absoluto epistemológica. La epist;~olog:e~~a~ente el nivel de
1 puede funcionar perfectamente sin asumir el valor de la inviolabilidad delinear un estándar de prueba que re e~~-~o do tar pero no nos
suficiencia probatoria que se haY,a deci i oda . P,n P, olítica Esto ~r,,:, ,.,
:¡ del domicilio o de las comunicaciones, por ejemplo. Sería éste un sis- . 1 . mo Esa es una ecis10 - . ~ 1' 1
Í tema jurídico indeseable por otros motivos, pero no hay nada que im- dice nada sobre e1 mve mis · _ T b · , ia farmaco- '' !J 0
¡ pida que un sistema así sea perfectamente efectivo y eficiente en el cum- de tod9s modos, no es es9,_~~![~&ck~~· ~=~esitan de es- Ji(lr.. ª~
Í plimiento de su función motivadora de la conducta. En cambio, el ~gía, la historia, la epidem10logia_ º. ~a as~~~:~~o la epistemolo- u e .!J ·
1 tándares de prueba claramente de!mi ~s. d xigencia del estándar.
---- 1
gíasirveen esos campos paradefimr el.n~v:eses~ciales (i. e., de la co~
39 Punto este que no niega en absoluto la tradición racionalista (que coincide bási-
camente con lo que STEIN denomina «movimiento abolicionista»). Véase ANDERSON-SCHUM- Se trata también en esos casos de declSlO b., los bienes en jue-
TwINING, 1991: 79-80. munidad científica) que toman e~ cuen~a tam ~eanfarmacológico sea \
40
Véase el epígrafe 2.1. de la primera parte.
41
No pretendo entrar aquí en el debate de las funciones del derecho, que es muy com-
plejo e innecesario para el argumento que estoy sosteniendo. Basta, por el momento, con
aceptar que cualquiera que sea la función que se pretenda atribuir al derecho, el cumpli-
go. No es extraño pues que el esta.ndar. e P:~to no or razones epis-
mucho más elevado que el de la hi~tona. or sJbre los bienes en ,
temológicas, sino por el co.ste del nesgod ~ ~rr echo es que tenemos l
¿
miento de esa función exige que el derecho tenga un alto grado de eficacia como mecanis- juego 43 . La única diferencia en el caso e er
mo de guía de la conducta (HART, 1994: 248-249). Y para que esa eficacia sea posible, pre-
tendo mostrar que es necesario que en la aplicación del derecho se imponga la consecuencia
42
jurídica prevista por las nonnas generales a los casos en que se haya dado el supuesto de Véase epígrafe 2.3. .. falsos negativos en investigación
. hecho previsto también por las nonnas (y no se imponga a los casos en que el supuesto 43No somos indiferentes ante los falsos posiuvos O • (un medicamento que no su-
farmacológica de modo que preferimos un fa(so negauvlo lud) a un falso positivo (un

e
de hecho no se dé). Si esto es así, se obtiene ya que el proceso judicial, por lo que atañe a ' y que, en camb10,
. sea b ene ficioso para asa
\\ la prueba, no puede tener otro objetivo fundamental que la averiguación de la verdad. pere el estándar 1 t. ¡
~ l/ ' 5e .,_,,J,.._,--.,-,, IV "--'
¡ l· .
~ ~bo (.e..r
wuL J'.J:,.,t"'Y •\v ... ~rt
eiTe
i '--
ll 5,lt,JJ!,,,.,...·L
{ -~ ..... ,H- 0,,.......,-~ 5,r~... ;"- J./i'
De(;!C,<¡y.:>V1
/
(0-v,J
\
i h.<> ¡'LICOt I (•
/
f-Vli(_'\+• VJ)
í'\ ~ J,___....., ,...-
~, ,e:-'-·.!
f
C - J . ! 1 , <:J VI\ ~ f • 1
J~t-··1~ -'?>"'-"'
:..,.,~,-\ .;::{;i o lo..--" D (-

\
84
~-------
. JORDI FERRER BEL'fRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 85
mecamsmos institucionales para d
tándares de prueba. ª optar 1as decisiones sobre los es- Hasta aquí se han analizado reglas de exclusión de la admisibili-
dad de pruebas relevantes fundadas en objetivos o valores asumidos
En cambio, el segundo argumento de S
tralmente al objeto de discusi, d TEIN, que afecta más cen- por el derecho que carecen de fundamentación epistemológica y tam-
D d 1 on e este epígrafe me , poco la pretenden. Se trata de reglas de exclusión extrínsecas al razo-
es e uego, el aumento de info ., , parece erroneo.
de una decisión no necesariamen:ac1on relevante para la adopción namiento probatorio. Otras veces, en cambio, se promulgan reglas de
tud de la decisión En ello tiene P_rodsuce un aumento en la exacti- exclusión que pretenden fundamentación epistemológica. Se trata, en-
necesita el movi~iento abol· . r~zon TEIN. Pero no es esto lo que tonces, de reglas de exclusión intrínsecas al razonamiento probatorio
1c10msta o la tradici , · . (TILLERS-WIGMORE, 1983: 688-689). Ejemplo de estas últimas son la
sostener que tendencialmente t d on rac10nahsta para
da. El fundamento necesario o a prue?a relevante debe ser admití- exclusión del testigo de referencia 46 , la prohibición de que el jurado
chazado por STEIN· que el a para esad te.sis es algo más débil que el re- conozca los antecedentes penales del acusado en un procedimiento pe-
. umento e informa . , 1 nal 47, etc. La fundamentación habitualmente ofrecida de estas reglas
ta, ceteris paribus, la probabTd d d c1on re evante aumen-
adecuada materialmente e t I I a e que se adopte una decisión se basa en la falta de confianza en que el decisor les otorgue el valor
d_~s verdaderos sobre lo; h:c~~:· Á~ se de,cl~en probados enuncia- probatorio adecuado (que es bajo) y tienda a sobrevalorarlas.
s10n es adecuada o correcta e . . irmar umcamente que una deci- Según el esquema desarrollado hasta aquí, la existencia de este
que es la decisión fundame t sdamb1guo, p~r cuanto podría significar

1
tipo de reglas de exclusión está claramente injustificada. Desde un
cio disponible (con indepe ~ ª ~ e~ el conJunto de elementos de jui- punto de vista epistemológico, imperaría el principio de inclusión de
decisión cuyo contenido s; encia e su valor de verdad) o que es una manera que, o bien la prueba es irrelevante y debe ser excluida por
(FERRER, 2002: 98-IOO) Se corresp~n~e co? la verdad de lo ocurrido ello, o bien es relevante y procede su admisión. Por otro lado, sien-
verdad de la decisión (L. puede distmgmr así entre la validez44 y Ja
ºº 2
hechos será válida si estf~AJ\ 6= 12-17). Una decisión sobre los
bles. Será, en cambio verd ~ ª a_en los elementos de juicio disponi-
do reglas intrínsecas al razonamiento probatorio, no estarían fun-
dadas en otros valores que puedan contraponerse al de la averigua-
ción de la verdad. Las reglas probatorias de este tipo constituyen los
mundo. Pues bien, el 'aume~t er; s; se _corresponde c?n los hechos del casos más claros que BENTHAM y sus seguidores pretenden abolir.
,Ji) 1f tos de juicio (o de la infi0 O . ,e ª nqueza del COilJUnto de elemen- Pero quizás podría elaborarse un argumento de corte epistemo-
¡ probabilidad de que la d 1:11~~IOn, en palabras de STEIN) aumenta la
lógico que justifique la existencia de algunas de ellas. Veamos. Como
1es fu ndamento suficienteec1s10n p
válida sea t b · ,
. 'fi am 1en verdadera. Y ello ya se ha presentado páginas atrás, la relevancia de una prueba pue-
ara JUstI car el principio de inclusión 45_
de formularse del siguiente modo: un elemento de juicio E es rele-
medicamento que supere el estánd
ello, se define un estándar de prueb~~:t:· .
<:m cambio, s.ea ~erjudicial para la salud). Por
gos de error. En cambio sí somo · d.[ xigente que distnbuye desigualmente los ries-
vante para la prueba de un enunciado sobre un hecho H si y sólo si
la P(H) i P(H/E). Si esto es así, puede sostenerse que la relevancia_
fals?~ positivos y negati~os en inie~~i la~:~nte~ ant~ la distribución de errores entre los de la pruebat,§Jlllf..<?.~.fil"adual, puesto que ambas prob~bilida-
~e Jltua en layreponderancia de la pru~ba (n h~st~nca, por l? que.el estándar de prueba des pueden estar más o menos alejadas (HAACK, 1993: 87) 8• Una
a }e una hipótesis sea mayor que la d es ec1:, en la exigencia de que la probabili-
.. Obsérvese que se habla de v . e su.negación). lugar hay que poner límites a este continuo para evitar el regreso al infinito, pero esto
dec1s1ón. ahdez epistemológica Y no de validez jurídica de la
45
Lac n'fica de STEIN tiene un ar umen será analizado más adelante.
46
9~:
tor el aumento de información g ued to más que debe ser analizado. Sostiene el au- ~especto de la doctrina jurisprudencia! que delimita los supuestos de admisión Y
exclusión del testigo de referencia en el proceso penal español, véase las SSTC 209/2001,
1e~is;;in si hay dudas sobre las cred~nci:i:e~c~nt:arroduc~nte para la corrección de la 68/2002, 155/2002, 219/2002 y 41/2003, entre otras.
a . esde luego, ello puede suceder E tsde a m ormac1ón, esto es, sobre su fiabili- 47
• Es el caso, por ejemplo, de Jo establecido por la regla 404 de las Federal Rules of
es que en. ese supuesto lo que corres ~n~e O O caso, en línea de principio, la respuesta Ev1dence norteamericanas.
nos permita evaluar la fiabilidad d pi es un nuevo aumento de la información que 48
En contra de tratar la relevancia como un concepto gradual por la dificultad de pre-
e a nueva prueba ad . .d D
1{;' {} \:(
et) t ft1l'
Jl . 1
r' H i,_<-<.r
l .
r ¡ '
. qum a. esde luego, en algún

cisar sus distintos grados, SCHUM, 1994: 68-71.
L.. c.... te: . trJ l·\- : '/ra~d Jd rd·j<? di d-1J L,&c [rJa,r1,·
[ St e .. "h•tl (,'<l._ ,le /. ' ~ J. ' S 1 1
,._..... ., · ~ ,- - 0"Ll 7CÍ'\ ~ l~' ¡.._,y
~..,. ,;e, o!r._<h r· JeJ<-t.,,..e, o~ _

{ l
'

--(·"'-
, , • } • • ,· ... ,: . . 'j / r, ' /
¿,,,..I '
~

rl ¡Q_ ! ·' e : ("'J'•. .i. . ' r.r / . ·' 1 -


(j)Qfl'- n>v'(C ; r ~I

86 -'Y'~~·> v.f?. ÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 87


JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISI . , .

prueba sería poco relevante si la diferencia entre ambas probabili- so del ·uez someter la o las h1potes~s
tarea de las partes y en su ca f' E~ buena parte se tratará de aph-
dades es pequeña y muy relevante, en cambio, si la diferencia es gran- fácticas a esos controles y <lesa ios. . , del conJ·~nto de elementos
de (COHEN, L. J., 1989b: 108). Siendo así, quizás cabría plantear la t de la conformac1on . ,
exclusión de pruebas con muy baja relevancia cuando el peligro de · car en este momen o , de la corroboración d~32ótes1s,. que sera
de juicio la g!_etodologia rincipales más adelante.
desborde o de sobrecarga de la información sea mayor que la reie="'"
vancia de la prueba 49• presentada en sus rasgos p . . 1 de la fase de prue-
Dado que la finalidad instituci~nal P.r!nc~~~a verdad el sistema
. d' . 1 es la avenguac1on ' f
ba en el proceso JU 1c1a d' de otra manera, importa en or-
2 .1.3. Los controles procedimentales sobre la práctica procesaljurídico, co1;10 ,n? po rn serecanismos epistemológicos ne-
de la prueba que inciden en la riqueza ma de instituciones JUnd1cas l?Ja: En este caso, puede dec~r~e que '
del conjunto de elementos de juicio cesarios para alcanzar es¡J}p._ali '--:""\. _ anismos que fac1hten la
· 1emen taniurídicamentemec
t!J
el modo de 1mp ~~,-~~ · de contradicci.9.n.,50 · A 1os
·, 1 d nommado nnnc~o __..... -,~ d'
La riqueza del conjunto de elementos de juicio sobre el que des- corroborac10n es e e , ~ d --Íprincipio de contra 1c-
pués habrá que tomar decisiones a los efectos de declarar los hechos efectos del problema que se esta tr~t~nd o, ~ho de defensa en juicio)
probados (y no probados) del caso no depende únicamente de la can- ción (que es parte de la~ gara~tí~s. e. 1:~alidad de la prueba» (TA-
tidad de elementos de juicio disponibles. Como he mencionado ante- tiene la función de «venficar 111 Ill_,w:
lo que sigue el alcance Y
RUFFO 1992: 403). Por ello, analizare en_ a la formación y prácti-
riormente en referencia a la relevancia, las distintas pruebas o ele- ' · · · en lo que atane
aplicación de este pnnc1p1o
mentos de juicio deben cumplir una función corroboradora de los
1 diversos aspectos que integran la hipótesis fáctica que se pretenda
probar. Por ello, se puede decir, en primer lugar, que la hipótesis no
ca de la prueba. .
. ·d d puede decirse que e
Sin pretensión de exhaustivi ª '
1 principio
. s de controles proba-
. ., ·tiendo cuatro tipo ·
~¿r
resultará finalmente probada si falta la prueba de alguno de sus ele- de contrad1cc10n opera permi ación de las reglas ep1s-
mentos integrantes. torios: 1) un control sobre la correct~ l~e la prueba (i. e., el prin-
En segundo lugar, el grado de corroboración de una hipótesis de- temológicas y jurídicas sobre la adm1s1 ln nte y las excepciones
. . d .. , d toda prueba re eva , . d la
berá determinarse en el momento de la valoración de la prueba, como c1p10 de a m1s10n e . , . 'd' as)51. 2) la practica e
veremos más adelante, pero debe conformarse durante la práctica de establecidas por reglas de exclusion JUfl ic ·e ~ndo la intervención
la prueba. Una hipótesis tendrá un nivel de corroboración mayor cuan- prueba de forma contradictoria, es!o -~~d
P::~:oponer pruebas con-
de las partes en la misma; 3) la posibi 1 ª
to mayores sean los controles y desafíos a los que haya sido some-
/ tida, habiéndolos superado con éxito (POPPER, 1935: 247-250). Será r amente mayontana. · en el principio
50
La doctrina ha puesto el acento de forma a;~; de defensa, por Jo que hace~¡ pro~.
de contradicción como garantía procesal del der pr'inci'pio como centro del sistemfi
49 ceso penal. De este modo, se uen · deª ~e.nsaralensistema
ese inquisitivo, no ~e~ dna ' como 1-
la rue-
Sobre el peligro de desborde o sobrecarga de información en otros ámbitos de la acusatorio o adversaria/, que por oposición en cambio que la pracuca de. P
experiencia, véase BUGLIOLI·ÜRTÚN, 2001: 17. Parece suponer un análisis de este tipo nalidad básica la búsqueda de la verdad. Sost~n~oó, (también) una garantía epistem 0-
la regla 403 de las Federal Rules of Evicence norteamericanas, que establece que «a pe- · · · de contrad1cc1 n es .
ba en cumplimiento del prmc1p10 dd enunciados fácticos a Probar (FERRUA,
re-
sar de su relevancia, una prueba puede ser excluida si su valor probatorio es sustancial- lógica para la determinación de la verda e 1~s0 b· l62-163, entre otros). Por e110• el
mente sobrepasado por el peligro de un inadecuado prejuicio, de confusión o de error 2 3
1993: 214· lACOVELLO, 1997: 143; lGARTUA, t a·ra supuestos de delitos graves edn'c
del jurado [... ]». De todos modos, en mi opinión, esta regla ha dado Jugar a aplicacio- '
sulta desencaminada · especi.·aJmen e P acrificio del pnnc1p1o
la tendencia, . · · de contra 1 -
nes inadecuadas que combinan una importante desconfianza ante el juzgador (en el caso proceso penal, a admitir pruebas producidas con s é TAR·
norteamericano, ante el jurado) con el olvido de que el principio básico que informa el ción en nombre de la búsqueda de la_ve'.d~dde contradicción en este punto, v ase
momento de la conformación del conjunto de elementos de juicio es el de inclusión de 51 Sobre las implicaciones del pnncipio
toda prueba relevante.
ZIA, 1998.
~~---------------,-~ ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 89
88 JORDI FERRER BELTT> •
t · ,11\AN
Resulta claro que estas dos últimas posibilidades tienen por fi-
r~nas a las ofrecidas por la otra arte 52
nalidad enriquecer el conjunto de elementos de juicio disponibles al
mita vencer a éstas y/o corrobor! P:º~es~l ', d~ modo que per-
compatible; 4) la posibilidad d una h1potesis fachea distinta e in- momento de adoptar la decisión sobre los hechos. Y ese enriqueci-
(o pruebas sobre la prueba) e p_roponer pruebas de segundo orden miento no es sólo cuantitativo sino cualitativo, por cuanto constitu-
ofrecidas por la otra parte 53. que impugnen la fiabilidad de pruebas yen, precisamente, oportunidades para el desafío de las respectivas
hipótesis fácticas. La proposición de pruebas contrarias puede bus- \
La formación o práctica de la ru b car directamente la falsación de una hipótesis o la corroboración de
ne su aplicación más clara en 1p e ~deforma contradictoria tie-
una hipótesis fáctica distinta incompatible con la anterior. La prue-
personales, es decir, de las ru=b~aso e las yruebas denominadas ba sobre la prueba, por otro lado, supone un control sobre la fiabili-
de una persona física. En ef s que co~sisten en la declaración
dad de las pruebas existentes, que la confirme o la impugne. Se tra-
temológicamente permitir el~:~asos, por. eJemplo, resulta útil epis- ta de pruebas que no versan directa ni indirectamente sobre los
tes, de modo que las dos art errogatono cruzado de los declaran-
ción que pueda apoyar su~ re:s
pu~dan ~r~gu~tar sobre la infonna-
hechos del caso, sino sobre otras pruebas, y son esenciales en mu-
chos casos para una correcta valoración individual de la prueba, en
fiabilidad de lo declarado d pledctlvlas h1potesis y poner a prueba la
Y e ec aran te 54 aras a determinar el grado de fiabilidad que ofrece. Se trata, por ejem-
plo, del careo entre testigos que realizan declaraciones contradicto-
Es evidente, en cambio que , . ·
ba no es posible la i'mple , t e.1: 1a practica de otros tipos de prue-

l
rias, del peritaje psicológico sobre los testigos o la víctima de un de-
men ac10n d 1 · · ·
obtención de huellas, prueb d e prmc1pi_o de contradicción: lito, de la prueba caligráfica para determinar la autenticidad de la firma
pruebas analíticas (deADN :s ocumenta~es, registros domiciliarios, de un documento, de la prueba para determinar la autenticidad de
118 ss) En eso , angre ... ), etcetera(GuZMÁNFLUJA 2006' una grabación de imagen o sonido, etc.
. ·· s casos resultan d . . ' ·
hdades de proposición de ruebas e especi_al imp~rtancia las posibi-
dos, RAFARACI, 200 ) r Je
c_o~~rarias (recientemente, porto-
4 ~rd p o(posicwn de prueba sobre la prueba
Respecto de este último tipo de pruebas quisiera únicamente re-
alizar un par de observaciones que considero de cierta importancia.
-o pruebas de segundo
en- por todos, GASCÓN lNOIAUSTI, 1999)55, En primer lugar, la propia dinámica del proceso y la función de es-
tas pruebas exigen reglas procesales específicas respecto del momento
de proposición de la prueba. Resulta evidente que la necesidad o con-
si. .Ob'
. ien las ordenadas de oficio por el Juez,
pos1b1hdad. . si. existe
. en el sistema de referencia esta veniencia de una prueba de este tipo se aprecia en el momento en
que se practica la prueba que será objeto posterior de la nueva peri-
. .Ob'
ii . ien las ordenadas de oficio Po r el Juez,
pos1b1hdad. . SI. existe
. en el sistema de referencia esta cia (GASCÓN INCHAUSTI, 1999: 135 ss.). Sólo después de la declara-
RU
l4 para ello, el método anglosajón de la eros . . parece ser adecuado (TA·
ción de los testigos puede apreciarse la necesidad de realizar un ca-
FFO, 1990: 426 ss.; FERRUA, 1 . )a s-e.xami~at1on reo entre ellos; sólo después de la impugnación de la autenticidad
993 241
ne\Al resp_ecto, puede verse MuRP~Y ~~1ue también da lugar a algunas distorsio-
200
Las dificultades de una estrict ' . .' 75 ss.; KEANE, 2000: 142 ss.
de un documento o de una grabación puede apreciarse la conve-
r~ntía epistemológica son grandes ya:tica~ión del principio de contradicción como ga- niencia de una prueba pericial que la determine, etcétera. Todo ello
s1mplemente pretendo poner de manifie~ue ~n ser abo:dadas aquí con detalle. Por ello, con independencia de si la proposición de estas pruebas se restrin-
en que el derecho regula la práctica d I o el mterés epistemológico de analizar el modo
punto el derecho puede resultar d e ª prueba Y no sólo su admisibilidad Y en este
ge en exclusiva a las partes o se conceden poderes probatorios tam-
dad ' co ntra Io que presupone el moe gran· , ayuda pa ra faci·1·Itar la averiguación· de la ver· bién al juez 56.
tar la posibilidad de aportar pruebav1m1ent? abolicionista. Así, por ejemplo para facili·
prueba cuan do sea propuesta· en el contrana ' no b ast ª simp · Iemente con admitirla
' como
el acusado conozca con tiempo . · suficient
proceso penal ' por e·Jemp Io, habra, que garantizar que 56
Una excelente presentación del alcance de los poderes probatorios del juez en el
e 1os cargos derecho comparado puede encontrarse en TARUFFO, 2007b; y la discusión de la relación
tentes
b contra
. . él • que se conozcan las circu . que se Je imputan
· .
y las pruebas ex1s·
re su fiab1hdad (por ejemplo sus ant ndstancrns de los testigos que puedan influir so- entre poderes probatorios del juez, principio dispositivo y principio de aportación de
' ece entes o su re Iac10n
· , con el caso), etc.

)
91
90 JORDI FERRER BEL1RÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA

La segunda observación tiene que ver con la aplicación del fil- 2.2. El momento de la valoración de la prueba
tro de la relevancia a los efectos de la admisión de este tipo de prue-
bas. Su propio objeto (i. e., otras pruebas, no los hechos del caso) . nto de elementos de juicio sobre
Una vez conformado eldco~J~, n sobre los hechos, es el momento
hace que no cumplan el criterio de relevancia y que, por tanto, de- cuya base deberá tomars~ 1.a ec1S10 elementos aportan individual
ban ser, en principio, excluidas. Una prueba cuyo objeto sea deter- 1 ayo empmco que esos . b
de valorar e ap . h' 'tesis fácticas disponibles so re
minar la autenticidad de un documento cuyo contenido es un con- y conjuntamente a las d1verr;s 1po .ere decir que la valoración de
trato de alquiler, no permite fundar inferencia alguna sobre el contrato
lo ocurrido. Pc:ir sup~esto, e oo~:t¿u~asta este momento. Se podría
mismo, sobre la verdad de los hechos a demostrar en un juicio de
la p~eba no se realice en. ~bs in itinere que el juzgador realiza d~-
desahucio, por ejemplo. Lo que podrá inferirse a partir del resulta- decir que hay una woracwn , -lo a los efectos de determ1- '
do de esa prueba es la fiabilidad con la que cuente la prueba docu- rante la práctica de la prueba, po~ ~Jemp. ' tancia de parte) una nue-
mental, que es la que permite, a su vez, realizar inferencias sobre el . · rdenar (de oficio o a ms b 1'
nar si es necesano o . . a racticada, o una nueva prue a
valor de verdad de los enunciados fácticos sobre los hechos del va prueba sobre la fiabilidad de una y p d las hipótesis en conflicto
caso. Del mismo modo, una prueba pericial cuyo objeto sea deter-
que verse sobre u~ ~xtremo de !!;~~i~ad: Ahora bien, como se ob-
minar la capacidad visual de un testigo, no nos permitirá fundar in- que no ha sido suf1c1entemente . · . b ·etivo detectar insu-
ferencia alguna sobre la verdad de los enunciados sobre los hechos
del caso (por ejemplo, sobre si Juan disparó a Pedro), pero sí sobre
!
serva, esta valoración 11 itinere t1en~ pr dºe ~lementos de juicio a
ficiencias en el peso o nqueza del conJ~n o!oración de la prueba que
la fiabilidad de esa prueba testifical (cuyo contenido es que el tes- los efectos ~e resolverlas. Otr~ cosa~: e~;;entos de juicio ya ha sido
tigo vio disparar a Juan sobre Pedro). se debe realizar una vez el conJu~to. d t rminar el grado de co-
to el obJet1vo es e e . ,
A pesar, pues, de no cumplir las exigencias del filtro de relevan- cerrado. En este mamen , d 1 posibles hipótesis fac-
cia para la admisión de la prueba, como se acaba de ver este tipo de rroboración que éste aporte a cada una e as
pruebas pueden tener una importante utilidad epistemológica para tic as en conflicto 57 • • ue
la correcta toma de decisiones. Por eso conviene considerar aquí, en ., e se impone realizar es q
Pues bien, la primera observaci?~ '!u or rande y relevante que
mi opinión, una excepción a la definición general de relevancia de nunca un conjunto de elementos de JU~ClO't ~bre la verdad de una
la prueba. Diremos que una prueba P 1 también es relevante cuand.o éste sea, permitirá tener certezas raciona er s ión general (positiva)
permita fundar (directa o indirectamente) inferencias sobre la fiabi- hipótesis. No es posible ?btener un~ c;.n~du:lesss. Estamos ante el
1
lidad de otra prueba P 2 que, a su vez, permita realizar inferencias so- válida o justificada a part.1~ de ~~so~ ; rt~n:miento inductivo, que
bre la verdad de los enunciados fácticos a probar. Se trataría, pues, gran problema de la J!!Stlf1cacio~_...Z ·
de una suerte de relevancia indirecta.
ntraré en este punto en los problei_nas
ii Conviene señalar, una vez más, que m~ c~ t e realiza bajo el principio de hbre
planteados en la valoración de la prueba cuan ° s ªs . ,
valoración. 'urídica no son habitualmente h1pote-
is Se podría argüir que el objeto de la prueba J d la justificación del paso de .casos
sis generales sino individuales. Se trataría ento;:esot:o esquema, el de l a ~ Y
parte para las pruebas, especialmente referido al proceso penal, puede verse en FERNÁ,'IDEZ individuales a hipótesis individuales, que te~ r.iaferencia probatoria, véase GoNZALEZ
LóPEZ, 2005: 195-196 y 306-350. No ofreceré aquí argumentos para el debate sobre la otros problemas (sobre las distintas :ormas e.: de la hipótesis individual~ probar; 0
conveniencia de que los jueces y tribunales dispongan de poderes para ordenar la prác- LAG!ER 2003: 36-39). No obstante, s1 el conten\ xigirá siempre el paso mterm_e i1°
tica de pruebas no solicitadas por las partes. Sí quiero, en cambio, manifestar que al me- es taut~lógico con el contenido de la O las prue as, epuede escapar al problema senada-
nos en lo que hace a las pruebas sobre la prueba, creo epistemológicamente muy con- por algún tipo de genera).1zac1· ón, de modo que
Enno se caso, sobre esto vo¡veré más a e-
todo
veniente que el juez pueda ordenarlas, a los efectos de realizar una valoración de la fiabilidad do en el texto (TRIBE, 1971: 1330, nota 2).
de la prueba bien fundada. !ante.

, Vi \
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 93
92 JORDIFERRERBEL1RÁN
60 Al decir de Max BLACK (1984: 88), «cualquie- \
vale tanto para la ciencia como para la prueba judicial. Se trata de tre otros ~uchos) ·. r
d d debe guiarse ante la incertidumbre por
un problema clásico ya advertido por HUME (1758: 54-57) y quepo- raque aspire a la raciona 1 a

i)
61
dría ser formulado así: ¿Hay argumentos ampliativos que preserven probabilidades» •
el valor de verdad? La conocida respuesta de HUME es que no (al res-
pecto, por todos, HACKING, 1975: 235 ss.; LAUDAN, 1981: 73-85; BLACK,
1984: 38 SS., y QUESADA, 1998: 215-220). Z.2.1. Conceptos de probabilidad
En esta constatación se han basado tradicionalmente las 1 po del razonamiento
concepciones escépticas sobre el conocimiento general y también Decir, no obstante, que estadm~s menuye p~:: porque se usan en la
. , t' s seguramente ecir h
sobre la prueba en el derecho. Se trata de las posiciones de los
que POPPER (1963: 279) denominó «verificacionistas desengaña-
dos» y TWINING (1984: 96-97) «absolutistas desilusionados», en
probab111s 1co e .
literatura muchas noc10~es de
entre ellas más que u~ aire ~;
tº¡~ '
habilidad y, seguramente, no ay
ilia uesto que no comparten un
~ sigue presentaré de un modo
el dominio general y en el de la prueba jurídica respectivamente. °
mínimo común denom~~ado~, · n q~ . de los conceptos (o con-
Pero estamos más bien en este caso ante una conclusión exagera- rudimentario una clasiflcacion mu~ b~~{:d a los efectos de la dis-
11
da, que parte de la constatación de la imposibilidad de la certeza cepciones, si se prefiere) de ~a P~º. ~ todología de la valoración
racional absoluta acerca del mundo para concluir que no podemos
cusión que importa a este ep1gra e. me ª
tener creencias fundadas racionalmente 59 • Como bien señalara el de la prueba.
mismo POPPER (1974: 140), no es posible verificar una hipótesis, (1935· apéndice IX, 367) por \
pero ello no implica que no podamos preferir racionalmente una 60 Algo que, en principio, niega expresamente POPPER .
hipótesis sobre otras sobre la base de la mayor corroboración de razones que serán analizadas más ad~lante. b . 'd'ca fue siempre ejemplo para
61 Es curioso advertir que el ámbito de la prue 1ª JUOdl s fundadores de la teoría de
la primera. 'l'd d Má 'n «todos os pa re
los estudiosos de la probab1 1 a • ~ au ' HUYGENS DE WITI, LEIBNIZ , O
)
la probabilidad fueron juristas profesionales (FE;M;T, do que ~uvieron contacto con,
Así las cosas, si las conclusiones a las que podemos arribar en
por lo menos hijos de juristas (CARDANO, PASCAL.' e °:1° 'dico» (FRANKLIN, 2001: 350).
nuestros razonamientos sobre los hechos no pueden ser ciertas, nos al menos, los conceptos más gen~rales del razonam1ent~J~: probabilidad es ext~aordina-
situamos plenamente en el espacio del razonamiento probabilístico 62 MACKIE (1973: 154) considera que «el ~oncep ( . l03-104) considera que
. . , . En cambio BLACK 1984 . , d
(KAYE, 1979a: 45, nota41; TwINING, 1990: 209; STEIN, 2005: 81, en- riamente escurridizo y emgmat1co». b b\ d d sino más bien diferentes vias e
no hay una disparidad de conceptos de pro a 1 1 a '¡· ea afín CoHEN, L. J. (1977: 13
. . . d b b'lidad En una m ' .. d
venficac1ón de afirmac10nes e pro a 1 , · todos los usos de la probab1hda , que ~s-
59
También WnTGENSTEIN fue muy contundente contra este tipo de razonamiento es- ss.), sostiene que sí hay un elem~~to comun ª b d d inferencia!. De este modo, a dis-
0
céptico sobre la inducción: «A quien dijera que por medio de datos sobre el pasado no taría vinculado con la demostrab1hdad, como!~. d ~ ;.1stintas concepciones de la proba-
se le puede convencer de que algo va a ocurrir en el futuro -a ése yo no lo entendería. tintos tipos de inferencia pueden serles de utl 1 ª .
Se le podría preguntar: ¿Qué quieres oír? ¿Qué clase de datos serían para ti razones para
creer eso? ¿A qué llamas tú "convencerse"? ¿Qué tipo de convicción esperas tú? -Si
bilidad, no excluyéndose, por tanto entre.ellas.
A partir de ahí, las diferentes concepc1on.es de
0
-~t~
1
b bilidad serían modos de mter-
a bién como pretendió POPPER
pretar los enunciados probabil~stic~s. Y sena P ~.li~a~:eutr~l a sus distintas interpre-
ésas no son razones, entonces ¿cuáles lo son? -Si dices que esas no son razones, en-
tonces debes ser capaz de indicar qué cosa debería ser el caso para que pudiéramos de- (1938: 275 ss.), elaborar una _smtax1s de)ª pr~~~ ;e ran importancia teórica, no es cen-
cir justificadamente que existen razones para nuestra suposición. Pues nótese bien: las taciones. En cualquier caso, siendo esta discusi g detendré en ella. Por ello, creo
razones no son en este caso proposiciones de las que se siga lógicamente lo creído. Pero tral para el análisis que ocupa este l1'b ro, porlo que no. me · ·
d s·1 estamos ante d1stmtos co n·
'ndependenc1a e
1 ·¡· ·
no se trata de que se pueda decir: para el creer basta menos que para el saber. Pues aquí que lo que sigue puede mantenerse con . d I enunciados probab1 1st1cos.
no se trata de una aproximación a la inferencia lógica» (WnTGENSTEIN, 1953: sección ceptos de probabilidad o distintas interpretacwnes eá ~~as que siguen se analizará q~é
481. La cursiva es del autor). Una reflexión parecida podemos encontrar en STRAWSON En la línea de lo planteado por CoHEN, en l~s p g nta del razonamiento probatono
(1952: 257), quien considera que la pregunta por el fundamento del razonamiento in- concepción de la probabilidad es adecuada para ar cueepciones sufran algún tipo de dé-
. 'fi ue las otras conc
duct~vo, que no puede ser de otro tipo que inductivo también, es un sinsentido del mis- en el derecho, sin que ello s1gm 1_que_q roblema analizado.
mo tipo que preguntar, ¿es la ley legal? ficit: simplemente no son de aplicación a1 P
_I_____ ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 95
94 JORDI FERRER BELTRÁN
se desarrolló la noción de probabilidad lógica o inductiva, para la
Aunque pueden encontrarse clasifica . .
conceptos de probabilidad63 , que o b e d ecen
c10nes muy variadas que la probabilidad que un elemento de juicio aporta a una hipóte-
tamb'' f' · de los
versas, creo sis es una relación lógica entre dos proposiciones (i. e., el grado en
., . , que puede bastar para nuestro pr 1en , · a mahdades. di- que una proposición implica a la otra). La tesis central de la lógica
c10n (qmzas la gran división) entre .. oposito con la d1stin-
~ d e s de NQROSicione~~oab~b1~9ages de _eyentos o su- inductiva es que la relación de confirmación inductiva es una rela-
d1v1s1on en este últimócaso en ' ci~~ o una ultenor y elemeñiar ción lógica. La diferencia entre la lógica deductiva y la inductiva,
probabilida_s! subjetiva. , tre probab1hd~~~ y para CARNAP, es sólo que la confirmación inductiva es una implica-
-----
De forma general, puede decirse ue 1 ..
- ción lógica parcial y, por tanto, gradual. El grado en que e confirma
h no depende, de este modo, de información empírica alguna sino
sucesos o eventos mide f .q a probabilidad aplicada a
1a recuencia con la del contenido lingüístico de e y h. Obviamente, necesitamos infor-
d uce en una sucesión dada de ac . . que un evento se pro- mación empírica para saber si e ocurre en el mundo, pero una vez
finita. Estamos aquí ante la
que da, origen a los cálculos J:~~~::~dad
ont~~1m1entos, tendencialmente in-
frecuentist~ .º estadística,
go seran aplicados a la probabilidad o~ d~ la probab1hdad (que lue-
esto detenninado, el paso de e a h depende sólo de reglas lingüísti-
cas (DfEz-MOULINES, 1997: 408). Dicho en la tenninología de mun-
parte, es ésta una noción ob. etiva d:ub3et1v~ ~ «personal»). Por otra
dos posibles, si A es consecuencia lógica estricta de B, resultará que
el número de posibilidade ~
«A y B» es verdadera en todos los mundos posibles en que B es ver-
probabilidad, puesto que mide
dadera. Si, en cambio, A es contradictoria con B, «A y B» será fal-
el número de posibilidade: d: que un suceso ocurra comparado con
sa en todos los mundos posibles en que B es verdadera. Finalmen-
y no los estados mentales subjei~e n~ ocurra (HACKING, 1975: 161)

1 mas que la probabilidad d ivos e suje~o alguno. Cuando deci- te, si A no es consecuencia lógica de B ni contradictoria con ella,
equilibrada al aire es de 1he !ue salga cara s1_l~zamos una moneda entonces «Ay B» será verdadera únicamente en algunos mundos po-
mero de tiradas se repite idd f?~~
estamos d1c1endo es que si el nú-
mero de caras y el número d e mi amen!e, la proporción entre el nú-
sibles en lo que B sea verdadera. Ahora, «si disponemos de una fun-
ción de medida para los mundos posibles, podremos tomar la rela-
de 1h. e cruces sera, a la larga, tendencialmente ción entre la medida de los mundos lógicamente posibles en los que
A & B es verdadera y la medida de los mundos posibles en los que
En cambio, la probabilidad a r .. B es verdadera como la medida del grado en que A es consecuencia
ma general, nuestro grado de c P ica?a .ª propos1c10nes mide, de for- lógica de B y definir de este modo la probabilidad de A dado B» (Co-
este caso de una noción e . t on~c1_m1ento del mundo. Se trata en HEN, L. J., 1989b: 76). CARNAP pensaba que todos los enunciados
dúa las posibilidades de pis emolog1ca ~e la probabilidad, que gra- probabilísticos siguen el modelo pascaliano y admiten el cálculo nu-
dadera. Ahora bien, en e~~el~:: ~etermma~a proposición sea ver- mérico de probabilidades 64• En cambio, KEYNES sostenía que mu-
trar dos grandes corrientes d e p_ensam1ento, se pueden regis- chas probabilidades no se pueden medir en sentido estricto, sino
probabilidad. Teniendo come pensamiento, o modos de concebir la sólo comparar con otras. Esto, como veremos, será importante más
FREYS (1939)- co ~ precursores a KEYNES (1921) y aJEF-
y mo contmuador destacado a CARNAP (1950)-, adelante.
Un segundo modo de concebir las probabilidades aplicadas a pro-
posiciones es el que se ha seguido por las concepciones subjetivis-
63 K
AYE (1988: 3-5) distingue hasta sie .
n:1º rec.onoce extrañamente, no es una t_e lipo_s de probabilidad, aunque, como él mis- tas, o de la probabilidad subjetiva. Para este modo de análisis, la pro-
s1ficac10nes, entre las muchas existentclas1ficac16n exhaustiva ni excluyente. Otras cla- babilidad que un sujeto asigna a una proposición es una medida del
95), MACKIE (1973: 154-188) G es, pueden verse también en BARNETI (1973· 64-
el texto c orr~~ponde básicamente
. Y OODa la (1983:
ela 70-71) · L ª c 1as1'fi1cac16n
· que se presenta
· en
n~ba probab1hdad objetiva a la estadísti horada
gica.
Pº:SAVAGE (1954), aunque él denomi-
ca, personahsta a la subjetiva y necesaria a la 16-
64
Para una presentación crítica de los problemas vinculados a las tesis de CARNAP
véase, por todos, CoHEN, L. J., 1989b: 120 ss.
• •rl •. / /. /..__
: ,. ¡- ,:
.,:·~,~,; /•, -~,-
:;7 1 e/..(,;, ¡·1.)<t:S~,,
¡· /,..e>
cs<'f--,, 1 .r-J·-:- ,r -· I ; ¡ ---~---- i,,
~
, .
0-'. V, ''- r~1~-
;.., .¡ - . ,._ / ;,:_ .JJ r.-? l"""°'r' Jrr ' .-:,•¡ ,-,,<Ir/. u',· f' -
,J(r,;,,,,
r __,
r ,' • -::/: • ¡"

~ Í u'';~; IÓ; RACIONAL SOBRE LA PRUEBA


96 ')'o;vr.r
/ /. 11,uv-f
V'· tj 1 ,
<',f'~ .¡1 'r ;:r-:ru: e,I 1:4J(t¡) '
I (. ( f '..;~._ ........ _ci.,,-~ . . . . .:~, ~ti::..

JORDI FERRER BELTRÁN ( Í,5:. l ~" (,.~,.,, 97 .


' ELEMENTOS PA~~ u.NA ~al -~--::'/:' ~, ! <º¡ C• Ve, r. ~~
grado de creencia racional de esa persona en la verdad de la propo- 1 /P 11 J1 ;,.,, e, J) = a1 de razonamien
• to que dé cuenta de la estruc-
sición dado cierto elemento de juicio. Los orígenes modernos de esta contrar es un esquem . batorio en el momento de la valo-
concepción de la probabilidad se pueden situar en RAMSEY (1931) y tura general del razonamiento pro
65
ha sido desarrollada también de forma precursora por DE FINEm (1937) ración de la pruebª · · ·
y SAVAGE (1954). RAMSEY presentó los grados de creencia en una pro- . uí de nuevo recordar que el obJ~
posición en términos de disposición a actuar sobre la base de ella.
El modo más común de plantear esta idea es a través de la disposi-
ción a apostar por su verdad. Ahora bien, está claro que una perso-
Por otro lado, conviene aq 1
institucional~ la p~u~bajen \;:~a:s
o judicial es la averiggªción
gran importancia porque de-
~ verda~. Ese obJetl~o es a se está realizando. En efecto, n? se
na puede realizar apuestas irracionales aisladamente o en conjunto, tennina el tipo de estudio que i'ento que dé cuenta de como
ema de razonam
de manera que cualquier cosa que suceda salga perdiendo (caso de trata de encontrar un esqu . t 'b nales que deciden sobre los
la denominada «apuesta holandesa»). El propio RAMSEY definió el efectivamente razonan los.Ju~ces. y n t~gados o legos) 66, sino más
hechos (con independencia e s.1, son la rueba que sea la más ade-
sistema de creencias de un sujeto como racional si, y sólo si, no pue-
de ser víctima de una apuesta holandesa. Y posteriormente DE FI- bien una metodolog~a de va.lo~a~i~~~:rado de la averiguación de la
NEm mostró que un sistema de creencias tal, que denominó cohe- cuada para consegmr el obJetlv d . . . disponibles en el proceso.
rente, satisface las leyes del cálculo matemático de probabilidades. verdad a partir de los elementos e Jmci~ento nos permitirá después,
Volveré más adelante sobre esta concepción, porque mediante el uso Esa metodología o esquema de rtzo~amlas decisiones adoptadas en
por otro lado, ejercer el co~tro so ¿1e
del denominado teorema de BAYES, ha tenido y sigue teniendo una materia de prueba por los tnbunales .
amplísima literatura que la aplica al razonamiento probatorio en el
derecho.
. des «escuelas» del razonamiento pro-
6l SCHUM (1986: 826 ss.) distingue cmco granb bTdad y la incertidumbre, 2) la es-
batorio: !) la escuela de PASCAL/BAYE~ ~e la _P:
~i~a1 3) la escuela SHAFER/DEMPST~R
cuela BACON/MILL/COHEN de la probab1hdad m uc d' la probabilidad y la inferencia
2.2.2. El razonamiento probatorio en el momento de las creencias no aditivas, 4) la escuela de ZbADE~ eLa tesis de ScHUM es que ningu-
de la valoración de la prueba fuzzy y 5) la escuela escan dmava. deI valor pro atono. · s1e
I del razonamiento probatono, - n-
na de ellas es capaz de dar cuenta de modo g~ne;a t"pos de inferencia probatoria que

Antes de analizar la aplicabilidad de las distintas concepciones componen ese razonamiento (SCHUM, 198 · 4 7
do cada una de ellas ª?ecuada para alg~~~~ -~ ~~ E~ el mismo sent!~º· T!~LERS, _1986:
.d que la probab1hdad mductlva en
de la probabilidad al razonamiento probatorio, conviene recordar la 425-426 y 434). Como se verá más adelante, Jsº:~~c:~da para nuestros fines ..
la forma que la presenta L. J. COHEN es ~ 1:1 1 ómo razonan los jueces, tnbunale.s 0
utilidad que se está buscando. Unas páginas atrás, se inició el análi-
6ó Si el discurso pretendiera ser descnpt1vo de c- 1 SCHUM ( 1986: 837) graves d1fi-
sis de algunas de las principales concepciones de la probabilidad a J·urados en materia de hechos, encon traría como sena a ·ento se produce detras , de una
los efectos de dar cuenta del tipo de razonamiento que deben reali- cultades por cuanto en mue has ocas iones ese . razonami d · 1eme nte en
se produce s1mp
zar los jueces en la valoración de la prueba. El punto de atención aho- «cortina ' cerrada»: d~ f?rma cerra da ªI público, cuan nOdar cuenta del razonami·ento
. e retendiera . _ °
la mente del juez md1v1dual. Otra cosa es si s P . s J'udiciales. En ese caso, la _difi
ra quedará situado en determinar si alguna de esas concepciones es - ·
que se expresa en las mot1vac10nes de. las reso 1uc10ne
d. por cuanto es conoc1'd o, Por eJem-
capaz de cumplir ese cometido. Se trata, entiéndase bien, de encon- cultad puede ser debida a la falta de objeto de e~tu. 1?~nes sobre los hechos Y que en mu-
trar una metodología (probabilística) que sea capaz de ofrecer los plo que los jurados no motivan a menudo suds ,.ec1s1 parca e insuficiente. En todo caso,
chas' ocasiones. ·
los Jueces toga dos lo hacen e ,orma
.
instrumentos para la valoración del apoyo que las pruebas o elementos
no es . . el estatuto deI d'is curso
67 descnptlvo . que sigue.normativo de los mo deI s de valora-

de juicio incorporados al proceso aportan a las hipótesis fácticas so- O
Ello es así, suele decirse, gracias al_ asp~ct~ ara el juzgador que debe reahz~ }ª
bre lo ocurrido. Es posible que algunas de las concepciones tengan ción de la prueba, que funcionan como d1rect1~a determinar qué modelo de valorac~o~
una aplicación parcial u ocasional, como se verá enseguida en el caso valoración. Ahora bien, si de lo que se tr~~a ~s fi~alidad de la averiguación de 1~ ver ª
de la probabilidad frecuentista o estadística. Pero lo que interesa en- de la prueba es más adecuado para cump ir ª 1 . di'caciones como reglas técmcas que
. . . qmz
en el proceso 3ud1crnl, . ás po dn'an verse
. sus bietivo
m
indican los modos a seguir para consegmr ese O " •
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 99
98 JORDI FERRER BELTRÁN
jos, no habiendo más autobuses que operaran en la zona. De este modo,
2.2.2.1. La probabilidad estadística de la h' 't .
de razonamiento probatorio ipo esis como modelo la probabilidad estadística de que un autobús azul perteneciera a la
Compañía de Autobuses Azules era del 0,8. ¿A falta de cualquier otro
tipo de prueba identificativa del concreto autobús que produjo el ac-
La mayoría de los teóricos de la
ceso judicial consideran muy clar prueba en el contexto del pro- cidente, bastaría esta prueba estadística para condenar a la Compa-
o estadística no es adecuad am~nte que la probabilidad frecuentista ñía de Autobuses Azules por los daños causados a la Sra. Smith y a
batorio en el derecho porqu: ~ar~. ar cu;nta del razonamiento pro- su vehículo?
de forma general al proceso: lis ~~~~; ~ ~~e~~a de lo que importa El segundo ejemplo se debe a L. J. COHEN (1977: 75) y se ha co-
3-4; también COHEN-NAGEL 19 . s m ivi uales (KAYE, 1988: nocido como la paradoja del colado o del intruso (the paradox of the
COHEN, L J 1989b· 48 49 'T 34. vol. I, 197; BLACK, 1984· 134·
. ., ' - ARUFFO 1992 19 ' ' gatecrasher): supongamos que se celebra un rodeo y que los organi-
?6: entre otros muchos). L~ probab'i-d d : 7,; ~TEIN, 2005: 67, zadores venden las entradas en el acceso al lugar del espectáculo. No 1'
umcamente de frecuencias rel t' i i a estadistica nos infonna se imprimen tickets, de manera que al pagar la entrada se franquea el
a ivas en que se da u t' d
en una sucesión dada Pero d f n ipo e eventos acceso de la persona. Los organizadores venden 499 entradas, pero,
porta determinar la fr~cuen~. e arma general, en el proceso no im- una vez iniciado el espectáculo pueden determinar, por la ocupación
yores de 60 años con ti'tul ia c_on 1~ qu_e los hombres solteros ma-
h ' o umversitario · b ·1 d de las sillas, que han entrado 1.000 personas, de manera que 501 de
ermanas, sino si Juan ha mat d y JU i a os, matan a sus ellas han conseguido entrar sin pagar. De este modo, la probabilidad
soltero, mayor de 60 años coa ~ a su h~rm8;lla ~lo que, aunque sea

1
de que uno de los espectadores no haya pagado la entrada es 7de 0,501
dependiente de aquella fr;cue:~~t~~o umversitar10 y jubilado, es in- (y su complementaria -que la haya pagado- es de 0,499 º). Dado
que no hay más pruebas disponibles, ¿pueden los organizadores ga-
En los años setenta fueron r . nar un proceso civil contra uno de los espectadores exigiendo el pago
esta inadecuación, que han sfdip~esto~ dos eJemplos para mostrar
teratura hasta el día de h L discutidos ampliamente en la Ji- de la entrada? Si la prueba estadística puede fundar el razonamiento
. oy. os presentaré someramente. P:obatorio general, parecería que la respuesta debe ser positiva, te-
El pnmer ejemplo se debe a TRIB . . mendo en cuenta que en el proceso civil sería de aplicación el están-
formula parcialmente un E (1971. 1340-1341), qmen re-
dar de prueba que los anglosajones llaman preponderancia de la prue-
Estado de MassachusettscasoErealdresuel~o por la Corte Suprema del
., , en sta os Umdos 68 E 1 1, . . ba 71 , Ahora bien, paradójicamente, el mismo razonamiento sería
cusion que le ha seguido h · n a amp 1S1ma d1s- aplicable a los 1.000 espectadores, de forma que los organizadores
buses azules y ha sido m ~e ª conocido como el caso de los auto-
del rodeo podrían ganar todos los casos si presentaran demandas ju-
Sra. Smith circulaba con;i ? ~enos reformulado como sigue 69: la
litaria y fue arrollada p °
cien P,0 r la noche en una carretera so-
diciales independientes contra todos los espectadores, obteniendo el
resarcimiento de la entrada de todos ellos, a pesar de que se pagaron
Smith sólo pudo ver qu~re~~ ~u~~us, que se dio a la fuga. La Sra.
probar que el 80 por d u O us era azul. En el proceso se pudo
499 entradas. Esta absurda consecuencia mostraría, según CoHEN, que
zona pertenecían a la Com; ~~ a~tobuses azules que operaban en la
100 1 no puede basarse el razonamiento probatorio en la probabilidad es-
el 20 por 100 restante pert/mª, e Alutobuses Azules, mientras que
necia ª ª Compañía de Autobuses Ro- 10
Por efecto del denominado principio de la negación o de complementariedad. En
la notación de la probabilidad matemática, 1 representa la certeza y Ola imposibilidad.
~ntre OY I se sitúan las medidas de la probabilidad. Pues bien, el principio de la nega-
68 Se trata de Smith v. Rapit Transir ' l ne., 317 Mss. 469, 470, 58 M.E.2d 754, 755
(19!5). ción establece que Pr(p) es igual a 1 - Pr(-.p), o, si se prefiere, que Pr(p) + Pr(-.p) = l,
Entre otros muchos pued
~~~/~i\ftEN, N.B., i985;
. - '
;;:~~::~:~~·l9
' '
7
7: 430 ss.; SAKS-KIDD, 1980; NES-
LLEN, 1991; CALLEN, 1991; SCHAUER,
de forma que ambas probabilidades son siempre complementarias.
11
~egún el cual, en su formulación probabilística numérica, una hipótesis está pro-
bada SI supera la probabilidad del 0,5.
,..........-:;---------------
··¡

100 ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 101


JORDI FERRER BEL1RÁN
tadística. También este ejemplo ha sido objeto de una amplísima dis- 1es, la situación parece aún más clara, puesto que la 1probabilidad
C
de
_, d
cusi~n,_des?e distintas perspectivas, en la literatura anglosajona 12. Aquí que el autobús causante del accidente pertenezca a a ~mpama e
me limitare, no obstante a algunos, pocos, argumentos que tienen es- Autobuses Azules parecería ser del 0,8. De mod? que si se cond~-
pecial relevancia para el objeto de este trabajo. nara a esa compañía a resarcir los daños del accidente se acertana
en el 80 por 100 de los casos y se erraría sólo en el 20 por 100.
Aunque puede predecirse que un caso que reprodujera realmen-
te los parámetros de los ejemplos hipotéticos mencionados tendría El argumento de la minimización de errores parece ep~stemo!?-
un veredicto contrario a los actores (la Sra. Smith y los organizado- gicarnente fundado. Pero no debemos dejarnos llevar por una impresion
res del rodeo) por falta de prueba 73 , conviene analizar algunos argu- superficial y conviene analizar algo más sus presupuestos.
n:ientos contrarios a esta solución para entender mejor en qué con-
¡'
La epistemología no está interes~da ~i?1pl~?1ente en la r~d~~ción ·
t siste esa falta de prueba, así como el espacio disponible para la
de errores y el derecho tampoco. La JUSt1ficac10~ de una ?ec~s~on ~o-
prueba estadística en el razonamiento probatorio.
bre los hechos tiene una doble cara (o hay dos tipos de JUst1ficac10-
El argumento de la minimización de los errores. ALLEN (1986: nes, si se prefiere): una material y una procedi~~~tal. ~e.sde_el pri- ~¡r (·
50) ha formulado este argumento de un modo bastante persuasivo mer punto de vista, podemos decir que una dec1s1on esta JUSt1fic~da !1 +- J
(también BRILMAYER, 1986: 676). El punto de partida es la asunción si la proposición que se declara probada es verdadera. ~n el _se?t1d_o
de que debemos tomar como objetivo de la prueba la averiguación procedimental, en cambio, la decisión está justificada s1 la h1potes1s
de la verdad. La aplicación del derecho será correcta si se impone la que se declara probada tiene suficiente apoyo en l~s ~lem_entos de
consecuencia jurídica prevista a los casos en que se han producido juicio disponibles (FERRER, 2002: 98-100)._ Puede d1stm~~1;se tam-
efectivamente las circunstancias antecedentes previstas por las nor- bién sobre esta base entre la verdad y la validez de la dec1S1on adop-
mas. Por ello, el objetivo epistemológico de la prueba tiene que ser tada. Pues bien, tanto al derecho como a la epistemolo~gen~al Q.Q, w-J->
el de minimizar el número de errores en la declaración de hechos 1~ interesa el acierto por casualidad. Una decisión judicial no está ¡..;,,rJ;f !
probados (esto es, el disenso entre lo que se declara probado en el justificada si, aunque declare probada la hipótesis ve~~adera, l? hace
proceso y lo que realmente ha ocurrido). Ahora bien, si se rechazan por casualidad (porque no dispone de corroborac10n suficiente).
las pretensiones del actor en el caso del rodeo, por ejemplo, se pro- Siendo así, el argumento de ALLEN sería epistemológicamente ad~-
ducirían más errores que aciertos (exactamente 501 errores contra cuado si la decisión de declarar probado que el causante del acci-
499 aciertos). En cambio, la condena de los demandados conside- dente de la Sra. Smith fue un autobús de la Compañía de Autobuses
rando suficiente la prueba presentada daría lugar a más aciertos que Azules resultara verdadera y suficientemente corroborada por los ele-
errare~ (501 aciertos y 499 errores). Siendo así, el objetivo episte- mentos de juicio disponibles.
mológico de la minimización de los errores parece indicar, contra lo
Para que esa condición se cumpla, es necesario que se pueda tran-
qu_e podría suponerse, que la prueba estadística debe admitirse y, es
sitar desde la probabilidad frecuentista -aplicada a eventos- a la
mas, considerarse como suficiente 74 • En el caso de los autobuses azu-
probabilidad de proposiciones: De «el 80 por 100 de los autobuses
n V'ease, entre otros muchos, WILLIAMS, 1979; KAYE, 1979b y 1981; EGGLESTON, azules de la zona son propiedad de la Compañía de Autobuses Azu-
1980; COHEN, L. J., 1980; ALLEN, 1986; FIENBERG, 1986; LEMPERT, 1986; SHAVIRO,
1989; SCHAUER, 2003: 84 SS.
73
• NESSON (1985_: 1357 Y 1_379) ha conjeturado que serían objeto en el derecho esta- . .
otras pruebas ad1c10nales de modo que esta estrategia· Produzca una minimización de
dounidense de un dzrect verdzct, de modo que el juez ni siquiera admitiría que el caso los errores. Otros autores han rechazado este argumento sobre la base de que _nos~ toma
llegase ante el jurado. · a cada m· d"1v1duo
· como un fin en s1, mismo,
· o so bre cons"1deraciones de eficiencia,
. etc.
,
No discutiré estos y otros contra-argumentos sino más bien el fundamento epistemo 1o-
74
KAYE (1979a: ~~), sin disc.utir la base del argumento, ha advertido que considerar
la sola prueba estad1st1ca como insuficiente podría incentivar que las partes produzcan gico de la tesis de ALLEN.
102
JORO! FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 103
les» (probabilidad frecuentista) debe poderse pasar a «la probabili-
dad de que sea verdadera la proposición "el autobús azul causante ropiedad de la Compañía de Autobuses Azules: 0,8. Ahora ~ien, ¿cuál
pI b bilidad de que un autobús azul que sufra un accidente sea
ien O,8?. s·i l?.f uera,
del accidente de la Sra. Smith es propiedad de la Compañía de Au- ª pro
es la ª
tobuses Azules" es del 0,8» (probabilidad aplicada a proposiciones). de Compañía de Autobuses Azules? ¿Es tam bº,
en todo caso, sería una casualidad puesto que ambas probabilidades
Los teóricos de la probabilidad subjetiva han sostenido habitual-
"den lo mi·smo. Puede suceder perfectamente que las dos com-
mente que esa inferencia es posible, utilizando la probabilidad esta- no mi . "d d d
dística como probabilidad a priori de su razonamiento 75• Ahora bien, - , que operan en la zona no tengan los mismos cm a os e man-
pamas y , , riable
puedo adelantar ya que, por razones en buena parte independientes tenimiento de sus vehículos, por ejemplo. esta sera una v~
de los problemas analizados hasta el momento, tampoco creo que el relevante para la segunda probabilidad, pero no r_ara la pnmera.
cálculo de probabilidades subjetivas sea el método adecuado para dar ¿Cuál es la probabilidad de que un concreto a~tobus ª:.ul sufra u_n
cuenta del razonamiento probatorio. Por ello, aunque fuera posible acci"dente?. Eso , de nuevo ' depende de otras vanables:
· anosdde antl-
·,
üedad ruta que realiza, pericia del conductor y tipo de con ucc10n,
pasar de la probabilidad estadística a la subjetiva, cosa que no voy a
!te. Fidalmente, ¿cuál es la probabilidad de que u~ concreto auto-
entrar a discutir aquí, ello no representaría un paso adelante para la
bús azul haya sido el causante de un concreto accidente? Pues re-
l~bor que me ocupa. El nudo que hay que desatar responde, en rea-
ltdad, a la pregunta de si es posible pasar de la probabilidad esta- sulta que la respuesta a esta pregunta no depe~d,e e~ ab,so~uto. de.l~s
demás sino del nivel de corroboración de la hipotesis f~ct!ca ~nd1vi-
dística o frecuentista a la probabilidad inductiva o lógica de una hi-
dual, cosa que a su vez depende de la resistencia de la hipotesi~ a los
pótesis fáctica sobre un hecho individual 76• Y la respuesta no puede
controles o test a los que es sometida, sobre la base de las vanables
ser otra que negativa por las razones ya expuestas sobre sus ámbitos
relevantes del caso 78 •
de aplicación: la probabilidad estadística no dice nada acerca de los
hechos individuales sino únicamente de las frecuencias 77• El argumento del valor esperado de la decisión. ScHAUER ha
sostenido (2003: 87 ss.) que la paradoja del colado o el caso de los
En ~~ecto, aunque en ocasiones usamos expresiones del tipo «la
probabilidad de que salga cara en el próximo lanzamiento de lamo-
78 Por otro lado aun si se aceptara la posibilidad de fundar decisiones soblre h~clhdos
neda es de 0,5», ésta no es una probabilidad sobre ese concreto pró- • .. , .
individuales en probab1hdades estad1st1cas, que dª un grave. problema . por El reso ver.ALLEN
propi·o e e
xi~o. lanza~iento, sino sólo una forma elíptica de decir que en una . 1 bl las frecuencias re1at1vas.
la clase de referencia sobre a q~e esta ecer r las dificultades de la aplicación
sene mdefimda de lanzamientos la frecuencia con que sale cara tien- ha presentado este problema recientemente para mostra C - , de Autobuses
de a ser de Yi (KEYNES, 1921: 94). Veamos el caso de los autobuses de modelos matemáticos de probabilidad. Supong~m~s q~~ I~ e~~~::: produjo el ac-
azules. Podemos disponer de la probabilidad estadística de que un Azules es propietaria del 75 por 100 de ~utobuse; e ~;~u \ante Pero puede suceder
cidente y la Compañía de Autobuses ROJOS del 2 por res · .ón sea exactamen-
autobús azul cualquiera de la zona del accidente de la Sra. Smith sea que en el barrio concreto en que se produjo el accidente, _la proporci ._
75 te la inversa. Y otra también la de los autobuses que tr~nsitand por d la obre que1adebería-
callelapor que cir
TRI~E, 1971: 1347-1348; ALLEN, 1986: 414 y 420-421. Un buen ejemplo de ello culaba la Sra. Smith, etc. ¿Cuál es la clase de referencia a ;cu~d~=serquedebetomarse
es una vanante del caso de los autobuses azules: el caso de los taxis azules, presentado mos establecer las frecuencias relativas? Paree~ que la r~s)~~c~; individual, pero esto sólo
Pº\¡VE~SKY·KAHNEMAN (1~74). Al respecto véase también HACKING, 2001: 72-73. la clase de los eventos más cercana a las ?:ºpiedad~~ tfca usando pruebas individuali-
!v!as con:retamente aun, a la probabilidad inductiva en su versión baconiana, que se puede hacer abandonando la probab1l_1dad esta is Y . l09-110· 113; tam-
no admite el calculo matemático.
77 zadas sobre el hecho individual en cuestión (ALLE~-P~RDOd 2007 refe~~ncia pu;de verse el
• Pued~ decirse también de otra manera: a la probabilidad estadística, por defini- bién PARDO, 2005: 374-383). Sobre el problema de ª e .:se e and Prooi, 11 2007 que
ción ~leato:ia, debe ª?adi~se la_ dimensión del peso, que mide el grado en que las prue- volumen monográfico del International lournal of ~VI(~~;) CoLYVAi';-RE~AN (2007),
bas d1sp?mbles perrmten mfenr las hipótesis fácticas del caso individual. Por ello, la incluye artículos de ROBERTS (2007), Pardo (200 7 )({:o.;~~ Por ;ro lado es muy ilustrati-
0
prob~b1hdad estadística puede entrar en el razonamiento en fonna de prueba, pero no es RHEE (2007), LAUDAN ~20~7a)_ Y ~LLEN-PARDO ent~ con el que usó porprimernvez
suficiente para probar un hecho individual (STEIN 2005· 70 84-85· ""amb1ºén COHEN L. J. vo observar la extraordmana s1m1htud de este argu~. . de reglas colapsa en el uti-
1985: 265-266). ' · • •" • • LYONS (1965: caps. III y IV) para mostrar que el ut11tansmo
litarismo de actos.

----.

(
'

,
,..,-
~---------------·...
104
JORDI FERRER BEL1RÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 105

autobuses azules no producen en absoluto .. jurídicas de acuerdo con el principio del valor esperado, abandonando
d~s~icos, porque están acostumbrados a trab perp1:J1dad en los esta- ]as soluciones todo-o-nada, o bien si propone la adopción de estas
c1p10 del valor esperado 79: aJar so re la base del prin-
soluciones por parte de los tribunales. En este último caso, el pro-
blema sería, como espero haber mostrado respecto del argumento de
Si hay una probabilidad del o 51 d . la minimización de errores, que la decisión judicial resultaría injus-
haya entrado fraudulentamente y s: l e ~ue cualqmer espectador
dólar, entonces el estadístico . .1 e prec10 de la entrada es de un tificada. En efecto, tanto si los espectadores del rodeo son condena-
zadores del rodeo deberían co~~:ftª _un.a fácil solución: los organi- dos a pagar el total de la entrada como si lo son sólo a pagar el 51
espectadores. De esta manera los cen!1mos a cada uno de los 1.000 por 100, el caso es que la decisión que considera probada la hipóte-
sólo su justa proporción de la ;ecau~rg~~1zadores del rodeo cobrarían sis de que el espectador X no pagó la entrada sobre la base de la sola
ponsable sólo en la medida de la veac1~n ~ ~ada espectador sería res- prueba estadística es una decisión injustificada procedimentalmen-
sin pagar la entrada y lo mism ros~m1htud de que haya entrado
te: no se sostiene en las pruebas disponibles.
tobuses azules (SCH~UER, 2003 ~ e;_;~~~cable al problema de los au-
3 En cambio, si la propuesta de SCHAUER es de legeferenda, los ar-
El derecho, como el propio S gumentos a debatir son absolutamente otros. Ahora ya no es una cues-
basa normalmente en el princi ioc~~U~R (2003: 89) rec.onoce, no se tión de prueba sino de regulación jurídica. Lo que se propondría es
blece soluciones a todo-o-n d p O . alor esp~rado, smo que esta- que el legislador modifique el derecho de daños de forma que se atri-
plicación del autobús de la ~ a. -~1en se considera probada la im- buya la responsabilidad extracontractual de acuerdo con el principio
cidente de la Sra Smith , t omp~ma de Autobuses Azules en el ac- del valor esperado. Esta propuesta, no obstante, no resuelve sino que
los daños, o bie~ no se :O~:.~
es mdemnizada por el 100 por 100 de
be nada SCHAUER no d·s t1 era probada y la Sra. Smith no perci-
disuelve los problemas planteados por el caso de los autobuses azu-
· 1 cu e que ésta sea u b ., les y la paradoja del colado.
1os procesos penales pero f na uena soluc10n para
lución de acuerdo c;n el s?s ~e~e que en los procesos civiles, la so- Vale la pena advertir que en este último supuesto, se ha produ-
cido un cambio lingüístico sutil pero de gran importancia concep-
sería mejor, puesto que r~n:ir d~l valor esperado de la decisión
tual: ya no nos enfrentamos a la probabilidad de una hipótesis sino
error entre los actores y d~mand::;as ade,cuadamente el riesgo de
a una hipótesis probabilística. El problema no es ya determinar la
gumento que en el proceso . ·1 . os. Esta presupuesto en este ar-
1 1 probabilidad de que una hipótesis sea verdadera sino que el conte-
nimización de los errores c~: es ~P?rtante para ~l d~recho la mi- 80
las partes. Por eso el est: ~ odes md1ferente su d1stnbución entre nido de la hipótesis misma es una probabilidad (TRIBE: 1971: 1338) •
Supongamos, por ejemplo, que el legislador prevea para determina-
ría en la superació~ de la~o~ab:lid~1~\~el proceso civil se situa- dos supuestos de contaminación atmosférica por parte de centrales
No me resulta claro si ScHAUE . ., térmicas una responsabilidad equivalente al porcentaje de cada em-
derecho vigente, de modo ue el R. propone una_ mod1ficac10n del presa sobre el total de potencia de la suma de las centrales térmicas
q 1egislador prescnba consecuencias
del país. O también el caso en que el legislador establezca como cri-
. .79 Seg' .
. , un este pnncipio, el valor es erad 0 terio para determinar la existencia de discriminación sexual en una
llphcac1on del valor de las canse p. de un resultado incierto es igual a la mul-
esas consecuencias tengan lugar Acu:n~iasl d: ese resultado por la probabilidad de que empresa el porcentaje de hombres y mujeres contratados en cada una
su part·ic1pac1
· "6 n en uno de dos con
• si, s1 a gmen tiene que tomar una decisión acerca de de las categorías laborales. En esos casos, la prueba de una hipóte-
n~ un 0,2 de probabilidades de ganiur1os, puede realizar un cálculo de este tipo: si tie-
m10 de 100.000 euros, entonces el v:i e concurso¡, cuya consecuencia directa es un pre-
curso es de 20.000. Por el contrario ~r esper~do de la decisión de participar en ese con-
80 La hipótesis probabilística afirma que la frecuencia con que se da un evento en
de ganar el concursoz,cuya consecu~~~~s~~msmo sujeto tiene un 0,7 de probabilidades una serie indeterminada es x. Por supuesto, cabe hablar de la probabilidad de que sea
esperado de la decisión de participar ª 1recta es un premio de 30.000 euros, el valor
en ese concurso es de 21.000. verdadera una hipótesis probabilística.
_ .. ª'
106 UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 107
JORDIFERRERBEL1RÁN ELEMENTOS PARA

sis de este tipo, por su propia naturaleza, no puede ser más que es- la minimización de errores que ya he presenta-
tadística dado que la propia hipótesis a probar no está referida a he- vo, el argumento de. t No volveré ahora sobre él. La segun-
cho individual alguno. Ésta es la más clara de las utilizaciones legí- do y discudtildo antme:~::: ;·ás interesante ahora, por cuanto, ade-
da parte e argu .
timas de la prueba estadística en el proceso judicial (LEMPERT, 1986: , daría fundamento a la pnmera.
442-443; TARUFFO, 1992: 196 ss.). mas, . 1 nte la tesis de ScHAUER (2003: 105-107) es que ~o
El argumento de las generalizaciones. El tercer y último argu- Sustancia me , . . de orado entre la prueba estad1s-
hay una diferenci~ ca~egonal ;:ºrueba individualizada (o sobre los
mento que pretendo abordar aquí tiene que ver con el uso en el ra-
tica (o las generahzac10nes) y p hay diferencia cateoorial
zonamiento probatorio de generalizaciones no espurias (y no universales). hechos individuales). Ello supone q~e :~idad de proposicion:s (en
Una generalización espuria es aquella que no tiene base empírica,
entre probabi.lidad de eventos \ ~~~. :6~) El argumento de SCHAUER
pudiendo ser un prejuicio, por ejemplo. Una generalización no es-
el mismo sentido, R.Erc~ACH, :. · dar fiabilidad a un testi-
puria es aquella que dispone de base empírica, aunque no sea una
(2003: 101-105) es mas O m:;os as1. P:Oªal cruzar la carretera que
generalización universal. Sostener que los perros pit bull son agre-
go ciego que afirma hab:r o1 o un ru~ecesaria la declaración de un
sivos tiene base empírica, aunque no todos los perros pit bull sean identifica como un auto bus, pu~de ser Han acentuadamente la
agresivos (y aunque no lo sean siquiera la mayoría). Con ello se quie- experto que acredite que los ciegos desfºtamente posible y fiable
re indicar que el porcentaje de los perros pit bull que son agresivos capacidad auditiva, de m~era que es ~er ~ntonces el razonamiento
es mayor que el porcentaje de perros de otras razas que lo son. No una identificación de los ruidos de ,ese t1pod 1 tes ti ~o cruzaba la ca-
toda generalización es una frecuencia estadística, pero toda fre- que concluye en «pasó un auto~us ~~ando emodo q°ue es sólo «par-
1 cuencia estadística es una generalización. Discuth:é en lo que sigue
la defensa realizada por ScHAUER (2003) del uso de generalizaciones,
rretera» se b asa en u
na generahzac1on, e
2003
. l03) Esa oenerahza-
.

estadísticas o no, en el razonamiento probatorio, lo que espero me


permita discriminar algunos usos legítimos de otros injustificados,
cialmente individualizado» (SCHAUER,
ción puede ser científica, como en est~ cas~,'
pero es imprescindible (explícita O imp ici
0
~t~; ::a
· · del sentido común,
el razonamiento.
a pesar de la defensa de SCHAUER. d ScHAUER me parecen ca-
Todas las premis_as del argument~, e Nuestra comprensión del
En realidad el argumento de SCHAUER es doble. Por un lado sos- rrectas, pero no justifican la concluswn. ralizaciones. También
tiene que es injustificada la mayor confianza en la prueba individualizada mundo exige necesariamente el re~urso a gene to sobre la ocurrencia
frente a la estadística; confianza que produce en muchas ocasiones nuestro lenguaje. Por ello, cualqmer argume~ondientes generaliza-
un mayor número de errores de los que produciría la adopción de de un hecho necesita del apoyo de las c~rr~s robatorio pueden in-
decisiones sobre la base de pruebas estadísticas 81 • Éste es, de nue- °
ciones. Esto es inevitable. En el razonam~en ~orno part~ del esque-
tervenir como pruebas sobre_ o~ras .Prue f~~a de leyes científicas o
81
Para ello, alega las dudas sobre fiabilidad que presenta la prueba testifical como
ma de la corroboración de h1potesis en
ejemplo paradigmático de prueba individualizada (SCHAUER, 2003: 92 ss.). Éste es, no
obstante, un argumento algo sesgado. También es una prueba individualizada un perita-
je técnico, una prueba documental, una grabación en imagen de un accidente, etc. Cada 100 no del 20 por 100, como en el eje~-
que la ratio de errores sería ahora del 48 ~or (y es que es contingente que la ra~IO
una de ellas tendrá sus problemas de fiabilidad, pero seguramente serán menores que los L que qmero mostrar , . o de pruebas
, · á
plo presentado pagmas atr s · o) d pruebas estad1sucas . m- .
planteados por la prueba testifical (en general, efectivamente, sobrevalorada). Por otra . sea mayor o menor me d'ante
de errores 1 e1 uso e fi bºl'dad de las pruebas 1·ndiv1dua11-
parte, supuesto que fuera legítimo decidir sobre la base de lanuda prueba estadística en 1 1
, t"ic a y de la ia d lanuda prueba esta d'1st·tea como
dividualizadas. Depende de la esta dis
casos como el del accidente de la Sra. Smith, podríamos cambiar el ejemplo de los au- zadas presentadas. Por eso, el argumento contra_ el uusano d: la hipótesis a probar no ~efa pdro-
tobuses azules de manera que la Compañía de Autobuses Azules sea propietaria del 52 fundamento general del razonam1en °
. t probatono c mi·ento· la conclus1º6 n no esta un a-
· J'd
p_or 100 de los autobuses azules de la zona y no del 80 por 100. En ese caso, seguiría babilística en sí misma es el de la mva I ezdelrazona ·
siendo adecuado condenar a esa compañía a resarcir por los daños del accidente, aun- da en las premisas.
·,
!
¡
QS 1, ~1 ~-----1111!11111----
J~te/e C.ol>\ e/ ,,..,._,,Jalo {W,JV""/·}<.-0-iled.1.,i'-1,v'-', í' Jic.,,e
re?.....;J¡¡,,J ~ l 'l fre,..,.,;ic.,.r oúi-t 7 S·
--=t
108 JORDI FERRER BELTRÁN ELEMEN Tos P'A RA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 109
(
h cho (que llamaré e) apoya la hipótesis acusatoria h, ~~­
máximas de experiencia (BINDER-BERGMAN, 1984: xviii; ANDERSON-
SCHUM-TWINING, 1991: 262 ss.; SCHUM, 1994: 82; STEIN, 2005: g~ qt ;¿
est~ es el autor material del delito. La tesis de la acusac10n
gun a cua 1 nte quizás de una forma no explícita, sobre las dos
65 ss.). Ahora bien, siendo esto correcto, no implica que podamos se ba~a nat~ra. m~es· (a) si X fuese el autor material del delito habr~a
razonar sobre la ocurrencia de hechos individuales únicamente a
partir de generalizaciones (salvo que la hipótesis sobre los hechos
P~.~r;1~:;
P
1
;,~t:~ejado impresas sus huellas dactilares ent e! armde~
(b) si X no fuese el autor ma ena1
~~:
sea en sí misma contradictoria). Siempre será, pues, necesario dis- li~~f 1

~~=;
:i~~~i~~::~:,~;e: 0 habría dejado sus ~uellas dactilare5i ~o?re
poner de elementos de juicio particulares sobre el hecho individual m rma del delito. Preguntémonos ahora: ¿cual ~s el esquema og1co
que acrediten la verdad de la hipótesis. ~~ ~a inferencia en virtud de la cual, de las pr~~1sa~ Ca\~l(b), s:
de concluir que la circunstancia e apoya la h1potes1s h. as cu s
son del autor).
2.2.2.2. La probabilidad subjetiva como modelo
de razonamiento probatorio Pues bien, estamos ante esquemas de la denominad~ ~robabili.:.
. (B 1984· 117-118), para los que los teoncos de 1.a
dad mversa LACK, · B 82 ue tiene la si-
Los orígenes de la probabilidad matemática aplicados a la prue- probabilidad matemática usan el teorema de AYES , q
ba en el derecho se remontan a la obra de LEIBNIZ en la segunda mi- guiente forma:
tad del siglo XVII (véase una excelente presentación en HACKING, 1975:
109-116). En realidad, buena parte de los primeros desarrollos pro- P(H/E) = P(E/H) x P(H) / P(Ef-,H)
babilísticos fueron concebidos en el ámbito de la prueba jurídica. Tres
siglos después, a partir de un trabajo de FINKELSTEIN y FAIRLEY
y se lee: La probabilidad condicional ?e que sea ve;d~~~~:~~~i~i;
(1970) y de la respuesta de TRIBE (1971) se generó un amplio e in-
tenso debate sobre la aplicabilidad al razonamiento probatorio jurí- tesis H dado el elemento de jui~i~ E es igual a l~:;~bi~i~:d de H (sin
se dé E si es verdadera H multiplicado por 1~ P d d, E si no
dico de la probabilidad subjetiva y, en especial, de las probabilida- tomai en cuenta E), dividido por la probabilidad e que e
des inversas a través del denominado teorema de BAYES.
es verdadera H 83 • • • •
Como he señalado ya en un punto anterior, la probabilidad sub- . 1· to del elemento de JUICIO
jetiva es una noción epistemológica de probabilidad, que mide nues- El cálculo nos permite med1~ e impac 1 b bilidad de Han-
tro grado de (ola fuerza de la) creencia racional en una hipótesis dado E en la probabilidad de H, es dec1r, pasar ded a P~º. a E la prior pro-
tes de tomar en cuenta el nuevo elem~n.to e JU~c10 ue' H sea verda-
cierto elemento de juicio. Comparte con la probabilidad estadística
la aplicación de un método de cálculo matemático que permitiría de- bability de H, a la probabilidad c?ndicwn~~~ :oq obstante, que se
terminar el grado de probabilidad de una hipótesis en una escala que <lera dado que se conoce E. Convi~?e rec~ H i~te retada en térmi-
va de O a 1, donde cero es la absoluta falta de confianza en la hipó- mide el impacto de E e~ la probabihda~ d fuerza o~ebilita, y en qué
nos del grado de creencia en H, esto es, ~re ?
tesis y 1 la certeza absoluta en la verdad de la misma.
grado, la presencia de E nuestra creencia en H ·
Tomaré un ejemplo de MURA (2003: x) para dar cuenta de los
problemas que pretende solucionar esta teoría en el ámbito de la prue- sostuvo en un ensayo publicado póstu-
ba jurídica y del instrumental con que pretende hacerlo: 82 El reverendo Thomas BAYES [1702-l 76l l bl · the Doctrine of Chance»)
d SOI . g a Pro em m
mamente en 1763 («An Essay Towar vm . odían ser combinados con ro-
que los ·uicios de robabilidad basados en con ~;ras queharecibidoposterionnente
Supongamos que en el curso de un proceso por homicidio se haya habilidades basadas en frecuencias mediante una nnu 1ª
determinado que sobre el arma del delito se encuentran las huellas fa denominación de «teorema de Bayes». . 'nen TRIBE (1971: 1350 ss.).
digitales del imputado X. Supongamos además que el fiscal sosten- 83 Puede verse una clásica Y excelente presentacw
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 111
110 JORDI FERRER BELTRÁN

Pues.bien, volvamos al ejemplo del homicidio.Hes la hipótesis !986: 463 ss.; MARTIN, 1986: 710-711). Pero más allá d~ ,que est.a
·, pueda presentar de nuevo problemas de adecuac10n al utl-
acusatona, que afirma que X es el autor material del homicidio. E so1uc10n · b bTd d
es el elemento de juicio constituido por las huellas dactilares de X !izar datos frecuenciales como modo d~ ?etermmar pro a 1 1 a e~
sobre el arma del crimen. Para realizar el cálculo que nos lleve a de- e!
de proposiciones referidas a hechos ind1v1dua~es, cas~ es que casi
terminar en qué medida, si lo hace, E refuerza la creencia en la hi- nunca se dispone de esos datos estadísticos. Y s1 se d1spus1era de ellos,
pótesis H, debemos partir de la probabilidad previa de H antes de ¿cuántas variables del caso individual d~berían .tom~s,e e~ cuenta
conocer E 84 • Hemos de determinar también cuál es la probabilidad para seleccionar el dato estadístico apropiado?: s1 1~ h~potes1s es ~ue
condicionada inversa -P(E/H)- de que se encuentren las huellas Pedro mató a su hermana, ¿debemos usar una estad1st1ca que no~ ~n-
dactilares de X en el arma del crimen si X es el autor material del dique la frecuencia con que los hombres .matan a sus hermanas. 1,0
homicidio y la probabilidad condicionada inversa -P(Ef-,H)- de la estadística que nos indique la frecuencia con que lo~ ho.mbres sol-
.i
que se encuentren sus huellas en el arma del crimen si X no es el au- teros matan a sus hermanas? ¿O la estadística que ns,s md1que la fre-
tor material del homicidio. Con todo ello, podemos ya aplicar la fór- cuencia con que los hombres solteros, may?res d~ 6.0 .años, mata~ a
mula del teorema de Bayes y determinar la probabilidad condicio- sus hermanas?, y la serie de preguntas podna ser mfm1ta, porque m-
nada de H (que X sea el autor material del homicidio) dado el finitas son las propiedades de un caso 86 • La respuesta de DE FINETII
elemento de juicio E (que se encuentran sus huellas dactilares en el (1969: 14) es contundente: «Lo que al final es fundamental es tener
arma del crimen). como punto de partida las probabilidades iniciales de los eve~tos rea-
les, sin que importe cómo han sido evaluadas» (las cursivas son
Los defensores de la probabilidad subjetiva, también llamados
bay~sianos, sostienen que cualquier inferencia probatoria se basa sus- mías).
tan~1~~nte en la aplicación del teorema de BAYES bajo la interpretación Si esto es así no obstante, entonces se presenta un i°:portante
subJet1v1sta de la probabilidad como grado de creencia racional. Así, problema de inad~cuación de la probabilidad su?jetiva bayesrnna para
1~ que el método de cálculo nos dice es qué grado de creencia es ra- constituir el método de razonamiento probatono para el ~roceso.que
c10nal tener en la hipótesis dado un elemento de juicio si antes de se está buscando. En efecto, el alcance del cálculo bayesia~o baJO la
conocer el elemento de juicio teníamos un grado de creencia x en interpretación de la probabilidad subjetiva es el de determmar la ra-
ella Y dadas las probabilidades inversas de que esté presente el ele- cionalidad del cambio de creencias (entre otros muchos, TRIBE, 1971:
mento de juicio si la hipótesis es verdadera y si no lo es 85 • Ahora bien, 1348; COHEN-NAGEL, 1934: 194-195; RIVADULLA, 1991: 203 ss.;
r~sulta clar~ y~ q~e el resultado del cálculo depende de las probabi- SCANDELARI 2000· 84-85· WALLISER-ZWIRN-ZWIRN, 2003: 59). Pero
hdades a pnon asignadas, pero ¿cómo se determinan las probabili- si la creenci~ de p~ida, 1~ probabilidad inicial, es distinta entre dos
., 1 á (salvo una rara
dades a priori o previas? sujetos, entonces la probabilidad fina1tamb1en o ser .,
. . . ·, d obabi'li'dades en func1on del
comc1denc1a por compensac1on e pr . .
Una respuesta habitual es la de usar probabilidades estadísticas valor probatorio atribuido al elemento de juicio). Así, d~s Jueces d~s-
para determinar la probabilidad previa de la hipótesis (LEMPERT, tintos arribarán a resultados probatorios distintos a partir de los mis-
84
El cálculo se presenta como recursivo y acumulativo sobre cada uno de los ele- 1986' 662 670) siguiendo a LEMPERT
mentos de JUICIO
· · · d'1spom'b les. PrevlO
· a conocer E el J'uzgador puede ya haber evaluado 86 Otra posibilidad es la que presenta KAYE ( .. · . '. . ' bre la base de lo que
otros
. . elemen tos d_e JUICIO.
· · · El problema, como se 'verá, es la determinación de la proba- (1977: 1021), consistente en determinar la probabiltdad mi~t so · 0 hay un criterio
bihdad de H previa a la evaluación del primer elemento de juicio disponible. harían jurados o jueces ideales. Pero esto no resuelve el pro¡ e~a si n.1deales O un mé-
85
E~to lleva a DEFINETII (1970: 244-245) a sostener que el resultado final no es una
corrección, de la probabilidad previa de la hipótesis -del grado de creencia previo-,
lo q_u~ <lana a ~ntender que había algo que corregir, sino una consecuencia de esa pro-
todo de conocimiento que permita a los juec~s reales sa~er_ ~~ ª~:
de asignación de probabilidades iniciales, aunque sea para os ¿~ect;s los jueces idea-

les. Sin ese criterio el modelo, que es normativo, resulta mutI ,¡ue
O
que no podemos
molos ideales.
babihdad previa en conjunción con el grado de creencia en el nuevo elemento de juicio. determinar cuándo los jueces y jurados reales se han comporta co
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 113
112 JORDI FERRER BELTRÁN
ncias iniciales del juez a su creencia final condi-
mos elementos de juicio si han asignado probabilidades iniciales dis- el paso de las cree d .. ·o disponibles es o no racional. Pero
tintas a la hipótesis a probar. Y las creencias de ambos serán racio- . d a los elementos e JUlCl .
c10na a . r dad interna y relativa al propio razo-
nales si el cambio del grado de creencia inicial al grado de creencia ésta sigue siendo una rac10na 1 . 88
final condicionado ha seguido el esquema del teorema de Bayes. Pero namiento del juez, a su cambio de creencias . . .
no hay un parámetro de racionalidad externo al sujeto con el que me- 1d . la probabilidad subjetiva mide la rac1onah~~d
dir su decisión, lo que produce lo que MURA (2003: xxxi) denomi- Por otro a o, s1 . duce una razón más de inadecuac10n
1
na «impermeabilidad a la crítica racional». Esta consecuencia del es-
del cambio de creencias, se pr~
para el análisis del razonamien pro
batorio La verdad de una enun-
° · b la base de un
quema es muy clara en este pasaje de DE FINETII-SAVAGE (1962: 88):·
ciado probatorio del tipdo «~s.tá. pro)b;~ºd;pu::;~
·unto de elementos e JU1Cl0 e .
~~ 1::
creencias del

i!
En rigor, la teoría subjetivista [ ... ] enseña únicamente a extra- 7onJ (F 2002 . 80-96) sino de la aceptabilidad de P ~orno
1 er conclusiones coherentes respecto de los juicios de partida, cua- :;~~~~:, d:~::~~s ele~entos de juicio disponibles y un estandar
lesquiera que estos sean (por ello no tiene ni siquiera sentido pre- • d os 89 .
guntarse si éstos son en sí mismos más o menos «sensatos» o, aún de prueba determma
peor, «correctos o equivocados»). Podría aplicarla correctamente tam-
bién un supersticioso que atribuyera elevadas probabilidades a la
C mo hi ótesis explicativa del impacto que
ocurrencia de ciertas predicciones o presentimientos (y, por otra par- detenninado evento o de una enfe_I"1;1~dad» .. º·va de1 razonamiento probatorio creo que
te, no hay argumentos de naturaleza estrictamente lógica que nos ha tenido esta concepción probabihstica.subJetl . ¡ ci"ón entre prueba y convic-
puedan decir si es o no «razonable» creer en presentimientos y pre- . . · te a Ja errónea vincu a
es plausible vincular1a, prec1samen • . d 1 . "l law como del common law.
dicciones). ción judicial (o del jurado), tanto en el á~bito e ~ivz quí· los bayesianos sostienen que
ss Hay una tesis adicional que resulta import!? e ªd. · "ble y ti· enen creencias pre-
. f · 'n empmca 1spom
si dos personas comparten la in ormacio . .ó siva del método de cálculo, a con-
De esta forma, en el caso en que dos jueces, jurados, tribunales,
vias coherentes tenderán, des?~és de la aphc_~c~ ~:r~~ipótesis, dados los elementos de
etc., discrepen acerca de la valoración de la prueba, realizando va- verger respecto de la probabilidad a pasten , . te y aunque Jo estuviera, no re-
... . ,d strada empmcamen , ·
loraciones distintas de los mismos elementos de juicio, el esquema JUICIO. Pero esta tesis no esta emo . . dan a converger a la larga neces1-
de razonamiento probabilístico subjetivo no es apto para decirnos cuál suelve el problema planteado: aunque los suJ_et~s uen cada una de sus decisiones, que
tamos un parámetro de racionalidad intersubJetlvo para d d
de esas valoraciones es la adecuada (si lo es alguna de ellas). Es más, · aún no se ha a o.
no puede ser el punto de convergenc1.ª, que !mente en el modelo de valoración de la
es perfectamente posible que la respuesta fuera que lo son todas ellas 89 Este problema se plantea tamb1en centra. 1 d f rmanecesaria prueba y creen-
(con la condición de que la asignación de pro habilidades de cada su- prueba planteado por SHAFER (1976), dado qu~:~:~~: c;e~ncia. En cambio, en el mo~e-
cia, analizando el valor de la prueba en funci . d del principio de complementane-
jeto sea internamente coherente, en el sentido de que no pueda ser lo de SHAFER no se plantean los proble~as denva ºi5 scandinava del valor probatorio,
objeto de una «apuesta holandesa»), aunque sean muy divergentes dad para la negación. También la denominada escue a e arte los mismos problemas. Res-
y produzcan consecuencias jurídicas absolutamente diversas, siem- cuyos precursores son EKELOF, HALLDÉN YEoMAN, ctm/e la escuela bayesiana de la pro-
pre que hayan partido de probabilidades iniciales distintas (KAYE: pecto de la presentación realizada hasta.el mamen° . ·urídico, la escuela escandina-
babilidad subjetiva aplicada al razonamiento ~:ºs~:to~e~~puestos fundamentales: «1) el
1981: 645). Por ello, un esquema de razonamiento como éste podría va del valor probatono comparte buena parte p h"ipótesis fácticas y pruebas so-
tener utilidad como forma de control racional en el marco de las teo- . . · ·ones que expresan . .
rías de la prueba que vinculan el resultado probatorio con la convicción
objeto de las creencias son propos1c1
t1
rdad de estas propos1c10nes es
bre la verdad de esas hipótesis; 2) la confían~~/; da 3) el cálculo de probabilidad~s
cuantificable por medio del cálculo de proba 1 1 ª e ' d ductivamente que la creencia
judicial o las creencias del juez 87• El cálculo mediría, en ese caso, si . , . demos demostrar e . . . ¡·
es un sistema de log1ca con e1 ~~e po erdad de ciertas propos1c10nes 1mp ,ca ~ue
con un cierto grado de i:robab1hdad en la v bilidad en otras proposiciones determina-
87
En palabras de ScANDELARI (2000: 84), estudiando la aplicabilidad de la probabi- debemos creer con un cierto grado de proba lcular la probabilidad de que una dete~-
lidad subjetiva bayesiana a la toma de decisiones clínicas «toda información detennina das· y 4) el teorema de Bayes es la regla para ca que es verdadera otra proposi-
.'
mmada . ., A sea verdadera dado que se conocerdad de A» (GARBOLINO, 1997·•
propos1c1on
un cambio en la forma de sentir o de concebir las cosas ; Jo que varía no es más que la . 1
convicción personal del observador o del investigador sobre la ocurrencia real de un ción B que contiene informaciones re1ev antes para a ve
114 UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 115
JORDI FERRER BEL1RÁN ELEMENTOS PARA

Para ello el esquema de razonamiento que necesitamos debe per- . f . JUfl


· probatorias . 'd'cas
i 90 Para ello seguiré un clásico
· ' . .
mitimos realizar juicios objetivos sobre la valoración de la prueba, las m erencias ( . 49 _120) quien analiza seis dificu1ta-
trabajo de L. J. COHEN 1977 . , 11
que sean, en los términos de MURA, permeables a la crítica racional. des básicas. Yo presentaré sólo algunas de e as. .
Ese esquema debe servir como método de valoración para el juez y l ·unción En muchas ocasiones, el de-
como criterio de control sobre la decisión del juez. l) ~/ problem; d~
recho exige la. pru~, a e
~iiJmás he~hos independientes para que
d tenninada consecuencia jurídica. Así,
Prácticamente en los mismos términos se expresa HAACK (2003:
76) para rechazar la aplicabilidad del cálculo matemático de pro- Proceda .
la aphcacion de una e
produzca la com1s1on
· · , de un delito de esta-
por eJemplo, para que se . , or el mismo deben concu-
babilidades subjetivas para dar cuenta del grado de confirmación o
fa y proceda la aplicación de la sant;:Ján el engañ~ realizado por
garantía de una hipótesis científica. Ahora bien, como también se-
rrir distintos h~chos, en~re. los cua ~enoscabo patrimonial produci-
ñala HAACK (2003: 76-77), que el grado de confirmación o garan-
el autor del dehto a la victun: Y el , g. camente independientes en
tía que un conjunto de elementos de juicio aporta a una hipótesis 1
do en la víctima. Ambos hec ?s so~ ot:mente uno sin el otro. y en
§ea objetivo y no dependa, por tanto, de nuestras creencias subjeti-
el sentido de que puede o~~rnr per eiontractual habrá que detenni-
vas, no implica que ese grado de confirmación o esa objetividad nos
un proceso por resp?nsabihdad ~x~~abido negligencia por parte del
resÜlte transparente. Nuestros juicios o creencias acerca de la ver-
nar, al menos, por eJemplo, qu~ d daño en el demandante. Tam-
dad de una hipótesis o del grado de confirmación de que disponga
demandado y que se ha produci o un , icamente independientes 91.
están necesariamente mediatizados por nuestras creencias previas bién en este caso, los dos hechos son log . nes por efecto de las hi-
o por el background asumido, pero la verdad de un enunciado que y lo mismo ocurre en muchas otras ocasioue éstas suelen ser com-
afirma que el grado de confirmación de una hipótesis aportado por pótesis defendidas en los P.rocesos: d;do q hecho independiente.
un conjunto de elementos de juicio es x no depende de esas creen- plejas e incluir la ocurrencia de mas e un .
cias previas sino del mundo. En ese sentido puede decirse que el T d d d que se den conJuntamen-
grado de confirmación ( o apoyo inductivo o corroboración, como !ª
Pues bien, ¿cuál es pro babi i .ª .
~ cuál es la probabilidad
se prefiera) es objetivo. te dos hechos independientes? Por eJemp 0 ' 0 moneda al aire?
· · os dos veces una
de que salga dos veces cara si trram e salga cara en el primer
Por último, antes de dar por concluido el análisis de la probabi- La probabilidad de A Y B (donde~ e)s :J°
ende evidentemente, de
lidad subjetiva como método de razonamiento probatorio en el de-
recho, quisiera señalar algunas dificultades que ese tipo de probabi-
tiro y B que salga cara en el segun °
depB p~r el otro. La proba-
las probabilidades de A, por un !adoÍ Yd eB t~mbién. El cálculo ma-
lidad y el cálculo matemático que supone tienen para dar cuenta de bilidad de A es 0,5, como es obvio Y ª e
d . decuac1ón . de ¡a pro bab'1Iidad subJ' e-
ix-x). La particularidad de la escuela del valor probatorio es que pone el acento en la re- 90
En realidad, mientras que el problema e !na t probatorio jurídico tiene que ver,
lación probatoria entre By A. Considera que lo relevante en el proceso no es tanto si A
es o no verdadera sino en qué medida B prueba la verdad de A. Se trata, pues, de e"._itar
°
tiva para constituirse en el esquema de :ª~onac:m~n habilidad los problemas que se-
precisamente, con la interpretación subJetiva ef ª dpro ntalme~te, con las dificultades
los aciertos casuales (sobre la verdad de A) no basados en las pruebas existentes. Esta ·
rán presentados a contmuac10n ., t'1ene n que. ver' uné ame • · de Pro ·
do del cálculo matematico
me parece una buena intuición, pero no evita aún los problemas señalados en el texto si para dar cuenta de ese razonam1en · to mediante e1m to
no se desvincula de las creencias subjetivas. Por otro lado, se presentan también buena habilidades. .. cera circunstancia, tanto en el ejemplo de
parte de los problemas ligados al uso del cálculo matemático de probabilidades, excep- 91 Otra cosa es que el derecho ex1Ja una ter t al a saber: que el menoscabo
to los vinculados con el principio de complementariedad para la negación, que esta es- la estafa como en el de la responsa b Td
1 1 ª d extracontrac - uen, un caso y que el dano
- hay a
cuela rechaza. Una buena colección de ensayos sobre esta escuela de razonamiento pro- P atrimonial o el daño hayan sido causados por el enganooh, ace Iógica:Uente dependientes
batorio puede verse en ÜARDENFORS·HANSSON-SAHLIN, 1983. Véase también sido causado por la conducta neg rigente · Pero . loesto n
relevante aquí es que las d?s Clf.
· cuns-•
SAHLIN-RABINOWJCZ, 1997, y aplicaciones recientes en DAVIS-FOLLETIE, 2002; FIN· las dos circunstancias a probar en cada ~astb r daño sin negligencia y negligencia sm
KELSTEJN-LEVIN, 2003; FRIEDMAN-PARK, 2003. Un análisis crítico de estos últimos tra- tancias pueden darse una sin la otra. Pue e ~ ·~onial y a la inversa.
bajos puede verse en ALLEN-PARDo, 2007a. daño. Puede haber engaño sin menoscabo pa n
~
",;----
. . -
-
---,._ .:.
.
-~ ,

116
JORDI FERRER BEL1RÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 117
temático de probabilidades ha demostrado que la probabilidad de que
se den conjuntamente A y B es igual al producto de las probabilida- . b bilidad entorno al 0,9 o 0,95. Pues bie~, cuan-
dumse en una pro ad 1delito de estafa anteriormente menciona~o,
des de A y de B. Así: P(A y B) = P(A) x P(B). Siendo las probabili- do, como en el caso e ·a conjunta de más de un hecho m-
dades de Ay de92 B 0,5, resulta que la probabilidad de que sucedan A es necesario probar la ~~urdrenlcistándar resulta extraordinariamente
y B, es de 0,25 • De este modo, la probabilidad de la conjunción de d d . nte la superac10n e e 1 t
epen ie , . , . . Si la hipótesis tiene tres e emen os
dos hipótesis independientes es siempre inferior a la probabilidad ais- difícil Pai:ª la hipotesi~ conJunt\ada uno de ellos alcanza una pro-
lada de cada una de ellas. Si la P(A) es 0,6 y la P(B) es también 0,6, independientes, por. e~emplo, ~ su era el estándar de prueba para la
entonces laP(Ay B) es 0,36. Aplicando, además, el principio de com- habilidad del 0,98 m siqmera ~ , p Por otro lado como se-
plementariedad, resulta que la P-,(A y B) = 0,64. . , · · nta si éste se situa en e10 ,95 · '
h1potesis conJu , d t bién la extraña consecuen-
Esto resulta muy extraño en el razonamiento jurídico (COHEN, L. ñala ALLEN (1986: 407), se pro u~e am las partes varían en fun-
. · obatonas para
J., 1977: 58-67; ALLEN, 1986: 405 ss.). Si se piensa, por ejemplo, en
el estándar de prueba para el proceso civil típico del derecho anglo-
cía de que las exigencias pr
ción de la cantidad de hechos a pro, ar.
b .
hechos sino a un nivel de prueba mas a to c

sólo deberán probar más
ada uno de ellos 93.
sajón, una hipótesis está probada cuando es más probable que su ne-
94
gación (lo que supone, si se acepta el principio de complementarie- El problema del principio de .comp ¡emen t.a,·'edad
2) les este (odela
princi-
dad, que una hipótesis está probada si supera la probabilidad del 0,5). ha visto en diversas ocasion ,
negación). Corno ya se . . . del siglo dieciocho, afirma
Entonces, si la probabilidad de que el demandado haya sufrido un . " 1 d or DE MOIVRE a micios
p10, 1ormu a o P 1 nto de equilibrio para una
daño es de 0,6, la hipótesis correspondiente - A - se considera pro-
bada. Si la probabilidad de que la acción del demandado haya sido apuesta neutral entre las dos hi~~tesis e
t
que P(H) + P(-,H) = 1, de ~o~o que d:~ 5 Por ello, es normalmente
'u·nto de partida en ausen-
negligente es de 0,6, la hipótesis correspondiente-E- también está asumido ese nivel de probabih.d~d. coa~~Jor en contra de H. Esto
probada. Pero, en cambio, la conjunción de ambas hipótesis -A y O
cía de cualquier elemento de JUIC~o. . levante favorable a H (por
B- (necesaria para que proceda la obligación de indemnizar) no está supone que cualquier elemento de ~m~o re ue ésta supere la proba-
probada, puesto que su probabilidad es de 0,36. Es más, extrañamente mínimo que sea su valor probatono) aga q b de -,H De acuer-
está probada A, está probada B y está probada -,(A y B). Estos son t nto prevalezca so re 1a ·
bilidad de 0,5 y que, por a , . d la prueba (allá donde sea
los casos en que NESSON (1985: 1385-1387) considera que veredic- do con el estándar de .la prepon?eranci\ ed lo que tampoco se co-
tos improbables son, en cambio, jurídicamente aceptables, mostran- aplicable ), la hipótesis H estana ya pro ª a,
do así la divergencia entre la indicación resultante del cálculo mate-
mático y el modo de operar del derecho.
9J LEMPERT (1986: 453-454) intenta ofrecer una sa!ida alu'e estaladificultad proponiendo
probabilidad de que el
En el proceso penal, por su parte, operaría el estándar de prueba ·
un cálculo bayesiano de segundo mve ' e .
¡ d modo que se eva
d
.
ee que todos los elementos mte-
que exige que la hipótesis haya sido acreditada más allá de toda duda actor merezca el resarcimient~ d~do que el JUZ;\ ~~dc:d individual que supera el 0,5. Si
razonable. En términos de probabilidad matemática, esto suele tra- grantes de la hipótesis compleja tienen u_na pro ª 1 1 yor que la probabilidad de que no
la probabilidad de que merezca el resarc1m1en.to es,, ma ble al actor Una regla así, sos-
lo merezca, entonces correspon d erá un vered1cto 1avora asos en que )os· actores merecen
92 tiene LEMPERT permite «desgranar correctamente 1os clo merecen» (la cursiva es del au-
Esto resulta muy comprensible en el ejemplo de las tiradas de la moneda. Si tira- . ·
objetivamente el resarc1m1ento d_e los casos enerbio
que no
«objetivamente» cuan d o se está ha-
mos una vez la moneda, la probabilidad de que salga cara es de un medio. Lo mismo en tor). Dejando a un lado el extrano uso del adv es que este cálculo de segundo
la segunda tirada. Pero si queremos saber la probabilidad de que salga cara en las dos ti- blando de probabilidades subjetivas, el problema mayoqrue habría que saber de qué ma-
radas, tenemos que ver todas las posibles combinaciones de resultados de las dos tira- .
nivel deberá realizarlo · Juzg
el prop10 · ador.' de manera difícil de por s1- , cuan d o éstas
das, que serían cara-cruz, cruz-cara, cruz-cruz y cara-cara. Es decir, sólo en un caso de nera se atribuyen las prob ab 1T1d ªd es previas
. d-cosa ya
las ropias creencias.
los cuatro posibles se daría el resultado de que salga cara en las dos tiradas. Por tanto, versan entre otras cosas sobre la corrección e L PJ (l977: 74-81) presenta la parado-
la probabilidad es de un cuarto, esto es, 0,25.
d 94 Para dar cuenta de este problema, C~HEN,
ja del intruso ya discutida en páginas anteriores. 0 m
N ·.sistiré aquí sobre ello.
i' 1
1

1
118 JORDI FERRER BEL1RÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 119

rresponde con el modo en que funciona la prueba en el derecho ., . . lta admisible en el proceso penal atribuir
(EGGLESTON, 1978: 40-43). Sólo la ausencia total de elementos de negac10~. ~i~:db;:i11::s~ la hipótesis de la culpabilida?,antes. del
juicio produciría insuficiencia de la prueba (ola rara situación en que un~ p~o a l eba? . Es esto compatible con la presunc1on mo- ?:
los elementos de juicio favorables y contrarios a la hipótesis se com- anall_s1s de la pru 2Óoi· 100-106). A primera vista una solu~10n p~-
pensen absolutamente para dar una probabilidad final de 0,5). ~~:~:; ~~~::la hipótesis de 1~ culi::~~~~~~:t:J:~ab;:~t::gi::~
El origen del problema está en el hecho de que el modelo de la cial cero, pe~o }ª f~tal consecue:~:~:e:ios de juicio, sería también ne-
probabilidad subjetiva bayesiana mide únicamente la probabilidad final de la h1potes1s, dados los . · 'n del método bayesia-
. r cuanto en la ap1icac10
de que una proposición sea verdadera (el grado de creencia en que cesanamente c~ro: po b bilidad condicionada inversa
lo sea) sobre la base de un determinado conjunto de elementos de no debe multiplicarse la pr? .ª. al uiernúmeromul-
-P(E/H)-por la probabilidad 1mcrnl de H, Y cu q . _
juicio, pero no tiene en cuenta el peso de ese conjunto [o la riqueza . t ro Pero por otra parte, 1a as1g
del conjunto, si se prefiere 95 (POPPER, 1935: apéndice IX, 378-379)]. tiplicado por cero da, obvrnmen .e.' ce · ~ue cero a la hipótesis
El peso de los elementos de juicio sobre los que basamos la infe- nación de una probabilidad positiva, mayor 1 ruebas parece ma-
de la culpabilidad antes de tomar en cuenta as p . .
rencia probatoria que va de éstos a la hipótesis mide la validez de .
esa inferencia 96 y resulta imprescindible para dar cuenta del modo nifiestamente incompatible con 1ª pre sunción de mocencrn.
resentó ante la Corte Su-
de funcionamiento del razonamiento probatorio. Por ello, resulta ne- Un buen ejemplo de este p~ob1emalt~~ en los Estados Unidos.
cesario rechazar la aplicabilidad a este contexto del principio de prema del Estado de C_onne,cticut en . ' or la violación de una
complementariedad para la negación, de modo que sea posible ob- En State v. Skipper se Juzgo al Sr. Skipper p como consecuencia de
tener un resultado de falta de prueba tanto para una hipótesis como chica. La víctima había queda?º embara~:da bas de ADN de la
para su negación. El principio de complementariedad supone que «la la relación sexual no consentida. Ext~ai as pru~ , aplicando el te-
probabilidad de p y la probabilidad de no-p deben sumar 1, pero si , . l d d 1 feto un pento detenrnno,
victima, de acusa o Y . e ' robabilidad inicial de 0,5 para
la prueba es insuficiente para cualquiera de ellas, ni una aserción ni orema de BAYES, Y part1~ndo de una P . or tanto de su cul-
su negación pueden estar garantizados en ningún grado» (HAACK, la hipótesis de la patem1?~d del Sr. S~íiue:r~~Ípadre del feto dada
2003: 75. Véase también LAUDAN, 2006: 93). pabilidad), que la probab1hdad de qued n relato del caso y el
3) El problema de las probabilidades a priori o iniciales y la la, prueba de ADN .e~a de 0,9997 (pue ~;;t1e ~. Pues bien, la Corte
6
presunción de inocencia en el proceso penal. En el cálculo matemático calculo de probab1hdades en STEIN' 2 ·ón de inocencia del
, 'l" . . patible con la presunc1 ,
de probabilidades, como ya he señalado anteriormente, la probabi- declaro este ana 1s1s mcom .. d d . .cial positiva a la hipote-
lidad inicial de una hipótesis, antes de tomar en cuenta ningún ele- Sr. Skipper por atribuir una probabih ª im
mento de juicio, debe ser 0,5 para ser neutral entre la hipótesis y su sis de la culpabilidad:
d la resunción de inocencia re-
95
Si asumimos qu~ ~l es!á?~ar d: la ¿ulpabilidad sea cero, _enton-
COHEN, L. J. (1986: 639), lo denomina también «grado de completud probatoria» quiere que la probabilidad micia~ d caso penal será s1emp~e
del conjunto de elementos de juicio disponible. Así, la incorporación al conjunto de un ces la probabilidad de la patem1da e~ u~ que el índice de patem1-
elemento de juicio favorable a la hipótesis H y de uno desfavorable podría tener un re-
sultado inocuo desde el punto de vista de la probabilidad de H si los dos elementos se
1,
cero porqu~ e.1 eorem
a de Bayes reqmer al
bilidad inicial positiva,para tener -
dad se multiplique por una proba 1, a de Bayes solo puede fun-
\l
compensaran absolutamente. En cambio, esa incorporación no es inútil desde el punto
de vista del peso: la inferencia probatoria que va de los elementos de juicio a la hipóte- guna utilidad. En otras palabras, ~l eor:ción de inocencia 97.
sis H estaría mejor fundada, aunque la probabilidad de H no habría variado. cionar si no tomamos en cuenta ª pres
96
Y sobre esta base se puede construir, como se verá más adelante, una concepción
de la probabilidad baconiana que no admite el cálculo matemático pero mide justamen-
ll07 [Conn., 1994].
te esa posibilidad de inferir H a partir de E. 91 State v. Skipper, 637 A.2d 11 01 , en
,, .
120 JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 121

~cas..o_cµanütativas a la§J.lipótesj32- probar...,,a la fiabilidad de


~arece,
' · · éste un problema imposible de salvar para 1a con
b'pues, un testigo, a la posibilidad de que un documento contenga datos fal-
cepc10n su ~et1v1sta bayesiana de la probabilidad 98. -
sos, et~étera. Esto explica (parcialmente) la razonable y tradicional
resistencia de los operadores jurídicos al uso del cálculo de proba-
1
2.2.2.3. La probabilidad lógica o inductiva de la hipótesis bilidades.
como modelo de razonamiento probatorio Por otro lado, la probabilidad inductiva carnapiana se basa en una
noción de inducción ampliativa, que valora fundamentalmente la
El programa de investigación de CARNAP, que tiene como claros multiplicidad de observaciones de la ocurrencia de un determinado
precursores a KEYNES y JEFFREYS y como continuadores . tipo de eventos, o de la ocurrencia de instancias de una cierta gene-
plo, a HINTIKKA y NIINILUOTO, es seguramente el más co~~~:;t:· ralización, como elementos de confirmación de la generalización. No
ponente de la concepción lógica de la probabilidad 99 Podr'1 d . - insistiré aquí en los problemas que desde HUME a HEMPEL o POPPER
. se que este programa de investigación tiene dos presup~estos :ásftr· han sido señalados respecto de este tipo de estrategia inductiva.
ª,s~ber: a) que la relaci~n. de confirmación inductiva es una relaci~~
En este punto, quisiera en cambio presentar las bases de una no-
l~g,1c~ entre dos propos1c10nes 100 y b) que la confirmación es b-
ción de probabilidad lógica o inductiva que dmite el cálcu ma-
b1hst1c~ 1 su graduación métrica se ajusta al cálculo matemáii:~ ;
temático y de un método de inducción eliminativo que considero que
probabilidades
'lf . · Sin emb argo, para 1os propos1tos
, . de este trabajo estee
puede ser el esquema de razonamiento adecuado para la valoración
~a 1mo es un 1mpo~a~te inconveniente, dado que produce que bue-
de la prueba en el proceso judicial. Para ello, seguiré fundamentalmente
parte de las º?Jec10nes y problemas presentados hasta el mo-
men~o ~, en. :special, los derivados de la aplicación de la regla de la la obra de L. J. CoHEN (1977 y 1989).
n_iu~tdhcacwn para!~ conjunción y del principio de complementa- Se podría decir que el desarrollo de las teorías de la inducción y
ne a para la negac1on, le sean también de aplicación 101. las de la probabilidad han corrido más o menos paralelas durante cua-
tro siglos. O, si se prefiere, que las teorías de la inducción han ne-
cas A todo ello, a~em_á~, hay que añadir un problema básico en el
cesitado desde el inicio de esquemas de análisis probabilístico para
pro~a~~/~ ~ueb~Ju?icial. -~alvo si se pretende la aplicacióndeia"' juzgar el grado en que una serie de premisas (u observaciones) jus-
1 a esta istlca (y ya hemos visto los problemas que ello con-
tifica una conclusión. L. J. COHEN (1977: 1-32; 1989: 1-46) sostie-
lleva), resulta totalmente arbitraria la asignación de probabilidades
ne que los defensores de la inducción eliminativa, desde BACON (en
los inicios del siglo xvn) en adelante, recurrieron al vocabulario de
98 Algunos autores (como MARTIN 1986· 711) h . que, a diferencia del la probabilidad, pero nunca sostuvieron que ésa fuera cuantificable
proceso civil, en el receso ' : . an sostemdo
inicial sea inferior a1a de unf!;~~!: pres.un~ión de mocencia exige que la probabilidad Ycalculable matemáticamente. Por otra parte, la probabilidad mate-
el problema permanece· asi nar ª panta;1~ sobre la hipótesis de la culpabilidad. Pero mática se desarrolló fundamentalmente a partir del estudio de los jue-
bién atribuirle una probabilfdad;:ª rob~I~Idad º·~ala hipótesis, por ejemplo, es tam- gos de azar y fue aplicada por primera vez a otros tipos de casos por
99 Puede verse una extensa b s1 iva. c,por que 0,4 y no 0,3 o 0,2 o 0,49?
AfsA MoREU, 1997: 43_ y uena presentación de su evolución y sus problemas en parte de PASCAL. No fue hasta la obra de BERNOULLI a inicios del si-
100 •
234 , glo XVIII que se planteó la posibilidad de aplicar el cálculo de pro-
dos cuyaEstoverdad
tiene no
la extraña
dependeconsecuencia
d 1 d d. e que 1as ley~s de la ciencia serían enuncia- babilidades a la valoración de hipótesis científicas y, por tanto, a los
y, por tanto, a priori. e mun ° smo del lenguaJe; serían afirmaciones lógicas
problemas de la inducción. Pero, esto es importante, se pensó siem-
b'é n los problemas de la dete · ·ó
agravanteamdeIque
101 11
si la relación d fi rmm_aci n de las probabilidades a priori, con la pre en la inducción enumerativa o\filllpliati~ que tiene esquem~s
de información empírica entonce c~n irm~Ió?_es una relación lógica, no dependiente más·similares a la estadística. El primero en combinar las dos trad~-
terminarse sobre la base de info:ac~~Jro ª?~hdades a priori no pueden tampoco de- ciones fue J. S. MILL, en la segunda edición de A System of Log1c
empmca. Y entonces, ¿cómo se determinan?
122 JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 123
. . , n sino la fiabilidad de la inferencia que
(1846), aplicando la matemática de PASCAL a la inducción elimina-
tiva proveniente de BACON. El extraordinario desarrollo de las teo- ~~~~x~~~~a,en contextos do~d~ ~º J!_puede SE~l1.:_
va e una prop . p ello el extremo imcial de la escala (re-
rías de la probabilidad en estos dos últimos siglos habría ofuscado,
a partir de ahí, la existencia de una noción no matemática de proba-
bilidad, que COHEN denomina baconiana or o osición a la mate-
...,..-:1 lo'gica deductiva. or
~ ª 10
presentado por el ~i~e . en :o~:
, , .
1 obabilidad matematica) no m ica
· d'
falta de elementos de juicio rele-
la falsedad de la hipote~i;, s . La fiabilidad de la inferencia au-
oyen esa m1erencrn.
ili_ática, denominada pascaliana en atención a su precursor. an es
así que POPPER siempre rechazó la aplicabilidad del vocabulario de vantes ~ue ap d' da que la hipótesis vaya superando controles proba-
mentara a me i eración de cada uno de ellos
la probabilidad al método de la corroboración de hipótesis, en línea
torios dis~ñados ~:it~!:i1: 1{:n:J así, el punto de partida en el
con la tradición de no combinar probabilidades matemáticas con
métodos de inducción eliminativa, pero en su rechazo asumió como
única noción de probabilidad la matemática pascaliana 102 •
~~::~¿ :r1:ació~ d~l so~orte ind:c~~~i~ee~::!~~f:~e:~e~
de tomar en cuenta nmgun ~l,emento e ~en tener simultáneamente
Con estos antecedentes, la labor de L. J. COHEN es recuperar la yuna hipótesis H Ysu n~gacwn (-.H~ puell s información relevante.
noción de probabilidad~aconi!!~~ que no admite el cálculo mate- una probabilidad cero si no hay so re ~ ~ dos por el principio de
mático, para dar cuenta el uso del vocabulario de la probabilidad De este modo se evitan los pr<:_blemas p an e:rtado anterior: una mí-
en algunos contextos en que la probabilidad pascaliana y sus axio- complementariedad que h~ senalado;n el apd las hipótesis en con-
mas no encajan adecuadamente. Es el caso, por ejemplo, del razo- nima aportación prob~t~na a favor e una 1: balanza de la prueba
namiento probatorio jurídico (COHEN, L. J., 1977: 245-281). flicto en un proceso civil no hace decantar t' , deba conside-
d la hipótesis en cues 10n
en su favor; no pro uce que . d eba Seguiremos es-
Ahora bien, el hecho de que la probabilidad inductiva de tipo ba- 1
rarse probada por l.ª, prep?nde~~crn_ e ª prurueb~, en la que el ni-
coniano no admita el cálculo matemático no implica que no se pue-
da graduar y comparar el nivel de soporte inductivo con que cuenta
tando en una situac10n de msuficiencrn de,ia i"amente por encima
vel de soporte inductivo se habrá movido so o idger .gnación de pro~
cada hipótesis. El grado de corroboración o de soporte inductivo de t an los problemas e asi
de cero. Tampoco se P1an e .. d d inicial es siempre cero
las distintas hipótesis en conflicto eede c,ompararse..i lo que permi- habilidades a priori, puesto que la prob~~ih fVstoevita los proble-
te hacer una ordenación de las hipótesis, pero no se puede cuantifi- (cosa imposible en el cálculo m_atematic~~bilí:tico y la presunción
~é,ri~~P.1~~ la probabilidad de cada una de ellas (cosa bas- mas de encaje entre el razonamiento pro
tante intuitiva para un jurista). de inocencia en el proceso penal. .
Tampoco se aplican en este esquema los principios de comple- ., l njunción por su parte, tie-
La regla de la multiplicac10n para ª co . ·ó~ de probabilida-
mentariedad para la negación y de la multiplicación para la conjun- ne perfecto sentido cua°:do se trata de l~conJ~nc~teriormente, pro-
ción. Lo que s~retende medir no es una frecuencia relativa ni tam- des aleatorias. En camb10, como ya se ª vtisdoe medir la conjunción
poco la fortaleza de nuestras creegsiJ!s_s_ubj~~Yl!S e_I_!.Ja v~~d o duce algunos pro blemas sen·os cuando
.
se tra a
. d dos hipótesis. La razon
,
de la probabilidad como apoyo mducti_vo e dos de apoyo inducti-
102
Afirma POPPER (1935: apéndice IX, 367) contundentemente que «quizás sea opor- parece ser bastante simple:_los resp~ctivo_s,gr~e valores métricos, de
tuno decir aquí que considero la doctrina de que el grado de corroboración -o de acep- vo de dos hipótesis no admiten la ~sigtcion asar al grado de apo-
tabilidad- no puede ser una probabilidad, como uno de los hallazgos más interesantes modo que tampoco admiten un calcu O para p ·
de la filosofía del conocimiento». En cambio, creo que vale la pena precisar que POPPER
está pensando en el cálculo de probabilidades de carácter subjetivo: «Con el nombre de . ue la probabilidad baconiana
"el problema del grado de corroboración" quiero decir el que consiste en [... ] ii) hacer IOJ COHEN L J 1989b: 147. Se podría dectr, ~uóes,lq eso de la prueba (COHEN., L.
ver que esta medida no puede ser una probabilidad: o, con mayor precisión, que no sa- .
constituye · ''. para 1o que KEYNES denomm e P
una' métnca
tisface las leyes formales del cálculo de probabilidades» (POPPER, 1935: apéndice IX, 362). J., 1985: 276-278; idem, 1986: 644-645).
------ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 125
124 JORDI FERRER BELTRÁN
. mintiera por su enemistad con Juan.?~ mis-
yo conjunto de las dos hipótesis (COHEN, L. J., 1970: 266; 1977: 266- dirse, por eJemplo, o que b mo por eJ· emplo una pericia so-
l· 'an otras prue as co .. b.
267). Así, el apoyo inductivo de la conjunción de dos hipótesis A y mo pape JU~an . 1 d 1 testigo o sobre las condiciones de visi i-
B será igual al apoyo de la hipótesis que de las dos tenga un menor bre la capacidad visua e h 1 mismo momento del día en que
apoyo inductivo 104• También en este caso, una regla para la conjun- lidad en el lug~ de los _h~c os e~t:reoló icas análogas, etc. Una vez
ción de este tipo evita las dificultades que planteaba el cálculo ma- sucedi~ron y baJo condicio~e~ ~ vio a J~an disparar a Pedro»), ésta
temático de probabilidades en ejemplos como el del delito de esta- determmada ~a prueba dedº I ,1 Pedro») con mayor o menor gra-
fa o el de la responsabilidad extracontractual por daños. Si deben probarse pennite inferi_r _H («Juanf is~?1"ºd: las otras pruebas sobre H dispo-
en el proceso dos hechos independientes, el engaño y el menoscabo do de probabilidad, en unc10n
patrimonial, la probabilidad de que se hayan dado los dos conjunta- nibles. . lica
mente es igual a la probabilidad de aquel de ellos que haya alcanza- 1 robabilidad inductiva se ap
De este modo, como se ve, a p d . . io o prueba de forma in-
do una menor corroboración. también para valorar cada elemento e J~ic 1 erito de un doc~-
Finalmente, el grado de soporte inductivo no se puede obtener dividual, mi?iendo la fiabili~~d ?e~_te.~~~~d~~a~rueb~, que resulta
por inducción enumerativa. La repetición de un experimento o la rei- mento, etc. Esta es la ~alora~ion m ivi . zar unavaforación con-
teración de una prueba no aumentan el grado de soporte inductivo . · dºbl a posteriormente rea1i - ., T
1mprescm i e par b . dº "dual (la declarac10n de 1,
de una hipótesis. La repetición del experimento tiene sólo efectos de iunta. Una vez valorada la prue a if~ ivi veracidad (esto es, que
..- · hº 't · que a irma su
control sobre la validez del experimento. Y si tres testigos declaran por ejemplo), si 1a ipo esis "d a probada entonces po-
. h ber visto) se consi er '
haber visto a Juan disparar a Pedro, la reiteración de testigos no apor- T1 vio lo que d_ice a . . e ella tomándola como cierta.
ta mayor apoyo a la hipótesis de que Juan disparó a Pedro, sino que drán hacerse inferencias a partir d . nto probatorio, que se
dan mayor valor probatorio (mayor fiabilidad) a la decl.aración del Esto supone que a cada paso del razonami: como ciertas las hipó-
primero (o, si se prefiere, al enunciado que dice que Juan fue visto produce normalmente en cadena, se as;n:i:s anteriormente. Ésta es
disparando a Pedro). El esquema funcionaría así: el primer testigo tesis que han sido aceptadas como pro ª probabilidad pascalia-
1
declara haber visto a Juan disparar a Pedro. En el proceso necesita- una diferencia importante, d~ _nuevi~::t7ta~iva a las hipótesis indi-
mos inferir H («Juan ha disparado a Pedro») a partir de H 1 («T 1 vio na, que atribuye una probabihda? lo de robabilidades de las in-
a Juan disparar a Pedro»). Esa inferencia depende, entre otras cosas, viduales y oper~ con ella en el calc~ : [ _ ), siendo así el.valor
977 8 71
de la fiabilidad de Hl' que es en sí misma una hipótesis que sería fal- ferencias posteriores \~OHEN, L. J ·•. . tos pasos del razonamiento.
sa si el testigo mintiera porque tiene una enemistad grave con Juan de probabilidad transitivo en los dist~n t no se puede hacer por
Td d · ductiva es o
o si tuviese problemas de mala visión o las circunstancias de visibi- En cambio, en la probabi i a m . . d 'lo ordinal y no admite
lidad del momento hicieran que su percepción fuera errónea, etc. En razones evidentes: si esta probabihda es s?ble combinar algebrai-
este esquema, las declaraciones de los testigos T 2 y T 3 que afirman el cálculo matemático, entonces no e(~pos~ L J 1977: 267-269;
que ellos también vieron a Juan disparar a Pedro sirven como apo- camente las distintas probabilidades OHE ' · .,
yo inductivo a la hipótesis H 1, debilitando hipótesis alternativas, SCHUM, 1986: 857). . b rdar ya
como q_ue una mala percepción del primer testigo le hiciera confun- . ando es necesarto a o
En este punto, para segmr avanz b ~ o contrastar una hipóte-
el problema de cómo se puede c~rro or yo inductivo para una hi-
sis o bajo qué condiciones se obtiene apo
104
s(A/E);::: s(B/E), ~ s(A y B/E) = s(B/E), que se lee: si el soporte inductivo de A
dado el conjunto de elementos de juicio E es igual o superior al soporte inductivo de pótesis.
B dado el conjunto de elementos de juicio E, entonces el soporte inductivo de A y B dado
ese mismo conjunto de elementos de juicio es igual al grado de soporte inductivo de B
dado E.
126 JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 127

2.2.2.3.1. La metodología de la corroboración de hipótesis cian otras pesquisas que tienen por finalidad eliminar algunas de esas
primeras hipótesis a los efectos de centrar la investigación en otras,
David ScHUM presentó hace ya algo más de veinte - etcétera. Sólo más tarde se iniciará, en su caso, un proceso penal (y
quen:ia de lo que él denominó los momentos de substa a~os _un es- antes aún una instrucción judicial) en el que se reproducirá el esquema
tancia en el proceso probatorio que guarda . ncz~l zmpor- de este primer acto.
clasificación de momentos probatorios sost~:terto parecido ~on la
esquema de SCHUM (1986: 831) qu f 1 da en este trabaJo. El El acto II corresponde al momento de la valoración de la prue-
matización teatral del proceso, e~ el :i~~f:n;etsquema de una dra- ba. Como espero poder mostrar claramente, se trata de la valoración
de los resultados obtenidos durante la fase de descubrimiento, es de-
cir, durante la práctica de la prueba. Esos resultados se traducirán fi-
Tiempo~ nalmente en un determinado grado de corroboración de las hipóte-
sis en conflicto o en su falsación. Ahora bien, en este momento el
Acto/ juez de los hechos (togado o jurado) no opera análogamente al cien-
Descubrimiento tífico que valora los resultados de su propia investigación sino en la
Escena/ Escena 11 Escena 111 Acto JI Acto 111 posición análoga a la comunidad científica que evalúa el grado de
corroboración de una hipótesis a la luz de las demás hipótesis riva-
Generación Eliminación Estructuración Prueba Deliberación
de hipótesis
les tomadas en consideración, los datos disponibles, los experimen-
de hipótesis dela y decisión
argumentación
tos realizados, etcétera. Y para realizar esa valoración, deberá revi-
sar todos los pasos de la investigación, esto es, los pasos experimentales
practicados (las pruebas) y las inferencias realizadas a partir de ellos.
Id Met centraré
d .por .el m omento en 1os dos primeros. actos 105 El acto
e es a ramatización corre d . · Un famoso ejemplo de HEMPEL puede ser aquí de ayuda. HEM-
he llamado de confo . , spon e ~n gran medida al momento que
PEL (1966: 16-20) relata la investigación del médico Ignaz SEMMEL-
el proceso judicial Nrma~10n del co?J.unto de ~lementos de juicio en
WEIS sobre las causas de la denominada fiebre puerperal que aque-
primer acto tiene ~naºr° stante, es util a~vertir que, en realidad, este
jaba, a menudo con resultado de muerte, a un alto porcentaje de mujeres
momento de la invesf ase_ ?reprocesal s1 se pretende dar cuenta del
. . ., 1gac10n sobre los hechos. Así es por e3·emplo de la Primera división de Maternidad del Hospital General de Viena
en 1.a ,mvest1gac10n que desemb acara, (o no) en el proceso ' penal· la, entre los años 1844 y 1848. Los datos de partida de esta investiga-
P olicia se persona en el e . d . . ción son los siguientes: en 1844 murieron por efecto de esta enfer-
meros datos de lo sucediJ~enano . e un cnm_en y recoge unos pri- medad un 8,2 por 100 de las mujeres de la Primera división de Ma-
gunas hipótesis prer . ' ªe p~rt,rr de los que puede formular al- ternidad; en 1845, un 6,8 por 100 de ellas; y en 1846 un 11,4 por
immares qmzas muchas); a partir de ahí se ini-
100. Durante los mismos años, en cambio, los índices de mortalidad
ws El tercero corresponde al moment d I d . . de mujeres en la Segunda división de Maternidad del mismo hospi-
(1986: 837) destaca de este acto la ? ~ ~ ec1S1ón sobre los hechos probados. ScHUM
Esta es, no obstante una caracte , t"
ªf
tJna cerrada», apelando a la idea d;~:t~/~ dad de que se pr~duce «detrás de una cor-
e_ box cuyo contemdo no podemos conocer.
tal, adyacente a la primera, fueron del 2,3, 2,0 y 2,7 por 100, res-
pectivamente. SEMMELWEIS dedicó sus esfuerzos a averiguar las cau-
mente del common iaw) Cla ns ic~ con!mgente de determinados sistemas (especial- sas de tan llamativa diferencia entre las dos divisiones de maternidad
º6 · ro que s1 se piensa en - · . .
s1 n, éstas~ produce siempre en la black b una vers1 6_n ps1colo~1sta de la dec1- para de este modo intentar reducir la mortalidad de la primera divi-
cosas cambian si se abandona est .d ª-:de la mente del Juez o del Jurado. Pero las
sión. Para ello, formuló distintas hipótesis que pudieran explicar. los
Ymás aún si se incorporan al sis/ 1 ea p_ropia_ de la con~epción persuasiva de la prueba
que hagan transparentes las razonema ex~ge~cias de motivación explícita de la decisión datos disponibles. Una hipótesis ampliamente aceptada en el momento
da sobre los hechos. En todo es 6ue JUStlfi~arían (según el juez) la decisión adopta- fue que la fiebre era causada por «influencias epidémicas» que se
caso, ª ordaré mas adelante estos problemas.
129
128 JORDI FERRER BELTRÁN
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA

extendían por distritos enteros y que producían la fiebre puerperal mismo y su equipo solían visitar a la~ parturientas después de re~-
en mujeres que acababan de dar a luz. Pero esta hipótesis no es ca- lizar disecciones en la sala de autopsias. Eso no ocurria. en camb10
paz de dar cuenta del hecho de que dos divisiones adyacentes de ma- la Segunda división de Maternidad, donde las pacientes eran
ternidad fueran afectadas de modo tan distinto y recurrente por la :~endidas por comadronas. Si la hipótesis era correcta, una buena
epidemia. desinfección del instrumental y del personal_ an~es d~_atender a las
pacientes debería tener como resultado la d1smmuc10n ~e la 1:1or-
Una comisión especialmente designada para investigar el caso t l'd d SEMMELWEIS ordenó que todo el personal procediera s1em-
dictaminó que los reconocimientos obstétricos poco cuidadosos re- p:; aª d~sinfectarse con s~l dorada antes atender a l~s parter_a~ ~ !ª
alizados por estudiantes en prácticas que trabajaban únicamente en mortalidad descendió hasta el 1,27 por 100 en la primera Div1S1on
esa división eran los causantes de la alta mortalidad. Si esta hipóte- de Maternidad durante 1848.
sis sobre lo ocurrido es verdadera, es posible predecir que si se de-
jan de hacer esos reconocimientos poco cuidadosos, la mortalidad ¿Cuál es la estructura del_ra!on~miento re~lizado ~º:
SE_MME~~
bajará. Así se hizo, impidiendo la participación de los estudiantes, \VEIS? ¿Cómo contrastó sus h1potes1s? ¿Por que esas h1potes1s y
pero la fiebre puerperal no sólo no bajo su incidencia sino que in- otras?
cluso aumentó, por lo que SEMMELWEIS consideró refutada la hipó- Empecemos por la última pregunta. La formulació_n de hipótes~s
tesis. Más tarde se formuló la hipótesis de que podría tratarse de una no está gobernada por las lógicas deductiva ni inductiva. La ~r,an~-
enfermedad de origen psicológico: cada vez que un sacerdote tenía ción que va de los primeros datos observados a la ,fo~ulac10n, e
que atender a una paciente moribunda, éste debía cruzar la Primera una o diversas hipótesis sobre lo ocurrido se s~t~a mas bien en elª;{;,~
división, siempre precedido de un monaguillo que hacía sonar una bito de la imaginación, la invención o la creat~ (HEMPE~, 1~ ·
campanilla fúnebre. Esto, por la disposición de las salas del hospi-
tal, no ocurría en la Segunda división, y se pensó que el paso del sa- 33.' SALMON' 1967.· 11-114).SÓ~osos los ejemplosr1ddedes teona~ cien-
y este es
tíficas cuya primera hipótesis se debe a puras casua ª d
cerdote hasta la enfermería de esta forma un tanto tenebrosa podría el caso también del ejemplo de la fiebre puerperal relata o: 1ª ca-
debilitar tanto el ánimo de las parturientas que les hiciera propicias sualidad de que un médico se cortara con un escalpelo ~o~ el ~u; r~~
a la enfermedad. Pero si esta hipótesis era correcta, entonces se po- alizaba una autopsia hizo concebir a SEMMELWEIS la hipotesis eb
día concluir que si el sacerdote dejaba de cruzar la Primera división · cadavérica» Es claro, no O s-
infección por contacto con «maten a · . , d hipótesis
cuando acudía a atender a las mujeres moribundas, bajaría la mor- tante que esta tesis sobre el carácter de la generac~on e
talidad de esta división. Durante un tiempo el sacerdote dio un ro- , d , f rmularse siempre una pre-
debe ser matizado. Por un lado, po na O . d tos sobre los
deo para llegar a la enfermería sin cruzar la división y la mortalidad
gunta previa·. ¿por qué se. seleccionan
, .
esos primeros ª ' , ·
otros? O en otros termmos,
no descendió.
que se formularán las h~potesis, Y no , · do~e en al una hipóte-
Finalmente, la casualidad llevó a SEMMELWEIS a formular una ¿esos datos no se selecc10nan a su vez basan t clar~mente afir-
. . d , , básico? La respues a es
nueva hipótesis que resultaría correcta. Un médico del mismo hos- sis previa e caracter ma~, · está mediatizada por la ex-
pital se hizo una herida en un dedo con un escalpelo de un estudiante mativa: nuestra observac10n del mund_o . t anteriores el saber
con el que estaba realizando una autopsia. El médico murió después periencia previa, por nuestros conoc1~1en f.s 'a uiere d~terminar
de padecer una agonía con los mismos síntomas de la fiebre puer- científico del mome~to, etc. Por eso, si ª
la autoría de un asesmato, recoge datos c~
!~ :~el~s dactilares, tes-
h y averigua quién se
peral. Eso llevó a SEMMELWEIS a la hipótesis de que la fiebre puer-
peral que sufrían en gran número las mujeres de la Primera división tigos, grabaciones de cámaras cercan~s, s~ as
1
~i os etc Todo ello
de Maternidad del hospital era debida a la infección producida por beneficia de la herencia del difunto, si tema enedatgos p' ueden ser úti-
.
porque su experiencia. previa· le 1·ndica que esos
el contacto con instrumentos utilizados en autopsias, dado que él
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 131
130 JORDI FERRER BELTRÁN

les para la formulación de hipótesis sobre la autoría del asesinato 106. ca». Dado el conocimiento previo existente, pudo inferir que si la hi-
Por.otro. lado, no cualquier hipótesis merece ser tomada en serio por pótesis era correcta y el p~r~onal sanitario se desin!ec~aba con sal d~-
la ciencia y tampoco por el derecho. En la ciencia se exigen tres re- rada entonces se producma un descenso en los mdices de mortali-
quisitos fundamentales para la formulación de hipótesis: 1) debe es- dad ~ost-parto. Ésta es una cons~cuencia e~pírica c~ntrast~ble de la
tar bien formada, esto es, ser lógicamente consistente y significati- hipótesis que, en caso de produc!fse, aportana apoyo ~nductivo (o co-
va (no vacía de contenido semántico); 2) debe estar fundada en rroboración contrastación como se prefiera) a la misma. La corro- 109
alguna medida en el conocimiento existente, y 3) debe ser empíri- boración de' una hipótesis ~upone, pues, la posibilidad de predec~r
camente contrastable (BUNGE, 1967: 200 y 237-242). El derecho im- algún evento o estado de cosas empíricamente conn:astable. Ahor~ bi~~,
IJOne, al m~, dos r,.~~.!tifci9.n_e..s"¡1di.cLQJJ._aj~: 4Uª..cQntrastabilidad la hipótesis por sí sola no permite en gen~ral der~~ar una prediccion
~ e ser sólo notencial sin2 inme.diata. un·a hipótesis''püeaeser que le aporte apoyo inductivo. Es necesario tambien suponer una se-
c?ntrastable en el sentido general de que es sensible a la experien- rie de conocimientos previos del~undo que se_denomman «SQQ!.l_~~:-
cia, pero no poder s~r contrastada en el momento en que se afinna, fos auxiliares» (S-A)-:-Eñel ejemplo que he venido presen~ando,. SEM-
por :ª.z?nes muy variad~~: necesidad de nuevos avances técnicos que MELWEIS supuso que la sal dorada eliminaría los agen~es mfecciosos,
posibihten la contrastac10n efectiva o por razones inherentes a la pro- lo que presupone un conocimiento acerca de las propie~ades de e~te
. h'ipotesis
pia ' · 107 , etc. El derecho, en cambio, exige que la contrasta- producto y de los efectos que produce sobre las ba~ter~as, etc. Solo
de este modo puede predecirse que si el personal sanitario se lava con

1
ción se produzca en un lapso temporal muy corto (normalmente, en 110
una fase del proceso) por razones de tipo práctico; y, por último, 5) sal dorada dejaran de producirse las infecciones • Finalm~nte, que
1~2?tesis deben tener como objajechos jurídicamente;:eJeyarg:~-1. el personal se lave con sal dorada constituye lo que .s~ denomma «~on-
es declf, hechos a los que el derecho vincule consecuencias jurídi- d~jciales» (CI), que son los hechos-cond1c10n~~~_P~.
cas o hechos que permitan fundar inferencias sobre la ocurrencia de fares que deben darse para que .s~ ocurra lo predicho.
otros hechos a los que el derecho atribuya consecuencias jurídicas ws. - Puede ;a advertirse que la estructura d;l ra-;;~~liento realiza-
Pues bien, formulada ya la h_p§tesis, ¿gg~_l)ac.~l]l~ ella? do es la siguiente:
SEMMELWEIS formuló finalmente la hipótesis de que la causa de la fie-
bre puerperal era una infección por contacto con «materia cadavéri- (1) H y SA y CI """? P

106 107 La noción de predicción aquí, contra un cierto uso ordina_rio del términ_o, no tie-
HEMPEL, 1966: 33 ss.; también POPPER, 1963: 73, quien afirma que «es muy cier-
to que cualquier hipótesis particular que elijamos habrá sido precedida por observacio- ne implicaciones temporales hacia el futuro, sino simplemente hacia lo ?esconocido. <~Un~
nes; por ejemplo, las observaciones que trata de explicar. Pero estas observaciones pre- genuina predicción es una proposición que, en el moment~ de enu~ciarse, no se sa e si
suponen a su vez la adopción de un marco de referencia. Un marco de expectativas, un es verdadera o falsa» (QUESADA, 1998: 256). Así, no hay mconvemente en _abs oluto en
· · · · d hecho pasado Para evitar 1a extra-
marco de teoría». reahzar pred1cc1ones respecto de la ocurrencia e un · . .
• · d' · H cK (2003· 74-75) d1stmgue entre
107
Un ejemplo resultará, espero, iluminador: a finales del siglo xvn el astrónomo Ed- neza que esto produce en el lenguaJe or mano, AA · ., " 'ó
. . . . . d b 'dad de corroborac10n o ,a 1sac1 n
mond HALLEY inició un estudio sobre la órbita de los cometas y sostuvo la hipótesis de «pred1cc1ón» y «postd1cc1ón», temen o am as capac1
que, al meno~ algunos de ellos, seguían órbitas elípticas. Bajo esta hipótesis, sostuvo que de una hipótesis. 0
· · ·
110 La cuestión es algo más compleja. Si los SA se apartan de ) s conoci~ieónto~ cien:
el cometa avistado en 1682 era el mismo que el que había pasado cerca de la tierra en 'd d · 1'fi d'fícJlmente lah1p tesis sera
15~1 Y en 1607. E~ !705 HALLEY publicó la predicción de que el mismo cometa apare- tíficos más generales asumidos porla comum a c1ent 1ca, 1 . . 1
cena a finales de d1c1embre de 1758 como elemento de corroboración de su teoría de las aceptada por ésta. De hecho, SEMMELWEIS no consiguió el recon~~l~rto ~ee sl~s;~d~:
órbitas elípticas de los cometas. La predicción de HALLEY es claramente contrastable, pero gas y acabó enloqueciendo. Su hipótesis chocaba ,con una asunc~ n r~a N O f has-
no lo era de forma inmediata. De hecho, cuando el cometa fue observado el 25 de di- cina de su época ,· e la teoría de los factores endogenos de la en e~e ª ·d ue .
' · ·• ]' 1 1smos e contagio
ciembre de 1758, el astrónomo que dio nombre al cometa había muerto 15 años antes. ta mucho después, cuando PASTEUR ~ue capaz de exp icar os ~ecan ón teórico en que
ws ?tra.~osa es que los problemas de interpretación del derecho puedan dificultarla a través de microbios que la hipótesis de SEMMELWEIS tuvo e annaz .
, . ' . d'd I Hospital General de Viena.
determmac10n de qué hechos son, en este sentido, jurídicamente relevantes. se podia insertar para explicar lo suce I o en e
1

132 JORDI FERRER BELTRÁN


"
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACJONAL SOBRE LA PRUEBA
.,_,J,; \, o-fd ~
133

donde H es la hipótesis a corroborar, SA los supuestos adicionales


~I las condicione_s iniciales y P la predicción. En nuestro ejemplo;
si la causa de la fiebre puerperal es la infección por «materia cada-
i
Es interesante observar que en el esqu~ma de razonamiento pre-
sentado, los supuesto_Ladi ionales_están integradospor gen~~al~'.?l:1--.
ciones effiRíricas 112 • Estas generalizaciones son la garantía de la in-
vérica» y la sal dorada es un eficaz desinfectante y el personal sa- ferencia que va de un hecho a otro y otorgarán mayor o menor fuerza
nitario se lava cuidadosamente con sal dorada antes de atender a las a la inferencia en función del grado de corroboración que las pro-
parturien~~s, entonces ~st~s no enfermarán de fiebre puerperal. La pias generalizaciones tengan (TARUFFO, 1992: 246-248; GASCÓN,
consta~a~10n ~el EE.~P..1.~~_1:~e!~-~f}~ m~dicciól!_~J;JOrt~_,_~~p_r.inclP.]i 1999: 180-181). Éstas pueden ser de muchos tipos e integran lo que
!!P-ºY:O.J~~µ_gJiy_Q_~J~_l.!~~~i.~. Sm embargo, la invers_~,.E.?~~- Si la los juristas suelen denominar «máximas de experiencia», que in~lu-
.PEe~i~~iQ!l!!Q.~~~!SE5?.P-1:Jile ~!;Í_l}_~gEC1~-C1~~~-lª.hü?.R!~~~: Como yen conocimientos técnicos, leyes científicas o sim~~es generaliza-
es facll advertir, lo umco que se puede derivar de (1) y ,Pes que-i(H ciones del sentido común 113 • El grado de corroboracion de las gene-
Y SA Y CI), es decir, que o bien la hipótesis o los supuestos adicio- ralizaciones utilizadas en el razonamiento probatorio puede ser, o no,
nale~ o ~~s condiciones iniciales son incorrectas. El hecho de que la objeto de discusión en el proceso. Por supuesto, puede darse por sen-
11
! i
predic~10n no se cumpla produce que la hipótesis no obtenga apoyo tado, aceptando simplemente como válida la generalizació~ 4, pero
inductivo, pero no otorga apoyo inductivo a la negación de la hipó- también es posible, por ejemplo, que alguna de la_s ~art~s impugne
tesis 111 • la condición de elemento de juicio favorable a la hipotesis de ~a p~-
te contraria de una predicción cumplida, sobre la ba~e. de la mvah-
Veamos esto en un ejemplo típico de la investigación penal. Si
dez de la generalización utilizada como supuesto adic10nal. En ese
la policía detiene a un hombre del que sospecha que es el autor de
caso, la generalización misma podrá ser objeto de prueb~,en el pr~-
la muerte a tiros, pocos minutos antes, del dueño de una joyería en
ceso, a los efectos de determinar su grado de corroboracion, consti-
la que han entrado a robar, puede hacer (y suele hacer) la siguiente
tuyendo lo que se ha denominado una «.12nieba sobre la prueba».
predicción: si el detenido es el autor del disparo (H) y dados los ras-
tros que un disparo deja sobre las manos de quien dispara, que pue- Pero volvamos al supuesto en que la predicción se cu~ple. ¿Cons-
den comprobarse mediante el procedimiento técnico x (SA), y dado tituye sin más un elemento de juicio que cor~obora (en cierto grado)
que el autor del disparo no portaba guantes en el momento de dis- la hipótesis? La respuesta es que no necesariamente. Puede suced~r
parar (CI), entonces se encontrarán rastros de pólvora sobre las ma- perfectamente que la misma predicción P pueda formularse a partir
nos del detenido (P). Por supuesto, ésta es una predicción constata-
ble, que la policía comprueba. Si la predicción no se cumple, puede
112 De las que habla, como ya se ha visto, ScHAUER (2003: 101-107). Un buen aná-
s~r falsa la hipótesis, o bien los supuestos adicionales (porque, por
lisis puede verse en ANDERSON-SCHUM-Tw!NING, 1991: 262-288. . .
eJemplo, el tipo de arma usada no deje esos rastros al ser disparada) 113 Por supuesto la garantía inferencia! que otorgan unos u otros tipos. de ?~ne~ah-
o las condiciones iniciales (porque, por ejemplo, el sujeto sí llevara . .' · · 1 t' e nos da una generahzac10n c1en-
zac1ones no es la misma. Es muy d1stmta a garan ia qu .,
guantes al momento de disparar). En la medida, en cambio, en que tífica sobre el ADN que una máxima de experiencia acerca de la relacwn entr: }ª vera-
cidad de lo declarado por un testigo y el movimiento de sus mano~ o la ex~resi?n de su
estemos ~eguros de la verdad de SA y CI, esto nos llevará a recha- · · á d toda fuerza mferencial s1 se basa
cara mientras declaraba. El razonamiento carecer e .
zar o _rev:sar la hi~ótesis analizada. Si se cumple la predicción, en · ·
en generahzac1ones extremadamente vagas o espuna
· s como estas últimas. Por eso para
. é
c~mbio, esta constituye un elemento de juicio a favor de la hipóte- · · b · d ¡ J. uez será necesano que ste ex-
Juzgar la corrección del razonamiento pro atono e , . .
sis, con las precisiones que presentaré enseguida. plicite los diversos pasos del mismo y, en particular, las generahzacwnes en las que est
fundado. , . d
114 Cosa nada extraña ni incorrecta en s1 mISma. No po emos, m
· en el proceso ni en
.
1
cualquier otro ámbito, poner en discusión todas las bas:s d~ nu~stro raz~namiento, por
L . lo que solemos aceptar como válidas algunas premisas sm discutir su fun amento en ese
111
?que supone, precisamente, el rechazo del principio de complementariedad para
la negación del que he hablado en páginas anteriores. momento.
135
134 JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA

de diversas hipótesis, en cuyo caso la constatación de que se cum- !


predicción constatable, se procede a su c??stataci~n su_cump~irniento
ple P no es un elemento de juicio para preferir alguna de ellas y, por atribuye un mayor nivel de corroborac10n a la hipotesis del impacto
tanto, no otorga a ninguna una probabilidad mayor que las otras. De de meteoritos.
hecho, es lo normal que puedan formularse distintas hipótesis sobre
los hechos que sean capaces de explicar los mismos datos. Un nue-
Lo mismo ocurre en la corroboración de hipótesis relevantes en
el proceso judicial. Supóngase que la p~licía se per~ona, en una casa
l
vo ejemplo puede ser de utilidad. alertada por la alarma antirrobo d~ la misma. ~n el Jardm de la casa
Hay acuerdo entre los paleontólogos acerca de que la extinción se encuentra a un sujeto y es detenido. Inspeccionada la casa se com-
de los dinosaurios se produjo por efecto de un importante calenta- prueba que han sido robadas unas valiosas Joya~ que estaban en.un
miento global de la corteza terrestre a finales del Cretáceo, hace unos baúl en la habitación conyugal de los propietanos de la c~sa. Si la
65 millones de años, dando término a la era Mesozoica. La cuestión hipótesis de que el detenido es el ladrón es correcta, y ha ~ido dete-
es por qué se produjo ese calentamiento. Se han formulado muchas nido estando aún en el jardín de la casa, se puede prede_cir que las
hipótesis al respecto, pero dos de ellas parecen tener los mayores ni- joyas estarán aún en su poder. Pues bien, s~ procede a registrar al ~u-
veles de contrastación: 1) el calentamiento fue debido a la intensa y jeto y en sus bolsillos se encuentran, efectivamente, parte de ~as JO-
simultánea erupción de un buen número de volcanes hacia finales yas. Parece ésta, claramente, una corroboración de ~a hi~ótesis. ~o
del Cretáceo y 2) fue el efecto del impacto de uno o más meteoritos obstante, el detenido sostiene una hipótesis alternativa: el es el J~-
sobre la tierra. En ambos casos, los efectos habrían sido más o me- dinero de esa casa ha oído la alarma y al acercarse a la entrada prm-
nos los mismos: la inyección hacia la atmósfera de cantidades ex- cipal ha encontrado las joyas tiradas en el suelo en el jard!n, P.ºr lo
traordinarias de polvo, aerosoles y gases, seguida por lluvias ácidas, que ha procedido a recogerlas para entre~arl_a,s a su propie~arrn en
habría provocado una cascada de efectos climáticos que la mayoría cuanto la vea. Ahora está claro que la prediccion de que las JOy~s ~e
de las especies no pudo resistir. Se produjo primero el oscureci- encontrarían en poder del detenido es compatible t~to con la hipo-
miento de la atmósfera, que inhibió la fotosíntesis e hizo disminuir tesis de la policía como con la hipótesis del detenido. Por eso, no
rápidamente la temperatura; a continuación, el vapor de agua y el aporta confirmación a ninguna de ellas respecto de la ot~a que per-
anhídrido carbónico provocaron un fuerte recalentamiento. Después mita preferir racionalmente una de las hipótesis en confhcto. Ahora
se habrían acidificado los océanos. También bajo las dos hipótesis bien si la hipótesis de que el detenido es el ladrón es correcta, Ydado
se puede llegar a predecir que en los estratos sedimentarios de aque- que ~uando se toca un objeto con los dedos se dejan sobre él las hue-
lla era se encontrarán abundantes partículas de cuarzo fracturado. Aun- llas dactilares, y dado que no portaba guantes ni se han enco~trado
que, como es el caso, la predicción resulte certera, su cumplimien- tirados en los alrededores, se puede predecir que se enco;1traran sus
to no otorga un mayor grado de corroboración a ninguna de las dos huellas en el interior de la casa y, en particular, en el baul en el que
, d. · , e de cum-
hipótesis frente a la otra, puesto que la predicción puede derivarse estaban las J. ayas originalmente. Esta es una pre icci?n qu ,
. , · nfhcto puesto que
de ambas 115 • Por ello, es necesario extraer alguna consecuencia en plirse, permite ya elegir una de las h ipotesis en co . 116 ,
forma de predicción de una de las dos hipótesis que no sea explica- resultáría incompatible con la hipótesis del detenido • J
[ ble por la otra. Pues bien, resulta que la hipótesis del impacto de uno
º, más meteoritos permite predecir una específica fractura de las par- 116 Éste claro está podría modificar su hipótesis inicial (corrigiendo o añadie~do c!r-\
ticu~as, de ~uarzo que sería muy sorprendente (i. e., inexplicable) bajo • ' . d' también amante de la prop1etana,
cunstancias) y explicar que, además de Jar mero, es d también por la habita-
la hipotesis de las erupciones volcánicas. Dado que se trata de una razón por la cual es fácil que sus huellas estén por to 1 casa Y
ªª , hecho que
., _ r , d b r, encontrar entonces, a1gun
c10n ~onyugal de los duenos. Layo tc~a e e ª del de{enido. Volveré más adelante
115
_Sí, en cambio, otorga un grado de corroboración mayor a estas hipótesis frente a permita de nuevo corroborar su h1pótes1s frente a 1a
otras nvales que no puedan predecir el hallazgo de las partículas de cuarzo fracturado. sobre este punto. )
137
136 JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA

Siendo así, la contrastación de una hipótesis exige, junto a lo es- ta de que el hecho que se predice a partir de la hipó~esis H (más los
tablecido por la fórmula (1), SA y CI correspondientes) sería muy sorprendente s1 H no fuera ver-
dadera (LAUDAN, 2006: 82). Y aquí hay que entende: «?1uy sor-
prendente» como inexplicable, dados los actuales conoc1m1entos ge-
(2) ,(H y SA y CI) ~ muy probablemente -,p nerales del mundo y los demás datos del caso.
que se lee: si no es el caso que (no son verdaderos) la hipótesis H y hipótesis acusatoria estaba suficientemente corroborada Y que, en consecuencia¡ las, co~-
los supuestos adicionales SA y las condiciones iniciales CI, enton- denas estaban justificadas. En 1995, en cambio, estando los dos condenados en a c~rce ,
ces muy probablemente no se dará P. se produjo de nuevo una serie de asaltos en la provincia de Ba:c~lon~, que corn~a~i~n la
forma de actuar con los de 1991. Durante un dispositivo de v1g1la_ncia, lapo iciad e uv,o
Siendo ésta claramente una fórmula probabilística, quisiera des- el 20 de junio de 1995 a A. G. C., un ciudadano español de ni:za gitana. El ac~~a ~rn~~
tacar al menos dos aspectos de ella 117 • En primer lugar, no podemos en SU vehículo algunas de las pertenencias robadas a las pareJaS, un _bate d~ beisr , y d
revólver de fogueo como los descritos por las víctimas de las agreswnesh. ~ ~o icia ~e:
tener nunca la certeza de que H sea verdadera, aunque disponga de virtió el extraordinario parecido físico entre A. G. C .. YAhm~d Tommou 1• ,ª ? que p r
un gran apoyo inductivo, porque siempre puede haber una hipótesis bilitaba la fiabilidad de las identificaciones de este úlumo reahzadas por las vi_cdumas.f
0
· l' e podrían haber s1 o con un-
H' que prediga lo mismo. Es posible que H' no haya sido tenida en otro lado, A. G. C. usaba a menudo expresiones en ca o, qu . mente en 1996
cuenta porque el estado actual del conocimiento no permita hácer didas con el árabe por personas desconocedoras de ambas lenguas. Fmal _ j rres
udo hacerse un análisis de ADN de los restos de semen hallados _en un pdanuedo e~ m-
esa predicción a partir de H' o, incluso, que H' no sea siquiera ima- P . . ¡ e habían sido con ena os 10 •
pondiente a una de las v10lac10nes de 1991 , por as qu d d h b uno de los
ginable en el momento de tomar la decisión. Debe advertirse que to- mouhi y Mounib El resultado fue que había rastros de semen e os om res, d
dos ellos son supuestos en que la decisión actual de considerar co- cuales era A. G.C. y el otro algún pariente cercano sin identificar. Con estods nue(vos a-
. . ¡ T 'b ¡ Supremo contra la con ena por esa
rroborada H (en el derecho: probada) será siempre una decisión tos, se interpuso recurso de rev1s1?n ante e n una T 'b ¡ supremo dictó sen-
violación) de Tommouhi y Moumb. El de mayo de 1997 • e1 .ª una reviamente
inferencialmente válida, por cuanto ésa es la decisión justificada so- tencia (STS 789/1997) revisando la condena anterior y absdolv1endo a lo_s dlaosepl F1'scal que
bre la base del actual conocimiento. Otra cosa es que posteriores in- .. . · que «suce e como sena ,
condenados. DIJO el Tnbunal en esa sentencia ' lt dos claros y de-
. , · 'd ¡ ar finalmente unos resu a
vestigaciones o avances del conocimiento general permitan conce- los adelantos c1ent1ficos han perm1t1 o a canz
.. . .
.
d l992 f ron insuficientes para avanzar e
n un sen-
bir otras hipótesis alternativas y hasta mostrar que alguna de ellas es c1s1vos allí donde los conoc1m1entos e ue N
tido o en otro, puesto que no lograron trazar perfil alguno de AD >~ na representación
capaz de obtener mayor corroboración que H 118 • En definitiva, se tra- ¿Cómo puede entenderse lo sucedido? Pues bien, c:eor.iue u.~ªf ~;on condenados no
podría ser la siguiente. En los juicios en que Tommouh~ Y . oumt uarec'ido al primero y
. · d · to extraordmanamen e P
se tuvo en cuenta la h1pótes1s e que un suJe J' , la coincidencia de las
117
Pueden verse los problemas relativos a la interpretación de (2) en DfEz-Mouu- un pariente pudieran ser los verdaderos autores, 10 que ~xp. icant ªAdemás el «doble» de
NES, 1997: 77-79. , . 'd 'fi . ¡ s ruedas de reconoc1m1en o. •
victimas en las 1 entl 1cac10nes en a . 1á b Esta hipótesis de la ino-
118
De nuevo un ejemplo puede ser útil: a finales de 1991 se produjo una serie de asal- Tommouhi hablaba caló, que ~odrí~ s_er ~onfundido ~~n :r ;~ ;;fensa, hubiera resultado
tos violentos a parejas en zonas despobladas de algunas poblaciones de las provincias
de Barcelona y Tarragona. Los agresores eran dos, según las víctimas, y sorprendían a
cencia de Tommouhi y Moumb, m siquiera plantea l1 alizar los estándares de prue-
una hipó~esis ad hocen su momento (sobre ell~s vol::~~c:i en el conocimiento posterior
las parejas en sus coches, les robaban, golpeaban y acababan violando a la chica. Ba- ba), de nmguna manera contrastable. En camb1 .º•¿° . 1 1
.mposibilidad de su contrasta-
sándose en las descripciones realizadas por las víctimas, la policía buscó a dos hombres permitieron revisar el carácter ad hoc de esa ~ip t~sis Ydª mismo estilo de extraordina-
1
de aspecto norteafricano, que hablaban entre ellos «una lengua extraña», que podría ser ción: aparece un sujeto, implicado en otras vi~la~:°~~:sisedel «doble». Además, los avan-
árabe. El 11 de noviembre de ese año fue detenido en una pensión de Terrassa Ahmed rio parecido, con Jo que ya puede contrastarse ª J' b los rastros de semen del pañuelo
Tommouhi, de 40 años, natural de Nadar. Dos días después fue detenido en Barcelona ces científicos permiten_ ya r~alizar pruebas d~ A~<di~ :,~ de Tommouhi, A. G. C., y no él
1
Abderrazak Mounib, de 39 años, y nacido en la ciudad marroquí de Fez. Los dos dete- hallado en una de las v10Iac1ones de 1991. Si e d' . d que los restos de semen perte-
6
nidos recibieron finalmente 4 condenas por delitos de robo, violación, detención ilegal, mismo fue el asaltante, podemos formular la pre ~~ci t n : predicción se cumple. Y pode-
1
coacciones y lesiones (de las cuales sólo dos eran en común). Las condenas se basaron, necerán aA. G. C. Realizada la prueba corresp~net~~~~ ue si A. G. c. no fue el asaltan-
pese a la insistencia de los acusados en su inocencia, en la identificación concurrente e mas también formular muy fuert~~ente la pre~~c. nes ini~iales correspondientes), entonces
independiente de todas las víctimas en las correspondientes ruedas de reconocimiento. te y violador (más los supuestos ad1c1onales Ycon icio ,
¡ pañuelo no sena suy0 .
Sin abundar mucho más en los detalles de los procedimientos, podría decirse que la muy probablemente el semen haJI ado en e
138 JORDIFERRERBELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 139

En segundo lugar, el grado de contrastación de H está en función 2.3. El momento de la decisión sobre los hechos probados
de a) las predicciones que hayan resultado ser verdaderas que per-
mite realizar a partir de los datos disponibles y b) las improbabili- La metodología recién presentada nos habilita para atribuir gra-
dad de que otra hipótesis H' dé cuenta de los mismos datos y per- dos de corroboración o probabilidad inductiva a una hipótesis sobre
mita formular las mismas predicciones verdaderas (en términos los hechos. La evaluación de las distintas hipótesis plausibles ima-
parecidos, BUNGE, 1967: 735-744). ginables (o de las efectivamente planteadas por las partes en el pro-
Como puede observarse, cada predicción formulada a partir de ceso), de las predicciones que permiten formular, la constatación del
la hipótesis cumple pues dos funciones: desafía la hipótesis en la me- cumplimiento o incumplimiento de esas predicciones, etc., posibi-
dida en que si la predicción no se cumple aquélla queda cuestiona- lita al juez la determinación de la probabilidad de que una hipótesis
da y, por otro lado, supone la eliminación de las hipótesis que no pue- sea verdadera, dados los elementos de juicio disponibles. En esa la-
dan predecir lo mismo (siempre que la predicción se cumpla, claro). bor, el juez ocupa la posición análoga a la de la comunidad científi-
A su vez, la comprobación del cumplimiento de la predicción se con- ca que evalúa la investigación realizada por otros.
vierte en el proceso en un nuevo elemento de juicio, una nueva prue- Ahora bien, el punto de partida de este capítulo fue que nunca
ba, que se incorpora al proceso e introduce el nuevo hecho (predi- una metodología inductiva nos habilitaría para adquirir certezas acer-
cho y cumplido) como dato que se acumula a los ya existentes. Las ca de la verdad de una hipótesis. Por ello, necesitamos dar un paso
hipótesis sobrevivientes, si son más de una, deberán ser compatibles más para estar en condiciones de decidir si vamos a considerar pro-
con ese-nuevo dato y los ya existentes anteriormente. Para aumen- bada una hipótesis sobre los hechos en el proceso judicial; es im-
tar la corroboración de las hipótesis sobrevivientes deberá realizar- prescindible fijar el umbral a partir del cual aceptaremos una hipó-
se alguna nueva predicción que permita eliminar alguna de ellas (por tesis como probada. Es decir, debemos determin~ar el grado de
no ser compatible -no poder explicar- el hecho predicho), y así probabilidad suficiente para dar por probada la hipótesis 120 • Y para
sucesivamente. Cuantos más pasos de este tipo se hayan dado y más ello no podemos, por cierto, acudir a una simple cuantificación nu-
hipótesis rivales hayan sido eliminadas (i. e., falsadas), mayor será mérica de esa probabilidad, una vez se ha rechazado la aplicabilidad
la corroboración de la/s hipótesis sobreviviente/s. de la probabilidad matemática pascaliana como esquema de razo-
Finalmente, el nivel de corroboración o apoyo inductivo corres- namiento probatorio (ZucKERMAN, 1989: 122 ss.).
ponde a la probabilidad inductiva de la hipótesis, en el sentido ba- Antes de continuar es necesario, no obstante, realizar dos advertencias.
coniano sostenido por L. J. COHEN 11 9, que ha sido presentada en el En primer lugar, nada impone que el est~dflr de prueba~deba se~ ,el
epígrafe anterior. mismo en todo tipo de procesos. De hecho, en el ámbito anglosaJon
es común aceptar el estándar del «más allá de toda duda razonable»
119 Más estrictamente, la probabilidad inductiva de una proposición singular P

respecto de un elemento de juicio, o de un conjunto de elementos de juicio, E -p¡(Pa, 145-163) o de /egisimilitud (i. e., semejanza a una ley). La /egisimilitud de.una genera-
Ea)- varía directamente con el soporte inductivo que existe para la generalización lización, correspondiente a su grado de soporte inductivo o de corroboración (CoHl;N,
s[\tx(Ex -t Px)) de la que el condicional Ea -t Pa es una instancia de sustitución. El so- L. J., 1989b: 188), puede responder al reclamo que LAK'\TO.s (1_968: § 3.3) fo~~!º a
porte inductivo-en la fórmula, s[ ] - se aplica a los condicionales universalmente cuan- POPPER en el sentido de vincular la corroboración de una h1potes1s con su veros1m1htud
tificados y la probabilidad inductiva -en la fórmula, p.( ) - a instancias de sustitución y, por tanto, con un principio inductivo. . .
12º De este modo, éste es ya el último paso en el cammo que empezó con la _asu~c1ón
de esos condicionales (COHEN, L. J., 1977: 200). '
CoHEN elaboró un método inductivo por eliminación, que él denominó «método de semántica de que enunciados probatorios del tipo «está probado que p» son smómmos
las variables relevantes» para someter a la hipótesis a controles probatorios que la de- de «hay elementos de juicio suficientes a favor de p» (FE~RER'. 2002: 35:38). Entonces
safíen progresivamente (proponiendo hipótesis alternativas) y permitan evaluar, así, el dejé para otra ocasión la determinación del umbral de suficiencia Ydel metodo para eva-
1 grado de soporte inductivo de lamisma(véase CoHEN, L. J., 1977: 121-166; ídem, 1989b: luarla. Aquí llegó pues la ocasión de hacerlo.

1 l
11
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 141
140 JORDI FERRER BELTRÁN

para el proceso penal y el de la «preponderancia de la prueba», en Es más, aun si nos centramos únicamente en el proceso penal,
cambio, para el proceso civil 121 • Pero tampoco esta gran división es conviene distinguir los estándares de prueba exigidos para la adop-
obvia ni suficiente. Suelen mencionarse razones atinentes a los bie- ción de diversas decisiones durante el proceso y para la decisión fi-
nes en juego en cada uno de esos tipos de proceso para fundamen- nal sobre los hechos probados que forma parte de la sentencia. Así,
tar la mayor exigencia probatoria en el proceso penal, en el que la por ejemplo: ¿qué nivel de corroboración se considera ~u~ciente
libertad o incluso la vida del acusado podrían depender de la decla- para ordenar la adopción de medidas cautel~es (co11;0 ~a pns10n pro-
ración de hechos probados. Pero si se piensa un poco más en el de- visional) durante la instrucción del sumar10? ¿Que mvel de corro-
sarrollo de los derechos modernos, las fronteras se debilitan. En boración de la hipótesis acusatoria se considera suficiente para con-
efecto, un proceso penal puede concluir con sentencias que afecten cluir el sumario ordenando la apertura de juicio oral contra el acusado?
i a la libertad o, en algunos países, a la vida del acusado, pero tam- · Y para el sobreseimiento, libre o provisional de la causa? ¿Qué ni-
' ' bién puede concluir con una retirada del carné de conducir, una san- tel de corroboración de la hipótesis acusatoria será suficiente para
ción pecuniaria, etc. Un proceso civil, por su parte, puede tener como derrotar la presunción de inocencia en la correspondien_te sente~cia?
consecuencias jurídicas también la sanción pecuniaria, la retirada de ¿Y para considerar probada la hipótesis de la inocencia (por eJem-
123
la patria potestad sobre los hijos, la incapacitación para tomar deci- plo, respecto de la alegación de una coartada) ?
siones sobre la vida y patrimonio de una de las partes, etc. ¿Cuál es
la importancia relativa de los bienes en juego? ¿Es siempre mayor
en el proceso penal? Creo que la respuesta negativa se impone. En lll Es interesante observar la pobreza de las respuestas legales a estas pre~un~as. En

las últimas décadas, el recurso al derecho penal para gobernar la so- particular, la vigente Ley de Enjuiciamiento Criminal española establece lo s1gmente :
ciedad se ha sobredimensionado, dejando de ser en buena medida un ''i.
Prisión provisional: . . ¡,
Art. 503 LECr.: «Para decretar la prisión provisional serán necesanas las C!fcuns- !¡
instrumento de última ratio, pero simultáneamente se han ampliado
tancias siguientes: . .
los tipos de sanción penal usados para la motivación de las conduc- 3. Que aparezcan en la causa motivos bastantes para creer respon~a?)e cnmmal-
tas. Y ello produce que deban repensarse también los estándares de mente del delito a la persona contra quien se haya de dictar el auto de pns1on».
prueba. Quizás resulte razonable operar con distintos estándares de Sobreseimiento libre:
prueba eñiunción del delito de que se trate y de la sand<fn~ Art. 637 LECr.: «Procederá el sobreseimiento libre:
1.2 Cuando no existan indicios racionales de haberse perpetrado el hecho que hu-
(LILLQUIST, 2002: 147 ss.; LAUDAN, 2006: 54-57) 122 ; yenlajurisdicción~
biere dado motivo a la formación de la causa.
civil sucede lo mismo en función de la consecuencia jurídica pre- 2. 2 Cuando el hecho no sea constitutivo de delito.
vista por el derecho. 3.2 Cuando aparezcan exentos de responsabilidad criminal los procesados como au-
tores, cómplices o encubridores». . .
Art. 640 LECr.: «En el caso 3,2 del art. 637, se limitará el sobrese1m1ento a los a~-
121 En el derecho anglosajón es común también usar, para algunos procesos civiles tores cómplices O encubridores que aparezcan indudablemente exentos de respon~ab •
lidad criminal, continuándose la causa respecto a los demás que no se hallen en igual
específicos, un estándar de prueba intermedio en cuanto a la exigencia probatoria, ha-
bitualmente denominado «Clear and convincing evidence». Al respecto véase, por to- caso.( ... )».
dos, McCORMICK, 1954, vol. 2: 441-445. Sobreseimiento provisional: ..
122 Por otro lado, no sólo la consecuencia jurídica puede incidir en la determinación Art. 641 LECr.: «Procederá el sobreseimiento prov1S1onal:_ . .,
de un estándar de prueba más o menos exigente. También consideraciones acerca de las 2. 2 Cuando resulte del sumario haberse cometido un dehto Y no haJa 11; 0 tn~s su-
. d · d ersonas como autores, comphces o
específicas dificultades probatorias de algunos tipos de hechos pueden ser tomadas en ficientes para acusar a determinada o etermma as P
consideración. Así, por ejemplo, seguramente las condenas por delitos de agresión se- encubridores».
xual serían muy escasas si a la prueba de éstos se les exigiera el mismo nivel de corro-
Procedimiento abreviado. Apertura de juicio oral: . . . 1 acu-
boración que a los delitos de homicidio: en muchas ocasiones en los primeros se cuen- Art 790 6LECr· «SolicitadalaaperturadeljuiciooralporelM1?15 tenofiscalo ª
ta únicamente con la declaración de la víctima respecto d. e m. uchos de los hechos a probar • · " . d á salvo que esumare que concurre e1
saci6n particular, el Juez de Instrucc16n 1a acor ar ,
(la falta de consentimiento, la identificación del agresor, etc.).

LJ) .,-,;..1,-"" ~=\e f·í'v r,,.1~~ /r ,-,,,ccl" ",.... ;,,,,,,~e> ~-J-c.


142
JORDI FERRER BELTRÁN
- ~ . :: t,;'~-;c • . • ' . ' . . ·~· ~

ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 143


Responder adecuadamente a estas cuestiones exigiría segura-
mente un nuevo libro. cesas es consecuencia de una valoración acerca de la distribución de
errores que se considera admisible, valoración que corresponde ha-
En segundo lugar, la definición concreta de cada estándar de cer a cada sociedad y no al teórico del derecho.
prueba presupone una decisión valorativa que corresponde hacer al
Como han señalado convincentemente A. STEIN (2005: 133-134)
poder legislativo. Un estudio teórico como éste puede mostrar cuá-
les son las características que debe tener la definición del estándar
y LAUDAN (2006: 68), entre otros, la determinación del está?d~r .de
de prueba para que pueda operar como tal en la toma de decisiones Prueba es un mecanismo que permite distribuir los errores JUdicia-
e 1so positivo
les en la declaración de hechos probados 124 . Un 1a · · es una
y en el control de las decisiones adoptadas. Pero la determinación
decisión en que se declara probada una hipótesis, siendo ésta falsa.
misma del nivel de corroboración exigido a una hipótesis fáctica en
los distintos procesos judiciales y en las distintas fases de esos pro- Un {also negativq_, por su parte, es una decisión en qu.e _se declara no
probada la hipótesis, siendo verdadera. Las dos dec1S1on~s. ~ued~n
• 1
estar fundamentadas correctamente en los elementos de JUICIO dis-
supuesto del núm. 2 del art. 637 de esta Ley o que no existen indicios racionales de ponibles (ser válidas epistemológicamente), pero fallan e~ el obje-
criminalidad contra el acusado, en cuyo caso acordará el sobreseimiento que correspon- tivo de la averiguación de la verdad. Si el est~dar es. del t~po «pre-
da( ... )».
ponderancia de la prueba» (que los pascah~nos situan~n ~n l_a
Sentencia:
superación del 0,5), los falsos positivos y negativos que?aran distn-
Art. 741.1 LECr.: «El tribunal, apreciando seglÍn su conciencia las pruebas practi-
cadas en el juicio, las razones expuestas por la acusación y la defensa y lo manifestado buidos igualitariamente entre las dos partes 125 • En camb10, en la me-
por los mismos procesados, dictará sentencia dentro del término fijado por esta Ley». dida en que hacemos más exigente el estándar d~ ~rueb~, aumentan
Recurso de apelación: los falsos negativos y disminuyen los falsos positivos. Esta es, pre-
Art. 846 bis c): «El recurso de apelación deberá fundamentarse en alguno de los mo- cisamente, la razón para establecer un estándar de prue?a penal para
tivos siguientes:
la decisión final sobre los hechos probados mucho mas alto que el
e) Que se hubiese vulnerado el derecho-a la presunción de inocencia porque, aten-
dida la prueba practicada en el juicio, carece de toda base razonable la condena im- estándar civil: es socialmente preferida una absolución fal~a .que una
puesta». condena falsa. Ahora bien, ¿cuántas absoluciones falsas esta dispuesta
Recurso de casación: la sociedad a soportar para evitar una condena falsa? E.st_e, tipo de
Art. 852 LECr.: «En todo caso, el recurso de casación podrá interponerse fundándo- preguntas, de difícil respuesta, están en la base de la decis10n sobre
se.en la infracción de precepto constitucional».
el nivel de exigencia del estándar (KAPLAN, 1968: 1071-1075; LAU-
Son muchos los comentarios que merecen estos artículos. Es especialmente llamati-
vo que en algunos casos parece incluso observarse una inversión del juego del principio DAN, 2006: 63 ss.) y, por ello, son decisiones políticas que debe adop-
in dubio pro reo. Así, el art. 846 bis c) ofrece una curiosa versión de la presunción de tar la sociedad 126•
inocencia (en su versión de regla de juicio sobre la valoración de la prueba): ¡se consi-
dera vulnerada la presunción cuando la condena carezca de toda base razonable! 12
' STEIN sostiene que todo el derecho de la prueba tiene esa función básica, cosa que
En cualquier caso, conviene el carácter extraordinariamente vago de las reglas de jui-
cio o estándares de prueba mencionados por la Ley. Tan es así que me permitiría decir LAUDAN rechaza (para el proceso penal). Este u, 1timo · sos t'ie ne que el estándar de prueba d
que el tenor literal de los mismos no es formulación de estándar alguno. Y por ello, re- .
ya mcluye . de la duda que 1a soc1e
todo el benefic10 · dad está dispuesta a dar ,al acusa o,
sulta incontrolable la corrección, en materia de hechos, de las decisiones que se adop- de modo que las demás reglas probatonas . que ngen
· durante el proceso debenan ser neu-
ten, puesto que no será posible controlar si se ha superado o no el umbral mínimo de co- trales respecto de la distribución de errores (LAUDAN, 2006: 4· 4). ?? errores fa-
rroboración de la hipótesis enjuiciada. lll_ Lo que se justificaría en que socialmente parecen ser md1ferentes 1os
La jurisprudencia al respecto no resulta de una gran ayuda, dado que tanto el Tribu- vorables
126
al actor y los favorables al demandado. . . ue deberán ser
nal Constitucional (en una doctrina cuya tendencia ha ido de mayor a menor exigencia Esas decisiones políticas tienen otras consecuencias importantes q d
respecto de lo que la presunción de inocencia implicaría para la valoración de la prue-
.d. A
tomadas en consideración al momento de deci ir. si, P.0 . . , r eJ·emplo un
' . - e 1as
aumento al
ba), como el Tribunal Supremo han sostenido una interpretación marcadamente subje- .
tiene . especia
una función de prevención
° .
falsas absoluciones puede conllevar un aumen t de la cnmmahdad. S1 1ae sanc1
· ¡ o gen eral , esa prevenc1
. 6n no s
6n pen
cumple si los
tivista del estándar de prueba penal.
culpables de los delitos no son condenados. Véase LAUDAN, 2007b.
1
!
'
,., /!¡
ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 145
144 JORDI FERRER BELTRÁN
Por todo ello, en lo que sigue me propongo únicamente presen- determinación de los hechos (puesto que estos son, judicialmente,
tar un posible estándar de prueba penal para la decisión final sobre lo que el juez afirma que son) 127 y tiene el p:oblerna de c~nciliar el
los hechos probados que es, en buena parte, exnr~e mi propia carácter ali things considered de las creencias con el caracter con-
~119lítico-crirni~ Al presentarlo, quiero únicamente ilus- textual y, por tanto, relativo de los enunciados probatorios (del tipo
trar el aspecto metodológico de la formulación del estándar. El ob- «Está probado que p»). Finalmente, 3) estando ante un estándar que
jetivo es mostrar cómo puede definirse un estándar de prueba sin ape- apela a las creencias del sujeto que decide, éste ti~ne ~? carácte; ente-
lar a las creencias o convicciones subjetivas del decisor, siendo la ramente subjetivo que hace incontrolable su aphcacion. Es mas, ¿en
concreta formulación del mismo sólo un ejemplo a considerar. qué momento la convicción es suficientemente firme para conside-
rar probado un enunciado sobre los hechos? L~ vag~edad d~ la ape-
lación a la íntima convicción es tal que podna decirse, mas clara-
2 .3 .1. Un estándar de prueba para el proceso penal mente, que no es un estándar de prueba en sentido estricto.

En las tradiciones jurídicas del derecho romano-germánico y del En el derecho anglosajón, en cambio, es habitual desde hace ya
common law se ha hecho uso recurrente de dos estándares de prue- un par de siglos formular el estándar de prueba e~ t~~os aparenterne.~te
algo más precisos. Así, se sostiene que la h1potesis de la acusac1on
ba (si rn"erecen ese nombre) para el proceso penal: la íntima convic-
debe estar confirmada o corroborada «más allá de toda duda razo-
ción y el «más allá de toda duda razonable».
nable» (McCoRMICK, 1954, vol. 2: 445-449) 128 • Esta fórmula, ef~c-¡
De acuerdo con el primero de ellos, quien sostenga la acusación tivarnente, tiene la ventaja de no hacer apelación a certezas _d~ ~un-.
en un proceso penal debe producir prueba hasta el nivel de causar la gún tipo (LAUDAN, 2006: 32-36). Es más, se recon_oce la posi?ihdad
convicción firme del juzgador respecto de la ocurrencia de un hecho de que una hipótesis probada suscite dudas en el Juzgador, siempre
delictivo y la autoría del acusado. No se especifica mucho más acer-
121 Esta consecuencia podría no ser indeseable dependiendo de la ideología de:ª apli-
ca del concreto nivel probatorio. De forma general, podría decirse
cación del derecho que se sostenga. Aquí simplemente me conformo c_on ~esenar ?ºs
que una formulación de este tipo sufre de graves prolllewª~-si se la problemas: a) difícilmente puede hablarse de «aplicación» del derecho s1 el J~ez esta e?
pretende usar corno estándar de prueba. En particular, muy somera- posición de infalibilidad puesto que esto implica que no hay un derecho previo q~e ~~h-
mente, creo que pueden mencionarse tres inconvenientes: 1) la pro- car; y b) esta consecue~cia es incompatible con una concepción de la prueba JUndica
pia formulación P-arece ªEelar a «certezas» y, de hecho, a veces se vinculada con el objetivo de la averiguación de la verdad.
128 El derecho procesal de Inglaterra y de Gales, en cambio, establece un estándar de
ha usado también la expresión «ceitezamoral» para referirse a la ín- prueba penal distinto, según el cual el juzgador de los hechos debe «estar seguro» de l_a 1

tima convicción. El problema fundamental es que, corno ya se ha se- verdad de la hipótesis acusatoria para declararla probada (HEFFER, 2?0?: 7 ss.). ~s ~~!- ' 1

ñalado hasta la saciedad, ningún razonamiento inductivo puede jus- dente la similitud de ese (pretendido) estándar de prueba con el de la i_numa conv,1c~t0n.
El uso del estándar «más allá de toda duda razonable» se ha expandido en los ultt_mos
tificar racionalmente conclusiones ciertas. Claro que podría hacerse años también en muchos países de trad1c16n· · romano-germamca.
, · Es e1caso • por .eJem- .
apelación a ~rtezas psicológicas, pero en este caso, podría decirse plo, de Italia y España. Véase, al respecto, STELLA (2001: 195-218) ?ªra el ~aso ttaha-
que todos tenernos certezas psicológicas más o menos infundadas. no y FERNÁNDEZ LóPEZ (2005: 199-208) para el caso español. También el Tn?unal E~-
Esto, en todo caso, vincula este primer problema con el segundo. En ropeo de Derechos Humanos ha manifestado que el derecho a la presunc(~n de mocenc~a
establecido en el art. 6.2 del CEDH (Convenio Europeo para la Protecci~n de los 1De:r-

l
efecto, 2) esta concepción deja rueba establece una conexión ne- chos Humanos y Libertades Fundamentales) implica que sobre la acu~~ció~ pe~a ~;88~
cesaria y suficiente entre 1 creencia del ·uz adoren p __ y_Ja_pme.bA ga de la prueba más allá de toda duda razonable (STRDH · · de
º6 6 de d1c1em
b tanted•re1da presun-
e ·
~ No desarrollaré aquí los inconvenientes que este tipo de cone- caso Barberá Messegué y Jabardo v. Espmía). En m1 opmi n, no O s
. de inocencia
c16n ' como regla de JUICIO
. . . establece umca
, · mente que en caso de u a se'fipre-
xión supone (véase FERRER, 2002: 20 ss., 32 ss. y 80 ss.), pero no suma la inocencia del acusado, pero no implica ningú~ estánd_ar de prueba·~?ec~i~~~
quiero dejar de mencionarlos: en concreto, tiene la indeseable con- O, dicho de otro modo, el derecho a la presunción d7 mocencia ~s co?1Pª~ba~~~a
secuencia de constituir al juez en un sujeto infalible respecto de la tándares de prueba distintos, que expresan diversos mveles de exigencia pr ·
146 JORDI FERRER BELTRÁN
- ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 147

que éstas no sean razonables. Pero, a falta de un criterio de razona- Con estos mimbres, es ya oportuno presentar la propuesta de es-
bilidad de la duda, esta formulación del estándar de prueba penal no tándar de prueba penal, que fijaría el nivel de exigencia de la hipó-
consigue superar los problemas señalados para la íntima convic- tesis acusatoria en el momento final de la decisión sobre los hechos
ción 129 , que los hacen inservibles como estándares de prueba (HER- probados del caso. Así, para considerar pro~ad~ la hipótes_is_ de la
NÁNDEZ MARÍN, 2005: 320. En contra, HEFFER, 2007: 11 SS.). Es de- culpabilidad deben darse conjuntamente las s1gmentes cond1c1ones:
cir, por su vaguedad extrema, no indican un umbral o nivel de 1) La hipótesis debe ser capaz de explicar los datos ?isponi-
suficiencia de la prueba que sea intersubjetivamente controlable. bles, integrándolos de forma coherente, y las pred1cc10nes
Si esto es así, ¿qué requisitos debe cumplir la formulación de un de nuevos datos que la hipótesis permita formular deben ha-
estándar de prueba penal para que pueda funcionar como criterio ra- ber resultado confirmadas.
cional de decisión sobre la prueba? En mi opinión, la formulación de 2) Deben haberse refutado todas las demás hipótesis plausibles
~º-~J?rueq_a.con el que se quiera cumplir esa funciónciebe~ explicativas de los mismos datos que sean compati~le,s co_n
la inocencia del acusado, excluidas las meras h1potes1s ' !
en primer lugar, evl!N vincular la prueba con las creencias, convic-
~10nes o duelas del sujeto decisor acérca~~~ l9~echos. El g ~ ad hoc 132 •
corroboración de una hipótesis no depende de la posesión de deter- m Éste es el único requisito planteado por ALLEN (1994: 604), aunque él no hace la

1 minadas creencias por parte del decisor, sino de las predicciones ver-
daderas que se puedan formular a partir de la hipótesis y de las difi-
cultades para dar cuenta de las mismas predicciones a partir de
hipótesis rivales 130 • En segundo lugar, la formulación del estándar debe
advertencia de la exclusi6n de las hip6tesis ad hoc. Siendo así, se presenta el pro_bl~ma
de que siempre es posible construir una historia cohere~te que dé c~e?ta ~ postenon de
los datos disponibles. El acusado podrá sostener, por eJemplo, la h1potes1s del compl~t
en su contra, como se verá más adelante, que quizás resulte irrefutabl~. ~ero es una h~-
p6tesis posible. A ALLEN le queda como salida hacer más fuerte el reqmstt? de la pl~us1-
ser suficientemente precisa para hacer posible el control intersubje- bilidad de modo que no excluya únicamente las hip6tesis incoherentes o mcomp~ttbles
'
con nuestro ·
conocimiento del mundo, pero entonces éste se convierte en un reqmslto tan
tiva de su aplicación. Éstos son dos requisitos de tipo técnico. Un ter-
extremadamente vago que quizás sea inservible. Para evitar.este pro?lema, A~LEN YP_AR-
cer requisito puede ser añadido como expresión de determinadas pre- DO (2007: 135-136) han propuesto recurrir a la teoría de la mferenc1a a la meJor exphca-
ferencias políticas compartidas en nuestras sociedades: el estándar debe ci6n, como medida de la plausibilidad. En términos muy generales puede dectrse que, se-
incorporar la preferencia por los errores negativos frente a los posi- gun este modelo, una hip6tesis será plausible -y, por ello, aceptable como probada en
un procedimiento- si es la que mejor explica los hechos con?ctdos del c~so. El modelo
tivos para dar cuenta de los valores sociales garantistas 131 • de la inferencia a la mejor explicación, basado en el _@zonam1ento abducttvoJ se remon-
ta a la obra de HARMAN (1965) y ha tenido en los ultimos años algunos defens~r~s de su
aplicaci6n al razonamiento probatorio jurídico. Desde luego, el i_nodelo_requenna de un
129
Una excelente presentaci6n de las distintas interpretaciones del estándar de prue- análisis detallado que no puedo realizar aquí. Sin embargo, con~te~e senala~ ~~s proble-
ba del más allá de toda duda razonable y de sus problemas puede verse en LAUDAN, 2006: mas que a mi entender lo hacen difícilmente utilizable como cnteno de dects10n para el
36-47. Alguna jurisprudencia norteamericana ha llegado a considerar el estándar como proceso penal (i. e., como modo de formular su estándar de prueb~): 1) en muchas oca-
autoevidente y, por tanto, imposible de definir. De nuevo, si es así, deberíamos concluir siones la mejor explicaci6n disponible de los hechos del caso es, sm em?~rgo, una mala
· ' · · · '6 d d 61 de una comparac1on con las otras
que no estamos ante estándar de prueba alguno. exphcac1ón. Que sea la meJor exphcact n epen es o .
· · · · · d y d do por eJemplo puede suceder que
130 exphcactones o h1p6tes1s considera as. , e ese mo ' · d
Si, en cambio, la formulaci6n del estándar de prueba apela a las creencias del su- · ., · ¡· ., de los hechos' que la h'tp 6tests e
jeto que debe decidir sobre los hechos, resultará que el estándar no opera como criterio la htp6tesis de la acusac10n sea una meJor exp 1cac1on .
licaci6n de los mismos. De este
de decisi6n. Las creencias mismas, entonces, serán entonces constitutivas de la prueba. la defensa pero que a pesar de ello no sea una b uena ex P .
' · ¡· ., forma de fiJar el es-
m Es decir, la preferencia por un cierto numero de absoluciones falsas frente a una modo usar el modelo de la inferencia a la meJor exp 1cac10n como
condena falsa. Véase ATIENZA, 1994: 84. Otra cosa es determinar el alcance de ese prin- tánda; de prueba penal haría de éste un estándar muy débil. 2) El segun~o problen:ia ~e
cipio, es decir, qué nivel de duda conduce a la absoluci6n del acusado y qué nivel de presenta cuando las hip6tesis explicativas en conflicto, tanto de la ~:usact6n c_omo e ª
duda es compatible con la condena. La respuesta no puede ser que la condena exige la defensa, son buenas. En ese caso, aunque la hip6_te~is ~e la acusa~ton sea me¡or~ :~~:~
ausencia de duda, puesto que esto nos conduce de nuevo a las exigencias de certezas rece adecuado concluir con la aceptaci6n de la h1potes1s acu~at~na, s~lv~ 1:eiiferencia
inalcanzables. Por ello, el respeto de este tercer requisito es compatible con estándares se debilite mucho el estándar. Sobre estos Y otros proble~as ; ª teona e ?007
. . . . d · to probatono vease LAUDAN, - a.
de prueba con distintos niveles de exigencia probatoria. a la meJor exphcac16n apltca a a1razonam1en ,

./''•. -~
:,,),~tt,4
1
,,

148
JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 149
De forma general, estos requisitos exigen un grado muy alto de
afecta también a la confirmación de hipótesis científicas. Como ha
co~oboración d~ 1~ hipótesis acusatoria en un proceso penal. Aho-
señalado HEMPEL ( 1966: 64 ), para cualquier conjunto de datos es po-
ra bien, el cumplimiento del estándar no garantiza la no comisión de
sible construir a posteriori una hipótesis que los abarque. El caso más
e~?res de ningún tipo. Dado que el estándar es muy exigente, es pre-
claro en el proceso penal sería la defensa a través de la hipótesis del
v~sible que se cometan más errores del tipo falso negativo (absolu-
c10nes falsas) que del tipo falso positivo (condenas falsas) m. Pero complot contra el acusado. Así, a cada nuevo elemento de juicio que
aparezca contra él, la defensa alegará que se trata de una prueba de-
tampoco estos últimos están excluidos incluso aplicando correcta-
liberadamente construida para implicar al acusado: si un testigo de-
n:iente el es_tándar. Sie?1pre será posible formular una nueva hipóte-
clara que vio al acusado disparar contra la víctima, se dirá que el tes-
sis alternativa compatible con la inocencia que hoy no imaginemos
tigo es partícipe del complot; si hay huellas del acusado en el arma
o que hoy no resulte plausible a la luz del estado actual del conoci-
del crimen, se dirá que han sido deliberadamente traspasadas al arma,
miento, etc. Esto no es más que el reflejo del carácter inseguro del
razonamiento inductivo. si aparece en casa del acusado una camisa suya manchada con la san-
'1
gre de la víctima, se dirá que eso forma parte también del complot 1

La primera de las cláusulas del estándar de prueba creo que no y que la camisa habrá sido dejada allí para implicar al acusado, que

1 necesita mayores explicaciones después de haber presentado la me-


todología de la contrastación de hipótesis. La segunda cláusula, en
c~mbio, ~í creo que exige algún comentario adicional. Aquí, el es-
tandar exige que se hayan refutado todas las hipótesis compatibles
con la inocencia (en un sentido muy parecido, STEIN, 2005: 178) ex-
es inocente; y así sucesivamente. ¿Puede refutarse la hipótesis del
complot? Probablemente no. Pero estamos ante una estrategia de for-
mulación de hipótesis ad hoc, en el sentido de que ella misma no es
empíricamente contrastable: no es sensible a la experiencia (BUNGE,
1967: 230-231). Para que una hipótesis pueda ser sometida a corro-
cepto: 1) las implausibles, 2) las que no sean compatibles con los da- boración, como hemos visto ya, se requiere que se puedan formular
tos del caso de que se disponga y 3) las meras hipótesis ad hoc. Pues predicciones constatables a partir de ella. Y para que una hipótesis
bie?, entiendo por hipótesis implausibk sólo aquella que no es com- pueda ser tomada en consideración como alternativa para dar cuen-
patible con el estado actual del conocimiento o que no tiene ningu- ta de lo sucedido, debe ser ella misma contrastable. Eso es lo que no
na base en éste para sustentarse. Así, por ejemplo, si el acusado de permiten las hipótesis ad hoc y por ello deben ser excluidas.
robar unas joyas que le han sido encontradas en sus bolsillos, ale- Quizás resulte de utilidad, para finalizar, presentar un ejemplo
g~a que éstas han llegado allí porque ha sido abducido por unos mar- de la jurisprudencia española que exhibe muy claramente la estruc-
cianos y le han colocado las joyas, el estándar de prueba formulado tura del razonamiento que he desarrollado. El día 25 de julio de
no exigiría la refutación de esta hipótesis por considerarla implau- 1997, la policía local de Los Alcáceres (Murcia) detuvo sobre las 4
sible.
de la madrugada al señor Miguel Ángel A. B. El detenido conducía
Por otro lado, tampoco exigen refutación las hipótesis formula- un vehículo por una urbanización que es lugar habitual de venta de
das mediante estrategias ad 1!:E!:_. Éste es un punto importante, que drogas. Una vez la policía le ordenó parar su vehículo, el detenido
realizó movimientos sospechosos, intentando tirar algo que llevaba
en el asiento. Al detenerlo, los agentes de policía encontraron un pe-
m Una fonna de disminuir las falsas absoluciones (aumentando las falsas condenas, queño paquete en ese asiento que contenía 17 bol~itas ~on un total
claro) podría ser debilitar la exigencia de la segunda cláusula del estándar de prueba, de
de 6,45 gramos de cocaína. También le fue intervemdo dmero ~n m~-
man~ra que se requiera únicamente refutar las hipótesis compatibles con la inocencia
efectivamente alegadas por la defensa, en caso de que haya alegado alguna. Es eviden- tálico por valor de unos 100 euros (16.pOO pesetas). La Au?iencia
te qu~ de este modo se facilita más el cumplimiento del estándar por parte de la corro- Provincial de Murcia condenó a Miguel Angel A.B. por un delito con-
bora~1ón de la hipótesis de la culpabilidad. En cualquier caso, como ya he señalado, la tra la salud pública (tráfico de drogas), previsto en e~ ,art. 365.1 del
elección de un estándar más o menos exigente es ya una decisión enteramente política.
Código Penal. En la resolución del recurso de casac10n presentado
!
-1
150 JORDI FERRER BELTRÁN ELEMENTOS PARA UNA DECISIÓN RACIONAL SOBRE LA PRUEBA 151

por la defensa, el Tribunal Supremo (STS 1657/2001), realiza el si- de la hipótesis acusatoria. Podía, por ejemplo, hacerse un análisis de
g~ien~e anál~sis. de la valoración de la prueba realizada por la Au- los polvos blancos aprehendidos, para determinar si era, efectivamente,
diencia Provmcial de Murcia: cocaína (y si lo eran todas las bolsitas). La hipótesis de la acusación
permite hacer la predicción de un resultado positivo en el análisis
« 1. ~ Es cierto que la droga fue realmente aprehendida, pero no correspondiente, y esta predicción no fue constatada, por lo que fa-
cabe afirmar que en la cantidad de 6,45 gramos, pues la ausencia de lla la exigencia de la cláusula primera del estándar penal presenta-
determinación analítica cualitativa sólo autoriza a hablar de un pro- do. Lo mismo podría decirse de la ausencia de registro domiciliario
ducto blanco pulverulento con presencia de cocaína, distribuido en en la vivienda del acusado (que hubiese permitido observar si dis-
17 dosis listas para el consumo. ponía de instrumentos de peso de precisión, usuales en los trafican-
. ~-º El dato de haber sido hallado el ahora recurrente en la pro- tes de droga, etc.). En segundo lugar, el Tribunal considera irrele-
ximidad de un lugar de venta de drogas ilegales podría estar justifi- vantes algunos datos, como la posesión de dinero en metálico en una
cado por la dedicación a la venta, pero igualmente por un reciente cantidad de unos 100 euros, puesto que a partir de él no puede infe- . i
acto de compra. rirse nada respecto de la hipótesis a probar. Finalmente, la defensa
_3.,º El intento de ~c~ltación de las papelinas advertido por los formuló una hipótesis que explicaría todos los datos disponibles: el
pohcias una vez que hicieron funcionar el dispositivo lanza-deste- acusado se había dirigido a comprar esas dosis de cocaína por en-
llo~ ?el vehíc~lo, es asimismo perfectamente compatible con lapo- cargo de unos amigos para una fiesta que debía celebrarse ese mis-
ses10n ~e aquellas. para el consumo. Pues es un dato de experiencia mo día, conducta que, de ser cierta, no constituye delito. Pues bien,
que la circunstancia de ser sorprendido por la policía en la posesión si es cierta la hipótesis, entonces podemos predecir a partir de ella
de alguna sustancia ilegal depara, en todo caso, incomodidades y pro-
que el acusado dará positivo en las pruebas toxicológicas que deter-
blemas; y, desde luego, la incautación de la misma. minan el consumo de drogas, lo cual se constata. Y el Tribunal ob-
4. º La cantidad de dinero aprehendida(. .. ) no tiene ninguna con- serva que el nerviosismo del acusado observado por la policía y su
notación particular y tampoco denota nada. presencia en un lugar habitual de tráfico de drogas son compatibles
. 5.º . ?l informe médico-forense, ratificado en el juicio, indica que tanto con la hipótesis de la acusación como con la de la defensa (por
MiJ~~l An~el ~-~· era c?nsumidor de cocaína y cannabis y que el lo que son datos que no corroboran a ninguna de ellas frente a la otra).
anahsis toxicologico habia dado positivo a la primera. Siendo así, la hipótesis de la acusación tampoco cumple con lo exi-
6. º En la vista, dos testigos manifestaron que en la fecha de los gido por la cláusula segunda del estándar de prueba formulado.
hechos varios amigos, y el acusado entre ellos, se habían puesto de
acuerdo_ en que éste adquiriría cierta cantidad de cocaína, a pagar y Obsérvese que de este modo puede dotarse perfectamente de
co~sumir ~ntre todos, en la fiesta de Santiago. La detención se pro- sentido la exigencia de motivación de la decisión judicial sobre los
dujo, precisamente, en las primeras horas de este día. hechos. El contenido de la motivación que el juez o tribunal deberá
7. º L_os ª~,entes que llevaron a cabo la detención no presencia- aportar no será ya una explicación del proceso psicológico que le ha
ron la reahzac10n por el ahora recurrente de ninguna acción relativa llevado al convencimiento, sino una justificación del cumplimiento
a la venta de estupefacientes». del estándar de prueba por parte de la hipótesis que considera pro-
bada y, en su caso, una justificación de que otras hipótesis alternati-
. Pues bien, la sentencia finaliza absolviendo al acusado, por con- vas no alcanzan el nivel de corroboración exigido por el estándar.
siderar que ~? se h~ superado el estándar de prueba penal por parte
de 1~ acusacion. _Es mteresante observar el tipo de análisis que se ha No quiero dejar de insistir, para terminar, en algunas ideas que
realizado. En pnmer lugar, el Tribunal Supremo reprocha la falta de considero de relevancia. El valor del estándar de prueba penal pre-
algunas pruebas que podían realizarse para confirmar algunos aspectos sentado aquí es sólo el de un ejemplo de cómo podría formularse un
152 JORDI FERRER BELTRÁN

estándar para que cumpla con las exigencias de permitir un control


racional de su aplicación. No ha~gún creo,_~s epistemoló-
~P..9J_fticaJ_p_~~2-§fü[e_ste estándar .de.mue~ái
o menos exigeñte. Cada sociedad deberá tomar, pues, las decisiones
al respecto que considere más oportunas en cada momento. Pero la
seguridad jurídica exige que el estándar de prueba con el que se van
a juzgar los hechos sea conocido de antemano respecto de la deci-
sión. También el derecho a la presunción de inocencia parece requerir
lo mismo, puesto que si no se conoce el estándar de prueba, no hay
1
forma de saber cuándo se ha derrotado la presunción 134 • BIBLIOGRAFÍA
'1¡ Por otro lado, el ejemplo propuesto lo es sólo de uno de los es-
tándares de prueba necesarios: i. e., el que opera en el momento fi-
nal de la decisión sobre los hechos probados del caso en un proceso · l ·
AísA MOREU, D., 1997: El razonamiento inductivo en a czencza y en
· !aprue-
penal respecto de la hipótesis acusatoria. Es interesante advertir que bajudicial Zaragoza: Prensas universitarias de Zaragoza.d U .
1
't
las razones que podemos tener para elaborar un estándar de prueba AcHINSTEIN, P:,
2001: The Book of Evidence, Oxford: Oxfor mvers1 y
muy exigente para la hipótesis acusatoria, vinculadas al intento de
minimizar los errores positivos (las falsas condenas), no operan en Press. E 1989· «Limits of Logic and Legal Rea-
ALCHOURRÓN, c., y BULYGIN, ., . dº of the III Jnterna-
absoluto en el caso de la prueba de la/s hipótesis de la defensa, por soning», en MARTINO, A. A. (ed.): Preproce: _zngs 1 II Firenze Ci-
lo que el estándar de prueba para esta última no tiene por qué ser tan tional Conference 011 Logica, Informatzca, Dmtto, vo · ' : t
I' ·t delalógicayelrazonam1en o
exigente. Finalmente, habrá que definir también los estándares de prue- tado por la versión castellana:« L os 1m1 es , . . l' ico dere-
ba adecuados para un buen número de decisiones intermedias en el . 'd" ALCHOURRÓN C y BULYGIN, E.: Analzszs og y
JUn ICO», en • ., . · 1 1991
proceso penal y, por supuesto, todos los correspondientes al proce- cho Madrid· Centro de Estudios Consutucwna es, · B U .
' . 1· . f C"vil Trials» en oston m-
so civil y a otros tipos de proceso. La importancia de definir con cla- ALLEN, R. J., 1986: «A reconceptua 1zat1on o 1 '
ridad todos esos estándares de prueba es crucial, puesto que sin ellos versity Law Review, 66, núm. 3 -4 . . and Strikeout Totals:
no puede pretenderse una valoración racional de la prueba ni un con- 1991: «On the Significance of Bat~m_g ~vt~rs e" Debate the Mea-
trol de la valoración realizada. A Clarification of the "Naked Sta_t1st1ca ;1p enif Beyond ~ Reasona-
ning of"Evidence", and the Reqmrement O ro
ble Doubt», en Tulan_e L_aw Revzew,h65. f Evidence», en Northwes-
1994: «Factual Amb1gmty and ª T eory 0
tern University Law Review, 88. . «The Problematic Value of Mat-
ALLEN, R. J., Y PARDO, M. S., lOO?a. Le al Studies 36.
134
Por esta razón, no puedo estar de acuerdo con autores como STOFFELMAYR-SEID-
- 2007b: «Probability, explanat10n an m ere . '
J
hematical Models of Evidenc~», en Jdo~i;wl ~{e. reply» e~ Interna-
MA.'< DIAMOND (2000: 781) y LILLQUIST (2002: 146 SS., 162 ss.), que consideran justifi-
cable o incluso adecuado disponer de un estándar de prueba «flexible» para que pueda tional Journal of Evidenc<; ~nd ~,~oof, 1~- derecho procesal civil y co-
ser adaptado por el juzgador a las circunstancias del caso concreto e incluso del acusa- ALSINA, H., 1961: Tratado teorzco p,a~tzc~Ede. S A Editores.
do. Por ello, sostienen estos autores, puede ser conveniente una formulación extrema-
mercw· l , 2 .-a e d ., vol · III , Buenos Aires. iar, · ·
W 1991 . ª
. Analysis of Evzdence, 2.-
damente vaga y no.definida del estándar de prueba (como la de «más allá de toda duda
razonable»), que permita esa flexibilidad. En mi opinión, ello conlleva necesariamente ANDERSON, T.; SCHUM, D., Y TWIN!NG, . . ,p .2005
la imposibilidad del control sobre la aplicación del estándar de prueba y, en consecuen- ed., New York: Cambridge U~iver~i~r d r~::·enten~ia penal (en materia
cia, del cumplimiento del derecho a la presunción de inocencia. ANDRÉS IBÁÑEZ, P., 1998: «"Carpmtena e .
,......,...--------------- 155
1 ¡

154 BIBLIOGRAFÍA BIBLIOGRAFÍA

de "hechos")», en Poder judicial, núm. 49. CALLEN, C., 1991: «Adjudication and the Apperarance of Statistical Evi-
- 2003: «Sobre el valor de la inmediación. (Una aproximación crítica)», dence», en Tulane Law Review, 65.
en Jueces para la Democracia, 46. CAPPELLETTI, M., y VIGORITI, v., 1971: «I diritti costituzionali delle parti
ATIENZA, M., 1994: «Sobre la argumentación en materia de hechos. Comentario nel processo civile italiano», en Rivista di diritto processuale.
crítico a las tesis de Perfecto Andrés Ibáñez», en Jueces para la De- CARACCIOLO, R., 1988: «Justificación normativa y pertenencia. Modelos de
mocracia, 22, núm. 2. decisión judicial», en Análisis filosófico, VIII, núm. 1.
BARNETT, V., 1973: Comparative Statistical /nference, London: John Wi- CARNAP, R. (1950): Logical Foundations of Probability, Chicago: Univer-
ley & Sons. sity of Chicago Press.
BECCARIA, C., 1764: Dei delitti e delle pene; citado por la edición castella- CARNELUTTI, F., 1947: La prava civile, 2.ª ed., Roma: Edizioni dell 'Ateneo.
na: De los delitos y de las penas, [tr. de DE LAS CASAS, J. A.], Madrid: CARRILLO, M., 1993: La cláusula de la conciencia y el secreto profesional
Alianza 1998. de los periodistas, Madrid: Civitas.
BENTHAM, J., 1823: Traité des preuves judiciaires, editado a partir de ma- CARRió,A. D., 1984: Garantías constitucionales en el proceso penal, 5.ª ed.,
nuscritos por DuMONT, E., Paris: Hector Bossange, 1830. Citado por la Buenos Aires: Hammurabi, 2007.
traducción española de OssORIO, M.: Tratado de las pruebas judicia- CLARKE, D., 2000: «The possibility of acceptance without belief», en P. EN-
les, Granada: Comares, 2001. GEL (ed.): Believing andAccepting, Dordrecht-Boston-London: Kluwer.
- 1827: Rationale ofJudicial Evidence, 7 vols., editado por STUART MILL, CELANO, B., 1995: «Judicial Decision and Truth. Sorne Remarks», en GIAN-
J. Citado por la edición incluida en The Works ofJeremy Bentham, vols. FORMAGGIO, L., y PAULSON, s. (eds.): Cognition and Interpretation of
6-7, Bristol: Thoemmes Press, 1995. Law, Torino: Giappichelli.
BINDER, D. A. y BERGMAN, P., 1984: Fact Investigation: From Hypothesis COHEN, L. J., 1970: The Jmplications of!nduction, London: Methuen & ~º·
to Proof, St. Paul (Minn.): West Publishing Co. - 1977: The probable and the provable, Oxford: Clarendon Press. Cita-
BLACK, M., 1984: Induction and Probability: Macmillan Publishing Com- do por la reimpresión de Gregg Revivals, Aldershot, 1991.
pany Inc. Citado por la traducción castellana de CASAN, P., y BENEYTO, 1980: «The Logic of Proof», en Criminal Law Review. . .
R.: Inducción y probabilidad, Madrid: Cátedra. - 1983: «Freedom of Proof», en TWINING, W. (ed.): Facts m Law, Arcluv
BRADLEY, G. W., 1993: Disease, Diagnosis & Decisions, Chichester: John für Recht und Sozial Philosophie, 16. . .
Wiley & Sons. 1985: «Twelve Questions about Keynes's Concept of We1ght», en Bn-
BUGLIOLI, M., y ÜRTÚN, V., 2001: Decisión clínica. Cómo entenderla y me- tish Journal of Philosophy of Science, 37.
jorarla, Barcelona: Springer. 1986: «The Role of Evidential Weight in Criminal Proof», en Bastan
BULYGIN, E., 1995: «Cognition and Interpretation of Law», en GIANFOR- University Law Review, 66, núm. 3-4.
MAGGIO, L., y PAULSON, S. (eds.): Cognition and Interpretation ofLaw, 1989a: «Belief and Acceptance», en Mind, vol. XCVIII, núm .. ~91.
Torino: Giappichelli. - 1989b: Jntroduction to the Philosophy ofInduction and Probab1!1ty, Ox-
BUNGE, M., 1967: Scientific Research, Berlín-Heidelberg-NewYork: Sprin- ford: Oxford University Press. . .
ger. Citado por la traducción castellana de SACRISTÁN, M.: La investi- 1992: Belief and Acceptance, Oxford: Oxford Umvers1ty Press. . .
gación científica, México, D. F.: Siglo XXI editores, 2000. COHEN, N.B., 1985: «Confidence in Probability: Burdens_of P~rsuas10n m
BRATMAN, M., 1992: «Practica! Reasoning and Aéceptance in a Context», a World of Imperfect Information», en New York U111vers1ty Law Re-
en Mind, vol. 101. view, 60. . ;r. M
CABAÑAS, J. C., 1992: La valoración de las pruebas y su control en el pro- CoHEN, M., y NAGEL, E., 1934: An Introduction to Logic and Sc1e11t1,¡1c _et-
ceso civil. Estudio dogmático y jurisprudencia!, Madrid: Trivium. hod, New York: Harcourt, Brace & World Inc. Citado por 1~ tradu~c1ó?
CALAMANDREI, P., 1939: «Il giudice e lo storico», en Revista di Diritto pro- castellana de MíGUEZ, N.: Introducción a la lógica Y al metodo cienfl-
cessuale Civile, núm. 2. Citado por la traducción castellana de SENTÍS ME- fico 2 vols. Buenos Aires: Amorrortu, 1968.
LENDO, S.: «El juez y el historiador», en CALAMANDREI, P.: Estudios so- CoLYV;N, M., ; REGAN, H. M., 2007: «Legal deci~ions and the _reference
bre el proceso civil, Buenos Aires: Editorial BibliográficaArgentina, 1945. class problem», en Jntemational Journal of Ev1dence and P,oof, 11.

\
\
157
156 BIBLIOGRAFÍA BIBLIOGRAFÍA

CHIARLONI, S., 1987: «Processo civile e verita», en Questione giustizia ENGEL, P., 1998: «Believing, Holding True, and Accepting», en Philosop-
núm. 3. ' hical Explorations, núm. 2. . . . .
COMOGLIO, L. P., 1970: La garanzia costituzionale del/" azione e il processo FEDERSPIL, G., y VETIOR, R., 2000: «La razionalita.d~lla me~1:mª ch~1?a:
civile, Padova: Cedam. tra logica e retorica», en VJNCENTI, U. (ed.): Dmtto e clzmca. Pe, l a-
CORTÉS DOMÍNGUEZ, V.; G!MENO SENDRA, V., y MORENO CATENA, V., 2000: nalisi della decisione del caso, Padova: Cedam. .
Derecho procesal civil. Parte general, 3.ª ed., Madrid: Colex. FERNÁNDEZ LóPEZ, M., 2005: Prueba y presunción de inocencia, Madnd:
CouruRE, E. J., 1942: Los fundamentos del Derecho procesal civil, Bue- Iustel.
nos Aires: Ed. Aniceto López. FERRAJOLI, L., 1989: Diritto e ragione. Teoria del garantismo pena/e, Roma:
DAMASKA, M., 1986: The Faces of Justice and State Authority: A Compa- Laterza.
rative Approach to the Legal Process, New Haven-London: Yale Uni- FERRERBELTRÁN, J., 2001: «Está probado quep», en TRIOLO, L. (ed.): Pras-
versity Press. si giuridica e control/o di raziona/ita, Torino: G~appich~lli.
- 1997: Evidence Law Adrift, New Haven-London: Yale University Press. - 2002: Prueba y verdad en el derecho, 2.ª ed., Madnd: Mru:c1.al Pon~, 2?~5.
DAVIS, D., y FOLLETTE, W., 2002: «Rethinking the Probative Value ofEvi- - 2003: «Derecho a la prueba y racionalidad de las dec1s1ones JUd1c1a-
dence: Base Rates, Intuitive Profiling, and the "Postdiction" of Beha- les», en Jueces para la Democracia, núm. ~7. ,
vior», enLaw and Human Behavior, 26. - 2006: «Legal Proof and Fact Finders' Behefs», en Legal Theoi), 12.
DE FINETII, B., 1937: «La prévision: ses lois logiques, ses sources subjec- FERRUA, P., 1993: «Contradittorio e verita nel ~rocess~ penale», en GIA~~
tives», en Annales de l' Institut H enri Poincaré, 7. FORMAGGIO, L. (ed): Le ragioni del garantzsmo. Dzscutendo con Luzgz
- 1969: «Inicial Probabilities. A Prerequisite for Any Valid Induction», Ferrajoli, Torino: Giappichelli. . .
en Syntese, 20. 1994: «Diritto alla prava nel processo penale e Corte Europea dei di-
- 1970: Teoria del/e probabilita, Torino: Einaudi. ritti dell'uomo», en Rivista di diritto processuale, vol II.
DE FINETII, B., y SAVAGE, L. J., 1962: «Sul modo di scegliere le probabi- 1999: «Il giudizio penale: fatto e valore giuridico», en FERR~A, ~.; GRI-
lita iniziali», en idem: Suifondamenti della statistica, Roma: Bibliote- FANTINI, F.; ILLUMINATI, G., y ÜRLANDI, R.: La prava ne/ dzbattzmento
ca del Metron, Universita degli studi di Roma. pena/e Torino: Giappichelli. . R
DE LA ÜI:.IVA, A., 2002: «La sentencia», en DE LA OLIVA, A.; ARAGONESES, FIENBERa,'s. E., 1986: «Gatecrashers, Blue Buse~, an~ the Bayes~an, e-
S.; HINOJOSA, R.; MUERZA, J., y TOMÉ, J. A.: Derecho procesal penal, presentation of Legal Evidence», en Boston Umverszty Law RevzeH, 66,
5.ª ed., Madrid: Centro de Estudios RamónAreces. núm. 3-4. · A roach to Iden-
DE SANTO, V., 1988: El proceso civil, t. II, Buenos Aires: EUDEBA. FINKELSTEIN, M. o., y FAIRLEY, W. B., 1970: «A .Bayesian PP
tification Evidence», en Harvard Law Revzew, · . 83 fE .
DENTI, V., 1994: «Armonizzazione e diritto alla preva», en Rivista trimes- · . o the Probative Value o v1-
tra/e di diritto e procedura civile, núm. 3. F1NKELSTEIN, M. Ü., y LEVIN, B., 2003 · « ? . .
DEVIS EcHANDfA, H., 1981: Teoría general de la prueba judicial, t. I, 5.ª dence from a Screening Search», en Junsme~n~s !~u, na/, 'i,3¡RELMAN
ed., Buenos Aires: Víctor P. de Zavalía editor. FORIERS, P., 1981: «Considérations sur la pre uve Jud1c1~ire».' en ments Émi~
DfAZ CABIALE, J. A., 1992: «La admisión y la práctica de la prueba en CH., y FORIERS, P.: La preuve en droit, Bruxelles: Etabhsse
el proceso penal», en Cuadernos del Consejo General del Poder Ju- le Bruylant. E 'd d Probability
FRANKLIN J 2001 · The Science of Conjecture: vz ence an
dicial. ' ·• · · u · ·ry Press
Befare Pascal, Baltimore: John ~opkms mve~s1. anLai~Review, 94.
DíEZ, J. A., y MoULINES, C. U., 1997: Fundamentos de filosofía de la cien-
cia, Barcelona: Ariel. FRIEDMAN, R. D., 1996: «Assesing Ev1dence», ~nMzchzg b d Thinks
EooY, D. M., 1996: Clinical Decision Making. From Theory to Practice, FRIEDMAN, R. D., y PARK, R. C., 2003: «Sometrmes w~at Every o y
Sudbury (Mas.): Janes and Barlett Publishers. They Know is True», en Law and Human Behaov1R0Sr,p2:H· ANSSON B y
d · ne enGARDENF , ·• ' .,
EGGLESTON, R., 1978: Evidence, Proof, and Probability, 2.ª ed., London: GARBOLINO, P., 1997: «1ntro uzrn », b .· Aspetti ft/osoftci giu-
Weidenfeld and Nicolson, 1983. SAHLIN, N.-E.: La teoria del valore pro atona. ,
- 1980: «The Probability Debate», en Criminal Law Review. ridici e psicologici, Milano: Giuffre.

j
.·1
/¡ 158 BIBLIOGRAFÍA BIBLIOGRAFÍA 159
!
GARCIMARTÍN, R., 1997: El objeto de la prueba en el proceso civil, Barce- BARMAN, G. (1965): «The inference to the best explanation», en Philosophical
lona: Cedecs. Review, 74.
i GARDENFORS, P., 1993: «On the Logic ofRelevance», en DUBUCS, J. P. (ed.):
Philosophy of Probability, Dordrecht-Boston-London: Kluwer.
HART, H. L. A., 1961: The Concept of Law, 2.ª ed., Oxford: Oxford Uni-
versity Press, 1994.
GARDENFORS, P.; HANSSON, B., y SAHLIN, N.-E., 1983: Evidentiary Value: - 1994: «Postscript», en HART, H. L. A.: The Concept of Law, 2.ª ed., Ox-
'l '
Philosophical, Judicial and Psychological Aspects of a Theory, Lund:
CWK Gleerups.
ford: Oxford University Press.
HEFFER, CH. N., 2007: «The Language of Conviction and the Convictions
GASCÓN, M., 1999: Los hechos en el derecho. Bases argumentales de la of Certainty: Is "Sure" an Impossible Standard of Proof?», en Inter-
prueba, Madrid: Marcial Pons. national Commentary on Evidence, vol. 5, núm. l.
- 2001: «Sobre la racionalidad de la prueba judicial», en TRIOLO, L.: HEMPEL, C. G., 1966: Philosophy of Natural Science, Englewood Cliffs,
Prassi giuridica e controllo di razionalita, Torino: Giappichelli. New Jersey: Prentice-Hall. Citado por la traducción castellana de DE-
GASCÓN INCHAUSTI, F., 1999: El control de fiabilidad probatoria: «Prueba AÑO, A.: Filosofía de la ciencia natural, Madrid: Alianza, 1995.
sobre la prueba» en el proceso penal, Valencia: Ediciones Revista Ge- HERNÁNDEZ MARÍN, R., 2005: Las obligaciones básicas de los jueces, Ma-
neral de Derecho. drid: Marcial Pons.
GIMÉNEZ PERICAS, A., 1992: «Sobre la prueba ilícitamente obtenida», en HERRERA ABIÁN, R., 2006: La inmediación como garantía procesal (en el
AAVV: La prueba en el proceso penal, Cuadernos de Derecho Judicial, proceso civil y en el proceso penal), Granada: Comares.
Madrid: Consejo General del Poder Judicial. HUME, D., 1758: An Enquiry Concerning Human Understanding, en Hu-
GIMENO SENDRA, V., 1988: Constitución y proceso, Madrid: Tecnos. me' s Enquiries, edición a cargo de NIDDITCH, P. H., Oxford: Clarendon
GIULIANI, A., 1959: Il concetto di prova. Contributo afia logica giuridica, Press, 1975. Citado por la traducción castellana de DE SALAS ÜRTUE-
Milano: Giuffre. TA, J.: Investigación sobre el entendimiento humano, Madrid, Alianza,
GONZÁLEZ LAGIER, D., 2000: «Los hechos bajo sospecha. Sobre la objeti- 1980.
vidad de los hechos y el razonamiento probatorio», en Analisi e dirit- IACOVELLO, F. M., 1997: La motivazione della sentenza pena/e e il suo con-
to, 2000. trollo in Cassazione, Milano: Giuffre.
- 2003: «Hechos y argumentos (II)», en Jueces para la Democracia, 47. IGARTUA, J., 1995: Valoración de la prueba, motivación y control en el pro-
Gooo, I. J., 1983: Good Thinking: The Foundations of Probability and its ceso penal, Valencia: Tirant lo Blanch. . .
Applications, Minneapolis: University of Minnesota Press. - 2003a: «El nombre de la inmediación en vano» en La ley: Revzsta Ju-
1 GOUBEAUX, G., 1981: «Le droit a la pre uve», en PERELMAN CH., y FORIERS, rídica espa,iola de doctrina,jurisprudencia y bibliografía, t. II (D-98).
1 P. (eds.): La preuve en droit, Bruxelles: Émile Bruylant. . - 2003b: La motivación de las sentencias, imperativo constitucional, Ma-
1 GUASP, J., 1956: Derecho procesal civil, I, Civitas, Madrid, 4.ª ed. revisa- drid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
da y adaptada por P. ARAGONESES, 1998. JACKSON, J. D., 2004: «Managing Uncertainty and Finality: The Function
GUZMÁN FLUJA, V. C., 2006: Anticipación y preconstitución de la prueba of the Criminal Tria! in Legal Inquiry», en DuFF, A.; FARMER, L.; MARS-
en el proceso penal, Valencia: Tirant lo Blanch. HALL, S., y TADROS, V. (eds.): The Tria! on Tria!, vol. 1: Truth and Due
HAACK, S., 1993: Evidence and lnquiry. Towards Reconstruction in Epis- Process Oxford-Portland: Hart Publishing.
temology, Oxford: Blackwell. JAMES, G. F., 1941: «Relevance, Probability and the Law», en California
- 2003: «Clues to the Puzzle of Scientific Evidence», en idem: Defen- ·Law Review, núm. 29. . .
ding Science-Within Reason, New York: Prometheus Books. JEFFREYS, H. (1939): Theory of Probability, Oxford: Oxford Umvers1ty
1
HACKING, I., 1975: The Emergence of Probability, Cambridge: Cambridge Press. d' ·
1 University Press. Citado por la traducción castellana de ÁLVAREZ, J. A.: JUEZ MARTEL, P., y DfEZ VEGAS, F. J., 1997: Probabilidad y esta lStlCa en
El surgimiento de la probabilidad, Barcelona: Gedisa, 1995. medicina Madrid: Díaz de Santos.
- 2001: An Introduction to Probability and Inductive Logic. Cambridge: KAPLAN, J., 1968: «Decision Theory and the Fact-Finding Process», en Stan-
.l
Cambridge University Press. ford Law Review, 20.
161
160 BIBLIOGRAFÍA BIBLIOGRAFÍA

LYONS, D., 1965: The Forms and Limits of Utilitarianism, Oxford: Claren-
KAYE, D. H., 1979a: «The Laws of Probability and the Law of the Land»,
en University of Chicago Law Review, 47. don Press. s d" · p¡ ·1 op
MACKIE, J. L., 1973: Truth, Probability and Paradox: tu 1es m u os -
- 1979b: «The Paradox of the Gatecrasher and other Stories», en Arizo-
na State Law Journal.
- 1981: «Paradoxes, Gedanken Experiments, and the Burden of Proof: A MARTIN, A. w.:
hical Logic Oxford: Clarendon Press.
1986: «Comment» (al ~rtículo de BRILMA~ER: ~-=
«Secon~
Order Evidence and Bayesian Logic» ), en Boston Umve1 s1ty Law Re
Response to Dr. Cohen's Replay», en Arizona State Law Journal.
- 1986: «Do we Need a Calculus of Weight to Understand Proof Beyond view, 66, núm. 3-4. ., .
Reasonable Doubt?», en Boston University Law Review, 66, núm. 3-4. MARTÍNEZ GARCÍA, E., 2003: Eficacia de la prueba ¡/¡c~ta e1! e1proceso pe-
- 1988: «Introduction. What is Bayesianism», en TILLERS, P., y GREEN, nal (a la luz de la STC 81/98, de 2 de abril), Valencia: Tirant lo Blanch.
E. D. (eds.): Probability andlnference in the Law ofEvidence. The Uses McCORMICK, CH. T., 1954: On Evidence, 4.ª ed., J. W. STRONG (ed.), St.
and Limits ofBayesianism, Dorcrecht-Boston-London: Kluwer Acade- Paul (Minn.): West Publishing Co., 1992. .
mic Publishers. McNAMARA, Ph, 1986: «The Canons of Evidence. Rules of Exclus10n or
KEANE, A., 2000: The Modern Law of Evidence, 5.ª ed., London: Butter- Rules of Use?», en Adelaide Law Rev_iew,_ ;º·
MENDONCA, D., 1997: Inte1pretación y ap~1cacwn del de~echo,Almena.
,. Ser-
worths.
KELSEN, H., 1960: Reine Rechtslehre, zweite, vi:illstanding neu bearbeitete vicio de Publicaciones de la Universidad de Almena. &S
und erweiterte Auflage, Wien. Citado por la traducción castellana de MILL, J. S., 1843: A System ofLogic, 3.ª ed, London: John W. Parker on,
VERNENGO, R.: Teoría Pura del Derecho, 2.ª ed., México, D. F.: UNAM,
1986. MIR~~;¡ EsTRAMPES, M., 1997: La mínima actividad probatoria en el pro-
KEYNES, J. M., 1921: A Treatise on Probability, London: Macmillan & Co. ceso penal, Barcelona: Bosch. . l roceso e-
Citado por la reimpresión en facsímil de Watchmaker Publishing, 2007. - 1999: El concepto de prueba ilícita y ~u tratanuento en e p p
LAKATOS, l., 1968: «Changes in the Problem oflnductive Logic», en idem: nal 2 ª ed Barcelona: J. M. Bosch editor, 2004. . .
, · ., . . . · fonnadores del proceso civi1
The Problem ofInductive Logic, Amsterdam: North-Holland Publishing MONTERO AROCA, J., 1988: «Los principios i~ . l Bar-
Co. en el marco de la Constitución», en Traba;os de Derecho P,ocesa ,
LAUDAN, L., 1981: Science and Hipothesis, Dordrecht-Boston-London: celona: Bosch. b · d" · z civil LE C
Reidel Publishing Co. MuÑOZ SABATÉ, Ll., 2001: Fundamentos de prue a JU icw . . . .
- 2006: Truth, Error, and Criminal Law. An Essay in Legal Epistemology, 1/2000, Barcelona: J. M. Bosch editor. . . · ico» en TILLERS
Cambridge: Cambridge University Press. MURA, A., 2003: «lntroduzione. Pe: ~n :i~is~:;:~::7;i,~!t~~ de/le prove. Usi
- 2007a: «Strange bedfellows: inference to the best explanation and the P., y GREEN, E. D.: lnferenzap10 ~ . . ar odeMURA,A.,Mi-
criminal standard of proof», en International Journal of Evidence and e limiti del bayesianismo», traducción itahana a c g
Proof, 11. lano: Giuffre. . ª ondon: Blackstone Press Li-
- 2007b: «Jugando con los números. Las proporciones al corazón de la MURPHY, P.: Mwphy on Ev1dence, 7. ed., L
jurisprudencia», ponencia presentada en el II Mini-foro sobre episte- mited. . N York· Harcourt Brace
mología jurídica, UNAM, México, 5-7 de julio de 2007. NAGEL, E., 1961: The Structure of Sc1en~~· e:iellan~ de MíGU~Z, N.:
LEMPERT, L., 1977: «Modeling Relevance», en Michigan Law Review, 75. & World Inc. Citad? p~r la tradlucci~u~~osAires-México: Paidós,
- 1986: «The New Evidence Scholarship: Analysing the Process of Pro- La estructura de la ciencia, Barce ona-
of», en Boston University Law Review, 66, núm. 3-4. 1991. bl nd mathematical mo-
LIEBMAN, E. T., 1955: Manuale di diritto processuale civile, Milano: Giuffre. NANCE, D. A., 2007: «The referen~e class p·roal ;mE:idence and Proof, 11.
Citado -por la traducción castellana de SENTÍS MELENDO, S.: Manual de dels of inference», en lnt~rnatwnal ]0~111 nt?~n Judicial Proof and the
derecho procesal civil, Buenos Aires: EJEA, 1980. NESSON, Ch., 1985: «The Evidence orthe ve . ·ew vol 98 núm. 7.
LILLQUIST, E., 2002: «Recasting Reasonable Doubt: Decision Theory and Acceptability ofVerdicts», en Harvard Law_Re~1 1 , . ,
the Virtues ofVariability», en U.C. Davis Law Review, 36, núm. l. NIETO, A., 2000: El arbitrio judicial, Barcelona. Ane .
']
·¡
- 163
l 162 BIBLIOGRAFÍA

PAPADOPOULOS, l., 2003: «La preuve: vérité ou vraisemblance?», en GA-


BIBLIOGRAFÍA

RAMSEY, F. P., 1931: «Truth and Probability», en BRAITHWAITE, R. B. (ed.):


1
¡ RAPON, A., y PAPADOPOULOS, l.: Juger en Amérique et en France, París: The Foundations of Mathematics and other Logical Essays, London:
¡ Odile Jacob.
PARDO, M. S., 2005 : «The Field of Evidence and the Field of Knowledge»,
Kegan Paul.
REICHENBACH, H., 1949: The Theory of Probability. An lnqui,y into the Lo-
! en Law and Philosophy, 24. gical and Mathematical Foundations of the Calculus of Probability, 2.ª
- 2007: «Reference classes and legal evidence», en International Jour- ed., Berkeley: University of California Press, 1971.
nal of Evidence and Proof, 11. RESCHER, N., 1988: Rationality. A Philosophical Inqui,y into the Nature
PERELMAN, Ch., 1963: «La spécificité de la preuve juridique», en La preu- and the Rationale of Reason, Oxford: Clarendon Press. Citado por la
ve, Recueils de la Société Jean Bodin pour l'histoire comparative des traducción castellana de NuccATELLI, S.: La racionalidad. Una inda-
institutions, 16-19, vol. 4. gaciónfi/osófica sobre la naturaleza y /a justificación de la razón, Ma-
PERROT, R., 1983: «Le droit a la preuve», en Effektiver Rechtsschutz und drid: Tecnos, 1993.
Ve,fassungsmiissige Ordnung - Effectiveness ofJudicial Protection and RESCHER, N., y JoYNT, C. B., 1959: «Evidence in History and in the Law»,
Constitutional Order, Bielefeld: Gieseking-Verlag. en The Journal of Philosophy, vol. LVI, 13.
PETIT, PH., 1989: «Consequentialism and Respect for Persons», en Ethics, RHEE, R. J., 2007: «Probability, policy and the problem of reference class»,
100, núm. l. en Jnternational Journal of Evidence and Proof, 11.
PETITTI, D. B., 1994: Meta-Analysis, Decision Analysis and Cost-Effecti- RIVADULLA, A., 1991: Probabilidad e inferencia científica, Barcelona:
veness Analysis. Methods for Quantitative Synthesis in Medicine, Ox- Anthropos.
ford: Oxford University Press. RoBERTS, P., 2007: «From theory into practice: introducing the reference
Picó I JUNOY, J., 1996: El derecho a la prueba en el proceso civil, Barce- class problem», en Internations Journal of Evidence and Proof, 11.
lona: Bosch. SAHLIN, N .-E., y RABINOWICZ, W., 1997: «The Evidentiary Val ue Model»,
POPPER, K. R., 1935: The Logic of Scientific Discove,y, London: Hutchin- en GABBAY, D. M., y SMETS, Ph. (eds.): Handbook of Defeasible
son & Co., Ltd. Citado por la traducción castellana de SÁNCHEZ DE ZA- Reasoning and Uncertain Management Systems, vol. 1, Dordrecht:
VALA, V.: La Lógica de la investigación científica, Madrid: Tecnos, 1990. Kluwer.
- 1938: «A Set of Independent Axioms for Probability», en Mind, XL- SAKS, M. J., y KIDD, R. F., 1980: «Human Information Processing andAd-
VII. judication: Tria! by Heuristics», en Law and .society Review, .15.
- 1963: Conjectures and Refutations. The Growth of Scientific Knowled- SALMON, W., 1967: The Foundations of Scientific Jnference, P1ttsburgh:
ge, London: Routledge & Kegan Paul. Citado por la traducción, adap- University of Pittsburgh Press. .
tada a la cuarta edición inglesa, de MÍGUEZ, N.: Conjeturas y refuta- SAVAGE L. J. 1954: The Foundations of Statistics, New York: John W1ley.
ciones. El desarrollo del conocimiento científico, Barcelona-Buenos SCAND¡LARI 'C. 2000: «Sulle argomentazioni probabilistiche in clinica»,
Aires-México: Paidós, 1994. en VJNC~NT;, U. (ed.): Diritto e clinica. Per l" analisi della discusione
- 1974: Unended Quest. An Intellectual Autobiography, The Library of del caso, Padova: Cedam. .
Living Philosophers. Citado por la traducción castellana de GARCÍA SCHAUER, F., 2003: Profiles, Probabilities, and Stereotypes, Cambndge
TREVJJANO, C.: Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, (Mass.)-London: Harvard University Press. .
Madrid: Tecnos, 2002. SCHUM, D. A., 1986: «Probability and the processes of d1scovery, proof, and
POSNER, R. A., 1977: Economic Analysis of the Law, Boston: Little Brown. choice» en Boston University Law Review, 66, núm. 3-4. .
- 1990: The Problems of Jurisprudence, Cambridge (Mass.): Harvard 1994: The Evidential Foundations of Probabilistic Reasomng, ~ew
University Press. York: John Wiley & Sons. Citado por la ed!ción_ en paperback publica-
QUESADA, D., 1998: Sabe,~ opinión y ciencia, Barcelona: Ariel. da en Evanston, Illinois: Northwestern Umvers1ty Press, 2001.
RAFARACI, T., 2004: La prava contraria, Torino: Giappichelli. SENTÍS MELENDO, S., 1979: La prueba, Buenos Aires: EJEA.
RAIFFA, H., 1968: DecisionAnalysis. Introductory Lectures on Choices un- SHAVIRO, D., 1989: «Statistical-Probability Evidence and the Appearance
der Uncertainty, New York: Random House. of Justice», en Harvard Law Review, 103.
/ 165
/ 164 BIBLIOGRAFÍA BIBLIOGRAFÍA

SHAFER, G., 1976: A Mathematical Theory of Evidence, Princeton: Prince- ToNINI, P., 1997: La prava pena/e, 4.ª ed., Padova: Cedam, 2000:
ton University Press. TRIBE, L. H., 1971: «Trial by Mathematics: Precision and Ritual m the Le-
Sox, H. C., et al., 1988: Medica! Decision Making, Boston, Mass.: Butter- gal Process», en Harvard Law Review, 84, núm. 6. . . .
worth-Heinemann. TWINING, W., 1984: «Sorne Scepticism about Sorne Scept.1c1sms», en Brz-
STEIN, A., 2005: Foundations of Evidence Law, Oxford: Oxford University tish Journal of Law and Society. Citado por la reed1c1ón en TWINING,
Press. W., 1990: Rethinking Evidence. Exploratory Essays, 2.ª ed., Evanston,
STEIN, F., 1893: Das private Wissen des Richters. Untersuchungen zum Be- Illinois: Northwestem University Press, 1994. .
weisrecht beider Prozesse. Citado por la traducción castellana de DE LA - 1990: Rethinking Evidence. Exploratory Essays, 2.ª ed., Evanston, Ilh-
OLIVA, A.: El conocimiento privado del juez, Madrid: Centro de Estu- nois: Northwestem University Press, 1994.
dios Ramón Areces, 1990. UBERTIS, G., 1992: «La ricerca della verita giudiziale»,. en UBE.RTIS: G.
STELLA, F., 2001: Giustizia e modernita. La protezione dell" innocente e la (ed.): La conoscenza del fatto ne! processo penale, M1~a~o: G.mffre.
tutela delle vittime, 3.ª ed., Milano: Giuffre, 2003. - 1995: La prava penale. Profili giuridici de epistemologzcz, Tormo: Utet
STOFFELMAYR, E., y SIEDMAN DIAMOND, S.: «The Conflict between Preci- Libreria. . .
sion and Flexibility in Explaining "Beyond a Reasonable Doubt"» en VAN FRAASSEN, B. C., 1980: The Scientific lmage, Oxford: Oxford Un~vers1ty
Psychology, Public Policy and Law, 6. Press. Citado por la traducción castellana de MARTÍNEZ, S.: La zmagen
STRAWSON, P. F., 1952: Introduction to Logical Theory, London: Methuen. científica, México D. F.: Paidós-UNAM, 1996. . ,
SUMMERS, R. S., 2000: «Formal Legal Truth and Substantive Truth in Ju- VELU, J., 1973: «La Convention Européene des Dr01ts de 1 Homme et les
dicial Fact-Finding», en ídem: Essays in Legal Theory, Dordrecht-Lon- Garanties Fondamentales», en CAPELLETTI Y TALL~N (eds): Funda-
don-Boston: Kluwer Academic Publishers. mental Guarantees of the Parties in Civil Litigatzon, M1lano-New
SWIFT, E., 2000: «One Hundred Years of Evidence Law Reform: Thayer's York. d · · d l
Triumph», en California Law Review, 88. VICENTI, U. (ed.), 2000: Diritto e clinica. Per l" analisi della eczswne e
TARSKI, A., 1931: «The Concept ofTruth in Formalized Languages», aho- caso, Padova: Cedam. . . . . G' ffr'
ra en ídem: Logic, Semantics, Metamathematics, Indianapolis: Hackett VIGORITI, V., 1970: Garanzie costituzionali del processo czvzle, Milano. m . e.
Publishing Company, 1983. WALLISER B.· ZWIRN D. y ZWIRN, H., 2003: «Raisonnements non ~ert~ms
' '
et changement de' croyances»,
' en MARTI~,?·: Pro babz'/'ztes ' su b'1 ectzves
TARUFFO, M., 1970: Studi sulla rilevanza della prava, Padova: Cedam.
- 1984: «Il diritto alla prova nel processo civile», en Rivista di diritto pro- et rationalité de l" action, Paris: CNRS ed1t1ons. . . . .
cessuale, núm. 4. WALTER, G., 1991: «Il diritto alla prova in Svizzera», en Rzvzsta trzmestl a-
- 1990: «Modelli di prova e di procedimento probatorio», en Rivista di le di diritto e procedura civile, núm. ~· . . . ._
diritto processuale, XLV, núm. 2. WEINSTEIN, J. B., 1966: «Sorne difficult1es m dev1smg. rules for deterrrn
- 1992: La prava dei fatti giuridici, Milano: Giuffre. ning truth in judicial trials», en Columbia ~aw Revzew, vol. 66, 2. Re~
- 2007a: La prueba, Madrid-Barcelona: Marcial Pons. editado en TWINING, W., y STEIN, A. (eds.): Evzdence and Proof, Aldershot.
- 2007b: «Poderes probatorios de las partes y del juez en Europa», en Doxa, Dartmouth, 1992. · Ph'l d 1 h' ·
29. WEINSTEIN, M. C., et al., 1980: Clinical Decision Analyszs, 1 ª e P ia.
TARZIA, G., 1998: «Problemi del contradittorio nell"istruzione probatoria W. B. Saunders Company. . . . 1 b L ic
civile», en Rivista di diritto processuale. WIGMORE, J. H., 1937: The Science of Judzczal Proof ª.s give'. • Y ~.g '
THAYER, J. B., 1898: A Preliminary Treatise on Evidence at the Common Psychology and General Experience, an lllustrate m J~~z~za~ T, zat
Law, reed., Boston: Elibron Classics, 2005. Boston- Brown & Co. Ésta es, en realidad, la tercera edici~n. e un l-
• . . .-r r d' · l p . -r publicado ongma1men-
TILLERS, P., 1986: «Mapping Inferential Domains», en Boston University bro previo: The Prmczples oJ JU zcza 100'J•
Law Review, 66, núm. 3-4. te en 1913. · c.· · al Law
TILLERS-WIGMORE, 1983: WIGMORE, J. H.: Evidence in Trials at Common WILLIAMS, G. Ll., 1979: «The Mathematics of Prof.-1», en , zmm
Law, vol. l., revisado y ampliado porTILLERS, P., Boston: Little Brown. Review.

! 1
166 BIBLIOGRAFÍA

WITIGENS~EIN, L., 1953: Philosophische Untersuchungen Oxford· Bl k- FILOSOFÍA Y DERECHO


well. Citado por la traducción castellana de GARCÍA SUÁREZ A · Mac
1
UNES , U.: / nves(1gac10nes
· ' ·• Y OU-
fi1/osóficas, Barcelona: Crítica, 2002.
j WRó~LEWSKI, J., 1971: «The Legal Decision and its Justification» en Lo- TÍTULOS PUBLICADOS
, g1que et Analyse, núm. 53-54. '
Wittgenstein y la teoría del derecho
1975: «El ~roblema de la así llamada verdad judicial», en WRóBLEWS- Una senda para el convencionalismo jurídico
KI, J.: Se~1t1d~ Y hecho en el derecho, San Sebastián: Servicio editorial
1 de la Umvers1dad del País Vasco, 1989.
María Isabel Narváez
En la teoría del derecho, como en tantos otros ámbitos, es frecuente la utilización de la
1981: «La prueb~jurídica: axiología, lógica y argumentación», en WRó- filosofía de L. Wittgenstein para dar apoyo a las tesis que se defienden. No obstante, los
apoyos así pretendidos no pueden ser brindados por una concepción de la actividad fi-
BLEWSKI, J.: Sentido y hecho en el derecho San Sebast1'a'n· Se · · d'
1 t · 1d 1 u · · • . rv1c10 e 1- losófica basada en los conceptos de terapia y gramática filosófica. En el caso del positi-
ona e a mvers1dad del País Vasco, 1989. vismo jurídico, y en concreto en el caso de la tesis de las fuentes sociales que éste de-
ZUCKERMAN, A. A. S., 1989: The Principies of Criminal Evidence Oxford· fiende, el uso de la filosofía del segundo Wittgenstein sólo puede presentar al iuspositivismo
como una concepción sobre el derecho y no como una teoría. Las expresiones con las
Clarendon Press. ' · que se presenta la tesis de las fuentes sociales funcionan como enunciados filosóficos y,
por tanto, no son expresiones generales verdaderas en el seno de una teoría. Sin embar-
go, suponen un compromiso con la defensa de cierto tipo de conocimiento de los hechos
sociales que el positivismo jurídico no puede desatender.

Las reglas en juego


Un examen filosófico de la toma de decisiones basada en reglas, en el derecho y en la vida ;¡
cotidiana
Frederick Schauer :;
El uso de reglas para orientar nuestras acciones parece, al menos a primera vista, sujeto ,,,
:1
a un problema fundamental: el de la justificación racional del seguimiento de reglas. Cual-
quier regla destaca como relevantes ciertas circunstancias para calificar normativamen-
te una acción como obligatoria, prohibida o permitida («deténgase frente a un semáforo
en rojo»). Pero, al hacerlo, necesariamente soslaya la relevancia de otras muchas circunstancias
(¿debo detenerme frente a un semáforo en rojo si estoy llevando a mi esposa al hospital
para dar a luz?). Y en cierto sentido, parecería que la evaluación de lo que debemos ha-
cer en determinada situación requiere tomar en cuenta todo posible factor que pudiese
tener incidencia en la determinación de nuestras obligaciones, esto es, debe atenderse
al espectro completo de razones en Juego. Pero si las reglas se interpretan y aplican como
si fuesen completamente «transparentes» respecto de nuestra evaluación del resultado
que ofrece el balance de todas las razones en juego en cada caso, esto es, si en cada si-
tuación de posible discordancia entre lo que expresa la regla y el balance completo de
razones normativas en juego ha de estarse al resultado de este último, las reglas como
tales resultarían herramientas inútiles. Así, el uso de reglas para la resolución de proble-
mas prácticos parece conducir al siguiente dilema: o aceptamos la orientación que nos
ofrecen las reglas, lo cual resultaría en última instancia una forma de descalificación por
anticipado de la posible relevancia de ciertos factores en la dilucidación de lo que se debe
hacer y, consiguientemente, una forma de irracionalidad, o dejamos de lado la guía que
ofrecen las reglas y nos concentramos en lo particular de cada situación para decidir cómo
actuar de conformidad con el plexo completo de razones en juego, con lo que las reglas
se tornan irrelevantes.
El intentar ofrecer una respuesta a esta tensión entre irracionalidad e irrelevancia en lo
que respecta al seguimiento de reglas constituye el tema central de Las reglas en juego,
la obra de Frederick Schauer cuya versión en español presentamos aquí. Frederick Schauer
es actualmente profesor de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de
Harvard y uno de los principales referentes de la teoría jurídica contemporánea del mun-