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TEMA 1: DESARROLLO PSICOSOCIAL EN LA ADULTEZ EMERGENTE Y

ADULTEZ TEMPRANA

Diversas trayectorias a la adultez

En la actualidad, para mucha gente joven, la adultez emergente es una época


de experimentación antes de asumir los roles y responsabilidades de los adultos.
Las tareas tradicionales del desarrollo, como encontrar un trabajo estable y
desarrollar una relación romántica de largo plazo, pueden ser pospuestas hasta
los treinta e incluso más tarde.

En los caminos hacia la edad adulta influyen factores como el género,


capacidades académicas, primeras actitudes hacia la educación, raza y origen
étnico, expectativas al final de la adolescencia y clase social. Cada vez es más
común que los adultos emergentes de los dos sexos continúen sus estudios y
demoren la paternidad (Osgood, Ruth, Eccles, Jacobs y Barber, 2005),
decisiones que, normalmente, son determinantes para la prosperidad futura en
el trabajo.

Algunos adultos emergentes tienen más recursos que otros (económicos y de


desarrollo). Mucho depende del desarrollo del yo: una combinación de la
capacidad de entenderse y entender al mundo, de integrar y sintetizar lo que uno
percibe y sabe, y de hacerse cargo de planear el curso de la propia vida. Las
influencias familiares son importantes.

La adultez temprana ofrece una moratoria, un tiempo de espera, sin las


presiones del desarrollo y con libertad para experimentar diversos papeles y
estilos de vida. Sin embargo, representa un momento decisivo en el que se
cristalizan de manera gradual los compromisos del papel de adulto.
Se propuso el término recentramiento para denominar el proceso que
fundamenta el cambio a una identidad adulta. Es la principal tarea de la adultez
emergente. El recentramiento es un proceso de tres etapas donde el poder, la
responsabilidad y la toma de decisiones pasa gradualmente de la familia de
origen al adulto temprano independiente.

En la etapa 1, al comienzo de la adultez emergente , el individuo todavía se


encuentra inserto en la familia de origen, pero empiezan a crecer las expectativas
de autoconfianza y autonomía.

En la etapa 2, durante la adultez emergente , el individuo sigue vinculado con su


familia (y quizá depende de ella económicamente), pero ya no está inserto en
ella. Esta etapa se caracteriza por la presencia de actividades temporales y de
exploración en diversas materias escolares, trabajos y con diversas parejas.
Hacia el final de esta etapa, el individuo comienza a establecer compromisos
serios y a ganar los recursos necesarios para mantenerlos.

En la etapa 3, hacia los 30 años, el individuo pasa a la adultez temprana. Esta


fase se distingue por la independencia de la familia de origen (al tiempo que se
conservan los lazos) y la dedicación a una carrera, pareja y, posiblemente, los
hijos.

Desarrollo de las relaciones adultas con los padres

Influencias en las relaciones con los padres

Aunque ya no son niños, los adultos emergentes todavía necesitan la aceptación,


empatía y apoyo de sus padres, y el apego a ellos no deja de ser un elemento
fundamental del bienestar. El apoyo económico de los padres, en especial

para la educación, acrecienta la posibilidad de que los adultos emergentes


tengan éxito en sus papeles de adultos (Aquilino, 2006). La relación entre la
madre y el padre repercute en la calidad de la que establecen con sus hijos
adultos (Aquilino, 2006). El hecho de que el adulto temprano quede “atrapado”
entre dos padres en conflicto, retransmitiendo mensajes de un padre al otro y
tratando de minimizar los conflictos entre ellos (Amato y Afi fi, 2006), puede tener
consecuencias negativas.

En general es equivocada la visión estereotipada de que esos adultos tempranos


que no se mudan del hogar de

sus padres son holgazanes que se niegan a aceptar la responsabilidad (Arnett,


2007b). Más bien, se ven forzados a mantener cierta dependencia debido a las
dificultades económicas y a la necesidad de obtener entrenamiento o un grado
académico mayor que las generaciones anteriores.

Cuatro enfoques del desarrollo de la personalidad

Cuatro enfoques del desarrollo psicosocial de la adultez son: modelos de etapas


normativas, modelos del momento de los eventos, modelo de rasgos y modelos
tipológicos.

Estos cuatro puntos de vista plantean diferentes cuestiones sobre la


personalidad adulta, estudian aspectos diferentes de su desarrollo y, por lo
regular, aplican métodos distintos.

MODELOS DE ETAPAS NORMATIVAS

Los cambios son normativos en el sentido de que parecen comunes de la


mayoría de los integrantes de una población; además, aparecen en periodos
sucesivos, o etapas, que a veces están marcadas por crisis emocionales que
preparan el camino para nuevos avances. La sexta etapa del desarrollo
psicosocial de Erikson es intimidad frente al aislamiento. Si quienes transitan por
ella no pueden establecer compromisos personales profundos con los demás,
decía Erikson, corren el riesgo de aislarse y ensimismarse. Sin embargo,
necesitan algún grado de aislamiento para reflexionar sobre su vida.
Al tiempo que resuelven las exigencias contradictorias de intimidad,
competitividad y distancia, desarrollan un sentido ético que Erikson consideraba
la nota distintiva del adulto. Las relaciones íntimas exigen sacrificios y
compromisos. De cualquier manera, la investigación de las etapas normativas
ha tenido un efecto continuo en el campo. Los psicólogos, apoyados de manera
principal en la obra de Erikson, identificaron tareas del desarrollo que deben
completarse para lograr una sana adaptación a cada etapa de la vida. Quizá el
mensaje más importante de los modelos de etapas normativas es que el
desarrollo no termina al llegar a la edad adulta. Independientemente de que las
personas sigan o no los patrones específicos que proponen estos modelos, en
la investigación de las etapas normativas se sostiene la idea de que los seres
humanos cambiamos y nos desarrollamos durante toda la vida.

MODELO DEL MOMENTO DE LOS EVENTOS

En lugar de contemplar el desarrollo de la personalidad adulta sólo como una


función de la edad, el modelo del momento de los eventos, elaborado por Bernice
Neugarten y otros (Neugarten, Moore y Lowe, 1965; Neugarten y Neugarten,
1987) sostiene que el curso del desarrollo depende del momento en que ocurren
ciertos eventos en la vida de las personas. Según el modelo, las personas son
muy conscientes de su momento y del reloj social (Conjunto de normas o
expectativas culturales para la época de la vida en que deben ocurrir ciertos
eventos importantes, como el matrimonio, la paternidad, la entrada al mundo
laboral y el retiro), las normas de la sociedad y lo que en ésta se considera el
momento oportuno para ciertos acontecimientos de la vida.

Si los eventos se presentan a tiempo, el desarrollo avanza de manera uniforme.


En caso contrario, sobreviene el estrés como resultado de un evento inesperado
(como quedarse sin trabajo), un evento a destiempo (enviudar a los 35 años o
ser obligado a retirarse a los 50) o de que no se presente un acontecimiento
(nunca casarse o no poder tener hijos). Las diferencias de personalidad influyen
en la forma de responder a los eventos de la vida y llegan a influir en su
oportunidad. Por ejemplo, una persona resiliente experimentará una transición
más suave a la edad adulta y las tareas y eventos que la esperan que una
persona demasiado ansiosa, que puede aplazar las decisiones sobre sus
relaciones o su carrera.

MODELOS DE RASGOS: LOS CINCO FACTORES DE COSTA Y MCCRAE

Modelos de rasgos: Modelos teóricos del desarrollo de la personalidad que se


enfocan en rasgos, o atributos emocionales, temperamentales, conductuales y
mentales.

Modelo de los cinco factores: Modelo teórico de la personalidad desarrollado y


puesto a prueba por Costa y McCrae, basado en los “cinco grandes” factores
que agrupan rasgos de personalidad relacionados: neuroticismo, extroversión,
apertura a la experiencia, escrupulosidad y agradabilidad.

MODELOS TIPOLÓGICOS

Enfoque tipológico: Perspectiva teórica que identifica tipos o estilos generales de


la personalidad.

Los investigadores han identificado tres tipos de personalidad: yo resiliente,


sobrecontrolado y subcontrolado. Estos tres tipos difieren en la resiliencia del yo,
que es la capacidad de adaptarse bajo estrés, y el control del yo, el control de
uno mismo. Las personas con yo resiliente están bien adaptadas, son confiadas,
independientes, articuladas, atentas, serviciales, cooperadoras y se concentran
en sus labores. Los individuos sobrecontrolados son tímidos, callados, ansiosos
y dependientes; se guardan lo que piensan, evitan conflictos y tienden más a la
depresión. Las personas subcontroladas son activas, enérgicas, impulsivas,
tercas y se distraen con facilidad. La resiliencia y el control del yo interactúan
para determinar si la conducta es adaptada o inadaptada. Por ejemplo, la falta
de control puede dar lugar a la creatividad y al ingenio o a conductas antisociales
y de externalización. Del mismo modo, el control excesivo contribuye a la
concentración y planificación de la persona o puede dar lugar a un estilo de
conducta inflexible e inhibida. Las formas más extremas de exceso o falta de
control por lo regular se asocian con niveles bajos de resiliencia del yo (Kremen
y Block, 1998). Estos tipos de personalidad u otros semejantes se presentan en
los dos sexos, entre culturas y entre grupos étnicos, y en niños, adolescentes y
adultos.

Bases de las relaciones íntimas

Erikson consideraba que el desarrollo de relaciones íntimas es una tarea crucial


de la adultez temprana. La necesidad de establecer relaciones firmes, estables,
cercanas y comprometidas es una motivación importante de la conducta
humana. Las personas incrementan (y mantienen) su cercanía debido a las
revelaciones mutuas, la sensibilidad a las necesidades de la otra y la aceptación
y el respeto recíproco.

Las relaciones íntimas requieren de autoconciencia, empatía, habilidad para


comunicar emociones, resolver conflictos y respetar los compromisos, y, si la
relación es potencialmente de naturaleza sexual, de una decisión sexual. Estas
habilidades son centrales cuando los adultos tempranos deciden si se casan o
establecen relaciones íntimas y si tienen o no hijos. Además, la formación de
nuevas relaciones (por ejemplo, con parejas románticas) y la renegociación de
las relaciones existentes (por ejemplo, con los padres) tienen implicaciones para
la persistencia o cambio de la personalidad.

AMISTAD

En la adultez temprana, las amistades son menos estables que en periodos


anteriores y posteriores, debido a la frecuencia con que las personas de esta
edad se mudan (Collins y Van Dulmen, 2006). Aun así, a pesar de la distancia
muchos adultos tempranos conservan amistades incondicionales y de gran
calidad. Los adultos tempranos solteros dependen más de los amigos para
satisfacer sus necesidades sociales que los adultos tempranos casados o los
que son padres (Carbery y Buhrmester, 1998). El número de amigos y el tiempo
que se pasa con ellos se reduce en el curso de la adultez temprana.

De todas maneras, las amistades son importantes para los adultos tempranos.
Las personas con amigos tienen un sentimiento de bienestar: o la gente que
tiene amigos se siente bien o la gente que se siente bien tiene más facilidades
para hacer amigos (Hartup y Stevens, 1999; Myers, 2000).
Por lo general, las mujeres tienen amistades más íntimas que los hombres. Éstos
se inclinan a compartir con los amigos más información y actividades que
confidencias. Muchos adultos tempranos asimilan a sus amigos en las redes de
su familia de elección. Estos amigos cercanos y fiables se consideran parientes
ficticios, en otras palabras, la familia psicológica del individuo.

AMOR

Según Sternberg (1986, 1998a, 2006), los tres elementos o componentes del
amor son intimidad, pasión y compromiso. La intimidad, el elemento emocional,
incluye autorrevelación, lo que lleva al vínculo, la calidez y la confianza. La
pasión, el elemento motivacional, se basa en impulsos internos que traducen la
estimulación fisiológica en deseo sexual. El compromiso, el elemento
cognoscitivo, es la decisión de amar y quedarse con el ser amado. El grado en
que está presente cada uno de los tres elementos determina qué tipo de amor
siente una persona. La comunicación es una parte esencial de la intimidad.

Estilos de vida marital y no marital

En muchos países de Occidente, las normas que rigen los estilos de vida
aceptables son más flexibles ahora que en la primera mitad del siglo xx. Las
personas se casan más tarde o no se casan, más personas tienen hijos fuera del
matrimonio o no los tienen y más terminan su matrimonio. Algunas personas se
quedan solteras, otras se vuelven a casar y otras viven con una pareja de
cualquier sexo.

LA VIDA DE SOLTERO

Algunos adultos tempranos están solteros porque no han encontrado la pareja


correcta; pero otros eligen estar solteros. En la actualidad son más las mujeres
que se mantienen y hay menos presiones sociales por casarse. Al mismo tiempo,
muchos adultos solteros están posponiendo el matrimonio y la paternidad debido
a la inestabilidad económica (Want y Morin, 2009). Algunas personas quieren
libertad para recorrer el país o el mundo, progresar en su carrera, proseguir con
su educación o hacer trabajo creativo sin tener que preocuparse por cómo su
búsqueda de autorrealización podría afectar a otra persona.
En ciertos sentidos, las relaciones homosexuales (gays y lésbicas) se equiparán
a las relaciones heterosexuales. Las parejas homosexuales se sienten tan
satisfechas con sus relaciones como las heterosexuales, aunque la satisfacción
disminuye con el tiempo. Los factores que pronostican la calidad de las
relaciones homosexuales y heterosexuales (rasgos de personalidad, percepción
que las dos partes tienen de la relación, formas de comunicarse y resolver los
conflictos y apoyo social) son similares.

COHABITACIÓN

La cohabitación es un estilo de vida cada vez más común, en la que una pareja
que no está casada tiene una relación de carácter sexual y vive bajo el mismo
techo. Las uniones consensuales o informales, casi indistinguibles del
matrimonio, se aceptan desde hace tiempo como matrimonio en muchos países
de Latinoamérica, sobre todo entre parejas de posición socioeconómica baja.

MATRIMONIO

En la mayor parte de las sociedades, la institución del matrimonio se considera


la mejor manera de proteger y criar a los hijos. Permite dividir el trabajo y
compartir los bienes materiales. Idealmente, ofrece intimidad, compromiso,
amistad, afecto, satisfacción sexual, compañía y una oportunidad de crecimiento
emocional, así como nuevas fuentes de identidad y autoestima. Por los motivos
que hemos señalado, y por el aumento de las matrículas en educación superior,
la edad típica para casarse ha aumentado en los países industrializados. Hace
30 a 50 años, la mayoría de las personas se casaban a comienzos de sus veinte
o antes. En general, una de las principales creencias sobre el papel del
matrimonio se enfoca en la unión de dos familias más que en el amor entre dos
individuos.

La transición a la vida matrimonial produce grandes cambios en el


funcionamiento sexual, organización de la rutina diaria, derechos y
responsabilidades, apegos y lealtades. Entre otras tareas, los casados tienen
que volver a defi nir su vínculo con su familia de origen, equilibrar la intimidad y
la autonomía y establecer una relación sexual satisfactoria.
En la actualidad, las actividades extra maritales son más frecuentes entre adultos
tempranos y dos veces más comunes entre los hombres que entre las mujeres
(T.W. Smith, 2003). Por lo general, la actividad extra marital ocurre al inicio de la
relación; el riesgo disminuye en los matrimonios que duran mucho tiempo.

Las personas casadas son más felices que las solteras, aunque quienes
sostienen matrimonios infelices son menos felices que los solteros o los
divorciados (Myers, 2000). Las personas que se casan y permanecen casadas,
en especial las mujeres, tienen un mejor nivel económico que las que no se
casan o se divorcian. En el éxito de un matrimonio ejercen una influencia positiva
el aumento de los recursos económicos, las decisiones equitativas, las actitudes
de género no tradicionales y el apoyo a la norma del matrimonio para toda la
vida, pero también opera el peso negativo de la cohabitación pre marital, las
infidelidades, las exigencias del trabajo de la esposa y el aumento de sus horas
de trabajo.

Lo relevante era la felicidad de la pareja con la relación, la sensibilidad de uno


hacia el otro, la validación de los sentimientos del otro y su capacidad de
comunicarse y manejar los conflictos.

PATERNIDAD

En las sociedades industriales , las personas tienen menos hijos hoy que en
generaciones anteriores y empiezan a tenerlos más tarde, en muchos casos
porque dedican los años de la adultez emergente a la educación y a establecer
una carrera.

El primer hijo marca una importante transición en la vida de los padres. Además
de los sentimientos de emoción, maravilla y asombro, la mayoría de los padres
experimenta cierta ansiedad por la responsabilidad de cuidar un niño, el
compromiso y el tiempo que entrañan y la sensación de permanencia que la
paternidad impone a un matrimonio. El embarazo y la recuperación del parto
pueden afectar la relación de una pareja; algunas veces acrecienta la intimidad;
otras, levanta barreras. Además, muchas parejas encuentran que su relación se
vuelve más “tradicional” luego del nacimiento de un hijo, siendo las mujeres las
que suelen encargarse de la mayor parte del cuidado y las tareas domésticas.
Aunque ahora la mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa, dedican más
tiempo al cuidado de los hijos que las madres de la década de 1960, cuando
60% de los niños vivían con un padre que salía a trabajar y una madre que se
quedaba en casa. En la actualidad, sólo alrededor de 30% de los niños vive en
esas familias.

Para empezar, muchas personas retrasan la paternidad hasta que quieran


dedicar tiempo a sus hijos. También, las normas sociales cambiaron; en la
actualidad, los padres se sienten más presionados para invertir tiempo y energía
en la crianza de los niños. Además, están más pendientes de ellos para
protegerlos de situaciones como la delincuencia, la violencia escolar y otras
influencias negativas. Los padres de hoy participan más en la vida de sus hijos,
en la crianza y en el trabajo doméstico.

Sin importar los detalles de la forma en que la crianza pueda afectar a la


satisfacción marital, los padres primerizos lidian con factores estresantes que
afectan su salud y estado emocional. Pueden sentirse aislados y perder de vista
el hecho de que otros padres pasan por los mismos problemas.

En general, combinar las funciones laborales y familiares es beneficioso para la


salud mental y física de hombres y mujeres y para el fortalecimiento de su
relación (Barnett y Hyde, 2001).

Sin embargo, el beneficio de cubrir varias funciones depende de cuántas


desempeñe cada miembro de la pareja, las exigencias de tiempo de dichas
funciones, el éxito o satisfacción que la pareja deriva de sus papeles y la medida
en que defienden opiniones tradicionales o no sobre los roles de género (Barnett
y Hyde, 2001; Voydanoff, 2004). Las parejas que trabajan enfrentan otras
exigencias de tiempo y energía, conflictos entre trabajo y familia, posible rivalidad
entre los cónyuges y ansiedad y culpa sobre el cumplimiento de las necesidades
de los hijos. La familia es la más exigente, sobre todo para las mujeres que
trabajan tiempo completo, si hay hijos de corta edad (Milkie y Peltola, 1999;
Warren y Johnson, 1995). Las carreras son más demandantes cuando uno de
los dos se establece en un puesto o lo ascienden. Por lo general, las dos
exigencias se presentan en la adultez temprana.
DIVORCIO

Las mujeres con educación universitaria, que antes tenían las opiniones más
permisivas sobre el divorcio han modificado su visión, mientras que las mujeres
de menor escolaridad han elevado su nivel de permisividad y, por tanto, es más
probable que se divorcien (Martin y Parashar, 2006). La edad al casarse es otro
factor de pronóstico sobre la duración del matrimonio.

Causas del fracaso

Los motivos más citados fueron incompatibilidad y falta de apoyo emocional; en


las de divorcio más reciente, que es de suponer que eran más jóvenes, aquí se
incluía la falta de apoyo para la carrera. El maltrato del cónyuge se encontraba
en tercer lugar, lo que apuntaría a que la violencia en la pareja es más frecuente
de lo que se piensa. Terminar incluso un matrimonio infeliz puede ser doloroso
para los dos, sobre todo si quedan hijos pequeños en el hogar. Los problemas
relativos a la custodia y el régimen de visitas obligan a los padres divorciados a
mantenerse en contacto, y a reunirse en encuentros que pueden ser tensos. El
divorcio reduce el bienestar a largo plazo, en especial del miembro de la pareja
que no lo inició o del que no se vuelve a casar (Amato, 2000). Sobre todo, entre
los hombres, el divorcio puede tener efectos negativos en la salud física o mental
(Wu y Hart, 2002). Las mujeres tienen más probabilidades de sufrir una
reducción drástica de sus ingresos y nivel de vida después de una separación o
divorcio (Kreider y Fields, 2002; Williams y Dunne-Bryant, 2006); sin embargo, la
disolución de los matrimonios desdichados beneficia más a las mujeres que a
los hombres.

NUEVAS NUPCIAS

Las nuevas nupcias —decía el ensayista Samuel Johnson—, “representan el


triunfo de la esperanza sobre la experiencia”. Las pruebas de la verdad de este
aforismo es que las nuevas nupcias tienen más probabilidades de terminar en
divorcio que el primer matrimonio.

Los vínculos que se forjan en la adultez temprana con amigos, amantes,


cónyuges e hijos llegan a durar toda la vida e influyen en el desarrollo de la
adultez media y la adultez tardía. Los cambios que experimentan las personas
en sus años más maduros también afectan sus relaciones.

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