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¿Cuáles son los libros sapienciales?

Diácono Orlando Fernández Guerra

La palabra “sabiduría” aparece en la Biblia hebrea tres cientas dieciocho veces. A estas habría
que sumar las cincuenta veces que aparece en los fragmentos hebreos encontrados del libro del
Sirácida, que hasta hace muy poco teníamos solo en lengua griega. Este término puede tener en el
texto los siguientes significados: “saber, inteligencia, educación, disciplina, destreza, agudeza,
prudencia, ciencia, consejo, habilidad, fuerza, perspicacia, conocimiento y temor del Señor”
Ahora bien, los libros conocidos como sapienciales son cinco, a saber: Job, Proverbios,
Qohélet (o Eclesiastés), Sirácida (o Eclesiástico) y Sabiduría. Pero fragmentos sapienciales hay en
muchos otros textos de la Escritura. Este bloque de libros es llamado de distintas maneras en algunas
versiones de la Biblia. En la hebrea, se agrupan con los “Escritos”. En la Septuaginta, entre los libros
“Poéticos”. San Jerónimo los llamó en la Vulgata libros “Didácticos”. Las ediciones católicas actuales
le llaman, “Libros Sapienciales”. Y en las ediciones evangélicas no tiene un título especial.
Por otra parte, el término sabiduría no está planteado por igual en todos los libros. Los
Proverbios y Sirácida manifiestan una sabiduría armoniosa y ordenada. En la que el justo, es el
hombre que vive de acuerdo a la Ley de Dios, y por esto es agradable a los ojos del Señor. Pero los
libros de Qohélet y Job no parecen estar de acuerdo con este planteamiento. Su sabiduría es más
bien contestataria y rompedora de los esquemas teológicos tradicionales. No es que afirmen
tácitamente que la vida sea un “sin sentido”, sino que este no aparece muy claro, porque el justo sufre
y padece, aunque esté haciendo el bien, mientras que el impío parece prosperar.
En el mundo griego, sabio fueron aquellos hombres capaces de escrutar los misterios de la
vida con la sola razón en busca de respuestas. Buscaban el saber por el saber mismo, y por eso les
llamamos filósofos, que quiere amantes de la sabiduría. Pero en la cultura bíblica hay una diferencia
sensible con esta concepción griega, y con de los otros pueblos que le rodeaban. La revelación ocupa
un lugar especial en la contemplación de la sabiduría. Un buen ejemplo puede ser el relato de José el
hijo de Jacob que se nos cuenta en Génesis 37. Cada vez que José aparece como sabio ante los
ojos del Faraón, es porque Dios está detrás autenticando su palabra. José supera a los sabios de
Egipto porque teme al Señor. La fe yavista les hace únicos con respecto a otros pueblos. Esto le da
un sentido especial a toda su literatura y a sus sentimientos. Su sabiduría está centrada en la
observancia de la Ley.
En la etapa pre-exílica se recurrió a métodos sapienciales para contar historias
paradigmáticas: como es el drama del paraíso (Gen 2-3), la misma historia de José (Gen 37-50), la
sucesión al trono de David (2 Sm 9-20), la historia de Salomón (1 Re 3-11), etc. Pero no siempre este
uso fue aprobado por todos, de hecho, la sabiduría tuvo entre los profetas a sus más importantes
críticos. Se puede ver en los libros de Isaías (Is 5,21; 29,14; 10,13; 19,11; 30,15; 31,1-2) y Jeremías
(Jer 8,9; 9,11; 49,7; 50,35), para quienes la salvación solo se puede encontrar en la conversión y la fe
en el único Dios.
La literatura sapiencial comienza a prosperar en Israel en la etapa post-exílica, alrededor del
siglo V a.C. La terrible experiencia del destierro babilónico les hace despertar a otros caminos para
acercarse a Dios. Se editan los Proverbios, Job y Eclesiastés, a los que la Septuaginta añade
Eclesiástico y Sabiduría. El destierro les hiso cambiar de mentalidad. Al entrar en contacto con otras
civilizaciones antiguas repensaron su fe y su vida. Han experimentado de primera mano que se
puede sentir la presencia de Dios fuera de la tierra de Judá. Que Dios está en todos los lugares y no
solo en el Templo de Jerusalén. Esto romperá sus fronteras nacionalistas, ya que Yahvé no es solo el
Dios de Israel sino el único Dios de todo el universo. El Credo que da fe de esta certeza aparece en el
libro del Deuteronomio constituyéndose desde entonces en la oración por excelencia del judaísmo: el
Shema Israel (Dt 6,4-10).
La literatura sapiencial en esta etapa va a ocupar el lugar que tuvieron los profetas
anteriormente, abriendo nuevas perspectivas para la fe. La más importante es que viven su
singularidad de pueblo elegido con una nueva conciencia de universalidad. Esto se expresa a través
de dos pilares fundamentales. El Espíritu de Dios es quien da la sabiduría a todos los hombres: “Pues
ella misma va buscando a los que son dignos de ella, y se les muestra benévola por el camino” (Sab
6,16). Y a través de la sencillez de su fe monoteísta: “El comienzo de la sabiduría es el temor del
Señor” (Prov 9,10).