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tas a las leyes promulgadas por reyes y legisladores y aplicadas por burócratas.
Aunque los fisiócratas tuvieron un éxito muy limitado en este aspecto, su obra di-
vulgó la idea de que un sistema de mercados, en el que se producen intercambios
voluntarios, funciona como un mecanismo de coordinación económica. Los eco-
nomistas se han dedicado a estudiar los mecanismos del mercado, sus característi-
cas, condiciones y defectos, a partir de que los fisiócratas, y más incisivamente
Adam Smith, lo identificaran como el proceso que permite que funcione una eco-
nomía compleja. A los fisiócratas se les criticó en su época por ser «sistemáti-
cos», pero eso es precisamente lo que les hace significativos para la historia y la
filosofía de la ciencia social. El hecho de que los modelos abstractos de los proce-
sos sociales puedan ser erróneos, equívocos o incluso estúpidos, no significa que
se haga mejor ciencia operando al azar.
El largo reinado de Luis XIV, que terminó en 1715, dejó a Francia con una
corte majestuosa y una economía casi arruinada. Luis se enzarzó en una serie de
guerras y construyó el lujoso palacio de Versalles, actividades muy costosas y es-
casamente productivas. Además, expulsó a los protestantes de Francia, que perdió
así uno de sus recursos humanos más industriosos e inteligentes. Se proclamó
monarca absoluto y no toleró ninguna crítica, ahogando así otra posible fuente de
productividad. Colbert, su ministro de finanzas, se embarcó en la política de fo-
mentar la industria, lo que estimuló actividades económicas para las que Francia
no estaba particularmente dotada y perjudicó a la agricultura, para la que el país
disponía de grandes recursos naturales. Las consecuencias de este reinado de lo-
cura para la economía francesa fueron un exceso de normas y el obstáculo tortu-
rante de una política que ahogaba su productividad, por lo que, a pesar de unos
impuestos agobiantes, los ingresos que afluían al tesoro nacional eran insuficiente
para cubrir los gastos. El Estado se iba hundiendo cada vez más profundamente
en el endeudamiento.
Las condiciones económicas no mejoraron mucho con Luis X V , pero se pro-
dujo una cierta liberalización de la atmósfera intelectual, sobre todo a partir de
1748, tras la Paz de Aix-la-Chapelle. Surgió entonces un florecimiento de obras
sociales y políticas. En 1748 apareció El espíritu de las leyes; Diderot y D'Alem-
bert iniciaron su gran Enciclopedia en 1751; Voltaire, uno de los grandes comen-
taristas sociales de todos los tiempos, siguió escribiendo: su sátira inmortal
Candide se publicó en 1759; El contrato social de Jean-Jacques Rousseau, uno de
los libros que más han influido en el pensamiento político de los tiempos moder-
nos, se publicó en 1762. Además, los intelectuales franceses empezaron a intere-
sarse mucho por la filosofía inglesa, sobre todo por las obras de John Locke y
David Hume. Aunque en esta atmósfera de liberalización intelectual y de dificul-
tades económicas aparecieron muchas obras sobre cuestiones económica», c « a
parte del escenario acabó dominándola en la década de 1760 Frangois Quesnay
junto con un grupo de discípulos que se agruparon en torno a él y que se denomi-
naron a sí mismos como «economistas». Más tarde utilizaron el término «fisio-
cracia» para designar su doctrina, y es por este nombre por el que les conoce hoy
la historiografía del pensamiento social.
Durante el apogeo de la influencia de los fisiócratas, Francia se hallaba a
sólo veinte años de distancia de la gran explosión social, de la Revolución fran-
cesa. Es imposible saber, de no haberse producido la revolución, si se hubiera es-
cuchado el mensaje de los fisiócratas; pero quizás Francia hubiera tenido su
revolución pacíficamente, como tuvieron la suya los ingleses en 1688, de haberse
aplicado sus propuestas como una base inicial sobre la que elaborar una política
progresista de reforma económica, y la historia moderna de Europa, y del mundo
en general, habría sido distinta. El último clavo del cadalso del sistema feudal
francés fueron los fondos destinados a ayudar a las colonias inglesas del norte de
América en su guerra revolucionaria contra la metrópoli; la política de los fisió-
cratas, suponiendo que éstos hubieran gozado de mucho éxito, probablemente no
habría permitido al Tesoro francés sobrellevar tan enormes gastos sin consecuen-
cias desastrosas. La historia de lo que «podría haber sido» es, sin embargo, pura
especulación. Independientemente del papel que los fisiócratas pudieran haber te-
nido en la historia de Francia, tuvieron un papel importante en el desarrollo inicial
de la economía como disciplina científica.
La doctrina fisiocrática nace con Frangois Quesnay (1694-1774), que se
educó en un medio campesino, pese al hecho de que su padre era abogado. Reci-
bió escasa instrucción formal y le enseñó a leer un amable jardinero a los doce
años de edad. Adquirió cierta formación médica y comenzó a practicar cuando te-
nía 24 años, pero luego empezó a estudiar en serio ciencias médicas y publicó
cinco libros sobre cuestiones médicas entre 1730 y 1756. Esto le proporcionó un
prestigio internacional como científico de la medicina y como miembro desta-
cado de la profesión. La Royal Society británica le eligió como miembro en 1752.
Debido a su gran fama, madame de Pompadour, amante de Luis XV, le invitó a
trasladarse a Versalles como médico personal suyo en 1749. A partir de entonces,
Quesnay vivió en el núcleo del poder político de Francia. Empezó a interesarse en
cuestiones económicas y, en 1756, a los sesenta y dos años de edad, empezó a pu-
blicar sobre ese tema, escribiendo algunos artículos para la Enciclopedia. En
1758 apareció la primera versión del célebre Tablean Oeconomique, en el que se
delineaba en un diagrama geométrico su modelo del sistema económico.
El discípulo más importante de Quesnay fue Victor Riqueti, marqués de M i -
rabeau (1715-1789), que, antes de conocer a Quesnay, había alcanzado gran fama
popular como autor de un libro titulado El amigo del género humano, o tratado
sobre la población (1756). Mirabeau afirmaba en este libro que el crecimiento de
la población era el principal factor del progreso económico y que el objetivo pri-
mero de la política del Estado debía ser fomentar la procreación. Dos años des-
la riqueza económica era la tierra, no la fuerza de trabajo. En consecuencia, se
convirtió en un ardiente discípulo de Quesnay y en un propagandista incansable
de sus ideas. Algunos historiadores fechan el principio de la escuela fisiocrática
en el primer encuentro de Quesnay y Mirabeau en el verano de 1758.
Otro discípulo de Quesnay digno de mencionarse, aunque sea de pasada, fue
Pierre Samuel du Pont de Nemours (1739-1817). Negoció el tratado con Inglate-
rra que reconocía la independencia de las colonias británicas que constituirían los
Estados Unidos. Mantuvo una activa correspondencia con Thomas Jefferson, que
fue embajador estadounidense en Francia en 1785-1789. Es posible que la filoso-
fía económica agraria de Jefferson se debiese a las obras de los fisiócratas, las
cuales admiraba. Du Pont, decepcionado con la evolución de la Revolución fran-
cesa, se trasladó en 1793 a Estados Unidos, donde su hijo E. I . du Pont (1771-
1834), que había estudiado química con el gran Lavoisier, instaló una fábrica de
pólvora cerca de Wilmington, Delaware, que se convirtiría en una de las mayores
empresas industriales de Estados Unidos.
2. E l modelo fisiocrático
Agricultura
(clase productiva)
Manufacturas
(clase estéril)
FiG. 5.1.
indica que el ingreso del terrateniente procede de la agricultura y, tal como se in-
dica, constituye el «producto neto» de este sector de la economía. Esto es lo que
los fisiócratas consideraron su mayor descubrimiento: que un sector de la econo-
mía, y sólo uno, proporciona un producto neto. La manufactura sólo produce un
valor igual a lo que consume utilizando materias primas en la producción y ali-
mentos y otros artículos en el mantenimiento de la fuerza de trabajo. Es por esto
que se afirma que la agricultura contiene la «clase productiva» y la manufac-
tura, la «clase estéril». Los fisiócratas no querían decir con ello que la manufactura
fuera una actividad sin valor, pero querían destacar que, a diferencia de la agri-
cultura, produce menos de lo que consume.
En el lenguaje de la economía moderna, los fisiócratas sostenían que hay dos
factores de producción: el trabajo y la tierra. La diferencia entre ellos es que el
trabajo (incluido el trabajo agrícola) hay que mantenerlo; es decir, sus servicios
no se pueden obtener sin coste (alimentación, ropa, albergue, etc.). Pero la tierra
presta sus servicios sin coste, y la luz del sol y la lluvia que caen sobre ella son
también gratuitas. Por lo tanto, la agricultura proporciona un producto neto o ex-
cedente que, tal como se indica en el diagrama, se convierte en el ingreso de los
terratenientes. Los fisiócratas creían que esto proporcionaba la clave del desarro-
llo económico y del progreso: la agricultura es el principal sector estratégico de la
economía, puesto que sólo ella proporciona un producto neto que puede utilizarse
para inversión de capital.
Considerando este esquema del modelo fisiocrático, es fácil entender que
las prescripciones políticas de Quesnay y sus discípulos fueran muy distintas de las
que Colbert había seguido asiduamente durante el reinado de Luis X I V . En vez
de aumentar el crecimiento de la industria «estéril», proponían fomentar la «pro-
ductiva» agricultura. Su teoría del producto neto estaba un poco traída por los pe-
los, pero en el marco de los problemas de la economía francesa de su época, sus
prescripciones políticas eran razonablemente sólidas. La agricultura francesa,
pese a disponer de algunas de las zonas más fértiles de Europa, era muy ineficaz,
y la situación de los campesinos, mísera. La aristocracia y el clero se contentaban
con ser terratenientes absentistas que recibían rentas y diezmos suficientes para
permitirles llevar una vida cómoda y despreocupada; no se interesaban gran cosa
por la tediosa tarea de administrar sus fincas y menos aún por la innovación.
Los fisiócratas tenían varias ideas para la promoción activa de la agricultura
y para su reorganización según directrices más eficaces, pero su actitud respecto a
la regulación de la economía por parte del Estado era que normalmente hacía más
mal que bien, y abogaban por un desmantelamiento general de las normas y leyes
restrictivas que regulaban el comercio y la industria así como de las que regula-
ban la agricultura. El término laissez-faire (inicialmente laissez-nous-faire o «de-
jadnos a nosotros») surgió en el siglo xvn como una crítica a la política de
intervención estatal de Colbert, pero en la década de 1760 se convirtió en una
máxima o lema asociado con las ideas de los fisiócratas. Más tarde pasó a identi-
ficarse con las teorías económicas de Aüam smitn. I M I U » u s i u v i a u u i , ..v.^...
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La fisiocracia fue, en parte, poco más que una moda intelectual, una de las
muchas de la corte de Versalles, y tuvo, como todas las modas, una vida breve.
Adquirió prominencia a principios de la década de 1760, pero al finalizar la dé-
cada estaba ya en decadencia y su influencia cesó prácticamente en 1770. El pro-
ingenio a las matemáticas durante el resto de su vida. Aunque el nombramiento
de A. R. J. Turgot como controlador general de finanzas en 1774 revivió las espe-
ranzas de reforma económica según las directrices fisiocráticas, su caída del po-
der dos años después puso fin definitivamente al movimiento fisiocrático en
Francia.
Uno de los principales fallos de los fisiócratas fue que no consiguieron desa-
rrollar el modelo de Quesnay. Da la impresión de que pensaban que las leyes
esenciales de la economía habían sido reveladas de golpe y que lo único que hacía
falta era difundir esas verdades. De la voluminosa literatura publicada por los f i -
siócratas en 1760, la mayoría era puramente propagandística. Así pues, la fisio-
cracia no fue capaz de superar, en este aspecto, una de las pruebas cruciales de
toda teoría científica: la de generar problemas para posterior investigación. Esta
debilidad por sí sola habría hecho que su vida fuese breve, puesto que, en el si-
glo xvm, las personas con mentalidad científica estaban mucho más interesadas
en participar en el descubrimiento de una nueva verdad que en propagar las ver-
dades ya conocidas. Adam Smith visitó Francia a mediados de la década de 1760
y conoció a los fisiócratas. Aunque parece que influyeron en sus ideas económi-
cas, habló despectivamente de ellos en La riqueza de las naciones. En realidad,
fue el libro de Smith, publicado en 1776, el que sirvió como fuente principal de
inspiración para el desarrollo de lo que hoy se conoce como «economía clásica».
La obra de Quesnay y sus seguidores desapareció prácticamente hasta mediados
del siglo xix en que algunos economistas, sobre todo Karl Marx, empezaron a
rescatarla del museo de desechos de la historia intelectual.
Es dudoso que el modelo específico de procesos económicos expuesto en el
Tableau de Quesnay pueda considerarse una aportación significativa al desarrollo
de la teoría económica, pero la idea de un modelo de la economía como un todo,
prescindiendo de sus detalles específicos, es en sí misma un paso notable en la
evolución de la economía científica. Además de esta cuestión general, hay ciertos
rasgos de la teoría fisiocrática, y de su aplicación, que son significativos como
preludio de evoluciones posteriores de la economía. Los comentaremos ahora
brevemente.
La idea más importante de los fisiócratas fue que los procesos económicos
se hallan regulados por leyes de la naturaleza de tal modo que el mundo econó-
mico constituye, o puede constituir, igual que el mundo natural, un sistema de or-
den espontáneo, que no ha creado ni gobierna-el hombre. Esto choca con gran
parte del pensamiento económico del siglo xvm, para el cual la economía era
algo que exigía administración constante y regulación general por parte del Es-
tado. Como ya hemos dicho, los fisiócratas no creían que pudiera prescindirse
sostenían que el papel económico de éste podía reducirse mucho debido a la exis-
tencia de un mecanismo de orden espontáneo que operaba a través de los proce-
sos de mercado.
Los historiadores de la economía consideran esto la principal aportación de
Adam Smith. ¿Por qué no se atribuye a los fisiócratas? La razón es que ellos no
concretaron su planteamiento general con un análisis del mecanismo de mercado.
Una cosa es afirmar que los mercados coordinan las actividades especializadas de
los individuos y otra cosa distinta mostrar cómo funciona este proceso. La pura
afirmación no hace ciencia. Adam Smith inició su examen del funcionamiento del
mecanismo de mercado centrándose en cómo este mecanismo determina los valo-
res de mercado, los precios (de productos acabados y de los servicios, de los fac-
tores de producción) que regulan la producción y determinan la distribución del
ingreso. Los fisiócratas no efectuaron ningún análisis de este tipo. Su modelo era
una representación esquemática de la economía en función de flujos de gastos to-
tales entre entidades definidas de una forma amplia: terratenientes, agricultores y
«artesanos» dedicados a la manufactura. No explicaban cómo se determina la
producción de mercancías específicas o cómo comparten sus valores de mercado
los diversos agentes que participan en su producción. En el argot moderno, los f i -
siócratas eran extremadamente macroeconómicos en el enfoque; el análisis mi-
croeconómico, que es fundamental para elaborar una teoría satisfactoria de una
economía regida por el mercado, lo inició Adam Smith.
La idea de que la sociedad humana es una estructura jerárquica y que esta es-
tructura está compuesta de clases sociales distintas y discretas es tan antigua que
difícilmente puede rastrearse su origen. Pero el modelo fisiocrático aportaba una
innovación importante a la concepción que tenía el científico social de la estruc-
tura de clases de la sociedad. En vez de utilizar las categorías de estatus tradicio-
nales (como los «nobles», el «clero» y el «tercer estado» de la política francesa)
el Tableau contiene categorías o clases que son de naturaleza económica. Esta es
sin duda una de las razones principales de que Karl Marx admirase a los fisiócra-
tas: consideraba que este reconocimiento de la base económica de la estructura de
clases era absolutamente necesario para el desarrollo de la ciencia social.
Los economistas clásicos ortodoxos, Adam Smith, David Ricardo, John
Stuart M i l i y otros, emplearon categorías de clase económicas en sus análisis (te-
rratenientes, jornaleros, capitalistas), por lo que la idea de definir la estructura de
clase en función de clases económicas no fue algo exclusivo de Marx, pero la teo-
ría social marxiana se basa mucho más en ella, no sólo en su análisis económico,
sino en su sociología, su ética, su filosofía, su ciencia política y su teoría de la
evolución histórica. La economía ortodoxa moderna, que se ha desarrollado a par-
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tante de las categorías de clase social de base económica, que es uno de los puntos
principales que diferencian hoy a la economía marxista de la neoclásica.
3.4. EXCEDENTE
Como veremos más adelante, la idea de que la renta de la tierra era el objeto
de imposición más adecuado y la idea de un impuesto único reaparecieron más de
un siglo después de los fisiócratas en un libro de Henry George titulado Progreso
y pobreza (1879), libro que se convirtió en un éxito de ventas tanto en Estados
Unidos como en Inglaterra, y tuvo mucha importancia en el desarrollo de la línea
de pensamiento político reformista representada por los movimientos socialistas
democráticos no marxistas. Henry George no era, en realidad, socialista; creía
haber descubierto el gran defecto del sistema capitalista, que podía corregirse
con el impuesto único sobre la renta o los valores de la tierra. George se basaba
para su argumentación en Progreso y pobreza en la teoría de la renta de Ri-
cardo, pero dedicó otro libro posterior, Protección o comercio libre (1891) a los
fisiócratas.
Desde el punto de vista del análisis económico, lo importante de la teoría fis-
cal fisiocrática fue que se basaba en la idea de que los impuestos no los pagan ne-
cesariamente aquellos sobre quienes se gravan; pueden acabar recayendo, a través
del mecanismo del mercado, sobre los hombros de otros. Es evidente que los
efectos económicos de un determinado tipo de impuesto no pueden valorarse sin
„ t t ..„v. ..t.^tVtU.^.U
sica en la economía fiscal desde los fisiócratas. Nadie cree que todos los impues-
tos los paguen en último término los terratenientes, como pretendían los
fisiócratas, pero éstos demostraron que un modelo económico debe determinar
sobre quién incide en última instancia un impuesto y efectuar una valoración de
sus efectos económicos. Podría decirse, hablando de un modo más general, que
la teoría fiscal fisiocrática demostró que había que encontrar un medio de exa-
minar las consecuencias ocultas o imprevistas de la política del Estado, lo cual
ha ocupado una gran parte de la atención de los economistas desde que nació la
disciplina.
3.6. «ADELANTOS»