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CAPÍTULO 5

FISIOCRACIA: E L PRIMER M O D E L O ECONÓMICO

La rama de la ciencia social llamada «economía» suele describirse como el


estudio de la utilización por los seres humanos de los recursos productivos dispo-
nibles (entre los que se incluyen sus propias habilidades y su trabajo) para produ-
cir bienes y servicios para el uso humano. Se trata, en parte, de la cuestión técnica
de la relación entre «potencial aplicado» y «producto», pero se convierte en una
cuestión de ciencia social, más que de física o ingeniería, porque los seres huma-
nos practican un alto grado de especialización adicional. Esto plantea la cuestión
de cómo se coordinan las actividades económicas especializadas de los indivi-
duos en un sistema ordenado; cómo funcionan los diversos sistemas de coordina-
ción; y qué defectos o deficiencias tiene un sistema concreto y cómo deben
corregirse.
El estudio de estos problemas es tan antiguo como el resto de los intereses
intelectuales del hombre, pero su investigación sistemática eficaz es muy reciente.
La mayoría de los historiadores de la economía no la situarían antes de la segunda
mitad del siglo xvm. Se califica a veces a Adam Smith de padre de la economía,
pero poco antes de que se publicara en Inglaterra su gran libro Investigación so-
bre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones {MI6), floreció en
Francia, en la corte de Luis XV, un grupo de autores a los que se debe otorgar el
mérito de intentar construir el primer «modelo» teórico sistemático y global de
los procesos económicos. Estos fueron los «fisiócratas».
El término «modelo» es hoy de amplio uso, tanto en las ciencias naturales
como en las sociales. En el capítulo 6 examinaremos algunos de los diversos sen-
tidos en que se utiliza esta palabra e intentaremos aclarar su significado. De mo-
mento será suficiente para nuestros propósitos considerar que los fisiócratas
intentaron describir, en términos sumamente simplificados y abstractos, cómo
funciona el sistema económico en su conjunto. Aunque vivieron en una época en
que las actividades económicas estaban ampliamente reguladas por normas gu-
bernativas y órdenes administrativas, no investigaron estos aspectos de la coordi-
nación económica, sino que intentaron demostrar que había leyes naturales de la
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tas a las leyes promulgadas por reyes y legisladores y aplicadas por burócratas.
Aunque los fisiócratas tuvieron un éxito muy limitado en este aspecto, su obra di-
vulgó la idea de que un sistema de mercados, en el que se producen intercambios
voluntarios, funciona como un mecanismo de coordinación económica. Los eco-
nomistas se han dedicado a estudiar los mecanismos del mercado, sus característi-
cas, condiciones y defectos, a partir de que los fisiócratas, y más incisivamente
Adam Smith, lo identificaran como el proceso que permite que funcione una eco-
nomía compleja. A los fisiócratas se les criticó en su época por ser «sistemáti-
cos», pero eso es precisamente lo que les hace significativos para la historia y la
filosofía de la ciencia social. El hecho de que los modelos abstractos de los proce-
sos sociales puedan ser erróneos, equívocos o incluso estúpidos, no significa que
se haga mejor ciencia operando al azar.

1. L a Francia del siglo xvm y la escuela fisiocrática

El largo reinado de Luis XIV, que terminó en 1715, dejó a Francia con una
corte majestuosa y una economía casi arruinada. Luis se enzarzó en una serie de
guerras y construyó el lujoso palacio de Versalles, actividades muy costosas y es-
casamente productivas. Además, expulsó a los protestantes de Francia, que perdió
así uno de sus recursos humanos más industriosos e inteligentes. Se proclamó
monarca absoluto y no toleró ninguna crítica, ahogando así otra posible fuente de
productividad. Colbert, su ministro de finanzas, se embarcó en la política de fo-
mentar la industria, lo que estimuló actividades económicas para las que Francia
no estaba particularmente dotada y perjudicó a la agricultura, para la que el país
disponía de grandes recursos naturales. Las consecuencias de este reinado de lo-
cura para la economía francesa fueron un exceso de normas y el obstáculo tortu-
rante de una política que ahogaba su productividad, por lo que, a pesar de unos
impuestos agobiantes, los ingresos que afluían al tesoro nacional eran insuficiente
para cubrir los gastos. El Estado se iba hundiendo cada vez más profundamente
en el endeudamiento.
Las condiciones económicas no mejoraron mucho con Luis X V , pero se pro-
dujo una cierta liberalización de la atmósfera intelectual, sobre todo a partir de
1748, tras la Paz de Aix-la-Chapelle. Surgió entonces un florecimiento de obras
sociales y políticas. En 1748 apareció El espíritu de las leyes; Diderot y D'Alem-
bert iniciaron su gran Enciclopedia en 1751; Voltaire, uno de los grandes comen-
taristas sociales de todos los tiempos, siguió escribiendo: su sátira inmortal
Candide se publicó en 1759; El contrato social de Jean-Jacques Rousseau, uno de
los libros que más han influido en el pensamiento político de los tiempos moder-
nos, se publicó en 1762. Además, los intelectuales franceses empezaron a intere-
sarse mucho por la filosofía inglesa, sobre todo por las obras de John Locke y
David Hume. Aunque en esta atmósfera de liberalización intelectual y de dificul-
tades económicas aparecieron muchas obras sobre cuestiones económica», c « a
parte del escenario acabó dominándola en la década de 1760 Frangois Quesnay
junto con un grupo de discípulos que se agruparon en torno a él y que se denomi-
naron a sí mismos como «economistas». Más tarde utilizaron el término «fisio-
cracia» para designar su doctrina, y es por este nombre por el que les conoce hoy
la historiografía del pensamiento social.
Durante el apogeo de la influencia de los fisiócratas, Francia se hallaba a
sólo veinte años de distancia de la gran explosión social, de la Revolución fran-
cesa. Es imposible saber, de no haberse producido la revolución, si se hubiera es-
cuchado el mensaje de los fisiócratas; pero quizás Francia hubiera tenido su
revolución pacíficamente, como tuvieron la suya los ingleses en 1688, de haberse
aplicado sus propuestas como una base inicial sobre la que elaborar una política
progresista de reforma económica, y la historia moderna de Europa, y del mundo
en general, habría sido distinta. El último clavo del cadalso del sistema feudal
francés fueron los fondos destinados a ayudar a las colonias inglesas del norte de
América en su guerra revolucionaria contra la metrópoli; la política de los fisió-
cratas, suponiendo que éstos hubieran gozado de mucho éxito, probablemente no
habría permitido al Tesoro francés sobrellevar tan enormes gastos sin consecuen-
cias desastrosas. La historia de lo que «podría haber sido» es, sin embargo, pura
especulación. Independientemente del papel que los fisiócratas pudieran haber te-
nido en la historia de Francia, tuvieron un papel importante en el desarrollo inicial
de la economía como disciplina científica.
La doctrina fisiocrática nace con Frangois Quesnay (1694-1774), que se
educó en un medio campesino, pese al hecho de que su padre era abogado. Reci-
bió escasa instrucción formal y le enseñó a leer un amable jardinero a los doce
años de edad. Adquirió cierta formación médica y comenzó a practicar cuando te-
nía 24 años, pero luego empezó a estudiar en serio ciencias médicas y publicó
cinco libros sobre cuestiones médicas entre 1730 y 1756. Esto le proporcionó un
prestigio internacional como científico de la medicina y como miembro desta-
cado de la profesión. La Royal Society británica le eligió como miembro en 1752.
Debido a su gran fama, madame de Pompadour, amante de Luis XV, le invitó a
trasladarse a Versalles como médico personal suyo en 1749. A partir de entonces,
Quesnay vivió en el núcleo del poder político de Francia. Empezó a interesarse en
cuestiones económicas y, en 1756, a los sesenta y dos años de edad, empezó a pu-
blicar sobre ese tema, escribiendo algunos artículos para la Enciclopedia. En
1758 apareció la primera versión del célebre Tablean Oeconomique, en el que se
delineaba en un diagrama geométrico su modelo del sistema económico.
El discípulo más importante de Quesnay fue Victor Riqueti, marqués de M i -
rabeau (1715-1789), que, antes de conocer a Quesnay, había alcanzado gran fama
popular como autor de un libro titulado El amigo del género humano, o tratado
sobre la población (1756). Mirabeau afirmaba en este libro que el crecimiento de
la población era el principal factor del progreso económico y que el objetivo pri-
mero de la política del Estado debía ser fomentar la procreación. Dos años des-
la riqueza económica era la tierra, no la fuerza de trabajo. En consecuencia, se
convirtió en un ardiente discípulo de Quesnay y en un propagandista incansable
de sus ideas. Algunos historiadores fechan el principio de la escuela fisiocrática
en el primer encuentro de Quesnay y Mirabeau en el verano de 1758.
Otro discípulo de Quesnay digno de mencionarse, aunque sea de pasada, fue
Pierre Samuel du Pont de Nemours (1739-1817). Negoció el tratado con Inglate-
rra que reconocía la independencia de las colonias británicas que constituirían los
Estados Unidos. Mantuvo una activa correspondencia con Thomas Jefferson, que
fue embajador estadounidense en Francia en 1785-1789. Es posible que la filoso-
fía económica agraria de Jefferson se debiese a las obras de los fisiócratas, las
cuales admiraba. Du Pont, decepcionado con la evolución de la Revolución fran-
cesa, se trasladó en 1793 a Estados Unidos, donde su hijo E. I . du Pont (1771-
1834), que había estudiado química con el gran Lavoisier, instaló una fábrica de
pólvora cerca de Wilmington, Delaware, que se convirtiría en una de las mayores
empresas industriales de Estados Unidos.

2. E l modelo fisiocrático

El término «fisiocracia» sugiere por analogía algo así como «fisiología», lo


cual constituye una interpretación especialmente tentadora cuando se sabe que
Quesnay fue médico. Pero, en realidad, el término indica el concepto más general
de ley de la naturaleza. El modelo fisiocrático se construyó a partir de la idea de
que los fenómenos sociales están regidos, al igual que los fenómenos físicos, por
leyes de la naturaleza que son independientes de la ley y la voluntad del hombre.
El título de una de las principales obras fisiocráticas, L'Ordre naturel et essentiel
des sociétés politiques (1767) de Mercier de la Riviére, capta sucintamente la
idea. La tarea del físico es descubrir las leyes naturales de los fenómenos físicos
para que el ingeniero pueda proyectar máquinas de acuerdo con ellas. La tarea del
economista es, correspondientemente, descubrir las leyes naturales que rigen los
fenómenos económicos para que puedan estructurarse políticas de Estado que se
correspondan con ellas; porque si no, la política económica no puede tener más
éxito que la ingeniería que hace caso omiso de las leyes de la materia y del movi-
miento. El Tablean de Quesnay, que él y sus discípulos consideraban la columna
básica de la teoría fisiocrática, pretendía describir cómo opera una economía para
descubrir las leyes subyacentes. (Hay numerosas versiones del Tableau y, pese a
las voluminosas explicaciones que lo acompañan, los historiadores de la econo-
mía aún no están seguros de cuál era su paradigma fundamental, de modo que la
interpretación que se expone aquí discrepa en algunos aspectos de otras que figu-
ran en la literatura sobre la fisiocracia.)
La idea básica en que se apoya el modelo fisiocrático es que los bienes y ser-
vicios se producen no para uso directo de sus productores sino para vender a
otros. Se enfoca la
sistema de transacciones dineradas. En estas transacciones los individuos perci-
ben unos ingresos a través de la venta de sus productos y utilizan estos ingresos
para comprar los productos de otros. Así pues, el sistema económico consiste en
actividades de producción e intercambios de mercado, y el proceso de mercado se
estructura como un flujo circular de ingresos recibidos y gastos realizados. Para
simplificar el proceso de mercado y destacar los rasgos característicos que ponen
al descubierto las leyes que rigen la producción, Quesnay tuvo la idea de clasifi-
car a los participantes en tres grandes grupos: los dedicados a la producción pri-
maria (a la que Quesnay suele denominar «agricultura», aunque incluye también
otras industrias primarias como la minería y la pesca), los dedicados a industrias
secundarias, o «manufactura», y los «terratenientes», cuyos ingresos proceden de
las rentas por la propiedad de la tierra o de tributos que se les deben, como dere-
chos feudales (esta categoría incluye también los ingresos fiscales del Estado y
los de la Iglesia por diezmos o contribuciones).
La figura 5.1 muestra un diagrama simplificado del modelo fisiocrático, en
el que los tres rectángulos representan las tres clases del Tableau de Quesnay. Las
flechas de líneas más finas muestran el flujo del gasto. Quienes se dedican a la
manufactura, por ejemplo, gastan sus ingresos en alimentos y materias primas
que produce la agricultura (la flecha que va de manufacturas a agricultura). Com-
pran también bienes manufacturados, claro está, pero no es necesario indicarlo.
Asimismo, los terratenientes gastan sus ingresos en productos agrícolas y manu-
facturas, y los agricultores compran manufacturas. Queda así cerrado el círculo de
ingreso y gasto.
En este modelo, los dedicados a la agricultura y a la manufactura obtienen
ingresos vendiendo su producción. Pero ¿de dónde procede el ingreso de los «te-

Agricultura
(clase productiva)

Manufacturas
(clase estéril)

FiG. 5.1.
indica que el ingreso del terrateniente procede de la agricultura y, tal como se in-
dica, constituye el «producto neto» de este sector de la economía. Esto es lo que
los fisiócratas consideraron su mayor descubrimiento: que un sector de la econo-
mía, y sólo uno, proporciona un producto neto. La manufactura sólo produce un
valor igual a lo que consume utilizando materias primas en la producción y ali-
mentos y otros artículos en el mantenimiento de la fuerza de trabajo. Es por esto
que se afirma que la agricultura contiene la «clase productiva» y la manufac-
tura, la «clase estéril». Los fisiócratas no querían decir con ello que la manufactura
fuera una actividad sin valor, pero querían destacar que, a diferencia de la agri-
cultura, produce menos de lo que consume.
En el lenguaje de la economía moderna, los fisiócratas sostenían que hay dos
factores de producción: el trabajo y la tierra. La diferencia entre ellos es que el
trabajo (incluido el trabajo agrícola) hay que mantenerlo; es decir, sus servicios
no se pueden obtener sin coste (alimentación, ropa, albergue, etc.). Pero la tierra
presta sus servicios sin coste, y la luz del sol y la lluvia que caen sobre ella son
también gratuitas. Por lo tanto, la agricultura proporciona un producto neto o ex-
cedente que, tal como se indica en el diagrama, se convierte en el ingreso de los
terratenientes. Los fisiócratas creían que esto proporcionaba la clave del desarro-
llo económico y del progreso: la agricultura es el principal sector estratégico de la
economía, puesto que sólo ella proporciona un producto neto que puede utilizarse
para inversión de capital.
Considerando este esquema del modelo fisiocrático, es fácil entender que
las prescripciones políticas de Quesnay y sus discípulos fueran muy distintas de las
que Colbert había seguido asiduamente durante el reinado de Luis X I V . En vez
de aumentar el crecimiento de la industria «estéril», proponían fomentar la «pro-
ductiva» agricultura. Su teoría del producto neto estaba un poco traída por los pe-
los, pero en el marco de los problemas de la economía francesa de su época, sus
prescripciones políticas eran razonablemente sólidas. La agricultura francesa,
pese a disponer de algunas de las zonas más fértiles de Europa, era muy ineficaz,
y la situación de los campesinos, mísera. La aristocracia y el clero se contentaban
con ser terratenientes absentistas que recibían rentas y diezmos suficientes para
permitirles llevar una vida cómoda y despreocupada; no se interesaban gran cosa
por la tediosa tarea de administrar sus fincas y menos aún por la innovación.
Los fisiócratas tenían varias ideas para la promoción activa de la agricultura
y para su reorganización según directrices más eficaces, pero su actitud respecto a
la regulación de la economía por parte del Estado era que normalmente hacía más
mal que bien, y abogaban por un desmantelamiento general de las normas y leyes
restrictivas que regulaban el comercio y la industria así como de las que regula-
ban la agricultura. El término laissez-faire (inicialmente laissez-nous-faire o «de-
jadnos a nosotros») surgió en el siglo xvn como una crítica a la política de
intervención estatal de Colbert, pero en la década de 1760 se convirtió en una
máxima o lema asociado con las ideas de los fisiócratas. Más tarde pasó a identi-
ficarse con las teorías económicas de Aüam smitn. I M I U » u s i u v i a u u i , ..v.^...
U

Smith sostuvieron que la economía pudiera funcionar perfectamente si se la de-


jaba sola, pero ambos consideraban que muchas de las políticas estatales de su
época eran erróneas y abogaban por su desaparición. (En el capítulo 10 examina-
remos la doctrina más extremada según la cual un sistema de mercados, sin go-
bierno, coordinaría las actividades económicas de individuos funcionalmente
especializados en un orden social cooperativo perfectamente armónico.)
Donde los fisiócratas aplicaron más específicamente su teoría fue en la cues-
tión de los impuestos, entonces como ahora uno de los temas más delicados y sen-
sibles de la política del Estado. El sistema fiscal de la Francia del siglo xvm no
sólo era muy gravoso; era, además, complejo, caro, arbitrario e injusto. Los fisió-
cratas propusieron que aquel complejo sistema de numerosos impuestos fuera
sustituido por un impuesto único aplicado al producto neto proporcionado por el
sector agrícola. Aunque no parece estar muy de acuerdo con su objetivo de fo-
mentar la agricultura, partiendo de su modelo teórico los fisiócratas razonaban
que todos los impuestos se pagaban en último término, de todos modos, con el
producto neto del sector agrícola, independientemente de su forma específica o su
incidencia inmediata. Los ingresos del Estado deben proceder todos inevitable-
mente del excedente de valor obtenido sobre el coste de producción, y sólo podía
generar ese excedente la agricultura. (John Locke ya había dicho un siglo antes
que todos los impuestos recaen en último término sobre la tierra, pero no aportaba
ningún modelo analítico que apoyase su afirmación.) Podían conseguirse así aho-
rros sustanciales en la recaudación y la administración basando el sistema fiscal
en leyes económicas correctas, y esto redundaría al final en beneficio del sector
agrícola. El argumento no consiguió convencer a la aristocracia terrateniente.
Ésta consideró el libro Teoría de la imposición de Mirabeau, publicado en 1760,
una clara amenaza, y, pese a la liberación del pensamiento que se produjo con
Luis XV, fue detenido y encarcelado (sólo brevemente, debido a la intercesión de
madame de Pompadour). El abate Galiani (1728-1787), famoso en los círculos
de la corte francesa por su pequeña estatura y su gran ingenio, definió en cierta
ocasión la elocuencia como «el arte de decirlo todo sin ir a la Bastilla». Mira-
beau descubrió que la habilidad del reformista, hasta del más elocuente, se pone
seriamente a prueba cuando se aborda la cuestión de quién ha de pagar los im-
puestos, y la popularidad generalizada no le sirve a uno en tales circunstancias tan
bien como el tener una amistad próxima al centro de poder.

3. E l significado de la fisiocracia en la historia de la ciencia social

La fisiocracia fue, en parte, poco más que una moda intelectual, una de las
muchas de la corte de Versalles, y tuvo, como todas las modas, una vida breve.
Adquirió prominencia a principios de la década de 1760, pero al finalizar la dé-
cada estaba ya en decadencia y su influencia cesó prácticamente en 1770. El pro-
ingenio a las matemáticas durante el resto de su vida. Aunque el nombramiento
de A. R. J. Turgot como controlador general de finanzas en 1774 revivió las espe-
ranzas de reforma económica según las directrices fisiocráticas, su caída del po-
der dos años después puso fin definitivamente al movimiento fisiocrático en
Francia.
Uno de los principales fallos de los fisiócratas fue que no consiguieron desa-
rrollar el modelo de Quesnay. Da la impresión de que pensaban que las leyes
esenciales de la economía habían sido reveladas de golpe y que lo único que hacía
falta era difundir esas verdades. De la voluminosa literatura publicada por los f i -
siócratas en 1760, la mayoría era puramente propagandística. Así pues, la fisio-
cracia no fue capaz de superar, en este aspecto, una de las pruebas cruciales de
toda teoría científica: la de generar problemas para posterior investigación. Esta
debilidad por sí sola habría hecho que su vida fuese breve, puesto que, en el si-
glo xvm, las personas con mentalidad científica estaban mucho más interesadas
en participar en el descubrimiento de una nueva verdad que en propagar las ver-
dades ya conocidas. Adam Smith visitó Francia a mediados de la década de 1760
y conoció a los fisiócratas. Aunque parece que influyeron en sus ideas económi-
cas, habló despectivamente de ellos en La riqueza de las naciones. En realidad,
fue el libro de Smith, publicado en 1776, el que sirvió como fuente principal de
inspiración para el desarrollo de lo que hoy se conoce como «economía clásica».
La obra de Quesnay y sus seguidores desapareció prácticamente hasta mediados
del siglo xix en que algunos economistas, sobre todo Karl Marx, empezaron a
rescatarla del museo de desechos de la historia intelectual.
Es dudoso que el modelo específico de procesos económicos expuesto en el
Tableau de Quesnay pueda considerarse una aportación significativa al desarrollo
de la teoría económica, pero la idea de un modelo de la economía como un todo,
prescindiendo de sus detalles específicos, es en sí misma un paso notable en la
evolución de la economía científica. Además de esta cuestión general, hay ciertos
rasgos de la teoría fisiocrática, y de su aplicación, que son significativos como
preludio de evoluciones posteriores de la economía. Los comentaremos ahora
brevemente.

3.1. E L CONCEPTO DE ORDEN ESPONTÁNEO

La idea más importante de los fisiócratas fue que los procesos económicos
se hallan regulados por leyes de la naturaleza de tal modo que el mundo econó-
mico constituye, o puede constituir, igual que el mundo natural, un sistema de or-
den espontáneo, que no ha creado ni gobierna-el hombre. Esto choca con gran
parte del pensamiento económico del siglo xvm, para el cual la economía era
algo que exigía administración constante y regulación general por parte del Es-
tado. Como ya hemos dicho, los fisiócratas no creían que pudiera prescindirse
sostenían que el papel económico de éste podía reducirse mucho debido a la exis-
tencia de un mecanismo de orden espontáneo que operaba a través de los proce-
sos de mercado.
Los historiadores de la economía consideran esto la principal aportación de
Adam Smith. ¿Por qué no se atribuye a los fisiócratas? La razón es que ellos no
concretaron su planteamiento general con un análisis del mecanismo de mercado.
Una cosa es afirmar que los mercados coordinan las actividades especializadas de
los individuos y otra cosa distinta mostrar cómo funciona este proceso. La pura
afirmación no hace ciencia. Adam Smith inició su examen del funcionamiento del
mecanismo de mercado centrándose en cómo este mecanismo determina los valo-
res de mercado, los precios (de productos acabados y de los servicios, de los fac-
tores de producción) que regulan la producción y determinan la distribución del
ingreso. Los fisiócratas no efectuaron ningún análisis de este tipo. Su modelo era
una representación esquemática de la economía en función de flujos de gastos to-
tales entre entidades definidas de una forma amplia: terratenientes, agricultores y
«artesanos» dedicados a la manufactura. No explicaban cómo se determina la
producción de mercancías específicas o cómo comparten sus valores de mercado
los diversos agentes que participan en su producción. En el argot moderno, los f i -
siócratas eran extremadamente macroeconómicos en el enfoque; el análisis mi-
croeconómico, que es fundamental para elaborar una teoría satisfactoria de una
economía regida por el mercado, lo inició Adam Smith.

3.2. CLASES ECONÓMICAS

La idea de que la sociedad humana es una estructura jerárquica y que esta es-
tructura está compuesta de clases sociales distintas y discretas es tan antigua que
difícilmente puede rastrearse su origen. Pero el modelo fisiocrático aportaba una
innovación importante a la concepción que tenía el científico social de la estruc-
tura de clases de la sociedad. En vez de utilizar las categorías de estatus tradicio-
nales (como los «nobles», el «clero» y el «tercer estado» de la política francesa)
el Tableau contiene categorías o clases que son de naturaleza económica. Esta es
sin duda una de las razones principales de que Karl Marx admirase a los fisiócra-
tas: consideraba que este reconocimiento de la base económica de la estructura de
clases era absolutamente necesario para el desarrollo de la ciencia social.
Los economistas clásicos ortodoxos, Adam Smith, David Ricardo, John
Stuart M i l i y otros, emplearon categorías de clase económicas en sus análisis (te-
rratenientes, jornaleros, capitalistas), por lo que la idea de definir la estructura de
clase en función de clases económicas no fue algo exclusivo de Marx, pero la teo-
ría social marxiana se basa mucho más en ella, no sólo en su análisis económico,
sino en su sociología, su ética, su filosofía, su ciencia política y su teoría de la
evolución histórica. La economía ortodoxa moderna, que se ha desarrollado a par-
, J ~ V... . ™ i.HjyV^l-

tante de las categorías de clase social de base económica, que es uno de los puntos
principales que diferencian hoy a la economía marxista de la neoclásica.

3.3. FLUJO CIRCULAR

La representación de un modelo de la economía como un flujo circular de


gasto resulta familiar hoy a cualquier estudiante que haya realizado un curso uni-
versitario introductorio de economía. Esto puede remontarse, sin embargo, direc-
tamente a los fisiócratas. Los economistas clásicos no utilizaron el concepto
fisiocrático de flujo circular como instrumento analítico. Karl Marx lo utilizó en
cierta medida en su teoría del desarrollo económico capitalista, pero no estructuró
su modelo económico básico en torno a él. Su resurrección como paradigma ana-
lítico se debió sobre todo a la obra de John Maynard Keynes, cuyo libro Teoría
general sobre el empleo, el interés y el dinero (1936) ha sido el texto que ha ejer-
cido un mayor influjo en la economía del siglo xx, responsable de la introducción
de la macroeconomía como una de las ramas principales de la teoría económica
moderna y del cambio de enfoque de los economistas, y de otros, respecto al pa-
pel económico del Estado. Antes de Keynes el historiador de la economía habría
tenido que considerar la idea de flujo circular de los fisiócratas como una curiosi-
dad inútil; hoy es un concepto analítico básico de la economía científica. Keynes
conocía muy bien la historia de la economía, pero no hay ninguna prueba de que
obtuviese la idea leyendo a los fisiócratas.
¿De dónde tomaron los propios fisiócratas la idea? Numerosos historiadores
la remiten a William Harvey, que descubrió la circulación de la sangre en el orga-
nismo animal (De motu coráis, 1618). Es indudable que este descubrimiento fo-
mentó mucho el uso del concepto de mecanismo en el trabajo científico con la
materia viva. El Tableau de Quesnay fue una tentativa de ampliarlo aún más,
hasta el campo de los fenómenos sociales. Quesnay, como era un investigador
médico serio además de un médico práctico competente, conocía bien el descu-
brimiento de Harvey, aunque eso no demuestre que fuera la inspiración específica
de su Tableau. De hecho, la idea de circulación como un concepto paradigmático
general era muy frecuente en la literatura del siglo xvm. David Hume se quejaba
en 1752 de que «circulación» se había convertido en un tópico intelectual tedioso
que «sirve para explicarlo todo». Así pues, no era necesario que Quesnay cono-
ciera la obra de Harvey para encontrar la idea del flujo circular.

3.4. EXCEDENTE

La idea de un «producto neto» o excedente tiene gran importancia en la teo-


ría fisiocrática. De hecho, el objetivo principal del Tableau era demostrar que
existe ese excedente y emplazar su origen en la tierra, t i cuuccpiu ui,
ocupa un lugar destacado en la historia de la teoría económica, desempeñando
un papel básico (después de los fisiócratas) en la economía clásica, la economía
de Marx y el modelo de uso de recursos eficiente desarrollado por la escuela
neoclásica a finales del siglo xix. Este aspecto de la economía es el punto de
contacto principal entre el análisis científico y los juicios éticos en economía,
como veremos más adelante cuando examinemos la teoría de la renta de Ri-
cardo, la teoría de la explotación de Marx y la teoría del bienestar máximo de
Alfred Marshall.
La importancia de la idea de excedente en la historia de la economía es in-
discutible, pero no está claro cuánto se debe a los fisiócratas. La teoría del valor
excedente o «plusvalía» de Marx recuerda el «producto neto» de Quesnay, pues
singulariza un factor de producción (aunque sea uno diferente) como fuente de
esa plusvalía. La teoría de la renta de Ricardo es completamente distinta, sin em-
bargo, pues se basa no en la existencia de servicios productivos libres de coste y
en la generosidad de la naturaleza, como en el modelo fisiocrático, sino en la ta-
cañería de la naturaleza, reflejada en la ley de rendimientos decrecientes. La eco-
nomía del bienestar marshalliana se basa en la ley de utilidad decreciente, así
como —y más fundamentalmente— en la ley de rendimientos decrecientes. Lo
único que puede decirse en realidad es que los fisiócratas, al centrar su modelo en
el «producto neto», anunciaron, aunque de una forma imprecisa, gran parte de la
teoría económica posterior.

3.5. E L IMPUESTO ÚNICO

Como veremos más adelante, la idea de que la renta de la tierra era el objeto
de imposición más adecuado y la idea de un impuesto único reaparecieron más de
un siglo después de los fisiócratas en un libro de Henry George titulado Progreso
y pobreza (1879), libro que se convirtió en un éxito de ventas tanto en Estados
Unidos como en Inglaterra, y tuvo mucha importancia en el desarrollo de la línea
de pensamiento político reformista representada por los movimientos socialistas
democráticos no marxistas. Henry George no era, en realidad, socialista; creía
haber descubierto el gran defecto del sistema capitalista, que podía corregirse
con el impuesto único sobre la renta o los valores de la tierra. George se basaba
para su argumentación en Progreso y pobreza en la teoría de la renta de Ri-
cardo, pero dedicó otro libro posterior, Protección o comercio libre (1891) a los
fisiócratas.
Desde el punto de vista del análisis económico, lo importante de la teoría fis-
cal fisiocrática fue que se basaba en la idea de que los impuestos no los pagan ne-
cesariamente aquellos sobre quienes se gravan; pueden acabar recayendo, a través
del mecanismo del mercado, sobre los hombros de otros. Es evidente que los
efectos económicos de un determinado tipo de impuesto no pueden valorarse sin
„ t t ..„v. ..t.^tVtU.^.U

sica en la economía fiscal desde los fisiócratas. Nadie cree que todos los impues-
tos los paguen en último término los terratenientes, como pretendían los
fisiócratas, pero éstos demostraron que un modelo económico debe determinar
sobre quién incide en última instancia un impuesto y efectuar una valoración de
sus efectos económicos. Podría decirse, hablando de un modo más general, que
la teoría fiscal fisiocrática demostró que había que encontrar un medio de exa-
minar las consecuencias ocultas o imprevistas de la política del Estado, lo cual
ha ocupado una gran parte de la atención de los economistas desde que nació la
disciplina.

3.6. «ADELANTOS»

En la economía clásica se utilizan para propósitos analíticos tres categorías


de factores de producción: tierra, trabajo y capital. La tercera de estas categorías ha
planteado problemas especialmente difíciles en el ámbito de la teoría económica,
muchos de los cuales se relacionan con el hecho de que en los métodos de pro-
ducción que utilizan capital se incluye el factor tiempo. Si en vez de recoger fruta,
por ejemplo, como uno mejor pueda a mano desnuda, se consagra primero a cons-
truir una herramienta para coger fruta, la producción total de fruta puede aumen-
tar, pero su disponibilidad queda pospuesta. Hay muchas actividades económicas
que tienen este carácter esencial: aumento de producción, pero aplazamiento de la
obtención del producto.
Los fisiócratas consideraban que los únicos factores de producción eran
la tierra y el trabajo, pero identificaron el problema básico de la teoría del ca-
pital afirmando que había que «adelantar» fondos para propósitos productivos
un tiempo antes de que apareciese cualquier producción. Explicaban que, de
acuerdo con su teoría, este adelanto de fondos sólo podía proceder del pro-
ducto neto. Como consecuencia de este adelanto, aumentaría la producción
total de la economía y crecería el flujo circular, en vez de mantener una mag-
nitud constante de un año para otro. Así era cómo se producía el crecimiento
económico.
Aunque los fisiócratas no contribuyeran excesivamente a aclarar el papel del
capital en la economía, identificaron los principales problemas que corresponden
a ese sector de ella: el papel de la inversión de capital en el desarrollo económico,
el hecho de que los métodos de producción que utilizan capital se caracterizan
porque consumen tiempo, y la procedencia de la riqueza que se utiliza para hacei
inversiones de capital. La teoría del capital es uno de los sectores menos satisfac-
torios de la teoría económica moderna, debido en gran parte a que los economis-
tas no han sido capaces de encontrar soluciones satisfactorias a problemas que
plantearon inicialmente los fisiócratas.
3.7. IDEOLOGÍA

Los fisiócratas eran, como ya hemos dicho, un grupo de discípulos agrupa-


dos en torno a un maestro, convencidos de poseer la verdad en temas esenciales
de la economía. La mayoría de ellos habrían reconocido que quedaban aún algu-
nos problemas científicos sin resolver, pero los consideraban secundarios; la tarea
principal era transmitir la verdad a otros, sobre todo a quienes poseían poder polí-
tico. Descrita de este modo, la fisiocracia parece la ideología de una secta más
que la opinión de un grupo de científicos. Es difícil trazar la línea que separa una
teoría científica de una ideología sectaria, y depende mucho, a menudo, de quién
la trace; lo que para uno es «ciencia» puede ser para otro «ideología». El secta-
rismo y una actitud ideológica hacia el conocimiento no es algo de lo que se halle
totalmente libre la ciencia natural, pero una característica notable de ese sector
del conocimiento humano es que ha desarrollado, en la época moderna, criterios
objetivos mediante los cuales puede ponerse a prueba la validez de las proposi-
ciones empíricas. Las ciencias sociales no han sido capaces de alcanzar el mismo
grado de objetividad, por razones que ya explicamos en el capítulo 3 (apartado 3),
pero ha surgido, además, en las ciencias sociales el fenómeno sociológico de la
formación de «escuelas». Los economistas y otros científicos sociales suelen
identificarse, y son identificados aún con mayor frecuencia por otros, como «mar-
xistas» o «keynesianos» o «parsonianos» o «jungianos» o «monetaristas», etc.
Dados los fuertes sentimientos emotivos vinculados a los fenómenos sociales y el
profundo partidismo de la política social, es posible que la ciencia social hubiera
desarrollado inevitablemente fuertes características sectarias, pero sea así o no,
hay que abonar (o cargar) en cuenta a los fisiócratas la prioridad histórica no sólo
de elaborar el primer modelo analítico de la ciencia social, sino también de ha-
berlo envuelto en una gruesa capa de ideología.

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