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Entre haciendas, ranchos y pueblos: condiciones

socioeconómicas en el sudoeste de Jalisco


a fines del porfiriato

Víctor Manuel Castillo Girón


Universidad de Guadalajara

Introducción

Por la primera década de este siglo, los cimientos del dicho “ suerte y
mortaja del cielo bajan” revelan una gran simetría con el acontecer de la
población de los municipios de Atengo, Juchitlán, Tecolotlán y
Tenamaxtlán, Jalisco.1 Mientras que la suerte, no necesariamente “ ca­
yendo” del cielo y no pocas veces haciéndosela llegar por medios
“ ruines e inmorales” 2 era de pocos; la mortaja, en forma de limitadas
oportunidades socioeconómicas era para muchos, generalmente para los
peones permanentes de las haciendas3y ranchos y para la masa campesi­
na de los pueblos “ independientes” 4 de la región.
En este trabajo intento dar cuenta de las relaciones sociales y de la
organización económica imperante en aquella parte del sudoeste de
Jalisco durante los últimos años del porfiriato. Entre otras cosas, aborda­
ré la tenencia de la tierra y los mecanismos usados por los “ afortuna­
dos” para aumentar su riqueza y servidumbre; plantearé las condiciones
laborales y el papel que jugaban los peones acasillados y la gente de los
pueblos “ libres” ; describiré los sistemas de producción y, finalmente,
haré un balance de las actividades económicas regionales.
Vale acotar que es aceptable que alguien diga que lo expuesto se
encuentra en un plano de historiografía subjetiva que presume al “ rico”
como un demonio viviendo en el paraíso, y a los peones como unos
ángeles del cielo trabajando en el infierno.5 Sin embargo, tal enfoque es,
en algún modo, el ángulo que mejor refleja la acumulación de ideas que
he oído de los “ viejos” y leído en los archivos locales. Trato de ser fiel a
ellas, pero me reservo el derecho de tomar partido y considerar que la
polarización entre “ pudientes” y “jodidos” debe evitarse y en su lugar,
presentar una perspectiva de análisis en la que para los pobres también
exista la posibilidad de acceder a los servicios de salud y bienestar
esenciales. Por lo demás, debo señalar que excepto por el hecho de que el
trabajo se centra en una zona casi ignorada por los expertos en el oficio,
el análisis que aquí presento no es ni novedoso ni original.

Los desafortunados

Con su mala suerte, un 50% de las familias de la región vivía en chozas y


jacales6 (ver cuadro 1), y cerca del 70% de la población no sabía leer ni
escribir (ver cuadro 2). Un 95% de las mujeres mayores de edad trabaja­
ban por lo regular en sus casas, donde seguramente, moler nixtamal,
tortear a mano y cuidar a sus numerosos hijos implicaba un gran
esfuerzo. Otras se empleaban como criadas o sirvientas de las familias
“ acomodadas” y algunas más se dedicaban a coser o lavar ropa, moler
nixtamal y tortear ajeno, con ingresos muy bajos comparados con la
molida de espalda que a diario se daban al permanecer inclinados sobre el
metate y el lavadero durante largas horas (ver cuadro 3).
“ Pa’ sacar la vida” y sin la fortuna de poseer algún conocimiento
especializado o calificado en los oficios y bellas artes” , y sin la posibili­
dad de ser propietarios de alguna industria, comercio o tierra7, alrededor
del 80% de los hombres adultos no tenía más medio de susbsistencia que
trabajar como peón agrícola con alguno de los 2008 hacendados y
pequeños rancheros de la región (ver cuadro 4).
Como peones, los pobres debían estar diariamente dispuestos para el
trabajo antes del amanecer. De lo contrario serían recibidos con un “ vete
a tu casa a llenarte de dormir y amárrate un puerquito para que mañana
no te duermas” ,9 arriesgarían el trabajo, correrían el riesgo de caer en el
desprestigio de mal trabajador y, probablemente, de individuos inmora­
les, ladrones y bandidos que debían ser enviados por cordillera o cuerda
a prisión. En general, el día de 12 horas o más de trabajo les era pagado
con un salario raquítico de 18 a 23 centavos, y sujeto en no pocos casos
a los préstamos forzados10y al pago de la mitad en efectos de la tienda de
raya “ a precios tan elevados que al pobre peón no le ajustan ni para
almorzar” .11
Algunos de ellos eran empleados permanentes12 con el mismo patrón,
asegurándose así, además del trabajo, el crédito en la tienda y el aloja­
miento en algunas de las chozas13 que la hacienda tenía
ex-profeso para sus peones. Estos, aparte de su trabajo de raya, estaban
comprometidos a realizar durante algunas horas 6‘fainas” [s/c] o labores
sin remuneración. Estas últimas consistían generalmente en la limpieza
de los patios y la huerta de la hacienda, el acomodo de leña de los
coamiles, la limpieza de las mezcaleras y la hechura de “ lienzos” de
piedra.14
Sin dinero excedente y sin tierra donde criarlos, no podían tener
animales. Pero si acaso lograban hacerse de un “ animalito o dos” , estos
tenían que estar amarrados al pie de un árbol y debían pagar a la
hacienda el manojo de zacate que a diario comían. Los animales termina­
ban siendo comprados por el rico al precio que él quisiera, bajo la
consigna de que estaban herrados con la marca de su hacienda.15 En
ocasiones, el hacendado hacía desocupar el lugar donde “ pastaba” el
animal y hasta la choza que los dueños habitaban.
Los “ arquilines” o peones que no vivían en las haciendas o ranchos
de los ricos, radicaban por lo general en las localidades de mayor tamaño
como Tecolotlán, Atengo, Ayotitlán, Tenamaxtlán, Cofradía de Duen­
des, Los Corrales, Los Guajes, Palo Alto, San Buenaventura, Santa
Martha, Tamazula y la Yerbabuena.16 Para ellos, aun ante las supuestas
ventajas de vivir fuera de los terrenos de la hacienda, su fortuna no era
muy virtuosa con respecto a los acasillados. En realidad, les iba igual, ya
que mientras éstos tenían trabajo permanente, ellos debían procurar con
los ricos un quehacer temporal; esto es, por periodos totalmente depen­
dientes de las necesidades de mano de obra de la hacienda.17 Muchas
veces, bajo el supuesto de la abundancia de peones, se les pagaba el día
por debajo del salario normal y en las mismas circunstancias que a los
permanentes; “ mitad en efectivo, mitad en boletas para pagar en mer­
cancías de la tienda de raya” .18
Con la temporalidad de sus trabajos agrícolas, sin mayor oferta de
empleo en la industria o comercio local, y careciendo en absoluto de
tierras propias para satisfacer sus necesidades, estos individuos no tenían
más camino que anualmente solicitar a los propietarios de tierras una
porción para sembrar. Cultivando maíz principalmente, y frijol en segun­
do término, los terrenos que recibían en su mayoría eran propios para el
“ coamilaje” , donde el contrato de aparcería acostumbraba especificar
que el propietario de la tierra, además del terreno, ponía la semilla y dos
hectolitros de maíz. A cambio, recibiría la misma cantidad de semilla que
había entregado para la siembra, entre uno y medio, y dos hectolitros de
maíz por cada uno prestado para sostén del aparcero, y un tercio de la
cosecha.19
Si eran favorecidos con una parcela para sembrar con yunta, el
hacendado, además de la tierra, semilla y maíz que prestaba a los
coamiles, también prestaba bueyes que frecuentemente debían ser aman­
sados en el “ yugo” , y en lugar del tercio, cobraba la mitad de la cosecha.
Aquí vale mencionar el empleo que anualmente, sobre todo en la época de
secas, encontraban trabajadores locales, principalmente de Tecolotlán,
para ir a quebrar coquito de los palmares20 que algunos de los terrate­
nientes locales tenían en la “ costa de Autlán” 21 y de donde extraían el
aceite que después de ser procesado en los “ 10 ó 12 molinos” 22 de
Tecolotlán, se usaba comúnmente en la región para el “ alumbrado de
lámparas y faroles” .23

Los de la suerte

Los ricos locales, por su parte, aunque no disfrutaban de los excesos que
ostentaba la familia Terrazas en Chihuahua,24 sí gozaban de una posi­
ción particularmente favorable para obtener beneficios, llenar sus bolsi­
llos y hacer más dependientes de ellos a los campesinos pobres.
Dado que los mejores indicadores de riqueza eran la posesión de
tierras, comercios e industrias procesadoras de productos agrícolas, y
que en buena medida los propietarios de las haciendas y ranchos de esta
zona acostumbraban regentar tiendas25 y comercializar directamente los
productos agrícolas26 cultivados y procesados en sus propiedades, su­
pongo que los individuos a quienes el recuerdo de mis entrevistados los
llama “ hacendados” , “ latifundistas” , “ terratenientes” , “ capitalistas” ,
“ acaudalados” o “ ricos” , eran en términos aproximados, los miembros
familiares de esas 200 personas que he señalado como propietarias de la
tierra de la región.
Desde luego, no todos compartían el mismo nivel de vida, e incluso
es posible que algunos de ellos compartieran uno no muy diferente al de
los administradores, mayordomos, tenderos, escribientes y capataces
que servían a los más acaudalados. Sin embargo, en todo caso, su
condición era mejor que aquella que vivían los que solo tenían su
fuerza de trabajo. Destacaban Félix Agraz Villaseñor, Abraham Pérez
y Cresenciano Gómez. El primero era dueño de 9 636 hectáreas en la
hacienda de Santa Rita y varios ranchos de los municipios de Tecolotlán,
Tenamaxtlán y Atengo; el segundo poseía 5 888 hectáreas ubicadas
entre Tecolotlán y Juchitlán, en las fincas de Santa María, Camichines
y San Juan, principalmente. El tercero, compadre de Abraham Pérez,
tenía 5 094 hectáreas, principalmente en la hacienda de Juanacatlán y
Atengo. Jesús Cañedo poseía 4 360 hectáreas, Salvador Villaseñor
3 463, Eleuterio García 3 200, Filemón Arias 2 747 y Cenobio Sauza
2 358. Otros que figuraban como grandes propietarios eran Pedro
Martínez Rivas, Jesús Flores Covarrubias, Exiquio Gómez y Enrique
Sandoval (ver cuadro 5).27
En general se trataba de un grupo de individuos que antes de su
nombre debían ser llamados con un formal “ don” , “ doña” , “joven” o
“ señorita” , puesto que junto con sus familias, eran los que todo, o casi
todo tenían; eran los “ de las refinadas modas” de la época y también los
más cultos. Entre ellos hubo28 quien hablara varios idiomas, tocara el
piano, pintara al óleo y a la acuarela; gustaban mandar a sus jóvenes a
Guadalajara, la ciudad de México e incluso al extranjero para que
aprendieran los oficios del magisterio, el sacerdocio, de la medicina, las
armas y la ingeniería entre otros. Llegaron a usar ropa procedente de
China e incluso, uno de ellos pudo sorprender y asustar a la gente con “ el
ruido de ánima en pena” generado por un “ coche” 29 y los de a caballo
que lo venían jalando y deteniendo (según el sentido de la pendiente) por
la sierra de Quila desde la estación de ferrocarril en Ameca.
Puede decirse que era un grupo “ emprendedor” y apegado a las
innovaciones tecnológicas de la época. Cultivaron mezcal e introdujeron
“ pies de cría” de ganado Indobrasil. Aunque en ocasiones limitando a
los poblados de agua para tomar,30 desarrollaron un sistema de riego de
mayor cobertura y quizá mayor “ eficiencia” 31 que el de fechas actuales.
Ello posibilitó el establecimiento de productos hortofrutícolas como el
café y el mango y el cultivo de la caña de azúcar. Principalmente en los
trapiches y las tabernas de La Lagunilla, La Labor y Tenextitlán, se
producían piloncillo, cachaza, alcohol de caña y tequila. También se
fabricaban puros, cigarrillos y jabón. Vale decir que algunos de estos
productos (tequila, jabón, ganado bovino y porcino) no sólo eran para el
mercado local, sino que también se trasladaban a Guadalajara (vía
Ameca, principalmente, y vía Cocula de manera secundaria) o a la costa
(vía Unión de Tula-Autlán, principalmente, y vía Ejutla-Tonaya de
manera secundaria).
Aunque no tengo elementos suficientes para abordar las relaciones de
este grupo social con la oligarquía de otras regiones, resulta evidente que
era este grupo el que ostentaba el poder político local. Como ejemplo,
vale mencionar que Félix Agraz Villaseñor fue presidente municipal de
Tecolotlán en 1901, regidor por varios años e incluso, “ aprovechando su
influencia” , llevó a la presidencia de ese y otros municipios, a gente de
su agrado.32
Además de estas actividades, también asistían y apoyaban a la igle­
sia, eran fieles en el canto del alabado y gustaban leer las noticias de los
periódicos El Machete, El Gato, El Mundo y El País, los cuales llegaban
por correo de forma irregular.
Por ser los amos de los peones que nada poseían, por permanecer y
vivir en sus propiedades, por sus buenas relaciones con los sacerdotes,
por estar más enterados de lo que ocurría dentro y fuera de la región, así
como por el relativo aislamiento de los cuatro municipios, las sacudidas
fuertes de la revolución llegaron mucho después del 20 de noviembre de
1910. No fue sino hasta marzo de 1913 cuando regresaron con

[...] credenciales de viva Carranza y con órdenes de juntar gente que


quisiera levantarse en armas para deponer al usurpador Huerta, un grupo
de jóvenes no ricos de la región que en abril de 1911 se incorporaron a una
partida maderista que viniendo de Autlán pasó por Tecolotlán y Tenamaxtlán
sin cometer atropellos.33

A partir de entonces, la situación regional presentaría varias transfor­


maciones.
A manera de posdata

Hasta 1940, los más ricos emigraron a Guadalajara o la ciudad de


México; los menos ricos, uniendo esfuerzos con el clero local, organiza­
ron la Unión Popular y luego la cristiada, y con ella, salieron algunos,
muchos hacia los Estados Unidos. Los campesinos, por su parte, sintie­
ron que los terratenientes o sus administradores los miraban menos
altivos —aunque no poco agresivos—porque andaban en “ la agraria” .
Después de 1940, cuando se dio cierto apaciguamiento, algunos
terratenientes o sus hijos volvieron a administrar lo que el ‘‘agrarismo
cardenista” les dejó, pero sobre todo, a financiar a quienes obtuvieron
tierra ejidal mas no medios para trabajarla. Y dijeron: “ hijos, ahora yo
soy el pobre y ustedes son los ricos porque tienen tierras, pero ya saben
que aquí hay carretas, bueyes, dinero y quien les compre sus pasturas” .
Aunque los campesinos obtuvieron tierra, ello no impidió que siguie­
ran amolados y continuaran produciendo maíz siguiendo el vaivén del
errático temporal de lluvias. También se enrolaron en la migración hacia
los Estados Unidos, primero con el Programa Bracero y posteriormente,
de modo ilegal. Con los dólares ganados, los más obtuvieron recursos
para complementar los ingresos familiares provenientes del cultivo de
maíz y de la ganadería bovina explotada de manera extensiva; los menos
han acumulado un “ capitalito que gracias a Dios y al norte” , los hace
darse algunos lujos y disminuir sus diferencias económicas en relación
con los “ retoños” o hijos y nietos de los “ pudientes” de principios de
siglo; es decir, se sienten iguales a aquellos que en fechas actuales suelen
ser llamados “ ricos de cuna” .
Cuadro 1. Vivienda
M unicipio

Tecolotlán Juchitlán Tenamaxtlán* suma

H Casas de 1 nivel 882 698 1 069 2 649


A
B Casas de 2 niveles 4 3 2 9
I
T Chozas o jacales 1 208 417 1 141 2 766
A
C Totales 2 094 1 148 2 212 5 454
I
0 % de chozas respecto
N al total de familias 57.68 36.32 51.58 50.71
E
S TOTAL 2 084 1 194 2 363 5 641

F Número de de 1
A familias u persona 6 62 73 141
M hogares de de 2
I todas las casas personas 881 690 1 097 2 668
L
I Número de de 1
A familias u persona 0 3 7 10
S hogares de de 2
todas las hab. personas 1 1 2 4
U
Número de de 1
H familias u persona 20 43 53 116
0 hogares de de 2
G todos los jacales personas 1 176 395 1 131 2 702
A
R % de chozas
E respecto al total
S de familias 57.40 36.70 50.10 49.95

Fuente: Elaborado en base al Censo y división territorial del estado de Jalisco, 1900. M éxico,
Dirección General de Estadística.
* Recuérdese que Atengo pertenecía a Tenamaxtlán.
Cuadro 2. Instrucción elemental, año de 1900

Municipio
Tecolotlán Juchitlán Tenamaxtlán1" suma

Número de habitantes 9 274 5 751 10 737 25 762

A Total 2 096 1 702 4 835 8 633


L
G % respecto al número
U de habitantes 22.60 29.59 45.03 33.50
N
A Saben leer y escribir 1 742 14 7 7 2 577 5 796

I % respecto al número 18.78 25.68 24.00 22.49


N de habitantes
S
T Saben sólo leer 354 225 2 258 2 837
R
U % respecto al número
C de habitantes 3.82 3.91 21.03 11.01
C
I
Ó
N

S
I
N No saben leer ni escribir
por ser menores de edad 2 656 1751 3 735 8 142
1T
N
S
T
R
U N o saben leer ni escribir
C. los de 12 años en adelante 4 405 2 239 19 2 3 8 567

Fuente: Elaborado en base al Censo y división territorial del estado de Jalisco, 1900. México,
Dirección General de Estadística.
* Recuérdese que Atengo pertenecía a Tenamaxtlán.
Cuadro 3. Empleo femenino, año de 1900

Municipio
Tecolotlán Juchitlán Tenamaxtlán* suma

M Total 4 602 2 933 5 519 13 054


U
J
E Menores de edad 1 516 1 109 2 098 4 723
R
E
S Mayores de edad 3 086 1 824 3 421 8 331

O Quehacer de casa** 2 848 1770 3 092 7 710


c
u Criadas o sirvientes*** 40 28 111 179
p
A Costureras 48 1 93 142
C
I Lavanderas 36 2 102 140
Ó
N Molenderas 27 4 83 114

P Empuntadoras 0 0 21 21
R
I Tortilleras 17 0 0 17
N
C Apar, de calzado 0 0 6 6
I
P Parteras 2 0 1 3
A
L Modistas 2 0 1 3

Fuente: Elaborado en base al Censo y división territorial del estado de Jalisco, 1900. México,
Dirección General de Estadística.
* Recuérdese que Atengo pertenecía a Tenamaxtlán.
** Siguiendo a Carlos B. Gil, suponemos que la mujeres de clase “ alta” de la región fueron
consideradas en este grupo (Gil Carlos B M ascota 1867-1972, p. 70, 71).
*** Estos valores los determinamos bajo el supuesto de que el número aparecido en el cen so
corresponde a 50% hombres, 50% mujeres.
Cuadro 4. Empleo masculino, año de 1900
Municipio
Tecolotlán Juchitlán Tenamaxtlán* suma

H Total 4 672 2 818 5 218 12 708


o
M
B Menores de edad 1 690 1 185 1 962 4 837
R
E
S Mayores de edad 2 982 1633 3 256 7 871

O Peones de campo 2 334 1 167 2 643 6 144


C Comerciantes 127 49 175 351
u Agricultores 81 157 43 281
p Criados o sirvientes** 40 28 111 179
A Vendedores ambulantes 4 1 149 154
C Prop. ind. ofic. b. art. 20 30 96 146
I Filarmónicos 11 11 95 117
Ó Albañiles 44 15 31 90
N Arrieros 40 19 28 87
Zapateros 29 20 38 87
P Carpinteros 32 20 32 84
R Panaderos 23 9 33 65
I Sombrereros 18 7 22 47
N Herreros 18 7 17 42
C Cigarreros 16 0 23 39
I Alfereros 7 4 26 37
P Hortelanos y jornaleros 13 12 4 29
A Otras*** 0 0 0 703
L

Fuente: Elaborado en base al Censo y división territorial del estado de Jalisco, 1900. México,
Dirección General de Estadística.
* Recuérdese que Atengo pertenecía a Tenamaxtlán.
** Estos valores los determinamos bajo el supuesto de que el número aparecido en el censo
corresponde a 50% hombres, 50% mujeres.
*** Incluye en orden de importancia: profesores de instrucción, dependientes de correo, poli­
cías, carboneros, administradores y dependientes de campo, ganaderos, mineros,
reboceros, etcétera.
Cuadro 5. Algunos propietarios de tierras de los últimos años porfiristas1
N o m b re d el p ro p ie ta rio S u p erficie N o m b re de la fin ca o p re d io M p io . d o nde se u b ic a el p re d io 2

Félix Agraz Villaseñor 9636-52-103 Sta. Rita, Buenos Aires y anexos Tecolotlán, Tenamaxtlán, Atengo
Abraham Pérez 5888-66-49 Sta. María, San Juan, Camichines Tecolotlán, Juchitlán
Cresencio Gómez 5094-65-00 Galera de Juanacatlán Tenamaxtlán, Atengo
Jesús Odilón Cañedo 4360-00-00 Quila el Grande Tecolotlán, Tenamaxtlán
Salvador, Julia y María del Refugio Villaseñor 3463-00-00 Ahuatitlán, Tototlán, Caballerías, Las Cañadas Tecolotlán, Tenamaxtlán
Eleuterio García 3200-00-00 Tenextitlán Tecolotlán
Filemón Arias 2747-00-00 Ojo de Agua, Los Cuartos Tecolotlán
Cenobio Sauza 2358-00-00 La Labor, San Rafael Tecolotlán
Pedro Martínez Rivas 2094-00-00 San Pedro Achale Atengo
Jesús Flores Covarrubias 1535-90-00 Colotitlán (anexos) Tenamaxtlán, Juchitlán
Exiquio Gómez 1447-99-00 Perla de la Laguna Tenamaxtlán
Enrique Sandoval 1405-80-00 Colotitlán Tenamaxtlán
José ae Jesús Hernández. 1232-45-00 Miraplanes Tenamaxtlán
José María Cueva García 1053-07-03 Las Ánimas Tecolotlán
José Trinidad Covarrubias 953-20-00 Colotitlán (anexos) Tenamaxtlán
Trinidad Flores 863-60-00 Colotitlán (anexos) Tenamaxtlán
Jesús Pelayo 784-57-00 El Achale Atengo
José de J. Covarrubias Flores 645-96-23 Varios predios Juchitlán, Tenamaxtlán
José Ma. Covarrubias Flores 593-66-49 Varios predios Juchitlán, Tenamaxtlán
José Ma. Covarrubias Soltero 591-00-00 Varios predios Juchitlán, Tenamaxtlán
José María Agraz 576-50-00 Rancho de arriba Juchitlán
Isaac Morelos 522-00-00 El Zapote, El Salitre Atengo

Fuentes:
asra, expedientes de dotación de ejidos números 56, 57, 59, 82, 93, 145, 191, 426, 522, 926, 1 225, 1 581; Periódico Oficial del Estado de Jalisco, no. 33, tomo
CLXXXVI, Guadalajara, 11 de diciembre de 1952. Gabriel Agraz García Alba, Historia de la industria Tequila Sauza, p. 46; Secretaría de Fomento y Colonización e
Industria, Estadística Agrícola y Ganadera 1902. Dirección General de Estadística, en AHJ, ramo Fomento, archivo no clasificado. Aquí quiero agradecer al lie. Mario
AJdana Rendón la amabilidad con que me prestó los datos de este censo agrícola y ganadero.

Notas
1. Conviene decir que tenemos los nombres de más terratenientes, sin embargo, no los presentamos en este cuadro porque no pudimos encontrar datos concretos
sobre el número de hectáreas que poseían.
2. Con frecuencia las propiedades se ubicaban no sólo en un municipio, sino en dos y hasta en tres. Por ello, en orden de mayor a menor, mencionamos los municipios
donde éstas se ubicarían con los límites municipales actuales.
3. Por informes que en nuestras entrevistas señalaban que este señor tenía propiedades en la hacienda de Jaluco, municipio de Cihuatlán, Jalisco, nos interesamos a
revisar en la sra el expediente 926 de dotación de ese ejido, y comprobamos que, efectivamente, su familia tema 10 500-00 hectáreas en aquel lugar.
Notas

I. Abordo estos cuatro municipios porque en su conjunto, constituyen una unidad espacial que he
venido estudiando bajo el marco de un proyecto de investigación del Instituto de Estudios
Económicos y Regionales ( in e s e r ) de la Universidad de Guadalajara.
2 A s r a , exp. 56, copia del informe relativo a la solicitud de dotación del ejido de Tenamaxtlán.
3. Aun cuando una buena parte del material revisado y de las personas entrevistadas dan el mote de
hacendado a los “ pudientes” de la región, debo decir que, más específicamente, ellos emplean el
término para referirse a individuos que tenían varios ranchos, pero reconocían a uno de ellos
como el centro. A lo largo del documento trato de respetar tal idea y no aquella que algunos
autores señalan, cuando toman la diferenciación entre hacienda y rancho por su tamaño mayor o
menor, respectivamente, de 10 000 hectáreas.
4. Debemos entender como pueblo independiente a aquella localidad en donde los lotes prediales no
eran exclusivos de uno o dos propietarios, sino de una gran mayoría de los moradores.
5. Otras versiones elaboradas por hacendados o autores simpatizantes con ellos, señalan que en
algunas haciendas el maltrato a los trabajadores no tenía lugar, e insinúan que la gente de campo
es la única culpable de su condición, v. g. Palabras de un hacendado de Jalisco sobre la situación
agraria en México en 1906, citado en Gil, Carlos B., M ascota 1867-1972.
6. Aun cuando los datos presentados a continuación están basados en el Censo y división territorial
del estado de Jalisco, verificado en 1900, supongo que son válidos (si no es que encubridores de
las ínfimas condiciones de vida para la mayoría trabajadora) para la década siguiente.
7. Los entrevistados recuerdan por “ oíres” de sus padres, que hacia 1900 y aunque con “ cualquier
cosita de tierra” , algunos pobres tenían terrenos propios. Sin embargo, en 1910 los “ señorones”
eran dueños de todo, v. g. el potrero de la “ cuchilla blanca” (ahora del ejido Tecolotlán) estaba
dividido en varias porciones entre pobres. Sin embargo, por deudas contraídas con el rico, y que
luego no pudieron pagar, este potrero pasó a la hacienda de Santa Rita. Entrevista VMC/JE, 19-
01-90, Tecolotlán, Jal.
8. Aunque intenté armar un esquema que reflejara el número total de individuos propietarios de
tierra, la información disponible no me lo permitió. Sin embargo, siguiendo los archivos de la
sr a . y concretamente los informes sobre “ superficies de localización” de cada uno de los 48

ejidos, estimo que alrededor de 200 individuos eran los principales propietarios de las tierras
de la región. Para determinar esta cifra usé un promedio de 5 predios por ejido. Este estimado,
aunque puede parecer bajo -sobre todo en los ejidos creados después del periodo cardenista-,
lo consideramos apropiado e incluso relativamente elevado, ello con base en que gran parte de
las fincas existentes en 1910 fueron posteriormente afectadas por más de un ejido, o bien,
fraccionadas mediante ventas (con frecuencia simuladas) para evitar ser afectadas, vr. g. exp.,
1 225; Hacienda de Miraplanes municipio de Tenamaxtlán.
9. Entrevistas VMC/JE, 24-03-90; VMC/AE, VMC/FR, 17-04-90, Tecolotlán, Jal.
10. “ Ese hombre era tan canijo que en una ocasión hizo que se sentaran en fila unos peones [...]luego
le habló a María [...] la administradora de su tienda [...] y le dijo, ‘mira a estos desvergonzados
enseñando las talegas [...] apúntales manta para que se hagan otro calzón [...]’ y pues cuál, era
puro invento para endrogarlos más [...]” (Entrevista VMC/JE, 03-05-91, Tecolotlán, Jalisco).
II. Queja enviada el 18 de agosto de 1928 al c. presidente de la república por los representantes del
Comité Particular Administrativo de Tecolotlán. Archivo Municipal de Tecolotlán, Jal. ( a m t ),
caja “ Juzgado varios 1930-1932, estadísticas 1871-1930” .
12. N o tengo datos para precisar el número de éstos, pero los informes orales recabados señalan que
las haciendas de Santa Rita, La Labor, Camichines, Ahuatitlán, Juanacatlán, Miraplanes, Colotitlán
y San Pedro Achale empleaban a este tipo de trabajadores.
13. Acompañado de Reyes Castillo, intenté reconstruir “ teóricamente” el casco de la finca de Santa
Rita. Supongo que ésta tenía más de 80 chozas de adobe, cada una con una dimensión aproxima­
da de 4.5 metros de frente por 5.0 metros de fondo y consistían, al parecer, de un cuarto
dormitorio de 4.5 x 3.0 metros y una cocina-comedor de 4.5 x 2 metros.
14. Este parece ser el caso de los 2 “ lienzos” que marcaban el ‘ ‘camino real” de Tecolotlán a Ameca
en su tramo Tecolotlán-San Diego.
15. José Estrella recuerda que ante la imposibilidad económica para manifestar un fierro o marca
ganadera a su nombre, algunos individuos pedían esta al dueño de la hacienda de Santa Rita,
usándola invertidamente. Sin embargo, cuando querían vender su ganado el hacendado les salía
con la siguiente trama:
Hacendado: Hey, muchacho demonio, tú no puedes vender ese animal con mi fierro.
Peón: Pero ¿por qué no, don Félix? si es el mío. Mire está marcado con su fierro pero al revés.
Hacendado: Sí, pero es mi fierro. Mira, ¿quién soy yo? (hacendado de frente al peón).
Peón: Pues, don Félix.
Hacendado: Y así (hacendado de espalda al peón)
Peón: Pues, don Félix.
Hacendado: Ya ves, al derecho y la revés soy el mismo; así también mi fierro.
16. Según el censo de 1910, el primero de estos poblados fue villa, los cuatro siguientes, pueblos y los
ocho últimos, congregaciones.
17. Con frecuencia, el trabajo en las fincas tenía que ver con cultivos perennes como la caña de azúcar
y el mezcal que, por el trabajo que se requería en la elaboración del producto — el camino del
campo hasta el trapiche o la taberna— , ocupaban mano de obra temporal en una cantidad
superior de la que disponía la hacienda para su trabajo regular.
18. Esto se puede rescatar de un informe presentado el 27 de noviembre de 1928, por el presidente
municipal de Tecolotlán a la Secretaría General de Gobierno, sobre los resultados de una
investigación practicada a la tienda de raya del señor Félix Agraz Villaseñor. En a h t , caja
“ Juzgados varios 1930-192; estadística 1871-1930” .
19. Entrevistas VMC/TR, 24-02-90, Guadalajara, Jal.: VMC/JE, 22-04-90, Tecolotlán, Jal. Docu­
mento sin fecha y sin autor, encontrado en un legajo de “ comunicaciones de la presidencia de
Tecolotlán, año de 1925” en a h m t , caja, “ Comunicaciones 1902-1925. Ejército Nacional 1914-
1932-1936. Secretaría de Hacienda 1925-1930, 1923, 1933” .
20. Al parecer, los señores Honorato Gómez e Ignacio Gómez, dueños respectivos de los ranchos San
Felipe y San Antonio, en el municipio de Tecolotlán, contrataban al año dos o tres grupos de
aproximadamente 50 hombres para ir a trabajar al Palmar, Jal., en la quiebra del coquito de
aceite. Incluso, por el año de 1909-1910 hicieron un enganche en Tabasco para el corte de la
caña. Entrevista VMC/JS, 01-06-89, Tecolotlán Jal.
21. Siguiendo algunos informes orales que nos indicaban que los propietarios de la hacienda de Santa
Rita también tenían propiedades en la ex-hacienda de Jaluco, municipio de Cihuatlán, y por el
expediente 926 de la Secretaría de la Reforma Agraria, comprobé que, efectivamente, así fue. La
Señora María Agraz tenía en esa hacienda de Jaluco una propiedad con superficie aproximada de
10 500 hectáreas y con una explotación basada en el coquito de aceite.
22. Entrevista VMC/AM, 19-01-90, Tecolotlán, Jal.
23. Manuel López Cotilla, Noticias geográficas y estadísticas del departamento de Jalisco,
p. 113.
24. Al respecto, véase A Goldschmit, E l desarrollo cam pesino en M éxico, pp. 80-82 y 88.
25. Conviene destacar la importancia de las tiendas de Tecolotlán, que por su amplio stock de
mercancías, así como por los créditos que otorgaban hasta por 6 meses de plazo, eran proveedores
no sólo de los individuos que trabajaban en las fincas de los dueños de las tiendas, sino también de
numerosos clientes de Atengo, Tenamaxtlán y Juchitlán. Así, sobresalían las tiendas de Félix
Agraz, Abraham Pérez y José María García de Alba. Entrevistas VMC/FA, 20-01-90, Atengo,
Jal.; VMC/JY, 16-10-89, Los Corrales, municipio de Juchitlán, Jal.
26. Para la industria agrícola sobresalían el cultivo de caña de azúcar y el de mezcal. Del primero, por
medio de unos molinos o trapiches, se obtenía piloncillo, cachaza, alcohol y azúcar. Del mezcal se
obtenía pulque, y una vez procesado en la taberna se obtenía el tequila. Vale señalar que una de
estas tabernas tiene parte en la historia de la industria Tequila Sauza, ya que por los primeros años
de este siglo, en la hacienda de La Labor y el rancho de San Rafael del municipio de Tecolotlán,
la familia Sauza tenía sembrados un millón de mezcales que se procesaban en una taberna con tres
alambiques, existente en la hacienda de la Labor (véase Agraz García de Alba, Gabriel, Historia
de la industria Tequila Sauza, p. 46).
27. Mis entrevistados aseguran que con frecuencia los contratos de aparcería con los no tan ricos eran
más desventajosos para el pobre, que los hechos con los más ‘ ‘poderosos” . Ello debido a que al no
poder conseguir con estos últimos la tierra suficiente, al pobre no le quedaba más remedio que
pedir tierra a aquellos, viéndose forzados a aceptar las condiciones que éstos dispusieran. Por
ejemplo, mientras los más ricos cobraban entre 1.5 a 2 hectolitros por cada uno de maíz entregado
al trabajador para su sostén en la época de labores, los menos ricos cobraban al tres por uno.
Entrevistas VMC/FR, VMC/AE, 21-02-90, Tecolotlán, Jal.
28. Salvo indicación contraria, la información de este párrafo fue rescatada principalmente de los
apéndices iconográficos, de Gabriel Agraz García de Alba en sus libros Ensayo histórico de
Juchitlán', Jalisco y sus hombres... ; Esbozos históricos de Tecolotlán; Historia de la industria
Tequila Sauza, así como de Jorge Zepeda Martínez, Tenamaxtlán, Jalisco.
29. Sin estar cierto, parece que este carro llegó a Tecolotlán hacia el año de 1910.
30. En los documentos del archivo civil de Tecolotlán que se refieren a esta época, aparecen con
frecuencia las dificultades que tenía ese poblado para abastecerse del agua proveniente de La
Ciénega, pues aun cuando dicho manantial había sido comprado por el ayuntamiento municipal,
Félix Agraz usaba el agua para regar sus cultivos, alegando que este cuerpo de agua le pertenecía,
pues atravesaba sus propiedades.
31. Aunque se dice que ello es producto del agrarismo, creo que a ello hay que sumar las pocas
posibilidades de extracción de agua subterránea, las demandas crecientes del agua superficial
para uso humano y los pocos apoyos que el gobierno ha dado para la construcción de nuevas
obras que retengan el agua de escorrentías.
32. Archivo civil de Tecolotlán, caja “ of. asuntos varios 1884-1889, 1933-1878-1932” ; Archivo
histórico de Jalisco, AG-1-919 ten 107.
33. Véase Víctor Manuel Castillo Girón, “ Tecolotlán en la Revolución Mexicana” en Estudios
Jaliscienses, pp. 28-35.
Bibliografía

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Z ep ed a M artínez , Jorge, Tenamaxtlán, Jalisco, Guadalajara, Ayunta­
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Archivos

Archivo Civil de Tecolotlán.


Archivo Histórico de Jalisco.
Archivo de la Secretaria de la Reforma Agraria, delegación Jalisco.