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¿Qué significa ciudadanía para la democracia en el Perú?

Ciudadanía para la democracia significa que los ciudadanos y ciudadanas de una sociedad
o de un país se comprometen con determinados principios e ideales democráticos, como
la justicia, la equidad, la libertad, la solidaridad, la interculturalidad, entre otros. En este
sentido, ser ciudadano exige reflexionar y tomar conciencia sobre el entorno, la sociedad
y el país, y sobre lo que se pretende ser y se quiere que el país sea. Sobre la base de esta
reflexión -continua, permanente-, los ciudadanos y ciudadanas toman posturas y
decisiones respecto de sus acciones y participación en la vida pública. De acuerdo con
cómo se ven los ciudadanos peruanos y cómo asumen su ciudadanía, y de acuerdo
también con la interpretación que se hace de la realidad social nacional, se comprometen,
de una u otra forma, con esta.

Hoy, los peruanos hemos reconocido que uno de los problemas más graves es que no se
ha logrado consolidar una cultura y un sistema democráticos que sostengan el desarrollo
de una sociedad más justa y digna para todos, que permita ejercer plenamente los
derechos ciudadanos y asumir las responsabilidades consiguientes. No obstante,
mientras más difíciles sean los desafíos a la democracia, mientras más corrupción exista
y más crisis de valores se observe, mientras mayores sean las desigualdades entre las
personas, más responsabilidad tendrán los ciudadanos y ciudadanas de construir y
fortalecer, en el diario actuar, una cultura y un sistema diferentes, donde se respeten y se
promuevan los derechos de todos.

La Formación Ciudadana cumple, pues, un papel muy importante para el desarrollo del
Perú. El sector educativo debe cumplir con la responsabilidad de ser un agente de cambio
y de brindar una educación que, forme integralmente a las futuras generaciones de
peruanos como ciudadanos y ciudadanas con capacidad para llevar a cabo tres tareas
fundamentales:

a) Reflexionar sobre la historia y realidad social peruanas y sus grandes desafíos: la


exclusión, la pobreza, la discriminación y el racismo históricos, el autoritarismo y
el machismo, la corrupción, el abuso y mal manejo del poder y de nuestros
recursos, el uso de la violencia como solución a los problemas, la falta de
identificación con la cultura nacional y la poca valoración de la que es objeto, entre
otros.

b) Comprometerse, a partir de la reflexión anterior, con la construcción de un país


mejor, con sólidos principios democráticos. Este compromiso debe ser asumido
por cada persona, desde su propio contexto, desde su propio proyecto de vida.

c) Actuar para construir bienestar propio y colectivo, y para contribuir, así, con el
desarrollo y democratización de la sociedad.

Así, aunque la ciudadanía democrática es idealmente ejercicio y práctica dentro de una


cultura y un sistema democráticos, en el caso peruano, se trata, más bien, del ejercicio y
la práctica transformadores que buscan construir democracia a partir de una cultura y un
sistema que aún no se han consolidado como democráticos.

1
PUCP – MINEDU. Extracto de Texto: ¿Qué significa ciudadanía para la democracia en el Perú?
Del Diplomado en Educación socio- emocional para la convivencia escolar. Lima 2013.

1
¿Por qué la ciudadanía es una finalidad de la escuela?
La perspectiva de educación ciudadana en la escuela pública se desarrolla a partir de una
constatación y una convicción. La primera se ubica en el terreno de la realidad social, en
la cual hay una serie de condiciones y situaciones que afectan gravemente la posibilidad
de construir, desde el sistema político y desde la cultura, una ciudadanía basada en la
justicia, el respeto a las demás personas, la libertad, la igualdad y la solidaridad.
El deterioro del vínculo social merma las posibilidades de desarrollar una ciudadanía que
vaya ampliando cada vez más nuestras posibilidades de participación en la vida pública;
de sentirnos parte de una comunidad de referencia; de ejercitar nuestros derechos o
responsabilizarnos por el desarrollo de nuestra sociedad. Sin embargo y a pesar de lo
señalado, la escuela pública, nacida de importantes debates sobre su papel en la
formación de ciudadanos y ciudadanas, ha ido perdiendo esta importante intencionalidad
en su desarrollo histórico.

La educación ciudadana, por su parte, ha ido perdiendo valor cultural y curricular, viéndose
arrinconada en una esquina o, peor aún, tergiversado su sentido hacia una concepción
formalista semi-militar y patriotista que se expresa en las formaciones, los desfiles, y
determinados ordenamientos y concepciones de disciplina.

El resultado concreto es que en la escuela pública peruana se ha perdido la


intencionalidad básica de desarrollar aprendizajes ciudadanos para un ejercicio pleno de
derechos y responsabilidades, y para la participación en el espacio público. Las
consecuencias de esta situación afectan tanto el desarrollo personal e institucional como
el nacional. Un país sin ciudadanas y ciudadanos conscientes, activos y comprometidos,
deja de tener futuro.

De esta constatación surge la necesidad de recuperar esta intencionalidad y redefinirla a


la luz de nuevos contextos y aportes educacionales. Para que la escuela tenga futuro debe
intentar responder a los desafíos que se plantea la misma sociedad, y para poder hacerlo
tendrá que transformarse.

Propósitos fundamentales de la formación ciudadana, son:

1. El desarrollo de aprendizajes que habiliten a las y los estudiantes para asumir y ejercer
su condición de ciudadanas y ciudadanos democráticos, solidarios y responsables
desde un conocimiento crítico de la realidad y un sentido de compromiso con su
entorno social y natural.

2. Aportar a la transformación democrática de la escuela en una comunidad de agentes


dinámicos que construyan un espacio de acción y deliberación colectiva, para así
desarrollar los proyectos que contribuyan a su desarrollo y a la satisfacción de sus
necesidades, además de generar una institucionalidad que promueva y garantice las
libertades y los derechos de sus integrantes, y que desarrolle un sentido de
pertenencia hacia un estilo y una organización de la vida en común, basado en la
confianza y la participación.

3. La creación de una cultura democrática en la que se reconozcan, valoren y potencien la


diversidad personal y social, y que enfrente toda forma de discriminación. Una cultura
que aliente el pluralismo y el pensamiento abierto, que promueva relaciones de
respeto, que auspicie la autonomía y la crítica, que fomente la vivencia de los valores

2
de justicia, libertad e igualdad; y en la cual se practique la resolución dialogada de los
conflictos.

Tres conceptos aparecen con fuerza: aprendizaje ciudadano, comunidad y cultura. Estos
tres conceptos subrayan la idea de que la formación ciudadana implica desarrollar
aprendizajes específicos; que sólo es posible construir ciudadanía desde un espacio
compartido, en relaciones de igualdad; y que formar en ciudadanía nos reta a reconstruir
nuestras percepciones, valoraciones y creencias, a fin de que en la escuela se produzca
conocimiento socialmente significativo.

El enfoque de formación ciudadana opera en todos los ámbitos de la institución escolar:


gestión del centro educativo, programas curriculares, relaciones interpersonales,
metodologías, participación estudiantil, convivencia y articulación con la comunidad.

En relación a las y los estudiantes, son tres los aprendizajes que se desarrollen al
implementar este eje:

● Reflexiona críticamente frente a los asuntos públicos.


● Participa democráticamente.
● Interactúa con equidad.

Estos aprendizajes o competencias expresan con claridad dos ideas fundamentales. En


primer lugar, que el aprendizaje de la ciudadanía tiene como base y direccionalidad la
necesidad de construir un sentido de pertenencia hacia la comunidad política de la que
formamos parte; sentido de pertenencia que tiene que ver con un sentido de
responsabilidad e identificación con los asuntos públicos del país, que pueden ser
problemas, necesidades, sueños o aspiraciones, pero que comprometen los intereses de
todas y todos.

En segundo lugar, los aprendizajes definidos expresan una comprensión de la educación


ciudadana como formación para la intervención activa en el espacio público, es decir,
como educación política. Consideramos que esa intencionalidad política en la escuela
pública, y también en la escuela privada, debería estar orientada hacia la formación de
ciudadanas y ciudadanos democráticos. No se trata de transmitir una doctrina política
específica, formar líderes de partido ni manipular ideológicamente al alumnado. Se trata,
por el contrario, de que las y los estudiantes aprendan a comprender cómo se expresan
las diversas formas de poder en la sociedad y que sepan criticar esos poderes desde los
valores de la democracia y los derechos humanos.

También se trata de que aprendan a enfrentar las manifestaciones del poder que atentan
contra los derechos y las libertades, y que aprendan a apropiarse del poder o empoderarse
para enfrentar situaciones de injusticia y construir espacios más democráticos.

La perspectiva educativa de formación ciudadana prepara al sujeto estudiante, y también


al sujeto docente, para entender, criticar y transformar las relaciones de poder que se
expresan en el conocimiento, en el espacio público y en la convivencia con las otras
personas.

Convivencia, participación y conocimiento son las tres líneas a ser redefinidas en la escuela
para formar en ciudadanía.
Tal como lo afirmó el gran maestro José Antonio Encinas: la más alta misión del docente
es formar ciudadanos y ciudadanas.

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Formación ciudadana: perspectiva multidimensional
Dimensión política

Es aquella dimensión referida a las relaciones de poder que construimos a nivel personal,
interrelacional, institucional y simbólico. Su importancia es central en el desarrollo de la
ciudadanía porque define el sentido de la convivencia y la actuación pública.

Lo político aquí no se reduce a los sistemas y organizaciones formales como el Estado o


los partidos en la medida que las relaciones de poder se estructuran también
culturalmente en función de la raza, el sexo, la etnia, la discapacidad, la orientación sexual,
la religión, la clase social, etc.

El poder puede constituirse para la dominación, girando en torno de diferencias que a


partir de diversos y muy bien articulados sistemas de desigualdad generan
discriminación, exclusión, subordinaciones, estereotipos y explotación.

Pero, por otro lado, también pueden generarse formas de poder que surgen de
perspectivas emancipadoras que apuestan por formas de convivencia democráticas
basadas en la comunicación, la confianza, la cooperación, la participación, la apertura, el
respeto, la igualdad y la libertad.

Dimensión socioafectiva

La dimensión socioafectiva pretende enfatizar la importancia que tienen los afectos, los
vínculos, la personalidad, la identidad y la autoestima en la vida de las personas. Ello,
tomando en cuenta que no hay nada que pueda pasar por alto e ignorar la relevancia de
esta dimensión de la vida humana.

No es posible construir ciudadanía sin sujetos capaces de entenderse y sentirse como


personas con poder, capaces de actuar con autonomía y con capacidad de manejar
equilibradamente sus dependencias, inseguridades y temores. Tampoco es posible
construir ciudadanías si no somos sujetos capaces de construir relaciones con grupos de
referencias, con otros seres humanos, con el mundo.

Al tomar en cuenta esta dimensión, la educación ciudadana busca empoderar


emocionalmente a los sujetos, mujeres y varones, enfrentando modelos de vida y
percepciones que subordinan a algunos seres humanos frente a otros, reconociendo y
valorando su singularidad, brindándole herramientas conceptuales y prácticas que le
ayuden a enfrentar la vida social y pública, desarrollando habilidades sociales que mejoren
su capacidad de interacción y construyendo confianza y seguridad, en relación con las
demás personas.

Dimensión ética

La dimensión ética de la formación ciudadana se centra en la idea de que los valores se


edifican en la acción que construimos con otras personas iguales a nosotros y nosotras,
y que están firmemente unidos a tradiciones que son parte de las culturas que conforman
una sociedad. Y cuando decimos tradiciones éticas estamos refiriéndonos a tradiciones
vivas, que se actualizan en la vida concreta de las personas.

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Aludimos pues a una dimensión ética que tiene que ver, por lo tanto, con la gente, con la
vida, con actuaciones concretas. Por eso, una ética ciudadana es una ética que se
responsabiliza de las/los otras/os ciudadanas/os. Es una ética del reconocimiento, de la
responsabilidad y del cuidado. Es aprender a ocuparnos de los intereses de todos y de
cada uno.

La ética cívica obliga a mirar siempre a quienes se les quiere excluir del escenario, a
quienes se les quiere desconocer, a quienes no acceden plenamente a todos sus
derechos y a quienes se les quiere silenciar.

En su carácter activo y comprometido, la ética ciudadana es movida por una sensibilidad,


una indignación, un coraje que se entrega participativamente en la acción y deliberación
de la búsqueda del bien común. De allí la importancia de estos tres componentes en la
formación ciudadana.

Dimensión intelectual

La formación ciudadana también nos plantea una reorientación de la dimensión


intelectual en la escuela, poniendo en primer plano la necesidad de que la educación se
mire a sí misma como espacio y proceso de desarrollo del pensamiento.

La formación ciudadana es una educación del pensamiento, del pensar los asuntos
públicos. Es aprender a movilizar nuestros instrumentos cognitivos con autonomía para
desarrollar creatividad y criticidad, a fin de garantizar una participación política aportativa
y construir una cultura realmente democrática.

Este cambio de sentido del trabajo intelectual ubica al conocimiento de una manera
distinta. Es obvio que los conocimientos dejan de ser el registro mecánico de los mismos
en la memoria: son producto y estímulo del pensamiento, una construcción personal y
social que nos permite desarrollar relaciones más sustantivas con nuestro entorno y
nuestra vida cotidiana. Y son más sustantivas porque se aprende a establecer múltiples
relaciones entre los diferentes aspectos de la realidad social y natural, de la vida privada
y la vida pública.

El desarrollo de nuestra capacidad de pensamiento nos permite desarrollar, además, una


actitud reflexiva hacia nuestras formas de conocer. Se genera una real autonomía
intelectual al ser capaz de poner en duda la verdad legitimada por la autoridad de los
libros, del docente, del sentido común o de una disciplina científica. Nada se acepta
porque sí, sino porque se encuentran argumentos sólidos para considerar algo como
provisionalmente válido.

Necesitamos aprender a pensar juntos, a disentir, a negociar, a discutir. Aprender a pensar


desde el fondo, con la convicción de que siempre es posible dar inicio a algo nuevo, es
decir, a cambiar.

Escenarios y espacios de una educación ciudadana democrática


Desarrollar competencias y aprendizajes ciudadanos es complejo. Requiere de una
intervención que abarque a toda la institución educativa, dentro y fuera del aula. Hacer
posible que la escuela se convierta en una experiencia real y significativa de un ejercicio
ciudadano democrático, implica comenzar a identificar aquellas prácticas y formas de

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organización institucional donde vivir la democracia en la escuela sea una posibilidad
cercana.

a. La reforma de la escuela desde una perspectiva democrática


● Una organización escolar que garantice espacios para el diálogo, para la expresión
de ideas y la construcción del bien común
Pensar una escuela para un ejercicio ciudadano democrático es un acto
fundacional que transita de la recuperación de la escuela en su función política de
formar ciudadanos, pero también implica pensar la escuela desde su
organización, los procedimientos, las rutinas y los mitos que hagan de este
espacio una vivencia democrática. En ese sentido, nos cabe hacernos las
siguientes preguntas:

¿En qué medida la escuela se convierte en ese espacio de deliberación de los


asuntos que afectan a la comunidad educativa, local y nacional?
¿Cuándo decimos que los estudiantes participan, lo hacen en todos los aspectos
que les competen o solo en aquellos en que no “incomodan”?
¿Los mecanismos de decisión tienen como criterio la participación efectiva, la
inclusión de nuevas voces en instancias de conducción del rumbo de la escuela?
¿Los Municipios Escolares o los periódicos escolares son realmente autónomos
o dirigimos sus acciones o campañas? ¿Qué aprendizajes buscamos desarrollar
cuando fomentamos su creación y sostenimiento? Dejamos que todos/as puedan
participar o restringimos la participación a aquellos/as que creemos se lo
“merecen” o con los que creemos es más fácil?
¿Trabajamos con ellos/as un nuevo tipo de liderazgo, fomentamos el
empoderamiento, el trabajo en equipo, las consultas a compañeros, la
deliberación? o ¿estamos, en la práctica, permitiendo que se sigan desarrollando
formas autoritarias, caudillistas que se caracterizan por la falta de diálogo, por la
incapacidad de escuchar e incorporar propuestas de otros?

● El ambiente físico y los recursos


Muchos investigadores señalan que el ambiente físico es fundamental encontrar
y vivir en un ambiente que genere encuentros y que, además, sientan como suyo.
En particular Bernardo Toro menciona que el primer encuentro de las niñas y los
niños con la sociedad - con “lo público”- sucede cuando entran a la escuela; allí se
inicia la comprensión y el uso de los bienes públicos (son de todos, pero de nadie
en particular), allí los niños y las niñas comienzan a utilizar lenguajes colectivos
(nuestros….)2; allí van a recibir el primer mensaje que la sociedad peruana les da.
Debemos trasmitirles que son valiosos para todos nosotros, que son tan valiosos
que desde el primer día de clases les proporcionamos un ambiente amable, limpio,
con agua, con buenas carpetas, con libros adecuados, con espacios para jugar,
espacios para que se sienten a dialogar, a deliberar.

● El clima institucional y la convivencia


El ambiente físico debe ir acompañado de un ambiente de amable convivencia 3,
donde la confianza, el respeto mutuo, la equidad sean la base de las interacciones
que se dan dentro de ella, ya sea en las aulas o fueras de ellas. Habría que observar
en la institución y delimitar:

2
Toro, Bernardo
3
En la medida en que el niño descubra la bondad (y la alegría –diría después) de la escuela se irá
haciendo una idea de lo que es la sociedad y de lo que son sus instituciones” (Bernardo Toro)

6
Expectativas de acción de profesores. Las preguntas claves serían ¿Son capaces
los maestros de intervenir para generar una reflexión que lleve a aprendizajes
vinculados a una buena convivencia? ¿Acompañan los profesores/as a los
estudiantes en todo momento, no solo en las aulas? ¿Están los profesores y
profesoras viendo lo que sucede entre las personas que conviven en la escuela?

Tensión entre lo privado y lo público. Las preguntas claves serían ¿Son los
profesores capaces de pedirle a un compañero o compañera reserva sobre lo
ocurrido a algún alumno/a cuando lo está contando en la sala de profesores?

Estereotipos de profesores. Las preguntas claves serían ¿Cuántas veces han sido
capaces de llamarse la atención entre ellos/as (los profesores) cuando están
calificando a un alumno/a en vez de calificar su acción? ¿Cuánto se han
desprendido los profesores de sus propios estereotipos y prejuicios? (en esta línea
hay importantes etnografías-León, Barrantes, etc.) e investigaciones (Tovar)

Cultura democrática de profesores ¿Son los profesores capaces de conversar


constructivamente con un compañero o compañera para comentarle que el trato
que tuvo con algún alumno o alumna no fue el adecuado? ¿Están las puertas de
los directivos y de los profesores abiertas para todos/as los estudiantes?

b. Desde las aulas, una ciudadanía es posible


● El trabajo en todas las áreas
Concepción del aprendizaje y su relación con la diversidad. En casi todas las
capacitaciones sobre aprendizaje y cómo lograrlo se trabajan temas vinculados a
las diversidad; así, en la actualidad resulta ya un tema común sostener que
nuestros alumnos/as tienen distintos ritmos y estilos de aprendizaje, que existen
distintos tipos de inteligencia y que todas son valiosas. Poner esto en práctica,
desarrollar clases que incluyan esta diversidad nos llevará a democratizar también
el aprendizaje. Llevará a reconocer que cada alumnos tiene su propia
individualidad y es valioso en sí mismo; sin lograr esto no tendremos bases sólidas
para que hagan suyo el ser reconocidos como sujetos; si no se reconocen como
tales, ¿cómo podrán ejercitar su ciudadanía?

“Facilitar que en las instituciones educativas (y en el conjunto de la humanidad)


tengan cabida y reconocimiento todas las diferentes capacidades, ritmos de
trabajo, expectativas, estilos cognoscitivos y de aprendizaje, motivaciones,
etnias, valores culturales de todos los niños, niñas y adolescentes” 4

Comunidad (profesores, alumnos, familias) de aprendizaje. Los docentes deben


aprender a decir que no saben algo, no tener siempre la última palabra; es
importante preguntas, en vez de respuestas. Esto es quizá lo que más cuesta a
maestros y maestras, incluso porque muchas veces los alumnos reclaman la
posición o la respuesta del profesor/a; lograr entender que somos una comunidad
construyendo saberes, es imprescindible.

Fomento de habilidades y actitudes que permiten la deliberación. El fomento de


habilidades y de actitudes que permitan deliberar sobre asuntos públicos pueden
ser trabajadas desde todas las áreas. No solo nos referimos a las habilidades de

4
IMBERNÓN, Francisco (coord..). La educación en el siglo XXI. Los retos del futuro inmediato.
Barcelona: GRAO, 1999

7
comunicación (imprescindibles para el ejercicio ciudadano), o a las habilidades
matemáticas (como leer cuadros y gráficos estadísticos), también a las
discusiones éticas en torno a temas de ciencia y tecnología y a temas de
proyectos empresariales, o al desarrollo de la creatividad a partir del arte, por
ejemplo.5

Incorporación real de trabajo cooperativo. Incorporar la práctica de un trabajo


cooperativo real (no el tradicional trabajo en grupo), no solo puede generar
mejores aprendizajes académicos sino que ayuda a aprender a escuchar a los
otros, a exponer ideas propias, a ser asertivos en nuestras críticas, a buscar
incorporar en un solo discurso los planteamientos de varios, etc6.

● En las áreas con mayor afinidad


El área de Ciencias Sociales (llámese el área Personal Social o Historia, Geografía
y Economía) es reconocida como un área que juega un papel fundamental en la
formación del ejercicio ciudadano. Sus aportes estarían en vínculo a:

▪ Desarrollo de la identidad y el sentido de pertenencia


▪ Reconocimiento de sujetos históricos; permite que los estudiantes se
reconozcan como sujetos históricos, cuyas sociedades han sido y son
construidas por los individuos que las conforman.
▪ Diversas culturas permite reconocer la existencia de diversas culturas en
distintos espacio, pero también en diferentes tiempos. Comprender las
características de los diferentes modos de vida requiere conocimiento de
variables naturales, individuales y sociales que interactúan entre si.
▪ Comprender y problematizar el estudio del entorno; las ciencias sociales dan
herramientas y conceptos para comprender y problematizar el estudio de
las distintas sociedades que viven o han vivido en el mundo. Genera
capacidades de problematización, reflexión, de análisis y de explicación de
procesos sociales complejos desde diferentes perspectivas y apoyados en
diversas disciplinas.
▪ Desarrollo de competencias cognitivas, imprescindibles para ejercer
ciudadanía.

El área de Persona, familia y relaciones humanas, tiene todo una subárea


vinculada a la filosofía y la ética a partir de 4to secundaria; más allá de la
conceptualización de estos conceptos, el trabajo con la reflexión ética y la
habilidades de interrogación de la filosofía, son imprescindibles en un ejercicio
ciudadano. Estos últimos aspectos no se desarrollan de manera real en dicha
área. Por otro lado, en esta área se explicitan una serie de conocimientos y
capacidades que se vinculan a la convivencia y Que, en nuestra opinión, debería
estar vinculados al ejercicio ciudadano.

● En el área de Formación Ciudadana y Cívica


El área específica de Formación cívica y ciudadana. Hace ya un par de años el

5
Hace unos años, en la ONG Tarea, se hizo un intento de operativizar el eje de educación ciudadana y
democrática en las distintas áreas y se produjeron módulos para Matemática, Ciencia y Ambiente,
Comunicación y Ciencias Sociales. Más allá de los logros o limitaciones de dichos materiales, son un ejemplo
para concretizar el trabajo de ciudadanía, a partir de contenidos propios de cada área.
6
Se puede encontrar un texto interesante sobre los beneficios en habilidades sociales de Dr.Theodore Panitz
traducido por Luis Bretel en http://bretelbeneficio.blogspot.com/

8
estado peruano ha optado por mantenerla, en el nivel inicial y primario, vinculada
a Personal social pero haciendo explícito un organizador vinculado a la
convivencia democrática. En el nivel secundario sí se ha decidido plantear el
desarrollo de un área separada de las ciencias sociales para potenciar
aprendizajes cívicos y ciudadanos.

BIBLIOGRAFÍA
- Dibós, Alessandra: Frisancho, Susana; Rojo, Yolanda (2004). Propuesta de
evaluación de Formación Ciudadana. Lima: MED.
- León Zamora, Eduardo (1997). ¿De qué educación ciudadana hablamos? Lima:
Tarea.