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Qué es Estoicismo:

Como estoicismo se denomina la doctrina filosófica que practicaba el dominio de las pasiones
que perturban la vida valiéndose de la virtud y la razón. Como tal, su objeto era alcanzar la
felicidad y la sabiduría prescindiendo de las comodidades, los bienes materiales y la fortuna. De
allí que también designe cierta actitud moral, relacionada con la fortaleza y la ecuanimidad en
el carácter.

El ideal de los estoicos era lograr la imperturbabilidad y cierto grado de independencia ante el
mundo externo. Aunque era una doctrina fundamentalmente ética, también tenía sus propias
concepciones lógicas y físicas. Fue influida por los cínicos y por Heráclito.

La escuela estoica fue fundada por Zenón de Citio hacia el año 301 a. de C. en Atenas.
Acostumbraban reunirse en un pórtico de la ciudad, de lo cual derivó su nombre, que proviene
del griego que significa ‘pórtico’.

Fue una de las escuelas filosóficas helénicas de mayor influencia. Su periodo de auge se registra
entre el siglo III a. de C. y el II d. de C. Su debilitamiento coincidió con el auge del cristianismo.

En la doctrina estoica se reconocen tres fases: una primera, encabezada por Zenón y Crisipo,
denominada estoicismo antiguo; la segunda, caracterizada por las contribuciones de Panecio y
Posidonio, se conoce como estoicismo medio, y finalmente, se encuentra el estoicismo nuevo,
representado por figuras de la talla de Séneca, Epícteto y Marco Aurelio.

Ética estoica

La ética estoica es la faceta más conocida de esta escuela. Como tal, propone que la felicidad
implica vivir conforme a nuestra naturaleza racional; que el único bien es la virtud y el único mal
es el vicio y la conducta pasional e irracional; que las pasiones que perturban la razón son
contrarias al ideal estoico; que los bienes materiales o aspectos de la vida humana, como la salud
o la enfermedad, el dolor o el placer, son indiferentes para el estoico y de allí proviene su
fortaleza. Todo esto tiene como objeto alcanzar la apatía, que es aceptación de los ideales
ascéticos. En este sentido, es un sistema que se opone al hedonismo de Epicuro y al
eudemonismo de Aristóteles.

Estoicismo, epicureísmo y escepticismo

El estoicismo, el epicureísmo y el escepticismo son tres corrientes de pensamiento filosófico


surgidos en la Antigua Grecia. Mientras que tanto el estoicismo como del epicureísmo son
doctrinas que se proponen alcanzar la felicidad —el primero a través del dominio de las pasiones
que perturban la vida, y el segundo mediante el equilibrio de los placeres en función del
bienestar del cuerpo y de la mente—, el escepticismo, más que una doctrina, es una actitud o
una corriente de pensamiento basada en la desconfianza o la duda hecha extensiva a todas las
cosas, incluido el propio juicio del escéptico.
Qué es Epicureísmo:
Como epicureísmo se denomina el sistema filosófico fundado por Epicuro que tenía por objeto
la búsqueda de la felicidad a partir del equilibrio de los placeres y la eliminación de los temores
que causan ideas como el destino, los dioses o la muerte. Es considerada una rama del
hedonismo.

Según el epicureísmo, el principio de la existencia humana radica en el bienestar del cuerpo y


de la mente, para lo cual el individuo debía valerse de la ataraxia, que no era sino el perfecto
equilibrio entre ambos.

Epicuro, su creador, nació en Atenas en el siglo IV a. de C. Se le reconoce haber elaborado una


ética del placer, que sostenía que el objetivo de una vida feliz consistía en la ausencia del dolor
tanto físico como moral. En este sentido, señalaba que la presencia del placer era indicativa de
la ausencia de dolor, así como de cualquier tipo de aflicción, bien fuera de índole física, como el
hambre o la tensión sexual, o mental, como el aburrimiento o la apatía.

Consideraba, asimismo, que los placeres no debían limitarse al cuerpo, sino que también debían
abarcar la mente, pues los primeros, si bien eran importantes de satisfacer, eran breves,
mientras que los del alma eran duraderos y ayudaban a mitigar los dolores del cuerpo. En este
sentido, proponía buscar un equilibrio consciente entre ambos.

Para Epicuro, tanto los placeres como los sufrimientos eran causados por la satisfacción o el
impedimento de la satisfacción de los apetitos, que consideraba que podían ser de tres tipos:
naturales y necesarios, como alimentarse o dormir; naturales, pero no necesarios, como la
satisfacción carnal o una buena charla; no naturales ni necesarios, como las ansias de poder o
fama; y los no naturales pero necesarios, como el vestido o el dinero.

Los seguidores del epicureísmo eran conocidos como epicúreos. Los epicúreos debían evitar el
dolor y las perturbaciones, así como los lujos y las comodidades excesivas para llevar una vida
en armonía y poder disfrutar de la paz. Pese a que llevaban una vida aislada del mundo, no
prescindían totalmente de la compañía, sino que era grandes cultores de la amistad, pues creían
que ella generaba un enriquecedor intercambio de ideas y pensamientos.
Qué es Escepticismo:
Como escepticismo se conoce la actitud de desconfianza o duda que se manifiesta ante a la
verdad o la eficacia de algo. Escepticismo es también el nombre de una corriente de
pensamiento filosófico según la cual debemos de dudar de todas las cosas, fenómenos y hechos,
y que afirma que la verdad no existe, pero que, de existir, el hombre sería incapaz de conocerla.
El escepticismo también puede ser cierta propensión pesimista, consistente en ver las cosas de
un modo siempre desfavorable. Por ejemplo: “Julio mantuvo su escepticismo a pesar del
resultado positivo de la reunión”. Asimismo, escepticismo puede referirse a cierta actitud de
incredulidad o aprehensión respecto a la pureza y valor moral y ético de las acciones de los
hombres. Por ejemplo: “El escepticismo de la sociedad frente a los políticos se ha traducido en
una gran abstención en las últimas elecciones”.

Escepticismo en Filosofía

En Filosofía, el escepticismo es una corriente de pensamiento que se fundamenta en la duda


hecha extensiva a todas las cosas, sensaciones, fenómenos o hechos que se presentan a la
conciencia, y que considera que toda información debe ser apoyada por la evidencia. En este
sentido, se manifiesta fundamentalmente como una actitud inquisitiva al conocimiento.

El escéptico duda de todo, incluso de su propio juicio. Por esto, es característico del pensamiento
escéptico no dar por cierta, de buenas a primeras, ninguna verdad ni aceptar dogma alguno,
bien se refiera a la religión, bien a los valores sociales establecidos, o bien a fenómenos de otra
índole. De allí que presente una postura opuesta al dogmatismo.

Escepticismo religioso

El escepticismo se ha hecho extensivo al ámbito de la religión a partir de la puesta en tela de


juicio de los principios básicos que fundamentan la fe, como la revelación, la providencia o la
inmortalidad.

Escepticismo científico

El escepticismo tiene su expresión en las ciencias con el escepticismo científico, según el cual
todas creencias en torno a hechos y fenómenos deben ser examinadas bajo rigurosos métodos
de demostración fáctica.

Escepticismo metódico

El escepticismo metódico es aquel que pone en duda todo lo que nos rodea mediante un proceso
de indagación filosófica. Su objetivo, con esto, es el de descartar lo falso para acceder a un saber
seguro, certero.

Escepticismo profesional

Como escepticismo profesional se conoce la actitud con que un profesional de la contabilidad


debe proceder ante una auditoría, y que se caracteriza por la capacidad inquisitiva y de
evaluación crítica de la evidencia, sin dar por sentado nada que no pueda ser probado por las
evidencias. El objetivo, como tal, es llevar a cabo la recopilación y evaluar con objetividad las
pruebas.
LA ESCUELA PLATÓNICA
“La Academia” es el nombre con el que Platón fundó su escuela filosófica en los jardines de
Academos en Atenas alrededor del 387 a.C. En ella se enseñaban disciplinas como la música, las
matemáticas, la astronomía o la filosofía.

Desde su aparición, “la Academia” fue considerada como una de las escuelas más importantes
de toda Grecia, además de ser un antecedente de las primeras universidades.

PERIODOS:

La escuela filosófica de Platón va a comprender diferentes etapas o periodos:

Inicios: La Academia se va a dedicar al desarrollo de las matemáticas y de la dialéctica. Además,


se va a caracterizar por ser el lugar donde se va a enseñar el platonismo, basándose en la obra
de Platón, “la República”, donde se explica la formación de los filósofos a partir de diálogos y
conversaciones, en las que participan tanto maestro como discípulo. En este periodo la
Academia estaba integrada por los discípulos más cercanos de Platón.

Academia media: Es el segundo período de esta escuela filosófica. Estará dirigida por Arcesilao
y se va a caracterizar por volver al método socrático mediante el uso de la ironía, las preguntas
y la duda en conversaciones filosóficas.

Academia nueva: Es el tercer período de la Academia platónica, fundado por Carneades. En ella
se enseña que lo único que se va a poder conseguir es lo viable y posible, de forma que será
imposible alcanzar tanto la íntegra certeza o la incertidumbre total.

Hoy en día no se diferencia entre ninguna etapa de la Academia de Platón, sino que seacepta la
existencia del primer periodo en el que este filósofo funda la academia y posteriormente un
segundo periodo en el que se engloban la academia media y nueva.

El emperador Justiniano buscaba la defensa del cristianismo, así como la unidad religiosa, y para
ello va a proclamar un decreto en en el que va a prohibir la enseñanza de la filosofía griega,
obligando a cerrar las escuelas de Atenas como la de Platón.

Una curiosidad que podemos encontrar sobre la Academia, es que en elfrontispicio (fachada
delantera del edificio), se encuentra escrita lo siguiente: «Nadie entre aquí si no es geómetra».
Platonismo
El platonismo, también conocido como idealismo platónico, es la filosofía del filósofo griego
Platón y aquella que deriva de su pensamiento, en especial de la teoría de las ideas. El
platonismo se fundamenta en la idea de que existen objetos abstractos en un lugar distinto al
mundo tangible (el mundo de los sentidos) y al mundo de la consciencia (interno a cada quien),
conocido como el mundo de las ideas. Así, los objetos que conocemos son sólo réplicas de
aquellos arquetipos perfectos del mundo de las ideas. Este pensamiento puede rastrearse en
obras del filósofo como República, El banquete o Fedón, y tiene una fuerte influencia en autores
posteriores como Arcesilao, Antíoco, Plotino, Porfirio, Plutarco o San Agustín de Hipona, quienes
desarrollaron otras formas de platonismo.

Platonismo medio

Fue el desarrollo de las ideas de Platón que se desarrolló desde el 90 a. C. hasta el siglo III d. C.
Su origen se remonta a cuando el escepticismo de la Academia fue rechazado por Antíoco de
Ascalón, quien fusionó las ideas de Platón con el pensamiento peripatético (de la escuela de
Aristóteles) y estoico (el cual buscaba la felicidad rechazando los bienes materiales). El pensador
más importante de esta etapa del platonismo es Plutarco.

Neoplatonismo

Para el siglo III, el platonismo medio fue combinado junto al misticismo proveniente de oriente
y promulgó la unidad, lo Uno de Parménides, como realidad suprema. Esto se debió,
presuntamente, a Amonio Saccas, maestro de Plotino, quien extendió el neoplatonismo a Roma
durante el 244. A este lo sucedió Porfirio, autor de Enéadas, y sus enseñanzas luego se
esparcieron por Siria y Apamea, gracias a Jámblico, y por Pérgamo, gracias a Edesio de
Capadocia. En cuanto a la Academia de Atenas, esta se mantuvo hasta el 529, teniendo por
directores a Plutarco de Atenas y a Proclo.

El platonismo y la cristiandad

El platonismo fue determinante para el cristianismo a partir de la obra de Clemente de


Alejandría, Orígenes de Alejandría y los Padres de Capadocia (Basilio el Grande, Gregorio de Nisa
y Gregorio Nacianceno). De igual forma, el platonismo influenciaría el misticismo occidental y
oriental e influenciaría a San Agustín, quien lo descubriría a través de las obras de Plotino y
Porfirio, traducidas al latín por Mario Victorino. Para el XIII, la influencia de este pensamiento se
vería eclipsada por el descubrimiento de la filosofía de Aristóteles, aunque puede rastrearse
todavía su influencia en autores como Santo Tomás de Aquino.

Platonismo en la modernidad

Finalmente, la influencia del platonismo puede encontrarse en autores modernos y


contemporáneos como Gottlob Frege, Bertrand Rusell, Kurt Gödel, Alonzo Church, David Kaplan,
WO Quine, Edward Zalta, Saul Kripke, Iris Murdoch, Bernard Bolzano, Alain Badiou, Simone Weil
y Leo Strauss. Estos autores desarrollaron y defienden, de una u otra forma, conceptos de
objetos abstractos como tipos, conjuntos, números, propiedades, valores de verdad,
significados y proposiciones.
Filosofía de la Edad Media
La Edad Media comienza con un acontecimiento histórico, la caída del Imperio Romano, que en
el siglo V. da fin a la Edad Antigua, y finaliza en el año 1453, con la toma de Constatinopla por
los turcos.

El Imperio de Occidente declinó debido a la disminución de su población, su vitalidad económica


y por el tamaño y la importancia de sus ciudades, siendo afectado también por una masiva
migración de pueblos que ya había comenzado en el siglo III.

Filosofía de la Edad Media

Estos nuevos pueblos, llamados bárbaros, formaron nuevos reinos que fueron testigos de la
fusión gradual de las tradiciones políticas y culturales de bárbaros, cristianos y romanos.

El reino de más larga duración, el de los francos, fue la base de los estados europeos posteriores.
Carlomagno, el gobernante más destacado de la Edad Media, surgió de este reino.

En la Edad Media, el saber filosófico tiene como fundamento al dogma, la verdad revelada por
la fe.

En la primera etapa de la edad media, siglo V., el teólogo cristiano, Agustín de Hipona, (354-
430), quien en su juventud había adoptado el Maniqueísmo; se convirtió al cristianismo bajo la
influencia de San Ambrosio, siendo nombrado posteriormente obispo de Hipona, cargo que
desempeñó hasta su muerte.

Su trabajo literario entre los que se destacan “Las confesiones”, meditación autobiográfica sobre
la gracia de Dios, “La ciudad de Dios”, tratado sobre la naturaleza de la sociedad humana y el
lugar del cristianismo en la historia, y sus sermones y cartas, revelan la influencia del
neolatonismo y mantienen un debate con los defensores del maniqueísmo.

Sus visiones sobre la predestinación influyeron en teólogos posteriores, particularmente en Juan


Calvino.

En la segunda parte de la Edad Media, siglo XIII, Santo Tomás de Aquino, (1224/5-1274), fue el
más eminente filósofo y teólogo de la Iglesia Católica.

El gran logro de Aquino, fue integrar el rigor de la filosofía de Aristóteles al pensamiento


cristiano, así como los primeros padres de la Iglesia habían integrado el pensamiento de Platón
al cristianismo primitivo.

Santo Tomás estaba convencido que la razón era capaz de operar dentro de la fe.

Los filósofos confían sólo en la razón mientras los teólogos aceptan la fe como punto de partida,
llegando posteriormente a una conclusión por medio de la razón.

Ese punto de vista se prestaba a polémicas así como la creencia en el valor religioso de la
naturaleza y en que denigrar la perfección de la creación era lo mismo que denigrar a su creador.

Para Santo Tomás, el alma humana es inmortal y una forma existente única; en cuanto al
conocimiento humano sostenía que se basa en la experiencia sensorial, dependiendo también
de la capacidad de reflexión de la mente.
Para él, todas las criaturas tienen una tendencia natural hacia Dios que puede ser elevada a
través de la gracia.

La filosofía de la edad media fue un movimiento teológico y filosófico, denominado escolástico,


que buscaba integrar el pensamiento secular del mundo antiguo, como el de Aristóteles, con el
dogma implícito en las revelaciones del cristianismo.

Su meta era alcanzar una síntesis del saber con la teología, jerarquizando el conocimiento.

Figuras principales de la escolástica fueron Pedro Abelardo, San Anselmo de Canterbury, San
Alberto Magno y Roger Bacon.

Este movimiento floreció, inspirado en los escritos de Santo Tomás de Aquino y sentó las bases
de muchos renacimientos posteriores con la influencia ejercida por ejemplo, por los filósofos
modernos como Jacques Maritain y el de Etienne Gilson
Los apologistas:
¿auténticos defensores del cristianismo?

EN EL siglo II de nuestra era se desató una gran ola de persecución contra los cristianos. Ante las
falsas acusaciones de incesto, asesinato de niños y canibalismo, algunos de ellos se sintieron
impulsados a defender sus creencias por escrito. Estos hombres —conocidos posteriormente
como “apologistas” porque afirmaban ser defensores de la fe cristiana— se propusieron
demostrar a las autoridades romanas y a la opinión pública que su religión no era como la
pintaban. Pero esta empresa tenía sus riesgos. Para empezar, ni la sociedad en general ni el
Estado solían permitir que se los contradijera, de modo que cabía la posibilidad de que sus
escritos avivaran el odio contra los cristianos. También podía suceder que, en su afán de aplacar
a sus perseguidores, hicieran algunas concesiones y acabaran tergiversando la doctrina cristiana.
Así pues, ¿cómo les fue? ¿Qué argumentos utilizaron para defender el cristianismo? Y lo más
importante, ¿lo consiguieron?

Su relación con el Imperio romano

Los apologistas fueron hombres cultos que vivieron entre los siglos II y III. Justino Mártir,
Clemente de Alejandría y Tertuliano son probablemente los más famosos.* En sus escritos —
dirigidos por lo general a los paganos y a los gobernantes romanos— citaban a menudo de la
Biblia. Su finalidad era hacer frente a sus enemigos, refutar las calumnias de estos y dar a
conocer las virtudes del cristianismo.

Uno de sus primeros objetivos fue convencer a los políticos de que los cristianos no suponían
ninguna amenaza para el imperio ni para el emperador. Así, Tertuliano llegó a decir que el
emperador fue “establecido por nuestro Dios”. Atenágoras también se involucró en las
cuestiones políticas de su tiempo al declarar abiertamente que el cargo de emperador debía ser
hereditario. Es obvio que ambos desoyeron lo que Jesús enseñó cuando dijo: “Mi reino no es
parte de este mundo” (Juan 18:36).

Algunos apologistas también argumentaban que había vínculos entre el Imperio romano y la
religión cristiana. Según Melitón, ambos habían nacido para trabajar juntos por un mismo fin: el
bienestar de todos. El autor de la Epístola a Diogneto fue más allá: dijo que “lo que el alma es
en el cuerpo, los cristianos son en el mundo” y que “gracias a ellos el mundo se mantiene unido”.
Asimismo, Tertuliano escribió que los cristianos oraban por la prosperidad del imperio y pedían
que se retrasara el fin del mundo. Y en esas circunstancias, ya no se consideraba tan necesaria
la llegada del Reino de Dios (Mateo 6:9, 10).

Convierten el cristianismo en una filosofía

Entre los opositores había algunos, como el filósofo Celso, que acusaban a los cristianos de no
ser más que simples “cardadores de lana, zapateros, [...] personas de la mayor ignorancia y
desprovistas de toda educación”. Cansados de tanta burla, los apologistas adoptaron una nueva
estrategia para reivindicar su buen nombre: pusieron al servicio de la causa “cristiana” la
sabiduría humana que antes habían condenado. Clemente de Alejandría, por ejemplo, afirmó
que cierta filosofía era “verdadera teología”. Algo parecido ocurrió con Justino. Aunque
afirmaba rechazar el pensamiento pagano, fue el primero en emplear términos y conceptos
filosóficos para expresar ideas supuestamente cristianas. Según él, ese tipo de cristianismo era
“la filosofía segura y provechosa”.
Como parte de su nueva estrategia, los apologistas dejaron de atacar la filosofía pagana y
trataron de demostrar que su filosofía cristiana era superior. Justino lo explicó así: “Hay cosas
que decimos de modo semejante a los poetas y filósofos que vosotros estimáis, y otras de modo
superior y divinamente”. Además, empezaron a reclamar el respeto que el pensamiento
cristiano —ahora engalanado con palabrería filosófica— merecía por su antigüedad. Los
apologistas sostenían que los profetas de la Biblia eran anteriores a los filósofos griegos y que
sus escritos sagrados eran mucho más antiguos que las obras griegas. Algunos incluso
concluyeron que los pensadores griegos habían copiado a los profetas. Prácticamente
convirtieron a Platón en discípulo de Moisés.

Un grave error

Es cierto que algunos apologistas criticaban a los filósofos, pues se daban cuenta del peligro que
sus doctrinas suponían para la fe cristiana. Con todo, les atraía el carácter intelectual que la
filosofía daba al cristianismo. Taciano es un buen ejemplo de esto. Al mismo tiempo que acusaba
a los filósofos de no lograr nada bueno, llamaba “nuestra filosofía” a la religión cristiana y se
metía él mismo a hacer análisis filosóficos. Tertuliano también se quejaba de la influencia que
las ideas paganas tenían en el pensamiento cristiano. Aun así, declaraba ser seguidor de “Justino,
filósofo y mártir” y de “Milcíades, el sofista de las iglesias”, entre otros. Atenágoras, a su vez, fue
denominado “filósofo cristiano de Atenas”. Y de acuerdo con cierta obra de consulta, Clemente
opinaba que “la filosofía puede emplearse juiciosamente para entender y defender la fe
cristiana”.

Es posible que los apologistas lograran defender la fe cristiana hasta cierto grado. Pero se
equivocaron gravemente al escoger su estrategia. ¿Por qué? Porque, como les recordó el apóstol
Pablo a sus hermanos en la fe, ninguna de las armas espirituales a disposición del cristiano es
tan poderosa como “la palabra de Dios”, que “es viva, y ejerce poder”. Es gracias a ella que
“estamos derrumbando razonamientos y toda cosa encumbrada que se levanta contra el
conocimiento de Dios” (Hebreos 4:12; 2 Corintios 10:4, 5; Efesios 6:17).

Jesús sí supo defender su fe. La noche antes de morir dijo a sus discípulos: “¡Cobren ánimo!, yo
he vencido al mundo” (Juan 16:33). Nada ni nadie en este mundo le hizo renunciar a su fe ni
dejar de ser leal a su Padre. Algo parecido dijo Juan, cuando ya todos los demás apóstoles habían
muerto: “Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). Tal vez los
apologistas de la Iglesia primitiva tuvieran buenas intenciones, pero fue un grave error recurrir
a la filosofía. Se dejaron seducir por sus ideas, y como resultado, el mundo los venció a ellos y a
su pensamiento cristiano. No solo no lograron defender el verdadero cristianismo, sino que,
quizá sin darse cuenta, cayeron en la trampa de aquel que “sigue transformándose en ángel de
luz”, Satanás (2 Corintios 11:14).

Hoy día, muchos teólogos y sacerdotes cometen el mismo error. Dejan de lado la Palabra de
Dios y se valen de la filosofía para defender la fe cristiana. No quieren alertar a la gente contra
los riesgos de dejarse llevar por las corrientes filosóficas de este mundo. Con tal de ganarse a la
opinión pública y a sus respectivos gobiernos, prefieren convertirse en maestros que les dicen
lo que quieren oír (2 Timoteo 4:3). Sin embargo, al igual que los antiguos apologistas, pasan por
alto esta advertencia del apóstol Pablo: “Cuidado: quizás haya alguien que se los lleve como
presa suya mediante la filosofía y el vano engaño según la tradición de los hombres, según las
cosas elementales del mundo y no según Cristo”. Nunca olvidemos que “su fin será conforme a
sus obras” (Colosenses 2:8; 2 Corintios 11:15).
Biografía de San Irineo
Probablemente nació por el año 125, por alguna provincia de Asia Menor.Recibió una educación
muy esmerada, ya que tenía profundos conocimientos de las Sagradas Escrituras, la literatura y
la filosofía. Tuvo el privilegio de estar entre algunas personas que habían conocido a los
Apóstoles y a sus primeros discípulos. Entre éstos figura San Policarpo, quien ejerció una gran
influencia en su vida.

Entre los puertos de Asia Menor y Marsella existían grandes relaciones comerciales, en estos
viajes llegaban los sacerdotes y misioneros que portban el evangelio a los galos paganos y
fundaron la iglesia local. A esta iglesia llegó San Irineo para servir como sacerdote, y ahí se quedó
hasta su muerte.

Las obras literarias de San Ireneo le han valido la dignidad de figurar prominentemente entre los
Padres de la Iglesia, ya que sus escritos no sólo sirvieron para poner los cimientos de la teología
cristiana, sino también para exponer y refutar los errores de los gnósticos, defendiendo así la fe
católica de las insidiosas doctrinas de aquellos herejes.

En el año 177 se le envió a Roma con una delicadísima misión. En época de la persecución de
Marco Aurelio, enviaron al Papa Eleuterio, por conducto de Ireneo, "la más piadosa y ortodoxa
de las cartas", con una apelación al Pontífice para que tratase con suavidad a los hermanos
montanistas de Frigia. Asimismo, recomendaban al portador de la misiva, como a un sacerdote
"animado por un celo vehemente para dar testimonio de Cristo". Tan pronto regresó a Lyon,
ocupó la sede episcopal que había dejado vacante San Potino.

Escribió un tratado de cinco libros, en cuya primera parte expuso las doctrinas internas de las
diversas sectas para contraponerlas después a las enseñanzas de los Apóstoles y los textos de
las Sagradas Escrituras. En su método de combate, Ireneo expone la teoría "enemiga", la
desarrolla hasta llegar a su conclusión lógica y, por medio de una eficaz reductio ad absurdum,
procede a demostrar su falsedad. Ireneo estaba firmemente convencido que de que gran parte
del atractivo del gnosticismo, se hallaba en el velo de misterio con que gustaba de envolverse.
San Ireneo se preocupa más por convertir que por confundir, por lo tanto escribe con estudiada
moderación y cortesía. Gracias a sus escritos, los gnósticos dejaron de constituir una amenaza
para la Iglesia y la fe católicas.

El tratado contra los gnósticos ha llegado hasta nosotros completo en su versión latina y, en
fechas posteriores, se descubrió la existencia de otro escrito suyo: la exposición de la predicación
apostólica, traducida al armenio.

Se desconoce el año de su muerte. De acuerdo con una tradición posterior, se afirma que fue
martirizado. Los restos mortales de San Ireneo, como lo indica Gregorio de Tours, fueron
sepultados en una cripta, bajo el altar de la que entonces se llamaba Iglesia de San Juan, pero
más adelante se llamó de San Ireneo. Esta tumba o santuario fue destruída por los calvinistas en
1562 y , al parecer, desaparecieron los últimos vestigios de sus reliquias.

Otros Santos: Benigno, Gerón, Zacarías, obispos; Plutarco, Sereno, Heráclies, Herón, Papio,
Eraida, Basílides, Potamiena, Marcela, mártires; Paulo I, papa; Vicenta, Gerosa, vírgenes; León,
Sergio, confesores; Argimiro, monje.
Clemente de Alejandría
Vida

Nace en la cuidad de Atenas en el siglo II en el año 150, sus padres fueron paganos, viaja por el
sur de Italia, Siria y Palestina, buscando conocimiento cristianos y es cuando conoce a San
Panteno, director de la escuela catequética de Alejandría, denominada "Didaskaleion" de cuyas
enseñanzas queda deslumbrado y decide quedarse a seguir estudiando, allí estudia las
relaciones entre el cristianismo y la filosofía griega.

Después de la muerte de Panteno que ocurre en el año 190 queda dirigiendo en centro
educacional en la concurrían una amalgama enorme de paganos, retóricos, filósofos, jóvenes
ricos y mujeres elegantes que llenaban la escuela en la que le inculcaba con una inspiración casi
divina el ardor jubiloso de una fe sincera y el encanto de su temperamento optimista.

En el año 202, el emperador Lucio Septimio Severo comienza una cruzada contra los cristianos
lo que obliga a Clemente a abandonar a Alejandría y se refugia en Capadocia.

Clemente tuvo una educación notable de la que no pretendía perjurar, investiga la literatura que
extinguiera su sed de conocimientos que estaba dominado por aquel delirio que consideraba
toda la literatura profana y filosófico, la justifica como una forma de revelación y la interpreta
como un medio de que dispone el cristiano para llegar al conocimiento de la verdad suprema,
es así cuando comienza a moldear la filosofía griega con la cristiana.

El verdadero conocimiento cabal se basa en la fe, pero la razón y lo extraño es la gran inteligencia
y guían al fiel hacia el conocimiento del bien. Fue el fundador de la elaboración científica de la
teología.

Conocimientos

Primer doctor de la Iglesia, Clemente de Alejandría es una de las personalidades más notables
de la literatura griega en ciertos aspectos, lo es también de la especulación cristiana del siglo III.

A ciencia cierta no se sabe cuándo entra al cristianismo ni en qué circunstancias. Su amplia


cultura pagana no fue opacada en su encuentro con el cristianismo Estuvo proyectando cierta
luz en sus obras, en la que exhorta a los griegos paganos a abrazar el cristianismo.

Logra ver con gran sutileza la importancia del arte en el desarrollo del paganismo en la que pasa
luego a hablar de la filosofía, en la que conoce los problemas y los tormentos del alma, pero no
sabe encontrar para ellos aquella respuesta satisfactoria que se encuentra, en cambio, en la
Santas Escrituras.

Por sus conocimientos y la transcendencia de sus obras contribuyó a que sus obras fueran
aceptadas por la iglesia.

Obras

Las obras más importante de Clemente de Alejandría constan de tres libros: el Protréptico
(Exhortación), el Pedagogo (Educación), y los Stromata (Tapices, Misceláneas).

En la que hace una exposición completa y científica de la doctrina cristiana: el primero es el libro
más extenso y más importante, habla de la educación del logos como pedagogo en la que
establece principios generales de la moral, aquí hace una exhortación y alienta a sus lectores a
convertirse y a llevar una vida moral alta, procurando entusiasmarlos con la única verdadera y
perfecta filosofía, la religión cristiana.

En el segundo, que consta de otras tres partes, hace una disertación de los vicios más difundidos
en la sociedad de su tiempo, como el placer, el lujo de la vida, la extravagancia en el vestir, el
derroche en la que da normas sobre ellas para el buen vivir; en el tercero de la trilogía es una
voluminosa y confusa obra en siete u ocho partes en la que trata de las relaciones entre la fe y
la filosofía griega, aquí hace una mezcla de lo bueno y lo malo, les advierte y les da
recomendaciones para que, sin salirse de su sitio, sepan portarse como cristianos.

Esta misma idea aparecerá en su libro Quis dives salvetur, «quién es el rico que se salvará», es
una especie de conferencia dedicada a los jóvenes adinerados que tenían un comportamiento
inmoral en la que plantea que el que poseer riquezas no es ningún pecado, pero el mal uso de
ellas si será condenado, no todos necesitan abandonar sus posesiones, pero no inclinarse ante
el dinero.

Dentro de sus obras vamos a encontrar el libro Hypotyposeis, contaba con ocho libros en la que
hacía observaciones simbólicas a versículos de las Santas Escrituras, de estos, solo se conservan
algunos fragmentos.
San Justino
“La oración y la acción de gracias son lo que más agrada a Dios"

San Justino nació alrededor del año 100, en la antigua Siquem, en Samaria (ciudad que en su
tiempo se llamaba Naplus). Sus padres eran paganos, de origen griego, y le dieron una excelente
educación, instruyéndolo lo mejor posible en filosofía, literatura e historia.

En sus libros, sobre todo "Diálogo con el Judío Tifón" nos cuenta que tuvo un largo camino
filosófico de búsqueda de la verdad,luego del cual, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en
Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la
verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de
manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el
reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino había dirigido su «Apología».

Justino y su obras demuestran cómo la Iglesia celebraba el culto desde sus inicios. Las actas que
se conservan acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que
se conservan de la antigüedad. Justino es llevado ante el alcalde de Roma, y empieza entre los
dos un diálogo emocionante:

Alcalde. ¿Cuál es su especialidad? ¿En qué se ha especializado?

Justino. Durante mis primero treinta años me dediqué a estudiar filosofía, historia y literatura.
Pero cuando conocí la doctrina de Jesucristo me dediqué por completo a tratar de convencer a
otros de que el cristianismo es la mejor religión.

Alcalde. Loco debe de estar para seguir semejante religión, siendo Ud. tan sabio.

Justino. Ignorante fui cuando no conocía esta santa religión. Pero el cristianismo me ha
proporcionado la verdad que no había encontrado en ninguna otra religión.

Alcalde. ¿Y qué es lo que enseña esa religión?

Justino. La religión cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha
creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se
ha hecho hombre por salvarnos a todos. Nuestra religión enseña que Dios está en todas partes
observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta.

Alcalde. ¿Y Usted persiste en declarar públicamente que es cristiano?

Justino. Sí declaro públicamente que soy un seguidor de Jesucristo y quiero serlo hasta la
muerte.

El alcalde pregunta luego a los amigos de Justino si ellos también se declaran cristianos y todos
proclaman que sí, que prefieren morir antes que dejar de ser amigos de Cristo.

Alcalde. Y si yo lo mando torturar y ordeno que le corten la cabeza, Ud. que es tan elocuente y
tan instruido ¿cree que se irá al cielo?

Justino. No solamente lo creo, sino que estoy totalmente seguro de que si muero por Cristo y
cumplo sus mandamientos tendré la Vida Eterna y gozaré para siempre en el cielo.
Alcalde. Por última vez le mando: acérquese y ofrezca incienso a los dioses. Y si no lo hace lo
mandaré a torturar atrozmente y haré que le corten la cabeza.

Justino. Ningún cristiano que sea prudente va a cometer el tremendo error de dejar su santa
religión por quemar incienso a falsos dioses. Nada más honroso para mí y para mis compañeros,
y nada que más deseemos, que ofrecer nuestra vida en sacrificio por proclamar el amor que
sentimos por Nuestro Señor Jesucristo.

Los otros cristianos gritaron que ellos estaban totalmente de acuerdo con lo que Justino acababa
de decir.

Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les
cortaron la cabeza.

Y el antiguo documento termina con estas palabras: "Algunos fieles recogieron en secreto los
cadáveres de los siete mártires, y les dieron sepultura, y se alegraron que les hubiera concedido
tanto valor, Nuestro Señor Jesucristo a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amen".
Significado de Patrística
La patrística es el estudio del pensamiento, doctrinas y obras del cristianismo desarrollados por
los Padres de la Iglesia, que fueron sus primeros autores durante los siglos I y VIII d.C. La palabra
patrística deriva del latín patres, que significa ‘padre’.

La patrística fue el primer intento por unificar los conocimientos de la religión cristiana y
establecer el contenido dogmático de la misma junto con la filosofía, a fin de dar una explicación
lógica de las creencias cristianas y defenderlas ante los dogmas paganos y las herejías.

Desarrollo de la patrística

La patrística inició su primer periodo de formación durante los siglos I y III, hasta la celebración
del Concilio de Nicea, al cual pertenecen los primeros apologistas y defensores de la fe cristiana,
los cuales eran discípulos de los apóstoles.

Este primer periodo de la patrística se llevó a cabo tanto en las culturas de Oriente (Grecia) como
de Occidente (Roma), cada uno con importantes representantes de la fe cristiana.

Luego, devino un segundo periodo de auge que abarcó hasta el siglo VIII. Durante esta época,
los Padres de la Iglesia adaptaron los pensamientos de la filosofía griega a las creencias
cristianas. Sus principales exponentes fueron Tertuliano, Clemente de Alejandría y Orígenes.

Patrística de Oriente

La patrística de Oriente se dedicó al estudio de la existencia de Dios y sus particularidades.


Asimismo, los Padres griegos de esta patrística elaboraron las bases de la filosofía y teología
cristiana partiendo de los pensamientos del platonismo y neoplatonismo, y también se apoyaron
de los términos moral y ética.

La patrística griega fundó cuatro escuelas, que son la Escuela de los Padres apologistas, Escuela
de Alejandría, Escuela de Capadocia y la Escuela de Bizancio.

Patrística de Occidente

La patrística de Occidente, representada por los Padres latinos, fue desarrollada por San Agustín,
quien formuló la primera filosofía cristiana bajo la búsqueda de la verdad y del conocimiento.
En este mismo sentido, San Agustín se propuso demostrar la existencia y esencia de Dios.

Sin embargo, cabe destacar que la patrística de occidente, aunque desplazó la lengua griega por
la latina, se caracterizó por estar influenciada por la cultura griega y Platón.

Características de la patrística

A continuación se presentan las principales características de la patrística.

Antepone y defiende las creencias cristianas ante los dogmas paganos.

Considera a la fe cristiana como la única verdad y conocimiento.

Unifica los pensamientos filosóficos griegos con las creencias cristianas.

Se fundamenta en la filosofía para explicar de manera racional la fe cristiana.

Se considera a Dios como un ser espiritual y no material.

Considera que Dios es la única verdad y guía del hombre, según afirma San Agustín.
San Agustín
Agustín (354-430), argelino, nació de padre pagano, Patricio, y de madre cristiana, Mónica. Se
educó en las ciudades norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago. La Iglesia católica lo acogió
mediante el bautismo en 387. Fue ordenado presbítero de Hipona en 391 y obispo de la ciudad
en 395. El día 24 de agosto de 410 entraron en Roma, por la puerta Salaria, las tropas de Alarico,
saqueándola a hierro y fuego. Esta desgracia motivó que Agustín predicase su Sermón sobre la
caída de Roma y escribiera La ciudad de Dios. Dos decenios después, las huestes de Genserico
asediaron Hipona, donde su obispo murió en 430.

Obra de San Agustín

Las obras de San Agustín nos han llegado casi en su totalidad y en buen estado a la actualidad.
Están enumeradas en las “Retractaciones” de Agustín y en el “Indiculus” de san Posidio. Su
clasificación responde a un criterio temático general, aunque con frecuencia se abordan en cada
obra muy distintos temas.

Consultorio de San Agustín

¿Qué diría San Agustín? ¿Cómo hacer actual su pensamiento? Escribe tu pregunta, envíala y la
responderemos al estilo de San Agustín de Hipona.

¿Qué respuesta daría San Agustín sobre tanta turbulencia de mundanidad en los consagrados
de la Iglesia y qué pueden hacer los laicos para no hacer juicios equivocados ante el poder clerical
y realmente unirnos y ayudar a sanear y sanarnos como cristianos fieles?

Pregunta de Francisca Barajas

Frente a las situaciones que presentas, san Agustín nos comenta que la Iglesia, como nos dice
el Evangelio, es el campo de Dios en el que hay un poco de todo, trigo y cizaña. Por desgracia a
veces se ve más la cizaña que el trigo, pero esa es la realidad de la Iglesia mientras sea peregrina
en esta tierra hacia la ciudad de Dios. Es lo que llamaba san Agustín la permixta ecclesia, la Iglesia
mezclada en la que, como también comenta san Agustín, se nos invita a tener paciencia con los
que todavía no son buenos, pues Dios tiene paciencia con ellos esperando su conversión. Se nos
invitaría a rezar por ello para que Dios les haga ver sus errores y ellos se conviertan.

Finalmente, san Agustín señala que hay más santidad en la Iglesia de la que nosotros
imaginamos, pero que a veces los malos cristianos y los malos frailes y los malos sacerdotes
impiden ver los santos religiosos, frailes y sacerdotes. Y decía san Agustín: ¿Quieres todavía
encontrar a los buenos? Sé bueno tú, y los encontrarás. (en. Ps. 47,9)

Así que si no podemos ver la santidad de la Iglesia, es que todavía no somos santos…
San Isidoro de Sevilla
(Cartagena, hacia 556 - Sevilla, 636) Obispo, teólogo y erudito de la España visigoda, elevado a
la santidad por la Iglesia Católica y proclamado, más tarde, Doctor Universal de la Iglesia. Su
padre, llamado Severiano, pertenecía a un familia hispano-romana de elevado rango social; su
madre, en cambio, era de origen visigodo y, según parece, estaba lejanamente emparentada
con la realeza.

San Isidoro de Sevilla (óleo de Murillo)

Se formó con lecturas de Agustín de Hipona y San Gregorio Magno; estudió en la escuela
Catedralicia de Sevilla donde aprendió latín, griego y hebreo. Al morir su hermano Leandro,
arzobispo de Sevilla, lo sucedió en el gobierno de la diócesis, y su episcopado duró 37 años (599-
636). Vivió en una época de transición entre la decadencia de la Edad Antigua y del mundo
romano, y el nacimiento de la Edad Media y de las nuevas nacionalidades de influencias
germanas.

En ese contexto, se propuso recomponer las debilitadas estructuras culturales de España, y


desplegó todos sus recursos pedagógicos para contrarrestar la creciente influencia de las
culturas consideradas bárbaras. Propició el desarrollo de las artes liberales, del derecho y de las
ciencias, y en el Cuarto Concilio Nacional de Toledo, iniciado el 5 de diciembre del 633, estableció
las bases de un decreto que impuso una política educativa obligatoria para todos los obispos del
reino.

Isidoro de Sevilla fue un escritor muy prolífico y un infatigable compilador y recopilador.


Compuso numerosos trabajos históricos y litúrgicos, tratados de astronomía y geografía,
diálogos, enciclopedias, biografías de personas ilustres, textos teológicos y eclesiásticos,
ensayos valorativos sobre el Antiguo y Nuevo Testamento, y un diccionario de sinónimos.

Su obra más conocida es Etimología (hacia 634), monumental enciclopedia que refleja la
evolución del conocimiento desde la antigüedad pagana y cristiana hasta el siglo VII. Este texto,
también llamado Orígenes y dividido en veinte libros, tuvo enorme influencia en las instituciones
educativas del Medioevo y fue impreso diez veces entre 1470 y 1529. Casi un siglo después de
su muerte fue declarado Doctor de la Iglesia por el papa Inocencio XIII.
Qué es Escolástica:
La escolástica es el resultado de la unión del pensamiento filosófico y del pensamiento teológico
para comprender y explicar las revelaciones sobrenaturales del cristianismo.

La palabra escolástico deriva del latín medieval scholasticus, que significa “escolar” y este del
griego scholastikós. Como sinónimo se puede emplear la palabra escolasticismo.

La escolástica se desarrolló durante la Edad Media en Europa Occidental entre los siglos XI y XV.

Los conocimientos de la escolástica se aplicaron en las escuelas y en las universidades de ese


entonces, apoyándose tanto en las teorías filosóficas y naturales de Aristóteles y demás filósofos
como, en el saber religioso del cristianismo, el judaísmo y otras religiones.

Por tanto, la escolástica es una corriente filosófica que buscó relacionar e integrar de la mejor
manera posible la razón con la fe pero, colocando siempre la fe por encima de la razón.

Es decir, la escolástica buscaba responder de manera comprensible todas aquellas dudas que se
generaban entre la razón y la fe, en especial, porque para los escolásticos el ser humano es
imagen de Dios, por ello se apoyó en la dialéctica, la lógica, la ética, la teología, la cosmología,
la metafísica y la psicología.

Es decir, un gran volumen del conocimiento que poseen las personas deriva de la experiencia y
empleo de la razón, sin embargo, hay otro porcentaje de que se adopta a partir de las
revelaciones de la fe y que no pueden ser explicadas desde la realidad.

En este sentido, el conocimiento filosófico se coloca a la orden de la teología, se subordina, para


permitir la interpretación y comprensión de la fe.

Características de la escolástica

A continuación se presentan las principales características de la corriente escolástica.

Su principal finalidad era integrar los conocimientos que se tenían pos separado tanto de la
razón, por parte de los filósofos griegos, como de las revelaciones cristianas.

Los escolásticos creían en la armonía entre los fundamentos de la razón y de la fe.

La filosofía ayuda a la teología a explicar los misterios y revelaciones de la fe para que la razón
las pueda comprender.

Empleó en la Edad Media un método didáctico para explicar y enseñar la escolástica.

Cada tema era tratado con sumo cuidado y dedicación a través de la lectura y discusión pública.

Para el cristianismo la escolástica fue una herramienta para comprender la fe.

Santo Tomás de Aquino fue su máximo representante en el siglo XIII.


Alejandro Magno
(Alejandro III de Macedonia; Pella, Macedonia, 356 a.C. - Babilonia, 323 a.C.) Rey de Macedonia
cuyas conquistas y extraordinarias dotes militares le permitieron forjar, en menos de diez años,
un imperio que se extendía desde Grecia y Egipto hasta la India, iniciándose así el llamado
periodo helenístico (siglos IV-I a.C.) de la Antigüedad.

Busto de Alejandro Magno

Su padre, el monarca Filipo II de Macedonia, había convertido esta región, antaño fronteriza con
Grecia y escasamente helenizada, en un poderoso reino que ejercía una pujante hegemonía
sobre las ciudades-estado griegas. Filipo II había preparado a su hijo para gobernar,
proporcionándole una experiencia militar y encomendando su formación intelectual a
Aristóteles, quien despertó en el joven Alejandro su admiración por la cultura griega y las
antiguas epopeyas, particularmente por la Ilíada de Homero. Habiendo ya acreditado su valor y
pericia en el campo de batalla, Alejandro sucedió con sólo veinte años a su padre, asesinado en
el año 336 a.C.

Alejandro Magno dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los
pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de Filipo para rebelarse. Y
enseguida (en el 334) lanzó a su ejército contra el poderoso y extenso Imperio Persa o
Aqueménida, fundado dos siglos antes por Ciro el Grande (579-530 a.C.), continuando así la
empresa que su padre había iniciado poco antes de morir: una guerra de venganza de los griegos
(bajo el liderazgo de Macedonia) contra los persas.

Con un ejército pequeño (unos 30.000 infantes y 5.000 jinetes), Alejandro Magno se impuso
invariablemente sobre sus enemigos, merced a su excelente organización y adiestramiento, así
como al valor y al genio estratégico que demostró; las innovaciones militares introducidas por
Filipo II (como la táctica de la línea oblicua) suministraban ventajas adicionales.

Alejandro Magno en la batalla de Issos

(detalle de un mosaico hallado en Pompeya)

Alejandro recorrió victorioso el Asia Menor (batalla de Gránico, 334), Siria (Issos, 333), Fenicia
(asedio de Tiro, 332), Egipto y Mesopotamia (Gaugamela, 331), hasta tomar las capitales persas
de Susa (331) y Persépolis (330). El último emperador persa, Darío III, fue asesinado por uno de
sus sátrapas o gobernadores provinciales, Bessos, para evitar que se rindiera. Bessos continuó
la resistencia contra Alejandro en el Irán oriental.

Una vez conquistada la capital de los persas, Alejandro licenció a las tropas griegas que le habían
acompañado durante la campaña y se hizo proclamar emperador, relevando a la dinastía
aqueménida. Enseguida lanzó nuevas campañas de conquista hacia el este: derrotó y dio muerte
a Bessos y sometió Partia, Aria, Drangiana, Aracosia, Bactriana y Sogdiana.

Las campañas de Alejandro Magno

Dueño del Asia central y del actual Afganistán, Alejandro Magno se lanzó a conquistar la India
(327-325), albergando ya un proyecto de dominación mundial. Aunque incorporó la parte
occidental de la India (vasallaje del rey Poros), hubo de renunciar a continuar avanzando hacia
el este por el amotinamiento de sus tropas, agotadas por tan larga sucesión de conquistas y
batallas.
Con la conquista del Imperio Persa, Alejandro descubrió el grado de civilización de los orientales,
a los que antes había tenido por bárbaros. Concibió entonces la idea de unificar a los griegos con
los persas en un único imperio en el que convivieran bajo una cultura de síntesis (año 324). Para
ello integró un gran contingente de soldados persas en su ejército, organizó en Susa la «boda de
Oriente con Occidente» (matrimonio simultáneo de miles de macedonios con mujeres persas) y
él mismo se casó con dos princesas orientales: una princesa de Sogdiana y la hija de Darío III.

La reorganización de aquel gran Imperio se inició con la unificación monetaria, que abrió las
puertas a la creación de un mercado inmenso; se impulsó el desarrollo comercial con
expediciones geográficas como la mandada por Nearcos, cuya flota descendió por el Indo y
remontó la costa persa del Índico y del golfo Pérsico hasta la desembocadura del Tigris y el
Éufrates. También se construyeron carreteras y canales de riego. La fusión cultural se hizo en
torno a la imposición del griego como lengua común (koiné). Y se fundaron unas setenta
ciudades nuevas, la mayor parte de ellas con el nombre de Alejandría (la principal en Egipto y
otras en Siria, Mesopotamia, Sogdiana, Bactriana, India y Carmania).

La temprana muerte de Alejandro a los 33 años, víctima del paludismo, le impidió consolidar el
imperio que había creado y relanzar sus conquistas; de hecho, el imperio de Alejandro Magno
apenas sobrevivió a la muerte de su creador. Se desencadenaron luchas sucesorias en las que
murieron las esposas e hijos de Alejandro, hasta que el imperio quedó repartido entre sus
generales (los diádocos): Seleuco, Ptolomeo, Antígono, Lisímaco y Casandro; Ptolomeo, autor
de una biografía suya, inició en Egipto una dinastía destinada a prolongarse hasta los tiempos
de la célebre Cleopatra. Los Estados resultantes fueron los llamados reinos helenísticos, que
mantuvieron durante los siglos siguientes el ideal de Alejandro de trasladar la cultura griega a
Oriente, al tiempo que insensiblemente dejaban penetrar las culturas orientales en el
Mediterráneo.
Santo Tomás de Aquino
nace en el castillo de Roccaseca (Italia) el año 1225. Hijo de los condes de Aquino recibe la
primera educación religiosa y científica en la abadía de Montecasino, para pasar después a la
universidad de Nápoles. Allí el contacto con fray Juan de San Juliano fue causa de que, a sus
dieciséis años, frecuentase la comunidad de los hermanos predicadores, siendo el principio de
su vocación a la vida apostólica. A los diecinueve años ingresa en la Orden de Predicadores. Esta
opción juvenil de Sto. Tomás deberá ratificarla más de una vez; primero, frente a su aristocrática
familia que, de novicio, le secuestra y le pone en calabozo durante seis meses en el castillo de
Roccaseca; y, posteriormente, frente a los maestros de París, que no le permiten la docencia en
la universidad por su condición de fraile mendicante.

Por indicación de Fray Juan Teutónico, Maestro de la Orden, termina sus estudios en París y
Colonia, bajo la guía de Fray Alberto Magno, quien le convence de la necesidad de profundizar
en Aristóteles, el filósofo de la razón, la razón es don de Dios y a él debe ordenarse.

A los treinta y dos años Tomás de Aquino es maestro de la cátedra de teología de París. En
Tomás, la Palabra de Dios en la Escritura tiene la primacía sobre las otras ciencias, y hace de la
oración la fuente más fecunda de sus investigaciones. Mientras permanece en París, Tomás y los
hermanos Predicadores elaboran en comunidad filosofía y teología, para después hacerla
presente en la universidad. Escribe muchas obras que destacan por su profundidad, admirando
a maestros y estudiantes por la claridad, la distinción, la sutileza y la verdad con que procedía
en la explicación de tantas y tan distintas materias, como son de ver en los cuatro grandes libros
que escribió sobre el Maestro de las Sentencias. En estos años dio de sí tales muestras
arguyendo, discutiendo y respondiendo que, según el sentir de la universidad, sólo Dios podía
dar tanto ingenio, y así era en verdad. Por toda Europa volaba su fama, llevada por los que de
todas partes iban a estudiar a la Sorbona y luego regresaban a sus tierras cantando la sabiduría
del maestro.

Santo Tomás de Aquino murió en la abadía de Fossanova el día siete de marzo de 1274 cuando
iba de camino al concilio de Lyon. Fue canonizado el dieciocho de julio de 1323 por Juan XXII.
San Pío V, el once de abril de 1567, lo declaró Doctor de la Iglesia. León XIII, el cuatro de agosto
de 1880, lo proclamó patrón de todas las universidades y escuelas católicas.

Semblanza Espiritual

Alternó la enseñanza con la predicación. Actuó con eficaces intervenciones ante la curia
pontificia ea favor de los mendicantes. Destacó por su gran candor de vida y una fiel observancia
de la vida conventual. La misión de la Orden, es decir, el ministerio multiforme de la Palabra de
Dios en la pobreza voluntaria, en él se centró en una continua dedicación al trabajo teológico;
investigar incansablemente la verdad, contemplarla con amor y entregarla a los demás en
escritos y en la predicación directa. Empleó su capacidad totalmente al servicio de la verdad,
ansioso de encontrarla, recibiéndola de donde quiera que viniese y participarla a los demás.

Tuvo siempre un comportamiento humilde y cordial. Su obra demuestra la estrecha coherencia


entre la razón humana y la divina revelación.
GUILLERMO DE OCKHAM (1295-1349)
Se sabe poco de la vida de Guillermo de Ockham. Probablemente nació en el condado de
Ockham, en el sur de Londres, e ingresó muy joven en la orden franciscana. Estudió en Oxford
donde ejerce como “lector” de las Sentencias de Pedro Lombardo. En 1323 es acusado en Aviñon
(sede papal) de herejía, proceso que duró varios años. En 1328 huye de Aviñon con el franciscano
Miguel de Cesena, son excomulgados y acaban refugiándose bajo la protección del emperador
Luis de Baviera. A partir de aquí escribe obras políticas en defensa del emperador y en contra
del Papa Juan XXII al que acusa de herejía. Se cree que murió hacia 1349.

El pensamiento de Guillermo de Ockham supone un giro del pensamiento escolástico: es casi


una disolución del mismo. El S.XIV, con este pensador a la cabeza, rompe la confianza en las
grandes síntesis entre la filosofía y el cristianismo (síntesis agustiniana de San Buenaventura y la
síntesis aristotélica del tomismo), y da lugar a una radical separación entre la razón y la fe, entre
la filosofía, que gana independencia, y la teología. Para Ockham no se puede demostrar
racionalmente ni la existencia de Dios ni las atributos divinos. Estos problemas quedan para el
ámbito de la revelación eliminando así los preámbulos de fe de Sto. Tomas.

La confianza de Guillermo de Ockham en la experiencia directa (conocimiento intuitivo) y la


negación de la existencia de los universales suponen un precedente de lo que más tarde va a ser
el empirismo moderno británico.

La filosofía de Ockham se desarrolla aceptando los principios siguientes:

Principio de economía. Llamado también “navaja de Ockham” consiste en eliminar todo aquello
que no fuera evidente en la intuición (experiencia) o absolutamente necesario para la
explicación de la realidad. Metodológicamente no debemos multiplicar las entidades para
explicar los acontecimientos tal como lo había hecho la escolástica anterior.

Principio nominalista. Todo lo que existe es individual (singular por sí mismo). No existen
esencias o naturalezas universales que sean comunes a múltiples individuos. Los conceptos
universales son nombres que nos sirven para designar y “hacer las veces” de una pluralidad de
individuos que se parecen en algo.

Principio empirista. Para Ockham es prioritario el “conocimiento intuitivo” o de experiencia. El


tomismo consideró que el objeto propio del entendimiento humano era la esencia (común y
universal) de las cosas sensibles, pero para este pensador si sólo existe lo singular, éste ha de
ser el objeto del entendimiento. Lo individual sólo puede ser conocido por la experiencia o
conocimiento intuitivo, conocimiento directo e inmediato de lo singular que permite conocer si
la cosa existe o no.

Principio voluntarista. El nominalismo conduce a afirmar la absoluta preeminencia de la


voluntad sobre el intelecto en Dios y en el hombre. Se acepta así la absoluta independencia y
omnipotencia de Dios de la que se sigue la contingencia absoluta del orden del mundo: el mundo
es así porque así lo ha querido Dios; todo podía haber sido de otra manera lo que implica que el
orden del mundo no puede ser deducido a priori a partir de principios racionales necesarios.

En definitiva el pensamiento de Guillermo de Ockham acentúa hasta el extremo el poder de Dios


reduciendo notablemente el papel de la razón; separación realizada para afirmar el carácter
suprarracional y autónomo de la fe. A partir de estos intentos, filosofía y teología se acabarán
independizando en la época moderna.
Su crítica afectó a las raíces mismas del platonismo y del aristotelismo- y, en consecuencia, de
la escolástica cristiana, contribuyendo a cerrar toda una época del pensamiento occidental y
abrir el camino a la filosofía y las ciencias modernas.

1) Critica la metafísica tradicional negando:

a) la existencia de esencias universales y los dos principales presupuestos de la metafísica


tomista: la distinción esencia-existencia y la analogía del ser;

b) la posibilidad de un conocimiento racio-nal de Dios: las pruebas de la existencia de Dios


carecen de verdadero carácter demostrativo, sólo son argumentos pro-bables;

c) la concepción del alma, ya que no existen argumentos que demuestren la existencia de un


alma substancial, inmaterial e inmortal;

d) la existencia de una ética vinculada a principios racionales; para él, todos los preceptos
mora-les dependen de la pura voluntad divina: un acto es malo simplemente porque Dios lo
prohíbe, y bueno porque lo pres-cribe.

2) Mantuvo una nueva relación entre la razón y la fe, al reducir notablemente los límites de la
razón humana. Sólo se conoce aquello que puede ser experimentado o intuido. Por tanto, Dios
y todo lo que se refiere a la salvación eterna del ser humano son inaccesibles a la razón. Los
ámbitos de la razón y la fe quedan totalmente separados. Pretende depurar la fe de toda
adherencia filosófica.

Ockam intenta establecer una neta separación entre la Iglesia y el Estado. Sólo reconoce un
poder moderador del Papa en el terreno exclusivamente espiritual, y defiende una concepción
"laica" de la sociedad. Ockham busca separar lo espiritual de lo temporal, del mismo modo que
separa la fe de la filosofía, con una intención clara: garantizar la espiri-tualidad de la comunidad
cristiana.

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