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Según la tradición oral el “mandinga” casi siempre es retratado como un hombre seductor y

apuesto. En la leyenda de “La Pata del Diablo” cumple con estas características.

En tiempos remotos, el diablo llego personificado en un audaz y seductor caballero al pueblo de


San José de Maipo, inmediatamente captó las miradas de mujeres, sorprendidas por la elegancia y
belleza de este desconocido personaje. En sus caminatas por el pueblo intentó seducir a la hija del
alcalde de ese momento, el problema radicaba en que la joven dama estaba destinada por su
familia a ingresar a un convento de monjas.

Sus paseos diarios por la plaza, le ayudaron para seducir a una gran cantidad de mujeres del
pueblo, para desgracia de los hombres, que malhumorados y no con muy buenos ojos, veían las
andanzas de este señor. Una noche de tormenta, en que los cielos del Cajón del Maipo parecían
venirse abajo, en el convento de monjas ubicado en el sector del “Toyo”, un hombre habría
golpeado pidiendo ayuda para pasar la noche, ya que le era imposible seguir su marcha dada las
condiciones climáticas.

La madre superiora, viendo el diluvio que caía sobre el sector, cedió a que el forastero pasara la
noche en el lugar. El hombre vestía completamente de negro y en todo momento cubría su rostro
con una bufanda del mismo color que su ropa, generando desconfianza en la religiosa, a pesar de
no darle buena espina, se le indicó que ocupará una habitación detrás de la despensa.

Ya entrada la noche y cuando las monjas yacían en un profundo sueño, el extraño atravesó
mágicamente las murallas que dividían las piezas, llegando directamente a la habitación de una
joven novicia, que era exactamente, la hija del alcalde. La muchacha al sentir la presencia de este
personaje de prendas negras y que irradiaba un fuerte olor a azufre, soltó un grito que despertó al
resto de las religiosas. Inmediatamente el hombre le tapó la boca y comenzó a huir del lugar.

La Madre superiora con gran valentía se levantó de su cama, tomó un frasco de agua bendita y
salió a la siga de este maligno personaje, entremedio de rezos y realizando la señal de la cruz, le
lanzó el recipiente de agua bendita. El diablo liberó inmediatamente a la joven monja y se
transformó en un horrible ser con alas y pies gigantes, saltando el Río Maipo se apoyó en una roca,
y se escabulló por los bosques cordilleranos.

Desde este entonces, la huella en la formación geológica nos recuerda la presencia del “Mandiga”
en la Provincia Cordillera, como un protagonista activo en la tradición oral de la región.