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Supercomputación al rescate

Los grandes acorazados de esta conflagración son los superordenadores. IBM se puso manos a
la obra en cuanto se disparó la epidemia, según relata Darío Gil, doctor por el MIT y director de
Investigación de IBM:“Desde el inicio de la pandemia del COVID-19 hemos estado trabajando
estrechamente con los gobiernos de Estados Unidos y del resto del mundo. El objetivo es
encontrar todas aquellas opciones disponibles que permitan utilizar nuestra tecnología y
experiencia para ayudar a las organizaciones a resistir y adaptarse a las consecuencias de la
pandemia y, al mismo tiempo, poder acelerar el proceso de descubrimiento”.

En colaboración con la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, el


Departamento de Energía de los Estados Unidos, y otras organizaciones, IBM está ayudando a
lanzar el Consorcio de computación de alto rendimiento COVID19.

Este consorcio aportará una cantidad de potencia de computación sin precedentes (16
sistemas con más de 330 petaflops, 775.000 núcleos de CPU y 34.000 GPU) para ayudar a que
los investigadores de todo el mundo puedan comprender mejor el coronavirus, sus
tratamientos y sus posibles curas. Los sistemas de computación de alto rendimiento permiten
a los investigadores realizar un gran número de cálculos en epidemiología, bioinformática y
modelado molecular. Estos experimentos tardarían años en completarse si se hicieran
manualmente, o meses si se hicieran en plataformas de computación más lentas y
tradicionales. Un ejemplo de este potencial es Summit, de IBM, la supercomputadora más
poderosa del mundo. Summit ya ha permitido que los investigadores del Laboratorio Nacional
de Oak Ridge y de la Universidad de Tennessee puedan examinar 8.000 compuestos para
encontrar aquellos que tienen más probabilidades de unirse a la principal proteína del
coronavirus, y hacer que sea incapaz de infectar células huéspedes. Toda la industria junta filas
No son solo las grandes compañías tecnológicas las que se han incorporado a filas para
combatir al enemigo. Todas las empresas sin excepción están aportando su grano de arena en
mayor o menor medida, habilitando el teletrabajo con herramientas gratuitas, o asegurando
que las redes funcionen. En muchos casos sus iniciativas han ido destinadas a predicar con el
ejemplo y concienciar a la población para que permanezca confinada en sus hogares. Un caso
llamativo ha sido Universe, el gran evento de clientes de Micro Focus, que se desarrolló de
manera virtual los días 17 y el 19 de marzo. Entre las estrellas del encuentro cabe citar a Tim
Crawford, uno de los directores de TI más influyentes, que agradeció la decisión estratégica de
Micro Focus:“Si bien las circunstancias que subyacen para cambiar un evento presencial y
pasarlo a virtual son indiscutiblemente desafortunadas, es alentador ver que organizaciones
como Micro Focus combinan tecnología y creatividad para garantizar su compromiso con sus
clientes y socios en tiempos difíciles”. Y es que la acción coral de toda la industria tecnológica
se ha convertido en un fenómeno que se estudiará sin duda en las escuelas de negocio. Desde
la patronal Digitales han destacado esta aportación en conjunto: “Las compañías de
infraestructuras de comunicaciones, como las de redes (Telefónica, Orange, Vodafone,
MásMóvil) y torres (Cellnex, Nokia, Ericsson, Huawei, Arca…) hasta los servicios en la nube
(Cisco, VMWare, Juniper Networks…) o los data centers (Interxion, Equinix, Global Switch…),
están garantizando la capacidad y flexibilidad de las redes en este pico de demanda que
estamos experimentando”.
Por su parte, las consultoras y tecnológicas (Everis, Accenture, Deloitte, EY, HP, Fujitsu, NAE…
etc) siguen ayudando a sus clientes con planes de contingencia, trasladando todas las
operaciones que hacían en sus oficinas corporativas a las oficinas en casa de sus empleados, y
operando con VPN para garantizar el servicio a hospitales, banca, eléctricas, medios de
comunicación, servicios logísticos, etc., con el fin de ayudar a mantener comunicaciones
críticas.

El oportunismo de la ‘guerra sucia’

La acción terrorista que se parapeta en la Deep Web aprovecha cualquier resquicio para
intensificar sus ataques a empresas y ciudadanos, sin el menor escrúpulo y tratando de hacer
el mayor daño posible. El coronavirus ya genera la mayor colección de ciberataques registrada
en años (“o incluso en toda la historia”), como atestigua ProofPoint: “nuestro equipo de
investigación ha constatado el uso del coronavirus como gancho en envíos de phishing de
credenciales, adjuntos y enlaces maliciosos, compromiso de cuentas de correo empresarial
(BEC), falsificación de landing pages, donwloaders, spam y envío de malware, entre otras
amenazas”. Un malware desconocido, bautizado RedLine Stealer, aprovecha la predisposición
de la gente a ayudar a encontrar una cura para el Covid-19 a través de un proyecto de
informática distribuida para investigación de enfermedades. Otro ejemplo es RedLine Stealer
que se está comercializando en foros rusos underground con distintas opciones de precio, a
partir de 100 dólares, y ha sido actualizado recientemente para el robo de monederos de
criptomonedas. El ransomware netwalker también ha sido cruel protagonista de ataques
indiscriminados a numerosos hospitales españoles, con objeto de causar su colapso.

Ante tales amenazas el Centro Nacional de Inteligencia ha declarado alerta nacional frente al
virus, con objeto de calmar a la población. Sun centro criptológico CNN-CERT ha reforzado
todas sus capacidades para la defensa del ciberespacio español y, en especial, de su sector
público y de los sectores estratégicos, “con prioridad absoluta en el de la salud”.