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Título: Intercambio postal en litigios laborales

Autor: Stritzler, Sofía G.


País: Argentina
Publicación: Revista de Derecho del Trabajo de la Provincia de Buenos Aires - Número 12 - Julio 2017
Fecha: 19-07-2017 Cita: IJ-CCCLXXVII-250

Intercambio postal en litigios laborales

Sofía Greta Stritzler

I. Introducción [arriba] 

El intercambio telegráfico da inicio a la etapa preliminar en un conflicto laboral. Será en


este momento cuando el profesional actuante planteará su estrategia, reclamará los
rubros que considere pertinentes, detallará la causal de cada acción consumada -o a
consumarse-, e invocará las leyes aplicables al caso.

La ley 20.703 ha dispuesto el servicio gratuito de telegramas para el trabajador


mostrando así un significativo avance del principio protectorio consagrado en el art. 14
bis de la Constitución Nacional, posteriormente extendido mediante la Ley 23.789 a los
jubilados y pensionados en los supuestos en los cuales deba notificar a organismos
previsionales, a las organizaciones gremiales en los casos en los que actúe en
representación del trabajador dependiente, y por último a los derecho-habientes del
causante en los casos en los que deba notificar al ex empleador la formal solicitud de la
certificación de servicios del trabajador fallecido-.

Si bien las facilidades para realizar el intercambio telegráfico son numerosas, ocurre que
en la realidad son cuantiosas las situaciones en las que se dificulta realizar la notificación
de manera fehaciente.

En el presente artículo se abordarán las distintas cuestiones que se suscitan en el


intercambio postal y en materia de prueba una vez iniciado el litigio en sede judicial.

II. El carácter recepticio de las comunicaciones telegráficas [arriba] 

El mero hecho de cursar una notificación mediante la Oficina de Correo homologada a tal
fin no basta para que la misma cuente con el carácter de fehaciente. Las notificaciones
telegráficas se perfeccionan cuando llegan a la esfera jurídica de su destinario, dando
lugar así a la llamada “teoría de la recepción” mediante la cual se colige que no es una
exigencia que el destinatario tenga cabal y efectivo conocimiento del contenido de la
comunicación sino que basta, a los fines de surtir efectos, que el mismo se encuentre
enterado de la existencia de la misma.

Esta teoría nace como consecuencia de la realidad efectiva que inviste al intercambio
telegráfico, dado que son numerosas las oportunidades en las que una de las partes se
resiste a recepcionar las misivas enviadas por la contraria, manipulando de esta forma
plazos dispuestos o leyes invocadas que requieren de la efectiva notificación para su
procedencia. Por todo ello es que asentada jurisprudencia del Tribunal Supremo de la
Provincia de Buenos Aires[1] entiende que para que la comunicación sea válida, basta con
que el destinatario se encuentre enterado de la misma -con los avisos del Correo es
suficiente- y que en consecuencia obre con la diligencia y buena fe a la que refieren los
artículos 62 y 63 de la Ley de Contrato de Trabajo.

Como bien ha dispuesto el máximo Tribunal de la Provincia de Buenos Aires: “el


empleador, destinatario de la comunicación, tiene una carga de diligencia con respecto a
la recepción de la misma. Ello en el marco del principio de buena fe consagrado en el
art. 63 de la Ley de Contrato de Trabajo que prevé que ambas partes están obligadas a
ajustar su conducta a lo que es propio de un buen trabajador, no sólo mientras dura la
relación de trabajo sino también al extinguirla”[2].

Por supuesto que hay reparos previos que darán por cumplidos los requisitos de
fehaciencia y receptividad susceptibles de acarrear consecuencias jurídicas, dando así
validez a los domicilios donde se pretende notificar: En el caso del trabajador, el mismo
debe informar a su empleador a través de una declaración jurada de domicilio, su
domicilio real y comunicar cualquier cambio que se produzca en el mismo, y por su parte
el empleador que informa un domicilio en el recibo de sueldo o donde el trabajador
realiza sus tareas se encuentra entonces obligado -a fin de evidenciar su obrar diligente y
con buena fe- a recepcionar todas las misivas que sean enviadas tanto para notificar la
extinción de un vínculo, como también las que tengan como finalidad anoticiar cualquier
circunstancia derivada del Contrato de Trabajo que une a las partes. En este orden de
ideas, cuando una misiva es devuelta al remitente por que el domicilio denunciado es
“desconocido”, se “rechazó” o “se mudó”, la notificación tendrá validez en la medida en
la que el dato del domicilio en mención indicado en la misiva haya sido proporcionado
por el destinario[3]. En igual sentido, con el aviso del correo, el empleador debe
presentarse en las oficinas pertinentes y retirar la pieza postal ya que desentenderse de
la misiva no lo libera de sus responsabilidades, sino que por el contrario agrava su
situación haciendo operar así presunciones que bajo ningún punto de vista pueda
beneficiarlo.

Cuando la figura del empleador recaiga en una persona jurídica, la determinación de un


domicilio como sede social inscripta en la Inspección General de Justicia en el ámbito de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, o en Personas Jurídicas en el ámbito de la Provincia
de Buenos Aires hace presumir, iure et de iure, que es el domicilio donde debe ser
emplazada a todos los efectos. Es por ello que sin perjuicio de los datos que puedan
desprenderse del recibo de sueldo del trabajador, quien notificare en la sede social
gozará con la presunción de validez. Va de suyo que la modificación del domicilio legal
por parte de la persona jurídica, sin comunicación al registro respectivo resulta
inoponible a terceros conforme lo establece el art. 11 inciso 2 de la Ley de Sociedades
Comerciales - Ley 19.550.
III. Constitución de domicilio durante el intercambio telegráfico [arriba] 

En el acápite precedente hemos desarrollado los parámetros y consecuentes corolario de


los domicilios donde se notifica el intercambio telegráfico. Sabemos entonces que resulta
válido el domicilio que el trabajador denuncia a su empleador, el que el empleador
denuncia en el recibo de sueldo o inscribe como sede social en los registros respectivos
cuando estemos frente a una persona jurídica. También resulta válido el domicilio donde
el actor prestaba tareas.

En la práctica profesional es habitual que el trabajador constituya un domicilio legal -que


suele ser el estudio del profesional representante- para efectuar el intercambio sin
inconvenientes, y este supuesto desplaza al principio general que establece que las
comunicaciones debe cursarse al lugar de residencia del destinatario, o al domicilio que
denunciara el trabajador como real.

Quien proporciona un domicilio en la pieza postal asume la carga de la recepción de las


misivas que allí se dirijan, y es por ello que el empleador que haga caso omiso a dicha
denuncia -remitiendo las misivas al domicilio real del trabajador- deberá entonces cargar
con las consecuencias jurídicas de su decisión en el supuesto caso en que resulte
infructuosa la fehaciente notificación.

Todo lo expuesto nos lleva nuevamente al artículo 63 de la Ley de Contrato de Trabajo


que reza: “Las partes están obligadas a obrar de buena fe”, dado que el empleador que
insiste en notificar a un domicilio real habiendo contado con un domicilio legal
denunciado por el trabajador, evidencia la ausencia en su obrar del principio
precedentemente enunciado. Cabe aclarar que nada impide a la parte empleadora,
siguiendo el ejemplo expuesto, a realizar una doble notificación tanto al domicilio real
como al constituido especialmente para el intercambio. El mismo criterio rige para los
casos donde es el empleador quien indica un domicilio a los fines de la recepción de las
comunicaciones, incluso cuando el mismo no coincida con el lugar de prestación de
tareas del trabajador, el que consta en el recibo de haberes, o la sede social de una
persona jurídica, dado que encabezará en estos casos la llamada “teoría de los actos
propios”.

IV. Carácter de Documento Público del Estado de las piezas postales [arriba] 

“El telegrama con copia certificada, que lleva la correspondiente atestación suscripta por
el funcionario del correo, con el sello respectivo, es un documento público del Estado,
que reviste fuerza probatoria hasta que sea demostrado lo contrario”[4].

Es importante que la entidad postal que remita los Telegramas o Carta Documento se
encuentre homologada a tales fines y que la firma del funcionario que despacha el mismo
esté registrada bajo los parámetros dispuestos por Res. 1110 de Encontel Argentina para
que la misma goce del carácter de instrumento público, y pueda así hacer plena prueba
en lo que respecta a su autenticidad y contenido. Como prestigiosos doctrinarios han
expuesto “(…) para desconocer entonces este documento público se requiere
necesariamente redargución de falsedad (art. 395 del C.P.C.C.)[5]”.

Ahora bien, el carácter de instrumento público de las cartas documentos y telegramas es


prácticamente indiscutido lo cual no obsta a la producción de la prueba informativa que
pudiera producirse en sede judicial, y sobre este tema versará el siguiente apartado.

V. Prueba Informativa en sede judicial -autenticidad o contenido- [arriba] 

Es usual observar que una vez llevada la controversia a sede judicial, las partes suelen
ofrecer prueba informativa al Correo Argentino a los fines de verificar la autenticidad de
las piezas postales acompañadas que en copia se adjuntarán al pertinente oficio.
Teniendo en cuenta lo expuesto en el punto precedentemente, pareciera devenir en
abstracto dicha petición por el carácter de instrumento público que guardan dichas
diligencias, salvo en los casos de desconocimiento de las mismas por la contraparte.

A su vez es de público conocimiento que las empresas de correo suelen destruir las
constancias telegráficas al cabo de un lapso de tiempo[6] y ello puede traer graves
consecuencias en materia probatoria, es por ello que resulta conveniente invocar el art.
326 del C.P.C.C para solicitar dicha prueba en carácter de “prueba anticipada”. En este
orden de ideas, el oficio al Correo ratificará que la pieza postal ha sido enviada y
remitida por dicha entidad dando lugar así a la validez de la misma.

Esta validación de la autenticidad no confirma el resultado positivo o negativo de dicha


pieza postal, como tampoco se explaya sobre la forma en que la misma ha sido o no
recibida. Por todo ello, especialmente en los casos donde el rechazo, o recepción esté
controvertido, es esencial solicitar que la entidad a oficiar informe sobre el aviso de
recepción o retorno para que el mismo resulte suficiente en materia probatoria, dado
que es el único medio procesal idóneo a dicho fin.

Como se ha expuesto en la introducción del presente artículo, el intercambio telegráfico


en los litigios laborales es de suma importancia y su carácter de instrumento público no
basta para probar posibles comportamientos de mala fe que pudieran llegar a obstar una
intimación fehaciente y en consecuencia un plazo legal vencido. En igual sentido se ha
expresado el Máximo Tribunal Provincial al decir que: “Sin embargo, más allá de lo que
parece sugerir la recurrente, no se ha demostrado en el caso una actitud obstruccionista
de las notificaciones por parte de los accionados que denote un obrar de mala fe (art. 63,
L.C.T.), pues si bien es cierto que la intimación previa y la comunicación del despido
fueron rehusadas, como vimos, las mismas fueron remitidas a un domicilio que no se
probó fuera el de los accionados; de ahí que no puede considerarse que éstos se hubieran
negado a recibirlas. En consecuencia, no acreditada la notificación del despido al
empleador ni tampoco que fuera imputable a este último alguna causa que impidiera la
efectividad de la vía empleada, ha de aplicarse la regla según la cual quien elige un
medio para realizar comunicaciones referidas a la relación laboral carga con los riesgos
que ese medio implica” (conf. causa L. 88.834, “Espinosa”, sent. del 27-II-2008)”[7].
VI. Conclusión [arriba] 

El derecho laboral cuenta con un sinfín de particularidades en su ejercicio, comenzando


con sus principios, leyes, medios probatorios, plazos, hasta la constitución preliminar del
caso.

El intercambio telegráfico será el esqueleto del caso a plantearse, será el momento


donde el profesional debe estar pendiente de plazos, realizar seguimientos de envíos y
reforzar cada hipótesis que posteriormente se defenderá en sede judicial.
Lamentablemente, en la práctica sucede que muchas veces el planteo es ajustado a
derecho, pero por inconvenientes en la notificación desvanece su efectividad. Por todo
ello es muy importante tener en cuenta los principios que han sido desarrollados en el
presente artículo, dado que no sólo es fundamental el contenido de la misiva, sino que
para que el mismo opere es requisito indispensable que la notificación haya sido
fehaciente.

Notas [arriba] 

[1] SCBA, L 44530 S 14.8.1990, Paret, Ernesto David c/ Torto, Domingo s/ Despido
[2] SCBA, L 73.921 “Gagliostro de Polimeni”, sent. del 6-VI-2001
[3] Cfr. CNAT, Sala II, 22.04.2008, Fedalto Elisa Isabel c/ Rinland S.A. S/ Despido.
[4] CC0002 LZ 16377 RSD-39-97 S 18/03/1997 Juez LUGONES (SD) Carátula: Denesiuk de
Souto E.y otro c/Luccisano Delia E. y otro s/Reivindicación. Observaciones: (Trib.Orig.
JC1000)Tramitó en Suprema Corte bajo el nº Ac. 68604 Magistrados Votantes: Lugones-
Davenport-Alló
[5] “NOTAS DE ACTUALIDAD SOBRE LA EFICACIA JURIDICA DEL INTERCAMBIO TELEGRAFICO
ENEL DERECHO DEL TRABAJO. ANALISIS NORMATIVO, DOCTRIBARIO Y JRUISPRUDENCIAL-“
Dr. Diego Javier Tula- Trabajo publicado den Rubinzal Culzoni Online.
[6] Sobre este punto la normativa no es clara, mientras por un lado la Ley 19.198 llamada
Ley Nacional de Comunicaciones establece 3 años para telegramas y 5 años para cartas
documento en su artículo 54, la llamada Ley de Telegrama Ley - N° 23.789- nada dice
respecto del plazo de conservación, por otro lado utilizando el criterio de prescripción de
la Ley de Contrato de Trabajo, deberían de ser 2 años. La realidad es que el tema sigue
confuso al día de hoy, y las costumbres indican que el Correo destruye la documental en
el plazo de 2 años.
[7] SCBA L100839. 06.06.2012 Trevisano, Hugo Víctor c/Herometal S.A. y otro s/Despido