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HACER Y QUEHACER DE LA TEOLOGÍA BÍBLICA

(Ideas tomadas de J. Hamilton, What Is Biblical Theology?; M. Lawrence, Biblical Theology in the
Life of the Church. Traducción y adaptación de Alejo Aguilar)

Hacer teología bíblica es pensar acerca de la historia completa que se narra en la


Palabra de Dios. Por cuanto la teología bíblica no concibe a la Biblia como 66 libros
separados, sino como un libro unido por un mismo relato, su objetivo es tratar de desarrollar la
enseñanza bíblica entendiendo cada sección de las Escrituras a la luz de ese todo. Hacer
teología bíblica tiene que ver, entonces, con detectar la forma en la que los escritores
inspirados entendieron ciertas secciones de la Escritura anteriores a las suyas, así como la
manera en la que interpretaron los eventos registrados en ellas, a la luz de la historia de la
salvación.
Por eso, uno de los objetivos primarios de la teología bíblica es entender y apropiarse
de la cosmovisión de los autores bíblicos. Cosmovisión que, en conjunto, llevó a conforma la
meta-narrativa bíblica, esto es, la gran historia narrada en la Biblia. Quien intenta elaborar
teología bíblica, por lo tanto, deberá: 1) entender la forma en la que los autores bíblicos usaron
el lenguaje para sintetizar y exponer dicha historia (especialmente el lenguaje simbólico y
tipológico), así como también 2) determinar el lugar o el papel que la iglesia cristiana
desempeña en el desarrollo de tan significativa narración.

Implicaciones
Adentrarse al mundo de la teología bíblica tiene implicaciones muy prácticas. Por
ejemplo, dado que esta disciplina requiere el estar dispuesto a adoptar la perspectiva de los
autores bíblicos, quien desea ponerla en práctica debe acostumbrarse a leer la Biblia siempre
desde esa perspectiva. Algo que, por extraño que parezca, no es muy común, dadas las
múltiples influencias a las que constantemente se haya expuesto el cristiano hoy en día.
Una lectura como la mencionada arriba permitirá ver que, en esencia, la meta-narrativa
o gran historia bíblica nos informa que, tras haber “construido” este planeta como su
santuario/templo, Dios puso en él una imagen. Sí, colocó en él al ser humano, a quien creó
precisamente a imagen y semejanza suya. Pese a que todo lo que Dios hizo al principio era
bueno, algunos personajes de este relato decidieron rebelarse contra Dios, contaminando de
esa forma su templo. Situación que llevó a Dios a emprender acciones justas y necesarias, pero
acompañas también de la promesa de una futura restauración que traería esperanza a la raza
humana.

Relación con Dios en el marco del santuario/templo:


Ruptura Revisión Restauración

Saber y entender esto tiene implicaciones teológicas, pero también, de nueva cuenta,
implicaciones de naturaleza práctica. Siendo que el planeta fue creado para que la presencia de
Dios morara en él, para ser un sitio donde él había de ser reconocido, servido y adorado,
nuestra concepción del mismo debiera ser congruente con ello. Cuidarlo, hablar de Dios con
quienes lo habitan y transitar por él, seguros de que la presencia divina pronto estará en
plenitud nuevamente en este planeta, debiera ser parte de la cosmovisión de todo cristiano. De
igual forma, saber que Dios puso al ser humano, su imagen, en este primer templo, señala
abiertamente que la misión de este tiene que ver con representar apropiadamente a Dios. Algo
que ninguna imagen labrada podrá hacer jamás, pese a que muchos, desde hace siglos,
sinceramente crean que es posible.
De ahí que no resulte nada extraño que profetas como Jeremías aludan enfáticamente al
tema de la creación. Un pasaje que llama la atención especialmente al respecto es el de
Jeremías 4:23, donde se describe a la tierra, tras el juicio divino, en un estado semejante al
mencionado en Génesis 1:2.1
Asimismo, por cuanto la “serpiente antigua” compareció ante el tribunal celestial al
principio, esta será emplazada nuevamente a juicio al final de la historia, momento de la
ejecución definitiva de su sentencia. Ejecución que extirpará para siempre todo aquello que
contaminó el templo inicial y que pudiera ser una futura amenaza para “el tabernáculo de Dios
con los hombres”.
Sin embargo, la realidad del gran conflicto no solo se encuentra al principio y al final
de la historia bíblica. La forma en la que Dios enfrenta el mal puede verse en el contraste que
el profeta Isaías hace entre el orgullo y la rebeldía satánica y la humildad y perfecta obediencia
del “siervo sufriente” (caps. 14 y 53). Enfrentamiento que será desarrollado en los Evangelios
y culminado, por supuesto, en el libro de Apocalipsis.
Retomando el tema del santuario, pero ahora en el NT, puede notarse que Jesús se
refirió a sí mismo como un templo, el cual sería destruido a fin de pagar el precio del pecado

1
Pasaje donde se utiliza incluso la misma terminología hebrea de la expresión que comúnmente se
traduce como “desordenada y vacía”.
(Juan 2:19). Concepto que, años después llevó al apóstol Pablo a comparar a la iglesia con un
templo también (aunque en este caso, del Espíritu Santo, 1 Cor. 3:17; 6:19). Por cuanto el
templo, sea el simbolizado por el planeta o por la vida del cristiano, debe ser purificado y
pronto dar paso nuevamente a la presencia en plenitud de Dios, el estilo de vida de quienes son
conscientes de eso definitivamente debe evidenciarse, no por amoldarse a las costumbres de
este mundo, sino por estar siendo transformado y regido por el Espíritu Santo. Miembro de la
Divinidad que, desde el principio, se ha movido protectoramente sobre la creación de Dios
(compare 2 Cor. 5:17 con Gén. 1:2 y Mat. 3:16).
¿Cuenta esta narración que la vida cristiana es fácil entonces? No, en lo absoluto. La
aflicción del pueblo de Dios es reportada en varias partes del relato bíblico y su mayor
evidencia se haya en la cruz del Calvario. Pero, al igual que Cristo, sus seguidores alcanzarán
la victoria siendo fieles, incluso hasta la muerte (Apoc. 2:10; compare Luc. 24:26 con Hech.
14:22). Saber esto debiera llevar al cristiano a entender su identidad, lo que ha de enfrentar y,
sobre todo, cómo debiera vivir mientras espera el regreso del Rey del universo. Sí, mientras
espera la respuesta final y vive a la altura de la petición: “Venga tu Reino. Hágase tu voluntad,
como en el cielo, así también en la tierra” (Mat. 6:10).

Conclusión
Hacer teología bíblica es como cruzar un puente que nos permite salir de este mundo
para entrar a uno diferente. Es un intento por concentrarnos en la cosmovisión que la Biblia
presenta, haciendo de ella una referencia constante para nuestra mente y corazón, pese a las
diferentes influencias que nos rodean.
En consecuencia, aprender cómo hacer teología bíblica no es un mero ejercicio
académico, también es algo vital para el trabajo pastoral y de liderazgo en la iglesia.
Correctamente aplicada, la teología bíblica debiera moldear la predicación del pastor, su
consejería, forma de evangelizar y su forma de convivir con la cultura que le rodea. Tiene que
ver, incluso, con saber qué decirle a aquellos padres devastados por la noticia de que su hijo
tiene cáncer.2
Pero estudiar acerca de la teología bíblica no hará automáticamente todo esto por
nosotros. La mejor forma de adentrarse y acostumbrarse al mundo de la Biblia es leyéndola y
meditando constantemente en su mensaje. Efectivamente, leerla y leerla mucho. Esa es la

2
Consciente de ello o no, todo pastor (y en realidad todo ser humano) parte de un conjunto de supuestos
o presuposiciones teológicas al enfrentar muchas situaciones, especialmente cuando son tan complejas como esta.
La pregunta clave es ¿son estas presuposiciones correctas? Es decir, ¿se basan realmente en lo que la Biblia
enseña?
mejor forma de hacer práctica y útil la teología bíblica. Puesto que vivir en medio del gran
conflicto hace de esto un gran desafío, intentarlo requerirá de algo más que solo buenas
intenciones. ¿No lo cree?

Preguntas clave que sintetizan el quehacer de la teología bíblica

¿Qué dice el texto?  ¿Cómo lo dice?  ¿Acerca de quién (Dios, hombre, salvación, iglesia) lo dice?

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