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ENSAYO SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA.

HACIA UN SENTIDO TRASCENDENTAL E INMANENTE DE LA VIDA


Manuel Calvo Jiménez
mcalvoj@hotmail.com

Resumen
La historia de la Filosofía ha sido una continua búsqueda del sentido del ser y de la vida. Se han
buscado sentidos en la inmanencia del mundo y en un más allá extra-mundano (trascendencia). A
través del método fenomenológico, nosotros vamos a intentar encontrar un sentido inmanente pero,
a la vez, trascendental del ser y de la vida de modo que podamos sintetizar muchas de las
posiciones históricas aparentemente contradictorias.
Palabras clave: sentido, inmanencia, trascendencia, trascendental, ego trascendental, aparición.

Abstract
The history of philosophy has been a continuous search for the meaning of being and life. Many
ways have been searched both in the immanence of the world as an extra-worldly beyond
(transcendence). Through the phenomenological method, we will try to find an immanent but, at the
same time, transcendental meaning of being and life, so that we can synthesize many of the n
apparently contradictory historical positions.
Keywords: meaning, immanence, transcendence, transcendental, transcendental ego, the
appearing,

1. INTRODUCCIÓN
Con este ensayo nos proponemos dilucidar si la existencia, el ser en general y la existencia
humana en particular, tiene algún sentido.
Parece evidente que el sentido de algo va siempre relacionado con un “alguien” para el
cual ese algo tiene sentido. Esto es, el concepto “sentido” nos remite como a un vector que
pone en relación a un objeto analizado con un sujeto para el cual ese objeto tiene o no tiene
sentido. De modo que, desde una perspectiva fenomenológica, preguntarse por el sentido del
ser o de la vida humana equivale a preguntarse por la relación intencional entre el sujeto que
busca sentido y la propia vida de dicho sujeto que debe ser la que posea sentido.

Desde esta perspectiva podría parecer que, a priori, el sentido de la vida es algo
meramente subjetivo pues para cada sujeto la vida o el ser se le presentarían con o sin sentido
indistintamente. Tendríamos que conformarnos con hablar meramente de un “sentido para
mí” o un “sentido para ti” sin poder hablar del sentido de la vida en general para un ser
humano. En tal caso, parecería que caemos en un relativismo que anularía desde sus
comienzos las pretensiones de universalidad de la reflexión filosófica que ahora pretendemos
comenzar.
Sin embargo, es conocido que la fenomenología, estando inevitablemente unida a una
perspectiva subjetiva (el yo que ineludiblemente se sitúa como polo noético en la relación de
conocimiento con el objeto), no ceja en el empeño de demostrar que lo subjetivo no tiene por
qué ser relativo. Un verdadero conocimiento de las cosas mismas parece que puede alcanzarse
desde una subjetividad concreta.
Pues bien, sabiendo que el sentido de la vida no puede ser sino el sentido que “para mí”
(sujeto cognoscente) tiene la vida, intentaremos mostrar cómo dicho sentido puede ser
compartido intersubjetivamente y establecido como verdad objetiva para cualquier sujeto que
adopte una actitud racional de búsqueda con nosotros al tiempo que lee nuestro
razonamiento.
No tema el lector un artículo estrictamente fenomenológico. Intentaremos hacer un
recorrido por las respuestas que los filósofos han dado a la cuestión del sentido de la vida y
reservaremos la perspectiva fenomenológica para las conclusiones, tratando de aunar muchos
de los grandes aciertos que los grandes pensadores han tenido al enfrentarse con esta
importantísima cuestión: ¿Tiene algún sentido nuestra vida? ¿O es todo un mero e inmenso
sinsentido?
Debemos comenzar por establecer qué significa el término “sentido”. Como en el tráfico,
el sentido de una calle es doble. Por un lado, significa de dónde viene y, por otro, a dónde va.
Esto es, podemos recorrer una calle en un sentido o en el contrario. De modo que preguntarse
por el sentido de una calle no tendría “sentido”, sino que habría que preguntarse por el
sentido en el que nos desplazamos por esa calle. Si vamos calle arriba o calle abajo, por
ejemplo. Pero en el caso de la vida, esta no tiene (como sí tienen las calles) una dirección
única, sino que la vida nos abre un abanico de posibles direcciones todas ellas con sus dos
sentidos (o más de dos, claro). De modo que tomaremos la dirección temporal como la
dirección ontológica que vamos a seguir. Esto es, considerando el tiempo como dirección
(Origen del ser – Fin del ser), estableceremos que en un sentido hacia “atrás” el sentido de la
vida estaría preguntándose por el porqué del ser. ¿Por qué hay ser en vez de nada?, que se
interrogara Heidegger. Pero si indagamos en el otro sentido, hacia el otro polo de la línea
temporal, nos encontraríamos con la otra acepción de “sentido”: no el porqué del ser, sino la
finalidad del ser (y, por ende, del ser humano). Esta, a su vez, se bifurca en dos cuestiones:
¿Hacia dónde va el ser (voy)? y ¿Para qué va (voy)? O sea, ¿qué sentido lleva el mundo, mi
vida? Y ¿qué sentido tiene que lleve dicho sentido?
Podría dar la sensación de que estas cuestiones se enrocan entre sí formando un bucle
irresoluble que apunta siempre, en última instancia, al sujeto y que hace que toda respuesta
remita a una relatividad subjetiva que nos impide encontrar una respuesta convincente