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SAMUEL ACEVES

DR. EN C.S. REYES LUCIANO ALVAREZ FABELA

Luz y color
Venecia y la Italia, septentrional del siglo XVI
Otro gran centro del arte italiano fue la orgullosa y prospera ciudad de Venecia. Esta cuyo
comercio la mantenía en estrecha relación con oriente, fue mas lenta que otras ciudades italianas
en aceptar el estilo del Renacimiento.
Quizá los vínculos con Constantinopla y con los artesanos que realizaban mosaicos,
cambien tuvieran algo que ver con esta preferencia. Es difícil hablar o escribir respecto o acerca
del colorido; una ilustración en color; a escala muy reducida respecto al original, no da una idea
adecuada de la apariencia real de una obra maestra en color. Pero al menos parece evidente que
los pintores del medievo no se preocuparon en mayor medida de la coloración verdadera de las
cosas que dé sus formas reales.
En sus miniaturas, esmaltes y retablos gustaban de aplicar los colores mas puros y preciosos,
siendo su combinación preferida la del oro refulgente con el azul ultramar intenso. Los grandes
reformadores florentinos se interesaban menos por el color que por el dibujo. Esto no quiere
decir claro esta que sus cuadros no fueran exquisitos por su color, ya que lo cierto es lo contrario,
pero fueron muy pocos lo que consideraron el color como uno de los medios importantes por
conjugar dentro de un esquema unificado las figuras y formas diversas de un cuadro. Prefirieron
conseguir esto mediante la perspectiva y la composición antes de mojar sus pinceles de pintura.
Los pintores venecianos, al parecer no consideraron el color como un enriquecimiento adicional
al cuadro después de haber sido dibujado entre sobre la tela.
Existieron grandes representantes de este movimiento como lo son; Giovanni Bellini, que
reo la obra en la pequeña iglesia de Zacarías Venecia, en el cual se puede apreciar el arte distinto
en l adversidad y riqueza de los colores. Giorgione otro pintor de la misma esfera, consiguió los
resultados mas revolucionarios, se sabe muy poco de este artistas y tan solo cinco obras le pueden
ser atribuidas con certeza, no obstante, son suficientes para asegurarle el renombre antes los
grandes maestros. Ticiano, no era un erudito tan universal como Leonardo, ni una personalidad
tan sobresaliente como Miguel Angel, ni un hombre tan atractivo como Rafael, que su suprema
potestad le permitía desdeñar todas las reglas tradicionales de la composición.

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