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REBANADAS DE LA VIDA

OSCAR BRENIFIER
Podemos sacar muchas lecciones de los respiraderos que la vida nos ofrece. Lecciones
A veces tenemos que pagar un precio muy alto, muy fuerte. Pero a menudo nuestra conciencia,
demasiado ocupado gestionar las urgencias del presente lleva mucho tiempo para captar el
significado. Un sentido que lo pone a veces incó modo. En ese momento, ella no está dispuesto
a aceptar lo que se ofrece. La Las apuestas son demasiado altas, el cuestionamiento demasiado
doloroso. Só lo la edad, o el tiempo, a veces se permite mirar directamente a los ojos como
muchas verdades hirientes. Esperando, preferimos borrar las asperezas, volver al calendario
griego lo que nos molesta, cuestiones silenciosos que interfieren en la conducció n de la vida
cotidiana.
Este folleto cuenta una veintena de experiencias personales que todos pudieron haber tenido.
Vivimos, tratando de captar la dimensió n filosó fica de estas experiencias. Medita en lo
inesperado, pensando en el accidente, y dar alivio a diario. Un poco de filosofía de ejercicio
diario.
Tanto para disfrutar

Hay diferentes maneras, diferentes razones para contar tu vida, para contarle a otros,
para decir algo. ¿Es para desahogarse? ¿Es para exorcizar a los demonios? es
¿Para alimentar un voyeurismo insaciable? ¿No es para desaparecer? ¿Es de existir un
poco má s? ¿Es para amueblar las largas tardes de invierno? Hay otro modo, má s raro
de forma explícita, pero siempre presente en filigrana: el del filó sofo. De hecho,
aprendemos de los acontecimientos que la vida nos ofrece. Lecciones que a veces
pagamos un precio alto, muy fuerte. Pero a menudo nuestra conciencia, demasiado
ocupada manejando las urgencias del presente, toma mucho tiempo para captar el
significado. Un sentido que la hace sentir incó moda. En este momento, no está lista
para recibir lo que se le ofrece. Las apuestas son demasiado altas, el cuestionamiento
demasiado doloroso. Solo la edad, o el tiempo, a veces se permite mirar directamente
a los ojos como muchas verdades hirientes. Mientras tanto, preferimos borrar las
asperezas, posponer lo que nos molesta, silenciar las preguntas que interfieren con la
rutina diaria.
Sin embargo, varias historias, mú ltiples anécdotas ensucian las paredes de nuestra
memoria. Imá genes enterradas bajo los escombros, pero como el cuerpo de un
ahogado, regresan.
Perió dicamente en la superficie. Los atravesamos por innumerables insomnios. Los
reportamos a la primera esquina. Los reservamos para aquellos personajes que se
supone que los reciben bajo el sello del secreto, aquellos que nos garantizan que estas
palabras ardientes nunca se repetirá n. Tantos miedos, modestia, ansiedades tenaces
nos impiden exponernos a Gran día los oscuros y vergonzosos recesos de nuestro ser.
La mirada del otro, este gran inquisidor, juez supremo de nuestros actos y
pensamientos, conciencia ú ltima e implacable, estamos observando y pesando. En
otras ocasiones, para otras psiques, la tentació n es excelente para ofrecerse a uno
mismo.
Muestra, directamente oa través de algú n disfraz, la crinolina que apenas cubre los
tortuosos meandros del alma. Goce no saludable o enfermizo, que se complace en
profanar en la medida de lo posible, la visió n que lo obsesiona, que busca sorprender
al jurado que hace muecas y merodea y amenaza. Es un dolor perder, porque
revelarse a uno mismo se convierte fá cilmente en una droga, que nunca sabremos por
un breve momento para aflojar el agarre de la pinza que nos atrapa.
Filosofar, desprenderse del ser, alienarlo para permitirse ser, alejarse de él para
permitirle encontrarse y despegar libremente. Deja que esta luz interior respire, que
no pide que brille. Para hacer esto, identifique anclajes falsos, bú squedas inú tiles,
obligaciones absurdas, refrenos tan repetitivos como aburridos, para silenciar lo que
debe ser usted, para extinguir pasiones inú tiles, para librarnos de la pesadez ridícula
que lentamente y seguramente nos estrangula y nos asfixia. Cuestionar la coherencia
del yo, cavar la fallas en nuestra visió n del mundo, para salir de la ganga que un
gusano de seda semejante hemos secretado alrededor y dentro de nuestra existencia.
Pagamos por estas lecciones, pagamos por nosotros mismos, pagamos má s de lo que
pudimos; incluso nos endeudamos demasiado. Entonces porque no disfrutar?
1 - La mentira
Su primer recuerdo fue un recuerdo de mentiras. Como la mayoría de nosotros, su
mayor parte estaba vinculado a la aparició n de la conciencia, en la grieta de la
realidad. Nos damos cuenta de una hermosa. Mañ ana que hay una brecha irreductible
entre las palabras. Lo pronunciado y extrañ o que percibiremos má s tarde como la
verdad. Tanta esta consideració n puede parecernos banales en la edad adulta, incluso
demasiado, tanto Un niñ o que ve por primera vez la duplicidad de ser es aprovechado
por el golfo que tal sentimiento medio abierto bajo sus pies.

Mardi Gras en el jardín de infancia. Todo el mundo tenía que venir disfrazado.
a la escuela. Día de fiesta. Tenías que ver la ropa y el maquillaje, los payasos y las
hadas, los policías y enfermeras, y especialmente los maravillosos e indó mitos
vaqueros. Todos los Niñ os disfrazados y vestidos, todos segú n lo acordado, todos
excepto él: una má scara simple cubría su cara, una má scara animal, dejando el resto
de su cuerpo a la suavidad y la estupidez de la vida cotidiana; Una má scara simple y
nada má s. Para empeorar las cosas, se encontraba solo luciendo un atuendo tan
miserable e infame. Nadie má s con quien tuvo. Podría rogar por cualquier
complicidad. ¿Quién podría entender su angustia, avergonzado de distinguirse así,
disminuido por tal destitució n? Siendo el ú nico se convirtió en dolor peor que la
muerte Algunas situaciones toman tal magnitud a esta edad; Cada edad parece saber
su propia imposibilidad de vivir. Pero no fue nada, porque el recuerdo má s vívido de
este memorable día en su mente aú n permanece en lo que sucedió después.

Madre indigna
Su madre vino a buscarlo al final de la tarde, al final de la fiesta. Finalmente, se
divirtió . Probando y ayudando a los juegos, gradualmente había olvidado su dolorosa
diferencia; nada Afortunadamente, el olvido logra su muy poco conocido trabajo de
beneficencia. Cuando la amante reconoció a su madre, se acercó a él y le preguntó por
qué su hijo había venido a Escuela sin disfraz, a diferencia de otros niñ os. La madre
tomó a su hijo de la mano y, con la confianza de que el niñ o se sentía como un
monstruo, fingió no saberlo que era necesario venir a disfrazarse en este festival,
creyendo que una simple má scara era suficiente. Al oír estas palabras, el pobre niñ o
quedó aturdido. Fue una eternidad que acosó a su madre tan que ella le encuentre un
disfraz. ¡Cuá ntas veces no le había preguntado insistentemente, sin ningú n resultado!
Esta respuesta lo disgustó , le repugnó . É l no sabía que podríamos Hablar así, decir sin
rodeos lo que no era verdad. ¿Y especialmente có mo pensar que su madre, a quien
adoraba, podría cometer tal infamia? En un apuro, tal vez podría haber aceptar que
este tipo de acto, nuevo para él, estaba reservado para otros, o para él, pero no para
ella. Pero en este sentido sus recuerdos permanecieron bastante vagos.

La infancia es la edad de todos los requisitos. La virginidad del alma no perdona falta.
Es un tipo de realismo que viene con los añ os, muy parecido a una enfermedad, como
una esclerosis de la mente. Ciertos trabajos o funciones nos llevan gradualmente a
adoptar posturas extrañ as, a capturar varios tics, a tomar malas posiciones que se
deforman. Nuestro ser o nuestra columna vertebral. Así que aquellos que han
practicado mucho la equitació n a veces tienen una forma extrañ a de caminar, con las
piernas ligeramente separadas y dobladas, como si siempre montaran un caballo
invisible. La mente sufre idénticamente la implacable y rígida ley del há bito. Si no
tiene cuidado, se dobla, gira y se convierte en prisionero de sus propias prá cticas,
marcado para siempre por las ideas que tolera en sí mismo. Uno nunca sale ileso,
tanto que si observa con atenció n a algunas personas mayores, jó venes o mayores, lee
en sus gestos e incluso en su rostro las emociones y los sentimientos que los animaron
con demasiada frecuencia.

Rutina y mentira

La mentira es uno de esos pequeñ os há bitos que son tan fá ciles de abandonar. "Los
hombres son lo que son, el sabio del servicio nos dirá , ¿por qué hacer un escá ndalo? ¿Y
qué es un disfraz para Mardi Gras? Estos son só lo pequeñ os, niñ os, naïvés cuyos hijos
ú nicos, jó venes o viejos, son capaces. Como adulto, ¿por qué arrastrar y tomar esos
recuerdos en serio, sin ningú n interés? La paz interior, querido amigo, nos asegura,
viene con la aceptació n de la realidad, las cosas como son. Su madre no tuvo má s
remedio que buscar un disfraz; tal vez ella no tenía suficiente dinero para comprar
uno, pero su orgullo le impedía confesarse con esta amante. "
Puede ser, pero a pesar de lo sensato de estos argumentos, algo nos mantiene a todos
en esta ira infantil, y siempre la recordaremos. Hay un amor legítimo por el bien y el
mal en este hijo que se siente engañ ado por palabras cobardes y traidoras.
¿Deberíamos realmente acostumbrarnos a hablar como una mascarada? El pobre niñ o
aú n no conoce el pacto, ignora estos vergonzosos arreglos; es ingenuo, no entiende el
interés de tal alojamiento. Aprenderá bien, se dará cuenta entonces, verá , la edad se
hará cargo de ello. Y es cierto que la edad está ahí, o má s bien está durmiendo.
Aparecen grietas, se escuchan crujidos, nos salimos y parcheamos, debe estar bien.
"Te sostengo, me abrazas por la perilla. ¡El primero en reír tendrá un swatter! "
¿Por qué este recuerdo se incrusta en su memoria? No hay duda aquí de la nostalgia,
ningú n jardín de flores adorna esta reminiscencia. ¿Trauma entonces? Sin embargo, la
evocació n no es só lo un dolor. Ella está presente, pero un sentimiento diferente afirma
su presencia. Una sensació n de despertar, emergencia. Se dice que el Buda histó rico,
príncipe de la sangre, había sido preservado durante mucho tiempo en la ilusió n de
eterna juventud y felicidad, hasta el día en que el sufrimiento apareció en sus ojos, en
forma de enfermedad y vejez. Sin esta ilusió n, sin este incidente, no podría haber sido
lo que era.
Verdadero o falso, el mito es real. Todos revivimos, má s tarde, en diversos grados y en
varias ocasiones, la grieta que experimentamos por primera vez al nacer. Primero
separació n de los cuerpos, luego la separació n de los espíritus; El shock es igual de
grave, como constitutivo del ser.