Está en la página 1de 3

Club de Lectura Urbano

NO TE ENAMORES DE UNA MUJER


QUE LEE
Martha Rivera-Garrido

No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que
escribe…
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca.
No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer
segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu
su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede
media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y vertigue un
inmenso horror por las injusticias. Una a la que le gusten los juegos de fútbol y de pelota y no le
guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su
cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica y lúcida e irreverente.
No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se
quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, JAMÁS se regresa.

YA NADIE SE ENAMORA
Lucas Hugo Guerra (Mind of Brando)

Dicen que ya nadie se enamora. Que el último romántico ha muerto y que las flores ya no saben
de floreros. Dicen que los besos a ojos cerrados pasaron de moda, que las cartas a puño son muy
lentas, que agarrarse de la mano es cosa de viejos. Dicen que abrirle la puerta a una dama, para
qué, si hay igualdad de derechos. Dicen que hay que pretender que uno no siente; que si te llaman
bien, y si no, también, y si te he amado no lo recuerdo; ¿cómo te llamabas?, que no me acuerdo.
Dicen que para todo hay que hacer una cita, consultar el calendario, la fecha, el horario, dos cafés
sin azúcar y pagamos a medias. Dicen que no hay diferencia entre el amor y el sexo, y que eso de
querer con el alma es puro cuento. Dicen que no aman porque les da miedo el amor, y aunque
tengan razón, nunca voy a estar de acuerdo. Porque digan lo que digan, aquí estoy yo,
Club de Lectura Urbano

escribiéndole al amor. Queriendo, besando, sufriendo, muriendo y resucitando; solo para amar de
nuevo.

LOS FORMALES Y EL FRIO


Mario Benedetti

Quién iba a prever que el amor, ese informal,


se dedicara a ellos tan formales
mientras almorzaban por primera vez,
ella muy lenta, y él no tanto,
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes,
su sonrisa la de ella era como un augurio o una fábula,
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella,
pero sus palabras, las de él,
no se enteraban de esa dulce encuesta,
como siempre o como casi siempre,
la política condujo a la cultura,
así que por la noche concurrieron al teatro,
sin tocarse una uña o un ojal,
ni siquiera una hebilla o una manga,
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias,
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos,
fue preciso meterse en un boliche,
y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor,
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frío estaba en sus labios, los de él,
de modo que ella, fábula y augurio,
le dio refugio y café instantáneos,
una hora apenas de biografía y nostalgias,
hasta que al fin sobrevino un silencio,
como se sabe en estos casos, es bravo
decir algo que realmente no sobre,
Club de Lectura Urbano

él probó sólo falta que me quede a dormir,


y ella probó por qué no te quedas,
y él, no me lo digas dos veces,
y ella, bueno por qué no te quedas,
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así, mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

Hagamos un trato
Maro Benedetti

Compañera usted sabe que puede contar conmigo no hasta dos, ni hasta diez, sino contar
conmigo.

Si alguna vez advierte que la miro a los ojos y una veta de amor reconoce en los míos, no alerte sus
fusiles ni piense qué deliro a pesar de la veta o tal vez porque existe usted puede contar conmigo.

Si otras veces me encuentra huraño sin motivo no piense qué flojera, igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato, yo quisiera contar con usted. Es tan lindo saber que usted existe, uno se
siente vivo y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos, aunque sea hasta cinco,
no para que acuda presurosa en mi auxilio sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que
puede contar conmigo.