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Las siete leyes del aprendizaje

Bruce H. Wilkinson

Guía de estudio preparada por la Facultad Latinoamericana de


Estudios Teológicos
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Publicado por Editorial Unilit


en coedición con Logoi, Inc. y
Ministerio Caminata Bíblica [Walk Thru the Bible Ministries]

LAS SIETE LEYES DEL APRENDIZAJE


Edición texto de estudio

© 2003 Logoi. Inc.


14540 S. W. 136 St. Suite 200
Miami, FL. 33186

Título original en inglés:


The Seven Laws of the Learner
© 1992 by Bruce H. Wilkinson
Published by Multnomah Press

Diseño textual: Logoi, Inc.


Portada: Meredith Bozek
Traductora: María Angélica Ramsay
Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina Valera 1960.

Todos los derechos reservados, ninguna parte de esta publicación puede


ser reproducida, ni procesada, ni transmitida en alguna forma o por algún
medio —electrónico o mecánico— sin permiso previo de los editores,
excepto breves citas en reseñas y debidamente identificada la fuente.

Producto: 496754
Categoría: Educación cristiana
ISBN: 0-7899-1168-X
DEDICATORIA

Durante muchos años el Sr. Hugh O. Maclellan, padre, y su señora,


habilitaron la obra de Dios alrededor del mundo. Tranquilamente, pero
fielmente, animaron y capacitaron a muchos de nosotros que sirven al Señor
en el frente de batalla, dándonos los recursos para luchar. El ministerio
Caminata Bíblica es una de las organizaciones que ha recibido el beneficio
de su apoyo generoso y su ánimo. Por medio de su apoyo bondadoso y
sacrificado, la enseñanza de Las siete leyes del aprendizaje ha sido
desarrollada y distribuida alrededor del mundo.
De parte del Cuerpo de Cristo en todo el mundo y el ministerio Caminata
Bíblica, expresamos nuestro aprecio más profundo a los señores Maclellan,
por su gran servicio, dedicación, y perseverancia. Sólo la eternidad podrá
revelar el impacto de sus vidas, pero les pido que acepten el pequeño gesto
de afecto de esta dedicatoria, hasta que escuchen el grito del Maestro al ser
recibido en la gloria, «Bien hecho buen siervo y fiel».
CONTENIDO

RECONOCIMIENTOS

INTRODUCCIÓN

PRIMERA LEY: LA LEY DEL AGENTE


1. La ley del agente; mentalidad, modelo y máximas
2. La ley del agente; el método y los maximizadores

SEGUNDA LEY: LA LEY DEL POTENCIAL


3. La ley del potencial; mentalidad, modelo y máximas
4. La ley del potencial; el método y los maximizadores

TERCERA LEY: LA LEY DE LA RETENCIÓN


5. La ley de la retención; mentalidad, modelo y máximas
6. La ley de la retención; el método y los maximizadores

CUARTA LEY: LA LEY DE LA EJECUCIÓN


7. La ley de la ejecución; mentalidad, modelo y máximas
8. La ley de la ejecución; el método y los maximizadores

QUINTA LEY: LA LEY DE LA NECESIDAD


9. La ley de la necesidad; mentalidad, modelo y máximas
10. La ley de la necesidad; el método y los maximizadores
Papua Nueva Guinea, Filipinas, Polonia, Rusia-Ucrania, Singapur,
Sudáfrica, España, Sri Lanka, Suecia, Suiza, Tailandia, Uganda, el Reino
Unido, y otros países. Además, nuestros directores internacionales están
guiando a sus países a una mayor madurez espiritual a través del ministerio
de Caminata Bíblica —gracias a Bryan Greenwood, David Lee, Bob
McNaughton, Cliff Keeys, Robert Moon, y Martin Deacon.
Mi brazo derecho durante más de una década ha sido Beverly Murphy.
Su servicio leal y su actitud de sierva me han dado mucho gozo y ella ha
sido un ejemplo para mí, mientras trabajamos lado a lado por muchos años.
Su ánimo, su trabajo de escribir a máquina, y sus sugerencias han sido
inestimables. Gracias, Beverly.
No hay duda de quién está más feliz que este libro por fin esté impreso
—mi familia. Mi esposa, Darlene, y nuestros hijos, Dave, Jenny, y Jessica
han soportado mis retiros frecuentes a la oficina para trabajar en Las siete
leyes. Han expresado comprensión cuando tuve que llevar el manuscrito
conmigo en vacaciones. Han compartido chocolate caliente conmigo en la
noche para animar mi corazón. ¡Gracias, familia, por su amor leal y su
comprensión! ¡Les presento el nuevo miembro de la familia Wilkinson!
Durante los años en que Las siete leyes del aprendizaje se estaba
desarrollando y enseñando, los estudiantes que tomaron el curso me
animaron y me enseñaron cosas muy valiosas. La Association of Christian
Schools International [Asociación Internacional de Escuelas Cristianas]
ayudó especialmente. Me permitieron tener el honor de enseñar estos
principios a más de quince mil profesores en salas de conferencia en todo
el país y en el extranjero. Dr. Paul Kienel y Dr. Phil Renicks son maestros
ejemplares, y su liderazgo y su amistad me han enriquecido mucho.
Probablemente el momento más satisfactorio en la enseñanza de Las
siete leyes del aprendizaje fue en las Filipinas con Campus Crusade for
Christ bajo la dirección de Bill Bright y por invitación de los directores
nacionales de entrenamiento, Sr. Curt Mackey y su señora. Me invitaron a

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enseñar Las siete leyes a su equipo de líderes de más de cien países, desde
México a Argentina, y en lugares tan remotos como Nepal, Bangladesh,
Pakistán, Taiwán, Hong Kong, Jordán, Sudán, Turquía, Ghana, Nigeria,
Zambia, Zaire, Burundi, Rusia, Polonia, Rumania, y Checoslovaquia.
¡Gracias, Campus Crusade, por su compromiso con Cristo y con la
educación continua y el entrenamiento de su personal!
Sobre todo, sin embargo, reconozco mi gratitud más profunda por el
Maestro de maestros, Jesucristo mismo. Él es el modelo real y el mentor de
los principios enseñados en este libro. He entregado mi vida para seguir su
liderazgo, y este libro es parte de ese peregrinaje personal. Aunque sea una
pequeña porción de Su sabiduría acerca del proceso de comunicación que
se capte en estas páginas, entonces mi objetivo más íntimo se ha logrado.
Finalmente, gracias a usted, amigo, por comprometerse a invertir su
dinero y su tiempo en su propio peregrinaje. Que su corazón sea
enriquecido, su comprensión ampliada, y sus habilidades perfeccionadas.

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INTRODUCCIÓN
Aunque parezca un poco extraño, debo explicar que este libro es el
resultado de diez años de arrepentimiento.
Mi arrepentimiento.
Aunque había estado enseñando y predicando toda mi vida, para mi total
sorpresa y consternación, encontré que una gran parte de mi filosofía y de
mi práctica de la comunicación había sido equivocada. Increíblemente
equivocada. Trágicamente mal dirigida.
Así que, a través de la investigación de las Escrituras y el estudio de
maestros y comunicadores ejemplares, empecé a arrepentirme y a cambiar.
Este libro es una destilación de ese peregrinaje personal, y revela la
revolución que ha ocurrido primero en mi pensamiento y después en mi
enseñanza.
Arrepentirse significa cambiar de mente. En términos modernos, lo
llamamos un «cambio de paradigma», que significa un nuevo marco de
referencia o patrón de pensamiento. Siete veces encontré conceptos en la
Biblia que eran exactamente opuestos a lo que había pensado.
Se ha escrito mucho acerca de la enseñanza cristiana, pero un repaso
breve de la materia muestra rápidamente que la literatura se concentra en
el contenido de la enseñanza y no en cómo se comunica el contenido.
Ciertamente la base de todo cambio de vida es la verdad que nos hará libres,
pero cómo se comunica esa verdad influye mucho en la cantidad de libertad
que disfrutamos.
Aunque este libro frecuentemente habla de contenido, su enfoque
principal está en lo que hace el maestro para enseñar ese contenido a los
estudiantes. Este libro mismo está lleno de contenido —pero el proceso de
aprenderlo no comienza hasta que el maestro enseñe este contenido a sus
alumnos. El profesor es el vínculo vivo entre el contenido y los alumnos, y el
corazón de la enseñanza está en cómo él o ella logra establecer ese vínculo.

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Ese proceso de traspasar exitosamente a la próxima generación el
contenido, el carácter, y la conducta deseados es la responsabilidad clave
del maestro. Los estudiantes vienen a nosotros con la necesidad de
«saber», de «ser», y de «hacer», y es nuestra responsabilidad capacitarlos
para ello.
El hecho de que usted está leyendo esta introducción indica que le
interesa el proceso, y está buscando maneras para ser más eficaz como
maestro o predicador, y quizás como padre o madre —porque todos
enseñamos— todo el tiempo.
Ha sido un descubrimiento asombroso viajar por todo el mundo durante
los últimos diez años y enseñar a líderes, pastores, comerciantes, maestros,
y padres. Y hay una cosa que he visto en todos los lugares: si un maestro
es aburrido en su propio país, será más aburrido todavía al otro lado del
globo. Si un profesor es irrelevante en su propio terreno, será aun más
irrelevante en terreno ajeno. Pero, si un maestro ha dominado el proceso de
enseñanza-aprendizaje, le puede pedir que enseñe cualquier tema en
cualquier país, y será increíblemente eficaz.
Algunas personas han podido —con años de práctica— dominar el arte
del aburrimiento. Casi sin esfuerzo, pueden hacer dormir a su público. Otros
han dominado los principios universales de la comunicación efectiva, y le
han dado cada vez en el clavo.
Donde sea que estén, y sea lo que sea que enseñen, sucede un cambio
permanente de vida. Gozan de la enseñanza, y ayudan a otros a gozarse de
la enseñanza.
¿Cómo lo logran? Se han hecho dueños de las leyes universales de la
enseñanza. Principios tan universales como la gravedad. Principios que
funcionan sin importar el tema, el orador, los estudiantes, o la sociedad.
Las leyes universales de la vida son increíblemente poderosas. Una vez
que las descubra, y sepa trabajar en cooperación con ellas, usted podrá

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usarlas para lograr sus metas. Cada vez. En cualquier lugar. Con cada
persona.
¿Le interesan las leyes universales que gobiernan la enseñanza y el
aprendizaje? Entonces este libro es para usted. Usted está a punto de
descubrir siete de ellas, con ejemplos en casi cada página para ilustrar cómo
funcionan en su vida.
Como las miles de personas que han aprendido estas leyes antes que
usted, encontrará que se pueden emplear inmediatamente. Quiero decir, en
el momento que lee o escucha acerca de ellas. Tantas personas me han
dicho que fueron a la casa después de la clase y rescribieron sus lecciones
para el día siguiente.
No dudaban de lo que debían hacer; sabían lo que debían hacer.
Nosotros se lo enseñamos, ellos lo aprendieron, y ellos lo practicaron.
A esto le llamamos enseñanza para cambiar vidas. Al menos que usted
sea una excepción especial, antes de terminar de leer este libro, tendrá un
enfoque muy distinto de la enseñanza.
Nunca olvidaré la carta que recibí hace poco de una señora que animó
a su pastor a asistir a la conferencia de Las siete leyes del aprendizaje,
porque la iglesia a la que asistía moría de una sobredosis de aburrimiento e
irrelevancia. Dijo que el posterior sermón de su pastor parecía ser de otra
persona. El pastor era práctico, traía cambios en las vidas, era interesante,
bíblico —y tan relevante que ella dijo que sentía que él había entendido las
necesidades de la iglesia en un instante.
Más adelante, recibí otra carta. Del pastor. Estaba tan lleno de gratitud
porque el Señor le había permitido aprender la verdad acerca de la
enseñanza y la predicación. Por primera vez en su prolongado ministerio, la
gente estaba cambiando. En forma definitiva. Así que me escribió para
agradecerme. Es ese tipo de carta que guardo como un tesoro.
Quizás algún día, si estos principios universales revolucionan su
enseñanza, recibiré una carta de usted.

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Por ahora, permítame explicar cómo sacar el mayor provecho de este
libro.

La organización del libro


Cada una de las siete leyes es explicada en dos capítulos. El primero
capítulo de la ley apunta a un cambio en sus creencias acerca de la
enseñanza, y el segundo se dirige a un cambio de su conducta como
maestro; El primero habla de su actitud, y el segundo habla de sus acciones;
primero la filosofía, y después la práctica.
En el fondo, todo lo que hacemos depende de lo que pensamos. La Biblia
lo expresa simplemente: «Tal como un hombre piensa en su corazón, así
es». Por lo tanto, si podemos cambiar nuestra manera de pensar, la manera
de vivir también será cambiada.
La meta del primer capítulo de cada ley es crear un cambio poderoso de
paradigma en su manera de pensar —arrepentimiento hacia una manera
bíblica de pensar.
La meta del segundo capítulo de cada ley es capacitarlo con un método
eficaz y con un nuevo enfoque que puede utilizar inmediatamente la próxima
vez que enseñe —una renovación en su proceso de enseñanza.
Las leyes son independientes entre sí, y pueden existir solas como
unidades. No obstante, han sido ordenadas en la manera más lógica para
maximizar su utilidad. Si tiene la necesidad o el interés en ver alguna ley en
particular, puede saltar a la ley que sea apropiada en el momento.
Si quiere aprender a enseñar velozmente a sus alumnos dos veces más
contenido en la mitad del tiempo, entonces la ley de la retención es para
usted. Busque el capítulo cinco, y proceda rápidamente a descubrir los
cuatro niveles de enseñanza que Dios reveló a Moisés.
Si quiere aprender a cultivar un alto rendimiento, para que sus
estudiantes sean todo lo que puedan, entonces la ley del potencial es para

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usted. Busque el capítulo tres, y observe cómo sus estudiantes prosperan
como nunca antes.
Si quiere aprender a enseñar para cambiar vidas, para que sus
estudiantes sean realmente diferentes, y experimenten cambios positivos y
permanentes, entonces la ley de la ejecución es para usted. Busque el
capítulo siete, y observe cómo sus estudiantes empiezan a experimentar
cambios verdaderos casi inmediatamente.
Si quiere aprender a motivar a sus estudiantes para que tengan el deseo
de ir a su clase para aprender, entonces la ley de la necesidad es para usted.
Busque el capítulo nueve, y descubra las cinco pautas que Cristo usó para
motivar a sus alumnos. Funcionarán cada vez para usted.
Si desea avivar su pasión por la enseñanza, para que disfrute como
antes, entonces la ley del agente es para usted. Busque el capítulo uno y
descubra el significado asombroso detrás de las palabras enseñar y
aprender desde la perspectiva bíblica.
Si desea aprender a enseñar una habilidad a sus estudiantes, ya sea
hablar en público, jugar tenis, o evangelizar, aunque sean lentos sus
estudiantes, entonces la ley del desarrollo es para usted. Busque el capítulo
once, y aprenda las cinco pautas usadas por cada programa exitoso de
capacitación, incluyendo lo que hizo Cristo en el entrenamiento de sus doce
mejores líderes.
Si desea aprender a guiar a sus estudiantes en su caminar diario con
Dios y a crecer espiritualmente, entonces la ley del avivamiento es para
usted. Busque el capítulo trece, y aprenda el proceso que un maestro utilizó
con el rey David, para que volviera al Señor. Utilícelo la próxima vez que su
corazón esté afligido por un estudiante descarriado.

14
Una última palabra antes de empezar
Nunca lo olvidaré.
Era un profesor jubilado que asistió a un seminario de Las siete leyes del
aprendizaje porque estaba aburrido —y su carrera como profesor había
terminado. Me vino a ver después de la conferencia con lágrimas en los ojos.
Había experimentado tres días difíciles de arrepentimiento en su corazón, al
ver cuán lejos había estado su propia enseñanza de las pautas bíblicas.
Un año después volvía a la misma ciudad para otro seminario de Las
siete leyes del aprendizaje. La primera persona que llegó caminando con
ánimo era este profesor jubilado. Pero esta vez caminaba con propósito y
sus ojos tenían una chispa. Casi no podía contener su gozo, y cuando me
dijo lo que había pasado, tampoco podía yo.
Me dijo que cuando salió de la conferencia el año anterior, se había
sentido tan conmovido que quería tener otra oportunidad para enseñar «de
la manera verdadera». Pero no podía imaginar cómo iba a poder hacerlo,
así que empezó a pedir a Dios que le diera otra oportunidad en la sala de
clases. Quería ver por sí mismo cómo funcionarían Las siete leyes del
aprendizaje.
Pasaron unos pocos días cuando el director de la escuela donde había
enseñado lo llamó. Uno de los profesores se había enfermado, y el director
le preguntó si podía enseñar un año más.
Sacó del bolsillo de su abrigo un papelito azul doblado. «Este papelito lo
dice todo», me dijo sonriendo. Todas las clases que enseñó estaban
anotadas, con una lista de los alumnos y sus notas.
Las notas no eran muy buenas cuando empezaron. Muy pocos tenían
las notas más altas, y varios estaban casi reprobando. Pero abrió el papelito
para mostrar las notas al final del año, debido a su práctica de las Siete
leyes. ¡Estaban casi al revés! En vez de tener a la mayoría al borde de
reprobar, la mayoría tenía las notas más altas posibles.
¡Dramático!

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Sus ojos estaban llenos de lágrimas mientras compartía una y otra
historia de estudiantes que habían cambiado. Les ayudó a aprender, a
florecer, a llegar a su máxima capacidad, poniendo en práctica las lecciones.
Les enseñó las verdades a través de la enseñanza veloz, motivándolos
cuando perdían el interés o se desanimaban. Les entrenó para ser
competentes, y trabajó con los alumnos seculares dentro y fuera de la sala,
desarrollando su carácter y sus valores.
Estaban terminando de dar los avisos, y el anfitrión de la conferencia me
estaba señalando que debíamos empezar la conferencia de Las siete leyes
del aprendizaje. Pero mi corazón estaba todavía cautivado por la increíble
historia de este profesor jubilado. Dobló el papelito azul, lo puso en mis
manos, y dijo, «Ahora, vaya a compartir estos principios revolucionarios con
este grupo de profesores, ¡y el próximo año habrá cientos de papelitos
azules como el mío!»
¡Saque su papelito azul, mi amigo, y afírmese bien mientras disfrutamos
este peregrinaje maravilloso de la enseñanza que llamamos Las siete leyes
del aprendizaje!

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PRIMERA LEY
LA LEY DEL

Agente
1
LA LEY DEL AGENTE; MENTALIDAD,
MODELO Y MÁXIMAS

La primera vez que le escuché enseñar, pensé dentro de mí, «¡Quiero


aprender de este hombre!» Su nombre era Howard G. Hendricks. Fui al
seminario para aprender todo lo que pude de este maestro eminente. Quería
aprender, no solamente el contenido de su enseñanza, sino también su
método de enseñanza.
Durante los cuatro años de estudio de postgrado, le escuché más de 350
horas, y siempre salía de su sala instruido, desafiado, y un paso más cerca
de Dios. Cuando estaba en el último año, empecé a preguntarme si el
«profe» entendía la palabra «aburrido».
Después de estudiar cómo él enseñaba durante cuatro años, descubrí
que seguía un estilo básico. Como tres minutos antes de que empezara la
clase, comenzaba a zapatear con su pie derecho debajo del viejo escritorio
de madera de roble. Exactamente en el mismo segundo que el reloj marcaba
la hora, levantaba el dedo índice de la mano derecha y decía, «Damas y
caballeros…», y anunciaba una frase simple que era tan provocativa que
todos la anotábamos inmediatamente. Después de tres minutos contaba su
primer chiste. En ocho o diez minutos, inevitablemente se paraba del
escritorio para dibujar un gráfico en la pizarra blanca. Siempre usaba el
marcador azul primero. Después el de tinta púrpura. Siempre subrayaba con

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una línea retorcida para dar énfasis. Su ritmo era fácil de identificar; y daba
resultados —pregunte a los miles que han estudiado con él.
En el último año del seminario, quise probar al Dr. Hendricks. Quería ver
qué haría este maestro eminente si uno de sus alumnos no prestaba
atención —sin importar lo que él enseñara. Me senté en la última fila atrás,
al lado derecho cerca de una ventana, y decidí fijar la vista por la ventana
durante toda la clase. Había solamente treinta alumnos en la clase, así que
estaba seguro que se daría cuenta. Saqué mi reloj, y empecé a tomar el
tiempo. ¿Qué haría si no pudiera ganar mi atención?
Tal como esperaba, empezó captando la atención con su frase llamativa.
Aunque mi mano temblaba, resistí la tentación de anotar la frase. Pude mirar
de reojo que se dio cuenta inmediatamente que no estaba prestando
atención. Rompió la tradición y contó un chiste en el primer minuto —
totalmente fuera de contexto. Si me hubiera reído, se habría dado cuenta
que estaba escuchando, así que me tapé la boca y seguí mirando por la
ventana.
Cuando habían pasado dos minutos, se levantó de la silla y empezó a
escribir en la pizarra —muy temprano. Otra vez se fijó que no estaba
tomando apuntes, y paró en medio del gráfico, sin terminarlo.
Puso el marcador en la mesa y caminó hacia el rincón del salón para
mirarme por el pasillo —tratando desesperadamente de hacer contacto
visual conmigo. Empecé a sudar, pero el tiempo pasaba, y no iba a prestarle
atención.
Finalmente, cedió. Este maestro eminente casi saltó por encima de las
sillas para acercarse a mí, y gritó, «Wilkinson, ¿qué estás mirando por la
ventana?»
Con una mirada tímida, me di vuelta y le dije, «Nada, profe, lo siento».
Miré mi reloj para determinar qué nota le daría. ¡Solamente tres minutos y
treinta y siete segundos habían transcurrido! ¡Increíble! Su tolerancia por un
solo alumno que no prestaba atención estaba limitada a 217 segundos.

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Con esa experiencia fresca en mi mente, caminé a la próxima clase en
que enseñaba otro profesor. ¡Qué contraste! En un lado de la sala, había
muchos alumnos que nunca escuchaban, sino que hacían sus tareas para
otra clase. Sin embargo, a este profesor no le importaba; solamente se dio
vuelta hacia los alumnos en el otro lado de la sala. Su enfoque era, No es
mi problema si no quieren aprender.
¡Qué contraste de enfoque del maestro —y qué contraste de aprendizaje
de parte de los alumnos! ¡Un profesor podía tolerar sólo unos pocos
segundos que un solo alumno perdiera lo que estaba enseñando, mientras
que el otro permitía indiferencia durante todo el semestre!
¿Cómo le habría ido a usted en una prueba así, cuando un alumno
mirara por la ventana? ¿Le habría importado? ¿Estaría todavía avanzando
el reloj, sin que usted hiciera nada?
El Dr. Hendricks creía que el profesor era responsable por el aprendizaje.
Por contraste, el segundo profesor creía que él era responsable por pasar la
materia, sin importar si alguien aprendiera algo.

La mentalidad de la ley del agente


¡Qué ejemplo extraordinario de la ley del agente! El Dr. Hendricks creía
que como profesor, él era responsable de que yo aprendiera. Un agente es
la fuerza que produce una acción o un resultado, y él sabía que él era el
agente del proceso de aprendizaje. Se sentía responsable, y si el alumno no
aprendía, hacía lo que fuera necesario —cambiar su plan de la clase, su
estilo, contar un chiste irrelevante, incluso atravesar el salón para
confrontarme.
En contraste, la mentalidad del segundo profesor estaba limitada a su
responsabilidad de cubrir la materia, sin importar si alguien aprendía o no.

19
Esta actitud fundamental es el corazón de Las siete leyes del
aprendizaje. En un sentido, todas las leyes son como una fila de dominós;
el primero controla todos los demás.
Cada maestro brillante que yo conozco comparte esta mentalidad y
siente que es su responsabilidad hacer que el alumno aprenda.
Pero, ¿sabe cuál es la mentalidad predominante en la predicación y la
enseñanza hoy? Ha sucedido un divorcio trágico —los maestros se han
separado de los alumnos y han redefinido la enseñanza como lo que ha
dicho el profesor en vez de lo que ha aprendido el alumno.
Los maestros han redefinido la enseñanza como «la expresión
coherente de un adulto frente a una clase de alumnos pasivos». Creen que
su responsabilidad principal es la de cubrir la materia en una manera
organizada.
Piensan que la enseñanza es lo que hacen ellos —están enfocados en
sí mismos. Muchos maestros cubren su materia y se van del salón con la
impresión de que han enseñado. Pero si tomáramos una prueba de sorpresa
a los alumnos, encontraríamos que no han aprendido nada. El divorcio entre
la enseñanza y el aprendizaje es trágico, y es la raíz de muchos de nuestros
problemas educacionales.
El Dr. Hendricks era modelo de una mentalidad revolucionaria. Él vio la
enseñanza, no tanto en términos de lo que él hacía, como en términos de lo
que hacían los alumnos. No estaba enfocado en sí mismo, sino en sus
alumnos. Ya que ese alumno mirando por la ventana no estaba aprendiendo,
el Dr. Hendricks se dio cuenta de que él no podía enseñar. Por eso dejó de
entregar su materia y corrió hacia atrás.
¿Puede imaginar la diferencia que haría en su vida y en la vida de los
alumnos si se uniera al Dr. Hendricks en esto?
Además, ¿qué dice Dios acerca de este tema de la enseñanza? ¿Podría
ser que hemos abandonado la perspectiva y la dirección que Dios ha dado
a los maestros?

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Hemos estado preguntando a la gente en nuestros viajes cómo definirían
las responsabilidades de un maestro. Una y otra vez dicen, «enseñar la
verdad», o «cubrir la materia», o «cumplir el plan de la clase». ¡El enfoque
de estas definiciones obviamente no está en el aprendizaje de los alumnos!
Por alguna razón pensamos que la enseñanza consiste en hablar. Si voy
al salón de clases, si alcanzo a cubrir la materia en mis apuntes, si le hago
reír un par de veces, si usted escribe apuntes y quizás haga un par de
preguntas, entonces yo le he enseñado. No, eso no es enseñar. La
enseñanza bíblica no existe hasta que los alumnos hayan aprendido. Si ellos
no han aprendido, yo no he enseñado.
¿Qué significa cuando la Biblia habla de «enseñar» y «aprender»? ¿Dios
separa la enseñanza y el aprendizaje? Miremos un par de versículos en
Deuteronomio que son semejantes, pero que tienen enfoques distintos. Uno
está centrado en la enseñanza, y el otro en el aprendizaje.
Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo
pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por
obra. (Deuteronomio 5:1)
¿Qué significa «aprender»?
Ahora, pues, oh Israel, escucha los estatutos y los juicios que yo os enseño, para
que los ejecutéis, a fin de que viváis, y entréis a tomar posesión de la tierra que el
Señor, el Dios de vuestros padres, os da. (Deuteronomio 4:1, LBLA)
¿Qué significa enseñar? ¿Cómo están relacionados los dos conceptos
—enseñar y aprender? ¿Están divorciados el uno del otro como hemos
llegado a creer?
Para captar el significado completo de estas palabras, investiguemos los
términos en el hebreo original. La palabra aprender en 5:1 es ítdmlw
[ulemadetem] y la palabra enseñar es dmlm [melamed]. Cuando se sacan el
prefijo y el sufijo de la palabra hebrea para aprender, queda la raíz dml
[lamad]. Cuando se sacan el prefijo y el sufijo de la palabra hebrea para
enseñar, también queda la raíz dml [lamad].

21
¿Puede usted creer eso? ¡Es la misma palabra! Sí, la misma palabra
hebrea significa aprender y enseñar. ¿Se da cuenta de lo que significa eso?
No podemos separar la enseñanza del aprendizaje. Son casados, y son uno
solo. De alguna manera lo que hace el maestro y lo que hace el estudiante
deben estar inseparablemente relacionados.
Hay algo más que entender acerca de esta palabra hebrea para enseñar
y aprender. La raíz significa «aprender», pero cuando se modifica,
cambiando a una forma verbal llamada «piel», el significado cambia a
«enseñar».
Según la gramática hebrea, la idea fundamental de la forma «piel» es
«ocuparse con entusiasmo en la acción indicada por la raíz de la palabra».
¿Cuál es la raíz de esta palabra? «Aprender». Entonces, enseñar significa
ocuparse con entusiasmo en el aprendizaje del alumno. La forma «piel»
también significa «incentivar», «causar a otros a hacer algo», o «perseguir
con ánimo alguna acción».
¿Ve como la mentalidad bíblica es opuesta a la mentalidad típica? La
Biblia dice que enseñar significa «hacer que aprendan». Esto es el meollo
de la ley del agente. Ya no podemos considerar la enseñanza meramente
como algo que el profesor hace en el salón de clases. La enseñanza es lo
que hace el maestro en el alumno. ¿Cómo sabe usted si es buen maestro?
Por lo que aprenden sus alumnos.
Por eso el Dr. Hendricks dejó de hacer lo que estaba haciendo y atravesó
la sala para desafiarme. Él sabía que él no estaba enseñando porque yo no
estaba aprendiendo.
¿Puede usted imaginar lo que sucedería en las aulas de nuestro país si
los profesores volvieran a su heredad legítima? ¿Si caminaran entre las
sillas de las clases, no con sus apuntes, sino con sus alumnos? ¿Si hicieran
votos de ser obedientes al mandato bíblico de «hacer que aprendan»?
Produciría una revolución. El aprendizaje volaría de nuevo, la disciplina

22
volvería, y los alumnos comenzarían a disfrutar del aprendizaje en vez de
odiar la escuela.

El modelo de la ley del agente

La ley del agente se ilustra en este esquema. El cuadro de la izquierda


representa al «maestro» o al «comunicador». El cuadro del centro es el
«tema» o el «contenido». El cuadro de la derecha representa al «alumno» o
a la «clase».
Las dos flechas cortas representan las acciones del alumno o del
maestro. Normalmente el maestro se concentra en el tema —«expone» y
«expresa» el tema— mientras el alumno «escucha» y «escribe» esas
palabras. Fíjese en ambos puntos de concentración, están en el proceso de
pasar la materia. Lo que ocurre frecuentemente es una falta completa de
aprendizaje. Los estudiantes pueden poner sus mentes en «neutro», usando
solamente sus lápices, y se deslizan hacia el «pozo de la pasividad».
La mentalidad ponderada requiere que el maestro cambie su
concentración del tema hacia el alumno. Esto se representa con la flecha

23
más grande abajo, apuntando desde el maestro hacia el alumno con las
palabras «hacer que aprendan».
Una de las citas más llamativas que he leído ha sido la de un padre
frustrado que vivía en un barrio pobre. Hablaba del dramático fracaso del
sistema de educación en no causar que su hija aprendiera:
Ustedes operan un monopolio como la compañía de teléfono. No puedo elegir
dónde envío a mi hija a la escuela. Solamente puedo enviarla donde es gratis.
Y no está aprendiendo.
Esa es su responsabilidad: es la responsabilidad del director y del maestro, que ella
no está aprendiendo. Y cuando fracasan ustedes, cuando alguien le falla a mi hija,
¿qué sucede? No despiden a nadie. Nada sucede a nadie, excepto a mi hija.1
¡Qué trágico! ¡Pero es verdad! El libro Las siete leyes del aprendizaje se
escribió con el objetivo de capacitarlo a usted para cambiar lo que dice esa
cita. Usted enseñará tan eficazmente que nadie podrá ni pensar en mirar por
la ventana. Usted llegará a ser un agente efectivo en el proceso del
aprendizaje.

Las máximas de la ley del agente


Esta sección de las máximas sigue desarrollando el concepto principal
presentado en la mentalidad y el modelo. Para clarificar y aumentar su
comprensión, la «idea grande» que estamos considerando se investiga de
distintos ángulos y distintas perspectivas. Una máxima es una afirmación
breve de un principio general, o una verdad. Por lo tanto, cada máxima que
sigue refleja una faceta distinta del concepto de «hacer que aprendan».
Cuando termine esta sección, tendrá mejor comprensión del significado y la
importancia de lo que significa «hacer que aprendan». Cuanto más profunda
y completa sea su comprensión, más fácil será utilizar esta verdad en su
propia enseñanza.

1
Christianity Today, 10 de abril, 1981, 47.

24
Máxima 1: Los maestros son responsables de hacer que sus alumnos
aprendan
Era una oportunidad única para hacer un experimento. Era mi primera
clase mi primer día de mi primer año de enseñanza universitaria. Mi carrera
era una hoja en blanco, y mi reputación no se había establecido. Mis
alumnos no sabían qué esperar.
Comenzó la clase y empecé a enseñar tal como había aprendido de la
mayoría de mis profesores. Usted sabe, el bosquejo tradicional con puntos
principales y subpuntos.
Los estudiantes diligentemente tomaron apuntes. Después de
aproximadamente veinticinco minutos, le dije a la clase: «Por favor guarden
sus papeles; vamos a tener una prueba». Se podía casi escuchar como sus
corazones se detenían —a unísono. Eran alumnos del primer año, y esta
era su primera clase. Cuando di el aviso de la prueba —su primer día— su
mundo casi se vino abajo. Finalmente una jovencita sentada en la última fila
rompió el estruendoso silencio:
—Pero, señor, no hemos tenido la oportunidad de estudiar esto todavía.
—Yo sé, pero veamos cómo les va —dije.
No ofrecí ninguna explicación, porque habría arruinado el experimento.
Sonaron los cuadernos mientras buscaban papeles en blanco; entonces el
ambiente se puso muy quieto. Hice algunas preguntas sobre lo que había
enseñado en los primeros veinticinco minutos de «enseñanza».
Todos menos un par de alumnos reprobaron. Totalmente. Había mucha
tensión, y podía traducir las miradas que se hacían de un lado a otro de la
sala, «¡Voy a cambiar a otra clase!»
Entonces la jovencita en la última fila levantó la mano de nuevo.
Obviamente estaba acostumbrada a sacar buenas notas.
—¡Eso no lo puede contar! —protestó.
—¿Por qué no?

25
—¡No es justo! ¡No tuvimos tiempo para aprender la materia!
—¿Cómo le fue en la prueba?
Ella miró hacia abajo y dijo:
—Sesenta por ciento.
—¿Quién soy yo? —pregunté.
—El profesor.
—Y ¿qué debe hacer el profesor? Hacer la clase, ¿verdad?
Me detuve y sonreí.
—Si yo soy el profesor y soy responsable por enseñar la materia, ¿cómo
me va hasta ahora? ¿Qué nota me daría a mí?
Sus caras me indicaban que estaban por gritar.
—Señorita, si su nota revela cuán efectivamente enseñé la clase hoy,
¿qué nota me daría?
Nadie estaba respirando. Con todo su ser, esta señorita quería decirlo,
pero no estaba segura si debía. Así que le dije:
—Su nota es mi nota. Lo que usted aprendió o no aprendió depende de
mi trabajo como profesor. Así que su nota de sesenta por ciento indica que
no he hecho bien mi trabajo. No hice que aprendiera. ¡Deme una nota de
reprobado!
Los alumnos estaban atónitos.
Me saqué la chaqueta, me solté la corbata, y seguí.
—Ahora, ¿por qué están pagando tanto por esta curso sin esperar que
yo haga bien mi trabajo? ¿Cómo puedo «enseñar» durante casi treinta
minutos y nadie en la clase aprende nada? ¡Pensé que mi trabajo era ayudar
a ustedes a aprender!
Querían asentir con la cabeza. Algunos querían gritar de alegría. Esto
estaba empezando a tener sentido.
—Desde ahora en adelante, cuando ustedes vengan a esta clase, yo
asumiré la responsabilidad por su aprendizaje. Si vienen con la mente

26
abierta, y con el corazón dispuesto, entonces, yo cumpliré con mi deber
como profesor de llenar su mente y su corazón.
Durante los próximos veinte minutos, les enseñé. Les enseñé hasta que
aprendieran la materia. Entonces les tomé una prueba, y todos menos dos
sacaron la calificación más alta posible. Con una sonrisa, les dije que la
primera prueba no valía, porque no quería archivar tan acusatoria evidencia
de tan mala enseñanza. ¡Ah, el gozo de enseñar!
¿Cuántas veces usted y yo hemos estado sentados en una clase durante
una hora, cumpliendo con nuestro deber de escribir apuntes, y cuando
alguien nos pregunta qué aprendimos en la clase, ¡no podemos recordar
nada! ¿Podríamos decir bíblicamente que hemos «aprendido» algo? Ese
«pozo de pasividad» puede atraparnos si no tenemos cuidado.
¿Está captando la inmensa importancia de esta mentalidad, que el
maestro es responsable por el aprendizaje? Obviamente los alumnos son
responsables por aprender la materia, pero el profesor es responsable por
hacer que aprendan.
En gran parte, se ha hecho creer a las últimas generaciones de maestros
que no son los responsables, que solamente los alumnos lo son. Cualquier
intento de relacionar el rendimiento del alumno con la efectividad del
maestro rápidamente produce la tercera guerra mundial.
¿Es nuestro tema realmente nuevo, o solamente olvidado? ¿No hemos
abandonado trágicamente lo que antes era muy claro? Por ejemplo, ¿qué
cree usted que dice el diccionario en la definición de «enseñar»? ¡Qué
sorpresa! El diccionario define «enseñar» como «causar que se conozca
algo»2. Entonces, si a los estudiantes no se les ha «causado que conozcan
la materia», ¿ha sido eficaz el maestro? Posiblemente muchos profesores

2
N.del E.: Esta definición es una traducción al español de la definición en inglés
que aparece en el diccionario Merriam Webster.

27
hoy sean ineficaces porque ya no se consideran responsables por el
aprendizaje de los alumnos.
La médula de Las siete leyes del aprendizaje es un compromiso total con
la responsabilidad de hacer todo lo que se pueda para hacer que el alumno
aprenda.
Hace años mi hijo y yo estábamos hablando de la enseñanza, y le
pregunté si alguna vez había tenido que aprender algo una y otra vez, algo
que tenía que aprender, pero que no pudo.
Se rió y dijo:
—¡Sí! ¡Lenguaje! ¿Tú sabes cuántas veces he aprendido lenguaje,
papá? Todavía no lo entiendo.
Dije:
—David, nunca te han enseñado lenguaje.
—¿Qué quieres decir?
—Si no lo aprendiste, tu profesor no te lo enseñó.
—Claro que sí. Estudiamos lenguaje por semanas.
—David, ¿te siguió enseñando hasta que aprendiste?
—No, papá. Dijo que tenía que seguir adelante.
—Bueno, ¿había otros alumnos en tu clase que tampoco aprendieron?
Se rió.
—Muchos, papá. La mayoría de mis amigos tampoco lo entendieron.
Pero tuvimos que seguir adelante con el libro.
Lo puede entender ahora, ¿verdad? La profesora de mi hijo pensaba que
tenía que cubrir la materia del libro, en vez de enseñar a sus alumnos. Esta
ley dice que la profesora no enseñó, porque no hizo que sus alumnos
aprendieran.
Aunque insistimos sin vacilar que el maestro es responsable, tenemos
que agregar inmediatamente que comparte esta responsabilidad con otros:
los alumnos, sus padres, otros individuos, y la sociedad en general. El

28
profesor no es el único responsable por los alumnos, pero es a él a quien
estamos considerando en este libro.
Cuando la gente empieza a entender esta ley, comienzan a asumir su
responsabilidad. Ha sucedido tantas veces cuando enseño este curso en
todo el mundo. Se ilumina y el maestro se da cuenta, «es mi
responsabilidad». Entonces todo cambia, porque cuando usted y yo
aceptamos nuestra responsabilidad legítima, como lo desea Dios, el
aprendizaje vuela.
Una noche durante la cena familiar, mi hijo anunció que no iba a sacar
muy buena calificación en matemática. Cuando le pregunté qué pasaba, me
informó cortésmente:
—Papá, las calificaciones en matemática no son culpa mía. Mi profesor
es aburrido y la clase es terrible. ¡Necesita asistir a un curso de Las siete
leyes del aprendizaje, porque no está haciendo que aprendamos!
Mi esposa me miró, y yo capté que estaba pensando, «¿Qué estás
enseñando a nuestros hijos?» Me di cuenta de que la situación reclamaba
una explicación creativa inmediata.
—Bueno, hijo, estás olvidando la ley del estudiante —dije.
—¿Qué? ¡Nunca hablaste de esa ley en la conferencia!
—Yo sé. Estoy inventándola ahora para ti y para todos los que intenten
seguir tu ejemplo creativo. La ley del estudiante dice que el estudiante es
responsable por aprender, a pesar de la calidad del maestro. ¿Me explico,
David? Cuando seas profesor, enseña como si fueras cien por ciento
responsable. Cuando seas alumno, aprende como si fueras cien por ciento
responsable.
Podía ver que no le gustó a David, pero a mi esposa sí le gustó.
—Pero, entonces, ¿quién es responsable, papá? ¿Yo y mi profesor?
—¡Sí! ¡Lo entendiste, David! Los dos son cien por ciento responsables.
Y, no te olvides, hijo, ¡tendrás que rendirme cuentas por el cien por ciento
tuyo de este curso!

29
(Los comentarios de David me hicieron recordar el dicho de Joseph
Bayly, «¡No dejes que la escuela interfiera con la educación de tu hijo!»)
La ex secretaria de educación de los Estados Unidos, Shirley M.
Hufstedler, tenía razón cuando dijo: «El secreto del éxito de un maestro es…
que acepte personalmente la responsabilidad por el éxito o fracaso de cada
alumno. Los maestros que asumen personalmente la responsabilidad por
los éxitos y los fracasos de sus alumnos… producen alumnos con mayor
rendimiento».3

Máxima 2: Los maestros tendrán que rendir cuentas a Dios por su


influencia
La hermana de la responsabilidad es la rendición de cuentas. Cuando
alguien nos delega responsabilidad por un cierto proyecto, normalmente
tenemos que rendir cuentas por los resultados.
La Palabra de Dios claramente revela que cada uno rendirá cuentas a
Dios por el cumplimiento de sus instrucciones.
Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo,
para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo,
sea bueno o sea malo. (2 Corintios 5:10)
Habrá un día futuro de rendición de cuentas. Todos tendremos que rendir
cuentas por nuestras motivaciones, palabras, acciones, y fidelidad. Pero
Dios ha dicho que algunos tendremos que rendir cuentas más que otros.
Repetidamente la Biblia nos advierte que los líderes tenemos una
responsabilidad más seria, y que tendremos que rendir cuentas por ella.
Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que
recibiremos mayor condenación. (Santiago 3:1)
Santiago es claro: los maestros seremos juzgados más estrictamente
por Dios porque tenemos mayor responsabilidad. Daremos cuenta a Dios,

3
U.S. News & World Report, 8 de septiembre, 1980, 48.

30
no solamente por cómo vivimos, sino también por cómo enseñamos.
Tenemos que enfrentar un juicio más estricto por nuestro trabajo como
maestros.
Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras
almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no
quejándose, porque esto no os es provechoso. (Hebreos 13:17)
El autor de la Carta a los Hebreos también dice que los que tienen
posiciones de autoridad tienen que dar cuenta. Por esta razón, el autor
anima a los creyentes que están bajo su cuidado a obedecerlos y someterse
a ellos, haciendo así más fácil para ellos cumplir su responsabilidad. Según
este versículo, parece que no solamente los maestros rendirán cuentas, sino
también sus alumnos.
Hay varias implicaciones prácticas de esta máxima. Primero, ¡la única
razón que Dios pide cuentas a los maestros es que somos responsables!
Segundo, Dios ve el papel y la responsabilidad de la enseñanza como algo
extremadamente importante. No permita que la falta de respeto en nuestra
sociedad por los maestros minimice el honor que usted les da. Tercero, deje
que el énfasis de Hebreos 13:17 le impacte plenamente. Recuerde, maestro,
«velad por sus almas», ¡y no solamente por sus calificaciones!
Finalmente, algunas clases y algunos alumnos le darán más dolores de
cabeza que otros. Recuerde que tales clases y tales individuos son parte del
territorio de la enseñanza. Aun el Maestro de maestros tenía alumnos como
los saduceos, los fariseos, y el sanedrín, quienes atacaban no solamente el
contenido de su enseñanza, sino también su reputación, y finalmente su
vida. No se deje engañar por el concepto falso que, si enseña por los motivos
correctos y con todo su corazón, todo resultará automáticamente de
maravilla. ¡Puede ser que no resulte así! Dios nunca prometió darle una
clase que siempre responda gozosamente a usted y al tema que está
enseñando.

31
Fije sus expectativas claramente. Enseñe cuando sienta gozo, y enseñe
cuando sienta dolor. Enseñe porque Dios lo ha llamado y comisionado.
Enseñe por causa de las calificaciones de sus alumnos en su prueba, y
enseñe por causa de las calificaciones en su propio Examen Final.

Máxima 3: Los maestros son responsables, porque ellos controlan el


contenido, el estilo, y al orador
Aunque no siempre lo parece, el maestro tiene un control increíble sobre
el proceso de la enseñanza-aprendizaje. El maestro es el agente que
produce el resultado. Por esa razón, es justo que el Señor nos pida cuentas.
Considere un momento lo que el maestro puede controlar:
1. Control completo sobre el contenido. El maestro puede controlar cada
palabra que pronuncia. Si quiere cambiar el contenido en algún momento,
por cualquier razón, lo puede hacer. Si quiere dar una ilustración, lo puede
hacer. Si quiere profundizar en alguna área y pasar por encima de otra, lo
puede hacer. Si quiere contar un chiste para romper con el aburrimiento, lo
puede hacer.
2. Control completo sobre el estilo. El maestro también puede controlar
su estilo y método de entregar el mensaje. Si quiere susurrar o gritar, quedar
quieto o saltar, batir las manos o cruzar los brazos, todo está bajo su control.
De la misma manera, puede dividir a los alumnos en grupos pequeños, dar
un discurso, dirigir una discusión, tener un panel o un debate, mostrar una
película, o hacer un mini-drama.
3. Control completo sobre el orador. El maestro también se controla a sí
mismo. Puede vestirse como quiera, formal o informal—aun disfrazarse.
Puede llegar temprano y quedarse después. Puede hablar con los alumnos
o mantenerse distante de ellos. Puede sentarse, pararse, o caminar. El
maestro tiene control completo sobre el orador.

32
¿Puede ver cuánto control tiene el maestro sobre casi todo en el proceso
de enseñanza-aprendizaje? Es asombroso cuando piensa en el increíble
poder y la libertad del maestro (dentro de ciertos límites, por supuesto).
El maestro tiene control sobre cada aspecto del proceso de aprendizaje
excepto uno —¡el alumno! Si el profesor debe hacer que el alumno aprenda,
pero no lo puede controlar, ¿cómo funciona esta ley?
El maestro hace que el alumno aprenda por el buen manejo del
contenido, del estilo, y del orador. Estos tres elementos tienen un poder
increíble para hacer que el alumno aprenda.
¿Sabe usted lo que hace un maestro eficaz? Los maestros eficaces
controlan estos tres elementos correctamente. Los maestros ineficaces no
lo hacen.
Hay ilustraciones de esto en las salas de clases en todo el país cada día.
Hace poco mi hija me habló de una de sus clases.
—Es un desastre, papá. La gente habla, tira cosas, no aprendemos
nada.
Una semana el profesor (utilizo esa palabra con reservas) estaba
enfermo y llegó un profesor sustituto. Jennifer no pudo creer la diferencia.
Dentro de unos minutos no podía reconocer la clase. Nadie estaba
hablando, estaban aprendiendo, incluso disfrutaban del contenido por
primera vez durante el semestre.
Entonces Jennifer dijo algo que nunca olvidaré:
—Papá, yo sé que no es muy bueno de mi parte decirlo, pero ¡espero
que mi profesor no se mejore muy pronto!
Todos podemos identificarnos con eso, ¿verdad? Es triste… porque no
es necesario.
Puedo garantizar que el profesor oficial había decidido hacía mucho
tiempo que los problemas del desorden en la clase no eran culpa de él.
Probablemente pensaba que los niños eran completamente desordenados

33
por sí solos. La verdad era que él era el desordenado, porque no manejaba
bien el contenido, el estilo y el orador.
¿Sabe usted cuál es la única diferencia entre las dos experiencias de mi
hija? Fíjese en lo que tenían en común:
La misma escuela
El mismo contenido
El mismo día de la semana
Los mismos estudiantes
Los mismos objetivos de la clase
Entonces ¿cuál fue la diferencia? El profesor, ¿verdad? Pero, ¿qué cosa
acerca del profesor?
No fue el color de su pelo
No fue su estatura
No fue su peso
No fue el tipo de ropa que usaba
No fue su personalidad
No fue el vehículo que manejaba
Entonces, ¿qué?
La única diferencia fue que el profesor eficaz sabía hacer que los
alumnos aprendieran, modificando lo que hacía, lo que decía, y cómo lo
decía.
Los maestros ejemplares desarrollan una capacidad mayor para
entender el proceso de aprendizaje, y reconocen inmediatamente el
problema que impide el aprendizaje, y ponen en práctica la solución
correspondiente.
Muchas veces los profesores culpan a otros diciendo, «hay un problema
con mi clase», cuando el único problema lo tienen ellos. El primer paso en
resolver este problema casi universal es identificar el problema. Una vez que
el problema sea obvio, entonces será más fácil implementar la solución

34
correcta. (El método de la ley del agente —que estudiaremos en el próximo
capítulo— revela cómo determinar el problema y su solución.)

Máxima 4: Los maestros deben medir su éxito por el éxito de sus


alumnos
Supongamos que usted es un director de escuela, y está entrevistando
a dos candidatos para enseñar ciencia. ¿Cuál de estos dos elegiría?
Candidato A. Mujer, cuarenta y ocho años, casada con tres hijos adultos,
maestría en ciencia, veinte años de experiencia, ha publicado varios
artículos en revistas, ha servido en varios comités administrativos, está
trabajando en su doctorado, y tiene como pasatiempo cultivar orquídeas que
han obtenido premios.
Candidato B. Hombre, veinticinco años, soltero, tiene un gato llamado
Whiskers, tiene bachillerato en ciencia, tres años de experiencia, no ha
publicado ningún artículo o libro, ha servido en el comité de aseo, está
considerando estudiar para una maestría en un par de años, su hobby es el
esquí sobre el agua, y ayuda como voluntario en el parque zoológico.
Hay que decidir. ¿Elegiría A o B?
Créame o no, no hay manera de saber cuál sería mejor. Si la definición
de enseñar es «hacer aprender», entonces ninguna de las dos descripciones
da ningún indicio de la capacidad de enseñar de cualquiera de los dos.

Ni el género
Ni la edad
Ni el estado civil
Ni los títulos que tenga
Ni los artículos que haya publicado
Ni los comités en que haya servido
Ni los pasatiempos
Ni siquiera los años de experiencia

35
Por supuesto, sus credenciales son relevantes e importantes. Pero
ninguna nos dice nada de la eficacia de la persona como maestro en la sala,
porque tienen que ver con su propia persona, pero no indican lo que puede
hacer en la vida de los alumnos. Cada uno podría ser pésimo profesor, o
excelente.
El único dato que prueba qué clase de maestros son es el rendimiento
de sus alumnos previos al fin del año académico, comparado con su
rendimiento al comienzo.
Después de enseñar esta ley del agente en una conferencia reciente, un
comerciante bien vestido, que tenía aproximadamente cincuenta años, vino
caminando con decisión hacia la plataforma. Obviamente tenía algo en
mente.
—He decidido después de todos estos años volver a la universidad para
sacar una maestría en negocios —dijo—. Pero algo pasó recién que me
molestó mucho. Tuve que tomar un curso de estadística, y la profesora era
jefe del departamento. Estaba ansioso de estudiar con esta profesora
eminente, pero ¿sabe lo que dijo la primera clase? ¡Dijo que el setenta por
ciento fracasan en el curso! Primero, estaba impresionado. Pensé, ¡qué
buena profesora! Pero ahora me he dado cuenta de que al contrario, no era
tan buena profesora. ¡Solamente treinta por ciento de su clase aprobó!
El comerciante tenía razón. Esa profesora puede ser líder importante,
muy inteligente, y destacada autora, pero su rendimiento como profesora
merece una calificación muy baja. Nunca lo olvide. Los maestros hacen que
los alumnos aprendan la materia, y los maestros ejemplares hacen que
grandes cantidades de alumnos aprendan grandes cantidades de materia.
No solamente contratamos a las personas de acuerdo con normas
equivocadas, sino también premiamos y promovemos a la gente por razones
equivocadas. ¿Cuál de los dos profesores abajo recibiría mayor
reconocimiento, una promoción, y un aumento en su salario? Estos

36
profesores enseñan el mismo curso en la misma escuela al mismo tipo de
alumnos de la misma edad:
1. El profesor A terminó su segunda maestría, mientras los alumnos del
profesor B sacaron calificaciones 25% mejores que los alumnos del profesor
A en el examen nacional en la materia que enseñan.
2. El profesor A publicó tres artículos en una revista profesional, mientras los
alumnos del profesor B ganaron tres premios en una competencia regional.
3. El profesor A sirve en el comité de educación de la región, mientras los
alumnos del profesor B sacan un promedio de calificaciones más alto.
4. El profesor A recibe la mayoría de los votos de los profesores por el premio
«profesor del año»; el profesor B era número quince en la lista. El profesor
B recibe la mayoría de los votos de los alumnos por el premio «profesor del
año», y el profesor A era número quince en la lista.
La filosofía aceptada en este libro es que, aunque no se puede negar
que las actividades y los comités y los títulos son importantes, la prueba más
importante de la eficacia de un profesor es el rendimiento de los alumnos.
A veces las mismas cosas que promovemos pueden minimizar la
eficacia de la enseñanza. Teníamos un chiste cuando era estudiante de
postgrado: decíamos que cuanto más títulos tenía el profesor, cuanto menos
eficaz era en su enseñanza. Más conocimiento no necesariamente lo hace
mejor profesor. Puede parecer poco tradicional, pero sería interesante medir
el rendimiento de los alumnos de un profesor antes y después de que saque
un nuevo título.
Ahora, no me entienda mal. Estoy a favor de la educación superior y
estoy constantemente animando a otros a seguir estudiando. Yo asisto a
cursos, miro videos de entrenamiento, escucho audio casetes, leo libros, y
asisto seminarios. Pero el énfasis tiene que estar siempre en el resultado de
esas actividades educacionales, y no en la acumulación de ellas.
Lo que vale es lo que hace el alumno, no lo que hace el profesor. Si el
alumno tiene éxito, entonces el profesor también tiene éxito.

37
Máxima 5: Los maestros hacen mayor impacto con su carácter y su
compromiso que con su comunicación
Esta máxima compara el impacto de «quién es el profesor» (carácter y
compromiso) con el impacto de «qué dice el profesor» (comunicación). El
carácter siempre influye más que la comunicación.
Considere su propia vida como alumno. Elija uno o dos profesores
favoritos. Probablemente su selección tiene más que ver con el aprecio que
usted les tiene como personas que con el contenido de sus clases.
Esos proverbios eternos son verdad: «Lo que haces habla más
claramente que lo que dices», y «los hechos hablan más fuerte que las
palabras». Cuando las palabras y las acciones se contradicen, las acciones
siempre superan las palabras.
Desdichadamente, el mundo y la iglesia frecuentemente cantan la misma
canción, creyendo que las palabras son más importantes. Hace poco un
diácono de una iglesia local me dijo que el directorio de su iglesia había
votado seis contra tres para retener a su pastor, ¡un hombre en medio de un
divorcio, y a punto de casarse con otra mujer de la misma iglesia!
Le pregunté cómo su iglesia podía rebelarse tan abiertamente contra los
principios bíblicos.
—Ah —dijo—, nuestro pastor es tan buen predicador que no queremos
perderlo. Además, una iglesia más grande en otro estado le ha hecho un
llamado para ser pastor de su congregación. Probablemente tendremos que
aumentar su sueldo para que siga con nosotros, pero casi todos lo quieren,
excepto por unos pocos conservadores testarudos.
¿Es posible que ese pastor viva abiertamente en pecado, dividiendo su
propia familia y la familia de otra mujer, y todavía sea un excelente
predicador?
Sí, creo que sí.
Algunos de los mejores profesores y predicadores del mundo están
abiertamente en contra de Cristo. Muchos de los hombres que predican en

38
los púlpitos más influyentes del país no sostienen las doctrinas del
nacimiento virginal, la inspiración de las Escrituras, la resurrección de Cristo,
o la deidad de Cristo. No obstante, su poder de oratoria y persuasión son
increíbles. Sus palabras nos pueden hacer llorar. Pero el hecho de ser
movido a lágrimas no significa que Dios esté de acuerdo con él, o que esté
bendiciéndolo.
Nos equivocamos rotundamente cuando pensamos que, solamente por
el hecho de enseñar eficazmente, o ser un pastor amable, o predicar con
convicción, que la mano del Señor esté sobre esa persona. La mano del
Señor no puede estar sobre una persona que rechaza la deidad de Cristo;
la Biblia lo llama un «enemigo del evangelio».
Cuando esa iglesia decidió retener a su pastor, tomó una posición
públicamente a favor del pecado y en contra del Salvador. La comunidad de
no creyentes una vez más blasfemará la causa de Cristo porque aun ellos
pueden reconocer una atrocidad inmoral.
Pero ¿qué sucede con la predicación persuasiva de ese pastor? Vuelva
en unos cinco años y verá los frutos de lo que está sembrando ahora. Ya se
puede ver la palabra Icabod4 grabada sobre la puerta de entrada. Lo he visto
muchas veces, sin excepción. Los principios divinos del ministerio siempre
han sido los mismos: primero, el carácter, después la comunicación. Por eso
son tan claras las epístolas 1 Timoteo y Tito —la vida del comunicador debe
estar en armonía con el mensaje antes de que predique el mensaje.
De hecho, el carácter siempre controlará el contenido —a la larga.
Cuando el Espíritu de Dios está apagado, y se le da rienda suelta al pecado,
no solamente elimina la presencia del Espíritu en la enseñanza, sino pronto
también eliminará la presencia de las Escrituras. El maestro o el predicador
comenzará a moldear el contenido para ajustarse a su estilo de vida. Me

4
1 Samuel 4:21

39
hace temblar pensar que ese pastor, su nueva esposa, y los seis diáconos,
tendrán que rendir cuentas en otra corte por la atrocidad que han cometido.
Cuando pido a los adultos que seleccionen al maestro que más influencia
ha tenido en sus vidas, siempre es el que mostraba el carácter más noble y
el mayor compromiso. Esos maestros normalmente no eran los más fáciles,
ni los más difíciles en el salón de clases, pero tenían algo especial que
despertaba respeto genuino y admiración. Nosotros, sus estudiantes,
deseábamos ser como ellos algún día.
¡Que sus estudiantes deseen ser como su maestro!

Máxima 6: Los maestros existen para servir a sus estudiantes


Todos disfrutamos de una deliciosa cena en un restaurante, servido con
elegancia. ¿Qué le parecería si la próxima vez que visitara su restaurante
favorito, y pidiera un vaso de agua, la mesera dijera, «¡Vaya a buscarla
usted! ¿Qué le pasa? ¿No sabe servirse usted mismo? No soy su esclava,
¿sabe?» Usted saldría de ese lugar, pensando que es el peor servicio
recibido en su vida. Probablemente nunca volvería.
Usted piensa en la mesera como su sirvienta. Una parte de lo que usted
paga es su buena voluntad para servirlo —ese es su trabajo. Pero, si
estuviera en un paseo varios días después, comiendo un picnic, tendría otra
relación con la misma señora que era la mesera. No esperaría que le sirviera
de la misma manera, porque tiene otro rol en esa situación. Los roles que
tenemos influyen en decidir si una cierta conducta es apropiada.
Ahora considere el rol del maestro. ¿Quién debe servir el vaso de agua,
traer la comida, y preguntar si desean algo más? Desgraciadamente,
muchos que somos profesores hemos olvidado que somos siervos. Muchas
clases sufren de una inversión de roles, en que el estudiante ha llegado a
ser el sirviente. Los maestros han olvidado que existen para suplir las
necesidades de los estudiantes, y no para suplir sus propias necesidades.

40
¿Por qué es tan fácil reconocer este problema cuando lo vemos en el
restaurante, pero tan difícil de reconocerlo en la sala de clases?
Recuerdo la primera vez que tuve que hablar a una multitud hace
muchos años. Mi corazón palpitaba, mis piernas temblaban, me transpiraban
las manos, ¡y estaba orando que el Señor volviera en ese mismo momento!
Sentado a mi lado estaba un conferencista destacado con mucha
experiencia. Mientras cantábamos el himno, antes de que yo hablara, le dije:
—¡Estoy tan nervioso! ¡No sé si puedo hacer esto!
Sin vacilar, este gran hombre dijo:
—Bruce, ¡no seas tan arrogante y centrado en ti mismo!
No es algo que quieras escuchar justo antes de hablar. Le pregunte:
—¿Qué quiere decir?
—Estás pensando mucho en ti mismo, en cómo te irá, y en qué pensarán
de ti, por eso estás nervioso. Si pudieras quitar la vista de ti mismo un
momento y pensar en la gente y en sus necesidades, comenzarías a
preocuparte por ellos y no estarías tan nervioso. Cuando estamos tan
concentrados en nosotros mismos, nos ponemos nerviosos. Cuando
empezamos a concentrarnos en las personas, el Señor nos utiliza.
Entonces sonrió y volvió a cantar el himno, como si no hubiese pasado
nada. Y yo volví al Señor para un momento de ajuste espiritual. Decidí dejar
de preocuparme por mis propias necesidades, y empecé a atender las
necesidades del público. Los nervios se calmaron, o por lo menos
empezaron a calmarse.
Servir a los estudiantes es como amar a nuestros hijos. Frecuentemente
hacemos cosas para nuestros hijos, pensando que estamos comunicando
amor, sin que ellos lo perciban así. De manera semejante, muchas veces
los profesores tratamos de servir a nuestros estudiantes, pero los alumnos
no lo perciben. Posiblemente sea porque inconscientemente los maestros
hacemos cosas que comunican exactamente lo opuesto de nuestras
intenciones.

41
En todo este libro, presentaré muchas maneras de servir a sus alumnos
en forma concreta; maneras que reconocerán y apreciarán. En la ley del
potencial, aprenderá formas prácticas para comunicar amor a sus alumnos.
En la ley de la necesidad, conocerá los secretos que Cristo usó para motivar
a sus alumnos a desear lo que enseñaba. En la ley de la retención, verá
algunos enfoques revolucionarios para enseñar la materia en forma veloz.
Las siete leyes apuntan al mismo asunto: ¿cómo el maestro puede servir
al alumno? Al entender y practicar estas leyes, la motivación reemplazará la
frustración. Tendrá una cantidad increíble de habilidades transferibles que
funcionan con cualquier curso que enseñe y con alumnos de cualquier edad.
¿Cómo podemos decir esto? Porque los principios son universales, como la
gravedad, y cuando los practicamos, nuestros alumnos sienten que les
hemos servido.
Únase con la pequeña tropa de maestros que entran la sala de clases
con decisión, y con el propósito claro de servir a sus estudiantes con todo
su corazón, su mente, y su alma.

Máxima 7: Los maestros que practican la ley del agente pueden llegar
a ser maestros ejemplares
Había una posición disponible para profesor en una escuela en Dallas, y
muchas personas se presentaron. Finalmente, quedaron dos candidatos
finalistas.
El primer hombre había enseñado treinta y cinco años; la otra candidata
estaba en su segundo año como profesora. El profesor con experiencia
estaba seguro de que ganaría el trabajo. Pero para en el fin de semana, ya
se había tomado la decisión de elegir a la señorita.
El hombre mayor estaba furioso. Fue rápidamente a la sala donde estaba
en reunión el comité, y exigió una explicación de por qué no lo habían
contratado —después de todo, él tenía treinta y cinco años de experiencia.
El director sabio se detuvo un momento y contestó:

42
—Señor, es verdad que ha estado enseñando durante treinta y cinco
años, pero no pude ver ninguna mejoría durante todo ese tiempo. Como yo
lo veo, ¡usted ha repetido treinta y cinco veces!
A diferencia de la noción popular que los maestros ejemplares nacen así,
creo que los maestros ejemplares no nacen así, tampoco se fabrican, sino
que son mejorados. Creer que algunos nacen como maestros ejemplares es
tan ilógico como creer que algunos nacen como grandes científicos. Por
supuesto, hay grados distintos de capacidad innata, pero la mayoría de los
que tienen éxito en su campo lo logra con mucho esfuerzo y perseverancia
durante mucho tiempo.
Saque de su mente el otro concepto falso de que la grandeza viene en
pasos gigantescos de mejoría. La verdadera eficacia se desarrolla durante
muchos años, paso a paso.
Cada año en nuestro ministerio vemos evidencia concreta de esta
verdad. Tenemos la tradición de reconocer los mejores instructores del año.
Inevitablemente siempre hay por lo menos una sorpresa. Un año tuve
discusiones intensas con el decano de la facultad acerca de uno de los
profesores de menor rendimiento. Tenemos unos estándares de exigencia
muy altos para nuestra facultad de los seminarios, y yo trataba de convencer
a nuestro decano de despedir a este hombre. Finalmente me dijo:
—Dale otro año para mejorar. Si no mejora, yo mismo lo despediré.
Yo cuestionaba su apoyo hacia a este hombre de tan poco éxito, y él
dijo:
—El hombre está trabajando más que nadie en la facultad para
superarse. Está viendo los videos de los mejores maestros, pide a su esposa
y a sus amigos que lo evalúen constantemente, y siempre me pide consejos
para mejorar. Creo que lo puede lograr, y realmente lo desea de todo
corazón.
Al año siguiente, cuando se hicieron las evaluaciones para determinar a
los diez mejores, ¡adivine quién lo logró! El mismo hombre que yo quería

43
despedir el año anterior. ¿Tenía las habilidades naturales especiales para
llegar arriba? No, no las tenía. Los mejores rara vez son las personas con
más talento natural, sino los que tienen la pasión en su corazón para utilizar
lo que Dios les ha dado, y tratan de alcanzar el máximo de su potencial.

El meollo de la ley del agente

La esencia de la ley del agente se resume en tres palabras:


«Hacer que aprendan».
El maestro es el agente del proceso de aprendizaje, y debe aceptar la
responsabilidad de hacer que sus alumnos aprendan.

Conclusión
Como usted ya captó, esta primera ley del agente es la piedra angular
sobre la cual todas las demás leyes son edificadas: El maestro es
responsable por el aprendizaje de los alumnos.
Algunos profesores han tenido este sentido de compromiso y
responsabilidad toda su vida, pero son pocos. Para otros, este compromiso
viene con dificultad y trauma, pero cambia sus clases y sus corazones para
siempre. Finalmente, desdichadamente hay algunos que nunca asimilan
este compromiso en sus corazones. No solamente son ellos los que sufren,
sino también sus alumnos.
Como yo enseño a maestros, he aprendido a valorar a los que han
decidido guardar este compromiso en sus corazones, especialmente a los
que han tenido que pasar por fuego para desarrollarlo. De todas las historias
de tales peregrinajes, mi favorita es la de Teddy Stallard.
Teddy Stallard seguramente calificaba como uno de los «perdedores».
No estaba interesado en sus estudios. Usaba ropa sucia y arrugada que olía

44
mal. No se peinaba. Tenía una expresión vacía, sin sentimientos —una
mirada lejana. Cuando la señorita Thompson le hablaba a Teddy, siempre
contestaba con monosílabos. No era atractivo, no tenía motivación, era
distante, y simplemente difícil de amar. Aunque su profesora decía que
amaba a todos los alumnos en su clase, no era exactamente la verdad.
Cuando ella calificaba las tareas de Teddy, sentía un placer perverso al
poner una «x» al lado de las respuestas equivocadas, y cuando ponía una
calificación de reprobado en sus hojas, siempre lo hacía con mucho
entusiasmo. Debería haber sabido; tenía los archivos de Teddy y sabía
bastante de él. Los documentos decían:
Primer año: Teddy muestra mucha promesa con su trabajo y su actitud, pero tiene
una situación mala en su casa.
Segundo año: Teddy podría trabajar mejor. Su madre está gravemente enferma.
Recibe poca ayuda en la casa.
Tercer año: Teddy es un buen niño, pero muy serio. Aprende lentamente. Su madre
murió este año.
Cuarto año: Teddy es muy lento, pero tiene buena conducta. Su padre no muestra
interés.
La navidad llegó y los niños de la clase de la señorita Thompson le
llevaron regalos. Amontonaron los regalos encima de su escritorio y se
acercaron para mirar mientras los abría. Entre los regalos había uno de
Teddy Stallard. Estaba sorprendida que le había llevado un regalo. Estaba
envuelto en papel café y estaba cerrado con cinta adhesiva. En el papel
estaba escrito simplemente, «Para la señorita Thompson de Teddy».
Cuando abrió su regalo, vio un brazalete barato, con solamente la mitad de
las piedras falsas, y un perfume barato.
Los otros niños empezaron a reírse, pero la señorita Thompson los hizo
callar cuando se puso el brazalete y se aplicó un poco de perfume en su
muñeca. Levantó la muñeca y les dijo:

45
—Huele muy rico, ¿verdad? —Todos los niños, captando la idea,
asintieron inmediatamente.
Al final del día, cuando todos los demás niños se habían ido, quedó
Teddy solo con la profesora. Se acercó al escritorio y le dijo en voz baja:
—Señorita Thompson,… señorita Thompson, usted huele igual que mi
mamá… y su brazalete luce bonito en su brazo también. Me alegro que le
hayan gustado mis regalos.
Cuando Teddy salió, la señorita Thompson se arrodilló y pidió perdón a
Dios.
Al día siguiente, cuando los niños llegaron a la escuela, había una nueva
profesora. La señorita Thompson era otra persona. Ya no era solamente una
profesora; había llegado a ser una agente de Dios. Era una persona
comprometida a amar a sus niños y a hacer cosas que tendrían
consecuencias más allá de su vida. Ayudaba a todos los niños, pero
especialmente a los más lentos, sobre todo a Teddy Stallard.
Al fin del año académico, Teddy mostraba una mejoría dramática. Había
alcanzado el nivel de los demás alumnos, incluso tenía mejor rendimiento
que algunos.
No escuchó nada de Teddy por muchos años. Entonces un día recibió
una carta que decía:
Querida señorita Thompson:
Quería que usted fuera la primera persona en saberlo. Voy a graduarme este año
segundo en mi clase.
Cariñosamente,
Teddy Stallard
Cuatro años más tarde, llegó otra carta:
Querida señorita Thompson:
Acaban de decirme que me graduaré primero en mi clase. Quería que usted fuera
la primera persona en saberlo. La universidad no ha sido fácil, pero me gusta.
Cariñosamente,
Teddy Stallard

46
Y cuatro años después:
Querida señorita Thompson:
Desde hoy día, soy el Dr. Ted Stallard, médico. ¿Qué le parece? Quería que usted
fuera la primera persona en saberlo. Me voy a casar el próximo mes, el 27 para ser
exacto. Quisiera que usted fuera a la boda y que se sentara en el lugar donde se
habría sentado mi madre si estuviera viva. Usted es mi única familia ahora; papá
murió el año pasado.
Cariñosamente,
Teddy Stallard
La señorita Thompson fue a la boda y se sentó en el lugar de la madre.
Mereció el asiento, porque había hecho algo para Teddy que nunca olvidó.5
¿Qué regalo le puede dar a sus alumnos, querido maestro? En vez de
dar algo que se compra con el dinero, tome el riesgo de dar algo que vivirá
mucho tiempo después de usted. Sea extremadamente generoso. Dé el
regalo que solamente usted puede dar —a usted mismo— a los alumnos de
su clase. A todos ellos. Dé tanto de sí mismo que aprenderán algo tan
profundo y significativo que lo invitarán a su boda, porque parece muy
natural.

Preguntas para reflexión


1. ¿A quién consideraría usted el mejor profesor que ha tenido en su vida?
¿Cuáles son las tres características más destacadas que hizo que fuera su
maestro favorito? ¿Qué compromiso tenía con «hacerle aprender»? ¿Qué
habría pasado si hubiese perdido ese compromiso?

2. ¿Cómo definirían la enseñanza la mayoría de los profesores hoy? Si usted


llegara de otro planeta con la tarea de averiguar qué hacen en estos edificios

5
Anthony Campolo, «Who Switched the Price Tags?» [¿Quién cambió las
etiquetas?] (Waco, Texas: Word Books, 1986), 69–72.

47
que llamamos «escuelas», y usted visitara invisiblemente una clase del
quinto año, otra del noveno año, y otra del undécimo año, ¿qué informe
escribiría a su supervisor? Recuerde que nunca ha visto una escuela antes,
así que tendrá que olvidarse de la imagen previamente formada para
desarrollar una respuesta.

3. El presidente de su país le ha pedido que desarrolle un nuevo modelo para


contratar, entrenar, y pagar a los profesores. El único requisito es que quiere
que los estudiantes de su país lleguen a estar en el primer lugar en el mundo
académicamente en los próximos tres años. Le ha dado completa libertad y
autoridad, y un presupuesto sin límite; cada decisión es suya, y no será
cuestionada, sino solamente evaluarán los resultados. Su única petición es
que su modelo sea gobernado por no más de siete principios. ¿Qué
principios establecería usted?

4. Considere por un momento su trabajo de profesor. ¿Cuánto ha influido el


concepto de que es su responsabilidad hacer que los alumnos aprendan?
Supongamos que yo podría mágicamente hacer que usted tuviera esta
actitud en el máximo grado. Después de una semana de enseñanza, ¿cómo
describirían sus alumnos la diferencia entre el viejo «usted» y el nuevo
«usted»? ¿Cuál de los dos «ustedes» preferiría ser? ¿Por qué?

48
2
LA LEY DEL AGENTE; EL MÉTODO Y LOS
MAXIMIZADORES
Había intentado todo, y mi vehículo todavía no andaba bien. En el
momento menos esperado, comenzaría a hacer ruidos y a fallar. Finalmente,
me rendí y fui a mi taller favorito, donde el mecánico de confianza había
reparado mi automóvil durante años.
Después de unos momentos, avisó que no podía encontrar nada malo,
y que tendría que conectar mi vehículo a una «máquina de diagnóstico».
Nunca había visto una máquina de diagnóstico, así que pregunté si podía
mirar.
Abrió la cubierta del motor, desconectó un par de cables, y los conectó
a su computadora. Cuando se activó la máquina, empezaron a pestañar las
luces, y en un instante el mecánico empezó a reír. Dijo:
—Bueno, la razón por la que nunca pudiste ver este problema es que
hay un corto circuito en uno de los cables que causa un inconveniente de
vez en cuando. Pero no se puede ver a simple vista.
Cambiaron el cable, y pronto estaba en camino, con el motor sonando
suavemente. Pero no pude olvidar la máquina maravillosa. Entonces me
vino la idea: ¿no sería bueno tener una máquina de diagnóstico para
maestros? Si los alumnos no estuvieran trabajando, podría conectar algunos
de ellos a la máquina, ¡y sabría inmediatamente cuál es el problema!
A veces da la impresión que el proceso de enseñar y aprender es un
misterio incomprensible. Un día su enseñanza funciona mejor que un
automóvil de carrera, y otro día parece tan lenta que tendrá que ir al taller
para reparaciones. Si usted se ha preguntado alguna vez cuál es el
problema en sus clases, entonces anímese: una «máquina de diagnóstico»
realmente está disponible. Al finalizar este capítulo, usted tendrá la

49
capacidad de identificar el problema en unos minutos, y sabrá cómo
solucionarlo.
En contraste con los sistemas numerosos de un automóvil, el proceso
de aprendizaje tiene solamente cinco sistemas principales que controlan su
éxito o fracaso. Por lo tanto, es más fácil buscar la fuente del problema en
un grupo de estudiantes que en un vehículo. Con un poco de entrenamiento,
usted puede ganar la habilidad de discernir por qué algo no está
funcionando, y también la habilidad de arreglar el problema.
Desempaquemos esta «máquina de diagnóstico» para maestros, y
veremos si puede aprender a usarla. (¡No requiere baterías!)

El método de la ley del agente


Piense un momento acerca de lo que debe estar presente para que haya
una experiencia de enseñanza-aprendizaje en el aula cristiana. La siguiente
lista nombra las cinco cosas principales que están en cada aula y cada
escuela dominical y cada estudio bíblico en el hogar.
1. Los alumnos —los individuos que aprenden la materia.
2. La materia —el contenido o la habilidad que se aprende.
3. El estilo —la manera o el método por el cual se enseña el contenido.
4. El orador —el instructor o el maestro que causa el aprendizaje.
5. El Espíritu —la presencia y la influencia del Espíritu Santo.
Estas son las causas fundamentales del aprendizaje. La manera en que
se manejan estas cinco cosas determinará el éxito o el fracaso en la clase.
Si la enseñanza está funcionando bien —es decir, si usted está haciendo
que los alumnos aprendan— es porque estos cinco factores están en
armonía. Si la enseñanza no funciona bien, uno o más de los cinco factores
está mal, y necesita ajuste.
Cada uno de los cinco factores controla alguna parte del proceso de
enseñanza-aprendizaje, y cuando no funciona bien, algo predecible sucede.

50
Cuando el motor de su vehículo no parte, y no encienden las luces, ¿qué
sistema tiene problemas? Correcto, es el sistema eléctrico. Probablemente
puede hacer que funcione el motor con cables conectados a la batería de
otro vehículo.
Este concepto es extremadamente importante: Los problemas del
sistema de enseñanza casi siempre son los mismos y casi siempre tienen
las mismas soluciones.
Cuanto más entiende usted este principio, más fácilmente puede
reconocer los problemas y resolverlos. La enseñanza no es una habilidad
tan complicada que solamente las personas superdotadas puedan hacerla.
Al contrario, la enseñanza es un grupo de habilidades aprendidas que están
disponibles para cualquiera que desee adquirirlas. Al continuar con las siete
leyes, conocerá principios revolucionarios que puede usar inmediatamente
en sus clases. Entonces, cuando los alumnos no están motivados, o son
desordenados, o no están aprendiendo, sabrá cambiar la situación. Cuanto
más tiempo enseña, más soluciones tendrá en su repertorio. Cuanto más
soluciones utiliza eficazmente, más alumnos lo llamarán un maestro
excelente. Cuando suceda eso, ¡se habrán realizado mis sueños para este
libro!

El método de la ley del agente: Tres relaciones principales


Hay tres relaciones principales que ocasionan un impacto directo sobre
la mayoría de las situaciones en las clases. Estas relaciones tienen que ver
con cómo usted el maestro se relaciona con su materia, con sus alumnos, y
con su estilo. Posteriormente en este libro hablaremos de su relación con el
Espíritu Santo y consigo mismo.
La gente siempre está sorprendida por el hecho de que, después de
observar su clase unos pocos minutos, puedo explicar por qué no está
funcionando bien, y les puedo decir lo que deben hacer para arreglar el

51
problema. Está a punto de aprender algunas de las verdades que lo hacen
posible.

En el diagrama usted puede ver que el «maestro», o el orador, está en


el cuadro inferior. La «exposición» está en el cuadro de la izquierda, el
«estudiante» está arriba, y el «estilo» está a la derecha. Estas relaciones
que están siempre presentes gobiernan la gran mayoría de los éxitos y los
fracasos en la clase. Fíjese que todas las flechas en este diagrama
empiezan con el maestro/orador, y terminan con el estudiante.
El método de la ley del agente se concentra en cómo se relacionan la
exposición, el estudiante, y el estilo con otros factores que estudiaremos en
otros capítulos. Por ejemplo, en la ley de la retención, aprenderá a enseñar
la materia en forma veloz. En la ley de la necesidad, conocerá los cinco
pasos que utilizó Jesús para motivar a sus alumnos, para que pueda usarlos
cada vez que enseña. La ley del potencial enseña a cultivar en sus alumnos
la capacidad de alcanzar su máximo potencial. Cada ley, entonces, se
construye sobre la base de las tres relaciones principales, preparándolo para
ser un excelente «agente del aprendizaje» entre sus alumnos.
La exposición de la materia representa el «qué» de la enseñanza, el
estudiante es el «quién», y el estilo es el «cómo». La enseñanza entonces
determina cómo enseñar qué a quién. El maestro debe desarrollar el
contenido (manifiesta el contenido), debe discipular a sus alumnos (moldea

52
su carácter), y debe entregar el contenido usando el estilo apropiado
(maneja las condiciones).
Cada uno de nosotros relaciona estos aspectos de una manera distinta,
pero siempre hay un aspecto que destacamos más que otros. Algunos
somos más eficaces con el contenido (orientado a la exposición); otros no
brillan con su contenido, pero influyen mucho en el carácter de sus alumnos
(orientado al estudiante); y otros se destacan en su manera de entregar la
materia, hacen que las condiciones sean interesantes, motivadoras, y
capten la atención (orientado al estilo).
Dedíquese un momento a identificar cuál de estas tres relaciones usted
maneja mejor. Lea las siguientes descripciones, y coloque un número «1»
al lado de la relación que lo describe mejor, un número «2» para la segunda
más importante, y un número «3» para la que menos lo describe:
□ Orientado a la exposición. «Me gusta el contenido. Casi siempre tengo
dos o tres veces más materia de la que necesito, y frecuentemente me
encuentro apurándome al final de la clase para terminar a tiempo. Disfruto
de explicar cosas, y quiero que mi clase tenga una comprensión completa.
Me encantan las listas de material, y siento una necesidad fuerte de conocer
los datos yo mismo. Me gusta hacer investigación en libros y comentarios.
A veces tengo que cuidar de no hacer la materia demasiado complicada para
el alumno promedio de mi clase.»
□ Orientado al estudiante. «Me gustan los alumnos. Siento que son más
amigos que alumnos. Estoy interesado en cada uno de ellos, y disfruto de
su compañía tanto fuera del aula como dentro ella. Me gusta compartir
historias con ellos acerca de mi propia familia, y siento que mis alumnos son
mi familia extendida. A veces tengo que cuidar de no alejarme demasiado
del tema, pero quiero ayudarles todo lo que pueda.»
□ Orientado al estilo. «Me gusta lo que sucede durante el proceso de
aprendizaje. Me encanta sentir la electricidad de la clase, ver a los alumnos
que están atentos a cada palabra. Me gusta usar mi propia creatividad en la

53
clase, y siempre estoy encontrando nuevas cosas que hacer para mantener
el interés. Los alumnos disfrutan de mis clases porque no son aburridas. A
veces me excedo un poco en mis esfuerzos creativos para hacer que las
clases sean frescas y vivas, pero los alumnos siempre aprecian la
espontaneidad y la variedad. Me encanta enseñar y no puedo esperar para
que la clase comience —¡cuanto más grande es la clase, más me gusta!»
¿Ha descubierto su relación más fuerte? Si no, pregunte a un amigo,
porque probablemente es claro para todos menos para usted.
Normalmente se puede identificar qué tipo de maestro es cada persona
en nuestros seminarios por lo que hace durante el refrigerio.
Si la persona está orientada al contenido, irá directamente a la mesa
donde se venden libros, y comprará algunos recursos. Incluso, ¡las personas
muy avanzadas en esta orientación tomarán las Biblias nuevas en sus
manos para sentir el olor de las páginas nuevas! Si una persona está
orientada a los alumnos, no se levanta inmediatamente de su asiento. Se da
vuelta para conversar con el vecino, preguntando por su esposa, sus niños,
su trabajo, su casa, su color favorito, su día favorito de la semana,.… Al final
del día, las personas muy avanzadas en esta orientación pedirán su
dirección y teléfono, y comenzarán una amistad de por vida.
Si una persona está orientada al estilo, en el momento que anuncian el
descanso, se pondrá de pie, dará una palmada e irá a buscar un refresco
hablando animadamente acerca de las ayudas visuales de cuatro colores.
(¡La persona orientada al contenido ni siquiera se dio cuenta de que tenían
cuatro colores, y la persona orientada a los alumnos quería ver más fotos de
personas y perritos!) Las personas muy avanzadas en esta orientación
estarán anotando en sus cuadernos cómo habrían enseñado la clase, y
están escribiendo los chistes y comentarios interesantes para usar en su
próxima clase.

54
¿Ve cómo funciona? Cada uno de nosotros se inclina hacia un lado u
otro. Veamos un poco más acerca de estas relaciones principales para
mejorar la perspectiva.

Relación 1: El maestro y su contenido


Cuando el contenido es su mayor fuerza, sus alumnos probablemente lo
llamarán a usted «erudito», «cerebro», o «docto». Le gusta pensar en la
materia, y se siente cómodo con el mundo de ideas y pensamientos, incluso
más que pensar en sus alumnos (y obviamente más que pensar en esos
métodos creativos que parecen una pérdida de tiempo). Le encantan las
fuentes originales, y usted siempre lamenta que no haya dominado mejor el
griego, el hebreo, el latín y el alemán, para poder profundizar más todavía
en la materia.
Sus alumnos piensan que usted es inteligente, y que sabe mucho acerca
de muchos temas. Les gusta escuchar sus respuestas, porque siempre
tienen sentido —frecuentemente disfrutan más el tiempo de preguntas que
la presentación misma. Sus alumnos probablemente piensan que usted
espera demasiado de ellos, y que enseña muchas cosas que no son
necesarias, pero usted tiende a pensar que todo es importante. Nadie siente
que no está aprendiendo en sus clases, pero algunos alumnos tienen que
esforzarse mucho para seguir su ritmo.
En mis estudios de postgrado, tenía como profesor a un clásico
representante de este tipo de relación. En la segunda clase del semestre,
un alumno levantó la mano, y pidió más información acerca de un punto que
parecía totalmente insignificante. Los compañeros mostraron caras de
incredulidad y molestia cuando lo escucharon, y nadie esperaba que el
profesor pudiera dar mucha explicación.
Años después, todavía recuerdo con asombro lo que hizo el profesor.
Asintió con la cabeza, como para decir que la pregunta mostraba mucha
comprensión del tema, tomó con una mano el dedo pulgar de la otra mano,
55
y apretó su mano contra su frente, y se concentró. Procedió a nombrar una
serie de libros que tenían la respuesta, y continuó, «tomo dos, página 246,
página izquierda, columna derecha, la línea siete u ocho». Entonces cerró
los ojos y citó tres o cuatro párrafos del texto.
Primero pensé que era un chiste, así que durante el recreo, corrí a la
biblioteca y busqué el tomo y la página. ¡Estaba maravillado cuando
descubrí que lo había citado palabra por palabra!
Excepto por sus excursiones ocasionales en la teología profunda,
cuando citaba las fuentes originales en alemán, todos comenzamos a querer
mucho a este profesor, y sentíamos que nos hacía crecer en nuestro
conocimiento. Fue una de las experiencias más increíbles de toda mi
carrera.
Pero tales capacidades tienen su lado flaco. Este mismo profesor nos
contó que una vez fue a hablar en una conferencia durante un fin de semana
en Houston, Texas. Cuando volvió a Dallas en avión, se quedó esperando a
su esposa a que pasara a buscarlo. Después de una hora, la llamó por
teléfono para ver si se había olvidado.
—¿Dónde estás? —preguntó ella.
—En el aeropuerto de Dallas, por supuesto —contestó—, pero ¿dónde
estás tú?
—En la casa —dijo—, esperándote.
Hubo un largo silencio, seguido por:
—Cariño, ¿olvidaste que fuiste en automóvil a Houston?
Si usted siente que su lado más débil es el contenido, entonces
probablemente está inseguro acerca de su materia, y depende mucho de
sus apuntes escritos. Cuando alguien levanta la mano en la clase, está
muriendo por dentro, porque piensa que no sabrá la respuesta. No quiere
que nadie se dé cuenta que no sabe, así que le dice que hablará con él
durante el recreo. Secretamente está orando que se olvide de la pregunta

56
para el recreo. Probablemente sea más fácil para usted usar los apuntes de
otra persona, y nunca está seguro de si tiene buen contenido para la clase.

Relación 2: el profesor y el alumno


Cuando su relación con los alumnos es su mayor fuerza, sus alumnos
probablemente le llamarán «amigo», dirán que usted les anima mucho, y
que usted los comprende. Usted encuentra fácil relacionarse con sus
alumnos. Probablemente tenga más interés en sus alumnos que en el
contenido de su clase o el estilo. Después de todo, los alumnos son la razón
por la cual usted enseña. Le gusta compartir con ellos acerca de su propia
vida, sus luchas y victorias, y la clase parece una gran familia. A veces se
encuentra almorzando en la cafetería con los alumnos en vez de estar con
los otros profesores. Usted desea acercarse a los alumnos, no alejarse de
ellos.
Sus alumnos piensan que usted es amable y práctico. Sienten que se
preocupa por ellos, y que es una persona auténtica y transparente. Vienen
a verlo cuando tienen problemas —muchos piensan que usted es el único
profesor que les comprende y que puede ayudarles.
Cuando era más joven, yo estudié con un profesor orientado a los
alumnos. Parecía que pasábamos más tiempo contando historias y
escuchando sus historias familiares que hablando de la materia del curso.
Nuestro desafío era ver cuánto tiempo podríamos distraerlo de su materia.
Muchas veces pudimos hacer que nos contara historias durante el período
completo. Cuando se dio cuenta que el semestre estaba terminando y que
había avanzado solamente un par de páginas de sus apuntes, empezó a
dictar histéricamente sin parar durante las últimas clases, para tener algo
que pudiera preguntarnos en el examen final. Pero no nos importó;
pensamos que era increíble. Habríamos hecho cualquier cosa por él.
Si esta relación es su debilidad, entonces usted no está cómodo con los
alumnos. Prefiere llegar justo en el momento que comienza la clase, y
57
siempre tiene algún motivo para salir inmediatamente después de la
campana. Probablemente no se sienta cómodo contando historias
transparentes de su vida personal. Sus alumnos probablemente le digan
«señor», «señora», «señorita», «profesor», profesora«, «doctor», o
«doctora». Nunca usarían su primer nombre. Usted piensa que cierta
distancia es saludable para enseñar eficazmente. Si no tiene cuidado, sus
alumnos lo pueden considerar indiferente o frío, pero usted sabe que no es
verdad para los que lo conocen. Los alumnos posiblemente piensen que sus
clases son muy teóricas y no muy prácticas. Probablemente capten que le
interesa más el contenido que el alumno. Les molesta que usted todavía no
conozca sus nombres cuando están a mediados del semestre.

Relación 3: El profesor y su estilo


Cuando el estilo es su mayor fuerza, posiblemente sus alumnos le
llamarán un buen comunicador, un orador destacado, o bueno para motivar.
Le gusta la comunicación, y está emocionado al ver que los alumnos
responden a lo que usted les enseña. Le gusta revisar y revisar su materia,
asegurando que tenga buenas historias, buenos visuales, y que el bosquejo
esté armonizado, haciendo aliteración. No solamente quiere que su materia
tenga sentido, sino que debe tener una buena presentación y debe sonar
bien. Frecuentemente pasa tanto tiempo pensando en cómo presentar la
materia como en desarrollar el contenido. Usted es espontáneo y disfruta el
desafío del momento, buscando sacar lo máximo. Cuando enseña, lo hace
con todo el corazón, y se siente cansado pero fascinado cuando termina.
Sus alumnos piensan que usted es un gran profesor, y la mayoría
disfruta de sus clases. Vienen con entusiasmo y la hora parece pasar
volando. Aprecian su intensidad y su capacidad para mantener la clase
interesante y motivadora. Les gusta su creatividad y variedad. Muchos de
ellos sienten que su clase es su hora favorita del día, porque se van
motivados y llenos de entusiasmo.
58
Quizás usted haya tenido una profesora que era «puro estilo». No
solamente enseñaba con buen estilo, sino también se vestía con buen estilo.
Cuando su clase entraba, sentía la electricidad de anticipación. Sus muros
estaban llenos de carteles, fotos, y tareas destacadas. Parecía hacer que
los conceptos más complicados fueran fáciles de entender. A diferencia de
la mayoría de los profesores, a ella no le gustaba dictar la materia. Prefería
el drama, grupos pequeños, la discusión espontánea, sesiones para enfocar
un tema especial, conferencistas de visita, y películas —todo era parte de
su manera de hacer un ambiente maravilloso para aprender.
Si el estilo es su lado débil, entonces probablemente siempre dicta sus
clases, y no piensa usar un retroproyector. Prefiere estar parado detrás de
un púlpito, y cuando sale de su protección, se siente parcialmente desnudo.
En cuanto al drama, eso es para Hollywood y las películas. Según usted,
¡los grupos pequeños son la mejor forma de compartir la ignorancia!
Después de todo, en el Sermón del Monte, Jesús dictó su clase, ¿verdad?
Si esta área es su debilidad, sus alumnos probablemente piensan que
sus clases son aburridas y que todo es demasiado predecible. Les parece
que a usted le interesa más la materia que la comunicación de la materia. Si
hace calor en la sala, o si es muy tarde, los alumnos pueden empezar a
cabecear y cerrar los ojos, porque no los mantiene interesados.

Cómo identificar el problema en su clase


Los problemas en la clase se hacen evidentes a través de las actitudes
y las acciones de los alumnos. Si está mala, los alumnos le dirán.
La siguiente lista son quejas de estudiantes normales de la enseñanza
secundaria acerca de los profesores y sus clases. Vea si puede identificar el
problema fundamental —si es del contenido, de la relación con los alumnos,
o si es del estilo— antes de ver la respuesta. Después de identificar el
problema, le daré varias posibles soluciones. Para los dos primeros

59
problemas, he incluido respuestas más extensivas. Vea si puede encontrar
sus propias respuestas para los otros.

1. «No puedo soportar a mi profesor. Dudo que conozca mi nombre.


Además, no le importa si estoy vivo o muerto. ¡No voy a estudiar en su
clase!»
Problema: Relación con los alumnos —los estudiantes sienten que el
profesor no se preocupa por ellos.
Solución: Demuestra en forma concreta a través de ilustraciones
personales y gestos de afirmación pública que usted realmente se preocupa
por ellos.
• Memorice inmediatamente los nombres de sus estudiantes y llámelos
por sus nombres cada vez que hable con ellos.
• Comience las próximas clases con una historia personal, demostrando
que usted es una persona verdadera con sentimientos de victoria y de
fracaso. Durante la próxima semana, pase más tiempo contando de fracasos
que de éxitos.
• En un momento apropiado, comparta sus razones personales por las
cuales quería ser profesor, y explique lo que le gustaría ver suceder en las
vidas de sus alumnos.
• Anime frecuentemente a los estudiantes con comentarios en la clase y
con notas escritas en sus tareas. Afírmelos individualmente y como grupo.
Dígales que está contento de que están en su clase.
• Preste atención y haga contacto visual con los que están más lejos,
porque probablemente ellos se sientan aislados y marginados.
• Entregue un cuestionario anónimo con preguntas como, «Me gustaría
que mi profesor dejara de», y «Me siento más desanimado en este curso
porque», y «Si yo fuera profesor de esta clase desde mañana, lo primero
que haría es». Haga los cambios correspondientes inmediatamente y
abiertamente.

60
2. «Dictar, dictar, dictar; eso es lo único que hace mi profesor
ahora.»
Problema: Estilo —el único método que usa el profesor para entregar su
contenido es dictar una conferencia, y esto llega a ser aburrido y cansado
para el alumno.
Solución: Variar la forma de enseñar regularmente—aún la mejor carne
o el mejor postre se convierte en algo rutinario después de mucha repetición.
• Mantenga un registro del porcentaje de tiempo que está dictando.
Cuanto más jóvenes son los alumnos, menos toleran el método de dictar.
• Varíe su estilo de clase entre tres aspectos básicos —lo que usted hace
en la clase, lo que pide que los alumnos hagan, y lo que usted hace junto
con los alumnos.
• Reduzca el contenido en un veinticinco por ciento un par de semanas,
para tener más tiempo para usar métodos alternativos de enseñanza.
• Comience la clase con un método creativo, y aún más importante,
termine los últimos cinco minutos con algo creativo. La gente recuerda la
introducción y la conclusión más que cualquier cosa entre medio. Busque
ideas en un libro de métodos de enseñanza.
• Produzca expectación, avisando que habrá una película especial o una
visita importante la próxima semana. Asegúrese de que su clase sepa que
está tratando de servirles mejor con estos métodos.
Ahora estudie estos siguientes problemas. ¿Qué soluciones específicas
podría ofrecer?

3. «Mi profesor tiene la cabeza en las nubes. Nadie entiende lo que


está diciendo en la mitad de sus clases.»
Problema: Contenido —el profesor está presentando material muy
complejo o demasiado extenso para los alumnos en esta situación.

61
Solución: Deje de tratar de cubrir toda la materia, y comience a enseñar
a los alumnos. Simplifique el contenido y asegure que están comprendiendo,
antes de continuar. (Ver la ley de la retención.)

4. «Lo único que hacemos es llenar los espacios en las notas


durante toda la clase. No permite discusión, y tenemos que escribir
todas nuestras preguntas en una tarjeta, para que él conteste en la
siguiente clase. ¡Qué aburrido! ¡Podría haber leído el texto
simplemente! ¡Por lo menos tenía fotografías!»
Problema: Estilo —el profesor piensa que el mejor método para
comunicar la materia es que los alumnos llenen los espacios.
Solución: Deje de frustrar a sus alumnos, usando un método que ellos
sienten que está debajo de su nivel y que es innecesario. Busque nuevos
métodos de instrucción.

5. «Las clases son estúpidas. Lo único que hacemos es hablar de


cosas simples que ya estudiamos hace dos años. No aprendemos nada
nuevo.»
Problema: El contenido —el profesor está repasando materia que ya
aprendió la mayoría de los alumnos, y tiene muy poca materia nueva. El
profesor ha perdido contacto con el nivel de los alumnos.
Solución: Reorganice las próximas tres lecciones para minimizar el
repaso y aumentar materia nueva. Destaque con entusiasmo la nueva
información que les va a enseñar, explicando cómo les va a ayudar.
Duplique la cantidad de información que presente.

6. «No puedo creer que el profesor espere que leamos estos libros
—estamos en el décimo año, y mi papá dice que él leía estos libros en

62
la universidad. Tengo que buscar cada palabra por medio en el
diccionario.»
Problema: Contenido —el profesor ha perdido el contacto con la
capacidad de los alumnos, y posiblemente esté tratando de exigirles
demasiado.
Solución: Avise inmediatamente que habrá un cambio en las tareas, y
explique que hay tres niveles de lectura: libros básicos, libros retadores, y
libros avanzados. Trate de motivarlos a mirar las tres categorías y a
seleccionar algunos que están un poco arriba de sus capacidades. En
principio, nunca enseñe al nivel del diez por ciento más capacitado, sino trate
de alcanzar el nivel promedio, y ofrezca desafíos especiales para los que
pueden llegar más arriba.

7. «La clase es un circo —está totalmente fuera de control. Los


alumnos tiran cosas, hablan entre ellos, se burlan de la profesora, y la
profesora siempre está gritando. Cuando no soporta más, rompe en
lágrimas.»
Problema: Los alumnos —la profesora ha abandonado su autoridad y su
liderazgo, para dejar que los alumnos dominen el ambiente.
Solución: Establezca reglas de conducta en clase, y negocie con los
alumnos una lista de las consecuencias si no se cumplen. Escriba una copia
de esta lista y colóquela en algún lugar donde todos puedan verla. Ponga en
práctica las consecuencias positivas y negativas.
¿Parecen conocidas estas quejas? Cada uno de estos comentarios es
una señal verbal de fracaso en la enseñanza, de disfunción del aprendizaje.
Cada uno es innecesario, y está dentro de su control como maestro. Como
ha descubierto en el proceso, la máquina de diagnóstico de la enseñanza es
fácil de usar, y la solución se puede aplicar inmediatamente.

63
Los maximizadores de la ley del agente
El propósito de la sección «maximizadores»1 en cada una de las siete leyes es
capacitarlo aun más en el método recién explicado, presentando siete puntos
adicionales acerca de cómo sacar provecho del método. Estos siete maximizadores
lo capacitarán para tener más habilidad al asumir su vocación de «hacer que los
alumnos aprendan».

Maximizador 1. Ame a sus estudiantes consistentemente e


incondicionalmente
Jesús nos dio el maximizador más importante cuando dijo: «Amarás al
Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende
toda la ley y los profetas» (Mateo 22:37–40).
De los cuarenta y nueve maximizadores presentados en este libro, este
primero es el ganador sin competencia. Amar a sus estudiantes
profundamente y continuamente aumentará su impacto en sus vidas más
que los otros cuarenta y ocho juntos.
Incluso, según 1 Corintios 13, si usted y yo no amamos realmente a
nuestros alumnos, todo lo demás que hacemos en la clase no sirve de nada.
Es muy especial estar en una clase donde el énfasis principal de los
esfuerzos y del afecto del profesor está puesto en los alumnos. Parece que
el amor por los alumnos ya no está de moda. De alguna manera la
admonición bíblica de amar ha sido tan debilitada que pocos captamos la
profundidad de nuestra vocación. Estamos satisfechos con preparar las
lecciones, enseñar con entusiasmo, y quizás llamar a nuestros alumnos en
una emergencia o tener una actividad social una vez al año.

1 Nota del traductor: El autor ha inventado un término propio en inglés (maximizer). Considero que
la palabra maximizador, aunque no está en el diccionario, es la mejor manera de expresar el mismo
concepto en español.

64
Hemos permitido también que nuestra definición del amor sea vaciada
de emociones. Las palabras intenso, ardiente, celoso, o ferviente no se usan
para describir las clases. ¿Debe usted tener pasión? ¿No le parece increíble
que podemos hacer cosas muy positivas hacia otras personas, pero sin
tener amor? Por ejemplo, 1 Corintios 13 menciona dos acciones más allá de
la imaginación de la mayoría de nosotros —dar todos nuestros bienes para
alimentar a los pobres, y sacrificarnos como mártires— y dice que es posible
hacerlas sin amor. Y sin amor, no significan nada.
El amor produce acciones, por supuesto, porque algunas de sus
acciones se mencionan en 1 Corintios 13:4–7: «El amor es sufrido, es
benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se
envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda
rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre,
todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» Pero, ¿el amor bíblico incluye
pasión y fervor? 1 Pedro 4:8 da una respuesta clara y específica: «Y ante
todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud
de pecados.»
Tener «amor ferviente» significa tener sentimientos intensos y sinceros.
Por lo tanto, usted y yo debemos hacer un esfuerzo en involucrarnos
intensamente y emocionalmente con nuestros alumnos, debemos amarlos
fervientemente.
Aunque sea sorprendente, creo que todos los maestros «aman», sin
excepción. Cuando observa su conducta, puede determinar rápidamente lo
que aman. Nuestra conducta refleja nuestros valores y nuestros afectos. Los
amores principales de los profesores consistentemente caen dentro de las
siguientes categorías:
1. Amor por el contenido. Estos son los maestros que se emocionan y
se motivan tanto con la materia que pierden de vista a los alumnos. La gran
mayoría de su tiempo de preparación está dedicada al contenido. Están tan

65
enamorados de lo que dicen que nunca tienen tiempo o energía para fijarse
en quién escucha lo que dicen.
2. Amor por la comunicación. Estos son los maestros que se emocionan
y se motivan tanto con la idea de hablar en público, ¡que pierden de vista al
público! Se les sube la adrenalina mientras caminan por la plataforma. Les
entusiasma la respuesta del público. Las pausas llenas de significado, el
subir y bajar de volumen, el humor en el momento perfecto, la frase bien
usada, la conclusión llamativa, los gestos artísticos; todo combina para crear
el evento. El aplauso. El honor. Es amor por el evento en vez de amor por
los alumnos.
3. Amor por el estilo de vida del maestro. Estos son maestros que
enseñan para que puedan ser libres para hacer lo que realmente quieren
durante las vacaciones, y especialmente durante el verano. Estos individuos
no ven la enseñanza como una vocación, sino como una fuente de ingreso.
Los alumnos son algo que el profesor tiene que soportar.
¿Cuánta pasión y fervor tenía Jesús por la comunicación con sus
alumnos, con el mundo? Jesús dejó su gloria celestial para sacrificarse por
el bien de su «clase». Enseñó la verdad con todo su corazón, con toda su
alma, y con toda su mente —y finalmente con toda su vida. ¡Cristo murió
para enseñarnos la verdad! Ese es el amor apasionado que tenía Cristo por
sus alumnos.
A fin de cuentas, el mejor comentario que usted y yo podemos recibir
como maestro será, «¡Veis como ama a sus alumnos!»

Maximizador 2: Ponga en práctica sus talentos y dones, siendo usted


mismo
¿Ha escuchado alguna vez a un conferencista, y deseado poder hablar
como él? La mayoría de nosotros nos encontramos deseando poder enseñar
o predicar como otra persona, como si el poder del púlpito viniera a través
de la imitación.

66
Un gran predicador habló una vez en el culto cuando yo estaba en mi
primer año del seminario, y entregó uno de los sermones más inspiradores
que he escuchado en mi vida. Estaba tan impresionado que transcribí la
cinta completa. No podía esperar para predicar esta obra de arte. Finalmente
una pequeña iglesia pidió que un alumno fuera a predicar, y tuve mi gran
oportunidad.
Empecé a predicar este sermón con toda mi alma. Cuando llegué a la
segunda página, sin embargo, miré a la congregación y quedé espantado;
el aburrimiento había ganado a todos. Pensé que me hacía falta usar los
gestos del gran predicador, que también había memorizado —así que los
intenté. Dos señoras en la primera banca se miraban y se encogían de
hombros. Yo movía los brazos más dramáticamente todavía.
Di vuelta a la página y empecé a citar el hebreo y el griego. «¡Espera
que escuchen esto!», pensé dentro de mí. Pero algunos ya estaban
cabeceando. Desesperado, miré a mi ayuda idónea para recibir una sonrisa
de afirmación. Cuando la encontré en la tercera banca, vi que tenía una cara
de confundida. Entonces ella comenzó a mover la cabeza de un lado a otro
con incredulidad. Perdí mi lugar en el manuscrito, y mi estómago me dio
aviso que no estaba muy contento con la tensión. Faltaban catorce páginas.
Cuando salimos del estacionamiento, había caído en un hoyo oscuro de
desesperación. Avisé a mi esposa que era el colmo, que iba a renunciar a
mis estudios en el seminario al siguiente día. Dije que Dios había cometido
un error trágico al llamarme a predicar.
Darlene estaba callada al principio. Finalmente, ella predicó su sermón
del día, pero en vez de catorce páginas, era de un solo párrafo.
—Cariño, el Señor te ha llamado a predicar, pero no te ha llamado a
predicar los sermones de otra persona. ¿Y qué hacías con los brazos? ¡Ese
no era tu estilo! Dios no te puede bendecir si tratas de ser otra persona, y no
la persona que él quiso.

67
¡Ese fue un momento decisivo en mi ministerio! Si no hubiese sido por el
consejo de mi esposa, posiblemente no hubiera terminado el seminario y
entrado al ministerio. Me comprometí a nunca más predicar el sermón de
otro hombre, o copiar el estilo de otra persona.
Temo que a veces deseemos cosas de la carne para lograr algo
espiritual. Sin darnos cuenta, empezamos a buscar algo bueno en el lugar
equivocado. Sacamos la conclusión que, si tuviéramos los dones de la otra
persona, nuestra enseñanza sería mucho más poderosa. Eso es territorio
peligroso, y no es bíblico.
Aparentemente es una tendencia humana universal envidiar los dones
de otros, y subestimar los dones propios. Las Escrituras nos enseñan que la
envidia es obra de la carne, y no del Espíritu. Cuando deseamos algo que
Dios ha dado a otra persona, y no a nosotros, secretamente estamos
rebelándonos en contra de la voluntad de Dios para nosotros. Dios nos ha
creado, y ha dirigido la formación de nuestras características físicas,
mentales, y emocionales (Salmo 139:15–16).
Cuando deseamos los dones de otra persona, estamos considerando
solamente el lado humano del ministerio. Deseamos los talentos de otros
solamente cuando olvidamos la promesa increíble de Dios: «Bástate mi
gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).
Si deseamos lo mejor de Dios en nuestras vidas, entonces debemos aceptar
que incluye tanto debilidades como fortalezas.

Maximizador 3: Regularmente cambie su estilo de acuerdo con cada


situación
Después de hablar una noche en una conferencia bíblica en las
montañas de Carolina del Norte, me encontré involucrado en dos situaciones
de consejería que necesitaban dos estilos totalmente distintos.
Desanimado, mirando hacia abajo, había un joven sentado en el rincón,
esperando que todos los demás se fueran. Obviamente estaba muy afligido.

68
Su tono de voz indicaba que estaba quebrantado y lleno de remordimiento.
Inmediatamente tuve que cambiar mi voz y mi lenguaje corporal, para no ser
conferencista sino consejero personal. Saqué una silla, me senté, me incliné
hacia adelante, bajé la voz, y escuché atentamente.
Era un pastor joven que tenía un conflicto serio con el pastor principal de
su iglesia. Era tan serio que consideraba dejar el ministerio. Después de
hacerle algunas preguntas estratégicas, le pregunté cuán seriamente quería
resolver el problema. ¿Haría cualquier cosa necesaria para tener la victoria?
Su respuesta estaba en armonía con su lenguaje corporal —sí, estaba
dispuesto, dijo con lágrimas. Con compasión, le expliqué la respuesta bíblica
para su problema y le animé a obedecer al Señor completamente, sin
reservas. Nos dimos la mano y se comprometió a llamar a su pastor para
arreglar la situación y para comprometerse a seguir su liderazgo sin espíritu
de rebeldía. ¿Mi estilo? Tranquilo, personal, relajado, íntimo, calmado.
Al terminar la conversación, me di cuenta de que mi esposa, Darlene,
estaba con una pareja en el fondo del auditorio. La señora tenía las manos
en sus caderas, y él tenía los brazos cruzados. No podía entender las
palabras, pero su tono era agresivo y airado.
Mi esposa estaba aliviada cuando finalmente fui a unirme con ellos en la
situación infeliz. En unos pocos segundos, el hombre que medía un metro
noventa y cinco, y pesaba ciento diez kilos estaba gritando a su esposa,
lanzando comentarios furiosos sin fin y sin misericordia. Empecé a hablarle
en el mismo tono en que había hablado con el joven —el mismo estilo— y
me atropelló como una máquina aplanadora. Levanté la voz para llamar su
atención, pero ya me ganaba en varios decibeles. Subí la voz más todavía,
y empezó a gritar por encima de mi voz.
Me di cuenta de que mi estilo no estaba dando resultados. Había sido
eficaz con el joven ministro, pero con este matrimonio tenía que ser más
firme. Mucho más.

69
Le hice señas a Darlene para que supiera que iba a hacer una actuación
y darle duro a este hombre. Obviamente este hombre no había escuchado
a nadie en mucho tiempo. Con una oración desesperada, intensifiqué mi
estilo. Aun así, me sentía débil bajo su ataque. Finalmente, con una
explosión de emoción que no había sentido desde mi pelea con Johnny Red
en el octavo año, empecé a gritarle con mi dedo en su pecho. Cada vez que
me interrumpía, le cortaba en medio de su oración. Finalmente comenzó a
escuchar. Su lenguaje corporal comunicaba que estaba recibiendo en vez
de atacar. Estaba abierto a recibir consejo y ser reprendido.
Después de una hora, se fueron tomados de la mano. Darlene y yo
fuimos caminando a nuestra cabaña. Me fijé que ella no estaba hablando, y
que parecía turbada. Le pregunté qué pasaba, y me dijo:
—¡Nunca te había visto así en toda mi vida, y espero que no actúes así
conmigo!
Estaba sorprendida.
—¿No viste mis señas?
Dijo que sí, pero que no había entendido. Pensaba que había perdido el
control. Le aseguré que estaba totalmente en control, y que había elegido
un estilo muy riesgoso para llegar a este marido endurecido. Había actuado
duramente a propósito, porque otros estilos no hacían ningún impacto.
¿Cree que estaba cómodo en esa situación? ¡De ninguna manera!
Estaba sudando y temblando. ¿Por qué lo hice así? Porque el «alumno»
tenía un caso severo de «combatitis», y pensé que si no era capaz de llegar
a él, posiblemente él o su esposa terminaría con el matrimonio esa misma
noche.
¿Qué hace usted cuando el lenguaje corporal de sus alumnos y sus
respuestas silenciosas demuestran que están aburridos e indiferentes?
¿Sube el nivel de intensidad y creatividad, o simplemente les dice que por
favor presten atención, y sigue con la misma rutina de siempre?

70
¿Sabe usted cuál es la queja número uno entre todos los estudiantes?
Ochenta por ciento de los alumnos que hablan conmigo abiertamente
confiesan que están aburridos la mayor parte del tiempo en la mayoría de
sus clases.
Espero que ahora se dé cuenta de que el aburrimiento no tiene nada que
ver con los alumnos. Además, aunque usted lo discuta conmigo, tampoco el
contenido es el componente más culpable por el aburrimiento. Una vez
escuché a un conferencista hablar diez minutos acerca de «la importancia
de la bolsita de papel». Cuando terminó, el público entero se puso de pie,
gritando locamente. ¡Fue magnífico!
Lo trágico acerca del aburrimiento es que he escuchado a muchos
profesores aburrir a sus alumnos hasta las lágrimas, mientras hablan del
tema más importante del mundo —la Biblia. El aburrimiento no viene tanto
del contenido como del estilo que se usa para presentarlo.
¿No ha seleccionado un curso electivo alguna vez porque parecía
interesante el tema, solamente para arrepentirse después de dos clases,
porque el profesor hacía dormir a todos? Parece que algunos son
somníferos verbales. En contraste, posiblemente haya tenido reservas
acerca de un curso obligatorio, porque pensaba que sería
insoportablemente aburrido. Aburrido con mayúscula. Hasta que el profesor
le cautivó con su amor por el tema. Pronto estaba enamorado del tema. El
profesor llegó a ser su más querido, y la clase era su favorita.
Yo vi una ilustración asombrosa de esto hace algunos años en el monte
Carmelo en Israel, donde Elías tuvo su lucha con los profetas de Baal. Había
una escultura allí de Elías, y todos en el grupo de Caminata Bíblica
queríamos saber qué decía la larga inscripción. Pero no pude leerlo, porque
no era español, griego, o hebreo. De pronto el miembro más joven del grupo,
una señorita que tenía dieciséis años, empezó a traducir la inscripción
perfectamente, ¡y con tanta emoción! Estaba tan impresionado que pedí que
me dejara sentarme a su lado en el autobús para escuchar su historia.

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Me dijo que su profesora del décimo año había hecho tan interesante el
latín, que llegó a ser la clase favorita de ella y de muchos de sus
compañeros. ¡El profesor hizo que el latín tuviera vida! He tenido a
profesores como ella en mis estudios. Por alguna razón, no entendían la
palabra aburrido.
Sus alumnos tampoco.

Maximizador 4: Exponga el tema de acuerdo con las necesidades y los


intereses de los alumnos
Si ha escuchado predicar a Charles Swindoll, probablemente ha
pensado: «¡Así me siento yo!», o «¡Eso es exactamente lo que necesito!»
Parece que tiene una capacidad extraordinaria para predicar exactamente
lo que usted necesita en ese momento.
¿Cómo lo hace? Es un experto en expresar su contenido, tomando en
cuenta las necesidades y los intereses de su público. Con una mano, está
tomando el pulso de la gente, y con la otra, está sosteniendo la Biblia. Se
disciplina para nunca cambiar la verdad, pero siempre viste la verdad con la
cultura contemporánea. Llega a su corazón porque siempre apunta a su
corazón.
Desdichadamente, muchas personas sostienen la Biblia con las dos
manos, y no registran el pulso. Nuestras lecciones son bíblicas, por
supuesto, pero son tan irrelevantes como un abrigo impermeable en el
desierto de Kuwait. Los alumnos se van de nuestras clases con sus hojas
llenas de apuntes, pero con sus corazones vacíos. Han venido a cenar en
un banquete, pero se han ido con hambre, habiendo conversado sobre la
comida sabrosa, pero sin haber consumido nada.
Usted siempre debe apuntar a los alumnos con el contenido. Trate de
llegar a sus corazones cada vez que enseña. Ya que esta es una ley tan
importante de la enseñanza, dedicaremos dos capítulos enteros (la ley de la
necesidad) para ayudarle a ser sensible a las personas cuando enseña.

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Maximizador 5: Note constantemente las actitudes, la participación, y
las acciones de sus alumnos
Los maestros eficaces constantemente están observando el «lenguaje
del alumno», o el lenguaje corporal. Los maestros expertos son tan buenos
para esto que casi desarrollan una conversación continua con los
estudiantes, sin que ellos digan ni una palabra. Cuando el profesor entiende
lo físico, responde verbalmente. Algunos alumnos dicen de estos profesores
que «están en contacto».
Cuando tenemos una conversación personal con otra persona que es
buena para leer nuestras comunicaciones no-verbales, frecuentemente
decimos que ella tiene «discernimiento» o que es «perspicaz». Estos
términos son precisos, porque tales personas tienen la capacidad de leer
detrás de lo que estamos diciendo para entender lo que realmente queremos
comunicar.
La mayoría de nosotros no nos hemos esforzado para desarrollar estas
habilidades de discernimiento. Nuestra cultura sobreestima en gran manera
el poder de lo verbal, y subestima en gran manera el poder de lo no verbal.
Cuando los sicólogos han intentando determinar el poder relativo de cada
uno, lo no verbal siempre gana por sobre lo verbal en la comunicación.
Cuanto más aprende usted a discernir lo que quieren comunicar sus
alumnos por medio de sus pistas no verbales, mejor sabrá lo que debe
ajustar para hacer que sus alumnos aprendan. Los profesores que no tienen
habilidades en esta área no saben cómo van a resultar los exámenes. Pero
los profesores que tienen estas capacidades desarrolladas pueden predecir
casi en forma precisa los resultados de los exámenes, porque los alumnos
han estado comunicándose con ellos constantemente.

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Maximizador 6: Dependa del Espíritu Santo para una enseñanza
sobrenatural
Este maximizador va más allá de lo natural e introduce lo sobrenatural.
Aunque este tema vital será explicado más en la ley de la ejecución, algunos
comentarios generales son necesarios aquí.
El Espíritu se describió antes como uno de los cinco causantes
principales del aprendizaje. Excepto por esas ocasiones raras en que el
Espíritu Santo toma completo control de la situación y logra su propósito
divino a pesar de nosotros, casi siempre elige operar en cooperación con el
maestro, el tema, y los alumnos. El aprendizaje más poderoso sucede
cuando el maestro humano conscientemente coopera con el Maestro Divino,
quien es libre para mover los corazones de los alumnos. La ley de la
ejecución describe esta relación con mayor profundidad.
Hay tres niveles distintos de la enseñanza, y todos hacemos clases en
uno de estos niveles:
1. Nivel egoísta. El profesor hace lo que le viene naturalmente, y
sutilmente usa a los alumnos para satisfacer sus propias necesidades. No
acepta la responsabilidad de hacer que los alumnos aprendan, sino
solamente trata de cubrir la materia.
2. Nivel de siervo. El profesor sirve a los alumnos con todo su corazón,
mente, y alma. Se concentra en suplir las necesidades de los alumnos, y
usa su creatividad y energía para hacer que los alumnos aprendan.
3. Nivel espiritual. El profesor sirve a los alumnos, pero también coopera
con el Espíritu Santo en la preparación de las lecciones, la enseñanza de
las lecciones, y su relación con los alumnos. Cuando esto ocurre
regularmente, los alumnos reciben enseñanza, no solamente del maestro
externo, sino también del Maestro interno. Cuando el Espíritu unge al
maestro y convence a los alumnos, el aprendizaje sube al nivel espiritual.
¡Qué el Señor nos anime a servir a los alumnos, y también al Espíritu!

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Maximizador 7: Aprenda a usar sus fortalezas para compensar sus
debilidades
Uno de los secretos de todos los atletas campeones es que saben utilizar
su lado fuerte. Si lo fuerte de un jugador de tenis es jugar cerca de la red,
entonces debe siempre acercarse a la red. Los campeones saben
concentrarse. Siempre limitan las áreas en que quieren destacarse.
Continuamente están diciendo que «no» a muchas cosas buenas, para decir
que «sí» a pocas cosas mejores.
En contraste, la gente que nunca alcanza su potencial tiene una
perspectiva diferente. En vez de concentrarse en sus fortalezas, se
concentran solamente en mejorar sus debilidades. Muchas personas que yo
conozco pasan sus vidas enteras tratando de ser buenos en todas las áreas
posibles, en vez de ser excelentes en sus áreas de mayor capacidad.
Uno de mis pasatiempos es la lectura de biografías de líderes. Algo que
tienen en común todos los grandes hombres y las grandes mujeres es esta
filosofía de concentrar sus energías en unas pocas áreas bien elegidas.
Si desea optimizar su vida para Cristo, debe limitar sus opciones. El
apóstol Pablo practicó este método de concentrarse en las prioridades. Dijo,
«una cosa hago» (Filipenses 3:13). Poco antes de morir, Pablo nos recordó
que la persona que es un buen soldado para Jesucristo no se enreda en
«los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado»
(2 Timoteo 2:4).
Por lo tanto, si desea ser excelente para Cristo en la sala de clases, no
trate de hacer todo igualmente bien. Haga menos cosas, pero hágalas muy
bien. Concéntrese. No piense que para optimizar su ministerio tiene que
hacer todo perfecto. ¡No es así! Cuando comience a elegir consistentemente
servir a Dios en las áreas en que le ha dado más dones, experimentará un
manantial creciente de bendiciones.
Mientras se concentra en su lado fuerte, recuerde dos cosas adicionales
acerca de sus debilidades:

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• Mejore su lado débil a tal punto que no moleste en la clase, y que esté
dentro de un rango «aceptable». Aunque sea excelente jugando cerca de la
red, para jugar tenis, también debe saber jugar atrás, usando el golpe
derecho y el revés. Debe subir sus calificaciones en sus áreas débiles por lo
menos para aprobar.
• Utilice su lado fuerte para compensar su debilidad. Juegue cerca de la
red todo lo que pueda, siendo prudente.
Ya sea que usted sea una persona orientada al contenido, a los alumnos,
o al estilo, use su fuerza innata para fortalecer su debilidad innata. Nunca
olvidaré cómo un profesor que estaba orientado al contenido usó su mente
para compensar su debilidad notable en relacionarse con los alumnos. Era
un nuevo miembro de la facultad, y todos los alumnos estábamos curiosos
por saber cómo era, cuando entramos a la sala para nuestra primera clase
con él. Después de terminar un tercio de la clase, un alumno levantó la mano
para hacer una pregunta.
El profesor contestó: «Esa es una excelente pregunta, Jaime». Usted
debería haber visto la cara de Jaime —nunca había conocido al profesor.
Entonces el profesor dijo: «Jorge, ¿qué piensa usted?» Después:
«Margarita, es un buen punto». Estábamos asombrados que un profesor se
preocupara tanto por nosotros que había memorizado nuestros nombres el
primer día de clases. Había sabiamente usado sus capacidades
intelectuales para compensar su debilidad en sus relaciones con los
alumnos.

Conclusión
Durante mi primer año como profesor universitario, empecé a desarrollar
y profundizar esta filosofía de la enseñanza y el aprendizaje. Unas semanas
después del comienzo del semestre, me di cuenta de que tres de los
alumnos del primer año estaban reprobando mi curso —¡y no por poco! Sus

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calificaciones empezaron a molestarme más y más. Al comienzo del
semestre, no me sentí culpable por darles calificaciones tan bajas. Después
de todo, si estaban reprobando, era culpa de ellos, ¿verdad? Pero algo me
siguió inquietando. Sentía que tenía que hacer algo antes de que fuera
demasiado tarde.
Invité a cada uno a almorzar conmigo en un restaurante cercano. Decidí
no decirle a ninguno de los tres que también estaba invitando a los otros, así
que estaban sorprendidos cuando se encontraron allí. Les compré
hamburguesas y malteadas, pero como usted puede imaginar, era incómodo
almorzar con tres alumnos que estaban reprobando.
Finalmente les dije:
—¿Saben qué? Hay cuatro de nosotros aquí, y todos tenemos algo en
común. Estamos reprobando mi clase. Ustedes están reprobando, y por lo
tanto, yo también estoy reprobando. No me gusta reprobar, y me imagino
que a ustedes tampoco. ¿Será tan mala mi clase?
—No, está bien la clase —dijo uno.
Capté que había algo más, así que pregunté:
—¿Cómo te va en las otras clases?
Todos miraron hacia abajo y siguieron comiendo sus hamburguesas.
Miré a uno y le pregunté si había algo que le molestaba.
—Bueno —dijo—, soy un cristiano nuevo, y soy el único en mi familia
que conoce a Cristo. Traté de compartir el evangelio con ellos antes de venir
a la universidad, y se rieron de mí. Me dijeron que estaba loco por venir a
una universidad cristiana. Pienso que si repruebo, nunca me van a escuchar
acerca de Cristo, y me tiene desanimado.
Miré a otro que estaba asintiendo con la cabeza como si lo
comprendiera, y le pedí que me contara de su situación.
—Bueno —vaciló—, durante la enseñanza secundaria, me
emborrachaba mucho en fiestas con gente mala. Finalmente dediqué mi vida
a Cristo el último semestre, pero mis calificaciones eran terribles. Supongo

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que nunca aprendí a estudiar. Me dejaron estudiar aquí a prueba, y me
dijeron que tenía un semestre para mostrar que puedo hacerlo. Estoy
aprendiendo mucho, y estoy mejorando, pero creo que no lo voy a lograr a
tiempo.
Tenía lágrimas en sus ojos.
—Yo sé que Dios quiere que le sirva como misionero, así que tengo tanto
miedo de fracasar que no puedo estudiar en la noche.
Ya no podía comer mi hamburguesa. Miré al tercero y me di cuenta de
que tenía una cara de vergüenza. Miró al lado y simplemente dijo:
—Estoy enamorado… y mi novia está en Iowa. Esta es la primera vez
que estoy lejos de mi casa. Me siento muy solo.
Hablamos de sus vidas, y finalmente les dije:
—Saben, caballeros, nuestra próxima clase es sobre el libro de Josué, y
creo que Josué tiene las respuestas para todos sus problemas. Me gustaría
invitarlos a nuestra casa para comer pizza el viernes en la noche; la mejor
pizza de pepperoni del mundo hecha en casa. Juntos vamos a buscar las
respuestas para los desafíos de cada uno. Entonces les voy a pedir que
compartan sus respuestas con el resto de los alumnos el próximo jueves.
El viernes llegaron todos. Tuvimos un tiempo increíble. Gracias a Dios
pudimos encontrar respuestas para sus problemas, pero tengo que confesar
que cuando empezamos, ¡no estaba seguro de que Josué realmente tenía
todas las respuestas!
El martes siguiente, el primer joven llegó al púlpito y contó a los alumnos
sus problemas y temores, y la respuesta de Josué. Entonces el próximo
describió su amor por su novia y su sentido de soledad. Contó acerca de la
soledad de Josué sin Moisés, y como se puede enfrentar la soledad con el
poder del Señor. Me fijé que algunas de las niñas estaban secándose las
lágrimas.
Finalmente el tercer joven se acercó al púlpito. Yo estaba más
preocupado por él, porque tenía mucho miedo de hablar en público. Empezó

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a murmurar, mirando al suelo, pero pronto sintió tanta aceptación de los
demás que levantó la cabeza y nos miró a los ojos. Nos contó cómo Josué
aprendió a tener valentía y a enfrentar los gigantes de su vida.
Me emocioné. Cuando iba hacia su asiento atrás, los alumnos
empezaron a aplaudir. Terminamos la clase ese día, gritando y aplaudiendo,
y animando a nuestros tres amigos. Los estudiantes eran muy distintos
desde ese día, nos habíamos unido como una familia.
¿Qué piensa que pasó con las calificaciones de esos tres alumnos? No
solamente en mi clase, sino en todas sus clases. ¡Correcto! ¡Cambiaron
totalmente! Ahora tenían fuego en los ojos, esperanza en sus corazones, y
valentía para enfrentar sus propios gigantes y «Jericós» con el poder del
Señor.
Tales cambios nos animan mucho como profesores. Hacen que todo
valga la pena. ¿Qué necesitaban para dar vuelta sus preciosas vidas? Tres
hamburguesas y dos pizzas de pepperoni.
Al comenzar esta maravillosa aventura de aprender a enseñar como
Dios quiere, ¿se unirá conmigo en comprometerse a «hacer que aprendan»
sus alumnos? ¿Está dispuesto a comprometerse delante de él, sin importar
el costo, a servir al Señor en el poder del Espíritu? Nunca más estará
satisfecho de «cubrir la materia» simplemente. Nunca más mirará al otro
lado cuando un alumno esté mirando por la ventana. Enseñará a sus
alumnos con todo su corazón, toda su alma, y toda su mente —¡todo para
la gloria de Dios! Aunque tenga que hacer cuatro pizzas de pepperoni.

Preguntas para reflexión


1. Tome unos momentos para examinarse como maestro. En una escala de
1 a 10, califíquese como estudioso (orientado al contenido), como amigo
(orientado a los alumnos) y como comunicador (orientado al estilo). Si quiere
llegar a ser un maestro realmente excelente, tendrá que concentrarse en su

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lado fuerte. Nombre por lo menos tres maneras en que usted puede hacer
eso en los próximos doce meses.

2. ¿Qué piensa usted? ¿Cuál es su problema más serio en las clases? ¿El
manejo de la materia, la relación con los alumnos, o el estilo? Piense en su
mayor debilidad que posiblemente haya llegado a ser una molestia o un
detrimento para el aprendizaje. ¿Cómo podría usar sus fortalezas para
superar esa debilidad? Anote dos o tres cosas que podría hacer
inmediatamente. Ahora, practique su propio consejo.

3. La queja más común de todos los estudiantes es que las clases son
aburridas. Más de 80% de los alumnos que hemos encuestado en el país
dicen que este es el mayor problema. Nombre tres cosas que podrían ser la
causa del aburrimiento, y anote tres soluciones para cada una.

4. Lleve una hoja en blanco a las próximas clases o cultos que usted asista,
y clasifique al orador en una escala de 1 a 10 como estudioso, amigo, y
comunicador. Anote puntos específicos que puedan ayudar a cada uno a ser
doblemente eficaz.

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SEGUNDA LEY
LA LEY DEL

Potencial
3
LA LEY DEL POTENCIAL; MENTALIDAD,
MODELO Y MÁXIMAS
Me sentía como una piedra en un torrente de estudiantes de la
universidad cristiana. Estaban matriculándose para el primer semestre. Era
un caos. Lo había visto muchas veces, pero esta vez, en vez de correr de
una mesa a otra en el gimnasio, matriculándome para clases, yo estaba
observando a los alumnos que se inscribían en mis clases. Era mi primer
año después de mis estudios de postgrado, y en unas pocas horas iba tener
mi debut como profesor, ahora detrás del atril.
Mirando las mesas, me di cuenta de que me habían designado secciones
uno, dos, y tres del curso «Métodos de estudio bíblico». Las otras cinco
secciones tenían otros profesores. Después de caminar unos veinte
minutos, salí del gimnasio y fui hacia mi oficina. Un miembro de la facultad
con mucha experiencia me alcanzó y me dijo:
—¡No lo puedo creer!
—¿Qué no puedes creer?
—Te dieron la sección dos, ¿verdad?
—Bueno, sí, parece que sí.
Sacudió la cabeza con incredulidad.
—No lo puedo creer. Eres el nuevo miembro de la facultad, tu primer
año, y te dan la sección dos.
Me tenía confundido.

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—¿Por qué? ¿Qué hay de especial con la sección dos?
—¿No te dijeron en la reunión de orientación?
La verdad era que no habían tenido una reunión de orientación para
nuevos profesores, porque yo era el único nuevo. Le pedí que me explicara.
—La sección dos tiene todos los alumnos nuevos más destacados.
Están en clases de honores. Los mejores de los mejores. Los alumnos más
brillantes de toda la universidad.
Nos detuvimos fuera de las oficinas, y me miró fijo.
—Bruce, no vas a creer la diferencia entre la sección dos y los otros
grupos.
—¿Qué quieres decir? —le pregunté, sin saber si debería sentirme
exaltado o intimidado. En mis estudios, nunca había estado en una sección
dos.
—¡Motivación! Son como caballos tirando contra las riendas. Esos
jóvenes te exigirán al máximo. Te va a encantar cada minuto. ¡Ay! ¡Tu primer
año! ¡Qué suerte!
Se fue caminando por la vereda, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
Yo estaba intrigado, por decir lo menos.
Al día siguiente, llegó la sección uno para su primera clase. Fue un buen
tiempo. Nada especial, solamente una buena sesión de intercambio. Era un
grupo sólido de jóvenes.
Después del descanso, llegó el grupo de la sección dos. No lo pude
creer. Tenía razón. Podía sentir la electricidad en el aire. Desde el sonido de
la campana hasta el final, el tiempo se fue volando, mientras el profesor y
los alumnos aprendían casi a la velocidad de la luz. Era como subir una tabla
hawaiana y viajar encima de una ola durante la hora completa.
A veces el interés de los alumnos y su deseo de aprender me llegaban
con una intensidad que casi no podía seguir. Todo era diferente —sus
preguntas, el contacto visual, las expresiones de sus rostros, aun la manera

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de sentarse. Era increíble. Mi colega tenía razón. Estos alumnos nos sacan
lo mejor.
Llegó el grupo de la sección tres, y me di cuenta de que eran como la
sección uno. Buenos, pero no como la sección dos.
Al progresar durante el semestre, estaba cada vez más agradecido al
Señor por el privilegio de enseñar. Nunca me había sentido tan desafiado y
realizado. Y aunque disfrutaba todas las clases, era la sección dos la que
siempre me llenaba de alegría.
Cuando nos acercábamos a los exámenes del fin del semestre, un día
estaba caminando a una reunión de facultad con el decano académico, Dr.
Joseph Wong.
—Bueno, Bruce —dijo—, estás a mitad de tu primer año. Terminó la luna
de miel. ¿Qué te parece la enseñanza?
—¡Es absolutamente extraordinaria! ¡Es mejor de lo que jamás imaginé!
Sonrió.
—¡Qué bueno escucharlo! ¿Qué te gusta más de la enseñanza? Sin
pensar, contesté:
—¡La sección dos!
Frunció las cejas y se detuvo, aparentemente para escuchar con más
cuidado.
—¿La sección dos? Cuéntame.
Era mi primera oportunidad para expresar mi deleite y mi gratitud por la
oportunidad de enseñar a treinta de los alumnos más brillantes que había
conocido. Hablé maravillas de ellos durante un par de minutos, explicando
la diferencia entre ellos y los otros alumnos.
El decano estaba reflexionando, mientras seguía hablando de este grupo
superdotado de jóvenes y señoritas. Cuando terminé, dijo:
—Me alegro que hayas tenido tanto éxito, Bruce, pero debo decirte algo
que te puede sorprender: No hay clase de honores este año. La cancelamos.
Se me secó la boca.

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—Joe —dije—, ¡debes estar bromeando!
—No, no estoy bromeando. El año pasado decidimos que sería mejor
distribuir a los mejores alumnos entre todos los grupos. Pensamos que
agregaría un poco de chispa a todas las secciones.
Mareado con incredulidad, dije:
—Joe, te alcanzo en unos minutos. Necesito ir a mi oficina un momento.
Fui corriendo a mi oficina para llamar a la secretaria de registros, todavía
seguro de que mi colega estaba tratando de hacer una broma ya que era un
nuevo profesor.
—Joyce —dije—, tengo la sección dos para Métodos de estudio bíblico,
¿verdad?
—Correcto, Bruce.
Tragué fuerte.
—Dime Joyce, la sección dos tiene a todos los alumnos destacados,
¿verdad?
—Bueno, no, Bruce. Cancelamos ese programa el año pasado.
Agonizando por dentro, colgué el teléfono. No podía asimilar lo que
sucedía. Con mucho temor, abrí el libro de calificaciones. Comparé las notas
de la sección uno y tres con las notas de la sección dos. La diferencia era
asombrosa.
Saqué una pila de trabajos escritos de mis estantes. Poniendo los
trabajos de uno y tres en una pila, comparé esa pila con la pila de la sección
dos. ¡La sección dos tenía más páginas que las otras dos secciones juntas!
Revisé los trabajos, uno por uno, página por página, y la diferencia era
asombrosa. Los alumnos de la sección dos superaron a los otros alumnos
una y otra vez.
Ese día resultó ser una de las experiencias de aprendizaje más
importante de mi vida. Nunca lo he olvidado. Por primera vez, me di cuenta
de que mi expectativa de los alumnos hacía una diferencia increíble en su
rendimiento.

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No había ninguna diferencia entre las secciones uno, dos, y tres. Era el
mismo contenido, el mismo día de la semana, el mismo nivel de capacidad
entre los alumnos del primer año. Ninguna diferencia. Incluso, nunca dije:
«Ustedes están en la sección dos y su rendimiento debería reflejarlo».
¿Cómo podía explicar la diferencia tan dramática en lo que aprendieron?
La única diferencia era la expectativa del profesor. Ya que mis expectativas
eran mucho más altas para el segundo grupo, su conducta y su aprendizaje
lo reflejaron. Nunca olvidaré cuando reflexioné ese día sentado en mi sillón:
«Me pregunto, ¿qué habría pasado si el otro profesor me hubiera dicho que
los alumnos destacados eran del grupo tres?»
Esa experiencia encerró en mi memoria para siempre la realidad de la
ley del potencial. Mis expectativas, sin duda, tuvieron un tremendo impacto
en la vida de los alumnos —tanto para bien como para mal.
Ya que este libro fue escrito para ayudarle a optimizar su capacidad de
causar que los alumnos aprendan, entonces obviamente si puede dominar
la ley del potencial, ¡puede asegurar que sus alumnos florezcan tal como el
grupo de la sección dos!
Antes de terminar de estudiar esta ley, usted sabrá cómo hacer florecer
a sus alumnos, a sus hijos, y a sus amigos. La verdad practicada
correctamente de un corazón lleno de amor tendrá un precioso impacto
sobre cada uno. Recuerde que el Señor ve a cada estudiante y a cada niño
como una persona de la «sección dos», y él quiere hacerlos florecer por
medio de usted, el maestro.

La mentalidad de la ley del potencial


¿Cuál es nuestra mentalidad normal acerca de nuestros alumnos?
¿Esperamos grandes cosas normalmente de nuestros hijos y nuestros
alumnos? Desdichadamente, creo que la mayoría no lo hace.

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En realidad, la mayoría de nosotros pensamos que nuestros
pensamientos acerca de nuestros alumnos son privados, y que no cambian
nada. Ya sea que pensemos que nuestros alumnos son interesantes o
aburridos, estamos convencidos de que aquello no influirá en el proceso de
aprendizaje. Mientras mantengamos nuestros pensamientos en privado y no
mostremos nuestros verdaderos sentimientos, todo estará bien.
La ley del potencial rechaza categóricamente esta noción. Revela que
sus pensamientos hacen un impacto innegable sobre cada persona que
conozca, tanto dentro de la sala como fuera de ella.
Veamos este concepto de la expectativa en el contexto bíblico. Hay dos
pasajes que presentan los conceptos clave relacionados con esta ley.
Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos;
y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. (Hebreos 10:24–25)
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad
para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre
tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño
del pecado. (Hebreos 3:12–13)
«Y considerémonos…» ¿Por qué debo considerarlos a ustedes?
Hebreos 10:24–25 dice que debo considerarlos «para estimularlos al amor
y a las buenas obras». La palabra griega que es la raíz de considerar
significa examinar, evaluar, observar constantemente a su público y
preguntar: ¿Qué sucede en sus vidas? ¿Me están siguiendo o no? ¿Cuales
son sus necesidades? ¿Cómo puedo ajustar mi contenido y mi estilo para
enseñarles más eficazmente?
Tengo que saber qué sucede en su vida para poder «estimularlos»,
porque no sé en qué áreas necesitan ayuda. Debo saber cómo se sienten y
qué están pensando. Tengo que discernir si tienen un problema para que
pueda ayudarles a hacer buenas obras y amar a otras personas.

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Considerar también significa «cernirse sobre». Significa analizar con
calma los mensajes sutiles que está enviando. Su lenguaje corporal envía
todo tipo de mensaje a los que tienen ojos para ver y oídos para oír. No
obstante, frecuentemente estamos tan preocupados por el contenido que
perdemos el mensaje de las personas que debemos estar «considerando».
Nunca olvidaré el día que conocí a un verdadero experto en este arte de
«considerar». En noviembre de mi segundo año de estudios de postgrado,
Darlene y yo estábamos en apuros económicos, y decidí solicitar un trabajo
en el centro comercial más grande de Dallas. Me dieron una solicitud muy
larga para llenar, y me llevaron a una gran sala abierta para esperar la
entrevista con cuarenta personas. El director de personal estaba sentado en
una oficina al lado, y podía ver todo lo que sucedía en cada momento.
Mientras esperaba, yo me entretuve conversando con las personas que
estaban cerca de mí. Bastante tiempo pasó después de llenar la solicitud y
antes de la entrevista. Con el nerviosismo típico, finalmente entré por la
formidable puerta marcada Director de personal. Cuando me senté, la
señora detrás del escritorio me dijo que tenía el trabajo perfecto para mí.
Dijo que habían estado buscando la persona indicada durante semanas, y
que estaba segura que yo era la persona perfecta. Como se puede imaginar,
estaba perplejo, ni siquiera había leído mi solicitud. ¿Cómo podía conocer
mis habilidades o mis intereses?
Entonces reveló el puesto:
—¡Creo que usted sería perfecto como Papá Noel!
—¿Papá Noel? ¿Qué? ¿Cómo sabe usted que yo sería un buen Papá
Noel? —exclamé. ¡Ni siquiera creo en Papá Noel! ¡Y no ha visto mi solicitud
o mi curriculum vitae!
Simplemente sonrió.
—Realmente no tengo que saberlo, pero haremos una investigación
extensiva de su trasfondo. Creo que no encontraremos nada que me haga
cambiar de parecer. Después de todo, ya sé mucho de usted.

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—No entiendo —vacilé. No nos conocemos, y usted no ha visto mi
solicitud todavía. ¿Cómo puede saber tanto de mí?
Ella explicó que había estado observando a todos en la sala de espera
y que sabía mucho acerca de cada persona antes de que pasara por la
puerta. Entonces empezó a nombrar uno y otro dato acerca de mí —y cada
vez tenía razón. No lo pude creer. Finalmente explicó que había sido una
observadora de personas más de treinta años y que sabía leer a la gente
como otros leen un libro.
Estaba curioso, así que le pedí que mencionara algunas de las cosas
que «leyó» en mí, que le ayudaron a saber tanto.
Primero, me había observado que tenía contacto visual con el secretario
de personal cuando me entregaron la solicitud. Era amistoso, directo, y
cortés, aunque estaba un poco ansioso. Segundo, ella vio que llené la
solicitud con determinación y diligencia. Apreté fuerte con el lápiz y estaba
agachado sobre el escritorio, todo lo cual mostraba un compromiso intenso
de superar obstáculos en el camino hacia la meta. Tercero, cuando una niña
de cinco años de edad sentada en frente de mí empezó a llorar, traté de
entretenerla, mostrándole mi lápiz y haciendo caras cómicas. Eso indicó que
tenía suficiente cariño por los niños para dejar de lado mis propios intereses.
Durante esa entrevista asombrosa, nombró más de una docena de mis
actividades y sus implicaciones. Antes de que terminara, ¡estaba convencido
de que ella sabía la marca de mi ropa interior por haber visto el color de mis
calcetines! Salí con un trabajo nuevo que no esperaba, el de ser Papá Noel;
pero más importante, con una educación inolvidable en el poder de la
observación personal.
Han pasado muchos años desde los días de Papá Noel, y desde
entonces he desarrollado la meta de llegar a ser un observador cuidadoso
de otras personas, para poder servirles mejor. ¿Usted observa a las
personas que está enseñando? Se pregunta constantemente, ¿Cuáles son

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las necesidades de mis alumnos ahora? ¿Estoy comunicándome con ellos
o no? Considere su público; obsérvelos.
Si usted es padre o madre, probablemente hace esto constantemente.
Por ejemplo, cuando eran más jóvenes nuestros hijos, de vez en cuando mi
esposa y yo observábamos que uno de nuestros hijos actuaba de una
manera extraña. Parecía molesto, frustrado, irritable, no nos miraba a los
ojos cuando hablaba, y no respondía bien. Finalmente nos dábamos cuenta
de que su «vaso emocional» se había vaciado durante los eventos del día.
Estaba emocionalmente inseguro y necesitaba ser lleno con nuestra
atención personal y nuestro amor. Darlene y yo decidíamos quién tendría la
energía para llenar el vaso de ese niño, y lo llevaría a otro cuarto para
mostrarle amor, abrazarlo, y conversar mirándose a los ojos, hasta que su
bienestar emocional hubiese sido restaurado.
A veces me siento también con el vaso vacío. Es increíble durante estos
años felices de matrimonio cómo Darlene capta eso y toma la iniciativa para
suplir mis necesidades. Dice:
—Por qué no te vas a sentar a la sala, y te preparé una taza de café; y
me aseguraré de que los niños no se acerquen por un momento.
Entonces se sienta al lado y me pregunta:
—¿Cómo te fue hoy? Parece que ha sido un día difícil.
La clave en todas estas ilustraciones está en «considerarse los unos a
los otros». ¿Ha estado conversando con una persona cuando de pronto
siente que algo no está bien? Probablemente cuando se lo mencionó, ella
contestó, «¿Cómo supiste?» Si usted puede leer a las personas así,
entonces ha grabado este pasaje en su corazón, y está preparado para dar
el próximo paso para ser una persona que hace florecer a los demás.
Hebreos 10:25 sigue, «no dejando de congregarnos, como algunos
tienen por costumbre, sino exhortándonos». Cuando yo «considero» a
alguien para «estimularlo al amor y a las buenas obras», esa persona
probablemente no se da cuenta de lo que estoy haciendo. Yo «considero»

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a la persona, y esa persona se siente movida. Pero ¿qué enseña la Biblia
acerca del vínculo entre nosotros? La respuesta es que la Biblia me instruye
a «exhortar» a la otra persona.
La palabra «exhortar» es una palabra positiva. Significa animar, no
criticar. Involucra una preocupación mutua. Consiste en llegar al lado de la
persona para animar, amar, cuidar, y ayudar.
Estos versículos en Hebreos nos instruyen primero a discernir lo que
sucede en la vida de la persona para poder motivarla al amor y a las buenas
obras. ¿Usted exhorta a sus alumnos? Hebreos dice que debemos
exhortarnos diariamente. ¿Ha exhortado a alguien hoy día?
Motive a sus alumnos al amor y a las buenas obras. Eso es el lado
positivo, Pero hay otro lado también. Hebreos 3:12–13 lo describe:
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad
para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos [¡Aquí está la palabra!] los unos a los
otros cada día, entre tanto que se dice: «Hoy»; para que ninguno de vosotros se
endurezca por el engaño del pecado.
La exhortación, entonces, puede ser positiva o negativa. Es agradable
cuando alguien es sensible a mis necesidades, se preocupa por mí, se fija
en que no estoy bien, y cariñosamente me dirige hacia el camino correcto.
Pero ¿qué sucede cuando la persona no es tan receptiva? Debemos
empezar suavemente, animando, moviendo de lo positivo hacia lo negativo,
cuando es necesario. Podemos llegar a conversaciones francas, e incluso a
la amonestación o la reprensión. A veces eso es lo que hace falta para que
la otra persona reaccione y decida obedecer.
Hay un relato fascinante acerca de una amonestación fuerte en el último
capítulo de Nehemías. La gente no obedecía al Señor y no se sometía a su
voluntad. ¿Qué hacía su maestro Nehemías? «Y reñí con ellos, y los maldije,
y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos.…» (Nehemías 13:25).
¡Qué método! No recomiendo que imite el método de Nehemías, pero ¿por
qué reaccionaría tan fuerte? Es porque amaba tanto a su Dios, y estaba tan

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preocupado por su pueblo, que se lanzó a una confrontación directa y
enérgica.
Para ser un padre responsable, debo exhortar o reprender a mis hijos.
Cuando empiezo a sentir la responsabilidad por una persona y la reprendo,
corro el riesgo de que se disguste conmigo. Pero eso es lo que exige el
amor.
¿Está usted comprometido a exhortar? ¿Está dispuesto a obedecer a las
Escrituras y decir a su clase: «¿Cómo les puedo ayudar a crecer
espiritualmente, ayudarles a superar el pecado, ayudarles a comprometerse
más con Dios —lo que necesiten?» Es un compromiso. Y su clase lo
necesita cada vez que usted se pare delante de ellos.
De eso se trata la ley del potencial. Las expectativas pueden ser
conscientes o inconscientes, positivas o negativas, edificantes o
destructivas. Debemos tomar nuestras expectativas para nuestra clase,
remodelarlas según las necesidades de los alumnos, y exhortarlos o
reprenderlos para que se acerquen más a Dios en obediencia completa.
Hagamos un resumen de estas observaciones en el modelo de la ley del
potencial.

El modelo de la ley del potencial

Este gráfico ilustra cómo se relacionan estos conceptos bíblicos. El


cuadro a la izquierda representa al «maestro» o al padre o a la madre. El

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cuadro a la derecha representa al «alumno» o al hijo. El cuadro en el medio
representa el «tema», que no estamos considerando principalmente en esta
ley.
En el primer cuadro, se ve que el maestro debe «examinar» al alumno
para «moldear las expectativas». Esto se hace en «privado,
constantemente», porque la situación siempre está cambiando.
En el cuadro del alumno, se ve que la meta del maestro es la de producir
«entusiasmo» en los alumnos. El proceso debe «motivar al alumno» a lo
positivo, hacia el «amor y las buenas obras». También debe evitar lo
negativo en él; un «corazón endurecido». Esto se hace «en persona,
progresivamente», según la situación y el desarrollo de los alumnos.
La flecha en el medio refleja el proceso por el cual el maestro toma lo
que ha considerado en privado acerca de las necesidades de sus alumnos,
los «exhorta» y «maneja el mensaje» para ellos «en público, diariamente».
Durante el resto de nuestra discusión de esta ley, entenderá mejor cómo
estos tres pasos se relacionan entre sí. También usted será capacitado a
través del método de la expectativa para hacer florecer a sus hijos y a sus
alumnos.
La influencia de nuestras expectativas es increíble, un don del Señor que
debemos utilizar conscientemente para el bien de nuestros alumnos y
nuestra familia. Escuche el uso profundo de la expectativa de parte de este
profesor, y vea cómo ayuda a que ellos florezcan. ¿Cree usted que estas
tres oraciones breves cambiarían algo en sus alumnos si las usara?
«Juanito, siempre enseño mejor cuando tú estás en la clase. Cuando vengas el
próximo domingo, ¿podrías levantar la mano para que yo pueda ver que estás aquí?
Si lo haces, puedo enseñar mejor.»

Las máximas de la ley del potencial


En el musical Mi bella dama, el profesor de expresión, Henry Higgins
hace una apuesta con un amigo, diciendo que él puede transformar a una

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jovencita pobre, una vendedora de flores llamada Eliza Doolittle, en una
dama refinada de sociedad. Para asegurar su éxito, el profesor trabaja no
solamente con su expresión oral, sus costumbres, y su manera de vestirse,
sino también corre la voz que él va a acompañar a una princesa bella y
refinada al baile del año en Londres. ¡Él conocía el poder de las grandes
expectativas!
Semanas después, cuando se abre la puerta del carruaje, se escucha el
suspiro de la multitud que ve lo que esperaba ver: una princesa fina y
elegante. Durante la noche, la manera de hablar y las acciones de Eliza son
profundamente afectadas por las expectativas de la ciudad. En un momento,
el profesor pide la opinión del director de la orquesta acerca de la
«princesa». «He visto cientos de bailes en todo Europa», dice el viejo y sabio
conductor, «y sé que esa dama fue criada en el palacio más refinado».
En medio del drama, Eliza hace una observación profunda. Dice que lo
importante no es cómo ella actúa, sino lo que la gente espera de ella. Afirma
que eran las expectativas las que le hicieron cambiar más. Así una niña de
la calle puede llegar a ser una «bella dama».
Una fuerza poderosa —para bien o para mal— reside en nuestras
expectativas. Consideremos a través de las siete máximas de la ley del
potencial la manera de dirigir este motivador poderoso para que sea un canal
para el bien de nuestros alumnos.

Máxima 1: Las expectativas existen en todos, sobre todo, y en todo


tiempo
El primer paso en hacer florecer a sus alumnos es darse cuenta de que
todos ya tenemos expectativas. Aunque ni lo pensemos, tenemos
expectativas acerca de todo. Al leer este capítulo, usted ya tiene
expectativas sobre la próxima clase que enseñará, aunque no las haya
formulado conscientemente. Todos tenemos expectativas, sean positivas o
negativas.

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Las expectativas son tan comunes como el aire. Si alguien le preguntara
esta noche, «¿le gustó la cena?», usted contestaría de acuerdo con lo que
anticipaba (o esperaba). Supongamos que había estado pensando toda la
tarde, «No puedo esperar que llegue la cena —será algo muy especial».
¿Qué sucede si es una comida bastante pobre? Estará decepcionado. En
cualquier momento que estamos desilusionados, es porque la realidad no
cumplió nuestras expectativas. Por otro lado, si está entusiasmado por la
cena, es porque igualó o superó sus expectativas.
Tenemos expectativas acerca de todo. Usted tiene expectativas sobre
este libro, si le ayudará o no. Si usted espera que este libro sea excelente,
y resulta solamente bueno, estará decepcionado. Si piensa que será bueno,
y resulta excelente, entonces estará fascinado. En el ministerio Caminata
Bíblica, enfrentamos este desafío cada vez que contratamos a un nuevo
empleado. Casi todos los que vienen a trabajar con nosotros traen
expectativas no muy realistas; piensan que no habrá problemas, estrés,
malentendidos, ni horas largas. Algunos esperan que habrá gente como
ángeles, y que el ambiente laboral nunca tendrá problemas de pecado.
¡Pero la realidad siempre golpea! Mientras que no descubrimos lo que
estaba pasando, mucha gente se sentía decepcionada, porque las
organizaciones cristianas también están llenas de gente normal. Ahora
pasamos bastante tiempo haciendo ajustes de las expectativas, haciendo
que sean más realistas. El único lugar perfecto es el cielo.
Si se da cuenta de que las expectativas existen en todos todo el tiempo,
tendrá una ventaja respecto de la mayoría. El hecho de darse cuenta de eso
le animará a evaluar si sus expectativas son realistas, y a ajustarlas si es
necesario.
Las expectativas que no son realistas son la causa de muchos
problemas matrimoniales hoy, incluyendo a familias cristianas. La mujer
posiblemente piense que la relación seguirá igual como estaba en los
últimos meses antes de la boda —recibirá flores cada jueves, saldrán a

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comer todos los viernes, él le susurrará cosas dulces en su oído todas las
noches, darán paseos a la orilla del lago regularmente, y tendrán
conversaciones profundas acerca de la vida constantemente. El hombre
posiblemente piense que su esposa tendrá el pelo perfectamente arreglado,
que mostrará el mismo espíritu tierno y cariñoso siempre, que será
romántica, y que le honrará sobre todos y sobre todo siempre.
Entonces la realidad se hace evidente después de algunos meses de
matrimonio, y si no han ajustado sus expectativas de acuerdo con la
realidad, su matrimonio tendrá momentos muy difíciles.
Pasamos por varias etapas si no se ajustan las expectativas. La primera
etapa es la decepción. Cuanto más lejos está la expectativa de la realidad,
cuanto más grande la decepción. «La clase hoy fue una gran decepción»,
dice alguien. Tenía una expectativa acerca de lo buena que sería la clase, y
no fue así.
Si la decepción continúa, y ni la expectativa ni la realidad cambia,
entonces la persona entra a la fase del desánimo. Es más profundo que la
decepción. Alguien puede estar decepcionado sin estar desanimado, pero
no puede estar desanimado sin primero experimentar la decepción.
Si el desánimo continúa, entrará a la etapa de la desilusión. Cuando está
desilusionado, ya no tiene una idea falsa de la realidad. Por primera vez ve
la realidad tal como es, y no le gusta. Reconoce que su esperanza de
alcanzar las expectativas es nada más que una mentira. Pero ya que todavía
no quiere soltar las expectativas altas, la vida no se ve muy agradable.
Si la realidad o las expectativas no cambian, estará caminando por un
camino rocoso. La última etapa es la desesperación, una completa falta de
esperanza. No tiene ninguna esperanza de alcanzar las expectativas.
Decepción, desánimo, desilusión, desesperación —todos están unidos y
basados en nuestras expectativas. Ya que todos tenemos expectativas todo
el tiempo acerca de todo, usted puede imaginar la influencia dramática que

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tendrán sobre nuestra interpretación de nuestras vidas y sobre la influencia
que tengamos en la vida de otros ya sea dentro o fuera del salón de clases.

Máxima 2. Las expectativas tienen un impacto sobre nosotros y sobre


los demás
Tal como se vio en la historia de la «sección dos», nuestras expectativas
tienen mucha influencia. Sin darnos cuenta, constantemente están haciendo
un impacto en nosotros y en otras personas. Por causa de esta influencia, y
por su presencia universal, tenemos que aprender a usar las expectativas
para el bien.
Usted probablemente sabe lo que es un placebo. Es una pastilla falsa.
Hasta el año 1890, el 90% de las drogas recetadas eran nada más que
píldoras de azúcar. Cuanto más enfermo está el paciente, más grande la
píldora. Si alguien estaba realmente enfermo, y no había ningún remedio
conocido para la enfermedad, el médico le daría una receta para una píldora
grande y fea, y diría: «Tome una de estas píldoras cada cuatro horas, día y
noche. Ponga su alarma para asegurar que se despierte para tomarla en la
noche, para que el medicamento tenga su efecto completo». El médico sabía
que el placebo no tenía nada que ver con la mejoría del paciente, pero si el
paciente creía lo suficiente en su poder sanador para despertar en la noche,
probablemente tendría un efecto positivo.
Estaba explicando esto en un seminario una vez, cuando un hombre
empezó a reírse. Estaba causando un disturbio en el público. Finalmente, yo
dejé de hablar y le pregunté: —Señor, ¿qué sucede?
—Soy médico —dijo—, ¡y no ha cambiado nada!
Se acercó en el siguiente recreo y me contó lo que había sucedido
recientemente en su hospital.

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—Los placebos —o las expectativas— son poderosos. Si no lo ha visto
de primera mano, probablemente no sabe ni la mitad. Ayer, una de mis
pacientes se enfermó seriamente, y tuvimos que hospitalizarla. Su
enfermedad respondía a un solo medicamento, entonces le pregunté si ese
remedio le causaba alergia.
—¡Sí! —dijo—, Ese remedio me produce una reacción severa. Me da
urticaria, el corazón palpita fuerte, empiezo a transpirar, me siento mareada
y me da náusea.
—Le dije que lamentaba que tuviera esas reacciones, pero que era el
único remedio disponible. Por causa del peligro, le di un placebo, pero le dije
que era el medicamento verdadero. En una hora, me llamaron por el
altoparlante, y fui corriendo a su habitación para encontrar que tenía una
reacción severa; su cuerpo tenía urticaria, le costaba respirar, estaba
perdiendo la conciencia, y estaba en un estado crítico.
El médico sonrió y continuó:
—Es sorprendente que nuestras expectativas tengan un efecto tan
dramático, pero es así. Todo lo que usted ha dicho acerca del poder de las
expectativas ha sido comprobado una y otra vez en el campo de la medicina.
Pero nunca pensé que mis expectativas podrían tener un impacto semejante
en mi clase de la escuela dominical. ¡Desde ahora en adelante, voy a tener
más cuidado!
No solamente las expectativas influyen en nuestros cuerpos, sino
también pueden tener un impacto en cada parte de nuestras vidas. Un
experimento histórico famoso demuestra este hecho. En el año 1900, el
departamento del censo compró una máquina nueva para sus empleados.
Estimaban que los empleados podrían escribir 550 tarjetas cada día con las
nuevas máquinas. Después de un par de semanas, hubo muchos disturbios
emocionales, y el director del censo tuvo que concluir que no podía exigir
550 tarjetas por día. Así que los empleados empezaron a hacer menos
tarjetas cada día.

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Un mes después, el departamento encontró que necesitaban más
empleados para hacer el trabajo que faltaba. Debido a la falta de espacio,
los nuevos empleados fueron ubicados en otro edificio. Les enseñaron a
estos empleados a usar las máquinas, pero no les explicaron cuántas
tarjetas esperaban cada día. ¡Adivine cuántas tarjetas procesó ese grupo
cada día! ¡Un promedio de 2.100 por persona! No les habían dicho que una
persona solamente podía hacer 550 al día, así que simplemente hicieron su
trabajo rápidamente —sin complicaciones de salud o dolores de cabeza. Así
es el poder de las expectativas.

Máxima 3: Las expectativas tienen raíces en el pasado, influencia en el


presente, y un impacto en el futuro
Tendemos a formar nuestras expectativas sobre la base de la
información —o mala información— del pasado. Una vez formadas, influyen
en nuestras actitudes y acciones en el presente, y también hacen un impacto
en nosotros y en otros en el futuro.
Imagine que algunos maestros de la escuela dominical están en el pasillo
hablando de la promoción de los alumnos al año siguiente. Una maestra
dice: «Espero que no te toque Antonio el Terrible». Usted ha escuchado
historias de terror acerca de este niño de siete años de edad, y ha estado
orando durante meses para que no sea alumno suyo el próximo año. Pero
el día del comienzo del nuevo año, ¡adivine quién entra su sala! ¡Antonio el
Terrible! ¿Tendrá mucha esperanza ese niño? ¡De ninguna manera! Las
expectativas que ya se ha formado acerca de él controlarán sus actitudes y
sus acciones hacia Antonio. Sus expectativas harán florecer solamente lo
«terrible» en Antonio.
Nuestras expectativas vienen de uno de los cuatro lugares. Primero,
vienen por el reconocimiento —algunas equivocadas y otras acertadas.
Imagine que yo lo veo a usted en la calle y digo: «Puedo ver por su pelo y
su vestimenta que usted usa drogas». He formado una expectativa basada

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en un indicador externo. Pero esa expectativa puede ser totalmente
incorrecta.
Segundo, formamos expectativas por la reputación. Alguien en la sala
de descanso de la facultad dice: «No puedo esperar que termine este año,
porque así ya no tendré a Juanito. Siempre me interrumpe la clase. Te va a
tocar a ti el próximo año, y será un terror, ya verás.»
La tercera manera en que formamos expectativas es por el registro —
mirando los archivos para ver cómo le ha ido al alumno en el pasado. Un
miembro de la facultad de una universidad en la costa del Pacífico una vez
consiguió un registro que tenía todos los nombres de los estudiantes, con
sus coeficientes intelectuales. El único problema era que habían cometido
un error; una hoja tenía los nombres con los coeficientes intelectuales, pero
la segunda hoja tenía los nombres con el número de su casillero. Nadie
descubrió el error. Para al final del semestre, los alumnos que tenían los
coeficientes más altos habían logrado un rendimiento mucho mejor que los
que tenían los coeficientes más bajos, como es de esperar. ¡Pero los que
tenían los números de casillero más altos también lograron un rendimiento
más alto que los que tenían números más bajos! ¡Esto era solamente porque
el profesor había confundido el número de casillero con el coeficiente
intelectual! Las expectativas del profesor cambiaron radicalmente la
conducta de los alumnos.
La cuarta manera en que formamos expectativas es por una relación.
Cuando conocemos a alguien, empezamos a esperar cierta conducta. Con
el tiempo, nuestra relación puede corregir las expectativas erróneas que
teníamos antes de realmente conocer a la persona.
Veamos como todos estos factores se conjugan. Imagine a un profesor
que forma una expectativa, quizás por una reputación, acerca de algún
alumno. El primer día de clase, el profesor observa al alumno caminando
hacia la clase. Mira a ese alumno, piensa el profesor. Parece arrogante.

99
Debe ser verdaderamente pedante. Antes de la primera clase, el profesor
sospecha del alumno.
Cuando comienza la clase, el alumno reacciona a la expectativa,
respondiendo a las transmisiones hostiles del profesor. El profesor no dice
nada al alumno, pero comunica sus expectativas negativas en su conducta,
y el alumno detecta algo en su lenguaje corporal, y el contacto visual, y en
el tono de voz. Desanimado por la actitud que capta de parte del profesor,
el estudiante empieza a responder en forma negativa. Se desliza en su silla
con una postura relajada, demostrando una actitud de «no me importa lo que
usted piensa». ¡Ah!, piensa el profesor. Creo que tenía razón acerca de este
joven. Mira como está sentado. Seguro que es problemático.
El profesor ha confirmado sus expectativas. Se mueve de su juicio inicial,
tentativo, y llega a estar más expresivo acerca de su expectativa. La primera
etapa era sutil; la segunda no. Se expresa claramente en la manera en que
el profesor contesta las preguntas del alumno, y en la manera en que lo trata
antes y después de la clase. El alumno se siente atacado por la hostilidad
que aparentemente no merece. Si eso es lo que usted piensa de mí,
entonces así voy a responder, piensa el alumno. ¡Le mostraré cuán rebelde
puedo ser! Así que el alumno empieza a reflejar lo que se esperaba de él.
Se asemeja a la caricatura que el profesor se había hecho de él antes de
conocerlo. Se expresa más y más sin respeto. Ahora el alumno capta la
mirada fría que está en los ojos del profesor que dice, Tenía razón acerca
de ti. Eres rebelde y problemático. Ahora que te tengo analizado, te voy a
fastidiar el resto del semestre.
Sin esperanza de redimirse, el alumno se rinde; se conforma a las
expectativas poderosas de su profesor. El semestre resulta desagradable y
poco provechoso para los dos. El profesor se pregunta, ¿Por qué siempre
me mandan estos alumnos problemáticos? Y el alumno sacude la cabeza y
dice, ¿Por qué siempre me tocan los profesores duros y hostiles?

100
Todo esto puede suceder debajo de la superficie. El profesor
posiblemente no esté consciente de que está comunicando sospecha y
hostilidad. El alumno posiblemente no está consciente de que está
respondiendo a las expectativas. Pero se echó a perder la experiencia del
aprendizaje para los dos. Una relación que podría haber sido beneficiosa ha
sido dañada, quizás sin remedio.
Ahora imagine el proceso invertido, cuando las expectativas iniciales del
profesor son positivas. ¿Sucedería lo mismo, pero en el sentido positivo?
¡Absolutamente!

Máxima 4. Las expectativas son reveladas a través de nuestras


actitudes y acciones
Las expectativas afectan tanto nuestras actitudes (internas) como
nuestras acciones (externas). Si usted observara a un maestro relacionarse
con varios alumnos, en poco tiempo podría discernir sus expectativas acerca
de los alumnos; se conocen a través de su lenguaje corporal, su contacto
visual, sus comentarios, y otras cosas.
Se ha hecho mucha investigación para descubrir cómo las expectativas
afectan la enseñanza. La siguiente lista muestra lo que han encontrado:
Los profesores con expectativas muy bajas sobre un alumno tienden a
hacer lo siguiente en sus clases:
• Esperar menos tiempo para que el alumno conteste una pregunta.
• Pedir menos frecuentemente al alumno que conteste una pregunta.
• Reforzar de una manera inapropiada una respuesta incorrecta del alumno.
• Dar la respuesta al alumno en forma precipitada, o pedir que otro alumno
conteste.
• Evitar dar pistas al alumno, repetir la pregunta, o expresar la pregunta de
otra manera.
• Dar menos retroalimentación al alumno, y dar menos información en su
retroalimentación.

101
• Interrumpir más rápidamente cuando el alumno se equivoca.
Los profesores con expectativas bajas tienden a hacer lo siguiente
cuando evalúan el rendimiento:
• Criticar al alumno más frecuentemente por el fracaso.
• Animar al alumno menos frecuentemente por el éxito.
• Escribir menos notas explicativas en los trabajos escritos.
• Enseñar a un ritmo mucho más lento y menos intenso.
• No dar la ventaja de la duda en un caso de incertidumbre.
• Usar menos métodos efectivos de la enseñanza que requieren mucho
tiempo.
• Dar más tareas que ocupan tiempo pero que no son significativas.
Los profesores que tienen expectativas bajas tienden a hacer lo
siguiente cuando se relacionan personalmente con los alumnos:
• No dar retroalimentación positiva acerca de la respuesta pública del alumno.
• No prestar mucha atención al alumno, y tienen menos interacción con él.
• Tener más interacción en privado que en público con el alumno.
• Tener menos interacción amistosa con el alumno.
• Sonreír menos y mostrar menos cariño físico.
• Mantener menos contacto visual.
• Limitar la comunicación no verbal que refleje atención e interés: inclinarse
hacia adelante, asentir con la cabeza, y en lenguaje corporal en general.
Estas acciones claramente demuestran cómo los estudiantes que
supuestamente son mediocres difícilmente aprenden bien o se comportan
bien. No son tratados como buenos alumnos.
Los profesores aparentemente «hacen» que sus alumnos bajen en su
rendimiento por darles menos oportunidades educacionales y por
enseñarles menos materia de una manera menos eficaz.

102
Máxima 5: Las expectativas tienen una influencia sobre el futuro, sean
explícitas o implícitas
Lo increíble de las expectativas es que podemos expresarlas o
mantenerlas en privado —aun inconscientes— y todavía tienen su impacto
sobre las personas.
Una vez un pastor me fue a buscar al aeropuerto, y durante cuarenta y
cinco minutos en el viaje a su iglesia, me habló maravillas de la gente de su
iglesia. Después supe que había dedicado bastante tiempo a formar en su
congregación expectativas muy positivas acerca de mí. Cuando fui a
predicar, ¡sentía que no podía fallar! Las expectativas eran tan positivas y
tan afirmativas que sacamos lo mejor el uno del otro. Este pastor expresó
sus expectativas, pero no es necesario expresarlas para que tengan una
gran influencia sobre las personas.
El departamento de sicología de una universidad prestigiosa decidió
probar si las expectativas de los alumnos podrían afectar la conducta de los
animales. Obviamente los animales no entienden el lenguaje humano, así
que no pueden ser influenciados por las expectativas expresadas. Los
investigadores seleccionaron setenta y dos ratas y setenta y dos alumnos.
Juntaron a la mitad de los alumnos con sus ratas, y dijeron a los alumnos:
—Durante generaciones, hemos podido desarrollar unas ratas
inteligentes. Estas ratas son increíbles. Pueden pasar por los laberintos más
complejos en increíblemente poco tiempo. Hemos diseñado algunos
laberintos especialmente difíciles. Su trabajo en los próximos treinta días es
ver cuán rápidamente pueden enseñar a sus ratas a pasar por el laberinto.
No pueden hablar con los otros treinta y seis alumnos. ¡Adelante!»
Trajeron los otros treinta y seis alumnos, les dieron sus ratas, y les
dijeron:
—Estas ratas son muy poco inteligentes. Nacieron de padres que no
eran capaces de salir de los laberintos más simples. De todas maneras,

103
queremos desafiarlos a entrenar a estas ratas estúpidas a pasar por los
laberintos lo más rápido posible.
Los dos grupos usaron exactamente los mismos laberintos. Al final de
los treinta días, las ratas «inteligentes» estaban pasando por los laberintos
en un tiempo 200% más rápido que las ratas «estúpidas» —¡aunque las
ratas habían sido seleccionadas al azar! ¿Cómo pudo suceder eso? Los
investigadores concluyeron que las expectativas no tienen que ser
expresadas verbalmente para influir en la conducta. Aun en ratas.
Nadie puede explicar exactamente cómo las expectativas funcionan
cuando no son expresadas, pero cada experimento que he visto demuestra
que influyen en la conducta de otros. Sabemos que las expectativas se
expresan en el lenguaje corporal. Si pongo mis manos en las caderas e
inclino la cabeza hacia atrás, ¿qué estoy diciendo? Exasperación. Falta de
interés. Si cruzo los brazos sobre el pecho, ¿qué estoy diciendo? Estoy a la
defensiva. Estoy diciendo, «pruébamelo». Ya que las expectativas controlan
el lenguaje corporal, la única manera de controlar y supervisar su lenguaje
corporal es por la formación consciente de las expectativas.

Máxima 6: Las expectativas dañan a otros si son demasiado bajas o


demasiado altas por demasiado tiempo
Si las expectativas son poco realistas, posiblemente la persona nunca
alcance ese nivel, y se puede sentir como un fracaso. De la misma manera,
si las expectativas son demasiado bajas o negativas, es muy probable que
la persona pierda el interés, y logre menos de lo que es capaz de lograr.
Imagine que un alumno llegue a la casa con un informe de sus
calificaciones que tiene cinco «A» (la nota más alta) y una «B» (la nota
segunda más alta). Si la mamá responde, «¡Qué informe más terrible! ¿Por
qué sacaste una «B»?» ¿Cómo se siente el alumno? «Nunca puedo realizar
las expectativas de mi mamá».

104
¿Cómo se siente un jugador de fútbol cuando su padre le dice: «Lo único
que importa es hacer un gol. Ninguna otra cosa vale nada». El joven vuelve
a su casa después de hacer dos pases excelentes que ayudaron a otros a
hacer goles, y salvó el partido con una jugada defensiva. El papá le
pregunta, «¿Hiciste un gol?» El joven dice, «No, ¡pero yo era la estrella del
partido! Yo…». Pero el papá le interrumpe, «No quiero saber nada. ¿Cuándo
vas a hacer un gol?» Ese tipo de expectativa poco realista puede aplastar a
un niño.
En contraste, las expectativas demasiado negativas pueden ser
profecías autocumplidas. Los padres deben siempre tener cuidado con esto.
Posiblemente entre a la habitación de su hija que tiene trece años, y ¡ni
puede encontrar la cama! Usted no puede soportarlo. Le ha dicho cien veces
que tiene que ordenar su habitación. Sin pensar, usted dice: «¡Esta
habitación es un desastre! Si el departamento de salud viniera, ¡sería
clausurada! ¡Tú vas a ser una persona asquerosa! ¡Ningún hombre vivirá en
la casa que tú cuidas! ¡No valdrás nada!»
¿Escuchó lo que dijo? Acaba de formar la expectativa. ¡Y adivine quién
va a empezar vivir conforme a ella!
¿Y si su hijo vuelve a la casa con su cuarta «F» (la peor calificación) en
Lenguaje? La noche anterior usted perdió su programa favorito de televisión
para ayudarle a estudiar. ¡No lo puede creer! De pronto está diciendo: «¡Eres
tan estúpido! ¡Cuatro «efes»! ¡No tienes un cerebro en tu cabeza! ¡No vas a
lograr nada! ¡Eres un fracaso!»
Todos lo hemos hecho, ¿verdad? Los padres lo hemos hecho. Los
profesores lo hemos hecho. Los abuelos lo hemos hecho. De alguna
manera, en vez de hacer florecer a nuestros hijos, nuestras palabras los
rompen y cultivan un futuro de fracaso.
Tenga cuidado y fije las expectativas en forma realista y precisa. Evite
dañar a sus alumnos con expectativas demasiado altas… o demasiado
bajas.

105
Máxima 7: Las expectativas motivan a otros cuando son guiadas por el
amor
La razón fundamental para querer hacer florecer a otra persona debe ser
nuestro amor por ella. Debemos ayudar a toda la gente posible para que
sean todo lo que Dios quiere que sean.
Tales personas que hacen florecer a otros son muy poco comunes,
¿verdad? Si revisara su vida, probablemente encontraría pocas personas
que creyeron en usted y le animaron de una manera significativa, trayendo
cambios en su vida. Esas pocas personas nos ayudan a levantar la cabeza,
a correr más rápido, y a ser lo que ni soñamos ser. Nos amaron cuando no
nos amábamos a nosotros mismos. Compartieron sus expectativas bíblicas
con nosotros, porque como dice 1 Corintios 13, el amor «…todo lo cree, todo
lo espera».
Como usted, yo sé exactamente quiénes son estas personas en mi vida,
y la historia de mi vida sería muy distinta si no fuera por las personas
enviadas por Dios que hacen florecer a otros.
Mis padres fueron los primeros. Eran temerosos de Dios. Nuestro hogar
estaba lleno de amor y cariño. La convicción de que «puedes hacer cualquier
cosa que quieras hacer» filtraba por cada fibra de nuestro hogar. Esa actitud
positiva nos contagió a nosotros los hijos, y nos capacitó para lograr mucho
más de lo que habríamos soñado.
Recuerdo un día cuando estaba en la enseñanza secundaria, que dije a
mis padres que íbamos a participar en una competencia de estado físico en
un par de meses, y que ganaríamos un par de pantalones deportivos como
premio. El color de los pantalones dependía de nuestros logros en la
competencia. El entrenador nos recordó que teníamos que usar los
pantalones para correr en la pista de atletismo donde las niñas hacían sus
ejercicios. (¡También conocía el poder de las expectativas!) Nos explicó que
el grupo más bajo ganaría pantalones amarillos, el grupo de los 25% más

106
destacados ganaría pantalones amarillos con una raya negra, los diez
alumnos más destacados entre todos ganarían pantalones rojos, y el mejor
de todos ganaría pantalones plateados. Recuerdo que pensé, «Espero
ganar la raya negra».
Mi padre escuchó, asintió con la cabeza, y no dijo nada. Al día siguiente
cuando estaba limpiando el establo del toro, mi padre quedó parado al lado
de la cerca, y preguntó:
—¿Cuándo vas a ganar los pantalones plateados?
No había ninguna duda en su voz; sólo quería saber cuándo los ganaría,
no si los ganaría o no.
—¿Qué? ¿Realmente crees que podré ganar los pantalones plateados?
—Sí —asintió con la cabeza—. Sin duda. Solamente que no has decidido
si quieres trabajar tanto para ganarlos. Pero tengo el presentimiento que ya
es tiempo. Eres capaz de ganar los pantalones plateados, hijo.
Entonces se fue. Y así de simple, por causa de las expectativas de mi
padre, llegué a ser el ganador de los pantalones plateados.
Así sucedió con mi hermano un par de años más tarde. La última vez
que visité nuestra escuela, nadie había ganado el récord; todavía éramos
los únicos estudiantes de la misma familia que habíamos ganado los
codiciados pantalones plateados. Pero la verdad es que nuestros padres
ganaron los pantalones.
También recuerdo a la señora Rudin, mi profesora del sexto año. Ella
me hizo florecer tanto que todavía recuerdo cuán importante me sentía
cuando entraba a su sala.
Y el señor Griffin y su señora, el pastor de la iglesia en Union, Nueva
Jersey, donde trabajé como pastor de jóvenes un par de años mientras
estudiaba en la universidad cercana. Trabajaron semana tras semana con
este joven vacilante e inseguro, invirtiendo su amor y sus sueños en mí. Me
explicaban siempre lo que Dios quería hacer a través de mí, y me decían

107
que Dios tenía su mano sobre mí. Lo devoraba, porque necesitaba cada
palabra de ánimo que pudiera encontrar.
Después Dios proveyó al Dr. Stephen Slocum y su señora para hacerme
florecer cuando fuimos a Dallas para estudiar en el seminario. El Dr. Slocum
me invitaba a almorzar y me decía:
—Cuéntame de tus sueños.
Yo no tenía ningún sueño.
—«Cuéntame cómo vas a cambiar el mundo.
Yo no tenía planes para cambiar el mundo.
—¡Creo que tu idea de Caminata Bíblica puede dar buenos resultados
en todo el mundo! ¡Creo que tú eres el hombre perfecto para ese trabajo!
No existiría el ministerio de Caminata Bíblica, si no fuera por personas
como los Slocum que hacen florecer a otros.
Muchas veces nuestras esposas nos hacen florecer. Todavía tengo una
carta de mi esposa que ella escribió en el año 1978, y la leo de nuevo de
vez en cuando. En esa carta, Darlene expresó expectativas positivas sobre
nuestra relación y el futuro de nuestro matrimonio y nuestra familia. Esa
carta ha tenido un tremendo impacto en mi vida. Sus convicciones y sus
sueños acerca de mí todavía me hacen florecer como su marido.
Hace tiempo, el hijo de algunos amigos tenía dificultades después de
cambiar de escuela. Su vida parecía desmantelarse, y él estaba reprobando
casi todos sus cursos. Su madre estaba frenética.
Entonces se encontró con una amiga que nunca parecía preocupada. Le
preguntó:
—¿Cómo eres siempre tan positiva y pereces tener todo bajo control?
Su amiga contestó:
—Había seis hijos en nuestra familia, y mi mamá mantenía un cuaderno
para cada uno. En el cuaderno ella anotaba cada cosa buena que nos veía
hacer. Al fin de cada mes, mi mamá nos llamaba el dormitorio, sacaba el
cuaderno, y decía: «Quiero que leas esto». Esto lo hizo durante años.

108
Nuestra amiga lo intentó con su hijo. Compró un cuaderno y empezó a
buscar cosas buenas en su hijo. No encontraba nada positivo durante las
dos primeras semanas. Una noche ella conversaba con su marido acerca
de este problema, y se dieron cuenta de que habían sido tan críticos con su
hijo que no encontraban nada bueno en él.
Ella confesó sus errores al Señor y empezó a mirar prestando más
atención, hasta que encontró algo que escribir en su libro. Un día lo llamó al
dormitorio y le dijo:
—Tengo un cuaderno, y quiero que lo leas.
Estaba callado al leerlo, y dijo:
—¿Realmente te sientes así acerca de mí?
—Por supuesto que sí —contestó.
Empezó a llorar y dijo:
—Pensé que tú y papá solamente me criticaban siempre. Creí que ya no
me amaban, que pensaban que era un fracaso total.
¡Qué cambio hizo en la vida de ese joven y en la vida de esa familia!
Dentro de unas pocas semanas, el joven cambió. Volvió su confianza, se
restauró la relación con sus padres y con otros, dejó de pelear con sus
hermanos y hermanas, y mejoraron sus calificaciones. ¿Qué sucedió? ¡Sus
padres lo hicieron florecer! Encontraron algo bueno para formar expectativas
positivas sobre el futuro de su hijo, y su hijo floreció bajo esas expectativas.
¿Cuáles son sus expectativas —sobre usted mismo, sobre Dios, su
familia, y sus estudiantes? ¿Por qué no reajustarlas y utilizarlas para llegar
a ser una persona que hace florecer a otros?

109
El meollo de la ley del potencial

La esencia de la ley del potencial se resume en tres palabras:


«¡Esperar lo mejor!»
El maestro debe influenciar el aprendizaje del alumno al ajustar las
expectativas.

Conclusión
Cuando pienso en lo que significa esperar lo mejor, recuerdo mi primer
año de mis estudios de postgrado en el seminario. Había decidido hacía
mucho tiempo que iba a estudiar para realizar mis prioridades, y no las
prioridades de mis profesores. Así que me puse metas antes de empezar el
semestre, en vez de permitir que mis profesores fijaran las prioridades en
las tareas que designaban. Tenía cinco cursos, y decidí en qué cursos iba a
sacar la mejor nota posible («A»), en qué cursos quería sacar una «B»
(segunda nota mejor), y en qué cursos podría sacar una «C» (tercera nota
mejor, una nota regular) porque eran menos importantes.
El Dr. Hendricks enseñaba el curso, «Cómo estudiar tu Biblia».
Le dije a mi esposa:
—De todos los cursos de este semestre, este es el más importante para
mi futuro ministerio. Quiero saber cómo estudiar la Biblia. Voy a destacarme
en ese curso.
Calculé el tiempo que tenía disponible para los estudios de cada
semana, y lo dividí en dos, dando al curso del Dr. Hendricks la mitad de mi
tiempo, y dividiendo la otra mitad del tiempo entre todos los otros cursos.
Durante la tercera semana de clases, entregamos un trabajo escrito
importante, al cual había dedicado mucho tiempo y esfuerzo. Me preocupé
toda la semana por ese trabajo, porque era importante para mí.

110
El día que me devolvieron el trabajo, estaba sudando y mi corazón
estaba palpitando. Con las manos temblando, saqué el trabajo de la casilla.
Arriba de la primera hoja, el Dr. Hendricks había escrito en rojo:
—Bruce, este trabajo es absolutamente asombroso. Creo que tienes el
potencial para ser uno de los mejores maestros bíblicos en este país. Es un
tremendo placer tenerte en mi clase. A+. Prof.
Sostuve ese documento en la mano y leí esas palabras una y otra vez.
¡No pude creerlo! Llevé ese documento con las expectativas de mi profesor
favorito por la calle hasta el departamento, subiendo la escalera de dos
pisos, y entré para mostrárselo a mi esposa.
—Cariño, ¡ven! ¡Tienes que leer lo que escribió el Dr. Hendricks en mi
trabajo!
Coloqué ese documento en la pared arriba de mi escritorio, y cada vez
que pensaba dejar el seminario y rendirme, leía y leía las palabras del Dr.
Hendricks acerca de mí. Todavía tengo ese papel precioso.
¡Créalo o no, tuve la audacia para creer lo que escribió! Hasta ese
momento, nunca me veía así. Nunca había tenido un sueño escondido en
mi corazón. Solamente era un alumno del primer año, temblando de miedo
ante la posibilidad de reprobar.
¿Qué sucede cuando una persona que usted respeta mucho comparte
las expectativas altas que tiene acerca de usted? ¿Siente que florece por
todos lados? La gente que nos ama lo suficiente para ver algo maravilloso
en nosotros —y que se preocupa lo suficiente para decírnoslo— nos ayuda
a ser lo que Dios quiere que seamos.
Sus palabras tienen una influencia poderosa sobre otras personas.
Usted puede estar en la lista que alguien escribe con los nombres de
personas que creyeron en él. Usted puede ser el Dr. Hendricks para la gente
que conoce —si quiere serlo. En el próximo capítulo le explicaré un proceso
fácil de usar para hacer florecer a la gente.

111
Preguntas para reflexión
1. ¿Cuáles son las personas que usted conoce que son mejores para
«considerar» a otros? ¿Cómo han desarrollado sus habilidades de «leer» a
otros? Mencione maneras específicas en que se puede «leer» a su público
para poder motivarlos.

2. El apóstol Pablo era excelente para «exhortar». Lea 2 Corintios y haga una
lista de cada emoción que sentía y expresaba al exhortar a la iglesia a
obedecer la voluntad del Señor. Escriba las emociones que usted mismo
utiliza normalmente, y otras que todavía le cuesta usar. ¿Cuáles de estas
últimas podría usar en el futuro?

3. Describa las expectativas que tenían sus padres acerca de usted. Mencione
un par de ejemplos como el de mis pantalones plateados, buenas o malas
expectativas. ¿Qué lecciones aprendió de sus padres que le ayudaron a ser
mejor padre o madre?

4. ¿Quién le hizo florecer más en su vida? Describa un par de incidentes que


tuvieron un impacto en usted, y explique la diferencia que hicieron. Si
pudiera hacer florecer a tres personas en su vida, ¿quiénes serían? ¿Por
qué? Escriba al lado de sus nombres por lo menos una manera en que usted
puede hacerlos florecer en las próximas cuatro semanas.

112
4
LA LEY DEL POTENCIAL; EL MÉTODO Y
LOS MAXIMIZADORES
Guy Dowd, ex maestro del año, dijo una vez: «No importa dónde usted
crezca, la gente a su alrededor tiene un tremendo impacto en usted. Ayudan
a formar, moldear, su vida y sus sueños. Y cuando sea adulto, usted también
estará en la lista de alguien».
¿Cómo llega a estar en esa lista? ¿Cómo puede esperar lo mejor de sus
alumnos? ¿Cómo expresa esa expectativa?

El método de la ley del potencial


Permítame sugerir cinco pasos que se pueden usar con cualquier
persona y cualquier lugar y en cualquier momento. Estos pasos son
universales —funcionan sin importar quién es usted o a quién usted quiere
hacer florecer. Le permiten tomar un momento normal en un día normal, y
utilizarlo para hacer florecer a la persona que le interesa.

1. EXAMINE a la persona que usted quiere hacer florecer


Lo primero que debe hacer es abrir los ojos. Debe «examinar» a la gente
que quiere hacer florecer, prestando siempre una «atención» cuidadosa.
Debe estar alerta para buscar una situación que pueda utilizar para expresar
sus expectativas positivas a la persona.

113
Cuando usted examina algo, lo estudia, presta atención cuidadosa, y
considera lo que sucede. Esto requiere su atención completa. Tiene su
antena arriba. Está revisando constantemente a sus alumnos, buscando una
oportunidad. Usted no hace las oportunidades, sino que se da cuenta
cuando aparecen. Una vez que haya aprendido esta habilidad, reconocerá
que las oportunidades existen en casi todo lugar.

2. EXPONGA lo que hizo la persona


Una vez que haya visto a una persona actuar de una manera que usted
puede usar para su bien, entonces debe hacerle saber que lo ha visto. Debe
«exponer» el hecho a la persona, dándole una «descripción» verbal. Ilumine
su conducta con un foco para que vea que usted se ha fijado en ella.
Esto lo hacemos verbalmente. Describimos a la persona, en voz alta, lo
que vimos o escuchamos. Esto forma la base sobre la cual edificamos la
expectativa. Muchas veces yo comienzo esto con, «Tú hiciste », y explico
a la persona lo que observé.
Supongamos que su hija Michelle ha tenido dificultad con la matemática.
Parece como si a usted le hubiera estado fastidiando durante cincuenta
años. Pero se ha fijado que en las últimas semanas ha estado estudiando
sin que usted tenga que insistir. De pronto usted reconoce, ¡Aquí hay una
oportunidad para hacer florecer a mi hija!

114
Usted se acerca a ella y le dice, «Michelle, me he fijado que tú estás
estudiando largas horas últimamente. Te has esforzado mucho,
especialmente en la matemática». Dígalo en voz alta. Cuéntele lo que ha
visto, porque probablemente no estaba consciente de que usted se había
fijado. Entonces deje que ella registre ese hecho, haciendo una pausa antes
de seguir al próximo paso (que describiré en un momento).
Juanito acaba de recibir una «A» (la nota más alta) en una prueba difícil.
Su antena está arriba y usted piensa, Aquí tengo la oportunidad para hacer
florecer a mi alumno. Entonces usted dice, «¡Juanito! Tú acabas de recibir
una «A» en ciencia!» Haga una pausa. Deje que su comentario llegue a su
corazón. No se olvide de esta pausa —es muy importante.
Al final de la segunda etapa, los dos tendrán su atención total puesta en
el evento específico que será la base de la expectativa.

3. Describa su EMOCIÓN acerca de lo que hizo la persona


Después de examinar a la persona y exponer su buena conducta
verbalmente, proceda a decirle lo que usted siente acerca de lo que hizo.
Describa su «emoción» y su «reacción» acerca de lo sucedido.
Cuéntele a Juanito cómo se siente acerca del trabajo escrito. Ocupe la
fórmula, «Eso me hace sentir ». Por ejemplo, podría decir a Juanito, «¡Eso
me hacer sentir muy orgulloso de ti, hijo!» Ocupe palabras que él pueda
apreciar en su nivel de madurez. No ocupe una frase de adultos cuando
habla con un joven de trece años. No diga a un joven por ejemplo, «Eso me
hace sentir sumamente conmovido y complacido». Llame su atención con
las palabras que elija.
Entonces haga una pausa. Deje que lo registre. Asegure que su contacto
visual sea claro y fuerte. Deje que se incomode un poco al recibir su
aprobación emocional. ¡Yo garantizo que cualquier niño —aun un
adolescente— disfrutará ese momento!

115
4. Diga a la persona lo que ESPERA de ella en el futuro
Hasta ahora no ha hecho florecer a la persona. Solamente le ha dicho
algo agradable. Su comentario tan amable le hace sentir bien acerca de algo
que ha hecho, pero no la transforma como persona, porque está basado en
algo en el pasado. No tiene una dimensión futura. Las persona no está
segura si puede hacerlo de nuevo. Juanito se siente bien por haber sacado
su primera «A» en ciencia, pero está pensando, No estoy seguro de que
pueda sacar una «A» en ciencia de nuevo mañana.
Es aquí donde el poder de la expectativa entra en acción. Las
expectativas toman algo del pasado y lo lanza hacia el futuro. Este es el
paso en que le dice a la persona lo que «espera» de ella, y comparte su
«expectativa» diciendo, «Creo que estás llegando a ser ».
El hecho de expresar una expectativa logra mucho más que un halago.
Una expectativa obliga a la persona a quitar su atención de lo que ha hecho,
y poner la atención en lo que puede llegar a ser. La lleva al paisaje donde
se realizan los sueños.
Cuando usted le dice a una persona lo que espera de ella, está siendo
visionario. Los medios de comunicación están siempre quejándose de que
el país necesita visionarios. ¿Qué es un líder visionario? Es una persona
que puede ver lo que otros no ven todavía. Un líder visionario puede ver en
el horizonte más allá de la vista humana normal, y puede contarnos las
cosas maravillosas que solamente él ve.
Dios lo llama a usted a ser un padre visionario, un maestro visionario, o
un jefe visionario. No solamente acerca de las metas u objetivos de su
familia, escuela, o compañía, sino acerca de las personas en esas familias,
escuelas, y compañías. Está llamándolo a salir de la rutina y volar en las
nubes del potencial. Muestre a sus alumnos esa «orilla plateada» que está
en su futuro; solamente tienen que buscarla.
Eso es lo que hizo el Dr. Hendricks conmigo en mi primer año del
seminario. Me ayudó a ver un futuro que yo no podía imaginar hasta que él

116
apuntó con su dedo de mentor a lo que creía por mí. No lo vi al principio,
porque estaba solamente en el ojo de su imaginación. Pero como creía tanto
en él, aprendí a creer que su sueño podría en verdad realizarse. Y porque
lo veía, lo busqué, y se abrieron nuevos caminos.
Cuando expone algo, llama la atención al pasado, porque el evento ya
sucedió. Cuando describe su emoción con respecto a la situación, está en
el presente. Pero si desea moldear el futuro, tiene que moverse hacia el
futuro; tiene que decirle a la persona lo que piensa que puede llegar a ser
por la gracia maravillosa y capacitadora de Dios.
¿Cuántas veces hacemos esto? ¿Puede recordar en la última semana
que alguien haya hablado con usted acerca de su futuro de una manera que
hizo palpitar rápidamente su corazón? Entonces se dijo a sí mismo, ¡Me
gusta ese cuadro de mi futuro! ¡Me gustaría que eso sucediera! Si usted es
como los demás, probablemente hace mucho tiempo que alguien le hizo dar
de sí y le alimentó y esperó lo mejor de usted. ¿Sabe qué más es verdad?
La persona a la vuelta de la esquina está en la misma situación —¡pero esa
persona lo tiene a usted! ¿Por qué no esparcir un poco de «fe y esperanza»
en su dirección?
Con demasiado frecuencia, en vez de pintar cuadros dorados del futuro,
nos quejamos del pasado. Pero el Señor quiere que seamos personas que
pueden tener una visión de lo que Dios puede hacer en el futuro.
Todas las expectativas eficaces tienen un número de características en
común:
Primero, expresan fe en el potencial de la persona. Utilice palabras como
«creo que está llegando a ser …», o «puedo ver que está desarrollando…»,
o «siento que algún día será el tipo de persona que …», o «no me
sorprendería si…». Yo uso bastante la palabra «creo», porque yo no tengo
certeza acerca del futuro de nadie, ¿verdad?
Segundo, ocupan la perspectiva del futuro —llegar a ser, convertirse en,
comenzar a, desarrollar, crecer. Estas palabras señalan algo que la persona

117
puede llegar a ser, algo que puede anticipar, algo que le puede hacer sentir
bien, porque presenta una oportunidad abierta.
Tercero, eligen lo positivo y no lo negativo. Asegúrese de que la
descripción del futuro sea un sueño dorado, y no una pesadilla destructiva.
Evite cualquier cosa que se acerque al miedo; al contrario, siempre alimente
la fe en el corazón.
En cuarto lugar, las expectativas eficaces se ajustan a las aspiraciones
más nobles de la otra persona. Lo importante no es compartir sus propios
sueños, sino encontrar el sueño de la otra persona. La razón por la que la
expectativa del Dr. Hendricks hizo un impacto tan dramático en mí fue
porque tocó las aspiraciones profundas dentro de mí. Estas aspiraciones
eran mías —aunque quizás ni podía admitirlo en el momento— y él pudo
discernirlas y moverlas al mundo de las posibilidades.
En quinto lugar, son expresadas en términos inspiradores, y no
limitadores. No sea tan específico que no permita a la persona pintar sus
propios detalles en el cuadro. Ocupe las brochas grandes, y pinte con
colores claros, llenos de esperanza, y guarde los pinceles finos. Nunca diga:
«Puedo verte sacando solamente «A» en tu informe de calificaciones desde
ahora en adelante». Eso podría ser una prisión que limita en vez de ser alas
para volar. En contraste, debe decir algo como: «Creo que tú eres una
persona que alcanza las estrellas y nunca te conformas con nada que no
sea tu mayor esfuerzo».
En sexto lugar, las expectativas eficaces están dentro de lo posible.
Nunca mienta a la persona que usted quiere hacer florecer. Nunca le diga
algo para hacerla sentirse bien, sabiendo en su corazón que no lo puede
lograr. A veces sus expectativas harán extender sus propios límites, pero
nunca cruce al lado de la imposibilidad.
Si ha expresado una expectativa apropiada, entonces habrá tocado un
acorde profundo y maravilloso en el corazón de la persona. Y cuando se
toca, suena dulce y precioso. Da poder, alimenta y capacita. Lo verá en su

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cara, y a veces la persona quedará callada y pensativa, porque nunca
imaginó que alguien pudiera pensar algo tan maravilloso de ella. Permítale
saborear el momento. Deje que se grabe bien en su corazón.

5. EXPRESE afecto con contacto físico apropiado


«Exprese» afecto a la persona a quien usted quiere hacer florecer,
siendo cercano y personal con ella. Ahora es el momento para cimentar su
expectativa en el corazón de la persona. Acaba de decir algo increíblemente
precioso a la persona, y debe cimentar ese momento con el contacto físico
apropiado. Muévase desde la anticipación al «afecto».
Si es un niño pequeño, podría darle un abrazo de hombre. Si es una
niña, podría agacharse a su nivel y apretar su mano suavemente. Si es un
colega, podría tocar su hombro.
A veces cuando hago esto con una persona del sexo opuesto, no la toco
literalmente,… pero sí la toco. Expreso las palabras apropiadas, sonrío,
entonces afirmo con la mirada, y hago una leve reverencia. En nuestra
sociedad hoy, tenemos que tener mucho cuidado con el contacto físico.
Ahora veamos el proceso completo. Miremos dos situaciones —una en
un hogar típico, y otra en la escuela dominical.
Supongamos que es el Día del Padre. Usted ha tenido una semana
difícil, y ha estado diciendo a su esposa que va a celebrar el día durmiendo
tarde y lograr el descanso que necesita. Llega el sábado en la noche, y usted
apaga la alarma, imaginando que va a dormir hasta las 9:30. Pero mientras
está todavía profundamente dormido, escucha un sonido extraño. No sabe
lo que es, pero no quiere levantarse. Quizás termine de sonar. Todavía está
oscuro.
Entonces el sonido llega a la puerta del dormitorio. Usted da vuelta, y
quiere taparse la cabeza con la almohada. Pero su esposa se levanta y abre
la puerta.
—¿Qué sucede? ¡Pasa, cariño!

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Es su hija menor. La pequeña. Ha traído una bandeja con platos y
tenedores y servilletas. Apenas puede ver. ¡Esto no puede ser! Se acerca
lentamente a la cama, con una cara tímida y esperanzada.
¡Está sirviendo al papá el desayuno en la cama! Es tan temprano que no
se ve el sol todavía. Pero ella está entusiasmada, ofreciendo la bandeja en
sus pequeñas manos.
—Cariño —dice usted—, ¿Qué es esto?
—Bueno, papá, hoy día es el Día del Padre, y yo te traje el desayuno a
la cama, tal como lo hace la mamá.
—¿Me has traído el desayuno a la cama? [EXPONER]. ¿Y qué son estas
cosas ricas que me has preparado? (Usted no sabe lo que son, ¡porque hay
varias cosas que no puede reconocer flotando en el plato!)
—Te hice huevos revueltos (¡Ah, eso es lo que son!), y estos son
panqueques (¡Esto va a ser un gran desafío!)
Y usted ve una taza con cosas extrañas flotando.
—¿Y esto? ¿Qué es?
—Papá, es mi primera vez. Es tu café favorito. Puse esas cosas de color
café en agua caliente en el horno microonda. ¡Espero que te guste!
Ahora, ¿usted ve cuán precioso es este momento para su hija? ¿Cómo
puede poner en práctica el método del potencial?
—Jenny, ¡tú me has hecho el desayuno más maravilloso que cualquier
papá pudiera desear! ¡Mira los huevos, los panqueques, y una taza de café
hecho en casa! [EXPONER]. ¿Sabes cómo se siente papá? ¡Maravilloso!
¡Me siento tan amado y especial! ¡Creo que soy el papá más feliz en todo el
mundo! ¡Mira lo que has hecho para mí! [EMOCIÓN].
¿Puede imaginar cómo ella va a absorber todo ese amor y cariño? ¡Pero
no se detenga aquí! Haga que ella florezca para el futuro. ¿Recuerda lo que
ella dijo hace un momento? Ella reveló que ella quiere ser «tal como la
mamá». ¿Cuál es su visión de su futuro? Correcto; ella desea ser como su
mamá.

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—¡Eres una gran ayuda, tal como tu mamá, y creo que vas a llegar a ser
una mamá maravillosa, haciendo a todos felices en tu hogar! ¡Y serás una
buena cocinera también! [EXPECTATIVA].
Tráigala a su lado y dele un gran abrazo y un beso. Demuestre su amor
y cariño con su cercanía [EXPRESAR AFECTO].
Cuando salga de su dormitorio, estará caminando sobre las nubes. A su
papá le gustó su primer intento de servirle desayuno en la cama; pero aún
más importante, ¡ella estaba llegando a ser como su mamá!
¿Por qué es tan vital eso? Porque esa niña pequeña piensa que la
persona más maravillosa en el mundo es su mamá. Todas esas
características de ser comprensiva, cariñosa, de servir a los demás,
amorosa, buena cocinera, buena para escuchar —¡está empezando a
tenerlas!
Tome este método del potencial, mi amigo, de estas páginas, y
practíquelo en los momentos de su día. Resultará con todos los que
encuentre si solamente se preocupa de usarlo para su bien.
Ese es el proceso. Primero, examine a la persona. Observe lo que
sucede y encuentre un momento que puede utilizar para hacer que alguien
florezca. Segundo, exponga lo que hizo la persona. Entonces tome una
pausa. Tercero, exprese como se siente acerca de lo que ha hecho.
Cuéntele qué emoción causó. Entonces otra pausa. En cuarto lugar, pinte
para la persona un cuadro de lo que pudiera ser su futuro. Dígale lo que
espera de ella en el futuro. Una vez más, una pausa. Finalmente, asegúrese
de que la expectativa quede grabada en su corazón; haga el contacto físico
apropiado con la persona. Exprese afecto.
Eso es todo. Garantizo que funcionará con cualquier persona, en
cualquier lugar, y en cualquier momento.
Hagámoslo una vez más.
Imagine que es el Día del Maestro en su iglesia. Ha tenido un grupo difícil
este año, y un alumno particular, Brandon, ha sido difícil de motivar. El

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domingo en la mañana, los alumnos llegan, y después de que haya
comenzado la clase, aparece Brandon, atrasado, trayendo un florero
pequeño con flores marchitas y unos dulces baratos.
—Pasa, Brandon —dice usted—, ¿qué traes?
—Los traje para usted —dice tímidamente.
Ahora, usted puede decirle a Brandon que está atrasado. Usted sabe
que ha interrumpido su clase. Además, no solamente están marchitas las
flores, sino que tampoco le gusta ese tipo de dulces. O usted puede
reconocer que este es un momento especial para él. Podría decirle un
halago, y pedirle que se siente, pero quizás el momento sea más importante
que eso. Posiblemente valga la pena atrasar la clase un poco para hacer
florecer a alguien.
—Brandon, ¿tú escogiste estas flores para mí? ¡Qué lindas! ¿Y
compraste los dulces para mí? ¡Qué cariñoso! ¿Sabes cómo me siento? Me
siento maravillosa. ¡Creo que me has hecho la profesora más feliz del
mundo!
Entonces debe hacer una pausa. Él podría brillar por la adulación. Pero
también le puede incomodar, porque no está acostumbrado a recibir
adulación así.
—¿Sabes qué? Creo que vas a ser una persona muy especial, y que
cada profesora que tengas se sentirá muy afortunada de tenerte en su clase!
Haga otra pausa. Permita que piense en el significado de esto. Entonces
dele un abrazo y una palmada en el hombro. Este es un momento muy
especial para Brandon.
Eso es lo que significa hacer a alguien florecer. No es demasiado difícil,
y es maravilloso. Piense en todo el bien que usted puede hacer en la vida
de tantos alumnos y familiares necesitados. Solamente tiene que cambiar
su enfoque de los problemas del presente a los sueños del futuro. ¡Que sea
conocido, amigo, como una persona que tiene poder para hacer florecer a
las personas!

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Los maximizadores de la ley del potencial
«Tanto el que espera grandes cosas de otros, como el que espera poco,
recibirán lo que esperan». Ya que nuestras expectativas son tan importantes
para nosotros y para quienes enseñamos, ofrecemos la siguiente lista de
maximizadores para capacitarlo a sacar lo máximo posible de sus esfuerzos
para hacer florecer a otros.

Maximizador 1. Establezca contacto visual directo


Los ojos, no los oídos, son los receptores principales. Aproveche esto y
comunique sus expectativas a través de los ojos. El contacto visual directo
confirma su sinceridad. Maximiza el impacto de sus palabras.
Establecer el contacto visual directo da más poder a la expresión de las
expectativas. Mire directamente en los ojos de la persona que quiere hacer
florecer. No pestañee, y no mire al lado. Esta es una oportunidad preciosa
para dar un tesoro a una persona. No simplemente lo tire hacia ella. Debe
envolverlo y entregárselo. Sin el contacto visual, su expectativa podría tener
poca eficacia. El contacto visual agrega poder a sus esfuerzos para hacer a
alguien florecer.
Después de terminar una conferencia de Caminata Bíblica, y cuando
estamos caminando hacia la puerta, frecuentemente me detengo para
hablar con la persona que camina detrás de mí. La miro en la cara, y
empezamos a conversar un poco. Entonces le digo alguna palabra de ánimo
acerca de algo que hizo, haciendo referencia también a una expectativa en
el futuro. La miro directamente en los ojos y mantengo su atención hasta que
la expectativa haya quedado grabada en su corazón.

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Maximizador 2: Seleccione sus oportunidades con propósito
Un amigo mío que es pastor es excelente para buscar oportunidades
para hacer florecer a otros. Cada miércoles en la noche, después de la
reunión en la iglesia, y el tiempo con su familia, va a su oficina y abre una
cajita que tiene sobre su escritorio. En esa cajita hay tarjetas, cada una con
el nombre de un diácono y de su esposa e hijos. Tiene el nombre de su
trabajo, su empleador, y cualquier petición de oración especial.
A las 9:45 pm, saca una tarjeta de la cajita, la lee, entonces ora por todos
en la tarjeta. Después coloca la tarjeta atrás y se prepara para usar una
oportunidad con propósito.
Lo llama al diácono a su casa.
—¡Hola, Roberto! ¡Soy yo, el pastor!
Típicamente escucha:
—¿Qué sucede, pastor?
—Quería que supieras que acabo de estar orando por ti, tu esposa, y tu
familia [nombra a los hijos] y las peticiones especiales que me habías dado.
¡Pero ahora quería decirte que es un placer tenerte en el cuerpo de
diáconos! Tu contribución significa mucho para mí. Me anima mucho tener
a hombres como tú en el directorio, hombres que realmente se preocupan,
que dan todo, y que no son hombres que simplemente dicen que «sí» a todo.
Gracias por participar, no solamente con tus palabras, sino con tu vida y tus
acciones. Me hace sentir muy animado.
Entonces hace una pausa.
—Y Roberto —continúa—, Siento que la mano de Dios está sobre ti.
Creo que al seguir madurando y sirviendo a Dios, él te va a usar para cosas
grandes en el futuro.
Pausa.
—Es un placer, un placer genuino ser tu pastor, Roberto. ¡Gracias por el
privilegio!
Entonces termina la conversación.

124
¡Qué tremendo! ¿Qué haría usted si recibiera una llamada telefónica
como esa? ¿Qué está haciendo ese pastor? Está creando una oportunidad
a propósito para hacer florecer a uno de sus colaboradores cada miércoles.
Este principio no funciona solamente cuando suceden cosas buenas;
también sirve cuando suceden cosas malas. Podemos entrenar a nuestra
familia y a nuestros alumnos en situaciones negativas.
Hace años, nuestra hija Jenny trajo a la casa tres «F» (nota
desaprobatoria) seguidas en matemática. No me dijo nada hasta el momento
que a ella le pareció apropiado.
—Papá —dijo—, tengo que decirte algo que probablemente no te va a
gustar.
—¿Sí, Jenny?
—Tienes que firmar estos papeles.
Me pasó un sobre, y lo abrí. Tres «F» me saltaron a la vista. ¡Ay, no!,
pensé. Pero afortunadamente la ley del potencial me vino a la mente. Decidí
probar algo diferente.
—Jenny, sacaste tres «F» seguidas en matemática. Tú sabes que esto
nos preocupa y nos frustra, a mí y a tu mamá, por tu falta de esfuerzo en la
clase, ¿verdad? Jenny, ponte el abrigo ahora.
—¿Mi abrigo?
—Sí, busca tu abrigo.
Callada, fue a buscar su abrigo. No tenía idea de lo que iba a suceder,
pero no sonaba bien.
—¿Qué vas a hacer? —Susurró mi esposa.
—¿Por qué no vienes conmigo. Es un momento para hacer florecer a
nuestra hija —contesté.
Los tres subimos al automóvil, y yo expliqué:
—Jenny, sacaste tres «F» en matemática. ¡Tu mamá y yo estamos muy
contentos que por fin las hayas traído afuera! ¡Ahora vamos a comer helados
para celebrar!

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—Papá, ¿estás bromeando?
—No, Jenny. ¿No es bueno dejar atrás las «F»? Creo que, ahora que
las has traído afuera, estás preparada para estudiar de verdad. Creo que
vas a empezar a realizar todo el potencial que el Señor te ha dado. Tú mamá
y yo pensamos que tienes la fuerza interior para enfrentar la situación y
conquistar la matemática.
—¿De veras, papá? ¡Me van a comprar un helado!
—Sí. Y será uno doble, Jenny. Tú mamá y yo te amamos, cariño, y todo
estará bien. Entonces le dimos un gran abrazo. El resto de la noche fue
inolvidable. Jenny no podía creer su buena fortuna, y nos reíamos y
contábamos chistes. Ella bebió del cariño y afecto que le demostraban amor
incondicional.
Pronto dejó de sacar «F».
Tenemos oportunidades para expresar nuestras expectativas positivas
aun en medio de situaciones negativas. Tenemos que reconocerlas y
usarlas para el bien.

Maximizador 3. Precise sus expectativas con creatividad


Utilice su creatividad para expresar sus expectativas. Hay una cantidad
sin número de maneras de hacer esto, pero permítame dar cinco ejemplos
de cosas que puede intentar:
1. En oración. Exprese sus expectativas a Dios en oración. ¿Ha mirado
cuidadosamente las epístolas de Pablo? Siempre estaba orando acerca de
sus expectativas sobre la gente. ¡Incluso las escribió en sus cartas!
Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de
quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme
a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su
Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que,
arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con
todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de

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conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos
de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas
mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que
actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades,
por los siglos de los siglos. Amén. (Efesios 3:14–21)
¿Qué significaría esta oración para la gente de Éfeso? ¿Cree que les
animaría el hecho de saber que el gran apóstol estaba orando por ellos así?
2. Dígalas indirectamente. Conocí este método creativo cuando
trabajaba para el Dr. Stephen Slocum, quien era el vicepresidente ejecutivo
del seminario de graduados al que asistí. Su oficina estaba al lado del
presidente John Walvoord, y mi escritorio estaba cerca de las oficinas de los
dos. Un día el Dr. Slocum y el Dr. Walvoord pasaron por mi escritorio. Mi jefe
miró al presidente y le dijo:
—Dr. Walvoord, quiero sepa lo que hizo Bruce el otro día por el
seminario. Entonces le informó de algunos logros importantes durante las
semanas anteriores. Yo estaba sentado allí mismo, escuchando la
conversación. Ninguno me miró o me habló, pero no pude evitar escuchar
los halagos.
—Quiero que sepas como presidente la clase de gente que tenemos
aquí trabajando, y creo que pronto habrá cosas mejores todavía —dijo el Dr.
Slocum. Entonces se fueron. Yo estaba caminando sobre las nubes por
varios días, y empecé a trabajar con doble esfuerzo para realizar las
expectativas increíblemente motivadoras.
Considere este método la próxima vez que distribuya los trabajos
escritos en su clase de composición literaria. Coloque en medio de la pila el
trabajo que desea usar para hacer florecer a una persona; cuando le toque
entregarlo, deténgase, mira alrededor de la sala, y pida la atención de todos.
«Ahora, jóvenes, ¿ven este documento? ¡Este trabajo es excelente! Tuve
que ponerle la nota de «A+». Al leerlo, me dio un sentimiento de satisfacción
por tener a una alumna que se esfuerza tanto en mi clase. Creo que esta

127
estudiante está bien encaminada para ser una persona que escriba artículos
que leeremos en nuestros diarios, o incluso en una revista como Time.
Todos debemos felicitarla.
Entonces camine hacia la alumna y devuélvale su trabajo. «¡Bien hecho,
Raquel! ¡No puedo esperar hasta ver su próximo trabajo!» Toque su hombro
si es apropiado, y sonría.
¿Sabe lo que sucederá? Brotarán flores por todos lados en Raquel —
podrá verlas florecer con sus propios ojos. Además, puede estar seguro de
que todos van a esforzarse un poco más en su próximo trabajo, porque les
gustaría que se dijeran cosas así también acerca de ellos. Motívelos.
Directamente e indirectamente.
3. Escríbalas. Es increíble lo que puede lograr una nota escrita. Es
diferente de hablarlo en voz alta; es permanente, tangible. He descubierto
que muchas personas guardarán una nota toda su vida —porque es raro
este tipo de nota.
Una pequeña nota en una hoja de papel, o en una tarjeta, hará milagros.
Colóquela en el escritorio de la persona, o insértala en el libro que está
leyendo, o envíela en el correo.
Mi esposa es muy eficaz en escribir cartas para animar, no solamente a
sus familiares, sino a personas en todas partes del mundo; ella expresa
amor en forma silenciosa en sus cartas. Si le cuesta decírselo en persona,
entonces exprese sus expectativas en cartas.
4. Utilice el teléfono. Tiene treinta niños de once años en su clase, y
usted decide llamar a uno de ellos cada jueves durante el semestre. Esto es
lo que hace: espere hasta la hora de la comida. A nadie le gusta que lo
llamen a la hora de la comida, así que a esa es la hora que usted llama. Ya
verá por qué en un momento.
—¡Aló! ¿Puedo hablar con Jorge? —dice usted. Los padres casi siempre
contestan el teléfono durante la hora de la comida, porque quieren evitar
llamadas de los amigos de sus hijos. Prefieren que no los molesten.

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—¿Quién es? —dicen.
—Soy la señorita Pérez, la profesora de Jorge. Necesito hablar con él un
momento, por favor.
La madre tapa el teléfono.
—Jorge, es la señorita Pérez, tu profesora. ¿Qué maldad has hecho
ahora? ¡Ahora te has metido en un problema, jovencito!
Pobre Jorge no sabe qué decir, así que va caminando lentamente hacia
el teléfono y apenas puede decir:
—¿Sí? —Todos han dejado de comer, y se puede sentir la tensión en el
comedor. Los padres están mirándose, pensando ¡Esto es serio—muy serio!
—¿Jorge? Estaba corrigiendo las tareas.
—¿Sí?
—Acabo de terminar la tuya, y Jorge, ¡era muy buena! ¡Era excelente!
Sacaste una «A+».
—¿En serio? —Se pone una cara de incrédulo, y sus padres están
mirando, esperando que caiga la bomba.
—Sí, y quería llamarte para decir que estoy muy orgullosa de ti. Creo
que estás llegando a ser uno de mis especiales alumnos, y ¡quería decirte
que creo que eres una maravilla! ¡Adiós!
Entonces cuelgue el aparato. No lo deje hablar.
Jorge cuelga y su padre inmediatamente grita:
—¿Qué dijo? ¿Qué has hecho ahora?
—Papá, solamente llamó para decir que saqué una «A+», y que está
muy contenta que estoy en su clase. ¡Me dijo que estaba llegando a ser uno
de sus especiales alumnos!
¡Qué momento para guardar entre los recuerdos familiares! Si hubiera
podido sacar una foto antes y después, ¡habría sido preciosa! Ha hecho que
ese niño se vea bien delante de su familia entera. ¡A la hora de la comida!
¿Cómo será la actitud de Jorge en la clase mañana?
Use el teléfono para hacer a alguien florecer en su clase; para eso está.

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5. Enviar algo especial. Usted puede ser realmente creativo con esto.
Supongamos que tiene problemas con un adolescente en su clase. No
puede llegar a él, y no sabe qué hacer. Aquí va una sugerencia.
Vaya a la pizzería cercana y diga: «Me gustaría comprar una pizza y
enviarla a esta dirección. Pero antes de enviarla, me gustaría escribir algo
en la caja. (¡Asegúrese que pongan extra pepperoni!)
Entonces escriba en la caja: «Estaba pensando en ti. Lo siento que he
sido un poco duro contigo en la clase últimamente. Quería que supieras que
estoy de tu lado, y que creo que vas a lograr tu sueño. ¡Gracias por dejarme
ayudarte a volar como un águila en un mundo lleno de pavos!»
¡Ese niño tendrá que rendirse mañana! Usted lo ha amado en su propio
lenguaje. Realmente puede causar que aprenda… si lo ama suficiente.
Envíele una pizza de pepperoni con doble queso, y escriba la nota en la caja
que le hará florecer.
A veces no necesita muchas palabras si ha seleccionado la cosa
correcta para enviar. Nunca olvidaré cuando alguien me hizo esto. El Dr.
Paul Keinel, presidente de la Asociación Internacional de Escuelas
Cristianas, me había pedido varias veces que hablara en su conferencia en
California. Siempre le decía que tenía mi programa demasiado ocupado.
Entonces un día, sin esperarlo, me llegó un paquete grande a la oficina,
sin remitente. Cuando mi secretaria y yo lo abrimos, se desenredó una
alfombra roja con un mensaje pegado al final. «Estamos poniendo la
alfombra roja para usted. Creemos que usted es el mensajero perfecto para
nuestra conferencia.»
¡Increíble! ¡Qué impacto! Llamé inmediatamente y me comprometí.
Desde entonces hemos llegado a ser buenos amigos y hemos ministrado
juntos en todo el país en sus excelentes conferencias. Siempre «ponen la
alfombra roja» para sus mensajeros y profesores.

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Maximizador 4: Escoja sus palabras con precisión
Uno de los problemas que tienen todos los comunicadores es que la
gente no escucha bien. Si quiere hacer un impacto, debe escoger sus
palabras con cuidado. Tenga cuidado con lo que dice de la gente. Esto
incluye los sobrenombres:
«Oye, tonto, quiero decirte que te fue bien».
«Princesa, ven un momento».
«Campeón, ¿sabes qué? Creo que serás el nuevo Billy Graham para
esta generación.»
«¡Oye, regordete!»
Unos abuelos pensaban que era simpático llamar a su nieto
«hediondito». ¿Cree usted que el niño lo encontraba simpático? Escoja sus
palabras con cuidado. Piense antes de hablar.
Algunos tenemos más problemas con el uso poco cuidadoso de nuestra
lengua. Recuerde: No hay nada más difícil que retractarse de las palabras
dañinas que ha lanzado. Así que tenga cuidado. Si tiene problemas en esta
área, medite en Santiago 3. Piense de antemano en cosas positivas que
decir.

Maximizador 5: Recurra al uso apropiado del tacto


Un día viernes hace algunos años, estaba trabajando tarde en la oficina
después de una semana larga y difícil. Tenía planificado un viaje a una
conferencia para hablar cinco veces durante el fin de semana, y tenía que
salir en una pocas horas. Todo dentro de mí estaba gritando, «¡No quiero ir
a esta conferencia!» Estaba exhausto. Estaba de mal humor. Estaba sin
energía, incapaz de ministrar a nadie.
Tomé mi maletín y una caja con papeles, y salí por la puerta. Mi padre,
que también trabaja para Caminata Bíblica, me vio caminar por la puerta con
poca energía. Estaba trabajando tarde también, y leyó mi mente como un
libro.

131
—Un momento, hijo —me llamó—. Déjame ayudarte con eso.
—Papá, estoy bien.
—No. Déjame llevar algo.
Siempre se debe obedecer al papá. Puse las cosas en el suelo.
—Ahora mírame un segundo.
Así que lo miré. Se acercó, me miró a los ojos, y sin decir nada, me
abrazó. No un abrazo corriente. Me dio un abrazo de oso, y no me soltó.
—Tu mamá y yo sabemos que estás bajo mucha presión — dijo—, ¡pero
estamos muy orgullosos de ti, hijo! ¡Es tan lindo trabajar contigo aquí en
Caminata Bíblica! ¡El Señor te va a utilizar de una manera poderosa este fin
de semana! ¡Todo saldrá bien!
Cuando me soltó, las lágrimas corrían por mi cara. Todavía se me hace
un nudo en la garganta cuando cuento la historia. Me levantó el maletín y mi
caja, y se fue hacia el automóvil. Estaba parado allí sin poder moverme.
—Dame las llaves —dijo.
—¡Papá!
—No. Las llaves.
Le pasé las llaves. Abrió la puerta del automóvil. Me senté, y él cerró la
puerta.
—¡Será un fin de semana maravilloso!
Al ir manejando el vehículo hacia la conferencia, me decía:
—¡Será un fin de semana maravilloso! ¡El Señor va a hacer algo
poderoso!
Mi papá tomó mis baterías descargadas y las recargó. Hizo la mayor
parte con el abrazo, con el tacto. Tóquelos en forma apropiada. Pero
tóquelos.

Maximizador 6. Actúe con cuidado en su lenguaje corporal


Los investigadores han encontrado que la gente utiliza más de cien
señales no verbales al comunicarse. Asegúrese, entonces, que su lenguaje

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corporal está en armonía con el lenguaje de sus labios. Observe el lenguaje
corporal de sus alumnos. Ellos están indicando si le están siguiendo o no.
Su lenguaje corporal es una herramienta poderosa, así que nunca debe
expresar sus expectativas desde detrás del escritorio. No permita que nada
esté entre usted y la otra persona. Mírela a los ojos, exprese cariño
apropiado, y entenderá lo que quiere decir.
La manera apropiada para expresar sus expectativas en lenguaje
corporal es inclinarse hacia adelante, relajado, las palmas hacia arriba y no
hacia abajo, con sus ojos en el mismo nivel que la otra persona. Si es un
niño, quizás tendrá que sentarse o agacharse, o incluso arrodillarse. Es
importante estar cerca. ¡Y no olvide el contacto visual!

Maximizador 7. Recuerde establecer sus expectativas con confianza


Establezca sus expectativas para sus alumnos antes de que comience
la clase, y asegúrese que son positivas. Comunique su esperanza a sus
alumnos, y confíe en ellos, para que ellos puedan echar a andar su propia
fe, recibiendo la carga eléctrica de la suya.
Podría ayudar el hecho de escribir sus expectativas, para que sean
específicas y medibles. Hágalo con confianza. Tenga valentía y decisión
para esperar lo mejor de sus alumnos. Nunca murmure. Nunca permita que
su voz comunique nada menos que confianza y seguridad. Después de todo,
son ellos los que están cuestionándose, no usted.

Conclusión
En el último año que enseñé como profesor universitario, enseñé una
clase de métodos de estudio bíblico a los alumnos que también estaban en
su último año. Cuando calificaba los primeros trabajos escritos, encontré uno
que era de una sola página. Parecía que lo hubiera apretado en una pelota
y tratado de plancharlo. Tenía salsa de tomate en la orilla.

133
Inmediatamente miré el nombre. «Ni conozco a esta niña Rebeca», dije
a mí mismo. Puse una «F» arriba. Para ser honesto, quería poner «F-», pero
no lo hice.
En la próxima clase traté de conocer a Rebeca. Estaba sentada en el
rincón. Su pelo estaba desordenado. Su ropa tenía la misma apariencia que
su trabajo escrito. Ella no estaba bien. Traté de hacer contacto visual con
ella durante la hora, pero no me resultó mucho.
Cuando recibí los próximos trabajos, inmediatamente busqué el de
Rebeca. No había salsa de tomate, y no necesitaba ser planchado, pero
todavía merecía una «F». Me tiré hacia atrás en mi sillón y oré al Señor:
«Señor, quizás Rebeca sea nuestro proyecto de este semestre. Por favor,
dame creatividad y amor incondicional para hacer florecer a Rebeca».
Entonces escribí en su trabajo: «Querida Rebeca, creo que este trabajo
no refleja sus verdaderos talentos y capacidades. Estoy ansioso de ver lo
que puede hacer. Profe». No le puse ninguna calificación en su trabajo.
Después de todo, ¿en qué ayudaría otra «F»?
Su próximo trabajo mejoró a ser una «D». Le escribí otro mensaje:
«Querida Rebeca, gracias por abrir la puerta un poco. Sabía que no estaba
equivocado acerca de usted. ¿Qué tal si me da el privilegio de ver lo que
puede hacer cuando se esfuerza realmente? Estoy de su lado. Profe».
Ninguna calificación de nuevo.
La próxima vez su trabajo era de dos páginas. Una «C» sólida. «Querida
Rebeca, ¡qué tremendo progreso! ¡Esta tarea es años luz de su última tarea,
y demuestra un potencial increíble! ¡No puedo esperar para ver su próximo
trabajo! Profe». Ninguna calificación.
El próximo trabajo fue de cuatro páginas. Casi merecía una «A».
«Querida Rebeca, ¡el cambio es asombroso! ¡Su comprensión y la calidad
de su trabajo es una inspiración para mí! Creo que está lista para mostrarme
todo lo que pueda hacer. Profe». Ninguna calificación.

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¡El próximo trabajo me lanzó por el techo! Escribí en la primera hoja:
«Querida Rebeca, ¡estoy en este momento parado encima de mi escritorio
gritando! ¡Siempre sabía que usted podía hacerlo! Creo que llegará a ser
una de los mejores alumnos de Biblia en nuestra universidad. Es un placer
verla crecer en mi clase. A+.»
A finales del semestre, ¡adivine quién era la mejor alumna de mi clase!
¡Rebeca!
Después de ese año, el Señor me llevó a Atlanta, a casi cinco mil
kilómetros de distancia. Pasaron los años. Me había olvidado de mi
«proyecto». Un día recibí una carta marcada «personal».
Mi secretaria nunca abre ese tipo de carta por la consejería que hago al
viajar.
—¿Sabes quién es? —me preguntó, leyendo el remitente. No reconocí
el nombre al principio. Abrí la carta y leí:
Estimado Dr. Wilkinson:
Me sentía obligada a escribirle una carta después de todos estos años. No
reconocerá mi apellido, porque ahora estoy casada. No sé cómo agradecerle. Fue
usted la primera persona en toda mi vida que creía que había algo bueno en mí. Su
clase cambió mi vida totalmente. Ahora estoy felizmente casada y tengo dos hijos
maravillosos. Honestamente creo que si no lo hubiera conocido, y si no hubiera
estado en su clase, probablemente no estaría casada hoy. No sé cómo decirle
cuánto le agradezco por creer en mí.
Con mucho cariño,
Rebeca
Yo guardo esa carta en un archivo especial en mi casa para recordar
que el hecho de hacer florecer a alguien puede cambiar su vida entera.
Creo que Christa McAuliffe, la profesora que voló en el Challenger, el
cohete que explotó, lo dijo bien: «Yo toco el futuro; yo enseño.»
Usted enseña. Usted toca el futuro. ¿Qué tipo de huellas dejará?
Hay ciertas personas en su vida que necesitan su toque — ahora mismo.
Son las Rebecas que Dios ha colocado delante de sus ojos, para que usted

135
las haga florecer. Quizás no las haya visto hasta ahora como oportunidades
maravillosas, pero ahora sabe, ¿verdad?
Pregunte al Señor una sola cosa: «Señor, ¿cuál es la persona en mi vida
que Tú quieres que haga florecer, con Tu ayuda? Señor, ¿quién necesita un
nuevo sueño?»
Tome un momento, y pida que el Señor abra sus ojos. Hay miles de
personas como usted que han descubierto a alguien cercano que las
necesita desesperadamente. Ahora pida al Señor que le ayude a hacer
florecer a esa persona en los próximos noventa días. Diga, «Señor,
ayúdame a hacer florecer a ».
Es el momento ahora de comprometerse a tocar a las Rebecas en su
vida. A esperar lo mejor de ellas. A hacerlas florecer.
Algún día, quizás en años, quizás cuando llegue al cielo, se dará cuenta
de que su amor por Rebeca le hizo esperar lo mejor de ella, y que realmente
tocó el futuro.

Preguntas para reflexión


1. ¿Por qué muchos de nosotros encontramos más fácil creer lo peor acerca
de alguien en vez de creer lo mejor? ¿Por qué los chismes siempre se tratan
de malas noticias en vez de buenas noticias? ¿Qué hay en cada uno de
nosotros que nos hace desear compartir los fracasos de otros y no sus
victorias, y qué nos hace desear compartir nuestras victorias y no los
fracasos? Para que haya un cambio en esta costumbre destructiva,
tendremos que cambiar nuestros pensamientos de una manera profunda y
significativa. En sus propias palabras, describa cómo será ese cambio para
la persona común y corriente.

2. Ejercite su mente creativa un momento. Imagine que usted es un cristiano


adulto común y corriente. Mencione por lo menos tres sueños o visiones o

136
expectativas que cada persona, hombre o mujer, ha guardado en su
corazón. ¿Qué deseamos todos acerca de nuestro futuro? Pruebe uno o dos
de estos sueños al hacer florecer algunos de sus colegas.

3. Haga una lista de por lo menos doce palabras que podría usar cuando está
en la etapa de expresar emociones. En vez de decir, «me siento
orgulloso.…», ¿en qué otra manera podría decirlo?

4. Piense en las personas que usted conoce, y con quien mantiene una
relación actualmente. ¿A qué persona le gustaría hacer florecer? Tome unos
momentos para escribir un párrafo breve acerca de lo que serán sus sueños.
Cuando llegue el momento correcto, pida a la persona que comparta con
usted algunos de los sueños importantes que tiene para su futuro, y escriba
su párrafo de nuevo. Cuando haya hecho esto, tendrá el «polen» para
esparcir sobre esta persona la próxima vez que surja la oportunidad.

137
TERCERA LEY
LA LEY DE LA

Retención
5
LA LEY DE LA RETENCIÓN; MENTALIDAD,
MODELO Y MÁXIMAS
Estaba seguro de que había reprobado mi primer semestre de seminario.
Había escuchado todas las anécdotas de fracasos, de las tareas imposibles
de hebreo, griego, teología y Biblia. Estaba petrificado de miedo. Para un
solo curso, se requería la lectura de más de 2.000 páginas. Los egresados
disfrutaban con decir cuán difícil era, cuántas personas se habían retirado
en las primeras semanas, y ¡cuántos alumnos del primer año se habían
vuelto locos!
Por eso, mi esposa y yo decidimos que deberíamos hacer un curso de
lectura veloz. Me prometieron que podría aumentar mi velocidad de lectura
tres veces, y aumentar también mi retención.
El primer día de la clase, el instructor nos dijo: «Quiero mostrarles lo
rápido que podrán leer al finalizar este curso». A su lado había tres
graduados de la clase sentados en una mesa. «Observe cómo leen», dijo,
mientras tomaban un libro que no habían leído — grandes, gruesos— y
¡empezaron a dar vuelta a las páginas tan rápidamente que podía sentir la
brisa desde la última fila!
Empecé a reírme y pensé, ¡Eso es imposible! ¡No están leyendo tan
rápido!¡Es un truco! ¡Quiero que me devuelvan el dinero! La profesora tuvo
que haber leído mis pensamientos, porque dijo: «Si ustedes siguen nuestras

138
instrucciones y hacen todas las tareas, podrán leer como ellos —o le
devolveremos el dinero». ¡Con eso me ganó!
Sus tareas eran a veces extrañas y diferentes. Nos dijo que para leer
mil, dos mil, tres mil, o cinco mil palabras por minuto, se necesitaban algunos
procedimientos radicales. La tarea de la primera semana era aprender a leer
páginas enteras, y no palabras. ¡Qué idea!
Fui a la biblioteca pública cercana y pregunté por los libros para niños.
—¿Tiene hijos? —preguntó la bibliotecaria.
—No, señora, no tengo.
—Debe estar mirando estos libros para algunos parientes o amigos,
entonces.
—No, son para mí.
—Ah.… —dijo—, ¿Qué tipo de libros para niños le interesan? Traté de
parecer normal, pero me sentía más incómodo cada minuto.
—No importa, cualquiera me sirve. El tema da lo mismo.
La mujer tenía la apariencia de una bibliotecaria típica —pelo gris,
amarrado en un moño, lentes, alta y delgada, un poco distraída. Con una
mirada suspicaz, me guió a la sección de niños. Sin prestar atención al tipo,
tamaño, o tema, puse quince libros debajo del brazo y los llevé a la mesa
más cercana. La bibliotecaria no se movió.
Entonces empecé mi tarea. Puse los libros al revés y empecé a hojear
los libros tan rápidamente posible. Podía sentir a la bibliotecaria respirando
detrás de mi hombro. Finalmente exclamó:
—Joven, ¿está consciente de que los libros están al revés?
—Sí —dije—. Es asombroso… —y con una cara lo más seria que pude
poner—, ¿Lo ha intentado?
Finalmente, ella caminó al frente, me miró a los ojos, y con una expresión
de preocupada, preguntó:
—¿Está realmente leyendo eso?

139
—No, señora, no tengo idea de lo que está en estas páginas. Pero mi
profesora dijo que no importaba.
Cada día durante varias semanas volvía a la misma biblioteca. Durante
una hora hojeaba los libros para niños tan rápidamente posible, con el libro
puesto al revés. Al salir, sonreía a mi bibliotecaria favorita. A fines de la
segunda semana, ella ya no podía mirarme. Al final, subí de nivel y miraba
libros más serios, libros grandes de referencia. Hice lo mismo con ellos
durante una hora cada noche. No le dije a la pobre señora lo que hacía,
hasta el fin del curso, y entonces nos reímos juntos.
Nuestras tareas peculiares tenían un propósito. Cuando éramos niños,
nos enseñaron a leer cada palabra, una por una. Pero para la lectura veloz,
no se puede mirar cada palabra, debe aprender a leer una página entera.
Dar vuelta al libro nos impedía leer las palabras individuales. Estábamos
entrenando los ojos y la mente para ver palabras de la misma manera en
que vemos cuadros — todo de una vez en un segundo, sin concentrarse en
los detalles.
La velocidad de lectura promedio en nuestro grupo subió desde 200–450
palabras por minuto a 1.000, 2.000, 3.000, y en algunos casos hasta más de
5.000. En contra de todas nuestras expectativas, la retención también
aumentó. Muchos terminaron el curso leyendo 3.000–5.000 palabras por
minuto con una retención de 80% o mejor. De alguna manera, la profesora
había encontrado el secreto de la lectura veloz.
Piense en la diferencia que haría en la vida de la mayoría de las
personas esta capacidad de leer rápidamente. En las semanas recientes he
leído siete libros —una mezcla de libros cristianos clásicos y libros acerca
del liderazgo. Suman un total de aproximadamente 445.000 palabras.
Compare los resultados si tuviera que leerlos a las siguientes
velocidades (ppm = palabras por minuto):
445.000 palabras a 250 ppm = 1.780 minutos, o 29,5 horas.
445.000 palabras a 1.000 ppm = 445 minutos, o 7,5 horas.

140
445.000 palabras a 3.000 ppm = 148,33 minutos, o 2,5 horas.
Usando esa información, considere lo que podría suceder durante cuatro
años de estudios típicos universitarios. Supongamos que pasamos dos
horas por semana leyendo durante los cuatro años. Eso suma 24.960
minutos de lectura. Compare cuántos libros se podían leer en los cuatro
años a la velocidad de 250, 1.000, y 3.000 ppm, suponiendo que cada libro
contiene 63.500 palabras, o más de 200 páginas:
A 250 ppm, podría leer un libro en 254 minutos, o 98 libros en cuatro años.
Eso es una pila de libros de casi 2 metros de altura.
A 1.000 ppm, podría leer un libro en 63,5 minutos, o 393 libros en cuatro
años. Eso es una pila de 7 metros de altura.
A 3.000 ppm, podría leer un libro en 21,2 minutos, o 1.777 libros en cuatro
años. Eso es una pila de 21 metros de altura —¡la altura de un edificio de 5
pisos!
Ahora, antes de que piense que esto es una promoción de un curso de
lectura veloz, hagamos la transición al punto de este capítulo. Tome al
mismo alumno y cambie el libro de tres dimensiones por una persona de tres
dimensiones —¡usted, el profesor! En vez de hablar de la lectura veloz,
hablemos de la enseñanza veloz. ¡Esto es más fascinante todavía!
Si usted ha ido a uno de nuestros seminarios del ministerio Caminata
Bíblica, habrá experimentado algo de enseñanza veloz. Siempre
escuchamos el comentario: «He aprendido más en un día de lo que había
aprendido en años», o «He aprendido más en un día de lo que pensé que
era posible —y disfruté cada minuto!» Bueno, está por aprender algunos
secretos revolucionarios que hemos descubierto después de usar este
método de «enseñanza veloz» en más de cincuenta países y con más de un
millón de estudiantes.
Si va a mejorar su velocidad de enseñanza (y la del aprendizaje de sus
alumnos), debe haber algún método para medir la velocidad de la

141
enseñanza. Piense en su última presentación. ¿Cuántos datos aprendieron
sus alumnos durante la clase?
Para determinar la velocidad de su enseñanza en su última hora de
clase, simplemente cuente los detalles que haya mencionado. Si hubo seis
datos específicos por clase, entonces estuvo enseñando a seis dpc (datos
por clase).
¿Cuál es su dpc actual? Una buena manera de averiguarlo es probar a
sus alumnos inmediatamente después de la próxima clase. Sin aviso.
Habiéndolo probado, ¡yo sé que los resultados a veces son deprimentes!
¡Pueden darle el deseo de suicidarse!
Antes de enseñarle los secretos de la enseñanza veloz, experimentemos
con las implicaciones de ella en la vida real. ¿Cuánto conocimiento se puede
adquirir en una carrera universitaria con la enseñanza normal? Si un alumno
toma dieciséis horas crédito durante cada uno de sus ocho semestres, y
tiene un promedio de catorce períodos de clase por cada hora crédito, estará
en el salón de clases 1.800 horas en cuatro años aproximadamente.
Ahora, estime cuántos datos aprende el alumno típico en cada período,
sin incluir su tarea, su lectura, u otros trabajos fuera de la sala. Seamos
generosos; digamos que un maestro típico enseña a un alumno típico diez
datos específicos en cada sesión. Por lo tanto, durante su carrera, un
alumno aprendería 18.000 datos (1.800 horas multiplicadas por 10 datos por
hora). Comparemos esto con la posibilidad de enseñar los mismos datos a
los mismos alumnos en otras velocidades de aprendizaje, usando las
mismas proporciones que usamos para comparar las velocidades de lectura.
10 dpc (250 ppm) x 1.800 = 18.000 datos
40 dpc (1.000 ppm) x 1.800 = 72.000 datos
120 dpc (3.000 ppm) x 1.800 = 216.000 datos
¡Mire la diferencia! ¡18.000 comparado con 216.000 datos! ¿Parece
imposible o poco realista? No es menos realista que aumentar la velocidad
de lectura desde 250 ppm a 1.000 o 3.000 ppm. En contraste con el chofer

142
norteamericano típico que tiene un problema pues conduce por sobre la
velocidad máxima permitida, el maestro típico tiene un problema pues
enseña por debajo de la velocidad mínima. Si normalmente toma sesenta
minutos para cubrir diez datos (10 dpc), y puede aprender a enseñar lo
mismo en quince minutos, piense en el tiempo que sobra para otras
experiencias de aprendizaje importante. Tal como una persona puede
aprender a aumentar su velocidad de lectura cuatro veces, así también un
profesor puede aumentar su velocidad de enseñanza cuatro veces. ¡Piense
en el potencial! ¿Pero cómo? ¿Cómo puede tomar información y
reformularla para que una persona la recuerde, sin hacer ningún esfuerzo?
¿Cómo puede enseñar en forma veloz?
Podemos sacar algunas ideas mirando cómo lo hace Dios. Por ejemplo,
piense en lo que hizo después del diluvio. ¿Por qué puso el arco iris en el
cielo? No quería que nos olvidáramos de su promesa de que nunca
destruiría el mundo otra vez con un diluvio.
Cuando Dios quería grabar algo en nuestra memoria, usaba un cuadro.
Dudo que nadie tenga que concentrarse en recordar el significado del arco
iris. Nadie piensa: «Cuando veo un arco iris, tengo que recordar que Dios
prometió no mandar otro gran diluvio. Tengo que repasar esta lección diez
veces para no olvidar». Por supuesto que no. Dios utilizó uno de los
principios de la enseñanza veloz, ¡y aprendimos el «contenido»
instantáneamente y para siempre! La enseñanza veloz de Dios hizo posible
un aprendizaje veloz. Y nuestra retención era para toda la vida.
Me pregunto, ¿qué pasaría si usted y yo copiáramos el método que Dios
usó para enseñar velozmente? ¿Qué pasaría si usáramos cuadros para
enseñar el contenido rápidamente y para siempre? Como usted descubrirá
más adelante, los datos por clase (dpc) aumentarían inmediatamente. Dos
o tres veces.

143
Pero ese es un solo método que Dios utiliza. Antes de terminar esta ley
de la retención, conocerá los métodos principales que Dios usa para la
enseñanza veloz. Aplicará los mismos métodos la próxima vez que enseñe.
Por favor, recuerde que esta ley no es para cada vez que enseña. Es
una herramienta específica para poner en su caja de herramientas. Cuando
quiere enseñar datos, o pedazos de contenido, saque esta herramienta y
ocúpela. Estará asombrado con su eficacia. Prometo algo, después de mis
años de experiencia: ¡sus alumnos lo amarán por usarla!

La mentalidad de la ley de la retención


Esta ley, entonces, pone el énfasis en el arte y la ciencia de enseñar al
alumno la cantidad más grande de información en el período de tiempo más
corto, con el mínimo esfuerzo posible (es decir, de parte del alumno), y con
la mayor retención posible. Esta ley tiene que ver con dos asuntos
principales en la relación enseñanza-aprendizaje:
Eficacia —¿El maestro está enseñando al alumno la materia correcta?
Eficiencia —¿El maestro está enseñando al alumno de la manera correcta?
Para dejar la base para aumentar su eficacia y su eficiencia,
consideremos cuatro niveles de enseñanza presentados en Deuteronomio
6:4–9.
«Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu
Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu fuerza. Y estas palabras
que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñaras a
tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa, y cuando andes por el
camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a
tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu
casa, y en tus puertas.» (LBLA)
¿Quiere ser un buen maestro? Entonces ame a Dios. Ese es el
comienzo. Es la primera ficha de dominó en una fila larga. ¿Desea realmente

144
ser un maestro excelente? Entonces ame a Dios con todo su corazón, con
toda su alma, y con todas sus fuerzas.
«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre sus hojas de
apuntes.» ¿El versículo dice eso? ¡De ninguna manera! Las palabras, o el
contenido, no están en las hojas de apuntes, sino en nuestros corazones.
Cuando amamos al Señor, no podemos evitar honrar su contenido.
Según las Escrituras, la educación de los hijos y la buena enseñanza
tienen dos fundamentos: amar a Dios, y conocer la materia. No puede ser
buen maestro sin ninguno de los dos. ¡Ame a Dios! ¡Conozca la materia!
Entonces estará preparado para el próximo paso: meter la materia que está
en su corazón en el corazón del alumno. ¿No es la meta de toda educación
cristiana la de transferir eficazmente su amor por el Señor y su sabiduría a
los alumnos, para que puedan amar al Señor y conocer su Palabra? Las
buenas noticias son que en este texto, Dios revela cuatro maneras de
hacerlo.
1. Enseñar. «Las enseñarás a tus hijos.»
Esa es enseñanza formal —en la que usted se sienta para tener una
sesión. Este primer nivel es lo que viene a la mente cuando pensamos en la
escuela y en actividades académicas. El maestro está encargado. Tiene el
plan y controla el proceso de aprendizaje para lograr los objetivos.
Hicimos esto recién con nuestros hijos, hablando del dinero.
Aumentamos su mensualidad con el entendimiento de que ellos comprarían
sus cosas personales —shampoo, maquillaje, y otras cosas para ellos. Con
el fin de hacer eso, tenían que hacer un presupuesto. Les mostramos
nuestro presupuesto familiar para que pudieran tener una idea de cómo se
hace. Les ayudamos a calcular un presupuesto, con un sobre para cada
ítem. Eso es un ejemplo de la enseñanza formal.
2. Hablar. «Y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa, y cuando
andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes.»

145
Este segundo nivel de enseñanza se caracteriza con el término «hablar».
En el proceso de enseñanza, la comunicación es más fluida, casual, y más
como un diálogo. Mientras en el primer nivel el maestro toma la iniciativa y
dirige, en este nivel, el alumno puede tomar la iniciativa y guiar la
comunicación.
Los maestros eficaces animan al alumno a hablar, mientras abren la
ventana para sus preguntas y dificultades verdaderas. Muchas veces la
enseñanza más eficaz ocurre cuando cambian el tema, o en momentos entre
las clases, o durante actividades sociales, tomando un refresco.
3. El recordatorio personal. «Y las atarás como una señal a tu mano, y
serán como insignias [«frontales» en versión Reina Valera] entre tus ojos.»
Un verano, estaba en un vuelo hacia Israel, y había un grupo de judíos
conservadores, hombre y mujeres, que estaban volviendo a su Tierra
Prometida. Cuando salió el sol, a las cuatro de la mañana, varios hombres
se levantaron de sus asientos, fueron atrás, subieron los plásticos que tapan
las ventanas para dejar entrar el sol, se pusieron túnicas negras, y
amarraron una cajita en sus brazos. (El versículo menciona las «insignias»,
que eran cajitas para poner en sus brazos.) Entonces tomaron las Escrituras,
empezaron a leer, y agachaban la cabeza en humildad, orando hacia
Jerusalén.
Pronto me di cuenta de lo que estaban haciendo, y fui a unirme con ellos,
aunque no tenía la túnica apropiada, y tampoco tenía una copia de su Tora.
Cuando me metí en medio de ellos y empecé a orar, vi lo dedicados que
eran, y cuánto honraban la Tora, sus filacterias, y sus frontales. Seguí en el
mismo espíritu, y tuve un buen tiempo de adoración, pero como cristiano que
adora en el nombre de Cristo.
Este tercer nivel es el primer método no verbal de enseñanza, en que
algo que usamos o hacemos funciona como una señal para otros. Los judíos
en el avión se pusieron cosas que comunicaron un mensaje —no audible,
pero visible. Los frontales hablan siempre a todos los que ven la señal. No

146
son como la enseñanza oral de un maestro que ocurre solamente cuando el
profesor habla.
Inherente al significado de una señal está el concepto de representación.
Se usa una cosa para representar otra. Muchas veces una señal puede
representar muchas cosas importantes a través de algo pequeño y tangible.
Considere lo que usted piensa cuando ve un anillo en el dedo de una
persona que acaba de conocer. ¿Recuerda lo que dijo el ministro, «Cuál es
el símbolo o el signo de estas promesas…»? En el momento que usted ve
un anillo en el dedo de otra persona, una serie de conceptos de profundo
significado pasan por su mente.
De la misma manera, acciones personales se pueden usar como señales
para el público. Nunca olvidaré el impacto de una acción pública que vio mi
hija una noche cuando volvíamos de vacaciones en Florida. Nos detuvimos
en la carretera para comer algo. Jenny y yo fuimos a comprar algo, mientras
los demás quedaron en el automóvil. De pronto ella me tocó el hombro
ansiosamente y dijo, «¡Papá, mira!» Cuando di vuelta, vi a una madre con
cinco hijos, todos con la cabeza inclinada, orando —y Jenny estaba
estupefacta. Finalmente reveló sus pensamientos: «Es la primera vez que
veo a alguien orar en público —excepto nosotros».
¡Qué sorpresa más triste! La primera vez que una adolescente ve a otros
orar en público. ¿Por qué no agachamos la cabeza para orar en público?
¿Será que hemos olvidado que inclinar la cabeza y orar en público es una
señal eficaz para otros?
También podemos usar joyería de buen gusto, como una cruz o el
símbolo de un pez. Estas cosas revelan a otros que somos creyentes. Son
recordatorios personales.
Una vez una señora subió a un ascensor con nosotros. Tenía un
prendedor que decía, «Pregúnteme». Yo lo conocía, pero le pregunté de
todas maneras.
—¿Preguntarle qué?

147
Ella contestó:
—Pregúnteme por qué soy tan feliz.
Yo dije:
—Señora, ¿por qué es usted tan feliz?
Ella respondió:
—Porque conocí a una persona que satisface todas las necesidades de
mi vida.
Me gustó lo que estaba haciendo, así que seguí con las preguntas. Dije:
—¿De veras? ¿Cómo se llama?
Toda la gente en el ascensor escuchó las buenas noticias mientras yo
hacía las preguntas y ella daba las respuestas bíblicas.
4. La promoción pública. «Y las escribirás en los postes de tu casa, y en
tus puertas.»
Este cuarto método de enseñanza que Dios reveló hace tres mil años es
llamado promoción pasiva. Por ejemplo, cuando usted ve un letrero grande
en la carretera, está viendo un ejemplo grande y creativo de «escribirlas en
las puertas».
Tanto el tercero como el cuarto método son no verbales, y este último
ocurre en la ausencia de, o independiente de, un maestro en persona.
No pierda las joyas de sabiduría divina en este último mandato para
maestros. Primero, nos instruye a «escribir»; es decir, tomar la iniciativa en
asegurar que el contenido sea legible, comprensible, y visible.
Segundo, dice, «escribirlas» El pasaje entero está centrado en la
transferencia eficaz de «las palabras» desde su corazón hacia el corazón de
ellos. En este caso, el contenido que se debe escribir son «estas palabras
que yo te mando hoy». Esto lo entendemos normalmente como las
Escrituras.
Para aplicar este principio, usted podría «escribir» la verdad de su
lección en sus puertas, usando las mismas pautas. Cuando el contenido está

148
públicamente visible, continúa siendo un factor recordatorio para todos los
que ven o escuchan su mensaje.
Tercero, estas inscripciones pedagógicas deben estar visibles en sus
«postes y en sus puertas». El Señor garantiza la transferencia del mensaje,
colocándolo en los dos lugares más usados en la vida —el hogar y la oficina
(o la sala de clases para el profesor).
Cuelgue un letrero en su puerta: «Yo y mi casa serviremos al Señor». O
coloque un símbolo del pez en su tarjeta de presentación o en su vehículo.
Pero si lo pone en su automóvil, ¡tenga cuidado de cómo maneja! De otro
modo, tendría que poner uno que diga: «¡Camino con Dios… pero manejo
como el diablo!» Hay una panadería que pone un versículo bíblico en todos
los platos en que venden pasteles. Todas estas cosas sirven como
reconocimiento público. Involucre tanto a su casa como a su oficina. Si yo
fuera a su oficina, ¿qué cosas podría ver en su muro, en su escritorio, y en
sus estantes? ¿Por qué no escribir algo hoy?
Los mejores maestros usan todos los niveles de enseñanza, y sus salas
lo reflejan. Sus muros están llenos de palabras y cuadros estimulantes de
todos los colores. Todos están hechos y colocados para enseñar
indirectamente con máximos resultados.
Por lo tanto, aumente su enseñanza, y refuerce su mensaje en las
mentes y las vidas de sus alumnos, asegurando que utilice los cuatro niveles
del proceso de instrucción: enseñar, hablar, usar recordatorios personales,
y promoción pública. Recuerde, Dios no considera la única forma de enseñar
lo que se hace en la sala. Dios enseña en cada momento (vea Salmo 19)
por medio de cada método directo e indirecto posible.

149
El modelo de la ley de la retención

En resumen, ¿ve usted la progresión de estos cuatro enfoques? Se


mueven de lo interior a lo exterior, de lo formal a lo informal. Los dos
primeros niveles, «enseñar» y «hablar» están en la categoría de tutoría. Son
directos y «verbales». Los últimos dos, «recordatorio personal» y
«promoción pública» son testimonios. Son indirectos y «no verbales». Al
nivel de tutoría, se está transfiriendo la verdad a otros por medio de la voz.
En el nivel de testimonio, se usan medios visuales para comunicar el
mensaje. Todos estos métodos ayudan a pasar la herencia a los alumnos.
La Biblia claramente insiste que la pasemos a otros. La verdad que
conocemos y amamos debe ser comunicada de tal manera que nuestros
hijos y nuestros alumnos conozcan y amen esa misma verdad. La médula
de nuestro sistema de ética y valores, como se encuentra en las Escrituras,
debe ser transmitido a la próxima generación. La generación mayor debe
transferirlo a la generación joven. Esa transferencia no se logra con meras
buenas intenciones y buenos deseos. La transferencia se logra a través de
todo lo que hagamos, digamos, y representemos.

150
Las máximas de la ley de la retención
La ley de la retención presenta principios y métodos revolucionarios para
enseñar datos a los alumnos en forma veloz. Cuando se aplica, logra
resultados sorprendentes para los valientes que están dispuestos a ir más
allá del refrán: «así lo hemos hecho siempre». Ofrecemos siete principios de
la retención que son fundamentales para la enseñanza veloz.

Máxima 1: La retención de los datos por parte del alumno es la


responsabilidad del maestro
Basado en la respuesta de los alumnos en todo el mundo, sabemos que
es poco común que un maestro cause que los alumnos aprendan los datos.
Al contrario, vemos el típico estilo de descargar un montón de datos sobre
los alumnos. Muchos maestros piensan: «No es mi responsabilidad
enseñarles la información; se la voy a descargar encima». Los alumnos
escriben apresuradamente una y otra página de apuntes, porque se dan
cuenta de que el maestro no se hace responsable por el aprendizaje de parte
de los alumnos. Pero si los alumnos simplemente copian la información para
aprenderla más tarde, ¿ha enseñado algo realmente el maestro?
Esta máxima nos recuerda que es nuestra responsabilidad como
maestros presentar la lección de tal manera que los alumnos la recuerden.
Debe ser grabada en sus mentes, porque la colocamos allí como expertos.
Desgraciadamente, las calificaciones en las pruebas nacionales demuestran
que no está resultando. La constante baja en notas de las pruebas de aptitud
no es la culpa de los alumnos ni los padres principalmente. La
responsabilidad cae sobre los maestros al final, y sobre las instituciones que
preparan a los maestros.
Mientras que los maestros no aceptemos el hecho de que el éxito de los
alumnos es la medida verdadera de nuestro éxito… mientras que los
maestros no empecemos a orientarnos a los alumnos… mientras que los

151
maestros no empecemos a hacer lo que es mejor para el alumno sino lo que
es fácil para nosotros, el aprendizaje seguirá empeorando.
Usted dirá: «¿No tienen ninguna responsabilidad los alumnos por su
aprendizaje?» Sí, por supuesto. Todo depende de con quién estamos
hablando. En este momento estoy hablando con maestros y comunicadores,
así que tenemos cien por ciento de la responsabilidad del aprendizaje. Si
fuéramos alumnos, la ley del estudiante diría que tenemos cien por ciento
de la responsabilidad por nuestro propio aprendizaje, sin importar la calidad
del maestro. Así que, ¿quién es responsable? En este libro, la respuesta
tiene que ser, «¡el maestro!»
Una vez que el maestro acepte esta responsabilidad fundamental,
pensará de otra manera acerca de la enseñanza. ¡Imagine cómo cambiaría
un maestro si se evaluara, no de acuerdo con lo que pudo cubrir en la clase,
sino de acuerdo con lo que en realidad aprendieron los alumnos!
Piense fuera del esquema típico por un momento: Supongamos que una
profesora de lenguaje dice: «Voy a enseñar treinta y cinco palabras inglesas
nuevas hasta que las conozcan realmente. Garantizo que conocerán por lo
menos treinta y tres cuando terminemos. Mañana habrá una prueba. Pero
no se preocupen; si no sacan por lo menos treinta y tres correctas, botaré la
prueba a la basura». Entonces la profesora repasa las treinta y cinco
palabras, dando a los alumnos un cuadro para cada palabra, repasándolas
hasta que las dominen.
Compare ese proceso con la profesora que dice: «Esta es su lista de
vocabulario. Habrá una prueba mañana».

Máxima 2: La retención de los datos es efectiva tan solo después de


que son comprendidos
Me sorprende cuántas veces me encuentro con alumnos que están
estudiando para una clase, y que no saben lo que están aprendiendo,
solamente saben que se exige para la prueba. Hace poco escuché a algunos

152
alumnos de educación secundaria hablar acerca de una clase de
matemática en que solamente dos alumnos entendían lo que estaban
haciendo —y uno de ellos tenía un tutor para ayudarle. Mostraron mucha
frustración, tirando sus manos en el aire, diciendo, «¡No sé cómo lo vamos
a hacer! ¡El profesor nos da más y más materia, y nadie entiende nada!»
Ese profesor piensa que su trabajo es entregar un paquete de
información. Piensa que, cuando haya cubierto el texto, ha terminado su
trabajo. Parece no importar mucho si los alumnos comprenden lo que están
estudiando. ¿Puede imaginar la revolución que causaría si él cambiara su
perspectiva de la enseñanza?
La retención de información es mucho más efectiva cuando los alumnos
comprenden completamente la información. Aunque esta máxima parece
obvia, muchos maestros todavía piden a sus alumnos que aprendan listas
de información, con fechas y nombres, sin ninguna comprensión de ellos.
Por lo tanto, los maestros deben asegurarse de que los alumnos
entiendan el significado y la importancia de los hechos, antes de<