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LECCIONES DE UN LEPROSO

Oración Inicial

En la Palabra podemos encontrar innumerables ejemplos de vida, de hombres y mujeres


usados por Dios de una manera particular e interesante, jóvenes, adultos, ancianos,
gente sencilla, como también de influyentes personajes…pero concretamente hay uno
que nos muestra en unos cuantos versos del evangelio de Lucas, toda una serie de
lecciones que debemos aprender. Las lecciones de un leproso.

Lucas 15: 11  “Mientras Jesús seguía camino a Jerusalén, llegó a la frontera entre
Galilea y Samaria.  12  Al entrar en una aldea, diez leprosos se quedaron a la
distancia,  13  gritando: — ¡Jesús! ¡Maestro! ¡Ten compasión de nosotros! 14  Jesús los
miró y dijo: —Vayan y preséntense a los sacerdotes. Y, mientras ellos iban, quedaron
limpios de la lepra. 15  Uno de ellos, cuando vio que estaba sano, volvió a Jesús, y
exclamó: « ¡Alabado sea Dios!».  16  Y cayó al suelo, a los pies de Jesús, y le agradeció
por lo que había hecho. Ese hombre era samaritano.

a. La Condición de los 10

En los tiempos de Jesús la lepra era una enfermedad incurable y extremadamente


contagiosa. La persona que llegaba a tenerla quedaba terriblemente marcada y
estigmatizada.

Con el desarrollo de la enfermedad, el leproso se convertía en un ser “repulsivo” para


sí mismo y para los demás. Debido a la posibilidad de contagio, el enfermo era
separado de su familia y de toda vida social. Por esta razón, habitualmente eran
compañeros de los muertos en las tumbas que estaban aisladas de las ciudades. Y al
tratarse de una enfermedad incurable en esos días y que conducía con determinación
a la muerte, se entendía que un leproso era un muerto en vida.

Los 10 leprosos (Quienes habitaban entre las fronteras de Jerusalén y Samaria y


Galilea) (Judíos y Samaritanos) Frente a esta condición no hay distinción… ¿a
qué nos hace recordar esto? Aquello que nos aísla de nuestra comunión con los
demás, aquello que nos destruye contundentemente, aquello que no nos permite tener
libertad para vivir una verdadera vida… es el PECADO…puesto que todos hemos
pecado. Romanos 3:23.

En esta situación 10 leprosos, considerarando su estado (Impuros) (quedándose a la


distancia)
b. Las lecciones del leproso

1. RECONOCER: gritando: — ¡Jesús! ¡Maestro! ¡Ten compasión de nosotros!

¿Cómo lo llaman? ¡Yeshua! (Nuestra Salvación) ¡Rabí! (Maestro), ¡ten


compasión de nosotros!

Reconocer que él es nuestra salvación, nuestra solución, que no hay nadie


más que El, frente a nuestra condición… es el primer paso.

2. OBEDECER: Vayan y preséntense a los sacerdotes.

"Los leprosos tenían que actuar con fe ante la orden de Jesús. Aunque la
enfermedad aún se veía, aunque aún las llagas dolían, aunque importaba mucho
el que dirán si salían de los límites que les permitían por estar impuros…ellos
obedecieron al mandato de Jesús… ¿Qué elementos hicieron que ellos actuaran
en obediencia? Ellos ya habían escuchado de Jesús, ellos sabían lo que era el
capaz de hacer por ellos, y así escucharon, creyeron, confiaron y se fueron.

3. CONFIAR: mientras ellos iban, quedaron limpios de la lepra.


La principal razón por la que debemos confiar en Dios es que Él es digno de
nuestra confianza. A diferencia de los hombres, Él nunca miente y nunca falla
para cumplir con Sus promesas. (Vayan y preséntense, son dos acciones
concretas)

4. AGRADECER: Uno de ellos, cuando vio que estaba sano, volvió a Jesús, y
exclamó (Con la libertad que solo Dios nos puede dar): « ¡Alabado sea
Dios!». 
¿Alzamos la voz también para agradecerle por sus misericordias?

Muchos reconocen a Dios por muchos sean los motivos, le obedecen creyendo
más al favor que al dador del favor, confían esperanzados en el milagro, más que
en las palabras mismas de Dios…la diferencia de aquellos que reconocen a Dios
con motivos correctos, le obedecen porque tienen puesta su Fe en el más que en
sus favores, por ende tienen una confianza sólida y autentica, es que estos
regresaran y serán agradecidos… ¿Es usted agradecido con Dios? ¿Está usted
agradecido por lo que Jesús ha hecho por usted?

5. ADORAR: Y cayó al suelo, a los pies de Jesús, y le agradeció por lo que había
hecho. Ese hombre era samaritano.
El Samaritano, cuando llegó a Jesús, se postró a sus pies - ¡y rompió en
alabanzas y acción de gracias! Desde lo más profundo de su ser vertió la
adoración de su corazón.

La verdadera Adoración nace de un corazón agradecido. Se postro ante


Jesús, alguien diferente, un judío, alguien que supuestamente “no me
quiere”… sin embargo se postró, agradeció y adoró.

Conclusión

Los que han recibido de Dios amor, Gracia, favor, salvación y todas sus bendiciones
espirituales no deben olvidarse de darle gracias y adorar. Lo que Él ha hecho por ellos
debe hacerles acercarse a Él con un corazón agradecido. “Nosotros le amamos a él,
porque él nos amó primero.” (1ª. Juan 4:19)

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