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El trabajo artesanal /29

EL TRABAJO ARTESANAL.

¿Y si hubiéramos cambiado de civilización?.


Llamamos civilización al conjunto de fenómenos sociales (religiosos,
morales, estéticos, científicos, técnicos) comunes a una gran sociedad o
a un grupo de sociedades. En este sentido el mundo occidental ha
asistido a la sucesión de dos civilizaciones después de la creación de una
población humana significativa: durante milenios, el hombre occidental
evolucionó lentamente en una civilización de carácter rural; para asistir a
los cambios a través de las evoluciones tecnológicas del siglo XVIII
(impropiamente reunidas bajo el título de Revolución Industrial en razón
de la duración real del proceso) cimentado las bases de una civilización
de las máquinas.
Parecería que hayamos actualmente cambiado de civilización,
abandonando la era de las máquinas por la era de los flujos y la
simultaneidad, de la abstracción dónde el poder del hombre puede
modificar lo que está vivo, y por consecuencia, él mismo y/o,
paradójicamente, su poder real parece diluido en una bolsa mundial a
nivel capitalista poco concentrada, imagen financiera de una multitud.
Tasma-Anargyros, Sophie/ Loeb, Frédéric. ¿Y si volviéramos a poner los ordenadores a
cero?. Hipótesis para futuros probables. VIA – Industrias Francesas del mueble. París.
1998.

La capacidad manual introduce en la historia de la evolución humana la posibilidad de


elaborar sustitutos u órganos artificiales75 que compensan las carencias y limitaciones del
organismo humano, sobre todo a partir de la aparición del Homo Sapiens, como organismo
que parece estabilizado sin apreciársele modificaciones muy importantes.

En el trabajo artesanal, el ser humano se manifiesta a través de amplias y posibles gamas


existenciales y culturales, convirtiéndose la herramienta en un signo del progreso racional del
hombre así como de su capacidad de enfrentarse con el medio para extraer de él los
alimentos y dotarse de todo aquello que requiere su organismo. La herramienta es, pues, un
factor de desarrollo personal y social que fomenta el aprendizaje, la organización del sistema

75 Así, los útiles manejados por el hombre para superar, transformar y controlar el medio (máquinas, aparatos, objetos, utensilios,

complementos, herramientas o accesorios) podrían entenderse, en un primer sentido, como extensiones metafóricas de los miembros
humanos. Para ejemplificar esta imagen basta recordar un eslogan publicitario que calificaba a ciertos pequeños electrodomésticos
(fabricados por una popular industria alemana que ha basado gran parte de su éxito comercial justamente en el diseño) de una manera bien
significativa: «El tercer brazo». Un brazo, por supuesto, artificial -mecánico o electrónico-, una especie de prótesis que desde el hacha y la
cuchara primitivos no ha dejado de asistirnos en esta lucha noble y desigual por mejorar nuestra calidad de vida. Una calidad de vida que
puede conocer situaciones límite (como la que Maldonado ha ilustrado con el ejemplo de Robinsón Crusoe) y largos periodos de confusión y
duda sistemática, pero cuya evolución es permanente. En síntesis, Maldonado revela cómo en su célebre obra «Defoe apunta la hipótesis
de una proyectualidad entendida sobre todo como aplicación para la resolución de los problemas de un individuo que el destino ha arrojado
a una playa desconocida, obligado a vivir por sí solo, sin otros hombres, sin sociedad, en un ambiente hostil». Tomás Maldonado, «Robinsón
Crusoe y la alternativa», Arquitecturas Bis nº 30-31, Editorial La Gaya Ciencia, Barcelona, noviembre-diciembre 1979.
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económico derivado del trabajo y la ampliación acumulativa de conocimientos o cultura76. Con


la fabricación sistemática de utensilios, el hombre impone su domino sobre el entorno, y la
herramienta aparece como elemento de mediación entre él y la naturaleza, convirtiéndose en
la expresión fidedigna de la superioridad conceptual con la que está dotado el ser humano. La
valoración de un objeto prehistórico (objeto=útil) completamente arraigado en la sociedad que
lo produce, está en relación directa con los cambios climáticos, del medio ambiente (fauna,
flora) y sus consecuencias (condiciones de habitabilidad) y de motivaciones del hombre para
adaptarse a cada uno de estos elementos en particular o a todos en general. Basta
comprobar la variedad de utillaje aparecido en las diferentes regiones de la tierra para
demostrar el progresivo conocimiento humano de los materiales, provocado por la necesidad
de solucionar nuevos problemas o por la intención de reducir las dimensiones de todo
proceso operativo77

Por tanto, un aspecto distintivo y diferenciador del hombre es la capacidad de pensamiento


conceptual enfrente al pensamiento principalmente perceptivo de simios y otros primates78.
La consecuencia directa de esta superioridad conceptual es la puesta a punto del trabajo
artesanal, que tiene como repercusión la aparición de la herramienta y, por tanto, del objeto.

La herramienta es, en consecuencia, la manifestación explícita de la capacidad


transformadora del hombre y, como tal, su presencia constituye un hecho insólito que
fundamenta la historia en toda la variada gama de posibles enfoques, puesto que la
herramienta puede interpretarse, desde un punto de vista meramente técnico, como elemento
determinante de la constitución de clases sociales y relaciones sociales79, como evidencia de
la evolución experimentada por el saber y la cultura o, simplemente, como instrumento que
permite la aparición del objeto, con lo cual el análisis se multiplica favoreciendo, tanto al
estudio etnológico como artístico. Por esto, la herramienta y el objeto están íntimamente

76 La característica formal más evidente del diseño industrial son sus tres dimensiones. Y esa triple condición afecta a su naturaleza externa,

espléndidamente escultórica, y a la interna, puesto que al analizarla aparecen dos componentes más: la antropología y la industria; eso sin
olvidar sus tres propiedades físicas: estructurales, perceptivas y espaciales. La antropología, que es la ciencia que trata del ser humano
considerado física y moralmente, permite al diseño industrial un discurso bastante más científico o filosófico del que suele exhibir el diseño
gráfico, insistiendo desde una perspectiva racionalista en la nobilísima idea de que el diseño industrial es un signo de progreso de la especie
humana, puesto que su función primordial es la de facilitar el uso -y con ello el dominio- del medio por el hombre. SATUE, Enric. Diseñador,
profesión de futuro. Editorial Grijalvo. Barcelona, 1994, Pág. 25
77 PTARCH / DALMASES. Arte e Industria en España 1774-1907. Editorial Blume. Barcelona, 1982.
78 READ, H. Orígenes de la forma en el Arte. Editorial Proyección. Buenos Aires, 1965.
79 El antropólogo francés Marc Augés en una parte de su trabajo incluye al diseño de objetos en las relaciones sociales, al ser partidario de

incluir la utilización de los objetos en un análisis donde intervienen “el uno, el otro y el objeto”. Con esto, plantea la apropiación individual de
os objetos, la mirada en los lugares y no-lugares relacionados con la identidad y la historia y el tiempo de consumo del objeto. Dice
textualmente “el diseñador piensa en las formas metafóricas e interviene en la vida social”. Seminario “La Antropología aplicada al diseño”,
organizado por el Instituto Europeo de Diseño en su sede de Madrid, Mayo de 1999.
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asociados con la historia del hombre, que en palabras establecidas por los historiadores, es
sintetizada con el nombre de trabajo artesanal.

Dos tipos de actividad intervienen en el trabajo artesanal: la anímica o interna, que se


manifiesta en el pensamiento conceptual o del raciocinio, como resultado de la aplicación del
saber práctico a instancias de un objetivo prefijado; y la externa o producción, que son el
conjunto de actividades que conforman el objetivo a atender: la fabricación de herramientas y
objetos. El objetivo de la artesanía será, en consecuencia, obtener una herramienta o un
objeto valiéndose de las manos aunque, posteriormente, se utilicen herramientas para
producir los objetos. La manualidad y el esfuerzo muscular son, por tanto, características
básicas del trabajo artesanal.

Elementos constitutivos del trabajo artesanal.

La actividad productiva artesanal tiene unos componentes básicos que comprenden dos
dominios: el del conocimiento propiamente dicho y el de la acción o trabajo producto.

En el ámbito del conocimiento, cuando nos referimos al saber primitivo, entendido como
ciencia de lo concreto basada en la percepción directa de la realidad inmediata, entendida y
valorada por medio de los sentidos. Como ciencia de lo concreto, diferenciado el saber
práctico del teórico, especificamos que una de las características de esta ciencia es la
exigencia de orden, concretamente ante la necesidad de inventariar los componentes de la
naturaleza a fin de poder deducir las cualidades y los usos posibles. De aquí inferimos que
uno de los objetivos prioritarios del saber primitivo es el carácter práctico al responder a
instancias derivadas de la satisfacción de necesidades orgánicas, carácter práctico que
fundamenta la selección de los productos naturales y su transformación a la vez que
determina la orientación eminentemente utilitaria de la actividad artesanal.

El concepto de producción nos sitúa en el territorio de la acción y, considerado ampliamente,


engloba todos los objetos elaborados por el hombre. No sin dejar de puntualizar que se trata
de lo artesanal, hemos de señalar unas características que nos precisan a que producción
nos referimos. Según nuestro parecer, y desde la visión del siglo XX, la producción artesanal
comprende todos aquellos objetos en cuya elaboración la incidencia manual ha sido prioritaria
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con independencia de la mayor o menor utilización de herramientas o aparatos mecánicos


que puedan sustituir el esfuerzo muscular. Por esto, la producción artesanal tiene siempre un
componente humano, entendido como tal a la participación del hombre en el proceso
productivo, bien directamente, bien a través de un instrumental que, en último extremo, puede
estar relativamente mecanizado.

Utilidad y manualidad son, en consecuencia, dos características inherentes a la actividad


artesanal. La primera nos sitúa en el ámbito de saber práctico, es decir, en la determinación
de lo que es útil o no, mientras que la segunda nos introduce en el proceso mismo de trabajo.
El carácter utilitario del trabajo artesanal se explicita en la propia intención, como base de lo
que uno se propone realizar, marcando la dirección a seguir en el trabajo productivo, y la idea
que concreta conceptualmente la acción equivalente al proyecto o plan a seguir, que canaliza
la producción. La intención y la idea productora, por tanto, quedan contextualizadas dentro de
los parámetros del saber práctico, fundamentados en la experiencia y la transmisión oral y de
ejemplo a través del núcleo familiar o comunitario80.

La intención y la idea encarrilan la actividad productora, que, como tal, se concreta en unos
materiales en los que aplicar la técnica de transformación adecuada. Al respecto, la historia
de la humanidad ilustra la tendencia del hombre a aprovechar y a transformar los productos
que la naturaleza le suministra cuando siente ciertos impulsos derivados de necesidades que
solo pueden satisfacerse con la puesta a punto de la capacidad productiva. Es innegable que
la visión de la historia puede enfocarse desde múltiples puntos de vista, y uno es que la
historia de la humanidad, es la historia de unas necesidades y de los medios para
satisfacerlas; o, lo que es lo mismo, es la historia del conocimiento progresivo del planeta
Tierra, del descubrimiento de los materiales que le pueden ser útiles al hombre y de los
medios para transformarlos81.

80 Los productos artesanales parecen tener también un cierto aspecto orgánico proveniente de las plantas, animales y otras formas

naturales. Lo sorprendente es que la complejidad bien organizada de un producto artesanal (carro de granja, un arado, un barril de agua, un
hacha...), haya sido obtenida sin la ayuda de un diseñador y sin directivos, vendedores, ingenieros de producción y muchos otros
especialistas de la industria moderna. Es igualmente sorprendente que un rústico artesano, controle un proceso con sólo sus herramientas
de trabajo evolutivo y sin nada equivalente a un código genético (del que tome las formas complejas que reproduce). Sin embargo, bajo la
aparente sencillez de un trabajo artesanal arcaico, hay oculto un sutil y veraz sistema de información transmisión que, probablemente, sea
más eficaz que el diseñar mediante dibujo. JONES, Christopher. Métodos de diseño. Editorial Gustavo Gili. Barcelona, 1982. Pág.4.
81 En la descripción de la evolución artesanal, nos aparece una de las razones y procesos que gobernaban el trabajo de los artesanos,

extraída de la descripción de Sturt sobre la proximidad de las formas a los condicionantes de uso y entorno: “...curiosamente estamos
íntimamente relacionados con las peculiares necesidades del vecindario. En un carro de granja, o en lo que sea, las dimensiones que
elegimos, las curvas que seguimos (casi todas las piezas eran de madera curvada) nos fueron impuestas por la naturaleza de la tierra en
esta o aquella granja, por los gradientes de esta o aquella montaña, por el temperamento de este o aquel cliente, o quizá por su elección de
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Como asegura Julio Caro Baroja en una declaraciones hechas hace tiempo en televisión, el
proceso técnico puede ser, ha sido o es más importante para la humanidad que la ideología,
ya que es muy posible que ésta sea un resultado de la evolución técnica y que la
estructuración de la sociedad obedece más a principios derivados de la organización del
trabajo productivo que a los esquemas mentales interpretativos de carácter socio-
cosmológico. Al menos desde el punto de vista de la evolución orgánica y de la sucesión de
los hechos históricos, es cierto que el trabajo, la técnica y la economía, con todo el reguero
de adaptaciones sociales que comportan, precedieron a la constitución de un corpus de ideas
que han dado una dimensión trascendental al ser humano.82

No es sorprendente, pues, que la historia de muchos aspectos de la humanidad se sintetiza


en la investigación y valoración continuas de nuevos materiales, en el descubrimiento y la
puesta a punto de los principios técnicos que permiten transformarlos y en la organización del
trabajo que facilita el rendimiento. Y, como contrapartida de esta actividad continua, la historia
es el resultado de una progresiva división social del trabajo, que, en el caso que nos ocupa,
afecta al ámbito artesanal.

El hombre ha demostrado poseer un alto grado de adaptación al medio y un sentido innato de


exploración para el cual está magníficamente dotado desde el punto de vista corporal:
capacidad intelectiva e instrumental manual y táctil apto para recoger y permitir el análisis
material, complementada con la observación aguda de la visión. Podemos afirmar que el ser
humano ha experimentado y, prácticamente, se ha servido de todos o casi todos los
elementos que ha encontrado en su entorno, siendo la historia una crónica testimonial de este
interés indagatorio. Si bien en ese momento determinado en que el hombre era recolector y
cazador, su única especialización nutritiva le permitió descubrir la eficiencia de la
herramienta, siendo bien cierto que, una vez descubiertos los beneficios del utillaje, esto le
situó en línea progresiva y creciente de especialización diversificada a medida que conocía
materiales nuevos, descubría nuevas posibilidades y encontraba la técnica idónea para
transformarlos.

los caballos de tiro.” STURT George The Wheelwright's Shop» (La tienda del carretero; Sturt, The Cambridge University Press 1923).
JONES, Christopher. Métodos de diseño. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1982, Pág.13.
82 VALLES ROVIRA, I. Artesania, art i societat, Editorial Alta Fulla. Barcelona, 1987. (Ver el apartado “Condiciones históricas requeridas para

el surgimiento del arte, pagina 92).


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La historia de los materiales es la historia de la aventura humana, desde los primeros


bastones con que pudieron servirse los australopitecos y el interés por la piedra del homo
Sapiens hasta el descubrimiento de los metales neolíticos y las posibilidades enriquecedoras
del uranio en la actualidad83. Este interés por los materiales esta, hoy día, incluso fuera de
nuestro planeta, y los viajes espaciales no dejan de proporcionarnos información sobre
nuevos elementos siderales que podrían resolver y satisfacer numerosas necesidades como
si la humanidad tuviese unos objetivos justos y claramente definidos.

Los materiales nos muestran el tipo de vida y las posibilidades exploradoras de cada
generación y la misma circunstancia de haber servido para estratificar, en un momento dado,
la historia en relación con su descubrimiento (Edad de Piedra, del Cobre, del Bronce, del
Hierro...) es un índice de su importancia en la vida de los hombres. Pensemos, un momento,
en un ejemplo próximo a nosotros que nos facilite la comprensión de los cambios introducidos
por el descubrimiento y la exploración de un material (incluso aunque este sea prefabricado)
como es el caso del plástico. Es innegable que su aparición en nuestra sociedad durante los
años ’60 desplaza el estricto concepto de servir de nuestras viviendas y, en un tras, las
apolilladas y tradicionales vajillas esmaltadas fueron sustituidas por las homónimas
plastificadas, con unas cualidades consideradas entonces insuperables.

Es cierto que la vida de los hombres de todos los tiempos ha estado mediatizada por la
sucesión interrumpida de nuevos materiales, los cuales han introducido modas, tanto en las
épocas más ancestrales de la humanidad como en el Neolítico, la Edad Moderna o la actual.
Al respecto, el hombre no ha cambiado casi nada su comportamiento y preferencias: la
novedad siempre a existido y los materiales, convertidos e signos de los tiempos, han sido
una de las maneras que hacen sentir la persistente inclinación humana hacia lo que era o es
nuevo.

El interés perpetuamente renovado, hacia los materiales nos desvela el esfuerzo clarificador
realizado por el hombre primitivo84, esfuerzo con tal de determinar las propiedades de los
nuevos especímenes materiales (minerales o vegetales) con el fin de aplicarles la

83 La importancia de este periodo radica en que es el punto de partida de las formas que el hombre ha elaborado y esto supone, a la vez, la
elección de unas materias determinadas para cada objeto y función. El proceso durará miles de años. De lo contrario es imposible
comprender por qué , hasta una fecha muy reciente, la industria de la piedra haya sido la más importante y junto a ella, ya en etapas
posteriores, las de la cerámica y los metales. PTARCH / DALMASES Arte e Industria en España 1774-1907. Editorial Blume, Barcelona
1982. Pág. 8.
84 VALLES ROVIRA, I. Artesania, art i societat, Editorial Alta Fulla, Barcelona, 1987. (Ver el apartado “El saber primitivo y la organización

social”, pagina 38).


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terminología más adecuada, a semejanza de como se estableció la tabla de clasificación de


los elementos, puesta a punto por Mendelejev, o en la botánica, la elaborada por Mendel, que
ha permitido descubrir y precisar las cualidades de un gran número de materiales
desconocidos, minerales o vegetales.

Además de las necesidades inmediatas que pudieron ser resueltas con la aprensión de
elementos determinados, los motivos que impulsaron la investigación y la identificación de las
propiedades de los materiales no siempre fueron de carácter utilitario, relacionado con
necesidades de tipo orgánico, sino que también van ha obedecer a impulsos imprecisos que
rayan los límites de la pura curiosidad, el interés profundo por todo lo que se relacionaba con
la naturaleza y las exigencias de tipo ornamental y cultural no están bien definidas.

Hasta ahora hemos destacado como características inherentes a la actividad productiva


paleolítica la utilidad, la manualidad y la especialización. No obstante, es indudable que el
trabajo productor, básicamente artesano, requiere un lugar físico donde realizarse, pues
justamente la ubicación territorial es la condición necesaria para el tipo de producción
considerada como artesanal. Esto es así porque la producción artesanal es un concepto
extremadamente vinculado al taller ya que, al incrementarse la población, las necesidades
aumentan y consecuentemente, cabe establecer un régimen de trabajo continuo para
intensificar la producción especializada de utillaje y objetos.

La aparición de la unidad productiva denominada taller implica una transformación gradual de


las condiciones de trabajo. Lo más destacable es la especialización, dentro de un régimen
económico de carácter familiar, característica diferencial del artesanado en relación con el
sistema productivo en el que el propio productor puede desarrollar una actividad meramente
manual y trabajar cualquier material, como también fabricar cual tipo de objeto. Es innegable
que el progreso técnico y la perfección formal de la herramienta o del objeto obtenido,
independientemente de la cualidad manual del artesano, depende en gran parte de la
especialización.

En efecto, la especialización supone centrar la actividad productiva en un solo material, que


requiere un tratamiento profesional y técnicas específicas, del que se derivan un conjunto de
conocimientos englobados con el nombre de oficio. En esta situación, el productor no fabrica
todo aquello que necesita; solo produce los objetos y los utensilios que, por su propia
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actividad o por lo materiales que le facilita el entorno natural donde vive, están en condiciones
favorables de ser obtenidos a buen precio.

Dentro del proceso de perfeccionamiento evolutivo, la especialización en el trabajo de un


material, la técnica u el oficio crean, a su alrededor, las condiciones idóneas para el desarrollo
total del artesanado, teniendo como objetivo prioritario, no lo olvidemos, incrementar el
número de objetos producidos, objetivo que nada más podrá conseguirse a través de la
especialización. Como mejoras derivadas de la especialización e inferidas del propio proceso
productivo, destacarán la producción en serie de objetos y herramientas y la división del
trabajo, mejoras bien asumidas por un solo artesano, bien realizadas por diversos artesanos
dentro de un mismo taller, en principio de carácter unifamiliar85.

Conforme a todo lo expuesto hasta ahora, nos ha permitido dividir la historia de la humanidad
en tres grandes etapas (la prehistoria, la neolítica y la industrial), consideramos que la
producción artesanal es propia a la mentalidad neolítica, que se mantiene en nuestra
civilización europea hasta el periodo comprendido por el último tercio del siglos XVIII
(mecanicismo agrícola ingles) y mediados del siglo XIX (definitiva aceptación europea de os
principios manufactureros o industriales).

Es obvio que, en la producción artesanal, nos encontramos dentro de un proceso socio


económico y político que transciende el concepto limitado de carácter artesanal por sus
cualidades técnico productoras, pues la totalidad de la estructura organizativa de la sociedad
repercute en la aparición y desarrollo progresivo de la actividad artesanal86. Esto destaca en
la revolución urbana, ya que, si bien hasta entonces el progreso había estado impulsado por
las mejoras técnicas conseguidas por los artesanos rurales, el esfuerzo no fue compensado
socialmente puesto que, al establecerse la división de clases instituidas por la sociedad
urbana, los artesanos y los campesinos fueron apartados de los órganos decisorios y
relegados al último grado social. Esta situación de hecho no se contradecía con la mejora y el
afianzamiento del carácter técnico-económico de la artesanía porque el descubrimiento de los
metales, con la correspondiente innovación técnica, incrementó la especialización y facilitó,

85VALLÈS ROVIRA, I. Evolució técnico-social de l’artesanía. Alta Fulla i Fundació Serveis de Cultura Popular, Barcelona, 1985 (Pág.147).
86 Hablar de diseño artístico en un periodo tan antiguo es tan ambiguo y contradictorio como pretender exponer que los objetos que se
fabricaron en la prehistoria corresponden a una elaboración industrial, según el concepto de industria que hoy poseemos. Pero si hemos de
analizar los objetos desde el punto de vista de su materia, de su forma (de su arte en una palabra) la producción de otros muchos que el
hombre ha realizado antes de la invención de la máquina y que sin duda ha servido de modelo para la fabricación posterior. PTARCH /
DALMASES Arte e Industria en España 1774-1907. Editorial Blume, Barcelona 1982. Pág. 8.
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por tanto la diversificación de las entidades productoras artesanales, que entones contó con
una multiplicación de los oficios.

La misma precariedad de la situación social de los artesanos le aboca a integrarse en


instituciones que defendieran sus derechos. En Europa, en la época medieval, se consiguió la
máxima valoración profesional del artesanado a través de los gremios, organismos que
reunían a los productores de una misma especialidad, subdividida, en muchas ocasiones, en
oficios innumerables. En este sentido, se puede considerar al gremio como la institución más
representativa de un sistema de producción y de mercadeo que caracterizó fuertemente los
periodos medievales y modernos de Europa hasta diluirse como institución a partir el último
tercio de l siglo XVIII y principios del XIX, a remolque de las transformaciones operadas en los
sectores sociales de las finanzas y del trabajo artesanal que dieron origen a la revolución
francesa.
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