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La ética y la inteligencia artificial

En la tinta de Arturo Barba.

Arturo Barba ・Viernes 26 De Octubre, 2018 · 06:12 am

Nuevos avances en el conocimiento científico y los novedosos desarrollos tecnológicos, plantean paradigmas que dan un gran tirón
filosófico, jurídico, ético y social / Pixabay

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Con frecuencia los nuevos avances en el conocimiento científico y los novedosos
desarrollos tecnológicos plantean a la sociedad paradigmas que dan un gran
tirón filosófico, jurídico, ético y social. Así ocurrió en el siglo XVII, cuando Nicolás
Copérnico postuló su teoría heliocéntrica del Sistema Solar e introdujo la idea de que
la Tierra no era el centro del Universo; cuando Luis Pasteur planteó, en el siglo XIX, su
teoría microbiana y que echó abajo el mito de la generación espontánea; o cuando Charles
Darwin presentó su teoría de la evolución, desterrando las ideologías creacionistas.

Hoy la inteligencia artificial (IA) es uno de los campos que propicia nuevos debates, y una
de sus primeras aplicaciones que plantea análisis inéditos se encuentra en los modernos
vehículos autónomos como los Tesla y otros que actualmente están desarrollando empresas
automotrices, universidades y centros de investigación de varias partes del mundo.

Con el rápido desarrollo de la inteligencia artificial han surgido preocupaciones sobre cómo
las máquinas deben tomar decisiones éticas y cuáles serán estos principios o las reglas que
deberán regir el comportamiento de las máquinas, como los vehículos autónomos que no
solo necesitarán navegar adecuadamente por los caminos, sino que también se enfrentarán a
decisiones ante accidentes que representan dilemas éticos.

Por ello, un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts emprendió


un proyecto llamado la Máquina Moral(http://moralmachineresults.scalablecoop.org/),
mediante el cual analizaron las preferencias éticas globales sobre cómo los autos sin
conductor deben decidir a quiénes proteger y a quienes no frente a inevitables accidentes.

En este proyecto, cuyos resultados se publican en la revista Nature de esta semana, analiza
40 millones de decisiones éticas recopiladas de participantes de todo el mundo, quienes
respondieron una encuesta en línea diseñada para explorar las posturas éticas de casi dos
millones de personas de 233 países, con el objetivo de desarrollar una ética de la IA
socialmente aceptable.

En el experimento se expusieron situaciones hipotéticas que involucran un automóvil


autónomo que debe decidir ante hechos que tienen lugar en una carretera, considerando
diversas situaciones y variables que ponen en peligro la vida de tripulantes o peatones
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(jóvenes, niños, niñas, mujeres embarazadas, animales, personas ricas, pobres, ancianos,
etcétera).

Los participantes tienen que decidir si los automóviles guiados por inteligencia artificial
ponen en peligro la vida de los ocupantes o de los peatones. Ante caos hipotéticos deben
elegir, por ejemplo, si el auto debe impactarse contra un obstáculo, lo cual pone en riesgo
la vida de los ocupantes del vehículo, o tratar de evadirlo costando la vida de peatones.
Deben escoger cuáles vidas preservar.

Luego de registrar las decisiones de los participantes, los investigadores identificaron


muchas preferencias éticas generalmente compartidas, por ejemplo, aquellas decisiones que
permiten salvar el mayor número de vidas, priorizar a los jóvenes y valorar a los humanos
sobre los animales, entre otros.

Pero también identificaron conductas éticas que varían de acuerdo a las diferentes culturas
e incluso valores sociales, por ejemplo, los participantes de países latinoamericanos y de
Francia mostraron una fuerte preferencia por salvar a mujeres y personas atléticas.

También observaron que aquellos participantes de países con mayor desigualdad de


ingresos tienen más probabilidades de valorar el estatus social alto al momento de decidir
quiénes deben vivir.

Este proyecto busca contribuir al desarrollo de principios globales y socialmente aceptables


para la inteligencia artificial antes de permitir que nuestros autos tomen decisiones.

El chocolate pudo originarse en el Amazonas

El cacao, la planta a partir de la cual se obtiene el chocolate, se domesticó en Mesoamérica,


pero de acuerdo con una investigación publicada en la revista Nature Ecology &
Evolution la mayor diversidad se ha localizado en algunos lugares de América del Sur y
con una mayor antigüedad.

El cacao fue un cultivo de importancia cultural en la Mesoamérica precolombina, incluso


los granos se utilizaron como moneda y para hacer las bebidas de chocolate consumidas
durante fiestas y rituales.

Sin embargo, la investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Columbia


Británica en Vancouver, Canadá, indica que la evidencia genética muestra que la mayor
diversidad de cacao y especies relacionadas se encuentran en la América del Sur, lo que
sugiere que en realidad pudo haberse originado en esas regiones.

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La evidencia arqueológica del uso del cultivo, que se remonta a hace 3 mil 900 años, ha
ayudado a consolidar la idea de que Theobroma cacao se domesticó en América Central, sin
embargo, los resultados de esa investigación demuestran que en la cultura mayo-chinchipe
en el Amazonas se utilizaba desde hace 5 mil 450 años.

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com