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Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron

todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni


uno solo de ellos.
Job 10:8
``Tus manos me formaron y me hicieron, ¿y me destruirás?

Job 14:5
Ya que sus días están determinados, el número de sus
meses te es conocido, y has fijado sus límites para que no
pueda pasar los.

Salmos 56:8
Tú has tomado en cuenta mi vida errante; pon mis lágrimas
en tu redoma; ¿acaso no están en tu libro?

Salmos 119:73
Tus manos me hicieron y me formaron; dame
entendimiento para que aprenda tus mandamientos.

Eclesiastés 11:5
Como no sabes cuál es el camino del viento, o cómo se
forman los huesos en el vientre de la mujer encinta,
tampoco conoces la obra de Dios que hace todas las
cosas.

Jeremías 1:5
Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y
antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las
naciones.

Malaquías3:16
Entonces los que temían al SEÑOR se hablaron unos a
otros, y el SEÑOR prestó atención y escuchó, y fue escrito
delante de El un libro memorial para los que temen al
SEÑOR y para los que estiman su nombre.

Apocalipsis20:12
Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del
trono, y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto,
que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por
lo que estaba escrito en los libros, según sus obras.

Todo lo que somos está expuesto ante su presencia y su


conocimiento.
Mas aún fuimos conocidos en Él antes de ser creados, antes que el
mundo fuese, diseñados en su corazón para vivir y ser bendecidos
sobre esta tierra, como uno de sus hijos, miembro de su familia,
gozando de su paternidad.
Dios diseñó la persona que David iba a ser y la hizo existir según el
plan que había preestablecido. En este salmo, el escritor empleó la
un diario donde el Señor, en primer lugar, escribió Su plan y luego
lo cristalizó mediante la obra de Sus manos llevada a cabo en el
vientre: «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas
todas aquellas obras que fueron luego formadas» (v. 16).

Dicho de otro modo, el amor del Padre celestial formó a David y lo


convirtió en una creación única. Fue el producto del corazón y de la
mano inventiva de Dios. Esta misma verdad se aplica a ti. Tú eres
especial, al igual que todas las demás personas que hay en el
mundo.

Él único que puede impedir ese maravilloso Propósito, somos


nosotros, nadie más que nosotros.
Dios nos creó con la capacidad de tomar decisiones, y respetará
nuestro libre albedrío. Nosotros determinamos nuestro destino,
tenemos delante de nosotros la vida o la muerte, la bendición o la
maldición, es y será siempre nuestra decisión.
El es Omnipresente.
Nadie puede escapar de tal conocimiento o alejarse de su
presencia, porque Él está en todo lugar,
no hay velo que pueda ocultarnos, nadie puede excusarse o
engañarle.
No depende si yo crea o no crea, sus leyes preestablecidas en el
orden de todas las cosas, son infalibles, porque El es Dios.

Es Señor de la historia humana, del destino de este planeta; todos


se cumplirá como Él lo ha establecido.
Es el autor de la vida, Él nos formó y entretejió en el vientre
materno.
El formó nuestras entrañas, nuestros órganos, le dio vida a nuestras
emociones e
impulsos instintivos, hasta darle forma a nuestra estructura ósea.
Todos nuestros días y acciones futuras estaban registradas en él. El
es Omnisciente.

En su amor están provistas y previstas todas nuestras


circunstancias. Él las ha ordenado de tal forma que si
permanecemos en su amor, todas las cosas ayudan a bien, para el
cumplimiento de su maravilloso propósito en nuestras vidas: son las
obras preparadas de antemano, para que caminemos en ellas.
Es y será nuestra decisión.
Sus obras son innumerables, y cada día se  renuevan sus
misericordias sobre esta tierra, con el propósito de alcanzarnos y
atraernos en su amor.
Nos dormimos y despertamos, y todavía Él estará a nuestro lado.
Tal conocimiento es demasiado maravilloso y formidable, muy difícil
de
comprender, y nuestra alma lo sabe muy bien; Como está escrito en
el Salmo 139
Entretejido: “El Hebreo entretejido; exquisitamente
compuesto de huesos, músculos, tendones, venas,
arterias, y otras partes, todo unido con una maravillosa
habilidad,
 Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas: El
perfecto conocimiento de Dios no solo se extiende al
pasado, antes de que David naciera. También se extiende
al futuro, Dios conocía los días de David como si hubieran
sido escritos en un libro.
i. “La escritura de Dios en el libro (cf. Salmo 51:1; Salmo
69:28) se refiere al conocimiento de Dios y bendiciones de
su hijo ‘todos los días’ de su vida (cf. Efesios 2:10). Su vida
fue escrita en el libro de la vida, y cada uno de sus días fue
numerado.”
 Cuan precioso: “La raíz de la palabra que se traduce como
‘precioso’ es pesada. El cantante pesaría los pensamientos
de Dios acerca de él, y vería que sobrepasan la medida de
su báscula.” (Maclaren)
ii. “Él no está alarmado por el hecho de que Dios sepa todo
acerca de Él; por el contrario, él está conforme, e incluso se
siente enriquecido, como si tuviera un baúl de joyas
preciosas. Que Dios piense en él es el tesoro y el placer de
todo creyente.” (Spurgeon)
los pensamientos que Dios tiene sobre nosotros se
multiplican más que la arena.
i. “Tales pensamientos son naturales para el creador, el
preservador, el redentor, el padre, el amigo, están fluyendo
cada vez más desde el corazón de Dios. Pensamientos de
nuestro perdón, renovación, sostén, abastecimiento,
educación, perfeccionamiento, y mil tipos más
perpetuamente en la mente del altísimo.”
Dios conoce todo, pero puede discernir nuestra
necesidades más íntimas. Tú (v. 2) es enfático, el que me
conoce es el Señor mismo, y me conoce personalmente.
Los verbos que se usan en los vv. 2 y 3 (sentarse,
levantarse, caminar, acostarse) indican la totalidad de las
acciones de cada día. Nótense los mismos verbos en Deu
6:7. Pensamiento en el v. 2 es una palabra (rea H7454) que
conlleva la idea de “propósito” o “meta”. Has considerado
(v. 3) es una palabra que significa “zarandear”. Dios conoce
todos mis proyectos, mis sueños, mis deseos, mis
propósitos. El sabe si mi acostarme es pereza o el
descanso necesario. El v. 4 es sorprendente, nos hace
cuidar aun lo que nos gustaría decir. Me rodeas en el v. 5
(tsur H6696) se usa para sitiar un lugar o “encerrar”. Pero el
salmista no se siente encasillado; más bien encuentra
seguridad en este hecho. En heb., la última línea del v. 6
dice: “tan alto que no lo puedo”. Es una elipsis, con
“alcanzar” sobreentendido; figura que aumenta el impacto
del Salmo. Nuestra mente no alcanza, no comprendemos
cómo Dios puede saber todos estos detalles de nuestra
vida. Y conoce los mismos detalles acerca de miles y
millones de otras personas a la vez. La fe verdadera
reconoce la grandeza de Dios, aunque la mente no la
puede alcanzar. Para el salmista que ama a Dios, todo esto
no es negativo; implica dos lecciones grandes: 1) la
responsabilidad, pues hemos de ser francos con Dios y
dejar que nos examine a fondo; 2) la seguridad, porque
Dios conoce nuestras dificultades y peligros y nos ama,
sabemos que nos cuida: Sobre mí pones tu mano. 2. Dios
omnipresente : está dondequiera que yo vaya, vv. 7-12 ¿A
dónde me iré...? Dios está presente en todo el universo.
Nótese qué bien el lenguaje encuadra con la revelación
más completa del NT, donde está el Espíritu de Dios, allí
también está su presencia. En los vv. 8 y 9 el salmista
presenta una serie de contrastes para mostrar lo infinito de
la presencia de Dios: los cielos, el Seol, el alba (que puede
sugerir el oriente), el extremo del mar (que fue sinónimo al
occidente). No hay lugar en el universo donde uno podría
escapar de la presencia de Dios, ni en las galaxias, ni en
las estrellas más lejanas, todo es parte del universo que
Dios creó y en el que señorea. Dios aun está a cargo del
Seol; el infierno no está gobernado por Satanás como
algunos sugieren. En el v. 10, la palabra asirá (?ajaz H270),
“agarrar”, muestra el cuidado de Dios. El salmista no quiere
huir de la presencia de Dios; sabe que en cualquier
situación, aun la que parezca oscura, Dios lo “agarra”, lo
sostiene y lo guía. Dios quiere que nosotros tengamos esta
misma confianza en él. Las tinieblas me encubrirán (v. 11).
Encubrirán viene de shuf H7779 que también puede
traducirse “herirá”. En tal caso las tinieblas también se
refieren a experiencias difíciles y oscuras. A menudo
pasamos por tales experiencias cuando parece que Dios
está lejos o ausente; pero el salmista asegura que allí
también Dios está presente. La noche resplandece como el
día (v. 12) nos hace pensar en los nuevos inventos
tecnológicos para poder ver en la oscuridad. ¡Pero a Dios
no le hacen falta! ¿Cómo ve Dios? ¿Cómo sabe todo? Es
más allá de nuestra comprensión. 3. Dios soberano : me
formó, vv. 13-18 Tú formaste mis entrañas (v. 13). Así Dios
conoce todos mis órganos y cómo funcionan. Nos conoce
desde antes de nacer. Por eso hemos de dar gracias a
Dios y alabarle (cf. nota en RVA). Alabamos a Dios porque
tanto sus obras pequeñas como las grandes son
maravillosas. En lo profundo de la tierra (v. 15) está en
paralelo con en lo oculto del vientre, una comparación entre
el seno de la madre y el seno de la tierra de donde el ser
humano tuvo su origen. Si Dios aun toma interés en la
formación de nuestros huesos (v. 15) y nuestro embrión (v.
16) nos sugiere dos implicaciones: 1) debemos orar por las
mujeres embarazadas, y 2) qué serio delante de Dios debe
ser la gran cantidad de abortos en nuestra sociedad. En tu
libro… escrito (v. 16) es un concepto a través de la Biblia.
En el mundo antiguo, lo que era importante para recordar
fue puesto por escrito. Dios no olvida ningún detalle de
nuestra vida; todos están registrados (¿será un registro lit.
o en la memoria de Dios?). Los pensamientos de Dios a
favor de sus hijos son positivos y son muchos. El Salmo
debe aumentar nuestra fe y nuestro concepto de cuan
grande es Dios. Esto no es sólo un sueño; Despierto, y aún
estoy contigo (v. 18), puede también señalar hacia la
resurrección. 4. Dios santo : compromete mi vida, vv. 19-24
Los vv. 19-23 constituyen una sección imprecatoria, es
decir, donde el salmista pide castigo o venganza sobre sus
enemigos (véase discusión del Sal. 109). Algunos sugieren
que en esta sección encontramos el motivo del Salmo, que
el salmista fue acusado por sus enemigos y pide que Dios
lo examine para comprobar que es inocente. Porque contra
ti urden planes (v. 20) y ¿Acaso no aborrezco, oh Jehová, a
los que te aborrecen...? (v. 21) indican el compromiso del
salmista con el honor y la gloria de Dios. Se identifica con
los propósitos de Dios; de modo que aborrece el mal.
Debemos recordar 1) que estamos en una batalla; tenemos
enemigos espirituales, y 2) en el NT debemos amar a las
personas. El salmista queda dentro del marco de la
revelación del AT. Aunque debemos amar a nuestros
enemigos, debemos luchar contra el mal; debemos estar
comprometidos con los principios y propósitos que Dios ha
revelado en su Palabra. El salmista nos da un buen
ejemplo de este compromiso. Joya bíblica Examíname, oh
Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis
pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad y
guíame por el camino eterno (Deu 139:23-24). Ve si hay en
mí camino de perversidad (v. 24), lit. “camino de
pesadumbre” o “camino dañino”. El salmista puede estar
reclamando su inocencia frente a una acusación. Pero,
parece que la oración va más profundo. Al pensar en el mal
de los enemigos de Dios, el salmista reconoce su propia
vieja naturaleza. Aun en un siervo de Dios, como era el
salmista, puede quedar algo profundo que desagrada a
Dios. La oración del salmista debe ser la nuestra siempre:
Examíname… y conoce mis pensamientos… y guíame por
el camino eterno. Este Salmo no deja ningún lugar para la
hipocresía; nos desafía a ser humildes, francos y abiertos
delante de Dios en todo momento. Cristiano, ¿qué haces tú
aquí? 139:7 En la Sagrada Escritura se encuentran páginas
admirables y figuras grandiosas, que deben inspirarnos en
nuestra vida de creyentes. Son héroes verdaderos; no son
hombres ni mujeres perfectos, ni retratos idealizados; son
hombres y mujeres de carne y hueso, sujetos a las mismas
pasiones y necesidades espirituales que nosotros, hombres
y mujeres creyentes del siglo XX. Uno de estos héroes de
la fe es el profeta Elías, prototipo de nuestra vocación (lat.
vocatio, “llamada”), con sus arriesgadas experiencias y
frecuentes cambios de ánimo, y su ejemplo es de gran
importancia para nosotros, que vivimos en un tiempo de
profunda crisis vocacional. Elias ha llegado al monte Horeb.
Amenazado de muerte por el rey y perseguido por la
incredulidad de Israel, Elías se esconde en una cueva y
desea morir, desvanecidos los grandes recuerdos de su
sensacional victoria que obtuvo en la cumbre de otro
monte, en el Carmelo, sobre más de 400 profetas de Baal;
el enfrentamiento con el rey Acab; su oración en súplica de
lluvia, y tantas otras experiencias poderosas. Es aquí
donde Elías se encuentra con Dios. Y es aquí donde Dios
le hace dos veces una pregunta penetrante: “¿Qué haces
aquí, Elías?” Entonces le habló Dios: “Sal fuera y ponte
sobre el monte en presencia del Señor.” Y sobrevino una
fuerte tormenta que desgarró los montes y cuarteó las
peñas. Pero el Señor no estaba en la tormenta. Tras la
tormenta vino un terremoto. Pero el Señor no estaba en el
terrmoto. Luego del terremoto cayeron rayos y fuego. Pero
el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego llegó el
susurro de una suave brisa. Cuando Elías lo oyó escondió
su rostro bajo el manto, y salió y se puso a la entrada de la
cueva, y el Señor le dijo: “Anda y vuélvete por el mismo
camino… Yo me reservaré en Israel siete mil varones,
todas las rodillas que nunca se han doblado ante Baal y
todas las bocas que no lo han besado.” Las contradicciones
de la sociedad en que vivimos tienden a crear dudas e
inseguridad en los cristianos, terribles inhibiciones en el
servicio al Señor, pavorosas huidas al desierto, agudizando
la falta de objetivos concretos en la vida. ¿Dónde estamos
nosotros? ¿Qué hacemos en nuestro particular monte
Horeb?

A través de sus profetas, Dios reveló la existencia de un libro


muy especial en el que registra los nombres de personas
particularmente valiosas para Él.

Este libro, “el libro de la vida del Cordero”, no es un libro


físico, sino espiritual, y le pertenece a Jesucristo
(Apocalipsis 21:27). En él se encuentran los nombres de
quienes son considerados justos ante Dios y que, si
permanecen fieles hasta el fin, recibirán la vida eterna
(Apocalipsis 3:5). Cuando alguien es borrado del libro,
significa que está destinado a morir para siempre
(Apocalipsis 3:5; 20:15).

El Libro de la Vida se menciona por primera vez en Éxodo


32:31-32, cuando Moisés le ofrece a Dios ser borrado de su
registro diciendo: “Te ruego, pues este pueblo ha cometido
un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que
perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro
que has escrito”.

Pero Dios “respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a


éste raeré yo de mi libro” (Éxodo 32:33). Por nobles que
hayan sido las intenciones del patriarca al tratar de proteger
a Israel, Dios no negocia así con la salvación.
¿Quiénes están en el Libro de la Vida?

El Libro de la Vida contiene los nombres de quienes se han


convertido al camino de Dios y han dedicado sus vidas a
servirle.

Moisés, por ejemplo, sabía que su nombre estaba en este


libro y, ya que Abraham, Isaac, Jacob y los profetas estarán
en el reino de Dios, sus nombres también deben estar en el
registro (Éxodo 32:31-32; Lucas 13:28). Cristo dijo además
a sus discípulos: “regocijaos de que vuestros nombres están
escritos en los cielos”, y, en una de sus cartas, el apóstol
Pablo nombró a varios “cuyos nombres están en el libro de
la vida” (Lucas 10:20; Filipenses 4:3).

¿Qué tienen en común Moisés y los destinatarios de Pablo?


Tanto los profetas y patriarcas antiguos como los miembros
de la Iglesia de Dios tienen el don del Espíritu Santo como
garantía de que recibirán la vida eterna en el futuro Reino
de Dios (1 Pedro 1:10-12; 2 Pedro 1:21; Romanos 8:9, 11).
Tener esta garantía es sinónimo de estar inscrito en el Libro
de la Vida (Malaquías 3:16-17).
¿Puede ser alguien borrado del Libro de la Vida?

Dios fue muy claro al respecto: “Al que pecare contra mí, a
éste raeré yo de mi libro” (Éxodo 32:33).

Apocalipsis revela que “Si alguno añadiere a estas cosas [las


palabras de la profecía de la Biblia], Dios traerá sobre él las
plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de
las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte
del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que
están escritas en este libro” (Apocalipsis 22:18-19).

Además, la Biblia dice que en los tiempos del fin resurgirá


un sistema religioso falso que estará basado en la adoración
de un hombre, será comparable a la adoración del mismo
Satanás, y engañará a tantos, que lo “[adorarán] todos los
moradores de la tierra cuyos nombres no [estén] escritos en
el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el
principio del mundo” (Apocalipsis 13:8, 13). Sólo aquellos
que se resistan a este falso sistema inspirado por Satanás
recibirán su recompensa (Apocalipsis 15:2; 17:8; 20:4).

Si desea más detalles acerca de este falso sistema religioso,


consulte el artículo “¿Qué representa Babilonia?”
La esperanza de los fieles

En una visión de Daniel acerca del “tiempo de angustia” que


vendrá al fin de esta era, Dios promete que “será libertado
tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro [de la
vida]” (Daniel 12:1).

Dios también le reveló al apóstol Juan que, cuando “la gran


ciudad santa de Jerusalén” descienda del cielo, “No entrará
en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y
mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro
de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:10, 27).

Esta esperanzadora promesa se repite en el libro de


Malaquías cuando Dios le habla a su obstinado pueblo,
Israel. Si bien el mensaje comienza como una corrección y
advertencia para los israelitas por haberse alejado de sus
leyes cuando Él pedía honra, fidelidad y obediencia, Dios
luego promete dar vida eterna en su Reino (escribir en el
“libro de memoria”, o Libro de la Vida) a todo el que le
temiera por amor a su pueblo.

“Entonces los que temían al Eterno hablaron cada uno a su


compañero; y el Eterno escuchó y oyó, y fue escrito libro de
memoria delante de él para los que temen al Eterno, y para
los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial
tesoro, ha dicho el Eterno de los ejércitos, en el día en que
yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su
hijo que le sirve” (Malaquías 3:16-17).

Temer a Dios es tener un profundo respeto y amor hacia Él;


amar a Dios es guardar sus mandamientos, y guardar sus
mandamientos es el único propósito del hombre (1 Juan
2:5; 5:3; Eclesiastés 12:13).

Las Escrituras revelan que Dios conoce las obras de “los que
temen al Eterno, y… los que piensan en su nombre”, lo cual
implica que siempre está atento a sus conversaciones y sus
actos de amor y misericordia (Malaquías 3:16; Mateo 10:42;
25:34-40). Como dice Hebreos 6:10, “Dios no es injusto
para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis
mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y
sirviéndoles aún”.
¿Qué más registra Dios?

Por lo que vemos en la Biblia, tal parece que Dios también


lleva registro de nuestra constante lucha por mantenernos
en su camino a pesar de la tentación y adversidad. Es por
esto que, en un mal momento de su vida y estando rodeado
de enemigos, David (próximo a ser rey de Israel) le pide a
Dios recordar sus angustias pasadas: “Mis huidas tú has
contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en
tu libro? (Salmos 56:8).

Y, en cierta ocasión, Nehemías le rogó a Dios: “Acuérdate de


mí, oh Dios, en orden a esto, y no borres mis misericordias
que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio”, lo cual
nuevamente sugiere la existencia de un registro de nuestras
buenas obras (Nehemías 13:14).
¿Lleva Dios registro de nuestros pecados?
Todos seremos juzgados según nuestras acciones: “Dios
traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa
encubierta, sea buena o sea mala” (Isaías 66:15-16;
Romanos 1:18-32; Eclesiastés 12:14).

Después de regresar a la tierra, Cristo juzgará a la


humanidad: “aclarará... lo oculto de las tinieblas, y
manifestará las intenciones de los corazones” (1 Corintios
4:5). De hecho, Él mismo nos advierte que “de toda palabra
ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el
día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y
por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36-37).

Si bien estas Escrituras no comprueban que Dios tiene un


listado escrito de nuestros pecados, sí comprueban que sabe
todo lo que hacemos; y ya que la memoria de Dios es
perfecta, podemos decir que lleva un registro.

Afortunadamente, hay algo que podemos hacer para que


nuestros pecados sean borrados y Dios los olvide para
siempre: arrepentirnos y aceptar el sacrificio que Cristo hizo
para pagar la pena de muerte que merecíamos por nuestros
pecados (Hebreos 8:12).

El profeta Ezequiel fue inspirado a escribir: “apartándose el


impío de su impiedad que hizo, y haciendo según el derecho
y la justicia, hará vivir su alma. Porque miró y se apartó de
todas sus transgresiones que había cometido, de cierto
vivirá; no morirá” (Ezequiel 18:27-28). En otras palabras,
cuando un pecador se arrepiente “todas las transgresiones
que cometió, no le serán recordadas”, “yo [Dios] soy el que
borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me
acordaré de tus pecados” (Ezequiel 18:22; Isaías 43:25).

Si desea más detalles acerca de esto, consulte el artículo “El


juicio de Dios: ¿en qué consiste realmente?”.
La base del juicio de Dios
En una visión del trono desde el cual Dios juzgará a la
humanidad, Daniel vio que “fueron puestos tronos, y se
sentó un Anciano de días... el Juez se sentó, y los libros
fueron abiertos” (Daniel 7:9-10).

Y en una visión similar, Juan vio “un gran trono blanco y al


que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la
tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a
los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los
libros fueron abiertos” (Apocalipsis 20:11-12).

Estos libros son los libros de la Biblia, los cuales contienen


las leyes de Dios —que son los parámetros de su juicio;
“fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban
escritas en los libros, según sus obras” (v. 12).

Juan luego vio que “otro libro fue abierto, el cual es el libro
de la vida”, pues, cuando ya haya terminado el juicio, Dios
revisará su registro “Y el que no se halló inscrito en el libro
de la vida fue lanzado al lago de fuego (vv. 12, 15).
¿Cuándo se ingresa un nombre al Libro de la Vida?

El primer paso hacia la salvación es creer en el evangelio de


Jesucristo. El siguiente paso ocurre cuando, “habiendo oído
la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y
habiendo creído en él, [somos] sellados con el Espíritu
Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia
hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza
de su gloria” (Efesios 1:13-14).

En el momento en que alguien recibe el Espíritu Santo (el


sello de la promesa), pasa a formar parte de la familia de
Dios —“la congregación de los primogénitos que están
inscritos en los cielos”— y su nombre es inscrito en el Libro
de la Vida (Romanos 8:14, 16; Hebreos 12:23).
¿Qué debemos hacer para ser inscritos en el Libro de la Vida?
Para que Dios escriba nuestro nombre en su Libro,
debemos arrepentirnos de nuestros
pecados, bautizarnos y convertirnos espiritualmente,
teniendo en cuenta que el bautismo en agua implica un
compromiso de por vida con el camino de Dios (Hechos
2:38).

En Juan 6:27, Cristo nos dice: “Trabajad, no por la comida


que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece,
la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló
Dios el Padre”. Pero ¿por qué deberíamos hacerlo?

Porque sólo “el que venciere será vestido de vestiduras


blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y
confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus
ángeles” (Apocalipsis 3:5).

¿Qué significa exactamente “vencer”? Le invitamos a


conocer la respuesta en los artículos de la sección “Cambio”
de nuestro sitio en la red.

Dice el profeta Daniel: “El Juez se sentó, y los libros


fueron abiertos.” El revelador, que describe la
misma escena, añade: “Otro libro fue abierto, el
cual es el libro de la vida. Y fueron juzgados los
muertos por las cosas que estaban escritas en los
libros, según sus obras” Apocalipsis 20:12 .

El libro de la vida 

Contiene los nombres de todos los que han entrado en el servicio


de Dios. Jesús dijo a sus discípulos: “Regocijaos de que vuestros
nombres están escritos en los cielos.” Lucas 10:20 . Pablo habla de
sus fieles compañeros de trabajo “, cuyos nombres están en
el libro de la vida.” Filipenses 4:03 . Daniel, mirando hacia abajo a
“un tiempo de angustia, cual nunca fue”, declara que el pueblo de
Dios será librado, “todos los que se hallen escritos en el libro.” Y
el Revelador dice que aquellos que sólo entrará en la ciudad de
Dios, cuyos nombres “están escritos en el libro de la vida del
Cordero.” Daniel 12:1  ,Apocalipsis 21:27

Un libro de memorias

Escrito está delante de Dios, en el cual se registran las buenas


acciones de “los que temen a Jehová, y los que piensan en su
nombre “.Malaquias 3: 16 . Sus palabras de fe, sus actos de amor,
están registrados en el cielo. Nehemías se refiere a esto cuando
dice: “Acuérdate de mí, Dios mío, … y no borres mis misericordias
que he hecho para la casa de mi Dios.”  Nehemías 13:14 . En el libro
del recuerdo de Dios cada acto de justicia está inmortalizado. Hay
toda tentación resistida, cada mal vencido, toda palabra de tierna
compasión expresada, está fielmente documentada. Y cada acto de
sacrificio, todo el sufrimiento y el dolor sufrido por causa de Cristo,
se registra. El salmista dice: “Tú traes mis andanzas: Pon mis
lágrimas en tu redoma: ¿no es en tu libro?”Salmo 56:8  .

Hay un registro también de los pecados de los


hombres. 

“Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa
encubierta, sea buena o sea mala.” “De toda palabra ociosa que
hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” Dice
el Salvador: “Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras
serás condenado.” Eclesiastés 12:14  ,  Mateo 12:36,  37. Los
propósitos y motivos secretos aparecen en el registro infalible,
pues Dios “sacará a la luz lo oculto de las tinieblas, y manifestará
las intenciones de los corazones.” 1 Corintios 4:05. “He aquí, escrito
está delante de mí, … vuestras iniquidades, y las iniquidades de
vuestros padres juntamente, dice Jehová el Señor.”  Isaías 65:6,  7.
La obra de cada uno pasa revista delante de Dios y está registrado
por la fidelidad o infidelidad. Frente a cada nombre en los libros del
cielo, aparecen, con terrible exactitud cada palabra mal, cada
acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto,
con todas ingenioso disimulo. Advertencias enviadas Cielo o
reproches descuidado, momentos perdidos, las oportunidades no
mejoradas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus
resultados de gran alcance, todos están descriptas por el ángel de
grabación.

Para poder dar una respuesta completa, tendría que examinar


todos los pasajes bíblicos que hacen referencia a los libros celestiales.
Pero esto me llevaría más espacio del que dispongo. Por lo tanto,
prefiero limitar nuestra discusión a sólo uno de los libros: el libro de
la vida.
1. Guardaban registro. Los israelitas guardaban registro de los
nombres de los ciudadanos de sus ciudades. Las genealogías eran
importantes para determinar los derechos legales y sociales, y las
funciones religiosas (Esd. 2:62). Borrar un nombre de esos registros
era severamente castigado por la ley (Eze. 13:9). Isaías le da a esta
práctica un significado escatológico cuando anuncia que, en el reino
mesiánico, "el que quedare en Sion, y el que fuere
dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén
estén registrados entre los vivientes" (Isa. 4:3). Se podría concluir
que el registro de una ciudad puede ser llamado "un libro de la
vida", en el sentido de que, quienes están en la lista, viven allí y
gozan de los privilegios y las responsabilidades de un ciudadano.
2. El registro de nombres en el libro celestial de la vida. La Biblia
menciona un registro celestial en el que están anotados los nombres
de los que pertenecen al Señor (Luc. 10:20; Éxo. 32:32; Sal. 69:28;
Fil. 4:3; Apoc. 17:8; Dan. 12:1). Ese libro contiene sólo los nombres
de los que han elegido ser ciudadanos de la Nueva Jerusalén (Apoc.
21:27; 17:8). Jesús animó a sus discípulos a regocijarse porque "sus
nombres están escritos en los cielos" (Luc. 10:20), y Pablo se refiere
a sus colaboradores como aquellos "cuyos nombres están en el libro
de la vida" (Fil. 4:3). Algunos han inferido, sobre la base de
Apocalipsis 17:8, que los nombres de los creyentes han estado
escritos en el libro desde la fundación del mundo. El texto
describe el preconocimiento divino, pero no la
predestinación en el sentido de una decisión arbitraria que
fija el destino eterno de una persona. La inclusión de los
nombres en el libro de la vida está fundamentada en la cruz (Apoc.
13:8).
3. La preservación y la eliminación de los nombres del libro de la
vida. Moisés le pidió al Señor que borre su nombre del libro de la
vida, si esto posibilitaba que los israelitas fueran perdonados por Dios
(Éxo. 32:32, 33; Sal. 69:28). Pero los nombres son preservados o
borrados por medio del juicio de Dios (Dan. 7:9, 10; 12:1, 2). Es por
la mediación de Cristo que los nombres del pueblo de Dios son
retenidos en el libro de la vida (Apoc. 3:5). Sólo los nombres de los
que han caído de la gracia serán borrados de ese libro (Apoc. 3:5;
20:12, 15). 
4. El significado del libro de la vida. La información bíblica con
respecto al libro de la vida nos conduce a varias conclusiones.
a. La Biblia utiliza claramente la práctica social de guardar
registro de los nombres de los ciudadanos de una ciudad
determinada para ayudarnos a entender las realidades
celestiales. La práctica social ilustra y señala algo más
significativo en el reino celestial. La liberación de las personas
de la oscuridad para entrar en el reino de Dios no sólo es
celebrada en el cielo, sino también registrada en él.
b. El libro de la vida subraya el hecho de que los que
pertenecen a Cristo ya son ciudadanos de la ciudad celestial.
Sus nombres ya están escritos en el libro mayor celestial, y
son considerados ciudadanos de ese reino, con sus privilegios,
prerrogativas y responsabilidades.
c. La decisión de registrar los nombres de los
creyentes en el libro de la vida no es arbitraria o accidental. No
fue una ocurrencia tardía, sino que forma parte de la intención
divina antes de que ellos real y voluntariamente decidan ser
miembros de la ciudad de Dios. El preconocimiento divino y la
libertad humana no se excluyen. 
d. Lo que hace posible la inclusión del nombre
del creyente en ese libro es al mismo tiempo lo que posibilita
retenerlo allí: la gracia perdonadora de
Dios. En tanto el pecador arrepentido persevere en la fe y
retenga un espíritu de dependencia de Dios y sumisión a él por
medio de la intercesión de Cristo, su nombre no
será eliminado. Él es verdaderamente ciudadano del reino
celestial.