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Pontificia Universidad Católica de Chile

Facultad de Filosofía
Instituto de Filosofía
Proyecto de investigación para pregrado verano 2016

El arte como acto comunicativo:


Una guía pragmática de la experiencia y el arte bajo la teoría de
John Dewey

Soledad Medina Cisternas


Pontificia Universidad Católica de Chile

Resumen
Parece una cuestión de hecho que la teoría artística mantiene sin respuesta concreta, hasta
nuestros días, los dilemas de cómo llegar a comprender su funcionamiento y de cómo
afirmar su utilidad para el ser humano. El propósito de este artículo es formular –desde la
propuesta filosófica pragmática de John Dewey– una guía para comprender el proceso de la
conexión entre el individuo y la obra de arte como un acto comunicativo en pos de ser un
acto pragmático bajo la acción de las experiencias. El dilema esencial será adentrarnos a
definir ese mensaje fundamental que le da al arte una supuesta utilidad y por ende– a falta
de alguna completa identificación hecha por Dewey– hemos de evidenciar necesariamente
ahora bajo el alero de este manual de las experiencias artísticas.
Palabras clave: Filosofía pragmática, filosofía del arte, John Dewey, percepción,
comunicación, expresión, experiencia.
I. Introducción

Si bien sabemos, hoy en día la teoría del arte contemporáneo está casi desahuciada por
carteles gigantes que se nos cruzan y nos dicen “el arte ha muerto”. La cuestión del arte
conceptual invade las galerías y los museos sin un atisbo de querer comprometernos hacia
ella para comprender mejor las obras. Todo este proceso, que ha crecido paulatinamente,
afirma la idea de un arte sólo accesible para la elite, para aquel que tiene el privilegio de
poseer una educación artística y puede “comprender” fácilmente las obras. La filosofía
frente a esto no ha hecho más que teorías y más teorías que intentan ayudar a acercarnos a
la idea de comprender el arte desde dentro, de captar netamente su función en el mundo. A
pesar de esto, no parecemos poseer un mapa en nuestras manos cuando vemos una obra de
arte y tenemos la misión de apreciar en ella un cierto goce estético y, más aún, una utilidad.

El filósofo pragmatista John Dewey publicó en 1980 el texto El arte como experiencia
basándose en una nueva propuesta para comprender la manera en que se relaciona el arte y
el individuo bajo una teoría puramente pragmática. Esta novedosa insinuación trae consigo
nuevas formas de comprender la cuestión artística y, por el mismo hecho, sobresale como
una respuesta filosófica que le da un nuevo enfoque al arte, al artista, al espectador y a la
obra. Dewey nos habla de una utilidad del arte desde las experiencias de construirlo como
artista y contemplarlo como espectador, supuestamente estos procesos experienciales
podrían llegar a influir en un ser humano de manera que sus habilidades perceptivas frente
a al mundo y frente a la forma de recibir educación podrían ampliarse y mejorarse
positivamente: una utilidad concreta. Esta nueva perspectiva del arte que aparece cuando ya
todas las cuestiones acerca del gusto pareciesen estar escritas llega a afrontar un camino
cubierto de teorías fenomenológicas que están muy lejos de la corriente pragmatista. Es por
esto último que nace la duda de si podemos fiarnos de los pragmatistas para construir una
teoría válida acerca del arte.

Mi trabajo aquí tiene el propósito de entablar una guía desde mi propia lectura del texto de
Dewey a la que llamaré Guía de las experiencias artísticas y la obra de arte. Desarrollaré
esta guía como un acto pragmático comunicativo desde donde se genera, se transmite y se
recibe un mensaje por medio de una obra. Cada elemento incluido en esta guía tendrá el rol
de ser parte de un mapa sobre la propuesta explícita en el Arte como experiencia que, a
modo de manual, va a significar la explicación del acto comunicativo que se genera en la
experiencia artística otorgando, significativamente, un propósito de utilidad clarificado en
la función comunicativa, más específicamente, en el proceso mismo comunicativo
experiencial. Para lograr este propósito será necesario comprender desde afuera toda la
propuesta pragmática acerca del arte explicitando aquí el valor y el significado de cada
concepto utilizado en la teoría. Además de esto anclar cada idea que sea ha explicitado en
el texto uniéndolas entre sí como un sistema en donde cada acto va poseyendo un valor
propio y, a la vez, un valor en conjunto. Habiendo construido esta guía compuesta por dos
partes: la parte del artista y la parte del espectador, me dedicaré a exponer resultados de un
estudio realizado con individuos que observan una obra de arte para comprobar la probable
o improbable plausibilidad de la teoría. Póstumo a esto, y yéndome al ámbito más esencial
de este artículo, me dirigiré comprender tipo de mensaje impregnado en el acto
comunicativo artístico desde una deducción de toda esta guía experiencial. Este tipo de
mensaje puede resultar problemático de analizar o mal entendido por quien hoy se vincula
con el arte, es por esto que considero esencial, para solventar la teoría de Dewey y anclarla
a la real utilidad del arte y su propósito en la sociedad, establecer aquí los parámetros,
importancia y real implicancia del mensaje que se mueve en este acto comunicativo a través
del motor de la experiencia.

II. Cuestiones preliminares


Para comenzar con este análisis me resulta necesario explicitar y dejar en claro el contexto
que nos impone el texto El arte como experiencia y delimitar algunas aristas que resultarán
fundamentales para la teoría.

En primer lugar debemos dejar en claro que la corriente pragmatista tiene como propósito
el análisis de una materia de estudio según sus efectos prácticos, es decir, su utilidad. En
este sentido John Dewey se va a adentrar al estudio del arte analizando su utilidad tanto a
través de su proceso creador como en sus consecuencias valorativas prácticas, va salir de la
rutina de entender el arte y la experiencia estética a base de reducirlos a conceptos . En su
obra fundamental acerca de este tema se comienza expresando la limitación que tenemos
hoy en día de apreciar una obra por toda aquella corriente histórica que nos ha obligado a
ver ciertas obras de tal manera y a dejar de ver otras de supuestas perspectivas. Nos
alejamos literalmente del proceso de creación que originan las obras y esto ha creado una
barrera entre estas y el sujeto (2008, p. 3). Desde este fundamental punto Dewey advierte la
necesidad de conocer el proceso creador como una experiencia, por otro lado, el mismo
hecho de contemplar una obra debería tratarse también como experiencia. ¿Quiénes
realizan tales experiencias? El nacimiento del concepto criatura viviente (2008, p. 3) no
viene a suplantar al de “individuo” o “sujeto”, sino que se va a referir de forma más acotada
al ser humano en su proceso experimental, fenómeno que para Dewey es constante y tiene
que ver precisamente con el giro vital que realiza el individuo en su ambiente físico. Este
giro se define como experimental por el hecho de que la vida nace de las experiencias para
la criatura viviente. Claramente este giro es aplicable a las experiencias tanto de
conocimiento intelectual como también a las estéticas o artísticas.

Definido el tema de la criatura viviente es necesario que sepamos bien cómo funciona lo
que hemos nombrado como experiencia. Para aquello tenemos que volver al texto de
Dewey y ver cómo es que identifica este hecho: en un comienzo nos expone el hecho de
que la criatura viviente está continuamente interactuando con el mundo y es parte de una
experiencia ya que esto es un proceso vital para el individuo (2008, p. 41). Sin embargo a
continuación expone una notoria diferencia entre la experiencia vital y el poseer una
experiencia: “tenemos una experiencia cuando el material experimentado sigue su curso
hasta su cumplimiento. Entonces y sólo entonces se distingue ésta de otras experiencias, se
integra dentro de la corriente general de la experiencia” (Dewey, 2008, p. 41). Con esta
aclaración comprendemos que la experiencia, tal como quiere que la entendamos Dewey,
corresponde a un todo, a una interacción que comienza y termina: “una experiencia tiene
una unidad que le da su nombre, esa comida, esa tempestad, esa ruptura de amistad. La
existencia de esta unidad está constituida por una cualidad determinada que impregna la
experiencia entera a pesar de la variación de sus partes constituyentes.” (Dewey, 2008, p.
43). Tras estas citas podemos comprender mucho más fácilmente el fenómeno de lo que
trabajaremos aquí como experiencia pero hay una aclaración más en el texto que parece
poder interesarnos por el hecho de ser una experiencia con un objeto, una experiencia que
se allega más a lo estético y que necesitaremos para tratar la experiencia artística:
(…) Surge una mutua adaptación del yo y el objeto, y esta experiencia particular llega a
una conclusión. (…)La interacción de los dos constituye la experiencia total obtenida, y
la terminación que la completa es la constitución de una armonía sentida. Una
experiencia tiene modelo y estructura, porque no es solamente un hacer y padecer lo
que se alterna sino que consiste en éstos y sus relaciones. (2008, p. 51)
Un concepto que nos nombra aquí Dewey es armonía y parece catalogar fielmente la
consecuencia de una experiencia realizada, de esta interacción identificada que altera de
alguna manera a la criatura viviente en su simple estar en el mundo.

Damos por sentada la aclaración de los conceptos de criatura viviente y experiencia que
trabajaremos sin embargo hay una tercera cuestión preliminar de la que debemos hablar: la
expresión. Dewey trabaja la expresión como un acto, una acción y es fundamental
esclarecer el acto expresivo por su rol en el camino del artista que otorgaremos en la guía
experiencial, propósito de este trabajo. Hay un apartado en el texto de nuestro autor recién
mencionado que trabaja muy bien la definición de la expresión: “la emoción provocada por
la materia original se modifica a medida que se adhiere el material nuevo. Este hecho nos
da la clave de la naturaleza de la emoción estética. (…) Esta modificación es la
construcción de un verdadero acto expresivo.” (Dewey, 2008, p. 85). Pareciese una breve y
sintética definición, sin embargo, hay mucho contenido dentro de esta. Primero estamos
hablando de proceso previo al referirnos a la “materia original”, es decir, existe una
captación de materia que luego se adherirá a una emoción impuesta por el individuo, por la
criatura viviente. Esta adhesión de emoción como construcción y luego manifestación de
aquel acto es a lo que llamará Dewey expresión.

Esta acotación de conceptos o definición de palabras tiene un motivo concreto dentro de


este trabajo y es netamente para mantener esclarecidas las uniones, conexiones y
afirmaciones que se harán a continuación. La idea de comprender la teoría de Dewey y
realizar una guía acerca de esto resulta mucho más clara si mantenemos de forma sencilla el
desarrollo de cada concepto clave y los vamos hilando de manera que todo sea digerido por
nuestro entendimiento como un proceso secuencial, paulatino y natural1.

1
Me refiero aquí a natural con el propósito de referirme también a lo que impulsa el sentido de la guía de
las experiencias, es decir, un proceso que sucede según la naturaleza racional del hombre sin tener que
necesitar intervención externa o artificial al propio funcionamiento de sus condiciones intelectuales. Trato
de abordar la idea de llevar toda esta teoría a un proceso que no tiene necesitad de forzar las características
naturales de una criatura viviente.
III. Guía de las experiencias y la obra de arte

Teniendo aclaradas las cuestiones preliminares es necesario comprender las partes de esta
guía de las experiencias con la intención de que vayamos comprendiendo su sistema de
uniones y de separaciones. Además de las partes, es necesario conocer los elementos más
imprescindibles de la guía los cuales Dewey dejó muy claros en sus líneas. Estos
elementos irán unidos tras mi propuesta formal explicativa del suceso experimental
completo, es decir, con interacciones creadas desde mi perspectiva hacia el texto.

En primer lugar diferenciaremos dentro de la experiencia artística unificadora dos modelos


diferentes de experiencia que serán diferenciados solo por separarse como las partes más
identificables dentro de la guía total, estos son: I). El modelo de experiencia del artista y II)
El modelo de experiencia del espectador. Dentro de una explicación lineal lógica del
proceso es necesario comenzar a identificar el modelo de experiencia del artista quien,
como creador, partirá el ciclo.

I). Modelo de experiencia del artista:

Experiencia Vital Relación con el mundo

Acto
Perceptivo Armonía emitida

Experiencia Intelectual

Desarrollo

Criatura viviente

Artista 1 Experiencia emocional


Expresión

2 Experiencia transformadora
Creación
3 Experiencia de la materialidad
Forma
Acto creador
OBRA
El artista, como criatura viviente, tiene como trabajo partir con este proceso. Su rol
fundamental será atrapar, durante su relación con el mundo como experiencia, aquel
mensaje que desea transmitir el cual es captado por un acto perceptivo2. En la medida en
que este mensaje es captado bajo una experiencia intelectual pasa a generar un desarrollo
que será identificado como acto creador. Este desarrollo consta de tres partes, tres
experiencias que se unen como proceso para generar la obra y que muchas veces nos podría
costar decidir el momento en que termina una para comenzar la otra, sin embargo, las tres
son bastante identificables dentro de la teoría de Dewey; me encargaré aquí de definirlas en
orden de aparición:

1. Experiencia emocional: esta primera etapa del acto creador cobra su relevancia en
la medida que define el acto de expresión, es decir, esta experiencia emocional el
factor que concluirá en el acto expresivo. Anteriormente hemos definido lo que
Dewey entiende como expresión entendiéndolo como aquel acto que quiere
clarificar una emoción en la criatura viviente la cual fue producida por algún hecho
del mundo exterior atrapado por el acto perceptivo. Esta experiencia de vivir la
emoción y sacarle el suficiente provecho para darle una utilidad expresiva nos
muestra el primer ámbito utilitario en esta teoría sobre el arte: palpar y manejar la
emoción como individuo expresivo. En la medida que la expresión ha sido
conformada es hora del siguiente paso.
2. Experiencia transformadora: muy ligada a la experiencia emocional aparece esta
segunda etapa a la que podemos definir como el clímax creativo del proceso. La
experiencia transformadora llega cuando está en nuestras manos la expresión y nos
preguntamos qué hacemos ahora con ella. Dewey nos dice: “es precisamente esta
transformación la que cambia el carácter de la emoción original, alterando su
cualidad, hasta el punto de hacerla particularmente estética.” (2008, p. 86)
refiriéndose a la transformación como la alteración de cualidades que estaban en la
expresión dadas originalmente. Esta alteración no puede catalogarse en ningún
sentido como mala o errónea, es en sí la forma en que mejor cree el artista que
puede llegar a exponer su expresión y requiere tener la habilidad de transformar el
2
Esta es la primera parte expuesta en el esquema visualmente mostrado sobre este párrafo, la importancia
que se le puede dar a este extracto del proceso será explicada más adelante debido a sus relevantes
influencias para este trabajo y para comprender una posible nueva ventaja en la teoría de Dewey.
acto expresivo en algo más concreto, una utilidad basada en llevar las emociones a
un mundo concreto.
3. Experiencia de la materialidad: apenas se ha constituido la experiencia
transformadora como un hecho existente se pasa inmediatamente a la parte final del
acto creador en donde el artista traspasa la emoción ya transformada a la
materialidad concreta: la obra de arte toma forma. Este último concepto quiere
referirse a la obra de arte mista constituida en el objeto en el que se adecúe para
lograr mantener su sentido inicial y su correcta emisión. Dewey nos relata la
importancia de esto:
El surgimiento repentino [de la obra de arte] corresponde a la aparición del
material sobre el umbral de la conciencia, no al proceso de su generación. Si
pudiésemos seguir tal manifestación hasta sus raíces y remontar su historia,
encontraríamos al principio una emoción relativamente grande e indefinida.
Encontraríamos que asume una forma definida hasta que se elabora en
material imaginado, mediante una serie de cambios. (2008, p. 86).
haciéndonos evidente que la materialidad es entonces aquello que va a ser
manejado para dar la forma a la obra de arte y que, siendo el último paso dentro del
acto creador, concluirá en la obra de arte misma.

Tras analizar la existencia y efectividad de estos tres pasos podemos afirmar la existencia
del concepto de armonía receptiva como significativo para cohesionar el proceso. Esta
armonía será existe si y sólo si cada uno de los pasos a seguir en el acto creador se sigue de
manera de cumplir con su objetivo y de seguir cada norma de cada acto que será
influenciado mayormente por la parte primera del proceso (parte previa al acto creador).
Además de esto es necesario comentar la notoria utilidad de cada experiencia identificada
expuesta como herramientas para aumentar las habilidades creativas, imaginativas,
sensitivas e intelectuales en el ser humano como criatura viviente: Dewey tenía muy en
claro el captar esta habilidades como los efectos prácticos.
II). Modelo de experiencia del espectador
1 Experiencia sensitiva 2 Experiencia apreciativa
Sentidos Observación y atención
3 Experiencia organizativa
Forma
Criatura viviente
Espectador
4 Experiencia
intelectual
Conocimiento
Acto perceptivo

OBRA
Armonía receptiva: goce estético

Cuando la obra de arte está lista y el artista ya ha hecho su trabajo viene esta segunda parte
en la guía de las experiencias, el modelo o manual de experiencia de un espectador como
criatura viviente. Este modelo tiene la capacidad de responder a la pregunta: ¿cómo puedo
entender una obra de arte? Y es aquí donde relataremos las experiencias necesarias para
aquello paso por paso. En primer lugar tenemos una primera etapa denominada el acto
perceptivo en el cual el propósito recae en la percepción superficial de la obra y se divide
en tres pasos, el cuarto paso del modelo queda fuera del acto perceptivo pero tiene su
propia etapa y una de las más importantes de todo el proceso en general: la del
conocimiento.

Acto perceptivo:

1. Experiencia sensitiva: cuando la criatura viviente se encuentra frente a la obra


de arte su indudable primera reacción es la impresión primera que le otorgan sus
sentidos, a este suceso le llamamos experiencia sensitiva. Es el primer objetivo
del acto perceptivo, captar la obra por nuestras herramientas más cercanas y
confiables. En el caso de estar frente a una pintura nuestra experiencia sensitiva
recae en la visión, si estamos frente a una pieza musical la experiencia recae
ahora en lo auditivo y así sucesivamente. La información que llega a nuestros
sentidos puede quedarse en ese estado o avanzar más en este giro de criatura
viviente, cuando sucede el avance, nos pasamos a la siguiente etapa.
2. Experiencia apreciativa: si bien ya hemos captado la obra en una primera
impresión aún no hemos podido adentrarnos en ella ni en un mínimo porcentaje,
la contemplación comienza con lo sensitivo pero la experiencia apreciativa
otorga nuestra atención y análisis sobre la obra. Cuando apreciamos la obra lo
que hacemos es verla en sí misma, en el caso de una pintura podemos ver cada
color, cada trazo, la representación de la aquella obra, en el caso de un poema
podemos ver y darle sentido a cada palabra usada. Lo que hacemos es digerir
aquel arte con el que nos hemos topado teniendo clara su pertenencia al mundo
artístico y sin dudar de aquello. Apenas la criatura viviente haya apreciado la
obra, tiene la capacidad para pasar a la siguiente fase.
3. Experiencia organizativa: este es el último paso del acto perceptivo y es muy
relevante dentro de este por ser la fase en donde la criatura viviente como
espectador genera una complicidad con la criatura viviente como artista. Es la
primera parte de la transmisión del mensaje y tiene una complicidad basada en
las formas y la materialidad de la obra. El espectador, después de haber podido
apreciar la obra, ahora se encarga de organizarla y entender al artista
organizándola, quiere ser parte de la mente del artista, de comprender qué pensó
cuando tomó la decisión de hacer aquella nota o pintar aquella silueta.
Ordenamos cada elemento de la obra en nuestra cabeza para lograr entablar un
diálogo clarificador con la obra, necesitamos que ella nos otorgue una respuesta
final y debemos tener la capacidad de organizar bien sus elementos en su forma.

Acto referente al conocimiento:

4. Experiencia intelectual: esta última experiencia será el éxtasis de todo el


proceso, es la respuesta que estábamos esperando y es el último paso necesario
para poder recibir con seguridad el goce estético, es decir, esa satisfacción
intelectual de comprender la obra y, más que eso, comprender el mensaje que
nos quiere entregar la obra. De todas formas, si no logramos vivir la experiencia
intelectual no todo está perdido, lamentablemente es la experiencia que más
complicada de experimentar le parece a la criatura viviente, esto porque
necesita, además de cumplidas satisfactoriamente las tres experiencias recién
nombradas, un cierto conocimiento acerca del primer modelo expuesto en esta
guía: el modelo del artista. El espectador necesita conocer los procesos por los
cuales vivió el artista para llegar a esos resultados y lograr comprender el
mensaje, este hecho tan difícil de asegurar logra ver un atisbo de desprestigio
nuevamente en esta teoría del arte. Dewey, sin embargo, nos pone un signo de
detención y nos recuerda un concepto bastante importante en todo esto: la
utilidad. Si no hemos podido lograr llegar a la experiencia intelectual y no
podemos asegurar nuestro goce estético, tenemos como as bajo la manga la
realidad de que cada experiencia vivida bajo la etapa del acto perceptivo nos ha
ayudado a la comprensión de nuestras habilidades cognoscitivas tanto básicas
como avanzadas y este hecho es tan importante como como cualquier análisis
concreto a fórmulas lógicas.

Hemos comprendido entonces el hecho de que lo primero y fundamental como


efecto práctico dentro de esta teoría viene siendo la capacidad de habilidades
cognoscitivas y perceptivas que podemos formar gracias a la captación de una obra
de arte. Si logramos llegar a la experiencia intelectual alguna vez podemos tener
más que claro que ese hecho se irá aumentando cada vez más de la mano del goce
estético. Dewey en su texto describe el acto del espectador de manera muy
interesante:

Para percibir, un contemplador debe crear su propia experiencia. Y esta


creación debe incluir relaciones comparables a las que sintió el creador. No son
las mismas en sentido literal. No obstante en el contemplador, como en el
artista, debe producirse un ordenamiento de los elementos del todo que es, en su
forma aunque no en los detalles, el mismo proceso de organización del creador
de la obra experimentada conscientemente. Sin un acto de recreación, el objeto
no es percibido como obra de arte. El artista selecciona, simplifica, aclara,
abrevia y condensa de acuerdo con su interés; y el contemplador debe pasar por
estas operaciones, de acuerdo con su punto de vista y su interés. En ambos tiene
lugar un acto de abstracción que es la extracción de lo significativo; en ambos
hay comprensión en su significado literal, es decir, una reunión de los detalles y
particularidades físicamente dispersas en un todo experimentado. Por parte el
perceptor hay un trabajo que hacer como lo hay por parte del artista. El que por
pereza, vanidad o convención rígida no haga este trabajo no verá ni oirá. Su
“apreciación” será una mezcla de jirones del saber, conforme a las normas de la
admiración convencional, y una confusa, aun cuando pudiera ser genuina,
excitación emocional. (2008, p. 63)
Aquí el autor nos deja en claro la diferencia entre llegar a poseer una experiencia
intelectual o quedarse solo con las experiencias previas. Este hecho no es positivo si
se mira desde el punto de vista del conocimiento estético acumulado, pero la
utilidad existente de la que podemos sacar provecho está frente a nosotros y frente al
acto perceptivo básicos de las obras, los efectos prácticos de las experiencias frente
a la obra de arte parecen abrirnos a nuevas formas de analizar el mundo y de ordenar
nuestros pensamientos y percepciones.

IV. El acto comunicativo

Criatura viviente 7 Experiencia


Intelectual
Conocimiento

6 Experiencia organizativa
5 Experiencia apreciativa Forma
Espectador Observación y atención
4 Experiencia sensitiva
Sentidos

Acto perceptivo
Armonía receptiva: goce estético

Luego de haber dejado en evidencia los dos modelos fundamentales de la guía de las
experiencias podemos darnos cuenta de una posible unificación de ambos modelos en un
solo mecanismo al que podemos definir como acto comunicativo. Un acto comunicativo se
caracteriza por el intercambio de información generado entre dos o más participantes con la
intención de expresar algo a través de un mensaje, este mensaje es producido por el emisor
y luego obtenido por un receptor que lo interpreta. En este caso en particular, es decir, en la
cuestión del arte, podemos identificar cada uno de los elementos del acto comunicativo.
Tanto el emisor como el receptor corresponden a criaturas vivientes, el primero identificado
como el artista, el segundo como el espectador. El mensaje es claramente la obra la cual
está codificada y busca una decodificación en el receptor, esto en nuestra guía se realiza a
través de los cuatro pasos de las experiencias. Es así como el modelo de las experiencias
del espectador pasa a ser la decodificación del mensaje y el modelo de las experiencias del
artista pasa a ser la creación del mensaje.

Este acto es necesario de evidenciar como acto comunicativo por el hecho que organizamos
en él mismo las experiencias recibiendo favorables efectos prácticos incluso solo con el
proceso de la codificación e intento de decodificación del mensaje. En el caso de que la
criatura viviente no logre llegar a poseer la experiencia intelectual el acto comunicativo no
está totalmente completado, sin embargo, sigue siendo un acto comunicativo de
experiencias que llegan hacia un espectador que, aunque no logra comprender el mensaje
de la obra, recibe un mensaje estético que desprende bajo experiencias puras del acto
perceptivo, experiencias que no son nada más que naturales y que llegan a nuestras
capacidades sensitivas y de la inteligencia: seguimos evidenciando la existencia de una
acción comunicativa.

Me dediqué a hacer dos diferentes encuestas para comprobar empíricamente lo plausible de


la guía de las experiencias, dos encuestas diferentes para facilitar la comprobación de cada
modelo de guía por separado. En el caso del modelo de experiencia del artista la encuesta
consistió en consultar a 20 estudiantes de la carrera de Licenciatura en arte que estuvieran
cursando entre tercer y cuarto año de estudios. La encuesta constaba de dos preguntas que
debían ser respondidas por opciones dadas de antemano. La primera decía: “¿crees que el
proceso previo a la creación de una obra de arte tiene tanta o más importancia que el
proceso creador mismo?” con las opciones de “sí” y “no” como respuesta. La segunda
consistía en nombrar los tipos de experiencia ocurridos en el proceso creador de la obra y,
luego de ser explicados a los jóvenes, ellos debían elegir qué nivel de experiencia podían
identificar claramente en la creación de sus mejores obras realizadas hasta ahora:
“experiencia emocional”, “experiencia transformadora” y “experiencia de la
materialidad”. Los resultados los expondré en los siguientes gráficos:

¿Crees que el proceso previo a la creación de ¿A qué nivel de experiencia crees haber llegado a
una obra de arte tiene tanta o más partir del proceso de creación de la mejor obra que
importancia que el proceso creador mismo? has hecho y comprendiendo las opciones como
14
sucesos en ascenso?
18
12
16
10
14
8 12
6 10

4 8
6
2
4 Experiencia emocional
0 Experiencia transformadora
Opciones 2
Experiencia de la
0 materialidad
Sí No Experiencias

Es notorio el hecho de que en ambos gráficos se está desarrollando un apoyo positivo a la


teoría de Dewey como la hemos expuesto aquí. De los estudiantes que aprobaron como
certero que el proceso previo a la creación de una obra tiene tanta o más importancia que el
proceso creador mismo, un 100% eligió la experiencia de la materialidad como experiencia
culmen de su proceso creativo.

La segunda encuesta, sobre el segundo modelo de experiencias basadas en el trabajo del


espectador fue realizada a 36 alumnos de diferentes carreras universitarias durante una
clase de filosofía en la cual se les mostró como obra “El nacimiento de Venus”, pintura
renacentista creada por Sandro Botticelli. Frente a esta obra y habiéndoles explicado cada
proceso experiencial del acto contemplativo fueron invitados a contestar dos preguntas, la
primera fue: “¿en qué nivel crees haber tenido una experiencia estética apreciando la
pintura de Botticelli?” con las diferentes experiencias asociadas al acto perceptivo del
espectador como opciones. La segunda pregunta fue: “¿crees que esto tiene algún provecho
intelectual y de beneficio para tu conocimiento y capacidad de comprender las cosas?” con
dos opciones de respuesta: “sí” y “no”. En los siguientes gráficos se pueden verificar los
resultados.

¿En qué nivel crees haber tenido una experiencia


estética apreciando la pintura de Botticelli y
comprendiendo el nivel de cada experiencia?
16
14 ¿Crees que esto tiene algún provecho
intelectual y de beneficio para tu conocimiento
12 y capacidad de comprender las cosas?
10 25
8 20
6
15
4
10
2
5
0
Experiencias
0
Opciones
Experiencia sensitiva Experiencia apreciativa
Experiencia organizativa Experiencia intelectual Sí No

Tras los resultados recién expuestos explico que de los 8 estudiantes que admitieron haber
llegado a poseer una experiencia estética, todos aprobaron la idea de que el proceso de
contemplación de la obra poseía un provecho intelectual. Los demás que afirmaron esto
habían llegado a etapas como la experiencia organizativa o apreciativa. Los estudiantes que
solo lograron la experiencia sensitiva no fueron capaces de llegar a percibir un beneficio
intelectual ¿el motivo de esto? Casi lógicamente podemos apreciar que si no mantuvimos
una experiencia lo suficientemente enlazada a la obra tenemos menos probabilidad de
obtener un beneficio de este suceso.

Este acto comunicativo es también en sí una experiencia de hacer en su totalidad, es decir,


es una experiencia enorme forjada por muchas diferentes experiencias que generan un
proceso cíclico. Para terminar este apartado dejaré aquí una cita de Dewey referente a esta
situación:

En suma, el arte en su forma, une la misma relación entre hacer y padecer, entre la
energía que va y la que viene, que la que hace que una experiencia sea una
experiencia. La eliminación de todo lo que no contribuye a la organización mutua de
los factores de la acción y la recepción, y la selección de los aspectos y rasgos que
contribuyen a la interpretación, hacen que el producto sea una obra de arte. (…) Se
ve entonces que la experiencia estética –en su sentido limitado– está conectada de
modo inherente a la experiencia de hacer (2008, p. 56).
Estamos en un constante hacer como criaturas vivientes y nuestro acto comunicativo con el
arte no queda fuera de esto, está dentro de nuestro camino comprender el proceso de
experiencias que conlleva este gran proceso estético.

V. La transmisión del mensaje: el habitar


Como prometí anteriormente y antes de terminar el artículo, me enfocaré en analizar el
proceso previo al acto creador en el artista, aquel proceso en el que el artista tiene la labor
de capturar información desde el mundo exterior e introducirla a sí mismo como criatura
viviente. A este proceso o acción la llamaremos habitar.

Experiencia Vital Relación con el mundo

Acto
Perceptivo
Experiencia Intelectual

Este habitar es aquel acto perceptivo de experiencias del sujeto en el mundo que se mueve
entre sonidos, imágenes, acciones, emociones, etc. y tiene la cualidad de generar una
experiencia intelectual única que solo tiene el poder de ser transmitida a través de este acto
comunicativo que hemos trabajado hasta ahora: el arte. Esta afirmación es la que Dewey
quizá nunca evidenció como un hecho de real importancia con efectos pragmáticos incluso
para su teoría. Él tenía clara la importancia de la experiencia vital de la criatura viviente
previa a la creación de una obra y lo evidenciamos en esta cita: “el pintor no se aproxima a
la escena con una mente vacía, sino con un fondo de experiencias desde largo tiempo
fundidas en capacidades y gustos, o con una conmoción debida a experiencias más
recientes”(2008, p. 99) sin embargo, no tenía la suficiente convicción de dar por sentado el
hecho de que solo por el arte este suceso podía ser transmitido en cientos y miles de
perspectivas dependiendo de cada artista y que podría ser considerado como forma esencial
para las teorías comunicativas y para los efectos prácticos positivos del arte. El habitar lo
vemos limitado a ser solo transmitido por el arte porque este último, según lo hemos
examinado, es el único medio que reúne las experiencias necesarias de la conexión entre el
mundo y el sujeto como un hecho que va más allá de los efectos literales que nos puede
otorgar nuestra realidad. He ahí la importancia real de todo el trabajo realizado durante la
creación de este artículo. La temática nos deja la tarea de analizar cada arista que podría
servirnos más para comprender todo el proceso, tenemos clara una cosa: debemos seguir
analizando el arte.

VI. Observaciones finales


Dewey fue sin lugar a dudas un filósofo que quería aportar a la sociedad, creía en mejorar
una comunidad educativa y política. Una de sus herramientas para tales fines era este
estudio del arte a través de la experiencias que poco y nada se ha analizado hasta ahora
considerando el nivel de conclusiones que podemos sacar de allí. Es por esto que es
necesario, tras las conclusiones recién obtenidas, seguir investigando más acerca de esta
guía de las experiencias. Esto no tan solo como un reto a los artistas o a los filósofos sino
que a todas las personas en general para que, incluso topándonos con una obra de arte en
plena vía pública, sepamos sacarle provecho a nuestras habilidades cognoscitivas y
creativas. Además de esto podemos darle una esperanza al progreso de la educación infantil
con el propósito de generar mentes abiertas a la creatividad y a la imaginación, aspectos tan
necesarios hoy en día en la humanidad y en el mundo.
Referencia bibliográfica

Dewey, J. (2008). El arte como experiencia. Barcelona: Paidós.

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