Está en la página 1de 10

LENGUAJE Y ARQUITECTURA

1. APÉNDICE: HISTORIOGRAFÍA DEL LENGUAJE Y ARQUITECTURA.

A continuación, efectuaremos un breve recorrido sobre aquellas teorías de la arquitectura que


han trabajado sobre la base de una naturaleza lingüístico/semiótica de la arquitectura.

1.1. FORMALISMO
Del mismo modo que en la lingüística, ha sido partir de los años 60 que la influencia casi exclusiva de la
historiografía arquitectónica fue desplazada por conceptos científicos procedentes de otras áreas tales
como la sociología, psicología, teoría de sistemas, incluso, de forma frecuente por planteamientos que
tienden a considerar a la arquitectura como un sistema de signos, de forma similar al signo lingüístico.

En los años 60 los estudios historicistas del arte en general parecían agotados, de ahí que la perspectiva
sincrónica saussereana augurara nuevas posibilidades. En este sentido, es la semiótica la disciplina a la que
se dirigen los arquitectos en el empeño de descubrir una codificación formal de la arquitectura y el
urbanismo.

Acometieron esa tarea distintos investigadores. Los antecedentes se hallan en Renato de Fusco 1 y
Umberto Eco (1968) y posteriormente un gran número de estudiosos. Destacamos el libro Arquitectura
como semiótica2 dirigido a los arquitectos, donde se defiende la perspectiva lingüística. Esta obra es una
paráfrasis de los Élements de Sémiologie de Barthes (1964). Igualmente destacamos la investigación
doctoral de Fernando Tudela, que aportó una obra brillante, editada en 1975 por la Universidad de Sevilla
con el título de Hacia una semiótica de la arquitectura. La obra de Tudela es una síntesis de las teorías de
la arquitectura orientadas a la semiótica, describía en aquel momento dos corrientes dominantes:

- C. Peirce y C. Morris, en una línea de trabajo de corte empirista y con afinidades psicologicistas
- F. de Saussure y los estudios de R. Barthes, con una orientación racionalista.

De otras fuentes sobresale la figura de Roland Barthes con su obra Mythologies (1957), y posteriormente
en sus Élements de Sémiologie (1964). Los estudios de Barthes tuvieron la capacidad de despertar el inte-
rés social por una ciencia incipiente que practicaban también con acierto lingüistas como Buyssens, Marti-
net, Prieto y Mounin.3

No obstante, tenemos que decir que el estructuralismo rápidamente se mostró incapaz de dar respuesta a
los interrogantes de la arquitectura. Se despertaban muchas dificultades en la identificación de los agentes
nominados desde el estructuralismo lingüístico (como emisor/receptor).

Llorens4 hace también consideraciones análogas a las que ya hemos expuesto aquí acerca de la dificultad
en identificar al emisor o al receptor, o en atribuir intencionalidades, y propone que se abandone el uso
analógico-lingüístico del concepto de código y que se sustituya por el de sistemas de significación estética.

Lo que subyace es el reconocimiento de que esta disciplina (estructuralismo lingüístico) que no podía dar

1 Renato de Fusco (Nápoles, 1929), historiador italiano de la arquitectura y el diseño, próximo a la corriente semiótica.

2 Rodríguez, J. M.; Rossi, C.; Salgarelli, S.; Zimbone, G. (1971): Arquitectura como semiótica, Buenos Aire, Nueva Visión.
3 Laborda Gil, Xavier. Esplendor social de la lingüística y el simposio de Arquitectura de 1972 en Castelldefels. Universidad de
Barcelona. Círculo de lingüística aplicada a la comunicación. 39/2009.

4 Arquitectura y teoría de los signos. Symposium de Castelldefels. 1973. Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y
Baleares.
Miguel Pedro Hernández Díaz

cuenta del lenguaje hablado tal como se presentaba en la conversación ordinaria, tampoco podría
suministrar un modelo útil para la comprensión de los fenómenos arquitectónicos, y mucho menos dar
respuesta a los procesos de significación estética (como la arquitectura), cuya naturaleza es todavía más
abierta, maleable, incodificable, y resistente a cualquier juridicidad impuesta 5.

Podemos ahora comprender por qué tantos intentos de trasplantar al terreno arquitectónico los conceptos
de la lingüística estructuralista han resultado fracasados, por qué resulta tan difícil localizar los «códigos»
arquitectónicos, sus posibles articulaciones, etc. Se trataba de encontrar similaridades entre un cadáver
lingüísticos y otro arquitectónico, entre los resultados de dos autopsias diversas. 6

La misma dificultad se encontrará igualmente en la analogía con la gramática generativa de Chomsky, en la


medida que lo que propone es la búsqueda de esa estructura subyacente ideal. En 1971 Llorens en el Sym -
posium de Castelldefels:

Es usual, entre los defensores de la gramática generativa, contraponerla a la lingüística estructural en tér-
minos de la contraposición entre una visión estática del lenguaje, como conjunto finito de las realizaciones
que una estructura permite, y una visión dinámica, que haría posible el entendimiento de la extensibilidad,
virtualmente ilimitada, del lenguaje como conjunto de expresiones lingüísticas, y lo haría posible precisa-
mente en términos de la combinación de un número finito de elementos. Sin embargo, ambos enfoques
tienen en común la creencia de que los fenómenos de lenguaje, o al menos los que conciernen al lingüista
resultan epistemológicamente de la operación de un sistema de naturaleza formal cuyo desarrollo --aprio-
rístico---. por parte del lingüista es condición previa necesaria para alcanzar un conocimiento adecuado de
dichos fenómenos.7

1.2. FUNCIONALISMO
Desestimado el paradigma saussereano, el funcionalismo se impuso como única alternativa. Se afirmaba
que la arquitectura no comunicaba sino que simplemente “funciona” (o no funciona) 8.

Para los estudiosos de la arquitectura el término “función” resultaba ambiguo. Desde un punto de vista
lingüístico la “función” es una categoría formal del lenguaje, esta acepción no resultaba clara y fue objeto
de intensos debates. La cuestión residía, concretamente, en decidir si la “función” es forma o es sustancia.
Desde la consideración de “función” como forma, es decir, susceptible de un estudio semiótico, Barthes
expone inicialmente el concepto de función-signo:

Muchos sistemas semiológicos (objetos, gestos, imágenes), tienen una sustancia de la expresión cuyo ser
no está en la significación; ... Propondremos llamar a estos signos semiológicos de origen utilitario y fun -
cional, función-signo ... 9

El movimiento funcionalista le daba la máxima importancia a la función, hasta el punto que identificaba el
significado con la función.

J. Prieto (1926-1996) aborda la semiótica de la funcionalidad adentrándose en la comunicación estética.


Distingue entre artes literarias, artes arquitectónicas, y artes musicales. Las primeras son aquellas en las

5 Fernando Tudela (1975). Hacia una semiótica de la arquitectura. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de
Sevilla. 1ª ed.

6 Fernando Tudela. Op. Cit.


7 Arquitectura y teoría de los signos. Symposium de Castelldefels. 1973. Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y
Baleares.

8 Fernando Tudela. Op. Cit.


9 Barthes, Roland. Eléments de sémiologie. Comunicación serie B; A. Corazón editor, Madrid) 1970. (Edición original
francesa: 1964). Pág. 48.

1
Miguel Pedro Hernández Díaz

que la operación de base es comunicativa por sí misma (denotativa). Requieren el planteamiento previo de
la pregunta: ¿qué es lo que quiere decir? En cambio, las artes arquitectónicas se basan en una operación
no comunicativa; incluyen no sólo la arquitectura, sino también todo el campo del diseño. La pregunta ini-
cial deberá ser aquí: ¿para qué sirve? El tercer grupo, el de las artes musicales, es el más problemático; in-
cluye no sólo la música, sino también las artes no figurativas. Las dificultades de su estudio provienen de
que no se ve claramente cuál es la operación de base. Prieto sólo puede aquí apuntar alguna hipótesis,
como la de que esta operación puede ser una comunicación que se refiera a la realidad subjetiva. 10
Para Prieto la diferencia entre una operación artística y otra no artística radica en que en la primera el su-
jeto actuante elige el instrumento con el propósito deliberado de comunicar; es decir, que la diferencia re-
side exclusivamente en la intencionalidad.

Como vemos, las dificultades para establecer una analogía lingüística son variadas y obedecen a un esta-
dio de la semiótica de la arquitectura incipiente. Estas dificultades se centran mayoritariamente en el con-
cepto de significado.

Umberto Eco, dedica un capítulo completo de su libro La estructura ausente (1968) que denomina Función
y signo, a la estructura semiótica de la arquitectura. Eco se hace la pregunta:
¿Por qué la arquitectura desafía a la semiótica? Porque, en apariencia, los objetos arquitectónicos no co-
munican (o al menos no han sido concebidos para comunicar), sino que funcionan. 11
Según Eco se puede hablar del signo arquitectónico, pero concebido en términos funcionalista: “nuestra
impostación semiótica reconoce en el signo arquitectónico la presencia de un significante cuyo significado
es la función que éste hace posible”.12

Para Eco la comunicación existe porque el objeto arquitectónico lleva vinculado a la función, un significa -
do, que es el que predispone y permite el uso funcional. Por ejemplo, señala, de una “bóveda” se puede
no advertir su funcionalidad por el hábito de uso, pero conoces su eficacia comunicativa, como puede ser
la sensación de guarecerse, la espaciosidad, etc.13 Además, afirma que la arquitectura puede ser conside-
rada como un sistema de signos.
No obstante, es en la caracterización del signo donde surgen las dificultades, dificultades insuperables que
lo llevan a calificar este sistema como una “estructura ausente”: se refiere a la ausencia del referente (la
realidad física a que se refiere el símbolo):

…salvo que afirmemos que la puerta se refiere a sí misma, que denota la realidad puerta, o que se refiere a
la función que permite; en cuyo caso el triángulo sería imposible por la coincidencia entre referencia y refe-
rente.14

Es interesante la polémica iniciada por Umberto Eco y reflejada en otro texto posterior, La semántica del
signo arquitectónico, en cuanto a la línea teórica propuesta por de De Fusco, Scalvini, Cardarelli, etc., a los
que acusa de sostener una “falacia estética”. Su crítica se dirige en primer lugar contra la separación que
aquellos investigadores mantenían entre la arquitectura como sistema de significación estética y la cons -
trucción (edilizia).
Según Eco, esto representa la identificación de la arquitectura con su función poética, lo cual equivaldría a
estudiar la estructura de la lengua inglesa solamente sobre la base de los sonetos de Shakespeare, es de -

10 Citado por Fernando Tudela (1975). Hacia una semiótica de la arquitectura. Para el pensamiento de J. Prieto: M.
Krampen, "Dalla semiologia della comunicazione alla logica degli strumenti", publicado en Op. Cit. n. 0 28, Octubre 1973,
recoge el pensamiento de Prieto, lo sitúa en su contexto, le añade algunas referencias, pero no adopta ninguna actitud
crítica frente al mismo.

11 Eco, La estructura ausente. Op. Cit.


12 Eco, op. cít. Cap. "El signo arquitectónico"', epígrafe T. 3, pág. 334, trad. esp.
13 Eco, La estructura ausente. Op. Cit.
14 Op.cit.

2
Miguel Pedro Hernández Díaz

cir, a estudiar un código a partir de su uso estético (ambiguo y autorreflexivo, según Jakobson) 15. Se refiere
Eco a que la arquitectura es una unidad que no puede ser reducida únicamente a su función estética.

De Fusco, publica en 1973 Segni, Storia e Progetto dell'architettura, donde postula su propia teoría semió-
tica, de corte estructuralista. Como aportaciones más importantes es su teoría acerca del significado y sig-
nificante.
a) El significado de un signo arquitectónico es un espacio interno, pero considerado como una entidad se-
miológica, no siempre con una existencia física. Es decir, que el «espacio interno» puede ser virtual.
b) El significante de un signo arquitectónico es un espacio externo, que considera como significante. El sig-
nificante se materializa, mayoría de los casos, en el cerramiento que contiene al espacio interno que esta-
mos considerando.

Esta identificación de significante y significado con espacios arquitectónicos, externos e internos, no ha


prosperado. Esta identificación equivaldría, en opinión de Umberto Eco 16, a estudiar la lengua solamente
como medio de expresar relaciones sintácticas.

1.3. SEMIÓTICA ARQUITECTÓNICA BASADA EN C. MORRIS


No es extraño que ante estas dificultades estructuralistas y funcionalistas para encontrar un código arqui-
tectónico viable los estudiosos de la arquitectura buscaran otras alternativas sígnicas en la escuela semió -
tica que inició C.S. Pierce y desarrolló Charles Morris, estrechamente relacionada con la filosofía pragma-
tista americana y la psicología conductista, empirista.
Giovanni Klaus Koenig publicó con esta orientación: Elementi di analisi del linguaggio architettonico. El
propósito de la obra fue mostrar que la arquitectura es un lenguaje y el de tratar de analizar la actividad
arquitectónica bajo la perspectiva de la semiótica de Morris. La obra de arquitectura es un vehículo sígnico
que promueve conductas:

Koenig se refiere a la definición de «signo», según la cual «si una cosa “A” es un estímulo preparatorio, el
cual (a falta de objetos estimulantes que originen por su cuenta la serie de reacciones), en determinadas
condiciones, produce en un organismo una disposición para reaccionar con una serie de reacciones que im-
plican comportamientos de la misma especie, en tal caso “A” es un “signo”.

Y que además las promueve de forma imperativa: Si obligo a vivir a diez mil personas en un distrito pro-
yectado por mí, no hay duda que influirá sobre la conducta de diez mil personas por un periodo medio de
diez años.17
Es una teoría de corte funcionalista, que adapta también conceptos saussereanos. En esta teoría, l os de-
notata arquitectónicos no pueden ser sino los desarrollos de las funciones inherentes a la vida humana, es
decir, “nudos de relaciones humanas”. Por ejemplo, en una escuela, los denotata de este conjunto sígnico
son los niños que van a estudiar allí, y el significatum es el hecho de que los niños vayan a la escuela a
aprender.
Destacamos la postulación de una articulación del lenguaje arquitectónico (1968) paralela a la de Martinet
en el lenguaje hablado (morfema/fonema). Koenig distingue elementos de la primera articulación que de-
nomina coremas (del griego «kora», espacio): “el corema es una unidad espacial con significado elemen-
tal”.18

15 Fernando Tudela (1975). Hacia una semiótica de la arquitectura. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de
Sevilla. 1ª ed.

16 Eco, Umberto. La semántica del signo arquitectónico.


17 Eco, La estructura ausente. Op. Cit.
18 Fernando Tudela. Hacia una semiótica de la arquitectura. Op. Cit.

3
Miguel Pedro Hernández Díaz

1.4. SYMPOSIUM DE CASTELLDEFELS: ARQUITECTURA, HISTORIA Y TEORÍA DE LOS SIGNOS


En el año 1972 se celebró del 14 al 18 de marzo, un Symposium en Castelledefels (Barcelona) cuya
preocupación fundamental fue establecer un intercambio de ideas alrededor de la “Arquitectura, historia y
teoría de los signos”. Las conclusiones del symposium vinieron a reflejar la misma visión general que
hemos señalado anteriormente respecto a la posibilidad de un estudio semiótico de la arquitectura: los
puntos de vista estaban demasiado divididos. Lo dicho en aquel simposio fue recogido y publicado. 19

Es interesante este simposio porque congregó a diferentes personalidades internacionales del mundo de la
arquitectura y de la semiótica alrededor de la siguiente cuestión:

¿De qué modo puede aplicarse la teoría y la historia de los signos al diseño arquitectónico?

Allí se expusieron distintos pareceres encontrados que son en definitiva una prueba de la confusión e
ideas contradictorias que generaba la semiótica en aquellos momentos.
Por ejemplo, en cuanto a lo expuesto ya anteriormente por Umberto Eco acerca de la ausencia del referen-
te del signo arquitectónico, de lo que se deduciría que las formas arquitectónicas se designarían a sí mis-
mas, Cirici rechaza dicha cuestión, en la medida que un signo sin referente no podría considerarse un sig-
no:

Por otra parte creo que hay que rechazar la opinión según la cual en arquitectura las formas se designan a
sí mismas. Si la arquitectura fuera signo de sí misma ya no sería signo; porque para ser signo, es necesario
designar otra cosa. También hay que rechazar la opinión de los que dicen que designa las funciones; este
en todo caso, solamente sería el significado segundo o sintáctico. Es necesario rechazar finalmente; la opi-
nión de los que dicen que designa el espacio, pues que el espacio está precisamente incluido en la defini -
ción de arquitectura; ya que el espacio es la arquitectura misma, no podemos decir que la arquitectura de-
signa al espacio, porque se designaría a sí misma.20

Otro participante, Martin Krampen, psicólogo (Alemania), en cambio, se mostró más escéptico en el uso
de las analogías lingüísticas y su aplicación en la arquitectura:

Ha parecido como si las herramientas lingüísticas pudieran usarse con solo trazar analogías simples del
tipo de : Así como hay unidades carentes de significado en el lenguaje, de igual manera se da algo similar
en arquitectura -por ejemplo, un ladrillo-; si se colocan juntas esas unidades carentes de significado
podemos obtener (como ocurre en el caso del lenguaje) algo lleno de significado –por ejemplo una
columna-; si se combinan esos componentes arquitectónicos morfemáticos en algo semejante a una frase,
es posible obtener la fachada de una casa o una casa entera; un párrafo podría ser equiparado a todo un
distrito urbano; y finalmente, una novela entera sería el equivalente a una ciudad. Esta es, creo, la falacia
de la analogía lingüística. Y por desgracia ha ejercido una especie de imperialismo sobre la discusión del
significado en arquitectura.21

María Luisa Scalvini, arquitecto (Italia):

Refiriéndome en particular a la analogía lingüística, la transposición de la doble articulación de Martinet al


campo de la arquitectura, constituye, en mi opinión, un enfoque equivocado. En esto yo creo que estaría
de acuerdo con Grillo Dorfles (1969) cuando dice que las unidades que componen la estructura del
significado de un edificio solo pueden ser identificadas durante y después del análisis de ese edificio en
particular.

Charles Jencks, arquitecto (Reino Unido):

19 Arquitectura y teoría de los signos. Symposium de Castelldefels. 1973. Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y
Baleares.

20 Op. Cit.
21 Op. Cit.

4
Miguel Pedro Hernández Díaz

Pero puedo pedir que se considere una pregunta paralela: ¿Qué es el significado en música? o ¿qué es el
significado en pintura? o ¿qué es el significado en cualquier sistema de signos? Porque me parece obvio
que hemos de considerar el significado en arquitectura poniéndolo en relación con el de otros sistemas de
signos.

En primer lugar, comparándolo con el significado del lenguaje, me parece que tienen muy poco en común.
El hecho de que esté hablando con palabras y no con edificios es significativo a este respecto. Obviamente,
si tengo un pensamiento complejo que comunicar voy a diseñar un edificio para ello; por otra parte si lo
que deseo es transmitir un significado arquitectónico, levantaré un edificio y no hablaré sobre él.

Hay significados –arquitectónicos- que solamente pueden ser transmitidos por la arquitectura, del mismo
modo que hay significados –musicales- que solo pueden ser transmitidos por la música.

Peter Eisenman, arquitecto (EEUU):

Quisiera decir que no existe una teoría de los signos propia del campo de la arquitectura; en realidad, la
arquitectura no funciona como un sistema convenido de signos.

Oriol Bohigas, arquitecto (España):

Creo que el uso en arquitectura de los esquemas lingüísticos de procedencia más o menos saussureana no
ha dado ningún resultado. La estructuración del signo en significante y significado no encuentra una
correspondencia adecuada en el campo de la arquitectura. El concepto de signo que proviene de la
semiótica de Morris en cambio, me parece bastante más útil para todos nosotros. Entender el signo como
un estímulo que provoca determinadas conductas en el espectador o en el usuario sitúa el problema
dentro de los términos reales que a nosotros, los diseñadores, nos preocupan. El problema, entonces, sería
el de entender el sistema que liga el conjunto de estímulos y el correspondiente conjunto de respuestas.

Alan Colquhoun, arquitecto (Reino Unido):

Llegamos con esto a la raíz del problema que tienen planteado la semiología y la arquitectura moderna. Si
un lenguaje, de cualquier clase, no es más que la disposición de unas estructuras mínimas, esas
estructuras deben estar ya llenas de determinadas significaciones, como lo están en el lenguaje. He aquí la
condición necesaria de la comunicación social.

Pero en los sistemas no lingüísticos, o, como yo los llamo, sistemas de segundo orden, ha de presuponerse
un conjunto de sintagmas complejos, y no simplemente una estructura mínima que proporciona grandes
posibilidades combinatorias. La provisión de un juego de piezas únicamente permitirá, en sí misma, una
combinación mecánica y solo dará significaciones momentáneas que degenerarán rápidamente. Ese grado
cero de arquitectura que implica el modelo semiológico regresivo sólo puede ser auténticamente creativo y
socialmente significativo si se logra mediante una reevaluación continua de la tradición de signos
complejos existente en un momento dado. Por eso, en mi opinión, la semiología tiene unos límites
naturales en cuanto herramienta operativa.

Otras de las cuestiones que se abordaron en este simposio fue la relación de la arquitectura con la
gramática generativa de Chomsky.

El Simposio de Castelldefels se nutrió del influjo en la arquitectura académica de las dos corrientes en
semiótica, la de Peirce y Morris, por un lado, y la de Saussure y Barthes, por el otro. Fue una convocatoria
que surgió entre signos muy claros del interés que despertaba la semiótica lingüística en la arquitectura,
particularmente en la década de los setenta, convirtiéndose el texto publicado que recogía las opiniones
de los participantes, en un interesante estado de la cuestión, como señalaría Xavier Laborda Gil en su
artículo Esplendor Social de la Lingüística y el Simposio de Arquitectura de 1972 en Castelldefells publicado
en 1973 por el Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares.

Este simposio tuvo un hecho paradójico: la ausencia de lingüistas entre los participantes. Considerando
que el encuentro trataba de signos lingüísticos hubiera sido interesante su asistencia. Según Laborda, esta
ausencia puede ser una razón del olvido de este congreso en la historiografía.

El debate acerca de la posibilidad de un estudio lingüístico de la arquitectura se mantiene básicamente en

5
Miguel Pedro Hernández Díaz

los mismos términos en la actualidad.

2. BIBLIOGRAFÍA

Acién Almansa, M., 2001: «La formación del tejido urbano en al-Andalus», La ciudad medieval: de la casa al
tejido urbano (J. Passini, coord.), Cuenca, 11-32.

Arquitectura y teoría de los signos. Symposium de Castelldefels. 1973. Colegio Oficial de Arquitectos de
Cataluña y Baleares.

Bunge, Mario. Lingüística y filosofía. 1983. Editorial Ariel, S. A. Barcelona.

Bonta, Juan Pablo. Sistemas de significación en la arquitectura. 1977. Editorial Gustavo Gili. Barcelona.

Boysson-Bardies, Bénédicte de. 2007. ¿Qué es el lenguaje? Fondo de Cultura Económico. México.

Caballero Galván, Javier. 2016. Los criterios de diseño arquitectónico de la vivienda moderna desde la
perspectiva de género. Instituto Tecnológico de la Construcción, Universidad del Valle de México.
www.sciencedirect.com Debate Feminista 51 (2016) 36–49.

Cevedio, Mónica. 2003. Arquitectura y género. Espacio público y privado. Icaria Editorial S.A. Barcelona.

Conrad, Ulrich. Programas y manifiestos de la arquitectura del siglo XX. (Ed. original 1964).Ed. española. 1973.
Editorial Lumen. Barcelona.

Coseriu. E. La creación metafórica en el lenguaje. 1956. Universidad de la República. Facultad de humanidades


y ciencias - Departamento de Lingüística. Montevideo.

Coseriu, E. Introducción a la lingüística. (1ª ed. 1951). 1983. Edición mejicana.


www.artnovela.com.ar

Cuenca, María Josep. Hilferty, Joseph. Introducción a la lingüística cognitiva. 1999 y 2007. Ed. Ariel.
Barcelona.

Deaño. Filosofía, Lenguaje y Comunicación. 1971. Convivium. Revista de Filosofía. Nº 34.Universitat de


Barcelona.

DERRIDA, J., De la gramatología, Siglo XXI, México, 1998, pp. 7-10. Edición digital de Derrida en castellano.

Eco, Umberto. 1968. La estructura ausente. 1984. Editorial Lumen.

Eco, Umberto. Tratado de semiótica general. 1975. Editorial Lumen, 2000, Barcelona (1ªed. 1976).

Eco, Umberto. Signo. Editorial Labor, Barcelona, 1988. Segunda edición, Colombia, 1994.

Eco, Umberto. Tratado de semiótica general. 5ª ed. 2000. Ed. Lumen. Barcelona.

Fabbri, Paolo. El giro semiótico.1998. Editorial Gedisa, Barcelona. 2000.

Fusco, Renato de. Historia de la arquitectura contemporánea. (1ªed. 1975). 1992. Celeste Ediciones. Madrid.

Herder, Johann Gottfried. Ensayo sobre el origen del lenguaje. Obra selecta, Alfaguara, Madrid 1982, pp. 131-
232.

6
Miguel Pedro Hernández Díaz

Hillier, Bill. Space is the machine. Electronic Edition 2007. London.

Jakobson, Roman. Ensayos de lingüistica general. Editorial Seix Barral. Barcelona. Pág. 347-395.

Lewkowicz. Ignacio. Arquitectura, plus de sentido (con P. Sztulwark, 2003).

Magariños de Morentin, Juan A. El signo. 1ª ed. 1983. Librería Hachette. Buenos Aires.

Manes, Facundo. Usar el cerebro. 2014, 4a ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires – Planeta.

Martí Sánchez, Manuel. Los fines del hablar (reflexiones acerca de las funciones del lenguaje, las lenguas y el
uso lingüístico). Universidad de Alcalá. Publicado en LynX Documentos de Trabajo, 29, 2000, Valencia.

Martínez del Castillo, Jesús G. La Teoría del Hablar, una teoría del conocimiento. Odisea, nº 3, 2003, ISSN
1578-3820, págs. 131-154.

Mukarovsky / Jarmila Jandová y Emil Volek. Signo, función y valor : estética y semiótica del arte.
Universidad Nacional de Colombia; Plaza & Janes Editores Colombia S. A., 2000

Nicol, Eduardo. La primera teoría de la praxis. 1ª ed. 1978, Universidad Nacional Autónoma de México Ciudad
Universitaria, México 20, D, F.

Novas, María. Arquitectura y Género. Una reflexión teórica. Trabajo fin de Máster Universitario en
Investigación Aplicada en Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía. Dirigido por: Rosalía Torrent Esclapes.
Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Facultad de Ciencias Humanas y Sociales Universitat
Jaume I – 2014

Penas Ibáñez, Mª Azucena. Coseriu y los distintos planos de la actividad del hablar y del saber lingüístico en
relación con el contenido y las categorías lógicas del juicio. CAUCE, Revista Internacional de Filología y su
Didáctica, n" 28, 2005/págs 279-306.

Pinker, Steven. El instinto del lenguaje. 1995. Alianza Editorial. Madrid.

Pinker, Steven. El mundo de las palabras. 2007. Ediciones Paidós Ibérica.

Rodríguez, J. M.; Rossi, C.; Salgarelli, S.; Zimbone, G.: Arquitectura como semiótica, 1971. Buenos Aires,
Nueva Visión.

Sapir, Edward. El lenguaje. (1ª ed. 1921). 1992, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, S.A. DE C. V. México,
D. F.

Saussure. Curso de Lingüística General. 24ª ed. Editorial Losada. Buenos Aires.

Sánchez Vázquez, Adolfo. Filosofía de la praxis. (1967). 1ªed, 2003. Siglo xxi editores.

Scharpf Staab, J.. 2010. Expresión del tiempo en el lenguaje: temporalidad lingüística en español y alemán.
Estudio contrastivo. Tesis. Universidad de Sevilla.

Steiner, G. Lenguaje y silencio, Gedisa, Barcelona, 1982, pág.15.

Tudela, Fernando. Hacia una semiótica de la arquitectura. 1975. Secretariado de Publicaciones de la


Universidad de Sevilla. 1ª ed.

Voloshinov, Valentín N. El signo ideológico y la filosofía del lenguaje. 1976. Ediciones Nueva Visión. Buenos
Aires.

7
Miguel Pedro Hernández Díaz

ARTÍCULOS.

Aldana, Maximino, Redes Complejas: Estructura, Dinámica y Evolución. 2011. ICF-UNAM.

Bubnova, Tatiana. Voz, sentido y diálogo en Bajtín. Dialnet. Acta Poética, ISSN-e 0185-3082, Vol. 27, Nº. 1,
2006, págs. 97-114.

Galván, Javier. Los criterios de diseño arquitectónico de la vivienda moderna desde la perspectiva de género.
Instituto Tecnológico de la Construcción, Universidad del Valle de México, Ciudad de México, México. Debate
Feminista 51 (2016) 36–49 www.debatefeminista.pueg.unam.mx.

CABRÉ, M. Teresa; LORENTE, Mercè (2003) Panorama de los paradigmas en lingüística. Enciclopedia
Iberoamericana de Filosofía. Vol. Ciencias exactas, naturales y sociales, coordinador por A. ESTANY. Madrid:
Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2004.

Cevedio, M. (2011). Arquitectura y género. II Jornadas del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en


Género, 28, 29 y 30 de septiembre de 2011, La Plata, Argentina.
http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.4913/ev.4913.pdf

Cordella, Patricia. ¿Qué es semiosis? Rev GPU 2014; 10; 4: 390-394.

Cruz Cruz, Juan. Ortega ante el lenguaje. REV-AF. 1975, vol. 8 DA-FYK-Filosofía.
http://hdl.handle.net/10171/1895

González-Cosío, L. Semiótica de la arquitectura. Función y signo. 1991. En Renglones, revista del ITESO,
núm.19. Tlaquepaque, Jalisco: ITESO. http://hdl.handle.net/11117/1755

Guerri, Claudio F. Lenguaje, diseño y arquitectura. Cuadernos Nº 17, FHYCS. 2001. FADU-UBA.

Gutiérrez Lloret, Sonia. Gramática de la casa. Perspectivas de análisis arqueológico de los espacios domésticos
medievales en la península Ibérica (siglos VII-XIII). ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 9, enero-
diciembre 2012 Madrid/Vitoria. ISSN: 1695-2731. eISSN 1989-5313. doi 10.3989/arqarqt.2012.11602

Heidegger, Martin. Construir, habitar, pensar. 1951.


http://www.geoacademia.cl/docente/mats/construir-habitar-pensar.pdf

Iglesia Santamaría, Miguel Ángel de la. (ETS Arquitectura. Universidad de Valladolid). Arquitectura clásica y
lenguaje. 2014 – PYRENAE, núm. 45 vol. 1 (2014) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 7-27). DOI:
10.1344/ Pyrenae2014.vol45num1.1

Laborda Gil, Xavier. Esplendor social de la lingüística y el simposio de Arquitectura de 1972 en Castelldefels.
Universidad de Barcelona. Círculo de lingüística aplicada a la comunicación. 39/2009.

Lara Escobedo, María Isabel; Rubio Toledo, Miguel Ángel; Higuera Zimbrón, Alejandro SEMIOTICA Y LA
ARQUITECTURA. Lo que al usuario significa... Quivera, vol. 13, núm. 1, enero-junio, 2011, pp. 139-155.
Universidad Autónoma del Estado de México.

LLAMAS UBIETO, Miriam. Interacción cultural y dialogismo. Universidad Complutense de Madrid. Revista
de Filología Alemana 2010, vol. 18 11-37.

Loureda Lamas, Reinhard Meisterfeld. Eugenio Coseriu y su legado científico. Dialnet. Estudis
romànics, ISSN 0211-8572, Nº. 29, 2007, págs. 269-277

Manzanares Pascual, A. «Lenguaje y Praxis», página de docencia e investigación del profesor Antonio
Manzanares. www.praxis-y-lenguaje.es

Manzanares Pascual, Antonio. 2004. Diálogo y Lenguaje. Notas de aclaración y fundamentación. Universidad

8
Miguel Pedro Hernández Díaz

de Las Palmas de G.C. Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid.
Martí Sánchez, Manuel. Los fines del hablar (reflexiones acerca de las funciones del lenguaje, las lenguas y el
uso lingüístico). 2000. LynX Documentos de Trabajo, 29, 2000, Valencia

Martínez del Castillo, Jesús G. Universidad de Almería. La teoría del hablar, una teoría del conocimiento.
Odisea, no 3, 2003, ISSN 1578-3820, pags. 131-154.

Paniagua Arís, Enrique. la arquitectura y su significación. Universidad de Murcia. UNED. Revista Signa 22
(2013), págs. 521-548.

PENAS IBÁÑEZ, Mª Azucena. Coseriu y los distintos planos de la ... CAUCE, Revista Internacional de
Filología y su Didáctica, n" 28, 2005/págs 279-306, Recibido: Nov. 2001.

Raynaud, Dominique. Arquitectura, esquema, significado. Problemas de semántica en la arquitectura. Varia


Historia, 2008, 24 (40), pp.483-496.

Sáez Rueda, Luis. El conflicto entre continentales y analíticos, Barcelona Crítica. 2002. Cap. 5. Praxis
lingüística y crisis de la razón (pp. 271-340).

Soto, Guillermo. Perspectivas para la lingüística: más allá de la dicotomía formalismo/funcionalismo. Revista
Chilena de Humanidades, Nº 21. 2001, 115-154. Facultad de Filosofía y Humanidades Universidad de Chile.

También podría gustarte