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«El signo lingüístico

La teoría del signo lingüístico, recogida en la mayoría de los trabajos sobre lingüística,


tiene su origen en el Curso de lingüística general de F. de Saussure, aunque el
término signo haya sido empleado con anterioridad en un sentido semejante y algunos
de sus aspectos hayan sido discutidos posteriormente.

Saussure, frente a las viejas ideas de la Biblia y Platón, parte de la base de que el signo
lingüístico no une una cosa y un nombre, sino “un concepto y una imagen acústica”
(128).

La imagen acústica no es el sonido externo, físico o material, del signo lingüístico, sino
la representación interna de éste en la mente en cuanto hecho virtual de lengua, fuera de
toda realización concreta en el habla: “La imagen acústica no es el sonido material, cosa
puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da el
testimonio de nuestros sentidos; esa imagen es sensorial, y, si llegamos a llamarla
‘material’, es solamente en este sentido y por oposición al otro término de la asociación,
el concepto, generalmente más abstracto” (ibíd.).

El carácter psíquico de las imágenes acústicas lo podemos comprobar por nosotros


mismos al pensar o decirnos algo para nuestros adentros: “El carácter psíquico de
nuestras imágenes acústicas aparece claramente cuando observamos nuestra lengua
materna. Sin mover los labios ni la lengua, podemos hablarnos a nosotros mismos o
recitarnos mentalmente un poema” (ibíd.).

Así, pues, el signo lingüístico es una entidad psíquica de dos caras, concepto e imagen
acústica, elementos que se encuentran íntimamente unidos y se reclaman
recíprocamente: “Llamamos signo a la combinación del concepto y de la imagen
acústica” (129).

El mismo Saussure hace notar a continuación que en el uso corriente el


vocablo signo designa por regla general la imagen acústica sola, olvidándose “que, si
llamamos signo a arbor, no es más que gracias a que conlleva el concepto ‘árbol’m de
tal manera que la idea de la parte sensorial implica la del conjunto” (ibíd.)

Por ello, para evitar la ambigüedad, el autor propone conservar la palabra signo como


denominación del conjunto y sustituir concepto e imagen
acústica por significado y significante, respectivamente: “La ambigüedad desaparecería
si designáramos las tres nociones aquí presentes por medio de nombres que se
relacionen recíprocamente al mismo tiempo que se opongan. Y proponemos conservar
la palabra signo para designar el conjunto, y reemplazar concepto e imagen
acústica respectivamente con significado y significante, estos dos últimos términos
tienen la ventaja de señalar la oposición que los separa, sean entre ellos dos, sea del total
del que forman parte” (ibíd.).»

[Hernando Cuadrado, Luis Alberto: Introducción a la teoría y estructura del lenguaje.


Madrid: Editorial Verbum, 1995, p. 25-26]

La arbitrariedad es la primera característica que señala Saussure en el signo lingüístico.

La segunda propiedad del signo lingüístico es, según Saussure, su linearidad.

El tercer rasgo del signo lingüístico es su carácter discreto, donde discreto es sinónimo


de discontinuo.

El signo lingüístico, sincrónicamente, es inmutable.

El factor tiempo, que asegura la continuidad de la lengua, produce también otro efecto,
el de alterar, a corto o largo plazo, los signos lingüísticos.

„A Ferdinand de Saussure le debemos la mayor de las renovaciones que la teoría del


signo haya sufrido en la historia desde los griegos. Los perfiles de esta unidad quedan
configurados desde la Introducción, del Curso. Observa que, para explicar la
comunicación, ha de existir un momento y lugar del circuito en el que coincidan los
representantes de los dos universos (lo que hemos
denominado representante y representado). Tal hecho acontece en la mente de los
usuarios. De ahí que en su esquema de la comunicación el signo aparezca ya como la
asociación de dos elementos psíquicos: concepto e imagen acústica (Saussure, 1972:
28):

El maestro ginebrino conoce perfectamente la existencia de los elementos


materiales significante y significado, pero, por la razón apuntada, opta por considerarlos
externos al propio proceso significativo: «El signo lingüístico une, no a un nombre y
una cosa, sino un concepto y una imagen acústica. Esta última no es un sonido material,
cosa puramente física, sino la huella psicológica de este sonido» (id.: 98). Tales
componentes serán designados con los términos significante y significado.

Las aportaciones de Saussure a la teoría del signo han sido transcendentales:

1.   Descubre la existencia de un cuarto elemento del que ninguna de las teorías clásicas
había hablado: la imagen acústica.

2.   En contra de toda la tradición, destaca la importancia de la dimensión no material de


los componentes y margina al nombre y a la cosa, definiendo el signo
exclusivamente como la asociación de un concepto y una imagen acústica.

3.   Destaca la relación solidaria que une a los dos componentes del signo: «Estos dos
elementos están íntimamente unidos y se reclaman el uno al otro» (Saussure, 1972:
99).

4.   Aunque el significado por convención no es novedad dentro del panorama de la


Lingüística, Saussure eleva la arbitrariedad a categoría de principio.

5.   Incardina al signo dentro de una concepción estructuralista y sistemática de la


lengua. Ello le conduce a distinguir dos dimensiones perpendiculares y
«paradójicas»:

a)   La significación, relación entre significado y significante (existente en todo


signo, pertenezca o no a un sistema) (Saussure, 1972: 158):
b)  El valor, resultado de las relaciones que el signo mantiene dentro del sistema al
que pertenece. Son las unidades con las que este signo coexiste, y a las que se
opone, las que delimitan sus posibilidades de uso, su extensión (Id.: 159):

«En el interior de una misma lengua todas las palabras que expresan ideas vecinas se
limitan recíprocamente; sinónimos como redouter, craindre, avoir peur no tienen
valor propio más que por su oposición; si no existiese redouter, todo so contenido
iría a sus concurrentes» (Id.: 160). Es precisamente la idea de valor la que permite al
maestro ginebrino superar la nefasta concepción de la lengua como
una nomenclatura, «una lista de términos que se corresponden con otras tantas
cosas» (Id.: 97). «Si las palabras – nos dice en otro lugar – estuviesen encargadas de
representar conceptos dados de antemano, cada una tendría, de una lengua a otra,
correlatos exactos para el sentido» (Id.: 161).”

[Gutiérrez Ordóñez, Salvador: Introducción a la semántica funcional. Madrid:


Síntesis, 1989, pp. 29-31]

„El análisis lógico se había mostrado capaz de descomponer el pensamiento sin que por
ello perdiere su unidad. Por ello, y en tanto la lógica era considerada como universal,
habría principios universales que todas las lenguas debían acatar. No está demás
recordar que el efecto práctico de una tal concepción fue el intento de construcción de
una gramática que expresara adecuadamente al pensamiento lógico.

Puede inferirse de esto que estamos comentando que en la época clásica todo el interés
estaba puesto en el cómo se representa, cómo se encadenan las representaciones, cómo
se articulan. Esta concepción del signo, en la cual las palabras representan a las cosas, es
una organización binaria, pues queda establecida una relación entre el representante y lo
representado.

Con el nacimiento de la lingüística en sentido moderno, hecho que tiene lugar en la obra
de Ferdinand de Saussure, la relación sufre un traslado, encontrándonos con una caída
del referente, quedando entonces separado el orden de las cosas del campo de la
lingüística, habiéndose trasladado el problema al interior del signo. Todo se jugará en la
relación entre significante y significado. Saussure no solamente rompe con la gramática
de la época clásica, que consideraba a la lengua como representación del pensamiento,
sino que asimismo rompo con sus predecesores inmediato, los historicistas y
comparativistas, quienes sostenían en el origen de las lenguas una actividad del espíritu
que las fue modelando a fin de representarse a sí mismo. Para Saussure la lengua no es
ni representación del espíritu ni representación del pensamiento. Pero sin embargo el
problema de la representación del lenguaje subsiste, pues el signo, cualquiera sea la
concepción del mismo, siempre representa algo para alguien. Aún cuando le lenguaje no
tenga función de representar, sino sólo de comunicar, que es lo que Saussure sostiene,
persiste el problema de la representación.“

[Alemán, J. / Larriera, S.: „Encuentro de Manuela Malasaña“. En: Serie Psicoanalítica.


Boletín de psicoanálisis. 2/3, 1983, p. 86]

«Significante

Dentro de la teoría del signo lingüístico de F. de Saussure, el significante es el


componente del signo lingüístico que designa la imagen verbal, acústica o gráfica.

Significado

Dentro de la teoría del signo lingüístico de F. de Saussure, el significado es el


componente del signo lingüístico que designa el concepto o la idea.

Signo lingüístico

Combinación indisoluble de un significado y un significante en la lengua.»

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos,


2006, p. 96]


«El signo lingüístico

En el Curso de F. de Saussure se halla, primero una descripción de la naturaleza del


signo lingüístico como unión de significante y significado, y segundo una exposición de
sus propiedades. Más tarde, el autor expone cómo el sistema de signos que es la lengua
constituye un sistema de valores en que se expresan y organizan los conceptos de la
mente. Con lo cual parece quedar modificado el concepto de signo antes establecido, ya
que el signo se daría como tal antes de existir el concepto definido. [...]

“Lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un nombre, sino un concepto y una
imagen acústica” (p. 128).

Es importante saber qué se entiende aquí por imagen acústica o imagen verbal;


Saussure insiste mucho en ello. La imagen acústica no es el sonido externo, físico o
material, de la palabra, sino la representación interna de ésta en la imaginación o en la
mente; es, por tanto, la forma verbal concebida, o como dice Saussure “la huella
psíquica” del sonido material. La imagen acústica es la representación natural de la
palabra, en cuando hecho de lengua virtual, fuera de toda realización por el habla. [...]

“El signo lingüístico es, pues, una entidad psíquica de dos caras”: concepto e imagen
acústica; es “la combinación del concepto y de la imagen acústica”. Estos dos elementos
están íntimamente unidos y se reclaman recíprocamente (cfr. p. 129).

Saussure se da cuenta, no obstante, de que en esta definición el término signo tiene un


sentido que no es el usual; por esto hace notar que, empleado según el uso corriente, el
signo lingüístico se referiría a la imagen acústica sola. Pero replica: “Se olvida que si
llamamos signo a arbor no es más que gracias a que conlleva el concepto de “árbol”, de
tal manera que la idea de la parte sensorial implica la del conjunto” (p. 129). Por esto
propone conservar la palabra signo para designar el conjunto, en tanto que las partes,
que son el concepto y la imagen acústica, pueden ser sustituidas por las
expresiones significado y significante respectivamente. Mas no parece quedar Saussure
muy satisfecho con este arreglo, pues termina diciendo:

En cuando al término signo, si nos contentamos con él es porque no sugiriéndonos la


lengua usual cualquier otro, no sabemos con qué reemplazarlo (pp. 129-130).

Más adelante dice que son “dos elementos que entran en juego en el funcionamiento de
la lengua: las ideas y los sonidos. Pero de estos dos elementos parecen ser los sonidos
los que desempeñan la función preponderante, pues, “hecha abstracción de su expresión
por medio de palabras, nuestro pensamiento no es más que una masa amorfa e
indistinta” que sólo se esclarece gracias a las palabras. “El pensamiento es como una
nebulosa donde nada está necesariamente delimitado. No hay ideas preestablecidas, y
nada es distinto antes de la aparición de la lengua”. “Sin la ayuda de los signos,
seríamos incapaces de distinguir dos ideas de manera clara y constante” (p. 191).

La conclusión inmediata que se desprende de estas frases es que, sin las palabras, es
decir, sin los signos lingüísticos, no hay pensamiento formado. Pero esto hace
presuponer la palabra, el signo, al concepto. Lo cual parece destruir la definición del
signo lingüístico antes establecida en el sentido de fusión de un concepto y una imagen
acústica, es decir, elementos singulares preexistentes o previos. Ahora parece decirse
más bien que son las delimitaciones de la lengua –palabras o signos– las que crean, dan
realidad significativa al pensamiento, organizándolo. [...]

Por fin aparece una frase lograda que rehabilita la definición inicial de signo lingüístico:
“La lingüística trabaja en el terreno limítrofe donde los elementos de dos órdenes se
combinan; esta combinación produce una forma, no una sustancia” (p. 193).
Evidentemente esta forma es la lengua o sistema de signos; es decir que la lengua es la
combinación de un sistema de significantes con una constelación de significados.

Estas serían las ideas claves de Saussure sobre el signo lingüístico. El fallo fundamental
de su teoría del signo lingüístico está en haber incluido en el concepto de signo la
noción de significante y significado como unidad de dos caras. Con lo cual parece haber
desconocido la verdadera y usual noción de signo. [...]

Al decir Saussure que el signo lingüístico une una imagen acústica y un concepto (un
significante y un significado), además de hacer de la representación imaginativa
(imagen verbal) y el concepto una unidad imposible –ya que ambas cosas pertenecen a
niveles abstractivos distintos–, se salta el ser de la relación en que consiste el signo y
que es suficiente para establecer el nexo entre el significante y el significado. La imagen
verbal arbor significa el concepto de "árbol", no porque conlleve tal concepto, cosa
imposible, ni porque "la idea de la parte sensorial implique la del conjunto", cosa
todavía más imposible, sino porque la imagen verbal arbor está mentalmente
relacionada o asociada con el concepto "árbol" en virtud de su significado, de la
relación significativa.

Sería curioso investigar qué pudo haber inducido a Saussure a formular en tales
términos el concepto de signo lingüístico. Ya hemos visto cómo sus ideas en este punto
son vacilantes. En una ocasión llega incluso a formular el concepto de signo en el
sentido de relación, bien que dentro de un texto confuso; dice: "El signo es la relación
que une los dos elementos concepto e imagen auditiva" (p. 195). Nótese que no dice que
el signo sea la unión de los dos elementos, sino la relación que los une.

De todo lo hasta aquí dicho se deduce que el concepto de signo no implica ni puede
implicar más realidad que la de establecer una relación entre dos cosas distintas que
desempeñan respectivamente las funciones de representante y representado, o de
significante y significado. Dicha relación –que psicológicamente es una asociación– es
formalmente la significación. Por esto, y por nada más, es signo el signo. La relación
significativa puede tener por objeto tanto conceptos como cosas. Es, por tanto,
imposible la inclusión del significado dentro del signo. Lo mismo vale respecto del
signo lingüístico. La nube, signo de la lluvia, no es nube + lluvia; la imagen mesa,
significativa del concepto "mesa", no es mesa imagen + mesa concepto; sino
que mesa significa (stat pro) "mesa". No sólo la cosa física queda fuera del signo, sino
también el concepto de la cosa. Ahora bien: el signo se relaciona tanto con el concepto
como con la cosa.

Karl Bühler resume en las siguientes ideas la noción de signo que acabamos de exponer:
“Siempre que tiene lugar una sustitución hay, como en toda relación, dos fundamentos,
uno algo y otro algo que la consideración tiene que distinguir. Sin un concreto
funciona hic et nunc como representante, siempre puede plantearse la cuestión de en
virtud de qué propiedades recibió la representación, la asumió y la realiza. Por tanto,
siempre tiene que ser posible una determinación doble de ese concreto, una de las cuales
prescinde de la función de representación que tiene el que representa, para definirlo
como lo que es o sería por sí mismo. La segunda interpretación, en cambio, busca y
encuentra en él aquellas propiedades a las que está ligada la representación. En el caso
del ser signo nunca son más que momentos abstractos, en virtud de los cuales y con los
cuales el concreto actúa “como” signo. He denominado este hecho fundamental de la
teoría de la lengua el principio de la relevancia abstractiva.”

Bühler recuerda cómo los escolásticos definieron el signo con aquella célebre
fórmula aliquid stat pro aliquo, y continúa: “El stare pro pertenece, en todos los
ejemplos de la vida conocidos, a las relaciones no mutuas. El legado es un representante
de su Estado, pero no al revés. Esto es válido también para los signos, y se puede decir
que el sustituto (id quod stat pro aliquo) pertenece siempre a la esfera de lo perceptible“
(Sprachtheorie, Stuttgart, 1965, págs. 40-41).»

[Collado, Jesús-Antonio: Fundamentos de lingüística general. Madrid: Gredos, 1974, p.


76-86]


«Las ideas de Saussure sobre el signo lingüístico

Las ideas de Saussure sobre el signo lingüístico se fundan en una concepción


psicológica que podemos considerar anticuada. Nociones como concepto,
representación mental, especie impresa, etc., no tienen buena cabida en un amplio sector
de la moderna psicología. Los filósofos de orientación metafísica y lógica siguen
aceptando el mundo conceptual o mundo de las ideas como un ámbito superior
independiente dentro de la estructura de la persona. Pero la tendencia dominante entre
lingüistas y psicólogos es que los conceptos están supeditados a las relaciones
establecidas por la lengua y a los niveles culturales condensados en ella. Desde este
punto de vista, el signo lingüístico puede incluso prescindir del componente conceptual;
los significados, más bien que seguir la línea ascendente de los conceptos, siguen la
dirección horizontal de las relaciones interlingüísticas. Las palabras, se dice, no tienen
significados; tienen empleos. El significado, tal como se nos comunica a través del
lenguaje, depende de las relaciones entre las distintas partes de los enunciados, y estas
relaciones las determina la estructura del sistema de la lengua. El sentido de cada
palabra en cada caso lo define el conjunto de sus relaciones, más bien que el concepto
que representa. Así se opine sobre todo en la lingüística americana.

Aquí podría tener aplicación la misma noción saussureana de valor lingüístico (Curso,


págs. 185 sigs.).  Es el estado de la lengua el que determina los usos de las palabras; los
usos son su valor o sus valores, es decir, sus posibilidades de empleo en la
comunicación, y por tanto su significado. Así, por ejemplo, en relación con los colores,
el empleo y significado de la palabra azul dependen de la existencia o no existencia en
cada lengua determinada de otros términos para expresar colores, como verde, amarillo,
naranja, etc., de modo que la extensión significativa de azul y sus aplicaciones están
delimitadas y definidas por la extensión significativa y las aplicaciones de las restantes
denominaciones de colores.

Es, por tanto, el estado de la lengua, es decir, la red de relaciones en ella posibles y
vigentes, lo que determina el valor significativo de las palabras y las posibilidades de
operar con ellas y de emplearlas en la comunicación.

Partiendo de esta doctrina de Saussure, muchos lingüistas opinan que si la lengua no es


más que un sistema de valores, los signos lingüísticos no son representaciones de
conceptos en el sentido de contenidos mentales, sino simples “deslindamientos de
unidades” susceptibles de variación y de empleos diversos de acuerdo con la estructura
de la lengua y con las exigencias cambiantes de la comunicación. Con lo cual la
doctrina de Saussure tendría dos vertientes opuestas en este punto.
A este respecto es característica la concepción de un gran sector de la lingüística
americana bajo la influencia de la psicología behaviorista.

Entre los lingüistas americanos no es corriente el empleo del término “signo”; por signo
se entiende aquí propiamente un estímulo capaz de provocar una reacción. Para
Bloomfield, por ejemplo, la comunicación lingüística forma parte de las actividades
sociales de los individuos y se realiza siempre dentro de determinadas situaciones. Ante
determinados estímulos (S), el individuo reacciona emitiendo sonidos (r); estos sonidos
constituyen para el oyente un estímulo lingüístico (s), al que a su vez responde con una
reacción práctica (R). S y R son actividades prácticas que pertenecen al mundo
extralingüístico; r y s, por el contrario, constituyen el acto lingüístico. (L.
Bloomfield, Language, London, 1967, págs. 23 sigs.).»

[Collado, Jesús-Antonio: Fundamentos de lingüística general. Madrid: Gredos, 1974,


pp. 88 ss.]

 ●

«Tanto el concepto de signo como el concepto de motivación de Saussure se llevan en la


lingüística cognitiva hasta sus últimas consecuencias, ya que no se limitan al léxico,
sino que se extienden a la sintaxis. Sin embargo, no se postula la motivación total: hay
en la lengua un cierto grado de arbitrariedad que impide las predicciones absolutas.
(Langacker 1993).»

[Fernández, Susana S.: La voz pasiva en español: un análisis discursivo. Frankfurt am


Main: Peter Lang, 2007, p. 71 n. 55]