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El terremoto que transformó la ciudad

El 20 de marzo de 1861, un terremoto transformó para siempre la vida mendocina. Con la ciudad devastada,
transcurrieron dos años de debate acerca del futuro de Mendoza. Hacia 1863, época del progreso a nivel nacional, se
realizó una nueva fundación de la ciudad, a instancias del entonces ministro Eusebio Blanco y del agrimensor francés
Julio Balloffet, quien la proyectó bajo los conceptos de orden, higiene, eficiencia y regularidad.
Esta nueva Mendoza presentaba un esquema homogéneo de 8 x 8 manzanas con una plaza central de mayores
dimensiones y cuatro equidistantes, que aportaron espacios abiertos en la trama urbana y que se vieron
complementados con la aparición de los parques del Este; del Oeste (1896), proyectado por el paisajista francés
Charles Thays, y la quinta Agronómica, con el objetivo claro de incorporar calidad ambiental. Asimismo, al diseño de
la ciudad se añadió un sistema de riego con acequias revestidas con piedra bola y canales para el sustento del
arbolado público. El trazado de calles, boulevards y grandes avenidas de circunvalación compuso una traza
jerarquizada para el ordenado del tránsito y la evacuación ante posibles sismos.

Mendoza dio  un paso hacia la modernidad, con la incorporación de infraestructuras, servicios públicos y
transporte que marcaron un cambio en las formas de vida en la ciudad. Entre ellos se destacó  la llegada del
ferrocarril en 1885, que dio  paso al proceso de la gran inmigración y con él, al auge de la vitivinicultura, que
posibilitó  la formación de una burguesía vitivinícola y  constituyó la base de la naciente clase media mendocina,
quienes se establecieron en los sectores más depreciados de la ciudad.

En la década de 1930 arribaron las teorías urbanísticas del movimiento moderno, al tiempo que la crisis
económica de la vitivinicultura produjo una fuerte migración del campo a la ciudad. Estas circunstancias fueron
propicias para la puesta en práctica de los postulados de un Plan Regulador (1941), que pretendía un desarrollo
armónico de la ciudad.
En los años siguientes, varios fueron los emprendimientos llevados a cabo. Desde el punto de vista paisajístico,
el arquitecto Daniel Ramos Correas introdujo un plan regulador de mejoras en el parque General San Martín, la
puesta en valor del Cerro de la Gloria, la creación del Parque Zoológico, el teatro al aire libre Frank Romero Day y el
Teatro Pulgarcito.
Por su parte, los arquitectos Manuel y Antonio Civit, al frente de la Dirección de Arquitectura, construyeron
referentes del racionalismo internacional: Playas Serranas (1935), escuela Videla Correa (1936), Casas Colectivas
(1937) y Hospital Central (1944). A partir de 1943 se inició un período de gestión justicialista. En este tiempo se
construyó el Parque Cívico (1948), obra del arquitecto Alberto Belgrano Blanco, y la Fundación Eva Perón construyó
en el Parque General San Martín las escuelas-hogar. En forma contemporánea, la ciudad consolidó el área llamada
"Quinta Sección", con tipologías de barrios-jardín, y el Bombal, que fortalece el crecimiento de la ciudad al sur y sella
el Parque Cívico con el departamento de Godoy Cruz.

Espacio públicos, del uso limitado al uso popular .La popularización de los espacios públicos.

El espacio público, particularmente el espacio abierto urbano, es una construcción material, pero también un lugar
cargado de significados que posibilita el desarrollo de actividades y actos de la vida social. A través de la ciudad y su
espacio público es posible conocer el desarrollo urbano, político y social de una comunidad, ya que en esos espacios
de la cultura, construidos históricamente, habitan representaciones, proyectos e ideologías.
En la historia urbana de Mendoza, el espacio público ha jugado un papel fundamental como generador de
ciudadanía. Su desarrollo cronológico marca pautas que nos permiten conocer las distintas formas de apropiación de
la ciudad, acordes a cada momento histórico, caracterizadas por una creciente democratización de sus usos.
Durante siglos, la ciudad que destruyó el terremoto de 1861 se desarrolló a partir de una trama de calles que
encerraban el espacio público más significativo de la ciudad colonial: la plaza.
La plaza Mayor fue el núcleo aglutinante de todas las actividades sociales y cívicas y sus edificios. Era el único lugar
no construido, por lo que concentró acontecimientos y actividades de toda índole. Sitio de celebraciones, de cambio
de autoridades, de ejecuciones y manifestaciones de fe, se reunieron en torno a ella la sede de gobierno, la iglesia
matriz, el mercado –que muchas veces era la misma plaza– y el solar asignado al fundador.

En la plaza tuvieron lugar todas las actividades que no podían desarrollarse en las iglesias, en las calles o en los patios
de las casas. En ella se presenciaron corridas de toros, juegos de sortija o cañas y se escucharon edictos reales y
ordenanzas municipales. Fue el escenario de la vida urbana colonial por excelencia, el único espacio para lo público,
donde todo y todos confluían.
Sin embargo, a partir del terremoto de 1861, la Plaza Mayor dio lugar a otros modelos de plaza, más representativos
de las nuevas ideologías gobernantes.
Mendoza tuvo en un área acotada dentro de la nueva ciudad: cuatro plazas además de la Independencia. Esta
multiplicación de plazas (en 1863 eran siete, si se cuentan las dos del antiguo centro colonial) fue conformando un
sistema de espacios secundarios que sirvieron, y sirven hoy, para diferenciar sectores de la urbe y para que la
población se “repartiera” para la recreación entre esos lugares.
Se abandonaba así la concentración de personas y actividades en un solo espacio, por la extensión de ocupaciones y
usos, incluso el de esparcimiento, al sistema formado por plazas, calles y más tarde parques, que se convertirían en
el lugar de lo público.
La Plaza Independencia se usó específicamente como paseo, delimitada por los nuevos edificios cívicos. Esta plaza
sirvió, sobre todo en sus primeros tiempos, como paseo de las clases altas. Su primer diseño se organizó alrededor
de un lago en el que se podía pasear en bote, un pintoresco cerrito artificial y una glorieta, jardines, un quiosco
donde se vendían refrescos, farolas y amplios caminos donde poder “ver y mostrarse”.
Fue hacia fines del siglo XIX cuando Mendoza tuvo su primer parque urbano: el Parque del Oeste, hoy General San
Martín. Aquí, como en París, el uso del parque en su primera época estuvo también limitado a las clases altas. La
segregación de los sectores populares de este paseo en Mendoza puede tener como motivo su ubicación dentro de
la ciudad, pero también la distribución desigual de los bienes materiales para uso recreativo (en este caso, el parque)
en la sociedad.
En 1910, el Parque concentró los festejos del Centenario. Con la llegada al gobierno de dirigentes de corte popular y
con la incorporación de equipamiento deportivo hacia los años 20, distintos grupos sociales fueron ocupando este
espacio que, paulatinamente, fue convirtiéndose en un paseo popular.
En las décadas del 30 y el 40, la decisión política de abrir el principal paseo a más sectores de la sociedad se
materializó con el emplazamiento del jardín Zoológico en la ladera del Cerro de la Gloria, el Teatro Pulgarcito y el
diseño del Teatro Griego.
Más tarde llegaría el Balneario Popular Playas Serranas y la utilización del parque como escenario del primer Carrusel
vendimial –ocurrido en 1936–, y de sucesivos festejos centrales de la Fiesta de la Vendimia que pasaron por la isla de
Lago y el Autódromo, para finalmente recalar en el Teatro Griego.
En pleno auge del primer peronismo se construyó en el paseo el Hogar Escuela (1953) y comenzó a ejecutarse el
Hospital de Niños, ambos propiciados por la Fundación Eva Perón con el fin de cubrir las necesidades de los sectores
más vulnerables.
En ese tiempo, el parque y las plazas habían entrado en la vorágine de la sociedad de masas, eran lugares de
esparcimiento y ocio, de celebraciones, fiestas, actos políticos y exposiciones. Todo un derrotero de usos que pasó
de estar destinado a unos pocos a ser masivo, en consonancia con los avances culturales y con las decisiones
políticas de cada momento histórico.