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Poder Judicial de la Nación

///nos Aires, 17 de diciembre de 2013.


Autos y Vistos:
Para resolver en la presente causa nro. 3393/2007 caratulada
“Subzona 1/11 y otros sobre privación il egal de la li bertad...” del registro de
la Secretaría nº 6 del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal
nor. 3, y con relación a la situación procesal de Hugo Ildebrando Pascarelli,
argentino, titular de la C.I. nro. 4.044.884, nacido el 9 de octubre 1928 en
Capital Federal, hij o de Silveri o y de Pierina Bugari , estado civil casado,
Coronel (R) del Ejército, con úl timo domicilio en Echeverría 2143, piso 11 de
Capital Federal y con domicilio constitui do junto con su abogado defensor en
en la calle Lavalle 1672, piso 11, departamento n° 54, Capi tal, actualmente
detenido en el Complejo Penitenciari o Federal nro. II de Marcos Paz a
disposición conjunta con el Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 4;
Miguel Osvaldo Etchecolatz, ti tular del L.E. nro. 5.124.838, Comisario
General (R) de Policía de la Provincia de Buenos Aires, naci do el 1º de mayo
USO OFICIAL

de 1929 en Azul, provincia de Buenos A ires, argentino, hijo de Manuel y de


Martina Santillán, de estado civil casado, de prof esión poli cía reti rado, con
último domicili o en Nuevo Boul evard del Bosque, E/Guaraníes y Tobas,
Bosque Peralta Ramos, Mar del Plata, y con domicilio constituido junto con
su abogado defensor en la call e Callao 1975 7 “A” de esta ciudad, actualmente
detenido en el Complejo Penitenciari o Federal nro. II de Marcos Paz a
disposición conj unta con el Tribunal Oral en lo Criminal Federal n ro. 1 de La
Plata; José Félix Madrid, titular del D.N.I. 5.532.027, entonces Oficial
Subinspector de P olicía de l a Provincia y con últi mo cargo Comi sari o
Inspector en la f uerza (R), nacido el 16 de julio de 1948 en esta ci udad, hijo
de Domingo y María Luisa Rábano, con último domicili o en calle 41 nº 1926,
de La Plata, provinci a de Buenos Aires, y con domicilio consti tuido junto con
su abogado defensor en la calle Suipacha 570, 5° piso, de esta Ciudad,
actualmente detenido en el Complej o Penitenciario Federal nro. II de Marcos
Paz; Guillermo Horacio Ornstein, titul ar de la M.I. nro. 4.406.165, C.I. nro.
5.336.240, entonces Oficial Subinspector de Policía de la P rovincia, y con
último cargo Comisario Inspector (R) de la fuerza; argentino, nacido el 21 de
mayo de 1943 en Capital Federal , hijo de Guillermo Horaci o y Esther Trinidad
Pomponio; con últi mo domicili o en Gurruchaga 2172, 1º pi so, departamento
“D”, Capital Federal, y con domicili o constituido junto con su letrado
defensor en la call e Lavalle 1388, casillero 277, de esta Ci udad, actualmente
detenido en el Complejo Penitenciario Federal nro. II de Marcos Paz; José
Vicente Sánchez, ti tular del D.N.I. 5.166.051, Suboficial Mayor ( R) de la
Policía de la Provincia de Buenos Ai res, nacido el 4 de abril de 1937 en la

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localidad de Lobos, provincia de Buen os Aires, argentino, de estado civil
casado, de profesi ón u ocupación policía jubilado, hijo de J uan José y Juana
Petrona Leguizamón , con último domici lio en Alsina 1534, Burzaco, y con
domicilio constitui do junto con su letrado defensor en la calle Suipacha 570,
5° piso, Capital Federal, actualmente detenido bajo l a modalidad de arresto
domiciliario en el domicilio de mención ; Ángel Salerno, titular del L.E. n°
7.722.851, Cabo (R) de la Policía de la Provincia de Buenos A ires, nacido el 20
de dici embre de 1941 en la localidad de Temperl ey, provincia de Buenos
Aires, argentino, de estado civil divorciado, de profesi ón u ocupación
jubilado, hijo de Domingo y Magdalena Latrichiani, con úl ti mo domicilio en
Ratti n° 8 Burzaco, y con domicilio constituido junto con su letrado defensor
en la calle Suipacha 570, 5° piso, Capital Federal , actual mente detenido bajo
la modali dad de arresto domicil iari o en el domicilio de mención; Carlos
Alberto Tarantino, titular del D.N.I. 7.737.123, Agente ( R) de Policía de la
Provincia de Buenos Aires, nacido el 14 de junio de 1943 en Capital Federal ,
argentino, de estado civil divorci ado, de profesión u ocupación empl eado y
jubilado, hijo de Antonio y Celina Aurora Acosta, con últi mo domicilio en
Autopi sta Ricchieri, Edificio “Coto”, torre 18, 7mo. Piso “D”, Tapiales, y con
domicilio constituido junto con su letrado def ensor en la calle Lavalle 1607,
10° “D”, Capital Federal , actualmente detenido en el Compl ejo Penitenciario
Federal nro. II de Marcos Paz; Federico Antonio Minicucci , titular del D.N.I.
4.815.520, entonces Teniente Coronel del Ejército Argentino, y Coronel (R) del
Ejército, nacido el 29 de marzo de 1938 en Capital Federal, argebtino, de
estado civil casado, de profesión mili tar reti rado, con últi mo domicilio en Dr.
Luis Saénz Peña 874 de la localidad de Acassuso, provincia de Buenos Aires,
con domicilio consti tuido junto con su abogado defensor en la calle Uriburu
1280, piso 4to., Capi tal Federal ; actualmente cumpliendo arresto domiciliario
en el domicili o de mención; Faustino José Svencionis, titular del D.N.I.
5.578.950, entonces Teniente Coronel del Ejército Argentino, y Coronel (R) del
Ejército, nacido el 18 de junio de 1932 en la localidad de Manantial Rosales,
Comodoro Rivadavi a, provincia de Chubut, argentino, hijo de José Svencionis
y de Verónica Parsonite, de estado civil casado, de profesión u ocupación
General (R) del Ejército Argentino, con domicilio en Ricardo Gutiérrez 589 de
la localidad de Vil la Sarmiento, Haedo, provincia de Buenos Aires, con
domicilio consti tui do junto con su abogado defensor en l a cal le Uriburu 1280,
piso 4to., Capital Federal ; actualmente cumpli endo arresto domiciliari o en el
domicilio de menci ón; Nildo Jesús Delgado, ti tular del D.N.I. 5.674.037,
nacido el 2 de enero de 1947, en la ciudad de Palma Grande provincia de
Corrientes, argentin o, de estado civil casado, de prof esión u ocupación

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empleado de seguri dad, hijo de Amado (f) y J uana Luna (f), con último
domicilio en Roger Vallet 896 de Carlos Spegazzini, partido de Ezeiza,
provincia de Buenos Aires, y con domici lio constituido junto con su l etrada
defensora en Av. Comodoro Py 2002, 5° piso, Capital (Defensoría Pública
Oficial nro. 3), actualmente detenido en el Complejo Penitenciario Federal
nro. II de Marcos Paz; Alberto Faustino Bulacio, ti tular del D.N.I. 4.924.893,
argentino, nacido el 25 de marzo de 1944 en Tucumán, argentino, hijo de
Alberto y María Luisa Véliz, con último domicilio en Arribeños 2337, Paso del
Rey, partido de Moreno, provincia de Buenos Aires, y con domicili o
constitui do junto con su letrado defensor en la calle Suipacha 570, 5º piso
(frente), Capi tal Federal, actualmente cumpliendo arresto domiciliario en el
domicilio de men ción; Daniel Francisco Mancuso, ti tular del D.N.I
10.089.677, nacido el 19 de octubre de 1951, argentino, de estado civil casado,
de profesión u ocupación policía reti rado, hijo de Francisco y María Celia
Tomatis, con últi mo domicilio en Carlos Diel 2188, de Longch amps, provincia
USO OFICIAL

de Buenos Ai res, y con domicili o consti tuido junto con su letrado defensor en
la calle Suipacha 570, 5º piso (frente), Capital Federal, respecto de quien se
resolvió su excarcelación en fecha 14 de octubre de 2011; y
Considerando
Aclaración preliminar e introducción a los hechos materia de
investigación
En esta resoluci ón se ha de volver sobre al gunos tópicos ya
tratados en decisorios dictados por este Tribunal a lo largo de la
investigación que se ha nucleado en torno a los hechos ocurridos durante la
última dictadura -dentro de los cuales, l ógicamente, se reali zarán remisi ones
al auto de procesamiento dictado el 27 de diciembre de 2011 en la presente
causa-, ya que ell o resulta i mprescindible a fin de expli car aquí también el
marco fáctico en el cual ocurrieron los sucesos analizados, esta vez en
relación al centro cl andestino de detención y tortura (CCDT) “Cuatrerismo-
Brigada Güemes” (conocido también como “Protobanco”), que funcionó en
Camino de Cintura y Ricchieri, desde n oviembre de 1974 h asta febrero de
1977 –al menos con los elementos disponibles hasta la fecha, podemos deci r
que en forma interrumpi da-; y la Comisaría de Monte Grande, la cual funcionó
como centro cl andestino de detención y tortura paral elamente a la
concomitante realización de sus funciones regulares, situación que se dio en
los hechos desde julio de 1976 hasta octubre de 1978 –también en forma
interrumpida-.
A continuación, efectuaré una breve introducci ón a los hechos
materi a de investigación, la cual consi stirá en la descripción de aquellas

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acciones despl egadas durante la últi ma dictadura, por las fuerzas armadas y
de seguri dad -en especial en lo atinente a la presente causa, al personal de
Policía de l a Provin cia de Buenos Aires bajo la subordinación del Ejército-,
consistentes en el secuestro masi vo y organizado de personas, el traslado de
las mismas a los CCDT para su interrogatori o, la aplicación de tortura f ísica o
el sometimi ento a pautas de cautiverio infrahumanas constitutivas de
torturas, como también el homicidio y las demás accion es ori entadas a
converti r en “desaparecidas” a las víctimas; actividades que fueron asimismo
llevadas a cabo mediante el asegurami ento de impunidad, y bajo la dirección
de quienes controlaban -mediante la usurpación del poder- la totalidad de l os
mecanismos de control del Estado.
Durante el período comprendido entre l os años 1976 y 1983, el
gobierno de facto i mpuso un plan sistemático de represión ilegal, l o cual se
ha acreditado en diversas resoluci ones judi ciales, entre las que merece
destacarse la sentencia dictada por la Excma. Cámara Naci onal de
Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal en la causa 13/84.
En estas actuaci ones, veremos que ese plan sistemático, si bien
dio rienda suelta a l as acciones cometidas al amparo de la dictadura, se fue
gestando a raíz de acciones anteri ores al golpe de estado, que guardaron las
mismas modalidades registradas luego, y que contaron con buena parte del
poder del Estado al servicio de l as mi smas.
Uno de los componentes de la metodología de este pl an de
represi ón -que conforme veremos a lo l argo de la presente resoluci ón estaba
contaminado de las prácticas e ideologías propias del gobi erno
nacionalsocialista de Alemania de las décadas del ‘30 y ‘40 del siglo XX-, era
el secuestro de personas, su traslado a l ugares cl andestinos de detención, su
sistemática tortura, y l uego l a liberación, la legalización o la muerte,
primando la modali dad de la “desaparición” del cuerpo de l a víctima y de los
rastros de su muerte, a l os efectos de preservar l a impunidad de dichas
acciones criminales.
Los centros cl andestinos de detención y tortura existentes en el
país compartían distintas características comunes, entre ellas, el
funcionamiento en l ugares secretos, bajo el directo contral or de la autoridad
militar responsable de dicha zona; y el sometimi ento de l as personas allí
alojadas a prácticas degradantes, tales como la tortura físi ca y psicológica en
forma sistemática, el tabicamiento (estar vendado día y n oche y aislado del
resto de la poblaci ón concentracionaria), la prohibición absol uta del uso de l a
palabra o de la escri tura, en fin, de cual quier ti po de comunicación humana;
la asignaci ón de una letra y un n úmero en reemplazo del n ombre, el

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alojamiento en peq ueñas celdas llamadas “tubos”, la escasa comida y bebi da,
y la total pérdida de identidad, entre otras.
Resulta il ustrativa l a declaración efectuada por el sobrevivi ente
de cinco CCDT, Mario Villani -publicada en la obra “Nunca Más”-, en la cual
describi ó la vida en los centros de detención: “Debo decir que, desde el momento
en que alguien era secuestrado por los grupos de tareas de la di ctadura, él o ella era
un desaparecido. La secuencia establecida era desaparición-tortura-muerte. La
mayoría de los desaparecidos transcurríamos día y noche encapuchados, esposados,
engrillados y con los ojos vendados, en una celda llamada tubo por lo estrecha. [...]
Podíamos también volver a ser torturados en el quirófano y, final mente, como todos
los demás, ser «trasladados», eufemismo que encubría el verdadero destino, el
asesinato. A algunos pocos, por oscuras razones que sólo los represores conocían, se
nos dejó con vida”.
Al respecto también es útil traer a colación el testimoni o de
Víctor H ugo Lubián, sobrevi viente del centro de detención y tortura
USO OFICIAL

“Automotores Orletti” (cfr. causa 2637/ 04), quien en este contexto, aportó
otras precisi ones en torno a la mecáni ca de tortura en un sitio de estas
características:
“el insulto, los golpes de puño y patadas, los manoseos y el estar
continuamente vendado y atado o esposado, es una constante que comienza cuando
uno es secuestrado-det enido y se mantiene en todo momento y en t odo lugar; cuando
se tortura, cuando se está de plantón o tirado en el piso, cuando se es trasladado,
siempre. Muchas veces me pregunté acerca del objetivo de ese trato. Existen
evidentemente en esas conductas un objetivo premeditado de antemano, el de
denigrar, rebajar al detenido obligándolo a soportar cosas que en condiciones
normales, provocarían una reacción inmediata, logrando así una profunda depresión
psicológica […] Se crea una relación de dependencia absoluta con esa autoridad
anónima y omnipresente, nada es posible hacer por uno mismo, ni lo más elemental,
todo se trastoca […] estamos animalizados por completo, suci os, hambrientos,
sedientos, golpeados, t orturados, esperando morir en cualquier momento; a veces se
piensa en ello como la única posibilidad real de salir de allí, pero hasta eso resulta
imposible de hacer, t ienen especial cuidado por evitar el suici dio, nos precisan
deshechos pero vivos, para torturarnos y así poder arrancar «i nformación» más
fácilmente” (legajo nro. 16 de l a CONADEP y fs. 99/111 de causa 42.335 bis,
que corre por cuerda a la antes citada).
También vale resal tar el testimonio vertido ante esta sede por
una de las vícti mas del centro clandestino de detención y tortura (CCDT)
Mansión Seré, Guillermo Fernández, quien al narrar los efectos de la tortura y
de la despersonalización que sufri ó en su cautiverio de ci nco meses en el
centro de detención citado, refiri ó que a uno de los guardias “le disgustaba el

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hecho de que no pudiera llorar”. Que él trataba de explicar que “en ningún
momento [su] actitud de no poder llorar significó un acto de coraje, sino que
simplemente no podía, para [él], el llanto es una actitud humana y en esos
momentos [le] costaba identificarse con un ser humano, por el aspecto y
fundamentalmente, por [su] relación con los otros” (declaración en causa nro.
13/84 de la Excma. Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional Federal) .
Estas escenas se repitieron, una y otra vez, en las declaraci ones
de los sobrevivi entes, variando sólo en algunos detalles según el centro de
detención en el que estuvi eron secuestrados.
En la presente resoluci ón, retomaremos algunas cuestiones
vinculadas a la lógica de funcionamiento y los componentes propios del
CCDT identificado como “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, denominado también
“Protobanco” –por haber f uncionado en el mismo lugar en el cual l uego
funcionara el CCDT Banco, del ci rcui to “Atlético-Banco-Olimpo”, el cual
funcionó en la División Cuatreri smo La Matanza de la Policía de la provincia
de Buenos Aires; a l a vez que habrá de gravitar el análisi s sobre el CCDT que
funcionó en la Comi saría de Monte Grande.
Asimismo, con rel ación al funcionamiento y dependenci a o
interrelación de la Policía de la Provi ncia de Buenos Aires, y el Ejérci to
Argentino, vale recordar lo que ya expusiera en la causa nro. 12.621/2006
caratulada “Machuca, Raúl Rol ando y otros s/denunci a”, del registro de este
mismo Tribunal , Secretaría nro. 6, allí dejé asentado que, a los efectos del
entendimiento de la inserción de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en
el plan de represión que se gestara ya con anterioridad al gol pe de estado de
marzo de 1976, resultaba ineludible apelar a la normativa especial dictada
por el Consej o de Defensa –creado por decreto del P oder Ej ecutivo Nacional
2770- que regul ó el accionar de dicha f uerza.
De esta forma, l a Directiva del Consejo de Def ensa 1/75 –Lucha
contra la subversión- dictada a los fines de “instrumentar el empleo de las
Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Policiales y otros organismos
puestos a disposición del Consejo de Defensa para la lucha contra la subversión”,
adjudicó al Ejército Argentino la respon sabilidad primaria en la dirección de
las operaciones contra la subversión en todo el territorio nacional, la
conducción de la comunidad informati va y el control operacional sobre la
Policía Federal, Servicio Penitenciari o Federal y Policías Provinciales.
Es este sentido, establecía que “[l]as Fuerzas Policiales y Servicios
Penitenciarios Provi nciales, sobre la base de los convenios firmados con el
Ministerio del Interior y Gobiernos Provi nciales, actuarán bajo control operacional

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del Comando de la Fuerza correspondiente a la jurisdicción” (cfr. Directiva 1/75,


página 4).
Más adelante y al momento de establ ecer cuál era la mi sión
encomendada al Ej ército A rgentino, estableció q ue el mi smo ejercería el
control operaci onal sobre l os elementos de policía y penitenciarios provinciales.
A su vez, mediante la ley provincial 8529, con vigencia desde el
28 de novi embre de 1975, se col ocó baj o control operacional del Consejo de
Defensa al personal y medios de la policía provincial, a los f ines de la lucha
contra la “subversión”.
Así, en jurisdicci ón del Comando del Primer Cuerpo de Ejército,
la policía de la provincia de Buenos Aires actuó bajo control operacional de
dicho Cuerpo de Ejército.
Con relación a este punto, resultan il ustrativas las palabras del
por aquel entonces General de Brigada Ramón J uan Alberto Camps, quien se
desempeñó como jef e de la policía de la provincia de Buenos Aires entre abril
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de 1976 y diciembre de 1977; el nombrado, en ocasi ón de prestar declaraci ón


informativa en el marco de la causa n° 44 caratulada “Causa incoada en virtud
del decreto 280/84 del Poder Ejecutivo Naci onal” de la Cámara del fuero, señaló:
“La Policía de la Provincia de Buenos Aires, estaba bajo el control operacional de
los Comandos de Zona. Es decir, la Poli cía de la Provincia de Buenos Aires,
respondía, al Comando de Zona I, en la jurisdicción del Comando de Cuerpo de
Ejército I: al Comando de Institutos Militares, es decir, Comando de Zona de
Defensa IV; y al Comando de la Zona V en Bahía Blanca. Yo dependía directamente
del Comandante del Ier. Cuerpo de Ejército, General de División Carlos Guillermo
Suárez Mason” (fs. 816/39).
Asimismo, la estructura burocrática y funcional de los cen tros
clandestinos, se reproducía incesantemente en cada uno de el los, y evi dencia
de ell o f ue l a mecáni ca de funcionami ento que se registró en los si tios que ya
tuvieron tratamiento por este tribunal –CCDT “Autom otores Orletti”,
“Vesubio”, “Mansión Seré”, Comisaría de Castel ar, “Comisaría de Haedo”,
“Hospital Posadas”, “Atlético-Banco-Olimpo”, “Primera Brigada Aérea de
Palomar”, “VIIa Brigada Aérea de Morón”, entre otros, y en los aquí estudi ados
“Cuatrerismo-Bri gada Güemes” y Comi saría de Monte Grande; lugares que no
estaban exentos a l a lógica de funcion amiento de l os restantes siti os q ue
operaron durante la dictadura instaurada en el año 1976 como CCDT, sin
perj uicio de advertirse algunas parti culari dades que serán resaltadas
oportunamente.
En el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, se advi erte la misma
división funcional visualizada también en otros centros clandestinos, entre

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quienes prestaban funciones en el mismo como guardias, y quienes
integraban las ll amadas “patotas” encargadas del secuestro de los detenidos,
los traslados al centro de detención y el i nterrogatori o.
Las “patotas”, tambi én llamadas “grupos de tareas”, representaban
un eslabón de la cadena de mandos que comenzaba, en lo atin ente a la Policía
de la P rovincia de Buenos Ai res:
► por el Comisari o General Elfio Brignoni desde el 1º de
diciembre de 1975 al 23 de abril de 1976,
► y en el período posterior, por el Coronel Ramón Juan Alberto
Camps, quien permaneció en el cargo desde el 26 de abril de 1976 hasta el 12
de diciembre de 1977,
► para l uego asumir tal Jefatura el Coronel Ovidio Pablo Richeri,
quien se desempeñó desde el 15 de febrero de 1977 hasta el 12 de dici embre
de 1980.
Ello, de acuerdo al contenido del i nforme agregado a fs.
10.077/84, elaborado por l a Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos
Aires -remitido por el Juzgado en lo Cri minal y Correccional Federal n ro. 3
de La Plata en el marco de la causa 12.621/06-.
Se deja constancia de que se desconoce al momento, qui én se
desempeñaba al mando de la Jefatura de Policía de la provincia, durante
noviembre de 1974 y 1975, habiéndose cursado solicitudes en tal sentido, al
Ministerio de Seguri dad de la provincia de Buenos Aires.
Luego, el espinel de la línea de mandos bajaba desde dicha
Jefatura, hasta el Director de Investigaci ones, y en forma di recta al Comisari o
de Cuatrerismo La Matanza –cargo q ue, para la época, era ejercido por el
imputado Miguel Colicigno-, Di visión de la cual dependían las restantes
Delegaci ones de Cuatrerismo –tales como la si ta en Bragado y Pehuajó, entre
otras-.
En general se ha registrado en l os CCDT la coexi stenci a de
personas de diversas fuerzas o repartici ones, y esta mi sma conformaci ón se
ha regi strado tambi én en “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, en el cual se pudo
apreci ar –según los relatos de l os testigos- personal de la Policía bonaerense
y personal del Ejérci to.
Lo que debe tenerse en cuenta entonces, es q ue para cumplir
estas tareas, el Estado autoritari o se vali ó de personal de las distintas f uerzas
de seguridad, que de hecho, convivían en los centros de detención
clandestinos -a l os cuales el propi o régi men llamaba eufemísticamente”LRD”,
es decir, “lugar de reunión de detenidos”-, así en los diversos CCDT se ha
observado la coexistencia de diversas fuerzas: policías, gendarmes, militares,

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penitenciari os, e incluso personal civil. Asimismo, en todos los CCDT se ha


registrado la presen cia –en mayor o menor medi da- de personal del Primer
Cuerpo del Ejército.
Las personas invol ucradas cumplieron diversos roles dentro del
plan sistemático de represión il egal. La i mportancia de estas di stintas
funciones queda graficada en las palabras de Hannah Arendt en el análisi s
que se realizó del rol del jerarca nazi Adolf Eichmann en el j uicio llevado en
su contra:
“Allí escuchamos las afirmaciones de la defensa, en el sentido de que
Eichmann tan sólo era una «ruedecita» en l a maquinaria de la Solución Fi nal, así
como las afirmaciones de la acusación, q ue creía haber hallado en Eichmann el
verdadero motor de aquella máquina. Por mi parte, a ninguna de las dos teorías di
mayor importancia que la que les otorgaron los jueces, por cuant o la teoría de la
ruedecilla carece de trascendencia jurídi ca, y, en consecuencia, poco importa
determinar la magnitud de la función atribuida a la rueda Eichmann. El tribunal
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reconoció, como es lógico, en su sentencia, que el delito juzgado únicamente podía


ser cometido mediante el empleo de una gigantesca organización burocrática que se
sirviera de recursos gubernamentales. Pero en tanto y en cuanto las actividades en
cuestión constituían un delito -lo cual, como es lógico, era la prem isa indispensable
a la celebración del juicio- todas las ruedas de la máquina, por insignificantes que
fueran, se transformaban, desde el punto de vista del tribunal, en autores, es decir,
en seres humanos. Si el acusado se ampara en el hecho de q ue no act uó como tal
hombre, sino como un funcionario cuyas funciones hubieran podi do ser llevadas a
cabo por cualquier ot ra persona, ello equivale a la actitud del delincuente que,
amparándose en las estadísticas de criminalidad -que señalan que en tal o cual lugar
se cometen tantos o cuantos delitos al día-, declarase que él tan sólo hizo lo que
estaba ya estadísticamente previsto, y que tenía carácter meramente accidental el
que fuese él quien lo hubiese hecho, y no cualquier otro, por cuanto, a fin de
cuentas, alguien tenía que hacerlo” (Arendt, Hannah: Eichmann en Jerusalén. Un
estudio sobre la banalidad del mal, trad. de Carlos Ribalta, Ed. Lumen,
Barcel ona, 2000, p. 436).
Descri ptos de manera sucinta los hechos materia de
investigación, corresponde comenzar con el análisis de las cuestiones
enunciadas.

Considerando Primero
Génesis del Plan Clandestino de Represi ón
Como también se h a citado en resol uci ones anteri ores dictadas
por este Tribunal , es preciso recordar q ue ya en la Sentencia dictada en la
causa 13/84 (también denominada “Causa ori ginariamente i nstrui da por el

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Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en cumplimiento del decreto
158/83 del Poder Ejecutivo Naci onal”), por la Excma. Cámara Naci onal en lo
Criminal y Correccional Federal , el 9 de diciembre de 1985, l uego de
analizarse los sucesos ocurridos en el país durante el autodenominado
“Proceso de Reorgani zación Nacional” en lo atinente, entre otros aspectos, al
sistema represi vo creado desde la cúpula del aparato estatal, se tuvo por
probada la existencia y el f uncionamiento de una organización ilegal,
orquestada por las Fuerzas Armadas, la cual tenía como propósi to llevar
adelante un pl an clandestino de represión.
Tal hipótesis también tuvo acreditación en la en la causa 44/86
segui da contra l os ex-jefes de la Poli cía de la P rovincia de Buenos Aires
(causa incoada en vi rtud del decreto 280/84 del P.E.N.) , y tramitada también
por la Alzada.
Así, la Excma. Cámara del Fuero en ocasión de dictar sentencia
en la causa 13/84, reali zó un aj ustado análisis del contexto histórico y
normativo en el cual sucedi eron los hechos que serán objeto de análisis en la
presente resol ución:
“La gravedad de la situación imperante en 1975, debido a la frecuencia
y extensión geográfica de los actos terroristas, constituyó una amenaza para el
desarrollo de vida normal de la Nación, estimando el gobierno nacional que los
organismos policiales y de seguridad resultaban incapaces para prevenir tales
hechos. Ello motivó que se dictara una legislación especial para la prevención y
represión del fenómeno terrorista, debidamente complementada a través de
reglamentaciones militares”.
“El gobierno constitucional, en ese entonces, dictó los decretos 261/75
de febrero de 1975, por el cual encomendó al Comando General del Ejército ejecutar
las operaciones militares necesarias para neutralizar y/o aniquilar el accionar de los
elementos subversivos en la Provincia de Tucumán; el decreto 2770 del 6 de octubre
de 1975, por el que se creó el Consejo de Seguridad Interna, integrado por el
Presidente de la Nación, los Ministros del Poder Ejecutivo y los Comandantes
Generales de las fuerzas armadas, a fin de asesorar y promover al Presidente de la
Nación las medidas necesarias para la lucha contra la subversión y la planificación,
conducción y coordi nación con las diferentes autoridades nacionales para la
ejecución de esa lucha; el decreto 2771 de la misma fecha que facultó al Consejo de
Seguridad Interna a suscribir convenios con las Provincias, a fin de colocar bajo su
control operacional al personal policial y penitenciario; y 2772, también de la misma
fecha que extendió la «acción de las Fuerzas Armadas a los efectos de la lucha anti
subversiva a todo el territorio del país»”.
“La primera de las normas citadas se complementó con la directiva del
Comandante General del Ejército nro. 333, de enero del mismo año, que fijó la

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estrategia a seguir contra los asentamientos terroristas en Tucumán, dividiendo la


operación en dos partes, caracterizándose la primera por el aislamiento de esos
grupos a través de l a ocupación de punt os críticos y control progresivo de la
población y de las rutas, y la segunda por el hostigamiento progresivo a fin de
debilitar al oponente y, eventualmente, atacarlo para aniquilarlo y restablecer el
pleno control de la zona. En su anexo n° 1 (normas de procedi miento legal) esta
directiva cuenta con reglas básicas de procedimiento sobre detención de personas,
que indican su derivación preferentemente a la autoridad policial en el plazo más
breve; sobre procesam ientos de detenidos, q ue disponen su sometimiento la justicia
federal, o su puesta a disposición del Poder Ejecutivo Nacional; sobre allanamientos,
autorizándolos en casos graves, con presci ndencia de toda autorización judicial
escrita, habida cuenta del estado de sitio”.
“La directiva 333 fue complementada con la orden de personal número
591/75, del 28 de febrero de 1975, a través de la cual se disponía reforzar la quinta
brigada de infantería con asiento en Tucum án, con personal superior y subalterno
USO OFICIAL

del Tercer Cuerpo del Ejército”.


“Por su parte, lo dispuesto en los decretos 2770, 2771 y 2772, fue
reglamentado a través de la directiva 1/75 del Consejo de Defensa, del 15 de O ctubre
del mismo año, que i nstrumentó el empleo de la fuerzas armadas, de seguridad y
policiales, y demás organismos puestos a su disposi ción para la lucha anti
subversiva, con la idea rectora de utilizar simultáneamente todos los medios
disponibles, coordinando los niveles nacional es”.
“El Ejército dictó, como contribuyente a la directiva precedentemente
analizada, la directiva del Comandante General del Ejército n° 404/75, del 28 de
Octubre de ese año, que fijó las zonas prioritarias de lucha, dividió la maniobra
estratégica en fases y mantuvo la organización territorial -conformada por cuatro
zonas de defensa nros. 1, 2, 3 y 5 -subzonas, áreas y subáreas- preexistentes de
acuerdo al Plan de Capacidades para el año 1972 -PFE-PC MI72-, tal como ordenaba
el punto 8 de la directiva 1/75 del Consejo de Defensa”.
“Al ser interrogados en la audiencia los integrantes del Gob ierno
constitucional que suscribieron los decretos 2770, 2771, y 2772 del año 1975,
doctores Ítalo Argentino Luder, Antonio Cafiero, Alberto Luis Rocamora, Alfredo
Gómez Morales, Carlos Ruckauf y Antonio Benítez, sobre la inteligencia asignada a
la dichas normas, fueron contestes en afirmar que esta legislación especial obedeció
fundamentalmente a que las policías habían sido rebasadas, en su capacidad de
acción, por la guerril la y que por “aniquil amiento” debía entenderse dar término
definitivo o quebrar la voluntad de combate de los grupos subversivos, pero nunca la
eliminación física de esos delincuentes”.

11
“Sostener que este concepto, insertado en esos decretos, impli caba
ordenar la eliminación física de los delincuentes subversivos, fuera del combate y
aún después de haber sido desarmados y apresados, resulta inaceptable”.
“En el Orden Nacional, el Ejército dictó: a) la orden parcial nro.
405/76, del 21 de mayo, que sólo modificó el esquema territorial de la directiva 404
en cuanto incrementó la jurisdicción del Comando de Institutos Militares; [...] b) La
Directiva del Comandante General del Ejército nro. 217/76 del 2 de abril de ese año
cuyo objetivo fue concretar y especificar los procedimientos a adoptarse respecto del
personal subversivo detenido; [...] c) la directiva del Comandante en jefe del
Ejercito nro. 504/77, del 20 de abril de ese año, cuya finalidad, expresada en el
apartado I fue «actualizar y unificar el contenido del PFE - OC (MI) - año 1972 y la
Directiva del Comandante General del Ejército 404/75 (lucha contra la
subversión)»; [...] d) Directiva 604/79, del 18 de mayo de ese año, cuya finalidad
fue establecer los lineamientos generales para la prosecución de l a ofensiva a partir
de la situación alcanzada en ese momento en el desarrollo de l a lucha contra la
subversión” (cfr. Causa nº 13/84, de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en
lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal” (La Sentencia de fecha 9
de diciembre de 1985, Ed. Imprenta del Congreso de la Naci ón, Tomo I, 1987, p.
69 y sgtes.).
Con la toma del poder por parte del gobierno militar dio
comienzo el fenómeno de la desaparici ón de personas mediante la utilización
de un plan sistemático de represión en cabeza del aparato de poder estatal
que dominaban las Fuerzas Armadas.
Este fenómeno inusitado, tenía un patrón común de acción, que la
Cámara Federal, en la sentencia señalada precedentemente, sistematizó de la
siguiente manera:
“1) Los secuestradores eran integrantes de las fuerzas armadas,
policiales o de seguri dad, y si bien, en la mayoría de los casos, se proclamaban
genéricamente como pertenecientes a alguna de di chas fuerzas, normalmente
adoptaban precauciones para no ser identi ficados, apareciendo en algunos casos
disfrazados con burdas indumentarias o pelucas”
“2) Otra de las características que tenían esos hechos, era la
intervención de un número considerable de personas fuertemente armadas”
“3) Otra de las características comunes, era que tales operaci ones
ilegales contaban frecuentemente con un aviso previo a la autori dad de la zona en
que se producían, advirtiéndose incluso, en algunos casos, el apoyo de tales
autoridades al accionar de esos grupos armados”
“El primer aspecto de la cuestión se vincul a con la denominada «área
libre», que permitía se efectuaran los procedimientos sin la interferencia poli cial,
ante la eventualidad de que pudiera ser reclamada para intervenir”.

12
Poder Judicial de la Nación

“No sólo adoptaban esas precauciones con las autoridades policiales en


los lugares donde debí an intervenir, sino que en muchas ocasiones contaban con su
colaboración para real izar los procedimientos como así también para la detención de
las personas en las propias dependencias poli ciales”.
“4) El cuarto aspecto a considerar con característica común, consiste
en que los secuestros ocurrían durante la noche, en los domicilios de las víctimas, y
siendo acompañados en muchos casos por el saqueo de los bienes de la vivienda” (La
Sentencia…, Tomo I, p. 97 y si g.).
Estos actos de terrorismo de Estado sin precedentes, fueron
abordados también por los historiadores del pasado reciente, como el
catedrático en Historia Social (UBA, FLACSO) e investigador princi pal del
CONICET, Luis Alberto Romero, q uien al respecto ha sostenido que:
“La planificación general y la supervisión táctica [del plan represivo
estatal] estuvo en manos de los más altos niveles de conducción castrense, y los
oficiales superiores no desdeñaron participar personalmente en tareas de ejecución,
USO OFICIAL

poniendo de relieve el carácter institucional de la acción y el compromiso colectivo.


Las órdenes bajaban, por la cadena de mandos, hasta los encargados de la ejecución,
los Grupos de Tareas […] La represión fue, en suma, una acción sistemática
realizada desde el Estado”.
“Se trató de una acción terrorista, dividida en cuatro momentos
principales: el secuestro, la tortura, la detención y la ejecución. Para los secuestros,
cada grupo de operaci ones -conocido como «la patota»- operaba preferentemente de
noche, en los domicilios de las ví ctimas, a la vista de su familia, que en muchos
casos era incl uida en la operación. Pero también muchas detenciones f ueron
realizadas en fábricas, o lugares de trabajo, en la calle […] Al secuestro seguía el
saqueo de la vivienda” (Romero, Luis Alberto: Breve Historia Contemporánea de la
Argentina, Ed. Fondo de Cul tura Económi ca, 2ª edición, Buenos Aires, 2001, p.
208).
Asimismo, agrega el autor que:
“El estado se desdobló: una parte, clandestina y terrorista, practicó
una represión sin responsables, eximida de responder a los reclamos. La otra,
pública, apoyada en un orden j urídico que ella misma estableció, silenciaba
cualquier otra voz” (idem, p. 210).
“El adversario - de lí mites borrosos, que podía incl uir a cual quier
posible disidente- era el no ser, la «subversión apátrida» si n derecho a voz o a
existencia, que podía y merecía ser exterminada. Contra la violencia no se
argumentó a favor de una alternativa jurídica y consensual, propia de un Estado
republicano y de una sociedad democrática, sino de un orden que era, en realidad,
otra versión de la misma ecuación violenta y autoritaria” (ibid., p. 211) .
En función de lo antedicho, concluye que:

13
“El llamado Proceso de Reorganización Nacional supuso la coexistencia
de un Estado terrorist a clandestino, encargado de la represión, y otro visible, sujeto
a normas, establecidas por las propias autoridades revolucionarias pero que
sometían sus acciones a una cierta juridicidad” (ibid., p. 222).
En idéntico senti do, el catedrático de Teoría Política
Contemporánea (UBA), sociólogo y doctor en filosofía Marcos Novaro,
recientemente, ha expresado que “[e]l plan represivo tuvo dos rostros, uno
ajustado a la legalidad del régimen, y por tanto visible; otro soterrado, ilegal,
aunque no del todo invisible. El primero correspondió a la administración de
castigos a opositores potenciales (definidos así en las órdenes secretas con que se
planificó el golpe), «corregibles» o poco pel igrosos. A ellos se les aplicaron fueros
militares, penas elevadas por delitos difusos como «trai ción a la patria» y una
amplia batería de legislación represiva […] Con todo, lo esencial de la represión
correspondió al otro aspecto de la estrategia: el secuestro, tortura y asesinato de los
miles de militantes y dirigentes involucrados en «la subversión»” (Novaro,
Marcos: Historia de la Argentina Contemporánea, Ed. Edhasa, Buenos Aires,
2006, pps. 70/71).
Luego de secuestradas, las víctimas eran llevadas de inmediato a
lugares especi almen te adaptados, situados dentro de unidades mili tares o
policiales o l ugares creados especialmen te por los encargados de materi alizar
en los hechos ese plan represivo, conocidos con posteri ori dad como centros
clandestinos de detención.
En tales sitios, los secuestrados generalmente eran someti dos a
largas sesi ones de torturas con el fin de obtener al gún tipo de información.
Luego de ello, la víctima podía correr tres destinos: la liberación,
la legalización de su detención o la muerte.
Los centros de detención, además de servi r para al ojar a
detenidos, eran utili zados por los grupos de tareas (los denominados “GT”)
como base de operaciones para reali zar sus secuestros.
La primera conclusi ón sobre lo hasta aquí expuesto, lleva a poner
de resalto que, bajo la exi stencia de un supuesto orden normativo -amparado
por las leyes, órden es y di rectivas que reglaban formal mente la actuación de
las Fuerzas Armadas en la lucha contra l a subversi ón-, las Fuerzas Armadas,
en los hechos, se conducían merced a mandatos verbales y secretos. Como
fuera sentado en la sentencia dictada el 15 de diciembre de 1985 en la causa
13/84, el orden normativo se excl uía con aquel aplicado para el combate de la
“guerrilla”, y uno i mplicaba la negación del otro.
Precisamente, en lo referente al tratamiento de las personas
detenidas, la actividad desplegada por el gobierno militar, lej os de responder
al marco j urídico anteriormente señalado, se encontraba signado por un

14
Poder Judicial de la Nación

procedimiento absol utamente ilegal, el cual, como habrá de detall arse más
adelante, f ue transf ormándose en un tramo plagado de atroci dades que
conformaron el peor capítul o de la histori a argentina.
Las prácticas ilegal es mencionadas comenzaban al deten er y
mantener ocul tas a las personas previamente definidas como “subversivas”,
torturarlas para obtener informaci ón y eventualmente matarlas haciendo
desaparecer el cadáver, o bien fraguar enfrentamientos armados como una
manera de j ustificar las muertes.
Esquemáticamente, el plan criminal de represi ón, llevado a cabo
durante el últi mo gobierno mili tar consistió en:
a) pri var de su libertad en f orma ilegal a las personas que
considerasen sospechosas de estar enfrentadas al orden por ellos impuesto;
b) trasladarlos a lugares de detención cl andestinos;
c) ocultar todos estos hechos a l os familiares de las víctimas y
negar haber ef ectuado la detención a los j ueces que tramitaran habeas corpus;
USO OFICIAL

d) aplicar torturas a las personas capturadas para extraer la


información q ue con sideren necesaria;
e) liberar, legali zar la detención o asesi nar a cada vícti ma según
criterios poco estables, lo que puso de manifiesto la más ampli a
discreci onalidad y arbitrariedad con relación a la vida o muerte de cada una
de las víctimas.
Este cruel derrotero es descripto por el Profesor Romero, en su
obra ya citada supra, cuando refiere:
“El destino primero del secuestrado era la tortura, sistemática y
prolongada. La «picana», el «submarino» […] se sumaban a otras que combinaban
tecnología con el refinado sadismo del personal especializado, puesto al servicio de
una operación institucional de la que no era raro que participaran jefes de alta
responsabilidad. La t ortura física, de duración indefinida, se prolongaba en la
psicológica: sufrir sim ulacros de fusilamientos, asistir al supli cio de amigos, hijos o
esposos, comprobar que todos los vínculos con el exterior estaban cortados, que no
había nadie que se interpusiera entre la víctima y el victimario. En principio la
tortura servía para arrancar información y lograr la denunci a de compañeros,
lugares, operaciones, pero más en general tenía el propósito de quebrar la resistencia
del detenido, anular sus defensas, destruir su dignidad y su personalidad. Muchos
morían en la tortura, se «quedaban» […] En esta etapa final de su calvario, de
duración imprecisa, se completaba la degradación de las ví ctimas, a menudo mal
heridas y sin atención médica, permanentemente encapuchadas o «tabicadas», mal
alimentadas, sin servicios sanitarios […] No es extraño que, en esa situación
verdaderamente límite, algunos secuestrados hayan a ceptado colaborar con sus

15
victimarios, realizando tareas de servicio [ …] Pero para la mayoría el destino final
era el «traslado», es decir, su ejecución” (op. cit., p. 209).
Dentro de este sistema, se otorgó a los cuadros inferiores de las
Fuerzas Armadas un a gran discreci onalidad a la hora de seleccionar a quienes
se le asignaría el rótulo, según la información de inteligen cia, de “elementos
subversivos”, de acuerdo a la terminología del Régimen. En tal contexto, se
dispuso su interrogatorio bajo tormentos, sometiéndol os a su vez a
condiciones inhumanas de vida, mientras se los manten ía clandestinamente
en cautiveri o; se concedió, por ende, una gran libertad para apreci ar el
destino final de cada víctima, ya se trate del ingreso al sistema legal , la
libertad o, simplemente, la eli minación física.
Con relación a la organización del sistema represivo y el acci onar
de las fuerzas armadas, Novaro, junto a Vicente Palermo, explican: "En su
diseño como hemos dicho se priorizó ante toda otra consideración la eficacia de la
ofensiva a desarrollar contra el enemigo que enfrentaba la naci ón y las fuerzas
Armadas, cuya naturaleza era política e ideológica, más que militar: «el comunismo
subversivo» o más simplemente «el subversivo» actuaba dentro de las fronteras y su
entramado social, podía tener o no vinculación ideológica, política y financiera con
los centros mundiales de la revolución, y actuaba en todos los planos de la vida
social, la educación, l a cultura, las relaciones laborales, la religión. Lo que debía
combatirse en él era su condi ción subversiva que no estaba asoci ada sólo con una
práctica revolucionari a (la lucha armada) ni con una determinada estrategia de toma
revolucionaria del poder (el modelo cubano, el vietnamita o el chileno) ni con la
pertenencia a un determinado tipo de organización (los grupos revolucionarios y
guerrillas) sino que se extendía mucho más allá”.
“Para identificar la «condi ción subversiva» era un dato relevant e la
ideología marxista y el izquierdismo. Se entendía, entonces, que para combatir
eficientemente a «la subversión» había que atacarla especialmente, en su causa
primera el «virus ideológico» que es diseminado por los marxistas, los comunistas o
criptocomunistas, los izquierditas, los revolucionarios en general. Aunque también
los católicos tercermundistas, los freudianos, los ateos y en una medida
considerable, los peronistas, los liberales y los judíos representaban una amenaza
para el orden, ya que difundían ideas contrarias a su preservación, por lo que
también debía perseguírselo. Igual que todos aquellos que, con su prédica agnóstica,
igualitaria o populista atacaron las bases del orden nacional. Es así que, si bien esas
filtraciones eran datos suficientes, no eran del todo necesarias para identificar al
enemigo que podía est ar solapado bajo otros disfraces y ser inconsciente de su papel
en esta guerra. Bastaba que la persona en cuestión actuara a favor de un «cambio
social» y en contra del orden. En este sentido los activistas no violentos, ajenos a
las organizaciones clandestinas que desarrollaban actividades políticas sindicales,

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Poder Judicial de la Nación

religiosas o intelectuales legales y legítimas en cualquier sistema de derecho


resultaban a los militares especialmente intolerantes, porque solían ser los más
eficaces transmisores del virus subversivo para la sociedad. Sub versivo, en suma,
equivalía a ser enemigo de la Patria, de esa Patria uniforme, integrada e inmutable
tal como la entendían los militares. No importaría, por lo tanto, que como sucedió
en muchos casos, los secuestrados result aran ser nacionalistas convencidos o
devotos cristianos animados por sentimientos no menos profundos que los de sus
verdugos. La inclusión de entre las señas de identidad del enemigo, de una amplia
gama de «delitos de conciencia» y actitudes cuestionadoras fue expresada de modo
prístino y reiterado por Videla: «Subversión es también la pelea entre hijos y
padres, entre padres y abuelos. No es solamente matar militares. Es también todo
tipo de enfrentamiento social (Gente n° 560, 15 de abril de 1976) » [...]. Y tal como
había explicado Galtieri a fines de 1974, continuando con las metáforas médicas
frente a la subversión como con el cáncer, «a veces es necesario extirpar las partes
del cuerpo próximas aunque no estén infect adas para evitar la propagación»" (cfr.
USO OFICIAL

Historia Argentina: La Dictadura Militar 1976/1983. Del Gol pe de Estado a la


Restauración Democrática. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2003, p. 88 y sgtes.) .
En el mismo senti do, se ha señalado también, que “El discurso de
la peste […] fue particularmente apropiado y resignificado por el gobierno
instaurado en 1976. Las epidemias, los cánceres nacionales de todo tipo, eran los
subterfugios utilizados por los militares para justificar la erradicación de los
«focos» subversivos al interior del organismo enfermo. También desde 1976, con más
fuerza que nunca la metáfora de la sociedad enferma se convertiría «en el
diagnóstico oficial del gobierno para expli car de un modo didácti co y convincente el
pasado inmediato de la República Argentina, para justificar el acceso al poder, la
legitimidad de la permanencia en él y los objetivos históricos propuestos»” (Mel o,
Adrián y Raffin, Marcelo: Obsesiones y fantasmas de la Argentina, Ed. del
Puerto, Buen os Aires, 2005, p. 109, con cita de Delich, Franci sco: Metáforas de
la sociedad argentina, Ed. Sudamericana, Buenos Ai res, 1986, p. 29).
Y continúan los autores citados: “Si el diagnóstico era que el grueso
de la sociedad estaba enferma, las estrategias curativas tenían que ser
necesariamente drásticas y apuntar allí mismo donde los males tienen su origen. El
Estado autoritario impone un lema: el supuesto enfermo debe aislarse para extirpar
el mal. Las terapéuti cas instrumentadas fueron la desinformación, el congelamiento
de la sociedad, la imposición del miedo, la desaparición física de l as personas, entre
las de mayor peso” (idem, pps. 109/0).
No es de extrañar entonces, que el resultado de esta lógica haya
llevado a resultados desastrosos; que este discurso del enemigo haya
conducido sin escalas a l a más pura arbitrariedad, especialmente en la
selección de las víctimas a someter a este perverso y feroz sistema penal

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ilegal subterráneo, el cual -como toda agencia policial descontrol ada e
impune-, arrasó con cuanto vesti gio de Estado de Derecho tuvo del ante; para
sólo detener su propensión a la vi olación de las más elemen tales normas del
Derecho y la raci onalidad frente a la aparici ón en el hori zonte de contra
pulsi ones provenientes del exterior, más precisamente, la presi ón del
gobierno demócrata norteamericano y la visita de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (con más detall e al respecto, Novaro, op. cit., pps.
102/3).
En palabras de Romero: “Lo cierto es que cuando la amenaza real de
las organizaciones cesó, la represión continuó su marcha. Cayeron militantes de
organizaciones políticas y sociales, dirigentes gremiales de base […] y junto con ello
militantes políticos varios, sacerdotes, intelectuales, abogados relacionados con la
defensa de presos pol íticos, activistas de organizaciones de derechos humanos, y
muchos otros, por la sola razón de ser parientes de alguien, figurar en una agenda o
haber sido mencionado en una sesión de tortura […] con el argumento de enfrentar
y destruir en su propi o terreno a las organizaciones armadas, la operación procuraba
eliminar todo activismo, toda protesta social -hasta un modesto reclamo por el boleto
escolar-, toda expresi ón de pensamiento crítico […] En ese sentido los resultados
fueron exactamente los buscados”.
En este orden de cosas, corresponde asimismo recordar que el
Poder Ejecutivo Nacional, mediante la sanción del decreto nro. 187/83,
dispuso la creación de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas
(CONADEP), cuyo objetivo f ue esclarecer los hechos relacionados con este
fenómeno aconteci do en el país. En el informe final presentado por la
Comisi ón se señaló q ue:
“De la enorme docum entación recogida por nosotros se infiere que los
derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de
las Fuerzas Armadas. Y no violados de m anera esporádica sino sistemática, de
manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la
extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología de terror
planificada por los alt os mandos? ¿Cómo podrían haber sido comet idos por perversos
que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos
los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de
«excesos individuales»? De nuestra información surge que esta tecnología del
infierno fue llevada a cabo por sádi cos pero regimentados ejecut ores. Si nuestras
inferencias no bastaran, ahí están las pal abras de despedida pronunciadas en la
Junta Interamericana de Defensa por el Jefe de la Delegación Argentina, Gral.
Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: «Hicimos la guerra con la
doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores».
Así cuando ante el cl amor universal por los horrores perpetrados, miembros de la

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Poder Judicial de la Nación

Junta Militar deploraron los «excesos de la represión, inevitabl es en una guerra


sucia», revelan una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos
independientes los espantos planificados”.
“Los operativos de secuestros manifestaban la precisa organizaci ón, a
veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras en plena cal le y a luz del día,
mediante procedimientos ostensibles de las fuerzas de seguridad que ordenaban
«zona libre» a las Comisarías correspondientes. Cuando la vícti ma era buscada de
noche en su propia casa, comandos armados rodeaban la manzana y entraban por la
fuerza, aterrorizaban a padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a
presenciar los hechos, se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban
brutalmente, la encapuchaban y finalmente la arrastraban a los autos o camiones,
mientras el resto de los comandos casi siempre destruía y robaba lo que era
transportable. De ahí se partía hacia el antro en cuya puerta podí a haber inscriptas
las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno: «Abandonar toda
esperanza, los que ent ráis»”.
USO OFICIAL

“De este modo, en nombre de la seguridad nacional, miles y miles de


seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una
categoría tétrica y hasta fantasmal: la de los desaparecidos. Palabra - ¡triste
privilegio argentino! - que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo”
(Nunca Más, Informe de l a Comisión Nacional de Desapari ción de Personas,
EUDEBA, Buenos Aires, 1996).
Lo hasta aquí expuesto, nos permite con ocer el contexto histórico
nacional en el cual se desplegó el sistema represivo implementado por las
Fuerzas Armadas q ue, reitero, consisti ó en la captura, privación ilegal de la
libertad, interrogatorios con tormentos, clandestinidad y en muchos casos,
eliminación física de las víctimas; si endo este proceso sustancialmente
idéntico en todo el terri torio de la Naci ón.
Resulta rel evante traer a col ación aq uí los desarrollos teóricos
que en el marco del discurso penal se han efectuado, a partir de la irrupción
de Estados autoritarios tanto en Europa como en América Latina, durante
todo el siglo XX, desarrollos que sintetizan las preocupacion es de los juristas
y pensadores proven ientes no sólo del Derecho penal sino de diversas ramas
de las ciencias social es, como lo son la sociología del casti go, la antropología
jurídica y la criminología.
Estas preocupaciones han buscado comprender la relaci ón entre
el poder y la legali dad (entendi da esta última según el model o kel seniano q ue
se impuso durante las décadas del ’20 y ’ 30 del sigl o pasado), especial mente a
parti r de la crisis en esta relación, puesta en evidencia con la irrupci ón de los
regímenes autocráticos de entreguerras, en especial, el naci onalsocialismo.

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De estos desarrollos teóricos –entre l os cual es se destacan los
emprendidos por l os juristas europeos A lessandro Baratta y Luigi Ferrajoli y
nuestro E. Raúl Zaffaroni-, surge claro que hoy en día sólo es posible
comprender al Derecho penal como una técnica de minimización de la
violencia, con especial referencia a la violencia estatal, que por su
concentración de poder punitivo ( monopolio del uso de la f uerza,
disponibilidad de aparatos de poder, posesi ón de arsenal es bélicos, etc.) ,
siempre tiende al abuso y a la desproporción en las réplicas f rente a la puesta
en peligro de dicho poder que surgen de sectores alejados del mismo.
De hecho, el Derecho penal moderno nació al calor de la
Ilustración de fines del siglo XVIII (la obra de Beccari a, Dei delitti e delle pene,
es de 1766), precisamente a parti r de la necesidad de poner diques de
contención al despotismo que l os regímenes absol utistas ejercían sobre los
súbditos, quienes hasta ese momento carecían de todo tipo de derechos.
Pues bien, los hechos ventilados en este proceso muestran a las
claras que el supuesto progreso civil izatorio de la mano de l a modernidad y
de las luces está lej os de haber alcanzado, al menos de modo concluyente,
estadi os superadores en la relación entre el Estado y la sociedad civil.
Es a parti r de este marco conceptual, q ue es posibl e visual izar
una tensión permanente entre el ejercicio de poder puni tivo (propi o del
Estado policial) y el Derecho penal como técnica proveedora de mayor paz
social (propi o del Estado de Derecho) , tensión que está presente en todas las
sociedades, más all á de la organización política que las configure (sigo aquí
especial mente a Zaf faroni, E. Raúl, Alagia, Alejandro y Sl okar, Alejandro:
Derecho Penal - Parte General, Ed. Ediar, Buenos Ai res, 2000, p. 5 y sgtes., y 38
y sgtes.).
Esta dialéctica Estado de Derecho-Estado policial no se puede
concebir espacialmente como dos frentes que coliden entre sí, dado que en
verdad, el primero contiene al segundo en su interior: así, el Estado polici al
pugna permanentemente por su expansi ón en desmedro de espacios propios
del Estado de Derecho, y a su vez, el Estado de Derecho aspira a reduci r y
encapsul ar todo lo posible l os espaci os li brados al Estado pol icial que pervive
en su interior.
En tal sentido, la mayor expansión del ejercicio de poder pun itivo
estatal trae como consecuencia su necesaria contrapartida, la virtual
desaparici ón del Derecho penal limitador y l o que éste presupone, el Estado
de Derecho.
No es posible i magin ar una sociedad en donde todo sea Estado de
libertades (un mínimo de poder de pol icía resul ta absol utamente necesario

20
Poder Judicial de la Nación

para la coexistenci a aún pacífica), así como tampoco es concebible una


sociedad con todos sus espaci os de libertades an uladas: una sociedad así,
abierta y completamente totalitaria, terminaría aniquilando a todos sus
súbditos a través del ejercicio del terror sistemático, masi vo e implacabl e,
generando uno tras otro, n uevos estereotipos de enemigos. Si bien han
existi do regímenes que se han acercado bastante al ideal (probablemente, l a
Alemania nazi en la plenitud de su poder, circa 1942, el régimen estalinista
soviético de mediados de la década del ’ 30 del si glo pasado), lo cierto es q ue
también el Estado policial puro es solamente una hipótesi s de trabajo para el
científico social ( al respecto, ver Arendt, Hannah: Los orígenes del
totalitarismo, trad. de Guillermo Solana, Alianza Editori al, Madrid, 2002, pps.
687/8).
Pues bien, lo q ue surge claro tanto de los elementos de prueba
colectados en la causa 13/84 instrui da por el Superi or, como por l as
investigaciones históricas del período inaugurado con el golpe de Estado del
USO OFICIAL

24 de marzo de 1976, es que l as pulsi ones del Estado polici al –conduci do por
la Junta Mili tar de aquel entonces- finalmente rompieron los últi mos diques
de contención que le ofrecían resistencia desde el Estado de Derecho, y
anegaron todos aquellos espacios de derechos y libertades a los que desde
siempre apuntaron y que hasta ese momento tenían resguardo de la Ley,
mediante el empleo de un poder autoritario y manifiestamente ilegal .
Para ello, y habi da cuenta que el catálogo de respuestas jurídico-
penales q ue ofrecía el Estado de Derecho usurpado les resul taba
manifiestamente insuficiente a los diseñ adores del régimen militar instaurado
para canalizar el en orme caudal de viol encia estatal que preveían inyectar en
la sociedad, f rente a la disyuntiva –absolutamente facti ble debido a la
sustituci ón de la mi smísi ma norma fundamental del orden jurídico vigente- de
cambiar a su antojo la legalidad formal en lo referente a delitos, j uicios y
penas, prefiri eron una solución aún más drástica, como lo fue la de transferi r
todo el aparato bélico de poder estatal a la más pura clandestinidad, esto es,
a la más abierta il egalidad.
Y reafirmo esta nota de abierta il egalidad, puesto que el Estado
argentino, pese a la clara dominación del Estado policial, mantuvo remanente
ciertos espacios del Estado de Derecho en ámbitos no vitales (no debemos
olvidar que el códi go penal casi no fue modificado, así como tampoco el
derecho civil, comercial, todos los cual es seguían siendo apli cados por jueces,
etc.).
Dicho de otro modo, nos encontramos a parti r de fines de marzo
de 1976 en nuestro país con un Estado no ya constitucional sino meramente

21
legal de Derecho, con casi todos sus espacios internos ocupados por un Estado
policial liberado de toda contención y dominado por las agencias polici ales
(fuerzas armadas y de seguridad), y que para colmo de males, y como nota
distintiva de la viol encia estatal que se dio en l a Argentina en aquellos años,
con todos sus aparatos verticalizados de poder (fuerzas armadas, policías,
servici os penitenciarios, servicios de seguri dad del Estado) alineados en una
sola estructura –al estilo del Leviatán que describe Hobbes-, liberado de toda
atadura o contenci ón desde la esfera de la legali dad, aunque más no sea la
legalidad formal que regi ría l a organ ización pol ítica l uego del golpe de
Estado y hasta la restauración del sistema democrático de gobierno.
En esta causa se adverti rá que las accion es “contra la subversión”
desarroll adas con anterioridad al golpe de estado de marzo de 1976, se
valieron de todas las características que se visualizaran con posterioridad en
la implementación del plan represivo, y que las mismas, aún cuando como en
el caso bajo estudio, se llevaron a cabo en el año 1975, se desarrollaron con
los atributos proporcionados por el poder del estado, con formando de tal
manera parte del pl an de represión que se gestara con anteriori dad al gol pe
militar; pudiendo resaltar entre l as características comunes entre las acci ones
anteriores y posteri ores al gol pe, que los secuestros de las vícti mas se
llevaron a cabo durante la noche, por una “patota” conformada por personal
de diversas procedencias, que no se identificó frente a los detenidos; que los
detenidos fueron alojados en centros clandestinos de detención, sin
registrarse en los libros de la dependen cia y abstraídos del conocimiento de
sus familiares, l uego de lo cual fueron sometidos a torturas f ísicas y mediante
pautas de cautiveri o, habiendo sido l egalizados nueve días después de
ocurrida la detención, entre otras modali dades propi as del pl an represivo.
Ya en la causa 13 de la Excma. Cámara Federal –que ll evó a cabo
el “Juicio a las Juntas”-, se tuvo por probado que desde el Estado legal de
Derecho, la J unta Militar de gobierno que ocupaba el poder político del
Estado Argentino, l e proporcionó a los detentadores del aparato de poder
unificado que había pasado a la clandestinidad, todo lo necesario para operar
impunemente y en el mayor de los secretos: en primer lugar la asignación de
los recursos económicos y logísticos, derivada de fondos públicos, sin los
cuales la enorme empresa criminal jamás podía haberse llevado a cabo, y en
segundo lugar, la promesa –cumplida por cierto-, de poner en funcionamiento
el enorme poder discursi vo y mediático que estaba al servici o del régimen (a
través de órganos de informaci ón estatal es o de aq uellos privados
controlados y del si lenciamiento y persecución de los medi os informativos
independientes u opositores) para negar sistemáticamente ante la opinión

22
Poder Judicial de la Nación

pública, los estados extranjeros y las organizaciones de derechos h umanos,


todo lo concerniente a la actuación de aq uel Leviatán desatado.
Dicho de otro modo, no fue con las herramientas del ej ercici o de
poder punitivo formal que el régimen militar en cuesti ón llevó a cabo la
represi ón contra los que consideraba sus enemigos pol íticos, sino que fue a
través de un premeditado y perverso ejercicio masivo y criminal de poder
punitivo subterráneo (cfr. Zaffaroni-Alagi a-Slokar, op. cit., p. 24) que dieron
cuenta de ell os, metodol ogía que fue mantenida en secreto por todos los
medios posibl es y q ue, como todo ejercici o de viol encia estatal liberada de las
sujeciones del Estado de Derecho, degen eró en forma inmedi ata en terrori smo
de estado.
Debemos recordar aquí que la cuestión del mantenimiento en
secreto del aparato de poder puesto al servicio de la activi dad criminal no f ue
algo privativo del régimen militar aquí en estudio; similar estrategia f ue
emprendida entre otros, por el nazismo y el estalinismo, siguiendo l a lógica
USO OFICIAL

de todo modelo autoritario de poder estatal, según la cual “…cuanto más


visibles son los organismos del Gobierno, menor es su poder, y cuanto menos se
conoce una institución, más poderosa resultará ser en definitiva […] el poder
auténtico comienza donde empieza el secreto” (Arendt, Los orígenes... cit., p. 608).
Para cumpli r l os objetivos propuestos, el régimen militar en el
marco del cual se desempeñaron l os aq uí juzgados, extrajo por la f uerza a los
supuestos enemigos pol íticos de sus ámbitos de pertenencia, ya sea
familiares, sociales, culturales, y de l os circuitos de comunicación social,
despojándolos de este modo de toda si gnificación soci o-jurídica: “el primer
paso esencial en el camino hacia la dominación…” –sostiene Arendt- “…es matar
en el hombre a la persona jurídica” (op. cit., p. 665).
Ello se logra col ocando a ciertas categorías de personas f uera de
la protecci ón de la l ey: el hasta entonces ciudadano, con nombre y apellido,
profesión, etc., con derechos y obli gaciones de diversa índol e, pasa a ser una
no-persona, alguien de la cual sólo q ueda pendiente un cuerpo vital, l o que
Agamben ha llamado la nuda vida del homo sacer, el cual está enteramente en
manos del Estado policial subterráneo, no sólo para torturarl o, negarl e
alimento, agua o condiciones sanitarias mínimas, sino además para disponer
definitivamente de esa vida, an ulándola en cualqui er momen to impunemente,
sin necesidad de razón o justificación alguna más allá del puro acto de poder,
negándole inclusive, los ritual es debi dos a toda muerte, propi os de la
condición humana.
Señala Agamben que allí cuando se desvanece la frontera entre
orden jurídico y estado de excepci ón (como lo fue el régi men militar en toda

23
su extensión), la nuda vida pasa a ser a la vez el sujeto y el objeto del
ordenamiento pol íti co y de sus conflictos: “Todo sucede como si, al mismo
tiempo que el proceso disciplinario por medio del cual el poder estatal hace del
hombre en cuanto ser vivo el propio objeto específico, se hubiera puesto en marcha
otro proceso […] en el que el hombre en su condi ción de [mero ser] viviente ya no
se presenta como objet o, sino como sujeto del poder político […] en los dos está en
juego la nuda vida del ciudadano, el nuevo cuerpo biopolítico de la humanidad”
(Agamben, Giorgi o: Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, trad. de
Antonio Gimeno Cuspinera, Ed. Pre-textos, Val encia, España, 2003, p. 19) .
De este modo, el ciudadano, la persona f ísica y jurídica, pasaba a
ser simplemente un desaparecido, sobre el cual, como bien q uedó asentado en
los considerandos de la causa 13, l os detentadores del aparato de poder -
liberados de toda atadura por parte de las cúpulas militares gobernantes-
tenían amplia disponibilidad, ya sea para aniquil arlo, o bien para contin uar
su detención pero transfiri éndolo desde el sistema penal subterráneo al
sistema penal formalizado (legalización por parte del Poder Ejecutivo), o bien
liberándol o di rectamente o permitiendo su sali da al exteri or.
En definitiva, y en palabras de Ferrajoli :
“La vida y la seguridad de los ciudadanos se encuentran en peligro hoy
más que nunca, no sól o por la violencia y los poderes salvajes de l os particulares, ni
por desviaciones indi viduales o la ilegalidad de específicos poderes públicos, si no
también, y en medida mucho más notable y dramática, por los mismos estados en
cuanto tales: […] torturas, masacres, desaparición de personas, representan
actualmente las amenazas incomparablement e más graves para la vida humana. Si es
cierto, como se dijo, que la historia de las penas es más infamante para la
humanidad que la hist oria de los delitos, una y otra juntas no igualan, en ferocidad
y dimensiones, a la delincuencia de los estados: baste pensar […] todas las variadas
formas de violencia predominantemente ilegales con que tantísimos estados
autoritarios atormentan hoy a sus pueblos” (Ferrajoli, Luigi : Derecho y Razón, Ed.
Trotta, Madrid, 1989, p. 936).

Considerando Segundo
2.1. Los centros clandestinos de detención y tort ura
En el marco de la política de terrorismo de estado desarrollada
por la última dictadura y el mecanismo de desaparición sistemática de
personas, los centros de clandestinos de cautiveri o, tambi én conocidos como
“pozos”, “chupaderos ” o “cuevas”, han constituido una pieza fundamental del
aberrante engranaje represivo: sosti ene Hannah Arendt que estos espacios
físicos especi almente preparados para el cautiverio, la tortura y la muerte son

24
Poder Judicial de la Nación

la verdadera insti tución central del poder organizador en el marco del


terrorismo de estado (cfr. Los orígenes del totalitarismo, tomo III, p. 653).
La existencia de centros de detención y tortura en la Argentina de
mediados de la década del ’70 del si glo XX es, sin lugar a dudas, la página
más negra de toda nuestra historia como país, no solamente por el hecho en sí
de su existencia, sin o además, porque estos si tios infernales i rrumpi eron en el
marco de una sociedad supuestamente “civilizada”, con la tasa de educaci ón
más alta de toda América Latina y con estándares culturales similares a l os de
Europa, al menos en los grandes centros urbanos.
En sí, la generalizada irrupción en la Argentina de ámbi tos que
en gran medi da respondían a la lógica concentracionaria no tiene nada de
original. Se inscriben en una tri stemente larga lista de siti os similares que
acompañaron a casi todos los regímen es autoritarios al menos durante el
siglo XX (es recurren te la atribuci ón de la idea primigenia a los colonizadores
ingleses en la guerra contra los boers en África austral , alrededor de 1910) y
USO OFICIAL

que tuvieron su pun to culminante a partir de su empleo masi vo por parte del
régimen nacionalsocialista durante la Segunda Guerra Mundi al.
En todos ellos –y l os nuestros no han sido la excepción- los
niveles de violencia y de terror infligidos a las víctimas han sido de tal
magnitud, y la muerte ha campeado en tan alta escala, que de ellos sól o
puede afirmarse, como denominador común, que en su seno “todo era posible”
(cfr. Arendt, Los orígenes... cit., p. 652).
En referencia a ello, podemos señalar que estos cen tros
clandestinos de tortura y de muerte con stituyen “…un espacio de excepción, en
el que no sólo la ley se suspende totalmente, sino en el que, además, hecho y derecho
se confunden por completo: por eso todo es verdaderamente posible en ellos […]
quien entraba en el campo de movía en una zona de indistinción entre […] lícito e
ilícito, en que los propios conceptos de derecho subjetivo y de protección jurídica ya
no tenían sentido alguno” (Agamben, Giorgio, op. cit., p. 217) .
La imagen que nos devuelve el reflejo frente a este espej o, es la
de un espectro que se acerca a l a concepción del mal más radi cal.
Al respecto, señala el mismo autor q ue “lo que tuvo lugar en los
campos de concentraci ón supera de tal forma el concepto jurídico de crimen que con
frecuencia se ha omiti do sin más la consideración de la estruct ura jurídico-política
en que tales acontecimientos se produjeron. El campo es así tan sólo el lugar en que
se realizó la más absoluta conditio inhumana que se haya dado nunca en la tierra:
esto es, en último término, lo que cuenta tanto para las víctimas como para la
posteridad” (idem, p. 211).

25
La multiplicación de estos l ugares por todo el país y su
permanencia en el tiempo refleja la imagen del colapso moral de una sociedad
y a la vez, del f racaso del supuesto progreso civilizatorio de toda una Nación.
Sobre este último punto, con razón sostiene Agamben que “[l]a
pregunta correcta con respecto a los horrores del campo no es, por consiguiente,
aquella que inquiere hipócritamente cómo fue posible cometer en ellos delitos tan
atroces en relación con seres humanos; sería más honesto, y sobre todo más útil,
indagar atentamente acerca de los procedimientos jurídicos y los dispositivos
políticos que hicieron posible llegar a privar tan completamente de sus derechos y
prerrogativas a unos seres humanos, hasta el punto de que el realizar cualquier tipo
de acción contra ellos no se considerara ya un delito” (ibidem, p. 217/8).
Los centros clandestinos de detención y tortura, como todo
espacio que adopta ciertas características del universo concen tracionario, han
sido f uncionales en más de un aspecto al poder q ue l os engendró.
En primer l ugar, fueron sitios que reforzaron el adoctrinamiento
ideológico de l os integrantes del aparato de poder, en el sentido de que el
terror absol uto i mperante en estos siti os, y las atrocidades cometi das, se
convirtieron en aplicación práctica del adoctrinamiento ideológico, de
comprobaci ón de l a i deología (cfr. Arendt, Los orígenes... cit., pps. 652/3).
En segundo lugar, los campos fueron concebidos no sólo para
degradar a los seres humanos y eventualmente eliminarlos f ísicamente, sino
además para “…transformar a la personalidad humana en una simple cosa, algo
que ni siquiera son los animales” (idem, p. 653).
“El auténtico horror de los campos de concentración radi ca en el hecho
de que los internados, aunque consigan mantenerse vivos, se hallan más
efectivamente aislados del mundo de los vivos que si hubieran muerto […]
Cualquiera puede morir como resultado de l a tortura sistemática o de la inanición o
porque el campo esté repleto y sea preciso liquidar el material humano superfluo”
(ibidem, p. 659).
“No existen paralelos para la vida en los campos de concentración. Su
horror nunca puede ser abarcado completamente por la imaginación por la simple
razón de que permanecen al margen de la vida y la muerte […] las masas humanas
encerradas son tratadas como si ya no existieran, como si lo que les sucediera
careciera de interés para cualquiera, com o si ya estuviesen muertas y algún
enloquecido espíritu maligno se divirtiera en retenerlas durante cierto tiempo entre
la vida y la muerte” (i bidem, p. 662).
En lo q ue atañe a la investigación en particular, veamos cómo fue
en concreto que operaron las person as de las cuales se analizará la
responsabilidad. Las personas privadas ilegalmente de su libertad eran
conducidas de inmediato a este ti po de lugares, situados ya sea dentro de

26
Poder Judicial de la Nación

unidades militares o policial es con dependencia operaci onal de las Fuerzas


Armadas, acondici onados al efecto, di stribuidos a lo largo de todo el
territorio naci onal, y cuya existencia era ocultada del conocimiento público
no obstante haber superado los 340 cen tros: “En todos estos casos, un lugar
aparentemente anodino delimita en realidad un espacio en que el orden jurídico
normal queda suspendido de hecho y donde el que se cometan o no atrocidades no es
algo que dependa del derecho, sino sólo […] de la policía que actúa provisionalmente
como soberana” (Agamben, op. cit., p 222) .
Mientras l os famili ares y amigos agotaban los recursos a su
alcance para dar con el paradero de los “desaparecidos”, las autoridades
públicas respondían negativamente a todo pedido de informe -incluso de
gobiernos extranjeros u organismos internacional es- vinculado a l as
detenciones de los buscados y los recursos de habeas corpus interpuestos
ingresaban en el destino inexorabl e del rechazo.
En tal sentido, la estrategia negaci onista llevada adelante por el
USO OFICIAL

régimen militar de un modo contemporáneo a la perpetraci ón de los crímenes


que se estaban llevando a cabo de modo masivo a través del aparato
clandestino de poder que ellos mismos comandaban, quedó en la historia
como uno de l os ej emplos más cabal es de lo que puede l legar a ser una
estrategia comunicacional del poder autoritario. Nótese que uno de los
máximos representantes de la criminol ogía norteamericana contemporánea,
Stanley Cohen, le h a dedicado a este ej emplo la siguiente reflexión en una
obra escri ta en 2001, de reciente traducci ón:
“La Junta Militar argentina patentó una versión santurrona única de
doble mensaje. Cuando se dirigían a gobiernos y reporteros extranjeros, el tono del
General Jorge Videla era de negación absoluta e indignada: Argentina había «nacido
libre», los prisioneros políticos no existen, nadie es perseguido por sus ideas […] en
la televisión de Estados Unidos, en 1977, Videla explicó pacient emente: «Debemos
aceptar como una realidad que hay personas desaparecidas en Argentina. El
problema no yace en ratificar o negar esta realidad, sino en conocer las razones por
las que estas personas han desaparecido. Han existido -concedió- algunos ‘excesos’.
Pero muchas personas, que se piensa están desaparecidas, han desaparecido
secretamente para dedicarse a la subversión; estas personas han aparecido en la
televisión europea, hablando mal de la Argentina»” (Cohen, Stanley: Estados de
negación: ensayo sobre atrocidades y sufrimientos. Buenos Aires, Departamento
de Publicaci ones, Facultad de Derecho, U BA, 2005).
Concluye Cohen, que la ideol ogía del terrorismo de Estado
justifica acci ones cuya existencia nunca es oficialmente admiti da, al
contrario, la represi ón, para sus perpetradores, siempre estará justificada
(idem, p. 124) .

27
Ello guarda íntima vinculación con el empleo, por parte del
régimen militar, de una terminología neutra para referirse a circunstancias
relacionadas con la actividad represi va clandestina. Así, las unidades que
operaban impunemente fueron bautizadas como “grupos de tarea” (no puede
dejar de asociarse esta denominaci ón con la de los “grupos móviles” o
Einsatzgruppen, de l as SS, que aniquilaron un millón y medio de enemigos
políticos detrás del frente ruso entre 1941 y 1942, la gran mayoría de ellos,
judíos); los campos de detención y tortura eran “lugares de reunión de
detenidos” o “LRD”; los asesinatos eran “traslados”; etc. ( ver al respecto
Cohen, op. cit., p. 127, con expresas ref erencias a un manual secreto de 380
páginas publicado en 1976, donde el General Roberto Vi ola dispuso dos
columnas de regul aciones lingüísticas: términos no uitilizables y términos
utilizables).
Es que el mantenimi ento en secreto, en especial de estos sitios de
secuestro y tortura, es una cuestión central para su constante reproducción.
“El experimento de dominación total en los campos de concentración depende del
aislamiento respecto del mundo de todos los demás, del mundo de los vivos en
general, incluso del m undo exterior” (Arendt, Los orígenes... cit., p. 653).
Por úl timo, entiendo acertadas las palabras de En rique Vázquez
quien, refiriéndose a los objetivos de la última dictadura señaló: “A partir de
la represión y la censura la dictadura buscó -y en muchos casos logró- imponer como
correlato el espanto y la autocensura. De tal modo los campos de detención
clandestina y las cárceles eran un castigo ejemplar para una parte de la sociedad
pero además significaron un espejo donde debía mirarse el resto”.
“El ambicioso intento del proceso en el ámbito de la justi cia fue barrer
con el concepto de seguridad jurídica, llevándolo al límite de relativizar el propio
derecho a la libertad y a la vida”.
“Sin embargo, lo ocurrido en la Argenti na no fue una catástrofe
natural al estilo de un terremoto: se trató del intento más serio de buscar cambios
en las estruct uras sociales y en las formas de organización pol ítica basado en al
represión violenta [ …] La manipulación de las conciencias a partir de su
adormecimiento y de la ignorancia de la realidad es una técnica ya ensayada por
regímenes autoritarios” (cfr. La última. Origen, apogeo y caída de la dictadura
militar, Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1985, p. 65).
Es que, en términos de Romero, l o que se propuso el régi men
“…consistía en eliminar de raíz el problema, que en su diagnósti co se encontraba en
la sociedad misma y en la naturaleza irresoluta de sus conflictos. El carácter de la
solución proyectada podía adivinarse en las metáforas empleadas -enfermedad,
tumor, exti rpaci ón, cirugía mayor-, resumidas en una más clara y contundente:
cortar con la espada el nudo gordiano. El tajo fue en realidad una operación

28
Poder Judicial de la Nación

integral de represión, cuidadosamente planeada” (op. cit., p. 207); o, en palabras


de Novaro: “los j efes castrenses no pensaban limitarse a satisfacer esas
expectativas [las de un golpe de Estado], tenían el plan mucho más ambicioso de
cambiar de raíz al país, a sus instituciones y sus habitantes, que consideraban
«enfermos». Si para ello era necesario destruir buena parte de la sociedad y las
instituciones existentes, no dudarían en hacerlo, a través del terrorismo de Estado,
el disciplinamiento económico y lo que llamaban la «reeducación» de los argentinos”
(op. cit., p. 63).
2.2. La tortura como actividad sistemática en los CCDT
Sigui endo con esta tópica descriptiva, considero oportuno dejar
asentado el concepto de tortura como actividad sistemática en los centros
clandestinos de detención.
Ello, pues es preciso remarcar que la actividad desplegada por
los responsables de los centros cl andestinos de detenci ón no se limitaba a
privar en forma ilegal de la libertad a un a víctima, sino que a ese injusto se le
USO OFICIAL

sumaba la imposi ci ón de tormentos desde el primer momento en q ue la


persona era secuestrada.
La tortura era algo i nnato y de aplicación sistemática en cada uno
de los centros de detención y era la regla de tratami ento, sien do la excepción
el cautivo q ue no l a padeci ó.
Prueba acabada de l a aplicaci ón sistemática de tales prácticas, es
la similitud que puede adverti rse entre los sucesos que tuvieron lugar en
distintos centros clandestinos de detención que han sido objeto de estudi o
por este tribunal, pudiéndose adverti r tal similitud entre el marco fáctico
puesto de manifiesto en la investigaci ón del CCDT Atlético, Banco y Olimpo;
del CCDT “El Vesubio”; del CCDT “Automotores Orletti”; del CCDT “El
Chalet” del Hospital Posadas; “Mansión Seré”, en la Comisaría de Castel ar, la
Iª Brigada Aérea de Palomar, la VIIª Bri gada Aérea de Morón, y en este caso
en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” y en la Comi saría de Monte Grande,
en la cual confluyeron en particular dos vertientes de detenidos, en su
mayoría procedentes de centros de deten ción ubicados en el sitio identificado
como “Puente 12” por referencia a la zona geográfica al edaña al P uente
ubicado en Camino de Cintura y Autopista Richieri, en donde estaban los
CCDT “Cuatrerismo” y “Vesubio”.
Los sitios en los que imperaba este terror sistemático contaban
con personal especialmente abocado a ell o, ámbitos acondicionados al ef ecto -
los “quirófanos” o “salas de la máquina” o “el gancho” -, una variada gama de
instrumentos y di sti ntas técnicas destinadas a provocar l os padecimientos.

29
Entre las técnicas de tortura, la más emblemática de ell as, la
“picana eléctri ca”, venía aplicándose en actividades represivas policiales
ilegales desde hacía ya varias décadas en nuestro país, aunque nunca en l a
escala que se vio a parti r del 24 de marzo de 1976 (cfr. Rodríguez Molas,
Ricardo: Historia de l a tortura y del orden represivo en la Argent ina, Ed. Eudeba,
Buenos Aires, 1985, p. 114/ 5 y sgtes.).
“Hasta tal punto eran similares los hechos con los del pasado, lo mismo
podemos decir de la barbarie de la década de 1970, y a pesar de las técnicas
distintas, que en las declaraciones y en las denuncias reaparecían con la mejor
espontaneidad las palabras de dos o tres siglos antes. No olvidemos, siempre fue así,
que en todos los casos los efectos de la aplicación de la tortura, el rigor de los
verdugos, esa f uerza despiadada que sirve incondi cionalmente al poder, causa
espanto” (idem, p. 116).
En rigor de verdad, estas técnicas y metodol ogías destinadas ad
hoc a imponer a otro ser humano graves padecimientos físi cos y psíquicos,
insoportables a los ojos de toda comunidad con cierto grado de avance
civilizatorio, resultan tributarias de toda una cul tura autori taria, arraigada
desde los propios ci mientos de nuestra Nación: en tal senti do, he dicho en
otro lugar que sól o l a larga man o del modelo inquisi tivo, que caló h ondo en
nuestras institucion es a través de la influencia cultural española, puede
explicar que recién en 1958 la Argentina contara por fin con un tipo penal que
contemplara específ icamente la imposi ción de tormentos a detenidos por
parte de funcionari os públicos (vid., Rafecas, Daniel: Los delitos contra la
libertad cometidos por funcionario público en: AA.VV., Delitos contra la libertad,
Directores: Stella Maris Martínez y Lui s Niño, Ed. Ad Hoc, Buen os Aires,
2003, p. 200).
Ahora bien, reitero que la dimensi ón de lo sucedido a parti r del
golpe de estado del ’76 constituyó un salto cuantitativo y cualitati vo nunca
antes visto en nuestra historia, a tal punto que el Legislador Naci onal de la
democracia restaurada en 1983, movido no tanto por un meditado estudi o de
la cuestión sino más bien por el espanto frente a los recien tes horrores del
terrorismo de estado (de los cuales l os hechos aquí ventilados son una
acabada muestra) sancionó la ley 23.097 por la que, como se sabe, se
aumentaron las penas drásticamente, equiparando el deli to de torturas al del
homicidio simple, decisión pol ítico-criminal que quiso poner de manifiesto el
afán por la protecci ón de los bienes jurídicos en juego (di gnidad, libertad,
integridad f ísica y psíquica, integridad de la funci ón pública) .
Trai go a colación aq uí, el mensaje del P oder Ejecutivo Naci onal
en ocasión del envío del Proyecto de Ley de referencia, f echado el 20 de

30
Poder Judicial de la Nación

diciembre de 1983, diez días después de asumido el nuevo gobierno


constituci onal: “Constituye uno de los objetivos primordiales del actual gobierno
instaurar un régimen de máximo respeto por la dignidad de las personas […] Dado
que los sufrimientos que [la tortura y la sevicia] comportan, lesionan principios
morales fundamentales a los que el gobierno constitucional adhiere sin reservas se
introducen modificaciones al Capítulo I del Título V, Libro Segundo, del Código
Penal”.
Asimismo, este salto en la dimensión del terror desatado a parti r
del ’76, en l o que respecta a la calidad y cantidad de torturas impuestas en
estos centros, está condensado en estos dos pasajes de la obra “Nunca Más”:
“En la casi totalidad de las denuncias recib idas por esta Comisión se
mencionan actos de tortura. No es casual. La tortura fue un elemento relevante en
la metodología empleada. Los Centros Clandestinos de Detención fueron concebidos,
entre otras cosas, para poder practicarla impunemente. La existencia y
generalización de las prácticas de tortura sobrecoge por la imaginación puesta en
USO OFICIAL

juego, por la personal idad de los ejecutores y de quienes la aval aron y emplearon
como medio […] ¿qué otra cosa sino un i nmenso muestrario de las más graves e
incalificables perversi ones han sido estos actos, sobre los que gobi ernos carentes de
legitimidad basaron gran parte de su dominio sobre toda una naci ón? (Nunca más,
p. 26).
“La comprobación de l a extensión q ue adquirió la prácti ca de la tortura
en tales centros y el sadismo demostrado por sus ejecutores resultan estremecedores.
De alguno de los métodos empleados no se conocían antecedentes en otras partes del
mundo. Hay varias denuncias acerca de niños y ancianos torturados junto a un
familiar, para que éste proporcionara la información requerida por sus captores”
(idem, pps. 479/0).

2.3. El CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”


Aclaración preliminar
En cuanto a su denominación en la presente resoluci ón se
utilizarán el términ o “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, también conocido como
“Protobanco”, refiriéndose ambas denominaciones al mi smo CCDT, el cual
funcionara en la Di visión Cuatreri smo de Policía de la provincia de Buenos
Aires, que estuviera asentada en la zona geográfica denominada “Puente 12”,
en Camino de Cintura y Autopi sta Richieri, de la l ocalidad de La Matanza.
Se deja constancia, de que la denomi nación Brigada Güemes,
surge con referencia a la “Agrupación General Güemes” con asiento en la
Autopi sta Ricchieri y Camino de Cintura, compuesta por aquellas
dependencias situadas en Puente 12, en particular la Divisi ón Cuatrerismo y

31
el Destacamento de Infantería, y también la Sección Canes, el Destacamento
de Caballería y la agrupación de Bomberos.
Resta aclarar, que en forma pref erente se utilizará la
denominación “Cuat rerismo-Brigada Güemes” para ref eri rse al citado CCDT, en
virtud de que tal denominación identifica la dependencia, y la pertenencia de
la misma a la ci tada Agrupación.
a. Su ubicaci ón y funcionamiento. Sus dos etapas
Como ya se dejara asentado, el CCDT “Cuatrerismo-Bri gada
Güemes” funcionó en la División Cuatreri smo de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires, depen diente de la Di recci ón de Investi gaciones con sede en La
Plata.
Al respecto, el informe remiti do por el Ministerio de Seguri dad
de la Provincia de Buenos Aires, a fs. 4613/48, da cuenta de la creación de la
División Cuatrerismo, a través de la resolución nro. 17.777, del 26 de marzo
de 1968, estableci endo que a parti r del 1° de abril de ese año, la misma
funcionaría en el edi ficio ocupado por la Brigada Oeste, sito en el Camino de
Cintura y Av. Tte. Gral. Ricchieri (Puente 12), La Matanza.
A fs. 4714 informó el Ministerio de Seguridad de la Provincia de
Buenos Aires, “en el predio conocido como Puente 12 del Partido de La Matanza,
sito en Camino de Cintura y Avenida Richieri funcionaban distintas dependencias
policiales, entre ellas el Destacamento Infantería y la División Cuatrerismo en el
rumbo SO de la Ruta 4 (comúnmente llamada Camino de Cintura) mientras que en
el rumbo NE funcionaba el Destacamento de Caballería y la Sección Perros”.
Asimismo a fs. 4629 se encuentra l a copi a de la Resol ución 12083
del 21 de diciembre de 1964 por la que se creó l a “Agrupación General Güemes”
con asiento en la Autopista Ricchieri y Camino de Cintura. En cuanto a su
estructura y conforme a la citada resol ución “estará compuesto por dotaciones
del Cuerpo de Guardi a de Seguridad de Cab allería, Infantería, Perros y Bomberos”.
Luego a fs. 4714 se indicó que “ésta habría sido entonces la forma común de
reconocer la ubi cación y elementos policiales de la zona” (fs. 4714 vta.).
En otro informe de la misma dependencia que se encuentra
agregado a fs. 567/ 82 se hace saber que “en el año 1977 sólo funcionaban el
Destacamento de Inf antería, el Centro de Crianza y Adiestramiento de Canes
dependiente del Cuerpo de Infantería y el Destacamento del Cuerpo de Caballería,
dependencias que se i dentificaban como Destacamentos «Matanza» en Resolución
32821/76 del 16 de enero de 1976”.
A partir del 4 de j unio de 1979, se instaló en ese lugar la “Bri gada
Femenina”. En 1994 se mudó al asi ento de la Dirección de Cuatreri smo la
entonces “Unidad Regional XV La Matanza” (fs. 4714 vta.).

32
Poder Judicial de la Nación

Las distintas dependencias que funcionaron en las cercanías


permiten comprender que los sobrevivi entes del CCDT se ref irieran al mismo
indistintamente como “Brigada Güemes” o “Puente 12”.
Como también he adelantado, el nombre de “Protobanco” para
referi rse al CCDT que funcionara en las dependencias de la División
Cuatrerismo de la Policía de Buenos Aires se debía a que en el mismo sitio,
pero con posteriori dad, funcionó un CCDT conoci do como “Banco” cuya
existencia se probara ya en el marco de la causa 13/84 y también en orden a
la investigación que se ll evara a cabo en esta j udicatura en causa 14.216/03
de la cual la presente es conexa, habiéndose dictado condenas con respecto a
los sucesos all í acaecidos –Tribunal Oral Federal nro. 2, sentencia de f echa 21
de diciembre de 2010-.
Allí, se tuvo por acredi tado que en las dependencias de la
División Cuatrerismo funcionó un CCDT bajo el nombre de “Banco” entre l os
últimos días de diciembre de 1977 y medi ados de 1978. Por lo tanto, al ser las
USO OFICIAL

mismas instalaci ones, pero utilizadas con anterioridad, es que el CCDT baj o
análisis fue llamado de la f orma indicada.
Por otra parte, los elementos colectados en autos hasta el
presente permiten asegurar, que el CCDT bajo anál isis tuvo como
particularidad su f uncionamiento como tal, tanto antes como después de la
instauración de la úl tima dictadura.
Con relación al período anterior al 24 de marzo de 1976, hasta el
momento se cuenta con pruebas suficientes para afirmar que, con
anterioridad a tal fecha, y en particul ar desde al menos novi embre de 1974,
diversas vícti mas fueron allí alojadas y someti das a tormentos -más allá de
que las imputaci ones formuladas en este proceso l o son a parti r del mes de
noviembre de 1975 (cfr. punto 2.4).
Luego, con posterioridad a la instauración del régimen de facto
se tiene acreditado el alojami ento ilegal de personas y su someti miento a
tormentos entre el 28 de marzo de 1976 y el 17 de febrero de 1977 (cf r.
apartado 2.5).
b. Dependencia operacional de la “Divi sión Cuatrerismo”
Jerárq uicamente, la “División Cuatreri smo” se organizaba en
orden descendente de la siguiente man era: la autoridad máxima era q uien
desempeñaba el cargo de Comisario Inspector; seguido por quien se
desempeñaba como Comisario, identificado en las respectivas calificaciones
del personal correspondiente a la misma como el segundo jef e de la División;
y luego por qui en se desempeñaba como Subcomisario.

33
Así, la “División Cuatrerismo” se encontraba –conforme a lo que
surge del organigrama referi do- bajo l as órdenes de Luis Héctor Vi des, quien
se desempeñó con el cargo de Comisario Inspector –correspondiente a la
autoridad máxima de dicha Di visión- en tre el 2 de j unio de 1976 y el 7 de
marzo de 1977 y quien, conforme a las constancias de autos, se encuentra
fallecido.
Durante el período anterior al gol pe de Estado, dicha División se
encontraba a cargo de Leopol do Pedro Si món, q uien se desempeñó como
Comisario Inspector entre el 3 de marzo de 1974 y el 1º de marzo de 1975,
conforme a l o que surge de las constancias de su legajo personal, reservado
en Secretaría (cf r. fs. 14/15) y que se encuentra también fall ecido conforme a
las constancias obrantes en la causa –fs. 6276-.
Sin perjuicio de q ue no se encuentran mencionados en la nómina
respectiva, remitida por el Ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia
de Buenos Aires, cabe destacar que de la compulsa de los anexos
documentales de l os legajos personales correspondientes a personal que se
desempeñó en la “División Cuatrerismo”, se pudo advertir que se
desempeñaron como Comisari os Inspectores sucesivamente Manuel Giral dez
–qui en figura fi rman do calificaci ones correspondientes a septiembre de 1975;
así, por ejemplo a Fernando Svedas y Carl os Alberto Tarantino-; y J uan
Modesto Carabajal –quien figura firman do calificaciones correspondientes a
septiembre de 1976; así, por ejemplo a Ángel Salerno, Carl os Alberto
Tarantino y Arturo Bauer Vila- . De esto último, se puede deducir que el cargo
de Comisari o Inspector f ue desempeñado simul táneamente por Vides y por
Carabajal .
Al respecto, Fernando Svedas, quien se desempeñó como
Subcomisario de la División, como se verá a continuación, en el marco de la
declaración testi mon ial prestada ante esta sede el pasado 2 de septi embre de
2011, recordó que “Pedro Leopoldo Simón, fue el primer jefe que tuve cuando
ingrese a [la Di visión ] Cuatrerismo, cuando se retiró lo reemplazaron dos jefes que
estuvieron sólo dos m eses aproximadamente, de quienes no recuerdo los nombres”
(fs. 8850/64).
Otra de las autori dades a cargo de la “División Cuatreri smo”
durante el período que interesa, habría sido Miguel Colici gno –imputado en
autos-, qui en se habría desempeñado durante el período compren dido entre
el 4 de febrero de 1976 y el 21 de diciembre del mismo año con el cargo de
Comisario.
En este sentido, cabe destacar, que con fecha 12 de octubre del
corriente, se dispuso el llamado a prestar declaración indagatoria de

34
Poder Judicial de la Nación

Colicigno y en consecuencia se libró orden de detención en su contra, en


virtud de imputársele la privación ilegal de la libertad de los detenidos
alojados en l a División Cuatreri smo durante el período en el cual el
nombrado habría ejercido el cargo de Comisari o, y las torturas aplicadas a los
mismos. A la fecha, aún no ha podi do hacerse efectiva la detención ordenada.
Continuando con el orden jerárquico descendente de la ref erida
División, se desempeñaron como subcomisarios de la misma, Fernando
Svedas, en el período comprendi do entre el 8 de agosto de 1973 y el 2 de
junio de 1976; A rturo Enriq ue Bauer Vil a, entre el 5 de diciembre de 1975 y el
1 de enero de 1977 y Juan Carlos Lavallén, entre el 20 de enero de 1976 y el 8
de febrero de 1977.
Asimismo, conforme a lo que surge de l as constancias de autos,
dicha División dependía, durante l os años objetos de investigación, de l a
Direcci ón de Investi gaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Asimismo, la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires,
USO OFICIAL

estuvo a cargo de Elfio Brignoni -desde el 1 de diciembre de 1975 al 23 de


abril de 1976-; l uego de Ramón Juan Al berto Camps y con posterioridad, de
Ovidio Riccheri, desconociéndose q ui én habría estado en tal cargo en
noviembre de 1975.
Debajo de dicha cúspide, se encontraban la Dirección General de
Investigaci ones, la Direcci ón General de Seguri dad y la Di rección General de
Inteligencia.
Conforme el organigrama de la Policía de la provincia de Buenos
Aires, q ue se encuentra agregado a fs. 4621, la División Cuatrerismo dependía
de la Direcci ón General de Investigaciones, recientemente citada.
En cuanto a la denominación de esta Dirección, en el informe del
Ministerio de Justici a y Seguridad remitido el 25 de noviembre de 2011 –fs.
10653/68- el Director de Organización y Doctrina de la Policía de la provincia
de Buenos Aires inf ormó: “Requerida nuestra intervención a fin de consignar
nivel orgánico, denominación y dependencia funcional del organismo aludido,
conforme la base de datos informática y archivo de este organismo, se puede
informar que a través de la Ley N° 8268 «O rgánica de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires» (Prom.: Decreto 7793/1974 del 4/11/74 – Publicación del 13/11/74)
se estableció la división orgánica de la Policía, brindando a la dependencia
subexamine rango orgánico y denominación «Dirección de investigaciones» (se
acompaña parte pertinente de la Ley N° 8268). Que mantuvo dicho rango orgánico y
denominación hasta el 1 de enero de 1977, momentos en que entró en vigencia la Ley
N° 8686 de diciembre de 1976, por la que se elevó su rango y se la denominó
«Dirección General de Investigaci ones»” ( destacado en el origi nal).

35
Luego informó que, conforme el art. 28 de la l ey 8268: “La
Dirección de Investigaciones es el organismo operativo, que actúa como policía
secreta de seguridad, a fin de prevenir y reprimir los delitos y las faltas. Funcionará
también como órgano de la Institución Judi cial y administrativo para los casos en
que prevengan por propia acción o reci a mandato de la Jefatura de Policía”
(destacado agregado).
A su turno, la misma estaba a cargo de quien se desempeñaba
como Comisario General. Tal cargo f ue ocupado, a partir del 5 de diciembre
de 1975 y hasta el 5 de mayo de 1976, por Ignaci o Oscar García –fall ecido-;
quien fue sucedido primero por Ernesto Verdún, quien desempeñó el cargo de
Comisario General entre el 6 de mayo de 1976 y el 14 de junio de 1976 –y se
encuentra fallecido conforme a las constancias de autos –fs. 9383/6-, y luego
por Miguel Osvaldo Etchecolatz, que ocupó el referido cargo entre el 15 de
junio de 1976 y el 3 de enero de 1979; conforme surge del informe efectuado
por la Jefatura de Policía de la P rovinci a de Buenos Aires y remitido por el
Juzgado en lo Cri mi nal y Correccional nro. 3 de La Plata en el marco de la
causa nro. 12.621/ 2006 del regi stro de esta Secretaría, cuyas copias
certificadas obran agregadas a fs. 10.077/ 84.
Aunado a lo antedicho debo destacar que, de la compulsa de los
Legajos personales de la Policía de la P rovincia de Buenos Aires de quienes
cumpli eron funciones en la División Cuatreri smo, surge también la
dependencia jerárquica de la mencionada División respecto de la Di rección
General de Investi gaciones. A modo de ejempl o, pueden confrontarse los
Legajos Personales de la Poli cía de la Provincia de Buen os Aires, que se
encuentran reservados en Secretaría, pertenecientes a Miguel Colici gno,
Carlos Alberto Tarantino y Ángel Salerno.
Por otra parte, en el Legajo personal del imputado Mi guel
Colicigno reci entemente citado, en el período del 1° de octubre de 1975 al 30
de septi embre de 1976, lo calificó Oscar C. Toppolo, Comisario Inspector,
“Jefe Depto. Coord. Gral. Inves.” quien estimó: “Jefe de relevantes condiciones;
Gran ascendencia ent re su personal subordinado. Altamente capacitado para la
función. Actualment e se desempeña como Segundo Jefe de la División
Cuatrerismo” (destacado agregado) . Luego, en la calif icación del Jefe
Superi or suscribe el Comisario Inspector Mi guel Osval do Etchecol atz –
Director General de Investigaci ones-, ratificando el j uicio del Jefe di recto.
Paralelamente a lo expuesto y dentro del diseño territori al en
Zonas de Defensa, Subzonas y Áreas establecido por el Ejército Argentino,
este CCDT se hallaba asentado en territorio asignado a la j urisdicción de la
Subzona 11, de la cual fue Jefe, desde di ciembre de 1975 hasta diciembre del

36
Poder Judicial de la Nación

año siguiente, el fallecido General de Brigada Adolfo Sigwald, habiendo


asumi do l uego el también fallecido Gen eral J uan Bautista Sasiaiñ, entonces a
cargo de la Brigada de Infantería Mecanizada X, con asiento en el barrio de
Palermo de esta ciudad.
Resta mencionar q ue al momento, si bien no se cuenta con
documentación ofici al con respecto a q ué persona se habría desempeñado a
cargo de la Subzona 11 durante el período anterior, en el cual se produjeron
las primeras detenci ones acredi tadas en el marco de estos autos; en el libro
“Memoria Debvi da” de autoría de José Luis D’andrea Mohr, surge que
anteriormente a Sigwald, quien ocupó dicho cargo, desde septiembre de 1975
fue el General Antonio Domingo Bussi, recientemente falleci do, hecho q ue ha
trascendi do públicamente –“Memoria D ebvida”, José Luis D’Andrea Mohr,
Editorial Colihue, Buenos Ai res, Argenti na, abril de 1999, p. 181-.
Por otro lado, el Jefe del Área 114 donde estaba ubicado el CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes-”, era el Jef e del Grupo Artillería Mecanizada 1,
USO OFICIAL

habiendo revistado como tal cargo, desde diciembre de 1974 hasta el 26 de


noviembre de 1976, el Coronel Hugo Il debrando Pascarelli; y sucesivamente,
hasta enero de 1979, el fallecido Coronel Antonino Fichera.
c. Existencia de un plan de represión generalizado con
anterioridad al golpe de estado
Al respecto, en la medida en que en la presente resol ución se
tiene acreditado que ya con anterioridad al golpe de estado, f uncionaba el
plan de represión in strumentado desde el poder del Estado, y que se desatara
en forma definitiva en marzo de 1976, cuando se asentara en su forma y
metodología sistemática, es necesario analizar por q ué sucesos que han
tenido l ugar con anterioridad a la fecha indicada, habrán de ser considerados
como parte de dicho plan represivo.
1. Circunstancias anteriores al 24 de marzo de 1976
Precisamente, la realidad de algunos de los hechos sobre los
cuales versa el presente expediente i mpone la necesi dad de dejar sentado un
análisis que trasci ende la temporali dad delimitada por los hitos del
derrocamiento del gobierno consti tuci onal acaecido el 24 de marzo de 1976 y
el reestableci miento institucional del 10 de marzo de 1983.
Y es que, la comprensión de tales hechos no puede efectuarse
cabalmente si no se realiza a través del prisma del contexto histórico en el
cual se encuentran inscriptos y de los procesos políticos, soci ales y culturales
del cual fueron mani festación concreta.
Desde esa perspectiva, la instauración del autodenomin ado
“Proceso de Reorganización Nacional”, esto es, la usurpación de los Poderes del

37
Estado por parte de las Fuerzas Armadas, si bien constituye el hecho más
trascendente de la i mplementación del plan clandestino de represi ón ilegal,
no resulta ser el pri mer paso del complejo de actos, omisi ones y maniobras de
diverso tipo a través de las cuales se cometieron las más graves afectaciones a
los derechos human os que hoy se investigan, sino que encuentra sus orígenes
y antecedentes en otros anteriores de los cuales resulta, de alguna manera, su
culminación.
La Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional Federal , en la sentencia dictada el 9 de dici embre de 1985, como
culminación del llamado “Jui cio a los Comandantes” o “Jui cio a las Juntas”,
puso de resalto que ya con anterioridad al golpe de estado del 24 de marzo de
1976, se visualizaban en el país prácticas de represión llevadas a cabo desde
las propi as agencias del Estado.
Así, bajo el títul o “Antecedentes y desarrollo del sistema general en
el que se integran los hechos” en la sentencia, se hizo una exhausti va
descri pción de los antecedentes de l a actuación de la guerril la, que tuvi eron
como eco el dictado de di rectivas ori entadas a la neutralización de las
organizaci ones pol íticas guerrilleras, en el ámbito de todo el país, y en zonas
que se consideraron prioritarias, como fue la Directiva 261/75 que se focalizó
en la represión en la Provincia de Tucumán; a la cual luego se sumó la nro.
333/75, q ue insisti ó en la regulación de los cursos de acci ón a desarrollarse
en esta provincia.
Concretamente, por el decreto 261/75 se “encomendó al Comando
General del Ejército ejecutar operaciones militares necesarias para neutralizar y/o
aniquilar el accionar de los elementos subversivos” en la provincia mencionada –
cfr. “La Sentencia…”, p. 70-.
Como se dij o, la norma citada “se complementó con la directiva del
Comandante General del Ejército n° 333, de enero del mismo año, que fijó la
estrategia a seguir contra los asentamientos terroristas en Tucumán”. El Anexo 1°
de dicha normativa, denominado “normas de procedimiento legal”, contuvo
“reglas básicas de procedimiento sobre detención de personas, que indican su
derivación preferente a la autoridad policial en el plazo más breve; sobre
procesamiento de detenidos, que disponen su sometimiento a la justicia federal, o su
puesta a disposi ción del Poder Ejecutivo Nacional; sobre allanamientos,
autorizándolos en casos graves, con presci ndencia de toda autorización judicial
escrita, habida cuenta del estado de sitio” –p. 70-.
Los pri meros decretos del P.E.N. dictados en tal sentido, fueron
los nros. 2770, 2771, 2772 del añ o 1975, los cuales fueron segui dos por las
directi vas del Comandante General del Ejército nro. 404 de octubre de 1975 y

38
Poder Judicial de la Nación

405, de mayo de 1976, en las que se puso de resalto cuál es eran las zonas
prioritarias para la represi ón de tales organizaciones, fijándose entre tales
áreas geográficas, Capital Federal, y la provincia de Buenos Aires.
El Consejo de Defensa dictó la Di recti va 1/75, cuya finalidad
primordial fue instrumentar el empleo de las Fuerzas Armadas, Fuerzas de
Seguri dad, Fuerzas Policiales y otros organismos para la “lucha contra la
subversión”. El punto séptimo de dicha Directiva establ eció las misiones de
cada una de las fuerzas en tal empresa, otorgándol e al Ejército la de operar
ofensivamente contra la “subversión” en el ámbito de su j uri sdicción y fuera
de ella en apoyo de las otras f uerzas, para detectar y aniquilar las
organizaci ones subversivas.
Asimismo, le asignó al Ejército la responsabilidad primaria en la
direcci ón de las operaciones contra la “subversión” en el ámbito nacional, la
conducción del esf uerzo de inteligencia de la comunidad inf ormativa contra
ella (ver Di rectiva 1/75, obrante en el Legajo de Di rectivas).
USO OFICIAL

El Anexo 1 a la Directiva del Consejo de Defensa 1/75 establ ecía


la estructura del Régimen Funcional de Inteligencia, de donde surgía
claramente que el fl ujo de la informaci ón de inteligencia que comenzaba en
las Áreas, seguía en las Subzonas, pasaba por el Comando de Zona, hasta
llegar al Comando General del Ejército y luego al Poder Ej ecutivo Nacional.
Similar organigrama se confiri ó a la Estructura del Régimen Funcional de
Acción Psicológica ( Anexo 2 de dicha directiva).
Por su parte, la Di rectiva del Comandante General del Ejército
404/75 (obrante en el Legajo de Di rectivas), cuya finalidad fue poner en
ejecución las medi das y acciones previ stas en la Directiva 1/75 del Consejo
de Defensa, reprodujo los términos de aquella en cuanto a la misión y
responsabilidad que se le asignaba al Ejército Argentino en el marco de la
“lucha contra la subversión”.
En cuanto a las ideas rectoras del accion ar del Ejército, señal aba:
“[l]a actitud ofensiva a asumir por la Fuerza, más los elementos puestos a su
disposición, debe materializarse a través de la ejecución de operaci ones que permitan
ejercer una presión constante, en tiempo y espacio, sobre las organizaciones
subversivas. No debe actuar por reacción sino asumir la iniciativa en la acción,
inicialmente con actividades de inteligenci a, sin las cuales no se podrán ejecutar
operaciones, y mediante operaciones psicológicas”. En el punto rel ativo a las
operaciones a desarrollar, especificó que los Comandos y Jef aturas de todos
los niveles tendrán l a responsabili dad di recta e indel egable en la ejecuci ón de
la totali dad de l as operaci ones.

39
En la directiva 404/75 “se estableció que los detenidos debían ser
puestos a disposición de autoridad judici al o del Poder Ejecutivo, y todo lo
relacionado con las reglas de procedimientos para detenciones y allanamientos, se
difirió al dictado de una reglamentación identificada como Procedimiento Operativo
Normal que finalmente fue sancionada el 16 de diciembre siguient e (PON 212/75)”
–p. 72- .
Dicha directiva, del 28 de Octubre de 1975, fijó las zonas
prioritarias de l ucha, dividi ó la maniobra estratégica en fases y mantuvo la
organizaci ón territorial -conformada por cuatro zonas de def ensa -nros. 1, 2,
3 y 5- subzonas, áreas y subáreas - preexistentes de acuerdo al Plan de
Capacidades para el año 1972 -PFE-PC MI72-, tal como ordenaba el punto 8 de
la directiva 1/75 del Consejo de Defensa.
Tales normati vas resultaban complementarias de una legisl ación
especial compuesta por leyes de fondo y de procedi miento que estaban
dirigi das a la persecución pol ítica. Como señaló el Superior: “Las principales
fueron la ley 20.642, de enero de 1974, que introdujo distintas reformas al Código
Penal, creándose nuevas figuras y agravando las escalas penales de otras ya
existentes, en relación a delitos de connotaci ón subversiva. En sept iembre del mismo
año se promulgó la ley 20.840 que estableció un régimen de penalidades para
distintas actividades t erroristas, y los decretos 807 (abril de 1975), 642 (febrero de
1976) y 1078 (marzo de 1976), a través de los cuales se reglamentó el trámite de la
opción de salir de país durante el estado de sitio”.
En paral elo con este andamiaje normati vo, subterráneamente las
Fuerzas Armadas y de seguridad comen zaron a concretar una serie de actos
delictivos que luego, a gran escala, serían implementados, una vez usurpado
el poder estatal, directamente desde lo más alto del régimen de facto
instaurado.
La Sala IIª de la Excma. Cámara ha destacado esta circunstancia
en diferentes precedentes entre l os q ue cabe menci onar l as causas n° 23.516
“García Velazco”; 23.997, “Pernías s/procesami ento”, reg. n° 25.808, rta. el
5/10/2006”; 24.898 “Acosta, Jorge y otros s/procesamiento y prisión
preventiva”, rta. 19.7.07, reg. n° 27.149; 26.790 “Capdevill a, Carlos O. y otros
s/procesami ento y prisión preventiva”, rta. 22.12.08, reg. n° 29.359; y 26.947
“Cavallo, Ricardo s/procesamiento y prisión preventiva”, rta. 29.12.08, reg.
n° 29.390, entre otras.
El Tribunal de Alzada sostuvo allí lo si guiente: “en la República
Argentina, a lo largo de todo 1975, e incluso con anterioridad, los responsables
militares de cada una de las Fuerzas Armadas, con la ayuda de las Fuerzas de
Seguridad, Servicios de Inteligencia y apoyo de grupos de civiles, tomaron la
decisión no sólo de derrocar a la Presidenta constitucional, María Estela Martínez

40
Poder Judicial de la Nación

de Perón, mediante un golpe de Estado que se materializó el 24 de marzo de 1976,


sino también de diseñar, desarrollar y ejecutar un plan criminal sistemático de
secuestro, tortura, desaparición y, finalmente, eliminación física de toda aq uella
parte de la ciudadanía que reputaban sospechosa de ser «subversi va», entendiendo
por tal las que por sus actividades, relaciones, adscripción política o forma de
pensar resultaban en apariencia incompatibles con su proyecto político y social. La
selección de quiénes tendrían la consideración de s ubversivos se haría en función de
su adscripción a determinadas actividades y sectores, fundamentalmente por
motivos políticos e ideológicos, aunque también influirían los étnicos y religiosos”.
“Desde el 24 de marzo de 1976 -fecha del golpe de Estado- hasta el 10
de diciembre de 1983, las Fuerzas Armadas argentinas usurparon ilegalmente el
gobierno y pusieron en marcha el llamado «Proceso de Reorganización Nacional»
y la denominada «Lucha contra la subversión», cuya finalidad, en realidad, era la
destrucción sistemática de personas que se opusiesen a la concepción de nación
sostenida por aquellos militares, y a las que se identificaría como opuestas a la
USO OFICIAL

«Civilización Occidental y Cristiana»”.


“Tales designios se exponían y detallaban extensamente en el
denominado Plan General del Ejército, q ue desarrollaba el Plan de Seguridad
Nacional, y que se definía en la Orden Secreta de Febrero de 1976, en la que se
contenía la doctrina y las acciones concretas para tomar por l a fuerza el poder
político e imponer el terror generalizado a través de la tort ura masiva y la
eliminación física o desaparición forzada de miles de personas que se opusieran a las
doctrinas emanadas de la cúpula militar”.
“Tal manera de proceder suponía la secreta o tácita derogación de las
normas legales en vigor y respondía a planes aprobados y ordenados a sus
respectivas fuerzas por los Comandantes militares, según las disposiciones de las
Juntas Militares. Ello referido a un organigrama de grupos, organizaciones y
supuestas bandas armadas, que, subvirtiendo -a criterio de los detentadores del
poder- el orden const itucional y alterando gravemente la paz pública, cometieron
toda una cadena de hechos violentos e ilegales que desembocaron en una represión
generalizada y en un estado de absoluto terror de toda la población”.
La ruptura insti tuci onal ocurrida el 24 de marzo de 1976, no
aparece como un hecho espontáneo desen cadenado por una situación concreta
que determinó en la corporación militar una decisión irreflexiva o preci pitada
de derrocar al gobierno democrático, sino que surge como el resultado de una
operación de estricto carácter militar, minuciosamente calculada hasta el
último detalle.
El plan del Ejérci to de febrero de 1976, demuestra que cada
acción efectuada por las fuerzas armadas esa noche y los días inmediatamente
anteriores y posteri ores a ella, f ue parte de un plan que hacía meses había

41
sido pergeñado por los oficiales más encumbrados del Ejército, en un
programa que incluía las detenci ones que debían realizarse, los edificios
públicos, particul ares y demás espacios q ue debían ocuparse, los servicios de
distinto orden sobre los que debía tomarse el control, l os medios a emplearse
e incluso un plexo de normativas que debían dictarse una vez tomado el
gobierno por la fuerza.
Existi ó en los mili tares un fin deliberado de atentar contra el
orden instituci onal, una precisa selecci ón de medios y recursos de todo tipo,
una elecci ón previa de quiénes serían las pri meras víctimas de su acci onar,
una eval uación de “enemigos” que incluía el cálcul o de la i ntensidad de su
oposici ón y los medi os para repel erla, todo ello en el marco del pronóstico de
distintos cuadros si tuacionales que podían presentárseles y para los cual es se
había programado cuidadosamente el curso de acci ón a segui r.
Confeccionado el “Plan del Ejército ( contribuyente al Plan de
Seguridad Nacional)” para el mes de febrero de 1976, sól o quedaba la elección
de cuál sería el momento oportuno para derrocar al gobierno constitucional , o
más bien sólo restaba decidir cuál sería el día en concreto en que se pondría
fin a la democracia.
La premeditación criminal se plasmó en un documento cuyo
cuerpo principal constaba de once pági nas a las q ue se adi cionaron quince
anexos, conteniendo órdenes de batalla, instrucci ones sobre las acciones de
inteligencia, la detención de personas, l a ocupación y clausura de edifici os
públicos y sindicales, el control de los grandes centros urbanos y cierre de
aeropuertos, aeródromos y pistas, la vi gi lancia de las fronteras, el control de
los servicios públicos esenciales, de los establecimi entos penitenciarios y las
residencias di plomáticas, así como también instrucciones relativas a la
detención de los miembros del Poder Ejecutivo Nacional , la división de
jurisdi cciones para l levar a cabo el plan, proyectos de normativas a dictarse y
programas de acci ón psicol ógica.
Ahora bien, hechos con las características como el de autos,
acaecidos durante el año 1975 y que presentan idéntica forma a la que adoptó
ese plan de represi ón ilegal con posteriori dad al 24 de marzo de 1976,
resultan escl arecedores de que, el Estado de Policía ven ía expandiéndose
rápidamente a expensas del Estado de derecho en el marco de las
corporaciones mili tares y de seguridad, proceso en cuyo contexto ven ían
cometiendo con anteriori dad a ese día di stintos segmentos de dicho programa
represivo.
Conviene recordar q ue, atendiendo a esta reali dad, esto es, l a de
que no resultaría razonable el estableci miento de un límite temporal sobre

42
Poder Judicial de la Nación

una materia tan lamentablemente enrai zada en la historia de nuestro país, fue
que la Excma. Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, el 7 de abril de
2005 resolvió por mayoría, ampliar el lapso objeto de las investigaci ones de
los “Juicios por la Verdad” que f ueran iniciados a través de la Acordada
18/98, al día 6 de n oviembre de 1974, fecha en la cual se decretó el estado de
sitio por el gobi ern o que luego fuera derrocado en marzo de 1976 (decreto
P.E.N. 1638/74) .
2. Los hechos investi gados, anteri ores al golpe de estado
En el caso particul ar de estos obrados, cuyo objeto procesal
encuentra uno de sus epicentros en los hechos que tuvieron l ugar en el CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”, existe una serie de sucesos que, habiendo si do
cometidos con anterioridad al 24 de marzo de 1976, presentan características
propias del proceso históri co precedentemente descripto y de la lógica de
implementación del plan clandestino de represi ón ilegal q ue, a gran escala, se
instaurara durante el último gobierno de facto.
USO OFICIAL

Se trata de los hechos que tuvi eron por víctimas a Washington


Mogordoy, Juli o César Mogordoy, Noemí Charo Moreno, Norberto Rey,
Grisel da Zárate y Bl anca Frida Becher; quienes compartieron cautiverio en el
citado CCDT con Jorge Eduardo Vel arde, Martín Mastinú, Aldo Omar
Ramírez y J orge Ricardo Maeda.
Para graficar lo expuesto, y sin perj uicio de que al momento de la
descri pción de l os hechos se habrá de analizar en extenso tales eventos,
corresponde tener en cuenta que los seis primeramente nombrados –los
hermanos Mogordoy, Becher, Zárate, Moreno y Rey- fueron ilegalmente
detenidos a través de un operativo realizado el 4 de noviembre de 1975 en
Honduras 4183 de esta ciudad, en el que intervino personal dependiente de la
División de Investigaciones de Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Los mismos fueron trasladados en primera instancia a la
Comisaría 21ª –con excepción de Rey y Washington Mogordoy que fueron
llevados al Hospi tal Fernández- , luego a lo que sería el Departamento Central
de Policía Federal, y posteriormen te a la División Cuatrerismo.
Permanecieron en el citado CCDT durante aproximadamente una semana –
entre el 6 y el 12 de noviembre-, habiendo sido todos el los sometidos a
torturas durante su cautiverio en dicho sitio. El 12 de n oviembre de 1975 l os
nombrados f ueron legalizados mediante el decreto 3384.
Lo singular de tales hechos en lo atinente al análisis en curso, es
que los mi smos aparecen como la concreción particularizada de un plan de
represión generalizado que ya se encontraba en pleno desarrollo al

43
momento de l os hechos, y q ue l uego se desplegó a gran escala en todo el
territorio naci onal.
Tales hechos, en defi nitiva, constituyen l a antesala del horror que
luego, con mayores dimensiones pero iguales características, sería concretado
en el cuerpo y alma de los ciudadanos, una vez instaurado el gobi ern o
militar.
Para arribar a esta conclusión, no puede dejar de señalarse la
importancia de anali zar tal es sucesos dentro del marco más amplio dentro del
cual se encuentran i nscriptos, prisma a través del cual , la evoluci ón de los
sucesos permitirá observar su real dimen sión
Y es que, al observar las mayores dimensiones que con
posterioridad alcanzó la concreción de ese pl an generalizado de represión,
podremos advertir con mayor claridad esa perspectiva más amplia que dota a
tales eventos de su significado.
Ello, permiti rá afirmar, conforme el desarrollo que se hará en el
presente Consi derando, que l os mismos, resultan ser hechos que deben ser
caracterizados como de lesa humanidad y, por lo tanto, i mprescriptibl es.
Ello, por cuanto l os mismos:
► fueron cometi dos a través de la estructura organizada de
poder que luego resultara ser el brazo de ejecutor, a gran escala, de la
represi ón ilegal estatal instaurada luego de marzo de 1976;
► fueron ejecutados al amparo de normativa que sirvió de
pretexto meramente legal para la concreción del plan represivo; y
► fueron realizados de conformidad con las características
generalizadas que l uego se verían concretadas, en mayor escala, a parti r del
24 de marzo de 1976, y que constituyen severas afectaci ones a los derechos
humanos.
En lo que respecta a la estructura organizada de poder a través
de la cual los hechos fueron cometi dos, cabe mencionar que los mismos
fueron ejecutados, a través de una “pat ota” conformada por personal de lo
más heterogéneo, en tanto, en la misma concluyó personal de distintas
divisiones de la Poli cía de la Provincia de Buen os Aires, ya que los policías
Salerno, Sánchez y Tarantino se desempeñaban en la División Cuatreri smo,
Mansilla en la Divi sión Leyes Especial es, Madrid en la División Robos y
Hurtos, y Ornstein, en la División Leyes Especial es; todas dependencias baj o
el mando de l a Di rección General de Investigaciones de La Plata.
Sólo un segmento del personal que intervino en el mismo fue
dado a conocer a los efectos de la inevi table formalizaci ón del operativo en
razón de l a muerte de María Teresa Barvich y, nótese, que se trató

44
Poder Judicial de la Nación

precisamente de aquellos que no estaban destinados a organismos de


inteligencia.
Otras circunstancias que resulta dable adverti r, es q ue siendo que
la mayoría de los perpetradores proven ían de la provincia de Buenos Aires, el
operativo se concretó en jurisdicci ón de la Capi tal Federal y, por otra parte,
el mismo se realizó con invocación de la aplicaci ón de la ley 20.840 de
Seguri dad Nacional .
La descripción de todas estas características, sobre las cuales
abundaremos en detalle más adelante, n os lleva a la concl usión de que los
hechos fueron cometidos por l a misma estructura organizada de poder que
concretó ese plan generalizado de represión ilegal.
Al igual que con posterioridad al 24 de marzo de 1976, el
operativo en estudi o fue cometido al amparo, por un lado, de la estructura
delineada a través de los decretos 2770, 2771 y 2772, en tanto el primero creó
el Consejo de Defensa y el de Seguri dad Interna, el segundo habilitó al
USO OFICIAL

Consejo de Seguri dad Interna a suscribi r convenios con las provincias, a fin
de colocar bajo su control operacional al personal polici al en lo que concierne
a la “lucha antisubversiva” y, finalmente, el tercero extendió “la acción de las
Fuerzas Armadas a los efectos de la lucha antisubversiva a todo el territorio del
país”.
Asimismo l a Di recti va 1/75 del Consejo de Def ensa, del 15 de
octubre de 1975, f ue la que instrumen tó la forma en que debía darse l a
actuaci ón simultánea de l as distintas fuerzas. Tal como l o explicara el Excmo.
Tribunal de Alzada en la causa n° 13/84: “Esta directiva dispuso que la acción
de todas las fuerzas debía ser conjunta para lo cual debían firmarse los respectivos
convenios y adjudi có al Ejército la responsabilidad primaria en la dirección de las
operaciones contra la subversión en todo el territorio de la Nación, la conducción de
la comunidad informativa y el control operacional sobre la Policía Federal, Servicio
Penitenciario Federal y policías provinciales” –Pág. 71-, aparato de poder q ue se
montó sobre la estructura de Zonas-Subzonas-Áreas vi gente desde 1972.
Por otra parte, como se verá, ante el asesinato de María Teresa
Barvich y la consecuente f ormalización –siempre parcial- del operativo, se
invocó que la activi dad de las fuerzas intervinientes se rel acionaba con la
investigación de acti vidades repri midas por la ley 20.840.
Ese cúmulo de normativas, de represión de ciertas actividades, de
creación de esa otredad negativa bajo la figura inasible del “subversivo”, de
implementación de especial es estructuras burocráticas destinadas a abordar
la cuestión, etc., fue invocado por las fuerzas armadas para el empleo del

45
plan represivo ya i mplementado antes de marzo de 1976 y, como es sabido,
también l uego de diciembre de 1983, para justificar su conducta.
Sin entrar a evaluar la constitucionalidad de di cha normativa, lo
cierto es que ella si rvió como elemento habilitante, como pretexto empl eado
para desplegar, subterráneamente, un ejercicio violencia contra la ciudadan ía
nunca antes vi sto en la historia de nuestro país.
En definitiva, l os hechos se cometieron contra sujetos
determinados, etiquetados bajo el rótul o de enemistad, propio de pl an de
represi ón clandestin a y que l uego resultara funci onal a su i mplementación a
gran escala; se util izó para su concreción la estructura burocratizada de
poder que luego sería comandada directamente por el gobierno de facto; y,
los mismos presentaron características de ilegalidad y clandestinidad propi as
de ese plan sistemáti co de represión.
Al respecto, recordemos que el patrón común de acci ón de ese
programa estatal, f ue sistemati zado por la Excma. Cámara del Fuero, del
siguiente modo:
“1) Los secuestradores eran integrantes de las fuerzas armadas,
policiales o de seguri dad, y si bien, en la mayoría de los casos, se proclamaban
genéricamente como pertenecientes a alguna de di chas fuerzas, normalmente
adoptaban precauciones para no ser identi ficados, apareciendo en algunos casos
disfrazados con burdas indumentarias o pelucas [...]”
“2) Otra de las características que tenían esos hechos, era la
intervención de un número considerable de personas fuertemente armadas [...]”.
“3) Otra de las características comunes, era que tales operaci ones
ilegales contaban frecuentemente con un aviso previo a la autori dad de la zona en
que se producían, advirtiéndose incluso, en algunos casos, el apoyo de tales
autoridades al accionar de esos grupos armados”.
“El primer aspecto de la cuestión se vincul a con la denominada «área
libre», que permitía se efectuaran los procedimientos sin la interferencia policial,
ante la eventualidad de que pudiera ser reclamada para intervenir [ ...]”.
“No sólo adoptaban esas precauciones con las autoridades policiales en
los lugares donde debí an intervenir, sino que en muchas ocasiones contaban con su
colaboración para real izar los procedimientos como así también para la detención de
las personas en las propias dependencias poli ciales [...]”.
“4) El cuarto aspecto a considerar con característica común, consiste
en que los secuestros ocurrían durante la noche, en los domicilios de las víctimas, y
siendo acompañados en muchos casos por el saqueo de los bienes de la vivienda [...]”
(cfr. La Sentencia…, Tomo I, pág. 97 y si g.).

46
Poder Judicial de la Nación

Tal como se verá al momento de tratar específicamente sobre


estos sucesos, de la misma manera pueden enumerarse aquí sus
características esenci ales:
► fueron cometidos a través de un operativo realizado sin orden
judicial previa, pese a la posterior formal ización de los mismos;
► se empleó una magnitud desproporcionada de vi olencia,
característica propia de la despersonalización del sujeto pasivo del acci onar
represivo;
► se recurrió a una cantidad tambi én desproporcionada de
recursos humanos y logísticos destinados a concretar los hechos;
► se utilizó person al cuya intervención jamás fue formali zada,
pese a la posteri or burocratización del operativo;
► los hechos se cometieron a través de la actuación conjunta de
un grupo heterogén eo de integrantes de distintas fuerzas –en algunos casos
paramilitares, como ser integrantes de la llamada “Triple A”, y en lugares en
USO OFICIAL

los que tales fuerzas carecían jurisdicci ón regular;


► las víctimas f ueron trasladadas a sitios en los q ue no f ueron
registradas ni informadas del lugar en el cual estaban, ni a disposici ón de qué
autoridades;
► el alojami ento de las mismas fue realizado baj o la órbita de
personas sin identificar y en sitios sin identificar, habiéndose adoptado todos
los mecanismos di sponibles necesarios a fin de evitar el recon ocimiento de tal
información por parte de l as víctimas;
► los detenidos fueron abstraídos de todo contacto con sus
familiares o allegados;
► tuvi eron prohibida su comunicación con el exterior; y,
► se produjo una supuesta “l egalización posteri or”, cuando
estaban ya alojados en la Divisi ón Cuatrerismo, donde fun cionó en CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
El alojamiento en este CCDT, en los cuales l as víctimas fueron
someti das a tormentos f ísicos y a condiciones infrah umanas de vi da, resulta
ser el corol ari o y punto de intersecci ón más gráfico de la relación de
identidad q ue se advierte en perspectiva y a la luz de todo el proceso
histórico aquí descri pto.
Basta con la enumeración de tales pautas para comprender que
entre estos sucesos y los cometi dos con posterioridad al 24 de marzo de 1976
existe una relación tal, que puede hablarse de iguales hechos, en la medida de
que sobre los mismos versa una materi alidad sustancialmente idéntica. Se
trata de sucesos en l os que, en tanto con creciones de unos mismos designios,

47
puede verse detrás de ellos, una misma idea básica. Resul tan, en definitiva,
hechos que son igual es en cuanto objetos de cognición.
En lo q ue atañe al restante grupo de detenidos, tales como Martín
Mastinú, Aldo Omar Ramírez, Jorge Eduardo Velarde y Jorge Ricardo Maeda,
debe tenerse en cuenta que el alojamiento de los mismos en el CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”, también respondió a la lógica que se
visualizara de una f orma sistemática, l uego del golpe de estado, pero que se
evidenciara con an terioridad a él, presentando todas las características
propias de las acci ones despl egadas en forma general izada, lo cual permite
hacer conflui r las acciones anteriores y posteri ores, en el mismo plan de
represi ón.
Al respecto, vale mencionar que ya en el año 1974 se comprobó la
existencia del CCDT bajo estudio, en el cual las víctimas f ueron alojadas en
sin registrarse en ningún libro de la dependencia, en donde f ueron sometidas
en forma sistemáti ca a la aplicación de torturas, no inf ormadas de las
autoridades responsables de sus detenci ones, y abstraídas del conocimi ento
de sus familiares, entre otras pautas q ue conforman un cuadro de absol uta
similitud con aq uell os observables l uego del golpe de estado.
3. Su carácter de lesa humanidad
Con lo desarrollado hasta el momento, queda expresado que los
hechos que tuvieron por vícti mas a Washington Mogordoy, Juli o César
Mogordoy, Noemí Charo Moreno, Norberto Rey, Griselda Zárate y Blanca
Frida Becher, cometi dos a partir del día 4 de noviembre de 1975, forman parte
del plan si stemático de represi ón ilegal que se concretó, a mayor escala, a
parti r del día 24 de marzo de 1976; equiparándose a tales supuestos l os
hechos de l os q ue resultaron víctimas Martín Mastinú, Aldo O. Ramírez, Jorge
R. Maeda y Jorge E. Velarde, quienes como se ha asentado, estuvi eron
detenidos junto a l os nombrados, en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
En tal sentido, cabe mencionar que mediante una juri sprudencia
pacífica que se ha i do forjando no sól o en este Fuero, sino también en l as
instancias superiores –tanto a nivel naci onal como internaci onal-, ha quedado
fuera de discusión la categoría de crímenes de lesa humanidad que cabe
asignarle a los hechos acaecidos en el marco de dicho plan.
Así, la Corte Suprema de Justici a de la Nación en el precedente
“Simón, Julio Héctor y otros s/privación ilegítima de la libertad, etc.” postuló que
“...es misión de la Corte velar por el cumplimiento del ius cogens, esto es, el
derecho inderogable que consagra la Convención sobre Desaparición Forzada de
Personas. La desaparición forzada de personas constituye, no sólo un atentado
contra el derecho a l a vida, sino también un crimen contra la humanidad. Tales

48
Poder Judicial de la Nación

conductas tienen com o presupuesto básico la característica de dirigirse contra la


persona o su dignidad, en las que el individuo ya no cuenta, sino en la medida en
que sea miembro de una víctima colectiva a la que va dirigida el delito. Es
justamente por esta circunstancia que la comunidad mundial se ha comprometido a
erradicar crímenes de esa laya, pues merecen una reprobación tal de la conciencia
universal al atentar contra los valores humanos fundamentales, que ninguna
convención, pacto o norma positiva puede derogar, enervar o disimular con
distracción alguna. La Nación Argentina ha manifestado su clara voluntad de hacer
respetar irrenunciablemente esos derechos y ha reco nocido el principio fundamental
según el cual esos derechos matan el espíritu de nuestra Constitución y son
contrarios al ius cogens, como derecho internacional imperativo” (C.S.J.N. Fallos:
328:2056, del voto del Dr. Antonio Boggiano).
Como ha señalado el por entonces Procurador General de la
Nación, Dr. Esteban Righi: “la categoría que hoy cuenta con una codificación
penal (el Estatuto de Roma) y un cuerpo jurídico de interpretación en constante
USO OFICIAL

crecimiento, es también el producto de una evolución histórica que, al menos desde


la segunda guerra mundial, ha incorporado con claridad las graves violaciones de
los derechos humanos cometidas a través de la actuación estatal en el catálogo de
delitos de lesa humanidad” (dictamen en “Derecho, René Jesús s/incidente de
prescripción de la acci ón penal”, del 1º de septiembre de 2006).
Por ley 25.390 se incorporó a nuestro derecho interno el Estatuto
de Roma de la Corte Penal Internacional, adoptado el 17 de j ulio de 1998, en
cuyo preámbulo se afirma que “los crímenes más graves de trascendencia para la
comunidad internacional en su conjunto no deben quedar sin castigo y que, a tal
fin, hay que adoptar medidas en el plano nacional e intensificar la cooperación
internacional para asegurar que sean efectivamente sometidos a la acción de la
justicia”; asimi smo, se expresa la decisi ón de “poner fin a la impunidad de los
autores de esos crímenes y a contribuir así a la prevención de nuevos crímenes”.
Como es sabido, el art. 7° del mencion ado Estatuto precisa las
conductas alcanzadas por el concepto del ito de “lesa humanidad”,
estableciendo que las mismas tendrán dicho carácter cuando sean cometidas
“como parte de un at aque generalizado o sistemático contra una población civil y
con conocimiento de di cho ataque”.
Se encuentran comprendidas l os siguientes actos: a) Asesinato; b)
Exterminio; c) Esclavitud; d) Deportaci ón o trasl ado f orzoso de población; e)
Encarcelaci ón u otra privación grave de la libertad física en violación de
normas f undamentales de derecho internacional; f) Tortura; g) Violaci ón,
esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilizaci ón
forzada u otros abusos sexuales de gravedad comparabl e; h) Persecuci ón de
un grupo o colectivi dad con identi dad propi a fundada en motivos políticos,

49
raciales, nacionales, étnicos, cul turales, religiosos, de gén ero definido, u
otros motivos universalmente reconoci dos como inaceptables con arreglo al
derecho internaci onal, en conexi ón con cualqui er acto de los antes
mencionados o con cualquier crimen de la competencia de la Corte; i)
Desaparición forzada de personas; j) El crimen de apartheid; k) Otros actos
inhumanos de carácter similar q ue causen intencion almente grandes
sufrimientos o aten ten gravemente contra l a integridad f ísica o la salud
mental o física.
En el ya citado precedente de la C.S.J.N., el Dr. Lorenzetti explicó
que “La descripción jurídica de estos ilíci tos contiene elementos comunes de los
diversos tipos penales descriptos, y otros excepcionales que permiten calificarlos
como «crímenes con tra la humanidad» porque: 1- afectan a la persona como
integrante de la «humanidad», contrariando a la concepción hum ana más elemental
y compartida por todos los países civilizados; 2- son cometidos por un agente estatal
en ejecución de una acción gubernamental, o por un grupo con capacidad de ejercer
un dominio y ejecuci ón análogos al estatal sobre un territorio determinado. El
primer elemento pone de manifiesto que se agrede la vida y la dignidad de la
persona, en cuanto a su pertenencia al género humano, afectando aquellos bienes que
constituyen la base de la coexistencia social civilizada [...] El segundo aspecto
requiere que la acción no provenga de otro individuo aislado, sino de la acción
concertada de un grupo estatal o de similares características que se propone la
represión ilícita de otro grupo, mediante la desaparición física de quienes lo
integran o la apli cación de tormentos” (C.S.J .N. Fallos: 328:2056).
Como es sabido, el primer párrafo del artículo 7° hace referencia
a los el ementos descriptivos del contexto de acci ón, en tanto, la “definición de
los crímenes contra la humanidad requiere que el acto criminal individual, por
ejemplo, un homicidio, sea cometido dentro de un marco más amplio de
circunstancias especificadas” -Kai Ambos, Temas de derecho penal internacional y
europeo. Marcial Pon s, Ed. jurídicas y sociales, Madri d, 2006, Págs. 168 y 169-.
En lo referente al f undamento del elemento de contexto como
principi o de la interpretaci ón, Ambos ha señalado: "La razón por la que
incluimos un elemento de contexto en el rubro crímenes contra la humanidad es para
distinguir los delitos comunes, según el Derecho nacional , de los delitos
internacionales, que son crímenes según el Derecho penal internacional aun cuando
las leyes nacionales no los castiguen. El elemento de contexto es el «elemento
internacional» en los crímenes contra la humanidad, lo que hace que cierta
conducta criminal llegue a ser un asunto de interés internacional. La naturaleza
exacta de esta preocupación existe en todo el mundo, la razón fundamental por la
que estos crímenes se consideran lo sufi cientemente importantes como para ocuparse
de ellos en un nivel internacional proporci ona una herramienta muy importante en

50
Poder Judicial de la Nación

la interpretación de estos crímenes; debe, en consecuencia, anali zarse aquí" –Ob.


cit. pág. 180-.
"Hay dos razones posibles por las que la comunidad i nternaci onal
puede tratar un delito como algo que incum be al Derecho internacional. La primera
cuando no puede ser perseguido eficazmente por el país respectivo y existe un
interés común de los Estados para llevar a cabo tal persecución. La segunda razón es
la extrema gravedad de ciertos crímenes, que generalmente se ve acompañada por la
renuencia o la incapacidad de los sistemas penales nacionales para enjuiciarlos. Éste
es el fundamento de l a criminalización de l os crímenes en contra de la humanidad
según el Derecho internacional" (Kai Ambos, ob. cit., p. 181.).-
Concretamente, las condiciones objeti vas que deben con currir
para que un acto pueda ser considerado como de “lesa humanidad”, de
conformidad con el derecho posi tivo internacional, son las siguientes: a) la
existencia de un “ataque”; b) el ataq ue debe poseer carácter “generalizado o
sistemático”; y, c) debe estar dirigi do contra “una población civil”.
USO OFICIAL

El segundo párraf o del artículo 7° del Estatuto de Roma establece


que “[p]or «ataque contra una población civil» se entenderá una línea de
conducta que implique la comisión múltiple de actos mencionados en el párrafo 1
contra una población civil, de conformidad con la política de un Estado o de una
organización de cometer esos actos o para promover esa política”.
Se ha señalado que la exigencia de un “ataque”, exi ge cierto
grado de escala, lo cual se deduce del segundo párraf o del art. 7° antes
citado, en cuanto h ace ref erencia a una multi plicidad de hechos, y también
que la definición, realizada en esos términos, exige q ue los hechos tengan
vinculación entre sí (Parenti, Pablo F. y otros: Los Crí menes contra la
Humanidad y el Genocidio en el Derecho I nternacional, Ed. Ad. Hoc, 1ª Edición,
Buenos Aires, 2007, p. 38 y sgtes).
Descri ptas sucintamente las característi cas más salientes de los
hechos, a juicio del suscripto, no cabe duda q ue debe concluirse que los
mismos son constitutivos de un acci onar premeditado y auspiciado por un
sector del Estado, en tanto se encuentran inscriptos en el contexto de una
acción estatalmente organizada por las Fuerzas Armadas e instrumentada a
través de las f uerzas de seguridad que se encontraban operaci onalmente
subordinadas a ellas, en lo q ue a ese ataq ue se refiere.
Al respecto existen suficientes elementos para razonablemente
sostener que los hechos investigados, consistentes en la privación ilegal de la
libertad y sometimiento a tormentos de l as víctimas, presentan características
y fueron cometidos dentro de un patrón sistemático y generalizado contra la
población ci vil.

51
No puede olvidarse que en el contexto temporal en cuestión,
como es de público conocimiento, han existido epi sodi os de violencia e
ilegalidad estatal que impiden consi derar a estos hechos como aislados, y que
el análisis de l os mismos desde la perspectiva de lo sucedido con
posterioridad al 24 de marzo de 1976, permite considerar que han formado
parte de ese ataq ue generalizado y sistemático contra la población civil que,
con mayor escala, se desplegara en aquella fecha, una vez que las
corporaciones castrenses decidi eron, directamente, tomar el poder por la
fuerza.
En el caso “Prosecutor v. Tihomir Blaski c” (IT-95-14-T del 3 de
marzo de 2000) el Tribunal Internaci onal en lo Criminal para l a ex Yugoslavia
afirmó que uno de l os elementos que transforman al ataque en sistemático es
la existencia de un objeto pol ítico - una política de Estado-, es deci r, un plan
de acuerdo al cual es perpetrado el ataque.
Sobre el punto, atento a las constanci as obrantes en la causa
8234/75 caratulada “Barvich, María Teresa s/averiguación homi cidio”, no puede
sino conclui rse que los hechos deben ser consi derados como la expresi ón de
una de una pol ítica de Estado que se encontraba gui ada por un plan
específico de combatir al opositor.
En el caso, como ya se mencionara, también concurren los otros
elementos constituti vos de este ataque generalizado y/o sistemático, en
tanto, los hechos sólo pudieron ser cometidos, con intervención de las
autoridades militares con responsabili dad en la “lucha antisubversiva” y con
una preparaci ón y un uso de recursos estatales.
A su vez, respecto de qué debe entenderse por “poblaci ón civil”,
es ilustrativo lo q ue sostuvo el Tribunal Internacional en lo Criminal para la
ex Yugosl avia en el caso “Prosecutor v. Dusco Tadi c a.k.a ‘Dule’” (IT-94-1-T del
7 de mayo de 1997) donde se afi rma q ue no es necesario que el ataque sea
contra toda la sociedad civil, sino que puede ser contra una parte de ella.
No es necesari o entonces, que toda l a población de un estado o de
un territori o dado deba ser víctima de tales actos para que éstos constituyan
un crimen contra la humanidad. El el emento “población” se encuentra más
bien diri gido a alcanzar a los crímenes de carácter col ecti vo y, por tanto
excl uye los actos in dividuales o aisl ados. Debe ser entendido, en definitiva,
con el mi smo senti do con el cabe leer el requisi to de “ataque” en cuanto
involucra la noción de cierta escal a o multi plicidad de hechos vinculados
entre sí.
Las diferencias que pueden adverti rse entre estos hechos
anteriores al 24 de marzo de 1976 y los posteriores a esa fecha, tienen que

52
Poder Judicial de la Nación

ver, con que durante el gobiern o consti tucional la planificación y di rección de


ese programa se en contraba a cargo de una parte del Estado en constante
tensión con una i nstitucionali dad democrática más permeable a tales
exigencias, mi entras que, una vez producido el gol pe militar, esta direcci ón
ocupó los máximos estamentos del Estado y, consecuentemente, desde all í,
procedió a eli minar todo dique de contención y así, el plan criminal se pudo
concretar, esta vez, a gran escala.
Podrá di scuti rse si, con anterioridad a l a fecha en cuesti ón, ese
ataque a la poblaci ón civil tuvo la característica de ser “generalizado”, en
tanto ello constituye una cuestión cuantitativa que difícil mente puede ser
estableci da de un modo tajante, pero ello no i mplica que estos hechos no
deban ser considerados como parte de aquel plan cuando presentan sus
mismas características sistemáticas y puede afirmarse que h an formado parte
de una pol ítica estatal.
Por último, pero n o por ello menos i mportante, es necesario
USO OFICIAL

destacar que la Alzada ha compartido la postura desarrollada en este acápite,


al momento de resolver un planteo de excepción de falta de acción
interpuesto por la Defensa de l os i mputados.
En tal ocasión, destacó:
“La carencia de una orden judi cial que habilitara el operativo cumplido
en el domicilio de la calle Honduras 4183; la desproporcionada violencia ejercida
para la aprehensión de las víctimas; su alojamiento en la División “Cuatrerismo”,
destinada especialmente a operar como CCDT; las deletéreas condiciones de
cautiverio a que se encontraron sujetas - mediante la supresión de toda forma de
comunicación con el exterior y entre ellas mismas, escasa o prácticamente nula
alimentación, falta de higiene y progresi vo deterioro de su estado sanitario-,
adunadas a la sistemática aplicación de tormentos -a través de la imposición de
constantes sesiones de tormentos físicos, t abicamiento y ubicua amenaza de ser
torturadas o asesinadas-, son circunstancias que permiten advert ir la similitud de
estos sucesos con aquellos que se desarrollarían y repetirían ampliamente a lo largo
de los siete años que si guieron.
Episodios de inusitada crueldad q ue no pueden quedar relegados por el
mero paso del tiempo. No, son hechos que, al igual que aquellos que acontecieron
entre 1976 y 1983, todavía, a casi cuatro décadas, esperan recibir esa respuesta que
los avatares del destino les negaran.
Por eso, si la interrogación de aquel pasado debe venir de la mano de
eliminar las barreras jurídicas que impedirían su escrutinio, ese será entonces el
camino. Y si esa posibilidad únicamente la otorga su categorización como delito de
lesa humanidad esa, pues, es la solución que corresponde conceder. Los hechos
investigados constituyen un delito contra la humanidad; uno gestado en nuestras

53
propias particularidades, en nuestras necesidades, en la impostergable tarea de
hacer frente a nuestra historia y de aportar la contestación que ell a está esperando.
Un delito de lesa humanidad que, en estos términos y con toda autoridad, bien
podría denominarse criollo. Ahí, pues, el reclamo de su merecido juzgamiento”
(CCCFed. Sala I in re “Sánchez, José Vicente y otros s/rechazo de excepci ón
de falta de acción”, causa n ro. 47.115, rta. el 27/12/2012, reg. 1576).
4. Corol ario
Los hechos que tuvieron por víctimas a las diez personas
mencionadas durante el año 1975, f ueron cometi dos a través de l a estructura
organizada de poder que luego resul tara ser el brazo ejecutor, a gran escala,
de la represi ón ilegal estatal instaurada l uego de marzo de 1976; ejecutados al
amparo de normati va que si rvió de pretexto meramente legal para la
concreción del pl an represivo; real izados de conformidad con las
características generalizadas que l uego se verían concretadas, en mayor
escala, a parti r del 24 de marzo de 1976, y que constituyen severas
afectaciones a los derechos humanos; en ese sentido son manifestaciones
concretas de dicho plan sistemático de represión ilegal y, consecuentemente,
delitos que merecen ser calificados como de lesa humanidad.
Como se vi o, las pulsi ones constantes del Estado autori tario
comenzaron a desbordar los diq ues de contención del marco democrático de
las instituci ones, a resultas de lo cual, cada vez más personas resultaban
gravemente afectadas en sus bienes jurídicos personalísimos, víctimas de la
creciente violencia estatal.
El edifici o normati vo del régimen autoritari o que se estaba
gestando y la reali dad de l os hechos, en paral elo, reflejan, de alguna manera,
ese constante tránsi to hacia el objetivo de instaurar una dictadura q ue se
caracterice por el arrasamiento de l os derechos y libertades individuales.

2.3.1. Etapa anterior al golpe de Estado


a. Autoridades de la División Cuatrerismo
El CCDT conoci do como “Cuatrerismo-Brigada Güemes” funcionó
en las instalaciones de la División Cuatrerismo de la Policía de la Provincia
de Buenos Aires, dependiente de la Di rección de Investigaci ones con sede en
La Plata.
Conforme el informe elaborado por el Ministerio de Justicia y
Seguri dad de la Provincia de Buenos Aires que se encuentra agregado a fs.
4613/48, el 1° de abril de 1968, mediante resol ución 17.777, se ubica en
Camino de Cintura y Av. Teniente General Ricchieri (zona conocida como
Puente 12) ori entaci ón Sud Oeste, la División Cuatrerismo, dependiente de l a
Coordinación General de la Dirección de Investigaciones. A partir del 4 de

54
Poder Judicial de la Nación

junio de 1979 se instaló en ese l ugar la Brigada Femenina. En 1994 se mudó al


asiento de l a Di rección de Cuatrerismo la entonces Unidad Regi onal XV La
Matanza.
De dicho informe surge que las autoridades de l a Divisi ón entre
1974 y 1976 fueron el Comi sari o Inspector Leopoldo Pedro Si món entre el 3 de
mayo de 1974 y el 3 de marzo de 1975 –q uien falleció el 21 de agosto de 2000
cfr. constancia de la Excma. Cámara Electoral obrantes a fs. 6276- y el
Comisario Juan Modesto Carabajal entre el 1° de mayo de 1974 y el 1° de
enero de 1976 –q uien falleció el 1° de en ero de 1977 conforme constancias de
su legajo personal-.
Por otra parte, debo señalar que de la compulsa de l os legajos
personales remiti dos por el Ministerio de Seguri dad surge q ue Juan Modesto
Carabajal , quien a parti r de enero de 1976 pasó a cumpli r funciones en la
Direcci ón General de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires como Comisario Inspector, cal ificó a personal de la Divi sión
USO OFICIAL

Cuatrerismo. Tal es el caso de los Legajos Personales de Ángel Salerno y


Carlos Alberto Tarantino, quienes en el período comprendi do entre octubre
de 1975 y septiembre de 1976 f ueron calificados en segunda instancia por
Carabajal quien, conforme su sello era “Comisario Inspector Jefe Div.
Cuatrerismo”.
Otra persona que figura en las calificaciones del personal de la
División Cuatrerismo, como Jefe de la misma, y que no se encuentra en la
nómina referida es el Comisario Inspector Manuel Giral dez. A modo de
ejemplo pueden mencionarse l os Legaj os Personales de l a Policía de la
Provincia de Buenos Aires de Fernando Svedas, Arturo Enri que Bauer Vila,
Carlos Alberto Tarantino y Ángel Salerno que se encuentran reservados en
Secretaría. En ell os se observa que en el período comprendi do entre octubre
de 1974 y septi embre de 1975 f ueron cal ificados por Manuel Giral dez, q uien
conforme su sello era “Comisario Inspector Jefe Div. Cuatrerismo”. A su
respecto se solicitaron informes al Ministerio de Seguridad de la Provincia de
Buenos Ai res a fs. 9379/82 y no habiendo brindado aún respuesta a tal
requerimiento.
El orden jerárquico continuaba con los Subcomisarios. Conforme
la nómina referi da que se encuentra agregada a fs. 4613/48 durante el
período comprendi do entre 1974 y 1976 ocuparon tal f unción Fernando
Svedas (entre el 8 de agosto de 1973 y el 2 de junio de 1976) , Arturo Enrique
Bauer Vila (entre el 5 de dici embre de 1975 y el 1° de enero de 1977) y J uan
Carlos Lavallen (entre el 20 de enero de 1976 y el 8 de febrero de 1977).

55
Sobre el particular, Carlos Alberto Tarantino, en su declaración
indagatoria recordó que en la División Cuatrerismo había varios
subcomisari os y pun tualizó: “al úni co que conocí personalment e es al Comisario
Inspector de Cuatrerismo, Modesto Carabajal, él era el responsable de la
dependencia. Uno de los Subcomisarios era Acosta, que andaba a caballo, de los
otros no recuerdo a ni nguno” (fs. 9484/504).
b. Funcionamiento del CCD T “Cuatrerismo-Brigada Güemes”
Los elementos colectados en autos permiten asegurar que en la
División Cuatrerismo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires funcionó
un centro clandestin o de detención y torturas.
Hasta el momento se cuenta con pruebas suficientes para afirmar
que diversas personas fueron all í al ojadas y sometidas a tormentos al menos
en noviembre de 1974 y noviembre de 1975.
El primer grupo estuvo compuesto por Dalmi ro Ismael Suárez,
María Esther Alonso y Víctor Man uel Taboada, qui enes fueron detenidos el 13
de noviembre de 1974 junto a Rosa Delfi na Morales y Nelfa Rufina Suárez en
el domicili o ubicado en la calle San Martín nro. 14 casi esqui na Lamadrid de
Quilmes. Todo el grupo fue l levado a la Comisaría Quilmes 2da. y dos días
más tarde, l os tres nombrados en pri mer término f ueron trasladados a
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”, donde fueron someti dos a tormentos y
permanecieron hasta aproximadamente el 17 del mismo mes y año. En dicha
fecha fueron trasladados a la División Delitos contra la Propiedad (conocido
como Pozo de Banfiel d) donde también estaban detenidas Nel fa Rufina Suárez
y Rosa Delfina Morales. Víctor Taboada murió mi entras estaba detenido en
Pozo de Banfield –sobre este episodi o me referiré más adelante con
detenimiento-. María Esther Alonso fue puesta a disposición de un juez
federal y dejada en libertad posteriormente. El resto de los n ombrados f ueron
puestos a disposici ón del Poder Ejecutivo Nacional y liberados años más
tarde.
Durante ese período también habría estado detenido en
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” Carl os Tachella, quien permanece desaparecido.
Debo advertir, que se encuentra reservado en Secretaría el
segundo cuerpo del Expte. 24.336-A del Juzgado Federal nro. 2 de La Plata,
(ex causa 81.140 del Juzgado Federal nro. 1 de La Plata) por infracción a la
ley 20.840 y art. 189 bis, en el que se encuentran imputadas las personas
señaladas precedentemente (a excepción de Tachella). Si bi en no se cuenta
con la causa completa (ver informe del Juzgado a fs. 10.168/70) el segundo
cuerpo remitido permite reconstrui r someramente lo ocurrido.

56
Poder Judicial de la Nación

En primer término, debo señalar que, dado que se descon oce la


fecha de inicio de l a causa y el modo en que ello sucedió, y teniendo en
cuenta que en la resolución de fs. 311/7 se hace referencia al operativo que
originó la detención, no se cuenta con el ementos sufici entes para afirmar que
el mismo no se haya efectuado con la legalidad vigente al momento de los
hechos. Por esta razón sería prematuro afirmar que la detención resultó ab
initio ilegal.
No obstante lo afirmado preceden temente, sí resultarían
imputables –con el cuadro probatorio obrante hasta el momento en la causa-
los tormentos padecidos por Taboada, Alonso y Dal miro Suárez en
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”, por ser independientes de la legalidad o
ilegalidad de sus detenciones.
Sin embargo, qui en se encontraba a cargo de la Divi sión
Cuatrerismo en aq uel momento, el Comisario Inspector Leopoldo Pedro
Simón, se encuentra fallecido conforme lo informado por la Excma. Cámara
USO OFICIAL

electoral a fs. 6276, a la vez que se desconoce aún qui énes sucedieron al
nombrado en la cadena de mandos vigente en aquel momento, tanto en el
ámbito policial , como en el militar.
Por esta razón todas las referencias que se harán a lo largo de la
presente resol ución respecto de este grupo de detenidos será al sólo efecto
descri ptivo, ya que no forma parte de la imputación de ninguno de los
encartados. No obstante ello, y con el fin de reconstruir l o más fiel mente
posible l o sucedi do en “Cuatrerismo-Bri gada Güemes” es que se detallarán a
continuación l os sucesos padecidos por Dalmiro Suárez, María Esther Alonso,
Víctor Taboada y Carlos Tachella.
El segundo grupo de detenidos del que se tiene constancia que
permaneció cautivo en “Cuatrerismo-Brigada Güemes” antes del 24 de marzo de
1976 fue el compuesto por Julio César Mogordoy, Washington Mogordoy,
Charo Noemy Moreno, Bl anca Frida Becher, Norberto Rey y Griselda
Valentina Zárate. También se encuentra probado q ue en el mismo período
permaneció ilegalmente detenido Jorge Eduardo Velarde, Martín Mastinú,
Aldo Ramírez y Jorge Ricardo Maeda.
Con relaci ón a la detención de este grupo, efectuaré un amplio
desarroll o en el Considerando Cuarto, cuando me referi ré al operativo
llevado a cabo en la calle Honduras el 5 de noviembre de 1975.
En la inspección ocular llevada a cabo por el suscripto el 16 de
noviembre de 2010 en la División Cuatreri smo (fs. 4.656/64) estuvieron
presentes, entre otros, Charo Noemy Moreno, Juli o César Mogordoy Carrese,
Dalmiro Ismael Suárez J uárez y J orge Eduardo Velarde. Todos ellos f ueron

57
contestes en reconocer que allí permanecieron deteni dos junto a las personas
con las que fueron ll evados.
En dicha oportunidad se consignó en el acta l abrada: “Julio
Mogordoy refiere que cuando llegó el auto lo pusieron de culata, que el galpón que
se ve a la derecha es el sitio en el cual estuvo. Que el edificio anterior de ladrillo no
estaba en aquel momento, que había pasto y piedritas y que recuerda ello porque
estaba descalzo. Que eran siete, que los llevaron allí para torturarlos, que luego lo
metieron atrás. Que le parece que es ese galpón. Que tiene los pasos contados, que
no recuerda la construcción de la izquierda, que en un momento Gordon le pega una
trompada y le arranca las vendas, que cuando ello sucede vio el techo, el portón tipo
de chapa sin pintar, y también a Gordon y a Madrid (Félix) y vio para afuera, donde
vio el pasto. Refiere «pienso que es ese galpón por la distancia desde que salgo del
auto». Luego Charo Moreno relató que le parecía que esto era campo que recuerda
los pajaritos. Que le parece que era campo, pasto. Que desde el calabozo la sacaban a
la intemperie para ir a otro lugar a la tortura. Que el lugar donde estaban alojados
tenía piso de cement o. Luego, Dalmiro Suárez refiere que desde adentro podría
reconocer el afuera porque estando cautivo lo sacaron dos veces para hacerle
simulacro de fusilamiento y puede determinar lo que dice Mogordoy del pasto y de
las piedras”.
Ese gal pón, conforme lo informado por el Subcomisario Hugo
Hernán Ortiz f ue construi do en 1993. Si n embargo, la existencia de un gal pón
en el predio de la Di visión Cuatreri smo quedó confirmada, además de por l os
dichos de l os testigos, por l o manifestado por Salerno y Tarantino en sus
declaraciones indagatori as. Sobre este punto volveré al referirme al “Sitio de
las torturas”.
Surge del acta que en otro sector del lugar inspeccion ado:
“Dalmiro Suárez refi ere que recuerda que había un banco de mampostería que tenía
como un caño al costado donde se les at aban las esposas. Que cuando llegó el
«Coronel» a él lo llevaron a afuera y allí escuchó los gritos de un compañero” (fs.
4.656/64, destacado en el original).
Luego, al ingresar a una de las oficinas del lugar, surge en la
citada acta de Inspección Judicial, l o siguiente: “Mogordoy refiere que cree que
este lugar tenía dos ventanas, que podría ser esta oficina donde estuvo, que había
mucha luz. Que refiere que tampoco se veía la pared que desde las ventabas hoy se
advierte a menos de cinco metros, refiriendo todos que esta no estaba. Que Charo
Moreno acota que puede ser el recorrido este el lugar al cual una vez la llevaron
para interrogar” (destacado en el original) .
Hubo otro sector que también resultó familiar para las vícti mas:
“Que en cuanto al piso del lugar que es de cemento con cuadraditos, refiere
Dalmiro Suárez que así era el piso de los calabozos «cemento con cuadritos»,

58
Poder Judicial de la Nación

afirmando ello Genaro, Fariña y Sánchez. Que Dalmiro Suárez refiere que a él lo
tiraban en un lugar muy chiquito, como aquel que vimos recién” (destacado en el
original).
También debo señalar el reconoci mien to que hiciera de este
mismo si tio el testigo Jorge Velarde, quien conforme el acta señalada
manifestó “recordar el escalón que se halla al ingreso de la edificación,
precisamente recordó que el muchacho joven que lo llevaba detenido del brazo le dijo
que estaba el escalón, lo cual era verdad ya que en aquel momento, lo pudo percibir.
Que después entró a un lugar, y lo sentaron en un banco de mampostería. Que este
lugar que describe le da la sensación de que fue hacia la izquierda, que estuvo
siempre tabicado”, descripci ón que resulta coincidente con las características
del centro clandestin o.
En el apartado si gui ente haré referencia a las características del
CCDT descri ptas por los sobrevivientes en sus decl araci ones testi moniales y
continuaré con el an álisis de los dos grupos de personas q ue permanecieron
USO OFICIAL

allí detenidos antes de la instauraci ón de la última dictadura el 24 de marzo


de 1976.
c. Los dos grupos de detenidos
Los detenidos de noviembre de 1974
Tal como señalara ut supra el primer grupo de personas detenidas
en la División Cuatreri smo de las que se tiene constancia en la causa son
Dalmiro Suárez, María Esther Alonso, Víctor Manuel Taboada y Carlos
Tachella. Debo repetir aquí que no forman parte de la imputación de ninguna
de las personas indagadas hasta el momento.
Al respecto en el relato de los hechos efectuado por Dal miro
Suárez al presentarse como querellante ( fs. 234/7) y que fue ratificado en su
declaración cuya copia se encuentra a fs. 285 dijo: “La noche del miércoles 13 de
noviembre del mismo año [1974], cuando llegué a la casa de un amigo a la que
íbamos a cenar, en San Martín y Lamadrid, Bernal, nos estaba esperando la Policía
de la Provincia uniformada, me detuvieron y me tiraron al piso esperando la llegada
de 4 o 5 personas de civil”. Conforme su relato f ue ll evado a una comisaría que
supone que fue la de Quil mes y pasó la noche en un calabozo.
Continuó su testi monio: “En la madrugada del viernes 15 de
noviembre me trasladaron en una camioneta [...] llegamos a lo que me parecía un
descampado y nos hicieron caminar por un patio grande [...] Volviendo a la Brigada
Güemes/Proto-Banco, nos metieron [junto a Alonso y a Taboada] en un recinto
pequeño, calculo de 3 x 3 mts cuyo piso era de cemento, había una serie de barras
(hierros empotrados en las paredes), una pileta y una canilla, una mesa y por lo
menos dos barras de las que se usan para hacer gimnasia, de las que nos colgaron a
mí y a mi cuñada, nos torturaban por t urno, mientras que me torturaban con

59
picana eléctrica a los otros les hacían cierto tipo de vejaciones. Estaba esposado, me
colgaron de una de esas barras, a 30 cm. del piso, por el dolor causado por la picana
me retorcía”.
Respecto de los tormentos a los que fue sometido su cuñado
Víctor Taboada recordó: “A mi cuñado lo colgaron de dos ganchos en forma
hamaca paraguaya, atado de pies y manos, lo torturaron con saña, ni siquiera lo
interrogaban, después de dos horas ininterrumpidas de tortura tuvo una
insuficiencia respiratoria, vino un médico y en la segunda sesión tuvo un principio
de paro cardíaco, el médico dijo que de seguir así no resistiría, no obstante
siguieron, y después de dos horas más el médico dijo: «este está a punto de reventar,
si no lo dejan descansar se va a morir enseguida», había otro reci nto contiguo por el
que entraba y salía gente [...] me metieron en otro calabozo donde sentí la
respiración forzada de un compañero que tenía las costillas fracturadas por los
golpes recibidos, me dijo su nombre: Carlos Tachela (actualmente desaparecido).
Había por lo menos cuatro calabozos más al lado del mío. El baño creo q ue era un
baño individual, escuchaba el ruido del inodoro”.
Por otro lado, vale destacar el relato efectuado por María Esther
Alonso, quien en su testimonio brindado ante l a Secretaría de Derech os
Humanos (Legajo SDH 3511) recordó “Que el 13 de noviembre de 1974 entrando
al domicilio que habitaba desde hacía un tiempo por la muerte de quien era su novio
Arístides Suárez, con otros compañeros, Dalmiro Suárez, Nelfa Suárez, Víctor
Taboada, Rosa Delfina Morales, son interceptados por personas de civil con armas
largas”.
Relató que fueron ll evados a la Comisaría de Bernal y que l uego
la introdujeron en una camioneta en l a que fue trasladada a un lugar que
sería Protobanco. Sobre este siti o dijo: “El lugar era descampado, [...] la sensación
que tiene la declarante es que se trataba de un lugar chico, como un galpón,
caluroso, con un olor muy fuerte. La tiran sobre una mesa, le pegan la desnudan y
la torturan, entre ot ras cosas con picana y no le preguntaban nada concreto.
Escuchaba la tortura de Víctor y de Dalmiro [...] Recuerda vagamente que había una
persona que la controlaba, como si fuera un médico. La dicent e escuchaba como
Víctor les hablaba desde un rango, los provocaba todo el tiempo, esto hizo que se
ensañaran con él, escuchaba como lo metían en el agua y se ahogab a [...] A partir de
allí comienzan abusos de tipos sexuales, como para divertirse, como si la patota
estuviera aburrida”.
Luego fue llevada a otro sitio en el mismo CCDT, al q ue describió
como: “una celda muy chi ca, no se podía estirar. No podría precisar de que material
era [...] pero podía escuchar la respiración ahogada de Ví ctor, ruido de puertas,
había mucho movimiento, escuchaba el ruido de pájaros y de arboleda [...] La dicente

60
Poder Judicial de la Nación

cree haber estado alrededor de tres días. No recuerda haber comido, ni haber tomado
agua. No recuerda como es trasladada al otro centro”.
La salida de Víctor Taboada, Dalmiro Suárez y María Esther
Alonso de la Comisaría de Bernal y su posterior arribo a “Pozo de Banfield”
también f ue recordado por Nelfa Rufin a Suárez. En su declaración q ue se
encuentra agregada a fs. 3959/64 recordó que luego de ser detenida fue
alojada en un calabozo de la Comisaría de Bernal que poseía una ventana.
Allí: “En un momento miré por ese vent anal y vi que por el pasillo llevaban
vendados y esposados a Dalmiro, a Víctor y a María Esther, a quienes introdujeron
en una camioneta del Ejército, color verde. Ahí empecé a gritar, entonces se acercó
un policía por detrás, simuló gatillarme en la nuca y me dijo que si decía una
palabra más iba a tener que tirar”.
Luego f ue trasladada a “Pozo de Banfield” donde “yo veo una noche
que ingresan a mi hermano y a María Esther, no así a Ví ct or, que llegaron
sumamente torturados, descalzos, y este colorado es el que me dijo que Víctor estaba
USO OFICIAL

ahí pero que no me podía decir más nada”.


Continuó su relato brindando más detall es: “A mí me llevaron el 14
de noviembre a «Pozo de Banfield», Dalmiro y María Esther deben haber llegado a
los tres o cuatro días allí y me contaron que habían estado en un lugar que
identificaban como Puente 12. La realidad es que re cién ahora estamos hablando un
poco más del tema con él, lo que sé es que al principio, cuando lo llevaron a «Pozo
de Banfield», mi hermano estaba absolutamente destruido, tení a cortes porque lo
habían colgado de las muñecas y de los pies y tenía todo el pecho quemado por la
picana. Tenía cortes en las muñecas y en los tobillos. También tenía el pelo todo
pegoteado de sangre porque había recibido cortes en la cabeza. Estuvo durante unos
días incomunicado, no lo dejaban comer ni le abrían la celda, decían que habían
perdido las llaves. Posteriormente, permitieron que yo junto con otra compañera lo
ayudáramos a recuperarse un poco y lo aseáramos”.
Paralelamente a l o manifestado por l as vícti mas y tal como se
adelantara, se encuentra reservada en Secretaría n umerosa documentación
relacionada con l a detención de este grupo de personas.
Así, se halla el Expte. Nro. 81083 del Juzgado Federal nro. 1 de la
Plata, del que surge la presentaci ón de un recurso de habeas corpus en favor
de Dalmi ro I. Suárez, Nelfa Rufina Suárez, María Esther Alonso, Víctor
Manuel Taboada y Rosa Delfina Moral es efectuada el 18 de noviembre de
1974 por Santos Dal miro Suárez y María de la Paz Martínez de Alonso. Una
vez recibido, el Dr. Jorge Benjamín Aq uino, J uez de l a causa dispuso el
libramiento de ofici os para q ue se informe si los nombrados se encontraban
detenidos en dependencias polici ales federales o provinciales.

61
A fs. 6 obra un télex remitido por la Unidad Regional II en el que
con fecha 19 de noviembre de 1974 se i nformó: “Dalmiro Ismael Suárez, Nelfa
Rufina Suárez, María Esther Alonso, Víctor Manuel Taboada y Rosa Delfina
Morales, atento informe producido por U nidad Regional Lanús, los nombrados
hállanse detenidos División Delitos contra la Propiedad (Banfield) excepto Rosa
Delfina Morales se halla alojada Comisaría Quilmes 2da, todos por infracción Ley
20.840 a Disposición J uez Federal Dr. Armando Grau”.
En virtud de l o informado y entendien do que “los nombrados se
hallan detenidos a la orden de juez competente y bajo debido proceso”, el 21 de
noviembre de 1974 se resolvió rechazar el recurso con costas ( fs. 10).
Por otra parte se en cuentran reservadas en Secretaría l as copias
del expediente q ue se les iniciara a las persona aquí tratadas por infracción a
la ley 20.840. Tal como mencionara precedentemente se cuenta sólo con el
segundo cuerpo ya que, según lo informado a fs. 10.168/70, no encontraron el
resto de la causa.
Conforme lo que puede reconstruirse a parti r las copias del
expediente la causa tramitó en el Juzgado Federal nro. 2 de La Plata bajo el
nro. 24.330-A y con fecha 16 de diciembre de 1974 se remi tió por
incompetencia al Juzgado Federal nro. 1 de La Plata a cargo del Dr. Aquino
bajo el nro. 81.140 (fs. 254).
En la sentencia obrante a fs. 311/6 se hace referencia a que “el 13
de noviembre de 1974 a las 22:00 horas se procedió a la detención de Dalmiro Ismael
Suárez, Nelfa Rufina Suárez, Rosa Delfina Morales, María Esther Alonso y Ví ctor
Manuel Taboada, en un departamento, situado al fondo de la finca de la calle San
Martín nro. 14 casi esquina Lamadrid de Quilmes Segunda, donde se secuestra gran
cantidad de armas, proyectiles y material de propaganda subversiva”. Luego se
mencionan las diversas declaraci ones prestadas por ell os. Se narra q ue a fs.
126 “se comuni ca al juzgado el deceso de Víctor Manuel Taboada, que se hallaba
alojado en la celda n° 8 del pabellón de Individuales de la División Delitos contra la
Propiedad de Banfield instruyéndose actuaci ones por separado a sus efectos”.
Luego puntualizó: “Que apelado el auto de prisión preventiva (f s. 44
vta.) y elevada la causa a la Excma. Cámara Federal de Apelaciones, por auto de fs.
171/172 se resuelve: 1°) revocar el auto apelado de fs 14/44, en cuanto dispone la
prisión preventiva de María Esther Alonso a quien se sob resee parcial y
provisionalmente (art. 435 inc. 2° del Cód. de Proc. En lo Criminal ) y 2° Confirmar
la prisión preventiva dispuesta contra Nelfa Rufina Suárez y Dalmiro Ismael
Suárez, en orden a los delitos que se puntualizan en el auto de referencia, sin
perjuicio de la calificación que en definitiva pueda corresponder”. Finalmente el
Dr. Leopoldo J. Russo “FALLO: Condenando a Dalmiro Ismael Suárez y a Nelfa
Rufina Suárez –de las filiaciones ya anunciadas- a la pena de CINCO AÑOS de

62
Poder Judicial de la Nación

prisión a cada uno por considerarlos autores penalmente responsables de los delitos
previstos en el art. 189 bis primer párrafo, 213 bis del Código Penal y art. 1° de la
ley 20.840, en concurso ideal (art. 54 del Código citado), accesorias legales y
costas”. Esta resol uci ón fue confirmada el 26 de abril de 1977 por la Sala Iª de
esta Cámara de Apel aciones (cfr. fs. 329/ 31).
Tal como puede adverti rse, nada se menciona en el expediente
respecto del al ojamiento en la Divisi ón Cuatreri smo de Dalmiro Suárez,
Víctor Man uel Taboada y María Esther Al onso durante aproxi madamente tres
días, ni de los gravísimos tormentos a los que fueron sometidos durante a
cautiverio en ese lugar.
Los detenidos de noviembre de 1975
El segundo grupo de detenidos del que se tiene constancia que
permaneció cautivo en “Cuatrerismo-Brigada Güemes” antes del 24 de marzo de
1976 fue el compuesto por Julio César Mogordoy, Washington Mogordoy,
Charo Noemy Moreno, Bl anca Frida Becher, Norberto Rey y Griselda
USO OFICIAL

Valentina Zárate, J orge Ricardo Maeda, J orge Eduardo Velarde, Aldo Ramírez
y Martín Mastinú.
Con relación a la detención de l os primeros seis nombrados,
quienes f ueron apresados todos juntos en el operativo llevado a cabo en la
calle Honduras del barri o de Palermo de Capital Federal, efectuaré un amplio
desarroll o en el Considerando Cuarto, cuando me referi ré al operativo
llevado a cabo en el domicili o de Blanca Becher, el día 4 de noviembre de
1975. Señalaré aquí que fueron detenidos en la fecha y l ugar indicados l uego
de lo cual , fueron trasladadas a la Comisaría 21ª, con excepción de Rey y
Washington Mogordoy, que f ueron con ducidos al Hospital Fernández, con
heridas de bala. Después de un breve paso por un sitio q ue podría ser el
Departamento Central de Policía, fueron llevados a “Cuatrerismo-Brigada
Güemes” donde permanecieron cautivos al menos una semana, período en el
que fueron sometidos a tormentos.
Específicamente Juli o César Mogordoy en su declaración de fs.
4002/7, relató: “Después de ir a la Comi saría, nos trasladaron a «Coordi nación
Federal» [se ha de aclarar en el Considerando Décimo, casos 1 a 6 que el sitio
al cual fueron, se trató del Departamento Central de Poli cía] y de allí a
Protobanco. En este último traslado e incl uso en el posterior, cuando nos llevaron a
la Brigada de Quilmes, intervinieron las mismas personas, que yo i dentifico como el
grupo de Aníbal Gordon”.
Relató asimismo que el lugar donde permanecieron cautivos “lo
llamábamos «Puente 12», «división Perros» o «cuatrerismo»”. Al llegar allí: “nos
bajaron sobre el pasto [...] de ahí me llevaron directamente al lugar de torturas [...]

63
el lugar de las tort uras, en donde te daban picana especí ficamente porque
torturaban en todos lados, era un galpón de chapas, en realidad eso lo pude ver
porque en el medio de la tortura me arrancaron las vendas”.
Luego relató “Yo escuché que Gordon torturaba a una persona a la
que le decía «Pedro, decime algo y te prometo que te mato», y él le respondió
insultándolo. Después me enteré que esta persona sería un Comandante del ERP de
apellido Ledesma, que aparentemente estaba sufriendo mucho producto de las
torturas. Que él muri ó en el lugar me lo dijo Norberto Rey, pero tengo entendido
que tampoco Norberto lo vio concretamente en el lugar”.
Mogordoy relató l os distintos tormentos a los que f ue sometido
que consistían en “picana, submarino, golpes a modo de abl ande antes de la
picana” y agregó “t ambién en una oport unidad me clavaron ganchitos de una
máquina en los huesos de la espalda, a la altura de la col umna. A partir de ahí
empecé a sentirme sumamente débil y afiebrado, creo q ue tuve una infección
producto de los ganchos”.
Luego, agregó “Nos fuimos en tandas, el último en irse fue Norberto
Rey, que debe haber estado más de un mes en el lugar. Los que nos trasladaban eran
los miembros del grupo de Gordon, Madrid puedo afirmar que estab a en los traslados
con total seguridad. Primero nos llevaron a un lugar que luego supimos que era la
Brigada de Quilmes, y donde había policías; desde ahí nos llevaron ya legalizados a
Avellaneda, aproximadamente veinte días después, lo sé porque empezamos a tener
visitas”.
Asimismo, se hall a agregada a fs. 3988/91 la declaración
testimonial de Blan ca Fri da Becher, quien con relación a su cautiveri o en
“Protobanco”, dijo “... en ese lugar bajaron conmigo a Washington y que la tortura
fue terrible. [...] A mí me torturaban doblemente, primero el interrogatorio que le
hacían a todos los det enidos y después me sometían a una segunda sesión por mi
condi ción de j udía”.
También declaró que, producto de las torturas, q uedó
inconsciente y perdi ó la noción del tiempo, y afi rmó: “estuve todo el tiempo
desnuda, f ue ahí que me desnudaron y permanecí en esas condiciones hasta que en
Avellaneda me pusieron zapatos mucho más grandes y ropa de hombre [...] a veces
me torturaban en el mismo lugar en el que estaba tirada y en otras ocasiones me
trasladaban a otro cuarto. Me torturaron de todas las formas existentes:
«submarino», golpes, picana, de todas las f ormas posibles y permanentemente. Los
que me torturaban eran siempre un grupo numeroso de hombres”.
Por otro lado, obra en la causa el testimonio brindado en esta
sede por Charo Noemy Moreno –fs. 4534/40- quien con relación al ingreso a
“Protobanco” dij o: “noté que estábamos viajando un poco más y hacia un lugar más
tranquilo, tipo descampado; además cuando llegamos se sentían pájaros, perros y

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Poder Judicial de la Nación

cuando estacionaron nos bajaron sobre pasto [...] fuimos arrastrados hasta un lugar
donde se palpaba hormigón, yo no me quité la venda en ningún momento de los
aproximadamente ocho días que estuvimos en el lugar, pero tengo la sensación de
que había muchas puertas de chapa y me queda la idea de haber visto el color
anaranjado, pero no podría precisar si es porque efectivamente vi algo o si fue
producto de la misma venda [ ...] me quedó la sensación de haber estado en un
calabozo muy precario de hormigón, sola [...] Yo creo que en ese momento éramos los
únicos detenidos en el lugar porque sólo escuché los gritos de mis compañeros, el
lugar incluso parecía montado para nosotros, aparentemente no era un centro de
detención institucionalizado, éramos nosotros, la gente destinada a torturarnos y
creo que eso era todo”.
Por otra parte se cuenta con el testi monio brindado por el
fallecido Norberto Rey en el legajo de CONADEP nro. 8175 –correspondiente
a Alberto José Munárriz- oportunidad en la que refirió que durante su
cautiverio en Puente 12, fue sometido al llegar a una “sesión de picana
USO OFICIAL

tremendamente dolorosa [...] Se tratab a de un estimulador electróni co –


magistralmente- manejado por un policía q ue se hacía llamar «El Coronel» [...]
Durante los cinco pri meros días, uno a uno, todos una o dos veces por día, fuimos
torturados. Los q ue quedábamos esperando, oíamos los gritos de los restantes”.
Al igual que Dalmi ro Suárez y María Esther Alonso (detenidos en
1974), Rey tambi én hizo referencia a l a presencia de un médico en el lugar. Al
respecto puntualizó que fue someti do a “simulacros de fusilamiento e intensa
presión psicológi ca desempeñada por un médico que me conocía —indudablemente-
de cuando cursamos juntos Anatomía en 1957”.
Coincidentemente con lo señalado, se cuenta también con el
testimonio brindado por Jorge Eduardo Velarde, quien fue ilegalmente
detenido el 5 de noviembre de 1975, llevado a “Cuatrerismo-Brigada Güemes” y
liberado días más tarde.
En su testimonio de fs. 3857/66 recordó: “El vehículo arrancó y
ellos hacía bromas, di ciendo que me iban a llevar a dar un paseo al campo, que yo
era un «perejil». Por mi orientación, noto que subimos la Panamericana, haciendo
un rulo como si fuéramos hacia Márquez, un breve trayecto. Cuando el auto bajó de
la Autopista agarró por un camino principal en dirección hacia Boulogne y después
de aproximadamente 45 minutos tomó por un camino de tierra, lo noté por el
movimiento del auto. Entonces llegamos a un lugar donde había muchos eucaliptos,
lo percibí por el ruido de las hojas y el olor muy pronunciado. Inmediatamente
comencé a oír gritos, gemidos de dolor, y m e di cuenta de que est aban torturando a
una persona. Antes de incorporarme me colocaron una venda con gasas y una cinta
adhesiva que no me permitía ver nada, apenas entraba un poco de luz por la parte

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superior. Me dijeron que tuviera los ojos cerrados porque si los llegaba a ver era
boleta.”
Respecto a la estructura del l ugar dijo: “El piso del lugar era plano,
yo nunca vi nada, pero la composición imaginaria que me puedo hacer es que me
encontraba en un lugar de aproximadamente tres metros de ancho y apaisado. Yo
estaba sentado en un banco de cemento, que recuerdo tenía un caño al que ataron un
lado de las esposas”.
Velarde refirió haber percibido que durante su cautiverio había
más personas detenidas en el lugar, entre las que mencionó a una chica
embarazada del ERP, quien resul tó ser Charo Noemy Moreno.
Por otra parte debo recordar aquí que tal como mencionara en el
apartado correspondiente a la “Acreditación del CCDT” Vel arde fue claro en
reconocer el l ugar de cauti veri o en la Inspección Ocular que se encuentra
agregada a fs. 5469/ 76.
Así las cosas, los elementos colectados hasta el presente que
fueron descriptos precedentemente permiten tener por acreditado que en la
División Cuatrerismo de la P olicía de la Provincia de Buenos Aires hubo
personas cautivas, al menos en noviembre de 1974 y en noviembre de 1975,
advirti endo una continuidad respecto al modo de las torturas y a l a presencia
de un médico -aún no identificado- en el lugar.
d. Sitio de torturas
Los sobrevivientes que permanecieron cautivos en “Cuatrerismo-
Brigada Güemes” antes del 24 de marzo de 1976 f ueron contestes en señalar
que fueron torturados en un galpón o un lugar diferente al que permanecían
cautivos, al que se accedía atravesando el aire libre. Esto se advierte tanto en
los testi monios de quienes estuvi eron all í detenidos en 1974 como en quienes
lo estuvieron en 1975.
María Esther Alonso en su testimonio prestado ante la Secretaría
de Derechos H uman os agregado a fs. 4016/8 precisó: “El lugar era descampado,
[...] la sensación que tiene la declarante es que se trataba de un lugar chi co, como
un galpón, caluroso, con un olor muy fuerte”.
Por su parte Julio César Mogordoy en su declaración de fs.
4002/7, relató: “el lugar de las torturas, en donde te daban picana específicamente
porque torturaban en todos lados, era un galpón de chapas, en realidad eso lo pude
ver porque en el medio de la tortura me arrancaron las vendas”.
Por otro lado, en la ya citada declaración prestada ante esta sede
por Noemy Charo Moreno –fs. 4534/40- refirió q ue l a sacaban de l a cel da y la
llevaban a dos lugares “en uno estaba la picana, nos recostaban en una especie de
camilla o mesa y ahí nos la aplicaban mientras nos insultaban. Para ir del calabozo
a este sitio pasábamos por un espacio al ai re libre. Me quedó la sensación de que

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Poder Judicial de la Nación

había otro lugar, o tal vez fue el mismo pero ya no estaba la picana, y había varios
hombres pero me pareció que sin elementos de tortura, ahí, por ejemplo, me molieron
a golpes, yo estaba embarazada. Igual en ambos casos atravesábamos un espacio al
aire libre y con pasto para llegar”.
Asimismo, tal como señalé anteriormente, del acta de la
inspección ocular llevada a cabo por el suscri pto el 16 de noviembre de 2010
surge que: “Julio Mogordoy refiere que cuando llegó el auto lo pusieron de culata,
que el galpón que se ve a la derecha es el sitio en el cual estuvo. Que el edificio
anterior de ladrillo no estaba en aquel momento, que había pasto y piedritas y que
recuerda ello porque estaba descalzo. Que eran siete, que los llevaron allí para
torturarlos, que luego lo metieron atrás. Que le parece q ue es ese galpón”.
En dicha ocasión Charo Moreno dijo: “Q ue le parece que era campo,
pasto. Que desde el calabozo la sacaban a la intemperie para ir a otro lugar a la
tortura”.
Asimismo Dal miro Suárez coincidió: “que desde adentro podría
USO OFICIAL

reconocer el afuera porque estando cautivo lo sacaron dos veces para hacerle
simulacro de fusilamiento y puede determinar lo que dice Mogordoy del pasto y de
las piedras”.
Sin embargo al ingresar al gal pón señalado no f ue reconocido por
las víctimas. Principalmente señalaron que ese galpón era mucho más grande
que el que recordaban. Luego, de la mi sma acta surge q ue el Subcomisario
Hugo Hernán Ortiz i nformó q ue el lugar de referencia fue con struido en 1993.
No obstante ello, la existencia de un galpón en el predi o de la
División Cuatrerismo quedó confirmada, además de por los dichos de l os
testigos, por lo mani festado por Ángel Salerno y Carlos Alberto Tarantino en
sus declaraciones indagatorias.
En efecto, el primero de los nombrados, en su declaración
prestada el 14 de octubre del corriente año, recordó q ue “En los alrededores de
la edificación no recuerdo que hubiera nada sino sólo descampado. En el predio sólo
estaban la edificación y una casita más moderna para el jefe, y un galpón ubicado
atrás de la edificación, que era chiquito como un garage, el que estaba destruido y
era de chapa, de techo a dos aguas. Según recuerdo no se utilizaba para nada” (conf.
fs. 9507/29) .
Coincidente, Carl os Alberto Tarantino dijo que el lugar: “tenía
una entrada con una rotonda, una guardia adelante, y la casa del Comisario
inspector, entrando, a la derecha, separada de la dependencia en sí por 30 mts. [...]
Atrás había un tinglado abierto donde guardaban los vehículos, yo trabajé ahí
cambiando chapas” (fs. 9484/504).
Por lo tanto, la coi ncidencia en los l ugares y modos de tortura
resulta ser un el emento más que permite aseverar que en la Divi sión

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Cuatrerismo funcionó como un centro clandestino de detención y tortura
previ o a l a instauración del gobierno de f acto del 24 de marzo de 1976.
e. Fuerzas que operaron
Los elementos colectados hasta el momento permiten aseverar
que en “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, convergieron distintas fuerzas
operativas, que se sumaron al personal de la División Cuatrerismo a los fines
de la represi ón ilegal.
Al respecto, Juli o César Mogordoy dijo: “Durante el operativo pasó
un patrullero de la comisaría 21 y al ver el operativo llegó el comisario con cinco
patrulleros más y entró por la fuerza en la casa y mantuvo una discusión con esta
«patota» y en especi al con quien se hacía llamar «El Coronel» quien era quien
dirigía el grupo y su nombre era Aníbal Gordon” (conf. fs. 283/ 4). A lo largo de
sus declaraci ones señaló que Gordon estuvo presente en todos los traslados y
era q uien estaba a cargo del grupo de detenidos.
Coincidentemente el fallecido médico Norberto Rey en el legajo
de CONADEP nro. 8175 dijo q ue fue torturado por una persona que se hacía
llamar “El Coronel”. Toda vez que no se cuenta con un relato más completo de
Rey, resulta útil traer a col ación el testimonio brindado por Eduardo Luis
Duhalde, quien a fs. 1553/8 recordó una charla que tuvo con él en 1984, al
respecto: “Al conversar sobre la participación del Ejército en l a represión ilegal,
con anterioridad al 24 de marzo de 1976, el Dr. Rey le contó su propia experiencia.
[...] el diálogo se concentró en la convi cci ón que tenía Rey de que dicho centro
clandestino estaba bajo el mando de oficiales del ejército, y de civiles integrantes de
los servicios de inteligencia, bajo las órdenes de aquellos, entre los que se
encontraba Aníbal Gordon (a) el «Coronel»”.
Por su parte Dal miro Suárez, en la declaración testimonial q ue se
encuentra glosada a fs. 1559/60, señaló: “que desde el momento de su detención,
siempre se hizo cargo de torturarlo e interrogarlo una persona [que] manifestaba ser
«el coronel», el cual a la postre y por informaciones resultaba ser Aníbal Gordon”.
Ya en su declaraci ón cuya copia se encuentra agregada a fs. 285 había
indicado: “Que quien lo interrogó, torturó y que era la única voz cantante de lugar
era una persona apodada «El Coronel»”.
María Esther Alonso tambi én mencionó en su testimonio a “El
Coronel” (conf. fs. 4016/9).
Respecto de este personaje y su vinculación con la Alianza
Anticomunista Argentina –“Triple A” o a “AAA” como se la puede llamar
indistintamente- como se ha citado precedentemente, tuve oportunidad de
referi rme a ello, en el auto de mérito di ctado en el marco de la causa nro.
2637/04 -también conexa a l a causa principal nro. 14.216/ 03- en la que se

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Poder Judicial de la Nación

investigó los sucesos acaecidos en el CCDT conocido como “Automotores


Orletti”.
En dicho marco el 6 de septiembre de 2006 expuse: “Esta
organización, que habría tenido su apari ción bajo la denominación «Alianza
Anticomunista Argentina» en el año 1974, y cuyo mentor habría sido el entonces
Ministro de Bienest ar Social José López Rega; ha sido expresión del terror
instaurado en aquellos años y los venideros, en el marco de la comisión de
secuestros, asesinatos, atentados, en perjuicio de disidentes políticos; habiendo
contado con personal armado de distintas procedencias, entre los que confluyeron
agentes policiales, militares, no funcionarios y personal de los servicios de
inteligencia. La pertenencia de Aníbal Gordon a la «Triple A» fue de público
conocimiento; Gordon, fue un eslabón de fundamental importancia en la citada
organización; y en tal tarea habría estado acompañado de diversas personas, algunas
pertenecientes a la SI DE, otras a diversas f uerzas de seguridad”.
Por otra parte, resulta útil n uevamente recordar las
USO OFICIAL

manifestaciones efectuadas por Eduardo Luis Duhalde, entonces Juez de


Cámara y actual Secretario de Derechos Humanos quien en su testimonio
cuya copi a se encuentra agregada a fs. 1553/1558, dijo: “El deponente señala
que desde hace varias décadas se ha dedi cado a investigar y denunciar la trama
estatal de la represión ilegal habida en la República Argentina, de la cual también
fuera víctima. Que como ha señalado en innumerables intervenci ones públicas y en
artículos y ensayos, la metodología aberrante de la desaparición forzada, se comenzó
a implementar por las Fuerzas Armadas a partir de 1972. Desde fines de 1973, esta
metodología adquirió un carácter sistemático y hasta el 24 de marzo de 1974 [debe
leerse 1976], se estiman en cerca de 2000, las personas desaparecidas o
directamente asesinadas por el terrorismo paraestatal o directamente por las
estructuras militares y de seguridad actuando ocultamente. Luego del 24 de marzo
de 1976, el terror fue masivo”.
Duhalde contin uó su análisis: “Respecto al período 1974/1976, debe
distinguirse distintas metodologías criminales, según el propósito perseguido: a) La
organización paraest atal «Tres A» (Ali anza Anti comunista Argentina) que
encabezara el entonces Ministro de Bienestar Social José López Rega, y otros grupos
de civiles ultraderechistas, fiel a la consigna «el mejor enemigo, es el enemigo
muerto», procedían a asesinar en la calle a sus ví ctimas o a secuestrarlos para
asesinarlos de inmediato en parajes despoblados, arrojando los cuerpos. b) Las
Fuerzas Armadas y de Seguridad, procedían al secuestro de militantes considerados
«subversivos» en el marco de operaciones de inteligencia, y eran llevados a centros
clandestinos de detención –donde permanecían por largo tiempo sometidos a
interrogatorios y torturas- para luego ser asesinados y hecho desaparecer sus
cuerpos. Hay muy pocos de estos casos, en q ue las víctimas recuperaron su libertad

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o fueron puestos bajo el ámbito de la justicia. Esta metodología se practicó
especialmente en la Capital Federal, y en las provincia de Buenos Aires, Santa Fe,
Córdoba y Tucumán, aunque no faltaron casos en las otras provincias del territorio
argentino, y sirvió de ensayo general, para la aplicación del proyecto genocida de las
Fuerzas Armadas que fuera probado y descripto en la causa N° 13 «Videla, Jorge
Rafael y otros» tramitada por la Cámara Federal”.
Por lo tanto, si nos atenemos a la clasi ficación introducida por
Duhalde, los operativos que están sien do analizados se corresponderían en
mayor medi da con la tipol ogía del accionar de las Fuerzas Armadas y de
Seguri dad q ue con el modus operandi de la Tri ple A.
Por ello, en la medi da que se tiene acreditado el cautiveri o de
estas personas en una dependencia oficial y la participación en dichos
sucesos de integran tes de las f uerzas armadas y de seguridad, es que se
responsabilizará penalmente por estos hechos a la línea de mando
correspondiente a dichas fuerzas y n o se centrará la in vestigaci ón en la
conformaci ón del grupo conoci do como “Tri ple A”.
Continuando con el análisis de las fuerzas q ue operaron en el
CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, puede señalarse que en los testimonios
recogidos se hizo referencia a la intervención de personal del Ejérci to, de la
Secretaría de Inteli gencia del Estado, de la Policía Federal, de la Policía de La
Provincia de Buenos Aires. Asimismo, Julio César Mogordoy Caresse tambi én
indicó haber si do in terrogado por un alto militar uruguayo a quien no pudo
identificar.
Así resul ta particul armente descriptivo el testimonio brin dado
por Nelfa Rufina Suárez, quien a fs. 3959/64 recordó: “Era una patota, había
gente vestida de civil , gente de la Comisaría de Bernal, algunos de ellos con el
uniforme reglamentario, y gente del Ejército. De hecho, un policí a que me conocía
del barrio, de nombre Armando, una vez que ya estábamos en la Comisaría de
Bernal, me contó que habían participado Fuerzas conjuntas del Ej ército, además del
personal de la Policía Federal y de la bonaerense […] Era un grupo muy numerosos,
estaba toda la manzana rodeada, había camiones del Ejército en la cuadra, estaban
todos armados con armas largas". No escapa al suscripto el hecho de que Nelfa
Suárez no fue aloj ada en “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, pero sus dichos
adquieren relevancia si se tiene en cuenta que parte de los detenidos en dicha
oportunidad f ueron l levados posteriormente al mencionado CCDT.
Por su parte Julio César Mogordoy en su declaración de fs.
4002/7, relató: “Después de ir a la Comi saría, nos trasladaron a «Coordi nación
Federal» y de allí a Protobanco. En este último traslado e incluso en el posterior,
cuando nos llevaron a la Brigada de Quil mes, intervinieron las mismas personas,
que yo identifico como el grupo de Aníbal Gordon, y fue en esos trayectos que

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Poder Judicial de la Nación

Madrid me preguntó si yo le había disparado a matar o no. Esa es la conversación a


la que me refiero”.
Luego agregó “estoy casi seguro de que el que torturaba en el l ugar
era Gordon [...] La patota entraba y salía del campo permanentemente. Gordon era
el que me daba pican a, y Guglielminetti y Madrid creo que eran los que hacían
submarino y nos golpeaban; no los vi, pero l os reconocí por la voz”.
En su declaración glosada a fs. 283/4 relató: “El grupo de t areas
que nos secuestró nos torturó por varios días. Además fuimos interrogados por que
después reconocí com o Raúl Guglielminetti. Tiempo después pude armar quienes
fueron los que nos secuestraron y torturaron, es decir, la banda de Aníbal Gordon,
compuesta por Félix Madrid, Raúl Gugliel minetti, Folger […] En un momento llegó
personal del Ejército uruguayo, que se identificó de ese modo, entonces me fueron a
buscar a mi celda y me llevaron a una oficina donde me sacaron la venda”.
Asimismo, se hall a agregada a fs. 3988/91 la declaración
testimonial de Blanca Frida Becher, quien recordó que durante el operativo
USO OFICIAL

pudo percibi r que actuaron dos grupos enfrentados “[s]e me ocurre que un
grupo debía ser de la policía y otro de la Triple A; en un momento, en el medio de la
discusión, uno llama por teléfono a un Coronel y ahí es que deciden trasladarnos a
la Comisaría. A partir de que a mi me dieron el golpe ya no pude ver qué sucedió
con los demás”.
Vale en este caso señalar q ue nuevamente aparecen algunos
componentes que se han reiterado luego en el CCDT “Orletti”, en cuanto se
señala la presencia de un militar uruguayo, cuando fue justamente en este
CCDT que f uncionó en Capital Federal, donde a la par de quienes actuaron
bajo el mando de la Secretaría de Inteli gencia del Estado, actuó personal del
ejército uruguayo y del servici o de inteli gencia del país vecino, lo que motivó
el pedido de extradi ción de varias personas de la nacionalidad mencionada.
Asimismo, tal como se expondrá en el apartado correspondiente
al operativo llevado a cabo en l a calle Honduras en novi embre de 1975, se
tiene acreditada la partici pación en el mismo de personal de la Di visión
Cuatrerismo y de la Dirección General de Investigaci ones de la Policía de la
Provincia de Buenos Aires.
Por otra parte, la presencia en la División Cuatrerismo de
personal ajeno a l a dependencia se en contró confirmada en la declaración
indagatoria prestada por Ángel Salerno. Allí recordó: “Entonces, ahí empieza a
venir personal «raro», que desconocíamos si eran militares, o policías. Ellos nos
prohíben que traigamos detenidos, ladrones, etc. Así fue como comenzamos a
trabajar, y éramos como ajenos a la institución, trabajando sólo de día”. Luego fue
invitado a brindar mayores detall es de esta gente que describi era como “rara”
y dijo: “se suponía que serían militares, que no eran de ahí, que eran de civil, pero

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no puede especificar por qué rara; y desconozco las funciones que tenían, no sé con
qué frecuencia iban a la División, pero los he visto, pero no puedo especificar por
qué digo que era gente rara. Andaban por ahí, venía con gente que tendría
autoridad, porque nos pateaban a nosotros”.
Por lo tanto, los elementos probatorios reunidos hasta el presente
permiten afirmar que en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” intervino de
una u otra manera personal del Ejército Argentino, de la SIDE, de l a Policía
de la Provincia de Buenos Aires (ya sea de la propia Divi sión Cuatrerismo,
como de la Direcci ón General de Intel igencia) y personal asimilado, como
Aníbal Gordon.
2.3.2. Etapa posteri or al golpe de estado
a. Autoridades
El Centro Clandesti no de Detención y Tortura (CCDT) conocido
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” funcionó, como se dijo, en las instalaciones de
la División Cuatrerismo de La Matanza, dependiente de la Dirección de
Investigaci ones de l a Policía de l a Provi ncia de Buen os Aires, con sede en la
ciudad de La Plata.
Como también se adelantara, el informe remitido por el
Ministerio de Seguri dad de la Provincia de Buenos Ai res, a fs. 4613/48, da
cuenta de la creaci ón de la División Cuatrerismo, a través de la resoluci ón
nro. 17.777, del 26 de marzo de 1968, estableciendo que a parti r del 1° de
abril de ese año, la misma funci onará en el edificio que ocupa la Bri gada
Oeste, sito en el Camino de Cintura Av. Tte. Gral. Ricchieri (Puente 12), La
Matanza.
Ya se ha adel antado en forma minuci osa en el punto 2.3. b.
quiénes fueron las autoridades responsables de este siti o, si n perjuici o de lo
cual corresponde recordar cuáles fueron las autoridades del mismo en lo que
atañe al presente período, q ue comenzara el 24 de marzo de 1976.
Así, la División Cuatrerismo se encontraba –conforme a lo que
surge del organigrama referi do- bajo l as órdenes de Luis Héctor Vi des, quien
se desempeñó con el cargo de Comisario Inspector entre el 2 de junio de 1976
y el 7 de marzo de 1977 y quien conf orme a las constancias de autos se
encuentra fallecido.
Como también se h a adelantado, duran te el período anteri or al
golpe de Estado, di cha División se encontraba a cargo de Leopoldo Pedro
Simón, quien se desempeñó como Comisario Inspector entre el 3 de marzo de
1974 y el 1 de marzo de 1975, conforme a lo que surge de l as constancias de
su legaj o personal, reservado en Secretaría (cfr. fs. 14/15), quien asimismo se
encuentra tambi én fallecido conforme a l as constancias obrantes en la causa.

72
Poder Judicial de la Nación

De la compulsa de los anexos documentales de los legajos


personales correspondientes a personal que se desempeñó en la Divisi ón
Cuatrerismo se pudo adverti r que se desempeñaron como Comisarios
Inspectores sucesi vamente Manuel Giraldez –q uien f igura firmando
calificaciones correspondientes a septi embre de 1975; así, por ejemplo a
Fernando Svedas y Carlos Alberto Tarantino-; y Juan Modesto Carabajal –
quien figura firman do calificaciones correspondientes a septiembre de 1976;
así, por ejempl o a Ángel Salerno, Carl os Alberto Tarantin o y A rturo Bauer
Vila-. De esto últi mo, se puede deduci r que el cargo de Comisari o Inspector
fue desempeñado si multáneamente por Vides y Carabajal.
Otra de las autori dades a cargo de la División Cuatrerismo
durante el período que interesa, f ue Miguel Colicigno, que se desempeñó
durante el período comprendido entre el 4 de febrero de 1976 y el 21 de
diciembre del mi smo año con el cargo de Comisario, y sobre quien, como se
ha mencionado, se dispuso el llamado a prestar declaración indagatoria,
USO OFICIAL

encontrándose vi gente su orden de deten ción.


Como Subcomisarios de la misma se desempeñaron, Fernando
Svedas, en el período comprendi do entre el 8 de agosto de 1973 y el 2 de
junio de 1976; A rturo Enriq ue Bauer Vil a, entre el 5 de diciembre de 1975 y el
1 de enero de 1977 y Juan Carlos Lavall én, el 20 de enero de 1976 y el 8 de
febrero de 1977.
Asimismo, conforme a lo que surge de l as constancias de autos,
dicha División dependía, durante l os años objetos de investigación, de l a
Direcci ón de Investi gaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
En este sentido, en el informe remitido por el Ministerio de
Seguri dad de la Provincia de Buenos Aires, a que se hiciera referencia ut
supra, obra un organigrama que señala a la División Cuatrerismo, como una
de las dependencias de la Direcci ón de Investigaci ones.
A su turno, la misma estaba a cargo de quien se desempeñaba
como Comisario General. Tal cargo f ue ocupado, a partir del 5 de diciembre
de 1975 y hasta el 5 de mayo de 1976 por Ignacio Oscar García –quien se
encuentra fall ecido- ; quien fue sucedido primero por Ernesto Verdún, quien
desempeñó el cargo de Comisario General entre el 6 de mayo de 1976 y el 14
de junio de 1976 –y se encuentra fallecido conforme a las constancias de
autos-, y luego por Miguel Osvaldo Etchecolatz, que ocupó el referido cargo
entre el 15 de j unio de 1976 y el 3 de enero de 1979; conforme surge del
informe efectuado por la Jefatura de Poli cía de la Provincia de Buenos Aires y
remiti do por el Juzgado en lo Cri minal y Correcci onal nro. 3 de La Plata en el

73
marco de l a causa nro. 12.621/2006 del regi stro de esta Secretaría, cuyas
copias certificadas obran agregadas a fs. 10.077/84.
b. Personal a cargo
Ahora bien, conforme a lo manifestado por las víctimas que
estuvi eron cautivas en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, si bi en el l ugar
funcionaba como un a dependencia de la Policía de la Provi ncia de Buenos
Aires, se puede afi rmar que los deten idos estaban en última instancia a
disposición del Ejército.
Al respecto, Dora Alicia Genaro, en su declaraci ón prestada ante
la Secretaría de Derechos Humanos de l a Naci ón, en el marco del legajo nro.
3064 –reservado en Secretaría-, refiri ó que “nosotros éramos detenidos del
Ejército, pero nuestra custodia era la policía bonaerense”, en fatizando en su
declaración prestada ante esta sede el pasado 26 de mayo de 2009: “yo estoy
segura de que a ese lugar me llevó el Ejército y de que el lugar estaba custodiado por
la policía bonaerense” (fs. 985/92).
Acerca de la presen cia del personal pol icial, Genaro puntualizó
que en una oportun idad se hizo presente en el CCDT la persona a quien
identificó como el q ue estaba a cargo de los policías, marcando asimismo una
diferencia respecto de las personas que interrogaban y torturaban –respecto
de la cual se profun dizará más adel ante- , en estos términos: “en una ocasión se
hizo presente un ofici al de la policía, que no era muy mayor de edad pero que se
notaba que estaba a cargo de los poli cías. Que este poli cía les preguntó a los
detenidos cómo estaban siendo tratados por los guardias, haciendo especial énfasis
en que estaba pregunt ado específicamente por los guardias, esto es, los policías, y no
por el resto de las personas que actuaba en el centro” (idem).
En relaci ón a la persona señalada, Dora Genaro indicó en su
declaración testi monial prestada en el marco del legaj o SDH nro. 3064, que
tuvo oportunidad de ver a esta persona sin la venda que le cubría l os ojos y
pudo ver que se trataba de Oscar Víctor Fogelman, Comisario Mayor de la
Policía de l a Provincia de Buenos Aires (cfr. declaraci ón de Cristina Comandé
en el marco de los “Juicios por la Verdad”, cuyas copi as certificadas obran
agregadas a fs. 3267/86).
Al respecto, tambi én Nélida Venerucci señaló la presenci a de
personal de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en el CCDT, que
estaban vestidos de civil y que aparen taban tener baj o rango, por lo cual
dedujo que pertenecían a la referi da f uerza (cfr. fs. 3640/6).
Catalina Alanís, por su parte, recordó q ue un guardia apodado
“Javier” -al que se h ará referencia oportunamente-, l e comen tó que much os de

74
Poder Judicial de la Nación

los guardias que estaban allí pertenecían a la Policía de San Justo (cfr. fs.
1754/65).
Liliana Latorre, en el marco de la inspección ocular llevada a
cabo el pasado 10 de noviembre de 2010 en el actual “Destacamento de
Infantería” de la Policía de la provinci a de Buenos Ai res, sitio en el cual
habría funcionado el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, recordó que el
lugar era custodiado desde una claraboya por personal que pertenecía a la
Policía de la Provin cia de Buenos Aires (cfr. fs. 4656/64); punto en el q ue
coincidieron Cristin a Comandé en su declaración del pasado 20 de dici embre
de 2005 (en el marco de la causa nro. 14.216/2003, copias agregadas a fs.
280/2), y Hugo Rafael Parsons (fs. 3591/ 602).
Asimismo, en relaci ón a esta disposici ón de los detenidos en
poder del Ejérci to y sin perjuicio de las apreci aciones de las propias víctimas
tenidas en cuenta en el desarrollo del presente punto, cabe destacar en este
sentido q ue en el l egajo de prueba n ro. 675 de la Excma. Cámara del fuero,
USO OFICIAL

relativo a Mercedes Borra, obra a fs. 99/ 100 del mismo, un i nforme remiti do
por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que da cuenta del ingreso de
la nombrada a la Comisaría de Monte Grande, l ugar al que f ue llevada desde
el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, y en cual se dejó asentado q ue Borra
ingresó a dicha Comisaría “procedent e del Primer Cuerpo de Ejército, a
disposición de la Justicia Militar”, en parti cular, del Área 112.
En relación en parti cular a la presencia de personal del Ejército
en el CCDT, Gladys Alicia Frate, en su declaraci ón de fs. 286/7 –prestada en
el marco de la causa n ro. 14.216/2003- indicó “las personas que nos
interrogaban no eran los guardias, y entiendo que era personal del Ejército”.
Asimismo, en su declaraci ón de fs. 4595/602, prestada ante esta sede el
pasado 8 de n oviembre de 2010, recordó que durante una sesión de tortura l e
pareci ó ver un unif orme del Ejército. Al respecto, señaló que “[e] n algún
momento me pareció ver algún uniforme del Ejército, color verde, durante una
sesión de torturas, pero fue un instante, por el resto sólo recuerdo gente vestida de
civil, incluso los que nos traían la comida”.
Dora Genaro, además de las manifestaciones ya citadas en
relación a q ue los detenidos estaban a disposición del Ejército, puntualizó
que en CCDT había distintas “patotas” especializadas en los distintos grupos
y que la “patota” que se especializaba en el P.R.T. era del Ejército (cf r. fs.
985/92).
Por otro lado, en relación a la función que cumplía el CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” en la estructura represiva, es interesante
destacar lo manifestado por Lucía Beatri z Fariña, quien en su declaración de

75
fecha 24 de noviembre de 2009, refi rió q ue “uno de los guardi as llamaba a este
sitio «la base», diciendo que era un centro de distribución de prisioneros, que era un
lugar transitorio, de paso”, especificando que se trataba de un centro de
interrogatori o y deri vación de pri sioneros.
Asimismo, la nombrada refiri ó distintos episodios que darían
cuenta de la existencia de conflictos entre las distintas fuerzas: “[l]as
prisioneras más antiguas nos dijeron q ue cada 15 días, aproximadamente, hacían un
recuento de los prisioneros y volvían a anot ar todos los datos, tal como habían hecho
la primera noche que nos trajeron. Estuve cerca de 10 días en est e lugar, pero en la
misma semana tuvimos otro control de esas características, porque se «robaron» a
un prisionero del ERP entre las diversas f uerzas de seguridad q ue actuaban allí”
(fs. 1716/32).
Al tiempo que al recordar el momento de su liberación, indicó
que: “Los que iban adelante hacían coment arios sobre un Citröen que los guiaba y
dijeron que, si nos topábamos con la Policí a de la Provi ncia, me tirara al piso del
auto porque iba a hab er un tiroteo. El que conducía (podía entrever espalda y algo
de perfil, rubio, rob usto, de nariz recta), me preguntó por los di bujos en mi casa.
(Por lo tanto era también un integrante del mismo grupo del allanamiento)”.
Continuó su relato, recordando l o si gui ente: “Hicieron bajar al otro
prisionero primero y, luego, me dijeron que cuando entráramos en Capital me iban a
sacar la venda, pero no podía abrir los ojos. Y, que si nos detenía un auto de la
Policía Federal, el que estaba a mi lado iba a decir que yo era su novia” (idem).
La ref erencia hech a por sus captores sobre la Policía de la
Provincia constituye un indicio en orden a determinar que si bien el CCDT
funcionaba en una dependencia ofici al perteneciente a dicha fuerza, la
disposición sobre los detenidos estaba en poder de otra, q ue conforme a lo
que surge del resto de los rel atos, era el Ejército.
Por su parte, y en relación al víncul o entre las distintas fuerzas,
es de destacar el testimonio de Cristina Comandé, qui en fue secuestrada en la
madrugada del 17 de septi embre de 1976 por personal que identificó como
perteneciente a la Policía Federal y l levada a una dependencia aún no
identificada pero perteneciente a dicha f uerza - que podría ser
Superinten dencia de Seguridad Federal o una Comi saría-, l uego de lo cual ,
alrededor del 20 del mismo mes y año, fue llevada al CCDT “Cuatrerismo-
Brigada Güemes”, al respecto relató: “me ingresaron a un recinto con un
escritorio, donde había un hombre sentado que tomó registro de mis datos
personales, y escuché también a otras personas. Supongo que esta t area la llevaban a
cabo los guardias. Me hicieron levantarme la camisa que llevaba puesta y se
quejaron por el estado en que nos llevaban al lugar” (fs. 4480/5), recordando

76
Poder Judicial de la Nación

asimismo que uno de los guardias se horrorizó de lo lastimada que estaba, a


raíz de las torturas sufridas en el primer lugar de detención.
En concordancia con ello, Comandé señaló que, según su
percepción, al momento de ingresar a “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, se di o un
traspaso de la “pat ota” que la torturó y la mantuvo cautiva en el lugar
original, teniendo la testi go la sensaci ón de que la “patota” ori ginal perdi ó
contacto con ella un a vez q ue ingreso al CCDT (fs. 607/12).
Por otra parte, muchas de las víctimas fueron contestes en
afirmar que habían sido secuestrados por personal del Ejército, o “Fuerzas
Conjuntas”. En este últi mo caso, declararon en tal sentido Arias Annichini
(fs. 4151/60), J orge Navarro (cfr. legajo SDH 3860, agregado a fs. 4009/10),
Mercedes Borra (5433/43), Sara Pesci (fs. 5621/32), Lucía Fari ña (fs. 1716/32).
Por su parte, iden tificaron como los perpetradores de sus respectivos
secuestros a personal del Ejército las siguientes personas: Luis Caballero, que
también hizo referencia a personal de Gendarmería (fs. 4911/20), José Caffa
USO OFICIAL

(fs. 1878/83), Gladys Frate (fs. 4595/602), Dora Genaro (fs. 985/92).
Mercedes Borra, si bien recordó que an tes de ser detenida en la
vía pública, habían ido a buscarla a su casa personal de distintas fuerzas,
señaló, con relaci ón a las personas a cargo del operativo que: “el que daba la
impresión de comandar el operativo, que era un hombre con unif orme del Ejército,
muy alto, de mediana edad, rubio tirando a pelirrojo, de pelo corto y con bigotes”
(fs. 5433/43).
Asimismo, María del Carmen Cántaro de Pastor, relató q ue si
bien fue secuestrada junto con Osval do Carmel o Mollo y Alberto Man uel
Pastor –h echo que tuvo l ugar el 28 de marzo de 1976-, por personal civil
armado que se identificó como perteneci ente a la Policía de la Provincia de
Buenos Aires, todos ellos fueron llevados a una Comisaría, y sus captores les
dijeron que tenían q ue esperar a q ue los fuera a buscar el Ejército, l uego de lo
cual fueron trasladados al CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” (cfr. fs.
5009/15).
c. El uso de apodos por parte de l os perpetradores
Tal como ya se anali zara respecto de otros Centros Clandesti nos,
que fueron objeto de análisis en diversos autos de mérito dictados en el
marco de la causa n ro. 14.216/2003 y sus conexas, la utilizaci ón de apodos en
dichos centros f ue un método más, entre aquellos ori entados a ocul tar en el
anonimato a los autores de los atroces del itos llevados a cabo.
Esta modalidad, no estuvo acotada a un grupo determinado entre
los operadores del plan criminal, sino que como pauta de orden general del
propio régimen, f ue instrumentada en todos los centros de detención y

77
extendi da tanto a los altos mandos, como a los eslabones más bajos y
sustituibles del aparato de poder en estudio.
Como h ubieron de suponerlo, el encubrimiento del nombre
verdadero claramente representó un obstácul o –a veces circunstancial y en
ocasiones, y hasta ahora, insalvabl e- para la individuali zación de los autores
de tales delitos.
El CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” no estuvo exento a tal
modali dad, y hasta tal punto resultó ser un mecanismo sumamente eficaz a
los fines de ocultar la identidad de los autores directos de l os delitos de l os
que fueron víctimas las personas que fueron privadas il egalmente de su
libertad y sometidas a torturas en tal sitio, que muchos de los mismos n o
pudi eron ser identi ficados, pese a ser mencionados por gran cantidad de
víctimas.
Así, fueron mencion ados l os si gui entes apodos:
► “Coronel”, fue la persona señalada por varias de las víctimas
como el Jefe del CCDT.
En este punto, cabe resaltar que ya con anteri ori dad al período
aquí considerado, esto es, l a etapa posterior al gol pe de estado, se registran
referencias relativas a una persona iden tificada como el “Coronel”, que fue
señalado por J ulio César Mogordoy como Aníbal Gordon. En su declaración
de fs. 283/4 –copi as certificadas correspondientes a la causa 14.216/2003- el
mismo señal ó que l a “patota” que lo secuestró estaba a cargo de Aníbal
Gordon, quien se hacía llamar “El Coronel”, que f ue también uno de l os
encargados de interrogarlo y torturarl o en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada
Güemes”.
También, Jorge Eduardo Velarde –detenido el 5 de noviembre de
1975-, relató que “después me encontré con Julio [Mogordoy] y me contó que el
personaje de la voz tremenda era Aníbal Gordon, al que llamaban «Coronel», a él lo
alcanzó a ver a través de la venda cuando lo estaban torturando” (f s. 3857/66).
El nombrado Velarde recordó respecto de su contacto personal
con esta persona, que “en cierto momento estas voces –en referencia a Mastinú y
Aldo Ramírez, dos víctimas con las que compartió cautiverio en “Cuatrerismo-
Brigada Güemes”, “empezaron a decir «viene el Coronel, viene el Coronel», como
indicando que se acercaba alguna autoridad, entonces ahí escuché que venía hacia
nosotros una voz muy brutal, extremadamente autoritaria, a los gritos, dando
instrucciones” (fs. cit.).
Por su parte -y ya en relación a l a etapa aq uí considerada-,
Ricardo A rias Annichini, en su declaraci ón del pasado 15 de octubre de 2010,
hizo referencia a una persona apodada “Coronel”, de voz grave, que se

78
Poder Judicial de la Nación

desempeñaba en el referido CCDT, a q ui en señaló como el jefe del mismo: “él


centralizaba la información y dirigía los interrogatorios”, y de quien supo por los
dichos de Jorge Navarro, q ue era una persona de al rededor de cincuenta años,
alto, más bien delgado, con pel o, vestido de civil (cfr. fs. 4151/60).
Catalina Alanís, fue otra de las víctimas que señaló a la persona
que actuaba bajo el apodo de “Coronel” como una autori dad dentro del
CCDT, en los sigui entes términos: “[ r] ecuerdo haber escuchado varias veces
«Coronel», que los guardias dijeran «ahí viene el Coronel», por ejemplo, pero no lo
vi” (cfr. fs. 1754/65).
También Cristina Comandé, en sus distintas declaraciones,
mencionó al “Coronel”, de quien dijo “todos tenemos el registro de su voz
cascada, una voz muy gruesa, como de borracho, imposible de olvidar [...]. Cuando
venía el «coronel» los guardias nos hacían tabicar, pero yo tení a una venda tan
gastada que se traslucía, era una tela de sábana vieja” (cfr. fs. 4480/ 5),
manifestando en esa ocasión que el nombrado era de la guardia, si bien con
USO OFICIAL

un cierto grado de autoridad, dada esta circunstancia. Lo describió asi mismo,


como una persona de figura gorda, que era el encargado de i nterrogar a Oscar
Borovia y Alberto Maestri (cfr. fs. 280/2). La nombrada identificó al
“Coronel” en disti ntos recon ocimientos fotográficos como las sigui entes
personas: Rubén Víctor Visuara, Mi guel Leonardo Save, Cecil io Álvarez.
Elena Corbin de Capissano, por su parte, en el marco del l egajo
SDH nro. 3242 identificó entre l os guardias a un “Coronel” que estaba
permanentemente borracho.
Lelio López es otra de las víctimas que mencionó a un Coronel,
coincidiendo en la jerarq uía y las características señal adas por el resto de las
víctimas: “[e]l Coronel aparentemente era el Jefe, el capo del lugar [...] al principio
venía noche de por medio y tabicarse que vi ene el Coronel [...] le decían el Coronel
no lo vi, lo oí hablar, un hombre grande, de cincuenta años arriba, voz ronca, gruesa
de curda, de un tipo que toma mucho, incluso cuando venía muy seguido siempre
venía como bandeado, de pedo, borracho, pero era el Jefe del lugar”. Recordó
asimismo, en concordancia con los restantes testi monios, que los guardias
daban la orden de tabicarse cuando llegaba la persona identificada como
“Coronel” –orden también vigente cuan do llegaba alguien del grupo de los
que torturaban, identificando al “Coronel” como perteneci ente a la guardi a.
Hugo Rafael Parsons, por su parte, al recordar q ue h abía
compartido cautiverio con Juan Carl os Arroyo, refiri ó que éste último, en
carácter de delegado de los detenidos, había negociado cara a cara con un
represor apodado “Coronel” (cfr. f s. 4656/64).

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► “Teniente”, fue referido por Catalina Alanís como uno de los
jefes, en los siguientes términ os: “[t]ambién recuerdo que hablaban de un
Teniente, al que aparentemente respondían [...] Supongo que la persona que
llamaban «Teniente» sería el jefe” (fs. 1754/ 65).
También José Caffa identificó a una de las personas que se
desempeñaba en el CCDT como “Teniente”, que entraba y los pateaba (fs.
1878/83).
► “Ricardo”, fue una de las personas identificadas por la
mayoría de los sobrevivientes que pasaron por “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
Así, fue referido por Sara Dol ores Pesci, como uno de los
guardias del CCDT, que era jovencito, y se hacía el canchero. Puntualmente,
la nombrada se refi rió a una persona i dentificada como “Teniente Ricardo”,
que abría l os calabozos para que los detenidos salieran al h all al que daban
los mismos (fs. 5621/32).
Catalina Alanís, también lo identificó como perteneciente a la
guardia y lo caracterizó como “flaco, alt o, un tipo canchero, con rulos, campera
de cuero, llegaba siempre en moto, lo sé porque se escuchaba y porque además él
hablaba de su moto. Tendría unos vei ntici nco años. A las mujeres nos trataba un
poco mejor, pero a los hombres los maltrataba terriblemente” (fs. 1754/65).
Lucía Fariña, menci onó a “Ricardo” como uno de los guardias,
que era flaco, joven y a veces entraba a hablar con los prisioneros. Cabe
aclarar que si bien se refi rió a otro de l os guardias que abusó de ella, como
una persona distinta de la señalada, aportó ciertos datos que coinciden con la
descri pción de “Ricardo” que f ormulara Alanís: “[t]ambién, entró, el primer
día, el abusador [refiriéndose a una persona que había intentado violarla]
(reconozco nuevament e su voz), mostrándose «amable e interesado» por la salud de
las prisioneras […]. Hablaba mucho, era más bien bajo, decía tener 25 años, fanáti co
de su moto y tenía una hermana joven” (fs. 1716/32).
Cristina Comandé, también identificó alternativamente a una
persona que se hacía llamar “Ricardo” o “Teniente Ri cardo”, que se
desempeñaba en la guardia del CCDT y que era una person a joven, de unos
25 años de edad aproximadamente y más bien bajo, de entre 1,65 a 1,70 m. de
estatura, flaco, que l e faltaban algunos dientes, y que tenía el cabello teñido
de rubi o (fs. 280/2). En los distintos reconocimientos fotográficos llevados a
cabo en l os términos del art. 274 del C.P.P.N., i dentificó al n ombrado con las
siguientes personas: Juan Domingo Alegre, Roberto Carlos Zeolitti, Vital
Hipólito Fernández, Antonio Antich Mas (fs. 4480/5).
Por otra parte, Dora Genaro, se refirió a una persona apodada
“Ricardo” como una de las personas que formaba parte de la “patota” que la

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Poder Judicial de la Nación

secuestró, en los siguientes términ os: “a su cargo estaba «Ricardo» que tenía
entre 45 y 47 años, sería Capitán o Mayor, de alrededor de 1,77/78, más corpulento,
de pelo oscuro […] Que este «Ricardo» había estado en Tucumán y decía haber
estudiado psicología. Que en 1976 tenía un varón de 18 años y una vez le relató que
se le había ahogado una hija de 6 años en una pileta cuando est uvo en Tucumán.
Que también le refirió que su mujer no podía tener más hijos” (fs. 260/2),
pudi éndose adverti r de su testimonio que las características de esta persona
no coinciden con las señaladas coinciden temente por Pesci, Alanís, Fariña y
Comandé, no obstan te lo cual no se descarta l a partici pación de dos personas
que respondían a ése nombre, atento a la precisión de l a caracterización
formulada por Genaro.
► “Don Juan”: fue señalado por Pedro El ías Mari ani en su
declaración de fs. 3578/84 como una persona q ue respondía a las siguientes
características: “morocho, alto, de la guardia, sería parte de la Policía de la
Provincia, venía cada tres días”, y agregó “a esta persona apodada «Don Juan» lo
USO OFICIAL

vi durante todo el perí odo que estuve cautivo, pero no siempre, si no cuando estaban
de guardia”. Esta persona f ue i dentificada como J ulio César Acosta, con un
grado de certeza del 60%, conforme lo señalado en el marco del
reconoci miento f otográfico efectuado en dicha oportunidad.
También Cristina Comandé, en su declaración prestada en el
marco de l os “Jui cios por la Verdad” se refiri ó a un guardi a apodado “Don
Juan”, que también respondería al apodo de “el tucumano” –aclarando en su
declaración de fs. 607/12 que tenía acento del interior y que podría ser
sanjuanino-, quien medía 1,75 m. aproximadamente, era morocho canoso, de
alrededor de 45 años de edad (fs. 3267/86).
Por últi mo, en relación a esta persona apodada “Don Juan”, Ana
Ramona Sánchez, en su declaración del 15 de agosto de 2011, recordó que era
una de las personas que se encontraban en el lugar aún no identificado al que
fue llevada l uego del CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, pero que se
encontraba en la zona de Puente 12. A esta persona, pudo verla una vez
liberada, y la recon oció ya que la había visto por debajo de la venda. Lo
describi ó como un hombre grande, de 50 años y q ue tenía bigotes (fs.
8439/42).
► “Juan”: Mariani aclaró al respecto que era una persona distinta
de la referi da en el ítem anterior y que se desempeñaba con el apodo de “Don
Juan”. Dej ó en claro esta diferencia en los siguientes términos: “[Juan] era un
gordo, calculo que serí a oficial de la Policía, que manejaba todo, cal culo que sería un
Comisario, era parte de la guardia. Eso era a lo último, que pude percibir un poco
más, que eran Policías de la Provincia [...] el único Juan, me parece que era uno que
creo que lo vi en Vil la Adelina, después de un año, un par de años de liberado,

81
bajaba de una camioneta, vestido de civil, para mí era él, era gordo, altura 1, 65 o
1,70, no era del todo blanco, el resto de las características no las recuerdo. Había
otra persona distinta que respondería al apodo de «Don Juan»”, que a diferencia
del señalado en primer término lo veía cuando cumplía su guardia. En
cambio, de “J uan” dijo que aparecía en el CCDT “i ndependientemente de la
guardia que estaba, como que controlaba todo, daba la sensación de que tenía una
jerarquía superior, aparecía en cualquier momento” (fs.3578/84).
► “Tucumano”: como ya se refiri era, Comandé señaló a una
persona apodada “el tucumano” que sería la misma que actuaba con el apodo
de “Don Juan”, perteneciente a la guardi a (cfr. fs. 3267/86).
Margarita Sánchez Hernández, por su parte, en su declaraci ón de
fs. 4103/10, se refiri ó al “tucumano” como una de las personas que participó
en su secuestro, a quien ella llamó de tal manera porque el nombrado le
comentó q ue era ori undo de la Provincia de Tucumán y que i ntervino además
en su liberación: “[e]l que manejaba, que también me dijo que se llamaba Jorge y
que fue quien me llevó a casa cuando me liberaron, era alto, de aproximadamente un
metro ochenta, morocho. Él una vez se vino a despedir a casa, diciendo que se iba al
monte tucumano porque allí lo había asignado la Policía. Tení a el cabello bien
oscuro y el flequillo lacio peinado hacia el costado”, dejando sentado de esta
manera q ue el apodo “tucumano” era una forma de llamar a esta persona
propio de la vícti ma, ya que ante ella se presentaba como “Jorge”. En el
reconoci miento fotográfico ll evado a cabo en dicha oportunidad, reconoci ó
los mismos rasgos de la cara en la fotografía correspondi ente a Ricardo
Roberto Rico.
Luis Caball ero, también recordó la presencia de una persona a
quien llamaron con el apodo de “tucumano” durante su secuestro y posterior
traslado al CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, a quien caracterizó como una
persona gorda, de 40 y pico años, que estaba uniformada (fs. 4911/20).
► “Laucha”: f ue un o de los torturadores señalados por Cri stina
Comandé, a quien se refi rió en relación al primer lugar en el que estuvo
detenida –aún no identificado, que podría ser una comisaría o la
Superinten dencia de Seguridad Federal-, pero de quien no pudo asegurar
haber notado su presencia en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” (fs.
280/2 y 4480/5). Respecto del mismo, en su declaración de fs. 607/12,
recordó que “[m]e acuerdo de una de las personas que me llamaba la atención y que
me pareció que lo llamaban «laucha», él tenía un rol importante y por eso me quedó
grabado, era de los que poco después utilizaba la picana, insultaba, amenazaba, pero
no era el único. Entre ellos sí tenían como una relación jerárqui ca, pero no puedo
decir quién era el que dirigía el operativo y que no roles desempeñaba cada uno de
ellos. El que creo que le decían «laucha», era una persona delgada, muy ágil. Para

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Poder Judicial de la Nación

describirlo podría deci r que era como si fuera a Silingo pero en una versión joven,
menudo, de cara angulosa, de tez blanca, cabello castaño, de estatura mediana, no
recuerdo otro dato, yo no terminaba de entender la situación y no pude registrar
más datos”. Se deja constancia de que en su declaración prestada en el marco
de los “J uicios por l a Verdad” se refiri ó también a esta persona como “Rata”
(fs. 3267/86).
► “Sapo chi co”: al respecto, Cristina Comandé que este apodo le
fue dado a uno de l os guardias por los propios detenidos. Lo describi ó en su
declaración de fs. 280/2 como petiso, de 1,65 aproxi madamente de altura,
gordo, morocho, con anteojos, ojos saltones, pelo lacio, cerca de 40 años de
edad, especificando a fs. 607/12, que era “morocho, de ojos saltones, ojos
oscuros, moreno, gordo y petiso y nosotros le veíamos cara de sapo”. En el
reconoci miento f otográfico efectuado en el marco de la decl araci ón
testimonial obrante a fs. 4880/5, l o identificó como Francisco Ismael Rivero.
► “Sapo grande”: Cristina Comandé señaló que era un apodo
USO OFICIAL

asignado por los propi os detenidos a uno de los guardias del CCDT –
pudi endo tratarse del jefe de una de ellas, cf r. fs. 4480/5- y aportó
características físicas del mi smo, señalan do que tendría unos 40 años de edad
aproximadamente, cerca de 1,75 metros de altura, más flaco, más alto y con el
pelo más cl aro que l a persona apodada “sapo chico” (fs. 280/2), indicando a
fs. 607/12 q ue “era medio rubión, alto, no tenía ojos saltones, o sea era todo lo
contrario al «Chico»”. Dicha persona f ue identificada en el marco de la
declaración testimonial obrante a fs. 4480/5, en la fotografía correspondiente
a Ernesto Aníbal Campos.
Respecto de esta persona, teniendo en cuenta que, como se tuvo
por acreditado en el marco del auto de mérito dictado en fecha 23 de mayo de
2006 en la causa nro. 14.216/2003, Roberto Carlos Zeolitti es la persona que
actuaba en el CCDT “Vesubio” bajo el apodo de “Sapo” -o “Saporiti”- ,
Comandé aclaró que no se trataba de la misma persona q ue señal ó como
guardia del CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
Asimismo, Liliana Latorre, en el marco del legajo Conadep 3222,
señaló que “el guardia que nos traía el ementos para curar a los heridos fue
reconocido por su voz como uno de los torturadores, según manifiesto en mi
testimonio, es identificado como el apodo de «Sapo Grande» por varias
compañeras/os, entre ellos, Cristina Comandé, de acuerdo a la descripción que de él
se hace”.
Por su parte, Catal i na Alanís, en su declaración de fecha 1º de
diciembre de 2009, señaló a “Sapo grande”, indicando que era grandote, decía
que vivía en Villa Elisa y que tomaba la Costera –datos que le había

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comentado a su vez Ana Ramona Sánchez (cfr. f s. 8439/42)-. Respecto de su
función en el CCDT, refi rió q ue se trataba de una de las personas que llevaba
a los detenidos para ser torturados.
En este sentido, cabe hacer mención a l o manifestado por Ángel
Salerno al momento de prestar declaración indagatori a ante esta sede el
pasado 14 de octubre de 2011, oportun idad en la cual , al ser preguntado
respecto de sus compañeros de la Divisi ón Cuatrerismo, en base a los datos
consignados por las víctimas, señaló: “[c]reo que quien vivía en Villa Elisa era
Madrid”, en referen cia a José Félix Madrid, qui en se halla imputado en el
marco de la presente en virtud de su participaci ón en el operativo llevado a
cabo el 4 de noviembre de 1975 en el inmueble de la cal le Honduras 4183
(conforme será anali zado en el Considerando Doceavo), y respecto de qui en
no se tuvo por acreditado por el momento que hubiera prestado servici os –al
menos formal mente- en la División Cuatreri smo (cfr. constan cias obrantes en
su legajo personal original de la Policía de la Provincia de Buenos Aires,
reservado en Secretaría).
► “Mayor Peña” o “Mayor Peirano”: f ue referi do por Ricardo
Mateo Landriscini, quien en el marco del legajo SDH nro. 3559, recordó que
en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” fue sometido a dos interrogatorios,
en el segundo de los cuales le informaron que se iba a proponer su libertad
pero sujeto a control es y que si lo detuvi eran nuevamente debía deci r que su
caso lo llevaba el “Mayor Peña”.
Respecto del nombrado, cabe destacar que las constancias
obrantes en l a causa nro. 12.323/2000 caratulada “N.N. s/delito de acción
pública- Munárriz, Alberto José”, y acumulada a la presente, identifican al
“Mayor Peirano” –también llamado “Mayor Peña”- con Carlos Antonio
Españadero (cfr. querella de fs. 2274/85 y declaración testi monial de María
Ofelia Santucho de f s. 2408/10).
► “Misionero”: Leli o López hizo referencia al nombrado como
una de las personas que lo custodi aban en el CCDT, y recordó que el mismo
era un guardia de más de cincuenta años de edad, muy tranquilo, que
intervino en su li beración (cfr. l egajo CONADEP nro. 3913).
Luis Caballero, por su parte, en su decl aración del pasado 10 de
diciembre de 2010, ante la pregunta relativa a los apodos que se escuchaban
en el CCDT, refiri ó que “[e]l misionero me suena, quiero aclarar que la sensación
que tengo yo es que todos ellos se hacían llamar Jorge, pero «Misi onero» me suena
de haberlo escuchado en el lugar donde estuve detenido” (fs. 4911/ 20).
► “Chancho Jabalí”: también fue referi do por Lelio López como
uno de los guardias del CCDT. Así, en el marco del legajo CONADEP nro.

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Poder Judicial de la Nación

3913 recordó que “éste porque era un gordo inmenso, negro, m orocho, q ue lo la
llamaban Chancho jabalí porque tenía un collar con un colmillo y siempre con la
camisa abierta [...] ese fue el que me lleva cuando me dejan, cuando me ponen en
libertad, ese es uno de los que me llevan, ese y el Misionero”.
► “Bici cletero”: fue identificado por Sara Pesci, q uien en su
declaración testimon ial del 23 de mayo de 2011, recordó q ue el nombrado era
uno de los que abrían las puertas de los calabozos individual es para q ue los
detenidos pudieran salir al hall al q ue daban los mismos. Asimismo, en el
marco del legajo SDH nro. 3241, señaló a “bicicletero” como una de las
personas que intervino en su secuestro, hecho que tuvo lugar el 6 de
septiembre de 1976, y que se encontraba vestido de civil en ésa oportunidad.
► “Chino”: también fue señalado por Sara Pesci, como una de las
personas q ue intervino en su secuestro, y que, una vez que fue llevada al
CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” se encargaba de sacar a los detenidos de
las celdas individual es para dejarl os en el hall (fs. 5621/32). Recordó tambi én
USO OFICIAL

que vol vió a ver a la persona apodada “Chino” mientras se encontraba


detenida en la Unidad de Villa Devoto, adonde f ue luego de ser puesta a
disposición del PEN. En el marco del legajo SDH nro. 3241, Pesci aportó
mayores precisiones respecto a la persona apodada “Chino”. Así, señaló que
“tenía pelo bien lacio con flequillo y los ojos achinados, del tipo norteño, además el
mismo Chino, en una oportunidad, antes de salir de la cárcel me hizo, junto con
otros, un interrogatorio ya como Ejército, el Chino había entrado de civil a mi casa,
con brazalete blanco y cuando fueron a la cárcel de Devoto a i nterrogarme, fue como
personal militar. El Chino dirigía el grupo de tareas que me interrogaba y
torturaba, era como el jefe de la patota”, precisando en este sentido la función
del nombrado dentro del CCDT, como jefe de la patota que se ocupaba de l os
interrogatori os y torturas, lo cual constituye otro indicio en orden a sostener
que tales tareas se encontraban a cargo del personal del Ejército.
► “El loco”: fue mencionado por Lucía Fariña como una de las
personas que la interrogó en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, y que
posiblemente también intervino en el operativo por el cual tanto la nombrada
como su ami ga Ali cia Rabinovich f ueron secuestradas. Puntual mente, en
ocasión de llevarse a cabo un reconoci miento fotográfico en el marco de la
declaración testimon ial que l e fuera reci bida a la nombrada el pasado 24 de
noviembre de 2009, ante la fotograf ía correspondi ente a Omar Osval do
Sampayo, manifestó que “[e]ste hombre me recuerda a la persona que me
interroga cuando me llevan a picanear, que creo era el mismo que en la casa de
Alicia la tira contra una ventana y la patea, que ellos lo llamaban «el loco»: era
rubio, de tez blanca, delgado, no muy alto, narigón, pelo corto y lacio, no usaba
bigotes y hablaba mucho y muy nervioso. En una oportunidad en que vi a la mamá

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de Alicia, ella me contó que había realizado varias averiguaciones con relación a lo
acontecido, y en el marco de las mismas tomó conocimiento de que en el
procedimiento de secuestro había participado personal de la Policía de Morón, y
cuando yo le describ í a este hombre, ella preguntó por todos lados y en una
Comisaría le dijeron que ese era «el loco de la Comisaría de Vil la Insuperable»,
lo cual coincide con el apodo que yo escuché. Siempre creí que era Patti, porque
tenía una nariz iguali ta, se parecía. La madre de Ali cia ya no vive, pero el sobrino
de Alicia, que presenci ó el secuestro a los 6 años, tiempo después reconoció a una de
las personas que parti cipó, lo vio en la calle vestido de civil” (fs. 1716/32).
► “Saracho”, “Sarayo” o “Sagayo”: fue señalado por Catalina
Alanís en su decl aración del 1 de di ciembre de 2009, como uno de los
guardias del CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
Asimismo, Ángel Salerno, en el marco de la ampliaci ón de su
declaración indagatoria del pasado 2 de diciembre del 2011, recordó, respecto
de la persona apodada “Saracho” que “a quien decían de esa forma era Preti, que
era un petiso, que no trabaja en Cuatrerismo, y no estoy seguro de si asitía a la
División; lo he sentido nombrar en el sentido de que estaban ahí hablando y de
pronto un compañero mío lo nombrada, y al guien decía por ejemplo «andá a decirle a
Saracho». Este Preti, que ha fallecido, tenía fama de loco, no sé en qué División
prestaba funciones ni a quién respondía”.
También cabe destacar, que la persona apodada “Saracho” fue
mencionada por Juan Ramón Nazar en su decl araci ón prestada en el marco de
los “Jui cios por la Verdad” (cfr. fs. 8972/88), refi riendo que era uno de los
interrogadores, no pudiendo preci sar si el nombrado intervi no en todos los
CCDT por los que pasó durante su cautiverio, a saber, en la Comisaría de Don
Bosco “Puesto Vasco”, en el Destacamento de Arana y en la seccional de Monte
Grande –hecho este en particular que será objeto de análisis en el marco de la
presente-. Ramón Miralles, por su parte, aclaró que “Saracho” era una de las
personas que lo interrogó y torturó en el CCDT conoci do como “COT I
Martínez”, coincidiendo con l o manifestado con Salerno al indicar que el
referi do apodo correspondía a Mil ton Pretti (cfr. testi monio en los “Juicios por
la Verdad”, cuyas copias certificadas obran a fs. 9006/32).
Efectivamente, conf orme hizo saber a esta sede el Juzgado en lo
Criminal y Correcci onal Federal nro. 3 de La Plata, Valentín Milton Pretti,
alias “Saracho”, fue i mputado en el marco de la causa en la cual se investigan
los hechos acaecidos en el CCDT “Puesto Vasco” (Comisaría de Don Bosco de
la Policía de la Provi ncia de Bs. As.), no pudi endo ser indagado, toda vez q ue
se encontraba falleci do.
► “Jorge”: Margarita Sánchez Hernández recordó q ue todas las
personas con las cuales tomó contacto durante su cautiverio en el CCDT

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Poder Judicial de la Nación

“Cuatrerismo-Brigada Güemes” e incluso durante su secuestro, respondían al


nombre de “Jorge”. Dicha circunstancia fue relatada por l a víctima en los
siguientes términos: “[s]e que en el centro clandestino estaba uno de los que me
secuestró porque me lo dijo, me dijo que podía reconocerlo por la campera de gamuza
marrón, y efectivamente fue así. Cuando yo les preguntaba cómo se llamaban
siempre me contestaban «Jorge», todos” (fs. 4103/10), recordando que incluso de
presentaba de tal manera la persona apodada por ella como “el enamorado”,
a quien se hará referencia más adelante.
Asimismo, Luis Caballero, que compartió cautiverio con la
nombrada, en su declaración del 10 de diciembre de 2010, al ser preguntado
respecto de los apodos q ue escuchó en el CCDT, recordó en igual senti do:
“tengo la sensación de que al rubio [en referencia a una de l as personas que
partici pó de su secuestro, que se encontraba también en el CCDT y que
partici pó de los interrogatori os bajo torturas a l os q ue f ue sometido] le decían
Jorge, aunque no estoy seguro, no escuché ningún otro apodo o nombre. Ahora que
USO OFICIAL

lo pienso, tengo la sensación de que todos ell os se hacían llamar Jorge”.


► “Javier”: fue referido por Catalina Alanís en su declaraci ón del
pasado 1 de diciembre de 2009, como perteneciente a la guardia “buena”,
señalando que “una vez un guardia dijo q ue muchos de los que actuaban ahí eran
de la Policía de San Justo […] El que dijo eso creo que se llamaba o le decían
«Javier», pertenecía a lo que yo llamo la «guardia buena», porque nos aflojaban un
poco la venda y adem ás él se comunicó con mis tíos cuando se lo pedí para decirles
que yo estaba bien, y él fue quien nos dijo que nos íbamos a ir en libertad luego de
que «el Coronel» hablara con nosotros. También esa guardia nos dejaba hablar entre
nosotros y nos dejaron bañarnos a Ana y a m i“ (fs. 1754/65).
Ana Ramona Sánchez, en su declaraci ón del 15 de agosto de 2011,
manifestó q ue “Javi er” era el nombre o apodo de uno de l os guardias que
cumpl ía f unciones en el sitio de detención aún no identificado al que f ue
llevada l uego de pasar por el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, que se
ubicaba en la zona de Puente 12 (fs. 8439/42).
Asimismo, Leonardo Blanco –detenido el 7 de noviembre de 1975-
en su declaración del 1 de julio de 2010, refiri ó la presenci a de un custodio
llamado “Javier”, durante su cautiverio en la Brigada de Investigaci ones de
Quilmes, a quien recordó como “medio gordito, sin bigotes, cutis bien blanco,
pelo negro, era muy amable con nosotros y conversaba bastante. Estaba vestido con
traje y recuerdo q ue una vez tenía puest a la estrella federal, con ocho puntas.
Hablaba de Rosas” (fs. 3849/53 y legajo CONADEP agregado a f s. 2840/3) .
► “Señor Campana”: fue señalado por Dora Genaro como la
persona que se encontraba a cargo de la “patota” que la secuestró, a quien vio
también en el CCDT. Al respecto, en su declaración de fs. 260/2 y

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refiriéndose al grupo que la secuestró, recordó que “el grupo estaba a cargo del
«Sr. Campana» que era un tipo que mediría 1,70 metros, de 50 y pico, rubión-blanco
y medio pelado, que t enía un cargo superior a Mayor. Que este era el dueño del
Taunus blanco”, el auto en el que luego de permanecer quince días en el CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” la trasl adan a Campo de Mayo. En su
declaración de fs. 985/92 aportó tambi én datos relativos a la descri pción
física de esta person a, que “tenía entre 1.70 y 1.75, rubio, medi o pelado, de cara
alargada”. En cuan to a su presencia en el CCDT, declaró en aquélla
oportunidad que “q uien se hacía llamar «Campana» en una oportunidad estando
detenida en el CCDT Protobanco le dijo que si ella hablaba y también si convencía a
Jorge Casaña de que hiciera lo propio, les podía conseguir una salida del país” (fs.
cit.). La víctima manifestó asimismo, estar segura de que la “patota”
comandada por el “Señor Campana”, era la misma que había secuestrado a
Jorge Andrés Casaña, así como a Ricardo Cuell o, Gladys Frate, Isabel Moreira
y Carlos Suárez.
► “Miguel”: Lelio López señaló a esta persona como uno de los
torturadores del CCDT, en estos términ os: “este Miguel estaba en los grupos
operativos, era del GT2”. Relató al respecto q ue esta persona torturó muy
duramente a Hugo Said Bazze: “[e]l que lo dejó muy mal a Base… porque Base
había sido torturado mucho y después lo dejaron unos quince dí as y lo volvieron a
torturar mucho se le infectaron los pies, todo, por la parrilla y más que la picana,
muy golpeado lo mandaron de vuelta para atrás y era este Miguel que se había
ensañado porque era medio rayado y realmente era una barbaridad cómo lo habían
dejado a este y este Base era del Poder Obrero; más adelante, ya lo habían dejado e
incluso se había repuesto bastante Base de las torturas iniciales […], lo tuvieron
cuatro o cinco días y después lo dejaron como una semana y media, se repuso y
después lo agarró este Miguel y no podía hablar, balbuceaba” (cfr. l egajo
CONADEP nro. 3913).
► “Cacho”: f ue referido por Lelio López en el marco del l egajo
CONADEP nro. 3913, citado precedentemente, también aparentemente como
parte de uno de los “grupos operativos” encargados de las torturas.
Llegados a este punto, corresponde delinear un análisis indici ario
de lo que surge de los dichos de l os sobrevivientes, precedentemente
referi dos.
En relación a los datos aportados por Pedro El ías Mariani acerca
de la persona signada como “Juan”, cabe tener en cuenta lo manifestado por
Fernando Svedas –subcomisario de Cuatrerismo entre el 8 de agosto de 1973 y
el 2 de j unio de 1976-, respecto de Juan Modesto Carabajal, q ue se
desempeñó, como ya se dijo, primero como 2° Jefe de la Divisi ón
Cuatrerismo, es deci r, con el cargo de Comisari o –hasta el 1 de enero de 1976,

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Poder Judicial de la Nación

ascendiendo l uego al cargo de Comisari o Inspector –conforme surge de las


calificaciones fi rmadas por el nombrado-.
Por otro lado, también se puede señal ar la posibilidad de que
Carabajal haya actuado bajo el apodo de “Coronel”, cotejando l as
manifestaciones de Svedas con lo dicho por los testigos en relación a la
persona identificada de tal manera. En ef ecto, l os sobrevivien tes menci onaron
a la persona ll amada “Coronel” como el J efe del CCDT, de quien todos f ueron
contestes en señalar que concurría al l ugar borracho y que tenía una voz
cascada, muy gruesa.
Asimismo, y en rel ación al personal interviniente en los hechos
objeto de la presente investigación, cabe señalar la presencia de otras
personas no necesariamente identificadas mediante un apodo en particular,
pero sí respecto de las cuales algunos testigos han aportado datos de gran
precisi ón a los fines de la caracterizaci ón –y eventual identi ficación- de los
mismos.
USO OFICIAL

En este sentido, tanto Margari ta Sánchez Hernández como Gl adys


Frate -quienes fueron privadas ilegalmente de su libertad el 18 de mayo de
1976 y el 14 de agosto de 1976, respectivamente, y llevadas al CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”-, hicieron referencia a una persona que Sánchez
Hernández identificó como “el enamorado”, sin haberse podido determinar
hasta el momento que se trate de la mi sma persona la que refi rieron ambas.
En relación al mismo, Margarita Sánchez recordó que l o llamaba
de tal manera porque el guardia la buscaba luego de su liberación diciéndole
que se había enamorado de ella. Así, en su declaración del 5 de octubre de
2010, refiri ó que “[ s]é que en el centro clandestino estaba uno de los que me
secuestró porque me lo dijo, me dijo que podía reconocerlo por la campera de gamuza
marrón, y efectivamente fue así […] El que tenía la campera de gamuza era bajo,
delgado, de tez muy blanca, pelo corto y tení a los ojos celestes […] El de la campera
de gamuza ingresaba permanentemente a mi calabozo para pregunt arme cómo estaba,
yo lo llamo «el enamorado» porque después siguió visitándome en casa e incluso me
invitó a salir. Entraba para saber qué me habían hecho, me claraba que él no había
participado de las tort uras y los golpes, me decía que podía confiar en él. También se
preocupaba por mi estado de salud. Él también se identificó como «Jorge» […] Yo al
de camperita de gamuza lo seguí viendo durante mucho tiempo, incluso me invitó a
salir y un día me dejó un número de teléfono que recuerdo que empezaba con 52.
Cuando llamé atendieron del «Casino de Sub oficiales», tras lo cual corté”.
Y continuó: “Un día me encontré al «enamorado» en la estación de
tren de Retiro, en realidad me estaba esperando allí, solía hacerlo porque decía que
se había enamorado de mí. Según me comentó era de Entre Ríos. Los que me
secuestraron eran todos jóvenes, de aproximadamente 35 años, ninguno llegaba a los

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40. En esa oportuni dad en Retiro se manifestó sumamente arrepentido y tomó
conmigo el tren hacia Villa María. Yo no quería saber nada, pero entre las pocas
palabras que cruzamos en el trayecto le pregunté por Jorge [Lasciopa] y me
contestó literalmente «algunas personas no soportaron la tortura» […] el de la
campera de gamuza pasó varias veces por mi casa para invitarme a salir y en una de
esas ocasiones me dejó el número de teléfono del Casino de Suboficiales, me dijo que
se había enamorado de mí. Fue muchas veces a esperarme al tren en Retiro, al
horario en el que yo lo tomaba. La última vez que lo vi él se bajó antes de llegar a
Villa de Mayo porque yo le pedí por favor que se fuera, ahí fue cuando me dijo que
era de Entre Ríos”.
En el marco de la declaración testi monial antedicha, se ll evó a
cabo un reconocimi ento fotográfico, en el cual la víctima recon oció a la
persona descripta como “el enamorado” con la fotografía de Ernesto Alejo
Rivoi ra, en los siguientes términos que merecen recalcarse por la precisión
del recon ocimiento: “[e]ste hombre tengo casi la seguridad de que es «Jorge» el de
la campera de gamuza, me resulta tan parecido que me bloqueo. Hasta la edad de la
foto podría coi ncidir. La nariz, los ojos y el mentón triangul ar son idénti cos,
también la boca y el estilo de cara” (fs. 4103/10).
Por su parte, Gladys Frate, en su declaración del 8 de noviembre
de 2010, manifestó que de su cautiveri o en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada
Güemes”, recordaba “la cara de un guardia, que era j ovencito, tendría
aproximadamente 25 años y en una oport unidad comentó que tenía otro trabajo o
que había estado en una unidad penitenciaria. Tenía tez morena, era el más dado de
todos, el «lindo», creo que tenía el cabello con rulos. Un día haciéndose el bueno me
dijo que tranquilamente él podría ayudarme para que yo trabajara como guardia
cárcel y es ahí cuando yo me entero que él hacía guardias extra en una unidad
penitenciaria o que las había hecho y t enía algún contacto ahí. A él lo vi
permanentemente mientras estuve detenida en el lugar. Era el que se destacaba por
su contacto con los detenidos, estaba vestido de civil, con jean y camisa”, y relató
respecto de esta persona un episodio en el cual, junto con otro guardia,
comenzaron a manosearla y amenazaron con violarla (fs. 4595/602).
Esta persona, y su vinculación con Gladys Frate, f ueron
recordadas tambi én por Dora Genaro, que compartió cautiverio con la
nombrada, aportando al respecto datos que coinciden con la descri pción
formulada por Margarita Sánchez Hernández. Al respecto, en su declaraci ón
del 26 de mayo de 2009, señaló que: “Había un oficial de policía, recién recibido,
era flaco, blanco, rubiecito, que estaba enamoradísimo de Gladys Frate, una
compañera de cautiverio. Este oficialito, como le digo yo porque era un chi co muy
joven de unos 24 ó 25 años, que le decía que si le decía que si le decía que sí, él se la
llevaba durante su turno de guardia a Brasil” (fs. 985/92). En efecto, la

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Poder Judicial de la Nación

nombrada Genaro indicó en el marco de l a inspección ocul ar l levada a cabo el


16 de noviembre de 2010, ante la descripción hecha por Margarita Sánchez
Hernández, que la persona referida era la misma que estaba enamorada de
Gladys Frate (cf r. fs. 4656/64).
Por otro lado, es i mportante en este pun to hacer referencia a otro
guardia q ue tampoco fue señalado con un apodo en particular, identificado
por Cristina Coman dé, Elena Corbin de Capissano y Lelio López, como “el
homosexual”.
Comandé hizo referencia a esta persona, al serle exhibida la
fotografía correspon diente a Ramón Baraballe, en los siguientes términos:
“[e]ste hombre estaba en el centro, no sé si sería un jefe de guardia pero recuerdo
que tenía un trato muy malo para con nosotros, con seguridad l o vi en el campo,
usaba bigotes como en la foto, aunque en la foto tiene más pelo del que tenía en
aquel entonces. Es m ás, es el que los hombres decían que era homosexual. Era
morocho, de ojos marrones y de contextura media. Era un guardia muy temido,
USO OFICIAL

cuando llegaba había que vendarse los ojos, poner las manos atrás, no permitía que
lo vieran” (fs. 4480/5), señalando en l a misma oportunidad que también
podría corresponder por las mismas características a la fotografía
correspondiente a Roberto Oscar Terrile.
Corbin de Capi ssano, asimismo, identificó entre los guardias que
se desempeñaban en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” a uno que era
homosexual y que había tenido adiestramiento en Tucumán (cfr. legaj o SDH
3242).
Por último, Leli o López, en el marco del legajo CONADEP nro.
3913, hizo referenci a a un guardia joven, que era homosexual y estaba en la
misma guardia que aquél apodado “el misionero”.
En el mi smo senti do, cabe destacar que, tal como surge del
Registro Judicial A udiovisual ( REJA) rel ativo a la Inspecci ón Judicial llevada
a cabo el 16 de novi embre de 2010 en el actual “Destacamento de Infantería”
donde f uncionara el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, las personas q ue
declararon como testigos Dora Genaro y Hugo Parsons coincidieron en
identificar a una de las personas que se desempeñaban en el CCDT, a raíz de
los dichos de Parsons, quien recordó que pudo verle la cara a una persona
apodada “el nono” o “abuelito”, descripta por el nombrado como “gordito,
petiso, canoso, que tenía acento provinci ano, que podría ser de Santiago del
Estero, y q ue estaba retirado”; puntos todos con los que coincidió Genaro,
quien a su vez recordó que “había uno canoso, gordito, petisito que era Sargento
de la Policía y yo no...yo recuerdo que St ella Maris Álvarez contó que a ella la
habían violado con una macana, acá mismo, antes que yo estuviera y la volvieron a
traer y que este hombre había traído de la casa espadol y hervía agua y la enfriaba y

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le hacía baños y cuando a mi me fueron a trasladar, le dije si me dejaba saludar a
todos mis compañeros y me dejó abrir todas las celdas, saludar a todos y le digo
¿qué me va a pasar a mí? y me dice con vos pueden pasar dos cosas, o te matan o te
largan, porque presa sos insoportable... y un día iba por Corrientes, como a los 3
meses y se cruza corri endo el mismo tipo gordito y me dice viste «torda» que te dije
que te iban a largar porque presa eras insoportable. De él me acuerdo pero no se ni
cómo le decían ni cómo se llamaba, él decía que era Sargento”, recordando que
tenía al rededor de 60 años. Recordó q ue la bautizó “torda”; mientras que
Parsons señaló que a él lo ll amaba “Paisano”.
d. Lógica de los secuestros
Tal como he señalado en resoluciones anteriores, otra de las
expresi ones del plan sistemático de represión ilegal , la encontramos al tener
en cuenta el criteri o de selecci ón que se utilizó para el secuestro de las
personas.
En lo que atañe puntualmente al centro de detención bajo
estudio, se advi erte que muchas de las personas que han sido secuestradas en
fechas cercanas e incluso, consecutivas, no casual mente tenían en común la
organizaci ón o fracción en la que militaban o adherían al momento de los
hechos o con anteri oridad a los mismos.
Tales hechos, evidencian la modalidad organizativa en que eran
sistematizados los secuestros, l os q ue, lejos de llevarse a cabo en f orma
espontánea e intempestiva, eran producto de un diseño crimi nal preexistente,
en la cual l os deten idos eran l as piezas del rompecabezas que se pretendía
armar.
En este CCDT se advierte cl aramente una preeminencia de
militantes o adherentes al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT –
ERP), al Frente Revolucionario 17 de Octubre (FR 17) , perteneciente a la
tendencia peronista y a la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO).
Asimismo a lo l argo de la presente pesq uisa distintos
sobrevivientes mencionaron tanto la mil itancia de los cauti vos en el CCDT
como la presencia de patotas diferenciadas en función de ell o.
Al respecto, Lucía Beatriz Fariña, en su declaración agregada a fs.
1716/32 dijo: “... en el CCD había gente del ERP, ERP 22, OCPO –Organización
Comunista Poder Obrero-, que eran las Brigadas Rojas, FR y MR 17, Juvent ud
guevarista, las dos chicas de Montoneros; parecía que se especializaban en
agrupaciones de izquierda”.
Coincidentemente Cristina Comandé recordó: “Que en ese lugar
había gente del FR17, Poder Obrero, ERP 22, ERP, J uventud Guevarista, entre los
que recuerda. Que según la patota que viniera ya sabían quienes eran los que iban a
ser interrogados bajo t orturas” (declaración glosada a f s. 281/2).

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Poder Judicial de la Nación

De modo similar Dora Genaro declaró: “había dos patotas, una que
fue la me secuestró, que tenía más relación con los detenidos del P.R.T. y otra que
se vinculaba con los detenidos de la Organización Comunist a Poder Obrero.
Nosotros lo sabíamos porque se turnaban los días para torturarnos, y cuando venían
ya sabíamos a quien le tocaba. La patota q ue se especializaba en el P.R.T. era del
Ejército, yo estoy convencida que secuestró a Jorge Andrés Casaña, Ricardo Cuello,
Gladys Frate, Isabel Moreira de Oroño y Carlos Suárez, Ricardo Vázquez -que se
suicidó en la celda-. No estoy tan segura respecto de Ri cardo Vázquez, pero sí
respecto del resto de los compañeros detenidos que ya mencioné” (conf. fs. 985/92).
Lelio López f ue otro de l os sobrevivientes que recordó las pat otas
diferenciadas en fun ción de l a orientaci ón pol ítica de l os detenidos. Según su
testimonio, obrante en el legaj o CONADEP nro. 3913, en el lugar había varios
Grupos de Inteligencia, que se hacían ll amar G-1, G-2, G-3 y G-4; que el G-1
trabajaba con el ERP, el G2 con Partido Obrero y otro con el FR 17; quienes se
encargaban del in terrogatorio de l os detenidos pertenecientes a esa
USO OFICIAL

organizaci ón.
La persecuci ón de dichos grupos tambi én quedó evidenciada en
el informe elaborado por la Comisión Provincial por l a Memoria, que remitió
documentación que se encuentra agregada a fs. 10.018/66 entre la que se
destaca el Legaj o n ro. 11798 de la Carpeta Varios, Mesa “DS” caratulado
“Detención de (63) personas”. Allí obra un oficio fechado 15 de mayo de 1978,
dirigi do al Jefe de la Unidad Regional II (Lan ús) que reza: “El señor Jefe
ordenará se procure l a ubicación y detención de las personas que se detallan a
continuación”, a lo que sigue una larga nómina de personas con sus datos
personales y en muchos casos se indica la militancia, advirtiendo q ue la
mención recurrente a “pertenece a la OPM FR-17” o “pertenece a la OPM PRT –
ERP”. Dicho oficio se encuentra fi rmado por Faustino J osé Svencionis.
A continuación se efectuará una breve reseña de las personas
vinculadas con los distintos grupos señal ados.
-Los militantes del PRT- ERP
En “Cuatrerismo-Brigada Güemes” se advirtió principal mente la
presencia de personas rel acionadas de alguna manera con el Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y con su aparato militar, el Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP).
Si bien los testimonios son muchísi mos, como se habrá de
advertir en detalle en el Considerando en el cual se describen los hechos
imputados, dada la alta cantidad de mi litantes de esta agrupaci ón política
que pasaron por “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, cabe reseñar aquí al gunas de
ellas:

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A modo ejemplo, puede rel atarse la detención de María del
Carmen Cantaro, su marido Alberto Manuel Pastor y a Osvaldo Carmelo
Mollo (deteni dos el 28 de marzo de 1976) y Héctor Ricardo Arias Annichini,
Jorge Honori o Navarro y Martín Vázq uez Viana.
Al respecto Cantaro recordó que junto a su marido Alberto
Manuel Pastor y Osvaldo C. Mollo f ueron detenidos el 28 de marzo de 1976 y
dijo: “Todos militábamos en el PRT. Habíamos ido a visitar vecinos con material de
propaganda, para habl ar y concientizar sobre el tema del golpe” (f s. 5009/15).
Con respecto a ello Arias Annichini a fs. 4151/60 recordó: “A mí
me detuvieron el 30 de marzo de 1976 en horas de la mañana. Días antes habían
caído tres compañeros del Frente Oeste del PRT, entre los cuales se encontraban «el
campi» y «la petisa», de nombre Enrique Pastor y María del Carmen Cantaro,
respectivamente; ellos eran pareja, no recuerdo el nombre de la tercera persona. La
misma tarde en que supe que el domicilio de «campi» había sido allanado fui a
avisarle a otro compañero, Martín Márquez, que vivía en una casa quinta cerca de
González Catán, porq ue Enrique tenía registros de donde él vivía. Fuimos hasta allí
con Jorge Navarro, a quien llamábamos «el gallego», pero aunque no pudimos
conseguir que Martín se fuera, logramos que sacara todas las evidencias de nuestra
militancia, por ejemplo, los volantes y los periódicos. Esto ocurrió el día 29 de
marzo de 1976. Acordamos tener una cita de control al otro día por la mañana en el
cruce de la ruta 3 y la entrada a González Catán”. Allí los tres f ueron detenidos
y trasladados a “Cuatrerismo-Brigada Güemes”. Todos ellos fueron luego
puestos a disposici ón del Poder Ejecutivo Nacional. La excepción fue Pastor,
quien conforme lo relatado por Cantaro se habría fugado de “Cuatrerismo-
Brigada Güemes” y f ue luego n uevamente detenido y permanece desaparecido.
Otro caso que nos demuestra las redes de relaciones efectuadas
por los organismos de inteligencia que llevó a los distintos secuestros es el
caso de l os hermanos Salinas. Conforme la información col ectada en autos
Jorge Luis Salinas era militante del P RT ERP y trabajaba de cartero. Su
hermano Rubén Gerardo Salinas era médico y no poseía mi litancia alguna.
Ambos fueron secuestrados con tres días de diferencia a pri ncipios de enero
de 1977 y muri eron en “Cuatrerismo-Brigada Güemes” producto de las torturas
padeci das.
También f ueron secuestradas y mantenidas en cautiverio en
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” un grupo de personas relacionadas al al to
dirigente del PRT - ERP Mari o Roberto Santucho, ellas son : Cristina Silvia
Navajas, Man uela Santucho, Alicia D’Ambra y Ana María Lan zillotto. Las tres
primeras fueron detenidas el 13 de juli o de 1976 y se tien e acreditado que
fueron trasl adadas a “Cuatrerismo-Brigada Güemes” después del 20 de juli o de
1976. Ana María Lan zillotto, quien al momento de los hechos contaba con un

94
Poder Judicial de la Nación

avanzado embarazo, fue secuestrada en el mismo operativo en el que dieron


muerte a Mario Roberto Santucho.
Sin perjuici o de lo que se verá infra, en cada caso en particular,
puede graficarse la persecuci ón planificada y sistemática de esta agrupaci ón
política con el si guiente cuadro:

Fecha de
Víctimas PRT-ERP Destino
detención
C antaro, María del
28/03/1976 PEN
Carmen

Pastor, Alberto Man uel 28/03/1976 Desapareci do

Mollo, Osvaldo
28/03/1976 PEN
Carmelo
Del Gesso, Juan
29/03/1976 Desapareci do
USO OFICIAL

Domingo

Herrera, Leonor Inés 29/03/1976 Asesinada

Arias Annichini,
30/03/1976 PEN
Héctor Ricardo

Navarro, Jorge Honorio 30/03/1976 PEN

Márquez Viana, Martín 30/03/1976 PEN

Navajas, Cristina Sil via 13/07/1976 Desapareci da

Santucho, Manuela 13/07/1976 Desapareci da

D'Ambra, Alicia 13/07/1976 Desapareci da

Lanzillotto de Mena,
19/07/1976 Desapareci da
Ana María

Casaña, Jorge Andrés 05/08/1976 Desapareci do

Cuell o, Ricardo Lui s 13/08/1976 Desapareci do

Frate, Gl adys Alicia 13/08/1976 Liberada

Moreyra, Justa Isabel 14/08/1976 Desapareci do

Suárez, Carlos 14/08/1976 Desapareci do

95
Genaro, Dora Alicia 22/08/1976 Liberada

Vázquez, Ricardo
27/08/1976 Suicidi o
Adolfo

Borobia, Oscar Alberto 28/08/1976 Desapareci do

Maestri Williams,
15/09/1976 Desapareci do
Alberto Eduardo

Comandé, Cristina 16/09/1976 Liberada

Mendoza, José Martín 17/09/1976 Desapareci do

de Ángelis, Viviana 03/10/1976 Desapareci da

Guede Assanelli, Dante 07/10/1976 Desapareci do

Guede, Héctor Ricardo 07/10/1976 Desapareci do

Barreto Dával os,


15/10/1976 Desapareci do
Ricardo
Santillán, Carlos
17/11/1976 Desapareci do
Benjamín
Muerto por l a
Salinas, Jorge Luis 04/01/1977
tortura
Muerto por l a
Salinas, Rubén Gerardo 07/01/1977
tortura

-Los militantes de la agrupación “Frente Revolucionario 17 de


Octubre”
Por otra parte, es particularmente ll amativa la cantidad de
detenidos que estuvieron alojados en el centro de detención “Cuatrerismo-
Brigada Güemes” y q ue pertenecían a la agrupaci ón “FR 17”.
Se trataba de una agrupación política cuyas raíces se encuen tran
en la llamada “resistencia peronista”. En particul ar f ue producto de l a fusión
del M.R. 17 (Movimi ento Revolucionario 17 de Octubre) que f undara Gustavo
Rearte con el F.R.P. ( Frente Revol ucionario Peronista).
Si bien los testimoni os son muchos, como se habrá de advertir en
detalle en el Considerando relativo a los hechos imputados, un número
significativo de los detenidos alojados en este centro clandestino, pertenecían
a la agrupaci ón pol ítica citada.
Así se observan las caídas consecutivas de integrantes de dicho
grupo entre agosto y octubre de 1976. Una vez detenido Juan Carlos Arroyo,

96
Poder Judicial de la Nación

alto diri gente del FR 17, no se constataron nuevos secuestros de militantes de


esta organización.
Por otra parte, llama la atención el suscri pto el hecho que -a
excepción de Vi oleta Klich y Lucía Fariñ a- todo el resto de l os detenidos que
militaban en esta agrupación pol ítica se encuentran desaparecidos o fueron
asesinados con posteriori dad a su paso por “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
Sin perj uicio de lo que se verá en el desarrollo de sus casos, la
persecuci ón de esta agrupación pol ítica puede observarse con el si guiente
cuadro:

Fecha de
Víctimas FR-17 Destino
detención
Klich de Castro,
19/08/1976 Liberada
Violeta
USO OFICIAL

Castro, J uan María 19/08/1976 Desapareci do

Marghetich, Héctor
19/08/1976 Desapareci do
Marcelo

Vidal, Emil Carlos 19/08/1976 Desapareci do

Fariña, Lucía Beatriz 09/09/1976 Liberada

Lombardi, Edgardo
10/09/1976 Desapareci do
Humberto

Waisse, Margari ta
10/09/1976 Desapareci da
Rosa

Rabinovich, Alicia 10/09/1976 Desapareci da

Domínguez, Gloria
15/09/1976 Desapareci da
Elena

Gudiño, Juli o Jorge 15/09/1976 Desapareci do

Díaz, Mario Hugo 15/09/1976 Desapareci do

González Eusebi,
16/09/1976 Desapareci da
Lidia Edith

De la Rosa, El ena 18/09/1976 Desapareci da

Arroyo, J uan Carlos 28/10/1976 Asesinado

Taboada, Marta
28/10/1976 Asesinada
Angélica

97
Porcel, Gladys del
28/10/1976 Asesinada
Valle

-Los militantes de la “Organización Comunista Poder Obrero”


Otro grupo de pertenencia de varias personas que estuvi eron
detenidas en “Cuat rerismo-Brigada Güemes” fue la Organización Comunista
Poder Obrero, más conocida como OCPO.
Esta organización tuvo menos de un l ustro de vi da entre su
constituci ón nacional en 1974 y el gol pe de estado de 1976. Fue producto de
la fusi ón de parte de distintos grupos entre l os que pueden mencionarse el
Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), “El Obrero”, “Poder Obrero” y el
Movimiento de Izquierda Revolucionaria ( MIR). Ya en 1975 f ormó un aparato
militar que se llamó “Brigadas Rojas”.
Debo destacar q ue este grupo f ue arrasado por l a represión i legal
de la dictadura, pues no ha quedado un solo sobreviviente de todos l os q ue se
tuvo noticia que fueron secuestrados y llevados a este CCDT bajo análisis,
por l o que se ha difi cultado aún más su reconstrucción como tal. No obstante
ello, se advi erten caí das sucesivas en agosto, octubre y novi embre de 1976.
Lo dicho se grafica en el siguiente cuadro:

fecha de
Víctimas OCPO Destino
detención

Álvarez, Stell a Maris 28/07/1976 Desapareci da

Fleury, Walter Kenneth


09/08/1976 Desapareci do
Nelson

Fita Miller, Claudia Julia 09/08/1976 Desapareci da

Epelbaum, Luis Marcelo 10/08/1976 Desapareci do

Giombini, Gustavo
11/08/1976 Desapareci do
Rodolfo

Costa, Carlos Alberto 12/08/1976 Desapareci do

Assales, María Inés 22/08/1976 Desapareci da

Said Bazze, Hugo 20/10/1976 Desapareci do

Andreotti , Juan Carl os 25/10/1976 Desapareci do

98
Poder Judicial de la Nación

Brzostowski, Miguel
26/10/1976 Desapareci do
Jacobo

Dadín, Héctor Jorge 28/10/1976 Desapareci do

Arzani, Juana María Nov-76 Desapareci da

Capella, Carlos Mateo Nov-76 Desapareci do

D'Arruda, Carlos Al berto Nov-76 Desapareci do

Yeoman, Juana María Nov-76 Desapareci da

Epelbaum, Lila 04/11/1976 Desapareci da

Epelbaum, Claudio 04/11/1976 Desapareci do


USO OFICIAL

-Los militantes de la agrupación “ERP 22 de agosto”


También se advi rtió la presencia de integrantes del ERP 22 de
agosto alojados en el centro de detención “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
Se trataba de un desprendimi ento del ERP producto de
diferencias en cuanto a la actitud a tomar frente a las elecciones
presi denciales de 1973. Mientras que el ERP tomó una posición de
neutralidad o rech azo a la partici pación en las mismas, parte de sus
integrantes entendi eron que debían in volucrarse en el acto eleccionario.
Producto de ell o se produjo la escisi ón que dio en llamarse “ERP - 22 de
agosto”.
El nombre de la agrupaci ón se refiere al día 22 de agosto de 1972,
día en que tuvo l ugar la pri mera operación conjunta a gran escala entre el
PRT – ERP, Montoneros y las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).
Al momento de los hechos en estudio, esta agrupación pol ítica
estaba prácticamente disuel ta, y parte de sus miembros se había incorporado
a Montoneros y otro sector había vuelto al PRT – ERP tradicion al.
Sobre este grupo resultó ilustrativa la declaración prestada por
Jorge Mauricio Lapacó, quien a fs. 8550/1 recordó los secuestros de José
Miguel País, Hugo Federico González, Coco Leonetti y su mujer, todos ellos
compañeros de militancia en el “ERP - 22”.
De esta manera, l as privaci ones ilegales de la libertad sucesi vas
pueden graficarse de la siguiente manera:

99
Fecha de
Víctimas ERP-22 Destino
detención
Corvalán,
Eduardo Benito 22/07/1976 Asesinado
Francisco
González, Hugo
16/08/1976 Desapareci do
Federico

Pais, José Miguel 16/08/1976 Desapareci do

Leonetti Boren,
25/08/1976 Desapareci do
Jorge Antonio
Pasquali, Elsa
25/08/1976 Liberada
Beatriz

Pesci, Sara Dolores 06/09/1976 Legalizada

Scelso, Jorge Muerto por


06/09/1976
Marcelo la tortura

-El caso de los médi cos del Hospital Posadas


Ricardo Mateo Lan driscini, Nélide Ángela Clerice Venerucci y
José Luis Ujhelly prestaban servici os en el Hospital Prof. Alejandro Posadas.
Fueron detenidos sucesivamente el 3, 4 y 5 de enero de 1977 y trasl adados a
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”, donde fueron sometidos a tormentos. Los tres
fueron liberados el 7 de febrero del mi smo año.
Con relación a su secuestro, Venerucci relató ante esta sede: “Yo
trabajé muchísimos años en el área de salud pública, e ingresé al Hospital Posadas,
donde me encargaron l a organización de un Departamento de Estadísticas de Salud.
Esto fue unos años antes de 1976, pero no recuerdo exactamente la fecha. Ese
departamento que organicé llegó a tener 60 empleados, los cuales estaban ubicados
en todas las vías de acceso por las cuales los enfermos llegaban al hospital, es decir,
que ya fuera para consultorio externo, admisión a internación o guardia, todas esas
vías estaban cubiertas por el personal a mi cargo. Por otra parte, estaba a cargo del
Archivo de Historias Clínicas. Aparentemente, y esto lo supe a través de la
CONADEP, después de 30 años, el hospit al era una «posta sanitaria», donde se
atendía a los «guerrilleros» heridos, y era justamente gente a mi cargo la que los
atendía. Otra cosa que supuestamente me involucraba era el manejo de las historias
clínicas. Supongo que esa fue la razón por la cual posteriormente me secuestraron,
habrán pensado que yo tenía algún tipo de información” (conf. fs.3640/6).
Debo señalar aquí que en el marco de la causa nro. 11.758/06
caratulada “Bignone, Reynaldo Benito Antonio y otros s/ privación ilegal de la

100
Poder Judicial de la Nación

libertad…” investigué princi palmente sucesos vinculados con el Hospi tal


Posadas. A lo largo de la pesquisa en numerosas ocasi ones se hizo referencia
a la creencia por parte de las fuerzas armadas de la existencia de una “posta
sanitaria” en dicho establecimi ento. Incluso obra como prueba un informe
elaborado por personal del Batallón de Inteligencia 601 que da cuenta de ell o
y de l a imposibili dad de probarlo.
Así, la Comi sión Provincial por la Memoria aportó al Tribunal a
fs. 1125/29 de dicha causa un informe producido por el Batall ón de
Inteligencia 601 del Ejército Argentino, identificado como Legajo 6092
correspondiente a la Mesa “D(S)”, Carpeta Varios, y caratulado como “Proceso
en el Policlínico Posadas desde el año 1972 hasta la fecha”; dicho informe hace
referencia a las acci ones llevadas a cabo en el entonces Policlínico Posadas
durante los días 28 a 31 de marzo de 1976.
Dicho documento f ue hallado en el Archivo de la Di rección de
Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y, como se señalara,
USO OFICIAL

fue elaborado por el Batallón de Inteli gencia 601, en el mes de agosto de 1976
y distribui do por la Direcci ón de Inteli gencia de la Policía de la Provincia de
Buenos Ai res al Jefe de Policía, al Director de Investi gacion es y al Director
General de Seguri dad de dicha fuerza.
Allí, se hizo ref erencia a las distintas hipótesis q ue habrían
llevado a la toma del Hospital en la fecha indicada. La segunda se
correspondió a la supuesta existencia en dependencias del hospital a una
posta sanitaria dedicada exclusivamente a elementos subversi vos.
Finalmente, la propia dictadura concluyó que no se pudo
comprobar que el hospital haya f unci onado como “Posta sanitaria de la
guerrilla”, “aguantadero” o “depósito de armas”; tampoco se pudo constatar
la presencia de túnel es o entradas secretas.
Con relación al personal del hospital, concluye que no se ha
podido establecer que alguno de ell os pertenezca a “organizaciones de
delincuentes subversi vos”; sin embargo, se deja asentado q ue un grupo de
personas continuará bajo investigaci ón como presuntos “delincuentes
subversivos”.
Puede presumirse que tal vez f ue esa in vestigaci ón la que derivó
en la detención en “Cuatrerismo-Brigada Güemes” de Venerucci, Landriscini y
Ujhelly.
e. Modo de funci onamiento del CCD T
En este punto cabe destacar q ue, como se tendrá por acredi tado
en el marco del presente auto de méri to, en la Divisi ón Cuatreri smo de l a
Policía de la Provincia de Buenos A ires f uncionó, durante el período

101
comprendido entre noviembre de 1974 y febrero de 1977, un Centro
Clandestino de Detención y Tortura, conocido como “Cuatrerismo-Brigada
Güemes”.
En este sentido, es i mportante consi derar que los testimonios de
las víctimas privadas de su libertad durante el período objeto de análisis en
este punto, a saber, aquél que comienza con el gol pe de Estado del 24 de
marzo de 1976, dan cuenta del funci onamiento de dicha dependencia policial
con carácter excl usivamente de centro clandestino, toda vez que no se
registró la existencia de detenidos legales durante el mismo periodo.
Es deci r, que si bi en este CCDT se h abría eri gido sobre una
dependencia oficial, con regulares f unciones asignadas, lo cierto es que dicho
uso oficial se fue desnaturalizando, pasando a funcionar tal dependencia
excl usivamente como centro clandestino de detención, lo que lo equipara en
algún aspecto, a l os sitios especi almente acondicionados como tales, y l o aleja
de aquell os otros, en los que se funci onaron ambos aspectos, por un lado el
clandestino e ilegal, y por otro, las funciones regulares; como ha sucedido en
todas las Comisarías en las que ha habido detenidos de esta índole.
Ello surge especial mente al tener en cuenta q ue ninguno de los
detenidos ilegales h a mencionado haber coexistido en dicha dependencia con
detenidos comunes, ni tampoco haber advertido q ue se continúen en dicha
dependencia con la actividad propi a de la dependencia policial. Por otro
lado, l os dichos del imputado Ángel Salerno en su declaración indagatoria,
han permi tido graficar tal situación.
Dijo Sal erno al respecto: “cuando f ui a Cuatrerismo, fui a trabajar
normalmente, hacíamos lo que era el servici o de calle, y todo lo relativo a animales
de campo. Por esa razón nadie quería ir a aquél destino. Entonces, ahí empieza a
venir personal «raro», que desconocíamso si eran militares, o policías. Ellos nos
prohiben que traigamos detenidos, ladrones, etc. Así fue como comenzamos a
trabajar, y eramos como ajenos a la institución, trabajando sólo de día” –
declaración de fecha 14 de octubre de 2011-.
En la ampliación de su decl araci ón indagatoria de fecha 2 de
diciembre pasado, relató con referencia a dicha orden de dejar de al ojar
detenidos: “el que nos dio la orden fue Carabajal, creo que fue él, nos dio la orden
de no traer más detenidos de los que hacíamos el trabajo nosotros, de abigeato, y nos
dijo que pidiéramos colaboración a las Comisarías, y estas a su vez no nos daban
bolilla, así que ya no pudimos hacer procedimientos. Esa orden nos la dieron a
nosotros y al Oficial Gauna, que era el oficial principal que rabajaba con nosotros,
creo que el nombre de éste era Osvaldo. No nos explicaron el motivo de tal orden y
era la época en que comenzaron a aparecer esas caras raras, que n sabíamos quiénes
eran”.

102
Poder Judicial de la Nación

Asimismo, se evaluarán a continuación los distintos puntos a


considerar en orden a la caracterizaci ón del funcionami ento de l a Divisi ón
Cuatrerismo como centro clandestino.
1. Lugar de alojamiento de deteni dos
Tal como surge del relato de las vícti mas que pasaron por el
CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, el mismo contaba con un sol o sector de
calabozos, el cual a su vez estaba dividido en un sector donde había
calabozos individuales, al rededor de seis enfrentados entre sí y otra cel da
más grande, en donde se al ojaba a varios detenidos a l a vez, lugar q ue
contaba con bancos de mampostería empotrados en la pared; siti o al cual
algunos detenidos se han referido como un patio, que contaba con claraboyas,
a través de las cual es se veían l os guardi as apostados en el techo del l ugar.
Estos l ugares, como se dijo, estaban dedi cados exclusivamente al
alojamiento de detenidos ilegales. En este sentido, Lucía Fariña, recordó
haber notado la presencia de alrededor de 40 personas en su misma situación,
USO OFICIAL

al momento de ser l levada al CCDT, esto es, el 9 de septi embre de 1976 (fs.
1723; coincidió en este punto Corbin de Capissan o en el marco del l egajo SDH
3242).
Cristina Comandé, recordó en su declaración de fs. 4480/5, que
fue introduci da en un calabozo luego un interrogatorio a su llegada al CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” y que en el mismo había otras dos detenidas,
quienes “trataron de explicarme qué sitio era ese, pero yo no podía asimilarlo como
real, me decían que estábamos en un l ugar donde había más compañeros detenidos,
que era como si fuera una cárcel pero que l as personas que estaban a mi lado eran
compañeros”.
La exi stencia de l os sitios señalados al comienzo de este punto,
fue corroborada por el testimonio de varias de las vícti mas del referido
CCDT, quienes aportaron detalles rel ati vos a la estructura edilicia del lugar
que permi ten la reconstrucci ón del mismo, tal como era en el momento de los
hechos objeto de análisis.
Así, Pedro El ías Mariani, en su declaraci ón del pasado 20 de abril
de 2010, recordó q ue cuando ingresó al CCDT f ue llevado a un calabozo y que
el lugar “eran todos calabozos de cement o, de 2 x 1 o más chico, todo oscuro,
después nos pasaron a un salón grande, donde había varios compañeros. Eran todas
puertas de hierro, con alambrado arriba y las paredes de alisado” (fs. 3578/84).
Señaló asi mismo, que los calabozos contaban con puerta de hierro con una
mirilla; accediéndose a la totalidad del sector por una puerta de rejas,
coincidiendo al respecto Claudi o Nicolás Grad (fs. 3550/ 5), Raúl Codesal
(testimoni o prestado en el marco de los “Juicios por la Verdad”), José Caffa

103
(fs. 1878/83), Dora Genaro (fs. 4656/64) , Sara Pesci (fs. 5621/32), Leli o López
(cfr. legajo CONA DEP 3913, reservado en Secretaría), Ricardo Mateo
Landriscini (cfr. l egajo SDH 3559, reservado en Secretaría), así como Latorre,
Parsons, Fariña y Comandé, en el marco de la inspección ocular llevada a
cabo el 16 de noviembre de 2010 (fs. 4656/64).
Los calabozos también fueron aludidos por Margari ta Sán chez
Hernández, q uien refirió que para llegar a ellos desde l a sala de tortura ten ía
que pasar por una especie de escal ón (fs. 4103/10); Luis Caballero (fs.
4911/20); Gladys Frate (fs. 4595/602); Dora Genaro (fs. 4656/64); Sara Pesci
(fs. 5621/32); Lucía Fariña (fs. 1716/32), quien en el marco de la inspecci ón
ocular recordó al i gual que Sánchez Hernández que cuando la llevaban a
interrogar le advertían que tenga cuidado con los escalones (fs. 4656/64);
Cristina Comandé ( fs. 3267/86); Hugo Rafael Parsons (fs. 3591/602); Leli o
López (cfr. legajo CONADEP 3913, reservado en Secretaría); todos ellos
coincidiendo respecto a sus características.
En relaci ón a este punto, María del Carmen Cántaro recordó que
estuvo alojada en varios si tios dentro del CCDT: en un pri mer momento, en
un lugar donde había vari os detenidos, con el pi so de baldosas ti po damero
en blanco y negro; y que luego de varios días, después de ser llevada a una
oficina en donde le mostraron una fotografía de su marido, fue llevada a una
celda sobre la cual dijo lo siguiente: “una celda individual, donde seguía
tabicada pero podía sentarme y pararme. Era un lugar muy chico [...] Después de
ahí me llevaron a una celda, que parecía ser una habitación grande, donde me
sentaron en un banco de mampostería que estaba adherido a l a pared, siempre
tabicada y con las manos en la espalda. En ese banco había mucha gente, se notaba
bien cuando era de día porque había una cl araboya en el techo por la que entraba
luz” (fs. 5009/15).
También Liliana Latorre –detenida el 4 de agosto de 1976-,
recordó haber si do l levada en primer l ugar a una celda indi vidual y luego a
una celda más gran de, donde había un a salamandra –también referi da por
Comandé- , y en la que sólo había mujeres, pasando los hombres a ser al ojados
a las cel das indivi duales, comparti das por dos o tres detenidos (fs. 18.745/7).
En este senti do, se mantenía en cuanto al alojami ento de los
detenidos una división entre hombres y mujeres, variando entre las celdas
individual es y l a denominada “celda grande”, con bancos de mampostería
(cfr. fs. 5621/ 32, declaraci ón testimoni al de Sara Pesci, q uien relató que
estuvo alojada en una calabozo y que sólo había mujeres en ellos), aunque
como acl aró Comandé “en general trataban de que los varones estuvieran
separados de las mujeres, pero debido a las numerosas incorporaci ones de detenidos

104
Poder Judicial de la Nación

esto no era prácticamente posible”, encontrándose en general las mujeres en las


celdas indivi duales y los hombres en la celda grande (fs. 3267/86).
Gladys Frate, por su parte, y en concordancia con los testi monios
mencionados, en su declaración del 8 de noviembre de 2010, hizo referencia a
un sector de calabozos, donde estaban ubicadas las mujeres, q ue eran
diminutos y rectangulares, con puertas de chapa con una mirilla; a excepción
de uno de ellos que era cuadrado y más grande que el resto, separado por una
pared más ancha; un hall que separaba el ambiente donde estaban los
hombres; al lado un a especie de pileta de lavar y un baño que podría tener
una ducha; resaltando asimismo l a existencia de una claraboya.
También Lucía Fari ña aportó detalles precisos del sector de
alojamiento de detenidos, en lo que hace a su estructura edilicia: “[d]esde el
«patio» se entraba, a través de una especie de portón grande con rejas y candados, a
una especie de pasill o con otra puerta de rejas al frente. A la izquierda de esa
segunda reja había una puerta de chapa con mirilla. Y, al lado, un piletón de lavar
USO OFICIAL

la ropa. En el extremo derecho, un retrete y una ducha. Al costado, un pequeño


calabozo. Durante los días que estuve, los compañeros hombres estaban en la
habitación a la que daba la puerta con mirilla. La segunda rej a se abría a una
especie de sala, donde daban los calabozos –de aproximadament e 1m x 2m, con
puerta de chapa que dejaba pasar una línea de luz entre la puerta y el piso-. En el
cielorraso, una claraboya daba a un mirador en techo, donde había guardias
armados. En la sala había una estufa anti gua. Aq uí, algunas veces, dormíamos,
tiradas en el suelo, las mujeres, y, otras veces, amontonadas en los calabozos.
Cuando traían nuevos prisioneros también los dejaban allí” (fs. 1716/32).
Por su parte, Cristin a Comandé, precisó las características de los
lugares referidos en este punto, en su declaración prestada en el marco de l os
“Juicios por la Verdad”: “el recinto dónde estaban los detenidos era un rectángulo
dividido en tres partes, en la primera había una puerta de hierro con chapa entera
abajo y arriba rejas por las que se acercaban los guardias a hablar con los
compañeros que no estaban en los calabozos. Dicha puerta estab a cerrada por una
cadena con candado, por allí sacaban a los compañeros para ser torturados, en ese
espacio había un banco de mampostería y una pileta de lavar ropa, a la derecha, del
lado izquierdo había un calabozo individual con puerta entera de chapa, y un baño
tipo letrina, con una ducha y una puerta de madera batiente, enf rente de la puerta
de hierro, había dos puertas más, una de ellas era mitad de rejas y mitad de chapa,
que cerraban también con cadena y candado, y la otra era completamente de chapa y
era con mirilla y pasador. La primera daba a un patio cubierto con una claraboya
rota, con piso de mosaicos al que daban a su vez aproximadamente cinco calabozos
individuales, con puerta entera de chapa de un metro ochenta por noventa
centímetros, el segundo reci nto era un calabozo grande aproximadamente de

105
veinticinco metros cuadrados también con una claraboya rota en el techo, con piso
de cemento alisado y en las tres paredes que no tenían puerta habían bancos de
mampostería, por las claraboyas, se veían los eucaliptos del exterior, algún pedacito
de cielo y a veces a los guardias de arriba, personal de guardia de Campo de
Concentración, armados que vigilaban a los secuestrados” (fs. 3267/86).
Este otro l ugar de alojamiento de detenidos referi do por los
testigos citados precedentemente, separado del sector de cal abozos por una
especie de patio, q ue contaba con bancos de cemento u hormigón empotrados
en la pared, ubicados en forma de “U” –cfr. fs. 4656/64-, fue mencionado
también por varias de las personas que estuvieron privadas il egalmente de su
libertad en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, algunos de los cual es se
refirieron al mi smo como la “celda grande” –Frate-, reafi rmando su destino
para el alojami ento de los detenidos. Así, Ricardo Ari as Annichini (fs.
4151/60), Pedro El ías Mariani (fs. 3578/84); Claudio Ni colás Grad (fs.
3550/5), Margarita Sánchez Hernández (cfr. acta de inspección ocul ar del
Centro de Adiestramiento y Crianza de Canes obrante a fs. 5179/82, y
declaración de fs. 4103/10, en donde refi rió que era el l ugar donde les daban
de comer a los detenidos), Néstor Pérez (fs. 4675/80), Catalina Alanís (fs.
1754/65), Ana Ramona Sánchez (fs. 8439/42), Mercedes Borra (fs. 5433/43),
Dora Genaro (fs. 4656/64), Sara Pesci ( fs. 5621/32), Cristina Comandé (fs.
607/12), Hugo Parsons (fs. 3591/602), Lelio López (cf r. legajo CONADEP
3919, reservado en Secretaría).
El sector de al ojamiento de detenidos, coinciden los testigos
precedentemente mencionados, al igual que Cántaro, en indicar que contaba
con una claraboya desde la cual l os guardias, identificados como
pertenecientes a l a P olicía de la P rovinci a de Buenos Aires –cfr. testimonio de
Cristina Comandé-, vigilaban a los deten idos desde el techo de la edificación,
precisando Mariani al respecto q ue contaba con una garita de vigilancia (fs.
3578/84) –dato corroborado en la Inspección Judicial llevada a cabo en dicho
sitio-. Dicha claraboya se ubicaba en el techo de un pati o q ue unía el sector
de los calabozos in dividuales con la ll amada “celda grande”, y en ciertas
ocasiones, servía de alojamiento de detenidos, dada la gran cantidad de los
mismos (cfr. testimonio de Cristina Comandé en el marco de los “J uicios por
la Verdad”, obrante a fs. 3267/86).
En este sentido, cabe destacar que la claraboya fue referida por la
mayoría de las vícti mas que concurrieron a la inspección ocular llevada a
cabo el 16 de noviembre de 2011, sin perjuici o de que en aquélla ocasión se
encontraba tapada, a diferencia de como estaba en la época en la q ue
ocurrieron l os hechos. En esa oportun idad, conforme surge del Registro

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Poder Judicial de la Nación

Judicial Audi ovisual –REJA- elaborado por la Asociaci ón Civil “Memoria


Abierta”, el Arquitecto Gonzalo Conte, miembro de la misma, señaló que
“arriba […] está la casilla de la guardia, que es una casilla de material, que todavía
está, que mide un metro por un metro, que se ve de afuera perfectamente, o sea que
controlaba este lugar y aquella claraboya que está allá, que está tapada”.
Muchos otros testi monios coincidieron por otro lado respecto de
la exi stencia de un piso de baldosas bl ancas y negras, perteneciente a esta
especie de patio. Así, además de María del Carmen Cántaro, cuyo testimoni o
ya se refi riera, decl araron en tal sentido Pedro Elías Mariani (fs. 3578/84),
Liliana Latorre, Cri stina Comandé, Gl adys Frate, Carmen Cantaro, Dora
Genaro y Hugo Parsons (todos ellos en el marco de la inspección ocular cuyo
acta obra a fs. 4656/ 64).
Por último, cabe referir que algunos de l os sobrevivientes,
refirieron además la existencia de una l etrina ubicada a un costado de l os
calabozos (cfr. testi monios de Mariani, Sánchez Hernández). Otros, por su
USO OFICIAL

parte, señalaron la existencia de un pequeño baño q ue contaba con una ducha


y por otro lado, un a pileta de lavar de cemento (cfr. testi monios de Gladys
Frate, Lucía Fariña, Cri stina Comandé, Sara Pesci, Víctor Pérez y Dora
Genaro en el marco de la inspección ocul ar a fs. 4656/64).
Conforme surge del Regi stro Judici al Audiovi sual ( REJA)
correspondiente a la inspección ocular del pasado 16 de noviembre de 2011, y
elaborado por la Asociación Civil “Memori a Abierta”, el sitio donde
actualmente f uncion a el “Destacamento de Infantería”, en donde se emplazó
el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, f ue reformado desde la época en que
tuvieron l ugar los hechos objeto de análisis hasta la actuali dad, y en
particular el sector de al ojamiento de detenidos. Así, se pudo comprobar q ue
si bien los calabozos individuales f ueron destrui dos, el ambi ente en el q ue se
ubicaban l os mi smos conserva rastros q ue permiti rían afirmar su existencia
en la época en que ocurrieron los hechos que se investigan. En dicha ocasión,
se observó la existencia de col umnas, que conforme señaló el Arquitecto
Gonzalo Conte, perteneciente a “Memoria Abierta”, podrían indicar la
presencia de una pared di visoria en otro tiempo, siendo tal l ugar reconocido
por Parsons, Latorre, Genaro y Comandé.
En dicha ocasión, fue ubicado tambi én el sector don de se
hallaban en ese momento los bancos de cemento dispuestos en forma de “U”,
señalando Gonzal o Conte que “los bancos de cemento estaban ahí, no se ven ahora
pero tenían 3, 4 metros de largo, toda esta pared y cerraban en forma de herradura”.
En este senti do además, el baño con una letrina referido
precedentemente, pudo ser i dentificado por muchos de l os testigos, ell o, a

107
pesar de que actual mente cuenta con un inodoro; en tal sentido, recordaron y
pudi eron comprobar en esa ocasión –atento a lo q ue se desprende del
Registro Judici al Audiovi sual- q ue desde el mismo se podían ver los
eucali ptos del exteri or –cf r. testimonios de Parsons y Genaro-.
Sin perjuicio de la exi stencia de di chas reformas, ciertas
características del lugar, como las claraboyas y el piso de mosaicos en blanco
y negro –o damero-, que se conservan en la actualidad, y que f ueron
reconoci das en forma conteste por los sobrevivientes en el marco de la
inspección ocular, permiten también reconstruir el mismo, con las
características delineadas en l os párrafos precedentes.
2. Condiciones de al ojamiento
Las vícti mas del CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, al hacer
referencia a las condiciones en las que cumpli eron cautiverio en el mismo,
coincidieron al señalar que se encontraban tabicados, y q ue l es fueron atadas
las manos hacia atrás en general con sogas, aunque tambi én se utilizaban
alambres o tela (cfr. testimoni os de María del Carmen Cántaro, Ari as
Annichini, Sánchez Hernández, Néstor Pérez, Mercedes Borra, José Caffa,
Sara Pesci) e incluso también los pies con bandas de goma (cfr. testimonio de
Claudi o Nicolás Grad de fs. 3550/5).
Asimismo, existía como regl a la prohibición de comunicarse entre
los detenidos, bajo la amenaza de ser víctimas de torturas físicas, que los
mismos eludían cuando se encontraban solos en el hall o en la “celda grande”
–espaci os comparti dos por varios de los detenidos- y no podían ser
escuchados por los guardias (cfr. testi monios de Comandé, Cántaro, Frate,
Mariani, Ari as Annichini, Borra, Sánchez Hernández).
Tales condiciones, si bien eran la regla, presentaban algunas
variantes en cuanto a su cumpli miento según la guardia, q ue era más o men os
exigente al respecto (cfr. testimonio de Mariani de fs. 3578/84).
En igual sentido, al gunos de los detenidos, en todo el ti empo que
estuvi eron privados de su libertad en el CCDT “Cuatrerismo- Brigada Güemes”,
pudi eron notar una flexibilizaci ón del régimen de detenci ón con el paso del
tiempo. Por ejemplo, Cristina Comandé señaló que después de un tiempo ya
no se encontraba vendada ni esposada, como sí lo estaba al inicio de su
cautiverio, que se extendió por más de tres meses (fs. 4480/5) , señalando que
dicha situaci ón se repetía respecto de otros detenidos, a excepción de Oscar
Borovia y Alberto Maestri (fs. 4656/64), a quienes ya se había dado por
muertos en un enfrentamiento.
Coincidentemente, dando cuenta de l a flexibilización de las
condiciones de detención, declararon también Ricardo Mateo Landriscini en

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Poder Judicial de la Nación

el marco del legajo SDH 3559, reservado en Secretaría; y Nélida Venerucci,


quien fue llevada al CCDT el 4 de enero de 1977, y estimó q ue dicha
flexibilizaci ón se debía a que eran los últimos días de fun cionamiento del
CCDT (fs. 3640/6).
Así, Liliana Latorre –en su decl araci ón prestada el 22 de
diciembre de 2005 en el marco de la causa nro. 14.216/2003- recordó q ue
pasado un ti empo empezaron a tener un a movilidad mayor en el centro y que
a veces a la hora de la cena hacían unas concesiones o premi os, que podía ser
que comi eran juntos los hombres y las mujeres. Otros testigos señalaron
incluso q ue ll egaron a hacer intercambios con los guardias de arriba, es decir,
aquéllos apostados en el techo a q uien es llegaban a ver desde la cl araboya
(cfr. testimonio de Comandé en los “Juici os por l a Verdad” a f s. 3267/86).
En igual sentido, Cri stina Comandé, en el testimonio prestado en
el marco de l os “Jui cios por la Verdad”, ante la Excma. Cámara Federal de
Apelaciones de La Plata, citado precedentemente, recordó: “[d]espués me
USO OFICIAL

pasan al patio, donde permanezco bastante tiempo, incluso era como la Delegada del
mismo, me encargaba de pedirles cosas, elementos necesarios, a los guardias, como
por ejemplo leche en polvo, para las otras embarazadas, para las embarazadas, talco
cicatrizante, Farme-x, etc. Otras mujeres jóvenes y yo realizábamos la limpieza del
lugar, le pedíamos un balde con agua y un trapo de piso, a los guardias, y
limpiábamos los calabozos […] en general manteníamos la venda levantada, la
mayor parte del tiempo, pero siempre sobre la frente, por lo cual podíamos ver la
cara de los otros detenidos y de los guardias, siempre que lo permitiera” (fs.
3267/86), señalando que Hugo Federico Gonzál ez era el encargado de
negociar con los captores por parte de los hombres alojados en la celda
grande. Posteriormente, este rol pasó a ser desempeñado por J uan Carlos
Arroyo (cfr. testimonio de Hugo Rafael Parsons de fs. 3591/ 602).
Conforme rel ató Comandé, el régi men cambió cuando
disminuyeron las sesiones de tortura física a las que era sometida: “[c]uando
las torturas que hacía la patota comenzaron a hacerse menos seguidas en mi
persona, los compañeros nos organizamos y elegimos delegados para hombres y
mujeres. Yo era la encarga de las mujeres y debía pedirles a los guardias
medicamentos, gasas, vendas, cigarrillos, para las embarazadas pedía leche. Cuando
llegaba alguna patota, cuando terminó esta tortura tan asidua, podíamos estar sin
la venda según el guardia que nos tocara y cuando estaba por venir la patota nos
gritaban «tabicarse» y debíamos ponérnosla de nuevo” (fs. 607/12), aclarando
que el padecimiento de todas maneras continuaba a raíz de la tortura que
significaba escuchar los gritos de los otros detenidos, sumado ell o a las
condiciones de detención infrahumanas en las q ue se encontraban los
detenidos.

109
En este punto cabe destacar la situaci ón de Alberto Eduardo
Maestri y Oscar Borovia, respecto de quienes, los sobrevivi entes recordaron
que habían figurado como muertos en un enfrentamiento durante su estadía
en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, por lo cual estaban seguros de que
los iban a matar. Recordaron q ue en vi rtud de esta particular situación en la
que se encontraban los nombrados, los guardias estaban más ensañados en
ellos y f ueron mantenidos siempre en celdas individual es y esposados, si
poder salir, al margen de la flexibilización de las condiciones de detención de
la que podían parti cipar el resto de los detenidos, como ya se mencionara
(cfr. decl araci ón de Cristina Comandé de fs. 280/2).
Continuando con la descripción del CCDT en l o que hace a las
condiciones de aloj amiento en que se encontraban los detenidos, cabe
destacar que la ali mentación era escasa: en general consistía en gui sos con
agua y pan duro ( cfr. testimonios de José Caffa de fs. 1878/83, Cristina
Comandé de fs. 4480/5, Hugo Parsons de fs. 3591/602, Lucía Fariña de fs.
1716/32, Claudio Grad de fs. 3550/5, Margarita Sánchez Hernández de fs.
4103/10, Néstor Pérez de fs. 4675/ 80, Nél ide Venerucci de fs. 3640/6).
Asimismo, las vícti mas padeci eron la falta de higiene duran te su
cautiverio en el CCDT, permaneci endo las mismas si empre con la misma ropa
que ten ían al momento de ser secuestrados. Además, en general no l es era
permitido higienizarse y en muchas ocasiones debían hacer sus necesidades
en el mismo lugar de alojamiento, porque no eran llevados al baño (cfr.
testimonio de Cristi na Comandé de fs. 4480/5, Luis Caballero de f s. 4911/20,
Liliana Latorre en el marco del l egajo SDH nro. 3222).
3. Sala de tort ura e i nterrogatori os
En este punto, cabe resaltar que durante el período que se
analiza, el CCDT contaba con una sala de torturas que se ubicaba en el
interior de la depen dencia policial. Esto marca una diferencia con la etapa
anterior al gol pe de Estado, esto es, desde noviembre de 1974, hasta el 24 de
marzo de 1976, en la cual, como se ha acreditado, tambi én funcionó un centro
clandestino de detención en la División Cuatrerismo de l a Policía de la
Provincia de Buenos Aires. En este período, las víctimas hablan de una sala
de torturas ubicada en el exterior de l a dependencia. Pun tualmente, J ulio
César Mogordoy, quien estuvo privado de su libertad en el CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” los primeros días de noviembre de 1975, al
constitui rse en el si tio en el cual f unci onara el mi smo en el marco de la
inspección ocular ll evada a cabo el pasado 16 de noviembre de 2010, refi rió
que el lugar donde lo torturaron era un galpón que se ubicaba en el exteri or
de la dependencia policial, en los siguientes términos: “que cuando llegó el

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Poder Judicial de la Nación

auto lo pusieron de culata, que el galpón que se ve a la derecha es el sitio en el cual


estuvo. Que el edificio anterior de ladrillo no estaba en aquel momento, que había
pasto y piedritas y que recuerda ello porque estaba descalzo. Que eran siete, que los
llevaron allí para torturarlos, que luego lo metieron atrás. Que le parece que es ese
galpón” (fs. 4656/64) . Dicho siti o, sin embargo no pudo ser reconocido por el
testigo una vez que éste ingresó al mismo, aclarando en ese momento que el
galpón donde estuvo era más pequeño, y tenía un portón de acceso. En igual
sentido, Charo Moreno, en la misma oportunidad, recordó que desde el
calabozo era sacada a la intemperie para ir al lugar de tortura, dándose
cuenta de ell o porq ue pisaba pasto en el trayecto (fs. cit.).
La existencia de un gal pón en las afueras de l a Divi sión
Cuatrerismo fue señ alada asimismo por Ángel Salerno –qui en se desempeñ ó
en la misma entre el 14 de julio de 1975 y hasta el 4 de marzo de 1977,
conforme a las constancias de su legajo personal, reservado en Secretaría-, en
oportunidad de prestar decl araci ón indagatoria ante esta sede el pasado 14 de
USO OFICIAL

octubre del corriente, cuando detall ó q ue el mismo se ubicaba detrás de l a


edificación, que “era chiquito como un garage, el que estaba destruido y era de
chapa, de techo a dos aguas” (fs. 9507/29).
En cambio, en la etapa que estamos considerando, esto es,
posterior al gol pe de Estado del 24 de marzo de 1976, la sala de torturas se
ubicaba en el interior de la dependencia, conforme relataron l os
sobrevivientes, ello sin perj uicio de que no se pudo preci sar su ubicación
exacta en el marco de la inspección ocular llevada a cabo el día 16 de
noviembre de 2010. En dicha oportunidad, l os testigos constituidos en el
lugar –donde actualmente f unciona el “Destacamento de Infantería”-
coincidieron no obstante ello, en que l a sala de torturas se ubicaba a la
derecha del ingreso y a l a izq uierda viniendo desde el sector de los calabozos
(fs. 4656/64).
En este sentido, respecto de la distribución de la dependencia,
Pedro El ías Mariani apreci ó que la sala de torturas se encontraba dentro de la
misma, y que el sector de los calabozos se encontraba comunicado
directamente con ell a (cfr. fs. 3578/ 84).
Margarita Sánchez Hernández, por su parte, en ocasión de
llevarse a cabo la inspección ocular referida señaló q ue “…había una sola sala
que el lugar era amplio y había muchas personas cuando la torturaron, que cuando
la trajeron, en primer término, fue a la tortura y luego a los calabozos” (fs.
4656/64), recordan do la nombrada en su declaración testimonial de fs.
4103/10 q ue la sal a de torturas se ll egaba inmediatamente después del
ingreso.

111
Coincidentemente, Ricardo Arias Annichini, en su declaración
del pasado 15 de octubre de 2010, recordó que ni bien arribó al CCDT, le
ataron las manos, l o tabicaron y lo llevaron inmediatamente a la sala de
torturas, a “lo que ell os llamaban la «parrilla». Me llamó la atención que no fue un
interrogatorio demasiado sofisticado; en pri ncipio era tortura con picana y golpes,
yo tenía un documento falso a nombre de Pedro Alberto Rodríguez y ese es el
nombre que les di, y nunca les dije mi domicilio. Supongo que un poco por esto
último y porque negaba permanentemente toda responsabilidad -aún cuando me
encontraron unas banderitas del ERP en el bolsillo- es que la tortura fue brutal,
pero siempre sin un objetivo dirigido de investigación. Recuerdo que uno de ellos me
decía que si no cantaba hoy igual lo iba a hacer eventualmente porque ahora el
tiempo era de él, de ellos, que ya no había más abogados ni habeas corpus ni recursos
posibles para nosotros. Ese mismo tipo decía, literalmente «¿saben quién soy yo
hijos de puta? Yo soy Dios, porque yo decido cuando viven y cuando se mueren». Es
decir que desde el principio para mi fue muy claro que la tortura ahí no tenía límite
de tiempo, que todo dependía de la decisión de estos hombres que se arrogaban la
calidad de ser Dios” (cfr. fs. 4151/60).
En efecto, di cho siti o, era utilizado para i nterrogar a las vícti mas,
paral elamente a la aplicación de tormentos con el fin de que aportaran
información relativa a su militancia o actividad gremi al, y a las personas con
las cual es compartían dichas activi dades.
La sala de torturas contaba con una cama con elásticos de metal,
sobre la cual las víctimas eran estaq ueadas de pi es y manos; y recibían
descargas eléctricas a través de la utilización de l a “picana”, al tiempo q ue se
los interrogaba (cf r. testimonios ci tados de Arias Annichini, Grad, Fariña,
Comandé) ; siendo previ amente desnudadas (cfr. testimonios de Cántaro,
Arias Annichini, Margarita Sánchez Hernández, Liliana Latorre, Cri stina
Comandé) . Este lugar, conforme a lo señalado por los testigos Caballero,
Comandé, Sánchez y Fariña en el marco de la inspección ocular del pasado 16
de noviembre de 2010, ten ía pi so de madera (fs. 4656/64).
En ciertas oportunidades, las sesi ones de tortura se llevaban a
cabo en presencia de otros detenidos, como en el caso de Arias Annichini, que
fue torturado e interrogado en presencia de Jorge Navarro, junto con quien lo
secuestraron –el 30 de marzo de 1976- y otra persona más, encontrándose
ambos tabicados y con las manos atadas hacia atrás, tal como pudo apreciar
Arias una vez que lo dejaron sol o y pudo aflojarse la venda; pudi endo ver
asimismo en dicha ocasión, que en ésa sala había un escritorio y una ventana
(cfr. fs. 4151/60). También es el caso de Dora Genaro, torturada en presencia
de su compañero, Jorge Casaña (fs. 985/92); Sara Pesci, torturada en
presencia de Hugo Federico González (fs. 5621/32) y Cristina Comandé,

112
Poder Judicial de la Nación

torturada y careada con José Martín Mendoza, con quien f ue detenida (fs.
4480/5).
En algunos casos, l as víctimas no fueron llevadas inmediatamente
a la sala de torturas, sino después de un breve lapso y con los mismos fines
ya referidos, señalando coincidentemen te que la misma se encontraba en el
interior de la depen dencia policial.
Cántaro de Pastor relató que al día si guiente a su ingreso al
CCDT, fue ll evada a un cuarto en el q ue f ue golpeada, y en donde se la acusó
de haber dado un domicilio incorrecto. Posteriormente, f ue llevada a una
oficina en la cual le mostraron una fotograf ía de su mari do, Alberto Manuel
Pastor, preguntándole si lo reconocía: “[l]a foto correspondía a mi marido,
querían saber si era él. Era una foto act ual, con bigote, sin barba, tal como estaba en
ese momento, pero era una foto que yo nunca había visto, y estaba él saliendo de una
puerta de vidrio, como de un local. Él no est aba mirando a la cámara, se notaba que
era una foto sacada de lejos, pero no reconocí el lugar. Me llamó la atención que me
USO OFICIAL

preguntaran si era él, porque estaba ahí y podían reconocerl o” (fs. 5009/15).
Asimismo, recordó que fue someti da en varias oportunidades a
interrogatori os con aplicación de picana y gol pes; y que l uego de ser
trasladada por dos días a un lugar que identificó como el “Pozo de Quilmes”,
fue llevada n uevamente a “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, en donde al ll egar le
tomaron las huell as digitales, para l uego trasladarla a la Comisaría de
Temperl ey.
En este punto coincidió Arias Annichini, a quien junto con
Navarro, también l e tomaron l as huel las dactil ares antes de sacarl os de
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” (cfr. fs. 4151/60).
Respecto de la existencia de una ofici na, sitio en el cual los
detenidos eran interrogados, señalada por Cántaro de Pastor, tambi én hizo
referencia Margarita Sánchez Hernández, en su declaración del 5 de octubre
de 2010, como el lugar adonde fue llevada antes de su liberación, luego de
caminar un trayecto relativamente extenso, por lo que dedujo que se
encontraba alejada del resto de los sitios mencionados –calabozos, cuarto
contiguo con bancos de material y sal a de torturas- y en donde había una
persona que escribía a máquina (fs. 4103/10).
Asimismo, Néstor Pérez señaló la exi stencia de “una ofi cina,
porque yo me apoyaba en una mesa o escritorio, y el que me interrogaba estaba más
abajo, como sentado en una silla” (fs. 4675/80), así como José Ernesto Caffa,
quien recordó que fue llevado a una oficina, en donde l o torturaron e
interrogaron acerca de cuesti ones de filosofía marxista (fs. 1878/83).

113
Al respecto, es importante tener en cuenta lo manifestado por
Dora Alicia Genaro, en el marco de la in spección ocular llevada a cabo en el
actual “Destacamen to de Infantería”, en donde se empl azaba el CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”, qui en recordó que la sala de torturas “era una
habitación conformada por las dos habitaciones, que había un biombo de tela en el
medio, que de un lado había un escritorio y de otro, un elástico donde te ataban y te
«manguereaban» para darte picana” (fs. 4656/64). De hech o, mientras era
torturada, pudo percibir la presencia de su compañero, Jorge Andrés Casaña
que estaba si endo in terrogado en el l ugar contiguo.
En este sentido, cabe reseñar q ue Comandé apreció en la misma
oportunidad que “era una sola habitación conformada por las actuales dos
habitaciones”, a saber, aquéll as identificadas como “Dormitorio” y “Casin o de
Subofici ales” (fs. cit.).
De los dich os de las nombradas, en concordancia con el resto de
los testimonios, y si n perjuici o de l as apreciaci ones formul adas por Sánchez
Hernández, se puede derivar la existencia de una sola sala de torturas, que
contaba con un escri tori o y que puede haber sido el mismo espacio f ísico al
que se refi rieron al gunas víctimas con la denominación de tal sitio como
oficina.
4. Las tort uras seguidas de muerte y el suicidio de Ricardo
Vázquez
Como se pudo ver, la aplicación de torturas en el CCDT
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” era sistemática y se llevaba a cabo en un lugar
específicamente destinado a tal es fines, ubicado dentro de la dependencia
policial.
Es preci so hacer una mención en este punto a la gravedad de las
mismas, q ue consistían en aplicaci ón de golpes de puño, patadas, pi cana,
“submarino húmedo”, “submarino seco”, aplicación de sedan tes a través de
inyecciones, violación de las mujeres detenidas en el CCDT, y otras torturas
de contenido sexual , simulacros de fusil amiento; utilizadas sistemáticamente
todos los días e incluso dos veces por día (cfr. fs. 4151/60, testimoni o de
Ricardo Ari as Annichini).
Al mismo tiempo, esta situación producía en los detenidos el
temor permanente de ser torturados, con el consecuente riesgo para su vida,
creado por los gri tos de sus compañeros de cautiverio que estaban siendo
someti dos a torturas y el hecho de verl os gravemente lastimados al regresar
de cada sesión de tortura. En este sentido, resulta il ustrativo el testimoni o de
Catalina Alanís, qui en recordó que “[l]os gritos se escuchaban durante toda la
noche, y se prolongaban a veces hasta las 8 ó 9 de la mañana. A mí no me

114
Poder Judicial de la Nación

torturaron, pero por ejemplo a Manuela Santucho recuerdo que la traían toda
lastimada, como si le hubieran pasado un rayador por la piel. Ella contó que la
colgaban de los brazos, a veces de las piernas con la cabeza para abajo, y que le
hacían submarino. También «la abuela» venía destruida, ella di jo que la habían
llevado porque no encontraron a su nieta y que había sido abogada de presos
políticos. A veces se hacía pis de lo golpeada que venía, era impresionante. Todos
venían muy mal, y cuando se recuperaban un poquito se los llevaban otra vez.
También los hombres estaban muy golpeados” (fs. 1754/65).
En igual sentido, Lucía Fariña, en su presentación efectuada ante
Amnesty International en Suecia, recordó que “[l]os gritos de l os torturados, los
ruidos de golpes, el zumbido de la picana eléctrica y los disparos de armas de fuego
eran los sonidos habituales del lugar” (cfr. legajo CONADEP 1170), enfatizando
en su declaraci ón del pasado 24 de novi embre de 2009, l o q ue significaba el
riesgo constante de ser torturados: “[l]as noches eran terribles. Los ruidos de las
cadenas y candados, que se abrían, significaban que venían a buscar a los que iban a
USO OFICIAL

ser torturados. Rogáb amos, en nuestro interior, que pasaron de l argo, que no fuera
uno a quien se llevaran y, al mismo tiempo, sentíamos la culpa y el dolor inmenso de
saber que si no era uno, sería el otro, el compañero, uno mismo, en realidad, a quien
se llevaban. Para todos, era siempre una tortura sin escapatoria” (f s. 1716/32).
Arias Annichini, en la declaración citada ut supra, relató, entre
otras torturas a las que fue sometido en el CCDT, y a las que ya se hiciera
mención, en particul ar un episodi o en el cual “luego de la «picana» me ataron
las manos atrás y los pies y me unieron las dos correas con una soga corta, entonces
me sacaron a un espacio descubierto y me tiraron adentro de una pileta que era como
una fuente redonda, porque recuerdo que la primera vez que salí estaba todo el borde
rodeado de personas. A medida que yo iba saliendo ellos me empujaban para abajo.
Podía ver la luna, no sé cuanto tiempo habrá pasado pera hasta ellos se iban
cansando y se iban yendo”. Asimismo, dio cuenta de la gravedad de las mismas,
el hecho de q ue en una ocasi ón, intentó suicidarse porque, según dijo “no
aguantaba más, intenté cortarme las venas pero no encontraba con qué. En un
momento me levanté, caminé tres pasos y me choqué contra una pared. Entonces
comencé a ir hacia adelante y hacia atrás, pegándome la cabeza varias veces contra
la pared, me conmoci onaba y me caía pero siempre me volvía a levantar. En ese
instante una compañera me preguntó qué estaba haciendo, a lo que respondí que me
quería matar y ella retrucó «¿no te parece que esta es una tarea de ellos?»” (fs.
4151/60).
Es importante destacar en este punto q ue la brutalidad de tales
torturas alcanzó una magnitud tal que se tendrá por acreditado en el marco
del presente auto de mérito, la exi stenci a de tres casos de torturas seguidas
de muerte dentro del CCDT.

115
Uno de ellos, es el de Jorge Marcel o Scelso, cuya muerte dentro
del CCDT y a causa de las torturas que padeció dentro del mi smo, fue uno de
los epi sodi os más dramáticos de que di eron cuenta los sobrevivientes (cfr.
testimonio de Cristi na Comandé en el marco de los “Juicios por la Verdad”,
ocasión en la cual recordó que por dich os de otros detenidos supo acerca de
la muerte de Scelso, con quien aclaró que no comparti ó cautiverio). En efecto,
el nombrado fue detenido el 6 de septiembre de 1976 y ll evado al CCDT
conocido “Cuatreri smo-Bri gada Güemes”, en donde f ue sometido a durísi mas
torturas, consistentes en golpes que le quebraron las costillas, por lo cual se
le produjo una dificultad respi ratoria, agravándose su salud con el correr de
los días, pero especi almente a causa de las torturas a las que seguía siendo
someti do por sus captores. Como consecuencia de ello, falleció el día 11 de
ese mismo mes y año.
Dichos sucesos fueron relatados en el marco del legajo
CONADEP nro. 3241, correspondiente a su compañera, Sara Dolores Pesci:
“llevado al centro clandestino [...] fue torturado con pi cana eléctrica, q uemado con
ella y golpeado salvajemente hasta quebrarle las costillas. A los dos o tres días le
pusieron un yeso en el torso, provocándole así mayores problemas para movilizarse y
respirar. Esto último lo hacía con mucha dificultad y produciendo un fuerte
ronquido, por lo tanto se deduce que las cost illas le habían perforado los pulmones y
como tampoco podía orinar, se supone que también tendría afectados los riñones por
los golpes, estaba muy hinchado y hablaba con dificultad, por que se había mordido
la lengua durante una de las sesiones de tortura, como todo esto no les parecía
suficiente, los asesinos lo entraban y sacab an del calabozo, arrastrándolo por las
ataduras de sus manos y pies, dejándolo en el paso hacia el baño en un charco con
agua que había en el piso, para que su com pañera, Sara Dolores Pesci, y los demás
detenidos lo vieran. A Jorge le enyesaron el torso al segundo o tercer día [...] él
murió a los cuatro o cinco días, se supone que a Jorge le pusieron el yeso en las
inmediaciones, en ese mismo campo, o enfrente, allí muy cerca. Este maltrato fue
constante hasta el día de su muerte, el 11 de Septiembre, cuando su esposa y los
demás compañeros dejaron de escuchar sus ronquidos y comenzaron a gritar desde
todos los calabozos hasta que la guardia se lo llevó” (cabe destacar que este rel ato
corresponde a l os di cho de Cristina Comandé en el marco de los “Juici os por
la Verdad”, copias agregadas a fs. 3267/ 86). Cabe destacar que su cuerpo aún
no ha sido hallado, tal como se referi rá al momento de relatar los hechos que
lo tuvieron por vícti ma.
Lucía Fariña, f ue otra de las víctimas que dio cuenta de la muerte
de Jorge Scelso, cuya identidad pudo conocer a posteriori, a través del
entrecruzamiento de datos con el resto de los sobrevivi entes y el Equi po
Argentino de Antropología Forense, en los sigui entes térmi nos: “[d]urante los

116
Poder Judicial de la Nación

dos primeros días, tiradas en la sala delante de los calabozos, escuchábamos los
gemidos de dolor de un compañero encerrado, destrozado por las torturas sufridas.
Sus quejidos eran constantes, hasta que sólo hubo silencio. Todos empezamos a
gritar llamando a los guardias. Alcancé a ver cuando sacaban el cuerpo
arrastrándolo de los pies. De inmediato nos encerraron. Nunca lo volvimos a ver”
(fs. 1716/32).
Los otros dos casos de torturas segui das de muerte que se
tendrán por acredi tados en el marco del presente auto, son los de los
hermanos Rubén Gerardo y Jorge Lui s Salinas, quienes fall ecieron con sólo
media hora de diferencia a raíz de las durísi mas torturas a las que fueron
someti dos durante su cauti veri o en el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
Da cuenta de tal es sucesos, el testi monio de H ugo Rafael Parsons, quien
recordó q ue “[t]ambién estaban los hermanos Salinas, uno trabajaba en el Correo
Central, su hermano era médico y tenía cinco hijos. Un día a ellos los sacan del pozo
y se los llevan a otro lado, y los regresan aproximadamente siete horas después en
USO OFICIAL

muy malas condiciones; nunca los pudimos hacer reaccionar para que nos contaran
lo que había sucedido. Aparentemente los habían sacado para torturarlos. Alrededor
de las 19:45 horas fallece el médico y media hora más tarde el otro. Los guardias se
llevaron los cuerpos.” (fs. 3591/ 602). También recordaron este hecho Ricardo
Mateo Landriscini (cfr. legaj o CONA DEP 3559) y Nélide Ángela Clerice
Venerucci (fs. 3640/ 6).
A los fines de dar cuenta de la gravedad de los padeci mien tos a
los que eran sometidas las vícti mas, cabe reseñar asimismo un episodio
recordado por varios sobrevivientes, cual es el suici dio de Ricardo Adolfo
Vázquez –ci rcunstancia que será desarrol lada al momento de tratar l os hechos
que lo tuvi eron por víctima.
Esto f ue recordado por Dora Genaro, quien señaló que Vázquez
fue torturado ni bien ingresó a “Cuatreri smo-Brigada Güemes” o “Protobanco” y
que apareció col gado del travesaño de la puerta y fue llevado por los
guardias sin que se supiera cuál f ue su destino (cfr. acta de inspección ocular
agregada a fs. 4656/ 64).
También Cri stina Comandé, que si bien aclaró que no compartió
cautiverio con Vázq uez, cuando arri bó al CCDT, el 16 ó 17 de septiembre de
1976, los detenidos comentaban el suici dio de Vázquez, apodado “Camello”
por su altura, que se había colgado sentado en la celda (fs. 3267/86).
En igual sentido, Lucía Fariña recordó tal episodio en base a los
dichos de los otros detenidos (fs. 1716/32).
5. Sistema de guardi as y existencia de patotas
De los testimonios de las víctimas, se puede extraer como dato de
la realidad rel ativo al funcionamiento del CCDT, una di visión de tareas

117
estableci da entre quienes ejercían la custodia de los detenidos, y quienes se
dedicaban a las tareas de interrogar y torturar a los mismos.
Así, exi stían dos guardias, que rotaban con una periodici dad de
24 hs. por 24 hs., es decir, día por medio (cfr. fs. 1754/65, declaración de
Catalina Alanís). Por su parte, Cri stina Comandé, señaló que la rotación de
las guardias era de 24 por 48 horas –en igual sentido, Dora Genaro en su
declaración del 5 de agosto de 2005- , y que cada una de ellas estaba
constitui da por cuatro hombres (fs. 4480/5). Hugo Parsons, en este sentido,
señaló también que l as guardias eran tres (fs. 3591/602).
Néstor Pérez, entre otros, diferenció asimismo la exi stencia de
una guardia “dura” y una guardia “blan da” (fs. 4675/80). Pedro El ías Mariani
señaló que era variable el régimen de cada una de las guardias en lo que se
refiere a las condici ones de detención, puntualmente al “tabicamiento” y l os
métodos de sujeción al que eran someti dos los detenidos (fs. 3578/84).
Respecto de la división de tareas aludida, Mariani pudo apreciar
que “era toda gente de la Policía de la Provincia, las personas que nos custodiaban.
Nos decían que cuando sintamos la puerta de rejas, nos tapemos porque podían venir
los del Ejército, que eran los que los controlaban a ellos. Yo digo que para mí eran
del Ejército los que t e interrogaban, por l a cultura, la educaci ón que tenía. Las
personas que torturab an eran distintas de l as que interrogaban, no puedo decir si
eran del Ejército o no, estaban para torturar exclusivamente […] los que hacían la
guardia te dabas cuanto que eran Policías de la Provincia, los otros se notaba que
eran del Ejército, pero no pude detectar ningún ace nto en particular […] no pude
detectar quién era el J efe, pero me pareció q ue seguro los que pert enecían el Ejército
eran los que mandaban […] Los que estaban en la guardia eran de la Policía de la
Provincia, eso te dabas cuenta, en un momento les vi los zapatos, eran gente común,
de la policía, la diferencia la percibía en b ase al nivel de instrucción, el modo de
hablar” (fs. 3578/84).
En relaci ón a este punto, aclaró Comandé que “[l]a patota que
interrogaba y torturaba venía especialment e al sitio. Los guardi as estaban todo el
tiempo allí, que yo supongo que eran del Servicio Penitenciario Federal o algo así”
(fs. 607/12), y respecto de las personas señaladas con apodos a que se hiciera
referencia anteri ormente –punto c-, indicó que eran todos guardias, que “se
encargaban de traernos la comida, llevarnos al baño y trasladarnos a la sala de
tortura, eran el nexo entre el secuestrado y la patota de interrogadores y
torturadores. Los vi durante toda mi detenci ón en «P rotobanco»” (fs. 4480/5).
Por su parte, Hugo Rafael Parsons, señaló que “[n]osotros a veces
les decíamos a estos guardias [los que estaban a cargo de la custodia] que
queríamos hablar con la «patota», entonces ellos salían a avisarles, a continuación
nos tabican y ahí es cuando venían los oficiales, por eso a ellos nunca pude verlos,

118
Poder Judicial de la Nación

no sé si eran militares” (fs. 3591/602), lo cual reafi rma l o antedicho respecto de


la exi stencia de “pat otas”, diferenciadas de las guardi as.
Respecto de la fuerza a la que pertenecían estas, cabe que la
testigo Gladys Frate, señaló que las personas que interrogaban no eran de la
guardia y pertenecían al Ejército (fs. 286/7) y que durante una sesión de
torturas tuvo la sensación de haber visto un uniforme del Ejérci to (fs.
4595/602).
En relación a este punto, cabe hacer la salvedad, conforme a los
dichos de Elena Corbin de Capi ssano, q uien señaló q ue los guardias también
partici paban de un a especie de interrogatorio “de ablan de”. Al respecto,
señaló en el marco del legajo SDH 3242, que “...dentro de la guardia había
torturadores, era como para ablandarlos. Después venía el equipo que hacía las
investigaciones, que t ambién torturaba y entonces sí tomaban datos. Incluso pienso
que podían llegar a grabar. Ellos llegab an muy eufóri cos, podían llegar muy
temprano a la mañana o a las 5 – 6 de la tarde, exclusivamente a torturar e
USO OFICIAL

interrogar, no eran personas que no tuvieran conocimientos”.


Asimismo, respecto de las “patotas”, esto es, el personal
encargado de los i nterrogatori os y las torturas, los testi gos señalaron la
existencia de vari as de ellas, especializadas según la militancia de las
víctimas. En este sentido, Dora Alicia Genaro, puntualizó que “había dos
patotas, una, que fue la que me secuestró, que tenía más relación con los detenidos
del P.R.T. y otra, que se vinculaba con los detenidos de la Organización Comunista
Poder Obrero. Nosotros lo sabíamos porque se turnaban los días para torturarnos, y
cuando veníamos ya sabíamos a quién le tocaba” (fs. 985/92).
Coincidentemente, Cristina Comandé, puntualizó q ue había
patotas especiali zadas en distintos grupos (fs. 3267/86).
También Lelio López, destacó en este sentido que había varios
grupos de Inteligencia, que se hacían llamar G-1, G-2, G-3 y G-4; que el G-1
trabajaba con el ERP, el G2 con Parti do Obrero, otro con el FR 17 y otro con
ELN 22; quienes se encargaban del interrogatori o de los detenidos
pertenecientes a esa organización, señal ando que “[h]abía un grupo q ue venía
seguido, era el que más asiduamente venía, durante un período, torturadores [...] ( Y
Cacho? este Miguel t ambién estaba en los grupos operativos, era del GT 2)” (cfr.
legajo CONADEP 3913, reservado en Secretaría).
A esta altura, se puede conclui r que existía una división de tareas
entre las personas que ejercían la custodia de l os detenidos, las cuales
pertenecían a la Policía de la Provincia y las personas que llevaban a cabo los
interrogatori os y las torturas, pertenecien tes al Ejérci to.
2.3.3. Posibles desti nos de las víctimas

119
Las personas que, conforme a las constancias reunidas en esta
instrucci ón a la fecha, estuvi eron clandestinamente detenidas en
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” no han teni do todas un mi smo destino.
Distintos f ueron los caminos elegi dos por las f uerzas
intervinientes en di cho centro, para decidir la suerte de l as víctimas allí
alojadas.
En efecto, hay q uien es, en pri mer lugar, tras soportar períodos de
distinta duración en cautividad fueron liberados del centro sin más;
asimismo, aquell os otros que fueron puestos a disposición del Poder
Ejecutivo Naci onal –general mente previ o paso por otros CCDT-; y qui enes,
finalmente, fueron asesinados y finalmente, quienes permanecen
desapareci dos.
Una primera apreciación que puede realizarse es la baja
proporción de sobrevivientes entre q uienes permaneci eron cautivos en
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”, hecho que se grafica claramente en el siguiente
cuadro:

34%
Sobrevivientes

Desaparecidos o
muertos
66%

-Víctimas que recuperaron su libertad


Diversas f ueron las modalidades por las que las personas
cautivas en “Cuatrerismo-Brigada Güemes” salieron con vida del centro
clandestino de deten ción.
La primera de ellas y la que más pronto término daba a los
padecimi entos suf ri dos, era la liberaci ón de las víctimas. En algunos casos
ello se produjo previo paso por otro(s) CCDT y en otros recuperaron su
libertad directamente desde “Cuatrerismo-Brigada Güemes”. Es dable destacar
que la gran mayoría de quienes fueron liberados directamente desde
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” permanecieron allí cautivos durante poco
tiempo.

120
Poder Judicial de la Nación

Lo dicho puede grafi carse en el si gui ente cuadro:

Víctima del CCDT


Fecha de detención Fecha de Liberación
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”

Velarde, Jorge Eduardo 05/11/1975 07/11/1975

Ramírez, Aldo Omar 05/11/1975 07/11/1975

Mastinú, Martín 05/11/1975 07/11/1975

Mariani, Pedro Elías 04/76 11/76

Grad, Claudio Nicolás 13/04/1976 19/04/1976

Sánchez Hernández, Margarita 18/05/1976 30/05/1976

Nusbaum, Ana Rosa 18/05/1976 30/05/1976


USO OFICIAL

Derivada a otros
Baccili, Gladys Rosa 21/05/1976
CCDT

Caballero, Luis Alberto 28/05/1976 30/05/1976

Pérez, Néstor Antonio 15/06/1976 22/06/1976

Derivada a otros
Alanis, Catalina Irene 22/07/1976
CCDT
Derivada a otros
Sánchez, Ana Ramona 22/07/1976
CCDT

Caffa, José Ernesto 31/07/1976 11/76

Derivada a otros
Frate, Gladys Alicia 13/08/1976
CCDT

Klich de Castro, Violeta 19/08/1976 20/08/1976

Derivada a otros
Genaro, Dora Alicia 22/08/1976
CCDT

Pasquali, Elsa Beatriz 25/08/1976 30/08/1976

Fariña, Lucía Beatriz 09/09/1976 18/09/1976

Córdoba, Roberto Mario 15/09/1976 18/09/1976

Derivada a otros
Comandé, Cristina 16/09/1976
CCDT

Corbin, Elena Raquel 12/10/1976 Nov-76

121
Derivado a otros
López, Lelio 18/10/1976
CCDT

Parsons, Hugo Rafael 05/11/1976 17/02/1977

Landriscini, Ricardo Mateo 03/01/1977 07/02/1977

Venerucci, Nélide Ángela


04/01/1977 07/02/1977
Clerice

Ujhelly, José Luis 05/01/1977 07/02/1977

Así, de las diecinueve víctimas de las que tuvo conocimi ento esta
instrucci ón, que recuperaron su libertad directamente desde “Cuatrerismo-
Brigada Güemes”, doce permanecieron all í cautivos un período menor a quince
días. La excepción fueron los casos de José Ernesto Caffa y Hugo Rafael
Parsons, cuyo cautiverio se prol ongó durante más de tres meses y el de Pedro
Elías Mariani, que permaneció cautivo durante más de seis meses. Por otra
parte permanecieron privados ilegalmente de su libertad alrededor de un mes
Elena Corbin, Nélide Venerucci, Ricardo M. Landriscini y J osé Lui s Ujhelly:

Tiempo de permanencia en el CCDT de quienes fueron


liberados

21%
Menos de quince días
Cerca de un mes
63% Más de tres meses
11% Más de seis meses

5%

El segundo camino, como ya afi rmó, era la legalización de


quienes, hasta ese momento permanecían en calidad de detenidos-
desaparecidos. En este punto, se advierte que en los casos anteriores al 24 de
marzo de 1976, la legalización se produjo durante su cautiverio en
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”. De los diez casos que se tienen acreditados
durante ese período, siete f ueron puestos a disposici ón del Poder Ejecuti vo
Nacional, l os tres restantes f ueron liberados sin más trámi te.
Una modalidad absolutamente diferente se advi rti ó en los casos
posteriores a la in stauración de la dictadura. Durante este período la

122
Poder Judicial de la Nación

legalización en todos los casos acreditados, se produjo previ o paso por otros
CCDT, llamando la atención del suscri pto que dicho trámi te se produjo en un
porcentaje muy peq ueño de casos. De las 112 personas que l a instrucci ón ha
podido acreditar hasta el momento que pasaron por este CCDT tras el gol pe
de estado, sólo n ueve de ell as fueron puestas a disposición del Poder
Ejecutivo Naci onal: María del Carmen Cantaro, Osvaldo Carmelo Moll o,
Héctor Ricardo A ri as Annichini, Jorge Honorio Navarro, Martín Márq uez
Viana, Raúl Horacio Codesal, Mercedes Ma. Alicia Borra, Li liana Latorre y
Sara Dol ores Pesci.
Luego, una vez que se encontraban a disposici ón del P.E.N.
fueron transferidos a diferentes unidades carcelarias, hasta que finalmente, y
en algunos casos mucho tiempo después, recuperaron su libertad.
-Víctimas cuyas muertes fueron probadas
Bajo esta categoría podemos agrupar a aquellas personas que,
luego de perman ecer cierto tiempo clandestinamente detenidas en
USO OFICIAL

“Cuatrerismo-Brigada Güemes”, fueron halladas muertas, o que sin haber sido


constatada su muerte mediante el hallazgo del cuerpo, ésta se ha de tener por
probada, merced a los coincidentes y sólidas versi ones de los testigos
directos, q ue dan por probado tal destin o.
Debo mencionar que la Excma. Cámara del fuero desarrolla
actividades encamin adas a establ ecer el destino que se di era a las personas
calificadas como desaparecidas durante la última dictadura, tales como l a
identificación e indi vidualización de los cuerpos que fueran enterrados como
N.N. en distintos cementeri os con intervención del Equi po Argentino de
Antropol ogía Forense (E.A.A.F.).
Producto de di cha labor se pudi eron in dividualizar los cuerpos
de quienes en vida fueron Leonor Inés Herrera, Gladi s Noemí García
Niemann, Eduardo Benito Francisco Corvalán, María Inés Assales, J usto César
Ibarguren, Juan Carlos Arroyo, Marta Angélica Taboada, Gladys del Valle
Porcel, J osé Luis León y Jorge Fernando Di Pascual e.
Los homici dios de las personas señaladas no fueron imputados en
la presente resoluci ón por distintos motivos. En algunos casos se tiene
acredi tado q ue antes de ser asesinados f ueron alojados en otros CCDT que no
están siendo investi gados en la presente pesquisa. En otros casos no se tiene
fecha cierta de muerte por lo que no puede tenerse acreditado que previ o a su
muerte no hayan pasado por otros CCDT o que hayan pasado a estar bajo
responsabilidad de personas distintas de las q ue aq uí están siendo
imputadas.

123
Así en los diez casos cuyos cuerpos fueron identificados
posteriormente por la Excma. Cámara del fuero, con la colaboración del
E.A.A.F. las modali dades de aparición de los cuerpos f ueron diversas: en
algunos casos se indicó que l os cuerpos eran producto de “enfrentamientos
armados” con las f uerzas conjuntas (tal es el caso de Leonor Inés Herrera y
Gladis Noemí García Niemann), en otros se hizo mención al hallazgo de
cadáveres en la vía pública (Marta Taboada, Gladi s del Vall e Porcel y José
Luis León) y final mente, otro grupo de casos se corresponde con la
exhumación realizada en una fosa común del Cementeri o Municipal de
Avellaneda, por l o q ue no se pudo preci sar la fecha de muerte, tal es el caso
de Eduardo Benito Francisco Corval án, Justo César Ibarguren, J uan Carlos
Arroyo y Jorge Fernando Di Pascuale.
Por otra parte, durante la investigación de lo sucedido en el
CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” y tal como se desarroll ará infra, se pudo
tener por acreditada la muerte producto de los tormentos de tres personas.
Ellos son Jorge Marcelo Scelso y los hermanos Jorge Luis y Rubén Gerardo
Salinas. Estos casos forman parte de la imputación en la presente causa por
los motivos que expondré in extenso en el desarroll o de sus casos y en el
correspondiente a la calificación legal de los hechos.
Jorge Marcelo Scelso fue ilegalmente detenido el 6 de septi embre
de 1976, padre de dos hijos, fue secuestrado con su compañ era Sara Dolores
Pesci. Surgen en la causa testimonios que dan cuenta que luego de los
tormentos a los que fue someti do, consistentes en golpes que le quebraron las
costillas, se le produjo una dificultad respiratoria, agravándose su sal ud con
el correr de l os días, pero especi almen te a causa de las torturas a las que
seguía siendo sometido por sus captores. Finalmente muri ó cinco días
después de su arribo al CCDT.
Los hermanos Sali nas también son una muestra más de la
cruel dad de los perpetradores. Ambos fueron secuestrados con escasos días
de diferencia en enero de 1977. Conforme el relato de sus allegados, Jorge
Luis militaba en el PRT, mientras q ue a su hermano Rubén Gerardo no se le
conoció militancia alguna. Sin reparar en ello ambos fueron salvajemente
torturados. Da cuenta de tales sucesos, el testimonio de Hugo Rafael Parsons,
quien recordó q ue “[t]ambién estaban los hermanos Salinas, uno trabajaba en el
Correo Central, su hermano era médico y tenía cinco hijos. Un dí a a ellos los sacan
del pozo y se los llevan a otro lado, y los regresan aproximadamente siete horas
después en muy malas condi ciones; nunca los pudimos hacer reaccionar para que nos
contaran lo que había sucedido. Aparentem ente los habían sacado para torturarlos.

124
Poder Judicial de la Nación

Alrededor de las 19:45 horas fallece el médico y media hora más tarde el otro. Los
guardias se llevaron los cuerpos.” (fs. 3591/ 602).
Por otra parte debo mencionar que, si bien no se i mputan en la
presente resol ución, también producto del salvajismo en la tortura murieron
Víctor Manuel Taboada y Ricardo Adolfo Vázquez.
Así Dalmi ro Suárez recordó la tortura que padeci ó junto a su
cuñado Taboada estando ambos detenidos en “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.
Así relató: “A mi cuñado lo colgaron de dos ganchos en f orma de hamaca
paraguaya, atado de pies y manos, lo torturaron con saña, ni siquiera lo
interrogaban, después de dos horas ininterrumpidas de tortura tuvo una
insuficiencia respiratoria, vino un médico y en la segunda sesión tuvo un principio
de paro cardíaco, el médico dijo que de seguir así no resistiría, no obstante
siguieron, y después de dos horas más el médico dijo: «este está a punto de reventar,
si no lo dejan descansar se va a morir enseguida», había otro reci nto contiguo por el
que entraba y salía gente” (conf. fs. 234/ 7). Luego f ueron trasladados a otro
USO OFICIAL

CCDT, presumiblemente “Pozo de Banfield”, donde Taboada muri ó producto


de los tormentos padecidos.
Finalmente, cabe reseñar un epi sodi o recordado por varios
sobrevivientes, cual es el suicidio de Ricardo Adolf o Vázquez –circunstancia
que será desarrollada al momento de tratar los hechos que lo tuvieron por
víctima- .
Esto f ue recordado por Dora Genaro, quien señaló que Vázquez
fue torturado ni bien ingresó a “Cuatrerismo-Brigada Güemes” y que apareci ó
colgado del travesañ o de la puerta y fue llevado por los guardias sin que se
supiera cuál fue su destino (cfr. acta de inspecci ón ocular agregada a fs.
4656/64).
Con relación a estas muertes y al si gnificado q ue tuvi eron para el
acontecer diario del centro clandesti no de detención resulta claro el
testimonio brindado por Cri stina Comandé en los Juici os por la Verdad
llevados a cabo por la Excma. Cámara de La Plata. En dicha oportunidad
rememoró: “...en el Campo, el detenido percibía la muerte desde su llegada, a pesar
de esto, y junto con el sentimiento de muerte, estaba viva [...] en ciertas
oportunidades el deseo de muerte fue reempl azado por la decisión de la muerte, casi
podríamos hacer un paralelo con el sui cidio, el caso de Ricardo Vázquez, «Camello»,
apodado así por su altura, quien apareció ahorcado dentro del calabozo, se colgó en
posición de sentado, ya que de otro modo no lo hubiera podido lograr porque sus pies
tocaban siempre el piso, asimismo, la angustia de la muerte en el anonimato, en la
desaparición, en la nada, en la negación de la persona era una angustia profunda
donde la certeza de ser un NN, no solo en el Campo sino también en la muerte

125
impedía enfrentarla, como desafiar a la muerte dudosa y anónima” (conf. fs.
3267/86).
Finalmente, en la mi sma declaración Cristina Comandé concl uyó:
“El silencio impuesto por los represores, hacían más intensos el t error y la soledad
ante la muerte, desde el traslado o la muerte, quedaban en el Campo la ausencia y el
esfuerzo por mantenerlos vivos y presentes. El ejemplo, las enseñanzas, las
anécdotas, la lucha por sostener la integridad y no mostrar el desconsuelo ante los
torturadores, pero la amarga muerte reinaba en todos los Centros Clandestinos. La
perduración, la trascendencia y a pesar de la aniquilación solo será resarcida a
través de la verdad la Justicia y la memoria colectiva” (fs. idem).
-Los que permanecen en carácter de desaparecidos
Por úl timo, una cantidad i mportante de aquellas personas cuya
permanencia en el centro clandesti no de detenci ón conocido como
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” ha podido ser acreditada en la presente
pesquisa, integran, aún hoy, l a categoría de detenidos-desaparecidos.
Como f uera asentado precedentemente, la metodología de la
desaparici ón fue uno más de los mecanismos el egidos por l as Fuerzas
Armadas para propi ciar la i mpunidad de los crímenes cometi dos. Asi mismo y
como muy claramen te explicara el informe de la Comisi ón Nacional sobre la
Desaparición de Personas, “…fue otra de las formas de paralizar el reclamo
público, de asegurarse por un tiempo el silencio de los familiares. Precisamente,
alentando en ellos la esperanza de que su ser querido estaba con vi da, manteniéndolo
en la imprecisa calidad de persona desaparecida, se creó una ambigüedad que obligó
al aislamiento del familiar, a no hacer nada que pudiera irritar al Gobierno,
atemorizado por la sola idea que fuera su propia conducta el factor determinante de
que su hijo, su padre o su hermano pasara a revistar en la lista de personas
muertas” (Nunca más, Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición
de Personas –CONADEP-, Eudeba, Bs. A s., 1984, p. 26) .
En este CCDT de las 122 personas que ( durante todas su
existencia) se tiene acredi tado que permanecieron cautivas en “Cuatrerismo-
Brigada Güemes”, 67 permanecen desaparecidas, es decir, más de la mitad,
cifra que se eleva hasta las dos terceras partes del total, si sumamos la
cantidad de víctimas cuyos cuerpos fueron hallados y aq uellas otras q ue
perecieron en la tortura.
Dicho de otro modo: de cada tres deteni dos q ue ingresaron a este
CCDT, dos de ell os o fueron asesinados o permanecen desaparecidos.
- Concl usión
Para finalizar es i mportante destacar en este punto, q ue la
maquinaria de terror impl antada durante la úl tima dictadura, tuvo su clara
expresi ón en lo sucedido en “Cuatrerismo-Brigada Güemes”.

126
Poder Judicial de la Nación

La magnitud de l o all í ocurri do también puede exponerse


claramente con el siguiente gráfico:

Destino de las víctimas

8% 2% Desaparecidos
13%
Cuerpos identificados
Muertes por tormentos
56%
Legalizados
21% Liberados
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Considerando Tercero
Conforme se ha adelantado en la presente causa, en f orma
coordinada con el CCDT “Cuatrerismo-Bri gada Güemes”, funcionaba la
Comisaría de Monte Grande, en la cual confluyeron en particular dos
vertientes de detenidos, todos alojados en centros de deten ción ubicados en
el sitio identificado como “P uente 12” por referencia a la zona geográfica
aledaña al Puente ubicado en Camino de Cintura y Autopista Richieri, en
donde estaban los CCDT “Cuatrerismo” y “Vesubio”, habiendo sido este
último, objeto de investigaci ón en los autos 14.216/03.
3.1. La Comisaría de Monte Grande como CCDT
Los elementos colectados a l o largo de la presente causa,
permiten tener por acredi tado que la Comisaría de Monte Grande funcionó
como centro clandestino de detención y tortura, y q ue en ell a fueron alojadas
personas provenientes de otros centros clandestinos –como “Cuatrerismo-
Brigada Güemes” o “Protobanco”-, y “Vesubio”, o bien, de dependencias
oficiales.
Lo que se ha acredi tado es que, a la par de que se llevaban en
este siti o las activi dades propias de una Comisaría, en el la funcionaba un
régimen de alojamiento ilegal, coexistiendo en la dependen cia los detenidos
de tal índole, y aquellos deteni dos comunes; y que l os pri meros eran
someti dos a un régimen absol utamente distinto de l os otros, conforme se
habrá de desarrollar posteriormente.
Corresponde por otro l ado dejan asentado q ue el CCDT en la
“Comisaría de Monte Grande” f uncionó, como ha sido adelantado, en las
instalaciones de la Comisaría 1ª, ubicada en la calle Santamarina 474 de la

127
localidad de Monte Grande, Partido de Esteban Echeverría, en el período que
se extiende entre juli o de 1976 y octubre de 1978.
Al respecto, el informe remiti do por el Ministerio de Seguri dad
de la Provincia de Buenos Aires, a fs. 5211/320, da cuenta de que la referida
Comisaría, en el período anteriormente consignado, dependía de la Unidad
Regi onal 2ª de Lan ús.
3.2. Lugar de al ojamiento
El CCDT bajo análisis funcionó en las instalaciones de la
Comisaría 1ra –o 60-, ubicada en la call e Santamarina 474 de la locali dad de
Monte Grande, Parti do de Esteban Echeverría, en el período que se exti ende
entre j ulio de 1976 y octubre de 1978.
Al respecto, el informe remiti do por el Ministerio de Seguri dad
de la Provincia de Buenos Aires, a fs. 5211/320, da cuenta de en el período
anteriormente consi gnado, dependía de la Unidad Regional nro. 2 de Lanús.
Se tiene acreditado en la presente cause que dicho lugar fue utilizado para
alojar personas tanto legal como ilegal mente.
A los efectos de verificar el sitio en el cual las vícti mas
permanecieron alojadas en esta dependencia policial, corresponde tener en
cuenta en particular, lo que surge del acta de la Inspecci ón Judicial llevada a
cabo en dicha dependencia –fs. 5469/76-.
En virtud de la versión aportada por l as víctimas respecto del
lugar en el cual permanecieron cautivas, surge que una vez ingresados en la
Comisaría eran ubicados en el sector de “incomunicados”. A continuación se
detallará en qué siti o de la Comi saría se hallaba ubicado dicho sector, cómo
se componía, cuáles eran sus características edilicias, y cómo era utilizado
por el personal de la Comisaría.
Una descripci ón del lugar se obtiene de l os rel atos efectuados pro
Jorge Watts (fs. 5147/53), Liliana Latorre (fs. 1441/50), Mercedes Borra (fs.
5433/43), Sara Dolores Pesci (fs. 5621/32), Faustino Fernández (fs. 5331/5),
Miguel Ángel Acevedo (fs. 5977/83), Horacio Rami ro Vi vas (testimonio
obrante en el Legajo CONADEP 728 agregado a fs. 5543/9 y en el CD
aportado a fs. 5183), Ramón Miralles (fs. 9016/32) y A lberto Zalomón
Liberman (fs.9033/54).
En primer lugar me centraré en la descripción del si tio y en lo
observado en la Inspección J udicial real izada el 4 de mayo del corri ente año,
que se encuentra glosada a fs. 5469/76. Los testimonios que se referenciarán a
continuación pertenecen a dicho acto.
Así, del acta surge que, en el ingreso de la Comisaría hacia la
izquierda, se hallaba la oficina del Comisario, siti o desde el cual, se accedía

128
Poder Judicial de la Nación

por una puerta trasera a un pati o que poseía vari os accesos a diferentes
pasillos que desembocaban en los calabozos. De ello se desprende que los
mismos se situaban al fondo de la depen dencia polici al, y que para acceder a
ellos desde el ingreso de l a Comisaría se debían atravesar varias habitaciones.
Se advi rtió que en la Comisaría de Monte Grande existían dos
sectores de cal abozos.
Primer sector de cal abozos
Desde el ingreso del pasill o se advierte hacia la izq uierda del
mismo una pequeñ a letrina de aproxi madamente 1 m. por 1 m., y l uego
contigua a l a misma se ubica una celda de aproximadamen te 2 m. de l argo
por 1 m. de ancho y ubicada de frente a l a misma se encuentra un calabozo de
aproximadamente 1,5 m. de ancho por 3 m. de largo. Pegado al mismo se
ubica una celda de aproximadamente 3 m. por 3 m., que posee en su interi or
un banco de cemento en forma de “U” esto es pegado a tres de sus paredes
excl uyendo aquell a pared que posee el i ngreso al mismo.
USO OFICIAL

En el acta de la inspección ocular agregada a fs. 5469/76 surge


que una vez ubicados en el pati o desde el ingreso al 1° sector de cal abozos,
Mercedes Borra refirió “Que ella fue alojada en el calabozo que se ubicaba sobre el
fondo del pasillo; que al rato que la dejaron en el calabozo, un hombre intentó
violarla […] Que más tarde la sacaron y la colocaron en lo que llama la «Sala
correctiva», que era la sala más grande, la cual se encuentra frente a la letrina”.
Luego ubicados en la sala q ue se encuentra f rente a la l etrina,
Borra prosiguió con recon ocimiento indicando que en dicha sala había l uz,
mientras que en los calabozos más pequeños no. Luego reconoció las
ventanitas que se aprecian sobre la pared derecha de dicho calabozo. Una vez
que ingresó a dicha sala, la nombrada narró el epi sodi o en el cual le f uera
comunicado que se hallaba a disposición de las f uerzas armadas.
Posteri ormente, refirió: “Que luego de ello la llevaron al calabozo al
cual se accedía por la puerta que estaba al f ondo del pasillo […] dijo que estaba tal
cual se encuentra ahora, pero q ue las paredes eran del color del hormigón armado,
además tenía una puerta metálica que actualmente no se observa [...] al rato abren
los dos calabozos y conoce a la chi ca con la que estaba hablando […] Que en ese
momento la llevan nuevamente a la celda más grande [...] Que luego de ello las
devuelven a cada una a su calabozo […] indicó que la letrina en aquel momento no
tenía azulejos, que era un pozo, la ducha tampoco estaba”.
A continuación, recordó “Que entre el 9 y el 11 de agosto a Rachel
[Elizabeth Venegas Illanes] la sacan del calabozo, la venda, le at an las manos y se
la llevan; nunca más volvió a esa dependencia. Que ella se queda sola en ese sector
por unos días, aunque no puede precisar cuántos; que entonces llevaron al lugar a

129
un grupo de chicos a q uienes dejaron en la celda grande, eran adolescentes; que ellos
le contaron que habían sido llevados al lugar por haber robado unas garrafas de gas
[…] Que asimismo habitualmente pasaban lista de los presos comunes, oportunidad
en que también la nombraban a ella”. De ello se desprende que la cel da grande
se utilizaba, a su vez, para el alojami ento de presos comunes.
La testigo Mercedes Borra se diri gió luego al calabozo ubi cado
junto a la letrina y una vez allí indicó que “allí estuvo alojada con Rachel, que
ahí hacían sus necesidades, que en aquel momento las paredes eran grises, de
hormigón armado, que no estaba la ventilación que actualment e se observa en el
lugar”.
Jorge Federico Watts, en la citada oportunidad señaló “que en el
ingreso al pasillo correspondiente al primer sector de calabozos había una puerta de
rejas que se abría para afuera y que tenía un cerrojo, estaba siempre cerrada”.
Segundo sector de calabozos
Conforme la inspección ocul ar ll evada a cabo en l a dependencia,
se trata de un pasill o de aproximadamente 1,5 m. de ancho, en cuyo ingreso
posee una puerta de rejas, y sobre la pared derecha se emplaza un bañito con
una letrina y enfrentado al mismo una celda de aproxi madamente 4 por 4
metros; sobre el fi nal gira hacia l a i zquierda y se angosta el pasill o,
inmediatamente se observa sobre la pared izquierda del pasi llo una celda de
reducidas dimension es 2 m. por 1 m.
Al ver el pequeño calabozo la testigo Li liana Latorre indicó “que
es muy parecido al calabozo en el cual estuvo ella alojada, sólo que el camastro de
hormigón sobre el que dormía no tenía la parte de abajo rellena, sino que era
solamente una loza”.
El testigo Watts coin cidió con esa apreciación, señalando a su vez
“que ese calabozo es muy parecido a aquel en que él estuvo alojado, pero que por la
disposición del camastro, no se trata del mismo, además que en aquella época no
tenía nada abajo”. Agregó “que la celda tenía una puerta de rejas con una chapa del
lado de afuera, con un pasa platos del lado de afuera, manteniéndose de esa forma la
celda en total oscuri dad”. Luego, Liliana Latorre afi rmó “que la celda en que
estuvo alojada también estaba en total oscuridad, de forma tal que si no levantaban
el pasa platos, no se veía nada”.
Luego de q ue Borra rel atara las circunstancias referentes al
acceso al baño, Latorre refiri ó que “tiene el mismo recuerdo y agregó que el
problema era que en cada cambio de guardia las tendrían que haber llevado al baño,
pero que jamás las llevaban. Que en el lugar en que estuvo alojada ella, el baño se
encontraba frente a una celda de presos comunes, que le resulta muy traumático
recordar dónde se encontraba el baño ya que prácticamente no las llevaban al mismo.
Que estar en el baño también era traumático ya los presos comunes las espiaban”.

130
Poder Judicial de la Nación

De ello se desprende que la celda a la que hace referencia es l a ubicada f rente


a la letrina, donde conforme su rel ato también se al ojaban presos comunes.
Sara Pesci refi rió q ue llegó a la depen dencia tabicada, con las
manos atadas, que l a colocaron en una celda contigua a la de Liliana Latorre
y le dijeron “no te muevas de ahí, porque abajo tuyo hay un pozo, te movés y te
caés al pozo; y dentro de unos minutos te venimos a buscar porque esto no termina
acá”.
Por su parte, Mercedes Borra manifestó “que el 30 de agosto fue
trasladada desde el calabozo donde estaba hacia otro sector, podrían ser las celdas
del fondo, y ahí la golpearon. Que luego de ello la ubican en el calabozo que se
emplazaba sobre el final del pasillo, que en la celda de su derecha estaba José
Quiroga –estaba descalzo- y su pareja –Graciela Jativ- estaba ubicada en el calabozo
de enfrente y también estaba descalza; que ellos ya estaban alojados ahí cuando la
dejaron a ella. Que ese lugar había estado lleno de detenidos desaparecidos, y
cuando se llevan a esos compañeros –entre los cuales había uno llamado Horacio que
USO OFICIAL

es del único que se acuerda- la trasladan a ella a ese sector”. De lo referido por
Borra se puede adverti r que tanto Quiroga como Graci ela Jatib, habrían
permanecido alojados en el 2º sector de calabozos, y q ue la nombrada habría
estado cautiva en la celda del f ondo, ubicada en forma perpendicular y al
final del pasillo.
En el mismo acto procesal, la testigo Lil iana Latorre refiri ó “que
puede decir que estuvo en un calabozo parecido a los vistos anteriormente, que el
que más similitudes tiene con el lugar en que estuvo alojada es el último calabozo
inspeccionado, el que tiene un camastro de cemento y que se encuentra en el
segundo sector de cel das”. A raíz de lo referi do por la testi go, Jorge Watts
indicó “que la celda a que hace referencia Latorre también es la más parecida a
aquella en que él estuvo alojado durante su cautiverio en este lugar”. Agregó que
“eran tres celdas con tres puertas, dos de l as cuales estaban casi enfrentadas, una
estaba contigua a una de las celdas y la otra tenía a la letrina a su lado”.
De lo anteriormente expuesto, se advi erte que en ese entonces se
utilizaban dos sectores de calabozos, -indicados en el presente análisis con el
nro. 1° y 2° a modo de ilustración-. Ambos se destinaban al alojamiento de
detenidos legales y detenidos ilegales, y eran utilizados en f orma simultánea.
Quienes han partici pado de la inspecci ón judicial –obrante a fs.
5469/76-, han sido Mercedes Borra, Sara Pesci, Jorge Watts, y Liliana Latorre.
De sus rel atos, y de quienes no han participado de la misma, pero en ocasión
de deponer ante esta sede han relatado l as características de los calabozos en
que permanecieron alojados, surge que todas las paredes eran de hormigón
armado, sin pintura.

131
Relataron los testigos que las puertas eran herméticas, formadas
por rejas y una chapa, que únicamente poseían una abertura destinada a pasa
platos y una mirilla de aproxi madamen te 15 cm. por 5 cm., habiendo sido
dicha circunstancia puesta de resal to por los testigos al mencionar que
permanecían en total oscuridad.
Fueron coincidentes también en afirmar que en su interior se
hallaba una suerte de camastro o banco de hormigón que hacía las veces de
cama, que no poseía relleno en la parte inferior, una simple loza q ue servía
de cama a solo un o de los detenidos, mientras q ue el otro debía dormir
debajo de la mi sma. En efecto, en dichos calabozos, también llamados
“calabozos individual es”, si bien sólo podía ubicarse all í una persona, se
utilizaba para el aloj amiento de dos detenidos.
En este sentido, surge de l os dichos vertidos por la testigo
Mercedes Borra el 28 de abril del corriente, que aquellos cubículos eran
totalmente oscuros y helados, como un sepulcro. Las puertas eran de metal
muy pesado y se cerraban desde afuera mediante un cerrojo corredizo que se
aseguraba con un candado, las paredes eran de cemento enmohecido, sin
rastros de pintura (cfr. fs. 5433/43).
Junto a los llamados calabozos de castigo se hallaba la celda
grande, que durante bastante tiempo permaneció vacía, y en ocasiones fue
utilizada para ubicar a las víctimas temporalmente, ya sea un as pocas horas o
algunos días. Lo expuesto encuentra correlato en el testimonio Horacio
Rami ro Vivas, en su declaración prestada en l a Embajada Argentina en el
Reino de España, all í refi rió que “[e]l mismo quince de julio fue trasladado junto
con Graciela Jatib y José Valeriano Quiroga en una camioneta carrozada o una rural
hasta la Comisaría de Monte Grande y f ueron alojados en celdas individuales de
aislamiento […] que al segundo día de estar en este lugar un ofici al de policía de la
Provincia de Buenos Aires uniformado les quitó a los tres deteni dos la venda de los
ojos, los llevó a una celda de grandes dimensiones tipo colectivo y l es dio de comer y
tomar mate cocido” (fs. 5543/9).
Esta celda y los cal abozos indivi duales, confluían en el pasillo
anteriormente ref eri do –pasillo del 2° sector de cal abozos-, iluminado por
una lampari ta de l uz mortecina. A ese sector se ingresaba por un portón de
rejas, cerca del cual, más próxima a la puerta de ingreso y frente a la celda
grande, se encontraba la letrina, que no poseía puerta, sólo tenía un pozo, ni
azulejos, ni ducha y cuya pared lindaba con la letrina que pertenecía al otro
sector de calabozos –indicado como el 1° sector de calabozos- .
En este senti do cabe poner de resalto los dichos verti dos por
Daniel Francisco Mancuso, en ocasión de prestar declaración indagatoria el

132
Poder Judicial de la Nación

pasado 14 de octubre, q uien al ser preguntado para que di ga si estos


detenidos eran alojados en un lugar distinto que el resto de los detenidos de
la comisaría, respondió “no, era distinto, era en las mismas instalaciones, en una
piecita aparte. No estaban mezclados con los presos comunes ” (fs. 9443/61).
En este punto es menester reali zar una aclaración en orden a que
lo que se ha descripto como el segundo sector de calabozos, según el relato de
las víctimas habría sido modificado. Ello ha si do destacado porq ue como
puede observarse al momento de reali zar la inspección ocular exi sten all í
únicamente dos cel das de reducidas dimensiones, y en lo q ue sería la pared
derecha, en ese entonces se habrían ubicado dos calabozos más.
3.3. Condiciones de alojamiento
Aquí, he de señalar que el centro clan destino que operó en la
Comisaría de Monte Grande, ha sido utili zado como centro de
derivaci ón/legalización de detenidos –conforme se analizará en el apartado
3.7- y allí no se registró la aplicaci ón de tormentos f ísicos en forma
USO OFICIAL

generalizada, mas sí el sometimiento sistemático a un trato inhumano y


degradante.
Como se ha asentado, los detenidos al ojados ilegalmente en esta
dependencia, suf rieron determinadas pautas de alojamiento que merecen
destacarse, al respecto, debe señal arse con respecto a los mi smos la práctica
del “tabicamiento”, consistente en colocarle al detenido una capucha o venda
en los ojos que le i mpedía emplear el sentido de la vista durante toda la
estancia en el centro, día y noche; la sujeción corporal mediante esposas,
sogas u otro instrumento, el alojamiento en espaci os de escasas dimensiones,
inaceptables para alojar a un ser h umano, sin condiciones de higiene y
salubridad.
A su vez, se ha regi strado la aplicaci ón de la prohibición absoluta
del habla, debiendo por ende mantenerse en silenci o las 24 horas sin poder
comunicarse con otras personas; la ubicua amenaza de ser golpeado,
torturado o asesin ado en cualqui er momento; el estado deliberado de
inanición y suciedad a que eran sometidos, déficit en las condiciones de
higiene y privación de utilización de los sanitari os, debiendo hacer las
necesidades en la mi sma cel da de al ojami ento, y la inasi stenci a médica ante la
necesidad de ella; entre otras condicion es degradantes que constituyen en su
conjunto, el delito de imposición de tormentos, compl ementari o de la
detención ilegal.
A fin de elaborar la descri pción en unciada, se tendrán en cuenta
aquellos testimonios correspondi entes a personas que estuvi eron cautivas en

133
la “Comisaría de Monte Grande”, y q ue se refieran a las formas que asumía la
aplicación de tormentos en el cautiverio.
Asimismo, más allá de que en el considerando octavo, habrán de
analizarse en profun didad aquellas pautas de cautivi dad que se visualizaron
en esta dependencia policial en forma generalizada, se habrán de mencionar
las mismas en este apartado, con específi ca referencia a los padecimientos de
las víctimas:
a) tabicamiento y engrillamiento
En lo que respecta al tabique, sólo ha sido utilizado en ci erto
grupo de víctimas como es el caso de Li liana Latorre, Miguel Ángel Acevedo,
Juan Carl os Acevedo, Mercedes Borra, y Sara Pesci, todos ellos secuestrados
entre juli o y septiembre de 1976. Conforme surge de sus testimonios, al llegar
al centro y durante su cauti veri o permanecieron vendados y con las manos
atadas con cuerdas, cables o trapos (cf r. l egajo n° 3222 perteneciente a la
nombrada y su testi monial en causa 14216/03 agregada a fs. 1441/50).
Concordantemente, Miguel Ángel Acevedo en ocasi ón de deponer
ante esta sede el día 7 de juni o del corriente, recordó: “Salvo el día de la
liberación, en Monte Grande estuvimos permanentemente tabicados, nos habían
colocado vendas en los ojos, que usábamos incluso dentro del calabozo y a veces
arriba de la venda nos ponían también unas capuchas”.
Luego en ocasión de ser preguntado por S.S. para q ue di ga si
tanto su hermano como él estuvieron en la Comisaría permanentemente
engrillados o esposados o inmovilizados de alguna otra manera, dijo: “sí,
ambos permanecimos en todo momento esposados” (cfr. fs. 5977/83).
A su turno, Sara Dol ores Pesci, al declarar ante esta sede el día 23
de mayo de 2011, relató “Entré vendada, me pusieron en un cal abozo, que tienen
una cama de mampost ería, me dijeron que no me moviera porque había un pozo. Que
después me iban a venir a buscar para torturarme o para matarme, que dependía de
la decisión del superior. Ahí estoy un rato, me animo, bajo los pies y me doy cuenta
que no hay un pozo. Después empecé a trat ar de desatar las manos, porque no eran
esposas sino cables o algo así […] estaba tabicada con un trapo, y parte de la
camisa de Jorge, con la misma venda que tení a en Protobanco”.
Los elementos utili zados para hacer efectiva la privaci ón de
visión variaban entre vendas, trapos, ropas o prendas de vestir que podían
pertenecer a la propia vícti ma, siempre con total descuido de la asepsia y las
condiciones de higiene que lógicamente se iban deteri orando con el
transcurso del cautiverio. Al menoscabo físico, se sumaba el detrimento
mental, que represen taba el tabicamiento o vendaje de oj os destinado a pri var

134
Poder Judicial de la Nación

de visión a las vícti mas, en tanto hacía perder la noci ón de espacio, tiempo y
todo conocimi ento de lo externo.
b) Prohi bición del uso del habla
A todo lo hasta aquí dicho, debe sumarse que los secuestrados
tenían además vedado el empleo del h abla, tenían prohibido comunicarse
entre ell os o hacerlo con los guardias del centro cl andestino de detención.
En lo que concierne a la prohibición de hacer uso del habla cabe
advertir que las víctimas han coincidido en señalar que no se les permitía
comunicaci ón algun a. Sin perjuici o de ello, cabe adverti r, que conforme lo
relatado por algunas víctimas, teniendo en cuenta la circun stancia de que l a
guardia, la mayoría de las veces, permanecía alejada de ell os, igualmente lo
hacían (cfr. testimon ial de Acevedo a fs. 5977/83, declaración de Sara Dolores
Pesci a fs. 5621/32 y Jorge Watts a f s. 5147/53), y otros refi rieron que
prácticamente no l o hacían, salvo excepciones en q ue podían comunicarse en
voz muy baja, por el miedo a las represalias (cfr. testimonial de Mercedes
USO OFICIAL

Borra a fs. 5433/43 y declaración de Alberto Salomón Liberman a fs.


5667/71).
Esta situaci ón generaba un total estado de aislami ento, al que se
sumaba el nulo contacto con el mundo exterior, afectando psicológicamente a
las víctimas, ya q ue de este modo se el iminaba la posibilidad de brindarse
recíprocamente áni mo frente al infierno que padecían, baj o el riesgo de ser
severamente castigados.
c) Falta de iluminaci ón
Por otro lado, las víctimas expresaron de qué modo la estructura
edilicia de l os cal abozos suponía permanecer total mente a oscuras, sin
ninguna vía por la cual pudieran siquiera ventilarse, esto es, no había ningún
tipo de il uminación natural , ni artificial.
El calabozo, sól o poseía una puerta que era de chapa, con un pasa
platos que se abría desde afuera, así fue señalado por varios de ell os, a modo
de ejemplo Lili ana Latorre afi rmó que “la celda en que estuve alojada también
estaba en total oscuridad, de forma tal que si no levantaban el pasa platos, no se
veía nada” (cf r. fs. 1441/50).
Tal es así, que Jorge Watts, en ocasión de llevarse a cabo la
inspección judicial sobre el predio en el cual se ubica la Comisaría de Monte
Grande el 4 de mayo de 2011, narró “el personal de la Comisaría fue a comprar
pan, facturas o velas que les llevaban a ellos, que incluso el personal de la
Comisaría les enseñó que tenían que pegar las velas a la pared con cera, ya que de
esa forma duraban más. Que los primeros días estuvieron totalmente a oscuras en
unos calabozos que tenían unas puertas de chapa totalmente cerradas, las cuales

135
tenían unos pasa platos que se abrían del lado de afuera; que en las mismas no había
iluminación, ni entraba luz, no se veía absol utamente nada”.
En su declaraci ón prestada ante esta sede en fecha 11 de octubre
de 2011 el nombrado Jorge Federico Watts relató: “quiero agregar que considero
que mi cautiverio en la Comisaría de Monte Grande, el cual se ext endió unos veinte
días, fue de un sufrimiento equiparable a tortura. Cuando estáb amos allí junto a
Daniel Wejchemberg, Darío Emilio Machado y Faustino Fernández, estuvimos sin
luz durante todo el t iempo, salvo en algún momento que a raí z del dinero que
mediante los Cabos, que no revelaban el lugar en el cual estábamos, nos mandó la
familia pudimos comprar velas [...] estábamos en condi ciones lamentables; las celdas
estaban invadidas de b ichos, había bichos de todo tipo e insectos de todo tipo, las que
sí identifiqué fueron las cucarachas que mee caminaban por encima cuando me
acostaba en el suelo, aparte no las veíamos porque estábamos sin luz. La vela
prendida la teníamos poco tiempo, porque si no, se terminaba. También había olor a
pis por todos lados” .
Cabe adverti r que al igual que en el caso del tabicamiento, la falta
de luminosidad absoluta supon ía una di sminución notable en la capacidad de
hacer frente a l as mi sérrimas condiciones que debían soportar. Dicho de otro
modo, se sujetaba a quien lo padecía, a un estado de tensión constante, ante
la indefensión continua y el permanen te estado de alerta a ser agredi do
físicamente o a que l o sea un familiar, amigo o compañero que compartía con
él cautiveri o.
d) La escasa y deficiente alimentación
La alimentación en el CCD, en tanto escasa e indigna, también
tenía como objetivo, contribuir al progresivo deterioro del estado físico de los
cautivos, a la vez que constituía otra modalidad de castigo.
Aun así, siendo la comida poca y degradante -a veces cruda-, el
hambre y la sed desesperante que sufrían l os cauti vos y las condiciones
infrahumanas de vi da que les acompañaban toda la jornada, hacían que ese
momento se ansiara vorazmente.
Al respecto, de las actas mecanografiadas de la causa nro. 13/84,
a fs. 729/737 surge el testimonio prestado por Juan Ramón Nazar. En dicha
oportunidad decl aró “Ese lugar después nos enteramos que se trataba de la
Comisaría 60 de Monte Grande, nos introdujeron en celdas individuales, unidas
entre sí […] el trato fue deplorable, apenas si podíamos salir al baño, no teníamos
comida. Había delincuentes procesados por delitos comunes que por ahí nos
alcanzaban algún sandwich y, en alguna oportunidad, nos tiraban literalmente, con
una olla que había, lo que podría denominarse comida. Allí nos teníamos que
agachar y comer eso con las manos, no teníamos ningún tipo de utensilio, así
pasamos bastante tiempo, en las peores condi ciones”.

136
Poder Judicial de la Nación

En igual sentido, declaró Pedro Augusto Goin “En Monte Grande


también ahí debo manifestar el trato inhumano que recibimos, la falta de alimentos,
recuerdo que subsistimos los primeros días en función de que alguna gente que había
ahí adentro nos proveí a algunos alimentos, me acuerdo un Señor Pailisich y algunas
otras personas de ahí dentro de la comisaría de Monte Grande que nos daban
alimentos, y ahí duró nuestro calvario hasta el 25 de Agosto de 1978, en esas
condi ciones estuvimos casi diez meses” (cfr. actas mecanografiadas de la causa
nro. 13/ 84 a fs. 722/ 9).
Jorge Federico Watts en su declaraci ón de fecha 11 de octubre de
2011, relató: “A los cabos les pedimos comida y nos dijeron que no tenían nada
asignado para nosotros y que por ahí al otro día los presos comunes nos iban a dar
algo; eso fue el día viernes que llegamos, y lo mismo el sábado, y después de las
visitas, recién a la tarde del sábado nos dan los sandwiches. El pri mer día a lo sumo
las chicas Tomasa y l a otra detenida, nos habrían dado un mate cocido, pero nada
más [...] Los Cabos nos decían que no estábamos ahí formalmente. Para mí, en mi
USO OFICIAL

percepción, durante todo este tiempo estuve todo el tiempo desaparecido, mi familia
no sabía que estábamos allí; por eso no nos l levaban la comida a la dependencia”.
Miguel Ángel Acevedo, a su vez relató “Ahí nos tuvieron
prácticamente aislados, me comunicaba más con los presos que con los policías; estos
últimos entraban sólo para darle comida a l os presos que ya estab an legalizados, a
nosotros no nos dieron nunca de comer, jamás, eran los presos comunes los que nos
daban algo de alimento. Por ese motivo no nos llamaban de ningún modo, no
teníamos contacto con ellos” (cfr. fs. 5977/83).
A su turno, Sara Dolores Pesci, en ocasi ón de ll evarse a cabo la
inspección judicial en la Comisaría Primera de la locali dad de Monte Grande,
el 4 de mayo de 2011, indicó “que pasó sin comer períodos de aproximadamente
cinco días, aunque la comida que les daban eran las sobras de los presos comunes”
(cfr. acta de inspecci ón ocular en la Comi saría Primera de Monte Grande a fs.
5469/76).
Recordemos el testi monio de Liliana Latorre, q ue da cuenta de la
deliberada intención de los captores de h acerlos padecer el hambre, y sumado
a ello el hecho de hacerles desear aún más lo que sabían, no se les iba a
proveer. Así, la testi go relató “Que en otra ocasión un guardia f ue hasta la puerta
de la celda, levantó el pasa platos, dejó en frente de los calabozos una fuente con
fideos y se fue, dejando hasta el cambio de guardia próximo los fideos frente a sus
celdas, mientras ellas pasaban un hambre terrible”. A ello agregó “…que la comida
que les daban eran las sobras de las comidas de los presos comunes” (cfr. acta de
inspección ocular en la Comisaría Primera de Monte Grande a fs. 5469/ 76).
Añadió Mercedes Borra “que en un m omento fue al sector de
calabozos un policía que era alto, flaco, delgadito y con bigotes negros, de tez

137
blanca, que era el q ue cocinaba, que nunca antes había ido a ese lugar, y se
conmovió al verla a Graciela Jativ descalza y a José también y tan desabrigados y
prometió llevarles ropa de abrigo; que al cabo de unos días les llevó un sándwi ch a
cada uno y que fue la única comida que recibieron en todo su cautiverio” (cfr. su
declaración de fs. 5433/43 y el acta de inspección ocular en la Comisaría
Primera de Monte Grande a fs. 5469/76).
Está claro que estas condiciones de falta de alimentación,
entonces, servían para un doble propósito, por un lado representaba un
elemento más de tortura, a parti r del h ambre permanente padeci do por l os
cautivos, quienes esperaban casi enloquecidos los momentos en los que los
captores les proporcionaban algo de comida; y por otro lado era útil a los
fines de cancelar toda posibili dad de resi stencia o de al zamiento en contra de
sus captores, pues quien además de aisl ado, tabicado y engrillado, carece de
alimentación, no tiene siquiera fuerzas f ísicas para mover un brazo.
e) La f alta de higiene y el progresivo deterioro del estado
sanitario
Las condiciones de higiene y salubridad también eran atroces y
alcanza con señalar que, al hacinamiento al que se sometía a los cautivos –
como se ha dicho permanecían al ojados de a dos en celdas en las q ue sólo
podría alojarse una persona-, se agregaba, en muchos casos, la ausencia de
colchonetas en donde acostarse y el tener que permanecer en ámbitos físicos
despreciabl es, impregnados de sangre, orina, transpi ración, etc. Todo lo cual,
agravó patologías precedentes a los secuestros y generó las propi as del lugar
como secuela de torturas, quemaduras, derrames o infecciones.
Al respecto, Mercedes Borra refiri ó “…q ue allí estuvo alojada con
Rachel, que ahí hacían sus necesidades, q ue en aquel momento las paredes eran
grises, de hormigón armado, que no estaba la ventilación que actualmente se observa
en el lugar. Que sobre el techo se condensab a constantemente la humedad y goteaba
sobre ellas, con lo cual estaban permanentemente mojadas […] sólo fui al baño en la
ocasión que relaté, en presencia de un guardia y tabicada, y nunca pude
higienizarme”.
Agregó “que no las sacaban para ir al baño, sino que tenían que hacer
sus necesidades dentro de la celda”. Agregó en otro tramo de su declaración
“Nosotros pedíamos ir al baño y no venía nadie, sólo podíamos ir a la noche a la
letrina, pero durante el día teníamos que hacer nuestras necesidades adentro de la
celda […] Nunca nos permitieron higienizarnos, no había canillas de agua, ni
siquiera pudimos lavarnos las manos. A la l etrina tampoco íbamos a la noche porque
no había intimidad” ( cfr. su declaración de fs. 5433/43 y el acta de inspección
ocular en la Comisaría Pri mera de Monte Grande a fs. 5469/76).

138
Poder Judicial de la Nación

De manera análoga Alberto Salomón Liberman manifestó “Las


celdas tenían paredes de cemento alisado, cuando había humedad chorreaban agua,
hacía mucho frío” (fs.9033/54).
Por su parte, la testigo Liliana Latorre “tiene el mismo recuerdo y
agregó que el problema era que en cada cambio de guardia las tendrían que haber
llevado al baño, pero que jamás las llevaban. Que en el lugar en q ue estuvo alojada
ella, el baño se encontraba frente a una celda de presos comunes, que le resulta muy
traumático recordar dónde se encontraba el baño ya que prácticamente no las
llevaban al mismo. Que estar en el baño también era traumático ya los presos
comunes las espiaban”. Agregó “que en una oportunidad un guardia les llevó un
balde con agua, ya q ue en cuatro meses no se habían higienizado y estaban llenas de
costras” (cfr. el acta de inspección ocular en la Comisaría Primera de Monte
Grande a fs. 5469/76).
Por su parte, Miguel Ángel Acevedo rememoró “nunca, jamás nos
dejaron ir al baño, tuvimos que hacer ahí nuestras necesidades y después, de vez en
USO OFICIAL

cuando, nos dejaban b aldear y limpiar las celdas” (cfr. fs. 5147/ 53).
Como se advi erte de los testi monios colectados, no sólo el acceso
a las letrinas por parte de los detenidos era esporádico, sino que en el
contexto relatado, el acceso al baño para realizar las necesi dades fisiol ógicas
o para asearse implicaba necesariamente para todos l os deteni dos el
someti miento a tratos degradantes, y humillaciones.
A ello se sumaba l a circunstancia de que todos los detenidos
permanecieron a lo largo de su cauti verio con la misma vestimenta que
poseían el día de su secuestro, e incluso en algunos de los casos rasgadas
como consecuencia de la violencia ejercida sobre ellos. Lo cual cobra
relevancia, si tenemos en cuenta q ue durante el lapso de su cautiverio la
posibilidad de lavar sus ropas era casi nula, y en ciertos casos, inexistente.
En ese sentido rel ató Miguel Ángel Acevedo “Siempre tuve puesta
la misma ropa; de tanto tironearme me rompieron la manga de una campera y es la
que llevé puesta hast a que me liberaron” (cfr. fs. 5977/83). Dicha situación
también ha sido relatada por Mercedes Borra, q uien manifestó “siempre estuve
con la vestimenta que llevaba puesta cuando me secuestraron” (cfr. fs. 5433/ 43).
Otro testimonio que da cuenta de las con diciones indignas, en las
que debieron permanecer es el de Jorge Federico Watts, quien a su turno,
relató “Nosotros estábamos con la puerta cerrada en todo momento, en cambio las
chicas no [con ref erencia a las detenidas comunes] , ellas podían ir al baño
cuando querían [...] nosotros por la noche ya no podíamos ir al baño, ya sabíamos
que cerraban todo y por más de que llames no había nadie por lo que hacíamos las
necesidades en la cel da y luego debíamos convivir con esa situación en la celda.
Nunca limpiaron nada, y aparte las celdas eran diminutas, apenas se entraba

139
acostado. Había un camastro de cemento donde dormía Faustino y yo en el suelo. El
día que Faustino se sentía mal, yo pensé que se moría, esto habrá sido a la 1 de la
mañana y nadie vino en ayuda, golpeaba la puerta de chapa, y no se escuchaba ni
siquiera que algún pol icía anduviera allí, estábamos en el fondo de la Comisaría. Si
te morías, a la mañana habrían recogido el cadáver” -11 de octubre de 2011-.
Asimismo relató: “Que una noche Faustino Fernández comenzó a
sentirse muy mal, a transpirar y tener retorcijones; que entonces comenzó a llamar a
la guardia, pero no les dieron pelota; que consiguieron una bolsa de nylon y
Fernández t uvo que hacer sus necesidades en la bolsa” (cfr. 5147/ 53).
Por otra parte, Faustino José Fernández relató “nos dejaban ir al
baño cuando lo pedíamos sólo durante el dí a, a la noche no, se cerraba todo. El baño
era la letrina que mencioné, no pudimos asearnos nos dejaban ir al baño cuando lo
pedíamos sólo durante el día, a la noche no, se cerraba todo. El baño era la letrina
que mencioné, no pudi mos asearnos llevamos siempre puesta la ropa que nos habían
dado en «Vesubio»” (cfr. su declaración a f s. 5331/5) .
Puede visl umbrarse, a través de los testi monios of recidos por las
víctimas que la atención a sus necesi dades fisi ológicas y necesidades de
atención de salud, resultaba compl etamente deficitari o, y que los
perpetradores, permanecían indiferente f rente a las condicion es infrahumanas
en que se alojaban a los detenidos.
De los testimoni os ofrecidos por l os recluidos, se advierte que
existía un desprecio calculado por las condiciones alimenticias, higiénicas, y
que el mismo guardaba relación con el objetivo general de cosificación de los
detenidos. A ell os se les proveía de las condiciones indispensables
simplemente para mantenerlos con vida aunque sin ningún tipo de f uerzas,
manifestando así el poder que ejercían sobre ellos sus captores.
En este sentido cabe destacar los dich os vertidos por Lil iana
Latorre, quien expresó que “en Monte Grande la pasaron mal porque no las
sacaban al baño, no les daban de comer. Que los calabozos estaban siempre a
oscuras, ni siquiera l uz artificial. Que había una claraboya chiquita que estaba
tapada. Que era i nvi erno, y para taparse les daban papel de di ario. Que con el
tiempo, al ser “población estable” los presos comunes les pasaban alguna manta y
restos de comida” (cfr. Testimonial Lili ana Latorre en causa 14216/03 -fs.
26.181/99- cuya copi a luce agregada a fs. 1441/1510).
A su turno, Jorge Watts describió las cruentas condici ones en las
que debieron permanecer recl uidos, in dicó “Que en esa dependencia no los
torturaron, sino que el padecimiento que sufrieron fue el abandono. …estábamos
encerrados en celdas oscuras las veinti cuat ro horas, dos personas en calabozos de
castigo que eran para uno, muy sucios, nos pasaban las ratas por arriba, estábamos
repletos de bichos. La Comisaría no nos brindaba alimentos ni nada, ello dependía

140
Poder Judicial de la Nación

exclusivamente de lo que llamo el «mecanismo de las cartitas». En las tres semanas


en que estuvimos allí solo salimos en alguna oportunidad en la que nos dejaron ir al
baño, pero no lo permitían siempre. Yo tenía infectada la rodilla y Faustino estaba
mal de los bronquios, pero nunca nos atendi ó un médico; no comíamos lo suficiente,
como dije el primer día no comimos nada y luego, muy poco; no teníamos nada nada
de luz, estábamos en la oscuridad total, hasta que conseguim os las velas que
nosotros les pedimos a nuestros familiares […] vivíamos con el miedo a ser
«desaparecidos», es más nos habían dicho q ue nos iba a venir a buscar la misma
gente que nos trajo la Comisaría, por lo cual eso aportaba más miedo, porque
veníamos de estar en «Vesubio», estábamos en condiciones lamentables; las celdas
estaban invadidas de b ichos, había bichos de todo tipo e insectos de todo tipo, las que
sí identifiqué fueron las cucarachas que me caminaban por encima cuando me
acostaba en el suelo, aparte no las veíamos porque estábamos sin luz. La vela
prendida la teníamos poco tiempo, porque si no, se terminaba. También había olor a
pis por todos lados”. Todos los hechos que padeci ó como víctima del CCD,
USO OFICIAL

obran detallados en el libro de su autoría que se ti tul a “Memoria del


Infierno” ( Reservado en Secretaría a fs. 5147/3).
Es de notar que l a modali dad empleada en las privaci ones
ilegales –anteri ormente detalladas- ha supuesto menoscabar la condici ón
humana de los cautivos. Ello, ha sido diseñado de modo tal q ue los
secuestrados vivenci aran día a día el poder absol uto que l os perpetradores
detentaban sobre su existencia, generando un trato cruel de carácter
permanente, con fines de denigrarl os física y psíq uicamente.
Dicho de otro modo, de agudizar aún más cualqui era de estos
tres aspectos de la vida cotidiana en el centro clandestino, esto es, las
condiciones alimenticias, higiénicas y sanitarias –tal como las he venido
detallando-, las víctimas hubieran fallecido por inanición , enfermedad o
epidemia.
De igual forma, corresponde recordar el relato de Jorge Federico
Watts ante esta sede, en cuanto al estado de insal ubridad en que se hallaban
alojados y la incidencia en tal lamentable estado que tenía la existencia de
insectos, q ue por la oscuridad no podían verse, pero se percibían por otros
sentidos “las celdas estaban invadidas de bichos, había bichos de todo tipo e
insectos de todo tipo, las que sí identi fiqué fueron las cucarachas que mee
caminaban por encima cuando me acostaba en el suelo, aparte no las veíamos porque
estábamos sin luz” –ampliación de fecha 11 de octubre ppdo.- .
f) La constante amenaza de ser torturado o asesinado
Una vez depositados en los calabozos, comenzaba la constante
sensación de que en cualquier momento el cautivo, su pareja, hijo o
compañero de detención, podía ser objeto de tortura o de muerte, y no

141
obedecía únicamente a lo que cada detenido podía inferi r de los maltratos y
mortificaciones q ue percibía de su alrededor, sino que además, a los
secuestrados se les recordaba continuamente e intencionadamente cuál era su
situaci ón, de absol uto sometimiento.
De este modo, se adi cionaba al absoluto estado de indefensión en
el que permanecían los cautivos, la permanente adverten cia, a través de
hechos y palabras en forma deliberada, que se encontraban a merced de sus
captores.
Al respecto, val e citar el testimonio de Jorge Federico Watts –
testimonio de fecha 11/10/11- quien rel ató: “También estaba presente en forma
permanente la incertidumbre acerca de cuál sería nuestro destino, nadie ni antes, ni
mientras estuvimos en Monte Grande nos notificó que estábamos a disposición del
Poder Ejecutivo, o del Consejo de Guerra, nosotros seguíamos desaparecidos, con
una terrible angustia de no saber de nuestras familias y saber que ellos, no sabían
de nosotros”.
Recordemos también el testimonio de Liliana Latorre, quien
refiri ó “En una oportunidad, fuimos sacadas de nuestras celdas por separado y
vendadas. Nos llevaron a una habitación, nos interrogaron y am enazaron con un
arma, pues querían que dijéramos si militábamos en no recuerdo q ue organización”
(cfr. Testimonial Lili ana Latorre en causa 14216/03 fs. 18.745/ 7).
Por otra parte, Mercedes Borra relató “U na noche ella le pidió a los
guardias que nos pusieran juntas en el mismo calabozo para darnos calor con
nuestros propios cuerpos. Contestaron que no se podía, pero una o dos noches
después trajeron una colchoneta de estopa o de paja, la pusieron en el calabozo de mi
compañera y me llevaron junto a ella. Ahí me dijo que se llamaba Rachel Elizabeth
Venegas Illanes, que era chilena, que tenía 24 años, era maestra y su familia vivía
en Concepción. Una medianoche fue sacada de nuestro calabozo y llevada a otro
lugar de la Comisaría, donde la interrogaron y torturaron con pi cana eléctrica. Yo
escuché sus gritos, vi las heridas en sus pechos y sus pezones quemados. Entre los
días 9 y 11 de agosto de 1976, por la noche, los guardias sacaron a Rachel del
calabozo y nunca más volvió” (cfr. su declaración de fs. 5433/43 y el acta de
inspección ocular en la Comisaría Primera de Monte Grande a fs. 5469/ 76).
A su turno, Sara Dolores Pesci, manifestó “Después me sacan de
ahí, siempre con las manos atada y vendada y me trasladan a lo que después supe
que es la Comisaría de Monte grande y en el trayecto hacían simulacros de
fusilamiento, me bajaban y hacían toda una pantomima, que rezara, que pidiera
algo, decían que me pusieran cemento y me tiraran al mar […] Entré vendada, me
pusieron en un calabozo, que tienen una cama de mampostería, me dijeron que no me
moviera porque había un pozo. Que después me iban a venir a buscar para

142
Poder Judicial de la Nación

torturarme o para mat arme, que dependía de la decisión del superior. Ahí estoy un
rato, me animo, bajo los pies y me doy cuent a que no hay un pozo”.
Continuando con su relato, manifestó: “En Monte Grande [...] sin
tortura física, pero sí la psíquica, con los chicos, me pasaban grabaciones con voces
de chi cos que lloraban y pedían, después supe que no eran mis hijos, eran
grabaciones que ellos tenían. Me interrogaban cada tres días aproximadamente, o
simplemente iban a mirarnos, como si fuéramos animales en un zoológico, nos
miraban y se iban, estaban vestidos con ropa verde oliva y gorra roja” (cfr. fs.
5621/32 Acta decl aración testimonial Sara Dolores Pesci y acta de inspecci ón
ocular en la Comisaría Pri mera de Monte Grande a fs. 5469/76).
En forma análoga, Mercedes Borra, refi rió “Allí había otro hombre
distinto al que me interrogó antes. Él me hizo sentar de espaldas a la puerta de
entrada y se sentó frente a mí, pero pude percibir que había otros hombres en el
lugar, entre ellos el guardia que me había sacado del calabozo, que creo que era
Bulacio porque fue q uien después me llevó nuevamente a la celda señalando lo
USO OFICIAL

terrible de lo que me habían hecho. Este hombre, que hablaba con una voz muy baja
pero autoritaria, que infundía miedo, me preguntó cómo me llamaba y todos mis
datos personales, si tenía amigos que militaran, si yo pertenecía a la organización
Montoneros, al ERP, a la CNU –Comando Nacional Universitario-, a la CDO –
Comando de Organización- o a la Triple A, mezclaban todo. Yo respondí que no
pertenecía a ninguno de esos grupos. Después me preguntó si tenía novio, a lo que
le dije que no; me preguntó si era virgen y le respondí que sí. En ese momento le
pidió a uno de los guardias que me quitara las vendas y me amenazó con que si
llegaba a abrir los ojos «me iba a reventar». Fue así que me sacó la venda y al verme
la cara dijo «pinta de monja no tenés», tras lo cual me golpeó los oídos con las
manos cóncavas, que me dejó una sordera parcial en el oído izquierdo” (cfr. su
declaración de fs. 5433/43 y el acta de inspección ocular en la Comisaría
Primera de Monte Grande a fs. 5469/76).
En este senti do, resulta sumamente gráfi co en tanto se sostuviera
al sentenciar la causa 13/84, cuando se precisó que tambi én se sumaba, a
veces, “...la angustia de quien había sido secuestrado con algún familiar y que
sufría ambos padecimientos simultáneamente. Todo ello debía seguramente crear en
la víctima una sensación de páni co cuya magnitud no es fácil de comprender ni
imaginar, pero que, en sí constituye t ambién un horroroso tormento...” (La
Sentencia..., causa 13/84).
g) Padecimientos de connotación sexual
Como se habrá de an alizar en extenso en el Considerando octavo,
la exposición en desnudez de los cautivos significó, por un lado, un símbolo
más de vulnerabili dad y sometimiento y, simul táneamente, l a expresión de un
castigo basado en la humillación y ri diculización.

143
En definitiva, en un proceso tan simple como apremiante, unos
quedaban reduci dos a su categoría sexual pri mari a como meros objetos y
otros, el evados al l ugar de observadores “superi ores” e invasivos del pudor
de la vícti ma.
Con relación a este punto, Liliana Latorre relató “En este lugar un
policía me viola. Yo para ese entonces lo único que deseaba era saber cuál sería mi
destino y si me iban a torturar, a matar, o lo que fuese, que lo hicieran de una vez
[…] Después de ser violada, creo que duerm o un par de días, me despierto en algún
momento. No puedo precisar la cronología de los hechos” (cfr. legajo Conadep n°
3222).
Asimismo, en ocasi ón de llevarse a cabo la inspección judicial en
la Comisaría 1ª de Monte Grande, Liliana Latorre describió a quien la viol ó
como un hombre petiso y gordo, a l o cual Sara Dolores Pesci añadió “el apodo
del guardia que violó a Latorre era «el Catamarqueño», circunstancia de la cual
tomó conocimiento ya que escuchó que lo llamaban por di cho apodo”. De este modo,
Liliana Latorre culminó su relató expresando “que la Policía de Monte Grande,
nunca se hizo cargo de ellos; que sólo tenían registro de su presencia en el lugar
para violarlas o intent ar violarlas y torturarlas” (cfr. Idem).
En forma análoga, Mercedes Borra, rel ató “Al llegar a destino me
bajaron del vehículo e inmediatamente un hombre me hizo quitar la ropa para
verificar si tenía signos de torturas, según sus propios dichos. Ese mismo hombre
me robó una cadenita de plata con un crucif ijo […] Ahí yo me vestí y luego sentí el
ruido de llaves y de una puerta o portón de rejas que se abría. Empujándome de
manera muy violenta por la espalda, me llevaron caminando un trecho, y me
encerraron en una cel da de pequeñas dimensiones, que tenía una cama o litera de
cemento. Al cabo de un rato entró un hombre a mi calabozo, que usaba un perfume
muy fuerte, estaba impregnado en perfume, me acostó sobre la tarima de cemento,
me bajó el pantalón y la bombacha e intentó violarme, me dijo que no gritara porque
iban a venir más de ellos y que todos iban a violarme. Hubo un comienzo de
penetración, yo estab a muy confundida, aún era virgen y sentí que comenzaba a
penetrarme y una secreción, pero enseguida se escucharon ruidos de llaves y de
puertas metálicas que se abrían y desistió de hacerlo. Luego de esto pasé casi seis
meses sin menstruar e incluso llegué a pensar que estaba embarazada. Eso f ue una
verdadera tortura para mí”.
Continuando con su relato describió al hombre que intentó
violarla y señaló que “siguió yendo a las guardias noct urnas, por el perfume pude
reconocerlo, era de baj a estatura, robusto pero petiso, morocho, de rasgos indígenas,
cabello negro, lacio, peinado con gomina, de trato despectivo e i ntimidatorio y de
mediana edad. Una noche en que vi no este guardia le pregunté a Alberto cómo se

144
Poder Judicial de la Nación

llamaba, y me dijo que era el cabo Ferreyra, pero no su nombre” (cfr. su


declaración de fs. 5433/43).
En igual sentido, Borra manifestó “Que cuando ya Rachel no estaba
y llegó el preso de nombre Alejandro, el guardia que había tratado de violarla su
primer día en el lugar seguía yendo por las noches, para hacerse cargo de la guardia
nocturna; que entonces le preguntó a Alberto si conocía a este guardia, ya que había
estado detenido en otras oportunidades en el lugar, y Alberto le contó que se trataba
del Cabo Ferreira” (cfr. su declaración de fs. 5433/43 y el acta de inspecci ón
ocular en la Comisaría Pri mera de Monte Grande a fs. 5469/76).
Por su parte Sara Dolores Pesci, en ocasión de deponer ante esta
sede, y al ser preguntada para q ue di ga si fue vícti ma de abuso sexual , qué
tipo de abusos y por la autoría de qué persona, refirió “sí, me violaron en el
trayecto desde Protobanco hasta la Comisaría de Monte Grande. No pude ver quién
fue el autor, yo iba tabicada en ese trayecto también” (cfr. su decl araci ón
testimonial a fs. 5621/32).
USO OFICIAL

Para graficar el total de l os padecimientos de los cautivos en este


CCDT, val e recordar las lúci das palabras de la vícti ma-testigo J orge Watts,
quien en su ampliación de declaraci ón de fecha 11 de octubre de 2011,
sintetizando tales hechos relató: “que en ampliación de los di chos vertidos en mi
anterior declaración prestada el corriente año, quiero agregar que considero que mi
cautiverio en la Comisaría de Monte Grande, el cual se extendió unos veinte días,
fue de un sufrimiento equiparable a tortura. Cuando estábamos allí junto a Daniel
Wejchemberg, Darío Emilio Machado y Faustino Fernández, estuvimos sin luz
durante todo el tiempo [...] Cuando pedíam os algo, por ejemplo, cuando yo pedía
porque tenía la rodill a infectaba, y me dolía, los cabos me decían que ahí no había
ningún médico que nos pudiera atender; de entrada ellos decían que ellos no
figurábamos allí y que no se podía hacer nada. A los cabos les pedimos comida y nos
dijeron que no tenían nada asignado para nosotros [...] Para mí, en mi percepción,
durante todo este tiempo estuve todo el tiempo desaparecido, mi familia no sabía que
estábamos allí; por eso no nos llevaban la comida a la dependencia [...] En cuanto a
las condi ciones de detención en la Comisarí a de Monte Grande, q uiero resaltar que
permanecimos durant e los veinte días con la ropa sucia que traíamos de “El
Vesubio”, que como dije, debíamos a veces hacer las necesidades en la celda y nunca
limpiaron ni nos dieron nada para limpiar las mismas; yo tenía i nfectada la rodilla y
Faustino estaba mal de los bronquios, pero nunca nos atendi ó un médico; no
comíamos lo suficiente, como dije el primer día no comimos nada y luego, muy poco;
no teníamos nada nada de luz, estábamos en la oscuridad total, hasta que
conseguimos las velas que nosotros les pedimos a nuestros familiares; y aparte si
bien nosotros sabíamos adónde estábamos porque vimos la dependencia al llegar,
sabíamos que nuestros familiares no sabían nada de nosotros y teníamos prohibido

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consignar en qué lugar estábamos en las cartas que los Cabos leían –ellos lo decían-;
vivíamos con el miedo a ser «desaparecidos», es más nos habían di cho que nos iba a
venir a buscar la misma gente que nos trajo la Comisaría, por lo cual eso aportaba
más miedo, porque veníamos de estar en «Vesubio», estábamos en condiciones
lamentables; las celdas estaban invadidas de bichos, había bichos de todo tipo e
insectos de todo tipo, las que sí identi fiqué fueron las cucarachas que mee
caminaban por encima cuando me acostaba en el suelo, aparte no las veíamos porque
estábamos sin luz. La vela prendida la teníamos poco tiempo, porque si no, se
terminaba. También había olor a pis por todos lados”; oportuni dad en la cual el
testigo, ratificó judicialmente el contenido del libro “Memoria del Infierno”, de
su autoría, Edici ones Peña Lillo Contin ente, el cual al efecto aportó como
prueba a los efectos de la presente causa.
En efecto, lo detall ado precedentemente, da cuenta de que el
sufrimiento infligido a las víctimas lo era mediante la supresión de sus
necesidades básicas y el completo aisl amiento del mun do exteri or, ya que
como se ha señalado, las personas secuestradas fueron sometidas a las
condiciones infrah umanas descriptas, constitutivas del deli to de tormentos
conforme se habrá de verificar más adelante.
3.4. Autoridades y personal a cargo de la Comisaría
En el centro clandestino denominado “Comisaría de Monte Grande”
que operó en las i nstalaciones de la Comisaría 1ª –o 60- del Parti do de
Esteban Echeverría, se desempeñó personal de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires.
Al respecto, en el período que aquí interesa -juli o de 1976 hasta
octubre 1978-, en el que la Comisaría habría funcionado como centro
clandestino de detención, quienes desempeñaron funciones en calidad de
Comisarios fueron: Roberto Guillermo Andreasevich desde 23/09/1974 a
10/08/1976, Tomas Antonio Micci desde el 23/06/1976 hasta el 25/11/1977 –
fallecido-, y Guillermo Néstor Díaz, desde el 25/11/1977 h asta el 15/11/79
(cfr. nómina remi ti da por el Ministerio de Seguridad y Justicia de la
provincia de Buenos Aires, que l uce gl osada a fs. 5256/68).
Es así q ue, al momento de determinar quiénes han partici pado
del cautiverio de quienes f ueran deten idos il egalmente, es clave tener en
cuenta el copioso plexo probatorio, en el que cabe destacar, además de la
citada nómina, y los legajos personal es de los efectivos, los relatos de las
víctimas.
Las vícti mas coinci den al destacar que el entonces Comisario a
cargo, Guillermo Néstor Díaz no manten ía un contacto di recto con ellos, sino
a través de los cabos, que eran qui enes tenían a su cargo la vigilancia de los
detenidos. Sin perj uicio de ell o, surge de vari os relatos que una vez

146
Poder Judicial de la Nación

ingresados en la Comisaría, su primer contacto l o manten ían con el Comi sari o


Díaz en su despach o, a modo de “reci bimiento oficial”, oportunidad en la
cual aquél los recibía con un monólogo de tipo correctivo y disuasivo de las
acciones que en la Comisaría debían seguir (cfr. acta de inspección ocular en
la Comisaría Primera de Monte Grande a fs. 5469/76, Declaración Faustino
José Fernández fs. 5331/5).
En este sentido, debemos recordar que el primer testimonio que
hace referencia a Guillermo Néstor Díaz es el de Ramón Miralles (cfr. fs.
8972/9000), al ojado en el centro citado a parti r de j unio de 1977; y que
también Juan Ramón Nazar, detenido el 21 de j ulio de 1977; y Faustino
Fernández, detenido ilegalmente el 10 de agosto de 1978, mencionaron que
quien oficiaba de Jefe del centro clandestino era el “Comisario Díaz” (cfr. fs.
5121/3 el Legajo perteneciente a Nazar y a fs. 8647/9 los de Pedro Goin y
Alberto Liberman). El testigo Jorge Watts, detenido el 15 de septiembre de
1978, mencionó que una vez ingresados a la Comisaría fueron recibidos por el
USO OFICIAL

“el Comisario Díaz”, quien, como primera medida se encargó de hacerles saber
las condiciones en las que se encontrarían durante su cautiverio en dicho
sitio.
Al respecto, Ramón Miralles, con relación al titular de la
comisaría recordó: “... lo que puedo decir es que en Monte Grande, como
consecuencia del cambio del titular de la Unidad, el Comisario que se hizo cargo
mejoró notablemente nuestra situación y venía a vernos, conversaba con nosotros,
creo que era el comisario DÍAZ”.
Prosiguiendo con su relató manifestó, “El primer Comisario no nos
quería ver, no lo vimos nunca... ni nos quiso tratar. Pero el segundo Comisario que
vino, venía y charlab a con nosotros, hablaba de política, nos contaba de su vida
privada, se pensaba casar “(fs. 9017 vta.).
Por su parte, Juan Ramón Nazar refi ri ó: “Ese lugar después nos
enteramos que se trat aba de la Comisaría 60 de Monte Grande [ ...] el jefe de esa
comisaría era un comisario de apellido Díaz, que vino a hablar en distintas
oportunidades con nosotros” (fs. 8972/ 9000).
A su turno, Faustin o José Fernández, q uien fue trasladado a la
citada dependencia el 15 de septi embre de 1978, refi ri ó “Los policías
estacionaron el vehículo adentro de la Comisaría, nos bajaron y Tetzlaff fue a hablar
con el Comisario. Luego a nosotros nos introdujeron en el despacho de éste último,
cuyo nombre no recuerdo, y él manifestó que nosotros nos encontrábamos en la
Comisaría a modo de depósito, que nos habían llevado hasta allí los verdes y que sólo
ellos podrían movernos del lugar o cambiar nuestra situación, que él no estaba
autorizado a trasladarnos”. En este senti do, es oportuno poner de resalto que
en la fecha en que Fernández es llevado a la Comisaría de Monte Grande, tal

147
como surge de la ci tada nómina y del l egajo personal de Guillermo Néstor
Díaz, este último era quien estaba a cargo de la dependencia (cfr. su
declaración de fs. 5331/5).
En forma análoga, relató Jorge Federico Watts “Inmediatamente
nos llevaron al despacho del comisario, cuyo nombre no recuerdo, y él nos dijo que
estábamos a disposición de “los verdes”, q ue él la única responsabilidad que tenía
era la de mantenernos allí, y que en algún momento nos i rían a buscar”.
Continuando con su relato, mencionó que Mancuso y Delgado pertenecían al
personal subalterno de l a Comisaría, q ue estaba todos los días, y que las
órdenes las recibían del Comisari o, qui en les había mencionado al ingresar
“que ahí estaban guardados, que era un lugar de tránsito”. (cfr. su declaración
testimonial de fs. 5147/53).
Concordantemente, en ocasión de practicarse la inspección
judicial en la citada Comisaría, narró “q ue el Comisario les dio una arenga, que
les dijo que estaban a disposición de “los verdes”, que los iban a tener acá no sabía
hasta cuándo, que si intentaban escapar, los mataban; y que no quería nada de
cartitas, que fue una cosa fría y distante y que luego los llevaron al fondo” Aquí
debo referirme nuevamente a l a coinci dencia entre lo manifestado por el
testigo y la nómina agregada a fs. 5256/64, de la que surge que Guill ermo
Néstor Díaz revisti ó la calidad de comi sario entre el 25-11-1977 y el 15-01-79.
(cfr. acta de inspecci ón ocular en la Comi saría Primera de Monte Grande a fs.
5469/76).
Se advi erte de los relatos de las vícti mas, que durante el l apso en
que el ti tular de la comisaría fue Tomás Antonio Micci, n o habrían tenido
trato alguno con él. En la mayoría de los casos, incluso desconocían de quién
se trataba. Esta situación fue cambi ando, cuando el titular de la Comisaría
pasó a ser Guillermo Néstor Díaz, pues además de participar en el
“recibimiento oficial”, al que hiciera referencia anteriormente, visitaba a
algunos de los detenidos en sus calabozos. Al respecto, como detall aré más
adelante, el Comi sario visitaba a los cuatro cautivos q ue habían desempeñado
cargos públicos durante el Gobierno de Victorio Calabró, a saber, Pedro
Augusto Goin, Alberto Sal omón Liberman, Juan Ramón Nazar, y Ramón
Miralles (cfr. sus testimoniales de fs. 8989/9005, 9033/ 54, 8972/88 y
9016/32).
De acuerdo a tales elementos, nos encontramos en condiciones de
afirmar que el Comi sario Guillermo Néstor Díaz fue qui en sucedi ó a Tomás
Antonio Micci en la conducci ón del centro, tal como surge de la citada
nómina (fs. 5256) y que el mismo estuvo en ejercicio de tal mando hasta q ue
la Comi saría de Monte Grande f ue dejada de usar como centro de detención.

148
Poder Judicial de la Nación

A esta altura, cabe destacar que las referencias a Díaz como


Comisario a cargo de la dependencia, revisten en esta i nstancia carácter
descri ptivo en relaci ón al personal a cargo de la Comisaría, toda vez que en
relación al nombrado –quien f ue procesado el pasado 27 de diciembre de
2011-, el pasado 28 de marzo de 2012, se declaró extingui da la acción penal
por fallecimiento, y en consecuencia, se decretó su sobreseimiento (cf r. fs.
12.457/8).
Asimismo, he de destacar en rel ación al personal a cargo de la
dependencia, que las vícti mas han manifestado que el Subcomisario Alberto
Oscar Zal azar -fallecido el 26/09/ 1996- , quien se desempeñó como Jefe de
Personal en la citada dependencia, tuvo una participación activa en lo que
significo sus cautiverios.
Así, según sus relatos, y las referencias que de ell o les hacían los
mismos cabos, era Zalazar quien se encargaba de lo que atañía a los
reclui dos, y en consecuencia, de quien emanaban las órdenes de cómo debían
USO OFICIAL

ser tratados y/o vigi lados (cf r. nómina obrante a fs. 5256/68) .
Ello fue puesto de manifiesto por los mismos cabos, así vemos,
que Francisco Daniel Mancuso destacó “Zalazar, cuando llegaron estas cuatro
personas, nos dijo a todos que tengamos ojo, con hablar o con t ener contacto con
ellos. No nos dio precisiones de de dónde venían, pero por la forma en que llegaron
uno ya se imaginaba”. Agregó, “Casi me echan, diciendo el subcomisario «usted es
un infidente, una basura». El apellido del Subcomisario era Zalazar, quien a su vez
era el Jefe de Personal. El Comisario era Díaz, era un hombre buenísimo no se metía,
el que manejaba todo era Zalazar”.
A su turno, Nildo J esús Delgado refiri ó: “el subcomisario Zalazar
era un hombre grandote pero no tenía mucho contacto con nosotros. Y el comisario
Díaz vivía arriba de la comisaría, tenía una vivienda ahí. Yo no t enía contacto con
el Comisario. Con el subcomisario un poco más”.
Ahora bien, de las constancias relevadas de l os legajos personales
y demás documentación con la que con tamos, permi ten adverti r que en lo
atinente al personal que se encontraba a cargo de los detenidos, según sus
propios relatos y conforme surge de la nómina antes referida, quienes
mantuvieron un contacto coti diano con el los fueron: Alberto Faustino Bulaci o
–cabo desde 1/02/ 1975 a 24/04/85-, Nildo Jesús Delgado - cabo desde
01/08/1975 a 24/03/1983-, Jorge Gauna -cabo desde 1/01/1967 a 27/05/1987-
, y Daniel Francisco Mancuso –cabo desde 19/07/1978 a 5/ 12/1983-.
Pasando revista por la versión aportada por cada un o de las
víctimas, surge que quienes estaban a cargo de los detenidos eran aquell os
efectivos q ue poseían el cargo de cabos. Ellos cumpl ían tareas de imaginaria,

149
se encargaban de vi gilar los calabozos, y eran los únicos que mantenían un
contacto di recto y cotidiano con los cautivos, cumpliendo tres turnos al día,
de ocho horas cada uno.
En efecto, eran los encargados de “ali mentar” –con los alcances
señalados- a l os recl uidos, de procurar el acceso a los baños para realizar sus
necesidades fisiol ógicas e higienizarse, y quienes eventualmente deberían
hacer conocer sus reclamos al Comisario a cargo de la dependencia, oficiando
de nexo entre ell os. No obstante, de las decl araci ones of recidas por las
víctimas se advierte que el tratamiento que se les daba no era el mismo que
los presos comunes.
En pri mer lugar, porque las propi as vícti mas manifestaron que en
ocasiones pasaban días enteros sin que los Cabos fueran a los calabozos,
como si no existi eran en la dependencia, desoyendo sus ll amadas ante las
diversas penurias q ue debían padecer. Así, entre l os testi monios ofreci dos
podemos destacar el de Liliana Latorre, quien refi rió “Que en una oportunidad
fue al lugar en que estaban alojadas un guardia, quien les comuni có que el Ejército
las había dejado en el lugar, sin ningún tipo de orden, que por el lo él no tenía por
qué hacerse cargo de ellas”. Ellos les recordaban, cada vez que podían que se
encontraban alojados all í en carácter de incomunicados, y por di sposición de
“los verdes”, y q ue por ell o se olvidaban de su presencia, excusándose de ese
modo, por n o atender a sus req ueri mientos (cfr. fs. 5469/76).
Otro testi monio q ue da cuenta de l a situaci ón en la que se
encontraban los detenidos, y el trato que por ello recibían de las autori dades
y personal de la Comisaría, es el de Jorge Watts, qui en refi rió “Eran personal
subalterno de la Comisaría, estaban todos los días; las órdenes las recibían del
Comisario […] Los cabos nos comentaban que no figurábamos en ningún lugar como
que estábamos allí […]Cuando pedíamos algo, por ejemplo, cuando yo pedía porque
tenía la rodilla infectaba, y me dolía, los cabos me decían que ahí no había ningún
médico que nos pudiera atender; de entrada ellos decían que ell os no figurábamos
allí y que no se podía hacer nada […] Alguna vez pedí hablar con él, pero el único
contacto era con estos Cabos, y calculo que sería una cosa interna, para q ue no todo
el personal se mezclara con nuestra situación. Los Cabos nos decían que no
estábamos ahí formalmente” (idem).
También Watts declaró –conforme ampliación de fecha 11 de
noviembre de 2011- : “El día que Faustino [Fernández] se sentía mal, yo pensé que
se moría, esto habrá sido a la 1 de la mañana y nadie vino en ayuda, golpeaba la
puerta de chapa, y no se escuchaba ni siquiera que algún policía anduviera allí,
estábamos en el fondo de la Comisaría. Si te morías, a la mañana habrían recogido el
cadáver. Al Comisario lo vimos sólo una vez al llegar, luego nunca más. Alguna vez
pedí hablar con él, pero el único contacto era con estos Cabos [...] Los Cabos nos

150
Poder Judicial de la Nación

decían que no estábamos ahí formalmente. Para mí, en mi percepción, durante todo
este tiempo estuve todo el tiempo desapareci do”.
De este modo, queda claro q ue el trato de los guardias para con
los detenidos, supon ía una consecuencia necesaria de la cali dad de depósito
en la que se encontraban. Si bien, existen períodos en los que las víctimas,
manifiestan que los guardias eran los mismos para todos los presos, y otros
en los cuales, refieren que se habían designado ef ectivos exclusivos para su
vigilancia, la atención a sus reclamos siempre fue paupérrima, y en ocasiones
nula (cfr. testi monios a fs 5469/76, fs. 5621/32, fs. 5667/71 y fs. 5433/43) .
Como se dijo, a excepción del “recibimiento oficial” el Comisario
no accedía de los calabozos, al menos al sector en el cual eran alojados l os
detenidos ilegales, y sólo muy pocas víctimas relataron haber mantenido
contacto con él, entre quienes figuran aquellos q ue f ueron privados
ilegalmente, en tanto se habían desempeñado como f uncionarios del Gobierno
de la provincia, Ramón Mirall es como Ministro de Economía, J uan Ramón
USO OFICIAL

Nazar como Presidente de la Comisi ón Económica, Pedro Augusto Goin como


Ministro de Asuntos Agrarios y Alberto Salomón Liberman como Ministro de
Obras P úblicas, todos ellos durante el gobierno de Victori o Calabró, antes del
golpe institucional que significó el último gobierno de facto (cfr. sus
testimonios obrantes a fs. 8972/9000) .
En consecuencia, el resto de los cauti vos acudían a qui enes
cumpl ían tareas de vigilancia, y podían únicamente –y sólo a veces- a través
de ellos, hacer conocer sus requerimien tos al comisario. Del mismo modo,
sólo a través de los guardias, ellos podían conocer alguna referencia de su
situaci ón de detenci ón, y abastecerse de los alimentos y demás elementos
básicos.
A ello se suma que, las condiciones de alojami ento eran
misérrimas –tal y como fuera analizado en el consideran do tercero, apartado
3.3- y sus necesidades básicas no eran satisfechas, por l o que debieron
procurárselas ellos mismos, y a cambio de “cualquier precio”. Esta situación
fue utilizada por l os guardias, y generó que, al menos dos de los cabos,
Mancuso y Delgado, comenzaran a desarrollar una especie de negociaci ón,
mediante la cual proveían a los cautivos de lo que precisaban, a cambio de
dinero.
Así, comenzaron a contactar a los fami liares de los cautivos, a
quienes hacían entrega de las cartas escritas por los detenidos, las que eran
previ amente leídas a modo de control por l os guardias, y a cambio de aq uel
“favor” la familia les pagaba una cierta cantidad de dinero, y les entregaba

151
los elementos que l os detenidos les requerían, en el mayor de l os casos
alimentos.
De este modo, entre las declaraciones, corresponde citar los
dichos de Jorge Watts, quien relató “…hubieron dos cabos, uno de apellido
Delgado y otro llamado Daniel Mancuso, que empezaron a negociar con ellos para
llevarle cartas a sus f amiliares a cambio de un pago, que actuali zado sería de unos
25 dólares aproximadamente; que ellos les tenían que dar los datos de un familiar al
cual ellos iban a ver, recibían el pago correspondiente y les llevaban una carta de
sus familiares; Que estos dos cabos también le llevaban cartas a sus familiares, con
la indicación de que no podían indi car en q ué lugar se encontrab an; que en alguna
oportunidad incluso sus familiares a través de estos dos cabos les hicieron llegar
plata, con la cual el personal de la Comisaría fue a comprar pan, facturas o velas
que les llevaban a ellos” (idem).
De modo concordante, declaró Faustino Fernández “Creo que al
otro día fue que empezaron a actuar dos Cabos: uno de apellido Delgado, que creo
que era de un grado superior que el otro, q ue se llamaba Daniel Mancuso. Ellos nos
traían comida de vez en cuando y fueron las personas con las que pudimos
interactuar en la seccional. Recuerdo que Mancuso tenía una cruz esvástica en el
llavero y la mostraba casi buscando un acercamiento. Creo que fue a él a quien
entonces le preguntam os qué había querido decir el comisario con l o de las cartitas y
él nos respondió que si nosotros queríamos tener algún contacto con nuestros
familiares, por ejemplo, para que nos mandaran comida, podíamos hacerlo a través
de él, y nosotros de al gún modo le ofrecimos algo de dinero a cambio” (ibid.).
Al respecto debo señalar que conforme la ya citada nómina
agregada a fs. 5256/64, una persona ll amada Nildo Jesús Delgado prestó
funciones en la Comisaría de Monte Grande entre el 01-08-1975 y el 24-03-
1983, y que una persona llamada Daniel Francisco Mancuso prestó funciones
en la Comisaría de Monte Grande entre el 19-07-1978 y el 19-12-1985, hechos
que corroboran la veracidad de lo dicho por los testi gos.
Se deja constancia de que los nombrados se encuentran
imputados en el marco de estas actuaci ones, a la vez que se halló en la misma
situaci ón el entonces Cabo Omar Jorge Gauna, con respecto a qui en se
suspendió el proceso en orden a lo preceptuado en el art. 77 del C.P.P.N., en
fecha 11 de noviembre de 2011.
Con respecto al reci én mencionado, vale recordar que la testigo
Sara Dol ores Pesci , manifestó “alguno creo que tenía tonada de Corrientes, o de
Entre Ríos, que era el que me daba las bolsas con los restos de comida de ellos,
caldos, sopas […] Gauna me suena pero no recuerdo el contexto en que lo escuché”.
En igual senti do, relató Nazar, conforme surge del Legajo
CONADEP 1557 -obrante a fs. 5018/9- “Esta vez se trataba de la Comisaría 60 de

152
Poder Judicial de la Nación

Monte Grande, a cargo de un comisario Díaz. Mediante este expediente nuestras


familias pudieron saber que estábamos vivos y semanalmente nos hacían llegar
comida a través del Cabo primero Gauna, que prestaba servicios en esa Comisaría.
Todo por supuesto se hacía en forma no ofici al”.
Así, debo destacar q ue conforme la ya citada nómina agregada a
fs. 5256/64, una persona llamada Jorge Gauna prestó funciones en la
Comisaría de Monte Grande entre el 01- 01-1967 y el 27-05-1987, y que según
se desprende de su legajo personal, el nombrado es oriundo de la provincia
de Corrientes. Ambas circunstancias corroboran la veracidad de lo dicho por
los testigos, y como he adelantado el n ombrado Gauna f ue imputado en el
marco de estas actuaciones.
Durante el período q ue aquí interesa, fueron nombrados a su vez,
el cabo Alberto Faustino Bulacio, y el cabo Ferreyra, sin especificar con
respecto a este úl ti mo, otras precision es que permitan su identificación,
hecho que por el momento no fue posibl e dado que en la citada dependencia
USO OFICIAL

fueron más de uno los que cumplieron funciones y poseían tal apellido. En
este sentido, Sara Dolores Pesci, en ocasión de ser preguntada para que
indique a q uien recordaba de los efecti vos que prestaron servicio en dicho
sitio, refi rió “Ferreyra y Bulacio también me suenan”.
A su vez, Mercedes Borra, en ocasión de deponer ante esta sede,
relató un epi sodi o en el que fue llevada a una oficina, donde personal militar
la interrogó y uno de ellos la golpeó en los oídos con las manos cóncavas, lo
cual le provocó un dolor muy intenso y la dejó sorda por mucho tiempo, y
agregó “Que después de ese golpe, la vuelven a golpear y la llevan nuevamente a su
calabozo y el que le q uita las vendas y le desata las manos fue el que cree q ue era
cabo, Bulacio. Que estuvo en el mismo sector de calabozos con ellos dos hasta la
noche del 15 de septiembre, cuando el Cabo Bulacio los saca al pasillo de los
calabozos”.
Una vez relatado el momento en el cual fue violada, y efectuada
la descri pción del cabo que lo hizo, agregó “una noche en que vino este guardia
le pregunté a Alberto cómo se llamaba, y me dijo que era el cabo Ferreyra, pero no
su nombre. También me dijo el apellido de otro de los guardias nocturnos, que era
Bulacio. Éste era más correcto, nos dio un trato humano, no se aprovechaba de la
situación. Era de piel trigueña, pero no tan oscura como Ferreyra. Relativamente
gordo, un poco más alt o y también un poco m enor de edad que aquel ”.
Al respecto, es menester señalar q ue conforme la ya citada
nómina agregada a fs. 5256/64, una persona llamada Alberto Faustino Bulaci o
prestó f unciones en l a Comisaría de Monte Grande entre el 01-02-1975 y el 24-
04-1985, hecho que corrobora la veraci dad de lo dicho por los testigos. El
nombrado se halla i mputado en el marco de estas actuaciones.

153
3.5. Su situación en el área 112
La Comisaría de Monte Grande, se halla situada en la locali dad
homónima, parti do de Esteban Echeverría, provincia de Buenos Aires, por lo
que se encontraba emplazada en territorio bajo jurisdi cción del Primer
Cuerpo del Ejército.
Dentro del diseño terri torial en Zonas de Defensa, Subzonas y
Áreas, la Comisaría de Monte Grande se encuentra asentada en territorio
asignado a la j urisdicción de l a Subzona 11, de la cual fue Jefe desde
diciembre de 1975 hasta diciembre del año siguiente, el fallecido General de
Brigada Adolfo Sigwald, habiendo asumido luego el también fallecido
General J uan Bautista Sasiaiñ, entonces a cargo de la Bri gada de Infantería
Mecanizada X, con asiento en Palermo, Capital Federal.
El Jefe del Área 112, donde se ubica la citada localidad, era el Jefe
del Regimiento de Infantería Mecanizada –Regimi ento III de Infantería de La
Tablada “General Belgrano”-, habiendo revistado como tal, desde el 6 de
diciembre de 1975 hasta el 5 diciembre de 1977, el Teniente Coronel del
Ejército Argentino Federico Antonio Minicucci; y sucesi vamente, hasta el 31
de diciembre de 1979 el Teniente Coronel del Ejército Argentino Faustino José
Svencionis.
En este punto cabe destacar que, conforme a lo manifestado por
las vícti mas que estuvieron cautivas en el CCD “Comisaría de Monte Grande”,
si bien el lugar funcionaba como una dependencia de l a Policía de la
Provincia de Buenos Aires, se puede afirmar que los detenidos estaban a
disposición del Ejército, conforme al di agrama de autoridades visualizado
precedentemente, l o cual se detallará a continuación.
En este sentido, Liliana Latorre refirió q ue “después de varios días
fue un guardia y les dijo que se habían olvidado que ellas estaban allí porque el
Ejército las había depositado allí sin ningún tipo de orden” (cfr. fs. 26.181/99 de
“Vesubio”). Lo mismo fue declarado por Mi guel Ángel Acevedo, qui en
expresó que estaban abandonados, que el Ejército no iba a verlos, únicamente
los dejaron ah í como si no existi eran.
Otro testi monio que da cuenta de la presencia del personal del
ejército en la citada dependencia es el de Sara Pesci, qui en refirió “Cuando me
trasladan de Monte grande a la cárcel sí me trasladan personas uniformadas de
militares, verde oliva liso, con una gorra roj a, y un brazalete que decía «P.M.», que
creo que es policía militar” (cfr. fs. 5621/32).
En ocasión de practicarse la inspección judicial en las
instalaciones de la Comisaría de Monte Grande, cuando los testigos hubieran
ingresado a la sala que se encuentra frente a las letrinas; Mercedes Borra,

154
Poder Judicial de la Nación

rememoró que en ese lugar le sacaron las vendas de los ojos, le desataron las
manos, y un hombre con uniforme poli cial le leyó un ofici o en el que se le
comunicaba que se encontraba en la Comisaría de Monte Grande y en el que
también se nombraba a las Fuerzas A rmadas aunque no recordó en qué
términos lo hacía (cf r. fs. 5469/76).
A su vez, en ocasi ón de deponer ante esta sede la testigo relató
un episodio en el cual fue sacada del cal abozo y llevada a un a celda en la que
no había nadie. Allí un hombre la hizo sentar de espaldas a la puerta de
entrada y se sentó frente a ella, en ese momento pudo percibir que había
otros hombres en el lugar. Acto seguido, el hombre, q ue según sus dichos
hablaba con una voz muy baja pero autoritaria e infundía mi edo, le preguntó
cómo se llamaba y todos sus datos personales, si tenía amigos que militaran,
si pertenecía a la organización Monton eros, al ERP, a la CNU –Comando
Nacional Universitario-, a la CDO –Comando de Organización- o a la Tri ple
A. En ese momento le pidió a uno de los guardias que le quitara las vendas y
USO OFICIAL

la amenazó con que si llegaba a abrir l os ojos «la iba a reven tar», y le gol peó
los oídos con las manos cóncavas, que le dejó una sordera parcial en el oído
izquierdo.
Aclaró la nombrada que mientras sucedía aquel episodi o, pudo
ver por debajo de las vendas que ese hombre usaba unas botas col or
caramel o, hecho que le hizo suponer q ue era del Ejército (cfr. fs. 5433/43) .
En relación a la presencia de person al del Ejército, Ricardo
Daniel Wejchemberg, refirió en ocasi ón de deponer ante esta sede “…el 14 de
septiembre se presenta el Mayor diciendo que tenía orden de trasladarlos y los
llevan –previo escala en Gral. Paz y Ricchi eri- a la Brigada de I nvestigaciones de
Lanús. Que al día siguiente, en un celular de la Policía de la provincia los llevan a
la Comisaría [sic.] de Monte Grande. Que allí los recibe el Comisario, les habla y les
dice que están a disposición del Ejército e incomuni cados” (cfr. fs. 18.692 de la
causa 14.216/03).
Por su parte, la testi go Liliana Latorre, en ocasión de practicarse
la inspección judici al sobre la citada dependencia policial, refiri ó “…q ue
ingresó tabicada, caminando y que no pudo ver la entrada ni recuerda detalles al
respecto; mientras q ue la testigo Borra refiere que fue bajada del camión que supone
del Ejército, con las manos atadas y los ojos vendados” (fs. 5469/76).
A mayor abundami ento, es dable resaltar l os dichos de Juan
Ramón Nazar, quien al respecto mencion ó “... en la noche del 24 de agosto nos
avisan que íbamos a quedar en libertad, que estuviéramos preparados. Serían las 24
horas cuando nos llevan a una oficina, suponemos que era una ofi cina, nos cubren la
cabeza con un pulóver que llevábamos puesto y un señor que se auto titulaba
Coronel del Ejército nos habló durante 15, 20 minutos para decirnos que íbamos a

155
salir en libertad, que esta libertad había sido dispuesta por las Fuerzas Armadas,
que éramos personas honestas, que no teníamos ningún cargo, que esto era
consecuencia de una guerra sucia, que olvidáramos lo que habíamos pasado, que
hiciéramos de cuenta que esto fue una página en blanco en nuestras vidas y que las
Fuerza Armadas habían sido magnáni mas, puesto que hub iera sido más fácil
para ellos eliminarnos físicamente porque los desaparecidos no hablan” (actas
mecanografiadas de la causa nro. 13/84, a fs. 729/ 737 destacado agregado) .
Asimismo, sin perj uicio de las apreci aciones de las propias
víctimas que se ten drán en cuenta en el desarrollo del presente punto, cabe
destacar en este sen tido que en el legaj o de prueba nro. 675 de la Excma.
Cámara del f uero, relativo a Mercedes Borra, obra a fs. 99/100 del mismo, un
informe remitido por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que da
cuenta del ingreso de la nombrada a la Comisaría de Monte Grande, l ugar al
que fue llevada desde el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, y en cual se
deja asentado que Borra ingresó a dicha Comisaría “procedente del Primer
Cuerpo de Ejército, a disposición de la Justicia Militar”, en parti cular, del Área
112. En aquella época, el titul ar de la Comisaría de Monte Grande, era el
Comisario Tomás Mi cci Rossi. (cfr. fs. 113 de dicho Legajo).
Se advierte de los relatos efectuados por las vícti mas, que a la
circunstancia de permanecer cautivos en la Comisaría por disposición del
Ejército, se sumaba el hecho de que eran efectivos de las f uerzas armadas
quienes se encargaban de sus traslados entre los dif erentes centros, y quienes
realizaban los interrogatorios en la citada dependencia. Así, veremos que ha
sido nombrado recurrentemente por los detenidos, el entonces Mayor Hernán
Antonio Tetzl aff (ya fallecido), quien en tre enero de 1977 y octubre de 1978
prestó servici os en el Batall ón de Logísti ca X de Villa Martell i.
Al respecto, Carl os Faustin o Fernández, en ocasión de prestar
declaración ante esta sede, relató “El día 15 de septiembre en horas de la tarde
fuimos trasladados los cuatro a la Comisaría 1ª de Monte Grande. Del Batallón de
Logística 10 hasta Lanús nos trasladó el Mayor Tetzlaff en una camioneta del
Ejército. Desde Lanús hasta Monte Grande fuimos llevados en un celular de la
policía, como presos comunes, pero Tetzlaff iba detrás con su camioneta. Los que
estaban en el móvil policial eran uniformados de la Policía bonaerense, no recuerdo
que se hayan identificado de algún modo, ni los podría describir físicamente…Los
policías estacionaron el vehículo adentro de l a Comisaría, nos bajaron y Tetzlaff fue
a hablar con el Comisario […] Sorpresivamente, el día 5 de octubre personal policial
nos trasladó hasta el patio de la seccional, donde nos estaba esperando Tetzlaff. Él
nos llevó en una cam ioneta hasta la Unidad nro. 9 de La Plata, donde est uvimos
alojados hasta el día 22 de mayo de 1979. Detrás de la camioneta de Tetzlaff había
otra que iba a modo de custodia, cuando salimos de la comisaría vi al hombre que la

156
Poder Judicial de la Nación

manejaba, que estaba vestido de civil, era bajito y tenía bigotes y por su voz me
pareció reconocer a una persona de “Vesubio” que llamaban “techo”; yo no lo vi en
“Vesubio” pero lo identifiqué por la voz” (fs. 5331/5).
Continuando con el relato de los hech os indicó “Que estuvo en
Villa Martelli aproximadamente 48 hs., después de lo cual son trasladados, en una
camioneta del Ejércit o, a la Comisaría de Lanús, donde están una noche -por lo
menos todos los hombres-, y al día siguient e son llevados a la Comisaría de Monte
Grande; que en dichos traslados intervino el Mayor Tetzlaff Que en Monte Grande
los alojaron en los calabozos de castigo [...] Que en la Comisaría de Monte Grande
estuvo aproximadamente un mes; que a mediados de octubre se presenta en la
Comisaría el Mayor Tetzlaff junto a «Tech o» que era uno de los integrantes de la
«patota» que operaba en el centro clandesti no de detención, que estos los trasladan
a la Unidad 9 de La Plata” (cfr. Legajo 728, obrante a fs. XX de “Vesubio”).
En igual senti do, en ocasión de llevarse a cabo la inspección
judicial en la citada dependencia, Jorge Federico Watts enun ció que, la n oche
USO OFICIAL

del 12 de septiembre del año 1978 junto con otras sei s personas, fue llevado
desde el CCDT “El Vesubio” al Batal lón Logístico 10, don de a l os pocos
minutos soldados del Batallón, comandados por el segundo j efe de la unidad,
que era el entonces Mayor Hernán Tetzl aff –que a su vez era uno de los jefes
de la patota de “El Vesubio”- l os sacaron de la cami oneta, dándoles un
discurso. Luego fueron trasladarl os por él a la Comisaría de Monte Grande.
Agregó q ue Tetzlaff posteriormente lo va a buscar a Monte Grande con dos
vehícul os mili tares y un grupo de sol dados exactamente el 5 de octubre de
1978 para trasl adarlo a la Unidad nro. 9, junto con sus compañeros. Al
respecto menci onó la existencia de un recibo oficial firmado por el Prefecto
Mielniezuk, con otro “error”: figuraban como procedentes del Batallón de
Logística cuando en realidad ven ían desde Monte Grande.
Por su parte, Darío Emilio Machado, rel ató “del centro de detención
«Vesubio» fui trasladado junto a Jorge Watts, Daniel Wejchemberg, y Faustino
Fernández en una camioneta del Regimiento de Logística 10 de Villa Martelli y
luego sucesivamente a dos comisarías, una de ellas la de Monte Grande donde fui
visitado por un militar apodado «Teco», que vino acompañado por otro militar” (cfr.
su testimonial obran te a fs. 1454) .
Asimismo, en oportunidad de prestar declaración testi monial
ante este Tribunal, Darío Emilio Machado explicó que el mayor Hernán
Tetzlaff era el enlace entre l os diversos centros de detenci ón de la zona.
A mayor abundami ento, resul ta oportuno destacar los dichos
vertidos por Hernán Antonio Tetzlaff, en ocasi ón de prestar declaración
indagatoria en el marco de la causa n° 14.216/03 -de trámite ante este
Tribunal-, quien rel ató que “el cinco de octubre de 1978, efect uó un traslado de

157
cuatro hombres desde una Comisaría de Esteban Echeverría a la U nidad Carcelaria 9
de La Plata que se encontraban a disposici ón del Consejo de Guerra Estable 1/1”
(cfr. fs. 932/6). Aquí debo ref eri rme a las declaraciones testimoniales de Jorge
Federico Watts (fs. 5147/53), Ricardo Daniel Wejchenberg (fs. 18.692 de la
causa nro. 14.216), José Carl os Faustino Fernández (fs. 5331/ 5) y Darío Emili o
Machado (fs. 1454), en las que se advierte que los cuatro son trasladados el 5
de octubre desde la Comisaría de Monte Grande a la Unidad 9, por el mayor
Tetzlaff.
A fs. 10/12 del legajo de prueba 494, obra un listado similar con
personal de di stintas fuerzas que operaron en “El Vesubio”. Así mencionó,
entre otros, a Hern án Tetzlaff, (1977/1978) (cfr. Legaj o 494 que conti ene
declaraciones prestadas por Néstor Norberto Cendón ante la CONADEP
reservado en Secretaría a fs. 18.144 de la causa n ro. 14.216/03).
Jorge Federico Watts relató, respecto de las circunstan cias
relativas a su liberación “Poco después, el 5 de octubre del 78, aparece
nuevamente en escena nuestro «amigo» el mayor Hernán Tetzlaff a buscarnos […]
Nos pregunta como lo habíamos pasado, preguntas cargadas de un nada sutil humor
negro, y nos anuncia también que a partir de ahora las cosas van a cambiar, que
íbamos a estar en un pabellón con todos los demás presos políticos, que íbamos a
comer regular y relat ivamente bien, que íb amos a tener asistencia médica cuando
nos hiciera falta, y lo más importante: que íbamos a tener un régimen semanal de
visitas de nuestras familias” (cfr. pág. 103 del libro “Memoria del Infierno” de
Jorge Federico Watts, reservado en Secretaría a fs. 5147/ 3).
En lo que se ciñe a los interrogatorios ef ectuados en la Comi saría
de Monte Grande, surge del testi monio de las víctimas que eran realizados
por personal militar, personal del Servici o Penitenciari o Federal.
Veamos, al respecto la declaración de Horaci o Vivas quien
manifestó “[q]ue «El alemán» o «Neuman», a quien reconoció como Alberto
Neuendorf, fue una de las personas que lo torturó tanto en «Vesubio» como en la
«Comisaría de Monte Grande»”.
De igual modo, en su declaraci ón ante l a Conadep, aclaró q ue, si
bien no le consta que esta persona haya sido q uien empuñaba la picana,
indudablemente participaba activamente de los interrogatori os, ante lo cual,
especificó “...que está absolutamente seguro que se hallaba presente en cada
oportunidad en que f ue apremiado pues su voz era la que escuchab a siempre en esos
momentos. Durante las pausas puede recordar sus preguntas que se acompañaban
rítmicamente con el golpeteo de una porra, presumiblemente de goma, sobre una
mesa, la que seguramente era empuñada por el alemán por la adecuación si ncrónica
entre el golpeteo y las preguntas. La voz del alemán le resultaba inconfundible pues

158
Poder Judicial de la Nación

era él el que daba las órdenes respecto al incremento del voltaje como si estuvieran
operando con un transformador de voltaje” (fs. 5550/4).
Con respecto a las torturas recibi das en tal sitio, señal ó: “entre las
personas que iban a interrogarme y que comandaba el equipo de tortura, el jefe, lo
llamaban «el alemán», esta persona continuó «visitándome» en otros centros de
detención en los que más tarde estuve. Este señor, llamémosle de esa manera, en
alguna de esas ocasiones, calzaba borceguíes, es decir, vestimenta o calzado militar
[...] «el alemán» acudí a con su equipo y sus eléctricos, llamémoslo así, a torturarme.
En realidad nunca me preguntaron nada, pretendían que yo hablara, pero no se de
qué querían que hablara. Las úni cas preguntas que me hicieron también fueron
disparatadas, porque querían que les dijera dónde vivía Firmenich y dónde vivía
Santucho”.
A esta altura del análisis, es dable destacar que en el legaj o de
prueba 949 (a f s. 8/ 9) obra un li stado confeccionado por Cendón en el q ue
consta el personal q ue actuó en el CCDT “Vesubio” en cali dad de guardia,
USO OFICIAL

aclarando que todos eran integrantes del Servici o Penitenciari o, all í menciona
el período en el q ue habrían desempeñado funci ones cada uno, y respecto de
Alberto Neuendorf refiri ó “(1975/979) con nombre de cobert ura «Neuman» y
apodo «Alemán», Director de Inteligencia del Servicio penitenciari o, creador de «La
Ponderosa»”.
Se deja constancia de que la responsabilidad de Al berto
Neuendorf como uno de los integrantes del CCDT “Vesubio”, fue probada en
los autos 14.216/03; a la vez q ue se acreditó que el CCDT citado f uncionó en
Camino de Cintura y Richieri, y q ue tanto Jatib como Qui roga permanecieron
en dicho centro clandestino detenidos ilegalmente. Neuendorf fall eció
encontrándose con procesamiento dictado por este tribunal.
Entre otros efectivos del ejército que han sido reconoci dos en el
centro de detención conocido como “Monte Grande”, Liberman refirió “El día
23 de agosto del año 1978, en horas de la tarde, fuimos avisados por un guardia que
nos debíamos preparar porque nos iban a liberar. Por la noche un guardia, no sé si
el mismo u otro, nos tabicó y nos llevó a una dependencia de la Comisaría donde un
señor que se hizo llamar «Rossi», creo que con el cargo de Coronel, y cuya voz
reconocí como la de alguien que había estado en COTI Martínez, nos dijo que íbamos
a ser liberados, que lo que nos pasó era el precio que debimos pagar por el proceso,
que no íbamos a volver a ser molestados, pero que éramos personas mayores con
conocimiento suficient e para saber qué decir y qué no decir con rel ación a lo que nos
había pasado a lo largo del cautiverio” (fs. 5667/71).
Por su parte, Faustino Fernández, en ocasión de declarar ante
esta sede, y siendo preguntado para que diga si al ingresar al lugar fue
registrado en algún libro y, en su caso, explique cómo, señaló “no, fuimos

159
directamente al despacho del Comisario, pero luego llegamos a ver una hoja, que
creo que nos mostró Delgado, que decía que estábamos a disposición de TECO, allí
figuraban nuestros nombres, sin fechas” (cf r. fs. 5331/5).
Ahora bien, tambi én se ha señalado la participaci ón en los
interrogatori os, de Carlos Amílcar Tarella –alias “Trimarco”. En este sentido
cabe destacar el relato de Ramón Miralles quien recordó que en la Comisaría
de Monte Grande en una oportunidad fue el Sr. Trimarco que utilizaba el
apodo “Tarella” quien lo había interrogado en los otros CCDT en los que
estuvo cautivo (fs. 9017 vta.), restando constatar la pertenen cia del nombrado
a las f uerzas armadas o de seguridad.
También surge del relato de las víctimas, que a la dependencia
citada habría concurrido el entonces Coronel del Ejército, Pablo Ovi dio
Ricchieri, quien se desempeño como Jefe de la Policía de la provincia de
Buenos Aires desde el 15 de dici embre de 1977 hasta 12 de di ciembre de 1978.
Al respecto, de las actas mecanografiadas de la causa nro. 13/84,
a fs. 729/737 surge el testimonio prestado por Juan Ramón Nazar. En dicha
oportunidad decl aró: “[E]n el verano de 1977, sería noviembre o diciembre, vino
el Jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, el entonces Coronel Richeri.
Nos hicieron colocar en la puerta de las celdas, estábamos en ropas menores y nos
preguntó a cada uno de nosotros el nombre, sin agregar nada”.
Jorge Watts refiere en su libro “Di ce Nazar en el libro Nunca Más:
«Durante el verano de 1977, visitó la Comisaría 60 de Monte Grande el nuevo jefe
que remplazó a Camps, el General Ricchieri. Este funcionario estuvo personalmente
con nosotros preguntó los nombres de cada uno. El 25 de agosto de 1978, a la una de
la madrugada nos subieron a un vehículo, con los ojos vendados y nos llevaron hasta
un lugar a unas cuatro o cinco cuadras de l a estación Burzaco. Allí nos dejaron en
libertad»” (cfr. pág. 100 del libro “Memoria del Infierno” de Jorge Federico
Watts, reservado en Secretaría a fs. 5147/3).
Al igual que sus compañeros de cauti verio, Alberto Liberman
recordó la “visita” que les efectuara el entonces Jefe de la Policía de la
Provincia de Buenos Aires. Textualmente dijo: “Lo úni co que recuerdo es que en
una oportunidad algui en abrió la puerta de la celda y apareció un señor que después
identifiqué como el Coronel Ri cheri; él estaba con el uniforme militar, botas y con la
fusta bajo el brazo. Él me observó, con una mirada despectiva, y no dijo una sola
palabra, retirándose l uego. Pude verlo porque mientras estábamos en la celda no
teníamos los ojos vendados. Pasó una por una a través de las celdas, nos miró y se
fue” (ibid.).
Dicha visita, a su vez, ha sido mencionada por quienes a la f echa
desempeñaban funci ones en la Comi saría.

160
Poder Judicial de la Nación

Al respecto, Daniel Francisco Mancuso, en ocasión de prestar


declaración indagatoria ante esta sede mencionó “Me acuerdo que una vez vino
Richeri, el jefe de la policía. Hubo un recibi miento con pompas, formación, guantes
blancos. Yo estaba cuando vino Ri cheri, fue al medio día. Dio una arenga, 10
minutos y se fue […] Preguntado por S.S. para que diga si Richeri fue al sector de
calabozos, dijo: “creo que sí. Nosotros est ábamos en el patio con la vista para
adelante. No sé bien lo que hacía, supongo que recorría todo. Recorría con Díaz,
Zalazar, recorrían los tres” (fs. 9443/61).
En forma análoga, en su declaraci ón indagatoria Nildo Jesús
Delgado, relató en torno a l a posible visita hecha a la Comisaría por el
entonces Jefe de la Policía de la Provinci a de Buenos, Coronel Richeri: “sé que
un día llegó pero no me acuerdo. Sólo por comentarios. Acompañado por quién, no
se. Pero sé que estuvo. No recuerdo el año. Es el que usaba una bota colorada de
cuero crudo. Yo lo vi en la comisaría. Sólo no estaba pero no recuerdo con quién.
Llegó y f ue a la guardia, no entró para nada a los calabozos. Habrá estado 5 ó 10
USO OFICIAL

minutos. Dijo que estábamos [sic.] todos gordos” (fs. 9543/61).


Concordantemente, Guillermo Néstor Díaz, rel ató “Así las cosas,
hasta que en el mes de julio o agosto de 1978, no estoy seguro, se hace presente en la
Comisaría a modo de visita e inspección, el General Ovidio Ri cchieri, que en ese
momento era jefe de Policía. Tras la inspecci ón, pide hablar con los cuatro detenidos
en cuestión, cosa que hizo por espacio de ci nco minutos, notando el suscripto, que
estaban bastante contentos los detenidos. Al parecer, se les había dado alguna buena
noticia” (fs. 10.172/ 89).
Se advierte, de l o expuesto precedentemente que, muchas de las
víctimas fueron contestes al identificar como los perpetradores de sus
respectivos secuestros a personal del Ejército, y que l o que se refi ere a l a
función que cumplía el CCDT “Comisaría de Monte Grande” en la estructura
represiva, es importante consi derar q ue los testimonios de las víctimas
privadas de su libertad durante dicho período, dan cuenta del
funcionamiento de dicha dependencia policial como un “centro de derivación
de detenidos”, toda vez que se ha registrado l a existencia de detenidos
legales durante el mi smo peri odo.
De todo lo anteriormente expuesto, puede concluirse
razonadamente que si bien el CCD fun cionaba en una dependencia oficial
perteneciente a la Policía de l a Provi ncia de Buenos Aires, la disposici ón
sobre l os deteni dos estaba en manos de otra fuerza, que conforme a lo que
surge del resto de los relatos, era el Ejército Argentino.
A esta altura, y en concordancia con lo expresado en el punto 3.4.
(autoridades a cargo del centro), en el cual se analizaron las referencias
formuladas por las víctimas en relación a la procedencia del personal, se

161
puede concluir que existía una división de tareas entre l as personas que
ejercían la custodi a de los detenidos, las cuales pertenecían a la Policía de la
Provincia y las personas que llevaban a cabo los interrogatorios,
pertenecientes al Ejército.
Finalmente, he de destacar que se advierte de las referencias
efectuadas por las víctimas, q ue q uienes perpetraron sus secuestros, l uego l os
trasladaron y finalmente los interrogaban, utilizaban apodos. Dicha
circunstancia, fue un método más, entre aquell os orientados a ocultar en el
anonimato a los autores de los atroces deli tos llevados a cabo. El
encubrimi ento del nombre verdadero cl aramente representó un obstáculo –a
veces circunstancial y en ocasiones, y hasta ahora, insal vable- para la
individualización de los autores de tales delitos.
3.6. Proveniencia de los detenidos
A raíz de las constan cias obrantes en la presente causa, es posible
extraer como conclusión que la Comisaría de Monte Grande, reci bió, en su
gran mayoría, personas provenientes de diversos l ugares de detención,
algunas que funci onaban como centros clandestinos, y otras, como
dependencias oficial es, así se observan los sigui entes sitios de derivación: a)
“Cuatrerismo-Brigada Güemes” o “Protobanco”, b) “Vesubio” y c) Dependencias
policiales.
a) Detenidos que procedían de “Cuatrerismo-Brigada Güemes”
Al menos tres de l as personas q ue estuvieron cautivas en la
Comisaría de Monte Grande, provenían del Centro Clandesti no de Detenci ón
conocido como “Cuat rerismo-Brigada Güem es” o “Protobanco”.
Así, es posible afi rmar q ue Liliana Latorre, Sara Dolores P esci y
Mercedes María Al icia Borra, previ o a permanecer en l a Comisaría en
cuesti ón, estuvi eron en “Cuatrerismo”.
En tal sentido, se h a acredi tado en autos que Mercedes María
Alicia Borra fue ilegalmente detenida el 27 de julio de 1976 y llevada al CCDT
conocido como “Cuatrerismo-Brigada Güemes” donde permaneció dos días,
para posteriormente ser trasladada a la Comisaría de Monte Grande donde
permaneció en cauti verio entre el 28 de julio y el 15 de septiembre de 1976.
Dicha afirmación encuentra sustento en diversos el ementos
probatorios recopilados por este Tribunal.
A modo de ejempl o, de la carta man uscri ta que se encuentra
agregada a fs. 18 del Legajo de P rueba 675 y debidamente ratificada por
Mercedes Borra en su decl araci ón obrante a fs. 71/76 de dicho legajo, se
extrae que: “Fecha de detención: 27 de julio de 1976 en el domicilio paterno por
fuerzas conjuntas de Ejército, Gendarmería y Policía Federal. Revisaron el domicilio

162
Poder Judicial de la Nación

pero no secuestraron nada excepto dinero. 1er Destino [CCDT “Protobanco”]:


Centro clandestino de detención ubicado presumiblemente en las inmediaciones de
Avda. Ri cchieri y Camino de Cintura. [...] 2do destino: comisaría de Monte Grande,
desde el 28 de julio hasta el 15 de septiembre de 1976…”
Por otra parte, de la declaración ya referi da de Mercedes Borra de
fecha 28 de abril de 2011 (fs. 5433/43), surge que: “En horas de la tarde me
llamaron a mí, entró un guardia, pronunció mi nombre y apellido, me sacaron
entonces de ese lugar y me subieron en la parte trasera de un camión, con los ojos
vendados y las manos atadas. Esto fue el 28 de julio, estuve sólo un día en este sitio,
que presumo que puede ser el centro denominado «Protobanco» [...] Yo creo que la
gente que me secuestró sólo me llevó hasta el primer lugar de detención y que gente
de éste último sitio me trasladó hasta Monte Grande. El viaje duró 30 ó 40 minutos
aproximadamente”.
Esto encuentra correlato con el informe remitido por el Sr. Jef e de
la Policía de la Provincia de Buenos Aires a fs. 99/0 del legajo anteriormente
USO OFICIAL

citado en el que consta: “1- En el libro de entrada y salida detenidos de la


Comisaría de Monte Grande, al folio 25 número de Orden 111, con fecha 28-07-76 a
las 02:30 horas, se asientan las constancias por el ingreso como detenida de
Mercedes María Alicia Borra, procedent e del Primer Cuerpo de Ejército, a
disposición de la Justicia Militar y en el Libro de Parte de Novedades de Guardia, al
folio 108/9, existen constancias que el día 15-09-76, la causante es trasladada a la
Comisaría de Lanús 3ª /Valentín Alsina). Asimismo, en el Li bro de Parte de
Novedades de Guardia de la Comisaría Lanús 3ª, se establece que existen
constancias del ingreso como detenida y a disposición del Área Militar 112; y con
fecha 02-05-77 se registra su libertad, por así haberlo dispuesto el señor Jefe de la
Xª Brigada de Infantería”.
Por su parte, Lil iana Latorre f ue privada de su libertad el día 4
de agosto de 1976, y fue trasladada sucesivamente al CCDT “Cuatrerismo-
Brigada Güemes” donde permaneci ó en cautiverio aproximadamente hasta el
22 de agosto de 1976, luego de lo cual fue trasladada a un lugar no
identificado donde permaneció cerca de de un mes. Posteri ormente,
aproximadamente el 22 de septiembre de 1976 fue trasl adada a la Comisaría
de Monte Grande, l o que se corrobora con diversas constancias.
Al prestar decl araci ón en esta sede el 22 de diciembre de 2005,
dijo que estuvo en “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, y que l uego la llevaron este
segundo l ugar de detención –cfr. fs. 26.181/99 de la causa 14.216/03-.
En la presentación q ue ef ectuara la vícti ma el 13 de mayo de 2005
solicitando ser tenida por parte q uerel lante obrante a fs. 18.745/7 de l os
autos nro. 14.216/03, expresó sobre su traslado a este segundo siti o, l o
siguiente: “Posteriormente soy trasladada junto a un grupo de mujeres en una

163
camioneta a un lugar que aparentemente no era lejano al que estábamos”, lo que se
desprende asimismo de su Legajo Conadep n ro. 3222, constando en la
declaración mencionada que en este segundo lugar de detención estuvo
aproximadamente hasta el 22 o 23 de septiembre de 1976 –cfr. fs. 26.181/99-.
Desde este lugar, Latorre f ue trasl ada a l a Comi saría de Monte Grande.
En la presentaci ón que efectuara la vícti ma a fs. 18.745/7 de los
autos nro. 14.216/03, refiri ó que posteriormente fue llevada a la comisaría de
mención, aproxi madamente el 22 de septiembre, en tanto refiri ó sobre el
punto: “Sara Pesci l lega a la comisaría el 24 de septiembre de 1976, habiendo
llegado yo dos días ant es”.
El caso de Sara Dolores Pesci reviste similares características. La
misma fue fue privada ilegalmente de su libertad el día 6 de septiembre de
1976 y conduci da al CCDT “Cuatreri smo-Brigada Güemes” o Protobanco, en
donde permaneció hasta el 24 de septi embre, día en que fue trasladada a la
Comisaría de Monte Grande, siti o en el cual permaneció hasta el 21 de febrero
de 1977.
Esto se corrobora con los dichos de la n ombrada al momento de
prestar decl araci ón ante esta sede en fecha 23 de mayo de 2011, obrante a fs.
5621/32 de estos actuados, en donde declaró: “Me suben a un auto, después de
dar varias vueltas me llevan a un sitio que después con los años supe que se llama
Protobanco, un centro clandestino de detención y estando ahí me vendan los ojos y
me atan las manos y me ponen en un calab ozo”. Posteriormente agregó: “Después
me sacan de ahí, siempre con las manos atada y vendada y me trasladan a lo que
después supe que es la Comisaría de Monte Grande [...] Ahí permanezco cinco
meses, hasta febrero de 1977”.
Lo hasta aquí expuesto permi te afirmar que la Comi saría de
Monte Grande, reci bía detenidos provenientes del Centro Clandestino de
Detención “Cuatrerismo-Brigada Güemes” o Protobanco”.
b) Detenidos que procedían de “Vesubio”
El CCDT “Vesubio” fue otro de los afluentes de la Comisaría de
Monte Grande; dejándose constancia en tal sentido, que el mismo ha si do
objeto de investi gaci ón y tratamiento por parte de este Tribun al en causa nro.
14216/03 en actuaci ones a las cuales las presentes se hallan vinculadas, y con
respecto a las cuales se ha dictado ya sentencia en el marco del juici o oral y
público celebrado por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 4, de esta
ciudad de Buenos Ai res.
Es propici o recordar, que se tiene por acreditado q ue Perla
Graciela Jatib, José Valeriano Qui roga, Horacio Ramiro Vivas, Ricardo Daniel
Wejchenberg, Jorge Federico Watts, Faustino José Carl os Fernández y Darío

164
Poder Judicial de la Nación

Emilio Machado estuvieron detenidos en “Vesubio” y posteriormente en la


Comisaría objeto de esta resol ución.
Graci ela Perla Jati b y José Valeriano Qui roga fueron pri vados
ilegalmente de su li bertad el 28 de mayo de 1976 y de all í f ueron llevados al
CCDT “El Vesubio”. Por su parte, H oraci o Rami ro Vivas fue detenido
ilegalmente el 2 de junio de 1976 y permaneci ó cautivo en varios centros
clandestinos de detención, entre l os cuales mencionó a “La Ponderosa”
(denominación anterior del centro que luego se llamó “El Vesubio”). El 15 de
julio del mismo año, los tres fueron con ducidos desde “El Vesubio” hasta el
CCDT “Comisaría de Monte Grande”.
Si bien Jatib y Qui roga a la fecha permanecen desaparecidos, el
traslado de los nombrados, halla sustento en la declaración de Horacio
Rami ro Vivas prestada en la Embajada Argentina en el Rei no de España, en
donde refiri ó que “[e]l mismo quince de julio fue trasladado junto con Graciela
Jatib y José Valeriano Quiroga en una camioneta carrozada o una rural hasta la
USO OFICIAL

Comisaría de Monte Grande y fueron alojados en celdas individuales de


aislamiento…”. Concordantemente, al momento de declarar ante el Tribunal
Oral en lo Criminal Federal nro. 4, el mismo Vivas mencionó que el 15 de
julio de 1976: “Me trasladaron a la Comisaría de Monte Grande…”
Por otra parte, se en cuentra debidamente acreditado en autos que
Jorge Federico Watts fue privado ilegal mente de su libertad el día 22 de j ulio
de 1978 y llevado al CCDT “Vesubio”, en donde permaneció hasta el 12 de
septiembre de ese año, cuando f ue trasladado al Batall ón Logístico X, en
donde estuvo por el término de dos días, hasta el 14 de septi embre del mi smo
año, cuando f ue trasladado a la Brigada de Investigaciones de Lanús, ubicada
en Avellaneda. Faustino José Carlos Fernández fue privado i legalmente de su
libertad la noche del 10 de agosto de 1978 y llevado al CCDT “Vesubio”, en
donde permaneció hasta el 13 de septiembre de ese año, cuando fue
trasladado al Batall ón Logístico X, en donde estuvo por el término de dos
días, hasta el 14 de septi embre del mi smo año, cuando f ue trasladado a la
Brigada de Investigaciones de Lan ús, ubi cada en Avellaneda. Ricardo Daniel
Wejchenberg fue pri vado ilegalmente de su libertad el 21 de julio de 1978 y
llevado al CCDT “Vesubio”, en donde permaneci ó hasta el 12 de septi embre
de ese año, cuando fue trasladado al Batallón Logístico X, en donde estuvo
por el términ o de dos días, hasta el 14 de septiembre del mi smo año, cuando
fue trasladado a l a Bri gada de Investigaciones de Lan ús, ubicada en
Avellaneda. Y que Darío Emili o Machado fue privado ilegalmente de su
libertad el día 12 de agosto de 1978, y ll evado al CCDT “Vesubio”. En dicho

165
lugar permaneció hasta el 12 de septi embre de 1978, cuando q ue trasl adado al
Batallón de Logística 10 de Villa Martelli y luego a una comisaría.
Todos ell os el 15 de septiembre de 1978 fueron llevados a la
Comisaría de Monte Grande.
Ello se encuentra debidamente probado por diversos medi os; en
primer término es posible señalar la presentación que Jorge Federi co Watts
efectuara a los efectos de ser tenido como parte querellante en el marco de la
causa nro. 14.216/2003, cuyas copias obran agregadas a f s. 1444/ 6 de la
presente en donde refirió que fue l levado en primer lugar, al CCDT
“Vesubio”, l o q ue se tuvo por acreditado en el auto de mérito dictado en fecha
23 de mayo de 2006 de la causa mencion ada. P or otra parte, en su decl araci ón
de fecha 10 de marzo de 2011 obrante a fs. 5147/53, recordó que alrededor del
mediodía del 15 de septiembre de 1978 fue llevado en un celular de la Policía
Bonaerense, por personal perteneci ente a dicha fuerza, vestido con el
uniforme regl amentario, junto con Daniel Wejchemberg, Darío Machado y
Faustino Fernández a la Comisaría de Monte Gran de, ubicada al lado de la
intendencia de dicha localidad.
Asimismo del acta de la Inspecci ón Judicial llevada a cabo en la
Comisaría de Monte Grande el 4 de mayo de 2011 y obrante a fs. 5469/76,
surge que Watts refi rió que estuvo detenido en esta depen dencia durante 20
días. Que desde el CCDT “El Vesubio” fue llevado al Batal lón Logístico 10,
donde l os recibe Tetzlaff [dejándose constancia de que se refiere al Mayor del
Ejército Hernán Antonio Tetzlaff, quien entre enero de 1977 y octubre de 1978
prestó servicios en el Batallón de Logística X de Villa Martelli, ya fallecido]; que
Tetzlaff al otro día los lleva a la Bri gada de Investigaci ones Lanús en
Avellaneda, que era un sitio en el cual no cabían, que los tiene toda una
noche en un escobero, abaj o de la escalera. Que l os cuatro no cabían, que
estaban amontonados. Que en cambio de guardia los sacan y los llevan a la
Comisaría de Monte Gran de. Y remarcó q ue hubo una permanente
continuidad de gen te de “Protobanco” y “El Vesubio” en la Comisaría de
Monte Grande en esa época.
Asimismo Faustino José Carlos Fernández, en el marco de los
numerosos testimon ios prestados ante esta sede, tanto en el marco de la
presente como de l a causa n ro. 14.216/2003, refiri ó que el 15 de septiembre en
horas de la tarde fue trasladado a l a comisaría 1ª de Monte Grande j unto con
Jorge Watts, Darío Machado y Ricardo Wejchemberg. A modo de ejempl o, en
su declaración de f echa 12 de abril de 2011, obrante a fs. 5331/5 de estos
actuados refiri ó que: “Desde allí volvimos a “El Vesubio” [...] Como señalé, los
pormenores ya los he relatado, aproximadamente el 10 o 12 de septiembre me

166
Poder Judicial de la Nación

pasaron a otra de las casas del centro, hasta que el día 13 del mismo mes me
trasladaron desde este lugar hasta el Batallón de Logística 10 y a la Comisaría de
Lanús, en cada lugar estuve alojado una noche, junto con Watt s, Wejchemberg y
Machado, que siguieron el mismo trayecto que yo. Siempre estuvimos detenidos en
condi ción de ilegales”. “El día 15 de septiembre en horas de la tarde fuimos
trasladados los cuatro a la Comisaría 1ª de Monte Grande. Del Batallón de Logísti ca
10 hasta Lanús nos trasladó el Mayor Tetzlaff en una camioneta del Ejército. Desde
Lanús hasta Monte Grande fuimos llevados en un celular de la policía, como presos
comunes, pero Tetzlaff iba detrás con su cam ioneta”.
Es decir, que al menos siete de l as personas q ue estuvieron
cautivas en la Comi saría de Monte Grande, previ amente habían permaneci do
en el CCDT “Vesubio”.
c) Detenidos proveni entes de otras dependencias policiales
Como he adelantado, las dependen cias policial es también
derivaron detenidos hacia la Comisaría de Monte Grande.
USO OFICIAL

En efecto, muchas de las personas que procedían de “Vesubio”


permanecieron por breves lapsos en dependencias policial es como ser el
Batallón Logístico X y la Brigada de Investigaciones de Lanas.
Asimismo vari os de los detenidos, antes de su cautiverio en la
Comisaría de Monte Grande, pasaron por el Destacamento de Arana, q ue
habría funci onado como CCD, cuya exi stencia se probó en el marco de la
causa n ro 13/84, en el llamado “Juicio a las J untas”-conf. “La Sentencia”,
Tomo I, fs. 158-; y el cual actualmente es tambi én objeto de investigación en
el Juzgado Federal en lo Cri minal y Correccional nro. 3 de La Plata.
Así es posible afirmar que Miguel Ángel y Juan Carl os Acevedo,
Ramón Mirall es, Pedro Augusto Goin, Juan Ramón Nazar y Alberto Zal omón
Liberman, tuvieron que soportar lo que se viene exponiendo.
Miguel Ángel y J uan Carl os Acevedo f ueron privados il egal mente
de su libertad el 18 de junio de 1976 y h abrían sido conducidos a la Comisaría
2ª de Bernal y, al día siguiente, al Batallón 601 “Domingo Viejo Bueno”. En este
último sitio permanecieron al rededor de una semana, l uego de lo cual , fueron
trasladados a un cen tro de detención que se denominó “Casas de las Muñecas”
nombre que recibió el Destacamento de Arana, donde fueron torturados. Al
día si gui ente, presumiblemente el 28 de junio del mi smo añ o, ambos fueron
llevados al centro clandestino de deten ción empl azado en la “Comisaría de
Monte Grande”, donde fueron sometidos a tormentos, y l ugar en el q ue
permanecieron hasta fines de j ulio o prin cipios de agosto de 1976.
Esto encuentra respaldo en diversas constancias obrantes en la
causa como la declaración testimonial Miguel Ángel Acevedo de fecha 7 de
junio de 2011, obrante a fs. 5977/83, en donde afirmó q ue: “En «Casa de

167
Muñecas» permaneci mos alojados una noche, habremos ingresado alrededor de las
doce de la madrugada y salido a las siete de la mañana siguiente, cuando nos
trasladaron a la Comisaría Primera de Monte Grande”.
Asimismo se tuvo por acreditado en el marco de la causa nro.
13/84 que a Ramón Miralles, Pedro Augusto Goin, J uan Ramón Nazar y
Alberto Zal omón Li berman permanecieron detenidos en varios CCDT, entre
ellos en la Comisaría de Don Bosco “Puesto Vasco”, sitio acreditado como
CCDT ya en el “Juicio a las J untas” –con f. “La Sentencia”, Tomo I, pág. 155-;
en el Destacamento de Arana, desde donde fueron llevados, todos j untos,
hacia la seccional de Monte Grande, todas depen dencias de la Policía de la
provincia de Buen os Aires, q ue depen dían operacionalmente del Pri mer
Cuerpo de Ejército.
Ello encuentra sustento, entre otros elementos de convicción, en la
declaración de Juan Ramón Nazar obrante en su legajo Conadep n ro. 1557 en
la que expresó: “En los primeros días de octubre me trasladan a mí, al Dr.
Miralles, al arquitecto Liberman y a Pedro Goin a otro lugar. Esta vez se trataba de
la Comisaría 60 de Monte Grande…”
A mayor abundamiento, de las actas mecanografiadas de la causa
nro. 13/84, a fs. 722/9 surge el testimonio prestado por Pedro Augusto Goin.
En dicha oportunidad recordó que fue ilegalmente detenido el 5 de
septiembre de 1976 y relató haber permanecido cautivo en los CCDT
conocidos como “Arana” y “Puesto Vasco” donde: “...nos encontramos con el
Doctor Miralles, con el Arquitecto Liberman y el Señor Juan Nazar [...] ahí fuimos
trasladados a otro dest ino que fue Monte Grande.
Asimismo, de l a declaraci ón testimon ial de Alberto Sal omón
Liberman de fecha 31 de mayo de 2011, obrante a fs. 5667/71, surge que:
“Desde ahí me trasladaron hasta COTI Martínez, donde estuve hasta mediados de
julio de 1977, cuando fui conducido a Puesto Vasco. Desde este último sitio, no
recuerdo cuándo fue exactamente que me llevaron por espacio de una semana a Pozo
de Arana y luego me regresaron a Puesto Vasco, hasta q ue el 18 de octubre del
mismo año me trasladaron a la Comisaría Pri mera de Monte Grande”.
De lo expuesto se extrae que las depen dencias policial es también
constituyeron lugares de derivación de detenidos a la Comisaría de Monte
Grande.
3.7. La Comisaría como lugar de derivación y legalización
De las constancias obrantes en autos, resulta acertado afi rmar que,
respecto de la mayoría de los deteni dos, la Comisaría de Monte Grande
funcionó como un lugar de derivación hacia otras dependencias, previ o a ser
legalizados.

168
Poder Judicial de la Nación

Así, Horacio Ramiro Vivas, l uego de su cautiverio en el CCDT


“Comisaría de Monte Grande”, fue conducido a la Brigada de Investigaciones
de Quilmes y, a fines de agosto o principios de septiembre, habría si do
trasladado a la Comisaría 29ª de Capi tal Federal. El 7 de septi embre del
mismo año, f ue conducido a la Unidad 9 de l a Plata. El 20 de mayo de 1977,
se dispuso su trasl ado, en razón de haber si do expulsado del país. Esto
encuentra sustento en la declaración ante el Tribunal Oral en lo Criminal
Federal nro. 4, que obra en el CD remitido por dicha sede, en donde, en
relación a su egreso del centro, relató que “[l]uego de la brigada de Quilmes lo
llevaron a la comisaría de Chacarita, lugar en que después de unos días le quitaron
definitivamente la venda de los ojos y las esposas –las que utilizaba esta vez eran de
la Policía- y es trasladado a la U.9 de La Plata, en la que ingresa aproximadamente
hacia el 6 de septiembre. Unos días más t arde se dicta el decreto poniéndolo a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional.” ( fs. 5550/4).
Asimismo tal como da cuenta el Legajo penitenciari o del
USO OFICIAL

damnificado, Vi vas ingresó a la Unidad 9 de la Plata el 7 de septiembre de


1976, proveniente de la Comisaría 29ª de esta ci udad. En el expedi ente de
referencia, también se dejó constancia de que el nombrado ingresaba como
detenido a disposici ón del Poder Ejecuti vo, y que, el 20 de mayo de 1977, se
dispuso su traslado, en razón de haber sido expulsado del país (cfr. fs.
5561/75).
Por su parte, Mi guel Ángel y Juan Carlos Acevedo, permaneci eron
en la “Comisaría de Monte Grande”, hasta fines de juli o o pri ncipios de agosto
de 1976, cuando fueron conducidos a la Comisaría 3ª de Avellaneda. El 30 de
agosto de ese año, fueron puestos a disposición del P.E.N. (decreto nro.
1734/76) y trasladados a l a cárcel de Villa Devoto, el 24 de septi embre, a la
Unidad 9 de La Plata y, en el mes de marzo de 1980, a la Unidad 1 de Caseros.
Finalmente, el 16 de noviembre de 1981, Juan Carl os Acevedo fue liberado,
mientras que la liberación de Miguel Acevedo se produjo el 23 de noviembre
de 1982.
De la declaraci ón testimonial de Miguel Ángel Acevedo de f echa
7 de junio de 2011, obrante a fs. 5977/83, y en l o que respecta a su liberaci ón,
indicó: “Nosotros hab remos llegado el 28 de junio de 1976 a la Comisaría de Monte
Grande y estuvimos hasta fines de j ulio o principios de agost o. El día que nos
sacaron, nos llevaron a una oficina [...] A partir de ahí nos cargaron en la parte de
atrás de un patrullero policial y nos llevaron hasta la Comisaría Tercera de
Avellaneda. [...] El 30 de agosto fuimos trasladados al penal de Devoto legalizados y
posteriormente a la Unidad 9.”.
Por úl timo, del legajo Conadep nro. 2912 correspondi ente a
Miguel Ángel Acevedo surge q ue: “[e]st uvieron detenidos unos 50 días, hasta

169
que el 30 de agosto de 1976 son trasladados a Villa Devoto a disposición del PEN.
Estuvieron hasta el 24/9/76 y fueron trasladados a LA PLATA – U.9 hasta marzo de
1980 y luego trasladados a la U-1 (Caseros). El denunciante es trasladado a U-9
nuevamente el 24/9/1980 y liberado el 23/11/1982. Su hermano permanece hasta el
16/11/1981 en U-1 hasta que es liberado. El denunciante está b ajo el régimen de
libertad vigilada durante 10 meses, y su hermano 6 meses”.
José Saúl Anicama Benavides, de nacionalidad peruana,
posteriormente a su cautiverio en la Comisaría de Monte Grande, fue puesto a
disposición del Poder Ejecutivo Naci onal, mediante decreto nro. 187/77 el 26
de enero de 1977. Del acta de l a Inspección ocular llevada a cabo en la
Comisaría de Monte Grande el 4 de mayo de 2011 y obrante a fs. 5469/76,
surge que Liliana Latorre manifestó respecto de la persona de origen peruano
que: “…que su apellido era Aracama Rodríguez; que esta persona fue liberada, e
incluso estuvo alojado en la Unidad 9, siendo liberado recién en 1983”.
Por otra parte Mercedes María Alicia Borra el 15 de septiembre
de 1976, luego de permanecer en la Comisaría de Monte Grande, fue
trasladada a la Comisaría 3ª de Lan ús, recuperando su libertad el 3 de mayo
de 1977.
Esto encuentra sustento en la decl aración testimonial de
Mercedes María Alicia Borra prestada an te este Tribunal en fecha 28 de abril
de 2011, que obra a fs. 5433/43, de donde surge que: “El día 15 de septiembre
en horas de la noche abrieron mi calabozo y el de Graciela y José, nos vendaron los
ojos, nos ataron las manos y nos dijeron que nos íbamos de la Comisaría [...]
Finalmente, me trasladaron a la Comisaría 3ª de Lanús, donde estuve alojada hasta
el día 3 de mayo de 1977, cuando me dejaron en libertad. En ni ngún momento me
legalizaron, pero en Lanús ya pude recibir visitas.”, la que se halla corroborada
por el informe remitido por el Sr. Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires a fs. 99/100 del Legajo de P rueba 675 en el que consta: “…en el Libro de
Parte de Novedades de Guardia, al folio 108/9, existen constancias que el día 15-09-
76, la causante es trasladada a la Comisaría de Lanús 3ª /Valentín Alsina).
Asimismo, en el Libro de Parte de Novedades de Guardia de la Comisaría Lanús 3ª,
se establece que existen constancias del ingreso como detenida y a disposición del
Área Militar 112; y con fecha 02-05-77 se registra su libertad, por así haberlo
dispuesto el señor Jefe de la Xma. Brigada de Infantería...”
Otro ejemplo de que la Comisaría de Monte Grande f uncionaba
como centro de deri vación es el de Sara Dolores Pesci qui en permaneció en la
Comisaría de Monte Grande hasta el 21 de febrero de 1977, cuando f ue
trasladada a la Unidad Penal de Devoto, y legali zada.
Ello se extrae de l os dichos de la nombrada al momento de
prestar decl araci ón ante esta sede en fecha 23 de mayo de 2011, obrante a fs.

170
Poder Judicial de la Nación

5621/32 de estos actuados, en donde refiri ó, en cuanto a los momentos


previ os a su legalización y trasl ado a la Cárcel de Devoto, que: “Después me
trasladan diciéndome que me llevan a Campo de Mayo. [...]. Después supe que era la
cárcel de Villa Devoto, y no Campo de Mayo ni otro centro clandestino. Me bajan en
Devoto [...] pude ver en unos papeles que habían dejado al costado, que decía mi
nombre y disposición de autoridades militares. Yo puedo estar equivocada pero
decían área 141. Me blanquean. Ahí direct amente me llevan a un pabellón donde
había otras detenidas de todas las provincias”, expresándose en términos
similares en el marco de l a inspección ocular.
Liliana Latorre también fue puesta a disposición del P.E.N. el 26
de enero de 1977 mediante decreto n° 187, l uego de su paso por la Comi saría
de Monte Gran de, si endo trasl adada a la Unidad n° 2 de Devoto, desde donde
recuperó su libertad durante el mes de octubre de 1978.
Ello se corrobora con la declaración testimonial de la nombrada
de fecha 22 de diciembre de 2005 obrante a fs. 26.181/ 99 de la causa
USO OFICIAL

14.216/03, en donde dijo que finalmen te la llevan a Devoto. Que la fecha


legal es el 26 de en ero de 1977 y que veinte días después l a llevaron a Sara
Pesci allí, donde l a vio en un recreo. Asimismo en su solicitud de ser tenida
por parte querellan te en autos, afirmó, con relación a su traslado desde
Monte Grande a la Unidad n° 2 de Devoto y su posterior liberación, lo
siguiente: “Yo permanezco en dicha comisaría [en referencia a Monte Grande]
hasta la fecha en que me trasladaban al Penal de Devoto, siendo l a fecha oficial el 26
de enero de 1977 hasta el 28 de octubre de 1978, fecha en que soy puesta en libertad,
desde el Departamento de Policía” -fs. 18.745/7 de la causa 14.216/03-.
Por último, Ricardo Daniel Wejchenberg, Jorge Federico Watts,
Faustino José Carl os Fernández y Darío Emilio Machado permanecieron en la
Comisaría de Monte Grande hasta el 5 de octubre.
Watts y Fernández, en tal fecha, pasaron a di sposición del
Consejo de Guerra Especial Estable 1/1 y trasladados a la Unidad nro. 9 de
La Plata y posteriormente a la Unidad nro. 2 de Vill a Devoto, hasta el 22 de
mayo de 1979, cuando fueron liberados.
Y Wejchenberg y Machado en la mencionada fecha f ueron
trasladados a la Un idad n ro. 9 de La P lata, siendo liberados el 23 y 22 de
mayo de 1979 respectivamente.
Esto se corrobora con la declaraci ón testimonial de Jorge Federico
Watts de fecha 10 de marzo de 2011 obrante a fs. 5147/3, qui en al referirse al
mentado Hernán Antonio Tetzlaff manifestó que: “…me llevó también de
uniforme a la Brigada de Lanús y me vol vió a buscar a Mont e Grande con dos
vehículos militares y un grupo de soldados exactamente el 5 de octubre de 1978 para
trasladarme a la Unidad nro. 9, junto con mis compañeros. [...] Nunca nos

171
legalizaron. Estábamos a disposición de un Consejo de Guerra que presidía el
entonces Coronel Bazilis”. Ello es conteste con la declaración testimonial de
Faustino José Fernández de fecha 12 de abril de 2011 obrante a fs. 5331/5 en
donde manifestó: “…yo tengo entendido que en todo momento estuvimos detenidos
en condición de ilegales; recién después de Monte Grande, cuando fuimos a la
Unidad carcelaria de La Plata, me informaron que estaba a disposición del Consejo
de Guerra. Nunca fui puesto a disposi ción del Poder Ejecutivo”.
Todo lo antedicho, permite afirmar que la Comisaría de Monte
Grande f uncionó, en la mayoría de l os casos, como un centro clandestino de
derivación de deteni dos hacia otras dependencias , para posteriormente ser
puestos a disposición de las autori dades y finalmente liberados.
A los fines de bri ndar mayor cl aridad, puede graficarse la
procedencia de los detenidos y su posterior deri vación, en base al siguiente
cuadro:

NOMBRE SITIO INGRESO EGRESO DERIVACIÓN


ANTERIOR MONTE
GRANDE
JATIB, Perla “Vesubio” 15-7-76 Fines de Desaparecida
Graciela 8-76
QUIROGA, José “Vesubio” 15-7-76 Fines de Desaparecido
Valeriano 8-76
VIVAS, Horacio “Vesubio” 15-7-76 Fines de Brig. Investi gac.
Rami ro 8-76 de Quilmes
WEJCHENBER “Vesubio” 15-9-78 5-10-78 U-9 de La Plata
G, Ricardo
Daniel
WATTS, Jorge “Vesubio” 15-9-78 5-10-78 U-9 de La Plata
Federico
FERNÁNDEZ, “Vesubio” 15-9-78 5-10-78 U-9 de La Plata
Faustino José
Carlos
MACHADO, “Vesubio” 15-9-78 5-10-78 U-9 de La Plata
Darío Emilio
BORRA, Cuatrerismo– 28-7-76 15-9-76 Comisaría 3ª de
Mercedes María Brig. Güemes Lanús
Alicia
LATORRE, Cuatrerismo- 22-9-76 26-1-77 U-2 de Devoto

172
Poder Judicial de la Nación

Liliana Brig. Güemes


PESCI, Sara Cuatrerismo- 24-9-76 21-2-77 U-2 de Devoto
Dolores Brig. Güemes
ACEVEDO, Dest. A rana 28-6-76 Ppios. de Comisaría 3 de
Miguel Ángel 8-76 Avellaneda
ACEVEDO, Dest. A rana 28-6-76 Ppios. de Comisaría 3 de
Juan Carlos 8-76 Avellaneda
MIRALLES, Dest. A rana 10-77 8-78 Liberado
Ramón
GOIN, Pedro Dest. A rana 10-77 8-78 Liberado
Augusto
NAZAR, J uan Dest. A rana 10-77 8-78 Liberado
Ramón
LIBERMAN, Dest. A rana 10-77 8-78 Liberado
Alberto
USO OFICIAL

Zalomón

3.8. Destinos de las víctimas


Las personas q ue estuvieron clandestin amente detenidas en la
Comisaría de Monte Grande han tenido distintos destinos.
Una de las características del f uncionamiento de la Comisaría de
Monte Grande como centro clandestin o fue el gran número personas que
estuvi eron allí cauti vas ilegalmente y q ue, l uego, su detención fue legalizada
poniendo a las víctimas a disposición del Poder Ejecutivo Nacional o del
“Consejo de Guerra Especial Estable”. Otras víctimas recuperaron su libertad
directamente desde la dependencia policial. Hasta el momento se tiene
acredi tado que sólo dos personas permanecen en calidad de desapareci dos, a
las que suma una más que f ue directamen te asesinada.
A fin de graficar el destino de las distintas vícti mas, resul ta útil
el siguiente cuadro:

Víctima Comisaría Monte Arribo a la Egreso a la


Grande Comisaría Comisaría Destino

Acevedo, Miguel Ángel 28/06/1976 08/76 A disposición del PEN

Acevedo, Juan Carlos 28/06/1976 08/76 A disposición del PEN

Vivas, Horacio Ramiro 15/07/1976 07/76 A disposición del PEN

Jatib, Graciela Perla 15/07/1976 09/76 Desaparecida

Quiroga, José Valeriano 15/07/1976 09/76 Desaparecido

173
Venegas Illanes, Rachel
Elizabeth 28/07/1976 11/08/1976 Asesinada

Borra, María Alicia


Mercedes 30/07/1976 15/09/1976 Liberada

Latorre, Liliana 22/09/1976 10/76 A disposición del PEN

Pesci, Sara Dolores 24/09/1976 21/02/1977 A disposición del PEN

Anicama Benavídez, José


Saúl 24/09/1976 26/01/1977 A disposición del PEN

Miralles, Ramón 10/77 22/08/78 Liberado

Liberman, Alberto Zalomón 10/77 22/08/78 Liberado

Nazar, Juan Ramón 10/77 22/08/78 Liberado

Goin, Pedro Augusto 10/77 22/08/78 Liberado

Wejchenberg, Ricardo
Daniel 15/09/1978 05/10/1978 A disposición del CGEE

Fernández, Faustino José


Carlos 15/09/1978 05/10/1978 A disposición del CGEE

Machado, Darío Emilio 15/09/1978 05/10/1978 A disposición del CGEE

Watts, Jorge Federico 15/09/1978 05/10/1978 A disposición del CGEE

Por lo tanto, una primera apreci ación que puede realizarse es la


gran cantidad de sobrevivientes entre q uienes permaneci eron cautivos en la
Comisaría de Monte Grande. Hecho que marca clara diferencia con
“Cuatrerismo-Brigada Güemes”. Ello puede graficarse de l a siguiente forma:

83% Sobrevivientes

Desaparecidos o
17% muertos

-Víctimas que recuperaron su libertad

174
Poder Judicial de la Nación

Tal como dijera precedentemente di versas fueron las modali dades


por las que las personas cautivas en la Comisaría de Monte Grande sali eron
con vida del centro clandestino de detención.
La primera de ellas era la li beración de las víctimas sin más
trámite. Ello ocurri ó en l os casos de María Alicia Mercedes Borra, Ramón
Miralles, Alberto Zalomón Liberman, J uan Ramón Nazar y Pedro Augusto
Goin.
Luego hubo quienes fueron puestos a di sposici ón del Consej o de
Guerra Especial Estable 1/1. Tal es el caso de J orge Federico Watts, Ricardo
Daniel Wejchenberg, Faustino José Carlos Fernández y Darío Emilio Machado,
quienes llegaron a l a Comisaría de Monte Grande provenientes del CCDT “El
Vesubio”.
Finalmente, otro camino elegido, f ue legalizar las detencion es de
quienes hasta ese momento permanecían en cali dad de detenidos-
desapareci dos medi ante un decreto del Poder Ejecutivo Nacional . Ell o
USO OFICIAL

sucedi ó en los casos correspondientes a 1976 y comienzos de 1977.


Puntualmente me refiero a Mi guel Ángel Acevedo, Juan Carlos Acevedo,
Horacio Rami ro Vi vas, Liliana Latorre, Sara Dolores Pesci y José Saúl
Anicama Benavídez.
-Víctima cuya muert e fue probada
Llegados a este punto debo resal tar el valor de la l abor
desarroll ada por la Excma. Cámara del Fuero en las actuaci ones encaminadas
a establecer el destino que se diera a las personas calificadas como
desapareci das durante la última dictadura, tales como la identificación e
individualización de los cuerpos que fueran enterrados como N.N. en
distintos cementeri os con intervención del Equi po Argentino de Antropol ogía
Forense (E.A.A.F.).
Producto de dicha l abor se pudo indivi dualizar, entre muchos
otros, el cuerpo de Rachel Elizabeth Venegas Illanes, de nacionalidad chilena,
quien fue ilegal mente detenida el 28 de j ulio de 1976 y permaneció cautiva en
la Comi saría de Monte Grande hasta el 11 de agosto del mismo año.
Su cuerpo sin vida f ue hallado el día 11 de agosto de 1976 en la
banquina de la Avenida Juan XXII, de la localidad de Lomas de Zamora,
provincia de Buenos Aires, e i dentif icado por el Equipo Argentino de
Antropol ogía Forense en el mes de mayo de 2008, pudiéndose determinar que
su muerte fue producida como consecuen cia de múl tiples di sparos de arma de
fuego.
Un claro recuerdo de Rachel Venegas tuvo Mercedes Borra, quien
estuvo cautiva en la Comisaría de Monte Grande desde el 28 de juli o de 1976

175
hasta el 15 de septiembre del mismo año, y manifestó q ue Venegas fue
torturada en ese lugar, que pudo escuch ar sus gritos, y que pudo observar los
rastros dejados en su cuerpo por l a tortura con picana el éctrica.
Particularmente, al momento de prestar declaración ante esta
sede en fecha 28 de abril de 2011, recordó que “al cabo de un rato –de haber
sido dejada en el calabozo luego de su ingreso a la Comisaría- escuché unos
golpecitos en la pared y una voz de mujer, que me preguntaba cómo me llamaba,
cómo estaba, cuánto tiempo llevaba detenida, si sabía en qué lugar nos
encontrábamos, entre otras cosas. Más tarde, los guardias abrieron nuestras celdas
individuales y nos sacaron al pasillo. Allí, a media luz, vi a una chica alta, muy
bonita, de cabello rubio, ondulado y largo casi hasta los hombros, tenía los ojos
grandes y claros y usaba anteojos. Nos llevaron a ambas a esa celda grande donde
había estado anteriormente y entre risas, comentarios burlones y sádicos, nos
sirvieron mate cocida hirviendo, sin azúcar y sin pan, en un j arrito de hojalata.
Enseguida nos volvieron a encerrar a cada una en su calabozo” (fs. 5433/43) .
Luego, f ueron puestas en la misma cel da, en virtud de haberlo
solicitado las detenidas por el frío que padecían. Relató Borra: “la pusieron en
el calabozo de mi compañera y me llevaron junto a ella. Ahí me dijo que se llamaba
Rachel Elizabeth Venegas Illanes, que era chilena, que tenía 24 años, era maestra y
su familia vivía en Concepción. Una medianoche fue sacada de nuestro calabozo y
llevada a otro lugar de la Comisaría, donde la interrogaron y torturaron con picana
eléctrica. Yo escuché sus gritos, vi las heridas en sus pechos y sus pezones
quemados. Entre los días 9 y 11 de agost o de 1976, por la noche, los guardias
sacaron a Rachel del calabozo y nunca más volvió. Sus restos fueron encontrados
por el EAAF en el cem enterio de Lomas de Zamora, identificados y luego repatriados
a Chile en octubre de 2008” (fs. idem).
Coincidentemente, se cuenta con el l egaj o nro. 117/19 caratulado
“Rachel Elizabeth Venegas Illanes (Cementerio Municipal de Avellaneda, Bs. As.)”
remiti do por la Cámara Naci onal de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional Federal de l a Capital Federal en el marco de la causa nro.
14.216/2003.
Así, a fs. 84 del citado legajo, se incorporó el acta de defun ción
nro. 171 B del año 1976 perteneciente a una persona de sexo femenino n o
identificada falleci da el 11 de agosto de 1976, del Registro provincial de las
Personas, Delegación Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires.
Este documento f ue uno de los q ue permitió formular al E.A.A.F.
la hipótesis acerca de la identidad de Rachel Elizabeth Venegas Illanes, cuyos
restos f ueron recuperados del Cementerio Municipal de Avellaneda,
provincia de Buenos Aires.

176
Poder Judicial de la Nación

A su vez, corren por cuerda al legaj o remiti do por la Cámara,


copias certificadas del expedi ente nro. 5.397 caratulado “Homicidio N.N.
femenino” del Juzgado Penal nro. 3 de Lomas de Zamora, Prov. de Buenos
Aires.
Dentro de este legaj o se encuentra el acta policial de fecha 11 de
agosto de 1976 (fs. 1) referi da al hallazgo de un cadáver se sexo femenino en
la banquina de la Avenida Juan XXIII de Lomas de Zamora, Prov. de Buen os
Aires.
A fs. 9 del expediente se encuentra agregada la autopsia
efectuada por el médico policial interviniente en la Morgue Judicial del
Cementerio Municipal de Avellaneda, donde se concluye q ue el deceso se
produjo “a consecuencia de una hemorragia aguda interna, producida por el
proyectil de arma de fuego, dado al hallar perforaciones en ambos pulmones, en
grandes vasos del mediastino, y en masa cardíaca…” (cfr. fs. 9 vta.). El
reconoci miento médico practicado sobre el cadáver permi tió constatar la
USO OFICIAL

presencia de siete i mpactos de proyectil es de arma de fuego, sobre diferentes


partes del cuerpo de la víctima.
Finalmente, a fs. 22 obra el sobreseimien to provisorio dictado el
día 21 de septiembre de 1976 por el Juzgado interviniente al no hallarse al
autor o autores del delito de homici dio.
En última instan cia, cabe hacer referencia al informe
confeccionado por los profesionales del E.A.A.F. agregado al expediente
L.117/19 de la Cámara del fuero; all í, se efectuó la identificación de los restos
óseos de Rachel Elizabeth Venegas Ill anes, los cuales fueron recuperados del
Sector 134 del Cementerio Municipal de Avellaneda.
En el informe peri cial se asentó q ue “[l]os restos esqueletarios
codificados como Av- A6a-6 corresponden a un individuo de sexo femenino, con una
estatura aproximada de 162,68 +/- 3,55 cm., que murió a una edad estimada de 25
+/- 3años (entre 22 a 28 años), a causa de múltiples disparos de proyectil de arma
de fuego (ver informe patológico). La investigación preliminar llevada a cabo
permitía establecer la hipótesis de que la nombrada había fallecido el 11 de agosto de
1976, conforme documenta el acta 171 del tomo B del Registro Civil de Lomas de
Zamora. Los resultados que surgen de la comparación de l as características
antropológicas del esq ueleto mencionado (sexo, edad y estat ura) con quien en vida
fuera Rachel Elizabeth Venegas Illanes nos permitieron obtener una hipótesis de
identidad, que necesitaba ser corroborada mediante un análisis genético” (cfr. fs.
75/6).
Así, la comparaci ón del perfil genético de dichos restos con los
correspondientes al hermano y madre de la víctima, permiti ó establecer que
dichos restos correspondía a Rachel Elizabeth Venegas Illanes (cfr. fs. 76).

177
-Los que permanecen en carácter de desaparecidos
Por úl timo, dos personas cuya permanencia en la Comisaría de
Monte Grande ha podido ser acreditada en la presente pesquisa, integran,
aún hoy, la categoría de desaparecidos.
Como f uera asentado precedentemente, la metodología de la
desaparici ón fue uno más de los mecanismos el egidos por l as Fuerzas
Armadas para propi ciar la i mpunidad de los crímenes cometi dos. Asi mismo y
como muy claramen te explicara el informe de la Comisi ón Nacional sobre la
Desaparición de Personas, “…fue otra de las formas de paralizar el reclamo
público, de asegurarse por un tiempo el silencio de los familiares. Precisamente,
alentando en ellos la esperanza de que su ser querido estaba con vi da, manteniéndolo
en la imprecisa calidad de persona desaparecida, se creó una ambigüedad que obligó
al aislamiento del familiar, a no hacer nada que pudiera irritar al Gobierno,
atemorizado por la sola idea que fuera su propia conducta el factor determinante de
que su hijo, su padre o su hermano pasara a revistar en la lista de personas
muertas” (Nunca más, Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición
de Personas –CONADEP-, Eudeba, Bs. A s., 1984, p. 26) .
En este CCDT sólo dos personas integran esta categoría: Graciela
Perla Jatib y José Valeriano Qui roga, quienes como se ha expuesto
precedentemente, habían sido derivados a este sitio, procedentes del CCDT
“Vesubio”, en donde habían sido someti dos a torturas.
- Concl usión
Para finalizar es importante destacar nuevamente que una de las
características que tuvo la Comi saría de Monte Gran de como centro
clandestino f ue el gran número de sobrevivientes entre quienes se tiene
acredi tado que permanecieron all í cauti vos.
El destino de las víctimas que permanecieron cautivas en la
Comisaría de Monte Grande puede graficarse del si gui ente modo:

Destino de las víctimas

11% 6% A disposición del PEN


33%
A disposición del CGEE
Liberados
28% Desaparecidos
22% Asesinados

178
Poder Judicial de la Nación

Considerando Cuart o
4.1. El operativo ilegal de la calle Honduras
Aclaración preliminar
Conforme se ha deducido de la prueba aportada en el marco de la
presente causa, el 4 de de noviembre de 1975 en la calle Honduras Nº 4183
del barri o de Palermo de esta ci udad, se produjo un operativo ilegal, ll evado
a cabo por personal dependi ente de la División de Investigaciones de Policía
de la Provincia de Buenos Aires, en el cual resultaron deten idos Washington
Mogordoy, Juli o César Mogordoy, Charo Noemy Moreno, Norberto Rey,
Grisel da Val entina Zárate y Blanca Frida Becher, q uienes fueron trasladados
en primera instancia a la Comisaría 21º –con excepción de Rey y Washington
Mogordoy que fueron llevados al Hospi tal Fernández-, l uego a un siti o que se
presume sería el Departamento Central de Policía, y posteriormente a la
División Cuatrerismo –La Matanza- la cual funcionó como CCDT, en donde
USO OFICIAL

habrían permanecido entre el 5 ó 6 de n oviembre y el 12 del mismo mes, con


excepción de Norberto Rey, que q uedó en el lugar por un tiempo aproximado
de un mes.
Las pruebas que resultan de singular interés a l os efectos de la
acredi tación de tales hechos, gravitan fundamentalmente sobre las
actuaci ones nro. 8234/75 caratuladas “Barvich, María Teresa s/ averiguación
homicidio”, instruidas a raíz de la intervención del personal de la Comisaría
nro. 21 a parti r de un llamado recibi do en la sede polici al, por registrarse un
tiroteo en la calle H onduras, y las cual es se formaron a raíz del hallazgo en
dicho domicilio del cuerpo sin vida de María Teresa Barvich.
Por otro lado, resultan de vi tal importancia las declaraci ones
brindadas por los testigos Julio César Mogordoy, Charo Noemy Moreno,
Washington Mogordoy, Blanca Frida Becher, Norberto Rey, y Griselda
Valentina Zárate –conforme al detalle que se hará más adelante-; como así
también aq uellas presentaciones efectuadas por Alicia Adriana Barvich como
querell ante en el marco de l as presentes actuaciones, y su declaraci ón
testimonial brindada a fs. 10.525/9.
La versión de los hechos que surge en la causa instruida a raíz de
la muerte de María Teresa Barvich, dista de aquella a la cual se arriba luego
de la l ectura de las restantes actuaci on es, dejando constancia de q ue tal es
diferencias han permitido arribar a la conclusión de q ue el operativo
mencionado se ha inscripto en el marco de ilegali dad de aquellas operaci ones
clandestinas llevadas a cabo como parte del plan de represi ón que se gestara
ya con anterioridad al gol pe de estado.

179
4.1.1. La causa “Barvich”
La causa 8234/75 “Barvich, María Teresa s/ averiguación homicidio”
fue instrui da a raíz de la intervención del personal de la Comisaría 21ª a
parti r de un llamado recibido en la sede policial, por regi strarse un ti roteo en
la calle Honduras, y a raíz del hallazgo en dicho domicilio del cuerpo sin
vida de María Teresa Barvich, por l o cual se encaminaron a la “averi guaci ón
del homici dio de la nombrada”.
De hecho, la realización del procedimi ento llevado a cabo en la
calle Honduras f ue documentada en el marco de la causa citada, instrui da por
este mi smo Juzgado, en donde surge en las fs. 1/4 q ue personal de l a
Comisaría 21ª de l a Policía Federal A rgentina, recibió una comunicación
telefónica del Comando Radioeléctrico, i nformando q ue en el domicili o de la
calle Honduras 4183, personal de l a División Investigaci ones de la locali dad
de La Plata de la Pol icía de la Provincia de Buenos Aires, había mantenido un
enfrentamiento armado con delincuentes “al parecer extremistas”.
Todo ello, surge del acta antes citada, en la cual consta que el
Comisario a cargo de la Secci onal 21ª de Policía Federal, se constituyó en el
domicilio de mención, a los 5 días de noviembre de 1975, y a las 23:30, junto
con el Principal César Roberto Crocce, de la dependencia ci tada.
En función de ello, y ya ante la presencia del personal de la
Policía Federal, surge en tal acta que el Subinspector Guillermo Horacio
Ornstein, se identifi có como q uien estaba a cargo del operativo, e informó
que habían concurrido a la finca en virtud de practicar “averiguaciones
relacionadas con la actuación que se instruí a por infracción a la Ley de Seguridad
Nacional nro. 20.840, tenencia de armas de guerra y asociación ilícita, con
intervención del Juez Carlos Molteni”.
Asimismo, informó que al llamar a la puerta de acceso y noti ficar
a la recibi dora su condición de poli cía, una persona de sexo masculino q ue se
encontraba parado en lo alto de la escalera, l os atacó con armas de fuego;
luego de lo cual Ornstein junto al Sargento 1º Saúl Omar Mansilla y el
Sargento José Vicente Sánchez, ingresaron ascendiendo por la escalera,
repel iendo con armas la agresi ón, llegan do al piso superior, donde a pesar de
la oscuridad, observaron la presencia de seis personas, entre las cuales se
hallaba la persona atacante.
Ornstein refi rió asi mismo, según surge en tal acta, que en esas
circunstancias sobre el l ateral izq ui erdo de la finca, contraf rente se
escucharon disparos de arma de fuego y se trasl adó en conocimiento de q ue
por all í tambi én se había dispuesto la correspondiente vigil ancia con personal

180
Poder Judicial de la Nación

a sus órdenes integrado por su igual J osé Féli x Madrid y el Agente Ángel
Salerno.
Al llegar, Ornstein determinó que se trataba de un patio terraza
con baldosas y sobre el ángulo sur-oeste estaba caída sobre el piso una mujer,
al parecer sin vida, y circundando al cuerpo, sangre de la víctima. Allí se
consigna, que según lo informado por Madrid, dicha persona habría intentado
fugar por los f ondos y al notar la imposibilidad de ell o provocada por la
presencia policial, hizo uso de un arma de fuego q ue portaba contra l os
mismos produci éndose por dicha circunstancia el intercambio de disparos
culminando con la caída de l a mujer.
Conforme surge de tal acta, manifestó Ornstein que ya había
iniciado el acta circunstanciada respecti va con l os detalles del procedimiento
y de los elementos secuestrados, probatorios de la actividad ilícita seguida
por los ocupantes del inmuebl e e investigada en l as actuaci ones incoadas en
su Dependencia, y que l os efectos hallados en el lugar y q ue posteri ormente
USO OFICIAL

fueron secuestrados daban a entender la actividad de los ocupantes del


inmueble y que allí funcionaba “un a central documen tológica de la
organizaci ón den ominada Ejército Revoluci onari o del Pueblo” ( E.R.P.),
mencionado en detal le los elementos secuestrados.
En la mencionada acta, tambi én se dejó constancia de que el
médico de l a Policía Roberto N. Barri o certificó el fallecimi ento de la persona
femenina y entregó al Comisario Héctor Víctor Bazán de Pol icía Federal, una
ojiva al parecer calibre 11.25 mm. que extrajera de la occisa; y de la
inspección del inmueble realizada por el Comisari o Bazán y el Principal
Crocce, qui en lo secundaba.
A fs. 5 obra una nueva acta, labrada conforme all í surge “a los 5
días del mes de noviembre de 1975, siendo l as 2.30”, en la cual se deja constancia
de las lesi ones que presentara l a vícti ma; obrando luego un informe pericial,
en el cual consta haber siso labrado el 5 de noviembre a las 2:20 hs.
Seguidamente, se halla agregada una acta labrada a l as 9:30 hs.
del día 5 de noviembre de 1975, en la cual se deja constanci a de la recepci ón
del cadáver en la Morgue Judicial.
Asimismo, se encuentra agregada a fs. 11/vta. constancia de la
entrega de los menores Mari ela Rosa, de 9 años, Juliana de 7 años y Rolando
de 5 años, a Rebeca Kremenchutzky de Mociulski, abuela paterna de los
niños, ocurri endo el lo a las 7:30 hs del día 5 de n oviembre, encontrándose
firmada di cha acta por el Oficial P ri ncipal Aníbal Gustavo Fiol, de la
Comisaría 21ª.

181
A fs. 13 obra una constancia que reza “En la fecha, día 6 de
noviembre del año 1975, siendo las 10:30, el funcionario que suscribe hace constar:
que en este acto se procede a remitir a los detenidos cuyos nombres y filiaciones
constan en autos al Departamento de Sumarios de la Superintendencia de Seguridad
Federal de esta Poli cía por razones de tramitación, para su ulterior traslado a la
Dirección de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, con
asiento en la ciudad de La Plata. Dicha medida se acuerda por así haberlo dispuesto
oportunamente el Magistrado interventor. Conste”.
A continuación –fs. 15- obra un despacho telegráfico
comunicando que el cadáver corresponde a María Teresa Barvich; mi entras
que a fs. 18 obra agregado el certificado de defunción de la nombrada en el
que se consigna que la misma falleció el 4 de noviembre de 1975 a las 23:00
hs., en el inmueble de la calle Honduras 4183 de Capital Federal.
Se el evaron las actuaciones a f s. 20 al Juzgado Nacional de
Primera Instancia en lo Criminal y Correcci onal Federal a cargo del Dr.
Teófilo Laf uente an te la Secretaría nro. 9 de l a Dra. Livia Cecilia Pombo,
quedando pendiente la remisión de la pericia realizada por la División
Balística.
A fs. 31 el Juez ordenó la prosecución del sumari o con
intervención del Procurador Fiscal y la recepción de la declaración
testimonial al Comisario Héctor Víctor Bazán –fs. 41-, oportunidad en la cual
manifestó que no i ntervino en el hech o motivo del sumario, sino que, tal
como se consigna se hizo presente en el lugar dado el giro que tomaron los
acontecimientos; y q ue los f uncionari os intervinientes prestan servicio en la
Policía de la P rovincia de Buen os Aires.
El Fiscal Federal Guillermo F. Rivarola a fs. 42 esti mó la
necesidad de corroborar en la máxima medida posible la aparente legiti midad
del obrar de la comisión policial q ue actuó en el procedi mi ento de la calle
Honduras 4183 y del cual deri vara la muerte de María Teresa Barvich.
Así, el J uez a fs. 43 requi rió que se l ibre exhorto al Juzgado
Federal al Juez Federal de La Plata a fin de que informe si allí se instruyen
actuaci ones por inf racción a la Ley 20.840 en las que con fecha 5 de
septiembre de 1975 se realizara un procedimiento en l a finca sita en
Honduras 4183 y la nómina del personal policial interviniente.
A fs. 45/49 y como respuesta a dicha solicitud, surge una nota
labrada por el titul ar de la Secretaría Penal nro. 9, Dr. Carlos Guillermo
Guerello del Juzgado Federal nro. 3 de La Plata, en la cual se consigna con
respecto a la causa nro. 311 caratulada “Becher Blanca Frida por Infracción Ley
20.840, tenencia de arma de guerra y municiones e inf. al art. 213 bis del C.P.” que

182
Poder Judicial de la Nación

según surge de la mi sma el procedimiento en el domicili o indicado se efectuó


con fecha 5 de noviembre de 1975, interviniendo en esa oportunidad f uerzas
de la Policía de la Provincia de Buen os Aires, cuya nómina es la siguiente: Of.
Subinspector Guillermo Horaci o Orstein, Of. Subinspector José Féli x Madrid;
Sargento 1ro. Omar Mansilla; Sargento José Vicente Sánch ez y los Agentes
Miguel Salerno y Carlos Alberto Taran tino con la colaboración del Oficial
Principal César Crocce perteneciente a la Policía Federal. Asimismo se
informó que de las constancias obrantes en la causa, fue encontrado un
cuerpo sin vida del sexo femenino.
A fs. 50 se dispuso el llamamiento a prestar declaración
testimonial a las personas que surgían de la nómina remiti da.
A fs. 55 obra la declaración testi monial de Guillermo Horacio
Ornstein de fecha 5 de juli o de 1976 qui en manifestó: “Que se desempeña como
sub-inspector de la División Investigaciones de la Poli cía de la Provincia de Buenos
Aires. Que el día 5 de noviembre de 1975, efectuó, juntamente con otros miembros
USO OFICIAL

de su repartición, un procedimiento en esta Capital, en una finca de la calle


Honduras 4183. Que este procedimiento se realizó con motivo de efectuar
averiguaciones, relacionadas con act uaciones que se labran en el Juzgado Federal de
La Plata del Dr. Molteni. Que por esta razón se constituyeron en la finca de
mención, rodeándola, que al llamar a la puerta de acceso, el di cente fue atendido por
una persona de sexo femenino, quien al enterarse de que el que hab la pertenecía a la
Policía, se hizo a un lado y de inmediato un hombre, que estaba agazapado en una
escalera comenzó a di sparar con arma de fuego. Que el tiroteo duró unos quince o
veinte minutos, y en el transcurso del mismo se cortó la luz. Que repeliendo con sus
armas la agresión, el dicente, juntamente con otros policías ingresó a la finca, donde
reinaba la oscuridad, que ayudados con lint ernas, que al llegar a l a planta alta de la
casa, encuentran vari as personas, todas jóvenes, las que se rindieron a las fuerzas
de la Policía. Que inm ediatamente llegaron al lugar del hecho efect ivos de la Policía
Federal, los que con un grupo electrógeno, iluminaron la finca. Que entonces, ya
con luz, recorrieron la casa encontrando en el patio de la misma una mujer sin vida,
que evidentemente hab ía intentado huir por l os fondos de la finca siendo abatida por
el personal que se encontraba vigilando en ese lugar. Que en el procedimiento
fueron secuestrados di versos elementos que probaban la actividad subversiva de los
habitantes de la casa. Que la Policía Federal se hizo cargo de la secuestrada y de los
detenidos y que los miembros de la Policía de la Provincia, entre ellos el dicente,
fueron demorados en Superintendencia de Seguridad Federal, hast a que se aclaró lo
sucedido…”.
A fs. 56 obra la decl aración testimonial de Saúl Omar Mansilla de
fecha 5 de juli o de 1976 quien refi rió: “Que se desempeña como Sargento 1º de la
Policía de la Provincia de Buenos Aires, División Investigaciones. Que el día 5 de

183
noviembre pasado, juntamente con otros miembros de su División, efectuó un
procedimiento en la finca de la calle Honduras 4183 de la Capital Federal. Que al
querer ingresar en la finca, fueron atacados con armas de fuego, logrando entrar a la
misma luego de un intenso tiroteo que duró alrededor de veinte minutos. Que
encontraron la casa a oscuras, por lo que tuvieron que ayudarse con linternas. Que
al llegar a la planta alta encontraron varias personas que se rindieron a sus fuerzas,
que enseguida arribaron efectivos de la Policía Federal quienes instalaron un grupo
electrógeno, devolviendo la luz a la finca. Que al recorrer las dependencias de la
misma, encontraron en el patio una persona del sexo femenino, sin vida. Que la
Policía Federal se hizo cargo de los efectos secuestrados y de los detenidos y q ue el
dicente fue demorado en Superi ntendencia de Seguridad Federal hasta que se aclaró
su situación…”.
A fs. 57 obra la declaración testimonial de Carlos Alberto
Tarantino de fecha 5 de juli o de 1976 qui en manifestó: “Que se desempeña como
cabo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en la División Investigaciones.
Que el día 5 de noviembre de 1976 fue comisionado para efectuar un procedimiento
en una finca de la cal le Honduras 4183 de la Capital Federal. Que le fue ordenado
que se constituyera en el fondo lindero de la casa en cuestión, apostándose en una
terraza vecina, desde donde debían vigilar l os movimientos de la finca. Que desde su
puesto oyó que se producía un intenso tiroteo y vio que se cortab a la luz de la casa.
Que una vez finalizado el procedimiento entró a la finca donde observó que habían
sido detenidas varias personas, de las cuales se hizo cargo la Policía Federal, que
había llegado momentos antes. Que desde el lugar donde el dicente se hallaba
apostado no se podía observar el patio donde supo, se encontró una mujer sin vida.
Que el que habla, juntamente con sus compañeros, fue demorado en dependencias de
Superintendencia de Seguridad Federal , hast a que se aclaró su situación…”.
A fs. 58 consta la declaración testimonial de Ángel Salerno de
fecha 5 de julio de 1976, quien manifestó: “Que se desempeña como cabo de la
Policía de la Provincia de Buenos Aires en la División Investigaciones. Que el día 5
de noviembre de 1975 realizó un procedimiento en la finca de la calle Honduras
4183 de esta Capital. Que le ordenaron se apostara en el techo de una casa vecina,
junto con otro agente de nombre Sánchez. Que desde allí debía vigilar los
movimientos de la casa. Que oyó que se producía un intenso tiroteo, pero como se
había cortado la luz, no pudo observar lo que sucedía, que desde su puesto no pudo
intervenir ni efect uar ningún disparo, dada la oscuridad reinante. Que una vez
terminado el procedimiento, el dicente f ue demorado en Superintendencia de
Seguridad Federal hasta que se aclaró su situación, así como t ambién la de sus
compañeros…”.
A fs, 59 obra la decl aración de J osé Vicente Sánchez de f echa 5 de
julio de 1976 quien refiri ó: “Que se desempeña como Sargento de la Policía de la

184
Poder Judicial de la Nación

Provincia de Buenos Aires, en la División Investigaciones. Que el día 5 de


noviembre pasado, fue comisionado para efectuar un operativo en l a Capital Federal,
en una finca sita en Honduras 4183. que junto con su compañero Salerno se le
ordenó se apostara en un techo vecino de la citada casa. Que desde allí oyó el tiroteo
que se desencadenó entre la Policía y los habitantes de la finca, que el dicente no
tuvo intervención en el procedimiento, pues se había cortado la luz y no podría ver
nada de lo que sucedía. Que una vez finalizado el operativo, el personal de la Policía
de la Provi ncia, entre ellos el que habla, fue demorado en Superintendencia de
Seguridad Federal, hasta que fue aclarada su situación…”.
A fs. 64 obra la decl aración de J osé Féli x Madrid de fecha 16 de
julio de 1976 quien manifestó: “Que se desempeña como Sub-Inspector de la
Policía de la Provincia de Buenos Aires, en la Dirección I nvestigaciones. Que el día
5 de noviembre de 1975, fue comisionado para efectuar un operativo en la Capital
Federal, en una finca sita en Honduras 4183. Que dado el tiempo transcurrido el
dicente no recuerda si ingresó a la finca por el frente o por el fondo, aunque sí
USO OFICIAL

recuerda de que se desencadenó un tiroteo entre las fuerzas de la policía y los


habitantes de la finca, y que la casa estaba a oscuras. Que del procedimiento resultó
una persona de sexo femenino muerta. Que con posterioridad fue demorado, junto
con sus compañeros en Superintendencia de Seguridad Federal , hasta que fue
aclarada su situación…”.
A fs. 65 obra un escrito presentado por el Fiscal Federal J uli o C.
Strassera en donde manifiesta q ue de l as diligencias practicadas tendientes a
acredi tar l a legali dad y procedencia del operativo antisubversivo llevado a
cabo por fuerzas de la policía de la Provincia de Buenos Aires en la finca sita
en Honduras 4183 de la Capi tal, a raíz del cual se produjera la muerte de
María Teresa Barvich, surge con certeza que el mismo fue realizado en la
forma acostumbrada y con la cel eri dad y eficacia q ue lo requieren las
maniobras de esa ín dole, no apreciándose indicio alguno que permi ta suponer
su anormalidad. Por ello estimó que correspondía sobreseer definitivamente.
Así a f s. 66 el Juez Federal Guillermo F. Rivarol a mediante la resol ución de
fecha 23 de julio de 1976 entendió q ue el procedimiento fue l levado a cabo en
forma correcta, con celeridad y eficacia, sin que las f uerzas policiales
excedieran el marco de sus atribuciones, pues respondi eron con sus armas el
ataque de que eran objeto desde el interior del inmuebl e, actuando por lo
tanto en ejercicio de su autoridad, lo que tornaría legítima la muerte
investigada. Por ell o de conformi dad con lo dictaminado por el Fiscal,
resolvió sobreseer definitivamente.
4.1.2. La otra versi ón de l os sucesos
Conforme surge de l a descripción efectuada de la citada causa, en
el marco de la averi guaci ón llevada a cabo por el entonces Fiscal de la causa

185
y luego Juez Guill ermo F. Ri varola, sin perjuici o de q ue se trataba de
investigar el homici dio de María Teresa Barvich, no fueron citadas a declarar
las personas q ue se hallaban en el domicilio de l a calle Honduras y que
resultaron detenidas, sino que sólo se limitó el Juez a convocar en calidad de
testigos, a los agentes de Policía de la Provincia que habían realizado el
procedimiento.
De acuerdo a ello, resta entonces tener en cuenta el relato
efectuado por quien es, como damnificados, presenciaron los hechos, en las
diversas instancias en las cual es han decl arado.
Al respecto, surge el relato brindado por Julio César Mogordoy,
en su declaraci ón obrante a fs. 4002/ 7 de la presente causa, qui en relató:
“Después de ir a la Comisaría, nos trasladaron a «Coordinación Federal» y de allí a
Protobanco. En este último traslado e incl uso en el posterior, cuando nos llevaron a
la Brigada de Quilmes, intervinieron las mismas personas, que yo i dentifico como el
grupo de Aníbal Gordon, y fue en esos trayectos que Madrid me preguntó si yo le
había disparado a matar o no. Esa es la conversación a la que me refiero [...] A la
Comisaría nos trasladaron en un patrullero, a cara descubierta, y nos alojaron en
los calabozos destinados a los presos comunes. El Comisario, al ver que Norberto
[Rey] y mi hermano estaban heridos, decidió trasladarlos al Hospital Fernández.
Del Hospital mi hermano volvió a ser secuestrado por el grupo de Gordon, pero
después lo recuperó nuevamente la Comisaría nro. 21. A la madrugada el Comisario
nos reunió y nos dijo que eso era todo lo que él había podido hacer por nosotros, que
debía entregarnos y que creía que estábamos todos muertos. No recuerdo bien, pero
creo que incl uso acl aró que nos llevarían a la Superintendencia de Seguridad
Federal. En la comisaría habremos estado unas cuatro o ci nco horas, no hubo ningún
tipo de maltrato por el personal policial”.
En cuanto al ingreso a la dependencia policial de Policía Federal
[que a esta altura sabemos q ue se trata del Departamento Central de Policía]
relató: “allí nos recib ió el grupo de Gordon. Nos bajaron del auto en la entrada de
bomberos, que está ubicada en la calle Belgrano. Ahí caminamos unos metros hasta
un pasillo, donde nos estaba esperando el grupo de Gordon. Nos golpearon, nos
vendaron y nos pusieron contra la pared unos minutos hasta que nos ubicaron en un
vehículo con asientos largos; arriba de ese vehículo iba con seguri dad Félix Madrid,
pude verlo cuando a cara descubierta me preguntó si yo le había disparado a matar o
no”.
Relató asimi smo “llamábamos «Puente 12», «División Perros» o
«Cuatrerismo» [...] nos bajaron sobre el pasto [...] de ahí me llevaron directamente
al lugar de tort uras [...] el l ugar de las torturas, en donde te daban picana
específicamente porque torturaban en todos lados, era un galpón de chapas, en
realidad eso lo pude ver porque en el medio de la tortura me arrancaron las vendas

186
Poder Judicial de la Nación

[...] En un momento l legó personal del Ejército uruguayo, que se identificó de ese
modo, entonces me fueron a buscar a mi celda y me llevaron a una oficina donde me
sacaron la venda”, luego agregó “estoy casi seguro de que el que torturaba en el
lugar era Gordon [...] “La patota entraba y salía del campo permanentemente.
Gordon era el que me daba picana, y Guglielminetti y Madrid creo que eran los que
hacían submarino y nos golpeaban; no los vi, pero los reconocí por la voz”.
Asimismo, en cuanto a las personas con las q ue compartió
cautiverio mencionó: “Las personas que yo vi detenidas en el l ugar son las que
integraban mi grupo: Rey, mi hermano, Becher, Charo Moreno y Griselda Lazarte.
También sé que en el lugar estaba detenido Maeda [...] escuché su voz en un
interrogatorio”.
Luego relató “Yo escuché que Gordon torturaba a una persona a la
que le decía «Pedro, decime algo y te prometo que te mato», y él le respondió
insultándolo. Después me enteré que esta persona sería un Comandante del ERP de
apellido Ledesma, que aparentemente estaba sufriendo mucho producto de las
USO OFICIAL

torturas. Que él murió en el lugar, me lo dijo Norberto Rey, pero tengo entendido
que tampoco Norberto lo vio concretamente en el lugar”.
Mogordoy relató que en el lugar no lo dejaban hablar, no había
en el sitio no ningún tipo de iluminación, que permaneci ó descalzo mientras
estuvo detenido, q ue lo amenazaban con que lo iban a matar y se iba a quedar
en la parrilla, que las sesiones de tortura eran al menos dos veces por día, y
que los tormentos físicos consistían en “picana, submarino, golpes a modo de
ablande antes de la picana” y agregó “también en una oportunidad me clavaron
ganchitos de una máq uina en los huesos de la espalda, a la altura de la columna. A
partir de ahí empecé a sentirme sumamente débil y afiebrado, creo que tuve una
infección producto de los ganchos ”
Luego, agregó “Nos fuimos en tandas, el último en irse fue Norberto
Rey, que debe haber estado más de un mes en el lugar. Los que nos trasladaban eran
los miembros del grupo de Gordon, Madrid puedo afirmar que estab a en los traslados
con total seguridad. Primero nos llevaron a un lugar que luego supimos que era la
Brigada de Quilmes, y donde había policías; desde ahí nos llevaron ya legalizados a
Avellaneda, aproximadamente veinte días después, lo sé porque empezamos a tener
visitas”.
Asimismo, agregó “Reconozco varias fotos de Guglielminetti, y tengo
la certeza absoluta de que él es una de las personas que formaban parte del grupo de
Gordon, y que intervi no en mi secuestro y a lo largo de mi detención. El último
contacto que t uve con él fue durante la visi ta que nos hicieron en Avellaneda ”, en
la citada oportunidad se dejó constancia de q ue la persona reconocida por
Mogordoy era Guglielminetti y a su vez se dejó constancia de que el
nombrado también reconoció a Aníbal Gordon.

187
En la últi ma declaración brindada por Mogordoy en fecha 6 de
diciembre pasado, relató: “puedo estimar que a la Comisaría 21, me llevaron entre
las 11 de la noche y la una de la mañana, ahí permanecí hasta las cinco o seis de la
mañana. En esta Comisaría estuvimos alojados todos juntos, en un calabozo grande.
Quienes nos llevan a la Comisaría son los de la 21, lo que entiendo es que el
personal de esta Comisaría no les libera la zona a la Policía de la provincia, y que
esto motiva que intervenga la 21 y los l leven a la Comisaría [...] dos de los
detenidos, fueron al Hospital Fernández porque los llevó la Comisaría 21, y de hecho
recuerdo que hubo resi stencia por parte de la Policía de la provinci a, de que lleven a
los detenidos a la 21, de hecho fue la patota de Policía de la provi ncia al Fernández,
y se lo llevan a mi hermano del hospital mismo, se metieron en el sitio en el cual lo
estaban enyesando y se lo llevan. El personal de la 21 estaba en ese momento en el
Hospital, y cuando advierten la patota, el personal de la Policía Federal, toma de
nuevo a los detenidos y los lleva a la Comisaría, es decir, impide que los secuestren
nuevamente. Permanecimos unas cinco o sei s, o siete horas en la dependencia”.
Y continuó en la misma declaración: “estas personas no tenían
ningún papel en la mano ni hicieron alusión a ninguna orden, cuando llega el
personal policial a la casa, se hace present e una persona que con una arma en la
mano apunta a Becher y le di ce «poli cía», en ese momento, yo est aba en la escalera,
y al ver que esta persona tenía un arma y apuntaba a la nombrada, disparé, luego de
lo cual se produce en forma inmediata el ingreso de mucha gent e por todos lados,
estaban todos preparados para ingresar, fue un operativo gigant e, según algunas
investigaciones había como mil personas. El los suponían que en l a casa había otra
cosa, que había una concentración militar, muchas armas y mucha gente, y esto lo sé
porque nos lo dijeron mientras nos tort uraban. Mi sensación es que nos iban a
matar a todos, y por eso la patota operaba clandestinamente”.
También resal tó l a actitud de la Comi saría 21ª, dij o al respecto “si
hubiese habido una orden judi cial, la Comisaría de la [Policía] Federal no hubiese
puesto ningún tipo de resistencia. Es decir, el Comisario de la 21 no nos quería
entregar porque esta gente no tenía orden al guna para exhibir, por eso se produce el
tironeo entre unos y otros [...] no sabía a di sposición de qué autoridad, ni tampoco
supe en qué sitio estaba, cuando nos llevan a la 21 nos dimos cuenta, porque el
personal de la Comisaría se presentó en debi da forma [...] unas sei s horas después de
estar en la Comisaría 21, se van a Coordinación [...] no era Coordinación Federal,
yo lo dije así pero era el Departamento Central de Policía; una vez que ingresamos
por tal entrada, subimos un piso o dos por escalera, nos ponen contra la pared y ahí
vienen los mismos que entraron a la casa y nos vendan, nos manosean, nos golpean
y los encapuchan. Nos vuelven a cargar en otro camión y nos llevan. En esta
dependencia, es decir el Departamento Central, no permanecimos ni una hora”.

188
Poder Judicial de la Nación

En cuanto al lugar de alojamiento, dijo el nombrado: “Para


nosotros el lugar se ll amaba División Perros, Puente 12, después aparece el nombre
Protobanco o Banco [...] no sabía adónde estaba, ni a disposición de quién, ni mi
destino. Mi familia hizo gestiones para encontrarme [...] mi familia no sabía en
dónde estaba, recién tengo contacto con el mundo exterior y mi familia se entera de
dónde estaba en Avellaneda”.
Otra de las personas que declaró en tal contexto es Blanca Frida
Becher -fs. 3988/91-, quien refirió en cuanto al secuestro “Mi casa estaba en un
primer piso por escalera, yo no me había dado cuenta pero habían t omado la terraza,
los techos y la puerta de entrada. Ingresaron por todos lados. Era un grupo muy
numeroso de hombres, todos vestidos de civil, no llegué a ver si estaban armados
porque el primero que entró me dio un golpe en la espalda q ue me rompió las
costillas y yo quedé todo el tiempo boca abajo [...] Se me ocurre q ue un grupo debía
ser de la policía y otro de la Triple A; en un momento, en el medio de la discusión,
uno llama por teléfono a un Coronel y ahí es que deciden trasladarnos a la
USO OFICIAL

Comisaría. A partir de que a mí me dieron el golpe ya no pude ver qué sucedió con
los demás” y agregó “escuché algunas conversaciones entre ellos en las que decían
que nos iban a torturar con picana y que a Charo [Moreno], que estaba
embarazada, le pegaban todo el tiempo en la panza. No pude ver a los que nos
secuestraron, no recuerdo más de este momento ni tampoco del traslado, sólo sé que
después aparecí en la Comisaría”.
Luego dijo “Yo en ese momento no podía ni respirar, fueron una horas
que permanecimos ahí y después nos llevaron a «Coordinación Federal», según
dijeron todos. Ahí permanecimos también unas horas, parados, m irando la pared, y
cada vez que pasaban nos golpeaban. En «Coordinación» tampoco pude ver o
identificar a nadie porque yo estaba destruida, tirada en el piso boca abajo. Ahí fue
que nos esposaron y vendaron los ojos, para luego subirnos a una camioneta o
camión y llevarnos a «Puente 12» [...] «Prot obanco»”.
En cuanto a su cautiverio en “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, dijo
“[S]é que en ese lugar bajaron conmigo a Washington [Mogordoy] y que la tortura
fue terrible. A mí ant es de caer me habían operado de un ovario y tenía la herida
muy nueva, me torturaron tanto que me la abrieron en dos [...] A mí me torturaban
doblemente, primero el interrogatorio que le hacían a todos los detenidos y después
me sometían a una segunda sesión por mi condición de judía [...] No sé exactamente
cuánto tiempo permanecí en cada uno de est os lugares, perdí la noción del tiempo;
después de la Brigada de Avellaneda nos pusieron a disposición del Ejecutivo, ahí
recuerdo que estaban Charo Moreno, Walter y Julio Mogordoy, Norberto Rey y otros
compañeros que f ueron llegando en distintos momentos”.
Agregó en cuanto a las condiciones de detención que no tuvo
lugar con otros detenidos, q ue estuvo todo el tiempo tabicada, ti rada en el

189
piso, y recordó “estaba inconciente [...] est uve todo el tiempo desnuda, fue ahí que
me desnudaron y permanecí en esas condiciones hasta que en Avellaneda me
pusieron zapatos mucho más grandes y ropa de hombre [...] a veces me torturaban en
el mismo lugar en el que estaba tirada y en otras ocasiones me trasladaban a otro
cuarto. Me torturaron de todas las formas existentes: «submarino», golpes, picana,
de todas las formas posibles y permanentemente. Los que me torturaban eran
siempre un grupo numeroso de hombres [...] me insultaban todo el tiempo por mi
condi ción de j udía y m e torturaban doblemente por ello”.
Por otro lado, se encuentra también agregada la declaración
prestada ante esta sede por Charo Noemí Moreno –f s. 4534/40- quien refi rió
en cuanto al operati vo “Estuvieron mucho tiempo presionando sin entrar, luego
comenzaron a disparar y así ingresaron al domicilio, subiendo una escalera. Creo
que en ese momento hicieron saltar los tapones, se cortó la luz y fueron subiendo,
era un grupo muy numeroso de hombres [...] estaban todos armados [...] Nos
hicieron tirar a todos al piso a los gritos y nos pegaron mucho, hasta romperle las
costillas a patadas a Norberto Rey. A mí, además de pegarme, me sacaron todas mis
pertenencias. Luego cortaron unas sábanas y nos maniataron. Washington había ido
conmigo al patio, recuerdo que cuando volvi mos los hombres dispararon y le pegaron
un tiro a él en el brazo. Más adelante, cuando ya estábamos todos reducidos en el
piso, se escuchó un disparo corto, muy fuerte, a pasos míos, que venía de la cocina.
Ahí fue cuando la mataron a «Chavela», pero de esto nos enteramos después hilando
los acontecimientos [...] dijeron que buscaban a «Chavela» y a «Andrés», que era el
apodo de Julio”.
Luego recordó que f ueron trasladados a lo que supone que era la
Comisaría de la zona, donde los “ubi caron en un lugar de tránsito contra la
pared y escuchamos que empezaban a tirar una cantidad impresionante de armas
sobre una mesa, que eran las que habían utilizado para el operativo. Lo que tengo
muy presente es que estaban contentos por cómo había resultado todo. No recuerdo
muy bien, pero creo que a Washington [Mogordoy] le enyesaron el brazo; también
estaba Rey con las costillas rotas. En ese m omento escuchamos una discusión entre
el Comisario y algunas personas que participaron del operat ivo, porque estos
últimos nos querían llevar a otro lado. El Comisario quería asentarnos en el libro
diario de la seccional y ellos se negaban. No sé finalmente qué resolvieron, creo que
en ningún momento nos tomaron los datos”.
Luego en cuanto a su estadía en la Comi saría 21, dij o: “est uvimos
permanentemente parados contra la pared y con las manos atadas, fueron varias
horas, hasta que nos trasladaron a «Coordinación Federal»“ [sería el
Departamento Central de Policía]. En cuanto al ingreso a “Cuatrerismo-Brigada
Güemes” dijo: “noté que estábamos viajando un poco más y hacia un lugar más
tranquilo, tipo descampado; además cuando llegamos se sentían pájaros, perros y

190
Poder Judicial de la Nación

cuando estacionaron nos bajaron sobre pasto [...] fuimos arrastrados hasta un lugar
donde se palpaba hormigón, yo no me quité la venda en ningún momento de los
aproximadamente ocho días que estuvimos en el lugar, pero tengo la sensación de
que había muchas puertas de chapa y me queda la idea de haber visto el color
anaranjado, pero no podría precisar si es porque efectivamente vi algo o si fue
producto de la misma venda [ ...] me quedó la sensación de haber estado en un
calabozo muy precario de hormigón, sola [...] Yo creo que en ese momento éramos los
únicos detenidos en el lugar porque sólo escuché los gritos de mis compañeros, el
lugar incluso parecía montado para nosotros, aparentemente no era un centro de
detención institucionalizado, éramos nosotros, la gente destinada a torturarnos y
creo que eso era todo”.
Luego agregó que no fue registrada en ningún libro, que la
sacaban de la celda y la llevaron a dos lugares “en uno estaba la picana, nos
recostaban en una especie de camilla o mesa y ahí nos la aplicaban mientras nos
insultaban. Para ir del calabozo a este sitio pasábamos por un espacio al aire libre.
USO OFICIAL

Me quedó la sensación de que había otro lugar, o tal vez fue el mismo pero ya no
estaba la picana, y había varios hombres pero me pareció que sin elementos de
tortura, ahí, por ejemplo, me molieron a golpes, yo estaba embarazada. Igual en
ambos casos atravesáb amos un espacio al aire libre y con pasto para llegar”.
También dijo que en el lugar en el cual estuvo, apenas se veía la
luz del día, que no pudo hablar con nadie y agregó “yo tenía puesto un
vestidito cuando me secuestraron y estuve todo el tiempo con eso, pasé mucho frío
[...] Creo que nos dieron de comer por primera y única vez al cuarto día de
detención, una especie de guiso con fideos calientes. Nosotros pedíamos agua pero
no nos podían dar por la picana [...] la amenaza de muerte estaba implícita, incluso
en mi caso, que estab a embarazada, me decían que no iban a dejar que naciera un
«guerrillerito» más”.
En el legajo de CONADEP nro. 8175 –correspondiente a Al berto
José Munárriz- se h alla agregada la declaración prestada por Norberto Rey,
quien refirió: “en la noche del 4 de noviembre de 1975 fuimos detenidos por un
grupo de parapoliciales-militares quienes actuaron en conjunto con efectivos
uniformados de la Policía Federal, ya que el «procedimiento» fue en Capital Federal.
Todos escuchamos nítidamente la discusión entre unos y otros, que culminó con la
negativa del Subcomisario de la Federal a entregarnos a la «patota»”. Agregó Rey:
“Nos llevó detenidos a la seccional con jurisdicción en la zona y una vez allí me
explicó que había hecho todo lo posible pro que yo ya supondría que nos vendrían a
buscar de «Coordinación Federal» y que él se veía obligado a entregarnos. En la
madrugada del 5 así ocurrió”.
Agregó el nombrado “En un [cami ón] celular nos llevaron a las
dependencias de la Calle Moreno. Allí, luego de vendarnos y someternos a vejámenes

191
nos pusieron en manos de quienes habían sido frustrados momentáneamente en su
objetivo de secuestrarnos. Tirados en el piso de una camioneta nos llevaron hacia
«Puente 12». No me costó mucho darme cuenta por conocer bien la zona (la
autopista, los caminos, hasta los ruidos característicos). Al llegar nomás, una sesión
de picana tremendam ente doloroso. No se t rataba de un aparato común sino de un
estimulador electrónico —magistralmente— manejado por un policía que se hacía
llamar «el Coronel» [...] Media hora después me llevaron a la sal a de tortura, esta
vez para interrogarme específicamente sobre las razones por las que me había dado
cuenta donde estábam os. Durante los 5 pri meros días todos, uno a uno, una o dos
veces por día, fuimos torturados. Los que quedábamos esperando oíamos los gritos de
los restantes. Los apremios eran los habituales: picanas, submarinos, grandes
palizas, me suspendi eron con un alambre atado de los tobillos, violaron a las
mujeres. A todos nos humillaron en decenas de formas: introducci ón de la picana en
el ano, manoseos, obl igaron a beber orina, a acostarnos sobre l os excrementos de
otro, insultos, amenazas, provocaciones verb ales y nos privaron de todo alimento y
agua. Entre sesión y sesión, siempre con los ojos vendados, nos arrojaban
semidesnudos en el pi so de los calabozos húmedos y fríos [...] Al atardecer del 5 o
día me llevan a la sala pero no me pican ean ni interrogan: m e dan un palizón
mientras me reclaman que «un juez hij o de puta se metió y tenemos que
legalizarte» (se trataba del Dr. Molteni de La Plata. Luego supi mos que entendió
en la causa hasta el golpe del 76, cuando los militares lo metieron preso en la misma
U.P. 9 donde yo estaba). En medio del estado lamentable en que estábamos fue una
alegría indescriptible. Esa noche escuché cóm o iba llamando y sacando gente, a todos
los que habíamos ingresado juntos y muchos más. Pero mi nombre no fue
pronunciado. Con una gran angustia escuché cómo se iban. Cuando todo quedó en
silencio me llevaron a la sala de torturas y me comunicaron «n osotros también
apelamos, flaco, y n os dieron carta blan ca con vos. Vas a cantar porque te
vamos a dar hasta q ue te vuel vas loco o te quedes en la máquina como pasó
con el ‘Gall ego’ y con el ‘Capi tán’» (Se referían a Ceferino Fernández y a Alberto
Munárriz, detenidos y desaparecidos pocos meses antes)”.
Destacó “La tortura siguió 9 días más, a la que se agregaron 2
simulacros de fusilamiento e intensa presión sicológica desempeñada por un médico
que me conocía -indudablemente- de cuando cursamos juntos Anatomía en 1957 [...]
imprevistamente me sacaron del calabozo-, no me picanearon, solo me golpearon
salvajemente mientras decían: «por esta vez te salvaste, hijo de puta, te tenemos
que entregar». Así fue. A los 14 días «aparecí» detenido en la Regional Avellaneda
de la Policía Provi nci al [...] El Juez Molteni aceptó como fecha de detención el 4 de
noviembre y recibió mi denuncia de privación ilegítima de la libertad y apremios,
enviando a la U.P.9 a un forense. Luego sobrevino el golpe y cuando ya estaba a
cargo del Juzgado el Dr. Adamo,- se me comunica el dictado de [prisión]

192
Poder Judicial de la Nación

preventiva. La investigación por apremi os fue cerrada “porque no se pudo


identificar a los acusados”.
En oportunidad de declarar en el marco de l a inspección judicial
llevada a cabo en l a División Cuatrerismo –cuya acta obra a fs. 4656/64- Jul io
Mogordoy reconoci ó el lugar como aquel en el cual estuvo cautivo;
específicamente relató: “el galpón que se ve a la derecha es el sitio en el cual
estuvo. Que el edificio anterior de ladrillo no estaba en aquel momento, que había
pasto y piedritas y que recuerda ello porque estaba descalzo. Que eran siete, que los
llevaron allí para torturarlos, que luego lo metieron atrás. Que le parece que es ese
galpón. Que tiene los pasos contados, que no recuerda la construcción de la
izquierda, que en un momento Gordon le pega una trompada y le arranca las vendas,
que cuando ello sucede vio el techo, el portón tipo de chapa sin pi ntar, y también a
Gordon y a Madrid ( Félix) y vio para afuera, donde vio el pasto”.
Asimismo, corresponde señalar que en otra parte de la inspección
judicial reali zada en el citado centro clandestino, y la cual reza “Casino de
USO OFICIAL

Oficiales”, surge el siguiente pasaje, con citas en su primera parte de l os


dichos de Mogordoy: “que este lugar tenía dos ventanas, que podría ser esta
oficina donde estuvo, que había mucha luz. Que refiere que tampoco se veía la pared
que desde las ventabas hoy se advierte a menos de cinco metros, ref iriendo todos que
esta no estaba. Que Charo Moreno acota q ue puede ser el recorri do este el lugar al
cual una vez la llevaron para interrogar. Esta habitación a su ingreso tiene a la
izquierda un cuartito estilo placard y a la derecha un espacio semicerrado que posee
una pileta”.
También la testigo Charo Moreno se pronunció en estos térmi nos:
“refiere Charo Moreno que estaba embarazada de cuatro meses cuando estuvo
detenida y que según entiende Jorge Velarde dijo que había una embarazada en el
lugar, ante lo cual Velarde dice que escuchó los gritos de la embarazada y que
escuchó a los guardias que comentaban ent re ellos sobre una mujer del ERP que
estaba embarazadas y que le quedó grabado y que pensó siempre cuál había sido el
destino de esa mujer. Luego Charo Moreno refiere que ella era la mujer
embarazada”.
Pero como puede apreciarse del contenido del presente apartado,
no se trata en este caso sólo de ahondar de los padecimientos de las víctimas
en el centro clandestino “Cuatrerismo-Brigada Güemes” si no también de
reparar en las contradicciones q ue se advierten, entre los testimonios de l as
víctimas aquí tratadas, por un lado, y de los agentes policiales que
intervinieron en el operativo, por el otro, lo cual permi te vislumbrar que,
pese a l a aparente l egalidad del procedi miento, en f unción de la invocaci ón
de una intervención judicial, tal operativo se encontró teñ ido de los más
absolutos vicios de i legalidad.

193
4.1.3. Pautas de la ilegalidad del operati vo
Conforme se aprecia en las diversas decl araciones prestadas en la
“causa Barvi ch” por el personal que previno en el citado procedimiento, y en
las versiones aportadas por los testi gos mencionados, corresponde poner en
duda la versión ofici al acerca de los móviles y el objetivo que motivaron que
el personal policial se hiciera presente en el domicilio de la calle Honduras,
apareciendo f rente a tales di screpancias, las detenciones produci das más
como el resultado buscado, que como un resultado producto del desvío del
curso de los hechos.
Los el ementos que me conducen a tal apreciaci ón podrían
resumirse de la sigui ente manera:
► las contradicci ones policial es relati vas al ingreso al domici lio;
► la falta de orden j udicial para llevar a cabo el operati vo;
► la desmedi da vi ol encia ejerci da en el marco del procedi mi ento,
► la cantidad de personal afectado;
► la asistencia de personal no reconocido en las actuaci ones; y
► las falsas identificaciones de tres Suboficiales de Policía.
A estas circunstanci as se suman otras que se relacionan con el
cómo de la detenci ón de estas person as, que revelan que los mismos se
hallaban bajo un ámbito de innegable il egalidad de su detención, surgiendo
de tal forma los siguientes aspectos a destacar:
► el trasl ado de l os detenidos a siti os en l os q ue no f ueron
registrados;
► el al ojamiento de los mismos bajo l a órbita de personas sin
identificar, en siti os sin identificar;
► la abstracci ón de los mismos del conocimiento de sus
familiares;
► la prohibición de comunicaci ón con el exterior;
► la supuesta “legalización posteri or”, cuando estaban ya
alojados en la Divi si ón Cuatrerismo, donde f uncionó en CCDT “Cuatrerismo-
Brigada Güemes”;
Circunstancias que serán eval uadas a con tinuación.
a. Contradicciones policiales relativas al ingreso a la vivienda
Conforme surge de las actuaci ones “Barvich” la actuación del
Oficial Inspector Ornstein en la calle Honduras obedeció a la realizaci ón de
“averiguaciones relaci onadas con la actuaci ón que se instruía por infracción a la
Ley de Seguridad Nacional nro. 20.840, tenencia de armas de guerra y asociación
ilícita, con intervenci ón del Juez Carlos Molteni”; surgiendo de la misma acta
que “al llamar a la puerta de acceso y notificar a la recibidora su condición de

194
Poder Judicial de la Nación

policía, una persona de sexo masculino los atacó con armas de fuego quien se
encontraba en lo alto de las escaleras por las cuales se llega al pi so superior de la
casa; l uego de lo cual Orstein junto al Sargento 1º Saúl Omar Mansilla y el
Sargento José Vicente Sánchez, ingresaron ascendiendo por la escalera, repeliendo
con armas la agresión, llegando al piso superior, donde a pesar de la oscuridad,
observaron la presenci a de seis personas ”.
Es deci r, la versi ón de los policías pone al descubierto la carencia
de una orden de allanamiento que haya l egitimado el ingreso al domicili o, ya
que, conforme surge en la pri mera acta obrante en la causa “Barvich”, f ue la
agresi ón de la persona situada en la escalera, la q ue habría desencadenado el
ingreso al domicilio para repeler j ustamente aquel acto de intimidación.
Sin embargo, tal justificación, se halla contrariada a raíz de las
versiones que emergen de la propia causa “Barvich” y de aquellas receptadas
en el marco de estos actuados. Allí prestaron declaración Ornstein, Mansilla,
Madrid, Sánchez, Sal erno y Tarantino.
USO OFICIAL

Así, a fs. 55 obra l a declaración testi mon ial de Guillermo Horacio


Ornstein, quien relató “Que el día 5 de noviembre de 1975, ef ectuó, juntamente
con otros miembros de su repartición, un procedimiento en esta Capital, en una
finca de la calle Honduras 4183. Que este procedimiento se real izó con motivo de
efectuar averiguaciones, relacionadas con actuaciones que se labran en el Juzgado
Federal de La Plata del Dr. Molteni. Que por esta razón se constituyeron en la finca
de mención, rodeándol a, que al llamar a la puerta de acceso, el dicente fue atendido
por una persona de sexo femenino, quien al enterarse de que el que habla pertenecía
a la Policía, se hizo a un lado y de inmediato un hombre, que est aba agazapado en
una escalera comenzó a disparar con arma de fuego. Que el tiroteo duró unos quince
o veinte minutos, y en el transcurso del mi smo se cortó la luz. Que repeliendo con
sus armas la agresión, el dicente, juntamente con otros policías ingresó a la finca,
donde reinaba la oscuridad”.
A fs. 56 obra la decl aración testimonial de Saúl Omar Mansilla de
fecha 5 de juli o de 1976 quien refi rió: “Que se desempeña como Sargento 1º de la
Policía de la Provincia de Buenos Aires, División Investigaciones. Que el día 5 de
noviembre pasado, juntamente con otros miembros de su División, efectuó un
procedimiento en la fi nca de la calle Honduras 4183 de la Capital Federal. Que al
querer ingresar en la finca, fueron atacados con armas de fuego, logrando entrar a
la misma luego de un i ntenso tiroteo que duró alrededor de veinte minutos”.
Carlos Alberto Tarantino en su decl aración de fs. 57/ vta.
manifestó: “Que el día 5 de noviembre de 1976 fue comisionado para efectuar un
procedimiento en una finca de la calle Honduras 4183 de la Capital Federal. Que le
fue ordenado que se constituyera en el fondo lindero de la casa en cuestión,
apostándose en una terraza vecina, desde donde debían vigilar los movimientos de la

195
finca. Que desde su puesto oyó q ue se producía un i ntenso tiroteo y vio que se
cortaba la luz de la casa”.
Ángel Salerno prestó declaración a fs. 58, oportunidad en la cual
manifestó: “Que se desempeña como cabo de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires en la División Investigaciones. Que el día 5 de noviembre de 1975 realizó un
procedimiento en la finca de la calle Honduras 4183 de esta Capital. Que le
ordenaron se apostara en el techo de una casa vecina, junto con otro agente de
nombre Sánchez. Que desde allí debía vigilar los movimientos de la casa. Que oyó
que se producía un intenso tiroteo, pero como se había cortado la luz, no pudo
observar lo que sucedí a, que desde su puesto no pudo intervenir ni efectuar ningún
disparo, dada la oscuri dad reinante”.
José Vicente Sánchez a fs. 59 relató: “Que el día 5 de novi embre
pasado, fue comisionado para efectuar un operativo en la Capital Federal, en una
finca sita en Honduras 4183. que junto con su compañero Salerno se le ordenó se
apostara en un techo vecino de la citada casa. Que desde allí oyó el tiroteo que se
desencadenó entre la Policía y los habitantes de la finca, que el dicente no tuvo
intervención en el procedimiento, pues se había cortado la luz y no podría ver nada
de lo que sucedía. Que una vez finalizado el operativo, el personal de la Policía de la
Provincia, entre ellos el que habla, fue demorado en Superintendencia de Seguridad
Federal, hasta que fue aclarada su situación…”.
A fs. 64 obra la decl aración de J osé Féli x Madrid de fecha 16 de
julio de 1976 quien manifestó: “Que el día 5 de noviembre de 1975, fue
comisionado para efectuar un operativo en la Capital Federal, en una finca sita en
Honduras 4183. Que dado el tiempo transcurrido el dicente no recuerda si ingresó a
la finca por el frente o por el fondo, aunque sí recuerda que se desencadenó un
tiroteo entre las fuerzas de la policía y los habitantes de la finca, y que la casa
estaba a oscuras. Que del procedimiento resultó una persona de sexo femenino
muerta”.
Así las cosas, las versiones brindadas por el personal policial que
intervino en el operativo dan cuenta de q ue la comisión polici al se constituyó
en el domicilio de la calle Honduras, a fin de realizar “averiguaciones”, o bien
realizar un operativo –como señalara Madrid- , y que “al q uerer entrar a la
finca” fueron atacados con armas- conf. Mansilla-; por lo que ninguna de las
versiones esbozadas por los agentes policiales, pone en tela de juicio la
posible existencia de una orden judicial , u otro supuesto fáctico que hubiere
habilitado a la intromisión en la vivienda.
Veamos por otro lado, cuál es fueron las versiones brindadas por
los testi gos del procedimiento que estaban en la vivienda al ingresar a la
misma el personal policial.

196
Poder Judicial de la Nación

Julio César Mogordoy prestó decl araci ón en varias ocasiones; en


la prestada el día 9 de septiembre de 2010, refiri ó “Cuando golpearon la puerta
en el domicilio de Becher e ingresaron estab an todos vestidos de civil, era un grupo
de, al menos, seis personas. No se identificaron [...] En ese momento ninguno de
nosotros sabía quiénes eran, dimos con su nombre y apellido porque después se
hicieron públicos [...] Ellos estaban buscando a «Chavela» y «Andrés»; «Chavela»
era el apodo de Barvich y «Andrés» era yo [...] Nosotros inmediatamente nos
rendimos porque había tres menores en la casa y un operativo gigante en la cuadra.
Apenas entraron, estábamos todos en el pasillo distribuidor de la casa, menos
«Chavela» que estaba en la cocina junto con mi hermano; ahí escuchamos dos
disparos y el que mandaba, que a mi entender era Gordon, preguntó qué pasaba, a lo
que Félix Madrid, que fue quien había ido a la cocina, le contestó que no sucedía
nada. En ese momento fusilaron a Teresa [ Barvich], y el que di sparó fue Madrid
[...] Madrid es el que se presenta en la puerta de la casa de Becher. Cuando ella
abre, él se identifica como perteneciente a la Policía, tras lo cual yo, que estaba
USO OFICIAL

armado, efectué un disparo y ahí empezaron a disparar ellos”.


Blanca Fri da Becher en la declaración prestada el 3 de septiembre
de 2010, relató “Creo que el día 4 de noviembre del año 1975 fui secuestrada en mi
domicilio de la calle Honduras al 5.000 de Capital Federal. Era de noche, yo estaba
con mis hijos, que en aquel entonces tenían 5, 7 y 9 años de edad. También había
algunos compañeros: Charo Moreno, J ulio y Washington Mogordoy, Teresita
Barvich y bastante gente más, pero no recuerdo sus nombres. Nosotros militábamos
juntos en el PRT. Fue todo tan rápido, que casi no pude ver nada. Mi casa estaba en
un primer piso por escalera, yo no me había dado cuenta pero habían tomado la
terraza, los techos y l a puerta de entrada. I ngresaron por todos lados. Era un grupo
muy numeroso de hombres, todos vestidos de civil, no llegué a ver si estaban
armados porque el primero que entró me dio un golpe en la espal da que me rompió
las costillas y yo quedé todo el tiempo boca abajo [...] Se me ocurre que un grupo
debía ser de la policí a y otro de la Triple A; en un momento, en el medio de la
discusión, uno llama por teléfono a un Coronel y ahí es que deciden trasladarnos a
la Comisaría. A partir de que a mí me dieron el golpe ya no pude ver qué sucedió
con los demás. Si escuché algunas conversaciones entre ellos en las que decían que
nos iban a torturar con picana y que a Charo, que estaba embarazada, le pegaban
todo el tiempo en la panza. No pude ver a los que nos secuestraron, no recuerdo más
de este momento ni tampoco del traslado, sólo sé que después aparecí en la
Comisaría, donde nos recibió un uniformado que debía ser el Comisario, pero no
tengo seguridad. Yo en ese momento no podía ni respirar”.
Charo Noemy Moreno, en su decl aración prestada el 20 de
octubre de 2010 declaró “Fui secuestrada el día 4 de noviemb re del año 1975
cuando me encontraba en la casa de una com pañera de militancia, de nombre Blanca

197
Becher, que vivía en l a calle Honduras [...] recuerdo que en la casa estaba Blanca
con sus hijas y creo q ue también su hijo Rolando, Norberto Rey, Julio Mogordoy, su
hermano Washington y Teresa Barvich, a q uien llamábamos «Chavela». Habíamos
cocinado y no llegamos a cenar, cuando empezaron a golpear la puerta de entrada a
los gritos. Estuvieron mucho tiempo presionando sin entrar, luego comenzaron a
disparar y así ingresaron al domicilio, subiendo una escalera. Creo que en ese
momento hicieron saltar los tapones, se cortó la luz y fueron subiendo, era un grupo
muy numeroso de hombres, no recuerdo como estaban vestidos, pero estaban todos
armados. Yo intenté salir al patio y vi que ya en el techo había tres hombres, por lo
cual debe haber sido un operativo muy grande, se escuchaba gente afuera, y gente
adentro del domi cilio y distribuida por la casa. Nos hicieron tirar a todos al piso a
los gritos y nos pegaron mucho, hasta romperle las costillas a patadas a Norberto
Rey. A mí además de pegarme me sacaron todas mis pertenencias. Luego cortaron
unas sábanas y nos maniataron. Washington [Mogordoy] habí a ido conmigo al
patio, recuerdo que cuando volvimos los hombres dispararon y le pegaron un tiro a
él en el brazo. Más adelante, cuando ya estábamos todos reducidos en el piso, se
escuchó un disparo corto, muy fuerte, a pasos míos, que venía de la cocina. Ahí fue
cuando la mataron a «Chavela», pero de esto nos enteramos después hilando los
acontecimientos. No escuché nombres o apodos ni los recuerdo físicamente”.
“Dijeron que buscaban a «Chavela» y a «Andrés», que era el apodo de
Julio [Mogordoy]. Les pedimos que no dispararan porque había niños en la casa,
pero el operativo fue de todos modos muy violento. No recuerdo que se identificaran
de modo alguno [...] escuchamos que empezaban a tirar una cantidad impresionante
de armas sobre una mesa, que eran las que habían utilizado para el operativo. Lo que
tengo muy presente es que estaban content os por cómo había resultado todo. No
recuerdo muy bien, pero creo que a Washington [Mogordoy] le enyesaron el brazo;
también estaba Rey con las costillas rotas. En ese momento escuchamos una
discusión entre el Comisario y algunas personas que participaron del operativo,
porque estos últimos nos querían llevar a otro lado. El Comisario quería asentarnos
en el libro diario de la seccional y ellos se negaban. No sé finalmente qué
resolvieron, creo que en ningún momento nos tomaron los datos [...] recuerdo que
estuvimos permanentemente parados contra la pared y con las manos atadas, fueron
varias horas, hasta que nos trasladaron a «Coordinación Federal»”
Las versiones brindadas por l os testigos antes citados, dan cuenta
de varios elementos a tener en cuen ta, en pri mer l ugar que lejos de
constitui rse el personal policial para llevar a cabo “averiguaciones en el marco
de la ley 20840” y notificar a los ocupantes a tales fines; ya desde el inicio, el
objetivo fue el allanamiento o procedi miento en la vivienda de la calle
Honduras, como asi mismo la detención de sus ocupantes mediante el ejercici o
de una viol encia in usitada, y en particular la ubicaci ón de “Chavela”, qui en

198
Poder Judicial de la Nación

conforme han relatado l os testigos era María Teresa Barvi ch, quien resultó
muerta como consecuencia del operativo.
Al respecto, no puedo pasar por alto, que han sido coherentes los
testigos Mogordoy, Moreno y Becher, en cuanto a que Barvich habría si do
asesinada en la coci na del domicilio, hecho éste que no está comprendido en
estas actuaciones, circunstancia que representa un obstáculo formal a los
efectos de revisar los hechos que tuvieron por víctima a Barvich, por l o que
de momento habrá de tenerse en cuenta el citado expedi ente ad effectum
probandi, en punto a evaluar la legalidad o il egalidad de la detención de l as
aquí vícti mas.
Sigui endo con el análisis, también vale hacer mención a la
declaración prestada ante esta sede por Alicia Adriana Barvich, hermana de
María Teresa, q uien relató que a partir de conversaci ones que tuvo con Juli o
César Mogordoy, pudo conocer lo si guiente: “Es la patota que llega primero
disparando, después l lega la [comisión de la Seccional] 21, que fue el momento
USO OFICIAL

más tenso, porque se ponen a discutir y pensaron que los iban a matar. La
[Seccional] 21 alegaba que cómo se metían en esa zona sin permiso. [Julio]
Mogordoy me contó que la patota entró directamente disparando. Lo de la Brigada
de Investigaciones de La Plata me lo dijeron en la [Secci onal] 21. Por todo lo que
nos decían entre ellos, por lo que se veía, est aban todos muy enojados entre sí: los de
la [Seccional] 21 estaban enojados porque [l a Bri gada de] Investi gaciones se había
metido, y en la Brigada de Investigaciones porque de alguna m anera los estaban
delatando, al haber intervenido ilegalmente [...] En el caso de mi hermana, arman la
causa después. Ellos dicen que el operativo es el día 5, se toman un tiempo para que
salga en los diarios” ( cfr. fs. 10.525/9).
Por otro lado, es necesari o dejar asentado q ue la concl usión
mencionada, en cuanto a que el personal policial se encaminó a realizar un
procedimiento y la detención de los ocupantes del domicilio, no sólo surge de
las descripciones aportadas por Moreno, Mogordoy y Becher, sino también de
otros el ementos a tener en cuenta, ya enumerados, como la canti dad de
personal apostado en los alrededores del inmuebl e, despli egue que no se
compadece con la práctica de averi guaci ones, tal como ha sido plasmado en el
acta inicial de la causa “Barvi ch”.
Al respecto, conforme surge de las actuaciones, se utilizó una
gran cantidad de personal policial , que no concurrió ci rcunstancialmente o en
apoyo l uego de veri ficarse l a posibilidad de un inminente enfrentamiento o
de haber comenzado éste, sin o que f ue personal enviado desde un comienzo
desde la ci udad de La Plata.

199
La apreciaci ón rel ativa a la canti dad de personal af ectado en
torno al procedimi ento, se visualiza en los dichos vertidos por Julio
Mogordoy, q uien en su declaración de fecha 6 de diciembre pasado, relató en
cuanto a la presenci a polici al en el operativo: “fue un operati vo gigante, según
algunas investigaciones había como mil personas”.
También la testi go Charo Moreno -4534/40- relató en cuanto al
operativo: “Creo que en ese momento hicieron saltar los tapones, se cortó la luz y
fueron subiendo, era un grupo muy numeroso de hombres, no recuerdo como estaban
vestidos, pero estaban todos armados. Yo intenté salir al patio y vi que ya en el
techo había tres hombres, por lo cual debe haber sido un operati vo muy grande, se
escuchaba gente afuera, y gente adentro del domicilio y distribuida por la casa”.
Asimismo, vale mencionar como otro punto de interés, que el
personal afectado respondía a di versas Divisi ones dentro de la Policía
provincial , todas ell as dependientes de la Direcci ón de Investigaciones, con
sede en La Plata, ya que conforme surge de los legaj os de l as personas q ue
han intervenido en el mismo, algunas de ellas correspondían a la Divisi ón
Cuatrerismo –La Matanza-, siendo este el caso de Taran tino, Sánchez y
Salerno; mientras que Ornstein, que era quien di rigía el operativo, se
desempeñaba en la División Robos y Hurtos con sede en La Plata; Madri d
según su legaj o, se desempeñaba en la Di rección de Investigaciones, mientras
que en su declaraci ón indagatoria refiri ó que al momento del operativo, se
hallaba afectado también a la Di visión Robos y H urtos.
Por otro lado, la versión brindada por Ornstein al momento de
hacerse presente el personal de la Comi saría 21ª en el domi cilio de mención,
también se desvanece si tenemos en cuenta los propios descargos efectuados
ante esta sede por los imputados, ya que tanto Madrid como Salerno se
refirieron a l os hechos bajo estudio, indicando que se diri gi eron a hacer un
procedimiento o allanamiento en el domi cilio de la calle Honduras.
Al respecto, vale mencionar la declaraci ón prestada por Madrid,
quien relató: “recuerdo que iba con el auto y nos convocan por radio de la
Dirección de Investigaciones y nos debíamos presentar todos los que estuvieran
operando cerca de Capital Federal, en la Comisaría 21, en apoyo de un
procedimiento [ ...] pero yo fui de apoyo, porque presumían que i ba a haber tiroteo
porque se hacía un procedimiento, y por si llegaba a haber muchos detenidos”.
Luego agregó “[E]vi dentemente la orden debía estar, si hacían un
allanamiento era con orden judicial, si había un tiroteo, primero se entraba y
después venía la orden de allanamiento en casos especiales [...] Creo que el
Comisario de la 21 había tenido preso a una de las personas que estaban en la casa,
lo trató como que ya l o conocía. Entonces, t ermina el operativo, voy a la Comisaría
y estuve demorado hasta el otro día a la mañana. Nos citaron al Juzgado luego, y

200
Poder Judicial de la Nación

nos sobreseyeron a t odos por haber actuado dentro de las normas legales [...]
“cuando era en un lugar peligroso y el personal que debía hacer el procedimiento era
escaso, se convocaba a otras personas. Si eran tres o cuatro y los presos eran seis,
necesitaban gente. A mí me convocaron para apoyo del grupo de Ornstein, que era el
que dirigía el procedimiento, yo esto lo deduzco porq ue estaba en el lugar”.
Por su lado, Ángel Salerno, en su decl aración del 14 de octubre
de 2011, recordó respecto del procedi mi ento de interés: “Era de noche porque
era oscuro y a nosotros nos involucran en el procedimiento. Nosotros éramos un
montón, la mayoría de los que estaban era gente que yo no conocía [...] Quien nos
dio la orden fue el oficial principal Sarratea, de alias «Pipa», no sé donde prestaba
servicios, pero en [la División] Cuatrerismo no se desempeñaba [ ...] esto fue en [la
División] Cuatrerismo que él dijo «vos, vos y vos» y fueron al operativo [...] él era
como un Jefe, mandab a allí, estaba siempre, no sé qué funciones tenía y supongo que
tendría contacto con el Jefe que era Carabajal. No sé a qué venía [...] habíamos
llegado ahí de rabajar en la calle, a las siete u ocho ya nos íbam os, y cayó «Pipa»
USO OFICIAL

con toda esa gente y les dijo que iban a ir a Capital Federal, a hacer un
procedimiento. Había como cuatro o cinco cohes en el operativo y tres o cuatro
personas por coche [...] Eramos unos cuatro coches, y varias personas, de las cuales
muchas de ellas yo no conocía. Llegamos a aquél lugar, organizaron todo. Es decir,
como debíamos realizar el allanamiento. A mí me mandan a una casa lindera a la
azotea a vigilar, porque me dijeron que se podían escapar por ahí. Una vez llegado al
lugar, empezaron a los tiros y yo sentía que me picaba la cara a causa de que las
balas pegaban en la mampostería. Creo que quienes comenzaron con los tiros eran
quienes intentaban ingresar; yo sentí que empezaron los tiros. Yo estaba apostado en
una azotea vecina. Luego vino la Policía Federal, y escuchaba como gritaban «alto
fuego»”.
Los el ementos citados permiten conclui r que si bien el personal
policial de la Policía de Provincia, intentó justificar el ingreso al domicilio y
la detención de sus ocupantes, mediante una acción necesari a de repeler la
agresi ón precedente, lo cierto es ello no era más que una tapadera de muy
escasa consistencia y que como he señal ado, la detención de los ocupantes y
el traslado a un CCDT para su tortura, formó parte de un prediseño,
ordenado desde las altas esferas, como parte de las acciones de gestación del
plan represivo que tomara cuerpo y se concibiera como tal, a partir del gol pe
de estado.
b. Irregularidades procesales en el allanamiento
Los elementos reuni dos permiten advertir q ue l os f uncionarios
que intervinieron en el operativo de detención, llevaron a cabo la detención
de las seis person as antes nombradas, sin poseer orden judicial que

201
autorizara la misma; y sin encontrarse por otro lado en los supuestos que
habilitaban la detención sin orden judicial.
El Código de Procedimientos en Materi a Penal –conf. ley 2372-
aplicable al momento de l os hechos, y sustitui do por el Código Procesal Penal
de la Naci ón, con forme ley 23.984, otorgaba a l os agentes polici ales
facultades de allanar un domicili o y detener a una person a, sin orden de
autoridad competente, sól o en los supuestos enunciados en el artícul o 189 del
citado Códi go ritual , esto es: “a) cuando se denuncie por uno o más testigos,
haber visto personas que han asaltado una casa, introduciéndose en ella, con
indicios manifiestos de ir a cometer un delit o; b) cuando se introduzca en la casa un
reo de delito grave a quien se persigue para su aprehensión; c) cuando se oigan voces
dentro de la casa que anuncien estarse cometiendo algún delito, o cuando se pida
socorro”.
De la misma forma, la normativa procesal disponía facultades de
detención sin orden judicial, en el caso de encontrarse las personas
“infraganti delito, y aquéllas contra quienes haya indicios vehementes o semiplena
prueba de culpabilidad, debiendo ponerlas inmediatamente a disposición del Juez
competente” –conf. artículo 4-.
De allí se sigue, que la detención de una persona debía reali zarse
con orden judici al, con excepci ón de registrarse alguno de los supuestos
mencionados; y que la “flagrancia” a la q ue se refiere l a norma procesal , y que
autoriza la detenci ón sin orden escrita, no puede estar precedida de un
allanamiento realizado sin orden judicial, fuera de los supuestos en unciados
por la ley.
En el caso, las versiones brindadas por el personal policial en
cuanto a cómo se produce el ingreso a l a vivienda, ya han sido expuestas en
el punto a) en el cual se deja asentado que el procedimiento a realizarse en la
calle Honduras, estada predeterminado desde las altas esferas polici ales –
Direcci ón de Investi gaciones de La Plata-, para l o cual se había afectado a
gran cantidad de agentes policial es, los q ue se habían situado
estratégicamente alrededor del domicili o, para garantizar l a efectivi dad del
mismo.
Lo cierto es que, conforme se ha citado en diversas partes de este
mismo apartado, al constitui rse el Jefe de la Comi saría 21ª en el domicilio
mencionado -Comi sario Héctor Víctor Bazán-, se encontró allí con el oficial
de la policía bonaerense Ornstein, quien refirió “que habían concurrido a esa
finca, Honduras 4183 en virtud de practicar averiguaciones rel acionadas con la
actuación que allá se instruye por infracción a la Ley de Seguridad Nacional 20.840,
tenencia de arma de guerra y asociación ilícita, con intervención en el orden judi cial
del Sr. Juez de aquella jurisdicción, Dr. Carlos Molteni, y que al llegar a la puerta

202
Poder Judicial de la Nación

de acceso al inmueble y notificar a la recibidora, persona esta del sexo femenino, la


condi ción de policía habían sido atacados con armas de fuego por una persona
masculina que había quedado estacionado en lo alto de la escalera por la cual se
llega al piso superior de la casa. Acto segui do, el Subinspector Ornstein secundado
por el Sargento 1° Saúl Omar Mansilla y el Sargento José Vicente Sánchez,
ingresan ascendiendo por dicha escalera, repeliendo, con el armamento provisto, la
agresión” –conf. fs. 1/1vta. del acta agregada a l a citada causa-.
La explicaci ón brin dada por Ornstein al Comisari o Bazán, da
cuenta de la carencia de orden de allanamiento para ingresar al domicilio.
Ello surge en forma evidente si se tien e en cuenta q ue la justificación que
esbozó no tuvo q ue ver con ninguna orden judicial de allanamiento, sino con
el disparo que habría realizado uno de los luego detenidos, es deci r, que
intentó justificar el ingreso al domicil io, como necesario para repeler la
agresi ón.
Por otro lado, no puedo dejar de adverti r que la referencia
USO OFICIAL

genérica efectuada por el citado Ornstein en cuanto a la intervención del J uez


Molteni “en el orden judicial”, no desvirtúa la hipótesis enunciada, en la
medida en que, en primer lugar, se desconoce la fecha en que efectivamente
tomó intervención el citado Magistrado; y aún cuando se hubiera sustanciado
un sumario de las características del luego tramitado –causa 331-, la
existencia del mismo, y la intervención del Juez mencionado con
posterioridad al procedimi ento y como consecuencia necesaria f rente al
registro –no querido- de los hechos a raíz de la muerte de María T. Barvich,
no legiti ma l a actuación desmedi da, i rracional y fuera de todo amparo legal
realizado por el personal policial bonaerense, ya q ue l o que se advierte al
tener en cuenta la totali dad de los elementos con los que contamos
actualmente, es que fue el personal de policía de la provinci a el que dispuso
el procedimiento, con el objeto de –al menos- detener a las personas que allí
se encontraban; trasl adarlas a una dependencia oficial que estaba destinada a
su uso excl usivo como CCDT; a la vez que se advi erte que dicho
procedimiento y sus resultados estaban predeterminados, y no surgieron
como f ruto de un acontecer inesperado.
Como se habrá de mencionar posteri ormente, son varias las
circunstancias que tengo en cuenta a los efectos de arribar a tal corolario;
entre ell os val e citar la canti dad de personal de policía de la provincia
afectado a tal procedimiento; la l ejanía del punto de parti da del operativo
con el lugar en donde éste se materiali zó, lo cual denota que tal apoyo de
personal no podría haberse generado sobre la marcha de los sucesos, sino que

203
fue una comisi ón de agentes estatal es predeterminada con un fin específico la
que fuera enviada hacia tal domicili o.
Se suman a tales el ementos, la ci rcunstancia de que los detenidos,
luego de tal proceder, hicieron un derrotero si gnado por l as características
propias de los detenidos-desaparecidos: fueron alojados en una dependencia
oficial destinada a funcionar como CCDT, no fueron informados de las
autoridades a disposición de las cuales se encontraban, ni registrados en los
libros oficiales de l a dependencia; y se adoptaron todos los mecanismos
disponibles necesari os a fin de evitar el reconoci miento por parte de las
víctimas de los l ugares de detenci ón, y de las personas que all í prestaban
funciones.
También tengo en cuenta el relato de Norberto Rey en el legajo
CONADEP de Alberto Munárriz, en cuanto a su vi vencia cuando ya estaban
alojados en el centro clandestino: “…me llevan a la sala pero no me picanean ni
interrogan: me dan un palizón mientras me reclaman que «un juez hijo de puta se
metió y tenemos que legalizarte» (se trataba del Dr. Molteni de La Plata. Luego
supimos que entendió en la causa hasta el golpe del 76, cuando los militares lo
metieron preso en la m isma U.P. 9 donde yo estaba)”.
Todos los elementos citados dejan ver que aún cuando se trató de
darle una fachada de legalidad a los hechos ocurridos en el domicilio de la
calle Honduras, surgen evidentes y concordantes signos que permiten
entender q ue tal proceder se ha encontrado al margen de toda actuación
legal.
Un dato más abona la hipótesis sustentada: la testigo Alicia
Barvich, hermana de María Teresa, en su declaración prestada ante esta sede
el 17 de noviembre pasado, rel ató: “mi hermana fue asesinada el 4 de noviembre
de 1975, en un operativo ilegal, en el que interviene Aníbal Gordon, Raúl
Guglielminetti, personal de Investigaciones de La Plata, entre ellos, José Félix
Madrid, todo esto lo supe posteriormente. Yo a mi hermana l a había visto ese
mediodía, y habíamos quedado que nos encontrábamos a la noche [...] El 11 de
noviembre, recibo el llamado de una vecina, a las 6 de la mañana, diciéndome que en
el diario, había salido que mataron a mi hermana [...] Es más, se sigue teniendo
como fecha del operat ivo el 5 de noviembre, cuando en realidad fue el 4, el 5 ya
había salido la noticia en los diarios. Nos ent eramos también que los compañeros q ue
estaban en la casa fueron llevados al campo de concentración «P rotobanco»”.
Esta circunstancia, puesta de resalto desde un principio en su
escrito en el cual se presentó como querellante (fs. 3837/48), podría haber
obedeci do a un error involuntari o, ya que si bien en el acta inicial de la causa
citada, se consigna que el Comisario de l a Secci onal 21 se hace presente en el
domicilio, el día 5 de noviembre de 1975 a las 23:30 hs. cuando vari ados

204
Poder Judicial de la Nación

elementos demuestran que ello se produjo el día 4 de noviembre, a esa hora;


surge de las actuaci ones sucesi vas a dicha pieza, que los actos siguientes se
realizan a las 2:20, 2:30, 7:30 y 9:30 del día 5 de noviembre, por lo cual podría
entenderse la consignación de l a fecha 5 de noviembre en el acta inicial, como
un error invol untari o.
Sin embargo, l a supuesta desprolijidad pasa a ser sospechosa si
tenemos en cuenta que, según el relato de J ulio César Mogordoy en su
declaración del 9 de septiembre de 2010, habrían sido l os detenidos derivados
a la Superintendencia de Seguri dad Federal , y según el acta labrada por
Policía, y agregada a fs. 13 de tales actuaci ones: “En la fecha, día 6 de
noviembre del año 1975, siendo las 10:30, el funcionario que suscribe hace constar:
que en este acto se procede a remitir a los detenidos cuyos nombres y filiaciones
constan en autos al Departamento de Sumarios de la Superintendencia de Seguridad
Federal de esta Poli cía por razones de tramitación, para su ulterior traslado a la
Dirección de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, con
USO OFICIAL

asiento en la ciudad de La Plata. Dicha medida se acuerda por así haberlo dispuesto
oportunamente el Magistrado interventor. Conste”.
Si bien en la nota se hace al usión a una medida dispuesta por el
Juez Mol teni, nótese que se consigna que “se acuerda” de tal modo, por
haberlo dispuesto oportunamente el Juez; pero no se hace alusión a una orden
actual, por lo q ue bi en la mención del J uez puede obedecer al mismo intento
de legi timaci ón que posteriormente se hace de los detenidos, una vez q ue se
aprehende a los mi smos en el marco del operativo ilegal , y frente a la
necesidad de regularizar tales detenciones ilegal es l uego de q ue la Comisaría
21ª tomara conocimi ento de los hechos y se formara la causa “Barvich”.
c. El alojamiento clandestino de los detenidos
Ya he mencionado como una de las circunstancias q ue permite
concebir la hipótesis de abierta ilegali dad de este operativo policial, y de la
detención de sus ocupantes, la incidencia que tiene el hecho de que los
detenidos hayan si do al ojados en una dependencia oficial, afectada al
funcionamiento excl usivo como CCDT.
Si bien conforme surge del relato brindado por los testi gos, el
alojamiento de los mismos se produjo en dependencias oficiales, como ser
una dependencia de Policía Federal –presumi blemente el Departamento
Central-, y luego l a División Cuatrerismo de La Matanza, de Policía de la
Provincia, l os testimonios brindados por cada uno de los entonces detenidos,
deja entrever que l os mismos f ueron allí al ojados sin llevarse a cabo el
régimen normal atinente al alojamiento de detenidos, ya q ue no se regi stró su
presencia en los libros de la dependenci a, ni tampoco se les informó a cada
uno de ellos el siti o en el cual estaban alojados, sino que los datos q ue

205
pudi eron conocer acerca del lugar de cautiverio, fueron aprehendidos a raíz
de deducci ones de las propias víctimas, conforme han explicado en sus
testimonios; regi strándose incl uso el episodio de confrontación entre el
personal de la Comi saría 21ª y el de la policía de la provin cia, en cuanto a
que los pri meros querían registrar a los detenidos, y los segundos, se
mostraban reticentes a hacerl o.
Las circunstancias puestas de resal to por los testigos, ya
ampliamente relatadas ut supra, a las que me remito, permiten afirmar que
fueron alojados sin registro alguno en l os libros de la dependencia, que se
hallaban en calidad de detenidos-desaparecidos, en la medida en que sus
familiares desconocían los lugares en los que se hallaban, y que los mismos
detenidos descon ocían en qué sitio se encontraban y a disposición de qué
autoridad, habiéndose al respecto observado los recaudos necesarios para
evitar tal identificación, mediante el uso de apodos por parte de los
perpetradores, y la colocaci ón de ven das a los detenidos, desde antes
justamente del ingreso al centro clandestino.
A lo dicho se suma, como dato que f ortal ece la hipótesi s de
ilegalidad de la detención de las seis personas antes mencionadas, q ue
conforme a los el ementos incorporados en la causa, la legalización de los
nombrados se produjo recién el día 12 de noviembre de 1975, es deci r, cuando
se presume que los mismos habían egresado del CCDT “Cuatreri smo-Brigada
Güemes”, como ya vimos también en apartados anteriores. Ell o permi te
entrever cómo el Estado reconoci ó a los detenidos, siete días después de la
fecha de detención que se conocía real mente, dejando a salvo que l a fecha
concreta y real de detención se estimaba el 4 de noviembre, y no el día 5.
d. La no i dentificaci ón de los perpetradores
Como reci én adelanté, a las características enunci adas
precedentemente debe sumarse l a circunstancia, tambi én a tener en cuenta en
el análisis de la cuestionada legalidad de la detención de las víctimas, de la
falta de identificación por parte de los responsables, ya que con excepci ón de
lo relatado por el testigo Julio César Mogordoy, en cuanto a que al arribar al
domicilio de la call e Honduras, Madrid f ue quien se presentó en el domicilio;
se aprecia a modo general, en todos l os testimonios antes citados, que los
responsables de sus detenciones, ya en la Divisi ón de Policía Federal, como
en la ubicada en “Puente 12”, en ningún momento se identificaron
debidamente, ni se llamaron entre ellos por sus nombres, preservándose de
tal forma la identidad de l os responsables de tales hechos.
Repasemos los pasajes referentes a tal punto; así, Juli o César
Mogordoy en la citada declaración de fs. 4002/7, relató: “estaban todos vestidos

206
Poder Judicial de la Nación

de civil, era un grupo de, al menos, seis personas. No se identificaron, pero de ellos
pude reconocer a Guglielminetti, a Gordon, a Félix Madrid y a Ruffo. En ese
momento ninguno de nosotros sabía quiénes eran, dimos con su nombre y apellido
porque después se hicieron públicos. Cuando estuvimos en Avellaneda, que
estábamos Blanca Becher, Charo Moreno, Washington Mogordoy, Norberto Rey,
Nicrosini, Jorge Maeda y una chica cuyo nombre no recuerdo, los volvimos con
mayor claridad, a cara descubierta, nos f ueron a visitar para decirnos que nos
habíamos salvado, pero que de la cárcel no íbamos a salir vivos. Supongo que a
Avellaneda fueron los mismos seis que nos secuestraron, pero no reconocí a todos,
respecto de los cuatro que nombré puedo afirmar con seguridad que eran ellos. Félix
Madrid supe después q ue era de la Policía de la Provincia de Buenos”.
También agregó: “Madrid es el que se presenta en la puerta de la casa
de Becher. Cuando ella abre, él se identifica como perteneciente a la Policía”.
Agregó “Luego nos t rasladaron a «Coordinación Federal» [conforme
rectificó el testi go sería el Departamento Central] y desde ahí a Protobanco. En
USO OFICIAL

este último traslado e incluso en el posteri or, cuando nos llevaron a la Brigada de
Quilmes, intervinieron las mismas personas, que yo identifico como el grupo de
Aníbal Gordon, y fue en esos trayectos que Madrid me preguntó si yo le había
disparado a matar o no. Esa es la conversación a la que me refiero”.
Agregó q ue en la dependencia de policía federal , “[Los] recib ió el
grupo de Gordon [...] nos estaba esperando el grupo de Gordon. Nos golpearon, nos
vendaron y nos pusieron contra la pared unos minutos hasta que nos ubicaron en un
vehículo con asientos largos; arriba de ese vehículo iba con seguri dad Félix Madrid,
pude verlo cuando a cara descubierta me preguntó si yo le había disparado a matar o
no”; agregó que en la citada dependencia aparte del grupo de Gordon, no
pudo identificar a nadie más.
Agregó: “En un momento llegó personal del Ejército uruguayo, que se
identificó de ese modo, entonces me fueron a buscar a mi celda y me llevaron a una
oficina donde me sacaron la venda. Ahí encontré a un hombre, vestido de civil, con
una camisa a cuadros arremangada, un reloj con esfera negra o medio verdosa,
estaba muy tostado de piel y los brazos peludos, tenía bigotes y pelo negro; él se
presentó como Fuerzas conjuntas o cómo miembro del Ejército uruguayo y me
empezó a contar sobre el paradero de algunos compañeros míos de Uruguay [...] Yo
tenía la idea de que este hombre podía ser Cordero o Gavazzo, pero cuando vi sus
fotos no los reconocí [...] Yo estoy casi seguro de que el que torturaba en el lugar
era Gordon, fundamentalmente por la voz. Él era el que torturaba con picana,
siempre fue el mismo mientras estuve en el lugar. En un momento a mi me pegaron,
me arrancaron las vendas y me tiraron una toalla encima, ahí fui cuando vi el
galpón y a un tipo casi pelado, canoso, algo gordo y muy pálido, que estaba en el

207
portón mirando hacia afuera [...] A mí me q uedó la sensación de q ue el que mandaba
ahí era Gordon”.
Luego dijo: “La patota entraba y salía del campo permanentemente.
Gordon era el que me daba picana, y Guglielminetti y Madrid creo que eran los que
hacían submarino y nos golpeaban; no los vi, pero los reconocí por la voz [...] no me
dejaban hablar, pero yo me pude comunicar con Norberto, que estaba en la celda de
al lado. Él también tenía la seguridad de que el que torturaba era Gordon, pero creo
que no identificó a nadie más”.
Luego agregó “Los que nos trasladaban eran los miembros del grupo
de Gordon, Madrid puedo afirmar que estaba en los traslados con total seguridad.
Primero nos llevaron a un lugar que luego supimos que era la Brigada de Quilmes, y
donde había policías; desde ahí nos llevaron ya legalizados a Avellaneda,
aproximadamente veinte días después, lo sé porque empezamos a tener visitas. Desde
Quilmes a Avellaneda no nos trasladó este mismo grupo, por eso es que después nos
visitan en Avellaneda, como relaté al principio. Después fuimos a La Plata, Sierra
Chica, Rawson, Caseros y finalmente nuevam ente a La Plata”.
Charo Noemy Moreno, en la citada decl aración testimonial de fs.
4534/40, también refiri ó que no pudo identificar a ninguno de los
perpetradores, y agregó: “A mí me quedó la sensación de q ue era un grupo
pequeño de hombres encargado de este operativo en particular, y que uno mandaba,
pero no por su jerarquía, es decir, no me pareció que hubiera subalternos, todos
parecían ser pesos pesados y encargados de l levar a cabo esta operación, se notaba en
el trato, todo se manejaban del mismo modo y siempre en pos de torturarnos [...]
Luego de aproximadamente ocho días, llegó un hombre que me llevó agarrada de los
pelos y arrastrada hasta un vehí culo, q ue nos trasladó hast a la Brigada de
Quilmes”.
En su testimonio, Norberto Rey rel ató que tampoco pudo
identificar a l as personas que lo mantuvi eron detenidas, dijo específicamente:
“fuimos detenidos por un grupo de parapoliciales-militares quienes actuaron en
conjunto con efectivos uniformados de la Policía Federal”. Se refi rió luego a una
persona apodada «El Coronel», que era quien manejaba «magistral mente» la
picana eléctrica.
Debemos relacionar dichos testi monios con el ya citado de Bl anca
Frida Becher, en l a declaraci ón de fs. 3988/91, conteste con los precedentes.
Conforme surge de las declaraci ones citadas, las víctimas
permanecieron detenidas sin conocimiento de las personas que resultaban
responsables de tal situación, es decir, no sólo desconocieron a disposición de
qué autoridad se hallaban, sino que ni siquiera pudieron conocer qué
personas realizaron el operativo, quiénes los trasladaron como detenidos, y

208
Poder Judicial de la Nación

quiénes estuvieron a cargo de ellos durante el tiempo que estuvi eron en la


División Cuatrerismo.
Ello no sólo se advi erte en la falta de conocimiento por parte de
los detenidos, de las personas que resultaban responsables de tal situación,
sino además con respecto a la persona identificada por Salerno en sus
declaraciones indagatori as como “Pipa Sarratea”, quien según sus dichos
habría estado a cargo del operativo de mención, sin que aparezca mención
alguna del nombrado en el expediente de mención. Al respecto, recordemos
también el testimonio, ya desarrollado supra, de Ángel Salern o, de fs.
9507/29, q ue corrobora tal aserto.
En la ampliaci ón de su declaración ratificó la presenci a de
Sarratea en el procedimiento: “era el que dirigía el operativo, no sé si prestaba
funciones en Cuatreri smo. La única vez que yo lo vi fue en ese procedimiento en el
que él actuaba como jefe. Él era oficial, qué jerarquía tenía no sé. Tendría como
cincuenta años, digo yo. Yo creo que era su apellido [...] las pocas veces que lo vi
USO OFICIAL

estaba de civil” (cfr. f s. 10.786/808).


Como se ha adel antado, la presencia del nombrado no fue
registrada en la causa “Barvich”, lo cual nuevamente resulta significativo a
los efectos de eval uar la il egali dad del operativo, ya q ue justamente la
ocultaci ón de la iden tidad de q uienes integraban la “patota” que desarrollaba
un determinado operativo, era un recurso habitual en la realización de los
operativos registrados en la pretendi da “lucha contra la subversión”.
La ocultación de la i dentidad de los responsables de la deten ción
mientras permaneci eron en la citada División de Policía Bonaerense, está
íntimamente ligado con la absol uta falta de registración de l os nombrados en
los libros oficial es de la dependencia pol icial, ya que tal ci rcunstancia habría
permitido al menos conocer las autori dades en última instancia responsables
de tales hechos.
Ya en anteriores resoluciones, se ha analizado q ue la utilización
de apodos en los centros clandestinos fue un método más, entre aquell os
orientados a ocultar en el anonimato a los autores de los atroces delitos
llevados a cabo.
Esta modalidad, no estuvo acotada a un grupo determinado entre
los operadores del plan criminal, sino que como pauta de orden general del
propio régimen, f ue instrumentada en todos los centros de detención y
extendi da tanto a los altos mandos, como a los eslabones más bajos y
sustituibles del aparato de poder en estudio.
Como h ubieron de suponerlo, el encubrimiento del nombre
verdadero claramente representó un obstácul o –a veces circunstancial y en

209
ocasiones, y hasta ahora, insalvabl e- para la individuali zación de los autores
de tales delitos.
Tal aspecto visualizado en el caso, permite verificar que en las
acciones anteriores al golpe de estado, se advertían las mismas características
que se adoptarían luego como prácticas sistemáticas para la represión masiva
que comenzó a parti r del mes de marzo de 1976. Es deci r, ya en el año 1975
las acciones represi vas, poseían las características propi as del plan que l uego
se hiciera aún más generalizado.
Así, las mi smas prácticas de ocultamiento que fueron destacadas
en la sentencia dictada el 9 de diciembre de 1985 por la Excma. Cámara
Nacional en l o Cri minal y Correccion al Federal , como culminación del
llamado “J uicio a l as Juntas”, se hici eron visibles en este operati vo en
particular.
Tales rasgos, presentes en el operativo que motiva este análisis,
denota la simili tud entre este evento y aquellos q ue se instrumentaron
posteriormente, luego de asentada la dictadura, l o que evi dencia la inserción
del citado procedimi ento, en la lógica del mismo plan de represión.
e. El conflicto con l os agentes de Policí a Federal
Conforme surge de l a causa “Barvi ch”, el 5 de noviembre de 1975,
a las 23:30 hs. [ya he clarificado q ue tal operativo se produjo el día 4], se
recibió en la Comi saría nro. 21 de Policía Federal , un llamado telefónico del
Comando Radi oeléctrico que comunicó: “que en el domicilio de la calle Honduras
4183, personal de la División de Investigaciones de la localidad de La Plata de la
Policía de la provincia de Buenos Aires, había sostenido un enfrentamiento armado
con delincuentes al parecer extremistas –conf. acta de fs. 1/4vta.- ”.
Surge de l a misma acta, que ante tal comunicación, el Jefe de la
dependencia, Comisario Héctor Víctor Bazán, se constituyó en el domicili o
indicado “determinando allí la presencia de personal policial, apersonándose quien
acreditó ser el subinspector Guillermo Horacio Ornstein perteneciente al numerario
de la mencionada unidad policial provincial refiriéndole que habían concurrido a esa
finca, Honduras 4183 en virtud de practicar averiguaciones rel acionadas con la
actuación que allá se instruye por infracción a la Ley de Seguridad Nacional 20.840,
tenencia de arma de guerra y asociación ilícita [...] Ante tal circunstancia el
suscripto ingresa a la finca de mención, transitando por la escalera de 25 escalones
[...] Ya en el primer piso del inmueble [...] se hallan dos sillones [...] y la presencia
de las personas deteni das ya indicadas [ ...] Se ingresa a un patio terraza [...] que
sobre el ángulo que forma la pared derecha y la frontal respecto del observador,
sobre el piso la presencia de una persona femenina caída de cubit o dorsal dispuesta
con la cabeza orientada al cardinal noroeste [...] en este acto y a solicitud del
Subinspector Ornstein y por razones de seguridad se procede a remitir a esta

210
Poder Judicial de la Nación

dependencia a las personas detenidas siendo las mismas las que a continuación se
detallan Blanca Frida Becher [...] Noemí Claro Moreno [...] Julio César Mogordoy
[...] Griselda Valentina Zárate [...] Norberto Rey [...] y Washington Mogordoy [...]
Se hace constar que estos últimos mencionados fueron asimismo trasladados hasta el
Hospital Municipal Fernández en vi rtud de presentar ambos lesiones
presumiblemente producidas por impactos de bala [...] “.
En la misma acta, se dejó constancia de que el Dr. Roberto N.
Barrio, entregó una ojiva al parecer cali bre 11,25 Mm. q ue se extrajera de l a
mujer muerta –María Teresa Barvich-, a la vez que se detal laron las armas
portadas por cada uno de los intervinientes en el operativo, haciendo
mención de que Ornstein portaba una pi stola Browning calibre 9mm; Madri d
pistola calibre 11,25 Mm.; Mansilla pistola calibre 9 Mm., Sánchez pistol a
ametralladora Uzi, y el Agente Salerno, i déntica arma.
Luego, surge el registro de comunicación mantenida con el
Juzgado Federal , a cargo del Juez Teófi lo Lafuente, Secretaría nro. 9, quien
USO OFICIAL

aprobó lo actuado, y dispuso no adoptar temperamento alguno con respecto


al personal policial, y que los detenidos fueran entregados a las autoridades
provincial es previa tramitación por el departamento específico de la
Superinten dencia de Seguri dad Federal; prosiguiéndose las actuaci ones por
“Homicidio” en relación a la occisa.
Ahora, vale tener en cuenta q ue los detenidos en aquel momento,
al declarar en el marco de las presentes actuaciones, relataron que se produjo
cierta tensión entre el personal de l a Comisaría 21ª y el de la Policía de la
Provincia, entre otras circunstancias, porque el personal de Policía Federal ,
no habría querido “entregar los detenidos”.
Así, surge de dichos testimonios, todos ell os largamente
desarroll ados ut supra en esta misma resoluci ón, a los que me remito, una
situaci ón de conflicto generado entre los agentes poli ciales, l o cual se explica
al tenerse en cuenta el marco de i rregularidades en el cual se movieron
quienes se encontraron afectados a la realizaci ón del operativo, y la puja
entre una agencia policial que, en el afán de registrar los hechos en su forma
habitual, se encontró con la resistencia propia de un grupo poli cial que
actuaba en un ámbito de discreción con abiertas notas de il egalidad.
Al respecto, viene al caso formular los siguientes interrogantes:
¿porq ué se habría de producir tal activa intervención de la Comisaría 21 en
caso de haber contado los policías de provincia con una orden que los
autorizara a tal procedimi ento? A lo cual agrego, por qué los detenidos
Norberto Rey y Washington Mogordoy fueron “rescatados” del Hospi tal
Fernández por el personal de la seccion al citada, si es que existía una orden

211
vigente de actuar y disponer de l os mi smos por parte del personal que realizó
el operativo.
El “ti roneo” que se observa entre l os agentes federal es y
provincial es, se visualiza en diversos puntos a tener en cuen ta: en el sitio al
cual serían los mismos trasladados en un a primera instancia; en el registro o
no de los detenidos en los libros de la Comisaría; en el “rescate” efectuado
por el personal de la Policía Federal, de los detenidos Rey y Washington
Mogordoy, luego de que estos fueron trasladados al Hospital Fernández;
como asimismo, en las palabras q ue el entonces Comisario H ugo Víctor
Bazán, les di rigi ó a l os detenidos, al aclararl es que debía ya entregarlos y q ue
“los iban a hacer mierda” –según relató Becher-; o que creía que estaban todos
muertos –conf. Mogordoy-.
f. Su condici ón de detenidos-desapareci dos
Otra de las circunstancias que integran el universo de premisas
que nos permiten afi rmar, la ilegali dad del allanamiento y de la detención de
las personas, es el no reconocimi ento en el ámbito oficial, por parte de los
agentes poli ciales, de que efectivamente se hizo el allanamiento, y de que los
detenidos estaban a disposici ón de las autoridades policial es; conforme se
habrá de describir segui damente, los familiares de María Teresa Barvich, en
la medi da en que intentaron conocer l os datos relativos al procedimi ento q ue
pusiera fin a la vida de María Teresa, de 24 años, tuvieron que enfrentar la
misma negativa q ue el resto de l os famili ares de l os desaparecidos.
Al respecto, val e tener en consideraci ón las declaraciones de
Alicia Barvich del 17 de novi embre pasado, en cuanto relató: “mi hermana fue
asesinada el 4 de noviembre de 1975, en un operativo ilegal, en el que interviene
Aníbal Gordon, Raúl Guglielminetti, personal de Investigaciones de La Plata, entre
ellos, José Félix Madrid, todo esto lo supe posteriormente. Yo a mi hermana la había
visto ese mediodía, y habíamos quedado que nos encontrábamos a la noche. A partir
de que no vino y no llamó, empezó una preocupación familiar, sobre todo de parte de
mi mamá [...] El 11 de noviembre, recibo el llamado de una vecina, a las 6 de la
mañana, di ciéndome que en el diario, hab ía salido que mataron a mi hermana.
Cuando llegué a casa de mis padres, la conmoción era muy grande [...] Con mi papá
tomamos un taxi e hicimos todo el recorrido. Primero fuimos al barrio, según lo que
decía el diario, a Palermo y hablamos con los vecinos. Ellos nos dijeron que había
habido un operativo hacía una semana, y que el operativo era tan grande, había
tantos milicos, que llamaron a la Comisaría 21ª, pensando que habían tomado el
barrio. Ahí fuimos a la 21 y nos dijeron que ellos no tienen nada que ver, nos
mandan a la [ Seccion al] 19, donde también nos di cen que no tienen nada que ver,
nos mandan a la [Seccional] 23 y de ahí de vuelta a la [Seccional] 21. Ahí nos
atiende el Comisario de ese momento, que me parece que es el Com isario Bazán, nos

212
Poder Judicial de la Nación

sienta a mi papá y a mí y nos dicen que ellos no habían tenido nada que ver en el
operativo y nos dice que vayamos a [la Brigada de] Investigaci ones de La Plata.
Ahí tomamos noción que había participado la Policía de la Provinci a”.
Relató luego cuál f ue la respuesta que le ofrecieron ya en La
Plata: “Cuando llegamos a [la Bri gada de] Investigaciones de La Plata, nos
preguntaron de muy mal modo quién nos había mandado ahí, cuando les dijimos que
había sido de la [Seccional] 21, nos dijeron que vayamos ahí y les digamos que ellos
no tenían nada que ver. Volvimos a la [Seccional] 21, todo esto en un estado de
conmoción y llanto. En la Comisaría nos vuelven a decir que no tiene nada que ver y
decían a los gritos que “por qué estos no se hacen cargo de l as cagadas que se
mandan”. Ahí un agente en voz muy baja nos dice que vayamos a la Morgue
Judicial. Ahí fuimos y reconocí el cuerpo [...] Al día siguiente recién pudimos
recuperar el cuerpo, se le hizo el velorio en mi casa, ahí notamos que había mucha
policía de civil, el día 13 la enterramos. No pasó ni media hora de que habíamos
llegado, cuando llegó personal de la Comisaría 39, porque estaban allanando la casa
USO OFICIAL

de mis abuelos e iban a buscar a una persona para que vaya a presenciarlo”.
La testigo relató luego el derrotero que hizo y los vejámenes a los
que fue someti da en las distintas dependencias, habiendo pasado por la
Comisaría 39, donde relató haber sido golpeada, interrogada y amenazada; y
luego por l a Unidad penitenciaria de Devoto.
Luego relató con referencia a los hechos padecidos por su
hermana María Teresa Barvich: “A partir de un artículo que sale en Página 12,
una investigación que hace Verbitsky, pude enterarme y contactarme con las
personas que estaban con mi hermana en la casa. Enterarme cómo había sido
asesinada, y saber que fue José Félix Madrid el que le pegó el tiro, que en la casa
estaban Gordon, Gugl ielminetti, Madrid, una persona a la que le decían «Coronel»,
estaban Tarantino, Salerno, Sánchez, eso lo pude averiguar después […] Nos
enteramos también que los compañeros que estaban en la casa fueron llevados al
campo de concentraci ón «Protobanco» [...] Los compañeros de mi hermana fueron
secuestrados, llevados a “Protobanco”, torturados, después fueron legalizados, y
salieron en libertad en 1983. No fue fácil a partir de ese momento la vida de la
familia, mi papá tenía 75 años y estaba sentado sin hablar, por insistencia mía fue a
un centro de jubilados, y se murió diciendo que se tenía que ir a cuidar a la nena,
porque la había dejado sola. A lo mejor en un papel no se puede explicar lo que se
siente al ver en el diario la noticia de que están presos, es una mezcla de tristeza, de
alegría y de esperanza. De abrazarte con t us hijos, de expli cárselo a mis nietas y
decir «por fin»”.
También agregó: “yo hablé con J ulio Mogordoy. Él me dijo que
estaban en la casa, en la que vivía Blanca Becher, que estaba con los tres nenes,
Noemí Charo Moreno, que estaba embrazada, Norberto Rey, m i hermana, Julio

213
Mogordoy, y estaban esperando a Mario St irneman, que es el compañero que no
llega a la casa, porque fue secuestrado antes. Me contó que entra la Policía
disparando, que el úni co que tenía un arma y que no funcionaba, era él, que la tiró
por el descanso de la escalera; y me contó además que fueron a buscar la plata que
ellos tenían guardada. Que quisieron salir por la terraza, y ahí mi hermana recibe
un balazo en la pierna, ella estaba con vida. Él ve que Madrid le pega un balazo en
la cabeza, cuando ella, que estaba queriendo salir a la terraza estaba en la cocina.
Vio que estaban adentro Guglielminetti y Gordon. Llega personal de la Comisaría 21
y se empiezan a pelear con los de la patota. Los de la 21 se lo llevan a Washington
Mogordoy y a Norberto Rey al Hospital Fernández, y al resto a la Comisaría.
Después la Comisaría recibe una comunicación diciendo que los de la patota se los
llevaban a Mogordoy y Rey del Hospital, tratando de secuestrarlos otra vez. Ahí
vuelven a discutir, y quedan a disposición de la 21. En la 21 les decían «pendejos
de mierda, en qué q uilombo nos metieron». Los llevan a «Coordinación Federal»
a todos y ahí los busca la misma patota que llevó a cabo el operat ivo que los lleva a
“Protobanco” [...] También hablamos del embarazo de mi hermana, porque mi mamá
estaba segura de que ella estaba embarazada, él no sabía, y nos enteramos por la
autopsia. Fue muy conmocionante enterarnos, estaba de dos meses”.
Al respecto, en la última declaración prestada ante esta sede por
Julio C. Mogordoy, surge una ref erencia aportada por el mismo en el mismo
sentido: “no sabía adónde estaba, ni a disposición de quién, ni mi destino. Mi
familia hizo gestiones para encontrarme, no sé si presentaron habeas corpus [...]
mi familia no sabía en dónde estaba, recién tengo contacto con el mundo exterior y
mi familia se entera de dónde estaba en Avell aneda”.
Tales menciones dej an al descubi erto cómo la negati va a bri ndar
información a l os familiares de las vícti mas se utilizó tambi én en este caso, lo
cual nuevamente surge como corroboración de la hipótesis esbozada en
cuanto a la necesi dad de ocultar quiénes eran los responsables de la
detención, como así el destino de l os deteni dos, lo cual claramente se
corresponde con el marco ilegal en el cual se inscribieron l os sucesos bajo
estudio.
En anteri ores resol uciones, he anali zado esta característica, como
un rasgo propi o del funcionamiento del plan de represi ón, que como he
precedentemente esbozado, comenzó a gestarse como tal , con anterioridad al
golpe de estado del 24 de marzo de 1976. En tal sentido, se consignó l a
necesidad de sosten er la estrategia negacionista de modo contemporáneo a la
perpetración de los crímenes que se estaban llevando a cabo de modo masivo
a través del aparato clandestino de poder, ci rcunstancia q ue fue a su vez uno
de los ejempl os más cabales de lo que puede llegar a ser una estrategia
comunicaci onal del poder autori tari o. Al respecto, uno de los máximos

214
Poder Judicial de la Nación

representantes de l a criminol ogía norteameri cana contemporánea, Stanley


Cohen, le ha dedicado a este ejemplo la siguiente reflexión en una obra
escrita en 2001, de reciente traducción:
“La Junta Militar argentina patentó una versión santurrona única de
doble mensaje. Cuando se dirigían a gobiernos y reporteros extranjeros, el tono del
General Jorge Videla era de negación absoluta e indignada: Argentina había «nacido
libre», los prisioneros políticos no existen, nadie es perseguido por sus ideas […] en
la televisión de Estados Unidos, en 1977, Videla explicó pacient emente: «Debemos
aceptar como una realidad que hay personas desaparecidas en Argentina. El
problema no yace en ratificar o negar esta realidad, sino en conocer las razones por
las que estas personas han desaparecido. Han existido -concedió- algunos ‘excesos’.
Pero muchas personas, que se piensa están desaparecidas, han desaparecido
secretamente para dedicarse a la subversión; estas personas han aparecido en la
televisión europea, hablando mal de la Argentina»…” (Cohen, Stanley: Estados de
negación: ensayo sobre atrocidades y sufrimientos. Buenos Aires, Departamento
USO OFICIAL

de Publicaci ones, Facultad de Derecho, U BA, 2005).


Concluye Cohen, que la ideol ogía del terrorismo de Estado
justifica acci ones cuya existencia nunca es oficialmente admiti da, al
contrario, la represi ón, para sus perpetradores, siempre estará justificada
(idem, p. 124) .
g. El ejercicio desmedido de vi olencia
Uno de los rasgos de los procedimientos ilegales era el uso de la
violencia en forma absolutamente i rracional y desproporcion ado, encaminado
no a garantizar la efectividad del operativo, o a reducir a los ocupantes y
proceder a la detención, sino como refl ejo de ese ímpetu que motivaba todo
operativo “contra l a subversión”, en el cual se trataba de someter al
“enemigo” y despojar a este de todos los rasgos de humanidad que l o hacían
un ser con capacidad defensiva, y que facilitaban su aprehensión, como
“objeto” y no como “sujeto”, dotado de la misma h umanidad de aq uel q ue se
erigía como amo y señor de la vi da del “otro”.
Este uso desmedido de la violencia, se hizo manifiesto en el
operativo de mención, en el cual Blanca Becher fue golpeada hasta perder la
conciencia y se le quebraron las costil las; a Norberto Rey también se le
quebraron las costil las y se le produjeron heri das de bala, a Washington
Mogordoy, también se le infligieron heridas de igual ti po, mientras que a
Charo Noemy Moreno, embarazada de siete meses, le di eron patadas en la
panza.
En tal sentido, es útil tener en cuenta l a declaraci ón de Bl anca
Frida Becher -fs. 3988/91-, y los de Ch aro Noemy Moreno –fs. 4534/40-, así

215
como l os de Julio César Mogordoy, en su declaración obrante a fs. 4002/ 7, ya
ampliamente detallados supra, contestes sobre este particular.
Y de hecho, tales datos surgen corroborados en la declaración del
Comisario –Jefe de la Comisaría 21- Héctor Víctor Bazán, quien relató: “en
este acto y a solicitud del Subinspector Ornstein y por razones de seguridad se
procede a remitir a esta dependencia a las personas detenidas siendo las mismas las
que a continuación se detallan [...]Norberto Rey [...] y Washington Mogordoy [...]
Se hace constar que estos últimos mencionados fueron asimismo trasladados hasta el
Hospital Municipal Fernández en vi rtud de presentar ambos lesiones
presumiblemente producidas por impactos de bala [...] “.
Asimismo, debe ser analizado en tal con texto que como sal do del
operativo, resul tó l a muerte de María Teresa Barvich, a q uien el personal
policial buscaba desde una primera instancia, dato que aparece como el
máximo extremo del uso de la violencia.
Pero aparte, surge de l as testimoniales brindadas por los
entonces detenidos, que el personal policial, en todo momento vaticinó un
destino por demás preocupante para cada un o de los deten idos, ya q ue l os
pronósticos advertidos vari aban entre que serían sometidos a picana, o que los
iban a matar.
Así, Becher en su declaración antes ci tada refi rió “Sí escuché
algunas conversaciones entre ellos en las q ue decían que nos iban a torturar con
picana”; a la vez que Julio César Mogordoy Carrese en su declaraci ón del día
9 de septiembre de 2010, refi rió que l uego de trasladados a la Comisaría 21,
“A la madrugada el Comisario nos reunió y nos dijo que eso era todo lo que él había
podido hacer por nosotros, que debía entregarnos y que creía que estábamos todos
muertos”.
Si bien l a intervenci ón del Comisario de la dependencia citada no
está en tela de juici o, e incl uso se aprecia que su voluntad en tal momento
estuvo diri gida a regularizar la situaci ón de los detenidos, y a someterlos al
régimen de legalidad que en definitiva, habría de ponerlos al reparo de
ulteriores abusos, o de un destino incierto; lo cierto es que las palabras del
mismo dan cuenta del tenor de las agresiones y de la violencia esgrimida por
el personal de la Policía Bonaerense, ya que la incertidumbre del destino de
los mismos, y la animosidad de los captores, f ue incl uso percibi da y
transmiti da por el propi o Comisario Bazán. Pero incl uso, es necesari o asentar
que estas mismas amenazas, como ya vimos ampliamente, se concretaron
luego en hechos, que se repi ten en todas las decl araci ones brindadas por
Moreno, Becher, J uli o Mogordoy y Rey.

216
Poder Judicial de la Nación

Tal uso desmedido de la f uerza se inscribe en el mismo con texto


en el cual se concretó el plan de represión, en el cual se reprodujeron
determinadas características entre las cuales se encontró el ejercicio
desproporcionado de violencia, como ref lejo de ese ímpetu que moti vaba todo
operativo “contra la subversión”, en el cual se trataba de someter al “enemigo”
y despojar a éste de todos los rasgos de humanidad que lo hacían un ser con
capacidad defensiva, que lo preservaban como “sujeto”. Este proceso
comenzaba con el sometimi ento a tal i rracci onal uso de la violencia en el
domicilio del secuestro, y en cuanto la víctima era alojada en un CCDT, se
manifestaba de otras formas, todas ell as tendientes a su despersonalizaci ón, a
su neutrali zación mediante la supresión de su subjetividad como ente
autónomo, diferente, que pudiera brindar oposición a la i deología que se
pretendía imponer. Estas circunstancias facilitaban el objeti vo, en la medida
en que no se sometía a una persona, con una historia, con una familia, con
ambiciones, sueñ os y proyectos, se sometía a un “enemigo” que debía ser
USO OFICIAL

neutralizado, como objeto de inminen te peli gro, despojado de todos sus


rasgos de humanidad.
h. Las amenazas luego concretadas en hechos
Otro dato que reviste interés en este an álisis, es cómo ya desde
un inicio, las person as que intervinieron en el operativo, pusieron atención e
hicieron saber a l os detenidos, cuál sería el trato que posteri ormente les sería
propiciado.
Este hecho sól o puede ser explicado si se vislumbra que desde su
génesis, estaba predeterminada la detención de los moradores u ocupantes de
la vivienda de la calle Honduras, como un fin, y también el alojamiento de los
mismos en dependen cias en las cuales era posible el someti miento a tratos de
la naturaleza consignada.
Ello no sólo se corrobora en el contexto de los restantes
elementos, en la medida en que el mismo personal q ue detuvo a l os
nombrados, fue el que luego realizó el traslado de los mi smos a los diversos
lugares en los q ue f ueron alojados, sino que tres de l os agentes policial es que
asistieron al operati vo, prestaban funci ones en la Di visión Cuatrerismo, l o
cual denota que en la predeterminación de tales incidentes, este siti o se
encontraba ya como lugar posible para el alojamiento de los nombrados.
Al respecto, el l egajo personal de José Vicente Sánchez refleja que
el nombrado en el período comprendi do entre 14 de marzo de 1973 y el 4 de
marzo de 1977, se desempeñó en la Divi sión Cuatrerismo de La Matanza; así
el correspondiente a Carlos Alberto Tarantino, deja entrever que éste, entre el
18 de marzo de 1974 y hasta el 1 de enero de 1977, se desempeñó como Cabo

217
en la División Cuatreri smo citada, y del legajo de Ángel Salerno surge que
desde el 14 de j uli o de 1975 y hasta el 4 de marzo de 1977, el nombrado
permaneció en la División Cuatrerismo –La Matanza-, y en la fecha de los
hechos, revistó el cargo de Agente.
Tales eventos refuerzan la hipótesis concebida, en cuanto a q ue la
División Cuatrerismo no f ue un siti o escogido frente al resul tado inesperado
de los hechos, sino que era este el sitio preconcebi do como posible para el
alojamiento de los detenidos, no sólo por depender de las mismas
autoridades que ordenaron el procedi miento, sino porq ue parte de su
personal fue afectado para la detención de las personas luego alojadas all í.
i. La identidad falsa en la causa de policías implicados
Un hecho más que pone en evidencia el entramado de
irregularidades vi si bles en este hech o, es la falsa i dentif icación que los
policías José Vicente Sánchez, Carlos Alberto Tarantino y Ángel Salerno,
hicieron ante la aut oridad judicial, al prestar declaración testimonial ante
este mi smo Juzgado Federal nro. 3, en el transcurso del año 1977.
Fue justamente en la causa judici al que tomó impulso a raíz de
constatarse la muerte de María Teresa Barvich –l a nro. 8234/75- que los
agentes mencionados al declarar en la misma, se identificaron con números
de Libreta de Enrol amiento falsos, de l o cual se deduce q ue o bien usaron
documentos de iden tidad adulterados, o bien, que al comparecer ante el Juez
de aquel momento, no se identificaron mediante exhibici ón de documento
alguno, y se limitaron a informar como propio otro n úmero de documento
que no les correspondía, entre las hipótesis posi bles.
Lo que debe destacarse es que ello sucedió en el contexto de la
actividad j urisdiccional puesta en march a con el supuesto fin de investigar el
posible homici dio de María Teresa Barvich, y que si bien esta actividad
instructori a se ha caracterizado por di versas ci rcunstancias que permiten el
cuesti onamiento de si hubo o no al men os una precaria investigación de l os
hechos, al menos en el plano formal h abría estado orientada a determinar
responsabilidades penales en tal sentido.
En tal contexto, los tres agentes policiales, mantuvieron el mi smo
temperamento, a la vez que sus declaraciones se destacan por el llamativo
grado de similitud entre ellas, lo que parece alejarnos de la idea de
testimonios espontáneos de los policías, y acercarnos a la idea de que las
versiones brindadas por l os mi smos fueron condicionadas por la necesi dad de
ocultar l os hechos, tal como habían ocurrido.
Así, Tarantino, a fs. 57 relató se identificó como “Carlos Alberto
Tarantino, con LE 7.001.941, de 33 años, casado”, cuando en verdad su LE es

218
Poder Judicial de la Nación

la nro. 7.737.123; asimismo, Sánchez se identificó como “José Vicente


Sánchez, LE 5.023.166, argentino, de 39 años”, mientras que su LE es la nro.
5.166.051; y por últi mo, Ángel Salerno, se identificó ante la autoridad judicial
como “Ángel Salerno, LE 7.733.841, argentino, de 34 años, casado”, mientras
que su LE es 7.722851”.
Las matrículas enun ciadas como verdaderas, se corresponden con
los datos que obran en sus legajos de la f uerza polici al, por lo que se advierte
que los tres n ombrados, qui enes prestaron declaración en la misma fecha 5 de
julio de 1976, informaron falsas identidades, preservando cada uno de ellos
como puede verse, el primer número de cada una de sus matrículas
individual es.
El objeto de esta maniobra no puede ser otra q ue la concienci a de
que la actuación en el operativo podría converti rse en un hecho investigable,
lo cual claramente deviene de la modali dad de l os hechos, concebidos desde
un inicio como parte de una actuaci ón cl andestina. De otra f orma, en caso de
USO OFICIAL

haberse tratado de un operati vo regul ar, ordenado en el ámbi to judicial , cabe


preguntarse por qué los tres policías habrían de ocultar sus respecti vas
identidades. La respuesta sól o puede encontrarse si tenemos en cuenta la
cantidad de características inusual es que signaron el operativo y que daban
cuenta de una actuación ilegal, hecho q ue fue evidentemente percibido por
cada uno de los agen tes convocados a intervenir en tal procedimiento.
Es deci r, los signos de evidente ilegali dad que presentaron los
hechos, eran conoci dos por los agentes de la Di visión Cuatrerismo avocados a
actuar en el procedi miento, y prueba de ello f ue la necesi dad de obstaculi zar
la eventual posteri or identificación que se podría haber hecho de ellos,
mediante l a facilitaci ón de una matrícul a falsa.
Si se conjetura que el ocul tamiento de l a real identidad estuvo
orientado a esquivar una posibl e responsabilidad en el homicidio que se
investigaba en el marco de tales actuaciones, tal hecho n o pareciera muy
creíble, en la medi da en que en la misma causa de investigaci ón del deceso de
María Teresa Barvich, estaban siendo convocados a prestar declaración como
testigos, y no como i mputados, l o cual demuestra la alejada posibilidad de la
imputación de los mi smos en orden a tal suceso.
Por otro lado, ci rcunstancias tales como el si tio en el cual los
nombrados se hallaban apostados en concreto en el operativo de la calle
Honduras; el ti po de armas q ue poseían, y la inmediata identificación que se
hizo con respecto a Madri d como quien habría disparado para evitar q ue
María Teresa Barvich “se f ugue”, impiden por otro lado, dar crédi to a esta
posible hipótesis.

219
Por otro lado, como he anunciado, resul ta llamativa la simil itud
advertida en las decl araciones brindadas por cada uno de l os tres policías: así
Tarantino, rel ató “Q ue se desempeña com o cabo de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires en la División Investigaciones. Que el día 5 de noviembre de 1976 fue
comisionado para efect uar un procedimiento en una finca de la call e Honduras 4183
de la Capital Federal. Que le fue ordenado que se constituyera en el fondo lindero de
la casa en cuestión, apostándose en una terraza vecina, desde donde debían vigilar
los movimientos de la finca. Que desde su puesto oyó que se producía un intenso
tiroteo y vio que se cortaba la luz de la casa. Que una vez finalizado el
procedimiento entró a la finca donde observó que habían sido detenidas varias
personas, de las cuales se hizo cargo la Policía Federal, que había llegado momentos
antes. Que desde el lugar donde el di cente se hallaba apostado no se podía observar
el patio donde supo, se encontró una mujer sin vida. Que el que habla, juntamente
con sus compañeros, fue demorado en dependencias de Superintendencia de
Seguridad Federal, hasta que se aclaró su sit uación…”.
Salerno por su parte a fs. 58 resaltó “Que se desempeña como cabo
de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en la División Investigaciones. Que el
día 5 de noviembre de 1975 realizó un procedimiento en la finca de la calle
Honduras 4183 de est a Capital. Que le ordenaron se apostara en el techo de una
casa vecina, junto con otro agente de nombre Sánchez. Que desde allí debía vigilar
los movimientos de la casa. Que oyó que se producía un intenso tiroteo, pero como
se había cortado la luz, no pudo observar l o que sucedía, que desde su puesto no
pudo intervenir ni ef ectuar ningún disparo, dada la oscuridad reinante. Que una
vez terminado el procedimiento, el dicente fue demorado en Superintendencia de
Seguridad Federal hasta que se aclaró su situación, así como t ambién la de sus
compañeros…”.
A fs, 59 obra la decl aración de J osé Vicente Sánchez de f echa 5 de
julio de 1976 quien refiri ó: “Que se desempeña como Sargento de la Policía de la
Provincia de Buenos Aires, en la División Investigaciones. Que el día 5 de
noviembre pasado, fue comisionado para efectuar un operativo en l a Capital Federal,
en una finca sita en Honduras 4183 que junto con su compañero Salerno se le
ordenó se apostara en un techo vecino de la citada casa. Que desde allí oyó el tiroteo
que se desencadenó entre la Policía y los habitantes de la finca, que el dicente no
tuvo intervención en el procedimiento, pues se había cortado la luz y no podría ver
nada de lo que sucedía. Que una vez finalizado el operativo, el personal de la Policía
de la Provi ncia, entre ellos el que habla, fue demorado en Superintendencia de
Seguridad Federal, hasta que fue aclarada su situaci ón…”.
Las declaraciones de los nombrados, las que guardan evidentes
similitudes entre ell as, a la par de la fal sa identificación efectuada por cada

220
Poder Judicial de la Nación

uno, permiten reforzar la conjetura esbozada, en cuanto a la abierta y


reconoci da ilegalidad del proceder del personal polici al.
4.2. Perpetradores
Por otro lado, es necesari o revisar cómo estuvo integrada la
patota que se apersonó en el domicili o de la calle Honduras, que como se ha
mencionado precedentemente, se f ormó con personal de diversas Divisi ones,
todas en definitiva dependi entes de la Direcci ón General de Investi gaciones
de La Plata.
De hecho, de l os legajos de Salerno, Sánchez y Tarantino, surge
que los nombrados tenían destino en el período que interesa, esto es, entre el
4 de noviembre de 1975 y el 12 de noviembre siguiente, en la División
Cuatrerismo de Policía de la provinci a, precisamente en la Matanza. Al
respecto, vale tener en consideraci ón que del legaj o de José Vicente Sánchez,
surge q ue el nombrado revistó en dicha dependencia desde el 14 de marzo de
1973 y hasta el 4 de marzo de 1977, y en la fecha de los hechos, como
USO OFICIAL

Sargento.
El legajo de Tarantino, refleja q ue desde el 18 de marzo de 1974 y
hasta el 1 de enero de 1977, se desempeñó como Cabo en la Divisi ón
Cuatrerismo –La Matanza-, y q ue entre l as fechas 1 de octubre de 1975 y 30 de
noviembre de 1976 fue calificado en pri mer término, y como Jefe Directo por
el Comisario Miguel Colicigno, mientras que en segunda i nstancia, por el
Comisario Inspector Juan M. Carabajal.
Asimismo, en el l egajo de Ángel Sal erno, surge q ue desde el 14 de
julio de 1975 y hasta el 4 de marzo de 1977, permaneció en la División
Cuatrerismo –La Matanza-, y f ue calificado entre el 1 de octubre de 1975 y el
30 de septi embre de 1976, por Miguel Colicigno en primer término, y l uego,
por Juan Modesto Carabajal.
En cuanto al ya fall ecido Saúl Omar Mansilla, surge de su l egajo
que desde el 23 de noviembre de 1974, revistó en la Dirección de
Investigaci ones, Di visión Leyes Especiales, destino en el cual permaneció
hasta el 4 de marzo de 1977, en que pasó a revistar a la Brigada de San
Martín. Resta menci onar que en las fojas de calificaci ones, correspondientes
al período de interés -1 de octubre de 1975 a 30 de septiembre de 1976- surge
como calificante el Comisario Rubén Oscar Páez, en segunda instancia, y en
primera q uien se supone que habría sido el Jefe de Leyes Especiales.
Asimismo, del legaj o de Féli x Madrid, surge que en la f echa
indicada, se encontraba bajo el cargo de Oficial Subinspector en la Dirección
de Investigaciones.

221
En cuanto al legajo de Ornstein, surge del mismo que desde el 1
de marzo de de 1975 y hasta el 10 de agosto de 1976 se desempeñó como
Oficial Subinspector en la División Leyes Especiales, siendo calificado desde
el año 1974 y hasta septiembre de 1975 por su superior Roberto Oscar
Anauati, Comisario y segundo Jef e de la citada Divisi ón, y luego, por
Reynaldo Cerda, Comisari o Inspector, a cargo de la Divisi ón mencionada; y
siendo calificado desde octubre de 1975 y hasta septiembre de 1976, es decir,
en el período en el cual sucedieron los hechos, por el Subcomisario Rubén
Oscar Brindo y en segunda instancia por Enrique Augusto Barre, Jefe de la
Brigada Martínez.
Lo antes expuesto permi te adverti r que a los efectos de
conformar la “patota” que habría intervenido en el operativo de mención, se
convocó a personal de diversas dependencias, todas ellas dependientes de la
Direcci ón de Investi gaciones, siendo ilustrativo de ello recordar las formas de
convocatorias esbozadas por cada uno de los i mputados.
Así, Ángel Salerno, en su declaración indagatoria prestada ante
esta sede –fs.9507/29- refirió: “Yo prestaba servicio en la Brigada Avellaneda, en
esa época se rumoreaba que aquellos que querían trabajar contra l as guerrillas iban
a tener «ciertos beneficios». Yo era uno de los tantos que no acepte, porque estaba
en contra de la situaci ón [...] A raíz de mi postura en la jerga policial se diría, «me
patearon a Cuatrerismo», porque ir a «Cuatrerismo» era un castigo. Entonces
cuando fui a Cuatrerismo, fui a trabajar normalmente, hacíamos lo que era el
servicio de calle, y t odo lo relativo a ani males de campo [...] empieza a venir
personal «raro», que desconocíamso si eran militares, o policías. Ellos nos prohiben
que traigamos detenidos, ladrones, et c.”
Asimismo, agregó el nombrado con respecto a l a persona que le
dio la orden de intervenir en el operati vo: “Quien nos dio la orden fue el oficial
principal Sarratea, de alias «Pipa», no sé donde prestaba servicios, pero en
Cuatrerismo no se desempeñaba [...] esto fue en Cuatrerismo que él dijo «vos, vos y
vos» y fueron al operativo [...] él era como un Jefe, mandaba allí, estaba siempre, no
sé qué funciones tenía y supongo que tendrí a contacto con el Jefe que era Carabajal.
No sé a qué venía [...] habíamos llegado ahí de rabajar en la calle, a las siete u ocho
ya nos íbamos, y cayó Pipa con toda esa gente y les dijo q ue ib an a ir a Capital
Federal, a hacer un procedimiento. Había como cuatro o cinco cohes en el operativo
y tres o cuatro personas por coche [...] Éramos unos cuatro coches, y varias
personas, de las cual es muchas de ellas yo no conocía. Llegamos a aquél lugar,
organizaron todo. Es decir, como debíamos realizar el allanamiento. A mí me
mandan a una casa li ndera a la azotea a vi gilar, porque me dijeron que se podían
escapar por ahí. Una vez llegado al lugar, empezaron a los tiros y yo sentía que me
picaba la cara a causa de que las balas pegaban en la mampostería. Creo que quienes

222
Poder Judicial de la Nación

comenzaron con los tiros eran quienes intentaban ingresar; yo sentí que empezaron
los tiros. Yo estaba apostado en una azotea vecina. Luego vino la Policía Federal”.
Por su parte, José Félix Madrid declaró en su descargo: “prestaba
servicio en la División Robos y Hurtos de la Policía de la provincia de Buenos Aires
con sede en Banfield, que depende de la Dirección de Investigaciones de La Plata,
aclarando q ue en La Matanza no había División de Robos y Hurtos. En aquel
momento el Jefe de dicha División era Enrique Hudson, ofi cial principal. Nos habían
entregado los nuevos vehículos, que eran los Torinos, recuerdo que iba con el auto y
nos convocan por radio de la Dirección de I nvestigaciones y nos debíamos presentar
todos los que estuvieran operando cerca de Capital Federal, en la Comisaría 21, en
apoyo de un procedimiento. No recuerdo quién lo trasmitió por radio, pero era por
orden del Director General, que creo que era Juan Fiorillo, que si no era Director
era Subdirector, era el que estaba a cargo de la Dirección de Investigaciones. Yo en
el Torino estaba con personal de Robos y Hurtos, que los dejé en la puerta de la
Comisaría, porque sól o se convocaban a ofi ciales, y en ese caso no se podía llevar
USO OFICIAL

personal”.
Los declaraci ones de los imputados, permiten apreciar cómo el
operativo de mención se gestó desde las altas esferas, y f ue retransmi tido por
la Jefatura de la Dirección de Policía de la Provincia, convocándose en
consecuencia a agentes policiales dependientes de la ci tada Direcci ón
policial, nota q ue se ha reiterado como característica de l os procedi mientos
de detención llevados a cabo en forma generalizada en el marco del plan de
represi ón, ya que como ha de advertirse en anteriores investigaciones
relativas a otros centros clandestinos de detención, los “grupos de tareas” o
“patotas”, se hallaban conformados por personal de diversas armas y f uerzas
de seguri dad, operando algun os como grupos de apoyo de l os otros, o bi en en
relación de pari dad con respecto a l a di rección del operati vo.
4.3. Aclaración en relación a las referencias a la presencia en el
operativo de Eduardo Alfredo Ruffo y Raúl Antonio Gugliel minetti
A esta altura del desarrollo, cabe hacer una aclaración en rel ación
a las menciones que dan cuenta de la supuesta presencia de Eduardo Alfredo
Ruffo y Raúl Antoni o Guglielminetti en el operati vo cuyas circunstancias se
desarroll an en el presente considerando, las que se desprenden de los dich os
de los testigos referi dos precedentemente.
En este sentido, he de destacar que en un primer momento,
el 27 de diciembre de 2011, se decretó el procesamiento de l os nombrados; en
el caso de Ruffo, por considerárselo coautor prima facie responsable del delito
de privación ilegal de la libertad agravada por mediar viol encia o amenazas
(art. 144 bis inc. 1° y úl timo párrafo -ley 14.616- en f unción del art. 142, inc.
1°, ley 20.642, y art. 55 del Código Penal) , rei terada en sei s ocasiones, por l os

223
hechos que damnificaran a Juli o César y Washington Mogordoy, Noemí Charo
Moreno, Blanca Fri da Becher, Norberto Rey y Grisel da Val entina Zárate; al
tiempo que se decretó su fal ta de mérito en orden al delito de privaci ón ilegal
de la libertad agravada por mediar vi olencia o amenazas y aplicación de
tormentos del que f uera víctima Jorge Eduardo Velarde, como así también en
orden al deli to de imposici ón de tormentos padeci dos por los nombrados
Mogordoy, Becher, Moreno, Rey y Zárate, por los cuales f ue indagado. Se
enfatizó asimismo –en concordancia con lo expresado al momento de evaluar
su responsabilidad penal individual- q ue la imputaci ón del nombrado en
orden al delito de privación de la libertad de las seis personas mencionadas,
se ciñe a su participación en el operativo, no al cautiveri o posteri or de estas.
Por su parte, Raúl Antonio Guglielmi netti fue procesado con
prisi ón preventiva en la misma oportunidad, por ser considerado coautor
prima facie responsable del delito de pri vación ilegal de l a libertad agravada
por mediar violenci a o amenazas (art. 144 bis inc. 1° y último párrafo -ley
14.616- en función del art. 142, inc. 1°, ley 20.642), rei terada en seis ocasiones,
por los hechos q ue afectaran a l os nombrados Mogordoy, Becher, Moreno,
Rey y Zárate, en este caso, en concurso real con el deli to de imposición de
tormentos reiterados en los mismos casos (art. 144 ter, primer párrafo
conforme ley 14.616 y art. 55 del Código Penal); al tiempo que se decretó su
falta de mérito en orden al delito de pri vación ilegal de l a li bertad agravada
por mediar violenci a o amenazas y apl icación de tormentos del que fuera
víctima Jorge Eduardo Velarde, por el que f uera oportunamente indagado.
Este temperamento f ue posteriormente revisado, y en fecha 12 de
junio de 2012, este Tribunal resolvió revocar por contrario sensu los puntos
respectivos de la parte resol utiva de dicho auto de mérito y en consecuencia
decretar l a falta de mérito de Ruffo y Guglielminetti en orden a los delitos
oportunamente i mputados.
Ello, en vi rtud de que del análisis de aquéllos el ementos de
prueba que sirvieron oportunamente de sustento a la imputación que se les
formulara a los nombrados, aunados al resultado de una serie de nuevas
medidas probatorias adoptadas en relación a ellos, el suscripto llegó a la
conclusión de que “l a imputación de Ruffo y de Guglielminetti se erige en función
del análisis de las declaraciones del testigo Julio César Mogordoy, quien como él
mismo refirió, no identificó a los antes nom brados en la época de los sucesos, sino
tiempo más tarde, circunstancia esta que debe ser conjugada con ot ros elementos que
se han acumulado a estas actuaciones” (cfr. fs. 12.746), los cuales, se estableci ó
que tampoco aportaban mayores elementos al cuadro de certeza req ueri do
para mantener el procesamiento de los nombrados.

224
Poder Judicial de la Nación

Por último, cabe acl arar, como se hará más adelante en respuesta
al pedido de sobreseimiento efectuado por sus abogados defensores con
motivo de contestar la vista conferi da en los términos del art. 349 del
C.P.P.N. (cf r. fs. 15.090/2 vta.) , que por el momento se man tendrá el criteri o
sustentado en la resoluci ón del 12 de junio de 2012, circunscribiéndose el
objeto del presente a la situación procesal de l os encartados Pascarelli,
Etchecolatz, Madri d, Ornstein, Sánchez, Sal erno, Taran tino, Minicucci,
Svencionis, Mancuso, Bul acio y Del gado.
4.4. Concl usión
Las premisas enunci adas precedentemente permiten corroborar la
hipótesis de que J ulio César Mogordoy, Washington Mogordoy, Griselda
Valentina Zárate, Norberto Rey, Blanca Frida Becher y Charo Noemy Moreno,
fueron ilegal mente detenidos el día 4 de noviembre de 1975, a pesar de q ue
en las actuaci ones i nstrui das a raíz de l a muerte de María Teresa Barvich en
el domicilio de Honduras 4183, se registró como llevado a cabo al día
USO OFICIAL

siguiente.
La falta de orden de allanamiento y detención; el alojamiento de
los nombrados en sitios en los que n o fueron registrados; la negati va a
informarl es el si tio en el cual se en contraban y a disposición de qué
autoridades se hallaban detenidos; su al ojamiento en la Divisi ón
“Cuatrerismo”, desti nada como se ha vi sto, especial y excl usivamente a ser
CCDT; la serie de conflictos regi strados entre el personal de la Comisaría 21ª
de Policía Federal, y los aquí imputados; la desproporci onada violencia
ejercida tanto para su aprehensión como durante el cautiveri o de los mi smos,
mediante la sistemática aplicaci ón de torturas; la legali zación mediante
decreto del Poder Ej ecutivo, nueve días después de produci da su detención;
todos estos elementos, permiten encuadrar estos hechos dentro del plan de
represi ón que se gestara con anterioridad al golpe de estado, conforme se
analizara en extenso en el punto c) del Considerando Segundo.
4.5. Cuestiones de orden procesal
Analizados ya los motivos por los cuales entiendo que los hechos
acaecidos el día 4 de noviembre de 1975, por l os que resultan
responsabilizados Ornstein, Madri d, Sal erno, Sánchez y Tarantino, presentan
continuidad con aquellos posteriores al golpe de estado del 24 de marzo de
1976, corresponde hacer mención de cuál ha sido el impul so de la acción
penal que ab initio han tenido las presentes actuaciones.
Corresponde recordar que el presente expediente tuvo i nicio
como desprendimien to de la causa nro. 14.216/03 caratulada “Suárez Mason,
Carlos Guillermo y ot ros s/ privación ilegal de la libertad...” del registro de esta

225
sede judici al, cuyo objeto procesal -de conformidad con el criterio sustentado
por la Excma. Cámara del fuero en el marco de la causa nro. 44, incoada en
virtud del Decreto 280/44 del Poder Ejecutivo Nacional-, resulta circunscrito
a la investigación de los hechos atribuidos a personal depen diente del P rimer
Cuerpo del Ejército o sometido operaci onalmente a él , en el ámbito de la
Capital Federal, l a Provincia de Buenos Aires (en su mayor parte) o la
Provincia de La Pampa, en el período comprendido entre el 24 de marzo de
1976 hasta fines del denominado “Proceso de Reorganización Nacional”, y que
no hayan sido inclui dos en dicho proceso –cf r. fs. 2/9 de la causa 14.216/03-.
Coherente con tal restricción de competencia, resulta el dictamen
propiciado por el Sr. Fiscal de dichas actuaci ones y conexas, Dr. Federico
Delgado, q uien al requerir la instrucción de la presente causa, en los
términos prescriptos por los arts. 180 y 188 del C.P.P.N., precisó: “el objeto
procesal de la presente causa se circunscribe a la reconstrucción, durante el período
temporal abarcado por el 24 de marzo de 1976 al 10 de diciem bre de 1983, de la
cadena de mando y est ructura funcional de l a Subzona 11 perteneciente a la Zona I
del Primer Cuerpo del Ejército [...] atento a que en el contexto de la causa 14.216,
se realizaron numerosas presentaciones vinculadas a los hechos que habrían acaecido
en el Centro Clandestino de Detención y Tortura conocido com o «Protobanco» o
«Puente 12» que funci onara en una dependencia de la llamada «Brigada Güemes» de
la Policía de la provincia de Buenos Aires, en Camino de Cintura y Autopista
Richieri, en La Matanza, en el ámbito del Área 114 de la Subzona de Defensa 11”.
Y agregó “De la lectura de las presentes actuaciones se desprende que
durante el período 1974-1976 funcionó el Centro Clandestino de detención
denominado «Protobanco» o «Puente 12» cuya ubicación ya se especificó más
arriba. No obstante el objeto del presente se circunscribe a los hechos ocurridos en el
año 1976, restricción obligada visto el marco de estos actuados ya explicitado” –
fs.562/3vta.-.
Ahora bien, como surge del anál isis efectuado en este
Considerando IV, l os hechos acaecidos en el año 1975, han integrado el
mismo circuito de detención que se analizara en el Considerando III en
cuanto a los hechos posteriores al golpe de estado, en la medida en que
similares prácticas de tortura y condici ones de alojamiento, se han utilizado
en la misma dependencia policial , acondicionada como centro clandestino de
detención y tortura.
Si bien el Fiscal Federico Del gado en el dictamen citado hizo
expl ícita la necesidad de circunscri bir el objeto de investi gación a aq uellos
hechos posteri ores, debe tenerse en cuen ta que posteriormente se acumularon
a las actuaci ones, aq uellas provenientes del Juzgado Nacional en lo Criminal

226
Poder Judicial de la Nación

y Correccional Federal nro. 10, Secretaría nro. 20, que tuvieran por objeto de
investigación hechos anteri ores al golpe de estado.
Así, con respecto a la causa nro. 12.323/00 caratulada “N.N.
s/delito de acción púb lica” –remitida por incompetencia a este Tribunal, por el
Juzgado Nacional en lo Cri minal y Correccional n ro. 10, Secretaría nro. 20-
cuyo objeto de investigación estuvo ori entado a la desaparición forzada de
Alberto José Munárriz, acaecida el día 14 de noviembre de 1974, quien podría
haber sido al ojado como detenido il egal, en el centro clandestino de
detención y tortura que funcionó en la División Cuatrerismo de La Matanza,
esto es el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes” o “Protobanco” –hecho q ue
efectivamente se tuvo por probado en una posteri or resolución, pero q ue no
integra la plataforma fáctica del presente auto de elevación- ; en fecha 26 de
marzo de 2010, al aceptar la competencia en la misma, sostuve q ue las
diversas probanzas colectadas en el marco de la pesquisa indican la
existencia de sinnúmero de vícti mas que permanecieron en cautiveri o en el
USO OFICIAL

centro clandestino de detención mencion ado con anteri oridad al 24 de marzo


de 1976, cuyos secuestros no sólo se en cuentran intrínsecamente vinculados
entre sí, sino que permiten establecer pri ma facie la existencia de una rel ación
de continuidad entre el espacio f ísico y los responsabl es del centro de
detención y torturas de manera previa y luego de dicha fecha, esto es con
anterioridad y con posterioridad al golpe de estado.
En virtud de ello, se consideró l a comuni dad probatoria existente
entre ambas actuaciones, la particular celeri dad q ue demanda la
investigación en estos casos, ell o en pos de lograr una pesquisa más eficiente
y una mejor y más pronta administración de justicia, en los términos del
artícul o 42, inciso 4° del C.P.P.N.
También all í se hizo alusión a que la causa 3.354/07, que tendría
por objeto de investigación pri vaciones ilegales de la libertad anteri ores al
golpe de estado, sería acumulada a la causa nro. 14.350/2006 “N.N.
s/privación ilegal de la libertad agravada...” en la cual se investiga l a ilegal
privaci ón de la libertad de Sebasti án María Llorens y Diana Miriam Tri ay,
acaecida el 9 de di ciembre del año 1975 en esta ciudad; ello en virtud de
desconocerse el sitio en el cual estuvieron cautivas las ci tadas víctimas, cuyos
cuerpos fueron hallados e identificados en el marco de la causa 14.350/06 de
este Tribunal.
Vale mencionar que las actuaciones acumuladas a la presente
causa, y cuya adj udicación de competen cia se hizo mediante resol ución del
citado Tribunal, con taba ya con i mpulso fiscal, ya que a fs. 38 de la mi sma,
surgía el dictamen efectuado por el Dr. Jorge Feli pe Di Lello, en el cual surge

227
“Atento al sentido de la vista conferida, vengo a solicitar el impulso de la presente
causa [...] contra, Agentes del estado, Policías y personal del Ejército, los cuales
conforme la querella resultarían ser, Carlos Españadero, el Coronel Idelbrando
Pascarelli, quien fuera Jefe del Grupo de Artillería Mecanizada en el año 1974,
Alberto Alfredo Valín, quien fuera jefe del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército
en el año 1974, como responsables de los delitos de desaparición forzada de persona,
torturas y en su caso el homicidio de Alberto José Munárriz”.
“De la aludida querell a surge que Alberto José Munárriz, de 28 años de
edad, conocido como «El Capitán», «El Capi », o «Diego», desapareció el día 14 de
noviembre de 1974 [...] Que Munárriz militaba en ese momento en el PRT-ERP y
siendo responsable nacional de Logísti ca del Partido [...] Los querellantes
sustentaron la imputación formulada, en que de elementos e indicios que
describieron Alberto Munárriz, habría desaparecido con la intervención de personal
de la Secretaría de I nteligencia del Estado, quien utilizando al agente Rafael De
Jesús Rainer, habría podido llegar al paradero de Munárriz. Por otra parte
destacaron que en 1984, Norberto Rey, hoy fallecido, habría estado según su
testimonio en el lugar conocido como «Puente 12», ubi cado en Camino de Ci ntura
y Autopista Richieri y en el cual en uno de los momentos le refirieron «Vas a cantar
hasta que te vuelvas loco o te quedes en la máquina como pasó con el Gallego y con
el Capitán (se referían a Ceferino Fernández y a Alberto Munárriz) ”; en f unción de
lo cual solici tó el i mpul so de la acción penal con respecto a los hechos y l a
producci ón de vari adas medidas probatorias.
Debo a esta altura resaltar que en tal sentido, este Magistrado
entendió q ue con respecto a l os hechos anteriores al golpe de estado de marzo
de 1976, se encon traba sati sfecho el principio acusatorio, que como
contraparti da del principio ne procedat iudex officio potest, demandaba la
existencia de impul so fiscal por parte del titular de la acción (art. 5 del
C.P.P.N.), y en tal sentido, una vez aceptada l a competenci a y verificada la
existencia de requerimiento fiscal en dichas actuaciones, se notificó al Fiscal
Federal, Dr. Federico Delgado -fecha 30 de marzo de 2010, conf. fs. 3520vta.-.
Asimismo, vale recordar que en el marco de la causa 14.216/03 de
la cual la presente es conexa, los enton ces Fiscales q ue desde un comienzo
ejercieron la acción penal y efectuaron requerimiento de instrucci ón, en el
primer requerimiento formulado, hicieron explíci to que en la medida en que
el objeto de investigación de las actuaciones, se cent re en un plan
sistemático en el cual se inscribi eron un conjunto de hechos, no
correspondía formular requerimiento de instrucción por cada hecho
particular, sino que el impulso fiscal habría de abarcar nuevos sucesos,
siempre que estos t uvieran relación con los hechos por los cuales se hubiera
formulado requerimiento.

228
Poder Judicial de la Nación

En el dictamen reali zado en fecha 3 de septiembre de 2003 por l os


entonces Fiscales Federico Del gado y Eduardo R. Freil er, se asentó: “[ d]urante
el desarrollo del procedimiento anterior, fueron definidos varios conjuntos de hechos
en relación a los cuales se produjeron las imputaciones referidas en el capítulo
anterior. Sin perjuici o de la persistencia de la persecución a ese respecto, habida
cuenta lo resuelto por el Tribunal Supremo en el reciente fallo «Videla» las
imputaciones respectivas no se ceñirán de manera exclusiva a esos hechos,
sino que podrán i ncluir nuevos sucesos que surjan de la investigación
propuesta y que, luego de la anulación de la primera de las leyes reseñadas
[haciendo alusión a la Ley 23.492] no reconocerán la limitación cronológica
que ella disponía” (f s. 7.895, resal tado agregado).
En función de ello y siguiendo tal es lineamientos esbozados
entonces por los Sres. Fiscales, igual temperamento se ha adoptado en las
presentes actuaciones, y en la medida en que el dictamen del Dr. Di Lello se
habría ceñi do al cautiverio sufri do por Munárriz en el cen tro de detención
USO OFICIAL

que habría funcion ado en el año 1974 en la División Cuatrerismo de La


Matanza, aquell os hechos posteri ores que pudi eran guardar conexión con el
mismo por una cuestión temporal y espacial, habrían de integrar el universo
de casos previstos en el impul so fiscal ; encontrándose en tal situación los
sucesos acaecidos con respecto a Norberto Rey –cuyo específi co cautiverio fue
invocado por el Fi scal como f undamento de la asignación de competencia-, y
quienes fueron junto al nombrado detenidos en la Divisi ón Cuatrerismo,
donde f uncionó el CCDT “Cuatrerismo-Brigada Güemes”, ya con anterioridad al
año 1976.
En relaci ón a este tópico cabe por últi mo hacer referencia a lo
resuelto por la Sala Ira. de la Excma. Cámara del fuero el pasado 27 de
diciembre de 2012 –la mi sma fecha en la que confirmó el procesamiento
decretado el 27 de diciembre de 2011-, que en oportunidad de pron unciarse
respecto del rechazo a la excepci ón de falta de acción interpuesta por la
defensa de José Vicente Sánchez, Ángel Salerno, Eduardo Alfredo Ruffo y
Raúl Antonio Gugl ielminetti - en la q ue cuestionaron específicamente el
carácter de lesa humanidad de los h echos imputados a los nombrados,
anteriores al 24 de marzo de 1976-, reaf irmó el carácter de l esa humanidad de
tales hechos, confirmando lo resuelto por esta judicatura el pasado 14 de
mayo de 2012.
En dicha resol ución , el Superior puso de manifiesto que: “...así
fue como esos delitos, anteriores en el tiempo al golpe de Estado, generaron una
herida que no cicatrizará en tanto aquellos episodios no sean indagados, escrutados,
rescatados de esa prisión a la que las circunstancias del destino los arrojaron hace
ya casi cuarenta años. Ahora es tiempo de q ue esa liberación llegue sin obstáculos,

229
convenciones o ficci ones que pretendan impedirlo” (CCCFed. Sala I in re
“Sánchez, José Vicente y otros s/rechazo de excepción de falta de acción”,
causa n ro. 47.115, rta. el 27/12/2012, reg. 1576).
En particular, en lo que hace al procedimiento descri pto en el
presente consi derando, señaló, l uego de reseñar las condiciones en las q ue
tuvo lugar el mismo que: “son circunstancias que permiten advertir la similitud
de estos sucesos con aquellos que se desarrollarían y repetirían ampliamente a lo
largo de los siete años que siguieron” (idem).

Considerando Quint o
Actividad jurisdicci onal con respecto a l os hechos
I. La causa “Barvich”
La causa nro. 8234 caratulada “Barvi ch, María Teresa –averiguación
homicidio”, se inició por prevención pol icial el 5 de noviembre de 1975. Del
Acta obrante a fs. 1/4, surge que el Jef e de la Comisaría 21ª de la Policía
Federal A rgentina, Héctor Víctor Bazán , recibió una comunicación tel efónica
del Comando Radi oeléctrico, mediante la cual se informaba que en el
domicilio de la call e Honduras 4183, personal de la Divi sión Investigaci ones
de la localidad de La Plata de la Policía de la provincia de Buenos Aires,
había mantenido un enfrentamiento armado con delincuentes, al parecer,
extremistas.
Al constituirse en el lugar, el nombrado se entrevistó con el
Subinspector Guillermo Horacio Ornstei n de la Policía bonaerense, quien le
informó que habían concurrido a la finca a fin de practicar averiguaciones
relacionadas con unas actuaciones que se instruían por presunta infracci ón a
la Ley de Seguridad Nacional n ro. 20.840, tenencia de armas de guerra y
asociación il ícita, con intervención del Juez Carlos Molteni.
Asimismo, le informó que al llamar a la puerta de acceso y
notificar a la recibidora su condici ón de Policía, una persona de sexo
masculino los atacó con armas de f uego. Por ello, el Subinspector Ornstein,
secundado por el Sargento 1º Saúl Omar Mansilla y el Sargento José Vicente
Sánchez, ingresaron a la vivienda por la escalera, repeliendo con disparos de
armas de fuego la agresión, hasta llegar al piso superi or, donde a pesar de la
oscuridad, observaron la presencia de seis personas, tres de ellos de sexo
masculino, entre las cuales se hallaba la persona atacante y, entre las
restantes, la recibidora de sexo femenino.
Refiri ó Ornstein que en esas circunstancias, sobre el l ateral
izquierdo de la finca, en el contraf rente, escuchó disparos de arma de f uego,
por lo que se trasl adó a ese sector, dado que por all í también se había

230
Poder Judicial de la Nación

dispuesto la correspondiente vigil ancia con personal a sus órdenes integrado


por su igual José Fél ix Madrid y el Agente Ángel Sal erno.
Al llegar a este siti o, se encontró con que sobre el ángulo sur-
oeste, se encontraba caída sobre el piso una persona del sexo femenino, al
parecer sin vida. Según Madrid, esta persona, en su intenci ón de f ugar por
los fondos y al notar la imposibil idad de ello provocada por la presencia
policial, hizo uso de un arma de f uego que portaba contra los efectivos
policiales, produci éndose entonces un i ntercambi o de disparos q ue culminó
con la caída de la mujer.
En esa ocasi ón, agregó Ornstein que ya había iniciado el acta
respectiva con los detalles del procedimiento y de los elementos
secuestrados, los cuales, a su entender, acreditaban la actividad il ícita
segui da por los ocupantes del inmueble, e investigada en las actuaci ones
incoadas en su Dependencia. En este sen tido, consideró que la índol e de l os
efectos encontrados daban cuenta de la actividad de los ocupantes del
USO OFICIAL

inmueble, por lo que presumió que allí funcionaba una central


documentol ógica de la organización denominada “Ejército Revolucionario del
Pueblo” (E.R.P.); dado que se habían hallado, entre otras cosas, ejemplares del
peri ódico “El Combatiente”, revistas “Est rella Roja”, armas de fuego cortas y
largas.
Específicamente, se secuestró un arma calibre 11.25 mm. Bal lester
Molina nro. 26467, con la inscri pción “Ejército Argentino” en uno de sus
lateral es, cargada y con bala en recámara; y una carabina Winchester calibre
44.40 mm., recortada.
También se dejó con stancia de la existen cia del cuerpo de quien
en vida fuere María Teresa Barvich, quien al momento de los hechos se
encontraba vestida con un solero, zapatos negros y un pullóver color celeste,
con un revólver cali bre 38 a su lado.
En tal contexto, por razones de seguri dad se procedió a la
detención de Blanca Frida Becher, argentina de 30 años de edad con tres hijos
menores, Noemí Claro Moreno, uruguaya de 19 años, Juli o César Mogordoy,
uruguayo de 26 años, Gri selda Valentina Zárate, argenti na de 24 años,
Norberto Rey, argentino de 35 años y Washington Mogordoy, uruguayo de 24
años. Estos dos últi mos fueron trasladados al Hospital Mun icipal Fernández,
toda vez q ue presen taban lesiones presumiblemente produci das por impactos
de bala; y con respecto de los men ores, los mismos fueron alojados en la
Dependencia.
También se dejó constancia de que el médico de la Policía
Roberto N. Barrio f ue el gal eno que certificó el falleci mien to de la persona

231
femenina, y entregó a Bazán una ojiva, al parecer calibre 11.25 mm., que
extrajo de la occisa. Además, se hizo constar el armamen to del personal
interventor: Subinspector Ornstein, pistola Browning calibre 9 mm.;
Subinspector Madri d, pi stola calibre 11.25 mm.; Sargento 1º Mansilla, pi stola
Browning calibre 9 mm.; Sargento Sánchez y Agente Salerno, pistola
ametralladora “Uzi”.
En tal contexto, se realizó consul ta al Juez Nacional de P rimera
Instancia en lo Criminal y Correccional Federal, Dr. Teófilo Lafuente, quien
aprobó el temperamento adoptado hasta el momento; di spuso no adoptar
temperamento procesal alguno con el personal de la P olicía bonaerense; que
los menores sean en tregados a Rebeca Kremenchutzki de Mociulski; que se
prosigan en esa j uri sdicción las actuaci ones por “Homicidi o” en relación a l a
occisa; y ordenó la realizaci ón de l as pericias de estilo y n ecropsia médico
legal sobre el cuerpo de Barvich. Esta Acta fue suscri pta por el Jef e de la
Comisaría 21ª, Héctor Víctor Bazán, y por el Principal César Roberto Crocce.
A fs. 5 del expediente, se encuentra agregada el Acta suscripta
por Héctor Víctor Bazán y el médico legi sta Roberto N. Barri o, donde figuran
las conclusi ones del examen médico ordenado por el Magistrado, en el cual se
dejó constancia de q ue la vícti ma presentaba, entre otras lesiones, una de 10 a
11 mm. de diámetro en la apéndice xifoi des, de características similares a las
que producen los proyectiles di sparados por armas de fuego, con
características de orificio de entrada en el dorso del cadáver. También se
asentó q ue a nivel l umbar derech o, a unos 3 o 4 cm. de la columna vertebral ,
había una sol ución de contin uidad de bordes i rregulares de igual diámetro
que el anterior, y del cual se observa emergi endo la ojiva de un proyectil
encamisado de grueso calibre (11.25 ó 45), comprobándose que se trataba de
un proyectil de las características en unciadas, en función de l o cual, fue
secuestrado.
En el legajo de referencia, también se encuentran agregadas, a fs.
8/9, las huellas dactilares de la difun ta; a fs. 10, un Acta de la sal a de
abducci ones de la morgue judicial medi ante la cual se dejó constancia de la
entrega del cuerpo, con un detall e de la vesti menta q ue poseía la mujer; y a
fs. 12, una fotograf ía de la misma.
A fs. 13, obra una constancia relativa al traslado de los deteni dos
al Departamento de Sumarios de l a Superintendencia de Seguridad Federal de
la Policía, para luego ser trasladados a la Divisi ón de Investigaciones de la
Policía de la provincia de Buenos Aires; mientras que a fs. 13 vta., la División
de Informes remiti ó un despacho tel egráfico comunicando que el cadáver
corresponde a quien en vida f uera María Teresa Barvich.

232
Poder Judicial de la Nación

A fs. 14, se encuentra agregado un sobre que contiene la ojiva que


fuera extraída del cuerpo de la víctima al momento de la autopsia.
A fs. 16, obra la declaraci ón de Adolf o Barvich, padre de la
damnificada, quien procedió a identificar el cuerpo de su hija, y solicitó la
entrega del mismo a los fines de proceder a su inhumaci ón.
Por su parte, el legaj o de referencia da cuenta de la realizaci ón de
un informe pericial suscripto por Alfredo Horacio Hagazzi, quien examinó el
lugar de los hechos y dejó constancia de los daños produci dos en la vivienda:
la puerta principal de madera tenía dos impactos de bala; en el interior del
mismo, que se compone de una escalera hasta llegar al primer piso, la pared
del lado izq uierdo presentaba ocho impactos, la del lado derecho trece, la
pared del frente al terminar la escalera veinticinco impactos, en el techo doce,
y en una segunda puerta ubicada a la mitad de la escalera con marco de
madera y dos cristal es, uno de los cristales se encuentra destrozado por los
impactos de bala, siendo el marco de la puerta de madera con nueve
USO OFICIAL

impactos. En el pri mer piso, en el living, sus paredes tienen cinco impactos,
compuesto el mismo por una puerta de tres hojas con cri stales, un cristal
destrui do, el cristal del medio con cuatro i mpactos y el tercero con un
impacto (cfr. fs. 17) .
A fs. 18, figura el certificado de def unción de María Teresa
Barvich, en el cual se consigna que la nombrada falleció el 4 de noviembre de
1975 a las 23:00 hs., en el inmueble de la calle Honduras 4183, Capital
Federal.
Una vez cumplidas las medi das ordenadas por el Magistrado, la
constancia de fs. 20, da cuenta de la elevación del sumario al J uzgado
Nacional de Pri mera Instancia en lo Cri minal y Correcci onal Federal a cargo
del Dr. Teófilo Lafuente, Secretaría nro. 9 de la Dra. Livia Cecilia Pombo,
quedando pendiente la remisión de la pericia realizada por la División
Balística.
Las concl usiones a l as cuales se arribó en el marco de la autopsia
practicada a la vícti ma (nro. 2623) , cabe destacar q ue su muerte se produjo
por heridas de bala en tórax y cráneo, las cuales le produjeron una
hemorragia interna ( cfr. fs. 22/29).
A fs. 31, el Juez ordenó la prosecución del sumario con
intervención del Procurador Fiscal , y la recepción de declaración testimonial
al Comi sari o Héctor Víctor Bazán.
A fs. 32, se encuentra agregada la pericia efectuada por la
División Bal ística de la Policía suscripta por el Comisario Adolfo Daniel
Stella, en la que se concluyó lo si guiente: en los distintos ambientes q ue

233
integran el departamento de la call e Honduras 4183 (1º piso), Capital , se han
registrado n umerosos orificios e i mprontas atribuibles a proyectiles
disparados con armas de fuego calibre 9 mm. o similar. Asimismo, se
encuentran adjuntadas las fotograf ías de los impactos en la puerta principal .
A fs. 37/38, obra el examen histopatol ógico en donde se consigna
que el mismo no altera las conclusiones de la autopsia.
El 18 de f ebrero de 1976, se recibió declaración testimonial a
Héctor Víctor Bazán , ocasión en la cual ratificó el Acta de fs. 1/5, como así
también el resto de l as actuaciones. Además, manifestó que no intervino en el
hecho motivo del sumario, sino que, tal como se consi gnó en el Acta
respectiva, se hizo presente en el lugar dado el giro que tomaron los
acontecimientos, a l o que agregó que l os funcionarios que in tervinieron en el
operativo prestaban servicios en la Poli cía de la provincia de Buenos Aires
(cfr. fs. 41).
Ante tal panorama, el Fiscal Federal, Dr. Guillermo F. Rivarola,
estimó correspondi ente corroborar “en la máxima medida posibl e” la
aparente legitimidad del obrar de la comisión policial que actuó en el
procedimiento de la calle Honduras 4183, y del cual derivara la muerte de
María Teresa Barvich (cfr. fs. 42). Pero sobre tal cuesti ón ya me he explayado
en el Considerando siguiente, por lo cual me remitiré a tales ref erencias, en
honor a l a brevedad.
Así, el Juez req uiri ó que se libre exhorto al Juzgado Federal al
Juez Federal de La P lata a fin de que informe si all í se instruyen actuaci ones
por infracci ón a la Ley 20.840 en las que con fecha 5 de septiembre de 1975 se
realizara un procedi miento en la finca si ta en Honduras 4183 y la nómina del
personal policial interviniente (cf r. fs. 43).
De esta manera, se tomó conocimi ento de que ante la Secretaría
Penal nro. 9, a cargo del Dr. Carl os Guill ermo Guerell o, del J uzgado Federal
nro. 3 de La Plata, tramitó la causa nro. 311 caratulada “Becher Blanca Frida
por Infracción Ley 20.840, tenencia de arma de guerra y munici ones e inf. al art.
213 bis del C.P.”, de la cual surgi ría que el procedimiento en el domicili o
indicado se efectuó el 5 de noviembre de 1975, ocasi ón en la cual
intervinieron fuerzas de la Policía de l a provincia de Buenos Aires, cuya
nómina es la siguiente: Of. Subinspector Guillermo Horacio Ornstein, Of .
Subinspector José Félix Madrid; Sargen to 1º Omar Mansill a; Sargento José
Vicente Sánchez y los Agentes Mi guel Sal erno y Carlos Alberto Tarantino, con
la colaboración del Oficial Principal César Crocce, perteneciente a la Policía
Federal. Asimi smo se informó que de las constancias obrantes en la causa, fue
encontrado un cuerpo sin vida de sexo femenino.

234
Poder Judicial de la Nación

En tales condiciones, se dispuso el llamado a prestar declaración


testimonial de las personas mencionadas en la nómina al udi da (cfr. fs. 50).
El 5 de julio de 1976 se le escuchó el testimonio de Guill ermo
Horacio Ornstein, q uien manifestó: “Que se desempeña como sub-inspector de la
División Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Que el día 5
de noviembre de 1975, efectuó, juntamente con otros miembros de su repartición, un
procedimiento en esta Capital, en una finca de la calle Honduras 4183. Que este
procedimiento se real izó con motivo de efectuar averiguaciones, relacionadas con
actuaciones que se labran en el Juzgado Federal de La Plata del Dr. Molteni. Que
por esta razón se constituyeron en la finca de mención, rodeándol a, que al llamar a
la puerta de acceso, el dicente fue atendido por una persona de sexo femenino, quien
al enterarse de que el que habla pertenecía a la Policía, se hizo a un lado y de
inmediato un hombre, que estaba agazapado en una escalera comenzó a disparar con
arma de fuego. Que el tiroteo duró unos quince o veinte minutos, y en el transcurso
del mismo se cortó la luz. Que repeliendo con sus armas la agresión, el dicente,
USO OFICIAL

juntamente con otros policías ingresó a la finca, donde reinaba la oscuridad, que
ayudados con linternas, que al llegar a la planta alta de la casa, encuentran varias
personas, todas jóvenes, las que se rindieron a las fuerzas de la Policía. Que
inmediatamente llegaron al lugar del hecho efectivos de la Poli cía Federal, los que
con un grupo electrógeno, iluminaron la finca. Que entonces, ya con luz,
recorrieron la casa encontrando en el patio de la misma una mujer sin vida, q ue
evidentemente había intentado huir por los fondos de la finca siendo abatida por el
personal que se encontraba vigilando en ese lugar. Que en el procedimiento fueron
secuestrados diversos elementos que probaban la actividad subversiva de los
habitantes de la casa. Que la Policía Federal se hizo cargo de la secuestrada y de los
detenidos y que los miembros de la Policía de la Provincia, entre ellos el dicente,
fueron demorados en Superintendencia de Seguridad Federal, hast a que se aclaró lo
sucedido” (fs. 55).
Por su parte, en su declaración del 5 de julio de 1976, Saúl Omar
Mansilla refiri ó: “Que se desempeña como Sargento 1º de la Policí a de la Provincia
de Buenos Aires, Di visión Investigaciones. Que el día 5 de noviembre pasado,
juntamente con otros miembros de su División, efect uó un procedi miento en la finca
de la calle Honduras 4183 de la Capital Federal. Que al querer ingresar en la finca,
fueron atacados con armas de fuego, logrando entrar a la misma luego de un i ntenso
tiroteo que duró alrededor de veinte minutos. Que encontraron la casa a oscuras,
por lo que tuvieron que ayudarse con linternas. Que al llegar a la planta alta
encontraron varias personas que se rindieron a sus fuerzas, que enseguida arribaron
efectivos de la Policía Federal quienes instal aron un grupo electrógeno, devolviendo
la luz a la finca. Que al recorrer las dependencias de la misma, encontraron en el
patio una persona del sexo femenino, sin vida. Que la Policía Federal se hizo cargo

235
de los efectos secuest rados y de los deteni dos y que el dicente fue demorado en
Superintendencia de Seguridad Federal hasta que se aclaró su situación” (fs. 56).
A fs. 57 obra la declaración de Carlos Alberto Tarantino de fecha
5 de julio de 1976, q uien al respecto, rel ató: “Que se desempeña como cabo de la
Policía de la Provincia de Buenos Aires en la División Investigaciones. Que el día 5
de noviembre de 1976 fue comisionado para efectuar un procedimi ento en una finca
de la calle Honduras 4183 de la Capital Federal. Que le fue ordenado que se
constituyera en el fondo lindero de la casa en cuestión, apostándose en una terraza
vecina, desde donde debían vigilar los movimientos de la finca. Que desde su puesto
oyó que se producía un intenso tiroteo y vio que se cortaba la luz de la casa. Que
una vez finalizado el procedimiento entró a la finca donde observó que habían sido
detenidas varias personas, de las cuales se hizo cargo la Policía Federal, que había
llegado momentos antes. Que desde el lugar donde el di cente se hallaba apostado no
se podía observar el patio donde supo, se encontró una mujer sin vida. Que el que
habla, juntamente con sus compañeros, fue demorado en dependencias de
Superintendencia de Seguridad Federal , hast a que se aclaró su situación” (fs. 56).
En su testimonio, Ángel Salerno señaló: “Que se desempeña como
cabo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en la División Investigaciones.
Que el día 5 de noviembre de 1975 realizó un procedimiento en l a finca de la calle
Honduras 4183 de est a Capital. Que le ordenaron se apostara en el techo de una
casa vecina, junto con otro agente de nombre Sánchez. Que desde allí debía vigilar
los movimientos de la casa. Que oyó que se producía un intenso tiroteo, pero como
se había cortado la luz, no pudo observar l o que sucedía, que desde su puesto no
pudo intervenir ni ef ectuar ningún disparo, dada la oscuridad reinante. Que una
vez terminado el procedimiento, el dicente fue demorado en Superintendencia de
Seguridad Federal hasta que se aclaró su situación, así como t ambién la de sus
compañeros” (fs. 58).
José Vicente Sánchez, asimismo, refiri ó: “Que se desempeña como
Sargento de la Poli cía de la Provincia de Buenos Aires, en la División
Investigaciones. Que el día 5 de noviembre pasado, fue comisionado para efectuar un
operativo en la Capital Federal, en una finca sita en Honduras 4183. Que junto con
su compañero Salerno se le ordenó se apostara en un techo vecino de la citada casa.
Que desde allí oyó el tiroteo que se desencadenó entre la Policía y los habitantes de
la finca, que el dicente no tuvo intervención en el procedimiento, pues se había
cortado la luz y no podría ver nada de lo que sucedía. Que una vez finalizado el
operativo, el personal de la Poli cía de la Provincia, entre ellos el que habla, f ue
demorado en Superintendencia de Seguridad Federal, hasta que fue aclarada su
situación” (fs. 59).
En su testi monio del 16 de juli o de 1976, José Félix Madrid
indicó: “Que se desempeña como Sub-Inspector de la Policía de la Provincia de

236
Poder Judicial de la Nación

Buenos Aires, en la D irección Investigaciones. Que el día 5 de noviembre de 1975,


fue comisionado para efectuar un operativo en la Capital Federal, en una finca sita
en Honduras 4183. Que dado el tiempo transcurrido el dicente no recuerda si
ingresó a la finca por el frente o por el fondo, aunque sí recuerda q ue se desencadenó
un tiroteo entre las f uerzas de la policía y los habitantes de la fi nca, y que la casa
estaba a oscuras. Que del procedimiento resultó una persona de sexo femenino
muerta. Que con posterioridad fue demorado, junto con sus compañeros en
Superintendencia de Seguridad Federal, hasta que fue aclarada su situación” (fs.
64).
Ante esta versión de los sucesos, plasmada en el expediente
judicial, tanto el Fiscal como el Juez intervinientes en el sumario,
coincidieron en considerar que las f uerzas policiales no se habían excedido
del marco de sus atribuci ones, pues h abrían respondido con sus armas el
ataque de que eran objeto desde el interior del inmuebl e, actuando por lo
tanto en ejercicio de su autoridad, lo que tornaría legítima la muerte
USO OFICIAL

investigada. Por ell o el Juez Guillermo Rivarola, el 23 de julio de 1976, de


conformidad con lo dictaminado por el Fiscal, resolvió sobreseer
definitivamente (fs. 66).
II. El último cuerpo de la causa “Becher”
La causa nro. 331 caratulada “Becher Blanca Frida y otros s/inf. ley
20.840, tenencia de armas y munición de guerra-art. 189 bis y 213 bis del C.P”,
tramitó ante el J uzgado de 1ª Instancia nro. 3 de La Plata, a cargo del J uez,
Dr. Héctor Carlos Adamo, Secretaría nro. 9, a cargo del Dr. Carlos Guerello.
Si bien se ha solicitado en varias oportunidades la remisi ón ad
effectum videndi del expediente de menci ón, el 26 de agosto del corri ente año,
el Juzgado 3 de La Plata remi tió a esta sede solamente el cuerpo VI, e hizo
saber que en el Archivo General de la Excma. Cámara Federal de Apelaciones
no pudieron ser hall ados l os cinco cuerpos restantes.
De la carátula surge que en el sumario de ref erencia resultaron
imputados Blanca Frida Becher, Elsa Vargas de los Santos, Julio Mogordoy
Carrese, Washington Mogordoy Carrese, Charo Noemy Moren o, Ricardo Jorge
Maeda, Norberto Rey y J uan Carlos Nicrosini.
A pesar de q ue no es posibl e relatar en detalle el trámite de las
actuaci ones, debi do justamente a la falta de los mencion ados cuerpos, la
causa “Becher” se en cuentra ínti mamente relaci onada con la causa “Barvi ch”,
puesto que a raíz de esta última se efectuaron las detenciones de los
nombrados, y f ue l a pri mera que di o ori gen al procedimi ento que tuvo como
consecuencia la muerte de María Teresa Barvich.
Asimismo, es posi ble verificar, mediante la compulsa de las
constancias obrantes en este cuerpo VI, que recayó sentencia condenatori a el

237
27 de febrero de 1980, la que fue apel ada por l os imputados. Si bien el texto
de dicha sentencia n o se encuentra en su totalidad, es posibl e extraer la parte
concerniente a Charo Noemy Moreno Carrese y a Blanca Frida Becher del acta
de notificaci ón cursada a la Unidad 2 de Devoto.
De la misma se desprende que las nombradas fueron condenadas
a la pena de 8 años de pri sión y accesorias l egales, por ser consideradas
autoras responsabl es de l os delitos de i nfracción a los artículos 1º de la ley
20.840 y 213 bis del Código Penal, en concurso real. Además se ordenó la
expulsi ón del país al término de la condena de Charo Noemy Moreno Carrese,
de acuerdo a lo dispuesto por el art. 10 i nc. “b” de la ley 20.840. Asimismo, se
absolvió a Charo Moreno Carrese y a Blanca Becher por el robo calificado
perpetrado al Banco de la P rovincia de Buenos Aires, Sucursal Alejandro
Korn.
Por otra parte, el 25 de noviembre de 1980, la Sala II de la Excma.
Cámara Federal de Apelaciones de La P lata, dictó sentencia, la cual tampoco
obra en su totalidad en el úl timo cuerpo.
Sin embargo, es posi ble extraer ciertas partes de la misma de las
actas de notificaci ón a los imputados.
Así, a fs. 1087 figura el acta de notificación en la Unidad 1 de la
Cárcel de Encausados di rigi da a Washi ngton Ramón Mogordoy Carresese,
haciéndole saber que se resolvi ó confirmar la sentencia apelada en relación a
su persona, a qui en se lo declaró responsable de l os deli tos insertos en los
arts. 141, 166 inc. 2º (ambos versi ón de l a ley 20.642), 189 bis párrs. 3º y 5º y
213 bis del C. Penal , en concurso real, modificándose el monto de la pena
impuesta, la que se elevó a diez años de prisión, con más accesori as legales y
costas.
También se confirmó el fallo dictado por la instancia anterior, en
lo relativo a la absolución del nombrado por la presunta infracción al art. 170
del Código de fondo, y la orden de expulsi ón de la República Argentina al
término de la condena. Asimismo, se homologó la sentencia apelada en
cuanto hizo lugar a l a demanda de indemnización persegui da por el Banco de
la Provincia de Buenos Aires contra los encausados, y condenó a Norberto
Rey, Washington Ramón Mogordoy Carrese y J orge Ricardo Maeda a abonar a
dicha instituci ón, de manera soli daria, el perj uicio sufrido, el que se adecua
en razón del ti empo transcurrido y el proceso inflacionario en setenta
millones de pesos, que deberán abonarse dentro de los 10 días siguientes de
que deci sorio se encuentre firme, con los intereses correspon dientes.
Por otra parte, a fs. 1088 bis, se encuen tra agregada el acta de
notificación en la misma Unidad 1 de la Cárcel de Encausados a Norberto Rey

238
Poder Judicial de la Nación

y Jorge Ricardo Maeda. De esta forma, se les notificó que se resolvió


confirmar la sentencia apelada en lo que respecta a Norberto Rey, a qui en se
condenó a diez añ os de pri sión, accesorias legal es y costas como autor
responsable de l os delitos reprimi dos por los arts. 141, 166 inc. 2º y 170 (texto
de la ley 20.642), 189 bis, párrs. 3º y 5º y 213 bis, todos del Código Penal, en
concurso real; y confirmar asi mismo la sentencia apelada en cuanto condenó a
Maeda a ocho años de prisión, accesorias legales y costas por infracción a los
arts. 166 inc. 2º (versión de la ley 20.642) 189 bis, párrs. 3º y 5º y 213 bis,
todos del Código Penal, en concurso real . Además, como en el párrafo
anterior, se confi rmó la absolución en orden a los deli tos previ stos en los
arts. 141 y 170 del ordenamiento de f ondo.
Tal como surge en el Acta dirigi da a l a Unidad 2 de Devoto,
obrante a fs. 1090, se notificó a Blanca Fri da Becher y a Charo Noemy Moreno
de la sentencia dictada por la Cámara Federal de Apel aciones, mediante la
cual se confirmó la sentencia apelada, que declaró responsabl es penalmente a
USO OFICIAL

las nombradas, en calidad de autoras de los delitos previstos en los arts. 141
y 170 (texto de la ley 20.642), 189 bis, párrs. 3º y 5º y 213 bis, todos del Códi go
Penal, en concurso real. Además, se modificaron las penas i mpuestas a cada
una, ya que se elevaron a 10 años de pri sión, accesorias legales y costas; se
confirmó igualmente el fallo en lo atinente a la imputaci ón de robo calificado
(art. 166 inc. 2º del Código de fondo, y 468 del de P rocedimientos en lo
Criminal), y en cuanto dispone la expulsión del país de la primera (art. 10
inc. “b” de la ley 20.840).
Por último el Acta labrada en la Unidad 6 de Rawson, deja
constancia de la notificación efectuada en los mismos términ os a J ulio César
Mogordoy Carrese. Así, se le informó la confirmación de la sentencia apelada
de fs. 900/914, en cuanto condenó a Julio César Mogordoy a 10 años de
prisi ón, accesorias l egales y costas, como autor responsable de los delitos
previ stos en los arts. 213 bis, 141 (texto de la ley 20.642), 170 (texto de la
misma ley) y 189 bis, párr. 3º y 5º del Código Penal, en concurso real; como
así tambi én su expul sión del país al término de la condena (art. 10 inc. “b” de
la ley 20.840); y l o absolvió en orden al delito de robo calificado (art. 166 inc.
2º del Código de fon do, y 468 del de Procedimientos en Materia Cri minal).
En las Actas al udidas, tambi én se notif icó a los condenados del
cómputo de l a pena realizado en fecha 30 de diciembre de 1980. De acuerdo a
dicho cómputo, se dejó asentado que Charo Noemy Moreno, Blanca Fri da
Becher, Norberto Rey, Washington Mogordoy Carrese y J ulio César Mogordoy
Carrese, fueron fue detenidos el 4 de noviembre de 1975 y que en ninguna
instancia del proceso recuperaron su libertad, por lo que llevaban cumplidos

239
a esa fecha cinco años, un mes y veinticinco días; y como fueron condenados
a la pena de diez años de pri sión, les restaba cumplir cuatro años, diez meses
y cinco días, por lo que la f echa de ven cimiento de la condena estaba fijada
para el día 4 de noviembre de 1985. Asimismo, toda vez q ue Jorge Ricardo
Maeda fue detenido el 5 de noviembre de 1975, sin que tampoco recuperara
su libertad durante el proceso, a la fecha del cómputo ll evaba cumplidos
cinco años, un mes y veinticuatro días; por lo que al haber sido condenado a
ocho años de prisi ón, en aquel momento le restaban cumpl ir dos años, diez
meses y sei s días, pena que vencía el 5 de noviembre de 1983.
Por otra parte, de las constancias obrantes en la causa surge que,
al menos, a Washington Ramón y a J ulio César Mogordoy Carrese, Jorge
Ricardo Maeda, Bl anca Frida Becher y a Norberto Rey, se les concedi ó la
libertad condici onal.
Respecto de Charo Noemy Moreno, el 8 de agosto de 1984, la Sala
II de la Cámara de Apelaciones resolvió suspender la pena accesoria de
expulsi ón del país q ue pesaba sobre la n ombrada, en base a l a derogaci ón de
la ley 20.840.
Por último, y en base a l as previ sion es de la ley 23.070, que
establecía que en este tipo de casos correspondía computar dos días cada uno
de prisión, el 10 de agosto de 1984 se tuvo por cumpli da l a pena de Charo
Noemy Moreno; el 28 de septiembre de 1984, la de Blanca Frida Becher; y el
22 de marzo de 1985, las condenas de Norberto Rey y Juli o César Mogordoy.
III. Actividad jurisdiccional llevada a cabo por este Tribunal
1. Medidas de prueba en general
La presente causa tiene su génesi s en el auto de fecha 16 de
marzo de 2007, medi ante el cual se orden ó la f ormación de un expedi ente por
separado con el fin de lograr mayor orden en la investigaci ón, por l o que ésta
resulta ser un desprendi miento de la causa n ro. 14.216/2003 caratulada
“Suárez Mason, Carlos Guillermo y otros s/privación ilegal de la libertad” (cfr. fs.
29).
Es por ello que vari as de las medi das de prueba realizadas en el
marco de la causa principal fueron agregadas a estas actuaciones –en sus
estadíos iniciales- a efectos de evitar reiteraciones innecesari as.
Luego de contar con el debido impul so por parte del
representante de la vindicta públi ca, el Tribunal propició la realización de una
multi plicidad de medidas de prueba, a l os efectos del esclarecimiento de los
hechos y la determinación de posibles responsabl es. En l o que sigue, se
reseñarán aquéllas que mayor relevancia revistieron para la presente
investigación.

240
Poder Judicial de la Nación

En este senti do, se han agregado a la presente causa, di versas


declaraciones recibi das en el marco de la causa nro. 14.216/03, entre las
cuales son di gnas de destacar las de Dora Alicia Genaro ( cfr. fs. 260/2 y
264/8), Alicia Sanguinetti (cf r. fs. 263) , Cri stina Comandé (cfr. fs. 280/2),
Julio César Mogordoy Carrese (cfr. fs. 283/4), Dalmi ro Ysmael Suárez (cf r. fs.
285), y Gladys Alicia Frate (cfr. fs. 286/7) .
Posteri ormente, en el marco de la causa de ref erenci a, se
recibieron los testi monios de Cri stina Comandé (cf r. fs. 607/12 y 4480/5),
Dora Genaro (cf r. fs. 985/92), Lucía Beatriz Fariña (cf r. fs. 1716/32), Catalina
Irene Alanis (cfr. fs. 1754/65), J osé Ernesto Caffa (cf r. fs. 1878/83), Claudi o
Nicolás Grad (cfr. fs. 3550/5), Pedro El ías Mariani (cfr. fs. 3578/84), Hugo
Rafael Parsons (cfr. fs. 3591/602), Néli de Ángela Clerice Venerucci (cf r. fs.
3640/6), Leonardo Blanco (cfr. f s. 3849/ 53), Jorge Eduardo Velarde (cf r. fs.
3857/66), Nelfa Rufi na Suárez (cf r. fs. 3959/64), Bl anca Fri da Becher (cfr. fs.
3988/91), J ulio César Mogordoy Carrese (cfr. fs. 4002/ 7), Margarita Sánchez
USO OFICIAL

Hernández (cfr. f s. 4103/10), Héctor Ricardo A rias Annichini (cfr. fs. 4151/60
y 5023), Charo Noemy Moreno (cfr. fs. 4534/40), María Alejandra Castellini
(cfr. fs. 4548/9) , Gladys Alicia Frate (cfr. fs. 4595/602), Néstor Antonio Pérez
(cfr. fs. 4675/80), Luis Alberto Caballero (cfr. fs. 4911/20), María del Carmen
Cantaro (cfr. fs. 5009/15), Jorge Federico Watts (cfr. fs. 5147/53 y 9419/20),
Darío Patrici o Tonso (cfr. fs. 5189/94), Faustino José Fernández (cfr. fs.
5331/5), Mercedes María Alicia Borra (cfr. fs. 5433/43), Elena Isolina
Lenardtson (cfr. fs. 5609/16), Sara Dolores Pesci (cfr. fs. 5621/32), Olga
Vicenta Araujo (cfr. fs. 5643/51), de Alberto Zalomón Liberman (cfr. fs.
5667/71), Miguel Ángel Acevedo (cfr. fs. 5977/83), Teresa Isabel Araujo (cfr.
fs. 5988/91), Eduardo Maeda (cfr. fs. 6095), Mercedes María Alicia Borra (cfr.
fs. 6096/7) , Lili ana Latorre (cfr. fs. 8309/14), Milka Deyani ra Truol (cfr. fs.
8395/402), Ana Ramona Sánchez (cf r. fs. 8439/42), Jorge Mauricio Lapacó
(cfr. fs. 8550/ 1), Fernando Svedas (cfr. f s. 8850/64), María del Carmen Ortiz
(cfr. fs. 9428/9), Alicia Adriana Barvich (cfr. fs. 10.525/9), declaración
prestada vía exhorto diplomático por Ci rila Benítez en causa 44, remi tida por
la Cámara Federal a fs. 5165/71, y Julio César Mogordoy de fecha 6/12/11.
También se solicitaron las declaraciones prestadas por Ramón de
La Rosa, Raúl Codesal, Juan Martín Aiub Ronco y Marta J áuregui, así como
por Guillermo Segal i, Eduardo Alfredo Anguita, Abel Davi d Dupuy, Alberto
Clodomiro Elizal de, Carlos Alberto Sl epoy, Gustavo Javier Fernández, Sergio
Mario Ibañez, Cri sti na Comandé, Facun do Urteaga, Horacio Seillant, Pedro
Luis Tagliavini, Juan Carlos Urquiza, Nadia de Ricny Vicentini, Néstor
Zurita, José Alberto Apaz, Argentino Quintin Cabral , Elsa Beatriz Caride,

241
Ramón de la Rosa, Carlos Horaci o Echeverría, Carlos Rodri go García Almada,
Sabina Gi de Greszcuk, Si lvia Isabel Macek, Alba Eugenio Martino, J ulio César
Mogordoy Carecce, Fernando Ramón Musso, Francisco Domingo Orellana,
Adolfo Man uel Paz, Gerardo Rodríguez Bruzzesi, Norma Haydee Rositto,
Pablo Alejandro Gerling, María Alejandra Castellini, Gustavo Caraballo,
Cristina Comandé, Silvia Fanjul, Cl ara Petrakos, Eduardo Rubén Andrade
Cabalei ro, Juan Carlos Urquiza, J uan Ramón Nazar, Pedro Augusto Goin,
Alberto Salomón Liberman, Ramón Miralles, Nil da Emma Eloy, Gl adys
Norma Baccili, Nicolás Adán Barrion uevo, Bernabé Jesús Corrales y Rufino
Jorge Almeida ante l a Cámara Federal de Apelaciones de La P lata en el marco
de los “J uicios por la Verdad”, las cual es fueron agregadas a estos autos
principal es.
Idéntica medida se adoptó respecto de las declaraciones de Lucía
Fariña; Mariana, Gabriel Eduardo y Lil iana María Marta Corvalán, Daniel
Alejandro Delgado Ballesty, Mercedes Borra, Hugo Rafael P arsons, Laura Di
Pascuale, Pedro Fernando Di Pascuale, Alfredo Ferraresi y Elsa Beatriz
Pasquali, remi tidas por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal 5; y con
aquéllas prestadas por Horacio R. Vi vas y Horacio Verstraeten ante el
Tribunal Oral en l o Criminal Federal 4.
A raíz de los req uerimientos efectuados por este Tribunal, la
Secretaría de Derechos Humanos de la Nación ha remiti do los siguientes
Legajos CONADEP, SDH y REDEFA, a saber: Legaj o SDH 195 “Pando de
Sabattini”; CONADEP-SDH 195, correspondiente a Jorge Marcelo Celso; 2062,
correspondiente a Carlos Pedro Tacch ella; 1981; 3105; 687; 1132 y 1535;
Legajos CONADEP de Juan María Castro Velasco, Mari o Díaz Márquez, Marta
Angélica Taboada Orozco, Ramón Aquiles Verón; Legaj o de Rufino Jorge
Almeida (3782) y Gl adys Noemí García Niemann (4157); SDH 3860 de Jorge
Honorio Navarro; SDH 3859 de Héctor Ricardo Arias; CONADEP 3846 de
Margarita Sánchez; SDH 3921 de Luis Alberto Caballero; CONADEP 3921 de
Jorge J osé La Ci oppa; 2559 de Carlos Fernández; 3238 de Rosa Ana Nusbaum;
CONADEP 3795 de Carlos Hugo Capitman; CONADEP 4154 correspondiente a
la inspección realizada en “El Banco”; CD con Legajo CONADEP 3675 de
Orestes Estanislao Vaello; Legaj o CONA DEP 1060 de Lui s Rodolfo Guagnini;
3851 de Rubén Benjamín Arauj o; Legajos de prueba 126 “Valoy de Guagnini
María Isabel y otros”, y 810 “Guagnini Diego julio y otro”.
Asimismo, se recibi eron los Legajos CONADEP 3158 de Rodolfo
Leonetti ; CONADEP 719 de Juan Carl os Urquiza; Legajos nros. 3078, 436,
4152, 1909, 3889, 8153, 7029, 7754, 3764, 2629, 4593, 4645, 7772, 6821, 2824,
1166, 5848, 7023, 3021, 6068, 2543, 975, 2794, 3524, 4124, 4151, 3890, 1583;

242
Poder Judicial de la Nación

2823; CONADEP 3674 de Andrés Francisco Val dés; CONADEP 8175 de


Alberto José Munárriz; CONADEP 1737 de Federico Jorge Tatter; CONADEP
4630 de Raúl Pedro Gagli ardi ; CONA DEP 4646 de Graciela Lucía Bravo;
CONADEP 4640 de María Méndez Gagli ardi; CONADEP 4382 de María Rosa
Navarro; CONADEP 4381 de Mario Antonio Gneri; CONADEP 1174 de
Ricardo Antonio De Biase; CONADEP 3559 de Ricardo Mateo Landriscini;
CONADEP 2490 de Eduardo Benito Francisco Corvalán; CONADEP 2889 de
Rodolfo Antonio P resti pino; CONADEP 5234 de Arnaldo Jorge Piñón;
CONADEP 687 de Beatriz Perosi o; CONADEP 2812 de Silvi a Irene Saladino;
CONADEP 5233 de Cristina María Navarro; CONADEP 7170 de Néstor
Norberto Cendón; CONADEP 3441 de Maurici o Alberto Poltarak; CONADEP
5232 de Roberto Oscar Arrigo; Testimonio 114 de Cecili a Laura Ayerdi;
Testimonio 94 de Estrella Iglesi as; Testimonio 87 de Enriq ue Jorge Varrín;
Testimonio 102 de Guillermo Alberto Lorusso; Testimoni o 118 de Alejandra
Naftal; fotograf ías de Luis, Lila y Claudi o Epelbaum, Fleury, Grande,
USO OFICIAL

Castellini y Vázquez, remitidas a fs. 1440; actuaci ones de solicitud beneficio


ley 24.043 correspon dientes a Liliana Latorre, Norberto Rey, Osvaldo Carmelo
Mollo, Nelfa Rufina Suárez, Hugo Rafael Parsons; Legajo CONADEP 4578,
correspondiente a Jorge Fernando Di Pascuale; 1041, correspondiente a Hugo
Parsons; 5652 de Mónica Eleonora Delgado Ballesty; CONADEP 3856,
correspondiente a Mercedes María Borra; 7315, perteneciente a Jorge Alberto
Rolando; 4369, correspondi ente a Gabri ela Gool ey; 2531 de Adriana Calvo;
3672, correspon diente a Claudia Inés Favero; 3671 de Lui s Eugenio Favero;
1162, correspondien te a Graciela Lilian a Marcioni; 6982 de Luis Sarralde;
5608, correspondien te a Alberto Salomón Liberman; 6672 de Zacarías Ángel
Moutoukias; 6530, correspondiente a Lil iana Mabel Zamban o Foglia; 3944 de
Juan Amadeo Gramano; 2846, correspondiente a Pedro Augusto Goín; 3757 de
Ramón Mi ralles; 4611 –correspondi ente a María Cristina Gioglio; copias
certificadas del Legajo CONADEP 1714, correspondiente a Gladys Baccili;
Legajo CONADEP correspondi ente a Néli de Clerice Venerucci .
En la presente reseña, cabe destacar, asimismo, la recepción de
copias certificadas del Legajo CONADEP 5470, correspondiente a María Ester
Peralta; 7349, correspondi ente a Oscar Alfredo Salazar Benítez; copias
certificadas del Legajo CONADEP 8377, correspondiente a Horacio René
Matoso; y 2139, correspondi ente a Luis Adolfo Jaramill o; copia digitali zada
del Legajo REDEFA 338 de Luis Adolfo J aramill o; copia di gital de la nómina
de víctimas de desaparici ón forzada entre el 1° de enero de 1973 y el 24 de
marzo de 1976; copias certificadas de los Legajos REDEFA 6551,
correspondiente a Teodoro Urinaga Martínez, y 861, correspondiente a

243
Ricardo Gamarra Ortiz; copi a digital del Legajo CONADEP 2848 de Bertha
Lucía Restrepo Benítez; copi as certificadas de los Legajos CONADEP 7379,
correspondiente a Ramona Ben ítez, y 3836 de Antonio J uan Giambella; SDH
3813 de Catalina Alanís; SDH 3511 de María Esther Alonso; CONADEP 2732
de Stella Maris Álvarez; CONADEP 3906 de Juan Carlos Andreotti ;
CONADEP 7071 de J uan Carlos Arroyo; CONADEP 6708 de J uana María Del
Valle Arzani de Capella; y CONADEP 5098 de María Inés Margarita Assales
de Renedo.
En cuanto a la documental, tambi én es necesari o mencionar los
Legajos en virtud del Beneficio Ley 24.411 de María Teresa Barvich;
CONADEP 3886 de Hugo Sai d Bazze; CONADEP 2971 de Néstor Edgardo
Blanco; CONADEP 29 de Leonardo Blan co; CONADEP 470 de Oscar Alberto
Borobia; CONADEP 1522 de Miguel Jacobo Brzotowski; SDH 3663 de
Armandina Gladys Bustos Porcel de Puiggi oni; SDH 2823 de José Ernesto
Caffa; SDH 3535 de María del Carmen Cantaro; CONADEP 6953 de Carl os
Mateo Capell a; SDH 3065 de Jorge Andrés Casaña; CONADEP 492 de María
Eloisa Castellini; CONADEP 2464 de J uan María Castro y Violeta Haydee
Klitch de Castro; CONADEP 6378 de Conrado Guillermo Ceretti; SDH 3156 de
Cristina Comandé; SDH 3242 de Elena Corbin; SDH 2901 de Carl os Alberto
Costa Rodríguez; CONADEP 2014 de Ri cardo Luis Cuello; CONADEP 4013 de
Alicia Raquel D´Ambra Villares; CONA DEP 2106 de Carlos Alberto D’Arruda;
CONADEP 1376 de Viviana De Ángelis; CONADEP 6414 de Elena De La Rosa;
CONADEP 5599 de Juan Domingo Del Gesso; CONADEP 802 de Héctor
Ernesto De Marchi; CONADEP 2097 de Gloria Elena Domín guez de Gudiño;
CONADEP 448 de Luis Marcelo Epelbaum; CONADEP 5450 de Claudi o
Epelbaum; CONADEP 5449 de Lil a Epelbaum; CONADEP 1170 de Lucía
Beatriz Fariña; CONADEP 5324 de Claudia Julia Fita Mill er.
Además, l os Legaj os CONADEP 5325 de Walter Kenneth Nelson
Fleury; SDH 3064 de Dora Genaro; CONADEP 3058 de Lidia Edith González
Eusebi ; SDH 2832 de Claudio Nicol ás Grad; CONADEP 265 de Sara Elba
Grande; CONADEP 3508 de Nora Celia Grittini de Querol; CONADEP 2096 de
Julio Jorge Gudiño; CONADEP 3286 de Dante Guede; CONADEP 3287 de
Héctor Guede; CONADEP 249 de Diana Griselda Guerrero; CONADEP 3809
de Justo César Ibarguren; CONADEP 3557 de Mabel Kitzler; CONADEP 5753
de Alberto Man uel Pastor; CONADEP 3608 de José Miguel Pais; CONADEP
7761 de María del Carmen Ortiz de Borobia; CONADEP 197 de Juan Carlos
Nicrosini; CONADEP 870 de Gregorio Nachman; SDH 935 de María Antonia
Pérez; CONADEP 3790 de Graciela Susan a Pernas; SDH 3241 de Sara Dolores
Pesci; CONADEP 3608 de José Miguel Pais; CONADEP 5066 de Gladis del

244
Poder Judicial de la Nación

Valle Porcel de Puiggi oni; CONADEP 2105 de Alicia Inés Rabinovich;


CONADEP 2711 de Ramona Ana Sánchez; CONADEP 643 de Carlos Benjamín
Santillán; CONADEP 8057 de Víctor Manuel Taboada; CONADEP 3956 de
Ricardo Adolf o Vázquez; CONADEP 5640 de Emili o Carlos Vidal; SDH 2585
de Margari ta Rosa Waisse Lombardi; SDH 3676 de Horaci o Ismael Zapata;
CONADEP 577 de Ana María Lanzilloto de Menna; SDH 3559 de Ricardo
Landriscini; CONA DEP 993 de José Luis León; CONADEP 1559 de Jorge
Antonio Leonetti ; CONADEP 1453 de Jorge Cayetano Loiácono; SDH 7491 de
Edgardo Humberto Lombardi Croppi; CONADEP 83448 de Dol ores López
Medina; CONADEP 6411 de Alberto Eduardo Maestri Williams; CONADEP de
Héctor Marcelo Marghetich Boussain; SDH 2824 de Pedro Elías Mariani; SDH
2202 de José Martín Mendoza; CONA DEP 3532 de Fi del a Morel Villalba;
CONADEP 5134 de Nélida Noemí Moreno de Goyovhea; CONADEP 4510 de
Justa Isabel Moreyra Suárez; CONADEP de Cristina Navajas Santucho;
CONADEP 3100 de Dario Ceferino Fern ández; CONADEP 2711 de Ramona
USO OFICIAL

Ana Sánchez; CONA DEP 3269 de Roberto Mariano Córdoba; CONADEP 8175
de Alberto José Munárriz; SDH 3222 de Liliana Latorre; CONADEP 5676 de
Elena María del Carmen García; CONADEP 4395 de Cef erino Fernández;
CONADEP 8065 de Nelf a Suárez; CONADEP 6909 de Néstor Rubén
Antoñanzas; SDH 3492 de Pedro Roberto Córdoba; CONADEP 3913 de Lelio
López; SDH 3748 de Juan Carlos Gómez Suárez, legajo CONADEP 7402 de
Jorge Luis Salinas Sciarrota; Legajo SDH 2310 de Juana María Yeoman, SDH
2990 de Jorge Eduardo Velarde, CONADEP 7014 de Aldo Omar Ramírez, SDH
728 de Martín Masti nú.
Por otra parte, tambi én se han recibido los Legajos Personales del
Ejército Argentino de Walter Gustavo Schaeffer, Lui s Faustino Alfonso
Suárez, José D. Dallochio, Roberto A. Balmaceda, Carlos María Romero
Pavón, Alberto Francisco Bustos, Carl os Antonio Españadero, Oscar Lui s
Jofre, J uan Pablo Saa, Alberto Ramón Schollaert, Roberto Oscar Terrile,
Federico Antonio Mi nicucci y Faustino José Svencionis.
A su vez, se encuentran reservados en Secretaría l os Legajos
Personales de l a Policía Federal Argentina de Ricardo Roberto Rico, Jorge
Alberto Román y César Roberto Crocce.
En el mismo sentido, obran los Legajos personales de la Policía
de la provincia de Buenos Aires de León Ciril o, Arman do Ramírez, José
Miguel Arancibia, Luis Héctor Vides, Raúl Bernardo Tijero Arin, Fernando
Svedas, Miguel Favale, Víctor Oscar Fogelman, José Féli x Madrid, Horaci o
Elías Barroso, Sergi o Ismael Morill o, Evaristo Pérez, Raúl Oscar Banegas,
Eduardo Joaquín González, Alberto Rousse, Roberto Guill ermo Andreasevich,

245
Guillermo Néstor Díaz, Oscar Papal eo, Ricardo Alzogaray, Reynal do
Norberto Castillo, Carlos Rodolfo Rosso, Jorge Gauna, Daniel Francisco
Mancuso, Nildo Jesús Delgado, Raúl Horacio Álvarez, Horacio Antonio
Osuna, Horacio Al ejandro Rolandi, Miguel Horacio Testamanti, Manuel
Ferreyra, Mario Raúl Ferreyra, Miguel Ángel Ferreyra, Rolando Rogeli o
Ferreyra, Alberto Faustino Bulaci o, Ernesto Miguel González, Osvaldo
Vicente Lencina, Si lvano Basili o Sánchez, Laureano Gérez, Vicente Oscar
Trédicce, Vicente Cayetan o Langoni, Nicolás Francisco Vezzani, Juan
Modesto Carvajal, Roberto Pedro Val datta, Ángel Omar Totorice, Miguel
Colicigno, Juan Carl os Lavallén, y Carlos Luis Felice.
La reseña continúa con los Legaj os de l a Policía bonaerense de
Raúl Enrique Cabrera, Armando Pablo Cabezas , Rubén Héctor Lobos, Jorge
Jesús García, Leandro Castro, Juan Roq ue Salguero, J uan Carlos Rodríguez,
Juan Carlos Brizuel a, Juan José García, Froilán Esqui vel, Arnaldo Roque
Peralta, Carl os José Luis Raetz, Pedro Jacinto Janón, Jorge Antonio Dorso,
Ramón Blas Gómez, Carlos Dionisio Álvarez, Alberto Armando Pei rano,
Roque Enrique Chaffardon, Fernando Svedas, José Vicente Sánchez,
Guillermo Horaci o Ornstein, Mario Pacheco, Jorge Ramón Brun o, Pedro S.
Alonso, Jorge Isaac Radice, Luis M. Stefanini, Alfredo Mi guel Barci a, Saúl
Oscar Mansilla, Carlos Alberto Tarantino, Ángel Salerno, José Daniel
Dallochio, Luis Héctor Vides, Juan Carlos Urquiza, Fernando Carmel o
Micieli, Nazario Ramón Ubeda, Arturo Enrique Bauer Vil a, Juan Antonio
Fumez, Osvaldo Marcelo Merbilhaa, P edro Simón Leopol do, J ulio César
Acosta, Ernesto Alejo Rivoira, Jorge Ri cardo Bacin o, J uan Carlos Romero,
Jorge Ramón Bruno, Pedro S. Alonso, J orge Isaac Radice, Luis M. Stefanini,
Alfredo Miguel Barcia, Norberto Alfredo Albenque, Rubén Olaf Greco,
Osvaldo Pérez, Diego Lui s Sandoval, Rubén Darío Sosa, Patricio Agustín
Walsh, Roberto Omar García, J uan Apolinario, Fausto Canteros, Eleuteri o
Castro, Mari o Raúl Cataniese, Luis Eduardo Echaniz, Féli x Antonio Elizalde,
Carlos Alberto Estrada, Jacinto Ramón Gómez, Jesús Humberto Gómez, Oscar
Emilio González, Pedro Jordan.
Finalmente, es dable mencionar la recepción de los Legajos de la
misma f uerza de Juan José Klein, Luci ano Ledesma, Pablo Edgardo López,
Ceferino Féli x Luque, Osval do Mai dana, Leopoldo Andrés Moreno, Andrés
Manuel Mosciaro, Nicolás Cali xto Nieva, Saverio Parlaci no, Héctor Rey,
Oscar Alberto Vel ázquez, Jorge Francisco Wels, José Cayetan o Zino, Norberto
Héctor Folger, Héctor Víctor Bazán, Enrique A. Gorj ón, Juan Carl os
Rodríguez, Armando Barroso, Juli o Armando Domingo Acosta, Ernesto
Antonio Arias, Oscar Leopoldo Ayala, Catalino Oscar Barrios, Anacarsis S.

246
Poder Judicial de la Nación

Berardi, Osval do Ernesto Borda, Abel J uan Burga, Oscar Jacinto Bustamante,
Arnaldo Alfredo Chi rizola, Raúl Roque Cotignola, Abel Mari o Di Carl o, Jorge
Hugo Dubchak, Roberto Feijoo, Indalecio Ferrei ra, Santiago Frecini, Jesús
Alberto Gómez, Fi del Irady, Héctor Raf ael Laperchia, Héctor Osmar López,
Raúl Alberto López, Félix Moral es, Luis Rafael Nuble, Ovidio Severo
Quarteroni, Ernesto Armando Romero, Abel Oscar Rostán , Ernesto Aníbal
Campos, Adriano José Arapa, Ignaci o Álvarez, Roberto Domínguez, Eduardo
Ramón Abrigo, Alejo Modesto Cabrera, Estanislao Dionisio Acosta, Roque
Justino Albarracín, Juan Domingo Alegre, Vital Hipóli to Fernández, Omar
Osvaldo Sampayo, Cecilio Álvarez, Francisco Ismael Rivero, Ramón
Baraball e, Mi guel Colicigno y J uan Carlos Lavallen
Por otra parte, también han sido remitidos los Legaj os personales
de la Secretaría de Informaciones del Estado de Eduardo Alfredo Ruff o, César
Alejandro Enciso, J avier Cl emente Mora, Honorio Carlos Martínez Ruiz y
Raúl Antonio Guglielminetti; como así también, el Legaj o personal del S.P.F.
USO OFICIAL

de Roberto Carlos Zeolitti.


Asimismo, se han recabado los informes y documentación que se
detalla a contin uación: informe remitido por el Ejército Argen tino a fs. 37/46;
listado de vícti mas en jurisdicción de la Subzona 1/11 –agregado a fs. 80/227,
remiti dos por la Secretaría de Derech os Humanos en formato di gital; trabajo
de recopilación de datos del CCDT “Protobanco” aportado por la AEDD;
nómina de personal que prestó funciones en Puente 12 en 1976 y 1977,
correspondiente al Cuerpo de Infantería, de Caball ería y al Centro de Crianza
y Adiestramiento de Canes del “Destacamento Matanza”, remitida por el
Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires; copias del Libro
Histórico del Comando General del Ejército, Batallón 601, años 1974, 1975 y
1976 remitidas por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal
10; nómina del personal perteneciente al Cuerpo de Infantería de La Plata
entre 1976, 1977 y 1978; nómina del personal que se desempeñó en el
Destacamento Matan za durante los años 1976 y 1977 (Infantería, Caballería y
Centro de Adiestramiento de Canes) , remitidos por el Ministeri o de
Seguri dad de la Provincia de Buenos Aires; ; informe del Ministerio de
Seguri dad de la Provincia de Buenos Ai res relativo a la estructura orgánica
de la P olicía de la provincia de Buenos Aires; nómina del personal q ue se
desempeñó en la Comisaría 37ª durante 1976, remi tida por l a Policía Federal
Argentina.
Bajo la misma tópica, se recibieron l os sigui entes informes:
legajos e informaci ón vinculada con el CCDT que habría funcionado durante
el período compren dido entre l os años 1976 y 1983 en la Comisaría P rimera

247
de Monte Grande del Partido de Esteban Echeverría, Provincia de Buenos
Aires, y actuaciones relativas a personas que actuaron en el marco del
aparato represivo instaurado durante la última dictadura mil itar bajo el alias
“Teco”, remitidos por la Secretaría de Derechos Humanos; informe sobre
“Puente 12” remiti do por el Ministerio de Seguri dad de l a Provincia de
Buenos Aires; informe remitido por el Ministerio de Seguridad bonaerense,
conteniendo plan os correspondientes a las dependencias que funcionaron
entre los años 1975 y 1982 en la Agrupación Policial “General Güemes” del
parti do de La Matanza, y funcionarios a cargo de la Comisaría de Pergamino
desde novi embre 1976 hasta febrero 1977; fichas correspondientes a los
integrantes de la agrupación “E.R.P. 22 de Agosto” secuestrados durante el
último gobierno de facto, remiti dos por la SDH; informe remitido por el
Ministerio de Seguridad de la Provin cia de Buenos Aires, relati vo a la
Comisaría de Bernal -Comisaría 2° de Quilmes en 1974-; nómina
correspondiente a las personas cuyos casos resul tan ser objeto de pesqui sa en
el marco de la causa nro. 1.075/2006 “Almirón Rodolfo Eduardo y otros
s/asociación ilícita”, entre ell os, Carlos Tachella, Ángel S. Gertel y Pascual
Manganiello, remi tida por el Juzgado Federal 5, Secretaría 10.
También se recibi eron copias certificadas de los Decretos PEN
187/77 -Latorre, Anicana Benavídez-, 3384/75 -Enrique Carlos Ni crosini,
Becher, J ulio César y Washington Mogordoy Carresse, Charo Noemy Moreno,
Norberto Rey, Val entina Griselda Zarate-, 3505/75 -Ramón Escale Rodríguez
Tobeña, Néstor Eduardo Blanco y Leonardo Bl anco- y 984/76, remi tidas por
el Archivo General de la Nación; in forme de las autoridades de las
dependencias de P uente 12 remi tido por el Ministerio de Justicia de la
provincia de Buenos Aires; reconocimi ento prel iminar del predi o donde
habría funcionado “Protobanco” de fech a 1° de noviembre de 2010; informe
del Ministeri o de Seguri dad de la provi ncia de Buenos Aires respecto de la
División de Cuatrerismo, plano general con ubicación de dependencias
policiales en Puente 12, nómina División Cuatrerismo de años 1974 a 1978;
muestras fotográficas aéreas de Puen te 12, año 1977, remitidas por el
Instituto Geográfico Militar; nómina de autoridades y personal que prestó
funciones en Comi saría 21ª en noviembre de 1975, remiti da por la Policía
Federal Argentina; i nforme del Ministerio de Seguridad de la provincia de
Buenos Aires; nómin a del personal infantería, caballería, canes y cuatreri smo
años 1974/7, remiti da por el Ministeri o de Seguridad de la provincia de
Buenos Aires; informe del Ministerio de Seguri dad de l a Provincia de Buenos
Aires de fs. 4757/808; informe sobre Bri gada Güemes respecto del
emplazamiento de l as dependencias y li stados de personal, remiti dos por el

248
Poder Judicial de la Nación

Ministerio de Seguri dad de la Provincia de Bs. As. a fs. 4929/70; actuaci ones
labradas por el Mini steri o de Justicia y Seguri dad de la provincia de Buenos
Aires con motivo de las inspecci ones ocul ares practicadas en las
dependencias de la Policía bonaerense emplazadas en la in tersección de la
Autopi sta General Ri cchieri y Camino de Cintura de fs. 4973/ 5004.
La presente reseña continúa, mediante la mención de la sigui ente
documentación: impresión del f otograma correspondiente a l a vista aérea del
predio ubicado en l a intersección de la A utopista General Ricchieri y Camino
de Cintura –año 1977- y CD conteni endo imágenes de la citada zona
escaneadas a un mayor nivel de acercamiento, remi tido por el Instituto
Geográfico Militar a fs. 5198/200; inf orme del Ministeri o de Seguridad
bonaerense rel ativo a la Comisaría de Monte Grande; informe elaborado por
el Juzgado Federal 3 de La Plata, con relación a Alberto Sal omón Liberman,
Ramón Miralles, Pedro Augusto Goín y Juan Ramón Nazar, así como a la
partici pación en el marco del aparato represivo de Carlos Amílcar Tarella –
USO OFICIAL

alias “Trimarco”-; declaraci ón prestada por Alejandro Inchaurregui en la


causa 37.949/2009, obrante a fs. 5397/400; informe del Ministerio de Defensa
relativo a Carlos Españadero; fichas de detención de Mi guel Ángel Acevedo,
Sara Dolores Pesci y Liliana Latorre, remitidas por el Servi cio Penitenciario
Federal a fs. 5663/6; actuaci ones labradas con motivo de la i nspección ocular
practicada en Comi saría de Monte Grande, remitidas por el Ministeri o de
Seguri dad; planos correspondientes a la estructura edilicia de la Comisaría
Primera de Monte Grande, remitidos por el Ministerio de Seguri dad de la
provincia de Buenos Aires; copias certificadas de los registros de datos
personales, f ojas de servici o, fojas de cal ificaciones e informes de aspirante a
agente pertenecientes a los efectivos que prestaron funciones en la Comisaría
de Esteban Echeverría entre los meses de enero de 1976 y diciembre de 1979,
remiti dos por el Mi nisterio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires;
informe del J uzgado Federal en lo Crimi nal y Correcci onal 3 de La Plata, en
relación a Gregorio Nachman, de fs. 6401/25; informe del Ministerio de
Seguri dad y J usticia de la Provincia de Buenos Aires con relación al personal
que prestó funciones en la Comisaría Pri mera de Monte Gran de desde el mes
de enero de 1976 a diciembre de 1979, remitido a fs. 6604/18; legajos
penitenciari os de Jorge Federico Watts, Darío Emilio Machado, Ricardo
Daniel Wejchemberg y Faustino José Carlos Fernández, remiti dos por el
Juzgado Federal 1, Secretaría 13 de La Pl ata a fs. 6681/ 754.
A su vez, cabe enun ciar: copias certificadas del expediente L. 143
“Cementerio Muni cipal de Gral. San Martín (Bs. As.)”, relati vas a la
identificación de los restos de Marta Angélica Taboada de Dillon y Gladis del

249
Valle Porcel de Puggioni remitidas a fs. 8458 por la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal; ficha del CCDT q ue
funcionara en el Destacamento Arana, que recibiera entre otras
denominaciones “Casa de Muñecas”, y listado de víctimas remi tido por la SDH
a fs. 8476/7; informe remi tido por el Mi nisterio de Seguri dad de la P rovincia
de Buenos Aires, por el que se remite nómina del personal que prestó
servici os en Arana, remiti do por el Juzgado Federal 3 de La Plata;
documentación relativa a José Luis Ujhelly, remiti das a fs. 8666/89 por la
SDH; Legajos de i dentidad de Mario Raúl Ferreyra, Rolando Rogelio Ferreyra,
Alberto Faustino Bul acio y Roberto Carlos Zeolli tti remiti das a fs. 8691/ 7 por
la División Legajos Personales de l a Policía Federal Argentina; acta de
inspección ocular de Protobanco reali zada con Fernando Svedas, en fecha 26
de agosto de 2011; informe de identi ficación catastral de los inmuebl es
ubicados en la calle Culpina 55 y 57, croqui s de ubicación y cédulas
catastrales, remitidos a fs. 8841/7 por la Agencia de Recaudaci ón de la
Provincia de Buenos Aires; copias certificadas del prontuari o de la P FA de
Antonio Antich Mas remiti do a fs. 8826 por el Tribunal Oral en lo Criminal
Federal 1; actuaci ones remiti das por el Ministeri o de Seguridad de la
provincia de Buenos Aires respecto de l a inspecci ón ocular llevada a cabo el
26 de agosto de 2011 en la Brigada de Inf antería, obrantes a fs. 8905/8916.
También: copias de declaraciones indagatorias prestadas por
Fernando Svedas los días 9 de abril de 2008 en el marco de la causa n° 11
“Crous, Félix Pablo s/dcia. (C.C.D Arana)” y 11 de febrero de 2009, recibi da en
el marco de la causa n° 12 “Crous, Félix Pablo s/dcia. (C.C.D. Brigada de
Investigaciones de La Plata)”, remitidas a f s. 9183/93 por el Tri bunal Oral en lo
Criminal Federal 1 de La Plata; informe de elaborado por el Registro e
Informe de Inmuebl es en el marco del expte. 21.100-6691/10, remiti do por el
Ministerio de Seguri dad de la Provincia de Buenos Aires; copia digi tal de las
vistas de un vuelo f otogramétrico del año 1977, escaneo del sector ubicado
entre Autopista Ricchieri y Camino de Cintura y copia i mpresa en papel
térmico del fotograma, remiti dos por el Instituto Geográf ico Militar a fs.
10009/12; dos notas peri odísticas de fecha 12 de diciembre de 1975 del Diari o
“Última hora”, una de las cual es darían cuenta del hallazgo de seis cadáveres
en un campo cercan o a la ruta provinci al 6, a la altura del km. 12, mi entras
que la otra hace ref erencia a un enfrentamiento ocurrido el 18 de noviembre
de 1975 en el marco de la den ominada “lucha contra la subversión” en la
intersecci ón de las calles Frías y Pretti , Temperl ey, provincia de Buenos,
remiti das por la hemeroteca José Hernández de la Legislatura de la Ci udad
Autónoma de Buenos Aires; copias certificadas de los legajos de

250
Poder Judicial de la Nación

reconoci mientos de cuerpos pertenecientes a Gladis del Vall e Porcel y Marta


Angélica Taboada; i nforme de la Comisi ón Provincial por la Memoria de fs.
10597/616, con sus anexos documentales; certificado de situación procesal de
Raúl Antoni o Guglielminetti y estado actual del expte. 731 Folio 82 año 2010
“Luera, José Ricardo y otros s/delitos contra la libertad y otros”, C.D.
conteniendo requeri miento de el evación a juicio y auto de elevación a juicio
en la misma causa; copias certificadas del Legajo personal del Ejército
Argentino de Raúl Antonio Gugli elmin etti; indagatoria prestada por Raúl
Antonio Gugliel minetti ante la Cámara Federal de Bah ía Blanca en 1987,
obrante a fs. 10659/73.
En otro orden de cosas, también obra reservada en Secretaría, los
siguientes expedientes: causa nro. 44020 “Demarchi Héctor Ernesto s/PIL”,
Juzgado de Instrucción nro. 2; causa n ro. 692 caratulada “Santillán, Carlos
Benjamín; Lanzilloto de Santillán, María Cristina” del registro de la Excma.
Cámara del Fuero, en seis (6) cuerpos de actuaciones; Causa n ro. 42.715
USO OFICIAL

caratulada “Antecedentes de la causa nro. 37878 “Santillán Benjamín denuncia


presunta privación de la libertad” del Juzgado en lo Penal n ro. 2 de San Nicolás;
Causa nro. 40.802 caratulada “Santillán, Carlos Benjamín y Lanzilloto, María
Cristina: recurso de habeas corpus en su favor, interpuesto por el Dr. Franklin
Sauret” del Juzgado en lo Penal nro. 2, Secretaría nro. 4 de San Nicolás; causa
nro. 40.868 caratul ada “Santillán, Carl os Benjamín; Lanzilloto de Santillán,
María Cristina: víctimas de privación ilegal de la libertad. Imputado: Dicocca, Aldo
Ambrossio” del Juzgado en lo Penal nro. 2 de San Nicolás; causa nro. 3989
caratulada “Demarchi, Héctor Ernesto s/recurso de habeas corpus”, del J uzgado
Federal nro. 3, Secretaría nro. 12 en 19 fs.; causa nro. 8377 caratulada
“Demarchi, Héctor Ernesto s/recurso de hab eas corpus”, del Juzgado Federal nro.
3, Secretaría nro. 8; causa nro. 688 caratulada “Demarchi , Héctor Ernesto
s/recurso de habeas corpus” del Juzgado Federal nro. 5, Secretaría nro. 15
Asimismo: causa nro. 465/78 caratulada “Héctor Ernesto Dem archi
s/recurso de habeas corpus” del Juzgado Federal nro. 5, Secretaría nro. 13; causa
nro. 1432 caratulada “Demarchi, Ernesto Héctor s/recurso de habeas corpus
interpuesto en su favor” del J uzgado Federal nro. 5, Secretaría nro. 13; causa
nro. 996 caratulada “Demarchi, Ernesto Héctor s/privación ilegal de la libertad”
del J uzgado de Instrucci ón nro. 22, Secretaría nro. 148; causa nro. 44.020
caratulada “Demarchi, Héctor Ernesto s/privación ilegal de la libertad en su
perjuicio según denuncia de Héctor Demarchi. Antec. Juzgado de Sentencia Letra
«E»”, del J uzgado de Instrucci ón nro. 2, Secretaría nro. 107; causa nro. 13.262
caratulada “D´Ambra, Santiago Eduardo su denuncia privación ilegal de la
libertad” del Juzgado de Instrucción nro. 24; causa nro. 29-D-79 caratulada

251
“D´Ambra, Alicia Raquel s/hábeas corpus en su favor” del Juzgado Federal de
Primera Instancia nro. 2 de Córdoba; causa nro. 17-D-76 caratulada “D´Ambra,
Alicia Raquel s/hábeas corpus en su favor” del Juzgado Federal de Primera
Instancia nro. 2 de Córdoba; causa n ro. 11.501 caratulada “Caffa, José Ernesto
s/privación ilegal de la libertad y robo a éste”, del J uzgado Naci onal en l o
Criminal de Instrucción nro. 12, Secretaría nro. 135.
También es necesario citar, en el mismo sentido: Legajo de
Prueba 209 (causa n ro. 450) caratulado “D´Arruda, Carlos Alberto, víctima de
privación ilegal de la libertad”; causa nro. 1957 caratulada “Rabinovich, Julio:
habeas corpus a favor de Ravinovich de Sandoval, Alicia Inés”, del Juzgado en lo
Penal nro. 5 del Departamento Judicial de Morón; causa nro. 836 caratulada
“Privación ilegal de la libertad, Ferenaz, Jorge Carlos, por Zelada, Carmen Clara”,
del Juzgado en lo P enal nro. 5 del Departamento Judicial de Morón; causa
nro. 7317/86 caratulada “Privación ilegal de la libertad Zelada de Ferenaz,
Carmen Clara”, del Juzgado Federal de Morón; causa nro. 41.863 caratulada
“Castellini, María Eloísa; su privación ilegal de la libertad. Antecedentes remitidos
por el Juzgado de Sent encia «W», Secretaría nro. 31”, del J uzgado Naci onal en lo
Criminal de Instrucción nro. 10, Secretaría nro. 130; causa nro. 549 caratulada
“Rapto: Castellini, María Eloísa Libertad”, del Juzgado en lo Penal nro. 5 del
Departamento Judi ci al de Morón; causa n ro. 13.340 caratulada “Cafa de Fleury,
Lulu denuncia privaci ón ilegal de la libertad. Damnificado: Nelson Walter Kenett
Fleury”, del J uzgado Naci onal de Pri mera Instancia en lo Criminal de
Instrucción nro. 17, Secretaría nro. 153; causa nro. 33.984 caratulada “Flourit,
Walter Kennet Nelson y Millar, Claudia Juli a Fita: su privación il egal de la libertad
(ant. Remitidos por el Juzgado Federal 4 en el expediente nro. 2762/76…) ” del
Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Criminal de Instrucción nro. 5,
Secretaría 116.
Además: causa nro. 43.595 caratul ada “J uzgado de Instrucción nro.
27, Secretaría nro. 124 denuncia privación ilegítima de la lib ertad de Assales,
María Inés” del Juzgado Naci onal de Primera Instancia en lo Criminal de
Instrucción nro. 4, Secretaría nro. 111; causa nro. 23.938 caratul ado
“Domínguez, Gloria Elena; Gudiño, J ulio Jorge s/privación ilegal de la libertad en
su perjuicio”, del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Criminal de
Instrucción nro. 8, Secretaría nro. 123; causa nro. 15.325 caratulada “Capella,
Carlos Mateo; Arzani , Juana María del Valle: víctimas de privación ilegal de la
libertad”, del Juzgado Naci onal de Primera Instancia en lo Criminal de
Instrucción nro. 15, Secretaría n ro. 144; causa nro. 11.909 caratulada “Bazze,
Hugo Said s/privación ilegal de la libertad en su perjuicio”, del J uzgado Naci onal
de Primera Instancia en lo Cri minal de Instrucción nro. 28, Secretaría nro.

252
Poder Judicial de la Nación

142; causa nro. 14.519 caratulada “Garcí a, Alberto Horacio s/privación ilegal de
la libertad”, del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Cri minal de
Instrucción nro. 25, Secretaría n ro. 145; causa n ro. 13.165 caratulada “Vi centa
López de García denuncia privación ilegítima de la libertad. Damnificado: Alberto
Horacio García”, del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Criminal de
Instrucción nro. 29, Secretaría nro. 152; causa n ro. 35.332 caratulada “Ceretti,
Conrado Guillermo: privación ilegal de la libertad en su perjui ci o”, del Juzgado
Nacional de P rimera Instancia en lo Cri minal de Instrucci ón nro. 5, Secretaría
nro. 114.
También cabe menci onar: causa nro. 4982 caratulada “Alonso de
Andreotti, Aurora s/querella”, del J uzgado Nacional en lo Cri minal y
Correccional Federal nro. 6, Secretaría n ro. 16; causa nro. 11.883 caratulada
“Pozo de Bazze, Dorana s/denuncia privación ilegal de la libertad. Damnificado:
Bazze, Hugo Said”, del Juzgado Nacional de Primera Instanci a en lo Criminal
de Instrucción nro. 29, Secretaría nro. 136; Legaj o de Prueba nro. 33 (causa
USO OFICIAL

nro. 450) caratulado “Epelbaum, Lila; Epel baum, Claudio; Epelbaum, Luis Marcelo
s/privación ilegal de l a libertad” con foliatura de fs. 1, 1bis, 2/ 137 y una f oja sin
foliatura; Otro Legaj o de Prueba i dentifi cado con el nro. 33 (causa nro. 450)
caratulado “Epelbaum, Claudio; Epelbaum , Lila ví ctimas de pri vación ilegal de la
libertad”; causa nro. 1151 caratulada “Epelbaum, Lila” del registro de l a Excma.
Cámara del Fuero; causa nro. 1152 caratulada “Epelbaum, Claudio” del registro
de la Excma. Cámara del Fuero; recurso de queja en autos “Navajas de
Santucho, Cristina s/PIL”, nro. 13.667, J uzgado de Instrucci ón nro. 15.; causa
nro. 11.984 caratulada “Navajas de Santucho, Cristina Silvia; Santucho, Manuela
Elmina del Rosario s/privación ilegal de la libertad en su perjuicio” del J uzgado
Nacional en lo Cri mi nal de Instrucción nro. 14, Secretaría nro. 141; causa nro.
14.261 caratulada “Ceretti, Conrado Gui llermo. Antecedentes remitidos por el
Juzgado Federal nro. 3, Secretaría nro. 9 en habeas corpus nro. 40.415”, del
Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Criminal de Instrucci ón nro. 25,
Secretaría nro. 161.
Además: causa nro. 2.099, caratulada “Castellini, Eloisa María y
Petrakos Constantino s/averiguación”, y de las declaraci ones prestadas por
María Alejandra Castellini, Gustavo Carball o, Cri stina Comandé, Silvia
Franjul y Clara Petrakos en el marco de los “Juicios por la Verdad”; causa nro.
34.873 caratulada “Restrepo de Mejía, Beatriz Lucía por privación ilegítima de la
libertad. Antecedentes remitidos del Juzgado de Instrucción nro. 21, Secretaría nro.
165” del J uzgado Nacional en lo Cri minal de Instrucción nro.6, Secretaría nro.
118; causa nro. 20.244 caratulada “Morel Villalba, Fidela; García, Alberto
Horacio s/privación ilegal de la libertad en su perjuicio, denunciante: Adela Lydia

253
Morel” del J uzgado Nacional en lo Crimi nal de Instrucción n ro. 11, Secretaría
nro. 133; causa n ro. 33.000 caratulada “Grittini de Querol, Nora Celia
s/averiguación privación ilegal de la libertad” del Juzgado Nacional en lo
Criminal de Instrucción nro. 30, Secretaría nro. 109; causa nro. 35.026
caratulada “González viuda de Grittini, Bl anca Haydeé denuncia privación ilegal
de la libertad en perjuicio de Grittini, Nora Celia –antecedent es remitidos por
Juzgado Nacional en l o Criminal y Correcci onal Federal nro. 5, Secretaría nro. 14”
del Juzgado Naci on al en lo Criminal de Instrucci ón nro. 3, Secretaría nro.
110; causa nro. 12.945 caratulada “Grittini de Querol, Nora Celia privación
ilegítima de la libertad en su perjuicio –antecedentes remitidos por el Juzgado de
Instrucción nro. 4, Secretaría nro. 111” del Juzgado Nacional en lo Cri minal de
Instrucción nro. 13, Secretaría nro. 140; l egajo de prueba n ro. 287 caratulado
“Grittini de Querol, Nora Celia” de la causa n ro. 450; causa 13471 del J uzgado
Nacional de Pri mera Instancia en l o Cri minal de Instrucción nro. 21, “Barzi
de Kitzler Carmen s/denuncia PIL”; legajo de prueba nro. 284 caratulada
“Grande, Sara Elba ví ctima de privación ilegal de la libertad” de la causa nro. 44.
Cabe añadir: causa nro. 12.255 caratulada “Grande, Sara Elba
s/privación ilegal de la libertad a ésta” del Juzgado Nacional en lo Criminal de
Instrucción nro. 12, Secretaría n ro. 135; causa nro. 35.019 caratulada “Bazze,
Hugo Said: ví ctima de privación ilegal de la libertad. Antecedentes remitidos por
Juzg. Fed. 6, Sec. 17”, del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo
Criminal de Instrucción 3, Secretaría n ro. 108; legaj o de prueba n ro. 217
caratulado “Marghet ich, Héctor Marcelo; Marghetich, Violeta Haydeé; Castro,
Juan María víctimas de privación ilegal de l a libertad” de la causa nro. 44; l egajo
de prueba nro. 217 caratulado “Marghetich, Héctor Marcelo; Marghetich, Violeta
Haydeé; Castro, Juan María víctimas de privación ilegal de la libertad” de la causa
nro. 44; causa n ro. 14.445 caratulada “Marguetich Broussain, Yolanda s/denuncia
por privación ilegal de la libertad, damnificado Héctor Marcelo Marguetich” del
Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción nro. 15, Secretaría 146; causa
nro. 42.135 caratulada “González Esubi, Edith Lidia s/privación ilegítima de la
libertad y robo” del Juzgado Naci onal en lo Criminal de Instrucción nro. 2,
Secretaría nro. 105; causa nro. 13.140 caratulada “García, Pedro Francisco
s/denuncia privación i legítima de la libertad; damnificado: García Elena María del
Carmen” del J uzgado Naci onal en lo Criminal de Instrucción nro. 20,
Secretaría nro. 162; causa nro. 34.803 caratulada “Giombini, Gustavo Adolfo
s/privación ilegal de la libertad en su perjuicio”, del J uzgado Nacional en lo
Criminal de Instrucción nro. 5, Secretaría nro. 114.
Asimismo, se recibieron los si gui entes legajos: causa 32.109
caratulada “Gómez de Navajas, Nélida Cristina interpuso recurso de habeas corpus

254
Poder Judicial de la Nación

a favor de Navajas de Santucho, Cristina Silvia” del Juzgado Nacional en l o


Criminal de Instrucción nro. 6, Secretaría nro. 118; causa nro. 42.194
caratulada “Restrepo de Mejía, Berta Lucía: privación ilegal de la libertad a ésta”,
del Juzgado Nacional de P rimera Instancia en lo Criminal de Instrucción nro.
2, Secretaría nro. 105; causa nro. 2245 caratulada “León, José Luis, su privación
ilegítima de la libertad”, del Juzgado de Instrucción n ro. 33, Secretaría n ro.
169; causa nro. 43.387 caratul ada “León de Olivo, Alba Irma s/denuncia privación
ilegítima de la libertad de León José Luis (damnificado)” del Juzgado de
Instrucción nro. 2, Secretaría nro. 107; causa nro. 14.223 caratulada “Loiácono,
Cayetano denuncia robo y privación ilegal de libertad” del J uzgado de Instrucción
nro. 18, Secretaría nro. 156; legajo 675 “Tróccoli de Borra, Mercedes; Borra,
Mercedes María Alicia s/privación ilegal de la libertad, hurto, apremios ilegales y
tentativa de violación” –que integra el expediente 17.357 del Juzgado Naci onal
de Primera Instancia en lo Cri minal de Instrucción nro. 20, Secretaría nro.
160; legajos remitidos por el Tribunal Oral en lo Cri minal Federal no. 4,
USO OFICIAL

correspondientes a Ricardo Daniel Wejchemberg, Darío Emilio Machado y


Jorge Federico Watts, junto con la causa no. 183 “Watts, Jorge Federico y otros”;
Legajo 1165 caratulado “Zelada de Ferenaz, Carmen Clara s/p.i.l.”,
correspondiente a la causa nro. 450; Legajo 31 caratulado “Porcel de Puiggioni,
Gladys Mabel: ví ctima de privación ilegal de la libertad”, correspondiente a la
causa n ro. 450.
En lo que a este punto se refiere, podemos citar l os expedi entes:
Legajo nro. 56 caratulado “Sánchez, Ram ona Ana: víctima de privación ilegal de
la libertad”, correspondiente a la causa n ro. 450; Legajo nro. 1151 caratulado
“Blanco, Néstor; Blanco, Leonardo, s/ privación ilegal de la libertad”,
correspondiente a l a causa nro. 450; Legajo nro. 986 caratulado “Álvarez,
Stella Maris s/p.i.l.” correspondi ente a la causa nro. 450; Legajo nro. 892
caratulado “Andreott i, Juan Carlos s/p.i.l.” correspondiente a l a causa nro. 450;
Legajo 399 caratulado “Castro, Juan María, Klich de Castro, Vi oleta: víctimas de
privación ilegal de la libertad”, correspon diente a la causa nro. 450; legajo de
prueba nro. 779 caratulado “Vázquez, Ricardo Adolfo su privación ilegal de la
libertad” de la causa nro. 450 de la Excma. Cámara del Fuero; causa 1170 “Dell
Orto De Marco, Patricia Graciela”, remitidas por la Cámara Federal de
Apelaciones de La P lata a fs. 1893/ 903, y, en especial , el testimonio de José
Félix Madri d; causa nro. 81.083, caratulada “Suárez, Santos Dalmiro
s/interponen habeas corpus a favor de Dalmiro Ismael Suárez, Nelfa Rufina Suárez,
Maria Esther Alonso, Ví ctor Manuel Taboada y Rosa Delfina Morales”, del
Juzgado Federal de Primera Instancia 1, Secretaría Penal 2; causa nro.
1.959/2010, caratul ada “N.N. s/privaci ón ilegal de la libertad-dte: Ramona

255
Emperatriz Márquez”, obrante a fs. 5705/962; causa nro. 12.323/00 caratul ada
“N.N. s/delito de acci ón pública – Damnificado: Munárriz, Albert o José”, remiti da
“ad effectum videndi” por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional
Federal nro. 10, Secretaría nro. 20; causa 1317 caratulada “Niemann de García
Blanca s/habeas corpus”, remi tidas por el J uzgado Federal nro. 1 de La Matanza
a fs. 2078/123; y el informe de la CONADEP, Suplemento Especi al: “Los
Nombres de la Infamia”.
Finalmente, es necesari o mencionar: los legajos de prueba
correspondientes a Ricardo Daniel Wejchemberg, Dario Emilio Machado y
Jorge Federico Watts, junto con la causa no. 183 “Watts, Jorge Federico y otros”,
remiti dos por el Tri bunal Oral en lo Criminal Federal nro. 4 a fs. 1597; las
actuaci ones nro. 1-12119/95, caratuladas “Investigación Delitos de Lesa
Humanidad-víctima Justo César Ibarguren”, e incidentes que corren por cuerda,
a saber: causa nro. 1.389/77 “Santa Marí a Emilia Esperanza s/recurso de habeas
corpus a favor de Justo César Ibarguren” y causa nro. 2.105/79 “Fischer de
Ibarguren Santa María Emilia Esperanza s/recurso de habeas corpus a favor de Justo
César Ibarguren”, remitidas por el Juzgado Federal de Paso de los Libres; el
expediente nro. 36.638 “N.N. s/supuesta privación ilegal de libertad víctima La
Cioppa, Jorge José”, remitidas a fs. 8923/ 63 por el J uzgado Federal de Primera
Instancia en lo Civil , Comercial y Contencioso Administrati vo nro. 2 de San
Martín; causa 40.735 caratulada “Garín, Dora y otros s/inf. ley 20.840 y 21.325”,
copias certificadas del segundo cuerpo de la causa 24.336 “Suárez, Dalmiro y
ot. s/inf. ley 20.840, 189 bis C.P.”; la causa nro. 44, caratulada “Causa incoada
en virtud del Decreto 280/84 del Poder Ej ecutivo Nacional”, en el cual obra la
declaración prestada por Olga Vicenta Araujo vía exhorto diplomático ante la
Embajada A rgentina de la ci udad de La Haya, Reino de l os Países Bajos,
remiti da por la Excma. Cámara del fuero; causa n ro. 2332, caratulada “Miño
de Wilson Tomasa s/denuncia-Secuestro de Roberto Wilson”, remitidas por el
Juzgado Federal 1 de la ciudad de Mar del Plata; el Expte. 12 “Crous
S/denuncia Brigada de Investigaciones La Plata”, remi tidos por la Secretaría de
Derechos Humanos; y la causa nro. 1075/2006 “Almirón, Miguel Ángel y otros
s/asociación ilícita”, remiti das a fs. 8552/636 por el Juzgado Criminal y
Correccional Federal nro. 5, Secretaría nro. 10.
También se han incorporado diversos elementos probatorios que
fueron recabados durante la instrucción de las causas nro. 14.216/03,
2637/04, y 11758/ 06, circunstancia que permite afirmar la vinculaci ón
expuesta al principi o de este punto, relativa a la comunidad probatoria entre
la presente y los expedientes mencionados.

256
Poder Judicial de la Nación

En suma, todas las pruebas enumeradas han resultado de vital


importancia a l os f ines de echar luz sobre l os hechos investigados en la
presente causa.
2. El informe de la Comisión Provi ncial por la Memoria
En fecha 24 de noviembre de 2011, se recibió un Informe
elaborado por la Comisión Provincial por la Memoria, en el marco de la
presente causa. De acuerdo a lo solicitado por este Tri bunal dicha Comi sión
realizó un análi sis exhaustivo de la documentaci ón obrante en el Archivo de
la DIPBA en relaci ón al centro clandesti no denominado “Cuatrerismo-Brigada
Güemes” (cfr. fs. 10597/616).
Al respecto se ha dado cuenta de l a existencia de Divisi ones
policiales en el ámbi to de la provincia de Buenos Ai res, específicamente en la
zona de Puente 12, y en especial, la Di visión Cuatrerismo de La Matanza,
ubicada en la intersección de la autopi sta Gral . Richieri y Camino de Cintura.
Según surge de la documentación extraída, se ha ilustrado al
USO OFICIAL

Tribunal que en la zona ubicada en Puente 12, se encontraban las


dependencias identificadas como Cuerpo de Infan tería -llamado
indistintamente “Destacamento”-; Cuerpo de Infantería Motori zada; Cuerpo de
Caballería -llamado indistintamente “Destacamento”-; y Sección de Instrucción
de Canes, la cual se encontraba a cargo del Oficial Princi pal Olaf Rubén
Greco, tal como figura en el l egajo de la mesa DS Varios a enero de 1976,
informado por la Comisión Provincial por la Memoria.
Asimismo, se locali zaron documentos que permiten acreditar la
ubicación de las dependencias antes men cionadas.
En efecto, el Legajo Mesa “DS” Vari os N° 4009, caratulado
“Posible copamiento en alguna unidad policial de las que se encuentra en la zona
denominada puente 12...”, consta de un parte producido por la Comisaría 3ª de
La Matanza de fecha 15 de n oviembre de 1975, en el cual se advierte que en la
zona conocida como Puente 12, se encuentra el Destacamento de Caballería de
La Matanza y el Destacamento de Infantería. Un informe posterior del 17 del
mismo mes y año, suscri pto por el Jefe de la Del egación DIPBA San Justo,
ubica al Cuerpo de Caballería de La Matanza, en la intersección de República
Oriental del Uruguay -Camino de Cintura- y Autopista Gral. Ricchieri. Según
se desprende del mentado informe, la seccional pol icial que tenía j urisdicción
sobre esa zona era l a Comi saría 3ª de La Matanza. En un operativo vinculado
a la investigación relatada en el legaj o, el Regimi ento 3 de Infantería de La
Tablada, abri ó fuego contra un auto, producto de l o cual se hirió a una
persona identificada como Blas Horaci o Cabañas.

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El documento de l a Mesa “DS” Material Bélico N° 1638 caratulado
“Secuestro de armas en basural Río Matanza”-Proximidades Puente 12”, contiene
un informe confecci onado el 27 de marzo de 1976 donde se identificó en la
zona de P uente 12, al Cuerpo de Infantería Motorizada.
A su vez, el documento de la Mesa “DS” Varios N° 9972,
produci do por la DGIPBA el 26 de juli o de 1977, da cuenta de que en las
zonas denominadas Puente 11 y Puente 12, estaría establ ecidas, en la primera,
la Sección de Instrucción de Canes de la Policía Provincial, mientras que en la
segunda estarían emplazados los Destacamentos de Infantería Motorizada y
de Caballería. El ori gen de la informaci ón provi ene de Superintendencia de
Seguri dad Federal.
En el expediente Mesa “DS” Vari os Nº 10163 del 13 de octubre de
1977, se trascribe un a denuncia formulada por personal del Destacamento de
Infantería –el Cabo Osvaldo Pérez-, en la cual se advertía que el mi smo
estaba ubicado en P uente 12.
También se localizó el Legaj o Mesa “DS” Nº 6282 de fecha 28 de
julio de 1976, en el cual el Jefe de la Del egación DIPBA San J usto Obduli o R.
Nicola, elevó un informe a la DIPBA sobre un epi sodi o en el que personas
autoproclamadas policías de la provincia de Buenos Ai res, dieron muerte, el
26 de juli o de ese año, al Agente de policía Emilio Ramón Reno. Según consta
en el documento, el hecho sucedió en un puesto de diarios ubicado frente al
establecimi ento metalúrgico “Santa Rosa” en la Avenida Dr. Ignacio Arrieta
4900, de La Tabl ada, ante numerosos testigos. La persona fallecida pertenecía
a la dotación del Cuerpo de Infantería Motorizada de P uente 12.
Puntualmente, en torno a la determinación de l a existencia de
alguna dependencia policial denominada “Brigada Quemes” o similar, se han
podido detectar al menos dos dependencias que cumplen algunas de estas
características. Por un lado, Legajo Mesa “Referencia” Nº 10796, contiene una
orden del día de la Policía de la Provincia de Buenos Aires de fecha jueves 23
de abril de 1964, por la que se comunicaba la autorización de instalación de
un Destacamento de Seguridad de Cabal lería que se iba a denominar “Gral.
Güemes”, q ue iba a depender del Cuartel Central. A su vez, en el sumario de
referencia se daba cuenta de q ue la dependencia iba a ocupar el edifici o “El
Mirador”, en la zona de Puente 12, ubicado en Camino de Cintura y A utopista
Gral. Richieri (cfr. expte. nro. 529.489, Resoluci ón número 10.957. Títul o para
el índice: Destacamento del Cuerpo Guardia de Seguridad de Caballería Gral.
Güemes; se creación en la localidad de la Matanza. Dotación. Resol ución
10.957).

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Poder Judicial de la Nación

En lo rel ativo a la Comisaría 3ª de La Matanza de la Pol icía


bonaerense, es útil hacer mención a los Legajos Mesa “DS” Varios Nº 4823,
caratulado “Hallazgos de restos humanos”; Mesa “DS” Varios Nº 5371,
caratulado “Hallazgos de restos humanos en calle Agüero y Autopista
Richieri”; Mesa “DS” Varios Nº 5372 caratulado “Hallazgos de cadáveres en
Matanza 3era. (Subcria. Villa Recondo) Dos (2) NN Masculinos”. En el legajo de
Mesa “DS” Varios Nº 5714 caratulado “enfrentamiento armado- Personal policial
y 4 delincuentes 4 abatidos”.
En particul ar, esta última documentación da cuenta de un
supuesto enfrentami ento ocurr